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por George Sidney Hurd
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​Nuestro Padre Dios es presentado repetidas veces en las Escrituras como un “Fuego Consumidor.” Esta representación bíblica de Dios ha sido interpretada por algunos como si dijera que Dios finalmente va a incinerar a todos, menos los que confiesan a Jesús como Señor en su breve vida. Dirían que el Fuego Consumidor consume el individuo mismo – borrando su existencia por completo.
 
La interpretación tradicional, que ha sido la creencia más común en el cristianismo desde el Siglo VI, también presenta el Fuego Consumidor como si fuera dirigido contra la persona como individuo. Sin embargo, según esta interpretación, el Fuego Consumidor nunca consume totalmente al individuo. En lugar de eso, Él sostiene a los que no respondieron apropiadamente al evangelio en un estado consciente de tormentos en llamas – siempre ardiendo en las llamas, pero nunca siendo consumidos.
 
Ambas proposiciones son tan aterradoras que la mayoría de los cristianos las bloquean de su mente – evitando cualquier reflexión pensativa sobre sus implicaciones. Pero, hay cada vez más de los que no son cristianos que sí han pensado en las contradicciones morales y lógicas que tales doctrinas presentan. Ellos rechazan la idea de que un Creador sabio y benevolente, que habita en la eternidad y ve el final desde el principio, crearía al hombre y pondría en marcha un plan, sabiendo todo el tiempo que culminaría en tal tragedia tan inimaginable para la mayoría de la raza de Adán.
 
A mi pensar, ambos grupos ignoran la verdadera naturaleza y motivación de nuestro Fuego Consumidor como Él es revelado en las Escrituras. El profeta Malaquías nos revela la verdadera naturaleza y fin de este fuego:
 
“Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando El
aparezca? Porque Él es como fuego DE FUNDIDOR y como jabón de lavanderos. Y El se
sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará
como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.” (Mal 3:2,3
NBLH)
 
¿Cuál es la naturaleza y propósito de Su fuego? Es fuego de Fundidor. El fuego de un fundidor no consume todo lo que es sujetado a él: Solo consume la escoria para purificar lo que es precioso a los ojos del fundidor. Tampoco dura para siempre. Solo dura hasta que haya purificado lo precioso. Su fin es restauración – no aniquilación o tormentos perpetuos. El final del plan de Dios en crearnos es la restauración final de todos en las épocas venideras, para la alabanza de la gloria de Su gracia. (Hch 3:21; Rom 11:36; Fil 2:10, etc.)
 
La imagen de Dios como un Fuego Consumidor se ve a través de las Escrituras, comenzando cuando Él sacó a Israel de Egipto – “el horno de hierro:”
 
“Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.” (Deut 4:20; cf. 1Reyes 8:5; Jer 11:4)
 
Aquí vemos la primera etapa en el proceso del Fundidor con Su pueblo escogido. De la manera en que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser probado por el diablo, los primeros descendientes de Abraham fueron llevados al horno de la aflicción en Egipto. El horno de hierro no los convirtió en oro, pero sirvió para apartarlos de las naciones no-refinadas (naciones mena de hierro) del mundo como Su propio pueblo.
 
Conforme va progresando la historia de Israel, vemos el proceso de refinamiento para Su pueblo descrito con metales cada vez más preciosos, culminando en las pruebas de fuego para la Iglesia Judía/Gentil que nos convierte en oro puro (1Pedro 1:7; Apo 3:18). Dios jamás ha olvidado el resto de las naciones, pero el tiempo del refinamiento de ellas aún no ha venido a plenitud; eso espera los tiempos de la restauración de todos. (Hch 3:21)
 
Dios deja en claro que el fuego que nos refina no es fuego literal, como algunos piensan, sino el fuego de aflicción intencionado para purificar nuestros corazones:
 
“He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.” (Isa 48:10)
 
“El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; pero Jehová prueba los corazones.” (Prov 17:3)
 
Aunque muchos hoy no ven la intención benévola y purificadora de Dios en las descripciones de fuego de aflicción en la Biblia, el salmista claramente entendió que el horno de fuego del Fundidor es verdaderamente bueno y diseñado para nuestro beneficio:
 
Porque tú nos probaste, oh Dios: nos refinaste como se refina la plata. Nos metiste en la red; pusiste aflicción en nuestros lomos. Hombres hiciste cabalgar sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a un lugar de abundancia.” (Sal 66:10-12 RVG)
 
“Antes que fuera afligido, yo me descarrié, Pero ahora guardo Tu palabra. Bueno eres Tú, y bienhechor…. 71 Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos.” (Sal 119:67,71)
 
Vemos Sus Buenos propósitos – aún en los juicios más severos contra Su pueblo rebelde después de haberle desafiado, siguiendo a falsos dioses y cometiendo actos abominables:
 
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
 
Si no supiéramos que Dios es Bueno todo el tiempo – aún en Su ira y en Sus juicios más severos, podríamos concluir aquí que Israel ha sido condenado para siempre – que la ira de Dios y Su fuego era para su destrucción irremediable en vez de su restauración. Pero el propósito del horno fue su restauración – no su destrucción, como vemos a continuación:
 
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
 
Aquí vemos que, aun cuando en Su ira los impíos obstinados son lanzados en el horno de fuego, Él es bueno todo el tiempo. Sus motivos son redentores y disciplinarios, y el resultado final es purificación y restauración. De hecho, si Él fuera a retener la corrección sería negligencia paterna y no amor. Pero, si Dios fuera a aniquilar a los hombres incinerándolos o atormentándolos en un fuego eterno, sería un castigo excesivo y abusivo e irreconciliable con Su amor. Vemos Su buen propósito y el resultado redentivo en Su horno de aflicción repetidas veces en las Escrituras:
 
“Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.” (Zac 13:9)
 
“Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” (Heb 12:10)
 
Invariablemente, a través de todas las Escrituras vemos que Su aflicción de fuego finalmente resulta en restauración.
 
Algunos aceptarían que el fuego de Dios purifica a los elegidos, pero insisten que su único propósito para el resto de la humanidad es atormentarlos o incinerarlos. Sin embargo, Dios no hace acepción de personas. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal 145:9). Dios es bueno con todos, todo el tiempo – aun cuando tienen que ser fundidos en el horno de fuego.
 
Dios dice a través de Ezequiel que hasta Sodoma, junto con Samaria y la Jerusalén apóstata, finalmente serán todas restauradas (Ezeq 16:53-55). Esto es de acuerdo con la apocatástasis o la doctrina de la restauración final de todos, pero es irreconciliable con las doctrinas de la aniquilación y el castigo eterno.
 
El mismo simbolismo del fuego del fundidor que es utilizado en referencia a Israel y las naciones del Antiguo Testamento son utilizados para describir el horno de fuego escatológico en los Evangelios y en Apocalipsis. Jesús describe la separación que sucederá cuando venga otra vez de la manera siguiente:
 
“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42)
 
En realidad, lo que dijo Dios en Ezequiel 22, describiendo lo que ahora sabemos que fueron juicios temporales contra Israel, suena más drástico de lo que Jesús dijo aquí en referencia a ser echados en el horno de fuego. Además de decir que los echaría en el horno de fuego, Dios les dijo a Israel: “os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré.”  Sin embargo, por más severo que suena, el “horno de fuego” no se refiere al incinerador de Dios, como creen los aniquilacionistas, ni tampoco a una cámara de tortura eterna según la doctrina tradicional de tormentos eternos, sino que habla del fuego purificador del Fundidor divino que consume toda impureza en los que son preciosos a los ojos de Él.
 
