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por George Sidney Hurd
Lo que muchos ignoran es que Jesús mismo a menudo se refería a Sí Mismo como el Jehová del Antiguo Testamento, y también los autores del Nuevo Testamento Lo identificaban como Jehová múltiples veces. A menudo pasamos por alto que el mismo nombre que el ángel le dijo a José que le pusiera lo identificaba como Jehová. Jesús en hebreo significa “Jehová salva.” Y por si acaso aún queda duda en cuanto a tomarlo de manera literal, Mateo sigue diciendo:
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a SU pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su
nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mt 1:21-23; cf. Isa 7:14)
Así que, solamente Sus nombres, Jesús Emanuel, que le fueron dados del cielo, anunciaron al mundo que Jehová Elohim había venido a morar entre nosotros y a salvar a Su propio pueblo de sus pecados. Como veremos, Él que fue milagrosamente concebido en el vientre de María del Espíritu Santo era nada menos que Jehová Mismo, el eterno YO SOY en la persona del Hijo, quién eternamente está en el seno del Padre (Jn 1:18).
De igual manera, Isaías profetizaba acerca de Su encarnación, utilizando otros nombres exclusivos a Jehová:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
En este blog vamos a ver catorce declaraciones acerca de Jesús en el Nuevo Testamento que claramente demuestran que Él era Jehová en carne.
Vemos que, tanto Jehová en el Antiguo Testamento, como también Jesús, son presentados como “el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin” (Apo 22:13 cf. Isa 44:6). De acuerdo con esto, estaré presentando las referencias de Jesús como Jehová en orden cronológico, comenzando con la creación y finalizando con la consumación.
1) Solamente Jehová / Jesús es el Creador de Todo
Jehová Elohim no solamente es presentado como el único Salvador, como vimos en el blog anterior, sino que Él es también presentado en el Antiguo Testamento como el único Creador del cielo y la tierra. Isaías dice:
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios (Elohim), el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.” (Isa 45:18)
En el Salmo 102 el salmista adora a Jehová Elohim como el eterno Creador que jamás cambia. Él dice:
“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; 27 Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.” (Sal 102:25-27)
El escritor de Hebreos identifica a Jehová en este Salmo como Jesús cuando cita directamente de este Salmo, junto con el Salmo 45:5, que también es citado palabra por palabra, identificándole a Jesús como Elohim:
“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios (Elohim), por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino… 8 Y: Tú, oh Señor (Jehová), en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos… 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.” (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7)
Si esta afirmación de Su deidad no fuera lo suficientemente clara para silenciar a aquellos que decían que Él era nada más un ángel, él a continuación dice: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (Heb 1:13).
Este pasaje en Hebreos claramente afirma que Jesús es el eterno Jehová Elohim, que es lo mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8), y el Creador de todas las cosas. Como dice Juan: “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció” (Jn 1:10). Que el Padre y el Espíritu Santo también comprenden el único Jehová Elohim e igualmente participaron en la creación junto con el Hijo, es una verdad que será considerada en otro blog.
2) Jehová envía a Jehová
En medio del juicio contra Jerusalén en el tiempo del cautiverio babilónico, Jehová les promete que Él enviaría al Mesías Jehová para salvarlos. Observe como este pasaje habla de Jehová que gobierna sobre Su trono, enviándo a Jehová para liberarlos:
“Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. 9 Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió. 10 Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. 11 Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo (cf. Mt 1:21; Jn 1:11), y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti.” (Zac 2:8-11)
Más de una persona en la deidad se necesita para que esta profecía se cumpliera. Jehová que está sentado en Su trono es tanto Él que envía, como Él que viene a morar en medio de ellos en el versículo diez. Él dice que muchos se unirán a Él en el día de la salvación. Los judíos de aquel entonces anhelaban ver el cumplimiento de esta liberación prometida, pero cuando Jesús, su Jehová / Salvador se presentó a ellos, Lo rechazaron porque Él no apareció de la manera anticipada. El pleno cumplimento de esta profecía Mesiánica espera la Segunda Venida de Cristo cuando todo Israel clamará, “bendito el que viene en nombre del Señor (Jehová)” (Mt 23:37-39 cf. Sal 118:26).
