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Considerando el proceso de la formación de la Canon Bíblico
por George Sidney Hurd
¿Podemos confiar de que todos los 66 libros contenidos en nuestra Biblia son aquellos, y solo aquellos, que fueron inspirados por el Espíritu Santo, y por lo tanto la autoritativa Palabra de Dios para nosotros hoy?
Algunos que intentan a socavar la autoridad de las Escripturas han enseñado que un grupo élite de obispos, bajo la autoridad del Imperador Constantino, arbitrariamente decidieron cuales libros serían incluidos en el Canon de la Biblia en el Concilio de Nicea en 325 d.C.
Sin embargo, no existe ninguna evidencia de antigüedad indicando que el tema del Canon fue presentado en el concilio. Esa noción se basa en un mito del siglo IX que relata que los obispos en el Concilio de Nicea colocaron un gran número de libros en la mesa divina en la casa de Dios y oraron, pidiendo que todos que eran espurios aparecieran debajo de la mesa al terminar su oración. Y, según el mito, he aquí, al abrirse los ojos, solamente los libros inspirados quedaban sobre la mesa.
En el siglo XVII, Voltaire, el opositor Deísta del cristianismo, citó este mito para ridiculizar la Biblia. Y más adelante en el año 2003, cuando Dan Brown escribió su novela ficticia, “El Código Da Vinci,” él presentó el mito como si la afirmación falsa fuera cierta, y como si el Concilio de Nicea de hecho hubiera determinado el Canon. A raíz de esto, muchos hoy en día creen que ese mito es cierto.
El Canon Bíblico se formó Orgánica y Espontáneamente
La palabra Canon en español viene de la palabra griega κανών, que significa “regla” o “cana de medir,” y llegó a referirse a los libros que calificaban como Escritura inspirada. Un examen cuidadoso de la historia y transmisión de los textos sagrados que actualmente tenemos en nuestras Biblias revela que ningún concilio humano los impuso sobre la Iglesia, sino, el pueblo de Dios en general reconocía su inspiración divina y autoridad desde el momento en que fueron escritos.
Los 39 libros que tenemos en nuestro Antiguo Testamento son los mismos que aparecen en la Biblia Hebrea del judaísmo, excepto que han sido ordenados de otra manera, formando 24 libros. La mayoría de ellos, con la excepción de algunos de los profetas, fueron recibidos como parte del Canon desde el momento en que fueron escritos. Incluso los profetas que eran aborrecidos por los judíos debido a sus advertencias de los juicios de Dios por sus pecados, fueron incluidos después de haber sido cumplidas sus profecías de corto plazo, pasando la prueba de un verdadero profeta como presentado en Deuteronomio 18:21-22.
En el tiempo del ministerio de Jesús, las Escrituras estaban divididos en tres grupos principales, la Ley, los Profetas, y los Salmos. Jesús afirmaba todas estas tres categorías como Escrituras autoritativas (Lucas 24:44-45). También, los Apóstoles utilizaban las mismas Escrituras (1Cor 15:3; 2Tim 3:15-17). Así que, por el objetivo de este blog, no hay necesidad de enfocarnos más en el Canon del Antiguo Testamento.
Aunque Jesús Mismo no escribió ninguna Escritura, cuando Él estaba a solas con Sus discípulos en el aposento alto en la última cena, Él les dijo a Sus discípulos que el Espíritu Santo les recordaría todo lo que Él les había enseñado; que el Espíritu Les guiaría a toda la verdad y que les haría saber las cosas que sucederían en el futuro (Jn 14:25-26; 16:13). La Iglesia Primitiva entendía estas palabras como aplicándose principalmente a los Apóstoles, y estimaba sus enseñanzas como autoritativas para la Iglesia, perseverando en su doctrina (Hch 2:42). Incluso, el escritor de Hebreos dijo que era una ofensa aún mayor hacer caso omiso al mensaje que “comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron,” de lo que era ignorar la Ley dado por Moisés bajo el Antiguo Pacto (Heb 2:2-3). Así que, los Apóstoles confirmaron las enseñanzas de Cristo.
Así como Moisés y los Profetas eran fundamentales para el judaísmo, de la misma manera, los Apóstoles y los Profetas eran fundamentales para la Iglesia (Ef 2:19-20; 1 Cor 3:10-11). Pablo se refería a las palabras contenidas en sus escritos, y también los escritos de los otros Apóstoles, como tradiciones obligatorias y palabras sanas que la Iglesia necesitaba retener y observar, siendo las mismas palabras de Dios (1 Cor 14:37; 1Tes 2:13; 2Tes 2:15; 3:6,14; 2Tim 1:13).
De igual manera, el Apóstol Pedro ordenó a la Iglesia a tener presentes “las palabras que los santos profetas pronunciaron en el pasado, y el mandamiento que dio nuestro Señor y Salvador por medio de los apóstoles” (2Pedro 3:2). También vemos que Pedro llamaba a los escritos de Pablo Escritura, junto con los escritos de los profetas del Antiguo Testamento. Él dijo:
“…nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16)
Aquí vemos que, para cuando la segunda epístola de Pedro fue escrita (que tuvo que haber sido antes de su martirio en 68 d.C.), todas las epístolas no solamente habían sido circuladas entre las iglesias, sino que también fueron considerados parte de las Sagradas Escrituras. Pedro aquí no está estableciendo las epístolas de Pablo como Escritura, sino que él simplemente menciona un hecho ya entendido entre ellos.
Hacia finales del primer siglo, Judas exhortó a los creyentes a “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3). Aquí uno puede ver que, para finales del primer siglo, la Iglesia ya tenía un Canon determinado, solamente recibiendo como Escritura el Antiguo Testamento y las doctrinas de los Apóstoles, escritas, o por ellos mismos, o por alguien directamente relacionados con ellos. En esta exhortación, Judas dice que necesitamos contender por la fe “una vez dada a los santos.” Esto no da lugar a un “Canon abierto” que permitiría que escritos posteriores a los Apóstoles sean incluidos en el sagrado Canon.
También vemos que Pablo ya consideraba al menos el Evangelio de Lucas como Escritura. Escribiendo a Timoteo, Pablo dijo: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.” (1 Tim 5:18). El único lugar donde aparece en la Escritura la frase, “Digno es el obrero de su salario,” es en el Evangelio de Lucas donde Jesús dijo: “Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario.” (Lucas 10:7).
Así que, podemos ver que el Nuevo Testamento se formó de manera orgánica, así como el Antiguo Testamento. Una vez que los libros fueron escritos, prontamente fueron distribuidos entre las Iglesias como las Escrituras del Nuevo Pacto (1Tes 5:27; Col 4:16-17).
Tan pronto como Juan, el último de los Apóstoles, había escrito el libro de Apocalipsis a finales del reinado del Imperador Domiciano en 95 – 96 d.C., el Canon de las Escrituras quedó cerrado. Tomando en cuenta de que la Escritura, desde Génesis a Apocalipsis es un total orgánico, creo que las palabras inspiradas en Apocalipsis 22 sirvieron para sellar el Canon de una vez. Cierre con estas palabras:
“Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro.” (Apo 22:18-19 LBLA)
Es más que significativo que ningunos de los Padres Apostólicos (entre 100 – 150 d.C.), ni los Padres Ante Nicenas, hablaban autoritativamente, como hicieron los autores del Nuevo Testamento. Al contrario, ellos continuamente citaban a los libros del Nuevo Testamento como autoritativos. Los Padres Apostólicos citaban el Nuevo Testamento 50 veces más que el Antiguo Testamento. Aun aquellos que eran cuestionados por algunos, como Hebreos, Santiago, 2 y 3 Juan, y las epístolas de Pedro, eran citados a menudo por ellos.
Ignacio (35 – 107 d.C.), conocido como “el discípulo de Juan,” llamaba los escritos del Nuevo Testamento circulados en su día como “los Evangelios y los Apóstoles.” Aunque él solamente mencionó específicamente 7 de los libros en nuestro Nuevo Testamento, la categoría amplia de “los Evangelios y los Apóstoles,” potencialmente abarca a todos los libros que ahora tenemos. Policarpo (69 – 155 d.C.), también un discípulo de Juan, menciona 15 de ellos. Clemente (35 - 99 d.C.) menciona al menos ocho. Ireneo, el gran historiador de la Iglesia Primitiva (120 - 200 d.C.), menciona 21 de los 27 libros. Hipólito (170 – 235 d.C.), hace mención de 22 libros. Si combinamos a todos sus escritos, todos los 27 libros fueron citados por ellos.
No fue hasta finales del segundo siglo que el surgimiento de ciertas herejías Gnósticas obligó a la Iglesia a comenzar a formalmente formar listas canónicas de los libros. A mediados del siglo II, un Gnóstico llamado Marcion de Sinope (85 – 160 d.C.), comenzó a enseñar que el Dios del Antiguo Testamento era un dios severo y vindicativo, mientras que el Dios del Nuevo Testamento era amor, bondad y gracia (algo similar a los argumentos Revisionistas presentados por muchos Progresivos hoy en día). Dado que Marcion solamente aceptaba algunas de las epístolas de Pablo, y las enseñanzas de Jesús que podrían ser entendidos como presentándole a Dios con un amor permisivo y libre de todo juicio, él compiló su propio Canon, consistiendo solamente de su propia edición editado del Evangelio de Lucas y 10 de las epístolas de Pablo, excluyendo las epístolas pastorales y Hebreos.
El primer Canon conocido fue el Canon Muratoriano, que era la compilación de todos los libros que el escritor desconocido sabía que eran aceptados por la Iglesia como canónicos en aquel entonces. El incluye todos los libros del Nuevo Testamento excepto Hebreos, Santiago, 3 Juan y 1 y 2 Pedro. Él específicamente menciona un par de libros que nunca fueron incluidos, diciendo que fueron falsificados en nombre de Pablo para promover la herejía de Marcion.
Orígenes (184 -253 d.C.), presentó un Canon que incluía todos los 27 libros con excepción de Santiago, 2 y 3 Juan y 2 Pedro. Él, como con la mayoría en su tiempo, creyó que Hebreos fue escrito por Pablo y lo incluyó en su Canon.
Alrededor de 350 d.C., Cirilo de Jerusalén presentó un Canon que incluía la totalidad del Antiguo Testamento, más uno de los libros apócrifos, y 26 libros del Nuevo Testamento, dejando fuera Apocalipsis. El Concilio de Laodicea en 363 d.C. presentó la misma lista de 26 libros que Cirilo. Entonces en 367 d.C., Atanasio de Alejandría presentó una lista completa de los 27 libros en nuestro Nuevo Testamento, refiriéndose a ellos como “siendo canonizados” (kanonizomena). Esto llegó a ser el prototipo para los concilios subsecuentes de Hipo (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.), que también incluían los mismos 27 libros en el Canon.
Estos concilios eran necesarios debido al gran número de libros que eran circulados entre las Iglesias en aquellos tiempos. Algunos de ellos eran útiles, pero no eran incluidos en los Cánones finales, o porque fueron escritos después del tiempo de los Apóstoles, o porque no tenían cualidades de acuerdo con la inspiración divina. Además, había muchos Seudo Evangelios de los Gnósticos, presentados como si fueron Escritura, junto con otros escritos Gnósticos. El historiador de la Iglesia del siglo II, Eusebio, da una lista larga de libros falsos o heréticos que existían en aquel entonces. Aunque nunca fueron recibidos por la Iglesia en general, muchos estaban siendo engañados por ellos, haciendo que fuera necesario que la Iglesia defina cuales libros deben ser recibidos como parte de las Sagradas Escrituras.
Las decisiones de los concilios no eran arbitrarias, sino que utilizaban principios lógicos para determinar cuáles libros eran inspirados por el Espíritu Santo. Los libros no eran reconocidos como inspirados porque fueron declarados canónicos, sino que fueron declarados como canónicos porque eran inspirados. El criterio para definir cuales libros eran inspirados fueron: 1) El autor tuvo que haber sido, o un Apóstol, o alguien estrechamente relacionado con los Apóstoles; 2) El libro tuvo que haber sido ya reconocido por la Iglesia en general desde el tiempo de los Apóstoles y 3) El contenido del libro tenía que ser en armonía con el resto de las Escrituras en su mensaje y principios morales.
