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Jesús oró al Padre diciendo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). En nuestros días es común oír a algunos insistiendo que Jesús es la única infalible Palabra de Dios. Pero, ¿Si Jesús es la única Palabra infalible de Dios, entonces, ¿qué significaba la palabra “Palabra” para Jesús? ¿Puede acaso la Palabra del Padre ser verdad y al mismo tiempo falible? Algunos responderían diciendo que la Biblia no es la Palabra de Dios – que solo contiene la Palabra de Dios. Para ellos, la Biblia misma es una mezcla de verdad y error, y es tarea del teólogo o el lector discernir entre lo que es la verdadera Palabra de Dios y las porciones de las Escrituras que consideren nada más palabras de hombres falibles.
Sin embargo, esta no era la perspectiva que tenían los judíos de la época de Jesús sobre las Escrituras. Su confianza en la plena veracidad de las Escrituras se basaba en las propias Escrituras del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el salmista dice: “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Sal 119:160). Y Jesús, en vez de disminuir esta alta estima de las Escrituras, afirmó la declaración, “La suma de tu palabra es verdad” al decir “Tu palabra es verdad.” Además, Jesús identificó “la palabra de Dios” como “las Escrituras,” diciendo que no pueden ser quebrantadas:
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada) ...” (Juan 10:34,35)
Aquí vemos que la expresión, “Palabra de Dios” es equivalente a las Escrituras mismas y no nada más a algunas palabras contenidas en las Escrituras. Si siquiera una pequeña parte de las Escrituras originales pudiera ser demostrada errónea, entonces la Escritura podría ser quebrantada y Su Palabra no sería verdad. Jesús no simplemente consideraba la Escritura como generalmente verdadera, sino verbal y plenariamente infalible y veraz hasta la última jota y tilde del idioma hebreo (Mt 5:17-18). Jesús, muchas veces decía que las Escrituras tienen que cumplirse. Citando Deuteronomio 8:3 Jesús dijo:
“Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (cf. 2Tim 3:16, “toda Escritura es respirada por Dios,” Gr. theopneustos).
En contraste con esta declaración hecha por Jesús, Steve McVey, un maestro prominente que ha escrito sobre la gracia dijo: “Jesús es la única infalible, autoritativa Palabra de Dios.” [1] De igual manera, Brian Zahnd, en respuesta a la pregunta de si creía o no que la Palabra de Dios fue inspirada, dijo: “Yo sí creo en la Palabra de Dios inspirada e infalible, y Su nombre es Jesús.” [2] Mi pregunta a ellos sería, “¿cómo pueden creer en el Jesús de la Biblia y no recibir Su propio testimonio acerca de las Escrituras como las mismas palabras de Dios?”
Mientras que muchos aparentan estar exaltando a Jesús, en realidad lo que están haciendo es despreciar las Escrituras, creando una tensión falsa entre Cristo, la Palabra de Dios encarnada y la Escritura, la cual ellos designan “la palabra de Dios con una p pequeña.” McVey dijo:
“Si quieres decir que la Biblia es la palabra con una p minúscula, que es una de las maneras en que Dios nos habla a nosotros, estoy de acuerdo con eso.” [3] “Literalmente hablando, la Biblia no es la Palabra de Dios – Jesús es.” [4]
La verdad es que, si la Palabra de Dios, las Escrituras, procede de la boca de Dios, entonces es tan inseparable de Dios como es Cristo, la misma Palabra encarnada, y por lo tanto infalible. Como el Padre de la Iglesia Primitiva, Ireneo (130 – 202 d.C.) dijo en su obra, Contra las Herejías: “Debemos de dejar los misterios no revelados a Dios quien nos hizo, con la seguridad de que las Escrituras de hecho son perfectas, dado que fueron habladas por la Palabra de Dios y Su Espíritu…” [5] Si fueron habladas por la Palabra Infalible de Dios y Su Espíritu, entonces ellas de igual manera tienen que ser recibidas como infalibles y vivas. El único motivo detrás de tal negación de la supremacía de la Palabra de Dios escrita es para justificar el hacer a un lado las porciones de las Escrituras que no se pueden acomodar a las normas culturales o a sus propias doctrinas no bíblicas. Decir que solamente Cristo es la infalible autoritativa Palabra de Dios es equivalente a negar el mismo testimonio de Cristo acerca de la infalibilidad de las Escrituras. Extrañamente, Brian va al extremo de decir que Jesús tuvo que salvar la Biblia de sí misma. Él dijo: “Jesús es el Salvador de todo lo que necesita ser salvo, incluyendo la Biblia. ¡Jesús salva la Biblia de sí misma!” [6]
En el libro de Hebreos, después de citar las Escrituras quince veces en sucesión rápida, el autor caracteriza las Escrituras de la siguiente manera:
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb 4:12)
Históricamente, esta referencia a la Palabra de Dios en su contexto aquí en Hebreos ha sido entendida como refiriéndose a las Escrituras. Sin embargo, aquellos que no están dispuestos a aceptar la totalidad de las Escrituras tal y como son, tienen que presentar “la palabra” como refiriéndose a Cristo, la Palabra encarnada, en vez de las Escrituras como la Palabra, que ellos consideran de alguna manera inferior a Cristo e independiente de Él. Sin embargo, mientras sea posible caracterizar a Cristo de la manera descrita aquí, es obvio que se está refiriendo específicamente a la Biblia – la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, cuyas palabras, vivificadas por el Espíritu, revelan los pensamientos y las intenciones del corazón y nos da la capacidad de discernir cuándo estamos actuando con el alma en vez de actuar con nuestro espíritu.
Tristemente, Steve McVey aparenta mostrar desprecio hacia las Escrituras cuando comenta sobre Hebreos 4:12. Él dice: “La Biblia es viva. ¿De veras? ¿Qué parte de ella? ¿Es el cuero? ¿Es el tinte? ¿Es el papel?” [7] Digo “tristemente” porque, por su propia confesión, él antes tenía un gran aprecio por las Escrituras, pero su peregrinaje le ha llevado al punto donde decidió que ya no podía aceptar lo que él percibe como percepciones distorsionadas de Dios descritas en la Biblia por los autores humanos. No es mi intención despreciar a McVey ni a los demás que menciono. Personalmente he recibido mucho de sus libros anteriores como “Grace Walk” y “Helping Others Overcome Addictions.”
Quizás ningún otro individuo haya tenido mayor influencia a nivel mundial para promover esta nueva tendencia a hacer caso omiso a la afirmación de Jesús de las Escrituras como la infalible Palabra de Dios, que Wm. Paul Young, el autor de la novela de mayor venta internacional, “La Cabaña.” Yo personalmente leí su libro varias veces, primero a solas y después con mi esposa y mis hijos. Cuando vimos la película “La Cabaña” todos lloramos porque nos identificamos mucho con la historia. Sin embargo, la gran popularidad de la novela y película lo ha envalentonado a dar expresión abierta de su negación de la infalibilidad de las Escrituras. Él cita las palabras del distinguido teólogo Neo-Ortodoxo Thomas F. Torrance cuando dijo: “Nosotros inventamos la idea de la infalibilidad de las Escrituras porque necesitábamos otro mediador entre Dios y los hombres que no fuera Jesús.” [8] En respuesta a esto le preguntaría: “¿Cómo puede uno siquiera saber con certidumbre que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres sin creer que la Biblia es la Palabra infalible de Dios?” Si no aceptamos la validación dada por Cristo de las Escrituras como infalibles, ¿cómo podemos saber que son fiables en su revelación acerca de Dios, el pecado, la redención, la consumación o cualquier otro tema bíblico?
Después de negar la infalibilidad de las Escrituras, Wm. Paul Young concluye: “Así que, ahora tienes que confiar en el Espíritu Santo como tu maestro y decir, ‘a ver, ¿en qué estamos poniendo nuestra certidumbre? ¿en la naturaleza de este Dios en quien nos relacionamos, o en una clase de certidumbre de extrapolación hermenéutica sin un encuentro?’” [9] Entonces, aparte de implicar aquí que a los que confían en las Escrituras les falta una relación personal con Dios, él está diciendo que, como las Escrituras contienen errores, tenemos que aprender a confiar en el Espíritu Santo en vez de confiar en la veracidad de las Escrituras.
Sin embargo, las Escrituras no presentan tal conflicto entre lo que dice la Biblia y lo que el Espíritu Santo dice. Las Escrituras son presentadas repetidas veces por Jesús y los Apóstoles como lo que el Espíritu Santo ha dicho (Mt 22:43; Marcos 12:36; Hch 1:16; 28:25; Heb 3:7). Aunque el Espíritu habló por medio de los autores humanos, las palabras habladas y escritas fueron dadas por el Espíritu Santo. Como dice Pedro: “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2Pedro 1:21)
Esta plena confianza en las Escrituras como la infalible Palabra de Dios fue sostenida casi universalmente por la Iglesia hasta que surgió el Modernismo Liberal a comienzos del siglo XIX cuando empezaron a buscar errores y contradicciones en la Biblia con tal de desacreditarla. Solo un par de citas de los Padres de la Iglesia Primitiva demuestran la plena confianza que tenían de que las palabras de las Escrituras fueron inseparables del mismo Espíritu Santo, y por lo tanto infalibles. Clemente de Roma (35 – 99 d.C.) dijo: “Mirad atentamente a las Escrituras que son las verdaderas palabras del Espíritu Santo.” De semejante manera, Gregorio de Niza (330 – 394 d.C.) dijo: “Todo lo que dice la Palabra divina es la voz del Espíritu Santo.” ¿Será posible que la voz del Espíritu Santo hable cosas erróneas o falsedades, como los Progresivos y Liberales modernos dicen acerca de unas porciones de las Sagradas Escrituras? Por último, Orígenes (184 – 254 d.C.) se refiere a las Escrituras como los escritos del Espíritu Santo diciendo, “No podemos decir que hay algo inútil o superfluo en las Escrituras, aun si algunas partes nos parecen oscuras.” (Para una lista más extensa de citas de los Padres acerca de la infalibilidad de las Escrituras vea mi blog: La Infalibilidad de la Biblia en la Historia de la Iglesia.
Creo que este extenso abandono de la plena confianza en las Escrituras como la misma Palabra de Dios que está sucediendo en nuestros días es lo que le fue revelado a Pablo por el Espíritu Santo. Él le dijo a Timoteo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2Tim 4:2-4)
Vale notar que Pablo jamás se refiere a Cristo como la Palabra, como lo hace el Apóstol Juan. Siempre cuando Pablo habla de “la palabra,” él se está refiriendo a las Escrituras. Esto es muy obvio aquí en el contexto, dado que incluye doctrina, refutaciones, reprensiones y exhortaciones. Pablo dice que el tiempo vendrá cuando los hombres ya no tolerarán la sana doctrina de la Biblia porque la verdad de la Palabra de Dios confronta su estilo de vida ilícita. Entonces, ellos buscarán a maestros que los afirmen en su conducta lujuriosa. Ellos se apartarán de la verdad, prefiriendo fábulas, mitos y falsas doctrinas que se acomoden a su estilo de vida como es, sin necesidad de arrepentirse. No podría existir una descripción más apta de lo que estamos viendo en nuestros días.
Otro detalle revelado a Pablo por el Espíritu Santo describe aún más lo que estamos observando dentro del Cristianismo Postmoderno. Él dice lo siguiente:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1Tim 4:1)
Estoy consciente de que otra corriente moderna es el del Preterismo que enseña que Cristo ya vino en un supuesto fin de época que terminó en el año 70 d.C. Siendo cierto, esto haría nula esta advertencia para nuestra generación. Presento mis razones por no abrazar al Preterismo en mi libro intitulado “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Supongamos por un momento que ya estamos viviendo en los últimos días y la venida de Cristo está en nuestro futuro cercano. ¿Qué tan descriptivas acerca de nuestra generación son las palabras de Pablo sobre los postreros tiempos? Él dice que muchos se apartarán de la fe. “La fe” es una expresión que, en este contexto, se refiere a lo que Judas llama “la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Esto claramente hace referencia a lo que tenemos contenido en nuestra Biblia – este cuerpo de verdad en el que basamos toda nuestra fe y doctrina. Así como Pablo dice que debemos de persistir en la prédica de la Palabra, Judas de igual manera enfatiza la necesidad de contender arduamente por la fe. Él dice:
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4)
Judas nos habla de la necesidad de insistir en la sana doctrina de la Palabra, dado que en su tiempo algunos ya estaban apostatando de la fe, convirtiendo la gracia de Dios en una licencia para continuar en una vida de pecado y lascivia. Esto es aún más necesario en el tiempo que estamos viviendo ahora.
Volviendo a lo que le fue revelado a Pablo acerca de los postreros días en 1Timoteo 4:1, vemos que muchos cristianos profesantes se apartarán de la Palabra de Dios, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Muchos de los que desprecian la Palabra de Dios en esta generación se están apartando de la fe una vez dada a los santos, siendo engañados por espíritus que se hacen pasar por el Espíritu Santo. Esto jamás hubiera sido posible sin primero socavar su confianza en las Escrituras como la única regla autoritativa e infalible de fe y doctrina. El Apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima en que necesitamos tener a la biblia para evitar apartarnos de la fe. Él le dijo a Timoteo:
“desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Tim 3:15-17)
El objetivo principal de Satanás desde el principio ha sido lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Hasta el día de hoy, él presenta la misma pregunta: “¿Es verdad que Dios les dijo?” Lo que lo hace más sutil en nuestro tiempo de como era con Eva en el huerto, es que él ya no está utilizando la boca de una serpiente para lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Él ha alistado un ejército de teólogos, pastores, profetas, autores y productores que se aprovechan de su gran influencia para lograr que dudemos de la Palabra de Dios, logrando así que nos apartemos de la fe.
El engaño es mucho más sutil en esta Era Postmoderna de lo que era en la previa Era Moderna. Los Liberales Modernistas abiertamente negaban que Dios había hablado por Su Palabra. Ellos, al igual que los Saduceos del antaño, también negaban la realidad de los milagros, la existencia de ángeles y la resurrección. Incluso negaron la existencia de Satanás, el engañador. Sin embargo, los Postmodernistas emergentes no niegan lo sobrenatural. Al contrario, a menudo buscan experimentarlo. Nos dicen que, aunque la Biblia “contiene” la palabra de Dios, no es en sí la Palabra de Dios y, por lo tanto, necesitamos librarnos de los grillos de la Palabra escrita, permitiéndole al Espíritu que nos guíe. Como no creen en la infalibilidad de las Escrituras, ya no nos pueden decir que el Espíritu Santo es uno con Su Palabra y por lo tanto, jamás nos guiaría de una manera contraria a Su Palabra.
El Apóstol Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1John 4:1). Pero si abandonamos la Palabra de Dios como la regla absoluta de la verdad, ¿cómo podemos probar los espíritus para determinar si es el Espíritu Santo hablándonos u otro espíritu haciéndose pasar por el Espíritu Santo para apartarnos de la verdad? El Espíritu Santo es la verdad (1Juan 5:6), y de igual manera Jesús dijo que la Palabra es la verdad (Juan 17:17). El Espíritu y Su Palabra obran juntos. No podemos hacer caso omiso a la Palabra de Dios, diciendo que simplemente vamos a dejarnos guiar por el Espíritu, porque, a menos que tengamos Su Palabra para alumbrar nuestros pasos, somos presa fácil de espíritus del engaño que nos introducirán a doctrinas de demonios.
Me gustaría provocar a los maestros que han llegado a despreciar la Palabra inspirada de Dios a meditar sobre el Salmo 119. Es el capítulo más largo de la Biblia y a través de todo el capítulo se ensalza la Palabra de Dios como las mismas palabras de Dios - inseparables de Si mismo. El salmista dice:
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” (Sal 119:9)
“Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.” (Sal 119:140)
“Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.” (Sal 119:162)
“Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.” (Sal 119:14-16)
“Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos.” (Sal 119:148)
¿Resuena tu corazón con el salmista, o has permitido que los espíritus engañadores te roben un tesoro que, según el salmista, es más precioso que mucho oro afinado y más dulce que la miel? Si has perdido tu amor por la Palabra de Dios, arrepiéntete delante de Él, pidiéndole que te restaure la pasión por Su Palabra como un tesoro sin precio en tu corazón. La Palabra de Dios ha sido dada a nosotros para corrección y reprensión para evitarnos muchos tropiezos en la vida. David, un hombre con un corazón conforme a Dios, dijo de Su Palabra: “Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.” (Sal 19:11)
El Espíritu Santo, a través del Apóstol Pablo, nos advierte acerca de una gran apostasía que sucederá antes y durante el tiempo de la manifestación del “hombre de pecado” o “aquel inicuo.” Solamente los que reciban el amor de la verdad escaparán del gran engaño que viene sobre todo el Planeta Tierra:
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12, cf. 2:3)
La influencia del engaño será tan sutil y universal que solamente los que reciban el amor de la verdad serán salvos de ella. Jesús dijo que el engaño sería tan grande que, si fuera posible, engañaría aún a los escogidos (Marcos 13:22). Este engaño en el fin de la época será respaldado con señales y maravillas con tal de engañar a todos los que hayan hecho caso omiso a las advertencias dadas en la Palabra de Dios. Muchos de los que han creído la mentira de que Nerón era el Anticristo, ni piensan que este engaño podría venir sobre nosotros, suponiendo que los últimos días ya terminaron en el año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del milenio. El énfasis sobre las manifestaciones sobrenaturales, combinado con la falta de discernimiento que uno solamente puede obtener por valorar la Palabra de Dios, ha convertido la Iglesia de esta generación en presa fácil para caer en el engaño final sobrenatural, culminando en la manifestación del hombre de pecado. El Espíritu nos dice por medio de Pablo:
“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” (1Tes 5:4-6)
Jesús les dijo a Sus discípulos: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37). Ha sido la voluntad de Dios que cada generación viva con la expectativa de Su Segunda Venida, vigilando y estando pendientes de las señales dadas a nosotros en las Sagradas Escrituras. Pero si nosotros, la Iglesia, ignoramos la Biblia, considerándola como algo periférico y secundario en nuestras vidas, ¿cómo vamos a discernir los tiempos en que estamos viviendo para evitar el gran engaño que vendrá sobre el planeta entero? (Apo 13:8). Yo creo que las palabras habladas por el Espíritu a través de Pablo en Romanos 13:11 son específicamente aplicables a esta generación de creyentes. Él dijo, “es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.” Cuando venga nuestro Señor por Su Esposa, que no nos encuentre durmiendo como los demás, sino vigilantes y sobrios.
[1] Steve McVey: The Word of God is. Video 21:14
[2] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min.
[3] Steve McVey: The Word of God is. Video 17:50
[4] Steve McVey: The Word of God is. Video 22:00
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus Against Heresies, book 2, chapter 28 section 2.
[6] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God: The Scandalous Truth of the Very Good News (p. 57). The Crown Publishing Group.
[7] Steve McVey: The Word of God is. Video 24:00
[8] Q & A Session (FGC 2016) Video 27:00
[9] Q & A Session (FGC 2016) Video 28:43El apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima que debemos tener de las Escrituras para evitar desviarnos de la fe. Le dijo a Timoteo:
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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young
En el artículo anterior vimos que la restauración de todos —mencionada en Hechos 3:19-21— habla fundamentalmente de reconciliar a todas las personas con Dios. La aseveración de De Young, según la cual esto solo refiere a restaurar las “condiciones” previas a la caída, no comprende el corazón redentor de Dios, cuyo enfoque principal es devolver a la humanidad a una relación de comunión consigo mismo.
