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por George Sidney Hurd
 
Jesús oró al Padre diciendo: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).  En nuestros días es común oír a algunos insistiendo que Jesús es la única infalible Palabra de Dios. Pero, ¿Si Jesús es la única Palabra infalible de Dios, entonces, ¿qué significaba la palabra “Palabra” para Jesús? ¿Puede acaso la Palabra del Padre ser verdad y al mismo tiempo falible? Algunos responderían diciendo que la Biblia no es la Palabra de Dios – que solo contiene la Palabra de Dios.
Para ellos, la Biblia misma es una mezcla de verdad y error, y es tarea del teólogo o el lector discernir entre lo que es la verdadera Palabra de Dios y las porciones de las Escrituras que consideren nada más palabras de hombres falibles.
 
Sin embargo, esta no era la perspectiva que tenían los judíos de la época de Jesús sobre las Escrituras. Su confianza en la plena veracidad de las Escrituras se basaba en las propias Escrituras del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el salmista dice: La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia” (Sal 119:160). Y Jesús, en vez de disminuir esta alta estima de las Escrituras, afirmó la declaración, “La suma de tu palabra es verdad” al decir “Tu palabra es verdad.” Además, Jesús identificó “la palabra de Dios” como “las Escrituras,” diciendo que no pueden ser quebrantadas:
 
“Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? 35 Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada) ...” (Juan 10:34,35)
 
Aquí vemos que la expresión, “Palabra de Dios” es equivalente a las Escrituras mismas y no nada más a algunas palabras contenidas en las Escrituras. Si siquiera una pequeña parte de las Escrituras originales pudiera ser demostrada errónea, entonces la Escritura podría ser quebrantada y Su Palabra no sería verdad. Jesús no simplemente consideraba la Escritura como generalmente verdadera, sino verbal y plenariamente infalible y veraz hasta la última jota y tilde del idioma hebreo (Mt 5:17-18). Jesús, muchas veces decía que las Escrituras tienen que cumplirse. Citando Deuteronomio 8:3 Jesús dijo:
 
Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios(cf. 2Tim 3:16, “toda Escritura es respirada por Dios,” Gr. theopneustos).
 
En contraste con esta declaración hecha por Jesús, Steve McVey, un maestro prominente que ha escrito sobre la gracia dijo: “Jesús es la única infalible, autoritativa Palabra de Dios.” [1] De igual manera, Brian Zahnd, en respuesta a la pregunta de si creía o no que la Palabra de Dios fue inspirada, dijo:
“Yo sí creo en la Palabra de Dios inspirada e infalible, y Su nombre es Jesús.”  [2] Mi pregunta a ellos sería, “¿cómo pueden creer en el Jesús de la Biblia y no recibir Su propio testimonio acerca de las Escrituras como las mismas palabras de Dios?”

Mientras que muchos aparentan estar exaltando a Jesús, en realidad lo que están haciendo es despreciar las Escrituras, creando una tensión falsa entre Cristo, la Palabra de Dios encarnada y la Escritura, la cual ellos designan “la palabra de Dios con una p pequeña.” McVey dijo:

“Si quieres decir que la Biblia es la palabra con una p minúscula, que es una de las maneras en que Dios nos habla a nosotros, estoy de acuerdo con eso.” [3] “Literalmente hablando, la Biblia no es la Palabra de Dios – Jesús es.” [4]

La verdad es que, si la Palabra de Dios, las Escrituras, procede de la boca de Dios, entonces es tan inseparable de Dios como es Cristo, la misma Palabra encarnada, y por lo tanto infalible. Como el Padre de la Iglesia Primitiva, Ireneo (130 – 202 d.C.) dijo en su obra, Contra las Herejías: “Debemos de dejar los misterios no revelados a Dios quien nos hizo, con la seguridad de que las Escrituras de hecho son perfectas, dado que fueron habladas por la Palabra de Dios y Su Espíritu…” [5] Si fueron habladas por la Palabra Infalible de Dios y Su Espíritu, entonces ellas de igual manera tienen que ser recibidas como infalibles y vivas. El único motivo detrás de tal negación de la supremacía de la Palabra de Dios escrita es para justificar el hacer a un lado las porciones de las Escrituras que no se pueden acomodar a las normas culturales o a sus propias doctrinas no bíblicas. Decir que solamente Cristo es la infalible autoritativa Palabra de Dios es equivalente a negar el mismo testimonio de Cristo acerca de la infalibilidad de las Escrituras. Extrañamente, Brian va al extremo de decir que Jesús tuvo que salvar la Biblia de sí misma. Él dijo: “Jesús es el Salvador de todo lo que necesita ser salvo, incluyendo la Biblia. ¡Jesús salva la Biblia de sí misma!” [6] 