3) Jehová envío a Juan el Bautista para preparar el camino para Jehová - Jesús
En el tiempo del Padre, la palabra del Señor vino a Juan el Bautista en el desierto, y él comenzó a predicar a todo Israel que se arrepintieran en preparación para la muy esperada venida del Mesías. Mateo 3:3 dice:
“Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor (Jehová), enderezad sus sendas.” (Mt 3:3)
Aquí Él está citando de Isaías 40, que también promete la venida del Mesías quien les traería salvación y liberación de sus enemigos. Una vez más, es Jehová Elohim Mismo en la persona del Hijo quien viene a la tierra, e Israel está siendo llamado al arrepentimiento en preparación de Su venida. El versículo que la cita de Isaías 40:3 era el mensaje que proclamaba Juan el Bautista:
“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios (Elohim).” (Isa 40:3)
Jesús era el mismo Jehová para quien Juan había sido comisionado a preparar el camino. Cuando Juan vio a Jesús viniendo hacia él, él clamó diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo” (Jn 1:29-30). Él estaba preparando el camino para el Cordero de Dios, Jehová Elohim, quien, aunque físicamente nació después de él, sin embargo, existía antes que él. Y en el momento en que vio a Jesús, él sabía que Él era aquel para quien había sido enviado a preparar el camino.
Esa es la razón porque Tomás clamó diciendo, “Mi Señor y mi Dios” cuando se encontró cara a cara con Jesús después de Su resurrección. Este era el mismo Cordero de Dios quien Juan el revelador vio exaltado sobre el trono con el Padre – un adelanto del tiempo cuando toda la creación Le dará toda la adoración, honor y alabanza – algo debido a Dios únicamente (Apo 5:13).
4) La Roca en el desierto era Jehová / Jesús
Pablo dice que la Roca que sostuvo a los hijos de Israel en el desierto era Jesús mismo. Él dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.” (1 Cor 10:1-4)
De la roca fluyeron fuentes de agua viva en el desierto, satisfaciendo su sed. Moisés, bajo la inspiración del Espíritu Santo declara que Jehová Elohim Mismo era aquella Roca:
“Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios. 4 El es la Roca.” (Deut 32:3-4 cf. 8:14-15)
Pablo, familiarizado con las Escrituras del Antiguo Testamento, bien sabía que Él se estaba identificando a Cristo como nuestra Roca.
5) Los Hijos de Israel eran el pueblo de Cristo / Jehová
El ángel le dijo a José que Jesús salvaría a Su pueblo de sus pecados (Mt 1:21). En Juan capítulo 1, después de decir que Cristo, la Palabra, era Dios, y que todas las cosas que existen fueron creadas por Él, Juan dice acerca de Israel, el pueblo de Dios: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn 1:11).
Al oír esto, los judíos hubieran entendido que Juan estaba afirmando que Jesús era Jehová Elohim, dado que Jehová llama a Israel “Mi pueblo” 189 veces en el Antiguo Testamento.
6) Jehová / Jesús salvó a los hijos de Israel de Egipto
Todos sabemos que fue Jehová quien salvó a los hijos de Israel de Egipto. Sin embargo, Judas dice que fue el Señor Jesucristo Mismo quien los salvó de Egipto:
“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.” (Judas 5)
“Ahora quiero recordarlos, aunque ya han sido plenamente informados de estos hechos, que Jesús, habiendo salvado el pueblo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.” (Judas 5 NET)
Sabemos que “el Señor” mencionado aquí es Jesús, debido a que el versículo anterior termina advirtiendo contra aquellos que niegan a nuestro Señor Jesucristo. También, existe una lectura alterna del versículo 5 donde muchos manuscritos, incluyendo algunos de los más antiguos, leen “Jesús” en vez de “Señor,” y esa lectura hace innegable de que se refiere a Jesús. Hay unos argumentos muy buenos a favor de esa lectura. Por eso, muchas traducciones leen “Jesús” en vez de “Señor.” La Biblia NET explica en sus anotaciones por qué la lectura con “Jesús” es más probablemente la correcta. [i]
7) Los hijos de Israel probaron a Jehová / Jesús en el desierto
Cuando los hijos de Israel murmuraron contra Jehová, despreciando Su provisión, Él envió serpientes entre el pueblo:
“Y habló el pueblo contra Dios (Elohim) y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6 Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.” (Num 21:5-6)
Pablo, que entendió claramente que Jesús era Jehová encarnado, dice que fue Jesús Mismo a quien ellos probaron en el desierto. Él dijo:
“Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 Cor 10:9 RVR)
“Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 Cor 10:9 RVG)
Igual como en Judas 5, hay unos manuscritos que leen “Señor” en vez de “Cristo.” Sin embargo, la evidencia textual está a favor de la lectura “Cristo.” Es por eso que la mayoría de las traducciones leen “Cristo.” Una vez más, las anotaciones NET explican bien los argumentos textuales a favor de la lectura “Cristo.” [ii]
8) Jehová / Jesús es el Pastor
Estamos todos familiarizados con el Salmo 23 que dice: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.” Sin embargo, a menudo no consideramos que el Señor Jesucristo se identificó a Sí Mismo como este mismo Pastor cuando Él dijo:
“Yo soy (EGO EIMI) el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Jn 10:11, cf. Ex 3:14)
Como demostraré en otro blog, cuando Jesús utiliza las palabras EGO EIMI en ciertos contextos, es evidente que Él está utilizándolo como el título divino que habla de la auto existencia eterna de Dios. Esto es claramente el caso aquí, dado que Jesús dijo en otra parte que no hay nadie bueno sino solo Dios (Mt 19:17). Adicionalmente, Él no dice que es un buen pastor, sino que Él es el buen pastor.
