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por George Sidney Hurd
 
Al examinar las diversas teorías de la expiación es importante tener en mente que la muerte de Cristo en la cruz como la propiciación por nuestros pecados es central para un entendimiento correcto de la expiación. La muerte de Cristo en la cruz era tan central para Pablo que él dijo: “me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Cor 2:2). También él dijo: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” (1Cor 1:18).
 
Ninguno de los Padres Primitivas había formulado algo tan desarrollado como lo que hoy en día llamamos una teoría de la expiación, principalmente porque en ese tiempo aún no había controversia sobre la expiación como había con la Trinidad y la deidad de Cristo. Por su mayor parte, en sus escritos solo encontramos algunos comentarios de paso acerca de Escrituras relacionados a ella. Algunos de ellos enfatizaban ciertos aspectos de la expiación sobre otros, como veremos. Sin embargo, ni siquiera uno de los Padres negaba la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, y casi todos ellos la afirmaba de un grado u otro, como demuestro en mi blog, Los Padres Primitivos y la Expiación Sustitutiva Penal.
 
Un error que unos cometen hoy en día que no se veía entre los Padres es la tendencia a aferrarse a un solo aspecto de la expiación a la exclusión de los demás. William Lane Craig compara la expiación a una joya de muchas facetas, de las cuales la cara o mesa es la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo. [1] Mientras unos insisten que la Expiación Sustitutiva Penal es el único modelo, otros reduccionistas insistirían en Cristo Víctor, Recapitulación, o Ejemplo Moral como el único modelo aceptable. Sin embargo, como espero demostrar, la mayoría de las teorías contienen ciertos elementos de verdad que, en su lugar correcto, complementan las demás teorías en vez de negarlas.
 
Sin embargo, habiendo dicho eso, ninguno de los variados beneficios complementarios hubiera sido posible aparte del sacrificio sustitutivo de Cristo en lo cual Él, como el Cordero de Dios, quitó nuestros pecados, haciendo propiciación/expiación por ellos, así reconciliándonos a Dios. Por ejemplo, ¿de qué manera podríamos decir que Cristo ganó la victoria sobre Satanás si de hecho estuviéramos todavía muertos en nuestros delitos y pecados? (Ef 2:1,12-13; Col 1:20-22). ¿De qué manera nos sería de provecho Su ejemplo moral si, después de todo lo que Él sufrió por nosotros, Su sangre no hubiera hecho propiciación por nuestros pecados ante Dios? (1Jn 4:9-11).
 
Veo los variados aspectos de la expiación como comparable a diferentes partes del cuerpo humano. La Expiación Sustitutiva Penal es comparable al corazón que es indispensable para la vida del cuerpo. Mientras que la vida no sería igual sin otros miembros del cuerpo, podríamos seguir con vida. Pero la vida no sería posible sin el corazón. Si la sangre de Cristo no hubiera hecho expiación por nuestros pecados delante de Dios (Heb 9:12,14-15), estaríamos todavía muertos en nuestros delitos y pecados y ajenos de la vida de Dios. Solamente Su sangre derramada para la remisión de pecados hace posible que Dios sea justo y a la vez Él que justifica al pecador que cree (Rom 3:24-26). Los modelos Cristo Víctor o Ejemplo Moral, en si mismo, jamás lograría eso.
 
Reconociendo la centralidad e indispensabilidad del sacrificio sustitutivo penal de Cristo para un entendimiento correcto de la expiación, también tenemos que reconocer que algunas de las otras teorías contienen verdades importantes complementarias y paralelas. Lo siguiente es una consideración breve de algunos de los aspectos complementarios de diferentes modelos de la expiación.
 
1) Recapitulación (Ef 1:10; Rom 5:12-21;11:36; 1Cor 15:21-22,28,45; Apo 21:5)
 
Quizás el modelo de la expiación más comprensivo que abarca todo es el de la Recapitulación. Recapitulación es del latín recapitulatio. El término que los Padres Griegos usaban era ἀνακεφαλαίομαι (anakephalaíomai), que literalmente significa “reunir bajo una sola cabeza.” [2] La palabra, como también el concepto que expresa, se encuentra en Efesios 1:9-10 que dice:
 
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir (anakephalaíomai) todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9-10)
 
Aunque Ireneo de Lyon (130 a 202d.C.) aparenta ser el primero en elaborar sobre los aspectos recapitulativos de la expiación, él cita a Justino Mártir (100 a 165 d.C.) para apoyar su posición, que indica que no era algo único a él. [3] Atanasio (293 a 373 d.C.) también elaboró mucho sobre este aspecto de la expiación.
 
En breve, este aspecto de la expiación enfatiza que, a través de Su encarnación, vida y muerte, Cristo, como nuestro representativo y cabeza corporativa, recapituló la raza humana, restaurando lo que Adán perdió. Él tuvo que ser como nosotros en toda manera, pero sin pecado, para calificar como nuestro sustituto y cabeza representativa.
 
  • Como Adán recibió su vida biológica directamente de Dios, de la misma manera, Cristo recibió Su vida biológica directamente de Dios por concepción divina.
  • Adán desobedeció en un huerto, trayendo condenación y muerte a todos – Cristo se sometió al a voluntad del Padre en un huerto, trayendo justificación y vida a todos.
  • Adán perdió su dominio a Satanás la serpiente, tomando del árbol – Cristo venció a Satanás, siendo clavado en un árbol, restaurando el dominio al hombre.
 
Según el modelo recapitulativo de la expiación, en la encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo, Él, como el último Adán, totalmente revirtió las consecuencias de la caída y mucho más. “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados… Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” (1 Cor 15:22,45).
 
El alcance universal de la recapitulación de Cristo de todos es un argumento fuerte para el Universalismo. Atanasio, conocido principalmente por el Credo de Atanasio, también enfatizó el modelo recapitulativo de la expiación y él era un Universalista. [4] Y aunque los escritos de Ireneo son a menudo difíciles de descifrar, él también aparenta estar afirmando la restauración de todos cuando habla de la recapitulación de todos los hombres por Cristo. En un lugar él dice:  
 
“Así que también le echó Adán del paraíso, y lo alejó lejos del árbol de la vida, no porque quería negarle el árbol de la vida, como algunos se atreven a decir, sino que tuvo piedad de él, y no quería que continuara perpetuamente como un pecador, y no quería que el pecado que lo envolvía fuera inmortal, y la maldad interminable e irremediable. Pero Él puso un límite de su estado pecaminoso por interponer la muerte, y así poner fin del pecado por la disolución de la carne en la tierra para que el hombre, finalmente dejando de seguir viviendo en el pecado, puede comenzar a vivir para Dios.” [5]
 
Aquí él dice que Dios, por Su bondad y misericordia, evitó que Adán comiera del árbol de la vida, lo que habría resultado en que nosotros viviéramos para siempre en un estado pecaminoso. Él vio la muerte como librando a los hombres del pecado para poder después vivir en comunión con Dios.
 
Dado que la conclusión obvia de semejante inversión universal es que un día toda la raza Adámica será restaurada, el modelo Recapitulación de la expiación ha sido ignorado por la mayoría en el Occidente, pero seguía siendo prominente en la Iglesia Primitiva y todavía la mayoría de las Iglesias Ortodoxas Orientales lo enfatizan.
 
Como fue con la Trinidad y la deidad de Cristo, la enseñanza bíblica acerca de la recapitulación de la raza Adámica tomó forma en medio de controversia. En Contra Herejías, Ireneo se enfocó en la encarnación de Jesús y Su verdadera humanidad, oponiendo el Gnosticismo Docético que enseñaba que Dios no se había encarnado en Cristo, tomando carne, sino que solo aparentaba ser un hombre. Es evidente en sus escritos que él también creía en lo que conocemos hoy como el modelo Cristo Víctor de la expiación incluyendo la muerte sustitutiva de Cristo por nuestros pecados. Estos son verdades complementarias y no exclusivas. Hablando de la sustitución penal de Cristo él dijo:
 
“el Mediador entre Dios y los hombres; verdaderamente propiciándonos con el Padre contra quién habíamos pecado y cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia; confiriendo sobre nosotros también el don de la comunión con Él y la sujeción a nuestro Creador.”  [6] 
“...La Palabra de Dios, poderoso en todo, y no defectuosa en Su propia justicia, justamente se oponía a esa apostasía, y redimió los suyos de ella …de tal manera que ni fue infringida Su justicia, ni fue destruida la hechura de Dios. De esa manera el Señor nos ha redimido por Su propia sangre, dando Su alma por nuestras almas, y Su carne por nuestra carne, y ha derramado el Espíritu del Padre para la unión y comunión de Dios y el hombre.” [7]
Porque si ninguno puede perdonar los pecados sino solamente Dios, mientras que el Señor los remitió y sanó a los hombres, es evidente que Él Mismo era la Palabra de Dios hecho Hijo del hombre, recibiendo del Padre el poder de la remisión de los pecados; dado que Él era hombre, y era al mismo tiempo Dios, a fin de que, como hombre Él sufriera por nosotros, para que, como Dios podría tener compasión de nosotros y perdonarnos nuestras deudas, en que estábamos endeudados a Dios nuestro Creador.  [8]
 
Aquí vemos que hemos pecado contra Dios Mismo y por lo tanto es de Él que necesitamos el perdón. A través de Su sufrimiento, siendo obediente hasta la muerte, Cristo hizo propiciación por nuestros pecados ante Dios y canceló nuestra deuda por el pecado. Aunque Ireneo principalmente enfatizaba la recapitulación que Cristo hizo por todos los que cayeron en Adán, la sustitución penal de Cristo es presentado claramente por Ireneo como lo que hizo posible la recapitulación de todos.
 
Atanasio también veía la sustitución penal de Cristo como una parte íntegra de Su recapitulación de la raza caída de Adán. Él dijo:
 
“Y tomando así un cuerpo de la misma naturaleza que la nuestra, porque estábamos bajo la pena de la corrupción de muerte, Él entregó Su cuerpo a la muerte en lugar de todos, y lo ofreció al Padre.” [9]
“...el Señor sufrió estas cosas no por Sí Mismo, sino por nosotros. Y Él dice esto otra vez en Su propia persona en el Salmo 88: Su ira ha reposada sobre mí, y en el Salmo 69: Entonces restauré lo que no había quitado. Porque aunque Él no era culpable, Él murió. Pero Él sufrió por nosotros y soportó la ira que fue destinada a nosotros debido a nuestra desobediencia, como fue dicho por el profeta Isaías: Él llevó nuestras debilidades.” [10]
“Fue Él quien fue crucificado ante el sol y toda la creación como testigos, y ante aquellos que lo mataron: y por Su muerte ha venido la salvación a todos, y toda creación ha sido redimida. Él es la Vida de todos, y Él es aquel que, como un cordero, entregó Su cuerpo a la muerte como un sustituto para la salvación de todos, aunque los Judíos todavía no lo han creído.” [11] 
“...con este fin Él tomó para Sí Mismo un cuerpo capaz de morir, que este cuerpo, por estar unido con la Palabra quién es sobre todo, estuviera digno de morir en lugar de todos… Porque estando sobre todos, la Palabra de Dios, ofreciendo Su propio templo e instrumento corporal por la vida de todos, satisfizo la deuda por Su muerte. Y de esta manera Él, el Hijo de Dios incorruptible, siendo unido con todos por una naturaleza semejante, revistió a todos con la incorrupción, por la promesa de la resurrección.” [12]
 
Igual como Ireneo, Atanasio presenta la raza de Adán como debiendo una deuda a Dios debido a su pecado. Para satisfacer (hacer propiciación por) esa deuda, Cristo tomo un cuerpo capaz de sufrir y morir para poder morir en lugar de (como sustituto de) todos. Es digno de notar que, tanto Ireneo como Atanasio presentan el sacrificio sustitutivo de Cristo como haciendo propiciación a Dios, satisfaciendo la deuda que nosotros le debíamos debido a nuestros pecados. Ninguno de los dos creía en la teoría del Rescate de Orígenes que especulaba que el precio del rescate le fue pagado a Satanás, sino que decían que el precio del rescate fue presentado al Padre, satisfaciendo Su justicia conforme a Su propia declaración que la paga del pecado es la muerte.
 
2) Cristo Víctor (Gen 3:15; Jn 12:31–33; Col 2:13–15; Heb 2:14–16)
 
Gustaf Aulén formula su teoría de la expiación Cristo Víctor en su libro con el mismo título, publicado en 1931. Según esta teoría, Cristo vino para derrotar a Satanás, destruyendo su dominio sobre la humanidad y el cosmos. Él decía que Cristo Víctor era el entendimiento predominante o clásico de la expiación que la iglesia enseñaba durante los primeros mil años antes de la teoría de la Satisfacción de Anselmo del siglo XII.
 
Aulén tenía razón al decir que históricamente la Iglesia había puesto énfasis en la victoria de Cristo sobre Satanás en la cruz. Tanto la Iglesia Ortodoxo Oriental, como también las iglesias del Occidente, que Aulén llama “las iglesias latinas” afirman la victoria de Cristo sobre Satanás y la muerte en la cruz hasta el día de hoy.
 
Sin embargo, como es con la mayoría de las teorías recientes de la expiación, él enfatizaba los aspectos subjetivos – lo que Cristo logró para nosotros, y rechazaba los aspectos objetivos – lo que el sacrificio de Cristo logró para Dios.
 
