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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young
Es posible que estés entre un número creciente de personas que han descubierto numerosos textos de la Biblia que claramente parecen decir que finalmente todos serán restaurados en Dios, resultando en que Él sea todo en todos en la consumación de las épocas. ¿Es posible armonizar tales declaraciones con la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de un juicio futuro y el infierno? Muchos dicen que no.
Algunos insisten en una interpretación de los textos sobre el infierno que niegue los textos sobre la restauración, mientras otros insisten en los textos sobre la restauración, sin tomar en cuenta los textos sobre el juicio y el infierno.
Obviamente, si creemos que toda Escritura fue dada por inspiración de Dios, no podemos simplemente escoger unos textos y excluir otros. Nuestra doctrina del juicio futuro y el infierno tiene que ser entendida de una manera que complementa, en vez de negar, la verdad de la restauración final de todos.
Después de años de estudios cuidadosos de las Escrituras sobre este tema y mucha oración, he llegado a la conclusión de que todas las Escrituras se armonizan con la restauración final de todos de una manera no posible con la doctrina tradicional que presenta el plan eterno de Dios como si culminara en torturas sin fin para la mayoría.
He leído todos los libros que he podido encontrar que contradigan mis conclusiones, tales como La doctrina del castigo sin fin, de William G. T. Shedd, y ¿Eliminamos el infierno?, de Francis Chan. Sin embargo, aunque expusieron eficazmente algunos errores de unos universalistas que no son ni bíblicos ni conservadores, esquivaron los numerosos textos bíblicos que declaran una restauración universal, sin presentar interpretaciones contrarias viables. Hicieron caso omiso a la mayoría de los textos sobre la restauración.
Cuando descubrí el libro de James B. De Young de 288 páginas titulado Exposing Universalism (Desenmascarando el Universalismo), no podía esperar a ver si él intentaría explicar algunos de los textos sobre la restauración universal a la luz de su creencia en el castigo eterno. Él hizo unos intentos creativos de reconciliar algunos de ellos con la doctrina de castigos eternos que no había oído de otros autores, y estaremos examinándolos en este y los siguientes capítulos.
Sin embargo, como con otros libros escritos sobre este tema, yo estaba decepcionado al ver que él categoriza a todos los universalistas como Liberales o Progresivos que niegan la inspiración y autoridad de las Escrituras, la expiación de sustitución de Cristo, la necesidad de creer en Jesús y ser regenerado para poder ser salvo, entre otras cosas. Para mí esta categorización errada del universalismo es sumada cuando dice:
“Virtualmente toda rama de la teología sistemática y bíblica es distorsionada por el universalismo” (p.249).
Aunque tristemente esto sea cierto para algunos de los que él señala con nombre propio en su libro, la única área de la teología sistemática y bíblica que cambió radicalmente para mí fue la escatología (específicamente en cuanto a la culminación final del plan eterno de Dios para las épocas). Incluso pude retener el TULIP del calvinismo; simplemente cambié la letra L de “Expiación Limitada” a “Expiación Ilimitada” (Limitless), algo que muchos calvinistas reformados hacen de todas formas.
Yo utilizo los cinco puntos del calvinismo en mi libro titulado La Solución Universal, comparando el universalismo con el calvinismo y el arminianismo. Demuestro que el universalismo es la doctrina más bíblica y menos contradictoria de las tres escuelas de teología.
De Young reconoce que, durante y después de la Reforma, algunos anabaptistas y la mayoría de los moravos eran universalistas. Ambos grupos eran hermanos conservadores que basaban sus creencias únicamente en las Escrituras. Por ello, a menudo fueron perseguidos por los Reformadores al rechazar doctrinas tradicionales no bíblicas, tales como el bautismo de infantes y los sacramentos.
Aun San Agustín, que popularizó la doctrina de los castigos eternos, reconoció que los que creían en la apocatástasis, o la restauración final de todos, lo hacían basándose en su entendimiento de las Escrituras. San Agustín dijo:
“Hay muchos en nuestros días que, sin negar las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin”.
