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por George Sidney Hurd
Habiendo establecido de las Escrituras en el blog anterior que el Hijo de Dios ha existido eternamente, siendo Jehová el Todopoderoso, el YO SOY, sin principio de días, ni fin de vida, ahora podemos dirigir nuestra atención a los textos presentados por aquellos que intentan a negar Su eterna preexistencia. Dado que los Cristadelfianos, que niegan que el Hijo existía antes de la encarnación, interpretan la mayoría de estos textos de manera distinta a los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, voy a considerar sus interpretaciones distintas lado a lado.
Apocalipsis 3:14 “El principio de la creación de Dios”
“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios (η αρχη της κτισεως του θεου), dice esto.” (Apo 3:14)
Todos estos grupos tienen su propia manera de traducir la frase, “el principio de la creación de Dios (η αρχη της κτισεως του θεου).”
Los Testigos de Jehová, en su Traducción del Nuevo Mundo, traducen correctamente el primer genitivo en la frase como “de la creación,” solo para después traducir el segundo genitivo “de Dios (του θεου)” como “por Dios,” para hacer que Jesús aparentara estar diciendo que fue creado por Dios. Pero el sustantivo του θεου aparece en la forma genitiva, no en la forma instrumental, y, por lo tanto, la frase debe ser traducida “de la creación de Dios.”
A. E. Knoch traduce η αρχη της κτισεως του θεου como “el creativo original de Dios.” Sin querer ser guasón, tengo que decir que es su paráfrasis lo que es un creativo original, en vez de ser una traducción literal. Su traducción es de acuerdo con su creencia de que el Hijo de Dios es nada más una criatura única, siendo el primero y más sublime de todas las criaturas de Dios.
Los Cristadelfianos no pueden decir que el Hijo literalmente fue el primer ser creado, dado que creen que ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María. Por lo tanto, tienen que ir en contra de todo consenso, diciendo que Cristo es el principio de la nueva creación de Dios, en vez de entender a Jesús como aquí refiriéndose a la creación original. Aquí cito su explicación de este versículo: “Cristo es el comienzo de esta nueva creación de Dios (Apo 3:14), abriendo un camino en el cual sus seguidores también pueden alcanzar, porque lo que él es hoy, ellos pueden llegar a ser.” [1](énfasis mío). Aunque es cierto que Cristo está haciendo nuevas todas las cosas, cuando Él habla de la nueva creación, Él la llama como tal (Apo 21:1,5; 2Cor 5:17; Gal 6:15). Leer “Yo soy el principio de la creación de Dios” como si dijera “Yo soy el principio de la nueva creación de Dios,” es añadir al texto lo que no está diciendo.
Sin embargo, si dejamos que las Escrituras interpreten las Escrituras, llega a ser evidente de que, aquí en la Apocalipsis de Juan, Jesús se está refiriéndose a Sí mismo como la fuente de origen no creada de toda la creación, el Todopoderoso (Apo 1:8), el Verbo eterno (Apo 19:13), en vez de decir nada más que Él es el primer ser creado. Vemos en las Escrituras que antes de las épocas (antes de la creación del tiempo/espacio) el Padre hizo las épocas por el Hijo, y que el Hijo sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Heb 1:1-3; Col 1:17). También vemos en Juan 1:1-3 que en el principio el Verbo ya existía, siendo Él Mismo Dios, y que “todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo ha sido hecho, fue hecho.”
También vemos en Colosenses 1:16 que todas las cosas fueron creadas en Él, sean visibles o invisibles. Solo del infinitamente inmenso omnipresente Hijo de Dios es posible decir que todas las cosas fueron creadas en Él. Solamente del infinito Dios podría decir Salomon: “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener” (1 Reyes 8:27).
Por lo tanto, ἡ ἀρχή en este contexto no puede significar “el principio” en el sentido del primero creado, dado que Él existía antes de Su creación y Él se extiende infinitamente más allá de sus límites. Aquí ἀρχή expresa que Él es el principio activo de la creación, Él que causó la creación. Habla de Su preeminencia y prioridad sobre la creación de Dios, así como vemos su papel de Creador expresado en los otros pasajes del Nuevo Testamento anteriormente citados. Según The Complete Word Study Dictionary, cuando ἀρχή es utilizada como una metonimia de personas, así como vemos aquí, expresa prioridad y preeminencia. [2]
Vimos en el blog anterior que Jesús es el Todopoderoso, el Jehová Elohim del Antiguo Testamento. Para aquellos que argumentan que el Hijo fue creado como un dios después, Jehová es muy enfático, diciéndole a Su pueblo Israel:
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι); antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.” (Isa 43:10)
Aunque ha habido algunos hombres y ángeles que han sido designados como dioses por Jehová, en su caso es nada más una posición de autoridad delegada. Jehová, el YO SOY, de manera muy enfática declara que jamás ha sido creado otro dios aparte de Él, ni después de Él. Solo existe un verdadero Dios, y, tanto el Padre como el Hijo forman parte de este único verdadero Dios (Jn 17:3, cf., 1Jn 5:20). Dios es uno, pero esa unidad es una unidad compleja. Como dijo Jesús: “Yo y el Padre uno somos.” (Jn 10:30). Es por eso que Él pudo decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9). Son distintos, y, sin embargo, uno, en vez de ser dos Dioses separados.
Colosenses 1:15-17 “Él es…el primogénito de toda creación”
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 PORQUE en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:15-17)
La palabra “primogénito” es de la palabra compuesta πρωτοτοκος (prototokos), de protos, que significa “primero” and tikto, “producir.” Literalmente significa “el primero producido.” De esa palabra derivamos nuestra palabra “prototipo.” A menudo se usaba en sentido literal para referirse al primero nacido.
A. E. Knoch tuvo una manera única de aplicar este término aquí. Mientras que él creía que el Hijo de Dios era el primer ser creado, él no lo entendía como un nacimiento, y eso lo dejó con un dilema. Él intenta resolverlo dividiendo proto de tokos. Lo que sigue es su intento ingenuo de explicar el significado de πρωτοτοκος o primogénito:
“No necesariamente significa que Él era el primero en nacer. Había muchos hijos de Dios antes de Su generación como un hombre. Él es el primero en referencia a la creación y unigénito en cuanto a generación.” (énfasis mío) [3]
Así que, según Knoch, “primo” tiene referencia a Su creación, y “génito” refiere a Su concepción en el vientre de María muchos siglos después. Pero dividiendo la palabra “primogénito” de esta manera es algo único a él y es un gran estirón de la lógica, por decir lo menos.
Mientras el término “primogénito” a menudo fue usado en su sentido literal, al hijo primogénito entre los judíos le pertenecía la primogenitura la cual le dio una posición de privilegio y autoridad legal sobre los otros miembros de la familia. Con el tiempo, la palabra llegó a ser utilizada figurativamente de una posición de autoridad y preeminencia, sin relación al nacimiento de la persona.
Por ejemplo, Dios dijo acerca del Mesías venidero, el Hijo de David: “Yo también le pondré por primogénito” (Sal 89:27). Aquí vemos la palabra “unigénito” usado figurativamente de Cristo el Hijo de David cuando es puesto en una posición de preeminencia como Rey de reyes y Señor de señores. No está siendo utilizado con referencia a Su nacimiento, sino a Su exaltación al comienzo del reino Milenial. (Otros ejemplos donde πρωτοτοκος es empleado en este sentido sin referencia a un nacimiento literal son: Rom 8:29; Col 1:18; Heb 1:6, y posiblemente Heb 12:23).
Si todavía quedara alguna duda acerca de lo que significa decir que Cristo es el primogénito de toda la creación, Pablo explica lo que quería decir en el versículo 16 y adelante, introducido con un “porque” explicativo:
“…el primogénito de toda creación. 16 PORQUE en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:15b-17)
Claramente, en luz de estas palabras explicativas, el término “primogénito” en Colosenses 1:15 tiene que ser entendido únicamente en el sentido de existir anteriormente y de ser preeminente sobre todas las cosas creadas, en vez de que el Hijo Mismo hubiera sido de algún modo creado o haber nacido.
Los Cristadelfianos reconocen este significado del término “primogénito,” y lo aplican aquí, dado que creen que Cristo ni siquiera existía antes de Su concepción en el vientre de María. Como no creen que el Hijo existía en el tiempo de la creación, tienen que argumentar que Colosenses 1 no se está refiriendo a la creación original, sino a la nueva creación, así como hacen con Apocalipsis 3:14. Sin embargo, hay varios problemas con intentar hacer que Colosenses 1 se refiera a la nueva creación.
En primer lugar, esta creación es descrita en tiempo pasado, refiriendo a una creación que ya había ocurrido, mientras que la nueva creación actualmente está en proceso, y no terminará hasta que se finalice los tiempos de la restauración de todos, cuando todos finalmente habrán sido vivificados y sujetos a Cristo, resultando en que Dios sea todo en todos en la eternidad (Hch 3:21; 1Cor 15:22,28).
También en el versículo 17 vemos que, no solamente fueron creadas todas las cosas en, por medio de, y para Él (tiempo pasado), sino que en este tiempo estas mismas “todas las cosas” subsisten o permanecen unidas (συνιστάω). Hebreos elabora más, diciendo que Él “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb 1:3). Esto explica el misterio científico del poder inmenso que mantiene unidos todos los átomos del universo.
No solamente habla aquí de la creación de todas las cosas en tiempo pasado, sino que vemos que esa misma creación, consistiendo de todas las cosas visibles e invisibles en el cielo y en la tierra, había llegado a estar alejados de Dios y en enemistad con Él, requiriendo reconciliación:
“por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:19-20)
Aquí vemos que Dios envió a Su Hijo para reconciliar por Su propia sangre las mismas “todas las cosas” que Cristo originalmente creó en los versículos 15-17, pero habían llegado a estar alienados por la caída. En la dispensación final del cumplimiento de los tiempos, toda la creación, tanto en el cielo, como en la tierra, estarán otra vez reunidos en Cristo, llegando a ser parte de Su nueva creación (Ef 1:10; 2Cor 5:17).
Claramente, el término “primogénito” en este texto expresa figurativamente la preeminencia de Cristo sobre la creación, en vez de estar diciendo que Él de alguna manera literalmente nació antes del comienzo de la creación. Colosenses 1 presenta al Hijo como el Creador, Sustentador y Reconciliador de toda la creación, así como lo vemos presentado a través del resto del Nuevo Testamento.
Juan 3:16 “Su Hijo unigénito”
Tanto los Cristadelfianos como los seguidores de Knoch entienden “Hijo unigénito” como refiriéndose al nacimiento físico del Hijo de Dios por María en Belén. Sin embargo, esto es resultado de una equivocación de los traductores del siglo XVI acerca de la etimología de la palabra μονογενής (monogenes), traducido “unigénito” en la Versión Autorizada.
Cuando la Versión Autorizada fue traducida, pensaban que μονογενής era compuesta de μόνος, “único” and γεννάω, “engendrar o procrear.” Pero conforme descubrieron y examinaron más manuscritos griegos extrabíblicos, llegó a ser evidente que μονογενής consiste de μόνος y γένος, que significa “tipo o especie” en vez de γεννάω, “engendrar.” Por lo tanto, una lectura más correcta sería, “Su Hijo único.”
Aun la Reina Valera tradujo μονογενής correctamente como “único” en casi toda instancia, excepto cuando estaba refiriendo al Hijo de Dios (“único” Lu 7:12; 8:42; 9:38, cf. “unigénito” Jn 1:14,18; 3:16,18; 1Jn 4:9; Heb 11:17). La única vez que tradujeron μονογενής como “unigénito” refiriendo a alguien aparte de Jesús, es en Hebreos 11:17 donde claramente es una mala traducción, dado que llama a Isaac, hijo de Abraham su hijo unigénito, cuando en realidad Isaac no era su unigénito, dado que también tenía a Ismael. Aquí es obvio que la lectura correcta es “tu hijo único,” i.e., el único hijo de la promesa. La mayoría de las traducciones más recientes han corregido este error, consistentemente traduciendo μονογενής como “único.”
Es obvio que, si el Verbo que llegó a ser carne en la encarnación era en el principio con Dios, siendo Él Mismo Dios, sin principio de días, ni fin de vida (Jn 1:1,14; Heb 7:3), Él no literalmente llegó a existir por ser engendrado como el Hijo de Dios en Belén, sino que siempre ha existido como el Hijo único de Dios. Dentro de la Deidad los títulos Padre e Hijo no hablan de generación por reproducción, sino de la relación económica compartido entre ellos.