El tema de este artículo —la reconciliación— está vinculado integralmente con lo que hemos visto acerca de la restauración de la humanidad a Sí mismo. Para restaurar cualquier relación que ha sido fracturada, es necesario que haya, primero, una reconciliación por parte de ambas personas. Así como tanto el esposo como la esposa tienen que reconciliarse el uno con el otro antes de poder restaurar la relación, así es nuestra relación con Dios.
Dios, sin embargo, tomó la iniciativa: envió a Su Hijo como sacrificio propiciatorio y satisfizo así la justicia divina por los pecados del mundo entero (1Jn 2:2). Como resultado de este sacrificio propiciatorio, Dios ahora puede ser justo y, al mismo tiempo, justificar a los impíos que se refugian en Cristo —nuestro Cordero propiciatorio, sacrificado por amor a nosotros (Rom 3:25,26; 4:5; 8:1; 1 Cor 5:7).
Al igual que en cualquier relación fragmentada, uno siempre inicia la reconciliación antes de que el otro corresponda. Mientras aún éramos Sus enemigos y estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, Dios nos reconcilió consigo mismo por la sangre de la cruz de Cristo. Como Pablo dice en Romanos 5:10, cuando aún éramos Sus enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo.
El sacrificio de expiación que Cristo hizo de Sí mismo hace 2000 años en la cruz obtuvo la propiciación, satisfaciendo así la justicia de Dios, no solamente por los pecados de los elegidos de esta época, sino también por los pecados del mundo entero (kósmos) o universo, incluyendo a todos en el cielo, en la tierra y aun bajo la tierra (1Jn 2:2; Col 1:16,20; Fil 1:10-11).
Algunos, ignorando la santidad de Dios, niegan la necesidad de la muerte sustitutoria de Cristo en la cruz para el perdón de pecados. En las relaciones interpersonales humanas, la reconciliación viene cuando simplemente perdonamos. De hecho, las Escrituras nos mandan hacerlo así. Sin embargo, ni siquiera un juez humano puede simplemente perdonar sin satisfacer la justicia.
¿Qué pensaríamos de un juez que perdonara a su hijo por un crimen basado nada más en su amor por él? ¿No lo tomaríamos como favoritismo y una trasgresión contra la justicia? Cuánto menos Dios, el juez justo sobre toda la creación, podría simplemente pasar por alto la justicia sin castigos. Sin embargo, Dios no solamente es un juez santo y justo, sino que también es un Padre amoroso que nos ama de tal manera que, en Cristo, Él satisfizo su propia justicia, tomando sobre Su propia persona nuestro debido castigo y obteniendo así el derecho legal de perdonar a los que Él tanto ama.
Sin embargo, debe entenderse que, aunque Cristo murió por todos y en Su debido tiempo todos serán vivificados en Él, Dios solo puede justificar a aquellos que vienen a Él a través de Jesús, a quien Dios puso como propiciación (Rom 3:25). Es por eso que, aunque la justificación, reconciliación y salvación fueron obtenidas para todos en la cruz, nadie experimenta esa justificación, reconciliación o salvación hasta que recibe a Cristo y nace de nuevo, llegando a ser así parte de la nueva creación en Él.
Algunos señalan que, en la parábola del Padre y el Hijo Pródigo, la aceptación fue con abrazos incondicionales, sin necesidad de satisfacer la justicia. Sin embargo, el hecho de que el padre de la parábola abrazara incondicionalmente al hijo arrepentido no significa que nuestro Padre no tuviera que pagar un gran precio para poder ser justo y, al mismo tiempo, abrazar a los que ama tanto. Jesús mismo, quien dio la parábola, dijo que Él había venido para dar Su vida en rescate por todos y que nadie puede llegar al Padre sino por Él (Mt 20:28, cf. 1 Tim 2:6; Juan 14:6).
Aunque Dios hizo la reconciliación de una vez para siempre hace dos mil años por la sangre de Su cruz, es evidente que la mayoría todavía no ha correspondido a esa reconciliación, siendo reconciliados a Dios en sus corazones. Es por eso que estamos comisionados a proclamar la muerte de sustitución reconciliatoria de Cristo ya consumada al resto del mundo que aún está perdido y en enemistad contra Dios:
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él”. (2 Cor 5:18-21)
En Romanos 5:10 Pablo dice que fuimos reconciliados, tiempo pasado. ¿Cuándo hizo esa reconciliación? Él dice que fue por la muerte de Su Hijo, que ubica el momento de la reconciliación hace dos mil años en la cruz, mucho antes de que nos reconciliáramos con Él en nuestros corazones. Aquí Pablo revela que en ese momento Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. Algunos equivocadamente piensan que la reconciliación de Dios no puede ser un hecho ya consumado, dado que muchos no han sido reconciliados y restaurados. De Young aparenta dudar que la reconciliación de Dios fue consumada de una vez para siempre en la cruz. Él dice:
“Si la reconciliación de todos ya fue consumada en la muerte de Cristo en la cruz, ¿por qué tenemos que exhortar a las personas a reconciliarse? (p. 168)
En mi opinión, esto no solamente menosprecia lo que Cristo logró en la cruz, sino también demuestra una falta de entendimiento en cuanto a la naturaleza de la reconciliación. En una relación dañada, ambos lados tienen que corresponder para poder restaurar la relación. Dios reconcilió al mundo con Sí mismo por medio de Su sacrificio propiciatorio en la cruz. Ahora, el ministerio de la reconciliación encomendado a nosotros como embajadores en nombre de Cristo es declarar las buenas nuevas: “Dios en Cristo reconcilió al mundo con Sí mismo. Ahora, reconcíliense con Él”.
Aquí De Young manifiesta una equivocación común entre muchos tradicionalistas, que es no saber distinguir entre “ya” y “todavía no”. La obra redentora completa fue consumada en la cruz y la victoria fue sellada. Sin embargo, Cristo debe reinar hasta que todos se hayan sujetado a Él y solo entonces será Dios todo en todos (1 Cor 15:25-28). Este “ya” y “todavía no” es ilustrado para nosotros por el escritor de Hebreos:
“Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, [i] nada dejó que no sea sujeto a él; pero TODAVÍA NO vemos que todas las cosas le sean sujetas. 9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”. (Heb 2:8-9)
¿Gustó Jesús la muerte por todos en la cruz? ¿Fue victorioso? ¿Debemos dudar del alcance universal de Su victoria en la cruz simplemente porque todavía no la vemos plenamente implementada en el tiempo? Aquí, como en 1 Corintios 15, vemos que Cristo reinará hasta que lo que Él ya ha logrado en la cruz para todos sea plenamente realizado, con todos sometidos a Él, y entonces Él a Su vez se sujetará al Padre para que Dios sea todo en todos (1 Cor 15:22-28). De Young dice:
“Es obvio que todos no podrían ser ya reconciliados a Dios, viendo que el exhortar a la gente a reconciliarse con Dios es central al ministerio de Pablo” (p. 211).
Como yo lo entiendo, parece que él está diciendo que si Cristo realmente reconcilió a todos con Dios a través de Su muerte, entonces Pablo no hubiera estado persuadiendo a la gente a reconciliarse con Dios. Pero apliquemos esto al reinado de Cristo. ¿Fueron todas las cosas ya sujetadas a Él? Entonces, ¿por qué Él continúa reinando hasta que todos se sujeten a Él?
El motivo es el mismo en ambos casos. Aunque Dios ha hecho ya la reconciliación de todos y Él ha determinado que cada rodilla se doblará y cada lengua confesará a Jesucristo como Señor, la reconciliación, por naturaleza propia, tiene que ser recibida voluntariamente por ambos lados para ser disfrutada, y la sujeción de todos que Cristo logrará finalmente resultará en que Dios sea todo en todos, algo que no describe una subyugación forzada, a pesar de lo que los tradicionalistas afirman. Al contrario, Él busca a los perdidos hasta encontrar la última oveja perdida, y Él continuará Su reinado hasta que la última rodilla se haya doblado libremente en humilde adoración. Solo entonces será Dios verdaderamente todo en todos.
De Young insiste en que Sus enemigos no se someterán a Él voluntariamente porque servirán de estrado de Sus pies (Heb 1:13). Él entiende con esto que seguirán siendo eternamente hostiles hacia Él; sin embargo, para desplegar Su gloria, los retiene bajo Sus pies en tormentos. Él dice:
“Si el universalismo es correcto, entonces, ¿quién servirá como el estrado de Sus pies?” (p. 233).
Sin embargo, esto supone que uno tiene que ser enemigo de Dios para poder servir de estrado de Sus pies. Eso no es lo que vemos en las Escrituras. El simbolismo de un estrado en la Biblia a menudo se refiere a la habitación de Dios. El arca del pacto y el templo donde Dios manifestaba Su presencia al pueblo son llamados el estrado de Sus pies (1 Cron 28:2; Sal 132:7). En Isaías 60 Él dice que Él honrará o glorificará el estrado de Sus pies (Isa 60:13).
Pasando al Nuevo Testamento, vemos que nosotros mismos, que una vez fuimos Sus enemigos en nuestra mente por las malas obras, ahora somos Su templo o el estrado de Sus pies (Col 1:21; 1 Cor 3:16). Las referencias a Sus enemigos llegando a ser el estrado de Sus pies hablan de sujeción voluntaria, no de una subyugación obligada.
Así que, en respuesta a la pregunta de De Young: “¿Quién servirá como estrado de Sus pies?”, la gloriosa respuesta es: “Nosotros”. Como quienes antes éramos enemigos, caeremos postrados a Sus pies en humilde adoración, asombrados por Su gloria y Su gracia.
Quizás una de las declaraciones más claras e inequívocas acerca de la restauración universal de toda la creación con Dios a través de la muerte de Cristo en la cruz se encuentra en el primer capítulo de Colosenses:
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él… 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”. (Col 1:16,20)
Aquí Pablo enfatiza muy detalladamente que “todo” significa absolutamente “todo”, incluyendo todo en el cielo y en la tierra, sea visible o invisible —hasta incluye tronos, principados y poderes invisibles. Todo —absolutamente todo— fue creado por Cristo y para Cristo. Pero él no termina aquí. En el versículo 20 vemos que el mismo todo, sea en la tierra o en el cielo, fue reconciliado a Sí mismo en la cruz.
No hay manera de que los tradicionalistas puedan limitar la reconciliación descrita en este texto a los elegidos solamente o de una manera que excluya a muchos de la reconciliación lograda por la sangre de Cristo en la cruz hace 2000 años. Lo único que pueden hacer es negar que significa lo que obviamente significa —que absolutamente toda la creación fue reconciliada con Dios en la cruz—.
Parece que De Young no ha podido decidir qué hacer con este pasaje. En un lugar él sugiere de Romanos 8 que solo aplica a la creación “inanimada”, que excluiría incluso el reino animal. [ii]
Sin embargo, no solamente dice en Romanos 8 que “toda la creación” será liberada y restaurada, sino que la creación anhela ardientemente y gime en espera del momento en el que será liberada de la esclavitud. Tales características no son aplicables a objetos inanimados.
Además, esto muestra un entendimiento equivocado de lo que realmente significa la palabra reconciliación. Es un término exclusivamente relacional, que se refiere a la restauración de relaciones fracturadas. Solamente seres racionales, morales y caídos están necesitados de la reconciliación con Dios.
En otra instancia, De Young sugiere que solamente se refiere a la reconciliación de “la creación no humana”, que incluiría al reino animal. Él dice:
“Cuando Pablo habla de toda la creación siendo reconciliada, ¿no define esto explícitamente como toda creación no humana, dado que fue sujetada a la frustración o esclavitud debido al pecado humano?” (p. 237).
Mientras esto explicaría por qué la creación anhela y gime, dado que los animales son seres racionales y emocionales en contraste con objetos inanimados que ni piensan ni sienten, todavía no explica cómo los animales podrían estar en enemistad contra Dios como para necesitar la sangre de Cristo derramada por ellos para poder reconciliar a los animales y traer paz donde había enemistad.
La “reconciliación” es necesaria para restaurar a seres racionales y morales que están en enemistad contra Dios y por lo tanto necesitan ser reconciliados para restaurar la comunión con su Creador. El reino animal solo se beneficia indirectamente de la reconciliación de los seres morales, dado que fueron sujetados a la vanidad por culpa nuestra, y serán restaurados juntamente con el resto de la creación en los tiempos de la restauración de todos.
En otra contorsión de la lógica, De Young dice que la reconciliación es universal, pero aquellos que se niegan a creer serán reconciliados contra su voluntad por el uso de la fuerza. Él dice acerca de Colosenses 1:20:
“En 1:20 Pablo incluye en sus palabras de ‘reconciliación universal’ no solamente los que creen en el evangelio (como los Colosenses, explicado en vv. 21-23) sino también los que son reconciliados por conquista y llegan a ser el estrado de los pies de Jesucristo en Su reino futuro. Son oponentes conquistados que se negaron a creer” (p. 210, énfasis mío).
Una vez más, esto demuestra una falta de entendimiento acerca de lo que significa la reconciliación. Puede que eso sea subyugación, pero de ninguna manera es reconciliación; haciendo la paz mediante la sangre de Su cruz. Si bien es cierto que solamente los que creen experimentan Su reconciliación (dado que la reconciliación requiere una respuesta positiva de ambas personas), Dios ha prometido que finalmente todos creerán y confesarán a Jesucristo como Señor, hasta incluir aun a los que están “debajo de la tierra” (Fil 2:10,11).
Por un momento, De Young argumenta que solamente la creación inanimada será reconciliada; entonces lo amplía para incluir al reino animal y, finalmente, argumenta aquí que todos son reconciliados, si bien algunos contra su voluntad. Él aquí presenta a los enemigos de Dios como “reconciliados” al mismo tiempo que están maldiciendo a Dios en un Lago de Fuego eterno que Él llama el estrado de Sus pies. A mi forma de pensar, esto deprecia en gran manera lo que Cristo logró en la cruz por Su sangre derramada por todos.
Por último, casi al final de su libro, De Young llega al grano de su problema, revelando por qué no está dispuesto a aceptar el sentido obvio y claro de Colosenses 1:20. Él dice:
“No puede haber una reconciliación universal si algunos perpetuamente… son los objetos de la justica retributiva de Dios” (p. 224).
Aquí él se está refiriendo a 2 Tesalonicenses 1:9, que en la Reina Valera dice: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder”. ¿Por qué es que los tradicionalistas típicamente niegan o ignoran las declaraciones claras en las Escrituras acerca de la salvación final de todos, y por qué tienen que dividir la naturaleza de Dios en amor y misericordia vs. odio e ira como si fueran polos opuestos, en vez de ver a todos como manifestaciones de su naturaleza esencial que es amor? Porque basan toda su teología en unos pocos versículos mal traducidos que dan a entender que el infierno es eterno. Aunque la duración y el propósito del infierno serán el tema de otro capítulo, este versículo no dice lo que ellos piensan que dice.
Como demostraré en otro artículo, la palabra traducida como “eterno” (aionios) no significa “eterno”; más bien, es un término temporal que se refiere a un largo periodo de tiempo —pero tiempo, al fin y al cabo—. Su equivalente en español es “eónico”. Un eón es un tiempo prolongado, pero no es para siempre, y mucho menos eterno, ya que la eternidad es una realidad fuera del tiempo. Cualquier traducción literal corregirá este malentendido, tal como vemos en la Young's Literal Translation:
“los cuales sufrirán justicia (gr. dike) —destrucción era-duradera (aionios)— de la faz del Señor, y de la gloria de su poder” (2 Tes 1:9 YLT).
Aunque veremos más sobre esto más adelante, vemos aquí que dike significa “justicia o pena justa” y aionios significa “era duradera” en vez de “eterna”. Los tradicionalistas han traducido incorrectamente los pasajes refiriéndose al juicio y al infierno, y han negado o ignorado todos los textos acerca de una reconciliación universal.
Hay muchos otros pasajes que claramente hablan de una reconciliación universal que incluye a todos los seres racionales, aun sin utilizar la palabra “reconciliación”. Efesios 1 habla de una dispensación futura que, según Efesios 2:7, durará por las épocas venideras hasta la época final llamada la “Época de las épocas” (lit. tou aiōnos tōn aiōnōn, Ef 3:21). En esta dispensación venidera, también conocida como la dispensación de los tiempos de la restauración de todos, todos serán reunidos en Cristo:
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra”. (Ef 1:9,10)
La palabra reunir se compone de aná, que normalmente significa “otra vez”, y kephalaioo; significa “re-unir o unir otra vez bajo una sola cabeza”. En el Léxico Griego de Thayer, él comenta sobre el significado de esta palabra en el contexto de Efesios 1:9-10, diciendo:
“Aquí dice de Dios que él reúne otra vez para sí mismo (voz media) todas las cosas y seres (anteriormente desunidos por el pecado) en un solo estado unido en comunión con Cristo”. [iii]
La palabra “reunir” o “unir otra vez bajo una sola cabeza” cuando está hablando de aquellos que antes estaban en enemistad —como con la humanidad hacia Dios—, es relacional e inseparable de la reconciliación. Así que este pasaje, al igual que Colosenses 1:16-20, claramente habla de una reconciliación universal. El misterio de Su voluntad que ha sido revelado aquí en Efesios 1:9,10 es la restauración final de todos cuando toda la creación sea eternamente reunida en Cristo y Dios sea todo en todos (1 Cor 15:28).
Esto también es lo que Pablo declaró en resumen en Romanos 11:36: “Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eis “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”. Como dice Colosenses 1:16, todo y cada uno fue creado por Él. Entonces, en el versículo 20 dice que este mismo “todo” fue reconciliado a (eis “hacia dentro de”) Él por la sangre de Su cruz. “Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eis “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. Pablo no lo hubiera podido decir más claro.
La verdad escandalosa revelada en estos pasajes, y en especial en Colosenses 1:16, 20, es que hasta Satanás y los ángeles caídos están incluidos en la reconciliación lograda en la cruz. Cuando Pablo incluye tronos, dominios, principados y poderes invisibles en la reconciliación, él claramente los incluye a ellos también, dado que no hay tronos, dominios, principados o poderes invisibles en necesidad de reconciliación aparte de Satanás y los ángeles caídos. Además, si son excluidos, no se puede decir que Dios será verdaderamente todo en todos, o que todos los que comenzaron en Él serán reunidos en Él.
El argumento presentado contra una reconciliación total y una restauración de todos, que incluiría hasta Satanás y los ángeles caídos, es expresado por De Young cuando Él dice:
“La Biblia no ofrece ninguna expiación, ningún perdón, ninguna esperanza, ninguna reconciliación para los ángeles caídos ni para Satanás” (p. 247, énfasis mío).
En respuesta, primero quiero decir que su negación de que la reconciliación ha sido ofrecida a Satanás y los ángeles caídos es una negación osada de lo que está claramente expresado en Colosenses 1:16-20. En cuanto a una expiación y perdón, la reconciliación no es posible sin perdón, y no es posible que un Dios Santo perdone sin expiación. Así que la reconciliación con Dios presupone expiación y perdón.
Aunque la reconciliación no es experimentada hasta que uno se arrepienta y vuelva a Dios, Dios en amor hizo la provisión legal para la reconciliación de toda la creación y Él ha jurado por Sí mismo que cada rodilla se doblará y cada lengua confesará que Jesucristo es Señor, incluyendo hasta los que todavía están en rebelión debajo de la tierra.
Aquí los tradicionalistas usualmente citan Hebreos 2:14-18. Sin embargo, este pasaje solo se enfoca en lo que hizo Cristo para rescatar a la humanidad del poder de Satanás. Dice que Él tomó un cuerpo humano y murió para liberar a los que vivían con el temor a la muerte y vino a dar socorro a los que son tentados por Satanás.