Hoy día, sería muy bueno que los que defienden la doctrina tradicional agustiniana de castigos eternos extendieran la misma gracia hacia los universalistas conservadores.
Debe reconocerse que el racionalismo y el relativismo han logrado que muchos se aparten del alto respeto a las Sagradas Escrituras que manifestaban Jesús y los apóstoles. Esta situación ocurre en cada rama del cristianismo, y no solamente entre los universalistas. Los desvíos doctrinales que De Young opone en su libro no son exclusivos del universalismo, sino que también son promocionados por muchos aniquilacionistas y tradicionalistas.
Recientemente publiqué un libro titulado Los Caminos de Dios” (desde la perspectiva de un Restauracionista Conservador Evangélico). En este libro confronto algunas de las mismas desviaciones de las Escrituras que denuncia De Young, mientras aclaro que no es un problema exclusivo entre los universalistas, sino que es un problema en toda rama de la iglesia que necesita ser reconocido y evitado.
En Desenmascarando el Universalismo, De Young intenta desacreditar el universalismo primero apelando a la historia de la Iglesia, después a la lógica y finalmente a las Escrituras. Como mi creencia está fundada en las Escrituras y solo la respaldo con la historia y la lógica, en los próximos capítulos voy a comenzar con las Escrituras y solo después considerar el respaldo de la historia de la Iglesia y los argumentos usando la lógica.
Los Argumentos de De Young acerca de los textos sobre la restauración universal.
Entonces, ¿cómo explica De Young los textos que aparentemente enseñan la restauración universal? El versículo lema de la apokatastasis o restauración, del cual derivaron su título los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva (como Clemente, Orígenes, Gregorio de Niza y otros), es Hechos 3:19-21, que dice:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”. (Hch 3:19-21)
Aquí Pedro habla de la llegada de tiempos de refrigerio y los tiempos de la restauración de todos, que comienza en la Segunda Venida de Cristo. El uso del plural “tiempos” aquí implica que es un proceso de restauración que posiblemente durará más de una época.
¿Cómo responde De Young a este versículo? Al leer su libro pensé que había evitado por completo comentar sobre este pasaje, dado que no hizo comentario sobre él en el texto del libro. Sin embargo, al volver a repasarlo, encontré un comentario sobre este pasaje en una anotación que él hizo acerca de Hechos 3:19-21:
“Probablemente se refiere a la restauración de todas las condiciones en que las personas viven debido al pecado, no a la restauración de cada persona a la comunión con Dios” (p. 20, nota 16).
Sin embargo, hay numerosas razones de por qué esta restauración debe ser entendida como una referencia principal a las personas. En primer lugar, los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva, quienes todavía hablaban el idioma original, la entendieron como si incluyera a toda criatura racional. Si la gramática del texto no favorecía la conclusión de que se refería a personas, sus oponentes no habrían tardado en señalar su error.
Agregando nuestra palabra “cosas” en español se confunde el sentido. El idioma griego no tenía una palabra equivalente a “cosas” y, cuando los traductores la injertaron, confunde, dado que nuestro vocablo “cosas” solo se refiere a objetos inanimados. Esto, sin duda, contribuyó a la conclusión de De Young, que se refiere a una “condición” en vez de a la restauración de personas. Sin embargo, los Padres de la Iglesia Primitiva, que pensaban y hablaban en griego, lo entendieron como si se refiriera a la restauración de personas y no simplemente a objetos o condiciones.
La segunda razón por la que creo que se refiere principalmente a personas es que la restauración de todos, profetizada por los profetas desde el principio, habla fundamentalmente de la restauración de la humanidad. El ejemplo dado por Pedro tres versículos más adelante, en el versículo 25, es la promesa hecha a Abraham:
“En tu simiente serán benditas TODAS LAS FAMILIAS de la tierra”. (Hch 3:25)
Si contemplamos lo que dice este versículo, podemos ver que implica una restauración de todos. Cada familia de la tierra incluiría a toda la humanidad, desde Adán y Eva hasta la consumación. ¿Podríamos decir que una familia sería bendecida si un miembro de ella estuviera en tormentos eternos?
