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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young
En la última sesión vimos el alcance universal de la reconciliación lograda por la muerte propiciatoria de Cristo en la cruz. Aunque todavía no todos se han correspondido a esa reconciliación, doblándole la rodilla a Él y confesándolo como Señor, Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo entero (cosmos) a Sí mismo en la cruz y no solamente los que tuvieron el privilegio de oír el evangelio y creer en esta vida. (1Tim 4:10)
La muerte de sustitución de Cristo en la cruz y Su resurrección no solamente proveyó reconciliación para todos, sino toda la humanidad que eran los recipientes del pecado original en Adán con su resultante naturaleza de pecado, muerte, juicio y condenación, también recibimos de manera pasiva la vida, justificación y justicia en Cristo ‘- el Último Adán, hace 2,000 años por la expiación de Cristo consumada en la cruz:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron… Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron MUCHO MÁS para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. 17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, MUCHO MÁS reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos… cuando el pecado abundó, sobreabundó (huperperiseuo “super sobreabundó”) la gracia.” (Rom 5:12,15-20)
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…” (1Cor 15:22,23)
Aquí Pablo hace un contraste entre lo que “todos” recibieron en Adán y lo que los mismos “todos” recibieron en Cristo – el Último Adán. Su uso de las palabras periseuo, “sobre abundar” y huperperiseuo “super, sobreabundar,” pone énfasis en el hecho que lo que Cristo logró para toda la humanidad va mucho, mucho más allá de una reversión total de la caída del hombre en Adán.
Entonces, ¿cómo puede De Young evitar las implicaciones obvias de este pasaje? Él argumenta que, mientras el primer “todos” de la comparación paralelo de Pablo refiere al mundo entero que peco y murió en Adán, el segundo “todos” solo incluye a aquellos que creen estando vivos. Él dice:
“‘Todo en Cristo’ no es el mismo número que ‘todo’ en Adán. Los en Cristo son un número más pequeño y llegan a estar en Él por ejercer fe.” p.213
Sin embargo, hay varias razones por qué esto no puede ser la manera correcta de entender estos pasajes. En primer lugar, en Romanos 5:18 no dice, “en Cristo todos” sino simplemente “todos los hombres.” Los mismos “todos los hombres” que fueron condenados en Adán son justificados en Cristo.
En segundo lugar, la comparación “así” – “de la misma manera” requiere que el segundo grupo sea igual en número que el primer grupo. Si los “todos” del segundo grupo no son los mismos “todos” en el primer grupo, no tendría sentido decir “de la misma manera”. Para ilustrar esto, imagina que un ladrón fuera a robarte 100.000 dólares y era todo lo que tenías, y al encontrar al ladrón le dirías: “Así como tú me robaste todo, de la misma manera, quiero que me devuelvas todo”, ¿Qué estarías exigiéndole? ¿Un diezmo? No. La expresión “así…de la misma manera…” quiere decir que la última tiene que corresponder al primero. En Barnes’ Notes (Notas de Barnes) Comentario sobre 1Corintios 15:22 él concuerda:
“Si este pasaje significa, que en Adán, o por él, todos llegaron a ser pecadores, entonces la declaración correspondiente ‘todos serán vivificados’ tiene que significar que todas las personas serán justificadas, o que todos serán salvos. Esto sería la interpretación natural y obvia: dado que las palabras ‘todos serán vivificados’ tiene que tener referencia a las palabras ‘todos mueren’, y tiene que afirmar el hecho opuesto y correlacionado. Si la frase ‘todos mueren’ allí significa que todos llegan a ser pecadores, entonces la frase ‘todos serán vivificados’, tiene que significar que todos serán santificados o recuperados de su muerte espiritual; y así un argumento obvio será dado para la doctrina de la salvación universal, del cual es difícil, si no imposible responder. No es una respuesta adecuada decir que la palabra ‘todo’ en la parte posterior de la oración, significa ‘a todos los elegidos’ o ‘a todos los justos’, porque su significado más natural y obvio es, que es co-extensivo con la palabra ‘todo’ en la primera parte del versículo.” [1]
Algunos señalan que Romanos 5:19 dice que “muchos” y no “todos” serán constituidos justos en Cristo. Pero cuando Pablo utiliza la palabra “los muchos” en vez de “todos”, él no está refiriéndose a algo menos que “todos”. Cuando dijo “todos pecaron” (Rom 5:12), él no se contradice cuando dice en 19 “muchos fueron constituidos pecadores” en vez de repetir “todos”.” Con decir “muchos” en vez de “todos” él está enfatizando que un solo individuo – Adán, afectó a los muchos, y que otro individuo, solo – Cristo, afectó mucho más a los mismos muchos. Los mismos muchos que fueron constituidos pecadores por Adán también fueron constituidos justos por Cristo.
Finalmente, si al final más permanecen en un estado de pecado y muerte en Adán que son vivificados en Cristo, entonces, ¿cómo podríamos decir que la gracia sobreabundó sobre el pecado? En tal situación, ¿no sería lo contrario, “donde la gracia abundó el pecado sobreabundó? Como dice Marvin Vincent: “El efecto del segundo Adán no puede ser menos que el primero.” [2]
De Young presenta Romanos 5:18 como clave para entender todo el pasaje. Él dice:
“Este es el versículo más importante en el pasaje, dado que afirma que la identidad en Cristo el segundo Adán solo viene a los que ‘reciben’ la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Son ellos, no “todos” los que reinan en la vida.” (p.167)
Sin embargo, como vemos a través de todo este pasaje, el contraste es entre lo que todos los hombres reciben en Adán y lo que todos los hombres reciben en Cristo, el Último Adán. (cf. v.19) La palabra “recibir” es la palabra griega lambano (que aparece 258 veces en el Nuevo Testamento), y tiene dos sentidos distintos: 1) activamente tomar o recibir, o 2) recibir como un recipiente pasivo. El contexto determina si el recipiente recibe activamente o pasivamente. Por ejemplo, en varios textos vemos que el recipiente recibe algo que ni desea recibir, como una justa retribución por la desobediencia (Heb 2:2), o un juicio mayor (Lucas 20:47). En otras instancias el recipiente recibe lo que ni está anticipando. Por ejemplo, todos en la casa de Cornelio estaban sorprendidos cuando los gentiles recibieron al Espíritu Santo. (Hch 10:47) En estos ejemplos es obvio que el recipiente es pasivo.
El muy estimado erudito del griego, Marvin Vincent, correctamente aplica el sentido pasivo también a Romanos 5:17. Él dice: “Ellos que reciben (hoi lambanontes). No ‘activamente recibiendo por creer’ sino simplemente siendo ‘los recipientes’” [3] Aunque él no entra en mayores detalles, su rendición de lambano en el sentido pasivo es justificada por el contexto. El contraste presentado en todo el pasaje es entre lo que todos los hombres reciben en Adán y lo que todos los hombres reciben en Cristo - el Último Adán. Así como todos los hombres pasivamente reciben la muerte, condenación y esclavitud al pecado por la desobediencia de un hombre, de la misma manera todos los hombres reciben vida, justificación, y dominio restaurado, a través de un hombre, Cristo, el Último Adán.
Sin embargo, habiendo dicho eso, así como no todos los hombres entraron en la experiencia de la muerte, condenación y esclavitud al pecado de Adán en el momento en que Adán pecó, de la misma manera no todos entraron en la experiencia de la vida, justificación y dominio de Cristo, el Último Adán, en el momento en que Él murió y resucitó de los muertos. Así como cada hombre tiene que nacer en Adán para experimentar la muerte, condenación y esclavitud al pecado que él trajo sobre todos los hombres, de la misma manera cada hombre tiene que ser vivificado o nacer de nuevo para experimentar la justificación y dominio que vino para todos los hombres cuando Cristo, el Último Adán murió y resucitó. De la muerte y resurrección del Último Adán está escrito, “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” (1Cor 15:45) Y otra vez, “así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.” (1Cor 15:22)
A mí parecer, una vez más mucha de la confusión de De Young es porque no reconoce la distinción entre “ya” y “todavía no.” Cristo ya gustó la muerte por todos y reconcilió el mundo entero a Sí mismo. (Heb 2:9; 2Cor 5:14,19) Mientras es cierto que nadie recibe personal y experimentalmente los beneficios de la justificación, santificación o vivificación en Cristo hasta que hayan puesto su fe en Él para salvación, lo que vemos es que todos, a su debido tiempo, confesarán que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios. En Cristo todos finalmente serán vivificados. Actualmente, solamente los que lo reciben nacen de nuevo y son justificados, y están siendo santificados para ser recibido por Él en Su venida, pero en su debido tiempo todos estarán reunidos en Cristo – justificados, santificados y sujetos a Él como Señor.
De Young correctamente dice que, según Romanos 6, no se puede decir de ningún individuo que está “en Cristo” antes de creer y ser bautizado en Cristo por el Espíritu Santo. Sin embargo, Romanos 5 habla del sacrificio de una vez para siempre por la raza de Adán cuando Él quitó los pecados del mundo entero hace 2,000 años. Toda la humanidad estaba “en Cristo” en la cruz, aunque uno todavía no está en Él hasta el día de su visitación. De Young lee Romanos 5 y 1Corintios 15:22 como si leyera “todos en Cristo” en vez de “en Cristo todos.” Si nos fijamos en el “ya,” es obvio que no todos han sido bautizados en Cristo. Sin embargo, “en Cristo todos” los que fueron condenados y murieron en Adán serán justificados y vivificados una vez que todos ya hayan sido reunidos en Cristo en la dispensación de la plenitud de los tiempos. (Ef 1:10)
Que Romanos 5 declara una reversión universal de la caída, resultando en la restauración final de todos, es aún más evidente cuando vemos 1Corintios 15:22 en su contexto. Él usa la misma comparación “así como” – “también” para contrastar lo que Adán perdió para todos, con lo que Cristo recuperó para los mismos todos:
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1Cor 15:22)
El sentido obvio es que los mismos todos que murieron en Adán también serán vivificados en Cristo. Esto es aún más evidente cuando vemos el resultado final del reinado de Cristo. Después de decir que Cristo reinará hasta que todos Sus enemigos estén bajo Sus pies (lo que ya vimos en la sesión anterior habla de una sumisión voluntaria de parte de Sus enemigos) Pablo concluye diciendo que después Cristo se sujetará a Sí mismo al Padre con el resultado final que Dios sea todo en todos.
“Pero luego que todas las cosas [4] le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:28)
Debe ser obvio que no es posible que Dios sea “todo en todos” sin una reversión universal de la caída en la cual todos que tuvieron su comienzo en Él vuelvan a Él. (Rom 11:36) – Donde todos hayan sido reunidos en Cristo (Ef 1:10) y restaurados. (Hch 3:21) Entonces, ¿cómo intenta De Young resolver esta contradicción obvia de la doctrina tradicional de tormentos eternos? De igual manera como en Romanos 5, él argumenta que los “todos” que serán vivificados en Cristo son menos que los “todos” que mueren en Adán. Él dice:
“…los ‘todos’ (‘en Cristo todos serán vivificados) tienen que referirse solamente a los que han creído de Cristo.” p. 168
Entonces, basada en la presuposición tradicional que muchos estarán perdidos eternamente a pesar del lenguaje paralelo (“como todos – así todos”), él tiene que argumentar que el segundo “todo” solo refiere a los de la raza de Adán que verdaderamente creyeron en Cristo antes de morir.
Sin embargo, como hay tanta disparidad entre los que mueren en Adán y los que reciben a Cristo en el curso de su vida, él intenta mitigar el número de los que murieron en la historia sin creer en Él. Él dice:
“Las estadísticas demuestran que aproximadamente 2.7 mil millones son cristianos hoy…probablemente mucho más de 50% de la población mundial, ahora y en el pasado, habrán ido al cielo. Puede ser mucho más de 70%.” p.240
Este argumento es común entre los Tradicionalistas. Sin embargo, tiene muchos problemas. En primer lugar, De Young mismo reconoce que uno tiene que nacer de nuevo para estar en Cristo y ser salvo. [5] Todos sabemos que la gran mayoría de los que han profesado ser cristianos nunca nacieron de nuevo y por lo tanto mueren sin Cristo a pesar de su profesión. Cuando sumas a eso los que nunca oyeron el evangelio o no lo aceptaron, seríamos generosos al decir que 10% de la humanidad murieron en Cristo.
Jesús mismo, cuando le preguntaron si son pocos los salvos dijo que pocos entran por la puerta estrecha que lleva a la vida en este lado de la tumba. (Mt 7:13-14; Lc 13:22-30) Argumentar que la mayoría son salvos en esta vida contradice las palabras de Jesús y no está de acuerdo con lo que ellos realmente creen.
Además, si solo un alma fuera atormentada eternamente, no lo haría menos impensable y horrenda. Y si solo uno fuera perdido eternamente en un estado perpetuo de separación, no sería posible decir que Dios será todo en todos. Y si “todo en todos” realmente solo significa “todo en algunos,” entonces lenguaje llega a ser sin sentido y estamos perdiendo nuestro tiempo al estudiar las Escrituras. Sin embargo, De Young en otra instancia hasta intenta argumentar que los “todos” en “todo en todos” no significa literalmente “todos.” Él dice:
“Aun la Escritura reconoce de manera explícita que ‘todos’ tiene excepciones. Cuando el Apóstol Pablo escribe que todas las cosas han sido sujetadas a Dios (¿Cristo?)’ (1Cor 15:27) Él inmediatamente añade: ‘cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.’ En otras palabras, cuando la Escritura dice que todas las cosas son sujetadas a Cristo, Dios que sujeta ‘todas las cosas’ a Cristo es una excepción a estas palabras.” p.186 (paréntesis mío)
Creo que quería decir, “sujetadas a Cristo” y no a Dios Padre. (cf. Sal 8:5,6) Sin embargo, este argumento es erróneo en más de un sentido. Es una regla básica de la gramática que “todos” significa “todos” a menos que haya algo específico en el contexto limitándolo. También, cuando Pablo dice que el Padre fue la única excepción a todos siendo sujeto a Cristo, simplemente fue una manera enfática de decir, “absolutamente toda la creación,” dado que Dios el Padre fue la única excepción a “todos.”
De Young, como con todos los Tradicionalistas, tienen grandes dificultades al intentar reconciliar este pasaje con tormentos eternos para la mayoría dado que claramente enseña que en Adán todos serán restaurados en Cristo, sujetándose a Él, con el resultado que Él sea todo en todos. Parece que él no ha podido decidir qué hacer con este pasaje. En la cita anterior él intenta argumentar que hay excepciones a “todos,” implicando que solo incluye algunos o aquellos que creen en Cristo en esta vida. En otro lugar, él aparenta cambiar al argumento diciendo que no se refiere a personas sino a una condición o estado impersonal. Él dice:
“Los versículos dicen que cuando todas las cosas son sujetadas a Cristo él mismo se sujetará al Padre que hizo que todo se sujetara a Cristo ‘para que Dios sea todo en todos.’ (vv. 26-28). Estas palabras finales describen el estado final; ninguna otra condición es prevista. Significa, entonces, que algunos están en sujeción y conquista perpetua. Esto de ninguna manera puede ser ‘un abrazo amoroso de Cristo.’” p.220
Si lo entiendo, parece que él está diciendo que Dios llega a ser todo en todos por hacer que todos le sean sujetos, o voluntaria o involuntariamente. En ese “estado final” Dios habrá recibido a Si mismo los que voluntariamente se sujetaron a Cristo y los demás serán sujetados a tormentos eternos. Entonces, una vez más vemos que De Young despersonaliza la restauración de todos, convirtiéndolo en nada más que la restauración de un estado final impersonal en vez de la restauración de todas las personas como resultado de Cristo habiendo atraídos a todos a Sí mismo, así como Jesús mismo prometió que haría. (Jn 12:32)
Si Dios no será todo en todas las personas sino nada más todas las cosas, ¿cómo se podría decir que Dios es todo en todo lo inanimado, en vez de todo en todas las personas, ¿será que Él eternamente habita en el mal y en el infierno? Para mí, esto crea más problemas que lo que resuelve. No importa cómo los Tradicionalistas tratan de resolverlo, son enfrentados con un dualismo eterno donde Dios mismo perpetúa el mal y un infierno eterno. Al menos los Aniquilacionistas resuelven este dilema presentándole a Dios como exterminando la oposición, así llegando a ser “todo en todos los que sobrevivan.”
Otra solución más que De Young ofrece para 1Corintios 15:28 también es confuso para mí, pero solo ilustra los extremos a los que los Tradicionalistas van para negar la restauración de todos. Él dice:
“También es posible que este texto significa que no hay una sujeción eterna, sino que, en un punto de “tiempo” en el futuro Dios como Padre, Hijo y Espíritu es ‘todo en todos.’” p. 28
Aparentemente, lo que De Young sugiere aquí es que, una vez que todo haya sido sujetado a Cristo, habrá un momento breve cuando toda rodilla se dobla, y por ese momento, antes que los que son obligados a doblarle la rodilla sean lanzados a un infierno eterno, Dios será todo en todos. Pero, ¿en qué sentido se podría decir que Dios será “todo en” los no arrepentidos, aun por ese breve momento antes de ser echados al infierno? ¿También serán obligados a recibirlo en sus vidas?
El énfasis en todo el pasaje es la restauración de toda la humanidad, reversionando la caída y reuniéndoles a todos en una unión con Dios por medio de Cristo – el Último Adán. Que la sujeción de todos sea voluntaria también es indicado por el hecho que la misma palabra utilizada para la sujeción de Cristo al Padre (hupotaso) es utilizado 4 veces más en solamente 2 versículos donde refiere al resto de la humanidad que se sujetará a Él:
“Porque todas las cosas las sujetó (hupotaso), debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas (hupotaso) a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó (hupotaso) a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas (hupotaso), entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó (hupotaso) a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:27,28)
Lógicamente, si la sumisión es voluntaria por parte de Cristo, también lo será por parte de todos los demás. Que la sumisión de todos, que da como resultado que Dios sea todo en todos, es una sumisión voluntaria, también se ve en la progresión de todo el pasaje. Comienza diciendo: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…” (1Cor 15:22,23a) Esto habla de un orden o sucesión de individuos que serán vivificados cuando su momento ordenado llega, así como vemos en Hechos 13:48 donde dice: “y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” Ambas palabras “orden” y “ordenados” refieren a una sucesión u orden predeterminado.
Todo aquel que invocare al nombre del Señor será salvo, pero no lo invocamos de corazón hasta llegar al fin de nosotros mismos. Cada individuo tiene su propio orden. Algunas personas son más voluntariosas y obstinadas que otras, y por ese motivo algunos demoran más en responder al evangelio, dado que Dios espera hasta que llegamos al fin de nosotros mismos y solo entonces nos atrae a Si mismo.
La interpretación tradicionalista no reconoce este orden o sucesión. Ellos solo incluyen el resto del versículo que dice: “Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” Esto no cumple el dicho: “cada uno en su debido orden.” Esto solo habla de Cristo, las primicias y la Iglesia o la asamblea de las primicias, que tendrá parte en la primera resurrección. (Santiago 1:18) Refiere a nosotros que primeramente esperábamos en Cristo, que son los primogénitos de la nueva creación. (Ef 1:12; Heb 12:23) La frase “cada uno en su debido orden” refiere al resto de la humanidad que será vivificado individualmente cuando sea su tiempo.
El versículo siguiente dice: “Luego el fin (telos), cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.” La palabra traducida “fin” es telos que significa: fin, conclusión, cumplimiento o resultado final. Pienso que tal vez la mejor manera de entender “el fin,” en este contexto es, “entonces viene el cumplimiento.” En otras palabras, habla del cumplimiento de la declaración que todos serán vivificados en Cristo y no solamente las primicias o los que son de Cristo en Su venida. Esto se confirma viendo los versículos que siguen, que declaran que Cristo seguirá reinando hasta que todo enemigo haya sido destruido (gr. katalúo “rendido nulo”) y todos se sujeten a Él. Dice que el último enemigo que destruirá es la muerte. Eso no puede suceder hasta que todos hayan sido vivificados en Cristo.
Los Tradicionalistas tienen corta la vista cuando intentan terminar el tiempo con la Segunda Venida o aún después de Su reinado de 1.000 años. En 1Corintions 15 vemos que Cristo seguirá reinando hasta que todos se hayan sujetados a Él y Dios sea todo en todos. Eso no será el caso con la Segunda Venida, ni tampoco con el milenio que termina con la última rebelión de Satanás y el Juicio del Gran Trono Blanco. (Apo 20:7-9) En realidad, vemos que los tiempos de la restauración de todos ni comienza hasta el Segunda Venida de Cristo. (Hch 3:21) Es en la dispensación del cumplimiento de los tiempos que todos son reunidos en Él (Ef 1:10) y no antes de Su venida. Es en las épocas venideras que la Iglesia – como las primicias, será desplegada para mostrar las abundantes riquezas de Su gracia al resto de la creación a través de nosotros. (Ef 2:7)
Entonces, hemos visto que la obra de Cristo en la cruz fue una reversión universal de los resultados del acto de desobediencia de Adán que ocasionó la caída, la entrada del pecado, muerte y condenación de toda la raza de Adán. Cristo, el Último Adán, restaura todo lo que el primer Adán perdió y mucho, mucho más. Todos los que murieron en Adán finalmente serán vivificados por la cruz. Es algo “ya” consumado, pero “todavía no” implementado, dado que todos aún no se han sujetado a Cristo. Sin embargo, todos serán vivificados, reversionando la caída, pero “cada uno en su debido orden.” Es precisamente debido a que la sujeción tiene que ser voluntaria y no obligada que “todavía no” han sido restaurados todos.
[1] from Barnes' Notes on 1Corinthians 15:22
[2] Vincent's Word Studies in the New Testament, Romans 5:17
[3] Vincent's Word Studies in the New Testament, Romans 5:17
[4] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
[5] De Young says: “One needs merely to be born to be in Adam and under judgment; but one needs to be born again to be in the kingdom of Christ (John 3:5-8).” p.213
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young
En la última sesión vimos el alcance universal de la reconciliación lograda por la muerte propiciatoria de Cristo en la cruz. Aunque todavía no todos se han correspondido a esa reconciliación, doblándole la rodilla a Él y confesándolo como Señor, Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo entero (cosmos) a Sí mismo en la cruz y no solamente los que tuvieron el privilegio de oír el evangelio y creer en esta vida. (1Tim 4:10)
La muerte de sustitución de Cristo en la cruz y Su resurrección no solamente proveyó reconciliación para todos, sino toda la humanidad que eran los recipientes del pecado original en Adán con su resultante naturaleza de pecado, muerte, juicio y condenación, también recibimos de manera pasiva la vida, justificación y justicia en Cristo ‘- el Último Adán, hace 2,000 años por la expiación de Cristo consumada en la cruz:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron… Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron MUCHO MÁS para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. 16 Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. 17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, MUCHO MÁS reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. 18 Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. 19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos… cuando el pecado abundó, sobreabundó (huperperiseuo “super sobreabundó”) la gracia.” (Rom 5:12,15-20)
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…” (1Cor 15:22,23)
Aquí Pablo hace un contraste entre lo que “todos” recibieron en Adán y lo que los mismos “todos” recibieron en Cristo – el Último Adán. Su uso de las palabras periseuo, “sobre abundar” y huperperiseuo “super, sobreabundar,” pone énfasis en el hecho que lo que Cristo logró para toda la humanidad va mucho, mucho más allá de una reversión total de la caída del hombre en Adán.
Entonces, ¿cómo puede De Young evitar las implicaciones obvias de este pasaje? Él argumenta que, mientras el primer “todos” de la comparación paralelo de Pablo refiere al mundo entero que peco y murió en Adán, el segundo “todos” solo incluye a aquellos que creen estando vivos. Él dice:
“‘Todo en Cristo’ no es el mismo número que ‘todo’ en Adán. Los en Cristo son un número más pequeño y llegan a estar en Él por ejercer fe.” p.213
Sin embargo, hay varias razones por qué esto no puede ser la manera correcta de entender estos pasajes. En primer lugar, en Romanos 5:18 no dice, “en Cristo todos” sino simplemente “todos los hombres.” Los mismos “todos los hombres” que fueron condenados en Adán son justificados en Cristo.
En segundo lugar, la comparación “así” – “de la misma manera” requiere que el segundo grupo sea igual en número que el primer grupo. Si los “todos” del segundo grupo no son los mismos “todos” en el primer grupo, no tendría sentido decir “de la misma manera”. Para ilustrar esto, imagina que un ladrón fuera a robarte 100.000 dólares y era todo lo que tenías, y al encontrar al ladrón le dirías: “Así como tú me robaste todo, de la misma manera, quiero que me devuelvas todo”, ¿Qué estarías exigiéndole? ¿Un diezmo? No. La expresión “así…de la misma manera…” quiere decir que la última tiene que corresponder al primero. En Barnes’ Notes (Notas de Barnes) Comentario sobre 1Corintios 15:22 él concuerda:
“Si este pasaje significa, que en Adán, o por él, todos llegaron a ser pecadores, entonces la declaración correspondiente ‘todos serán vivificados’ tiene que significar que todas las personas serán justificadas, o que todos serán salvos. Esto sería la interpretación natural y obvia: dado que las palabras ‘todos serán vivificados’ tiene que tener referencia a las palabras ‘todos mueren’, y tiene que afirmar el hecho opuesto y correlacionado. Si la frase ‘todos mueren’ allí significa que todos llegan a ser pecadores, entonces la frase ‘todos serán vivificados’, tiene que significar que todos serán santificados o recuperados de su muerte espiritual; y así un argumento obvio será dado para la doctrina de la salvación universal, del cual es difícil, si no imposible responder. No es una respuesta adecuada decir que la palabra ‘todo’ en la parte posterior de la oración, significa ‘a todos los elegidos’ o ‘a todos los justos’, porque su significado más natural y obvio es, que es co-extensivo con la palabra ‘todo’ en la primera parte del versículo.” [1]
Algunos señalan que Romanos 5:19 dice que “muchos” y no “todos” serán constituidos justos en Cristo. Pero cuando Pablo utiliza la palabra “los muchos” en vez de “todos”, él no está refiriéndose a algo menos que “todos”. Cuando dijo “todos pecaron” (Rom 5:12), él no se contradice cuando dice en 19 “muchos fueron constituidos pecadores” en vez de repetir “todos”.” Con decir “muchos” en vez de “todos” él está enfatizando que un solo individuo – Adán, afectó a los muchos, y que otro individuo, solo – Cristo, afectó mucho más a los mismos muchos. Los mismos muchos que fueron constituidos pecadores por Adán también fueron constituidos justos por Cristo.
Finalmente, si al final más permanecen en un estado de pecado y muerte en Adán que son vivificados en Cristo, entonces, ¿cómo podríamos decir que la gracia sobreabundó sobre el pecado? En tal situación, ¿no sería lo contrario, “donde la gracia abundó el pecado sobreabundó? Como dice Marvin Vincent: “El efecto del segundo Adán no puede ser menos que el primero.” [2]
De Young presenta Romanos 5:18 como clave para entender todo el pasaje. Él dice:
“Este es el versículo más importante en el pasaje, dado que afirma que la identidad en Cristo el segundo Adán solo viene a los que ‘reciben’ la abundancia de la gracia y el don de la justicia. Son ellos, no “todos” los que reinan en la vida.” (p.167)
Sin embargo, como vemos a través de todo este pasaje, el contraste es entre lo que todos los hombres reciben en Adán y lo que todos los hombres reciben en Cristo, el Último Adán. (cf. v.19) La palabra “recibir” es la palabra griega lambano (que aparece 258 veces en el Nuevo Testamento), y tiene dos sentidos distintos: 1) activamente tomar o recibir, o 2) recibir como un recipiente pasivo. El contexto determina si el recipiente recibe activamente o pasivamente. Por ejemplo, en varios textos vemos que el recipiente recibe algo que ni desea recibir, como una justa retribución por la desobediencia (Heb 2:2), o un juicio mayor (Lucas 20:47). En otras instancias el recipiente recibe lo que ni está anticipando. Por ejemplo, todos en la casa de Cornelio estaban sorprendidos cuando los gentiles recibieron al Espíritu Santo. (Hch 10:47) En estos ejemplos es obvio que el recipiente es pasivo.
El muy estimado erudito del griego, Marvin Vincent, correctamente aplica el sentido pasivo también a Romanos 5:17. Él dice: “Ellos que reciben (hoi lambanontes). No ‘activamente recibiendo por creer’ sino simplemente siendo ‘los recipientes’” [3] Aunque él no entra en mayores detalles, su rendición de lambano en el sentido pasivo es justificada por el contexto. El contraste presentado en todo el pasaje es entre lo que todos los hombres reciben en Adán y lo que todos los hombres reciben en Cristo - el Último Adán. Así como todos los hombres pasivamente reciben la muerte, condenación y esclavitud al pecado por la desobediencia de un hombre, de la misma manera todos los hombres reciben vida, justificación, y dominio restaurado, a través de un hombre, Cristo, el Último Adán.
Sin embargo, habiendo dicho eso, así como no todos los hombres entraron en la experiencia de la muerte, condenación y esclavitud al pecado de Adán en el momento en que Adán pecó, de la misma manera no todos entraron en la experiencia de la vida, justificación y dominio de Cristo, el Último Adán, en el momento en que Él murió y resucitó de los muertos. Así como cada hombre tiene que nacer en Adán para experimentar la muerte, condenación y esclavitud al pecado que él trajo sobre todos los hombres, de la misma manera cada hombre tiene que ser vivificado o nacer de nuevo para experimentar la justificación y dominio que vino para todos los hombres cuando Cristo, el Último Adán murió y resucitó. De la muerte y resurrección del Último Adán está escrito, “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” (1Cor 15:45) Y otra vez, “así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados.” (1Cor 15:22)
A mí parecer, una vez más mucha de la confusión de De Young es porque no reconoce la distinción entre “ya” y “todavía no.” Cristo ya gustó la muerte por todos y reconcilió el mundo entero a Sí mismo. (Heb 2:9; 2Cor 5:14,19) Mientras es cierto que nadie recibe personal y experimentalmente los beneficios de la justificación, santificación o vivificación en Cristo hasta que hayan puesto su fe en Él para salvación, lo que vemos es que todos, a su debido tiempo, confesarán que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios. En Cristo todos finalmente serán vivificados. Actualmente, solamente los que lo reciben nacen de nuevo y son justificados, y están siendo santificados para ser recibido por Él en Su venida, pero en su debido tiempo todos estarán reunidos en Cristo – justificados, santificados y sujetos a Él como Señor.
De Young correctamente dice que, según Romanos 6, no se puede decir de ningún individuo que está “en Cristo” antes de creer y ser bautizado en Cristo por el Espíritu Santo. Sin embargo, Romanos 5 habla del sacrificio de una vez para siempre por la raza de Adán cuando Él quitó los pecados del mundo entero hace 2,000 años. Toda la humanidad estaba “en Cristo” en la cruz, aunque uno todavía no está en Él hasta el día de su visitación. De Young lee Romanos 5 y 1Corintios 15:22 como si leyera “todos en Cristo” en vez de “en Cristo todos.” Si nos fijamos en el “ya,” es obvio que no todos han sido bautizados en Cristo. Sin embargo, “en Cristo todos” los que fueron condenados y murieron en Adán serán justificados y vivificados una vez que todos ya hayan sido reunidos en Cristo en la dispensación de la plenitud de los tiempos. (Ef 1:10)
Que Romanos 5 declara una reversión universal de la caída, resultando en la restauración final de todos, es aún más evidente cuando vemos 1Corintios 15:22 en su contexto. Él usa la misma comparación “así como” – “también” para contrastar lo que Adán perdió para todos, con lo que Cristo recuperó para los mismos todos:
Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1Cor 15:22)
El sentido obvio es que los mismos todos que murieron en Adán también serán vivificados en Cristo. Esto es aún más evidente cuando vemos el resultado final del reinado de Cristo. Después de decir que Cristo reinará hasta que todos Sus enemigos estén bajo Sus pies (lo que ya vimos en la sesión anterior habla de una sumisión voluntaria de parte de Sus enemigos) Pablo concluye diciendo que después Cristo se sujetará a Sí mismo al Padre con el resultado final que Dios sea todo en todos.
“Pero luego que todas las cosas [4] le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:28)
Debe ser obvio que no es posible que Dios sea “todo en todos” sin una reversión universal de la caída en la cual todos que tuvieron su comienzo en Él vuelvan a Él. (Rom 11:36) – Donde todos hayan sido reunidos en Cristo (Ef 1:10) y restaurados. (Hch 3:21) Entonces, ¿cómo intenta De Young resolver esta contradicción obvia de la doctrina tradicional de tormentos eternos? De igual manera como en Romanos 5, él argumenta que los “todos” que serán vivificados en Cristo son menos que los “todos” que mueren en Adán. Él dice:
“…los ‘todos’ (‘en Cristo todos serán vivificados) tienen que referirse solamente a los que han creído de Cristo.” p. 168
Entonces, basada en la presuposición tradicional que muchos estarán perdidos eternamente a pesar del lenguaje paralelo (“como todos – así todos”), él tiene que argumentar que el segundo “todo” solo refiere a los de la raza de Adán que verdaderamente creyeron en Cristo antes de morir.
Sin embargo, como hay tanta disparidad entre los que mueren en Adán y los que reciben a Cristo en el curso de su vida, él intenta mitigar el número de los que murieron en la historia sin creer en Él. Él dice:
“Las estadísticas demuestran que aproximadamente 2.7 mil millones son cristianos hoy…probablemente mucho más de 50% de la población mundial, ahora y en el pasado, habrán ido al cielo. Puede ser mucho más de 70%.” p.240
Este argumento es común entre los Tradicionalistas. Sin embargo, tiene muchos problemas. En primer lugar, De Young mismo reconoce que uno tiene que nacer de nuevo para estar en Cristo y ser salvo. [5] Todos sabemos que la gran mayoría de los que han profesado ser cristianos nunca nacieron de nuevo y por lo tanto mueren sin Cristo a pesar de su profesión. Cuando sumas a eso los que nunca oyeron el evangelio o no lo aceptaron, seríamos generosos al decir que 10% de la humanidad murieron en Cristo.
Jesús mismo, cuando le preguntaron si son pocos los salvos dijo que pocos entran por la puerta estrecha que lleva a la vida en este lado de la tumba. (Mt 7:13-14; Lc 13:22-30) Argumentar que la mayoría son salvos en esta vida contradice las palabras de Jesús y no está de acuerdo con lo que ellos realmente creen.
Además, si solo un alma fuera atormentada eternamente, no lo haría menos impensable y horrenda. Y si solo uno fuera perdido eternamente en un estado perpetuo de separación, no sería posible decir que Dios será todo en todos. Y si “todo en todos” realmente solo significa “todo en algunos,” entonces lenguaje llega a ser sin sentido y estamos perdiendo nuestro tiempo al estudiar las Escrituras. Sin embargo, De Young en otra instancia hasta intenta argumentar que los “todos” en “todo en todos” no significa literalmente “todos.” Él dice:
“Aun la Escritura reconoce de manera explícita que ‘todos’ tiene excepciones. Cuando el Apóstol Pablo escribe que todas las cosas han sido sujetadas a Dios (¿Cristo?)’ (1Cor 15:27) Él inmediatamente añade: ‘cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.’ En otras palabras, cuando la Escritura dice que todas las cosas son sujetadas a Cristo, Dios que sujeta ‘todas las cosas’ a Cristo es una excepción a estas palabras.” p.186 (paréntesis mío)
Creo que quería decir, “sujetadas a Cristo” y no a Dios Padre. (cf. Sal 8:5,6) Sin embargo, este argumento es erróneo en más de un sentido. Es una regla básica de la gramática que “todos” significa “todos” a menos que haya algo específico en el contexto limitándolo. También, cuando Pablo dice que el Padre fue la única excepción a todos siendo sujeto a Cristo, simplemente fue una manera enfática de decir, “absolutamente toda la creación,” dado que Dios el Padre fue la única excepción a “todos.”
De Young, como con todos los Tradicionalistas, tienen grandes dificultades al intentar reconciliar este pasaje con tormentos eternos para la mayoría dado que claramente enseña que en Adán todos serán restaurados en Cristo, sujetándose a Él, con el resultado que Él sea todo en todos. Parece que él no ha podido decidir qué hacer con este pasaje. En la cita anterior él intenta argumentar que hay excepciones a “todos,” implicando que solo incluye algunos o aquellos que creen en Cristo en esta vida. En otro lugar, él aparenta cambiar al argumento diciendo que no se refiere a personas sino a una condición o estado impersonal. Él dice:
“Los versículos dicen que cuando todas las cosas son sujetadas a Cristo él mismo se sujetará al Padre que hizo que todo se sujetara a Cristo ‘para que Dios sea todo en todos.’ (vv. 26-28). Estas palabras finales describen el estado final; ninguna otra condición es prevista. Significa, entonces, que algunos están en sujeción y conquista perpetua. Esto de ninguna manera puede ser ‘un abrazo amoroso de Cristo.’” p.220
Si lo entiendo, parece que él está diciendo que Dios llega a ser todo en todos por hacer que todos le sean sujetos, o voluntaria o involuntariamente. En ese “estado final” Dios habrá recibido a Si mismo los que voluntariamente se sujetaron a Cristo y los demás serán sujetados a tormentos eternos. Entonces, una vez más vemos que De Young despersonaliza la restauración de todos, convirtiéndolo en nada más que la restauración de un estado final impersonal en vez de la restauración de todas las personas como resultado de Cristo habiendo atraídos a todos a Sí mismo, así como Jesús mismo prometió que haría. (Jn 12:32)
Si Dios no será todo en todas las personas sino nada más todas las cosas, ¿cómo se podría decir que Dios es todo en todo lo inanimado, en vez de todo en todas las personas, ¿será que Él eternamente habita en el mal y en el infierno? Para mí, esto crea más problemas que lo que resuelve. No importa cómo los Tradicionalistas tratan de resolverlo, son enfrentados con un dualismo eterno donde Dios mismo perpetúa el mal y un infierno eterno. Al menos los Aniquilacionistas resuelven este dilema presentándole a Dios como exterminando la oposición, así llegando a ser “todo en todos los que sobrevivan.”
Otra solución más que De Young ofrece para 1Corintios 15:28 también es confuso para mí, pero solo ilustra los extremos a los que los Tradicionalistas van para negar la restauración de todos. Él dice:
“También es posible que este texto significa que no hay una sujeción eterna, sino que, en un punto de “tiempo” en el futuro Dios como Padre, Hijo y Espíritu es ‘todo en todos.’” p. 28
Aparentemente, lo que De Young sugiere aquí es que, una vez que todo haya sido sujetado a Cristo, habrá un momento breve cuando toda rodilla se dobla, y por ese momento, antes que los que son obligados a doblarle la rodilla sean lanzados a un infierno eterno, Dios será todo en todos. Pero, ¿en qué sentido se podría decir que Dios será “todo en” los no arrepentidos, aun por ese breve momento antes de ser echados al infierno? ¿También serán obligados a recibirlo en sus vidas?
El énfasis en todo el pasaje es la restauración de toda la humanidad, reversionando la caída y reuniéndoles a todos en una unión con Dios por medio de Cristo – el Último Adán. Que la sujeción de todos sea voluntaria también es indicado por el hecho que la misma palabra utilizada para la sujeción de Cristo al Padre (hupotaso) es utilizado 4 veces más en solamente 2 versículos donde refiere al resto de la humanidad que se sujetará a Él:
“Porque todas las cosas las sujetó (hupotaso), debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas (hupotaso) a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó (hupotaso) a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas (hupotaso), entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó (hupotaso) a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:27,28)
Lógicamente, si la sumisión es voluntaria por parte de Cristo, también lo será por parte de todos los demás. Que la sumisión de todos, que da como resultado que Dios sea todo en todos, es una sumisión voluntaria, también se ve en la progresión de todo el pasaje. Comienza diciendo: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…” (1Cor 15:22,23a) Esto habla de un orden o sucesión de individuos que serán vivificados cuando su momento ordenado llega, así como vemos en Hechos 13:48 donde dice: “y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” Ambas palabras “orden” y “ordenados” refieren a una sucesión u orden predeterminado.