En el libro de Hebreos, después de citar las Escrituras quince veces en sucesión rápida, el autor caracteriza las Escrituras de la siguiente manera:

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb 4:12)

Históricamente, esta referencia a la Palabra de Dios en su contexto aquí en Hebreos ha sido entendida como refiriéndose a las Escrituras. Sin embargo, aquellos que no están dispuestos a aceptar la totalidad de las Escrituras tal y como son, tienen que presentar “la palabra” como refiriéndose a Cristo, la Palabra encarnada, en vez de las Escrituras como la Palabra, que ellos consideran de alguna manera inferior a Cristo e independiente de Él. Sin embargo, mientras sea posible caracterizar a Cristo de la manera descrita aquí, es obvio que se está refiriendo específicamente a la Biblia – la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, cuyas palabras, vivificadas por el Espíritu, revelan los pensamientos y las intenciones del corazón y nos da la capacidad de discernir cuándo estamos actuando con el alma en vez de actuar con nuestro espíritu.

Tristemente, Steve McVey aparenta mostrar desprecio hacia las Escrituras cuando comenta sobre Hebreos 4:12. Él dice: “La Biblia es viva. ¿De veras? ¿Qué parte de ella? ¿Es el cuero? ¿Es el tinte? ¿Es el papel?” [7] Digo “tristemente” porque, por su propia confesión, él antes tenía un gran aprecio por las Escrituras, pero su peregrinaje le ha llevado al punto donde decidió que ya no podía aceptar lo que él percibe como percepciones distorsionadas de Dios descritas en la Biblia por los autores humanos. No es mi intención despreciar a McVey ni a los demás que menciono. Personalmente he recibido mucho de sus libros anteriores como “Grace Walk” y “Helping Others Overcome Addictions.”

Quizás ningún otro individuo haya tenido mayor influencia a nivel mundial para promover esta nueva tendencia a hacer caso omiso a la afirmación de Jesús de las Escrituras como la infalible Palabra de Dios, que Wm. Paul Young, el autor de la novela de mayor venta internacional, “La Cabaña.” Yo personalmente leí su libro varias veces, primero a solas y después con mi esposa y mis hijos. Cuando vimos la película “La Cabaña” todos lloramos porque nos identificamos mucho con la historia. Sin embargo, la gran popularidad de la novela y película lo ha envalentonado a dar expresión abierta de su negación de la infalibilidad de las Escrituras. Él cita las palabras del distinguido teólogo Neo-Ortodoxo Thomas F. Torrance cuando dijo: “Nosotros inventamos la idea de la infalibilidad de las Escrituras porque necesitábamos otro mediador entre Dios y los hombres que no fuera Jesús.”  [8] En respuesta a esto le preguntaría: “¿Cómo puede uno siquiera saber con certidumbre que Jesús es el único mediador entre Dios y los hombres sin creer que la Biblia es la Palabra infalible de Dios?” Si no aceptamos la validación dada por Cristo de las Escrituras como infalibles, ¿cómo podemos saber que son fiables en su revelación acerca de Dios, el pecado, la redención, la consumación o cualquier otro tema bíblico?

Después de negar la infalibilidad de las Escrituras, Wm. Paul Young concluye: “Así que, ahora tienes que confiar en el Espíritu Santo como tu maestro y decir, ‘a ver, ¿en qué estamos poniendo nuestra certidumbre? ¿en la naturaleza de este Dios en quien nos relacionamos, o en una clase de certidumbre de extrapolación hermenéutica sin un encuentro?’” [9] Entonces, aparte de implicar aquí que a los que confían en las Escrituras les falta una relación personal con Dios, él está diciendo que, como las Escrituras contienen errores, tenemos que aprender a confiar en el Espíritu Santo en vez de confiar en la veracidad de las Escrituras.

