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por George Sidney Hurd
 
A través de las Escrituras vemos que solo hay un Señor y Dios, y sin embargo hay tres que igualmente son llamados tanto Señor como Dios. Basado en esta revelación, la Iglesia históricamente ha creído que el único verdadero Dios existe como tres personas. Para la mente natural esto es inaceptable, dado que es tan ajeno a lo que observamos en toda la creación de Dios. Unos Testigos de Jehová hasta me han acusado de creer en un dios con tres cabezas
 
Unos han intentado ilustrar de la naturaleza como algo puede ser uno y tres a la vez. Por ejemplo, la misma agua puede ser líquida, hielo o vapor. El hombre, de la misma manera, es tripartito, con cuerpo, alma y espíritu, y sin embargo es un hombre. Un huevo tiene cáscara, blanco, y yema, y sin embargo es un huevo, etc. No obstante, aunque estos ilustran como algo puede ser uno y a la vez tres, quedan corto de explicar como Dios puede ser uno y tres al mismo tiempo. Seríamos insensatos pensar que somos capaces de comprender plenamente a nuestro Creador. A aquellos que limitarían a Dios a su propia imaginación y finita razón, Dios dice:
 
“¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes?” (Isa 46:5)
 
Si deseamos conocer algo acerca de nuestro infinitamente incomprensible Dios, tenemos que basar nuestro entendimiento en la revelación que Él nos ha dado en Su Palabra y en la persona de Su Hijo quién es la eterna Palabra de Dios encarnado. Nuestro razonamiento finito por sí solo nos llevaría a rechazar todo lo que no sea dentro de nuestra pequeña esfera de experiencia y entendimiento natural. Tristemente, estamos más dispuestos a creer en las declaraciones de los científicos acerca de las cosas más allá de nuestra comprehensión, como la física cuántica y la energía oscura, que recibir la autorrevelación que Dios nos ha dado en las Escrituras.
 
La Trinidad revelada en el Antiguo Testamento
 
Algunos piensan equivocadamente que la Trinidad des una revelación exclusiva del Nuevo Testamento. Al contrario, aunque las distinciones no eran tan pronunciadas como son en el Nuevo Testamento donde el plan redentor de Dios es desvelado con el Padre enviando a Su Hijo para redimirnos y después enviando a Su Espíritu Santo para habitar en los que creen, sin embargo, todas las tres personas son distinguidas a través del Antiguo Testamento. Un pasaje en particular que recuenta la historia de la liberación de los hijos de Israel de Egipto, y también prefigura la redención de Dios de Su pueblo por medio de Cristo que nombra las tres personas juntas es Isaías 63. Aquí solo cito las porciones que nombran cada una de las tres personas de la Deidad:
 
De las misericordias de Jehová haré mención, de las alabanzas de Jehová... 8  Porque…fue su Salvador… 9 y el Ángel de su faz los salvó 10  Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y Él mismo peleó contra ellos…11 ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿Dónde está el que puso en medio de él su Santo Espíritu?... 16 Pero tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor, perpetuo es tu nombre. (Isa 63:7-11,16 RVG)
 
Aquí, en un solo pasaje, vemos referencia a Jehová o el Ángel de Su faz quien fue su Salvador. Como vimos en el blog Las Cristofanías del Antiguo Testamento aquí “el Ángel de Su faz” está hablando del Ángel de Jehová o el Cristo antes de Su encarnación, a quién también se llama Jehová Elohim. Entonces, vemos mención de Su Santo Espíritu que Él puso en medio de ellos y lo hicieron enojar. Entonces, finalmente en el versículo 16, vemos referencia a Dios Padre.  Todas las tres personas de la Deidad están claramente distinguidas en este pasaje breve. Otro versículo que hace distinción entre las tres personas de la Deidad es Isaías 48:16 que dice:
 
Acérquense a , escuchen esto: Desde el principio no he hablado en secreto, Desde el momento en que sucedió, allí estaba Yo. Y ahora Me ha enviado el Señor DIOS, y Su Espíritu.” (Isa 48:16 NBLH)
 
Esta profecía anticipaba el momento cuando el Hijo sería enviado a salvar a la humanidad. Hace una distinción clara entre Cristo, el Señor Dios, y Su Espíritu. Otro pasaje que contiene la Trinidad es Isaías 61:1 que dice:
 
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre , porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos.” (Isa 61:1; cf. Lu 4:18)
 
Comparando esto con Lucas 4:18, vemos que “mí” y “me” refieren a Cristo. Adicionalmente, dice que el Espíritu de Jehová el Señor está sobre Cristo porque Jehová lo había ungido con el Espíritu Santo (cf. Hch 10:38). Todas las tres personas están distinguidas aquí, así como vemos en numerosos pasajes en el Antiguo Testamento. Hay varias referencias a Dios como Padre (Sal 89:26; Isa 64:8; Jer 3:4,19, etc.). Por lo tanto, cuando Jesús llamaba a Dios el Padre, no era algo fuera de lo normal para los judíos. Tampoco era algo nuevo Sus referencias al Espíritu Santo como una persona distinto del Padre, dado que es el mismo lenguaje que estaban acostumbrado oír en el Antiguo Testamento (Joel 2:28-29; Isa 42:1; cf. Jn 15:26; 16:13-15, etc.).
 
Pluralidad en Unidad
 
Lo que muchos ignoran es que el mismo texto que declara la unidad de Dios implica una pluralidad en unidad. Deuteronomio 6:4 declara: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Mientras que este pasaje enfatiza que solo hay un Dios, al mismo tiempo implica que Dios es complejo en Su unidad. Literalmente dice: “Jehová vuestro Elohim, Jehová uno es.” Jehová es en forma singular, pero Elohim es la forma plural de El. El hebreo bíblico tiene plural y dual, y, por lo tanto, el plural se refiere a tres o más.
 
Los Unitarios argumentan que la palabra “uno” (heb. echad) elimina la posibilidad de que Elohim podría ser entendido como expresando pluralidad en la Deidad. Sin embargo, echad a menudo se usa para expresar una unidad compleja en las Escrituras. En Génesis 2:4 dice acerca de la unión de matrimonio entre un hombre y una mujer, “serán una sola carne (echad).” En Éxodo 24:3 dice que todos los hijos de Israel “respondió a una voz (echad).” En Génesis 34:22 habla de dos naciones uniendo, llegando a ser un pueblo (echad).” Contrario a lo que afirman los Unitarios, echad se usa a menudo para referirse a dos o más personas siendo uno.
 
De hecho, hay otra palabra en el hebreo, yachid, que significa “uno” en sentido absoluto. El Señor la utilizó cuando Él le pidió a Abraham que ofreciera a su “único” hijo Isaac (Gen 22:2). La palabra yachid aparece 12 veces en el Antiguo Testamento para referirse a “uno” en sentido absoluto. Sin embargo, en Deuteronomio 6:4 cuando declara, “Jehová vuestro Elohim uno es,” el texto inspirado utiliza echad en vez de yachid.
 
Argumentan que el sustantivo Elohim expresa majestad y no pluralidad. Puede que eso sea el caso en algunos contextos, pero claramente no es el caso cuando se usa refiriendo a Jehová Elohim. El plural elohim, cuando refiere una majestad solitaria, jamás refiere al individuo en plural en el resto de la oración, como vemos cuando Elohim se usa para referirse a Jehová. Por ejemplo, en Génesis 1:26 dice:
 
“Entonces dijo Dios (Elohim): Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.”
 
Aquí, el verbo hagamos,” como también nuestra imagen” y “nuestra semejanza,” están todos en forma plural. Algunos argumentan que Dios simplemente estaba hablando con los ángeles cuando dijo “hagamos al hombre a nuestra imagen.” Sin embargo, en el próximo versículo es evidente que el hombre no fue hecho a la imagen de los ángeles, sino a la imagen de Dios Mismo. Dice:
 
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Gen 1:27)
 
Aquí vemos que fuimos creados en la imagen misma de Dios y no a la imagen de alguna otra criatura como un ángel (cf. Gen 9:6). En Génesis 3, después de que Adán y Eva habían comido de la fruta prohibida, vemos a Jehová Elohim hablando otra vez como una pluralidad de personas:
 
“Y dijo Jehová Dios (Elohim): He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal.” (Gen 3:22)
 
No solamente vemos referencia a Dios como una pluralidad de personas cuando aparece con Su título plural Elohim, sino que también encontramos el plural usado cuando Dios solamente usa Su nombre Jehová, sin el plural Elohim:
 
“Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.” (Gen 11:6-8)
 
Aquí vemos que Jehová es en forma singular, sin embargo, hay pluralidad dentro del único Deidad, como podemos ver por la forma plural, “descendamos” y “confundamos” en vez de decir “descenderé.” No hay indicación de que esté hablando a individuos fuera de la misma Deidad. Todas estas construcciones gramaticales en el plural claramente indican que hay pluralidad en unidad dentro de la Deidad.
 
