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por George Sidney Hurd
 
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
 
Uno pensaría que cada vez que aparece la frase “por los siglos de los siglos” en la Reina Valera, el texto en el griego sería lo mismo. Pero en Efesios 3:21 el griego es muy distinto. No es “por las épocas de las épocas” (eis tous aiónas ton aiónon) como aparece en la mayoría de las traducciones, sino que el primero es en singular y el segundo en plural. Así que debe ser traducido: “la Época de las épocas”. Ha sido traducido de la siguiente manera en la Reina Valera:
 
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (lit. Época de las épocas). Amén.” (Ef 3:21)
 
Hay mucha diferencia entre “épocas de las épocas” y “Época de las épocas”. Cuando usamos el singular seguido por la misma palabra en el plural de esta manera, estamos expresando la idea de que el que está en singular tiene preeminencia sobre los demás que están expresados en el plural. Cuando encontramos esta construcción en la Biblia entendemos que el que aparece en singular es más significante que los demás que aparecen en plural. Cuando vemos “Rey de reyes” o "Señor de señores” entendemos que el Rey de reyes es el máximo; Él que tiene preeminencia entre todos los reyes. Vemos la misma construcción en referencia al lugar santísimo. Literalmente dice, “Santo de los santos”:
 
“Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo (lit. “entre el lugar santo y el Santo de los santos)”. (Ex 26:33)
 
Es traducido en inglés como “santo de santos” o “el más santo”. El tabernáculo tenía el lugar santo y atrás del velo estaba el “Santo de los santos” “el lugar más santo” o “el Santísimo”. Todos entendemos esta distinción, y es sorprendente que la mayoría de las traducciones no distinguían entre “siglos de los siglos” y “Siglo de los siglos”. Cuando entendemos que la Época de las épocas es una época preeminente, la culminación de todas las épocas, el pasaje donde aparece es muy revelador. Traduciendo literalmente Efesios 3:21, cambia mucho el sentido del texto. Comparemos el texto de la Reina Valera con lo que literalmente dice:
 
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (tou aionos ton aionon “la Época de las épocas”). Amén.” (Ef 3:21 Reina Valera)
 
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducción literal)
 
 
Las traducciones antiguas dejaron fuera la conjunción “y” (kai) que aparece en el texto del griego Nestle-Aland, que enfatiza que el Padre será glorificado tanto en Cristo Jesús como también en Su Iglesia. Y una traducción más precisa también revela quienes verán la gloria de Dios en la Iglesia y en Cristo Jesús. No solo serán los ángeles quienes vean la gloria de Dios en la Iglesia. La palabra traducida “edades” en la Reina Valera es genos que significa “generaciones o descendientes”. Entonces lo que está diciendo es que, en la Época de las épocas, todos los descendientes de todas las generaciones verán la gloria de Dios en Cristo Jesús y en Su Esposa la Iglesia. Las profecías de las Escrituras hablan de un tiempo venidero cuando todas las gentes de todas las naciones verán la gloria del Señor y aquí vemos que esto será cumplido en Cristo y en Su Esposa la Iglesia:
 
“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.” (Isa 40:5)
 
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Hab 2:14)
 
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isa 60:1-3)
 
Muchos piensan equivocadamente que la última época antes de entrar en la eternidad es el milenio en que Cristo reinará con la Iglesia por mil años. Después de eso, según esta creencia, todos serán juzgados e irán a su destino eterno, sea el cielo eterno o el infierno eterno. Sin embargo, vemos referencia a varias épocas futuras y no solamente una época:
 
“para mostrar en los siglos venideros (las épocas venideras) las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Ef 2:7)
 
Cada vez que vemos mencionados “por los siglos de los siglos” (las épocas de las épocas) está hablando de varias épocas futuras. No tiene referencia a la eternidad como la mayoría ha llegado a pensar. La eternidad no está dividida en días, años, siglos, y épocas, sino que es una realidad existente fuera del tiempo e independiente de él. Es una equivocación pensar que la eternidad sea nada más que una cantidad infinita de épocas sucesivas. No sabemos cuántas épocas habrá antes que termine el tiempo, pero las Escrituras no hablarían del “fin de las épocas” (Heb 9:26 lit. sunteleia ton aionon) si la eternidad consistiera de una sucesión interminable de épocas.
 
Aunque no sabemos cuántas épocas futuras son incluidas en el plan de Dios para las épocas, sabemos que hay más de una época futura y que en la época final – la Época de las épocas, Su gloria habrá sido vista por las gentes de todas las generaciones en la Iglesia y en Cristo Jesús (Ef 3:21), y todos se habrán sujetado a Cristo doblándole rodilla y confesándole como su Señor antes de terminar esta Época de las épocas porque dice:
 
Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia…. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:24,28, cf. Fil 2:10-11)
 
¿Qué es lo que van a estar haciendo Cristo y Su Iglesia en las épocas venideras? La tradición nos ha enseñado que el reinado de Cristo con Su Iglesia termina después de la época del milenio. En Efesios 2:6-7 vemos que vamos a estar sentados con Cristo, reinando con Él en las épocas venideras. Vamos a mostrar las abundantes riquezas de la gracia de Dios por épocas y épocas:
 
“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros (las épocas venideras) las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Ef 2:6,7)
 
La palabra “mostrar” tiene la idea de “exhibir o demostrar”. ¿A quiénes vamos a demostrar la abundante gracia de Dios, si no son los que están en las tinieblas de afuera, en necesidad de Su gracia? Las naciones andarán a la luz de la Iglesia, la Nueva Jerusalén (Apo 21:24; Isa 60:1-3). Él Padre será glorificado en la Iglesia y en Cristo a todos los descendientes de todas las generaciones (Ef 3:21). Nosotros somos hechura Suya para manifestar Su abundante gracia, produciendo en otros la alabanza de la gloria de Su gracia:
 
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo… 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado… 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:4,6, 9,10)
 
¿Cuál es el misterio de las épocas? Que Dios nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo para manifestar las abundantes riquezas de Su gracia a todas las generaciones con el fin de que, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la Época de las épocas, todos serán reunidas en Cristo, tanto los que están en los cielos, como los que están en la tierra. El misterio de las épocas es su plan para la restauración de todas las cosas, reuniendo todos en Cristo, con todos sujetos a Él. Entonces llega el fin cuando Cristo mismo se sujetará al Padre para que Dios sea todo en todos (1Cor 15:28; Fil 2:10-11).
 
Las Épocas de las Épocas
 
La expresión “las épocas de las épocas” refiere a las épocas que son preeminentes sobre todas las épocas anteriores. Así como “la Época de las épocas” enfoca en una época preeminente sobre otras y por lo tanto ponemos “Época” en mayúsculo para distinguirlo, “las épocas de las épocas tienen referencia a una pluralidad de épocas que son preeminentes sobre todas las épocas anteriores. Son las épocas más significantes porque comienzan con el reinado milenial de Cristo y culminan con la Época de las épocas cuando Él, habiendo sujetado todo a Sí mismo en el fin del tiempo, entrega el reino al Padre. Vale notar que en el Antiguo Testamento la expresión “las épocas de las épocas” no aparece. No es hasta que entramos en el Nuevo Pacto que esta frase es utilizada, indicando que todas las épocas futuras son más significantes que todos los anteriores. Cristo no reinará eternamente como algunas traducciones nos hacen pensar, sino que reinará por “las épocas de las épocas” o “hasta que” todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies.
 
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: ‘Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apo 11:15)
 
“Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Heb 1:13)
 
“Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:25-28)
 
Apocalipsis 11:15 no contradice Hebreos 1:13 y 1Corintios 15:25-28. “Por los siglos de los siglos” solo refiere a las épocas de las épocas que terminan con el fin de las épocas cuando todos están en Dios en la eternidad. Sin embargo, las “épocas de las épocas” son las mejores épocas de todas las épocas – los tiempos de todos los tiempos, porque Cristo estará reinando con su Esposa, la Iglesia, y toda la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar. Entonces entramos en la eternidad donde Dios será todo en todos y por lo tanto ya no habrá necesidad de jerarquías.
 
El fin no llega con unos en el cielo y la mayoría en el infierno, sino con la restauración de todos de tal manera que Dios sea todo en todos. ¡Qué glorioso fin de las épocas! Hasta que Dios llegue a ser todo en todos, las épocas siguen. No existirá un dualismo eterno con unos en Dios y otros en oposición eterna contra Él, sino que Él realmente será todo en todos. ¡Gloria a Su Nombre!
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por George Sidney Hurd
 
¿Qué decía James Strong, quien publicó La Concordancia de la Biblia Strong’s, acerca de la prevalencia de la creencia en la restauración final de todos en los primeros siglos de la historia de la Iglesia?
 
En mi blog anterior, El Testimonio de los Padres, y también en el libro, El Triunfo de la Misericordia, cité numerosos Padres prominentes de la Iglesia, con varios autoridades notables de la historia de la Iglesia, como Philip Schaff, Johann Gieseler y J.W. Hanson, todos de los cuales afirmaban que el Universalismo fue la doctrina prevalente acerca del destino final de la humanidad durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, siendo enseñado en cuatro de las seis escuelas principales de la teología de aquel entonces. Incluso San Agustín quien se oponía a la doctrina concedió, diciendo: “Hay muchísimos en nuestro día quienes, aunque no niegan las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin.” [i]
 
Sin embargo, a pesar del testimonio informado de estos y muchos más fuentes autoritativos, la mayoría que no aceptan la restauración final de todos niegan a aceptar que fue la creencia que predominaba en aquel entonces – eso a pesar del hecho de que estos historiadores no eran Universalistas.
 
Aquí estoy agregando al testimonio de ellos el testimonio de John McClintock y James Strong, quien publicó La Concordancia de la Biblia Strong’s.  Lo siguiente es la entrada bajo “Universalismo” citada de su enciclopedia de diez tomos, The Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, published in 1895. Igualmente, estos eruditos tampoco eran Universalistas, y sin embargo ellos aquí confirman lo que ha sido el consenso unánime de casi todos los historiadores de la Iglesia.
 
Aquí ellos comienzan haciendo mención de las cuatro escuelas de teología principales que enseñaban el Universalismo durante los primeros siglos de la Iglesia, y después siguen el hilo de los santos que seguían aferrados a la creencia de la restauración de todos a través de toda la historia hasta los días de ellos en el siglo XIX, a pesar del hecho de que el emperador romano Justino del siglo VI había decretado que la doctrina de tormentos eternos era la única creencia permitida acerca del destino de los perdidos, pronunciando anatema contra todos que enseñaban el Universalismo o el Aniquilacionismo. Su entrada es algo largo, pero ayuda demostrar que el Universalismo no era una doctrina marginal aparte del cristianismo tradicional, como muchos que promueven la doctrina de tormentos eternos quieren que uno piense. De hecho, la primera tradición original establecida dentro de la Iglesia fue la apocatástasis o la restauración final de todos hasta que un emperador romano declaró la doctrina ilegal.
 
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John McClintock and James Strong
The Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature
 
Universalismo:

 
1. En Siglos Anteriores. 

“En 195 d.C. Clemens de Alejandría, quien era presidente de la Escuela Catequista en Alejandría defendía el universalismo a base del carácter remedial de todo castigo. Su alumno y sucesor, Orígenes, de igual fama por su conocimiento, piedad, y celo, enseñó el universalismo a base del eterno libre albedrío, la profunda agonía mental y espiritual ocasionada por la luz y el conocimiento de la verdad que lleva al arrepentimiento y a la harmonía del alma con Dios. La posición de Orígenes, junto con sus habilidades e incansables esfuerzos por proclamar el evangelio, le dio gran influencia con sus alumnos, y con toda la Iglesia en general, y para el beneficio de ellos escribió una multitud de libros. 
 
Además de su posición en LA ESCUELA EN ALEJANDRÍA, él también tuvo bajo su cuidado, en conexión con Panfilio, LA ESCUELA TEOLÓGICA DE CESAREA, donde uno de sus distinguidos alumnos fue el célebre Gregory Taumaturgo, un gran admirador de las teorías de su maestro, y finalmente, como 235 d.C., su hábil defensor y ferviente admirador. 
 
Panfilio y Eusebio, el primer historiador de la Iglesia, también defendieron las doctrinas de Orígenes de cargos presentados contra ellas por la Iglesia del occidente, y en respuesta a la acusación de que él negaba todo castigo futuro, citan sus escritos para contradecir la acusación, citando no solamente donde afirmaba que habría castigos severos, sino citando igualmente sus afirmaciones que tal corrección es purificadora y saludable. 
 
En 364 Tito, obispo de Bostra, escribió en defensa del universalismo, argumentando que, aunque hay tormentos en el abismo del infierno, no son eternos, sino que su gran severidad llevará a los impíos al arrepentimiento y así a la salvación. 
 
Gregorio de Nisa, 380 d.C., también defendió el universalismo con los mismos argumentos. Un contemporáneo con él era el celebrado defensor de la ortodoxia, Dídimo el Ciego, un sucesor de Orígenes en la escuela de Alejandría, y un universalista dedicado. 
 
Eminente entre sus eruditos era Jerónimo, conocido por sus habilidades, sus inconstancias, y su inestabilidad. El universalismo enseñado por Orígenes es claramente y hábilmente presentado por Jerónimo en sus comentarios sobre las epístolas, y en sus cartas.
 
Juan obispo de Jerusalén en esta época, también fue un defensor del universalismo a base de la teoría de Orígenes.
 
Otro contemporáneo, Diadoro, un maestro de mucha reputación en LA ESCUELA DE ANTIOQUÍA, y después el obispo de Jerusalén, también fue universalista, quien oponía la generalmente prevalente práctica de la interpretación alegórica, adhiriéndose estrictamente al sentido natural del texto en sus comentarios de las Escrituras. Defendía el universalismo con el argumento de que la misericordia divina excede sobremanera los efectos y las culpas del pecado. 
 
Su alumno y sucesor en la escuela, Teodoro de Mopsuestia, 420 d.C., nombrado “la corona y pináculo de la escuela de Antioquia,” por los Nestorianos, cuya secta él fundó: “El intérprete de la Palabra de Dios,” y cuyos escritos eran libros de texto en LAS ESCUELAS DE LA SIRIA ORIENTAL. Él fue un universalista prominente y de influencia. Su teoría de que el pecado es una parte incidental del desarrollo y educación de la raza humana; que, aunque algunos estén más gravemente arraigados en el pecado que otros, Dios lo desarraigará por completo, finalmente estableciéndoles a todos en lo bueno. Él es el autor de renombre de la liturgia utilizado por los Nestorianos, una iglesia que una vez igualaba, en su membresía, los adherentes de ambos de las comuniones griegas y de latín conjuntas, y que no ha tenido rivales en celo militante. En las lecturas y oraciones de esta liturgia el universalismo es distintamente afirmado.
 
