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=Ha Cambiado el Nuevo Testamento despus de Tantos Aos?
por George Sidney Hurd
A menudo cuando estoy conversando con ateos e incluso con personas en círculos cristianas, al mencionar un texto de las Escrituras ellos responden, “La Biblia ha sido copiado y traducido tantas veces durante los últimos 2.000 años que no hay manera de saber lo que realmente decía el texto original.” Esto ha sido repetido tantas veces – incluso por los intelectuales prominentes, que muchos piensan que es la verdad.
Sin embargo, esta no es una respuesta informada y demuestra una ignorancia, voluntaria, o involuntaria, acerca de la abundancia de la evidencia textual que indica todo lo contrario.
El texto del Nuevo Testamento es el texto más plenamente atestiguado de toda la literatura antigua por una margen sumamente amplia. Hay más de 5.800 manuscritos griegos del Nuevo Testamento que han sido descubiertos y ese número sigue aumentando conforme los arqueólogos descubren más de ellos. El manuscrito más antiguo encontrado hasta ahora es un fragmento de papiro con una porción de Juan 18:31-33 en un lado y Juan 18:37-39 en el otro. Fue encontrado lejos de Judea en Egipto, y fue escrito entre los años 117 y 138 d.C. - solo pocos años después de que Juan escribió el original. La copia entera más antigua del Nuevo Testamento es el Codex Sinaiticus, escrito en 340 d.C. Adicionalmente, hay más de 10.000 manuscritos en el latín, algunos de ellos escritos tan temprano como en el año 350 d.C., además de 9.300 manuscritos en otros idiomas antiguas como el siríaco, el eslavo, el gótico, el etiópico, el cóptico, y el arminiano.
Adicionalmente, aún si no tuviéramos siquiera una sola copia del Nuevo Testamento, los Padres Ante-Nicea (Padres de la Iglesia que escribieron antes del Credo de Nicea en el año 325 d.C.) incluyeron en sus escritos más de un millón de citas del Nuevo Testamento, citando todos los versículos con la excepción de once. Con solamente estas citas, que son muy tempranas, uno podría prácticamente reconstruir todo el Nuevo Testamento.
En un contraste muy marcado a esto, la mayoría de la literatura no-bíblica tiene muy pocas copias para poder hacer una comparación crítica. Y las pocas que existen son entre 800 y 2.000 años separados en tiempo de los originales. Si uno fuera poner cada manuscrito de una literatura promedia uno encima del otro, tendría una altura de 1.2 metros. En cambio, si uno fuera a poner todos los manuscritos del Nuevo Testamento uno encima del otro, ¡sería más de una milla de altura! Sin embargo, nadie cuestiona la autenticidad de la otra literatura como hacen con el Nuevo Testamento.
Josefo escribió Las Antigüedades de los Judíos en el año 75 d.C., al mismo tiempo que fue escrito el Nuevo Testamento. A pesar de que solamente existen 20 copias de sus manuscritos, con los más antiguos separados siete siglos del original, la autenticidad del relato histórico de las Sagradas Escrituras a menudo es cuestionado basado en lo que dijo Josefo y no al contrario.
Algunos críticos señalan que hay más variantes entre los manuscritos que hay palabras en el Nuevo Testamento (se estima que hay entre 300.000 y 400.000). Sin embargo, hay más de 2.5 millones de páginas de texto contenidos en los manuscritos griegos que tenemos. Si calculamos usando el número medio de 350.000 variantes, eso solo sería un error por cada 7 páginas.
Adicionalmente, 99 por ciento de estas variantes no son de consecuencia alguna, dado que solo se tratan de palabras mal escritas; el cambio del orden de palabras que en el griego no cambia en significado; o la presencia o ausencia de artículos. Todos estos errores son fácilmente identificados y corregidos – especialmente considerando el gran volumen de copias que tenemos para hacer comparaciones.
Solo un porciento se trata de interpolaciones – normalmente de una sola palabra o línea que el escriba dejó sin escribir por accidente. La interpolación más larga es Juan 7:53-8:11 pero es fácil de identificar como adición, haciendo una comparación de todos los manuscritos que tenemos. La porción más larga que no aparece en algunos de los manuscritos más tempranos es Marcos 16:9-20. Sin embargo, tomando en cuenta todo, muchos han concluido que la exclusión de los versículos 9 a 20 fue una omisión temprano hecho por un escriba en vez de ser una interpolación. Ninguna de estas variantes afecta alguna doctrina cristiana mayor, y la mayoría pueden ser corregidos más allá de duda razonable haciendo una comparación cuidadosa de los miles de manuscritos que tenemos.
Aunque es cierto que no tenemos las copias originales sino copias de copias, una comparación cuidadosa y crítica de todos los manuscritos existentes ha llevado muchos expertos en la ciencia crítica del texto a la conclusión informada de que el texto del griego que usamos hoy en día es mucho más de 99 porciento igual al original.
Aunque uno no puede ser absolutamente dogmático, dado que no tenemos el original, la preponderancia de la evidencia es tan abrumadora que solamente aquellos como Bart Ehrman, que llegan al texto con una predisposición a no creer en el testimonio de las Escrituras acerca del mismo, podrían posiblemente salir todavía cuestionando su confiabilidad.
Yo estudié el tema en mi último año de estudios teológicos en el año 1982 y me dio una gran confianza de que el texto griego que usaba era una réplica confiable del original. Llegué a conocer a Cristo por medio del mensaje de las Escrituras y deseaba creer en la veracidad del testimonio de Jesús Mismo acerca de las Escrituras. Sin embargo, es evidente que no todos tienen el mismo amor a la verdad y deseo de conocer la voluntad de Dios como ha sido revelada en las Escrituras.
En esta época los justos viven por la fe y sin la fe es imposible agradar a Dios (Rom 1:17-18; Heb 10:38-39; 11:6). La fe a la cual hemos sido llamado es una confianza en Dios como Él se ha revelado en Su Palabra. La verdadera fe es un regalo de Dios que es impartido a aquellos que lleguen al fin de sí mismos y le clamen al Señor para recibir Su salvación (Jer 33:3; Jn 10:25-27; Hch 13:48;16:14).
Yo creo que Dios a menudo no presenta una “en la cara” evidencia innegable de la veracidad de Su Palabra para proveer una salida para aquellos que, en su falso sentido de autosuficiencia, todavía están indispuestos a recibir el amor a la verdad, sino que se complacen en la injusticia (2Tes 2:10-12). Pablo dijo que en los postreros días muchos no estarían dispuestos a recibir la Palabra escrita de Dios, sino que, según sus propios deseos serán atraídos a maestros que solo les dirán lo que quieren escuchar (2Tim 4:2-4).
Pablo también dijo que en los postreros días muchos apartarían de la fe, escuchando a espíritus del engaño y doctrinas de demonios (1Tim 4:1,2). En el contexto “la fe” es aquella enseñanza o doctrina que nos fue dada por medio de los Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo (Hch 2:42; 1Tim 4:16; Tito 1:9). Judas, el medio hermano del Señor, dijo que debemos de contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3).
Muchos hoy en día que desprecian la Palabra escrita de Dios una vez dada a los santos para buscar una forma de misticismo, ingenuamente se están abriendo a espíritus del engaño y doctrinas de demonios, así como advirtió Pablo. De la misma manera, Jesús nos advirtió de esto, diciendo que falsos maestros y profetas en los últimos días engañaría, si fuere posible, aun los escogidos (Mt 24:11-12,24). Jesús incluso hizo la pregunta: “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará (la) fe en la tierra?” (Lucas 18:8).
Bart Ehrman comenzó en la fe y estudió bajo Bruce Metzger de Princeton, uno de los mejores eruditos textuales del siglo XX. Sin embargo, aunque el estudio de la historia y transmisión del texto ha fortalecido la fe de muchos – incluyéndome a mí mismo, Bruce eligió el camino de la duda e incredulidad, finalmente volviendo agnóstico y jugando un papel muy importante en el movimiento de los Neo Ateos. Como indicio de los tiempos que estamos viviendo, seis de sus libros han estado en la lista de mayor venta de New York Times.
En contraste, Dan Wallace que estudió bajo los mismos profesores que Ehrman, y en mi opinión es el experto textual más destacado de nuestro tiempo, tiene la predisposición a creer en vez de dudar, y demuestra muy hábilmente más allá de duda razonable que el texto del griego que tenemos hoy en día es una representación del original muy confiable. Él también ha escrito varios libros. Sin embargo, así como dijo Jesús que sucedería en los últimos días, muy pocos están dispuestos a recibir el testimonio de Wallace acerca de la veracidad de la Palabra de Dios.
Hace poco, Bart Ehrman y Dan Wallace tuvieron un debate abierto que recomiendo altamente si puedes entenderlo en inglés. Para mí no cabe duda de que hoy tenemos una representación precisa del texto original. La pregunta es si uno esté dispuesto a creer o no. (Jn 5:38-40,46-47). A fin de cuentas, todos tenemos que escoger, o seguir el camino de la fe y confianza, o tomar la senda de la duda y incredulidad.
El siguiente es el vínculo para el debate:
Ehrman vs Wallace - Can We Trust the Text of the NT?
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por George Sidney Hurd
La doctrina de la Expiación Sustitutiva de Cristo comenzó a ser fuertemente atacada por los teólogos Liberales comenzando a finales del siglo XIX, solo para ser resistida aún más fuertemente por los Progresivos Posmodernos que a menudo intentaban envilecer la doctrina, caricaturizándola con términos como “el abuso infantil cósmico” o como “Jesús salvándonos de un Padre airado.”
El término Expiación Sustitutiva Penal simplemente significa que Cristo llevó en Su propia persona el justo castigo debido a nosotros por el pecado original de Adán y por todos los pecados de la humanidad como nuestro sustituto en la cruz. Considero la evidencia escritural para esta doctrina en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros?” y también en mi libro: “Los Caminos de Dios (Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico)”
Sin embargo, en este blog mi objetivo es examinar la historicidad de la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal. La afirmación que suelen hacer los opositores a la sustitución penal es que la doctrina es una invención reciente, concebida en la mente jurídica de Juan Calvino. Si esta alegación puede ser sustanciada, daría gran motivo a cuestionar la validez de dicha doctrina, dado que anticiparíamos que al menos los Padres Post Apostólicos hubieran creído en la doctrina, estando tan cerca de las enseñanzas de los Apóstoles originales.
Mientras que es cierto que los Padres Primitivos aún no habían formulado ningunas de las varias teorías de la expiación que tenemos hoy en día, todos los elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal están presentes en todos sus escritos. Para ellos la expiación era más amplia que la expiación sustitutiva penal, igual como es con los proponentes de la expiación sustitutiva penal de hoy. Sin embargo, fue central a su entendimiento de la expiación.
Algunos detractores de la expiación sustitutiva penal, ignorando las referencias claras de los Padres que estaremos examinando a continuación, solo citan otras declaraciones de ellos que están más de acuerdo con la teoría de la expiación Christus Victor (Cristo el Vencedor), como si eso excluyese una expiación sustitutiva penal. Otros citan las referencias de los Padres a una justicia restaurativa, ignorando sus muchas referencias que claramente indican que ellos también creían que Cristo satisfizo la justicia penal como nuestro sustituto. Los Padres Primitivos enseñaron que Cristo ganó la Victoria sobre Satanás y la muerte, pero también enseñaban que Cristo sufrió la justa pena por los pecados que hemos cometido contra un Dios justo y santo. También enseñaban la justicia restaurativa, pero sin hacer caso omiso a la justicia penal.
Las siguientes son varias citas de los Padres de la Iglesia Primitiva que contienen uno o más elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal. Para un estudio del tema más a fondo recomiendo “Pierced for Our Transgressions” escrito por Steve Jeffery, junto con Michael Ovey y Andrew Sach.
Clemente de Roma (96 d.C.)
“Por el amor que Él sintió por nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, su cuerpo por nuestros cuerpos, y Su alma por nuestras almas.” [1]
En las Escrituras vemos que sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados ante Dios (Heb 9:22; Lev 17:11). A la luz de esto, Clemente aquí presenta a Jesús como derramando Su propia sangre en nuestro lugar, así como fue prefigurado en el cordero expiatorio del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Aquí vemos a Cristo por la voluntad de Dios sufriendo la pena de la muerte por nosotros (sustitución penal), así haciendo expiación (kaphar) por nuestros pecados ante Dios.
Como un aparte, la palabra “atonement” en inglés es una rendición desafortunada de la palabra hebreo kaphar, que literalmente significa “cubrir,” pero en el contexto del sistema Levítico de sacrificios significa “remover el pecado y culpa por sacrificio,” y es paralela a propiciación que habla de “un sacrificio que es el pago satisfactorio para una ofensa.” En cambio, “atonement” es un término inventado en el siglo XVI, compuesto de las palabras “en unión + ment” que es más descriptiva de la reconciliación que resulta del sacrificio expiatorio que el kaphar o sacrificio expiatorio mismo.
El error que ha resultado por haber reemplazado la palabra expiación con la palabra “atonement” es que ha dado lugar para que algunos eliminen la necesidad del sacrificio de la sangre como si fuera posible el perdón de los pecados y la reconciliación sin la necesidad del derramamiento de sangre (Heb 9:22; Mt 26:28). En otros idiomas es más difícil separar el sacrificio de la expiación porque la definición misma de expiación requiere el sacrificio expiatorio, como vemos en español y otros idiomas (ej. Latín, expiationem; Francés, propiciación; Italiano, purgamento). Todos estos idiomas ponen el énfasis en el sacrificio mismo, sin el cual no sería posible la atonement o reconciliación. Por lo tanto, cuando los del habla inglés usan la palabra atonement, tienen que tener cuidado de no pensar en una reconciliación sin la satisfacción anterior de la justicia de Dios por medio de la sangre de Cristo.
Epistola de Berbabé (70-135 d.C.)
“Porque con este fin su Señor padeció, entregando Su carne a la corrupción, para que seamos santificados por la remisión de los pecados, lo cual es efectuado por Su sangre rociada. Porque fue escrito de Él… ‘El herido fue por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades: por Sus llagas fuimos curados. Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” [2]
Aquí vemos a Cristo presentado como el Cordero sustitutivo de Dios derramando Su sangre por nuestros transgresiones e iniquidades, citando de Isaías 53, donde también dice de Su sacrificio expiatorio:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado… 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” (Isa 53:10,11)
¿Por qué es necesario el derramamiento de sangre para la remisión y perdón de nuestros pecados ante Dios? Porque desde el comienzo – aún antes de que hubiera entrado el pecado en el mundo por Adán, Dios dijo que la paga del pecado sería la muerte y que el alma que pecare, esa morirá. Cuando Dios estableció los sacrificios de sangre, Él explicó por qué era necesaria la sangre expiatoria para la remisión de pecados. Él dijo: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Lev 17:11).
Como la vida está en la sangre y Dios dijo desde el principio que el pago del pecado era la muerte, Su justicia y verdad requerían la sangre vital del pecador. La sangre de los animales fue dada para expiar los pecados del pueblo. Sin embargo, no era posible que la sangre de los animales quitara los pecados del pueblo. Solamente el divino Cordero de Dios que daría Su sangre vital una vez para siempre podría quitar los pecados del mundo (Jn 1:29). El Cordero de Dios, inmolado desde la fundación del mundo según el plan eterno del trino Dios, cumplió lo que estaba prefigurado en los sacrificios de sangre del Antiguo Testamento (Apo 13:8).
Hay algunos que negarían que la sangre de Cristo tuviera valor salvífico alguno ante Dios. Ellos dirían que todo el sistema de sacrificios, lo cual prefigura el sacrificio de Cristo de una vez para siempre no era más que un invento de la mente depravada de Moisés que equivocadamente pensaba que las deidades requerían sacrificios para ser apaciguados. Sin embargo, a través del Nuevo Testamento vemos que fue algo establecido por Dios Mismo, y encontró su cumplimiento en Cristo que derramó Su sangre para la remisión de los pecados, presentándola sobre el propiciatorio celestial (Mt 26:28; Heb 9:12-15,23-28; 10:1-10). Los que niegan esto, son culpables de tener por algo común o profano la sangre del pacto y haciendo afrenta al Espíritu de la gracia (Heb 10:29).
Epistola a Diognetus (2o siglo)
“Cuando nuestras iniquidades habían llegado a su culminación… Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por los transgresores, el Inocente por los inicuos, el Justo por los injustos… ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificará a muchos transgresores.” [3]
Aquí vemos a Cristo entregándose a Sí Mismo en rescate por nosotros, tomando sobre Sí nuestras transgresiones. Él habla de esta sustitución como un dulce intercambio. Esto es una referencia clara a 2Corintios 5:21 que dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
Hay aquellos que argumentan que la perspectiva forense, jurídica o legal de la expiación originó con Juan Calvino. Sin embargo, cuando vemos referencia a “transgresores” siendo “justificados” en un “juicio” en las Escrituras o en los Padres Primitivas, claramente está refiriendo a una transacción legal o forense. Una transgresión por definición requiere una ley para trasgredir (Rom 4:15; 5:13). Las transgresiones requieren un juicio y su resultante “condenación” que es otro término jurídico. Es por eso que la “justificación” o el veredicto de “ninguna condenación” solamente viene por el sacrificio propiciatorio de Cristo que satisfizo la justicia de Dios, así haciendo posible que Dios permanezca justo al mismo tiempo que justifica a los pecadores (Rom 3:23-26).
Justino Mártir (100-165 d.C.)
“Porque toda la raza humana estará encontrada bajo una maldición. Porque está escrito en la Ley de Moisés, ‘Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas’... Entonces, si el Padre de todos quiso que Su Cristo tomara sobre Sí Mismo las maldiciones de toda la familia humana, sabiendo que después de haber sido crucificado Él iba a resucitarlo de entre los muertos, ¿por qué debaten acerca de Él que se sometió para sufrir estas cosas según la voluntad del Padre como si Él fuera maldito, y no más bien lamentarse? Porque, aunque Su Padre lo hizo sufrir estas cosas a beneficio de la familia humana, sin embargo, ellos no cometieron el hecho para obedecerle a Dios.” [4]
Justino Mártir, con referencia a Gálatas 3:10, dice que toda la raza humana estaba bajo la maldición de la Ley. La Ley de Dios demanda la perfección. Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg 2:10). La maldición es una parte de la Ley de Dios en vez de ser alguna maldición de otra fuente como el diablo.
Debido a nuestra desobediencia estábamos todos bajo la maldición de Dios. Esto fue por intención divina – no para que el hombre esté eternamente maldito, sino para que todos llegáramos a reconocer nuestra necesidad de la gracia y misericordia de Dios. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Rom 11:32). En el tiempo señalado, Jesús vino y tomó nuestra maldición sobre Sí Mismo como nuestro sustituto. Él sufrió la pena o maldición debida a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. Justino Mártir da una declaración muy clara de la expiación sustitutiva penal de Cristo.
Ireneo (130-202 d.C.)
“el Mediador entre Dios y los hombres; verdaderamente propiciándonos con el Padre contra quién habíamos pecado, y cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia; confiriendo sobre nosotros también el don de la comunión con Él y sujeción a nuestro Creador.” [5]
“Porque si ninguno puede perdonar los pecados sino solamente Dios, mientras que el Señor los remitió y sanó a los hombres, es evidente que Él Mismo era la Palabra de Dios hecho Hijo del hombre, recibiendo del Padre el poder de la remisión de los pecados; dado que Él era hombre, y era al mismo tiempo Dios, a fin de que, como hombre Él sufriera por nosotros, para que como Dios pudiera tener compasión de nosotros y perdonar nuestras deudas, en las que estábamos endeudados con Dios nuestro Creador.” [6]
Aquí vemos que, además del hecho de que, sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, es contra Dios mismo que hemos pecado, y por lo tanto es de Él que necesitamos recibir el perdón. Adicionalmente vemos que, para que Dios mostrara compasión a nosotros, perdonándonos, fue necesario que el Hijo de Dios tomara sobre Sí Mismo los pecados de la humanidad para sufrir como nuestro sustituto, así cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia. Aunque su énfasis en la recapitulación de todos los que cayeron en Adán en Cristo, el último Adán, fue su mayor contribución, la expiación penal es claramente presentado aquí por Ireneo como lo que hizo posible la recapitulación de todos.
Eusebio de Cesárea (275-339 d.C.)
“Así que, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo llegó a ser una maldición por nosotros… Y el Cordero de Dios no hizo solamente esto, sino que Él fue castigado en lugar de nosotros y sufrió una pena que Él no debía, sino que nosotros la debíamos por la multitud de nuestros pecados; y así llego a ser la causa del perdón de nuestros pecados, porque Él recibió la muerte por nosotros y transfirió a Sí Mismo los azotes, los insultos y el desprecio que merecíamos nosotros, y recibió en Sí Mismo la misma maldición declarada, siendo maldito por nosotros.” [7]
Un resumen más claro de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo no podría ser encontrado ni siquiera en los escritos de Juan Calvino. Cristo llegó a ser una maldición por nosotros, sufriendo la justa pena debido a nosotros por nuestros pecados, así haciendo posible que Dios perdonara nuestros pecados.
Eusebio de Emesa (300-360 d.C.)
“Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que pudiéramos morir a los pecados y vivir para la justicia; por Sus llagas hemos sido curados… Sus heridas llegaron a ser nuestros salvadores.” [8]
Aquí Eusebio cita de 1Pedro 2:24 que dice, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” Pedro aquí, también cita de Isaías 53, que claramente describe la expiación sustitutiva penal de Cristo por nuestros pecados.
Hilario de Poitiers (300-368 d.C.)
“la sentencia de una maldición fue pronunciada sobre todos los que quebrantan la Ley… Fue de esta maldición que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, cuando, como dice el Apóstol: ‘Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición para nosotros, como está escrito: maldito es aquel que es colgado sobre un madero. Así que, Él se ofreció a Sí Mismo a la muerte del maldito para destruir la maldición de la Ley, ofreciéndose voluntariamente como una víctima a Dios el Padre, para que por medio de una víctima voluntaria la maldición a consecuencia del ofensor original sea removida.” [9]
Aquí otra vez vemos a Cristo redimiéndonos de la sentencia penal de Dios por haber quebrantada Su Ley. Cristo es presentado como habiéndose ofrecido a Sí Mismo a Dios el Padre y no al diablo como algunas versiones de Cristus Victor afirman.
Atanasio (300-373 d.C.)