9) Jehová / Jesús fue traicionado por 30 piezas de plata
Jehová dijo que Él sería vendido por 30 piezas de plata:
“Entonces Jehová me dijo: Arrójalo al alfarero (ese magnífico precio con que me valoraron). Tomé pues, las treinta piezas de plata y las arrojé al alfarero en la casa de Jehová.” (Zac 11:13 LBLA)
Esta profecía se cumplió cuando Judas traicionó a Jesús por 30 piezas de plata. Como fue profetizado, Judas después se arrepintió y echó las piezas de plata en el templo ante los sumo sacerdotes y ancianos, y ellos usaron el dinero para comprar el campo del alfarero (Mt 26:14-16; 27:3-5,7). Mateo relata como la profecía de Zacarías fue cumplida:
“Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. 8 Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. 9 Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del Apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; 10 y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.” (Mt 27:7-10)
Aquí otra vez vemos como los autores del Nuevo Testamento bajo la inspiración del Espíritu Santo, constantemente se referían a Jesús como Dios.
10) Mirarán a Jehová / Jesús quien traspasaron
En Zacarías, Jehová Elohim dice que el día vendrá cuando los judíos mirarán a Él que traspasaron:
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zac 12:10)
En el libro de Apocalipsis, vemos que Jesús es aquel a quien traspasaron y esta profecía en Zacarías será cumplida en Su Segunda Venida:
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” (Apo 1:7)
Así que, vemos que fue Jesús / Jehová quien estaba hablando con Zacarías acerca de Su venida en el futuro para liberar a Israel y reinar sobre la tierra.
11) Los que invoquen el nombre de Jehová / Jesús serán salvos
El profeta Joel dijo que todos aquellos que invocaren el nombre de Jehová serán salvos:
“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.” (Joel 2:32)
Pablo, en Romanos 10, cita directamente a Joel 2:32, indicando que invocar el nombre de Jehová es lo mismo que confesar al Señor Jesús con nuestra boca:
“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo…13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor (Jehová), será salvo.” (Rom 10:9,13)
12) Isaías vio la gloria de Jehová / Jesús
Cuando Jehová ungió a Isaías como profeta, Isaías lo vio sobre Su trono en una visión celestial. Él describe lo que vio en Isaías 6:
“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria…5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos…9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isa 6:1-5,9,10)
Jesús manifestó Su gloria, haciendo señales y milagros, y el pueblo, a pesar de todo esto, se negó a creer en Él. Juan cita a Isaías 6 para explicar por qué no creían a pesar de que Su gloria se había manifestado. Al hacerlo, él claramente identifica a Jesús como Jehová. Él dijo:
“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor (Jehová), ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor (Jehová)? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.” (Juan 12:37-41)
Aquí, como en todo el Evangelio de Juan, él afirma la plena divinidad de Cristo, presentándolo como el mismo Jehová quien apareció a Isaías.
13) Cada rodilla se doblará a Jehová / Jesús
Muy relacionado con invocar el nombre de Jehová para ser salvo, vemos a Jehová jurando por Sí Mismo que toda rodilla se doblará a Él, y cada lengua jurará, diciendo que solo en Él tienen su justicia:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
En Filipenses 2, Pablo cita estas mismas palabras de Isaías, aplicándolas a Jesús como Jehová:
“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Jehová), para gloria de Dios Padre.” (Fil 2:10-11)
Nosotros damos gloria al Padre cuando honremos a Su Hijo de igual manera como lo honramos a Él (Jn 5:23). Todos debemos de doblar rodilla ante Jesús como hizo Tomás, declarándolo nuestro Jehová Elohim, o nuestro Señor y nuestro Dios (Jn 20:28-29). Esto glorifica al Padre porque Él y el Hijo, aunque son personas distintas, son uno solo en esencia (Jn 10:30).
14) El Primero y el Ultimo
Jehová Elohim declara que Él es el único Redentor, el Primero y el Ultimo:
“Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios (Elohim).” (Isa 44:6)
Que Jesús es el mismo Jehová Elohim es evidente, dado que Él comienza y termina el libro de Apocalipsis con la declaración de que Él Mismo es el primero y el Ultimo:
“No temas; yo soy el primero y el último; 18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén.” (Apo 1:17-18 cf. 2:8; 22:12-13)
Es obvio que solo puede haber uno que es “el primero.” Si el Hijo no es coeterno con el Padre, Él no podría decir de Sí Mismo “yo soy el primero.” Claramente, Jesús, junto con el Padre y el Espíritu Santo, siendo eternamente uno, son el único Jehová Elohim, el Primero y el Ultimo.
