THE THEOLOGICALLY CONSERVATIVE UNIVERSALIST
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¿ES EL BAUTISMO EN AGUA NECESARIO PARA LA SALVACIÓN?

2/6/2026

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por George Sidney Hurd

La Regeneración Bautismal en contraste con la Justificación por la Gracia por medio de la Fe solamente
 
Un examen de la ordenanza Nuevo-testamentaria del bautismo en agua en contraste con la doctrina tradicional de la Regeneración Bautismal como un sacramento y de la insistencia en la necesidad del bautismo en agua y en el Espíritu Santo con el hablar en lenguas para la salvación, hecha por algunas sectas modernas como la del “Movimiento de la Última Reforma” de Torben Søndergaard de Dinamarca.
 
Introducción 
El Nuevo Testamento es muy claro y enfático en su declaración que nuestra salvación se basa solamente en lo que Dios ha hecho por nosotros en la persona de Jesucristo a través de Su muerte, sepultura y resurrección por nosotros. Según Pablo, Su muerte, sepultura y resurrección es el evangelio completo (1Cor 15:1-4). Nuestra salvación es un regalo de la gracia de Dios, dado gratuitamente a todos los que creen. Pablo dice:
 
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.” (Ef 2:4-9)
 
De comienzo a fin, es todo acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros en Su misericordia y gran amor mientras aun estábamos muertos. Una persona muerta no puede bautizarse para ser salvo – mucho menos hacer que vuelva a vivir. La gracia tiene todo que ver con lo que Dios ha hecho por nosotros y nada que ver con lo que hacemos para él. ¿Cómo va a manifestar las riquezas de Su gracia a través de nosotros si a fin de cuentas es debido (al menos en parte), a algo que nosotros hemos hecho? Es por eso que Pablo continúa explicando, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.” ¿Por qué dice Pablo, “no por obras,” en vez de decir “no por obras (con la excepción del bautismo)?” Porque si fuera condicionada en alguna obra, por más mínima que sea, como la circuncisión o el bautismo en agua ya dejaría de ser gracia. Buscar ser justificado por la ley, sea lo que sea la ley, es caer de la gracia:
 
“Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. 5 Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; 6 porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gál 5:3-6)
 
Aunque Pablo aquí menciona la circuncisión en vez del bautismo, el mismo principio se aplica – si uno busca ser justificado delante de Dios basado en algo que hace, en vez de lo que Cristo ya ha hecho para nuestra justificación gratuita en la cruz, entonces ha caído de la gracia y necesita arrepentirse.
 
No es un pecado ser circuncidado. Muchos lo hacen por motivos puramente higiénicos. Pero es un pecado contra la gracia buscar justificarse delante de Dios basado en su circuncisión o cualquier otro rito u obra que hagamos para aceptación. Buenas obras no deben ser hechas para ser aceptos delante de Dios sino que deben ser hechas desde de nuestra posición de aceptación como Sus hijos. Es una cosa obedecer a Dios como Sus hijos amados y otra cosa hacer las obras para llegar a ser Sus hijos, o para seguir siendo Sus hijos. Un obsequio de gracia tiene que ser recibido por fe solamente; de otra manera deja de ser un obsequio y llega a ser un rechazo de la gracia gratuita de Dios:
 
“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.” (Rom 11:5)
 
“No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.” (Gál 2:21)
 
No es aceptable razonar que Pablo no quería incluir el bautismo en la categoría de “obras.” Cualquier cosa que hagamos para obtener la aceptación delante de Dios en vez de simplemente recibir la justicia de Cristo solamente por la fe, convierte la salvación en un premio o algo que Dios nos debe, haciendo que la salvación ya no sea un regalo de la gracia. La salvación en el Nuevo Testamento es por gracia por medio de la fe solamente sin obras, y eso incluye el bautismo en agua.
 
Eso no es decir que el bautismo no es importante. Como hijos obedientes debemos observar a todo lo que nuestro Padre nos ha mandado, pero tal obediencia es la obediencia de hijos – no para llegar a ser hijos. Obedecemos como los ya aceptos y no para ser aceptos. En el Nuevo Testamento, el bautismo en agua y la Cena del Señor son presentados como ordenanzas – no sacramentos. Las ordenanzas refieren a lo que hacemos en obediencia a nuestro Señor, mientras un sacramento es por definición “un medio para obtener la gracia.” [1]  Tal concepto es ajeno al Nuevo Testamento e incompatible con el evangelio de la gracia. La gracia es ofrecida gratuitamente y jamás puede ser obtenida. Solo puede ser recibida como un regalo.
 
Entrando en la Época Oscura, los mandatos del Señor fueron convertidos poco a poco en sacramentos, u obras que tenían que ser cumplidas para obtener la gracia de Dios. En la actualidad la Iglesia Católica Romana tiene siete sacramentos que tienen que ser debidamente observados para obtener la salvación. Estos siete sacramentos fueron declarados como esenciales para la salvación en el Concilio de Trento (1545 – 1563):
 
CÁNON I.  Si alguien dice que los sacramentos de la Nueva Ley no fueron en su totalidad instituidos por Jesucristo nuestro Señor, o que son más o menos de siete; es decir, Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Extremaunción, Orden y Matrimonio; o que uno o todos estos siete no son verdaderamente y correctamente un sacramento; que sea anatema.
 
CÁNON IV.  Si alguien dice que los sacramentos de la Nueva Ley no son necesarios para la salvación, sino superfluo, y que sin ellos, o sin el deseo de ellos, los hombres pueden obtener de Dios la gracia de justificación por medio de la fe solamente…que sea anatema. [2]
 
Mientras parece que los Anabaptistas [3] generalmente consideraban el bautismo en agua como una ordenanza para observar después de creer en el evangelio en vez de un sacramento salvífico, la mayoría de las Iglesias Protestantes Reformadas como los Luteranos, Episcopales y Metodistas seguían con la tradición de considerar la Cena del Señor y el bautismo con agua como un sacramento.
 
Sin embargo, hoy en día la mayoría de las Iglesias Evangélicas y Fundamentalistas rechazan la doctrina de la “Regeneración Bautismal” (la doctrina que enseña que nacemos de nuevo en el sacramento de bautismo en agua) enseñada por la Iglesia Católica Romana y perpetuada por otras Iglesias Protestantes Reformadas. La mayoría de los cristianos Evangélicos, rechazando la influencia de la tradición por encima de la Biblia, han vuelto a la doctrina bíblica de la justificación por la fe solamente, aparte de las obras, y ven la Cena del Señor y el bautismo como ordenanzas para obedecer, en vez de sacramentos necesarios para la salvación.
 
La Creencia que el Bautismo en Agua es necesario para la Salvación es común entre las Sectas 
Una excepción notable a la posición evangélica conservadora sobre el bautismo como una ordenanza para obedecer, en vez de un sacramento que procura la salvación, es la enseñanza de muchas sectas modernas cismáticas. Una “secta cismática,” según los cristianos Evangélicos conservadores, es cualquier grupo que pretende tener revelación exclusiva a ellos mismos que socave el evangelio de Jesucristo, presentando un “evangelio” diferente, así causando división en el Cuerpo de Cristo.
 
El dios de este mundo no está en contra de la religión. De hecho él es el autor de ella. La religión ha servido bien su propósito - que es el de cegar  los corazones de los hombres al glorioso evangelio de Jesucristo, reemplazándolo con otro “evangelio” que no es otro evangelio sino un “evangelio de la gracia mezclada.” Este evangelio de la gracia mezclada redefine la gracia, mezclándola con obras sacramentales, así invalidando por completo la gracia y haciendo como si fuera en vano la muerte de Cristo (Gál 2:21). Algunas sectas también socavan el evangelio diciendo que Jesucristo nuestro Redentor no fue Dios encarnado, sino simplemente un ángel, “un dios,” o un hombre que llegó a ser un dios.
 
Estoy familiarizado con las sectas cismáticas. Nací en una familia de los Adventistas del Séptimo Día en 1950. Los Adventistas han evolucionado considerablemente desde ese entonces, debido a sus esfuerzos a ser aceptados por los Evangélicos y por ese motivo estoy reticente a categorizarlos aun como una secta como muchos hacen. Sin embargo, aún están aferrados a los escritos de su profetiza Ellen G. White, interpretando la Biblia a la luz de sus escritos en vez de juzgar sus profecías por las Escrituras como Pablo nos manda hacer (1Cor 14:29). Muchas de sus revelaciones – en especial los primeros, son anti-bíblicas y muy difíciles de reconciliar con el evangelio de la gracia como presentado en las Escrituras y los Evangelios.
 
Como niño, no recuerdo haber oído el puro evangelio. Lo que recuerdo es ser enseñado que el “tiempo de aflicción” o tribulación (inglés “time of trouble”) podría comenzar en cualquier momento, y que uno tenía que llegar a estar sin pecado antes, porque durante ese tiempo Jesús ya no estará intercediendo por nosotros en el santuario celestial. Así que ningún pecado cometido durante aquel tiempo sería perdonado jamás.
 
A los 12 años di la espalda a la Iglesia y al Dios que pensé que conocía, y logré convencerme que era ateo hasta tocar fondo cuando tenía 18 años. Un día en el trabajo clamé de corazón a Dios y le dije: “Señor, quiero vivir por ti pero no puedo.” En ese momento por primera vez escuché la voz de Dios. Él me dijo: “He estado esperando que dijeras eso. Ahora vas a ver lo que yo haré por ti.” Desde ese momento, sabía que  algo era nuevo en mi interior. El siguiente domingo en la noche asistí a una Iglesia Bautista donde un misionero del África estaba compartiendo. A la mitad del servicio el Espíritu del Señor vino sobre mí de una manera maravillosa y poderosa. Me mostró que desde ese momento pertenecía a la familia de Dios. Sentí como barriles de amor líquido estaban siendo derramados sobre mí, lavándome y limpiándome. Hasta ese momento era un drogadicto y delincuente compulsivo, pero desde ese instante todas mis cadenas cayeron. La presencia del Señor era tan maravillosa que el pecado y las tentaciones ya no me atraían. 
 
Unas semanas después de mi encuentro con el Señor, uno de mis compañeros del trabajo, que era de los Pentecostales Unidos, me preguntó si había sido bautizado. Cuando le dije que no, me dijo que necesitaba ser bautizado y me invitó al servicio del miércoles en su iglesia. Como me gustaba ir a la iglesia dije que sí. No tenía idea de lo que me esperaba. Era un grupo pequeño esa noche, y todos se juntaron alrededor de mí. Me dijeron que aún no era salvo. Dijeron que, para ser salvo era necesario ser bautizado en el Espíritu con la evidencia de hablar en lenguas, y que era necesario ser bautizado en el nombre de Jesús.
 
Estaba desconcertado. Sabía que yo era una persona nueva desde el momento que recibí a Cristo, pero ellos insistían que no entendería lo que realmente significa ser salvo hasta recibir al Espíritu Santo con el hablar en lenguas. Pero por cuanto intentaba, no pude experimentar lo que ellos describían y hablar en lenguas. Me dijeron que tenía que haber pecado en mi vida que necesitaba renunciar antes, pero no podía pensar en nada. Estaba tan enamorado de Jesús que no quería nada en mi vida contrario a Su voluntad y estaba muy dispuesto a confesar cualquier pecado.
 
Después que habían orado por mí un par de horas en vano mientras me decían que simplemente dejara salir las lenguas, ellos finalmente se dieron por vencidos y me dejaron ir. Esa noche casi no dormí. Estaba confundido. La próxima mañana el compañero del trabajo me regaló un manojo de su literatura explicando sus doctrinas. Eso era lo mejor que me hubiera podido hacer. Llevé la literatura a casa y con la Biblia abierta, buscaba cada texto de prueba que ellos presentaban. En las pocas semanas que había conocido al Señor ya había leído el Nuevo Testamento más de una vez y alguien me había enseñado como usar mi Strong’s Concordancia Exhaustiva nueva (todavía tengo la misma concordancia unos 50 años después). Basado en el poco conocimiento que había acumulado en ese breve tiempo, descubrí varios errores en su doctrina y mi sentido de paz y el gozo del Señor volvió. Cuando le mostré a mi compañero desde las Escrituras por qué sentí que estaban errados, me di cuenta que no tenía respuestas satisfactorias. Él dejó de “evangelizarme” y pude poner ese encuentro confuso con una secta cismática atrás.
 