Hebreos 1:5 “Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy”
Este versículo es citado del Salmo 2:7, refiriendose a Cristo, y es presentado como evidencia de que Él no era el Hijo de Dios antes de Su nacimiento en Belén. Sin embargo, Lucas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, indicó que el Padre había declarado esto acerca de Cristo referente a Su resurrección, siendo de manera figurativa el primero nacido de entre los muertos en la resurrección (Col 1:18). Lucas dice:
“la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.” (Hch 13:33)
El Salmo 2:7 no puede estar refiriendose a la resurrección de Cristo y a la vez tener referencia a Su nacimiento. Igualmente equivocada es la creencia de que este Salmo habla de un tal “generación eterna” del Hijo de Dios por el decreto eterno de Dios.
Génesis 3:15 “la simiente de la mujer”
Este argumento final que voy a estar considerando en este blog es presentado por los Cristadelfianos en contra de la existencia de Cristo antes de Su concepción en el vientre de María. Ellos demuestran una falta de entendimiento fundamental de la enseñanza bíblica acerca de la encarnación del Hijo de Dios. Ellos expresan su argumento de la siguiente manera: “Si Cristo preexistía, ¿cómo pudo haber sido descrito como ‘la semilla de la mujer?’” [4]
Esto ignora el hecho de que el Verbo eterno, siendo Dios el Hijo, fue hecho carne, siendo nacido de mujer, y habitó entre nosotros (Jn 1:14; Gal 4:4). Él no llegó a existir nueve meses antes de nacer en Belén – Él ya existía antes de tomar carne. Se dice del Hijo antes de Su encarnación que Él fue enviado y que Él vino al mundo. No es posible decir de un ser no existente que él fue enviado, o que él vino.
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” (Gal 4:4)
“Por lo cual, entrando (participio presente) en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Heb 10:5-7)
No dice que Dios “concibió” a un Hijo, sino que Él lo “envió.” El hecho de que Él aquí está conversando con el Padre antes de Su encarnación cuando Él fue enviado por el Padre, y que Él vino al mundo para hacer la voluntad del Padre por Su propia voluntad, requiere que Él tuviera una existencia consciente antes de haber nacido de mujer. En Mateo 20:28, Jesús dijo que Él vino con un propósito – a servir y a dar Su vida en rescate por muchos. Esto requiere una existencia previa.
En Filipenses 2 vemos que, antes de venir a semejanza de hombre, Él existía en la forma de Dios. Pero en vez de aferrarse a Su posición de igualdad con Dios, Él se despojó de Sí Mismo, tomando sobre Sí todas las limitaciones de un cuerpo de carne:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:5-8)
Aquí lo vemos presentado como existiendo en forma de Dios. Entonces, Él se despojó a Sí Mismo al tomar forma de siervo, en semejanza a los hombres y en condición de hombre. Él vino a servir y dar Su vida en rescate por los hombres. Para poder hacer eso, le fue necesario encarnarse en forma de hombre como nuestro Pariente Redentor. Nada de lo expresado en Filipenses 2:5-8 tiene sentido si Él no había existido como Dios antes de tomar para Sí Mismo un cuerpo de carne.
Así que, en respuesta a su pregunta: “Si Cristo preexistía, ¿cómo pudo haber sido descrito como ‘la semilla de la mujer?’” les preguntaría: “¿De qué otra forma podría Él haber llegado a ser nuestro Salvador y Pariente Redentor? Para que el Hijo de Dios sea nuestro Salvador, Él tuvo que ser plenamente Dios, y a la vez plenamente humano. Él era plenamente divino como el Hijo de Dios y a la vez plenamente humano como la simiente de la mujer, nacido de la simiente de David según la carne (Rom 1:3-4). Aunque Él existía en forma de Dios, el Padre envió a Su Hijo único a nacer de una mujer según la carne. Sin embargo, Él nunca dejó de ser Dios – Él simplemente tomó sobre Sí la semejanza de carne de pecado, pero sin pecar:
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.” (Rom 8:3)
Dios el Hijo tuvo que tomar sobre Sí carne a causa del pecado – no Su propio pecado, sino a causa de los pecados del mundo de la humanidad. Quizás el niño Jesús que nació en un pesebre pudo haberse parecido cualquier bebé recién nacido. Sin embargo, al profeta Isaías le fue revelado que Él era en realidad Emanuel o “Dios con nosotros” (Isa 7:14; Mt 1:23). Él también dijo de Él:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
Conclusión
Habiendo examinado cinco de los textos principales utilizados para negar que el Hijo de Dios es coeterno con el Padre, llega a ser evidente que, cuando son bien entendidos, ellos de ninguna manera contradicen la revelación universal de las Escrituras acerca de la preexistencia eterna del Hijo.
Sin embargo, los Cristadelfianos hasta enseñan que, para tener la vida eterna, es necesario negar que Cristo el Hijo de Dios es coigual y coeterno con el Padre, dado que, para ellos, solamente el Padre es el verdadero Dios. En el próximo blog voy a considerar los textos que usan para sustentar esta afirmación.
[1] christadelphia.org “Jesus Did Not Pre-Exist”
[2] The Complete Word Study Dictionary: New Testament, ἀρχή, NT:746:
(VII) Spoken by metonymy of persons indicating not time but priority and preeminence (Col 1:18, "who is the beginning," meaning the ruler). See prœtótokos
(4416), firstborn; Sept.: Gen 49:3; Deut 21:17. In Rev 1:8; 21:6; 22:13, "the beginning and the end" means the first and the last indicating the One who created the beginning and the One who will bring about the end of what He originally created, not through elimination but change. In Rev 3:14, "the beginning of the creation" means the active beginning of the creation, the One who caused the creation, referring to Jesus Christ not as a created being, but the One who created all things (John 1:3).
The Complete Word Study Dictionary: New Testament © 1992 by AMG International, Inc. Revised Edition, 1993)
[3] A. E. Knoch, Sons of God
[4] christadelphia.org “Jesus Did Not Pre-Exist”
Habiendo establecido de las Escrituras en el blog anterior que el Hijo de Dios ha existido eternamente, siendo Jehová el Todopoderoso, el YO SOY, sin principio de días, ni fin de vida, ahora podemos dirigir nuestra atención a los textos presentados por aquellos que intentan a negar Su eterna preexistencia. Dado que los Cristadelfianos, que niegan que el Hijo existía antes de la encarnación, interpretan la mayoría de estos textos de manera distinta a los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, voy a considerar sus interpretaciones distintas lado a lado.
Apocalipsis 3:14 “El principio de la creación de Dios”
“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios (η αρχη της κτισεως του θεου), dice esto.” (Apo 3:14)
Todos estos grupos tienen su propia manera de traducir la frase, “el principio de la creación de Dios (η αρχη της κτισεως του θεου).”
Los Testigos de Jehová, en su Traducción del Nuevo Mundo, traducen correctamente el primer genitivo en la frase como “de la creación,” solo para después traducir el segundo genitivo “de Dios (του θεου)” como “por Dios,” para hacer que Jesús aparentara estar diciendo que fue creado por Dios. Pero el sustantivo του θεου aparece en la forma genitiva, no en la forma instrumental, y, por lo tanto, la frase debe ser traducida “de la creación de Dios.”
A. E. Knoch traduce η αρχη της κτισεως του θεου como “el creativo original de Dios.” Sin querer ser guasón, tengo que decir que es su paráfrasis lo que es un creativo original, en vez de ser una traducción literal. Su traducción es de acuerdo con su creencia de que el Hijo de Dios es nada más una criatura única, siendo el primero y más sublime de todas las criaturas de Dios.
Los Cristadelfianos no pueden decir que el Hijo literalmente fue el primer ser creado, dado que creen que ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María. Por lo tanto, tienen que ir en contra de todo consenso, diciendo que Cristo es el principio de la nueva creación de Dios, en vez de entender a Jesús como aquí refiriéndose a la creación original. Aquí cito su explicación de este versículo: “Cristo es el comienzo de esta nueva creación de Dios (Apo 3:14), abriendo un camino en el cual sus seguidores también pueden alcanzar, porque lo que él es hoy, ellos pueden llegar a ser.” [1](énfasis mío). Aunque es cierto que Cristo está haciendo nuevas todas las cosas, cuando Él habla de la nueva creación, Él la llama como tal (Apo 21:1,5; 2Cor 5:17; Gal 6:15). Leer “Yo soy el principio de la creación de Dios” como si dijera “Yo soy el principio de la nueva creación de Dios,” es añadir al texto lo que no está diciendo.
Sin embargo, si dejamos que las Escrituras interpreten las Escrituras, llega a ser evidente de que, aquí en la Apocalipsis de Juan, Jesús se está refiriéndose a Sí mismo como la fuente de origen no creada de toda la creación, el Todopoderoso (Apo 1:8), el Verbo eterno (Apo 19:13), en vez de decir nada más que Él es el primer ser creado. Vemos en las Escrituras que antes de las épocas (antes de la creación del tiempo/espacio) el Padre hizo las épocas por el Hijo, y que el Hijo sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Heb 1:1-3; Col 1:17). También vemos en Juan 1:1-3 que en el principio el Verbo ya existía, siendo Él Mismo Dios, y que “todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo ha sido hecho, fue hecho.”
También vemos en Colosenses 1:16 que todas las cosas fueron creadas en Él, sean visibles o invisibles. Solo del infinitamente inmenso omnipresente Hijo de Dios es posible decir que todas las cosas fueron creadas en Él. Solamente del infinito Dios podría decir Salomon: “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener” (1 Reyes 8:27).
Por lo tanto, ἡ ἀρχή en este contexto no puede significar “el principio” en el sentido del primero creado, dado que Él existía antes de Su creación y Él se extiende infinitamente más allá de sus límites. Aquí ἀρχή expresa que Él es el principio activo de la creación, Él que causó la creación. Habla de Su preeminencia y prioridad sobre la creación de Dios, así como vemos su papel de Creador expresado en los otros pasajes del Nuevo Testamento anteriormente citados. Según The Complete Word Study Dictionary, cuando ἀρχή es utilizada como una metonimia de personas, así como vemos aquí, expresa prioridad y preeminencia. [2]
Vimos en el blog anterior que Jesús es el Todopoderoso, el Jehová Elohim del Antiguo Testamento. Para aquellos que argumentan que el Hijo fue creado como un dios después, Jehová es muy enfático, diciéndole a Su pueblo Israel:
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι); antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.” (Isa 43:10)
Aunque ha habido algunos hombres y ángeles que han sido designados como dioses por Jehová, en su caso es nada más una posición de autoridad delegada. Jehová, el YO SOY, de manera muy enfática declara que jamás ha sido creado otro dios aparte de Él, ni después de Él. Solo existe un verdadero Dios, y, tanto el Padre como el Hijo forman parte de este único verdadero Dios (Jn 17:3, cf., 1Jn 5:20). Dios es uno, pero esa unidad es una unidad compleja. Como dijo Jesús: “Yo y el Padre uno somos.” (Jn 10:30). Es por eso que Él pudo decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9). Son distintos, y, sin embargo, uno, en vez de ser dos Dioses separados.
Colosenses 1:15-17 “Él es…el primogénito de toda creación”
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 PORQUE en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:15-17)
La palabra “primogénito” es de la palabra compuesta πρωτοτοκος (prototokos), de protos, que significa “primero” and tikto, “producir.” Literalmente significa “el primero producido.” De esa palabra derivamos nuestra palabra “prototipo.” A menudo se usaba en sentido literal para referirse al primero nacido.
A. E. Knoch tuvo una manera única de aplicar este término aquí. Mientras que él creía que el Hijo de Dios era el primer ser creado, él no lo entendía como un nacimiento, y eso lo dejó con un dilema. Él intenta resolverlo dividiendo proto de tokos. Lo que sigue es su intento ingenuo de explicar el significado de πρωτοτοκος o primogénito:
“No necesariamente significa que Él era el primero en nacer. Había muchos hijos de Dios antes de Su generación como un hombre. Él es el primero en referencia a la creación y unigénito en cuanto a generación.” (énfasis mío) [3]
Así que, según Knoch, “primo” tiene referencia a Su creación, y “génito” refiere a Su concepción en el vientre de María muchos siglos después. Pero dividiendo la palabra “primogénito” de esta manera es algo único a él y es un gran estirón de la lógica, por decir lo menos.
Mientras el término “primogénito” a menudo fue usado en su sentido literal, al hijo primogénito entre los judíos le pertenecía la primogenitura la cual le dio una posición de privilegio y autoridad legal sobre los otros miembros de la familia. Con el tiempo, la palabra llegó a ser utilizada figurativamente de una posición de autoridad y preeminencia, sin relación al nacimiento de la persona.
Por ejemplo, Dios dijo acerca del Mesías venidero, el Hijo de David: “Yo también le pondré por primogénito” (Sal 89:27). Aquí vemos la palabra “unigénito” usado figurativamente de Cristo el Hijo de David cuando es puesto en una posición de preeminencia como Rey de reyes y Señor de señores. No está siendo utilizado con referencia a Su nacimiento, sino a Su exaltación al comienzo del reino Milenial. (Otros ejemplos donde πρωτοτοκος es empleado en este sentido sin referencia a un nacimiento literal son: Rom 8:29; Col 1:18; Heb 1:6, y posiblemente Heb 12:23).