Estos solamente son unos de los muchos paralelos en las Escrituras indicando que Jesús Mismo es Jehová Elohim encarnado. Estaré considerando otros paralelos con más detalle en otros blogs. Quizás aquellos que están determinados a seguir negando la plena deidad de Cristo podrían encontrar interpretaciones alternas plausibles para algunos de estos paralelos, pero espero que el lector esté de acuerdo conmigo en decir que la mayoría de ellos son afirmaciones irrefutables de la deidad de Cristo.
[i] tc The reading ᾿Ιησοῦς (Iēsous, “Jesus”) is deemed too hard by several scholars, since it involves the notion of Jesus acting in the early history of the nation Israel (the NA27 has “the Lord” instead of “Jesus”). However, not only does this reading enjoy the strongest support from a variety of early witnesses (e.g., A B 33 81 88 322 424c 665 915 1241 (1735: “the Lord Jesus”) 1739 1881 2298 2344 vg co eth Or1739mg Cyr Hier Bede), but the plethora of variants demonstrate that scribes were uncomfortable with it, for they seemed to exchange κύριος (kurios, “Lord”) or θεός (theos, “God”) for ᾿Ιησοῦς (though P72 has the intriguing reading θεὸς Χριστός [theos Christos, “God Christ”] for ᾿Ιησοῦς). As difficult as the reading ᾿Ιησοῦς is, in light of v. 4 and in light of the progress of revelation (Jude being one of the last books in the NT to be composed), it is wholly appropriate. The NA28 text now also reads Ιησοῦς. For defense of this reading, see Philipp Bartholomä, “Did Jesus Save the People out of Egypt: A Re-examination of a Textual Problem in Jude 5, ” NovT 50 (2008): 143-58.sn The construction our Master and Lord, Jesus Christ in v. 4 follows Granville Sharp’s rule (see note on Lord). The construction strongly implies the deity of Christ. This is followed by a statement that Jesus was involved in the salvation (and later judgment) of the Hebrews. He is thus to be identified with the Lord God, Yahweh. Verse 5, then, simply fleshes out what is implicit in v. 4.
[ii] tc Χριστόν (Christon, “Christ”) is attested in the majority of mss, including many important witnesses of the Alexandrian (P46 1739 1881) and Western (D F G) texttypes, and other mss and versions (Ψ latt sy co). On the other hand, some of the important Alexandrian witnesses have κύριον (kurion, “Lord”; א B C P 33 104 1175 al). A few mss (A 81 pc) have θεόν (theon, “God”). The nomina sacra for these readings are quite similar (cMn, kMn, and qMn respectively), so one might be able to account for the different readings by way of confusion. On closer examination, the variants appear to be intentional changes. Alexandrian scribes replaced the highly specific term “Christ” with the less specific terms “Lord” and “God” because in the context it seems to be anachronistic to speak of the exodus generation putting Christ to the test. If the original had been “Lord,” it seems unlikely that a scribe would have willingly created a difficulty by substituting the more specific “Christ.” Moreover, even if not motivated by a tendency to overcorrect, a scribe might be likely to assimilate the word “Christ” to “Lord” in conformity with Deut 6:16 or other passages. The evidence from the early church regarding the reading of this verse is rather compelling in favor of “Christ.” Marcion, a second-century, anti-Jewish heretic, would naturally have opposed any reference to Christ in historical involvement with Israel, because he thought of the Creator God of the OT as inherently evil. In spite of this strong prejudice, though, {Marcion} read a text with “Christ.” Other early church writers attest to the presence of the word “Christ,” including {Clement of Alexandria} and Origen. What is more, the synod of Antioch in a.d. 268 used the reading “Christ” as evidence of the preexistence of Christ when it condemned Paul of Samosata. (See G. Zuntz, The Text of the Epistles, 126-27; TCGNT 494; C. D. Osburn, “The Text of 1 Corinthians 10:9,” New Testament Textual Criticism: Its Significance for Exegesis, 201-11; contra A. Robertson and A. Plummer, First Corinthians [ICC], 205-6.) Since “Christ” is the more difficult reading on all accounts, it is almost certainly original. In addition, “Christ” is consistent with Paul’s style in this passage (cf. 10:4, a text in which {Marcion} also reads “Christ”). This text is also christologically significant, since the reading “Christ” makes an explicit claim to the preexistence of Christ. (The textual critic faces a similar dilemma in Jude 5. In a similar exodus context, some of the more important Alexandrian mss [A B 33 81 pc] and the Vulgate read “Jesus” in place of “Lord.” Two of those mss [A 81] are the same mss that have “God” instead of “Christ” in 1
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por George Sidney Hurd
¿Debe ser considerada una doctrina esencial a la fe cristiana el entendimiento de que el Dios de las Escrituras es uno en su esencia y naturaleza, y sin embargo existe en tres personas? ¿Y qué de la creencia que nuestro Señor y Salvador Jesucristo es plenamente Dios y sin embargo a la vez plenamente hombre en Su encarnación? ¿Realmente tiene importancia lo que creemos acerca de este tema tan controversial?