Unos días después, otro compañero del trabajo que era de la Iglesia de Cristo me confrontó, preguntándome si había sido bautizado. Cuando le dije que no, él me dijo que aún estaba en mis pecados porque es el bautismo en agua que nos salva. Esta vez tenía más conocimiento de la verdad acerca del bautismo y sus textos de prueba no me convencieron. Sin embargo decidí encontrar a un pastor que me bautizara para que las sectas me dejaran en paz. [4] El pastor de la iglesia donde asistía no bautizaba nuevos convertidos, dando tiempo para ver evidencias de que habían realmente nacido de nuevo.
 
Desde el año 2000, mi esposa, mis hijos y yo hemos estado sirviendo como misioneros en la pequeña ciudad remota de Mitú, en el corazón de la selva Colombiana del Amazonas. En el año 2005, nuestra congregación estaba creciendo rápidamente. Habían convertidos siendo bautizados cada pocas semanas. Uno de los nuevos convertidos fue una mujer indígena, que descubrí más tarde, practicaba una de las brujerías más pesadas de Brasil. Aparentaba estar muy entregada al Señor. A menudo decía cosas raras, pero razonaba que ella era una creyente nueva y era difícil entenderla de todas formas porque su español estaba mezclado con su lengua indígena, y que, con el tiempo, bajo la enseñanza de la Palabra ella cambiaría.
 
Sin embargo, después de unas semanas empezamos a tener preocupaciones. Ella oraba por los enfermos y parecía que recibían sanidad y ella comenzó a dar profecías y contar sueños donde supuestamente le fue revelado que iba a ser el nuevo líder, y debido al fenómeno sobrenatural que la acompañaba, los nuevos convertidos - y hasta un par de familias que habían estado con nosotros por mucho tiempo, comenzaron a seguirla a ella. Algunos de ellos me preguntaron si ella podía bautizarlos en vez de yo, y en el momento no vi ningún problema con eso. Pero dentro de una semana de ese bautismo, ella llevó su grupo, que era casi la mitad de la congregación, y comenzó a tener reuniones en su casa. Su nueva iglesia solo duró unas semanas. Comenzó volviendo a bautizar a todos los que habían sido bautizados por mí. Y ese primer domingo, bautizando en el río agarraban a la gente pasando, insistiendo que ellos se bautizaran con tal de ser salvos.
 
Ella ordenó a todos, incluyendo a los niños, a entrar en un ayuno de tres semanas para cerrar nuestra iglesia. Los que la seguían eran totalmente embrujados. El mismo domingo del bautismo ella les mandó a quemar todo lo que tenían de color negro porque el negro era malo. Hicieron una gran fogata al lado del río donde quemaban sus televisores, muebles, ropa – cualquier cosa negra.  Pintaron las paredes exteriores de nuestra iglesia con pintura negra. Recogían flores para echar a sus pies cuando salía de su cuarto a la sala donde tenían sus reuniones y se postraban ante ella. En presencia de ella había fenómenos como polvo de oro cayendo alrededor de ella y una nube de gloria, etc., que los mantenía hipnotizados, haciendo todo lo que ella pedía. A la mitad de la segunda semana del ayuno que ella había declarado para cerrar nuestra iglesia, uno de los padres que no era discípulo de ella la reportó a las autoridades que ella tenía a sus hijos encerrados para no romper el ayuno. Cuando llegó la policía, la encontraron a ella desnuda  con los niños. A pesar de ese incidente, muchos de ellos seguían bajo su influencia. Unas semanas después ella se fue y jamás regresó, pero algunos de sus seguidores continuaban bajo su hechizo, mandándole ofrendas.
 
Por estas experiencias con las sectas a través de los años he aprendido a sospechar cualquier grupo cuyo líder insista que el bautismo en agua es necesario para la salvación. El enemigo es el maestro del engaño y hará cualquier cosa dentro de su poder para socavar el evangelio no adulterado que declara que Jesús lo hizo todo, y que nosotros simplemente respondemos en fe. Él hasta hace falsos milagros y señales pero detrás de esto es la doctrina que dice que tenemos que hacer algo para recibir el don de la gracia de Dios. Puede que no lo llamen un sacramento como hacen los Católicos, pero siempre es algo que tenemos que hacer para obtener la gracia de Dios – algo adicional más allá de simplemente recibir la salvación de Dios como un puro regalo de gracia, de Su corazón a nosotros.
 
Hace poco, alguien compartió un documental de una hora y media en Facebook, llamado “La Última Reforma,” producido por Torben Søndergaard de Dinamarca. Era una presentación bien editada mostrando milagro tras milagro. Dado que yo creo que los milagros siguen a los que predican el evangelio, estaba emocionado – eso fue hasta que vi que presentaba el bautismo en agua con el bautismo en el Espíritu y con el hablar en lenguas como necesarios para la salvación, en adición a la fe.
 
Como el video no se enfocaba en el tema del bautismo y fue mi deseo creer que era un nuevo mover de Dios, decidí visitar su sitio web. Compré su libro “La Última Reforma,” que básicamente presenta un modelo de vida de la Iglesia similar a lo del libro de los Hechos, y aunque hablaba de la importancia de ser bautizado inmediatamente al arrepentirse y creer en el evangelio, él no dijo que el bautismo era un sacramento, o algo necesario para la salvación. Buscando en Amazon, estaba sorprendido al encontrar otro libro del mismo título, “La Última Reforma,” escrito hace un siglo por F.G. Smith. Fue obvio que el libro de Torben estaba basado en el mismo libro de Smith. Sin embargo, Smith hablaba en contra de la salvación bautismal, mostrando como la Iglesia primitiva consideraba el bautismo en agua una ordenanza y no un sacramento. Smith mostró como el bautismo sacramental era una de las perversiones del evangelio que fue introducido en la Iglesia entrando en la Época Oscura.
 
Sin embargo, he estado expuesto a muchas sectas a través de los años – especialmente en el avivamiento de Jesús durante los ´70, y no podía evitar la premonición de que había algo errado con el movimiento “Última Reforma” de Torben. Así que volví a visitar su página web y comencé a escuchar sus enseñanzas en MP3 audio. Es en esas enseñanzas donde él explica que el Señor le dio una revelación mayor sobre la salvación por el bautismo con agua, que aún no tenía cuando escribió su libro, “La Última Reforma.” Él explica que era después de escribir su libro que él llegó a ver que no es solamente el arrepentirnos y creer lo que nos salva, sino que hay varios pasos más que uno tiene que tomar para concretar la transacción. Aquí están algunas citas tomadas de los videos de sus enseñanzas:
 
“Tenemos que cambiar nuestra manera de salvación y ver que la salvación no es una sola cosa, son más cosas juntas. Y no podemos dividir estas tres cosas (arrepentimiento y fe, el bautismo en agua y bautismo en el Espíritu con el hablar en lenguas). No es suficiente creer en Jesús solamente.” (video 10, 9:00 min.)
 
“En el arrepentimiento, esto es solamente el comienzo: estás comenzando a ser salvo. Allí recibes el nuevo corazón. Pero no es suficiente arrepentirse y creer en Jesús – también necesitas obedecer a la palabra de Jesús y bautizarte en agua, porque con el bautismo en agua entierras la vieja vida. Pero esto tampoco es suficiente: necesitas ser bautizado con el Espíritu Santo porque allí recibes lo que necesitas para vivir la vida cristiana, guiado por el Espíritu.” (video 10, 8:32 min.)
 
Cuando el carcelero Filipense preguntó a Pablo y a Silas: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?,” su respuesta fue solamente: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.” (Hch 16:31). Sin embargo, según Torben, necesitamos cambiar nuestra manera de salvación y ver que no es suficiente creer en Jesús, y entender que creer es solamente el comienzo de un proceso de salvación. Y, ¿por cuánto tiempo tiene que continuar este proceso hasta ser salvos y seguros? Según él, no tendremos una salvación completa y segura hasta comer del Árbol de la Vida en la Nueva Jerusalén. Él dice:
 
“¿Creo yo que una vez uno es salvo es salvo para siempre? Sí. Una vez que comamos del Árbol de la Vida en el último capítulo de la Biblia…. Un día no podemos perder la salvación. Eso es el día que comamos del Árbol de la Vida.” (video 08, 1:12:17; video 15, 0:37:56)
 
Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, TIENE vida eterna.” (Juan 6:47). Pero Torben responde: “No tan rápido. Uno no puede estar seguro  de su salvación y la vida eterna hasta después de morirse.” Debe ser obvio que su nuevo camino a la salvación no es lo enseñado por Jesús y por Sus apóstoles. Él invalida la gracia de Dios, convirtiendo las ordenanzas del Señor en sacramentos que tenemos que cumplir para ganar la gracia. Él es un ejemplo clásico de un maestro de la gracia mezclado, que intenta redefinir la gracia, convirtiendo la gracia de Dios en algo que tenemos que ganar. Él dice acerca de la gracia de Dios:
 
“Puedo ser tan atrevido como para decirles que todo lo que han oído de la gracia de Dios y acerca del Nuevo y Antiguo Pacto ha sido una mentira.” (video 15, 1:07:35)
 
La Reforma, bajo el liderazgo de Martín Lutero, parcialmente restauró la doctrina bíblica de la justificación por gracia por medio de la fe, dejando de enseñar todos los sacramentos con excepción de dos: La Santa Comunión y la Regeneración Bautismal. Una “Última Reforma” lógicamente continuaría la verdad de la justificación por la fe solamente, aparte de obras, removiendo todas las obras sacramentales requeridas para ganar la gracia gratuita de Dios, incluyendo la Santa Comunión y la Regeneración Bautismal. Sin embargo, el “nuevo camino de la salvación” presentado por Torben es una regresión a la salvación sacramental de la Época Oscura – un reverso total de la Reforma comenzada en el Siglo XVI.
Señales y maravillas siguen a los que creen en Jesús, mientras van proclamando las buenas nuevas de salvación por la gracia por medio de la fe, en obediencia a Su mandato. Pero, mientras Jesús promete que señales seguirán a  los que creen, Él también  advirtió que es una generación mala y perversa la que pide señales (Mt 16:4). Ha sido mi experiencia que, mientras nos ocupamos en ministrar a los perdidos y compartimos las buenas nuevas, el Señor a menudo sana y libera a los que estamos ministrando. Sin embargo, tendemos a hacer lo opuesto. Corremos de aquí para allá buscando señales en vez de ocuparnos con la proclamación del evangelio en fe y obediencia, dejando que las señales nos sigan.
 
Si somos honestos, la mayoría de nosotros tendríamos que confesar que es nuestra tendencia enfocarnos en nosotros mismos, corriendo de aquí para allá buscando señales y maravillas para fortalecer nuestra fe en vez de estar enfocados en las necesidades de otros que están perdidos y heridos - necesitados de las buenas nuevas de la salvación, simplemente dejando que el Señor nos use como a Él le plazca. Si nuestros motivos y prioridades son equivocados, llegamos a ser susceptibles al engaño y falsas doctrinas ocultándose detrás de señales y maravillas. Por el otro lado, si nuestros motivos están alineados con los de Cristo, quedaremos atónitos y maravillados por las señales y maravillas asombrosas siendo cumplidos al beneficio de los que Jesús quiere tocar.
 
Muy a menudo somos embrujados por ver piernas estiradas, dolores de cabeza y espalda sanados, polvo de oro, plumas, etc., etc., suponiendo que todas estas manifestaciones son evidencia de que Dios está con ellos sin tomar el tiempo para examinar  su doctrina o mirar sus frutos (carácter y hechos).
 
Pablo comendó a los de Berea, diciendo que eran nobles porque no rechazaron su mensaje simplemente porque era algo nuevo para ellos. Sin embargo, no estaban convencidos basados solamente en las señales y maravillas que él hizo, sino que escudriñaban cada día las Escrituras para ver si las cosas proclamadas por Pablo eran así (Hch 17:11). Eso es lo que me gustaría invitarte hacer conmigo - que examinemos las Escrituras para ver lo que tienen que decir acerca del bautismo en agua.
 