Aunque la Iglesia Católica Romana contiene 73 libros, incluyendo también los 7 designados los libros apócrifos, que significa “ocultos” o “secretos,” también llamados el “deuterocanón” o “segundo Canon” por los Católicos, y aunque las Iglesias Ortodoxas también incluyen algunos libros pseudoepígrafos, unas teniendo hasta 81 libros en su Biblia, estos escritos apócrifos normalmente no son tomados tanto autoritativos, sino nada más informativos.
Hoy en día es común escuchar a alguien argumentar que unos de los Seudo Evangelios deben de haber sido incluidos dentro del Canon. Sin embargo, al leerlos, no puedo imaginar cómo alguien que tenga conocimiento de su contenido los tomaría como inspirados por Dios.
El Evangelio de Tomás es uno de los que muchos argumentan debe de haber sido incluido en el Canon. Sin embargo, aparte del hecho de que la evidencia indica que fue escrito después del tiempo de los Apóstoles, entre 135 y 200 d.C., la mayor parte de su contenido son incoherencias. Supuestamente es una lista de los dichos de Jesús. Algunos de hecho son dichos de Jesús que se encuentran en los 4 Evangelios, pero la mayor parte de los que no están en los Evangelios son incoherencias esotéricas. Aquí hay unos pocos ejemplos:
“Jesús ha dicho: Bendito sea el león que el humano come y el león se convertirá en humano. Y maldito sea el humano a quien el león come y el humano se convertirá en león.” [1]
“En los días cuando comíais los muertos, los transformasteis a la vida. Cuando entréis en la luz, ¿qué haréis? En el día cuando estabais juntos, os separasteis, más cuando os hayáis separado, ¿qué haréis?” [2]
“Jesús les ha dicho: Si ayunáis, causaréis transgresión a vosotros mismos. Y si oráis, seréis condenados. Y si dais limosna, haréis daño a vuestros espíritus.” [3]
“Jesús ha dicho: Bendito sea quien existía antes de que entrara en el ser. Si os hacéis Mis discípulos y atendéis Mis dichos, estas piedras os servirán.” [4]
Aquí incluyo un ejemplo más que presenta a Jesús y Sus discípulos como si tuvieron un gran desprecio hacia las mujeres. Para mí es difícil imaginar cómo alguien hoy en día lo quería en su Biblia. Lee así:
“Simón Pedro les dice: Que Mariam salga de entre nosotros, pues las hembras no son dignas de la vida. Jesús dice: He aquí que le inspiraré a ella para que se convierta en varón, para que ella misma se haga un espíritu viviente semejante a vosotros varones. Pues cada hembra que se convierte en varón, entrará en el Reino de los Cielos.” [5]
¡Imagine que tan difícil sería defender las Escrituras contra los detractores si hubieron incluidos tales dichos en nuestros Biblias!
En el Seudo Evangelio de María, María Magdalena es presentado, no solamente como una discípula del Señor, sino como Su favorita, recibiendo de Él Sus enseñanzas esotéricas que los otros discípulos no eran capaces de comprender. Cuando Pedro protesta, preguntando por qué ellos deben de escuchar a una mujer, Leví responde diciendo:
“Si el Salvador la hizo Digna, ¿quién eres tú para desecharla? Ciertamente el Salvador la conoce bien. Es por eso que la ama más que a nosotros.”
En el Seudo Evangelio de Pedro, Jesús es presentado como saliendo del sepulcro necesitando estar sostenidos por dos ángeles gigantes después de Su resurrección. Siguiéndoles es una cruz que habla. Después de que Jesús y la cruz había salido de la tumba, dice lo siguiente:
“Y escucharon una voz del cielo, diciendo, ‘¿Has predicado a aquellos que duermen?’ Y la cruz respondió, ‘Sí.’”
Creo que todos estamos de acuerdo en que tales incoherencias esotéricas y monogenistas fueron justamente excluidas del Canon, no solo por los concilios, sino por la Iglesia Primitiva en general.
Podríamos elaborar mucho más sobre el tema, pero, en conclusión, creo que podemos concluir de manera razonable de que los 66 libros que actualmente tenemos en nuestras Biblias son aquellos, y solamente aquellos, que la providencia y supervisión divina nos ha preservado desde el momento que salieron de la boca de Dios y fueron escritos.
[1] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 7
[2] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 12
[3] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 15
[4] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 20,21
[5] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 114
por George Sidney Hurd
¿Podemos confiar de que todos los 66 libros contenidos en nuestra Biblia son aquellos, y solo aquellos, que fueron inspirados por el Espíritu Santo, y por lo tanto la autoritativa Palabra de Dios para nosotros hoy?
Algunos que intentan a socavar la autoridad de las Escripturas han enseñado que un grupo élite de obispos, bajo la autoridad del Imperador Constantino, arbitrariamente decidieron cuales libros serían incluidos en el Canon de la Biblia en el Concilio de Nicea en 325 d.C.
Sin embargo, no existe ninguna evidencia de antigüedad indicando que el tema del Canon fue presentado en el concilio. Esa noción se basa en un mito del siglo IX que relata que los obispos en el Concilio de Nicea colocaron un gran número de libros en la mesa divina en la casa de Dios y oraron, pidiendo que todos que eran espurios aparecieran debajo de la mesa al terminar su oración. Y, según el mito, he aquí, al abrirse los ojos, solamente los libros inspirados quedaban sobre la mesa.
En el siglo XVII, Voltaire, el opositor Deísta del cristianismo, citó este mito para ridiculizar la Biblia. Y más adelante en el año 2003, cuando Dan Brown escribió su novela ficticia, “El Código Da Vinci,” él presentó el mito como si la afirmación falsa fuera cierta, y como si el Concilio de Nicea de hecho hubiera determinado el Canon. A raíz de esto, muchos hoy en día creen que ese mito es cierto.
El Canon Bíblico se formó Orgánica y Espontáneamente
La palabra Canon en español viene de la palabra griega κανών, que significa “regla” o “cana de medir,” y llegó a referirse a los libros que calificaban como Escritura inspirada. Un examen cuidadoso de la historia y transmisión de los textos sagrados que actualmente tenemos en nuestras Biblias revela que ningún concilio humano los impuso sobre la Iglesia, sino, el pueblo de Dios en general reconocía su inspiración divina y autoridad desde el momento en que fueron escritos.
Los 39 libros que tenemos en nuestro Antiguo Testamento son los mismos que aparecen en la Biblia Hebrea del judaísmo, excepto que han sido ordenados de otra manera, formando 24 libros. La mayoría de ellos, con la excepción de algunos de los profetas, fueron recibidos como parte del Canon desde el momento en que fueron escritos. Incluso los profetas que eran aborrecidos por los judíos debido a sus advertencias de los juicios de Dios por sus pecados, fueron incluidos después de haber sido cumplidas sus profecías de corto plazo, pasando la prueba de un verdadero profeta como presentado en Deuteronomio 18:21-22.
En el tiempo del ministerio de Jesús, las Escrituras estaban divididos en tres grupos principales, la Ley, los Profetas, y los Salmos. Jesús afirmaba todas estas tres categorías como Escrituras autoritativas (Lucas 24:44-45). También, los Apóstoles utilizaban las mismas Escrituras (1Cor 15:3; 2Tim 3:15-17). Así que, por el objetivo de este blog, no hay necesidad de enfocarnos más en el Canon del Antiguo Testamento.
Aunque Jesús Mismo no escribió ninguna Escritura, cuando Él estaba a solas con Sus discípulos en el aposento alto en la última cena, Él les dijo a Sus discípulos que el Espíritu Santo les recordaría todo lo que Él les había enseñado; que el Espíritu Les guiaría a toda la verdad y que les haría saber las cosas que sucederían en el futuro (Jn 14:25-26; 16:13). La Iglesia Primitiva entendía estas palabras como aplicándose principalmente a los Apóstoles, y estimaba sus enseñanzas como autoritativas para la Iglesia, perseverando en su doctrina (Hch 2:42). Incluso, el escritor de Hebreos dijo que era una ofensa aún mayor hacer caso omiso al mensaje que “comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron,” de lo que era ignorar la Ley dado por Moisés bajo el Antiguo Pacto (Heb 2:2-3). Así que, los Apóstoles confirmaron las enseñanzas de Cristo.
Así como Moisés y los Profetas eran fundamentales para el judaísmo, de la misma manera, los Apóstoles y los Profetas eran fundamentales para la Iglesia (Ef 2:19-20; 1 Cor 3:10-11). Pablo se refería a las palabras contenidas en sus escritos, y también los escritos de los otros Apóstoles, como tradiciones obligatorias y palabras sanas que la Iglesia necesitaba retener y observar, siendo las mismas palabras de Dios (1 Cor 14:37; 1Tes 2:13; 2Tes 2:15; 3:6,14; 2Tim 1:13).
De igual manera, el Apóstol Pedro ordenó a la Iglesia a tener presentes “las palabras que los santos profetas pronunciaron en el pasado, y el mandamiento que dio nuestro Señor y Salvador por medio de los apóstoles” (2Pedro 3:2). También vemos que Pedro llamaba a los escritos de Pablo Escritura, junto con los escritos de los profetas del Antiguo Testamento. Él dijo:
“…nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16)
Aquí vemos que, para cuando la segunda epístola de Pedro fue escrita (que tuvo que haber sido antes de su martirio en 68 d.C.), todas las epístolas no solamente habían sido circuladas entre las iglesias, sino que también fueron considerados parte de las Sagradas Escrituras. Pedro aquí no está estableciendo las epístolas de Pablo como Escritura, sino que él simplemente menciona un hecho ya entendido entre ellos.
Hacia finales del primer siglo, Judas exhortó a los creyentes a “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3). Aquí uno puede ver que, para finales del primer siglo, la Iglesia ya tenía un Canon determinado, solamente recibiendo como Escritura el Antiguo Testamento y las doctrinas de los Apóstoles, escritas, o por ellos mismos, o por alguien directamente relacionados con ellos. En esta exhortación, Judas dice que necesitamos contender por la fe “una vez dada a los santos.” Esto no da lugar a un “Canon abierto” que permitiría que escritos posteriores a los Apóstoles sean incluidos en el sagrado Canon.
También vemos que Pablo ya consideraba al menos el Evangelio de Lucas como Escritura. Escribiendo a Timoteo, Pablo dijo: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.” (1 Tim 5:18). El único lugar donde aparece en la Escritura la frase, “Digno es el obrero de su salario,” es en el Evangelio de Lucas donde Jesús dijo: “Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario.” (Lucas 10:7).
Así que, podemos ver que el Nuevo Testamento se formó de manera orgánica, así como el Antiguo Testamento. Una vez que los libros fueron escritos, prontamente fueron distribuidos entre las Iglesias como las Escrituras del Nuevo Pacto (1Tes 5:27; Col 4:16-17).
Tan pronto como Juan, el último de los Apóstoles, había escrito el libro de Apocalipsis a finales del reinado del Imperador Domiciano en 95 – 96 d.C., el Canon de las Escrituras quedó cerrado. Tomando en cuenta de que la Escritura, desde Génesis a Apocalipsis es un total orgánico, creo que las palabras inspiradas en Apocalipsis 22 sirvieron para sellar el Canon de una vez. Cierre con estas palabras:
“Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro.” (Apo 22:18-19 LBLA)
Es más que significativo que ningunos de los Padres Apostólicos (entre 100 – 150 d.C.), ni los Padres Ante Nicenas, hablaban autoritativamente, como hicieron los autores del Nuevo Testamento. Al contrario, ellos continuamente citaban a los libros del Nuevo Testamento como autoritativos. Los Padres Apostólicos citaban el Nuevo Testamento 50 veces más que el Antiguo Testamento. Aun aquellos que eran cuestionados por algunos, como Hebreos, Santiago, 2 y 3 Juan, y las epístolas de Pedro, eran citados a menudo por ellos.
Ignacio (35 – 107 d.C.), conocido como “el discípulo de Juan,” llamaba los escritos del Nuevo Testamento circulados en su día como “los Evangelios y los Apóstoles.” Aunque él solamente mencionó específicamente 7 de los libros en nuestro Nuevo Testamento, la categoría amplia de “los Evangelios y los Apóstoles,” potencialmente abarca a todos los libros que ahora tenemos. Policarpo (69 – 155 d.C.), también un discípulo de Juan, menciona 15 de ellos. Clemente (35 - 99 d.C.) menciona al menos ocho. Ireneo, el gran historiador de la Iglesia Primitiva (120 - 200 d.C.), menciona 21 de los 27 libros. Hipólito (170 – 235 d.C.), hace mención de 22 libros. Si combinamos a todos sus escritos, todos los 27 libros fueron citados por ellos.
No fue hasta finales del segundo siglo que el surgimiento de ciertas herejías Gnósticas obligó a la Iglesia a comenzar a formalmente formar listas canónicas de los libros. A mediados del siglo II, un Gnóstico llamado Marcion de Sinope (85 – 160 d.C.), comenzó a enseñar que el Dios del Antiguo Testamento era un dios severo y vindicativo, mientras que el Dios del Nuevo Testamento era amor, bondad y gracia (algo similar a los argumentos Revisionistas presentados por muchos Progresivos hoy en día). Dado que Marcion solamente aceptaba algunas de las epístolas de Pablo, y las enseñanzas de Jesús que podrían ser entendidos como presentándole a Dios con un amor permisivo y libre de todo juicio, él compiló su propio Canon, consistiendo solamente de su propia edición editado del Evangelio de Lucas y 10 de las epístolas de Pablo, excluyendo las epístolas pastorales y Hebreos.
El primer Canon conocido fue el Canon Muratoriano, que era la compilación de todos los libros que el escritor desconocido sabía que eran aceptados por la Iglesia como canónicos en aquel entonces. El incluye todos los libros del Nuevo Testamento excepto Hebreos, Santiago, 3 Juan y 1 y 2 Pedro. Él específicamente menciona un par de libros que nunca fueron incluidos, diciendo que fueron falsificados en nombre de Pablo para promover la herejía de Marcion.
Orígenes (184 -253 d.C.), presentó un Canon que incluía todos los 27 libros con excepción de Santiago, 2 y 3 Juan y 2 Pedro. Él, como con la mayoría en su tiempo, creyó que Hebreos fue escrito por Pablo y lo incluyó en su Canon.
Alrededor de 350 d.C., Cirilo de Jerusalén presentó un Canon que incluía la totalidad del Antiguo Testamento, más uno de los libros apócrifos, y 26 libros del Nuevo Testamento, dejando fuera Apocalipsis. El Concilio de Laodicea en 363 d.C. presentó la misma lista de 26 libros que Cirilo. Entonces en 367 d.C., Atanasio de Alejandría presentó una lista completa de los 27 libros en nuestro Nuevo Testamento, refiriéndose a ellos como “siendo canonizados” (kanonizomena). Esto llegó a ser el prototipo para los concilios subsecuentes de Hipo (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.), que también incluían los mismos 27 libros en el Canon.
Estos concilios eran necesarios debido al gran número de libros que eran circulados entre las Iglesias en aquellos tiempos. Algunos de ellos eran útiles, pero no eran incluidos en los Cánones finales, o porque fueron escritos después del tiempo de los Apóstoles, o porque no tenían cualidades de acuerdo con la inspiración divina. Además, había muchos Seudo Evangelios de los Gnósticos, presentados como si fueron Escritura, junto con otros escritos Gnósticos. El historiador de la Iglesia del siglo II, Eusebio, da una lista larga de libros falsos o heréticos que existían en aquel entonces. Aunque nunca fueron recibidos por la Iglesia en general, muchos estaban siendo engañados por ellos, haciendo que fuera necesario que la Iglesia defina cuales libros deben ser recibidos como parte de las Sagradas Escrituras.
Las decisiones de los concilios no eran arbitrarias, sino que utilizaban principios lógicos para determinar cuáles libros eran inspirados por el Espíritu Santo. Los libros no eran reconocidos como inspirados porque fueron declarados canónicos, sino que fueron declarados como canónicos porque eran inspirados. El criterio para definir cuales libros eran inspirados fueron: 1) El autor tuvo que haber sido, o un Apóstol, o alguien estrechamente relacionado con los Apóstoles; 2) El libro tuvo que haber sido ya reconocido por la Iglesia en general desde el tiempo de los Apóstoles y 3) El contenido del libro tenía que ser en armonía con el resto de las Escrituras en su mensaje y principios morales.
Aunque la Iglesia Católica Romana contiene 73 libros, incluyendo también los 7 designados los libros apócrifos, que significa “ocultos” o “secretos,” también llamados el “deuterocanón” o “segundo Canon” por los Católicos, y aunque las Iglesias Ortodoxas también incluyen algunos libros pseudoepígrafos, unas teniendo hasta 81 libros en su Biblia, estos escritos apócrifos normalmente no son tomados tanto autoritativos, sino nada más informativos.
Hoy en día es común escuchar a alguien argumentar que unos de los Seudo Evangelios deben de haber sido incluidos dentro del Canon. Sin embargo, al leerlos, no puedo imaginar cómo alguien que tenga conocimiento de su contenido los tomaría como inspirados por Dios.
El Evangelio de Tomás es uno de los que muchos argumentan debe de haber sido incluido en el Canon. Sin embargo, aparte del hecho de que la evidencia indica que fue escrito después del tiempo de los Apóstoles, entre 135 y 200 d.C., la mayor parte de su contenido son incoherencias. Supuestamente es una lista de los dichos de Jesús. Algunos de hecho son dichos de Jesús que se encuentran en los 4 Evangelios, pero la mayor parte de los que no están en los Evangelios son incoherencias esotéricas. Aquí hay unos pocos ejemplos:
“Jesús ha dicho: Bendito sea el león que el humano come y el león se convertirá en humano. Y maldito sea el humano a quien el león come y el humano se convertirá en león.” [1]
“En los días cuando comíais los muertos, los transformasteis a la vida. Cuando entréis en la luz, ¿qué haréis? En el día cuando estabais juntos, os separasteis, más cuando os hayáis separado, ¿qué haréis?” [2]
“Jesús les ha dicho: Si ayunáis, causaréis transgresión a vosotros mismos. Y si oráis, seréis condenados. Y si dais limosna, haréis daño a vuestros espíritus.” [3]
“Jesús ha dicho: Bendito sea quien existía antes de que entrara en el ser. Si os hacéis Mis discípulos y atendéis Mis dichos, estas piedras os servirán.” [4]
Aquí incluyo un ejemplo más que presenta a Jesús y Sus discípulos como si tuvieron un gran desprecio hacia las mujeres. Para mí es difícil imaginar cómo alguien hoy en día lo quería en su Biblia. Lee así:
“Simón Pedro les dice: Que Mariam salga de entre nosotros, pues las hembras no son dignas de la vida. Jesús dice: He aquí que le inspiraré a ella para que se convierta en varón, para que ella misma se haga un espíritu viviente semejante a vosotros varones. Pues cada hembra que se convierte en varón, entrará en el Reino de los Cielos.” [5]
¡Imagine que tan difícil sería defender las Escrituras contra los detractores si hubieron incluidos tales dichos en nuestros Biblias!
En el Seudo Evangelio de María, María Magdalena es presentado, no solamente como una discípula del Señor, sino como Su favorita, recibiendo de Él Sus enseñanzas esotéricas que los otros discípulos no eran capaces de comprender. Cuando Pedro protesta, preguntando por qué ellos deben de escuchar a una mujer, Leví responde diciendo:
“Si el Salvador la hizo Digna, ¿quién eres tú para desecharla? Ciertamente el Salvador la conoce bien. Es por eso que la ama más que a nosotros.”
En el Seudo Evangelio de Pedro, Jesús es presentado como saliendo del sepulcro necesitando estar sostenidos por dos ángeles gigantes después de Su resurrección. Siguiéndoles es una cruz que habla. Después de que Jesús y la cruz había salido de la tumba, dice lo siguiente:
“Y escucharon una voz del cielo, diciendo, ‘¿Has predicado a aquellos que duermen?’ Y la cruz respondió, ‘Sí.’”
Creo que todos estamos de acuerdo en que tales incoherencias esotéricas y monogenistas fueron justamente excluidas del Canon, no solo por los concilios, sino por la Iglesia Primitiva en general.
Podríamos elaborar mucho más sobre el tema, pero, en conclusión, creo que podemos concluir de manera razonable de que los 66 libros que actualmente tenemos en nuestras Biblias son aquellos, y solamente aquellos, que la providencia y supervisión divina nos ha preservado desde el momento que salieron de la boca de Dios y fueron escritos.
[1] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 7
[2] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 12
[3] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 15
[4] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 20,21
[5] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 114
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por George Sidney Hurd
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El propósito de este blog es tripartito. Primero, espero demostrar que la manera en que las Sagradas Escrituras se describen a su propia inspiración gramática y lógicamente requiere que estén sin error.
Segundo, estaremos considerando cómo Dios pudo haber producido un texto perfecto usando autores humanos sin violar su libre albedrío. Y finalmente, quiero considerar brevemente lo que abarca la infalibilidad, y lo que debemos de anticipar ver en un texto infalible que ha sido inspirado por Dios y a la vez escrito por autores humanos.
La Naturaleza de la Inspiración Divina requiere su Infalibilidad
“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras (τα ιερα γραμματα), las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios (πασα γραφη θεοπνευστος), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:15-17)
Bien entendida, la inspiración divina, como descrita aquí en 2Timoteo 3:16, excluye la posibilidad de error en cualquier porción de las Sagradas Escrituras. Dice aquí que es la Escritura la que es inspirada y no simplemente los autores humanos que la escribieron. Es el resultado final en sí que fue inspirado.
La palabra griega traducida en el RVR como “inspirada por Dios” es θεοπνευστος, compuesta de θεος - “Dios,” and πνέω – “respirar o exhalar,” y es mejor traducida literalmente como “respirada por Dios” o “exhalada de Dios.” Jesús expresó el mismo concepto cuando Él dijo, “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4).
Para ilustrar esto, cuando yo quiero comunicar algo, elijo cuidadosamente las palabras correctas para expresarme de la mejor manera posible. Entonces, en el momento que doy expresión a mis pensamientos, sonando las palabras mientras exhalo, llegan a ser las palabras respiradas por mí hacia mi audiencia. Las Escrituras incluso refieren al hablar como “respirar” (Hch 9:1). Una vez que las palabras respiradas por mí han sido escritas, llegan a ser las palabras respiradas por mí en mis escrituras, y después otros pueden descubrir mis pensamientos leyendo lo que he escrito.
De semejante manera, las palabras de las Sagradas Escrituras son palabras respiradas por Dios, habiendo salido de Su boca y comunicadas a, y a través de, los autores humanos mientras escribían. La mayor diferencia es que nosotros somos falibles y cometemos errores, mientras que Dios es verdad y no se puede errar. Lógicamente sigue, entonces, que toda Escritura es una expresión de la mente y voluntad de Dios, preservada para nosotros en forma escrita. Es por eso por lo que Pablo dice que la Escritura en su totalidad es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
Unos que se oponen a la infalibilidad de las Escrituras intentan cambiar el orden de las palabras en 2Timoteo 3:16 de una manera que, según ellos, permite errores en algunas porciones de las Escrituras. En el griego, la primera frase del versículo simplemente lee, πασα γραφη θεοπνευστος και ωφελιμος… “toda escritura respirado por Dios y útil…” En el español el verbo “es” es implícito y tiene que ser agregado por los traductores.
Los que niegan que las Escrituras estén sin errores argumentan que “es” debe de ser colocado al final de la frase. Eso lo haría leer: “Toda Escritura respirada por Dios es y útil…,” en vez de la traducción correcta que dice: “Toda Escritura es respirada por Dios y (και) útil…” Para poder poner “es” al final de la frase, tienen que, o eliminar la conjunción και totalmente del texto griego, o traducir και como “también” en vez de “y,” que es la traducción contextual más lógica. Sin embargo, esta lectura es descalificada por el mismo contexto, dado que es obvio en el verso anterior que Pablo quiere decir que cada Escritura de las Sagradas Escrituras es respirado por Dios. Lógicamente, si Dios es el fuente de toda porción de las Sagradas Escrituras, entonces tienen que ser infalible y sin error, así como Jesús afirmaba repetidas veces (Jn 17:6,14,17; Jn 10:35; Mt 5:18, etc.).
¿Cómo pudo Dios haber utilizado Humanos Falibles para producir una Escritura Infalible y sin Errores sin violar su propio Libre Albedrío?