Algunos dirían que no. Entre aquellos que se consideran “Universalistas” hay unos que razonan que, como todos serán salvos al final de cualquier modo, no tiene importancia si uno sea Trinitario o Unitario – si nuestro Salvador es el Creador de todo o nada más una creación.
En las Escrituras vemos que tiene mucha importancia lo que creemos acerca de Dios y la persona de Cristo. Jesús dijo:
“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” (Juan 5:22-23)
Jesús aquí dice que, si no lo honramos a Él de la misma manera que honramos al Padre, estamos deshonrando al Padre. El único ser creado que buscó honor igual que el Padre fue Satanás. Es obvio que Cristo es mucho más que una criatura creada por Dios, y por lo tanto todo el honor y la alabanza se debe a Él (Apo 5:11-14). El Apóstol Juan, contrarrestando una forma del Gnosticismo primitivo que negaba que el Hombre Jesús fuera divino (el Cristo), usó palabras muy fuertes denunciándolos. Él dijo:
“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1Jn 2:22-23)
“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo… 9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.” (2Jn 7,9).
A la luz de estos, y muchos pasajes similares que estaremos examinando en esta serie de blogs, ¿cómo podemos nosotros como Universalistas Bíblicos hacer caso omiso mientras los de la Nueva Era promueven su panteísmo que presenta a Cristo como si fuera nada más otro gurú a la par con Mahoma, Buda o Gandi? ¿Cómo podemos guardar silencio mientras los Unitarios siguen negando la Trinidad y la deidad de Cristo?
Mi preocupación, y mi motivo principal en esta serie de blogs, es que este avivamiento de la doctrina de la Salvación Universal podría descarriarse, así como pasó con el despertar del Universalismo anterior, si guardamos silencio. La restauración de la doctrina bíblica de la Salvación Universal tuvo sus comienzos entre los Anabaptistas y los Moravos en la Reforma y floreció bajo el liderazgo de hombres como John Murray y Charles Chauncy en los siglos XVIII y XIX, solo para decaer bajo la influencia de hombres como Hosea Ballou que introdujo la doctrina Unitaria y negaba la Expiación Penal Sustitutiva de Cristo, presentando Su muerte como nada más que una demostración del amor incondicional de Dios por la humanidad.
El avivamiento previo del Universalismo llegó a su punto más bajo en 1961 cuando la Iglesia Universalista de América se unió con la Iglesia Unitaria, llegando a ser lo que ahora conocemos como la Asociación Unitaria Universalista. Desde el año 2006, menos de 20% de sus miembros todavía se identifican como cristianos. [i]
El avivamiento viene cuando nos volvemos al Señor y a Su Palabra con todo nuestro corazón. Pero cuando no permanecemos en la doctrina de Cristo, la gloria se aparta y comienza la apostasía. Si no nos despertamos a la verdad del evangelio no adulterado de nuestro Señor Jesucristo y a la proclamación de la sana doctrina, lo que comenzó como un redescubrimiento glorioso del Universalismo Bíblico sufrirá el mismo destino que el despertar anterior.
No es necesario que uno sea capaz de elaborar sobre estas verdades para ser salvo, al igual que no es necesario que un infante identifique a sus padres y entienda el proceso del parto para poder entrar en el mundo. Sin embargo, si el bebé llega a la juventud y todavía no puede identificar a sus padres, eso será un problema. Es similar con el nuevo nacimiento. El Espíritu Santo nos convence del pecado y nos atrae, y en el momento de la regeneración respondemos con fe, sabiendo poco o nada acerca del Dios que nos dio vida nueva. Tampoco entendíamos lo que era necesario para hacer posible nuestra salvación.
Sin embargo, mientras no es necesario entender la naturaleza trina de Dios y la divinidad de Cristo para ser salvo, y de hecho muchos hijos de Dios no han entendido estas verdades aún después de muchos años, estas son verdades fundamentales que los bebés en Cristo necesitan entender para estar bien fundamentados desde el comienzo. Jesús les comisionó a Sus discípulos a predicar el evangelio, haciendo discípulos de todas las naciones. El mismo rito de la iniciación que Jesús les mandó hacer cuando uno cree y se convierte en discípulo enfatiza la naturaleza trina de Dios. Fueron mandados a bautizarlos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”(Mt 28:19). La misma fórmula bautismal prescrita por Jesús para aquellos que fueron bautizados en Su nombre informa a los nuevos creyentes acerca de la naturaleza trina de su Dios, nombrando a las tres personas con el nombre singular.