La Trinidad en el Acto de la Creación
 
Génesis comienza diciendo: “En el principio creó Dios (Elohim) los cielos y la tierra.” Conforme continuamos leyendo, descubrimos que Elohim abarca tres personas en vez de un ser solitario. En el próximo versículo, vemos referencia al Espíritu de Elohim que se movía sobre la faz de las aguas. El salmista dice de Jehová, “Envías tu Espíritu, son creados” (Sal 104:30). Job dijo: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). Más adelante establezco que el Espíritu Santo es una distinta persona dentro de la Deidad y no simplemente la fuerza activa de Dios, pero podemos ver claramente que el Espíritu de Dios estaba activo en la creación.
 
Una imagen espejo de Génesis 1:1 es Juan 1:1-3, donde vemos que el Hijo de Dios no solo era Dios, sino que Él también creó todas las cosas que existen:
 
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Jn 1:1-3)
 
Vemos aquí que la Palabra, o el Cristo antes de Su encarnación, no solamente estaba con Dios en el principio, sino que Él Mismo era Dios, y que todas las cosas fueron hechos por Él. También, vemos en Hebreos 1:2 que Dios hizo las épocas (τοὺς αἰῶνας “las épocas,” i.e. Él creó el tiempo) por el Hijo, que requiere que el Hijo sea coeterno con el Padre y el Espíritu Santo. No solamente fueron hechas todas las cosas por Él, sino que, en Colosenses vemos también que todas las cosas fueron creadas en Él, en vez de simplemente llegar a existir de la nada (ex nihilo) como muchos piensan:
 
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:16-17)
 
Así que, si el Hijo de Dios ya existía en el comienzo y creó todas las cosas, incluyendo las épocas mismas, entonces Él existe fuera del tiempo. Necesariamente Él tiene que ser co-igual y coeterno con el Padre y el Espíritu Santo.
 
Tomando en cuenta que Dios creó los cielos y la tierra, y viendo que varias veces todas las tres personas de la Deidad mencionados como creando todas las cosas, incluyendo el tiempo mismo, sigue lógicamente que Dios o Elohim es un Dios que existe en tres personas, así como la Iglesia ha enseñado a través de la historia.
 
Las Distintas Personalidades del Hijo y el Espíritu Santo
 
Algunos Trinitarios evitan referirse al Padre, Hijo y Espíritu Santo como “personas,” prefiriendo hablar de ellos como distintas “seres” o “individuos” dentro de la Deidad, dado que algunos tienden a pensar en “personas” como nada más que seres humanos finitos. Sin embargo, no hay problema con el término “persona” si entendemos que simplemente refiere a un ser autoconsciente con intelecto, emociones y voluntad, en distinción de una fuerza o cosa inanimada. Fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios, y por ese motivo, creo que es el término más apto para mostrar la distinción entre las personas dentro de la Deidad.
 
Los Unitarios reconocen que el Hijo es una persona, pero niegan que Él es Dios. Ellos también niegan que el Espíritu Santo es una persona distinta del Padre, considerándolo como nada más que la fuerza activa de Dios. Los Modalistas reconocen que el Padre, Hijo y Espíritu Santo, todos son divinos, pero niegan que son distintas personas dentro de la Deidad. Debe ser evidente con lo que hemos visto en los blogs previas que el Hijo de Dios es plenamente divino. Así que, nuestro enfoque aquí será establecer la personalidad del Espíritu Santo y también la distinta personalidad del Hijo antes de Su encarnación.
 
La Personalidad del Hijo
 
No es necesario establecer la personalidad del Hijo en distinción del Padre y el Espíritu Santo, dado que nadie duda de que el Hijo es una persona, y la distinción del Padre y el Espíritu Santo del Hijo es tan evidente en las Escrituras. Solo quiero citar un par de ejemplos donde el Hijo es distinguido del Padre antes de Su encarnación. El primero es Hebreos 10:5-7 donde cuenta lo que Cristo dijo antes de entrar en el mundo:
 
“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Heb 10:5-7)
 
Aquí vemos el Hijo diciendo, cuando está a punto de entrar en el mundo, que el Padre le había preparado un cuerpo para que Él pudiera ofrecerse a Sí mismo como sacrificio por los pecados del mundo. Esto paralela con la referencia a Dios enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado (Rom 8:3). Aquí vemos una distinción de personas dentro de la Deidad anterior a la encarnación. También vemos una distinción de personas en Filipenses donde el Cristo reencarnado se despoja a Sí Mismo, tomando forma de hombre:
 
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo (presente participio “existiendo”) en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo (κενόω, “se vació a Sí Mismo”), tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando (εὑρίσκω “siendo encontrado”) en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:5-8)
 
Aquí vemos el Hijo de Dios antes de Su encarnación existiendo en la forma de Dios e igual con Dios, activamente vaciándose a Sí Mismo” y tomando sobre Él la forma de un siervo y viniendo a la tierra en forma de hombre. Todo el lenguaje de este pasaje presenta a Cristo como una persona que existía en la forma de Dios antes de Su encarnación. La encarnación no era algo que fue hecho por Él como un embrión pasivo dentro del vientre de María. El Cristo que existía eternamente antes de Su encarnación se vació a Sí Mismo, tomando sobre Sí la forma de hombre.
 
También vemos una distinción de personas cuando se dice del Padre que Él “envió” al Hijo y el Hijo dijo que Él viene para hacer la voluntad del Padre. Hay una voluntad del Padre y una voluntad del Hijo. Hay un Enviador y un Enviado. Entonces, al final del ministerio de Cristo en la tierra Él ora al Padre diciendo:
 
Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Jn 17:4-5)
 
Jesús no hubiera podido dejar más en claro de que Él es una persona distinta del Padre y que existía eternamente con el Padre en gloria antes de la creación.
 
La Personalidad del Espíritu Santo
 
Muchos tienen dificultad de pensar en el Espíritu Santo como una persona, dado que Él no aparece en forma corporal. Sin embargo, lo que nos hace una persona no es nuestro cuerpo físico. Continuamos como un alma autoconsciente con intelecto, emociones y voluntad después de dejar atrás nuestro cuerpo en el sepulcro. El Espíritu Santo, igual como el Padre e Hijo, es una persona en el sentido de que Él no es impersonal. Él, igual como el Padre y el Hijo, tiene intelecto, emoción y voluntad propio, y sin embargo, ellos comparten los mismos atributos y esencia.
 
El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y el Hijo. Por el límite de espacio solo voy a mostrar un ejemplo en evangelio de Juan donde hace una distinción clara entre las tres personas de la Trinidad.
 
“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo (neutro), a quien el Padre enviará en mi nombre, él (masculino) os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Jn 14:25-26)
 
Aquí vemos todas las tres personas: El Hijo, quien está hablando, dice que el Padre enviará al Espíritu Santo. Algunos Unitarios, como los Testigos de Jehová que niegan que el Espíritu Santo es una persona, señalan que el pronombre “quien” es de género neutro. Sin embargo, en el griego el género gramatical no siempre indica el género sexual. El pronombre “quien” (ὅς) es neutro solamente porque modifica “Espíritu (πνεῦμα),” que es un sustantivo neutro. Que el Espíritu Santo es una persona es indisputable viendo que dice, “Él (masculina, ἐκεῖνος) os enseñará todas las cosas.” También, Jesús Mismo es llamado el “Cordero” (ἀρνίον), que es neutro, y sin embargo sabemos que Él es una persona. Así que, en este pasaje vemos tres personas distintas dentro de la Deidad.
 
