por George Sidney Hurd Estoy convencido de que quienes defienden la inmortalidad condicional, así como también muchos tradicionalistas, han malinterpretado gravemente la correcta aplicación del término "inmortalidad" (athanasía) al atribuirlo a los espíritus, algo que nunca vemos en las Escrituras. Como argumento aquí, los espíritus, por su propia naturaleza, no están sujetos a mortalidad (Lucas 20:36). Por el espacio, aquí no analizaré todos los argumentos gramaticales y contextuales que sustentan mi interpretación de que el único que tiene inmortalidad en 1 Timoteo 6:16 es Cristo en su cuerpo inmortal, glorificado y resucitado, y, por lo tanto, el único que actualmente posee la inmortalidad en lugar de referirse a Dios Padre como el único poseedor de la inmortalidad. Sin embargo, creo que esta interpretación es la que mejor armoniza con la enseñanza general de las Escrituras sobre el tema. Agradezco cualquier otro aporte sobre la correcta interpretación de este complejo pasaje. Lo que sigue es un extracto del libro ¿Exterminación o Restauración? “la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, 16 el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén.” (1Tim 6:15,16) Contrariamente a las afirmaciones de deidad de los monarcas y emperadores de la antigüedad, Pablo está declarando aquí que nuestro Dios, en la persona del Hijo resucitado y glorificado es el único gobernante soberano, el Rey de reyes y Señor de señores y el único que actualmente posee la inmortalidad (Apo 19:16; Rom 6:9; 1Cor 15:20). Con todo su poderío militar y títulos divinos, todos estaban destinados a morir como mortales. Los Aniquilacionistas concluyen de este versículo que la inmortalidad no es inherente a nuestra naturaleza humana. Dicen que no fuimos creados inmortales, o que perdimos nuestra inmortalidad en la caída. La Inmortalidad solo tiene referencia a Nuestro Cuerpo Físico Dado que la inmortalidad condicional es uno de los argumentos principales de los Aniquilacionistas, usualmente prefieren ser conocidos como Condicionalistas. Sin embargo, como yo parcialmente estoy de acuerdo con ellos sobre el tema de la inmortalidad condicional en cuanto al cuerpo físico, aquí solo me refiero a ellos como los Aniquilacionistas. Ellos argumentan, basado en su interpretación de 1Timoteo 6:16 que solo Dios posee la inmortalidad. La palabra traducida como “inmortalidad” (athanasía) solo se encuentra en una instancia más en 1Corintios 15:53,54: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (athanasía). 54 Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad (athanasía), entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.” (1Cor 15:53-54) Aquí vemos que la inmortalidad es algo que todavía esperamos recibir. Es en la resurrección que recibiremos la inmortalidad que actualmente solo Dios posee. Pero el punto de contención tiene que ver con lo que Pablo se está refiriendo cuando habla de incorrupción o inmortalidad. En el contexto es obvio que él está hablando de nuestros cuerpos físicos. La pregunta presentada anteriormente en el contexto era sobre lo que pasa con el cuerpo: “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué CUERPO vendrán? 36 Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes.” (1Cor 15:35,36) Para Pablo, incorrupción e inmortalidad claramente hacen referencia a nuestros cuerpos físicos y no a nuestra alma o nuestro espíritu. Pablo aquí hace mención del cuerpo 9 veces en estos 9 versículos, pero no hace ni una sola mención del alma o del espíritu. Los Aniquilacionistas argumentan que la naturaleza humana es inseparable y que toda existencia consciente termina o es suspendida cuando nuestro cuerpo muere. Sin embargo, como veremos, el Nuevo Testamento mantiene una distinción clara entre la persona misma y su cuerpo o “tabernáculo” (2Pedro 1:13-14; Mateo 10:28). Ni nuestra alma ni nuestro espíritu son llamados mortales en las Escrituras. La Biblia hace referencia a nuestros “cuerpos mortales” (Rom 6:12; 8:11), y nuestra “carne mortal” (2Cor 4:11), pero nunca habla del alma o del espíritu como mortales. Los ángeles no son mortales con cuerpos físicos: Ellos son espíritus, y por ese motivo la inmortalidad no aplica a ellos, aunque viven para siempre (Lucas 20:36). La inmortalidad fue ofrecida a Adán y Eva en el huerto. Si hubieron tomado del árbol de la vida, sus cuerpos hubieron sido inmortalizados en vez de volver al polvo. Después de tomar del árbol del conocimiento del bien y del mal, fueron privados del árbol para que no ocurriera lo impensable--- siendo inmortalizados en su carne pecaminosa: “Y dijo Jehová Dios: ‘He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre----.’ 