Los opositores a la infalibilidad argumentan que sería imposible que Dios utilizara a hombres falibles para producir una Biblia infalible sin violar su propio libre albedrío. Sin embargo, contrario a lo que algunos creen, El libre albedrío soberano de Dios no puede ser limitado por el libre albedrío del hombre. Por ejemplo, cuando el rey Saúl vino a llevar cautivo a David, el Espíritu del Señor vino sobre él y profetizaba toda la noche, aunque eso no fue su deseo ni su intención (1Sam 19:23-24). También, Dios inició los estados de éxtasis o visiones abiertas, a través de los cuales Él les hablaba a Pedro y a Pablo, dándoles revelaciones particulares (Hch 10:10-16; 22:17-21).
Algunas porciones fueron de hecho dictados por Dios y los autores humanos simplemente escribieron lo que Dios les había dicho, algo como haría una secretaria (Deut 27:3,8; Jer 30:2; Isa 8:1; 30:8). En Apocalipsis, a Juan le fue mandado escribir lo que había visto 11 veces, y una vez incluso le fue prohibido a escribir lo que había visto (Apo 1:11;19, cf. Apo 10:4). Claramente, las Escrituras llegaron a existir por la voluntad de Dios y no por el “libre albedrío” de los hombres.
Sin embargo, aunque la soberanía de Dios no está limitada por nuestro libre albedrío, y de hecho Él a veces ha intervenido en contra de la voluntad de los hombres cuando fuera necesario, muy pocos que defienden la infalibilidad de las Escrituras dirían que Dios violó la voluntad de los autores humanos mientras escribían las Escrituras como haría un espíritu para producir escritura automática por un médium en estado de trance. El estilo de escribir de cada autor humano es evidente en las Escrituras, como también sus perspectivas y emociones personales. Entonces, ¿Cómo podría Dios producir las Escrituras sin error, utilizando autores humanos falibles, sin interferir con su libre albedrío? Creo que Pedro explica cómo. Él dijo:
“entendiendo primero esto, que ninguna profecía (προφητεία) de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados (φερομενοι) por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:20-21)
Pedro comienza diciendo que ninguna profecía (προφητεία) de la Escritura es de interpretación privada, o simplemente las opiniones de los autores humanos. La palabra προφητεία (propheteia) no refiere exclusivamente a predecir el futuro, como unos piensan. Se refiere a todo lo que habla uno bajo la influencia de la inspiración divina, con o sin referencia a eventos futuros. [1] Lo que Pedro está diciendo es que ninguna parte de la Escritura es simplemente las opiniones y creencias de los autores humanos.
Esto contradice lo que afirman muchos eruditos Progresivos que argumentan que, cuando Dios inspiró a los autores humanos, Él de manera condescendientemente permitió la inclusión de las creencias erradas del antiguo Medio-Oriente, entre otros errores humanos.
En el versículo 21, Pedro continua, explicando que ninguna Escritura fue nada más lo que querían decir los autores humanos, sino que los santos hombres de Dios hablaban siendo inspirados o movidos (φερομενοι) por el Espíritu Santo. La palabra traducido “inspirados” es φερω, (phero), y es usado en los Hechos para referirse al viento que mueve el barco en el mar (Hch 27:15). La idea expresada es de que el Espíritu Santo se movía sobre los autores humanos de tal manera que solamente escribieron lo que Dios quería que escribieran.
Volviendo a la pregunta, cómo Dios podría utilizar a humanos falibles para producir una Escritura infalible sin violar a su libre albedrío, Pedro explica que los instrumentos humanos que Dios escogió no eran hombres voluntariosos comunes, requiriendo que Dios los sujetara con cabestro y con freno con tal de que digan lo que Él quería, sino que eran “santos hombres de Dios,” sobre los cuales el Espíritu Santo podía moverse sin resistencia, respirando a través de ellos las mismas palabras que están escritas en el texto sagrado. Eran hombres conforme al corazón de Dios que eran sensibles al mover del Espíritu conforme iba respirando las palabras de Dios a través de ellos. No hubo necesidad de que Dios frenara su libre albedrío, dado que su voluntad ya estaba rendida a Él, solo necesitando de la iluminación y mover del Espíritu.
También, cuando uno toma en cuenta el conocimiento medio de Dios, en que él sabe, no solamente lo que uno diría de antemano, sino que también sabe lo que uno diría bajo otras circunstancias, haciendo posible que Dios obrara todas las cosas según la determinación de Su propia voluntad, llega a ser evidente que Dios podría preparar a sus vasos humanos de tal manera que expresarían de manera infalible Su propio corazón y mente. Dios es capaz de obrar en Sus vasos, tanto para querer, como para hacer Su buena voluntad (Filipenses 2:13).
¿En qué sentido es Infalible la Biblia?
Como ya hemos visto, el propio estilo de escribir de cada autor humano puede ser observado en las Escrituras, así que, incluso las porciones que fueron dictados por Dios eran libremente escritas por los autores humanos, en vez de que sea algo semejante a la escritura automática donde un espíritu posee un médium y escribe con su mano mientras que está en estado de trance.
También, vemos que Dios les dio libertad a los autores humanos a incluir asuntos personales que tienen poca o ninguna aplicación espiritual o autoritativa a nosotros, como Pablo diciendo cosas como, “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos” (2 Tim 4:13), o diciéndole a Timoteo que tomara un poco de vino para el estómago (1Tim 5:23). Aunque toda Escritura es igualmente inspirada, y por lo tanto confiable y sin error, no todas las Escrituras son directamente aplicables al creyente hoy en día. Lo que observamos en las Escrituras es la supervisión divina de Dios sobre lo que escribieron los autores humanos, que resultó en su plena infalibilidad verbal, sin la necesidad de que Él dictara cada palabra. Para mí, la Declaración sobre la Infalibilidad Bíblica de Chicago, formulado por un grupo de los líderes Evangélicos más prominentes en 1978, expresa muy bien la enseñanza de las mismas Escrituras sobre el tema de la inspiración:
“Las Sagradas Escrituras, siendo la Palabra del propio Dios, escrita por hombres preparados y dirigidos por su Espíritu, tienen autoridad divina infalible en todos los temas que tocan; deben ser obedecidas como mandamientos de Dios en todo lo que ellas requieren; deben de ser acogidas como garantía de Dios en todo lo que prometen.” [2]
“Siendo completa y verbalmente dadas por Dios, las Escrituras son sin error o falta en todas sus enseñanzas, tanto en lo que declaran acerca de los actos de creación de Dios, acerca de los eventos de la historia del mundo, acerca de su propio origen literario bajo la dirección de Dios, como en su testimonio de la gracia redentora de Dios en la vida de cada persona.” [3]
El Espíritu Santo dirigió o supervisó a los autores humanos, moviéndose sobre ellos mientras que escribían, de tal manera que todas las afirmaciones de las Escrituras son las afirmaciones de Dios; todas sus enseñanzas son las enseñanzas de Dios; todos sus requisitos son los requisitos de Dios; y todas sus promesas son las promesas de Dios.
¿Cómo entender las percibidas Discrepancias en las Escrituras?
Espacio aquí no permite más que una consideración muy breve de este tema. Para los que desean investigar el tema más a fondo recomiendo “The Big Book of Bible Difficulties” por Norman Geisler y Thomas A. Howe, y “New International Encyclopedia of Bible Difficulties” por Gleason Archer.
Aquí solo quiero enfatizar que muchos errores percibidos en las Escrituras son eliminados cuando tomamos en cuenta la riqueza de géneros literarios y los múltiples recursos literarios en las Escrituras. Su poesía tiene que ser entendida como poesía, sus alegorías como alegorías, sus hipérboles como hipérboles, narraciones como narraciones, etc. Hay al menos 10 distintos géneros literarios en la Biblia, y unos 20 distintos recursos literarios. Una vez identificados e interpretados como tales, la mayoría de las aparentes discrepancias en la Biblia desvanecen. En realidad, esta misma riqueza de variedad de estilo literario no es único a las épocas bíblicas, dado que la misma diversidad es presente en nuestra habla diaria. Solamente, estamos tan acostumbrados a usarlos que pasan desapercibidos.
Algunos se perturban al ver diferencias en los detalles de las narraciones en los Evangelios porque piensan que deben de leer como un reporte policíaco y no como el género de literatura que son. Cada autor de los evangelios estaba escribiendo a una audiencia distinta, enfatizando diferentes detalles de la vida, enseñanza y ministerio de Cristo y dejando fuera otros detalles.
Cuando un autor escribe una biografía, a menudo no la relata en un orden cronológico estricto, cubriendo cada detalle de la vida de uno en sucesión. A menudo comienzan describiendo un punto clave de la vida de uno, en vez de comenzar con su nacimiento, o a veces enfatizan ciertos detalles, mientras que describen otros de manera distinta, o los dejan fuera de la historia por completo. Hay casi la misma libertad de estilo en la literatura biográfica como hay libertad poética en la poesía.
Lo asombroso es que, tomando en cuenta todo, ningunos de los críticos de las Escrituras han podido identificar positivamente ningún error o falsedad en los Evangelios. Aunque existen discrepancias percibidas, no están sin soluciones plausibles. Y, así como un acusado es inocente hasta ser probado culpable, de la misma manera, la Biblia es verdadera hasta que sea comprado que contenga errores. La Biblia ha estado en el juicio de los hombres por casi 2,000 años sin evidencias contundentes en su contra que sería admitidas en un corte de la ley.
Algunos argumenten de que la Biblia contiene errores de la ciencia, geografía y cosmología. Mientras que no es el propósito de las Escrituras enseñar sobre los asuntos de la ciencia, sin embargo, tomando en cuenta el uso de recursos literarios en las Escrituras, llega a ser evidente de que no existen errores demostrables de la ciencia en la Biblia.
Algunos, no tomando en cuenta el uso de lenguaje figurativa en la Biblia, suponen que la Biblia enseña una cosmología en la cual la tierra es plana. Sin embargo, tomando en cuenta su estilo literario, es evidente que la tierra es descrita de manera figurativa como si fuera un gran edificio.
Dios dice a Job: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno, Cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad?” (Job 38:4-9). A través de las Escrituras, la misma manera figurativa de hablar es usado para describir la tierra como si fuera un edificio con pilares y cuatro ángulos, etc.
¿Querrá Dios que entendamos que Él literalmente uso un cordón inmensamente largo para medir la tierra antes de fundirla, o estaba Él nada más utilizando el terminología de un albañil? ¿Literalmente encerró Dios el mar con puertas, o estaba hablando figurativamente, comparando la tierra con un edificio? ¿Será posible que alguien en su juicio cabal entendería a Dios de manera literal cuando dijo que se vistió la tierra con las nubes, fajándola con la oscuridad? Por lo que yo entiendo, ni siquiera los de la sociedad de la tierra plana piensan que la tierra tiene cuatro esquinas. Claramente, todo esto es lenguaje figurativo, en vez de una enseñanza sobre la cosmología.
Aún los científicos de hoy continuamente dicen cosas que no son cosmológicamente precisos como “se está bajando el sol” o “el sol me está pegando en los ojos,” pero nadie los corregiría diciendo que están errados. Aun si aquellos de la antigüedad hubieran creído que la tierra literalmente fuera un gran edificio con puertas encerrando el mar, y aún si los autores humanos hubieran pensado que la tierra fuera plana, que es algo muy dudoso, en ninguna parte de la Biblia nos enseña que la tierra es plana. La doctrina de la infalibilidad simplemente afirma que la Biblia está sin error en todo lo que enseña.
Así que, el testimonio de la Escritura acerca de sí misma es que es la Palabra de Dios, eterna e infalible, escrito por los santos hombres de Dios, siendo movidos por el Espíritu Santo. Y a pesar del hecho de que la Biblia es la literatura más adverada de toda la literatura antigua, ha sido el más atacada y criticada en toda la historia.
Sin embargo, después de casi dos milenios de ataques por los eruditos seculares más inteligentes, sigue siendo el libro de mayor venta de la historia, con unos 5 mil millones de copias vendidos. El segundo libro de mayor venta en la historia es “El Librito Rojo, Citaciones de Mao Tse-Tung,” que ha vendido 1.1 mil millones. Sin embargo, mientras que la Biblia sigue siendo el libro de mayor venta después de 1.900 años, hoy, solamente medio siglo después de el libro de Tse-Tung fue publicado por primera vez en 1967, muy pocos todavía están comprando su “Librito Rojo.” El testimonio de la Escritura acerca de sí misma se ha demostrado verdadero a través de los siglos cuando dice:
“Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:24-25)
[1] Louw and Nida Greek and English Lexicon.