La expiación consiste primero y principalmente en el sacrificio de expiación/propiciación de Cristo como nuestro sustituto, haciendo posible que Dios sea justo cuando justifica a los que creen (Rom 3:24-26). Eso es el corazón mismo de la expiación (1Jn 4:10). Aparte de eso, estaríamos aún muertos en nuestros delitos y pecados y bajo la condenación de Dios (Jn 3:18,36; Rom 3:19-20). Fue Cristo redimiéndonos de la maldición de la Ley de Dios que le quitó a Satanás sus derechos legales sobre nosotros como el dios de esta época, y destruyó su poder sobre la muerte (Gal 3:13; Col 2:13-15; Heb 2:14-15). Su sangre redentor nos obtuvo el perdón de pecados y transgresiones ante Dios, así obteniendo nuestra redención eterna (Heb 9:12,15; Ef 1:7). Solamente es por eso que ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
 
La negación o desprecio de la sustitución penal de Cristo en Su muerte es una característica prominente de todas las teorías recientes de la expiación, como Cristo Víctor y la teoría del Chivo Expiatorio. Igual como en los días de Pablo, la cruz sigue siendo ofensa y tropezadero para muchos (Gal 5:11; 1Cor 1:23).
 
Haciendo caso omiso al enfoque objetivo de la muerte de sacrificio de Cristo en pasajes como
1Juan 4:10 que enfatizan que Dios envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados, Gregory Boyd, que afirma de la teoría Cristo Víctor que niega la sustitución penal de Cristo, dice: “La necesidad de la cruz, en mí opinión, no reside en Dios, sino en la naturaleza de nuestra esclavitud a Satanás y las potestades.” [13] Él dijo: “Según el Nuevo Testamento, la cosa principal que Jesús hizo fue despojándole al príncipe de este mundo." (énfasis mio)[14] Pero, despojándole a Satanás solo sería la cosa principal si uno fuera creer que él pudo haber sido derrotado sin la necesidad de primero ser perdonados por medio del sacrificio propiciatorio de Cristo, nuestro sustituto.
 
Muchos, sin tener mucho conocimiento de las iglesias Ortodoxas Orientales, ignoran el hecho de que la creencia en el aspecto objetivo judicial y sustitutiva de la expiación siempre fue enseñada dentro de las iglesias Ortodoxas Orientales hasta hace un siglo cuando sus instituciones educacionales cayeron bajo la influencia de los Liberales Modernistas, así como sucedió en el Occidente. Por limitaciones del espacio recomiendo una excelente página web Ortodoxo llamada ORTHODOX SERVANT que cita líderes prominentes dentro de la Iglesia Ortodoxo Oriental, tanto del pasado, como en el presente, que deja en claro que la naturaleza judicial sustitutiva de la expiación siempre ha sido central para los Ortodoxos Orientales. En su artículo, Atonement in the Early Church él cita muchos de los Padres Primitivas Griegas. En otro artículo él cita varios Padres contemporáneos dentro de la Iglesia Ortodoxo (Contemporary Fathers) demostrando qué tan prevalente sigue siendo la creencia en una expiación objetiva a pesar de la tendencia moderna de abandonarla a favor de teorías modernas de una expiación más subjetiva.
 
3) Ejemplo Moral (1Pedro 2:21; Heb 12:1-2; Fil 2:5-8)
 
Las teorías Ejemplo Moral y Influencia Moral de la expiación ven la muerte expiatoria de Cristo como un ejemplo del amor
sacrificatorio que fue intencionada para traer un cambio positivo en la humanidad. Según esta teoría, somos restaurados a la imagen de Dios por seguir el ejemplo de Cristo. A menudo ellos citan 1Pedro 2:21, que dice: “porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.”
 
Aunque es cierto que Cristo nos dejó un ejemplo del amor
sacrificatorio, Su ejemplo no tiene nada que ver con la expiación misma, correctamente entendida como la expiación o el sacrificio propiciatorio por nuestros pecados contra Dios. Con Su propia sangre Él obtuvo la remisión de nuestros pecados, resultando en nuestra justificación ante Dios (Mt 26:28; Rom 3:24-26; Heb 9:28; 10:14). Si uno continúa leyendo los versículos que siguen 1Pedro 2:21 hasta el versículo 24, podemos ver que Su sufrimiento era más que un ejemplo – Él sufrió para llevar nuestros pecados en la cruz:
 
“quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1Pedro 2:24)
 
Como vimos en el blog anterior sobre El Siervo Expiatorio de Jehová de Isaías 53, la expresión “llevar (nasa) el pecado, iniquidad, o culpa “ era una expresión legal, que significa sufrir la pena y consecuencia del pecado de uno (Lev 24:15; 5:1; 7:18; 16:20-22). En Su sufrimiento Jesús hizo mucho más que mostrarnos como sufrir, Él llevó nuestros pecados sobre la cruz. Como el Cordero de Dios, Él quitó los pecados del mundo (Jn 1:29; Heb 9:28).
 
Aunque los Modernistas Liberales del siglo19 como Horace Bushnell (1802-76) y Hastings Rashdall (1858-1924) eliminaron la sustitución penal de la teoría del Ejemplo Moral, Pedro Abelardo (1079–1142), quien era el primero en formular la teoría del Ejemplo Moral, vio a Cristo como sufriendo por llevar nuestros pecados, llevando en Sí el castigo debido a nosotros sobre Sí Mismo. En su exposición sobre la epístola de Romanos, comentando sobre Romanos 4:25, Abelardo dice:
 
“Él (Pablo) atribuye tanto la muerte de Cristo, como también Su resurrección a nosotros: En dos maneras, se dice, ‘El murió debido a nuestros pecados: por un lado, porque nosotros cometimos la transgresión por la cual Él tuvo que morir y porque nosotros cometimos el pecado cuyo castigo Él llevó sobre Sí Mismo; por el otro lado, para quitar nuestros pecados en Su muerte, eso es librarnos del castigo por nuestros pecados (al mismo tiempo que Él nos estaba introduciendo al Paraíso) por el precio de Su muerte y por la demostración de una gracia tan grande (como Él Mismo dice, ‘nadie tiene mayor amor que esto’ [Juan 15:13]) para quitar de nuestros corazones la motivación de pecar y encendernos para un amor supremo a Él.” [15] 
 
Entonces vemos que, igual como es con la teoría Cristo Víctor, la eliminación de los elementos penal y sustitutiva de la expiación es un producto de la modernidad. Con tal de quitar la ofensa de la cruz, ellos presentan una versión de la expiación editada que es enteramente centrado en el hombre, eliminando toda referencia a la muerte de Cristo como sufriendo la justa pena debida a nosotros por nuestros pecados contra Dios, haciendo propiciación por nuestros pecados con Su propia sangre y salvándonos de la ira escatológica de Dios.
 
 4) Chivo Expiatorio
 
La última y más reciente teoría de la expiación que voy a considerar en este blog es la del Chivo Expiatorio. Fue postulado por primera vez en 2016 por el filósofo francés René Girard en su libro, Mimesis and Atonement (Mimetismo y Expiación). Esta teoría está aumentando en popularidad rápidamente, dado que presenta a Dios como totalmente no-retributivo contra la maldad e injusticia del hombre.
 
Él basó su teoría en lo que él llama “deseo mimético” – la tendencia que tenemos dejarnos ser llevados por, o imitar, el deseo colectivo de la manada. Si el grupo colectivo percibe que alguien es un obstáculo para lograr ese deseo, toda la comunidad se levanta contra esa persona con violencia para destruirla. Eso es lo que él llama “el mecanismo chivo expiatorio.”
 
Según esta teoría, Cristo llegó a ser el chivo expiatorio, pasivamente absorbiendo la violencia sistémica de la sociedad contra Él como el último chivo expiatorio. Según esta teoría, Dios lo vindicó a Cristo, resucitando el chivo expiatorio de ellos de la muerte, para poner fin al mecanismo chivo expiatorio del hombre. Sin embargo, si esta teoría fuera verdad, significaría que la muerte de Cristo fue en vano, dado que, después de 2000 años, la tendencia del hombre a la violencia hacia los chivos expiatorios no aparenta haber disminuido. Uno solo necesita recordar cuántas veces ha habido violencia colectiva contra los judíos, como sucedió con la Plaga Negra y en Alemania Nazi durante la segunda guerra mundial, para mencionar un par de ejemplos.
 
De todas las teorías formuladas por el hombre a través de la historia de la Iglesia, esto es el más removido de la fe cristiana bíblica e histórica. Pablo dijo que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras (1Cor 15:3). En Hebreos vemos que Cristo cumplió lo que fue prefigurado en los sacrificios Levíticos cuando Él entró en el Lugar Santísimo celestial con Su propia sangre, obteniendo eterna redención y la remisión de nuestros pecados ante Dios (Heb 9:11-12; 10:12-14,18). Pablo dice acerca del sacrificio sustitutiva de Cristo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor 5:21).
 
En contraste a esto, Brian Zahnd, quien también afirma la teoría Chivo Expiatorio, dice que todos los sacrificios bajo la Ley donde los animales fueron sacrificados por los pecados del pueblo, y también la creencia que el sacrificio de Cristo satisfizo la justicia de Dios, tienen sus orígenes en el corazón oscuro del hombre. Él dice:
 
“El rito de sacrificar un sustituto no tiene nada que ver con la justicia de Dios. El rito de sacrificios tiene su origen oscuro en el mecanismo chivo expiatorio, donde la tribu exterminaba el peligro de la violencia todos-contra-todos matando una víctima solitaria. Los sacrificios rituales no tienen su origen en el corazón de Dios; su origen es en el corazón violento de la humanidad.” [16]
 
Puede ser que para el sumo sacerdote Caifás Jesús no era más que un chivo expiatorio cuando él dijo que convenía que uno muriera por el pueblo (Jn 11:49-52), pero en realidad, Cristo vino con el propósito explícito de dar Su vida en rescate por todos para quitar los pecados del mundo (Mt 20:28 cf. 1Tim 2:6; Jn 1:29).  
 
Aunque todas las variadas teorías de la expiación contienen ciertos elementos de verdad, cualquier teoría que niegue la muerte sustitutiva penal de Cristo, en la cual Él nos redimió de nuestros pecados y transgresiones por Su propia sangre preciosa, ha eliminado el corazón mismo de la expiación (Col 1:14; Heb 9:15; 1Pedro 1:18-19). Yo creo que el negar que la sangre de Cristo nos redimió de nuestros pecados y transgresiones es el mismo espíritu del anticristo. Lo que estamos viendo en estos días es, en mí opinión, lo que Pedro profetizó. Él dijo:
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2 Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado.” (2 Pedro 2:1-2).
 


[1] Craig, William Lane. Atonement and the Death of Christ (p. 13). “The biblical doctrine of the atonement may be aptly compared to a multifaceted jewel, each facet contributing to the beauty of the whole gem. The various facets of a gem are transparent to and refracted in one another, thereby increasing the brilliance and beauty of the whole. On this analogy, it would be an obvious mistake to try to reduce the doctrine of the atonement to just one of its many facets, as some theorists have done.”
 

[2] La palabra “reunir” es una palabra compuesta de aná que normalmente significa “otra vez” y kephalaioo, y significa re-unir o unir otra vez bajo una sola cabeza.” En el Léxico Griego de Thayer él comenta sobre el significado de esta palabra en el contexto de Efesios 1:9,10, diciendo: “Aquí dice de Dios que él reúne otra vez para sí mismo (voz media) todas las cosas y seres (anteriormente desunidos por el pecado) en un solo estado unido en comunión con Cristo.”
 

[3] Irenaeus cita a Justin Martyr in Against Heresies  4.6.2. Aquí dijo de él:
“En su libro contra Marción, Justino bien dice: ‘Debido a que el Hijo unigénito vino a nosotros del único Dios, quién hizo este mundo y nos formó, y sostiene y administra todas las cosas, recapitulando Su propia hechura en Sí Mismo, mi fe hacia Él es firme, y mi amor por el Padre inconmovible.”
 

[4] The following article demonstrates that Athanasius was a Universalist:  The School of Alexandria and Athanasius 
 

[5] Iranio, Contr. Hoer. lib. iii. c. 23, para. 6.
 

[6] Irenaeus, against heresies 5.17.1, in the Ante-Nicene Fathers 1 (ed. Alexander Roberts and James Donaldson; Grand Rapids: Eerdmans, 1979 [1885]). see also 4.8.2 where in performing the offices of the high priest Christ “propitiates” God for people.
 

[7] Ibid, Book 5



[8] Ibid., 5.17.3
 

[9] Athanasius. On the Incarnation of the Word, chapter 8.
 

[10] Athanasius of Alexandria. Letter to Marcellinus on the Psalms. Kindle Edition.
 

[11] Athanasius, On the Incarnation of the Word, chapter 37



[12] Ibid. chapter 9
 

[13] https://reknew.org/2017/05/christus-victor-atonement-girards-scapegoat-theory/
 

[14] https://reknew.org/2018/11/the-christus-victor-view-of-the-atonement/
 

[15] Peter Abelard, Expositio in Epistolas ad Romanos, 26/2, p. 290.
 

[16] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God (p. 104). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.
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por George Sidney Hurd
 
Lo siguiente fue tomado del libro            
La Solución Universal que presenta la Reconciliación Universal como la solución al debate entre los Calvinistas y los Arminianos.
 
Depravación total es un término utilizado para referirse al estado espiritualmente caído en que nace todo descendiente de Adán. Debido al pecado original de Adán, todos nacemos espiritualmente muertos a Dios e incapaces de contribuir de manera alguna a nuestra propia salvación. Aun la fe que necesitamos para apropiar el don de la salvación tiene que ser recibida como un regalo de Dios a través de la regeneración debido a la ceguera espiritual del hombre.
 