Sin embargo, las Escrituras no presentan tal conflicto entre lo que dice la Biblia y lo que el Espíritu Santo dice. Las Escrituras son presentadas repetidas veces por Jesús y los Apóstoles como lo que el Espíritu Santo ha dicho (Mt 22:43; Marcos 12:36; Hch 1:16; 28:25; Heb 3:7). Aunque el Espíritu habló por medio de los autores humanos, las palabras habladas y escritas fueron dadas por el Espíritu Santo. Como dice Pedro: porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” (2Pedro 1:21)

Esta plena confianza en las Escrituras como la infalible Palabra de Dios fue sostenida casi universalmente por la Iglesia hasta que surgió el Modernismo Liberal a comienzos del siglo XIX cuando empezaron a buscar errores y contradicciones en la Biblia con tal de desacreditarla. Solo un par de citas de los Padres de la Iglesia Primitiva demuestran la plena confianza que tenían de que las palabras de las Escrituras fueron inseparables del mismo Espíritu Santo, y por lo tanto infalibles. Clemente de Roma (35 – 99 d.C.) dijo: “Mirad atentamente a las Escrituras que son las verdaderas palabras del Espíritu Santo.” De semejante manera, Gregorio de Niza (330 – 394 d.C.) dijo: “Todo lo que dice la Palabra divina es la voz del Espíritu Santo.” ¿Será posible que la voz del Espíritu Santo hable cosas erróneas o falsedades, como los Progresivos y Liberales modernos dicen acerca de unas porciones de las Sagradas Escrituras? Por último, Orígenes (184 – 254 d.C.) se refiere a las Escrituras como los escritos del Espíritu Santo diciendo, “No podemos decir que hay algo inútil o superfluo en las Escrituras, aun si algunas partes nos parecen oscuras.” (Para una lista más extensa de citas de los Padres acerca de la infalibilidad de las Escrituras vea mi blog: La Infalibilidad de la Biblia en la Historia de la Iglesia.
 
Creo que este extenso abandono de la plena confianza en las Escrituras como la misma Palabra de Dios que está sucediendo en nuestros días es lo que le fue revelado a Pablo por el Espíritu Santo. Él le dijo a Timoteo:
 
que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2Tim 4:2-4)
 
Vale notar que Pablo jamás se refiere a Cristo como la Palabra, como lo hace el Apóstol Juan. Siempre cuando Pablo habla de “la palabra,” él se está refiriendo a las Escrituras. Esto es muy obvio aquí en el contexto, dado que incluye doctrina, refutaciones, reprensiones y exhortaciones. Pablo dice que el tiempo vendrá cuando los hombres ya no tolerarán la sana doctrina de la Biblia porque la verdad de la Palabra de Dios confronta su estilo de vida ilícita. Entonces, ellos buscarán a maestros que los afirmen en su conducta lujuriosa. Ellos se apartarán de la verdad, prefiriendo fábulas, mitos y falsas doctrinas que se acomoden a su estilo de vida como es, sin necesidad de arrepentirse. No podría existir una descripción más apta de lo que estamos viendo en nuestros días.
 
Otro detalle revelado a Pablo por el Espíritu Santo describe aún más lo que estamos observando dentro del Cristianismo Postmoderno. Él dice lo siguiente:
 
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1Tim 4:1)
 
Estoy consciente de que otra corriente moderna es el del Preterismo que enseña que Cristo ya vino en un supuesto fin de época que terminó en el año 70 d.C. Siendo cierto, esto haría nula esta advertencia para nuestra generación. Presento mis razones por no abrazar al Preterismo en mi libro intitulado Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?  Supongamos por un momento que ya estamos viviendo en los últimos días y la venida de Cristo está en nuestro futuro cercano. ¿Qué tan descriptivas acerca de nuestra generación son las palabras de Pablo sobre los postreros tiempos? Él dice que muchos se apartarán de la fe. “La fe” es una expresión que, en este contexto, se refiere a lo que Judas llama la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Esto claramente hace referencia a lo que tenemos contenido en nuestra Biblia – este cuerpo de verdad en el que basamos toda nuestra fe y doctrina. Así como Pablo dice que debemos de persistir en la prédica de la Palabra, Judas de igual manera enfatiza la necesidad de contender arduamente por la fe. Él dice:
 
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4)
 
Judas nos habla de la necesidad de insistir en la sana doctrina de la Palabra, dado que en su tiempo algunos ya estaban apostatando de la fe, convirtiendo la gracia de Dios en una licencia para continuar en una vida de pecado y lascivia. Esto es aún más necesario en el tiempo que estamos viviendo ahora.
 
