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¿Es la Justicia de Dios retributiva, restaurativa o las dos?
 
 por George Sidney Hurd

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 La naturaleza de la justicia de Dios recientemente ha sido el tema de mucho debate, junto con una polémica acerca de la naturaleza de la expiación de Cristo. Algunos eruditos Conservadores aparentan solo reconocer la justicia retributiva de Dios, mientras que muchos Progresivos insisten en que todos Sus juicios son exclusivamente restaurativos.
 
Brian Zahnd, en su estilo de comunicación típicamente sardónica y polémica, representa un número creciente de individuos que ridiculizan cualquier afirmación de que la muerte de Cristo involucrara un pago por nuestros pecados como nuestro Sustituto para poder salvarnos de la justicia retributiva de Dios. Él dice:
 
“La cruz no es una imagen de pago; la cruz es una imagen del perdón… La justicia de Dios no es retributiva; la justicia de Dios es restaurativa… La cruz no es donde Dios encuentra una víctima propiciatoria sobre quién reventar Su ira; la cruz es donde Dios salva al mundo por medio del amor y autosacrificio. La única cosa que Dios considera justicia es restaurar al mundo, no castigando a un sustituto inocente para algún pinche aplacamiento. [1]
 
Aunque Brian deliberadamente mal caracteriza a las creencias de sus opositores con dicotomías falsas y expresiones inflamatorias para ganar ventaja emocional sobre ellos en vez limitarse a razonar de las Escrituras, él es, sin embargo, representativo de un número creciente de eruditos Progresivos que rechazan a secas cualquier argumento que la justicia de Dios sea de alguna manera retributiva o que la muerte de Cristo satisfizo la justicia de Dios en nuestro lugar, así haciendo posible que Dios permanezca justo al justificar a los pecadores. Considero los argumentos para la expiación sustitutiva penal de Cristo en mi blog, “¿Cambió la Cruz la Actitud de Dios hacia Nosotros? y también en mi libro, Los Caminos de Dios (desde la Perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico).”
En este blog simplemente quiero considerar brevemente su afirmación de que la justicia de Dios no es de ninguna manera retributiva.
 
Primero quiero definir los términos. Nuestra palabra “retribución” es del latín re- + tribuere “pagar,” y significa “volver a pagar o retribución.” La expresión “justicia retributiva” refiere tanto al galardón justo de los justos como también la justa pena o castigo por los pecados de los no arrepentidos (cf. Rom 2:5-11; 2Tes 1:8; Apo 22:12).
 
Hasta el presente los sistemas de justicia en el mundo han operado casi exclusivamente basado en la justicia retributiva donde el ofensor es penalizado y la víctima inocente recibe compensación por daños infligidos. Sin embargo, poco después de que el sicólogo Albert Eglash presentó su tesis a favor de reemplazar la justicia retributiva con una forma humanista de justicia restaurativa en el año 1977, hemos visto un gran cambio en la dirección de abandonar la justicia retributiva a favor de una justicia restaurativa. 
 
De semejante manera como con el Comunismo, el concepto de la justicia restaurativa parece bien en teoría, pero en la práctica, todo nuestro sistema de justicia desmoronaría si fuéramos a abandonar la justicia retributiva a favor de una justicia netamente restaurativa, porque no toma en cuenta la naturaleza caída del hombre. Para que una justicia restaurativa funcionara, tanto el ofensor, como las víctimas, no solamente tienen que estar dispuestos a reunirse en sesiones de grupo, sino que el ofensor tiene que estar verdaderamente arrepentido y las víctimas tienen que perdonar al ofensor – algo que raras veces sucede en la vida real. La lógica progresiva detrás de la justicia restaurativa va de mano con los argumentos presentados recientemente a favor de desfinanciar a las autoridades.
 
En mi juventud durante los años ’60, antes de conocerle al Señor, serví más de tres años en las instituciones correccionales y vi de primera mano cómo tantos presos logran obtener su libertad condicional temprano por jugar el sistema, fingiendo arrepentimiento con tal de volver a la calle y continuar su vida de crimen. No es difícil imaginar como estos mismos individuos se aprovecharían de esta supuesta terapia de la justicia restaurativa para provecho propio.
 
En realidad, el sistema tradicional de la justicia no es netamente retributivo, sino que tiene la restauración como su objetivo principal. Si el juez ve que el ofensor es arrepentido y existe poca probabilidad de que el ofensor repite el crimen, él toma eso en cuenta. Además, dentro de las instituciones penales hay sesiones en grupo de consejería diseñados a reformar a los presos. Adicionalmente, revisan el caso de cada preso periódicamente, y si determinan que un individuo ha sido adecuadamente rehabilitado, le conceden libertad condicional antes de cumplir toda su condena.
 