La Verdad Fundamental del Evangelio 
El fundamento del evangelio no es lo que hemos hecho, estamos haciendo, o haremos, sino lo que Jesús hizo por nosotros en Su muerte y resurrección. Dios en Su bondad y misericordia, pagó nuestra deuda en su totalidad y nos da Su perfecta justicia como un obsequio que simplemente recibimos por fe (Rom 3:22-24). Si hubiera tan solo una cosa que tuviéramos que hacer para obtener Su justicia, entonces dejaría de ser un regalo. Cuando el recipiente tiene que hacer algo más que recibirlo, entonces es una transacción – no un regalo (si tú… entonces yo….).
 
Aunque la única respuesta razonable, al recibir la salvación gratuita de Dios, sería ofrecernos a Él como un sacrificio vivo para amarle y obedecerlo, tal respuesta no debe ser tomada como ganando o reembolsándole a Dios por Su obsequio.  Tal motivo para servir sería una afrenta a la gracia de Dios e inaceptable.
 
Si un padre fuera comprar un nuevo carro deportivo como regalo de grado, ¿Cómo se sentiría el padre si una semana después el hijo fuera entregarle un cheque de $100 a su padre diciéndole: “Aquí tienes papá. Esto es mi primer pago”? ¿No sería eso un insulto a la generosidad de su padre? Sin embargo, esa es la manera en que muchos entienden el regalo de la salvación, dado por nuestro Padre.
 
O peor aún, muchos son como Torben que dicen que uno no puede estar seguro de que el regalo realmente es nuestro hasta después de la muerte. Eso es como si el padre fuera dar al hijo el regalo de grado del carro deportivo, diciendo que era un regalo, pero que él iba a tener que esperar por muchos años más para ver si merecía recibirlo o no. ¿Podría ser considerado el carro deportivo como un regalo en este caso? No. Solo sería un regalo si fue dado sin condiciones. De la misma manera, nuestra salvación es un regalo, dado una vez para siempre al recibirlo. En el mismo momento que creímos fuimos sellados hasta el día de la redención:
 
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” (Ef 1:13-14)
 
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” (Ef 4:30)
 
Es al creer – no al ser bautizado, etc., etc., que uno es salvo y sellado por el Espíritu Santo. Y este sello no es un sello que puede ser roto en cualquier momento: Hemos sido sellados con el Espíritu Santo hasta el día de la redención, i.e. cuando Jesús nos lleva a estar con Él. Jesús dijo acerca de la permanencia del regalo de la salvación:
 
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre uno somos.” (Juan 10:27-30)
 
Cuando creemos recibimos la vida eterna como un regalo y el resultado es que no pereceremos jamás. Algunos dirían que el regalo de la vida eterna aquí es condicional - que depende en que le sigamos. Sin embargo, cuando Jesús dice que Sus ovejas le siguen, Él está haciendo una afirmación: no está condicionando la vida eterna en si le seguimos o no. Una oveja sigue a su pastor porque es del pastor – no para llegar a ser oveja del pastor. De la misma manera, seguimos a nuestro Pastor porque somos Suyos – no para llegar a ser Suyos. El regalo de Dios de vida eterna nos hace inseparables de Dios y nos hace seguirlo – andando con Él.
 
Es solamente por el sacrificio de Cristo, hecho una vez para siempre, que nos ha perfeccionado para siempre: “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Heb 10:14). El religionista cambiaría el orden y el tiempo de este versículo, haciendo que diga: “Los que están siendo santificados algún día serán perfeccionados para siempre (i.e. cuando coman del Árbol de Vida después de la muerte). Mientras que el escritor de Hebreos presenta el regalo de la salvación como un regalo completo incluyendo la salvación pasada, presente y futura, el religionista hace que la salvación sea algo que recibamos en plazos o sacramentos - como premios y no como un obsequio.
 
Una vez que verdaderamente entendemos que la salvación es un regalo de gracia, entonces sabemos que lo único necesario para la salvación es recibirla por fe. Un regalo de gracia no puede ser ganado, de otra manera deja de ser un regalo. Es por eso que Pablo dice que es un regalo de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe (Ef 2:8,9). Decir que uno no es salvo porque solamente recibieron a Cristo sin hacer tal y tal cosa (circuncisión, bautismo, etc.), es intentar convertir el regalo de Dios en un premio o un pago. Como Pablo decía acerca de la nación de Israel en su tiempo:
 
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.” (Rom 11:5-6)
 
La fe que salva es fe solamente. Las obras que siguen la salvación inicial son parte del regalo de la gracia (Ef 2:10). Nuestra justificación vino como resultado de Su muerte. Nuestras obras de la nueva creación son el resultado de Su resurrección. Nuestra obediencia de fe como nuevas criaturas en Cristo son nada más y nada menos que la vida de resurrección de Cristo obrando en nosotros, dándonos el querer y el poder para hacer lo que a Él le plazca. De esta manera toda jactancia es excluida – no solamente en cuanto a obras para salvación, sino también obras después de ser salvo:
 
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.” (Ef 2:8-9)
 
Aquí vemos que la salvación es un regalo de gracia que hemos recibido en el pasado por la fe solamente, así excluyendo toda jactancia. En 1Corintios, Pablo enfatiza que no solamente es la justificación inicial exclusivamente una obra de Dios, excluyendo así toda jactancia, sino que la santificación presente y hasta la redención futura - todos son parte del regalo de la gracia, así excluyendo toda jactancia:
 
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia. 30 Mas POR ÉL estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1Cor 1:26-31)
 
Mientras la mente religiosa tiene gran dificultad para creer que la salvación: pasado, presente y futuro es todo de Él – solamente recibida por la fe sin obras, eso es precisamente lo que encontramos en el Nuevo Testamento. Eso es lo que hace que sean las “buenas nuevas.” Es un REGALO gratuito de la gracia de Dios, simplemente recibido por fe. Cuando unas personas le preguntaron a Jesús: “¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras (pl.) de Dios?” Jesús les respondió diciéndo: “Esta es la obra (sing.) de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” (Juan 6:28-29). La mente religiosa sigue insistiendo, “sí, ya lo sé, pero, ¿Qué tengo yo que hacer para ser salvo?” En las epístolas, después de la cruz, vemos a Pablo y Silas respondiendo a la misma pregunta de la misma manera, diciendo: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo.” (Hch 16:31). No fue hasta que el carcelero y su familia ya habían creído, recibiendo la salvación como un regalo, que Pablo y Silas les bautizó. Bautismo es algo que sigue la salvación – no algo que la obtiene.
 
Siguiendo la ilustración del padre regalando el nuevo carro deportivo a su hijo, desde el momento en que su padre compró el carro, era un regalo para su hijo. Lo único que el hijo tuvo que hacer fue recibir las llaves y era suyo. Obviamente, necesita meter las llaves y prender el motor para disfrutar de su regalo pero no era el acto de meter las llaves  que hizo que el carro fuera su posesión. Lo que hizo que el carro fuera su posesión fue recibirlo como un regalo por fe. Seguramente, sabiendo que el carro es de él, hará muchas cosas que no podía hacer antes porque ahora tiene el carro, pero el carro no llegó a ser suyo porque metió las llaves y lo manejó. Es igual con la salvación. Hay muchas cosas que haremos que no podíamos hacer antes de recibir la salvación, pero no somos salvos por las cosas que hacemos. Es un regalo, comprado en la cruz a gran precio y es ofrecido gratuitamente a todos los que lo reciban. Aunque muchas obras siguen la salvación, no hay sacramentos u obras necesarias para obtener o mantenerla – de otra forma no sería un regalo.
 
Capítulo uno: ¿Qué es el Bautismo en Agua?
Habiendo visto que el bautismo sigue el regalo de la salvación en vez de ser un medio para recibirla, podemos ver el bautismo más de cerca para entender qué es, y por qué somos mandados a bautizarnos al recibir la salvación por fe.
 
Bautismo es Sumersión 
Aunque la Iglesia tradicional se apartó de la práctica del bautismo por sumersión – solo salpicando con “agua bendita,” Jesús mandó a Sus discípulos a sumergirse en agua a los que creían – no simplemente salpicarlos. La palabra “bautizar” es la palabra griega baptizo que significa “inmergir o sumergir.” La palabra bapto se usaba para referirse al proceso de teñir tela, sumergiéndola en el tinte hasta que la tela quedaba impregnada con el color del tinte. [5]
 
También podemos ver que el bautismo era por sumersión examinando algunos de los pasajes en el Nuevo Testamento donde bautismos ocurrían:
 
“Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan EN el Jordán. 10 Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él.” (Marcos 1:9,10)
 
“Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al (gr. eís “dentro de”) agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. 39 Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino.” (Hch 8:38,39)
 
Aparte del hecho de que el bautismo literalmente significa sumergir, podemos ver por expresiones como “descender en el agua” y “subir del agua” que el bautismo por sumersión es la forma practicada en el Nuevo Testamento. De hecho, la única razón por la cual baptizo fue transliterada en vez de traducida en nuestras versiones en español era porque contradecía el sacramento tradicional de bautizar salpicando en vez de hacerlo por  sumersión como vemos en el Nuevo Testamento. Entonces, ¿Por qué abandonaron la práctica de sumersión a favor de aspersión?
 
Una vez adoptada la doctrina de la Regeneración Bautismal, haciendo el bautismo necesario para la salvación, la Iglesia tuvo un dilema: ¿Qué podemos hacer con los que necesitan ser bautizados donde no hay suficiente agua o cuando el individuo es demasiado enfermo o herido para sumergir en el agua? Para resolver este dilema la Iglesia comenzó a aceptar efusión (riego) o aspersión (salpicadura) como métodos alternativos. Aunque estos métodos alternativos del bautismo no adecuadamente ilustran nuestra identificación con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección como hace la sumersión, fueron necesitados por su doctrina de la Regeneración Bautismal, porque muchos se arrepentían y creían pero no había agua disponible o la enfermedad o heridas hacían impráctico o imposible sumergirlos para que pudieran ser salvos. [6]    
 
El Bautismo en Agua es una Representación Visible de una Realidad Espiritual 
La Biblia es un libro lleno de figuras, imágenes, y sombras dadas para ilustrar la obra de Cristo en la cruz. Los sacrificios no podían quitar los pecados, sino que eran figuras o imágenes ilustrando el sacrificio de Cristo que quitaría de una vez para siempre los pecados del mundo, haciendo disponible la salvación a todos los que crean (Heb 10:3,4,12).
 
Las dos ordenanzas del Nuevo Testamento, de la misma manera que los sacrificios y ceremonias del Antiguo Pacto, son imágenes ilustrando nuestra participación en lo que Él hizo por nosotros, iniciando el Nuevo Pacto de la gracia. La primera Cena del Señor tomó lugar en el primer Día de los Panes sin Levadura al comienzo de la Pascua ese año. Ese mismo día Jesús, nuestro Cordero de Pascua, se ofreció a Si mismo por nosotros. Para nuestra mente occidental Jesús fue crucificado el próximo día, pero el día judío de la Pascua, (el 14 de Nissan), comenzaba al ponerse el sol y termina al ponerse el sol el próximo día – no de la medianoche a la medianoche, como nosotros contamos los días.
 
En la fiesta de los Panes Sin Levadura, los judíos comenzaban con una cena. Estando en la mesa, la cabeza de la casa tomaba el pan sin levadura, lo partía en dos y lo pasaba a los demás para que todos ellos participaran. Entonces tomaba la copa de vino y lo pasaba para que cada uno tomara de la copa. Esta cena no era algo nuevo para los discípulos. La habían celebrado cada año en el mismo 14 de Nissan del calendario judío. Sin embargo, esta celebración de la cena de los Panes sin Levadura iba a ser única porque Jesús iba a explicarles qué era lo que representaba la ceremonia. Imagina que estás en sus sandalias pensando que solamente van a participar una vez más en ese rito. Pero, en ese momento Jesús, por primera vez, explica lo que siempre había representado:
 
“Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mt 26:26-29)
 
En ese momento, Él les reveló que el pan sin levadura que partían ceremonialmente cada año representaba Su cuerpo sin pecado que iba a ser partido en ese mismo día por ellos, y que el vino representaba Su propia sangre que Él, como nuestro Cordero de Pascua, derramaría por la remisión de los pecados, introduciendo el Nuevo Pacto en el cual Dios no se acuerda más de nuestros pecados (Jer 31:31-34).
 
