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por George Sidney Hurd

Mas ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios es manifestada, siendo testificada por la ley y los profetas; la justicia de Dios que es por la fe de Jesucristo, para todos y sobre todos los que creen; porque no hay diferencia.” (Rom 3:21-22 RVG)
 
 
La traducción correcta de esta frase importante, repetida ocho veces [1] en el griego del Nuevo Testamento, ha sido debatido por mucho tiempo. Es la frase, písteos Iesoú, que fue traducido “la fe de Jesús” en la Reina Valera de 1858. Muchas traducciones posteriores la han traducido “la fe en Jesús,” mientras que un par de versiones recientes del inglés la han traducido “la fidelidad de Jesús.” [2]
 
Gramáticamente hablando, sería posible traducirla de cualquier de las tres formas. Los sustantivos aquí son genitivos, pero en el griego la misma forma se utiliza para el genitivo subjetivo (o genitivo de posesión) y el genitivo objetivo. Si lo traducimos como genitivo objetivo sería “la fe en Jesús,” refiriendo a nuestra fe en Jesús. Por otro lado, si lo traducimos como un genitivo subjetivo sería “la fe de Jesús,” refiriendo a la fe de Él. Hay una tercera traducción posible de esta frase. También podría ser entendido como “la fidelidad de Jesús,” dado que hay ocasiones donde la palabra pístis, que normalmente significa “fe,” puede expresar la idea de “fidelidad.”
 
Sin embargo, aunque la construcción gramatical no es determinativa en sí, no nos da la libertad para simplemente escoger cuál de los tres preferimos. Los Arminianos, que creen que nuestra salvación es recibida por nuestra fe independiente, prefieren leerlo como “la fe en Jesús.” Los Calvinistas prefieren la traducción “la fe de Jesús,” mientras las Inclusionistas, que niegan que la fe es necesaria para la salvación, prefieren leerlo como “la fidelidad de Jesús.”
 
Es obvio que solamente una de las traducciones es la correcta, y debido al hecho que cada uno presenta la salvación como recibida de otra forma, es imperativa que determinemos con exactitud lo que está siendo expresado por el autor del texto inspirado. Algunos argumentan que la lectura correcta no puede ser determinado con certidumbre. Sin embargo, mientras ser cierto que no puede ser determinada gramáticamente, creo que puede y tiene que ser determinada basado en el contexto donde se usa la expresión, tomando en cuenta toda la enseñanza de las Escrituras acerca de la salvación.
 
En este blog voy a examinar brevemente las tres traducciones, argumentando de las Escrituras a favor de la traducción, “la fe de Jesús” como aparece en las traducciones más antiguas como la Versión Tyndale de 1526 y la Versión King James de 1611. Aunque presento mis argumentos de manera dogmática como uno que es convencido que las verdades de las Escrituras pueden ser conocidos con certeza, lo hago con un espíritu de amor cristiano, reconociendo que hombres más devotos y estudiados que yo llegan a conclusiones contrarias a las mías.

1.    “La Fidelidad de Jesús” 

La traducción de písteos Iesoú como “la fidelidad de Jesús” ha aumentado en popularidad desde que fue publicada la Biblia NET en inglés en 2005 con esta lectura. También N.T. Wright, que tiene mucha influencia sobre el pensar contemporáneo, favorece esta lectura. Adicionalmente, en el año 2007 Carlton Pearson publicó su libro “The Gospel of Inclusion” (El Evangelio de la Inclusión) que ha tenido mucha influencia entre los Universalistas e Inclusionistas no Conservadores.
 
Los Inclusionistas afirman que toda la humanidad ya ha sido salva por la obra consumada de Cristo en la cruz. Todos ya están en Cristo y justificados – ellos simplemente no lo saben todavía. Según esta creencia, todos fueron salvos hace 2.000 años por la fidelidad de Jesucristo y por lo tanto no necesitan arrepentirse y creer en el evangelio para ser salvos.
 
Confronto los errores de esta doctrina en mi blog, Borrando las Distinciones Bíblicas.” Basta decir aquí que, aunque Cristo reconcilió a todos a Sí Mismo por la sangre de la cruz y todos finalmente serán salvos y restaurados basado en Su obra consumada, a través del Nuevo Testamento vemos la necesidad de arrepentirse personalmente y recibir la justicia de Dios en Cristo por fe en el evangelio para ser salvo. (Marcos 16:16; Jn 3:16,18; 6:40; 6:29; Hch 16:31; Rom 4:5; 1Cor 1:21, etc.).
 
El argumento que písteos Iesoú debe ser entendido como “la fidelidad de Jesús” tiene un punto gramático fuerte y también un punto gramático débil. El punto fuerte es que, cuando pístis aparece con un genitivo personal casi siempre es un genitivo subjetivo – “la fe de,” en vez de objetivo, “fe en.” (cf. Mt 9:2,22,29; Marcos 2:5; 5:34; 10:52; Lucas 5:20; 7:50; 8:25,48; 17:19; 18:42; 22:32; Rom 1:8,12; 3:3; 4:5,12,16; 1Cor 2:5; 15:14,17; 2Cor 10:15; Fil 2:17; Col 1:4; 2:5; 1Tes 1:8; 3:2,5,10; 2Tes 1:3; Tito 1:1; Filemón 6; 1Pedro 1:9,21; 2Pedro 1:5). Esto, sin embargo, también favorece la traducción “la fe de Jesús” que yo considero la correcta.
 
El punto débil es que, mientras pístis puede significar “la fidelidad” en vez de “la fe,” raras veces significa eso. De las 243 veces que pístis aparece en el Nuevo Testamento, solo una vez claramente significa “la fidelidad,” como vemos en la Reina Valera de 1960 en Romanos 3:3 donde refiere a “la fidelidad de Dios” (pístin tou theoú).
 
También es significativo que los traductores del LXX, o la traducción del Antiguo Testamento  del hebreo al griego, raras veces utiliza pístis para expresar la idea de “fidelidad.” En vez de eso utilizaron la palabra altheía que significa “verdad,” o subjetivamente, “veracidad, integridad de carácter.” [3] La idea expresado con nuestra palabra “fidelidad” en español no es relacionado tanto con “fe” (pístis) como es con la “veracidad o integridad de carácter” (altheía).
 
Es cierto que Jesús fue fiel hasta la muerte y Su fidelidad es el fundamente de la salvación de toda la humanidad (Fil 2:8-11; Isa 53:7,10-11; Heb 12:2; 1Tim 2:6; 4:10). Sin embargo, hay al menos dos instancias donde el genitivo de pístis tiene que ser traducido como “la fe de Jesús” y no “la fidelidad de Jesús”:
 
“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.” (Apo 14:12)
 
“Hermanos míos, no tengáis la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo, en acepción de personas.” (Stg 2:1 RVG)
 
Ni siquiera la traducción NET intenta imponer el significado de “fidelidad” a la palabra pístis en estas instancias. Así que, si vamos a ser constantes, debemos entender pístis como “fe” en estos contextos en vez de “fidelidad.” No sería de gran consecuencia excepto que algunos Inclusionistas, ignorando los textos que indican que la fe es necesario para la salvación, se basan en esta traducción y argumentan de eso que no es necesario creer el evangelio para ser salvo.
 
“Fe en Jesús” 

Como ya hemos visto, gramáticamente písteos Iesoú puede ser entendido subjetivamente como “la fe de Jesús” o objetivamente como “fe en Jesús.” La traducción “fe en Jesús es el favorito de los Arminianos, dado que creen que un pecador tiene el potencial de entender el evangelio y responder independientemente con fe sin la necesidad de intervención divina.
 
Considero este tema con más detalle en mi libro: La Solución Universal” (Presentando el Universalismo Bíblico como la Solución al Debate entre Calvinistas y Arminianos). Aquí solo quiero enfatizar que, hasta que Dios nos dio vida a través del nuevo nacimiento, éramos espiritualmente muertos desde nacimiento – muertos en nuestros delitos y pecados (Ef 2:1,5). Dado que éramos muertos espiritualmente, Jesús dijo que a menos que uno nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios (Jn 3:3). ¿Cómo puede uno creer en lo que ni siquiera puede ver o percibir? No es que éramos nada más indispuestos a ver, sino que siendo espiritualmente muertos en relación a Dios, no podíamos ver y creer hasta nacer de nuevo. Todo llamado a creer en el evangelio es vano a menos que seamos regenerados y nuestros ojos sean abiertos para poder ver y creer.
 
El cristiano carnal puede llegar a ser tardo para oír, pero el no generado ni siquiera puede oír porque no tienen oídos espirituales para oír. Es por eso que Jesús dijo de los no generados: “¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.” (Jn 8:43). No solamente eran incapaces de ver antes de nacer de nuevo, sino que eran incapaces de escuchar – no simplemente indispuestos. De semejante manera, vemos que no solamente éramos indispuestos a venir a Cristo, sino que éramos incapaces de venir a Él, como dice Jesús:
 
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí… 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (Jn 6:44-45,65)
 
De la misma manera Jesús dijo que los que son del mundo no pueden recibir al Espíritu de la verdad porque no le ve, ni le conoce (Jn 14:16-17). Es imposible responder con fe a lo que no percibimos ni comprendemos. Primero tienen que ser atraídos a Él y el velo tiene que ser quitado de sus ojos (2Cor 4:3-4, cf. Rom 8:7-8; 1Cor 2:14).
 
Tomando en cuenta todo esto, no puedo estar de acuerdo con los Arminianos cuando dicen que primero tenemos que creer en el evangelio independientemente como una decisión personal de nuestro libre albedrío, y solo después el Señor nos regenera en respuesta a nuestra fe. Ejercemos la fe que nos es dado cuando el Señor abre nuestro corazón por primera vez, así capacitándonos a percibir y recibir el evangelio (Hch 16:14). Para poder percibir (algo que es necesario para poder creer y recibir a Cristo), primero tenemos que ser regenerados (Jn 3:3). Muchos se han confundido en cuanto al orden presentado en Juan 1:12,13:
 
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12-13)
 
Dado que “recibir” y “creer” son mencionados aquí antes de la regeneración, muchos piensan que la fe precede cronológicamente a la regeneración. Sin embargo, al examinar el texto más de cerca vemos que la regeneración sucede por la voluntad de Dios – no por nuestro creer y recibir. Dios mismo nos regenera por Su propia voluntad – no en respuesta a nuestra decisión tomada por la voluntad de la carne. Esto es de acuerdo a lo que dice Santiago:
 
El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
 
Si fuera nuestra propia decisión de fe que resultó en nuestra regeneración, entonces sería una regeneración por voluntad de carne. Nacimos de nuevo o fuimos regenerados porque Dios primero determinó que sucediera. Los escogidos en Cristo desde la fundación del mundo para ser las primicias de Su nueva creación ejercitarán la fe que les fue otorgada, creyendo y recibiendo a Cristo.
 
Vemos la misma secuencia en 1Juan 5:1, donde Juan dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” Aunque la Reina Valera lo oculta, este versículo claramente indica que la regeneración precede la fe. “Es nacido” no es en el tiempo presente como traducido sino en el pasado perfecto, voz pasiva. El verbo traducido “cree” es en el presente activo. Por lo tanto, debe leer, “Todo aquel que está creyendo que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios.” En otras palabras, si uno está creyendo que Jesús es el Cristo, es porque ya había nacido de nuevo antes de haber creído.
 
Sin embargo, mientras haya una secuencia lógica en que la regeneración precede nuestra respuesta de fe, no veo una separación discernible de tiempo entre los dos. Argumentar sobre cuál vino primero es comparable a preguntar cuál era primero – la gallina o el huevo. La respuesta obvia es ninguno de los dos. La gallina fue creada junto con los huevos en un hecho creativo, de la misma manera que las plantas fueron creadas junto con sus semillas. Lo mismo se puede decir de la nueva creación. Fuimos re-creados con la fe siendo tanto una parte del milagro de la nueva creación como la regeneración misma. La fe es tanto una parte integral del nuevo nacimiento como es el primer aliento de un recién nacido al entrar en su nuevo mundo.
 
En Adán todos morimos – nacimos separados de Dios y muertos en nuestros pecados. Sin embargo, la buena nueva que fue proclamada por la Iglesia Primitiva pero suprimida entrando en la Época Oscura y sigue siendo pasado por alto hasta el día de hoy, tanto por los Calvinistas como por los Arminianos, es que en el tiempo de Dios todos los que morimos en Adán serán vivificados y regenerados por medio del regalo de la fe en Cristo en el tiempo ordenado por el Padre desde la fundación del mundo.
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:22,23a, 28)
 
De la misma manera, aunque Jesús dijo que nadie viene a Él a menos que el Padre le atraiga eficazmente a Él (helkô), Él también dice: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32) [4] En el tiempo del Padre cada individuo habrá sido visitado por Dios y eficazmente atraídos a Cristo, siendo reunido en Él, resultando en que Dios sea todo en todos en la eternidad (1Pedro 2:12; Ef 1:10; 1Cor 15:28).
 
Tanto nuestra fe inicial que apropia nuestra salvación como la fe que persevera nos son otorgados por Su gracia. Cuando Pablo hizo la pregunta, “¿qué tienes que no haya recibido?” nadie puede responder diciendo: “Mi fe.” (1Cor 4:7). Pablo en Efesios 2, después de decir que estábamos muertos espiritualmente antes de ser vivificados por Dios, continúa explicando que fue por la pura gracia de Dios – incluyendo la fe con que recibimos la salvación:
 
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Ef 2:8-10)
 
Aquellos que se jactan diciendo que fue la fe de ellos que los salvó y produjo una vida de buenas obras no han comprendido que la fe que nos salva y transforma no es nuestra propia fe. La fe salvífica no es de nosotros – es don de Dios. Toda buena obra subsiguiente en realidad no es nuestra, sino que somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús. Él apropósito escogió primero a los necios, débiles y los despreciados para que seamos para la alabanza de la gloria de Su gracia – no para que nos jactemos de nuestra gran fe.
 
Los Arminianos argumentarían que en Efesios 2:8 es la salvación la que es el regalo de Dios – no la fe. Sin embargo, vemos que, gramáticamente hablando, el pronombre “esto” refiere tanto a la salvación como a la fe. El participio traducido “sois salvos” es masculino y “la fe” es femenino, mientras que “esto” es neutro. Esto indica que la declaración “esto no de vosotros” refiere tanto al participio masculino “ha sido salvo” y también el sustantivo “fe.” Si él estuviera refiriendo exclusivamente a la salvación como por la gracia sin también incluir “la fe,” él hubiera usado la forma masculina de “eso no de vosotros” para corresponder con el género masculino del participio “ha sido salvo,” en vez del neutro. Que Pablo utilizó el neutro para referirse al don indica que él consideraba tanto la salvación como la misma fe que apropia la salvación como parte del don de Dios.
 
No solamente es la fe que salva un regalo de Dios, sino que también la fe que persevera es dada por la gracia. Una traducción literal de Filipenses 1:29 enfatiza que el regalo de la gracia es continuo y no simplemente la fe inicial para apropiar la salvación. La Versión Literal Concordant dice:
 
“Porque a ustedes les es concedido por gracia, en nombre de Cristo, no solo estar creyendo en Él, sino también estar sufriendo por Su causa.” (Phil 1:29 CLV)
 
La palabra “concedido” en la Reina Valera es charizomai, significa “dar como regalo de gracia,”  y es en el tiempo pasado aoristo. El aoristo indica que el regalo de la gracia fue dado en el pasado. Sin embargo, nos fue otorgado no solo para creer inicialmente en Él, sino para continuar creyendo en Él, como vemos expresando en el presente activo infinitivo “estar creyendo.” Así que, este versículo implica que la fe que recibimos de Dios no nos fallará, sino que hará que perseveramos hasta el fin.
 
“La Fe de Jesús” 

Si la fe que salva y persevera no es nuestra, sino que viene de arriba como regalo de la gracia de Dios, entonces, ¿de quién es la fe? Para mí, la respuesta a esta pregunta deja en claro que la traducción correcta de písteos Iesoú es “la fe de Jesús.” La fe que nos fue dada en el momento que fuimos regenerados era nada menos que la misma fe de Jesús. Jesucristo es tanto el autor como el consumador de la fe:
 
“puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe...” (Heb 12:2)
 
Aquí vemos que Jesús es el autor y el consumador o perfeccionador de nuestra fe. Algunas traducciones agregan “nuestra.” Sin embargo, mientras es cierto que la fe de Jesús es impartida a nosotros y llega a ser la nuestra, el autor aquí está enfatizando que la fe genuina origina en Cristo y termina con Cristo y no en nosotros. Por ese motivo, creo que la adición de “nuestra” por los traductores detracta del énfasis de este pasaje – que debemos de mirarlo a Él y no a nosotros mismos si queremos la fe que persevera hasta el final. El texto dice “la fe,” no “nuestra fe.” En la traducción correcta de písteos Iesoú vemos revelado el hecho de que “la fe” es la fe de Jesús y no nuestra propia fe (Gal 3:22-25 RVA).
 
Si de hecho hemos sido crucificados y resucitados a nueva vida en Cristo, entonces ya no somos nosotros los que vivimos, sino que Él vive en nosotros. Nuestra única justicia es la justicia de Él en nosotros. Nuestra única sabiduría es la mente de Cristo en nosotros, y nuestra única fe es la fe de Jesús que ahora vive en nosotros y imparta Su fe a nosotros, así como dice las traducciones más antiguas y la Reina Valera Gómez:
 
Con Cristo estoy juntamente crucificado; mas vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2:20 RVG)
 
Mientras que la traducción “fe en Jesús” favorece a los Arminianos que ven la salvación como dependiendo de nuestra fe, no harmoniza con los textos que claramente indican que la fe eficaz es un regalo de Dios que no se origina en nosotros. Haciendo que la salvación dependa de nuestra fe en vez de Su propia fe vicaria dada a nosotros por la gracia, hace que a fin de cuentas la salvación depende de nosotros no de la gracia de Dios.
 
Dios ha elegido a Su Iglesia, compuesta de los candidatos menos indicados, para ser desplegados en las épocas venideras como Su hechura, para la alabanza de la gloria de Su gracia, de una manera que inequívocamente excluye toda jactancia (1Cor 1:26-29; Rom 3:27; Ef 2:6-7). Cualquier rastro de méritos humanos en Su hechura detraería de la alabanza de la gloria de Su gracia cuando somos manifiestos al resto de la creación. Veo muchas traducciones modernas del texto que refieren a la fe de Jesús como si fuera nuestra fe en Jesús, como basados más en influencias humanistas que una sana exegesis de los textos pertinentes, como creo que una consideración breve de los textos específicos indican:
 
Mas la Escritura encerró todo bajo pecado, para que la promesa por (ek – no diá) la fe de Jesucristo, fuese dada a los que creen (los que están creyendo). 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser revelada. 24 De manera que la ley fue nuestro ayo para traernos a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe. 25 Mas venida la fe, ya no estamos bajo ayo.” (Gal 3:22-25 KJV)
 
“Mas la Escritura encierra todo bajo pecado, para que la promesa que es de la fe de Jesucristo sea dada a los que están creyendo.” (Gal 3:22 Versión Literal Concordant)
 
Aunque muchas Versiones modernos han cambiado “la fe de Jesús,” haciendo que diga “fe en Jesús,” vemos que una traducción literal de este versículo milita contra su rendición interpretativa del texto. La promesa que proviene de la fe de Jesús como fuente (ek), es dada a los que están creyendo. En otras palabras, si eres un creyente y un heredero de la promesa, es por la fe de Jesús que te fue otorgada. Si estás viviendo por la fe, realmente no es la tuya, sino la de Cristo que ahora es tu vida, y la vida que ahora vives en la carne es por la fe de Él – la carne para nada aprovecha.
 
Sin embargo, según la Reina Valera y muchas versiones modernas, lee: “Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Al mal traducir la preposición griega ek como “por” en vez de “de,” y hacer que diga “fe en Jesús” en vez de “la fe de Jesús,” ellos hacen que la salvación a fin de cuentas depende del hombre, en vez de la gracia de Dios y para Su gloria.
 
Que la fe en el contexto es la fe de Cristo y no de los hombres, es aún más evidente en el contexto. En los versículos 23 y 25, habla del tiempo antes de Cristo y después de Cristo como “antes que viniese la fe” y “venida la fe.” ¿En qué sentido podemos decir que no había venido la fe antes de Cristo? Hebreos 11 contiene una lista larga de los santos del Antiguo Testamento que ejercieron fe antes de Cristo. Es obvio que “la fe” mencionada en el Nuevo Pacto no es nuestra fe sino la fe de Jesucristo que viene para todos y sobre todos los que están creyendo, como vemos en la traducción literal de Romanos 3:22:
 
la justicia de Dios que es por (diá) la fe de Jesucristo, para (eis) todos y sobre (epi) todos los que creen (que están creyendo); porque no hay diferencia.” (Rom 3:22 RVG)
 
“la justicia de Dios a través de la fe de Jesucristo para todos y sobre todos los que están creyendo; porque no hay diferencia.” (Rom 3:22 PLT) 
 
Créame, si estás creyendo de una manera salvífica que persevera, es a través de la de Jesús impartida a ti por Su pura gracia. Es Su fe que está sobre ti y en ti. No recibiste la justicia de Dios debido a tu fe que ejercitaste como un acto independiente de voluntad propia, como algunas versiones modernas nos harían entender, sino al contrario nos fue concedido creer (Fil 1:29).
 


[1] (Rom 3:22; Gal 2:16; 2:20; 3:22; Ef 3:12; Fil 3:9; Jas 2:1; Apo 14:12).
 

[2] Complete Jewish Bible, 1998, and The New English Translation (NET), 2005.
 

[3] Abbott-Smith Manual Greek Lexicon of the New Testament.
 

[4] La palabra “atraer” tanto en Juan 6:44 como aquí es la palabra helkô, que expresa algo mucho mayor que una simple atracción. El Diccionario Strongs la define: “arrastrar (literal o figurativamente).” Aparece ocho veces en el Nuevo Testamento y en cada instancia expresa la idea de ser atraída por una fuerza mayor que la resistencia del que está siendo atraído.

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​ George Sidney Hurd

​Al considerar si las promesas abrahámicas todavía son aplicables a los Israelitas, es importante que primero consideremos la naturaleza incondicional de las promesas de Dios a Abraham y a sus descendientes.
 
Cuando el Señor le dijo a Abram que iba a heredar la tierra y que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas del cielo, Abram le preguntó: “Señor Jehová, ¿en qué conoceré que la he de heredar?” (Gén 15:8) Para asegurarle que el cumplimiento de la promesa era seguro, el Señor le dijo que cortara unos animales a la mitad, colocando las mitades, una opuesta a la otra. Esto era la manera en que los caldeos de ese entonces hacían pactos solemnes entre dos personas. Los dos hombres pasarían entre los animales que habían partido en dos diciendo: “Que lo mismo suceda a aquel que viole este pacto.”
 
Sin embargo, para enfatizar que el cumplimiento dependía totalmente en Su fidelidad a Su pacto, el Señor hizo que Abram cayera en un sueño profundo y Él mismo pasó sólo entre los animales. Esto dejó en claro a Abram que el cumplimiento dependía enteramente de la fidelidad de Dios y no de la fidelidad de Abram o la de sus descendientes. Después de eso dice:
 
En aquel día el SEÑOR hizo un pacto con Abram, diciendo: ‘A TU DESCENDENCIA he dado (pasado perfecto) esta tierra, Desde el río de Egipto hasta el río grande, el Río Éufrates: 19 La tierra de los Quenitas, los Cenezeos, los Cadmoneos, 20 los Hititas, los Ferezeos, los Refaías, 21 los Amorreos, los Cananeos, los Gergeseos y los Jebuseos." (Gen 15:18-21 NBLH)
 
Había promesas dadas más adelante bajo la Ley, pero estas promesas a menudo eran específicamente condicionales – “si tu…, entonces Yo….” En contraste, el pacto que Dios hizo con Abraham y sus descendientes era enfáticamente incondicional. Él no dijo: “Si tu y tus descendientes siguen en mis caminos, entonces Yo les daré la tierra.” No. El Señor juró con un juramento solemne diciendo: A tu descendencia he dado esta tierra.” El cumplimiento de la promesa estaba asegurado aún antes de que Abram tuviera un solo descendiente y antes que sus descendientes tomaran posesión de la tierra.
 
Es significativo que el Señor aquí cambió el tiempo del verbo de “Yo daré en 13:14-17 al pasado perfecto, “Yo he dado.” De este momento en adelante en las Escrituras Él se refiere a la Tierra Prometida como “la tierra que he dado a los hijos de Israel.” (Nú 20:24; 20:12; 33:53, etc.) Aun cuando en juicio les envió en cautiverio entre los gentiles, Él seguía llamándola “la tierra que les he dado y promete restaurarlos a su tierra de manera permanente después. Después de advertir de juicios severos, antes de removerlos de la tierra, Él prometió su restauración final diciendo:
 
“Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios tuyo.” (Amos 9:15)
 
Esto habla de una restauración final de las 10 tribus del norte después de ser dispersos para jamás ser removidos otra vez.
 
Puede que algunos argumenten que Dios prometió restaurarlos a su tierra, pero eso era antes de haber rechazado a Jesús como su Mesías. Sin embargo, hay más de un problema con ese razonamiento. En primer lugar, Dios habita en la eternidad, es omnisciente y por lo tanto sabía que Israel iba a rechazar a su Mesías cuando Él le dio la promesa a Abraham. Él también sabía eso cuando les prometió traerlos de nuevo a su tierra de manera permanente.
 
En segundo lugar, como ya hemos visto, Su promesa a Israel es incondicional e irrevocable. Dios por medio de Jeremías reaseguró a Israel y a Judá de Su fidelidad a Su pacto a ellos en un tiempo cuando las 10 tribus de Israel ya habían sido conquistadas por los Asirios y dispersas y Jerusalén estaba siendo sitiado y sus habitantes llevados cautivos a Babilonia. El Señor les prometió diciendo:
 
“Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán… 11 Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” (Jer 30:3,11)
 
Aquí Dios reasegura, tanto a Israel como a Judá que, por más severos que sean Sus juicios, ellos jamás perderían su identidad nacional como después sucedió con los Asirios y Babilonios y otras naciones que vinieron contra ellos. La existencia de Israel como pueblo después de casi 2.000 años sin tierra propia es un testimonio indisputable de la fidelidad de Dios a Su pacto con Abraham y sus descendientes.
 