Todo aquel que invocare al nombre del Señor será salvo, pero no lo invocamos de corazón hasta llegar al fin de nosotros mismos. Cada individuo tiene su propio orden. Algunas personas son más voluntariosas y obstinadas que otras, y por ese motivo algunos demoran más en responder al evangelio, dado que Dios espera hasta que llegamos al fin de nosotros mismos y solo entonces nos atrae a Si mismo.
La interpretación tradicionalista no reconoce este orden o sucesión. Ellos solo incluyen el resto del versículo que dice: “Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” Esto no cumple el dicho: “cada uno en su debido orden.” Esto solo habla de Cristo, las primicias y la Iglesia o la asamblea de las primicias, que tendrá parte en la primera resurrección. (Santiago 1:18) Refiere a nosotros que primeramente esperábamos en Cristo, que son los primogénitos de la nueva creación. (Ef 1:12; Heb 12:23) La frase “cada uno en su debido orden” refiere al resto de la humanidad que será vivificado individualmente cuando sea su tiempo.
El versículo siguiente dice: “Luego el fin (telos), cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.” La palabra traducida “fin” es telos que significa: fin, conclusión, cumplimiento o resultado final. Pienso que tal vez la mejor manera de entender “el fin,” en este contexto es, “entonces viene el cumplimiento.” En otras palabras, habla del cumplimiento de la declaración que todos serán vivificados en Cristo y no solamente las primicias o los que son de Cristo en Su venida. Esto se confirma viendo los versículos que siguen, que declaran que Cristo seguirá reinando hasta que todo enemigo haya sido destruido (gr. katalúo “rendido nulo”) y todos se sujeten a Él. Dice que el último enemigo que destruirá es la muerte. Eso no puede suceder hasta que todos hayan sido vivificados en Cristo.
Los Tradicionalistas tienen corta la vista cuando intentan terminar el tiempo con la Segunda Venida o aún después de Su reinado de 1.000 años. En 1Corintions 15 vemos que Cristo seguirá reinando hasta que todos se hayan sujetados a Él y Dios sea todo en todos. Eso no será el caso con la Segunda Venida, ni tampoco con el milenio que termina con la última rebelión de Satanás y el Juicio del Gran Trono Blanco. (Apo 20:7-9) En realidad, vemos que los tiempos de la restauración de todos ni comienza hasta el Segunda Venida de Cristo. (Hch 3:21) Es en la dispensación del cumplimiento de los tiempos que todos son reunidos en Él (Ef 1:10) y no antes de Su venida. Es en las épocas venideras que la Iglesia – como las primicias, será desplegada para mostrar las abundantes riquezas de Su gracia al resto de la creación a través de nosotros. (Ef 2:7)
Entonces, hemos visto que la obra de Cristo en la cruz fue una reversión universal de los resultados del acto de desobediencia de Adán que ocasionó la caída, la entrada del pecado, muerte y condenación de toda la raza de Adán. Cristo, el Último Adán, restaura todo lo que el primer Adán perdió y mucho, mucho más. Todos los que murieron en Adán finalmente serán vivificados por la cruz. Es algo “ya” consumado, pero “todavía no” implementado, dado que todos aún no se han sujetado a Cristo. Sin embargo, todos serán vivificados, reversionando la caída, pero “cada uno en su debido orden.” Es precisamente debido a que la sujeción tiene que ser voluntaria y no obligada que “todavía no” han sido restaurados todos.
[1] from Barnes' Notes on 1Corinthians 15:22
[2] Vincent's Word Studies in the New Testament, Romans 5:17
[3] Vincent's Word Studies in the New Testament, Romans 5:17
[4] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
[5] De Young says: “One needs merely to be born to be in Adam and under judgment; but one needs to be born again to be in the kingdom of Christ (John 3:5-8).” p.213
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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando al Universalismo” por James B. De Young (4 de 8)
En previas sesiones hemos visto la universalidad de la restauración de Dios, habiendo reconciliado a todos a Si mismo por la sangre de la cruz de Cristo. Vimos que todos los que pecaron, murieron y fueron condenados en Adán, somos vivificados, justificados y reunidos a Dios en Cristo – el Último Adán.
Otro término que es aplicado universalmente a toda la humanidad en las Escrituras es la “salvación.” Jesús es el “Salvador del mundo” (Juan 4:42). Esto fue la declaración hecha por los samaritanos después de escuchar las palabras de Jesús. Los samaritanos entendieron lo que muchos no han logrado entender hasta el día de hoy. Los judíos de aquel entonces pensaban que el Mesías solo sería el Salvador de Israel. De semejante manera, muchos dentro de la Iglesia hoy creen que Él solo es el Salvador de la Iglesia – los elegidos como primicias de esta época. Pero estos samaritanos despreciados eran los primeros en realmente entender que Jesús es el Salvador del mundo entero y no solamente de los elegidos.
A pesar de las múltiples declaraciones claras en las Escrituras acerca de la salvación del mundo entero, Tradicionalistas limitan la salvación para solo incluir a los hayan tenido el privilegio de oír, percibir y responder al evangelio en esta época. Para hacer esto, tienen que limitar las palabras “todos” y “mundo” cada vez que son utilizadas con referencia a la obra de Cristo en la cruz. De Young dice acerca de la palabra “todos” en estos contextos: “’todos’ realmente significa ‘muchos’ o ‘todos los que creen.’” (p.186). Sin embargo, ya hemos visto claramente que “todos” siempre significa “todos” a menos que algo en el contexto limite a la palabra “todos.” Por ejemplo, cuando Jesús dijo: “todos los que estáis trabajados y cargados” o “todos los que están en casa,” es evidente que “todos” es limitada a un subgrupo de la humanidad. Pero en los contextos donde “todos” aparece sin tales categorías limitantes, normalmente entendemos que “todos” significa “todos sin excepciones.”
Sin embargo, los pasajes que estamos considerando sobre el alcance universal de la obra de Cristo en la cruz incluyen de manera tan enfática y específica a "todos" en el sentido absoluto de la palabra, que cualquier intento de limitar "todos" a "algunos" resulta irracional. En lugar de interpretar el texto, terminamos manipulándolo, invalidando así las Escrituras para mantener nuestras tradiciones.
De la misma manera que él intenta limitar “todos” a solo “algunos” cuando se refiere al alcance de la obra redentora de Cristo en la cruz, De Young también intenta limitar el término “mundo” de una manera que, a fin de cuenta, solo incluya a los que creen y reciben a Cristo en esta vida. Él dice:
“Él se entregó a sí mismo en Cristo, su Hijo único, para reconciliar al mundo consigo mismo; y este propósito es cumplido para el ‘mundo’ de los que creerán y recibirán a Cristo.” p.239 (énfasis mío)
Aquí, comentando sobre 2Corintios 5:18-21, él intenta limitar la reconciliación lograda para el “mundo” de tal manera que solo incluya “el ‘mundo’ de los que creerán.” Sin embargo, en el contexto es obvio que la reconciliación fue lograda para el mundo entero y no meramente para los que son privilegiados a oír y creer en el evangelio en esta vida. Vemos que el mundo entero fue reconciliado con Dios en la cruz y que nosotros, como creyentes, somos solo un subgrupo del mundo que ha sido llamado y comisionado para dar a conocer al resto del mundo las buenas nuevas de la obra reconciliadora que Dios ha realizado, exhortando a todos a corresponder a la reconciliación de Dios reconciliándose con Él en sus corazones.
Aunque es cierto que la reconciliación no será disfrutada hasta que todos sean reconciliados con Dios en sus corazones, Dios ha jurado por Si mismo que toda rodilla se doblará y cada lengua confesará que Jesús es el Señor, y jurarán diciendo: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza” (Fil 2:10-11; Isa 45:24). Aunque todavía no todos se han correspondido, Cristo sigue siendo el sacrificio propiciatorio que hizo posible la reconciliación – siendo la propiciación, no solamente por nuestros pecados (creyentes elegidos), sino por los pecados del “mundo entero” (1Juan 2:2). Esto es reafirmado para nosotros por Pablo en términos inequívocos en 1Timoteo 4:9-11, donde dice:
“Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. 10 Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (pistôn “creyentes”). 11 Esto manda y enseña.” (1Tim 4:9-11)
Este pasaje es muy difícil para los Parcialistas que insisten que solamente los creyentes elegidos de esta época serán salvos. Claramente dice que, aunque los creyentes son salvos en un sentido especial, Dios salvará a todos los hombres y no solamente los que creen en esta época.
¿En qué sentido es la salvación de los creyentes en esta vida especial comparado con los demás? Su salvación es especial en toda manera. En primer lugar, ellos tienen el privilegio de ser las primicias, siendo de la primera resurrección que sucede en la Segunda Venida de Cristo (Apo 20:5-6). Entonces, reinarán con Cristo sobre las naciones ovejas por 1,000 años mientras los cabritos, que eran incrédulos y no dieron socorro a los hermanos de Jesús en su tribulación, irán a la corrección eonian (kolasin aionion) en el hades juntos con los demás muertos impíos (Mt 25:31-46).
Cuando terminan los mil años, la muerte y el hades entregarán los muertos para el juicio y los que todavía no han sido escritos en el libro de la vida serán lanzados al Lago de Fuego purificador y pasarán por la segunda muerte – la muerte a que los creyentes ya se sometieron en esta vida (Juan 12:25; Apo 2:11). El Lago de Fuego, bien entendido, no es un lago de fuego literal, sino el crisol del Fundidor. Explico esto con más detalle en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Ellos serán juzgados cada uno “según sus obras” recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego. Algunos recibirán “pocos azotes” y otros “muchos azotes,” pero nadie recibirá azotes eternamente (Lucas 12:47-48). El fin del Señor es restauración – no tortura eterna.
Entonces, aunque Dios finalmente salva a todos, bienaventurados los que se sometan a la segunda muerte – la muerte al YO y a la carne en esta vida y tienen parte en la primera resurrección. Mientras es cierto que todos finalmente serán salvos, ¿quién en su juicio cabal escogería perder la primera resurrección, teniendo que ir a la corrección eonian y sufriendo daño de la segunda muerte antes de finalmente ser restaurado en un futuro lejano, después de la época venidera o el Milenio? Dios es el Salvador de todos los hombres, pero especialmente de los creyentes.
De Young presenta un par de alternativas para no tener que aceptar el significado más obvio de este pasaje. Primero, él intenta argumentar que la palabra “mayormente” puede ser traducida como “es decir” o “quiero decir,” de esa manera presentando a Pablo como tomando una pausa para clarificar que no quiso decir que absolutamente “todos” serían salvos, sino solamente los que creen. Él dice:
“la palabra para ‘mayormente’ podría ser traducida mejor como ‘es decir’ o ‘quiero decir’; y este significado se encaja con todas las otras ocurrencias en las Epístolas Pastorales. Así que, el versículo podría leerse: ‘el Salvador de todos, es decir de los que creen.’” p.172 (énfasis mío)
Sin embargo, De Young aquí intenta imponer un sentido ajeno a la palabra “mayormente” (gr. malista en griego). La palabra malista es la superlativa de “mala” que significa “muy.” Es por eso que ningún léxico griego presenta “es decir” o “quiero decir” como significado alterna para malista, dado que tal significado es totalmente distinto.
En segundo lugar, no es cierto que “es decir” o “quiero decir” puede encajarse con las otras ocurrencias de la palabra en las epístolas de Pablo, ni menos en todo el Nuevo Testamento. La palabra ocurre 12 veces en el Nuevo Testamento y 9 veces en las epístolas de Pablo. En cada instancia es obvio que rendirlo como “es decir” o “quiero decir” cambiaría el significado intencionado. Aquí hay unos ejemplos:
“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente (¿quiero decir?) a los de la familia de la fe.” (Gal 6:10)
“Todos los santos os saludan, y especialmente (¿quiero decir?) los de la casa de César.” (Fil 4:22)
“ya no como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente (¿quiero decir?) para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.” (Filemón 16)
Mientras sea posible reemplazar “quiero decir” en vez de “especialmente” en algunas de los pasajes donde ocurre la palabra malista, uno no puede hacerlo sin cambiar el significado intencionado. Parece que De Young reconoce esto, y en un último intento de hacer que el pasaje diga algo menos que la salvación de todos, él dice:
“Alternativamente, la palabra ‘Salvador’ podría referirse, no a la salvación personal en un sentido redentivo, sino a Jesucristo como el Señor de todos, por una confesión obligada, como vemos en Filipenses 2:10,11” p.215 (énfasis mío)
Debe ser obvio que Él no es el “Salvador” de alguien a quien no salva, sino obliga a confesarlo como Salvador antes de excluirlo de Su presencia eternamente. Y Filipenses 2:10,11 tampoco se refiere a una confesión obligada, dado que Pablo dice que nadie puede llamarlo Señor sino por el Espíritu Santo (1Cor 12:3). ¿Será que el Espíritu Santo da a los condenados la capacidad de confesar a Jesús como Señor solo para después desecharlos eternamente? ¿No resultaría la revelación de que Jesús es Señor y Salvador en una confesión para salvación?
Que Pablo quiso decir que Dios es el Salvador de todos los hombres, especialmente de creyentes en vez de exclusivamente de creyentes también es evidente debido a la referencia previa acerca del alcance universal de la salvación en el capítulo dos de la misma epístola. Él dice:
“el cual quiere que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; el cual se dio a sí mismo en rescate POR TODOS, para testimonio a su debido tiempo.” (1Tim 2:4-6 RVG)
En mi libro, “El Triunfo de la Misericordia” demuestro que la voluntad de Dios para la salvación de toda la humanidad mencionado aquí no es nada más un deseo, sino que es una voluntad determinativa que a fin de cuentas no puede ser frustrada. Además, para ese fin, Jesús se dio a Sí mismo en rescate por todos, aunque no haya sido testificado y aplicado a todos al mismo tiempo, sino a cada uno en su debido tiempo.
En el presente, “todavía no” vemos a toda la humanidad rescatada, pero en el “debido tiempo” entenderemos que todos fueron rescatados o redimidos en la cruz. La afirmación de De Young: “La obra redentora y salvífica tiene que ser limitada a los que reciben a Cristo” (p.186), algún día será demostrado ser una verdad a medias, porque un día todos lo habrán recibido, pero cada uno en el día de su visitación.
Otro texto sobre la salvación de todos que los Tradicionalistas no han podido reconciliar con su creencia de que la mayoría se perderá eternamente es Juan 12:32. Jesús dijo:
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Juan 12:32)
De Young argumenta que la palabra “atraer” (helkô) no es una atracción eficaz sino nada más “una atracción en el hombre interior” (p.167) que puede ser resistida y, de hecho, según ellos, es exitosamente resistida por la mayoría hasta su muerte cuando Su ministerio de atracción cesa en ellos para siempre.
Sin embargo, definir helkô como una atracción resistible no capta adecuadamente el significado de la palabra. En todas las 8 ocurrencias de la palabra en el Nuevo Testamento habla de una atracción mayor que la resistencia de la persona u objeto siendo atraído. Aquí hay unos ejemplos:
“Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.” (Juan 21:11 NVI)
“…echaron mano a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.” (Hch 16:19 NVI)
“… ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?” (Stg 2:6 NVI)
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote…” (Juan 18:10 RVG)
Hay otra instancia donde helkô es usada refiriendo a personas que son atraídas de manera eficaz e irresistible, claramente resultando en la salvación. Jesús dijo:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 …todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (Juan 6:44,45)
La mayoría entendería esto como una atracción eficaz o gracia irresistible que sin falta resulta en la salvación, ya que todos los que son atraídos vienen a Él y serán resucitados en el último día. Sin embargo, esta es la misma palabra helkô que se utiliza para referirse a Cristo atrayendo a todos hacia sí mismo en Juan 12:32. Toda la humanidad está igualmente perdida y necesita la atracción eficaz y la gracia irresistible de Dios para ser salva. Y en su momento, Dios quitará el velo que cubre a todos los pueblos y no solo a los elegidos de esta época (Isa 25:6-8).
Jesús, como el Buen Pastor, vino a buscar y salvar a todos los que se habían perdido (Lucas 19:10). ¿Se conformará Cristo con encontrar y salvar solo a algunos de los perdidos? Jesús es muy enfático al afirmar que seguirá buscando hasta que haya encontrado a la última oveja perdida:
“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” (Lucas 15:4)
A pesar de esta declaración tan clara que Jesús seguirá buscando y salvando hasta encontrar y salvar la última oveja perdida, De Young niega que Jesús quiso decir que Él persistiría en buscar a los perdidos hasta que todos estén seguros en el redil. Él dice:
“La idea…que el Buscador sigua buscando hasta encontrar…va más allá de la parábola que nada más expresa el intento o propósito del Señor.” p.181 (énfasis mío)
¿Quiere decir él con esto que Cristo no va a poder cumplir Su intento y propósito de encontrar y salvar cada oveja perdida? Yo veo en las palabras de Jesús una determinación de seguir buscando y salvando hasta que todos hayan sido atraídos a Él y la última alma perdida haya sido salva, confesándole como Señor.
Jesús dijo que el ladrón de las ovejas viene para robar, matar y destruir a Sus ovejas, pero que Él ha venido para que Sus ovejas tengan vida – una vida que “sobreabunde” (perissos) (Juan 10:10). Esto es paralelo con Romanos 5:15-21 donde Pablo utiliza cognados de la misma palabra: (perisseuo, “sobreabundar” y huperperisseuo “super, sobreabundar), para describir la supereminente grandeza de la reversión universal de todo lo que se perdió a través de la seducción de Satanás – el ladrón de las ovejas. En, y a través de Cristo, el Último Adán y el Buen Pastor, todos los que se perdieron en Adán serán restaurados y seguros en Su redil.
Aunque las ovejas de esta época solo consisten en los elegidos como las primicias, Jesús dijo que Él tenía otras ovejas que aún no eran de Su redil:
“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” (Juan 10:16)
Una vez que el Buen Pastor haya encontrado la última oveja, solo habrá un redil, porque Jesús habrá atraído a todos a Sí mismo. Esto se refiere al “resto de los hombres” que serán reunidos en Cristo en la dispensación del cumplimiento de los tiempos o los tiempos de la restauración de todos, una restauración que va mucho más allá de lo que hemos visto en esta época, y comienza cuando el Libertador viene de Sion y restaura a Israel:
“Y si su transgresión (Israel) es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración? ...15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” (Rom 11:12,15)
“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, 17 para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, 18 dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.” (Hch 15:16-18)
Si la defección de Israel es riqueza para los gentiles de esta época, ¿Cuánto más, dice Pablo, su plena restauración traerá salvación para el resto de los gentiles? Hechos 15 profetiza del mismo tiempo cuando vuelve Cristo y la adoración es restaurada en Jerusalén “para que el resto de los hombres busque al Señor, aun los gentiles sobre los cuales es invocado Su nombre.” Y, ¿cuántos invocarán Su nombre al final? Todos – absolutamente todos volverán al Señor en aquellos días, como dice el Salmista:
“Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y TODAS LAS FAMILIAS de las naciones adorarán delante de ti.” (Salmo 22:27)
En conclusión, mientras hay que enfatizar que solamente hay un camino de regreso al Padre y solo hay un nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Juan 14:6; Hch 4:12), finalmente todos habrán sido atraídos a Cristo, confesándole como Señor. De Young representa mal a los Universalistas Bíblicos cuando generaliza diciendo: “Por su misma definición, ‘universalismo’ va más allá de un camino para la salvación” (p.251). Esto no es correcto. Los Universalistas Evangélicos creen firmemente que Jesús es el único camino, pero también creen que Jesús atraerá eficazmente a todos a Sí mismo y que encontrará y salvará hasta la última oveja perdida. Creemos que Jesús logrará exitosamente lo que vino a hacer – Él verdaderamente es el Salvador del Mundo.
De Young pregunta: “¿Por qué hay un precio tan infinitamente alto requiriendo la muerte del Hijo encarnado si al final todos alcanzan el cielo de todos modos?” (p.247). La respuesta debe ser obvia. Si Él no hubiera dado su vida en rescate por todos, quitando los pecados del mundo, ni el santo más santo alcanzaría el cielo, dado que todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios. Pero si Él hizo propiciación para el mundo entero y si Él es poderoso para salvar, entonces, ¿por qué no buscaría y salvaría a todos los que Él reconcilió a Sí Mismo por la sangre de Su cruz?
De Young asume que Jesús excluiría eternamente a algunos. Aunque en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia,” analizo los textos que parecen excluir a algunos, y el espacio no me permite entrar en detalles en este blog, me gustaría considerar solo una afirmación más de De Young. Él menciona lo que llama "un grupo excluido" en Mateo 7:21 que habla de muchos que inicialmente serán excluidos del reino, y luego dice:
"Por lo tanto, el universalismo es más inclusivo que Jesús, ya que él excluiría a los fariseos, pero el universalismo los incluiría". p. 77
Si bien la exclusión del reino es el tema de otro artículo, la exclusión no puede ser eterna, ya que Jesús indica en otra parte que incluso los fariseos, que inicialmente son excluidos del reino, finalmente entrarán en él. Jesús les dijo:
“De cierto os digo, que los publicanos y las rameras VAN DELANTE DE VOSOTROS al reino de Dios. 32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.” (Mt 21:31-32)
Jesús aquí les dice a los fariseos que los cobradores de impuestos y las rameras entrarán en el reino de Dios antes que ellos. La palabra “delante de” es proago, que es definido en Strongs como, “preceder en lugar o en tiempo.” ¿Les diría Jesús a los fariseos que los cobradores de impuestos y las rameras precederían a ellos al reino de Dios si en realidad jamás iban a entrar? ¿Es Jesús solo el Salvador de aquellos que, como los recaudadores de impuestos y las prostitutas, creen durante su vida, o es Él el Salvador de todos, aunque especialmente de los creyentes? Él es el Salvador de todo el mundo, y en Su tiempo, todos lo mirarán y serán salvos (Isa 45:22).
Una respuesta al libro: “Desenmascarando al Universalismo” por James B. De Young (4 de 8)
En previas sesiones hemos visto la universalidad de la restauración de Dios, habiendo reconciliado a todos a Si mismo por la sangre de la cruz de Cristo. Vimos que todos los que pecaron, murieron y fueron condenados en Adán, somos vivificados, justificados y reunidos a Dios en Cristo – el Último Adán.
Otro término que es aplicado universalmente a toda la humanidad en las Escrituras es la “salvación.” Jesús es el “Salvador del mundo” (Juan 4:42). Esto fue la declaración hecha por los samaritanos después de escuchar las palabras de Jesús. Los samaritanos entendieron lo que muchos no han logrado entender hasta el día de hoy. Los judíos de aquel entonces pensaban que el Mesías solo sería el Salvador de Israel. De semejante manera, muchos dentro de la Iglesia hoy creen que Él solo es el Salvador de la Iglesia – los elegidos como primicias de esta época. Pero estos samaritanos despreciados eran los primeros en realmente entender que Jesús es el Salvador del mundo entero y no solamente de los elegidos.
A pesar de las múltiples declaraciones claras en las Escrituras acerca de la salvación del mundo entero, Tradicionalistas limitan la salvación para solo incluir a los hayan tenido el privilegio de oír, percibir y responder al evangelio en esta época. Para hacer esto, tienen que limitar las palabras “todos” y “mundo” cada vez que son utilizadas con referencia a la obra de Cristo en la cruz. De Young dice acerca de la palabra “todos” en estos contextos: “’todos’ realmente significa ‘muchos’ o ‘todos los que creen.’” (p.186). Sin embargo, ya hemos visto claramente que “todos” siempre significa “todos” a menos que algo en el contexto limite a la palabra “todos.” Por ejemplo, cuando Jesús dijo: “todos los que estáis trabajados y cargados” o “todos los que están en casa,” es evidente que “todos” es limitada a un subgrupo de la humanidad. Pero en los contextos donde “todos” aparece sin tales categorías limitantes, normalmente entendemos que “todos” significa “todos sin excepciones.”
Sin embargo, los pasajes que estamos considerando sobre el alcance universal de la obra de Cristo en la cruz incluyen de manera tan enfática y específica a "todos" en el sentido absoluto de la palabra, que cualquier intento de limitar "todos" a "algunos" resulta irracional. En lugar de interpretar el texto, terminamos manipulándolo, invalidando así las Escrituras para mantener nuestras tradiciones.
De la misma manera que él intenta limitar “todos” a solo “algunos” cuando se refiere al alcance de la obra redentora de Cristo en la cruz, De Young también intenta limitar el término “mundo” de una manera que, a fin de cuenta, solo incluya a los que creen y reciben a Cristo en esta vida. Él dice:
“Él se entregó a sí mismo en Cristo, su Hijo único, para reconciliar al mundo consigo mismo; y este propósito es cumplido para el ‘mundo’ de los que creerán y recibirán a Cristo.” p.239 (énfasis mío)
Aquí, comentando sobre 2Corintios 5:18-21, él intenta limitar la reconciliación lograda para el “mundo” de tal manera que solo incluya “el ‘mundo’ de los que creerán.” Sin embargo, en el contexto es obvio que la reconciliación fue lograda para el mundo entero y no meramente para los que son privilegiados a oír y creer en el evangelio en esta vida. Vemos que el mundo entero fue reconciliado con Dios en la cruz y que nosotros, como creyentes, somos solo un subgrupo del mundo que ha sido llamado y comisionado para dar a conocer al resto del mundo las buenas nuevas de la obra reconciliadora que Dios ha realizado, exhortando a todos a corresponder a la reconciliación de Dios reconciliándose con Él en sus corazones.
Aunque es cierto que la reconciliación no será disfrutada hasta que todos sean reconciliados con Dios en sus corazones, Dios ha jurado por Si mismo que toda rodilla se doblará y cada lengua confesará que Jesús es el Señor, y jurarán diciendo: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza” (Fil 2:10-11; Isa 45:24). Aunque todavía no todos se han correspondido, Cristo sigue siendo el sacrificio propiciatorio que hizo posible la reconciliación – siendo la propiciación, no solamente por nuestros pecados (creyentes elegidos), sino por los pecados del “mundo entero” (1Juan 2:2). Esto es reafirmado para nosotros por Pablo en términos inequívocos en 1Timoteo 4:9-11, donde dice:
“Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. 10 Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (pistôn “creyentes”). 11 Esto manda y enseña.” (1Tim 4:9-11)
Este pasaje es muy difícil para los Parcialistas que insisten que solamente los creyentes elegidos de esta época serán salvos. Claramente dice que, aunque los creyentes son salvos en un sentido especial, Dios salvará a todos los hombres y no solamente los que creen en esta época.
¿En qué sentido es la salvación de los creyentes en esta vida especial comparado con los demás? Su salvación es especial en toda manera. En primer lugar, ellos tienen el privilegio de ser las primicias, siendo de la primera resurrección que sucede en la Segunda Venida de Cristo (Apo 20:5-6). Entonces, reinarán con Cristo sobre las naciones ovejas por 1,000 años mientras los cabritos, que eran incrédulos y no dieron socorro a los hermanos de Jesús en su tribulación, irán a la corrección eonian (kolasin aionion) en el hades juntos con los demás muertos impíos (Mt 25:31-46).
Cuando terminan los mil años, la muerte y el hades entregarán los muertos para el juicio y los que todavía no han sido escritos en el libro de la vida serán lanzados al Lago de Fuego purificador y pasarán por la segunda muerte – la muerte a que los creyentes ya se sometieron en esta vida (Juan 12:25; Apo 2:11). El Lago de Fuego, bien entendido, no es un lago de fuego literal, sino el crisol del Fundidor. Explico esto con más detalle en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Ellos serán juzgados cada uno “según sus obras” recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego. Algunos recibirán “pocos azotes” y otros “muchos azotes,” pero nadie recibirá azotes eternamente (Lucas 12:47-48). El fin del Señor es restauración – no tortura eterna.
Entonces, aunque Dios finalmente salva a todos, bienaventurados los que se sometan a la segunda muerte – la muerte al YO y a la carne en esta vida y tienen parte en la primera resurrección. Mientras es cierto que todos finalmente serán salvos, ¿quién en su juicio cabal escogería perder la primera resurrección, teniendo que ir a la corrección eonian y sufriendo daño de la segunda muerte antes de finalmente ser restaurado en un futuro lejano, después de la época venidera o el Milenio? Dios es el Salvador de todos los hombres, pero especialmente de los creyentes.
De Young presenta un par de alternativas para no tener que aceptar el significado más obvio de este pasaje. Primero, él intenta argumentar que la palabra “mayormente” puede ser traducida como “es decir” o “quiero decir,” de esa manera presentando a Pablo como tomando una pausa para clarificar que no quiso decir que absolutamente “todos” serían salvos, sino solamente los que creen. Él dice:
“la palabra para ‘mayormente’ podría ser traducida mejor como ‘es decir’ o ‘quiero decir’; y este significado se encaja con todas las otras ocurrencias en las Epístolas Pastorales. Así que, el versículo podría leerse: ‘el Salvador de todos, es decir de los que creen.’” p.172 (énfasis mío)
Sin embargo, De Young aquí intenta imponer un sentido ajeno a la palabra “mayormente” (gr. malista en griego). La palabra malista es la superlativa de “mala” que significa “muy.” Es por eso que ningún léxico griego presenta “es decir” o “quiero decir” como significado alterna para malista, dado que tal significado es totalmente distinto.
En segundo lugar, no es cierto que “es decir” o “quiero decir” puede encajarse con las otras ocurrencias de la palabra en las epístolas de Pablo, ni menos en todo el Nuevo Testamento. La palabra ocurre 12 veces en el Nuevo Testamento y 9 veces en las epístolas de Pablo. En cada instancia es obvio que rendirlo como “es decir” o “quiero decir” cambiaría el significado intencionado. Aquí hay unos ejemplos:
“Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente (¿quiero decir?) a los de la familia de la fe.” (Gal 6:10)
- Claramente él quiso decir “a todos” pero “mayormente” creyentes, y no “quiero decir” creyentes, dado que eso excluiría a todos los no creyentes.
“Todos los santos os saludan, y especialmente (¿quiero decir?) los de la casa de César.” (Fil 4:22)
- ¿Por qué diría “todos los santos” si solo los de una casa los saludaron?
“ya no como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente (¿quiero decir?) para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor.” (Filemón 16)
- ¿Fue Onésimo, quien era un esclavo de Filemón que había huido, pero iba de regreso a casa, un hermano amado solamente para Pablo y no para Filemón, o para ambos, aunque mayormente para Pablo, dado que él lo introdujo al Señor en la cárcel?
Mientras sea posible reemplazar “quiero decir” en vez de “especialmente” en algunas de los pasajes donde ocurre la palabra malista, uno no puede hacerlo sin cambiar el significado intencionado. Parece que De Young reconoce esto, y en un último intento de hacer que el pasaje diga algo menos que la salvación de todos, él dice:
“Alternativamente, la palabra ‘Salvador’ podría referirse, no a la salvación personal en un sentido redentivo, sino a Jesucristo como el Señor de todos, por una confesión obligada, como vemos en Filipenses 2:10,11” p.215 (énfasis mío)
Debe ser obvio que Él no es el “Salvador” de alguien a quien no salva, sino obliga a confesarlo como Salvador antes de excluirlo de Su presencia eternamente. Y Filipenses 2:10,11 tampoco se refiere a una confesión obligada, dado que Pablo dice que nadie puede llamarlo Señor sino por el Espíritu Santo (1Cor 12:3). ¿Será que el Espíritu Santo da a los condenados la capacidad de confesar a Jesús como Señor solo para después desecharlos eternamente? ¿No resultaría la revelación de que Jesús es Señor y Salvador en una confesión para salvación?
Que Pablo quiso decir que Dios es el Salvador de todos los hombres, especialmente de creyentes en vez de exclusivamente de creyentes también es evidente debido a la referencia previa acerca del alcance universal de la salvación en el capítulo dos de la misma epístola. Él dice:
“el cual quiere que todos los hombres sean salvos, y vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; el cual se dio a sí mismo en rescate POR TODOS, para testimonio a su debido tiempo.” (1Tim 2:4-6 RVG)
En mi libro, “El Triunfo de la Misericordia” demuestro que la voluntad de Dios para la salvación de toda la humanidad mencionado aquí no es nada más un deseo, sino que es una voluntad determinativa que a fin de cuentas no puede ser frustrada. Además, para ese fin, Jesús se dio a Sí mismo en rescate por todos, aunque no haya sido testificado y aplicado a todos al mismo tiempo, sino a cada uno en su debido tiempo.
En el presente, “todavía no” vemos a toda la humanidad rescatada, pero en el “debido tiempo” entenderemos que todos fueron rescatados o redimidos en la cruz. La afirmación de De Young: “La obra redentora y salvífica tiene que ser limitada a los que reciben a Cristo” (p.186), algún día será demostrado ser una verdad a medias, porque un día todos lo habrán recibido, pero cada uno en el día de su visitación.
Otro texto sobre la salvación de todos que los Tradicionalistas no han podido reconciliar con su creencia de que la mayoría se perderá eternamente es Juan 12:32. Jesús dijo:
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Juan 12:32)
De Young argumenta que la palabra “atraer” (helkô) no es una atracción eficaz sino nada más “una atracción en el hombre interior” (p.167) que puede ser resistida y, de hecho, según ellos, es exitosamente resistida por la mayoría hasta su muerte cuando Su ministerio de atracción cesa en ellos para siempre.
Sin embargo, definir helkô como una atracción resistible no capta adecuadamente el significado de la palabra. En todas las 8 ocurrencias de la palabra en el Nuevo Testamento habla de una atracción mayor que la resistencia de la persona u objeto siendo atraído. Aquí hay unos ejemplos:
“Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.” (Juan 21:11 NVI)
“…echaron mano a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.” (Hch 16:19 NVI)
“… ¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?” (Stg 2:6 NVI)
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote…” (Juan 18:10 RVG)
Hay otra instancia donde helkô es usada refiriendo a personas que son atraídas de manera eficaz e irresistible, claramente resultando en la salvación. Jesús dijo:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 …todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (Juan 6:44,45)
La mayoría entendería esto como una atracción eficaz o gracia irresistible que sin falta resulta en la salvación, ya que todos los que son atraídos vienen a Él y serán resucitados en el último día. Sin embargo, esta es la misma palabra helkô que se utiliza para referirse a Cristo atrayendo a todos hacia sí mismo en Juan 12:32. Toda la humanidad está igualmente perdida y necesita la atracción eficaz y la gracia irresistible de Dios para ser salva. Y en su momento, Dios quitará el velo que cubre a todos los pueblos y no solo a los elegidos de esta época (Isa 25:6-8).
Jesús, como el Buen Pastor, vino a buscar y salvar a todos los que se habían perdido (Lucas 19:10). ¿Se conformará Cristo con encontrar y salvar solo a algunos de los perdidos? Jesús es muy enfático al afirmar que seguirá buscando hasta que haya encontrado a la última oveja perdida:
“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla?” (Lucas 15:4)
A pesar de esta declaración tan clara que Jesús seguirá buscando y salvando hasta encontrar y salvar la última oveja perdida, De Young niega que Jesús quiso decir que Él persistiría en buscar a los perdidos hasta que todos estén seguros en el redil. Él dice:
“La idea…que el Buscador sigua buscando hasta encontrar…va más allá de la parábola que nada más expresa el intento o propósito del Señor.” p.181 (énfasis mío)
¿Quiere decir él con esto que Cristo no va a poder cumplir Su intento y propósito de encontrar y salvar cada oveja perdida? Yo veo en las palabras de Jesús una determinación de seguir buscando y salvando hasta que todos hayan sido atraídos a Él y la última alma perdida haya sido salva, confesándole como Señor.
Jesús dijo que el ladrón de las ovejas viene para robar, matar y destruir a Sus ovejas, pero que Él ha venido para que Sus ovejas tengan vida – una vida que “sobreabunde” (perissos) (Juan 10:10). Esto es paralelo con Romanos 5:15-21 donde Pablo utiliza cognados de la misma palabra: (perisseuo, “sobreabundar” y huperperisseuo “super, sobreabundar), para describir la supereminente grandeza de la reversión universal de todo lo que se perdió a través de la seducción de Satanás – el ladrón de las ovejas. En, y a través de Cristo, el Último Adán y el Buen Pastor, todos los que se perdieron en Adán serán restaurados y seguros en Su redil.
Aunque las ovejas de esta época solo consisten en los elegidos como las primicias, Jesús dijo que Él tenía otras ovejas que aún no eran de Su redil:
“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” (Juan 10:16)
Una vez que el Buen Pastor haya encontrado la última oveja, solo habrá un redil, porque Jesús habrá atraído a todos a Sí mismo. Esto se refiere al “resto de los hombres” que serán reunidos en Cristo en la dispensación del cumplimiento de los tiempos o los tiempos de la restauración de todos, una restauración que va mucho más allá de lo que hemos visto en esta época, y comienza cuando el Libertador viene de Sion y restaura a Israel:
“Y si su transgresión (Israel) es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración? ...15 Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” (Rom 11:12,15)
“Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, 17 para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, 18 dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos.” (Hch 15:16-18)
Si la defección de Israel es riqueza para los gentiles de esta época, ¿Cuánto más, dice Pablo, su plena restauración traerá salvación para el resto de los gentiles? Hechos 15 profetiza del mismo tiempo cuando vuelve Cristo y la adoración es restaurada en Jerusalén “para que el resto de los hombres busque al Señor, aun los gentiles sobre los cuales es invocado Su nombre.” Y, ¿cuántos invocarán Su nombre al final? Todos – absolutamente todos volverán al Señor en aquellos días, como dice el Salmista:
“Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y TODAS LAS FAMILIAS de las naciones adorarán delante de ti.” (Salmo 22:27)
En conclusión, mientras hay que enfatizar que solamente hay un camino de regreso al Padre y solo hay un nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Juan 14:6; Hch 4:12), finalmente todos habrán sido atraídos a Cristo, confesándole como Señor. De Young representa mal a los Universalistas Bíblicos cuando generaliza diciendo: “Por su misma definición, ‘universalismo’ va más allá de un camino para la salvación” (p.251). Esto no es correcto. Los Universalistas Evangélicos creen firmemente que Jesús es el único camino, pero también creen que Jesús atraerá eficazmente a todos a Sí mismo y que encontrará y salvará hasta la última oveja perdida. Creemos que Jesús logrará exitosamente lo que vino a hacer – Él verdaderamente es el Salvador del Mundo.
De Young pregunta: “¿Por qué hay un precio tan infinitamente alto requiriendo la muerte del Hijo encarnado si al final todos alcanzan el cielo de todos modos?” (p.247). La respuesta debe ser obvia. Si Él no hubiera dado su vida en rescate por todos, quitando los pecados del mundo, ni el santo más santo alcanzaría el cielo, dado que todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios. Pero si Él hizo propiciación para el mundo entero y si Él es poderoso para salvar, entonces, ¿por qué no buscaría y salvaría a todos los que Él reconcilió a Sí Mismo por la sangre de Su cruz?