Como espero demostrar, aunque a fin de cuentas la justica de Dios es restaurativa en el sentido de que culmina en la restauración en vez de una condena perpetua, es más comparable a la justicia retributiva de nuestro sistema penal que el modelo progresivo de una justicia netamente restaurativa. La justicia de Dios es mejor entendido como justicia retributiva con el fin de restaurar al transgresor. 
 
La diferencia principal entre nuestro sistema de justicia y la justicia de Dios es que Él conoce nuestros corazones y juzga con un juicio perfecto, según la verdad, y no según las apariencias. Nadie puede jugar el sistema con Dios, fingiendo el arrepentimiento. Sus castigos siempre encajan en el crimen, y en Sus juicios Él siempre recuerda la misericordia. Tan pronto como el hombre se arrepintiera de corazón, Dios extiende Su misericordia.

 
La Justicia Retributiva de Dios en la Historia
 
Aunque la justicia retributiva de Dios es principalmente escatológica, siendo guardado o atesorado para el día del juicio (Rom 2:5), Su justicia retributiva también se puede ver en la historia. Aunque podríamos presentar muchos ejemplos, aquí solamente quiero enfocar en cuatro ejemplos principales en el Antiguo Testamento: 1) la expulsión del Edén, 2) el diluvio, 3) Sodoma y 4) la destrucción de Jerusalén y el cautiverio babilónico en el año 568 a.C. 
 
La Justicia Retributiva de Dios en el Edén
 
Desde el principio vemos la justicia retributiva de Dios ejecutada cuando Adán y Eva desobedecieron el mandato de Dios de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Fueron advertidos que su desobediencia resultaría en la muerte segura, y tal como Dios les había dicho, ellos, como también todos sus descendientes, fueron privados del árbol de la vida y murieron a consecuencia de su pecado original. También, el dolor de la mujer fue aumentado a dar a luz y la tierra fue maldita, haciendo necesario que el hombre trabajara arduamente todos los días de su vida hasta volver al polvo de donde vino (Gen 3:16-19). Aquí podemos ver claramente la justicia retributiva de Dios. Él les echó del Edén y colocó querubines para guardar el camino para que no tomaran del árbol de la vida (Gen 3:23-24).
 
La Justicia Retributiva de Dios en el Diluvio
 
El diluvio universal es otro ejemplo principal de la justicia retributiva de Dios. Dios envió el diluvio en juicio debido a que toda la tierra se había corrompida, siendo llena de violencia (Gen 6:11-13). El Señor le dijo a Noé: “la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.” En su paciencia, Dios les dio 120 años más para arrepentirse mientras que Noé estaba preparando el arca (Gen 6:3; 1Pedro 3:20). Entonces, el Señor cerró las puertas del arca y envió el diluvio. Jesús advierte que el juicio en Su Segunda Venida será semejante a lo que sucedió en los días de Noé (Lucas 17:26-27; Mateo 25:31-46).
 
La Justicia Retributiva de Dios en la Destrucción de Sodoma
 
El tercer juicio principal fue lo de Sodoma. Su injusticia llegó a tal grado que ni siquiera había diez justos entre ellos. Los dos ángeles le dijeron a Lot: “el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo (Gen 19:13). El clamor de sus víctimas llegó a ser tan grande que Dios intervino, enviando fuego y azufre del cielo, destruyéndolos a todos. Considero la naturaleza de este juicio con más detalle en mi blog: ¿Quién Destruyó a Sodoma y Por Qué?” Pedro deja en claro que la destrucción de Sodoma era la justicia retributiva de Dios, diciendo que Dios condenó (katakrino “condenar, sentenciar”)  por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente.” (2Pedro 2:6). De la misma manera, Judas dice que ellos fueron “puestas por ejemplo, sufriendo el castigo (dike, “justicia”) del fuego eterno (pur aionios ‘fuego época duradera’).” (Judas 7). La palabra dike, traducida “castigo,” significa justicia. Sin embargo, en el contexto claramente es una justicia retributiva y no restaurativa.
 
La Justicia Retributiva de Dios en la Destrucción de Jerusalén en 568 a.C.
 
El último ejemplo de juicio que quiero considerar es la destrucción de Jerusalén, seguido por el cautiverio en Babilonia. Dios declaró Su juicio contra los habitantes de Jerusalén diciendo:
 
“Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá.” (Jer 17:4)
 
“he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua (olam).” (Jer 25:9)
 
Claramente, no hay indicación alguna de una justicia restaurativa en estas declaraciones de juicio contra Jerusalén y sus habitantes. Si fuéramos a parar aquí, daría la impresión de que la justicia de Dios fuera netamente retributiva. Lo mismo podríamos concluir de lo que hemos visto hasta ahora en los previos ejemplos del juicio de Dios.
 