Que el Espíritu Santo es una persona y no nada más la fuerza impersonal de Dios como la electricidad, es evidente también, viendo que Él posee los atributos que solamente una persona puede tener: intelecto, emociones y voluntad.
 
Emociones. El Espíritu Santo es un ser emocional. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, etc., cualidades que no pueden ser atribuidas a una fuerza impersonal. El Espíritu Santo nos ama. (Rom 15:30). El Desarrollo de la robótica ha hecho muchos avances, pero un robot sigue siendo impersonal y por lo tanto incapaz de amarnos como nos ama el Espíritu Santo. El Espíritu santo puede ser entristecido (Ef 4:30). Puedes maltratar su carro, encerrándolo en el garaje por meses, prefiriendo otro carro más que él, pero nunca puede entristecerlo porque no es una persona como es el Espíritu Santo. Podemos disfrutar de comunión con Él (2Cor 13:14). La comunión es tener amistad íntima o compartir cosas en común con otra persona. Puedes pasar horas trabajando con su computadora, pero no puede tener comunión con ella porque no es una persona como es el Espíritu Santo.
 
Intelecto. Otra característica de personalidad es intelecto. Solo una persona tiene verdadera inteligencia. Las computadoras son programadas con información por personas inteligentes, pero la computadora solamente tiene inteligencia artificial porque no es una persona. No tiene una mente que puede razonar conscientemente, como hace una persona. En contraste, el Espíritu Santo es omnisciente y sabe todo (1Cor 2:10-11). Como el Dios omnisciente, Él nos habla, revelándonos cosas que no podríamos saber de otra manera (Hch 8:29; 10:19; 13:2). Adicionalmente, los dones del Espíritu, como el don de sabiduría, conocimiento, profecía y discernimiento de espíritus, demuestran Su inteligencia (1Cor 12:8-10). En Juan del capítulo 14 a 16, vemos que el Espíritu Santo nos enseña, nos hace recordar de las palabras de Jesús, nos convence del pecado, nos guía a toda la verdad, Nos dice lo que oye del Padre y glorifica al Hijo – todas estas cosas solamente uno persona puede hacer. También, podemos mentirle al Espíritu Santo. Pedro dijo a Ananías: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo... No has mentido a los hombres, sino a Dios. (Hch 5:3-4). Aquí, en esta declaración de Pedro, Podemos ver, no solamente que el Espíritu Santo es una persona a quien podemos mentir, sino que también vemos que Él es Dios.
 
Voluntad. El Espíritu Santo tiene voluntad (1Cor 12:11). Él permite y prohíbe cosas según Su propia voluntad (Hch 16:6-7,10). Solamente una persona puede tomar decisiones o determinaciones basadas en su propio conocimiento y emociones. Los que andan en el Espíritu son aquellos que someten su voluntad a la voluntad del Espíritu Santo (Gal 5:16-18).
 
Así que, considerando el hecho de que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo son igualmente llamados Dios y Señor, y viendo que cada uno de ellos individualmente demuestra todos los atributos que solamente personas poseen, y sin embargo son llamados uno Dios y no tres, la única conclusión lógica es que el único verdadero Dios existe en Trinidad como tres personas en uno. Para mí, la definición más concisa y definitiva de la doctrina bíblica de la Trinidad fue expresada en el “Símbolo de Atanasio” que dice: 
 
“Adoramos a un Dios en la trinidad, y la trinidad en la unidad, sin confundir las personas, ni separar la sustancia, puesto que la persona del Padre es una, y la del Hijo otra, y la del Espíritu Santo otra.  Pero del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo hay sólo una divinidad, igual gloria y majestad coeterna.  Lo que es el Padre, también lo es el Hijo y el Espíritu Santo.  El Padre es increado, el Hijo es increado, el Espíritu Santo es increado.  El Padre es inmenso, el Hijo es inmenso, el Espíritu Santo es inmenso.  El Padre es eterno, el Hijo es eterno, el Espíritu Santo es eterno.  Sin embargo no hay tres eternos, sino solo uno.  De manera que no hay tres seres increados, ni tres seres inmensos, sino un solo ser increado, un solo ser inmenso.  De igual manera el Padre es omnipotente, el Hijo es omnipotente, el Espíritu Santo es omnipotente.  Sin embargo, no hay tres seres omnipotentes, sino un solo ser omnipotente.  De manera que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.  Sin embargo no hay tres Dioses sino un solo Dios.  De igual manera el Padre es Señor, el Hijo es Señor y el Espíritu Santo es Señor.  Sin embargo no hay tres Señores, sino uno sólo.  Así como nos vemos obligados en honor a la verdad cristiana a afirmar que cada una de las personas particularmente es Señor o Dios, así también nos vemos imposibilitados de decir que hay tres Dioses o Señores.  El Padre no fue hecho de nadie, no fue creado, no fue engendrado.  El Hijo salió del Padre; no fue hecho, ni creado, sino engendrado.  El Espíritu Santo salió del Padre y del Hijo.  No fue hecho, ni creado, ni engendrado, sino que procede de ellos.  Por lo tanto, hay un solo Padre y no tres; un solo Hijo y no tres; un solo Espíritu Santo, y no tres.  Y en esa trinidad no hay nada primero ni postrero; ni nada mayor o menor.  Pero las tres personas coeternas son co-iguales o mutuamente iguales entre sí; de manera que, a través de todo, como se ha dicho arriba, tanto la unidad en la trinidad como la trinidad en la unidad deben adorarse.”
 


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por George Sidney Hurd
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Como vimos en el blog anterior, cuando el Ángel de Jehová apareció a Moisés en la zarza que ardía y lo comisionó a liberar a Su pueblo de Egipto, Moisés le preguntó: “Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” En la respuesta de Jehová, Él se identificó a Sí Mismo como el eterno auto existente Dios:
 
“Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.” (Ex 3:14)
 
De ese momento en Adelante, vemos a Dios refiriéndose a Sí Mismo como el YO SOY numerosas veces (Deut 32:39; Isa 41:4; 43:10; 43:13; 46:4; 48:12; 52:6). Lo que es especialmente significativo para el tema de este blog es que, en la versión LXX o la Septuaginta, la traducción Griega del Antiguo Testamento que usaban en el tiempo de Cristo, Dios es identificado con las idénticas palabras YO SOY (gr. ἐγώ εἰμι, ego eimí) que se usan en el Nuevo Testamento para referirse a Cristo como el YO SOY. Por ejemplo, en Isaías 41:4 la Septuaginta dice:
 
“Yo, Dios, soy el primero y el venidero, YO SOY (gr. ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Isa 41:4)
 
Cuando el Cristo glorificado apareció a Juan en Apocalipsis, Él se identificó de la misma manera, diciendo:
 
“No temas; YO SOY el primero y el último.” (Apo 1:17)
 
Jesús, en muchas ocasiones, utilizó Su título divino, YO SOY, a veces con un predicado y a veces sin ningún antecedente ni predicado. Primero voy a considerar las declaraciones de YO SOY absolutas y gramáticamente independientes, dado que afirman de manera tan clara Su deidad.
 
La construcción “yo soy” (ἐγώ εἰμι, ego eimí), jamás se usa como una declaración absoluta e independiente en el Nuevo Testamento por otra persona aparte de Jesús. Todas las demás ocurrencias tienen un antecedente o un predicado, y ego a menudo no aparece junto con eimí o aparecen en orden contrario. Estos son los ejemplos que encontré:
 
Hechos 10:21  yo soy el que buscáis. (ἐγώ εἰμι ὃν ζητεῖτε, ego eimí hon zeteite)” (Pedro).
 
Hechos 21:39  yo soy hombre judío. (ἐγὼ ἄνθρωπος μέν εἰμι ᾿Ιουδαῖος , ego anthropos men eimí Judaios).” (Pablo)
 
Hechos 22:3   “Yo de cierto soy judío. (ἐγώ μὲν εἰμι ἀνὴρ ᾿Ιουδαῖος, ego men eimí aner Judaios).” (Pablo)
 
Hechos 23:6  “yo soy fariseo. (ἐγὼ Φαρισαῖός εἰμι, ego Pharisaios eimí).”
 
1Cor 1:12  “Yo soy de Pablo.  (ἐγὼ μέν εἰμι Παύλου, ego men eimí Paulou).”
 
