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por George Sidney Hurd
 
¿Quiénes son los vencedores de Apocalipsis 2 a 3? ¿Qué es lo que Jesús les dice, y cómo debemos de entenderlo? ¿Son promesas intencionadas para animar a los creyentes, o debe de producir inseguridad? ¿Son vencedores todos los creyentes, o es posible que uno sea salvo y nacido de nuevo y sin embargo no vencer en esta vida? Estas son algunas de las preguntas que espero responder en este artículo.
 
No tenemos que hacer especulaciones acerca de la identidad de los vencedores, dado que el Apóstol Juan, quien escribió el libro de Apocalipsis, nos indica quienes son los vencedores en su primera epístola.
 
Todos Aquellos que han Nacido de Nuevo son Vencedores
 
“porque todo el que ha nacido de Dios vence (νικάω, nikaō) al mundo. Ésta es la victoria (νίκη, nikē) que vence (νικάω, nikaō) al mundo: nuestra fe.” (1Jn 5:4)
 
¿Quiénes son los vencedores? Juan dice que todos (sin excepción) que han nacido de Dios son vencedores. ¿Qué es lo que tiene un hijo de Dios que lo hace un vencedor? Lo que nos hace vencedores es un fruto de la regeneración, un regalo que nos fue dado al nacer de nuevo. Tal vez notaste que la marca de zapatos de tenis Nike fue tomada de la palabra griega nike, que significa, “conquista o victoria.” Pero el don que recibimos al nacer de nuevo que nos hace un vencedor no es un par de zapatos Nike. Juan dice que el nike que vence el mundo es nuestra fe.
 
El Vencer es un Resultado de la Regeneración
 
Estoy de acuerdo con los Calvinistas cuando dicen que la regeneración necesariamente precede la fe salvífica y vencedora, dado que, antes de ser vivificado en Cristo, estábamos muertos en relación a Dios (Ef 2:4-6). (Para un estudio más detallado de este tema, lee mi articulo: La Depravación Total y la Reconciliación Universal).
 
Aquí en 1Juan 5, el Apóstol deja en claro que la regeneración precede la verdadera fe en vez de que Dios nos regenerara en respuesta a nuestra fe independiente. Juan comienza diciendo:
 
Todo aquel que cree (presente, “está creyendo”) que Jesús es el Cristo, es nacido (perfecto pasivo, “ha nacido”) de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él.” (1 Jn 5:1)
 
Aquí Juan está diciendo que, aquellos que ahora están creyendo que Jesús es el Cristo, están creyendo como resultado de haber anteriormente nacido de Dios. Así como la primera cosa que hace un recién nacido es respirar, de la misma manera uno espontáneamente cree al ser vivificado espiritualmente. Juan dice esencialmente lo mismo en Juan 1:12 donde él deja en claro que aquellos que están creyendo son aquellos que previamente habían nacido de nuevo, no según volición humana, sino según la voluntad de Dios:
 
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen (presente “están creyendo”) en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados (aoristo pasivo, fueron engendrados) de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12–13)
 
Aquellos que tienen su fe en Cristo están creyendo porque anteriormente habían nacidos por la voluntad de Dios. Esto está de acuerdo con Pablo cuando dijo, “nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co 12:3). Claro que esto no es simplemente una confesión “repite después de mí,” sino una confesión hecha por uno que ha creído en su corazón que Jesucristo es Señor (Rom 10:9-10). Pablo dice que, cuando inicialmente creímos para justificación, “creímos por la gracia” (Hch 18:27). En otras palabras, nuestra fe nos fue concedida por la gracia, no era de nosotros mismos (Ef 2:8-9).
 
La fe que nos es dada por la gracia no es simplemente la fe inicial para nuestra justificación: es una fe viva que nos da la victoria para vencer y perseverar hasta el fin. Es tan seguro que la fe que nos fue concedida cuando fuimos regenerados permaneciera con nosotros toda la vida, como es seguro que un recién nacido seguirá respirando toda su vida después de su primer respiro. La fe que no permanece es lo que Santiago llamó una fe muerta (Stg 2:26). En 1Juan5:5, después de decir que todos los que han nacido de Dios vencen y que la victoria que vence es nuestra fe, enfatiza que es una fe viva que permanece con nosotros hasta el fin. Él dijo:
 
“¿Quién es el que vence (presente activo, “está venciendo”) al mundo, sino el que cree (presente activo, “está creyendo”) que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Jn 5:5)
 
Pablo dejó en claro que la misma fe que nos fue dada por la gracia para creer para justificación cuando fuimos regenerados continúa con nosotros:
 
“Porque a vosotros os es concedido (χαρίζομαι, “dado por gracia”) a causa de Cristo, no sólo que creáis (presente activo, “estar creyendo”) en él, sino también que padezcáis por él.” (Fil 1:29)
 
Unos que estarían de acuerdo con Pablo en que creímos por la gracia inicialmente, sin embargo, niegan que la misma fe permanece con aquellos que han nacidos de Dios, así capacitándolos a perseverar en la fe hasta el fin. Aquí Pablo dice que el don de la gracia que hemos recibido al nacer de nuevo también nos capacita para seguir creyendo en medio del padecimiento que sufrimos por Él.
 
Dios no simplemente comienza la buena obra en nosotros – lo que Él comienza, Él perfecciona hasta que terminamos la carrera (Fil 1:6). Como dice el escritor de Hebreos, Jesús no es simplemente el autor de nuestra fe, el es el autor y consumador de la fe (Heb 12:2). Creímos y seguimos creyendo con la fe de Jesús que nos fue concedida al ser regenerados, y esa misma fe continúa con nosotros hasta terminar la carrera (Considero con más detalle el fuente de nuestra fe en el artículo La Fe de Jesús).
 
Si has nacido por voluntad de Dios, puedes estar asegurado de que también serás concedido la fe para vencer todo lo que el mundo traiga en tu contra. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33). ¿Por qué es la victoria de Cristo sobre el mundo motivo de que nosotros tengamos confianza? Porque hemos sido regenerados con la misma victoriosa vida de resurrección de Cristo, y es Su vida en nosotros que nos sostiene y nos da victoria. Juan dice:
 
“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.” (1 Jn 5:18)
 
La razón porque los que han nacido de Dios vencen es porque Cristo, el Hijo encarnado de Dios, quién es el Vencedor mismo, nos guarda. Como un aparte, Juan aquí no está diciendo que no pecamos. Eso sería una contradicción de lo que previamente había dicho en el primer capítulo (1Jn 1:8,10). La Reina Valera es correcto cuando traduce el presente activo de ἁμαρτάνω como “practicar el pecado.” Todos pecamos, pero el que ha nacido de Dios ya no practica el pecado. Como Pedro dice, nuestro Dios que nos hizo nacer de nuevo por Su misericordia para una herencia incorruptible, también nos guardará por Su poder hasta el fin:
 
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.” (1 Pe 1:3–5).
 
Como testificaría enfáticamente Simón Pedro, siendo guardado por el poder de Dios no significa que nunca fallamos, considerando que él negó a su Señor tres veces de la peor manera posible. Como dijo Santiago, “todos ofendemos muchas veces (Stg 3:2). ¿En qué sentido guardó Jesús a Pedro? Él intercedió por él para que su fe no fallara a pesar de su fracaso tan amargo (Lu 22:32). El autor y consumador de nuestra fe está con nosotros hasta el final – todos aquellos que Él vivifica, Él guarda por Su poder. Jesús dijo de Sus ovejas:
 
yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Jn 10:28–29)
 
Como Sus ovejas vencemos, no por nuestra propia capacidad de pastorearnos a nosotros mismos, sino porque estamos bajo el cuidado del Buen Pastor. Todos que han nacido de Dios vencemos porque Cristo, el Pastor de nuestras almas, nos guarda.
 
Estamos viviendo bajo el Nuevo Pacto de la promesa en lo cual Dios nos ha dado un nuevo corazón y puesto un nuevo espíritu dentro de nosotros por medio de la regeneración, haciendo que andemos en sus caminos, algo que nadie, con excepción de Cristo Mismo, había podido hacer bajo el Antiguo Pacto (Ezeq 36:26-27).
 
Entendiendo las Exhortaciones a Vencer en Apocalipsis
 
Creo que, equipado con el conocimiento que todos los que hemos nacidos de Dios venceremos, ahora es posible aplicar correctamente las exhortaciones a vencer que fueron dadas por Jesús en Apocalipsis 2 a 3. Siete veces Jesús extendió promesas a los que vencen. Son los siguientes:
 
1) “Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apo 2:7).
 
2) “El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte” (Apo 2:11).
 
3) “Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe” (Apo 2:17).
 
4) “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro” (Apo 2:26).
 
5) “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” (Apo 3:5).
 
6) “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo” (Apo 3:12).
 
7) “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apo 3:21).
 
De lo que Juan dijo en 1Juan 5, sabemos que, si somos creyentes nacidos de nuevo, somos vencedores y, por lo tanto, es garantizado que todas estas promesas serán cumplidos para nosotros. Así que, la pregunta es, ¿por qué Jesús precede cada promesa diciendo: “Al que venciere?”
 
Creo que la respuesta a esta pregunta está en el hecho que, así como es en las iglesias hoy en día, no todos los que oyeron las palabras de Jesús a las siete iglesias eran creyentes nacidos de nuevo. Jesús dijo que Sus ovejas oyen Su voz (Jn 10:27). Sin embargo, Jesús tuvo que decir a cada una de las siete iglesias, “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”  Esto presupone que algunos dentro de cada una de estas iglesias aún no eran de Sus ovejas y, por lo tanto, no podían oír Su voz. Antes de ser vivificado en Cristo, no teníamos oídos para oír a Dios: estábamos muertos en nuestras transgresiones y pecados (Ef 2:1-2). Jesús dijo: “que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn 3:3). Estando muertos espiritualmente, no teníamos ojos para ver, ni oídos para oír las realidades del reino de Dios.
 
Incluso, Jesús dijo a la iglesia en Sardis que, por su mayoría, ellos tenían un nombre que vivían pero estaban muertos. Él les dijo que solo había unos pocos en la iglesia de Sardis que andarían con Él en vestiduras blancas (Apo 3:4).
 
¿Puede el Nombre de Uno ser borrado del Libro de la Vida?
 
Jesús también prometió en Apocalipsis 3:5 que Él jamás borraría sus nombres del Libro de la Vida. Esto ha llevado a algunos a concluir que el nombre de uno puede ser escritos en el Libro de la Vida, solo para después ser borrado más tarde. Sin embargo, como demostré en mi artículo, El Libro de la Vida, una vez que uno ha sido vivificado y creído en Cristo, ellos son sellados por el Espíritu Santo hasta el día de la redención (Ef 1:13-14). Como los nacidos de Dios, ya poseen Su Misma vida imperecedera  (Jn 5:24). Jesús les dijo a los que creen:
 
“yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Jn 10:28–29)
 
Siendo cierto esto, los vencedores regenerados jamás podrían tener sus nombres borrados del Libro de la Vida. Pero, ¿por qué diría esto Jesús si no fuera una posibilidad? Para mí, la clave para entender esta promesa se encuentra en el contexto cultural de ese tiempo. La International Standard Bible Encyclopedia (ISBE) dice lo siguiente acerca del significado secular y cultural de la frase, libro de la vida:
 
Libro de Vida: “La frase es derivada de la costumbre de los antiguos de mantener registros genealógicos (Neh 7:5,64; 12:22-23) y de registrar a los ciudadanos por diversos motivos (Jer 22:30; Ezeq 13:9).” [1]
 
El Diccionario Expositivo de Merrill Unger dice lo mismo acerca del uso de la frase. Dice del libro de la vida que era, “una expresión figurativa tomada de la costumbre de registrar a los ciudadanos en una sociedad o mantener registros genealógicos.”
 
Así como Adolfo Hitler solía a borrar todo registro público indicando que sus enemigos habían existido, los creyentes en ese tiempo de persecución bajo el Imperio Romano estaban en peligro de que sus nombres sean borrados del registro público, o su libro de la vida. Creo que Jesús les estaba reasegurando a los cristianos que estaban bajo persecución que Él jamás haría lo que sus propios gobernantes les amenazaban hacer contra ellos si no renunciaran su fe en Cristo. En Apocalipsis 3:5 Jesús utilizó el doble negativo enfático οὐ μὴ. Literalmente, Él les dijo: “Definitivamente no (οὐ μὴ) borraré su nombre del Libro de la Vida.”
 
Conclusión
 
En conclusión, hemos visto que, a todos que han nacidos de Dios nos ha sido concedido una fe viva en Cristo que nos hace vencedores. Al creer, fuimos sellados con el Espíritu Santo hasta el día de la redención (Ef 1:13-14). Dios quien ha comenzado la buena obra en ti la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil 1:6).
 

[1] International Standard Bible Encyclopaedia, Book of Life
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El Libro de la Vida

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por George Sidney Hurd
 
¿Qué es el Libro de la Vida? Aunque la Biblia dice poco acerca del Libro de la Vida, es de suma importancia que nuestros nombres aparezcan en él, dado que solamente aquellos que están escritos en el Libro de la Vida son permitidos a entrar en la Nueva Jerusalén. (Apo 21:27).
 
Otra pregunta que es importante responder de las Escrituras es, ¿en qué momento está escrito el nombre de uno en el Libro de la Vida? ¿Queda escrito en el momento que uno cree y nace de nuevo, o ya fueron escritos todos los nombres antes de la fundación del mundo, como afirman los Calvinistas? Si de hecho todos los nombres ya fueron escritos antes de la creación, eso presentaría un problema insuperable para los que creen en la restauración final de todos, dado que actualmente no están escritos los nombres de todos en el Libro de la Vida.
 
Todavía otra pregunta es, ¿Cuándo llega el punto donde ya no habrá más nombres añadidos al Libro de la Vida? ¿Es el punto de corte cuando el corazón de uno deja de latir? ¿Es en el juicio del gran trono blanco, o seguirán siendo añadidos los nombres hasta que todos finalmente hayan sido vivificados y escritos en el libro? Estas son algunas de las preguntas que espero responder de las Escrituras en este artículo.
 
El Libro de la Vida no es el Libro de Los Vivientes
 
El libro de los vivientes contiene los nombres de todos que estén vivos en la tierra en un momento dado. Cuando uno es concebido sus nombres quedan escritos en el libro de los vivientes. Cuando mueren dice que sus nombres son borrados del libro de los vivientes. David dijo de sus enemigos que procuraban matarlo:
 
“Sean borrados del libro de los vivientes, y no sean inscritos con los justos.” (Sal 69:28)
 
Aquí David estaba pidiendo que los que procuraban matarlo sean quitados de la tierra de los vivientes. Ten en cuenta que incluso los impíos están en el libro de los vivientes hasta que sean borrados al morir. Adicionalmente, como espero demostrar, cuando él pidió que sus nombres no sean “contados con los justos” él estaba refiriéndose a nada menos de lo que el Nuevo Testamento llama el Libro de la Vida. Aunque todos en la tierra están en el libro de los vivientes, solamente aquellos que han sido justificados por fe tienen sus nombres escritos en el cielo (Lucas 10:20).
 
Yo creo que el libro de los vivientes es lo que se estaba refiriendo Moisés cuando él intercedía por los hijos de Israel después que habían adorado al becerro de oro. Él dijo:
 
“que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.” (Ex 32:32)
 
Debe ser obvio que Moisés no estaba pidiéndole a Dios que lo excluyera eternamente de su herencia celestial como unos han pensado. Él estaba diciendo: “Si no vas a perdonar su transgresión, entonces quite mi vida en lugar de ellos.” Él estaba ofreciendo su vida por sus vidas. Dios respondió diciendo: “Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro (v.33).
 
Dios acaba de decirle a Moisés estando en el monte Sinaí que cualquiera que sacrificara a otro dios tiene que morir. Así que, Moisés sabía que la idolatría llevaba la pena de la muerte bajo la Ley que acaba de recibir (Ex 22:20). Moisés estaba pidiendo que los hijos de Israel fueran perdonados de la pena de la muerte como exigía la Ley.
 
Solamente Creyentes están Inscritos en el Cielo
 
Aunque todos están inscritos en el libro de los vivientes (ζωντων) desde concepción hasta la muerte, no todos están inscritos en el Libro de la Vida (ζωῆ). Pablo deja en claro esto cuando se dirige a los creyentes en Filipo:
 
“Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida (ἐν βίβλῳ ζωῆς).” (Fil 4:3)
 
Al hacer referencia a algunos cuyos nombres estaban escritos en el Libro de la Vida, es evidente que otros no están en el Libro de la Vida. De la misma manera, Jesús dijo a los setenta discípulos al volver asombrados de que los demonios se sujetaban a ellos:
 
“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” (Lucas 10:20)
 
Sabiendo que nuestros nombres están inscritos en el cielo es causa de regocijo porque estamos “inscritos con los justos” en el Libro de la Vida y no simplemente en el libro de los vivientes (cf. Sal 69:28).
 
¿Cuándo fueron Inscritos Nuestros Nombres en el Libro de la Vida?
 
Los Calvinistas dirían que en realidad no han sido escrito ningún nombre en el Libro de la Vida – que los nombres contenidos en el Libro de  la Vida han estado allí desde la eternidad, antes de la fundación del mundo. Como uno puede ver en mi libro, La Solución Universal, estoy de acuerdo con los Calvinistas en muchos detalles. Puedo entender cómo ellos podrían llegar a esta conclusión basado en el hecho de que se dice de los elegidos que fueron escogidos en Cristo antes de la fundación del mundo.
 
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo (πρὸ καταβολῆς κόσμου), para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” (Ef 1:4)
 
“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (πρὸ χρόνων αἰωνίων).” (2 Ti 1:9)
 
La preposición πρὸ (pro), cuando se usa en sentido temporal, siempre significa “antes de.” Así que, claramente los elegidos, siendo las primicias de esta época, fueron escogidos en la eternidad antes del tiempo, antes de la fundación del mundo (para una explicación de cómo Dios escoge los elegidos y Su propósito para los elegidos, ver mi artículo: ¿Quiénes Son los Elegidos de Dios?).
 
Sin embargo, eso no significa que aquellos que Dios escogió desde la eternidad literalmente fueron escritos eternamente en el Libro de la Vida antes de la creación. Por tan metafóricamente que uno tomara el Libro de la Vida, ser “eternamente escrito” es un oxímoron. Escribir es un verbo de acción secuencial y un libro es una cosa creada. De la misma manera que no diríamos que Dios creó antes del tiempo, la acción de escribir tiene que suceder en tiempo.
 
En Apocalipsis 17:8, aunque no indica el momento preciso cuando el nombre de uno es escrito en el Libre de la Vida, sin embargo podemos ver que son escritos después de la fundación del mundo, no antes:
 
“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde (ἀπό)  la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.” (Apo 17:8)
 
Aunque los elegidos son elegidos en Cristo antes de (πρὸ) la fundación del mundo, ellos no son escritos en el Libro de la Vida hasta un punto de tiempo entre Génesis y el presente – desde  (ἀπό, apó) la fundación del mundo. Mientras que el uso temporal de la preposición πρὸ siempre significa “antes de,” la preposición ἀπό siempre significa “a partir de” como expresado con la palabra “desde.”
 
A pesar de esto, aparentemente influenciados por presuposiciones Calvinistas, unos pocos autores de versiones de la Biblia parafraseadas tomaron la libertad de cambiar “desde la fundación del mundo” por “antes de la creación del mundo.” Sin embargo, estas mismas versiones traducen todas las demás frases preposicionales con ἀπό correctamente como “desde” por razones muy obvias. Aquí hay un par de ejemplos de otros versículos que usan la misma frase:
 
“a quien ciertamente es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de todos sus santos profetas que han sido desde (ἀπό) el principio del mundo.” (Hch 3:21)
 
Es obvio que no hubiera sido posible que los profetas hablaran de la restauración universal antes del principio del mundo, dado que aún no existían antes de la creación. Lucas 11:49 es otra instancia donde la misma frase tiene que ser entendida como “desde” por razones muy obvios:
 
“Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, 50para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde (ἀπό) la fundación del mundo, 51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.” (Lucas 11:49–51)
 
Aquí, “desde la fundación del mundo” claramente tiene referencia a la sangre de los profetas derramada después de la creación desde el primer mártir, Abel, hasta Zacarías, quien era el último mártir mencionado en las Escrituras Hebreas. De hecho, en todas las 648 veces que ἀπό aparece en el Nuevo Testamento, no podría ser traducido “antes de” ni una sola vez, como han hecho con Apocalipsis 17:8 muchos Calvinistas y algunas versiones parafraseadas.
 
Así que, tenemos que concluir que todos los nombres que se encuentran escritos en el Libro de la Vida han sido escritos posterior a la fundación del mundo. Aunque las Escrituras no especifican el momento exacto cuando el nombre de uno está escrito en el Libro de la Vida, creo que podemos deducir de las Escrituras que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida en el momento que uno es regenerado y justificado por fe.
 
Escrito con los Justos
 
Como ya dije, creo que cuando David pidió que sus enemigos no estuvieran “escritos con los justos” (Sal 69:28), era la primera referencia al Libro de la Vida. Cuando Abraham le creó a Dios y le fue contado o imputado (λογίζομαι, logizomai) por justicia, creo que eso fue el momento cuando su nombre fue escrito en el Libro de la Vida. En el contexto de la justificación, como en el caso de la fe de Abraham siendo imputado a él por justicia, λογίζομαι es un término forense de contabilidad en lo cual uno está escrito en el registro divino como justo.
 
Sellado con el Espíritu Santo al Creer
 
Adicional a tener la justicia de Cristo imputado a nosotros cuando creemos, vemos también que somos sellados con el Espíritu Santo de promesa:
 
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” (Ef 1:13–14)
 
En el momento que oímos el evangelio poniendo nuestra confianza en Cristo fuimos sellados con el Espíritu de la promesa hasta el día de nuestra redención, siendo su posesión adquirida, (i.e. hasta el día que Cristo viene por nosotros). Es razonable concluir que nuestros nombres fueron escritos en el Libro de la Vida en el momento que fuimos sellados con el Espíritu Santo. Anterior a eso, todavía estábamos muertos en nuestros pecados y no éramos entre los redimidos.
 
Escritos en el Libro de la Vida al ser Regenerados
 
Es lógico concluir que estamos escritos en el Libro de la Vida en el momento que somos vivificados espiritualmente y creímos. Jesús dijo:
 
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Jn 5:24)
 
En Efesios 2:4 Pablo dijo que, cuando estábamos muertos en pecados Dios nos dio vida juntamente con Cristo. Creo que fuimos escritos en el Libro de la Vida en el momento que pasamos de muerte a vida, no antes.
 
Fuimos escritos en el Libro de la Vida cuando llegamos a ser Ciudadanos del Reino de los Cielos
 
Aunque nosotros, como las primicias elegidas de esta época, fuimos escogidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo, no llegamos a ser ciudadanos del reino de los cielos hasta que creímos y nacimos de nuevo (Jn 3:5). Ahora, siendo los hijos regenerados de Dios, somos ciudadanos en el reino de Dios y nuestros nombres han sido escritos en el cielo. Como dijo Pablo:
 
“el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col 1:13)
 
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil 3:20)
 
Lógicamente nuestros nombres no fueron escritos en el Libro de la Vida en el cielo antes de llegar a ser ciudadanos del cielo. Para estar escrito en el Libro de la Vida, primero tenemos que ser regenerados, justificados por fe, siendo escritos con los justos, así llegando a ser ciudadanos del cielo.
 
Sin embargo, la historia del plan redentor de Dios no termina con nosotros. El tiempo vendrá cuando toda rodilla se habrá doblada, y toda lengua confesada a Jesucristo como Señor.
 
En la Consumación de las Épocas los Nombres de Todos habrán estado escritos en el Libro de la Vida
 
En el Juicio del Gran Trono Blanco todos cuyos nombres no aparecen en el Libro de la Vida serán lanzados en el Lago de Fuego purificador, sufriendo la segunda muerte (Apo 20:12-15). Aunque las puertas de la Nueva Jerusalén siempre estarán abiertas, nada inmundo podrá entrar. Solamente aquellos que están escritos en el Libro de la Vida podrán entrar (Apo 21:25-27).
 
Sin embargo, los elegidos de esta época solamente somos las primicias de la nueva creación de Dios en la cual todos habrán sido hechos nuevos (Stg 1:18; Apo 21:5). Como dice el autor de Hebreos, nosotros que ahora somos los ciudadanos del cielo solamente somos los primogénitos:
 
“sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos.” (Heb 12:22–23)
 
El resto de la humanidad aún está por entrar en el reino, resultando en todos estemos sujetos a Cristo y Dios siendo todo en todos (Hch 15:16-17; Heb 2:8-9; 1Cor 15:28).
 
En la consumación de las épocas todos habrán sido vivificados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. ¡Qué consumación tan gloriosa!
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23Pero cada uno en su debido orden.” (1 Cor 15:22–23a)

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