“Él entregó Su cuerpo a la muerte en lugar de todos y lo ofreció al Padre. Esto hizo de Su puro amor por nosotros, para que en Su muerte todos murieran, y de esa manera la ley de la muerte sea abolida, porque habiendo cumplido en Su cuerpo lo que fue destinado, después quedó libre del poder de los hombres.” [10]
“Fue por entregar a la muerte el cuerpo que había tomado como una ofrenda y sacrificio, libre de cada mancha, que Él abolió a la muerte por Sus hermanos humanos, ofreciendo el equivalente. Porque naturalmente, dado que la Palabra de Dios era sobre todo, cuando Él había ofrecido a Su propio templo e instrumento corporal como sustituto por la vida de todos, Él cumplió en Su muerte todo lo que fue requerido.” [11]
“Anteriormente, el mundo como culpable estaba bajo el juicio de la Ley, pero ahora la Palabra ha tomado sobre Sí Misma el juicio, y habiendo sufrido en el cuerpo por todos, ha dado la salvación a todos.” [12]
“Porque cuando Juan dice, ‘La Palabra fue hecha carne’ no entendemos la Palabra Misma en Su totalidad carne, sino que tomó carne y llegó a ser hombre. Y al oír, ‘Cristo fue hecho maldición por nosotros,’ y ‘Él fue hecho pecado por nosotros, Él que no conoció pecado.’ No simplemente entendemos con esto que la totalidad de Cristo fue hecho maldición y pecado, sino que Él tomó en Sí Mismo la maldición que estaba sobre nosotros (como ha dicho el Apóstol, ‘Él nos ha redimido de la maldición,’ y ‘ha llevado,’ como ha dicho Isaías, ‘nuestros pecados,’ y como Pedro ha escrito, ‘los ha llevado en Su cuerpo en el madero.’” [13]
Al contrario de las descripciones distorsionadas de los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo que presentan a Dios como un Padre airado matando a Su Hijo después de darle una paliza, vemos que Cristo llevó en Sí Mismo nuestro juicio, sufriendo en nuestro lugar por Su puro amor por nosotros. La ira de Dios contra el pecado es igualmente compartida entre todas las personas de la trinidad y no es nada más la ira del Padre. Y fue por el amor que el trino Dios tiene por nosotros que el sacrificio por nuestros pecados fue hecho. Era Dios en Cristo reconciliando al mundo a Sí Mismo, y no un Salvador de amor salvándonos de un Padre airado y vengativo, como a menudo es blasfemamente descrito por los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal.
Básil el Grande (330-379 d.C.)
“Por la sangre de Cristo, por la fe, hemos sido limpiados de todo pecado.” [14]
Estas palabras de Basil se basan en pasajes como Mateo 26:28 que dice, “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” y Hebreos 9:22: “sin derramamiento de sangre no hay remisión.” Si Dios pudiera simplemente perdonar sin primero satisfacer Su justicia, entonces la muerte de Cristo hubiera sido en vano. Y decir que Su sangre no tiene poder para remitir nuestros pecados equivale contar la sangre de Cristo como algo común (Heb 10:29; 2Pet 2:1).
Gregorio de Nazianzus (330-390 d.C.)
“Por mi Él fue llamado una maldición quien destruyó mi maldición y pecado – Él que quita el pecado del mundo y llegó a ser un nuevo Adán para tomar el lugar del viejo. De esta manera, Él tomó mi desobediencia como la Suya como la Cabeza de todo el cuerpo.” [15]
Aquí otra vez, podemos ver claramente a Cristo sufriendo la maldición a causa de nuestra desobediencia en lugar de nosotros como nuestra Cabeza representativa.
Agustín de Hipona (354-430 d.C.)
“Maldito el que es colgado en un madero… Tu no permitirás que Él fuera maldito por nosotros porque no aceptas que Él murió por nosotros. Ser exento de la maldición de Adán implica ser exento de su muerte. Pero como Cristo sufrió la muerte como hombre, y por el hombre; así también, siendo Hijo de Dios como era…Él se sometió como hombre y para el hombre, para llevar la maldición que trae la muerte. Y como Él murió en la carne que había tomado para soportar nuestro castigo, así también, aunque siempre bendito por Su propia justicia, Él fue maldito por nuestras ofensas en la muerte que sufrió llevando nuestro castigo.” [16]
“Porque esa sangre, dado que fue de Aquel que no tenía ningún pecado, fue derramada para la remisión de nuestros pecados.” [17]
“Porque aún el Señor Mismo fue sujetado a la muerte, pero no por haber pecado: Él tomó sobre Sí Mismo nuestro castigo, y así nos libró de nuestra culpa.” [18]
“Ahora, como los hombres estaban bajo Su ira debido a su pecado original, y como este pecado original era el más pesado y mortífero en proporción a la cantidad y magnitud de los pecados que fueron agregados a él, había necesidad de un Mediador, eso es, de un reconciliador que, por haber ofrecido un sacrificio, del cual todos los sacrificios de la Ley y los profetas eran tipos, quite Su ira. Por lo tanto, el apóstol dice: ‘Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.’ Ahora, cuando se dice de Dios que está enojado, no debemos de atribuirle a Él la emoción alterada como existe en la mente de un hombre enojado; sino que llamamos Su justo disgusto contra el pecado por el nombre “enojo,” una palabra transferida por analogía de las emociones humanas. Pero el estar reconciliado con Dios a través de un Mediador, y recibiendo al Espíritu Santo, resultando en que nosotros que éramos enemigos somos hechos hijos…esta es la gracia de Dios a través de Jesucristo nuestro Señor.” [19]
Agustín presenta al hombre como estando bajo la ira de Dios debido a sus pecados. Estando en esta condición y bajo la maldición de la Ley, Cristo llevó nuestra maldición, colgando del madero y siendo castigado en lugar nuestro para la remisión de nuestros pecados. Sin descontar las otras teorías como Cristus Victor y Ejemplo Moral, este lenguaje es el lenguaje de la Expiación Sustitutiva Penal solamente. Y sin negar el hecho de que la justicia de Dios tenga la restauración como fin y no es meramente penal, estas citas de los Padres refieren a Cristo como habiendo tomado sobre Sí Mismo nuestra condenación penal. La restauración solo puede suceder después de haber sido justificados por el sacrificio expiatorio de Cristo.
Cirilo de Alejandría (378-444 d.C.)
“El Unigénito fue hecho hombre, tomó un cuerpo por naturaleza en enemistad con la muerte, y llegó a ser carne para que, al sufrir la muerte que estaba sobre nosotros debido a nuestro pecado, Él pudiera abolir el pecado; y además, que Él podría poner fin a las acusaciones de Satanás, porque tenemos cancelados en Cristo Mismo las penas por los cargos del pecado que estaban contra nosotros: ‘Porque Él llevó nuestros pecados, y fue herido por nosotros,’ según la voz del profeta. Oh, ¿No somos sanados por Sus heridas?” [20]
Cirilo dice que Cristo sufrió la pena que debíamos por nuestros pecados, aboliéndolos. Eso es equivalente a la expiación penal.
Gregorio el Grande (540-604 d.C.)
“Cuando el primer hombre fue movido del Señor por Satanás, entonces el Señor fue movido contra el segundo Hombre…que, siendo encarnado, no tenía pecados propios, y sin embargo siendo sin ofensa tomó sobre Sí el castigo del carnal.” [21]
Gregorio dice del Señor que fue movido contra Cristo, el segundo Hombre, mientras que Él recibió el castigo debido a nosotros.
Severo el Grande de Antioquía (512 d.C.)
“Aquel que se ofreció a Sí Mismo por nuestros pecados no tenía pecado propio. Pero Él llevó sobre Sí Mismo nuestras transgresiones y fue hecho un sacrificio por ellas. Este principio fue establecido en la Ley."
Aquí vemos la naturaleza jurídica y legal de la expiación de Cristo expresada claramente. Él llevó en Sí Mismo nuestras transgresiones como prescrito en la Ley.
Oecumenio (990 d.C.)
“Tan imensa fue Su pasión que por tan a menudo que pecaren los seres humanos, ese solitario acto de sufrimiento es suficiente para quitar todas nuestras transgresiones.” [22]
Podríamos mencionar otras citas de los Padres Primitivas, pero esto debe ser suficiente para demostrar más allá de cualquier duda razonable que los Padres de manera unánime creían en la expiación sustitutiva penal de Cristo. Aunque también creían en elementos de otras teorías, el hecho de que Cristo sufrió la pena de nuestros pecados siempre era central en sus creencias. Así que, la alegación de que fue un invento de la mente legal de Juan Calvino está sin base.
[1] Clement, First Epistle of Clement to the Corinthians 49, in The Ante-Nicene Fathers 1:18
[2] Epistle of Barnabas 5, Ante-Nicene Fathers 1:139
[3] Mathetes, The Epistle to Diognetus 9, Ante-Nicene Fathers 1:28
[4] Justin Martyr, Dialogue with Trypho 95, Ante Nicene Fathers 1:247
[5] Irenaeus, against heresies 5.17.1, in the Ante-Nicene Fathers 1 (ed. Alexander Roberts and James Donaldson; Grand Rapids: Eerdmans, 1979 [1885]). see also 4.8.2 where in performing the offices of the high priest Christ “propitiates” God for people.
[6] Ibid., 5.17.3
[7] Eusebius, Demonstratio Evangélica 10.1 trans. W.J. Ferrar,
http:www.earlychristianwritings.com/fathers/eusebius_de_12_book10.html
[8] Ibid
[9] Hillary, Homilies on the Psalms 13, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2, ed. Philip Schaff, 12 vols. (Grand Rapids: Eerdmans, 1976) 9:246
[10] Athanasius, De Incarnatione Verbi Dei, trans, and ed., A Religious of C.C.M.V., Intro. By C.C. Lewis (Crestwood, N.Y.: St. Vladimir’s Seminary Press, 1996), 34
[11] Ibid., 35
[12] Athanasius, “Four Discourses Against the Arians,” The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 4:341
[13] Ibid., 2 4:374
[14] Basil, On Baptism, in ACCS NT XI, 96
[15] Gregory, The Fourth Theological Oration 5, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 7:311
[16] Augustine, Reply to Faustus the Manichaean 6, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 4:209
[17] Augustine, “On the Trinity” 15, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 3:177
[18] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 8, §10
Cyril of Alexandria (378-444 A.D.)
[19] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 3, Chapter 33
[20] Cyril, De atoratione et cultu in spiritu et verita te iii, 100-102, in JP. Migne (ed.), Patrologiae Cursus Completus: Series Graeca, vol. 68 (Paris, 1857) 293,296
[21] Gregory, Morals of the Book of Job, in Library of Fathers of the Holy Catholic Church (London: Oxford, 1844) 1:148
[22] Oecumenius, Commentary on 1Peter, in ACCS NT XI. 107
La doctrina de la Expiación Sustitutiva de Cristo comenzó a ser fuertemente atacada por los teólogos Liberales comenzando a finales del siglo XIX, solo para ser resistida aún más fuertemente por los Progresivos Posmodernos que a menudo intentaban envilecer la doctrina, caricaturizándola con términos como “el abuso infantil cósmico” o como “Jesús salvándonos de un Padre airado.”
El término Expiación Sustitutiva Penal simplemente significa que Cristo llevó en Su propia persona el justo castigo debido a nosotros por el pecado original de Adán y por todos los pecados de la humanidad como nuestro sustituto en la cruz. Considero la evidencia escritural para esta doctrina en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros?” y también en mi libro: “Los Caminos de Dios (Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico)”
Sin embargo, en este blog mi objetivo es examinar la historicidad de la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal. La afirmación que suelen hacer los opositores a la sustitución penal es que la doctrina es una invención reciente, concebida en la mente jurídica de Juan Calvino. Si esta alegación puede ser sustanciada, daría gran motivo a cuestionar la validez de dicha doctrina, dado que anticiparíamos que al menos los Padres Post Apostólicos hubieran creído en la doctrina, estando tan cerca de las enseñanzas de los Apóstoles originales.
Mientras que es cierto que los Padres Primitivos aún no habían formulado ningunas de las varias teorías de la expiación que tenemos hoy en día, todos los elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal están presentes en todos sus escritos. Para ellos la expiación era más amplia que la expiación sustitutiva penal, igual como es con los proponentes de la expiación sustitutiva penal de hoy. Sin embargo, fue central a su entendimiento de la expiación.
Algunos detractores de la expiación sustitutiva penal, ignorando las referencias claras de los Padres que estaremos examinando a continuación, solo citan otras declaraciones de ellos que están más de acuerdo con la teoría de la expiación Christus Victor (Cristo el Vencedor), como si eso excluyese una expiación sustitutiva penal. Otros citan las referencias de los Padres a una justicia restaurativa, ignorando sus muchas referencias que claramente indican que ellos también creían que Cristo satisfizo la justicia penal como nuestro sustituto. Los Padres Primitivos enseñaron que Cristo ganó la Victoria sobre Satanás y la muerte, pero también enseñaban que Cristo sufrió la justa pena por los pecados que hemos cometido contra un Dios justo y santo. También enseñaban la justicia restaurativa, pero sin hacer caso omiso a la justicia penal.
Las siguientes son varias citas de los Padres de la Iglesia Primitiva que contienen uno o más elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal. Para un estudio del tema más a fondo recomiendo “Pierced for Our Transgressions” escrito por Steve Jeffery, junto con Michael Ovey y Andrew Sach.
Clemente de Roma (96 d.C.)
“Por el amor que Él sintió por nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, su cuerpo por nuestros cuerpos, y Su alma por nuestras almas.” [1]
En las Escrituras vemos que sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados ante Dios (Heb 9:22; Lev 17:11). A la luz de esto, Clemente aquí presenta a Jesús como derramando Su propia sangre en nuestro lugar, así como fue prefigurado en el cordero expiatorio del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Aquí vemos a Cristo por la voluntad de Dios sufriendo la pena de la muerte por nosotros (sustitución penal), así haciendo expiación (kaphar) por nuestros pecados ante Dios.
Como un aparte, la palabra “atonement” en inglés es una rendición desafortunada de la palabra hebreo kaphar, que literalmente significa “cubrir,” pero en el contexto del sistema Levítico de sacrificios significa “remover el pecado y culpa por sacrificio,” y es paralela a propiciación que habla de “un sacrificio que es el pago satisfactorio para una ofensa.” En cambio, “atonement” es un término inventado en el siglo XVI, compuesto de las palabras “en unión + ment” que es más descriptiva de la reconciliación que resulta del sacrificio expiatorio que el kaphar o sacrificio expiatorio mismo.
El error que ha resultado por haber reemplazado la palabra expiación con la palabra “atonement” es que ha dado lugar para que algunos eliminen la necesidad del sacrificio de la sangre como si fuera posible el perdón de los pecados y la reconciliación sin la necesidad del derramamiento de sangre (Heb 9:22; Mt 26:28). En otros idiomas es más difícil separar el sacrificio de la expiación porque la definición misma de expiación requiere el sacrificio expiatorio, como vemos en español y otros idiomas (ej. Latín, expiationem; Francés, propiciación; Italiano, purgamento). Todos estos idiomas ponen el énfasis en el sacrificio mismo, sin el cual no sería posible la atonement o reconciliación. Por lo tanto, cuando los del habla inglés usan la palabra atonement, tienen que tener cuidado de no pensar en una reconciliación sin la satisfacción anterior de la justicia de Dios por medio de la sangre de Cristo.
Epistola de Berbabé (70-135 d.C.)
“Porque con este fin su Señor padeció, entregando Su carne a la corrupción, para que seamos santificados por la remisión de los pecados, lo cual es efectuado por Su sangre rociada. Porque fue escrito de Él… ‘El herido fue por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades: por Sus llagas fuimos curados. Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” [2]
Aquí vemos a Cristo presentado como el Cordero sustitutivo de Dios derramando Su sangre por nuestros transgresiones e iniquidades, citando de Isaías 53, donde también dice de Su sacrificio expiatorio:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado… 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” (Isa 53:10,11)
¿Por qué es necesario el derramamiento de sangre para la remisión y perdón de nuestros pecados ante Dios? Porque desde el comienzo – aún antes de que hubiera entrado el pecado en el mundo por Adán, Dios dijo que la paga del pecado sería la muerte y que el alma que pecare, esa morirá. Cuando Dios estableció los sacrificios de sangre, Él explicó por qué era necesaria la sangre expiatoria para la remisión de pecados. Él dijo: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Lev 17:11).
Como la vida está en la sangre y Dios dijo desde el principio que el pago del pecado era la muerte, Su justicia y verdad requerían la sangre vital del pecador. La sangre de los animales fue dada para expiar los pecados del pueblo. Sin embargo, no era posible que la sangre de los animales quitara los pecados del pueblo. Solamente el divino Cordero de Dios que daría Su sangre vital una vez para siempre podría quitar los pecados del mundo (Jn 1:29). El Cordero de Dios, inmolado desde la fundación del mundo según el plan eterno del trino Dios, cumplió lo que estaba prefigurado en los sacrificios de sangre del Antiguo Testamento (Apo 13:8).
Hay algunos que negarían que la sangre de Cristo tuviera valor salvífico alguno ante Dios. Ellos dirían que todo el sistema de sacrificios, lo cual prefigura el sacrificio de Cristo de una vez para siempre no era más que un invento de la mente depravada de Moisés que equivocadamente pensaba que las deidades requerían sacrificios para ser apaciguados. Sin embargo, a través del Nuevo Testamento vemos que fue algo establecido por Dios Mismo, y encontró su cumplimiento en Cristo que derramó Su sangre para la remisión de los pecados, presentándola sobre el propiciatorio celestial (Mt 26:28; Heb 9:12-15,23-28; 10:1-10). Los que niegan esto, son culpables de tener por algo común o profano la sangre del pacto y haciendo afrenta al Espíritu de la gracia (Heb 10:29).
Epistola a Diognetus (2o siglo)
“Cuando nuestras iniquidades habían llegado a su culminación… Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por los transgresores, el Inocente por los inicuos, el Justo por los injustos… ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificará a muchos transgresores.” [3]
Aquí vemos a Cristo entregándose a Sí Mismo en rescate por nosotros, tomando sobre Sí nuestras transgresiones. Él habla de esta sustitución como un dulce intercambio. Esto es una referencia clara a 2Corintios 5:21 que dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
Hay aquellos que argumentan que la perspectiva forense, jurídica o legal de la expiación originó con Juan Calvino. Sin embargo, cuando vemos referencia a “transgresores” siendo “justificados” en un “juicio” en las Escrituras o en los Padres Primitivas, claramente está refiriendo a una transacción legal o forense. Una transgresión por definición requiere una ley para trasgredir (Rom 4:15; 5:13). Las transgresiones requieren un juicio y su resultante “condenación” que es otro término jurídico. Es por eso que la “justificación” o el veredicto de “ninguna condenación” solamente viene por el sacrificio propiciatorio de Cristo que satisfizo la justicia de Dios, así haciendo posible que Dios permanezca justo al mismo tiempo que justifica a los pecadores (Rom 3:23-26).
Justino Mártir (100-165 d.C.)
“Porque toda la raza humana estará encontrada bajo una maldición. Porque está escrito en la Ley de Moisés, ‘Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas’... Entonces, si el Padre de todos quiso que Su Cristo tomara sobre Sí Mismo las maldiciones de toda la familia humana, sabiendo que después de haber sido crucificado Él iba a resucitarlo de entre los muertos, ¿por qué debaten acerca de Él que se sometió para sufrir estas cosas según la voluntad del Padre como si Él fuera maldito, y no más bien lamentarse? Porque, aunque Su Padre lo hizo sufrir estas cosas a beneficio de la familia humana, sin embargo, ellos no cometieron el hecho para obedecerle a Dios.” [4]
Justino Mártir, con referencia a Gálatas 3:10, dice que toda la raza humana estaba bajo la maldición de la Ley. La Ley de Dios demanda la perfección. Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg 2:10). La maldición es una parte de la Ley de Dios en vez de ser alguna maldición de otra fuente como el diablo.
Debido a nuestra desobediencia estábamos todos bajo la maldición de Dios. Esto fue por intención divina – no para que el hombre esté eternamente maldito, sino para que todos llegáramos a reconocer nuestra necesidad de la gracia y misericordia de Dios. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Rom 11:32). En el tiempo señalado, Jesús vino y tomó nuestra maldición sobre Sí Mismo como nuestro sustituto. Él sufrió la pena o maldición debida a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. Justino Mártir da una declaración muy clara de la expiación sustitutiva penal de Cristo.
Ireneo (130-202 d.C.)
“el Mediador entre Dios y los hombres; verdaderamente propiciándonos con el Padre contra quién habíamos pecado, y cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia; confiriendo sobre nosotros también el don de la comunión con Él y sujeción a nuestro Creador.” [5]
“Porque si ninguno puede perdonar los pecados sino solamente Dios, mientras que el Señor los remitió y sanó a los hombres, es evidente que Él Mismo era la Palabra de Dios hecho Hijo del hombre, recibiendo del Padre el poder de la remisión de los pecados; dado que Él era hombre, y era al mismo tiempo Dios, a fin de que, como hombre Él sufriera por nosotros, para que como Dios pudiera tener compasión de nosotros y perdonar nuestras deudas, en las que estábamos endeudados con Dios nuestro Creador.” [6]
Aquí vemos que, además del hecho de que, sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, es contra Dios mismo que hemos pecado, y por lo tanto es de Él que necesitamos recibir el perdón. Adicionalmente vemos que, para que Dios mostrara compasión a nosotros, perdonándonos, fue necesario que el Hijo de Dios tomara sobre Sí Mismo los pecados de la humanidad para sufrir como nuestro sustituto, así cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia. Aunque su énfasis en la recapitulación de todos los que cayeron en Adán en Cristo, el último Adán, fue su mayor contribución, la expiación penal es claramente presentado aquí por Ireneo como lo que hizo posible la recapitulación de todos.
Eusebio de Cesárea (275-339 d.C.)
“Así que, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo llegó a ser una maldición por nosotros… Y el Cordero de Dios no hizo solamente esto, sino que Él fue castigado en lugar de nosotros y sufrió una pena que Él no debía, sino que nosotros la debíamos por la multitud de nuestros pecados; y así llego a ser la causa del perdón de nuestros pecados, porque Él recibió la muerte por nosotros y transfirió a Sí Mismo los azotes, los insultos y el desprecio que merecíamos nosotros, y recibió en Sí Mismo la misma maldición declarada, siendo maldito por nosotros.” [7]
Un resumen más claro de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo no podría ser encontrado ni siquiera en los escritos de Juan Calvino. Cristo llegó a ser una maldición por nosotros, sufriendo la justa pena debido a nosotros por nuestros pecados, así haciendo posible que Dios perdonara nuestros pecados.
Eusebio de Emesa (300-360 d.C.)
“Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que pudiéramos morir a los pecados y vivir para la justicia; por Sus llagas hemos sido curados… Sus heridas llegaron a ser nuestros salvadores.” [8]
Aquí Eusebio cita de 1Pedro 2:24 que dice, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” Pedro aquí, también cita de Isaías 53, que claramente describe la expiación sustitutiva penal de Cristo por nuestros pecados.
Hilario de Poitiers (300-368 d.C.)
“la sentencia de una maldición fue pronunciada sobre todos los que quebrantan la Ley… Fue de esta maldición que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, cuando, como dice el Apóstol: ‘Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición para nosotros, como está escrito: maldito es aquel que es colgado sobre un madero. Así que, Él se ofreció a Sí Mismo a la muerte del maldito para destruir la maldición de la Ley, ofreciéndose voluntariamente como una víctima a Dios el Padre, para que por medio de una víctima voluntaria la maldición a consecuencia del ofensor original sea removida.” [9]
Aquí otra vez vemos a Cristo redimiéndonos de la sentencia penal de Dios por haber quebrantada Su Ley. Cristo es presentado como habiéndose ofrecido a Sí Mismo a Dios el Padre y no al diablo como algunas versiones de Cristus Victor afirman.
Atanasio (300-373 d.C.)