1Tim 1:15  “yo soy el primero. (ὧν πρῶτός εἰμι ἐγώ, on protos eimí ego).”
 
Ningunas de estas ocurrencias de ego eimí son declaraciones absolutas e independientes como las que hace Jesús. Todas estas completan la frase, diciendo quiénes son. En ninguna instancia queda “yo soy” solo en la conversación normal, dado que no sería una frase completa sin un predicado. Hay solo una instancia donde “yo soy” queda independiente y es donde el hombre ciego de nacimiento simplemente respondió, “Yo soy” cuando los que lo habían conocido cuestionaban entre sí diciendo, “¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?” (Jn 9:8-9). En esta instancia, la respuesta simple, “Yo soy” era completa porque él simplemente respondió a su pregunta. Nosotros comúnmente respondemos de esta manera. Si alguien fuera preguntarte, “¿Eres tú el hombre?” tu respuesta más común sería simplemente, “Yo soy.”
 
Declaraciones Absolutas e Independientes de YO SOY, hechas por Jesús
 
Juan 8:24
 
“Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis.” (Jn 8:24)
 
Para los oyentes de lengua griega en aquel entonces que no tenían conocimiento del título divino, esta declaración de Jesús les hubiera hecho preguntar dentro de sí, “¿Yo soy quién?” Sin embargo, un judío informado se hubiera relacionado con la declaración de Jehová en Deuteronomio 32:39 donde Él dice: “Ved ahora que yo, YO SOY (ἐγώ εἰμι, ego eimí), y no hay dioses conmigo.” Hubieron razonado, “Jesús dice que es el Salvador, y sin embargo Dios dijo: “Yo, Yo soy el SEÑOR (Jehová), Y fuera de Mí no hay salvador (Isa 43:11 NBLH). Jesús les estaba diciendo a los fariseos que lo rechazaban como su Mesías, “A menos que crean que YO SOY, i.e., que Yo Mismo soy Jehová, vuestro único Salvador, morirán en vuestros pecados.”
 
Juan 8:58
 
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí). 59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.” (Jn 8:56-59)
 
Si los judíos hubieran dudado de Su afirmación de Su propia deidad en el versículo 24, toda duda en sus mentes hubiera quedado resuelta cuando Él hizo su segunda declaración independiente “YO SOY” aquí en el versículo 58. Es por eso, que tomaron piedras para apedrearlo. Cuando Jesús dijo que Abraham se había gozado de ver Su día, ellos le respondieron diciendo, “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” La respuesta de Él era una declaración inequivocable de su deidad. Él les respondió diciendo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí).” Jesús no estaba nada más diciendo que Él existía antes de Abraham. Si eso fuera el caso, Él hubiera dicho algo como: “Antes que Abraham llegó a ser, Yo era,” o Yo existía antes de Abraham.” Literalmente Él dijo: “Antes que Abraham llegó a ser, YO SOY,” refiriendose a Su eterna auto-existencia. Hace referencia a otras declaraciones de YO SOY en el Antiguo Testamento donde dice lo mismo en el texto griego LXX:
 
“Ustedes son Mis testigos, declara el SEÑOR, y Mi siervo a quien he escogido, Para que Me conozcan y crean en Mí, Y entiendan que YO SOY (ἐγώ εἰμι, ego eimí). Antes de Mí no fue formado otro dios, Ni después de Mí lo habrá.” (Isa 43:10 NBLH)
 
Su declaración, “Antes que Abraham fuese, YO SOY” nos hace recordar el Salmo 90:1 que dice: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. 2 Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, TÚ ERES Dios,” en vez de decir “Tu eras Dios.”
 
Jesús dijo literalmente: “Antes que Abraham llegó a existir (gínomai), YO SOY.” Esto complementa a Juan 1 donde literalmente dice:
 
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas (gínomai, “llegaron a existir”), y sin él nada de lo que ha sido hecho (gínomai, “llegó a existir”), fue hecho (gínomai , “llegó a existir”).” (Jn 1:1-3)
 
Decir que Él es antes de todo lo que llegó a existir, significa que Él Mismo nunca llegó a existir – Él es el eterno YO SOY, de Quién todas las cosas que existen llegaron a existir (cf. Col 1:16-17; Heb 1:2,10-12).
 
Juan 13:19
 
“Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que YO SOY (ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Jn 13:19)
 
Acerca de la entrega y crucifixión de Cristo, Él les contó a Sus discípulos de antemano lo que iba a ocurrir para que cuando sucediera, ellos supieran que Él era el YO SOY. Esto es similar a lo que Jehová dijo en Isaías. Él declaró:
 
“…YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι, ego eimí) Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.” (Isa 46:8-10)
 
Juan 6:20, cf. Mateo 14:27; Marcos 6:50
 
“Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: YO SOY; no temáis. (ἐγώ εἰμι· μὴ φοβεῖσθε).” (Jn 6:19-20)
 
En esta ocasión Jesús se identificó como YO SOY e inmediatamente Él calmó la tormenta. En otra ocasión anterior a esta, cuando estaban en otra tormenta, Jesús estaba en la proa dormido. Cuando lo despertaron, Él simplemente reprendió al viento y el mar y ellos le obedecieron. En ese momento, sus discípulos se dieron cuenta de que Jesús no era un simple hombre. Ellos se maravillaron diciendo: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mt 8:27). Siendo judíos, ellos sabían que solamente Dios tenía poder sobre el viento y las olas, como el salmista dice de Él: “El que calma el rugido de los mares, el estruendo de las olas” (Sal 65:1 LBLA). La segunda vez en Juan 6.20 Él les declara su deidad abiertamente, diciendo: YO SOY; no temáis.”
 
Juan 4:26
 
“Jesús le dijo: YO SOY, el que habla contigo (ἐγώ εἰμι ὁ λαλῶν σοι).
 
Esta declaración de Jesús a la mujer samaritana es casi idéntica a la de Isaías 52:6 donde Jehová se identifica a Sí Mismo hablando a Su pueblo. En la traducción griega LXX dice:
 
“Por tanto, Mi pueblo conocerá Mi nombre. Así que en aquel día comprenderán que YO SOY el que dice: 'Aquí estoy. (LXX ἐγώ εἰμι αὐτὸς λαλῶν).” (Isa 52:6 NBLH)
 
Jesús hizo esta declaración en Juan 4:26 a la mujer samaritana en el poso cuando ella le dijo,
“Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo.” Cuando Jesús respondió diciendo, “YO SOY,” la mujer inmediatamente dejó su cántaro en el poso y corrió a la ciudad donde les contó a los hombres de la ciudad todas las cosas que Jesús le había dicho. Los hombres de la ciudad salieron a donde estaba Jesús, y después de oír Sus palabras por sí mismos ellos dijeron:
 
“Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” (Jn 4:42)
 
Después de oírlo ellos Mismos, ellos sabían que Jesús verdaderamente era el Cristo, el Salvador del mundo. Ya vimos en los blogs anteriores que “el Cristo” es Jehová Mismo, y que no hay salvador aparte de Él (Isa 43:11; Oseas 13:4; Isa 45:21). Es significativo que los samaritanos reconocieron algo acerca de Jesús que muchos lo logran ver hoy en día – ellos entendieron que Él era VERDADERAMENTE el Salvador del mundo, y no nada más potencialmente su Salvador, o el Salvador de los elegidos de esta época solamente.
 
Juan 18:3-8
 
“Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. 4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: YO SOY (ego eimí). Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. 6 Cuando les dijo: YO SOY (ego eimí), retrocedieron, y cayeron a tierra. 7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. 8 Respondió Jesús: Os he dicho que YO SOY (ego eimí); pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos.” (Jn 18:3-8)
 
Cuando los soldados vinieron con Judas para arrestar a Jesús, Él les preguntó a quién buscaban. Cuando le dijeron, “Jesús de Nazaret,” Jesús les respondió con Su título divino, YO SOY, y los soldados cayeron a tierra impotentes (Jn 18:4-5). Solo una vislumbre de Su gloria era suficiente para demostrar lo que Jesús había dicho anteriormente a Sus discípulos acerca de Su propia vida en Juan 10:18, “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.”
 