De Young asume que Jesús excluiría eternamente a algunos. Aunque en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia,” analizo los textos que parecen excluir a algunos, y el espacio no me permite entrar en detalles en este blog, me gustaría considerar solo una afirmación más de De Young. Él menciona lo que llama "un grupo excluido" en Mateo 7:21 que habla de muchos que inicialmente serán excluidos del reino, y luego dice:
"Por lo tanto, el universalismo es más inclusivo que Jesús, ya que él excluiría a los fariseos, pero el universalismo los incluiría". p. 77
Si bien la exclusión del reino es el tema de otro artículo, la exclusión no puede ser eterna, ya que Jesús indica en otra parte que incluso los fariseos, que inicialmente son excluidos del reino, finalmente entrarán en él. Jesús les dijo:
“De cierto os digo, que los publicanos y las rameras VAN DELANTE DE VOSOTROS al reino de Dios. 32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.” (Mt 21:31-32)
Jesús aquí les dice a los fariseos que los cobradores de impuestos y las rameras entrarán en el reino de Dios antes que ellos. La palabra “delante de” es proago, que es definido en Strongs como, “preceder en lugar o en tiempo.” ¿Les diría Jesús a los fariseos que los cobradores de impuestos y las rameras precederían a ellos al reino de Dios si en realidad jamás iban a entrar? ¿Es Jesús solo el Salvador de aquellos que, como los recaudadores de impuestos y las prostitutas, creen durante su vida, o es Él el Salvador de todos, aunque especialmente de los creyentes? Él es el Salvador de todo el mundo, y en Su tiempo, todos lo mirarán y serán salvos (Isa 45:22).
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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (5 de 8)
Lo que hemos estado considerando en las sesiones anteriores con respecto a la restauración universal, la reconciliación, la reversión de la caída y la salvación final de todos, es solo una pequeña parte de los muchos pasajes de las Escrituras que, en mi opinión, hablan claramente de un glorioso final para el plan eterno de Dios para las edades, que culmina en Él siendo todo en todos y no solamente en algunos, mientras la gran mayoría de la humanidad, creados a Su imagen y semejanza, sufren en tormentos perpetuos. Incluí en el apéndice de mi libro, “El Triunfo de la Misericordia,” casi cien pasajes que, o claramente declaran, o implican la restauración final de todos, y otros cincuenta pasajes que implican que el castigo no es eterno.
A pesar de este tema glorioso de la restauración final de todos que ha sido presentado repetidas veces en términos claros a través de todas las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis, muchos todavía tienen dificultad en creer que el plan eterno de Dios realmente culmina en la restauración final de todos, donde todos viven felizmente para siempre. El mayor obstáculo para aceptar una historia que termina tan bien para todos es una palabra en español: “eterno.” La rendición más común en español de palabras relacionadas con el tiempo, como olam en hebreo y aion con su adjetivo aionios en griego, como "eterno", "para siempre", "por los siglos de los siglos", "perpetuo" o "infinito", cuando se refieren al castigo post mortem, ha distorsionado enormemente nuestra percepción de la naturaleza misma de Dios y ha mantenido a muchos a distancia, esclavizados por el miedo y a menudo la desesperación.
Lo que muchos no saben, o no toman en cuenta, es que nuestro concepto moderno de la “eternidad” no fue concebida por el hombre hasta que el filósofo Platón lo expuso en el tercer siglo antes de Cristo. Los judíos no fueron introducidos al concepto platónico de la eternidad hasta que Filón, un judío contemporáneo con Jesús, (20 a.C. a 50 d.C.) que era estudiado en la filosofía de Platón, lo popularizó entre los judíos. El concepto platónico de la eternidad no fue elaborado por los padres de la Iglesia hasta San Agustín, (354 a 430 d.C.) que, adoptando mucho de la filosofía de Platón, lo introdujo en la teología de la Iglesia. Por lo tanto, en las Escrituras y en la Iglesia Primitiva, aun no existía una palabra equivalente a nuestra palabra “eterno” en español. Tanto olám en el hebreo, y aión/aiónios en el griego, eran palabras expresando tiempo. [i]
La palabra olám en el Antiguo Testamento fue utilizada para expresar un período de tiempo indefinido más allá del horizonte. A veces se refería a tiempo más allá del horizonte en el pasado, y otras veces para expresar tiempo más allá del horizonte en el futuro, pero siempre hablaba del tiempo y no la eternidad, dado que aún no existía ninguna palabra para expresar el concepto platónico de la eternidad. La Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriga S.S. define olám de la siguiente manera:
“Olam en la línea de la duración, indica tiempos indeterminados, remotos, obscuros, sea del pasado o del porvenir, la duración de la vida de un hombre o una extensión larga de tiempo para llegar a designar la duración indefinida… No expresa el concepto platónico y moderno de eternidad.” (énfasis mío) [ii]
Llegando al Nuevo Testamento, la palabra griega aión y su adjetivo aiónios sigue expresando el tiempo y no la eternidad. Nuestras equivalentes en español son “eón” y “eonio.” El Diccionario Merriam Webster define eón como: “un período de tiempo de duración incalculable o indefinido.” Eón ha retenido el mismo significado básico que su derivada aión en el Nuevo Testamento y en la versión griega del Antiguo Testamento LXX que fue utilizada por Jesús y los Apóstoles. Se refiere a una medida más extensa del tiempo, pero refiere al tiempo y no a la eternidad. En contraste, nuestra palabra “eterno” es del latín aeternus y es definido como “eterno, perpetuo, intemporal.” Pero puede ser demostrado que ni aeternus en el latín significaba exclusivamente eterno hasta después de los tiempos de San Agustín.
Uno de los hombres más destacados por su conocimiento del griego del Nuevo Testamento, Vincent, D.D., en su libro, Estudios de Palabras en el Nuevo Testamento, explica lo siguiente acerca de aion y aiónios:
“Aion, transliterado eón, es un período de duración largo o corto, que, teniendo un principio y un final, es completo en sí mismo. Aristóteles dice: “El período que incluye todo el tiempo de la vida de uno se llama el eón de cada uno. “Por lo tanto, significa a menudo la vida de un hombre, como en Homero, donde dice que la vida (aión) sale de uno o se va. Sin embargo, no es limitada a la vida humana. Significa cualquier período en el curso del milenio, el período mitológico antes de los comienzos de la historia. La palabra no tiene “un valor estático y mecánico” (De Quincey). No significa un período de una duración fija en todos los casos. Hay tantos eones como entidades, las duraciones respectivas de los cuales son fijados por las condiciones normales de varias entidades. Hay un eón de una vida humana, otro de la vida de una nación, otra de la vida de un cuervo, otro de la vida de un roble. La duración del eón depende del objeto al que está conectado... El adjetivo aionios de igual manera lleva la idea del tiempo. Ni el sustantivo ni el adjetivo llevan en sí mismos, el sentido de tiempo sin fin o eterno. Se puede adquirir ese sentido por su connotación... aionios significa “durando por” o “perteneciendo a un período de tiempo.” Tanto el sustantivo como el adjetivo se aplican a períodos de tiempo limitados... De los 150 casos en el LXX, [Antiguo Testamento en griego] cuatro quintas partes implican una duración limitada. Para algunas instancias, ver Génesis aion, xlviii. 4; Num. x. 8; xv. 15; Prov. xxii. 28; Jonas ii.6; Hab. iii. 6; Isa lxi. 17.” [iii]
G. Campbell Morgan, que también era un erudito bien conocido dijo:
“Permítanme decirles a los estudiantes de la Biblia que debemos tener mucho cuidado cómo usamos la palabra ‘eternidad.’ Hemos caído en un gran error en el uso constante de la palabra. No hay ninguna palabra en todo el Libro de Dios que corresponda con nuestra palabra ‘eterna,’ utilizada tan comúnmente entre nosotros que signifique ‘absolutamente sin fin.’ La palabra más fuerte en las Escrituras que se usa con referencia a la existencia de Dios, es ‘por los siglos de los siglos,’ que no significa literalmente eterno.” [iv]
El Diccionario del Nuevo Testamento Hastings dice:
“Eternidad: No existe una palabra, ni en el hebreo del Antiguo Testamento ni en el griego del Nuevo Testamento para expresar la idea abstracta de la eternidad (Vol I, p. 542). Eterno: La palabra eterna es falaz en el sentido que viene de la palabra en inglés que connota la idea de ‘existencia sin fin’ y es prácticamente un sinónimo de ‘para siempre’. Pero esto no es una rendición adecuada de aiónios que varía en sentido con su sustantivo aión de la cual es derivada.” [v]
Aunque aquí el espacio no me permite, en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia,” demuestro con numerosos textos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento que estos lexicógrafos han basado sus conclusiones en una consideración cuidadosa y objetiva de los verdaderos significados de estas palabras del tiempo, olám, aión y aiónio en sus contextos bíblicos, en vez de dejarse influenciar por nuestro concepto moderno de la eternidad que fue injertado en las Escrituras por los traductores Tradicionales. Muchos traductores más recientes han corregido este error en numerosos pasajes, mientras que todas las traducciones literales, tales como Youngs Literal Translation y Concordant Literal Version, han eliminado las palabras “eterno,” “para siempre” y “perpetuo” por completo, reemplazándolas con “eón,” “eonian” y “época duradera.”
Aunque los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva eran familiarizados con el concepto platónico de la eternidad, cuando aparecían aión y su adjetivo aiónios en las Escrituras, lo entendieron como un período largo e indefinido de tiempo. Que no entendieron aión y aiónios como refiriéndose a la eternidad es evidente – especialmente cuando hablaban de los juicios postmórtem.
Orígenes (184 d.C. a 254 d.C.) dijo: "Pero, ¿por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores? solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe.” [vi] Ambrosio, (340 d.C. a 397 d.C.) dijo: "En cuanto a los que no alcanzan a la primera, sino que están reservados para la segunda resurrección, estos pasarán al fuego, hasta que cumplan sus tiempos designados, entre la primera y la segunda resurrección; o si no cumplen sus tiempos designados en ese lapso, permanecerán en castigos más tiempo.” [vii] Aquí él dice que aquellos que no tienen parte en la primera resurrección serán sujetados a fuego en la época venidera (aión), y si fuera necesario, aun después del Juicio del Gran Trono Blanco en el Lago de Fuego, si sus nombres aún no se hallan inscritos en el libro de la vida.
Teodoro de Mopsuestia (359 d.C. a 429 d.C.) dijo: “Los impíos que han cometido maldades todo el período de sus vidas, serán castigados, hasta aprender que, por continuar en el pecado, solo continúan en su miseria. Y cuando por este medio, han sido llevados a temer a Dios, y pensar en Él con buena voluntad, entrarán en el gozo de su gracia. Porque Él nunca hubiera dicho ‘no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo,’ si no podemos ser liberados del sufrimiento después de haber sufrido adecuadamente por el pecado; no hubiera dicho que uno ‘recibirá muchos azotes’ y el otro ‘recibirá pocos azotes’ a menos que el castigo tuviera un fin.” [viii]
Debe ser obvio que, si estos Padres de la Iglesia Primitiva, que hablaban en el mismo griego, entendieron aión y aiónios como “eterno” de la manera que muchos lo entienden hoy en día, jamás habrían referido a los castigos como temporales y correctivos. Aun los Padres que fueron Aniquilacionistas y por lo tanto no creían en la restauración final de todos, entendieron aiónios como refiriendo a un tiempo indefinido en vez de eterno. Justin Mártir (100 d.C. a 165 d.C.) enseñaba que había un “castigo eonio” de los impíos en “fuego eonio” que terminaba con su aniquilación final. Él habla de los impíos como siendo destruidos y dejando de existir:
“Por lo tanto Dios demora en ejecutar la confusión y destrucción del mundo entero, cuando los ángeles malos y demonios y los hombres impíos dejan de existir.” [ix]
A menudo Tradicionalistas malinterpretan a Justino Mártir como afirmando la doctrina de tormentos eternos, enfatizando que el castigo es eterno y no temporal cuando dice:
“y sobre los impíos reunidos sus espíritus en los mismos cuerpos serán sometidos al castigo eterno (aiónios); y no solamente por un período de mil años como dijo Platón.” [x]
Sin embargo, aquí él está contrastando su creencia en un período de castigo eonio que termina en la aniquilación, con la creencia de Platón que los muertos vuelven a vivir después de un período de “intoxicación” eonio que dura mil años.[xi] Tanto Justin Mártir como Platón veían la duración como eonio y no eterno. La diferencia era que Justin Mártir creía que terminaba con la aniquilación final de uno, en contraste con Platón que especulaba que volvían a vivir después de mil años.
Más de una vez De Young protesta que los Universalistas no citan de los léxicos más recientes, dado que normalmente ellos incluyen “eterno,” “para siempre” y “perpetuo” en sus definiciones de aión y aiónios (pp. 42,43,44). Sin embargo, las fuentes citadas por Universalistas son de los eruditos más respetados de todo tiempo que son reconocidos por todos como los léxicos más fiables.
También, tiene que ser reconocido que los lexicógrafos tienen sus propias preconcepciones doctrinales y uno a menudo puede detectar sus prejuicios en sus definiciones de ciertas palabras. Algunas definiciones léxicas aparentan ser más influenciadas por su teología que la etimología o el contexto. Es por eso que a menudo es necesario hacer un estudio independiente de las palabras, examinando cada ocurrencia en su contexto a través de las Escrituras para determinar su significado verdadero. Esto es especialmente cierto en el caso de las palabras del tiempo como aión y aiónios, dado que el debate entre la reconciliación universal y tormentos eternos es tan polarizado, haciendo menos común una investigación objetiva que no refleje prejuicios doctrinales.
De hecho, no son los léxicos más recientes los que debemos considerar más confiables como De Young insiste. El léxico más antiguo existente del griego es lo de Hesychius de Alejandría, que fue compilado entre el siglo IV y el VI. Incluye más de 50.000 entradas y define aión así: “La vida de un hombre, el tiempo que dura una vida.” Teodoro de Antioquía (393 d.C. a 457 d.C.) dijo de aión: “aión no es algo que existe, sino un intervalo denotando tiempo, a veces infinito cuando se está refiriendo a Dios, a veces en proporción a la duración de la creación, y a veces de la vida de un hombre.” [xii] Juan de Damasco (646 d.C. a 749 d.C.) dijo: “La vida de cada hombre es llamado un aión… La duración de la vida de este mundo es llamada un aión. La vida después de la resurrección es llamada ‘el aión venidero.’” [xiii]
Ningunas de estas definiciones tempranas incluyen el concepto de la eternidad, dado que todavía no había sido agregado a esta palabra que expresaba el tiempo. La palabra más común para expresar “la eternidad” en ese entonces era aidíos y no aiónios. Pero, aidíos nunca es usada para referirse al castigo de los impíos en la Biblia.
No fue hasta el siglo XVI que Phavorinus por primera vez incluyó “eterno” en su definición de aión. Sin embargo, aun así, él aclaró que era una definición teológica y no estrictamente lexical. Él dijo: “Aión, tiempo, también vida, también costumbre o manera de vivir. También aión es eterno sin fin COMO PARECE AL TEÓLOGO.” Así que la primera vez que un léxico incluyó “eterno” en su definición de aión aclaró que no era el significado estrictamente lexical, sino una definición impuesta sobre la palabra por los teólogos.
La expresión “forever and ever” (“para siempre y siempre”) en nuestras versiones en el inglés es otra mala traducción. Fue inventado por los Tradicionalistas como una expresión enfática de la eternidad. Pero en el griego es eis tous aiónas ton aiónon, que simplemente significa “hacia dentro las épocas de las épocas,” o “en las épocas de las épocas.” Agregando épocas a épocas refiere a un tiempo muy largo, pero tiempo sin embargo, y no la eternidad. Al menos en español lo traducen “por los siglos de los siglos” que solo habla de un largo tiempo, pero la mayoría lo entienden como si dijera “para siempre y siempre.” Es una equivocación pensar de la eternidad como si fuera nada más una sucesión infinita de épocas. Si fuera así, la Biblia no hablaría del “fin de las épocas” (Heb 9:26 lit. sunteleia ton aionon). Cada época tiene su fin, y cuando la última época, o “la Época de las épocas” termina (Ef 3:21), el tiempo ya no existirá, y la eternidad es todo lo que permanece.
De Young dice que “forever and ever” (“para siempre y siempre”) es una manera enfática para hablar de duración sin fin. Él dice:
“las palabras (eis tous aiónas ton aiónon) pueden ser traducidas ‘para siempre y siempre’ como una manera enfática de hablar de duración sin fin…” p. 37 (paréntesis mío)
Sin embargo, aparte del hecho que las Escrituras hablan del fin de las épocas, eliminando la posibilidad de que las épocas de las épocas se refieran a tiempo infinito, hay otros problemas con rendir “las épocas de las épocas” como “para siempre y siempre.” En primer lugar, agregar “y siempre” a “para siempre” es redundancia y de hecho aminora “para siempre” en vez de acentuarlo. Implica que “para siempre” no es una expresión adecuada de duración infinita, requiriendo “y siempre” para extender “para siempre” a un futuro más lejano. Es una tautología similar que traducir el plural de aión como “eternidades” en vez de “épocas.” De hecho, De Young se contradice cuando dice:
“No hay una época después de la época presente con excepción de la era de cumplimiento, la de contabilidad y juicio, donde los impíos todavía son vistos como impíos” (Isa 66:24).” p. 36
Si no hay época después de esta época con excepción de la “era del cumplimiento,” ¿cómo puede haber un numero infinito de épocas en el futuro, como dice que expresa “en las épocas de las épocas” (εἰς τοὺς αἰῶνας τῶν αἰώνων)? El hecho de que hay más de una época futura también es evidente en Efesios 2:7 donde Pablo habla de “las épocas venideras.” Esto requiere dos o más épocas futuras.
Otro problema con traducir “en las épocas de las épocas” (eis tous aiónas ton aiónon) como “para siempre y siempre” es que la preposición eis que ellos traducen “para” o “por” no expresa duración sino simplemente “entrada en.” La frase preposicional “eis tous aiónas ton aiónon” tiene referencia a un período de tiempo no especificado dentro de las épocas de las épocas y no necesariamente toda la duración de todas las épocas futuras. La frase, cuando es introducida por eis, solo indica entrada en las épocas de las épocas sin especificar duración. La preposición eis es definida en Strongs como: “a o adentro (indicando el punto alcanzado o al que se ha entrado), de lugar, tiempo…” Yo examiné meticulosamente todas las 1,767 ocurrencias de la palabra eis en el Nuevo Testamento y en cada caso, aunque varía la forma en que fue traducida por los traductores, siempre expresa la idea de “a” o “adentro”, tal y como Strongs lo define. Cuando eis es utilizado en referencia a un lapso del tiempo, siempre tiene referencia a un tiempo de duración indefinido. Aunque a menudo los traductores lo traducen “por”, la única idea expresada es la entrada “adentro o hacia dentro” de un lapso de tiempo indefinido sin especificar la duración. No todos que entran en el castigo eonio permanecerán en el Lago de Fuego por todo el tiempo indicado por “las épocas de las épocas.” Así que, la expresión “en las épocas de las épocas” solo indica que el castigo de los impíos tomará lugar dentro de ese tiempo referido como “las épocas de las épocas” y por lo tanto no está en conflicto con la doctrina bíblica de la restauración final de todos.
Se dice de Jesús que reinará “por los siglos de los siglos,” pero solo hasta que todos se hayan sujetados a Él, siendo restaurados. Después de eso Él se sujetará al Padre, resultando en que Dios sea todo en todos entrando en la eternidad (Apo 11:15; Heb 1:13;1Cor 15:25-28).
Finalmente, no es sin significado que Pablo una vez utilizó otra frase que es distinta del doble plural, “épocas de las épocas.” En Efesios 3:21 no lee, “las épocas de las épocas” sino “la Época de las épocas” (aiónos ton aiónon). Ha sido traducido de la siguiente manera en la Reina Valera:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (lit. Época de las épocas). Amén.” (Ef 3:21)
Aunque las traducciones tradicionales no hacen distinción entre “las épocas de las épocas” y “la Época de las épocas,” sabemos que fue escrito intencionalmente y no era nada más un error ortográfico hecho por Pablo, y hay una gran diferencia entre “las épocas de las épocas” y “la Época de las épocas.” Cuando usamos el singular seguido por la misma palabra en plural de esta manera, estamos expresando la idea de que lo que aparece en forma singular tiene preeminencia sobre lo que aparece en el plural. En cada instancia donde encontramos esta construcción en la Biblia, entendemos que el primero, que aparece en singular es singular en importancia, significado o eminencia, comparado a los demás que siguen en la forma plural. Cuando decimos, “Rey de reyes,” o “Señor de señores,” entendemos que está diciendo que ese Rey en particular es preeminente sobre todos los demás reyes. La expresión “Cantar de cantares” significa que es el Cantar de todos los cantares. Vemos la misma construcción en referencia al “lugar santísimo” que literalmente dice, “Santo de los santos.”
Cuando entendemos que la Época de las épocas es la época que es preeminente sobre todas las demás épocas – la culminación de todas las épocas, entonces el significado del pasaje donde aparece es revelado:
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducción literal)
La traducción equivocada de “las épocas de las épocas” y “la Época de las épocas” como si fueran “por los siglos de los siglos” o “para siempre y por siempre” oculta la gloriosa verdad que Cristo y Su Iglesia seguirán reinando en “las épocas de las épocas” o las “épocas venideras” hasta la “Época de las épocas,” la época final, cuando todos los descendientes de todas las generaciones se habrían sujetado a Cristo, siendo reunidos en Él en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, resultando en que Dios sea todo en todos (Ef 1:10; 1Cor 15:25-28). “Las épocas de las épocas” son preeminentes sobre todas las épocas previas porque Cristo estará reinando, y la “Época de las épocas” es la mayor de todas las épocas porque culminará con Dios siendo todo en todos.
Mientras no es posible considerar todos los textos de las Escrituras que han sido malentendidos como enseñando tormentos eternos por la traducción equivocada de las palabras del tiempo como olam, aión y aiónios en esta sesión, me gustaría considerar Mateo 25:46 que es el texto de prueba más utilizado por los Tradicionalistas para comprobar su doctrina del castigo eterno:
Argumentan de este versículo que, si el castigo de los cabritos no es eterno, entonces tampoco es eterna la vida de las ovejas, dado que la misma palabra aiónios es utilizada tanto para la vida como para el castigo. Pero hay varias razones por que este razonamiento es erróneo. En primer lugar, es una regla básica de la gramática que un adjetivo no puede tener un significado mayor que el sustantivo que modifica. Una hoja grande no es el mismo tamaño que un árbol grande. Un día largo no es de la misma duración que un año largo. Aiónios es el adjetivo de aión que significa una medida de tiempo largo pero indefinido. Así que, aiónios como el adjetivo de aión significa “época duradera.” La duración de aiónios depende de la naturaleza del sustantivo que modifica. Si fuéramos a decir, “los montes eonio pertenecen al Dios eonio,” no queríamos decir que los montes son tan duraderos como Dios. De la misma manera, la duración de la vida eonio depende de la naturaleza de la vida, mientras la duración del castigo depende de la naturaleza del castigo.
Marvin Vincent, en Vincent’s New Testament Word Studies, dice lo siguiente acerca de la vida eonio en este versículo:
“Zooee aiónios ‘vida eterna,’ que ocurre 42 veces en el Nuevo Testamento, pero no en la LXX, no es vida sin fin, sino la vida que pertenece a cierta época o eón, o continúa durante ese eón. Repito, puede que la vida sea sin fin. La vida en unión con Cristo es interminable, pero esa realidad no es expresada por aionios.
Kolasis aiónios, traducido ‘castigo eterno’ (Mat 25:46), es el castigo perteneciente a una época distinta a la época en que está hablando Jesús.” [xiv]
El significado de la palabra “castigo” (kolasis) elimina la posibilidad de que sea eterno. La palabra griega kolasis refiere a un “castigo correctivo” en contraste con timoréo que a menudo expresa un “castigo vindicativo o tortura.” William Barclay, un erudito del griego, en su comentario, The Daily Study Bible and New Testament Words dice lo siguiente de kolasis:
“La palabra griega para castigo aquí [Mt 25:46] es kolasis, que no fue originalmente una palabra ética en lo absoluto. En un principio significaba la poda de los árboles para hacerlos crecer mejor. Creo que sería correcto decir que en toda la literatura griega secular, kolasis nunca se usa para castigo que no sea correctivo.” [xv]
El gran erudito arzobispo Trench en Trench's New Testament Synonyms (Sinónimos del Nuevo Testamento) también explica la diferencia entre el castigo vindicativo timoria, y el castigo correctivo kolasis:
“Castigo: timoria, kolasis
Timoria… El uso clásico de timoria enfatiza el carácter vindicativo del castigo. Era un castigo que satisfacía el sentido de la justicia del que lo inflige en defensa de su propio honor o el honor de la ley que fue violada…
Kolasis refiere a un castigo que tiene como propósito corregir y mejorar al ofensor. Por ese motivo Platón utiliza kolaseis y noutheteseis juntos. Varias veces en un pasaje de las Protágoras, Platón utiliza las dos palabras de una manera que ilustra esta distinción que estamos presentando.” [xvi]
Si los castigos de Dios fueran puramente vindicativos y para Su beneficio y satisfacción, entonces uno podría argumentar que Su castigo podría durar eternamente, aunque venganza eterna de todas formas sería injusto, excesivo y contrario a la naturaleza bondadosa de Dios. Sin embargo, viendo que la palabra que Jesús utilizó era “corrección” (kolasis), es evidente que no podría ser eterna. Un castigo con el fin de corregir solo dura hasta que el resultado deseado haya sido logrado – la corrección del ofensor. Una vez corregido, la corrección eonio cesa. Puede durar un tiempo largo o corto, dependiendo del tiempo necesario para lograr su objetivo. En el caso de Jonás duró un eón de solamente tres días. La justicia siempre suspende el castigo cuando la corrección ha sido lograda. Según el significado de la palabra kolasis, vemos que el castigo en las Escrituras siempre es medido según las obras de cada uno. Aun en el Lago de Fuego apocalíptico cada uno recibe su parte:
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte (meros) en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
La expresión “su parte” (meros) no corresponde con un castigo infinito. Lo que es “una parte” es un castigo medido. Así que, la traducción común, “castigo eterno” es erróneo.
La mayoría interpretan mal el pasaje acerca de la separación de las naciones ovejas de las naciones cabritos en Mateo 25. No tiene referencia a algún juicio general al final del Milenio. Habla de una separación de las naciones ovejas en la Segunda Venida de Cristo que trataron bien a los “hermanos de Cristo” de las naciones cabritos que no les ayudaron en su tribulación (vv. 31-32). Nunca presenta a las ovejas como creyentes nacidos de nuevo o los hermanos de Cristo. Sus hermanos son distintos de ellos (v. 40). Los hermanos de Jesús ya habrán sido arrebatados para recibir el Señor en el aire anterior a esta separación. Las ovejas y los cabritos son mortales entre las naciones que, o son concedidos a la vida eonio del Milenio, o enviados al castigo de la corrección eonio. No dice que son inmortalizados o glorificados, sino nada más concedida o negada entrada en el reino eonio. A las ovejas les será permitido seguir con vida y repoblarán la tierra milenial como mortales, muchos de los cuales finalmente se unirán con Satanás en su rebelión al final del Milenio de 1.000 años (Apo 21:7-10). Estoy consciente que muchos leyendo esto probablemente son Amilenialistas o Preteristas que no interpretan estos pasajes de la misma manera que yo. Presento mis razones por ser un Futurista en vez de un Preterista en mi libro intitulado, “Los Últimos Días – ¿Pasados o Presentes?” disponible en Amazon.
Así que, como lo entendiendo, en Mateo 25:46 ni la vida eonio (i.e. la vida de la época venidera), ni el castigo eonio son eternos. La vida concedida es la continuación de sus vidas mortales en el reino milenial, mientras el castigo es llamado “fuego eonio (pur aiónion) preparado para el diablo y sus ángeles.” De acuerdo con las palabras aiónios y kolasis, este fuego purificador es duradero, pero no eterno. De Young intenta argumentar que el fuego eonio es eterno basado en el uso del tiempo perfecto que debe leer, “habiendo sido malditos” y “habiendo sido preparado” en el versículo 41. Él dice:
“Mateo 25:41 malditos en el fuego eterno preparado. ‘maldito’ y ‘preparado’ son del tiempo perfecto indicando un estado permanente. Este punto de la gramática es pasado por alto por los universalistas.” p. 35
No obstante, él va más allá de la idea expresada por el tiempo perfecto. El tiempo perfecto simplemente se refiere a una acción terminada en el pasado cuyos resultados continúan hasta el tiempo del escritor. Él hace un gran salto injustificable de resultados continuando en el presente, a “un estado permanente” o perpetuo. [xvii]
En conclusión, vemos que una consideración cuidadosa del significado de las palabras del tiempo como olam, aión y aiónios, en combinación con palabras como kolasis que hablan de castigo correctivo y no meramente vindicativo, además de otras expresiones como “su parte” “hasta que” “muchos azotes” o “pocos azotes,” todo indica que el castigo es correctivo en naturaleza y no eterno, como comúnmente es entendido. Debemos tener en mente que, para estar en armonía con los pasajes múltiples sobre la restauración de todos, solo es necesario demostrar que las palabras del tiempo en las Escrituras no siempre significan “eterno.” Sin embargo, hemos visto que son estrictamente palabras del tiempo que en, y de sí mismas, no expresan el concepto moderno de la eternidad o perpetuidad.
[i] La palabra aidíos fue utilizada por los fariseos y los filósofos griegos para referirse al castigo eterno pero las únicas ocurrencias de aidíos en el Nuevo Testamento son Romanos 1:20 y Judas 6 donde son mejor entendidos como “invisible” o “imperceptible” como es traducido en La Versión Literal Concordante.
[ii] La Enciclopedia de la Biblia de Ediciones Garriga S.A.
[iii] Marvin Vincent D.D. Vincent's Word Studies in the New Testament
[iv] G. Campbell Morgan, God’s Methods with Man
[v] Hasting´s Diccionario de las Palabras del Nuevo Testamento (vol. I, p. 542, art. Cristo y los Evangelios.
[vi] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[vii] Ambrose, in Psalm i. para. 54, p. 763, Ed. Paris. 1686.
[viii] Gregorio el Nazianceno, Assemani Bib. Orient. Tom. iii.
[ix] Justin Martyr, Second apology; Chapter 7
[x] Justin Martyr, First apology; Chapter 8
[xi] John Wesley Hanson, Aión – Aiónios https://tentmaker.org/books/Aion_lim.html
[xii] Ibid.
[xiii] Ibid.
[xiv] Vincent's Word Studies in the New Testament - Additional note on aion and aionios in 2Thessalonians 1:9
[xv] William Barclay, The Daily Study Bible and New Testament Words
[xvi] Trench's New Testament Synonyms: Punishment
[xvii] “El tiempo perfecto presenta un estado o condición completado. Cuando la acción fue completada el tiempo perfecto no indica. Todavía es completa en el momento del uso del tiempo por el orador o el escritor.” (Robertson, A. T.. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research).
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (5 de 8)
Lo que hemos estado considerando en las sesiones anteriores con respecto a la restauración universal, la reconciliación, la reversión de la caída y la salvación final de todos, es solo una pequeña parte de los muchos pasajes de las Escrituras que, en mi opinión, hablan claramente de un glorioso final para el plan eterno de Dios para las edades, que culmina en Él siendo todo en todos y no solamente en algunos, mientras la gran mayoría de la humanidad, creados a Su imagen y semejanza, sufren en tormentos perpetuos. Incluí en el apéndice de mi libro, “El Triunfo de la Misericordia,” casi cien pasajes que, o claramente declaran, o implican la restauración final de todos, y otros cincuenta pasajes que implican que el castigo no es eterno.
A pesar de este tema glorioso de la restauración final de todos que ha sido presentado repetidas veces en términos claros a través de todas las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis, muchos todavía tienen dificultad en creer que el plan eterno de Dios realmente culmina en la restauración final de todos, donde todos viven felizmente para siempre. El mayor obstáculo para aceptar una historia que termina tan bien para todos es una palabra en español: “eterno.” La rendición más común en español de palabras relacionadas con el tiempo, como olam en hebreo y aion con su adjetivo aionios en griego, como "eterno", "para siempre", "por los siglos de los siglos", "perpetuo" o "infinito", cuando se refieren al castigo post mortem, ha distorsionado enormemente nuestra percepción de la naturaleza misma de Dios y ha mantenido a muchos a distancia, esclavizados por el miedo y a menudo la desesperación.
Lo que muchos no saben, o no toman en cuenta, es que nuestro concepto moderno de la “eternidad” no fue concebida por el hombre hasta que el filósofo Platón lo expuso en el tercer siglo antes de Cristo. Los judíos no fueron introducidos al concepto platónico de la eternidad hasta que Filón, un judío contemporáneo con Jesús, (20 a.C. a 50 d.C.) que era estudiado en la filosofía de Platón, lo popularizó entre los judíos. El concepto platónico de la eternidad no fue elaborado por los padres de la Iglesia hasta San Agustín, (354 a 430 d.C.) que, adoptando mucho de la filosofía de Platón, lo introdujo en la teología de la Iglesia. Por lo tanto, en las Escrituras y en la Iglesia Primitiva, aun no existía una palabra equivalente a nuestra palabra “eterno” en español. Tanto olám en el hebreo, y aión/aiónios en el griego, eran palabras expresando tiempo. [i]
La palabra olám en el Antiguo Testamento fue utilizada para expresar un período de tiempo indefinido más allá del horizonte. A veces se refería a tiempo más allá del horizonte en el pasado, y otras veces para expresar tiempo más allá del horizonte en el futuro, pero siempre hablaba del tiempo y no la eternidad, dado que aún no existía ninguna palabra para expresar el concepto platónico de la eternidad. La Enciclopedia de la Biblia, Ediciones Garriga S.S. define olám de la siguiente manera:
“Olam en la línea de la duración, indica tiempos indeterminados, remotos, obscuros, sea del pasado o del porvenir, la duración de la vida de un hombre o una extensión larga de tiempo para llegar a designar la duración indefinida… No expresa el concepto platónico y moderno de eternidad.” (énfasis mío) [ii]
Llegando al Nuevo Testamento, la palabra griega aión y su adjetivo aiónios sigue expresando el tiempo y no la eternidad. Nuestras equivalentes en español son “eón” y “eonio.” El Diccionario Merriam Webster define eón como: “un período de tiempo de duración incalculable o indefinido.” Eón ha retenido el mismo significado básico que su derivada aión en el Nuevo Testamento y en la versión griega del Antiguo Testamento LXX que fue utilizada por Jesús y los Apóstoles. Se refiere a una medida más extensa del tiempo, pero refiere al tiempo y no a la eternidad. En contraste, nuestra palabra “eterno” es del latín aeternus y es definido como “eterno, perpetuo, intemporal.” Pero puede ser demostrado que ni aeternus en el latín significaba exclusivamente eterno hasta después de los tiempos de San Agustín.
Uno de los hombres más destacados por su conocimiento del griego del Nuevo Testamento, Vincent, D.D., en su libro, Estudios de Palabras en el Nuevo Testamento, explica lo siguiente acerca de aion y aiónios:
“Aion, transliterado eón, es un período de duración largo o corto, que, teniendo un principio y un final, es completo en sí mismo. Aristóteles dice: “El período que incluye todo el tiempo de la vida de uno se llama el eón de cada uno. “Por lo tanto, significa a menudo la vida de un hombre, como en Homero, donde dice que la vida (aión) sale de uno o se va. Sin embargo, no es limitada a la vida humana. Significa cualquier período en el curso del milenio, el período mitológico antes de los comienzos de la historia. La palabra no tiene “un valor estático y mecánico” (De Quincey). No significa un período de una duración fija en todos los casos. Hay tantos eones como entidades, las duraciones respectivas de los cuales son fijados por las condiciones normales de varias entidades. Hay un eón de una vida humana, otro de la vida de una nación, otra de la vida de un cuervo, otro de la vida de un roble. La duración del eón depende del objeto al que está conectado... El adjetivo aionios de igual manera lleva la idea del tiempo. Ni el sustantivo ni el adjetivo llevan en sí mismos, el sentido de tiempo sin fin o eterno. Se puede adquirir ese sentido por su connotación... aionios significa “durando por” o “perteneciendo a un período de tiempo.” Tanto el sustantivo como el adjetivo se aplican a períodos de tiempo limitados... De los 150 casos en el LXX, [Antiguo Testamento en griego] cuatro quintas partes implican una duración limitada. Para algunas instancias, ver Génesis aion, xlviii. 4; Num. x. 8; xv. 15; Prov. xxii. 28; Jonas ii.6; Hab. iii. 6; Isa lxi. 17.” [iii]
G. Campbell Morgan, que también era un erudito bien conocido dijo:
“Permítanme decirles a los estudiantes de la Biblia que debemos tener mucho cuidado cómo usamos la palabra ‘eternidad.’ Hemos caído en un gran error en el uso constante de la palabra. No hay ninguna palabra en todo el Libro de Dios que corresponda con nuestra palabra ‘eterna,’ utilizada tan comúnmente entre nosotros que signifique ‘absolutamente sin fin.’ La palabra más fuerte en las Escrituras que se usa con referencia a la existencia de Dios, es ‘por los siglos de los siglos,’ que no significa literalmente eterno.” [iv]
El Diccionario del Nuevo Testamento Hastings dice:
“Eternidad: No existe una palabra, ni en el hebreo del Antiguo Testamento ni en el griego del Nuevo Testamento para expresar la idea abstracta de la eternidad (Vol I, p. 542). Eterno: La palabra eterna es falaz en el sentido que viene de la palabra en inglés que connota la idea de ‘existencia sin fin’ y es prácticamente un sinónimo de ‘para siempre’. Pero esto no es una rendición adecuada de aiónios que varía en sentido con su sustantivo aión de la cual es derivada.” [v]
Aunque aquí el espacio no me permite, en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia,” demuestro con numerosos textos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento que estos lexicógrafos han basado sus conclusiones en una consideración cuidadosa y objetiva de los verdaderos significados de estas palabras del tiempo, olám, aión y aiónio en sus contextos bíblicos, en vez de dejarse influenciar por nuestro concepto moderno de la eternidad que fue injertado en las Escrituras por los traductores Tradicionales. Muchos traductores más recientes han corregido este error en numerosos pasajes, mientras que todas las traducciones literales, tales como Youngs Literal Translation y Concordant Literal Version, han eliminado las palabras “eterno,” “para siempre” y “perpetuo” por completo, reemplazándolas con “eón,” “eonian” y “época duradera.”
Aunque los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva eran familiarizados con el concepto platónico de la eternidad, cuando aparecían aión y su adjetivo aiónios en las Escrituras, lo entendieron como un período largo e indefinido de tiempo. Que no entendieron aión y aiónios como refiriéndose a la eternidad es evidente – especialmente cuando hablaban de los juicios postmórtem.
Orígenes (184 d.C. a 254 d.C.) dijo: "Pero, ¿por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores? solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe.” [vi] Ambrosio, (340 d.C. a 397 d.C.) dijo: "En cuanto a los que no alcanzan a la primera, sino que están reservados para la segunda resurrección, estos pasarán al fuego, hasta que cumplan sus tiempos designados, entre la primera y la segunda resurrección; o si no cumplen sus tiempos designados en ese lapso, permanecerán en castigos más tiempo.” [vii] Aquí él dice que aquellos que no tienen parte en la primera resurrección serán sujetados a fuego en la época venidera (aión), y si fuera necesario, aun después del Juicio del Gran Trono Blanco en el Lago de Fuego, si sus nombres aún no se hallan inscritos en el libro de la vida.
