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por George Sidney Hurd
“Porque no somos como muchos que adulteran la palabra de Dios; antes con sinceridad,
como de parte de Dios, delante de Dios hablamos en Cristo.”
(2Corintios 2:17 RVG)
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
Desde que llegué a comprender el evangelio glorioso de la reconciliación universal, he luchado para encontrar un título apto para describirlo. Los Padres de la Iglesia Primitiva lo llamaban la Apocatástasis (ἀποκατάστασις), o la restauración de todos (Hch 3:21). Pensé que “el evangelio completo” hubiera sido una buena expresión si ya no hubiera adquirido sus propias connotaciones. El término “evangelio completo” fue creado cuando redescubrieron la realidad de que el evangelio no incluye solamente nuestra salvación del pecado sino también la sanidad física – un reverso de las consecuencias del pecado en nuestros cuerpos físicos. La obra redentora de la cruz no solo hizo posible que Dios sea justo y a la vez misericordioso, justificando al impío (Rom 3:25-26), sino que también hizo posible que un Dios justo y santo se arrepienta del mal declarado por Él mismo, debido al pecado de Adán, sanando a los enfermos y aun levantando a los muertos. Dios no puede ser justo y a la vez simplemente pasar por alto el pecado o arbitrariamente poner en reverso la maldición de la muerte a consecuencia del pecado. Solo Su obra redentora de la cruz hizo posible que Él sea justo y a la vez misericordioso hacia pecadores indignos como nosotros.
Todo perdón de parte de Dios hacia los hombres y toda sanidad divina, que van en contra de la maldición de la muerte declarada – sea en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento, solo son posibles por medio del sacrificio propiciatorio de Cristo en la cruz. Dios solo podía ser misericordioso y a la vez justo; sanando a los hijos de Israel en el desierto y perdonando juicios declarados contra ellos viendo la cruz.
El avivamiento de la sanidad y el redescubrimiento de la verdad del “evangelio completo” de la sanidad divina, permitió que muchos apropiaran por fe, no solamente el perdón de sus pecados sino también su sanidad física. Anterior a eso muchos sufrieron enfermedades físicas innecesariamente, no sabiendo que el evangelio también incluía la sanidad física. El descubrimiento de que la sanidad divina podría ser apropiada de la misma manera que la salvación espiritual (de gracia por medio de la fe), desveló una nueva dimensión al evangelio que se había perdido desde que la Iglesia entró en la Época Oscura.
Por un tiempo me sentía frustrado porque ahora sabía que el “evangelio completo” realmente era mucho más completo de lo que fue redescubierto en el avivamiento de la sanidad. Quería poder utilizar la expresión “evangelio completo” para referirme a la salvación universal, pero sabía que no podía emplear esa expresión porque ya estaba limitada por su asociación con el evangelio de la sanidad.
Entonces, un día pensando en esto, sentí que el Señor me reveló un término aún más apto: “El Evangelio No Adulterado” o “El Evangelio Puro.” Desde los comienzos de la Iglesia, el enfoque principal del enemigo ha sido diluir, corromper y velar el mensaje del evangelio para que el hombre no descubra su poder salvífico y transformador:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Co 4:3-4)
En la cruz descubrimos la sabiduría de Dios y el poder de Dios para salvación. Los sabios de esta época la consideran locura; los fuertes la ven como algo innecesario; los legalistas la han leudado con las obras de la carne; empresarios la han explotado para ganancias personales; los libertinos la han adaptado a su estilo de vida licenciosa. Ha sido diluida, prohibida, burlada, modificada, reducida a una imagen, utilizada como un ornamento y pisoteada. Sin embargo, sigue siendo la sabiduría de Dios y el poder de Dios para todos los que la ven y la abrazan en toda su gloriosa pureza.
El evangelio en toda su pureza siempre ha sido el blanco de Satanás desde el día en que la Gran Comisión fue encomendada a la Iglesia. Gran parte de las epístolas del Nuevo Testamento es dedicado a la defensa del evangelio en su pureza. Pablo declara a los Gálatas:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:6-9)
Usualmente, los viajes misioneros de Pablo fueron seguidos por grupos de Judaizantes. Los Judaizantes eran judíos que profesaban la fe en Jesús, pero a la vez insistían en guardar la ley y la tradición de los Fariseos. Jesús les advirtió a sus discípulos contra la levadura de los Fariseos y de los Saduceos; refiriéndose a la doctrina de los Fariseos y la doctrina de los Saduceos (Mat 16:6,12). Tanto el exclusivismo y legalismo de los Fariseos, y la incredulidad y racionalismo de los Saduceos siguen adulterando el evangelio y negando su poder para salvar hasta el día de hoy.
Pablo, en Gálatas 1:8,9, pronunció un doble anatema contra cualquiera que predique otro evangelio. Él dice que si alguno predica otro evangelio distinto al evangelio puro de la justificación por la gracia por medio de la fe, aparte de las obras de la ley que él predicaba, entonces no es un evangelio. No hay otro evangelio o “buenas nuevas” aparte de las gloriosas buenas nuevas de una reconciliación universal, que finalmente será recibida por todos; por la gracia por medio de la fe en Su cruz.
El evangelio elitista de los Judaizantes, que siguieron en la tradición de los Fariseos, enseñó la salvación por medio de la fe en Jesús más las obras de la ley, y no por la gracia por medio de la fe aparte de las obras. Pablo enseñó que Cristo es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (1Tim 4:10; Col 1:20). En cambio, los Fariseos enseñaban que el destino final de toda la humanidad, a excepción de los mejores de los mejores y los más fuertes de los fuertes, es un tormento eterno en un lago de fuego que nunca se apaga. Pablo enfatiza que ese no es el evangelio; aun cuando algunos lo llamen por ese nombre.
La Levadura de los Fariseos – “Las Buenas Nuevas, Malas Nuevas Evangelio”
Lamentablemente, alguna variación del evangelio de los judaizantes (las buenas nuevas - malas nuevas evangelio), es lo que muchos proclaman hasta el día de hoy. Pero, según Pablo, no es realmente buenas nuevas sino “malas nuevas” disfrazadas como si fueran el evangelio. Muchos misioneros han tenido poco éxito vendiendo su evangelio “buenas nuevas - malas nuevas” y con razón. Déjeme ilustrarle: Imaginemos el primer encuentro con un miembro de una tribu aislado en el corazón de la selva que nunca ha oído hablar de Jesús. Misioneros tradicionales usualmente comienzan de la siguiente manera:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas son que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean en las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Lamento ser el primero en informarte de las malas nuevas, pero, sí. A menos que uno crea en las buenas nuevas antes de morirse pasará toda la eternidad en el infierno.”
El indígena: “Entonces, ¿Cuáles son las buenas nuevas?”
Misionero: “Las buenas nuevas son que Dios te ama a ti de tal manera que envió a Su Hijo para que tuvieras vida eterna.”
El indígena: “Eso da mucho qué pensar. Voy a considerarlo. Mañana te cuento qué decisión he tomado.”
Misionero: “Hoy es el día de la decisión. Si esperas hasta mañana podrías morir esta noche. Entonces la Ira eterna de Dios será derramada sobre ti, junto con tu esposa y tus dos hijos. Necesitas creer en las buenas nuevas hoy porque no puedes estar seguro del día de mañana.”
Aunque la mayoría de los cristianos tradicionales intentarían presentar su “evangelio de malas nuevas, buenas nuevas” de una manera más discreta, siempre queda muy corto comparado al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación final de todos por medio de la sangre de la cruz. Otra versión más amena que algunos presentan es la siguiente:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas es que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Creo que ellos irán al cielo, dado que no tuvieron la oportunidad de escuchar las buenas nuevas antes de morir. Pero tú ya has oído el evangelio. Así que no habría segunda oportunidad para ti.”
El indígena: “¿Quieres decirme que todos los que ya han muerto en nuestra comunidad sin oír las buenas nuevas van al cielo, pero que, de aquí en adelante, todos nosotros tenemos que creer las buenas nuevas antes de morir o iremos a un infierno eterno?”
Misionero: “Así es, exactamente.”
El indígena: “Entonces, ¿Por qué viniste? Yo, por mi parte, voy a recibir las buenas nuevas para no ir a ese infierno, pero no sé qué decisión tomarán los demás en mi comunidad. Todos nosotros hubiéramos ido al cielo si no hubieras venido. ¡Ahora es más probable que la mayoría de nosotros vaya a un infierno eterno!”