Hay otras instancias donde Jesús utilizó Su título divino, YO SOY” como una declaración independiente, pero por el espacio, me limito a estos. Son gramáticamente incongruentes como aparecen en el griego a menos que uno los reconozca como siendo lo que son, el título divino, YO SOY.
 
Ocho Declaraciones YO SOY con un Predicado
 
Me gustaría considerar brevemente ocho declaraciones YO SOY exclusivas hechas por Jesús acompañadas con un predicado.
 
1. YO SOY el Pan de Vida (Juan 6:35)
 
Jesús acabó de alimentar 5.000 con cinco panes y dos pececitos. Las multitudes lo siguieron esperando recibir más pan, pero Jesús les dijo: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará.” Él, viendo que su expectativa seguía siendo recibir más pan, Él les dijo:
 
YO SOY el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Jn 6:35)
 
Al decir, YO SOY el pan de vida,” Él les reveló a ellos que Él es la única verdadera fuente de la vida eterna más abundante, y que los que Lo reciban jamás tendrán hambre ni sed. Solo Dios podría hacer semejante declaración.
 
2. YO SOY la Luz del Mundo (Juan 8:12)
 
YO SOY la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Jn 8:12)
 
Jesús no simplemente decía que era una luz, sino LA Luz. En Juan 1, el Apóstol no solamente dijo que Jesucristo era Dios (Jn 1:1), sino que era la verdadera Luz que alumbra a todo hombre  (Jn 1:9). Juan también dijo: Dios es luz (1Jn 1:5). Así que, Jesús, quien es la verdadera Luz es Dios. También, se dice de nosotros que somos la luz del mundo, pero nuestra luz es una luz derivada. Somos luz solamente porque Él que es la única verdadera Luz es nuestra luz.
 
3. YO SOY la Puerta (Juan 10:9)
 
YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Jn 10:9)
 
Jesucristo es la única puerta a través de la cual el hombre puede ser salvo, entrando en el redil. Jesús dijo que todos los demás son ladrones y salteadores (Jn 10:8). No hay Salvador aparte de Jehová (Isa 43:11). No hay salvación por otro nombre aparte del nombre de Jesús que significa “Jehová salva” (Hch 4:12).
 
4. YO SOY el Buen Pastor (Juan 10:11)
 
YO SOY el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Jn 10:11)
 
Hay muchos pastores que cuidan las ovejas literales, y hay muchos pastores encargados de cuidar a las ovejas del Señor, pero solo hay Uno que es EL Pastor y es Jesús o Jehová, como dice David: Jehová es mi pastor; nada me faltará.” (Sal 23:1)
 
5. YO SOY la Resurrección y la Vida (Juan 11:25)
 
YO SOY la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (Jn 11:25)
 
Ningún ser creado o ángel, sin importar qué tan exaltado sea, jamás podría decir que él mismo es la resurrección y la vida. Dios es la única fuente de vida. Así que, cuando Jesús se refería a Sí Mismo como la Resurrección y la Vida, precedido por el título divino YO SOY, es evidente que Él estaba afirmando Su plena deidad.
 
6. YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6)
YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jn 14:6)
Ha habido muchos que afirman saber el camino al Padre, pero solamente Él puede decir, YO SOY el Camino.” Muchos han dicho que poseen la verdad, pero Él Mismo ES la Verdad. Por lo tanto, cuando Jesús dijo en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres,” Él estaba hablando de conocerle a Él quien es LA Verdad. Aquí, igual como vimos en Juan 11:25, cuando Él dice YO SOY la Vida, Él está declarando que Él Mismo es la única fuente de vida.
 
7. YO SOY la Vid Verdadera (Juan 15:1)
 
YO SOY la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” (Jn 15:1)
 
Como la Vid, Él es nuestra única Fuente de vida y productividad. En Juan 15:5 Él dice, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Cuando llegamos al fin de las épocas, Dios será todo en todos porque todo en el cielo y en la tierra habrá sido reunido en Cristo, la Vid Verdadera (1Cor 15:28; Ef 1:10).
 
 
8. YO SOY la Alfa y la Omega, YO SOY el Primero y el Último (Apocalipsis 1:8,17)
 
Para mí, es maravilloso ver cómo la Biblia comienza diciendo, “En el principio Dios,” o como Juan 1:1 dice, “En el principio era el Verbo…y el Verbo era Dios,” y termina con Jesús declarando en Apocalipsis 22:13: “YO SOY el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Último.” El eterno, YO SOY, Jesucristo, no solamente existía en el principio, sino que Él Mismo ES el Principio. Antes de todas las cosas Él ES, y por medio de Él todas las cosas subsisten (Col 1:17).
 
Aquí también vemos a Jesús identificándose a Sí Mismo como el mismo Jehová Elohim que habló a través de Isaías, diciendo:
 
Oyeme, Jacob, Israel a quien llamé: "Yo soy, YO SOY (ego eimí) el Primero y también YO SOY (ego eimí) el Último.” (Isa 48:12 NBLH)
 
Cuando comparamos las frases en el griego LXX con las del Nuevo Testamento, llega a ser evidente que ambos textos están hablando de Jehová quien también es el Cristo – Emanuel “Dios con nosotros.” Jesús dijo:
 
YO SOY el Alfa y la Omega, Principio y Fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, EL TODOPODEROSO…17 No temas; YO SOY el Primero y el Último.” (Apo 1:8,17; cf. Gen 17:1)
 
¿Cuántos Todopoderosos puede haber? Solo Uno. ¿Cuántos pueden ser el Primero? Solo Uno. ¿Cuántos pueden ser el Último? Otra vez la respuesta es, solamente Uno. Por lo tanto, Jesús y Jehová son el mismo Dios Todopoderoso. Es cierto que Jesús es distinto del Padre y el Espíritu Santo, y sin embargo no son tres Dioses sino uno. Así que, Dios es un Dios trino. Por eso, la Iglesia históricamente ha creído en la Trinidad. 
 
Conclusión
 
Combinando lo que hemos visto aquí acerca de las múltiples declaraciones YO SOY de Jesús, y todas las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento identificando a Jehová como Jesús, que vimos en el blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento,” y también lo que vimos en el blog anterior, Las Cristofanías del Antiguo Testamento,” demostrando que el Ángel de Jehová era Jehová Mismo y a la vez el Cristo antes de Su encarnación, para mí, la evidencia de la deidad de Cristo en las Escrituras es incontrovertible. Dado que todos los que niegan la plena divinidad de Cristo también niegan la Trinidad, eso será el tema del próximo y último blog en esta serie.

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 por George Sidney Hurd
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El término teológico Cristofanía se refiere a las manifestaciones visibles de Cristo antes de Su encarnación en el Antiguo Testamento. Como estaré demostrando en este blog, estas apariciones eran al mismo tiempo Teofanías, o manifestaciones de Dios Mismo, dado que Cristo, el Verbo (gr. Logos) eterno, es Dios Mismo en la persona del Hijo. La palabra “logos,” traducido como “verbo” en Juan 1, literalmente significa “palabra.” El término “palabra” (logos) podría ser definido como “un medio de expresión o comunicación.” Un pensamiento permanece invisible y desconocido hasta llegar a ser expresado visible o audiblemente como una palabra (logos). De semejante manera, la verdad comunicada en el título divino, el Logos, es que Él siempre ha sido la expresión visible del Dios invisible. Él es la imagen visible del Dios invisible (Col 1:15).
 
Aun antes de la encarnación de Cristo, el término Logos estaba siendo utilizado por algunos de los rabinos judíos para referirse a la divinidad. [1] El filósofo judío Filo (20 a.C. – 50 d.C.) hacía referencia al Logos como el ser divino que revelaba el Dios invisible al mundo material y sostenía toda cosa creada con el poder de Su fuerza. [2]
 
El Padre, a quién ningún hombre ha visto, fue revelado a la humanidad cuando el Logos divino, que eternalmente existía con Dios y como Dios, fue hecho carne y habitó entre nosotros (Jn 1:14). Dios es espíritu y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto o puede ver con sus ojos físicos (1Tim 6:16; Ex 33:20). Nadie ha visto el Padre, con excepción al Hijo quien es Dios Mismo (Jn 6:46, cf. 1:1). Juan dijo de Él:
 
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn 1:18)
 
“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.” (Jn 1:18 LBLA) [3]
 
Algunos argumentarían que el Hijo jamás había revelado a Dios a la humanidad como el Logos antes de Su kenosis cuando se despojó de Sí Mismo, siendo concebido de una virgen por el Espíritu Santo, tomando forma del hombre (Mt 1:20; Fil 2:6-8). Sin embargo, el uso del tiempo perfecto en Juan 1:18, “ha dado a conocer,” implica que las manifestaciones visibles del Dios invisible a la humanidad no fueron limitadas a Su encarnación.
 