Teodoro de Mopsuestia (359 d.C. a 429 d.C.) dijo: “Los impíos que han cometido maldades todo el período de sus vidas, serán castigados, hasta aprender que, por continuar en el pecado, solo continúan en su miseria. Y cuando por este medio, han sido llevados a temer a Dios, y pensar en Él con buena voluntad, entrarán en el gozo de su gracia. Porque Él nunca hubiera dicho ‘no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo,’ si no podemos ser liberados del sufrimiento después de haber sufrido adecuadamente por el pecado; no hubiera dicho que uno ‘recibirá muchos azotes’ y el otro ‘recibirá pocos azotes’ a menos que el castigo tuviera un fin.” [viii]
Debe ser obvio que, si estos Padres de la Iglesia Primitiva, que hablaban en el mismo griego, entendieron aión y aiónios como “eterno” de la manera que muchos lo entienden hoy en día, jamás habrían referido a los castigos como temporales y correctivos. Aun los Padres que fueron Aniquilacionistas y por lo tanto no creían en la restauración final de todos, entendieron aiónios como refiriendo a un tiempo indefinido en vez de eterno. Justin Mártir (100 d.C. a 165 d.C.) enseñaba que había un “castigo eonio” de los impíos en “fuego eonio” que terminaba con su aniquilación final. Él habla de los impíos como siendo destruidos y dejando de existir:
“Por lo tanto Dios demora en ejecutar la confusión y destrucción del mundo entero, cuando los ángeles malos y demonios y los hombres impíos dejan de existir.” [ix]
A menudo Tradicionalistas malinterpretan a Justino Mártir como afirmando la doctrina de tormentos eternos, enfatizando que el castigo es eterno y no temporal cuando dice:
“y sobre los impíos reunidos sus espíritus en los mismos cuerpos serán sometidos al castigo eterno (aiónios); y no solamente por un período de mil años como dijo Platón.” [x]
Sin embargo, aquí él está contrastando su creencia en un período de castigo eonio que termina en la aniquilación, con la creencia de Platón que los muertos vuelven a vivir después de un período de “intoxicación” eonio que dura mil años.[xi] Tanto Justin Mártir como Platón veían la duración como eonio y no eterno. La diferencia era que Justin Mártir creía que terminaba con la aniquilación final de uno, en contraste con Platón que especulaba que volvían a vivir después de mil años.
Más de una vez De Young protesta que los Universalistas no citan de los léxicos más recientes, dado que normalmente ellos incluyen “eterno,” “para siempre” y “perpetuo” en sus definiciones de aión y aiónios (pp. 42,43,44). Sin embargo, las fuentes citadas por Universalistas son de los eruditos más respetados de todo tiempo que son reconocidos por todos como los léxicos más fiables.
También, tiene que ser reconocido que los lexicógrafos tienen sus propias preconcepciones doctrinales y uno a menudo puede detectar sus prejuicios en sus definiciones de ciertas palabras. Algunas definiciones léxicas aparentan ser más influenciadas por su teología que la etimología o el contexto. Es por eso que a menudo es necesario hacer un estudio independiente de las palabras, examinando cada ocurrencia en su contexto a través de las Escrituras para determinar su significado verdadero. Esto es especialmente cierto en el caso de las palabras del tiempo como aión y aiónios, dado que el debate entre la reconciliación universal y tormentos eternos es tan polarizado, haciendo menos común una investigación objetiva que no refleje prejuicios doctrinales.
De hecho, no son los léxicos más recientes los que debemos considerar más confiables como De Young insiste. El léxico más antiguo existente del griego es lo de Hesychius de Alejandría, que fue compilado entre el siglo IV y el VI. Incluye más de 50.000 entradas y define aión así: “La vida de un hombre, el tiempo que dura una vida.” Teodoro de Antioquía (393 d.C. a 457 d.C.) dijo de aión: “aión no es algo que existe, sino un intervalo denotando tiempo, a veces infinito cuando se está refiriendo a Dios, a veces en proporción a la duración de la creación, y a veces de la vida de un hombre.” [xii] Juan de Damasco (646 d.C. a 749 d.C.) dijo: “La vida de cada hombre es llamado un aión… La duración de la vida de este mundo es llamada un aión. La vida después de la resurrección es llamada ‘el aión venidero.’” [xiii]
Ningunas de estas definiciones tempranas incluyen el concepto de la eternidad, dado que todavía no había sido agregado a esta palabra que expresaba el tiempo. La palabra más común para expresar “la eternidad” en ese entonces era aidíos y no aiónios. Pero, aidíos nunca es usada para referirse al castigo de los impíos en la Biblia.
No fue hasta el siglo XVI que Phavorinus por primera vez incluyó “eterno” en su definición de aión. Sin embargo, aun así, él aclaró que era una definición teológica y no estrictamente lexical. Él dijo: “Aión, tiempo, también vida, también costumbre o manera de vivir. También aión es eterno sin fin COMO PARECE AL TEÓLOGO.” Así que la primera vez que un léxico incluyó “eterno” en su definición de aión aclaró que no era el significado estrictamente lexical, sino una definición impuesta sobre la palabra por los teólogos.
La expresión “forever and ever” (“para siempre y siempre”) en nuestras versiones en el inglés es otra mala traducción. Fue inventado por los Tradicionalistas como una expresión enfática de la eternidad. Pero en el griego es eis tous aiónas ton aiónon, que simplemente significa “hacia dentro las épocas de las épocas,” o “en las épocas de las épocas.” Agregando épocas a épocas refiere a un tiempo muy largo, pero tiempo sin embargo, y no la eternidad. Al menos en español lo traducen “por los siglos de los siglos” que solo habla de un largo tiempo, pero la mayoría lo entienden como si dijera “para siempre y siempre.” Es una equivocación pensar de la eternidad como si fuera nada más una sucesión infinita de épocas. Si fuera así, la Biblia no hablaría del “fin de las épocas” (Heb 9:26 lit. sunteleia ton aionon). Cada época tiene su fin, y cuando la última época, o “la Época de las épocas” termina (Ef 3:21), el tiempo ya no existirá, y la eternidad es todo lo que permanece.
De Young dice que “forever and ever” (“para siempre y siempre”) es una manera enfática para hablar de duración sin fin. Él dice:
“las palabras (eis tous aiónas ton aiónon) pueden ser traducidas ‘para siempre y siempre’ como una manera enfática de hablar de duración sin fin…” p. 37 (paréntesis mío)
Sin embargo, aparte del hecho que las Escrituras hablan del fin de las épocas, eliminando la posibilidad de que las épocas de las épocas se refieran a tiempo infinito, hay otros problemas con rendir “las épocas de las épocas” como “para siempre y siempre.” En primer lugar, agregar “y siempre” a “para siempre” es redundancia y de hecho aminora “para siempre” en vez de acentuarlo. Implica que “para siempre” no es una expresión adecuada de duración infinita, requiriendo “y siempre” para extender “para siempre” a un futuro más lejano. Es una tautología similar que traducir el plural de aión como “eternidades” en vez de “épocas.” De hecho, De Young se contradice cuando dice:
“No hay una época después de la época presente con excepción de la era de cumplimiento, la de contabilidad y juicio, donde los impíos todavía son vistos como impíos” (Isa 66:24).” p. 36
Si no hay época después de esta época con excepción de la “era del cumplimiento,” ¿cómo puede haber un numero infinito de épocas en el futuro, como dice que expresa “en las épocas de las épocas” (εἰς τοὺς αἰῶνας τῶν αἰώνων)? El hecho de que hay más de una época futura también es evidente en Efesios 2:7 donde Pablo habla de “las épocas venideras.” Esto requiere dos o más épocas futuras.
Otro problema con traducir “en las épocas de las épocas” (eis tous aiónas ton aiónon) como “para siempre y siempre” es que la preposición eis que ellos traducen “para” o “por” no expresa duración sino simplemente “entrada en.” La frase preposicional “eis tous aiónas ton aiónon” tiene referencia a un período de tiempo no especificado dentro de las épocas de las épocas y no necesariamente toda la duración de todas las épocas futuras. La frase, cuando es introducida por eis, solo indica entrada en las épocas de las épocas sin especificar duración. La preposición eis es definida en Strongs como: “a o adentro (indicando el punto alcanzado o al que se ha entrado), de lugar, tiempo…” Yo examiné meticulosamente todas las 1,767 ocurrencias de la palabra eis en el Nuevo Testamento y en cada caso, aunque varía la forma en que fue traducida por los traductores, siempre expresa la idea de “a” o “adentro”, tal y como Strongs lo define. Cuando eis es utilizado en referencia a un lapso del tiempo, siempre tiene referencia a un tiempo de duración indefinido. Aunque a menudo los traductores lo traducen “por”, la única idea expresada es la entrada “adentro o hacia dentro” de un lapso de tiempo indefinido sin especificar la duración. No todos que entran en el castigo eonio permanecerán en el Lago de Fuego por todo el tiempo indicado por “las épocas de las épocas.” Así que, la expresión “en las épocas de las épocas” solo indica que el castigo de los impíos tomará lugar dentro de ese tiempo referido como “las épocas de las épocas” y por lo tanto no está en conflicto con la doctrina bíblica de la restauración final de todos.
Se dice de Jesús que reinará “por los siglos de los siglos,” pero solo hasta que todos se hayan sujetados a Él, siendo restaurados. Después de eso Él se sujetará al Padre, resultando en que Dios sea todo en todos entrando en la eternidad (Apo 11:15; Heb 1:13;1Cor 15:25-28).
Finalmente, no es sin significado que Pablo una vez utilizó otra frase que es distinta del doble plural, “épocas de las épocas.” En Efesios 3:21 no lee, “las épocas de las épocas” sino “la Época de las épocas” (aiónos ton aiónon). Ha sido traducido de la siguiente manera en la Reina Valera:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (lit. Época de las épocas). Amén.” (Ef 3:21)
Aunque las traducciones tradicionales no hacen distinción entre “las épocas de las épocas” y “la Época de las épocas,” sabemos que fue escrito intencionalmente y no era nada más un error ortográfico hecho por Pablo, y hay una gran diferencia entre “las épocas de las épocas” y “la Época de las épocas.” Cuando usamos el singular seguido por la misma palabra en plural de esta manera, estamos expresando la idea de que lo que aparece en forma singular tiene preeminencia sobre lo que aparece en el plural. En cada instancia donde encontramos esta construcción en la Biblia, entendemos que el primero, que aparece en singular es singular en importancia, significado o eminencia, comparado a los demás que siguen en la forma plural. Cuando decimos, “Rey de reyes,” o “Señor de señores,” entendemos que está diciendo que ese Rey en particular es preeminente sobre todos los demás reyes. La expresión “Cantar de cantares” significa que es el Cantar de todos los cantares. Vemos la misma construcción en referencia al “lugar santísimo” que literalmente dice, “Santo de los santos.”
Cuando entendemos que la Época de las épocas es la época que es preeminente sobre todas las demás épocas – la culminación de todas las épocas, entonces el significado del pasaje donde aparece es revelado:
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducción literal)
La traducción equivocada de “las épocas de las épocas” y “la Época de las épocas” como si fueran “por los siglos de los siglos” o “para siempre y por siempre” oculta la gloriosa verdad que Cristo y Su Iglesia seguirán reinando en “las épocas de las épocas” o las “épocas venideras” hasta la “Época de las épocas,” la época final, cuando todos los descendientes de todas las generaciones se habrían sujetado a Cristo, siendo reunidos en Él en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, resultando en que Dios sea todo en todos (Ef 1:10; 1Cor 15:25-28). “Las épocas de las épocas” son preeminentes sobre todas las épocas previas porque Cristo estará reinando, y la “Época de las épocas” es la mayor de todas las épocas porque culminará con Dios siendo todo en todos.
Mientras no es posible considerar todos los textos de las Escrituras que han sido malentendidos como enseñando tormentos eternos por la traducción equivocada de las palabras del tiempo como olam, aión y aiónios en esta sesión, me gustaría considerar Mateo 25:46 que es el texto de prueba más utilizado por los Tradicionalistas para comprobar su doctrina del castigo eterno:
- E irán éstos al castigo eterno (kolasin aiónion), y los justos a la vida eterna (zoen aiónion).” (Mateo 25:46)
Argumentan de este versículo que, si el castigo de los cabritos no es eterno, entonces tampoco es eterna la vida de las ovejas, dado que la misma palabra aiónios es utilizada tanto para la vida como para el castigo. Pero hay varias razones por que este razonamiento es erróneo. En primer lugar, es una regla básica de la gramática que un adjetivo no puede tener un significado mayor que el sustantivo que modifica. Una hoja grande no es el mismo tamaño que un árbol grande. Un día largo no es de la misma duración que un año largo. Aiónios es el adjetivo de aión que significa una medida de tiempo largo pero indefinido. Así que, aiónios como el adjetivo de aión significa “época duradera.” La duración de aiónios depende de la naturaleza del sustantivo que modifica. Si fuéramos a decir, “los montes eonio pertenecen al Dios eonio,” no queríamos decir que los montes son tan duraderos como Dios. De la misma manera, la duración de la vida eonio depende de la naturaleza de la vida, mientras la duración del castigo depende de la naturaleza del castigo.
Marvin Vincent, en Vincent’s New Testament Word Studies, dice lo siguiente acerca de la vida eonio en este versículo:
“Zooee aiónios ‘vida eterna,’ que ocurre 42 veces en el Nuevo Testamento, pero no en la LXX, no es vida sin fin, sino la vida que pertenece a cierta época o eón, o continúa durante ese eón. Repito, puede que la vida sea sin fin. La vida en unión con Cristo es interminable, pero esa realidad no es expresada por aionios.
Kolasis aiónios, traducido ‘castigo eterno’ (Mat 25:46), es el castigo perteneciente a una época distinta a la época en que está hablando Jesús.” [xiv]
El significado de la palabra “castigo” (kolasis) elimina la posibilidad de que sea eterno. La palabra griega kolasis refiere a un “castigo correctivo” en contraste con timoréo que a menudo expresa un “castigo vindicativo o tortura.” William Barclay, un erudito del griego, en su comentario, The Daily Study Bible and New Testament Words dice lo siguiente de kolasis:
“La palabra griega para castigo aquí [Mt 25:46] es kolasis, que no fue originalmente una palabra ética en lo absoluto. En un principio significaba la poda de los árboles para hacerlos crecer mejor. Creo que sería correcto decir que en toda la literatura griega secular, kolasis nunca se usa para castigo que no sea correctivo.” [xv]
El gran erudito arzobispo Trench en Trench's New Testament Synonyms (Sinónimos del Nuevo Testamento) también explica la diferencia entre el castigo vindicativo timoria, y el castigo correctivo kolasis:
“Castigo: timoria, kolasis
Timoria… El uso clásico de timoria enfatiza el carácter vindicativo del castigo. Era un castigo que satisfacía el sentido de la justicia del que lo inflige en defensa de su propio honor o el honor de la ley que fue violada…
Kolasis refiere a un castigo que tiene como propósito corregir y mejorar al ofensor. Por ese motivo Platón utiliza kolaseis y noutheteseis juntos. Varias veces en un pasaje de las Protágoras, Platón utiliza las dos palabras de una manera que ilustra esta distinción que estamos presentando.” [xvi]
Si los castigos de Dios fueran puramente vindicativos y para Su beneficio y satisfacción, entonces uno podría argumentar que Su castigo podría durar eternamente, aunque venganza eterna de todas formas sería injusto, excesivo y contrario a la naturaleza bondadosa de Dios. Sin embargo, viendo que la palabra que Jesús utilizó era “corrección” (kolasis), es evidente que no podría ser eterna. Un castigo con el fin de corregir solo dura hasta que el resultado deseado haya sido logrado – la corrección del ofensor. Una vez corregido, la corrección eonio cesa. Puede durar un tiempo largo o corto, dependiendo del tiempo necesario para lograr su objetivo. En el caso de Jonás duró un eón de solamente tres días. La justicia siempre suspende el castigo cuando la corrección ha sido lograda. Según el significado de la palabra kolasis, vemos que el castigo en las Escrituras siempre es medido según las obras de cada uno. Aun en el Lago de Fuego apocalíptico cada uno recibe su parte:
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte (meros) en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
La expresión “su parte” (meros) no corresponde con un castigo infinito. Lo que es “una parte” es un castigo medido. Así que, la traducción común, “castigo eterno” es erróneo.
La mayoría interpretan mal el pasaje acerca de la separación de las naciones ovejas de las naciones cabritos en Mateo 25. No tiene referencia a algún juicio general al final del Milenio. Habla de una separación de las naciones ovejas en la Segunda Venida de Cristo que trataron bien a los “hermanos de Cristo” de las naciones cabritos que no les ayudaron en su tribulación (vv. 31-32). Nunca presenta a las ovejas como creyentes nacidos de nuevo o los hermanos de Cristo. Sus hermanos son distintos de ellos (v. 40). Los hermanos de Jesús ya habrán sido arrebatados para recibir el Señor en el aire anterior a esta separación. Las ovejas y los cabritos son mortales entre las naciones que, o son concedidos a la vida eonio del Milenio, o enviados al castigo de la corrección eonio. No dice que son inmortalizados o glorificados, sino nada más concedida o negada entrada en el reino eonio. A las ovejas les será permitido seguir con vida y repoblarán la tierra milenial como mortales, muchos de los cuales finalmente se unirán con Satanás en su rebelión al final del Milenio de 1.000 años (Apo 21:7-10). Estoy consciente que muchos leyendo esto probablemente son Amilenialistas o Preteristas que no interpretan estos pasajes de la misma manera que yo. Presento mis razones por ser un Futurista en vez de un Preterista en mi libro intitulado, “Los Últimos Días – ¿Pasados o Presentes?” disponible en Amazon.
Así que, como lo entendiendo, en Mateo 25:46 ni la vida eonio (i.e. la vida de la época venidera), ni el castigo eonio son eternos. La vida concedida es la continuación de sus vidas mortales en el reino milenial, mientras el castigo es llamado “fuego eonio (pur aiónion) preparado para el diablo y sus ángeles.” De acuerdo con las palabras aiónios y kolasis, este fuego purificador es duradero, pero no eterno. De Young intenta argumentar que el fuego eonio es eterno basado en el uso del tiempo perfecto que debe leer, “habiendo sido malditos” y “habiendo sido preparado” en el versículo 41. Él dice:
“Mateo 25:41 malditos en el fuego eterno preparado. ‘maldito’ y ‘preparado’ son del tiempo perfecto indicando un estado permanente. Este punto de la gramática es pasado por alto por los universalistas.” p. 35
No obstante, él va más allá de la idea expresada por el tiempo perfecto. El tiempo perfecto simplemente se refiere a una acción terminada en el pasado cuyos resultados continúan hasta el tiempo del escritor. Él hace un gran salto injustificable de resultados continuando en el presente, a “un estado permanente” o perpetuo. [xvii]
En conclusión, vemos que una consideración cuidadosa del significado de las palabras del tiempo como olam, aión y aiónios, en combinación con palabras como kolasis que hablan de castigo correctivo y no meramente vindicativo, además de otras expresiones como “su parte” “hasta que” “muchos azotes” o “pocos azotes,” todo indica que el castigo es correctivo en naturaleza y no eterno, como comúnmente es entendido. Debemos tener en mente que, para estar en armonía con los pasajes múltiples sobre la restauración de todos, solo es necesario demostrar que las palabras del tiempo en las Escrituras no siempre significan “eterno.” Sin embargo, hemos visto que son estrictamente palabras del tiempo que en, y de sí mismas, no expresan el concepto moderno de la eternidad o perpetuidad.
[i] La palabra aidíos fue utilizada por los fariseos y los filósofos griegos para referirse al castigo eterno pero las únicas ocurrencias de aidíos en el Nuevo Testamento son Romanos 1:20 y Judas 6 donde son mejor entendidos como “invisible” o “imperceptible” como es traducido en La Versión Literal Concordante.
[ii] La Enciclopedia de la Biblia de Ediciones Garriga S.A.
[iii] Marvin Vincent D.D. Vincent's Word Studies in the New Testament
[iv] G. Campbell Morgan, God’s Methods with Man
[v] Hasting´s Diccionario de las Palabras del Nuevo Testamento (vol. I, p. 542, art. Cristo y los Evangelios.
[vi] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[vii] Ambrose, in Psalm i. para. 54, p. 763, Ed. Paris. 1686.
[viii] Gregorio el Nazianceno, Assemani Bib. Orient. Tom. iii.
[ix] Justin Martyr, Second apology; Chapter 7
[x] Justin Martyr, First apology; Chapter 8
[xi] John Wesley Hanson, Aión – Aiónios https://tentmaker.org/books/Aion_lim.html
[xii] Ibid.
[xiii] Ibid.
[xiv] Vincent's Word Studies in the New Testament - Additional note on aion and aionios in 2Thessalonians 1:9
[xv] William Barclay, The Daily Study Bible and New Testament Words
[xvi] Trench's New Testament Synonyms: Punishment
[xvii] “El tiempo perfecto presenta un estado o condición completado. Cuando la acción fue completada el tiempo perfecto no indica. Todavía es completa en el momento del uso del tiempo por el orador o el escritor.” (Robertson, A. T.. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research).
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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (6 de 8)
¿Hay esperanza para nuestros seres queridos que vivieron y murieron sin recibir a Cristo? Casi todos los cristianos hemos sido enseñados que toda esperanza de la salvación termina con la muerte y esto ha ocasionado tormentos y desesperación en los corazones de muchos cuyos seres queridos murieron antes de recibir al Señor. La famosa ficción de Dante del siglo XIV “La divina comedia ,” que describe muy gráficamente su versión medieval del infierno, tuvo un gran impacto sobre la manera que la Iglesia, y también el mundo, perciben a Dios y el infierno. En su novela él dijo que sobre la puerta que conduce al infierno aparecen las palabras, “Lasciate ogne speranza, voi ch’inatre,” que significa, “Abandonen toda esperanza, los que entran aquí.”
Si Dante tiene razón, a menos que seamos tan egocéntricos e insensibilizados al punto de ya no sentir compasión, nosotros que tenemos seres queridos que no han recibido a Cristo debemos de estar angustiados y desconsolados. Además, todo lo que hemos visto en las sesiones previas acerca de la restauración final de todos sería imposible, dado que la gran mayoría de la humanidad, o no han oído el evangelio, o no respondieron apropiadamente a ello antes de su último respiro. Pero, ¿Enseña la Biblia que toda esperanza de salvación termina al morirse, o es esto nada más una presuposición teológica bien arraigada que nos ha sido transmitida desde el tiempo de San Agustín?
Muchos están sorprendidos al descubrir que no existe ni un versículo en la Biblia que nos enseña que la salvación es imposible más allá de la muerte. El único versículo presentado para apoyar esta doctrina es Hebreos 9:27 que dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Pero este versículo solo dice lo que tanto los Tradicionalistas como también los Universalistas afirman – que los hombres enfrentarán un juicio al morir. En este juicio los que no están en Cristo serán juzgados “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego, algunos recibiendo “pocos azotes” y otros “muchos azotes,” sin poder salir de allí hasta pagar todo (Apo 20:12; 21:8; Lucas 12:47; Mt 5:26; 18:34-35). Ningunas de estas expresiones son compatibles con un castigo eterno.
De Young dice: “No hay indicación de que alguien puede ejercer la fe después de morirse” (p.217). Pero para mí es más significativo que no hay indicación alguna de que uno pierde su habilidad de creer al morir. Perdemos nuestros cuerpos al morir, no nuestra capacidad para creer. Mientras no dice específicamente que uno puede creer después de morirse, es necesitado por el hecho de que finalmente cada lengua confesará que Jesús es el Señor. ¿Cómo puede suceder esto sin fe? ¿Cómo puede ser salvo el mundo entero con todos siendo reconciliados y restaurados como dice la Biblia si es imposible creer y ser salvo después de la muerte, considerando que la gran mayoría no son salvos y restaurados en esta vida? Aunque la habilidad de creer después de morirse no sea explícita en las Escrituras, es algo sobreentendido. Más importante es el hecho de que no hay indicación alguna que uno no puede ejercer la fe después de la muerte. Si tal fuera el caso, anticiparíamos que sería enfatizado vez tras vez en las Escrituras.
A pesar de los múltiples textos de la Biblia que declaran una restauración universal de todos, De Young insiste que no hay ni un texto apoyando nuestra creencia de que los que no oyen, o los que oyeron sin responder al evangelio en esta vida, pueden ser salvos después de morirse. Él dice:
“Ellos (Universalistas) argumentan que es el espíritu del hombre que es de mayor importancia para Dios, y que no hay ninguna razón por que Dios no puede proveer la salvación después de que el cuerpo de uno haya muerto. El único problema con este argumento, un argumento del silencio, es que no hay ‘un texto’ que apoya el universalismo.” p. 88 (paréntesis mío)
Veo varios problemas con este argumento. En primer lugar, los Universalistas tienen razón al decir que el espíritu del hombre es más importante para Dios, (quien es Espíritu) que el cuerpo. Por ejemplo, Pablo mandó a los Corintos entregar el hermano en pecado a Satanás para la destrucción de su carne para que su espíritu fuera salvo en el Día del Señor (1Cor 5:5). Aunque la salvación es del hombre entero – espíritu, alma y cuerpo, Dios es Espíritu y tenemos comunión con Él y le adoramos con nuestro espíritu, y por lo tanto es nuestro espíritu que es de más importancia para Él.
En segundo lugar, los Universalistas no hablan de alguna provisión de salvación futura, sino que basan la salvación de todos en la obra consumada en la cruz hace 2.000 años. En ninguna escritura vemos que Su provisión de salvación caduca al morirse o en la Segunda Venida de Cristo. Nuestro Salvador Jesucristo es el Cordero inmolado desde la eternidad. El evangelio es llamado “el evangelio eterno.” Signifique lo que signifique eso, seguramente quiere decir que no deja de ser buenas nuevas en el momento que uno muere o viene Cristo. El sacerdocio de Cristo es eterno y Él es capaz de salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios porque Él siempre vive para interceder por ellos (Heb 7:25). Pero, ¿Quiénes tendrán necesidad de Su ministerio de intercesión después de que la Iglesia ya haya sido glorificada y libre de pecado si no los que murieron en sus pecados y están necesitados de Su intercesión para poder llegar al Padre por Él?
Finalmente, la aseveración de De Young que los Universalistas usan un argumento del silencio por la salvación después de la muerte podría ser dirigida contra los Tradicionalistas, dado que las Escrituras nunca dicen que la salvación solamente es posible en esta vida. Y aunque las Escrituras no hablan directamente a este tema, un estudio deductivo de todos los textos pertinentes requiere la salvación después de la muerte. Si todos son restaurados y solamente unos pocos escogidos son restaurados en esta época, entonces tenemos que concluir que habrá salvación después de la muerte. Si Jesús atraerá eficazmente a todos a Sí mismo, buscando y salvando hasta que la última oveja perdida haya sido encontrada, entonces Él tiene que seguir atrayendo, buscando y salvando después de la muerte, dado que la gran mayoría mueren en un estado perdido (Hch 3:21; Juan 12:32; Lucas 15:4, 19:10). Si todos se sujetarán a Cristo, resultando en que Dios sea todo en todos, entonces la convicción del Espíritu Santo resultando en el arrepentimiento, doblando rodilla a Cristo y confesándole como Señor, tiene que continuar después de la muerte, dado que no todos se habrán sujetado a Cristo en esta época (Isa 45:22-24; 1Cor 15:25-28; Heb 2:8).
Uno podría seguir, citando texto tras texto que deductivamente requieren la salvación después de la muerte sin la necesidad de que haya un texto específicamente diciendo que hay salvación después de la muerte. En realidad, es más significante que los Tradicionalistas no pueden presentar ningún texto negando la posibilidad de la salvación después de la muerte. Cristo es el Salvador del mundo entero y no solamente de los que han sido elegidos para ser las primicias. Él entregó Su vida en rescate por todos y declara que buscará y salvará a los perdidos hasta que todos estén seguros en el redil (Juan 1:29, 4:42, 10:16; 1Juan 2:2, 4:14; Mt 20:28; 1Tim 2:6, 4:10, etc.). Además, tomando en cuenta todo lo que hemos visto en las sesiones previas acerca de la naturaleza correctiva y temporal de los juicios de Dios y la continuación del ministerio intercesor de Cristo, ¿cómo podemos seguir insistiendo que la obra salvífica de Cristo termina para siempre con la muerte?
También, hay numerosos pasajes que claramente indican que la salvación continúa aun después del Juicio del Gran Trono Blanco y después que la Nueva Jerusalén haya descendido sobre la tierra nueva. Primero, dice esto de la Nueva Jerusalén después de haber descendido sobre la tierra nueva:
“Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. 25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. 27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. 22:1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones…14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira… 17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apo 21:24-22:2,14,17)
Aquí vemos que las puertas de la Nueva Jerusalén siempre estarán abiertas. Aunque la Nueva Jerusalén es la habitación exclusiva de Cristo y de Su Esposa, los de las naciones que son salvos después de la Segunda Venida de Cristo andarán en su luz y podrán entrar por sus puertas. Los únicos excluidos son los de afuera que continúan en el pecado y aún no han lavado sus ropas. Pero ellos son llamados a lavar sus ropas para que sus nombres sean inscritos en el libro de la vida para poder entrar por las puertas y tomar de las hojas del árbol de la vida que son para su sanidad. Típico de los Tradicionalistas, De Young supone que los pecadores afuera de las puertas jamás podrán entrar. Él dice:
“Finalmente, el estado futuro de los cielos nuevos y la tierra nueva todavía tiene la existencia de los inicuos afuera de la santa ciudad.” p.88
Los Tradicionalistas suponen que la historia de Dios para las épocas comienza con la creación del hombre y termina con los santos elegidos eternamente en la Nueva Jerusalén y todos los impíos eternamente afuera, atormentados con fuego. Sin embargo, la gloriosa historia de la creación de Dios no culmina en la ruina eterna para la mayoría, sino en la restauración de todos. El Juicio del Gran Trono Blanco, como con todos los juicios de Dios a través de la historia, aunque resultan en una condena para algunos, son correctivos en naturaleza y por lo tanto siempre culmina en su restauración final.
Si los condenados que están fuera de las puertas en el Lago de Fuego fueran condenados eternamente, no estarían llamados a lavar sus ropas para poder entrar en la Nueva Jerusalén. La misericordia de Dios permanece para siempre, y Cristo vive para siempre para interceder por los pecadores. Aunque sin la santidad nadie puede ver al Señor, las puertas siempre estarán abiertas para todos los que están afuera si lavan sus ropas para poder entrar. Y la Esposa y el Espíritu durante ese tiempo estarán extendiendo la invitación a ellos. “Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”
Que esta invitación está en un contexto post Gran Trono Blanco es evidente, dado que la Iglesia no llega a ser la Esposa hasta las bodas del Cordero en la Segunda Venida. [i] Entonces, solo después del Milenio desciende la Esposa en la Nueva Jerusalén sobre la tierra nueva (Apo 21:9-10). Ella, junto con el Espíritu, extienden la invitación a los de afuera de la Nueva Jerusalén que tienen sed a entrar y tomar del agua de la vida que fluye del trono de Dios dentro de la ciudad.
Además, si toda posibilidad de restauración termina con el Juicio del Gran Trono Blanco, ¿por qué dice que las hojas del árbol de la vida son para “la sanidad de las naciones?” Mientras todavía estén los de afuera necesitados de sanidad, Dios continuará el proceso de restauración. La dispensación de la plenitud de los tiempos no termina hasta que todos los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra hayan sido reunidos en Cristo y Dios sea todo en todos (Ef 1:10; Fil 2:10,11; Apo 5:13; 1Cor 15:28).
De Young dice: “El texto nunca dice que alguien del lago de fuego puede salir para entrar en la ciudad” (p. 60). Aunque es cierto que no lo dice directamente, es muy claramente implicado en frases como, “su parte” o “porción” (Apo 21:8 gr. meros); no saliendo “hasta que” (Mt 5:26, 18:30), y las palabras de Jesús a los fariseos, diciéndoles: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios (Mt 21:31), y también su referencia a “pocos azotes” y “muchos azotes” (Lucas 12:47-48). Todas estas frases eliminan la doctrina de un infierno eterno, como también la aniquilación de los perdidos. Adicionalmente, el Lago de Fuego es llamado “la segunda muerte.” En Apocalipsis 2:11 se dice de los vencedores que no “sufrirán daño por” la segunda muerte. Esto también implica una duración limitada.
También, dado que el último enemigo que será destruido es la muerte, cuando la muerte haya sido destruida “ya no habrá muerte” (1Cor 15:26; Apo 21:4). ¿Debemos creer que de alguna manera ya no habrá más muerte mientras la mayoría estén sufriendo una muerte que jamás termina? ¿No sería eso una incongruencia eterna? Pablo claramente dice que todos los que mueren en Adán (que incluye a todos sin excepción alguna) serán vivificados en Cristo, el último Adán, así destruyendo la muerte para siempre (1Cor 15:22,26).
En la última sesión vimos que la frase, “por los siglos de los siglos” (ing. “forever and ever” <para siempre y siempre>) solamente significa “en las épocas de las épocas” y no habla de la eternidad, sino una serie de épocas. La preposición traducida “por” es (eis) que solo indica entrada en las épocas sin indicar duración. Cada uno será juzgado “según sus obras” y recibirán “su parte” dentro del lago purificador de fuego que es la segunda muerte al YO que no sufrieron en la vida. La duración de tiempo que cada individuo permanecerá en el Lago de Fuego en las épocas de las épocas depende de “su parte” “según sus obras.” No saldrán de allí “hasta que” hayan pagado el último cuadrante (Mt 5:26). Entendido correctamente el mismo propósito y naturaleza del Lago de Fuego excluye la posibilidad de una duración perpetua o exterminación. Esto explico en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.”
De Young pregunta: “Si el universalismo enseña que los que están en el infierno se arrepentirán y creerán en el evangelio, ¿quién estará allá para predicarlo a ellos?” (p.229). La respuesta es, la Iglesia lo hará, y no seremos los primeros en hacerlo – Jesús fue el primero (1Pedro 3:19). ¿Dónde dice que la Iglesia predicará el evangelio a los que están en las tinieblas de afuera? Ya vimos que el Espíritu, juntamente con nosotros, la Esposa, estarán invitándoles a los de afuera que tengan sed a entrar y beber gratuitamente del agua de la vida (Apo 22:17).
En Efesios 2:6-10 vemos que fuimos sentados con Cristo en lugares celestiales, siendo Su hechura (gr. poema) de gracia para que Él pueda manifestar Su gracia a través de nosotros en las épocas venideras. ¿A quiénes les manifestaría nosotros como hechura Suya? ¿Para quiénes son nuestras vidas, transformadas por Su gracia, un testimonio en esta época? A los perdidos que necesitan descubrir Su gracia. Entonces, ¿a quienes revelará Su gracia en las épocas venideras, si no son los perdidos que necesitan ser encontrados y salvos por Su gracia?
La Iglesia elegida de esta época son nada más las primicias de la nueva creación (Stg 1:18); los que primero esperaron en Cristo (Ef 1:12); la Iglesia de las primicias (pl. prototokon) (Heb 12:23). El “resto de los hombres” o el “resto de la humanidad” no serán cosechados hasta que el Libertador venga de Sion (Hch 15:16-17).
Un texto de la Biblia que, para mí, claramente habla de la Iglesia como los que proclamarán el Evangelio eterno al resto de la humanidad, cuando es traducido correctamente, es Efesios 3:21. Sin embargo, su pleno significado ha sido oculto en algunas traducciones. La Reina Valera dice:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.” (Ef 3:21 RVR)
Una traducción más precisa dice lo siguiente:
“a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos (“en la Época de las épocas”). Amén.” (Ef 3:21LBLA)
Como vimos en la sesión anterior, tomando en cuenta la conjunción “y” (kai), y expresando el sentido pleno de la palabra “generaciones” (gr. genos) literalmente dice:
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducian literal)
La conjunción “y” (kai) aparece en la mayoría de las traducciones basadas en el Nuevo Testamento griego Nestle-Aland, y aclara que, tanto Jesucristo, como también la Iglesia, estarán revelando la gloria de Dios a las generaciones venideras (cf. Isa 60:1-3). También, una traducción más precisa revela quién estará viendo la gloria de Dios revelada en Cristo y en Su Iglesia. No serán nada más los ángeles. La frase “todas las generaciones” indica que será revelada en la Iglesia y en Cristo Jesús “a todos los descendientes de todas las generaciones, incluyendo los de la última Época de las épocas. La palabra traducida “generaciones” se refiere a descendientes o generaciones – no tanto como un período de tiempo como los nacidos o engendrados. Los ángeles no se engendran y por lo tanto no tienen generaciones. Así que, está diciendo que la Época de las épocas verá la gloria de Dios como revelada en Cristo y Su Esposa, la Iglesia. Las profecías de las Escrituras hablan de un tiempo en el futuro cuando todas las personas de todas las generaciones verán la Gloria del Señor y aquí vemos que será revelada en Cristo y Su Iglesia, la Esposa:
“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado” (Isa 40:5)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Hab 2:14)
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido SOBRE TI. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas SOBRE TI amanecerá Jehová, y SOBRE TI será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a TU luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isa 60:1-3)
Es la gloria del Señor sobre la Iglesia de los primogénitos que hará que el resto de los hombres sean atraídos a Cristo. Su gloria será revelada y “toda carne” la verá. Toda la tierra será llena con el conocimiento experiencial (LXX ginosko) de Su gloria como las aguas cubren el mar.
Entonces, Cristo es el Salvador de todos los hombres – especialmente de los que creen, pero también de los que no han creído en esta vida y murieron en un estado perdido (1Tim 4:10). Finalmente, toda rodilla se doblará y cada lengua en el cielo, en la tierra y aún debajo de la tierra, confesará a Jesucristo como Señor para la gloria de Dios el Padre, con el resultado que Dios será todo en todos (Fil 2:10-11; 1Cor 15:28).
[i] El término “esposa” (numphe) refiere a la novia en la ceremonia en el salón nupcial (numphon), o a la esposa después de las bodas y nunca se usa de la Iglesia antes de las bodas. Antes de las bodas somos llamados “la esposada” (2Cor 11:2 gr. harmoso) pero todavía no somos la Esposa.
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (6 de 8)
¿Hay esperanza para nuestros seres queridos que vivieron y murieron sin recibir a Cristo? Casi todos los cristianos hemos sido enseñados que toda esperanza de la salvación termina con la muerte y esto ha ocasionado tormentos y desesperación en los corazones de muchos cuyos seres queridos murieron antes de recibir al Señor. La famosa ficción de Dante del siglo XIV “La divina comedia ,” que describe muy gráficamente su versión medieval del infierno, tuvo un gran impacto sobre la manera que la Iglesia, y también el mundo, perciben a Dios y el infierno. En su novela él dijo que sobre la puerta que conduce al infierno aparecen las palabras, “Lasciate ogne speranza, voi ch’inatre,” que significa, “Abandonen toda esperanza, los que entran aquí.”
Si Dante tiene razón, a menos que seamos tan egocéntricos e insensibilizados al punto de ya no sentir compasión, nosotros que tenemos seres queridos que no han recibido a Cristo debemos de estar angustiados y desconsolados. Además, todo lo que hemos visto en las sesiones previas acerca de la restauración final de todos sería imposible, dado que la gran mayoría de la humanidad, o no han oído el evangelio, o no respondieron apropiadamente a ello antes de su último respiro. Pero, ¿Enseña la Biblia que toda esperanza de salvación termina al morirse, o es esto nada más una presuposición teológica bien arraigada que nos ha sido transmitida desde el tiempo de San Agustín?