El horno de fuego tiene un propósito y no es la aniquilación, sino la purificación y restauración, como vemos presentado a través de las Escrituras (Apo 21:5; Hch 3:21, cf. Mt 19:28; Isa 45:21-24; 25:6-8; Sal 66:3-4, etc.). Jesús es el Salvador del mundo entero y ha redimido a toda la humanidad. Sin embargo, todos estamos dañados y contaminados. Por eso, necesitamos ser refinados y restaurados. En esta época pocos son los que se someten voluntariamente al fuego de aflicción que es necesario para nuestra restauración a la imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, ninguno escapará del fuego consumidor de nuestro Fundidor divino. Jesús vino a salvar a los perdidos y no desistirá hasta que haya atraído a todos a Si mismo. (Jn 12:32; Ef 1:10)
 
En el juicio del Gran Trono Blanco los impíos serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el horno de fuego, también llamado el fuego de Gehena y el lago de fuego y azufre (Apo 20:12; 21:8). Las expresiones según sus obras y su parte no concuerdan con un castigo eterno (Lc 12:47-48). Además, en dos ocasiones, hablando del fuego de Gehena, Jesús dijo que no saldrían de allí hasta que hubiesen pagado su deuda (Mt 5:26; 18:34). Al decir hasta que,” Él excluye todo concepto de tormentos con un fuego interminable o exterminación. Pero, todas estas expresiones concuerdan perfectamente con las características del fuego del fundidor que solamente continúa hasta que haya purificado lo que es precioso a los ojos del fundidor.
 
Habiendo visto el uso constante de los términos del fundidor a través de las Escrituras, ahora podemos enfocarnos en el objetivo principal de este blog, que es examinar las referencias al azufre y la sal en relación con el fuego a que los hombres son sujetados por Dios.
 

El Lago de Fuego y Azufre  
“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apo 20:10)
 
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
 
Antes de entrar en una explicación del lago de fuego y azufre, hay una aparente contradicción entre estos dos textos como comúnmente han sido traducidos que necesita clarificación. En el 21:8 dice que tendrán su parte, que habla de un juicio medido, mientras que en el 20:10 dice: “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” “Su parte” no puede ser interminable como muchos entienden con la expresión “por los siglos de los siglos.”
 
Trato con este tema con mucho más detalle en mi libro: El Triunfo de la Misericordia.” Por el momento solo quiero señalar que “por los siglos de los siglos” es una traducción errónea. La frase en el griego literalmente dice “hacia dentro las épocas de las épocas" o "en las épocas de las épocas."
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Las épocas son medidas de tiempo y no tienen ninguna relación con la eternidad. Además, la preposición eís expresa “entrada dentro de” sin especificar la duración dentro del período de tiempo llamado “las épocas de las épocas.” La preposición “por” en español es engañosa porque expresa la idea: “a través de.” La frase “a través de” hubiera sido expresado por la preposición griega dia y no con eís. Como “hacia dentro las épocas” suena raro en español uno puede traducirlo como “en las épocas de las épocas” sin cambiar significativamente la idea expresada con eís.
 
“En las épocas de las épocas” expresa algo que tomará lugar dentro de las épocas de las épocas sin especificar cuánto tiempo ocupa dentro de las épocas. Cuando decimos algo como: en el siglo XXI el hombre estará en el planeta Marte,” simplemente estamos diciendo que algo sucederá dentro del siglo XXI, sin especificar el tiempo necesario para lograr ese objetivo. Esto es consistente con un juicio medido donde uno es juzgado “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el lago de fuego y azufre. Además, una vez que entendemos el objetivo de Dios en el lago de fuego y azufre, llega a ser obvio que no puede durar eternamente.
 
Yo tenía dificultad para entender exactamente qué era lo que significaba el lago de fuego y azufre hasta que leí un artículo escrito por Michael Webber con el título: “What is the Lake of Fire?” (¿Qué es el Lago de Fuego?) [2] En su blog él explica que el lago de fuego y azufre se refiere al crisol del fundidor y que el azufre es añadido para separar las impurezas y otros metales del oro en el proceso de la refinación. Al investigar más a fondo en Google encontré numerosos artículos que confirman y elaboran sobre lo que él dice en su blog. [3]
 
Desde tiempos antiguos el azufre fue agregado al oro impuro al derretirse. Entonces, en el fuego las impurezas y la mayoría de otros metales se unen con el azufre, siendo convertidos en sulfuro que flota a la superficie como escoria donde es removido por el fundidor. Para el fundidor de oro y metales preciosos de tiempos bíblicos, la conexión entre el fuego y el azufre hubiera sido muy obvia. Aun hoy en día el azufre sigue siendo utilizado para refinar el oro, aunque otros métodos más sofisticados han sido desarrollados.
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También la palabra traducida “lago” en nuestras traducciones oscurece el significado del texto. La palabra griega es límne. Aunque la palabra a veces se refiere a un lago, a menudo significa “un estanque” o “un charco.”  La Concordancia Strong’s la define: “lago, estanque (grande o pequeño).” La misma palabra, que aparece en el Nuevo Testamento refiriéndose a algo tan grande como el Lago de Genesaret en Galilea, también puede ser utilizado para referirse a un estanque o un charco. En ciertos contextos, según Liddel, Scott, Jones, Greek-English Lexicon, límne hasta se puede referir al recipiente que contiene el estanque.  En el contexto del fuego y azufre de un fundidor el “estanque” sería el estanque de metal precioso derretido y el “recipiente” sería el crisol del fundidor.
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Los traductores de la Biblia, o ignorantes del proceso de la refinación del oro o demasiado influenciados por la doctrina tradicional del castigo eterno, o ambas cosas, han traducido todas las versiones en español que pude consultar como “lago” con la excepción de La Biblia Bover – Cantera, que lo traduce como estanque de fuego y de azufre.” Sin embargo, una vez que entendemos el proceso de refinar oro, el significado es obvio. Así como la apóstata Jerusalén fue lanzada en el horno de fuego para refinarla, así será en el fin de la época. El propósito del fuego de Dios es purificar el corazón, porque solo los puros de corazón pueden ver a Dios (Mateo 5:8Heb 12:14). El lago de fuego y azufre apocalíptico es el crisol del Fundidor divino que servirá al propósito de refinar a los corazones, hasta de Sus enemigos más obstinados, resultando en la restauración de todos en las épocas venideras para la alabanza de la gloria de Su gracia.
 
El Humo de su Tormento
 
“él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado (basanízo) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento (basanismós) sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.” (Apo 14:10-11)
 
Otro detalle acerca del lago de fuego que deja aún más claro que se está refiriendo al crisol de Refinador – intencionado para purificar a los que son lanzados en él, tiene que ver con el significado de la palabra traducida “atormentado.” La palabra griega es basanízo, que literalmente significa “probar con una piedra de toque.” Las piedras de toque fueron de basalto y eran utilizadas para probar la pureza del oro. Al frotar el oro en la piedra de toque dejaría un pequeño depósito en la piedra, permitiendo que el fundidor experimentado determinara la pureza por el tono del color de la marca. Una prueba adicional de ácido revela si es oro puro o no. Si humo asciende de la marca de oro dejada en la piedra de toque, entonces no es oro puro. Eso es lo que significa cuando dice que el humo de ellos sube.
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En el contexto del refinador, la piedra de toque (basanízo) no está hablando de tortura, sino de la prueba de la piedra de toque hecha por el refinador para determinar la pureza del oro. El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento Kittel (Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament) da una definición amplia de basanízo y sus palabras relacionadas:
 