23 Y lo sacó Jehová del huerto del Edén.” (Gén 3:22,23) Dios, contemplando el resultado impensable si Adán fuera tomar del árbol de la vida, siendo inmortalizado en su estado pecaminoso, ni terminó Su oración. Si Él hubiera terminado Su oración probablemente habría sido algo como: “pues, que no viva para siempre, inmortalizado en su condición pecaminosa y no-redimida, irremediablemente independizado de nosotros, tenemos que guardarlo a él y a sus descendientes para que no tomen del árbol de la vida.” Bien entendido, privando al hombre del árbol de la vida era un acto de misericordia. Si fuéramos a tomar del árbol de la vida en nuestro estado no redimido hubiéramos quedado perpetualizados en una condición pecaminosa, mucho como los vampiros legendarios. Comenzando con la creación, el plan eterno de Dios de preparar para sí una esposa eterna, creada en Su propia imagen en una relación íntima y dependiente, se puso en marcha. Para ese fin permitió al hombre caer y sufrir la pena de la mortalidad y la muerte, pero solo para poder redimirlo y recrearlo en Cristo, recibiendo la vida eterna y la inmortalidad como regalos de la gracia de Dios. Nuestra caída, seguida por Su redención, nos capacita a conocer y experimentar las dimensiones del amor de Dios, tales como su gracia, misericordia y compasión – virtudes que eran incomprensibles para Adán y Eva en su estado inocente antes de experimentar la caída y ser redimidos y restaurados por Dios en Cristo. El único cuerpo que actualmente posee la inmortalidad es el cuerpo resucitado de Cristo – las primicias de los muertos (Rom 6:9; 1Cor 15:20). Moisés y Elías aparecieron en forma visible en el monte de la transfiguración pero no eran inmortales porque aún esperan la resurrección. Enoc caminó con Dios y desapareció, porque Dios le llevó. Al decir que Dios se lo llevó, deja en claro que Enoc fue llevado a la presencia de Dios donde está disfrutando de una comunión consciente con Él, pero aún no ha sido revestido de inmortalidad. Jesús es las primicias de la resurrección: Entonces nosotros también, como primicias de Su nueva creación, seremos glorificados con un cuerpo inmortal en Su venida (Stg 1:18). Pero ese aún no es el fin. El fin no viene hasta que todos hayan doblado rodilla, sometiéndose a Cristo, y entonces Cristo se someterá al Padre, resultando que Dios sea todo en todos (1Cor 15:28). Aunque Adán y Eva fueron expulsados del huerto y privados del árbol de la vida, y por el momento solo Dios tiene la inmortalidad en Su poder, la vida y la inmortalidad ahora son dados gratuitamente a todos los que a Él vienen por medio de Jesús. Y las buenas nuevas es que todos finalmente serán atraídos a Él y recibirán la vida y la inmortalidad, aunque no al mismo tiempo que nosotros – las primicias, somos vivificados: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. 21 Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22 Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…” (1Cor 15:20-23). Este pasaje claramente declara que al final todos habrán sido vivificados. Todos los que mueren en Adán (que incluye toda la humanidad) serán vivificados en Cristo, pero cada uno en su debido orden. Algunos argumentan que solamente los que están “en Cristo” antes que venga, serán vivificados. Sin embargo, Pablo no dice “todos en Cristo” sino “en Cristo todos.” Es el mismo “todos” que mueren en Adán que serán vivificados en Cristo. Esto es aún más claro en Romanos 5 donde dice “todos los hombres” en vez de “en Cristo todos”: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” (Rom 5:18) Así como el pecado de Adán puso a todos los hombres bajo juicio, de la misma manera la justicia de uno trajo la justificación de vida a todos los hombres. Aquí no es posible limitar “todos los hombres” a solamente los que actualmente están en Cristo. La palabra “todos,” con el comparativo “de la misma manera,” requiere