Volviendo a lo que le fue revelado a Pablo acerca de los postreros días en 1Timoteo 4:1, vemos que muchos cristianos profesantes se apartarán de la Palabra de Dios, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios. Muchos de los que desprecian la Palabra de Dios en esta generación se están apartando de la fe una vez dada a los santos, siendo engañados por espíritus que se hacen pasar por el Espíritu Santo. Esto jamás hubiera sido posible sin primero socavar su confianza en las Escrituras como la única regla autoritativa e infalible de fe y doctrina. El Apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima en que necesitamos tener a la biblia para evitar apartarnos de la fe. Él le dijo a Timoteo:
 
“desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Tim 3:15-17)
 
El objetivo principal de Satanás desde el principio ha sido lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Hasta el día de hoy, él presenta la misma pregunta: “¿Es verdad que Dios les dijo?” Lo que lo hace más sutil en nuestro tiempo de como era con Eva en el huerto, es que él ya no está utilizando la boca de una serpiente para lograr que dudemos de la Palabra de Dios. Él ha alistado un ejército de teólogos, pastores, profetas, autores y productores que se aprovechan de su gran influencia para lograr que dudemos de la Palabra de Dios, logrando así que nos apartemos de la fe.
 
El engaño es mucho más sutil en esta Era Postmoderna de lo que era en la previa Era Moderna. Los Liberales Modernistas abiertamente negaban que Dios había hablado por Su Palabra. Ellos, al igual que los Saduceos del antaño, también negaban la realidad de los milagros, la existencia de ángeles y la resurrección. Incluso negaron la existencia de Satanás, el engañador. Sin embargo, los Postmodernistas emergentes no niegan lo sobrenatural. Al contrario, a menudo buscan experimentarlo. Nos dicen que, aunque la Biblia “contiene” la palabra de Dios, no es en sí la Palabra de Dios y, por lo tanto, necesitamos librarnos de los grillos de la Palabra escrita, permitiéndole al Espíritu que nos guíe. Como no creen en la infalibilidad de las Escrituras, ya no nos pueden decir que el Espíritu Santo es uno con Su Palabra y por lo tanto, jamás nos guiaría de una manera contraria a Su Palabra.
 
El Apóstol Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1John 4:1). Pero si abandonamos la Palabra de Dios como la regla absoluta de la verdad, ¿cómo podemos probar los espíritus para determinar si es el Espíritu Santo hablándonos u otro espíritu haciéndose pasar por el Espíritu Santo para apartarnos de la verdad? El Espíritu Santo es la verdad (1Juan 5:6), y de igual manera Jesús dijo que la Palabra es la verdad (Juan 17:17). El Espíritu y Su Palabra obran juntos. No podemos hacer caso omiso a la Palabra de Dios, diciendo que simplemente vamos a dejarnos guiar por el Espíritu, porque, a menos que tengamos Su Palabra para alumbrar nuestros pasos, somos presa fácil de espíritus del engaño que nos introducirán a doctrinas de demonios.
 
Me gustaría provocar a los maestros que han llegado a despreciar la Palabra inspirada de Dios a meditar sobre el Salmo 119. Es el capítulo más largo de la Biblia y a través de todo el capítulo se ensalza la Palabra de Dios como las mismas palabras de Dios - inseparables de Si mismo. El salmista dice:
 
“¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” (Sal 119:9)
 
“Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.” (Sal 119:140)
 
“Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.” (Sal 119:162)
 
“Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.” (Sal 119:14-16)
 
“Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos.” (Sal 119:148)
 
¿Resuena tu corazón con el salmista, o has permitido que los espíritus engañadores te roben un tesoro que, según el salmista, es más precioso que mucho oro afinado y más dulce que la miel? Si has perdido tu amor por la Palabra de Dios, arrepiéntete delante de Él, pidiéndole que te restaure la pasión por Su Palabra como un tesoro sin precio en tu corazón. La Palabra de Dios ha sido dada a nosotros para corrección y reprensión para evitarnos muchos tropiezos en la vida. David, un hombre con un corazón conforme a Dios, dijo de Su Palabra: “Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón.” (Sal 19:11)
 
El Espíritu Santo, a través del Apóstol Pablo, nos advierte acerca de una gran apostasía que sucederá antes y durante el tiempo de la manifestación del “hombre de pecado” o “aquel inicuo.” Solamente los que reciban el amor de la verdad escaparán del gran engaño que viene sobre todo el Planeta Tierra:
 
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12, cf. 2:3)
 