“NT:931 básanos, basanízo, basanimós, basanistés
El básinos originalmente hace referencia a la profesión de inspector de monedas. Es de la raíz hebrea (probar) y el bhn egipcio (“basalto”)… El uso de la piedra de toque para probar oro y plata como medio de intercambio con la piedra de toque, fue desarrollado primero por los babilonios y después pasó a los armenianos y hebreos a través de Lida…
En la esfera espiritual tiene un sentido figurativo, que es muy relacionado al significado original y concreto de un medio de probación. Después, la palabra experimenta un cambio de sentido. El sentido original queda en el trasfondo. Ahora basinos viene a denotar “tortura” o “el potro,” especialmente en referencia a esclavos… En la prueba de metales el significado esencial es de poner a prueba para determinar genuinidad. El potro es un medio para revelar el verdadero estado del asunto. En su sentido verdadero significa probación y aprobación, aunque también puede incluir castigo.” [5]  
 
Como vemos, la palabra basanízo eventualmente fue aplicada a la idea de sacar la verdad de una persona y poco a poco el significado degeneró, llegando a ser nada más que una tortura hecha por hombres perversos. Sin embargo, contrario a lo que insinúa Kittel, creo que en el contexto de estos pasajes llenos de términos del fuego purificador, basanízo no se refiere a tortura sino que retiene el significado que tiene para un refinador, que es probar para determinar el grado de pureza en los que han sido sujetados al fuego consumidor del Refinador.
 
Esto explica lo que significa cuando dice que serán “probados con la piedra de toque” (no atormentados) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Cristo y los ángeles no serán meros espectadores como los de la Arena Romana, sino que siempre estarán presentes – pendientes del proceso de los que están siendo refinados como oro. Tan pronto sean determinados puros, serán restaurados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida y les será concedida la entrada en la Nueva Jerusalén (Apo 22:14). Como vimos anteriormente, “día y noche” y “por los siglos de los siglos” no hacen referencia a la eternidad, sino a un período de tiempo indefinido en las épocas de las épocas. Que no esté hablando de la eternidad es evidente, dado que “día y noche” son medidas del tiempo que comenzaron con la creación. En la eternidad – más allá de la creación temporal, el tiempo con sus medidas de día y noche no existen. No hay día y noche en la eternidad.
 
Salados en Fuego
 
“Porque todos serán salados con fuego.” (Marcos 9:49 NBLH)
 
Este versículo ha sido muy ambiguo para la mayoría. Hasta parece que los escribas de la antigüedad, que copiaban los textos griegos del Nuevo Testamento, tuvieron dificultad para entenderlo. Los manuscritos bizantinos incorporaron en el texto lo que aparentemente comenzó como una anotación explanatoria, haciendo que el pasaje diga: “Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.” Sin embargo, la mayoría de los eruditos modernos consideran que los manuscritos con la lectura más corta y antigua es original y la frase adicional fue injertada después. Hay unas 15 interpretaciones distintas para este texto y la mitad de los comentarios que consulté se abstuvieron de cualquier comentario sobre el versículo.
 
Aunque ya había entendido que el versículo hacía referencia al proceso de la purificación por la que todos tenemos que pasar sin excepción, ahora o más adelante para llegar a ser puros de corazón y ver al Señor, no entendí por qué Jesús hizo una conexión entre el fuego y la sal hasta que comencé a investigar sobre el uso de fuego con azufre para refinar oro para confirmar lo que Michael Webber había compartido en su blog. Hice un descubrimiento asombroso que dio claridad y sentido a las palabras de Jesús.
 
El azufre es eficaz en remover la mayoría de los metales e impurezas del oro, pero no es tan efectivo para separar la plata del oro. Mucho antes del tiempo de Cristo, los de la antigüedad descubrieron que la sal era más eficaz que el azufre para separar la plata del oro. Esto se llama “parting” en inglés. La Enciclopedia Britannica dice: “Para el año 2000 a.C. el proceso de purificar aleaciones de oro-plata con la sal para remover la plata fue implementado.” [6] Cuando el oro con mixtura de plata es calentado con la sal, la plata reacciona con la sal, formando cloruro de plata que puede ser removido fácilmente, dejando solamente el oro puro. [7]
 
Esto ilustra que Dios está determinado a continuar purificándonos hasta que salgamos como oro puro. La plata es considerada como un metal semi-precioso, pero Dios no se conforma con dejarnos como una mixtura de precioso y semi-precioso. No es suficiente remover la escoria de la carne pecaminosa de nuestros corazones. Aún nuestras “buenas” pero independientes obras – como la plata, tienen que ser purgadas de nuestra vida hasta que todas nuestras obras sean hechas en Dios y pasemos de nuestra vida de independencia a la unión perfecta con Él.
 
El sustantivo griego “fuego” es en la forma dativo y podría ser traducido como instrumental – con fuego” o locativo, indicando ubicación – en fuego.” Yo nunca podía entender cómo podríamos ser salados con fuego. Sin embargo, ahora, entendiendo que el contexto está hablando del “parting” de oro o la separación de la plata del oro utilizando la sal, llega a ser evidente que la lectura correcta es: “Porque todos serán salados en fuego.”
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Muchos han pensado que Marcos 9 solo está hablando de los impíos. Sin embargo, en el contexto vemos que todos tenemos que pasar por un proceso de refinamiento. Aún los discípulos no eran exentos:
 
“Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía… 43 Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45  Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47  Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49 Porque todos serán salados con (en) fuego.” (Marcos 9:31,43-49 NBLH)
 
En el versículo 31 vemos que Jesús estaba dirigiendo las palabras principalmente a los discípulos. Después de advertirles de la realidad del fuego post mortem, Él les explicó que todos tendrán que pasar por el procesamiento de sal en fuego que separa el oro aún de la plata semi-preciosa. Si no nos sometemos al fuego del Refinador en esta vida, siendo purificados de toda contaminación de carne y espíritu ahora - perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2Cor 7:1), entonces seremos dañados por la segunda muerte, recibiendo nuestra parte en el fuego de Gehena  que es el lago purificador de fuego y azufre. (Apo 2:11; 21:8)
 
Dios no va a aniquilar a Sus enemigos en un incinerador. Tampoco creó una cámara de tortura eterna cuando creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay en aquellos primeros seis días. ¡No! Su fuego es como fuego de fundidor y Él ha declarado que Su plan para las épocas culminará en la restauración de todos cuando Él sea todo en todos en la eternidad:
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor 15:22,28) [8]
 
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y PARA (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36) [8]
 
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti TUS ENEMIGOS. 4 TODA la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3,4)
 
“Mirad a mí, y sed salvos, TODOS los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: QUE A MÍ SE DOBLARÁ TODA RODILLA, Y JURARÁ TODA LENGUA.  24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; A ÉL VENDRÁN, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
 
No es posible presentar a plenitud todo lo que las Escrituras tienen que decir sobre el glorioso tema de la restauración final de toda la creación en estas pocas páginas. Para una examinación más a fondo de esta doctrina bíblica, recomiendo mi libro: El Triunfo de la Misericordia.”
 
 
1 http://thetotalvictoryofchrist.com/whatisthelakeoffire.pdf
 
2Two concise and helpful sites were: https://www.911metallurgist.com/blog/sulphur-refining-gold
  https://www.911metallurgist.com/blog/gold-refining-methods#goldrefining-by-sulphurisation
 
3 Liddell, Scott, Jones - A Greek-English Lexicon: limne.
 
4 https://www.gia.edu/bench-tip-use-the-touchstone-method-for-testing-purity-karat-gold
  https://en.wikipedia.org/wiki/Touchstone_(assaying_tool)
 
5 Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament (10 vol.)
 