que el segundo “todos” sea igual al primer “todos.” Si los “todos” del segundo grupo no son los mismos “todos” en el primer grupo, no tendría sentido decir “de la misma manera”. Para ilustrar esto, imagina que un ladrón fuera a robarte 100.000 dólares y era todo lo que tenías, y al encontrar al ladrón le dirías: “Así como tú me robaste todo, de la misma manera, quiero que me devuelvas todo”, ¿Qué estarías exigiéndole? ¿Un diezmo? No. La expresión “así…de la misma manera…” quiere decir que la última tiene que corresponder a la primera. Cuando Pablo dice que en Cristo todos serán “vivificados,” es claro en el contexto que él se está refiriendo a la resurrección de nuestros cuerpos mortales a la inmortalidad. También podemos ver que habla de la inmortalidad por el significado de la palabra griega traducida “vivificado.” La palabra es zoopoiéo. Hay otras dos palabras utilizadas para expresar resurrección en el griego, (egueiro y anastasis) pero ellos a veces solo hablan de la resucitación del cuerpo. Son utilizados muchas veces para resurrecciones temporales como en el caso de Lázaro y otros que volvieron a vivir, solo para morirse más adelante. En cambio, zoopoiéo siempre se usa en referencia a la resurrección y glorificación. Se usa para referirse a la vida perpetua, y será dado por Cristo a todos, pero “en su debido orden.” Jesús dijo: “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” (Apo 21:5) [i] Cuando todos hayan sido resucitados con un cuerpo inmortal, entonces la nueva creación que incluye todo y comenzó con la resurrección de Cristo, será completa. El Espíritu del Creyente ya tiene la Vida Eterna “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.” (Juan 6:47) “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Juan 5:24) “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna…” (1 Juan 5:13) El creyente no tiene que esperar hasta la resurrección para saber si tiene vida eterna o no. Él ya es una nueva creación en Cristo. Es obvio que nuestro cuerpo físico aún no ha sido inmortalizado, pero hay una parte de nosotros que ya ha nacido de nuevo. Sin embargo, lo que ha nacido de nuevo no es nuestro cuerpo sino nuestro espíritu. Jesús le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Nicodemo tenía la misma confusión que los Aniquilacionistas – él no sabía distinguir entre nuestro cuerpo físico y nuestro espíritu. Él le respondió a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Podemos simpatizar con Nicodemo, dado que el Antiguo Testamento solo contenía pistas tenues de una distinción entre la parte material del hombre y la parte inmaterial. Jesús, sin embargo, hizo muy clara la distinción entre nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Él le explicó a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:5-6) Aquí Jesús explica que hay dos nacimientos: primero nuestro nacimiento físico por medio del agua amniótico de nuestra madre, y entonces el nacimiento espiritual en lo cual nuestros espíritus son regenerados por el Espíritu Santo. Desde ese momento en adelante, aunque nuestro hombre exterior se va gastando, ya poseemos la vida eterna en nuestro espíritu regenerado. Nuestros cuerpos no nacen de nuevo. Al nacer de nuevo puede que te veas diferente en el espejo pero solo porque tu nuevo hombre interior está reflejándose en tu rostro. Muchos se confunden al leer 2Corintios 5:17, como a menudo es traducido, porque aparenta contradecir su realidad: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” La verdad es que nuestro cuerpo no es nuevo. No será renovado hasta la resurrección y nuestra alma obviamente no es nueva aunque está siendo renovada. La confusión resulta debido a que los traductores agregaron las palabras “cosas” y “todas.” La realidad es que, aunque la nueva creación ha comenzado con nuestro espíritu regenerado, aun necesitamos la renovación de nuestra alma y seguimos muriendo físicamente hasta que nuestro cuerpo vuelve al polvo de donde vino. Una traducción correcta corrige esta confusión: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2Co 5:17 NVI) Nuestros cuerpos mueren y vuelven al polvo, pero nuestro espíritu ya es nuevo y vivo con la vida eterna del Cristo resucitado que ahora es nuestra vida (Col 3:3,4). Es por eso que Jesús pudo decir: “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (John 11:26). Esto es lo Pablo quería decir cuando dijo: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.” (Rom 8:10-11) Aunque nuestro cuerpo está condenado a morir, nuestro espíritu ya vive a causa de la justicia. La justicia en vista en el contexto es la justicia de Dios en Cristo, que es recibido – no alcanzado (cf. Rom 3:21-24). Nuestro espíritu nacido de nuevo ya es un espíritu con el Señor (1Cor 6:17). Ya hemos sido perfeccionados para siempre (Heb 10:14). Ahora somos la Iglesia de los primogénitos – los espíritus hechos perfectos (Heb 12:22-23). Estamos ya sentados con Cristo en lugares celestiales (Ef 2:6). Ha de ser obvio que esto no hace referencia a nuestro cuerpo físico, sino nuestro perfecto espíritu que ya es un espíritu con el Señor. También, el nuevo nacimiento de nuestros espíritus - siendo vivificados con la vida eterna de Dios, garantiza la futura resurrección de nuestros cuerpos. Al recibir la vida eterna por el renacimiento de nuestro espíritu, también recibimos una herencia irrevocable e incorruptible – la salvación o glorificación de nuestros cuerpos: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.” (1 Peter 1:3-5) La promesa de la glorificación de los cuerpos de los que ya han nacido de nuevo con la vida eterna es irrevocable porque somos guardados por el poder de Dios. Por eso Pablo pudo decir que todos los que Dios llama ya han sido glorificados aunque nuestra glorificación espera el fin de la época (Rom 8:30). También, Jesús dijo: “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”(Juan 10:28-29). Una vez recibida la vida eterna, jamás pereceremos – nadie nos la puede quitar porque Él que nos la dio es mayor que todos (c.f. Rom 8:37-39). Así que, ya tenemos la vida eterna en nuestro espíritu y tenemos la aseguranza de recibir la inmortalidad en nuestros cuerpos en el futuro. Todas estas realidades tan gloriosas son ocultas a los Aniquilacionistas, dado que creen que el hombre es indivisible y no un alma habitando en un cuerpo o “tabernáculo,” con un espíritu que tiene comunión con Dios. Veremos sus argumentos y textos de prueba más adelante, y veremos la revelación Nuevo-Testamentario de la distinción entre el cuerpo, alma y espíritu (1Tes 5:24; Heb 4:12). Por el momento, me gustaría señalar que, según Jesús, nuestra naturaleza sí es divisible, dado que el hombre puede matar el cuerpo pero no puede matar el alma (Mt 10:28). Así que, el alma tiene una existencia separada del cuerpo. Su error, como yo lo veo, es que basan su antropología en la luz limitada del Antiguo Testamento, y tratan de hacer que la revelación mayor del Nuevo Testamento encaje en el odre viejo del Antiguo. La revelación en las Escrituras es progresiva. Lo que era obscuro en el Antiguo Testamento es traído a mayor luz en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, la trinidad está implícita en el Antiguo Testamento, pero no se revela con claridad hasta el Nuevo Testamento. En la época del Antiguo Testamento solo hubo un par de alusiones vagas a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo (Isa 63:7-16; Pro 30:4). Vemos lo mismo en cuanto a la revelación acerca de la naturaleza del hombre, y de la muerte y la resurrección. La palabra hebrea seol no significaba más que el lugar misterioso y desconocido donde iban todos los muertos, fueran buenos o malos. Aunque la vida después de la muerte es implícita en el Antiguo Testamento, ellos ni tenían revelación específica acerca de una resurrección hasta que fue revelada al profeta Daniel, menos de 600 años antes de Cristo (Dan 12:2). Muchos misterios, ocultos a generaciones previas, son revelados en el Nuevo Testamento. Uno de estos misterios que es relevante al tema que estamos considerando, es la revelación en Cristo acerca de la vida eterna y la inmortalidad: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz LA VIDA y LA INMORTALIDAD por el evangelio.” (2 Tim 1:9-10) ¿Qué es lo que estaba oculto de las generaciones anteriores pero que ahora fue manifestada o sacada a la luz? Que por Su muerte y resurrección, Cristo iba a quitar (lit. anular) la muerte, sacando a la luz la vida y la inmortalidad. Si los príncipes de este siglo hubieran previsto esto, jamás hubieran crucificado al Señor