Entonces, vemos que, sin importar la manera en la que uno presente las “buenas nuevas - malas nuevas evangelio,” siempre termina siendo malas nuevas para la gran mayoría. Por eso Pablo dijo que cualquier otro evangelio que no fuera el puro evangelio no adulterado que él predicaba, realmente no era un evangelio. Simplemente eran “malas nuevas” envueltas en el disfraz de las buenas nuevas. El evangelio no adulterado de Jesucristo es nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo (Lc 2:10). Cualquier evangelio que quede corto a ese evangelio no es en realidad ningún evangelio. Un misionero que es un embajador de reconciliación a toda la creación de Dios tiene el privilegio de proclamar un evangelio no adulterado. Sería algo parecido a lo siguiente:
Misionero: “Tengo buenas nuevas para ustedes. Nosotros todos fuimos creados a la imagen de Dios para gozarnos de la comunión con Él. Nuestros primeros padres desobedecieron a Dios y todos nosotros, desde ese entonces, hemos vivido en desobediencia a Él – todos nosotros hemos pecado y faltado a la gloria de Dios y a Sus buenos propósitos para nuestras vidas. El reino de Dios es un reino de amor, luz y verdad. Cuando el hombre no camina con Dios quien es luz, estamos perdidos y separados de nuestro Creador. Todos nos hemos desviado de la verdad de esta manera, cayendo en odio, envidia y contención. Separados de nuestro Dios hemos traído sobre nosotros mismos sufrimiento y muerte. Separados de nuestro Padre Dios vivimos como huérfanos espirituales. En el vacío el hombre ha llegado a estar esclavizado a muchos vicios auto-destructivos.
(Note: Lo presentado hasta aquí no es parte del evangelio. Es simplemente una descripción del dilema de la humanidad separada de Dios en la tierra lejana.)
“Pero las buenas nuevas son que Dios no nos dejó en esta condición perdida. En la plenitud de los tiempos Dios envió a Su Hijo a vivir como uno de nosotros. En contraste con nuestro primer padre Adán, que desobedeció a Dios, Él vivió una vida de perfecta obediencia al Padre y se ofreció a sí mismo a morir en nuestro lugar, tomando sobre sí la culpa de todos nosotros. Después de tres días Dios lo levantó de entre los muertos. Su resurrección demostró que el sacrificio de Su sangre inocente por nosotros como nuestro sustituto fue suficiente para satisfacer la justicia de Dios por todos nuestros actos pecaminosos de desobediencia juntos. Así como todos quedamos culpables y condenados delante del Dios santísimo en nuestro primer padre, Adán, ahora en el Último Adán - Cristo, todos son justificados por fe en Él, siendo nacidos de nuevo como parte de la Nueva Creación que Dios comenzó en Él.
“Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo reconcilió a toda la creación caída y pecaminosa a Si mismo a través de la sangre de Su cruz y Él suplica a ustedes por medio de nosotros a reconciliarse con Él en sus corazones. Así como en nuestro primer padre, Adán, todos nosotros morimos; en el último Adán, Jesucristo, todos serán vivificados, pero cada uno en su debido orden. Ahora es el mejor momento para doblar rodilla ante Él en humilde rendición. Cristo es el Salvador de todos, pero especialmente de los que creen ahora.
“Recibe a Cristo como tu Salvador ahora y deja que entre en tu vida para transformarte, haciéndote una nueva criatura, de la cual Él es el prototipo. El reino de Dios es un reino de pura luz, amor y justicia. Sin la santidad que viene por andar en unión con Cristo no podrás entrar en Su reino o mirarle en todo Su glorioso esplendor.
“Entrega tu vida a Él ahora para que Él pueda transformarte a Su propia imagen en esta vida. Entonces cuando Él venga por ti, serás encontrado como Él. Si eres encontrado como Él cuando Él venga por ti, serás llevado a Su misma presencia y llegarás a ser uno con Él como una esposa llega a ser una con su esposo. Si no te has encontrado en Él cuando venga por ti – si aún no habrás muerto a tu vieja manera de vivir como descendiente de Adán, entonces tendrás que estar apartado para juicio y sometido a aflicciones de fuego, siendo dañado por la segunda muerte que negaste morir en esta vida. Recíbelo en tu vida ahora, permitiendo que Él te transforme a Su misma imagen para que no sea necesario que Dios te aparte para juicio y corrección de fuego en aquel día mientras los hijos del reino estén regocijándose en la presencia del Señor.
El Indígena: “Ahora entiendo que todo nuestro sufrimiento es porque nos hemos apartado, cada uno de nosotros, a nuestro propio camino. Ahora me arrepiento y recibo a Cristo en mi corazón para que me transforme en una nueva persona. Quiero permanecer en Él para que, cuando Él venga por mí, sea como Él y no ser avergonzado en su presencia.”
La verdad del evangelio eterno, puro y no adulterado es la gracia de Dios llevándonos al arrepentimiento y una fe viva en Cristo. No son “malas nuevas” disfrazadas de “buenas nuevas.” Es universal en su alcance, siendo buenas nuevas de gran gozo para todo el pueblo (Lc 2:10). El puro evangelio declara sin limitaciones que, a fin de cuentas, todos en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, confesarán a Jesús como Señor y doblarán rodilla en humilde y voluntaria sumisión a Él. Este es el evangelio que debemos defender y proclamar.
La Levadura de los Saduceos
Como ya hemos visto, la levadura de los Fariseos convierte las buenas nuevas en malas nuevas. Jesús acusó a los Escribas y a los Fariseos de hacer el reino de los cielos inalcanzable para los que querían entrar, y sin darse cuenta, se excluían a sí mismos al mismo tiempo (Mat 23:13). El evangelio de malas nuevas de los judaizantes era un intento de combinar dos elementos incompatibles: la gracia y las obras, haciendo cualquier seguridad de la salvación imposible (Rom 11:6). Combinando este evangelio de malas nuevas con la doctrina de tormentos eternos, solo lograron dejar a sus prosélitos sintiéndose con menos esperanza que antes, volviendo desanimados al mundo dos veces peor de lo que eran antes de recibir su levadura (Mat 23:15).
Mientras que los Fariseos convirtieron el evangelio en malas nuevas, agregando obras a la gracia y adjuntando el castigo eterno, la levadura de los Saduceos se manifestó en forma de incredulidad en los elementos más esenciales del evangelio, dejándolo sin poder para salvar.
Esta clase de levadura ha buscado socavar la base y sustancia del puro evangelio de Jesucristo. Comenzó a surgir en una forma primitiva de Gnosticismo que negaba que Jesús era el Cristo; el Hijo de Dios nacido de una virgen. Según ellos, cuando Jesús murió en la cruz, solo era el hombre, Jesús, quien murió y no el Dios-Hombre, Jesucristo, quien entregó Su vida por la humanidad.
Las implicaciones de esta doctrina deben ser obvias: Un hombre perfecto solo se podría sustituir por un individuo. Si no fuera Dios, en Cristo, reconciliándose al mundo a Sí mismo en la cruz, entonces Su sangre derramada como un sacrificio propiciatorio no hubiera sido de valor suficiente para expiar nuestros pecados, sin mencionar los de todo el mundo (cf. 1Jn 2:2). Por eso Juan advierte tan severamente: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1Jn 2:22-23). Es por eso que Pablo nos advierte a no prestar oído a cualquier argumento que socava la plena divinidad de Jesucristo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Col 2:8-10)
Si Jesucristo fuera meramente humano y no el Dios-Hombre, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, entonces los que han puesto solamente en Él su esperanza para salvación son los más dignos de lástima. Si fuera así, estaríamos aún en nuestros pecados porque el sacrificio de un mero hombre – por más perfecto que sea, no tendría valor suficiente para salvar a toda la humanidad.
La levadura de los Saduceos leuda el puro evangelio con el humanismo racionalista que muestra un desdén condescendiente hacia los que mantienen la doctrina bíblica de la suficiencia de la muerte sustitutiva y propiciatoria de Cristo en la cruz para salvar al mundo entero. Ellos reducirían Su vida y aún Su muerte a simplemente un ejemplo para seguir. Sin embargo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento fue diseñado para ser sombra del sacrificio expiatorio de Sí mismo como nuestro sustituto en la Cruz. La muerte sustitutiva de Cristo a través de Su sangre derramada en lugar de la nuestra es un tema recurrente a través de todas las Escrituras. Los siguientes son solamente unos ejemplos claves:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isa 53:6)
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2Co 5:21)
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:23-26)
“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Heb 2:17)
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1Jn 2:2)
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1Jn 4:10)
A pesar de estos pasajes y muchos más, ellos insisten que la justicia no permite que uno pague la deuda a favor de otro. Insisten que cada uno tiene que pagar sus propias deudas. Sin embargo, vemos provisión en la ley de Dios dándole derecho a uno a pagar el precio de la redención de otro. La única condición era que tenía que ser uno de sus hermanos:
“Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; 48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará.” (Lev 25:47-48)
Bajo la ley de Dios, si uno fuera quedar esclavo, entonces un hermano del esclavo tenía el derecho a redimirlo (comprar su libertad). Por eso era necesario que Jesucristo fuera en todo semejante a sus hermanos. Solo de esta manera podía el Hijo de Dios calificarse como nuestro hermano Redentor. Toda la raza adámica ha nacido esclava al forastero; Satanás. El Hijo de Dios tuvo que tomar forma de carne semejante a la nuestra para calificarse como nuestro hermano Redentor. Dios previendo la obra redentora de Cristo en la cruz estableció la ley del hermano redentor como sombra de nuestro Gran Redentor Jesucristo que nos redimiría con Su propia sangre. Pedro advirtió de los que negarían el valor redentor del sacrificio de la sangre de Cristo en la Cruz por nosotros:
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató (agoradzo “compró”), atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” (2Pedro 2:1)
Muchos de los Universalistas (y también muchos tradicionalistas que creen en el castigo eterno o la aniquilación de los impíos), predican un evangelio falso, humanista, habiendo sido contaminados por la levadura de los Saduceos. Ellos niegan que el único camino a Dios sea a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios. Muchos de ellos hasta niegan la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios.