“Él entregó Su cuerpo a la muerte en lugar de todos y lo ofreció al Padre. Esto hizo de Su puro amor por nosotros, para que en Su muerte todos murieran, y de esa manera la ley de la muerte sea abolida, porque habiendo cumplido en Su cuerpo lo que fue destinado, después quedó libre del poder de los hombres.” [10]
“Fue por entregar a la muerte el cuerpo que había tomado como una ofrenda y sacrificio, libre de cada mancha, que Él abolió a la muerte por Sus hermanos humanos, ofreciendo el equivalente. Porque naturalmente, dado que la Palabra de Dios era sobre todo, cuando Él había ofrecido a Su propio templo e instrumento corporal como sustituto por la vida de todos, Él cumplió en Su muerte todo lo que fue requerido.” [11]
“Anteriormente, el mundo como culpable estaba bajo el juicio de la Ley, pero ahora la Palabra ha tomado sobre Sí Misma el juicio, y habiendo sufrido en el cuerpo por todos, ha dado la salvación a todos.” [12]
“Porque cuando Juan dice, ‘La Palabra fue hecha carne’ no entendemos la Palabra Misma en Su totalidad carne, sino que tomó carne y llegó a ser hombre. Y al oír, ‘Cristo fue hecho maldición por nosotros,’ y ‘Él fue hecho pecado por nosotros, Él que no conoció pecado.’ No simplemente entendemos con esto que la totalidad de Cristo fue hecho maldición y pecado, sino que Él tomó en Sí Mismo la maldición que estaba sobre nosotros (como ha dicho el Apóstol, ‘Él nos ha redimido de la maldición,’ y ‘ha llevado,’ como ha dicho Isaías, ‘nuestros pecados,’ y como Pedro ha escrito, ‘los ha llevado en Su cuerpo en el madero.’” [13]
Al contrario de las descripciones distorsionadas de los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo que presentan a Dios como un Padre airado matando a Su Hijo después de darle una paliza, vemos que Cristo llevó en Sí Mismo nuestro juicio, sufriendo en nuestro lugar por Su puro amor por nosotros. La ira de Dios contra el pecado es igualmente compartida entre todas las personas de la trinidad y no es nada más la ira del Padre. Y fue por el amor que el trino Dios tiene por nosotros que el sacrificio por nuestros pecados fue hecho. Era Dios en Cristo reconciliando al mundo a Sí Mismo, y no un Salvador de amor salvándonos de un Padre airado y vengativo, como a menudo es blasfemamente descrito por los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal.
Básil el Grande (330-379 d.C.)
“Por la sangre de Cristo, por la fe, hemos sido limpiados de todo pecado.” [14]
Estas palabras de Basil se basan en pasajes como Mateo 26:28 que dice, “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” y Hebreos 9:22: “sin derramamiento de sangre no hay remisión.” Si Dios pudiera simplemente perdonar sin primero satisfacer Su justicia, entonces la muerte de Cristo hubiera sido en vano. Y decir que Su sangre no tiene poder para remitir nuestros pecados equivale contar la sangre de Cristo como algo común (Heb 10:29; 2Pet 2:1).
Gregorio de Nazianzus (330-390 d.C.)
“Por mi Él fue llamado una maldición quien destruyó mi maldición y pecado – Él que quita el pecado del mundo y llegó a ser un nuevo Adán para tomar el lugar del viejo. De esta manera, Él tomó mi desobediencia como la Suya como la Cabeza de todo el cuerpo.” [15]
Aquí otra vez, podemos ver claramente a Cristo sufriendo la maldición a causa de nuestra desobediencia en lugar de nosotros como nuestra Cabeza representativa.
Agustín de Hipona (354-430 d.C.)
“Maldito el que es colgado en un madero… Tu no permitirás que Él fuera maldito por nosotros porque no aceptas que Él murió por nosotros. Ser exento de la maldición de Adán implica ser exento de su muerte. Pero como Cristo sufrió la muerte como hombre, y por el hombre; así también, siendo Hijo de Dios como era…Él se sometió como hombre y para el hombre, para llevar la maldición que trae la muerte. Y como Él murió en la carne que había tomado para soportar nuestro castigo, así también, aunque siempre bendito por Su propia justicia, Él fue maldito por nuestras ofensas en la muerte que sufrió llevando nuestro castigo.” [16]
“Porque esa sangre, dado que fue de Aquel que no tenía ningún pecado, fue derramada para la remisión de nuestros pecados.” [17]
“Porque aún el Señor Mismo fue sujetado a la muerte, pero no por haber pecado: Él tomó sobre Sí Mismo nuestro castigo, y así nos libró de nuestra culpa.” [18]
“Ahora, como los hombres estaban bajo Su ira debido a su pecado original, y como este pecado original era el más pesado y mortífero en proporción a la cantidad y magnitud de los pecados que fueron agregados a él, había necesidad de un Mediador, eso es, de un reconciliador que, por haber ofrecido un sacrificio, del cual todos los sacrificios de la Ley y los profetas eran tipos, quite Su ira. Por lo tanto, el apóstol dice: ‘Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.’ Ahora, cuando se dice de Dios que está enojado, no debemos de atribuirle a Él la emoción alterada como existe en la mente de un hombre enojado; sino que llamamos Su justo disgusto contra el pecado por el nombre “enojo,” una palabra transferida por analogía de las emociones humanas. Pero el estar reconciliado con Dios a través de un Mediador, y recibiendo al Espíritu Santo, resultando en que nosotros que éramos enemigos somos hechos hijos…esta es la gracia de Dios a través de Jesucristo nuestro Señor.” [19]
Agustín presenta al hombre como estando bajo la ira de Dios debido a sus pecados. Estando en esta condición y bajo la maldición de la Ley, Cristo llevó nuestra maldición, colgando del madero y siendo castigado en lugar nuestro para la remisión de nuestros pecados. Sin descontar las otras teorías como Cristus Victor y Ejemplo Moral, este lenguaje es el lenguaje de la Expiación Sustitutiva Penal solamente. Y sin negar el hecho de que la justicia de Dios tenga la restauración como fin y no es meramente penal, estas citas de los Padres refieren a Cristo como habiendo tomado sobre Sí Mismo nuestra condenación penal. La restauración solo puede suceder después de haber sido justificados por el sacrificio expiatorio de Cristo.
Cirilo de Alejandría (378-444 d.C.)
“El Unigénito fue hecho hombre, tomó un cuerpo por naturaleza en enemistad con la muerte, y llegó a ser carne para que, al sufrir la muerte que estaba sobre nosotros debido a nuestro pecado, Él pudiera abolir el pecado; y además, que Él podría poner fin a las acusaciones de Satanás, porque tenemos cancelados en Cristo Mismo las penas por los cargos del pecado que estaban contra nosotros: ‘Porque Él llevó nuestros pecados, y fue herido por nosotros,’ según la voz del profeta. Oh, ¿No somos sanados por Sus heridas?” [20]
Cirilo dice que Cristo sufrió la pena que debíamos por nuestros pecados, aboliéndolos. Eso es equivalente a la expiación penal.
Gregorio el Grande (540-604 d.C.)
“Cuando el primer hombre fue movido del Señor por Satanás, entonces el Señor fue movido contra el segundo Hombre…que, siendo encarnado, no tenía pecados propios, y sin embargo siendo sin ofensa tomó sobre Sí el castigo del carnal.” [21]
Gregorio dice del Señor que fue movido contra Cristo, el segundo Hombre, mientras que Él recibió el castigo debido a nosotros.
Severo el Grande de Antioquía (512 d.C.)
“Aquel que se ofreció a Sí Mismo por nuestros pecados no tenía pecado propio. Pero Él llevó sobre Sí Mismo nuestras transgresiones y fue hecho un sacrificio por ellas. Este principio fue establecido en la Ley."
Aquí vemos la naturaleza jurídica y legal de la expiación de Cristo expresada claramente. Él llevó en Sí Mismo nuestras transgresiones como prescrito en la Ley.
Oecumenio (990 d.C.)
“Tan imensa fue Su pasión que por tan a menudo que pecaren los seres humanos, ese solitario acto de sufrimiento es suficiente para quitar todas nuestras transgresiones.” [22]
Podríamos mencionar otras citas de los Padres Primitivas, pero esto debe ser suficiente para demostrar más allá de cualquier duda razonable que los Padres de manera unánime creían en la expiación sustitutiva penal de Cristo. Aunque también creían en elementos de otras teorías, el hecho de que Cristo sufrió la pena de nuestros pecados siempre era central en sus creencias. Así que, la alegación de que fue un invento de la mente legal de Juan Calvino está sin base.
[1] Clement, First Epistle of Clement to the Corinthians 49, in The Ante-Nicene Fathers 1:18
[2] Epistle of Barnabas 5, Ante-Nicene Fathers 1:139
[3] Mathetes, The Epistle to Diognetus 9, Ante-Nicene Fathers 1:28
[4] Justin Martyr, Dialogue with Trypho 95, Ante Nicene Fathers 1:247
[5] Irenaeus, against heresies 5.17.1, in the Ante-Nicene Fathers 1 (ed. Alexander Roberts and James Donaldson; Grand Rapids: Eerdmans, 1979 [1885]). see also 4.8.2 where in performing the offices of the high priest Christ “propitiates” God for people.
[6] Ibid., 5.17.3
[7] Eusebius, Demonstratio Evangélica 10.1 trans. W.J. Ferrar,
http:www.earlychristianwritings.com/fathers/eusebius_de_12_book10.html
[8] Ibid
[9] Hillary, Homilies on the Psalms 13, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2, ed. Philip Schaff, 12 vols. (Grand Rapids: Eerdmans, 1976) 9:246
[10] Athanasius, De Incarnatione Verbi Dei, trans, and ed., A Religious of C.C.M.V., Intro. By C.C. Lewis (Crestwood, N.Y.: St. Vladimir’s Seminary Press, 1996), 34
[11] Ibid., 35
[12] Athanasius, “Four Discourses Against the Arians,” The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 4:341
[13] Ibid., 2 4:374
[14] Basil, On Baptism, in ACCS NT XI, 96
[15] Gregory, The Fourth Theological Oration 5, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 7:311
[16] Augustine, Reply to Faustus the Manichaean 6, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 4:209
[17] Augustine, “On the Trinity” 15, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 3:177
[18] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 8, §10
Cyril of Alexandria (378-444 A.D.)
[19] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 3, Chapter 33
[20] Cyril, De atoratione et cultu in spiritu et verita te iii, 100-102, in JP. Migne (ed.), Patrologiae Cursus Completus: Series Graeca, vol. 68 (Paris, 1857) 293,296
[21] Gregory, Morals of the Book of Job, in Library of Fathers of the Holy Catholic Church (London: Oxford, 1844) 1:148
[22] Oecumenius, Commentary on 1Peter, in ACCS NT XI. 107
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Los Argumentos Escriturales
por George Sidney Hurd
Habiendo ya examinado los problemas morales y lógicos presentados por la creencia en la reencarnación, ahora podemos dirigir nuestra atención a algunos textos de las Escrituras presentados para apoyar esta teoría.
Algunos afirman que la mayoría de las referencias a la reencarnación fueron quitadas del Nuevo Testamento por la Iglesia Romana comenzando en el siglo VI, pero sin evidencias sustanciales. De hecho, las evidencias de manuscritos escritos antes del siglo VI desmientan esa teoría.
Además, vemos la esperanza de la resurrección también en el Antiguo Testamento. En Génesis 3:19 Dios le dijo a Adán, “pues polvo eres, y al polvo volverás.” Sin embargo, desde el principio vemos la esperanza de ser resucitado. Se cree que el libro de Job fue el primer libro escrito en la Biblia. Job claramente expresa su expectativa de la resurrección en el día del fin. Él dijo:
“¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! 14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación.” (Job 14:13-14)
Job, en su gran sufrimiento, esperaba morir y permanecer oculto en el hades hasta el tiempo señalado de Dios para resucitarlo. Algunos proponentes de la reencarnación argumentarían que “hasta que venga mi liberación” refiere a una reencarnación y no la resurrección. Veremos el significado de las palabras griegas pálin gínomai utilizadas aquí en el LXX del Antiguo Testamento más adelante. Por el momento me gustaría enfatizar que no existe evidencias de la creencia en la reencarnación antes del 1100 a.C. y Job precede eso por al menos 500 años. Además, a continuación, llega a ser aún más evidente que la esperanza de Job era la de ser resucitado en el día final cuando él sería resucitado y llevado a la presencia de Dios. Él dijo:
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; 26 y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; 27 al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” (Job 19:25-27)
Claramente, Job estaba anhelando la resurrección de su cuerpo en el día final en vez de estar anticipando una reencarnación. Él esperaba ver a Dios en su cuerpo resucitado de carne. Cuando llegamos al libro de Daniel la resurrección es claramente presentada como ocurriendo después de la Gran Tribulación:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” (Dan 12:1-3)
Aquí vemos la resurrección ocurriendo al final de la Gran Tribulación, que sería la Segunda Venida de Cristo, así como Cristo mismo explica (Matt 24:29-31). Aquellos que afirman que la Iglesia Romana quitó toda referencia a la reencarnación tienen que explicar por qué el Antiguo Testamento del pueblo hebreo también tiene referencias a la resurrección y no a la reencarnación. Estas referencias no pueden ser confundidas como siendo reencarnaciones, dado que la resurrección es colectiva y no individual. Isaías habla de esta resurrección colectiva:
“Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán. Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos.” (Isa 26:19 SRV)
Todos estos pasajes del Antiguo Testamento hablan de una resurrección del cuerpo a la inmortalidad física, así como vemos presentado en el Nuevo Testamento. Pablo dice, “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (1Cor 15:35). Continúa explicando que es un cuerpo incorruptible, no del polvo de la tierra como nuestro cuerpo actual, sin embargo, un cuerpo real (1Cor 15:44-45,48).
Algunos, no logrando entender que nuestro cuerpo glorificado es un cuerpo espiritual, piensan que Dios necesita el mismo polvo de nuestro cuerpo viejo para poder resucitarnos. Por esa razón, la Iglesia Romana a veces quemaba los cuerpos de los “herejes” (a menudo eran verdaderos santos) y lanzaban las cenizas al río, pensando que eso haría imposible que Dios los levantara. De semejante manera, algunos ateos piden que sus cenizas sean esparcidas en el mar por si acaso. Pero nuestro cuerpo nuevo no será del polvo.
Pablo dijo que sería un cuerpo igual al cuerpo glorificado de Cristo que podría materializarse o desmaterializarse, y sin embargo Jesús dijo que Su cuerpo no era un espíritu, sino que tenía carne y huesos (1Cor 15:48-49; 1Jn 3:2; Lucas 24:36-43). Jesús dijo que seríamos como los ángeles que son espíritus, y sin embargo pueden aparecer en cuerpos de carne y hueso tangibles (Mt 22:30; Heb 13:2; Gen 18:2 cf. 19:1; Jueces 13:15).
Aunque, como veremos, el Nuevo Testamento implica que algunos erróneamente creían en la reencarnación en el tiempo del ministerio de Jesús, la totalidad de la enseñanza, tanto del Antiguo, como el Nuevo Testamento, claramente enseñan una resurrección corporal, seguida por el juicio. Jesús dijo:
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28-29)
En las enseñanzas de Jesús, la resurrección a menudo es mencionada, pero ni siquiera una sola vez admite la posibilidad de reencarnaciones múltiples (Mt 12:25-26; 22:30; 24:29; Lucas 20:37; Jn 11:24-25). En los tiempos del Nuevo Testamento había dos sectas principales entre los judíos – los fariseos que creían en la resurrección del cuerpo al final de la época y los saduceos que negaban que había una resurrección.
Aunque había unos pocos judíos místicos en ese tiempo que creían en la reencarnación por la influencia de Platón, combinada con el misticismo oriental, la doctrina esotérica de los judíos Cabalísticas de hoy en día no surgió hasta el siglo XIII.
Aunque la creencia en la reencarnación es indirectamente mencionada en el Nuevo Testamento, el Nuevo Testamento enseña la resurrección y no la reencarnación. Pablo, en su defensa ante el concilio dijo, “acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga” (Hch 23:6-8). La reencarnación hubiera sido apasionadamente rechazada en el concilio judío. Cuando Pablo habló ante los hombres de Atenas acerca de la resurrección de los muertos se burlaban de él (Hch 17:32). La creencia platónica de la reencarnación era respetada en Atenas en ese tiempo y, por lo tanto, él no hubiera sido burlado por haberles hablado de la reencarnación.
Un pasaje que brevemente mencioné en el blog anterior excluye de manera específica y categórica cualquier concepto de una reencarnación:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Las Escrituras presentan uniformemente la muerte física como sucediendo una sola vez. Así como el hombre muere una sola vez y entonces enfrentará el juicio, de la misma manera Cristo murió una sola vez en nuestro lugar, llevando en Sí Mismo el justo juicio o condenación debido a nosotros. Como Pedro dice: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1Pedro 3:18). Él sufrió y murió por nuestros pecados de una vez por todos. Por lo tanto, los que están unidos a Cristo por la fe en esta vida no enfrentarán un juicio condenatorio al morir (Jn 5:24; 5:29; Rom 8:1).
Los demás serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el Lago de Fuego purificador que es la segunda muerte (Apo 20:13-15; 21:8; 2:11). Examino lo que significa el Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Los que no mueren a la carne y la vida del YO en esta vida, serán purificados en el fuego de la aflicción, llamado el Lago de Fuego y no por medio de milenios de repetidas reencarnaciones.
Términos equivocados por reencarnación
1) Regeneración (poliggenesía)
“Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (poliggenesia), cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.” (Mateo 19:28-30)
“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración (poliggenesía) y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:5-7)
“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación (LXX pálin gínomai ‘llegar a ser otra vez’).” (Job 14:14)
La palabra poliggenesía está compuesta de pálin que significa “otra vez” y génesis que significa “origen o nacimiento.” Solamente aparece dos veces en la Biblia y en ambas instancias es en el Nuevo Testamento. En el LXX traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego solo aparece una vez, y como dos palabras separadas en Job 14:14. Algunos argumentan que poliggenesía significa reencarnación. Sin embargo, en la literatura secular de los tiempos bíblicos poliggenesía tenía dos sentidos, dependiendo del contexto donde aparece. Pero ninguno de los dos sentidos habla de la reencarnación. La Diccionary of the New Testament (Kittel) dice lo siguiente acerca de su significado:
“La palabra primero parece haber adquirido un significado en el estoicismo y su doctrina de la renovación del mundo después de una purificación por el fuego (ekpúrosis)… En un fragmento de Terentius Varro (en Aug. Civ. D., 22,28) poliggenesía se usa del nuevo nacimiento de individuos en una etapa del mundo, y esto es aceptado como el uso griego general. Así que la palabra tiene un sentido individual y también un sentido cósmico… Debe ser notado que en esta conexión que, tanto en el estoicismo y en el judaísmo, la poliggenesía está en el futuro. En el anterior sigue el futuro ekpúrosis; en el posterior pertenece al juicio futuro.” (énfasis mío) [1]
Así que, vemos que, en la literatura extrabíblica de aquella época la palabra podría tener referencia a la restauración futura del mundo, la resurrección futura, o al renacimiento de individuos. En Mateo 19:28 Jesús claramente está utilizando la palabra en su sentido estoico, refiriendo a la restauración de la Tierra. [2] En Tito 3:5 refiere a nuestra regeneración espiritual. En ninguna de las dos instancias se refiere a una reencarnación física como algunos han argumentado.
2) Nacido de Nuevo (genáo ánothen, anagenáo)
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo (genáo ánothen), no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo (genáo ánothen). 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” (Juan 3:3-8)
Algunos han interpretado las palabras de Jesús, “Os es necesario nacer de nuevo” como si dijera que es necesaria la reencarnación. Sin embargo, hay al menos dos razones por qué Jesús no pudo haber estado refiriendo a la reencarnación. El primer lugar, ánothen es de ano que principalmente significa “arriba.” No es simplemente otro nacimiento, sino un nacimiento de arriba. Por ese motivo varias traducciones la traducen “nacido de arriba” o incluyen esa lectura en las anotaciones.
En segundo lugar, el nuevo nacimiento no es físico como fue nuestro primer nacimiento. Nicodemo estaba confundido acerca de esto de una manera semejante a la de los reencarnacionistas. Él le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Ni se le ocurrió a Nicodemo la posibilidad de la reencarnación. Pero similar a los reencarnacionistas, él estaba confundido, pensando que Jesús estaba hablando de un nacimiento físico. Si la reencarnación fuera una consideración para Nicodemo, él no le hubiera respondido a Jesús de una manera tan perpleja, preguntándole cómo sería posible entrar otra vez en el vientre de su propia madre.
Jesús le respondió diciendo que no es el cuerpo que tiene que nacer de nuevo, sino el espíritu del hombre. Él le dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Cuando nacimos la primera vez fue por simiente del hombre, pero cuando nacemos de nuevo es por simiente de Dios que es Espíritu. Como dice Pedro:
“siendo renacidos (anagenáo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1Pedro 1:23)
Cuando nuestro espíritu estaba muerto en nuestros delitos y pecados, Dios nos dio vida (Ef 2:1,5). Esto es un nacimiento espiritual, no físico. Nuestros espíritus fueron vivificados con la vida eterna de Cristo que ahora es nuestra vida y por lo tanto somos un espíritu con Él (1Cor 6:17). ¡Esto es algo mucho más glorioso que reencarnándose o incluso llegando al estado de Brahmín donde uno pierde su identidad, llegando a ser uno con la consciencia cósmica impersonal!
¿Enseñaba Jesús la Reencarnación?
Unas personas piensan que Jesús, en un par de ocasiones, enseñó la reencarnación. Vamos a examinar brevemente estos pasajes.
El Hombre que Nació Ciego
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:1-3)
La pregunta que hicieron los discípulos de Jesús implica que ellos creían en la reencarnación. La única manera que un hombre podría nacer ciego debido a su propio pecado es haber vivido antes de nacer. Sin embargo, en vez de entrar en un discurso para corregir su creencia errada de la reencarnación, Jesús simplemente les respondió diciendo: “No es que pecó éste, ni sus padres.”
Había mucho folklore y supersticiones entre la clase común de los discípulos, de la misma manera que existen en ciertas regiones hoy en día. Como ya hemos visto, Jesús enseñaba resurrección – no reencarnación. El hecho de que no se detuvo para darles un discurso acerca de la resurrección no debe ser tomado como evidencia de que Él creía en la reencarnación. Cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua y los discípulos gritaron, “¡Un fantasma!” y Jesús sencillamente respondió diciendo, “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” no necesariamente significa que Él creía en fantasmas de la misma manera que ellos (Mt 14:26-27). Gran parte de las Escrituras deben ser entendidas como descriptivas – no prescriptivas. Las enseñanzas propias de Jesús excluyen la reencarnación – no la afirman.
Elías y Juan el Bautista
Contrario a lo que muchos que buscan encontrar la reencarnación en la Biblia afirman, en ninguna parte dice que Juan el Bautista era Elías. Los hijos de Israel estaban anticipando la venida de Elías porque fue profetizado en Malaquías 4:5 que él vendría antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
Elías es un caso único, considerando que, debido a la caída, es dado al hombre morir, y sin embargo él fue llevado al cielo sin ver la muerte (Heb 9:27; 2Reyes 2:11). Esto puede ser una de las razones por que en los postreros días él será enviado para preparar el camino para la venida de Cristo que iniciará el día del Señor. Es probable que él sea uno de los dos testigos durante la Gran Tribulación que será matado pero resucitará después de tres días, siendo arrebatado al cielo (Apo 11:3-12).
Algunos han concluido que Juan el Bautista fue Elías porque el ángel que anunció su nacimiento a su padre le dijo que Juan iría delante del Señor “con el espíritu y el poder de Elías.” Sin embargo, viendo estas palabras en su contexto, es claro que tiene referencia a la unción que estaría sobre él y el ministerio que él cumpliría, en vez de ser una reencarnación de Elías. El ángel dijo:
“porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. 16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. 17 E irá delante de él CON EL ESPÍRITU Y EL PODER DE Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (Lucas 1:15-17)
Dios le ungió a Elías con poder y autoridad para volver los corazones de los Israelitas de sus idolatrías a Él. De la misma manera, Juan el Bautista fue ungido con el mismo espíritu y poder que antes reposaba sobre Elías. Es el mismo espíritu que Elías pidió que recibiera en el momento que Elías fuera llevado al cielo:
“Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.” (2Reyes 2:9)
Aquí vemos a Eliseo pidiendo a Elías que una doble porción de su espíritu viniera sobre él cuando Elías fuera llevado al cielo. En esta ocasión es muy claro que el espíritu de Elías sobre Eliseo no tiene referencia a una reencarnación, dado que ambos estaban vivos en el momento y el espíritu de Elías era algo que vino sobre Eliseo en el momento que Elías fue llevado al cielo.
Que el “espíritu y poder de Elías” no es Elías mismo reencarnado se hace aún más evidente cuando los judíos le preguntaron a Juan si era Elías y él les respondió diciendo, “No soy” (Jn 1:21). Cuando seguían insistiendo que les dijera quién era, él simplemente respondió, “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor (Jn 1:23 cf. Lucas 7:27). Entonces, en vez de que el espíritu y el poder de Elías tenga referencia a la reencarnación, hablaba de una unción para un ministerio similar a la unción de Elías.
Lo que confunde a algunos son las palabras de Jesús acerca de Juan el Bautista cuando dijo: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mt 11:14-15). Aquí vemos a Jesús diciendo que, si Israel hubiera sido dispuesto a recibirlo, Juan habría sido Elías que vendrá para preparar el camino para su Mesías/Rey. Sin embargo, pocos días después, Herodes su rey decapitó a Juan, y cuando Cristo formalmente se presentó como el Mesías y Rey de Israel, ellos lo rechazaron y el reino les fue quitado y dado a los gentiles (Lucas 19:37-44).
La razón por la que Jesús dijo, “El que tiene oídos para oír, oiga,” en referencia a que Juan sea Elías es porque Jesús sabía desde el principio que Israel no iba a recibir el mensaje de Juan y que iban a rechazarlo, crucificando a su Rey y Mesías. Su primera venida era como su Mesías – Su Segunda Venida será para reinar como el Rey de reyes cuando ellos finalmente le darán la bienvenida diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt 23:39). Debido a que los Suyos no le recibieron, Juan no era Elías – Elías está por venir aún, así como Jesús le explicó a Pedro, Jacobo y Juan mientras descendían del monte de la transfiguración donde Jesús había estado hablando con Moisés y Elías:
“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías VIENE primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.” (Mt 17:10-13)
Cuando ellos vieron a Elías hablando con Jesús, se dieron cuenta que Elías no era el mismo Juan el Bautista que ellos habían conocido. Creyendo que Elías tenía que venir antes del Cristo, le preguntaron a Jesús, “¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” No fue hasta que Jesús les explicó que Juan el Bautista hubiera cumplido el papel de Elías si Israel hubiese recibido su mensaje, que ellos entendieron que Elías estaba aún por venir.
Esto puede ocasionar confusión para algunos. Es por eso que Jesús dijo que tendrían que poner atención para poder entenderlo (Mt 11:15). Juan el Bautista vino en el “espíritu y poder de Elías,” y sin embargo Juan mismo dijo que no era Elías. Jesús les dijo a los judíos que Juan era Elías “si queréis recibirlo,” pero no lo recibieron y por lo tanto el reino les fue quitado y dado a otros hasta el tiempo en que ellos Lo reciban (Mt 23:39; Rom 11:25-26).
Así que, aunque algunos intentan encontrar la reencarnación en las Escrituras, al mirar más de cerca es evidente que, aunque algunos judíos místicos de ese tiempo creyeron en la reencarnación, las Escrituras claramente enseñan que uno vive y muere una sola vez y después espera una resurrección para el juicio.
Muy a menudo la razón por la que una persona busca encontrar la reencarnación en las Escrituras en vez de aceptar la doctrina de la resurrección es que no quieren tener que enfrentar el juicio delante de Dios después de la muerte. Sin embargo, la solución no es negar la resurrección, sino recibir a Cristo como su Salvador y Señor, porque Él ya fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Rom 4:25). Por lo tanto, podemos estar confiados acerca de ese día porque ahora ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Dos Caminos Opuestos para la Salvación
El error más crítico de la reencarnación es que presenta un camino a la salvación aparte de Jesucristo nuestro Salvador. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Romanos 3:20 dice: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Pablo dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef 2:8-9).
En contraste a esto, la ley de karma es la auto-salvación – es la salvación por obras con esteroides – el opuesto total del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En las Escrituras la salvación es un regalo para ser recibido – no una meta inalcanzable para alcanzar. ¡Yo no cambiaría el regalo de la vida eterna en Jesucristo por un millón de vidas!
[1] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co.
[2] El historiador judío Josefo lo utilizaba de la renovación de la tierra de Israel después de un período de desolación, mientras el filósofo judío Josefo lo utiliza para describer la renovación de la Tierra después del diluvio.
por George Sidney Hurd
Habiendo ya examinado los problemas morales y lógicos presentados por la creencia en la reencarnación, ahora podemos dirigir nuestra atención a algunos textos de las Escrituras presentados para apoyar esta teoría.
Algunos afirman que la mayoría de las referencias a la reencarnación fueron quitadas del Nuevo Testamento por la Iglesia Romana comenzando en el siglo VI, pero sin evidencias sustanciales. De hecho, las evidencias de manuscritos escritos antes del siglo VI desmientan esa teoría.
Además, vemos la esperanza de la resurrección también en el Antiguo Testamento. En Génesis 3:19 Dios le dijo a Adán, “pues polvo eres, y al polvo volverás.” Sin embargo, desde el principio vemos la esperanza de ser resucitado. Se cree que el libro de Job fue el primer libro escrito en la Biblia. Job claramente expresa su expectativa de la resurrección en el día del fin. Él dijo:
“¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! 14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación.” (Job 14:13-14)
Job, en su gran sufrimiento, esperaba morir y permanecer oculto en el hades hasta el tiempo señalado de Dios para resucitarlo. Algunos proponentes de la reencarnación argumentarían que “hasta que venga mi liberación” refiere a una reencarnación y no la resurrección. Veremos el significado de las palabras griegas pálin gínomai utilizadas aquí en el LXX del Antiguo Testamento más adelante. Por el momento me gustaría enfatizar que no existe evidencias de la creencia en la reencarnación antes del 1100 a.C. y Job precede eso por al menos 500 años. Además, a continuación, llega a ser aún más evidente que la esperanza de Job era la de ser resucitado en el día final cuando él sería resucitado y llevado a la presencia de Dios. Él dijo:
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; 26 y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; 27 al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” (Job 19:25-27)
Claramente, Job estaba anhelando la resurrección de su cuerpo en el día final en vez de estar anticipando una reencarnación. Él esperaba ver a Dios en su cuerpo resucitado de carne. Cuando llegamos al libro de Daniel la resurrección es claramente presentada como ocurriendo después de la Gran Tribulación:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” (Dan 12:1-3)
Aquí vemos la resurrección ocurriendo al final de la Gran Tribulación, que sería la Segunda Venida de Cristo, así como Cristo mismo explica (Matt 24:29-31). Aquellos que afirman que la Iglesia Romana quitó toda referencia a la reencarnación tienen que explicar por qué el Antiguo Testamento del pueblo hebreo también tiene referencias a la resurrección y no a la reencarnación. Estas referencias no pueden ser confundidas como siendo reencarnaciones, dado que la resurrección es colectiva y no individual. Isaías habla de esta resurrección colectiva:
“Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán. Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos.” (Isa 26:19 SRV)
Todos estos pasajes del Antiguo Testamento hablan de una resurrección del cuerpo a la inmortalidad física, así como vemos presentado en el Nuevo Testamento. Pablo dice, “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (1Cor 15:35). Continúa explicando que es un cuerpo incorruptible, no del polvo de la tierra como nuestro cuerpo actual, sin embargo, un cuerpo real (1Cor 15:44-45,48).
Algunos, no logrando entender que nuestro cuerpo glorificado es un cuerpo espiritual, piensan que Dios necesita el mismo polvo de nuestro cuerpo viejo para poder resucitarnos. Por esa razón, la Iglesia Romana a veces quemaba los cuerpos de los “herejes” (a menudo eran verdaderos santos) y lanzaban las cenizas al río, pensando que eso haría imposible que Dios los levantara. De semejante manera, algunos ateos piden que sus cenizas sean esparcidas en el mar por si acaso. Pero nuestro cuerpo nuevo no será del polvo.
Pablo dijo que sería un cuerpo igual al cuerpo glorificado de Cristo que podría materializarse o desmaterializarse, y sin embargo Jesús dijo que Su cuerpo no era un espíritu, sino que tenía carne y huesos (1Cor 15:48-49; 1Jn 3:2; Lucas 24:36-43). Jesús dijo que seríamos como los ángeles que son espíritus, y sin embargo pueden aparecer en cuerpos de carne y hueso tangibles (Mt 22:30; Heb 13:2; Gen 18:2 cf. 19:1; Jueces 13:15).
Aunque, como veremos, el Nuevo Testamento implica que algunos erróneamente creían en la reencarnación en el tiempo del ministerio de Jesús, la totalidad de la enseñanza, tanto del Antiguo, como el Nuevo Testamento, claramente enseñan una resurrección corporal, seguida por el juicio. Jesús dijo:
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28-29)
En las enseñanzas de Jesús, la resurrección a menudo es mencionada, pero ni siquiera una sola vez admite la posibilidad de reencarnaciones múltiples (Mt 12:25-26; 22:30; 24:29; Lucas 20:37; Jn 11:24-25). En los tiempos del Nuevo Testamento había dos sectas principales entre los judíos – los fariseos que creían en la resurrección del cuerpo al final de la época y los saduceos que negaban que había una resurrección.
Aunque había unos pocos judíos místicos en ese tiempo que creían en la reencarnación por la influencia de Platón, combinada con el misticismo oriental, la doctrina esotérica de los judíos Cabalísticas de hoy en día no surgió hasta el siglo XIII.
Aunque la creencia en la reencarnación es indirectamente mencionada en el Nuevo Testamento, el Nuevo Testamento enseña la resurrección y no la reencarnación. Pablo, en su defensa ante el concilio dijo, “acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga” (Hch 23:6-8). La reencarnación hubiera sido apasionadamente rechazada en el concilio judío. Cuando Pablo habló ante los hombres de Atenas acerca de la resurrección de los muertos se burlaban de él (Hch 17:32). La creencia platónica de la reencarnación era respetada en Atenas en ese tiempo y, por lo tanto, él no hubiera sido burlado por haberles hablado de la reencarnación.
Un pasaje que brevemente mencioné en el blog anterior excluye de manera específica y categórica cualquier concepto de una reencarnación:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Las Escrituras presentan uniformemente la muerte física como sucediendo una sola vez. Así como el hombre muere una sola vez y entonces enfrentará el juicio, de la misma manera Cristo murió una sola vez en nuestro lugar, llevando en Sí Mismo el justo juicio o condenación debido a nosotros. Como Pedro dice: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1Pedro 3:18). Él sufrió y murió por nuestros pecados de una vez por todos. Por lo tanto, los que están unidos a Cristo por la fe en esta vida no enfrentarán un juicio condenatorio al morir (Jn 5:24; 5:29; Rom 8:1).
Los demás serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el Lago de Fuego purificador que es la segunda muerte (Apo 20:13-15; 21:8; 2:11). Examino lo que significa el Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Los que no mueren a la carne y la vida del YO en esta vida, serán purificados en el fuego de la aflicción, llamado el Lago de Fuego y no por medio de milenios de repetidas reencarnaciones.
Términos equivocados por reencarnación
1) Regeneración (poliggenesía)
“Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (poliggenesia), cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.” (Mateo 19:28-30)
“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración (poliggenesía) y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:5-7)
“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación (LXX pálin gínomai ‘llegar a ser otra vez’).” (Job 14:14)
La palabra poliggenesía está compuesta de pálin que significa “otra vez” y génesis que significa “origen o nacimiento.” Solamente aparece dos veces en la Biblia y en ambas instancias es en el Nuevo Testamento. En el LXX traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego solo aparece una vez, y como dos palabras separadas en Job 14:14. Algunos argumentan que poliggenesía significa reencarnación. Sin embargo, en la literatura secular de los tiempos bíblicos poliggenesía tenía dos sentidos, dependiendo del contexto donde aparece. Pero ninguno de los dos sentidos habla de la reencarnación. La Diccionary of the New Testament (Kittel) dice lo siguiente acerca de su significado:
“La palabra primero parece haber adquirido un significado en el estoicismo y su doctrina de la renovación del mundo después de una purificación por el fuego (ekpúrosis)… En un fragmento de Terentius Varro (en Aug. Civ. D., 22,28) poliggenesía se usa del nuevo nacimiento de individuos en una etapa del mundo, y esto es aceptado como el uso griego general. Así que la palabra tiene un sentido individual y también un sentido cósmico… Debe ser notado que en esta conexión que, tanto en el estoicismo y en el judaísmo, la poliggenesía está en el futuro. En el anterior sigue el futuro ekpúrosis; en el posterior pertenece al juicio futuro.” (énfasis mío) [1]
Así que, vemos que, en la literatura extrabíblica de aquella época la palabra podría tener referencia a la restauración futura del mundo, la resurrección futura, o al renacimiento de individuos. En Mateo 19:28 Jesús claramente está utilizando la palabra en su sentido estoico, refiriendo a la restauración de la Tierra. [2] En Tito 3:5 refiere a nuestra regeneración espiritual. En ninguna de las dos instancias se refiere a una reencarnación física como algunos han argumentado.
2) Nacido de Nuevo (genáo ánothen, anagenáo)
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo (genáo ánothen), no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo (genáo ánothen). 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” (Juan 3:3-8)
Algunos han interpretado las palabras de Jesús, “Os es necesario nacer de nuevo” como si dijera que es necesaria la reencarnación. Sin embargo, hay al menos dos razones por qué Jesús no pudo haber estado refiriendo a la reencarnación. El primer lugar, ánothen es de ano que principalmente significa “arriba.” No es simplemente otro nacimiento, sino un nacimiento de arriba. Por ese motivo varias traducciones la traducen “nacido de arriba” o incluyen esa lectura en las anotaciones.
En segundo lugar, el nuevo nacimiento no es físico como fue nuestro primer nacimiento. Nicodemo estaba confundido acerca de esto de una manera semejante a la de los reencarnacionistas. Él le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Ni se le ocurrió a Nicodemo la posibilidad de la reencarnación. Pero similar a los reencarnacionistas, él estaba confundido, pensando que Jesús estaba hablando de un nacimiento físico. Si la reencarnación fuera una consideración para Nicodemo, él no le hubiera respondido a Jesús de una manera tan perpleja, preguntándole cómo sería posible entrar otra vez en el vientre de su propia madre.
Jesús le respondió diciendo que no es el cuerpo que tiene que nacer de nuevo, sino el espíritu del hombre. Él le dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Cuando nacimos la primera vez fue por simiente del hombre, pero cuando nacemos de nuevo es por simiente de Dios que es Espíritu. Como dice Pedro:
“siendo renacidos (anagenáo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1Pedro 1:23)
Cuando nuestro espíritu estaba muerto en nuestros delitos y pecados, Dios nos dio vida (Ef 2:1,5). Esto es un nacimiento espiritual, no físico. Nuestros espíritus fueron vivificados con la vida eterna de Cristo que ahora es nuestra vida y por lo tanto somos un espíritu con Él (1Cor 6:17). ¡Esto es algo mucho más glorioso que reencarnándose o incluso llegando al estado de Brahmín donde uno pierde su identidad, llegando a ser uno con la consciencia cósmica impersonal!
¿Enseñaba Jesús la Reencarnación?
Unas personas piensan que Jesús, en un par de ocasiones, enseñó la reencarnación. Vamos a examinar brevemente estos pasajes.
El Hombre que Nació Ciego
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:1-3)
La pregunta que hicieron los discípulos de Jesús implica que ellos creían en la reencarnación. La única manera que un hombre podría nacer ciego debido a su propio pecado es haber vivido antes de nacer. Sin embargo, en vez de entrar en un discurso para corregir su creencia errada de la reencarnación, Jesús simplemente les respondió diciendo: “No es que pecó éste, ni sus padres.”
Había mucho folklore y supersticiones entre la clase común de los discípulos, de la misma manera que existen en ciertas regiones hoy en día. Como ya hemos visto, Jesús enseñaba resurrección – no reencarnación. El hecho de que no se detuvo para darles un discurso acerca de la resurrección no debe ser tomado como evidencia de que Él creía en la reencarnación. Cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua y los discípulos gritaron, “¡Un fantasma!” y Jesús sencillamente respondió diciendo, “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” no necesariamente significa que Él creía en fantasmas de la misma manera que ellos (Mt 14:26-27). Gran parte de las Escrituras deben ser entendidas como descriptivas – no prescriptivas. Las enseñanzas propias de Jesús excluyen la reencarnación – no la afirman.
Elías y Juan el Bautista
Contrario a lo que muchos que buscan encontrar la reencarnación en la Biblia afirman, en ninguna parte dice que Juan el Bautista era Elías. Los hijos de Israel estaban anticipando la venida de Elías porque fue profetizado en Malaquías 4:5 que él vendría antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
Elías es un caso único, considerando que, debido a la caída, es dado al hombre morir, y sin embargo él fue llevado al cielo sin ver la muerte (Heb 9:27; 2Reyes 2:11). Esto puede ser una de las razones por que en los postreros días él será enviado para preparar el camino para la venida de Cristo que iniciará el día del Señor. Es probable que él sea uno de los dos testigos durante la Gran Tribulación que será matado pero resucitará después de tres días, siendo arrebatado al cielo (Apo 11:3-12).
Algunos han concluido que Juan el Bautista fue Elías porque el ángel que anunció su nacimiento a su padre le dijo que Juan iría delante del Señor “con el espíritu y el poder de Elías.” Sin embargo, viendo estas palabras en su contexto, es claro que tiene referencia a la unción que estaría sobre él y el ministerio que él cumpliría, en vez de ser una reencarnación de Elías. El ángel dijo:
“porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. 16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. 17 E irá delante de él CON EL ESPÍRITU Y EL PODER DE Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (Lucas 1:15-17)
Dios le ungió a Elías con poder y autoridad para volver los corazones de los Israelitas de sus idolatrías a Él. De la misma manera, Juan el Bautista fue ungido con el mismo espíritu y poder que antes reposaba sobre Elías. Es el mismo espíritu que Elías pidió que recibiera en el momento que Elías fuera llevado al cielo:
“Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.” (2Reyes 2:9)
Aquí vemos a Eliseo pidiendo a Elías que una doble porción de su espíritu viniera sobre él cuando Elías fuera llevado al cielo. En esta ocasión es muy claro que el espíritu de Elías sobre Eliseo no tiene referencia a una reencarnación, dado que ambos estaban vivos en el momento y el espíritu de Elías era algo que vino sobre Eliseo en el momento que Elías fue llevado al cielo.
Que el “espíritu y poder de Elías” no es Elías mismo reencarnado se hace aún más evidente cuando los judíos le preguntaron a Juan si era Elías y él les respondió diciendo, “No soy” (Jn 1:21). Cuando seguían insistiendo que les dijera quién era, él simplemente respondió, “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor (Jn 1:23 cf. Lucas 7:27). Entonces, en vez de que el espíritu y el poder de Elías tenga referencia a la reencarnación, hablaba de una unción para un ministerio similar a la unción de Elías.
Lo que confunde a algunos son las palabras de Jesús acerca de Juan el Bautista cuando dijo: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mt 11:14-15). Aquí vemos a Jesús diciendo que, si Israel hubiera sido dispuesto a recibirlo, Juan habría sido Elías que vendrá para preparar el camino para su Mesías/Rey. Sin embargo, pocos días después, Herodes su rey decapitó a Juan, y cuando Cristo formalmente se presentó como el Mesías y Rey de Israel, ellos lo rechazaron y el reino les fue quitado y dado a los gentiles (Lucas 19:37-44).
La razón por la que Jesús dijo, “El que tiene oídos para oír, oiga,” en referencia a que Juan sea Elías es porque Jesús sabía desde el principio que Israel no iba a recibir el mensaje de Juan y que iban a rechazarlo, crucificando a su Rey y Mesías. Su primera venida era como su Mesías – Su Segunda Venida será para reinar como el Rey de reyes cuando ellos finalmente le darán la bienvenida diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt 23:39). Debido a que los Suyos no le recibieron, Juan no era Elías – Elías está por venir aún, así como Jesús le explicó a Pedro, Jacobo y Juan mientras descendían del monte de la transfiguración donde Jesús había estado hablando con Moisés y Elías:
“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías VIENE primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.” (Mt 17:10-13)
Cuando ellos vieron a Elías hablando con Jesús, se dieron cuenta que Elías no era el mismo Juan el Bautista que ellos habían conocido. Creyendo que Elías tenía que venir antes del Cristo, le preguntaron a Jesús, “¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” No fue hasta que Jesús les explicó que Juan el Bautista hubiera cumplido el papel de Elías si Israel hubiese recibido su mensaje, que ellos entendieron que Elías estaba aún por venir.
Esto puede ocasionar confusión para algunos. Es por eso que Jesús dijo que tendrían que poner atención para poder entenderlo (Mt 11:15). Juan el Bautista vino en el “espíritu y poder de Elías,” y sin embargo Juan mismo dijo que no era Elías. Jesús les dijo a los judíos que Juan era Elías “si queréis recibirlo,” pero no lo recibieron y por lo tanto el reino les fue quitado y dado a otros hasta el tiempo en que ellos Lo reciban (Mt 23:39; Rom 11:25-26).
Así que, aunque algunos intentan encontrar la reencarnación en las Escrituras, al mirar más de cerca es evidente que, aunque algunos judíos místicos de ese tiempo creyeron en la reencarnación, las Escrituras claramente enseñan que uno vive y muere una sola vez y después espera una resurrección para el juicio.
Muy a menudo la razón por la que una persona busca encontrar la reencarnación en las Escrituras en vez de aceptar la doctrina de la resurrección es que no quieren tener que enfrentar el juicio delante de Dios después de la muerte. Sin embargo, la solución no es negar la resurrección, sino recibir a Cristo como su Salvador y Señor, porque Él ya fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Rom 4:25). Por lo tanto, podemos estar confiados acerca de ese día porque ahora ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Dos Caminos Opuestos para la Salvación
El error más crítico de la reencarnación es que presenta un camino a la salvación aparte de Jesucristo nuestro Salvador. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Romanos 3:20 dice: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Pablo dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef 2:8-9).
En contraste a esto, la ley de karma es la auto-salvación – es la salvación por obras con esteroides – el opuesto total del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En las Escrituras la salvación es un regalo para ser recibido – no una meta inalcanzable para alcanzar. ¡Yo no cambiaría el regalo de la vida eterna en Jesucristo por un millón de vidas!
[1] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co.