Los Juicios de Dios son Temporales, culminando en Restauración
 
Aunque es cierto que la justicia de Dios es retributiva, muchos no logran ver más allá de los juicios temporales de Dios. Equivocadamente, han concluido que el resultado final de los juicios de Dios para la gran mayoría de la humanidad es una retribución perpetua, como si tal contradicción moral y lógica fuera posible. Este razonamiento no toma en cuenta el fin del Señor que es restauración – no retribución eterna. Como dice Santiago:
 
“habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (Stg 5:11)
 
Aunque la Iglesia en el tiempo de los Apóstoles aparentemente vieron que el fin del Señor es bueno, tristemente, al entrar en la Época Oscura, la Iglesia en general perdió la vista de la inmutable bondad de Dios, incluso en medio de Sus juicios más severos.
 
Leyendo los textos ya citados en Jeremías acerca del juicio de Dios que resultó en la destrucción de Jerusalén y su cautiverio en Babilonia aislados del resto de las Escrituras, da la impresión de que la retribución, y no la misericordia, fuera el fin del Señor en su caso. Sin embargo, la “ira eterna” y la “desolación perpetua” solamente fue por un tiempo (olam). En el caso de Jerusalén y Judá, Él especifica que olam, que fue erróneamente traducido “perpetuo,” solamente duraría setenta años, como vemos en los versículos en seguida:
 
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre. (Jer 25:11-12)
 
Entonces, en el capítulo 29, aun antes de haber llevado a cabo Su juicio contra Judá, Él les asegura que Sus planes para ellos – aún en Sus juicios tan severos, eran para su propio beneficio:
 
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.  14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:10-14)
 
Aun en medio de los juicios de Dios contra ellos, el profeta Jeremías no perdió la vista de la bondad de Dios. En Lamentaciones, cuando todo parecía perdido, él podía declarar:
 
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
 
Jeremías entendió una verdad universal acerca de la naturaleza de Dios que aplica, no solamente a los judíos, sino a todos “los hijos de los hombres” – el fin del Señor es bueno. Él no desecha para siempre porque Él es bueno y Su misericordia permanece para siempre. Aún en los juicios mencionados en las Escrituras donde no hay mención específica de una restauración al final, sabemos que el fin del Señor es bueno y resulta en la restauración final de todos los hijos de los hombres (Hch 3:21).
 
El Juicio de Dios en la Caída culmina en Restauración
 
Este resultado final restaurativo de los juicios retributivos de Dios es evidente desde el principio en el Edén. El mismo día en que Adán y Eva pecaron, Dios derramó sangre inocente para cubrir su desnudez, prefigurando el sacrificio de Cristo de Su propia sangre para quitar nuestra culpa y revestirnos con Su propia justicia. Adicionalmente, Dios le prometió implícitamente a Eva que su simiente destruiría el poder de la serpiente, Satanás y restaurarnos de la caída (Gen 3:15). Esto Jesús hizo como nuestro Último Adán. Todos que fueron condenados en Adán son justificados en Cristo y todos que mueren en Adán serán vivificados en Él (Rom 5:18; 1Cor 15:22). En el futuro vemos el árbol de la vida en la Nueva Jerusalén y aquellos que todavía están afuera son invitados a lavar sus ropas para poder entrar y comer de sus hojas para su sanidad (Apo 22:1-2;14).
 
El Juicio del Diluvio culmina en Restauración
 
Aunque el juicio del diluvio fue indiscutiblemente retributivo, también vemos el Espíritu Santo enfatizando a través de Pedro que incluso aquellos que perecieron en el diluvio finalmente serán restaurados. Pedro dijo acerca de los que perecieron en el diluvio:
 
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.” (1Pedro 3:18-20)
 
Aquí vemos que Cristo descendió al Hades y predicó el evangelio a aquellos que eran desobedientes en los días de Noé. Podemos ver que persistieron obstinadamente en su desobediencia, dado que Dios en su paciencia esperó otros 120 años mientras que Noé estaba preparando el arca antes de finalmente destruirlos en el diluvio (Gen 6:3).
 
Algunos argumentan que la palabra “predicó” (kerusso) no tiene referencia a la predicación de las buenas nuevas a los espíritus de los muertos que fueron destruidos en el diluvio. Toman este pasaje como diciendo que Él fue y proclamó Su victoria sobre los ángeles que pecaron y están guardados en Tártaro hasta el día del juicio (2Pedro 2:4; Judas 6). Sin embargo, hay al menos tres razones por qué debemos de entender esto como refiriendo a Cristo predicando el evangelio a las personas que perecieron en el diluvio y no a alguna proclamación de derrota a los ángeles caídos en Tártaro.
 