Siglos después, la Iglesia Católica Romana introduciría la doctrina de la Transubstanciación, que enseña que en la Santa Cena el pan literalmente se convierte en el cuerpo de Cristo y el vino es transformado literalmente en la sangre de Cristo. La Cena del Señor, que Él estableció como una ordenanza para hacer en memoria de Él (Lucas 22:19), llegó a ser otro sacramento u obra necesaria para la salvación.
 
Sin embargo, lo que no toman en cuenta aquellos que creen esto, es que, cuando Jesús instituyó esta ordenanza Él aún no había dado Su cuerpo ni derramado Su sangre. Así que, en la primera Cena del Señor no pudo haber sido el cuerpo y la sangre literal de Cristo que ellos estaban tomando. Él simplemente les estaba explicando qué representaban el pan y el vino que siempre tomaban en la cena de los Panes sin Levadura cada año. Si yo fuera a mostrarte una foto de mi esposa y decirte: “Esta es mi esposa,” ¿pensarías que estaba casado con una foto? Claro que no. Todos entendemos que es solamente un imagen y una representación de otra realidad – mi esposa. ¡Imagínate si tú fueras a andar diciéndole a todo el mundo que yo estaba casado con una foto! Todos dirían que estabas loco. Todos entienden que solamente es una representación – una imagen de una realidad mayor – mi esposa. Sin embargo, los religionistas a menudo son tan místicos que conviertan meras sombras en realidad.
 
La tradición hizo lo mismo con el bautismo en agua que lo que hicieron con la Cena del Señor. Tomaron el bautismo del Nuevo Pacto, que es una figura de nuestra identificación con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección por nosotros, y declaró que es el bautismo en agua lo que literalmente nos une con Cristo en Su muerte y resurrección. Así que, en vez de ver el bautismo como un testimonio externo de nuestra unión con Cristo, hacen que sea un sacramento que tenemos que observar para llegar a ser unidos con Cristo y recibir la salvación.
 
El Bautismo en Agua es una Imagen de lo que el Espíritu Santo hace en el momento en que uno cree 
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1Cor 12:13)
 
En el momento que creímos y recibimos a Cristo fuimos bautizados en el Cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo; regenerados con la vida eterna de Cristo y sellados con el Espíritu Santo hasta el día de la redención (Ef 1:13,14; 4:30). Este bautismo, regeneración y sellamiento no es algo observable en lo que activamente participamos. Es lo que el Espíritu Santo hizo en el momento que creímos el evangelio y recibimos a Cristo.
 
Muchos no reconocen la distinción importante entre el bautismo por el Espíritu y el bautismo en el Espíritu. Tenga en mente que bautizar es sumergir. En el bautismo por el Espíritu el Espíritu Santo, es el agente bautizando, y Cristo es la persona en quien somos bautizados. En cambio, con el bautismo en el Espíritu Santo, Cristo es el agente y el Espíritu Santo es la persona en quien somos bautizados:
 
“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mt 3:11)
 
“Yo a la verdad os he bautizado con (en) agua; pero él os bautizará con (en) Espíritu Santo.” (Marcos 1:8)
 
“Yo os he bautizado en agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo.” (Marcos 1:8 RVA)
 
Aquí Juan el Bautista, que bautizaba en agua, habló de Cristo que vendría después de él, bautizando en el Espíritu Santo. Algunas traducciones tradicionales traducen la preposición griega “en” como si fuera “con” en vez del sentido normal que es “en.”  La razón es obvia. Como abandonaron el bautismo por sumersión entrando en la Época Oscura, no podían traducir el griego “en” como “en” porque “en” en español expresa inmersión. Sin embargo, de las 2,752 ocurrencias de la preposición griego “en” encontrados en el Nuevo Testamento, solo vi unas pocas instancias donde se puede justificar el traducir el griego “en” por “con” en español, y traduciéndola como “con” cuando habla de sumersión no se justifica. Solamente insisten en esta rendición para poder justificar su sacramento de bautismo por aspersión en lugar de sumersión. Algunas traducciones han corregido esto, como vemos en la Reina Valera Actualizada (RVA) citada arriba. Otras versiones; para apaciguar a los sacramentalistas tradicionales, solo dan la lectura alterna “en” en sus anotaciones.
 
Mientras que el bautismo en el Espíritu es a menudo acompañado con una experiencia que puede ser observada por otros (Hch 8:18; 10:44-46), el bautismo por el Espíritu no es algo que experimentamos – sucede en el momento que creemos y recibimos a Jesús. En ese momento llegamos a ser uno con Cristo porque el Espíritu Santo nos bautizó o sumergió en Él. “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1Cor 12:13). Desde ese momento, si somos conscientes de eso o no, Su muerte al pecado es nuestra muerte al pecado - Su resurrección es nuestra resurrección a la vida eterna:
 
“¿Ignoráis que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? 4 Pues, por el bautismo fuimos sepultados juntamente con él en la muerte, para que así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.” (Rom 6:3-4 RVA)
 
Este pasaje se refiere al verdadero bautismo que nos salva en el instante que creemos – la sumersión por el Espíritu Santo, uniéndonos a Cristo. Algunos erróneamente piensan que se está refiriendo al bautismo en agua, pero el bautismo en agua es solamente una imagen, una representación externa de esta unión con Cristo que sucedió cuando el Espíritu nos bautizó en Cristo (no en agua). Esto es un evento espiritual del cual el bautismo en agua es solamente una figura, de la misma manera que el pan y el vino en la Cena del Señor. Tenemos que cuidarnos de las tendencias religiosas y humanistas de tomar la salvación - que es del Señor, haciendo que, a fin de cuentas, dependa de lo que nosotros hacemos y no lo que Él ya ha hecho por nosotros. Las Escrituras son muy enfáticas en decir:
 
“Mas POR ÉL estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; 31 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.” (1Cor 1:30-31)
 
La mayoría aceptaría que muchos muriendo en el campo de batalla o agonizando clamaran al Señor y fueran salvos sin necesidad de ser bautizados, igual como con el ladrón en la cruz. La mayoría tenemos amigos o familiares que recibieron a Cristo al último momento y estamos confiados de que fueron salvos y están con el Señor. ¿Por qué? Porque en el momento en que creemos somos salvos, sellados con el Espíritu, nacidos de nuevo del Espíritu y unidos con Cristo por el Espíritu. Si no fuera así, ¿de qué servirían los capellanes militares y hospitalarios?
 
Otro texto que es erróneamente aplicado al bautismo en agua es el siguiente:
“En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; 12 sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.” (Col 2:11-12)
 
En este pasaje vemos que, tanto la circuncisión y el bautismo mencionados no son físicos sino espirituales – no algo que hace el hombre sino algo que hace Dios. Los que promueven la doctrina de la salvación por el bautismo en agua nos acusan de estar haciendo una separación entre lo físico y lo espiritual, pero eso es precisamente lo que vemos hacer a Jesús y los discípulos. En las Escrituras, vemos que son los carnales los que no logran distinguir entre el rito y la realidad.
 
El error de no distinguir el pan y vino físico, con la aplicación espiritual al sacrificio de Cristo en la cruz, resultó en la doctrina de la transubstanciación, que sostiene que el pan y vino se convierten en el cuerpo y sangre literal de Cristo. En el video de propaganda de Torben Søndergaard “La Última Reforma,” encontramos este mismo error aplicado al bautismo en agua:
 
“A menudo vemos el bautismo como una señal externa a una realidad interna. Y lo que es interesante con esa definición es que toma lo espiritual y lo físico y separa completamente estas dos cosas. Y como resultado solo vemos el bautismo como algo ceremonial que no tiene conexión alguna en la esfera espiritual. En otras palabras, es como una confirmación de algo ceremonial que no tiene conexión con nada en la esfera del espíritu. Pero el bautismo es muy diferente a esto. Lo que hemos descubierto es que el bautismo no es algo que es simplemente sacramental como una señal de una realidad interior. Estamos viendo que cuando desciendes en esa agua el Espíritu de Dios está tocando eso, y cuando el físico y el espiritual se conectan en el bautismo en agua Dios hace algo milagroso.” (“La Última Reforma” 50:30 min.)
 
Al contrario, así como la Cena del Señor fue instituida como una ordenanza (no un sacramento), para recordar lo que Cristo hizo en la cruz, de la misma manera el bautismo en agua es una ordenanza (no un sacramento), recordando lo que el Espíritu hizo cuando creímos, uniéndonos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección a vida nueva. Pablo compara el bautismo con la circuncisión, enfatizando que la verdadera circuncisión, de la cual la circuncisión en la carne solamente es una figura, es la circuncisión de Cristo hecha sin manos. De la misma manera, el verdadero bautismo es el bautismo hecho por el Espíritu y no hecho por los hombres.
 
El Bautismo en Agua No nos Salva 
“…esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.  21 El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo.” (1Pedro 3:20,21)
 
En este texto, Pedro hace un paralelo entre la salvación de Noé y su familia de la destrucción del diluvio y el bautismo que nos salva a nosotros. Sin embargo, él rápidamente aclara que no está refiriéndose al bautismo en agua sino a nuestra unión con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Él comienza diciendo que la salvación de Noé y su familia de la destrucción en el Arca es como nuestra salvación de la destrucción, siendo unidos con Cristo en Su resurrección, pero se da cuenta que puede ser malinterpretado. Es por eso que incluyó la aclaración en paréntesis “(no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios).”
 
Pedro quiere dejar en claro que el bautismo en agua no es lo que salva, sino que la salvación es el resultado de “una buena conciencia hacia Dios,” o en otras palabras, una respuesta de “una fe no fingida.” Si no fuera por algunos que podían malinterpretarlo, pensando que él estaba hablando del bautismo en agua, no habría necesitado incluir la oración parentética. Simplemente hubiera dicho: “El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva - por la resurrección de Jesucristo.” Es el bautismo por el Espíritu que nos une con Cristo en Su resurrección – no el bautismo en agua. [7] “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.” (1 Cor 12:13)
 
Si agregamos solamente un elemento humano al regalo de nuestra salvación por la gracia de Dios, deja de ser de gracia y llega a ser un mensaje de la gracia mezclada. Excluiría millones de creyentes que, por una razón u otra, murieron antes de recibir el bautismo en agua. Excluiría a los que creyeron en el último momento antes de morirse. Excluiría a todos los millones de creyentes que no fueron bautizados porque su iglesia no practicaba el bautismo en agua inmediatamente después de creer. Excluiría a los que vivían en áreas donde el agua era demasiado escasa, obligándoles a esperar.
 
Aún excluiría al ladrón en la cruz, a pesar del hecho que Jesús le prometió que estaría con Él en el paraíso ese mismo día después de morirse. Su salvación – al igual que la nuestra, dependía enteramente de lo que Cristo hizo por Él en la cruz y nada que ver con cualquier obra o sacramento hecho por él. Decir que el ladrón en la cruz fue exento del requisito del bautismo en agua porque todavía estaba bajo el Antiguo Pacto es exagerado y no tiene lógica. Él ladrón estaba crucificado al lado de Cristo cuando Él gritó diciendo: “Consumado es,” librando al hombre del Antiguo Pacto e introduciendo el Nuevo por Su propia sangre derramada. Esta interpretación presenta la salivación antes de la cruz como si fuera por fe solamente pero la salvación después de la cruz por fe más el bautismo. Creo que podemos adaptar las palabras de Pedro en el concilio de Jerusalén, aplicándolas a este caso también: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que (el ladrón)” (Hch 15:11).