[2] El historiador judío Josefo lo utilizaba de la renovación de la tierra de Israel después de un período de desolación, mientras el filósofo judío Josefo lo utiliza para describer la renovación de la Tierra después del diluvio.
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Los Argumentos Lógicos
por George Sidney Hurd
Entre nosotros que creemos en la vida más allá de la muerte hay dos creencias muy distintas. Una es que vivimos una sola vez y después esperamos la resurrección de nuestros cuerpos inmortales y espirituales en el fin de la época. La otra es que uno sufre reencarnaciones repetidas en otros cuerpos, época tras época, antes de finalmente alcanzar la perfección cuando uno deja de reencarnarse, perdiendo su identidad personal, llegando a ser uno con la consciencia cósmica.
Cuando tuve mi encuentro personal con el Señor y comencé a estudiar las Escrituras por mí mismo hace cincuenta años, la creencia en la reencarnación no fue tomada como una opción viable entre los cristianos. Sin embargo, aquel tiempo era un tiempo de muchos cambios. El movimiento contracultura en el occidente rechazó el cristianismo tradicional y comenzó a buscar su espiritualidad en el oriente. Combinado con la influencia de antecesores occidentales como Madame Blavatsky y Edgar Cayce, comenzó a surgir una nueva versión de espiritualidad oriental en el occidente, formando lo que ahora conocemos como el Movimiento de la Nueva Era.
Hicieron un esfuerzo orquestado para injertar la espiritualidad oriental en la comunidad cristiana quitando autoridad a la Biblia, o usando el revisionismo y citando frases bíblicas fuera de su contexto, de una manera que da la impresión de que la Biblia enseña la reencarnación. Como resultado, ahora más de 25% de cristianos en Estados Unidos dicen que creen en la reencarnación. Pero, ¿es posible razonablemente concluir de las Escrituras cristianas que somos reencarnados en vez de ser resucitados? ¿Es la teoría de la reencarnación siquiera coherente lógicamente? Estas son las preguntas que espero responder en este blog y el que sigue.
La Incoherencia Lógica de la Reencarnación
Normalmente trato de los argumentos escriturales para una creencia antes de considerar las implicaciones lógicas porque estimo las Escrituras como la Palabra de Dios y la última autoridad. Pero considerando que muchos de los que creen en la reencarnación no comparten la misma estima alta de la Biblia, voy a considerar primero las implicaciones lógicas de la reencarnación.
1) El Problema del Aumento de la Población
Lógicamente, si hay un número determinado de almas que están evolucionando a través de una serie finita de reencarnaciones, con todos eventualmente dejando de reencarnarse, llegando a ser uno con la consciencia cósmica, entonces la población humana debe de ser cada vez menos en vez de ir en aumento.
Sin embargo, en vez de que esté menguando la población, estamos viendo una explosión demográfica. Cuando mi madre nació en el año 1920 la población mundial estaba en 1.8 mil millones. Cuando yo nací en el año 1950 la población estaba en 2.5 mil millones. Para el año 1970 había aumentada a 3.7 mil millones. Ahora, solo 52 años después, ha alcanzado a los 8 mil millones. Según la teoría de la reencarnación, la población debe estar disminuyendo en vez de aumentar, conforme las almas alcanzan brahmín y dejan de reencarnarse. ¿Cómo resuelven esta contradicción lógica?
Algunos defensores de la reencarnación argumentarían que el aumento en la población es el resultado de un incremento dramático de almas reencarnándose como humanos que anteriormente existían en formas de vida más primitivas como plantas e insectos. Otros especulan que el aumento podría ser el resultado de una migración cósmica de almas de otros planetas que están reencarnándose en nuestro mundo como humanos.
Sin embargo, estas explicaciones están agarradas de un pelo. El crecimiento de la población humana es mejor explicado como un crecimiento exponencial natural. Las Escrituras lo presentan como el simple proceso de procreación donde una pareja engendra hijos con la existencia de cada alma comenzando en el momento de la concepción. El aumento de la población es mejor entendido como un asunto de la simple matemática.
Conforme más personas son engendradas y la ciencia logra prolongar la vida promedio, la población humana aumenta. Por otro lado, conforme la población humana aumenta, las formas de vida animal se ponen en peligro de extinción – no por la transmigración de almas de una forma de vida inferior a la vida humana, sino simplemente porque el hombre descuida el balance delicado de la naturaleza. Por otro lado, vemos cada vez un mayor número de animales domesticados como gallinas y vacas, pero no debido a la reencarnación, sino simplemente porque a los hombres les gusta comer huevos y carne.
Así que, el modelo bíblico donde cada alma vive y muere físicamente una sola vez, seguido por la resurrección a la inmortalidad en el fin de la época, es lógicamente compatible con el aumento de la población humana, mientras que la reencarnación no lo es.
2) El Problema del Origen de la Mala Karma
Según la creencia oriental, cada alma es eterna, sin comienzo ni fin, comenzando en un estado de perfección y volviendo a ese mismo estado, dejando de reencarnarse y volviendo a ser uno con la consciencia cósmica. La encarnación es considerada una condición inferior pero necesaria para pagar por la mala karma adquirido en vidas anteriores.
El dilema lógico que esto presenta es: ¿Cómo pudo la consciencia cósmica perfecta haber originado la mala karma, así requiriendo la encarnación inicial de estos miles de millones o trillones de almas? Si la mala karma solamente se adquiere en el estado inferior de un cuerpo mortal, haciendo necesario la reencarnación para pagarla, ¿cómo produjo la consciencia cósmica perfecta la primera mala karma en almas aún sin cuerpo?
El modelo bíblico no enfrenta este dilema. Presenta un Dios trino y personal como creando a personas con la capacidad de decidir permanecer en Él o actuar independientemente de Él, rechazando Su Señorío. El mal se originó en el corazón de Satanás y a través de su influencia pasó a la raza humana por la desobediencia de Adán.
3) El Problema de la Perpetuación del Mal
Según la ley del karma, el mismo mal que uno comete en una vida tiene que volver sobre uno en la próxima vida. Sin embargo, esto perpetuaría el mal en vez de erradicarlo. Por ejemplo, John Wayne Gacy, conocido como “el payaso asesino” (porque se disfrazaba como payaso), violó y asesinó al menos 33 jóvenes y niños antes de ser condenado, recibiendo la pena de muerte en 1994. Según la ley del karma, en sus próximas reencarnaciones él tendría que ser violado y asesinado 33 veces. Esto a su vez haría necesario que aquellos 33 que lo violan y matan sufran lo mismo por su ofensa, que significa que aquellos que los asesinan también sean asesinados, ad infinitum. ¡Uno solo puede imaginar las repercusiones que la ley del karma causaría a los hechos malos de un solo hombre como Hitler en las generaciones futuras!
En contraste, según el modelo bíblico, uno puede arrepentirse ante Dios y ser perdonado sin la necesidad de pagar por sus pecados porque Dios en Cristo hizo propiciación por los pecados del mundo entero en la cruz, satisfaciendo la justicia de Dios, muriendo en nuestro lugar (1Jn 2:2; Rom 3:23-26). Cuando uno viene a Cristo no solamente son perdonados sus pecados, sino que Cristo viene a vivir en nosotros, haciendo que sea una nueva creación y produciendo en ellos Su propia perfección – algo inalcanzable aun en un millón de reencarnaciones.
Algunos insistirían que la Biblia enseña la ley del karma cuando dice, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gal 6:7). Sin embargo, hay dos consideraciones que distinguen la ley de Dios acerca de sembrar y segar de la ley del karma. En primer lugar, la ley de sembrar y cosechar en las Escrituras no es quid pro quo como es la del karma, sino que principalmente se refiere a las consecuencias naturales de vivir una vida de pecado y exceso. Si uno toma demasiado puede destruir su matrimonio, su familia y su salud. Lo que uno cosecha no es quid pro quo sino corrupción o ruina:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción (thora ‘destrucción, ruina’); mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gal 6:7-8)
En segundo lugar, el principio de Dios de cosechar y sembrar no es una ley impersonal que no puede ser circunvenido por la gracia, como es la ley del karma. Aunque Dios habla en serio cuando dice que el pecado tiene sus consecuencias, Él es un Padre de amor y cuando verdaderamente nos arrepentimos de nuestros pecados Él nos perdona, así como haría cualquier padre que ame a su hijo y retrae cualquier juicio pronunciado contra nosotros, a menudo sanándonos de enfermedades que provocamos por nuestro desenfreno.
Cuando tuve mi encuentro con el Señor en el año 1969 mi salud estaba fallando debido al abuso de las drogas. Había contraído hepatitis A, B, C y Delta por compartir jeringas con mis compañeros. Aunque el Señor no me sanó de inmediato, me dio la promesa de que mi enfermedad no resultaría en la muerte, sino en Su gloria. En 2012, de una manera milagrosa recibí un nuevo hígado y para el año 2016 estaba totalmente libre de la hepatitis C. Aunque no debemos de pensar que Dios esté bajo obligación de intervenir de esta manera en tales circunstancias, definitivamente vi la gracia de Dios sobre mi vida, resultando en que yo no tuviera que cosechar a plenitud lo que había sembrado durante mis años turbulentos de la juventud.
El modelo tradicional del castigo eterno para la mayoría de la humanidad, popularizado por San Agustín en el siglo V, perpetúa el mal de manera semejante, pero de otra forma. Presenta a Dios como perpetuando el mal por mantener a los perdidos conscientes en un estado de tormentos sin fin. Según este modelo, Dios no erradica el mal de Su creación – Él simplemente lo mantiene en una cuarentena perpetua.
Sin embargo, en la Escrituras vemos que el mal no es una creación de Dios. No es eterno, sino que tuvo un comienzo en el tiempo y será totalmente erradicado al final de las épocas cuando el último enemigo – la muerte, habrá sido destruida y todos se habrán sujetado a Cristo, y entonces Cristo se someterá al Padre y Dios será todo en todos (1Cor 15:25-28; Apo 21:4-5). Presento la base escritural para la plena erradicación del mal y la restauración de todos en mi libro. “El Triunfo de la Misericordia (la reconciliación de todos a través de Jesucristo).”
Por lo tanto, las Escrituras bien entendidas, no perpetúan el mal como hace la ley del karma y la doctrina del castigo eterno. En vez de una ley impersonal, tenemos un Dios personal que ha determinado que todos finalmente serán salvos, doblando rodilla en adoración y confesando a Jesucristo como Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; Sal 86:9).
4) El Problema de la Ignorancia acerca de Vidas Anteriores
Unos piensan que la ley del karma es un sistema justo que explica por qué algunos sufren más que otros en la vida. Tal vez si fuéramos conscientes del mal cometido en vidas anteriores uno podría argumentar que es un sistema justo. Pero, a excepeción de unos pocos que afirman haber recordado algunos detalles de vidas pasadas por medio de hipnosis u otros medios síquicos, nadie tiene memoria alguna de vidas pasadas.
En realidad, nuestra memoria es una parte esencial de nuestra persona y sin ella el individuo reencarnado sería esencialmente otra persona por completo. Por lo tanto, en esencia, según la teoría de la reencarnación, cuando alguien sufre por los hechos cometidos en una vida anterior, él está sufriendo por los pecados de otra persona. Y, ¿A quién en esta generación le gustaría estar sufriendo por el mal karma de alguien como Hitler? Aun si pudiéramos pensar en alguien, ¿en qué sentido podríamos llamar a eso justicia?
Para aprender de nuestros errores pasados es esencial que al menos tengamos alguna memoria de ellos. Aun en nuestro sistema de justicia, si es determinado que un individuo no tuvo memoria de su crimen sería tomado en cuenta como circunstancias atenuantes y su condena sería menos. Pero la ley del karma es un ley impersonal e inflexible sin misericordia.
Todos tendemos a calificar y modificar nuestras creencias queridas cuando somos enfrentados con sus falencias lógicas en vez de abandonarlas. Pero, ¿quién de nosotros piensa que sería justo tener que sufrir por maldades que ni siquiera recordamos haber cometido?
El modelo tradicional de castigo infinito por pecados finitos presenta una contradicción moral igual, o mayor, que la ley del karma. Sin embargo, contrario a lo que ha sido enseñado tradicionalmente desde el siglo V, los juicios de Dios son justos y medidos según la obra de cada uno – no infinitos. Trato este tema con más detalle en mis libros, “El Triunfo de la Misericordia” y “La Solución Universal.”
En las Escrituras vemos que los hombres son juzgados según lo que hicieron en el transcurso de su única vida terrenal en vez de estar sufriendo por previas vidas de las cuales no tenemos memoria (Heb 9:27). También vemos en las Escrituras que nuestro Juez es un Padre lleno de misericordia, y para el pecador arrepentido Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13). Debido a que la justicia y la paz se besaron en la cruz, Dios puede ser un Juez justo y al mismo tiempo justificar a aquellos que se arrepienten y creen en Jesús (Sal 85:10; Rom 3:25-26). De hecho, el mismo texto que nos dice que es establecido a los hombres morir una sola vez y después ser juzgados, enfatiza que Cristo tomó nuestra condenación sobre Sí Mismo en la cruz:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Cristo, siendo el Hijo de Dios encarnado (no reencarnado), habiendo sido entregado a la muerte una sola vez para llevar los pecados del mundo entero, fue resucitado de los muertos y vive por siempre para interceder por los pecadores que desean acercarse a Dios Padre por medio de Él (Rom 6:10; Heb 7:23-27; 9:12). Como dice Pablo, no hay condenación (ni mal karma) para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Eso no significa que no tendremos que pasar por el fuego purificador. Todos serán salados en fuego para salir como oro puro, dado que nada impuro puede soportar la presencia de Dios (1Cor 3:13-15; Mt 5:8; Heb 12:14; Apo 22:14-15). Los que mueren fuera de Cristo no serán resucitados hasta la segunda resurrección para juicio (Jn 5:24,29; Apo 20:5-6). Ellos serán resucitados y juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego purificador (Apo 20:14-15).
Trato del tema del Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Su propósito es purificación – no tortura, y no dura eternamente, sino por las épocas de las épocas (eis tous aionas ton aiónon) o extendiendo hacia dentro de las épocas venideras. Cada uno recibirá su parte (meros) según las obras de cada uno, en vez de que el fuego dure para siempre.
Así que, en vez de estar sufriendo por alguna ley del karma impersonal por cosas malas que hicimos en vidas anteriores de las cuales ni siquiera tenemos memoria, vemos en las Escrituras que cada individuo que ha vivido, una vez muerto, será juzgado por un Juez justo según sus propias obras y no estará siendo castigado por hechos de individuos de las generaciones pasadas. Habiendo considerado brevemente algunos de los argumentos contra la reencarnación, en el próximo blog veremos los argumentos escriturales que presentan por la reencarnación.
por George Sidney Hurd
Entre nosotros que creemos en la vida más allá de la muerte hay dos creencias muy distintas. Una es que vivimos una sola vez y después esperamos la resurrección de nuestros cuerpos inmortales y espirituales en el fin de la época. La otra es que uno sufre reencarnaciones repetidas en otros cuerpos, época tras época, antes de finalmente alcanzar la perfección cuando uno deja de reencarnarse, perdiendo su identidad personal, llegando a ser uno con la consciencia cósmica.
Cuando tuve mi encuentro personal con el Señor y comencé a estudiar las Escrituras por mí mismo hace cincuenta años, la creencia en la reencarnación no fue tomada como una opción viable entre los cristianos. Sin embargo, aquel tiempo era un tiempo de muchos cambios. El movimiento contracultura en el occidente rechazó el cristianismo tradicional y comenzó a buscar su espiritualidad en el oriente. Combinado con la influencia de antecesores occidentales como Madame Blavatsky y Edgar Cayce, comenzó a surgir una nueva versión de espiritualidad oriental en el occidente, formando lo que ahora conocemos como el Movimiento de la Nueva Era.
Hicieron un esfuerzo orquestado para injertar la espiritualidad oriental en la comunidad cristiana quitando autoridad a la Biblia, o usando el revisionismo y citando frases bíblicas fuera de su contexto, de una manera que da la impresión de que la Biblia enseña la reencarnación. Como resultado, ahora más de 25% de cristianos en Estados Unidos dicen que creen en la reencarnación. Pero, ¿es posible razonablemente concluir de las Escrituras cristianas que somos reencarnados en vez de ser resucitados? ¿Es la teoría de la reencarnación siquiera coherente lógicamente? Estas son las preguntas que espero responder en este blog y el que sigue.
La Incoherencia Lógica de la Reencarnación
Normalmente trato de los argumentos escriturales para una creencia antes de considerar las implicaciones lógicas porque estimo las Escrituras como la Palabra de Dios y la última autoridad. Pero considerando que muchos de los que creen en la reencarnación no comparten la misma estima alta de la Biblia, voy a considerar primero las implicaciones lógicas de la reencarnación.
1) El Problema del Aumento de la Población
Lógicamente, si hay un número determinado de almas que están evolucionando a través de una serie finita de reencarnaciones, con todos eventualmente dejando de reencarnarse, llegando a ser uno con la consciencia cósmica, entonces la población humana debe de ser cada vez menos en vez de ir en aumento.
Sin embargo, en vez de que esté menguando la población, estamos viendo una explosión demográfica. Cuando mi madre nació en el año 1920 la población mundial estaba en 1.8 mil millones. Cuando yo nací en el año 1950 la población estaba en 2.5 mil millones. Para el año 1970 había aumentada a 3.7 mil millones. Ahora, solo 52 años después, ha alcanzado a los 8 mil millones. Según la teoría de la reencarnación, la población debe estar disminuyendo en vez de aumentar, conforme las almas alcanzan brahmín y dejan de reencarnarse. ¿Cómo resuelven esta contradicción lógica?
Algunos defensores de la reencarnación argumentarían que el aumento en la población es el resultado de un incremento dramático de almas reencarnándose como humanos que anteriormente existían en formas de vida más primitivas como plantas e insectos. Otros especulan que el aumento podría ser el resultado de una migración cósmica de almas de otros planetas que están reencarnándose en nuestro mundo como humanos.
Sin embargo, estas explicaciones están agarradas de un pelo. El crecimiento de la población humana es mejor explicado como un crecimiento exponencial natural. Las Escrituras lo presentan como el simple proceso de procreación donde una pareja engendra hijos con la existencia de cada alma comenzando en el momento de la concepción. El aumento de la población es mejor entendido como un asunto de la simple matemática.
Conforme más personas son engendradas y la ciencia logra prolongar la vida promedio, la población humana aumenta. Por otro lado, conforme la población humana aumenta, las formas de vida animal se ponen en peligro de extinción – no por la transmigración de almas de una forma de vida inferior a la vida humana, sino simplemente porque el hombre descuida el balance delicado de la naturaleza. Por otro lado, vemos cada vez un mayor número de animales domesticados como gallinas y vacas, pero no debido a la reencarnación, sino simplemente porque a los hombres les gusta comer huevos y carne.
Así que, el modelo bíblico donde cada alma vive y muere físicamente una sola vez, seguido por la resurrección a la inmortalidad en el fin de la época, es lógicamente compatible con el aumento de la población humana, mientras que la reencarnación no lo es.
2) El Problema del Origen de la Mala Karma
Según la creencia oriental, cada alma es eterna, sin comienzo ni fin, comenzando en un estado de perfección y volviendo a ese mismo estado, dejando de reencarnarse y volviendo a ser uno con la consciencia cósmica. La encarnación es considerada una condición inferior pero necesaria para pagar por la mala karma adquirido en vidas anteriores.
El dilema lógico que esto presenta es: ¿Cómo pudo la consciencia cósmica perfecta haber originado la mala karma, así requiriendo la encarnación inicial de estos miles de millones o trillones de almas? Si la mala karma solamente se adquiere en el estado inferior de un cuerpo mortal, haciendo necesario la reencarnación para pagarla, ¿cómo produjo la consciencia cósmica perfecta la primera mala karma en almas aún sin cuerpo?
El modelo bíblico no enfrenta este dilema. Presenta un Dios trino y personal como creando a personas con la capacidad de decidir permanecer en Él o actuar independientemente de Él, rechazando Su Señorío. El mal se originó en el corazón de Satanás y a través de su influencia pasó a la raza humana por la desobediencia de Adán.
3) El Problema de la Perpetuación del Mal
Según la ley del karma, el mismo mal que uno comete en una vida tiene que volver sobre uno en la próxima vida. Sin embargo, esto perpetuaría el mal en vez de erradicarlo. Por ejemplo, John Wayne Gacy, conocido como “el payaso asesino” (porque se disfrazaba como payaso), violó y asesinó al menos 33 jóvenes y niños antes de ser condenado, recibiendo la pena de muerte en 1994. Según la ley del karma, en sus próximas reencarnaciones él tendría que ser violado y asesinado 33 veces. Esto a su vez haría necesario que aquellos 33 que lo violan y matan sufran lo mismo por su ofensa, que significa que aquellos que los asesinan también sean asesinados, ad infinitum. ¡Uno solo puede imaginar las repercusiones que la ley del karma causaría a los hechos malos de un solo hombre como Hitler en las generaciones futuras!
En contraste, según el modelo bíblico, uno puede arrepentirse ante Dios y ser perdonado sin la necesidad de pagar por sus pecados porque Dios en Cristo hizo propiciación por los pecados del mundo entero en la cruz, satisfaciendo la justicia de Dios, muriendo en nuestro lugar (1Jn 2:2; Rom 3:23-26). Cuando uno viene a Cristo no solamente son perdonados sus pecados, sino que Cristo viene a vivir en nosotros, haciendo que sea una nueva creación y produciendo en ellos Su propia perfección – algo inalcanzable aun en un millón de reencarnaciones.
Algunos insistirían que la Biblia enseña la ley del karma cuando dice, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gal 6:7). Sin embargo, hay dos consideraciones que distinguen la ley de Dios acerca de sembrar y segar de la ley del karma. En primer lugar, la ley de sembrar y cosechar en las Escrituras no es quid pro quo como es la del karma, sino que principalmente se refiere a las consecuencias naturales de vivir una vida de pecado y exceso. Si uno toma demasiado puede destruir su matrimonio, su familia y su salud. Lo que uno cosecha no es quid pro quo sino corrupción o ruina:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción (thora ‘destrucción, ruina’); mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gal 6:7-8)
En segundo lugar, el principio de Dios de cosechar y sembrar no es una ley impersonal que no puede ser circunvenido por la gracia, como es la ley del karma. Aunque Dios habla en serio cuando dice que el pecado tiene sus consecuencias, Él es un Padre de amor y cuando verdaderamente nos arrepentimos de nuestros pecados Él nos perdona, así como haría cualquier padre que ame a su hijo y retrae cualquier juicio pronunciado contra nosotros, a menudo sanándonos de enfermedades que provocamos por nuestro desenfreno.
Cuando tuve mi encuentro con el Señor en el año 1969 mi salud estaba fallando debido al abuso de las drogas. Había contraído hepatitis A, B, C y Delta por compartir jeringas con mis compañeros. Aunque el Señor no me sanó de inmediato, me dio la promesa de que mi enfermedad no resultaría en la muerte, sino en Su gloria. En 2012, de una manera milagrosa recibí un nuevo hígado y para el año 2016 estaba totalmente libre de la hepatitis C. Aunque no debemos de pensar que Dios esté bajo obligación de intervenir de esta manera en tales circunstancias, definitivamente vi la gracia de Dios sobre mi vida, resultando en que yo no tuviera que cosechar a plenitud lo que había sembrado durante mis años turbulentos de la juventud.