Es importante enfatizar que no todos los que rompieron con la tradición a favor del Universalismo son Universalistas bíblicos que insisten que el único camino a Dios es a través de la fe en el sacrificio de Cristo como nuestro Redentor y Salvador. El Universalismo es igual de atractivo para los Libertinos de hoy, que malinterpretan la gracia de Dios como licencia para una vida de libertinaje, como fue en los días de los Apóstoles. (Rom 3:8; 6:15) Judas dice:
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 4)
Sin embargo, los Apóstoles no modificaron el puro evangelio de la gracia de Dios para protegerlo contra los abusos de los que querían aprovecharse de él. Debido a la instancia de los Apóstoles de mantener el evangelio en toda su pureza sin adulterarlo, fueron acusados falsamente por los Judaizantes farisaicos de estar promoviendo el pecado:
“¿Y por qué no decir, como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos: Hagamos el mal para que venga el bien? La condenación de los tales es justa.” (Rom 3:8 NBLH)
El hecho de que algunos pervierten el evangelio glorioso de la reconciliación universal, diluyéndolo para sus propios fines carnales, no es justificación para que nosotros comencemos a restringirlo o limitar su alcance. Cuando comencé a descubrir la doctrina bíblica de la restauración universal, leía todo lo que podía encontrar sobre el tema – tanto los que estaban a favor como los que estaban en contra. Sin embargo, los que podría, de buena consciencia recomendar a otros, que eran fundadas enteramente en las Escrituras, podría contar con mis dedos.
Las formas de Universalismo no bíblicas abundan. Muchos hoy en día sostienen una forma de Universalismo sincretista, que es inclusiva de todas las religiones del mundo. Comenzando con el Modernismo del siglo XIX con su teología liberal, la levadura de los Saduceos ahora ha avanzado, metaforizándose rápidamente en nuevas expresiones. Ahora el Modernismo Liberal ha pasado a ser “Progresismo Postmoderno”. Muchos, dentro del Movimiento Emergente Eclesiástico se han apartado de la Fe que ha sido una vez dada a los santos, a un relativismo subjetivo (Judas 4). Cualquier persona que haga una declaración basada en la doctrina bíblica es considerado arrogante y prejuiciado. Hay una apostasía de la fe en la verdad objetiva como revelada en la Palabra de Dios, a un relativismo subjetivo, conductivo a una Iglesia Ecuménica Mundial, ahora presentada con otros nombres más atractivos como “La Iglesia Emergente.” La variedad de Universalismo presentada por algunos dentro del movimiento es inclusiva de todas las religiones del mundo y es antagonista contra el evangelio puro y no adulterado. Suelen citar ciertos dichos de Jesús que apoyan sus doctrinas favoritas, pero no creen en Sus palabras cuando dice: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” o “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Mat 4: 4 Jn 14:6).
Es mi convicción que necesitamos volver al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación de todos a través de la sangre de la cruz de Jesucristo. Los padres de la Iglesia, en los días de San Agustín, adulteraron el evangelio, adjuntando la doctrina farisaica del castigo eterno para protegerlo de los abusos de los Libertinos e inconversos que se juntaron a la Iglesia después de que el Emperador Constantino declarara al cristianismo la religión del estado. Eso solo logró introducir la Iglesia a la Época Oscura. Durante la Época Oscura el glorioso evangelio fue reemplazado con el evangelio “buenas nuevas - malas nuevas.” Nosotros, más que en cualquier otra generación, tenemos que insistir en el puro evangelio predicado por los primeros Apóstoles de la Iglesia primitiva. Debemos tomar a pecho las palabras de Pablo:
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:8-9)
“Porque no somos como muchos que adulteran la palabra de Dios; antes con sinceridad,
como de parte de Dios, delante de Dios hablamos en Cristo.”
(2Corintios 2:17 RVG)
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
Desde que llegué a comprender el evangelio glorioso de la reconciliación universal, he luchado para encontrar un título apto para describirlo. Los Padres de la Iglesia Primitiva lo llamaban la Apocatástasis (ἀποκατάστασις), o la restauración de todos (Hch 3:21). Pensé que “el evangelio completo” hubiera sido una buena expresión si ya no hubiera adquirido sus propias connotaciones. El término “evangelio completo” fue creado cuando redescubrieron la realidad de que el evangelio no incluye solamente nuestra salvación del pecado sino también la sanidad física – un reverso de las consecuencias del pecado en nuestros cuerpos físicos. La obra redentora de la cruz no solo hizo posible que Dios sea justo y a la vez misericordioso, justificando al impío (Rom 3:25-26), sino que también hizo posible que un Dios justo y santo se arrepienta del mal declarado por Él mismo, debido al pecado de Adán, sanando a los enfermos y aun levantando a los muertos. Dios no puede ser justo y a la vez simplemente pasar por alto el pecado o arbitrariamente poner en reverso la maldición de la muerte a consecuencia del pecado. Solo Su obra redentora de la cruz hizo posible que Él sea justo y a la vez misericordioso hacia pecadores indignos como nosotros.
Todo perdón de parte de Dios hacia los hombres y toda sanidad divina, que van en contra de la maldición de la muerte declarada – sea en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento, solo son posibles por medio del sacrificio propiciatorio de Cristo en la cruz. Dios solo podía ser misericordioso y a la vez justo; sanando a los hijos de Israel en el desierto y perdonando juicios declarados contra ellos viendo la cruz.
El avivamiento de la sanidad y el redescubrimiento de la verdad del “evangelio completo” de la sanidad divina, permitió que muchos apropiaran por fe, no solamente el perdón de sus pecados sino también su sanidad física. Anterior a eso muchos sufrieron enfermedades físicas innecesariamente, no sabiendo que el evangelio también incluía la sanidad física. El descubrimiento de que la sanidad divina podría ser apropiada de la misma manera que la salvación espiritual (de gracia por medio de la fe), desveló una nueva dimensión al evangelio que se había perdido desde que la Iglesia entró en la Época Oscura.
Por un tiempo me sentía frustrado porque ahora sabía que el “evangelio completo” realmente era mucho más completo de lo que fue redescubierto en el avivamiento de la sanidad. Quería poder utilizar la expresión “evangelio completo” para referirme a la salvación universal, pero sabía que no podía emplear esa expresión porque ya estaba limitada por su asociación con el evangelio de la sanidad.
Entonces, un día pensando en esto, sentí que el Señor me reveló un término aún más apto: “El Evangelio No Adulterado” o “El Evangelio Puro.” Desde los comienzos de la Iglesia, el enfoque principal del enemigo ha sido diluir, corromper y velar el mensaje del evangelio para que el hombre no descubra su poder salvífico y transformador:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Co 4:3-4)
En la cruz descubrimos la sabiduría de Dios y el poder de Dios para salvación. Los sabios de esta época la consideran locura; los fuertes la ven como algo innecesario; los legalistas la han leudado con las obras de la carne; empresarios la han explotado para ganancias personales; los libertinos la han adaptado a su estilo de vida licenciosa. Ha sido diluida, prohibida, burlada, modificada, reducida a una imagen, utilizada como un ornamento y pisoteada. Sin embargo, sigue siendo la sabiduría de Dios y el poder de Dios para todos los que la ven y la abrazan en toda su gloriosa pureza.
El evangelio en toda su pureza siempre ha sido el blanco de Satanás desde el día en que la Gran Comisión fue encomendada a la Iglesia. Gran parte de las epístolas del Nuevo Testamento es dedicado a la defensa del evangelio en su pureza. Pablo declara a los Gálatas:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:6-9)
Usualmente, los viajes misioneros de Pablo fueron seguidos por grupos de Judaizantes. Los Judaizantes eran judíos que profesaban la fe en Jesús, pero a la vez insistían en guardar la ley y la tradición de los Fariseos. Jesús les advirtió a sus discípulos contra la levadura de los Fariseos y de los Saduceos; refiriéndose a la doctrina de los Fariseos y la doctrina de los Saduceos (Mat 16:6,12). Tanto el exclusivismo y legalismo de los Fariseos, y la incredulidad y racionalismo de los Saduceos siguen adulterando el evangelio y negando su poder para salvar hasta el día de hoy.