En realidad, el hecho de que Dios había aparecido al hombre en forma visible numerosas veces en el Antiguo Testamento anteriores a la encarnación, requiere que tales Teofanías sean entendidas como Cristofanías o apariciones del Hijo antes de Su encarnación, dado que nadie ha visto el Padre jamás con excepción del Hijo y a aquellos a quién le ha placido revelarle (Mt 11:27).
 
Cuando Miqueas profetizó el nacimiento de Cristo, dice que Él vendría de Belén, pero al mismo tiempo enfatiza que Sus salidas eran desde el comienzo del tiempo:
 
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti (Belén) me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas (plural) son desde el principio, desde los días de la eternidad (desde olam).” (Micah 5:2)
 
Los que nos acusan de estar buscando a Cristo en el Antiguo Testamento no toman en cuenta de que Jesús Mismo nos dijo que las Escrituras del Antiguo Testamento hablaban de Él. Cuando los escribas y fariseos no Lo recibieron como su Mesías, Él les exhortó a volver a escudriñar a las Escrituras porque ellas hablaban de Él. Él les dijo:
 
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Jn 5:39)
 
Así que, Jesús Mismo nos manda buscar confirmación acerca de Sí Mismo en el Antiguo Testamento. Como vimos brevemente en el blog anterior, los autores del Nuevo Testamento continuamente identificaban a Jesús como el Mismo Jehová del Antiguo Testamento (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7; Isa 6:1-5,9-10, cf. Jn 12:37-41; Isa 45:22-24 cf. Fil 2:10-11; 1 Cor 10:1-4; 1 Cor 10:9; Judas 5).
 
Pablo indicaba que el Antiguo Testamento contiene sombras que encuentran su cumplimiento en la persona de Cristo (Col 2:17). Él demostraba que Jesús era el Cristo, utilizando las Escrituras del Antiguo Testamento (Hch 18:28). El misterio de la persona y obra de Cristo que había sido escondido en el Antiguo Testamento ahora está revelado a la luz del Nuevo Testamento. Hay muchos pasajes en el Antiguo Testamento que eran ambiguos y misteriosos hasta que fueron vistos a través de la luz de Jesucristo.
 
El Ángel de Jehová
 
Como veremos, las numerosas referencias al Ángel de Jehová fueron intencionalmente misteriosas y enigmáticas hasta la encarnación de Cristo, y los rabinos judíos estaban entendiblemente perplejos a causa de ellas. El Ángel de Jehová es a menudo identificado como Dios y, sin embargo, distinto de Dios. De igual manera, Cristo es identificado como Dios mientras que es distinto de Dios al mismo tiempo. Se dice de ambos que eran eternamente preexistentes. Los ángeles creados jamás aceptaban adoración, pero el Ángel de Jehová fue adorado como Dios, igual como Cristo es adorado como Dios.
 
Si de hecho el Ángel de Jehová es el Hijo de Dios antes de la encarnación, no debemos encontrar más referencias al Ángel de Jehová en el Nuevo Testamento después de la encarnación, y eso es exactamente lo que descubrimos. El Ángel de Jehová jamás aparece otra vez en el Nuevo Testamento. Cada referencia a los ángeles después de la encarnación son anarthrous, sin el artículo definido. Y los ángeles en el Nuevo Testamento jamás se identifican como Dios Mismo, como vemos hacer al Ángel de Jehová consistentemente a través del Antiguo Testamento.
 
Algunos argumentan que Cristo no pudo haber sido el Ángel del Señor, dado que el autor de Hebreos dice en el primer capítulo que Cristo es superior a los ángeles y distinto de ellos. Sin embargo, la palabra “ángel” (heb. mal’ak), en sí, no es un término ontológico, sino funcional. Simplemente significa “mensajero” y se usa a menudo de hombres que son enviados con un mensaje o misión. Esta muy relacionado en significado con la palabra apóstol (apóstolos) que significa “uno enviado con una misión.”
 
Un pasaje que ilustra esto es Malaquías 3:1 donde aparece la palabra mal’ak “ángel o mensajero” dos veces, la primera vez refiriendose a un mensajero humano, y la segunda vez al Ángel de Jehová o el Hijo de Dios viniendo como el Cristo encarnado:
 
“He aquí, yo envío mi mensajero (mal’ak), el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor (Jehová) a quien vosotros buscáis, y el ángel (mal’ak) del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Mal 3:1)
 
Aquí vemos la primera referencia a la venida de Elías o Juan el Bautista como refiriendo a un mensajero (mal’ak) que viene para preparar el camino delante de Jehová Mismo, quién también es identificado como el Ángel o Mensajero (mal’ak) del pacto, refiriendose a Cristo que vino en carne para iniciar el Nuevo Pacto en Su sangre. En ninguna de las dos instancias se refiere mal’ak como un ángel ontológico. De la misma manera, conforme vamos considerando las referencias al Ángel de Jehová en este blog, llega a ser evidente que no están hablando de un simple ángel, sino a Jehová Elohim Mismo en la persona del Hijo antes de Su encarnación.
 
Génesis 16:7-14
 
La primera mención del Ángel de Jehová es en Génesis 16. Cuando Sara, la esposa de Abraham, vio que seguía estéril sin hijo, ella sugirió a Abraham que tuviera un hijo con su sirvienta Agar. Pero después de que concibió Agar, Sara la despreció y la trataba tan severamente que ella huyó al desierto. Fue allí en el desierto donde el Ángel de Jehová aparece por primera vez a una sirvienta humilde y desamparada. Se relata el encuentro en el Génesis 16 así:
 
“Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. 8 Y le dijo: Agar, sierva de Sara, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sara mi señora. 9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción…13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?” (Gen 16:7-11,13)
 
Al inicio de este encuentro, uno pensaría que solo se trata de un ángel enviado del Señor con un mensaje para Agar. Sin embargo, en el versículo 10 llega a ser evidente que la persona que está hablando con Agar no es simplemente un ángel. Cuando el Ángel de Jehová dice, Multiplicaré tu descendencia,” sabemos que Él es más que un ángel hablando por Dios, dado que solamente Dios es el dador de la vida (Deut 32:39). El Ángel de Jehová hace lo que solamente Dios puede hacer. ¿En cuál otra persona encontramos esta prerrogativa divina? Jesús dijo: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida (Jn 5:21). De hecho, Jesús es llamado “el Autor de la vida” en Hechos 3:15. Así que, vemos el Ángel de Jehová haciendo lo que solamente Dios puede hacer, y también vemos al Hijo ejerciendo la misma prerrogativa exclusiva a Dios Mismo. Esto es una indicación clara de que el Ángel de Jehová de hecho era el Hijo de Dios antes de Su encarnación.
 
En el versículo 11 el Ángel de Jehová aparenta hablar de Jehová como una persona distinta de Sí Mismo. Sin embargo, en el versículo 13 Agar identificó al Ángel de Jehová que hablaba con ella como Jehová Mismo. De la misma manera, en el Nuevo Testamento vemos al Hijo siendo llamado Dios y sin embargo distinto del Padre y el Espíritu Santo.
 
Génesis 21:17-18
 
Cuando Ismael, el hijo de Agar, era un muchacho, Sara insistió en que Agar y su hijo fueran enviados al desierto. Cuando su provisión de agua se había agotada y ella pensaba que iban a morir de sed, el Ángel de Jehová le apareció otra vez. Inicialmente, Él refiere a Elohim como distinto de Él en la tercera persona, pero otra vez Él cambia a la primera persona:
 
“Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios (Elohim) llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque. YO haré de él una gran nación.” (Gen 21:17-18)
 
En Génesis 12:1-2 Jehová le dijo a Abraham: “Yo haré de ti una gran nación.” Aquí vemos una promesa similar dada a Ismael, pero ahora es el Ángel de Dios quien hace la promesa. Esto trae a la mente las palabras de Jesús cuando Él dijo que todo lo que el Padre hace Él lo hace de la misma manera (Jn 5:19).
 