Depravación: Tres Puntos de Vista
 
Calvinismo - Depravación Total

La doctrina de depravación total inicialmente fue presentada por Agustín de Hipo (354 – 430 d.C.). También fue la creencia de Martín Lutero, Juan Calvino y otros reformadores prominentes y sigue siendo la creencia de la tradición reformada, Calvinista hasta el día de hoy. El término “depravación total” fácilmente puede ser malentendido. No quieren decir con “depravación total” que el hombre es malo en el sentido absoluto. Es obvio que algunos hombres viven vidas más rectas moralmente que otros. Uno puede llegar a ser más corrupto moralmente si sigue sus instintos carnales, o menos corrupto en un ambiente ideal.
 
La depravación total significa que el hombre, desde Adán, es espiritualmente muerto en relación con Dios, su Creador. El hombre fue creado para comunión con Dios, pero cuando murió espiritualmente, dejó de ser centrado en Dios y se enfocó en sí mismo, así llegando a ser egocéntrico. En esta condición caída, aun sus acciones, que aparentan ser buenas y religiosas, son actos independientes de Dios y para intereses propios, en vez de nacer de una relación de amor y dependencia en comunión con Dios. La palabra griega para el pecado es hamartía que significa “no dar en el blanco.” Una dependencia total de Dios es el blanco. Nada de lo que hacemos sin Dios - sea lo que origina de las “buenas” ramas o las ramas “malas” del árbol de la ciencia del bien y del mal, da en el blanco, y por esa razón es pecado.
 
Uno puede guardar la ley religiosamente y sin embargo sigue siendo depravado porque sus obras son hechas en la carne y no en Dios. Basados en 1Juan 3:4 muchos piensan que el pecado es definido como transgresión de la ley. Pero la frase “transgresión de la ley” es una sola palabra griega – anomía, compuesta de “a-” que significa “no” y “nomos” que significa “ley.” La idea expresada es “negar a someterse,” o vivir según lo que uno quiere en vez de vivir como Dios quiere. Algunos logran vivir una vida relativamente recta independientemente de su Creador. Uno puede guardar la ley con gran celo y no estar sometido a Dios, como lo vemos ilustrado en los fariseos. El pecado es simplemente haciendo lo que bien nos parece, participando del árbol de la ciencia del bien y el mal, en el poder de nuestra carne caída, en vez de caminar en dependencia de Dios.
 
Pelagianismo – Negación de Depravación
 
Pelagio, un contemporáneo de San Agustín, opuso la doctrina agustiniana de la predestinación y negaba que el hombre heredó el pecado original de Adán. Según Pelagio, el hombre no nace depravado sino neutro y libre del pecado, y con un libre albedrío no debilitado por el pecado. Según él, Dios no nos dio la ley para revelar nuestro pecado y necesidad de la gracia, sino que nos dio la ley anticipando que el hombre la cumpliera. Enseñaba que era posible vivir sin pecado.
 
Arminianismo – Depravación Parcial
 
Los Arminianos, en su mayor parte, no creen en la auto-salvación como fue enseñado por Pelagio. La mayoría de ellos cree, como los Calvinistas, que somos completamente incapaces de salvarnos a nosotros mismos y que nuestra salvación fue obtenida para nosotros por Jesucristo en Su muerte y resurrección. La única participación requerida de parte del hombre, según ellos, es la apropiación de nuestra salvación por una decisión de fe y continuando en esa fe hasta el final. Pablo deja en claro que la fe que salva no es una obra como para poder jactarnos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe” (Rom 3:27-29). Así que, no sería correcto acusar a los Arminianos de ser Pelagianistas simplemente porque insisten que nuestra decisión de fe procura nuestra salvación.
 
Las tres diferentes perspectivas acerca de la condición del hombre delante de Dios pueden ser ilustradas por un hombre en un río. El hombre, según Pelagio, no tiene necesidad de ser rescatado porque no solo puede nadar sino que puede ir contra la corriente. Este hombre imaginario ni necesita un Salvador, y por ende no puede ser considerado “salvo.” Jesús no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento. La verdad es que toda la humanidad ha nacido pecadora y necesitada de un Salvador. No hay justo, ni aun uno” (Rom 3:10).
 
El Segundo hombre, según los Arminianos, no sabe nadar y se está ahogando y siendo llevado río abajo por la corriente. Dios, en Su misericordia y gracia le lanza el salvavidas. Si el hombre que se está ahogando tiene la fe y el sano juicio suficiente como para tomar el salvavidas, Dios lo rescatará. De otra manera, Dios no hará mayor intervención para salvarlo por respecto a su propio libre albedrío y lo dejará ahogarse, siendo llevado río abajo a la destrucción segura.
 
El tercer hombre, según la interpretación Calvinista, no solamente se está ahogando y en necesidad de ser rescatado, sino que ya se ahogó. Él está muerto al fondo del río, siendo llevado río abajo hacia un infierno eterno que Dios preparó para recibir a todos a excepción de algunos elegidos que había predeterminado rescatar. Todos los elegidos - escogidos para ser salvos, son sacados del río y resucitados. Sin embargo, la gran mayoría (los no-elegidos), según ellos, o eran predestinados por Dios desde la eternidad a la destrucción eterna aun antes de entrar en el río, o según otros Calvinistas moderados simplemente son dejados a su destino inevitable, sin la intervención que Él solo extiende a los elegidos.
 
Debe ser obvio para todos que el Pelagianismo es una negación total de nuestra necesidad de un Salvador que nos redimió con Su preciosa sangre en la cruz, y por eso es una negación de la fe. Aunque los Calvinistas a menudo acusan a los Arminianos de Pelagianismo o Semipelagianismo, debe ser reconocido que la mayoría de los Arminianos creen en la salvación por la gracia aparte de las obras.
 
La verdadera fe, la que salva, no es una obra, según Pablo, y no invalida la salvación solo por la gracia (Rom 3:27). De mi parte creo, igual que los Calvinistas, que las Escrituras indican que aun nuestra fe que nos salva es un regalo de Dios, como espero demostrar. Sin embargo, el poder de Dios para salvar las almas no ha sido limitado por esta distinción menor. Jonathan Edwards, un Calvinista reformado, fue poderosamente usado por Dios, al igual que George Whitefield, quien era Arminiano aunque después abrazó el Calvinismo bajo la influencia de Jonathan Edwards. Pero no debemos olvidar a los grandes predicadores como John Wesley, Charles Finney and William Seymour, para nombrar solo unos pocos, quienes fueron usados poderosamente siendo Arminianos.
 
Dios no aparenta ser limitado en Su poder para salvar, dependiendo en si creemos que la fe que salva es un regalo de Él o una decisión voluntaria e independiente del hombre. Su propósito en crearnos es principalmente relacional y por eso su decreto eterno tiene que incluir nuestra participación voluntaria. Creo que Dios imparte su fe en nosotros pero de tal manera que incluye la recepción voluntaria del hombre. En lugar de ser el uno o el otro, veo que la fe es un regalo de Dios que el hombre, al recibirla, voluntaria e infaliblemente usa para recibir a Cristo.
 
La fe es un regalo recibido y a la vez personalmente activado por la persona que la recibe – así como el mandato de Jesús al paralítico, “levántate, toma tu lecho, y anda” requería la participación del paralítico, aunque la obra de sanidad había sido hecha por Jesús. ¡Gracias a Dios que no tenemos que ser teólogos para ser salvos! Si fuera así, la mayoría de nosotros moriríamos todavía estando en el proceso de separar nuestros “pelitos teológicos.”
 
Depravación: El Testimonio de las Escrituras
 
Creo, y espero demostrar, que el testimonio de las Escrituras confirma que el hombre es totalmente destituido de cualquier habilidad de contribuir a su propia salvación. Será demostrado que aun nuestra fe para salvación tiene que ser impartida a nosotros por Dios para poder creer en el evangelio. La verdadera fe es un regalo de Dios. Nuestra única participación es el ejercicio espontáneo y voluntario de esa fe, recibiendo el glorioso e irresistible evangelio por fe.
 
Espiritualmente Muertos de Nacimiento
 
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Ef 2:1-3)
 
Las Escrituras declaran que estábamos muertos antes de haber recibido la nueva vida de Dios a través del nuevo nacimiento. ¿En qué sentido estábamos muertos y cuándo sucedió esta muerte? Obviamente no refiere a la muerte física. Tampoco podemos decir que el hombre es muerto en un sentido moral antes del nuevo nacimiento. No todos los hijos de Adán son incapaces de vivir un estilo de vida relativamente moral. De hecho, Dios considera toda persona responsable por lo que hace, y vendrá el día cuando cada hombre tendrá que rendir cuentas por lo que ha hecho en esta vida (Rom 2:12-16).
 
Lo que Pablo está diciendo es que todos entramos en este mundo muertos a Dios. Aparte de Jesucristo, quien era Dios mismo encarnado, los únicos que inicialmente eran vivos en relación a Dios fueron Adán y Eva. Dios les mandó a abstenerse del árbol de la vida con la advertencia de que si fueran a comer del árbol morirían en ese mismo día. Dios literalmente les dijo: el día que de él comieres, ciertamente muriendo, morirás” (Gen 2:17). Implícito en la frase “muriendo, morirás” es que ocurrió una muerte el mismo día en que Adán y Eva comieron del árbol. Aun los que toman de las “buenas” ramas del árbol de la ciencia del bien y el mal son muertos en relación a Dios. Sus justicias son hechas en la carne, independientemente de Dios y por eso son inaceptables para Dios (Isa 64:6).
 
Vale mencionar que Pablo; de todos los hombres el más religioso en cuanto a la moralidad; el fariseo de los fariseos, se incluyó a sí mismo entre los culpables: “todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef 2:3). Los “malos justos” toman del árbol prohibido igual como los “malos injustos” y sin darse cuenta, están tanto en rebelión contra Dios como los demás.
 
La palabra “muerte” en las Escrituras expresa, no cesación de existencia, sino separación. En su acto de independencia, Adán y Eva se separaron de Dios y de esa manera murieron espiritualmente. Aunque siguieron viviendo por muchos años antes de finalmente morir físicamente, de ese día en adelante eran entidades independientes y separados de Dios. Esta condición de muerte espiritual pasó a todos los descendientes de Adán:
 
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Rom 5:12)
 
La frase “todos pecaron” es en el tiempo pasado aoristo en el griego, que indica un acto singular en el pasado. Tiene referencia al pecado original de Adán como resultando en que todos los descendientes de él nacen muertos. Debido al pecado original de Adán, todos nacemos muertos a Dios y también destinados a morir físicamente – no simplemente por nuestros pecados, sino debido a la maldición de la muerte que fue trasmitida a través de nuestro primer padre, Adán. 
Esto es lo que llamamos el Pecado Original. Todos pecamos en Adán. Por el pecado de un hombre (Adán), la muerte ha reinado sobre todos sus descendientes (Rom 5:17).
 
Así que todos nosotros, como descendientes de Adán, nacimos muertos en relación con Dios – separados de Su vida desde el nacimiento (Sal 51:5). Uno no anticipa una reacción de una persona que está muerta. Un médico puede pedir que una persona enferma confíe en su capacidad de salvarla, y hasta puede cooperar en su propia recuperación, pero una vez que muere no hay forma de que el médico pueda lograr que el paciente coopere con él. Solo el milagro de la resurrección puede levantar a uno que ya esté muerto físicamente.
 
Lo mismo sucede con uno que está muerto espiritualmente. Uno que está muerto a Dios no puede conocerlo o responder a Dios quien es espíritu. Antes de poder responder a Dios en forma alguna, primero tiene que experimentar el milagro del nuevo nacimiento – habiéndose nacido de arriba, del Espíritu. Tenemos que ser regenerados antes de poder responder a Dios y eso es precisamente lo que Pablo dice que Dios hizo por nosotros: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” En el tiempo de Dios, Él nos da vida a través del renacimiento de nuestro espíritu, dándonos la capacidad de entender y responder al evangelio.
 
Sin embargo, el Universalista no limita a Dios, diciendo que solo los elegidos de esta época serán vivificados y salvos. Pablo dice que finalmente todos los que mueren en Adán serán vivificados en Cristo y que el tiempo vendrá cuando el último enemigo – la muerte, sea destruido para siempre:
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” (1Cor 15:22-23a, 26)
 
El concepto tradicional de una “muerte eterna” es ajeno a las Escrituras que declaran la restauración y reconciliación final de todos cuando Dios reúne todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra (Hechos 3:21; Col 1:16,20; Jn 12:32; Ef 1:10, etc.).
 
Esclavitud Espiritual
 
“en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera (energéo) en los hijos de desobediencia.” (Ef 2:2)
 
En Efesios 2, después de decir que éramos muertos en nuestros delitos y pecados, Pablo sigue explicando que estábamos bajo el poder e influencia de Satanás, el príncipe de la potestad del aire. La palabra griega traducida “opera” es energéo de la cual derivamos nuestras palabras “energizar” y “energía.” En esencia Pablo está diciendo que estábamos bajo el poder de Satanás. Esta realidad es expresada en otros pasajes también:
 
“que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26 y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” (2 Tim 2:25-26)
 
“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.” (1Jn 5:19)
 
¿En qué momento ganó Satanás el dominio sobre la voluntad colectiva de toda la humanidad? En el huerto del Edén, cuando Adán entregó la autoridad que Dios le había dado, al tentador. Desde ese entonces, toda la humanidad fuera de Cristo ha seguido bajo la esclavitud de Satanás y es cegada bajo su opresivo control.
 