Si todavía quedara alguna duda acerca de lo que significa decir que Cristo es el primogénito de toda la creación, Pablo explica lo que quería decir en el versículo 16 y adelante, introducido con un “porque” explicativo:
“…el primogénito de toda creación. 16 PORQUE en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:15b-17)
Claramente, en luz de estas palabras explicativas, el término “primogénito” en Colosenses 1:15 tiene que ser entendido únicamente en el sentido de existir anteriormente y de ser preeminente sobre todas las cosas creadas, en vez de que el Hijo Mismo hubiera sido de algún modo creado o haber nacido.
Los Cristadelfianos reconocen este significado del término “primogénito,” y lo aplican aquí, dado que creen que Cristo ni siquiera existía antes de Su concepción en el vientre de María. Como no creen que el Hijo existía en el tiempo de la creación, tienen que argumentar que Colosenses 1 no se está refiriendo a la creación original, sino a la nueva creación, así como hacen con Apocalipsis 3:14. Sin embargo, hay varios problemas con intentar hacer que Colosenses 1 se refiera a la nueva creación.
En primer lugar, esta creación es descrita en tiempo pasado, refiriendo a una creación que ya había ocurrido, mientras que la nueva creación actualmente está en proceso, y no terminará hasta que se finalice los tiempos de la restauración de todos, cuando todos finalmente habrán sido vivificados y sujetos a Cristo, resultando en que Dios sea todo en todos en la eternidad (Hch 3:21; 1Cor 15:22,28).
También en el versículo 17 vemos que, no solamente fueron creadas todas las cosas en, por medio de, y para Él (tiempo pasado), sino que en este tiempo estas mismas “todas las cosas” subsisten o permanecen unidas (συνιστάω). Hebreos elabora más, diciendo que Él “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb 1:3). Esto explica el misterio científico del poder inmenso que mantiene unidos todos los átomos del universo.
No solamente habla aquí de la creación de todas las cosas en tiempo pasado, sino que vemos que esa misma creación, consistiendo de todas las cosas visibles e invisibles en el cielo y en la tierra, había llegado a estar alejados de Dios y en enemistad con Él, requiriendo reconciliación:
“por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:19-20)
Aquí vemos que Dios envió a Su Hijo para reconciliar por Su propia sangre las mismas “todas las cosas” que Cristo originalmente creó en los versículos 15-17, pero habían llegado a estar alienados por la caída. En la dispensación final del cumplimiento de los tiempos, toda la creación, tanto en el cielo, como en la tierra, estarán otra vez reunidos en Cristo, llegando a ser parte de Su nueva creación (Ef 1:10; 2Cor 5:17).
Claramente, el término “primogénito” en este texto expresa figurativamente la preeminencia de Cristo sobre la creación, en vez de estar diciendo que Él de alguna manera literalmente nació antes del comienzo de la creación. Colosenses 1 presenta al Hijo como el Creador, Sustentador y Reconciliador de toda la creación, así como lo vemos presentado a través del resto del Nuevo Testamento.
Juan 3:16 “Su Hijo unigénito”
Tanto los Cristadelfianos como los seguidores de Knoch entienden “Hijo unigénito” como refiriéndose al nacimiento físico del Hijo de Dios por María en Belén. Sin embargo, esto es resultado de una equivocación de los traductores del siglo XVI acerca de la etimología de la palabra μονογενής (monogenes), traducido “unigénito” en la Versión Autorizada.
Cuando la Versión Autorizada fue traducida, pensaban que μονογενής era compuesta de μόνος, “único” and γεννάω, “engendrar o procrear.” Pero conforme descubrieron y examinaron más manuscritos griegos extrabíblicos, llegó a ser evidente que μονογενής consiste de μόνος y γένος, que significa “tipo o especie” en vez de γεννάω, “engendrar.” Por lo tanto, una lectura más correcta sería, “Su Hijo único.”
Aun la Reina Valera tradujo μονογενής correctamente como “único” en casi toda instancia, excepto cuando estaba refiriendo al Hijo de Dios (“único” Lu 7:12; 8:42; 9:38, cf. “unigénito” Jn 1:14,18; 3:16,18; 1Jn 4:9; Heb 11:17). La única vez que tradujeron μονογενής como “unigénito” refiriendo a alguien aparte de Jesús, es en Hebreos 11:17 donde claramente es una mala traducción, dado que llama a Isaac, hijo de Abraham su hijo unigénito, cuando en realidad Isaac no era su unigénito, dado que también tenía a Ismael. Aquí es obvio que la lectura correcta es “tu hijo único,” i.e., el único hijo de la promesa. La mayoría de las traducciones más recientes han corregido este error, consistentemente traduciendo μονογενής como “único.”
Es obvio que, si el Verbo que llegó a ser carne en la encarnación era en el principio con Dios, siendo Él Mismo Dios, sin principio de días, ni fin de vida (Jn 1:1,14; Heb 7:3), Él no literalmente llegó a existir por ser engendrado como el Hijo de Dios en Belén, sino que siempre ha existido como el Hijo único de Dios. Dentro de la Deidad los títulos Padre e Hijo no hablan de generación por reproducción, sino de la relación económica compartido entre ellos.
Hebreos 1:5 “Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy”
Este versículo es citado del Salmo 2:7, refiriendose a Cristo, y es presentado como evidencia de que Él no era el Hijo de Dios antes de Su nacimiento en Belén. Sin embargo, Lucas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, indicó que el Padre había declarado esto acerca de Cristo referente a Su resurrección, siendo de manera figurativa el primero nacido de entre los muertos en la resurrección (Col 1:18). Lucas dice:
“la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.” (Hch 13:33)
El Salmo 2:7 no puede estar refiriendose a la resurrección de Cristo y a la vez tener referencia a Su nacimiento. Igualmente equivocada es la creencia de que este Salmo habla de un tal “generación eterna” del Hijo de Dios por el decreto eterno de Dios.
Génesis 3:15 “la simiente de la mujer”
Este argumento final que voy a estar considerando en este blog es presentado por los Cristadelfianos en contra de la existencia de Cristo antes de Su concepción en el vientre de María. Ellos demuestran una falta de entendimiento fundamental de la enseñanza bíblica acerca de la encarnación del Hijo de Dios. Ellos expresan su argumento de la siguiente manera: “Si Cristo preexistía, ¿cómo pudo haber sido descrito como ‘la semilla de la mujer?’” [4]
Esto ignora el hecho de que el Verbo eterno, siendo Dios el Hijo, fue hecho carne, siendo nacido de mujer, y habitó entre nosotros (Jn 1:14; Gal 4:4). Él no llegó a existir nueve meses antes de nacer en Belén – Él ya existía antes de tomar carne. Se dice del Hijo antes de Su encarnación que Él fue enviado y que Él vino al mundo. No es posible decir de un ser no existente que él fue enviado, o que él vino.
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” (Gal 4:4)
“Por lo cual, entrando (participio presente) en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Heb 10:5-7)
No dice que Dios “concibió” a un Hijo, sino que Él lo “envió.” El hecho de que Él aquí está conversando con el Padre antes de Su encarnación cuando Él fue enviado por el Padre, y que Él vino al mundo para hacer la voluntad del Padre por Su propia voluntad, requiere que Él tuviera una existencia consciente antes de haber nacido de mujer. En Mateo 20:28, Jesús dijo que Él vino con un propósito – a servir y a dar Su vida en rescate por muchos. Esto requiere una existencia previa.
En Filipenses 2 vemos que, antes de venir a semejanza de hombre, Él existía en la forma de Dios. Pero en vez de aferrarse a Su posición de igualdad con Dios, Él se despojó de Sí Mismo, tomando sobre Sí todas las limitaciones de un cuerpo de carne:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:5-8)
Aquí lo vemos presentado como existiendo en forma de Dios. Entonces, Él se despojó a Sí Mismo al tomar forma de siervo, en semejanza a los hombres y en condición de hombre. Él vino a servir y dar Su vida en rescate por los hombres. Para poder hacer eso, le fue necesario encarnarse en forma de hombre como nuestro Pariente Redentor. Nada de lo expresado en Filipenses 2:5-8 tiene sentido si Él no había existido como Dios antes de tomar para Sí Mismo un cuerpo de carne.
Así que, en respuesta a su pregunta: “Si Cristo preexistía, ¿cómo pudo haber sido descrito como ‘la semilla de la mujer?’” les preguntaría: “¿De qué otra forma podría Él haber llegado a ser nuestro Salvador y Pariente Redentor? Para que el Hijo de Dios sea nuestro Salvador, Él tuvo que ser plenamente Dios, y a la vez plenamente humano. Él era plenamente divino como el Hijo de Dios y a la vez plenamente humano como la simiente de la mujer, nacido de la simiente de David según la carne (Rom 1:3-4). Aunque Él existía en forma de Dios, el Padre envió a Su Hijo único a nacer de una mujer según la carne. Sin embargo, Él nunca dejó de ser Dios – Él simplemente tomó sobre Sí la semejanza de carne de pecado, pero sin pecar:
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.” (Rom 8:3)
Dios el Hijo tuvo que tomar sobre Sí carne a causa del pecado – no Su propio pecado, sino a causa de los pecados del mundo de la humanidad. Quizás el niño Jesús que nació en un pesebre pudo haberse parecido cualquier bebé recién nacido. Sin embargo, al profeta Isaías le fue revelado que Él era en realidad Emanuel o “Dios con nosotros” (Isa 7:14; Mt 1:23). Él también dijo de Él:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
Conclusión
Habiendo examinado cinco de los textos principales utilizados para negar que el Hijo de Dios es coeterno con el Padre, llega a ser evidente que, cuando son bien entendidos, ellos de ninguna manera contradicen la revelación universal de las Escrituras acerca de la preexistencia eterna del Hijo.
Sin embargo, los Cristadelfianos hasta enseñan que, para tener la vida eterna, es necesario negar que Cristo el Hijo de Dios es coigual y coeterno con el Padre, dado que, para ellos, solamente el Padre es el verdadero Dios. En el próximo blog voy a considerar los textos que usan para sustentar esta afirmación.
[1] christadelphia.org “Jesus Did Not Pre-Exist”
[2] The Complete Word Study Dictionary: New Testament, ἀρχή, NT:746:
(VII) Spoken by metonymy of persons indicating not time but priority and preeminence (Col 1:18, "who is the beginning," meaning the ruler). See prœtótokos
(4416), firstborn; Sept.: Gen 49:3; Deut 21:17. In Rev 1:8; 21:6; 22:13, "the beginning and the end" means the first and the last indicating the One who created the beginning and the One who will bring about the end of what He originally created, not through elimination but change. In Rev 3:14, "the beginning of the creation" means the active beginning of the creation, the One who caused the creation, referring to Jesus Christ not as a created being, but the One who created all things (John 1:3).
The Complete Word Study Dictionary: New Testament © 1992 by AMG International, Inc. Revised Edition, 1993)
[3] A. E. Knoch, Sons of God
[4] christadelphia.org “Jesus Did Not Pre-Exist”
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por George Sidney Hurd
¿Es el Hijo de Dios eterno, como ha creído la Iglesia desde su comienzo, o hubo un tiempo cuando Él no existía? Esa es la pregunta que espero responder de las Escrituras en este blog.
Hay unas versiones modernas del Arrianismo del siglo III, como los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, que dicen que el Hijo no es eterno, sino que era el primer ser creado por Dios. Otros, como los Cristadelfianos, creen que el Hijo de Dios ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María, siendo nada más un hombre capacitado por Dios para vencer a su propia carne pecaminosa, así mostrándonos el camino a la salvación. Después de examinar las evidencias Escriturales sobre la existencia eterna del Hijo, voy a estar considerando algunos de los textos presentados por estos grupos con tal de negar Su eterna preexistencia.
¿Realmente tiene Importancia?
Algunos piensan que la Deidad de Cristo y Su eterna preexistencia no es algo central a la fe cristiana, y que no es una doctrina que debe de dividirnos. Sin embargo, según las Escrituras, ninguno aparte de Jehová Elohim Mismo puede ser nuestro Salvador. Jehová declara repetidas veces que no hay ningún otro salvador fuera de Él. Él dijo:
“Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.” (Isa 43:11)
“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4)
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.” (Isa 45:21)
Siendo un Dios justo, no hubiera podido haber existido otro salvador, sino solamente Él. Si Dios hubiera enviado a uno de Sus seres creados a sufrir la justa pena por nuestros pecados cometidos contra Él, en vez de llevar nuestro castigo sobre Sí Mismo, eso solo habría agravado la injusticia. A. E. Knoch y sus seguidores hasta presentan a Dios como habiendo creado el mal. ¡Intente imaginar a un Dios que primero crea el mal, y después envía a una de Sus criaturas a sufrir para satisfacer Su propia justicia violada, que en realidad era el resultado del mal que Él Mismo había creado!