En primer lugar, 59 de los 61 veces que kerusso aparece en el Nuevo Testamento claramente tiene referencia a la predicación del evangelio, y ni una sola vez se usa para anunciar la derrota de alguien. En segundo lugar, aunque es cierto que los ángeles son espíritus, el término “espíritu” normalmente no es utilizado para referirse a los ángeles. De hecho, vemos en Hechos 23:9 vemos una distinción entre los ángeles y los espíritus. En el Nuevo Testamento un espíritu o es un demonio o el espíritu de una persona que ha muerto.
 
En tercer lugar, en el contexto de 1Pedro 3:18-20 Pedro deja en claro que fueron los muertos a quienes les fue predicado el evangelio y no a los ángeles caídos. Solamente ocho versículos más adelante Pedro da más detalle acerca de la proclamación hecha a los espíritus encarcelados. Él dijo:
 
“Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1Pedro 4:6)
 
Aquí la frase “ha sido predicado el evangelio” es una sola palabra, euaggelizo, que literalmente significa “traer buenas nuevas.” Lo que Jesús predicó a los espíritus encarcelados eran las buenas nuevas del evangelio, para que, aunque una vez fueron juzgados por su desobediencia en la carne, pudieran vivir en espíritu según Dios. Es obvio que, si el evangelio es predicado a los muertos después de haber sido juzgados en la carne, entonces la justicia de Dios termina en restauración y no en condenación perpetua como muchos han dicho.
 
El Juicio de Sodoma culmina en Restauración
 
Sodoma es una de las demostraciones más claras de que, incluso los juicios retributivos más severos culminan en restauración y no en condenación eterna como tradicionalmente enseñado. Como vimos anteriormente, la destrucción de Sodoma es un ejemplo claro de la justicia retributiva de Dios. Sin embargo, vemos en las Escrituras que el fin del Señor para Sodoma es restauración, no retribución perpetua.
 
En Ezequiel 16 el Señor les dice a los habitantes de Jerusalén que habían llegado a ser peores que Samaria y Sodoma, y por ese motivo Su retribución contra ellos era inminente. Sin embargo, Su declaración de juicio es seguida con la promesa que ellos, junto con Samaria y Sodoma, finalmente serán restaurados. Él dijo:
 
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado.” (Ezeq 16:53-55)
 
Esta restauración de Sodoma tiene que estar refiriendo a las mismas personas que fueron destruidos por fuego en el tiempo de Lot, dado que ningún habitante sobrevivió su destrucción. De igual manera, Samaria, refiriéndose a las 10 tribus del norte (a menudo equivocadamente llamadas “las 10 tribus perdidas”), también serán restauradas. Algunas personas, a pesar de este texto y muchos pasajes más diciendo lo contrario, insisten que ni Judá ni los 10 tribus del norte serán restaurados. Yo respondo a sus argumentos en una serie de blogs: ¿Ha rechazado Dios a Su Pueblo Israel? Dios ha jurado por Sí Mismo que todos finalmente serán restaurados a Sí Mismo, doblando rodilla y confesando que Jesucristo es Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; 1Cor 15:28; Sal 22:27; 66:3-4; 86:9, etc.).
 
En conclusión, La justicia de Dios es presentada a través de toda la Biblia desde el Génesis hasta Apocalipsis como retributiva, y si vamos a ser fieles a las Escrituras, tenemos que enfatizarlo así, aunque sea rechazada por nuestra cultura Postmoderna (2Tim 4:2-5). Pablo nos advierte diciendo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gal 6:7). Es un gravísimo error decirle a una persona que persiste en el pecado que la justicia de Dios para él será nada más que restaurativa, cuando en realidad esa persona está atesorando para sí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras (Rom 2:5-6).
 
La justicia inmutable de Dios requiere retribución. Es por eso que fue necesaria la cruz. Si Dios fuera amor, pero no justo, Él simplemente pasaría por alto nuestros pecados. Si fuera justo, pero no amor, jamás hubiera enviado a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados para poder perdonarnos sin violar a Su justicia inmutable (1Jn 4:10; Rom 3:25-26). Jesús nos salva de la ira venidera (1Tes 1:10). Jesús dijo que todo aquel que en el crea no será condenado, pero él que no cree ya ha sido condenado y la ira de Dios permanece sobre él, porque no ha creído en Él – el único camino al Padre (Jn 3:18,36; Jn 14:6)
 
En vez de estar reasegurándoles a los no arrepentidos de que todo está bien y que no hay por qué temer la justicia retributiva de Dios porque es solamente una justicia restaurativa, necesitamos llamarlos a arrepentirse y poner su confianza en Jesús que es el único que nos salva de la ira venidera (la justicia retributiva de Dios). Como dice Pablo, conociendo el temor (phobos) del Señor, debemos de persuadir a los hombres (2Cor 5:11; cf. Heb 10:30-31).
 