Génesis 22
 
“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré… 9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no ME rehusaste tu hijo, tu único.” (Gen 22:1-2, 9-12)
 
Aquí vemos a Dios (Elohim) probando a Abraham, pidiendo que le ofreciera a su único hijo de promesa, Isaac, como un sacrificio. Entonces, en el versículo 11 el Ángel de Jehová es quién llama del cielo diciendo, ya conozco que temes a Dios, por cuanto no ME rehusaste tu hijo, tu único.” Aquí otra vez, Él cambia de la tercera persona, diciendo que Él ya conocía que él temía a Dios, a decir en la primera persona que Él Mismo era Aquel a quien Abraham había ofrecido a su hijo. Si el Ángel de Jehová fuera nada más un ángel creado, entonces no hubiera dicho que Isaac le había sido ofrecido a Él, dado que Isaac había sido ofrecido en sacrificio a Dios y no a un simple ángel.
 
Génesis 31:11-13
 
“Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. 12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13 YO SOY el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde ME hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.” (Gen 31:11-13)
 
Este pasaje es particularmente significativo dado que el Ángel de Dios se identifica a Sí Mismo como el Dios de Bet-el donde Jacob hizo un voto a Él. Él estaba refiriendose al encuentro que tuvo Jacob con Dios donde vio descender y ascender los ángeles desde el cielo. El Dios que le apareció a él en Bet-el se identificó a Sí Mismo como Jehová Elohim:
 
“Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios (Jehová Elohim) de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.” (Gen 28:13)
 
Los Unitarios que intentan negar la trinidad, a menudo se apoyan en la práctica hebrea de designar representantes legales o emisarios (heb. shaliah), quien básicamente eran agentes legales que a veces eran designados para hacer transacciones en representación de otra persona. En realidad, no hay nada exclusivamente hebreo con esta práctica, dado que casi toda sociedad utiliza representantes legales que reciben autoridad para hacer transacciones en lugar de otro o ir en representación de uno. Sin embargo, igual como un representante legal hoy, un shaliah solo representaba a la persona que lo envió, ellos nunca imitaban a la persona que representaban. Un shaliah del rey David puede haber dicho: “Vengo en el nombre del rey,” pero jamás diría, “Yo soy el rey.” En pasajes como esto donde el Ángel de Jehová dice: “Yo soy el Dios de Bet-el, etc.,” estas afirmaciones van mucho más allá de lo que diría un mero mensajero o representante de Dios.
 
Otra vez, vemos que en el mismo pasaje el Ángel de Jehová puede ser presentado como distinto de Dios y a la vez identificarse como Dios Mismo. Son distintos y sin embargo uno. Es igual con Jesús. Él podría decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” y “Yo y el Padre uno somos” (Jn 14:9; Jn 10:30). Es por eso que los autores del Nuevo Testamento identificaban muchos pasajes del Antiguo Testamento en donde habla Jehová como refiriendo a Jesús Mismo antes de Su encarnación (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7; Isa 6:1-5,9-10, cf. Jn 12:37-41; Isa 45:22-24 cf. Fil 2:10-11; 1 Cor 10:1-4; 1 Cor 10:9; Judas 5). ¿Quién otro podría haber sido el Ángel de Jehová si no el Hijo de Dios antes de Su encarnación?
 
Génesis 48:15-16
 
Jacob, antes de morirse, siendo reunido con sus padres, mientras bendecía a los dos hijos de José dijo:
 
“Y bendijo a José, diciendo: El Dios (Elohim) en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios (Elohim) que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16 el Angel que me liberta de todo mal, bendiga (sing.) a estos jóvenes” (Gen 48:15-16)
 
Jacob, después de describir el único Jehová Elohim como el Dios de sus padres y Él que lo había pastoreado, el Ángel que lo había libertado de todo mal, concluyó diciendo en singular, “bendiga a estos jóvenes.” Su uso del singular, “que bendiga” en vez “bendigan,” indica que Dios y el Ángel de alguna manera son uno solo, y no dos.
 
Génesis 32:24-30
 
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Gen 32:24-30)
 
Jacob luchaba con alguien que aparentaba ser un hombre, pero llegó un momento cuando se dio cuenta de que no era un hombre ordinario. Dándose cuenta de que era Dios en forma de un hombre, él se negó a soltarlo hasta que lo bendijera. El Hombre lo bendijo, cambiando su nombre de Jacob que significa “suplantador,” a Israel, que significa “uno que prevalece con Dios,” diciendo que había luchado con Dios y con los hombres y vencido.
 
Aunque aquí el hombre no es positivamente identificado como el Ángel de Jehová, en Oseas 12, donde recuenta el mismo incidente, Él es identificado como el Ángel y Jehová Elohim que había aparecido en Bet-el. Repasando la vida de Jacob, dice:
 
“En el vientre tomó a su hermano por el calcañar, y en su madurez luchó con Dios. 4 Sí, luchó con el ángel y prevaleció, lloró y le pidió su ayuda; en Betel le encontró, y allí El habló con nosotros, 5 sí, Jehová, Dios (Jehová Elohim) de los ejércitos, el SEÑOR es su nombre.” (Oseas 12:3-5 LBLA)
 
Aquí, una vez más, es importante notar que cuando el Ángel de Jehová aparece, es en la forma de un hombre y no un ángel literal. Así que, es evidente que el término mal’ak está siendo utilizado en un sentido funcional como un mensajero, y no refiere a un ángel ontológico.
 
Éxodo 3:1
 
Casi todos están familiarizados con el incidente de la zarza que ardía cuando Dios le apareció a Moisés, pero pocos saben que el pasaje dice que fue el Ángel de Jehová quien le apareció. Leyendo la historia, uno puede observar una fusión del título “Ángel de Jehová” con Jehová y Dios (Elohim), y sin embargo a veces hace distinción, de la misma manera que vemos con Jesús, el Padre y el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. Observe como el Ángel de Jehová se refiere alternadamente como Jehová Mismo y a veces como Elohim:
 
“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2 Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4 Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios (Elohim) de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios (Elohim) de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a DIOS (Elohim). 7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios (Elohim) sobre este monte. 13 Dijo Moisés a Dios (Elohim: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros…16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios (Elohim) de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto…” (Ex 3:1-14,16)
 
De la misma manera que el Ángel de Jehová también es a veces llamado Jehová y Dios, vemos a Jesús o Emanuel (Dios con nosotros), a veces llamado Señor y a veces Dios después de Su encarnación – algo impensable si fuera simplemente un ser creado.
 
Nadie ha visto a Dios jamás, y sin embargo, vemos que Dios estaba visible en la zarza. En el versículo 16 Moisés dijo que fue Jehová Elohim quien le “apareció visiblemente” (Heb. ra’ah, “ser visto”) en la zarza. Por ese motivo, Moisés escondió su rostro para evitar verlo (v.6). Cuando las personas veían al Ángel de Jehová, se dice que habían visto a Dios Mismo (Gen 16:13; 32:30; Judges 13:22).  De la misma manera, se dice de Jesús que Él es la imagen visible del Dios invisible quien nadie ha visto ni puede ver, y por ese motivo Jesús pudo decir, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn 14:9). Estas referencias al Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento solo hacen sentido cuando vemos que Él era el divino Logos antes de Su encarnación, el Hijo de Dios revelando a Dios a los hombres.
 
También, como estaremos viendo en el siguiente blog, Jesús en muchas ocasiones se identificaba como el preexistente YO SOY quien aquí apareció a Moisés en la zarza. Ningún ángel creado se identificaría como el YO SOY, como vemos hacer aquí el Ángel de Jehová. Tampoco alguien ha tenido que quitarse el calzado de sus pies ante un ángel, diciendo que era tierra santa.
 