La influencia del engaño será tan sutil y universal que solamente los que reciban el amor de la verdad serán salvos de ella. Jesús dijo que el engaño sería tan grande que, si fuera posible, engañaría aún a los escogidos (Marcos 13:22). Este engaño en el fin de la época será respaldado con señales y maravillas con tal de engañar a todos los que hayan hecho caso omiso a las advertencias dadas en la Palabra de Dios. Muchos de los que han creído la mentira de que Nerón era el Anticristo, ni piensan que este engaño podría venir sobre nosotros, suponiendo que los últimos días ya terminaron en el año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del milenio. El énfasis sobre las manifestaciones sobrenaturales, combinado con la falta de discernimiento que uno solamente puede obtener por valorar la Palabra de Dios, ha convertido la Iglesia de esta generación en presa fácil para caer en el engaño final sobrenatural, culminando en la manifestación del hombre de pecado. El Espíritu nos dice por medio de Pablo:
 
“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.” (1Tes 5:4-6)
 
Jesús les dijo a Sus discípulos: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37). Ha sido la voluntad de Dios que cada generación viva con la expectativa de Su Segunda Venida, vigilando y estando pendientes de las señales dadas a nosotros en las Sagradas Escrituras. Pero si nosotros, la Iglesia, ignoramos la Biblia, considerándola como algo periférico y secundario en nuestras vidas, ¿cómo vamos a discernir los tiempos en que estamos viviendo para evitar el gran engaño que vendrá sobre el planeta entero? (Apo 13:8). Yo creo que las palabras habladas por el Espíritu a través de Pablo en Romanos 13:11 son específicamente aplicables a esta generación de creyentes. Él dijo, “es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos.” Cuando venga nuestro Señor por Su Esposa, que no nos encuentre durmiendo como los demás, sino vigilantes y sobrios.
 


[1] Steve McVey: The Word of God is. Video 21:14
 

[2] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min.
 

[3] Steve McVey: The Word of God is. Video 17:50
 

[4] Steve McVey: The Word of God is. Video 22:00
 

[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus Against Heresies, book 2, chapter 28 section 2.

[6] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God: The Scandalous Truth of the Very Good News (p. 57). The Crown Publishing Group.

[7] Steve McVey: The Word of God is.  Video 24:00 

[8] Q & A Session (FGC 2016) Video 27:00

[9] Q & A Session (FGC 2016) Video 28:43El apóstol Pablo es muy claro en cuanto a la alta estima que debemos tener de las Escrituras para evitar desviarnos de la fe. Le dijo a Timoteo:
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por George Sidney Hurd
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 Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young

En la sesión anterior vimos que la restauración de todos, mencionada en Hechos 3:19-21, principalmente habla de la restauración de todas las personas a Dios. 
La afirmación de De Young de que solo se refiere a restaurar la creación a una "condición" anterior a la caída no capta el corazón redentor de Dios, que se centra principalmente en restaurar a la humanidad a una relación en comunión con Él.
 
El tema de esta sesión – reconciliación, está vinculado integralmente con lo que hemos visto acerca de la restauración de la humanidad a Si mismo. Para restaurar cualquier relación que ha sido fracturada, es necesario que haya primero una reconciliación por parte de ambas personas. Así como tanto el esposo como la esposa tienen que reconciliarse el uno con el otro antes de poder restaurar la relación, así es nuestra relación con Dios.
 
Dios, sin embargo, tomó la iniciativa, enviando a Su Hijo como un sacrificio propiciatorio, así satisfaciendo la justicia de Dios por los pecados del mundo entero (1Jn 2:2). Como resultado de Su sacrificio propiciatorio, ahora Dios puede ser justo y al mismo tiempo justificar a los impíos que tomen refugio en Cristo – nuestro Cordero propiciatorio que fue sacrificado por amor a nosotros (Rom 3:25,26; 4:5; 8:1; 1Cor 5:7).
 
Al igual como en cualquier relación fragmentada, uno siempre inicia la reconciliación antes de que el otro corresponda. Mientras aun éramos Sus enemigos y muertos en nuestros delitos y pecados, Dios nos reconcilió consigo mismo por la sangre de la cruz de Cristo. Como Pablo dice en Romanos 5:10, cuando aún éramos Sus enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo. El sacrificio de expiación de Cristo de Sí mismo hace 2,000 años en la cruz hizo propiciación, satisfaciendo así la justicia de Dios, no solamente por los pecados de los elegidos de éste época, sino también por los pecados del mundo entero (kósmos) o universo, incluyendo a todos en el cielo, en la tierra y aún bajo la tierra (1Jn 2:2; Col 1:16,20; Fil 1:10-11).
 