Muchos están sorprendidos al descubrir que no existe ni un versículo en la Biblia que nos enseña que la salvación es imposible más allá de la muerte. El único versículo presentado para apoyar esta doctrina es Hebreos 9:27 que dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” Pero este versículo solo dice lo que tanto los Tradicionalistas como también los Universalistas afirman – que los hombres enfrentarán un juicio al morir. En este juicio los que no están en Cristo serán juzgados “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego, algunos recibiendo “pocos azotes” y otros “muchos azotes,” sin poder salir de allí hasta pagar todo (Apo 20:12; 21:8; Lucas 12:47; Mt 5:26; 18:34-35). Ningunas de estas expresiones son compatibles con un castigo eterno.
De Young dice: “No hay indicación de que alguien puede ejercer la fe después de morirse” (p.217). Pero para mí es más significativo que no hay indicación alguna de que uno pierde su habilidad de creer al morir. Perdemos nuestros cuerpos al morir, no nuestra capacidad para creer. Mientras no dice específicamente que uno puede creer después de morirse, es necesitado por el hecho de que finalmente cada lengua confesará que Jesús es el Señor. ¿Cómo puede suceder esto sin fe? ¿Cómo puede ser salvo el mundo entero con todos siendo reconciliados y restaurados como dice la Biblia si es imposible creer y ser salvo después de la muerte, considerando que la gran mayoría no son salvos y restaurados en esta vida? Aunque la habilidad de creer después de morirse no sea explícita en las Escrituras, es algo sobreentendido. Más importante es el hecho de que no hay indicación alguna que uno no puede ejercer la fe después de la muerte. Si tal fuera el caso, anticiparíamos que sería enfatizado vez tras vez en las Escrituras.
A pesar de los múltiples textos de la Biblia que declaran una restauración universal de todos, De Young insiste que no hay ni un texto apoyando nuestra creencia de que los que no oyen, o los que oyeron sin responder al evangelio en esta vida, pueden ser salvos después de morirse. Él dice:
“Ellos (Universalistas) argumentan que es el espíritu del hombre que es de mayor importancia para Dios, y que no hay ninguna razón por que Dios no puede proveer la salvación después de que el cuerpo de uno haya muerto. El único problema con este argumento, un argumento del silencio, es que no hay ‘un texto’ que apoya el universalismo.” p. 88 (paréntesis mío)
Veo varios problemas con este argumento. En primer lugar, los Universalistas tienen razón al decir que el espíritu del hombre es más importante para Dios, (quien es Espíritu) que el cuerpo. Por ejemplo, Pablo mandó a los Corintos entregar el hermano en pecado a Satanás para la destrucción de su carne para que su espíritu fuera salvo en el Día del Señor (1Cor 5:5). Aunque la salvación es del hombre entero – espíritu, alma y cuerpo, Dios es Espíritu y tenemos comunión con Él y le adoramos con nuestro espíritu, y por lo tanto es nuestro espíritu que es de más importancia para Él.
En segundo lugar, los Universalistas no hablan de alguna provisión de salvación futura, sino que basan la salvación de todos en la obra consumada en la cruz hace 2.000 años. En ninguna escritura vemos que Su provisión de salvación caduca al morirse o en la Segunda Venida de Cristo. Nuestro Salvador Jesucristo es el Cordero inmolado desde la eternidad. El evangelio es llamado “el evangelio eterno.” Signifique lo que signifique eso, seguramente quiere decir que no deja de ser buenas nuevas en el momento que uno muere o viene Cristo. El sacerdocio de Cristo es eterno y Él es capaz de salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios porque Él siempre vive para interceder por ellos (Heb 7:25). Pero, ¿Quiénes tendrán necesidad de Su ministerio de intercesión después de que la Iglesia ya haya sido glorificada y libre de pecado si no los que murieron en sus pecados y están necesitados de Su intercesión para poder llegar al Padre por Él?
Finalmente, la aseveración de De Young que los Universalistas usan un argumento del silencio por la salvación después de la muerte podría ser dirigida contra los Tradicionalistas, dado que las Escrituras nunca dicen que la salvación solamente es posible en esta vida. Y aunque las Escrituras no hablan directamente a este tema, un estudio deductivo de todos los textos pertinentes requiere la salvación después de la muerte. Si todos son restaurados y solamente unos pocos escogidos son restaurados en esta época, entonces tenemos que concluir que habrá salvación después de la muerte. Si Jesús atraerá eficazmente a todos a Sí mismo, buscando y salvando hasta que la última oveja perdida haya sido encontrada, entonces Él tiene que seguir atrayendo, buscando y salvando después de la muerte, dado que la gran mayoría mueren en un estado perdido (Hch 3:21; Juan 12:32; Lucas 15:4, 19:10). Si todos se sujetarán a Cristo, resultando en que Dios sea todo en todos, entonces la convicción del Espíritu Santo resultando en el arrepentimiento, doblando rodilla a Cristo y confesándole como Señor, tiene que continuar después de la muerte, dado que no todos se habrán sujetado a Cristo en esta época (Isa 45:22-24; 1Cor 15:25-28; Heb 2:8).
Uno podría seguir, citando texto tras texto que deductivamente requieren la salvación después de la muerte sin la necesidad de que haya un texto específicamente diciendo que hay salvación después de la muerte. En realidad, es más significante que los Tradicionalistas no pueden presentar ningún texto negando la posibilidad de la salvación después de la muerte. Cristo es el Salvador del mundo entero y no solamente de los que han sido elegidos para ser las primicias. Él entregó Su vida en rescate por todos y declara que buscará y salvará a los perdidos hasta que todos estén seguros en el redil (Juan 1:29, 4:42, 10:16; 1Juan 2:2, 4:14; Mt 20:28; 1Tim 2:6, 4:10, etc.). Además, tomando en cuenta todo lo que hemos visto en las sesiones previas acerca de la naturaleza correctiva y temporal de los juicios de Dios y la continuación del ministerio intercesor de Cristo, ¿cómo podemos seguir insistiendo que la obra salvífica de Cristo termina para siempre con la muerte?
También, hay numerosos pasajes que claramente indican que la salvación continúa aun después del Juicio del Gran Trono Blanco y después que la Nueva Jerusalén haya descendido sobre la tierra nueva. Primero, dice esto de la Nueva Jerusalén después de haber descendido sobre la tierra nueva:
“Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. 25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. 27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero. 22:1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones…14 Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira… 17 Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apo 21:24-22:2,14,17)
Aquí vemos que las puertas de la Nueva Jerusalén siempre estarán abiertas. Aunque la Nueva Jerusalén es la habitación exclusiva de Cristo y de Su Esposa, los de las naciones que son salvos después de la Segunda Venida de Cristo andarán en su luz y podrán entrar por sus puertas. Los únicos excluidos son los de afuera que continúan en el pecado y aún no han lavado sus ropas. Pero ellos son llamados a lavar sus ropas para que sus nombres sean inscritos en el libro de la vida para poder entrar por las puertas y tomar de las hojas del árbol de la vida que son para su sanidad. Típico de los Tradicionalistas, De Young supone que los pecadores afuera de las puertas jamás podrán entrar. Él dice:
“Finalmente, el estado futuro de los cielos nuevos y la tierra nueva todavía tiene la existencia de los inicuos afuera de la santa ciudad.” p.88
Los Tradicionalistas suponen que la historia de Dios para las épocas comienza con la creación del hombre y termina con los santos elegidos eternamente en la Nueva Jerusalén y todos los impíos eternamente afuera, atormentados con fuego. Sin embargo, la gloriosa historia de la creación de Dios no culmina en la ruina eterna para la mayoría, sino en la restauración de todos. El Juicio del Gran Trono Blanco, como con todos los juicios de Dios a través de la historia, aunque resultan en una condena para algunos, son correctivos en naturaleza y por lo tanto siempre culmina en su restauración final.
Si los condenados que están fuera de las puertas en el Lago de Fuego fueran condenados eternamente, no estarían llamados a lavar sus ropas para poder entrar en la Nueva Jerusalén. La misericordia de Dios permanece para siempre, y Cristo vive para siempre para interceder por los pecadores. Aunque sin la santidad nadie puede ver al Señor, las puertas siempre estarán abiertas para todos los que están afuera si lavan sus ropas para poder entrar. Y la Esposa y el Espíritu durante ese tiempo estarán extendiendo la invitación a ellos. “Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”
Que esta invitación está en un contexto post Gran Trono Blanco es evidente, dado que la Iglesia no llega a ser la Esposa hasta las bodas del Cordero en la Segunda Venida. [i] Entonces, solo después del Milenio desciende la Esposa en la Nueva Jerusalén sobre la tierra nueva (Apo 21:9-10). Ella, junto con el Espíritu, extienden la invitación a los de afuera de la Nueva Jerusalén que tienen sed a entrar y tomar del agua de la vida que fluye del trono de Dios dentro de la ciudad.
Además, si toda posibilidad de restauración termina con el Juicio del Gran Trono Blanco, ¿por qué dice que las hojas del árbol de la vida son para “la sanidad de las naciones?” Mientras todavía estén los de afuera necesitados de sanidad, Dios continuará el proceso de restauración. La dispensación de la plenitud de los tiempos no termina hasta que todos los que están en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra hayan sido reunidos en Cristo y Dios sea todo en todos (Ef 1:10; Fil 2:10,11; Apo 5:13; 1Cor 15:28).
De Young dice: “El texto nunca dice que alguien del lago de fuego puede salir para entrar en la ciudad” (p. 60). Aunque es cierto que no lo dice directamente, es muy claramente implicado en frases como, “su parte” o “porción” (Apo 21:8 gr. meros); no saliendo “hasta que” (Mt 5:26, 18:30), y las palabras de Jesús a los fariseos, diciéndoles: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios (Mt 21:31), y también su referencia a “pocos azotes” y “muchos azotes” (Lucas 12:47-48). Todas estas frases eliminan la doctrina de un infierno eterno, como también la aniquilación de los perdidos. Adicionalmente, el Lago de Fuego es llamado “la segunda muerte.” En Apocalipsis 2:11 se dice de los vencedores que no “sufrirán daño por” la segunda muerte. Esto también implica una duración limitada.
También, dado que el último enemigo que será destruido es la muerte, cuando la muerte haya sido destruida “ya no habrá muerte” (1Cor 15:26; Apo 21:4). ¿Debemos creer que de alguna manera ya no habrá más muerte mientras la mayoría estén sufriendo una muerte que jamás termina? ¿No sería eso una incongruencia eterna? Pablo claramente dice que todos los que mueren en Adán (que incluye a todos sin excepción alguna) serán vivificados en Cristo, el último Adán, así destruyendo la muerte para siempre (1Cor 15:22,26).
En la última sesión vimos que la frase, “por los siglos de los siglos” (ing. “forever and ever” <para siempre y siempre>) solamente significa “en las épocas de las épocas” y no habla de la eternidad, sino una serie de épocas. La preposición traducida “por” es (eis) que solo indica entrada en las épocas sin indicar duración. Cada uno será juzgado “según sus obras” y recibirán “su parte” dentro del lago purificador de fuego que es la segunda muerte al YO que no sufrieron en la vida. La duración de tiempo que cada individuo permanecerá en el Lago de Fuego en las épocas de las épocas depende de “su parte” “según sus obras.” No saldrán de allí “hasta que” hayan pagado el último cuadrante (Mt 5:26). Entendido correctamente el mismo propósito y naturaleza del Lago de Fuego excluye la posibilidad de una duración perpetua o exterminación. Esto explico en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.”
De Young pregunta: “Si el universalismo enseña que los que están en el infierno se arrepentirán y creerán en el evangelio, ¿quién estará allá para predicarlo a ellos?” (p.229). La respuesta es, la Iglesia lo hará, y no seremos los primeros en hacerlo – Jesús fue el primero (1Pedro 3:19). ¿Dónde dice que la Iglesia predicará el evangelio a los que están en las tinieblas de afuera? Ya vimos que el Espíritu, juntamente con nosotros, la Esposa, estarán invitándoles a los de afuera que tengan sed a entrar y beber gratuitamente del agua de la vida (Apo 22:17).
En Efesios 2:6-10 vemos que fuimos sentados con Cristo en lugares celestiales, siendo Su hechura (gr. poema) de gracia para que Él pueda manifestar Su gracia a través de nosotros en las épocas venideras. ¿A quiénes les manifestaría nosotros como hechura Suya? ¿Para quiénes son nuestras vidas, transformadas por Su gracia, un testimonio en esta época? A los perdidos que necesitan descubrir Su gracia. Entonces, ¿a quienes revelará Su gracia en las épocas venideras, si no son los perdidos que necesitan ser encontrados y salvos por Su gracia?
La Iglesia elegida de esta época son nada más las primicias de la nueva creación (Stg 1:18); los que primero esperaron en Cristo (Ef 1:12); la Iglesia de las primicias (pl. prototokon) (Heb 12:23). El “resto de los hombres” o el “resto de la humanidad” no serán cosechados hasta que el Libertador venga de Sion (Hch 15:16-17).
Un texto de la Biblia que, para mí, claramente habla de la Iglesia como los que proclamarán el Evangelio eterno al resto de la humanidad, cuando es traducido correctamente, es Efesios 3:21. Sin embargo, su pleno significado ha sido oculto en algunas traducciones. La Reina Valera dice:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.” (Ef 3:21 RVR)
Una traducción más precisa dice lo siguiente:
“a Él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos (“en la Época de las épocas”). Amén.” (Ef 3:21LBLA)
Como vimos en la sesión anterior, tomando en cuenta la conjunción “y” (kai), y expresando el sentido pleno de la palabra “generaciones” (gr. genos) literalmente dice:
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducian literal)
La conjunción “y” (kai) aparece en la mayoría de las traducciones basadas en el Nuevo Testamento griego Nestle-Aland, y aclara que, tanto Jesucristo, como también la Iglesia, estarán revelando la gloria de Dios a las generaciones venideras (cf. Isa 60:1-3). También, una traducción más precisa revela quién estará viendo la gloria de Dios revelada en Cristo y en Su Iglesia. No serán nada más los ángeles. La frase “todas las generaciones” indica que será revelada en la Iglesia y en Cristo Jesús “a todos los descendientes de todas las generaciones, incluyendo los de la última Época de las épocas. La palabra traducida “generaciones” se refiere a descendientes o generaciones – no tanto como un período de tiempo como los nacidos o engendrados. Los ángeles no se engendran y por lo tanto no tienen generaciones. Así que, está diciendo que la Época de las épocas verá la gloria de Dios como revelada en Cristo y Su Esposa, la Iglesia. Las profecías de las Escrituras hablan de un tiempo en el futuro cuando todas las personas de todas las generaciones verán la Gloria del Señor y aquí vemos que será revelada en Cristo y Su Iglesia, la Esposa:
“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado” (Isa 40:5)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Hab 2:14)
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido SOBRE TI. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas SOBRE TI amanecerá Jehová, y SOBRE TI será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a TU luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isa 60:1-3)
Es la gloria del Señor sobre la Iglesia de los primogénitos que hará que el resto de los hombres sean atraídos a Cristo. Su gloria será revelada y “toda carne” la verá. Toda la tierra será llena con el conocimiento experiencial (LXX ginosko) de Su gloria como las aguas cubren el mar.
Entonces, Cristo es el Salvador de todos los hombres – especialmente de los que creen, pero también de los que no han creído en esta vida y murieron en un estado perdido (1Tim 4:10). Finalmente, toda rodilla se doblará y cada lengua en el cielo, en la tierra y aún debajo de la tierra, confesará a Jesucristo como Señor para la gloria de Dios el Padre, con el resultado que Dios será todo en todos (Fil 2:10-11; 1Cor 15:28).
[i] El término “esposa” (numphe) refiere a la novia en la ceremonia en el salón nupcial (numphon), o a la esposa después de las bodas y nunca se usa de la Iglesia antes de las bodas. Antes de las bodas somos llamados “la esposada” (2Cor 11:2 gr. harmoso) pero todavía no somos la Esposa.
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por George Sidney Hurd
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Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (7 de 8)
Por años estaba consciente de algunos textos que parecían hablar claramente de una restauración universal de todos, pero descontaba el Universalismo, dado que me habían enseñado que solo era una doctrina reciente de algunos Liberales. Como tengo un gran respeto para las Escrituras, eso era suficiente para impedir que considerara seriamente la posibilidad de que Jesús de hecho podría cumplir exitosamente Su misión a salvar el mundo entero.
Sin embargo, conforme iba descubriendo un número creciente de pasajes que claramente aparentaban enseñar la salvación final de todos, estaba envalentonado a hacer una investigación seria afuera del cajón tradicional. Estaba maravillosamente sorprendido al descubrir que la mayoría de los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva enseñaba la apocatástasis o la restauración universal de todos, hasta San Agustín en el siglo V.
Cuando estaba en el seminario, estudié la historia de la Iglesia. En ese seminario ultraconservador, el historiador Philip Schaff era considerado como la última palabra en asuntos de la historia eclesiástica. Aunque dejaba en claro que él mismo no era un Universalista, él sin embargo afirma en términos inequívocos que la creencia en la restauración final de todos era la posición mayoritaria en la Iglesia Primitiva. Él dice:
“En los primeros cinco o seis siglos del cristianismo, había seis escuelas teológicas reconocidas, de las cuales cuatro (Alejandría, Antioquía, Cesarea, y Edessa o Nisibis) eran universalistas, otra (Éfeso) aceptaba la inmortalidad condicional; y la de (Cartago o Roma) enseñó el castigo eterno de los impíos. Otras escuelas teológicas son mencionadas como siendo fundadas por universalistas, pero su doctrina precisa sobre este tema es desconocida.” [i]
“Bajo la instrucción de estos grandes maestros (Clemente, Orígenes, Gregorio, y Teodoro de Mopsuestia), muchos otros teólogos creían en la salvación universal; y de hecho, la Iglesia del oriente estaba inclinada hacia ella hasta después de 500 d.C.” [ii]
Es difícil para los Tradicionalistas descontar una autoridad de la historia de la Iglesia tan respetada. Él claramente concede que el Universalismo era la creencia prevaleciente durante ese tiempo. De hecho, si solamente la Iglesia romanizada de Cartago enseñaba los castigos eternos, entonces, ¿cómo podemos razonablemente insistir que la posición mayoritaria de aquel entonces era de tormentos eternos?
J.W. Hanson, que hizo un estudio muy a fondo de los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva documentado en su libro intitulado, “Universalism The Prevailing Doctrine Of The Christian Church During Its First Five Hundred Years” (Universalismo La Doctrina Prevalente de la Iglesia Cristiana Durante Sus Primeros Quinientos Años), llega a la misma conclusión que Schaff. Él dice:
“La escuela en el norte de África favorecía la doctrina del castigo eterno; la de Asia Menor, aniquilación. Los dos en Alejandría y Cesarea eran universalistas de la escuela de Orígenes; los de Antioquía y Edessa eran universalistas de la escuela de Teodoro de Mopsuestia y Diodore de Tarsus” [iii]
Típico de los Tradicionalistas, De Young aparenta estar en negación acerca de estos testigos informados cuando dice:
“La pretensión de muchos universalistas que el universalismo era la doctrina de cuatro de las seis escuelas de teología en la iglesia primitiva también necesita ser aclarada. En realidad esto no es el caso.” p.107
Sin embargo, él evita cualquier mención o cita del historiador Philip Schaff, y en ninguna parte de su libro demuestra la razón por la que ese no es el caso. Con tal de extinguir el Universalismo la iglesia Romana destruyó todos los escritos que podían encontrar entre los Padres Primitivos afirmando una restauración universal, y hasta el día de hoy los defensores de la doctrina de castigos eternos procuran suprimir o descontar sus escritos. Pero aun nuestros historiadores de la Iglesia más notables, incluso los que no eran Universalistas, conceden que era la creencia de la mayoría en la Iglesia Primitiva. El historiador Johann Gieseler dice de aquel tiempo:
“La opinión de la inmutable capacidad de reformación en todas las criaturas racionales, y el tiempo limitado de los tormentos del infierno, era tan común, aún en el occidente, y tan ampliamente difundido entre los oponentes de Orígenes, que, aunque puede que no haya surgido sin la influencia de esta escuela, sin embargo, había llegado a ser independiente de ella.” [iv]
Aún San Agustín, conocido como el padre de la doctrina Católica Romana y quien popularizó la doctrina del castigo eterno, reconoció que en el quinto siglo todavía había muchos que enseñaban universalismo y los reconoció como cristianos de corazón tierno, contra los cuales tenía una amistosa controversia:
“Hay muchos en nuestros días que, sin negar las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin.”
“Tengo que incluirme en la lista de los que tienen una amistosa controversia contra los cristianos de corazón tierno que se niegan a creer que algunos, o que todos los que el Juez infalible pueda declarar digno del castigo del infierno, sufrirán eternamente, que suponen que serán liberados después de un tiempo determinado de castigo, más largo o más corto según la cantidad de los pecados de cada uno. Al respecto a este asunto Orígenes fue aún más indulgente; porque él creía que aún el diablo mismo y sus ángeles, después de sufrir las aflicciones más severas y prolongadas que merecen sus pecados, serán liberados de sus tormentos.”
¿Qué dicen los Padres Primitivos de la Iglesia acerca de la apocatástasis o restauración universal de todos? Como lo que restaba de la gran biblioteca de Alejandría finalmente fue destruida por el Papa Teófilo, el 23º papa de Alejandría, que intentó eliminar por completo todo origenismo destruyendo la mayor parte de las obras de Orígenes y otros Universalistas, y como la Iglesia de la Época Oscura posteriormente destruyó toda literatura considerada herética, muy pocos escritos de los Padres Primitivos permanecen hasta el día de hoy.
Adicional a eso, muchos de aquellos que creían en la restauración universal en aquella época practicaban lo que llamaban “reserva,” solo compartiendo esta doctrina entre los que ellos consideraban maduros y por lo tanto menos propensos a convertir la gracia de Dios en licencia para pecar. A menudo justificaban esta práctica de reserva con textos como 1Corintios 2:6,7 que dice: “hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez… hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria.” Orígenes dijo:
“Todo lo que se podría decir sobre este tema no conviene exponer ahora a todos. Porque las masas no necesitan mayor enseñanza, debido a que ellos apenas por temor al castigo eterno, refrenan su imprudencia.” [v]
“Pero debemos recordar que el apóstol quiere que este texto sea guardado como un secreto, para que los fieles y maduros sepan guardar sus percepciones de esta verdad en silencio entre ellos mismos, como uno de los secretos de Dios, y no divulgarlo por doquier a los imperfectos y a los menos capaces de recibirlo.” [vi]
Debido a la práctica de reserva de parte de algunos, sus referencias a la restauración universal no son tan abundantes. Algunos de sus sermones y literatura diseñados para el público en general dan ninguna, o muy pocas, referencias a la doctrina de restauración universal.
Sin embargo, a pesar de las razones mencionadas, hay referencias suficientemente claras para establecer que creían en la restauración final de todos. Los siguientes son algunas citas de los Padres de la Iglesia Primitiva más prominentes que, por razones obvias pasan sin comentario alguno en el libro de De Young. Aunque solamente unos pocos de los escritos de ellos sobrevivieron la destrucción del Romanismo, los que permanecieron hablan por sí mismos, así que simplemente los voy a citar sin comentarios.
Clemente de Alejandría 150 d.C. a 215 d.C.
“El Señor, dice Juan, es la propiciación, no por nuestros pecados solamente, sino también por todo el mundo. Así que Él de hecho salva a todos universalmente; pero a algunos como convertidos por castigos, y otros por sumisión voluntaria, así obteniendo el honor y la dignidad, que a Él toda rodilla se doblará, de las cosas en el cielo, y las cosas en la Tierra, y las cosas debajo de la Tierra, es decir ángeles y hombres y las almas que partieron de esta vida antes de Su venida a este mundo.” [vii]
“Así que el Señor predicó el evangelio a los que estaban en el Hades…. Y Sus apóstoles también, como aquí, así allá también, predicaron el evangelio a los impíos que estaban dispuestos a ser convertidos.” [viii]
“El castigo es, en su operación, como medicina; ablanda el corazón duro, purga la escoria de la inmundicia, y desinfla el orgullo de los altivos; así restaurando a su sujeto a un estado sano y saludable.” [ix]
“Los castigos de Dios son salvíficos y disciplinarios, llevando a la conversión… y especialmente dado que las almas, aunque entenebrecidas por pasiones, cuando son una vez sueltas de sus cuerpos, son capaces de percibir más claramente porque ya no están obstruidos por la carne inmunda.” [x]
Orígenes 184 d.C. a 254 d.C.
“Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera, y transformará cada alma a su propia perfección; en la cual cada uno escogerá lo que desea, y obtendrá lo que escoge. Porque, aunque en las enfermedades y heridas del cuerpo, hay unas que ninguna habilidad medicinal puede curar, sin embargo, mantenemos que, en la mente, no hay mal tan fuerte que no puede ser vencido por la Suprema Palabra y Dios. Porque más poderosa que todos los males es la Palabra, y el poder restaurador que permanece en Él, y esta sanidad Él aplica, según la voluntad de Dios, a todo hombre. La consumación de todas las cosas es la destrucción del mal…” [xi]
“Él que desprecia la purificación de la Palabra de Dios, y la enseñanza del evangelio, solo está reservándose a sí mismo por las horrendas purificaciones penales después, para que el fuego del infierno le purgue en tormentos, los que ni la doctrina de los apóstoles, ni la predica del evangelio ha purificado, conforme a lo que está escrito de ser “purificado por fuego”. Pero, por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores, solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe.” [xii]
Teófilo de Antioquía 186 d.C.
“Y Dios mostró su gran bondad al hombre en esto, que Él no permitió que continuara en pecado perpetuamente, sino que…lo echó del paraíso, para que el pecado siendo expiado en un tiempo designado, y habiendo sido disciplinado, debe ser después restaurado. Así que también cuando el hombre había sido formado en este mundo, es místicamente escrito en Génesis, como si hubiera sido dos veces puesto en el Paraíso, para que la última vez fuera cumplido después de la resurrección y juicio. Y no solo eso, sino además, así como un vaso al ser formado tiene algún defecto, es reformado o hecho de nuevo; así también sucede al hombre por la muerte. Porque es hecho pedazos por fuerza, para que en la resurrección pueda ser encontrado entero, quiero decir sin defecto, justo e inmortal.”
Iranio, d.C. 182
“Así que también le echó del paraíso, y le puso lejos del árbol de la vida, no porque quería negarle el árbol de la vida, como algunos se atreven a decir, sino que tuvo piedad de él, y no quería que continuara perpetuamente como un pecador, y no quería que el pecado que lo envolvía fuera inmortal, y la maldad interminable e irremediable.” [xiii]
Ambrosio de Milán 340 d.C. a 397 d.C.
Comentando sobre Efesios 1, Ambrosio dice lo siguiente: “Esto le parecía bien a Dios…manifestar en Cristo el misterio de Su voluntad…específicamente, que sería misericordioso a todos los que se habían perdido, sea en el cielo o en la tierra… Cada ser, entonces, en los cielos y sobre la tierra, está siendo restaurado a ser como fue creado hasta llegar al conocimiento de Cristo.”
En su comentario sobre 1Corintios 15:28 dice: “Cuando cada criatura aprende que Cristo es su cabeza, y que la cabeza de Cristo es el Padre, entonces Dios será todo en todos; es decir que cada criatura creerá de la misma manera, y de una sola voz cada lengua de las cosas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra confesará que hay un Dios del cual son todas las cosas.” [xiv]
“Es necesario que todos sean probados por el fuego, quienes quiera que sean los que deseen volver al Paraíso. Porque no es en vano que esté escrito que Adán y Eva, fueron echados del Paraíso. Dios puso allí una espada en llamas que volteaba por todos lados. Así que todos tienen que pasar por estos fuegos, incluso el evangelista Juan a quien el Señor amó tanto…o Pedro, que había recibido las llaves del reino de los cielos.” [xv]
“Nuestro Salvador ha determinado dos clases de resurrección, de acuerdo con lo que dijo Juan en el Apocalipsis, ‘bienaventurado el hombre que tiene parte en la primera resurrección’, porque ellos vienen a la gracia sin el juicio. En cuanto a los que no alcanzan a la primera, sino que están reservados para la segunda resurrección, estos pasarán al fuego, hasta que cumplan sus tiempos designados, entre la primera y la segunda resurrección; o si no cumplen sus tiempos designados en ese lapso, permanecerán en castigos más tiempo.” [xvi]
Gregorio de Niza 330 d.C. a 394 d.C.
“Así que, la libertad del libre albedrío debe permanecer con las criaturas y, al mismo tiempo, el pecado purgado, la sabiduría de Dios descubrió este plan - permitir al hombre actuar según su voluntad, y aprender por experiencia la miseria que recibe en cambio de las bendiciones que menospreció, haciendo que después vuelva por su propia voluntad, deseando las primeras bendiciones – o por ser purgado en ésta vida con oración y disciplina, o después de su partida a través del horno purificador.” [xvii]
“Así que no…trae pena sobre los que han pecado, sino que obra bien solamente, separándole de la maldad y atrayéndole a participar en la bendición.” [xviii]
“Porque es necesario que la maldad, algún día, sea quitada por completo del círculo de la existencia… Porqué en cuanto que no es la naturaleza de la maldad existir sin la voluntad, cuando toda voluntad llega a estar en Dios, ¿No pasará la maldad a la extinción absoluta, dado que ya no habrá recipiente para ella?” [xix]
“Cristo…él que no solo libera al hombre del mal, sino que también sana al mismo inventor del mal.” [xx]
“Cuando todo ser creado está en armonía consigo mismo… y cada lengua ha confesado que Jesucristo es el Señor; cuando cada criatura será unida en un solo cuerpo…. Ahora el cuerpo de Cristo, como he dicho muchas veces, es toda la humanidad… Todos estarán sujetos a Cristo, y serán sujetos por un pleno conocimiento de Él, y por una remodelación…. Entonces Dios será todo en todos en el tiempo de la restitución.” [xxi]
Gregorio el Nacianceno, 328 d.C a 389 d.C.
“Estos, si están dispuestos, pueden tomar el camino con nosotros, que, de hecho, es el camino de Cristo; pero si no, dejen que ellos sigan por su propio camino. Tal vez en otro lugar serán bautizados en fuego, ese último bautismo, que no solamente es muy doloroso, sino duradero también; que consume, como si fuera paja, todo lo vil, y consume toda vanidad y vicio.” [xxii]
Marcelo de Anicra 315 d.C. a 374 d.C.
“¿Qué otra cosa puede significar las palabras ‘hasta el tiempo de la restitución’ (Hch 3:21) sino que el apóstol quiso indicar que todas las cosas participan en aquella perfecta restauración?” [xxiii]
Teodoro de Mopsuestia 359 d.C. a 429 d.C.
“Los impíos que han cometido maldades todo el período de sus vidas, serán castigados, hasta aprender que, por continuar en el pecado, solo continúan en su miseria. Y cuando por este medio, han sido llevados a temer a Dios, y pensar en Él con buena voluntad, entrarán en el gozo de su gracia. Porque Él nunca hubiera dicho ‘no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo,’ si no podemos ser liberados del sufrimiento después de haber sufrido adecuadamente por el pecado; ni hubiera dicho que uno ‘recibirá muchos azotes’ y el otro ‘recibirá pocos azotes’ a menos que el castigo tuviera un fin.” [xxiv]
Tito de Bostra 338 d.C. a 378 d. C.
“El mismo abismo de tormentos es de hecho el lugar de castigo, pero no es eterno (aionioti) y no existía en la constitución original de la naturaleza. Fue después, como remedio para pecadores, para que pudiera curarlos. Y los castigos son santos, como también son remediales y salutíferos en su efecto sobre los transgresores; porque son aplicados, no para preservarlos en su maldad, sino para que dejen su malicia. La angustia de su sufrimiento los obliga a romper con sus vicios… Si la muerte fuera un mal, la culpa caería justamente sobre Él que la ordenó.” [xxv]
Ambrosio de Milán 340 d.C. a 397 d.C.
“¿Qué, entonces impide que creamos que él que ha sido hecho polvo no ha sido aniquilado, sino que ha cambiado para lo mejor; para que, en vez de ser un hombre terrenal, sea hecho un hombre espiritual, y que creamos que él que ha sido destruido, es destruido de tal manera que toda mancha es quitada, y solo permanece lo que es puro y limpio? y ¿que, al decir Dios de los adversarios de Jerusalén, que ‘estarán como si no fueron,’ debemos de entender que han de existir sustancialmente, y como convertidos, pero ya no existirán como enemigos…? Dios dio la muerte, no como una pena, sino como un remedio; la muerte fue dada como remedio contra el mal.” [xxvi]
Marius Victorinus 300 d.C.
“Así que el misterio fue cumplido por el Salvador para que, la perfección habiendo sido completada a través de todas las cosas, y en todas las cosas por Cristo, todos universalmente sean hechos uno a través de Cristo y en Cristo… Y porque Él es la vida, Él es aquel por quien todas las cosas han sido hechas, y para quien todas las cosas han sido hechas, porque todas las cosas purificadas por Él vuelven a la vida eterna.” [xxvii]
Jerónimo 347 d.C. a 420 d.C.
“La cruz de Cristo ha beneficiado no sólo la Tierra sino también el Cielo… y cada criatura ha sido purificada por la sangre de su Señor.”
“Así que, en la restitución de todas las cosas, cuando el verdadero médico, Jesucristo, habrá venido a sanar el cuerpo de la Iglesia entera, cada ser…recibirá su lugar debido… Lo que quiero decir es, que los ángeles caídos volverán a ser como fueron creados, y la humanidad que ha sido expulsada del paraíso, será una vez más restaurada al lugar de cuidar el paraíso. Estas cosas, entonces, sucederán a nivel universal.” [xxviii]
“Tus enemigos, Oh Dios, perecerán…cada hombre que ha sido Tu enemigo será convertido en tu amigo; el hombre no perecerá, sino que perecerá el enemigo.” [xxix]
“La mayoría de las personas entienden la historia de Jonás como enseñando el eventual perdón de todo ser racional, aun incluyendo el diablo.” [xxx]
“Los ángeles apóstatas, y el príncipe de este mundo, y Lucifer, la estrella de la mañana, aunque ahora rebeldes, desenfrenadamente andando de aquí para allá y hundidos en las profundidades del pecado, finalmente, se someterán al alegre dominio de Cristo y sus santos… Ningún ser racional perecerá para siempre.” [xxxi]
Jerónimo dijo acerca de Ezequiel 16: “Israel y todos los herejes, porque han tenido las obras de Sodoma y Gomorra, son vencidos como Sodoma y Gomorra, para que sean rescatados como un hierro sacado del fuego. Y este es el significado de las palabras del profeta, ‘Sodoma será restaurada como antes’ que él que por su vicio es un habitante de Sodoma, después de que las obras de Sodoma hayan sido consumidas en él, será restaurado como era antes.” [xxxii]
Teodoro el Bendecido 387 d.C. a 458 d.C.
“En la vida presente Dios es en todo, porque su naturaleza es sin límites, sin embargo no es todo en todos. Pero en la vida venidera, cuando la mortalidad llegue a su fin y la inmortalidad es dada, y el pecado ya no tiene ningún lugar, Dios será todo. Porque el Señor, que ama al hombre, castiga medicinalmente, para terminar con el curso de la impiedad.” [xxxiii]
Estas son algunas de las citaciones de los Padres griegos de la Iglesia Primitiva que no fueron destruidos. No encontrarás a ninguna de ellas citadas en el libro de De Young o cualquier otro libro defendiendo la doctrina del castigo eterno, dado que es un testimonio fuerte contra la historicidad de su doctrina en la Iglesia.
Adicionalmente, debe ser notado que el Universalismo jamás fue condenado por un concilio legítimo de la Iglesia. El Emperador Romano Justino condenó el Universalismo por primera vez en Constantinopla en 544 d.C., diciendo: “Cualquiera que diga o sostenga que el castigo de demonios y los hombres impíos sea temporal, y que tendrá un fin en algún momento, es decir, que hay una restauración de demonios o hombres impíos, es maldito.” Sin embargo, la Iglesia Latina se negó a asistir al concilio o reconocer esta condenación del Universalismo. Él intentó otra vez sin éxito en 553 d.C. Tristemente, hoy en día la Iglesia Tradicional condena algo que ni la Iglesia en declive, entrando en la Época Oscura, estuvo dispuesta a condenar.
Para un estudio más a fondo sobre el testimonio de la Iglesia Primitiva, recomiendo mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.”
[i] Schaff, Phillip, The New Chaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge – Vol 12, Baker Book House, 1950
[ii] Philip Schaff, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge. Vol XII, p.96.
[iii] J.W. Hanson D.D., Universalism The Prevailing Doctrine Of The Christian Church During Its First Five Hundred Years pp. 174,175
[iv] Gerseler, Ecclesiastical History, vol. 1. para. 82.
[v] Origen, Quoted in Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First Five Hundred Years, 1899. p. 56.
[vi] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[vii] Clemente de Alejandría, Comentary of 1 John Adumbrat. in Ep. I Johan., printed at the end of his Treatise, Quis dives salvetur, p.1009, Potter´s Edit.
[viii] Clemente de Alejandría, Strom. lib. vi. cap. 6m p. 763, Ed. Potter.
[ix] Clemente de Alejandría, Paedagogus 1.8 as cited in Thayors Léxicon.
[x] Clemente de Alejandría, Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First Five Hundred Years. p. 117
[xi] Origin, Contra Selsum 8.72.
[xii] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[xiii] Iranio, Contr. Hoer. lib. iii. c. 23, para. 6.
[xiv] Allin, Universalism Asserted, p. 133.
[xv] Ambrose, Serm. xx. para. 12, in Psalm cxviii p. 1225, Ed. Paris. 1686.
[xvi] Ambrose, in Psalm i. para. 54, p. 763, Ed. Paris. 1686.
[xvii] Gregorio de Niza, Orat. pro Mortuis, ad. fin. p. 634, Ed. Paris. 1638.
[xviii] Gregorio de Niza, De an. et Res. ii. p. 659
[xix] Gregorio de Niza, Dial. de Anima et Resurrect. tom.iii. p. 227, Ed. Paris. 1638
[xx] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, Cap. 26.
[xxi] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, (36)
[xxii] Gregorio, el Nazianceno, Orat. xxix. par.19, p.690. Ed. Paris 1778
[xxiii] Marcelo de Anicra, Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During the First Five Hundred Years, Universalist Publishing House, Boston, 1899, p. 244
[xxiv] Gregorio el Nazianceno, Assemani Bib. Orient. Tom. iii.
[xxv] Tito de Bostra, Tillemont,
[xxvi] Ambrosio de Milán, Hanson, pp. 245,246
[xxvii] Marius Victurinas, Hanson, p. 249
[xxviii] Allin, Universalism Asserted, p. 134.
[xxix] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[xxx] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[xxxi] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[xxxii] J.W. HANSON, D. D. Universalism The Prevailing Doctrine Of The Christian ChurchDuring Its First Five Hundred Years. http://www.tentmaker.org/books/
[xxxiii] Teodoro el Bendecido, Hanson, p.254.
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Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (7 de 8)
Por años estaba consciente de algunos textos que parecían hablar claramente de una restauración universal de todos, pero descontaba el Universalismo, dado que me habían enseñado que solo era una doctrina reciente de algunos Liberales. Como tengo un gran respeto para las Escrituras, eso era suficiente para impedir que considerara seriamente la posibilidad de que Jesús de hecho podría cumplir exitosamente Su misión a salvar el mundo entero.
Sin embargo, conforme iba descubriendo un número creciente de pasajes que claramente aparentaban enseñar la salvación final de todos, estaba envalentonado a hacer una investigación seria afuera del cajón tradicional. Estaba maravillosamente sorprendido al descubrir que la mayoría de los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva enseñaba la apocatástasis o la restauración universal de todos, hasta San Agustín en el siglo V.