Pablo, en Gálatas 1:8,9, pronunció un doble anatema contra cualquiera que predique otro evangelio. Él dice que si alguno predica otro evangelio distinto al evangelio puro de la justificación por la gracia por medio de la fe, aparte de las obras de la ley que él predicaba, entonces no es un evangelio. No hay otro evangelio o “buenas nuevas” aparte de las gloriosas buenas nuevas de una reconciliación universal, que finalmente será recibida por todos; por la gracia por medio de la fe en Su cruz.
El evangelio elitista de los Judaizantes, que siguieron en la tradición de los Fariseos, enseñó la salvación por medio de la fe en Jesús más las obras de la ley, y no por la gracia por medio de la fe aparte de las obras. Pablo enseñó que Cristo es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (1Tim 4:10; Col 1:20). En cambio, los Fariseos enseñaban que el destino final de toda la humanidad, a excepción de los mejores de los mejores y los más fuertes de los fuertes, es un tormento eterno en un lago de fuego que nunca se apaga. Pablo enfatiza que ese no es el evangelio; aun cuando algunos lo llamen por ese nombre.
La Levadura de los Fariseos – “Las Buenas Nuevas, Malas Nuevas Evangelio”
Lamentablemente, alguna variación del evangelio de los judaizantes (las buenas nuevas - malas nuevas evangelio), es lo que muchos proclaman hasta el día de hoy. Pero, según Pablo, no es realmente buenas nuevas sino “malas nuevas” disfrazadas como si fueran el evangelio. Muchos misioneros han tenido poco éxito vendiendo su evangelio “buenas nuevas - malas nuevas” y con razón. Déjeme ilustrarle: Imaginemos el primer encuentro con un miembro de una tribu aislado en el corazón de la selva que nunca ha oído hablar de Jesús. Misioneros tradicionales usualmente comienzan de la siguiente manera:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas son que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean en las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Lamento ser el primero en informarte de las malas nuevas, pero, sí. A menos que uno crea en las buenas nuevas antes de morirse pasará toda la eternidad en el infierno.”
El indígena: “Entonces, ¿Cuáles son las buenas nuevas?”
Misionero: “Las buenas nuevas son que Dios te ama a ti de tal manera que envió a Su Hijo para que tuvieras vida eterna.”
El indígena: “Eso da mucho qué pensar. Voy a considerarlo. Mañana te cuento qué decisión he tomado.”
Misionero: “Hoy es el día de la decisión. Si esperas hasta mañana podrías morir esta noche. Entonces la Ira eterna de Dios será derramada sobre ti, junto con tu esposa y tus dos hijos. Necesitas creer en las buenas nuevas hoy porque no puedes estar seguro del día de mañana.”
Aunque la mayoría de los cristianos tradicionales intentarían presentar su “evangelio de malas nuevas, buenas nuevas” de una manera más discreta, siempre queda muy corto comparado al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación final de todos por medio de la sangre de la cruz. Otra versión más amena que algunos presentan es la siguiente:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas es que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Creo que ellos irán al cielo, dado que no tuvieron la oportunidad de escuchar las buenas nuevas antes de morir. Pero tú ya has oído el evangelio. Así que no habría segunda oportunidad para ti.”
El indígena: “¿Quieres decirme que todos los que ya han muerto en nuestra comunidad sin oír las buenas nuevas van al cielo, pero que, de aquí en adelante, todos nosotros tenemos que creer las buenas nuevas antes de morir o iremos a un infierno eterno?”
Misionero: “Así es, exactamente.”
El indígena: “Entonces, ¿Por qué viniste? Yo, por mi parte, voy a recibir las buenas nuevas para no ir a ese infierno, pero no sé qué decisión tomarán los demás en mi comunidad. Todos nosotros hubiéramos ido al cielo si no hubieras venido. ¡Ahora es más probable que la mayoría de nosotros vaya a un infierno eterno!”
Entonces, vemos que, sin importar la manera en la que uno presente las “buenas nuevas - malas nuevas evangelio,” siempre termina siendo malas nuevas para la gran mayoría. Por eso Pablo dijo que cualquier otro evangelio que no fuera el puro evangelio no adulterado que él predicaba, realmente no era un evangelio. Simplemente eran “malas nuevas” envueltas en el disfraz de las buenas nuevas. El evangelio no adulterado de Jesucristo es nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo (Lc 2:10). Cualquier evangelio que quede corto a ese evangelio no es en realidad ningún evangelio. Un misionero que es un embajador de reconciliación a toda la creación de Dios tiene el privilegio de proclamar un evangelio no adulterado. Sería algo parecido a lo siguiente:
Misionero: “Tengo buenas nuevas para ustedes. Nosotros todos fuimos creados a la imagen de Dios para gozarnos de la comunión con Él. Nuestros primeros padres desobedecieron a Dios y todos nosotros, desde ese entonces, hemos vivido en desobediencia a Él – todos nosotros hemos pecado y faltado a la gloria de Dios y a Sus buenos propósitos para nuestras vidas. El reino de Dios es un reino de amor, luz y verdad. Cuando el hombre no camina con Dios quien es luz, estamos perdidos y separados de nuestro Creador. Todos nos hemos desviado de la verdad de esta manera, cayendo en odio, envidia y contención. Separados de nuestro Dios hemos traído sobre nosotros mismos sufrimiento y muerte. Separados de nuestro Padre Dios vivimos como huérfanos espirituales. En el vacío el hombre ha llegado a estar esclavizado a muchos vicios auto-destructivos.
(Note: Lo presentado hasta aquí no es parte del evangelio. Es simplemente una descripción del dilema de la humanidad separada de Dios en la tierra lejana.)
“Pero las buenas nuevas son que Dios no nos dejó en esta condición perdida. En la plenitud de los tiempos Dios envió a Su Hijo a vivir como uno de nosotros. En contraste con nuestro primer padre Adán, que desobedeció a Dios, Él vivió una vida de perfecta obediencia al Padre y se ofreció a sí mismo a morir en nuestro lugar, tomando sobre sí la culpa de todos nosotros. Después de tres días Dios lo levantó de entre los muertos. Su resurrección demostró que el sacrificio de Su sangre inocente por nosotros como nuestro sustituto fue suficiente para satisfacer la justicia de Dios por todos nuestros actos pecaminosos de desobediencia juntos. Así como todos quedamos culpables y condenados delante del Dios santísimo en nuestro primer padre, Adán, ahora en el Último Adán - Cristo, todos son justificados por fe en Él, siendo nacidos de nuevo como parte de la Nueva Creación que Dios comenzó en Él.
“Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo reconcilió a toda la creación caída y pecaminosa a Si mismo a través de la sangre de Su cruz y Él suplica a ustedes por medio de nosotros a reconciliarse con Él en sus corazones. Así como en nuestro primer padre, Adán, todos nosotros morimos; en el último Adán, Jesucristo, todos serán vivificados, pero cada uno en su debido orden. Ahora es el mejor momento para doblar rodilla ante Él en humilde rendición. Cristo es el Salvador de todos, pero especialmente de los que creen ahora.
“Recibe a Cristo como tu Salvador ahora y deja que entre en tu vida para transformarte, haciéndote una nueva criatura, de la cual Él es el prototipo. El reino de Dios es un reino de pura luz, amor y justicia. Sin la santidad que viene por andar en unión con Cristo no podrás entrar en Su reino o mirarle en todo Su glorioso esplendor.
“Entrega tu vida a Él ahora para que Él pueda transformarte a Su propia imagen en esta vida. Entonces cuando Él venga por ti, serás encontrado como Él. Si eres encontrado como Él cuando Él venga por ti, serás llevado a Su misma presencia y llegarás a ser uno con Él como una esposa llega a ser una con su esposo. Si no te has encontrado en Él cuando venga por ti – si aún no habrás muerto a tu vieja manera de vivir como descendiente de Adán, entonces tendrás que estar apartado para juicio y sometido a aflicciones de fuego, siendo dañado por la segunda muerte que negaste morir en esta vida. Recíbelo en tu vida ahora, permitiendo que Él te transforme a Su misma imagen para que no sea necesario que Dios te aparte para juicio y corrección de fuego en aquel día mientras los hijos del reino estén regocijándose en la presencia del Señor.
El Indígena: “Ahora entiendo que todo nuestro sufrimiento es porque nos hemos apartado, cada uno de nosotros, a nuestro propio camino. Ahora me arrepiento y recibo a Cristo en mi corazón para que me transforme en una nueva persona. Quiero permanecer en Él para que, cuando Él venga por mí, sea como Él y no ser avergonzado en su presencia.”