de gloria (1Cor 2:8). Si queremos comprender la vida y la inmortalidad tenemos que buscar la revelación desvelada en el Nuevo Testamento. Del Antiguo Testamento jamás podríamos descubrir a plenitud el plan eterno de Dios en Cristo de hacer en Él una nueva creación, haciendo nuevos a todos (Apo 21:5 lit.). En el Nuevo Testamento vemos lo que Nicodemo aún no podía ver. Ahora sabemos que recibimos la vida de Dios a través del nuevo nacimiento de nuestro espíritu, y que en Cristo nuestros cuerpos mortales también serán vivificados, vistiéndonos de la inmortalidad cuando Cristo venga por nosotros. Las almas de los que han muerto en Él vendrán con Él para ser reunidos con un cuerpo glorificado, y nosotros que aún estamos viviendo en nuestros cuerpos viejos y mortales seremos glorificados – nuestros cuerpos serán inmortalizados en un abrir y cerrar de ojos (1Tes 4:13-17; 1Cor 15:51-52). La Inmortalidad Bíblica no es la Doctrina de Platón Muchos Aniquilacionistas intentan hacer una conexión entre la creencia de Platón en la inmortalidad del alma y la creencia tradicional de los cristianos de que el alma existe para siempre – sea en el cuerpo o fuera de él. Fudge, en “The Fire that Consumes” (El Fuego que Consume), hizo muchos esfuerzos para hacer esa conexión. Sin embargo, existe más disimilitud que similitud entre la creencia de Platón y las declaraciones del Nuevo Testamento. En primer lugar, aunque el alma puede existir independientemente del cuerpo, y continúa más allá de la muerte física (como espero demostrar), no es el alma que es llamada inmortal en las Escrituras, como Platón afirmaba. En el Nuevo Testamento, es el cuerpo resucitado y glorificado lo que llega a ser inmortal en la Segunda Venida de Cristo. En segundo lugar, Platón enseñaba que el alma era inherentemente inmortal, igual como Dios, mientras las Escrituras enseñan que nuestra existencia y naturaleza esencial originó en Dios en la creación y dependen de Él. Además, Platón enseñaba que el alma seguía reencarnando, mientras las Escrituras enseñan una sola muerte física seguida por una resurrección en un cuerpo permanente e inmortal en vez de un alma inmortal reencarnándose en una serie de cuerpos mortales y temporales. Platón, y otras grandes mentes como él, han hecho muchos descubrimientos basados solamente en la razón y la observación. Platón fue el primero en formular la hipótesis de que la eternidad es una realidad que existe independientemente del tiempo. Solo recientemente la ciencia ha podido confirmar su hipótesis. Sin duda, Platón había experimentado u oído de las experiencias cercanas de la muerte o fuera del cuerpo como Pablo describe (2Cor 12:2-3). Muchos siglos antes de Platón, vemos que los vivos consultaban a los muertos – algo que no hubieran intentado hacer a menos que creyeran que el alma tuviera una existencia aparte del cuerpo. Dios prohibió el consultar a los muertos, sin negar la posibilidad de hacerlo. Sin duda, Platón formuló sus creencias acerca del alma basado en la historia y de alguna forma en la observación, utilizando su razón. Sin embargo, cualquier paralelo que exista entre sus conclusiones y la revelación bíblica son coincidencias y no comprueban ni desmienten nuestra doctrina cristiana, más que la negación de Aristóteles de la existencia del alma aparte del cuerpo prueba o desmiente el Condicionalismo. Los Aniquilacionistas a menudo se quejan de estar categorizados con las sectas cismáticas, como los Testigos de Jehová y otros que comparten la doctrina de Aniquilación. Señalan que, por tan erradas que sean estas sectas, algunas de sus doctrinas, sin embargo, están de acuerdo con las Escrituras, y por lo tanto no es justo que sus oponentes intenten establecer culpa por asociación. Sin embargo, ellos usan las mismas tácticas, a menudo dedicando grandes porciones de sus libros en su intento a establecer una supuesta asociación a la doctrina tradicional de la inmortalidad del alma con la filosofía platónica. Sin ignorar tales paralelos, a fin de cuentas, nuestras creencias deben ser abrazadas o rechazadas solamente basadas en las Escrituras, entendiendo el Antiguo Testamento a través de la mayor luz del Nuevo. [i] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
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