Cuando estaba en el seminario, estudié la historia de la Iglesia. En ese seminario ultraconservador, el historiador Philip Schaff era considerado como la última palabra en asuntos de la historia eclesiástica. Aunque dejaba en claro que él mismo no era un Universalista, él sin embargo afirma en términos inequívocos que la creencia en la restauración final de todos era la posición mayoritaria en la Iglesia Primitiva. Él dice:
“En los primeros cinco o seis siglos del cristianismo, había seis escuelas teológicas reconocidas, de las cuales cuatro (Alejandría, Antioquía, Cesarea, y Edessa o Nisibis) eran universalistas, otra (Éfeso) aceptaba la inmortalidad condicional; y la de (Cartago o Roma) enseñó el castigo eterno de los impíos. Otras escuelas teológicas son mencionadas como siendo fundadas por universalistas, pero su doctrina precisa sobre este tema es desconocida.” [i]
“Bajo la instrucción de estos grandes maestros (Clemente, Orígenes, Gregorio, y Teodoro de Mopsuestia), muchos otros teólogos creían en la salvación universal; y de hecho, la Iglesia del oriente estaba inclinada hacia ella hasta después de 500 d.C.” [ii]
Es difícil para los Tradicionalistas descontar una autoridad de la historia de la Iglesia tan respetada. Él claramente concede que el Universalismo era la creencia prevaleciente durante ese tiempo. De hecho, si solamente la Iglesia romanizada de Cartago enseñaba los castigos eternos, entonces, ¿cómo podemos razonablemente insistir que la posición mayoritaria de aquel entonces era de tormentos eternos?
J.W. Hanson, que hizo un estudio muy a fondo de los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva documentado en su libro intitulado, “Universalism The Prevailing Doctrine Of The Christian Church During Its First Five Hundred Years” (Universalismo La Doctrina Prevalente de la Iglesia Cristiana Durante Sus Primeros Quinientos Años), llega a la misma conclusión que Schaff. Él dice:
“La escuela en el norte de África favorecía la doctrina del castigo eterno; la de Asia Menor, aniquilación. Los dos en Alejandría y Cesarea eran universalistas de la escuela de Orígenes; los de Antioquía y Edessa eran universalistas de la escuela de Teodoro de Mopsuestia y Diodore de Tarsus” [iii]
Típico de los Tradicionalistas, De Young aparenta estar en negación acerca de estos testigos informados cuando dice:
“La pretensión de muchos universalistas que el universalismo era la doctrina de cuatro de las seis escuelas de teología en la iglesia primitiva también necesita ser aclarada. En realidad esto no es el caso.” p.107
Sin embargo, él evita cualquier mención o cita del historiador Philip Schaff, y en ninguna parte de su libro demuestra la razón por la que ese no es el caso. Con tal de extinguir el Universalismo la iglesia Romana destruyó todos los escritos que podían encontrar entre los Padres Primitivos afirmando una restauración universal, y hasta el día de hoy los defensores de la doctrina de castigos eternos procuran suprimir o descontar sus escritos. Pero aun nuestros historiadores de la Iglesia más notables, incluso los que no eran Universalistas, conceden que era la creencia de la mayoría en la Iglesia Primitiva. El historiador Johann Gieseler dice de aquel tiempo:
“La opinión de la inmutable capacidad de reformación en todas las criaturas racionales, y el tiempo limitado de los tormentos del infierno, era tan común, aún en el occidente, y tan ampliamente difundido entre los oponentes de Orígenes, que, aunque puede que no haya surgido sin la influencia de esta escuela, sin embargo, había llegado a ser independiente de ella.” [iv]
Aún San Agustín, conocido como el padre de la doctrina Católica Romana y quien popularizó la doctrina del castigo eterno, reconoció que en el quinto siglo todavía había muchos que enseñaban universalismo y los reconoció como cristianos de corazón tierno, contra los cuales tenía una amistosa controversia:
“Hay muchos en nuestros días que, sin negar las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin.”
“Tengo que incluirme en la lista de los que tienen una amistosa controversia contra los cristianos de corazón tierno que se niegan a creer que algunos, o que todos los que el Juez infalible pueda declarar digno del castigo del infierno, sufrirán eternamente, que suponen que serán liberados después de un tiempo determinado de castigo, más largo o más corto según la cantidad de los pecados de cada uno. Al respecto a este asunto Orígenes fue aún más indulgente; porque él creía que aún el diablo mismo y sus ángeles, después de sufrir las aflicciones más severas y prolongadas que merecen sus pecados, serán liberados de sus tormentos.”
¿Qué dicen los Padres Primitivos de la Iglesia acerca de la apocatástasis o restauración universal de todos? Como lo que restaba de la gran biblioteca de Alejandría finalmente fue destruida por el Papa Teófilo, el 23º papa de Alejandría, que intentó eliminar por completo todo origenismo destruyendo la mayor parte de las obras de Orígenes y otros Universalistas, y como la Iglesia de la Época Oscura posteriormente destruyó toda literatura considerada herética, muy pocos escritos de los Padres Primitivos permanecen hasta el día de hoy.
Adicional a eso, muchos de aquellos que creían en la restauración universal en aquella época practicaban lo que llamaban “reserva,” solo compartiendo esta doctrina entre los que ellos consideraban maduros y por lo tanto menos propensos a convertir la gracia de Dios en licencia para pecar. A menudo justificaban esta práctica de reserva con textos como 1Corintios 2:6,7 que dice: “hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez… hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria.” Orígenes dijo:
“Todo lo que se podría decir sobre este tema no conviene exponer ahora a todos. Porque las masas no necesitan mayor enseñanza, debido a que ellos apenas por temor al castigo eterno, refrenan su imprudencia.” [v]
“Pero debemos recordar que el apóstol quiere que este texto sea guardado como un secreto, para que los fieles y maduros sepan guardar sus percepciones de esta verdad en silencio entre ellos mismos, como uno de los secretos de Dios, y no divulgarlo por doquier a los imperfectos y a los menos capaces de recibirlo.” [vi]
Debido a la práctica de reserva de parte de algunos, sus referencias a la restauración universal no son tan abundantes. Algunos de sus sermones y literatura diseñados para el público en general dan ninguna, o muy pocas, referencias a la doctrina de restauración universal.
Sin embargo, a pesar de las razones mencionadas, hay referencias suficientemente claras para establecer que creían en la restauración final de todos. Los siguientes son algunas citas de los Padres de la Iglesia Primitiva más prominentes que, por razones obvias pasan sin comentario alguno en el libro de De Young. Aunque solamente unos pocos de los escritos de ellos sobrevivieron la destrucción del Romanismo, los que permanecieron hablan por sí mismos, así que simplemente los voy a citar sin comentarios.
Clemente de Alejandría 150 d.C. a 215 d.C.
“El Señor, dice Juan, es la propiciación, no por nuestros pecados solamente, sino también por todo el mundo. Así que Él de hecho salva a todos universalmente; pero a algunos como convertidos por castigos, y otros por sumisión voluntaria, así obteniendo el honor y la dignidad, que a Él toda rodilla se doblará, de las cosas en el cielo, y las cosas en la Tierra, y las cosas debajo de la Tierra, es decir ángeles y hombres y las almas que partieron de esta vida antes de Su venida a este mundo.” [vii]
“Así que el Señor predicó el evangelio a los que estaban en el Hades…. Y Sus apóstoles también, como aquí, así allá también, predicaron el evangelio a los impíos que estaban dispuestos a ser convertidos.” [viii]
“El castigo es, en su operación, como medicina; ablanda el corazón duro, purga la escoria de la inmundicia, y desinfla el orgullo de los altivos; así restaurando a su sujeto a un estado sano y saludable.” [ix]
“Los castigos de Dios son salvíficos y disciplinarios, llevando a la conversión… y especialmente dado que las almas, aunque entenebrecidas por pasiones, cuando son una vez sueltas de sus cuerpos, son capaces de percibir más claramente porque ya no están obstruidos por la carne inmunda.” [x]
Orígenes 184 d.C. a 254 d.C.
“Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera, y transformará cada alma a su propia perfección; en la cual cada uno escogerá lo que desea, y obtendrá lo que escoge. Porque, aunque en las enfermedades y heridas del cuerpo, hay unas que ninguna habilidad medicinal puede curar, sin embargo, mantenemos que, en la mente, no hay mal tan fuerte que no puede ser vencido por la Suprema Palabra y Dios. Porque más poderosa que todos los males es la Palabra, y el poder restaurador que permanece en Él, y esta sanidad Él aplica, según la voluntad de Dios, a todo hombre. La consumación de todas las cosas es la destrucción del mal…” [xi]
“Él que desprecia la purificación de la Palabra de Dios, y la enseñanza del evangelio, solo está reservándose a sí mismo por las horrendas purificaciones penales después, para que el fuego del infierno le purgue en tormentos, los que ni la doctrina de los apóstoles, ni la predica del evangelio ha purificado, conforme a lo que está escrito de ser “purificado por fuego”. Pero, por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores, solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe.” [xii]
Teófilo de Antioquía 186 d.C.
“Y Dios mostró su gran bondad al hombre en esto, que Él no permitió que continuara en pecado perpetuamente, sino que…lo echó del paraíso, para que el pecado siendo expiado en un tiempo designado, y habiendo sido disciplinado, debe ser después restaurado. Así que también cuando el hombre había sido formado en este mundo, es místicamente escrito en Génesis, como si hubiera sido dos veces puesto en el Paraíso, para que la última vez fuera cumplido después de la resurrección y juicio. Y no solo eso, sino además, así como un vaso al ser formado tiene algún defecto, es reformado o hecho de nuevo; así también sucede al hombre por la muerte. Porque es hecho pedazos por fuerza, para que en la resurrección pueda ser encontrado entero, quiero decir sin defecto, justo e inmortal.”
Iranio, d.C. 182
“Así que también le echó del paraíso, y le puso lejos del árbol de la vida, no porque quería negarle el árbol de la vida, como algunos se atreven a decir, sino que tuvo piedad de él, y no quería que continuara perpetuamente como un pecador, y no quería que el pecado que lo envolvía fuera inmortal, y la maldad interminable e irremediable.” [xiii]
Ambrosio de Milán 340 d.C. a 397 d.C.
Comentando sobre Efesios 1, Ambrosio dice lo siguiente: “Esto le parecía bien a Dios…manifestar en Cristo el misterio de Su voluntad…específicamente, que sería misericordioso a todos los que se habían perdido, sea en el cielo o en la tierra… Cada ser, entonces, en los cielos y sobre la tierra, está siendo restaurado a ser como fue creado hasta llegar al conocimiento de Cristo.”
En su comentario sobre 1Corintios 15:28 dice: “Cuando cada criatura aprende que Cristo es su cabeza, y que la cabeza de Cristo es el Padre, entonces Dios será todo en todos; es decir que cada criatura creerá de la misma manera, y de una sola voz cada lengua de las cosas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra confesará que hay un Dios del cual son todas las cosas.” [xiv]
“Es necesario que todos sean probados por el fuego, quienes quiera que sean los que deseen volver al Paraíso. Porque no es en vano que esté escrito que Adán y Eva, fueron echados del Paraíso. Dios puso allí una espada en llamas que volteaba por todos lados. Así que todos tienen que pasar por estos fuegos, incluso el evangelista Juan a quien el Señor amó tanto…o Pedro, que había recibido las llaves del reino de los cielos.” [xv]
“Nuestro Salvador ha determinado dos clases de resurrección, de acuerdo con lo que dijo Juan en el Apocalipsis, ‘bienaventurado el hombre que tiene parte en la primera resurrección’, porque ellos vienen a la gracia sin el juicio. En cuanto a los que no alcanzan a la primera, sino que están reservados para la segunda resurrección, estos pasarán al fuego, hasta que cumplan sus tiempos designados, entre la primera y la segunda resurrección; o si no cumplen sus tiempos designados en ese lapso, permanecerán en castigos más tiempo.” [xvi]
Gregorio de Niza 330 d.C. a 394 d.C.
“Así que, la libertad del libre albedrío debe permanecer con las criaturas y, al mismo tiempo, el pecado purgado, la sabiduría de Dios descubrió este plan - permitir al hombre actuar según su voluntad, y aprender por experiencia la miseria que recibe en cambio de las bendiciones que menospreció, haciendo que después vuelva por su propia voluntad, deseando las primeras bendiciones – o por ser purgado en ésta vida con oración y disciplina, o después de su partida a través del horno purificador.” [xvii]
“Así que no…trae pena sobre los que han pecado, sino que obra bien solamente, separándole de la maldad y atrayéndole a participar en la bendición.” [xviii]
“Porque es necesario que la maldad, algún día, sea quitada por completo del círculo de la existencia… Porqué en cuanto que no es la naturaleza de la maldad existir sin la voluntad, cuando toda voluntad llega a estar en Dios, ¿No pasará la maldad a la extinción absoluta, dado que ya no habrá recipiente para ella?” [xix]
“Cristo…él que no solo libera al hombre del mal, sino que también sana al mismo inventor del mal.” [xx]
“Cuando todo ser creado está en armonía consigo mismo… y cada lengua ha confesado que Jesucristo es el Señor; cuando cada criatura será unida en un solo cuerpo…. Ahora el cuerpo de Cristo, como he dicho muchas veces, es toda la humanidad… Todos estarán sujetos a Cristo, y serán sujetos por un pleno conocimiento de Él, y por una remodelación…. Entonces Dios será todo en todos en el tiempo de la restitución.” [xxi]
Gregorio el Nacianceno, 328 d.C a 389 d.C.
“Estos, si están dispuestos, pueden tomar el camino con nosotros, que, de hecho, es el camino de Cristo; pero si no, dejen que ellos sigan por su propio camino. Tal vez en otro lugar serán bautizados en fuego, ese último bautismo, que no solamente es muy doloroso, sino duradero también; que consume, como si fuera paja, todo lo vil, y consume toda vanidad y vicio.” [xxii]
Marcelo de Anicra 315 d.C. a 374 d.C.
“¿Qué otra cosa puede significar las palabras ‘hasta el tiempo de la restitución’ (Hch 3:21) sino que el apóstol quiso indicar que todas las cosas participan en aquella perfecta restauración?” [xxiii]
Teodoro de Mopsuestia 359 d.C. a 429 d.C.
“Los impíos que han cometido maldades todo el período de sus vidas, serán castigados, hasta aprender que, por continuar en el pecado, solo continúan en su miseria. Y cuando por este medio, han sido llevados a temer a Dios, y pensar en Él con buena voluntad, entrarán en el gozo de su gracia. Porque Él nunca hubiera dicho ‘no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo,’ si no podemos ser liberados del sufrimiento después de haber sufrido adecuadamente por el pecado; ni hubiera dicho que uno ‘recibirá muchos azotes’ y el otro ‘recibirá pocos azotes’ a menos que el castigo tuviera un fin.” [xxiv]
Tito de Bostra 338 d.C. a 378 d. C.
“El mismo abismo de tormentos es de hecho el lugar de castigo, pero no es eterno (aionioti) y no existía en la constitución original de la naturaleza. Fue después, como remedio para pecadores, para que pudiera curarlos. Y los castigos son santos, como también son remediales y salutíferos en su efecto sobre los transgresores; porque son aplicados, no para preservarlos en su maldad, sino para que dejen su malicia. La angustia de su sufrimiento los obliga a romper con sus vicios… Si la muerte fuera un mal, la culpa caería justamente sobre Él que la ordenó.” [xxv]
Ambrosio de Milán 340 d.C. a 397 d.C.
“¿Qué, entonces impide que creamos que él que ha sido hecho polvo no ha sido aniquilado, sino que ha cambiado para lo mejor; para que, en vez de ser un hombre terrenal, sea hecho un hombre espiritual, y que creamos que él que ha sido destruido, es destruido de tal manera que toda mancha es quitada, y solo permanece lo que es puro y limpio? y ¿que, al decir Dios de los adversarios de Jerusalén, que ‘estarán como si no fueron,’ debemos de entender que han de existir sustancialmente, y como convertidos, pero ya no existirán como enemigos…? Dios dio la muerte, no como una pena, sino como un remedio; la muerte fue dada como remedio contra el mal.” [xxvi]
Marius Victorinus 300 d.C.
“Así que el misterio fue cumplido por el Salvador para que, la perfección habiendo sido completada a través de todas las cosas, y en todas las cosas por Cristo, todos universalmente sean hechos uno a través de Cristo y en Cristo… Y porque Él es la vida, Él es aquel por quien todas las cosas han sido hechas, y para quien todas las cosas han sido hechas, porque todas las cosas purificadas por Él vuelven a la vida eterna.” [xxvii]
Jerónimo 347 d.C. a 420 d.C.
“La cruz de Cristo ha beneficiado no sólo la Tierra sino también el Cielo… y cada criatura ha sido purificada por la sangre de su Señor.”
“Así que, en la restitución de todas las cosas, cuando el verdadero médico, Jesucristo, habrá venido a sanar el cuerpo de la Iglesia entera, cada ser…recibirá su lugar debido… Lo que quiero decir es, que los ángeles caídos volverán a ser como fueron creados, y la humanidad que ha sido expulsada del paraíso, será una vez más restaurada al lugar de cuidar el paraíso. Estas cosas, entonces, sucederán a nivel universal.” [xxviii]
“Tus enemigos, Oh Dios, perecerán…cada hombre que ha sido Tu enemigo será convertido en tu amigo; el hombre no perecerá, sino que perecerá el enemigo.” [xxix]
“La mayoría de las personas entienden la historia de Jonás como enseñando el eventual perdón de todo ser racional, aun incluyendo el diablo.” [xxx]
“Los ángeles apóstatas, y el príncipe de este mundo, y Lucifer, la estrella de la mañana, aunque ahora rebeldes, desenfrenadamente andando de aquí para allá y hundidos en las profundidades del pecado, finalmente, se someterán al alegre dominio de Cristo y sus santos… Ningún ser racional perecerá para siempre.” [xxxi]
Jerónimo dijo acerca de Ezequiel 16: “Israel y todos los herejes, porque han tenido las obras de Sodoma y Gomorra, son vencidos como Sodoma y Gomorra, para que sean rescatados como un hierro sacado del fuego. Y este es el significado de las palabras del profeta, ‘Sodoma será restaurada como antes’ que él que por su vicio es un habitante de Sodoma, después de que las obras de Sodoma hayan sido consumidas en él, será restaurado como era antes.” [xxxii]
Teodoro el Bendecido 387 d.C. a 458 d.C.
“En la vida presente Dios es en todo, porque su naturaleza es sin límites, sin embargo no es todo en todos. Pero en la vida venidera, cuando la mortalidad llegue a su fin y la inmortalidad es dada, y el pecado ya no tiene ningún lugar, Dios será todo. Porque el Señor, que ama al hombre, castiga medicinalmente, para terminar con el curso de la impiedad.” [xxxiii]
Estas son algunas de las citaciones de los Padres griegos de la Iglesia Primitiva que no fueron destruidos. No encontrarás a ninguna de ellas citadas en el libro de De Young o cualquier otro libro defendiendo la doctrina del castigo eterno, dado que es un testimonio fuerte contra la historicidad de su doctrina en la Iglesia.
Adicionalmente, debe ser notado que el Universalismo jamás fue condenado por un concilio legítimo de la Iglesia. El Emperador Romano Justino condenó el Universalismo por primera vez en Constantinopla en 544 d.C., diciendo: “Cualquiera que diga o sostenga que el castigo de demonios y los hombres impíos sea temporal, y que tendrá un fin en algún momento, es decir, que hay una restauración de demonios o hombres impíos, es maldito.” Sin embargo, la Iglesia Latina se negó a asistir al concilio o reconocer esta condenación del Universalismo. Él intentó otra vez sin éxito en 553 d.C. Tristemente, hoy en día la Iglesia Tradicional condena algo que ni la Iglesia en declive, entrando en la Época Oscura, estuvo dispuesta a condenar.
Para un estudio más a fondo sobre el testimonio de la Iglesia Primitiva, recomiendo mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.”
[i] Schaff, Phillip, The New Chaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge – Vol 12, Baker Book House, 1950
[ii] Philip Schaff, The New Schaff-Herzog Encyclopedia of Religious Knowledge. Vol XII, p.96.
[iii] J.W. Hanson D.D., Universalism The Prevailing Doctrine Of The Christian Church During Its First Five Hundred Years pp. 174,175
[iv] Gerseler, Ecclesiastical History, vol. 1. para. 82.
[v] Origen, Quoted in Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First Five Hundred Years, 1899. p. 56.
[vi] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[vii] Clemente de Alejandría, Comentary of 1 John Adumbrat. in Ep. I Johan., printed at the end of his Treatise, Quis dives salvetur, p.1009, Potter´s Edit.
[viii] Clemente de Alejandría, Strom. lib. vi. cap. 6m p. 763, Ed. Potter.
[ix] Clemente de Alejandría, Paedagogus 1.8 as cited in Thayors Léxicon.
[x] Clemente de Alejandría, Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First Five Hundred Years. p. 117
[xi] Origin, Contra Selsum 8.72.
[xii] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[xiii] Iranio, Contr. Hoer. lib. iii. c. 23, para. 6.
[xiv] Allin, Universalism Asserted, p. 133.
[xv] Ambrose, Serm. xx. para. 12, in Psalm cxviii p. 1225, Ed. Paris. 1686.
[xvi] Ambrose, in Psalm i. para. 54, p. 763, Ed. Paris. 1686.
[xvii] Gregorio de Niza, Orat. pro Mortuis, ad. fin. p. 634, Ed. Paris. 1638.
[xviii] Gregorio de Niza, De an. et Res. ii. p. 659
[xix] Gregorio de Niza, Dial. de Anima et Resurrect. tom.iii. p. 227, Ed. Paris. 1638
[xx] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, Cap. 26.
[xxi] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, (36)
[xxii] Gregorio, el Nazianceno, Orat. xxix. par.19, p.690. Ed. Paris 1778
[xxiii] Marcelo de Anicra, Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During the First Five Hundred Years, Universalist Publishing House, Boston, 1899, p. 244
[xxiv] Gregorio el Nazianceno, Assemani Bib. Orient. Tom. iii.
[xxv] Tito de Bostra, Tillemont,
[xxvi] Ambrosio de Milán, Hanson, pp. 245,246
[xxvii] Marius Victurinas, Hanson, p. 249
[xxviii] Allin, Universalism Asserted, p. 134.
[xxix] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[xxx] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[xxxi] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[xxxii] J.W. HANSON, D. D. Universalism The Prevailing Doctrine Of The Christian ChurchDuring Its First Five Hundred Years. http://www.tentmaker.org/books/
[xxxiii] Teodoro el Bendecido, Hanson, p.254.
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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (8 de 8)
Aunque la lógica de la Reconciliación Universal es importante y en mí opinión sustancial, la he guardado para lo último porque la lógica tiene que estar subordinada a la revelación divina. Al decir lógica, no quiero decir la lógica fría y cruel, separada de la revelación de la naturaleza esencial de Dios que es revelada en las Escrituras como amor (1Jn 4:8,16).
A menudo los Tradicionalistas desafían la lógica del amor con tal de sostener sus interpretaciones equivocadas de las Escrituras que hundieron la Iglesia en la Época Oscura. Confrontados con los horrores de su doctrina, ellos a menudo apelan a Isaías 55 que dice:
“mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isa 55:8-9)
Sin embargo, leyendo este pasaje en su contexto es evidente que la manera en que Dios nos trasciende es en cuanto a Sus caminos y pensamientos de misericordia y no torturas inimaginables. En los versículos anteriores a este, Dios nos revela que es Su bondad y misericordia que están más allá de nuestra comprensión – no Sus castigos. Él dice:
“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche… 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 8 PORQUE mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.” (Isa 55:1,7,8)
Entonces, vemos que la lógica de Dios que trasciende la lógica humana es la lógica del amor y no una tortura incomprensible que espera la mayor parte de la humanidad. De hecho, las Escrituras revelan repetidas veces que Dios no rechaza a los hijos de los hombres para siempre, ni guarda enojo eternamente, porque es Su amor y misericordia – no Su ira, que permanecen para siempre (Lam 3:31,32; Isa 57:16; Sal 136; 1Cor 13:8; Rom 8:35-39; Ef 3:17-19, etc.).
De semejante manera, los Tradicionalistas no aplican la lógica del amor de Dios a Su revelación progresiva en las épocas. Cuando son confrontados con el hecho que Dios nunca mencionó el infierno a Adán y a Eva, o a Caín ni a nadie más en el Antiguo Testamento, ellos responden diciendo que la revelación de Dios es progresiva. Sin embargo, mientras la lógica del amor podría imaginar que la revelación de Dios vaya de lo bueno a mejor y de gloria en gloria, nunca podría concebir de la revelación de Dios yendo de mal en peor. Es inconcebible que nuestro Dios, que es amor, ocultaría de Adán y Eva las consecuencias de su pecado si de hecho incluía torturas eternas. Puede que tal lógica fría y cruel fuera compatible con los dioses de los filósofos griegos u otras deidades paganas, pero es totalmente incompatible con el Dios revelado en las Escrituras que de tal manera amó al mundo que se dio a Si mismo en rescate por todos.
En las Escrituras vemos, no solamente que Dios es amor, sino que también Él habita en la eternidad y por lo tanto siempre ha visto el final desde el principio. Él es omnisciente y por lo tanto eternamente sabe todo, y como es omnipotente, nada está fuera de Su control (Isa 14:24; 46:10-11; Ef 1:11; Hch 15:18, etc.). Sabiendo que Dios es infinito en amor, conocimiento y poder, ¿cómo es concebible que Él pondría en marcha un plan, sabiendo que culminaría con la mayoría de la humanidad en tortura perpetua que Él mismo tendría que infligir? Y, ¿cómo podría un Dios bondadoso y santo permitir el mal perpetuamente en Su universo, resultando en un dualismo eterno?
Un Creador benévolo y omnisciente jamás hubiera preordenado un plan que permita la caída que no culmine en una restauración total de Su creación - un estado final de gloria mucho mayor de lo que era al principio. Dado que Él es benévolo y conoce todas Sus obras y obra todas las cosas según Su plan preordenado, el final tiene que ser mayor que su comienzo. Lo que Él comienza, Él perfecciona. Que un Creador benévolo comience un plan sabiendo que culmina en tortura eterna para algunos es una imposibilidad lógica.
Los Tradicionalistas no pueden explicar lógicamente por qué Dios crearía el mundo y permitiría la entrada del mal, sabiendo que la historia tendría un “fin sin fin” tan trágico. Cuando sus creencias sagradas desafían toda lógica, típicamente ellos apelan al misterio divino que debe ser aceptado sin cuestionamiento. Si alguien intenta demostrar lo ilógico y absurdo de estas creencias lo llaman un blasfemo y un hereje. De Young, confrontado con el dilema moral de cómo un Dios justo y bondadoso podría permitir el mal, sabiendo que Él tendría que torturarlos para siempre dijo:
“¿Por qué Su amor y justicia no previno el pecado y todo el resultante sufrimiento? No es para nosotros especular sobre lo que Dios podría o debería haber hecho.” (p. 91)
Mientras no nos corresponde especular, nos corresponde investigar. Abraham hasta se atrevió a cuestionar a Dios diciendo: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Gen 18:25). Jesús en una ocasión desafió al pueblo diciendo: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lucas 12:57). Aunque no debemos de dudar de Su Palabra, debemos de cuestionar las interpretaciones de los hombres. Su Palabra trasciende la lógica pero, bien entendida, jamás contradice la lógica. Los caminos de Dios no son ilógicos. Si nuestro entendimiento de Sus caminos desafía la lógica, debemos volver a las Escrituras y con reverencia pedirle al Espíritu Santo que clarifique Su Palabra a nuestros corazones.
Los Tradicionalistas no quieren que investiguemos, preguntando por qué Dios comenzaría algo, sabiendo que terminaría tan horriblemente para la mayoría porque desafía a toda lógica y nuestro sentido innato de justicia. Muchas almas sensibles han sufrido quebrantos emocionales contemplando un final tan horrendo para la historia de la creación de Dios. Pero los que, honrando las Escrituras, cobran el ánimo para cuestionar la doctrina tradicional de castigos eternos a la luz de las Escrituras, pronto descubren lo que Santiago quería decir cuando dijo: “habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg 5:11). La historia de la creación y redención de Dios culmina en restauración – no en miseria y ruina perpetua. “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos… 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:32,36). Los tormentos mentales ocasionados por cualquier reflexión sobre la doctrina tenebrosa de castigo eterno fueron expresados aptamente por Albert Barnes (1798 – 1870), un erudito de la Biblia muy respetado y el autor del comentario, “Barnes Notes.” Él dijo:
“Que alguien sufra eternamente…que, aunque Dios puede salvar a la humanidad y salvará a algunos, y sin embargo no ha determinado salvar a todos; que, suponiendo que la expiación es adecuada, y que la sangre de Cristo puede limpiar de todo pecado y sin embargo no es de hecho aplicada a todos… Estos son dificultades reales y no imaginarias. Probablemente han afectado cada mente que haya reflejado sobre el tema; y siguen sin explicación, sin mitigación, sin ser removidas. Confieso que me afectan, y afectan mis sensibilidades con mayor potencia más que las contemplo y más que vivo. No logro comprender estos hechos, y no he podido progresar en mis intentos de comprenderlos…porque anhelo luz y alivio con estos temas con toda mi alma, pero no encuentro ni el uno ni el otro. Y en el estremecimiento y angustia de mi espíritu confieso que no veo luz alguna. No veo ni un rayo de luz para revelar a mi razón por qué el pecado entró en el mundo; por qué la tierra está esparcida con los moribundos y con los muertos, y por qué el hombre tiene que sufrir por toda la eternidad. Jamás he visto ni una partícula de luz sobre estos temas para concederme un momento de alivio a mi mente torturada, ni tengo explicación para ofrecer o un pensamiento a sugerir que te sería de alivio... Confieso que, al contemplar un mundo de pecadores y los que sufren, agonizándose en sus camas y en los cementerios; cuando contemplo el mundo de las penas lleno de las multitudes que sufrirán eternamente; cuando miro la raza entera, todos envueltos en este mundo de pecado y peligro, y cuando veo la gran mayoría de ellos despreocupados, y cuando siento que Dios puede salvarlos y sin embargo no lo hace, me siento abrumado. Todo es oscuro, oscuro, oscuro para mi alma, y no puedo disimilarlo.” ²
Si, en vez de ver el plan sabio de Dios para las épocas culminando con todos siendo restaurados en una relación con Él mucho más gloriosa de lo que experimentaban Adán y Eva en su estado inocente pero inmaduro, uno piensa que las épocas culminan en tortura eterna para la gran mayoría de la humanidad, entonces sí, de hecho, ¡todo parece oscuro, oscuro, oscuro! Que Dios abra nuestros ojos para ver el misterio de Su voluntad determinativa que es la de reunir todo en el cielo y en la tierra en Cristo en la dispensación final – la dispensación del cumplimiento de los tiempos (Ef 1:9-10).
Después, De Young presenta una pregunta que, para mí, ocasiona perplejidad. Él pregunta: “¿Por qué Dios creó a Satanás y le permitió caer, y traer tanto caos en la historia del mundo, si al final él será restaurado?” (p.247). Una pregunta mejor sería: “¿Con qué motivo Dios crearía el mundo, permitiendo la caída y proveyendo la redención por medio del Cordero inmolado desde la fundación del mundo si no tuviera un final glorioso en la vista? ¿Por qué predeterminaría permitir la caída si Él no iba a restaurar a los que cayeron a una condición mucho más gloriosa?” Es concebible que un dios pagano crearía seres para torturarlos, pero no el Dios de amor y justicia revelado en las Escrituras.
No tenemos que especular acerca de estos asuntos porque Dios ha determinado que cada rodilla se doblará en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y cada lengua confesará a Jesucristo como Señor para la gloria de Dios Padre. Ni puedo concebir de una deidad pagana con un infierno que siempre ha existido como sugiere De Young. Él dice: “Si el cielo siempre ha existido, entonces el infierno ha de haber existido desde la eternidad también.” (p.65) Aparte del hecho que Jesús dijo que el fuego eonian, igual como todas las cosas en el cielo y en la tierra, fue creado en el tiempo (Mt 25:41), tal razonamiento es totalmente incompatible con la lógica del amor, o cualquier lógica. Sin embargo, aparentemente no es incompatible con su forma de pensar tradicional. Para repetir, esta es la lógica de las deidades paganas y la de la doctrina tradicional de tortura eterna, pero es totalmente incompatible con la lógica del amor.
Los Argumentos Lógicos de De Young contra el Universalismo
Ahora vamos a considerar algunos de los argumentos presentados por De Young en contra del Universalismo. La mayoría de ellos pueden ser contrarrestados fácilmente simplemente utilizando un razonamiento deductivo basado en las Escrituras mismas, sin apoyarse solamente en la lógica.
1) La Santidad de Dios limita Su amor
Los Tradicionalistas tienen que dividir la naturaleza y atributos de Dios como si fuera bipolar. Ellos dicen: “Sí, Dios es amor, pero Él también es santo.” De Young refleja esta interpretación bipolar de la naturaleza de Dios cuando dice: “…es evidente que los Universalistas consistentemente sujetan la santidad de Dios a Su amor” (p. 69). Y también dice: “El amor de Dios no limita su justicia; más bien Su rectitud limita Su justicia.” (p.225)
Es cierto que, si no fuera por el Cordero de Dios inmolado desde la fundación del mundo que satisfizo la justicia de Dios por los pecados del mundo entero, Su naturaleza hubiera estado en una tensión entre Su amor y Sus obligaciones como un Juez justo (Apo 13:8; Jn 1:29; 1Jn 2:2). Debido a que Él es santo, Él no puede simplemente ignorar el pecado. Pero por medio de la cruz vemos en las Escrituras que Él ahora puede ser justo y a la vez, en amor, justificar el impío:
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:23-26, cf. 4:5)
Debido al Cordero inmolado desde la eternidad, el amor de Dios jamás ha estado en conflicto con Su santidad. Dado que el sacrificio propiciatorio siempre ha estado delante de Sus ojos, Él siempre ha podido justamente justificar el pecador basado en aquella propiciación. Así que, Su santidad jamás ha estado en tensión con Su amor. Aquí en Romanos 3:24-26 vemos que Dios ha demostrado delante de los hombres y los ángeles que era justo cuando pasaba por alto los pecados cometidos anteriores a la cruz, cuando Cristo de facto quitó los pecados del mundo. Ante Sus ojos, viendo desde la eternidad, el pago justo por los pecados del mundo era una eterna realidad ya lograda, haciendo posible que el Dios santo mostrara gracia y misericordia aun antes de la cruz.
De hecho, la verdadera santidad es inseparable del amor. La santidad es amor y el amor es la santidad (Mt 22:37-39; Rom 13:8-10; Gál 5:14). Fue la santidad de los fariseos, carente del amor, que crucificó al Señor de la gloria. Es una santidad separada del amor que está en el corazón de la doctrina del castigo eterno. El verdadero amor es demostrado en Jesús quien dio Su vida en rescate por todos, y busca y salva hasta que la última oveja perdida está salva y segura en el redil (Mt 20:28, cf. 1Tim 2:6; Juan 10:15; Lucas 19:10, 15:4).
Parece que De Young ve a Cristo como si fuera bipolar cuando dice: “Jesús enseñaba como uno ‘teniendo autoridad’ no como teniendo amor” (p.76). Parece que está diciendo que Jesús o, hablaba con autoridad, o con amor, en vez de verlo como uno que siempre hablaba autoritativamente en amor. Al final, veremos que todo lo que Jesús ha hecho o hará – incluyendo los juicios severos en Su Segunda Venida, está de acuerdo con Su naturaleza esencial que es amor.
El amor no es indiferente y por lo tanto se enoja cuando hay pecado y rebeldía de la misma manera que un padre que ama a su hijo se enoja por la rebeldía de sus hijos. El amor no es negligente y por lo tanto disciplina y azota cuando sea necesario (Heb 12:6). Incluso, el amor puede rechazar el objeto de Su amor cuando no reaccionan a Su disciplina, pero Su amor jamás rechaza para siempre porque Su amor nunca deja de ser (Lam 3:31-33; 1Cor 13:8). La ira de Dios, Su ‘odio’ [i] y aún Su paciencia y misericordia son manifestaciones temporales de Su amor en la presencia del mal (Isa 57:16). Aunque Dios aborrece el pecado y es indignado por su presencia, no guardará Su enojo para siempre porque el pecado no existirá para siempre, contrario a lo que creen los Tradicionalistas (Isa 25:7,8; Apo 21:4-5).
Técnicamente, De Young está equivocado cuando dice: “Por toda la eternidad en el futuro los santos estarán experimentando la misericordia de Dios…” (p.89). La gracia y misericordia son manifestaciones del amor de Dios hacia los pecadores no merecedores. Ya no habrá pecado en el cielo. Así que, son los pecadores y no los santos ya glorificados que estarán experimentando Su gracia y misericordia en las épocas venideras. Dios es amor – no amor, odio, ira misericordia o paciencia. Dios no está dividido. Estos son manifestaciones temporales de Su naturaleza esencial, que es amor. Estas manifestaciones de Su amor solo permanecerán en nuestras memorias como un tesoro invaluable una vez que Dios llegue a ser todo en todos y el mal haya sido erradicado de toda la creación de una vez para siempre. Los Tradicionalistas que enseñan un dualismo eterno dicen que Su misericordia es para siempre pero solo experimentada por los que ya no tienen necesidad de Su misericordia, mientras es negada a los perdidos que todavía la necesitan.
2) El Lago de Fuego es Eterno porque aparece después de que Jesús declaró que había hecho Todo Nuevo.
Del Lago de Fuego, De Young dice: “…el lago de fuego sigue en existencia (21:8) después que Dios hace todo nuevo (21:5). Continúa para siempre” (p.59). Sin embargo, hay varios problemas con lo que dice aquí. En primer lugar, el libro de Apocalipsis no fue escrito en orden cronológico y por lo tanto uno no debe concluir que un evento sucede antes de otro simplemente porque fue mencionado primero. Demuestro esto con más detalle en mi libro, “Enfocando en los Eventos Finales.”
En Segundo lugar, Jesús declaró en 21:5 que Él estaba haciendo todo nuevo (tiempo presente). La nueva creación es un proceso que comenzó con la resurrección y continúa hasta que absolutamente todo haya sido hecho nuevo – no todo menos el Lago de Fuego y la mayoría de la humanidad. Llegamos a ser parte de la nueva creación cuando somos salvos y nuestros espíritus son regenerados. El hecho de que todavía haya algunos en el Lago de Fuego solo significa que Cristo aún no ha terminado Su recreación – haciendo todo nuevo. Cuando Él dice que está haciendo todo nuevo Él está enfatizando absolutamente todo sin excepción alguna. [ii]
En tercer lugar, el Lago de Fuego es llamado “la segunda muerte.” El último enemigo que será destruido es la muerte (1Cor 15:26). Por lo tanto, el reinado de Cristo donde hace todo nuevo debe continuar hasta que, tanto la primera, como también la segunda muerte, hayan sido destruidos de una vez para siempre, dado que en la eternidad ya no habrá más muerte (Apo 21:4). ¿Podríamos razonablemente insistir que ya no habrá más muerte a la vez que 90% de la humanidad, más la tercera parte de los ángeles, están en un estado de muerte perpetua? [iii]
3) El Castigo por los Pecados tiene que continuar para siempre porque los Perdidos Continuarán pecando eternamente.