6 Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite, version: 2012.00.00.000000000: Gold Processing,
  History
 
7 https://en.wikipedia.org/wiki/Gold_parting
 
8 Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
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%Viendo al Padre a travs de Jess

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por George Sidney Hurd
 
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria
de Dios en la faz de Jesucristo...
el cual es la imagen de Dios.”
(2 Cor 4:6,4b)
 
 
En el tiempo señalado por el Padre, Dios se hizo carne en la persona del Hijo y habitaba entre nosotros. El Dios invisible llegó a ser visible en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, de tal manera que Jesús podría decir, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” (Jn 1:14,18;14:9).
 
En las generaciones anteriores Dios había hablado indirectamente a través de los profetas, pero en Jesucristo Él nos ha hablado en persona (Heb 1:1-2). Por ese motivo, cuando Jesús fue transfigurado en el monte y estaba hablando con Moisés y Elías en la presencia de Sus discípulos, Pedro, Jacobo y Juan, cuando Pedro interrumpió sugiriendo que hicieran tres tabernáculos, uno donde podrían reunirse a escuchar a Moisés, otro donde podrían escuchar a Elías y otro donde escuchar a Jesús, el Padre habló del cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).
 
Eso no es para despreciar lo que Él había hablado previamente a través de otros, como algunos equivocadamente han pensado, sino que ahora debemos mirarlo a Él y aprender de Él. En Él todas las verdades antes encubiertas en las Escrituras ahora son reveladas a nuestro entendimiento de una manera nueva y fresca. El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apo 19:10). Para entender debidamente a Moisés y los Profetas necesitamos escucharle a Él y aprender de Él.
 
  Esta manera de ver las Escrituras a través de los lentes de Jesucristo ha sido llamada la hermenéutica Cristocéntrica desde los días de la Iglesia Primitiva. Martín Lutero enfatizaba la necesidad de enfocar en la cruz, o la hermenéutica cruzicéntrica, para poder entender y aplicar las Escrituras.
 
Sin embargo, hay una tendencia moderna a apartarse de la fe histórica de los Padres. Aunque sigan hablando de la centralidad de Cristo, su presentación de Cristo y de Sus enseñanzas es selectiva, no tomando en cuenta la totalidad de Su vida y enseñanzas. De la misma manera, a pesar de que usan términos como “cruciformidad,” ellos han redefinido la cruz y lo que Cristo logró por nosotros en Su muerte expiatoria.
 
Ellos se acercan a las Escrituras con la presuposición que, como Dios es amor, entonces Él es totalmente pasivo y no violento. Usando esta presuposición como filtro, proceden a rechazar o reinterpretar todas las presentaciones del Padre e incluso de Jesús Mismo en las Escrituras cuando son descritos como intolerantes de comportamiento pecaminoso y donde actúan con violencia para corregir o castigar el mal.
 
Basado en esta presuposición, ellos también tienen que redefinir la cruz. Como la cruz era violenta y Dios es totalmente pasivo y no violento (según ellos), no puede ser cierto que sucedió conforme a como la mano y consejo de Dios había predeterminado que sucediera para traernos redención por medio de Su sangre derramada, como las Escrituras afirman (Hch 4:27-29; 2:23; Isa 53:5-6,10-11; Ef 1:6-7). Ellos ignoran o rechazan todos estos textos y más con tal de presentar la cruz como nada más que la violencia colectiva de la humanidad contra Jesús, sin ningún valor redentivo delante de Dios. Yo presento las implicaciones de la expiación de Cristo en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros? (Entendiendo la Expiación) y también en mi libro: Los Caminos de Dios (Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico)
 
Habiendo despojado la cruz de todo valor redentivo ante Dios para el perdón de pecados, diciendo que su muerte no era más que Jesús pasivamente absorbiendo la violencia colectiva de la humanidad en sí mismo mientras que los perdonaba incondicionalmente, ellos aplican lo que han llamado “la hermenéutica cruciforme” a todas las Escrituras. Lo que quieren decir con eso es que todo texto de la Biblia donde Dios es presentado de una manera no pasiva o violenta es contrario al amor de Dios mostrado en la persona de Jesús en la cruz – no es cruciforme, y por lo tanto debe ser rechazado como nada más que maneras equivocadas de percibir la divinidad en el primitivo Medio Oriente, introducidas en las Escrituras por hombres depravados como Moisés, David y los profetas (cf. 2Pedro 1:21).
 
No solamente aplican este “hermenéutica cruciforme” al Antiguo Testamento, sino también al Nuevo Testamento. Algunos hasta cuestionan las mismas palabras de Jesús si no se conforman a su molde cruciforme, razonando que – como ya saben que Dios es cruciforme (no violento y tolerante del pecado), entonces todo autor humano que diga otra cosa tiene que haber falsificado tales palabras o hechos de Jesús.
 
Sin embargo, una vez que cuestionemos las mismas palabras y hechos de Jesús como escritas en las Escrituras del Nuevo Testamento, toda base concreta del conocimiento de Él se pierde en el mar de la relatividad. En este blog comienzo con la presuposición de que la Palabra de Dios es infalible y por lo tanto, es una revelación autoritativa de Jesucristo y, por ello, también del Padre, dado que Jesús dijo que, si lo hemos visto a Él, hemos visto al Padre, y que Él y Su Padre uno son (Jn 14:9; 10:30).  
 

Jesús validaba la Totalidad del Antiguo Testamento 

La infalibilidad de las Escrituras no es un punto de partida arbitrario, dado que Jesús Mismo la afirmaba (Jn 17:17, cf. Sal 119:160; Mt 5:18; 4:4; Jn 10:35). En estos círculos es común oír decir cosas como: “Soy un seguidor de Jesús – no un seguidor de la Biblia.” Sin embargo, no es posible ser un verdadero seguidor de Jesús y no tener el mismo aprecio por las Escrituras que Él Mismo ejemplificaba.
 
Jesús validaba las Escrituras de Moisés y los Profetas  

Lejos de despreciar a Moisés y los Profetas o desautorizarlos, Jesús dijo que ni una jota ni una tilde pasaría de la Ley hasta que todo se haya cumplido (Mt 5:17,18). Esto se basa en el hecho de que toda Escritura es inspirada por Dios, habiendo procedido de la boca de Dios (
Mt 4:4; 2Tim 3:16). Dado que cada palabra de las Escrituras procede de la boca de Dios, no puede fallar o volver a Él sin cumplirse (Isa 55:11).
 
Después de resucitar de los muertos, Jesús apareció a Sus discípulos y les explicó como tenía que haberse cumplido todo lo que fue escrito en la Ley y los Profetas. Él les dijo, “Así está escrito, y así fue necesario” (Lucas 24:44-46). ¿Qué fue necesario por haber sido escrito? Que Él sufriera. Le sucedió conforme la mano y consejo de Dios había predeterminado que sucediera (Hch 4:27-28). Para Jesús, si fue escrito, entonces tenía que suceder.
 
Jesús igualaba las palabras de Moisés con los mismos mandatos de Dios, incluyendo los castigos no cruciformes prescritos en la Ley por la desobediencia:
 
“Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.” (Marcos 7:9-10)
 
Según su “hermenéutica cruciforme,” todos los actos violentos o no permisivos atribuidos a Dios tienen que ser filtrados de las Escrituras. Sin embargo, aquí vemos a Cristo mismo incluyendo la pena de la muerte como parte del mandamiento de Dios, en vez de que sea nada más la visión errada del antiguo Medio-oriente de la deidad equivocadamente atribuida a Jehová por Moisés.
 