[2] https://sdejesucristo.org/wp-content/uploads/2017/03/declaracion_de_infalibilidad.pdf, articulo 2
[3] https://sdejesucristo.org/wp-content/uploads/2017/03/declaracion_de_infalibilidad.pdf, articulo 4
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El propósito de este blog es tripartito. Primero, espero demostrar que la manera en que las Sagradas Escrituras se describen a su propia inspiración gramática y lógicamente requiere que estén sin error.
Segundo, estaremos considerando cómo Dios pudo haber producido un texto perfecto usando autores humanos sin violar su libre albedrío. Y finalmente, quiero considerar brevemente lo que abarca la infalibilidad, y lo que debemos de anticipar ver en un texto infalible que ha sido inspirado por Dios y a la vez escrito por autores humanos.
La Naturaleza de la Inspiración Divina requiere su Infalibilidad
“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras (τα ιερα γραμματα), las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios (πασα γραφη θεοπνευστος), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:15-17)
Bien entendida, la inspiración divina, como descrita aquí en 2Timoteo 3:16, excluye la posibilidad de error en cualquier porción de las Sagradas Escrituras. Dice aquí que es la Escritura la que es inspirada y no simplemente los autores humanos que la escribieron. Es el resultado final en sí que fue inspirado.
La palabra griega traducida en el RVR como “inspirada por Dios” es θεοπνευστος, compuesta de θεος - “Dios,” and πνέω – “respirar o exhalar,” y es mejor traducida literalmente como “respirada por Dios” o “exhalada de Dios.” Jesús expresó el mismo concepto cuando Él dijo, “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4).
Para ilustrar esto, cuando yo quiero comunicar algo, elijo cuidadosamente las palabras correctas para expresarme de la mejor manera posible. Entonces, en el momento que doy expresión a mis pensamientos, sonando las palabras mientras exhalo, llegan a ser las palabras respiradas por mí hacia mi audiencia. Las Escrituras incluso refieren al hablar como “respirar” (Hch 9:1). Una vez que las palabras respiradas por mí han sido escritas, llegan a ser las palabras respiradas por mí en mis escrituras, y después otros pueden descubrir mis pensamientos leyendo lo que he escrito.
De semejante manera, las palabras de las Sagradas Escrituras son palabras respiradas por Dios, habiendo salido de Su boca y comunicadas a, y a través de, los autores humanos mientras escribían. La mayor diferencia es que nosotros somos falibles y cometemos errores, mientras que Dios es verdad y no se puede errar. Lógicamente sigue, entonces, que toda Escritura es una expresión de la mente y voluntad de Dios, preservada para nosotros en forma escrita. Es por eso por lo que Pablo dice que la Escritura en su totalidad es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
Unos que se oponen a la infalibilidad de las Escrituras intentan cambiar el orden de las palabras en 2Timoteo 3:16 de una manera que, según ellos, permite errores en algunas porciones de las Escrituras. En el griego, la primera frase del versículo simplemente lee, πασα γραφη θεοπνευστος και ωφελιμος… “toda escritura respirado por Dios y útil…” En el español el verbo “es” es implícito y tiene que ser agregado por los traductores.
Los que niegan que las Escrituras estén sin errores argumentan que “es” debe de ser colocado al final de la frase. Eso lo haría leer: “Toda Escritura respirada por Dios es y útil…,” en vez de la traducción correcta que dice: “Toda Escritura es respirada por Dios y (και) útil…” Para poder poner “es” al final de la frase, tienen que, o eliminar la conjunción και totalmente del texto griego, o traducir και como “también” en vez de “y,” que es la traducción contextual más lógica. Sin embargo, esta lectura es descalificada por el mismo contexto, dado que es obvio en el verso anterior que Pablo quiere decir que cada Escritura de las Sagradas Escrituras es respirado por Dios. Lógicamente, si Dios es el fuente de toda porción de las Sagradas Escrituras, entonces tienen que ser infalible y sin error, así como Jesús afirmaba repetidas veces (Jn 17:6,14,17; Jn 10:35; Mt 5:18, etc.).
¿Cómo pudo Dios haber utilizado Humanos Falibles para producir una Escritura Infalible y sin Errores sin violar su propio Libre Albedrío?
Los opositores a la infalibilidad argumentan que sería imposible que Dios utilizara a hombres falibles para producir una Biblia infalible sin violar su propio libre albedrío. Sin embargo, contrario a lo que algunos creen, El libre albedrío soberano de Dios no puede ser limitado por el libre albedrío del hombre. Por ejemplo, cuando el rey Saúl vino a llevar cautivo a David, el Espíritu del Señor vino sobre él y profetizaba toda la noche, aunque eso no fue su deseo ni su intención (1Sam 19:23-24). También, Dios inició los estados de éxtasis o visiones abiertas, a través de los cuales Él les hablaba a Pedro y a Pablo, dándoles revelaciones particulares (Hch 10:10-16; 22:17-21).
Algunas porciones fueron de hecho dictados por Dios y los autores humanos simplemente escribieron lo que Dios les había dicho, algo como haría una secretaria (Deut 27:3,8; Jer 30:2; Isa 8:1; 30:8). En Apocalipsis, a Juan le fue mandado escribir lo que había visto 11 veces, y una vez incluso le fue prohibido a escribir lo que había visto (Apo 1:11;19, cf. Apo 10:4). Claramente, las Escrituras llegaron a existir por la voluntad de Dios y no por el “libre albedrío” de los hombres.
Sin embargo, aunque la soberanía de Dios no está limitada por nuestro libre albedrío, y de hecho Él a veces ha intervenido en contra de la voluntad de los hombres cuando fuera necesario, muy pocos que defienden la infalibilidad de las Escrituras dirían que Dios violó la voluntad de los autores humanos mientras escribían las Escrituras como haría un espíritu para producir escritura automática por un médium en estado de trance. El estilo de escribir de cada autor humano es evidente en las Escrituras, como también sus perspectivas y emociones personales. Entonces, ¿Cómo podría Dios producir las Escrituras sin error, utilizando autores humanos falibles, sin interferir con su libre albedrío? Creo que Pedro explica cómo. Él dijo:
“entendiendo primero esto, que ninguna profecía (προφητεία) de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados (φερομενοι) por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:20-21)
Pedro comienza diciendo que ninguna profecía (προφητεία) de la Escritura es de interpretación privada, o simplemente las opiniones de los autores humanos. La palabra προφητεία (propheteia) no refiere exclusivamente a predecir el futuro, como unos piensan. Se refiere a todo lo que habla uno bajo la influencia de la inspiración divina, con o sin referencia a eventos futuros. [1] Lo que Pedro está diciendo es que ninguna parte de la Escritura es simplemente las opiniones y creencias de los autores humanos.
Esto contradice lo que afirman muchos eruditos Progresivos que argumentan que, cuando Dios inspiró a los autores humanos, Él de manera condescendientemente permitió la inclusión de las creencias erradas del antiguo Medio-Oriente, entre otros errores humanos.
En el versículo 21, Pedro continua, explicando que ninguna Escritura fue nada más lo que querían decir los autores humanos, sino que los santos hombres de Dios hablaban siendo inspirados o movidos (φερομενοι) por el Espíritu Santo. La palabra traducido “inspirados” es φερω, (phero), y es usado en los Hechos para referirse al viento que mueve el barco en el mar (Hch 27:15). La idea expresada es de que el Espíritu Santo se movía sobre los autores humanos de tal manera que solamente escribieron lo que Dios quería que escribieran.
Volviendo a la pregunta, cómo Dios podría utilizar a humanos falibles para producir una Escritura infalible sin violar a su libre albedrío, Pedro explica que los instrumentos humanos que Dios escogió no eran hombres voluntariosos comunes, requiriendo que Dios los sujetara con cabestro y con freno con tal de que digan lo que Él quería, sino que eran “santos hombres de Dios,” sobre los cuales el Espíritu Santo podía moverse sin resistencia, respirando a través de ellos las mismas palabras que están escritas en el texto sagrado. Eran hombres conforme al corazón de Dios que eran sensibles al mover del Espíritu conforme iba respirando las palabras de Dios a través de ellos. No hubo necesidad de que Dios frenara su libre albedrío, dado que su voluntad ya estaba rendida a Él, solo necesitando de la iluminación y mover del Espíritu.
También, cuando uno toma en cuenta el conocimiento medio de Dios, en que él sabe, no solamente lo que uno diría de antemano, sino que también sabe lo que uno diría bajo otras circunstancias, haciendo posible que Dios obrara todas las cosas según la determinación de Su propia voluntad, llega a ser evidente que Dios podría preparar a sus vasos humanos de tal manera que expresarían de manera infalible Su propio corazón y mente. Dios es capaz de obrar en Sus vasos, tanto para querer, como para hacer Su buena voluntad (Filipenses 2:13).
¿En qué sentido es Infalible la Biblia?
Como ya hemos visto, el propio estilo de escribir de cada autor humano puede ser observado en las Escrituras, así que, incluso las porciones que fueron dictados por Dios eran libremente escritas por los autores humanos, en vez de que sea algo semejante a la escritura automática donde un espíritu posee un médium y escribe con su mano mientras que está en estado de trance.
También, vemos que Dios les dio libertad a los autores humanos a incluir asuntos personales que tienen poca o ninguna aplicación espiritual o autoritativa a nosotros, como Pablo diciendo cosas como, “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos” (2 Tim 4:13), o diciéndole a Timoteo que tomara un poco de vino para el estómago (1Tim 5:23). Aunque toda Escritura es igualmente inspirada, y por lo tanto confiable y sin error, no todas las Escrituras son directamente aplicables al creyente hoy en día. Lo que observamos en las Escrituras es la supervisión divina de Dios sobre lo que escribieron los autores humanos, que resultó en su plena infalibilidad verbal, sin la necesidad de que Él dictara cada palabra. Para mí, la Declaración sobre la Infalibilidad Bíblica de Chicago, formulado por un grupo de los líderes Evangélicos más prominentes en 1978, expresa muy bien la enseñanza de las mismas Escrituras sobre el tema de la inspiración:
“Las Sagradas Escrituras, siendo la Palabra del propio Dios, escrita por hombres preparados y dirigidos por su Espíritu, tienen autoridad divina infalible en todos los temas que tocan; deben ser obedecidas como mandamientos de Dios en todo lo que ellas requieren; deben de ser acogidas como garantía de Dios en todo lo que prometen.” [2]
“Siendo completa y verbalmente dadas por Dios, las Escrituras son sin error o falta en todas sus enseñanzas, tanto en lo que declaran acerca de los actos de creación de Dios, acerca de los eventos de la historia del mundo, acerca de su propio origen literario bajo la dirección de Dios, como en su testimonio de la gracia redentora de Dios en la vida de cada persona.” [3]
El Espíritu Santo dirigió o supervisó a los autores humanos, moviéndose sobre ellos mientras que escribían, de tal manera que todas las afirmaciones de las Escrituras son las afirmaciones de Dios; todas sus enseñanzas son las enseñanzas de Dios; todos sus requisitos son los requisitos de Dios; y todas sus promesas son las promesas de Dios.
¿Cómo entender las percibidas Discrepancias en las Escrituras?
Espacio aquí no permite más que una consideración muy breve de este tema. Para los que desean investigar el tema más a fondo recomiendo “The Big Book of Bible Difficulties” por Norman Geisler y Thomas A. Howe, y “New International Encyclopedia of Bible Difficulties” por Gleason Archer.
Aquí solo quiero enfatizar que muchos errores percibidos en las Escrituras son eliminados cuando tomamos en cuenta la riqueza de géneros literarios y los múltiples recursos literarios en las Escrituras. Su poesía tiene que ser entendida como poesía, sus alegorías como alegorías, sus hipérboles como hipérboles, narraciones como narraciones, etc. Hay al menos 10 distintos géneros literarios en la Biblia, y unos 20 distintos recursos literarios. Una vez identificados e interpretados como tales, la mayoría de las aparentes discrepancias en la Biblia desvanecen. En realidad, esta misma riqueza de variedad de estilo literario no es único a las épocas bíblicas, dado que la misma diversidad es presente en nuestra habla diaria. Solamente, estamos tan acostumbrados a usarlos que pasan desapercibidos.