Nosotros como Universalistas argumentamos que sería injusto infligir una pena infinita por una ofensa finita. Nuestra vida no alcanza a ser siquiera un nanosegundo en luz de la eternidad. Castigar a alguien eternamente por una vida breve de pecado, sin importar qué tan horrendos sean los pecados, desafía todo sentido de justicia. Jesús dijo que somos malos padres a comparación a nuestro Padre celestial. Pero, ¿qué padre terrenal daría una paliza a su hijo que dure un día entero? Imagine un padre pegando a su hijo por un año entero sin descanso. Imagínelo pegando a su hijo año tras año hasta que finalmente muere. ¿Podríamos considerar tal abuso un castigo justo?
Si Dios fuera a informarte que Él iba a azotar a unos de Sus hijos eternamente, ¿no protestarías como Abraham: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” ¿Es posible que el Dios que limita el castigo a 40 azotes y no más, diciendo que todo más allá de eso sería excesivo e inhumano, azotaría a Sus hijos por toda la eternidad? (Deut 25:1-3).
Esto ha sido un dilema moral para los Tradicionalistas. En el siglo XI el filósofo Anselm propuso el argumento que la santidad infinita requiere castigos infinitos. Esto parecía un argumento satisfactorio en aquel entonces, dado que estaban acostumbrado al sistema de castas donde uno a menudo recibía la pena de muerte solo con robar un pan si pertenecía a uno de nobleza. Aunque todavía es común escuchar esta justificación para un infierno eterno, más y más personas reconocen que tal explicación no es digna del Dios de amor que no toma en cuenta un mal sufrido (1Cor 13:5).
De Young ha tomado la posición cada vez más popular hoy en día que dice que Dios continuará castigando a los impíos para siempre porque nunca dejaran de pecar. Él dice:
“Insisten que sería injusto si Dios fuera a dejar a los impíos en el infierno sufriendo castigos eternamente cuando cometieron incredulidad solamente durante una vida humana. Sin embargo, tal castigo no es injusto si la incredulidad y rechazo continúan eternamente.” P.238
Así que, según De Young, Dios será justo en torturar a las personas en el infierno para siempre porque ellos seguirán rechazándolo para siempre. Para mí, esto presenta más problemas morales de lo que resuelve. Como cada uno será juzgado según sus obras, recibiendo su parte o sentencia medida, suponemos que en el juicio uno recibe el castigo máximo de 40 azotes. Según el modelo tradicional, ¿podría arrepentirse, creer y recibir a Cristo durante ese tiempo y ser restaurado después al cumplir su pena? No. Según los Tradicionalistas ya no habrá posibilidad de creer y confesar a Jesús como Señor para la salvación. Así que, ellos presentan a Dios como si castigara a las personas perpetuamente por no arrepentirse y no recibir a Cristo, algo que, según ellos, ya no podrían hacer aún si quisieran.
Según el modelo de De Young, Dios rechaza a los condenados eternamente aún después de haber doblado rodilla, confesando a Jesús como Señor, y después Él tortura a los que son eternamente rechazados por seguir rechazándolo aunque ya no haya posibilidades de reconciliación. Solo existimos porque Él nos mantiene con vida (Hch 17:28). Si Él sabía que iban a seguir rechazándolo para siempre, haciendo que fuera necesario torturarlos perpetuamente, ¿por qué seguir manteniéndolos con vida? No gritaría el amor y la justicia diciendo, “¡basta! y simplemente poner fin a su existencia?
¿Cómo podríamos nosotros, la Iglesia del Señor Jesucristo, hundirnos tan bajo como para presentar a nuestro Padre de amor como si fuera uno que pone en marcha un plan que “termine” en torturas sin fin: torturas infligidas por el mismo Dios de amor contra los que no lo recibieron antes de morirse? Tenemos que tener presente que Dios siempre ha visto el final desde el comienzo y obra todas las cosas según el designo de Su voluntad (Ef 1:11). ¿Es concebible que Dios, que es Amor, ha predeterminado que Él mismo torturaría eternamente la mayoría de los que creó a Su propia semejanza e imagen por no haberlo recibido con prontitud? La mayoría de la humanidad jamás escuchó el evangelio estando vivos. ¿No debemos más bien aceptar Su palabra cuando promete restaurar a todos? ¿No debemos confesar con los samaritanos que Jesús “verdaderamente” es el Salvador del mundo? (Juan 4:42).
4) Una Restauración por medio de Castigos Correctivos en el Infierno sería Coerción Divina.
Los Universalistas bíblicos afirmamos que las Escrituras enseñan que el castigo postmórtem de los que mueren y son condenados en un estado perdido no estarán perdidos para siempre y que el castigo no es puramente penal sino principalmente correctivo, diseñado para llevarlos al arrepentimiento y restauración. Esto no solamente es bíblico, sino que nuestros propios sistemas de justicia funcionan de una manera semejante. Aunque el ofensor está siendo castigado por su crimen, la meta principal es la restauración del ofensor, reintegrándolo en la sociedad.
Mientras De Young no ve ningún problema con Dios torturando las almas eternamente por haberlo rechazado, él niega toda posibilidad de que los castigos de Dios sean correctivos, diciendo que, sería coerción si Dios fuera afligirlos para producir arrepentimiento. Él dice:
“Si el sufrimiento de dolor y tormentos en el infierno constriñe a los pecadores a arrepentirse y creer, ¿no sería eso equivalente a coerción divina?” p.238
En respuesta, me gustaría preguntar: “¿Es coerción divina cuando Dios nos castiga para nuestra corrección en esta vida? El Salmista dijo: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra” (Sal 119:67). ¿Equivale esto a coerción divina? Si es coerción divina, ¿no estás agradecido de que Él la utiliza para nuestra corrección cuando sea necesario en vez de abandonarnos a nuestro “libre albedrío?”
Isaías dijo de Dios: “luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia” (Isa 26:9). Si los habitantes de la tierra aprenden justicia por los juicios correctivos de Dios, ¿Qué impedirá que los que son juzgados aún más severamente en el Juicio del Gran Trono Blanco aprendan justicia? Yo estoy muy de acuerdo con Clemente de Alejandra (150 d.C. a 215 d.C.) cuando dijo:
“Si en esta vida hay tantas maneras de producir la purificación y el arrepentimiento, ¡cuánto más debe haber después de la muerte! La purificación de las almas, cuando han sido separadas del cuerpo, será más fácil. No podemos poner límites a los medios del Redentor. Redimir, rescatar y disciplinar es Su obra, y así continuará operando después de esta vida.” [iv]
También, Orígenes dice acerca de los juicios postmórtem:
“Él que desprecia la purificación de la Palabra de Dios, y la enseñanza del evangelio, solo está reservándose a sí mismo por las horrendas purificaciones penales después, para que el fuego del infierno le purgue en tormentos los que ni la doctrina de los apóstoles, ni la predica del evangelio ha purificado, conforme a lo que está escrito de ser “purificado por fuego.” Pero, por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores, solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe.” [v]
Debe ser obvio que, si el amor de Dios nunca deja de ser y Sus misericordias son para siempre, entonces tan pronto Sus juicios correctivos hayan cumplido su propósito, Él atraerá a todos y cada uno a Sí mismo, así como hace en esta vida. Él es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen en esta vida – no exclusivamente de los que creen (1Tim 4:10). De Young dice de la corrección postmórtem: “De alguna manera no se les ocurre a los universalistas que esto ya no es amor, sino más bien determinismo y coerción” (p.182). Pero, ¿será que el amor que disciplina y azota ahora termina cuando uno muere? Si Su misericordia permanece para siempre, ¿no sería disponible para los que se arrepientan bajo Sus juicios postmórtem?
De Young muestra una falta de comprensión del propósito redentor de Dios en Sus juicios cuando dice: “¿Por qué y cómo debemos creer que entrando en el infierno hará que los inicuos respondan de manera distinta?” (p.229). Vemos a través de las Escrituras como los juicios severos de Dios llevaron hasta a los más arrogantes y altivos al arrepentimiento, como vemos con el rey Nabucodonosor. ¿Por qué serían los hombres menos propensos a arrepentirse en el infierno donde todas las comodidades carnales y distracciones son removidas? Es como preguntar por qué debemos de anticipar que alguien sentenciado a una institución correccional actuara de una manera distinta de su vida anterior al salir libre. El propósito principal de los castigos correccionales es la restauración.
Él también pregunta: “Si el sufrimiento del dolor y tormento en el infierno llega a ser el catalizador de la fe, ¿no hay peligro que el sufrimiento llegue a ser el medio de la salvación, resultando en que la salvación venga a ser por las obras y no por la fe?” (p.238). Respondo con otra pregunta: ¿Podría el sufrimiento que lleva al arrepentimiento y fe en esta vida de alguna manera ser considerado meritorio? Yo sufrí muchas cosas a consecuencia de mi estilo de vida pecaminoso, y cuando llegué al fondo y le clamé al Señor Él se reveló a mí. Jamás hubiera considerado mi sufrimiento de aluna manera meritoria. Sin embargo, mirando atrás, ahora puedo ver como Dios usó mi sufrimiento para llevarme al fin de mí mismo para poner mi fe en Jesús. La destrucción de la carne resulta en que el espíritu sea salvo en el día del Señor, pero es el sufrimiento de Cristo que obtuvo nuestra salvación – no nuestro sufrimiento. De Young pregunta: “¿Es amor pegar a tu hija para siempre hasta que cambie de opinión y acepta tu regalo?” (p. 89). A esto respondería: “¿Es amor pegar a tu hija eternamente porque no aceptó tu regalo en el mismo día que lo ofreciste a ella?” Sin embargo, esto es comparable con lo que Dios va a hacer según la doctrina de De Young.
Esto ha sido una consideración breve de solamente algunos de los argumentos lógicos para una reconciliación universal en respuesta a De Young. Para una consideración más extensa y académica, recomiendo “The Inescapable Love of God” por Thomas Talbott, profesor de Filosofía en la Universidad de Willamette en Oregon.
Para concluir, me gustaría volver a enfatizar la necesidad de distinguir entre el Universalismo Bíblico y el Universalismo de los teólogos Liberales y Progresivos que niegan doctrinas vitales como la inspiración e infalibilidad de las Escrituras, la deidad de Cristo y Su expiación sustitutiva penal. Este abandono a las Escrituras - la fe que ha sido una vez entregada a los santos, es un problema en el cristianismo en general y no debe ser relacionado con el Universalismo. De Young tira toda la ropa sucia de la Iglesia en la canasta universalista y nos categoriza a todos como herejes. Él aplica mal 2Tesalonicenses 1:7,8 que dice:
“y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo.” (2 Tes 1:7,8)
De este pasaje De Young afirma que hay un galardón especial esperándoles a todos que se oponen “la herejía del Universalismo.” Él dice:
“Aquí hay una implicación muy clara. Los creyentes que resisten la herejía del universalismo serán premiados, recibiendo galardones en el día futuro cuando Cristo venga. Los universalistas, en cambio, recibirán su retribución merecida porque no conocen a Dios y no obedecen el evangelio.” p.226
Sea cual sea la aplicación correcta de 2Tesalonicenses 1:7,8 claramente no condena a los que simplemente toman a Dios por Su palabra cuando dice que Él restaurará a todos a Sí mismo, resultando en que Él sea todo en todos. Si alguien niega el evangelio es aquel que insista que Jesús no logrará hacer lo que vino a hacer, que es salvar el mundo, atrayendo a todos a Sí mismo – buscando y salvando a los perdidos hasta que la última oveja perdida esté segura en el redil.
[i] La palabra en Hebreo para “odio” en el Antiguo Testamento es sané. En El Diccionario Expositorio de las Palabras del Antiguo Testamento de Vines, vemos que hay dos sentidos distintos de la palabra: “Sané representa una emoción que varía entre “odio” intenso y un sentido menos fuerte, “estar en contra”, y es utilizada en referencia a personas y cosas (incluyendo ideas, palabras, u objetos inanimados).” Es obvio que el odio que Dios muestra contra los pecadores es en el sentido menos fuerte de “estar en contra” de un individuo debido a su pecado y rebeldía. Entendiéndola en este sentido, podemos identificarnos fácilmente con esta emoción aún contra nuestros hijos cuando nos desafían o se portan mal.
[ii] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español.
[iii] Los Aniquilacionistas tienen que decir que Dios destruye la muerte matando.
[iv] Clement of Alexandria, Strom. lib. vi. cap. 6m p. 763, Ed. Potter.
[v] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young (8 de 8)
Aunque la lógica de la Reconciliación Universal es importante y en mí opinión sustancial, la he guardado para lo último porque la lógica tiene que estar subordinada a la revelación divina. Al decir lógica, no quiero decir la lógica fría y cruel, separada de la revelación de la naturaleza esencial de Dios que es revelada en las Escrituras como amor (1Jn 4:8,16).
A menudo los Tradicionalistas desafían la lógica del amor con tal de sostener sus interpretaciones equivocadas de las Escrituras que hundieron la Iglesia en la Época Oscura. Confrontados con los horrores de su doctrina, ellos a menudo apelan a Isaías 55 que dice:
“mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” (Isa 55:8-9)
Sin embargo, leyendo este pasaje en su contexto es evidente que la manera en que Dios nos trasciende es en cuanto a Sus caminos y pensamientos de misericordia y no torturas inimaginables. En los versículos anteriores a este, Dios nos revela que es Su bondad y misericordia que están más allá de nuestra comprensión – no Sus castigos. Él dice:
“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche… 7 Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. 8 PORQUE mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.” (Isa 55:1,7,8)
Entonces, vemos que la lógica de Dios que trasciende la lógica humana es la lógica del amor y no una tortura incomprensible que espera la mayor parte de la humanidad. De hecho, las Escrituras revelan repetidas veces que Dios no rechaza a los hijos de los hombres para siempre, ni guarda enojo eternamente, porque es Su amor y misericordia – no Su ira, que permanecen para siempre (Lam 3:31,32; Isa 57:16; Sal 136; 1Cor 13:8; Rom 8:35-39; Ef 3:17-19, etc.).
De semejante manera, los Tradicionalistas no aplican la lógica del amor de Dios a Su revelación progresiva en las épocas. Cuando son confrontados con el hecho que Dios nunca mencionó el infierno a Adán y a Eva, o a Caín ni a nadie más en el Antiguo Testamento, ellos responden diciendo que la revelación de Dios es progresiva. Sin embargo, mientras la lógica del amor podría imaginar que la revelación de Dios vaya de lo bueno a mejor y de gloria en gloria, nunca podría concebir de la revelación de Dios yendo de mal en peor. Es inconcebible que nuestro Dios, que es amor, ocultaría de Adán y Eva las consecuencias de su pecado si de hecho incluía torturas eternas. Puede que tal lógica fría y cruel fuera compatible con los dioses de los filósofos griegos u otras deidades paganas, pero es totalmente incompatible con el Dios revelado en las Escrituras que de tal manera amó al mundo que se dio a Si mismo en rescate por todos.
En las Escrituras vemos, no solamente que Dios es amor, sino que también Él habita en la eternidad y por lo tanto siempre ha visto el final desde el principio. Él es omnisciente y por lo tanto eternamente sabe todo, y como es omnipotente, nada está fuera de Su control (Isa 14:24; 46:10-11; Ef 1:11; Hch 15:18, etc.). Sabiendo que Dios es infinito en amor, conocimiento y poder, ¿cómo es concebible que Él pondría en marcha un plan, sabiendo que culminaría con la mayoría de la humanidad en tortura perpetua que Él mismo tendría que infligir? Y, ¿cómo podría un Dios bondadoso y santo permitir el mal perpetuamente en Su universo, resultando en un dualismo eterno?
Un Creador benévolo y omnisciente jamás hubiera preordenado un plan que permita la caída que no culmine en una restauración total de Su creación - un estado final de gloria mucho mayor de lo que era al principio. Dado que Él es benévolo y conoce todas Sus obras y obra todas las cosas según Su plan preordenado, el final tiene que ser mayor que su comienzo. Lo que Él comienza, Él perfecciona. Que un Creador benévolo comience un plan sabiendo que culmina en tortura eterna para algunos es una imposibilidad lógica.
Los Tradicionalistas no pueden explicar lógicamente por qué Dios crearía el mundo y permitiría la entrada del mal, sabiendo que la historia tendría un “fin sin fin” tan trágico. Cuando sus creencias sagradas desafían toda lógica, típicamente ellos apelan al misterio divino que debe ser aceptado sin cuestionamiento. Si alguien intenta demostrar lo ilógico y absurdo de estas creencias lo llaman un blasfemo y un hereje. De Young, confrontado con el dilema moral de cómo un Dios justo y bondadoso podría permitir el mal, sabiendo que Él tendría que torturarlos para siempre dijo:
“¿Por qué Su amor y justicia no previno el pecado y todo el resultante sufrimiento? No es para nosotros especular sobre lo que Dios podría o debería haber hecho.” (p. 91)
Mientras no nos corresponde especular, nos corresponde investigar. Abraham hasta se atrevió a cuestionar a Dios diciendo: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Gen 18:25). Jesús en una ocasión desafió al pueblo diciendo: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lucas 12:57). Aunque no debemos de dudar de Su Palabra, debemos de cuestionar las interpretaciones de los hombres. Su Palabra trasciende la lógica pero, bien entendida, jamás contradice la lógica. Los caminos de Dios no son ilógicos. Si nuestro entendimiento de Sus caminos desafía la lógica, debemos volver a las Escrituras y con reverencia pedirle al Espíritu Santo que clarifique Su Palabra a nuestros corazones.
Los Tradicionalistas no quieren que investiguemos, preguntando por qué Dios comenzaría algo, sabiendo que terminaría tan horriblemente para la mayoría porque desafía a toda lógica y nuestro sentido innato de justicia. Muchas almas sensibles han sufrido quebrantos emocionales contemplando un final tan horrendo para la historia de la creación de Dios. Pero los que, honrando las Escrituras, cobran el ánimo para cuestionar la doctrina tradicional de castigos eternos a la luz de las Escrituras, pronto descubren lo que Santiago quería decir cuando dijo: “habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg 5:11). La historia de la creación y redención de Dios culmina en restauración – no en miseria y ruina perpetua. “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos… 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:32,36). Los tormentos mentales ocasionados por cualquier reflexión sobre la doctrina tenebrosa de castigo eterno fueron expresados aptamente por Albert Barnes (1798 – 1870), un erudito de la Biblia muy respetado y el autor del comentario, “Barnes Notes.” Él dijo:
“Que alguien sufra eternamente…que, aunque Dios puede salvar a la humanidad y salvará a algunos, y sin embargo no ha determinado salvar a todos; que, suponiendo que la expiación es adecuada, y que la sangre de Cristo puede limpiar de todo pecado y sin embargo no es de hecho aplicada a todos… Estos son dificultades reales y no imaginarias. Probablemente han afectado cada mente que haya reflejado sobre el tema; y siguen sin explicación, sin mitigación, sin ser removidas. Confieso que me afectan, y afectan mis sensibilidades con mayor potencia más que las contemplo y más que vivo. No logro comprender estos hechos, y no he podido progresar en mis intentos de comprenderlos…porque anhelo luz y alivio con estos temas con toda mi alma, pero no encuentro ni el uno ni el otro. Y en el estremecimiento y angustia de mi espíritu confieso que no veo luz alguna. No veo ni un rayo de luz para revelar a mi razón por qué el pecado entró en el mundo; por qué la tierra está esparcida con los moribundos y con los muertos, y por qué el hombre tiene que sufrir por toda la eternidad. Jamás he visto ni una partícula de luz sobre estos temas para concederme un momento de alivio a mi mente torturada, ni tengo explicación para ofrecer o un pensamiento a sugerir que te sería de alivio... Confieso que, al contemplar un mundo de pecadores y los que sufren, agonizándose en sus camas y en los cementerios; cuando contemplo el mundo de las penas lleno de las multitudes que sufrirán eternamente; cuando miro la raza entera, todos envueltos en este mundo de pecado y peligro, y cuando veo la gran mayoría de ellos despreocupados, y cuando siento que Dios puede salvarlos y sin embargo no lo hace, me siento abrumado. Todo es oscuro, oscuro, oscuro para mi alma, y no puedo disimilarlo.” ²
Si, en vez de ver el plan sabio de Dios para las épocas culminando con todos siendo restaurados en una relación con Él mucho más gloriosa de lo que experimentaban Adán y Eva en su estado inocente pero inmaduro, uno piensa que las épocas culminan en tortura eterna para la gran mayoría de la humanidad, entonces sí, de hecho, ¡todo parece oscuro, oscuro, oscuro! Que Dios abra nuestros ojos para ver el misterio de Su voluntad determinativa que es la de reunir todo en el cielo y en la tierra en Cristo en la dispensación final – la dispensación del cumplimiento de los tiempos (Ef 1:9-10).
Después, De Young presenta una pregunta que, para mí, ocasiona perplejidad. Él pregunta: “¿Por qué Dios creó a Satanás y le permitió caer, y traer tanto caos en la historia del mundo, si al final él será restaurado?” (p.247). Una pregunta mejor sería: “¿Con qué motivo Dios crearía el mundo, permitiendo la caída y proveyendo la redención por medio del Cordero inmolado desde la fundación del mundo si no tuviera un final glorioso en la vista? ¿Por qué predeterminaría permitir la caída si Él no iba a restaurar a los que cayeron a una condición mucho más gloriosa?” Es concebible que un dios pagano crearía seres para torturarlos, pero no el Dios de amor y justicia revelado en las Escrituras.
No tenemos que especular acerca de estos asuntos porque Dios ha determinado que cada rodilla se doblará en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, y cada lengua confesará a Jesucristo como Señor para la gloria de Dios Padre. Ni puedo concebir de una deidad pagana con un infierno que siempre ha existido como sugiere De Young. Él dice: “Si el cielo siempre ha existido, entonces el infierno ha de haber existido desde la eternidad también.” (p.65) Aparte del hecho que Jesús dijo que el fuego eonian, igual como todas las cosas en el cielo y en la tierra, fue creado en el tiempo (Mt 25:41), tal razonamiento es totalmente incompatible con la lógica del amor, o cualquier lógica. Sin embargo, aparentemente no es incompatible con su forma de pensar tradicional. Para repetir, esta es la lógica de las deidades paganas y la de la doctrina tradicional de tortura eterna, pero es totalmente incompatible con la lógica del amor.
Los Argumentos Lógicos de De Young contra el Universalismo
Ahora vamos a considerar algunos de los argumentos presentados por De Young en contra del Universalismo. La mayoría de ellos pueden ser contrarrestados fácilmente simplemente utilizando un razonamiento deductivo basado en las Escrituras mismas, sin apoyarse solamente en la lógica.
1) La Santidad de Dios limita Su amor
Los Tradicionalistas tienen que dividir la naturaleza y atributos de Dios como si fuera bipolar. Ellos dicen: “Sí, Dios es amor, pero Él también es santo.” De Young refleja esta interpretación bipolar de la naturaleza de Dios cuando dice: “…es evidente que los Universalistas consistentemente sujetan la santidad de Dios a Su amor” (p. 69). Y también dice: “El amor de Dios no limita su justicia; más bien Su rectitud limita Su justicia.” (p.225)
Es cierto que, si no fuera por el Cordero de Dios inmolado desde la fundación del mundo que satisfizo la justicia de Dios por los pecados del mundo entero, Su naturaleza hubiera estado en una tensión entre Su amor y Sus obligaciones como un Juez justo (Apo 13:8; Jn 1:29; 1Jn 2:2). Debido a que Él es santo, Él no puede simplemente ignorar el pecado. Pero por medio de la cruz vemos en las Escrituras que Él ahora puede ser justo y a la vez, en amor, justificar el impío:
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:23-26, cf. 4:5)
Debido al Cordero inmolado desde la eternidad, el amor de Dios jamás ha estado en conflicto con Su santidad. Dado que el sacrificio propiciatorio siempre ha estado delante de Sus ojos, Él siempre ha podido justamente justificar el pecador basado en aquella propiciación. Así que, Su santidad jamás ha estado en tensión con Su amor. Aquí en Romanos 3:24-26 vemos que Dios ha demostrado delante de los hombres y los ángeles que era justo cuando pasaba por alto los pecados cometidos anteriores a la cruz, cuando Cristo de facto quitó los pecados del mundo. Ante Sus ojos, viendo desde la eternidad, el pago justo por los pecados del mundo era una eterna realidad ya lograda, haciendo posible que el Dios santo mostrara gracia y misericordia aun antes de la cruz.
De hecho, la verdadera santidad es inseparable del amor. La santidad es amor y el amor es la santidad (Mt 22:37-39; Rom 13:8-10; Gál 5:14). Fue la santidad de los fariseos, carente del amor, que crucificó al Señor de la gloria. Es una santidad separada del amor que está en el corazón de la doctrina del castigo eterno. El verdadero amor es demostrado en Jesús quien dio Su vida en rescate por todos, y busca y salva hasta que la última oveja perdida está salva y segura en el redil (Mt 20:28, cf. 1Tim 2:6; Juan 10:15; Lucas 19:10, 15:4).
Parece que De Young ve a Cristo como si fuera bipolar cuando dice: “Jesús enseñaba como uno ‘teniendo autoridad’ no como teniendo amor” (p.76). Parece que está diciendo que Jesús o, hablaba con autoridad, o con amor, en vez de verlo como uno que siempre hablaba autoritativamente en amor. Al final, veremos que todo lo que Jesús ha hecho o hará – incluyendo los juicios severos en Su Segunda Venida, está de acuerdo con Su naturaleza esencial que es amor.
El amor no es indiferente y por lo tanto se enoja cuando hay pecado y rebeldía de la misma manera que un padre que ama a su hijo se enoja por la rebeldía de sus hijos. El amor no es negligente y por lo tanto disciplina y azota cuando sea necesario (Heb 12:6). Incluso, el amor puede rechazar el objeto de Su amor cuando no reaccionan a Su disciplina, pero Su amor jamás rechaza para siempre porque Su amor nunca deja de ser (Lam 3:31-33; 1Cor 13:8). La ira de Dios, Su ‘odio’ [i] y aún Su paciencia y misericordia son manifestaciones temporales de Su amor en la presencia del mal (Isa 57:16). Aunque Dios aborrece el pecado y es indignado por su presencia, no guardará Su enojo para siempre porque el pecado no existirá para siempre, contrario a lo que creen los Tradicionalistas (Isa 25:7,8; Apo 21:4-5).
Técnicamente, De Young está equivocado cuando dice: “Por toda la eternidad en el futuro los santos estarán experimentando la misericordia de Dios…” (p.89). La gracia y misericordia son manifestaciones del amor de Dios hacia los pecadores no merecedores. Ya no habrá pecado en el cielo. Así que, son los pecadores y no los santos ya glorificados que estarán experimentando Su gracia y misericordia en las épocas venideras. Dios es amor – no amor, odio, ira misericordia o paciencia. Dios no está dividido. Estos son manifestaciones temporales de Su naturaleza esencial, que es amor. Estas manifestaciones de Su amor solo permanecerán en nuestras memorias como un tesoro invaluable una vez que Dios llegue a ser todo en todos y el mal haya sido erradicado de toda la creación de una vez para siempre. Los Tradicionalistas que enseñan un dualismo eterno dicen que Su misericordia es para siempre pero solo experimentada por los que ya no tienen necesidad de Su misericordia, mientras es negada a los perdidos que todavía la necesitan.
2) El Lago de Fuego es Eterno porque aparece después de que Jesús declaró que había hecho Todo Nuevo.
Del Lago de Fuego, De Young dice: “…el lago de fuego sigue en existencia (21:8) después que Dios hace todo nuevo (21:5). Continúa para siempre” (p.59). Sin embargo, hay varios problemas con lo que dice aquí. En primer lugar, el libro de Apocalipsis no fue escrito en orden cronológico y por lo tanto uno no debe concluir que un evento sucede antes de otro simplemente porque fue mencionado primero. Demuestro esto con más detalle en mi libro, “Enfocando en los Eventos Finales.”
En Segundo lugar, Jesús declaró en 21:5 que Él estaba haciendo todo nuevo (tiempo presente). La nueva creación es un proceso que comenzó con la resurrección y continúa hasta que absolutamente todo haya sido hecho nuevo – no todo menos el Lago de Fuego y la mayoría de la humanidad. Llegamos a ser parte de la nueva creación cuando somos salvos y nuestros espíritus son regenerados. El hecho de que todavía haya algunos en el Lago de Fuego solo significa que Cristo aún no ha terminado Su recreación – haciendo todo nuevo. Cuando Él dice que está haciendo todo nuevo Él está enfatizando absolutamente todo sin excepción alguna. [ii]
En tercer lugar, el Lago de Fuego es llamado “la segunda muerte.” El último enemigo que será destruido es la muerte (1Cor 15:26). Por lo tanto, el reinado de Cristo donde hace todo nuevo debe continuar hasta que, tanto la primera, como también la segunda muerte, hayan sido destruidos de una vez para siempre, dado que en la eternidad ya no habrá más muerte (Apo 21:4). ¿Podríamos razonablemente insistir que ya no habrá más muerte a la vez que 90% de la humanidad, más la tercera parte de los ángeles, están en un estado de muerte perpetua? [iii]
3) El Castigo por los Pecados tiene que continuar para siempre porque los Perdidos Continuarán pecando eternamente.
Nosotros como Universalistas argumentamos que sería injusto infligir una pena infinita por una ofensa finita. Nuestra vida no alcanza a ser siquiera un nanosegundo en luz de la eternidad. Castigar a alguien eternamente por una vida breve de pecado, sin importar qué tan horrendos sean los pecados, desafía todo sentido de justicia. Jesús dijo que somos malos padres a comparación a nuestro Padre celestial. Pero, ¿qué padre terrenal daría una paliza a su hijo que dure un día entero? Imagine un padre pegando a su hijo por un año entero sin descanso. Imagínelo pegando a su hijo año tras año hasta que finalmente muere. ¿Podríamos considerar tal abuso un castigo justo?
Si Dios fuera a informarte que Él iba a azotar a unos de Sus hijos eternamente, ¿no protestarías como Abraham: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” ¿Es posible que el Dios que limita el castigo a 40 azotes y no más, diciendo que todo más allá de eso sería excesivo e inhumano, azotaría a Sus hijos por toda la eternidad? (Deut 25:1-3).
Esto ha sido un dilema moral para los Tradicionalistas. En el siglo XI el filósofo Anselm propuso el argumento que la santidad infinita requiere castigos infinitos. Esto parecía un argumento satisfactorio en aquel entonces, dado que estaban acostumbrado al sistema de castas donde uno a menudo recibía la pena de muerte solo con robar un pan si pertenecía a uno de nobleza. Aunque todavía es común escuchar esta justificación para un infierno eterno, más y más personas reconocen que tal explicación no es digna del Dios de amor que no toma en cuenta un mal sufrido (1Cor 13:5).
De Young ha tomado la posición cada vez más popular hoy en día que dice que Dios continuará castigando a los impíos para siempre porque nunca dejaran de pecar. Él dice:
“Insisten que sería injusto si Dios fuera a dejar a los impíos en el infierno sufriendo castigos eternamente cuando cometieron incredulidad solamente durante una vida humana. Sin embargo, tal castigo no es injusto si la incredulidad y rechazo continúan eternamente.” P.238
Así que, según De Young, Dios será justo en torturar a las personas en el infierno para siempre porque ellos seguirán rechazándolo para siempre. Para mí, esto presenta más problemas morales de lo que resuelve. Como cada uno será juzgado según sus obras, recibiendo su parte o sentencia medida, suponemos que en el juicio uno recibe el castigo máximo de 40 azotes. Según el modelo tradicional, ¿podría arrepentirse, creer y recibir a Cristo durante ese tiempo y ser restaurado después al cumplir su pena? No. Según los Tradicionalistas ya no habrá posibilidad de creer y confesar a Jesús como Señor para la salvación. Así que, ellos presentan a Dios como si castigara a las personas perpetuamente por no arrepentirse y no recibir a Cristo, algo que, según ellos, ya no podrían hacer aún si quisieran.
Según el modelo de De Young, Dios rechaza a los condenados eternamente aún después de haber doblado rodilla, confesando a Jesús como Señor, y después Él tortura a los que son eternamente rechazados por seguir rechazándolo aunque ya no haya posibilidades de reconciliación. Solo existimos porque Él nos mantiene con vida (Hch 17:28). Si Él sabía que iban a seguir rechazándolo para siempre, haciendo que fuera necesario torturarlos perpetuamente, ¿por qué seguir manteniéndolos con vida? No gritaría el amor y la justicia diciendo, “¡basta! y simplemente poner fin a su existencia?
¿Cómo podríamos nosotros, la Iglesia del Señor Jesucristo, hundirnos tan bajo como para presentar a nuestro Padre de amor como si fuera uno que pone en marcha un plan que “termine” en torturas sin fin: torturas infligidas por el mismo Dios de amor contra los que no lo recibieron antes de morirse? Tenemos que tener presente que Dios siempre ha visto el final desde el comienzo y obra todas las cosas según el designo de Su voluntad (Ef 1:11). ¿Es concebible que Dios, que es Amor, ha predeterminado que Él mismo torturaría eternamente la mayoría de los que creó a Su propia semejanza e imagen por no haberlo recibido con prontitud? La mayoría de la humanidad jamás escuchó el evangelio estando vivos. ¿No debemos más bien aceptar Su palabra cuando promete restaurar a todos? ¿No debemos confesar con los samaritanos que Jesús “verdaderamente” es el Salvador del mundo? (Juan 4:42).
4) Una Restauración por medio de Castigos Correctivos en el Infierno sería Coerción Divina.
Los Universalistas bíblicos afirmamos que las Escrituras enseñan que el castigo postmórtem de los que mueren y son condenados en un estado perdido no estarán perdidos para siempre y que el castigo no es puramente penal sino principalmente correctivo, diseñado para llevarlos al arrepentimiento y restauración. Esto no solamente es bíblico, sino que nuestros propios sistemas de justicia funcionan de una manera semejante. Aunque el ofensor está siendo castigado por su crimen, la meta principal es la restauración del ofensor, reintegrándolo en la sociedad.
Mientras De Young no ve ningún problema con Dios torturando las almas eternamente por haberlo rechazado, él niega toda posibilidad de que los castigos de Dios sean correctivos, diciendo que, sería coerción si Dios fuera afligirlos para producir arrepentimiento. Él dice:
“Si el sufrimiento de dolor y tormentos en el infierno constriñe a los pecadores a arrepentirse y creer, ¿no sería eso equivalente a coerción divina?” p.238
En respuesta, me gustaría preguntar: “¿Es coerción divina cuando Dios nos castiga para nuestra corrección en esta vida? El Salmista dijo: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra” (Sal 119:67). ¿Equivale esto a coerción divina? Si es coerción divina, ¿no estás agradecido de que Él la utiliza para nuestra corrección cuando sea necesario en vez de abandonarnos a nuestro “libre albedrío?”
Isaías dijo de Dios: “luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia” (Isa 26:9). Si los habitantes de la tierra aprenden justicia por los juicios correctivos de Dios, ¿Qué impedirá que los que son juzgados aún más severamente en el Juicio del Gran Trono Blanco aprendan justicia? Yo estoy muy de acuerdo con Clemente de Alejandra (150 d.C. a 215 d.C.) cuando dijo:
“Si en esta vida hay tantas maneras de producir la purificación y el arrepentimiento, ¡cuánto más debe haber después de la muerte! La purificación de las almas, cuando han sido separadas del cuerpo, será más fácil. No podemos poner límites a los medios del Redentor. Redimir, rescatar y disciplinar es Su obra, y así continuará operando después de esta vida.” [iv]
También, Orígenes dice acerca de los juicios postmórtem:
“Él que desprecia la purificación de la Palabra de Dios, y la enseñanza del evangelio, solo está reservándose a sí mismo por las horrendas purificaciones penales después, para que el fuego del infierno le purgue en tormentos los que ni la doctrina de los apóstoles, ni la predica del evangelio ha purificado, conforme a lo que está escrito de ser “purificado por fuego.” Pero, por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores, solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe.” [v]
Debe ser obvio que, si el amor de Dios nunca deja de ser y Sus misericordias son para siempre, entonces tan pronto Sus juicios correctivos hayan cumplido su propósito, Él atraerá a todos y cada uno a Sí mismo, así como hace en esta vida. Él es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen en esta vida – no exclusivamente de los que creen (1Tim 4:10). De Young dice de la corrección postmórtem: “De alguna manera no se les ocurre a los universalistas que esto ya no es amor, sino más bien determinismo y coerción” (p.182). Pero, ¿será que el amor que disciplina y azota ahora termina cuando uno muere? Si Su misericordia permanece para siempre, ¿no sería disponible para los que se arrepientan bajo Sus juicios postmórtem?
De Young muestra una falta de comprensión del propósito redentor de Dios en Sus juicios cuando dice: “¿Por qué y cómo debemos creer que entrando en el infierno hará que los inicuos respondan de manera distinta?” (p.229). Vemos a través de las Escrituras como los juicios severos de Dios llevaron hasta a los más arrogantes y altivos al arrepentimiento, como vemos con el rey Nabucodonosor. ¿Por qué serían los hombres menos propensos a arrepentirse en el infierno donde todas las comodidades carnales y distracciones son removidas? Es como preguntar por qué debemos de anticipar que alguien sentenciado a una institución correccional actuara de una manera distinta de su vida anterior al salir libre. El propósito principal de los castigos correccionales es la restauración.
Él también pregunta: “Si el sufrimiento del dolor y tormento en el infierno llega a ser el catalizador de la fe, ¿no hay peligro que el sufrimiento llegue a ser el medio de la salvación, resultando en que la salvación venga a ser por las obras y no por la fe?” (p.238). Respondo con otra pregunta: ¿Podría el sufrimiento que lleva al arrepentimiento y fe en esta vida de alguna manera ser considerado meritorio? Yo sufrí muchas cosas a consecuencia de mi estilo de vida pecaminoso, y cuando llegué al fondo y le clamé al Señor Él se reveló a mí. Jamás hubiera considerado mi sufrimiento de aluna manera meritoria. Sin embargo, mirando atrás, ahora puedo ver como Dios usó mi sufrimiento para llevarme al fin de mí mismo para poner mi fe en Jesús. La destrucción de la carne resulta en que el espíritu sea salvo en el día del Señor, pero es el sufrimiento de Cristo que obtuvo nuestra salvación – no nuestro sufrimiento. De Young pregunta: “¿Es amor pegar a tu hija para siempre hasta que cambie de opinión y acepta tu regalo?” (p. 89). A esto respondería: “¿Es amor pegar a tu hija eternamente porque no aceptó tu regalo en el mismo día que lo ofreciste a ella?” Sin embargo, esto es comparable con lo que Dios va a hacer según la doctrina de De Young.
Esto ha sido una consideración breve de solamente algunos de los argumentos lógicos para una reconciliación universal en respuesta a De Young. Para una consideración más extensa y académica, recomiendo “The Inescapable Love of God” por Thomas Talbott, profesor de Filosofía en la Universidad de Willamette en Oregon.
Para concluir, me gustaría volver a enfatizar la necesidad de distinguir entre el Universalismo Bíblico y el Universalismo de los teólogos Liberales y Progresivos que niegan doctrinas vitales como la inspiración e infalibilidad de las Escrituras, la deidad de Cristo y Su expiación sustitutiva penal. Este abandono a las Escrituras - la fe que ha sido una vez entregada a los santos, es un problema en el cristianismo en general y no debe ser relacionado con el Universalismo. De Young tira toda la ropa sucia de la Iglesia en la canasta universalista y nos categoriza a todos como herejes. Él aplica mal 2Tesalonicenses 1:7,8 que dice:
“y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo.” (2 Tes 1:7,8)
De este pasaje De Young afirma que hay un galardón especial esperándoles a todos que se oponen “la herejía del Universalismo.” Él dice:
“Aquí hay una implicación muy clara. Los creyentes que resisten la herejía del universalismo serán premiados, recibiendo galardones en el día futuro cuando Cristo venga. Los universalistas, en cambio, recibirán su retribución merecida porque no conocen a Dios y no obedecen el evangelio.” p.226
Sea cual sea la aplicación correcta de 2Tesalonicenses 1:7,8 claramente no condena a los que simplemente toman a Dios por Su palabra cuando dice que Él restaurará a todos a Sí mismo, resultando en que Él sea todo en todos. Si alguien niega el evangelio es aquel que insista que Jesús no logrará hacer lo que vino a hacer, que es salvar el mundo, atrayendo a todos a Sí mismo – buscando y salvando a los perdidos hasta que la última oveja perdida esté segura en el redil.