Teodoro, d.C 430, obispo de Mopsuestia, también fue un universalista, sosteniendo la teoría presentada por la escuela de Antioquía. Por algún tiempo antes de esto, ciertas opiniones de Orígenes sobre la preexistencia y la salvación del diablo habían sido disputadas y declaradas herejías por un sínodo; sin embargo, esta doctrina de la salvación universal de la raza humana no había sido condenada. En el consejo llamado por el emperador Justiniano en Constantinopla, 544 d.C. la doctrina de la salvación universal de Orígenes fue declarada herejía. Nueve años después otro concilio tomó lugar en el mismo lugar por la misma autoridad, cuando la condenación fue pronunciada contra los Nestorianos, aunque su creencia en el universalismo no fue mencionada. Este concilio ha sido llamado comúnmente un concilio ecuménico, pero sin mérito (vea la acción de la Iglesia del latín en negar a reconocerlo o a mandar un representante a ella). Doberlein, en sus Institutos de la Teología Cristiana, después de citar el decreto de Justiniano contra Orígenes, dice: “Eso no fue la convicción de todos, y a la medida de que cada uno era eminente en conocimiento y con m´´as tiempo de ser cristiano, más valoraban y defendían la esperanza de la terminación de “tormentos” futuros. 
 
Drexelio, en su defensa del castigo eterno, da este testimonio: “Que Dios consigna a los ángeles apóstatas y los hombres en el día de la retribución a tormentos eternos parecía una doctrina tan increíble y dura para algunas personas que aún Orígenes mismo, quien era poderoso en las Escrituras, y no menos notorio por su admirable ingenuidad y excelente conocimiento, presumió mantener en su libro de principios que, tanto los diablos, como los hombres condenados, después de un cierto período de años, el fuego, habiéndoles purgado o purificado de sus contaminaciones, deben ser restaurados a la gracia. Agustín y otros expusieron su error y le condenaron por ello. Pero a pesar de su condenación, este error ha encontrado un gran número en el mundo quienes han dado a esta doctrina una recepción civil. Los llamados “anti-herejes”, esparcieron este error por toda España en varias interpretaciones.”
 
Gieseler, el historiador eclesiástico dice: “La creencia en la innegable capacidad de mejora en todos los seres racionales y la duración del tiempo limitado del castigo futuro, fue tan universal, aún en el occidente, y entre oponentes de Orígenes, que, aún si se puede decir que no hubiera podido extenderse sin la influencia de la escuela de Orígenes, había llegado a ser enteramente independiente de su sistema.” Y Agustín da testimonio a esto: “Algunos, no; muchísimos – de compasión humana encuentran inconcebible la tortura eterna, sin intermisión, y por ende no creen en ella; no, oponiendo a las Santas Escrituras, sino ablandando todas las severas cosas conforme a sus propias sensibilidades, y dando un significado menos severo a las cosas que ellos consideran expresadas de una manera más terrible de lo que literalmente son.”
 
El universalismo casi desapareció por completo en el período conocido como la Época Oscura, aunque hay vislumbres ocasionales del universalismo aún en los records mutilados que la iglesia papal permitió llegar a nosotros.  En el séptimo siglo, Máximas, el monje y confesor enseñó el universalismo; en el octavo, Clemens  de Irlanda fue destituido por enseñar que cuando Cristo descendió al infierno Él restauró a todos los condenados; mientras que en el siglo noveno, John Scotus ERigena, un filósofo famoso que encabezaba los sabios del tribunal de Francia, fue un defensor valiente del universalismo En el siglo once, los Albigenses eran, según las autoridades papales, Universalistas; En el siglo doce, Reynaldo, abad de San Martín en Francia, fue condenado ante un concilio por afirmar “que todos los hombres al final serán salvos.” En el siglo trece, Salomón, obispo de Basora, discutia el asunto de la salvación universal, respondiendo afirmativamente. Los Lolards en el siglo catorce enseñaron el universalismo en Bohemia y Austria; al final de la misma época un concilio convenido por Langman, arco-obispo de Canterbury, condenó el universalismo como uno de las herejías y después enseñó en esa provincia.  En los principios del siglo quince, una secta llamada “Hombres de Entendimiento” enseñaba el universalismo en Flanders, apoyándolo en las enseñanzas de los místicos alemanes, como hizo Tauler de Strasburgo, y Juan Wessel, quien, junto con otros, han sido nombrados “los reformadores antes de la Reforma.” Luther estudió cuidadosamente sus escritos y los tenía en muy alta estima.
 

2. Tiempos Modernos. 

Con la Reforma, Universalismo volvió a aparecer en el comienzo del siglo dieciséis, principalmente entre algunas de las sectas Anabaptistas.  El artículo diecisiete de la Confesión de Augustín, 1530, fue explícitamente formado para “condenar a los Anabaptistas, que mantienen que habrá un fin de los castigos de los condenados y de los diablos.” Denk, Hetzer, y Stanislaus Pannonius eran los defensores más destacados del universalismo en esta época. Hacia finales del siglo dieciséis, Samuel Huber, profesor de divinidad en Wittenburgo, enseñó el universalismo, afirmaba Spanheim; y Musheim dijo que, “fue obligado a renunciar su oficio e ir al exilio.”
 
A comienzos del siglo diecisiete, Ernesto Sonner, profesor de filosofía en Altorf, publicó “una demostración teológica y filosófica que el castigo eterno de los impíos demostraría, no la justicia, sino la injusticia de Dios.” Juan William Peterson, que era predicador de la corte de Lutin, y después gerente en Lunenburgo, adoptó y defendió el universalismo con tal celo que fue llevado ante un concilio, y como no podía de buena consciencia renunciar a sus convicciones, fue privado de su oficio y se vio obligado a retirar de sus oficios públicos. En su jubilación escribió y publicó tres tomos sobre el universalismo, con el título “Musterion Apocatastaseos Paltan,” en lo cual mencionó muchos que defendían esa doctrina.  Los tomos aparecieron entre 1700 y 1710. Iniciaron un siglo de controversia entusiastica, de la cual Mosheim dice, “Los temas de teología que fueron discutidos en el siglo diecisiete fueron destinados a provocar mayores controversias en el siglo dieciocho, tales como ‘la eternidad de los tormentos del infierno, y la restauración final de todos los seres inteligentes a la orden, perfección, y felicidad.”
 
Dietelmair, un oponente del universalismo escribió sobre su historia alrededor de la mitad de este siglo. En el prefacio de su obra, él habla de las controversias enérgicas que prevalecían dentro de la misma iglesia ortodoxa en los finales del último siglo y los comienzos del siglo actual (siglo diecinueve).  Entre las defensas del universalismo en el primer tomo de la obra de Peterson había “el eterno evangelio,” atribuido a Pablo Siegvolk, que era un nombre asumido de George Klein-Nicolai, destituido por su universalismo como predicador de Friessdorf. Él publicó otras obras en defensa del universalismo, pero “el eterno evangelio” llegó a ser popular más rápido y permanecía así. Pasó por cinco ediciones en Alemania.
 
En 1726 Juan Henry Haug, profesor en Strasburgo, habiendo procurado la ayuda de Dr. Ernesto Christoph Hochmann, Christian Dippel, Conde De Marcey, y otros, comenzaron “el Berleburger Bibel, una traducción enteramente nueva y un comentario de las Sagradas Escrituras. Se familiarizaron con todos los escritos de los Místicos, y en su gran obra enseñaron y defendían el universalismo desde el punto de vista Místico. Su obra llena ocho tomos grandes, el último publicado en 1742. Sufrieron gran persecución y ningún editorial estaba dispuesto a arriesgarse a imprimir la obra. Se vieron obligados a comprar su propia imprenta pequeña. Cuando la iglesia que fundaron fue destruida por sus enemigos, los miembros huyeron a América, tomando con ellos su imprenta, y fue puesto en operación en Germantown, Pa. Por Christopher Sower. Uno de los amigos más cercanos era George De Bennevill, nacido de padres franceses en Londres en 1703. Antes de cumplir veinte años él comenzó a predicar en Francia, donde fue detenido y condenado a muerte, pero fue rescatado al último momento por Luis XV.  Pasando a Alemania predicó el universalismo por varios años, y después llegó a América. En 1727 apareció Ludvig Gerhard y fue publicado “El Sistema Completo del Evangelio Eterno de la Restauración de Todas las Cosas” junto con “La Doctrina Contraria Sin Base de la Condenación Eterna.” Su autor era anteriormente un profesor de la teología en la Universidad de Rostock, y su publicación ocasionó, según Walch, no menos de catorce tomos en respuesta. Jung, Stilling a finales del siglo dieciocho, un defensor hábil del cristianismo contra el racionalismo alemán, era un universalista ferviente y eminente. El profesor Tholuck escribió en 1835, que esta doctrina llegó a ser particularmente notoria a través de Jung-Stilling, ese hombre eminente que fue un instrumento singular en las manos de Dios para sostener la verdad del evangelio a finales del siglo dieciocho, y un aliado fuerte a esa doctrina. “Durante el siglo actual, el universalismo ha hecho progreso veloz en Alemania. Olshausen comenta acerca del universalismo que “tiene sin duda raíces profundas en mentes nobles, y es la expresión de un deseo en el corazón de una harmonía perfecta en la creación.” El Doctor Dwight escribió en 1829, “La doctrina de la eternidad del castigo futuro ha sido rechazado por casi todos.” En Inglaterra los protestantes, en formar sus “Cuarenta y dos Artículos de la Religión, en 1552, condenó universalismo. Diez años más tarde, cuando la convocación editó las doctrinas de la iglesia, el número de artículos fue reducido a treinta y nueve, omitiendo, entre otros, el artículo condenando el universalismo. Desde ese tiempo el universalismo no ha sido una doctrina prohibida en la Iglesia de Inglaterra, sino que ha sido proclamada y defendida por algunos de los miembros más eminentes de su comunión – tales hombres como Dr. Henry Moore, el señor George Stonehouse, Bp. Tomás Newton, Dr. David Hartley, William Whiston, Dr. Tomás Burnet, los Reverendos W. Robertson, Carlos Kingsley, Stopford Brooke, y Canon Farrar, e indirectamente por el Obispo Tollotson. El Parlamento Presbiteriano de 1648, que temporalmente tomó control sobre el obispado, pasó una ley contra toda herejía, castigando algunos de los más persistentes con la muerte, y otros con prisión. “Que todos los hombres serán salvos” se encontraba entre las herejías castigables de esta manera.
 
Esta ley no duró mucho, porque los independientes, encabezados por Cromwell, pronto vencieron los que impusieron esas leyes. Gerard Willstanley publicó una obra defendiendo el universalismo solo unos pocos días después de pasar la ley, que pronto fue seguido por obras similares, escritos por él.  William Earbury valientemente proclamaba el universalismo. Ricardo Coppin activamente lo promovía, publicando ampliamente en su exposición y defensa, y fue varias veces enjuiciado por su ofensa.  Samuel Richardson, un Bautista eminente, también escribió fuertemente a favor del universalismo. Señor Henry Vane (el menor), miembro del Parlamento disuelto por Cromwell, y en 1636 gobernador de Massachusetts, fue un universalista. Jeremy White, uno de los pastores, predicaba universalismo, y publicó una obra que pasó por varias ediciones.  Jane Lead, una Mística, fue autora de varios libros universalistas. Henry Brooke, un escritor de literatura, afirmó su creencia en el universalismo en su “Necio de Calidad”, y en un poema del Mesías. 
 
William Law, autor de “La Llamada Seria” declaró en sus cartas, “En cuanto a la purificación de toda naturaleza humana, creo plenamente en ella, en este mundo o, en algunas, después de épocas.”  En las revistas de la literatura inglés del siglo pasado contienen muchas referencias de obras en defensa del universalismo. En 1750 Jaime Relly, que había sido un predicador en conexión con Whitefield, alarmado por la doctrina de reprobación, fue guiado por estudios y meditación a otro esquema de redención, algunas de sus particularidades de las cuales se puede decir, tuvieron sus orígenes con él. Aceptando como verdad la teoría común de que todos los hombres, habiendo pecado en Adán, justamente incurrió damnación eterna, y que Cristo había llevado esta culpa infinita y castigo a favor de todos que hayan de ser salvos. Relly estaba determinado a encontrar, si fuera posible, alguna base en dicho esquema. La ley divina declara explícitamente que “el alma que peca morirá” y que los inocentes no sufrirán por los culpables. ¿Cómo podría una transferencia del pecado humano y pena a Cristo ser consistente con la ley? ¿Cómo podría ser reconciliado con equidad? La soberanía divina, sin tomar en cuenta la justicia inherente en el plan. La soberanía que podría poner a un lado la justicia podría, con igual facilidad y más misericordia, haber ido directo a la remisión del pecado y su pena en vez de transferirlo a Cristo. Decir que los sufrimientos de Cristo fueron meramente aceptados como satisfacción por lo que merecen los hombres, simplemente declarado así por el soberano beneplácito de Dios, no era una explicación adecuada, dado que sería una satisfacción ficticia, y no una satisfacción verdadera y que cualquier sufrimiento, aún los de un hombre, hubiera servido tan bien como una aceptación arbitraria del Hijo de Dios. 
 
Relly encontró, según él, la perfecta y absoluta armonía en el procedimiento de Dios con su justicia y equidad en una unión tan vital y real con la raza humana a través de la unión con Cristo, que los hechos de la humanidad eran los de Él y los hechos de Él eran de la humanidad. Todos los hombres, según él, realmente estaban en Adán y pecaron en él - no por una imputación ficticia, sino por una participación real. Igualmente, todos los hombres en el segundo Adán, “la cabeza de cada hombre,” y Él es tan responsable judicialmente por lo que ellos hacen como es la cabeza en el cuerpo natural, responsable por los hechos de todos los miembros unidos a esa cabeza. Igualmente, Cristo, en su capacidad corporal, fue verdaderamente culpable de la ofensa de la raza humana, y por consiguiente podría ser y realmente fue castigado por ella. No hay, entonces más castigo debido por el pecado, ni más razón para declarar las demandas de la ley, con excepción de hacer que los hombres sientan su incapacidad de obedecer, y así llevarlos a una dependencia exclusiva en Cristo, la cabeza. Él ha efectuado una completa y consumada justificación para el mundo entero. Cuando el hombre cree en esto él está liberado de la sensación de culpa, liberado además de toda duda y temor. Hasta que él lo cree, él está, en esta época y hasta en otra, bajo la condenación de la incredulidad y tinieblas – la única condenación ahora posible para la raza humana. En ilustración y defensa de esta teoría, Relly escribió y publicó varios libros, predicó celosamente en Londres y sus alrededores, y formó una congregación en la metrópolis. Después de su muerte en 1778, dos sociedades fueron formadas de su congregación, pero ambas ahora han dejado de existir, igual como la sociedad formada por Winchester alrededor de 1798, y la Iglesia fundada por David Thom, D.D., en Liverpool en 1825. Los Unitarios en Inglaterra son todos creyentes del universalismo, así como son también muchos de las congregacionalistas.” (Fin de la cita de la Enciclopedia de la Literatura, Bíblica, Teológica y Eclesiástica, 1895).” [ii]
 
Conclusión

Así, en resumen, podemos ver que el universalismo no es una doctrina novedosa. De hecho, era la doctrina original y predominante en la Iglesia primitiva hasta entrar en la época oscura. Aún durante la época oscura había voces en la oscuridad proclamando el puro evangelio de la restauración de todas las cosas, a riesgo de sus propias vidas. Con el invento de la imprenta, poniendo la Biblia en manos de la gente, comenzó la Reforma y a la vez aumentaron los que rompieron con la tradición en cuanto al castigo eterno abrazando la doctrina del universalismo. 
 