La verdad del evangelio eterno, puro y no adulterado es la gracia de Dios llevándonos al arrepentimiento y una fe viva en Cristo. No son “malas nuevas” disfrazadas de “buenas nuevas.” Es universal en su alcance, siendo buenas nuevas de gran gozo para todo el pueblo (Lc 2:10). El puro evangelio declara sin limitaciones que, a fin de cuentas, todos en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, confesarán a Jesús como Señor y doblarán rodilla en humilde y voluntaria sumisión a Él. Este es el evangelio que debemos defender y proclamar.
La Levadura de los Saduceos
Como ya hemos visto, la levadura de los Fariseos convierte las buenas nuevas en malas nuevas. Jesús acusó a los Escribas y a los Fariseos de hacer el reino de los cielos inalcanzable para los que querían entrar, y sin darse cuenta, se excluían a sí mismos al mismo tiempo (Mat 23:13). El evangelio de malas nuevas de los judaizantes era un intento de combinar dos elementos incompatibles: la gracia y las obras, haciendo cualquier seguridad de la salvación imposible (Rom 11:6). Combinando este evangelio de malas nuevas con la doctrina de tormentos eternos, solo lograron dejar a sus prosélitos sintiéndose con menos esperanza que antes, volviendo desanimados al mundo dos veces peor de lo que eran antes de recibir su levadura (Mat 23:15).
Mientras que los Fariseos convirtieron el evangelio en malas nuevas, agregando obras a la gracia y adjuntando el castigo eterno, la levadura de los Saduceos se manifestó en forma de incredulidad en los elementos más esenciales del evangelio, dejándolo sin poder para salvar.
Esta clase de levadura ha buscado socavar la base y sustancia del puro evangelio de Jesucristo. Comenzó a surgir en una forma primitiva de Gnosticismo que negaba que Jesús era el Cristo; el Hijo de Dios nacido de una virgen. Según ellos, cuando Jesús murió en la cruz, solo era el hombre, Jesús, quien murió y no el Dios-Hombre, Jesucristo, quien entregó Su vida por la humanidad.
Las implicaciones de esta doctrina deben ser obvias: Un hombre perfecto solo se podría sustituir por un individuo. Si no fuera Dios, en Cristo, reconciliándose al mundo a Sí mismo en la cruz, entonces Su sangre derramada como un sacrificio propiciatorio no hubiera sido de valor suficiente para expiar nuestros pecados, sin mencionar los de todo el mundo (cf. 1Jn 2:2). Por eso Juan advierte tan severamente: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1Jn 2:22-23). Es por eso que Pablo nos advierte a no prestar oído a cualquier argumento que socava la plena divinidad de Jesucristo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Col 2:8-10)
Si Jesucristo fuera meramente humano y no el Dios-Hombre, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, entonces los que han puesto solamente en Él su esperanza para salvación son los más dignos de lástima. Si fuera así, estaríamos aún en nuestros pecados porque el sacrificio de un mero hombre – por más perfecto que sea, no tendría valor suficiente para salvar a toda la humanidad.
La levadura de los Saduceos leuda el puro evangelio con el humanismo racionalista que muestra un desdén condescendiente hacia los que mantienen la doctrina bíblica de la suficiencia de la muerte sustitutiva y propiciatoria de Cristo en la cruz para salvar al mundo entero. Ellos reducirían Su vida y aún Su muerte a simplemente un ejemplo para seguir. Sin embargo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento fue diseñado para ser sombra del sacrificio expiatorio de Sí mismo como nuestro sustituto en la Cruz. La muerte sustitutiva de Cristo a través de Su sangre derramada en lugar de la nuestra es un tema recurrente a través de todas las Escrituras. Los siguientes son solamente unos ejemplos claves:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isa 53:6)
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2Co 5:21)
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:23-26)
“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Heb 2:17)
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1Jn 2:2)
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1Jn 4:10)
A pesar de estos pasajes y muchos más, ellos insisten que la justicia no permite que uno pague la deuda a favor de otro. Insisten que cada uno tiene que pagar sus propias deudas. Sin embargo, vemos provisión en la ley de Dios dándole derecho a uno a pagar el precio de la redención de otro. La única condición era que tenía que ser uno de sus hermanos:
“Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; 48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará.” (Lev 25:47-48)
Bajo la ley de Dios, si uno fuera quedar esclavo, entonces un hermano del esclavo tenía el derecho a redimirlo (comprar su libertad). Por eso era necesario que Jesucristo fuera en todo semejante a sus hermanos. Solo de esta manera podía el Hijo de Dios calificarse como nuestro hermano Redentor. Toda la raza adámica ha nacido esclava al forastero; Satanás. El Hijo de Dios tuvo que tomar forma de carne semejante a la nuestra para calificarse como nuestro hermano Redentor. Dios previendo la obra redentora de Cristo en la cruz estableció la ley del hermano redentor como sombra de nuestro Gran Redentor Jesucristo que nos redimiría con Su propia sangre. Pedro advirtió de los que negarían el valor redentor del sacrificio de la sangre de Cristo en la Cruz por nosotros:
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató (agoradzo “compró”), atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” (2Pedro 2:1)
Muchos de los Universalistas (y también muchos tradicionalistas que creen en el castigo eterno o la aniquilación de los impíos), predican un evangelio falso, humanista, habiendo sido contaminados por la levadura de los Saduceos. Ellos niegan que el único camino a Dios sea a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios. Muchos de ellos hasta niegan la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios.
Es importante enfatizar que no todos los que rompieron con la tradición a favor del Universalismo son Universalistas bíblicos que insisten que el único camino a Dios es a través de la fe en el sacrificio de Cristo como nuestro Redentor y Salvador. El Universalismo es igual de atractivo para los Libertinos de hoy, que malinterpretan la gracia de Dios como licencia para una vida de libertinaje, como fue en los días de los Apóstoles. (Rom 3:8; 6:15) Judas dice:
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 4)
Sin embargo, los Apóstoles no modificaron el puro evangelio de la gracia de Dios para protegerlo contra los abusos de los que querían aprovecharse de él. Debido a la instancia de los Apóstoles de mantener el evangelio en toda su pureza sin adulterarlo, fueron acusados falsamente por los Judaizantes farisaicos de estar promoviendo el pecado:
“¿Y por qué no decir, como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos: Hagamos el mal para que venga el bien? La condenación de los tales es justa.” (Rom 3:8 NBLH)
El hecho de que algunos pervierten el evangelio glorioso de la reconciliación universal, diluyéndolo para sus propios fines carnales, no es justificación para que nosotros comencemos a restringirlo o limitar su alcance. Cuando comencé a descubrir la doctrina bíblica de la restauración universal, leía todo lo que podía encontrar sobre el tema – tanto los que estaban a favor como los que estaban en contra. Sin embargo, los que podría, de buena consciencia recomendar a otros, que eran fundadas enteramente en las Escrituras, podría contar con mis dedos.
Las formas de Universalismo no bíblicas abundan. Muchos hoy en día sostienen una forma de Universalismo sincretista, que es inclusiva de todas las religiones del mundo. Comenzando con el Modernismo del siglo XIX con su teología liberal, la levadura de los Saduceos ahora ha avanzado, metaforizándose rápidamente en nuevas expresiones. Ahora el Modernismo Liberal ha pasado a ser “Progresismo Postmoderno”. Muchos, dentro del Movimiento Emergente Eclesiástico se han apartado de la Fe que ha sido una vez dada a los santos, a un relativismo subjetivo (Judas 4). Cualquier persona que haga una declaración basada en la doctrina bíblica es considerado arrogante y prejuiciado. Hay una apostasía de la fe en la verdad objetiva como revelada en la Palabra de Dios, a un relativismo subjetivo, conductivo a una Iglesia Ecuménica Mundial, ahora presentada con otros nombres más atractivos como “La Iglesia Emergente.” La variedad de Universalismo presentada por algunos dentro del movimiento es inclusiva de todas las religiones del mundo y es antagonista contra el evangelio puro y no adulterado. Suelen citar ciertos dichos de Jesús que apoyan sus doctrinas favoritas, pero no creen en Sus palabras cuando dice: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” o “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Mat 4: 4 Jn 14:6).