Jesús dijo que aquellos que realmente creían a Moisés le creerían a Él también, dado que Moisés escribió de Él (Juan 5:45-46). Él dijo de los hermanos del hombre rico en el hades, que si ellos no le creían a Moisés, entonces nadie podría persuadirlos – ni siquiera si alguien fuera levantarse de entre los muertos (Lucas 16:31). Tristemente, esta misma indisposición a creerle a Moisés aún es característica de muchos Progresivos hoy en día.
 
Repetidamente Jesús validaba a Moisés y a los Profetas. Él le mandó a la gente a observar y hacer lo que los escribas y los fariseos les mandaban porque estaban sentados en la cátedra de Moisés (Mt 23:2-3, cf. Mt 8:4). En ningún momento Jesús nos da lugar a cuestionar o sentarnos como jueces acerca de la validez de porciones de los escritos de Moisés o de los Profetas como algunos hacen tan a la ligera hoy en día. Al contrario, Él iguala a los mandamientos de Moisés con los mismos mandamientos de Dios y advierte diciendo que aquellos que invaliden la más pequeña parte de ellos, o influencian a otros a hacerlo, serán llamados muy pequeños en el reino de los cielos (Mt 5:19).
 
Algunos erróneamente insisten que Jesús mismo hace precisamente eso con sus próximas palabras. Solo dos versículos más adelante, en Mateo 5:21 hasta el final del capítulo, Jesús repite cinco veces las frases: “Oíste que fue dicho… Pero Yo os digo…” Ellos malinterpretan esto como si Jesús estuviera desechando a la Ley, presentando algo nuevo.
 
Sin embargo, debe ser obvio que Jesús no está contradiciendo lo que Él acaba de decir acerca de los escritos de Moisés. Cuando Jesús estaba refiriendo a los escritos de Moisés, como Él hizo cuando estaba siendo tentado por Satanás en el capítulo anterior, Él siempre decía, “escrito está,” refiriendo a las Escrituras como la verdad incontrovertible (Mt 4:4,6-7). En contraste, en cada una de estas instancias en Mateo 5, Jesús está enfrentando, no la Ley, sino las malas aplicaciones de la Ley de Moisés presentadas por los rabinos de aquel tiempo. En vez de decir: “Escrito está… Pero Yo os digo…” Jesús dice: Oíste que fue dicho… Pero Yo os digo…”
 
Mientras el espacio no me permite elaborar sobre cada instancia con detalle, el lector cuidadoso se puede dar cuenta de que en ninguna parte Jesús enseña contrario a la Ley de Moisés. En lugar de eso, el enfrenta las malas aplicaciones de los rabinos. En las primeras cuatro instancias – la de asesinato (5:21-22), adulterio (5:27-28), divorcio (5:31-32) y juramentos (5:33-37), Jesús elevaba la vara que los fariseos habían bajado, utilizando cláusulas de escape con tal de no tener que cumplir debidamente la Ley.
 
Entonces, la quinta vez Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo” (Mt 5:43). El mandato a amar a tu prójimo está en la Ley (Lev 19:18), pero no está la cláusula de escape de los fariseos “y aborrecerás a tu enemigo.” Al contrario, la Ley les mandó a hacer bien a su enemigo (Ex 23:4).
 
Hemos visto que, en lugar de invalidar la Ley y enseñar a otros hacer lo mismo (algo que les prohibió a hacer en el verso 19), Él elevó la ley a su lugar debido. La Ley fue dada para revelar nuestro pecado y necesidad de la gracia, pero los fariseos habían bajado el estándar, agregando cláusulas de escape para poder aparentar estar cumpliendo la Ley cuando en realidad estaban quebrantándola. Al elevar la Ley a su debido lugar, llegamos a ser convencidos como transgresores, poniendo nuestra mira en Él para recibir de Su gracia y misericordia.
 

Jesús validaba los Salmos  

Para demostrar a los fariseos que Él no solamente era descendiente de David según la carne, sino también el Hijo de Dios, Jesús apeló a los Salmos como la última palabra. Cuando los fariseos dijeron que el Mesías sería el hijo de David Él les respondió:
 
“¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” (Mt 22:43-45)
 
Aquí Jesús se respalda en los Salmos como inspirados y autoritativos, siendo lo que el salmista dijo en el Espíritu. Así como Él confrontó a Satanás con la palabra escrita autoritativa diciendo, Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios,” así validando los escritos de Moisés como procediendo de la boca de Dios, de la misma manera Él valida los Salmos, diciendo que fueron hablados en el Espíritu (Mt 4:4, cf. Dt 8:3). También Él hizo referencia a la manera de Su muerte, diciendo que, lo que fue escrito en los Salmos acerca de Él tenía que cumplirse (Lucas 24:44).
 
De la misma manera, Pedro refería incluso a los Salmos imprecatorios como teniendo que cumplirse, aun en contextos del Nuevo Pacto. En referencia a Judas, Pedro dijo acerca de su castigo por haberle traicionado a Jesús:
 
“Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio.” (Hch 1:20 cf. Sal 69:25; 109:8).
 
La mayoría de aquellos que se dicen ser seguidores de Jesús y no de la Biblia desechan los Salmos imprecatorios. Pero ambos Salmos citados aquí por Pedro como autoritativos son Salmos imprecatorios no cruciformes. Los seguidores inmediatos de Jesús consideraban la Palabra escrita como autoritativa – incluyendo los Salmos. ¿Cuáles son los verdaderos seguidores de Jesús, ¿los Apóstoles originales, o los eruditos Progresivos de la modernidad que rechazan muchos de los escritos de Moisés, los Profetas y los Salmos, simplemente porque no encajan con su modelo cruciforme?
 
Pablo de la misma manera citaba los Salmos imprecatorios como autoritativos y cumplidos en nuestros días. Acerca del juicio temporal de Israel, él cita el Salmo 69:22-23 de la siguiente manera:
 
“Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; 10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre.” (Rom 11:9-10)

Jesús y la Venganza 

Superficialmente todos estaríamos de acuerdo en que Jesús reveló al Padre en todo lo que decía y hacía. Sin embargo, los que insisten que Jesús reveló un Dios que siempre actúa de una manera cruciforme tienen que ignorar o rechazar muchas enseñanzas de Jesús que presentaban a Dios como activamente castigando a los malhechores. Jesús presenta a Dios como el Vengador del mal y la injusticia. Él dice del Padre:
 
“¿Y acaso Dios no hará justicia (ekdikesis) a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia.” (Lucas 18:7-8)
 
Jesús Mismo dice que Dios hará justicia contra los que opriman a Sus elegidos. Esto es lo que quería decir cuando dijo que sería mejor que uno se colgara al cuello una piedra de molino y que se hundiese en lo profundo del mar, que hacer tropezar a uno que cree en Él (Mt 18:6). Es por eso que los mártires bajo el altar celestial no estaban pidiendo equivocadamente cuando clamaban diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apo 6:10).
 
La palabra “venganza” a primera vista parece incompatible con la naturaleza revelada de Dios que es amor. La venganza como comúnmente la entendemos es una vendetta personal donde uno se obsesiona con hacerle daño a alguien que le había hecho daño. Sin embargo, la palabra griega traducida “venganza” en la mayoría de las traducciones es ekdikesis que es una palabra compuesta de dikéo, que significa “justicia.” La palabra ekdikesis sería mejor traducida, “ejecutar a plenitud la justicia” o “hacer justicia,” como fue traducido en Lucas 18:7,8.
 
No le corresponde al individuo vengarse a sí mismo, sino que debe dejar la venganza (la ejecución de la justicia) a Dios, el Juez de todos (Rom 12:19). También Dios ha establecido autoridades gobernantes encargados a vengar el mal (Rom 13:4; 1Pedro 2:13-14), pero no nos corresponde vengarnos a nosotros mismos como individuos, tomando la justicia en nuestras propias manos.
 