[1] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God (p. 86). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.

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¿Realmente quieres ir por ese camino?
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 por George Sidney Hurd
 
Actualmente se está produciendo un cambio sin precedentes dentro del cristianismo evangélico, principalmente entre los millennials, en los que las creencias tradicionales están siendo reexaminadas y, en la mayoría de los casos, abandonadas por completo. Este proceso es lo que comúnmente ellos denominan deconstrucción de su fe o desconversión. Va acompañado de un éxodo masivo de las iglesias locales en una escala mucho mayor que la que ocurrió en Europa durante el siglo pasado.
 
Uno de los muchos grupos de apoyo para el Movimiento de la Desconstrucción que tiene el nombre Deconstruction Network dice que, ¡actualmente 81.000 personas desilusionadas están abandonando las iglesias cada mes en los Estados Unidos! Según esta fuente, los Evangélicos deconstruidos abandonando las iglesias es el grupo con mayor crecimiento en la Iglesia Occidental y está aumentando exponencialmente a un paso fenomenal. Ellos dicen, “el movimiento de los deconstruidos que han abandonado la iglesia está aumentando al menos dos veces más rápido que la iglesia evangélica.” [i]
 
Muchos de las personas que están siendo llevadas por este movimiento no están conscientes de que su fe está siendo deconstruida. De hecho, muchos que están siendo deconstruidos ni siquiera están familiarizados con el término. La Deconstrucción Espiritual es un proceso donde uno comienza a cuestionar todo su sistema de creencias, comenzando con cuestionar la fiabilidad de las mismas Escrituras en que su fe había sido fundada.
 
El Deconstruccionismo es un aspecto integral del Posmodernismo que niega la existencia de verdad absoluta y objetiva. El concepto filosófico fue introducido a la educación universitaria en los años ’60 y ’70 por el filósofo francés Jacques Derrida que argumentaba que el significado de la literatura escrita es fluido e indefinible. De eso argumentaba que no puede existir una metanarrativa (gran historia) definitiva como lo que encontramos en la Biblia que nos permitiera definir la realidad y encontrar significado y propósito en la vida. Él se oponía a lo que denominaba la cultura Occidental y abogaba por la deconstrucción de la historia, la sociedad y las instituciones, incluyendo a la Iglesia.
 
Después de que una generación de universitarios había sido indoctrinada en este pensamiento nuevo y relativista, comenzó a infiltrarse en nuestra sociedad, en la política, y más importante dentro de la Iglesia – especialmente entre la generación del milenio.
 

El Deconstruccionismo fue introducido a la Iglesia principalmente por el Movimiento Emergente de la Iglesia por pensadores Progresivos como  Brian McLaren, Rob Bell y Doug Pagitt. Eruditos como N T Wright están provocando un movimiento más sutil y reservado hacia la deconstrucción entre evangélicos, lo que ha provocado que muchos cristianos que siempre han sido conservadores, cuestionen creencias arraigadas desde hace mucho tiempo....
 
La Deconstrucción Constructiva
 
Lo que confunde a muchos es que hay una forma legítima e incluso necesaria de deconstrucción a la que todos tenemos que someternos si vamos a ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento  (1Tes 5:21; Rom 12:2; Ef 4:22-23). Hemos acumulado creencias y prácticas que no están de acuerdo con la verdad que necesitan ser identificados y corregidos. 
¿Pero cómo definimos la verdad?
 
He oído a muchos compartir acerca de cómo su búsqueda de la verdad los llevó a abandonar el cristianismo, llegando a ser agnósticos o ateos. Un grupo de red de la Deconstrucción dijo de ellos mismos: “Este grupo de personas amamos la verdad, ya no nos conformamos con aceptar las cosas como aparentan ser.” [ii] Sin embargo, el punto crucial es nuestra definición de la verdad. Demasiado a menudo, lo que consideran la verdad es nada más lo que dicen los filósofos, los científicos o lo que los críticos del texto divino afirman como verdad. Pero, todos ellos tienen un perjuicio contra la verdadera verdad que es la Palabra de Dios (Sal 119:160).
 
Muchos que han rechazado la autoridad de las Escrituras como la única fuente de verdad infalible dirían que son seguidores de la Palabra, (Seguidores de Jesús) y no de la palabra escrita. Sin embargo, para ser un verdadero seguidor de Jesús uno tiene que ver la Palabra escrita a través de Sus ojos, y cuando Jesús intercedió al Padre por nosotros en 
Juan 17:17, Él dijo de las Escrituras: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” . Él dijo que la Escritura no puede ser quebrantada y que ni una jota ni una tilde puede pasar sin ser cumplida (Jn 10:35; Mt 5:18; cf. Mt 26:54; Marcos 14:49; Lucas 24:44). Igual como los Apóstoles después de Él, Jesús dijo que las Escrituras salían de la boca de Dios y que debemos vivir por ellas (Mt 4:4; cf. 2Tim 3:16). Cuando lo cuestionaron acerca de un tema, Él apelaba a las Escrituras como la última palabra. (Mt 19:4-6; 21:42; 22:29; Marcos 12:24). Examino las afirmaciones de la Palabra escrita hechas por Jesús en mi blog, ¿Qué Significa la Palabra Palabra para Jesús?
 