El salmista entendió que ninguna criatura podría redimir ni una sola alma del Seol: Nuestro Redentor tuvo que haber sido Dios Mismo. Él dijo:
“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate 8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)…
15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo.” (Sal 49:7-8,15)
Vemos que el precio de nuestra redención la debemos a Dios, pero ningún hombre es capaz de pagarlo. Dios Mismo tiene que pagarlo. Si Él que murió por nosotros en la cruz hubiera sido simplemente un ángel o un hombre divinamente capacitado para soportar el sufrimiento de la cruz, en vez de que el Hijo fuera Dios Mismo en carne, Su sufrimiento y muerte no habría tenido valor suficiente para propiciar los pecados del mundo entero.
Algunos, no entendiendo la naturaleza Trina de Dios, han ridiculizado a aquellos que creemos en la expiación sustitutiva penal de Cristo, diciendo que un hombre sufriendo por seis horas en la cruz no hubiera tenido valor suficiente para expiar a todos los pecados cometidos a través de la historia. Lo que no toman en cuenta es que fue Dios Mismo en carne que llevó nuestros pecados en aquella cruz y, por lo tanto, Su sacrificio de Sí Mismo tuvo un valor infinito.
Si hubiera sido nada más un hombre, Su sangre no habría podido expiar los pecados de una sola alma, mucho menos los pecados de todo el mundo. Es por eso que no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, excepto por el nombre de Jesús, que significa “Jehová salva” (Hch 4:12). Es por eso que Jesús dijo a aquellos que se negaron a creer que Él era quién Él decía que era: “si no creéis que yo soy (EGO EIMI), en vuestros pecados moriréis (Jn 8:24).
Jesús es el Eterno YO SOY
“YO SOY” es el nombre con que Jehová se identificaba en la zarza que ardía cuando Moisés le preguntó cómo llamarlo (Ex 3:14). De ese momento en Adelante, vemos a Dios refiriéndose a Sí Mismo como el YO SOY numerosas veces (Deut 32:39; Isa 41:4; 43:10; 43:13; 46:4; 48:12; 52:6). Es significante que Jesús es el único en el Nuevo Testamento que se identifica a Sí Mismo como el YO SOY.
Normalmente, el verbo de “ser” requiere un predicado para formar una frase completa, sea en español o en el griego. Cada vez que Jesús se refiere a Sí Mismo como YO SOY, Él está declarando Su Deidad como Jehová el eterno (Jn 8:56-59; 13:19; 6:19-20; 4:26; 18:3-8). Demuestro esto con más detalle en mi blog, Jesucristo el Eterno YO SOY. Aquí solo quiero examinar un par de estas instancias donde Cristo de manera enfática se identifica como Jehová, el eterno YO SOY.
Apocalipsis 1:17
Jehová usa el título YO SOY seis veces en Isaías solamente, indicando así Su eterna auto-existencia. Una de estas es particularmente significativa, dado que Jesús después se identifica como ese mismo Jehová. Jehová dice en Isaías:
“Yo, Dios, soy el primero y el venidero, YO SOY (LXX. ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Isa 41:4)
Esta es una de las declaraciones más enfáticas de la eternidad de Jehová. Cuando el Cristo glorificado apareció a Juan en Apocalipsis, Él se identificó de la misma manera, diciendo:
“No temas; YO SOY el primero y el último.” (Apo 1:17 cf. Apo 22:13)
Aquí Jesús se identifica a Sí Mismo como el Jehová del Antiguo Testamento, el primero y el último. Mientras es posible que el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de manera co-igual sean juntos el primero y el último, no es posible que el Cristo también sea el primero y el último si de hecho fue creado después por Jehová, el único primero y último.
Y no solo eso, sino que Jesús también se declara el Todopoderoso (Apo 1:8). Aunque un ser creado puede ser llamado poderoso, solamente puede existir un Todopoderoso, y sin embargo Jehová quién aparecía a los patriarcas repetidas veces se llamaba a Sí Mismo el Todopoderoso. Claramente el Hijo de Dios siempre ha sido la manifestación visible del único Dios Todopoderoso. No puede haber dos Todopoderosos.
Los que niegan la Deidad de Cristo a menudo dicen que Él no era Dios, sino nada más Su representante. Intentan relacionarlo con la costumbre hebrea de designar un representante o emisario legal (heb. shaliah) que básicamente era un agente legal designado para hacer transacciones en representación de otra persona. Pero, en realidad, esto no es nada único a los hebreos, dado que cada sociedad utiliza representantes legales con la autoridad de hacer transacciones en lugar de otro o ir en representación de otro. Sin embargo, un shaliah solo representaba a aquel que lo envió, jamás lo impersonaba. Un shaliah hablaría y actuaría en representación del Todopoderoso, pero jamás diría, “YO SOY el Todopoderoso.” Eso hubiera sido blasfemia, aún para un shaliah. Un shaliah jamás impersonaba a quién representaba.
Juan 8:58
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí). 59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.” (Jn 8:56-59)
La obvia razón por qué los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús fue por Su declaración, “Antes que Abraham fuese, YO SOY.” Ellos entendieron que Él estaba declarando Su eterna preexistencia como el YO SOY y, por lo tanto, procuraron apedrearlo por blasfemia. Si de hecho Jesús fuera nada más un representante del eterno YO SOY, seguramente Él lo habría aclarado para evitar ser entendido como diciendo que era Dios Mismo, pero no lo hizo. Incluso, si Él hubiera dicho, “YO ERA antes de Abraham,” ellos no habrían intentado apedrearlo. Ellos entendieron que Él estaba diciendo que era Jehová, el eterno YO SOY. Conociendo las Escrituras, ellos sabían que Él estaba declarándose a Sí Mismo el único Jehová, el eterno YO SOY, como Jehová declara de manera enfática en Isaías:
“Ustedes son Mis testigos, declara el SEÑOR, y Mi siervo a quien he escogido, Para que Me conozcan y crean en Mí, Y entiendan que YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι, ego eimí). Antes de Mí no fue formado otro dios, Ni después de Mí lo habrá.” (Isa 43:10 NBLH)
No hay manera razonable en que Juan 8:58 puede ser reconciliado con la creencia que el Hijo de Dios, quién se llama a Sí Mismo el YO SOY, no es eterno, sino nada más un dios que fue formado o creado después por Jehová – sin mencionar la afirmación de los Cristadelfianos de que el Hijo ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María.
Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento
Muchos ignoran el hecho de que Cristo, como también los autores del Nuevo Testamento, citan pasajes del Antiguo Testamento refiriéndose a Jehová Elohim, aplicándolos a Cristo, el Hijo de Dios. En mi blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento, presento 14 pasajes que claramente identifican a Cristo como el Jehová Elohim del Antiguo Testamento. Para ser breve, aquí solo voy a citar un par de ejemplos.
1) Solamente Jehová / Jesús es el Creador de Todo
Jehová Elohim no solamente es presentado como el único Salvador, como vimos en el blog anterior, sino que Él es también presentado en el Antiguo Testamento como el único Creador del cielo y la tierra. Isaías dice:
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios (Elohim), el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.” (Isa 45:18)
En el Salmo 102 el salmista adora a Jehová Elohim como el eterno Creador que jamás cambia. Él dice:
“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; 27 Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.” (Sal 102:25-27)
El escritor de Hebreos identifica a Jehová en este Salmo como Jesús cuando cita directamente de este Salmo, junto con el Salmo 45:5, que también es citado palabra por palabra, identificándole a Jesús como Jehová Elohim:
“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios (Elohim), por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino… 8 Y: Tú, oh Señor (Jehová), en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos… 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.” (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7)
Aquí vemos que Hebreos 1:10-12 es una cita directa del Salmo 102:25-27, identificando a Jesús como el Mismo Jehová que creó todas las cosas. Si esta afirmación de Su deidad no fuera lo suficientemente clara para silenciar a aquellos que decían que Él era nada más un ángel, a continuación él dice: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (Heb 1:13)
Este pasaje en Hebreos claramente afirma que Jesús es el eterno Jehová Elohim, El que es el mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8), y el Creador de todas las cosas. Como dice Juan:
“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.” (Jn 1:10).
Cuando el escritor de Hebreos dice que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre, es una declaración de Su eterna existencia, de igual manera que Su identificación como el YO SOY, o el primero y el último. En Hebreos 7:3 él dice que Melchizedec fue un tipo de Cristo en que él “ni tiene principio de días, ni fin de vida.” ¡La eterna preexistencia de Cristo no hubiera podido haber sido expresada de manera más clara que esto!
12) Isaías vio la gloria de Jehová / Jesús
Cuando Jehová ungió a Isaías como profeta, Isaías lo vio sobre Su trono en una visión celestial. Él describe lo que vio en Isaías 6:
“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria…5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos…9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isa 6:1-5,9,10)
Jesús manifestó Su gloria, haciendo señales y milagros, y el pueblo, a pesar de todo esto, se negaban a creer en Él. Juan cita a Isaías 6 para explicar por qué no creían, a pesar de que Su gloria fue manifestada. Al hacerlo, él claramente identifica a Jesús como Jehová. Él dijo:
“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor (Jehová), ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor (Jehová)? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio SU gloria, y habló acerca de ÉL.” (Juan 12:37-41)
Aquí, como en todo el Evangelio de Juan, él afirma la plena divinidad de Cristo, presentándolo como el mismo Jehová quien apareció a Isaías. Los autores del Nuevo Testamento consistentemente identifican a Jesús como Jehová.
Hay muchas Escrituras más que presentan a Cristo el Hijo de Dios como eternamente preexistiendo. Juan 1 dice que el Verbo que fue hecho carne estaba con Dios y que Él era Dios. Juan 1:3 continúa diciendo: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Esta verdad por sí sola refuta la aseveración de que el Hijo tuvo un comienzo, siendo creado.
Vemos en Filipenses 2 que Cristo existía en la forma de Dios anterior a Su encarnación. Siempre ha sido la forma visible del Dios invisible. En la encarnación Él se humilló a Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Nadie ha visto el Padre. Cada aparición de Jehová Elohim en el Antiguo Testamento era Cristo antes de Su encarnación. Él siempre ha sido la única manifestación visible del Dios invisible. Demuestro esto en mi blog: Las Cristofanías del Antiguo Testamento.
En la oración de Jesús en la noche de Su pasión, antes de ser crucificado, Él oró al Padre diciendo:
“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Juan 17:4-5)
Es obvio que, para poder haber compartido la gloria del Padre antes de la creación, Él tuvo que haber existido anterior a la creación. Uno puede haber sido escogido desde la fundación del mundo sin saberlo o experimentarlo, pero es imposible haber tenido la gloria del Padre con Él sin haberla jamás conocido o experimentado.
Conclusión
Habiendo visto que nadie aparte de Jehová Mismo pudo haber sido nuestro Salvador, y que Jesús es identificado en el Nuevo Testamento como el Jehová YO SOY, el primero y el último, el Todopoderoso, sin principio de días, ni fin de vida, el Creador y Sustentador de todo lo que existe, ahora tenemos un fundamento sobre el cual podemos basar nuestro entendimiento del Hijo de Dios. Los que niegan la preexistencia eterna de Cristo tienen que ignorar o intentar a negar el significado obvio de estas afirmaciones claras de la eterna existencia del Hijo.
En el próximo blog voy a estar considerando los textos presentados más a menudo para argumentar en contra de la eternalidad del Hijo de Dios. La mayoría de los que usan estos textos para negar Su eternalidad no toman en cuenta la relación económica entre las personas de la Deidad. Aunque podemos ver en las Escrituras que son co-iguales en esencia y atributos, sin embargo, como expresado por Sus títulos Padre e Hijo, no son iguales en autoridad, sino que tienen una relación de amor complementaria. El Hijo es sujeto al Padre, y el Espíritu Santo, de igual manera, lleva a cabo la voluntad del Padre y glorifica al Hijo. Cuando Jesús dijo, “el Padre es mayor que Yo,” no debe ser interpretado como si implicara que el Hijo es de alguna manera inferior en esencia al Padre, más que mi hijo es inferior a mí. Simplemente significa que el Padre es mayor en autoridad que el Hijo.
Otra cosa que no toman en cuenta los que niegan la preexistencia de Cristo (en particular los Cristadelfianos), es que, aunque Cristo era cien porciento Dios, Él también era cien porciento hombre. Aunque seguía siendo el Hijo de Dios, Él también llegó a ser el Hijo del Hombre. Cuando Él se despojó de Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, Él se sometió a las limitaciones de un cuerpo de carne. Aunque, como Hijo de Dios, Él seguía siendo Aquel que sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Heb 1:3; Col 1:17), en Su humanidad Él tuvo que crecer en estatura y en sabiduría (Lu 2:39). Aunque, como Dios, sabía todas las cosas, en Su humanidad, Él tuvo que crecer en conocimiento. Él sufrió fatiga como cualquier hombre, y como hombre vino en semejanza de carne de pecado, pero sin pecar (Rom 8:3; Heb 4:15). Esta unión de Su naturaleza Divina con una naturaleza humana teológicamente es llamada la unión hipostática. Todas estas consideraciones son fundamentales para un entendimiento correcto del Hijo de Dios, como veremos en el próximo blog.