Probablemente la primera alusión a la restauración de todos fue dada en el Edén, donde Dios, en esencia, promete a Eva que su simiente (Cristo) destruiría al enemigo y restauraría todo como era antes de la caída. Pero, como dijo Pedro, Dios había hablado repetidas veces por Sus profetas de la restauración de todos. Los siguientes son solamente unos ejemplos:
“Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y TODAS LAS FAMILIAS de las naciones adorarán delante de ti”. (Salmo 22:27)
Todas las familias de todo el mundo se acordarán y se volverán al Señor y lo adorarán. Esto habla claramente de una restauración de todas las personas y no solamente de los elegidos.
Algunos insisten que cuando vemos “todos” o “todo el mundo” en estos pasajes sobre la restauración universal, solamente es hipérbole y no debe ser entendido literalmente. Citan ejemplos de habla exagerada en la Biblia como:
“Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. (Marcos 1:5)
Obviamente, Marcos no quería que entendiéramos que por “todo” literalmente todos, incluyendo los no arrepentidos, los infantes e inválidos, fueron bautizados por Juan en el Jordán. Sin embargo, el sentido común nos indica cuando uno está hablando literal o hiperbólicamente. Si yo fuera a decir: “Toda Bogotá llegó a la reunión”, o “todo el mundo sabe que ella es la mejor cantante”, inmediatamente sabemos que son palabras exageradas, hipérbole utilizada para un mayor impacto.
En cambio, si el capitán de un barco que está hundiéndose fuera a decir a los pasajeros: “El barco se está hundiendo, pero no teman porque todos serán salvos”, ¿podríamos racionalmente decir que es hipérbole? ¿Sería posible que algún día Dios nos confiese que Sus promesas de salvar y restaurar a todos fueron exageraciones? ¡Claro que no! ¿Cómo podríamos atribuir tal engaño a Dios?
Miremos otro pasaje sobre la restauración universal:
“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra TE ADORARÁ, y CANTARÁ a ti; Cantarán a tu nombre”. (Salmo 66:3-4)
De Young insiste en que será una sumisión obligada para muchos. Pero ¿podrían adorarle y cantarle alabanzas si fueran obligados a doblar rodilla contra su voluntad? Y si su adoración fuera bajo obligación, ¿sería tal “adoración” aceptable para Dios?
De Young insiste en que será una sumisión obligada para muchos. Pero, ¿podrían adorarle y cantarle alabanzas si fueran obligados a doblar rodilla contra su voluntad? Y si su adoración fuera bajo obligación, ¿sería tal “adoración” aceptable para Dios?
“Todas las naciones (gentes) que hiciste vendrán y ADORARÁN delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre”. (Salmo 86:9)
¿Podría la expresión “todas las naciones que hiciste” excluir a miles de millones que estarán quemándose en las llamas del infierno maldiciéndole para siempre? O ¿serían obligados a adorarle antes de ser lanzados al Lago de Fuego? ¿Podría la adoración obligada realmente “glorificar Su nombre?” Esto me recuerda a Filipenses donde dice que todos doblarán rodilla ante Él:
“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. (Fil 2:10-11)
Aquí, como en el Salmo 86, vemos que absolutamente todos los que Dios ha hecho algún día le adorarán “para gloria de Dios Padre”. ¿Cómo podría Dios recibir gloria por una adoración obligada?
Otro Salmo donde vemos que todos son restaurados es el Salmo 145:
“Clemente y compasivo es el SEÑOR, lento para la ira y grande en misericordia. El SEÑOR es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas Sus obras. SEÑOR, Tus obras todas Te darán gracias y Tus santos Te bendecirán”. (Salmo 145:8-10 NBLH)
¿No incluyen a toda la humanidad —y, de hecho, a toda la creación— las expresiones “todo” y “todas Tus obras?”? Algunos dicen que Sus enemigos serán obligados a doblar rodilla ante Él contra su voluntad. ¿También serán obligados a darle las gracias antes de que Él los lance a un Lago de Fuego literal? ¿Qué es lo que dicen las Escrituras de Sus enemigos?