Es mi convicción que necesitamos volver al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación de todos a través de la sangre de la cruz de Jesucristo. Los padres de la Iglesia, en los días de San Agustín, adulteraron el evangelio, adjuntando la doctrina farisaica del castigo eterno para protegerlo de los abusos de los Libertinos e inconversos que se juntaron a la Iglesia después de que el Emperador Constantino declarara al cristianismo la religión del estado. Eso solo logró introducir la Iglesia a la Época Oscura. Durante la Época Oscura el glorioso evangelio fue reemplazado con el evangelio “buenas nuevas - malas nuevas.” Nosotros, más que en cualquier otra generación, tenemos que insistir en el puro evangelio predicado por los primeros Apóstoles de la Iglesia primitiva. Debemos tomar a pecho las palabras de Pablo:
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:8-9)
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&Hay Esperanza para los Reprobados?
por George Sidney Hurd
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¿Hay esperanza para aquellos que las Escrituras llaman reprobados? ¿Qué significa la palabra “reprobado”?
La palabra “reprobado” es de la palabra raíz en latín, probare, que significa “probar.” La palabra latín reprobatus, significa “desaprobado, rechazado, o condenado” en aposición con approbatus (aprobado).
Aunque, como veremos, la palabra “reprobado” ha acumulado mucho equipaje tradicional de que necesitamos librarnos, sin embargo, reprobado es una definición acertada de la palabra griega adókimos (ἀδόκιμος) que significa, “desaprobado, descalificado o rechazado.” En las Escrituras es utilizado para referirse a varias cosas, desde un metal precioso que no pasa la prueba de pureza (Isa 1:22; Jer 6:30 LXX), a un atleta que llega a ser descalificado (1Cor 9:27), y también los que se descalifican debido a la ausencia de buenas obrar que son el fruto de la fe salvífica (2Cor 13:5-6; 2Tim 3:8; Tito 1:16; Heb 6:7-9).
El problema con la palabra reprobado no está en su verdadera definición, sino en el significado adquirido en la mente de muchos debido a la influencia de las doctrinas de hombres. Lo mismo sucedió con la palabra infierno. La palabra griega hades (ᾅδης) es una palabra compuesta, con la partícula negativa a- “no,” y eido, que significa “ver.” Aun en la literatura extrabíblica refiere a la región invisible de los muertos. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Así que, el problema con la palabra infierno en español no tiene que ver con su significado real, sino con el sentido adquirido por las tradiciones de los hombres.
Lo mismo sucedió con la palabra reprobado que sucedió con la palabra infierno. Las doctrinas tradicionales de los hombres han adjuntado un significado más allá de la definición verdadera de desaprobación, descalificación o rechazo, tergiversando la naturaleza de Dios, presentando Su reprobación de los no arrepentidos como si fuera eterna y no correctiva. Una página web popular define reprobación de la siguiente manera:
“Reprobación es el término utilizado para describir aquellos que por defecto son abandonados en su naturaleza humana caída al pecado para ser eternamente condenados.” [1]
Esta definición es más blanda de la que dan los Calvinistas Reformados. Según esta definición, Dios no activamente predestina a los reprobados a la condenación eterna: Él simplemente los abandona a su estado perdido sin extenderles gracia. Dicen que son reprobados por defecto. Por otro lado, los Calvinistas Reformados enseñan que Dios Mismo los predestinó a tormento eterno, como le ha placido, con motivo de magnificar Su justicia. Definen reprobación divina de la siguiente manera:
“La reprobación es el decreto eterno de Dios en lo cual Él preordinó que ciertas personas serían excluidas del número de los que son salvos por gracia, y que esas mismas personas experimentarían su justa ira… Dios decreta que ciertos individuos serían castigados justamente con el propósito de magnificar la justicia y gracia de Dios y que Su castigo es…según su beneplácito.” [2]
Los Arminianos intentan ablandar esta doctrina tradicional de la reprobación eterna, diciendo que Dios no preordinó que fueran reprobados, sino que Él simplemente sabía de antemano que ellos resistirían Su gracia, así llegando a ser reprobados por su propio libre albedrío. Sin embargo, sea por preordinación o por previo conocimiento, cualquiera teodicea que intenta presentar a un Creador benevolente como creando al hombre en Su propio imagen y semejanza, sabiendo desde el comienza que Él tendría que sostenerlos en un estado de tormentos en fuego sin fin es problemático, a decir lo menos.
¿Qué Escrituras presentan para apoyar su creencia que la reprobación de Dios es un rechazo eterno e irreversible? El único versículo que he visto que presentan para apoyar su afirmación que Su reprobación es irreversible es Hebreos 12:17 donde dice que Esaú no tuvo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. [3] Sin embargo, viendo el contexto, es evidente que lo que Esaú no pudo recuperar, aunque lo procuró con lágrimas, fue la bendición de su padre Isaac, no el perdón de Dios y salvación de un infierno eterno (Gen 27:37-38). Un infierno eterno ni siquiera se encuentra mencionado en todo el Antiguo Testamento.
La Causa de Reprobación
Vemos en las Escrituras que, aunque Dios no activamente reprueba a nadie, puede llegar a un punto donde Dios entrega a los que se niegan a arrepentirse a una mente reprobada si persisten en su rebeldía, obstinadamente suprimiendo la verdad, con tal de continuar en su injusticia (Rom 1:18-28). Es posible llegar a un punto donde el Espíritu de Dios ya no contenderá con ellos y son apartados para juicio (Gen 6:3; Rom 9:22). Dios les dio a los antediluvianos 120 años para arrepentirse mientras Noé construía el arca, pero tan pronto las puertas fueron cerradas, ya no había más oportunidad para evitar Su juicio.
En Romanos 1, Pablo explica como Dios una vez más entregó a los posdiluvianos a una mente reprobada o desaprobada (una manera de pensar no aceptable para Dios), viendo que no estaban dispuestos a retener el conocimiento de Él. Él dijo:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad… 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido… 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron (dokimazo) tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada (adókimos “desaprobado”), para hacer cosas que no convienen.” (Rom 1:18,21,24-28)
Aquí vemos que no es por la preordinación de Dios que uno es reprobado, como dicen los Calvinistas. Más bien, cuando Dios ve que ellos no aceptan o aprueban retener el conocimiento de Él, llega un punto donde Él concede su deseo, entregándolos a su propia mente reprobada. Tres veces en estos pocos versículos vemos repetida la frase “Dios los entregó.” En respuesta a la insistencia persistente del hombre en hacer su propia voluntad, llega un punto donde Dios finalmente le dice, “hágase tu voluntad.” Su Espíritu ya no contienda con él.
Vemos una escena similar a la de Romanos 1 sucediendo preciso antes del retorno de Cristo, con unas diferencias notables. En Romanos 1 dice que los impíos “no aprobaron tener en cuenta a Dios.” En 2Tesalonicenses dice básicamente lo mismo acerca de aquellos que son entregados a una mente reprobada, diciendo que ellos “no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2Tes 2:10). Sin embargo, esta vez vemos que, en juicio, Dios no solamente deja de contender con ellos, sino que activamente los entrega para crean la mentira. Sigue diciendo:
“Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:11-12)
Esto habla de la gran apostasía anterior al retorno de Cristo que prepara el camino para el Anticristo o el hombre de pecado (2Tes 2:3-4). Daniel habló de esta apostasía bajo el Anticristo diciendo:
“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.” (Dan 11:32)
Es una buena señal cuando uno siente convicción cuando hay pecado no arrepentido en sus vidas. Es una indicación que el Espíritu Santo todavía esta contendiendo con ellos, convenciéndolos de su pecado. Me entristece mucho ver tantos hoy en día viviendo en pecado que dicen que antes se sentían mal por lo que estaban haciendo, pero una vez que tomaron la decisión de que ese pecado iba a definir quienes eran, ellos sintieron paz.
Esa “paz” que uno siente cuando ya no siente convicción por el pecado en sus vidas es una paz falsa y debe ocasionar gran preocupación. Pablo habla de aquellos quienes, habiendo perdido toda sensibilidad se entregaron a la lascivia y toda clase de impureza (Ef 4:19). Este es una señal muy clara de una mente reprobada. Si sientes que estás llegando a ser indiferente al pecado en tu vida, clame a Dios pidiendo que te conceda el arrepentimiento para que vuelvas en ti, y escapes del lazo del diablo donde has estado cautivo a la voluntad de él (2Tim 2:25-26).
La Naturaleza Temporal y Remedial de la Reprobación
Las doctrinas Calvinistas y Arminianos de los hombres han llevado a muchos a concluir que una vez uno haya sido entregado a una mente reprobada están perdidos para siempre, y después del juicio ellos, o serían incinerados (Aniquilacionismo), o sujetados a tormentos sin fin en fuego (Infernalismo Eterno).
Sin embargo, aunque es posible que uno que rechazara a Dios persistentemente puede ser entregado a su propia voluntad y puesto aparte hasta el día del juicio, todos los juicios de Dios son correctivos, y con el tiempo resultan en la restauración, no en reprobación o rechazo eterno. El profeta Jeremías reveló algo de la naturaleza de Dios que demasiados cristianos pasan por alto. Primero él profetizó diciendo lo siguiente acerca del pueblo de Dios que había sido entregado al juicio debido a su inmundicia e idolatría:
“Plata desechada (ἀποδοκιμάζω, apodokimazo) los llamarán, porque Jehová los desechó (ἀποδοκιμάζω).” (Jer 6:30)
Aquí en el griego LXX vemos un cognado de la misma palabra para reprobado usado para referirse al mismo pueblo escogido de Dios que había sido rechazado por Dios y apartado para juicio.