Cuando naciones como el Norte del Corea caen bajo una dictadura comunista, todo medio de comunicación es restringido y los cerebros de sus ciudadanos son lavados con propaganda, llevándolos a creer que ellos son los que son libres y prósperos, mientras el mundo de afuera es lo que es malo y ciego. De la misma manera el dios de esta época mantiene a sus súbditos ciegos al glorioso evangelio que les puede hacer libres:
 
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Cor 4:3,4)
 
¿Por qué es que los del mundo no creen el evangelio? En gran parte es porque el dios de esta época los ha cegado para que no vean la luz. Entonces, la raza de Adán no solo es muerta o separada de la vida de Dios, sino también es cegado bajo el dominio opresivo de Satanás. Aparte del milagro del nuevo nacimiento uno no puede ni ver el reino de Dios – mucho menos creer para salvación:
 
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Jn 3:3)
 
Espiritualmente Sordos
 
Jesús decía repetidas veces: “El que tiene oídos para oír, oiga.”  Dado que cada descendiente de Adán entra en el mundo muerto espiritualmente en relación con Dios, es obvio que tenemos que ser vivificados para poder oír a Dios. Aún los regenerados pueden llegar a ser tardos para oír (Heb 5:11), pero los que aún no han nacido de nuevo ni tienen capacidad de escuchar a Dios. No son simplemente indispuestos a oír – son incapaces de oír la voz de Dios:
 
“¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.” (Jn 8:43)
 
Tomen nota que Jesús no simplemente dijo que estaban indispuestos a oírlo, sino que estaban incapaces de escuchar Sus palabras. El mundo civilizado ha descubierto cómo utilizar las ondas radiales y ahora podemos escuchar música y mensajes de una manera no-imaginada en generaciones anteriores. Sin embargo, aún existen algunas tribus remotas que no saben nada de las ondas radiales que están transmitiendo música alrededor de ellos. ¿Por qué? Porque solo es posible escuchar ondas radiales si uno tiene un radio de transistor. Muchos de ellos han sido asombrados mientras escuchan por primera vez, por medio de un radio, lo que estaba en su alrededor todo el tiempo.
 
De una manera muy parecida, nacimos sin la habilidad de escuchar las buenas nuevas de Jesucristo. Podemos haber sido criados en la iglesia, con el evangelio proclamado desde el púlpito en cada servicio, pero sin realmente escucharlo hasta que Dios nos da oídos para oír. En el tiempo del Padre Él nos atrae, permitiéndonos a realmente escucharlo por primera vez. Todos los que le oyen son irresistiblemente atraídos a Jesús, como Jesús explica en Juan capítulo seis:
 
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (Jn 6:44,45)
 
Aquí Jesús dice que ninguno es capaz de venir a Él hasta que el Padre los atraiga. Al mismo tiempo dice que todos a los que le son dados oídos para realmente oír al Padre vendrán a Él infaliblemente. De la misma manera, en el tiempo del Padre, todos los que mueren en Adán serán vivificados en Cristo - no solamente los elegidos de esta época sino todos, finalmente serán atraídos irresistiblemente a Cristo (1Cor 15:22). Jesús dice que no podemos venir a Él a menos que el Padre nos atraiga. En esta época solo unos pocos elegidos serán atraídos por el Padre para formar la Iglesia de las primicias, la Esposa de Cristo. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, Cristo atraerá a todos a Si mismo y no solamente a los elegidos de esta época:
 
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32)
 
La palabra “trajere” en Juan 6:44 y “atraer” aquí en Juan 12:32 es la misma palabra jelco en el griego, que expresa una idea mucho más fuerte que una simple atracción. Strong’s lo define así: “arrastrar (literal o figurativamente).”  Aparece ocho veces en el Nuevo Testamento y en cada ocasión expresa la idea de ser atraído por una fuerza mayor que la resistencia de lo que está siendo jalado o arrastrado:
 
“Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.” (Juan 21:11 NVI) 
 
…echaron mano a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.” (Hch 16:19 NVI)
 
“…¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?” (Stg 2:6 NVI)
 
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote…” (Juan 18:10 RVG)
 
El hombre, separado de Dios, es tan perdido que Dios tiene que atraerlo a Cristo para que sea salvo. Nuestro “libre albedrío” de nada nos sirve si no podemos ver ni comprender el glorioso evangelio y esa es la situación en la que Dios encuentra a todo individuo. Son incapaces de ir a Cristo hasta que Él, en su día de visitación, los atraiga a Si mismo, lo cual Él hará con todos en su debido tiempo (1Pedro 2:12; 1Tim 2:6). En Su tiempo Él quitará el velo de los ojos de todo el pueblo (Isa 25:7-8). Hasta entonces permanecen cegados e incapaces de encontrarlo. 
 
Totalmente Depravados por Naturaleza
 
En el pasaje que hemos estado considerando en Efesios 2:1-3 Pablo, después de decir que estábamos muertos en el pecado y bajo el poder de Satanás, concluye diciendo que éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Adán era un espíritu vestido con un cuerpo antes de separarse de Dios. Cuando Adán pecó su espíritu murió a Dios y él llegó a ser “carne” por naturaleza en vez de un “espíritu” vestido en un cuerpo (Gen 6:3). La carne pecaminosa es incorregiblemente hostil hacia Dios y por eso no puede cambiar lo que es por naturaleza (“carne” independizada), solo por tomar de las ramas “buenas” del árbol prohibido. Uno no puede cambiar lo que es por naturaleza por esfuerzos propios en culto voluntario más que un etíope podría cambiar el color de su piel o un leopardo podría quitar sus manchas (Jer 13:23). Nuestra naturaleza es irreparablemente hostil hacia Dios:
 
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Rom 8:7-9)
 
No solamente es nuestra naturaleza caída como hijos de Adán hostil hacia Dios, haciendo que seamos por naturaleza hijos de ira: La mente natural, no regenerada de la carne también es incapaz de percibir, mucho menos recibir, las cosas del Espíritu:
 
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1Cor 2:14)
 
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Jn 14:16,17)
 
Una vez más vemos que el problema con el hombre caído no es simplemente que está indispuesto a creer, venir, rendirse, entender o conocer las cosas de Dios. Las Escrituras declaran repetidas veces que la humanidad es por naturaleza incapaz de creer, venir, rendirse, entender o comprender para ser salvos. La prédica de la cruz es locura para la mente natural porque él que no ha nacido de nuevo es incapaz de comprenderla (1Cor 1:18).
 
Pablo, en Romanos, antes de introducir la gracia gratuita de Dios comenzando en 3:21, establece incontrovertiblemente que toda la humanidad - judíos incluidos, son totalmente depravada y necesitada de la gracia divina para poder responder a Dios o contribuir de manera alguna a su propia salvación:
 
“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. 13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; 14 Su boca está llena de maldición y de amargura. 15 Sus pies se apresuran para derramar sangre; 16 Quebranto y desventura hay en sus caminos; 17 Y no conocieron camino de paz. 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Rom 3:9-18)
 
Numerosos argumentos han sido presentados por los Arminianos en un intento limitar la universalidad de “todo” en este detallado y acusatorio argumento presentado aquí por Pablo, que establece la depravación total del hombre. Sin embargo, terminan minimizando la intención obvia del argumento presentado por Pablo: todos están sin esperanzas bajo el pecado, totalmente depravados y por eso completamente dependientes en el don de la justicia, proveído en Cristo Jesús para nuestra salvación.
 
Pablo no es el único en presentar la humanidad como totalmente depravada y necesitada de la intervención de la gracia divina. Jesús declaraba lo mismo acerca de la condición de los hombres aparte de Dios:
 
“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Jn 6:63)
 
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (Jn 6:44, 64,65)
 
Una vez más vemos presentada, no simplemente la indisposición del hombre de buscar a Dios, sino la incapacidad: Ninguno podría venir si no fuere atraído por la gracia y misericordia de Dios
 
La Depravación Total mostrada por la Ley
 
Arminianos a menudo argumentan que Dios no pediría cosa alguna del hombre, ni hubiera dado a nosotros Sus leyes, si fuéramos incapaces de responder de una manera positiva. Sin embargo, el propósito de la ley de Moisés fue revelar nuestra incapacidad y depravación para encerrarnos en la gracia. Fue dada para mostrar nuestra inhabilidad – no nuestra habilidad. El propósito de la ley fue despertar las pasiones innatas en nuestra naturaleza adámica, logrando así que perdiéramos toda esperanza de alcanzar la santidad por nuestros propios esfuerzos independientes. En vez de frenar el mal, la ley produce en nosotros toda clase de deseo pecaminoso:
 
“Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. 7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.” (Rom 7:5-8)
 
Así que, podemos ver que el propósito de la ley, según las mismas Escrituras, va en contra del argumento de los Arminianos. La ley fue dada para mostrar nuestra inhabilidad y no nuestra habilidad. Fue dada para quitar toda confianza en la carne. En nuestra inhabilidad de alcanzar la santidad por nuestros esfuerzos independientes, tomando de las ramas “buenas” del árbol prohibido, por medio de la ley morimos. De esta manera, Dios nos prepara para recibir la revelación de Su gracia que hay en Cristo Jesús nuestro Salvador:
 
“¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.” (Gál 3:21-25)
 
Entonces, la ley sirvió como nuestro tutor para revelar nuestra depravación y así llevarnos a Cristo. Ahora que estamos en una relación de fe y dependencia de Cristo ya no estamos bajo la ley. La ley no nos fue dada para vivir sino para morir.
 
La Incapacidad de Creer en el Evangelio
 
Hasta este punto hemos visto que el hombre es muerto en relación a Dios. En su condición caída bajo el poder de Satanás él es ciego y sordo en cuanto al reino de Dios. Hemos visto que el problema del hombre va más allá de la indisposición del hombre, incluyendo también su inhabilidad. El hombre que no ha sido regenerado es “carne” por naturaleza y por eso no puede percibir, venir, someter, conocer, creer ni recibir las cosas relacionadas con el reino de Dios. Jesús dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn 3:3).
 
A pesar de todo el testimonio de las Escrituras al contrario, los Arminianos insisten que la regeneración es el resultado de nuestra propia decisión de fe hecho por nuestro independiente libre albedrío. Jesús dijo que ni podemos ver el reino de Dios aparte del nuevo nacimiento o la regeneración. ¿Cómo es posible que nuestra carne caída responda a la verdad que completamente desconocemos? La fe viene por el oír y el oír la Palabra, pero la carne no puede oír, percibir o someterse de manera alguna a la verdad divina. Lo que nace de la carne es carne. Hasta que uno nazca de nuevo del Espíritu, el hombre es carne, punto. En él, eso es en su carne, no mora el bien (Rom 7:18). Jesús dijo:
 
“‘El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen.’ Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: ‘Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.’” (Jn 6:63-65)
 
El hombre en su condición caída es llamado “carne” (Gen 6:3). La carne solo percibe “palabras carnales.” Las palabras de Jesús son “palabras espirituales” y por esa razón, los que son de la carne son incapaces de creer e ir a Jesús aparte del Padre quien da vida por Su Espíritu a quienes le ha placido escoger por Su gracia. Jesús sabía desde el principio a quienes el Padre había dado vida por Su Espíritu, capacitándoles a oír y responder en fe a Sus “palabras espirituales” que el hombre natural (carne) es incapaz de escuchar y mucho menos creer.
 
Los Arminianos presentan los múltiples pasajes mandando a los hombres a arrepentirse y creer como evidencia que los no-regenerados tienen dentro de sí mismo la potencial de libremente responder con fe al llamado. Sin embargo, una vez más les hace falta reconocer que; al igual como con los mandamientos de la ley de Moisés, los mandamientos no son dados para revelar nuestra capacidad sino nuestra incapacidad. Aún nuestra fe es, por necesidad, un regalo de Dios, para la alabanza de la gloria de Su gracia:
 
“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” (Hch 13:48)
 
La palabra “ordenado” en este pasaje es de la palabra griega tasso, que significa colocar en un orden. La idea expresada es que el Padre ha ordenado un tiempo señalado para la salvación de cada individuo. Uno no cree para vida eterna hasta que llegue el tiempo ordenado por el Padre para él. Por ejemplo, aunque Pablo sabía mucho acerca de Jesús y Sus enseñanzas durante Su ministerio, él no creía en Él porque no era su tiempo ordenado. También estaba presente cuando Esteban dio su defensa bajo el poder del Espíritu Santo, pero a él no le fue dado oídos para oír, y hasta participó en su apedreamiento. Sin duda él estaba familiarizado con el evangelio siendo proclamado por la Iglesia que él perseguía, pero no podía creer porque no le fue dado por el Padre venir a Cristo. No fue hasta que iba en el camino a Damasco que llego el tiempo ordenado por el Padre, dándole la fe para salvación.
 
Algunos Arminianos argumentan que Pablo era la excepción a la regla, pero creo que todos los que han tenido un encuentro salvífico con Cristo podríamos decir que llegamos a creer de una manera similar, aunque los detalles probablemente eran menos dramáticos. La fe que salva es un regalo de Dios. No hay otra manera de explicar cómo sucede que todos los que son ordenados para vida eterna infaliblemente creen. Es la única manera de explicar cómo todos los que el Padre da al Hijo vendrán a Él. El Señor abre nuestros corazones para creer. Dejados a nuestra carne caída y depravada, nunca hubiéramos estado abiertos a recibirlo.
 
Se dice de la piadosamente religiosa Lidia que “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hch 16:14). Si el Señor no hubiera abierto su corazón ella habría seguido siendo una incrédula religiosa como muchos de nosotros éramos antes de llegar a creer en Cristo. La fe que salva es un regalo de Dios:
 
“Porque a vosotros os es concedidoque creáis en él…” (Phil 1:29)
 
Pablo, en el contexto de sufrir por Cristo, nos acuerda que nuestra fe nos fue dada como un regalo de la gracia. La palabra traducida “concedido” es charítzomai, que es derivada de la palabra griega que significa “gracia” (charis), indica que nos fue concedido creer en Cristo por Su gracia. Ni podemos jactarnos en nuestra fe porque a nosotros nos fue dado creer en Él por Dios mismo.
 