Cuando Jesús dijo, “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres,” Él estaba refiriéndose a la verdad de la Palabra de Dios y no lo que dicen los hombres finitos. Es por eso que Pablo dijo, “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Rom 3:4). Pablo iguala la verdad con la Palabra escrita de Dios en 
2Timoteo 4:2-4:
 
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
 
Previendo nuestros días, Pablo dijo que el tiempo vendría cuando los hombres ya no estarían dispuestos a escuchar a la verdad de la Palabra de Dios porque confronta el pecado en sus vidas. En vez de eso, ellos tendrían un apetito insaciable de los maestros que les dijeran lo que quieren escuchar – maestros que convertirán en mito la verdad obvia de las Escrituras para acomodarlas a su estilo de vida pecaminoso. Ellos estarán “siempre aprendiendo, pero sin llegar al conocimiento de la verdad” porque los falsos maestros solamente les dirán lo que satisfaga su comezón de oír (2Tim 3:7).
 
Entonces, los que han sido llevados por esta nueva ola de Deconstruccionismo han sido engañados a pensar que están en una búsqueda de la verdad al mismo tiempo que están negando la veracidad de la Palabra de Dios que es la única fuente de verdad infalible y objetiva. Muchos de ellos piensan que están entrando en un nuevo renacimiento cultural, cuando en realidad es todo lo contrario.
 
Creo que lo que estamos viendo es en realidad la gran apostasía de que Pablo dijo que prepararía el camino para la revelación del Anticristo, el hombre del pecado (2Tes 2:3). Para mí es trágico que eruditos prominentes como N.T. Wright hayan engañado a muchos dentro de la Iglesia, diciendo que la advertencia de Pablo aquí solo tenía aplicación a la generación antes del año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del Milenio. Nerón se suicidó en el año 68 d.C. En contraste, Pablo dice que el hombre de pecado será destruido por el resplandor de la venida de Cristo (2Tes 2:8). El hombre de pecado no era Nerón y Cristo no vino en el año 70 d.C.
 
Pablo dice que Dios seguirá reteniendo el misterio de la iniquidad hasta el tiempo de la manifestación del Anticristo. Creo que la desconstrucción de la fe (o en términos bíblicos la apostasía de la fe), de tantos hoy en día es el predecesor de la manifestación del hombre del pecado. El engaño será tan poderoso que solamente aquellos que amen la verdad lo suficiente como para ir en contra de la corriente y sufrir por aferrarse a la verdad de Dios serán salvos de esta gran apostasía. En 2Tesalonicenses dos nueve a doce, Pablo dice de este tiempo:
 
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12 cf. Dan 11:32)
 
La deconstrucción constructiva es fundamentada en un amor de la verdad de las Escrituras en vez de un abandono a ella. De hecho, para evitar apostatarnos de la fe en esta hora final es imperativo que examinemos cuidadosamente todo lo que los hombres nos presenten como si fuera verdad a la luz de la verdad de Dios, y si lo que dicen no se alinea con la verdad de la Palabra de Dios tenemos que deconstruir sus enseñanzas, exponiendo su error en vez de abrazarlo, aún si eso implica ir en contra de la corriente. Los de Berea fueron encomiados porque ellos deconstruyeron sus creencias anteriores a la luz de las Escrituras. Dice de ellos:
 
“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hch 17:11)
 
Para poder recibir lo que Pablo les presentó, tenían que estar dispuestos a deconstruir sus creencias anteriores. Sin embargo, contrario a lo que a menudo vemos hoy en día, ellos no juzgaban las enseñanzas de Pablo basados en la sabiduría de su época, sino que escudriñaban las Escrituras, comprobando lo que Pablo decía con lo que Dios Mismo ya había revelado. Para ellos, la enseñanza sencilla y obvia de la Palabra de Dios era lo que separa la verdad del error.
 
En contraste con la forma de pensar relativista de la Posmodernidad donde toda verdad es relativa y la opinión de uno es tan válida como la otra, aquellos a quien Pablo predicaba creían en la verdad absoluta. Por eso, Pablo podía discutir o razonar con ellos desde las Escrituras, resultando en que algunos se arrepintieran y creyeran en la verdad (Hch 17:2,17; 18:4; 24:25). Cuando hacía esto, él simplemente estaba siguiendo el ejemplo de Jesús, dado que Jesús también convencía de la verdad basado en las Escrituras (Lucas 24:25-27).
 