“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra TE ADORARÁ, y CANTARÁ a ti; Cantarán a tu nombre”. (Salmo 66:3-4)
¿Puedes imaginar un escenario donde Dios les obligue a todos Sus enemigos a arrodillarse para adorarlo y cantar alabanzas a Él? Claramente Sus enemigos le adorarán y cantarán alabanzas a Él porque Él les conquistó con Su amor —no por fuerza bruta. Estas declaraciones no son compatibles con el dualismo eterno de la doctrina tradicional de un infierno eterno.
“Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. 7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. 8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho”. (Isa 25:6-8)
¿No profetiza esto claramente una restauración final de todos, cuando el velo que ciega los ojos de todos los pueblos habrá sido quitado —cuando la muerte, tanto la primera como la segunda, sea sorbida en victoria para siempre y ya no haya más lágrimas—? ¿Cómo puede esto ser explicado a la luz de la doctrina tradicional del infierno donde la mayoría de la humanidad, según ellos, estará llorando y crujiendo los dientes para siempre?
Cuando Dios quiere declarar algo de una manera muy enfática, Él jura por Sí mismo. Dios ha jurado por Sí mismo que tarde o temprano todos lo mirarán y serán salvos:
Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados”. (Isa 45:22-24)
Aquí vemos al Señor llamándoles a todos a mirarlo y ser salvos. Entonces, él jura por Sí mismo que finalmente toda rodilla se doblará confesando: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza”. Esto no es contra la voluntad de nadie, sino que, cuando se quita el velo que envuelve a todas las naciones, sus enemigos serán avergonzados y en arrepentimiento volverán a él, diciendo: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza”. Vemos en Filipenses 2:10,11 que hasta los que están en el cielo y debajo de la tierra confesarán a Jesús como Señor a su debido tiempo.
A estas alturas es común que alguien replique: “¿Quieres decir que incluso alguien como Adolfo Hitler se arrepentirá y será salvo algún día? ¿Qué de Sodoma y Gomorra que fueron destruidos con fuego eterno por su inmoralidad?” Bueno, ¿qué dicen las Escrituras acerca del futuro de Sodoma? Ezequiel 16 dice:
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus (Judá) cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado…. 60 Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno. 61 Y te acordarás de tus caminos y te avergonzarás, cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú (Sodoma y sus hijas) y las menores que tú (Samaria y sus hijas), las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto”. (Ez 16:53-55; 60,61)
Aquí, poco antes de que Jerusalén fuera sitiada y Judá fuera llevada cautiva a Babilonia, Dios les promete que finalmente los restauraría después de ser juzgados. Esta restauración incluiría a las otras diez tribus de Israel (Samaria y sus hijas) —esparcidas entre las naciones por sus abominaciones— y a Sodoma y sus hijas (esto es, Gomorra y las otras cuatro ciudades) para que volvieran a ser como antes. Ante esto, Judá se avergonzaría porque sus pecados eran aún mayores que los de Sodoma y Samaria.
Hasta la fecha no he visto este pasaje explicado en un libro escrito contra el universalismo. Ezequiel claramente está hablando de la restauración de las mismas personas destruidas en Sodoma en los días de Lot. Esto es evidente dado que Sodoma no ha existido en la tierra desde el día de su destrucción. Si la restauración de todos incluye hasta Sodoma, entonces, ¿quién quedaría excluido? ¿Los que fueron destruidos en el diluvio? Si ellos fueron excluidos, entonces ¿por qué fue Jesús a predicarles a ellos?
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua… 4:6 Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios”. (1 Pedro 3:18-20; 4:6)
Aquí vemos que Jesús fue y predicó el evangelio a los que eran muertos y encarcelados debido a su desobediencia en otro tiempo para que vivieran según Dios, aunque habían sido juzgados según la carne. Y ¿quiénes eran estas personas que antes fueron desobedientes? Eran aquellas personas que se habían corrompido de tal grado que Dios tuvo que destruirlos en el diluvio, de manera semejante a lo que hizo con Sodoma.