[i] La palabra en Hebreo para “odio” en el Antiguo Testamento es sané. En El Diccionario Expositorio de las Palabras del Antiguo Testamento de Vines, vemos que hay dos sentidos distintos de la palabra: “Sané representa una emoción que varía entre “odio” intenso y un sentido menos fuerte, “estar en contra”, y es utilizada en referencia a personas y cosas (incluyendo ideas, palabras, u objetos inanimados).” Es obvio que el odio que Dios muestra contra los pecadores es en el sentido menos fuerte de “estar en contra” de un individuo debido a su pecado y rebeldía. Entendiéndola en este sentido, podemos identificarnos fácilmente con esta emoción aún contra nuestros hijos cuando nos desafían o se portan mal.
[ii] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español.
[iii] Los Aniquilacionistas tienen que decir que Dios destruye la muerte matando.
[iv] Clement of Alexandria, Strom. lib. vi. cap. 6m p. 763, Ed. Potter.
[v] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
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por George Sidney Hurd
Jesús oró al Padre diciendo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). En nuestros días es común oír a algunos insistiendo que Jesús es la única infalible Palabra de Dios. Pero, ¿Si Jesús es la única Palabra infalible de Dios, entonces, ¿qué significaba la palabra “Palabra” para Jesús? ¿Puede acaso la Palabra del Padre ser verdad y al mismo tiempo falible? Algunos responderían diciendo que la Biblia no es la Palabra de Dios – que solo contiene la Palabra de Dios. Para ellos, la Biblia misma es una mezcla de verdad y error, y es tarea del teólogo o el lector discernir entre lo que es la verdadera Palabra de Dios y las porciones de las Escrituras que consideren nada más palabras de hombres falibles.
Sin embargo, esta no era la perspectiva que tenían los judíos de la época de Jesús sobre las Escrituras. Su confianza en la plena veracidad de las Escrituras se basaba en las propias Escrituras del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el salmista dice: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Sal 119:160). Y Jesús, en vez de disminuir esta alta estima de las Escrituras, afirmó la declaración, “La suma de tu palabra es verdad” al decir “Tu palabra es verdad.” Además, Jesús identificó “la palabra de Dios” como “las Escrituras,” diciendo que no pueden ser quebrantadas:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada) ...” (Juan 10:34,35)
Aquí vemos que la expresión, “Palabra de Dios” es equivalente a las Escrituras mismas y no nada más a algunas palabras contenidas en las Escrituras. Si siquiera una pequeña parte de las Escrituras originales pudiera ser demostrada errónea, entonces la Escritura podría ser quebrantada y Su Palabra no sería verdad. Jesús no simplemente consideraba la Escritura como generalmente verdadera, sino verbal y plenariamente infalible y veraz hasta la última jota y tilde del idioma hebreo (Mt 5:17-18). Jesús, muchas veces decía que las Escrituras tienen que cumplirse. Citando Deuteronomio 8:3 Jesús dijo:
“Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (cf. 2Tim 3:16, “toda Escritura es respirada por Dios,” Gr. theopneustos).
En contraste con esta declaración hecha por Jesús, Steve McVey, un maestro prominente que ha escrito sobre la gracia dijo: “Jesús es la única infalible, autoritativa Palabra de Dios.” [1] De igual manera, Brian Zahnd, en respuesta a la pregunta de si creía o no que la Palabra de Dios fue inspirada, dijo: “Yo sí creo en la Palabra de Dios inspirada e infalible, y Su nombre es Jesús.” [2] Mi pregunta a ellos sería, “¿cómo pueden creer en el Jesús de la Biblia y no recibir Su propio testimonio acerca de las Escrituras como las mismas palabras de Dios?”
Mientras que muchos aparentan estar exaltando a Jesús, en realidad lo que están haciendo es despreciar las Escrituras, creando una tensión falsa entre Cristo, la Palabra de Dios encarnada y la Escritura, la cual ellos designan “la palabra de Dios con una p pequeña.” McVey dijo:
“Si quieres decir que la Biblia es la palabra con una p minúscula, que es una de las maneras en que Dios nos habla a nosotros, estoy de acuerdo con eso.” [3] “Literalmente hablando, la Biblia no es la Palabra de Dios – Jesús es.” [4]
La verdad es que, si la Palabra de Dios, las Escrituras, procede de la boca de Dios, entonces es tan inseparable de Dios como es Cristo, la misma Palabra encarnada, y por lo tanto infalible. Como el Padre de la Iglesia Primitiva, Ireneo (130 – 202 d.C.) dijo en su obra, Contra las Herejías: “Debemos de dejar los misterios no revelados a Dios quien nos hizo, con la seguridad de que las Escrituras de hecho son perfectas, dado que fueron habladas por la Palabra de Dios y Su Espíritu…” [5] Si fueron habladas por la Palabra Infalible de Dios y Su Espíritu, entonces ellas de igual manera tienen que ser recibidas como infalibles y vivas. El único motivo detrás de tal negación de la supremacía de la Palabra de Dios escrita es para justificar el hacer a un lado las porciones de las Escrituras que no se pueden acomodar a las normas culturales o a sus propias doctrinas no bíblicas. Decir que solamente Cristo es la infalible autoritativa Palabra de Dios es equivalente a negar el mismo testimonio de Cristo acerca de la infalibilidad de las Escrituras. Extrañamente, Brian va al extremo de decir que Jesús tuvo que salvar la Biblia de sí misma. Él dijo: “Jesús es el Salvador de todo lo que necesita ser salvo, incluyendo la Biblia. ¡Jesús salva la Biblia de sí misma!” [6]
En el libro de Hebreos, después de citar las Escrituras quince veces en sucesión rápida, el autor caracteriza las Escrituras de la siguiente manera:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb 4:12)
Históricamente, esta referencia a la Palabra de Dios en su contexto aquí en Hebreos ha sido entendida como refiriéndose a las Escrituras. Sin embargo, aquellos que no están dispuestos a aceptar la totalidad de las Escrituras tal y como son, tienen que presentar “la palabra” como refiriéndose a Cristo, la Palabra encarnada, en vez de las Escrituras como la Palabra, que ellos consideran de alguna manera inferior a Cristo e independiente de Él. Sin embargo, mientras sea posible caracterizar a Cristo de la manera descrita aquí, es obvio que se está refiriendo específicamente a la Biblia – la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, cuyas palabras, vivificadas por el Espíritu, revelan los pensamientos y las intenciones del corazón y nos da la capacidad de discernir cuándo estamos actuando con el alma en vez de actuar con nuestro espíritu.
Tristemente, Steve McVey aparenta mostrar desprecio hacia las Escrituras cuando comenta sobre Hebreos 4:12. Él dice: “La Biblia es viva. ¿De veras? ¿Qué parte de ella? ¿Es el cuero? ¿Es el tinte? ¿Es el papel?” [7] Digo “tristemente” porque, por su propia confesión, él antes tenía un gran aprecio por las Escrituras, pero su peregrinaje le ha llevado al punto donde decidió que ya no podía aceptar lo que él percibe como percepciones distorsionadas de Dios descritas en la Biblia por los autores humanos. No es mi intención despreciar a McVey ni a los demás que menciono. Personalmente he recibido mucho de sus libros anteriores como “Grace Walk” y “Helping Others Overcome Addictions.”
Quizás ningún otro individuo haya tenido mayor influencia a nivel mundial para promover esta nueva tendencia a hacer caso omiso a la afirmación de Jesús de las Escrituras como la infalible Palabra de Dios, que Wm. Paul Young, el autor de la novela de mayor venta internacional, “La Cabaña.” Yo personalmente leí su libro varias veces, primero a solas y después con mi esposa y mis hijos. Cuando vimos la película “La Cabaña” todos lloramos porque nos identificamos mucho con la historia. Sin embargo, la gran popularidad de la novela y película lo ha envalentonado a dar expresión abierta de su negación de la infalibilidad de las Escrituras. Él cita las palabras del distinguido teólogo Neo-Ortodoxo Thomas F. Torrance cuando dijo: “Nosotros inventamos la idea de la infalibilidad de las Escrituras porque necesitábamos otro mediador entre Dios y los hombres que no fuera Jesús.” [8] En respuesta a esto le preguntaría: “¿Cómo puede uno siquiera saber con certidumbre que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres sin creer que la Biblia es la Palabra infalible de Dios?” Si no aceptamos la validación dada por Cristo de las Escrituras como infalibles, ¿cómo podemos saber que son fiables en su revelación acerca de Dios, el pecado, la redención, la consumación o cualquier otro tema bíblico?
Después de negar la infalibilidad de las Escrituras, Wm. Paul Young concluye: “Así que, ahora tienes que confiar en el Espíritu Santo como tu maestro y decir, ‘a ver, ¿en qué estamos poniendo nuestra certidumbre? ¿en la naturaleza de este Dios en quien nos relacionamos, o en una clase de certidumbre de extrapolación hermenéutica sin un encuentro?’” [9] Entonces, aparte de implicar aquí que a los que confían en las Escrituras les falta una relación personal con Dios, él está diciendo que, como las Escrituras contienen errores, tenemos que aprender a confiar en el Espíritu Santo en vez de confiar en la veracidad de las Escrituras.
Sin embargo, las Escrituras no presentan tal conflicto entre lo que dice la Biblia y lo que el Espíritu Santo dice. Las Escrituras son presentadas repetidas veces por Jesús y los Apóstoles como lo que el Espíritu Santo ha dicho (Mt 22:43; Marcos 12:36; Hch 1:16; 28:25; Heb 3:7). Aunque el Espíritu habló por medio de los autores humanos, las palabras habladas y escritas fueron dadas por el Espíritu Santo. Como dice Pedro: “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2Pedro 1:21)
Esta plena confianza en las Escrituras como la infalible Palabra de Dios fue sostenida casi universalmente por la Iglesia hasta que surgió el Modernismo Liberal a comienzos del siglo XIX cuando empezaron a buscar errores y contradicciones en la Biblia con tal de desacreditarla. Solo un par de citas de los Padres de la Iglesia Primitiva demuestran la plena confianza que tenían de que las palabras de las Escrituras fueron inseparables del mismo Espíritu Santo, y por lo tanto infalibles. Clemente de Roma (35 – 99 d.C.) dijo: “Mirad atentamente a las Escrituras que son las verdaderas palabras del Espíritu Santo.” De semejante manera, Gregorio de Niza (330 – 394 d.C.) dijo: “Todo lo que dice la Palabra divina es la voz del Espíritu Santo.” ¿Será posible que la voz del Espíritu Santo hable cosas erróneas o falsedades, como los Progresivos y Liberales modernos dicen acerca de unas porciones de las Sagradas Escrituras? Por último, Orígenes (184 – 254 d.C.) se refiere a las Escrituras como los escritos del Espíritu Santo diciendo, “No podemos decir que hay algo inútil o superfluo en las Escrituras, aun si algunas partes nos parecen oscuras.” (Para una lista más extensa de citas de los Padres acerca de la infalibilidad de las Escrituras vea mi blog: La Infalibilidad de la Biblia en la Historia de la Iglesia.
Creo que este extenso abandono de la plena confianza en las Escrituras como la misma Palabra de Dios que está sucediendo en nuestros días es lo que le fue revelado a Pablo por el Espíritu Santo. Él le dijo a Timoteo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2Tim 4:2-4)
Vale notar que Pablo jamás se refiere a Cristo como la Palabra, como lo hace el Apóstol Juan. Siempre cuando Pablo habla de “la palabra,” él se está refiriendo a las Escrituras. Esto es muy obvio aquí en el contexto, dado que incluye doctrina, refutaciones, reprensiones y exhortaciones. Pablo dice que el tiempo vendrá cuando los hombres ya no tolerarán la sana doctrina de la Biblia porque la verdad de la Palabra de Dios confronta su estilo de vida ilícita. Entonces, ellos buscarán a maestros que los afirmen en su conducta lujuriosa. Ellos se apartarán de la verdad, prefiriendo fábulas, mitos y falsas doctrinas que se acomoden a su estilo de vida como es, sin necesidad de arrepentirse. No podría existir una descripción más apta de lo que estamos viendo en nuestros días.
Otro detalle revelado a Pablo por el Espíritu Santo describe aún más lo que estamos observando dentro del Cristianismo Postmoderno. Él dice lo siguiente:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1Tim 4:1)
Estoy consciente de que otra corriente moderna es el del Preterismo que enseña que Cristo ya vino en un supuesto fin de época que terminó en el año 70 d.C. Siendo cierto, esto haría nula esta advertencia para nuestra generación. Presento mis razones por no abrazar al Preterismo en mi libro intitulado “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Supongamos por un momento que ya estamos viviendo en los últimos días y la venida de Cristo está en nuestro futuro cercano. ¿Qué tan descriptivas acerca de nuestra generación son las palabras de Pablo sobre los postreros tiempos? Él dice que muchos se apartarán de la fe. “La fe” es una expresión que, en este contexto, se refiere a lo que Judas llama “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Esto claramente hace referencia a lo que tenemos contenido en nuestra Biblia – este cuerpo de verdad en el que basamos toda nuestra fe y doctrina. Así como Pablo dice que debemos de persistir en la prédica de la Palabra, Judas de igual manera enfatiza la necesidad de contender arduamente por la fe. Él dice:
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4)
Judas nos habla de la necesidad de insistir en la sana doctrina de la Palabra, dado que en su tiempo algunos ya estaban apostatando de la fe, convirtiendo la gracia de Dios en una licencia para continuar en una vida de pecado y lascivia. Esto es aún más necesario en el tiempo que estamos viviendo ahora.
Volviendo a lo que le fue revelado a Pablo acerca de los postreros días en 1Timoteo 4:1, vemos que muchos cristianos profesantes se apartarán de la Palabra de Dios, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Muchos de los que desprecian la Palabra de Dios en esta generación se están apartando de la fe una vez dada a los santos, siendo engañados por espíritus que se hacen pasar por el Espíritu Santo. Esto jamás hubiera sido posible sin primero socavar su confianza en las Escrituras como la única regla autoritativa e infalible de fe y doctrina. El Apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima en que necesitamos tener a la biblia para evitar apartarnos de la fe. Él le dijo a Timoteo:
“desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Tim 3:15-17)
El objetivo principal de Satanás desde el principio ha sido lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Hasta el día de hoy, él presenta la misma pregunta: “¿Es verdad que Dios les dijo?” Lo que lo hace más sutil en nuestro tiempo de como era con Eva en el huerto, es que él ya no está utilizando la boca de una serpiente para lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Él ha alistado un ejército de teólogos, pastores, profetas, autores y productores que se aprovechan de su gran influencia para lograr que dudemos de la Palabra de Dios, logrando así que nos apartemos de la fe.
El engaño es mucho más sutil en esta Era Postmoderna de lo que era en la previa Era Moderna. Los Liberales Modernistas abiertamente negaban que Dios había hablado por Su Palabra. Ellos, al igual que los Saduceos del antaño, también negaban la realidad de los milagros, la existencia de ángeles y la resurrección. Incluso negaron la existencia de Satanás, el engañador. Sin embargo, los Postmodernistas emergentes no niegan lo sobrenatural. Al contrario, a menudo buscan experimentarlo. Nos dicen que, aunque la Biblia “contiene” la palabra de Dios, no es en sí la Palabra de Dios y, por lo tanto, necesitamos librarnos de los grillos de la Palabra escrita, permitiéndole al Espíritu que nos guíe. Como no creen en la infalibilidad de las Escrituras, ya no nos pueden decir que el Espíritu Santo es uno con Su Palabra y por lo tanto, jamás nos guiaría de una manera contraria a Su Palabra.
El Apóstol Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1John 4:1). Pero si abandonamos la Palabra de Dios como la regla absoluta de la verdad, ¿cómo podemos probar los espíritus para determinar si es el Espíritu Santo hablándonos u otro espíritu haciéndose pasar por el Espíritu Santo para apartarnos de la verdad? El Espíritu Santo es la verdad (1Juan 5:6), y de igual manera Jesús dijo que la Palabra es la verdad (Juan 17:17). El Espíritu y Su Palabra obran juntos. No podemos hacer caso omiso a la Palabra de Dios, diciendo que simplemente vamos a dejarnos guiar por el Espíritu, porque, a menos que tengamos Su Palabra para alumbrar nuestros pasos, somos presa fácil de espíritus del engaño que nos introducirán a doctrinas de demonios.
Me gustaría provocar a los maestros que han llegado a despreciar la Palabra inspirada de Dios a meditar sobre el Salmo 119. Es el capítulo más largo de la Biblia y a través de todo el capítulo se ensalza la Palabra de Dios como las mismas palabras de Dios - inseparables de Si mismo. El salmista dice:
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” (Sal 119:9)
“Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.” (Sal 119:140)
“Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.” (Sal 119:162)
“Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.” (Sal 119:14-16)
“Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos.” (Sal 119:148)
¿Resuena tu corazón con el salmista, o has permitido que los espíritus engañadores te roben un tesoro que, según el salmista, es más precioso que mucho oro afinado y más dulce que la miel? Si has perdido tu amor por la Palabra de Dios, arrepiéntete delante de Él, pidiéndole que te restaure la pasión por Su Palabra como un tesoro sin precio en tu corazón. La Palabra de Dios ha sido dada a nosotros para corrección y reprensión para evitarnos muchos tropiezos en la vida. David, un hombre con un corazón conforme a Dios, dijo de Su Palabra: “Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.” (Sal 19:11)
El Espíritu Santo, a través del Apóstol Pablo, nos advierte acerca de una gran apostasía que sucederá antes y durante el tiempo de la manifestación del “hombre de pecado” o “aquel inicuo.” Solamente los que reciban el amor de la verdad escaparán del gran engaño que viene sobre todo el Planeta Tierra:
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12, cf. 2:3)
La influencia del engaño será tan sutil y universal que solamente los que reciban el amor de la verdad serán salvos de ella. Jesús dijo que el engaño sería tan grande que, si fuera posible, engañaría aún a los escogidos (Marcos 13:22). Este engaño en el fin de la época será respaldado con señales y maravillas con tal de engañar a todos los que hayan hecho caso omiso a las advertencias dadas en la Palabra de Dios. Muchos de los que han creído la mentira de que Nerón era el Anticristo, ni piensan que este engaño podría venir sobre nosotros, suponiendo que los últimos días ya terminaron en el año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del milenio. El énfasis sobre las manifestaciones sobrenaturales, combinado con la falta de discernimiento que uno solamente puede obtener por valorar la Palabra de Dios, ha convertido la Iglesia de esta generación en presa fácil para caer en el engaño final sobrenatural, culminando en la manifestación del hombre de pecado. El Espíritu nos dice por medio de Pablo:
“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” (1Tes 5:4-6)
Jesús les dijo a Sus discípulos: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37). Ha sido la voluntad de Dios que cada generación viva con la expectativa de Su Segunda Venida, vigilando y estando pendientes de las señales dadas a nosotros en las Sagradas Escrituras. Pero si nosotros, la Iglesia, ignoramos la Biblia, considerándola como algo periférico y secundario en nuestras vidas, ¿cómo vamos a discernir los tiempos en que estamos viviendo para evitar el gran engaño que vendrá sobre el planeta entero? (Apo 13:8). Yo creo que las palabras habladas por el Espíritu a través de Pablo en Romanos 13:11 son específicamente aplicables a esta generación de creyentes. Él dijo, “es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.” Cuando venga nuestro Señor por Su Esposa, que no nos encuentre durmiendo como los demás, sino vigilantes y sobrios.
[1] Steve McVey: The Word of God is. Video 21:14
[2] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min.
[3] Steve McVey: The Word of God is. Video 17:50
[4] Steve McVey: The Word of God is. Video 22:00
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus Against Heresies, book 2, chapter 28 section 2.
[6] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God: The Scandalous Truth of the Very Good News (p. 57). The Crown Publishing Group.
[7] Steve McVey: The Word of God is. Video 24:00
[8] Q & A Session (FGC 2016) Video 27:00
[9] Q & A Session (FGC 2016) Video 28:43El apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima que debemos tener de las Escrituras para evitar desviarnos de la fe. Le dijo a Timoteo:
Jesús oró al Padre diciendo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). En nuestros días es común oír a algunos insistiendo que Jesús es la única infalible Palabra de Dios. Pero, ¿Si Jesús es la única Palabra infalible de Dios, entonces, ¿qué significaba la palabra “Palabra” para Jesús? ¿Puede acaso la Palabra del Padre ser verdad y al mismo tiempo falible? Algunos responderían diciendo que la Biblia no es la Palabra de Dios – que solo contiene la Palabra de Dios. Para ellos, la Biblia misma es una mezcla de verdad y error, y es tarea del teólogo o el lector discernir entre lo que es la verdadera Palabra de Dios y las porciones de las Escrituras que consideren nada más palabras de hombres falibles.
Sin embargo, esta no era la perspectiva que tenían los judíos de la época de Jesús sobre las Escrituras. Su confianza en la plena veracidad de las Escrituras se basaba en las propias Escrituras del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el salmista dice: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Sal 119:160). Y Jesús, en vez de disminuir esta alta estima de las Escrituras, afirmó la declaración, “La suma de tu palabra es verdad” al decir “Tu palabra es verdad.” Además, Jesús identificó “la palabra de Dios” como “las Escrituras,” diciendo que no pueden ser quebrantadas:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada) ...” (Juan 10:34,35)
Aquí vemos que la expresión, “Palabra de Dios” es equivalente a las Escrituras mismas y no nada más a algunas palabras contenidas en las Escrituras. Si siquiera una pequeña parte de las Escrituras originales pudiera ser demostrada errónea, entonces la Escritura podría ser quebrantada y Su Palabra no sería verdad. Jesús no simplemente consideraba la Escritura como generalmente verdadera, sino verbal y plenariamente infalible y veraz hasta la última jota y tilde del idioma hebreo (Mt 5:17-18). Jesús, muchas veces decía que las Escrituras tienen que cumplirse. Citando Deuteronomio 8:3 Jesús dijo:
“Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (cf. 2Tim 3:16, “toda Escritura es respirada por Dios,” Gr. theopneustos).
En contraste con esta declaración hecha por Jesús, Steve McVey, un maestro prominente que ha escrito sobre la gracia dijo: “Jesús es la única infalible, autoritativa Palabra de Dios.” [1] De igual manera, Brian Zahnd, en respuesta a la pregunta de si creía o no que la Palabra de Dios fue inspirada, dijo: “Yo sí creo en la Palabra de Dios inspirada e infalible, y Su nombre es Jesús.” [2] Mi pregunta a ellos sería, “¿cómo pueden creer en el Jesús de la Biblia y no recibir Su propio testimonio acerca de las Escrituras como las mismas palabras de Dios?”
Mientras que muchos aparentan estar exaltando a Jesús, en realidad lo que están haciendo es despreciar las Escrituras, creando una tensión falsa entre Cristo, la Palabra de Dios encarnada y la Escritura, la cual ellos designan “la palabra de Dios con una p pequeña.” McVey dijo:
“Si quieres decir que la Biblia es la palabra con una p minúscula, que es una de las maneras en que Dios nos habla a nosotros, estoy de acuerdo con eso.” [3] “Literalmente hablando, la Biblia no es la Palabra de Dios – Jesús es.” [4]
La verdad es que, si la Palabra de Dios, las Escrituras, procede de la boca de Dios, entonces es tan inseparable de Dios como es Cristo, la misma Palabra encarnada, y por lo tanto infalible. Como el Padre de la Iglesia Primitiva, Ireneo (130 – 202 d.C.) dijo en su obra, Contra las Herejías: “Debemos de dejar los misterios no revelados a Dios quien nos hizo, con la seguridad de que las Escrituras de hecho son perfectas, dado que fueron habladas por la Palabra de Dios y Su Espíritu…” [5] Si fueron habladas por la Palabra Infalible de Dios y Su Espíritu, entonces ellas de igual manera tienen que ser recibidas como infalibles y vivas. El único motivo detrás de tal negación de la supremacía de la Palabra de Dios escrita es para justificar el hacer a un lado las porciones de las Escrituras que no se pueden acomodar a las normas culturales o a sus propias doctrinas no bíblicas. Decir que solamente Cristo es la infalible autoritativa Palabra de Dios es equivalente a negar el mismo testimonio de Cristo acerca de la infalibilidad de las Escrituras. Extrañamente, Brian va al extremo de decir que Jesús tuvo que salvar la Biblia de sí misma. Él dijo: “Jesús es el Salvador de todo lo que necesita ser salvo, incluyendo la Biblia. ¡Jesús salva la Biblia de sí misma!” [6]
En el libro de Hebreos, después de citar las Escrituras quince veces en sucesión rápida, el autor caracteriza las Escrituras de la siguiente manera:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb 4:12)
Históricamente, esta referencia a la Palabra de Dios en su contexto aquí en Hebreos ha sido entendida como refiriéndose a las Escrituras. Sin embargo, aquellos que no están dispuestos a aceptar la totalidad de las Escrituras tal y como son, tienen que presentar “la palabra” como refiriéndose a Cristo, la Palabra encarnada, en vez de las Escrituras como la Palabra, que ellos consideran de alguna manera inferior a Cristo e independiente de Él. Sin embargo, mientras sea posible caracterizar a Cristo de la manera descrita aquí, es obvio que se está refiriendo específicamente a la Biblia – la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, cuyas palabras, vivificadas por el Espíritu, revelan los pensamientos y las intenciones del corazón y nos da la capacidad de discernir cuándo estamos actuando con el alma en vez de actuar con nuestro espíritu.
Tristemente, Steve McVey aparenta mostrar desprecio hacia las Escrituras cuando comenta sobre Hebreos 4:12. Él dice: “La Biblia es viva. ¿De veras? ¿Qué parte de ella? ¿Es el cuero? ¿Es el tinte? ¿Es el papel?” [7] Digo “tristemente” porque, por su propia confesión, él antes tenía un gran aprecio por las Escrituras, pero su peregrinaje le ha llevado al punto donde decidió que ya no podía aceptar lo que él percibe como percepciones distorsionadas de Dios descritas en la Biblia por los autores humanos. No es mi intención despreciar a McVey ni a los demás que menciono. Personalmente he recibido mucho de sus libros anteriores como “Grace Walk” y “Helping Others Overcome Addictions.”
Quizás ningún otro individuo haya tenido mayor influencia a nivel mundial para promover esta nueva tendencia a hacer caso omiso a la afirmación de Jesús de las Escrituras como la infalible Palabra de Dios, que Wm. Paul Young, el autor de la novela de mayor venta internacional, “La Cabaña.” Yo personalmente leí su libro varias veces, primero a solas y después con mi esposa y mis hijos. Cuando vimos la película “La Cabaña” todos lloramos porque nos identificamos mucho con la historia. Sin embargo, la gran popularidad de la novela y película lo ha envalentonado a dar expresión abierta de su negación de la infalibilidad de las Escrituras. Él cita las palabras del distinguido teólogo Neo-Ortodoxo Thomas F. Torrance cuando dijo: “Nosotros inventamos la idea de la infalibilidad de las Escrituras porque necesitábamos otro mediador entre Dios y los hombres que no fuera Jesús.” [8] En respuesta a esto le preguntaría: “¿Cómo puede uno siquiera saber con certidumbre que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres sin creer que la Biblia es la Palabra infalible de Dios?” Si no aceptamos la validación dada por Cristo de las Escrituras como infalibles, ¿cómo podemos saber que son fiables en su revelación acerca de Dios, el pecado, la redención, la consumación o cualquier otro tema bíblico?
Después de negar la infalibilidad de las Escrituras, Wm. Paul Young concluye: “Así que, ahora tienes que confiar en el Espíritu Santo como tu maestro y decir, ‘a ver, ¿en qué estamos poniendo nuestra certidumbre? ¿en la naturaleza de este Dios en quien nos relacionamos, o en una clase de certidumbre de extrapolación hermenéutica sin un encuentro?’” [9] Entonces, aparte de implicar aquí que a los que confían en las Escrituras les falta una relación personal con Dios, él está diciendo que, como las Escrituras contienen errores, tenemos que aprender a confiar en el Espíritu Santo en vez de confiar en la veracidad de las Escrituras.
Sin embargo, las Escrituras no presentan tal conflicto entre lo que dice la Biblia y lo que el Espíritu Santo dice. Las Escrituras son presentadas repetidas veces por Jesús y los Apóstoles como lo que el Espíritu Santo ha dicho (Mt 22:43; Marcos 12:36; Hch 1:16; 28:25; Heb 3:7). Aunque el Espíritu habló por medio de los autores humanos, las palabras habladas y escritas fueron dadas por el Espíritu Santo. Como dice Pedro: “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2Pedro 1:21)
Esta plena confianza en las Escrituras como la infalible Palabra de Dios fue sostenida casi universalmente por la Iglesia hasta que surgió el Modernismo Liberal a comienzos del siglo XIX cuando empezaron a buscar errores y contradicciones en la Biblia con tal de desacreditarla. Solo un par de citas de los Padres de la Iglesia Primitiva demuestran la plena confianza que tenían de que las palabras de las Escrituras fueron inseparables del mismo Espíritu Santo, y por lo tanto infalibles. Clemente de Roma (35 – 99 d.C.) dijo: “Mirad atentamente a las Escrituras que son las verdaderas palabras del Espíritu Santo.” De semejante manera, Gregorio de Niza (330 – 394 d.C.) dijo: “Todo lo que dice la Palabra divina es la voz del Espíritu Santo.” ¿Será posible que la voz del Espíritu Santo hable cosas erróneas o falsedades, como los Progresivos y Liberales modernos dicen acerca de unas porciones de las Sagradas Escrituras? Por último, Orígenes (184 – 254 d.C.) se refiere a las Escrituras como los escritos del Espíritu Santo diciendo, “No podemos decir que hay algo inútil o superfluo en las Escrituras, aun si algunas partes nos parecen oscuras.” (Para una lista más extensa de citas de los Padres acerca de la infalibilidad de las Escrituras vea mi blog: La Infalibilidad de la Biblia en la Historia de la Iglesia.
Creo que este extenso abandono de la plena confianza en las Escrituras como la misma Palabra de Dios que está sucediendo en nuestros días es lo que le fue revelado a Pablo por el Espíritu Santo. Él le dijo a Timoteo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2Tim 4:2-4)
Vale notar que Pablo jamás se refiere a Cristo como la Palabra, como lo hace el Apóstol Juan. Siempre cuando Pablo habla de “la palabra,” él se está refiriendo a las Escrituras. Esto es muy obvio aquí en el contexto, dado que incluye doctrina, refutaciones, reprensiones y exhortaciones. Pablo dice que el tiempo vendrá cuando los hombres ya no tolerarán la sana doctrina de la Biblia porque la verdad de la Palabra de Dios confronta su estilo de vida ilícita. Entonces, ellos buscarán a maestros que los afirmen en su conducta lujuriosa. Ellos se apartarán de la verdad, prefiriendo fábulas, mitos y falsas doctrinas que se acomoden a su estilo de vida como es, sin necesidad de arrepentirse. No podría existir una descripción más apta de lo que estamos viendo en nuestros días.
Otro detalle revelado a Pablo por el Espíritu Santo describe aún más lo que estamos observando dentro del Cristianismo Postmoderno. Él dice lo siguiente:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1Tim 4:1)
Estoy consciente de que otra corriente moderna es el del Preterismo que enseña que Cristo ya vino en un supuesto fin de época que terminó en el año 70 d.C. Siendo cierto, esto haría nula esta advertencia para nuestra generación. Presento mis razones por no abrazar al Preterismo en mi libro intitulado “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Supongamos por un momento que ya estamos viviendo en los últimos días y la venida de Cristo está en nuestro futuro cercano. ¿Qué tan descriptivas acerca de nuestra generación son las palabras de Pablo sobre los postreros tiempos? Él dice que muchos se apartarán de la fe. “La fe” es una expresión que, en este contexto, se refiere a lo que Judas llama “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Esto claramente hace referencia a lo que tenemos contenido en nuestra Biblia – este cuerpo de verdad en el que basamos toda nuestra fe y doctrina. Así como Pablo dice que debemos de persistir en la prédica de la Palabra, Judas de igual manera enfatiza la necesidad de contender arduamente por la fe. Él dice:
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4)
Judas nos habla de la necesidad de insistir en la sana doctrina de la Palabra, dado que en su tiempo algunos ya estaban apostatando de la fe, convirtiendo la gracia de Dios en una licencia para continuar en una vida de pecado y lascivia. Esto es aún más necesario en el tiempo que estamos viviendo ahora.
Volviendo a lo que le fue revelado a Pablo acerca de los postreros días en 1Timoteo 4:1, vemos que muchos cristianos profesantes se apartarán de la Palabra de Dios, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Muchos de los que desprecian la Palabra de Dios en esta generación se están apartando de la fe una vez dada a los santos, siendo engañados por espíritus que se hacen pasar por el Espíritu Santo. Esto jamás hubiera sido posible sin primero socavar su confianza en las Escrituras como la única regla autoritativa e infalible de fe y doctrina. El Apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima en que necesitamos tener a la biblia para evitar apartarnos de la fe. Él le dijo a Timoteo:
“desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Tim 3:15-17)
El objetivo principal de Satanás desde el principio ha sido lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Hasta el día de hoy, él presenta la misma pregunta: “¿Es verdad que Dios les dijo?” Lo que lo hace más sutil en nuestro tiempo de como era con Eva en el huerto, es que él ya no está utilizando la boca de una serpiente para lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Él ha alistado un ejército de teólogos, pastores, profetas, autores y productores que se aprovechan de su gran influencia para lograr que dudemos de la Palabra de Dios, logrando así que nos apartemos de la fe.
El engaño es mucho más sutil en esta Era Postmoderna de lo que era en la previa Era Moderna. Los Liberales Modernistas abiertamente negaban que Dios había hablado por Su Palabra. Ellos, al igual que los Saduceos del antaño, también negaban la realidad de los milagros, la existencia de ángeles y la resurrección. Incluso negaron la existencia de Satanás, el engañador. Sin embargo, los Postmodernistas emergentes no niegan lo sobrenatural. Al contrario, a menudo buscan experimentarlo. Nos dicen que, aunque la Biblia “contiene” la palabra de Dios, no es en sí la Palabra de Dios y, por lo tanto, necesitamos librarnos de los grillos de la Palabra escrita, permitiéndole al Espíritu que nos guíe. Como no creen en la infalibilidad de las Escrituras, ya no nos pueden decir que el Espíritu Santo es uno con Su Palabra y por lo tanto, jamás nos guiaría de una manera contraria a Su Palabra.
El Apóstol Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1John 4:1). Pero si abandonamos la Palabra de Dios como la regla absoluta de la verdad, ¿cómo podemos probar los espíritus para determinar si es el Espíritu Santo hablándonos u otro espíritu haciéndose pasar por el Espíritu Santo para apartarnos de la verdad? El Espíritu Santo es la verdad (1Juan 5:6), y de igual manera Jesús dijo que la Palabra es la verdad (Juan 17:17). El Espíritu y Su Palabra obran juntos. No podemos hacer caso omiso a la Palabra de Dios, diciendo que simplemente vamos a dejarnos guiar por el Espíritu, porque, a menos que tengamos Su Palabra para alumbrar nuestros pasos, somos presa fácil de espíritus del engaño que nos introducirán a doctrinas de demonios.
Me gustaría provocar a los maestros que han llegado a despreciar la Palabra inspirada de Dios a meditar sobre el Salmo 119. Es el capítulo más largo de la Biblia y a través de todo el capítulo se ensalza la Palabra de Dios como las mismas palabras de Dios - inseparables de Si mismo. El salmista dice:
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” (Sal 119:9)
“Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.” (Sal 119:140)
“Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.” (Sal 119:162)
“Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.” (Sal 119:14-16)
“Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos.” (Sal 119:148)
¿Resuena tu corazón con el salmista, o has permitido que los espíritus engañadores te roben un tesoro que, según el salmista, es más precioso que mucho oro afinado y más dulce que la miel? Si has perdido tu amor por la Palabra de Dios, arrepiéntete delante de Él, pidiéndole que te restaure la pasión por Su Palabra como un tesoro sin precio en tu corazón. La Palabra de Dios ha sido dada a nosotros para corrección y reprensión para evitarnos muchos tropiezos en la vida. David, un hombre con un corazón conforme a Dios, dijo de Su Palabra: “Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.” (Sal 19:11)
El Espíritu Santo, a través del Apóstol Pablo, nos advierte acerca de una gran apostasía que sucederá antes y durante el tiempo de la manifestación del “hombre de pecado” o “aquel inicuo.” Solamente los que reciban el amor de la verdad escaparán del gran engaño que viene sobre todo el Planeta Tierra:
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12, cf. 2:3)
La influencia del engaño será tan sutil y universal que solamente los que reciban el amor de la verdad serán salvos de ella. Jesús dijo que el engaño sería tan grande que, si fuera posible, engañaría aún a los escogidos (Marcos 13:22). Este engaño en el fin de la época será respaldado con señales y maravillas con tal de engañar a todos los que hayan hecho caso omiso a las advertencias dadas en la Palabra de Dios. Muchos de los que han creído la mentira de que Nerón era el Anticristo, ni piensan que este engaño podría venir sobre nosotros, suponiendo que los últimos días ya terminaron en el año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del milenio. El énfasis sobre las manifestaciones sobrenaturales, combinado con la falta de discernimiento que uno solamente puede obtener por valorar la Palabra de Dios, ha convertido la Iglesia de esta generación en presa fácil para caer en el engaño final sobrenatural, culminando en la manifestación del hombre de pecado. El Espíritu nos dice por medio de Pablo:
“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” (1Tes 5:4-6)
Jesús les dijo a Sus discípulos: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37). Ha sido la voluntad de Dios que cada generación viva con la expectativa de Su Segunda Venida, vigilando y estando pendientes de las señales dadas a nosotros en las Sagradas Escrituras. Pero si nosotros, la Iglesia, ignoramos la Biblia, considerándola como algo periférico y secundario en nuestras vidas, ¿cómo vamos a discernir los tiempos en que estamos viviendo para evitar el gran engaño que vendrá sobre el planeta entero? (Apo 13:8). Yo creo que las palabras habladas por el Espíritu a través de Pablo en Romanos 13:11 son específicamente aplicables a esta generación de creyentes. Él dijo, “es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.” Cuando venga nuestro Señor por Su Esposa, que no nos encuentre durmiendo como los demás, sino vigilantes y sobrios.
[1] Steve McVey: The Word of God is. Video 21:14
[2] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min.
[3] Steve McVey: The Word of God is. Video 17:50
[4] Steve McVey: The Word of God is. Video 22:00
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus Against Heresies, book 2, chapter 28 section 2.
[6] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God: The Scandalous Truth of the Very Good News (p. 57). The Crown Publishing Group.
[7] Steve McVey: The Word of God is. Video 24:00
[8] Q & A Session (FGC 2016) Video 27:00
[9] Q & A Session (FGC 2016) Video 28:43El apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima que debemos tener de las Escrituras para evitar desviarnos de la fe. Le dijo a Timoteo: