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por George Sidney Hurd
 
¿Nos creó Dios de la nada o nos creó de Sí Mismo? La respuesta a esta pregunta es importante dado que determina nuestro sentido de valor y responde a la pregunta acerca de nuestro destino final.
 
“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
 
Lo siguiente fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
 
¿Cómo es que llegamos a existir? ¿Fue de la nada o de Dios? Desde San Agustín, el cristianismo tradicional ha argumentado que la creación de Dios es ex nihilo o “de la nada”. Por muchos años ese razonamiento era aceptable para mí porque creo en una creación especial de seis días, tal como es relatado en Génesis. Y a comparación de la evolución de ex magnus crepitus (big bang), parecía la opción más lógica de las dos teorías.
 
Es más lógico creer que el Dios eterno, como “la Causa sin causa” creó todo de la nada, que creer que nada fue la causa de todo, como creen los evolucionistas ateos. El diseño inteligente y la hermosura a nuestro alrededor son mejor explicados por la existencia del Diseñador Inteligente de Amor que argumentar que la nada de alguna manera estalló en un “big bang,” produciendo el orden astronómicamente complejo y preciso, y la gloriosa belleza creativa a nuestro alrededor.
 
Cuando comencé a descubrir el maravilloso plan de Dios para las épocas desde la creación hasta la consumación, me di cuenta de que la creación de Dios es mucho más personal e íntima de lo que puede ser adecuadamente expresada por la expresión “ex nihilo” del Latín. Si la creación fuera de la nada, entonces eso presenta otra pregunta: ¿De dónde viene la nada si Dios llena todo y no hay lugar donde Él no esté presente? Si Dios está en todo lugar, omnipresente, entonces no hay donde Él no esté para permitir que algo venga de la nada.
 
Como creacionistas, insistimos en la necesidad de un Creador – la primera causa sin causa y auto-existente, que es la fuente de todo lo que existe. Respondemos a la creencia de los evolucionistas ateos que todo comenzó de la nada diciendo:  ex nihilo nihil fit, “de la nada nada viene.” Ellos dicen que fuimos formados de una masa primitiva. Si es así, entonces volvemos a donde comenzamos: ¿De dónde originó la masa? ¿De la nada o de Dios, etc.? Si todo lo que existe es el resultado del “big bang,” entonces, ¿qué fue lo que se estalló?
 
Sin embargo, nosotros los creacionistas debemos de darnos cuenta de que diciendo “de la nada nada viene,” también excluye la creencia de una creación ex nihilo. Siendo verdad que “de la nada nada viene,” entonces tenemos que haber originado de Dios como fuente, tal como dicen las Escrituras, y no de la nada.
 
Unos argumentan que la nada se refiere al mundo invisible y que de la nada simplemente significa hacer que algo invisible se haga visible, algo como el conejo en el sombrero. Ellos citan Hebreos para apoyar esta idea:
 
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo (aionas) por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Heb 11:3)
 
Sin embargo, la palabra traducida “universo” es aionas en el griego, que significa eones o épocas. Épocas son, por naturaleza invisibles, una medida de tiempo, y épocas o eones solo son visibles en el sentido que los cuerpos celestiales que usamos para medir tiempo, como estrellas, el sol y la luna son visibles. Las realidades invisibles, tales como eones, ondas del sonido, espíritus, etc., son tanto una parte de la creación de Dios como las cosas visibles. En realidad, según la ciencia, los objetos que son visibles y tangibles para nosotros son nada más que distintas concentraciones de energía invisible contenidas en átomos. El mundo invisible fue creado juntamente con la creación visible y tangible. Así que, los eones o épocas, aunque invisibles, no son “nada”. No es correcto decir que “nada” se refiere al mundo invisible, porque el mundo invisible también es una parte de la creación de Dios, como vemos en Colosenses:
 
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.” (Col 1:16)
 
Hasta Dios mismo es Espíritu y así invisible a nuestros ojos. Así que, invisibilidad no puede ser sinónimo con la nada.
 
Mientras que los filósofos y teólogos razonan en un sinfín de círculos acerca de nuestros orígenes, creo que la Biblia es sencilla, clara y a la vez profunda en su revelación acerca de nuestros orígenes:
 
“Y todos son de Dios (ek theos) que nos reconcilió consigo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.” (2Cor 5:18 PLT) [i]
 
Este texto nos indica que todos son “ex Deo” o “de Dios” (Gr. ek Theos). Además, dice que nosotros como las primicias de la Nueva Creación (v.17); nosotros que ya hemos sido reconciliados a Dios, hemos recibido el ministerio de la reconciliación para alcanzar el resto de la creación de Dios.
 
En todo el libro de Dios el término “ex nihilo” o “de la nada” nunca aparece. Lo que vemos declarado más de una vez es que todas las cosas son “ex Deo” o “de Dios”. Hay un mundo de diferencia entre decir que fuimos creados por Dios “de la nada” y por Dios “de Dios”. El primero es impersonal y por naturaleza independiente de Dios. El segundo es muy personal e implica un vínculo y una dependencia.
 
Recuerdo un cuento de un granjero que cuidaba bien a todos los animales en su finca y todos ellos lo amaban. Cuando pasó por un tiempo de dificultad la madre gallina quería hacer algo para él para expresar su amor y gratitud. Se juntó con el señor cerdito, quien ella sabía también amaba a su amo, para ponerse de acuerdo con algo especial para él. Cuando la madre gallina sugirió prepararle un desayuno de huevos con jamón, el señor cerdito respondió: “Eso es fácil para ti decir. Para ti solo sería una contribución, pero para mí sería un compromiso personal.”
 
Aunque la ilustración queda corta, demuestra la diferencia en el valor puesto en lo que existe exterior a alguien y lo que realmente es una parte de uno. ¿Cuál sería lo que más aprecias y cuidas, tu pie o tu zapato? La respuesta debe ser obvia. Podemos fácilmente deshacernos de algo que hicimos de la nada y para nuestro beneficio como el zapato, por ejemplo, pero haríamos todo dentro de nuestro poder, y aún más, para salvar a nuestro pie porque es una parte de nosotros.
 
Tradicionalistas quieren que creamos que somos algo externo a Dios, creados de la nada y solo para servir Sus propósitos. Si Dios decide que ya no servimos bien para Sus propósitos, no es pérdida para Él lanzarnos al fuego, algo como haríamos nosotros con algo que ya no nos sirve.
 
Por ese motivo los aniquilacionistas no ven problema alguno con decir que Dios exterminará al 90% de Su creación. Dirían ex nihilo ad nihilo “de la nada a la nada”. Nuestra palabra “aniquilar” de hecho es de la palabra en latín ad nihilo (a la nada). Como diríamos en el inglés: “Fácil obtener, fácil deshacer”. Ellos negarían enfáticamente que el Dios de amor sea tan distanciado de Su creación como su creencia ex nihilo ad nihilo implica. Sin embargo, en realidad, según su creencia, la vida humana y el resto de la creación, es tan desechable para Dios como un zapato viejo.
 
Habiendo sido criado bajo la doctrina de la aniquilación, conozco de primera mano el bajo sentido del valor personal que esa creencia produce en el corazón. Aunque presentan a Dios como un Dios de amor, no sentí menos esperanza y auto-valoración durante mi breve tiempo como ateo de lo que sentía como niño creyendo en la aniquilación de todos, a excepción de los mejores y los más fuertes.
 
Cuando tuve mi encuentro con Dios a los 18 años de edad, Su amor fue derramado en mi corazón por el Espíritu Santo. No sabía nada de la teología, solo sabía desde el fondo de mi ser y sin caber la más mínima duda, que Dios me amaba y que Él me valoraba mucho más allá de mi capacidad de comprender. No fue hasta que comencé a estudiar la teología que surgieron otra vez los temores y dudas acerca de Su amor y Su valoración de mí como persona.
 
Dentro de unos pocos años, sin siquiera darme cuenta, pasé de la creencia de los aniquilacionistas en un selectivo ex nihilo ad nihilo (de la nada a la nada), al absoluto ex nihilo ad nihilo creencia de los ateos, y finalmente entré en el infinito mar del amor incondicional de Dios, solo para salir al otro lado por la influencia de la doctrina tradicional basada en el temor del castigo eterno para la mayoría.
 
Si no fuera por mi encuentro personal con el amor de Dios cuando tenía 18 años que sirvió como ancla para mi alma, hubiera estado en peores condiciones que cuando todavía creía en la aniquilación de los perdidos. Al menos en ese entonces, cuando me sentía de bajo valor y temía el rechazo de Dios, podría consolarme en el pensamiento que sería incinerado y después dejaría de existir. Pero una vez enseñado a creer que los indignos “desechables” serían eternamente quemados en el infierno sin posibilidad de restauración, el conocimiento del amor incondicional de Dios comenzó a ser desafiado en un tira y afloja continuo en el temor de un infierno eterno.
 
Todos nosotros, si somos honestos, experimentamos el fracaso y pecamos, y caímos presos al acusador de nuestras almas. Si no estamos bien arraigados y cimentados en el amor de Dios empezamos a luchar contra nuestra baja autoestima. Esto nos lleva a tener temor y dudas acerca de nuestra aceptación delante de un dios que nos dicen que es amor, pero a la vez tiene odio eterno y si no morimos en buenos términos con él, entonces él nos odiará y nos quemará con las llamas eternas del infierno.
 
Poco a poco salí de mi primer amor con el Señor donde me sentía seguro en Su amor, a una doctrina tradicional y dualista y pasé de estar afirmando: “¡Me ama, me ama me ama!” a sentir: “¿Me ama, no me ama, me ama, no me ama?” Mi sentido de valor personal delante de Dios comenzó a ser basado en mi comportamiento en vez de Su amor incondicional por mí.
 
Cuando asistía a la Iglesia Arminiana me dijeron que Dios me amaba incondicionalmente, pero si no perseveraba hasta el final, me mandaría a un infierno eterno. Los calvinistas, en cambio me dijeron que, si era uno de los elegidos, entonces no había necesidad de preocuparme. Pero si no perseveraba hasta el final, significaba que nunca era de los elegidos. Ambas doctrinas nos producen la misma inseguridad. El calvinismo es llamado “la seguridad eterna”, pero en realidad ninguna de las dos posiciones ofrece ningún sentido de verdadera seguridad para el pecador esperanzado.
 
En mi opinión, decir que nos originamos de la nada, ex nihilo, como dicen los tradicionalistas, nos devalúa tremendamente como criaturas de Dios. Es un término que despersonaliza la creación de Dios, convirtiéndonos en objetos desechables, como un zapato viejo. Lo que vemos presentado en las Escrituras es que todas las cosas se originaron en Dios ex Deo (de Dios), y como nos originamos en Dios, también existimos por Él, algo como nuestro pie existe debido al hecho que es una parte de nosotros. Aunque el hombre cayó y la naturaleza fue sujetada a la vanidad, todas las cosas se originaron de Él, subsisten por Él y al final terminan en Él. Lo que descubrimos en las Escrituras no es un ex nihilo et nihilo ad nihilo (de la nada, por nada y a la nada) Las Sagradas Escrituras nos presentan la gloriosa verdad que somos “ex Deo per Deo ad Deo” (de Dios, por Dios y para Dios):
 
“Porque de (ek) él, y por (dia) él, y para (eis) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
 
Solo viendo este texto podemos ver sumado el plan maravilloso de Dios para toda Su creación. Todo lo que tuvo su comienzo en Él es sostenido por Él, y volverá a Él. No existe desechables en toda la creación de Dios. No somos objetos ex nihilo para ser tirados ad nihilo como basura que ya no sirve, sino que somos creados de Dios mismo y tenemos un valor infinito a los ojos de Dios. Y es por eso que Él restaurará a todos a Si mismo:
 
“Y todos son de Dios (ek theos) que nos reconcilió consigo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.” (2Cor 5:18 PLT)[ii]
 
Aquí podemos ver que toda la creación se originó en Dios, y aunque caímos, nos ha reconciliado consigo mismo, dándonos el ministerio de la reconciliación hacia los demás. En Colosenses 1:15-19 vemos que la reconciliación es para toda la creación, tanto de lo visible como lo invisible. En Romanos 8:18-23 vemos que en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios toda la creación será liberada. No hay desechables, no hay un basurero eterno. En la eternidad todos habrán sido reconciliados con Dios y entonces Él será todo en todos.
 
La verdad de que nos originamos en Dios y no de la nada, no debe ser confundida con el panteísmo que enseña que todo es Dios. Aunque la creación comenzó en Cristo (gr. “en auto”, Col 1:16), y salió de Dios, sin embargo es distinto de Él. El Dios trino eternamente existe. En el principio, antes de la creación, Dios, siendo eterno, ya existía:
 
En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Gen 1:1)
 
“Porque en él fueron creadas todas las cosas…. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:16-17)
 
Dios es eterno, sin comienzo. La creación, en cambio, tuvo un comienzo. Sin embargo, no comenzó de la nada, ex nihilo, sino que comenzó en Dios y de Dios ex Deo. Somos de Dios en la manera en que Eva fue formada de Adán:
 
“porque así como la mujer procede del (ek) varón, también el varón nace de (día) la mujer; pero todo procede de (ek) Dios.” (1Cor 11:12)
 
Habiendo salido de Él, sin embargo, existe una distinción entre Él y nosotros, muy semejante a la distinción entre Adán y Eva, aunque ella salió de él. Sin embargo, habiendo salido de él, eran una sola carne. Hay unión en distinción. De la misma manera, el hombre vino de Dios, y mientras que siempre habrá distinción de personas, todos nosotros vivimos y nos movemos y tenemos nuestro ser en Él. Aunque muchos, como los varones de Atenas a quien predicó Pablo, siguen cegados a esta realidad por el pecado, siendo enemigos en su mente, todos vivimos por Él. Ninguno de nosotros tenemos auto-existencia.  Puede que estemos, por un tiempo, separados de Dios. Pero es imposible que exista una separación ontológica de Él porque en Él todas las cosas subsisten:
 
“para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. 29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.” (Hch 17:27-29)
 
Pablo aquí incluye a los que, en ese entonces, aún no habían sido regenerados. Muchos de ellos hasta se burlaban de él. Sin embargo, los incluyó en su declaración de que cada uno de nosotros, como linaje de Él, vivimos, nos movemos y tenemos nuestra existencia en Él. Mientras que todos somos personas individuales, sin embargo, todos somos de Él, existimos por Él, y también todos volveremos a Él. El resultado final es que Él será todo en todos.
 


[i] Esta es una traducción literal. Usualmente cito de la traducción Reina Valera pero en esta instancia los traductores tomaron la libertad y cambiaron el plural “todos” a “todo” y agregaron las palabras “esto proviene”, cambiando completamente el sentido obvio del texto, que enseña ex Deo en vez de ex nihilo.  La Reina Valera lee así: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.” (2Co 5:18 RVR) Al menos en la versión Rey Jaime del inglés retiene el significado literal del texto “All things are of God” (todas las cosas son de Dios).
 

[ii] Esta es una traducción literal. Usualmente cito de la traducción Reina Valera pero en esta instancia los traductores  tomaron la libertad de cambiar el plural “todos” a “todo” y agregaron las palabras “esto proviene”, cambiando completamente el sentido obvio del texto, que enseña ex Deo en vez de ex nihilo.  La Reina Valera lee así: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación.” (2Co 5:18 RVR) Al menos en la versión Rey Jaime del inglés retiene el significado literal del texto “All things are of God” (todas las cosas son de Dios).
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por George Sidney Hurd
 
“…cuando el Señor Jesús se manifieste desde el cielo entre llamas de fuego, con sus poderosos ángeles, 8  para castigar a los que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio de nuestro Señor Jesús. 9 Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna (ólethros aiónios), lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder.” (2Tesalonicenses 1:7-9 NVI)
 
¿Qué significa la frase comúnmente rendida como “destrucción eterna de la presencia del Señor”? Unos dicen que refiere a la aniquilación final de uno, mientras que otros lo entienden como describiendo tormento eterno lejos de la presencia de Dios. En el siguiente artículo tomado de mi libro El Triunfo de la Misericordia demuestro que, cuando es entendido correctamente habla de una destrucción temporal de la carne pecaminosa e independiente, resultando en la restauración.
 
En el capítulo 5 del libro El Triunfo de la Misericordia y también en mi blog La Duración del Castigo, demuestro que aiónios significa “eonian” o “lo que pertenece a la época/s,” en vez de “eterno.” Siendo así, es evidente que la destrucción eonian (ólethros aiónios) no se refiere a algo sin fin, sino más bien a un proceso que continúa por un tiempo indefinido.
 
La palabra olethros aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento y significa “destrucción, ruina o corrupción.” No significa aniquilación, como afirman los aniquilacionistas porque es usado para describir la condición o estado de personas aún vivas físicamente o de cosas que aún existen. 1Timoteo 6:9 sirve para ilustrar esto: “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción (olethros) y perdición (apóleia).” Muchas personas que han caído en el pecado y los vicios están destruidas; viviendo perdidamente y lejos de Dios. No es que han dejado de existir, pero su vida está en ruinas. Jesús dijo del hijo pródigo que vivía perdidamente. No volvió en si hasta que su vida estaba destruida o en ruinas.
 
Estudié el español por un tiempo en la hermosa ciudad de Antigua Guatemala donde hay muchas ruinas. Los edificios fueron “destruidos” por terremotos, pero no han dejado de existir. Muchos ya han sido restaurados. Destrucción no es un sinónimo de aniquilación. 
 
También, la palabra ólethros en 2Tesolónicas 1:9 no permite que refiera a un proceso interminable en el sentido de destruyendo eternamente. La morfología de la palabra griega para “destrucción” (ólethros) indica que es una palabra de acción que nombra el resultado de una acción, en vez de describir la acción misma, así como nuestro sufijo –ción en español. [i] Aún si la acción fuera continuar por épocas, tiene que terminar porque el sufijo –ción enfatiza el resultado final y no el proceso. La palabra refiere a un proceso de destrucción que tiene que terminar una vez que la destrucción sea consumada. Como dice el Salmista: Haces que el hombre vuelva a ser polvo, y dices: Volved, hijos de los hombres” (Sal 90:3). Cualquier teodicea que incluye tormentos sin fin no toma en cuenta la morfología de la palabra ólethros, ni la prometida restauración de todos. No toma en cuenta el clímax de las épocas, profetizado desde el principio. (Hch 3:21,25).
 
¿En qué sentido puede uno sufrir destrucción temporal resultando en el beneficio del sentenciado? No tenemos que buscar lejos en el Nuevo Testamento para encontrar la respuesta. Pablo dio órdenes a los corintos a entregar al que estaba fornicando con la mujer de su padre a Satanás para una destrucción, pero era una destrucción con un fin positivo:
 
“En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción (olethros) de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” (1Cor 5:4-5)
 
Aquí vemos un fin restaurativo en excluir a este hombre de la comunidad de los santos. Él fue entregado a Satanás para destrucción, pero no de su ser como persona, sino de su carne pecaminosa. Si uno persiste en el pecado es para su propio bien la destrucción eonian – no solo para el bien de los demás. De la misma manera los que mueren sin morir a la carne serán entregados al castigo correctivo (kolasis) por el tiempo necesario para destruir la vida del alma y su carne. Será una destrucción eonian, pero no eterna. Puede que dure tres días o tres milenios. Lo que sabemos es que será hasta la destrucción de la carne porque sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14).
 
La destrucción eonian en 2Tesalonicenses 1:9, según La Reina Valera 1960, es ocasionada por estar excluido de la presencia del Señor. En La Reina Valera de 1909 y en la Versión Sagradas Escrituras dicen que es por la presencia del Señor.
 
“los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethros aionios), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2Tes 1:9 Reina Valera 1960)
 
“los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia.” (2Tes 1:9 Reina Valera 1909) 
 
“los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia.” (2Tes 1:9 SSE)
 
Gramáticamente podría ser traducida de cualquiera de las dos maneras, y prácticamente los condenados sufrirán tanto por la presencia como por ser excluidos de la presencia. En Apocalipsis 14:10 dice que serán atormentados “con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Veremos esto con más detalle más adelante. Basta decir aquí que su tormento será ocasionado por estar expuesto a la mirada de Aquel cuyos ojos son penetrantes como llama de fuego. Sufrirán vergüenza eonian por la presencia del Señor. Pero, a la vez, serán excluidos de la presencia, porque sin la santidad nadie verá al Señor. Su tormento será tanto por ser visto por Él, como será por ver de lejos Su reino en su gloria y no poderse acercar por la vergüenza de su inmundicia. Como el apóstol Juan nos exhortó como hijos de Dios: “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de (apo) él avergonzados.” (1Juan 2:28). Aquí aparece otra vez la preposición griega apo, que puede expresar tanto la idea de alejarnos de Su presencia, como también alejarnos por Su presencia. Yo creo que ambos sentidos aplican. Si no permanecemos en Él, nuestra vergüenza nos obligará a alejarnos de Su Presencia, y por Su presencia, escondiéndonos en nuestra vergüenza igual como se escondió Adán del Señor en su vergüenza en el Edén.
 
Creo que la Segunda Muerte se trata de la destrucción eonian, tanto de la presencia como por la presencia del Señor. Todos tenemos que morir dos muertes. Una es física y la otra es morir al independiente YO y a la carne. Jesús nos dice, “el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda (apolumi “destruir, perder”) su vida por causa de mí, la hallará.” (Mateo 16:25). Son inevitables las dos muertes. Es mejor morir ahora en esta vida que sufrir daño de la Segunda Muerte después de su muerte física y el juicio (Apo 2:11; 21:8). “Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.” (Mateo 21:44) Los que creen en esta vida y se sometan al trato de Dios para ser santificados ahora en esta vida serán quebrantados. Es un proceso doloroso de la muerte al YO. Pero es mucho más preferible a lo que les espera a los que no se sometan al trato de Dios en esta vida. Por eso dice que “es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen.” (1Tim 4:10). Un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor (Fil 2:11), pero más bienaventurados los que lo hacen ahora en esta vida.
 
Pero, ¿Quién sería el beneficiario de una pena de destrucción eterna sin fin? ¿El Dios Padre y creador de todos? ¿Es concebible que el Dios de amor; infinito en sabiduría predestinara un basurero cósmico donde la gran mayoría de sus creaturas pasarían la eternidad en un miserable estado consciente de destrucción y ruina sin ningún plan para su restauración? ¿Será posible que le diera satisfacción a Dios, contemplar el sufrimiento de tantos miles de millones de sus creaturas por toda la eternidad? ¿Cómo podemos reconciliar tal concepto de Dios con pasajes como los siguientes?
 
“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. 9 No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo.” (Salmo 103:8-9)
 
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
 
“Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” (Salmo 30:5)
 
“…No ha guardado para siempre su enojo, porque él se complace en la misericordia.” (Miqueas 7:18)
 
“…porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. 13 Reconoce, pues, tu maldad…” (Jer 3:12-13)
 
¿Ha escuchado a alguien hablar de la “ira eterna” de Dios? ¿Sabías que no aparece tal frase en todas las Escrituras? Al contrario, lo que vemos es que Su ira es la que dura solo por un momento a comparación con su favor que es para siempre; que no guarda el enojo eternamente. Es Su amor que nunca deja de ser, no Su ira (1Cor 13:8). ¿Cómo puede Dios, que no desecha para siempre, dar la pena de “eterna” perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder para siempre? En cambio, si podemos ver que se trata de la destrucción de la carne, y que es eonian en vez de eterno; podemos entonces entender cómo el Dios de amor lo permitiría, entendiendo que es solo eonian - hasta que todos sean perfeccionados. Cuando la Segunda Muerte haya cumplido su propósito, entonces el último enemigo, la muerte, habrá sido finalmente destruido. El propósito de Dios en las épocas “de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” habrá sido finalmente cumplido (Ef 1:10). ¡Aleluya! “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:32-36). 
 
Hay unas ocasiones cuando parece, basado en las traducciones tradicionales, que la ira de Dios es eterna. Pero el contexto revela que no es “eterno” sino por un tiempo (olam). Leyendo lo que profetiza Jeremías contra Judá, da la impresión que su castigo es “perpetuo”:
 
“Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre (olam) arderá.” (Jeremías 17:4)
 
Si fuéramos a entender esta profecía contra Judá como traducido aquí llegaríamos a la conclusión que está hablando de ira eterna. También da la impresión de que su destrucción es eterna en 25:9:
 
“he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua (olam).”
 
Sin embargo, la “ira eterna” y la “desolación perpetua” son solo por un tiempo (olam). En este caso él especifica que “para siempre” durará setenta años como vemos en los siguientes versículos:
 
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.” (Jer 25:11-12)
 
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:10-14).
 
En el caso de Judá, como confirmado en la historia, la ira eonian y la destrucción eonian de Dios duró 70 años. Tome nota que, aún en Su ira, Sus pensamientos hacia ellos eran pensamientos de paz, y no de mal. (v.11) Su ira y la destrucción eran correctivas y terminaron cuando se cumplió la pena de los 70 años – no fue una destrucción eterna sino duradera (por olam). ¿Por qué debemos de pensar que la furia del Señor que arde “por siempre” y la destrucción “perpetua” en el caso de Judá durarán por un tiempo limitado pero la destrucción “eterna” de 2Tesalonisences 1:9 nunca llegará a un fin? ¿No dice Romanos 2:11 que no hay acepción de personas para con Dios? Dios no guarda para siempre su enojo y no rechaza para siempre porque Dios es amor. El amor solo muestra enojo con un fin correctivo. Solo rechaza hasta que lo busquemos.
 


[i] Robertson, A. T.. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research (Kindle Location 2847). Kindle Edition.

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por George Sidney Hurd
 
Lo siguiente fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
 
“Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. 20 Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, 21 y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. 22 Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. 23 Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. 25 Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. 26 Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27 Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. 30 Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos.” (Lucas 16:19-31)
 
Esta parábola de Jesús es consistente con lo que afirman los universalistas bíblicos porque ellos reconocen que los injustos pasarán por fuegos purificadores al morir. Lo que Jesús no dice aquí es lo que los tradicionalistas mantienen - que el tormento es eterno. Algunos citan el versículo 26 donde Abraham dice que hay una gran sima separándolos que no permite el paso. Pero no dice que la separación es eterna. Cuando uno está sirviendo condena en una prisión es muy similar a la situación en la que se encontró el hombre rico.  Un preso puede recibir visitas y conversar con ellos, igual como vemos aquí, pero mientras que esté preso hay un gran muro y ellos no pueden pasar a donde está él, y él no puede pasar a donde están ellos.  Solo pueden comunicarse con un teléfono través de un vidrio antibala. Pero una vez servida su condena él es libre de pasar al otro lado con los demás. Es como cuando Jesús dijo: “No saldrás de allí hasta que pagues el último centavo.” (Mt 5:26; Lucas 12:59). Hay mucha diferencia entre decir “no saldrás de allí” y “no saldrás de allí hasta que…” Es necesario comparar todas las enseñanzas de Jesús acerca del castigo para tener un entendimiento más completo del tema. Tenemos que ver esta parábola tomando en cuenta otras enseñanzas de Jesús donde habla de duración: “no saldrás de allí hasta que”, “tendrán su parte” y “muchos azotes o pocos azotes.” (Lucas 12:47).
 