En los últimos años parece que hay una restauración de esta doctrina olvidada. La Reforma del siglo dieciséis restauró la verdad acerca de la justificación por fe y no por obras. En mi opinión hay comienzos de otra nueva reforma, y esta vez es el redescubrimiento de la verdad de la restauración de todos en vez de la doctrina tradicional del castigo eterno. La Iglesia tiene que despertar a esta verdad para que, en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, tengamos la visión para la liberación y restauración de toda la creación como profetizado (Rom. 8:18-23). Si no queremos repetir la historia de los judíos, tenemos que ampliar nuestra visión para poder ver que la obra salvífica no termina con nosotros – que solo somos las primicias y que todos los demás serán vivificados en su debido tiempo (Stg 1:18; 1Cor 15:22-23). Es tiempo que comprendamos que nosotros los que primeramente hemos esperado en Él somos hechura Suya, destinados a ser manifestados para la alabanza de la gloria de su Gracia en las épocas venideras (Ef 1:12; 2:7-10). 
 


[i] Enchiridion, Chapter 112

[ii] John McClintock, James Strong, Enciclopedia de la Literatura, Bíblica, Teológica y Eclesiástica, 1895,  Toma 10 páginas 109-133
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 ​por George Sidney Hurd
 
“¿Qué quiere decir esto?” Esta fue la pregunta que hicieron los que oyeron y vieron las cosas que sucedieron en el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió sobre los ciento veinte discípulos que estaban reunidos en el aposento alto esperando la promesa del Padre. ¿Qué fue lo que sucedió para provocar esta pregunta de las multitudes? En Hechos 2 vemos lo que pasó:
 
De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. 3 Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. 5 Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. 6 Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. 7 Desconcertados y maravillados, decían: ‘¿No son galileos todos estos que están hablando? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? 9  Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10  de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; 11  judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!’ 12  Desconcertados y perplejos, se preguntaban: ‘¿Qué quiere decir esto?’” (Hechos 2:2-12,NVI).
 
Para ellos, iguales como con cualquier otra generación que haya sido testigo de una visitación de Dios a su pueblo, eran pasmados, desconcertados y maravillados, preguntándose: “¿Qué quiere decir esto?” Era, para ellos, algo nuevo que nunca habían experimentado ni visto antes; ni habían leído de algo semejante en la Biblia. Era algo completamente nuevo.
 
En estos últimos tiempos, una vez más estamos viendo manifestaciones de la presencia de Dios que son atípicos; la mayoría de la humanidad ha vivido toda su vida sin ser testigos de las cosas que suceden en las visitaciones de Dios. Lo que más deja a la gente desconcertada y perpleja son los efectos que tiene la presencia de Dios en los cuerpos de los que están siendo visitados por el Espíritu de Dios; tales como cayendo postrados, llorando, riéndose, temblando y embriagándose en el Espíritu.
 
La Biblia habla de la “lluvia tardía” del Espíritu (Zac 10:1). Habla de la “gloria postrera” (Hageo 2:9) que será manifestada de tal grado que “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hab 2:14). Habla de un derramamiento del Espíritu como nunca antes conocido:
 
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.” (Joel 2:28-30)
 
Muchos que han creído estas promesas y anhelado ver y experimentar esta gran visitación de Dios están en peligro de quedar afuera como sucedió con los judíos en los tiempos de Jesús, y muchos más en otras visitaciones a través de los siglos.
 
Unos quedan afuera porque no tienen una verdadera hambre de Dios. Ellos son como los burladores en Hechos 2:13 que observaban las personas afectadas por la presencia de Dios y dijeron: “lo que pasa es que están borrachos.” Otros quedan afuera porque no comenzó con ellos. Muchos de los líderes de los judíos en los tiempos de Jesús y los Apóstoles caían en esta categoría. Cuando Dios visita a su pueblo “al altivo mira de lejos” (Sal 138:6). Jehová dice: “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isa 57:15).
 
Otros más quedan afuera porque el Espíritu Santo no se mueve dentro del marco que ellos le han puesto. Ellos mentalmente han puesto límites de las cuales el Espíritu Santo no puede traspasar. Cuando el Espíritu hace lo que Él quiere y no lo que ellos quieren, ellos rechazan el mover de Dios, llamándolo emocionalismo carnal, o peor aún, lo atribuyen a demonios como hicieron los fariseos con Jesús (Mt 12:24). El hecho de que haya evidencias de exhibicionismo carnal o manifestaciones de demonios no descarta la realidad de la visitación. Cuando el Espíritu Santo estaba sobre Jesús y los Apóstoles había manifestaciones de demonios también, pero en cada instancia era la presencia del Espíritu liberando a los cautivos.
 
Muchos se asustan y piensan que eso es evidencia que no es de Dios. Sin embargo, viendo las ocasiones mencionadas en la Biblia cuando Dios se manifestaba, a menudo Él tuvo que decirles que no tuvieron temor. Cuando apareció en Sinaí dice que “temblaron y se pusieron de lejos y dijeron a Moisés: habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos’” (Ex 20:18-19).
 
Las manifestaciones que estamos observando en esta presente visitación no son nuevas. En cada avivamiento de la historia, algunas o todas estas manifestaciones han ocurrido. Todos aceptamos estos avivamientos como genuinos por la transformación que efectuó en individuos, iglesias, ciudades y naciones enteras. Todos los líderes en estos avivamientos, al mismo tiempo que reconocían y corregían abusos y excesos carnales, defendían las manifestaciones, a pesar de mucha oposición. Los siguientes testimonios de manifestaciones en los avivamientos de la historia son solamente unos pocos ejemplos.
 
TESTIMONIOS DE LOS AVIVAMINETOS HISTORICOS
 
Avivamientos del Siglo XVIII
 
“Muchos han experimentado un aumento de sus afectos religiosos mucho más allá de lo que habían sentido antes; y había casos en los cuales las personas se quedaban postrados en un tipo de trance, permaneciendo a veces veinticuatro horas sin movimiento y con sus sentidos desactivados, mientras están en éxtasis, siendo llevados al cielo viendo visiones de cosas gloriosas y deleitosas. Fue muy frecuente ver personas gritando, desmayándose, convulsionando, y otras manifestaciones semejantes, a veces con angustia y a veces con admiración y gozo. Aquí no era la costumbre tener servicios que duraran toda la noche, ni fue común que demoraran hasta tarde pero a menudo así sucedía; unos eran tan afectados, y sus cuerpos tan sobrecogidos, que no podían ir a casa, sino que fueron obligados a quedarse toda la noche donde estaban.” (The Great Awakening, p.550)
 
“He conocido personalmente a muchas personas que han experimentado raptos tremendos y extraordinarios en nuestros tiempos.  Pero en los raptos más sublimes de los cuales he tenido conocimiento, donde las emociones de admiración, amor y gozo, han sido elevadas al nivel más alto, las siguientes cosas han sido evidentes juntos: Frecuentemente quedándose reunidos por largos tiempos, contemplando la gloria de las perfecciones divinas y las excelencias de Cristo, de tal grado que el alma ha quedado como perfectamente sobrecogido y envuelto con luz y amor, un dulce consuelo y reposo y gozo del alma completamente inexpresable, a veces por cinco o seis horas seguidas, sin interrupción. Revelaciones extraordinarias de cosas divinas y los afectos religiosos eran frecuentemente acompañados con muy grandes efectos en el cuerpo... La persona fue privada de toda habilidad de permanecer parada o hablar...a veces el alma ha sido tan raptada con una clase de gozo omnipotente que hacía que la persona no podía evitar saltar con todas sus fuerzas con gozo y gran regocijo.”  (Pensamientos sobre el Avivamiento por Jonathan Edwards)
 
“Muchos de los jóvenes y niños aparentaban ser sobrecogidos con una revelación de la grandeza y gloria de cosas divinas...mientras que muchos más al mismo tiempo fueron sobrecogidos de angustia sobre su estado y condición pecaminoso y miserable, resultando en que todo el salón estuviera completamente lleno con gritos, desmayos y cosas semejantes...muchos eran tan afectados que quedaron postrados por horas.”  (The Great Awakening, p.546)
 
Avivamientos del Siglo XIX
 
El Avivamiento de Cane Ridge en Kentucky en 1801 – “El ruido fue como el rugir de las cataratas Niagra. El vasto mar de seres humanos aparentaba ser agitado como si fuera por una tormenta... Algunos estaban cantando, otros orando, otros clamando, pidiendo misericordia con los acentos más lastimosos, mientras otros gritaban ruidosamente. Observando a estos escenarios, una sensación peculiarmente rara, tal como nunca he sentido, vino sobre mí. Mi corazón empezó a palpitar fuertemente, mis rodillas y mis labios empezaron a temblar y sentí que no iba a poder quedarme de pie. Un poder extraño y sobrenatural se extendía por la mente colectiva entera de las multitudes allí reunidas. En una ocasión yo vi al menos quinientos tumbados en un solo momento como si una fila de mil cañones se hubiera abierto fuego sobre ellos, seguido por chillidos y gritos que rasgaron los mismos cielos...” (James B. Finley)
 
Peter Cartwright, Evangelista de Campañas de Carpa – “No importaba si eran santos o pecadores, fueron conmovidos por una canción o sermón ungido y fueron sobrecogidos con un temblor convulsivo en todo su cuerpo, algo que de ninguna manera podían evitar, y por más que resistían más se sacudían... Con las primeras sacudidas, uno observaba como sus sombreros elegantes, gorras y pinzas para el pelo se volaban, y tan fuerte y veloz sería la sacudida de la cabeza que su pelo suelto sonaba casi tan fuerte como el látigo de un conductor de carruaje.” (Cartwright, Autobiografía por Peter Cartwright, pp.17,18)
 
Charles Finney – “No había hablado sobre este tema por más de quince minutos cuando de repente una solemnidad asombrosa parecía descender sobre ellos; la congregación empezó a caer de sus sillas en toda dirección y clamaron pidiendo misericordia. Si hubiera tenido espada en cada mano, no habría podido cortarlas tan rápido como caían. Casi toda la congregación, o estaba de rodillas o postradas.” (Revival, por Winkle Pratney, p.24)
 
1870 Conferencias de Santidad en Sacramento, Santa Clara y San Francisco – John Inskip, el presidente de la Asociación Nacional de Santidad, reportó que vio muchos líderes prominentes de la Conferencia de California “tumbados al suelo por el poder de Dios, y postrados por horas, llenos de la gloria.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.21)
 
1889 Reunión de Avivamiento de Maria Woodworth Etter – “El poder de Dios estaba sobre toda la congregación y alrededor de la ciudad de Oakland. El Espíritu Santo caía sobre el pueblo mientras predicábamos. La gente quedaba congelada como si estuvieron enfrentando la muerte. Muchos de los hombres más inteligentes y mejor vestidos caían atrás en sus sillas con sus manos levantados a Dios, mantenido bajo el poder omnipotente de Dios. Se caían hombres y mujeres por todos lados como árboles en una gran tormenta. Algunos tenían visiones de Dios. Casi todos salían de sus visiones gritando alabanzas a Dios.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.24)
 
Avivamientos del Siglo XX
 
El Avivamiento Galesa, 1904 – “Dos mujeres fueron llenos del Espíritu Santo y, sin poder contenerse, empezaron a gritar fuertemente. Todos se juntaron alrededor de Evan Roberts, quien sonreía como para asegurarles, aunque él mismo estaba sobrecogido de asombro. Personas empezaron a gritar: “¡No más Jesús, o muero! Unos clamaron pidiendo misericordia, otros lloraron, cantaron, o alababan a Dios. Todo esto, junto con muchos desmayados o postrados en el suelo bajo agonía de convicción, fue, como dijo el historiador Eifion Roberts, ‘tan increíble como sin precedentes.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.35)
 
El Avivamiento de la Calle Azuza, 1906 – “Los servicios eran casi continuos. Almas sedientas se encontraban bajo el poder de Dios a casi toda hora, noche y día... La presencia de Dios llegó a ser más y más maravillosa. En ese viejo edificio con cielo raso bajo y piso desnudo, Dios despedazó a hombres y mujeres fuertes y los volvió a formar para su gloria. Fue un proceso tremendo de reconstrucción. Orgullo y auto imponencia, auto importancia y auto estima no podía sobrevivir allí.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.56)
 
Avivamiento de los Pentecostales Primitivos: Reunión de Mary Woodworth Etter – “En todos los servicios por casi tres meses, el poder que era tan común en los días de Finney, Jonathan Edwards, etc que tumbaba la gente, ha sido manifestado... Muchos han visto bolas de fuego y luces en y alrededor de la carpa... Jesús ha aparecido a muchos en las reuniones y muchos en diferentes ocasiones vieron un gran número de ángeles justamente encima de la audiencia.”  (Woodworth Etter, p.168)
 
Campamento, 1913 – “Miles se han reunido de todo el estado, algunas han venido de otros países y creemos que es la reunión más grande visto en los últimos tiempos. El presidente, hermano Scout, dijo que doscientos ministros estaban en la tarima, sentados en comunión y amor. El Señor estaba presente mostrando su aprobación de la Palabra, con poderosos prodigios y milagros, especialmente en sanidades y bautismos en el Espíritu Santo y fuego. El poder tumbador estaba manifestado, y muchos fueron tumbados bajo el poder.” (Woodworth Etter, p.250)
 
Evangelista Dr. Charles Price, 1920 – “El poder cayó. Centenares fueron salvos y centenares sanados. La primera persona por quien oré por su sanidad física cayó bajo el poder de Dios. Yo me asusté. Oré por el segundo y lo mismo sucedió. Temblé en la presencia de Dios, pero los dos, poniéndose de pie y proclamando que fueron sanos, me dio ánimo y seguí orando. Después docenas y docenas se quedaron postrados bajo el poder al mismo tiempo. Las multitudes vinieron en tan grandes números que tuvimos que arrendar un edificio más grande.” (The Story of my Life, Charles S.  Price, p.29)
 
Movimiento de la Lluvia Tardía, 1948 – “En los últimos años de los ´40 parecía que el viento del Espíritu de Dios estaba soplando con mayor fuerza. Dios se movió en poder de avivamiento. Empezó a través del ministerio del Reverendo Hawtin y el Instituto Bíblico Sharon en North Battleford, Saskatchewan. Había tal infusión del poder divino en sanidades, milagros y dones para hablar que llamó mucha atención. Miles se congregaron de todas partes del continente y del mundo entero a Convenciones de Campamento.”
 
TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS
 
Dios nos dice en su Palabra que en los últimos tiempos va a hacer cosas nuevas que no ha hecho en el pasado: “No os acordáis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva. ¿no la conocerás? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isa 43:18,19). Debemos estar preparados y abiertos para recibir cosas nuevas del Señor en estos postreros tiempos. Si los Apóstoles y los ciento veinte no hubiesen estado dispuestos a recibir cosas nuevas de Dios no habrían aceptado hablar en lenguas porque era algo nuevo que Dios no había hecho antes. Para que algo sea de Dios no es necesario que haya ejemplos en la Biblia porque Dios tiene libertad para hacer cosas nuevas. Solo sabemos que Él no haría nada nuevo que contradiga su carácter revelado en la Palabra. Sin embargo, vemos indicaciones en las Escrituras que todas las manifestaciones evidentes hoy, eran características de distintas manifestaciones en tiempos bíblicos. 
 
Cayendo
 
El fenómeno más común que estamos viendo en el avivamiento actual es la de personas cayendo postrados bajo el poder de Dios. Su presencia prevalece sobre sus fuerzas físicas, a menudo dejándolos débiles e incapaz de caminar sin ayuda o muchos esfuerzos. Algunos tienen visiones, oyen su voz, sienten su unción o simplemente sienten un gozo y profundo paz descansando bajo su influencia.
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Apocalipsis 1:17 “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y el puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.”  Juan, al ver en visión a Jesús glorificado perdió todas sus fuerzas y cayó como muerto.
 
Juan 18:6 “Cuando les dijo: ‘Yo soy’, retrocedieron, y cayeron a tierra.” Cuando Cristo dijo “YO SOY” los soldados que vinieron a arrestarlo cayeron a tierra. A menudo, aún los inconversos caen como muertos en la presencia manifiesta del gran YO SOY.
 
Daniel 10:8-9 “Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en la tierra.” Cuando Daniel tuvo esta visión sus compañeros tuvieron temor y corrieron. Pero él se quedó sin fuerzas y cayó bajo la gloria con su rostro en tierra.
 
Temblando
 
También es común que los que son tocados empezaran a temblar, variando en intensidad; a veces solo la boca o las manos temblando y a veces con fuertes contorciones y convulsiones.  Cuando se aumente el voltaje espiritual, cosas empiezan a suceder con nuestros cuerpos frágiles.  Esta manifestación a menudo indica “cirugía espiritual” o que uno está recibiendo unción fresca.
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Jeremías 23:9 “A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras.”
 
Habacuc 3:16 “Oi y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí...”
 
Salmo 99:1 “Jehová reina; temblarán los pueblos...”
 
Ebrios en el Espíritu
 
En Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”
 
Estar lleno del Espíritu puede producir un efecto similar a estar ebrio con vino. La persona siente la presencia de Dios tan fuerte que sus habilidades normales como andar, pensar y hablar son afectados. 
 
En contraste con el vino, esta embriaguez del Espíritu Santo nunca produce pecados de la carne. Al contrario, produce mayor santidad y pasión por Jesús.
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Jeremías 23:9 Jeremías dijo: “...Estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras.”
 
Zacarías 10:7 Con referencia al tiempo de la “lluvia tardía” (v.1) Zacarías dice: “Y será Efraín como valiente, y se alegrará su corazón como a causa del vino; sus hijos también verán, y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.”
Hechos 2:13 “Otros burlaban y decían: Lo que pasa es que están borrachos.” El hecho que los burladores dijeron que estaban ebrios cuando fueron llenos del Espíritu Santo implica que su comportamiento era parecido a la embriaguez.
 
Risa
 
La risa experimenta como manifestación de la presencia de Dios es una risa de gozo inefable y lleno de gloria.  Salmo 16:11 dice: “En tu presencia hay plenitud de gozo.”   Plenitud de gozo se expresa en risa.  Dios da a su pueblo risa de gozo para librarnos de estrés, religión muerta, agotamiento, legalismo y formalismo muerto.  La unción trae “oleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado.” (Isa 61:3)
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Salmos 126:1,2 “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan.  Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza.”
 
Isaías 51:11 “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabazas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.”
 
Proverbios 17:22 “El corazón alegre constituye buen remedio.”
 
Danzando, Saltando y Corriendo
 
A veces el gozo inefable y lleno de gloria producido por el Espíritu Santo es tan glorioso que produce danzas espontaneas. Otros sobrecogidos de gozo saltan o se echan a correr para dar expresión a lo que están experimentando.
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
2Samuel 6:14 “Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.”
 
Jeremías 31:4 “Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas.”
 
Malaquías 4:2 “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”
 
Llorar
 
A menudo cuando uno es tocado por el Señor se manifiesta llorando. Puede variar en intensidad de unas lágrimas a lloro intenso con sollozos. Usualmente indica que uno está siendo sanado emocionalmente o liberado de ataduras. A veces un tiempo de llorar es seguido por un tiempo de gozo y refrigerio espiritual.
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Nehemías 8:9 “´todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.”  La revelación de la palabra trajo profundas emociones de arrepentimiento y gozo.
 
2Crónicas 34:27 “Y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová.”
 
Enmudecimiento
 
A veces uno puede estar tan afectado bajo el poder de Dios que no puede hablar. Cuando finalmente se suelte la lengua y pueden hablar, a menudo profetizan.   
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Daniel 10:15-16 “Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. 16 Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé.”
 
Ezequiel 3:26-27 “Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde. 27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.”

Visiones, Sueños y Revelaciones Proféticas
 
Una característica de esta visitación es que la presencia de Dios va acompañada con revelaciones de Dios en visiones, sueños y revelaciones proféticas. Este es un cumplimiento de la profecía de Joel 2:28: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes tendrán visiones.”
 
Ejemplos en las Escrituras:
 
Números 11:29 Cuando el Espíritu Santo cayó sobre algunos de los ancianos y empezaron a profetizar, Josué se quejó a Moisés. Moisés respondió diciendo: “¿Tienes tu celos por mí?  Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos.”
 
1Samuel 19:20 “Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saul, y ellos también profetizaron.” Aquí vemos que aún los mensajeros de Saul en rebelión contra Dios no podían evitar profetizar cuando el Espíritu vino sobre ellos.  Después lo mismo pasó con Saul en v,24 cuando él llegó a prender a David.
 
Manifestaciones de Demonios
 
Durante el ministerio de Jesús en la tierra y después en el libro de los Hechos, había muchas manifestaciones de demonios (Mateo 9:32-34; Marcos 1:23-26; 5:2-11; 9:14-29; Lucas 4:33-37; 6:17-19; Hch 5:16; 8:6-8; 16:16-18; 19:11-12). Dondequiera que el Espíritu Santo esté manifestándose con poder, los demonios que han estado atando a las personas, quedan expuestos y hay manifestaciones demoniacas. Los avivamientos son un tiempo de liberación para los cautivos.
 
Cada creyente está sentado con Cristo en lugares celestiales y, por lo tanto, tenemos autoridad sobre todo poder del enemigo. Por eso, en la gran comisión Cristo dijo que los que creen echarán fuera los demonios (Marcos 16:17).
 
Probando los Espíritus
 
Es cierto que nuestro adversario es un imitador, y él también puede imitar las manifestaciones del Espíritu Santo, así como los magos de Faraón imitaron las señales que Dios hizo por Moisés. También siempre hay aquellos que intentan producir las manifestaciones del Espíritu en la carne. El enemigo hará todo en su poder para apagar el ministerio del Espíritu, y a menudo la manera en que lo hace es lograr que resistamos las verdaderas manifestaciones del Espíritu por temor de las falsas.
 
Algunos hermanos preferirían estar “seguro y seco” que arriesgarse, entrando al río de Dios, sin darse cuenta de que, al despreciar las manifestaciones del Espíritu están apagando al Espíritu, en vez de examinarlo todo, reteniendo lo bueno (1Tes 5:19-22). En lugar de apagar al Espíritu necesitamos probar los espíritus para ver si son de Dios (1Jn 4:1). Una de las maneras principales para probar las manifestaciones es examinar su fruto. ¿Resultan en un verdadero arrepentimiento, una pasión renovada por Jesús y una vida transformada? Las obras de Satanás no producen buenos frutos y las manifestaciones de la carne tampoco producen cambios positivos.
 
No Resistamos al Espíritu Santo
Viendo la abundancia de ejemplos en las Escrituras y en la historia debemos de abrazar este mover como un avivamiento enviado por Dios. Ahora es el tiempo de entrar en este mover de Dios. Los que lo resisten ahora difícilmente entrarán después. Fernando Sosa un pastor de avivamiento en México dice: “Hoy está soplando un viento fresco del Espíritu. Los que meten en Él, fácilmente entrarán en el siguiente viento que sople sobre la tierra, que será aún más fuerte que el primero. Muchos querrán entrar en El, pero no podrán, pues su fuerza los empujará hacia fuera.”
 
Jonathan Edwards también hizo esta advertencia en 1730: “Seamos, todos, por lo tanto, advertidos para que de ninguna manera nos opongamos o hagamos lo más mínimo por entorpecer u obstaculizar la obra; por el contrario, hagamos todo lo posible por promoverla. Cristo ha venido ahora desde los cielos en una notable y maravillosa manifestación de su Espíritu y corresponde a todos sus discípulos reconocerle y darle honor.
Aquellos que se queden al margen preguntándose acerca de esta extraña acción, sin saber qué hacer con ella, rehusándose a recibirla y listos a hablar precipitadamente en contra de ella, como hicieron los judíos de antaño, harían bien en temblar ante las palabras de San Pablo: Mirad pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas.  Mirad, oh menospreciadores, y asombraos y desapareced; porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis si alguien os la contare.’ 
Que todos aquellos que consideran esta obra como una nube y como oscuridad, como era la columna de nube y fuego para los egipcios, tengan cuidado de que no sea para su destrucción, mientras ilumina al Israel de Dios.”
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por George Sidney Hurd
 
Este artículo fue tomado del libro, Exterminación o Restauración?
 
La definición de la muerte es importante, tanto para el Tradicionalista como para el Aniquilacionista. Los Tradicionalistas la definen como separación, y por lo tanto dicen que la segunda muerte consiste en una muerte o separación eterna de Dios. Por otro lado, los Aniquilacionistas tienen que argumentar que la segunda muerte significa aniquilación o cesación de existencia, después de ser resucitado y condenado en el Juicio del Gran Trono Blanco.
 
Como Restauracionista Universal, veo la segunda muerte - no como la cesación de existencia, ni tampoco como eterna separación de Dios, sino una muerte o separación eonian de la vida carnal y almática en el lago de fuego purificador. Es la muerte del independiente “yo” que aun nosotros como creyentes tenemos que pasar ahora en esta vida a través de las aflicciones que nos santifican o separan de lo que es carnal y almático, produciendo en nosotros la santidad sin la cual nadie verá al Señor (Heb 12:14). 
 
Los que no mueran a la carne y a la vida almática ahora en esta vida - negándose a sí mismos, no tendrán parte en la primera resurrección y sufrirán daño de la segunda muerte. Sin embargo, la segunda muerte es eonian – no eterna, y resulta en la restauración final de todos (Hch 3:21; Apo 20:6; Rom 11:36, etc.). Finalmente, toda muerte – tanto la primera como la segunda, será destruida – no por medio de una exterminación en masa, comparable a los
campos de exterminio de Hitler, sino que la muerte será destruida cuando todos hayan sido atraídos a Cristo y vivificados. La muerte no es lo que destruye la muerte, como dicen los Aniquilacionistas.  Es la vida de resurrección de Cristo, la que finalmente absorberá toda muerte, dando como resultado que Dios sea todo en todos (1Cor 15:22,26-28; 2Cor 5:4).
 
Definición Léxica
 
Bajo circunstancias normales simplemente consultaríamos a los léxicos para una definición precisa de una palabra en las Escrituras, porque han sido compilados por lingüistas que han estudiado extensivamente los significados de las palabras en su idioma original, no solamente en el Nuevo Testamento, sino también en la literatura secular de esa época.
 
Thayer define “muerte” (thanatos) como: “propiamente, la muerte del cuerpo, i.e. aquella separación (sea natural o violenta) del alma del cuerpo terminando la vida en la tierra.”  Vines define la muerte diciendo: “thanatos “muerte,” se usa en las Escrituras refiriendo a: (a) la separación del alma (la parte espiritual del hombre) del cuerpo (la parte material), el posterior dejando de funcionar y volviendo al polvo, e.g., Juan 11:13; Heb 2:15; 5:7; 7:23  y Heb 9:15). (b) la separación del hombre de Dios; Adán murió en el día que desobedeció a Dios, Gén 2:17, y en consecuencia toda la humanidad nace en la misma condición espiritual, Rom 5:12,14,17,21).” Vines define el verbo apothnesko diciendo: “lit., ‘morir apartado de’ se usa…de la separación del alma del cuerpo, i.e., la ‘muerte’ natural de seres humanos.”
 
Estas son algunas de las fuentes léxicas más precisas y autoritativas a nuestra disposición. Sin embargo, reconocemos que aun algunos de los eruditos más destacados pueden ser tan influenciados por la tradición que inconscientemente afecta sus definiciones de ciertas palabras según sus creencias. Así que, cuando hay duda debemos utilizar una concordancia para examinar cada contexto donde aparecen las palabras para confirmar sus conclusiones. Al examinar el contexto donde se refiere a la muerte en la Concordancia Englishman’s del Hebreo y el Griego, pude confirmar la existencia del concepto de una separación expresado por las palabras originales que son traducidas “muerte.” La Biblia se refiere - no solamente a la muerte física, sino por lo menos a 4 otras muertes, como es ilustrado abajo, y podemos ver que en cada caso, la palabra “muerte” no habla de cesación o aniquilación sino de separación.
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La Muerte Espiritual
 
Dios le advirtió a Adán, diciendo: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gén 2:17). O más literalmente: muriendo morirás.” Por lo tanto, la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) lo traduce: thanato apothaneisthe - “al morir estarás muriendo.” También, la Traducción Literal Young’s dice: “muriendo mueres” y la Versión Literal Concordant lo traduce: “al morir estarás muriendo.” Sea lo que sea la traducción correcta, una cosa es clara – en algún sentido Adán murió aquel mismo día, aunque no murió físicamente por otros 930 años.
 
Entonces, ¿de qué manera murió Adán en ese mismo día? Por su acto de independencia contra Dios, tomando del fruto prohibido, él cortó la comunión con Dios, llegando a ser separado de Dios o muerto en relación a Dios. Ni Adán, ni Dios, dejaron de existir en aquel día. Lo que sucedió fue que Adán murió espiritualmente
en el sentido de estar separados de Dios.
 
Los Aniquilacionistas, que son Fisicalistas (los que niegan la distinción entre el cuerpo u hombre exterior, del alma u hombre interior), entienden la rendición “ciertamente morirás” como refiriéndose al hombre entero en el sentido de dejar de existir. Ellos creen que los que dicen que el alma sigue existiendo en un estado consciente después de la muerte física han creído la mentira de Satanás: “no moriréis.” (en inglés es traducido: “realmente no morirán”).
 
Sin embargo, Dios claramente dijo que ellos morirían aquel mismo día. Entonces, es obvio que, según la advertencia de Dios, una muerte realmente ocurrió en aquel mismo día, y es obvio que no era la muerte física. La evidencia de que esta muerte inmediata fue la separación de Dios se ve por el hecho de que ellos de repente estaban conscientes de que estaban desnudos y se escondieron de Dios.
 
En realidad, por negar que la muerte de Adán y Eva sucedió en el mismo día en que tomaron del fruto prohibido, los Fisicalistas se ponen de acuerdo con la declaración de Satanás, diciendo que ellos realmente no murieron en el mismo día en que tomaron del árbol. Satanás aún presenta al hombre con la mentira que el pecado no resulta en la muerte espiritual (Stg 1:13-16). Aunque el pecado también acorta la vida física, la artimaña del diablo normalmente no es decirnos que no moriremos físicamente por el pecado, dado que todos ya sabemos que, tarde o temprano, vamos a morir físicamente.
 
Cuando Dios creó a Adán, Él sopló en él aliento de vidas (Heb. plural) (Gen 2:7). ¿Qué vidas recibió en ese momento? En primer lugar, él recibió vida en unión con Dios, y al mismo tiempo llegó a ser vivo en su cuerpo recién formado. Antes de la caída, Adán era predominantemente espíritu en su esencia. Su cuerpo fue formado del polvo de la tierra, pero Dios sopló un espíritu en su cuerpo. Entonces, él llegó a ser un espíritu revestido de carne. Sin embargo, la parte de Adán que murió, o llegó a ser separada en aquel día era su espíritu que le capacitaba a tener comunión con Dios, quien es espíritu. Dios, antes de destruir la humanidad en el diluvio, lamentaba diciendo: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne.” (Gen 6:3). Ya no era predominantemente espíritu, sino que había llegado a ser solamente carne - carnal. Desde el día de la caída de Adán, todos nacemos según el género del Adán caído – espiritualmente muertos o separados de Dios. En vez de ser un espíritu revestido en carne, estábamos sin vida espiritual, siendo separados de Dios, dejándonos solamente con la carne.
 
Ni el espíritu de Adán, ni Dios, dejaron de existir cuando sucedió esta muerte. En realidad, no somos enteramente separados de Dios. En Él todos nosotros – incluyendo los que aún no han nacido de nuevo, vivimos y nos movemos y somos (Hch 17:28). Sin embargo, todos nacemos muertos a Dios, quien es espíritu, en Adán, porque el espíritu que recibimos de Dios estaba muerto o separado de Él. Pablo dice que estábamos ajenos de la vida de Dios (Ef 4:18). Todos estábamos muertos espiritualmente hasta que nuestro espíritu nació de nuevo o fue regenerado:
 
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados…. 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” (Ef 2:1,5,6)
 
Observe, que tanto nuestra muerte, como nuestra vivificación, son presentadas en tiempo pasado. Para los que están en Cristo, nuestro espíritu u hombre interior ya ha sido vivificado. En Adán, no solamente moriremos todos físicamente, sino que en él nacemos con espíritus muertos que heredamos de él, debido a su pecado original, resultando en la muerte espiritual (Rom 5:15). No somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores de nacimiento, por el pecado heredado desde Adán. El espíritu de Adán murió en relación a Dios en el momento que cometió ese solitario acto independiente. Y todos nosotros, como su simiente, nacemos con un espíritu muerto – no en el sentido de que no existe, sino en que es separado de Dios, la fuente de la vida.
 
Lo que tiene que nacer de nuevo del Espíritu Santo para poder ver el reino de Dios es nuestro espíritu humano (Juan 3:3-6). El remedio de Dios para la muerte espiritual es regeneración, y Su remedio para la muerte física es resurrección a la inmortalidad. Tanto la muerte espiritual, como la muerte física, vinieron a todos los hombres en Adán. Pero ambas muertes finalmente serán anuladas para el mismo “todos” que murieron en Adán, en Cristo – el último Adán y Salvador del mundo entero (Rom 5:15, cf. 1Cor 15:21-23; Juan 1:29; 1Juan 2:2).
 
Cuando Cristo derramó Su sangre en la cruz, Él logró una reconciliación universal para toda Su creación, tanto lo visible como lo invisible (Col 1:16,20). En el instante que respondemos a esta reconciliación, siendo reconciliados en nuestros corazones, Él
nos hace nacer de nuevo, así siendo partícipes de la naturaleza divina, en unión con Dios por medio de Cristo (2Cor 5:19-21; Juan 1:12-13; 1Cor 6:17). En Cristo, ya no hay más separación (muerte) porque nosotros que antes estábamos lejos hemos sido hechos cercanos por la sangre de Jesús (Ef 2:13; Col 1:21-22). Habiendo ya recibido Su vida eterna, nada ni nadie podrá quitarnos esa vida que hemos recibido – separándonos de nuevo de Dios (Rom 8:35-39; Juan 10:28-29).
 
Así que, vemos que la muerte en relación a Dios no habla de una cesación sino de una separación. Lo mismo se puede decir de nuestra muerte al pecado (Rom 6:10-11). Seguimos existiendo como individuos y el pecado también continuará existiendo por un tiempo. Ni nosotros ni el pecado dejan de existir, sino que hemos sido santificados o separados del pecado en Cristo y por lo tanto somos muertos al pecado. Solo en el sentido de separación podemos decir que hemos muerto al pecado, dado que tanto nosotros, como el pecado, aún existimos.
 
Lo mismo se aplica en cuanto a la Ley. Nosotros existimos y la Ley también existe, pero hemos muerto a la Ley – habiendo sido librados o separados de ella para poder vivir en relación con Dios a través de Cristo, que ahora es nuestra vida misma (Rom 7:1; Gál 2:19-21). La segunda muerte, que veremos más adelante, también se refiere a una muerte que es la separación o santificación de lo espiritual de lo que es carnal y almática. Es una muerte que todos tienen que morir – ahora en esta vida o más tarde, recibiendo su parte en el lago de fuego y azufre, que es la segunda muerte (Apo 2:11; 21:8).
 
La Muerte Física
 
Ya habiendo visto en los capítulos anteriores que nuestro espíritu y alma son distinguibles de nuestros cuerpos; que el nuevo nacimiento de nuestro espíritu a la vida eterna ocurre en el momento que recibimos a Cristo, y que es distinto del nacimiento de nuestros cuerpos físicos, y que nuestra alma y espíritu regenerado tienen una existencia consciente aparte del cuerpo, es mucho más fácil comprender que la muerte física no es la cesación de nuestra existencia sino solamente la separación de nuestro hombre interior de nuestro hombre exterior.
 
Como fue mencionado anteriormente, decía acerca de los santos que habían muerto antes de la ascensión de Cristo que “fueron unidos a su pueblo.” (Gén 25:8,17; 35:29; Nú 20:24,26; Deut 32:50, etc.). Que no está refiriéndose a una fosa común es evidente porque a menudo murieron y fueron sepultados muy lejos de las sepulturas de sus ancestros. También la expectativa de David claramente fue una reunión inmediata con sus seres queridos al morirse cuando dijo de su hijo que acaba de morir: Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2 Sam 12:23). Así que, esta reunión no puede hacer referencia a sus cadáveres en una fosa común, sino que se referían a la reunión de las almas que son reunidas al morir.
 
También, muriendo es a menudo presentado como el alma saliendo del cuerpo y habla de una separación en vez de una cesación. Por ejemplo, cuando Raquel estaba muriéndose, dando a luz a Benjamín dice: “Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió)…” (Gén 35:18). También vemos que, cuando Dios levanta a alguien de los muertos, como hizo por medio de Elías al resucitar el hijo de la viuda, que el alma sale con la muerte, pero vuelve otra vez al ser resucitado:
 
“Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.” (1Reyes 17:21,22)
 
Los que niegan la existencia consciente después de la muerte, comúnmente responden diciendo que el “alma” simplemente se refiere a “la fuerza de la vida” en vez de un alma consciente que sale del cuerpo o vuelve al cuerpo. Sin embargo, eso no es el lenguaje de las Escrituras. Cuando es profetizado de Cristo diciendo: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción” (Hch 2:27), ¿quería decir con eso “no dejarás mi ‘fuerza de vida’ en el Hades?” ¡Claro que no! Lo que dice es que Él estaba confiado en que Dios no lo dejaría en un estado de muerte o separación de Su cuerpo mientras el cuerpo yacía en el sepulcro y Su alma estaba en el Hades o en la esfera invisible de las almas de los muertos. Cuando Jesús nos dijo que no temiéramos los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, ¿quería decir con eso que ellos podían matar el cuerpo, pero no la fuerza de vida? La respuesta debe ser obvia. Mientras que el hombre puede matar el cuerpo, separándolo del alma, el alma sigue existiendo. Tales ejemplos podrían ser multiplicados, pero esto debe ser suficiente para demostrar que el alma no deja de existir al morir el cuerpo.
 

Como la esencia del alma es espíritu, a veces ambos términos son intercambiables. Cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo dice: “Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó.” (Lucas 8:55). El espíritu fue separado del cuerpo en la muerte. Una vez más los Aniquilacionistas a menudo responden diciendo que “espíritu” (gr. pneuma) también puede significar “aliento” y por lo tanto simplemente significa que ella dejó de respirar cuando murió, y comenzó a respirar de nuevo cuando Jesús la levantó de los muertos. Sin embargo, es evidente que “espíritu” aquí se refiere al espíritu humano y no simplemente a su respiración.
 
Jesús, después de clamar “consumado es” dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” y entonces “entregó el espíritu.” (Lucas 23:46; Mt 27:50; Sal 31:5). ¿Debemos entender con esto que Jesús realmente quería decir: “en tus manos encomiendo mi aliento” y entonces “entregó Su respiración”? También Esteban, cuando estaba muriendo dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” (Hch 7:59). Debe ser obvio que, al decir “espíritu,” se referían a su hombre interior consciente. Pablo, refiriendo al hombre entero como espíritu, alma y cuerpo, los presentó claramente como tres aspectos de nuestra persona que están en proceso de santificación. ¡Es obvio que Pablo no estaba diciendo que Dios estaba santificando nuestro aliento, fuerza de vida y cuerpo! (1Thess 5:23).
 
Adicionalmente, todas las referencias de estar en el cuerpo o dejando el cuerpo no solamente indican una existencia consciente separada del cuerpo, sino que también deja en claro que la muerte es una separación – no una cesación de existencia (2Cor 5:6-9; 2Pedro 1:13-15). Además, tanto Jesús como Pablo, se referían a su muerte como “su partida” (gr. exodos), un término que claramente habla de una separación al morir (Lucas 9:31; 2Pedro 1:15).
 
Pablo habla de la muerte como una “partida,” usando la palabra griega analúo, que literalmente significa “soltar para arriba” (Fil 1:23-24), y su cuerpo o “tabernáculo” como “siendo deshecho” usando katalúo que es la misma palabra lúo pero con la preposición kata que significa “abajo” en vez de aná que significa “arriba.” (2Cor 5:1). Entonces, la muerte para un hijo de Dios es ser soltado para arriba en el alma, mientras el cuerpo es soltado para abajo. Pablo entendió que al morir, su alma o ser consciente, iría arriba, mientras su cuerpo iría para abajo. Esto claramente habla de la muerte como la separación del alma del cuerpo.
 
Conclusión
 
Aunque esto no es de ninguna manera una exposición exhaustiva de la naturaleza de la muerte, creo que presenta evidencia suficiente y conclusiva de que la existencia consciente no termina al morir, sino que es meramente la separación de nuestro espíritu y alma del cuerpo. 
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por George Sidney Hurd
 
“Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén. 23 Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25 Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. 26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. 29 Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí, hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros.” (Lucas 13:22-30)
 
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la  perdición, y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7:13-14)
 
Los pasajes que estamos examinando aquí son la respuesta de Jesús a la pregunta: ¿son pocos los que se salvan? Algo muy importante de tener en mente acerca de las enseñanzas de Jesús es que Él, aunque era el Mediador del Nuevo Pacto, ministraba aún bajo el Antiguo Pacto. Y si la ley fue dada para mostrar al hombre su condición pecaminosa y hacerle dudar de toda esperanza de salvarse a sí mismo por sus propias obras; algunos de los dichos de Jesús eran obviamente intencionados a destruir por completo cualquier esperanza que sobrara en uno para salvarse. Si la ley fue el ministerio de la muerte (2Co 3:7), algunos de los dichos de Jesús eran como los clavos para cerrar el ataúd de una vez. A los que decían que nunca había matado a nadie, Él dijo que estaban en peligro del Gehena, solo por decir palabras denigrantes a otras personas. A los que decían que nunca habían cometido adulterio les dijo que sólo mirar a una mujer con deseos sexuales era adulterio. Él tomaba la ley, que es humanamente imposible cumplir y la hizo infinitamente más imposible de cumplir.
 
A ciertas personas que ya reconocían su necesidad de salvación, Jesús revelaba que la salvación era de gracia por fe. A Nicodemo le explicó que la salvación venía por sólo una mirada de fe como cuando los hijos de Israel, muriendo por mordeduras de serpientes, fueron salvos por solo mirar a la serpiente de bronce (Jn 3:14-16). A otras personas que se consideraban justos, señalaba algo en su vida que le faltaba para quitar sus esperanzas de ser salvo por sus propias obras.
 
Cuando el joven rico en Marcos 10 se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Qué haré para tener vida eterna?” Jesús respondió mencionando uno por uno los diez mandamientos. La ley prometía vida para los que guardaban todos los mandamientos, algo que nadie ha podido hacer, con la excepción de Dios mismo en la persona de Jesucristo. El joven, pensando que era justo según la ley, respondió: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.” Entonces para quitarle a él toda ilusión de poder salvarse a sí mismo por sus obras, Jesús le dijo: “Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz.”
 