Como el enfoque aquí está en el hombre y no en Satanás y los ángeles caídos, esto ni niega ni afirma si Su muerte proveyó para la restauración de toda la creación también, incluyéndoles a ellos, o no. Pero los otros pasajes de restauración, y en particular Colosenses 1:16-20, no son para nada ambiguos.
El hombre, creado a la misma imagen y semejanza de Dios, es el enfoque y motivo principal tanto de la creación como de la restauración. Pero toda la creación participa en la restauración del hombre. El infierno es tanto penal como correccional, pero no es eterno, dado que, como con cualquier sistema penal justo, su meta y resultado final es la restauración.
Todo el resto de la creación espera la manifestación de los hijos de Dios, cuando comiencen los tiempos de la restauración de todas las cosas o la dispensación del cumplimiento de los tiempos (Rom 8:19-22). Esta dispensación final culminará con todos siendo reunidos en Cristo, y con Dios siendo todo en todos al entrar a la eternidad.
Los Padres de habla griega de la Iglesia Primitiva entendieron esto, y no vacilaban en declarar que la restauración de todos, incluyéndoles a Satanás y los ángeles caídos, era una doctrina bíblica.
Clemente de Alejandría (150 d. C. a 215 d. C.) dijo: “Así que Él de hecho salva a todos universalmente; pero a algunos como convertidos por castigos, y otros por sumisión voluntaria, así obteniendo el honor y la dignidad de que a Él toda rodilla se doblará, de las cosas en el cielo, y las cosas en la tierra, y las cosas debajo de la tierra, es decir, ángeles y hombres y las almas que partieron de esta vida antes de Su venida a este mundo” [iv] Orígenes, el sucesor de Clemente y cuyos escritos han sido los más leídos de todos los padres de la Iglesia a través de los siglos a excepción de Agustín, dice: “Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera…” [v]
Comentando sobre Efesios 1, Ambrosio de Milán (340-397 d. C.) dice lo siguiente:
“Esto le parecía bien a Dios...manifestar en Cristo el misterio de Su voluntad…, específicamente, que sería misericordioso a todos los que se habían perdido, sea en el cielo o en la tierra… Cada ser, entonces, en los cielos y sobre la tierra, está siendo restaurado a ser como fue creado hasta llegar al conocimiento de Cristo”. En su comentario sobre 1 Corintios 15:27 dice: “Cuando cada criatura aprende que Cristo es su cabeza, y que la cabeza de Cristo es el Padre, entonces Dios será todo en todos; es decir, que cada criatura creerá de la misma manera, y de una sola voz cada lengua de las cosas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra confesará que hay un Dios del cual son todas las cosas”. [vi]
Gregorio de Niza (330 d. C. a 394 d. C.) escribió:
“Cristo…Él que no sólo libera al hombre del mal, sino que también sana al mismo inventor del mal”. [vii] Jerónimo (347 d. C. a 420 d. C.) dice: “La cruz de Cristo ha beneficiado no solo la Tierra sino también el Cielo… y cada criatura ha sido purificada por la sangre de su Señor”. “Así que, en la restitución de todas las cosas, cuando el verdadero médico, Jesucristo, habrá venido a sanar el cuerpo de la Iglesia entera, cada ser…recibirá su lugar debido… Lo que quiero decir es que los ángeles caídos volverán a ser como fueron creados, y la humanidad que ha sido expulsada del paraíso, será una vez más, restaurada al lugar de cuidar el paraíso. Estas cosas, entonces, sucederán a nivel universal”. [viii] “La mayoría de las personas entienden la historia de Jonás como si estuviese enseñando el perdón eventual de todo ser racional, aun incluyendo al diablo.” [ix] “Los ángeles apóstatas, el príncipe de este mundo y Lucifer, la estrella de la mañana —aunque ahora rebeldes, desenfrenadamente andando de aquí para allá y hundidos en las profundidades del pecado—, finalmente se someterán al alegre dominio de Cristo y sus santos. Ningún ser racional perecerá para siempre”. [x]
Incluso San Agustín mismo reconoció que sus oponentes basaban su creencia en la restauración final de todos en las mismas Escrituras. Son quienes defienden la doctrina tradicional del castigo eterno los que tienen que negar, o hacer caso omiso del significado obvio de múltiples textos de las Escrituras, para poder negar la prometida restauración de todos, profetizada desde el comienzo del tiempo.
Este tema es tratado con mayor detalle en mi libro El Triunfo de la Misericordia, que es un examen a fondo de las evidencias bíblicas, lógicas e históricas a favor de la naturaleza temporal del infierno y la restauración final de todos. Aquí solo quiero decir que al negar todos los pasajes que enseñan una restauración final de todos, los tradicionalistas han quedado con un dualismo eterno donde el mal y su resultante muerte, dolor y lágrimas jamás terminan. Esto es contrario a las declaraciones claras de las Escrituras (Apo 21:4,5; Isa 25:8; 1 Cor 15:22,26,28, etc.).
[i] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
[ii] De Young dice: “¿Entonces, como puede responder los de la perspectiva evangélica?” En Romanos 8 es obvio que solamente la creación inanimada espera la liberación de su sujeción involuntaria a esclavitud (Satanás y sus ángeles son excluidos, dado que ellos voluntariamente rebelaron contra Dios y lo hicieron anterior a la caída del hombre.) p.231
[iii] Thayer's Greek Lexicon: NT. 346
[iv] Clemente de Alejandría, Comentary of 1 John Adumbrat. in Ep. I Johan., printed at the end of his Treatise, Quis dives salvetur, p.1009, Potter´s Edit.
[v] Origin, Contra Selsum 8.72.
[vi] Allin, Universalism Asserted, p. 133.
[vii] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, Cap. 26.
[viii] Allin, Universalism Asserted, p. 134.
[ix] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
[x] Jerónimo. En Sal. xcii. 9.22
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por George Sidney Hurd
Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young
Es posible que estés entre un número creciente de personas que han descubierto numerosos textos de la Biblia que claramente parecen decir que finalmente todos serán restaurados en Dios, resultando en que Él sea todo en todos en la consumación de las épocas. ¿Es posible armonizar tales declaraciones con la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de un juicio futuro y el infierno? Muchos dicen que no.
Algunos insisten en una interpretación de los textos sobre el infierno que niegue los textos sobre la restauración, mientras otros insisten en los textos sobre la restauración, sin tomar en cuenta los textos sobre el juicio y el infierno.
Obviamente, si creemos que toda Escritura fue dada por inspiración de Dios, no podemos simplemente escoger unos textos y excluir otros. Nuestra doctrina del juicio futuro y el infierno tiene que ser entendida de una manera que complementa, en vez de negar, la verdad de la restauración final de todos.
Después de años de estudios cuidadosos de las Escrituras sobre este tema y mucha oración, he llegado a la conclusión de que todas las Escrituras se armonizan con la restauración final de todos de una manera no posible con la doctrina tradicional que presenta el plan eterno de Dios como si culminara en torturas sin fin para la mayoría.
He leído todos los libros que he podido encontrar que contradigan mis conclusiones, tales como La doctrina del castigo sin fin, de William G. T. Shedd, y ¿Eliminamos el infierno?, de Francis Chan. Sin embargo, aunque expusieron eficazmente algunos errores de unos universalistas que no son ni bíblicos ni conservadores, esquivaron los numerosos textos bíblicos que declaran una restauración universal, sin presentar interpretaciones contrarias viables. Hicieron caso omiso a la mayoría de los textos sobre la restauración.
Cuando descubrí el libro de James B. De Young de 288 páginas titulado Exposing Universalism (Desenmascarando el Universalismo), no podía esperar a ver si él intentaría explicar algunos de los textos sobre la restauración universal a la luz de su creencia en el castigo eterno. Él hizo unos intentos creativos de reconciliar algunos de ellos con la doctrina de castigos eternos que no había oído de otros autores, y estaremos examinándolos en este y los siguientes capítulos.
Sin embargo, como con otros libros escritos sobre este tema, yo estaba decepcionado al ver que él categoriza a todos los universalistas como Liberales o Progresivos que niegan la inspiración y autoridad de las Escrituras, la expiación de sustitución de Cristo, la necesidad de creer en Jesús y ser regenerado para poder ser salvo, entre otras cosas. Para mí esta categorización errada del universalismo es sumada cuando dice:
“Virtualmente toda rama de la teología sistemática y bíblica es distorsionada por el universalismo” (p.249).
Aunque tristemente esto sea cierto para algunos de los que él señala con nombre propio en su libro, la única área de la teología sistemática y bíblica que cambió radicalmente para mí fue la escatología (específicamente en cuanto a la culminación final del plan eterno de Dios para las épocas). Incluso pude retener el TULIP del calvinismo; simplemente cambié la letra L de “Expiación Limitada” a “Expiación Ilimitada” (Limitless), algo que muchos calvinistas reformados hacen de todas formas.
Yo utilizo los cinco puntos del calvinismo en mi libro titulado La Solución Universal, comparando el universalismo con el calvinismo y el arminianismo. Demuestro que el universalismo es la doctrina más bíblica y menos contradictoria de las tres escuelas de teología.
De Young reconoce que, durante y después de la Reforma, algunos anabaptistas y la mayoría de los moravos eran universalistas. Ambos grupos eran hermanos conservadores que basaban sus creencias únicamente en las Escrituras. Por ello, a menudo fueron perseguidos por los Reformadores al rechazar doctrinas tradicionales no bíblicas, tales como el bautismo de infantes y los sacramentos.
Aun San Agustín, que popularizó la doctrina de los castigos eternos, reconoció que los que creían en la apocatástasis, o la restauración final de todos, lo hacían basándose en su entendimiento de las Escrituras. San Agustín dijo:
“Hay muchos en nuestros días que, sin negar las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin”.
Hoy día, sería muy bueno que los que defienden la doctrina tradicional agustiniana de castigos eternos extendieran la misma gracia hacia los universalistas conservadores.
Debe reconocerse que el racionalismo y el relativismo han logrado que muchos se aparten del alto respeto a las Sagradas Escrituras que manifestaban Jesús y los apóstoles. Esta situación ocurre en cada rama del cristianismo, y no solamente entre los universalistas. Los desvíos doctrinales que De Young opone en su libro no son exclusivos del universalismo, sino que también son promocionados por muchos aniquilacionistas y tradicionalistas.
Recientemente publiqué un libro titulado Los Caminos de Dios” (desde la perspectiva de un Restauracionista Conservador Evangélico). En este libro confronto algunas de las mismas desviaciones de las Escrituras que denuncia De Young, mientras aclaro que no es un problema exclusivo entre los universalistas, sino que es un problema en toda rama de la iglesia que necesita ser reconocido y evitado.
En Desenmascarando el Universalismo, De Young intenta desacreditar el universalismo primero apelando a la historia de la Iglesia, después a la lógica y finalmente a las Escrituras. Como mi creencia está fundada en las Escrituras y solo la respaldo con la historia y la lógica, en los próximos capítulos voy a comenzar con las Escrituras y solo después considerar el respaldo de la historia de la Iglesia y los argumentos usando la lógica.
Los Argumentos de De Young acerca de los textos sobre la restauración universal.
Entonces, ¿cómo explica De Young los textos que aparentemente enseñan la restauración universal? El versículo lema de la apokatastasis o restauración, del cual derivaron su título los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva (como Clemente, Orígenes, Gregorio de Niza y otros), es Hechos 3:19-21, que dice:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”. (Hch 3:19-21)
Aquí Pedro habla de la llegada de tiempos de refrigerio y los tiempos de la restauración de todos, que comienza en la Segunda Venida de Cristo. El uso del plural “tiempos” aquí implica que es un proceso de restauración que posiblemente durará más de una época.
¿Cómo responde De Young a este versículo? Al leer su libro pensé que había evitado por completo comentar sobre este pasaje, dado que no hizo comentario sobre él en el texto del libro. Sin embargo, al volver a repasarlo, encontré un comentario sobre este pasaje en una anotación que él hizo acerca de Hechos 3:19-21:
“Probablemente se refiere a la restauración de todas las condiciones en que las personas viven debido al pecado, no a la restauración de cada persona a la comunión con Dios” (p. 20, nota 16).
Sin embargo, hay numerosas razones de por qué esta restauración debe ser entendida como una referencia principal a las personas. En primer lugar, los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva, quienes todavía hablaban el idioma original, la entendieron como si incluyera a toda criatura racional. Si la gramática del texto no favorecía la conclusión de que se refería a personas, sus oponentes no habrían tardado en señalar su error.
Agregando nuestra palabra “cosas” en español se confunde el sentido. El idioma griego no tenía una palabra equivalente a “cosas” y, cuando los traductores la injertaron, confunde, dado que nuestro vocablo “cosas” solo se refiere a objetos inanimados. Esto, sin duda, contribuyó a la conclusión de De Young, que se refiere a una “condición” en vez de a la restauración de personas. Sin embargo, los Padres de la Iglesia Primitiva, que pensaban y hablaban en griego, lo entendieron como si se refiriera a la restauración de personas y no simplemente a objetos o condiciones.
La segunda razón por la que creo que se refiere principalmente a personas es que la restauración de todos, profetizada por los profetas desde el principio, habla fundamentalmente de la restauración de la humanidad. El ejemplo dado por Pedro tres versículos más adelante, en el versículo 25, es la promesa hecha a Abraham:
“En tu simiente serán benditas TODAS LAS FAMILIAS de la tierra”. (Hch 3:25)
Si contemplamos lo que dice este versículo, podemos ver que implica una restauración de todos. Cada familia de la tierra incluiría a toda la humanidad, desde Adán y Eva hasta la consumación. ¿Podríamos decir que una familia sería bendecida si un miembro de ella estuviera en tormentos eternos?
Probablemente la primera alusión a la restauración de todos fue dada en el Edén, donde Dios, en esencia, promete a Eva que su simiente (Cristo) destruiría al enemigo y restauraría todo como era antes de la caída. Pero, como dijo Pedro, Dios había hablado repetidas veces por Sus profetas de la restauración de todos. Los siguientes son solamente unos ejemplos:
“Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y TODAS LAS FAMILIAS de las naciones adorarán delante de ti”. (Salmo 22:27)
Todas las familias de todo el mundo se acordarán y se volverán al Señor y lo adorarán. Esto habla claramente de una restauración de todas las personas y no solamente de los elegidos.
Algunos insisten que cuando vemos “todos” o “todo el mundo” en estos pasajes sobre la restauración universal, solamente es hipérbole y no debe ser entendido literalmente. Citan ejemplos de habla exagerada en la Biblia como:
“Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”. (Marcos 1:5)
Obviamente, Marcos no quería que entendiéramos que por “todo” literalmente todos, incluyendo los no arrepentidos, los infantes e inválidos, fueron bautizados por Juan en el Jordán. Sin embargo, el sentido común nos indica cuando uno está hablando literal o hiperbólicamente. Si yo fuera a decir: “Toda Bogotá llegó a la reunión”, o “todo el mundo sabe que ella es la mejor cantante”, inmediatamente sabemos que son palabras exageradas, hipérbole utilizada para un mayor impacto.
En cambio, si el capitán de un barco que está hundiéndose fuera a decir a los pasajeros: “El barco se está hundiendo, pero no teman porque todos serán salvos”, ¿podríamos racionalmente decir que es hipérbole? ¿Sería posible que algún día Dios nos confiese que Sus promesas de salvar y restaurar a todos fueron exageraciones? ¡Claro que no! ¿Cómo podríamos atribuir tal engaño a Dios?
Miremos otro pasaje sobre la restauración universal:
“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra TE ADORARÁ, y CANTARÁ a ti; Cantarán a tu nombre”. (Salmo 66:3-4)
De Young insiste en que será una sumisión obligada para muchos. Pero ¿podrían adorarle y cantarle alabanzas si fueran obligados a doblar rodilla contra su voluntad? Y si su adoración fuera bajo obligación, ¿sería tal “adoración” aceptable para Dios?
De Young insiste en que será una sumisión obligada para muchos. Pero, ¿podrían adorarle y cantarle alabanzas si fueran obligados a doblar rodilla contra su voluntad? Y si su adoración fuera bajo obligación, ¿sería tal “adoración” aceptable para Dios?
“Todas las naciones (gentes) que hiciste vendrán y ADORARÁN delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre”. (Salmo 86:9)
¿Podría la expresión “todas las naciones que hiciste” excluir a miles de millones que estarán quemándose en las llamas del infierno maldiciéndole para siempre? O ¿serían obligados a adorarle antes de ser lanzados al Lago de Fuego? ¿Podría la adoración obligada realmente “glorificar Su nombre?” Esto me recuerda a Filipenses donde dice que todos doblarán rodilla ante Él:
“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. (Fil 2:10-11)
Aquí, como en el Salmo 86, vemos que absolutamente todos los que Dios ha hecho algún día le adorarán “para gloria de Dios Padre”. ¿Cómo podría Dios recibir gloria por una adoración obligada?
Otro Salmo donde vemos que todos son restaurados es el Salmo 145:
“Clemente y compasivo es el SEÑOR, lento para la ira y grande en misericordia. El SEÑOR es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas Sus obras. SEÑOR, Tus obras todas Te darán gracias y Tus santos Te bendecirán”. (Salmo 145:8-10 NBLH)
¿No incluyen a toda la humanidad —y, de hecho, a toda la creación— las expresiones “todo” y “todas Tus obras?”? Algunos dicen que Sus enemigos serán obligados a doblar rodilla ante Él contra su voluntad. ¿También serán obligados a darle las gracias antes de que Él los lance a un Lago de Fuego literal? ¿Qué es lo que dicen las Escrituras de Sus enemigos?
“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra TE ADORARÁ, y CANTARÁ a ti; Cantarán a tu nombre”. (Salmo 66:3-4)
¿Puedes imaginar un escenario donde Dios les obligue a todos Sus enemigos a arrodillarse para adorarlo y cantar alabanzas a Él? Claramente Sus enemigos le adorarán y cantarán alabanzas a Él porque Él les conquistó con Su amor —no por fuerza bruta. Estas declaraciones no son compatibles con el dualismo eterno de la doctrina tradicional de un infierno eterno.
“Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. 7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. 8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho”. (Isa 25:6-8)
¿No profetiza esto claramente una restauración final de todos, cuando el velo que ciega los ojos de todos los pueblos habrá sido quitado —cuando la muerte, tanto la primera como la segunda, sea sorbida en victoria para siempre y ya no haya más lágrimas—? ¿Cómo puede esto ser explicado a la luz de la doctrina tradicional del infierno donde la mayoría de la humanidad, según ellos, estará llorando y crujiendo los dientes para siempre?
Cuando Dios quiere declarar algo de una manera muy enfática, Él jura por Sí mismo. Dios ha jurado por Sí mismo que tarde o temprano todos lo mirarán y serán salvos:
Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados”. (Isa 45:22-24)
Aquí vemos al Señor llamándoles a todos a mirarlo y ser salvos. Entonces, él jura por Sí mismo que finalmente toda rodilla se doblará confesando: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza”. Esto no es contra la voluntad de nadie, sino que, cuando se quita el velo que envuelve a todas las naciones, sus enemigos serán avergonzados y en arrepentimiento volverán a él, diciendo: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza”. Vemos en Filipenses 2:10,11 que hasta los que están en el cielo y debajo de la tierra confesarán a Jesús como Señor a su debido tiempo.