Deconstrucción Destructiva
 
La Deconstrucción Posmoderna es un desmantelamiento destructivo de la fe en Dios y en Su Palabra en vez de perfeccionarla. Socava a los mismos pilares sobre los cuales es fundamentada nuestra fe – la Palabra escrita de Dios, y deja al individuo a la deriva en el mar de la relatividad sin nada a qué aferrarse.
 
Wrett y Link, conocidos por su canal popular de YouTube Good Mythical Morning, comparten como ellos se deconstruyeron de ser ministros activos en la iglesia Evangélica, llegando a ser agnósticos. [iii] Wrett comparte como él ha permanecido en un mar de incertidumbre junto con su esposa e hijos desde el día en que abandonó su fe en Cristo y en el cristianismo después de deconstruir su fe. Él confiesa que ahora es un agnóstico que ha perdido su apetito por la certidumbre. Esto es lo que Pablo describe como naufragarse en cuanto a la fe (1Tim 1:18-19).
 
Es inevitable que ocasionalmente luchemos con la duda, pero la duda no debe ser abrazada, sino reemplazada con fe en Dios y en Su Palabra. La duda no es una virtud que debemos nutrir, como dicen muchos Deconstruccionistas. Puede que un creyente luchara con dudas de vez en cuando, y si nuestras dudas hacen que busquemos al Señor para entendimiento, puede ser algo productivo. Sin embargo, una vez comencemos a abrazar la duda como si fuera una virtud, nos convertimos en escépticos en vez de creyentes.
 
En más de una ocasión Jesús reprochó a Sus discípulos por dudar (Mt 14:31; 16:8; Jn 20:27-29; Lucas 12:28; 24:25; Marcos 11:22-23). Si estás luchando con la duda, confiésalo a Dios y pide revelación y gracia para poder confiar aun cuando tu fe está siendo probada. El padre que trajo a su hijo endemoniado a los discípulos de Jesús estaba luchando con la duda al ver que ellos no podían echarlo fuera. Cuando llegó Jesús su fe estaba muy baja. Él le dijo a Jesús: “si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.” Jesús le respondió: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” Me fascina la respuesta del padre a Jesús en medio de su lucha con la duda porque muestra la actitud que debemos tener frente a la duda:
 
“E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24; cf. Jn 6:60-69)
 
Si tenemos un corazón conforme a Dios y un deseo de confiar en Él a pesar de nuestras dudas, Él extenderá Su gracia hacia nosotros y nos librará de ellas, así como Jesús hizo para el padre, sanando a su hijo. La mayoría de los Salmos y también el libro de las Lamentaciones son clamores a Dios semejantes para poder confiar en medio de la duda, y siempre terminan en la intervención de Dios por gracia. Dios extiende Su gracia a nosotros cuando tenemos un corazón dispuesto a creer en Él.
 
La prueba de nuestra fe en esta vida es una parte esencial de nuestro desarrollo espiritual, y con ese fin Dios a menudo permite que nuestra fe sea probada como oro en el fuego (1Pedro 1:6-7). Sin embargo, sin fe es imposible agradar a Dios porque sin fe nuestra relación con Él permanece superficial y no crecemos en nuestra fe como Él desea (Heb 11:6). Las Escrituras nos exhortan a edificarnos unos a otros en la fe. Judas, el medio hermano de nuestro Señor dijo:
 
“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. 22 A algunos que dudan, convencedlos. 23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.” (Judas 20-23)
 
A pesar de esto, los Deconstruccionistas hablan de la deconstrucción de la fe como si fuera algo necesario para el progreso espiritual de uno. Pablo dice que la fe viene por oír la Palabra de Dios (Rom 10:17). En contraste a esto, los Deconstruccionistas consideran la socavación de nuestra fe en la Palabra de Dios como esencial para nuestra deconstrucción.
 
Un Deconstruccionista llamado Keith Giles escribió un blog en el grupo Deconstruccionista Patheos, entitulado Las 6 Pilares de la Deconstrucción Religiosa. Él habla de los seis pilares de la fe cristiana que necesitan ser demolidos para poder avanzar espiritualmente. Como siempre, el primer pilar y fundamento de la fe cristiana que él dice que es necesario destruir, para avanzar espiritualmente, es nuestra creencia de que la Biblia es la Palabra de Dios e infalible. Él dice:
 
“Como los cristianos tienden a basar su fe en la Biblia, ellos también sienten la necesidad de sobreestimar su importancia, tomándola como el punto central para todo lo que valoran. Por lo tanto, una vez que empieces a dudar su aseveración de que la Biblia es infalible y sin errores, toda su fe se derrumba.” [iv]
 