Y, ¿cómo responde De Young a este pasaje? Él dice lo siguiente:
“El texto de 1 Pedro 3:18-4:6 significa mejor que Cristo fue por el Espíritu a los que ahora están encarcelados, en el infierno, en los días de Noé y predicó a los desobedientes en ese entonces a través de la prédica de Noé. No hubo una predicación posterior. Aun si había una predicación por Jesús entre su muerte y resurrección, es más probable que fue una proclamación de triunfo, no una invitación a creer en el evangelio”. p.221
De Young dice que en vez de estar diciendo que Jesús fue a predicar a los que estaban muertos y encarcelados en el Hades después de su victoria sobre la muerte y el Hades, Pedro quería decir que Jesús ya les había predicado cuando aún estaban vivos a través de Noé, antes de ser destruidos en el diluvio unos 2.000 años antes.
Esta es la misma respuesta que yo daba como pastor joven cuando me pidieron explicar este pasaje; sin embargo, resulta obvio que no es lo que Pedro quería expresar. Ambos verbos “predicó” (en 3:19 y en 4:6) aparecen en aoristo de indicativo. Esto indica que la prédica fue un evento único, a diferencia de la predicación de Noé, la cual se extendió por 120 años.
Sin embargo, tales interpretaciones forzadas son necesarias para poder negar la prometida restauración de todos que incluya hasta los que perecieron en el diluvio. Además, vemos que el evangelio no fue predicado a los vivos antes del diluvio sino a los muertos, para que ellos pudieran vivir en espíritu según Dios, aunque habían sido previamente juzgados en la carne.
El significado más lógico de este pasaje es que Jesús fue al hades después de Su muerte y predicó el evangelio (gr. euaggelizo, 4:6) a los que eran desobedientes a la predicación de Noé, quienes fueron destruidos en el diluvio y encarcelados en el hades. Después de la victoria de Cristo, Él tomó posesión de las llaves del hades y de la muerte, según Apocalipsis 1:18. Por Su sangre derramada en la cruz, Él ya tenía la autoridad para librar a los cautivos de Satanás, por lo tanto, fue y predicó las buenas nuevas a ellos para que, aunque hubieran sido juzgados en la carne, pudieran vivir en el espíritu.
Aunque De Young intenta desacreditar el testimonio de los padres griegos de la Iglesia Primitiva, esta era la creencia de muchos en aquel entonces. Por ejemplo, Atanasio, obispo de Alejandría, que vivió entre los años 296 y 373 después de Cristo, dijo:
“Mientras que el Diablo pensaba matar a uno, fue privado de todos, echado fuera del Hades y sentado en las puertas, ve a todos los seres encadenados siendo llevados fuera por la valentía del Salvador”.
Gregorio de Niza, que vivió entre los años 330 y 390 después de Cristo dijo:
“Hasta que liberó con Su sangre todos los que gimen bajo las cadenas de Tártaro”.
Y otra vez dice:
“Hoy la salvación ha sido dada al universo para todo lo visible e invisible…las puertas del Hades están abiertas en par”.
Aunque es el tema de otro artículo, aquellos que —como De Young— defienden la doctrina tradicional de los castigos eternos procuran, típicamente, minimizar, desacreditar o suprimir el testimonio claro de numerosos Padres de la Iglesia Primitiva. Lo mismo hacen con el testimonio de los más respetados historiadores eclesiásticos, tales como Eusebio, Johann Gieseler y Philip Schaff.
En el próximo artículo continuaremos nuestra crítica de las refutaciones a los textos que entendemos como declaraciones de una restauración universal. De ninguna manera es mi intención rebajarlo o señalarlo. La única razón por la que seleccioné su libro Desenmascarando el Universalismo como el tema de este libro es porque fue el intento mejor pensado que he podido encontrar para refutar el universalismo. De hecho, estoy de acuerdo con él en muchos puntos que no aplican directamente al universalismo bíblico.