A estas alturas es común que alguien replique: “¿Quieres decir que incluso alguien como Adolfo Hitler se arrepentirá y será salvo algún día? ¿Qué de Sodoma y Gomorra que fueron destruidos con fuego eterno por su inmoralidad?” Bueno, ¿qué dicen las Escrituras acerca del futuro de Sodoma? Ezequiel 16 dice:
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus (Judá) cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado…. 60 Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno. 61 Y te acordarás de tus caminos y te avergonzarás, cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú (Sodoma y sus hijas) y las menores que tú (Samaria y sus hijas), las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto”. (Ez 16:53-55; 60,61)
Aquí, poco antes de que Jerusalén fuera sitiada y Judá fuera llevada cautiva a Babilonia, Dios les promete que finalmente los restauraría después de ser juzgados. Esta restauración incluiría a las otras diez tribus de Israel (Samaria y sus hijas) —esparcidas entre las naciones por sus abominaciones— y a Sodoma y sus hijas (esto es, Gomorra y las otras cuatro ciudades) para que volvieran a ser como antes. Ante esto, Judá se avergonzaría porque sus pecados eran aún mayores que los de Sodoma y Samaria.
Hasta la fecha no he visto este pasaje explicado en un libro escrito contra el universalismo. Ezequiel claramente está hablando de la restauración de las mismas personas destruidas en Sodoma en los días de Lot. Esto es evidente dado que Sodoma no ha existido en la tierra desde el día de su destrucción. Si la restauración de todos incluye hasta Sodoma, entonces, ¿quién quedaría excluido? ¿Los que fueron destruidos en el diluvio? Si ellos fueron excluidos, entonces ¿por qué fue Jesús a predicarles a ellos?
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua… 4:6 Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios”. (1 Pedro 3:18-20; 4:6)
Aquí vemos que Jesús fue y predicó el evangelio a los que eran muertos y encarcelados debido a su desobediencia en otro tiempo para que vivieran según Dios, aunque habían sido juzgados según la carne. Y ¿quiénes eran estas personas que antes fueron desobedientes? Eran aquellas personas que se habían corrompido de tal grado que Dios tuvo que destruirlos en el diluvio, de manera semejante a lo que hizo con Sodoma.
Y, ¿cómo responde De Young a este pasaje? Él dice lo siguiente:
“El texto de 1 Pedro 3:18-4:6 significa mejor que Cristo fue por el Espíritu a los que ahora están encarcelados, en el infierno, en los días de Noé y predicó a los desobedientes en ese entonces a través de la prédica de Noé. No hubo una predicación posterior. Aun si había una predicación por Jesús entre su muerte y resurrección, es más probable que fue una proclamación de triunfo, no una invitación a creer en el evangelio”. p.221
De Young dice que en vez de estar diciendo que Jesús fue a predicar a los que estaban muertos y encarcelados en el Hades después de su victoria sobre la muerte y el Hades, Pedro quería decir que Jesús ya les había predicado cuando aún estaban vivos a través de Noé, antes de ser destruidos en el diluvio unos 2.000 años antes.
Esta es la misma respuesta que yo daba como pastor joven cuando me pidieron explicar este pasaje; sin embargo, resulta obvio que no es lo que Pedro quería expresar. Ambos verbos “predicó” (en 3:19 y en 4:6) aparecen en aoristo de indicativo. Esto indica que la prédica fue un evento único, a diferencia de la predicación de Noé, la cual se extendió por 120 años.
Sin embargo, tales interpretaciones forzadas son necesarias para poder negar la prometida restauración de todos que incluya hasta los que perecieron en el diluvio. Además, vemos que el evangelio no fue predicado a los vivos antes del diluvio sino a los muertos, para que ellos pudieran vivir en espíritu según Dios, aunque habían sido previamente juzgados en la carne.
El significado más lógico de este pasaje es que Jesús fue al hades después de Su muerte y predicó el evangelio (gr. euaggelizo, 4:6) a los que eran desobedientes a la predicación de Noé, quienes fueron destruidos en el diluvio y encarcelados en el hades. Después de la victoria de Cristo, Él tomó posesión de las llaves del hades y de la muerte, según Apocalipsis 1:18. Por Su sangre derramada en la cruz, Él ya tenía la autoridad para librar a los cautivos de Satanás, por lo tanto, fue y predicó las buenas nuevas a ellos para que, aunque hubieran sido juzgados en la carne, pudieran vivir en el espíritu.
Aunque De Young intenta desacreditar el testimonio de los padres griegos de la Iglesia Primitiva, esta era la creencia de muchos en aquel entonces. Por ejemplo, Atanasio, obispo de Alejandría, que vivió entre los años 296 y 373 después de Cristo, dijo:
“Mientras que el Diablo pensaba matar a uno, fue privado de todos, echado fuera del Hades y sentado en las puertas, ve a todos los seres encadenados siendo llevados fuera por la valentía del Salvador”.
Gregorio de Niza, que vivió entre los años 330 y 390 después de Cristo dijo:
“Hasta que liberó con Su sangre todos los que gimen bajo las cadenas de Tártaro”.
Y otra vez dice:
“Hoy la salvación ha sido dada al universo para todo lo visible e invisible…las puertas del Hades están abiertas en par”.
Aunque es el tema de otro artículo, aquellos que —como De Young— defienden la doctrina tradicional de los castigos eternos procuran, típicamente, minimizar, desacreditar o suprimir el testimonio claro de numerosos Padres de la Iglesia Primitiva. Lo mismo hacen con el testimonio de los más respetados historiadores eclesiásticos, tales como Eusebio, Johann Gieseler y Philip Schaff.
En el próximo artículo continuaremos nuestra crítica de las refutaciones a los textos que entendemos como declaraciones de una restauración universal. De ninguna manera es mi intención rebajarlo o señalarlo. La única razón por la que seleccioné su libro Desenmascarando el Universalismo como el tema de este libro es porque fue el intento mejor pensado que he podido encontrar para refutar el universalismo. De hecho, estoy de acuerdo con él en muchos puntos que no aplican directamente al universalismo bíblico.
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Nuestro Padre Dios es presentado repetidas veces en las Escrituras como un “Fuego Consumidor.” Esta representación bíblica de Dios ha sido interpretada por algunos como si dijera que Dios finalmente va a incinerar a todos menos los que confiesan a Jesús como Señor en su breve vida. Dirían que el Fuego Consumidor consume el individuo mismo – borrando su existencia por completo.
La interpretación tradicional, que ha sido la creencia más común en el cristianismo desde el Siglo VI, también presenta el Fuego Consumidor como si fuera dirigido contra la persona como individuo. Sin embargo, según esta interpretación, el Fuego Consumidor nunca consume totalmente al individuo. En lugar de eso, Él sostiene a los que no respondieron apropiadamente al evangelio en un estado consciente de tormentos en llamas – siempre ardiendo en las llamas pero nunca siendo consumidos.
Ambas proposiciones son tan aterradoras que la mayoría de los cristianos las bloquean de su mente – evitando cualquier reflexión pensativa sobre sus implicaciones. Pero, hay cada vez más de los que no son cristianos que sí han pensado en las contradicciones morales y lógicas que tales doctrinas presentan. Ellos rechazan la idea de que un Creador sabio y benevolente, que habita en la eternidad y ve el final desde el principio, crearía al hombre y pondría en marcha un plan, sabiendo todo el tiempo que culminaría en tal tragedia tan inimaginable para la mayoría de la raza de Adán.
A mi pensar, ambos grupos ignoran la verdadera naturaleza y motivación de nuestro Fuego Consumidor como son reveladas en las Escrituras. El profeta Malaquías nos revela la verdadera naturaleza y fin de este fuego:
“Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando El
aparezca? Porque Él es como fuego DE FUNDIDOR y como jabón de lavanderos. Y El se
sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará
como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.” (Mal 3:2,3
NBLH)
¿Qué es la naturaleza y propósito de Su fuego? Es fuego de Fundidor. El fuego de un fundidor no consume todo lo que es sujetado a él: Solo consume la escoria para purificar lo que es precioso a los ojos del fundidor. Tampoco dura para siempre. Solo dura hasta que haya purificado lo precioso. Su fin es restauración – no aniquilación o tormentos perpetuos. El final del plan de Dios en crearnos es la restauración final de todos en las épocas venideras, para la alabanza de la gloria de Su gracia. (Hch 3:21; Ro 11:36; Fil 2:10, etc.)
La imagen de Dios como un Fuego Consumidor se ve a través de las Escrituras, comenzando cuando Él sacó a Israel de Egipto – “el horno de hierro:”
“Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.” (Deut 4:20; cf. 1 Reyes 8:5; Jer 11:4)
Aquí vemos la primera etapa en el proceso del Fundidor con Su pueblo escogido. De la manera en que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser probado por el diablo, los primeros descendientes de Abraham fueron llevados al horno de la aflicción en Egipto. El horno de hierro no los convirtió en oro pero sirvió para apartarlos de las naciones no-refinadas (naciones mena de hierro) del mundo como Su propio pueblo.
Conforme va progresando la historia de Israel, vemos el proceso de refinamiento para Su pueblo descrito con metales cada vez más preciosos, culminando en las pruebas de fuego para la Iglesia Judía/Gentil que nos convierte en oro puro. (1Pedro 1:7; Apo 3:18) Dios jamás ha olvidado el resto de las naciones pero el tiempo de Su refinamiento de ellas aún no ha venido a plenitud; eso espera los tiempos de la restauración de todos. (Hch 3:21)
Dios deja en claro que el fuego que nos refina no es fuego literal, como algunos piensan, sino el fuego de aflicción intencionado para purificar nuestros corazones:
“He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.” (Isa 48:10)
“El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; pero Jehová prueba los corazones.” (Prov 17:3)
Aunque muchos hoy no ven la intención benévola y purificadora de Dios en las descripciones de fuego de aflicción en la Biblia, el salmista claramente entendió que el horno de fuego del Fundidor es verdaderamente bueno y diseñado para nuestro beneficio:
“Porque tú nos probaste, oh Dios: nos refinaste como se refina la plata. Nos metiste en la red; pusiste aflicción en nuestros lomos. Hombres hiciste cabalgar sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a un lugar de abundancia.” (Sal 66:10-12 RVG)
“Antes que fuera afligido, yo me descarrié, Pero ahora guardo Tu palabra. Bueno eres Tú, y bienhechor…. 71 Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos.” (Sal 119:67-68,71)
Vemos Sus Buenos propósitos – aún en los juicios más severos contra Su pueblo rebelde después de haberle desafiado, siguiendo a falsos dioses y cometiendo actos abominables:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
Si no supiéramos que Dios es Bueno todo el tiempo – aún en Su ira y en Sus juicios más severos, podríamos concluir aquí que Israel ha sido condenado para siempre – que Su ira y Su fuego era para su destrucción irremediable en vez de su restauración. Pero el propósito del horno fue su restauración – no su destrucción, como vemos a continuación:
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
Aquí vemos que, aun cuando en Su ira los impíos obstinados son lanzados en el horno de fuego Él es bueno todo el tiempo. Sus motivos son redentores y disciplinarios y el resultado final es purificación y restauración. De hecho, si Él fuera a retener la corrección sería negligencia paterna y no amor. Pero, si Dios fuera a aniquilar a los hombres incinerándolos o atormentándolos en un fuego eterno, sería un castigo excesivo y abusivo e irreconciliable con Su amor. Vemos Su buen propósito y el resultado redentivo en Su horno de aflicción repetidas veces en las Escrituras:
“Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.” (Zac 13:9)
“Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” (Heb 12:10)
Invariablemente, a través de todas las Escrituras vemos que Su aflicción de fuego finalmente resulta en restauración.
Algunos aceptarían que el fuego de Dios purifica a los elegidos pero insisten que su único propósito para el resto de la humanidad es para atormentarlos o para incinerarlos. Sin embargo, Dios no hace acepción de personas. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.” (Sal 145:9) Dios es bueno con todos, todo el tiempo – aun cuando tienen que ser fundidos en el horno de fuego.
Dios dice a través de Ezequiel que hasta Sodoma, junto con Samaria y la Jerusalén apóstata, finalmente serán todas restauradas. (Ezeq 16:53-55) Esto es de acuerdo con la apocatástasis o la doctrina de la restauración final de todos, pero es irreconciliable con las doctrinas de la aniquilación y el castigo eterno.
El mismo simbolismo del fuego del fundidor que es utilizado en referencia a Israel y las naciones del Antiguo Testamento son utilizados para describir el horno de fuego escatológico en los Evangelios y en Apocalipsis. Jesús describe la separación que sucederá cuando venga otra vez de la manera siguiente:
“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42)
En realidad, lo que dijo Dios en Ezequiel 22, describiendo lo que ahora sabemos que fueron juicios temporales contra Israel, suena más ominoso de lo que Jesús dijo aquí en referencia a ser echados en el horno de fuego. Además de decir que los echaría en el horno de fuego, Dios les dijo a Israel: “os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré.” Sin embargo, por tan severo que suena, el “horno de fuego” no se refiere al incinerador de Dios, como creen los aniquilacionistas, ni tampoco a una cámara de tortura eterna según la doctrina tradicional de tormentos eternos, sino que habla del fuego purificador del Fundidor divino que consume toda impureza en los que son preciosos a los ojos de Él.
El horno de fuego tiene un propósito y no es aniquilación, sino purificación y restauración, como vemos presentado a través de las Escrituras. (Apo 21:5; Hch 3:21, cf. Mt 19:28; Isa 45:21-24; 25:6-8; Sal 66:3,4, etc.) Jesús es el Salvador del mundo entero y ha redimido a toda la humanidad. Sin embargo, todos estamos dañados y contaminados. Por eso necesitamos ser refinados y restaurados. En esta época pocos son los que se someten voluntariamente al fuego de aflicción que es necesario para nuestra restauración a la imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, ninguno escapará del fuego consumidor de nuestro Fundidor divino. Jesús vino a salvar a los perdidos y no desistirá hasta que haya atraído a todos a Si mismo. (Jn 12:32; Ef 1:10)
En el juicio del Gran Trono Blanco los impíos serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el horno de fuego, también llamado el fuego de Gehena y el lago de fuego y azufre. (Apo 20:12; 21:8) Las expresiones “según sus obras” y “su parte” no concuerdan con un castigo eterno. (Lc 12:47,48) Además, en dos ocasiones, hablando del fuego de Gehena, Jesús dijo que no saldrían de allí “hasta que” hubiesen pagado su deuda. (Mt 5:26; 18:34) Al decir “hasta que,” Él excluye todo concepto de tormentos con un fuego interminable o exterminación. Pero, todas estas expresiones concuerdan perfectamente con las características del fuego del fundidor que solamente continúa hasta que haya purificado lo que es precioso a los ojos del fundidor.
Habiendo visto el uso constante de los términos del fundidor a través de las Escrituras, ahora podemos enfocarnos en el objetivo principal de este blog, que es examinar las referencias al azufre y la sal en relación con el fuego a que los hombres son sujetados por Dios.
El Lago de Fuego y Azufre
“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apo 20:10)
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
Antes de entrar en una explicación del lago de fuego y azufre, hay una aparente contradicción entre estos dos textos como comúnmente han sido traducidos que necesita clarificación. En el 21:8 dice que tendrán “su parte,” que habla de un juicio medido, mientras que en el 20:10 dice: “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” “Su parte” no puede ser interminable como muchos entienden con la expresión “por los siglos de los siglos.”
Trato con este tema con mucho más detalle en mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.” [1] Por el momento solo quiero señalar que “por los siglos de los siglos” es una traducción errónea. La frase en griego literalmente dice “hacia dentro las épocas de las épocas.”
“En las épocas de las épocas” expresa algo que tomará lugar dentro de las épocas de las épocas sin especificar cuánto tiempo ocupa dentro de las épocas. Cuando decimos algo como: “en el siglo XXI el hombre estará en el planeta Marte,” simplemente estamos diciendo que algo sucederá dentro del siglo XXI sin especificar el tiempo necesario para lograr ese objetivo. Esto es consistente con un juicio medido donde uno es juzgado “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el lago de fuego y azufre. Además, una vez que entendemos el objetivo de Dios en el lago de fuego y azufre, llega a ser obvio que no puede durar eternamente.
Yo tenía dificultad para entender exactamente qué era lo que significaba el lago de fuego y azufre hasta que leí un artículo escrito por Michael Webber con el título: “What is the Lake of Fire?” (¿Qué es el Lago de Fuego?) [2] En su blog él explica que el lago de fuego y azufre se refiere al crisol del fundidor y que el azufre es añadido para separar las impurezas y otros metales del oro en el proceso de la refinación. Al investigar más a fondo en Google encontré numerosos artículos que confirman y elaboran sobre lo que él dice en su blog. [3]
También la palabra traducida “lago” en nuestras traducciones obscurece el significado del texto. La palabra griega es límne. Aunque la palabra a veces se refiere a un lago, a menudo significa “un estanque” o “un charco.” La Concordancia Strong’s la define: “lago, estanque (grande o pequeño).” La misma palabra, que aparece en el Nuevo Testamento refiriéndose a algo tan grande como el Lago de Genesaret en Galileo, también puede ser utilizado para referirse a un estanque o un charco. En ciertos contextos, según Liddel, Scott, Jones, Greek-English Lexicon, límne hasta se puede referir al recipiente que contiene el estanque. [4] En el contexto del fuego y azufre de un fundidor el “estanque” sería el estanque de metal precioso derretido y el “recipiente” sería el crisol del fundidor.
El Humo de su Tormento
“él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado (basanízo) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento (basanismós) sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.” (Apo 14:10-11)
Otro detalle acerca del lago de fuego que deja aún más claro que se está refiriendo al crisol de Refinador – intencionado para purificar a los que son lanzados en él, tiene que ver con el significado de la palabra traducida “atormentado.” La palabra griega es basanízo, que literalmente significa “probar con una piedra de toque.” Las piedras de toque fueron de basalto y eran utilizadas para probar la pureza del oro. Al frotar el oro en la piedra de toque dejaría un pequeño depósito en la piedra, permitiendo que el fundidor experimentado determinara la pureza por el tono del color de la marca. Hoy en día, a veces, concentraciones de ácido son aplicadas para determinar el grado de pureza con más exactitud.
“NT:931 básanos, basanízo, basanimós, basanistés
El básinos originalmente hace referencia a la professión de inspector de monedas. Es de la raíz hebrea (probar) y el bhn egipcio (“basalto”)…. El uso de la piedra de toque para probar oro y plata como medio de intercambio con la piedra de toque, fue desarrollado primero por los babilonios y después pasó a los armenianos y hebreos a través de Lida…
En la esfera espiritual tiene un sentido figurativo, que es muy relacionado al significado original y concreto de un medio de probación. Después, la palabra experimenta un cambio de sentido. El sentido original queda en el trasfondo. Ahora basinos viene a denotar “tortura” o “el potro,” especialmente en referencia a esclavos…. En la prueba de metales el significado esencial es de poner a prueba para determinar genuinidad. El potro es un medio para revelar el verdadero estato del asunto. En su sentido verdadero significa probación y aprobación, aunque también puede incluir castigo.” [5]
Como vemos, la palabra basanízo eventualmente fue aplicada a la idea de sacar la verdad de una persona y poco a poco el significado dejereró, llegando a ser nada más que una tortura hecha por hombres perversos. Sin embargo, contrario a lo que incinúa Kittel, creo que en el contexto de estos pasajes llenos de términos del fuego purificador, basanízo no se refiere a tortura sino que retiene su significado que tiene para un refinador, que es probar para determinar el grado de pureza en los que han sido sujetados al fuego consumidor del Refinador.
Esto explica lo que significa cuando dice que serán “probados con la piedra de toque” (no atormentados) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Cristo y los ángeles no serán meros espectadores como los de la Arena Romana sino que siempre estarán presentes – pendientes del proceso de los que están en el proceso de ser refinados como oro. Tan pronto sean determinados puros, serán restaurados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida y les será concedida la entrada en la Nueva Jerusalén. (Apo 22:14) Como vimos anteriormente, “día y noche” y “por los siglos de los siglos” no hacen referencia a la eternidad sino a un período de tiempo indefinido en las épocas de las épocas. Que no esté hablando de la eternidad es evidente, dado que “día y noche” son medidas del tiempo que comenzaron con la creación. En la eternidad - fuera de la creación temporal, el tiempo con sus medidas de día y noche no existen. No hay día y noche en la eternidad.