Los que piensan que la ira de Dios y Su venganza contra el mal y la injusticia es incompatible con Su amor, no han reflexionado sobre cómo sería nuestro mundo caído si el amor de Dios fuera un amor exclusivamente pasivo y “cruciforme,” que simplemente dice “paz a vosotros” a todos, incluyendo el terrorista mientras procede a detonar una bomba en un edificio lleno de víctimas inocentes. Pablo presenta la pregunta: “¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) 6 En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Rom 3:5-6).
 
La mayoría de nosotros sabemos intuitivamente que un padre que dice que ama a su hijita y sin embargo permanece pasivo mientras que ella está siendo violada frente a él, realmente no la ama. El verdadero amor se enoja contra el mal y toma acciones apropiadas en contra del malhechor.
 
Repetidas veces Jesús presenta a Dios como ejecutando la justicia contra el mal (Lucas 13:3-5; 12:46-48, etc.). En Su parábola del siervo mal agradecido al que le fue perdonada una deuda que no podía pagar, y que luego se niega a perdonar a su consiervo una deuda mucho menor, vemos que Dios ejecuta justicia contra aquellos que se nieguen a perdonar las ofensas de otros:
 
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” (Mt 18:34-35)
 
Entonces, cuando decimos que Jesús revela al Padre necesitamos procurar prestar atención a todo lo que Jesús decía y hacía, en vez de mirarlo con gafas a color rosa o lo que Gregory Boyd llama “el ojo mágico” o “hermenéutica cruciforme” que utilizan para justificar filtrar y eliminar todos los textos de la Biblia que no encajan con el amor pasivo no violento demostrado por Jesús en la cruz.
 

Jesús en Su Segunda Venida 

Jesús dijo que inmediatamente después de la Gran Tribulación Él vendría otra vez y reuniría a Sus elegidos a Sí Mismo, y entonces Él se sentará en Su trono y separará a las ovejas de las naciones de los inicuos (Mt 24:29,31; 25:31-32; 7:23). A las ovejas les será permitido entrar en la vida de la época milenial (zoen aionion), pero enviará a los cabritos al fuego eónica (pur aionion) o la corrección eónica (kolasin aionion) (Mt 25:41,46). [1] Cuando Cristo regrese, las naciones se darán cuenta que el tiempo de su juicio ha llegado y huirán de Él:
 
“Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;  16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apo 6:15-17)
 
Estoy consciente de que algunos leyendo este blog pueden ser Preteristas y por lo tanto creen que esto ya se cumplió en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Presento mis argumentos para un cumplimiento Futurista del libro de Apocalipsis en mi libro, Los Últimos Tiempos, ¿Pasados o Presentes? Sin embargo, la escatología de uno no cambia el hecho de que, tanto Dios Padre, como Dios el Hijo, son presentados aquí de una manera no cruciforme, dado que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. No son diferentes ahora de lo que eran en el año 70 d.C. Los que presentan una imagen incompleta de Jesús y por lo tanto del Padre, tendrán una sorpresa muy desagradable en el día del juicio, como también tendrán sus seguidores. El Apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, también presenta tanto el Padre como el Hijo de una manera que de ninguna forma podría ser entendido como cruciforme. Él dijo:
 
“Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, 7 y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethron aionion, “destrucción eónica”), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 10 cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).” (2Tes 1:6-10)
 
Cuando Cristo venga en aquel día – el Día del Señor, Él no aparecerá como el Siervo sufirente. Él vendrá con poder y gran gloria como Juez para ejecutar la justicia, y como Rey para reinar con vara de hierro (Mt 16:27; Apo 11:15; Apo 19:11,15-16). Muchos, ignorando la distinción entre Su primera venida como Siervo sufriente para dar Su vida en rescate por nuestros pecados, y Su venida final a juzgar y reinar sobre la tierra con vara de hierro, piensan que Su Segunda Venida (tercera para los Preteristas Parciales) será semejante a Su primera venida.
 
Cuando Jesús comenzó Su ministerio, Él entró en la sinagoga de Nazaret en el día de reposo y leyó la porción en Isaías 61 que describe Su primera venida. Sin embargo, Él, a propósito, leyó solamente la parte que tenía referencia a Su ministerio terrenal en Su primera venida. Él se levantó y leyó:
 
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a predicar el año agradable del Señor. 20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó.” (Lucas 4:18-20)
 
Es significativo que Jesús cerrara el rollo a la mitad del versículo 2 de Isaías 61. El versículo dice: “a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro.” ¿Por qué motivo cerró el rollo a la mitad del versículo? Obviamente fue intencional, pero, ¿Cuál fue Su intención? Los que aplican la “hermenéutica cruciforme” tienen que decir que Jesús estaba invalidando la segunda parte del versículo porque Lo presenta como violento y condenatorio. Sin embargo, tal razonamiento no es compatible con Sus declaraciones como “tu palabra es verdad,” y “la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35; 17:17). También, solo unos capítulos antes, en Isaías 55:11, Dios dijo: “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Por lo tanto, no es razonable argumentar que aquí Jesús Mismo estaba invalidando o echando a un lado las mismas Escrituras que Él había dicho que no pueden ser quebrantadas.
 
La razón obvia por la que Él se detuvo a la mitad del versículo es porque la primera mitad tenía referencia a Su primera venida como Siervo sufridor, mientras que la segunda parte tiene referencia a Su Segunda Venida como Juez de los vivos y de los muertos y como Rey de reyes para ejecutar la justicia y reinar sobre la tierra (2Tim 4:1; Apo 11:15-18). La separación entre la primera y la segunda venida fue un misterio oculto hasta que Israel formalmente rechazó la oferta del reino (Mt 23:37-39).
 
Incluso ahora, en esta dispensación actual de la Gracia, vemos a Cristo interviniendo de manera no cruciforme, corrigiendo y juzgando a los no arrepentidos dentro de las iglesias. A la iglesia de Tiatira Jesús dijo:
 
“Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. 21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. 23 Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.” (Apo 2:20-23)
 
Aquí vemos a Jesús advirtiéndole a una profetiza y falsa maestra dentro de la iglesia que Él llama por el nombre de Jezabel, diciéndole que, si no se arrepiente de sus falsas doctrinas e inmoralidad sexual, Él la va a afligir con enfermedad y castigar a los que participan con ella, con gran tribulación. Incluso advierte que Él heriría con la muerte a sus hijos si ella fuera a persistir en ese estilo de vida. Muchos que se han entregado a la inmoralidad sexual no reflexionan sobre el hecho de que las enfermedades que contraen como consecuencia de su inmoralidad pueden terminar matando a sus propios hijos.
 
Queda evidente a los estudiantes cuidadosos de la Palabra que no existe una discontinuidad entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios revelado en la persona y enseñanzas de Jesús. Tampoco hay discontinuidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, incluyendo el libro de Apocalipsis.
 