Capítulo dos: Textos utilizados para enseñar la Salvación Bautismal
Hay numerosos textos que a menudo son interpretados como si estuvieran diciendo que el bautismo en agua es necesario para la salvación. Si uno no tiene su esperanza de salvación firmemente fundada en la sangre y justicia de Cristo solamente, algunos versículos, como traducidos e interpretados podría llevarle a uno a pensar que la salvación es en parte lo que Jesús hizo por nosotros y en parte lo que nosotros hacemos. Sin embargo, espero que nos quede claro a todos nosotros que la salvación es a través de Cristo solamente, solo por la gracia, enteramente aparte de obras de justicia que hayamos hecho o haremos, incluyendo las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor. Lo siguiente es una consideración de los textos de prueba presentados a favor de la Regeneración Bautismal.
 
Hechos 2:38 
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hch 2:38)
 
Elegí este pasaje primero porque es el texto de prueba que usa Torben Søndergaard para sustanciar sus tres pasos para iniciar el proceso de la salvación. Según él y otras sectas similares, como los Pentecostales Unidos, todos los tres elementos: arrepentimiento, el bautismo en agua y el don del Espíritu Santo (que ellos entienden como el bautismo del Espíritu Santo acompañado con el hablar en lenguas), son necesarios para finalizar la transacción de la salvación inicial.
 
Para ellos, estos tres “requisitos para la salvación” (arrepentimiento, bautismo en agua y el bautismo en el Espíritu Santo con el hablar en lenguas) deben ser entendidos como también implícitos en todos los demás pasajes donde la fe es la única condición presentada para la salvación. En el próximo sermón de Pedro, solamente el número de los hombres que creyeron, sin contar a las mujeres y niños, llegó a ser como 5.000. ¿Qué era lo que Pedro les dijo que era necesario para el perdón de pecados? Él ni mencionó el bautismo. Simplemente les dijo: “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.” (Hch 3:19). En contraste con el bautismo en agua, arrepentimiento y conversión son integrales con la fe salvífica. Para creer en Jesús, un judío inconverso tendría que arrepentirse o “cambiar de parecer” (metanoéo) acerca de Jesús, reconociendo su necesidad de Él. También, para tener fe verdadera tendría que convertirse, o “dar vuelta” (epistrefo). Esto es cuando damos vuelta al pecado y al mundo, poniendo la mira en Jesús. Ambos - arrepentimiento y conversión, son una parte integral de lo que significa creer en Jesús. No son algo aparte de la fe, o algo adicional a la fe, como sería el caso con el bautismo en agua, dado que simplemente son una parte de lo que significa verdaderamente creer en Jesús y recibirlo.
 
De unas 48 veces que el evangelio es predicado y recibido en el libro de los Hechos, en solamente 8 instancias hay mención de que los que creyeron fueron bautizados después, y en ninguna de estas instancias podríamos concluir que el bautismo era necesario para ser salvos. Pedro, en una instancia, hablando a Cornelio y a los de su casa, dice que es la fe la que resulta en la remisión de pecados – no el bautismo:
 
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hch 10:43)
 
Nuestro entendimiento de Hechos 2:38 debe tomar en cuenta lo que Pedro dice aquí, que recibimos perdón cuando creemos – no cuando somos bautizados en agua. En esta instancia creyeron y fueron bautizados en el Espíritu Santo y solo después fueron bautizados en agua (v. 47).
 
Hechos 22:16, a primera vista, parece contradecir esto. Las traducciones tradicionales más antiguas como la Reina Valera, consistentes con su creencia en la Regeneración Bautismal lo traducen:
 
“Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” (Hch 22:16)
 
Sin embargo, estudios más recientes favorecen traducir la frase “invocando su nombre,” como “por invocar su nombre.” Esta es una traducción válida del texto en el griego. La preposición “invocando” (epikaléomai) es mejor entendida como un participio circunstancial en el griego, expresando manera o medio. Esto es de acuerdo con el resto de las Escrituras que dicen que todos los que invocan el nombre del Señor serán salvos (Rom 10:13). No es el bautismo que nos salva sino el Señor, cuando ponemos nuestra fe en Él, invocando Su nombre. Por este motivo muchas de las traducciones más recientes hicieron esta corrección:
 
“Ahora, ¿qué esperas? Levántate y bautízate, y lava sus pecados mediante invocar Su nombre.” (Hch 22:16 Holman Christian Standard Bible)
 
Si es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quiten los pecados (Heb 10:4), ¡Cuánto menos es posible que el agua nos lave de los pecados! Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Heb 9:22). Aun así, solamente la sangre de Jesucristo el Hijo de Dios puede lavarnos de nuestros pecados. (1John 1:7). Traducir este pasaje de tal manera como para presentar el bautismo en agua como si fuera lo que nos lava de nuestros pecados, y no la sangre de Cristo, es una afrenta a Su sangre redentora derramada por nosotros en la cruz.
 
Volviendo al texto bajo consideración en Hechos 2:38, quiero enfocarme en la oración: “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.” Los que enseñan la Regeneración Bautismal entienden la preposición “para” en el sentido de “con tal de recibir.” Sin embargo, esta preposición tiene varios sentidos posibles. Obviamente, basado en todo lo que hemos visto, la rendición “con tal de recibir el perdón de los pecados” no es la traducción correcta.
 
Aquí en la selva amazónica muchos sufren de hongo de uñas debido a la humedad. Si yo fuera a decirle a mi  vecino: “deja tus pies en remojo con vinagre y agua para el hongo de las uñas,” sabrías que no quiero decir, “con tal de recibir.”  En este caso “para” significa “en vista de” o “debido a.”  Entendido de esta manera el versículo dice: “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo en vista del perdón de los pecados (que recibiste al creer).” Esto concuerda con el hecho que las ordenanzas de la Cena del Señor y el bautismo en agua son una figura de una realidad mayor, de la misma manera que fueron los sacrificios del Antiguo Testamento. Nos arrepentimos y somos bautizados en agua en vista de la remisión de los pecados, que ya tenemos debido a que hemos sido bautizados en el Cuerpo de Cristo a través del bautismo por el Espíritu, que tomó lugar en el momento en que creímos.
 
Vale mencionar que la misma preposición es utilizada en otro lugar en relación con el bautismo donde es evidente que la preposición “para” no significa “con tal de recibir.” Juan usa la misma preposición (eís) cuando dijo “Yo a la verdad os bautizo en agua para (eís) arrepentimiento….” (Mt 3:11). Es obvio que somos bautizados en vista de o debido a nuestro arrepentimiento – no con tal de recibir arrepentimiento.
 
Juan 3:3-6 
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:3-6)
 
La doctrina de la “Regeneración Bautismal” está fundamentada en una interpretación errónea de este texto. Los que enseñan esta doctrina entienden la frase “el que no naciere de agua y del Espíritu” como refiriéndose a un nuevo nacimiento por medio del bautismo en agua y el Espíritu. Sin embargo, hay más de un problema con identificar el uso de la palabra “agua” aquí como refiriéndose al “bautismo en agua.”
 
En primer lugar, Jesús no utilizó la palabra “bautismo” aquí. Nicodemo hubiera estado familiarizado con el bautismo con agua, porque todo gentil que se convertía al judaísmo tenía que ser bautizado. Además estaba familiarizado con el bautismo de Juan. Así que, si Jesús estuviera refiriéndose al bautismo con agua Él habría dicho simplemente: “El que no naciera de nuevo por medio de ser bautizado en agua y el Espíritu, no puede ver el reino de Dios.” Sin embargo Jesús, en respuesta a la pregunta hecha por Nicodemo, estaba explicándole que hay dos nacimientos distintos – el nacimiento de la carne y el del Espíritu.
 
En segundo lugar, los que creen en la Regeneración Bautismal dicen  que el ladrón en la cruz fue salvo sin la necesidad de ser bautizado porque el bautismo no era un requisito para ser salvo bajo el Antiguo Pacto. Esto presenta una contradicción porque esta conversación entre Jesús y Nicodemo sucedió bajo el Antiguo Pacto, antes de la cruz. Si el bautismo en agua no era un requisito para la salvación en el caso del ladrón en la cruz porque vivía en una dispensación anterior, entonces tampoco fue necesaria para Nicodemo.
 
Más adelante en el verso 10, Jesús reprocha a Nicodemo diciéndole: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” ¿Qué era lo que Nicodemo debía de haber sabido del Antiguo Testamento como maestro en Israel? ¿El bautismo en agua? No. Ni es mencionado en el Antiguo Pacto. Lo que él debía de haber conocido era la promesa de recibir un nuevo espíritu, como vemos en Ezequiel:
 
“Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne.” (Ez 11:19)
 
Jesús no pudo haber estado reprochando a Nicodemo por no saber de una Regeneración Bautismal, dado que el bautismo en agua no aparece en el Antiguo Testamento. Así que, necesitamos examinar el texto para ver qué era lo que Jesús quería comunicarle cuando Él dijo que era necesario nacer del agua y del Espíritu.
 
En el contexto, vemos que Jesús estaba respondiendo a la confusión de Nicodemo acerca del nuevo nacimiento. Cuando Jesús dijo que era necesario nacer de nuevo, Nicodemo preguntó: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Obviamente, la primera prioridad de Jesús sería clarificar, haciendo una distinción entre nuestro primer nacimiento, que es físico, y el nuevo nacimiento que es espiritual. Jesús le dio una respuesta de dos partes – ambas enfatizando la distinción entre el nacimiento físico y el nacimiento espiritual:
 
Respuesta #1: el que no naciere de agua (ek) y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 
Respuesta #2: Lo que es nacido de (ek) la carne, carne es; y lo que es nacido del (ek) Espíritu, espíritu es.
 
Ambas son respuestas a la pregunta presentada por Nicodemo. Ambas hacen el contraste entre el nacimiento natural y el nacimiento espiritual. Ser “nacido de la carne” es una aclaración de lo que significa ser “nacido del agua.” La preposición “de” que es utilizada varias veces en este pasaje es ek que habla de origen. Nuestro nacimiento se originó en agua amniótica del vientre de nuestras madres y esa misma agua nos ayudó a entrar en el mundo material. La interpretación tradicional haría que el agua bautismal física sea la fuente u origen (ek) de nuestra vida espiritual, mucho como la doctrina Católica Romana de la Transubstanciación que dice que el pan y vino físico se convierten en el Cuerpo y sangre de Cristo con propiedades salvíficas en la Santa Misa.
 
La interpretación tradicional presenta a Jesús como si ignorase la equivocación de Nicodemo acerca del nuevo nacimiento, pero en realidad Él está respondiendo al malentendido de Nicodemo explicando que en el nuevo nacimiento es nuestro espíritu, y no nuestro cuerpo lo que nace de nuevo. Y el nuevo nacimiento no es de agua o de carne sino del Espíritu como su fuente. Así que, la referencia al nacimiento por agua hecho por Jesús en Juan 3 no se está refiriendo al bautismo en agua, ni a nuestro nacimiento espiritual, que es por el Espíritu y no por el agua.
 
Marcos 16:16 
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:16)
 
Lo que este texto nos dice es que los que creen y son bautizados serán salvos, mientras los que no creen serán condenados. Sin embargo, lo que no dice es tan importante como lo que dice. Lo que no dice es lo que pasa con los que creen pero por una razón u otra no se bautizan. Los que enseñan la Salvación Bautismal tiene que suponer algo que el texto no dice. Tienen que suponer que no es fe solamente lo que salva sino la fe más bautismo, y por lo tanto los que no son bautizados antes de morir son condenados, aún si eran creyentes. Lo que suponen contradice otros textos que presentan la fe solamente como necesaria para la salvación, como lo que Jesús había dicho anteriormente en Juan 3:18:
 
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18)
Si lo que ellos suponen es cierto, entonces Jesús dejó fuera un ingrediente esencial en Su presentación de la Salvación en Juan 3:18, porque aquí menciona fe como lo único necesario para ser justificado – no fe más bautismo. Ellos asumen que lo que Jesús quería decir en Marcos 16:16 es: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere (y sea bautizado), será condenado.”  De esta manera ellos hacen que las palabras de Jesús aquí contradigan lo que claramente dijo en Juan 3:18 y muchos textos más – que uno es salvo por fe solamente, sin las obras (cf. Juan 5:24; 20:31; Ef 2:8,9; 1Juan 5:11-13).
 