Salados en Fuego
“Porque todos serán salados con fuego.” (Marcos 9:49 NBLH)
Este versículo ha sido muy ambiguo para la mayoría. Hasta parece que los escribas de la antiquedad, que copiaban los textos griegos del Nuevo Testamento, tuvieron dificultad para entenderlo. Los manuscritos bizantinos incorporaron en el texto lo que aparentemente comenzó como una anotación explanatoria, haciendo que el pasaje diga: “Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.” Sin embargo, la mayoría de los eruditos modernos consideran que los manuscritos con la lectura más corta y antigua es original y la frase adicional fue injertada después. Hay unas 15 interpretaciones distintas para este texto y la mitad de los comentarios que consulté se abstuvieron de comentarios sobre el versículo por completo.
Mientras que creía que el versículo hacía referencia al proceso de la purificación por la que todos tenemos que pasar sin excepción, ahora o más adelante, para llegar a ser puros de corazón y ver al Señor, no entendí por qué Jesús hizo una conexión entre el fuego y la sal hasta que comencé a investigar sobre el uso de fuego con azufre para refinar oro para confirmar lo que Michael Webber había compartido en su blog. Hice un descubrimiento asombroso que dio claridad y sentido a las palabras de Jesús.
El azufre es eficaz en remover la mayoría de los metales e impurezas del oro, pero no es tan efectivo para separar la plata del oro. Mucho antes del tiempo de Cristo, los de la antigüedad descubrieron que la sal era más eficaz que el azufre para separar la plata del oro. Esto se llama “parting” en inglés. La Enciclopedia Britannica dice: “Para el año 2000 a.C. el proceso de purificar aleaciones de oro-plata con la sal para remover la plata fue implementado.” [6] Cuando el oro con mixtura de plata es calentado con la sal, la plata reacciona con la sal, formando cloruro de plata que puede ser removido fácilmente, solo dejando el oro puro. [7]
Esto ilustra que Dios está determinado a continuar purificándonos hasta que salgamos como oro puro. La plata es considerada como un metal semi-precioso pero Dios no se conforma con dejarnos como una mixtura de precioso y semi-precioso. No es suficiente remover la escoria de la carne pecaminosa de nuestros corazones. Aún nuestras “buenas” pero independientes obras – como la plata, tienen que ser purgadas de nuestra vida hasta que todas nuestras obras sean hechas en Dios y pasemos de nuestra vida de independencia a la unión perfecta con Él.
El sustantivo griego “fuego” es en la forma dativo y podría ser traducido como instrumental – “con fuego” o locativo, indicando ubicación – “en fuego.” Yo nunca podía entender cómo podríamos ser salados con fuego. Sin embargo ahora, entendiendo que el contexto está hablando del “parting” de oro o la separación de la plata del oro utilizando la sal, llega a ser evidente que la lectura correcta es: “Porque todos serán salados en fuego.”
“Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía…. 43 Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45 Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47 Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49 Porque todos serán salados con (en) fuego.” (Marcos 9:31,43-49 NBLH)
En el versículo 31 vemos que Jesús estaba dirigiendo las palabras principalmente a los discípulos. Después de advertirles de la realidad del fuego post mortem, Él les explicó que todos tendrán que pasar por el procesamiento de sal en fuego que separa el oro aún de la plata semi-preciosa. Si no nos sometemos al fuego del Refinador en esta vida, siendo purificados de toda contaminación de carne y espíritu ahora - perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2Cor 7:1), entonces seremos dañados por la segunda muerte, recibiendo nuestra parte en el fuego de Gehena que es el lago purificador de fuego y azufre. (Apo 2:11; 21:8)
Dios no va a aniquilar a Sus enemigos en un incinerador. Tampoco creó una cámara de tortura eterna cuando creó los cielos y la tierra y todo que en ellos hay en aquellos primeros seis días. ¡No! Su fuego es como fuego de fundidor y Él ha declarado que Su plan para las épocas culminará en la restauración de todos cuando Él sea todo en todos en la eternidad:
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados…. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor 15:22,28) [8]
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y PARA (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36) [8]
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti TUS ENEMIGOS. 4 TODA la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3,4)
“Mirad a mí, y sed salvos, TODOS los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: QUE A MÍ SE DOBLARÁ TODA RODILLA, Y JURARÁ TODA LENGUA. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; A ÉL VENDRÁN, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
No es posible presentar a plenitud todo lo que las Escrituras tienen que decir sobre el glorioso tema de la restauración final de toda la creación en estas pocas páginas. Para una examinación más a fondo de esta doctrina bíblica, recomiendo mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.” [9]
[2] http://thetotalvictoryofchrist.com/whatisthelakeoffire.pdf
[3] Two concise and helpful sites were: https://www.911metallurgist.com/blog/sulphur-refining-gold
https://www.911metallurgist.com/blog/gold-refining-methods#goldrefining-by-sulphurisation
[4] Liddell, Scott, Jones - A Greek-English Lexicon: limne.
[5 Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament (10 vol.)
[6] Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite, version: 2012.00.00.000000000: Gold Processing,
History
[7] https://en.wikipedia.org/wiki/Gold_parting
[8] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
[9] https://www.amazon.com/George-Hurd/e/B071YDGBQ9/ref=sr_ntt_srch_lnk_1?qid=1507842693&sr=1-1
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por George Sidney Hurd
Muchos hoy en día están entrando en una nueva y fresca revelación de la gracia de Dios que está introduciéndoles a un nivel de intimidad y transformación que antes no parecía posible ni en sus mejores sueños. Indescriptible ha sido su gozo al descubrir que el camino estrecho y angosto no ha sido poco transitado por ser tan arduo que solo los más fuertes pueden transitarlo, como algunas traducciones de la Biblia y pinturas lo han presentado. [i] Al contrario, el camino angosto es menos transitado simplemente porque los autosuficientes —sin reconocer su necesidad de la gracia de Dios en Jesucristo— lo pasan por alto.
Lejos de ser un camino difícil, arduo y traicionero que solo podemos caminar con mucha autodeterminación y esfuerzos, es un caminar en la gracia: un reposo que Jesús nos invita a caminar junto a Él (Mt 11:28-30; Heb 4:1-9). Los que no lo encuentran, no lo encuentran simplemente porque sus ilusiones de autosuficiencia les ciegan los ojos de tal manera que no reconocen su presencia aun estando parados frente a él.
Pedro, en su sermón en el Pórtico de Salomón, indicó que tiempos de refrigerio prepararía el camino del retorno del Señor, y que Su venida comenzaría los tiempos de la restauración de todas las cosas —algo que había sido profetizado desde el principio (Hechos 3:19-22).
Para mí es significativo que “tiempos” aparece en el plural. Nuestra generación ha visto tiempos de refrigerio significativos y cada uno ha servido para restaurar verdades esenciales a la Iglesia en preparación de Su venida.
Muchas personas de mi generación, incluyéndome a mí mismo, fuimos salvos en el avivamiento conocido como el Avivamiento de Jesús a finales de los años ´60 y ´70. Jesús era el enfoque principal de ese avivamiento. La verdad esencial de la realidad de Cristo en nosotros y la vida intercambiada fue revelada y restaurada a la Iglesia. En aquel tiempo de decaimiento moral y cultural, muchos de nosotros fuimos milagrosamente liberados de una vida de inmoralidad y drogadicción por la presencia de Cristo en nosotros. Éramos muy conscientes de Su gloriosa presencia transformadora dentro de nosotros.
El próximo tiempo de refrigerio fue el avivamiento del Espíritu Santo de los años ‘80 y ‘90. Los dones, la unción y comunión del Espíritu Santo fueron restaurados a la Iglesia en ese avivamiento. A mediados de los años ‘90 vino otro tiempo glorioso de refrigerio. En aquel tiempo, conocido como la generación sin padres, el corazón del Padre del amor fue revelado a una generación que solo conocía al dios lejano, caprichoso y vengativo de la Iglesia tradicional.
Este nuevo tiempo en el que estamos entrando está llegando a ser reconocido como la Revolución de la Gracia, y podría ser el último tiempo de los tiempos de refrigerio —la culminación de todos los anteriores—. Podría traernos a la cosecha más grande de la historia de la Iglesia y a la Segunda Venida de Cristo. Lo veo como potencialmente culminando todos los tiempos anteriores: la gracia sobreabundante de Dios sobre la Iglesia, llevando a la perfección la revelación del conocimiento de la gracia del Señor Jesucristo, del amor del Padre y de la comunión del Espíritu Santo, en un glorioso tiempo de refrigerio espiritual (2 Cor 13:14).
Algunos, viendo el avance de las tinieblas en el mundo y sintiendo que los juicios apocalípticos son inminentes, solo están buscando un escape. Sin embargo, los tiempos más oscuros de la historia han visto las visitaciones mayores de la gloria de Dios. Y la hora final y más oscura de esta época verá la mayor manifestación de Su gloria que el hombre jamás ha conocido.
Dios, en Sus juicios, se acuerda de la misericordia, y los juicios finales de Apocalipsis no son una excepción. Juan en una visión vio una multitud innumerable que saldrá de la Gran Tribulación, habiendo lavado sus ropas en la sangre del Cordero (Apo 7:14). Los tiempos de la mayor gloria de esta época están todavía por venir. Cuando el enemigo venga como río, el Señor levantará bandera contra él (Isa 59:19). La hora más oscura es justo antes del amanecer, y el Señor ha prometido que las puertas del Hades no prevalecerán contra Su Iglesia (Mt 16:18).
En la hora más oscura, multitudes llegarán al fin de su autosuficiencia estando en gran tribulación, solo para descubrir la gracia sobreabundante de Dios en Jesucristo. Entrarán al reino a través de la fe en Jesús, quien es la puerta estrecha que nos introduce al caminar angosto de la gracia, donde ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros y nos lleva a la plenitud de vida, dándonos gracia sobre gracia. Nos llevará de gloria en gloria, de fe en fe, y de poder en poder (Jn 1:16; Rom 1:17; 2 Cor 3:18; Sal 84:7).
El camino estrecho y angosto es Jesús mismo. Él es tanto la Puerta como el Camino angosto. No es un camino difícil porque ya no somos nosotros los que vivimos, sino Jesús quien vive en nosotros. Nosotros simplemente vivimos con la fe de Él, dejando que Él haga sus obras a través de nosotros, las obras que Dios preparó para que anduviéramos en ellas desde antes de la fundación del mundo (Gál 2:20; Ef 2:10; Heb 4:3-11).
Mientras que el camino estrecho y angosto es un caminar en la gracia, es, sin embargo, un camino estrecho. La única manera en que podemos continuar sobre él sin tropezar o desviarnos es mantener los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la Fe (Heb 12:2). Necesitamos considerar que hemos sido, de hecho, crucificados juntamente con Cristo a nuestra vieja vida en Adán y, por fe, vernos como la nueva creación que somos en Cristo. Necesitamos entender y considerar como una realidad que la vida que ahora vivimos ya no somos nosotros, sino Cristo viviendo en y a través de nosotros.
Mientras caminamos por el camino angosto de la vida de Cristo, somos tentados a dejar la senda de la vida y, en nuestra independencia, seguir las ramas que aparecen a la derecha y a la izquierda. Siempre que quitamos los ojos de Jesús, dejamos de ser Cristoconscientes y nos volvemos autoconscientes, e inevitablemente nos apartamos del camino estrecho y angosto.
Las ramas que salen al derecho y a la izquierda pueden ser comparadas al árbol del conocimiento del bien y del mal. En su estado original de Dios-consciencia, Adán y Eva vivieron en Dios, libres de toda autoconsciencia. No fue hasta que la serpiente convenció a Eva de que necesitaba algo que no podía encontrar en Dios para completarla que comió del árbol. Y, ¿por qué comió del árbol? ¿Fue rebeldía intencional contra Dios? No. Ella fue engañada y pensaba que estaba incompleta y necesitaba comer del árbol para completarse y así ser más como Dios. No fue hasta que Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal que llegaron a estar autoconscientes. En este estado de independencia de Dios sintieron vergüenza por su desnudez. En vez de correr hacia Dios para que Él cubriera su desnudez, se escondieron de Él e intentaron cubrirse con hojas de higuera. Los hombres han estado haciendo lo mismo desde ese entonces.
Desde la caída, el hombre ha intentado encontrar un sentido de autocumplimiento: algunos a través del fruto de las ramas “buenas”, buscando automejoramiento y justicia por medio de las “buenas” obras de la carne, mientras que otros participan del fruto de las ramas malas, buscando cumplimiento a través de la autogratificación de la carne. Los religiosos con su justicia propia menosprecian a los que comen del otro lado del árbol, considerándose mejores a los ojos de Dios que otros “viles pecadores”. Pero toda la actividad de la carne, sea “buena” o mala, se origina en uno mismo, independientemente de Dios, y por ese motivo, es inaceptable delante de Él.
El término “carne” en la Biblia, cuando no está hablando de la carne literal como la que se encuentra en una carnicería, está hablando de la vida del independiente YO que heredamos de Adán. Aunque la vieja carne adámica fue crucificada con Cristo y ahora somos nuevas criaturas en Cristo, recibiendo una nueva naturaleza, todavía llevamos en nuestros cuerpos mortales los residuos de deseos y tendencias de la vieja vida carnal del YO. Mientras estemos en estos cuerpos, los deseos de la carne estarán en conflicto con los deseos del Espíritu (Gál 5:17). Por lo tanto, a nosotros nos corresponde continuamente, por fe, considerarnos, de hecho, muertos a la carne pecaminosa pero vivos para con Dios en Cristo Jesús (Rom 6:11).
En ambos lados del camino angosto de la gracia, hay ramas que nos alejan de la vida centrada en Cristo y nos llevan de vuelta a la vida carnal del YO independiente de Dios. Por el lado derecho, somos atraídos a los esfuerzos propios de producir “buenas” obras independientemente de nuestra unión con Cristo. A la izquierda, somos seducidos a buscar auto-gratificación independiente de Cristo. Si quitamos nuestros ojos de Jesús —el autor y consumador de la fe— para mirar adentro, siempre saldremos del angosto camino de la gracia.
Si miramos hacia la izquierda y tememos ir en esa dirección, inevitablemente tomamos un desvío a la derecha, hacia las fuerzas propias (las de la carne), por medio de esfuerzos de resolución para guardar una ley externa. Esto hace que caigamos de la gracia y libremos una lucha carnal de subyugar la carne (carne luchando contra carne). Esto es engañoso porque parece ser la respuesta correcta a nuestra lógica caída, pero, como Pablo dice, esta no tiene valor alguno contra los apetitos de la carne (Col 2:23).
Tarde o temprano —sin importar qué tan fuerte sea la voluntad de uno, con el tiempo— se pasará al otro lado y se tomará del fruto de la izquierda en auto-gratificación carnal. Esto inevitablemente produce sentimientos de culpa y auto-condenación.
Nuestro instinto natural es cruzar otra vez al lado derecho, rededicándonos en culto voluntario y lleno de determinación a hacerlo mejor que las veces anteriores. Cuanto más tiempo logramos abstenernos del fruto de las ramas malas para tomar de las ramas “buenas”, mayores son la autoconfianza y el orgullo que sentimos. Pero, inevitablemente, nuestro esfuerzo de voluntad se agota y, en un momento vulnerable, cruzamos otra vez a una rama mala y tomamos de su fruto. Cuanto más determinados seamos a “hacer lo bueno”, tanto más devastados nos sentiremos cuando volvamos a participar del fruto malo.
Muchos de los que entran por la puerta estrecha—por la gracia por medio de la fe en el Señor Jesucristo— solo se gozan del caminar en la gracia por un tiempo breve. Nacemos de nuevo a una vida nueva en la cual ya no somos nosotros quienes vivimos, sino Cristo quien vive en y a través de nosotros. Pero los recién nacidos no nacen caminando. Pablo dijo que necesitamos aprender a caminar en el camino de la gracia de la misma manera que entramos: por la gracia por medio de la fe. Él dice:
“Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. (Col 2:6,7)
¿Qué es lo que debemos hacer cuando tropezamos y caemos en el caminar de la gracia? La tendencia humana es tomar un desvío rápido del caminar de la gracia a una rama a la derecha del camino y escondernos en los arbustos hasta que podamos preparar unas “hojas de higuera” para cubrir nuestra vergüenza; y solo cuando pensamos que hemos comido suficiente fruto de la rama “buena” para satisfacer nuestra consciencia, nos sentimos lo suficientemente dignos para volver al camino bien alumbrado de la luz. Este es el gran error que hemos cometido con mucha frecuencia. El apóstol Juan dice que, mientras caminamos en la luz del caminar de la gracia, en comunión con Él, la sangre de Jesús “continuamente nos limpia (gr. presente continuo de katarizo) de todo pecado” (1 Jn 1:7).
Aun cuando dejamos la senda para satisfacer la carne —o sea, al lado derecho o al lado izquierdo—, la comunión es restaurada inmediatamente cuando simplemente confesamos o nos ponemos de acuerdo con Dios en cuanto a ese pecado. La confesión es simplemente “decir la misma cosa” o ponerse de acuerdo con lo que dice Dios acerca de nuestro pecado. Cuando nos negamos a reconocer el pecado como pecado en nuestras vidas —sean pecados de autojusticia o de autogratificación—, dejamos la senda de la luz y la comunión con el Padre se interrumpe.
Quedar estancado en el remordimiento y la autoflagelación, en un intento de propiciar tus fracasos, solo prolonga tu desvío del camino de la gracia. Tu Padre dice que tus pecados ya han sido lanzados tan lejos como el oriente lo está del occidente, y que ahora no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús (Sal 103:12; Rom 8:1).
Pablo dice que necesitamos andar en Cristo de la misma manera que lo recibimos: por fe, abundando en acciones de gracias. Cuando entras en acuerdo con el Padre acerca de tu posición delante de Él en Cristo, estarás abundando en acciones de gracias por Su aceptación de ti en Cristo, sin condiciones, por la gracia, en vez de dejar la senda de la luz cada vez que fallas para esconderte en los arbustos en remordimiento y autodesprecio, pensando que tu contrición de alguna manera propicia tus pecados. El sacrificio de Cristo de una vez para siempre es la propiciación por todos tus pecados y mucho, mucho más (1 Jn 2:2).
Pablo continúa en el versículo ocho de Colosenses dos diciendo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. (Col 2:8-10)
El problema con la filosofía, sea la filosofía moralista o hedonista, es que tiene su base en el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal y, por ese motivo, la prédica de la cruz les parece locura. La meta de la filosofía es la auto-realización y la auto-gratificación, y no es según la verdad de que ya somos completos en Cristo. Los cristianos en Galacia habían sido embrujados, haciéndoles pensar que, aunque la justificación es por la gracia, su santificación a la imagen de Cristo era obra de la carne. Él les dijo:
“¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó (hechizó) para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” (Gál 3:1-3)
Dondequiera que iba Pablo predicando el puro evangelio de la gracia a través de Jesucristo, lo seguía un grupo de judaizantes. Los judaizantes eran judíos que probablemente habían entrado por la puerta estrecha, que es Cristo; sin embargo, insistieron en que era necesario guardar la Ley de Moisés para ser finalmente salvos. No negaron del todo la gracia en la vida del cristiano.