¿Cuál era el propósito de Jesús en hacer tal demanda a este joven? ¿Estaba reforzando su creencia que su salvación dependía de sus propias obras? ¡No! Jesús comenzó su respuesta a la pregunta del joven rico diciendo que no había ninguno bueno sino sólo a Dios. Él tenía seguidores como Lázaro y otros que eran ricos y no les exigió renunciar a sus riquezas. El motivo de Jesús es obvio. Él quería quitarle al joven toda esperanza de salvarse a sí mismo por sus propias obras para que caiga sobre la gracia y misericordia de Dios como su única esperanza de salvación. Su motivo era sujetar a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos (Rom 11:32). ¿Por qué dijo Jesús que los sanos no tienen necesidad de médico sino los enfermos; no he venido a llamar a justos sino a los pecadores? (Marcos 2:17). Porque los que se creen justos no sienten la necesidad de misericordia. Una persona empieza a buscar la misericordia de Dios hasta estar consciente de su condición de pecador. Tiene que reconocer su necesidad de salvación. Solo en esta condición están receptivos a las buenas nuevas de salvación por medio de nuestro Salvador Jesucristo; la justicia de Dios recibida gratuitamente como regalo de Dios (Rom 3:19-25). 
 
Vemos que Jesús no puso ninguna demanda al criminal crucificado a su lado. Él simplemente dijo a Jesús: “Señor, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino,” y Jesús le respondió diciendo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lc 23:42-43). Y Él extiende la misma invitación a todos: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” (Jn 7:37). Él ofreció la salvación gratuitamente a la mujer Samaritana que había tenido cinco maridos y el hombre con quién vivía no era su esposo: “Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.” (Jn 4:10). En contraste, con los que se consideraban a sí mismos como justos, Él hacía la salvación por sus propias obras aún más imposible. ¿Por qué? ¿Para excluirlos? No, sino para sujetarlos a todos bajo desobediencia para tener misericordia de todos.
 
Después de decirle al joven rico que le faltaba renunciar sus riquezas para ganar la vida eterna, Jesús les dijo a sus discípulos en tantas palabras que era imposible que un hombre rico se salvara. En Mateo 19:25 vemos la reacción de sus discípulos a estas palabras de Jesús: “Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?” En la respuesta de Jesús descubrimos lo que Jesús quiere que todos entendamos en cuanto a la salvación: “Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.” (v. 26).
 
Jesús no solo dijo esto en referencia a los ricos sino a todos. Lo que Jesús quería que todo el mundo entendiera antes de ir a la cruz e iniciar el Nuevo Pacto en su sangre era que la salvación de uno mismo no solamente es difícil – es imposible. Pero para Dios no hay nada imposible y Él quiere que todos sean salvos, y así será. Sin embargo, las prostitutas y los publicanos irán al reino de los cielos delante de los religiosos. ¿Por qué? Porque los religiosos son los últimos en reconocer su necesidad de la misericordia de Dios para su salvación (Mt 21:31-32).
 
“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Rom 11:32)
 
Volviendo al pasaje en Lucas 13, en respuesta a la pregunta: “Señor, ¿son pocos los que se salvan?” hay algunas observaciones muy importantes que debemos tomar en cuenta. 
 
En primer lugar, es claro que los que se pierden, no se pierden eternamente como tradicionalmente nos han enseñado. Lo que Jesús nos hace entender es que a algunos no será permitida la entrada al reino de los cielos al comienzo, pero no hace ninguna referencia a una exclusión eterna. Al contrario, lo que vemos en el versículo treinta es que, los que algunos estiman como los primeros en entrar, serán los últimos (los fariseos y religiosos), mientras que los que menos pensamos que entrarían en el reino de los cielos (como las prostitutas y los publicanos), son los que primero entran. La palabra “primeros” en griego es protos y en este contexto refiere a los que son primeros en tiempo. También la palabra “últimos” éscatos aquí refiere a los que son últimos en tiempo. “Primero” y “último” no están refiriendo a importancia o rango en el reino sino a secuencia. Cuando Jesús expresaba último y primero en importancia, usaba otras palabras para expresarlo; “menor” (elachistos) y “mayor” (megas). Si la exclusión de los perdidos fuera eterna, Jesús no hubiera hablado de unos que serían primeros en entrar y otros que serán escatológicamente los últimos en entrar.
 
Tampoco vemos mención de perdición eterna en el pasaje paralelo de Mateo 7:13,14. Nosotros por la influencia de la tradición de un infierno eterno inconscientemente asumen que la palabra “perdición” (apoleia), automáticamente significa algo eterno. Pero, ¿cómo puede ser que la perdición sea eterna si Jesús dijo: “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (apolumi)”? (Lucas 19:10). Jesús usó la misma palabra en ambos casos “perdición” siendo el sustantivo y “se había perdido” el verbo. Él es el Buen Pastor que deja a las noventa y nueve en el redil para buscar la única que se ha perdido hasta encontrarla (Lucas 15:4). ¿Será posible que, a pesar de todo eso algunos se pierdan para siempre? ¡No! mil veces ¡No! Él es quien dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré (arrastraré) a mí mismo.” (Juan 12:32). ¿Será que Él lo ha dicho y no lo hará? En porcentajes, los tradicionalistas a menudo presentan a Cristo como perdiendo eternamente el 99% de los que vino a rescatar, con solo 1% seguros en el redil. ¿No entregó Su vida el Buen Pastor por el mundo entero?
 
En segundo lugar, cuando comparamos estos pasajes de la puerta estrecha con los últimos capítulos de Apocalipsis, comenzando con la Segunda Venida de Cristo para Su Desposada, podemos ver que la exclusión de muchos del reino de los cielos no es una exclusión eterna. Los que no son de Cristo cuando Él viene, no participarán en las bodas y no serán la Desposada, la Esposa del Cordero y no serán de la Nueva Jerusalén (Apo 21:9-10), pero no es el fin de la historia.
 
Después del juicio del Gran Trono Blanco, de Apocalipsis 20, mil años después de la Segunda Venida, los que no hayan entrado por la puerta estrecha, y cuyos nombres no se hallen en el libro de la vida, serán lanzados al lago de fuego. La tradición nos dice que, después de este juicio, todos irán a su destino final donde estarán para siempre, sin la posibilidad de restauración jamás para los que están en el lago de fuego. Todos los santos irán al cielo y los demás al infierno para siempre. Pero en Apocalipsis vemos otro escenario.
 
En Apocalipsis 21 vemos la Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero, descendiendo del cielo sobre una nueva tierra. Allí se introduce otro grupo distinto de personas – las naciones que andarán a la luz de la Nueva Jerusalén (21:24).
 
Ahora no solo vemos dos grupos; la Iglesia en la Nueva Jerusalén y los sentenciados en el lago de fuego, sino también un tercer grupo – los salvos de las naciones. ¿Quiénes son? Obviamente, al comienzo, solo serán ellos los que se hallaron inscritos en el libro de la vida en el juicio del Gran Trono Blanco. Ellos serán vivificados y habitarán la nueva tierra, pero, como las bodas ya pasaron, no serán de la Esposa del Cordero que habita la Nueva Jerusalén, sino que andarán a la luz de ella. Pero también vemos otros de las naciones afuera que no pueden entrar en la Nueva Jerusalén, mientras que estén inmundos y todavía no tengan sus nombres inscritos en el libro de la vida (21:27). El libro de Apocalipsis termina con el Espíritu y la Iglesia, que ahora es la Esposa, todavía extendiendo la invitación a todos los de afuera que tengan sed y quieran beber del agua de la vida, a entrar a tomar gratuitamente (22:17). Sus puertas nunca serán cerradas (21:25). Los que lavan sus ropas pueden entrar a tomar de las hojas del árbol de la vida para su sanidad y beber del agua de la vida gratuitamente. Estarán en las tinieblas de afuera hasta que se arrepientan y laven sus ropas para poder entrar, pero la invitación está extendida a todos aquellos que tengan sed y quieran entrar.
 
“Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” (Apo 22:14-15)
 
Unos de los que están en las tinieblas de afuera serán prontos en entrar mientras que otros serán los últimos en entrar, pero, al fin de cuentas Dios será todo en todos (1Cor 15:28), cuando, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos todos, tanto los que están en los cielos como los que están en la tierra, serán reunidos en Cristo (Ef 1:10). Después del juicio del Gran Trono Blanco, la vivificación será de cada uno en su debido orden (1Cor 15:23), pero finalmente todos se habrán sometido a Él, doblando rodilla, confesándole como Señor para la gloria de Dios. Entonces, finalmente llegará el tiempo cuando todos habrán entrado por la puerta estrecha que lleva a la vida.
 
En tercer lugar, en el contexto del pasaje, Jesús no estaba dirigiendo la palabra a los que ya reconocían que eran pecadores como muchos toman este pasaje, sino que estaba enfrentando a los fariseos y religiosos que confiaban en sí mismos que eran justos. Ellos eran los que no estaban dispuestos a incomodarse para entrar por la puerta angosta.  Son ellos que estarán afuera. En Lucas 18:13-14 vemos que era el publicano y no el fariseo que fue recibido por el Señor. Jesús explicó la razón diciendo: “porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” Solo los pobres en espíritu heredan el reino, porque solo ellos están dispuestos a humillarse y entrar por la puerta que es incómodamente angosta.
 
Entonces no hay nada en estos pasajes de la puerta estrecha que implican la perdición eterna. Al contrario, está en armonía con la restauración final de todos, comenzando con los que reconocen temprano su necesidad de la misericordia de Dios.

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por George Sidney Hurd
 
Lo siguiente fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
 
Apocalipsis capítulo 20 termina con el juicio del Gran Trono Blanco donde los muertos son juzgados según sus obras y todos los que no se hallan escritos en el libro de la vida son lanzados al lago de fuego. Desde el punto de vista tradicional, el destino eterno de cada ser racional es sellado sin posibilidad de salvación jamás para los que no se hallan escritos en el libro de la vida en ese momento. En el capítulo 21, después del juicio, vemos la Nueva Jerusalén descender del cielo sobre una nueva Tierra. El resto del capítulo es una descripción de esta ciudad celestial. Hasta llegar al final del capítulo, uno podría pensar que, como el arca de Noé, sus puertas estarán cerradas para siempre en el día del juicio, sin posibilidad de que entrara ni una persona más. Y eso es lo que la tradición nos enseña. Sin embargo, los versículos 24 en adelante nos indican que las puertas de la Nueva Jerusalén nunca estarán cerradas para las naciones:
 
“Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. 25 Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. 26 Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. 27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.
22:1 Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. 2 En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apo 21:24-22:3)
 
Hay varias cosas en estos versículos que indican que hay restauración más allá del juicio del Gran Trono Blanco. En primer lugar, vemos en el versículo ocho del capítulo 21 que los condenados en el juicio recibirán “su parte” en el lago de fuego. Como no estaban escritos en el libro de la vida en el tiempo del juicio, serán juzgados según la obra de cada uno. Esto en si implica una sentencia medida que termina. Como dijo Jesús “no saldrán de allí hasta que…” Las expresiones “su parte” y “hasta que” implican una duración limitada, iguales como las expresiones “pocos azotes” – “muchos azotes” requieren duración limitada. Muchos azotes no pueden ser entendidos como “azotes eternos”, como tampoco podemos decir que muchos siglos (por los siglos de los siglos) significa la eternidad. Son una medida indefinida de “muchos azotes” o de “muchos siglos” pero definitivamente no significa sin fin.
 
En cuanto a los que no se hallan escritos en el libro de la vida en el juicio, no hay nada en las Escrituras que implica que los nombres no pueden estar escritos en el libro más adelante. De hecho, vemos que, en Cristo, todos sin excepción, serán vivificados en su debido orden (1Cor 15:22-23). Lo único que vemos acerca del libro de la vida es que, aunque las puertas nunca serán cerradas, ninguno entrará en la Nueva Jerusalén hasta que su nombre se halle inscrito en el libro de la vida del Cordero (v. 27). Si no hubiera posibilidad de estar inscrito en el libro de la vida después del juicio del Gran Trono Blanco, ¿Por qué vuelven a consultar al libro de la vida del Cordero para asegurar que las personas de afuera que desean entrar por las puertas de la Nueva Jerusalén se hallan escritos si ninguno en el lago de fuego jamás tiene la posibilidad de salir de allí y ser escrito en el libro de la vida?
 
En los últimos dos capítulos de Apocalipsis, después del juicio del Gran Trono Blanco, en la nueva tierra, aún está abierta la invitación a pecadores a entrar por las puertas de la Nueva Jerusalén:
 
Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. 15 Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira.” (Apo 22:14-15)
 
“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.” (Apo 22:17)
 
Aquí vemos el Espíritu y la Esposa extendiendo la invitación a “el que quiera”, a los que “laven sus ropas” para estar escrito en el libro de la vida y así tener derecho a “entrar por las puertas” de la Nueva Jerusalén, para que “tome del agua de la vida” gratuitamente. Para este tiempo, en la nueva tierra, la Iglesia ya se habrá convertido en la Esposa del Cordero, que habita con Él en la Nueva Jerusalén que descendió sobre la nueva Tierra (21:9). El agua de la vida está ya fluyendo del río del agua de la vida, del trono en la Nueva Jerusalén, que tiene el árbol de la vida en ambos lados, que es para la sanidad de las naciones (22:1,2). También, el Salmo 87 parece tener referencia a este tiempo futuro cuando las naciones entrarán por las puertas de Sion donde están las fuentes de agua viva (v.7). Sus nombres serán escritos allí como los que espiritualmente han nacido de nuevo (v.5,6).
 
Ninguno de los detalles de esta invitación en Apocalipsis 22 hubiera tenido aplicación en la antigua tierra antes del Juicio del Gran Trono Blanco. Antes de la Segunda Venida la Iglesia aún no era la Esposa del Cordero, pero aquí es la Esposa que dice “ven”. La Nueva Jerusalén aún no había descendido sobre la nueva tierra hasta después del juicio del Gran Trono Blanco y aún no existía en la tierra el lugar dónde uno podría entrar por sus puertas y tomar del árbol de la vida, y tomar del río del agua de la vida. Estas son condiciones particulares a la nueva Tierra, y sin embargo vemos que aún hay los de afuera que están invitados por la Esposa a entrar y tomar del agua de la vida gratuitamente. Si los del lago de fuego no pueden ser lavados y restaurados, entonces, ¿de dónde vienen estos pecadores que necesitan lavar sus ropas para poder entrar por las puertas en la Nueva Jerusalén? Los tradicionalistas tienen dificultad en explicar cómo personas en necesidad de purificación y sanidad pueden aún estar presentes en la nueva tierra después de que los injustos fueron lanzados al lago del fuego después del juico del Gran Trono Blanco; pero armoniza perfectamente con la creencia de la restauración universal de todos.
 