Pablo dice que la jactancia es excluida con la fe salvífica (Rom 3:27). ¿Está diciendo Pablo que toda fe excluye la jactancia? No. Por años asistía a una iglesia que tenía un tiempo de “testimonios” en cada reunión. Muchos “testimonios” eran nada más que jactancia santificada. Algunos de los testimonios más repelentes eran los que se jactaban de sus logros de fe como si Dios solo se movía o hacía tal y tal maravilla debido a su gran fe. Sólo cuando reconocemos que creemos solo por la gracia, queda excluida la jactancia.
 
Los Arminianos insisten que la fe es la única cosa requerida de nuestro yo independiente para recibir Sus beneficios, pero aún nuestra fe es por la gracia y solamente por la gracia. En Hechos 18:27 dice de Apolos que él “fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído.” Los que hemos creído el evangelio tenemos que confesar humildemente que nunca hubiéramos creído si no fuera por la gracia de Dios permitiéndonos ver y creer para salvación.
 
El apóstol Pablo exulta en “Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia” (2 Tes 2:16). ¿En qué se basa tu esperanza de la vida eterna? ¿En tu propia fe personal o te exultas reconociendo que, aparte de la gracia de Dios aún serías un incrédulo en tus pecados y sin esperanza? ¿Estás creyendo la mentira de Satanás que dice que Dios ha hecho Su parte, pero ahora depende de ti poner de tu parte si quieres tener alguna consolación o esperanza en la salvación de tu alma?
 
Los Arminianos argumentan que la fe precede la regeneración, mientras los Calvinistas insisten que la fe, por necesidad, sigue a la regeneración, dado que la carne caída es totalmente depravada e incapaz de responder al evangelio. Jesús dijo que ni podemos ver el reino de Dios aparte del nuevo nacimiento. ¿Entonces, cómo podríamos creer el evangelio aparte de la regeneración? ¿Cómo podemos creer en el evangelio aparte del nuevo nacimiento que abre nuestros ojos para verlo en su gloria por primera vez? Ellos señalan que la invitación es a menudo extendida a pecadores, invitándoles a creer sin hacer referencia a la necesidad de una regeneración anterior para poder creer. Sin embargo, no es de ser anticipado que cada invitación sea acompañada con un discurso teológico explicando que si uno no cree es porque no le fue dado creer en ese momento.
 
Considerando todo lo que ya hemos visto acerca de la depravación total del hombre, no estoy de acuerdo con los Arminianos cuando dicen que nosotros creemos independientemente como un acto personal de nuestro libre albedrío, y después Dios nos regenera a consecuencia de nuestra decisión de fe. Nosotros solo ejercemos la fe que nos es dada cuando el Señor abre nuestro corazón por primera vez, así capacitándonos a percibir y recibir el evangelio. La percepción, que es necesaria para creer y recibir a Cristo, requiere la regeneración (Jn 3:3) Muchos han confundido el orden como es presentado en Juan 1:12,13:
 
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12-13)
 
Debido a que “recibir” y “creer” son mencionados antes que la regeneración en la oración, unos piensan que la fe precede cronológicamente a la regeneración. Sin embargo, al examinar el pasaje más de cerca, vemos que la regeneración sucede por voluntad de Dios – no por nuestra voluntad al recibir y creer. Dios regenera como un acto de Su soberana voluntad – no por una decisión de nuestra propia voluntad. El hecho que nuestra regeneración venga por voluntad de Dios es enfatizado también por Santiago:
 
El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
 
Si fuera nuestro acto de fe lo que produjera la regeneración, entonces sería una regeneración por voluntad de carne. Nosotros somos regenerados por voluntad de Dios. Los que eran escogidos en Cristo desde la fundación del mundo, en el tiempo ordenado por el Padre, creerán con la fe dada por Él. Creyeron en Cristo y lo recibieron en sus corazones porque Dios primero abrió Sus corazones para recibir a Cristo. 
 
Vemos la misma secuencia en 1Juan 5:1 donde Juan dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” Aunque la Reina Valera lo oculta, este versículo indica claramente que la regeneración precede la fe. “es nacido” no es en el tiempo presente como los traductores lo tradujeron. Es en el tiempo perfecto, voz pasiva, que indica una acción que tomó lugar en el pasado con resultados que continúan hasta el presente. El verbo traducido “cree” es en el presente activo. Así que la traducción correcta sería: “Todo aquel que está creyendo que Jesús el Cristo ha nacido de Dios.” En otras palabras, si uno está creyendo que Jesús es el Cristo, es porque él ya había nacido de Dios antes de poner su fe en Él.
 
Sin embargo, no veo una separación discernible en tiempo entre regeneración y nuestra respuesta espontánea de fe. Discutir sobre cuál es primero – nuestra fe o regeneración es comparable a preguntar cuál fue primero – la gallina o el huevo. La respuesta obvia es ninguno de los dos. La gallina fue creada junto con sus huevos en una solo acción creativa, así de igual manera como las plantas fueron creadas con sus semillas. Lo mismo se puede decir de la nueva creación. Fuimos creados de nuevo, con la fe siendo tanto una parte del milagro creativo, como la regeneración misma. La fe es tan integral y espontánea en el proceso del nuevo nacimiento como el primer respiro de un bebé al salir del vientre de su mamá.
 
En Adán todos mueren – todos nacimos separados de Dios y muertos en el pecado. Sin embargo, las buenas nuevas, que fueron proclamadas en la Iglesia primitiva pero olvidadas entrando en la Época Oscura y aún continúan siendo pasadas por alto por los Calvinistas y Arminianos es que, en el tiempo de Dios, todos los que mueren en Adán serán vivificados o regenerados en Cristo a través del don de la fe en el tiempo ordenado por el Padre desde la fundación del mundo.
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” [i] (1Cor 15:22,23a, 28)
 
En conclusión, hemos visto que el testimonio dado a través de las Escrituras es que el hombre, en su estado caído es totalmente depravado, muerto a Dios, bajo el dominio del dios de este mundo, espiritualmente ciego y sordo y por naturaleza un hijo de ira. Su naturaleza, que es carne, está en enemistad contra Dios. Además, hemos visto que el propósito de Dios en dar la ley fue para encerrar a todos bajo desobediencia para después tener misericordia de todos (Rom 11:32). En esta época el Padre está atrayendo unos pocos elegidos para ser la Esposa de Cristo. Sin embargo, antes que Cristo entregue todas las cosas al Padre y Dios sea todo en todos, Cristo ya habrá atraído a todos a Él mismo.
 
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
 
Depravación: La Solución Universal
 
Es obvio que uno puede ser un Universalista y un Pelagianista al mismo tiempo. Muchos Universalistas liberales minimizan o niegan que el hombre es perdido y necesitado de la salvación que viene por la obra redentora de Cristo en la cruz. Sin embargo, las Escrituras son muy claras en enfatizar que todos están bajo el pecado y que es necesario arrepentirse y creer en el evangelio, habiendo nacido de nuevo por el Espíritu, solo para poder ver el reino de Dios – sin mencionar entrar en él. Como Pelagianismo es auto-salvación, un Pelagianista no puede ser considerado salvo porque la salvación bíblica requiere un Salvador fuera de uno mismo.
 
Un Universalista Pelagianista sería como los fariseos en el sentido que confían en su propia justicia. Jesús les dijo a los fariseos: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mateo 21:31). No es que jamás entrarán, pero tendrán que entrar de la misma manera que los publicanos y las rameras – a través del arrepentimiento y la fe en Jesucristo. Los que son prontos para reconocer su condición necesitada y depravada serán los primeros en arrepentirse y creer, siendo nacidos de nuevo en el reino de Dios. Ninguno entrará al reino como Pelagianista. Primero es necesario entrar por la puerta estrecha – por la gracia por medio de la fe, habiendo nacido de nuevo por el Espíritu.
 
Sin embargo, los Universalistas bíblicos están de acuerdo con los Calvinistas en decir que no solo nacemos pecadores en Adán sino también nacemos muertos en nuestros pecados y por eso somos totalmente dependientes de Dios para poder ser vivificados por la gracia en Jesucristo. La única diferencia es que el Universalista cree con Pablo que, “como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Cor 15:22). El Universalista puede decir sin rodeos, para la alabanza de la gloria de la gracia de Dios, que el mismo todos que mueren en Adán, en su debido tiempo, serán vivificados en Cristo. Todos los que tenemos nuestro origen en Cristo por creación seremos finalmente restaurados a Cristo antes que Él entregue el reino al Padre y Dios llega a ser todo en todos. Como declara Pablo:
 
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
 
Toda la creación vino de (ek) Dios, existe por (día) Él y finalmente será reconciliado a (eís) Él. El Universalista bíblico no ve a los elegidos de esta época como escogidos a la exclusión de los demás sino para el beneficio de los demás. Fuimos escogidos para ser un sacerdocio real, una luz para las naciones, la Iglesia de las primicias de la nueva creación:
 
“El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
 
Nosotros, los elegidos de ésta época, solamente somos los primeros en esperar en Cristo (Ef 1:12). Solamente somos las primicias. Las primicias de una cosecha son los primeros, pero solo una pequeña parte de la cosecha entera. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn 6:44). Pero Jesús prometió que terminaría atrayendo a todos a Si mismo (Jn 12:32). Toda la creación de Dios será finalmente restaurada a la libertad gloriosa de los hijos manifiestos de Dios – las primicias de la nueva creación, en el tiempo de su manifestación cuando Él hace nuevas todas las cosas (Rom 8:18-23; Apo 21:4-5). En las épocas venideras, la Iglesia de Jesucristo – nosotros que primeramente creímos, seremos manifestados al resto de la creación, para la alabanza de la gloria de Su gracia, culminando en la restauración de todos (Ef 1:10-12; 2:7; Hch 3:21; Rom 8:18-23).
 
Los Arminianos tienen dificultad en explicar por qué nuestro Padre de amor, viendo que el hombre es perdido y ahogándose en un río al que no escogió entrar en primer lugar, después de lanzarle el salvavidas, simplemente deja a los que por un motivo u otro no aprovechan del salvavidas a ahogarse sin mayor intervención. Es aún más irreconciliable con el amor de Dios considerando que la gran mayoría de la humanidad ni vio el salvavidas – nunca oyeron las buenas nuevas de la salvación, o estaban demasiado ciegos o desorientados para aprovecharse del salvavidas.
 
Todos sabemos que ningún padre amoroso dejaría a su propio hijo ahogarse simplemente porque el niño resiste sus esfuerzos para rescatarlo. Puede que espere hasta que el niño deje de luchar antes de salvarlo, pero dejarlo ahogarse simplemente porque él, en su confusión, resiste los esfuerzos de su padre para rescatarlo sería impensable. ¿Somos acaso nosotros como padres, hechos en la imagen y semejanza de Dios, más compasivos que nuestro Padre celestial?
 
Tradicionalistas responden que no debemos cuestionar los caminos de Dios. Sin embargo, no es asunto de cuestionar a Dios. Lo que somos mandados hacer es cuestionar las interpretaciones de los hombres acerca de los caminos de Dios cuando van en contra de la naturaleza de Dios como es revelado en las Escrituras o cuando van en contra de toda la razón. ¿No reprochó Jesús a la multitud diciendo: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lucas 12:57). ¿No dijo Jesús que debemos ser como nuestro Padre que ama a todos – incluso Sus enemigos? (Mat 5:44,45). ¿Cómo podemos ser como Él, amando a nuestros enemigos y haciéndoles bien, creyendo al mismo tiempo que Dios en realidad estará torturándolos en un infierno eterno, según le ha placido, para la alabanza de la gloria de Su infinita justicia? [ii]
 
Los Calvinistas tienen un dilema aún mayor que lo de los Arminianos porque, según la ilustración del río, el Dios de los Arminianos al menos lanza el salvavidas a todos los que se están ahogando. Aunque la mayoría se ahogan de todas formas por no aprovecharse de la oportunidad, o por ignorancia o falta de voluntad, al menos los Arminianos pueden acercarse más a decir que Dios no hace acepción de personas.
 
Los Calvinistas, en cambio, dicen que Dios desde la eternidad solo predestinó a unos pocos elegidos para la salvación. [iii] El resto de la humanidad fue predestinado para la ira eterna (si no deliberadamente, al menos por abandono divino). Insisten que Su elección no es basada en ningún mérito o desmérito de parte del individuo sino solamente basada en Su beneplácito para recibir gloria para Sí mismo. En el caso de los elegidos es para la alabanza de la gloria de Su gracia. Pero para la gran mayoría, que no fueron elegidos para salvación, a Él le ha placido consignar, desde la eternidad, a un eterno infierno de fuego para la alabanza de Su gloriosa justicia.
 
Este tema será considerado con detalle más adelante, pero por el momento debe ser obvio que los Calvinistas presentan a Dios de una manera que se asemeja más a las deidades paganas que se glorían en la miseria de sus súbditos para demostrar qué tan poderosos son, que el Dios de las Escrituras que declara que Él no solamente ama a todos, sino que Él mismo es amor y lo ha demostrado reconciliando a toda Su creación a Si mismo por la sangre de la cruz de Jesucristo (2Cor 5:19; Ro 5:8; Col 1:16,20).
 
Los tradicionalistas, tanto Calvinistas como también muchos Arminianos, generalmente reconocen con el Universalista bíblico que Dios es soberano, habiendo conocido y determinado todas las cosas desde la eternidad y está obrando todas las cosas según Su propia voluntad. Mientras que los Calvinistas enfatizan Su voluntad predeterminada basada en un amor particular que solo tiene para los elegidos, los Arminianos dicen que Dios ama a todos por igual pero escoge a los individuos basado solamente en Su presciencia de una decisión de fe que previó que ellos tomarían. Ambos reconocen que la caída y la redención fueron conocidas por Dios desde la eternidad e incluidas en el plan de Dios para las épocas, al igual que los Universalistas. Sin embargo, según ellos, la salvación a fin de cuentas solo beneficia a unos pocos. El resto, según ellos, son destinados por Dios mismo a un infierno eterno de fuego que no tiene un propósito redentivo.
 