Sin embargo, para ellos la gracia no era el favor inmerecido y gratuito que predicaba Pablo. Para ellos, la gracia simplemente nos empodera o asiste en producir las obras necesarias para ser salvos. Para Pablo, su enseñanza consistía en que uno es perfeccionado por la carne en vez del Espíritu de la gracia. Él dejó en claro que la gracia es un favor gratuito y el antónimo de las obras:
“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley… Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”. (Rom 3:28, 4:4,5)
¿Puedes ver lo que Pablo está diciendo? La gracia es el don del favor inmerecido de Dios. Si la salvación no es enteramente aparte de las obras, entonces Dios nos debe algo y ya no es por gracia. Si un ser amado fuera a darte un regalo precioso desde la bondad de su corazón e insistieras en pagarle al menos el diez por ciento de su valor, ¿no sería tomado como un insulto contra la gracia mostrada al dar el regalo? Aun si fuéramos a decir que la gracia nos fue dada simplemente para asistirnos mientras trabajamos, ya no sería un regalo gratuito de gracia, y Dios quedaría debiéndonos.
Para ilustrarlo, supongamos que necesito a alguien para cortar mi césped. Viendo pasar a un joven por el andén, le ofrecemos el trabajo. Él responde: “Con mucho gusto lo haría, pero no tengo cortacésped”. Yo respondo: “No hay problema. Yo tengo la máquina. Solo tienes que sentarte y manejarla”. El joven acepta mi oferta y, al final del día, él termina de cortar mi césped. Cuando se acerca a mí, le digo: “Bien hecho. Nos veremos la próxima vez”.
¿Qué es lo que falta en este cuadro? Él estaba contratado por mí para hacer el trabajo. Aunque lo hacía con la ayuda de mi cortacésped, justamente anticipaba un pago a cambio de su labor. Pablo dice que si uno trabaja para algo, entonces un pago es anticipado a cambio. La gracia es, por definición, “bondad y favor inmerecido” y no meramente capacitación divina. Pablo lo hace aún más claro en el capítulo once de Romanos:
“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. (Rom 11:6)
Se puede ver que lo que Dios nos ha dado por Su gracia es más que una restauración del viejo; es una creación enteramente nueva. Es por eso que Pablo dijo: “Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gál 6:15). El camino angosto, que es nuestra nueva vida en Cristo, no se trata simplemente de comer de las ramas “buenas” en vez de las malas con la ayuda de Dios, sino que es una nueva creación que vivimos en Cristo. Las obras no son nuestras sino las Suyas en y a través de nosotros:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”. (Ef 2:8-10)
Las obras llevadas a cabo en nuestros cuerpos en el caminar de la gracia no son nuestras, sino que son Su hechura en nosotros. Mientras nosotros simplemente permanecemos en Cristo, descansando en rendición a Él, Él obra en nosotros dándonos el deseo y el poder para cumplir toda Su voluntad. Mientras dejamos que Él obre, nosotros llevamos fruto. En unión con Él ya no participamos del árbol viejo del conocimiento del bien y del mal, que solo nos dejaba cargados y agotados. Ahora participamos de Cristo —el Árbol de la Vida— y llevamos fruto para Dios.
Pedro dijo: “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” (2 Pedro 3:18). Contrario a lo que algunos maestros de la gracia afirman, no nacemos hijos maduros. (Este tema se trata en el capítulo 10 de mi libro Enfocando en los Eventos Finales). La Iglesia fue diseñada por Dios para proveer un ambiente donde Cristo es formado en nosotros a través de los ministerios combinados de enseñanza, apoyo mutuo, exhortación y orientación correctiva. Cuando le agradó a Dios revelar a Cristo en Pablo, la meta de Pablo ya no era producir Fariseos según su imagen. Su meta era ver el mismo Cristo que le fue revelado en él formado en otros también. Él dijo que sufría lo que solo podía describir como dolores de parto hasta ver a Cristo formado en los creyentes en Gálata (Gál 4:19).
Yo, entre otros más, creo que estamos entrando en un nuevo tiempo de refrigerio en que la Iglesia está recibiendo una nueva revelación del caminar en la gracia, donde ya no vivimos nosotros, sino que Cristo vive en nosotros. Como en otros tiempos de avivamiento en el pasado, el enemigo hará todo lo posible para desacreditar lo que Dios está haciendo.
Tenemos que estar prevenidos contra cualquier doctrina que diluya o adultere el puro evangelio de la gracia, que es nada menos que “Cristo en nosotros, la esperanza de gloria”. Cualquier evangelio que intente combinar obras con gracia, según Pablo, hace que uno caiga de la gracia (Gál 5:4).
La gracia más las obras ya no es gracia. Es otro evangelio que, en realidad, ya no son las buenas nuevas que predicaba Pablo. Es la levadura de los fariseos (Mt 16:6). Todo lo que no es enteramente cristocéntrico es autocéntrico y constituye comer del fruto “bueno” del viejo árbol prohibido.
Por el otro lado, también tenemos que estar prevenidos contra toda doctrina que invalide las muchas advertencias y admoniciones de las Escrituras. Juan —enfrentando el avance de una forma primitiva de libertinaje gnóstico que promovía el desenfreno de la carne bajo el disfraz de la gracia— dijo:
“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”. (2 Juan 9)
A. T. Robertson, un eminente experto del griego del Nuevo Testamento, dice sobre este versículo: “No la doctrina acerca de Cristo, pero… el caminar de Cristo… Estos gnósticos se creían ser los progresivos, los intelectuales avanzados, y estaban ansiosos por relegar a Cristo al pasado en su avance”. [ii] Estamos viviendo en un tiempo de desenfreno cuando muchos se han entregado a una vida de autogratificación, comiendo del fruto malo del árbol viejo. Buscando afirmación en su conducta licenciosa, buscan maestros que solo dicen lo que ellos quieren escuchar. Pablo nos advierte de esto diciendo:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”. (2 Tim 4:1-4)
Judas también advierte contra estos falsos maestros que trastornan la gracia de Dios de tal manera que es presentada por ellos como si afirmara un estilo de vida inmoral:
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo”. (Judas 4)
Estos maestros modernos de la “gracia” presentan a Dios como si fuera un Padre siempre con una sonrisa alegre, sin importar en qué están metidos sus hijos. Su aplicación selectiva de las Escrituras evita todas las advertencias y declaraciones de los juicios de Dios contra Sus hijos que persisten en el pecado sin arrepentimiento. Muchos de ellos convenientemente relegan todas las advertencias dadas por Jesús y las epístolas acerca de los últimos tiempos, junto con todos los juicios mencionados en el libro de Apocalipsis, al primer siglo antes de 70 d.C. Otros simplemente ignoran todas las advertencias del Nuevo Testamento por completo. La gracia de Dios no debe ser malinterpretada como Su afirmación de un estilo de vida inmoral. Al contrario, Pablo dice:
“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie”. (Tito 2:11-15)
Necesitamos toda Palabra de Dios. Algunos maestros de la “gracia” muestran un desprecio por la Palabra escrita, diciendo que solo siguen a la Palabra Encarnada de Dios, que es Cristo. Sin embargo, Jesús, el Logos mismo, continuamente afirmaba la autoridad absoluta de las Escrituras o la Palabra escrita. Pablo, el mismo apóstol de la gracia, dijo:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. (2 Tim 3:16-17)
Algunos maestros de la gracia presentan toda reprensión o corrección, es decir, todo juicio y disciplina, como contrarios a la gracia. Todos fallamos muchas veces a medida que crecemos en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Las amonestaciones del Nuevo Testamento son una parte integral del Nuevo Pacto de la gracia. Son necesarias para corregir nuestro enfoque cuando quitamos nuestros ojos de Cristo y nos desviamos del camino estrecho de la gracia.
El escritor de Hebreos dice que Dios reprende y disciplina a los que ama (Heb 12:5-6). Nos reprende para mantenernos en Su caminar de la gracia, restaurándonos cuando caemos de la gracia, o usando Su cayado para traernos de vuelta al redil cuando nos extraviamos, saliendo del camino angosto de la gracia. Casi todas las epístolas fueron escritas para traer corrección cuando comenzamos a enfocarnos en nosotros mismos, quitando la vista de Cristo y desviándonos hacia la Ley del Antiguo Pacto y los esfuerzos carnales del legalismo, o extraviándonos a la izquierda en el desenfreno de la autogratificación.
Aunque puedo aparentar ser demasiado crítico con algunos excesos observados entre maestros de la gracia, también quiero honrar a quienes lideran este avivamiento. Cuando Dios comienza algo nuevo, busca instrumentos dispuestos al cambio. A menudo, los nuevos tiempos son resistidos por líderes anteriores. Levantamos tabernáculos y permanecemos plantados cuando la nube de la Shekiná se mueve. Dios entonces busca un “odre nuevo” —alguien enseñable y dispuesto a innovar—. Al restaurar verdades, surgen extremos iniciales —incluso entre líderes prominentes—. Sin embargo, Dios tiene el control y equilibra cada revelación a su debido tiempo.
Así que mantengamos los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de la fe, y gocémonos en este glorioso caminar de la gracia mientras Él nos guía en plenitud de vida, dándonos gracia sobre gracia, llevándonos de gloria en gloria, de fe a fe y de poder en poder.
Para un tratamiento más completo del caminar en gracia, recomiendo mi libro titulado La verdadera gracia de Dios.
[i] Una de las traducciones que más distorsionan el texto en español es Dios Llega al Hombre. Dice: “Pero la puerta y el camino que llevan a la vida son angostos y difíciles y pocos los encuentran”. (Mt 7:14) Esta paráfrasis del Nuevo Testamento traduce la palabra griega thlibo, que literalmente significa “estrecho” por la palabra “difícil,” dando de entender que es como un concurso de obstáculos requiriendo mucho esfuerzo y habilidad humana.
[ii] Robertson's Word Pictures in the New Testament
For a fuller treatment of the grace-walk I recommend my book entitled “The True Grace of God.”
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?Una Reflexin sobre el Dogma Catlico Romano del Purgatorio
Habiendo sido criado en un hogar protestante y en una nación predominantemente protestante, no puse mucha importancia en la doctrina del purgatorio. Sin embargo, después de años ministrando en una cultura predominantemente latinoamericana, llegó a ser evidente que las imagines mentales y conceptos Católico-Romanos de Dios y la espiritualidad siguen ejerciendo una influencia en las mentes y emociones aún después de pasar años como Cristianos Evangélicos.
Cuando escribí el libro, “Triunfo de la Misericordia,” exponiendo lo que considero como la doctrina bíblica de la restauración final de todos y la naturaleza correctiva y temporal del hades y el lago de fuego, no incluí una discusión del tema del purgatorio, no considerándolo necesario. Sin embargo, muchas personas con raíces católicas han expresado su dificultad para distinguir entre la doctrina bíblica de los castigos correccionales después de la muerte en el hades enseñado por los Universalistas Evangélicos y el dogma Católico-Romano del purgatorio. ¿Cuál ha sido realmente la enseñanza Católica históricamente acerca del purgatorio, y en qué sentido es éste distinto al hades presentado por los Universalistas Evangélicos?
Al examinar este tema, debemos estar humildemente conscientes de los límites de nuestra capacidad de comprender los caminos del Señor. Aún Pablo, contemplando la infinita sabiduría de los juicios de Dios, exclamó: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” Algunos equivocadamente piensan que Pablo está diciendo aquí que los juicios son infinitamente más horrendos de lo que podemos comprender. Sin embargo, en el contexto de esta declaración de Pablo, vemos que es la misericordia y sabiduría en sus juicios que transcienden nuestra comprensión, poniendo a todos bajo desobediencia, solo para tener después misericordia de todos, uniendo a todos en Él en la consumación (Rom 11:33-36). Debido a que Sus juicios son inescrutables, debemos evitar ser excesivamente dogmáticos acerca de todos los detalles de los juicios de Dios después de la muerte. Mucha confusión ha resultado de las especulaciones acerca de detalles de los juicios de Dios que Él no nos ha revelado. Sin embargo, podemos estar confiados en que sus juicios son buenos y sabios, más allá de nuestra capacidad de comprender, y culminarán en la alabanza de la gloria de Su gracia.
La primera y más obvia diferencia entre el purgatorio y el castigo correccional presentado por los Universalistas Evangélicos es que los Católicos Romanos enseñan que el purgatorio es exclusivamente para la purificación de los elegidos – un lugar transicional donde los que no cometieron pecados eternos y fielmente evitaron y confesaron pecados mortales son purgados de todas fallas y pecados veniales (perdonables) en preparación para ir al cielo. El resto de la humanidad es condenada a un infierno eterno donde será sujetada a la ira implacable y eterna de Dios.
En cambio, la mayoría de los Cristianos Evangélicos no ven justificación en las Escrituras para la creencia en un lugar transicional llamado purgatorio, a través del cual los cristianos tienen que pasar antes de ser recibidos en la presencia del Señor. Pablo, hablando a creyentes, dijo que estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor (2 Cor 5:6-8). Aunque Jesús advierte que es posible que un siervo infiel sea excluido del reino, Él dice que recibirá su porción con los incrédulos – i.e. en el infierno o Gehena (Lc 12:46). No hay mención en todas las Escrituras de un estado o una región llamada purgatorio, donde los elegidos son purgados de los residuos del pecado.
La doctrina del purgatorio está supuestamente basada sobre una tradición judeo/cristiana. Para mostrar que el purgatorio tiene raíces en la historia de los judíos, hacen referencia a la creencia de los judíos, que han sostenido desde los tiempos inter-testamentarios (desde el siglo V a.C.). Un escritor católico, en defensa del purgatorio, dice lo siguiente acerca de la creencia de los judíos en la Gehena:
“En la fe judía no hay ‘una doctrina oficial’ acerca de lo que pasa en el más allá. Así que no hay una definición desarrollada de un cielo o un infierno. Sin embargo, hay enseñanzas judías acerca de un lugar como un cielo donde los justos van al morir. También hay una creencia desde la antigüedad acerca de un lugar de purgación que fue nombrado Gehena. Es un lugar ‘transicional’ de almas donde son purificadas de su maldad. Como era su creencia que la mayoría de las almas van a Gehena, ofrecen oraciones por ellos. La Oración de Lamentos o Kaddish es algo que hacen hasta el día de hoy y después de doce meces aquí en la tierra el alma es liberada.” (énfasis agregado) [1]
Aquí, en apoyo de su doctrina del purgatorio para los elegidos que mueren en un estado de gracia, los católicos argumentan que los rabinos judíos hablaban de Gehena como un lugar de purgación. Pero lo que ellos evitan mencionar es que, para los judíos de ese tiempo, Gehena fue un lugar donde iban los impíos para ser purificados antes de entrar en el cielo – no los justos. Muchos de los rabinos judíos, a excepción de la secta de los Fariseos, no creían en un infierno eterno. Basados en numerosos textos del Antiguo Testamento, ellos enseñaron la restauración final de todos (Sal 66:3-4; 72:11; 86:9;138:4;145:8-10; Isa 25:6-8; 45:22-24, etc.). [2] Es imposible tomar en serio estas y muchas declaraciones más en las Escrituras que hablan de la restauración universal de todos y a la vez creer que el infierno es eterno. Y por ese motivo (entre otros), los judíos, como también los Universalistas Evangélicos, no toman el infierno como eterno y sin un fin restaurativo.
Los católicos también recurren al testimonio de los Padres de la Iglesia Primitiva. Pero la mayoría de los Padres de la Iglesia Primitiva, al igual que los judíos, creían que el infierno es temporal y purgativo, terminando con la restauración final de todos. (Ver mi artículo, El Testimonio de Los Padres). Así que, cuando los Padres de la Iglesia Primitiva se referían al proceso de purificación después de la muerte como purgatorio, debemos tener presente que se están refiriendo a la purificación de los impíos y no de los fieles. Los siguientes ejemplos muestran como los católicos citan los escritos de los Padres de la Iglesia fuera de contexto para apoyar su dogma del purgatorio:
Clemente de Alejandría 150 d.C. a 215 d.C.
“El castigo es, en su operación, como medicina; ablanda el corazón duro, purga la escoria de la inmundicia, y desinfla el orgullo de los altivos; así restaurando a su sujeto a un estado sano y saludable.” [3]
Estas palabras, tomadas fuera del contexto, podrían aparentar apoyar el purgatorio del catolicismo. Sin embargo, Clemente era Universalista, como cualquier historiador afirmaría, y él está aquí haciendo referencia a los castigos purgativos de los impíos y no los elegidos, como podemos ver muy claramente en todos sus escritos:
“El Señor, dice Juan, es la propiciación, no por nuestros pecados solamente, sino también por todo el mundo. Así que Él, de hecho, salva a todos universalmente; pero a algunos como convertidos por castigos, y otros por sumisión voluntaria, así obteniendo el honor y la dignidad, que a Él toda rodilla se doblará, de las cosas en el cielo, y las cosas en la Tierra, y las cosas debajo de la Tierra, es decir ángeles y hombres y las almas que partieron de esta vida antes de Su venida a este mundo.” [4]
Aquí podemos ver que el castigo a que se refiere Clemente es solamente para los que se niegan a someterse al Señor en esta vida.
Orígenes 184 d.C. a 254 d.C.
“Él que desprecia la purificación de la Palabra de Dios, y la enseñanza del evangelio, solo está reservándose a sí mismo para las horrendas purificaciones penales después, para que el fuego del infierno le purgue en tormentos, los que ni la doctrina de los apóstoles, ni la prédica del evangelio ha purificado, conforme a lo que está escrito de ser 'purificado por fuego'. Pero, solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores.” [5]
Solo tomando una porción de este texto fuera de su contexto es posible dar la impresión de que Orígenes está hablando de un purgatorio distinto al infierno (Gehena). Él claramente dice que solamente los que desprecian los fuegos de prueba en esta vida tendrán que sufrir los fuegos purgativos del infierno. Él claramente está refiriéndose a los que no se arrepientan en esta vida y no a los elegidos. En otros lugares él deja aún más claro que creía en la salvación final de todos en la consumación de las épocas:
“Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera, y transformará cada alma a su propia perfección; en la cual cada uno escogerá lo que desea, y obtendrá lo que escoge. Porque, aunque en las enfermedades y heridas del cuerpo, hay unas que ninguna habilidad medicinal puede curar, sin embargo, mantenemos que, en la mente, no hay mal tan fuerte que no pueda ser vencido por la Suprema Palabra de Dios. Porque más poderosa que todos los males es la Palabra, y el poder restaurador que permanece en Él, y esta sanidad Él aplica, según la voluntad de Dios, a todo hombre. La consumación de todas las cosas es la destrucción del mal… ” [6]
Gregorio de Niza 330 d.C. a 394 d.C.