Es mi convicción que el lago de fuego no es un lago geográfico en sentido literal como tampoco es literal el mar del cual sube la bestia en capítulo 13 (13:1). Tampoco creo que el fuego y azufre sean literales. Dice que ellos serán atormentados con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero:
 
“…y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos.” (Apo 14:10-11)
 
En la descripción del juicio contra Edom por boca del profeta Isaías, vemos descripciones muy similares que pocos tomarían en sentido literal:
 
“Y sus arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente. 10 No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo; de generación en generación será asolada, nunca jamás pasará nadie por ella.” (Isa 34:9-11)
 
Esas expresiones son muy gráficas y obviamente hiperbólicas. Sus arroyos y su tierra no se convirtieron literalmente en brea, ni su polvo en azufre y su humo ya no está subiendo hoy. Hoy en día es posible pasar por Edom sin problema. Además, vemos que la profecía de Isaías, aunque menciona a Edom por nombre, está dirigida a todas las naciones:
 
“Acercaos, naciones, juntaos para oír; y vosotros, pueblos, escuchad. Oiga la tierra y cuanto hay en ella, el mundo y todo lo que produce. 2 Porque Jehová está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; las destruirá y las entregará al matadero. 3 Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor; y los montes se disolverán por la sangre de ellos.” (Isa 34:1-3)
 
La profecía está llena de expresiones hiperbólicas de juicio que entendemos como simbólicas y no literales, tales como “entregar al matadero”, “los montes se disolverán por la sangre de ellos”, “se embriagará mi espada”, “su tierra se embriagará de sangre, y “su polvo se engrasará de grosura”, “sus arroyos se convertirán en brea, y su polvo en azufre, y su tierra en brea ardiente” “No se apagará de noche ni de día, perpetuamente subirá su humo”, etc. Entendemos que estas expresiones enfatizan la severidad del juicio, pero a la vez entendemos que son expresiones hiperbólicas que no pueden ser tomadas en sentido literal; los montes no literalmente se disolverán por la sangre, ni la espada ni la tierra se puede embriagar y el humo no sube perpetuamente. Mucho menos debemos entender de esto, que cada uno de los individuos de estas naciones está quemándose y echando humo hasta el día de hoy. El humo sube de las ciudades y no de los habitantes. Estas expresiones de juicio, a pesar de que sean gráficas, ni hablan de juicios que extienden más allá de la muerte física y destrucción de sus ciudades. 
 
También vemos más adelante en Isaías que el juicio contra las naciones no es eterno. En Isaías 60 vemos una clara referencia de la sanidad de las naciones que serán salvas y andarán a la luz de la Nueva Jerusalén y entrarán por las puertas que nunca serán cerradas, como vio Juan en Apocalipsis 21 y 22:
 
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. 4 Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. 5 Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti…. 11 Tus puertas estarán de continuo abiertas; no se cerrarán de día ni de noche, para que a ti sean traídas las riquezas de las naciones, y conducidos a ti sus reyes.” (Isa 60:1-5,11)
 
Es más probable que el lago de fuego es una condición espiritual en vez de un sitio geográfico y los que están en ella están a la vista de la Nueva Jerusalén, pero sin poder entrar hasta que hayan cumplido su “parte” o condena. La invitación de la Esposa se extiende a todos que quieran, pero igual como ahora, nadie responde hasta que le sea consentido arrepentimiento y atraído por el Espíritu. Aunque ven la luz de la Nueva Jerusalén y oyen la invitación de la Esposa a entrar, permanecerán en el lago de fuego, hasta que se arrepientan de sus pecados y hayan sido purificados de sus inmundicias por el fuego y azufre purificador. Otra descripción de su condición es “las tinieblas de afuera”, una expresión que, tomada literalmente no es compatible con fuego literal, que siempre produce luz, especialmente en la densa oscuridad:
 
“Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; 12 mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.” (Mateo 8:11-12, cf. 22:13; 25:30)
 
Los dos simbolismos son utilizados para expresar la experiencia de los que viven en rebelión contra Dios quien es un Fuego Consumidor y lejos de Él, quien es la Luz. El “lago de fuego y azufre” enfatiza castigo correctivo y purificación. Y las “tinieblas de afuera” enfatizan la exclusión de la gloria y resplandor de Su presencia (“Mas los perros estarán fuera…” Apo 22:15). El llorar y crujir de dientes será por estar observando de lejos el gozo de los santos en la Nueva Jerusalén y no poder entrar hasta que hayan cumplido su parte en el lago afuera, y el Espíritu los atraiga a la Nueva Jerusalén por la invitación de la Esposa.
 
Otra causa de angustia será la realización de que ellos nunca tendrán el privilegio de ser de la Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero. Las bodas del Cordero ya habrán sido consumadas en la Segunda Venida de Cristo cuando viene por Su Iglesia. Cuando Cristo viene por Su Iglesia en la Segunda Venida, será arrebatada al cielo al lugar que Él ha preparado para ella, la Nueva Jerusalén. Desde allí celebrarán las bodas del Cordero y desde allí reinarán con Cristo sobre la tierra por mil años.
 
Al final de los mil años todos los demás muertos serán juzgados delante del Gran Trono Blanco; Dios hará un nuevo Cielo y nueva Tierra y la Nueva Jerusalén descenderá del cielo sobre la nueva Tierra. Los demás de las naciones que son salvos habitarán la nueva tierra, pero no la Nueva Jerusalén que es la habitación de la Esposa del Cordero. “Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella”. (Apo 21:24). Los salvos de las naciones que no son la Esposa del Cordero andarán a la luz de la Nueva Jerusalén, pero no serán de la Nueva Jerusalén. 
 
Los de las tinieblas de afuera, en el lago de fuego, sufriendo daño de la Segunda Muerte, permanecen lejos de la presencia del Señor y del poder de Su gloria en las tinieblas de lo más afuera. Solo pueden ver de lejos llorando y crujiendo los dientes con la consciencia viva de lo que perdieron. Algún día les será concedido arrepentimiento y sus nombres también serán inscritos en el libro de la vida. Ellos entonces, también van a poder andar en la luz de la Nueva Jerusalén como los demás salvos de las naciones, y entrar por sus puertas que nunca serán cerradas, pero nunca serán la Esposa del Cordero. 
 
Los que responden a la invitación y lavan sus ropas, van a poder andar en la luz de la Nueva Jerusalén y entrar con los demás que han sido salvos de las naciones, para tomar del árbol de la vida para su sanidad; pero, a mi forma de entender, nunca tendrán el privilegio de ser la Esposa con el privilegio de entrar en la intimidad de la recamara del Cordero. Ese lugar está reservado exclusivamente para la Esposa del Cordero. Hasta el final vemos la distinción entre la Esposa habitando la Nueva Jerusalén y las naciones que andan a la luz de ella. Eso no es decir que, en la eternidad, esta distinción aun existirá, dado que Dios entonces será todo en todos, cuando todos estén sujetos a Él (1Cor 15:28). Pero por los siglos de los siglos, (i.e. mientras existe el tiempo), la Esposa estará invitando a quien quiera entrar a tomar del agua de la vida gratuitamente.
 
Entonces vemos que las puertas de la Nueva Jerusalén en la nueva tierra nunca serán cerradas. La invitación sigue extendida a los que están afuera a lavar sus ropas y entrar por las puertas al río de agua viva y recibir sanidad tomando del árbol de la vida. Cristo reinará hasta que todos estén sujetos a Él. Entonces Él se sujetará al Padre para que Él sea todo en todos (1Cor 15:28). Esto no sería posible con el modelo tradicional, que no da otra oportunidad para reconciliación después del juicio del Gran Trono Blanco. Pero armoniza perfectamente con universalismo, que anticipa la restauración eventual de todos; cuando en el cumplimiento de los tiempos, todas las cosas serán reunidas en Cristo, tanto las que están en la tierra, como las que están en los cielos (Ef 1:10).

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por George Sidney Hurd
 
“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, para testimonio a su debido tiempo.” (1 Timoteo 2:3-6 RVG)
 
Este pasaje dice claramente que Dios quiere la salvación de todos los hombres y con ese fin en mente, Jesucristo se entregó a sí mismo en rescate por todos. Esto encaja perfectamente con Universalismo Bíblico que afirma que al tiempo debido de Dios todos serán salvos. Pero para los tradicionalistas, que creen que la mayoría nunca serán salvos, es necesario cambiar el sentido obvio de este pasaje. Los arminianos y los calvinistas tienen formas muy distintas de explicar por qué este texto no significa lo que aparenta decir.
 
Las Dos Opiniones Tradicionales
 
Los Arminianos
 
Los arminianos están de acuerdo con lo que dice el texto en el sentido de que Jesucristo pagó el rescate para toda la humanidad – que se dio a sí mismo en rescate por todos. Sin embargo, según ellos, la mayoría nunca serán salvos, debido a su creencia que la voluntad de Dios para el hombre es frustrada por el libre albedrío del hombre. Para mantener una similitud de soberanía para Dios, tienen que argumentar que la palabra “quiere” (thelo) en esta instancia no significa algo que Él logrará, sino que es nada más que un deseo o una aspiración. Barnes, en su comentario sobre 1Timoteo 2:4 es representativo de la explicación dada por los arminianos:
 
“[el cual quiere que todos los hombres sean salvos] Eso es decir, que es de acuerdo con Su naturaleza, Sus sentimientos, Sus deseos. La palabra “quiere” no puede ser entendida aquí en sentido absoluto, denotando un credo como cuando quiso crear el mundo, porque si así fuera, entonces todos los hombres serían salvos. Pero la palabra es a menudo utilizada para denotar un deseo, una aspiración o a lo que está de acuerdo con la naturaleza de uno. Así que se puede decir que Dios “quiere” que Sus creaturas sean felices porque está de acuerdo con Su naturaleza, y porque ha hecho provisión abundante para su felicidad, aunque no es cierto que lo quiera en el sentido que ejerce Su poder absoluto para hacerles felices… Dios desea que todos los hombres sean salvos. Eso sería de acuerdo con Su naturaleza benévola. Ha hecho provisión amplia para su salvación. Él no utiliza medios positivos para impedirla, y si no son salvos será por su propia culpa. Para ejemplos de lugares en donde la palabra traducida “quiere” thelo, significa deseo o aspiración, vea Lucas 8:20; 23:8; Juan 16:19; Gál. 4. 20; Marcos 17:24; 1Cor. 7:7; 11:3; 14:5; Mateo 15:28.”[i]  
 
No es sin importancia notar que ninguno de los pasajes que él dio para mostrar que la palabra thelo a veces expresa simplemente un deseo o una aspiración, tiene referencia a la voluntad de Dios.  La voluntad de los hombres puede ser frustrada por circunstancias fuera de su control. Por eso Santiago dice que nuestras determinaciones deben de ser condicionadas con “si Dios quiere…haremos” (thelo) (Stg. 4:13-15). Nosotros podemos tomar la determinación de hacer algo y no poder cumplirlo porque siempre depende de la voluntad determinativa de Dios. Santiago sigue diciendo “toda jactancia semejante es mala (16). Sin embargo, según arminianismo, lo que Dios quiere para nuestras vidas es subordinado a nuestro “libre albedrío”, de tal manera que invierten las palabras para decir si el hombre quiere Dios hará” en vez de “si Dios quiere haremos”. Esta jactancia no es buena, dice Santiago. Eso es la esencia del humanismo, poniendo la voluntad del hombre por encima de la voluntad de Dios.
 
Hay abundancia de Escrituras que claramente indican que la voluntad de Dios, a fin de cuentas, no puede ser frustrada por la voluntad del hombre:
 
Todo lo que Jehová quiere (thelo), lo hace, en los cielos y en la tierra.” (Salmo 135:6)
 
En este pasaje la misma palabra thelo aparece en el LXX.  Unos dicen que las otras palabras traducidas “querer” (boule, bouléo, boúlomai) expresan más fuertemente la idea de deliberación que thelo. [ii] Thelo, en cambio, enfatiza determinación. Marvin Vincent, comentando sobre thelo en 1Timoteo 2:4 dice: “Él quiere la salvación de todos. Thelo (quiere) indica un propósito determinativo.” [iii] Sea lo que sea, encontramos que ambas palabras son utilizadas para expresar la voluntad de Dios para nuestra salvación. Pedro utiliza la otra palabra boúlomai para expresar que Dios quiere (boúlomai) que todos nosotros sean salvos:
 
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo (boúlomai) que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2Pedro 3:9) [iv]
 
Aun tomando en cuenta cualquier distinción de significado entre thelo y boule, vemos en las Escrituras que ni Su boule ni Su thelo pueden ser frustrados por el hombre:
 
“Jehová de los ejércitos juró diciendo: Ciertamente se hará de la manera que lo he pensado, y será confirmado como lo he determinado (bouléo).” (Isa 14:24)
 
“que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero (bouléo); 11 que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré.” (Isa 46:10-11)
 
Pero si aún queda duda que Él ejerce Su voluntad de una manera determinativa para la salvación de todo hombre, veamos lo que Él declara en Isaías 45:
 
“Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. 22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:21-24)
 
Aquí vemos que no es simplemente un deseo pasivo o una aspiración de Dios que todos sean salvos sino que Él mismo ha jurado que todos serán salvos; que todos doblarán la rodilla ante Él y toda lengua jurará lealtad a Él. 
 
Esto contradice lo que Barnes y los demás arminianos afirman cuando dijo: “La palabra ‘quiere’ no puede ser entendida aquí en sentido absoluto, denotando un credo…” Y, ¿por qué insisten tanto que no puede ser entendida así? Simplemente porque ellos, iguales que los calvinistas, creen que la mayoría se pierde eternamente. ¿Por qué razón dice Barnes que no puede ser así? Él explica su razonamiento: “porque si así fuera, entonces todos los hombres serían salvos. Pero la salvación de todos es precisamente lo que afirma Pablo en 1 Timoteo. Después de decir en 2:4 que Dios quiere que todos sean salvos y que Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos; en 4:10 dice, “que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. Según Pablo, Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos y Su misión no será frustrada por el libre albedrío del hombre. Aun los que no han creído todavía creerán y serán salvos en su debido tiempo. Los que creen en la salvación universal pueden entender estos pasajes en su sentido obvio. Cuando la presuposición es castigo eterno, combinado con la exaltación del libre albedrío del hombre a un lugar por encima del libre albedrío de Dios que desea nuestra salvación, hay que cambiar el sentido obvio de muchos versículos para mantener su tradición.
 
Eso no es decir que Dios no permite que el hombre tome decisiones independientemente de Él.  Dios nos permite tomar nuestras propias decisiones para que podamos aprender de nuestros errores. Lo que significan estos textos es que Dios tiene la última palabra. Todo lo que Dios quiere lo hace, no solo en los cielos sino también en la tierra y lo que Él quiere es la salvación eventual de todos y la restauración de todas las cosas, y así será.
 