Su plan eterno para la gran mayoría, según ellos, es sujetarlo a un eterno tormento sin fin por un Dios de “amor,” cuya ira contra ellos jamás será aplacada por toda la eternidad. Esta ira sin fin es contra sus pecados que, aún según ellos, se debe a su desdicha de haber nacido esclavos por naturaleza al pecado y bajo el poder de Satanás debido a la desobediencia de Adán.
 
Lorraine Boettner, un Calvinista prominente, explica la situación desafortunada del pecador: “Los seres humanos nacen con una naturaleza corrupta pero sin embargo son completamente responsables por los pecados que no pueden evitar debido a esta condición.”  [iv] Este modelo tradicional de tormentos eternos para víctimas indefensos es quizás más compatible con los semidioses paganos de la mitología griega que se portaban como hombres malvados y caprichosos, pero esta doctrina bárbara es de ninguna forma digna del omnisciente, sabio Dios de amor revelado en las Escrituras.
 
Los Arminianos intentan resolver esta contradicción de la naturaleza divina diciendo que Dios voluntariamente limita Su soberanía a las decisiones del “libre albedrío” de Sus hijos caídos. Él ama a todos por igual y en Su amor quitó los pecados de todo el mundo en la cruz. Ahora Él puede ser justo y al mismo tiempo justificar al impío.
 
Sin embargo, según ellos, los que por una razón u otra no toman una decisión para Cristo con su libre albedrío dentro del corto lapso del tiempo entre la “edad de responsabilidad” y la muerte, perderán para siempre su libre albedrío para escoger a Cristo – aún si no le recibieron por la simple razón de que nunca escucharon el evangelio. Y el Dios “soberano” que los ama de tal manera que envió a Su propio Hijo para reconciliarlos a Si mismo, habiendo quitado todos sus pecados, después se encuentra obligado por Su propia santidad a atormentarlos sin misericordia para siempre, aunque los ama y dio Su Hijo en propiciación por sus pecados para poder así mantener Su santidad, y al mismo tiempo ser propicio a ellos a pesar de sus pecados.
 
Los Arminianos no solamente limitan, sin intención, la soberanía de Dios para proteger el libre albedrío del hombre para escoger o rechazarlo, sino también limitan Su soberanía para salvarlos después de morir. La voluntad soberana de Dios que es para la salvación de uno es limitada, según ellos, al corto tiempo que vive uno, porque Dios determinó limitarse al limitado “libre albedrío” de los pecadores caídos, confundidos y perdidos.
 
Sin embargo, después de la muerte cuando finalmente pueden ver claramente lo que Cristo logró por ellos en la cruz, ellos pierden para siempre su libre albedrío para arrepentirse y creer en el evangelio. A la vez, Dios, que ama a todos sin excepción de personas y desea la salvación de todos es de alguna manera limitada en Su “soberano” libre albedrío, condenando eternamente los que ama a tormentos interminables. Su amor y misericordia que nunca se acaban ahora de repente terminan para siempre hacia los únicos aún necesitados de Su misericordia – las multitudes de perdidos. El Padre de todo amor que no rechaza para siempre (Lam 3:31-33), ahora de alguna forma viola Su propia naturaleza, sujetando a los objetos de Su amor a una ira eterna sin otro motivo más que una venganza que nunca se sacia por los pecados que Cristo ya quitó en la cruz.
 
Los Calvinistas, en cambio, evitan este dilema moral y lógico negando que el amor es una parte de la naturaleza esencial de Dios. Para ellos el amor no es la esencia de Dios sino simplemente un atributo. Para ellos el atributo esencial de Dios es su santidad, como si fuera posible dividir la naturaleza de Dios.
 
Sin embargo, el Dios de amor encontró la manera de ser santo y justo, y al mismo tiempo, justificar a los impíos a través de Su mayor demostración de amor en la cruz. En la cruz “la misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron” (Sal 85:10). En la cruz Dios demostró que Su naturaleza no es dividida. Él es amor y a la vez santo y justo en perdonar a pecadores indignos. Él muestra ira, pero en amor correctivo. Él rechaza, pero no para siempre porque Él es amor. Él es un fuego consumidor pero Su fuego solo consume la escoria y refina el oro porque Dios es amor.
 
Los Calvinistas, con tal de justificar la doctrina tradicional de un infierno eterno para la mayoría, tienen que negar que el amor fue lo que motivó a Dios en la creación de todo. Para ellos, el propósito de Dios en la creación es magnificar Su gloria, punto. Dios, desde la eternidad, creó el infierno y predeterminó que la mayoría de la humanidad sufriría tortura eterna con el único propósito de magnificar Su infinita justicia. Dios recibe gloria creando un infierno eterno y predestinando a la gran mayoría de la humanidad a sufrir de Su propia mano para traer alabanza a Su nombre, magnificando la gloria de Su infinita justicia en  la forma de una ira implacable.
 
En contraste, el Universalista ve la gloria, tanto de la infinita justicia como el infinito amor de Dios demostrado en la cruz de Jesucristo, cuando Él tomó sobre Sí mismo los pecados de todo el mundo, en vez de presentarlo como uno que tortura eternamente en el infierno a todos menos unos pocos escogidos, solo para que Él recibiera admiración.
 
Si Dios de hecho necesitaba recibir alabanza mostrando no solo Su amor sino también Su santidad por medio de una ira implacable con tormentos sin fin, anticiparíamos que Él al menos escogería la gran mayoría para salvación y solo destinar a unos pocos a tortura eterna, dado que podría manifestar adecuadamente a toda la creación que tan santo que es, solo torturando unos pocos, sin la necesidad de torturar la mayoría. Si fuera a torturar a la gran mayoría, solo mostrando misericordia a unos pocos, en realidad, mitigaría Su gloria en vez de magnificarla.
 
Claramente en las Escrituras, la gloria de Dios se ve mejor demostrada en la cruz. Dios es, a fin de cuentas, glorificado en la alabanza de la gloria de Su gracia. Su infinita sabiduría es revelada en convertir Sus enemigos en sus devotos más leales. El Dios de infinito amor y misericordia jamás buscaría recibir gloria poniendo en marcha un plan de las épocas que terminaría en eterna ruina y miseria para la gran mayoría. La gloria del amor agape es en dar – no recibir. Aunque Dios en ocasiones es presentado como mostrando Su gloria cuando los enemigos de Su pueblo son derrotados, Su gloria no debe ser entendida tanto en el acto de retribución contra los enemigos de Su pueblo, como en Su acto de misericordia, liberando a Su pueblo de sus enemigos. A fin de cuentas, la gloria de Dios es magnificada en conquistar a sus enemigos con el poder de Su gran amor:
 
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3-4)
 
El salmista declara que toda la tierra le adorará y cantará alabanzas a Él cuando, por la grandeza de Su poder, aún Sus peores enemigos se someterán a Él. Su gloria es magnificada en la grandeza de Su amor, no de Su ira. Yo personalmente no puedo evitar sentir indignación al contemplar cuánto el carácter de nuestro Padre de amor ha sido envilecido por la doctrina tradicional de tormentos eternos. Aún John Piper, que ha hecho todo lo posible para presentar la doctrina tradicional de Depravación Total de una manera digna de Dios, cuando es combinado con la Expiación Limitada, refiere a ella como “una verdad terrible.” [v] Y esto a pesar de que él modifica el modelo tradicional para hacerlo menos repelente. No importa la manera que intenten presentar esta terrible doctrina tradicional, uno no puede evitar sentir una sensación de blasfemia solo contemplando las conclusiones lógicas y morales implícitas en esos dogmas, tanto las de los Arminianos como también de los Calvinistas.
 
Los Tradicionalistas designan estas “verdades” como doctrinas demasiado “terribles” y misteriosas para ser contempladas por el hombre mortal. Ellos disuaden cualquier crítica sincera de sus dogmas llamándolas “misterios divinos.” Poner en duda la validez escritural de estos misterios oscuros es tomado como exaltando la razón a tal grado de ponerse como jueces de los caminos de Dios y se acerca a la blasfemia. Sin embargo, con todo debido respeto, no estamos cuestionando a Dios sino las interpretaciones de los hombres acerca de Dios a la luz de las Escrituras. Somos mandados en las Escrituras a poner a prueba todo, aferrándonos a lo bueno y absteniéndonos de toda forma del mal (1 Tes 5:21-22). No creo que alguien pueda llevar estas doctrinas tradicionales a sus inevitables conclusiones lógicas sin reconocer que son monstruosamente malévolas, no-bíblicas e indignas de ser atribuidas a nuestro Dios, y, por ese motivo debemos rechazarlas sin reserva.
 
Yo reconozco que ha habido muchos hombres y mujeres de Dios que han creído y defendido estas doctrinas cuyo amor y dedicación a Dios son intachables. Sin embargo, creo que la mayoría de ellos no se ha atrevido a criticar estos “misterios tenebrosos y terribles” a la luz de la verdadera naturaleza de Dios como es revelada en las Escrituras. Tristemente, para muchos, es más importante la aprobación de los hombres que la aprobación de Dios, y por ese motivo no están dispuestos a pensar fuera de los confines del cajón tradicional.
 


[i] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco siempre significa la forma neutro objetos inanimados como en el español. Cuando los traductores agregan la palabra “cosas” en contextos que obviamente refieren principalmente a personas y no objetos inanimados yo tomo la libertad de tachar la palabra agregada para mantener el enfoque en las personas como debe ser.
 

[ii] La Confesión de la Fe Westminister dice: Al resto de la humanidad le ha placido a Dios, según el inescrutable consejo de Su propia voluntad, por la cual extiende o abstiene misericordia, como le plazca a Él, para la gloria de Su poder Soberano sobre Sus criaturas, pasarles por alto; y a ordenarles deshonra e ira por sus pecados, para la alabanza de Su gloriosa justicia (énfasis mía).” The Westminster Confession of Faith, Chap. 3 — Articles 6 and 7.
 

[iii] Ellos a menudo insisten que los elegidos no son unos pocos sino una gran multitud. Sin embargo, a través de la historia ni el 10% de toda la humanidad podrían realísticamente ser considerados como verdaderos cristianos.

 
[iv] Lorraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, p. 63

 
[v] Piper, John (2013-11-10). Five Points (Kindle Locations 223-229). Christian Focus Publications. Kindle Edition.
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por George Sidney Hurd
 
En la primera parte de esta serie sobre la expiación hice énfasis en la importancia de una definición correcta de la expiación. Vimos que el significado principal de la palabra kippur es la expiación de los pecados por el sacrificio de un sustituto, en vez de at-one-ment o reconciliación que es el significado literal de la palabra atonement que usaron para traducir kippur en inglés. Esta traducción inapropiada de kippur ha dado lugar a la negación de la Expiación Sustitutivo Penal de Cristo por sus antagonistas.
 
En la segunda parte vimos que los Padres Primitivas de la Iglesia unánimemente describieron el Siervo Expiatorio de Isaías 53 como llevando en Sí Mismo la justa pena debida a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. En la tercera parte demostré que la terminología a través de Isaías 53 es la de sustitución penal.
 
Aquí abordaré la afirmación de algunos de que la justicia de Dios no es de ninguna manera forense o legal en naturaleza, sino netamente relacional y por lo tanto Él puede simplemente pasar por alto la justicia sin necesidad de satisfacerla por medio de la muerte de expiación sustitutiva de Cristo. Aunque es innegable que las relaciones son de suma importancia para Dios, uno no puede tener comunión con el Dios de toda justicia a la subversión de la justicia.
 
En las Escrituras vemos que Dios es inmutable en Su justicia y verdad. Así como es imposible que Dios mienta, de la misma manera es imposible que Dios actuara de una manera contraria a Su justicia. Se dice que la Justicia y el juicio son el cimiento de su trono y que de ningún modo tendrá por inocente al culpable (Sal 97:2; Num 14:18; Pro 11:21; Ex 34:7). Esto crea un dilema que no tiene solución aparte de la verdad del evangelio de que Dios Mismo en Su amor llevó en Sí Mismo la justa pena debido a nosotros por nuestros pecados en la persona de Cristo.
 
Keith Giles, quien se opone a la Expiación Penal Sustitutiva de Cristo a favor de un evangelio de justicia social basado en un modelo de Ejemplo Moral de la expiación, insiste repetidamente en que debemos acudir a los cuatro evangelios si queremos entender lo que implica el evangelio. [1] Sin embargo, lo que él no toma en cuenta es que el evangelio antes de la cruz no podía incluir la expiación, excepto en anticipación. No fue hasta el final de Su ministerio que Jesús hizo expiación, derramando Su propia sangre en la cruz para remisión de los pecados (Mt 26:28). La plena revelación del evangelio de la muerte de expiación de Cristo, Su sepultura y resurrección es dada a nosotros principalmente a través de Pablo (Ef 3:2-6; Rom 16:25-26). Y en ninguna otra epístola es presentado el evangelio de una manera tan claro como en la epístola a los Romanos.
 
Romanos contiene la presentación del evangelio más clara, comprensiva y sistemática de todo el Nuevo Testamento. Martín Lutero dijo de Romanos que es “la parte principal del Nuevo Testamento y contiene el evangelio en su forma más pura.”  William Tyndale, quien fue el primero en traducir la Biblia al inglés, llamó a Romanos “la luz y camino de entrada a todas las Escrituras.”
 