También es probable que las descripciones del fuego y la lengua seca del hombre rico sean expresiones metafóricas y no literales. El mendigo Lázaro no estaba literalmente en el seno de Abraham. Son descripciones de dos condiciones espirituales distintas en el Hades (mundo invisible de los muertos). Los fariseos usaban la expresión “seno de Abraham” en referencia al paraíso. También la parábola presenta a los que están en el paraíso observando a las personas que ellos conocen, siendo atormentados en las llamas y hablando con ellos. Si eso fuera el caso en un sentido literal, el paraíso no sería un paraíso.
 
Esta parábola es la quinta en una serie de cinco parábolas, las anteriores siendo La oveja perdida (15:3-7), La moneda perdida (15:8-10), El hijo pródigo (15:11-31), y El mayordomo infiel (16:1-14). Unos argumentan que no es una parábola porque comienza como una historia real; “Había un hombre rico”. Pero la parábola del mayordomo infiel comienza exactamente igual; “Había un hombre rico”. También la parábola del hijo pródigo comienza como una historia diciendo: “Un hombre tenía dos hijos”. La parábola del sembrador comienza como una historia también: “El sembrador salió a sembrar”, pero sabemos que es una parábola porque Mateo aclara que es una parábola (Mt 13:3). Tomado como una historia real y no una parábola, ¿qué clase de paraíso sería eso? ¿Podrías ser consolado en el seno de Abraham viendo a los que amas atormentados en llamas y oyendo sus gemidos y súplicas interminables para misericordia? Para mí eso sería inconcebible. Eso sería un tormento también para los que están en el paraíso, a menos que Dios fuera quitarle todo sentido de amor y compasión de sus corazones.
 
Esta serie de parábolas fue la respuesta de Jesús a los fariseos y escribas cuando lo criticaron por recibir pecadores:
 
“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.” (Lucas 15:1-2)
 
Todas estas parábolas están dirigidas, no a los publicanos y pecadores que se acercaban para oírle, sino a los fariseos y escribas que se consideraban santos y menospreciaban a los demás. La parábola del hombre rico y el mendigo Lázaro fue como decir lo mismo que les había dicho en otra ocasión: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.” (Mt 21:31). Él no dice en la parábola que nunca entrarían, solamente que las personas que ellos menospreciaban, como el mendigo, las prostitutas, publicanos y pecadores, irían delante de ellos al reino de Dios.
 
En esta parábola Jesús tomó un cuento folklórico de origen griego bien conocido por ellos, pero cambió los papeles de los personajes de la historia. En la historia original, murieron un publicano rico llamado Bar Ma’jan y un escriba pobre. El escriba pobre fue al paraíso, pero Bar Ma’jan estaba en tormentos al lado de un río deseando tomar de su agua, pero sin poder alcanzarlo.  [i] Había al menos siete cuentos folklóricos parecidos circulándose entre los judíos en los tiempos de Jesús en donde los papeles cambiaban de esa manera al morirse.  [ii] 
 
A los fariseos y los escribas les ha de haber gustado este cuento porque los presentaba como los merecedores del paraíso mientras que los publicanos que ellos menospreciaban eran atormentados. Pero Jesús cambió la historia, presentándoles a ellos con su vestimenta púrpura y lino fino como los malos en el cuento, y los pecadores, publicanos y mendigos como Lázaro siendo recibidos en el paraíso. Esta parábola fue dirigida específicamente a los fariseos y escribas. Jesús no quería que entendiéramos con esta parábola que todos los mendigos van al paraíso o que todos los ricos van a ser atormentados en las llamas. Tampoco fue intencionado para ser entendido como una descripción del paraíso o del infierno. Solo era una parábola para dejar expuesta la hipocresía de los fariseos y escribas.
 


[i] George W. Sarris article The Rich Man and Lazarus. http://www.georgewsarris.com    
 

[ii] Edward William Fudge The Fire that Consumes, i Universe.com inc. 2001 p. 203

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