El modelo tradicional del castigo eterno para la mayoría de la humanidad, popularizado por San Agustín en el siglo V, perpetúa el mal de manera semejante, pero de otra forma. Presenta a Dios como perpetuando el mal por mantener a los perdidos conscientes en un estado de tormentos sin fin. Según este modelo, Dios no erradica el mal de Su creación – Él simplemente lo mantiene en una cuarentena perpetua.
Sin embargo, en la Escrituras vemos que el mal no es una creación de Dios. No es eterno, sino que tuvo un comienzo en el tiempo y será totalmente erradicado al final de las épocas cuando el último enemigo – la muerte, habrá sido destruida y todos se habrán sujetado a Cristo, y entonces Cristo se someterá al Padre y Dios será todo en todos (1Cor 15:25-28; Apo 21:4-5). Presento la base escritural para la plena erradicación del mal y la restauración de todos en mi libro. “El Triunfo de la Misericordia (la reconciliación de todos a través de Jesucristo).”
Por lo tanto, las Escrituras bien entendidas, no perpetúan el mal como hace la ley del karma y la doctrina del castigo eterno. En vez de una ley impersonal, tenemos un Dios personal que ha determinado que todos finalmente serán salvos, doblando rodilla en adoración y confesando a Jesucristo como Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; Sal 86:9).
4) El Problema de la Ignorancia acerca de Vidas Anteriores
Unos piensan que la ley del karma es un sistema justo que explica por qué algunos sufren más que otros en la vida. Tal vez si fuéramos conscientes del mal cometido en vidas anteriores uno podría argumentar que es un sistema justo. Pero, a excepeción de unos pocos que afirman haber recordado algunos detalles de vidas pasadas por medio de hipnosis u otros medios síquicos, nadie tiene memoria alguna de vidas pasadas.
En realidad, nuestra memoria es una parte esencial de nuestra persona y sin ella el individuo reencarnado sería esencialmente otra persona por completo. Por lo tanto, en esencia, según la teoría de la reencarnación, cuando alguien sufre por los hechos cometidos en una vida anterior, él está sufriendo por los pecados de otra persona. Y, ¿A quién en esta generación le gustaría estar sufriendo por el mal karma de alguien como Hitler? Aun si pudiéramos pensar en alguien, ¿en qué sentido podríamos llamar a eso justicia?
Para aprender de nuestros errores pasados es esencial que al menos tengamos alguna memoria de ellos. Aun en nuestro sistema de justicia, si es determinado que un individuo no tuvo memoria de su crimen sería tomado en cuenta como circunstancias atenuantes y su condena sería menos. Pero la ley del karma es un ley impersonal e inflexible sin misericordia.
Todos tendemos a calificar y modificar nuestras creencias queridas cuando somos enfrentados con sus falencias lógicas en vez de abandonarlas. Pero, ¿quién de nosotros piensa que sería justo tener que sufrir por maldades que ni siquiera recordamos haber cometido?
El modelo tradicional de castigo infinito por pecados finitos presenta una contradicción moral igual, o mayor, que la ley del karma. Sin embargo, contrario a lo que ha sido enseñado tradicionalmente desde el siglo V, los juicios de Dios son justos y medidos según la obra de cada uno – no infinitos. Trato este tema con más detalle en mis libros, “El Triunfo de la Misericordia” y “La Solución Universal.”
En las Escrituras vemos que los hombres son juzgados según lo que hicieron en el transcurso de su única vida terrenal en vez de estar sufriendo por previas vidas de las cuales no tenemos memoria (Heb 9:27). También vemos en las Escrituras que nuestro Juez es un Padre lleno de misericordia, y para el pecador arrepentido Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13). Debido a que la justicia y la paz se besaron en la cruz, Dios puede ser un Juez justo y al mismo tiempo justificar a aquellos que se arrepienten y creen en Jesús (Sal 85:10; Rom 3:25-26). De hecho, el mismo texto que nos dice que es establecido a los hombres morir una sola vez y después ser juzgados, enfatiza que Cristo tomó nuestra condenación sobre Sí Mismo en la cruz:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Cristo, siendo el Hijo de Dios encarnado (no reencarnado), habiendo sido entregado a la muerte una sola vez para llevar los pecados del mundo entero, fue resucitado de los muertos y vive por siempre para interceder por los pecadores que desean acercarse a Dios Padre por medio de Él (Rom 6:10; Heb 7:23-27; 9:12). Como dice Pablo, no hay condenación (ni mal karma) para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Eso no significa que no tendremos que pasar por el fuego purificador. Todos serán salados en fuego para salir como oro puro, dado que nada impuro puede soportar la presencia de Dios (1Cor 3:13-15; Mt 5:8; Heb 12:14; Apo 22:14-15). Los que mueren fuera de Cristo no serán resucitados hasta la segunda resurrección para juicio (Jn 5:24,29; Apo 20:5-6). Ellos serán resucitados y juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego purificador (Apo 20:14-15).
Trato del tema del Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Su propósito es purificación – no tortura, y no dura eternamente, sino por las épocas de las épocas (eis tous aionas ton aiónon) o extendiendo hacia dentro de las épocas venideras. Cada uno recibirá su parte (meros) según las obras de cada uno, en vez de que el fuego dure para siempre.
Así que, en vez de estar sufriendo por alguna ley del karma impersonal por cosas malas que hicimos en vidas anteriores de las cuales ni siquiera tenemos memoria, vemos en las Escrituras que cada individuo que ha vivido, una vez muerto, será juzgado por un Juez justo según sus propias obras y no estará siendo castigado por hechos de individuos de las generaciones pasadas. Habiendo considerado brevemente algunos de los argumentos contra la reencarnación, en el próximo blog veremos los argumentos escriturales que presentan por la reencarnación.
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IQu significa la frase, l que es injusto, sea injusto todava?
por George Sidney Hurd
“Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” (Apo 22:10-11)
Estas palabras, comunicadas a Juan por el ángel al finalizar el libro de Apocalipsis han sido enigmáticas para muchos de todo campo, sean Calvinistas, Arminianos o Universalistas. Por muchos años yo no lograba entender su aplicación hasta hace poco cuando, al examinar más de cerca la gramática del pasaje en su contexto, pude entender su significado y como aplicarlo. En este breve blog voy a intentar compartir con ustedes lo que creo que está diciendo.
Para mí, la clave para entender su aplicación fue verlo en su contexto. Desde niño me enseñaron que tenía aplicación al futuro como si dijera, “el tiempo está cerca (cuando) El que es injusto, (sea) será injusto todavía, etc.” Muchos comentarios que consulté también lo interpretaban como si se tratara de una condición futura e irreversible. De cuarenta comentarios, veintiuno lo entendían como diciendo que el estado de uno queda fijo en un tiempo futuro. Trece de ellos lo vieron como teniendo aplicación en el presente, y seis no especificaban. Sin embargo, en el contexto, el ángel estaba hablando con Juan acerca de la manera en que nosotros como creyentes en esta época debemos de relacionarnos con aquellos que obstinadamente resisten la verdad y persisten en la conducta impiadosa. Simplemente está diciendo, “El tiempo es corto. Dejen que sigan su camino.”
El ángel le dijo a Juan, “el tiempo está cerca.” Muchos se escandalizan por esto, dado que casi 2,000 años han pasado y el tiempo aún no ha llegado. Sin embargo, por intención divina no nos toca a nosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad, sino que cada generación debe vivir con la expectativa de que podría ser la generación final que verá la venida del Señor. (Hch 1:7-8; Mt 25:8; Apo 3:11; 22:7,12; Lucas 12:42-46; 2Tim 4:8). Así como fue profetizado por Pedro, hoy en día hay muchos que se burlan de creyentes que siguen viviendo con la expectativa del pronto retorno de Cristo (2Pedro 3:3,9). Judas nos advierte que muchos de estos burladores surgirían de las mismas iglesias, causando divisiones (Judas 1:4,16-19).
En esencia, el ángel le dijo a Juan: “El tiempo es demasiado corto para dejarse distraer por los pecadores obstinados y detractores que desprecian la preciosa Palabra de Dios con tal de justificar sus vidas impiadosas. En lugar de estar echando las perlas a los cerdos, cuando es evidente que no quieren retener el conocimiento de Dios, déjalos ir por su propio camino. Enfoquen sus energías mejor en vivir una vida pura y justa delante de ellos.”
Mientras meditaba sobre este pasaje, vino a mi memoria un hombre llamado Obstinado en el libro clásico El Progreso del Peregrino quien persiguió a Cristiano y su compañero Flexible en el camino para persuadirlo a volver a la ciudad de la Destrucción. Aquí cito la conversación que tuvieron con él en el camino:
Obstinado: “¿Qué es lo que están buscando, dado que dejan todo el mundo para encontrarlo?”
Cristiano: “Busco una herencia segura, incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos, para ser recibido en el tiempo señalado para aquellos que la busquen con diligencia. Si estás dispuesto, léelo en mi Libro.”
Obstinado: “¡Pche! ¡Aléjate con tu Libro! ¿Volverás conmigo o no?”
Cristiano: “No, yo no, porque he puesto mi mano en el arado.”
Obstinado: “Ven entonces, Flexible. Volvamos atrás y vamos a casa sin él. Hay una compañía de estos ignorantes enloquecidos que piensan que han conocido la verdad y piensan que tienen más sabiduría que siete sabios.”
Flexible: “No le vituperes. Si lo que el buen Cristiano dice es cierto, lo que él busca es mejor de lo que tenemos. Mi corazón se inclina a seguir con mi prójimo.”
Obstinado: “¡Qué! ¿Sigue necio? Déjate convencer por mí y vuelva atrás. ¿Quién sabe a dónde un enfermo mental como él te llevará? Vuelva conmigo y sé sabio.”
Cristiano: “No. Siga conmigo, Flexible. Hay de las cosas de que te he hablado y cosas aún más gloriosas. Si no quieres creerme a mí, lee aquí en el Libro, y busca entender la verdad expresada en él. He aquí todo ha sido asegurado por la sangre de Él que la hizo.”
Flexible: “Bueno, Obstinado, he comenzado y pienso seguir con este buen hombre, y echar mis suertes con él. Pero, mi buen Cristiano, ¿Conoce el camino a este lugar deseado?”
Cristiano: “Fui dirigido por un hombre llamado Evangelista, para apresurarme a ir a una pequeña Puerta que está Adelante donde recibiremos instrucciones para el Camino.”
Flexible: “Ven entonces, buen vecino, sigamos Adelante. Entonces los dos seguían Adelante juntos.”
Obstinado: “Y yo volveré a mi lugar. No seré participe con hombres tan ingenuos.”
Creo que el ángel estaba diciéndole a Juan el revelador que debemos dejar que los “Obstinados” que encontramos en el camino tomen su propio camino. Una vez llega a ser evidente que no tienen corazón para Dios y que solo desprecian Su Palabra, en vez de seguir insistiendo, debemos de dejar que continúen por su camino. Por nuestra parte debemos de enfocarnos en vivir una vida de pureza y santidad ante Dios y los demás, para que incluso los Obstinados con quienes nos encontramos en el camino glorifiquen a Dios en el día de su visitación (1Pedro 2:12).
Bien entendido, se está refiriendo a algo que nosotros debemos de hacer, en vez de algo que Dios hará. Los verbos son en imperativo y por lo tanto es mejor traducido como en la Nueva Versión Internacional: “Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose.” No tiene referencia a algún abandono de parte de Dios. Contrario a lo que muchos afirman, Dios no abandona a nadie para siempre. Jeremías dice:
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Habiendo dicho esto, sin embargo, Dios Mismo, en ciertas circunstancias, desecha o rechaza al malhechor obstinado por un tiempo en juicio. Pero, el fin del Señor siempre es bueno. Antes de que Jerusalén fuese asediada y sus habitantes llevados cautivos a Babilonia por haber persistido en sus iniquidades, el Señor les dijo:
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia… 10 Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” (Jer 29:4,10-11)
Aquí vemos que, aunque Dios los entregó al enemigo y los envió en cautiverio por 70 años, Él no los desechó para siempre y sus planes para ellos siempre eran para su bien y tenían su plena restauración como resultado final. Si queremos tener el corazón del Señor hacia la humanidad, tenemos que ver más allá de los juicios de Dios y ver que el resultado final es bueno – culmina en restauración y no en ruina eterna. Como dijo Santiago: “habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg 5:11).
El pasaje complementario que aparece en el libro de Daniel nos dice más acerca de estos individuos y como relacionarnos con ellos. Ellos son descritos como ciegos sin poder ver la verdad porque sus iniquidades les han cegado su entendimiento. En el tiempo de Daniel, a él le fue mandado sellar la visión porque todavía no era el tiempo. En cambio, el ángel le dijo a Juan: “No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.” Ambos textos hablan de los mismos individuos que estarían viviendo en ese tiempo:
“Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.” (Dan 12:9-10)
Estos dos pasajes se complementan. Daniel dice que los impíos no entenderán la revelación divina aun si intentáramos explicarla a ellos. En Apocalipsis dice de las mismas personas: “Deja que procedan por su camino.” Pablo dijo algo muy similar acerca de los tiempos que estamos viviendo. Él dijo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque VENDRÁ TIEMPO cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 PERO TÚ sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2Tim 4:2-5)
Pablo nos explica que en los postreros días Dios soltará una influencia del engaño sobre aquellos que no reciban el amor de la verdad para ser salvos:
“Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; 9 inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 POR ESTO Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:8-12 cf. Rom 1:28)
Entonces, vemos que, como no recibieron el amor de la verdad para ser salvos – escogiendo mejor persistir en sus vidas inicuas, Dios en juicio les envía un poder engañoso, resultando en que crean la mentira de Satanás. En Daniel, otra vez habla de los mismos individuos que serán engañados en los últimos tiempos por el Anticristo:
“Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora. 32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. 33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo.” (Dan 11:31-33)
El espíritu del engaño operando en el tiempo del Anticristo seducirá a todos aquellos que no amen las verdades de la Palabra de Dios y se complacen en la injusticia, por medio de lisonjas (argumentos sutiles y convincentes). Jesús dijo que, si fuera posible, aún los escogidos serían engañados en ese tiempo (Mt 24:24). Esto implica que el engaño será tan sutil y persuasivo que por un tiempo confundirá incluso algunos de los escogidos. Sin embargo, los escogidos – los que verdaderamente conocen a su Dios, se esforzarán y actuarán empoderados por el Espíritu Santo. Ellos serán los instrumentos de Dios para dar entendimiento a muchos, resultando en la cosecha de almas más grande de la historia durante la Gran Tribulación (Apo 7:14).
Viendo nuestro pasaje en Apocalipsis 22:10-11 a la luz de los pasajes en Daniel, es evidente que ambos se refieren a los mismos individuos que serán entregados a una mente desaprobada y a pasiones vergonzosas. Dios no obliga a los hombres a doblar rodilla a Él en adoración. Él busca a aquellos que le adoren en espíritu y en verdad (Jn 4:23-24). Pablo en Romanos describe como Dios les abandona a sus propios deseos a aquellos que persisten en resistir el conocimiento de Él:
“ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26 POR ESTO Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.” (Rom 1:25-28)
Cuando un individuo obstinadamente rechaza el conocimiento de Dios, andando en sus propios deseos, Él los entrega a los deseos de su propio corazón y el poder del enemigo que siempre busca su oportunidad para destruir nuestras vidas (1Cor 5:5; 1Tim 1:20; 1Pedro 5:8).
Cuando Pablo dijo que “Dios los entregó a una mente reprobada,” es adókimos, que es el opuesto de dókimos que significa “aprobado.” La palabra dókimos y sus cognados son términos comunes para la refinación de metales preciosos. [1] El deseo del Maestro Refinador es encontrar la pureza en nosotros en vez de escoria. Si un refinador pone a prueba el metal para probar su pureza y lo halla todavía lleno de impurezas, es puesto a un lado como adókimos o “desaprobado.” Sin embargo, el metal desaprobado todavía contiene lo que es precioso para el refinador. Aunque es desaprobado no es descartado como basura. En vez de eso, es apartado para el “lago de fuego” del refinador o el crisol. Considero este tema con más detalle en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Refinador.”
El pueblo de Israel llegó a estar en la condición de la desaprobación de Dios y, ¿Qué fue lo que hizo Dios? ¿Los abandonó para siempre? ¿Los destruyó por completo? No. Como el Maestro Refinador los echó en un horno de fuego – no para aniquilarlos ni tampoco para torturarlos, aunque seguramente uno sufre en el horno. Él los echó al horno para purificarlos, como dice en Ezequiel:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
Esto es lo que el Señor tiene que hacer para purificar a los desaprobados (adókimos). Sin embargo, esto no habla de un rechazo eterno en el sentido de tiempo sin fin. La quinta estrofa del himno Qué Firmes Cimientos, comunica esta verdad de una manera hermosa:
“La llama no puede dañaros jamás
si en medio del fuego os ordeno pasar.
El oro del alma más puro será,
pues sólo la escoria, pues sólo la escoria,
pues sólo la escoria se habrá de quemar.”
El fuego solo continúa hasta que la escoria es consumida y salgamos como oro puro. Por tan severo que fue el horno de fuego para Israel, culmina en su restauración final como vemos unos capítulos más adelante:
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
Así que, el mensaje de Apocalipsis 22:10-11, “Deja que el malo siga haciendo el mal” no está diciendo que el destino de uno es irreversible en un momento en tiempo como muchos lo han entendido. En sus comentarios concluyentes el ángel nos dice a nosotros que debemos dejar ir a las personas que están determinadas a ir por su propio camino y enfocarnos más bien en una vida de pureza y santidad, para que, aún si no reciben la palabra, puedan ser ganados sin palabra, viendo nuestra conducta santa y respetuosa en el día de su visitación (1Pedro 2:12; 3:1-2).
No debemos perder nuestro tiempo y energía intentando cosechar frutas verdes o forzar las verdades preciosas de la Palabra de Dios sobre aquellos que persistentemente las desprecian y profanan (2Tim 3:15-17). Jesús expresó la insensatez de seguir intentando convencer a los que no están receptivos a la verdad con palabras que yo no me atrevería a decir en nuestra cultura políticamente correcta:
“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.” (Mt 7:6)
Pablo tampoco tenía pelos en la lengua, mandándonos a evitar a aquellos que siempre resisten la verdad – especialmente en los últimos días cuando la apostasía de la fe una vez entregada a los santos es tan prevalente:
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 6 Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. 7 Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. 8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos (adókimos) en cuanto a la fe. 9 Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.” (2 Tim 3:1-9)
Pablo dijo, así como dijo el ángel a Juan en Apocalipsis 22:10-11, que el tiempo está cerca y por lo tanto debemos evitar a aquellos que siempre resisten la verdad y son desaprobados en cuanto a la fe. ¡Si hubo un tiempo cuando debemos estar atentos a estas palabras es ahora!
NT:96, adókimos – “no pasando la prueba, no aprobado; propiamente de metales y monedas”
Thayer's Greek Lexicon.
“Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. 11 El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía.” (Apo 22:10-11)
Estas palabras, comunicadas a Juan por el ángel al finalizar el libro de Apocalipsis han sido enigmáticas para muchos de todo campo, sean Calvinistas, Arminianos o Universalistas. Por muchos años yo no lograba entender su aplicación hasta hace poco cuando, al examinar más de cerca la gramática del pasaje en su contexto, pude entender su significado y como aplicarlo. En este breve blog voy a intentar compartir con ustedes lo que creo que está diciendo.
Para mí, la clave para entender su aplicación fue verlo en su contexto. Desde niño me enseñaron que tenía aplicación al futuro como si dijera, “el tiempo está cerca (cuando) El que es injusto, (sea) será injusto todavía, etc.” Muchos comentarios que consulté también lo interpretaban como si se tratara de una condición futura e irreversible. De cuarenta comentarios, veintiuno lo entendían como diciendo que el estado de uno queda fijo en un tiempo futuro. Trece de ellos lo vieron como teniendo aplicación en el presente, y seis no especificaban. Sin embargo, en el contexto, el ángel estaba hablando con Juan acerca de la manera en que nosotros como creyentes en esta época debemos de relacionarnos con aquellos que obstinadamente resisten la verdad y persisten en la conducta impiadosa. Simplemente está diciendo, “El tiempo es corto. Dejen que sigan su camino.”
El ángel le dijo a Juan, “el tiempo está cerca.” Muchos se escandalizan por esto, dado que casi 2,000 años han pasado y el tiempo aún no ha llegado. Sin embargo, por intención divina no nos toca a nosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad, sino que cada generación debe vivir con la expectativa de que podría ser la generación final que verá la venida del Señor. (Hch 1:7-8; Mt 25:8; Apo 3:11; 22:7,12; Lucas 12:42-46; 2Tim 4:8). Así como fue profetizado por Pedro, hoy en día hay muchos que se burlan de creyentes que siguen viviendo con la expectativa del pronto retorno de Cristo (2Pedro 3:3,9). Judas nos advierte que muchos de estos burladores surgirían de las mismas iglesias, causando divisiones (Judas 1:4,16-19).
En esencia, el ángel le dijo a Juan: “El tiempo es demasiado corto para dejarse distraer por los pecadores obstinados y detractores que desprecian la preciosa Palabra de Dios con tal de justificar sus vidas impiadosas. En lugar de estar echando las perlas a los cerdos, cuando es evidente que no quieren retener el conocimiento de Dios, déjalos ir por su propio camino. Enfoquen sus energías mejor en vivir una vida pura y justa delante de ellos.”
Mientras meditaba sobre este pasaje, vino a mi memoria un hombre llamado Obstinado en el libro clásico El Progreso del Peregrino quien persiguió a Cristiano y su compañero Flexible en el camino para persuadirlo a volver a la ciudad de la Destrucción. Aquí cito la conversación que tuvieron con él en el camino:
Obstinado: “¿Qué es lo que están buscando, dado que dejan todo el mundo para encontrarlo?”
Cristiano: “Busco una herencia segura, incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos, para ser recibido en el tiempo señalado para aquellos que la busquen con diligencia. Si estás dispuesto, léelo en mi Libro.”
Obstinado: “¡Pche! ¡Aléjate con tu Libro! ¿Volverás conmigo o no?”
Cristiano: “No, yo no, porque he puesto mi mano en el arado.”
Obstinado: “Ven entonces, Flexible. Volvamos atrás y vamos a casa sin él. Hay una compañía de estos ignorantes enloquecidos que piensan que han conocido la verdad y piensan que tienen más sabiduría que siete sabios.”
Flexible: “No le vituperes. Si lo que el buen Cristiano dice es cierto, lo que él busca es mejor de lo que tenemos. Mi corazón se inclina a seguir con mi prójimo.”
Obstinado: “¡Qué! ¿Sigue necio? Déjate convencer por mí y vuelva atrás. ¿Quién sabe a dónde un enfermo mental como él te llevará? Vuelva conmigo y sé sabio.”
Cristiano: “No. Siga conmigo, Flexible. Hay de las cosas de que te he hablado y cosas aún más gloriosas. Si no quieres creerme a mí, lee aquí en el Libro, y busca entender la verdad expresada en él. He aquí todo ha sido asegurado por la sangre de Él que la hizo.”
Flexible: “Bueno, Obstinado, he comenzado y pienso seguir con este buen hombre, y echar mis suertes con él. Pero, mi buen Cristiano, ¿Conoce el camino a este lugar deseado?”