Mientras es lamentable que tantos hijos de Dios permanezcan ignorantes acerca de la naturaleza de Dios, es un asunto muy serio cuando uno se presenta como maestro de la Palabra y niega estas verdades fundamentales acerca de la naturaleza de Dios y de la persona de Cristo. Como dice Juan, si alguien niegue que Jesús es el Cristo, i.e., que Él es plenamente hombre (Jesús) y plenamente Dios (el Cristo), esa persona es anticristo.
Para aquellos que minimizan la importancia de la naturaleza trina de Dios y de la plena deidad de Cristo, me gustaría considerar los siguientes puntos: 1) Un Dios Unitario sería incompleto en Sí Mismo. 2) Solamente Dios puede ser nuestro Salvador. 3) Solamente Dios debe ser adorado.
Un Dios Unitario sería Incompleto en Sí Mismo
En cuanto a Su naturaleza esencial, Dios es amor (1Jn 4:8,16). El amor agápe es un amor dador que no busca lo suyo – no es egocéntrico. Por su misma naturaleza el amor tiene que tener otra persona o personas para expresarse. Por lo tanto, si Dios fuera un ser solitario, o Su naturaleza esencial no puede ser amor, o Él no sería completo y autosuficiente en Sí Mismo: Él dependería de Su creación para completarse. Soledad es incompatible con el amor agápe. Pero dado que Dios es revelado como trino, Él jamás ha sido solitario, ni siquiera antes de la creación. Él Hijo siempre ha sido el Amado del Padre, “Su amado Hijo.” (Ef 1:6; Col 1:13; Jn 3:35; Mt 17:5; 3:17). El Padre y el Hijo, junto con el Espíritu Santo, han disfrutado de comunión entre Sí desde la eternidad, antes de la creación (Jn 17:4-5).
Los Unitarios Modalistas, que creen que Dios es una Persona solitaria que juega tres papeles distintos, son presentados con el mismo problema, e incluso peor, dado que cualquiera comunión entre el Padre, Hijo y el Espíritu Santo sería nada más imaginaria. Voy a presentar la evidencia escritural para la Trinidad en otro blog. Pero solo desde una perspectiva lógica, es inconcebible que el Dios eterno y autosuficiente, siendo amor en su ser esencial, exista en solitud en la eternidad, requiriendo a Su creación para poder dar expresión a Su naturaleza. Esta reciprocidad del amor y comunión entre las tres Personas en una sola esencia divina a veces se refiere como el perichoresis o la relación trinitaria comunitaria de las tres Personas de la Trinidad dentro de la misma esencia divina.
Solamente Dios puede ser nuestro Salvador
Para calificar como nuestro Salvador, Jesús tuvo que ser Jehová mismo. Jehová de manera muy enfática dijo más de una vez que aparte de Él no había salvador:
“Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.” (Isa 43:11)
“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4)
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.” (Isa 45:21)
Como Podemos ver aquí en Isaías 45:21, Jehová es un Dios justo y el único Salvador. Un Dios justo no puede permanecer justo y simplemente hacer caso omiso al pecado sin ejecutar la justicia (Sal 9:7-8; Heb 2:2-3; Mt 12:36; Rom 3:5-6). El Dios trino Mismo tuvo que hacer la propiciación por los pecados del mundo para poder ser justo y justamente perdonar nuestras transgresiones.
La salvación es posible solamente porque el Juez Mismo tomó el juicio debido a Sus criaturas sobre Sí Mismo. Nuestro Salvador no pudo haber sido nada más una inocente criatura de Dios recibiendo el castigo por los culpables. Eso hubiera agravado la injusticia en vez de satisfacerla (Deut 24:16). La maravilla y la justicia de nuestra redención es que Jehová mismo tomó sobre Sí Mismo humanidad y sufrió la pena justa por los pecados de nosotros en la persona de Dios el Hijo. Jesucristo es nuestro Dios y nuestro Salvador. Jesucristo Mismo es nuestro Salvador Jehová Elohim. Eso es lo que afirma Pedro cuando se refiere a Jesús tanto como “nuestro Señor y Salvador Jesucristo” y “nuestro Dios y Salvador Jesucristo” en la misma epístola (2Pedro 3:18; 2Pedro 1:1). Como dijo Jehová antes de la encarnación, “yo soy Jehová tu Dios (Elohim)…no conocerás, pues…otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4).