Ellos entienden que, una vez que uno pierde su confianza en la Biblia como la Palabra infalible de Dios, toda verdad llega a ser relativa y el proceso de la deconstrucción en todas las demás doctrinas cristianas es inevitable. A menudo ellos insisten que son seguidores de Jesús y no de la Biblia. Sin embargo, el nombre “Jesús” es nebuloso una vez que lo separamos de su contexto bíblico. Hay supuestos “maestros ascendidos” que se dicen ser Jesús o el Cristo, pero son anticristo y no tienen nada en común con el Jesús de la Biblia. El Jesús de la Biblia nos advirtió diciendo:
 
“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” (Mt 24:24)
 
Los musulmanes creen en Jesús, pero si declaras que Jesucristo es Dios encarnado como enseña la Biblia, lo negarían, y según las mismas Escrituras eso los hace anticristo:
 
“todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.” (1Jn 4:3; cf. Mt 1:23; Isa 7:14; Isa 9:6)
 
En 1Timoteo 4:1-2, Pablo nos advirtió que en los postreros días muchos apostatarían (deconstruirían) de la fe, quedando de esta manera vulnerables a espíritus del engaño y doctrinas de demonios. Él dijo:
 
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.”  
 
Así como Jesús nos advirtió, hoy en día hay muchos espíritus haciéndose pasar por el espíritu de Cristo, pero cuando los examinamos a la luz de las Escrituras podemos discernir que en realidad son anticristo y enseñan doctrinas de demonios en vez de las sanas doctrinas de las Escrituras. No todo espíritu que se identifica como Cristo es Cristo en realidad. Es por eso que Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1Jn 4:1). Si hemos deconstruido nuestra fe en la Palabra escrita de Dios como infalible, ¿de qué manera podemos probar a los espíritus? ¿Cómo sabemos que nuestro encuentro místico con “Cristo” es en realidad Cristo y no un anticristo disfrazado como si fuera Él? O ¿Cómo saben que el espíritu que se identifica como Espíritu es en realidad el Espíritu Santo y no otro espíritu pasándose por Él?
 
Es por eso que Pablo dijo que debemos de predicar la Palabra con insistencia, aun cuando la cultura la haya desechado como obsoleta (2Tim 4:2-4). Es por eso que Judas, dijo de las Escrituras: “me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).
 
En conclusión, creo que estamos viviendo en los últimos días y que la Segunda Venida del Cristo de las Escrituras está en nuestro futuro cercano, y creo que es esencial que la Iglesia reconozca esto. Sin embargo, la creencia en el pronto retorno de Cristo está siendo atacada como nunca antes. El quinto pilar de la fe cristiana que el Deconstruccionista Keith Giles insiste que tiene que ser derrumbado es la creencia de que estamos viviendo en los últimos tiempos. Una nueva escatología que está siendo promovida por los Deconstruccionistas es el Preterismo o la creencia de que los últimos días finalizaron y Cristo ya vino con poder y gran gloria en el año 70 d.C. para destruir a Jerusalén a través del ejército romano. En mi libro, Los Últimos Días, ¿Pasados o Presentes? demuestro por las Escrituras que esta doctrina nueva no es bíblica. Esta doctrina ha logrado que muchos cristianos ignoren las mismas señales que Jesús y los Apóstoles nos dieron para evitar ser engañados en esta hora final. Además, sin duda resultará en que muchos tropiecen y deconstruyan su fe, llegando a ser ateos cuando entran en gran tribulación en vez de que el mundo esté cada vez mejor, como los Preteristas les han hecho creer.
 
A Pablo le fue revelado que en los postreros días muchos apostatarán de la fe, y eso es el objetivo explícito de los Deconstruccionistas. Jesús presenta la pregunta retórica: “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará la fe en la tierra?” (Lucas 18:8). La Iglesia en esta hora final necesita seguir predicando con insistencia la Palabra de Dios más que nunca, contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos en vez de procurar deconstruirla. Pablo dijo que “las Sagradas Escrituras…te pueden hacer sabio para la salvación” (2Tim 3:15). Como dice Judas, en vez de dejarnos llevar por el espíritu de esta época, debemos de estar edificándonos en nuestra santísima fe (Judas 1:20). Como Pablo dijo en Tito 2:13, sigamos aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.



[i] https://thedeconstructionnetwork.com/
 

[ii] https://thedeconstructionnetwork.com/
 

[iii] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
 

[iv] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
 


[i] https://thedeconstructionnetwork.com/
 

[ii] https://thedeconstructionnetwork.com/
 

[iii] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
 

[iv] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
 

 


[1] https://thedeconstructionnetwork.com/
 

[2] https://thedeconstructionnetwork.com/
 

[3] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
 

[4] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/


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