Algunos se perturban al ver diferencias en los detalles de las narraciones en los Evangelios porque piensan que deben de leer como un reporte policíaco y no como el género de literatura que son. Cada autor de los evangelios estaba escribiendo a una audiencia distinta, enfatizando diferentes detalles de la vida, enseñanza y ministerio de Cristo y dejando fuera otros detalles.
Cuando un autor escribe una biografía, a menudo no la relata en un orden cronológico estricto, cubriendo cada detalle de la vida de uno en sucesión. A menudo comienzan describiendo un punto clave de la vida de uno, en vez de comenzar con su nacimiento, o a veces enfatizan ciertos detalles, mientras que describen otros de manera distinta, o los dejan fuera de la historia por completo. Hay casi la misma libertad de estilo en la literatura biográfica como hay libertad poética en la poesía.
Lo asombroso es que, tomando en cuenta todo, ningunos de los críticos de las Escrituras han podido identificar positivamente ningún error o falsedad en los Evangelios. Aunque existen discrepancias percibidas, no están sin soluciones plausibles. Y, así como un acusado es inocente hasta ser probado culpable, de la misma manera, la Biblia es verdadera hasta que sea comprado que contenga errores. La Biblia ha estado en el juicio de los hombres por casi 2,000 años sin evidencias contundentes en su contra que sería admitidas en un corte de la ley.
Algunos argumenten de que la Biblia contiene errores de la ciencia, geografía y cosmología. Mientras que no es el propósito de las Escrituras enseñar sobre los asuntos de la ciencia, sin embargo, tomando en cuenta el uso de recursos literarios en las Escrituras, llega a ser evidente de que no existen errores demostrables de la ciencia en la Biblia.
Algunos, no tomando en cuenta el uso de lenguaje figurativa en la Biblia, suponen que la Biblia enseña una cosmología en la cual la tierra es plana. Sin embargo, tomando en cuenta su estilo literario, es evidente que la tierra es descrita de manera figurativa como si fuera un gran edificio.
Dios dice a Job: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno, Cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad?” (Job 38:4-9). A través de las Escrituras, la misma manera figurativa de hablar es usado para describir la tierra como si fuera un edificio con pilares y cuatro ángulos, etc.
¿Querrá Dios que entendamos que Él literalmente uso un cordón inmensamente largo para medir la tierra antes de fundirla, o estaba Él nada más utilizando el terminología de un albañil? ¿Literalmente encerró Dios el mar con puertas, o estaba hablando figurativamente, comparando la tierra con un edificio? ¿Será posible que alguien en su juicio cabal entendería a Dios de manera literal cuando dijo que se vistió la tierra con las nubes, fajándola con la oscuridad? Por lo que yo entiendo, ni siquiera los de la sociedad de la tierra plana piensan que la tierra tiene cuatro esquinas. Claramente, todo esto es lenguaje figurativo, en vez de una enseñanza sobre la cosmología.
Aún los científicos de hoy continuamente dicen cosas que no son cosmológicamente precisos como “se está bajando el sol” o “el sol me está pegando en los ojos,” pero nadie los corregiría diciendo que están errados. Aun si aquellos de la antigüedad hubieran creído que la tierra literalmente fuera un gran edificio con puertas encerrando el mar, y aún si los autores humanos hubieran pensado que la tierra fuera plana, que es algo muy dudoso, en ninguna parte de la Biblia nos enseña que la tierra es plana. La doctrina de la infalibilidad simplemente afirma que la Biblia está sin error en todo lo que enseña.
Así que, el testimonio de la Escritura acerca de sí misma es que es la Palabra de Dios, eterna e infalible, escrito por los santos hombres de Dios, siendo movidos por el Espíritu Santo. Y a pesar del hecho de que la Biblia es la literatura más adverada de toda la literatura antigua, ha sido el más atacada y criticada en toda la historia.
Sin embargo, después de casi dos milenios de ataques por los eruditos seculares más inteligentes, sigue siendo el libro de mayor venta de la historia, con unos 5 mil millones de copias vendidos. El segundo libro de mayor venta en la historia es “El Librito Rojo, Citaciones de Mao Tse-Tung,” que ha vendido 1.1 mil millones. Sin embargo, mientras que la Biblia sigue siendo el libro de mayor venta después de 1.900 años, hoy, solamente medio siglo después de el libro de Tse-Tung fue publicado por primera vez en 1967, muy pocos todavía están comprando su “Librito Rojo.” El testimonio de la Escritura acerca de sí misma se ha demostrado verdadero a través de los siglos cuando dice:
“Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:24-25)
[1] Louw and Nida Greek and English Lexicon.
[2] https://sdejesucristo.org/wp-content/uploads/2017/03/declaracion_de_infalibilidad.pdf, articulo 2
[3] https://sdejesucristo.org/wp-content/uploads/2017/03/declaracion_de_infalibilidad.pdf, articulo 4
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D2 Por qu debemos de Insistir en la Infalibilidad de la Biblia?
por George Sidney Hurd
Vimos en el blog anterior que los Padres de la Iglesia, como también todo líder prominente en la Iglesia a través de su historia, han defendido la infalibilidad de las Escrituras contra los críticos que, por una razón u otra, han intentado subvertir su credibilidad. Ha sido una convicción tan firme que muchos han estado dispuestos a morir por ella, incluso hoy en nuestros días, arriesgando sus propias vidas con tal de poseer o distribuir las Sagradas Escrituras en países Comunistas o Islámicos, creyendo que realmente son lo que dicen ser, la Palabra de Dios.
Sin embargo, muchos cristianos Progresivos hoy en día consideran la infalibilidad de las Escrituras como algo irrelevante o divisivo en nuestra cultura Postmoderna todo-inclusivo. A menudo uno oye el refrán: “Soy seguidor de Jesús, no de la Biblia,” sin reflexionar sobre lo que Jesús Mismo enseñaba acerca de las Sagradas Escrituras. En realidad, ese dicho expresa más desprecio por las Escrituras, que reverencia a Cristo. Brian Zahnd, en su estilo típicamente sardónica y pacato, expresa su no tan sutil desprecio por la doctrina, tan prevalente entre los Progresivos, cuando dice: “Yo sí creo en la inspirada, infalible Palabra de Dios, y Su nombre es Jesús.” [1]
Sin embargo, a ellos les falta tomar en cuenta que, cuando Jesús usaba el término “Palabra,” Él siempre refería a las Escrituras, no a Sí Mismo. De hecho, Jesús solamente es llamado la Palabra por el Apóstol Juan, y aun él solamente lo usa de esa manera cuatro veces (Jn 1:1,14; 1Jn 1:1; 5:7; Apo 19:13). A menudo es innegable que Juan está refiriéndose a las Escrituras como la Palabra de Dios en vez de Cristo, como vemos claramente demostrado en Juan 10:35 donde Jesús Mismo dice: “Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (ο λογος του θεου) y la Escritura no puede ser quebrantada.” Aquí Jesús Mismo refiere a las Escrituras como la Palabra de Dios y no a Sí Mismo (cf. Jn 17:6,14,17). Considero las falencias de este argumento indirecto contra la autoridad de las Escrituras en mi blog, “¿Qué Significa la palabra ‘Palabra’ para Jesús?”
En este blog, vamos a considerar cuatro razones principales por qué debemos de insistir en la infalibilidad de la Escritura en su totalidad.
1. Jesús afirmaba la Autoridad e Infalibilidad de las Escrituras como la misma Palabra de Dios.
Para mí personalmente, esto, combinado con el testimonio interior del Espíritu Santo, ha sido mi motivo principal en creer en y defender la infalibilidad de las Escrituras desde el momento de mi primer encuentro con Cristo hace más de 52 años. Puede que sea posible conocer a Cristo como Salvador sin afirmar la infalibilidad de las Escrituras. Sin embargo, tomando en cuenta toda Su enseñanza sobre el tema, no creo que sea posible ser un verdadero discípulo de Jesús y a la vez estar en desacuerdo con Él en este tema tan vital. Jesús hizo numerosas afirmaciones acerca de las Escrituras.
(1) Las Escrituras vienen de la boca de Dios.
Jesús dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4). Que Él está refiriéndose a las Escrituras es claro, considerando que Pablo después dijo que toda Escritura es “respirada por Dios” (θεόπνευστος)” (2Tim 3:16). Los Apóstoles también entendieron que las Escrituras fueron el resultado del Espíritu Santo hablando a través de hombres de Dios como David y Isaías (Hch 1:16; 28:25; 2Pedro1:21).
(2) Las Escrituras son infalibles.
Jesús dijo de la Escritura que es la infalible “Palabra de Dios,” y por lo tanto, no puede ser quebrantada (Jn 10:35). Él dijo que todo lo que está escrito en las Escrituras tiene que ser cumplido (Marcos 14:49: Lucas 24:44), y que sería más fácil que pasara el cielo y la tierra que pasara sin cumplirse una sola jota o tilde de las Escrituras (Mt 5:18).
(3) Las Escrituras están libres de errores.
Jesús dijo que las Escrituras son la Palabra de Dios y son verdad (Jn 17:17, cf. Sal 119:160; Pro 30:5). Si Su palabra es verdad, entonces lógicamente, no puede contener errores. Basado en el hecho de que la totalidad de Su Palabra es verdad, Jesús dijo que todo error doctrinal es debido a nuestra ignorancia de las Escrituras y no a una falta en las Escrituras en sí (Mt 22:29).
(4) La “Palabra de Dios” puede ser invalidada por las tradiciones.
Ya vimos en Juan 10:35 que Jesús llamaba las Escrituras “la Palabra de Dios,” diciendo que no pueden ser quebrantadas. Además, Él acusó a los escribas y los fariseos de invalidar “la Palabra de Dios” con sus tradiciones (Marcos 7:13). Jesús estaba insistiendo en que debemos de vivir de cada palabra que procede de la boca de Dios en vez de someternos a las tradiciones de los hombres que a menudo invalidan la Palabra de Dios.
(5) Las Escrituras tienen un Mensaje Cristocéntico unificado.
Una de las indicaciones más claras de la autoría divina del Antiguo Testamento es la consistencia de su tema principal del plan de redención en Cristo, el Mesías. Fue escrito por muchos diferentes autores humanos, con trasfondos muy distintos, y sin embargo, el gran tema está en total harmonía, revelando lo que sucedería en su futuro. Solamente, el verdadero Dios que habita la eternidad es capaz de anunciar el por venir desde el principio, como lo vemos hacer a través de las Escrituras (Isa 46:9-10).
Después de Su resurrección, Cristo apareció a dos de Sus discípulos en el camino a Emaús y les explicó como todas las Escrituras, desde el Génesis a Malaquías, daban testimonio a Él:
“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lucas 24:27)
Después, Él también apareció a los demás discípulos y les acordó de cómo Él les había enseñado de las Escrituras que todo acerca de Su vida, muerte y resurrección tenía que cumplirse:
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.” (Lucas 24:44-45)
Si las Escrituras fueron nada más que las palabras y pronósticos de hombres falibles, o incluso si fueron una combinación de palabras de hombres con unas palabras de Dios, Jesús no hubiera insistido en que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito (cf. Mt 26:54,56). Y, ¿Por qué habría necesidad de que Él abriera el entendimiento de ellos para que comprendieran las Escrituras si no fueran más que palabras de hombres?
Hay un texto que algunos Progresivos han malinterpretado como si Cristo estuviera despreciando las Escrituras, pero, en realidad Él las estaba elevando, diciendo que los escribas y fariseos necesitaban examinar las Escrituras con más atención porque ellas daban testimonio de Él. Jesús les dijo:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39-40)
Para mí, es desafortunado que varias traducciones han traducido “Escudriñad (ερευνατε) las Escrituras,” que es la forma presente imperativo del verbo, como “Ustedes escudriñan las Escrituras.” Traduciendo la frase así, como si fuera indicativo en vez de imperativo, ha dado lugar a equivocar las palabras de Jesús como si Él estuviera despreciando las Escrituras, diciendo que ellos necesitaban quitar su mira de las Escrituras antes de poder encontrar la vida en Él.
Todo al contrario. Sin importar como uno traduce la frase, Jesús claramente no estaba menospreciando las Escrituras. O, Él estaba diciéndoles que volvieran a escudriñar a las Escrituras con más atención, o estaba reprochándolos por haber escudriñado a las Escrituras todas sus vidas sin lograr captar su mensaje central. Él les estaba diciendo que todas las Escrituras hablan de Él y, sin embargo, ellos se negaban a venir a Él.