Se dice que la Reina Victoria de Inglaterra le preguntó al Primer Ministro Benjamín Disraeli qué evidencia había por la existencia de Dios. Después de un momento de reflexión él respondió: “El judío, su majestad.” De hecho, la única nación de tiempos bíblicos que todavía retiene su identidad nacional es Israel. Y eso a pesar de tantos intentos de los antisemitas a eliminarlos a través de los siglos. La existencia de Israel es el cumplimiento de la promesa de Dios que unos pocos versículos más adelante reiteró donde, a pesar de su pecado y apostasía, Él juró diciendo:
 
“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: 36 Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. 37 Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel POR TODO LO QUE HICIERON, dice Jehová.” (Jer 31:35-37)
 
Las palabras que el Señor utilizó para expresar la irrevocabilidad de Su promesa no pudieron haber sido más enfáticas. Nada que Israel ha hecho o podría hacer en el futuro puede hacer que Dios retraiga Su promesa. Si el pacto a Abraham fuera un pacto condicional, como era la Ley de Moisés, entonces sus pecados hubieran constituido una violación del contrato y Dios sería absuelto de toda responsabilidad de cumplir Su promesa. Pero el Señor por Sí mismo hizo una promesa incondicional a Abraham y a sus descendientes. Él sigue diciendo que Jerusalén, que ya había sido destruido en el tiempo que Jeremías profetizó estas palabras, sería reconstruido para el Mesías cuando venga de una manera mucho mejor de lo que era antes: 
 
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que la ciudad será edificada a Jehová, desde la torre de Hananeel hasta la puerta del Angulo. 39 Y saldrá más allá el cordel de la medida delante de él sobre el collado de Gareb, y rodeará a Goa. 40 Y todo el valle de los cuerpos muertos y de la ceniza, y todas las llanuras hasta el arroyo de Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los caballos al oriente, será santo a Jehová; no será arrancada ni destruida más para siempre.” (Jer 31:38-40)
 
Aquí la promesa incondicional sigue declarando que en el futuro Jerusalén será reedificada a Jehová, pero describe a Jerusalén con una gloria mucho mayor de lo que tenía antes. Incluso el valle maldito de gehena, el valle de los cuerpos y de la ceniza, será santo a Jehová y esta nueva capital no será destruida más para siempre. ¿Cuándo sucederá esto? Todos los profetas hablan de su cumplimiento en el fin de los días:
 
“Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3:4-5)
 
Dios, que tiene conocimiento de todas las cosas antes de que suceden, declara que los hijos de Israel volverán y buscarán a Jehová y David su rey después de un tiempo prolongado de exilo y que sucederá “en el fin de los días.” Otra vez, vemos que no es simplemente algún evento potencial en el futuro. No dice, “Si vuelven y buscan a Jehová,” sino es una declaración de algo que va a suceder, buscarán a Jehová su Dios y lo temerán y su bondad en el fin de los días.”
 
También, en Miqueas 4 vemos que “en los postreros tiempos” Jerusalén será sede del gobierno y todas las naciones vendrán a Jerusalén a adorar (Miqueas 4:1). En Ezequiel capítulo 36 en adelante habla de la restauración de Israel en su tierra. En el capítulo 37 vemos la visión de los huesos secos que representa “toda la casa de Israel” (Ezeq 37:11). Los huesos secos son unidos antes de que la carne se vuelva a formar sobre ellos y vuelven a vivir. Esto paralela con Israel siendo reunidos en su tierra hoy en día todavía en su estado de incredulidad. En los capítulos 38 y 39 vemos que “al cabo de los días” los ejércitos de Gog vendrán contra Israel cuando Israel está morando con tranquilidad en su tierra, pero sus ejércitos serán destruidos por Dios (Ezeq 38:8,22,23). La referencia a ellos morando seguros en su tierra podría ser el resultado de un acuerdo de paz efectuado por el Anticristo que ellos recibirán con brazos abiertos, pensando que él es su muy esperado Mesías. Cuando el Señor venga de Sion liberando a Israel dice que toda la casa de Israel lo reconocerán como su Dios y Él los restaurará:
 
“Y de aquel día en adelante sabrá la casa de Israel que yo soy Jehová su Dios... 28 Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos. 29 Ni esconderé más de ellos mi rostro; porque habré derramado de mi Espíritu sobre la casa de Israel, dice Jehová el Señor.” (Ezeq 39:22,28-29)
 
En Ezequiel capítulos 40 al 47 da detalles acerca del templo del Milenio en Jerusalén con sus medidas y servicios. El templo Milenial no será el tercer templo que los judíos están haciendo preparativos para construir ahora, dado que sus planos son una réplica del templo de Herodes y las dimensiones no corresponden con el templo Milenial descrito aquí en Ezequiel. Sin embargo, aparentemente ellos habrán terminado de construir el tercer templo en Jerusalén antes de la mitad de la semana septuagésima de Daniel cuando el príncipe que ha de venir hará cesar los sacrificios y las ofrendas. (Dan 9:27; Mt 24:15; Apo 11:1-2). Después de dar una descripción detallada del templo Milenial, en la última parte del capítulo 47 da mucho detalle especificando como la tierra restaurada será dividida entre las 12 tribus.
 
¿Cómo explican los teólogos del Reemplazo las descripciones tan detalladas de la restauración de Israel en los postreros días? Muchos intentan argumentar en contra de lo obvio, diciendo que las promesas eran condicionales. Sin embargo, ya hemos visto que Dios es muy enfático en decir que Sus promesas a Israel son irrevocables y que, aunque Él los castigará por sus pecados, Él jamás se retractará de Sus promesas dadas a ellos.
 
Otros intentan espiritualizar todos los pasajes que hablan de la restauración de Israel en un intento aplicarlas a la Iglesia. Sin embargo, la práctica de espiritualizar o alegorizar las Escrituras, o cualquier otra literatura, es una violación desmesurada de la hermenéutica común. Un autor puede utilizar alegoría o cualquier otra forma de expresión literaria, pero es una violación de la hermenéutica, el sentido común y la intención del autor convertir lo que un autor ha escrito en alegoría.
 
Algunos argumentan por una hermenéutica alegórica mientras otros insisten en una hermenéutica literal. Sin embargo, una hermenéutica legítima no es ni literal ni alegórica – es contextual. En otras palabras, tenemos que interpretar las Escrituras según el género de literatura que es, así como haríamos con cualquier otra literatura. Si el autor se expresa de forma literal, debemos de interpretarlo literalmente. Si él usa alegoría u otras formas de expresión, debemos interpretarlo de acuerdo con lo que es. Esto es interpretar según el contexto o según el sentido común. Cuando Jesús dice, “Yo soy la vid” o “Yo soy la puerta” el sentido común nos hace entender que está hablando figurativamente y, por lo tanto, en vez de entenderlo literalmente o imaginar algo fuera del contexto, procuramos entender la verdad expresada dentro del contexto mismo. Por otro lado, cuando Él usaba habla normal lo entendemos de manera literal.
 
La práctica de espiritualizar o alegorizar el texto para acomodarlo a la preferencia doctrinal de uno como con la doctrina del Reemplazo, viola las reglas comunes de la literatura y aparta las Escrituras de la esfera de verdad objetiva y conocible. Utilizando tales prácticas hace que sea imposible razonar desde las Escrituras como Pablo hacía y como Lucas lo destacó de los de Berea por estarlo haciendo (Hch 17:2,11). Una vez comencemos a espiritualizar las Escrituras es posible hacer que las Escrituras digan cualquier cosa que deseamos. De hecho, la razón principal por qué hay tantas doctrinas contrarias dentro del cristianismo es porque muchos se han apartado de la hermenéutica sana con el uso del sentido común – “si el sentido común tiene sentido, no busques otro sentido.”
 
Volviendo al tema de la teología del Reemplazo, muchos insisten que sería imposible restaurar a Israel, dado que, según ellos, cuando las 10 tribus fueron dispersos en 722 a.C. ellos dejaron de existir como un pueblo. Sin embargo, el término “diez tribus perdidas” es errónea y no se encuentra en las Escrituras. Aun después de haber sido conquistado y dispersos por los Asiros, Dios les prometió no destruir por completo a Israel (Jer 30:11) y que jamás dejaría de ser una nación delante de Él eternamente (Jer 31:36). Lo que muchos aparentan pasar por alto es que todas las 12 tribus de Israel estaban presentes y adorándole al Señor en el tiempo que fue escrito el Nuevo Testamento más de 700 años después de la dispersión. En el día del Pentecostés vemos que judíos devotos de la dispersión, representativos de toda la casa de Israel estaban presentes para la fiesta de la Pascua:
 
“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua…. Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis…. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo (Hechos 2:5,6, 22, 36).”
 
    Aquí podemos ver que, en el día del Pentecostés, judíos representando a toda la casa de Israel estaban presentes en Jerusalén para la fiesta (el término “judíos” fue utilizado para referirse a los israelitas y no solamente los de Judá después del cautiverio babilónico).  Pablo dando defensa ante el rey Agripa, afirma algo que era conocimiento común - había judíos devotos sirviéndole a Dios de todas las doce tribus en su tiempo:
 
“promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche.  Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos (Hechos 26:7).”
 
    Santiago escribió su epístola a todas las doce tribus de la dispersión:
 
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud (Santiago 1:1).”
 
    Aunque no todas las diez tribus volvieron a la tierra de Israel (eso será cumplido hasta el cabo de los años) definitivamente no se habían perdido eternamente ni habían sido enteramente absorbidos por las naciones.  Además, los que aparentan estar perdidos, solo están perdidos para los hombres y no perdidos para Dios. 
 
    El linaje judaico en tiempos bíblicos fue basado en el linaje del padre de la familia y no la madre.  A través de las Escrituras vemos que un niño que tiene padre judío sigue siendo contado como judío aún si su madre no era judía.  José se casó con una egipcia.  Sin embargo, sus dos hijos llegaron a ser los patriarcas de las dos tribus de Efraín y Manasés.  Moisés se casó con una Madianita.  En la genealogía mesiánica de Mateo capítulo uno vemos que Rahab la ramera de Jericó fue la madre de Booz y sin embargo Booz siguió en el linaje de Judá.  El, a su vez se casó con Rut, una Moabita.  Entonces, aunque había gentiles en el linaje de Jesús, eso no lo excluyó de ser un descendiente legítimo de David de la tribu de Judá.  Dios conoce la descendencia de cada judío y es plenamente capaz de distinguirlos.
 
    Hay millones de judíos devotos en el mundo hoy que saben que son judíos, pero no saben con certeza de que tribu son.  Algunos concluyen que son de la tribu de Leví porque sus apellidos son Levi o Cohen, pero aún eso no es conclusivo.  Los archivos genealógicos solo pueden comprobar la descendencia por unas pocas generaciones para la mayoría.  Israelitas han sido expulsados de muchas naciones, perseguidos, masacrados y obligados a abrazar el cristianismo o la fe musulmán, complicando aún más la identificación de su linaje (para una cronología mostrando como los judíos han sido hollados por los gentiles vea el siguiente vínculo:[1])  Es un milagro que han sobrevivido como un pueblo distinto a pesar de tantos intentos de eliminarlos.  Muchos judíos hoy en día han continuado practicando la fe judía, aunque no saben de qué tribu son.  Sea lo que sea, Dios sabe su descendencia paterna y los atraerá de vuelta a su tierra al cabo de los días.
 
Cuando Dios hace referencia a Su pueblo como “toda la casa de Israel” en Ezequiel, Él se está refiriendo a todas las 12 tribus de Israel y no solamente las 10 tribus que se separaron de las tribus de Benjamín y Judá después del reinado de Salomón. Ezequiel, escribiendo cuando las 10 tribus ya estaban dispersas y la tribu de Judá estaba cautiva en Babilonia, habló de su restauración futura como una sola nación en su propia tierra. Él fue mandado a profetizar diciéndoles:
 
“y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; 22 y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.” (Ezeq 37:21,22)
 
Las Escrituras son muy claras y enfáticas acerca de las promesas a Israel y a Judá. Las promesas son tan claramente incondicionales que cualquier intento negarlas constituye hacer que Dios sea mentiroso. Son tan detalladas y específicas que cualquier intento hacer que alegóricamente apliquen a la Iglesia sea ridículo. Los que niegan que las promesas de Dios a la nación de Israel siguen siendo válidas harían bien en poner atención a la declaración que Dios hizo que Balaam profetizara cuando él intentaba maldecir a Israel: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Núm 23:19)
 
Algunos, sin tomar en cuenta el contexto y fluir del libro de Oseas, toman ciertas declaraciones hechas contra Israel en Oseas como evidencia de que Dios ha rechazado y divorciado a Israel. Oseas profetizaba durante el reinado de Jeroboam antes de que el reino del norte fuera conquistado y disperso. Para comunicar Su corazón a Israel idolatra e infiel, Él le dijo a Oseas que se casara con una ramera. Es una historia desgarradora de amor y traición, pero lo más importante es que ilustra la fidelidad de Dios a un Israel adúltero. Oseas tuvo hijos por ella, pero ella seguía en sus caminos adúlteros y finalmente lo abandonó, volviendo a su vida de prostitución. Llegó al punto donde estaba esclava a un hombre que la ponía a trabajar de prostituta. Para ilustrar Su fidelidad al pacto que hizo con Su pueblo adúltero, Israel, el Señor le mandó a Oseas a comprarla y recibirla, amándola otra vez como su esposa. Él le dijo a Oseas:
 
“Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel, los cuales miran a dioses ajenos, y aman tortas de pasas. 2 La compré entonces para mí por quince siclos de plata y un homer y medio de cebada. 3 Y le dije: Tú serás mía durante muchos días; no fornicarás, ni tomarás otro varón; lo mismo haré yo contigo. 4 Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3)
 
En Oseas Dios expresa tanto Su ira celosa y Su amor incondicional y fidelidad a Israel. Todos los que hayan amado una pareja infiel fácilmente pueden identificar con lo que para otros aparentan ser dichos contradictorios en el libro de Oseas.
 
 En el capítulo uno el Señor dice que ya no tendrá misericordia a Israel, sino que los quitaría del todo (1:6). Él mandó a Oseas a decirles: “vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios.” (1:9). Pero las próximas palabras son todo lo contrario. Él dice:
 
Pero el número de los Israelitas Será como la arena del mar, Que no se puede medir ni contar; Y sucederá que en el lugar Donde se les dice: ‘No son Mi pueblo,’ Se les dirá: ‘Son hijos del Dios viviente.’ 11 y los hijos de Judá y los Israelitas se reunirán, y nombrarán para sí un solo jefe, y subirán de la tierra, Porque grande será el día de Jezreel (Jezreel, “la siembra del Señor”). 2:1 Digan a sus hermanos: ‘Ammí (Pueblo Mío),’ y a sus hermanas: ‘Ruhamá (Compadecida).’” (Oseas 1:10 - 2:1 NBLH)
 
Después de decirle a Israel, “vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios,” Él les dice tanto a Israel como también a Judá que en el futuro ellos no solamente serán recibido por Él como Su pueblo, sino que serán llamados hijos del Dios viviente y que serán reunidos y subirán en la tierra porque el Señor los sembrará allí para jamás volver a ser desarraigados otra vez. Entonces, en el siguiente versículo el Señor le dice a Oseas que diga a sus hermanos que son Su pueblo y a sus hermanas que son compadecidas. ¡Aún en Su ira Dios recuerda la misericordia! (Hab 3:2). 
 
Pablo cita este pasaje, expandiéndolo para incluir los gentiles que ahora somos hijos de Dios y coherederos por la fe de Cristo, la simiente de Abraham (Rom 9:25). Los teólogos del Reemplazo interpretan esto como indicando que nosotros ahora somos el pueblo de Dios a exclusión de la nación de Israel. Sin embargo, leyendo el desarrollo de la argumentación de Pablo hasta Romanos capítulo 11, es evidente que él está refiriendo a la inclusión de los gentiles, pero no la exclusión de la nación de Israel. Nosotros los gentiles, como ramas silvestres, fuimos injertadas, pero cuando venga el Libertador de Sion, removiendo la impiedad de Jacob, todo Israel será salvo y restaurado (Rom 11:25-28). Israel y Judá serán reunidos como una nación y David será su rey (Oseas 3:5; Jer 30:9).
 
En el capítulo 2 de Oseas, de los versículos 2 a 13, el Señor renuncia a Israel como Su esposa y la entrega a las consecuencias de sus propios caminos adúlteros. Sin embargo, una vez más vemos que, comenzando en los versículos 14 hasta el fin del capítulo, Él la atrae a Israel otra vez y la lleva al desierto donde le habla palabras de consuelo. Creo que el desierto representa el tiempo de angustia para Jacob o la Gran Tribulación (Jer 30:7; Dan 12:1; Apo 12:13-14). En su aflicción buscarán al Señor (Oseas 5:15-6:1). Entonces, otra vez, como en el capítulo 1, hay una reversa total donde Dios la recibe otra vez para ser su esposa para siempre:
 
Sucederá en aquel día," declara el SEÑOR, "que Me llamarás Ishí (esposo mío) Y no Me llamarás más Baalí (mi señor)… 19 Te desposaré conmigo para siempre; Sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, En misericordia y en compasión; 20 Te desposaré conmigo en fidelidad, Y tú conocerás al SEÑOR.” (Oseas 2:16, 19-20 NBLH)
 
Otra vez, es el mismo Israel al que Dios había renunciado con quien Él vuelve a desposarse para siempre, en vez de que esté refiriéndose a la Iglesia reemplazando a Israel. La Iglesia, la Esposa de Cristo, será casada por primera vez a Cristo como una virgen pura, llegando a ser la Esposa del Cordero en la Jerusalén celestial. En contraste, Israel aquí estará recibido de nuevo como la esposa de Jehová para poseer una herencia terrenal en la tierra de Israel. Esto se ve claramente en los versículos que siguen en el capítulo 3 donde dice que ellos permanecerán muchos días sin rey, pero volverán al Señor y a David su rey en los días postreros.
 
Una vez más, en el capítulo 5 vemos el Señor rechazando, no solamente a Israel, sino también a Judá. Sin embargo, no de manera permanente, sino solamente hasta que lo busquen:
 
“Porque yo seré como león a Efraín, y como cachorro de león a la casa de Judá; yo, yo arrebataré, y me iré; tomaré, y no habrá quien liberte. 15 Andaré y volveré a mi lugar, HASTA QUE reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán.” (Oseas 5:14-15)
 
Esto muy claramente no está hablando de Israel siendo reemplazado por la Iglesia. Es el mismo Israel y Judá que están esparcidos y llevados cautivos que después buscarán Su rostro en su angustia. Los siguientes versículos hablan claramente de su restauración:
 
“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. 2 Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” (Oseas 6:1-2)
 
Otra vez, es claro que es el mismo Israel que el Señor ha arrebatado en juicio que después lo buscarán para sanidad y avivamiento. Mientras este y otros pasajes refiriendose al trato de Dios con el pueblo de Israel puede tener una aplicación secundaria a nosotros como la Iglesia, su cumplimiento principal es a la nación de Israel y Judá – no el Israel espiritual. Muchas promesas y profecías para Israel ahora tienen aplicación a la Iglesia para provocar a celos a Israel, pero su pleno cumplimiento espera el tiempo de su plena restitución.
 
Algunos teólogos del Reemplazo argumentan que Cristo reemplazó a Israel como el verdadero Israel de Dios, dado que la frase “de Egipto llamé a mí hijo,” (Oseas 11:1) es aplicado a Cristo en Mateo donde dice: “Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo.” (Mt 2:14-15)
 
Sin embargo, si continuamos leyendo en Oseas es evidente que, aunque Cristo es identificado con Israel, Él no reemplaza a Israel. Cristo yendo a Egipto y siendo llamado de Egipto de vuelta a la tierra de Israel pone en contraste el fracaso de Israel al salir de Egipto con la obediencia de Cristo, mucho como el contraste entre Adán y Cristo, el Último Adán, pero Cristo no reemplaza a Israel. Esto llega a ser muy evidente al seguir leyendo en Oseas. Por ejemplo, el versículo 5 dice: “(Israel) no volverá a tierra de Egipto, sino que el asirio mismo será su rey, porque no se quisieron convertir.” Más adelante en el capítulo 11 de Oseas  Él dice que no siempre guardará enojo con Israel, sino que les mostrará misericordia al final:
 
“¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. 9 No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad.” (Oseas 11:8-9)
 
Los que piensan que Dios rechazaría de manera permanente a Israel por todo lo que han hecho olvidan que Dios es un Dios de misericordia que no desecha para siempre ni aflige voluntariamente a los hijos de los hombres. En Su misericordia Dios les promete que los traerá de vuelta a su tierra de todas las naciones donde los esparció en Su enojo. Él dice en los siguientes versículos:
 
“En pos de Jehová caminarán; él rugirá como león; rugirá, y los hijos vendrán temblando desde el occidente. 11 Como ave acudirán velozmente de Egipto, y de la tierra de Asiria como paloma; y los haré habitar en sus casas, dice Jehová.” (Oseas 11:10,11)
 
En el siglo IXX y temprano XX los teólogos del Reemplazo ridiculizaban a los Dispensacionalistas Premileniales por insistir en una interpretación normal y literal de estos y numerosos pasajes profetizando la restauración de Israel y Judá en su tierra en los postreros días. Ellos lo creían simplemente porque la Biblia lo decía así, aunque parecía imposible en aquel entonces. Uno pensaría que ahora, viendo que Israel ahora es una nación y que están regresando a su tierra natal, todos reconocerían que Dios está cumpliendo Su promesa a Israel. Pero tristemente, como con los hermanos del hombre rico en el hades, algunos no creerían aún si uno fuera resucitar de entre los muertos.
 
Debe ser obvio a cualquier estudiante de la Palabra que las promesas de Dios a Abraham y a sus descendientes, los hijos de Israel, son incondicionales e irrevocables. Nosotros como gentiles debemos estar agradecidos que en la misericordia de Dios hemos sido injertados en el olivo, llegando a ser herederos de la bendición de Abraham. Pero no debemos presumir, pensando que hemos reemplazado a Israel. Dios claramente tiene un futuro glorioso para Su pueblo Israel.
 


[1]http://www.simpletoremember.com/articles/a/HistoryJewishPersecution/

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George Sidney Hurd
 --
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Gén 12:2-3)
 
En el blog anterior vimos que el pacto que Dios hizo con Israel era enfáticamente incondicional y por lo tanto irrevocable. A pesar de esto, los que se aferren a la teología del Reemplazo dirían que la Iglesia ha reemplazado a la nación de Israel y por lo tanto todas las promesas a la nación de Israel, o eran condicionales y anuladas por ellos al rechazar al Mesías, o de una manera las promesas llegaron a ser aplicables solamente a la Iglesia.     
 
Algunos dirían que la promesa solo era aplicable a Abraham, dado que el Señor aquí simplemente dice te bendeciré.” Sin embargo, la manera en que él fue bendecido requiere que la promesa incluya sus descendientes también. En el versículo 7 el Señor dice: “A tu descendencia daré esta tierra.” Esta promesa tenía que ser cumplida a través de su descendencia, dado que él mismo nunca poseyó la Tierra Prometida. En Génesis 17 el Señor confirma Su pacto de una manera que claramente incluye a sus descendientes:
 
“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos.” (Gén 17:7-8)
 
Así que, vemos que el pacto hecho con Abraham también fue hecho con sus descendientes. Es importante notar que incluye el titulo de propiedad a la tierra de Israel que actualmente está siendo rehabitada por el pueblo de Israel en nuestro día. La promesa es que la tierra sería su heredad perpetua (olam). La tierra siempre ha pertenecido a los Israelitas desde el momento que Dios hizo su promesa de pacto a Abraham. Les pertenece como una posesión permanente – no tanto por el uso de la palabra olam que simplemente expresa “tiempo indefinido,” sino debido a la irrevocabilidad de la promesa incondicional que Dios hizo a Abraham.
 
De hecho, la nación de Israel todavía no ha tomado posesión de la Tierra Prometida en su totalidad. Dios especificó las fronteras de la tierra que Él les dio:
 
En aquel día el SEÑOR hizo un pacto con Abram, diciendo: "A tu descendencia he dado esta tierra, Desde el río de Egipto hasta el río grande, el Río Éufrates: 19 la tierra de los Quenitas, los Cenezeos, los Cadmoneos, 20 los Hititas, los Ferezeos, los Refaías, 21 los Amorreos, los Cananeos, los Gergeseos y los Jebuseos.” (Gén 15:18-21)
 
Como uno puede ver, todavía les espera a los Israelitas tomar posesión de toda la tierra que el Señor les ha dado. La mayor cantidad de la Tierra Prometida que han poseído hasta la fecha fue durante el reinado de Solomon, pero eso cae muy corto de la promesa, como podemos ver en el mapa.
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¿Será que a Dios se le olvidó de Su promesa darles todo ese territorio? ¿Será que se renegó con Su promesa a Abraham? No. En Ezequiel Dios especifica como la tierra estará dividida entre las tribus de Israel en el Milenio. Antes Él reafirma Su fidelidad a Su pacto a Israel en haberles dado la tierra a Abraham y a sus descendientes:
 
“Y la heredaréis así los unos como los otros; por ella alcé mi mano jurando que la había de dar a vuestros padres; por tanto, esta será la tierra de vuestra heredad.” (Ezeq 47:14)
 
A pesar de la irrevocabilidad de las promesas de Dios a dar a Israel la tierra, algunos hoy en día todavía niegan que la presencia de Israel en su tierra tenga significado profético alguno. Es nada menos que un milagro que después de 2.000 años de dispersión y más de 50 atentados genocidas contra su pueblo, ellos no solo continúan como un pueblo, sino que también la nación ha sido reestablecida en su propio territorio con muchos judíos practicantes que hablan en su lengua antigua, el hebreo. Además, todo intento de las naciones árabes alrededor a ahogarlos en el Mediterráneo solo han resultado en victorias para Israel de proporciones bíblicas.           
 
¿Es razonable insistir que todo esto sea nada más que coincidencia? No lo creo. El Señor dijo que ellos estarían dispersos entre las naciones, permaneciendo sin una identidad nacional hasta los postreros días cuando los tiempos de los gentiles se cumplan (Lu 21:24Ezeq 38:8Oseas 3:4-5). ¿Si no es un cumplimiento de profecía, entonces por qué están de vuelta en su tierra? Aunque la mayoría seguirán en incredulidad hasta mirar a Aquel que traspasaron cuando el Libertador venga de Sion, ellos ya están siendo atraídos de vuelta a su tierra como en la profecía de los huesos secos en Ezequiel. Y de allí volverán a vivir, así como fue profetizado (Ezeq 37:1-14).
 
Es comprensible que muchos en el mundo que no conocen a Dios y ignoran Sus promesas y la historia bíblica de Israel podrían decir que la tierra de Israel no pertenece legítimamente a los judíos. Pero, ¿cómo podemos nosotros como cristianos negar su derecho a la tierra que el Señor les prometió con juramento? (Éx 13:5-732:13)
 
Así que, nosotros hemos visto que la promesa de la tierra fue irrevocable y perpetua, extendiendo más allá de Abraham mismo para incluir sus descendientes. Entonces, ¿qué de la promesa de bendecir a los que bendigan a Abraham y maldecir a los que lo maldigan? ¿Incluye esta promesa a sus descendientes también? Creo que tanto las Escrituras como la historia claramente indican que sí.
 
Cuando Isaac bendijo a Jacob (Israel) él dejó en claro que la bendición de Abraham pasó a él y después a sus hijos que forman las 12 tribus de Israel. La bendición claramente se extiende más allá de Jacob para incluir a todos sus descendientes:
 
“Sírvante pueblos, y naciones se inclinen a ti; sé señor de tus hermanos, y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, y benditos los que te bendijeren.” (Gén 27:29)
 
¿En qué sentido podríamos decir de Jacob que pueblos y naciones le sirvieron y se postraron a él? ¿Cómo podemos decir que sus hermanos se inclinaron a él mientras que él vivía? Él solamente tenía un hermano, Esaú. Sin embargo, su hermano tuvo descendientes que siempre han sido los enemigos de los Israelitas. Para despecharse contra su mamá, Esaú se casó con la hija de Ismael. La mayoría de las naciones árabes que se han resistido a los descendientes de Israel hasta el día de hoy son los descendientes del hermano de Jacob, Esaú. La mayoría de aquellos que se llaman Palestinos hoy en realidad no son los descendientes de los Filisteos como dicen, sino que son en gran parte los descendientes de Ismael y Esaú o los hermanos de Jacob. De todas maneras, la promesa dada a Jacob claramente extiende a su posteridad, dado que su cumplimiento requiere descendientes.
 
Aunque los descendientes de Esaú se nieguen a servir a Israel en esta época, vemos que todas las naciones les servirán cuando el reinado Milenial es establecido desde Jerusalén:
 
“Porque la nación o el reino que no te sirviere perecerá, y del todo será asolado.” (Isa 60:12)
 
Más tarde, cuando los Israelitas se acercaban a la Tierra Prometida, Balak le pidió a Balaam que maldijera a Israel para poder derrotarlo. Sin embargo, el Señor le dijo a Balaam que solo hablara las palabras que Él le diera acerca de Israel. Cada vez que él procuraba maldecir a Israel, en vez de eso, profetizaba bendiciones. En su tercer intento de maldecir a Israel la palabra del Señor que salió de su boca fue:
 
“¡Cuán hermosas son tus tiendas, oh Jacob, tus habitaciones, oh Israel!... 8 Dios lo sacó de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo. Devorará a las naciones enemigas, Desmenuzará sus huesos, y las traspasará con sus saetas. 9 Se encorvará para echarse como león, y como leona; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendijeren, y malditos los que te maldijeren.” (Núm 24:5,8-9)
 
Entonces, aquí vemos que ni siquiera el pacto mosaico, que fue condicional y vino cuatrocientos años después de la promesa hecha a Abraham, invalidó Su promesa incondicional a la casa de Israel. Cuando Israel pecó contra Dios, Él les juzgó como Su pueblo. De hecho, Israel ha sido bajo el juicio de Dios desde la Diáspora comenzando en 70 d.C. Sin embargo, aun en Sus juicios Él maldice las mismas naciones que utiliza para juzgarlos. Él destruyó a las naciones de Babilonia y Asiria por lo que hicieron a Israel, aunque a fin de cuentas ellos cumplieron Sus propósitos en el juicio de Su pueblo (Jer 20:1230:1146:28).
 
Para mí, los juicios de Dios a Su pueblo son comparables a un padre que, motivado por amor a su hijo, lo castiga para su corrección. Imagine si alguien fuera a malinterpretar su castigo de su hijo por odio y decide hacerle un favor y empieza a golpearlo. ¿No estaría airado el padre por esas actitudes y acciones contra su hijo? El Señor reaseguró a Israel y Judá, aun en medio de Sus juicios contra ellos que Él siempre estaría con ellos y que tomaría venganza contra sus enemigos diciendo:
 
“Porque te tomé de los confines de la tierra, y de tierras lejanas te llamé, y te dije: Mi siervo eres tú; te escogí, y no te deseché. 10 No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. 11 He aquí que todos los que se enojan contra ti serán avergonzados y confundidos; serán como nada y perecerán los que contienden contigo. 12 Buscarás a los que tienen contienda contigo, y no los hallarás; serán como nada, y como cosa que no es, aquellos que te hacen la guerra.” (Isa 41:9-12, cf. Isa 49:25-26)
 
Después el salmista pronuncia bendiciones de paz y prosperidad sobre los que aman a Jerusalén, pero la maldición de ruina y destrucción sobre los aborrecen a Sion:
 
Pedid por la paz de Jerusalénsean prosperados los que te aman. Sea la paz dentro de tus muros, y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros diré yo: La paz sea contigo... Serán avergonzados y vueltos atrás todos los que aborrecen a Sion.” (Sal 122:6-8; 129:5-6)
 
Me gustaría preguntar al lector: “¿Intercedes por la nación de Israel y por la paz de Jerusalén?” “¿Amas a Jerusalén por amor de tus hermanos, los Israelitas?” Te puedo asegurar que si tu tienes odio y desprecio en tu corazón contra Israel, no tienes el corazón del Señor por Su pueblo escogido. Algunos dirían que ya no son Su pueblo, pero Pablo todavía se refería a los Israelitas como el pueblo de Dios que Él había previamente conocido y amado aun en su estado de ceguera. Pablo dijo:
 
“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera… No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció (proginosco “antes amó”)… Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, SON AMADOS por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” (Rom 11:1-2,28-29)
 
¿No debemos temer encontrarnos aborreciendo a aquellos que Dios ama? Dios ama a toda la humanidad, pero viendo desde la eternidad Su corazón es atraído de una manera particular a la pequeña nación de Israel, despreciada y oprimida. Como las naciones en su orgullo y pecado no querrían retener el conocimiento de Dios, Él les entregó a los deseos de sus corazones pecaminosos, pero de Israel Él ha dicho:
 
A vosotros solamente he conocido (íntimamente) de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.” (Amos 3:2)
 
Como Sus propios, Él los disciplina y azota cuando sea necesario como cualquier buen padre, pero, ¡ay de aquellas naciones que la maldigan o se levanten contra ella! Tome un vistazo de la historia y verás que las naciones que han bendecido a la pequeña nación de Israel son benditas, mientras las que la maldigan están bajo una maldición divina.
 
Viviendo en Colombia, cerca de Venezuela, me entristeció mucho escuchar a Hugo Chávez, dictador de Venezuela maldecir a Israel ante todo el mundo diciendo: “Aprovecho para condenar de nuevo desde el fondo de mi alma, a mis vísceras al estado de Israel. ¡Maldito sea el estado de Israel! ¡Maldito sea terrorista y asesino!” Unos meses más tarde anunció que tenía una formación en la región pélvica. En el día 5 de marzo de 2012, menos de dos años después de maldecir a Israel, murió del cáncer. Hoy, lo que solo unos pocos años atrás era la nación más próspera de Suramérica es en un estado de colapso total. Uno podría razonar que es nada más coincidencia. Sin embargo, la historia muestra que Dios es el vengador de aquellos que se levanten contra de Su pueblo Israel. Como Zacarías dice de los que vienen contra el pueblo de Dios, la hija de Sion, “el que os toca, toca a la niña de su ojo.” (Zac 2:8). Esto fue declarado de Su pueblo en un tiempo cuando estaban bajo Sus juicios. No debemos suponer que nos corresponde a nosotros maldecir a la niña de Su ojo simplemente porque actualmente estén incrédulos y bajo los juicios disciplinarios de Dios.
 
Nosotros, como las ramas de olivo silvestre que hemos sido injertadas contra naturaleza no debemos de envanecernos como si fuéramos escogidos en lugar de Israel, sino debemos tener temor reverente, reconociendo que Dios no ha rechazado de manera permanente a las ramas naturales (Rom 11:19-25). Ellos serán injertados de nuevo y finalmente todo Israel será salvo porque Dios ha jurado con un juramento solemne bendecir a Israel, y, en cuanto a Sus promesas a Israel, “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.” (Núm 23:19)
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por George Sidney Hurd
 
Los primeros Padres de la Iglesia, aunque vivían después de la destrucción de Jerusalén en 70 d.C., eran Premilenialistas y por lo tanto anticipaban que Cristo viniera otra vez para salvar y restaurar a Israel como una nación, reinando por mil años desde Jerusalén sobre el trono de David. [1] Sin embargo, para los finales del Siglo II, algunos Padres de la Iglesia ya comenzaron a negar que habría un futuro para Israel. Comenzaron a espiritualizar el Milenio, aplicándolo a la época actual y reemplazando a Israel por la Iglesia. Al pasar el tiempo, unos de los Padres como Juan Crisóstomo (344 – 407 d.C.) no disimulaban su desprecio por los judíos. Crisóstomo dijo:
 
“Estoy consciente de que muchos respetan a los judíos y piensan que su manera de vivir es venerable. Es por eso que me empeño en desarraigar y derribar esta opinión mortífera… La sinagoga no es más que un prostíbulo y teatro; también es una cueva de ladrones y un albergue de bestias indomables… Pero cuando Dios abandona a un pueblo, ¿Qué esperanza de salvación queda? Cuando Dios abandona un lugar, aquel lugar llega a ser una morada de demonios.”
 
Para el siglo III, incluso Orígenes mismo, que enseñaba que todo ser racional finalmente será restaurado a Dios, sea en el cielo o en la tierra, [2] no permitía la posibilidad de que los judíos sean restaurados como pueblo. Él dijo:
 
“Podemos asegurar con plena confianza que los judíos no volverán a su situación anterior, porque ellos han cometido el crimen más abominable, formando esta conspiración contra el Salvador de la raza humana... Por lo tanto, la ciudad donde Jesús sufrió necesariamente fue destruida, la nación judía fue expulsada de su país, y otro pueblo fue llamado por Dios a ser recipiente de la bendita elección.”
 
Según estos y otros Padres de la Iglesia, Dios ha rechazado totalmente a Israel como nación y la Iglesia ha reemplazado de una vez para siempre a Israel como el pueblo de Dios. Esta doctrina ha llegado a ser conocido como la Teología del Reemplazo.  Sin embargo, como espero demostrarlo en las siguientes páginas, esto no era lo que enseñaba Jesús y Sus Apóstoles. Después de que Jesús se había presentado a Israel como su Rey y Mesías y lo rechazaron, Él les dijo que su casa les había sido dejada desierta - pero no para siempre. Él dejó en claro que su desolación solo duraría “hasta que” cierta condición fue cumplida. Él les dijo: “desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23:39). Él les dijo que serían dispersos entre las naciones; sin embargo, no para siempre sino hasta que le den la bienvenida como su Mesías y Rey. Él también dijo:
 
“Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:24)
 
Como con todos los juicios de Dios, Su juicio contra Su pueblo Israel es temporal, durando “hasta que…”, y culminando en restauración – no en un rechazo eterno (Lam 3:31-33). Y considerando la pregunta que Sus discípulos le hicieron a Jesús en el Monte de los Olivos antes de ascender al cielo, es evidente que ellos comprendieron lo irrevocables que son las promesas de Dios a Israel mejor que la mayoría de los teólogos en la historia. Le preguntaron a Jesús si Él iba a restaurar el reino a Israel de inmediato (Hch 1:6). Si Dios hubiera rechazado a Israel de una vez para siempre como una nación, ciertamente Jesús les hubiera corregido diciendo que Israel jamás volvería a ser una nación porque la Iglesia iba a reemplazarla. Pero Él simplemente respondió diciendo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.” (Hch 1:7). Implícita en esta respuesta es la suposición de que Israel va a ser restaurada como una nación en el tiempo de Dios.
 
Más adelante el Señor le reveló a Pablo que Israel de ninguna manera había sido rechazado, ni tampoco se había tropezado para no volver a levantarse (Rom 11:1,11). A él le fue revelado el misterio que el endurecimiento parcial de Israel solamente seguiría hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado en Su redil. Una vez que se hayan cumplidos los tiempos de los gentiles y Dios haya llamado a Sí mismo a sus primicias de entre los gentiles, entonces todo Israel será salvo cuando el Libertador (Cristo) venga de Sion, removiendo toda impiedad de Jacob (Israel), quitándole sus pecados (Rom 11:25-27). 
 
Los primeros Padres de la Iglesia – de acuerdo con las enseñanzas de Jesús y los Apóstoles, eran Premilenialistas y por lo tanto creían que Cristo reinaría desde Jerusalén sobre las doce tribus de un Israel restaurado y que las naciones de la Tierra vendrían para adorar en Sion. De hecho, justo antes de ir a la cruz, sabiendo que Israel le había rechazado y pronto lo iban a crucificar, Jesús dejó en claro que, a pesar de su traición, Israel aún tenía un futuro cuando les dijo a Sus discípulos: “Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, 30 para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.” (Lucas 22:29-30). Esta promesa les fue dada a Sus discípulos después de que Él había dicho a los sacerdotes que el reino de Dios les sería quitado y dado a otro pueblo (Mt 21:43).
 
Los primeros Padres entendieron de Escrituras como estas que, a pesar de la transgresión de Israel y el resultante juicio, la misericordia de Dios no se acaba y por lo tanto Sus promesas incondicionales acerca de la restauración final de las doce tribus como una nación en su propia tierra eran irrevocables. Tertulio (160 a 225 d.C.) dice de Israel:
 
“Cristo promete a los judíos su condición primitiva con la recuperación de su país, y después de terminar este tiempo de vida, reposo en el seno de Abraham en el hades. Oh, ¡excelentísimo Dios, cuando Él restaura en amistad lo que quitó en Su ira! Oh, ¡que Dios es el suyo que hiere y sana, crea el mal y hace la paz! Oh, ¡que Dios, que es misericordioso incluso en el hades!” [3]
 
La universalidad de la esperanza Premilenial entre los Padres de la Iglesia Primitiva es atestiguada por el gran historiador de la Iglesia, Phillip Schaff, a pesar del hecho que él mismo no era Premilenial en su escatología. Él dice:
 
“El punto que más distingue la escatología de la era ante-Nicea es… la creencia en un reinado visible de Cristo en gloria sobre la tierra con los santos resucitados por mil años, antes de la resurrección y juicio general. No era una doctrina formulada en un credo o forma de devoción, sino que era la opinión popular de los maestros más distinguidos, tales como Bernabé (murió 61 d.C.), Papías (murió 100 d.C.), Justino Mártir (100 – 165 d.C.), Ireneo (130-202 d.C.), Tertulio (160-225 d.C.); mientras que Orígenes (184-253 d.C.), Dionisio el Grande (murió 264 d.C.) y Eusebio (265-340 d.C.) se oponían al Premilenialismo, como también después hicieron Jerónimo (347-420 d.C.) y Agustín (354-430 d.C.)….”  [4]
 
Sin embargo, con la introducción del método de interpretación espiritual/alegórico de las Escrituras que Orígenes y otros Padres tomaron de los filósofos griegos en el tercer y cuarto siglo, vino un abandono a la esperanza del retorno Premilenial de Cristo para establecer Su reino en la tierra. La hermenéutica alegórica permitió una creatividad al interpretar las Escrituras y eso dio lugar al Amilenialismo que negaba cualquier Milenio literal, y Postmilenialismo que enseñaba que el reino del Milenio es ahora. Como consecuencia, todas las profecías acerca del reino futuro de Israel fueron alegorizadas para poder aplicarlas a la Iglesia que, según ellos, actualmente está reinando con Cristo en la tierra en lugar de Israel que fue rechazado por Dios de una vez para siempre.
 
La teoría del Reemplazo lógicamente condujo a un antisemitismo (odio a los judíos) abierto como es reflejado en tantos escritos de los Padres de los finales del siglo III en adelante. Si uno cree que la ira de Dios contra los judíos es eterno e implacable por haberle rechazado y crucificado a Su Hijo, es inevitable que uno llegue a tener el mismo odio que uno atribuye a su Dios. La historia nos enseña que un pueblo siempre llega a ser como el Dios en que creen. Si la Iglesia hubiera permanecido en la revelación de Dios como es demostrado en Jesucristo y a través de las Escrituras, un Dios de amor y misericordia que no guarda para siempre Su ira (Jer 3:12), la historia de los judíos sería muy distinta de lo que ahora es.
 
Las semillas del antisemitismo que fueron sembradas por la teología del Reemplazo de los Padres posteriores al segundo siglo produjeron una cosecha de sufrimiento incomprensible para el pueblo judío por dondequiera que iban. Fueron perseguidos, masacrados o expulsados de casi todo país donde iban después de la Diáspora que comenzó con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Jesús dijo que esto sucedería, y que continuaría “hasta que” los tiempos de los gentiles se hayan cumplido (Lucas 21:24). Lo que para mí es lo más triste es que mucho de este sufrimiento profetizado ha sido infligido a manos de la Iglesia en el nombre de Cristo.
 
Este mismo odio diabólico de los judíos fue adoptado e intensificado en la Iglesia Reformada por el mismo Reformador Martín Lutero. En su librito llamado, “Acerca de los Judíos y sus Mentiras” él se refería a ellos como un pueblo miserable, venenoso, ciego, ignorante y maldito que eran ladrones perezosos y la gran plaga de la humanidad. La solución que propuso al problema de los judíos era quemar sus casas, escuelas y sinagogas. Él dijo que deben confiscar sus bienes y sus escritos Talmúdicos, prohibiendo que sus Rabís enseñaran y obligándoles a trabajos forzados.
 
Por lo tanto, no debe sorprendernos que los Nazis a menudo citaban a Lutero para promover su pogromo contra los judíos. En el libro “Mein Kampf,” escrito por Adolfo Hitler, él dijo de Martín Lutero que él era “un gran guerrero, un verdadero caballero y un gran reformador.” En 1924 Hitler habló con miles de cristianos en un auditorio en Berlín. Él dijo de Lutero:
 
“Martín Lutero ha sido la mayor inspiración para mi vida. Lutero fue un gran hombre. Él era un gigante. Él preparó el camino para el nuevo amanecer y la nueva era. Él vio claramente que era necesario destruir a los judíos, y apenas estamos comenzando a ver la necesidad de llevar a cabo su obra… Creo que hoy yo estoy actuando de acuerdo con la voluntad del Dios Todopoderoso cuando anuncio la obra más importante que los cristianos pueden emprender – y eso es estar en contra de los judíos y eliminarlos de una vez para siempre.” [5]

Como la mayoría de los cristianos en Alemania en ese tiempo creían en la doctrina Reformada de Lutero que Dios odiaba a los judíos y los había rechazado eternamente como “los asesinos de Cristo” ellos le dieron a Hitler una ovación de pie. Aunque Martín Lutero fue muy usado por Dios para restaurar la verdad de la justificación por la fe solamente, su doctrina del Reemplazo y el resultante antisemitismo provocó una de las tragedias más grandes de la historia. En los juicios de Núremberg el líder Nazi, Julius Streicher, se defendió diciendo, “Jamás he dicho algo que Martín Lutero no dijo.”

Nosotros como cristianos necesitamos reconocer que el Holocausto fue el fruto venenoso de la teología del Reemplazo con su resultante antisemitismo. Tristemente, muchos maestros Reformados tratan a los cristianos Premileniales y Dispensacionales que aman y apoyan a Israel con el mismo desdén que tienen contra los judíos. Muchos cristianos no-judíos también son culpables de jactarse en contra de las ramas naturales, pensando que hemos reemplazado a los Israelitas de una vez para siempre (Rom 11:17-18). Como espero demostrar en el próximo blog de esta serie, la idea de que la Iglesia haya reemplazado a Israel es basado principalmente en una mala interpretación de Romanos 11 donde Pablo en realidad demuestra todo lo contrario.


[1] Ver mi libro “Los Últimos Días, ¿Pasados o Presentes? Capítulo dos: El Futurismo Premilenial – la Doctrina de la Iglesia Primitiva.”
 

[2] “Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera…” Origin, Contra Selsum 8.72.
 

[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 3 Irenaeus: Against Heresies Book 3 Chapter 24
 
 

[4] Schaff´s History of the Christian Church, Volume 1, chapter 12,158. Chiliasm.
 

[5] https://www.oneforisrael.org/bible-based-teaching-from-israel/has-the-church-replaced-israel/
 
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 por George Sidney Hurd
 
Como hemos visto, la doctrina del Reemplazo es la creencia que la Iglesia ha reemplazado a la nación de Israel. Todas las promesas que le habían sido dadas a Israel acerca de un reino futuro en su tierra son espiritualizadas por los teólogos del Reemplazo en un intento a aplicarlas exclusivamente a la Iglesia de esta época.
 
Lo que hace la Teología del Reemplazo particularmente engañosa es que es parcialmente verdad. Es cierto que en virtud de nuestra unión con Cristo – la Simiente de Abraham, nosotros los gentiles ahora somos también la simiente de Abraham en Él y herederos según la promesa. Nosotros, los gentiles, aunque éramos ramas de olivo silvestre, ahora hemos sido enjertados entre las ramas naturales, mientras que la mayoría de las ramas naturales (las del Israel natural) fueron cortadas para que nosotros fuéramos injertados (Gál 3:14-16,29; Rom 11:17). Como parte de la nueva creación en Cristo, somos del Jerusalén celestial en contraste con el Israel natural o Israel según la carne (Gál 4:26; 1Cor 10:18). El Cuerpo judío/gentil de Cristo es la congregación (Iglesia) de los primogénitos que están inscritos en los cielos (Heb 12:23).
 
Es cierto que Israel temporalmente ha sido apartado para juicio, pero como veremos Israel no ha sido reemplazado. También es cierto que la Iglesia y no la nación de Israel está recibiendo los beneficios del Nuevo Pacto que les fue prometido a Israel y a Judá (Jer 31:31; 2Cor 3:6; Heb 8:6,13). Sin embargo, Pablo deja en claro que el Nuevo Pacto todavía les pertenece a ellos. Él dijo de los judíos:
 
Porque desearía yo mismo ser anatema (maldito), separado de Cristo por amor a mis hermanos, mis parientes (los de mi raza) según la carne. 4 Porque son Israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo (el Mesías), el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén.” (Rom 9:3-5 NBLH, cf. 15:8,9)
 
Tome nota del uso del tiempo presente. Aunque están bajo una ceguera parcial y temporal, todavía son Israelitas y todos los pactos y las promesas aún les pertenecen a ellos. En los versículos siguientes él anticipa que alguien podría preguntar por qué, si los pactos y las promesas todavía les pertenecen, hay tan pocos Israelitas experimentando los beneficios de ellos. Él explica:
 
“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, 7 ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.  8 Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes.” (Rom 9:6-8)
 
Algunos argumentan de este pasaje que la Iglesia ha reemplazado a Israel dado que el verdadero Israel de Dios solo consiste de los que son de la promesa, y en Cristo todos nosotros, sea judío o gentil, somos simiente de Abraham y herederos según la promesa. Sin embargo, en el contexto Pablo está hablando de “sus parientes” los “Israelitas” (Rom 9:3-4). Es mejor entender su referencia aquí a aquellos que son el verdadero Israel como refiriéndose al remanente elegido de la nación de Israel. Más adelante en el contexto él muestra como la incredulidad de sus parientes Israel resultó en Dios mostrando misericordia a los gentiles. Si “Israel” en el versículo 8 incluye a los creyentes entre los gentiles, sería la excepción dado que Israel es mencionado nueve veces más en Romanos y en cada instante es obvio que Pablo se está refiriendo a Israel sus parientes y no a la Iglesia (Rom 9:4; 9:27; 9:31; 10:19; 10:21; 11:2; 11:7; 11:25; 11:26).
 
En el capítulo nueve Pablo demuestra que Dios es soberano y justo en endurecer a Israel por su incredulidad y mostrando misericordia a los gentiles. De 9:30 a 11:10 él explica como el evangelio de Jesucristo en este tiempo es un tropiezo a todo Israel con acepción de un remanente por la gracia porque ellos procuran la justicia que es por las obras de la Ley (Rom 10:3-4; 11:5) Dios fue a los gentiles – un pueblo que ni siquiera le buscan para provocar a celos a Israel (10:19-20). “En este tiempo hay un remanente según la gracia, pero el resto de Israel ha sido cegado (11:5-8). Comenzando en 11:11 hasta el fin del capítulo Pablo habla de la restauración futura de Israel.
 
El argumento de los Teólogos de Reemplazo que la Iglesia reemplazó a Israel de una vez para siempre cae al suelo en 11:11 hasta el fin del capítulo. Aquí Pablo dice muy enfáticamente que la condición actual de Israel solo es temporal. Entonces, él revela el futuro glorioso que les espera a sus hermanos los Israelitas. Este pasaje habla por sí mismo y es tan importante para el tema que estamos considerando que voy a citarlo aquí en su totalidad:
 
“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. 12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su PLENA RESTAURACIÓN? 13 Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, 14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. 15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será SU ADMISIÓN, sino vida de entre los muertos? 16 Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.17 Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, 18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. 19 Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. 20 Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. 22 Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. 23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. 24 Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?
25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados (el Nuevo Pacto). 28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 29 Porque IRREVOCABLES son los dones y el llamamiento de Dios. 30 Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, 31 así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. 33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero?  35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado?  36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:11-36)
 
Pablo comienza con la pregunta: “¿Han tropezado los de Israel para que cayesen?” Para que la doctrina del Reemplazo sea cierta, Pablo tendría que haber respondido afirmativamente, pero en vez de esto èl da una respuesta enfáticamente negativa: “¡En ninguna manera!” Entonces Pablo explica que, a través de su transgresión, Dios trajo salvación a los gentiles para provocar a celos a Israel. A pesar de la gravedad de su transgresión, Dios no los rechazó como nación, sino que Él los apartó para juicio y fue a los gentiles para provocar a Israel a celos.
 
Para mí, el versículo doce presenta una verdad gloriosa que muchos pasan por alto. Él habla de aun mayores riquezas para los gentiles de lo que actualmente estamos experimentando cuando Israel finalmente es restaurado. Él dijo: Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su PLENA RESTAURACIÓN? La referencia a “su plena restauración” definitivamente está hablando de la restauración del pueblo de Israel en la Segunda Venida de Cristo. Él lo expresa de otra manera en versículo 26 diciendo “todo Israel será salvo.”
 
Lo que muchos no logran ver es que la Iglesia, formada de un remanente de elegidos entre los judíos y gentiles de esta época, son nada más las primicias de la nueva creación de Dios (Stg 1:18; Heb 12:23; Ef 1:12). En los “tiempos de la restauración de todos” (Hch 3:21), cuando el Libertador viene de Sion apartando la impiedad a Jacob, Dios comenzará el proceso de restaurar toda la creación a Sí mismo, resultando en que Él sea todo en todos en la eternidad (1Cor 15:28). Presento con más detalle la doctrina de la restauración final de todos en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia.”
 
En el versículo 15 Pablo una vez más enfatiza que la plena restauración de Israel resultará en la perfección de la restauración del resto de la humanidad que comenzó en esta época. “Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será SU ADMISIÓN, sino vida de entre los muertos?” Ambos contrastes en versos 12 y 15 enfatizan la restauración futura de Israel. Su transgresión que resultó en que ellos fueran apartados culmina en su “plena restauración” y “aceptación” cuando Israel vea venir el Libertador venir de Sion y diga, “Bendito el que viene en nombre del Señor.” (Lucas 13:35).
 
En los versículos 16-24 Pablo argumenta en contra de la presuposición de algunos de que nosotros, la Iglesia, hemos desplazado a Israel de manera permanente. En el versículo 23 vemos que, lejos de ser desechado de manera permanente por Dios, los Israelitas serán injertados otra vez una vez que haya sido quitada la ceguera parcial judicial cuando son dados gracia para creer (Zac 12:10,11). Entonces, Pablo desvela un misterio al cual los maestros del Reemplazo permanecen cegados hasta el día de hoy. Él dijo:
 
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, HASTA QUE haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego TODO ISRAEL SERÁ SALVO, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. (vv. 25-27)
 
Pablo dijo que la verdad que él iba a presentar era un misterio. Algunos teólogos definan un misterio como una verdad anteriormente oculta pero ahora revelada. En un sentido esto es cierto, pero en otro sentido el misterio permanece oculto. Permanece oculto para la mente natural. Pablo dijo acerca de los misterios de Dios:
 
“…hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez…hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria…nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido… Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1Cor 2:6-14)
 
Así que, podemos ver que, mientras sea cierto que un misterio es algo revelado que anteriormente fue oculto, sigue siendo oculto a menos que nos sea revelado a nuestro entendimiento por el Espíritu. Los misterios de Dios permanecen ocultos a la mente natural y carnal.
 
Entonces, ¿Cuál era el misterio que Pablo revela acerca de Israel? El misterio revelado a nosotros es que la ceguera de Israel es tanto parcial como también temporal, solamente continuando hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles – hasta que las primicias elegidas de entre los gentiles hayan entrado en el redil. Una vez que haya entrado en el redil el último gentil elegido, vendrá el Libertador de Sion y entonces todo Israel será salvo. Zacarías profetiza acerca de la conversión de Israel que sucederá en un solo momento cuando miran a aquel a quien traspasaron:
 
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zac 12:10)
 
            Muchos piensan que los que lo traspasaron lo verán solo para después ser destruidos por Él en venganza por lo que le hicieron. Sin embargo, cuando ven a Él quien traspasaron, ¡Dios derrama sobre los moradores de Jerusalén (los judíos) el Espíritu de gracia y oración! La revelación de Jesucristo es para la salvación de Israel – no su destrucción. El resultado será un profundo arrepentimiento a nivel nacional. Una nación nacerá de nuevo en un día, así como profetizó Isaías:
 
“¿Quién oyó cosa semejante? ¿quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos… 10 Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella… 12 Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda.” (Isa 66:8,10,12)
 
Aquí vemos que la nación de Israel volverá a nacer en un día cuando el Libertador venga de Sion y todos los que se lamentaban por ella en su aflicción, se regocijarán con ella con gran gozo cuando el Señor salve y restaure a Israel. En Isaías 45:15-17 vemos que las naciones serán avergonzadas cuando ven como el Señor salva a Israel con una salvación eterna. (cf. Isa 54:1-8) Tristemente, muchos dentro de la Iglesia que no han amado a Jerusalén también estarán entre aquellos que serán avergonzados por haber despreciado y rechazado al pueblo escogido de Dios, Israel.
 
En Isaías 66, justo antes de su liberación, cuando pasan de ser un pueblo perseguido a ser una nación en un solo día, hace mención de algunos hermanos de Israel que habrán odiado y rechazado al pueblo de Israel en su aflicción. Isaías dice:
 
“Oíd palabra de Jehová, vosotros los que tembláis a su palabra: Vuestros hermanos que os aborrecen, y os echan fuera por causa de mi nombre, dijeron: Jehová sea glorificado. Pero él se mostrará para alegría vuestra, y ellos serán confundidos.” (Isa 66:5)
 
Los “hermanos” aquí probablemente se refieren a los hermanos de Israel, los Ismaelitas que siempre han aborrecido y perseguido a los Israelitas hasta el día de hoy. Pero seguramente incluiría también a aquellos entre la cristiandad que han odiado y desechado a los judíos, pensando que lo estaban haciendo en el nombre del Señor y para Su gloria, suponiendo que el Señor veía con agrado su maltrato a los judíos. Cuando el Libertador viene de Sion, salvando todo Israel, todos los que han aborrecido a Israel serán avergonzados en gran manera. Queda sin decir que muy pocos que creen en la doctrina del Reemplazo aman a Israel y desearía ser anatema por amor a sus hermanos los judíos como Pablo. (Rom 9:3) Los que guardan odio en sus corazones contra los judíos necesitan preguntarse si tal odio tiene a Dios como fuente, o a Satanás que siempre ha odiado a los escogidos de Dios.
 
En los versículos 28 y 29 Pablo explica que, aunque son enemigos del evangelio por causa de nosotros, son amados por Dios porque Sus dones (refiriendo a la tierra, el Nuevo Pacto y otras promesas hechas a sus padres) y llamamiento son irrevocables. Él dijo:
 
“Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, SON AMADOS por causa de los padres. 29 Porque IRREVOCABLES son los dones y el llamamiento de Dios.” (Rom 11:28-29)
 
Algunos tienden a pensar en la elección de Dios en términos humanos. A menudo escogimos a alguien basado en nuestro conocimiento limitado de esa persona. Entonces, después de conocer mejor a la persona con todos sus defectos, puede que terminemos rechazando a esa persona y eligiendo otra persona en su lugar. Sin embargo, en contraste con nosotros, Dios habita en la eternidad y elige según Su conocimiento previo de la persona y Su omnisciencia.
 
Cuando Él escogió la nación de Israel toda su historia estaba en Su vista, así como es el caso con Su elección de cada individuo. Cuando Él eligió a Israel, Él los escogió sabiendo que ellos crucificarían al Señor de gloria. Es imposible que Dios retraiga Su elección como nosotros a menudo hacemos, diciendo, “Si supiera que iban a hacer eso jamás los hubiera escogido.” Dios escoge con pleno conocimiento, un conocimiento ilimitado y por lo tanto Su elección es irrevocable. Desde el principio, antes de que Israel tomara posesión de la Tierra Prometida, Dios reveló que sabía el curso que tomaría a través de toda su historia. Casi 1.500 años antes de que Israel rechazara a su Mesías, Moisés dijo bajo la inspiración del Espíritu Santo:
 
“Y Jehová os esparcirá entre los pueblos, y quedaréis pocos en número entre las naciones a las cuales os llevará Jehová. 28 Y serviréis allí a dioses hechos de manos de hombres, de madera y piedra, que no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen. 29 Mas si desde allí buscares a Jehová tu Dios, lo hallarás, si lo buscares de todo tu corazón y de toda tu alma.  30 Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz; 31 porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres.” (Deut 4:27-31)
 
Así que, aún antes de entrar a la Tierra Prometida, el Señor les contó lo que iba a suceder en su futuro. Hace tanto tiempo atrás el Señor les dijo que Él los iba a esparcir entre las naciones en juicio hasta los postreros días. Él les aseguró que Él jamás les abandonaría ni los destruiría ni olvidaría Su pacto que hizo con juramento a sus padres. Sus dones y llamamiento son irrevocables.
 
Entonces, así como hizo en los primeros tres capítulos de Romanos, en los versículos 30 a 32 Pablo una vez más acuerda a los gentiles de que ellos una vez también eran igualmente desobedientes a Dios. Esto es algo que aquellos dentro de la Iglesia que condenan a los judíos (o cualquier otro pecador) olvidan demasiado a menudo. Todos nosotros, seamos judíos o gentiles, somos igualmente indignos y necesitados de Su misericordia. Pablo dice:
 
“Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, 31 ASÍ TAMBIÉN éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. 32 Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Rom 11:30-32)
 
Aquí Pablo dice que, aunque los creyentes entre los gentiles eran una vez desobedientes, ellos recibieron misericordia por la transgresión de Israel cuando fue apartado para juicio. Entonces, él dice, así también” o “de la misma manera” que los gentiles recibieron misericordia por la desobediencia de Israel, Israel también recibirá misericordia a pesar de su desobediencia. La naturaleza misma de la misericordia requiere desobediencia. Uno que jamás ha desobedecido no puede conocer el amor de Dios en la forma de misericordia, dado que la misericordia es Dios, en Su amor, no dándonos lo que merecemos. Solo conocemos el amor multifacético de Dios en la forma de misericordia a través de la caída y nuestra desobediencia.
 
El versículo 32 presenta una verdad asombrosa que la mayoría pasan por alto debido a la doctrina tradicional del castigo eterno para todos menos los que se arrepientan y reciban la misericordia de Dios en esta corta vida: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” En el contexto de Romanos “todos” se refiere a toda la humanidad sin excepción. Dios sujetó a todos - absolutamente todos a desobediencia, sea judío o gentil, solo para mostrarse misericordioso a todos. Es el mismo “todos” que han pecado y están destituidos de la gloria de Dios – el “mundo” entero de la humanidad, incluyendo todos los judíos y todos los gentiles que juntos son mostrados culpables ante Dios, solo para después recibir Su misericordia y ser justificado gratuitamente por Su gracia al arrepentirse y creer en Jesús (Rom 3:9,19-20,23-24).
 
El alcance universal de la misericordia de Dios es expresado aún más claramente en el versículo 36 donde él resume todo diciendo, Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eis “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” Todo lo que salió de Él como fuente (que incluye absolutamente todo), existe por Él y finalmente será restaurado a Él quien es la fuente de nuestro ser. La palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Aún cuando “todo” (pas) es en el neutro no necesariamente se refiere a objetos. En los contextos donde “todo” (pas) claramente se refiere a personas, como es el énfasis en el versículo 36, es mejor traducirlo simplemente como “todo.” Pablo resuma diciendo que todos, sean judíos o gentiles, finalmente recibirán misericordia y serán reconciliados a Dios, resultando que Él sea “todo en todos” en la eternidad (1Cor 15:28).
 
Así que, mientras es cierto que Israel como una nación fue apartado para juicio y la Iglesia judío/gentil de las primicias elegidas ha recibido misericordia bajo el Nuevo Pacto prometido a la casa de Israel y la casa de Judá (Jer 31:31), la Iglesia no ha reemplazado a Israel. Más bien, los gentiles han sido injertados en el árbol de las bendiciones abrahámicas para provocar a Israel a celos. Entonces, todo Israel será salvo cuando el Libertador venga de Sion, quitando toda iniquidad de ella.
 
La teología del Reemplazo representa una falta de comprensión de la gracia y misericordia infinita de Dios que no rechaza para siempre, ni aflige voluntariamente a los hijos de los hombres. Como dice Jeremías:
 
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
 
Dios es un Dios de amor y misericordia que solamente nos aflige cuando sea necesario para nuestra corrección. El Señor no desecha para siempre, ni desechará eternamente ninguno de “los hijos de los hombres.”  La ceguera de Israel solo durará hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después de esto el Libertador vendrá de Sion para salvar a Israel y reinará desde Jerusalén sobra todas las naciones de la tierra. Como veremos en el próximo blog, hay numerosas promesas irrevocables a la nación de Israel que todavía serán cumplidas en el fin de los tiempos.


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8El Tesmo Abierto: Conoce Dios mi Futuro?... 1 de 2

Las Cosas Inmutables de Dios
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por George Sidney Hurd

Hasta hace poco, todos los cristianos creían que Dios siempre ha tenido un conocimiento perfecto acerca del futuro de cada individuo, así como dice el salmista: Tus ojos vieron mi embrión, y en Tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos” (Sal 139:16). Muchos de nosotros hemos recibido promesas de Dios y hemos descansado con la plena confianza de que ya tenemos lo prometido, debido a nuestra fe de que Él que conoce nuestro futuro y posee todo poder, cumplirá lo que ha prometido.
 
Cuando el futuro parece oscuro y no podemos ver lo que el día de mañana traerá, estamos confiados con el conocimiento de que Dios está obrando todas las cosas para nuestro bien según el designio de Su voluntad predestinada para nosotros desde antes de la fundación del mundo (Rom 8:28; Ef 1:11; 1Cor 2:7). Una melodía de antaño que a menudo entono cuando estoy pasando por grandes dificultades y el futuro parece oscuro es: 
 
“Hay muchas cosas acerca de mañana, que no logro entender, pero yo sé Quién sostiene el futuro, y yo sé que Él me tiene de la mano.”
 
La mayoría de nosotros tenemos paz, sabiendo que Dios Quien tiene nuestro futuro no nos soltará de la mano. Pero intenta imaginar un mundo donde nuestro Padre, el Creador y Sustentador de todas las cosas, no tenga conocimiento de nuestro futuro – un mundo donde a fin de cuentas tu destino está en tus propios manos y Dios está aprendiendo junto contigo conforme va pasando el tiempo. Imagina estar en relación con un dios que, aunque te ama y te desea lo mejor, solo puede adivinar acerca del futuro, dado que no sabe más acerca de tu futuro que tú mismo.
 
Acaba de visualizar la cosmovisión de un número creciente de personas que, consciente o inconscientemente, han llegado a creer en la nueva doctrina comúnmente conocida como “el Teísmo Abierto” o “el Teísmo del Libre Albedrío.”
 
Resumido, el Teísmo Abierto enseña que el futuro no puede ser conocido por Dios, dado que el futuro no existe – ni siquiera para Él, o que Dios, por respeto a nuestro libre albedrío, de alguna manera ha limitado Su “omnisciencia” para no saber cuáles serán nuestras decisiones en el futuro. Es una doctrina muy reciente sin precedentes históricos significativos en la Iglesia hasta que se publicó el libro The Openness of God: A Biblical Challenge to the Traditional Understanding of God (La Flexibilidad de Dios: Un Desafío Bíblico al Entendimiento Tradicional de Dios) en 1994, escrito por Clark Pinnock, con Richard Rice, John Sanders, William Hasker, and David Basinger.
 
La mayoría de sus nombres serían desconocidos por el cristiano promedio hoy en día. Sin embargo, algunos de los autores y conferencistas más influyentes como Philip Yancey, Gregory Boyd, Bradley Jersak, Brian Zahnd y más notoriamente Wm. Paul Young, autor de “La Cabaña” han abrazado el Teísmo Abierto y lo están promoviendo en sus libros y discursos.
 
A menudo, no desafían directa y públicamente la creencia histórica de que Dios en Su omnisciencia posee conocimiento exhaustivo del futuro. Más bien, lo implican sutilmente de una manera diseñada para hacer que uno cuestione la habilidad de Dios de ver desde la eternidad y obrar todas las cosas conforme a Su voluntad como tradicionalmente hemos entendido, presentándolo como uno que está intentando hacer lo mejor posible de eventos no previstos que a veces se salen de Sus manos debido a Su inhabilidad de anticipar o intervenir en las acciones del libre albedrío de los hombres.
 
La película y novela de Wm. Paul Young, “La Cabaña,” entretejió tan hábilmente el Teísmo Abierto en la narración que muy pocos siquiera se dieron cuenta del mensaje en el trasfondo. Sin embargo, en su libro posteriormente publicado: “Lies We Believe About God” (Las Mentiras que Creemos Acerca de Dios),” aunque no se trata directamente el tema del Teísmo Abierto, es más directo en revelar sus implicaciones en la práctica. Él dice:
 
“¿Qué si no hay un ‘plan’ para su vida sino una relación donde Dios constantemente nos invita a co-crear, sometiéndose respetuosamente a las decisiones que traemos a la mesa?... Dios no controla, sino que se somete y se une con nosotros en el resultante despelote de una relación, para participar en co-crear las posibilidades de la vida, aún frente a la muerte.” (énfasis mío) [1]
 
En vez de que nosotros busquemos la sabiduría y entendimiento acerca de lo que sea la voluntad del Señor, sometiéndonos al plan de Dios para nuestras vidas, todo es invertido. Ahora, según ellos, ¡es Dios que se somete respetuosamente a nosotros, siguiendo nuestra guía mientras co-creamos nuestro propio futuro!
 
No es que no tengan textos que presenten para apoyar su posición. De hecho, algunos pasajes, tomados de manera literal, a primera vista aparentan presentar a Dios como si no poseyera todo conocimiento del futuro y por lo tanto cambia Su mente. Incluso es presentado como si necesitara alguien como Moisés o Abraham para persuadirlo a mostrar misericordia, o como si fuera olvidadizo, con la necesidad del arco iris para recordarlo a no volver a destruir la tierra con un diluvio (Gen 9:13-15). Sin embargo, como espero demostrar, estos textos, demostrablemente son expresiones que tienen que ser entendidas a la luz de otros textos que claramente definan las atributos esenciales e infinitos de Dios, como Su eternidad, omnipotencia y omnisciencia, y no al contrario. Esto ha sido el entendimiento de todos los estudiosos de la Biblia, desde el teólogo, hasta el lector devoto más sencillo a través de la historia.
 
Creo, y espero demostrar, que los que enseñan el Teísmo Abierto son culpables de intentar conformar el Dios infinito a la imagen de los hombres finitos, en vez de reconocer que fuimos hechos a la imagen de Dios y no al contrario. Aunque hemos sido creados a Su imagen y semejanza y, por lo tanto, somos capaces de conocerlo y experimentar intimidad con Él, tenemos que reconocer que Él nos trasciende infinitamente y, por lo tanto, al menos por ahora, Él ha elegido utilizar términos antropomórficos para ayudarnos a identificarnos con Él.
 
Un antropomorfismo es cuando características humanas son atribuidas a Dios. Una expresión en la Biblia puede ser determinada ser un antropomorfismo utilizando la siguiente definición: “Una adscripción bíblica a Dios es antropomórfica cuando la Biblia en otra parte indica que Dios trasciende las mismas características atribuidas a Él, (ejemplos: ‘el brazo del Señor,’ ‘los ojos del Señor,’ ‘el Señor se arrepintió,’ ‘el Señor se acordó,’ ‘el Señor miró y vio,’ etc.).” De igual manera, si Dios habita la eternidad, entonces todas las limitaciones temporales atribuidas a Dios solo son ciertas en cuanto a nosotros como parte de Su creación temporal, dado que Dios trasciende las limitaciones temporales.   
 
La Eternidad de Dios
 
Para que el Teísmo Abierto sea viable es necesario que primero demuestren que Dios está limitado al tiempo y por lo tanto incapaz de ver el futuro. Ellos normalmente argumentan que Dios no puede ver el futuro, dado que el futuro no existe para nadie, incluyendo para Dios mismo. Sin embargo, si Dios es eterno y trasciende el tiempo – existiendo sobre y aparte del tiempo, entonces todos los eventos, pasados presentes y futuros, estarían a la vista de Él. Sería imposible que Dios no conozca el futuro si de hecho Él es eterno.
Algunos Teístas Abiertos, reconociendo este problema, dirían que Dios podría ver el futuro, pero, para preservar el libre albedrío de los hombres, Él eligió “limitar Su omnisciencia” y no poder ver nuestras decisiones en el futuro. Sin embargo, es una paradoja decir que Dios limita Su omnisciencia. Ser omnisciente es saber todo. O Él sabe todas las cosas, o no sabe. Dado que Su omnisciencia es inmutable, no es posible que Él de alguna manera deje de saber lo que sabe. Y si de hecho no sabe el futuro, entonces Él no sería omnisciente.
Históricamente, la Iglesia ha creído que Dios es atemporal. Eso es, que la existencia de Dios no solo precede el tiempo, sino que Él existe fuera del tiempo al mismo tiempo que es inminente y activo en nuestro mundo de tiempo/espacio, sin estar sujeto a sus limitaciones. Mientras el idioma hebreo no tenía una palabra equivalente a “eterno” en el sentido moderno platónico de la palabra, vemos la eternidad de Dios expresada por el uso del verbo “ser” en el tiempo presente para describir a Dios. El salmista dice:
“Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, TÚ ERES Dios.” (Sal 90:2)
 
La frase, “de olam hasta olam, TU ERES (tiempo presente) Dios” dice en tantas palabras lo que ahora podemos expresar diciendo “Dios es eterno” – i.e. Dios siempre ES. También, cuando Moisés le preguntó a Dios: “si ellos me preguntaren: ¿Cuál es Su nombre? ¿Qué les responderé? (Éxodo 3:13)”, Dios le respondió que Él era el Dios eterno, pero en palabras que parecen raras a nosotros porque hoy en día tenemos “eterno” en nuestro vocabulario y no necesitamos tantas palabras para expresar Su eternidad: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros” (v.14). En nuestras palabras Él está diciendo, “YO SOY el Eterno - Él que siempre ES.”  Su nombre Jehová significa “Él que existe” o “Él eterno”.
 
A continuación, después de decir que Dios ES (tiempo presente), tanto en el pasado como en el futuro, en el Salmo 90:2, el salmista dice en el Salmo 90:4: Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.” Algunos se han equivocado pensando que esto implica que la existencia de Dios es temporal. Sin embargo, tomando en cuenta lo que dijo en el versículo 2, es evidente que es nada más una manera poética de decir que, aunque Dios interactúa con nosotros en el tiempo, Él no está atado al tiempo como nosotros estamos.
 
Además, vemos que Él es eterno, dado que antes que naciesen los montes – antes que el tiempo mismo fue creado con sus épocas, años, meses y días, Dios ES. Antes de la creación, el tiempo no existía, pero Dios siempre existe. También, podemos ver Su relación trascendente al tiempo en la respuesta que Jesús les dio a los que le preguntaron como Él pudo haber visto a Abraham. Él les dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY” (Juan 8:58). Solo Aquel que tiene Su existencia fuera de los límites del tiempo podría hacer semejante declaración.
 
En Su humanidad Jesús fue confinado al tiempo y espacio, pero como Dios, Él es inminente o siempre presente en la totalidad del tiempo, de la misma manera que vemos revelado Su omnipresencia en lo que le dijo a Nicodemo: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo” (Juan 3:13). Después de haberle dicho a Nicodemo que tenía que nacer de nuevo para ver el reino del cielo – algo que estaba luchando para comprender, Jesús hizo esta declaración asombrosa de que Él mismo que estaba hablando con él también estaba al mismo tiempo en el cielo.  Estas verdades trascienden nuestra habilidad de captarlas, pero sin embargo son verdades de la naturaleza divina que deben ser abrazadas con asombro, en vez de intentar reducir Su divinidad al nivel de meros hombres.
 
Aunque cualquier intento de ilustrar los atributos infinitos de Dios queda muy corto, la perspectiva de Dios del tiempo podría ser ilustrada con un hombre que está viendo un desfile desde arriba en un helicóptero. Desde su perspectiva toda la procesión está a la vista, desde el comienzo hasta el final. Desde esa perspectiva él podría comunicar a los espectadores de la procesión abajo lo que van a ver en su futuro antes que ellos puedan verlo, dado que él puede ver toda la procesión.
 
De semejante manera, entendemos que Dios existe encima de, y fuera de, nuestros confines de tiempo/espacio, porque de otra manera Él no podría decirnos lo que va a suceder en nuestro futuro – especialmente en nuestro futuro lejano en un mundo de tantos variables incluyendo múltiples decisiones humanas. El conocimiento previo exhaustivo de todos los eventos futuros, incluyendo hasta eventos contingentes atribuidos a Dios en las Escrituras, serían imposibles para un ser no eterno.
 
La Presciencia de Dios
 
Habiendo visto que la eternidad de Dios, combinada con Su omnisciencia, requiere que Él tenga un conocimiento exhaustivo de todas las cosas, incluyendo los eventos futuros, ahora podemos dirigir nuestra atención a las Escrituras para ver si tal conocimiento es atribuido a Dios y demostrado con profecías cumplidas.
 
Dios muestra que es Dios declarando las cosas que han de suceder
 
En Isaías capítulos 41 a 48 Dios desafía a todos los dioses falsos a demostrar que son verdaderos, declarando lo que sucederá en el futuro. Vez tras vez Él contrasta los dioses falsos Consigo Mismo, y Su exclusivo conocimiento del futuro es presentado como una de las evidencias de que solamente Él es Dios. Dado que estos pasajes también refutan la afirmación de los Teístas Abiertos de que Dios no conoce el futuro, aquí voy a citar los textos principales, resaltando frases claves:
 
“Traigan, anúnciennos lo que ha de venir; dígannos lo que ha pasado desde el principio, y pondremos nuestro corazón en ello; sepamos también su postrimería, y hacednos entender lo que ha de venir. 23 Dadnos nuevas de lo que ha de ser después, para que sepamos que vosotros sois dioses; o a lo menos haced bien, o mal, para que tengamos qué contar, y juntamente nos maravillemos. 24 He aquí que vosotros sois nada, y vuestras obras vanidad; abominación es el que os escogió.” (Isa 41:22-24)
 
Aquí Dios desafía a los dioses falsos que Israel estaba adorando a demostrar que eran dioses, contando lo que va a suceder en el futuro. Entonces Él dice en burla, “al menos hagan algo, sea bueno o malo para que se maravillen sus seguidores.” Ante su silencio Él dice, “Ustedes son nada y nada pueden hacer.”
 
Entonces Él dice que todos los que escogieran semejante dios son abominación. Según el mismo criterio de Dios, un dios que no conozca el futuro es un dios falso y los que adoren semejante dios son una abominación ante Él. Esto debe ser suficiente para hacer que los Teístas Abiertos se detengan a reflexionar. Entonces, Él llama a Israel a arrepentirse y volver a Él, el único verdadero Dios que obra todas las cosas según el consejo de Su voluntad:
 
“Acordaos de esto, y tened vergüenza; volved en vosotros, prevaricadores. 9 Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: MI CONSEJO PERMANECERÁ, Y HARÉ TODO LO QUE QUIERO.” (Isa 46:8-10)
 
En Isaías 45, el Señor llama al rey Ciro por nombre muchos años antes que naciera. No fue hasta unos 150 años después de esta profecía que Ciro invadió a Babilonia. Entonces, en el primer año de su reino, después de que los judíos cumplieron los 70 años de cautiverio como profetizado en Jeremías 25:11-12, el Señor despertó el espíritu del rey Ciro para hacer un decreto dejando en libertad a los Judíos para volver a Jerusalén y reconstruir el Templo (2Cron 36:22-23). El Señor dijo en Isaías 45:
 
“Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán… 4 Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido, te llamé por tu nombre; te puse sobrenombre, aunque no me conociste… 6 para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo… 13 Yo lo desperté en justicia (Ciro), y enderezaré todos sus caminos; él edificará mi ciudad, y soltará mis cautivos, no por precio ni por dones, dice Jehová de los ejércitos.” (Isa 45:1,4,6,13 cf. Isa 48:3-5)
 
¿Por qué le puso nombre a Ciro antes que naciera? Para que todos sepan que Él es el Señor y que no hay más que Él. Solamente el único Dios omnisciente que conoce el fin desde el comienzo podría declarar con tanta precisión lo que iba a ocurrir generaciones antes de que sucediera. Aun si Dios hubiera podido adivinar que Persia iba a conquistar a los babilónicos al cumplir los judíos exactamente 70 años de cautiverio, ¿cuáles serían las probabilidades que un niño naciera, recibiendo el nombre de Ciro y llegando a ser el rey del imperio en el mismo año que Dios dijo que el cautiverio terminaría? Ciro era el menos indicado para ser el rey de Persia. Cuando Ciro era un bebé su abuelo Astyages dio la orden de matarlo, pero a los que él encargó de matarlo lo rescataron y lo escondieron mientras crecía. Fue su valentía y destreza en batalla que lo llevó a estar en poder a pesar de todos los obstáculos. [2] El mismo Ciro reconoció lo que muchos Teístas Abiertos no logran entender – que Dios sabe todo de nosotros aún antes de nacer. El salmista David también entendió que Dios conoce todo detalle de nuestras vidas aun antes de ser formado en el vientre de nuestra madre. Él dijo:
 
“Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos… 4 Aun antes de que haya palabra en mi boca, he aquí, oh SEÑOR, ya la sabes toda.” (Sal 139: 16,4)
 
A los Teístas Abiertos les falta explicar cómo es posible que Dios haya visto el embrión de David y escrito todos los días que le fueron dados antes que él fue formado en el vientre, si de hecho Dios no sabe lo que va a suceder en nuestro futuro, sin mencionar saber lo que vamos a decir antes de decirlo.
 
El hecho de que Dios sabe lo que vamos a decir antes de decirlo es demostrado por Jesús cuando Él le dijo a Pedro, “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces” (Mt 26:34). Esto requiere que Él no solamente supiera lo que Pedro iba a decir en esa misma noche, a pesar de su insistencia de que estaba dispuesto a morir por Él, sino también tenía que haber tenido previo conocimiento de toda la cadena de eventos que iban a trascurrir, incluyendo las palabras que provocarían su negación y también que supiera que el gallo iba cantar en el mismo momento de la tercera negación.
 
Las circunstancias de la crucifixión de Cristo también ilustran claramente la presciencia exhaustiva de Dios. Numerosas profecías del Antiguo Testamento describiendo su traición y crucifixión fueron cumplidas incluyendo una descripción detallada de Su muerte en una cruz muchos años antes que los Romanos hubieran inventado esa forma de tortura (Sal 22:14-18). La mayoría de los Teístas Abiertos negarían que Dios previó la crucifixión de Cristo, pero fue claramente declarado a ser conocido por Él desde el comienzo. Cristo fue el Cordero inmolado desde la fundación del mundo (Apo 13:8). No solamente fue predeterminado a suceder desde el momento de la creación, sino que también fue predeterminado a acontecer precisamente de la manera en que sucedió. Pedro dijo:
 
“Porque verdaderamente se unieron (voz pasiva “fueron unidos”) en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, 28 para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.” (Hch 4:27-28)
 
¿Cómo podría Dios predeterminar la muerte de Cristo según Su propósito que Él había determinado que sucediera desde la creación si Él no puede ver el futuro? Aquí vemos que, no solamente la crucifixión fue predeterminada por Dios, sino todas las decisiones de cada individuo involucrado, incluyendo a Herodes, Pilato, los gentiles y el pueblo de Israel – todas sus libres decisiones fueron predeterminados por Dios e incluidos en Su plan para las épocas. Si Herodes o Pilato hubieran elegido hacer algo diferente, la crucifixión no habría sucedido. Si los judíos hubieran pedido que soltaran a Jesús en vez de Barrabás, Él no hubiera sido crucificado. Cada uno hizo exactamente lo que Dios había predeterminado que sucediera. Es igual con la traición de Judas (Mt 26:24;27:9). Esto es de acuerdo con Hechos 15:18 que dice: Conocidas son a Dios todas sus obras desde la eternidad.” [3]
 
Ejemplo tras ejemplo podría ser presentado demostrando que Dios, desde la eternidad está obrando todas las cosas según el designio de Su voluntad, y esto necesariamente requiere que Él posea un conocimiento previo exhaustivo de todos los eventos futuros y todas las decisiones hechas por los hombres. Pero, estos pocos ejemplos deben ser suficientes para establecer que la omnisciencia de Dios es infinita y exhaustiva, incluyendo todo evento en el futuro y también todo pensamiento y decisión futura de cada una de Sus criaturas, y que Él también está obrando todas las cosas según Su plan predeterminado en la eternidad.
 
Esta verdad fundamental nos ayudará más adelante a reconocer los variados antropomorfismos por lo que son – Dios limitando Su vocabulario, como haría un adulto hablando con un niño pequeño, para que podamos entenderlo. Mientras nos podemos identificar con Dios por medio de los antropomorfismos, necesitamos procurar entender Su naturaleza y atributos aplicando las verdades más definitivas y trascendentales reveladas en las Escrituras, en vez de limitar a Dios, definiéndolo basado en Sus antropomorfismos, como los Teístas Abiertos intentan hacer.
 
El Predeterminado Plan de Dios y el Libre Albedrío del Hombre
 
Los Teístas Abiertos argumentan que, si Dios tuviera conocimiento exhaustivo del futuro y todo fuera predeterminado según Su decreto eterno, entonces no habría lugar para las decisiones libres de los hombres. Por ejemplo, ellos dirían que, si el decreto de Dios es fijo, estando basado en Su presciencia exhaustiva, y Él ha decretado que yo terminaría este blog mañana a las 4:03 p.m., entonces yo no estaría en libertad para terminarlo en otro momento. Sin embargo, eso es inmaterial, dado que yo lo hubiera terminado libremente en ese momento sin necesidad de coerción divina. Como con la mayoría de nuestras acciones volicionales, sería más correcto decir que si Dios ha decretado que terminaría a las 4:03 p.m., entonces lo voy a terminar, en ese momento, en vez de pensar en términos de algo que tengo que terminar.
 
El hecho de que Dios conoce de antemano nuestras decisiones y en Su sabiduría las entreteje en Su plan eterno para las épocas, de ninguna manera debe ser visto como una violación de nuestro libre albedrío. El decreto determinativo de Dios según Su presciencia exhaustiva no es incompatible con mis decisiones del libre albedrío a menos que tales determinaciones vayan en contra de lo que Él ha determinado. En tal caso Dios sí negaría el ejercicio de mi libre albedrío porque, ¿quién ha resistido a su voluntad? (Rom 9:19). Nuestra propia autodeterminación es sujeta a la voluntad permisiva de Dios. Es por eso que, en vez de decir, “hoy o mañana iremos a tal lugar y haremos tal y tal cosa,” debemos decir, “si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” (Stg 4:13-16).
 
Dios es nuestro Padre y nosotros somos su creación – no la simulación de un programador de computadoras. Fuimos creados como seres emocionales, racionales y volicionales, capaces de disfrutar de comunión con Él. Dios no quiere autómatas programados para hacer Su voluntad. Tampoco quiere libertarios obstinados que viven sus vidas independientes de Su voluntad como pequeños dioses. Como nuestro Padre, Dios permite que Sus hijos tomen decisiones propias dentro de parámetros controlados para nuestro propio desarrollo. Sin embargo, Dios obra en nosotros tanto para el querer como para el hacer de Su buena voluntad, y cuando lo desafiamos obstinadamente o vamos en contra de Su voluntad determinada, Él como nuestro Padre a menudo interviene de una manera contraria a nuestra voluntad para nuestra corrección. (Fil 2:12; 1Cor 11:31-32).
 
Además, la insistencia del hombre en su libre albedrío sin limitaciones es un resultado de la caída y cae muy corto de la voluntad perfecta de Dios para nuestras vidas. Mientras Dios no dicta cada decisión que tomamos, somos llamados a la vida más alta donde renunciamos nuestra independencia y sujetamos nuestra voluntad al Padre de los espíritus (Heb 12:9). Somos llamados a una vida de rendición, no una vida de independencia donde Dios se somete a nosotros mientras co-creamos nuestro propio futuro, como Wm. Paul Young y otros Teístas Abiertos enseñan.
 
Aunque Dios conoce de antemano cada decisión humana, incluyendo las decisiones que tomaríamos dadas otras circunstancias (Ezeq 3:5-6; Mt 11:21-23; Lucas 10:13), Él no dicta cada decisión que tomamos, sino que Él gobierna como Soberano, obrando todas las cosas según el beneplácito de Su voluntad (Rom 8:28; Ef 1:11). El resultado final es que toda rodilla se doblará y cada lengua confesará a Jesucristo como Señor. Después el Hijo se sujetará al Padre, culminando en la restauración de todos cuando Dios será todo en todos (Fil 2:10-11; Hch 3:21; 1Cor 15:28).
 
La Inmutabilidad de Dios
 
Otra característica de la naturaleza esencial y atributos de Dios que necesita consideración para el tema que estamos considerando es Su inmutabilidad. En otras palabras, Dios, siendo eterno, nunca cambia en cuanto a quién es y en lo que es – Él permanece igual en cuanto a Su ser y cualidades:
 
“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.” (Mal 3:6)
 
En contraste con los dioses paganos caprichosos e implacables que los Israelitas estaban adorando en ese tiempo, Dios dijo que es debido a que Él no cambia que ellos no habían sido consumidos por todas sus abominaciones.
 
Contrario a la creencia tradicional, Dios, en cuanto a Su naturaleza esencial es amor (1Jn 4:8). Algunos protestarían, diciendo que la Biblia también dice que Dios es santo (Lev 11:45; 1Pedro 1:16). Sin embargo, “amor” agápe es un sustantivo, definiendo Su esencia sustancial, mientras que “santo” hágios es un adjetivo, describiendo una característica de la naturaleza esencial de Dios definida por el sustantivo “amor.” Santo significa “apartado o separado.” Dios es santo o apartado de todos los demás porque Él es omnipotente y omnipresente, y porque posee toda sabiduría, pero lo que lo separa de todos los demás dioses más aún que Sus atributos es Su naturaleza esencial que es amor. Él declara que es santo o apartado de los demás precisamente por Él hecho de que es misericordioso:
 
No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad.” (Oseas 11:9)
 
Aquí vemos que Su santidad, o lo que lo separa de los demás, es evidente en que Él, en amor, muestra misericordia en vez de ejecutar el ardor de Su ira. Así que, Su santidad – en vez de restringir Su amor, caracteriza Su amor como separado de los demás en que, aun en Su ira, Él recuerda la misericordia (Hab 3:2). La naturaleza de Dios es indivisible – Su ira es en realidad Su amor actuando contra el mal. De la misma manera, Su santidad es inseparable de Su amor y no en conflicto con él. Su justicia y Su misericordia no están en conflicto – la justicia y la paz se besaron en la cruz (Sal 85:10). Desde la perspectiva de Dios, Su santidad y Su amor jamás han estado en conflicto el uno con el otro, dado que Él habita la eternidad y por lo tanto la obra propiciatoria de Cristo en la cruz siempre ha sido una realidad para Él.
 
La verdadera santidad es amor y el verdadero amor es santidad. El amor es el cumplimiento de toda justicia (Mt 22:37-40; Rom 13:9-10; 1Tim 1:5). De la misma manera que el amor sin la santidad no es el verdadero amor, la santidad sin el amor no es la verdadera santidad. El amor separado de la santidad es libertinaje, mientras que la santidad sin amor es el fariseísmo (fariseo es de la palabra hebreo, parush “separatista o santo”). Los fariseos equivocadamente pensaron que la santidad era algo separable del amor y terminaron crucificando al Señor de gloria en nombre de la santidad.
 
Mientras que Dios es inmutable en Su naturaleza esencial que es amor, Su amor se manifiesta de muchas maneras en relación a Sus criaturas caídas en la esfera del tiempo. Mientras que los Tradicionalistas son culpables de presentar la naturaleza y atributos de Dios como si Su amor y Su santidad estuvieran en conflicto el uno con el otro, muchos Teístas Abiertos son culpables de reducir el amor de Dios a un amor pasivo y cruciforme. Mientras que la naturaleza esencial de Dios no está dividida, es multiforme en sus manifestaciones y no siempre es “cruciforme.”
 
El amor paternal de Dios no es cruciforme. A los que Él ama, disciplina y azota. También, Su amor se manifiesta en la forma de enojo e ira frente al mal y la injusticia. Su amor a menudo se manifiesta en la forma de juicios contra los que oprimen a los inocentes. Su amor incluso puede abandonar por un tiempo para que los hijos de los hombres le busquen (Oseas 5:15-6:2; Lam 3:31-33). Sin embargo, es Su amor lo que es inmutable – no sus manifestaciones temporales frente al mal. Aunque Dios se enoja frente al mal, Su enojo e ira solo duran por un tiempo (Sal 103:8-9; 30:5; Jer 3:12-13; Mic 7:18). Y aunque es posible que Él deseche a los que son obstinadamente malignos en juicio, Él no los deshecha para siempre porque es Su amor lo que es inmutable y permanece para siempre, no las manifestaciones temporales de Su amor frente al pecado e injusticia (1Cor 13:8; Lam 3:31-33). Aún bajo el Antiguo Testamento, la frase “para siempre es su misericordia (chesed)” se repite más de 40 veces. Pero ni una sola vez en todas las Escrituras se dice de la ira de Dios que permanece para siempre, dado que todo mal un día dejará de existir y entonces Dios será todo en todos en la eternidad (Apo 21:4-5; 1Cor 15:28).
 
También Dios es inmutable en cuanto a Su omnisciencia. Esto quiere decir que Dios nunca ha aprendido nada, dado que jamás ha habido algo que no ha sabido, y Su conocimiento perfecto no puede disminuir o aumentar. Como dice: Conocidas son a Dios todas sus obras desde la eternidad” (Hch 15:18). Él obra todas las cosas según el designio de Su voluntad predeterminada desde la fundación del mundo (Ef 1:4,11). Debido a que Su plan omnisciente y todo-comprensivo para las épocas es inmutable, el Salmista pudo decir, “El consejo del SEÑOR permanece para siempre, Los designios de Su corazón de generación en generación.” (Sal 33:11)
 
Contrario a la afirmación de los Teístas Abiertos de que Dios se somete a nosotros mientras que co-creamos el futuro, Jeremías dice humildemente: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jer 10:23). Sin violar las elecciones de los hombres, y todavía considerando a cada uno responsable por sus hechos, el Señor sin embargo conoce el fin desde el comienzo, y en Su infinita sabiduría Él obra todas las cosas para bien según el consejo predeterminado de Su voluntad:
 
“que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré TODO lo que quiero.” (Isa 46:10)
 
Según estas declaraciones claras y fundamentales de las Escrituras, Dios no está creciendo en conocimiento o improvisando, como afirman los Teístas Abiertos. Como se dice de nuestro Señor Jesucristo, Él es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos (Heb 13:8).
 
Esto no quiere decir que el plan eterno de Dios no incluye cambios como dispensaciones, pactos, o incluso lo que para nosotros aparenten ser cambios de eventos no anticipados. De hecho, desde nuestra perspectiva hay muchos cambios que Dios ha hecho a través de las épocas con muchos más profetizados a suceder en las épocas venideras. Sin embargo, solamente son cambios desde nuestra perspectiva y en relación a nosotros y no para Dios, dado que todo va conforme a Su plan eterno.
 
Dios no cambia, ni tampoco cambian Sus planes. Él no tiene tal cosa como un plan B. Lo que Él tiene es un plan decretado para las épocas que es inmutable y eterno que está desenvolviéndose progresivamente. En vez de que la caída resulte en el plan B, vemos que el Cordero de Dios ya ha sido inmolado por nosotros desde la fundación del mundo, antes de la caída del hombre (Apo 13:8). En vez de que el plan A cambie en el plan B, lo que vemos es que el plan A va de A1, a A2, A3, así sucesivamente, con cada etapa obrando según el beneplácito de Su voluntad y culminando en Dios siendo todo en todos. Todos los que tuvieron su comienzo en Él finalmente serán atraídos de vuelta a Él, habiendo sido perfeccionados en Él:
 
“Porque de él, y por él, y para (eís “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
 
Así que, podemos ver que Dios es inmutable en cuanto a Su naturaleza esencial y Sus atributos y, por lo tanto, en Él no hay mudanza, ni sombra de variación (Stg 1:17). Esto es una verdad fundamental. Todos los antropomorfismos u otras descripciones que a primera vista aparentan decir lo contrario tienen que ser interpretados a la luz de Su eternidad, Su presciencia exhaustiva, Su naturaleza y Sus atributos.
 
Habiendo puesto un fundamento firme de verdades eternas e inconmovibles, incluyendo Su plan fijo y eterno para las épocas, podemos ahora examinar los textos de las Escrituras que los Teístas Abiertos presentan como evidencia de que Dios no tiene conocimiento previo del curso que tomaremos en el futuro y que Él está escribiendo el guion conforme a lo que nosotros mismos decidimos y hacemos.
 


[1] Young, Wm. Paul. Lies We Believe About God. Kindle Edition. Location 333,361
 

[2] McClintock and Strong Encyclopedia: Cyrus
 

[3] Citado de la Reina Valera Gómez que es basado en la mayoría de los manuscritos griegos.
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Las Cosas Mutables de Dios
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por George Sidney Hurd

Aunque Dios es inmutable en cuanto a Su naturaleza esencial y Sus atributos y por lo tanto no cambia en estos aspectos fundamentales, Él, sin embargo, interactúa con nosotros en nuestro mundo de tiempo y espacio. Mientras que Él habita la eternidad y trasciende Su creación, Él, sin embargo, no está lejos de cada uno de nosotros (Hch 17:27-28; Col 1:17; Heb 1:3; Sal 139:7-8).
 
Debido a que Dios existe fuera del tiempo y Él siempre ES antes del comienzo del tiempo, las épocas desde el comienzo hasta el fin siempre han estado en Su vista y siempre estarán (hablando temporalmente). Dado que Él es omnisciente, es imposible que Él no tenga un plan todo-comprensivo para las épocas cuya culminación sea mayor que su comienzo (Ef 1:11).
 
Como vimos en el blog anterior, la presciencia exhaustiva de Dios y Su plan predeterminado para las épocas, que también abarca cada detalle de nuestras vidas individualmente, de ninguna manera es incompatible con nuestras elecciones volicionales. Mientras que Él guía y supervisa nuestras decisiones, como haría cualquier buen padre, Él no las dicta. Aunque Él obra en nosotros para el querer y el hacer de Su buena voluntad, Él normalmente no impone Su voluntad sobre nosotros.
 
Unas excepciones notables en la historia son el diluvio, la confusión de las lenguas en Babel, y la destrucción de Sodoma y Gomorra. Estas intervenciones han ocurrido en un momento predeterminado, en el momento cuando un mayor retraso de la intervención divina hubiera resultado en la autodestrucción de la humanidad. En el caso del diluvio, las cosas se habían degenerado al grado que solo la familia de Noé no se había corrompido.  En el caso con Sodoma y Gomorra, no había ni diez justos. En cuanto a la intervención en la Segunda Venida de Cristo, Jesús dijo que si aquellos días no fueran acortados, nadie sería salvo (Mt 24:22).
 
Iría en contra del propósito de Dios de crearnos dictar cada decisión nuestra. ¿Cuál fue el propósito de Dios en la creación? Mientras no está especificado, podemos inferir en cual fue el gran plan de Dios viendo el resultado final de la creación. En la consumación de las épocas todos serán reunidos en Cristo y entonces Dios no solamente estará en todos, sino que será todo en todos” (Ef 1:10; 1Cor 15:22,28; Rom 11:36). En el principio todo provino de Dios en cuanto a su fuente de origen (2Cor 5:18 <ek theos>). En la consumación todos habrán sido restaurados a Él – no solamente todos los que están en el cielo y en la tierra, sino también todos los que están debajo de la tierra (Hch 3:21; Fil 2:10 cf. Apo 5:13).
 
En el principio Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza. Sin embargo, eso solo era el principio. Adán y Eva eran inocentes, pero no perfectos en su desarrollo. Eso requeriría la caída y la redención de Dios y finalmente la restauración de toda la humanidad a Si mismo para que sean perfeccionados en su conocimiento experiencial de Él en toda Su gloria. Sin la caída, jamás hubiéramos conocido el amor de Dios como gracia, misericordia y longanimidad. No hubiéramos conocido la futilidad de vivir independientemente de Él, según la voluntad de la carne y no según la voluntad de Dios.
 
El conocimiento de la gloria de Su gracia resultará en una profundidad de adoración nunca posible antes de la caída (Apo 5:13). Aunque una consumación tan gloriosa no sería posible según el modelo Tradicional de tormentos eternos para la mayoría, claramente es la manera en que el plan glorioso de Dios para las épocas llega a su perfección. Si el final de la historia de la creación de Dios no iba a ser mayor que su comienzo, Él jamás hubiera creado. Lo que Dios comienza, perfecciona.
 
Así que, aunque Dios conoce cada decisión que tomaremos en la vida, sin embargo, son nuestras decisiones. En Su infinita sabiduría Él las ha entretejido en Su plan maestro para que aprendamos las lecciones de la vida, finalmente llegando a conocer a Dios de manera experimental, viviendo conforme a Su voluntad y no conforme a los deseos de la carne.
 
Dios responde a Nuestras Oraciones
 
Los Teístas Abiertos argumentan que si Dios tuviera un plan exhaustivo predeterminado que incluya todos los eventos futuros, entonces en realidad Él no estaría respondiendo a nuestras oraciones. Sin embargo, eso es una propuesta informal dado que solo unos pocos hiper-Calvinistas sostienen un determinismo tan rígido que no da lugar a nuestras elecciones volicionales. Ya hemos visto que, aunque Dios tiene un plan determinativo, no es incompatible con la interacción humana. Al contrario, vemos que nuestra interacción es una parte esencial de Su plan.
 
Es cierto que nuestras oraciones tienen que estar de acuerdo con la voluntad de Dios, dado que Él nunca actúa de una manera contraria a Su voluntad (1Juan 5:14). También, para orar conforme a Su voluntad es necesario que permanezcamos en Cristo, andando en obediencia y orando en el Espíritu en vez de estar orando de acuerdo con nuestro entendimiento natural (Juan 15:7; 1Juan 3:22; Rom 8:26-27; Ef 6:18). Es necesario que oremos creyendo que Él es, y que es galardonador de los que le buscan (Stg 1:5-6; Heb 11:6). También, es necesario que oremos de una manera no egoísta o para auto gratificación (Stg 4:3).
 
Sin embargo, nuestra participación es una parte integral de Su plan eterno, dado que nuestro desarrollo espiritual, siendo conformado a la imagen de Cristo, es central a Su plan (Rom 8:29; Ef 1:4-6). Mientras que Él sabe todo lo que vamos a hacer antes que lo hagamos, es una equivocación vernos como meros peones de ajedrez en Sus manos. Más bien, Él, como nuestro Padre nos está formando, concediendo nuestras peticiones o negándolas conforme a Su buena voluntad para con nosotros. (Gr. paidíos, “disciplinar, lit. ‘entrenar un niño’” Heb 12:6,11). Nuestro Padre sabe lo que necesitamos antes de pedirlo (Mt 6:8). Sin embargo, es esencial que lleguemos a vivir una vida de dependencia en Él, y la oración es una expresión de nuestra fe y dependencia.
 
Él nos invita a orar y buscar Su rostro, prometiendo respondernos si le buscamos con todo nuestro corazón (2Cron 7:14-15). Como dice Santiago: “La oración eficaz del justo puede mucho” (James 5:16). Sin embargo, no es que Dios cambie Su plan eterno cuando responde a nuestras oraciones, sino que Él permite circunstancias en la esfera temporal que nos hacen volver y buscarlo. Él pone a prueba nuestros corazones porque es nuestro corazón lo que Él desea. Aunque es Él quien nos prueba, la prueba nos cambia a nosotros – no a Él ni Su plan eterno. Los cambios en Su relación con nosotros en la esfera del tiempo en respuesta a nuestras oraciones son parte de Su plan, en vez de estar en conflicto con él.
 
Dios se arrepiente
 
En el Antiguo Testamento dice varias veces que el Señor “se arrepintió.” La palabra en hebreo a menudo traducido como “arrepentirse o pesarse” es nacham. Nacham es usado 30 veces en referencia a Dios. A menudo significa sentir pesar o tristeza. Tristeza o pesar expresa emoción y no un cambio de mente o arrepentimiento. Mientras es imposible que Dios literalmente cambie de parecer, dado que eso requeriría un cambio en Su plan eterno e inmutable, las Escrituras en ninguna parte implican que Dios no tiene emociones.
 
Unos teólogos en la historia de la Iglesia, aparentemente influenciados por el concepto de Dios como el “inconmovible Movedor” del filósofo griego Aristóteles, han insistido que Dios es impasible. El término impasible es del latín, im-, “no” y passibilis, “capaz de sufrir o experimentar emociones.” Sin embargo, solo un teólogo o filósofo torre de marfil sería capaz de inventar un concepto de Dios tan estoico.
 
Aunque es cierto que Dios es inmutable en cuanto a Su naturaleza esencial y Sus atributos, estos atributos son inmutables en el sentido de que siempre permanecen constantes – no que son inertes o sin existencia. Por ejemplo, Su amor es inmutable en el sentido de que es infinito y nunca disminuye ni aumenta. Sin embargo, Su amor se manifiesta a la creación de múltiples formas. Decir que Dios solamente da la apariencia de actuar con amor, cuando en realidad Él no siente ni emoción ni dolor alguno, es lógicamente absurdo.
 
Siguiendo este razonamiento, cuando le decimos a alguien que Dios le ama, no estamos hablando con sinceridad si de hecho creemos que Él es emocionalmente inconmovible. Significaría que no le costó al Padre nada dar a Su Hijo unigénito, si de hecho Él no siente ni emoción ni dolor. ¿Cómo puede tal razonamiento ser reconciliado con las múltiples descripciones del amor de Dios y Sus misericordias entrañables en las Escrituras? Por ejemplo:
 
“Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. 8 El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros… 19 Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” (1Juan 4:7-11,19)
 
Para mí, la doctrina de impasibilidad no encuentra apoyo en las Escrituras, sino que es nada más el resultado de las vanas especulaciones de filósofos estoicos como Aristóteles que nunca tuvieron un encuentro genuino con el amor de Dios como se nos presenta en las Escrituras. Es una doctrina de hombres que nunca experimentaron el amor de Dios ser derramado en sus corazones por el Espíritu Santo (Rom 5:5).
 
Aunque es difícil para nosotros comprenderlo, el Dios que habita la eternidad siempre ha tenido todo el panorama de las épocas en Su vista y Él está activo y personalmente involucrado con Su creación en vez de ser distante, como creían los Deístas. De alguna manera Él siente dolor emocional y tristeza en nuestra esfera del tiempo por nuestro pecado y rebeldía (Gen 6:6; Ef 4:30). Porque Dios es amor, Él se enoja cuando persistimos en el pecado (Sal 7:11; Rom 1:18; 2:5-6). Es porque Dios es amor que Él tiene compasión y es lento para ira y sufrido (Sal 86:15; 1Cor 13:4). Es una contradicción de lógica decir que Dios es impasible y a la vez compasivo, o decir que es lento para la ira y sufrido, si de hecho no siente dolor. También vemos que Dios se goza con nosotros (Isa 62:5).
 
Hay literalmente miles de pasajes en las Escrituras que presentan a Dios como alguien que se identifica emocionalmente con nosotros y sufre debido a nuestra infidelidad y pecado. Santiago nos dice que el Espíritu nos anhela celosamente cuando cometemos adulterio espiritual, amando el mundo más que a Dios (Stg 4:4-5). ¿Cómo puede uno leer Oseas y seguir insistiendo que Dios es “el movedor Inconmovible que no se afecta por nuestro pecado e idolatría? Leyendo Oseas uno puede sentir lo que Dios siente frente a la infidelidad de Su pueblo Israel:
 
“¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboim? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. 9 No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad.” (Oseas 11:8-9)
 
Volviendo al tema del “arrepentimiento” de Dios, vemos que la palabra traducida “arrepentirse” tiene dos usos distintos: uno en el sentido emocional de sentir tristeza o pesar, y el otro sentido es el de cambiar de parecer o arrepentirse – algo que las Escrituras indican que Él no puede hacer, igual como Él no puede mentir, dado que Su conocimiento es perfecto.
 
La palabra hebrea nacham se usa tanto para expresar la emoción de pesar o tristeza, como también para un cambio de parecer. Su significado depende del contexto donde aparece. Vale notar como los traductores del LXX tradujeron nacham al griego las cuatro veces que aparece en 1Samuel 15. El LXX fue traducido del hebreo al griego por 72 eruditos hebreos en el siglo II antes de Cristo que tenían un entendimiento mayor de las variaciones de significados de las palabras del hebreo de lo que tenemos ahora. De las cuatro veces que nacham aparece en 1Samuel 15, la primera y la última ocurrencia de la palabra son traducidas con palabras griegas que expresan la emoción de tristeza o pesar:
 
“Y vino palabra de Jehová a Samuel, diciendo: 11 Me pesa (heb. nacham, LXX parakaleo “dar pesar”) haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche.” (1Sam 15:10-11)
 
“Y nunca después vio Samuel a Saúl en toda su vida; y Samuel lloraba a Saúl; y Jehová se arrepentía (heb. nacham, LXX metameleomai “sentir tristeza o pesar”) de haber puesto a Saúl por rey sobre Israel.” (1Sam 15:35)
 
En estas dos referencias los traductores del LXX tradujeron nacham al griego utilizando palabras que expresan emoción, no volición. Sin embargo, cuando Samuel dice que el reino había sido quitado de Saúl y dado a otro, los traductores utilizaron dos palabras distintas para traducir nacham que se refieren a la voluntad determinativa de Dios en vez de Su emoción de pesar:
 
“Además, el que es la Gloria de Israel no mentirá, ni se arrepentirá (heb. nacham, LXX apostrepho “retraer, desviar”), porque no es hombre para que se arrepienta. (nacham LXX metanoéo “arrepentirse, cambiar la mente”).” (1Sam 15:29)
 
Aquí en la primera ocurrencia de nacham los traductores lo tradujeron como apostrepho en griego que en el contexto significa retraer lo que uno ha dicho. Samuel relaciona retractar la palabra de uno con mentir. Así, como es imposible que Dios mienta, de la misma manera es imposible que Dios se arrepienta en el sentido de retraer Su palabra (Heb 6:18). Puede que Él sienta tristeza o pesar porque Él no es apático, pero es imposible que Él actúe en contra de Su voluntad decretada, dado que Él tiene un conocimiento perfecto de todas las cosas y obra todo según el beneplácito de Su voluntad (Ef 1:11).
 
En la segunda ocurrencia de nacham en el versículo 29, los traductores del LXX la tradujeron metanoéo que literalmente significa “cambiar la mente de uno.” Los Teístas Abiertos tienen que argumentar que Dios continuamente está cambiando Su mente para acomodar el libre albedrío del hombre, así como nosotros a menudo tenemos que hacer. Sin embargo, las Escrituras nos dicen que Dios no es hombre para que esté cambiando Su parecer, dado que le son conocidas todas las cosas desde la eternidad (Hch 15:18 [1]). Así que, cualquier aparente cambio de parecer de parte de Dios es simplemente un antropomorfismo – Dios hablando en términos humanos de manera que incluso un niño lo pueda entender.
 
Algo que también necesitamos tomar en cuenta son las promesas condicionales dadas mientras Israel estaba bajo el Antiguo Pacto de la Ley. Bajo la Ley, la mayoría de las promesas no eran incondicionales, como fue la promesa dada a Abraham, Isaac y Jacob. Implícito en las promesas bajo el sistema legal del Antiguo Pacto fue, “Si tú…entonces Yo…” Debido a la naturaleza condicional de Sus promesas bajo la Ley, vemos instancias donde Dios decía que iba a hacer algo, pero después dice “como tú no…entonces Yo no…” Sin embargo, estos no constituyen a Dios como uno que retraiga Su palabra, dado que eran promesas condicionales donde la infidelidad de los hombres constituía una ruptura de contrato. Esto fue explícitamente el caso con Saúl. Samuel le dijo a Saúl:
 
“Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios que él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre. 14 Mas ahora tu reino no será duradero. Jehová se ha buscado un varón conforme a su corazón, al cual Jehová ha designado para que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó.” (1Sam 13:13-14)
 
Aquí vemos que la permanencia de Saúl como rey de Israel fue condicional, y como él desobedeció el mandato del Señor, Dios lo rechazó como rey de Israel. Sin embargo, mientras Dios sentía tristeza, Él no cambió de parecer, ni retrajo Su palabra, dado que todas Sus obras son conocidos por Él desde la eternidad.
 
Esto es evidente, viendo que mucho tiempo antes Jacob había profetizado sobre Judá por el Espíritu, diciendo que la línea real no se apartaría de su casa (Gen 49:10). Así que, Dios sabía desde antes que Saúl le desobedecería y que sería desechado, y que David de la tribu de Judá sería ungido como rey sobre Su pueblo Israel.
 
Otro punto que es importante enfatizar es que, en un sentido antropomórfico, viéndolo desde nuestra perspectiva, cuando el hombre se arrepiente, Dios se arrepiente del castigo. Debido a la naturaleza inmutable de Dios, que es amor, Su misericordia siempre se extiende a los que verdaderamente se arrepienten de corazón y Él se arrepiente (por decirlo así) del juicio que ha pronunciado contra los no arrepentidos. Este “cambio de parecer” nace de Su naturaleza esencial de amor que actúa con misericordia cuando hay verdadero arrepentimiento:
 
“Rasgad vuestro corazón, y no vuestras vestiduras; y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque Él es misericordioso y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo.” (Joel 2:13 RVG)
 
La misericordia de Dios es un atributo inmutable de Su naturaleza esencial que es amor, y por ese motivo, cuando el hombre se arrepiente, Dios en Su misericordia se arrepiente en la esfera temporal. Sin embargo, no es como sí Él no supiera de antemano que iba a haber arrepentimiento. Él que habita la eternidad ha jurado que algún día todos van a poner sus ojos en Él y ser salvos, doblando rodilla en arrepentimiento, jurando lealtad a Él (Isa 45:22-24). A fin de cuentas Él convencerá a todos de su desobediencia para tener misericordia de todos (Rom 11:32)
 
Esto era algo que Jonás entendía acerca de Dios aun antes de ir a Nínive. Jonás no quería ir a advertir a Nínive porque los Ninivitas eran los peores enemigos de Israel en ese tiempo y él sabía que la intención de Dios era producir en ellos arrepentimiento para que Él los perdonare después. Cuando Jonás vio que los Ninivitas se arrepintieron, él se enojó con Dios en gran manera diciendo:
 
“Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.” (Jonás 4:2)
 
Aparentemente esto era algo que incluso el rey de Nínive sabía intuitivamente de la naturaleza de Dios. Después de oír el mensaje de Jonás proclamando el juicio de Dios contra la ciudad, el rey les dijo a los Ninivitas:
 
“¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos?” (Jonás 3:9)
 
El rey de Nínive de alguna manera reconoció que el Dios de Israel era un Dios compasivo que se arrepentiría de la calamidad declarada contra la ciudad sí ellos se arrepintieran de sus malos caminos. Y cuando se arrepintieron, Dios se arrepintió del juicio declarado contra ellos:
 
“Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo.” (Jonás 3:10)
 
Entonces, ¿Es cierto que Dios literalmente se arrepintió al ver el arrepentimiento de Nínive? Creo que la respuesta es sí y no. Dios es tanto inmutable como también transcendente en cuanto a Su naturaleza esencial y por lo tanto Su naturaleza y Su plan predeterminado para las épocas nunca cambia. Sin embargo, al mismo tiempo, Él es inminente en nuestro mundo tiempo/espacio y continuamente está interactuando con nosotros. En tiempo real, cuando nosotros nos arrepentimos, Dios se arrepiente (por decirlo así), aunque no ha habido cambio alguno en Su plan eterno, dado que tales interacciones temporales con nosotros siempre han sido conocidas y predeterminadas por Él desde la eternidad.
 
¿Aprende Dios? 
 
Los Teístas Abiertos señalan la interacción entre Dios y Abraham después de haberlo probado, cuando Él le mandó a ofrecer a su hijo Isaac en holocausto como evidencia de que Dios estaba aprendiendo cosas nuevas. Cuando Abraham estaba por hundir el cuchillo en el corazón de Isaac en obediencia al mandato de Dios, el Señor intervino diciendo:
 
“No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.” (Gen 22:12)
 
El Señor le dijo, “ya conozco.” ¿Cómo debemos de entender esto? A la luz de lo que ya hemos visto, ¿sería posible que el Señor literalmente aprendió algo nuevo que desconocía antes? ¿Fue pura casualidad que un carnero se quedara trabado en un zarzal, proveyendo para el holocausto en lugar de Isaac en el momento preciso cuando el Señor detuvo a Abraham? No. El gran YO SOY habita la eternidad y por lo tanto “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Heb 4:13). Cuando la Biblia adscribe a Dios características finitas y humanas que otras Escrituras enseñan que Él trasciende, entonces tienen que ser entendidas como antropomorfismos.
 
Cuando Dios nos prueba, es para revelar nuestros corazones a nosotros mismos, no a Él, dado que Él ya conoce los motivos ocultos del corazón (Jer 17:10; Juan 2:24-25). Vez tras vez vemos en las Escrituras que el Señor sabe lo que vamos a decir o hacer antes de hacerlo. Así que, cuando características humanas y finitas son atribuidos a Dios, tales como recordando (Gen 8:1; 9:16; Ex 2:24), aprendiendo (Deut 8:2; 13:3), bajando para ver (Gen 11:7; 18:21) etc., instintivamente sabemos que Dios se está expresando con antropomorfismos para que le podamos entender de manera más fácil. Anterior al Teísmo Abierto esto fue entendido, incluso para los devotos más sencillos al leer las Escrituras.
 
Un ejemplo final que quiero mencionar, que claramente ilustra la naturaleza antropomórfica de las expresiones usadas por Dios son las que el Señor usó cuando visitó Abraham antes de destruir a Sodoma. Aun los Teístas Abiertos afirman que Dios es omnipresente, y mientras niegan que Dios sea omnisciente en relación del futuro, ellos al menos dicen que Él conoce todas las cosas pasadas y presentes. Sin embargo, Dios se expresa a Abraham de una manera que, tomada de manera literal en vez de antropomórficamente, indicaría que Él ni es omnipresente ni omnisciente. El Señor dijo:
 
“Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, 21 descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.” (Gen 18:20-21)
 
Sabemos que Dios todo lo sabe y está en todo lugar todo el tiempo. Sin embargo, Él aquí está descrito como estando lejos en el cielo donde el clamor de Sodoma tenía que llegar hasta allá antes de que Él se diera cuenta que algo andaba mal. Entonces Él es presentado como descendiendo a la tierra en forma de hombre y primero aparece a Abraham. Después Él se presenta a Sí mismo como si fuera uno que tuviera que descender a la ciudad para poder determinar su verdadera condición. El habla como si fuera uno que tiene que investigar, llegando a cierta localidad antes de saber algo. Todos sabemos que Dios, siendo omnipresente y omnisciente, tenía pleno conocimiento de la condición moral de los habitantes de Sodoma y también sabía que iba a tener que intervenir con su destrucción.
 
Aunque siempre habrá limitaciones de nuestra habilidad de comprender el infinitamente incomprensible Dios y Creador de todo, la mayoría de nosotros sabemos instintivamente como distinguir entre las verdades trascendentales de la naturaleza y atributos de Dios y las expresiones antropomórficas y condescendientes que Él a menudo utiliza para comunicarnos a nosotros como mortales finitos.
 
Las Implicaciones Inevitables del Teísmo Abierto
 
Muchos que están atraídos al Teísmo Abierto no han reflexionado adecuadamente sobre lo que están sacrificando. El Teísmo Abierto no fue edificado sobre el fundamento firme de una exégesis sana de la Biblia, sino sobre un fundamente filosófico de la Teología de Proceso inventado por unos Liberales del siglo XIX. Si Dios no tiene conocimiento perfecto y control absoluto del futuro, entonces las Escrituras no son infalibles y sin error.
 
Si el futuro no es perfecta y exhaustivamente conocido y predeterminado por Dios desde la eternidad, entonces el cumplimiento de todas las declaraciones acerca de eventos futuros en la Biblia es dudable. Llega a ser nada más lo que Dios espera poder llevar a cabo si las múltiples decisiones libres que los hombres tomarán en el futuro no frustran Sus planes.
 
Si el Teísmo Abierto es cierto, entonces somos los amos de nuestro propio destino y nuestra salvación finalmente está en nuestros manos y no en las manos de Dios. Aunque Él ha jurado que todos lo mirarán y serán salvos (Isa 45:22-24), según el Teísmo Abierto, Él es incapaz de garantizar tal fin, dado que nuestro derecho al libre albedrío requiere que seamos los amos de nuestro propio destino. Es por eso que algunos Teístas Abiertos como Gregory Boyd especulan que Dios no tendrá otra opción que aniquilar a algunos (contra su voluntad), dado que ellos no habrán ejercitado su propio libre albedrío para su propia salvación antes de que caiga la cortina al fin de la época.
 
En los tiempos difíciles que nuestra generación sin duda tendrá que pasar, necesitamos más que nunca la plena seguridad de que Dios tiene el futuro en Sus manos y que todas las cosas están obrando juntas según el beneplácito de Su voluntad, predeterminada desde la eternidad. Necesitamos estar plenamente asegurados de que las señales de los tiempos finales que fueron dadas a nosotros por Jesús en los Evangelios, a través de los Apóstoles y en el libro de Apocalipsis, son un mapa infalible del futuro, y que, sin importar qué tan severas sean las tribulaciones que nos corresponde pasar, el plan de Dios para las épocas culmina en todos siendo salvos, regenerados y restaurados a Dios.
 
En lugar de exaltar la razón humana como la medida final de verdad, necesitamos someternos a la revelación que Dios nos ha dado de Sí mismo en Su Palabra inspirada, reconociendo las limitaciones de nuestra capacidad de comprender a plenitud las profundidades de la divinidad con nuestro entendimiento finito. Como dice Pablo:
 
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 
¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.
A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
(Rom 11:33-36)
 
 


[1] El Texto Mayoritario del Griego lee como en la versión RVG: “Conocidas son a Dios todas sus obras desde la eternidad.

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Desde la perspectiva de un 
Restauracionista 
Dispensacional 

 
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por George Sidney Hurd

En el blog anterior, aunque no dando una defensa del Dispensacionalismo detallada, procuré animar a aquellos que tienen una predisposición contra el Dispensacionalismo a reconsiderar la viabilidad del entendimiento dispensacional del plan de Dios para las épocas. Para mí, no solamente es un esquema de interpretación que se puede justificar de las Escrituras, sino también, cuando es bien entendido, capta la naturaleza progresiva del plan sabio de Dios para las épocas, culminando en la restauración final de todos de una manera consistente con Su naturaleza revelada que es amor (1Jn 4:8).
 
Para mí, las dispensaciones a través de las épocas son una experiencia de aprendizaje gloriosa e invaluable para todas las generaciones. Cuando lleguemos al fin de las épocas y estamos en la eternidad, todo el panorama de las épocas estará en nuestra vista. Contienen una revelación progresiva del corazón de Dios no posible sin la caída y fracaso del hombre. Cada etapa o dispensación nos revela algo acerca del hombre y acerca de Dios que nunca hubiéramos conocido aparte de la caída y la redención que la siguió.
 
Algunos piensan equivocadamente que Dios va a reformatear nuestras mentes, borrando nuestra memoria cuando estemos glorificados. Argumentan que no se podría decir que ya no habrá más llanto ni clamor si fuera posible recordar a todos nuestros seres queridos que estarán eternamente perdidos. Si de hecho nuestros seres queridos se perdieran eternamente, entonces Dios sí tendría que borrar nuestras memorias o de alguna manera hacer que ya no tengamos afecto natural.
 
Sin embargo, como demuestro en El Triunfo de la Misericordia,” el plan glorioso de Dios para las épocas termina bien, en vez de culminar en un desastre sin fin para la mayoría de aquellos que fueron creados a la imagen y semejanza de Dios. Dios no inducirá amnesia permanente para lograr que la eternidad sea soportable para nosotros. Tampoco nos privará de todo afecto natural para hacer que estemos eternamente insensibles. ¡No! Nuestro lamento será convertido en perpetuo gozo cuando todos estemos restaurados y reunidos en Cristo en la consumación de las épocas (Hch 3:21; Ef 1:10; Isa 60:4-5).
 
La palabra griega oikonomía, a menudo traducida “dispensación” en la Reina Valera, habla de la economía, administración o reglas de casa para un gobierno, institución u hogar. Igual como con cualquier administración, las dispensaciones de Dios incluyen reglas y responsabilidades, a menudo administrados por un mayordomo y administrador, junto con consecuencias o juicios contra los que no se sometan a las reglas de la casa o administración.
 
Algunos maestros Liberales y Progresivos han intentado quitar toda responsabilidad de la ecuación. Wm. Paul Young, autor de “La Cabaña” argumenta en contra de cualquier responsabilidad de los hombres delante de Dios, basado en el hecho de que la palabra “responsabilidad” no aparece en las Escrituras. [i] Sin embargo, la ausencia de la palabra “responsabilidad,” siendo una palabra más reciente del francés, de ninguna manera deja al hombre irresponsable delante de Dios por lo que decimos y hacemos. La palabra “responsabilidad” se define como: “obligación y/o capacidad de responder por los actos de uno mismo o de otros.” El concepto de la responsabilidad del hombre está presente en todas las Escrituras. ¿Cómo podría alguien con siquiera un conocimiento básico de la Biblia decir que no tenemos que rendir cuentas a Dios por nuestras palabras y hechos?
 
Al contrario, Jesús dijo: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt 12:36-37). Paul Young dice que, en vez de hablar de responsabilidad, el Señor habla de nuestra habilidad de responder. Sin embargo, eso es nada más que un juego de palabras semántico. En las Escrituras nuestra habilidad de responder conlleva nuestra responsabilidad de responder, y tendremos que dar cuenta en el día del juicio por nuestra falta de responsabilidad o irresponsabilidad en esta vida.
 
Así que, lo principal que debemos buscar para determinar cuáles son las distintas dispensaciones en las Escrituras son nuevas reglas administrativas o algún cambio en la manera en que Dios se relaciona con Su pueblo. Cada dispensación es diseñada para darnos una revelación progresiva en nuestro conocimiento de Él y también de las limitaciones de nuestra condición finita humana, finalmente llevándonos de la infancia en Edén a una vida de unión perfecta en relación íntima con Él como Sus juioi o “hijos adultos maduros” (Gal 4:1-7).
 
1. La Dispensación de la Inocencia
 
Adán y Eva fueron creados a la imagen y semejanza de Dios sin defecto. Eran perfectos en su etapa de desarrollo, de manera semejante a un bebé que nace sin defectos. Sin embargo, como con un infante, eso solo era la primera etapa en su desarrollo. Eran inocentes y sin pecado, pero no poseían una justicia positiva, dado que la justicia positiva consiste en escoger el bien sobre el mal, y todavía no tenían concepto alguno del bien y del mal.
 
Ellos sabían que Dios les había dicho que no comieran del árbol del bien y del mal y si fueran a comer de él, resultaría en su muerte. Pero no habiendo experimentado ni visto la muerte, es dudable que tuvieran una comprensión verdadera de lo que significaba morir. Los veo como comparables a un niño pequeño siendo ordenado a no tocar a la estufa caliente para no ser quemado. No experimentaron lo que era la muerte espiritual o separación de Dios hasta comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. La primera muerte física derramando sangre que vieron era cuando Dios mató a los animales para cubrir su desnudez, pero no conocían a plenitud el dolor de la muerte física hasta que Caín mató a Abel.
 
Algunos ven a Dios como uno que tenía un plan maravilloso para la humanidad, pero entonces vino la serpiente y engaño a Eva y ella comió del árbol. Después comió Adán, totalmente arruinando el plan original de Dios. Entonces, para salvar la mayor cantidad de hombres posible, Él formuló el plan B, enviando a Su Hijo.
 
Sin embargo, las Escrituras nos revelan que no hay tal cosa como un plan B con Dios. Dios habita la eternidad y obra todas las cosas según el designio de Su voluntad (Ef 1:11). Dios no hace nada al azar o improvisado. Tampoco está aprendiendo conforme avanza, como dice Hechos 15:18: “Conocidas son a Dios todas sus obras desde la eternidad.[ii]  Antes de la creación y la caída, Dios había predeterminado cada detalle de nuestra redención y restauración final (Hch 4:27-28; 3:21). Jesús fue el Cordero inmolado desde antes de la creación según la voluntad predeterminada de Dios (Apo 13:8).
 
La caída del hombre, como también cada detalle de la historia hasta la consumación de Su historia de creación, es perfectamente conocida y ordenada a ocurrir según Su plan eteno para las épocas. Algunas cosas Él efectúa, mientras otras cosas Él permite, pero Él es el Señor soberano sobre todo, y entreteja juntas todas las cosas, sean buenas o malas de una manera que todas las cosas finalmente obran para nuestro bien y para Su gloria.
 
Su plan maestro glorioso para las épocas fue concebido de Su infinita sabiduría y naturaleza esencial que es amor. Es un plan incremental, yendo de gloria a gloria, culminando en la consumación cuando todos habrán sido salvos, purificados y restaurados, resultando en todos habiendo sido reunidos en Cristo, y Dios siendo todo en todos (Juan 4:42; 1Juan 2:2; 1Tim 4:10; Hch 3:21; 1Cor 15:22,28).
 
El plan de Dios para las épocas es incremental y progresivo. En lugar de que la creación sea el plan A y la caída requiriendo el plan B, la caída es más como A-1, seguido por A-2, etc. Las etapas incrementales principales en la ejecución del plan eterno de Dios se pueden ver en las diferentes dispensaciones o administraciones.
 