Romanos 1 a 8 constituye la principal parte doctrinal de la epístola. En 1:16-17 Pablo presenta lo que él va a desarrollar a través de su epístola diciendo:
 
“A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. 17 De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe.’’’
 
Creo que la NBLH traduce mejor lo que Pablo estaba diciendo en la frase final. Dice: mas el justo por la fe vivira ( δὲ δίκαιος ἐκ πίστεως ζήσεται).” En otras palabras, la justicia que lleva a la vida es la justicia que uno recibe por la fe, no una justicia que uno intenta alcanzar por medio de las obras.
 
En estos capítulos todo el evangelio es revelado progresivamente en cuatro etapas: 1) condenación, 1:18 a 3:20. 2) justificación, 3:21 a 5:21. 3) santificación, 6:1 a 8:17, y finalmente 4) glorificación, 8:18-25. Entonces en 8:31 hasta el final del capítulo 8 él resume aplicando estas cuatro verdades comenzando con, “¿Qué pues diremos a estas cosas?...”
 
Términos Forenses
 
Debido a que Pablo comienza demostrando que todos están culpables y condenados ante Dios antes de introducir el evangelio de la justificación gratuita de Dios mediante la redención que es en Cristo Jesús, él utiliza una gran abundancia de términos forenses o legales, especialmente en los primeros cinco capítulos. En los primeros tres capítulos él asemeja mucho a un fiscal, presentando a todos, tanto gentiles como judíos, culpables ante el tribunal divino y digno de la pena de la muerte.
 
Recuerdo bien la primera vez que leí Romanos como nuevo creyente. Como no entendía a qué se refería Pablo, cuando llegué al capítulo 3 versículo 20, me sentí culpable y me preguntaba si había o no esperanza para mí. No puedo describir el gozo y paz que inundaron mi alma cuando continué leyendo los versículos 21 al 24, que dicen:
 
PERO AHORA, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo JUSTIFICADOS GRATUITAMENTE POR SU GRACIA, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:21-24).
 
En los primeros tres capítulos Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos convence de nuestro pecado y culpa para que busquemos la misericordia y perdón del Señor. Él demuestra que todos estamos bajo condenación para que estemos dispuestos a recibir con gratitud Su regalo gratuito de la justificación en Cristo. Después en 11:32 Pablo resume diciendo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.”
 
Pablo primero establece la realidad de que todos estamos bajo desobediencia y necesitados de la misericordia de Dios. Nadie busca Su misericordia hasta primero estar consciente de su culpa y necesidad de ella. Nadie buscará a Dios para ser justificado a menos que primero se dé cuenta de que está condenado ante Dios. Nadie busca ser salvo hasta que se da cuenta de que está perdido y necesitado del Salvador.

Al final, todos se convencerán de su propia desobediencia y culpa y buscarán al Señor para salvación. Al final, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará a Jesucristo como Señor. Algunos, al igual que los fariseos moralistas o los saduceos liberales, serán de los últimos en reconocer su propio pecado y culpa, buscando la misericordia de Dios (Mt 21:31). Pero como Pablo indica en Romanos 11:32, con el tiempo, todos habrán reconocido su propia desobediencia, buscándole al Señor para misericordia.
 
Los opositores de la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo a menudo niegan que la justicia de Dios es de manera alguna punitiva o retributiva, a pesar de las muchas declaraciones en las Escrituras al contrario (Rom 12:19; 13:4; 2Tes 1:8; Heb 10:30, etc.). Por ejemplo, Brian Zahnd niega cualquier forma de justicia retributiva en Dios diciendo: “La única cosa que Dios llamará justicia es restaurar al mundo.” Como sucede con muchas de sus afirmaciones, esa es una verdad a medias. Las Escrituras concuerdan con lo que él afirma, pero no con lo que niega. Si bien es cierto que la justicia de Dios finalmente arreglará el mundo, no es cierto que la justicia de Dios nunca sea retributiva. Demuestro tanto la naturaleza retributiva como restauradora de la justicia de Dios en mi artículo​, La Justicia de Dios.
 
Quizás en ningún otro lugar en las Escrituras es presentada la justicia retributiva de Dios de una manera tan clara como en Romanos. Para poner en perspectiva qué tan central el elemento legal o forense es en la epístola de los Romanos, he formulado la siguiente lista de palabras utilizadas por Pablo en Romanos que tienen connotaciones forenses o judiciales.
 
La palabra griega para “judicial” es dikastikós. Sus múltiples cognados como dikaiosúne “justicia,” dikaioma “justo juicio” y dikaiosis “justificación o absolución,” aparecen 66 veces en Romanos, una de las cuales es hupódikos que significa “bajo condena, culpable, condenado.” La frase “el juicio de Dios” (krima tou theou) ocurre 4 veces, con la palabra “juicio” (krima) y sus cognados siendo empleadas 31 veces, 7 de las cuales son katákrima y katakríno que significan “condenación o juicio adverso.” La palabra orgué, o “ira” aparece 12 veces, 10 de los cuales tienen referencia a la ira de Dios. Según el léxico griego de 10 tomos de Kittel, la palabra orgué a menudo fue utilizada con referencia a la “actitud legítima de un gobernante que tiene que ejecutar la justicia, y conlleva el significado de “castigo,” así como aparece aquí en Romanos. [2]
 
También vemos otras palabras forenses más que son utilizados por Pablo, como egkaléo katá, que es un término forense que significa “criminar, presentar un cargo contra.”  También vemos loguízomai, que significa “imputar o contar como,” siendo utilizada 13 veces en referencia a la justicia de Cristo que es imputada a los que creen. Si eso no fuera suficiente, la palabra “ley” (nómos) ocurre un total de 74 veces en Romanos, y parábasis y sus cognados que significan “transgresión o violación de la ley” son utilizadas 14 veces. ¡Todos juntos, los términos forenses y transaccionales ocurren un total de 233 veces en Romanos! A la luz de todo esto, para mí parece irrazonable seguir insistiendo que la sustitución penal no es enseñada en las Escrituras y que es nada más el invento de la mente legal de Calvino. Ninguna otra religión en el mundo se basa tanto en la ley y la justicia como la fe judía/cristiano.
 
Lo siguiente es una lista de los términos forenses utilizados en Romanos junto con las referencias a los pasajes más relevantes.
 
dikaiosúne – justicia (34 veces, la frase δικαιοσυνη θεου justicia de Dios” ocurre 6 veces (Rom 1:17; 3:5,21,22; 10:3,3b)
 
dikaiokrisía – justa pena, justo juicio (Rom 2:5)
 
dikaioma – justo juicio, justa ordenanza o requisito, acción justa, justificación (5 veces: Rom 1:32; 2:26; 5:16,18; 8:4)
                                                                                                                
dikaióo – justificar (16 veces, 14 veces con referencia a Dios justificando a los hombres (Rom 3:20,24,26,28,30; 4:2,5; 5:1,9; 6:7; 8:30,30b; 8:33)
 
dikaíosis – justificación, absolución (2 veces: Rom 4:25; 5:18)
 
hupódikos – culpable, condenado, sujeto a sentencia (Rom 3:19)
                                                                                                                                   
ekdíkesis – la plena ejecución de la justicia, venganza (Rom 12:19)
 
adikía– injusticia (7 veces: Rom 1:18,18b, 29; 2:8; 3:5; 6:13; 9:14)
 
ádikos – injusto (Rom 3:5)
 
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kríno – juzgar (18 veces, 4 veces con referencia a Dios juzgando según Su ley: Rom 2:12; 3:4,6,7)
 
kríma – juicio (6 veces: Rom 2:2-3; 3:8; 5:16; 11:33; 13:2)
 
katákrima – juicio contra, condenación (3 veces: Rom 5:16,18; 8:1)
 
katakríno – condenar (4 veces, 2 con referencia a la condenación de Dios: (Rom 8:3,34)
 
eglaléo katá – criminar, presentar un cargo contra (Rom 8:33)
 
orgué – ira (12 veces: (Rom 1:18; 2:5,5b,8; 3:5; 4:15; 5:9; 9:22,22b; 12:19; 13:4-5)
 
thumós – enojo apasionado, ira, indignación (Rom 2:8)
 
anapológuetos – sin defensa o justificación (2 veces: Rom 1:20; 2:1)
 
nómos – ley (74 veces Rom 2:12,13)
 
anómos – anárquico, sin ley (2 veces: Rom 2:12,12b)
 
parabátes – transgressor de la ley (2 veces: Rom 2:25,27)
 
parábasis – transgresión, violación de la ley (3 veces: Rom 2:23; 4:15; 5:14)
 
paráptoma – transgresión, ofensa – antítesis a justificación (9 veces: Rom 4:25; 5:15,15b,16,17,18,20; 11:11-12)
 
loguízomai – imputar, contar como (18 veces, 12 veces con referencia a la justicia imputada: Rom 4:3,4,5,6,8,9,10,11,22,23,24; 6:11)
 
Examinando los contextos claves donde estas palabras aparecen dejan aún más en claro la naturaleza forense de la expiación de Cristo. Para ser breve solo voy a examinar unos pocos.
 
Declarado culpable bajo el Juicio de Dios (Rom 3:19)
 
Pablo dedica la mayor parte de los primeros tres capítulos estableciendo que todos, tanto judíos como gentiles, están culpables y condenados bajo el juicio de Dios. Él demuestra que los gentiles, aunque no tienen la ley, serán juzgados por la misma regla, dado que ellos tienen la ley escrito en sus corazones, su consciencia acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, dejándolos sin excusa (Rom 2:14-15; 1:20). Él dice que los gentiles saben intuitivamente que aquellos que practican el pecado “son dignos de muerte,” pero ellos suprimen la verdad en su propia injusticia (Rom 1:32,18).
 
Entonces en 3:19-20 él hace su declaración de cierre donde presenta el mundo entero como condenado bajo el juicio de Dios sin posibilidad de ser justificado por sus obras:
 
“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo (hupódikos, lit. ‘culpable, condenado’) el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado (dikaióo) delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Rom 3:19-20)
 
Pablo dice que toda la humanidad está condenada (hupódikos) bajo el juicio de Dios. Cuando llega el día del juicio, ningún ser será justificado o declarado justo (dikaióo) delante de Dios por haber guardado la ley. Estos términos claramente son forenses: culpable es antónimo con inocente o no-culpable – no ser justificado delante de Dios es ser condenado (c.f. Jn 3:18).
 
Declarado Justo – Justificado por la Gracia aparte de las Obras (Rom 3:21-24)
 
Inmediatamente después de demostrar que todo el mundo es culpable y condenado delante de Dios sin posibilidad de auto-justificación, Pablo revela una justicia que viene de Dios gratuitamente por Su gracia para todos los que creen/reciben. A continuación, dice:
 
PERO AHORA, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios (o ‘una justicia que proviene de Dios,’ dikaiosúne theoú), testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios (dikaiosúne theoú) por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados (dikaióo) gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:21-24)
 
Creo que dikaiosúne theoú aquí es mejor traducido como “una justicia que proviene de Dios” y no “la justicia de Dios.” En el contexto no se refiere al atributo moral de Dios, sino más bien una justicia que proviene de Dios como regalo por medio de la fe en Jesucristo. La palabra “justicia” aquí aparece sin artículo (una justicia), y considerando el contexto, es mejor entendido como genitivo de origen, “una justicia que proviene de Dios,” en vez de un genitivo de posesión, “justicia de Dios.” De las 7 veces que esta frase aparece en el Nuevo Testamento, 5 refieren a una justicia proveniente de Dios, la justicia de Cristo que es imputada o puesta a la cuenta de (logízomai) los que creen (Rom 1:17; 3:21; 3:22; 10:3,3b). Otras traducciones, como la Biblia Tyndale (Tyndale Bible) de 1526 y la Biblia Weymouth también lo traducen como genitiva de origen. Dado que el enfoque principal de Romanos es sobre la justicia de Cristo que es imputada a los que creen, la única instancia donde “la justicia de Dios” refiere al atributo moral de Dios es en Romanos 3:5 donde Pablo todavía está haciendo contraste con la justicia de Dios y nuestra injusticia.
 
Explicación de cómo Dios puede justamente justificar al Impío (Rom 3:24-26)
 
Especialmente para un judío familiarizado con la ley de Dios, pero también para los demás viviendo dentro de Imperio Romano, siendo una de las sociedades más basadas en la ley y la justicia, los lectores originales hubieran querido una explicación de cómo Dios podría ser justo y al mismo tiempo justificar al impío. Después de declarar que la justicia de Dios viene a los pecadores aparte de la ley por medio de la fe, él sigue con una explicación de cómo la justificación gratuita fue hecho posible para pecadores. Él dice:
 
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención (apolútrosis) que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso (protíthemai, ‘exhibió públicamente’) como propiciación (hilastérion) por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:24-26)
 
Pablo explica que Dios puede justificarnos por medio de la redención de Cristo. La palabra apolútrosis, “redención,” es una forma enfática de lútrosis que significa “poner en libertad pagando un precio redentor.” [3] Nuestra esclavitud era al pecado y su pena, la muerte (Rom 6:22-23). Nuestra redención incluye “el perdón de pecados,” la “redención de las transgresiones” (Ef 1:7; Heb 9:14-15). Cristo se hizo maldición por nosotros para redimirnos (exagorázo) [4] de la maldición de la ley que estaba sobre nosotros debido a nuestras transgresiones contra ella (Gal 3:13-14).
 