Son culpables de razonamiento sin-séquito. Si una declaración es cierta, no debemos automáticamente suponer que lo contrario también sea cierto. Por ejemplo, si yo fuera a decir: “Todos que creen y vienen al altar serán salvos, pero los que no creen se perderán,” sería incorrecto concluir que los que creyeron pero no llegaron al altar estarían perdidos simplemente porque creyeron donde estaban, sin ir al altar. Es creer - no creer más ir al altar que salva, aunque los invité a hacer las dos cosas.
 
Gálatas 3:27 
“porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” (Gál 3:27)
 
Algunos argumentan que esto está refiriéndose al bautismo en agua. Sin embargo, no es el agua lo que nos une con Cristo sino el Espíritu – no el bautismo en el Espíritu, que vamos a examinar en breve, sino el bautismo por el Espíritu que nos sumerge o bautiza en Cristo, como ya vimos en 1Corintios 12:12,13:
 
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. 13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Cor 12:12,13)
 
Si Pablo hubiera estado refiriéndose al bautismo en agua habría dicho: “Por un solo ministro fueron bautizados en agua.” En el bautismo en agua somos bautizados en agua – no en Cristo. El bautismo en agua es un testimonio externo de lo que ya sucedió el momento que creímos, cuando el Espíritu nos bautizó en Cristo. El bautismo en agua es solamente una imagen, un símbolo, una sombra. Confundir la sombra con la realidad es como decir que los toros y los machos cabríos ofrecidos en sacrificios cada año era lo que quitaba los pecados y no el sacrificio de Cristo, el Cordero de Dios – el único que pudo quitar los pecados del mundo (Heb 10:4).
 
Viendo Gálatas 3:27, junto con el versículo anterior, deja aún más claro que no es el bautismo en agua que nos une a Cristo: “todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” Cuandoquiera que vemos una oración introducida por “porque” debemos de preguntarnos por qué está allí. Después de decir que llegamos a ser hijos de Dios por medio de la fe, él introduce la explanación de qué era lo que hizo que llegáramos a ser hijos de Dios: Habiendo creído fuimos bautizados (voz pasiva) en Cristo – el Primogénito entre muchos hermanos. Este bautismo fue hecho por nosotros por el Espíritu, bautizándonos en Cristo cuando creímos – no hecho por nosotros mismos cuando fuimos bautizados en agua.
 
Tito 3:4-7 
“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, 5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación       en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:4-7)
 
Algunos ven la ordenanza del bautismo en agua incluida en este texto en la frase “lavamiento de la regeneración.” Sin embargo, el énfasis de este pasaje es sobre lo que Dios hace por nosotros por Su pura gracia; antes de, y aparte de cualquiera cosa que podríamos hacer después. Aquí el lavamiento de la regeneración y renovación es del Espíritu Santo – Su obra interior. Somos lavados por la sangre de Jesús, regenerados y renovados en el momento que recibimos a Cristo en nuestros corazones. En ese momento Él derramó su Espíritu sobre nosotros abundantemente, sellándonos, limpiándonos, bautizándonos y permaneciendo con nosotros. Todo esto es para la alabanza de la gloria de Su gracia. Introducir una condición humana dentro de este texto, que obviamente fue escrito para exaltar las riquezas de Su gracia, es hacer nula la gracia de Dios.
 
Ni pienses por un momento que Pablo hubiera dicho: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio” si el evangelio fuera de ningún efecto aparte del bautismo en agua (1Cor 1:17). Mirando atrás en la eternidad entenderemos que nuestra salvación tenía todo que ver con lo que Cristo hizo por nosotros y en nosotros, y absolutamente nada que ver con cualquier contribución de parte nuestra. Es todo por la gracia, para la alabanza de Su gracia. Ninguno en el cielo podrá decir: “Estoy en el cielo porque me circuncidé o porque fui bautizado y fielmente cumplía todos los sacramentos. Todo gloriarse (menos gloriarse en la cruz), será excluido por completo (Ef 2:8,9; 1Cor 1:18, 28-31). 

Capítulo tres: El Bautismo en el Espíritu con la Evidencia de hablan Lenguas
Sectas, como “La Última Reforma” de Torben Søndergaard, Pentecostales Unidos y otras denominaciones Pentecostales de “Jesús Solo,” añaden otro requisito más para la salvación en adición a la fe. Dicen que uno no solo tiene que haber sido bautizado en agua para ser salvo sino que tiene que ser bautizado en el nombre de Jesús, recibiendo el bautismo del Espíritu con la evidencia de hablar en lenguas – de otra manera uno no es salvo.
 
Simplemente haciendo que el bautismo en el Espíritu, como una experiencia, sea necesario para la salvación, en adición a, y acompañando el bautismo en agua, excluiría 99% de todos los cristianos a través de los siglos que simplemente creyeron y fueron bautizados en agua sin esa experiencia. [8] Agregando a la experiencia del bautismo en el Espíritu el requisito adicional que tiene que ser evidenciado con el hablar en lenguas haría que la salvación sea algo exclusiva a estas pequeñas sectas aisladas. Debemos de tener presente que uno de los indicios de una secta cismática es que insisten en que poseen verdades exclusivas a ellos que son necesarias para la salvación, en adición a la fe en Cristo solamente, así causando división en el Cuerpo de Cristo.
 
Cada maestro, teólogo o profeta merece ser escuchado, examinando su enseñanza o profecía a la luz de las Escrituras. Nadie debe ser censurado simplemente porque presentan algo distinto a lo que siempre hemos creído. Si eso fuera el caso con Martín Lutero y los otros Reformadores, nunca hubiéramos salido de la Época Oscura. Sin embargo, al examinar las interpretaciones de sectas como Pentecostales Unidos y La Última Reforma, podemos ver que lo que ellas, y otras sectas hacen, es presentar condiciones a la salvación adicionales a la justificación por la fe solamente, de esa manera deshaciendo lo que comenzaron los Reformadores. Según el camino a la salvación de Torben Søndergaard, ni los reformadores como Lutero y Calvino eran salvos porque ellos ni creyeron en la experiencia del bautismo en el Espíritu con el hablar en lenguas. De hecho, la mayoría de los Reformadores ni fueron bautizados al creer, dado que ellos seguían creyendo en el bautismo infantil como un sacramento salvífico. En realidad el movimiento de Torben llamado “La Última Reforma” es un retroceso de la Reforma, que hundiría la Iglesia de nuevo en la Época Oscura, diciendo que la justificación no es de gracia por medio de la fe solamente, dado que, según ellos, hay otros requisitos para la salvación.
 
¿Es la Experiencia del Bautismo en el Espíritu un Requisito para la Salvación? 
Ya hemos visto que una fe que recibe a Cristo es la única condición para la salvación. No hay clausulas ocultas en la respuesta de Pablo y Silas a la pregunta: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Cuando respondieron diciendo sencillamente: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo,” estaban dándole la única respuesta necesaria para ser salvos. Eso es lo mismo que vemos a través de todo el Nuevo Testamento. Si aún tienes dudas de que la salvación sea de gracia por medio de la fe solamente, te animo a tomar unos momentos para leer los siguientes textos antes de continuar: Juan 1:12; 3:15,16, 36; 6:40,47; 7:38; 11:25,26; 20:3; Hch 13:38,39; Rom 5:1; Gál 3:22, 36; Ef 2:8; 1Juan 5:10-13.
 
Todas las obras que siguen nuestra justificación por fe, como siendo bautizados, testificando, dando etc. son obradas desde la salvación – no para la salvación. No son nuestras obras, sino llegamos a ser hechura Suya (Ef 2:8-10). Es Él mismo quien obra en nosotros dándonos tanto el querer como el poder para hacer Su buena voluntad (Fil 2:12,13; Ezeq 36:26,27). Ahora ya no somos nosotros los que vivimos, sino Cristo quien vive a través de nosotros (Gál 2:20). Cualquiera presentación del evangelio que no considere la fe en Cristo únicamente, como suficiente para la salvación, es otro evangelio y no el verdadero evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
 
El Don del Espíritu es diverso en sus Manifestaciones 
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.” (Hch 2:38-39)
 
Muchos que simplemente creyeron en el evangelio de Jesucristo, habiéndolo recibido como su Salvador y Señor, han sido llevados a cuestionar su experiencia de salvación por sectas como La Última Reforma, simplemente porque no fue acompañada por la experiencia emocional que ellos definen como el bautismo en el Espíritu Santo con el hablar en lenguas. La gran mayoría de los creyentes simplemente creyeron en el evangelio, y por fe se consideraban salvos por la gracia solamente. Algunos recibieron lo que describen como un poderoso bautismo en el Espíritu Santo al creer, igual como yo. Pero otros; aunque sus vidas fueron transformadas, posiblemente no sintieron más que una paz con Dios, sabiendo que fueron aceptos ante Dios basados en su fe en lo que Cristo hizo por ellos.
 
El don del Espíritu es recibido por todos en el momento que creemos y nacemos de nuevo del Espíritu. Es una parte inseparable del paquete de la salvación. Sin embargo, algunos solamente asocian el don del Espíritu con un elemento del don – el bautismo en El Espíritu Santo. En su opinión, si uno no recibe la experiencia que ellos llaman el bautismo en el Espíritu con todas sus manifestaciones acompañantes, entonces ese individuo no ha sido salvo aún. Para ellos, si el Espíritu no se manifiesta de la misma manera que hizo en el aposento alto en el Día del Pentecostés, entonces uno aún no ha recibido el don del Espíritu.
 
Sin embargo, viendo a través del Nuevo Testamento – especialmente en el libro de los Hechos (y también cómo el Espíritu ha obrado a través de los siglos siguientes), es evidente que el Espíritu se mueve como Él quiere y según Su tiempo, y no se deja encajonar por alguna fórmula o modelo de operación que impondríamos sobre Él para limitar o confinar Sus operaciones (1Cor 12:11). Los ministerios del Espíritu Santo en nuestras vidas son muy diversos y no pueden ser limitados a la experiencia que ellos definen como el bautismo en el Espíritu Santo.

Capítulo cuatro: Operaciones del Espíritu Santo terminadas 
Cada creyente tiene el don del Espíritu Santo. Sin minimizar el bautismo en el Espíritu Santo, siento que es importante enfatizar que el don del Espíritu es el Espíritu Santo mismo y no solamente el bautismo en el Espíritu. Los dones y obras del Espíritu son diversos. Algunos de Sus dones y obras suceden por necesidad en el momento que creemos, mientras otros pueden ser efectuados o impartidos después de la salvación, según Su beneplácito y tiempo, y no necesariamente en el momento que uno es salvo. Estos ministerios que fueron efectuados, y los dones que fueron dados al comienzo cuando creímos, son los siguientes:
 
El Espíritu nos bautizó a todos en Cristo 
“Porque POR un solo Espíritu fuimos todos bautizados EN (eis) un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Cor 12:13)
 
Como ya hemos visto, muchos confunden el bautismo en el Espíritu con nuestro bautismo en Cristo. En la primera instancia Cristo es El que bautiza y el Espíritu Santo es Él en quien somos bautizados. En el segundo caso, es el Espíritu Santo El que bautiza y Cristo es Él en quien  somos bautizados. Sin embargo, como veremos, ambos bautismos invariablemente suceden en el momento en que somos salvos e independientemente de cualquier experiencia que los acompañe. Por medio de esta unión con Él, por el bautismo por el Espíritu, fuimos unidos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo en agua es simplemente un símbolo externo que representa esta unión con Cristo que fue efectuado por el Espíritu Santo cuando nos convertimos. Esto es claramente lo que Pablo describe en Romanos 6:
 
“los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? 3 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en (eis) Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? 4 Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. 5 Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. 7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado. 8 Y si morimos (pasado “hemos muerto”) con Cristo, creemos que también viviremos con él; 9 sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. 10 Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. 11 Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Rom 6:2-11)
 
En este bautismo en Romanos 6, fuimos bautizados en Cristo. Es la obra del Espíritu, bautizándonos en Cristo Jesús (no en agua), que nos une con Él en Su muerte, sepultura y resurrección. Jesús tomó el Hombre Viejo (la vieja humanidad en Adán), crucificándolo con Él en la cruz. Cristo fue sepultado y resucitó de nuevo a la vida eterna como el Nuevo Hombre – como nuestro Último Adán, llegando a ser el primogénito entre muchos hermanos en la Nueva Creación. Este bautismo – llegando a ser uno con Cristo, no era algo que hicimos o conscientemente experimentamos, como es el caso con el bautismo en agua o la llenura del Espíritu. Fue algo que Él hizo por nosotros al creer. Este bautismo en Cristo nos salva – no la experiencia de la llenura del Espíritu que uno puede o no experimentar al creer, ni tampoco quitando la mugre por bautizarnos en agua (1Pedro 3:21).
 