Estoy consciente de que el Jesús de la Biblia es una ofensa para muchos en esta generación, pero, no por eso debemos dejar de declarar todo el consejo de Dios (Hch 20:26-30). El verdadero Jesús siempre será piedra de tropiezo para aquellos que no estén dispuestos a arrepentirse y someterse a la Palabra. Como dijo Pedro:
 
“Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.” (1 Pedro 2:7-8)
 
Pablo habló de nuestros días cuando dijo:
 
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-5, cf. 2Tes 2:10-12)
 
Especialmente nosotros como maestros de la Palabra de Dios tenemos una responsabilidad tremenda de proclamar todo el consejo de Dios en vez de estar intentando acomodar a los que no están dispuestos a arrepentirse y obedecer a Dios (Stg 3:1). Necesitamos evitar complacer a aquellos que no estén receptivos a la verdad, sino que amontonan maestros que tergiversan y redefinen la verdad con argumentos y vanas filosofías diseñados a quitar el filo de la Palabra de Dios que es la espada del Espíritu. Como dijo Pablo:
 
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Col 2:8-10)
 
Hoy, quizás más que nunca, estamos viendo una generación que no soporta la sana doctrina. Nuestra generación ha llegado a ser una en la cual hay más conocimiento que nunca antes, pero es un aprender sin llegar al conocimiento de la verdad (2Tim 3:7-8). En vez de ser hábiles en la Palabra de Dios, viven de una dieta constante de filosofía y enseñanzas de hombres que les ofrece interpretaciones y redefiniciones novedosas que socavan el significado sencillo y obvio de las Escrituras. Tienen más interés en las tradiciones de los hombres o lo que decían los Padres de la Iglesia que lo que las Escrituras mismas nos enseñan. El Movimiento de la Iglesia Emergente todo-incluso, continuamente adapta sus creencias según la cultura cambiante con tal de acomodarse al mundo, en vez de confrontarlo con las verdades incambiables de la Palabra de Dios, llamando a los hombres al arrepentimiento.
 
No quiero ser alarmista, pero a los 70 años de edad, después de 50 años de ser activo en la iglesia y el ministerio, he visto en muy pocos años un gran abandono de la Biblia – la fe una vez entregada a los santos, en una escala que ni siquiera hubiera podido imaginar hace 20 años atrás cuando dejé la civilización para ir como misionero a la selva amazónica. Nosotros como seguidores de Jesús necesitamos volver al Jesús de la Biblia. Necesitamos echar a un lado toda la retórica inflada y enredada de los filósofos y el engaño, y los vanos razonamientos de los maestros con sus elaboradas redefiniciones de palabras, que privan a los hombres de la verdad. Necesitamos más bien ser conocedores de la Palabra de Dios. Como dice el escritor de Hebreos, algunos de nosotros hemos llegado a ser tardos para oír:
 
“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Heb 5:11-14)
 
Tristemente, tenemos una generación de gigantes en la retórica y filosofía que son bebés espirituales debido a su voluntario rechazo de la Biblia y su falta de hambre por cada palabra que sale de la boca de Dios. Lo que esta generación necesita no es más filosofía o más deconstrucciones novedosas de la verdad, sino un amor renovado por la verdad y un apetito por la sana doctrina, basado en una exégesis cuidadosa y reverente del texto sagrado (2Tim 3:15).
 


[1] Para un estudio más detallada sobre este tema recomiendo mi libro, El Triunfo de la Misericordia.”
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por George Sidney Hurd
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“A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mt 26:24)
 
Muchos entienden este pasaje en el sentido de que hubiera sido mejor que Judas nunca hubiera llegado a existir o nunca hubiera sido concebido, pero lo que dice es: “bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. En otras palabras, le hubiera ido mejor si fuera un abortivo. En Eclesiastés 6:3 dice: “Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él.” Un abortivo es uno que no nació, aunque fue concebido. Entendemos que un niño abortivo va al cielo sin tener que enfrentar el juicio. Mientras que es cierto que un abortivo pierde la gran oportunidad de la vida terrenal, si uno vive una vida vacía sin cumplir los propósitos de Dios en su vida, le hubiera sido mejor ser un abortivo e ir al cielo antes de nacer. Así que, cuando dice que hubiera sido mejor que Judas no hubiera nacido, está diciendo que le hubiera sido mejor morir como un abortivo que sufrir las consecuencias de sus malas decisiones tomadas en su vida terrenal. No está diciendo que le hubiera sido mejor nunca haber existido, como muchos piensan.
 
Jesús utilizó la misma expresión que usa Salomón en Eclesiastés 4:2-3. En este pasaje Salomón explica por qué él consideraba que era mejor que uno no hubiese nacido: 
 
“Y consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven, 3 aunque en mejor situación están los que aún no han nacido (gínomai LXX), los que no han visto aún la maldad que se comete en esta vida.” (NVI)
 
La razón que da Salomón, explicando por qué hubiera sido mejor no haber nacido, es por la maldad que uno tiene que enfrentar en esta vida. Él solo habla de esta vida. No dice nada de la experiencia de uno después de morir. Seguramente, Judas hubiera preferido no haber nacido cuando se dio cuenta como había sido usado por Satanás para traicionar al Salvador, derramando Su sangre inocente. Cuando se dio cuenta de lo que Satanás había hecho por medio de él, se negó a aceptar el pago y tiró el dinero a los pies de los sacerdotes y ancianos. Entonces, deseando no haber nacido, se fue y se ahorcó.
 
Según la tradición, hubiera sido mejor que la gran mayoría de la humanidad nunca hubiera existido, dado que, según ellos, serán atormentados por toda la eternidad en el infierno. También la tradición dice que todos los que se suicidan van a un infierno eterno y como Judas se suicidó, le hubiera sido mejor nunca haber existido. Pero en las Escrituras hay silencio absoluto sobre el destino de los que se suicidan. Así que, a mi forma de pensar, nosotros no debemos de presumir saber lo que Dios no ha revelado. Si queremos hacer un pronunciamiento acerca del suicidio, creo que estamos más seguros en citar las palabras de Jesús cuando dijo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres” (Mt 12:31).
 
Este blog fue tomado de mi libro El Triunfo de la Misericordia
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El Pecado Imperdonable

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​por George Sidney Hurd
 
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Mateo 12:31-32)
 
“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.” (Marcos 3:28-29)
 
Cuando los escribas atribuían a Beelzebú, el príncipe de los demonios, el poder que tenía Jesús para echar fuera demonios, Jesús les respondió a ellos con esta advertencia. Por lo tanto, la blasfemia del Espíritu Santo es el pecado de ver una evidente manifestación del poder del Espíritu Santo y, sabiendo que es el Espíritu Santo, atribuirla al diablo.
 
La mayoría hoy en día entienden de estos versículos que la blasfemia del Espíritu Santo es un pecado que nunca jamás será perdonado por Dios. Están tan seguros de que nunca será perdonado jamás que los traductores tradujeron “no tiene perdón hacia dentro la época (eis ton aiona)” por “no tiene jamás perdón”. Y dado que es difícil definir exactamente qué podría constituir la blasfemia contra el Espíritu Santo, muchos viven en temor de que ya hayan cometido este pecado “imperdonable”. El entendimiento tradicional de este pasaje ha sido la causa de quebrantos emocionales y hasta suicidios de personas sensibles, y muchas más personas han vuelto al mundo sin esperanzas de salvación por pensar que, de alguna forma, habían cometido este pecado. Estos pasajes como traducidos tradicionalmente y predicados desde los púlpitos han sido un instrumento del acusador para destruir muchas vidas a través de la historia.
 