¿Es el Hijo de Dios eterno, como ha creído la Iglesia desde su comienzo, o hubo un tiempo cuando Él no existía? Esa es la pregunta que espero responder de las Escrituras en este blog.
Hay unas versiones modernas del Arrianismo del siglo III, como los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, que dicen que el Hijo no es eterno, sino que era el primer ser creado por Dios. Otros, como los Cristadelfianos, creen que el Hijo de Dios ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María, siendo nada más un hombre capacitado por Dios para vencer a su propia carne pecaminosa, así mostrándonos el camino a la salvación. Después de examinar las evidencias Escriturales sobre la existencia eterna del Hijo, voy a estar considerando algunos de los textos presentados por estos grupos con tal de negar Su eterna preexistencia.
¿Realmente tiene Importancia?
Algunos piensan que la Deidad de Cristo y Su eterna preexistencia no es algo central a la fe cristiana, y que no es una doctrina que debe de dividirnos. Sin embargo, según las Escrituras, ninguno aparte de Jehová Elohim Mismo puede ser nuestro Salvador. Jehová declara repetidas veces que no hay ningún otro salvador fuera de Él. Él dijo:
“Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.” (Isa 43:11)
“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4)
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.” (Isa 45:21)
Siendo un Dios justo, no hubiera podido haber existido otro salvador, sino solamente Él. Si Dios hubiera enviado a uno de Sus seres creados a sufrir la justa pena por nuestros pecados cometidos contra Él, en vez de llevar nuestro castigo sobre Sí Mismo, eso solo habría agravado la injusticia. A. E. Knoch y sus seguidores hasta presentan a Dios como habiendo creado el mal. ¡Intente imaginar a un Dios que primero crea el mal, y después envía a una de Sus criaturas a sufrir para satisfacer Su propia justicia violada, que en realidad era el resultado del mal que Él Mismo había creado!
El salmista entendió que ninguna criatura podría redimir ni una sola alma del Seol: Nuestro Redentor tuvo que haber sido Dios Mismo. Él dijo:
“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate 8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)…
15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo.” (Sal 49:7-8,15)
Vemos que el precio de nuestra redención la debemos a Dios, pero ningún hombre es capaz de pagarlo. Dios Mismo tiene que pagarlo. Si Él que murió por nosotros en la cruz hubiera sido simplemente un ángel o un hombre divinamente capacitado para soportar el sufrimiento de la cruz, en vez de que el Hijo fuera Dios Mismo en carne, Su sufrimiento y muerte no habría tenido valor suficiente para propiciar los pecados del mundo entero.
Algunos, no entendiendo la naturaleza Trina de Dios, han ridiculizado a aquellos que creemos en la expiación sustitutiva penal de Cristo, diciendo que un hombre sufriendo por seis horas en la cruz no hubiera tenido valor suficiente para expiar a todos los pecados cometidos a través de la historia. Lo que no toman en cuenta es que fue Dios Mismo en carne que llevó nuestros pecados en aquella cruz y, por lo tanto, Su sacrificio de Sí Mismo tuvo un valor infinito.
Si hubiera sido nada más un hombre, Su sangre no habría podido expiar los pecados de una sola alma, mucho menos los pecados de todo el mundo. Es por eso que no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, excepto por el nombre de Jesús, que significa “Jehová salva” (Hch 4:12). Es por eso que Jesús dijo a aquellos que se negaron a creer que Él era quién Él decía que era: “si no creéis que yo soy (EGO EIMI), en vuestros pecados moriréis (Jn 8:24).
Jesús es el Eterno YO SOY
“YO SOY” es el nombre con que Jehová se identificaba en la zarza que ardía cuando Moisés le preguntó cómo llamarlo (Ex 3:14). De ese momento en Adelante, vemos a Dios refiriéndose a Sí Mismo como el YO SOY numerosas veces (Deut 32:39; Isa 41:4; 43:10; 43:13; 46:4; 48:12; 52:6). Es significante que Jesús es el único en el Nuevo Testamento que se identifica a Sí Mismo como el YO SOY.
Normalmente, el verbo de “ser” requiere un predicado para formar una frase completa, sea en español o en el griego. Cada vez que Jesús se refiere a Sí Mismo como YO SOY, Él está declarando Su Deidad como Jehová el eterno (Jn 8:56-59; 13:19; 6:19-20; 4:26; 18:3-8). Demuestro esto con más detalle en mi blog, Jesucristo el Eterno YO SOY. Aquí solo quiero examinar un par de estas instancias donde Cristo de manera enfática se identifica como Jehová, el eterno YO SOY.
Apocalipsis 1:17
Jehová usa el título YO SOY seis veces en Isaías solamente, indicando así Su eterna auto-existencia. Una de estas es particularmente significativa, dado que Jesús después se identifica como ese mismo Jehová. Jehová dice en Isaías:
“Yo, Dios, soy el primero y el venidero, YO SOY (LXX. ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Isa 41:4)
Esta es una de las declaraciones más enfáticas de la eternidad de Jehová. Cuando el Cristo glorificado apareció a Juan en Apocalipsis, Él se identificó de la misma manera, diciendo:
“No temas; YO SOY el primero y el último.” (Apo 1:17 cf. Apo 22:13)
Aquí Jesús se identifica a Sí Mismo como el Jehová del Antiguo Testamento, el primero y el último. Mientras es posible que el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de manera co-igual sean juntos el primero y el último, no es posible que el Cristo también sea el primero y el último si de hecho fue creado después por Jehová, el único primero y último.
Y no solo eso, sino que Jesús también se declara el Todopoderoso (Apo 1:8). Aunque un ser creado puede ser llamado poderoso, solamente puede existir un Todopoderoso, y sin embargo Jehová quién aparecía a los patriarcas repetidas veces se llamaba a Sí Mismo el Todopoderoso. Claramente el Hijo de Dios siempre ha sido la manifestación visible del único Dios Todopoderoso. No puede haber dos Todopoderosos.
Los que niegan la Deidad de Cristo a menudo dicen que Él no era Dios, sino nada más Su representante. Intentan relacionarlo con la costumbre hebrea de designar un representante o emisario legal (heb. shaliah) que básicamente era un agente legal designado para hacer transacciones en representación de otra persona. Pero, en realidad, esto no es nada único a los hebreos, dado que cada sociedad utiliza representantes legales con la autoridad de hacer transacciones en lugar de otro o ir en representación de otro. Sin embargo, un shaliah solo representaba a aquel que lo envió, jamás lo impersonaba. Un shaliah hablaría y actuaría en representación del Todopoderoso, pero jamás diría, “YO SOY el Todopoderoso.” Eso hubiera sido blasfemia, aún para un shaliah. Un shaliah jamás impersonaba a quién representaba.
Juan 8:58
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí). 59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.” (Jn 8:56-59)
La obvia razón por qué los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús fue por Su declaración, “Antes que Abraham fuese, YO SOY.” Ellos entendieron que Él estaba declarando Su eterna preexistencia como el YO SOY y, por lo tanto, procuraron apedrearlo por blasfemia. Si de hecho Jesús fuera nada más un representante del eterno YO SOY, seguramente Él lo habría aclarado para evitar ser entendido como diciendo que era Dios Mismo, pero no lo hizo. Incluso, si Él hubiera dicho, “YO ERA antes de Abraham,” ellos no habrían intentado apedrearlo. Ellos entendieron que Él estaba diciendo que era Jehová, el eterno YO SOY. Conociendo las Escrituras, ellos sabían que Él estaba declarándose a Sí Mismo el único Jehová, el eterno YO SOY, como Jehová declara de manera enfática en Isaías:
“Ustedes son Mis testigos, declara el SEÑOR, y Mi siervo a quien he escogido, Para que Me conozcan y crean en Mí, Y entiendan que YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι, ego eimí). Antes de Mí no fue formado otro dios, Ni después de Mí lo habrá.” (Isa 43:10 NBLH)
No hay manera razonable en que Juan 8:58 puede ser reconciliado con la creencia que el Hijo de Dios, quién se llama a Sí Mismo el YO SOY, no es eterno, sino nada más un dios que fue formado o creado después por Jehová – sin mencionar la afirmación de los Cristadelfianos de que el Hijo ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María.
Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento
Muchos ignoran el hecho de que Cristo, como también los autores del Nuevo Testamento, citan pasajes del Antiguo Testamento refiriéndose a Jehová Elohim, aplicándolos a Cristo, el Hijo de Dios. En mi blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento, presento 14 pasajes que claramente identifican a Cristo como el Jehová Elohim del Antiguo Testamento. Para ser breve, aquí solo voy a citar un par de ejemplos.
1) Solamente Jehová / Jesús es el Creador de Todo
Jehová Elohim no solamente es presentado como el único Salvador, como vimos en el blog anterior, sino que Él es también presentado en el Antiguo Testamento como el único Creador del cielo y la tierra. Isaías dice:
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios (Elohim), el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.” (Isa 45:18)
En el Salmo 102 el salmista adora a Jehová Elohim como el eterno Creador que jamás cambia. Él dice:
“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; 27 Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.” (Sal 102:25-27)
El escritor de Hebreos identifica a Jehová en este Salmo como Jesús cuando cita directamente de este Salmo, junto con el Salmo 45:5, que también es citado palabra por palabra, identificándole a Jesús como Jehová Elohim:
“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios (Elohim), por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino… 8 Y: Tú, oh Señor (Jehová), en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos… 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.” (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7)
Aquí vemos que Hebreos 1:10-12 es una cita directa del Salmo 102:25-27, identificando a Jesús como el Mismo Jehová que creó todas las cosas. Si esta afirmación de Su deidad no fuera lo suficientemente clara para silenciar a aquellos que decían que Él era nada más un ángel, a continuación él dice: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (Heb 1:13)
Este pasaje en Hebreos claramente afirma que Jesús es el eterno Jehová Elohim, El que es el mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8), y el Creador de todas las cosas. Como dice Juan:
“En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.” (Jn 1:10).
Cuando el escritor de Hebreos dice que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre, es una declaración de Su eterna existencia, de igual manera que Su identificación como el YO SOY, o el primero y el último. En Hebreos 7:3 él dice que Melchizedec fue un tipo de Cristo en que él “ni tiene principio de días, ni fin de vida.” ¡La eterna preexistencia de Cristo no hubiera podido haber sido expresada de manera más clara que esto!
12) Isaías vio la gloria de Jehová / Jesús
Cuando Jehová ungió a Isaías como profeta, Isaías lo vio sobre Su trono en una visión celestial. Él describe lo que vio en Isaías 6:
“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria…5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos…9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isa 6:1-5,9,10)
Jesús manifestó Su gloria, haciendo señales y milagros, y el pueblo, a pesar de todo esto, se negaban a creer en Él. Juan cita a Isaías 6 para explicar por qué no creían, a pesar de que Su gloria fue manifestada. Al hacerlo, él claramente identifica a Jesús como Jehová. Él dijo:
“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor (Jehová), ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor (Jehová)? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio SU gloria, y habló acerca de ÉL.” (Juan 12:37-41)
Aquí, como en todo el Evangelio de Juan, él afirma la plena divinidad de Cristo, presentándolo como el mismo Jehová quien apareció a Isaías. Los autores del Nuevo Testamento consistentemente identifican a Jesús como Jehová.
Hay muchas Escrituras más que presentan a Cristo el Hijo de Dios como eternamente preexistiendo. Juan 1 dice que el Verbo que fue hecho carne estaba con Dios y que Él era Dios. Juan 1:3 continúa diciendo: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Esta verdad por sí sola refuta la aseveración de que el Hijo tuvo un comienzo, siendo creado.
Vemos en Filipenses 2 que Cristo existía en la forma de Dios anterior a Su encarnación. Siempre ha sido la forma visible del Dios invisible. En la encarnación Él se humilló a Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Nadie ha visto el Padre. Cada aparición de Jehová Elohim en el Antiguo Testamento era Cristo antes de Su encarnación. Él siempre ha sido la única manifestación visible del Dios invisible. Demuestro esto en mi blog: Las Cristofanías del Antiguo Testamento.
En la oración de Jesús en la noche de Su pasión, antes de ser crucificado, Él oró al Padre diciendo:
“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Juan 17:4-5)
Es obvio que, para poder haber compartido la gloria del Padre antes de la creación, Él tuvo que haber existido anterior a la creación. Uno puede haber sido escogido desde la fundación del mundo sin saberlo o experimentarlo, pero es imposible haber tenido la gloria del Padre con Él sin haberla jamás conocido o experimentado.