A Adán y Eva les fue dado la responsabilidad de atender el huerto, multiplicándose y llenando la tierra, ejerciendo dominio sobre ella. La única prohibición era la de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Igual como todas las dispensaciones subsiguientes, termina en el fracaso humano y juicio – eso es, todas las dispensaciones a excepción de la dispensación final – la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos que culmina en todos siendo restaurados y reunidos en Cristo, por Quién y para Quién todas las cosas fueron creadas en el principio (Col 1:16; Ef 1:10).
 
La Dispensación de la Inocencia terminó en el fracaso del hombre y la entrada del pecado y de la muerte a la raza humana – algo previamente desconocido por Adán y Eva. Por primera vez ellos experimentaron lo que era estar muertos espiritualmente – separados de Dios. Su consciencia de Dios fue reemplazada por la consciencia de sí mismo y por primera vez estaban desnudos, avergonzados y llenos de temor.
 
En juicio fueron expulsados del huerto, pero Dios en Su misericordia puso guardia para evitar que tomaran del árbol de la vida en su estado caído que los hubiera hecho inmortal en su condición pecaminosa. Dios maldijo la tierra a causa de Adán, introduciendo trabajos forzados a la raza humana, y por haber comido Eva del fruto del árbol prohibido, el dolor físico sería experimentado por primera vez. El dolor fue aumentado en alumbramiento, pero vemos la misericordia de Dios en medio del juicio cuando Él le prometió a Eva que su simiente vencería la serpiente, ganando la victoria por la humanidad.
 
Sabemos que Dios no puso el árbol del conocimiento del bien y del mal en medio del huerto, permitiendo que la serpiente tentara a Eva para descubrir qué decisión tomarían. Dios ya sabía que ellos caerían en la tentación y comerían del árbol desde antes de la creación. Entonces, ¿cuál fue el propósito de Dios en permitir que ellos cayeran, trayendo el pecado y la muerte a la raza humana?
 
Hay muchas cosas acerca de Dios y nosotros mismos que jamás hubiéramos conocido sin la caída. Nosotros Lo amamos y anhelamos Su presencia porque hemos experimentado lo que es vivir sin Él. Jamás hubiéramos conocido lo que es el verdadero gozo sin experimentar la tristeza y el dolor. No sabríamos amar la justicia sin primero llegar a aborrecer el mal. Nunca hubiéramos conocido las dimensiones del amor de Dios en la forma de la gracia y la misericordia si nunca hubiéramos estado necesitados de Su gracia y misericordia. Creo que, en parte, Pablo se refiere a esto cuando él dice: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Rom 11:32). Jesús dijo que los que son perdonados mucho aman mucho (Lucas 7:41-47). Así que, mientras Dios no ocasionó la caída del hombre, podemos ver Su sabiduría y buen propósito en incluirlo en Su plan eterno para las épocas.
 
2. La Dispensación de la Consciencia
 
Debido al fracaso del hombre bajo la Dispensación de la Inocencia, una muerte espiritual o separación de Dios ocurrió y el espíritu del hombre murió en el sentido de estar separado de Dios. No sería hasta después de la cruz y el Pentecostés que los que vienen a Dios por medio de Cristo son regenerados, llegando a ser un espíritu con el Señor (Juan 17:21; 1Cor 6:17; 1Cor 12:13; Ef 5:30).
 
Después de llegar a estar separado de Dios, perdiendo su inocencia y viviendo independientemente de Él, entonces Dios introdujo la próxima etapa en el proceso de aprendizaje del hombre – la Dispensación de la Consciencia en la cual Él dejó que el hombre gobernara a sí mismo según su propia consciencia, haciendo cada uno lo que bien le parecía.
 
Es obvio que el propósito de esta dispensación era enseñarnos que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos (Jer 10:23), y que el corazón del hombre separado de Dios es engañoso más que todas las cosas, y perverso a tal grado que solo Dios puede conocer los pensamientos e intenciones de uno (Jer 17:9-10). Con este entendimiento llegamos a ver nuestra necesidad de Dios que es el único que conoce nuestros corazones y es capaz de corregirnos y dirigir nuestros pasos (Sal 139:23-24). 
 
Una vez más, vemos el fracaso del hombre bajo la Dispensación de la Consciencia. El primer hombre que murió fue asesinado por su propio hermano cuando Caín mató a Abel, siguiendo la inclinación de su propio corazón. Dejados solos, los hombres llegaron a ser tan malos y degenerados que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal (Gen 6:5). También, en aquellos días algunos de los ángeles dejaron su propia morada como ángeles de Dios para tomar para sí mujeres de las hijas de los hombres, y engendraron una raza de Nefilim o gigantes sobre la tierra (Gen 6:4; Judas 6). La situación se degeneró a tal grado que solamente Noé con su familia no se había contaminado, haciendo que fuera necesario que Dios interviniera con el juicio del diluvio.
 
Entonces, podemos aprender de esta generación que el hombre, dejado a ser gobernado solo por su propia consciencia extraviada, se muestra inclinado siempre al mal. El camino del hombre no está en sí mismo, ni está en el hombre dirigir sus pasos. Necesitamos comunión con Dios quien por Su Espíritu ilumina nuestro camino por Su Palabra. Mientras nuestra consciencia nos fue dada por Dios, puede llegar a ser cauterizada por ir en contra de ella. Unos han violado su consciencia tantas veces que no sienten nada cuando pecan contra Dios (1Tim 4:2; 2Tim 3:8; Rom 1:28). Los puntos más bajos en la historia de Israel era cuando cada uno hacía lo que bien le parecía (Dt 12:8; Jueces 17:6; Pr 16:2).
 
Es común oír a alguien decir algo como, “deja que tu consciencia te guie,” o “haz lo que sientes en tu corazón.” Sin embargo, la Dispensación de la Consciencia nos demuestra que el corazón del hombre es engañoso y por lo tanto necesitamos obedecer la Palabra de Dios en vez de nada más hacer lo que bien nos parezca (Sal 119:9, 105).
 
3. La Dispensación del Gobierno Humano 
 
Habiendo demostrado lo que el hombre es capaz de hacer, dejado solo bajo la Dispensación de la Consciencia, con cada uno haciendo lo que bien le parezca, Dios introduce la próxima dispensación o administración – la Dispensación del Gobierno Humano. Una de las distintivas de esta nueva dispensación es que pueden comer de toda clase de carne de animal, pero no les es permitido derramar sangre humana. Si alguien toma la vida de un hombre, ellos recibirán la pena de la muerte:
 
“El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre.” (Gen 9:6)
 
Esto es distinto de lo que vimos bajo la Dispensación de la Consciencia donde Dios puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara, vengando la sangre de Abel. En aquel entonces todos en el planeta o, eran un hijo de Abel, un nieto o un sobrino, y muchos hubieran intentado vengar la muerte de su parentela – vida por vida.
 
La razón que da Dios por exigir la pena de la muerte por matar a otro hombre es que el hombre fue hecho a imagen de Dios y por lo tanto cada uno de nosotros es de gran valor para Él. Antes del diluvio había Nefilim en la tierra y la vida humana fue alterada genéticamente y devaluada al grado que los hombres fueron considerados como animales. El Libro de Enoc que, aunque no fue incluido en el canon de las Escrituras, es citado en la Biblia, [iii] y cuenta como los ángeles que cohabitaron con las mujeres de los antediluvianos engendraron gigantes que trataban la vida humana como si fuera ganado común:
 
y devoraban (los gigantes) el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles. 4 Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos; 5 y empezaron a pecar contra todos los pájaros del cielo y contra todas las bestias de la tierra, contra los reptiles y contra los peces del mar y se devoraban los unos la carne de los otros y bebían sangre. 6 Entonces la tierra acusó a los impíos por todo lo que se había hecho en ella. (Enoc 7:3-6).
 
Originalmente en Edén, no había muerte y Adán y Eva eran vegetarianos (Gen 1:29). Dejados a gobernarse solos en la Dispensación de la Consciencia, degeneraron al punto de canibalismo. Ahora bajo la Dispensación del Gobierno Humano al hombre le fue permitido comer de toda carne, menos la carne de seres humanos. Esta regla requería gobierno humano para ejecutar debidamente esta ley contra el homicidio.
 
También, Dios les mandó a Noe y a Sus hijos a multiplicarse y llenar la tierra. Sin embargo, en vez de llenar la tierra ellos se establecieron en la planicie de Sinar y comenzaron a construir una torre que llegara al cielo (Gen 11:2-4). Como resultado, Dios en juicio confundió sus lenguas, resultando en que se dispersaron por toda la tierra como Él había ordenado.
 
Al llegar a los días de Abraham, cuando la Dispensación del Gobierno Humano cedió a la Dispensación de la Promesa, los hombres estaban rindiendo culto a los espíritus de los Nefilim o los demonios que ellos adoraban como semidioses y les ofrecían sacrificios humanos para pacificarlos. Como con todas las dispensaciones anteriores, la Dispensación del Gobierno Humano terminó con el fracaso del hombre y resultante juicio.
 
4. La Dispensación de la Promesa 
 
La Dispensación de la Promesa no aplicaba a toda la humanidad como las anteriores. Probablemente Pablo se estaba refiriendo a este punto en la historia cuando dijo de la humanidad en general: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Rom 1:28). De aquí en Adelante, hasta el reinado Milenial de Cristo, cuando los santos reinaremos con Cristo sobre las naciones, Dios entra en relación de pacto con los elegidos solamente, y las economías dispensacionales o reglas de casa solo abarcan a Su pueblo elegido.
 
La Dispensación de la Promesa comenzó con el llamado de Abraham a dejar a Ur de los Caldeos para la tierra que el Señor le iba a mostrar (Gen 12:1). Este cambio de dispensación se ve en el Génesis 12 donde el Señor le prometió a Abraham, diciendo:
 
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Gen 12:2-3)
 
Siendo un forastero en una tierra habitada por otras naciones, y estando ya de edad avanzada con una esposa estéril, el cumplimiento de esta promesa claramente era humanamente imposible de cumplirse. Cuando Abraham le preguntó a Dios cómo podría saber que la promesa se cumpliría, el Señor le dijo que se preparara para una ceremonia común entre los Caldeos cuando iban a hacer un pacto solemne (Gen 15). En esta ceremonia primero cortaban animales en dos y colocaban las mitades de un lado y otro del camino. Entonces los dos individuos que estaban haciendo el pacto pasaban entre las mitades, diciendo: “Que se haga lo mismo conmigo si violo este pacto.”
 
Sin embargo, cuando llegó el momento de pasar entre los animales, Dios hizo que Abraham cayera en un sueño profundo y Él pasaba solo entre ellos, indicando que el cumplimiento de la promesa no dependía de Abraham o de sus descendientes – que Dios Mismo la llevaría a cabo. Era un pacto incondicional porque Él por Si Mismo había jurado que Abraham sería una gran nación, que él heredaría la tierra y que en su simiente todas las familias de la tierra serían bendecidas.
 
Esta dispensación era distinta de las previas en que la responsabilidad de aquellos bajo la promesa era simplemente seguir creyendo en las promesas incondicionales de Dios, aún cuando su cumplimiento parecía humanamente imposible. Mientras la palabra clave para el hombre bajo la Dispensación de la Ley, que vendría 430 años más adelante en Sinaí era “hacer,” la palabra clave para el hombre bajo la Dispensación de la Promesa era simplemente “creer.”
 
En esta etapa del plan progresivo e incremental de Dios para las épocas Dios está desarrollando la fe de Su pueblo, dándoles promesas de pacto incondicionales que estaban tan más allá de la habilidad de ellos de lograr que lo único que podían hacer era seguir llamando las cosas que no son como si ya fueran hasta que Dios las hiciera realidad (Rom 4:18; Heb 11:8-10,17-19). Muchas de las promesas dadas a Abraham y sus descendientes todavía no se han cumplido a plenitud, pero son promesas seguras que sucederán si las creemos o no, dado que se basan en Su fidelidad y no la de los hombres.
 
Muchos han dejado de creer que las promesas de pacto que Dios hizo a Abraham y sus descendientes serán cumplidos, debido a la infidelidad de Israel. Pero Pablo responde a esto diciendo: “¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? 4 De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado” (Rom 3:3-4). Los descendientes de Abraham – Israel, sí llegarán a ser una gran nación y finalmente poseerán la totalidad de la tierra que Dios les prometió, porque el cumplimiento del Pacto Abrahámico depende de la fidelidad de Dios y no la de Israel.
 
Otro aspecto de la promesa a Abraham que muchos no han logrado creer – en parte porque es tan grande y todo-inclusivo en sus implicaciones, es la promesa de que en él “serán benditas todas las familias de la tierra.” Esta promesa requiere una restauración universal de toda la humanidad para su cumplimiento. Dios no dijo que algunas familias de la tierra serían bendecidas, sino todas las familias de la tierra. Esto no puede incluir nada más las familias en la tierra en los días de Abraham, o todas las familias viviendo en la tierra cuando Cristo venga, sino todas las familias de todos los tiempos, desde la familia de Adán y Eva hasta la familia de la última persona nacida a los hombres. De otra manera, no sería posible decir que todas las familias de la tierra habrán sido bendecidas.
 
Los que no logran ver que en la dispensación final – la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, absolutamente todos serán reunidos en Cristo, sea en el cielo o en la tierra, no pueden decir que en Abraham todas las familias de la tierra serán bendecidas. En lugar de esto, tienen que especular que Dios de alguna manera inducirá amnesia o dejar sin afecto natural aquellos pocos privilegiados a oír el evangelio y responder positivamente a ello antes de la Segunda Venida de Cristo, dado que no hay siquiera una familia entera en que todos los miembros hayan sido salvos en vida, y por lo tanto algunos familiares serán exterminados o atormentados eternamente, según la creencia tradicional. Una familia no puede ser verdaderamente bendecida sabiendo que un familiar de ellos estuviera en tormentos eternos o si es exterminado.
 
Sin embargo, los que creen en la restauración final de todos pueden entender y esperar en el cumplimiento pleno y literal de la promesa de Dios que en la simiente de Abraham todas las familias de la tierra serán bendecidas. Aun sus hijos e hijas más extraviados finalmente serán restaurados después de un tiempo en el Lago de Fuego purificador en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos (Ef 1:10; 1Cor 3:15; Isa 60:4-5). Cada rodilla se doblará, y cada lengua confesará a Jesús como Señor, incluyendo aquellos que actualmente están bajo la tierra o en el hades. Y cuando el último enemigo se haya sujetado a Cristo, entonces Cristo se sujetará al Padre y Dios será todo en todos (Fil 2:10-11; 1Cor 15:28).
 
Igual como con todas las dispensaciones anteriores, la Dispensación de la Promesa termina en fracaso humano. Al final el pueblo de Israel no confió en el compromiso incondicional de Dios para cumplir Sus promesas de pacto a ellos como nación. Aun después de ver la mano poderosa de Dios a través de las 10 plagas contra Egipto, tan pronto enfrentaron el Mar Rojo acusaron a Dios de sacarlos de Egipto solo para morir allí (Ex 14:10-12). Tres días después de celebrar la liberación de los ejércitos de Faraón en el Mar Rojo, en vez de poner la mira en Dios para proveerles agua, se quejaron contra Él, y Dios por Su gracia milagrosamente les proveyó agua. Entonces, unos 45 días después de salir de Egipto sus provisiones se agotaron y otra vez ellos acusaron a Dios en vez de buscarlo para provisión. Se quejaron a Moisés diciendo:
 
“Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.” (Ex 16:3)
 
Solo un par de días después se acabó el agua y otra vez acusaron a Moisés de llevarlos al desierto solo para morir de sed (Ex 17:3). En vez de descansar por fe en las promesas incondicionales de Dios hechas a sus padres acerca de ellos, recordando todas sus maravillas al sacarlos de Egipto, ellos vez tras vez acusaron a Dios de estar en complot con Moisés para destruirlos. El desierto era el examen final bajo la Dispensación de la Promesa y ellos fracasaron en gran manera. Pero en vez de hacer que repitieran el año, Él les pasó a la dispensación siguiente – la Dispensación de la Ley.
 
5. La Dispensación de la Ley 
 
Los hijos de Israel no confiaron en las promesas incondicionales de Dios bajo la Dispensación de la Promesa, igual como el hombre fracasó bajo cada dispensación anterior. Ahora, bajo la siguiente Dispensación de la Ley, Dios va a enseñar a la humanidad algo más acerca de Sí Mismo y también de las limitaciones de nuestra naturaleza caída y pecaminosa. Por medio de la Dispensación de la Ley nos revela qué tan santo Él es y cuán incapaces somos de vivir una vida en santidad independientemente de Él.
 
No es que la promesa bajo el Pacto Abrahámico cesó con la introducción de la Ley. El Pacto Abrahámico era un pacto incondicional y perpetuo, mientras el Pacto de la Ley era un pacto condicional que fue añadido al lado del Pacto Abrahámico hasta que viniera Cristo, la Simiente prometida. Pablo deja en claro esto cuando dijo:
 
“Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa… 19 Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador.” (Gal 3:17,19)
 
La Reina Valera de 1960 dice que la Ley fue añadida “a causa de las transgresiones.” Sin embargo, la palabra traducido “a causa de” es charin de la palabra charis o “gracia.” La idea expresada es, “por el beneficio de o para.” La Biblia Panamericana la traduce: Se añadió con el fin de señalar lo que era pecado.” La Versión Palabra de Dios dice: “para identificar lo que es el pecado,” y la Traducción Weymouth dice: “para definir lo que era el pecado.”
 
El pecado siempre ha sido pecado, pero el pecado no es una “transgresión” en la ausencia de una ley para transgredir. Pablo dijo que el pecado no fue imputado como una transgresión entre Adán y Moisés, dado que no había una ley para transgredir (Rom 5:13). Él dijo que no hubiera sabido qué era la codicia si la Ley no habría dicho “no codiciarás.” (Rom 7:7).
 
Al dar la Ley en Sinaí, ellos pasaron de ser gobernados por el pacto de la promesa incondicional de Dios, al pacto condicional, “si tu…entonces Yo…” Anterior a la Ley, los hijos de Israel fueron bendecidos por la pura gracia, pero bajo la Ley, aunque seguían siendo salvos por la gracia, fueron bendecidos o malditos dependiendo del cumplimiento de las obras de la Ley. Podemos ver esta transición marcada efectuada en el Sinaí. El Señor le mandó a Moisés a comunicar este nuevo pacto condicional al pueblo diciendo:
 
Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí. 5 Ahora, pues, SI diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. 6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” (Ex 19:4-6)
 
Primero, Dios les recuerda que hasta ese momento Él les había tratado puramente a base de la gracia. Él dijo: “Vosotros visteis lo que Yo hice, como os tomé sobre alas de águilas.” A pesar de sus murmuraciones contra Él en el Mar Rojo, Dios por Su pura gracia abrió el mar para que pasaran por tierra seca en medio del mar y destruyó el ejército de Faraón tras ellos. Cuando murmuraban contra Él por el agua y la comida, Dios en Su gracia les proveyó sin reproches. Tiempo atrás, ellos fueron bendecidos incondicionalmente a pesar de su incredulidad y falta de gratitud. Ni una sola vez respondió con juicios severos como vemos después bajo el Pacto de la Ley.
 
Al presentarles Moisés las condiciones del pacto al pueblo, todos respondieron a una voz: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos” (v. 8). Con solo un poco de introspección ellos hubieran suplicado a Dios que permanecieran bajo la Dispensación de la Promesa, pero a ellos todavía les faltaba aprender las limitaciones de su propia naturaleza caída y pecaminosa, y de su necesidad de permanecer bajo la gracia.
 
Inmediatamente después de aceptar las condiciones del Pacto de la Ley hubo un cambió radical en su relación con Dios. Ya no era la de una madre águila llevando a su pequeño sobre sus alas, sino que descendió sobre Sinaí con truenos y relámpagos y espesa nube, haciendo que el pueblo temblara por temor. Dios advirtió que quienquiera que tocara la montaña ciertamente moriría.
 
Moisés subió al monte para recibir los diez mandamientos en tablas de piedra, que eran la señal del Pacto de la Ley hecho entre Dios y el pueblo de Israel, pero aún antes de descender con las tablas, ellos ya habían quebrantado los primeros dos mandamientos, haciendo un becerro de oro y adorándolo. Ahora, estando bajo la Ley, 3.000 de ellos murieron ese mismo día a consecuencia de haberla transgredido (Ex 32:28).
 
Israel eligió ponerse bajo la Dispensación de la Ley cuando aceptaron los términos de la Ley diciendo: “Todo lo que Jehová ha dicho, haremos.” Pero no eran capaces de cumplir su promesa de pacto, obedeciendo todas las cosas contenidas en la Ley para cumplirlas. Desde antes de darles la Ley, Dios sabía que no iban a poder guardarla. La Dispensación de la Ley fue diseñada para revelar la naturaleza pecaminosa del hombre para que en la próxima dispensación – la Dispensación de la Gracia, ellos ya comprenderían las profundidades de su propia depravación y necesidad de Su gracia provista por el sacrificio redentor de Cristo.
 
La Dispensación de la Ley fue dada por Dios para revelar nuestra propia condición, para que, al llegar el tiempo señalado para que sea revelada la gracia de Dios por medio de Jesucristo, ellos hubieran llegado a desesperarse de toda esperanza de alcanzar los justas requisitos de la Ley, sintiendo la necesidad de recibir la justicia de Dios en Cristo. Pablo expresa claramente lo que era el propósito de Dios desde el principio en dar la Ley. Él dijo:
 
“Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.” (Rom 5:20)
 
La Ley fue añadida para revelar nuestros pecados como transgresiones, pero solamente hasta que Cristo, la Simiente prometida viniera (Gal 3:19). Pablo después compara la Ley con un ayo o guía encargado de enseñar a niños hasta llegar a la madurez:
 
“¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, 26 pues todos sois hijos (juíos, “hijos maduros”) de Dios por la fe en Cristo Jesús.” (Gal 3:21-26)
 
La Ley no puede dar vida. Al contrario, fue el ministerio de muerte. Encerró a todos bajo el pecado para que miráramos a Cristo, recibiendo Su justicia como don de la gracia. En Romanos, antes de revelar el don de la justicia de Dios en Cristo, Pablo deja en claro que no podemos alcanzar las justas exigencias de la Ley. Su propósito solo era revelarnos nuestro pecado:
 
“ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. 21 PERO AHORA, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:20-24)
 
Así que, ¿Cuál era el propósito de la Ley? Revelar nuestro pecado. La Ley es como un espejo que revela nuestra verdadera condición, pero no puede cambiarla. La Ley no pudo dar vida sino solo condenar, dado que requería la obediencia perfecta (Gal 3:21; Stg 2:10). Es llamada “la ministración de condenación” dado que su propósito era hacer que el pecado sea una infracción o transgresión de la Ley, resultando en la condenación de cada infractor para que el condenado ponga su mira en Cristo como su único medio de justificación (2Cor 3:9).
 
Hasta el día de hoy muchos siguen pensando que la Ley nos fue dada para vivir, pero no nos fue dada para vivir, sino para morir. Pablo lo llama “el ministerio de muerte grabado con letras en piedras” (2Cor 3:7). Él dijo que, cuando el mandamiento “no codiciarás” vino a su atención, el pecado revivió en él y murió (Rom 7:9). El único lugar donde las palabras “no codiciarás” aparecen es en las dos tablas de piedra. Así que, uno no puede argumentar que solamente fue la ley ceremonial que pasó con la introducción del Nuevo Pacto. En la sabiduría infinita de Dios Él puso a Israel bajo la Dispensación de la Ley para revelar la depravación del hombre en preparación de la siguiente revelación de la gracia de Dios en Cristo.
 
6. La Dispensación de la Gracia 
 
Israel fracasó en gran manera bajo la Dispensación de la Ley, constantemente violando el pacto que habían hecho con Dios en Sinaí. Después de que las 10 tribus de Israel al norte habían sido conquistadas y dispersas por sus abominaciones e idolatrías, en un tiempo cuando los habitantes de Judá también estaban siendo llevados cautivos por violar constantemente su pacto con el Señor, Jeremías profetizó acerca de un nuevo pacto que introduciría una administración o dispensación completamente distinta basada en promesas. Él dijo:
 
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. 32 No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. 33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. 34 Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” (Jer 31:31-34)
 
Contrario a lo que dicen los Teólogos del Pacto, el Pacto de la Ley no es nada más una continuación del Pacto Abrahámico. Tampoco seguimos bajo la Ley como régimen de vida ahora que estamos bajo el Nuevo Pacto. Se dice explícitamente del Nuevo Pacto que “no es como” el Antiguo Pacto de la Ley. Bajo el Antiguo Pacto, Dios dijo, “si tu… entonces Yo….” Sin embargo, antes de introducir el Nuevo Pacto Él dijo, “ellos no… entonces Yo me desentendí de ellos.” (Heb 8:9).
 
El Antiguo Pacto consistía de reglas externas dadas a un pueblo de corazón engañoso y perverso. Fue añadida al Pacto Abrahámico hasta que Cristo, la Simiente prometida, viniera. Bajo el Nuevo Pacto Dios regenera nuestro espíritu, dándonos un nuevo corazón conforme a la santidad, como Pablo dijo:
 
“Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.” (Rom 7:6)
 
Mientras la Ley todavía cumple su propósito original de convencer a los pecadores de sus pecados, se dice explícitamente que no es el régimen de vida para un creyente de esta dispensación. El Nuevo Testamento claramente dice que ya no estamos bajo la Ley, sino bajo la Gracia (Rom 6:14-15). Pablo denunció a los falsos maestros que aplicaron de manera equivocada la Ley bajo esta Dispensación de la Gracia. Él dice de ellos:
 
“de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, 7 queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman. 8 Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” (1Tim 1:6-11)
 
Aunque la Ley todavía convence al pecador de su necesidad de Cristo, nosotros como los justos no estamos bajo la Ley, sino bajo la Gracia como régimen de vida (en términos dispensacionales). La justicia de la Ley ahora se cumple en el creyente por el Espíritu Santo (Rom 8:4). La vida para un creyente bajo esta Dispensación de la Gracia es la misma vida de resurrección de Jesús que ahora vive en y a través de nosotros. (Gal 2:20; 2Cor 4:10-11; Fil 1:21).
 
En el Evangelio de Juan, vemos este contraste marcado entre la antigua Dispensación de la Ley y la nueva Dispensación de la Gracia en la persona de Jesucristo:
 
“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron (sing. “vino”) por medio de Jesucristo.” (Juan 1:17)
 
El contraste entre estos distintos regímenes de vida – la Ley y la Gracia, es muy marcado. Dice de la Ley que “fue dada,” mientras la gracia y la verdad “vino.” La Ley fue “ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador” para “llevarnos a Cristo” (Gal 3:19,24). Pero la Gracia y la Verdad vino a nosotros en la persona de Jesucristo. Es interesante como es construido Juan 1:17. Normalmente el sujeto doble “gracia y verdad” requiere que el verbo sea plural “vinieron.” Sin embargo, es en forma singular, haciendo que diga “la Gracia y la Verdad Él vino en la persona de Jesucristo.” Jesucristo es la Gracia y la Verdad personificada. La Gracia en la nueva Dispensación de la Gracia es nada menos que Cristo en nosotros (Col 1:27). Él es la Verdad que nos hace verdaderamente libres (Jn 8:32; 14:6). Trato con este tema con más detalle en mi libro La Verdadera Gracia.”
 
Aun la Dispensación de la Gracia termina en fracaso de parte de la Iglesia en general. Muy pocos creyentes de esta época se han apropiada de la gracia disponible para que vivamos la vida de Cristo en nosotros, andando en el Espíritu y no en la carne. Al contrario, muchos dentro de la Iglesia han caído del caminar de la gracia en Jesús, siguiendo bajo el régimen viejo de la letra, intentando observar la Ley del Antiguo Pacto por obras externas religiosas.
 
Muchos más, agotados por la religión, han convertido la gracia de Dios en libertinaje, llamándola “libertad cristiana.” Pablo dijo que en los postreros días muchos que profesan ser cristianos apartarán de la fe escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Tim 4:1). Jesús hizo la pregunta, “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:8). Las condiciones sobre la tierra al final de esta dispensación serán tan malas que, si Cristo no fuera a acortar los días, nadie sería salvo, pero al mismo tiempo Cristo tendrá a Su Iglesia los escogidos (Mt 24:22, cf. Ef 5:27; Marcos 13:27).
 
Aunque la mayoría de los Dispensacionalistas históricos creían que la Iglesia tenía que ser arrebatada antes de comenzar la semana 70 de Daniel, siete años antes de la Segunda Venida de Cristo, no hay referencia en las Escrituras a un rapto de la Iglesia siete años separados de la Segunda Venida de Cristo.
 
A menudo insisten que Dios no puede tratar con Israel al mismo tiempo que la Iglesia. Si podría ser demostrado que Dios no ha tratado o no tratará con Israel y la Iglesia al mismo tiempo, tendría mérito.  Pero, en realidad, Dios ha estado tratando con los dos grupos desde el principio de la Iglesia.  El reino terrenal todavía estaba siendo ofrecido a Israel en los primeros días de la Iglesia (Hch 3:19-21). Si la nación se hubiera arrepentido, el reino habría sido establecido en la tierra en ese tiempo.  Sin embargo, la Iglesia ya existía. Dios estaba tratando con Israel en el año 70 d.C. cuando Tito y su ejército destruyeron a Jerusalén y el templo.  Desde la destrucción de Jerusalén, Dios ha estado tratando con Israel en juicio a través de su dispersión como predijeron los profetas y Jesucristo (Oseas 3:4; Lucas 21:24).
 
Aún en estos días Israel está regresando a su tierra como fue dicho antes en Ezequiel 37; Ezequiel 38:8; Jeremías 23:1-8 y muchos otros pasajes.  Cuando estén unidos en su tierra en su incredulidad el juicio de Dios sobre ellos llegará a su clímax (Ezeq 20:33-38).  Este es el juicio de la tribulación – el “tiempo de angustia para Jacob” (Jer 30:7). Entonces, se puede ver que Dios nunca ha dejado de tratar con Israel como una nación.   Dado que Dios ha estado llevando a cabo dos programas al mismo tiempo –uno con la Iglesia, y uno en juicio para Israel, no es correcto decir que Dios tiene que quitar a la Iglesia antes de reasumir su programa con Israel.
 
Debe de ser aclarado que Dios no estará tratando con la nación de Israel como gente salva en la tribulación.  El seguirá tratando con la nación en juicio.  La nación de Israel no será salva hasta la Segunda Venida.  En Romanos 11:25-27 Pablo dice que Israel seguirá ciego hasta la Segunda Venida.  Será la venida del Libertador de Sion que quitará la impiedad de Jacob (v.26).  En ese momento, El establecerá su pacto con ellos y quitará sus pecados (v.27).  Esto sucede cuando Cristo viene y establece su reino y no antes.
 
Aunque la Gran Tribulación es llamada “el tiempo de angustia para Jacob” (Jer 30:7), y será un tiempo de persecución sin precedentes para los judíos, también será un tiempo de tribulación para aquellos en la Iglesia aún necesitados de purificación (Apo 12:17; 7:14). Trato el tema del arrebatamiento y otros eventos escatológicos en relación a la Segunda Venida de Cristo en mi libro, Enfocando en Los Eventos Finales.”
 
7. La Dispensación del Milenio
 
La lección final para la humanidad antes de la dispensación final – la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos será enseñada durante la Dispensación del Milenio – un período de mil años cuando Cristo está reinando en la tierra con los santos glorificados sobre la tierra y Satanás estará atado en el abismo.
 
Es común oír la excusa “el diablo me hizo hacerlo,” pero durante esta dispensación ese pretexto será removido porque Satanás habrá sido atado en el abismo (Apo 20:2-3). A menudo los hombres justifican insubordinación a las autoridades, diciendo que los que están en autoridad son corruptos. Pero en aquel tiempo la rebeldía será mostrada como una condición del corazón en vez de algo externo, dado que Cristo Mismo estará reinando junto con Sus santos glorificados (Apo 20:4; 2Tim 2:12; Rom 8:17).
 
Muchos hoy en día justifican el robo, diciendo que es la única manera que pueden sobrevivir, pero en el Milenio las condiciones serán tan ideales que el arado alcanzará al segador, indicando que las cosechas serán todo el año y no solamente en estaciones (Amos 9:13). Aunque los animales, así como los hombres mortales de ese tiempo, seguirán viviendo y muriendo como ahora, sus vidas serán alargadas, y ya no harán daño a los hombres o unos a otros como profetiza Isaías de aquel entonces:
 
“Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. 7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. 8 Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. 9 No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isa 11:6-9)
 
El conocimiento de la Gloria del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren el mar y las condiciones de la tierra serán restauradas a tal grado que la extensión de la vida de los hombres mortales habitando la tierra serán como era antes del diluvio. Los animales dejarán de devorar carne como era antes en el Edén y serán mansos:
 
“No habrá más allí niño que muera de pocos días, ni viejo que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito… 25 El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dijo Jehová.” (Isa 65:20,25)
 
En la Segunda Venida de Cristo los judíos mirarán a Quién traspasaron; Dios derramará sobre ellos el Espíritu de gracia y de oración, y una nación nacerá en un día (Zac 12:10; Isa 66:8; Rom 11:26). Después, Cristo separará a los de las naciones que quedaron en la tierra después de que la Iglesia sea glorificada y arrebatada con el Señor en el aire en Su venida. A las ovejas les será permitido entrar en el reino Milenial como mortales para repoblar la tierra, mientras los cabritos serán enviados a la corrección eonian.
 
La Dispensación del reinado Milenial de Cristo demuestra que aún bajo las condiciones externas más ideales, el hombre es depravado más allá de ser reformado. La única respuesta es una nueva creación, dado que la creación anterior – el viejo hombre que éramos, el primer Adán, no se puede reformar. La única respuesta es una nueva creación en Cristo (Gal 6:15; 2Cor 5:17).
 
Para demostrar esto para todas las generaciones, Satanás será suelto de su prisión por un poco de tiempo y logrará engañar las naciones y harán guerra contra Cristo y Su reino (Apo 20:2,7,8). Aun después de 1.000 años bajo las condiciones ideales, vemos que la carne para nada aprovecha. Sin duda, muchos recibirán a Cristo en el Milenio y por lo tanto sus nombres se hallarán escritos en el libro de la vida en el Juicio del Gran Trono Blanco – cual juicio marcará el final de la Dispensación del Milenio. Sin embargo, los que aún no están en Cristo serán juzgados según las obras de cada uno y recibirán su parte en el Lago de Fuego purificador (Apo 20:12-15). En la nueva Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, todos serán reunidos en Cristo, y entonces Dios será todo en todos en la eternidad.
 
8. La Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos
 
Una vez terminado la Dispensación del Milenio con el fracaso de los mortales, seguido por el Juicio del Gran Trono Blanco, la ciudad celestial, la habitación del Cordero y la Esposa – la Nueva Jerusalén, descenderá sobre la nueva tierra (Apo 21:1). En contraste con las dispensaciones previas, esta dispensación culmina en todos siendo reunidos en Cristo – tanto los que están en el cielo, como los que están en la tierra:
 
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9-10) [iv]
 
La palabra “reunir” es una palabra compuesta de aná que normalmente significa “otra vez” y kephalaioo, que significa “encabezar o unir bajo una cabeza,” y es mejor traducido como “unir otra vez bajo una cabeza o reunir.” El Léxico Griego Thayor hace comentario sobre el significado de la palabra kephalaioo en este contexto:
 
Juntar otra vez para sí mismo (tome nota de la voz media) todas las cosas y seres (anteriormente desunidos por el pecado) en un estado de comunión con Cristo.” [v]
 
La palabra “reunir,” cuando refiere a los que anteriormente estaban separados y en enemistad, como es el caso con la humanidad hacia Dios, es relacional e inseparable de la reconciliación. Por lo tanto, este pasaje, igual como en Colosenses 1:16,20, claramente habla de una reconciliación universal. El misterio de Su voluntad que es revelado aquí en Efesios 1:9-10 es la restauración final de todos cuando toda la creación será reunida eternamente en Cristo y Dios entonces será todo en todos (1Cor 15:28).
 
Esto es lo que Pablo declaró en resumen en Romanos 11:36 diciendo: “Porque de él, y por él, y para (eís, “hacia dentro de) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”  Como dice Colosenses 1:16, todo y todos fueon creado por Él. Entonces, en el versículo 20 dice que estos mismos “todos” fueron reconciliados consigo (“consigo” eís, “hacia dentro de Él”) mediante de la sangre de la cruz (Col 1:16,20). En Efesios 1:9-10 dice que todos finalmente serán reunidos en Él en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos. “Porque de él, y por él, y para (eís, “HACIA DENTRO DE) él, son todas las cosas.” Pablo no pudo haberlo hecho más claro.
 
En la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos vemos que las Puertas de la Nueva Jerusalén nunca serán cerradas, pero nadie puede entrar a menos que sus nombres sean escritos en el libro de la vida (Apo 21:25-26). Los de afuera que no pueden entrar son los inmundos, abominables y mentirosos. Dentro de la Nueva Jerusalén es el río del agua de la vida y el árbol de la vida cuyas hojas son “para la sanidad de las naciones.” (Apo 22:1-2).
 
¿Por qué habría aun aquellos de las naciones en necesidad de ser sanados si de hecho está refiriendo al estado eterno cuando todos ya han sido glorificados o eternamente en el Lago de Fuego como creen los Tradicionalistas? Las naciones no son la Esposa, la Iglesia, sino el resto de la humanidad que habrán repoblado la tierra durante el Milenio y los que han recibido su parte en el Lago de Fuego en el Juicio del Gran Trono Blanco.
 
Durante la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, en las épocas venideras, la Iglesia que habrá llegado a ser la Esposa de Cristo en Su Segunda Venida, será manifestada al resto de la humanidad para la alabanza de la gloria de Su gracia (Ef 2:7). Ellos estarán extendiendo la invitación a los de las tinieblas de afuera en el Lago de Fuego a lavar sus ropas para poder entrar por las puertas de la Nueva Jerusalén, comiendo del árbol de la vida y bebiendo libremente del agua de la vida:
 
Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira… 17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apo 22:14-15,17)
 
Aquí en la nueva tierra, después del Juicio del Gran Trono Blanco, vemos el Espíritu y la Esposa extendiendo la invitación a los de afuera a lavar sus ropas para poder entrar en la Nueva Jerusalén, tomando del agua de la vida gratuitamente. Sabemos que no se está refiriendo a la Iglesia extendiendo la invitación ahora en esta época, dado que la Iglesia nunca es llamada “la Esposa” hasta las bodas en la venida de Cristo. El término “esposa” (numphe) se refiere a la esposa en la ceremonia en el cuarto nupcial (numphon), o a la esposa después de las bodas, y nunca se usa refiriendose a la Iglesia antes de las bodas. Antes de las bodas somos llamados “la desposada” (2Cor 11:2 gr. harmoso), pero todavía no somos la Esposa.
 
Aquí en Apocalipsis 22:17 vemos la Esposa, que para este tiempo habita en la Nueva Jerusalén, invitando a los de afuera a lavar sus ropas para poder entrar en la ciudad celestial donde ella mora, y tomar gratuitamente del agua de vida que fluye del trono de Dios y del Cordero dentro de la ciudad. Esta invitación, “Ven” adentro, tiene que referirse a la era post Gran Trono Blanco dado que la Nueva Jerusalén todavía no había descendido sobre la nueva tierra anterior a esto. Y los de afuera no pueden ser otros más que aquellos que fueron consignados a las tinieblas de afuera en el Lago de Fuego purificador.
 
Desde el tiempo de Agustín en el siglo IV, el Lago de Fuego ha sido presentado como permaneciendo eternamente. Sin embargo, bien entendido, es figurativo de un fuego purificador que se extiende por “las épocas de las épocas” o el tiempo que dura la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, culminando en todos siendo restaurados y reunidos en Cristo. De ese momento en adelante, Dios será todo en todos (Hch 3:21; 1Cor 15:22-28). El Lago de Fuego se extiende por las épocas de las épocas y no para siempre como muchos entienden la traducción “por los siglos de los siglos.” Su propósito es purificación y no tortura vindicativa sin fin, como tradicionalmente ha sido presentado (consulte mi blog: Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor para una explicación del Lago de Fuego).
 
Los que son juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco serán juzgados “según sus obras,” recibiendo “su parte” o “porción” (meros) en el Lago de Fuego. Tales términos no corresponden a tormentos sin fin. Adicionalmente, Jesús dijo de los castigos postmórtem que no saldrán de allí hasta que.” (Mt 5:26;18:34). “Hasta que” requiere un fin. Él también dijo que algunos recibirían “muchos azotes,” mientras que otros recibirán “pocos.” (Lucas 12:47). “Pocos” y “muchos” tienen referencia a duración limitada y es incompatible con la doctrina Tradicional de azotes sin fin.
 
Y lo más importante es que no se podría decir que todos serán restaurados (Hch 3:21); que todos serán salvos (1Tim 4:10; Juan 4:42); que todos serán reconciliados (Col 1:16,20; 2Cor 5:19) y que todos serán reunidos en Cristo en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, resultando en todos siendo vivificados con Dios siendo todo en todos (Ef 1:10; 1Cor 15:22-28), si de hecho algunos se pierden eternamente. Jesús dijo que atraería eficazmente (helcuo) a todos a Él mismo y que buscaría y salvaría a los perdidos hasta que la última oveja perdida haya sido encontrada y salva (Lucas 19:10; 15:4). La gran dispensación final – la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, culminará en cada rodilla doblando y cada lengua confesándole a Jesús como Señor, para la gloria de Dios Padre, y no bajo coerción como muchos lo presentan (Fil 2:10; Isa 45:22-24).
 
Aunque esto no ha sido un trato exhaustivo de las dispensaciones, espero que haya servido para demostrar que el plan eterno de Dios para las épocas es caracterizado por etapas distinguibles que llevan al hombre incrementalmente de la infancia en Edén a la plena madurez en la consumación, al fin de las épocas en preparación para la eternidad cuando Dios sea todo en todos. La historia de la creación de Dios termina bien, en vez de devolucionarse en un dualismo eterno, terminando en una tragedia interminable para la mayoría de la humanidad. El plan de Dios para las épocas va de gloria en gloria en vez de ir de mal en peor. Lo que Dios comienza, perfecciona. 


[i] http://wmpaulyoung.com/a-word-that-is-not-in-the-bible/

[ii] La lectura del Versión Reina Valera Gómez en Hechos 15:18 es basada en la mayoría de los textos griegos del Nuevo Testamento.

[iii] Judas 14 cf. Enoc 1:9

[iv] Our English word “things” does not have an equivalent in Greek. Neither does the neuter form in Greek always indicate objects as in English. When the translators insert “things” in contexts that are evidently referring primarily to persons and not inanimate objects I take the liberty to cross it out in order to keep the focus where it belongs.

[v] Thayer's Greek Lexicon: NT. 346

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Desde la perspectiva de un
Restauracionista
Dispensacional 
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por George Sidney Hurd

Reconozco que el subtítulo de este blog, combinado con el diagrama dispensacional, me pone en desventaja con muchos lectores, dado que el Dispensacionalismo ha sido tan menospreciado en nuestros tiempos, sin mencionar la doctrina de la restauración de todos. Sin embargo, creo que una perspectiva dispensacional equilibrada revela el plan de Dios para las épocas, culminando en la restauración final de todos de una manera mucho más gloriosa, lógica y consistente con la naturaleza de la revelación divina que la de la Teología del Pacto o cualquier otro esquema interpretativo desarrollado hasta el día de hoy.
 
Los Teólogos del Pacto intentan desacreditar el Dispensacionalismo basado en sus orígenes recientes. Un sistema plenamente desarrollado no existía antes del año 1830 cuando John Nelson Darby desarrolló su esquema dispensacional (quizás lo sobre desarrolló). Sin embargo, la Teología del Pacto como ahora la conocemos no fue plenamente desarrollada hasta mediados del siglo XVII, menos de doscientos años antes del Dispensacionalismo de Darby. Ambos esquemas son de origen relativamente reciente. Además, nuevo no siempre es malo. A menudo un esquema de interpretación más reciente surge debido a las falencias de los anteriores.
 
La mayoría reconocería que la Reforma aún está en proceso y todavía nos falta recuperar plenamente las verdades arrebatadas a la Iglesia en la Época Oscura. Mientras una teología sistemática no fue desarrollada por los primeros Padres de la Iglesia, San Justino (110 – 165 d.C.), Ireneo (130 – 200 d.C.), Clemente de Alejandría (150 – 420 d.C.) y San Agustín (354 – 430 d.C.) hicieron algunas distinciones entre diferentes dispensaciones en las Escrituras. Los eruditos del Post Reforma Temprana como Jonathan Edwards (1637 – 1716), Pierre Poirot (1646 – 1710) y Isaac Watts (1674 – 1748) también reconocían distinciones dispensacionales.
 
Además, fácilmente nos olvidamos de que la Teología Dispensacional, la Teología del Pacto (o Teología del Reemplazo) y la Teología del Nuevo Pacto, juntamente con todas sus variaciones, no son infalibles, sino nada más esquemas de interpretación formulados para ayudarnos a entender mejor la revelación completa de las Escrituras. Los Dispensacionalistas ven las épocas como caracterizadas por dispensaciones o administraciones divinas distinguibles, mientras los Teólogos del Pacto niegan las distinciones dispensacionales, viendo a Dios como relacionándose con el hombre basado exclusivamente en pactos. Sus pactos, según ellos normalmente son tres: el pacto de la redención, el pacto de las obras, y el pacto de la gracia.
 
Los Teólogos del Pacto dirían que las dispensaciones no son delineadas de manera explícita en la Biblia y por lo tanto fueron impuestas sobre las Escrituras por los Dispensacionalistas. Sin embargo, en realidad son los pactos de la redención, obras y gracia los que no son nombrados en las Escrituras. Pero responden diciendo que, aunque no son nombrados, sin embargo, están implícitos en las Escrituras.
 
Sin embargo, no es cierto que las dispensaciones no son mencionadas en las Escrituras. La palabra oikonomía, que es traducida “dispensación” cinco veces en la Reina Valera de 1909, aparece un total de nueve veces en el Nuevo Testamento, y sus cognados oikonomos y oikonoméo aparecen once veces. La palabra oikonomos es una palabra compuesta de oikos, “casa,” y nomos “ley o regla.” Strongs define oikonomía como: administración (de una familia o propiedad); específicamente «economía» (religiosamente): mayordomía, administración, comisión, dispensación.” Lo que confunde algunos es que “dispensación,” siendo una palabra antigua, usualmente es traducido con otra palabra como “administración” o “plan.” Lo que los Dispensacionalistas quieren enfatizar con el uso del término es que Dios ha estado revelándose a Sí Mismo progresivamente a nosotros a través de distintas administraciones o dispensaciones en que Dios nos gobierna y se relaciona con nosotros, o los de Su casa o familia, de distintas maneras a través de distintas etapas progresivas de desarrollo y revelación.
 
Las dispensaciones de Dios son comparables a un padre que tiene una relación distinta con reglas distintas para cada uno de sus hijos en las diferentes etapas de su desarrollo. Un padre no se relaciona con su hijo adulto de la misma manera que hacía cuando el niño gateaba, ni tampoco tiene las mismas reglas para su hijo adolescente que administraba cuando tenía ocho años. De la misma manera, el gobierno dispensacional de Dios para la humanidad ha estado progresando de acuerdo con nuestro desarrollo de la infancia en Edén, a ser un varón maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4:13).
 
Creo que incluso los Teólogos del Pacto reconocerían que la relación de Dios con Su pueblo es distinta ahora de lo que era, por ejemplo, en los días de Noé o en los días de Moisés. Sin embargo, no logran reconocer que Dios los llevó de allá para acá en etapas progresivas o dispensaciones conforme aprendían incrementalmente, y se desarrollaron en la revelación y conocimiento de Él y comprendieron la futilidad de una vida vivida independiente de Él.
 
Aunque es cierto que no todas las dispensaciones son nombradas específicamente en la Biblia, las dos más significativas sí son nombradas – la presente Dispensación de la Gracia y la última Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos. Vamos a estar examinando estos con más detalle más adelante, pero aquí me gustaría nada más indicarlas. Pablo dice acerca de la última y gran dispensación – la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos:
 
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9-10)
 
A Pablo le fue revelado el misterio que en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos Dios va a reunir a todos en Cristo, tanto los que están en el cielo, como los que están en la tierra. Aunque veremos esto con más detalle más adelante, esto es la dispensación más significante, dado que es la culminación de todas las dispensaciones. El verdadero significado de este misterio permanece oculto todavía a la mayoría de los dispensacionalistas que tienden a equivocar esta dispensación por el Milenio.
 
Sin embargo, el Milenio, igual como toda dispensación previa, termina en fracaso humano y juicio. El misterio que le fue revelado a Pablo es que siempre ha sido el plan de Dios reunir a todos en Cristo – incluyendo a todos en el cielo, en la tierra e incluso los que están debajo de la tierra (cf. Hch 3:21; 1Cor 15:22,28; Fil 2:10; Apo 5:13). Presento la base bíblica para la restauración final de todos en mi libro, El Triunfo de la Misericordia.”  Este misterio permanece oculto a los Dispensacionalistas Tradicionales que enseñan que la dispensación final terminará con la gran mayoría de la humanidad eternamente separada de Cristo, en vez de ser reunidos bajo Cristo como su cabeza. En Efesios vemos que principalmente fue a Pablo que le fue encomendado con la mayordomía de esta Dispensación de la Gracia en la que estamos viviendo ahora:
 
“si es que habéis oído de la administración (oikonomía “dispensación”) de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3 que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio,  7 del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. 8 A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, 9 y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas.” (Ef 3:2-9)
 
Así que, vemos que a Pablo le fue encomendado la nueva economía o Dispensación de la Gracia, también llamada “el misterio de Cristo” que fue algo desconocida en las generaciones anteriores. Hubo un cambio en la dispensación o economía de Dios. La previa Dispensación de la Ley fue dada por medio de Moisés. Fue un ayo o guía para llevarnos a Cristo, pero ahora que estamos en Cristo ya no estamos bajo el ayo o Dispensación de la Ley (Gal 3:24-26; Rom 7:4,6). La Dispensación de la Ley fue administrada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vino por Jesucristo. Y a Pablo le fue encomendada con la mayordomía de la Dispensación de la Gracia, que es nada menos que la vida de Jesús – quien es ahora nuestra vida, siendo vivido en y a través de nosotros. El nuevo misterio revelado a Pablo para esta dispensación es “Cristo en nosotros,” y la mayordomía de este misterio le fue dado a Pablo. Él dijo:
 
“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; 25 de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios  (oikonomía)  que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, 26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de ESTE MISTERIO entre los gentiles; que es CRISTO EN VOSOTROS, la esperanza de gloria.” (Col 1:24-27)
 
Hay un gran contraste entre la administración o dispensación anterior – la Dispensación de la Ley, y la Dispensación de la Gracia. El anterior trajo muerte, mientras el posterior dio vida. El anterior ministraba muerte de toda esperanza de auto-salvación por medio de las obras de la Ley, siendo llamado “el ministerio de muerte” (2Cor 3:6-8). La presente Dispensación de la Gracia nos da la vida misma de Cristo como nuestra vida (Gal 2:20-21; Col 3:4).
 
Así que, ya hemos visto que hay al menos tres dispensaciones distintas con cada una progresivamente siendo edificada sobre la otra hasta que finalmente todos lleguen a la plenitud de Cristo en la dispensación final, la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos. Sin descontar el hecho que Dios también se relaciona con Su pueblo a través de pactos, podemos ver que las dispensaciones tienen un papel esencial en llevar a plena función el plan glorioso del Señor para las épocas que culminan en que Él sea todo en todos, en la eternidad. (1Cor 15:28).
 
Falta aclarar cuántas dispensaciones o distintas administraciones pueden ser encontradas en las Escrituras, y también ver lo que podemos aprender de ellos. Básicamente, una nueva dispensación es introducida cuando Dios establece una administración distinta o nuevas reglas de casa en relación a Su pueblo. Basado en esta definición de oikonomía, los Dispensacionalistas generalmente han visto siete dispensaciones desde la creación hasta la consumación. Sin embargo, tomando en cuenta la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, que es la culminación de todas las dispensaciones – el primer día de la nueva creación, veo ocho administraciones distinguibles en el plan de Dios para las épocas. En el próximo blog procuraremos comprender las lecciones eternas que cada uno nos brinde.  

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