Dios, como Creador y Padre de todos, permite que hagamos nuestra voluntad dentro de ciertos parámetros, igual como cualquier padre que quiere que su hijo madure y aprenda a tomar decisiones sabias. Pero, ¿Qué diríamos de un padre que nunca interviene aun cuando las decisiones de su hijo pueden causar daño irreparable o muerte? El amor promueve el ejercicio del libre albedrío en nuestros hijos para el desarrollo de su personalidad, pero a la vez, ejercemos influencia para guiarlos, y si es necesario, negamos el ejercicio de su libre albedrío en ciertas circunstancias hasta que maduren o entren en la razón. Ningún buen padre dejaría a su hijo a la deriva para ejercer su voluntad sin intervención paternal cuando sea necesario. Eso sería negligencia e indiferencia. Y mucho menos podría un padre dejar que su hijo se suicidara sin intervención. ¿Cómo podríamos atribuir a nuestro Dios Padre algo mucho peor de lo que haría un padre terrenal?
 
Barnes, como citado arriba, obviamente sin intención, presenta a Dios como si fuera el peor, más indiferente y negligente padre de todos. Él dijo refiriendo a la salvación del hombre: “Ha hecho provisión amplia para su salvación. Él no utiliza medios positivos para impedirla, y si no son salvos será por su propia culpa.” [v] Esto es un buen ejemplo de cómo la doctrina tradicional del castigo eterno puede endurecer nuestro corazón. La actitud de Dios como presentado aquí por Barnes es como si un padre fuera a decir de su hijo: “Bueno, lo he hecho provisión de todo lo que necesita para vivir feliz. Yo no le voy a amarrar a los rieles del tren, pero si decide suicidarse, será su propia culpa.” Sin embargo, lo que ellos atribuyen a Dios es aún peor que esta ilustración. Ellos entonan himnos afirmando que Su misericordia es para siempre, pero enseñan a la vez que, si no aceptan Su provisión de vida a tiempo, Él mismo los lanzará a Su eterno lago de fuego sin esperanzas de ser liberados jamás. 
 
Según ellos, Dios tiene tanto respeto al libre albedrío del hombre que no interviene para prevenir que pasara la eternidad en el infierno, a pesar de que él esté fuera de sí y cegado por el pecado. Sin embargo, en el juicio, cuando vuelve en sí y al fin doble la rodilla ante Él, confesándolo como Señor, será lanzado al lago de fuego, sin misericordia y contra su libre albedrío por toda la eternidad.
 
Continuando con el ejemplo del padre e hijo, sería como si el padre, al ver que su hijo no expresara su gratitud aceptando su provisión dentro de un plazo de tiempo, fuera a amarrarlo de rodillas a los rieles del tren, sin tener misericordia a su confesión que había actuado vergonzosamente, y sin prestar oído a sus súplicas y promesas que seguiría sus consejos dado otra oportunidad, hasta que el tren lo atropellara. Claro que esta ilustración queda corta porque el tren pasa, pero, según ellos, el infierno nunca termina.
 
Esta parábola es muy distinta a la del padre del hijo pródigo relatado por Jesús, pero, sin embargo, es descriptiva de la actitud del Padre de los arminianos hacia su hijo mal agradecido, aun sabiendo que está fuera de sí en la tierra lejana. Yo sé que dirían que el Padre es así de misericordioso mientras que el hijo esté con vida, pero, ¿será que se acaba el amor y la misericordia del Padre hacia su hijo con el último latido de su corazón, o son eternos tal y como dice la Biblia?
 
Los Calvinistas
 
Los calvinistas, en contraste con los arminianos, de acuerdo con las Escrituras que hemos visto, reconocen que la soberanía de Dios no puede ser frustrado por el libre albedrío de los hombres. Un calvinista, John Gill, dice lo siguiente sobre 1Timoteo 2:4:
 
“La salvación que Dios quiere que todos los hombres disfruten, no es una simple posibilidad de salvación, o simplemente poniéndoles en un estado salvable; o una oferta de salvación a ellos…sino una salvación real, seguro, y actual, que Él ha determinado que la tengan…así que la voluntad de Dios que todos sean salvos no es una voluntad condicional, o lo que depende de la voluntad del hombre, ni algo que tiene que ser hecho por él…sino que es una voluntad absoluta e incondicional respecto a su salvación y que la obtiene infaliblemente…. nunca puede ser frustrado por resistencia, sino que siempre se logra…. La voluntad de Dios soberano e infalible; tiene el dominio gobernante e influencia sobre la salvación de los hombres.” [vi]
 
Hasta aquí da la impresión de que Gill está llevándonos a una conclusión universalista, que Dios quiere que todos sean salvos y que nada ni nadie puede frustrar esa voluntad. Pero, como ellos no creen que Dios quiere salvar a todos, tienen que argumentar que todos aquí no significa “todos”. Después de declarar que todos los hombres serán salvos, el aclara que todos los hombres, no significa “todos los hombres”:
 
“Ninguno es salvo, a excepción de los que Él quiere salvar: Así que, ‘todos los hombres’…no puede significar todo individuo de la humanidad, dado que no es Su voluntad que todos los hombres, en un sentido universal, sean salvos, a menos que haya dos voluntades contrarias en Dios; porque hay algunos que fueron predestinados por Él a la condenación, y son vasos de ira preparados para destrucción; y es Su voluntad, para algunos, que crean una mentira, para que todos ellos sean condenados. Ni es un hecho que todos son salvos, como sería el caso, si fuera Su voluntad para ellos; porque, ¿Quién ha resistido Su voluntad? Pero hay un mundo de hombres impíos que serán condenados, e irán al castigo eterno.” [vii]
 
Aquí vemos una representación de la posición calvinista que dice que Dios consigue todo lo que quiere, pero simplemente no quiere que todos sean salvos. Al contrario, unos (la mayoría según ellos), fueron predestinados por Dios a un infierno eterno y Él quiere que ellos crean la mentira, para que sean condenados.  A mí no me suena como el mismo evangelio de gran gozo para todo el pueblo que el ángel anunció a los pastores (Lucas 2:10).
 
A raíz de esta posición tienen que argumentar que “todos los hombres” no refiere a todos sin excepción sino a todos sin distinción - unos pocos de cada nación, raza, estrato social y sexo. Sin embargo, ellos dicen que “todos los hombres” refiere a todos sin excepción cuando Pablo dice que la muerte pasó a todos los hombres por cuanto todos pecaron (Rom. 5:12). Pero, ¿Cómo podemos decir que Cristo ganó una victoria mucho mayor que la derrota de Adán, si en Adán todos, sin excepción, se perdieron pero en Cristo sólo “todos sin distinción” son salvos? (Rom. 5:15,17).
 
Para ilustrar lo ilógico de esta explicación para limitar el alcance universal de “todos”, diciendo que no significa “todos sin excepción” sino “todos sin distinción”, vamos a imaginar que una embajada con tres mil personas adentro fuera tomada por terroristas y ninguna, sin excepción alguna, logró escapar. Entonces las fuerzas especiales entraron para rescatarlas. Después de unos enfrentamientos fuertes adentro, lograron salir con treinta sobrevivientes de los tres mil rehenes mientras los demás murieron en el cruce del fuego ¿Qué reacción tendrían los familiares de las víctimas y el resto del público si fueran informados que había una victoria total - que habían logrado salvar a todos sin distinción? ¿Sería posible considerar esto una victoria total solo porque había unos de cada nación, sexo y edad representados entre los treinta sobrevivientes? Tales distinciones nos llevan a atribuir cosas a Dios que serían inaceptables y absurdas aún para los hombres.
 
El Denominador Común entre Arminianos y Calvinistas
 
Hay un denominador común que, a pesar de sus grandes diferencias, une a los arminianos y calvinistas contra los universalistas. No es que los universalistas no creen en el mismo evangelio. Los universalistas bíblicos, iguales que ellos, creen que la salvación sólo viene a través de Cristo y Su obra en la cruz. También creen en la inspiración y autoridad de las Escrituras. ¿Cuál es la presuposición que los dos campos tienen en común en contra de los universalistas? Ambos campos dan por hecho que no todos serán salvos. Gill dice que “todo” no puede significar todo, “dado que no es Su voluntad que todos los hombres, en un sentido universal, sean salvos.” Barnes en cambio dice que “quiere” no puede significar querer en un sentido determinativo, “porque si así fuera, entonces todos los hombres serían salvos. El punto de referencia de ambos es la presuposición de que no todos serán salvos. Ambos por su doctrina tradicional de castigo eterno para la mayoría, tienen que argumentar que el texto no está diciendo lo que aparenta decir; que Dios ha hecho provisión para la salvación de todos y ha determinado que todos serán salvos. Los arminianos evitan decir que todos serán salvos subordinando la soberanía de Dios al libre albedrío del hombre y el calvinista evita decir que todos serán salvos diciendo que todo no significa “todo”. En cambio, el universalista no tiene que limitar ni la soberanía de Dios ni el alcance de “todos”. Dios ha jurado por sí mismo que ante Él toda rodilla se doblará y que toda lengua lo confesará como Señor bajo juramento. Y eso incluye todos los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra (Isa. 45:21-22; Fil 2:10-11).
 
La tendencia entre los arminianos es limitar la soberanía de Dios para proteger el libre albedrío del hombre. Los calvinistas, en cambio, tienden a minimizar o hasta negar el libre albedrío del hombre para proteger la soberanía de Dios. Es cierto que hay muchas limitaciones a lo que llamamos libre albedrío. Ninguno pudimos escoger el ambiente en que nacimos. No escogimos nacer con la tendencia a pecar. No escogimos nuestros padres. No escogimos entre nacer en un hogar cristiano, ateo, o musulmán. No pudimos decidir entre nacer en Estados Unidos o Irán y muchos no son libres de cambiar de nacionalidad o estrato social aun si quisieran hacerlo. Todas estas cosas y muchas más pueden limitar o impedir nuestro “libre albedrío”. Es más probable que uno criado en un hogar cristiano reciba a Cristo con su “libre albedrío”, que una indígena en el corazón de la selva amazónica que nunca ha visto la civilización, mucho menos oído hablar de Jesús. El “libre albedrío” de un individuo viviendo en medio de un gran avivamiento sería más dado a recibir a Cristo que un pobre campesino sin letra de la Época Oscura bajo el yugo del cristianismo de ese tiempo. Si el destino eterno de cada persona dependiera de una decisión para Cristo con su limitado “libre albedrío” en el breve tiempo de su vida, entonces habría mucha inequidad que sería muy difícil reconciliar con el amor y justicia de Dios. Pero si entendemos que Cristo es el Salvador de todos los hombres sin excepción, aún de los que no han creído todavía (1Ti. 4:10), entonces podemos confiar que Dios, en su tiempo, traerá justicia, gracia y misericordia a todos.
 
Creo que lo que encontramos en las Escrituras es que la soberanía de Dios siempre es absoluta. Su consejo permanecerá y Él hará todo lo que quiere. Él quiere que todos sean salvos. Además, la victoria de Cristo en la cruz reconcilió todo el mundo consigo mismo y procuró la salvación de todos. Sin embargo, ninguno se beneficia de esa salvación contra su voluntad. Dios nos reconcilió consigo mismo en Cristo, pero no disfrutamos de esa reconciliación hasta ser reconciliados con Dios en nuestras mentes (2Cor. 5:19-20; Col. 1:21). Cristo es el Salvador del mundo entero, pero no experimentamos esta salvación hasta poner nuestra fe en el Salvador. El problema con la posición tradicional es que la única oportunidad que Dios da es en esta vida y obviamente no todos son reconciliados con Dios, aceptando Su salvación en esta vida. De hecho, la mayoría ni siquiera oyó las buenas nuevas de salvación en su vida.
 
La polémica entre la soberanía de Dios y el libre albedrío del hombre no existe con los universalistas. El debate entre los arminianos y los calvinistas está arraigado en la presuposición tradicional que dice que uno tiene que ser salvo dentro del nanosegundo de nuestra existencia terrenal. Como es obvio que no todos son salvos en esta vida, tienen que explicar por qué. Los calvinistas echan la culpa a Dios diciendo que Él no quiere salvar a todos y los arminianos culpan al libre albedrío del hombre. En cambio, el universalista puede decir con las Escrituras que Dios quiere que todos vuelvan a Él y sean salvos y que por Sí mismo ha jurado, que tarde o temprano, toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Jesucristo es Señor, jurándole lealtad a Él con su propio “libre albedrío” (Isa. 45:21-24; Fil. 2:10-11).
 
Dios no tiene que violar nuestro libre albedrío para hacer que volvamos a Él. Su paciencia y poder de influencia son infinitos y Él es capaz de hacer que doblemos la rodilla ante Él confesándole como Señor voluntariamente con nuestro libre albedrío en vez de enviarnos a un infierno eterno contra nuestro libre albedrío tan pronto deje de latir nuestros corazones. Dios obrando en nosotros, dándonos tanto el querer como el hacer de Su buena voluntad es lo que va a lograr que, a fin de cuentas, todos se sujeten voluntariamente a Él.
 
“Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre…. 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Fil 2:10,11;13)
 
Fue Dios obrando en la vida y circunstancias de Jonás en el gran pez y en Pablo en el camino a Damasco que logró que quisieran hacer Su buena voluntad. Dios cambió su voluntad para alinearla a la de Él, y no esperó que escogieran hacerlo solos – algo que nunca hubieran hecho. Nunca hubieran escogido la buena voluntad de Dios por su libre albedrío hasta que Dios produjo el querer en ellos. Y lo mismo es el caso con usted y yo y cada persona que haya doblado la rodilla y confesado a Jesucristo como Señor (Rom. 3:11-12). Nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo (1Cor 12:3). Dios consigue lo que Él quiere y Él quiere que todos sean salvos, y así será como y cuando Él lo ha determinado.
 


[i] Barnes Notes, Commentary on 1Timoteo 2.
 

[ii] Vines Expository Dictionary of the New Testament on boúlomai.
 

[iii] Marvin Vincent, Vincent´s Word Studies of the New Testament on 1Timoteo 2:4.
 

[iv]  En este pasaje vemos que la voluntad determinativa será cumplida en cuanto a la salvación de Sus elegidos, la Iglesia de las primicias, antes de comenzar el Día del Señor en Su Segunda Venida. Las palabras “amados” y “nosotros” en el contexto indican que aquí él está refiriendo específicamente a los elegidos y no al resto del mundo que creerán a través del testimonio de nosotros en los venideros tiempos de la restauración de todos. El Señor no regresará hasta que haya entrado “la plenitud de los gentiles” a la Iglesia y la cosecha de nosotros, las primicias, haya terminado.
 

[v] Barnes Notes, Commentary on 1Timoteo 2.
 

[vi] John Gill, New John Gill Exposition of the Entire Bible. Commentary on 1Timothy 2:4
 

[vii] Ibid

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