Jueces 6:11-27
 
“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. 13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Y mirándole (pahah “volteando”) Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. 17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. 18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas. 19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. 20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. 21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. 22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. 23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. 24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.” (Jueces 6:11-24)
 
Aquí otra vez, vemos a Jehová llegar a un sitio específico, debajo de la encina que está en Ofra, apareciendo a Gedeón en forma física en la persona del Ángel de Jehová. Gedeón hasta pidió a Jehová quedarse debajo de la encina mientras él fue a preparar una ofrenda de comida. Después, él pensó que iba a morir, sabiendo que nadie puede ver a Dios y vivir (Ex 33:20). Nadie en las Escrituras jamás pensaba que iba a morir después de ver un simple ángel.
 
Puede que algunos argumentan que nadie temía por su vida después de ver a Cristo durante Su ministerio terrenal como hacía al darse cuenta de que había estado en la presencia del Ángel de Jehová. Sin embargo, en la encarnación el Hijo de Dios se despojó de la gloria que antes tenía con el Padre, tomando forma de hombre (Fil 2:5-8; Jn 17:5).
 
Sin embargo, hubo un momento breve cuando Jesús reveló Su gloria. Cuando los soldados vinieron para llevarlo preso, Él les preguntó a quién buscaban. Cuando ellos le contestaron “Jesús de Nazaret” Jesús les respondió con el título divino, YO SOY (ego eimí), y los soldados cayeron a tierra (Jn 18:4-6). Solo una vislumbre de Su gloria velada fue suficiente para demostrar lo que Jesús había dicho previamente acerca de Su propia vida en Juan 10:18, “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.” Cuando Cristo apareció a Juan en Su gloria, él cayó a Sus pies como muerto, aunque Juan estaba en el Espíritu en ese momento (Rev 1:17).
 
La plena manifestación de Su gloria fue velada durante Su ministerio terrenal, como también estaba velada en diferentes grados en Sus Cristofanías como el Ángel de Jehová, permitiendo que los hombres Lo pudieran ver sin morir.
 
Jueces 13:6-23
 
“Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. 7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte. 8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9 Y Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella. 10 Y la mujer corrió prontamente a avisarle a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día. 11 Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y vino al varón y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él dijo: Yo soy. 12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él? 13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. 14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé. 15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito. 16 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová. 17 Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? 18 Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable? 19 Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer. 20 Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra. 21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque A DIOS (ELOHIM) HEMOS VISTO. 23 Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.” (Jueces 13:6-23)
 
Aquí el Ángel de Jehová apareció como un hombre, primero a la mujer que sería la madre de Sansón, y después apareció otra vez cuando su marido Manoa también estaba. Ellos notaron que Su aspecto era como el Ángel de Dios, pero no lo identificaron positivamente como el Ángel de Jehová hasta que Él ascendió en la llama del altar, así como hizo con Gedeón. Cuando Manoa vio que Él era el Ángel de Jehová, él dijo, Ciertamente moriremos, porque A DIOS HEMOS VISTO.” Es evidente que aquellos que tuvieron encuentros con el Ángel de Jehová de alguna manera entendían que era Dios Mismo y no simplemente un ángel que había venido en representación de Él.
 
Es más que significativo que cuando Manoa le preguntó cuál era Su nombre, Él respondió, “¿Por qué preguntas por mi nombre, que es Admirable? Para mí, esta respuesta era un misterio intencional, que más tarde nos ayudaría a identificar al Ángel de Jehová como el Cristo antes de Su encarnación. Isaías profetizó acerca de Su encarnación diciendo:
 
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
 
Así que, incluido entre los diferentes nombres dados al Mesías que son obviamente nombres divinos adicionales a Jesús y Emanuel (Dios con nosotros), encontramos el mismo nombre Admirable que le dio el Ángel de Jehová a Manoa cuando le preguntó por su nombre. Para mí es incomprensible, a la luz de todos estos nombres afirmando la plena deidad de Cristo, que algunos sigan negando que nuestro Señor Jesucristo es el Mismo Hijo de Dios encarnado.
 
También, aunque la afirmación de que el Ángel de Jehová es el Cristo del Nuevo Testamento no sea una prueba de la ortodoxia, para mí personalmente, mi visión de Cristo ha sido muy enriquecida por este entendimiento, y creo que el Señor diría a aquellos que nieguen que Él es Aquel que se manifestaba como el Ángel de Jehová anterior a Su encarnación, lo mismo que dijo una vez a los fariseos: “Escudriñad las Escrituras; porque ellas son las que dan testimonio de mí.”
 


[1] Un ejemplo del Logos siendo utilizado para referirse a una persona distinta dentro de la Deidad se encuentra en un comentario de Deuteronomio 32:39 en los Tárgum. Dice: “Cuando el Logos del Señor se revela para redimir a Su pueblo, Él dirá a todas las naciones: ‘He aquí Yo Soy Él quién es, quién era, y quién será, y no hay otro Dios más que Yo Mismo: Yo, en Mí Palabra, mato y vivifico; Yo mato a espada el pueblo de Beth Israel, y los sanaré al fin de los días; y no hay quién los libere de Mis manos.’” (Targ. PS.-J.)
 

[2] Cambridge Dictionary of Philosophy (2nd ed): Philo Judaeus, 1999
Adam Kamesar (2004). "The Logos Endiathetos and the Logos Prophorikos in Allegorical Interpretation: Philo and the D-Scholia to the Iliad" (PDF). Greek, Roman, and Byzantine Studies (GRBS)44: 163–81. Archived from the original (PDF) on 2015-05-07.

[3] John 1:18 tc The textual problem μονογενὴς θεός (monogenēs theos, “the only God”) versus ὁ μονογενὴς υἱός (ho monogenēs huios, “the only son”) is a notoriously difficult one. Only one letter would have differentiated the readings in the mss, since both words would have been contracted as nomina sacra: thus qMs or uMs. Externally, there are several variants, but they can be grouped essentially by whether they read θεός or υἱός. The majority of mss, especially the later ones (A C3 Θ Ψ ƒ1,13 M lat), read ὁ μονογενὴς υἱός. P75 א1 33 have ὁ μονογενὴς θεός, while the anarthrous μονογενὴς θεός is found in P66 א* B C* L. The articular θεός is almost certainly a scribal emendation to the anarthrous θεός, for θεός without the article is a much harder reading. The external evidence thus strongly supports μονογενὴς θεός. Internally, although υἱός fits the immediate context more readily, θεός is much more difficult. As well, θεός also explains the origin of the other reading (υἱός), because it is difficult to see why a scribe who found υἱός in the text he was copying would alter it to θεός. Scribes would naturally change the wording to υἱός however, since μονογενὴς υἱός is a uniquely Johannine christological title (cf. John 3:16181 John 4:9). But θεός as the older and more difficult reading is preferred. As for translation, it makes the most sense to see the word θεός as in apposition to μονογενής, and the participle ὁ ὤν (ho ōn) as in apposition to θεός, giving in effect three descriptions of Jesus rather than only two. (B. D. Ehrman, The Orthodox Corruption of Scripture, 81, suggests that it is nearly impossible and completely unattested in the NT for an adjective followed immediately by a noun that agrees in gender, number, and case, to be a substantival adjective: “when is an adjective ever used substantivally when it immediately precedes a noun of the same inflection?” This, however, is an overstatement. First, as Ehrman admits, μονογενής in John 1:14 is substantival. And since it is an established usage for the adjective in this context, one might well expect that the author would continue to use the adjective substantivally four verses later. Indeed, μονογενής is already moving toward a crystallized substantival adjective in the NT [cf. Luke 9:38Heb 11:17]; in patristic Greek, the process continued [cf. PGL 881 s.v. 7]. Second, there are several instances in the NT in which a substantival adjective is followed by a noun with which it has complete concord: cf., e.g., Rom 1:30Gal 3:91 Tim 1:92 Pet 2:5.) The modern translations which best express this are the NEB (margin) and TEV. Several things should be noted: μονογενής alone, without υἱός, can mean “only son,” “unique son,” “unique one,” etc. (see 1:14). Furthermore, θεός is anarthrous. As such it carries qualitative force much like it does in 1:1c, where θεὸς ἦν ὁ λόγος (theos ēn ho logos) means “the Word was fully God” or “the Word was fully of the essence of deity.” Finally, ὁ ὤν occurs in Rev 1:484:811:17; and 16:5, but even more significantly in the LXX of Exod 3:14. Putting all of this together leads to the translation given in the text.tn Or “The unique one.” For the meaning of μονογενής (monogenēs) see the note on “one and only” in 1:14.

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