“Cuando la muerte se encuentra con la vida, y las tinieblas con la luz, y lo corruptible con lo incorruptible, lo que es inferior se desvanece y es reducido a la nada, y la cosa purgada es beneficiada, al igual que la escoria es purgada del oro por fuego.” [7]
Tomando todo junto, es muy obvio que el purgatorio al que se refiere Gregorio no es para los elegidos, sino para los que mueren en sus pecados. Él está refiriéndose a lo que ahora llamamos “el infierno” y no un purgatorio católico solo para los fieles. Lo que el cristianismo tradicional de hoy llama “infierno eterno” está muy lejos a las llamas purgativas y temporales de los Padres de la Iglesia Primitiva, preparadas para restaurar a los impíos en Gehena o el lago de fuego. Gregorio sigue, haciendo aún más claro que este purgatorio es para los impíos y que no existirá para siempre:
“Creo que el castigo será administrado en proporción a la corrupción de cada uno. Así que, para los más aferrados a la corrupción, será necesario que el tiempo de la purgación sea de larga duración para consumirla… Sin embargo, todo mal, al final, tendrá que ser quitado de todo, para que ya no exista más. Debido a que es la naturaleza del pecado que no puede existir sin motivo corrupto, por necesidad tiene que ser completamente disuelto, y enteramente destruido, para que nada puede permanecer como receptáculo de él, cuando todo motivo e influencia surgirá de Dios solamente.” [8]
“Cuando todo ser creado esté en armonía…y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor; cuando toda criatura habrá sido hecha un cuerpo…. Ahora el cuerpo de Cristo, como a menudo he dicho, es la humanidad entera. Y otra vez él (Pablo) escribe, ‘todos estarán sujetos a Cristo,’ y estarán sujetos por medio de un pleno conocimiento de Él, y por medio de una renovación…. Ahora, Dios será todo en todos, en el tiempo de la restitución.” [9] “Él que libera tanto al hombre, como también el mismo inventor del mal.” [10]
Así que, los fuegos purgativos del Gehena que presentaban los rabinos judíos y también los Padres de la Iglesia Primitiva, no fueron entendidos por ellos como fuegos literales en un lugar transicional donde van los elegidos antes de entrar al cielo, sino más bien eran descriptivos de lo que tendrán que sufrir los no arrepentidos.
Hay unas palabras de Jesús que los católicos utilizan para apoyar su dogma del purgatorio. Él dice: “De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante” (Matt 5:26). De esto argumentan que el castigo del purgatorio no es eterno. Sin embargo, una vez más vemos que Jesús no está hablando de un “purgatorio” sino “infierno de fuego” [Gehena pur] (5:22). En otra ocasión Él dijo que algunos siervos recibirán muchos azotes, mientras que otros solo recibirán pocos azotes (Lucas 12:47). Ambos de estos pasajes están de acuerdo con la doctrina del Universalismo enseñado por los Padres de la Iglesia Primitiva y muchos Evangélicos hasta el día de hoy, diciendo que todos los que no se encuentren escritos en el Libro de la Vida del Cordero serán excluidos de la presencia del Señor hasta el juicio. En el Juicio del Gran Trono Blanco, si sus nombres aún no se encuentran escritos en el Libro de la Vida, serán juzgados según sus obras y cada uno recibirá su parte en el lago de fuego – algunos recibiendo pocos azotes mientras que otros recibirán muchos azotes. Esto hace referencia a Gehena y el lago de fuego – no el purgatorio católico. A menos que doblen rodilla, confesando a Jesús como Señor en arrepentimiento y fe, de ninguna manera saldrán de Gehena hasta que hayan pagado el último cuadrante. Sin embargo, el Señor ha jurado que toda rodilla se doblará en sumisión a Él y cada lengua confesará que Él es Señor (Isa 45:23; Fil 2:10-11; 1Cor 15:22,28).
La práctica común entre los judíos y cristianos primitivos de orar y ofrecer sacrificios por los muertos también es presentada como evidencia del purgatorio. Argumentan que hubiera sido considerado inútil orar por los muertos si su estado eterno fuera fijo – o en el cielo, o en el infierno. Sin embargo, los judíos hasta el día de hoy ofrecen oraciones por los muertos – no porque crean en un purgatorio, sino porque creen que el infierno (Gehena) es temporal – solo durando lo necesario para la purificación de las almas. Muchos en la Iglesia Primitiva ofrecieron oraciones por los muertos por la misma razón. Aunque Pablo hace mención de la práctica de ser bautizados por los muertos (1Cor 15:29), él ni condena el rito, ni les encarga hacerlo. Ofrecieron oraciones por todos sus seres queridos y no solamente por los que murieron en Cristo. Así que su práctica de orar por los muertos confirma su creencia en la reconciliación universal de todos y no en un purgatorio solo para los fieles.
Sin embargo, hay un sentido en que todos creyentes tendremos que pasar por una purificación o un fuego que nos purga. Jesús dijo, hablando a Sus discípulos, que “todos serán salados en fuego” (Marcos 9:49). Así que, ni aún sus discípulos son exentos del fuego purificador. El Apóstol Pablo también habla de un fuego a través del cual aun los que estén en Cristo tienen que pasar:
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1Cor 3:11-15)
Pablo aquí dice que aun los que han edificado sus vidas sobre el fundamento que es Cristo tendrán que pasar por el fuego que dejará expuesto y consumirá todas las obras que son madera, heno, y hojarasca. Tome nota que no es el individuo en sí el que está siendo quemado, sino las obras vanas y muertas que no tienen valor eterno. El fuego no destruye al individuo. Lo que él sufre no es dolor físico sino pérdida. Él mismo será salvo, pero sus obras muertas no le seguirán en el reino.
En este sentido, y en este sentido solamente, podemos reconocer una forma de purgación. Basado en este pasaje, algunos Evangélicos notables, incluyendo el respetado C.S. Lewis, han sostenido la creencia en una forma de purgatorio. [11] Sin embargo, en ninguna de las Escrituras vemos que es mencionado como un lugar o una región de la manera que se podría decir acerca del cielo, Gehena o el lago de fuego, pero es el resultado de estar en la presencia de Aquel que es un Fuego Consumidor.
Entiendo la expresión “aquel día” como refiriéndose al momento en que estamos ausentes del cuerpo y presentes con el Señor – sea en la Segunda Venida o en el momento de la muerte. En un momento de tiempo toda nuestra vida será dejada desnuda – expuesta por la mirada penetrante de Aquel cuyos ojos son como llama de fuego. No es un juicio que determina justificación o condenación, porque eso ya fue resuelto al pie de la cruz. Creo que será una revelación dolorosa y vergonzosa, aún para los santos más devotos. Sin embargo, será momentánea y no duradera. Aún los más consagrados de los santos tienen algo de escoria en sus vidas que será expuesta y consumida por Aquel que es descrito en las Escrituras como “el fuego consumidor y las llamas eternas” (Isa 33:14). La reacción inicial de Isaías al ver al Señor fue exclamar: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Isa 6:5). El mismo clamor se ha oído en todos los avivamientos principales cuando la presencia del Señor deja expuesto el pecado y la carnalidad por lo que realmente es.
Este fuego purgativo, al que todos en Cristo estarán expuestos, no debe ser visto como tomando lugar durante un lapso del tiempo entre la muerte y el momento en que estaremos en la presencia del Señor, sino más bien la experiencia inicial de estar en su misma presencia. Ser ausente del cuerpo para el creyente es estar presente con el Señor. En su Segunda Venida los que están vivos no irán a un “purgatorio.” Serán arrebatados en las nubes para estar con el Señor (1Tes 4:15-17). Será más doloroso para algunos que para otros, mientras que el fuego consumidor de Su presencia quema la madera, heno y hojarasca en sus vidas, pero ocurrirá en un instante de tiempo. No será un juicio en que la justicia es ejecutada y la sentencia declarada. Eso ya fue hecho por nosotros en la persona del Señor Jesucristo cuando derramó su sangre por nosotros en la cruz. No hay ningún juicio penal y condenatorio esperando a los que se encuentran en Cristo en aquel día (Rom 8:1). Los que creen en Él no entrarán en juicio, sino que ya habrán pasado de la muerte a la vida (Jn 5:24).
En contraste a esto, el dogma histórico Católico Romano del purgatorio presenta a los elegidos como estando en un lugar a menudo descrito como tormentos en llamas literales. Según su doctrina, solo los elegidos, que se encuentran en un estado de gracia al morir, son admitidos al purgatorio. Los demás, que han cometido lo que ellos llaman pecados eternos o los que cometen pecados mortales sin confesarlos a un sacerdote, van directo a un infierno de fuego literal eterno sin posibilidad de escape.
El Papa Gregorio (590 d.C. – 604 d.C.), declaró que los católicos “expiarán sus faltas por medio de las llamas de purgatorio.” También describió las llamas como literales, diciendo: “El dolor es más intolerable de lo que uno puede sufrir en esta vida.” Siglos después, en 1431, en el Concilio de Florencia, el purgatorio fue declarado una doctrina infalible de la Iglesia. La Iglesia ha hecho muchas ganancias vendiendo indulgencias bajo la promesa de que las ofrendas dadas a la Iglesia por los seres queridos muertos aliviarían su sufrimiento y acortarían su estadía en el purgatorio. Estos abusos son los que llevó a Martín Lutero a clavar sus 95 Tesis a la puerta de la Iglesia de Todos los Santos en Wittenburgo en 1517, en protesta. Estas 95 Tesis son lo que realmente inició el Movimiento Protestante de la Reforma. La declaración en el Concilio de Florencia acerca del purgatorio y las indulgencias para los muertos fue reafirmada por la Iglesia en el Concilio de Trent en 1564, que fue organizado para resistir el movimiento de la Reforma.
Puede que algunos pregunten: “¿Qué diferencia hace realmente si uno cree en el purgatorio o no?” “¿Será que la doctrina realmente va en contra del evangelio de Jesucristo?” Tristemente sí lo hace. Esta doctrina tradicional católica históricamente ha enseñado que los pecados veniales y aún pecados mortales “perdonados” tienen que ser expiados en las llamas del purgatorio. [12] El Papa Gregorio el Grande dijo que en el purgatorio los elegidos “expiarán sus fallas en las llamas del purgatorio.” [13]
Al enseñar que los santos tienen que expiar o propiciar sus propios pecados en el purgatorio, niegan la suficiencia del sacrificio propiciatorio de Cristo en la Cruz en nuestro lugar. La paga del pecado es la muerte. Esa fue la sentencia declarada por Dios mismo desde el principio en Edén. La vida está en la sangre y sin el derramamiento de sangre no hay remisión del pecado (Heb 9:22). Ninguna cantidad de llamas, por tan intensas que sean, pueden anular la sentencia declarada por el pecado – que es la muerte. Ninguna indulgencia puede deshacer lo que ya está hecho. No hay esperanzas de resucitación para los que ya están espiritualmente muertos en Adán. Tenemos que venir a Cristo para recibir Su vida de resurrección – naciendo de nuevo en Su Nueva Creación (Ef 2:4-9).
El único sacrificio aceptable, capaz de redimirnos de la condenación que vino por la desobediencia de Adán, es el derramamiento de la sangre del Cordero de Dios, inmolado desde la fundación del mundo. Cuando Juan el Bautista vio a Jesús de lejos declaró: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2).
No hay otro camino al Padre, sino a través del sacrificio expiatorio de Cristo por nosotros. Ninguna cantidad de tiempo en un purgatorio puede dar vida a uno que nace muerto. Nosotros nacimos muertos en nuestros delitos y pecados, y ninguna cantidad de obras puede cambiar eso. Sin embargo, todos los que murieron en Adán serán vivificados en Cristo, el último Adán, pero cada uno en su debido orden (1Cor 15:22,23). Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Toda la creación fue reconciliada a Dios en Cristo (Col 1:15-20). Sin embargo, la única manera que uno puede experimentar la paz con Dios lograda por esa reconciliación es a través de la sangre de Su cruz (v.20; Rom 5:1-2).
Jesús vino para destruir todas las obras del diablo y librarnos del último enemigo, la muerte, que nos mantenía en esclavitud al temor. Si tú no tienes la plena seguridad de que la sangre de Cristo te limpia de todo pecado – si vives en una horrenda anticipación del purgatorio o del infierno, entonces pon tu mira en Dios. Él te mostrará la cruz donde Su Hijo Jesucristo voluntariamente ofreció Su Misma sangre para la remisión de todos tus pecados, para que puedas vivir en la gozosa anticipación de ser recibido a Su presencia en vez de vivir en la esclavitud del temor a la muerte todos los días de tu vida.
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Hebreos 2:14-15)
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Cor 15:55-57).
[1] https://catholicischristian.wordpress.com/2011/08/23/catholic-inventions-purgatorys-roots/
[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Gehenna
[3] Clemente de Alejandría, Paedagogus 1.8 as cited in Thayors Léxicon.
[4] Clemente de Alejandría, Comentary of 1 John Adumbrat. in Ep. I Johan., printed at the end of his Treatise, Quis dives salvetur, p.1009, Potter´s Edit.
[5] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.
[6] Origin, Contra Selsum 8.72.
[7] Hanson, J.W. Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First 500 Years (Kindle Locations 2837-2839).
[8] Hanson, J.W. (2014-09-16). Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First 500 Years (Kindle Location 2842-2847).
[9] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, (36)
[10] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, Cap. 26.
[11] Lewis, C.S. (Cllive Staples) (2002). Letters to Malcolm: Chiefly on Prayer. Houghton Mifflin Harcourt. p. 108.
[12] Oxford Dictionary of the Christian Church (Oxford University Press 2005 ISBN 978-0-19-280290-3), article Purgatory
[13] Ps. 3 poenit., n. 1, quoted in Catholic Encyclopedia: Purgatory
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Como algunos han aprendido por la amarga experiencia, un fundamento firme es un elemento esencial e indispensable para tener en cuenta cuando edificas cualquier estructura. Sea tu casa, tu familia, tu negocio, o lo más importante, tu fe – sin importar que tan sencilla o elaborada sea la estructura, la base tiene que ser sólida. Si la base es inestable, entonces todo lo que edificamos sobre ella es inestable e inseguro, y con el tiempo se desmoronará bajo nuestros pies. La pérdida de una casa podría ser devastadora, pero no sería nada en comparación a la ruina que inevitablemente resultará si nuestra fe no está fundada sobre un fundamento firme.
La gran tragedia de nuestra generación, aún dentro de muchas iglesias, es la falta de un fundamento sólido sobre el cual uno pueda edificar una fe firme y viva que pueda soportar las tormentas de la vida y no ser movida por tormentas de prueba o cualquier nueva doctrina novedosa que se nos presente. ¿Cuál sería el único fundamento firme sobre el cual podamos edificar una fe inconmovible en el paso del tiempo y las tormentas de la vida? La Palabra de Dios. Todo lo demás en la creación de Dios es inestable y sujeto a variación, pero la Palabra de Dios es un fundamento firme que permanece para siempre:
“Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; 25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:24-25)
La Palabra de Dios no es solamente perdurable, sino Pedro también dice que es una base firme sobre la cual podemos edificar nuestras vidas y fe:
“Tenemos también la palabra profética más segura (bebaios “segura, firme, estable), a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.” (2 Pedro 1:19)
La Palabra profética es la base sobre la cual debemos edificar nuestra fe. Y, ¿Qué es esta palabra Profética que habla Pedro? Las Escrituras. Él sigue explicando que las Escrituras no son simplemente las opiniones de los hombres que las escribieron (de interpretación privada). No fue el producto de la voluntad de hombres que decidieron escribir sus propios pensamientos y opiniones, sino que las Escrituras son el resultado de hombres de Dios escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo. Siendo la Palabra de Dios – inspirada por Él, Pablo pudo hacer la declaración enfática:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16-17)
Así que, podemos ver que la Iglesia Primitiva consideraba toda la Escritura inspirada por Dios – las mismas palabras de Dios comunicadas a la humanidad a través de Sus siervos entregados y rendidos a Él. Esta fe incuestionable en las Escrituras como la misma Palabra de Dios y la única autoridad absoluta para nuestra fe y conducta no se originó con los doce Apóstoles. Jesús les dio un ejemplo, refiriéndose a las Escrituras como la misma Palabra de Dios.
Jesús, cuando fue tentado por Satanás, lo resistió citando Deuteronomio 8:3 diciéndole al diablo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). En seguida Él venció cada tentación del diablo con la Escritura apropiada, diciendo en cada instancia: “Escrito está…” Si las Escrituras fueran simplemente palabras de hombres piadosos, o aún palabras de hombres que contienen verdades divinas, no hubieran tenido la autoridad suficiente para frenar en seco los avances del diablo.
La manera en que Jesús usaba la Palabra – resistiendo al diablo con “escrito está” explica porque Pablo se refiere a la Palabra de Dios como “la espada del Espíritu” (Ef 6:17). Hebreos 4:12 dice que la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos. No sería posible decir esto si fueran meramente palabras de hombres santos mezcladas con pensamientos divinos, como muchos afirman hoy en día.
Como niño peleaba con espadas con mis compañeros. Sin embargo, no usábamos espadas afiladas y mucho menos de doble filo. Las llamábamos espadas, pero sabíamos que no servirían contra un verdadero enemigo porque eran espadas de caucho. Si las Escrituras no fueran las mismas palabras de Dios – si fueran nada más que palabras de hombres, entonces serían completamente inútiles, de la misma manera que una espada de caucho sería ineficaz frente a un verdadero enemigo. Uno que no tiene una fe firme en las Escrituras como las mismas palabras de Dios no es ninguna amenaza contra el enemigo. Satanás se burla de los que carecen de certeza absoluta de que las Escrituras son las mismas palabras de Dios, de igual manera que un soldado se burlaría de uno si fuera a enfrentarlo con una espada de caucho.
El enemigo sabe que no puede ganar contra uno que tenga su fe bien plantada sobre la Palabra de Dios, por tan frágil o insignificante que parezca. David demostró como aún un jovencito pastor de ovejas con una fe inconmovible en la Palabra de Dios y en el Dios de la Palabra es capaz de matar a los gigantes. El enemigo también sabe que la fe viene por oír la Palabra de Dios (Rom 10:17). Él sabe que la única manera en que puede derrotarnos y prevalecer contra la Iglesia de Jesucristo es socavar nuestra fe en las Escrituras como la pura Palabra de Dios.
Un breve repaso de la historia de la Iglesia revela cómo la estrategia de Satanás desde el principio ha sido movernos del fundamento firme de las Escrituras como la única autoridad absoluta para la fe y la piedad. Desde los días de los doce Apóstoles originales, la levadura de los Fariseos procuró contaminar la pura Palabra de Dios, agregándole mandamientos de los hombres. La levadura de los Saduceos, en cambio, quitaron de las Escrituras, negando su naturaleza sobrenatural. Después el misticismo de los Gnósticos buscaba alejar la verdad de toda objetividad, dejándola sin un ancla firme para la fe en la Palabra cognoscible de Dios. Esto fue seguido por el establecimiento de la Iglesia Institucional Católica Romana, que reemplazó las verdades bíblicas con la tradición y quitó las Escrituras de la gente común, privándola de la verdad y mezclándola con supersticiones paganas.
Con el invento de la imprenta, las Escrituras una vez más llegaron al pueblo en sus propias lenguas y la Reforma nació de una fe renovada en las Escrituras como la objetiva y autoritativa Palabra de Dios. Siguiendo el ejemplo de Jesús y la Iglesia Primitiva, los reformadores una vez más se pararon firmes sobre la convicción de que la frase “escrito está” de las Escrituras era la última palabra sobre todo lo relacionado con la fe y la práctica. Sola Scriptura (solo las Escrituras) una vez más llegó a ser el lema de la Iglesia que iba levantándose con la reforma. Con las Escrituras ahora en las manos de la gente, la Iglesia Papal, con sus tradiciones y supersticiones paganas que mantenían al pueblo en la oscuridad por más de un milenio, ya no podía privar a las masas de la verdad transformadora de la Palabra escrita de Dios. Ahora se estaban despertando con una fe renovada en el Dios de la Biblia y Satanás estaba perdiendo su poder para evitar que el pueblo de Dios conociera la verdad que los haría libres. Ahora, de la única manera que podría frenar el avance de la Reforma era socavar esta nueva confianza en las Escrituras como la Palabra de Dios.
La Reforma, que comenzó en el siglo XVI, fue desviada por lo que ahora se conoce como “El Movimiento de la Iluminación,” en el siglo XVII y XVIII. El Movimiento de la Iluminación exaltó la razón por encima de la autoridad de la Iglesia y las Escrituras. En las Biblia vemos que cada vez que una cultura exalta la razón por encima de la revelación de Dios resultaba en que “cada uno hacía lo que bien le parecía.” (Dt 12:8; Jueces 17:6; 21:5; Pr 3:7; 12:15; Isa 5:21, etc.) La sociedad siempre terminaba así en esclavitud y ruina, haciendo necesario que Dios interviniera con juicios.