Es digno notar que los padres de la Iglesia primitiva que hablaban el mismo griego en que estas palabras fueron escritas originalmente, no entendían este pecado como imperdonable. San Atanasio de Alejandría (295 d.C. a 373 d.C.) dice de este pecado: “Si se arrepienten pueden obtener perdón, porque no hay pecado imperdonable con Dios a los que verdaderamente se arrepientan.” [1]  San Crisóstomo 386 d.C. dice: “Sabemos que este pecado ha sido perdonado a algunos que se han arrepentido de ello.” [2]  
 
¿Por qué será que los más cercanos en tiempo de los apóstoles creían que era posible ser perdonados de la blasfemia contra el Espíritu Santo, mientras que ahora la mayoría niega la posibilidad de perdón? Ellos eran muy familiarizados con las Escrituras y defensores de su absoluta autoridad. Yo veo tres razones principales:
 
En primer lugar, los padres griegos no estaban leyendo una traducción influenciada por la tradición, sino que leían el Nuevo Testamento en griego como originalmente escrito. La influencia de la tradición del castigo eterno se puede ver en la mayoría de las traducciones comparándolas con el original. Vamos a examinar los dos textos más de cerca. Marcos 3:28-29 ha sido traducido de la siguiente manera:
 
“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.” (Marcos 3:28-29)
 
Vemos que los traductores tradujeron la palabra griega aión que significa “época” con la palabra “jamás” para dar la impresión de que nunca existiría posibilidades de perdón. El texto simplemente dice que “no tiene perdón hacia dentro de la época”. Hay mucha diferencia entre una época y jamás. La frase “juicio eterno” es literalmente “juicio eonian” (aionios krisis). Eso indica que uno que blasfema contra el Espíritu Santo es en peligro de un pecado con consecuencias que duran una época o épocas. La palabra aionios hace referencia a una medida larga de tiempo indefinido y no debe ser traducido como eterno. Demuestro esto con más detalle en mi blog: La Duración del Castigo. Una traducción literal del versículo 29 aclara el mensaje comunicado por Jesús:
 
“cualquiera que blasfeme al Espíritu no tiene perdón hasta la época, sino que está expuesto al juicio eónio.” (Emphatic Diaglott)
 
Ahora examinemos lo que dijo Jesús en esta ocasión según Mateo:
 
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Mateo 12:31-32)
 
“A cualquiera que hable una palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado, pero quienquiera que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en esta época, ni en la venidera.” (Mateo 12:32 Youngs Literal Translation)
 
Primero dice en el versículo 31 que la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada, sin especificar por cuanto tiempo. En versículo 32 explica: “no le será perdonado, ni en esta época, ni en el venidero.”  No dice que no será perdonado por toda la eternidad, sino que no será perdonado “ni en este siglo (aión) ni en el venidero”. Este siglo (época) refiere a la época en la cual Jesús estaba ministrando. El venidero es el siglo (época) siguiente, o sea el milenio, o según otros, “la época de la Iglesia”. Esto difiere bastante de eternamente. Aún decir por los siglos de los siglos (por las épocas de las épocas) no sería equivalente a la eternidad porque épocas son medidas de tiempo y no eternidad.
 
Tampoco debemos de concluir que “no le será perdonado” es sinónimo con “irá a un infierno eterno”. Cuando Mical, la esposa de David se burló de David por danzar delante del Señor con todas sus fuerzas, Dios se enojó con ella y ella quedó estéril por el resto de su vida. Aunque ella no recibió perdón de Dios por ese pecado mientras vivía, seguía como esposa de David con todos los demás privilegios de la vida (2Sam 6:14-23). No debemos interpretar “no le será perdonado” como sinónimo con “irá al infierno”. Si yo fuera a dar empleo a un hermano para hacer una obra en la construcción de la iglesia, y me doy cuenta de que está robando materiales, probablemente no le daría más oportunidad para trabajar en la construcción de la iglesia, pero eso no quiere decir que le excluiría de la comunión de la iglesia, o que él dejaría de ser mi amigo.
 
En segundo lugar, los padres de la iglesia conocían el corazón perdonador y misericordioso de Dios. Sabían de las Escrituras que “el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lam 3:31-32). Que Él “no contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo” (Salmo 103:9), y que “para siempre es su misericordia” (Salmo 107:1). Que “Él es misericordioso y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo(Joel 2:13 RVG). Vemos en las Escrituras múltiples ejemplos donde Dios, en su misericordia, se arrepintió del castigo declarado contra personas, y los padres de la Iglesia no tenían motivo de pensar que Dios se había cambiado.
 
Un ejemplo es el caso de la ciudad de Nínive. La palabra de Dios declarada contra Nínive fue: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4). Pero cuando el pueblo de Nínive se arrepintió, Dios se arrepintió del castigo que había declarado contra Nínive. Cuando Jonás se dio cuenta de que Dios se había arrepentido del mal declarado contra Nínive, se molestó en gran manera y le dijo a Dios: “sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal” (Jonás 4:2). Jonás y la Iglesia primitiva reconocían algo de la naturaleza de Dios que la Iglesia tradicional de hoy todavía necesita redescubrir: que Dios es grande en misericordia y que se arrepiente del mal.
 
Otro ejemplo es el caso de Conías (Jeconías cf. 1Cron 3:17). Dios hizo un juramento contra él, diciendo que ninguno de su descendencia lograría sentarse sobre el trono de David.
 
“Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacim rey de Judá fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría… 27 Y a la tierra a la cual ellos con toda el alma anhelan volver, allá no volverán… 30 Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.” (Jer 22:24,27,30)
 
Vemos cómo Dios juró que ninguno de su descendencia lograría sentarse sobre el trono de David, y que, aún si Conías fuera el anillo en Su mano derecha, de allí lo arrancaría. Hasta lo declaró privado de descendencia. Esas palabras no daban ningunas esperanzas de que los descendientes de Conías reinarían jamás en Judá. Pero, ¿Se cumplió la maldición contra él y sus descendientes, o se arrepintió Dios del castigo pronunciado? Conías fue llevado cautivo a Babilonia y allí murió. Pero cuando se cumplieron los 70 años de cautiverio, y el rey Ciro permitió a los judíos volver a Jerusalén, el nieto de Conías, Zorobabel (c.f. 1Cron 3:17-19), fue puesto por Dios sobre Judá. Dios en su misericordia se arrepintió del castigo que había declarado contra Conías y su descendencia. Dios profetizó por medio de Hageo diciéndole que iba a devolver toda la bendición y autoridad sobre Judá que su abuelo había perdido:
 
“Vino por segunda vez palabra de Jehová a Hageo, a los veinticuatro días del mismo mes, diciendo: 21 Habla a Zorobabel gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra; 22 y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones; trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano. 23 En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos.” (Hageo 2:20-23)
 
Aquí podemos ver que Dios de verdad es un Dios lleno de misericordia y que se arrepienta del castigo. A Conías le dijo claramente que como un anillo de su mano derecha lo iba a arrancar de su trono y que ninguno de su descendencia lograría sentarse sobre el trono de David. Ahora unos 70 años después dijo a su nieto: “Yo te escogí, y te pondré como anillo de sellar”.  Esta declaración es lo opuesto a la declaración contra Conías, su abuelo, 70 años antes. 
 
Los padres griegos antes de la influencia de San Agustín y la Iglesia institucionalizada todavía veían al Señor como el Dios misericordioso y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. Ellos todavía creían que la misericordia triunfa sobre el juicio. Sin embargo, la Iglesia romana bajo la supervisión de las autoridades gobernantes, cambiaron la cara de Dios e introdujeron al pueblo al dios cruel de la Época Oscura.
 
Entonces podemos ver que los padres griegos, leyendo estos textos en su forma original, no hubieran tenido problema aceptando la posibilidad del eventual perdón de todos los pecados, incluyendo la blasfemia del Espíritu Santo. Eso, combinado con un conocimiento del corazón perdonador de Dios, que Él no desecha para siempre y que es misericordioso y clemente y se arrepienta del castigo, lleva a uno a la conclusión de que no hay ningún pecado que no será perdonado; aún la blasfemia del Espíritu Santo.
 
Este blog es un exerto de mi libro El Triunfo de la Misericordia.


[1] Thomas Allin, Christ Triumphant
 

[2] Ibid

 

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