Los judíos en los tiempos de Jesús eran muy familiarizados con las Escrituras y sabían muy bien que solamente Dios puede perdonar pecados cometidos contra Su propia justicia. Sus Escrituras eran muy enfáticas:
“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” (Isa 43:25; cf. Dan 9:9)
“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate 8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)…15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo.” (Sal 49:7-8,15)
A la luz de estos pasajes, podemos entender por qué los judíos acusaron a Jesús de blasfemia en sus corazones cuando Él dijo al paralítico: “tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5-12). Ellos entendieron algo que muchos de los que hoy en día niegan la plena deidad de Cristo no logran entender – solamente Dios Mismo puede ser nuestro Salvador, solamente Él puede perdonar pecados cometidos contra Su propia justicia. E, igual como en otras ocasiones cuando los judíos le acusaron de blasfemia, en vez de negar Su divinidad, Él la afirmaba más, primero por demostrar que Él conocía sus pensamientos – algo que solamente Dios puede hacer (1Sam 16:7; cf. Apo 2:23), y después sanando al paralítico con estas palabras:
“¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” (Marcos 2:9-11).
Solo a la luz de lo que hemos visto aquí, debe ser claro para todos que la negación de la plena deidad de Cristo es algo muy serio, dado que es fundamental para la salvación de toda la humanidad. En términos simples, o Jesús es Dios Mismo y el Salvador de todos, o no es en nada un Salvador. Su mismo nombre Jesús significa “Jehová salva.” Es por eso que Pedro pudo declarar con plena confianza ante el Sanedrín: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hch 4:12).
De igual importancia es la verdadera humanidad de Cristo. Para expiar por nuestros pecados, Jehová tuvo que venir en semejanza de carne pecaminosa y ser tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Y después tuvo que morir en la carne, que era la justa pena por el pecado original de Adán (Rom 8:3; Heb 4:15; 1Ped 3:18; Rom 6:23). Solamente en Cristo, el Último Adán, todos los que morimos en Adán podemos ser liberados de la pena del pecado de Adán y ser vivificados (1Cor 15:22). Nadie menos que Jesucristo el Dios/Hombre, podría dar Su propia vida en rescate por los pecados del mundo entero y después volverla a tomar, resucitándose de entre los muertos, así creando una nueva humanidad como el Último Adán resucitado y glorificado (Jn 10:17-18; Ef 2:15).
Solamente Jehová pudo haber hecho lo que hizo Jesucristo, trayendo la salvación y una nueva creación a un mundo caído. Es por eso que Jesús advirtió a los fariseos que se negaban a reconocerlo, diciéndoles, “si no creéis que yo soy (EGO EIMI), en vuestros pecados moriréis (Jn 8:24). Examinaremos esto con más detalle en otro blog, pero EGO EIMI es el mismo nombre de Dios dado a Moisés en la zarza ardiente (Ex 3:14). Que los fariseos entendieron lo que Jesús estaba afirmando es evidente, dado su respuesta cuando Él dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy (EGO EIMI).” Su reacción fue tomar piedras para apedrearlo por blasfemia (Jn 8:58-59).
Creo que los Unitarios no han contemplado debidamente sobre cuánto disminuye la gloria del amor de Dios la idea de un Dios solitario. Deja uno con solo dos opciones o negar que el amor sea la esencia de Su ser, o decir que no es suficiente en Sí Mismo, dado que Él requiere la creación para poder dar expresión a Su naturaleza esencial que es amor.
Más grave aún es su creencia de que Cristo fue nada más un ser creado quien Dios envió a morir por nosotros en lugar de Él, en vez de que Él Mismo viniera en la persona de Su unigénito Hijo quien eternamente está en el seno del Padre. Esto disminuye en gran manera la demostración del amor de Dios cuando Él Mismo tomó forma del hombre y murió por nuestros pecados en la cruz. Jehová no simplemente envió a alguien a morir por nosotros – Él Mismo vino en la persona del Hijo, nuestro Dios y Salvador, Jesucristo (2 Pedro 1:1).
Muchos son escandalizados por la cruz porque no han logrado comprender el ser trino de Dios. Ellos visualizan al Padre como un ser independiente enviando a Su hijo creado para morir, pagando nuestra deuda que nosotros le debíamos a Él, azotando y crucificando a Su Hijo como un intermediario entre nosotros y Él. Esto es una muy mala caricatura del sacrificio del amor trino de Dios por nosotros. Dios el Padre estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo mismo (2Cor 5:19), y Cristo por el Espíritu Santo se ofreció voluntariamente por todos nosotros (Heb 9:14). Y fue el Padre con el Espíritu Santo que lo levantó de los muertos (Rom 8:11;1Pedro 3:18). Las tres personas de la Trinidad, todas participaron en nuestra salvación. Los tres igualmente sufrieron. ¡No hay amor más grande que esto!