Sin embargo, después de que Jerusalén había sido destruido por los Babilonios en 586 a.C. Jeremías los consoló con esta revelación acerca de la fidelidad de Dios hacia todos los hijos de los hombres extraviados, diciendo:
“Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Aunque son llamados plata reprobada o desechada por su impureza moral y no hubo manera de escapar el juicio determinado contra ellos, él deja en claro que Dios nunca abandonará ninguno de los hijos de los hombres permanentemente, sino que tendrá misericordia de ellos. La expresión “los hijos de los hombres” es inclusiva de toda la humanidad y no solamente el pueblo escogido de Dios.
El profeta Isaías también dijo de Israel que habían llegado a ser reprobados, así como plata contaminada. Él dijo: “Tu plata se ha convertido en escorias (ἀδόκιμος, adókimos)…” (Isa 1:22). A través del trato de Dios con Israel, podemos ver lo que Él hace con los reprobados (adókimos) que Él ha apartado para juicio. Por medio del profeta Ezequiel podemos ver lo que Dios, el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor, hace con los reprobados:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
¿Qué hace Dios con los reprobados? ¿Los desecha para siempre? No, Dios no desecha ninguno de los hijos de los hombres para siempre. En lugar de eso, Él los aparta para juicio para ser echados al horno de aflicción, como un fundidor de metales preciosos haría con el metal precioso contaminado con impurezas, hasta que toda su escoria sea consumida y es limpio y puro. Explico con más detalle sobre la metáfora de Dios como el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor en mi blog, Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.
El resultado final del horno de fuego de Dios para Israel reprobado es que sale del horno puro y separado del pecado. Así como en el caso de un padre que disciplina su hijo, Su fuego es en realidad Su amor actuando contra el pecado en sus vidas. El resultado final de Sus juicios contra Israel es el fruto pasible de la justicia, como vemos más adelante en Ezequiel 36.
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezek 36:24-26, cf., Rom 11:26-27).
El resultado final del horno de fuego de aflicción de Dios para Israel es que salen purificados de toda su inmundicia y reciben un corazón nuevo. Esto no solamente es cierto para Israel, el pueblo elegido de Dios. Lo mismo aplica con Su aflicción de todos los hijos de los hombres, que Él ha creado. Vemos que aún los reprobados Sodoma y Samaria algún día habrán sido restaurados (Ezeq 16:53-55). Dios es amor y, por lo tanto, Él no aflige voluntariamente ninguno de los hijos de los hombres que Él ha creado. Lo que Él hace, lo hace para su propio beneficio. Por lo tanto, podemos ver que la reprobación de Dios de los hijos de los hombres, igual como con Israel apóstata, no es un rechazo eterno, sino temporal y remedial.
[1] https://www.gotquestions.org/reprobation.html
[2] https://www.thegospelcoalition.org/essay/doctrine-of-reprobation/
[3] Aunque nunca he visto 1Crónicas 28:9 presentado para apoyar la creencia en la reprobación eterna, por unos años como Arminiano pensaba que David estaba advirtiéndole a Salomón de reprobación eterna cuando le dijo: “si lo dejares, él te desechará para siempre.”
Sin embargo, después de un estudio más cuidadoso del pasaje me di cuenta de que David no estaba refiriéndose a la salvación eterna de Salomón. David recordaba como antes de ser rey sobre Israel, el rey Saúl había sido rechazado permanentemente como rey por Dios debido a su desobediencia. Samuel le dijo al rey Saúl: “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). La única manera en que Saúl fue desechado fue para no ser más rey. De la misma manera, creo que el rechazo irrevocable de que David advertía a Salomón tuvo que ver con ser rechazado como rey, no una perdición eterna.
En el griego LXX, los traductores, siendo familiarizados como eran con el idioma hebreo, lo tradujeron como “desechazado hasta el final” (εἰς τέλος), y no “para siempre.” En otras palabras, Dios le quitaría definitivamente del trono. Así lo entendieron los traductores de la versión CEE. Ellos lo tradujeron, “si lo abandonas, te desechará definitivamente.”
Yo sé que aquí en Colombia, si uno con cargo político llega a ser condenado por un delito, jamás puede volver a tener cargo político por el resto de su vida. Creo que eso era lo que David estaba diciendo a Salomón.
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¿Hay esperanza para aquellos que las Escrituras llaman reprobados? ¿Qué significa la palabra “reprobado”?
La palabra “reprobado” es de la palabra raíz en latín, probare, que significa “probar.” La palabra latín reprobatus, significa “desaprobado, rechazado, o condenado” en aposición con approbatus (aprobado).
Aunque, como veremos, la palabra “reprobado” ha acumulado mucho equipaje tradicional de que necesitamos librarnos, sin embargo, reprobado es una definición acertada de la palabra griega adókimos (ἀδόκιμος) que significa, “desaprobado, descalificado o rechazado.” En las Escrituras es utilizado para referirse a varias cosas, desde un metal precioso que no pasa la prueba de pureza (Isa 1:22; Jer 6:30 LXX), a un atleta que llega a ser descalificado (1Cor 9:27), y también los que se descalifican debido a la ausencia de buenas obrar que son el fruto de la fe salvífica (2Cor 13:5-6; 2Tim 3:8; Tito 1:16; Heb 6:7-9).
El problema con la palabra reprobado no está en su verdadera definición, sino en el significado adquirido en la mente de muchos debido a la influencia de las doctrinas de hombres. Lo mismo sucedió con la palabra infierno. La palabra griega hades (ᾅδης) es una palabra compuesta, con la partícula negativa a- “no,” y eido, que significa “ver.” Aun en la literatura extrabíblica refiere a la región invisible de los muertos. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Así que, el problema con la palabra infierno en español no tiene que ver con su significado real, sino con el sentido adquirido por las tradiciones de los hombres.
Lo mismo sucedió con la palabra reprobado que sucedió con la palabra infierno. Las doctrinas tradicionales de los hombres han adjuntado un significado más allá de la definición verdadera de desaprobación, descalificación o rechazo, tergiversando la naturaleza de Dios, presentando Su reprobación de los no arrepentidos como si fuera eterna y no correctiva. Una página web popular define reprobación de la siguiente manera:
“Reprobación es el término utilizado para describir aquellos que por defecto son abandonados en su naturaleza humana caída al pecado para ser eternamente condenados.” [1]
Esta definición es más blanda de la que dan los Calvinistas Reformados. Según esta definición, Dios no activamente predestina a los reprobados a la condenación eterna: Él simplemente los abandona a su estado perdido sin extenderles gracia. Dicen que son reprobados por defecto. Por otro lado, los Calvinistas Reformados enseñan que Dios Mismo los predestinó a tormento eterno, como le ha placido, con motivo de magnificar Su justicia. Definen reprobación divina de la siguiente manera:
“La reprobación es el decreto eterno de Dios en lo cual Él preordinó que ciertas personas serían excluidas del número de los que son salvos por gracia, y que esas mismas personas experimentarían su justa ira… Dios decreta que ciertos individuos serían castigados justamente con el propósito de magnificar la justicia y gracia de Dios y que Su castigo es…según su beneplácito.” [2]
Los Arminianos intentan ablandar esta doctrina tradicional de la reprobación eterna, diciendo que Dios no preordinó que fueran reprobados, sino que Él simplemente sabía de antemano que ellos resistirían Su gracia, así llegando a ser reprobados por su propio libre albedrío. Sin embargo, sea por preordinación o por previo conocimiento, cualquiera teodicea que intenta presentar a un Creador benevolente como creando al hombre en Su propio imagen y semejanza, sabiendo desde el comienza que Él tendría que sostenerlos en un estado de tormentos en fuego sin fin es problemático, a decir lo menos.
¿Qué Escrituras presentan para apoyar su creencia que la reprobación de Dios es un rechazo eterno e irreversible? El único versículo que he visto que presentan para apoyar su afirmación que Su reprobación es irreversible es Hebreos 12:17 donde dice que Esaú no tuvo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. [3] Sin embargo, viendo el contexto, es evidente que lo que Esaú no pudo recuperar, aunque lo procuró con lágrimas, fue la bendición de su padre Isaac, no el perdón de Dios y salvación de un infierno eterno (Gen 27:37-38). Un infierno eterno ni siquiera se encuentra mencionado en todo el Antiguo Testamento.