Existe mucho debate sobre a quién se pagó el precio de nuestra redención. Sin embargo, para mí, las Escrituras claramente indican que el precio le fue pagado a Dios Mismo. Cristo se ofreció a Sí Mismo “a Diospara la redención (apolútrosis) de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto. (Heb 9:14-15). Fue en el lugar santísimo celestial que Cristo entró con Su propia sangre, así obteniendo nuestra redención eterna (Heb 9:12). Sin embargo, aunque la sangre redentora de Cristo fue presentado a Dios como el precio redentor por nuestros pecados, también vemos que Dios al mismo tiempo nos redimió para Sí Mismo con ese mismo sacrificio de sangre (1Cor 6:20).
 
¿Cómo podría haber pagado el precio redentor a Dios a la vez que fue Dios quien nos compró para Sí Mismo? Fue contra la propia justicia inmutable de Dios que habíamos transgredido. El pago del pecado es la muerte (Rom 6:23). Fue por nuestra desobediencia que caímos bajo el poder del pecado y la muerte. Para poder librarnos de la pena y dominio del pecado, la justicia de Dios primero tuvo que ser satisfecha. Como la pena del pecado es la muerte y todos hemos pecado, el hombre fue incapaz de revertir su propia condición. Pero Dios se hizo carne en la persona del Hijo y derramó Su propia sangre inocente como nuestro sustituto y cabeza representativa, así obteniendo para nosotros la redención y revertiendo la maldición que trajo sobre nosotros por la transgresión de Adán (Rom 5:15-19). Como nuestra Cabeza y Pariente Redentor, Cristo pagó la justa pena que la justicia inmutable de Dios requería por nuestras pecados y transgresiones a la vez que nos compró con Su propia sangre (Hch 20:28).
 
Exhibido Públicamente como Propiciación por Su Sangre (Rom 3:25-26)
 
Los versículos 25 y 26 dejan aún más en claro que la sangre redentor de Cristo fue presentada a Dios Mismo como el precio satisfactorio por nuestros pecados, así haciendo posible que Dios sea justo al justificar al impío que pone su fe en Cristo. Pablo dice que la sangre derramada en la cruz fue “exhibido públicamente” (protíthemai) como el sacrificio de expiación (hilastérion) por nuestros pecados que satisfizo Su justicia, así demostrando que Él no nada más eludió la justicia, haciendo caso omiso a los pecados cometidos antes de la cruz. Adicionalmente, Pablo dice que el sacrificio propiciatorio de Cristo demuestra ahora en este tiempo presente que Dios es justo cuando justifica a aquellos que creen en Jesús – que Él no simplemente deja a un lado la justicia cuando justifica a los pecadores.
 
En el primer blog de este serie, Definiendo Expiación, vimos que la palabra “propiciación” (hilasmós) y sus cognados son utilizados en la traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta (LXX) como equivalente a la palabra hebrea para “expiación” (kippur) donde los sacrificios de sangre fueron ofrecidos para hacer expiación por los pecados de los hijos de Israel. El cognado de hilasmós utilizado aquí es hilastérion que fue la palabra utilizada en la LXX para la palabra hebrea kapporeth que fue el propitiatorio o cubierto del arca hecha de oro puro con dos querubines.
 
Para poder entender por qué Pablo dice que Jesús fue exhibido públicamente como “hilastérion por medio de la fe en su sangre,” es esencial que entendamos la función de un hilastérion. Servía para cubrir el arca y lo que estaba adentro (Ex 25:21; Heb 9:4). Cada uno de los tres objetos dentro del arca representaban los pecados del pueblo: 1) Las dos tablas del pacto que habían trasgredido; 2) La urna de oro que contenía el maná que Aarón puso en el arca cuando el pueblo murmuraba contra Dios por qué no tenían qué comer (Ex 16:33), y la vara de Aarón que reverdeció, que simbolizaba su rebelión contra Aarón, el sumo sacerdote ungido (Nu 17:10).
 
Una vez al año en Yom Kippur o el Día de la Expiación, el Sumo Sacerdote esparcía la sangre del sacrificio expiatorio sobre el hilastérion o cubierto del arca, así haciendo propiciación/expiación por los pecados del pueblo por un año más, de esta manera haciendo posible que la gloria del Señor permanezca sobre el hilastérion entre los dos querubines (Ex 25:22). Cuando Pablo dice que Cristo fue exhibido públicamente como el hilastérion por su sangre, hilastérion está sirviendo como adjetivo en vez de un sustantivo. Él fue exhibido públicamente como un sacrificio propiciatorio/expiatorio, quitando los pecados del mundo de una vez para siempre. [5]
 
Condenación y Justificación son Términos Forenses  
 
Hemos visto como todo el mundo estaba culpable delante de Dios y condenado porque todos pecamos (Rom 3:19,23). Este veredicto de condenación no es algo único a Pablo. Jesús Mismo dijo: “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3:18). Pablo explica en Romanos 5 que todos nosotros, estando bajo la jefatura federal de Adán, fuimos condenados por su acto de desobediencia (Rom 5:16).
 
La condenación no consiste en hacer que uno sea culpable, sino en declarar a uno culpable. De la misma manera, la justificación no consiste en hacer justo a uno en el sentido de la modificación de comportamiento, sino en declarar a uno justo legalmente. La justificación es una absolución de una vez por siempre, no un proceso. Es una justicia posicional y distinta de la santificación o la justicia práctica. Tome nota de los tiempos en estos verbos:
 
Justificados (aoristo pasivo), pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… Pues mucho más, estando ya justificados (aoristo pasivo) en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Rom 5:1,9)
 
Así como la condenación vino a todos por la sola transgresión de Adán, resultando en condenación, de la misma manera por la obediencia de Cristo como nuestra cabeza representativa, vino la justificación para todos, a ser recibida (no lograda) por la fe. En el mismo momento en que creímos fuimos justificados. Como Pablo dice, “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado (logízomai, ‘imputado’) por justicia.” (Rom 4:3). Como indicado anteriormente, la palabra logízomai se utiliza 12 veces en Romanos refiriéndose a la justicia imputada (Rom 4:3,4,5,6,8,9,10,11,22,23,24; 6:11).
 
A pesar del hecho que Pablo de manera tan repetitiva y enfáticamente que la justicia de Cristo es imputado a los que simplemente la reciben por fe, los opositores de la Sustitución Penal resisten agresivamente la verdad de la justicia imputada aparte de las obras y hasta la ridiculizan. George MacDonald, que considera la muerte de Cristo como nada más un ejemplo moral a seguir, dice lo siguiente acerca de la creencia que la justicia de Cristo es imputada a los que creen:
 
“El apóstol dice que cierta cosa le fue imputada a Abraham por justicia. ¿Qué fue lo que le fue imputada a Abraham? ¿La justicia de otro? ¡Dios guarde!... Imputar la justicia de uno a otro, es nada más una fantasía…” [6]  “Esta…la justicia que es de Dios por fe – tan lejos de ser algo construido sobre el montón de basura de la ficción legal llamada sacrificio vicario, o su sombra llamada justicia imputada, que sólo el niño con corazón de niño...puede entenderlo. [7]
 
Si bien George MacDonald es muy verboso, lo que hace difícil encontrar una declaración simple y concisa sobre un tema determinado, su desprecio por la doctrina de la justicia imputada es inconfundible. Para él, la verdad gloriosa del sacrificio vicario de Cristo por nosotros es basura. Su negación de la infalibilidad de las Escrituras le hacía sentir libertad para exaltar su propia razón por encima de la revelación de Dios. Acerca de la verdad bíblica que la muerte vicaria de Cristo por nosotros fue necesario para satisfacer la justicia de Dios, él dice: “Tu dices que Él lo hace, porque la Biblia lo dice así. Yo digo, si la Biblia fuera decir eso, la Biblia estaría mintiendo…” [8] Esa actitud hacia las Sagradas Escrituras no refleja en nada a nuestro Señor que decía, “las Escrituras no pueden ser quebrantadas,” y “es necesario que se cumplan las Escrituras. (Jn 10:35; Marcos 14:49).
 
Creo que Jesús diría hoy lo mismo a los que niegan la eficacia de Su sacrificio vicario, de lo que una vez dijo a los Saduceos: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (Marcos 12:24). Aquellos que niegan las buenas nuevas que la justicia de Cristo es imputada gratuitamente por medio de la fe, caen en el mismo error que los judíos incrédulos que Pablo mencionó en Romanos 10. Él les dijo:
 
“Puedo declarar en favor de ellos que muestran celo por Dios, pero su celo no se basa en el conocimiento. 3 No conociendo la justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.” (Rom 10:2-3 NVI)
 
Por tanto que los opositores de la Sustitución Penal de Cristo lo resistan, el concepto forense y transaccional de la justicia imputada por fe sigue siendo central al evangelio. La justificación incluye el perdón, pero es más que el perdón. Es una absolución, y sin embargo es mucho más que una absolución. Es nada menos que la imputación de los méritos de Cristo a nuestra cuenta. En Cristo, no solamente somos considerados como si fuéramos justos, realmente somos la justicia de Dios en Él.
 
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor 5:21)
 
Cristo fue constituido legalmente culpable por nosotros, para que nosotros fuésemos constituidos legalmente justos en Él. ¡Ahora somos la justicia de Dios en Cristo! Los opositores de la Sustitución Penal de Cristo refieren a esto despreciativamente como justicia transaccional, pero los Padres Apostólicos lo llamaban el dulce intercambio.” [9] Pablo dice, Justificados (aoristo pasivo), pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” (Rom 5:1-2). La justificación es una posición que hemos recibido, no un proceso.  Como dice Tito en Tito 3:7: “para que justificados (aoristo pasivo) por su gracia, viniésemos a ser herederos.”  Es por hechura de Dios que estamos en Cristo Jesús el cual nos ha sido hecho por Dios justificación (1Cor 1:30). Somos “aceptos” (caritáo, lit. muy favorecidos’) en el Amado” (Ef 1:6).
 
En conclusión, aunque muy pocos negarían que Dios nos ama y desea relación por encima de todo, las Escrituras nos revelan que, sin el sacrificio vicario de Cristo, redimiéndonos de nuestros pecados y transgresiones, tal relación jamás hubiera sido posible debido a que Dios también es perfectamente justo y el Juez de los vivos y los muertos. Y aunque la palabra específica para “forense” (δικανικός, dikanikós) no aparece en Romanos, sus cognados son utilizados 66 veces, junto con una multitud de otros términos forenses.
 
Es precisamente debido a Su gran amor por nosotros que Él envió a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados (1Jn 4:10). Aunque es tema del próximo blog, Dios enviando a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados es una demostración muchísimo mayor que la de la Teoría Ejemplo Moral de la Expiación. Según esa teoría, ¡Dios envió a Su Hijo amado a ser bofado, azotado y clavado en una cruz para sufrir la muerte más cruel con el único propósito de mostrarnos qué tan grande es Su amor! En lugar de que Su sangre preciosa nos redimiera de nuestros pecados y transgresiones  (Ef 1:7; Heb 9:14-15), ellos niegan que la sangre de Cristo tenga valor más allá de mostrarnos cuánto nos ama. Negando que la sangre de Cristo nos compró es lo que Pedro llama “una herejía destructora.” (2Pedro 2:1-2).
 
En el próximo blog voy a considerar como las otras teorías o modelos de la expiación son complementarias a la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo. Sin embargo, no hubiera podido haber habido expiación ni reconciliación si Cristo no hubiera derramado Su sangre en propiciación por nuestros pecados.
 
“el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados… 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:13-14,20)
 


[1] https://www.youtube.com/results?search_query=penal+substitutionary+atonement+debate
 

[2] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co., NT:3709
“In secular literature orge takes on the sense of anger as the most striking manifestation of powerful inner passion, thumos.  ‘orge…becomes in the political life of the following period the characteristic and legitimate attitude of the ruler who has to avenge injustice.’ ‘orge relates, not to the verdict (Aristot. Rhet., I, 1, p. 1354 a, 16 ff.) but only to the sentence. In virtue of this orge itself acquired the meaning of ‘punishment.’ Apart from the moral wrath which protects against evil and which is sometimes expressly called dikaia orge (righteous indignation) (Demosth. Or., 16, 19; Dio C., 40, 51, 2; Ditt. Syll.3, 780, 22), orge in Gk. came under a predominantly negative judgment.
 

[3] The Complete Word Study Dictionary: New Testament NT:629: “apolutrosis; gen. apolutroseos, fem. noun from apolutrao, ‘to let go free for a ransom,’ which is from apó (575), from, and lutrao (3084), to redeem. Redemption. The recalling of captives (sinners) from captivity (sin) through the payment of a ransom for them, i.e., Christ's death. Sin is presented as slavery and sinners as slaves (John 8:34; Rom 6:17,20; 2 Peter 2:19). Deliverance from sin is freedom (John 8:33,36; Rom 8:21; Gal 5:1).
 

[4] Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, NT:1805: exagorazo, a strengthened form of agorazo, "to buy,” denotes "to buy out" (ex for ek), especially of purchasing a slave with a view to his freedom. It is used metaphorically in Gal 3:13 and 4:5, of the deliverance by Christ of Christian Jews from the Law and its curse.
 

[5] See Robertson's Word Pictures in the New Testament, commenting on Romans 3:25
 

[6] MacDonald, George . Unspoken Sermons Series I, II, and III (p. 216). Start Publishing LLC. Kindle Edition.
 

[7] Ibid p. 219

[8] Ibid p. 188
 

[9] Mathetes, The Epistle to Diognetus, Chapter 9
“Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por los transgresores, el Inocente por los inicuos, el Justo por los injustos… Porque, ¿qué otra cosa fue capaz de cubrir nuestros pecados que Su justicia? ¿Por medio de qué otra persona hubiera sido posible que nosotros, los inicuos e impíos, pudiéramos ser justificados, sino por el único Hijo de Dios?  ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación, que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificara a muchos transgresores.

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