Conclusión
Habiendo visto que nadie aparte de Jehová Mismo pudo haber sido nuestro Salvador, y que Jesús es identificado en el Nuevo Testamento como el Jehová YO SOY, el primero y el último, el Todopoderoso, sin principio de días, ni fin de vida, el Creador y Sustentador de todo lo que existe, ahora tenemos un fundamento sobre el cual podemos basar nuestro entendimiento del Hijo de Dios. Los que niegan la preexistencia eterna de Cristo tienen que ignorar o intentar a negar el significado obvio de estas afirmaciones claras de la eterna existencia del Hijo.
En el próximo blog voy a estar considerando los textos presentados más a menudo para argumentar en contra de la eternalidad del Hijo de Dios. La mayoría de los que usan estos textos para negar Su eternalidad no toman en cuenta la relación económica entre las personas de la Deidad. Aunque podemos ver en las Escrituras que son co-iguales en esencia y atributos, sin embargo, como expresado por Sus títulos Padre e Hijo, no son iguales en autoridad, sino que tienen una relación de amor complementaria. El Hijo es sujeto al Padre, y el Espíritu Santo, de igual manera, lleva a cabo la voluntad del Padre y glorifica al Hijo. Cuando Jesús dijo, “el Padre es mayor que Yo,” no debe ser interpretado como si implicara que el Hijo es de alguna manera inferior en esencia al Padre, más que mi hijo es inferior a mí. Simplemente significa que el Padre es mayor en autoridad que el Hijo.
Otra cosa que no toman en cuenta los que niegan la preexistencia de Cristo (en particular los Cristadelfianos), es que, aunque Cristo era cien porciento Dios, Él también era cien porciento hombre. Aunque seguía siendo el Hijo de Dios, Él también llegó a ser el Hijo del Hombre. Cuando Él se despojó de Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, Él se sometió a las limitaciones de un cuerpo de carne. Aunque, como Hijo de Dios, Él seguía siendo Aquel que sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Heb 1:3; Col 1:17), en Su humanidad Él tuvo que crecer en estatura y en sabiduría (Lu 2:39). Aunque, como Dios, sabía todas las cosas, en Su humanidad, Él tuvo que crecer en conocimiento. Él sufrió fatiga como cualquier hombre, y como hombre vino en semejanza de carne de pecado, pero sin pecar (Rom 8:3; Heb 4:15). Esta unión de Su naturaleza Divina con una naturaleza humana teológicamente es llamada la unión hipostática. Todas estas consideraciones son fundamentales para un entendimiento correcto del Hijo de Dios, como veremos en el próximo blog.
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por George Sidney Hurd
Unos anti Trinitarios dicen que la doctrina de la Trinidad no fue la creencia de los Padres de la Iglesia Primitiva hasta el siglo IV cuando, según ellos, fue formulado en el Concilio de Nicea en 325 d.C.
Sin embargo, como espero demostrar en este blog, los Padres de la Iglesia entendieron la deidad como Trina desde el comienzo de la Iglesia. Es cierto que la forma en que expresaron la Trinidad al comienzo fue limitada a afirmaciones generales y no específicas. Sin embargo, conforme sus creencias fueron atacadas, primero por los Gnósticos y Modalistas, y después por los Arrianos en el siglo III, que negaban la plena deidad de Cristo y la persona del Espíritu Santo, sus palabras, por necesidad, llegaron a ser más precisas y específicas. Las siguientes citas de los Padres son solamente unas pocas de centenares, que dejan muy en claro que la Iglesia Primitiva creía en la Trinidad desde el tiempo de los Apóstoles.
Ignacio (30 – 107 d.C.)
“Dado que, también, solo hay un Ser no engendrado, Dios, el Padre; y un solo Hijo, Dios, la Palabra y hombre; y un Consolador, el Espíritu de la verdad.” [i]
Aunque esta declaración es simplemente una afirmación general, enfatizando que solamente hay tres que son Dios, en oposición a los Gnósticos que creían que todos somos dioses, él, sin embargo, claramente menciona tres personas que son Dios. Al mismo tiempo, él enfatiza a través de su epístola que hay un solo Dios, así que, claramente no era Triteísta.
Justino Mártir (100 – 165 d.C.)
“Ni Abraham, ni Isaac, ni Jacobo, ni ningún otro hombre, vio al Padre e inefable Señor de todos y el Padre de Cristo, pero vieron Aquél que era según Su voluntad Su Hijo, siendo Dios y el Ángel, porque Él ministraba según Su voluntad; a quién le plació nacer como hombre por la virgen; quién también era el fuego cuando Él conversó con Moisés en la zarza. Dado que, a menos que así entendemos las Escrituras, tendríamos que concluir que el Padre no estaba en el cielo cuando sucedió lo que escribió Moisés: ‘Y el Señor llovió sobre Sodoma fuego y azufre del Señor desde el cielo’…y otra vez, cuando Él dijo: ‘El Señor dice a mí Señor, siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.’” [ii]
En el contexto de esta cita, Justino está estableciendo que Jehová quien fue visto en las teofanías del Antiguo Testamento no era el Padre, sino Dios el Hijo; que el Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento era de hecho el Hijo de Dios antes de Su encarnación; que cuando dice en Génesis 19:24 que Jehová hizo llover sobre Sodoma azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos, hacía referencia al Hijo que estaba con Abraham y el Padre que estaba en el cielo, así como en el Salmo 110:1 dice: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Demuestro que Jesús es Jehová del Antiguo Testamento en mi blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento, y también el Ángel de Jehová en mi blog, Las Cristofanías del Antiguo Testamento.
“En el nombre (sing.) de Dios, el Padre y Señor del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo, ellos entonces reciben el lavamiento con el agua.” [iii]
Hablando del bautismo en el agua, Justino Mártir está haciendo referencia a la fórmula bautismal dada por Jesús en Mateo 28:19, “bautizándolos en el nombre (sing.) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Aunque son tres personas, a la vez son uno en nombre dado que son un solo Dios y no tres Dioses.
Ignacio de Antioquia (murió 110 d.C.).
“Hay un Médico que tiene tanto carne como espíritu; hecho y no hecho (engendrado y no engendrado), Dios existiendo en carne; verdadera vida en la muerte; tanto de María como de Dios; primero posible y entonces imposible, Jesucristo nuestro Señor…” [iv]
Aquí Ignacio habla del Hijo de Dios como tanto engendrado de María, como no engendrado, como el Hijo eterno de Dios (engendrado y no engendrado, gennhtos kai agennhtos), Dios existiendo en carne. Esta es una afirmación clara de la Deidad eterna de Cristo. Aunque es otro tema, engendrado es de γεννάω (gennao), y no debe confundirse con γένος (genos) que significa “género.” Jesús es llamado el “único Hijo” (μονογενής, monogenes) del Padre, en vez de Su “unigénito Hijo” [v] La mayoría de las traducciones más recientes incluyen esta corrección.
Ireneo (115-190 d.C.).
“La Iglesia, aunque dispersa por todo el mundo, ha recibido de los apóstoles esta fe: …un Dios, el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y del mar, y de todo lo que hay en ellos; y en un Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, quien proclamó las dispensaciones de Dios por los profetas, y las venidas, y el nacimiento de una virgen, y la pasión y resurrección de entre los muertos, y la ascensión al cielo en la carne de Jesucristo, nuestro Señor el Amado, y Su manifestación del cielo en la gloria del Padre para ‘reunir a todos en uno’ y resucitar de nuevo la carne de toda la humanidad, para que a Cristo Jesús, nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey, según la voluntad del Padre invisible, ‘cada rodilla se doble, de los que están en el cielo, y en la tierra y debajo de la tierra, y que cada lengua confiese a Él, y que Él ejecutara justicia hacia todos…” [vi]
Además de la referencia obvia de Ireneo a la restauración final de todos, él dice que la Iglesia había recibido de los Apóstoles y los discípulos de los Apóstoles la creencia en un Dios el Padre, un Jesucristo y en el Espíritu Santo, tres personas distintas. Además, dice que Cristo Jesús es nuestro Señor y Dios. Esta cita contiene una alusión a 1Corintios 8:6 que dice: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”
Algunos Unitarios se han equivocado, pensando que Pablo aquí está diciendo que solamente el Padre es Dios. Sin embargo, tanto Jesús como el Espíritu Santo son llamados Dios en las Escrituras y, por lo tanto, ellos también son de la deidad. También dice que hay un Señor, y, sin embargo, sabemos que, tanto el Padre como el Espíritu Santo, son llamados Señor en las Escrituras. Pablo estaba hablando a los creyentes de los gentiles de Corinto que habían sido criados como politeístas y vemos en el contexto que su objetivo era enfatizar que para nosotros solo hay un Dios y un Señor, no muchos.
Atenágoras, (133 – 190 d.C.)
“¿Quién, entonces, no estaría sorprendido al oír los hombres llamados Ateos que hablan de Dios el Padre, y Dios el Hijo, y el Espíritu Santo, y declaran Su poder en unión y Su distinción en orden?” [vii]
“…ellos conocen a Dios y a Su Logos, cual es la unidad del Hijo con el Padre, cual la comunión del Padre con el Hijo, cual es el Espíritu, cual es la unidad de estos tres, el Espíritu, el Hijo, el Padre, y Su distinción en unidad.” [viii]
Aquí vemos en el siglo II ya una expresión clara de la unidad de la Deidad o la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Como el hierro afila el hierro, los Padres llegaron a ser más específicos y precisos en su uso de términos conforme la doctrina de Dios fue atacada de diferentes frentes. En este tiempo la distinción de personas dentro de la Deidad fue enfatizada en respuesta a los Modalistas que negaban que el Dios único existe en tres personas, diciendo que el Padre, Hijo y Espíritu Santo son nada más tres formas en que el Dios único se manifestaba. Una versión contemporánea del Modalismo son los Pentecostales Unitarios, o Jesús Solo.
Los cristianos en ese entonces fueron llamados Ateos porque no adoraban a los dioses paganos y no reconocieron al emperador como un dios.
Tertulio (155 – 220 d.C.)
“La conexión del Padre en el Hijo, y del Hijo en el Paracleto, produce tres Personas coherentes que, sin embargo, son distintos el Uno del Otro. Estas Tres son de una esencia, no una sola Persona, como dice, Yo y mi Padre uno somos en cuanto a la unidad de sustancia, no singularidad de número. Porque, así como la Palabra de Dios no es en realidad Aquél cuya Palabra Él es, de la misma manera el Espíritu (aunque se llama Dios) no es en realidad Aquél Espíritu que se dice que es de Él. Nada que pertenece a otro es en realidad la misma cosa que a lo que pertenece. Él los manda bautizarse en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, no a un Dios unipersonal.” [ix]
En el tratado de Tertulio, Contra Praxeas, él no se está oponiendo al Arminianismo, o la negación de la deidad de Cristo y la persona del Espíritu Santo, porque no era un tema muy debatido, dado que Arrio no nació hasta después de la muerte de Tertulio. Tertulio estaba oponiendose el Modalismo de Praxeas quien, como Sabelio, enseñaba que Dios era un ser unipersonal con Padre, Hijo y Espíritu Santo siendo nada más tres modos o manifestaciones de una sola Persona. En su tratado, Tertulio usa la palabra “Trinidad” 15 veces y enfatiza la naturaleza trina de Dios.
Él procura demostrar con varios ejemplos los absurdos que uno enfrenta leyendo las Escrituras como si Dios fuera un ser solitario en vez de ser Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él dice a Praxeas:
“Si quieres que crea que Él es tanto Padre como Hijo, muéstrame algún otro pasaje donde dice, ‘El Señor le dijo a Sí Mismo, Yo soy mi propio Hijo, hoy me he engendrado a Mí Mismo’… Por tu parte, sin embargo, tienes que hacerlo aparentar ser un mentiroso, un impostor, y uno que altera Su palabra, si, cuando Él era un Hijo de Sí Mismo, Él asignó el papel de Su Hijo a otro. Todas las Escrituras dan evidencia de la existencia de, y distinción de personas en la Trinidad, y de hecho nos da nuestra regla de fe. Él que habla, y Él de quien Él habla y a quién Él habla, de ningún modo pueden ser uno mismo.” [x]
También, el responde a la acusación de que los Trinitarios son Triteístas, diciendo:
“Tenga siempre en claro que esta es la regla de fe que poseo; por esa testifico que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu son inseparables el uno del otro, y de esta manera sabrás en qué sentido digo esto: Ahora, observe, mi afirmación es que el Padre es uno, y el Hijo es uno, y el Espíritu uno, y que son distintos el uno del otro. Esta afirmación es mal entendida por todos los sin letra como también los mal dispuestos, como si implicara una diversidad, en el sentido como para implicar una separación entre el Padre, y el Hijo, y el Espíritu.” [xi]
A pesar del hecho de que nosotros como Trinitarios afirmamos de manera enfática que somos Monoteístas que creemos que el único verdadero Dios es Trino en cuanto a Personas, hasta el día de hoy seguimos siendo mal representados como si fuéramos Triteistas, enseñando que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo son tres Dioses.