Si la salvación dependiera de alguna manera de algo que nosotros hagamos, o aún algo que el Espíritu hace adicional a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo por nosotros, entonces llega a ser otro evangelio y no el evangelio de Jesucristo en Su muerte y resurrección que ya fue consumado por nosotros en la cruz hace 2.000 años.

La Residencia del Espíritu Santo en Nosotros es inmediata y permanenteHasta el Día del Pentecostés el Espíritu Santo no podía tomar residencia en nosotros porque Jesucristo aún no había hecho la expiación por nuestros pecados, así quitándolos de nosotros. Sin embargo, cuando Jesús ascendió al Padre el Espíritu Santo prometido fue enviado a tomar residencia permanente en cada creyente redimido. En la Última Cena el Señor les explicó a Sus discípulos que su relación con el Espíritu Santo estaba a punto de pasar a una nueva dimensión:
 
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Juan 14:16-17)
 
Hay dos verdades gloriosas en este pasaje. En primer lugar, vemos que ahora el Espíritu Santo no simplemente viene a reposar sobre nosotros o permanecer con nosotros temporalmente para lograr Sus propósitos como hizo bajo el Antiguo Pacto, sino que ahora bajo el Nuevo Pacto, desde el Día del Pentecostés, Él no está simplemente permaneciendo con nosotros sino que está en nosotros, según la promesa del Padre en Ezequiel 36:27: “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” En segundo lugar, vemos la permanencia de esta relación – Él permanecerá con nosotros para siempre. Pablo, sabiendo que el Espíritu Santo siempre reside en nosotros, nos manda a vivir en santidad:
 
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para (eis) el día de la redención.” (Ef 4:30)
 
El don del Espíritu Santo en Su relación de estar morando en nosotros es inmediato y permanente desde el momento que recibiste a Cristo y naciste de nuevo. Su tu eres de Cristo, el Espíritu Santo reside en ti permanentemente. Tal vez no experimentaste una llenura poderosa del Espíritu al creer. Es posible que no ha sido constante en su andar en el Espíritu, siendo lleno de Él y guiado por Él debidamente. Pero si eres de Cristo entonces has recibido el don del Espíritu y Él mora en ti:
“Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Rom 8:9)
 
La promesa del Padre es el Espíritu Santo mismo tomando residencia permanente en nosotros. Todos los demás aspectos de Su ministerio por, en y sobre nosotros simplemente son facetas del mismo don. Pablo preguntó a los 12 discípulos de Juan el Bautista en Éfeso: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?” (Hch 19:2). Aparentemente había evidencias faltantes en estos discípulos que permitía a Pablo discernir que ellos aún no lo habían recibido y después de imponerles las manos el Espíritu vino sobre ellos de tal manera que hablaban en lenguas y profetizaban, pero hablando en lenguas y profetizando simplemente son dos de los dones o manifestaciones del Espíritu. El don prometido era el Espíritu mismo.
 
Fuimos sellados por el Espíritu cuando creímos 
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” (Ef 1:13-14)
 
Pablo dice aquí que el Espíritu Santo prometido nos selló en el mismo momento que creímos. Este sellamiento con el Espíritu garantiza nuestra herencia celestial que recibiremos cuando seamos redimidos como Su posesión adquirida en la venida de Cristo por nosotros (cf. Ef 4:30). Nuestro precio de redención ya ha sido pagado en su totalidad por la sangre de Cristo y la presencia permanente del Espíritu Santo es la garantía de nuestra glorificación futura.
 
Recuerdo la primera vez que leí estos pasajes y comprendí que había sido sellado con el Espíritu Santo en el momento en que creí en Cristo. Esta verdad para mí era una bendición y me fortaleció. Sin embargo, no era algo que experimenté en el momento que sucedió. Así como, cuando el Espíritu Santo me bautizó en el cuerpo de Cristo cuando creí, era algo que el Espíritu hizo por mí sin que yo lo supiera hasta después. Es lo mismo con el sellamiento con el Espíritu. Es este sello del Espíritu, y no nuestro bautismo en agua, es lo que garantiza nuestra herencia, de la misma manera que es el Espíritu bautizándonos en Cristo lo que nos salva y no el bautismo en agua.
 
Todos fuimos Bautizados en el Espíritu Santo cuando creímos 
Mientras muchos evangélicos estarían de acuerdo en que cada creyente tiene el don del Espíritu que mora en nosotros y que todos fuimos bautizados por el Espíritu en Cristo y sellados con el Espíritu hasta el día de la redención sin la necesidad de ser acompañados con manifestaciones externas, hay mucho desacuerdo acerca del bautismo en el Espíritu Santo.
 
Aunque todos los evangélicos enfatizan que la salvación es solo por fe en Cristo y rechazan cualquier enseñanza que condicione la salvación en el bautismo en el Espíritu Santo, hay mucho desacuerdo acerca del bautismo en el Espíritu Santo. Algunos dicen que siempre tiene que estar evidenciado por el hablar en lenguas. Otros insisten que las lenguas solamente son una señal de muchos dando evidencia que uno ha recibido el bautismo en el Espíritu Santo, mientras otros más (los Cesacionistas) niegan que lenguas, o cualquier otro don sobrenatural, son para hoy. Algunos dicen que el bautismo en el Espíritu tiene que suceder en el momento que uno es salvo, mientras otros insisten que uno puede buscarlo y recibirlo en cualquier momento subsiguiente a la salvación. Algunos dicen que es una sola experiencia, mientras otros dicen que puede ser experimentado varias veces en la vida.
 
Un entendimiento correcto del bautismo en el Espíritu Santo es de gran importancia. Algunas de estas enseñanzas acerca del bautismo en el Espíritu Santo han resultado en que creyentes nacidos de nuevo, o se sienten como cristianos de segunda clase, o peor, dudan de su experiencia de la salvación, porque, aunque han creído en el Señor Jesucristo, no han hablado en lenguas ni experimentado las manifestaciones del Espíritu Santo como otros a su alrededor.
 
He experimentado tiempos de avivamiento más de una vez, comenzando con el avivamiento del Movimiento de Jesús en los años ´60 y ´70 y he leído acerca de los muchos avivamientos a través de la historia de la Iglesia y sé que cuando el Espíritu cae sobre nosotros hay evidencias – o el hablar en lenguas y profecía u otras manifestaciones como gozo inefable con risa, llanto, caer postrado, temblar, etc., dependiendo en lo que el Espíritu está haciendo en cada individuo.
 
Sin embargo, como espero demostrar en las Escrituras, el bautismo en el Espíritu sucede en el momento en que uno cree y no es, en sí mismo, una experiencia emocional, como es el caso con la llenura del Espíritu (con sus manifestaciones acompañantes, tales como el hablar en lenguas, profetizar, etc.), que puede o no acompañar nuestro bautismo en el Espíritu Santo.
 
Nuestro Bautismo en el Espíritu Santo y Su venida a permanecer en Nosotros son simultáneos 
“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.” (Mt 3:11)
 
“Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con (gr. en “en”) el Espíritu Santo.” (Juan 1:33)
 
“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con (gr. en “en”)  el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hch 1:5)
 
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre…. porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Juan 14:16-17)
 
La importancia y centralidad del bautismo en el Espíritu Santo puede ser vista en el hecho de que cada uno de los cuatro evangelios comienza con la declaración de que Jesús nos bautizaría en el Espíritu Santo. Es lamentable que la mayoría de las traducciones favorecen a los tradicionalistas que ya no practican el bautismo en agua con sumersión. La preposición griega “en” normalmente significa “en” y bautizar (baptizo) significa “sumergir.” Sin embargo, debido al hecho de que la Iglesia tradicional ya no practica la sumersión, ellos tradujeron “en” como “con” en vez de “en” y en vez de traducir baptizo como “sumergir” la transliteraron “bautizar” para ocultar su verdadero significado. La mayoría de las traducciones siguen la tradición, solo presentando “en” como una traducción alterna en el margen.
 
Por haber cambiado la práctica bíblica del bautismo por sumersión a aspersión por conveniencia, ocultaron el verdadero significado del bautismo espiritual. Cuando el Espíritu nos bautizó en Cristo, no simplemente nos salpicó con Cristo – Él nos unió a Cristo, literalmente sumergiéndonos en Él. Esto era lo que Jesús les explicaba en la Última Cena cuando Él les dijo del Día del Pentecostés: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.” (Juan 14:20). ¿Cómo fue que llegamos a estar en Jesucristo y Él en nosotros? El Espíritu Santo nos bautizó (sumergió) en Él (Rom 6:3,4; 1Cor 12:13; Gal 3:27). Ahora somos uno con Cristo, habiendo sido bautizados o sumergidos en Él. Debido a esta unión, como Él es, así somos nosotros en este mundo (1Juan 4:17).
 
Entendiendo nuestra sumersión por el Espíritu en Cristo, resultando en que estamos en Cristo y Él en nosotros, nos ayuda a entender el bautismo de Cristo, bautizándonos en el Espíritu Santo. Hasta el Pentecostés Jesús dijo que el Espíritu estaba con ellos pero que, en aquel día, el Espíritu estaría en nosotros y que estaríamos en el Espíritu (Juan 14:16-17; Rom 8:9; Hch 1:5). De la manera que llegamos a ser uno con Cristo a través del bautismo del Espíritu Santo, bautizándonos en Cristo, así también llegamos a ser uno con el Espíritu Santo a través del bautismo de Cristo, bautizándonos en el Espíritu Santo. Es a través de estas preciosas promesas del Nuevo Pacto (i.e. que en aquel día el Espíritu estará en nosotros y Cristo estará en nosotros) que todos los creyentes desde el Día del Pentecostés hemos llegado a ser partícipes de la naturaleza divina (2Pedro 1:4).
 
Capítulo cinco: La Evidencia del Bautismo en el Espíritu Santo 
Debe ser obvio que cuando somos bautizados o sumergidos en el Espíritu Santo, Su presencia en nosotros será evidente desde ese día en adelante. Esto puede ser ilustrado por el uso de la palabra bapto “sumergir” cuando se refiere al teñir las telas para cambiar su color. Una vez la tela haya sido sumergida en el tinte seguirá siendo la misma tela - sin embargo jamás será igual. Aunque la tela sigue existiendo, ha sido impregnada con el tinte, llegando a ser uno con ella desde ese momento. Si uno fuera a mirar una sábana de lienzo que ha sido sumergida en tinte rojo, aunque sigue siendo una sábana de lienzo, también es una sábana roja. De hecho, desde ese momento en adelante la mayoría se referiría a la sábana como una sábana roja en vez de una sábana de lienzo, aunque sigue siendo roja y de lienzo. 
 
Así también, cuando fuimos bautizados en Cristo, desde ese momento en adelante, podríamos decir como Pablo: “He sido sumergido en Cristo – unido con Él en su muerte en la cruz, sin embargo vivo por la fe del Cristo resucitado que vive en mí” (cf. Gal 2:20). A través de nuestro bautismo en Cristo llegamos a ser un espíritu con el Señor (1Cor 6:17). Basado en este bautismo en Cristo, Pablo argumenta que uno que verdaderamente fue bautizado en Cristo no puede continuar viviendo en el pecado (Rom 6:1-4).
 