Jesús dijo que la meta de un discípulo es llegar a ser como su maestro en todo (Mt 10:24-25). Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesucristo, necesitamos desistir de ponernos como jueces de lo que es verdadero o falso en la Palabra de Dios y llegar a ser como Jesús, hablando de las Sagradas Escrituras de la misma manera como Él. De otra manera, llegamos a ser como aquellos que Pablo describía como “siempre aprendiendo, y nunca llegando al conocimiento de la verdad.” (2 Tim 3:7).
2. El Testimonio de la Escritura acerca de sí Misma.
Cuando examinamos la Escritura del Antiguo Testamento, llega a ser obvio que la afirmación de que era la Palabra de Dios, en vez de meras palabras de hombres no se originó con Jesús, sino que precedía Sus enseñanzas. Las palabras finales de David han sido grabadas para nosotros en 2Samuel, donde dice:
“Estas son las últimas palabras de David… ‘El Espíritu del SEÑOR habló por mí, Y Su palabra estuvo en mi lengua.’” (2 Sam 23:1-2 NBLH)
De la misma manera, Moisés dijo acerca de la Ley que él recibió de Dios: “para hacerte saber que el hombre no vivirá sólo de pan, mas de toda palabra que sale de la boca del SEÑOR vivirá el hombre.” (Deut 8:3 SSE). Así que, podemos ver que las palabras habladas y escritas por los autores humanos de las Escrituras fueron entendidas como siendo las mismas palabras que Dios quería que escribieran.
Esto no debe ser entendido como dictación divina, como veremos con más detalle en el próximo blog. Dios se movía sobre santos hombres de Dios de tal manera que libremente hablaban y escribían, y, sin embargo, ellos solamente escribieron lo que Dios quería, sin que Él tuviera que dictar cada palabra.
Por ejemplo, en las Escrituras vemos que no debemos de aborrecerle a nadie en nuestro corazón (Lev 19:17). En ningún lugar en las Escrituras nos enseña a odiar a nuestros enemigos, como hace el Corán. De hecho, Jesús habló en contra de un dicho rabínico que permitía que uno aborreciera a sus enemigos (Mt 5:43-48). Sin embargo, Dios, por ejemplo, permitía que David diera libre expresión a sus propias emociones en los Salmos, a veces mostrando un odio apasionado hacia los enemigos de Dios (Sal 139:21-22).
De hecho, muchos de los pecados e imperfectos de los hombres fueron intencionalmente registrados en las Escrituras, tales como la relación adúltera de David y el asesinato que cometió para cubrir su pecado, o el consejo errado de los compañeros de Job. Las Escrituras incluyen actitudes y prácticas que la misma Escritura prohíbe, como el odio a los enemigos, el adulterio y el falso testimonio, pero en ninguna parte de las Escrituras afirma o enseña tales prácticas. Por ese motivo, es importante entender que las Escrituras están libres de error en todo lo que afirman o enseñan – no en todo lo que relatan.
Llegando a las Epístolas del Nuevo Testamento, vemos la misma perspectiva elevada de la inspiración divina como lo descrito por David, como también por Jesús en los Evangelios. Jesús, citando a Moisés, dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4). Pablo expresa la misma verdad en otras palabras, diciendo que “toda Escritura ha sido respirada por Dios.” Él dijo:
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios (θεοπνευστος, lit. “respirado por Dios”), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:14-17)
Pablo dijo de las Sagradas Escrituras que son respirados de la misma boca de Dios. Moisés y Jesús expresaron el mismo concepto, diciendo que cada palabra procede de la boca de Dios. Por ende, Dios respiró a Sus palabras a través de instrumentos humanos de tal manera que son llamadas infalibles. Pedro podía decir, citando de Isaías 40:6-8 de las Escrituras: “la palabra de Dios que vive y permanece para siempre,” y otra vez: “la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1Pedro 1:23-25). Estaremos considerando cómo Dios podía utilizar vasos humanos de tal manera como para producir Su Palabra infalible y sin error, sin anular su propia voluntad, en el próximo blog.
3. Las Escrituras son la Palabra de Dios, y, por lo tanto, no pueden errar.
Como Dios es perfecto y las Escrituras han salido de la boca de Él, lógicamente, son perfectos y verdaderos en todo lo que afirman. Es por eso que el salmista pudo decir: “La suma de tu palabra es verdad” (Sal 119:160), y Jesús reafirmaba las palabras del salmista, diciendo al Padre:
“Yo les he dado tu palabra… Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Juan 17:14,17)
Jesús le dijo al Padre que Él les había dado Su Palabra. Esto está de acuerdo con lo que Jesús les dijo a Sus discípulos después de Su resurrección, acordándoles de que, durante Su ministerio, Él les había enseñado de las Escrituras todas las cosas acerca de Él (Lucas 24:44-45). Es notable que Jesús no simplemente dijo que Su Palabra contiene verdad, como los que niegan la infalibilidad argumentan, sino que Su Palabra es verdad.
4. La negación de la infalibilidad de las Escrituras socava su autoridad.
El ultimo argumento que quiero presentar aquí por la necesidad de insistir en la infalibilidad de las Escrituras es que la negación de su infalibilidad socava su autoridad como la Palabra de Dios.
Algunos “Infaliblistas Parciales” (como si fuera posible tal contradicción de términos), argumentan que no es necesario que las Escrituras estén libres de errores en cosas no esenciales, con tal de que las verdades centrales acerca de la vida, muerte y resurrección de Cristo estén reconocidos como hechos históricos innegables.
Sin embargo, desde el principio, cuando la serpiente tentó a Eva a dudar de la Palabra de Dios con la pregunta, “¿Ha dicho Dios?”, la historia ha demostrado vez tras vez que dudar de Su Palabra en un solo punto es como cortar el hilo que mantiene unido toda verdad, e inevitablemente, la fe de uno comienza a desenroscarse poco a poco hasta que uno llega al punto donde cuestiona las verdades más fundamentales, como la resurrección de Cristo y hasta la existencia misma de Dios. En vez de dejar que Dios sea veraz y todo hombre mentiroso, como dijo Pablo, muchos han llegado a creer en el hombre y dudar de Dios.
Es por eso que Judas dijo que necesitamos contender ardientemente por la fe de una vez dada a nosotros en las Sagradas Escrituras. Él dijo:
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4).
También, a Pablo le fue revelado que en los postreros días muchos apartarían de la fe una vez dada a los santos, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, apartando de la verdad el oído y volviendo a mitos, o al misticismo (1Tim 4:1; cf. 2Tim 4:4). Hoy, aún más que en aquel tiempo, estamos viviendo en un tiempo cuando no es aceptable contender para nada, mucho menos por aquella fe o cuerpo de verdad que fue de una vez entregado a los santos, que tenemos preservados en la Biblia. Ahora, más que ningún otro tiempo en la historia, maestros impíos están tergiversando las Escrituras y convirtiendo en libertinaje la gracia de Dios, e incluso negando la Deidad de nuestro Señor Jesucristo y Su muerte sustitutivo por nosotros como nuestro Redentor.
De la misma manera que Judas, Pablo le dijo a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.” (2 Tim 1:13-14). La única manera que vamos a poder retener la forma de las sanas palabras de una vez dada a nosotros en la forma de las Sagradas Escrituras, es continuar insistiendo con el salmista en que la suma de Su Palabra es verdad, y que tenemos que vivir por toda palabra que sale de la boca de Dios, habiendo sido respirado por el Espíritu Santo y preservado por nosotros en los idiomas originales de las Sagradas Escrituras (2Tim 3:15, τα ιερα γραμματα ), o lo que hoy en día llamamos la Santa Biblia, igualmente derivada del griego, τα ιερα βιβλία, que significa “el Sagrado Libro.”
Si piensas que nuestra generación es demasiado alumbrado para creer tales cosas, te acordaría del testimonio de los Padres de la Iglesia, citadas en el blog anterior. No fue hasta la era del Alumbramiento a comienzos del siglo XVII, que los hombres comenzaron a considerarse demasiado inteligentes como para creer que la Biblia es lo que se dice ser. En estos tiempos, muchos se han puesto como jueces de Dios y de Su Palabra, en vez de reconocerle a Él como su Juez. Sin embargo, los que verdaderamente lo conocen como Señor, hoy como siempre, se someten sin condiciones a Su autoridad absoluta en todo lo relacionado a la fe y manera de vivir.
Es mi oración que Dios levante una nueva generación que, en vez de cuestionar y despreciar a Su Palabra, dirían con el salmista:
“Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas.” (Ps 119:127-128)
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.” “Toda palabra de Dios es limpia.” (Ps 12:6; Prov 30:5)
[1] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min
Vimos en el blog anterior que los Padres de la Iglesia, como también todo líder prominente en la Iglesia a través de su historia, han defendido la infalibilidad de las Escrituras contra los críticos que, por una razón u otra, han intentado subvertir su credibilidad. Ha sido una convicción tan firme que muchos han estado dispuestos a morir por ella, incluso hoy en nuestros días, arriesgando sus propias vidas con tal de poseer o distribuir las Sagradas Escrituras en países Comunistas o Islámicos, creyendo que realmente son lo que dicen ser, la Palabra de Dios.
Sin embargo, muchos cristianos Progresivos hoy en día consideran la infalibilidad de las Escrituras como algo irrelevante o divisivo en nuestra cultura Postmoderna todo-inclusivo. A menudo uno oye el refrán: “Soy seguidor de Jesús, no de la Biblia,” sin reflexionar sobre lo que Jesús Mismo enseñaba acerca de las Sagradas Escrituras. En realidad, ese dicho expresa más desprecio por las Escrituras, que reverencia a Cristo. Brian Zahnd, en su estilo típicamente sardónica y pacato, expresa su no tan sutil desprecio por la doctrina, tan prevalente entre los Progresivos, cuando dice: “Yo sí creo en la inspirada, infalible Palabra de Dios, y Su nombre es Jesús.” [1]
Sin embargo, a ellos les falta tomar en cuenta que, cuando Jesús usaba el término “Palabra,” Él siempre refería a las Escrituras, no a Sí Mismo. De hecho, Jesús solamente es llamado la Palabra por el Apóstol Juan, y aun él solamente lo usa de esa manera cuatro veces (Jn 1:1,14; 1Jn 1:1; 5:7; Apo 19:13). A menudo es innegable que Juan está refiriéndose a las Escrituras como la Palabra de Dios en vez de Cristo, como vemos claramente demostrado en Juan 10:35 donde Jesús Mismo dice: “Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (ο λογος του θεου) y la Escritura no puede ser quebrantada.” Aquí Jesús Mismo refiere a las Escrituras como la Palabra de Dios y no a Sí Mismo (cf. Jn 17:6,14,17). Considero las falencias de este argumento indirecto contra la autoridad de las Escrituras en mi blog, “¿Qué Significa la palabra ‘Palabra’ para Jesús?”
En este blog, vamos a considerar cuatro razones principales por qué debemos de insistir en la infalibilidad de la Escritura en su totalidad.
1. Jesús afirmaba la Autoridad e Infalibilidad de las Escrituras como la misma Palabra de Dios.
Para mí personalmente, esto, combinado con el testimonio interior del Espíritu Santo, ha sido mi motivo principal en creer en y defender la infalibilidad de las Escrituras desde el momento de mi primer encuentro con Cristo hace más de 52 años. Puede que sea posible conocer a Cristo como Salvador sin afirmar la infalibilidad de las Escrituras. Sin embargo, tomando en cuenta toda Su enseñanza sobre el tema, no creo que sea posible ser un verdadero discípulo de Jesús y a la vez estar en desacuerdo con Él en este tema tan vital. Jesús hizo numerosas afirmaciones acerca de las Escrituras.
(1) Las Escrituras vienen de la boca de Dios.
Jesús dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4). Que Él está refiriéndose a las Escrituras es claro, considerando que Pablo después dijo que toda Escritura es “respirada por Dios” (θεόπνευστος)” (2Tim 3:16). Los Apóstoles también entendieron que las Escrituras fueron el resultado del Espíritu Santo hablando a través de hombres de Dios como David y Isaías (Hch 1:16; 28:25; 2Pedro1:21).
(2) Las Escrituras son infalibles.
Jesús dijo de la Escritura que es la infalible “Palabra de Dios,” y por lo tanto, no puede ser quebrantada (Jn 10:35). Él dijo que todo lo que está escrito en las Escrituras tiene que ser cumplido (Marcos 14:49: Lucas 24:44), y que sería más fácil que pasara el cielo y la tierra que pasara sin cumplirse una sola jota o tilde de las Escrituras (Mt 5:18).