Orígenes (185-254 d.C.).
“Pero en nuestro deseo de mostrar los beneficios divinos dados a nosotros por el Padre, Hijo, y Espíritu Santo, cual Trinidad es la fuente de toda santidad, hemos salido del tema de discusión acerca del alma… Sin embargo, con el permiso de Dios por medio de Jesucristo y el Espíritu Santo, pienso considerar más acerca del tema de todos los seres racionales…” [xii]
Solamente en este tratado, de Principiis, Orígenes usa la palabra “Trinidad” para referirse a la Deidad más de 20 veces. Orígenes enfatizaba que el Espíritu Santo es una persona de la Trinidad y no nada más la fuerza impersonal o influencia de Dios. Él dijo:
“…la persona del Espíritu Santo fue de tanta autoridad y dignidad, que el bautismo salvífico no es completo sin la autoridad de la Trinidad más excelsa de todos ellos, i.e., por nombrar el Padre, Hijo, y Espíritu Santo.” [xiii]
En respuesta a aquellos que dicen que el Hijo de Dios fue creado, Orígenes dijo:
“¿Cómo, entonces, puede ser afirmado que había un tiempo cuando Él no era el Hijo? Eso es como decir que había un tiempo cuando Él no era la Verdad, ni la Sabiduría, ni la Vida, a pesar de que en todas estos Él es la perfecta esencia de Dios el Padre; porque estas cosas no pueden ser separados de Él, o separadas de Su esencia. Y aunque estas cualidades son muchas, sin embargo, en su naturaleza y esencia son uno, y en ellos en la plenitud de la deidad. Ahora esta expresión que usamos – ‘que jamás hubo un tiempo cuando Él no existía’ – es de ser entendida con una aclaración. Porque estas mismas palabras ‘cuando’ y ‘jamás’ tienen un significado relacionado con el tiempo, mientras que las declaraciones acerca del Padre, Hijo, y Espíritu Santo tienen que ser entendidas como trasciendo todo tiempo, todas las épocas y toda la eternidad. Porque solamente es la Trinidad que excede la comprensión no solamente de la inteligencia temporal, sino incluso la inteligencia eterna; mientras otras cosas que no están incluidas en la Trinidad son medidas por tiempos y épocas.” [xiv]
Hipólito de Roma, (170 – 235 d.C.)
“¿Quién no diría que hay un solo Dios? Sin embargo, no por eso negará la economía.”
“Entonces, si la Palabra era con Dios y también era Dios, ¿qué sigue? ¿Diría uno que hablo de dos Dioses? Claro que no hablo de dos Dioses, sino de uno. Hablo de dos personas, sin embargo, y de una tercera economía – la gracia del Espíritu Santo…la economía de armonía resulta en un solo Dios. Porque Dios es uno. El Padre que manda, el Hijo que obedece y el Espíritu que da entendimiento.” [xv]
Los Padres Griegos usaban la palabra οἰκονομία “economía o dispensación” para describir la relación eterna económica entre las personas de la Trinidad. Mientras que son uno en cuanto a su naturaleza esencial y sus atributos, y coeternos y coiguales, su relación entre sí es distinta. En ese sentido, Jesús podría decir que el Padre era mayor que Él, aunque ambos son el único Dios Todopoderoso (Apo 1:8, cf. 11:17). El Hijo eternamente ha sometido en amor al Padre, y el Espíritu Santo siempre lleva a cabo la voluntad del Padre y el Hijo.
Cipriano de Cartago (210 – 258 d.C.)
“Y del Padre, Hijo, y Espíritu Santo está escrito: ‘Y los tres son Uno.’” [xvi]
Aquí vemos a Cipriano citando lo que se conoce como la Coma de 1Juan 5:7 que dice: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” Aunque muchas traducciones modernas excluyen la Coma, para mí, hay varios argumentos a favor de considerarla como habiendo sido parte del texto original. Aquí Cipriano está citando la Coma cien años antes del manuscrito griego más antiguo que tenemos de 1Juan, y lo cita como si fuera un texto conocido en la Iglesia en ese tiempo.
La autenticidad de 1Juan 5:7 no fue severamente debatida hasta el siglo XIX. Es cierto que solamente hay unos pocos manuscritos griegos que incluyen la Coma, aunque aparece en la mayoría de los manuscritos en latín. Sin embargo, hay motivo de creer que fue removida de los textos griegos de la Iglesia Ortodoxo Griega Oriental bajo presión de los Arrianos, solo siendo retenida en los textos en latín de la Iglesia Occidental. La Iglesia Ortodoxa Oriental estaba luchando contra el Sabelianismo Modalista en ese tiempo, y la Coma, siendo uno de los textos favoritos de los Sabelianos, puede haber hecho que estuvieran más propensos a aceptar a excluirla.
Es significativo que no hay mención de alguien insistiendo en que la incluyeran en las Escrituras antes del concilio de Nicea. Solo tenemos evidencias de que los Arrianos insistían en que Gregorio la quitara, lo que implica que originalmente era parte del original y solo después fue removida. Si alguien desea investigar esto más a fondo, Dr. C. H. Pappas, ThM, presenta sus argumentos a favor de su inclusión en su libro, In Defense of the Authenticity of 1 John 5:7.
Alejandro, Obispo de Alejandría (273 – 326 d.C.)
“Cuando los santos profetas, y todos, como he dicho, que andaban recta y justamente en la ley del Señor, junto con todo el pueblo, celebraban una Pascua, el Creador y Señor de toda criatura visible e invisible, el Hijo unigénito y el Verbo coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, y de la misma sustancia con ellos, según Su naturaleza divina, nuestro Señor y Dios, Jesucristo.” [xvii]
Aquí otra vez vemos otro Padre antes del Concilio de Nicea diciendo que el Hijo es coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, compartiendo la misma esencia o sustancia.
Conclusión
Todas estas citas son de Padres prominentes de la Iglesia que vivían mucho antes del concilio de Nicea en 325 d.C. Es cierto que, conforme falsas doctrinas entraron en la Iglesia, llegó a ser necesario que los Padres se reunieran para contrarrestarlas con credos eclesiásticos formales. Sin embargo, como hemos visto, la Trinidad era la doctrina de la Iglesia desde los tiempos de los Apóstoles.
[i] The Epistle of Ignatius to the Philadelphians Chapter IV
[ii] Justin Martyr, Dialogue with Trypho, chapter 127
[iii] Justin Martyr First Apology, chapter 61
[iv] Ignatius, commentary on Ephesians, chapter 7
[v] https://mindrenewers.com/2014/12/16/the-meaning-of-only-begotten/
[vi] Against Heresies, Book 10, chapter 1
[vii] Athenagoras. The Sacred Writings of Athenagoras (p. 10). Jazzybee Verlag. Kindle Edition.
[viii] Athenagoras. The Sacred Writings of Athenagoras (pp. 11-12). Jazzybee Verlag. Kindle Edition.
[ix] Tertullian, Against Praxeas, chapter 25
[x] Tertullian, Against Praxeas, chapter 11
[xi] Tertullian, Against Praxeas chapter 9
[xii] Origen, De Princiipiis, book 1, chapter 4.2
[xiii] Origen, De Princiipiis, book 1, chapter 3.2
[xiv] Origen, De Princiipiis, book 4, chapter 28
[xv] https://www.amazon.com/Apostolic-Tradition-Hippolytus-Popular-Patristic-ebook/dp/B084DXNNYW
[xvi] St. Cyprian, De Lapsis, The Unity of the Catholic Church, chapter 6
[xvii] Epistles on the Arian Heresy and the Deposition of Arius. Chapter 1.7
Unos anti Trinitarios dicen que la doctrina de la Trinidad no fue la creencia de los Padres de la Iglesia Primitiva hasta el siglo IV cuando, según ellos, fue formulado en el Concilio de Nicea en 325 d.C.
Sin embargo, como espero demostrar en este blog, los Padres de la Iglesia entendieron la deidad como Trina desde el comienzo de la Iglesia. Es cierto que la forma en que expresaron la Trinidad al comienzo fue limitada a afirmaciones generales y no específicas. Sin embargo, conforme sus creencias fueron atacadas, primero por los Gnósticos y Modalistas, y después por los Arrianos en el siglo III, que negaban la plena deidad de Cristo y la persona del Espíritu Santo, sus palabras, por necesidad, llegaron a ser más precisas y específicas. Las siguientes citas de los Padres son solamente unas pocas de centenares, que dejan muy en claro que la Iglesia Primitiva creía en la Trinidad desde el tiempo de los Apóstoles.
Ignacio (30 – 107 d.C.)
“Dado que, también, solo hay un Ser no engendrado, Dios, el Padre; y un solo Hijo, Dios, la Palabra y hombre; y un Consolador, el Espíritu de la verdad.” [i]
Aunque esta declaración es simplemente una afirmación general, enfatizando que solamente hay tres que son Dios, en oposición a los Gnósticos que creían que todos somos dioses, él, sin embargo, claramente menciona tres personas que son Dios. Al mismo tiempo, él enfatiza a través de su epístola que hay un solo Dios, así que, claramente no era Triteísta.
Justino Mártir (100 – 165 d.C.)
“Ni Abraham, ni Isaac, ni Jacobo, ni ningún otro hombre, vio al Padre e inefable Señor de todos y el Padre de Cristo, pero vieron Aquél que era según Su voluntad Su Hijo, siendo Dios y el Ángel, porque Él ministraba según Su voluntad; a quién le plació nacer como hombre por la virgen; quién también era el fuego cuando Él conversó con Moisés en la zarza. Dado que, a menos que así entendemos las Escrituras, tendríamos que concluir que el Padre no estaba en el cielo cuando sucedió lo que escribió Moisés: ‘Y el Señor llovió sobre Sodoma fuego y azufre del Señor desde el cielo’…y otra vez, cuando Él dijo: ‘El Señor dice a mí Señor, siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.’” [ii]
En el contexto de esta cita, Justino está estableciendo que Jehová quien fue visto en las teofanías del Antiguo Testamento no era el Padre, sino Dios el Hijo; que el Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento era de hecho el Hijo de Dios antes de Su encarnación; que cuando dice en Génesis 19:24 que Jehová hizo llover sobre Sodoma azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos, hacía referencia al Hijo que estaba con Abraham y el Padre que estaba en el cielo, así como en el Salmo 110:1 dice: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Demuestro que Jesús es Jehová del Antiguo Testamento en mi blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento, y también el Ángel de Jehová en mi blog, Las Cristofanías del Antiguo Testamento.
“En el nombre (sing.) de Dios, el Padre y Señor del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo, ellos entonces reciben el lavamiento con el agua.” [iii]
Hablando del bautismo en el agua, Justino Mártir está haciendo referencia a la fórmula bautismal dada por Jesús en Mateo 28:19, “bautizándolos en el nombre (sing.) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Aunque son tres personas, a la vez son uno en nombre dado que son un solo Dios y no tres Dioses.
Ignacio de Antioquia (murió 110 d.C.).
“Hay un Médico que tiene tanto carne como espíritu; hecho y no hecho (engendrado y no engendrado), Dios existiendo en carne; verdadera vida en la muerte; tanto de María como de Dios; primero posible y entonces imposible, Jesucristo nuestro Señor…” [iv]
Aquí Ignacio habla del Hijo de Dios como tanto engendrado de María, como no engendrado, como el Hijo eterno de Dios (engendrado y no engendrado, gennhtos kai agennhtos), Dios existiendo en carne. Esta es una afirmación clara de la Deidad eterna de Cristo. Aunque es otro tema, engendrado es de γεννάω (gennao), y no debe confundirse con γένος (genos) que significa “género.” Jesús es llamado el “único Hijo” (μονογενής, monogenes) del Padre, en vez de Su “unigénito Hijo” [v] La mayoría de las traducciones más recientes incluyen esta corrección.
Ireneo (115-190 d.C.).