De la misma manera, cuando fuimos bautizados o sumergidos en el Espíritu Santo, el Espíritu llegó a ser uno con nosotros y Él puede manifestar Su poder, dones y fruto en nuestras vidas. Sin embargo, creo que cometemos un error cuando definimos una manifestación del Espíritu - como la de la llenura del Espíritu con el hablar en lenguas, como el bautismo mismo. En el libro de los Hechos hay solamente dos instancias donde vemos este orden de eventos mencionados. La primera es en el Día del Pentecostés cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre los judíos. La segunda instancia es cuando el Espíritu cayó sobre los gentiles por primera vez en la casa de Cornelio. En ninguna de estas instancias es referida la experiencia misma como el bautismo en el Espíritu Santo. Sabemos que en el Día del Pentecostés fueron bautizados en el Espíritu porque antes que Jesús ascendió les dijo que serían bautizados en el Espíritu:
“Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con (en) el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hch 1:5-6)
 
En la casa de Cornelio dice que el Espíritu Santo cayó sobre ellos, o fue derramado sobre sobre ellos y hablaron en lenguas. Después fueron bautizados en agua. Otra vez, vemos que la experiencia no es mencionada como el bautismo en el Espíritu en el contexto inmediato. Sin embargo, cuando Pedro recuenta el incidente a aquellos en Jerusalén, él reconoció el evento como confirmación de que Dios también había bautizado a los gentiles en el Espíritu, al igual que a ellos:
 
“Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé de lo dicho por el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.  17 Si Dios, pues, les concedió también el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?” (Hch 11:15-17)
 
No es razonable concluir de estas dos instancias solitarias que, a menos que uno experimente la llenura con el hablar en lenguas, que no ha recibido aún el don del Espíritu Santo, siendo bautizado en Él. Lo que sucedió en el aposento alto en el Pentecostés y después en la casa de Cornelio eran dos eventos claves e históricos. En el Pentecostés los creyentes judíos recibieron el don del Espíritu Santo por primera vez, y en la casa de Cornelio los primeros creyentes gentiles recibieron el don del Espíritu Santo. La llenura con el hablar en lenguas fue dada como una señal para que otros vieran la cosa nueva que Dios estaba haciendo.
 
Eso no quiere decir que el Espíritu nunca viene sobre individuos hoy de la misma manera que vemos descrito en estas dos instancias. Pero en ninguna parte de las Escrituras se dice que el bautismo en el Espíritu tiene que estar acompañado de la llenura del Espíritu con el hablar en lenguas. De hecho, en todas las 48 instancias en los Hechos donde el evangelio es predicado y recibido, solo en una otra ocasión, en Hechos 19:6, vemos mención de que recibieron la llenura con el hablar en lenguas: “Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.”
Hay dos dificultades principales en intentar imponer este modelo al bautismo en el Espíritu. En el primer lugar, nunca ha sido la experiencia cristiana normal al convertirse, y por eso muchos creyentes sinceros se sienten como cristianos de segunda clase y hasta comienzan a dudar de su salvación simplemente porque no experimentan el Espíritu de la misma manera que los 120 en el aposento alto en el Día del Pentecostés o como otros que lo estiman como ejemplo a seguir. Hay múltiples maneras en que la presencia del Espíritu Santo puede ser manifiesta en nuestras vidas al recibir la promesa del Padre. No debemos considerar la llenura con el hablar en lenguas como la única evidencia de que uno haya recibido el don del Espíritu.
 
La evidencia principal del bautismo en el Espíritu es libertad del pecado y la transformación de nuestro carácter a la imagen de Cristo. Tristemente a muchos que dicen que han recibido el bautismo en el Espíritu con el hablar en lenguas les faltan estas dos características tan esenciales. Conforme uno ande en el Espíritu, los dones del Espíritu también se manifiestan. Mientras no todos hablan en lenguas (1Cor 12:30), todos nosotros que formamos el Cuerpo de Cristo tenemos dones distintos según la gracia específica dada a cada uno de nosotros (1Cor 12:4-8). Uno no debe sentirse inferior a otros creyentes simplemente porque su experiencia y dones difieren de otros (1Cor 12:15-26).
 
La segunda dificultad que veo es que los que los que reciben una llenura poderosa del Espíritu con el hablar en lenguas cuando son bautizados en el Espíritu Santo, a menudo piensan que esa experiencia es una experiencia de por vida y que no debemos anticipar ni buscar múltiples llenuras del Espíritu Santo, igual a, o aún mayores que esa experiencia inicial. Puede que uno haya sentido la llenura del Espíritu cuando inicialmente recibió el don del Espíritu Santo, pero esa experiencia inicial debe ser solamente la primera de muchas llenuras del Espíritu, dándonos poder para el ministerio.
 
La llenura del Espíritu no es en sí misma el bautismo en el Espíritu Santo. El bautismo en el Espíritu es un solo evento, mientras la llenura es experimentada vez tras vez cuando el Espíritu Santo viene sobre nosotros, ungiéndonos para el ministerio. La llenura del Espíritu normalmente nos es dada capacitándonos a hablar con poder, convicción y autoridad, pero no solamente para hablar en lenguas (Lucas 1:41-42; 1:67; Hch 4:8;13:9-10; Ef 5:18-19). Unos días después del Día del Pentecostés los discípulos estaban orando, pidiendo denuedo para seguir proclamando el evangelio a pesar de haber sido prohibido hacerlo por el Sanedrín. Una vez más el Espíritu Santo cayó sobre ellos como en el Día del Pentecostés, dándoles poder para hablar. Sin embargo, Él no les dio poder para hablar en lenguas como la primera vez, sino para proclamar el evangelio con denuedo:
 
“Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.” (Hch 4:31)
 
La llenura no es normalmente dada como una experiencia simplemente para poder sentirla. Más bien, mientras andamos en el Espíritu, siguiendo la guía del Espíritu, Él nos empodera para el ministerio que Él quiere que hagamos en aquel momento. Conforme nos movamos en el área de nuestros dones, el Espíritu viene sobre nosotros, llenándonos con Su poder en esa capacidad específica – sea evangelismo, profecía, lenguas, intercesión, sanidades, escritura, cantando, dirigiendo las alabanzas, etc., etc. La mayoría podemos dar testimonio que cuando tomamos pasos adelante en obediencia a Su guía, ahí es cuando experimentamos la unción o llenura del Espíritu. Creo que eso es lo que Pedro estaba diciendo cuando él respondió al Sanedrín diciendo:
 
“Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” (Hch 5:32)
 
La llenura del Espíritu Santo es para poder hacer Su voluntad. Por otro lado, los que simplemente buscan experiencias, raras veces experimentan la llenura. Está bien buscar la presencia y llenura del Espíritu Santo. Sin embargo, muchos van de una breve experiencia a otra en vez de permitir que el Espíritu los use en el área de sus dones. Enfatizo “en el área de sus dones” porque a menudo tomamos sobre nosotros un yugo hecho por el hombre e intentamos servirle a Dios, pero no en el área donde el Espíritu nos ha llamado y dotado. A veces recibimos una palabra profética, indicando que el Señor nos va a usar en cierto ministerio, pero a menudo no tomamos en cuenta Sus tiempos e intentamos hacer prematuramente lo que Él aún no nos ha dotado hacer.
 
David fue ungido rey, pero volvió a apacentar las ovejas hasta que era el tiempo para asumir el trono. Si hubiera intentado tomar el trono prematuramente, no habría tenido el respaldo divino. Aunque tenemos que pasar desiertos para el crecimiento espiritual y no siempre es fácil permanecer en el lugar de nuestro llamado, creo que muchos cristianos viven vidas frustradas simplemente porque están intentando servir a Dios en una capacidad en que el Espíritu Santo aún no los ha dotado. Si no nos estamos moviendo en las áreas de nuestros dones actuales, la unción o llenura no será impartida por el Espíritu y viviremos vidas frustradas y sin fruto.
 
Cada uno de nosotros tenemos dones que difieren según la necesidad actual y la etapa del plan de Dios para la vida de cada uno. Algunos de nosotros necesitamos parar y preguntarnos en qué ministerio sentimos la llenura del Espíritu capacitándonos, y comenzar a movernos con el Espíritu en esa área. Necesitamos entender que separados de Él no podemos hacer nada para avanzar el reino, y aún con Él solo podemos hacer lo que Él está haciendo a través de nosotros.
 
Insistir, como hacen algunos, que uno no ha sido bautizado y lleno del Espíritu a menos que hable en lenguas es limitar la diversidad del Espíritu en repartir Sus dones. Es basado solamente en dos eventos históricos en el libro de los Hechos que no deben ser tomados como normativos (La impartición del Espíritu a los judíos en el Día del Pentecostés y los gentiles en la casa de Cornelio). Por imponer el don de lenguas sobre nuevos creyentes, creo que estamos en peligro de actuar en la carne y resistir al Espíritu. A menudo personas son presionadas por ministros que les exigen comenzar a hablar en lenguas con tal de recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Eso es muy distinto a lo que vemos en el libro de los Hechos donde estaban sorprendidos al comenzar a hablar en lenguas.
 
Muchos, con tal de poder decir que recibieron el bautismo en el Espíritu, hacen lo que son mandados hacer, pero dado que saben en el fondo que no fue producido por el Espíritu, cuestionan si realmente recibieron el bautismo en el Espíritu Santo. Uno solo puede imaginar el temor e inseguridad que esto produce en aquellos que le han dicho que uno no es salvo hasta recibir el bautismo en el Espíritu con el hablar en lenguas.  Necesitamos entender que cada creyente es salvo y bautizado en el Espíritu Santo, con o sin una experiencia acompañante.
La llenura del Espíritu con el don de lenguas no es la única evidencia de que uno ha sido bautizado en el Espíritu. Si eso fuera el caso estaría claramente especificado en el Nuevo Testamento. También, anticiparíamos que el Espíritu de la gracia produjera esta misma experiencia en todos los que el Padre ha atraído a Sí mismo en vez de tener necesidad de ser animados a hablar en lenguas por ministros humanos. El Espíritu Santo es infinitamente diverso y personal en Sus operaciones, y en mi opinión, decir que en cada instancia el Espíritu tiene que hacerlo de la misma manera que Él lo hizo en el Día del Pentecostés, es apagar al Espíritu en Sus operaciones, e impedir el crecimiento espiritual de Su pueblo.

[1] Webster’s New World Dictionary.
 

[2] The Seventh Session of the Council of Trent. London: Dolman: Hanover Historical Texts Project. 1848. pp. 53–67. Retrieved 23 April 2014.
 

[3] Anabaptistas eran muy perseguidos tanto por los Católicos como las Iglesias Reformadas por su insistencia en volver a bautizar a los que habían sido bautizados como infantes. Ellos insistían en el requisito del Nuevo Testamento que uno tiene que haber creído en el Señor Jesucristo antes de ser bautizados. (Hch 8:37; 16:31,33b).
 

[4] Desde ese entonces la Iglesia de Cristo ha dejado de insistir tanto en el bautismo en agua para la salvación, entre otras doctrinas, para ser aceptada por los Evangélicos.
 

[5] Vine's Expository Dictionary of Biblical Words,NT:907 “bapto, ‘hundir, meter,’ fue utilizada entre los Griegos para definirlo como el proceso de teñir la ropa….”
 

[6] International Standard Bible Encyclopaedia, Baptism
 

[7] Algunos argumentan que la correspondencia o anti-tipo es “agua,” porque en 1Pedro 3:20,21 ambos “agua” en verso 20 y el pronombre (ho) comenzando el verso 21 son de género neutro. Sin embargo, el pronombre es neutro porque el tipo, del cual el bautismo es un anti-tipo es toda la ilustración dada de Noé y su familia siendo salvos de la destrucción en el Arca, y no simplemente el agua. Si el tipo fuera solamente el agua, no sería un anti-tipo porque no fue el agua lo que los salvó.
 

[8] Enfatizo el bautismo en el Espíritu como una experiencia con itálicas porque (como explico más adelante), el bautismo en el Espíritu es algo que todos recibimos al creer. Para algunos es una experiencia de llenura con el hablar en lenguas, pero esa no es la única evidencia del bautismo en el Espíritu.

 

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