(3) Las Escrituras están libres de errores.
Jesús dijo que las Escrituras son la Palabra de Dios y son verdad (Jn 17:17, cf. Sal 119:160; Pro 30:5). Si Su palabra es verdad, entonces lógicamente, no puede contener errores. Basado en el hecho de que la totalidad de Su Palabra es verdad, Jesús dijo que todo error doctrinal es debido a nuestra ignorancia de las Escrituras y no a una falta en las Escrituras en sí (Mt 22:29).
(4) La “Palabra de Dios” puede ser invalidada por las tradiciones.
Ya vimos en Juan 10:35 que Jesús llamaba las Escrituras “la Palabra de Dios,” diciendo que no pueden ser quebrantadas. Además, Él acusó a los escribas y los fariseos de invalidar “la Palabra de Dios” con sus tradiciones (Marcos 7:13). Jesús estaba insistiendo en que debemos de vivir de cada palabra que procede de la boca de Dios en vez de someternos a las tradiciones de los hombres que a menudo invalidan la Palabra de Dios.
(5) Las Escrituras tienen un Mensaje Cristocéntico unificado.
Una de las indicaciones más claras de la autoría divina del Antiguo Testamento es la consistencia de su tema principal del plan de redención en Cristo, el Mesías. Fue escrito por muchos diferentes autores humanos, con trasfondos muy distintos, y sin embargo, el gran tema está en total harmonía, revelando lo que sucedería en su futuro. Solamente, el verdadero Dios que habita la eternidad es capaz de anunciar el por venir desde el principio, como lo vemos hacer a través de las Escrituras (Isa 46:9-10).
Después de Su resurrección, Cristo apareció a dos de Sus discípulos en el camino a Emaús y les explicó como todas las Escrituras, desde el Génesis a Malaquías, daban testimonio a Él:
“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lucas 24:27)
Después, Él también apareció a los demás discípulos y les acordó de cómo Él les había enseñado de las Escrituras que todo acerca de Su vida, muerte y resurrección tenía que cumplirse:
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.” (Lucas 24:44-45)
Si las Escrituras fueron nada más que las palabras y pronósticos de hombres falibles, o incluso si fueron una combinación de palabras de hombres con unas palabras de Dios, Jesús no hubiera insistido en que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito (cf. Mt 26:54,56). Y, ¿Por qué habría necesidad de que Él abriera el entendimiento de ellos para que comprendieran las Escrituras si no fueran más que palabras de hombres?
Hay un texto que algunos Progresivos han malinterpretado como si Cristo estuviera despreciando las Escrituras, pero, en realidad Él las estaba elevando, diciendo que los escribas y fariseos necesitaban examinar las Escrituras con más atención porque ellas daban testimonio de Él. Jesús les dijo:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39-40)
Para mí, es desafortunado que varias traducciones han traducido “Escudriñad (ερευνατε) las Escrituras,” que es la forma presente imperativo del verbo, como “Ustedes escudriñan las Escrituras.” Traduciendo la frase así, como si fuera indicativo en vez de imperativo, ha dado lugar a equivocar las palabras de Jesús como si Él estuviera despreciando las Escrituras, diciendo que ellos necesitaban quitar su mira de las Escrituras antes de poder encontrar la vida en Él.
Todo al contrario. Sin importar como uno traduce la frase, Jesús claramente no estaba menospreciando las Escrituras. O, Él estaba diciéndoles que volvieran a escudriñar a las Escrituras con más atención, o estaba reprochándolos por haber escudriñado a las Escrituras todas sus vidas sin lograr captar su mensaje central. Él les estaba diciendo que todas las Escrituras hablan de Él y, sin embargo, ellos se negaban a venir a Él.
Jesús dijo que la meta de un discípulo es llegar a ser como su maestro en todo (Mt 10:24-25). Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesucristo, necesitamos desistir de ponernos como jueces de lo que es verdadero o falso en la Palabra de Dios y llegar a ser como Jesús, hablando de las Sagradas Escrituras de la misma manera como Él. De otra manera, llegamos a ser como aquellos que Pablo describía como “siempre aprendiendo, y nunca llegando al conocimiento de la verdad.” (2 Tim 3:7).
2. El Testimonio de la Escritura acerca de sí Misma.
Cuando examinamos la Escritura del Antiguo Testamento, llega a ser obvio que la afirmación de que era la Palabra de Dios, en vez de meras palabras de hombres no se originó con Jesús, sino que precedía Sus enseñanzas. Las palabras finales de David han sido grabadas para nosotros en 2Samuel, donde dice:
“Estas son las últimas palabras de David… ‘El Espíritu del SEÑOR habló por mí, Y Su palabra estuvo en mi lengua.’” (2 Sam 23:1-2 NBLH)
De la misma manera, Moisés dijo acerca de la Ley que él recibió de Dios: “para hacerte saber que el hombre no vivirá sólo de pan, mas de toda palabra que sale de la boca del SEÑOR vivirá el hombre.” (Deut 8:3 SSE). Así que, podemos ver que las palabras habladas y escritas por los autores humanos de las Escrituras fueron entendidas como siendo las mismas palabras que Dios quería que escribieran.
Esto no debe ser entendido como dictación divina, como veremos con más detalle en el próximo blog. Dios se movía sobre santos hombres de Dios de tal manera que libremente hablaban y escribían, y, sin embargo, ellos solamente escribieron lo que Dios quería, sin que Él tuviera que dictar cada palabra.
Por ejemplo, en las Escrituras vemos que no debemos de aborrecerle a nadie en nuestro corazón (Lev 19:17). En ningún lugar en las Escrituras nos enseña a odiar a nuestros enemigos, como hace el Corán. De hecho, Jesús habló en contra de un dicho rabínico que permitía que uno aborreciera a sus enemigos (Mt 5:43-48). Sin embargo, Dios, por ejemplo, permitía que David diera libre expresión a sus propias emociones en los Salmos, a veces mostrando un odio apasionado hacia los enemigos de Dios (Sal 139:21-22).
De hecho, muchos de los pecados e imperfectos de los hombres fueron intencionalmente registrados en las Escrituras, tales como la relación adúltera de David y el asesinato que cometió para cubrir su pecado, o el consejo errado de los compañeros de Job. Las Escrituras incluyen actitudes y prácticas que la misma Escritura prohíbe, como el odio a los enemigos, el adulterio y el falso testimonio, pero en ninguna parte de las Escrituras afirma o enseña tales prácticas. Por ese motivo, es importante entender que las Escrituras están libres de error en todo lo que afirman o enseñan – no en todo lo que relatan.
Llegando a las Epístolas del Nuevo Testamento, vemos la misma perspectiva elevada de la inspiración divina como lo descrito por David, como también por Jesús en los Evangelios. Jesús, citando a Moisés, dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4). Pablo expresa la misma verdad en otras palabras, diciendo que “toda Escritura ha sido respirada por Dios.” Él dijo:
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios (θεοπνευστος, lit. “respirado por Dios”), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:14-17)
Pablo dijo de las Sagradas Escrituras que son respirados de la misma boca de Dios. Moisés y Jesús expresaron el mismo concepto, diciendo que cada palabra procede de la boca de Dios. Por ende, Dios respiró a Sus palabras a través de instrumentos humanos de tal manera que son llamadas infalibles. Pedro podía decir, citando de Isaías 40:6-8 de las Escrituras: “la palabra de Dios que vive y permanece para siempre,” y otra vez: “la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1Pedro 1:23-25). Estaremos considerando cómo Dios podía utilizar vasos humanos de tal manera como para producir Su Palabra infalible y sin error, sin anular su propia voluntad, en el próximo blog.
3. Las Escrituras son la Palabra de Dios, y, por lo tanto, no pueden errar.
Como Dios es perfecto y las Escrituras han salido de la boca de Él, lógicamente, son perfectos y verdaderos en todo lo que afirman. Es por eso que el salmista pudo decir: “La suma de tu palabra es verdad” (Sal 119:160), y Jesús reafirmaba las palabras del salmista, diciendo al Padre:
“Yo les he dado tu palabra… Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Juan 17:14,17)
Jesús le dijo al Padre que Él les había dado Su Palabra. Esto está de acuerdo con lo que Jesús les dijo a Sus discípulos después de Su resurrección, acordándoles de que, durante Su ministerio, Él les había enseñado de las Escrituras todas las cosas acerca de Él (Lucas 24:44-45). Es notable que Jesús no simplemente dijo que Su Palabra contiene verdad, como los que niegan la infalibilidad argumentan, sino que Su Palabra es verdad.
4. La negación de la infalibilidad de las Escrituras socava su autoridad.
El ultimo argumento que quiero presentar aquí por la necesidad de insistir en la infalibilidad de las Escrituras es que la negación de su infalibilidad socava su autoridad como la Palabra de Dios.
Algunos “Infaliblistas Parciales” (como si fuera posible tal contradicción de términos), argumentan que no es necesario que las Escrituras estén libres de errores en cosas no esenciales, con tal de que las verdades centrales acerca de la vida, muerte y resurrección de Cristo estén reconocidos como hechos históricos innegables.
Sin embargo, desde el principio, cuando la serpiente tentó a Eva a dudar de la Palabra de Dios con la pregunta, “¿Ha dicho Dios?”, la historia ha demostrado vez tras vez que dudar de Su Palabra en un solo punto es como cortar el hilo que mantiene unido toda verdad, e inevitablemente, la fe de uno comienza a desenroscarse poco a poco hasta que uno llega al punto donde cuestiona las verdades más fundamentales, como la resurrección de Cristo y hasta la existencia misma de Dios. En vez de dejar que Dios sea veraz y todo hombre mentiroso, como dijo Pablo, muchos han llegado a creer en el hombre y dudar de Dios.
Es por eso que Judas dijo que necesitamos contender ardientemente por la fe de una vez dada a nosotros en las Sagradas Escrituras. Él dijo:
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4).
También, a Pablo le fue revelado que en los postreros días muchos apartarían de la fe una vez dada a los santos, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, apartando de la verdad el oído y volviendo a mitos, o al misticismo (1Tim 4:1; cf. 2Tim 4:4). Hoy, aún más que en aquel tiempo, estamos viviendo en un tiempo cuando no es aceptable contender para nada, mucho menos por aquella fe o cuerpo de verdad que fue de una vez entregado a los santos, que tenemos preservados en la Biblia. Ahora, más que ningún otro tiempo en la historia, maestros impíos están tergiversando las Escrituras y convirtiendo en libertinaje la gracia de Dios, e incluso negando la Deidad de nuestro Señor Jesucristo y Su muerte sustitutivo por nosotros como nuestro Redentor.
De la misma manera que Judas, Pablo le dijo a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.” (2 Tim 1:13-14). La única manera que vamos a poder retener la forma de las sanas palabras de una vez dada a nosotros en la forma de las Sagradas Escrituras, es continuar insistiendo con el salmista en que la suma de Su Palabra es verdad, y que tenemos que vivir por toda palabra que sale de la boca de Dios, habiendo sido respirado por el Espíritu Santo y preservado por nosotros en los idiomas originales de las Sagradas Escrituras (2Tim 3:15, τα ιερα γραμματα ), o lo que hoy en día llamamos la Santa Biblia, igualmente derivada del griego, τα ιερα βιβλία, que significa “el Sagrado Libro.”
Si piensas que nuestra generación es demasiado alumbrado para creer tales cosas, te acordaría del testimonio de los Padres de la Iglesia, citadas en el blog anterior. No fue hasta la era del Alumbramiento a comienzos del siglo XVII, que los hombres comenzaron a considerarse demasiado inteligentes como para creer que la Biblia es lo que se dice ser. En estos tiempos, muchos se han puesto como jueces de Dios y de Su Palabra, en vez de reconocerle a Él como su Juez. Sin embargo, los que verdaderamente lo conocen como Señor, hoy como siempre, se someten sin condiciones a Su autoridad absoluta en todo lo relacionado a la fe y manera de vivir.
Es mi oración que Dios levante una nueva generación que, en vez de cuestionar y despreciar a Su Palabra, dirían con el salmista:
“Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas.” (Ps 119:127-128)
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.” “Toda palabra de Dios es limpia.” (Ps 12:6; Prov 30:5)
[1] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min