“La Iglesia, aunque dispersa por todo el mundo, ha recibido de los apóstoles esta fe: …un Dios, el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y del mar, y de todo lo que hay en ellos; y en un Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, quien proclamó las dispensaciones de Dios por los profetas, y las venidas, y el nacimiento de una virgen, y la pasión y resurrección de entre los muertos, y la ascensión al cielo en la carne de Jesucristo, nuestro Señor el Amado, y Su manifestación del cielo en la gloria del Padre para ‘reunir a todos en uno’ y resucitar de nuevo la carne de toda la humanidad, para que a Cristo Jesús, nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey, según la voluntad del Padre invisible, ‘cada rodilla se doble, de los que están en el cielo, y en la tierra y debajo de la tierra, y que cada lengua confiese a Él, y que Él ejecutara justicia hacia todos…” [vi]
Además de la referencia obvia de Ireneo a la restauración final de todos, él dice que la Iglesia había recibido de los Apóstoles y los discípulos de los Apóstoles la creencia en un Dios el Padre, un Jesucristo y en el Espíritu Santo, tres personas distintas. Además, dice que Cristo Jesús es nuestro Señor y Dios. Esta cita contiene una alusión a 1Corintios 8:6 que dice: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”
Algunos Unitarios se han equivocado, pensando que Pablo aquí está diciendo que solamente el Padre es Dios. Sin embargo, tanto Jesús como el Espíritu Santo son llamados Dios en las Escrituras y, por lo tanto, ellos también son de la deidad. También dice que hay un Señor, y, sin embargo, sabemos que, tanto el Padre como el Espíritu Santo, son llamados Señor en las Escrituras. Pablo estaba hablando a los creyentes de los gentiles de Corinto que habían sido criados como politeístas y vemos en el contexto que su objetivo era enfatizar que para nosotros solo hay un Dios y un Señor, no muchos.
Atenágoras, (133 – 190 d.C.)
“¿Quién, entonces, no estaría sorprendido al oír los hombres llamados Ateos que hablan de Dios el Padre, y Dios el Hijo, y el Espíritu Santo, y declaran Su poder en unión y Su distinción en orden?” [vii]
“…ellos conocen a Dios y a Su Logos, cual es la unidad del Hijo con el Padre, cual la comunión del Padre con el Hijo, cual es el Espíritu, cual es la unidad de estos tres, el Espíritu, el Hijo, el Padre, y Su distinción en unidad.” [viii]
Aquí vemos en el siglo II ya una expresión clara de la unidad de la Deidad o la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Como el hierro afila el hierro, los Padres llegaron a ser más específicos y precisos en su uso de términos conforme la doctrina de Dios fue atacada de diferentes frentes. En este tiempo la distinción de personas dentro de la Deidad fue enfatizada en respuesta a los Modalistas que negaban que el Dios único existe en tres personas, diciendo que el Padre, Hijo y Espíritu Santo son nada más tres formas en que el Dios único se manifestaba. Una versión contemporánea del Modalismo son los Pentecostales Unitarios, o Jesús Solo.
Los cristianos en ese entonces fueron llamados Ateos porque no adoraban a los dioses paganos y no reconocieron al emperador como un dios.
Tertulio (155 – 220 d.C.)
“La conexión del Padre en el Hijo, y del Hijo en el Paracleto, produce tres Personas coherentes que, sin embargo, son distintos el Uno del Otro. Estas Tres son de una esencia, no una sola Persona, como dice, Yo y mi Padre uno somos en cuanto a la unidad de sustancia, no singularidad de número. Porque, así como la Palabra de Dios no es en realidad Aquél cuya Palabra Él es, de la misma manera el Espíritu (aunque se llama Dios) no es en realidad Aquél Espíritu que se dice que es de Él. Nada que pertenece a otro es en realidad la misma cosa que a lo que pertenece. Él los manda bautizarse en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, no a un Dios unipersonal.” [ix]
En el tratado de Tertulio, Contra Praxeas, él no se está oponiendo al Arminianismo, o la negación de la deidad de Cristo y la persona del Espíritu Santo, porque no era un tema muy debatido, dado que Arrio no nació hasta después de la muerte de Tertulio. Tertulio estaba oponiendose el Modalismo de Praxeas quien, como Sabelio, enseñaba que Dios era un ser unipersonal con Padre, Hijo y Espíritu Santo siendo nada más tres modos o manifestaciones de una sola Persona. En su tratado, Tertulio usa la palabra “Trinidad” 15 veces y enfatiza la naturaleza trina de Dios.
Él procura demostrar con varios ejemplos los absurdos que uno enfrenta leyendo las Escrituras como si Dios fuera un ser solitario en vez de ser Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él dice a Praxeas:
“Si quieres que crea que Él es tanto Padre como Hijo, muéstrame algún otro pasaje donde dice, ‘El Señor le dijo a Sí Mismo, Yo soy mi propio Hijo, hoy me he engendrado a Mí Mismo’… Por tu parte, sin embargo, tienes que hacerlo aparentar ser un mentiroso, un impostor, y uno que altera Su palabra, si, cuando Él era un Hijo de Sí Mismo, Él asignó el papel de Su Hijo a otro. Todas las Escrituras dan evidencia de la existencia de, y distinción de personas en la Trinidad, y de hecho nos da nuestra regla de fe. Él que habla, y Él de quien Él habla y a quién Él habla, de ningún modo pueden ser uno mismo.” [x]
También, el responde a la acusación de que los Trinitarios son Triteístas, diciendo:
“Tenga siempre en claro que esta es la regla de fe que poseo; por esa testifico que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu son inseparables el uno del otro, y de esta manera sabrás en qué sentido digo esto: Ahora, observe, mi afirmación es que el Padre es uno, y el Hijo es uno, y el Espíritu uno, y que son distintos el uno del otro. Esta afirmación es mal entendida por todos los sin letra como también los mal dispuestos, como si implicara una diversidad, en el sentido como para implicar una separación entre el Padre, y el Hijo, y el Espíritu.” [xi]
A pesar del hecho de que nosotros como Trinitarios afirmamos de manera enfática que somos Monoteístas que creemos que el único verdadero Dios es Trino en cuanto a Personas, hasta el día de hoy seguimos siendo mal representados como si fuéramos Triteistas, enseñando que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo son tres Dioses.
Orígenes (185-254 d.C.).
“Pero en nuestro deseo de mostrar los beneficios divinos dados a nosotros por el Padre, Hijo, y Espíritu Santo, cual Trinidad es la fuente de toda santidad, hemos salido del tema de discusión acerca del alma… Sin embargo, con el permiso de Dios por medio de Jesucristo y el Espíritu Santo, pienso considerar más acerca del tema de todos los seres racionales…” [xii]
Solamente en este tratado, de Principiis, Orígenes usa la palabra “Trinidad” para referirse a la Deidad más de 20 veces. Orígenes enfatizaba que el Espíritu Santo es una persona de la Trinidad y no nada más la fuerza impersonal o influencia de Dios. Él dijo:
“…la persona del Espíritu Santo fue de tanta autoridad y dignidad, que el bautismo salvífico no es completo sin la autoridad de la Trinidad más excelsa de todos ellos, i.e., por nombrar el Padre, Hijo, y Espíritu Santo.” [xiii]
En respuesta a aquellos que dicen que el Hijo de Dios fue creado, Orígenes dijo:
“¿Cómo, entonces, puede ser afirmado que había un tiempo cuando Él no era el Hijo? Eso es como decir que había un tiempo cuando Él no era la Verdad, ni la Sabiduría, ni la Vida, a pesar de que en todas estos Él es la perfecta esencia de Dios el Padre; porque estas cosas no pueden ser separados de Él, o separadas de Su esencia. Y aunque estas cualidades son muchas, sin embargo, en su naturaleza y esencia son uno, y en ellos en la plenitud de la deidad. Ahora esta expresión que usamos – ‘que jamás hubo un tiempo cuando Él no existía’ – es de ser entendida con una aclaración. Porque estas mismas palabras ‘cuando’ y ‘jamás’ tienen un significado relacionado con el tiempo, mientras que las declaraciones acerca del Padre, Hijo, y Espíritu Santo tienen que ser entendidas como trasciendo todo tiempo, todas las épocas y toda la eternidad. Porque solamente es la Trinidad que excede la comprensión no solamente de la inteligencia temporal, sino incluso la inteligencia eterna; mientras otras cosas que no están incluidas en la Trinidad son medidas por tiempos y épocas.” [xiv]
Hipólito de Roma, (170 – 235 d.C.)
“¿Quién no diría que hay un solo Dios? Sin embargo, no por eso negará la economía.”
“Entonces, si la Palabra era con Dios y también era Dios, ¿qué sigue? ¿Diría uno que hablo de dos Dioses? Claro que no hablo de dos Dioses, sino de uno. Hablo de dos personas, sin embargo, y de una tercera economía – la gracia del Espíritu Santo…la economía de armonía resulta en un solo Dios. Porque Dios es uno. El Padre que manda, el Hijo que obedece y el Espíritu que da entendimiento.” [xv]
Los Padres Griegos usaban la palabra οἰκονομία “economía o dispensación” para describir la relación eterna económica entre las personas de la Trinidad. Mientras que son uno en cuanto a su naturaleza esencial y sus atributos, y coeternos y coiguales, su relación entre sí es distinta. En ese sentido, Jesús podría decir que el Padre era mayor que Él, aunque ambos son el único Dios Todopoderoso (Apo 1:8, cf. 11:17). El Hijo eternamente ha sometido en amor al Padre, y el Espíritu Santo siempre lleva a cabo la voluntad del Padre y el Hijo.
Cipriano de Cartago (210 – 258 d.C.)
“Y del Padre, Hijo, y Espíritu Santo está escrito: ‘Y los tres son Uno.’” [xvi]
Aquí vemos a Cipriano citando lo que se conoce como la Coma de 1Juan 5:7 que dice: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” Aunque muchas traducciones modernas excluyen la Coma, para mí, hay varios argumentos a favor de considerarla como habiendo sido parte del texto original. Aquí Cipriano está citando la Coma cien años antes del manuscrito griego más antiguo que tenemos de 1Juan, y lo cita como si fuera un texto conocido en la Iglesia en ese tiempo.
La autenticidad de 1Juan 5:7 no fue severamente debatida hasta el siglo XIX. Es cierto que solamente hay unos pocos manuscritos griegos que incluyen la Coma, aunque aparece en la mayoría de los manuscritos en latín. Sin embargo, hay motivo de creer que fue removida de los textos griegos de la Iglesia Ortodoxo Griega Oriental bajo presión de los Arrianos, solo siendo retenida en los textos en latín de la Iglesia Occidental. La Iglesia Ortodoxa Oriental estaba luchando contra el Sabelianismo Modalista en ese tiempo, y la Coma, siendo uno de los textos favoritos de los Sabelianos, puede haber hecho que estuvieran más propensos a aceptar a excluirla.
Es significativo que no hay mención de alguien insistiendo en que la incluyeran en las Escrituras antes del concilio de Nicea. Solo tenemos evidencias de que los Arrianos insistían en que Gregorio la quitara, lo que implica que originalmente era parte del original y solo después fue removida. Si alguien desea investigar esto más a fondo, Dr. C. H. Pappas, ThM, presenta sus argumentos a favor de su inclusión en su libro, In Defense of the Authenticity of 1 John 5:7.
Alejandro, Obispo de Alejandría (273 – 326 d.C.)
“Cuando los santos profetas, y todos, como he dicho, que andaban recta y justamente en la ley del Señor, junto con todo el pueblo, celebraban una Pascua, el Creador y Señor de toda criatura visible e invisible, el Hijo unigénito y el Verbo coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, y de la misma sustancia con ellos, según Su naturaleza divina, nuestro Señor y Dios, Jesucristo.” [xvii]
Aquí otra vez vemos otro Padre antes del Concilio de Nicea diciendo que el Hijo es coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, compartiendo la misma esencia o sustancia.
Conclusión
Todas estas citas son de Padres prominentes de la Iglesia que vivían mucho antes del concilio de Nicea en 325 d.C. Es cierto que, conforme falsas doctrinas entraron en la Iglesia, llegó a ser necesario que los Padres se reunieran para contrarrestarlas con credos eclesiásticos formales. Sin embargo, como hemos visto, la Trinidad era la doctrina de la Iglesia desde los tiempos de los Apóstoles.
[i] The Epistle of Ignatius to the Philadelphians Chapter IV
[ii] Justin Martyr, Dialogue with Trypho, chapter 127
[iii] Justin Martyr First Apology, chapter 61
[iv] Ignatius, commentary on Ephesians, chapter 7
[v] https://mindrenewers.com/2014/12/16/the-meaning-of-only-begotten/
[vi] Against Heresies, Book 10, chapter 1
[vii] Athenagoras. The Sacred Writings of Athenagoras (p. 10). Jazzybee Verlag. Kindle Edition.
[viii] Athenagoras. The Sacred Writings of Athenagoras (pp. 11-12). Jazzybee Verlag. Kindle Edition.
[ix] Tertullian, Against Praxeas, chapter 25
[x] Tertullian, Against Praxeas, chapter 11
[xi] Tertullian, Against Praxeas chapter 9
[xii] Origen, De Princiipiis, book 1, chapter 4.2
[xiii] Origen, De Princiipiis, book 1, chapter 3.2
[xiv] Origen, De Princiipiis, book 4, chapter 28
[xv] https://www.amazon.com/Apostolic-Tradition-Hippolytus-Popular-Patristic-ebook/dp/B084DXNNYW
[xvi] St. Cyprian, De Lapsis, The Unity of the Catholic Church, chapter 6
[xvii] Epistles on the Arian Heresy and the Deposition of Arius. Chapter 1.7