La Causa de Reprobación
Vemos en las Escrituras que, aunque Dios no activamente reprueba a nadie, puede llegar a un punto donde Dios entrega a los que se niegan a arrepentirse a una mente reprobada si persisten en su rebeldía, obstinadamente suprimiendo la verdad, con tal de continuar en su injusticia (Rom 1:18-28). Es posible llegar a un punto donde el Espíritu de Dios ya no contenderá con ellos y son apartados para juicio (Gen 6:3; Rom 9:22). Dios les dio a los antediluvianos 120 años para arrepentirse mientras Noé construía el arca, pero tan pronto las puertas fueron cerradas, ya no había más oportunidad para evitar Su juicio.
En Romanos 1, Pablo explica como Dios una vez más entregó a los posdiluvianos a una mente reprobada o desaprobada (una manera de pensar no aceptable para Dios), viendo que no estaban dispuestos a retener el conocimiento de Él. Él dijo:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad… 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido… 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron (dokimazo) tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada (adókimos “desaprobado”), para hacer cosas que no convienen.” (Rom 1:18,21,24-28)
Aquí vemos que no es por la preordinación de Dios que uno es reprobado, como dicen los Calvinistas. Más bien, cuando Dios ve que ellos no aceptan o aprueban retener el conocimiento de Él, llega un punto donde Él concede su deseo, entregándolos a su propia mente reprobada. Tres veces en estos pocos versículos vemos repetida la frase “Dios los entregó.” En respuesta a la insistencia persistente del hombre en hacer su propia voluntad, llega un punto donde Dios finalmente le dice, “hágase tu voluntad.” Su Espíritu ya no contienda con él.
Vemos una escena similar a la de Romanos 1 sucediendo preciso antes del retorno de Cristo, con unas diferencias notables. En Romanos 1 dice que los impíos “no aprobaron tener en cuenta a Dios.” En 2Tesalonicenses dice básicamente lo mismo acerca de aquellos que son entregados a una mente reprobada, diciendo que ellos “no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2Tes 2:10). Sin embargo, esta vez vemos que, en juicio, Dios no solamente deja de contender con ellos, sino que activamente los entrega para crean la mentira. Sigue diciendo:
“Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:11-12)
Esto habla de la gran apostasía anterior al retorno de Cristo que prepara el camino para el Anticristo o el hombre de pecado (2Tes 2:3-4). Daniel habló de esta apostasía bajo el Anticristo diciendo:
“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.” (Dan 11:32)
Es una buena señal cuando uno siente convicción cuando hay pecado no arrepentido en sus vidas. Es una indicación que el Espíritu Santo todavía esta contendiendo con ellos, convenciéndolos de su pecado. Me entristece mucho ver tantos hoy en día viviendo en pecado que dicen que antes se sentían mal por lo que estaban haciendo, pero una vez que tomaron la decisión de que ese pecado iba a definir quienes eran, ellos sintieron paz.
Esa “paz” que uno siente cuando ya no siente convicción por el pecado en sus vidas es una paz falsa y debe ocasionar gran preocupación. Pablo habla de aquellos quienes, habiendo perdido toda sensibilidad se entregaron a la lascivia y toda clase de impureza (Ef 4:19). Este es una señal muy clara de una mente reprobada. Si sientes que estás llegando a ser indiferente al pecado en tu vida, clame a Dios pidiendo que te conceda el arrepentimiento para que vuelvas en ti, y escapes del lazo del diablo donde has estado cautivo a la voluntad de él (2Tim 2:25-26).
La Naturaleza Temporal y Remedial de la Reprobación
Las doctrinas Calvinistas y Arminianos de los hombres han llevado a muchos a concluir que una vez uno haya sido entregado a una mente reprobada están perdidos para siempre, y después del juicio ellos, o serían incinerados (Aniquilacionismo), o sujetados a tormentos sin fin en fuego (Infernalismo Eterno).
Sin embargo, aunque es posible que uno que rechazara a Dios persistentemente puede ser entregado a su propia voluntad y puesto aparte hasta el día del juicio, todos los juicios de Dios son correctivos, y con el tiempo resultan en la restauración, no en reprobación o rechazo eterno. El profeta Jeremías reveló algo de la naturaleza de Dios que demasiados cristianos pasan por alto. Primero él profetizó diciendo lo siguiente acerca del pueblo de Dios que había sido entregado al juicio debido a su inmundicia e idolatría:
“Plata desechada (ἀποδοκιμάζω, apodokimazo) los llamarán, porque Jehová los desechó (ἀποδοκιμάζω).” (Jer 6:30)
Aquí en el griego LXX vemos un cognado de la misma palabra para reprobado usado para referirse al mismo pueblo escogido de Dios que había sido rechazado por Dios y apartado para juicio.
Sin embargo, después de que Jerusalén había sido destruido por los Babilonios en 586 a.C. Jeremías los consoló con esta revelación acerca de la fidelidad de Dios hacia todos los hijos de los hombres extraviados, diciendo:
“Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Aunque son llamados plata reprobada o desechada por su impureza moral y no hubo manera de escapar el juicio determinado contra ellos, él deja en claro que Dios nunca abandonará ninguno de los hijos de los hombres permanentemente, sino que tendrá misericordia de ellos. La expresión “los hijos de los hombres” es inclusiva de toda la humanidad y no solamente el pueblo escogido de Dios.
El profeta Isaías también dijo de Israel que habían llegado a ser reprobados, así como plata contaminada. Él dijo: “Tu plata se ha convertido en escorias (ἀδόκιμος, adókimos)…” (Isa 1:22). A través del trato de Dios con Israel, podemos ver lo que Él hace con los reprobados (adókimos) que Él ha apartado para juicio. Por medio del profeta Ezequiel podemos ver lo que Dios, el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor, hace con los reprobados:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
¿Qué hace Dios con los reprobados? ¿Los desecha para siempre? No, Dios no desecha ninguno de los hijos de los hombres para siempre. En lugar de eso, Él los aparta para juicio para ser echados al horno de aflicción, como un fundidor de metales preciosos haría con el metal precioso contaminado con impurezas, hasta que toda su escoria sea consumida y es limpio y puro. Explico con más detalle sobre la metáfora de Dios como el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor en mi blog, Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.
El resultado final del horno de fuego de Dios para Israel reprobado es que sale del horno puro y separado del pecado. Así como en el caso de un padre que disciplina su hijo, Su fuego es en realidad Su amor actuando contra el pecado en sus vidas. El resultado final de Sus juicios contra Israel es el fruto pasible de la justicia, como vemos más adelante en Ezequiel 36.
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezek 36:24-26, cf., Rom 11:26-27).
El resultado final del horno de fuego de aflicción de Dios para Israel es que salen purificados de toda su inmundicia y reciben un corazón nuevo. Esto no solamente es cierto para Israel, el pueblo elegido de Dios. Lo mismo aplica con Su aflicción de todos los hijos de los hombres, que Él ha creado. Vemos que aún los reprobados Sodoma y Samaria algún día habrán sido restaurados (Ezeq 16:53-55). Dios es amor y, por lo tanto, Él no aflige voluntariamente ninguno de los hijos de los hombres que Él ha creado. Lo que Él hace, lo hace para su propio beneficio. Por lo tanto, podemos ver que la reprobación de Dios de los hijos de los hombres, igual como con Israel apóstata, no es un rechazo eterno, sino temporal y remedial.
[1] https://www.gotquestions.org/reprobation.html
[2] https://www.thegospelcoalition.org/essay/doctrine-of-reprobation/
[3] Aunque nunca he visto 1Crónicas 28:9 presentado para apoyar la creencia en la reprobación eterna, por unos años como Arminiano pensaba que David estaba advirtiéndole a Salomón de reprobación eterna cuando le dijo: “si lo dejares, él te desechará para siempre.”
Sin embargo, después de un estudio más cuidadoso del pasaje me di cuenta de que David no estaba refiriéndose a la salvación eterna de Salomón. David recordaba como antes de ser rey sobre Israel, el rey Saúl había sido rechazado permanentemente como rey por Dios debido a su desobediencia. Samuel le dijo al rey Saúl: “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). La única manera en que Saúl fue desechado fue para no ser más rey. De la misma manera, creo que el rechazo irrevocable de que David advertía a Salomón tuvo que ver con ser rechazado como rey, no una perdición eterna.
En el griego LXX, los traductores, siendo familiarizados como eran con el idioma hebreo, lo tradujeron como “desechazado hasta el final” (εἰς τέλος), y no “para siempre.” En otras palabras, Dios le quitaría definitivamente del trono. Así lo entendieron los traductores de la versión CEE. Ellos lo tradujeron, “si lo abandonas, te desechará definitivamente.”
Yo sé que aquí en Colombia, si uno con cargo político llega a ser condenado por un delito, jamás puede volver a tener cargo político por el resto de su vida. Creo que eso era lo que David estaba diciendo a Salomón.