Cristiano: “Fui dirigido por un hombre llamado Evangelista, para apresurarme a ir a una pequeña Puerta que está Adelante donde recibiremos instrucciones para el Camino.”
Flexible: “Ven entonces, buen vecino, sigamos Adelante. Entonces los dos seguían Adelante juntos.”
Obstinado: “Y yo volveré a mi lugar. No seré participe con hombres tan ingenuos.”
Creo que el ángel estaba diciéndole a Juan el revelador que debemos dejar que los “Obstinados” que encontramos en el camino tomen su propio camino. Una vez llega a ser evidente que no tienen corazón para Dios y que solo desprecian Su Palabra, en vez de seguir insistiendo, debemos de dejar que continúen por su camino. Por nuestra parte debemos de enfocarnos en vivir una vida de pureza y santidad ante Dios y los demás, para que incluso los Obstinados con quienes nos encontramos en el camino glorifiquen a Dios en el día de su visitación (1Pedro 2:12).
Bien entendido, se está refiriendo a algo que nosotros debemos de hacer, en vez de algo que Dios hará. Los verbos son en imperativo y por lo tanto es mejor traducido como en la Nueva Versión Internacional: “Deja que el malo siga haciendo el mal y que el vil siga envileciéndose; deja que el justo siga practicando la justicia y que el santo siga santificándose.” No tiene referencia a algún abandono de parte de Dios. Contrario a lo que muchos afirman, Dios no abandona a nadie para siempre. Jeremías dice:
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Habiendo dicho esto, sin embargo, Dios Mismo, en ciertas circunstancias, desecha o rechaza al malhechor obstinado por un tiempo en juicio. Pero, el fin del Señor siempre es bueno. Antes de que Jerusalén fuese asediada y sus habitantes llevados cautivos a Babilonia por haber persistido en sus iniquidades, el Señor les dijo:
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia… 10 Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” (Jer 29:4,10-11)
Aquí vemos que, aunque Dios los entregó al enemigo y los envió en cautiverio por 70 años, Él no los desechó para siempre y sus planes para ellos siempre eran para su bien y tenían su plena restauración como resultado final. Si queremos tener el corazón del Señor hacia la humanidad, tenemos que ver más allá de los juicios de Dios y ver que el resultado final es bueno – culmina en restauración y no en ruina eterna. Como dijo Santiago: “habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg 5:11).
El pasaje complementario que aparece en el libro de Daniel nos dice más acerca de estos individuos y como relacionarnos con ellos. Ellos son descritos como ciegos sin poder ver la verdad porque sus iniquidades les han cegado su entendimiento. En el tiempo de Daniel, a él le fue mandado sellar la visión porque todavía no era el tiempo. En cambio, el ángel le dijo a Juan: “No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca.” Ambos textos hablan de los mismos individuos que estarían viviendo en ese tiempo:
“Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.” (Dan 12:9-10)
Estos dos pasajes se complementan. Daniel dice que los impíos no entenderán la revelación divina aun si intentáramos explicarla a ellos. En Apocalipsis dice de las mismas personas: “Deja que procedan por su camino.” Pablo dijo algo muy similar acerca de los tiempos que estamos viviendo. Él dijo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque VENDRÁ TIEMPO cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 PERO TÚ sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2Tim 4:2-5)
Pablo nos explica que en los postreros días Dios soltará una influencia del engaño sobre aquellos que no reciban el amor de la verdad para ser salvos:
“Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; 9 inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 POR ESTO Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:8-12 cf. Rom 1:28)
Entonces, vemos que, como no recibieron el amor de la verdad para ser salvos – escogiendo mejor persistir en sus vidas inicuas, Dios en juicio les envía un poder engañoso, resultando en que crean la mentira de Satanás. En Daniel, otra vez habla de los mismos individuos que serán engañados en los últimos tiempos por el Anticristo:
“Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora. 32 Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará. 33 Y los sabios del pueblo instruirán a muchos; y por algunos días caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo.” (Dan 11:31-33)
El espíritu del engaño operando en el tiempo del Anticristo seducirá a todos aquellos que no amen las verdades de la Palabra de Dios y se complacen en la injusticia, por medio de lisonjas (argumentos sutiles y convincentes). Jesús dijo que, si fuera posible, aún los escogidos serían engañados en ese tiempo (Mt 24:24). Esto implica que el engaño será tan sutil y persuasivo que por un tiempo confundirá incluso algunos de los escogidos. Sin embargo, los escogidos – los que verdaderamente conocen a su Dios, se esforzarán y actuarán empoderados por el Espíritu Santo. Ellos serán los instrumentos de Dios para dar entendimiento a muchos, resultando en la cosecha de almas más grande de la historia durante la Gran Tribulación (Apo 7:14).
Viendo nuestro pasaje en Apocalipsis 22:10-11 a la luz de los pasajes en Daniel, es evidente que ambos se refieren a los mismos individuos que serán entregados a una mente desaprobada y a pasiones vergonzosas. Dios no obliga a los hombres a doblar rodilla a Él en adoración. Él busca a aquellos que le adoren en espíritu y en verdad (Jn 4:23-24). Pablo en Romanos describe como Dios les abandona a sus propios deseos a aquellos que persisten en resistir el conocimiento de Él:
“ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26 POR ESTO Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen.” (Rom 1:25-28)
Cuando un individuo obstinadamente rechaza el conocimiento de Dios, andando en sus propios deseos, Él los entrega a los deseos de su propio corazón y el poder del enemigo que siempre busca su oportunidad para destruir nuestras vidas (1Cor 5:5; 1Tim 1:20; 1Pedro 5:8).
Cuando Pablo dijo que “Dios los entregó a una mente reprobada,” es adókimos, que es el opuesto de dókimos que significa “aprobado.” La palabra dókimos y sus cognados son términos comunes para la refinación de metales preciosos. [1] El deseo del Maestro Refinador es encontrar la pureza en nosotros en vez de escoria. Si un refinador pone a prueba el metal para probar su pureza y lo halla todavía lleno de impurezas, es puesto a un lado como adókimos o “desaprobado.” Sin embargo, el metal desaprobado todavía contiene lo que es precioso para el refinador. Aunque es desaprobado no es descartado como basura. En vez de eso, es apartado para el “lago de fuego” del refinador o el crisol. Considero este tema con más detalle en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Refinador.”
El pueblo de Israel llegó a estar en la condición de la desaprobación de Dios y, ¿Qué fue lo que hizo Dios? ¿Los abandonó para siempre? ¿Los destruyó por completo? No. Como el Maestro Refinador los echó en un horno de fuego – no para aniquilarlos ni tampoco para torturarlos, aunque seguramente uno sufre en el horno. Él los echó al horno para purificarlos, como dice en Ezequiel:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
Esto es lo que el Señor tiene que hacer para purificar a los desaprobados (adókimos). Sin embargo, esto no habla de un rechazo eterno en el sentido de tiempo sin fin. La quinta estrofa del himno Qué Firmes Cimientos, comunica esta verdad de una manera hermosa:
“La llama no puede dañaros jamás
si en medio del fuego os ordeno pasar.
El oro del alma más puro será,
pues sólo la escoria, pues sólo la escoria,
pues sólo la escoria se habrá de quemar.”
El fuego solo continúa hasta que la escoria es consumida y salgamos como oro puro. Por tan severo que fue el horno de fuego para Israel, culmina en su restauración final como vemos unos capítulos más adelante:
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
Así que, el mensaje de Apocalipsis 22:10-11, “Deja que el malo siga haciendo el mal” no está diciendo que el destino de uno es irreversible en un momento en tiempo como muchos lo han entendido. En sus comentarios concluyentes el ángel nos dice a nosotros que debemos dejar ir a las personas que están determinadas a ir por su propio camino y enfocarnos más bien en una vida de pureza y santidad, para que, aún si no reciben la palabra, puedan ser ganados sin palabra, viendo nuestra conducta santa y respetuosa en el día de su visitación (1Pedro 2:12; 3:1-2).
No debemos perder nuestro tiempo y energía intentando cosechar frutas verdes o forzar las verdades preciosas de la Palabra de Dios sobre aquellos que persistentemente las desprecian y profanan (2Tim 3:15-17). Jesús expresó la insensatez de seguir intentando convencer a los que no están receptivos a la verdad con palabras que yo no me atrevería a decir en nuestra cultura políticamente correcta:
“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.” (Mt 7:6)
Pablo tampoco tenía pelos en la lengua, mandándonos a evitar a aquellos que siempre resisten la verdad – especialmente en los últimos días cuando la apostasía de la fe una vez entregada a los santos es tan prevalente:
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. 6 Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. 7 Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad. 8 Y de la manera que Janes y Jambres resistieron a Moisés, así también éstos resisten a la verdad; hombres corruptos de entendimiento, réprobos (adókimos) en cuanto a la fe. 9 Mas no irán más adelante; porque su insensatez será manifiesta a todos, como también lo fue la de aquéllos.” (2 Tim 3:1-9)
Pablo dijo, así como dijo el ángel a Juan en Apocalipsis 22:10-11, que el tiempo está cerca y por lo tanto debemos evitar a aquellos que siempre resisten la verdad y son desaprobados en cuanto a la fe. ¡Si hubo un tiempo cuando debemos estar atentos a estas palabras es ahora!
NT:96, adókimos – “no pasando la prueba, no aprobado; propiamente de metales y monedas”
Thayer's Greek Lexicon.
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)La Teosis o la Divinizacin del Hombre
¿Somos Dioses?
por George Sidney Hurd
Son pocos los creyentes que han comenzado a comprender las riquezas de nuestra herencia en Cristo. Somos completos en Él quien está sentado sobre todo principado y poder (Col 2:10). Así como Él es la cabeza, nosotros somos Su cuerpo en un sentido orgánico y real (Ef 5:30; Col 2:19). Hemos llegado a ser un espíritu con Él y Él es nuestra vida (1Cor 6:17; Col 3:4). Somos llamados a manifestar Su vida en nuestros cuerpos mortales, a ser uno con Él como Él es uno con el Padre y a ejercer toda Su autoridad como coherederos con Él (2Cor 4:10-11; Jn 17:21). Necesitamos revelación divina para poder comprender la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de Su amor para tener la fe y aseguranza para ser llenos de toda la plenitud de Dios (Ef 3:16-19). Él es capaz y está dispuesto a hacer mucho más abundantemente de lo que somos capaces de comprender (Ef 3:20-21).
Sin embargo, algunos han ido un paso más allá afirmando que no solo somos nacidos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, sino que, de hecho, somos dioses. Hasta hace poco la doctrina era casi desconocido en los círculos Evangélicos y Carismáticos, siendo principalmente una doctrina de los gnósticos, la Nueva Era y ciertas sectas como los Mormones y “La Iglesia Local” de Witness Lee. Hoy en día hay muchos evangelistas, pastores y maestros que promueven la creencia de que somos dioses. ¿Cuáles son los argumentos que presentan?
Argumentos Presentados por los que Afirman que somos Dioses
Su primer argumento es que Jesús, cuando fue acusado de blasfemia por decir que era uno con el Padre, respondió citando el Salmo 82 donde unos hombres son llamados dioses:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” (Juan 10:34-36)
Es obvio que cuando Jesús citó este pasaje para callar a sus oponentes y agregando, “las Escrituras no pueden ser quebradas,” Él establece que ciertos individuos de hecho son llamados dioses por Dios mismo. Sin embargo, mientras que es verdad que Dios designa a ciertas personas con autoridad como “dioses” (esto será considerado con más detalle más adelante), en ninguna parte de las Escrituras dice que todos los hijos de Dios son dioses.
El segundo argumento es basado en el hecho de que hemos sido creados a su imagen y semejanza:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:26,27)
De este pasaje se argumenta que fuimos creados como dioses, a la semejanza de Dios. Sin embargo, es mejor entender esto como refiriéndose a nuestra semejanza a Dios en el sentido de nuestro intelecto creativo, nuestras emociones y libre albedrío. También, el hombre originalmente fue creado predominantemente espíritu, así capacitándonos a tener comunión con Dios que es Espíritu. Todas estas cualidades nos capacitan a ejercer dominio sobre la creación y reinar con Él en la esfera que nos delegue. Comparando nuestra naturaleza con el resto de la creación podemos ver que somos únicos en este sentido. Aún en nuestra condición caída ninguna otra criatura ha domada la creación como el hombre. A pesar del hecho de que el hombre, en su condición caída, ha utilizado sus capacidades para fines egoístas y está en peligro de destruir el equilibrio delicado de la tierra, ninguna otra criatura es comparable al hombre en su habilidad para controlar y manipular su ambiente y lograr que sirva a sus propósitos. Ninguna otra criatura es capaz de hacer tanta diferencia cuando es motivado por el amor y la compasión como el hombre. Mientras el hombre no busca a Dios en su estado caído, ninguna otra criatura es inclinado hacia las cosas espirituales como es el hombre.
Sin embargo, debe ser obvio que el hombre no es soberano con las prerrogativas de la deidad. Nuestra relación con Dios desde la creación fue diseñada para ser una de dependencia. Desde el comienzo Dios advirtió que la muerte sería el resultado de actuar independientemente de Él en desobediencia. La mentira de Satanás era, y aún es, que “seréis como Dios (o dioses)” si actúas independientemente de Él. El mismo Salmo que Jesús citó enfatiza las consecuencias de desobedecer a Dios como uno que haya sido delegado autoridad como un “dios”. “Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis y como cualquiera de los príncipes caeréis.” (Salmo 82:6-7) Habían sido llamados dioses por Dios mismo. Sin embargo, Dios pronunció juicio contra ellos por su desobediencia. Nuestra relación con Dios como la joya más preciosa de la creación tiene que ser entendida siempre como una relación de dependencia:
“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos...” (Hechos 17:28)
En Isaías 43:10 podemos ver claramente que, aunque fuimos creados a imagen y semejanza de Él, no fuimos creados como “dioses”:
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.” (Isa 43:10)
¿Cómo podemos ser sus testigos, declarando que Jehová es el único Dios, y al mismo tiempo decir que fuimos creados dioses? Cualquier explicación de los pasajes donde Dios llama a ciertos individuos dioses tiene que tomar en cuenta el hecho de que Dios no nos creó como dioses.
El tercer argumento presentado se basa en que hemos nacidos de nuevo en la familia de Dios. Hemos nacido de Dios y somos llamados hijos de Dios. Por lo tanto, somos dioses, argumentan ellos. Para ilustrar esto dicen: “Caballos dan a luz caballos, perros dan a luz perros y gatos dan a luz gatos. Entonces Dios da a luz dioses.”
Mientras que es verdad que ahora hemos sido hechos partícipes de la naturaleza divina poseyendo vida eterna, no tenemos esta vida independientemente de Él. “Cristo es nuestra vida.” (Colosenses 3:4) “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1Juan 5:11,12) Ser partícipe de la naturaleza divina significa que Dios está en nosotros, no nos constituye dioses sino recipientes de la naturaleza de Dios. Como miembros del cuerpo de Cristo somos llamados colectivamente ho Cristos “el Cristo” (1Cor 12:12). Pero separados de Él que es la cabeza no somos nada. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece, pero Jesús claramente dijo “Sin mí nada podéis hacer.” (Fil 4:13; Jn 15:5)
Otro argumento que a menudo es presentado para demostrar que somos dioses se basa en citas de los teólogos ortodoxos de la historia. Ireneo (130 a 202 d.C.) dijo que Dios había “llegado a ser lo que somos para que llegáramos a ser como Él Mismo es.” Atanasias (293 a 373 d.C.) dijo acerca de la encarnación de Cristo: “La Palabra fue hecha hombre para que pudiéramos llegar a ser divinos (theopoiēthōmen).” Martín Lutero escribió: “Porque la Palabra llegó a ser carne para que la carne pueda llegar a ser la Palabra. En otras palabras: Dios llega a ser hombre para que el hombre pueda llegar a ser Dios.”
Estas referencias al theosis, o la divinización del hombre, serán examinados en sus contextos más adelante. Pero, por el momento solo quiero enfatizar que estaban refiriendo a la impartición de la naturaleza divina en unión con Dios y no querían decir que nosotros mismos somos dioses como muchos enseñan hoy en día. Además, lo que enseñaron los teólogos del pasado acerca de la divinidad del hombre no debe dictar nuestra doctrina. Tenemos que derivar nuestras conclusiones de las Escrituras solamente.
En conclusión, hemos visto que algunos han argumentado que somos dioses basado en el hecho que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios. Otros dicen que somos dioses basados en el nuevo nacimiento, mientras que otros afirman que nuestra divinidad es basada en las dos cosas. Sin embargo, examinando las Escrituras, solo hay uno que califica para ser reconocido como Dios.
Solo hay Uno que es Digno de Adoración
Aunque muchos fueron adorados como dioses en la Biblia, solo uno es digno de nuestra adoración. Cuando Satanás tentó a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos de este mundo si solo fuera a postrarse y adorarle Jesús respondió: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás (Mt 4:10).” Pedro, en vez de aceptar adoración como un dios, le reprendió a Cornelio:
“Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.” (Hch 10:26)
Es significante notar que él no aceptó adoración como un hombre y mucho menos como un “pequeño ‘d’ dios” como suelen decir hoy en día. Tampoco hay indicación alguna de que los otros apóstoles se consideraban ser dioses. Pablo dijo:
“Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.” (1Cor 8:4-6).
En una ocasión Pablo y Bernabé fueron tomados por dioses por los habitantes de Listra cuando Pablo sanó a un hombre cojo del nacimiento. Las multitudes estaban a punto de adorarlos como dioses y hacer sacrificios en su honor. La reacción de Pablo y Bernabé deja en claro que no se consideraban dioses:
“Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.” (Hch 14:14-15)
Es muy obvio que Pablo y Bernabé no se consideraban divinos. ¿Será posible que ellos simplemente no hubieran recibido aún la revelación de quienes realmente eran como hijos de Dios? Solo un poco de tiempo antes del incidente en Listra Dios dejó en claro lo que pensaba de los que aceptan gloria como si fueran dioses:
“Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.” (Hechos 12:21-23)
¿Será que Dios, que hirió a un hombre con la muerte repentina por no corregir a los que lo llamaron un dios, estaría complacido con los que dicen que son dioses hoy? Ni los ángeles que son llamados dioses (elohím) en el Salmo 8:5 permitían que los hombres los tomaran como más que siervos de Dios. Juan, sobrecogido por la gloria de Dios que él vio en el ángel, se postró a adorarle y el ángel le dijo:
“Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” (Apo 22:9,10)
Si ni los discípulos ni los ángeles aceptaron adoración; si Herodes murió por no darle gloria a Dios cuando el pueblo lo llamó un dios; si Pablo dice que para nosotros solo hay un Dios, ¿entonces cómo podemos justificar llamarnos dioses? Habiendo establecido esto, dirijamos nuestra atención a los pasajes donde Dios mismo llama a ciertos individuos dioses.
Dios Llama a Ciertos Hombres dioses.
Mientras que es claro que los hombres no deben llamarse dioses ni recibir adoración como dioses, algunos hombres son llamados dioses por Dios mismo. A primera vista esto parece contradictorio. Por eso muchos han optado por un extremo o el otro sin intentar armonizar los pasajes aparentemente conflictivos.
En ninguna parte somos llamados dioses en las Escrituras por haber sido creados a su imagen y semejanza. Tampoco somos llamados dioses en virtud del Nuevo nacimiento. Jesús mismo, citando el Salmo 82 mostró que el título era reservado para ciertos individuos:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada)…” (Juan 10:34-35)
Primero, podemos ver que no son intrínsecamente dioses, sino que son llamados o constituidos dioses en un punto específico de tiempo referido como cuando “vino la palabra de Dios” a ellos. En otras palabras, no eran creados como dioses ni tampoco nacieron como dioses. Eran designados como dioses por el Señor en un punto específico en su vida como adultos. Esto es bien ilustrado en la vida de Moisés. Cuando tenía ochenta años la palabra del Señor vino a él:
“Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.” (Éxodo 7:1) “Él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.” (Éxodo 4:16)
¿Cuándo fue que vino la palabra del Señor a Moisés? ¿Cómo niño? ¿a los cuarenta años cuando se sentía mejor preparado? No. La palabra del Señor no le vino a él hasta cuarenta años más tarde cuando la preparación en el desierto había hecho su obra en él, convirtiéndolo en el hombre más manso en toda la tierra. Si el Señor hubiera hecho a Moisés como un dios para Faraón cuando él se sentía listo a los cuarenta años de edad cuando mató al egipcio, hubiera sido, sin duda, para su propia ruina. No fue hasta después cuando Moisés ya no se sentía digno ni capaz, que Dios determinó que él estaba preparado. No fue hasta después de que la palabra del Señor le vino a él en la zarza ardiente y Dios le revistió con su poder y autoridad, designándole un dios o representante de Dios ante Faraón.
Es importante notar que Moisés nunca se refirió a sí mismo como un dios ni recibió gloria para sí. Aun cuando su rostro resplandecía con la gloria él puso un velo sobre su rostro para cubrirlo. Cuando vino el tiempo de Dios para ungirlo con poder y autoridad para salvar a su pueblo escogido, Moisés había llegado a ser tan manso y humilde que su único deseo era hacer la voluntad de Dios y glorificarle.
La única otra mención de hombres como dioses son los jueces a los que Dios les dio autoridad y poder para gobernar a Su pueblo (Éxodo 21:6; 22:8-9). Aquí la palabra traducida “jueces” es la palabra hebrea elohím que puede ser traducida “poderosos”. El único poder y autoridad que tenían, sin embargo, les fue otorgado por Dios para poder gobernar a su pueblo.
Otro ejemplo de un hombre de Dios que permaneció en el desierto hasta que la palabra del Señor le viniera es Juan el Bautista. Se dice de él: “Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.” (Lucas 1:80) En la soledad del desierto Juan se fortaleció en espíritu en preparación del día de su manifestación.
Muchos ahora están siendo preparados en el desierto y pronto entrarán en el día de su manifestación a toda la creación. Los que se hayan sometidos bajo la poderosa mano de Dios serán exaltados en Su debido tiempo. Los que esperan en el Señor no serán avergonzados. Cuando llegó el día de la manifestación de Juan el Bautista, el tiempo señalado por el Padre, entonces la palabra del Señor le vino a él:
“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.” (Lucas 3:1-3)
Juan tuvo un llamado poderoso sobre su vida desde el vientre de su madre, pero para que este llamado se cumpliese en él, fue necesario esperar el tiempo de Dios en el desierto. Los que tienen un llamado alto de Dios tienen que estar preparados en el desierto hasta que sean lo suficiente fuertes en espíritu; lo suficiente maduros para poder llevar la unción que Dios tiene para ellos. Dios empezó dándoles una promesa, una visión para lo que Él iba a hacer a través de ellos y después los llevó al desierto para prepararlos hasta un punto preciso en el tiempo conocido solo por el Padre. El desierto puede parecer interminable, pero mientras que esperamos en el Señor y aprendemos de Él allí, en su tiempo perfecto Él nos llevará a nuestra herencia. Aunque el desierto ha de haber parecido interminable para Juan, podemos ver que el tiempo de su manifestación fue preciso: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás…”
El honor de ser llamados por Él “un dios” o un representante de Dios a las naciones, andando en Su poder y autoridad, es reservado para los que como Moisés hayan aprendido la mansedumbre; los que hayan madurado en el desierto lo suficiente para poder andar en ese nivel de unción que Dios delega solamente a Sus hijos maduros. Solo los que hayan aprendido de Él, habiendo crecido en mansedumbre y humildad de espíritu, serán capaces de andar en ese nivel de unción sin tomar la gloria para sí. Tenemos que tomar la determinación de permanecer en el desierto hasta que la palabra del Señor venga a nosotros. ¡Que Él nos encuentre allí esperando en Su tiempo perfecto sin importar cuánto tiempo tardare cuando llegue Su tiempo kairos para nosotros!