El Movimiento de la Iluminación dio lugar al surgimiento del Materialismo Moderno del siglo XIX, que rechazó lo sobrenatural, aceptando solo la ciencia empírica que negaba la existencia de cualquier realidad que no puede ser demostrada por la investigación científica. Muchos dentro del cristianismo, sintiendo la necesidad de la aprobación de la comunidad científica, comenzaron a poner en tela de juicio la veracidad de las Escrituras. La historia de la creación en Génesis, o fue alterada para acomodar la teoría de la evolución o fue rechazada por completo y considerada nada más que un mito. Los milagros fueron espiritualizados y eventos históricos de la Biblia fueron sujetados a “la Crítica Mayor” de los teólogos Liberales, que sometía las Escrituras a la misma forma de crítica que la ciencia empírica (considerando a las Escrituras falsas hasta agotar todo intento para desacreditarlas). El diablo, los demonios; y para algunos hasta Dios mismo, llegaron a ser tomados por ellos como meros mitos o simbolismos. La religión del día era el ateísmo.
El hombre, sin embargo, habiendo sido creado a la semejanza e imagen de Dios, no puede encontrar sentido suficiente para seguir viviendo en el vacío producido por el concepto de un mundo impersonal y materialista. El Materialismo Moderno solo produjo la desesperanza y la soledad. Al mismo tiempo, los científicos comenzaron a darse cuenta de que existen muchas realidades misteriosas que la ciencia no puede comprobar – excepto quizás en teoría. Esto dio lugar en los fines del siglo XX al Posmodernismo, que está comenzando a aceptar la existencia de las realidades espirituales más allá de nuestro mundo físico.
Esta nueva tendencia hacia el reconocimiento del mundo espiritual - más allá de lo que la ciencia puede probar en un laboratorio, a primera vista parece ser una gran oportunidad para la Iglesia, dándole una ventana de oportunidad para alcanzar esta generación con el evangelio, y de hecho lo es. Sin embargo, de la misma manera que el Modernismo produjo una generación de ateos que no creía hasta ver, el Posmodernismo ahora ha producido una generación de agnósticos hundidos en incertidumbre. Ahora que se han dado cuenta que hay muchas realidades que no podemos comprobar científicamente, han concluido que no existen absolutos definitivos – que todo es relativo.
Lo que hace falta en nuestra generación son los que tienen una fe firmemente plantada sobre el fundamento de la Palabra de Dios – los que pueden decir con firmeza “escrito está” y por eso es la absoluta verdad; no importa lo que esté afirmando la ciencia o el mundo contrario a la verdad. Nuestra generación necesita oír una palabra segura en medio de la oscura incertidumbre del relativismo de hoy – una palabra profética más segura.
Trágicamente, como de costumbre, muchos en el mundo de la Iglesia están buscando la aprobación de los hombres en vez del “bien hecho” de nuestro Señor. Muchas iglesias, al igual como ha sido casi desde los comienzos, están buscando la mejor forma de ser conformadas al mundo para atraer una audiencia mayor, en vez de ser transformadas por medio de la renovación de su entendimiento, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo (Rom 12:1-2; 2Cor 10:5). Solo de esta manera la Iglesia va a poder tener un impacto positivo en el mundo, llegando a ser sal y luz en un mundo oscuro como nos mandó Jesús.
Los teólogos liberales, imitando la ciencia Moderna Materialista, examinaban las Escrituras de la misma manera que un científico empírico con la mentalidad: “Es falso hasta que la evidencia requiere fe.” Hoy el ateísmo de los Modernistas ha cedido al agnosticismo de los Posmodernistas, y los teólogos Liberales se han convertido en los Progresivos de hoy en día, que han adoptado el relativismo del mundo actual. Los Progresivos no niegan que las Escrituras contienen la verdad; ni tampoco niegan lo sobrenatural. Lo que sí niegan es que toda Escritura es inspirada por Dios, y por esa razón la verdad puede ser conocida con una certidumbre dogmática. Muchos de ellos, mientras aceptan unos dichos de Jesús, no creen en Sus palabras cuando dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La “Iglesia Emergente” del siglo XXI una vez más se está apartando de la fe una vez dada a los santos, entrando en el mar de la relatividad que, con el tiempo, se convertirá en la Gran Ramera de Apocalipsis.
La Iglesia de Jesucristo necesita levantarse en esta hora oportuna con una palabra clara como Elías clamando en el desierto: “Preparen el camino del Señor.” Necesitamos edificar sobre el fundamento firme del: “escrito está,” siguiendo el ejemplo de Jesús y los Apóstoles. Necesitamos llevar la Reforma a la perfección, tomando de nuevo el lema de los reformadores: “Sola Scriptura.” Los reformadores restauraron las Escrituras como el fundamento de la verdad absoluta, recuperando la doctrina de la justificación por la fe y rechazando tradiciones contrarias a las Escrituras. Es mi convicción que - conforme vamos completando la Reforma comenzada por los reformadores (que fue desviada por el Modernismo), redescubriremos la doctrina de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. (Hechos 3:21) (Para un estudio más detallado sobre este tema, lee mi libro, Triunfo de la Misericordia.)
Toda la creación espera el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, que son las primicias de la nueva creación. En el tiempo de su manifestación Pablo dice que toda la creación será restaurada (Rom 8:18-23). Debe ser obvio que la Reforma aún no habrá culminado hasta que todos los elegidos de Dios finalmente lleguen a creer, basados en las Escrituras, de que la restauración de todos es, en realidad, una parte del plan de Dios para las épocas. ¿Cómo podemos nosotros, como hijos de Dios, esperar ser usados por Dios para la restauración de todo y la reconciliación de todos, cuando muchos de nosotros aún no creen que sucederá como ha sido profetizado?
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Una expresión que ha llegado a ser tan común en los círculos evangélicos que muchos toman como si fuera “Biblia,” es el dicho: “Todos los pecados son iguales a los ojos de Dios.” Si fuéramos honestos, la mayoría de nosotros que hemos usado este refrán, tendríamos que confesar que nuestra declaración dogmática va acompañada con un interrogatorio en nuestro interior. La idea de que todos los pecados son iguales va en contra de todo nuestro sentido innato de la justicia. ¿Cómo es posible que el pecado de un niño robando una galletica de la jarra de galletas sea igual al pecado de un hombre mayor de edad violando y matando a sangre fría a una niña indefensa?
Ciertamente los caminos del Señor son infinitamente más altos que los nuestros y nuestra habilidad de comprenderlos es mínima. Sin embargo, Sus juicios trascienden nuestro sentido de la justicia en vez de contradecirlo. Nuestro sentido innato de la justicia es tan acertado que, según Pablo, aún un gentil impío sin la ley de Dios puede discernir lo que es correcto, así dejándolo sin excusa delante de Dios (Ro 1:14-16). Jesús reprendió a las multitudes por no usar su habilidad de juzgar lo correcto diciéndoles: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lc 12:57)
Decir que todos los pecados son iguales no solo desafía todo sentido de la justicia, sino que también contradice las Escrituras. Las Escrituras a menudo utilizan un lenguaje comparativo cuando se habla de diferentes pecados. En Éxodo 32:21 Moisés le dijo a Aarón, al ver el becerro de oro y el pueblo danzando alrededor: “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?” Aquí podemos ver que todos los pecados no son iguales, sino que hay pecados menores y pecados mayores. También podemos ver que el pecado era mayor que los anteriores por la severidad del juicio de Dios contra el pueblo.
Numerosas prohibiciones fueron dadas bajo la ley, pero solo unas pocas eran tan grandes y abominables que exigían la pena de muerte. Jesús mismo indicó que hay grados de pecado cuando utilizó los comparativos como, “mandamientos muy pequeños” y “lo más importante de la ley” (Mt 5:19; 23:23). Él le dijo a Pilato, en referencia a Judas, “el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene” (Jn 19:11). Jesús dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada…ni en este siglo ni en el venidero” (Mt 12:31-32). La blasfemia no es un pecado “imperdonable” como muchos han llegado a creer, pero es mayor que otros pecados y por ese motivo Jesús dijo que no será perdonado en el presente o en la época venidera (para más detalle sobre este tema, consulte mi libro “El Triunfo de la Misericordia”).
También podemos ver varios grados de castigo por etapas progresivas del mismo pecado. Por ejemplo, en el área del pecado sexual, Jesús dijo que uno, solo mirando una mujer para codiciarla ya adultera en su corazón. Sin embargo, mirar a una mujer no es un pecado igual a cometer el acto de adulterio. Cometer adulterio es un pecado muy grave dañino y egoísta, pero es menos grave que la pedofilia, bestialidad o sodomía.
Podemos ver en Romanos 1 que la sodomía es un pecado mayor que el adulterio u otras formas de fornicación porque es una perversión contra la naturaleza:
“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.” (Rom 1:24-27)
Hoy en día algunos argumentarían que la sodomía no es un pecado mayor que cualquier otra forma de fornicación o adulterio con los del sexo opuesto. Sin embargo, aquí vemos que Pablo presenta un descenso en caracol que abandona las relaciones naturales o heterosexuales y termina practicando o aprobando la sodomía – hombres con hombres, cometiendo hechos vergonzosos. Pedro también se refiere a la sodomía como conducta perversa:
“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado (intimidado, hostigado, oprimido) por la nefanda (perversa) conducta de los malvados 8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos).” (2 Pedro 2:6-8)
Jesús también comparó el tiempo de Su Segunda Venida a los días de Lot (Lucas 17:28). El pueblo de Dios que no está dispuesto a hacer concesiones con sus convicciones bíblicas para acomodarse a los comportamientos LGBTIQA+ (L - Lesbiana · G - Gay · B - Bisexual · T - Trans · I - Intersexual · Q - Queer · A - Asexual, agénero, arromántico · + - Otras) son sujetados cada vez más a la intimidación, hostigamiento, y discriminación por los activistas gay, juntos con sus simpatizantes, de igual manera que hicieron en los días de Lot en Sodoma.
Algunos, hoy en día, argumentan que Sodoma no fue destruido debido a la práctica de la homosexualidad, sino por su falta de hospitalidad. Sin embargo, Pedro caracterizó su pecado como “perversa conducta,” que no es una frase que uno utilizaría para describir la falta de hospitalidad. “Perversa conducta,” igual a como las describió Pablo: “contra naturaleza” y “hechos vergonzosos,” son expresiones que todos entienden como descripción de la perversidad sexual y no una falta de hospitalidad.
El texto utilizado por los activistas gay para argumentar que el pecado de Sodoma era falta de hospitalidad en vez de homosexualidad es Ezequiel 16:49-50 que dice:
“He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. 50 Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.” (Ezeq 16:49-50)
Aquí, igual como en Romanos capítulo 1, vemos un descenso en caracol. En este caso vemos que todo comenzó con soberbia, y los condujo a excesos, ociosidad, indiferencia hacia los demás, y terminaron “haciendo abominación.” Cometer la abominación es lo que provocó el juicio tan severo de parte del Señor – no su falta de hospitalidad: (“hicieron abominación…y cuando lo vi…”).
¿Cuál fue la abominación que hicieron? Es obvio que no fue falta de hospitalidad. En primer lugar, dice que “hicieron abominación.” Falta de hospitalidad es un pecado de omisión – no de comisión. ¿Cuál pecado hicieron en Sodoma que sería considerado como una abominación? Homosexualidad. Por ese motivo sodomía ha sido utilizado por siglos como sinónimo de la práctica de la homosexualidad.
La falta de hospitalidad jamás es designada como “abominación” con la pena de muerte. Dios habría actuado fuera de Su propia ley si hubiera infligido la pena de muerte sobre ellos por faltar a la hospitalidad. La ley de Dios no prescribe la pena de muerte por no dar a los pobres, pero sí exige la pena de muerte por la abominación del acto homosexual:
“Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos.” (Lev 20:13)
¿Cuál abominación hizo Sodoma como para justificar la pena de muerte “como ejemplo?” Esta frase “abominación hicieron” como aparece aquí en hebreo en su forma singular es exactamente igual a “hicieron abominación” en Ezequiel 16:50. En toda la Escritura esta frase, como tal, solamente se refiere al acto homosexual. Judas, uno de los hermanos de Jesús, describe con más detalle el pecado de Sodoma:
“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.” (Judas 7)
Si usted fuera un lector con un prejuicio a favor del estilo de vida homosexual, es más probable que hubiera dejado de leer este blog desde el momento que llamé el acto homosexual sodomía. Sin embargo, a la luz de lo que hemos visto en estos textos, sodomía es una expresión apta para caracterizar la actividad homosexual. Ahora en nuestros días, en estos tiempos finales, estamos viendo una repetición del descenso en caracol, igual como está descrito en Romanos 1:18-32 y en Ezequiel 16:49,50. Este mismo descenso fue profetizado por Pablo en 2Tesalonicenses 2:9-12. Pablo dice que, al fin de esta época, a todos los que no reciben el amor a la verdad, Dios les enviará un poder engañoso que preparará el camino para el engaño final bajo el Anticristo.
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12)
Pablo dijo en Romanos 1 que: como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Él los entregó a pasiones vergonzosas. En toda probabilidad, Pablo está haciendo referencia a Sodoma. En 2Tesalonicenses 2, Pablo dice esencialmente lo mismo: Dios les envía un poder engañoso a los que no reciben el amor a la verdad, sino que se complacen en la injusticia.
Las Escrituras también profetizan una intolerancia hacia la sana doctrina y una atracción a “interpretaciones” novedosas del texto, que acomodan las Escrituras al estilo de una vida desenfrenada. Este es un fenómeno que estamos observando en la cultura de hoy – tanto en el mundo, como también dentro de las mismas iglesias. Pablo nos advirtió diciendo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2Tim 4:2-4)
En nuestros tiempos, más que en cualquier otro tiempo en la historia, necesitamos tener conocimiento de lo que Dios nos ha revelado en Su palabra y aferrarnos a ella:
“Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.” (2Tim 1:13)
“pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.” (Apo 2:25-26)
Volviendo al tema de este blog, podemos ahora ver algunas de las consecuencias prácticas de un refrán, aparentemente inocuo, pero no bíblico como, “todos los pecados son iguales delante de Dios.” Todos los pecados no son iguales delante de Dios, y el hecho de catalogar un pensamiento codicioso en el mismo nivel que el adulterio y la homosexualidad está haciendo un efecto desastroso en la sociedad posmoderna y está contribuyendo a la desintegración de la familia. Esta misma lógica errónea muy pronto podría ser aplicada para justificar incesto, pedofilia, y bestialidad.
Si Dios ha puesto a Sodoma y Gomorra como ejemplo de lo que le espera a una sociedad que se entrega a la “perversa conducta” y “vicios contra la naturaleza” en rebeldía contra los límites claramente establecidos por Dios y contra la naturaleza, ¿Qué podemos anticipar hoy? Hace varios años Billy Graham citó a su esposa Ruth. Ella dijo: “Si Dios no castiga América, Él tendrá que pedir disculpas a Sodoma y Gomorra.”
La pregunta que queda por responder es: “¿Dónde se originó el dicho, ‘todos los pecados son iguales delante de Dios?” Como muchos otros dichos utilizados en los círculos teológicos, parece que su origen se debe a un intento de justificar la sentencia genérica de una condenación eterna a todos, sin importar la magnitud de sus pecados. Es una respuesta tradicional a los que preguntan: “¿Si Dios es justo, por qué daría una sentencia de igual duración al niño que robó la galleta de la jarra, a la que se le da al hombre que viola y mata a una niña inocente?”
La respuesta tradicional sería expresada más o menos de la siguiente manera: “Todo pecado, por pequeño que sea, es en contra de un Dios infinitamente santo y eterno, y por eso requiere una pena infinita y eterna.” El argumento de que la santidad infinita de Dios requiere una pena infinita por cualquier pecado no tiene su origen en la Biblia, sino que es un argumento filosófico presentado por primera vez por Anselmo, arzobispo de Canterbury en el siglo doce. El dicho, “todos los pecados son iguales,” aunque no es bíblico, es necesario para fortalecer el dogma de un castigo eterno para cada pecador sin importar lo poco o lo grande que sea su ofensa.
Sin embargo, un castigo eterno y genérico no está de acuerdo con las Escrituras. El castigo futuro como fue presentado por Jesús es medido y de una duración en proporción a la gravedad de la ofensa y no infinito y eterno. Jesús dijo que algunos recibirán muchos azotes mientras que otros recibirán pocos azotes (Lucas 12:47-48). Muchos o pocos azotes son, por necesidad, limitados en duración. También son medidos con medida justa. Cada individuo será juzgado según sus obras y recibirán “su parte” o debida porción (Mateo 24:51; Apo 21:8). Una porción es una sentencia medida según las obras de cada uno. Jesús enseñaba que no saldrían de allí “hasta que” hubieran pagado todo (Mateo 5:26; Lucas 12:59). Si una condenación infinita genérica fuera dada a cada uno sin distinción, ¿Qué motivo habría de un juico según las obras de cada uno? ¿Por qué dijo Jesús que la sentencia sería más tolerable para algunos que para otros? (Mateo 10:15; Lucas 10:14). ¿Por qué dijo que algunos van delante de otros al reino de Dios, y que algunos serán primeros mientras que otros serán últimos?(Mateo 21:31; Lucas 13:30).
Aunque no es cierto que todos los pecados son iguales delante de Dios, tenemos que insistir con las Escrituras en que ningún pecado, sin importar qué tan pequeño sea, es aceptable delante de Dios. Todos hemos pecado y la paga del pecado es la muerte. Santiago dice: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10-11). El nivel exigido por Dios no es como un juego de béisbol donde puede tener tres strike antes de quedar fuera. Algunos estados de los Estados Unidos han adoptado la ley de “tres strike” para ofensores repetidos. La santidad de Dios exige la perfección. Ningún pecado puede entrar en el eterno reino de Dios. Cuando Dios sea todo en todos, el pecado habrá dejado de existir por completo.
Debido a que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios, todos, sin excepción alguna, necesitamos al Salvador. Toda la humanidad, desde el niño robando la galleta de la jarra, hasta el hombre violando y matando a una niña indefensa, está culpable delante de Dios. La ley fue dada solo con el propósito de revelar nuestra condición pecaminosa. La ley fue dada para condenarnos. Fue el ministerio de la muerte y de la condenación para todos los que hayan puesto sus esperanzas en la auto-salvación (2Cor 3:7,9). Solamente los que reconocen su condición pecaminosa buscarán refugio en el Salvador. Así que la ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo (Gal 3:24). Todos, sin excepción, necesitamos la gracia de Dios que solo viene por la sangre de la cruz de Jesucristo. La ley nos encerró en desobediencia para que todos se acerquen a Él para recibir Su misericordia:
“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Rom 11:32)
Solo en Cristo recibimos justificación a pesar de nuestro pecado y solo en Él encontramos la santidad sin la cual nadie verá al Señor.
Mientras que es cierto que todo pecado es pecado, y todos hemos pecado y por eso estamos igualmente necesitados del Salvador, podemos claramente ver que no todos los pecados son iguales a los ojos de Dios. Sus juicios son justos, buenos, limitados, medidos y con misericordia para los que se arrepienten. Es Su misericordia que es eterna – no Su ira. Es mi convicción que la frase: “Todos los pecados son iguales para Dios” es solamente otro refrán tradicional más, que distorsiona la verdadera revelación de Dios, invalidando las Escrituras.