Solamente Dios debe ser adorado
Encontramos expresado de manera enfática y repetida a través de las Escrituras que solo debemos de adorar a Jehová Elohim, y que Él no da Su gloria y adoración a ningún otro:
“Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Ex 34:14; cf. Mt 4:10)
“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” (Isa 42:8)
Por lo tanto, si Jesús no es Dios, entonces no debemos adorarlo; no debemos de glorificarlo ni alabar a Su nombre. Tal adoración sería idolatría blasfema. Cuando Herodes recibió alabanza como a un dios, un ángel del Señor lo hirió y murió comido de gusanos (Hch 12:21-23). Es por eso por lo que, cuando los hombres de Listra iban a adorarles a Pablo y a Bernabé como dioses, ellos rasgaron sus vestiduras y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros” (Hch 14:14-15). De la misma manera, cuando Cornelio se postró ante Pedro para adorarlo, él le dijo: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hch 10:26).
Si Jesús fuera nada más que un hombre perfecto, ciertamente Él hubiera reaccionado de la misma manera. Pero, al contrario, cuando Tomás le dijo a Jesús, “mi Señor y mi Dios,” Jesús afirmó la verdad de su confesión diciendo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). En vez de decirle, “estás equivocado, yo soy un mero hombre y no Dios,” le reprochó por tener que verlo cara a cara antes de creer que Él era su Señor y su Dios.
Algunos Unitarios dicen que Jesucristo fue un ángel creado. Veremos porque eso es imposible más adelante, pero aquí solo quiero señalar que meros ángeles no reciben adoración, dado que la adoración es debida a Dios solamente. Dos veces Juan estaba sobrecogido por el resplandor del ángel que le apareció. Pero ambas veces el ángel respondió diciendo: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo... Adora a Dios” (Apo 19:10; 22:9).
La gloria de Dios es exclusiva a Sí Mismo. Sin embargo, vemos a Jesús en Su oración al Padre en la noche de Su pasión diciendo:
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Jn 17:5)
Así que, o Dios de hecho comparte Su gloria con otros, aún antes de la creación, o Jesús es de verdad el Hijo de Dios, eternamente existiendo en el seno del Padre, pero voluntariamente dejó Su trono de gloria, tomando la forma del hombre y siendo obediente hasta la muerte, y Dios lo levantó de entre los muertos y le exaltó por encima de todo lo creado.
Combinando Su oración al Padre en Juan 17 con la descripción de la kenosis de Cristo en Filipenses 2, podemos ver que Jesucristo siempre ha sido el Dios de gloria que se encarnó como Hombre, siendo obediente a la muerte, solo para ser restaurado a la gloria que ha tenido con el Padre desde la eternidad:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo (se despojó de la gloria que Él tenía con el Padre antes que el mundo fuese), tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre (aunque seguía siendo Dios), se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre (lo restauró a la gloria que tuvo eternamente con el Padre), 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla (en adoración) de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Jehová), para gloria de Dios Padre.” (Fil 2:5-11)
Como el resucitado y glorificado Cristo, el Hijo de Dios, Él es después adorado por toda la creación restaurada, recibiendo la gloria, honra y la alabanza debida a Dios solamente:
“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. 14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.” (Apo 5:13-14)
Cuando dice que ellos adoran a Él que vive por los siglos de los siglos, se refiere a lo dicho por Jesucristo en el capítulo uno de Apocalipsis donde Él dice de Sí Mismo: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén” (Apo 1:17-18). También dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apo 1:8). Como veremos en otro blog, estos son títulos exclusivos a Jehová Elohim. No puede haber dos “Todopoderosos.” Solo hay un Dios y Él existe en tres personas.
Entonces, vemos la importancia de la deidad de Cristo, en que solamente Dios debe ser adorado. Si Jesús no es Dios, entonces estamos quebrantando el primer mandamiento cuando lo adoramos. Si Jesús no es Dios, entonces Tomás debe haber sido reprendido por llamarlo “mi Señor y mi Dios.” Pero una vez entendemos que Él es nuestro Señor y Dios, entonces nuestra única respuesta debe ser doblar rodilla en adoración y alabanza, para la gloria de Dios Padre.
Espero haber podido demostrar resumida la importancia de reconocer a Jesucristo como el mismo Dios encarnado. Juan era tan enfático en cuanto a su importancia que él dijo que todos aquellos que negaran que Jesús es el Cristo son anticristo. En los blogs siguientes demostraré que “el Cristo” no es otro que Jehová del Antiguo Testamento, y que Jehová Elohim es un solo Dios que se manifiesta en tres personas – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
[i] https://en.wikipedia.org/wiki/Universalism#cite_note-11