Partícipes de la Naturaleza Divina
Nuestra participación en la naturaleza divina es principalmente lo que los Padres de la Iglesia estaban refiriendo cuando hablaban de Dios como llegando a ser hombre en la encarnación para que el hombre llegara a ser Dios. Aunque siento que fue una manera desafortunada de expresarlo dado que es ajeno al lenguaje de las Escrituras y da lugar a conclusiones erróneas, aparentemente lo que querían expresar es que llegamos a ser un espíritu con el Señor por el nuevo nacimiento y así partícipes de la naturaleza divina (Col 3:4; Gal 2:20). Como los hijos regenerados de Dios, Su simiente divina permanece en nosotros como dijo Juan: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1Jn 3:9)
Contrario a la teoría de origen comúnmente enseñada en la Iglesia, Dios no nos creó ex hihilo “de la nada,” sino ex Deo “de Dios.” Como dice Pablo:
“Y todo proviene de Dios (ek theos), que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.” (2Cor 5:18 NBJ)
Como podemos ver en esta traducción literal, la creación es mucho más que Dios creándonos de la nada. Toda la creación es ex Deo (ek theos), de Dios como fuente en vez de que existamos de la nada. Adicionalmente, en Colosenses 1:16 vemos que no solamente fuimos creados de Dios, sino que originalmente fuimos creados en Cristo:
“Porque en (en) él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de (diá) él y para (eis) él.” (Col 1:16)
Considero este tema con más detalle en mi libro: “El Triunfo de la Misericordia (La Reconciliación de Todos a Través de Jesucristo).” Aquí solo quiero enfatizar que tuvimos nuestro principio en Cristo y salimos de Él como fuente de origen, en vez de haber aparecido de la nada. En la restauración final de todos, en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, absolutamente todos habrán sido reunidos en Cristo, sean en el cielo o en la tierra como dice Pablo:
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9-10).
En las épocas venideras, en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, todos habrán sido reunidos en Cristo en Quien y de Quien fueron creados en el principio. La oración de Cristo en el aposento alto en la última cena finalmente será realizada a plenitud. Su oración era que, no solamente Sus discípulos, sino todos serían reunidos el Él, así como Él es uno con el Padre:
“para que todos sean uno (hen); como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno (hen) en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno (hen), así como nosotros somos uno (hen). 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad (hen).” (Juan 17:21-23)
Vale notar que la palabra hen, o “uno” que se repite aquí significa “uno” en el sentido numérico en vez del sentido de “unidad” nada más. Es la misma palabra que Jesús utilizó para referirse a Él y el Padre como uno (Jn 10:30). Cuando todos hayan sido reunidos en Cristo, todos que procedieron de Dios como fuente en el principio – ex Deo o ek theos, que incluye absolutamente todos, estarán en Dios (eis theos), como dice Pablo:
“Porque de (ek, “procedente de”) él, y por (diá) él, y para (eís “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
Mientras que las Escrituras mantienen una distinción entre nosotros como la creación de Dios y Dios mismo, nosotros como creyentes ya hemos sido unidos a Cristo siendo un espíritu con Él, y finalmente todos habrán llegado a ser uno con Dios de una manera que no podemos comprender ahora. Cuando la última rodilla se haya doblada en sujeción a Cristo, entonces Cristo mismo se sujetará al Padre y desde ese momento Dios será todo en todos como dice Pablo:
“Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:28”
La realidad de que todos serán “reunidos en Cristo,” resultando en Dios siendo “todo en todos,” es lo que los Padres de la Iglesia Primitiva se estaban refiriendo cuando hablaban del theosis o la divinización de todos. No se trata de un panteísmo como lo de la Nueva Era, ni tampoco está diciendo que todos somos dioses, sino que hemos sido reconciliados con Dios, siendo partícipes de la naturaleza divina como hijos Suyos, siendo un espíritu con Él (Col 1:16,20; 2Pedro 1:4; 1Cor 6:17). Significa que tenemos la mente de Cristo y si andamos en unión con Él, siendo espiritual en vez de carnal, podemos conocer y discernir todas las cosas a causa de la unción (crisma) que está en nosotros (1Cor 2:15-16; 1Jn 2:27).
por George Sidney Hurd
Son pocos los creyentes que han comenzado a comprender las riquezas de nuestra herencia en Cristo. Somos completos en Él quien está sentado sobre todo principado y poder (Col 2:10). Así como Él es la cabeza, nosotros somos Su cuerpo en un sentido orgánico y real (Ef 5:30; Col 2:19). Hemos llegado a ser un espíritu con Él y Él es nuestra vida (1Cor 6:17; Col 3:4). Somos llamados a manifestar Su vida en nuestros cuerpos mortales, a ser uno con Él como Él es uno con el Padre y a ejercer toda Su autoridad como coherederos con Él (2Cor 4:10-11; Jn 17:21). Necesitamos revelación divina para poder comprender la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de Su amor para tener la fe y aseguranza para ser llenos de toda la plenitud de Dios (Ef 3:16-19). Él es capaz y está dispuesto a hacer mucho más abundantemente de lo que somos capaces de comprender (Ef 3:20-21).
Sin embargo, algunos han ido un paso más allá afirmando que no solo somos nacidos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, sino que, de hecho, somos dioses. Hasta hace poco la doctrina era casi desconocido en los círculos Evangélicos y Carismáticos, siendo principalmente una doctrina de los gnósticos, la Nueva Era y ciertas sectas como los Mormones y “La Iglesia Local” de Witness Lee. Hoy en día hay muchos evangelistas, pastores y maestros que promueven la creencia de que somos dioses. ¿Cuáles son los argumentos que presentan?
Argumentos Presentados por los que Afirman que somos Dioses
Su primer argumento es que Jesús, cuando fue acusado de blasfemia por decir que era uno con el Padre, respondió citando el Salmo 82 donde unos hombres son llamados dioses:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” (Juan 10:34-36)
Es obvio que cuando Jesús citó este pasaje para callar a sus oponentes y agregando, “las Escrituras no pueden ser quebradas,” Él establece que ciertos individuos de hecho son llamados dioses por Dios mismo. Sin embargo, mientras que es verdad que Dios designa a ciertas personas con autoridad como “dioses” (esto será considerado con más detalle más adelante), en ninguna parte de las Escrituras dice que todos los hijos de Dios son dioses.
El segundo argumento es basado en el hecho de que hemos sido creados a su imagen y semejanza:
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Génesis 1:26,27)
De este pasaje se argumenta que fuimos creados como dioses, a la semejanza de Dios. Sin embargo, es mejor entender esto como refiriéndose a nuestra semejanza a Dios en el sentido de nuestro intelecto creativo, nuestras emociones y libre albedrío. También, el hombre originalmente fue creado predominantemente espíritu, así capacitándonos a tener comunión con Dios que es Espíritu. Todas estas cualidades nos capacitan a ejercer dominio sobre la creación y reinar con Él en la esfera que nos delegue. Comparando nuestra naturaleza con el resto de la creación podemos ver que somos únicos en este sentido. Aún en nuestra condición caída ninguna otra criatura ha domada la creación como el hombre. A pesar del hecho de que el hombre, en su condición caída, ha utilizado sus capacidades para fines egoístas y está en peligro de destruir el equilibrio delicado de la tierra, ninguna otra criatura es comparable al hombre en su habilidad para controlar y manipular su ambiente y lograr que sirva a sus propósitos. Ninguna otra criatura es capaz de hacer tanta diferencia cuando es motivado por el amor y la compasión como el hombre. Mientras el hombre no busca a Dios en su estado caído, ninguna otra criatura es inclinado hacia las cosas espirituales como es el hombre.
Sin embargo, debe ser obvio que el hombre no es soberano con las prerrogativas de la deidad. Nuestra relación con Dios desde la creación fue diseñada para ser una de dependencia. Desde el comienzo Dios advirtió que la muerte sería el resultado de actuar independientemente de Él en desobediencia. La mentira de Satanás era, y aún es, que “seréis como Dios (o dioses)” si actúas independientemente de Él. El mismo Salmo que Jesús citó enfatiza las consecuencias de desobedecer a Dios como uno que haya sido delegado autoridad como un “dios”. “Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; Pero como hombres moriréis y como cualquiera de los príncipes caeréis.” (Salmo 82:6-7) Habían sido llamados dioses por Dios mismo. Sin embargo, Dios pronunció juicio contra ellos por su desobediencia. Nuestra relación con Dios como la joya más preciosa de la creación tiene que ser entendida siempre como una relación de dependencia:
“Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos...” (Hechos 17:28)
En Isaías 43:10 podemos ver claramente que, aunque fuimos creados a imagen y semejanza de Él, no fuimos creados como “dioses”:
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.” (Isa 43:10)
¿Cómo podemos ser sus testigos, declarando que Jehová es el único Dios, y al mismo tiempo decir que fuimos creados dioses? Cualquier explicación de los pasajes donde Dios llama a ciertos individuos dioses tiene que tomar en cuenta el hecho de que Dios no nos creó como dioses.
El tercer argumento presentado se basa en que hemos nacidos de nuevo en la familia de Dios. Hemos nacido de Dios y somos llamados hijos de Dios. Por lo tanto, somos dioses, argumentan ellos. Para ilustrar esto dicen: “Caballos dan a luz caballos, perros dan a luz perros y gatos dan a luz gatos. Entonces Dios da a luz dioses.”
Mientras que es verdad que ahora hemos sido hechos partícipes de la naturaleza divina poseyendo vida eterna, no tenemos esta vida independientemente de Él. “Cristo es nuestra vida.” (Colosenses 3:4) “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1Juan 5:11,12) Ser partícipe de la naturaleza divina significa que Dios está en nosotros, no nos constituye dioses sino recipientes de la naturaleza de Dios. Como miembros del cuerpo de Cristo somos llamados colectivamente ho Cristos “el Cristo” (1Cor 12:12). Pero separados de Él que es la cabeza no somos nada. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece, pero Jesús claramente dijo “Sin mí nada podéis hacer.” (Fil 4:13; Jn 15:5)
Otro argumento que a menudo es presentado para demostrar que somos dioses se basa en citas de los teólogos ortodoxos de la historia. Ireneo (130 a 202 d.C.) dijo que Dios había “llegado a ser lo que somos para que llegáramos a ser como Él Mismo es.” Atanasias (293 a 373 d.C.) dijo acerca de la encarnación de Cristo: “La Palabra fue hecha hombre para que pudiéramos llegar a ser divinos (theopoiēthōmen).” Martín Lutero escribió: “Porque la Palabra llegó a ser carne para que la carne pueda llegar a ser la Palabra. En otras palabras: Dios llega a ser hombre para que el hombre pueda llegar a ser Dios.”
Estas referencias al theosis, o la divinización del hombre, serán examinados en sus contextos más adelante. Pero, por el momento solo quiero enfatizar que estaban refiriendo a la impartición de la naturaleza divina en unión con Dios y no querían decir que nosotros mismos somos dioses como muchos enseñan hoy en día. Además, lo que enseñaron los teólogos del pasado acerca de la divinidad del hombre no debe dictar nuestra doctrina. Tenemos que derivar nuestras conclusiones de las Escrituras solamente.
En conclusión, hemos visto que algunos han argumentado que somos dioses basado en el hecho que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios. Otros dicen que somos dioses basados en el nuevo nacimiento, mientras que otros afirman que nuestra divinidad es basada en las dos cosas. Sin embargo, examinando las Escrituras, solo hay uno que califica para ser reconocido como Dios.
Solo hay Uno que es Digno de Adoración
Aunque muchos fueron adorados como dioses en la Biblia, solo uno es digno de nuestra adoración. Cuando Satanás tentó a Jesús en el desierto le ofreció todos los reinos de este mundo si solo fuera a postrarse y adorarle Jesús respondió: “Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás (Mt 4:10).” Pedro, en vez de aceptar adoración como un dios, le reprendió a Cornelio:
“Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.” (Hch 10:26)
Es significante notar que él no aceptó adoración como un hombre y mucho menos como un “pequeño ‘d’ dios” como suelen decir hoy en día. Tampoco hay indicación alguna de que los otros apóstoles se consideraban ser dioses. Pablo dijo:
“Acerca, pues, de las viandas que se sacrifican a los ídolos, sabemos que un ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un Dios. Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.” (1Cor 8:4-6).
En una ocasión Pablo y Bernabé fueron tomados por dioses por los habitantes de Listra cuando Pablo sanó a un hombre cojo del nacimiento. Las multitudes estaban a punto de adorarlos como dioses y hacer sacrificios en su honor. La reacción de Pablo y Bernabé deja en claro que no se consideraban dioses:
“Cuando lo oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgaron sus ropas, y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay.” (Hch 14:14-15)
Es muy obvio que Pablo y Bernabé no se consideraban divinos. ¿Será posible que ellos simplemente no hubieran recibido aún la revelación de quienes realmente eran como hijos de Dios? Solo un poco de tiempo antes del incidente en Listra Dios dejó en claro lo que pensaba de los que aceptan gloria como si fueran dioses:
“Y un día señalado, Herodes, vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos.” (Hechos 12:21-23)
¿Será que Dios, que hirió a un hombre con la muerte repentina por no corregir a los que lo llamaron un dios, estaría complacido con los que dicen que son dioses hoy? Ni los ángeles que son llamados dioses (elohím) en el Salmo 8:5 permitían que los hombres los tomaran como más que siervos de Dios. Juan, sobrecogido por la gloria de Dios que él vio en el ángel, se postró a adorarle y el ángel le dijo:
“Mira, no lo hagas; porque yo soy consiervo tuyo, de tus hermanos los profetas, y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.” (Apo 22:9,10)
Si ni los discípulos ni los ángeles aceptaron adoración; si Herodes murió por no darle gloria a Dios cuando el pueblo lo llamó un dios; si Pablo dice que para nosotros solo hay un Dios, ¿entonces cómo podemos justificar llamarnos dioses? Habiendo establecido esto, dirijamos nuestra atención a los pasajes donde Dios mismo llama a ciertos individuos dioses.
Dios Llama a Ciertos Hombres dioses.
Mientras que es claro que los hombres no deben llamarse dioses ni recibir adoración como dioses, algunos hombres son llamados dioses por Dios mismo. A primera vista esto parece contradictorio. Por eso muchos han optado por un extremo o el otro sin intentar armonizar los pasajes aparentemente conflictivos.
En ninguna parte somos llamados dioses en las Escrituras por haber sido creados a su imagen y semejanza. Tampoco somos llamados dioses en virtud del Nuevo nacimiento. Jesús mismo, citando el Salmo 82 mostró que el título era reservado para ciertos individuos:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada)…” (Juan 10:34-35)
Primero, podemos ver que no son intrínsecamente dioses, sino que son llamados o constituidos dioses en un punto específico de tiempo referido como cuando “vino la palabra de Dios” a ellos. En otras palabras, no eran creados como dioses ni tampoco nacieron como dioses. Eran designados como dioses por el Señor en un punto específico en su vida como adultos. Esto es bien ilustrado en la vida de Moisés. Cuando tenía ochenta años la palabra del Señor vino a él:
“Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.” (Éxodo 7:1) “Él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.” (Éxodo 4:16)
¿Cuándo fue que vino la palabra del Señor a Moisés? ¿Cómo niño? ¿a los cuarenta años cuando se sentía mejor preparado? No. La palabra del Señor no le vino a él hasta cuarenta años más tarde cuando la preparación en el desierto había hecho su obra en él, convirtiéndolo en el hombre más manso en toda la tierra. Si el Señor hubiera hecho a Moisés como un dios para Faraón cuando él se sentía listo a los cuarenta años de edad cuando mató al egipcio, hubiera sido, sin duda, para su propia ruina. No fue hasta después cuando Moisés ya no se sentía digno ni capaz, que Dios determinó que él estaba preparado. No fue hasta después de que la palabra del Señor le vino a él en la zarza ardiente y Dios le revistió con su poder y autoridad, designándole un dios o representante de Dios ante Faraón.
Es importante notar que Moisés nunca se refirió a sí mismo como un dios ni recibió gloria para sí. Aun cuando su rostro resplandecía con la gloria él puso un velo sobre su rostro para cubrirlo. Cuando vino el tiempo de Dios para ungirlo con poder y autoridad para salvar a su pueblo escogido, Moisés había llegado a ser tan manso y humilde que su único deseo era hacer la voluntad de Dios y glorificarle.
La única otra mención de hombres como dioses son los jueces a los que Dios les dio autoridad y poder para gobernar a Su pueblo (Éxodo 21:6; 22:8-9). Aquí la palabra traducida “jueces” es la palabra hebrea elohím que puede ser traducida “poderosos”. El único poder y autoridad que tenían, sin embargo, les fue otorgado por Dios para poder gobernar a su pueblo.
Otro ejemplo de un hombre de Dios que permaneció en el desierto hasta que la palabra del Señor le viniera es Juan el Bautista. Se dice de él: “Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.” (Lucas 1:80) En la soledad del desierto Juan se fortaleció en espíritu en preparación del día de su manifestación.
Muchos ahora están siendo preparados en el desierto y pronto entrarán en el día de su manifestación a toda la creación. Los que se hayan sometidos bajo la poderosa mano de Dios serán exaltados en Su debido tiempo. Los que esperan en el Señor no serán avergonzados. Cuando llegó el día de la manifestación de Juan el Bautista, el tiempo señalado por el Padre, entonces la palabra del Señor le vino a él:
“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.” (Lucas 3:1-3)
Juan tuvo un llamado poderoso sobre su vida desde el vientre de su madre, pero para que este llamado se cumpliese en él, fue necesario esperar el tiempo de Dios en el desierto. Los que tienen un llamado alto de Dios tienen que estar preparados en el desierto hasta que sean lo suficiente fuertes en espíritu; lo suficiente maduros para poder llevar la unción que Dios tiene para ellos. Dios empezó dándoles una promesa, una visión para lo que Él iba a hacer a través de ellos y después los llevó al desierto para prepararlos hasta un punto preciso en el tiempo conocido solo por el Padre. El desierto puede parecer interminable, pero mientras que esperamos en el Señor y aprendemos de Él allí, en su tiempo perfecto Él nos llevará a nuestra herencia. Aunque el desierto ha de haber parecido interminable para Juan, podemos ver que el tiempo de su manifestación fue preciso: “En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás…”
El honor de ser llamados por Él “un dios” o un representante de Dios a las naciones, andando en Su poder y autoridad, es reservado para los que como Moisés hayan aprendido la mansedumbre; los que hayan madurado en el desierto lo suficiente para poder andar en ese nivel de unción que Dios delega solamente a Sus hijos maduros. Solo los que hayan aprendido de Él, habiendo crecido en mansedumbre y humildad de espíritu, serán capaces de andar en ese nivel de unción sin tomar la gloria para sí. Tenemos que tomar la determinación de permanecer en el desierto hasta que la palabra del Señor venga a nosotros. ¡Que Él nos encuentre allí esperando en Su tiempo perfecto sin importar cuánto tiempo tardare cuando llegue Su tiempo kairos para nosotros!
Partícipes de la Naturaleza Divina
Nuestra participación en la naturaleza divina es principalmente lo que los Padres de la Iglesia estaban refiriendo cuando hablaban de Dios como llegando a ser hombre en la encarnación para que el hombre llegara a ser Dios. Aunque siento que fue una manera desafortunada de expresarlo dado que es ajeno al lenguaje de las Escrituras y da lugar a conclusiones erróneas, aparentemente lo que querían expresar es que llegamos a ser un espíritu con el Señor por el nuevo nacimiento y así partícipes de la naturaleza divina (Col 3:4; Gal 2:20). Como los hijos regenerados de Dios, Su simiente divina permanece en nosotros como dijo Juan: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios.” (1Jn 3:9)
Contrario a la teoría de origen comúnmente enseñada en la Iglesia, Dios no nos creó ex hihilo “de la nada,” sino ex Deo “de Dios.” Como dice Pablo:
“Y todo proviene de Dios (ek theos), que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación.” (2Cor 5:18 NBJ)
Como podemos ver en esta traducción literal, la creación es mucho más que Dios creándonos de la nada. Toda la creación es ex Deo (ek theos), de Dios como fuente en vez de que existamos de la nada. Adicionalmente, en Colosenses 1:16 vemos que no solamente fuimos creados de Dios, sino que originalmente fuimos creados en Cristo:
“Porque en (en) él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de (diá) él y para (eis) él.” (Col 1:16)
Considero este tema con más detalle en mi libro: “El Triunfo de la Misericordia (La Reconciliación de Todos a Través de Jesucristo).” Aquí solo quiero enfatizar que tuvimos nuestro principio en Cristo y salimos de Él como fuente de origen, en vez de haber aparecido de la nada. En la restauración final de todos, en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, absolutamente todos habrán sido reunidos en Cristo, sean en el cielo o en la tierra como dice Pablo:
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9-10).
En las épocas venideras, en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, todos habrán sido reunidos en Cristo en Quien y de Quien fueron creados en el principio. La oración de Cristo en el aposento alto en la última cena finalmente será realizada a plenitud. Su oración era que, no solamente Sus discípulos, sino todos serían reunidos el Él, así como Él es uno con el Padre:
“para que todos sean uno (hen); como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno (hen) en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno (hen), así como nosotros somos uno (hen). 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad (hen).” (Juan 17:21-23)
Vale notar que la palabra hen, o “uno” que se repite aquí significa “uno” en el sentido numérico en vez del sentido de “unidad” nada más. Es la misma palabra que Jesús utilizó para referirse a Él y el Padre como uno (Jn 10:30). Cuando todos hayan sido reunidos en Cristo, todos que procedieron de Dios como fuente en el principio – ex Deo o ek theos, que incluye absolutamente todos, estarán en Dios (eis theos), como dice Pablo:
“Porque de (ek, “procedente de”) él, y por (diá) él, y para (eís “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
Mientras que las Escrituras mantienen una distinción entre nosotros como la creación de Dios y Dios mismo, nosotros como creyentes ya hemos sido unidos a Cristo siendo un espíritu con Él, y finalmente todos habrán llegado a ser uno con Dios de una manera que no podemos comprender ahora. Cuando la última rodilla se haya doblada en sujeción a Cristo, entonces Cristo mismo se sujetará al Padre y desde ese momento Dios será todo en todos como dice Pablo:
“Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:28”
La realidad de que todos serán “reunidos en Cristo,” resultando en Dios siendo “todo en todos,” es lo que los Padres de la Iglesia Primitiva se estaban refiriendo cuando hablaban del theosis o la divinización de todos. No se trata de un panteísmo como lo de la Nueva Era, ni tampoco está diciendo que todos somos dioses, sino que hemos sido reconciliados con Dios, siendo partícipes de la naturaleza divina como hijos Suyos, siendo un espíritu con Él (Col 1:16,20; 2Pedro 1:4; 1Cor 6:17). Significa que tenemos la mente de Cristo y si andamos en unión con Él, siendo espiritual en vez de carnal, podemos conocer y discernir todas las cosas a causa de la unción (crisma) que está en nosotros (1Cor 2:15-16; 1Jn 2:27).