Algunos, ignorando la santidad de Dios, niegan la necesidad de la muerte de sustitución de Cristo en la cruz para el perdón de pecados. En las relaciones interpersonales humanas la reconciliación viene cuando simplemente perdonamos. De hecho, las Escrituras nos mandan hacerlo así. Pero, aun un juez humano no puede simplemente perdonar sin satisfacer la justicia.
 
¿Qué pensaríamos de un juez que perdonara a su hijo por un crimen basado nada más en su amor por él? ¿No lo tomaríamos como favoritismo y una trasgresión contra la justicia? Cuánto menos pudo Dios, el juez justo sobre toda la creación, simplemente pasar por alto la justicia sin castigos. Sin embargo, Dios no solamente es un Juez santo y justo, sino que Él también es un Padre amoroso que nos ama de tal manera que en Cristo Él satisfizo Su propia justicia, tomando sobre su propia persona nuestro debido castigo, así obteniendo el derecho legal de perdonar a los que Él tanto ama.
 
Sin embargo, debe entenderse que, aunque Cristo murió por todos, y en Su debido tiempo todos serán vivificados en Él, Dios solo puede justamente justificar a aquellos que vienen a Él a través de Jesús a quien Dios puso como propiciación (Rom 3:25). Es por eso que, aunque la justificación, reconciliación y salvación fueron obtenidas para todos sobre la cruz, nadie experimenta esa justificación, reconciliación o salvación hasta recibir a Cristo, siendo nacido de nuevo, así llegando a ser parte de la nueva creación en Él.
 
Algunos señalan que, en la parábola del Padre y el Hijo Pródigo, la aceptación fue con abrazos incondicionales sin necesidad de satisfacer la justicia. Sin embargo, el hecho de que el padre de la parábola abrazaba incondicionalmente al hijo arrepentido no significa que nuestro Padre no tuvo que pagar un gran precio para poder ser justo y al mismo tiempo abrazar a los que ama tanto. Jesús mismo, quien dio la parábola, dijo que Él había venido para dar Su vida en rescate por todos y que nadie puede llegar al Padre sino por Él (Mt 20:28, cf. 1Tim 2:6; Juan 14:6).
 
Aunque Dios hizo la reconciliación de una vez para siempre hace 2,000 años por la sangre de Su cruz, es evidente que la mayoría todavía no ha correspondido a esa reconciliación, siendo reconciliados a Dios en sus corazones. Es por eso que estamos comisionados a proclamar la muerte de sustitución reconciliatoria de Cristo ya consumada al resto del mundo que aún está perdido y en enemistad contra Dios:
 
“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor 5:18-21)
 
En Romanos 5:10 Pablo dice que fuimos reconciliados, tiempo pasado. ¿Cuándo hizo esa reconciliación? Él dice que fue por la muerte de Su Hijo, que ubica el momento de la reconciliación hace 2,000 años en la cruz, mucho antes de que nos reconciliáramos con Él en nuestros corazones. Aquí Pablo revela que en ese momento Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo. Algunos equivocadamente piensan que la reconciliación de Dios no puede ser un hecho ya consumado, dado que muchos no han sido reconciliados y restaurados. De Young aparenta dudar que la reconciliación de Dios fue consumada de una vez para siempre en la cruz. Él dice:
 
“Si la reconciliación de todos ya fue consumada en la muerte de Cristo en la cruz, ¿por qué tenemos que exhortar a las personas a reconciliarse?” p.168
 
En mi opinión, esto no solamente menosprecia lo que Cristo logró en la cruz, sino también demuestra una falta de entendimiento en cuanto a la naturaleza de reconciliación. En una relación dañada ambos lados tienen que corresponder para poder restaurar la relación. Dios reconcilió al mundo a Si mismo por Su sacrificio propiciatorio en la cruz. Ahora el ministerio de la reconciliación encomendado a nosotros como embajadores en nombre de Cristo es declarar las buenas nuevas: “Dios en Cristo reconcilió al mundo a Sí mismo. Ahora reconcíliense con Él.”
 
Aquí De Young manifiesta una equivocación común entre muchos Tradicionalistas, que es no saber distinguir entre “ya” y “todavía no.”  La obra redentora completa fue consumada en la cruz y la victoria fue sellada. Sin embargo, Cristo debe reinar hasta que todos se hayan sujetado a Él y solo entonces será Dios todo en todos (1Cor 15:25-28). Este “ya” y “todavía no” es ilustrado para nosotros por el escritor de Hebreos:
 
“Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, [i] nada dejó que no sea sujeto a él; pero TODAVÍA NO vemos que todas las cosas le sean sujetas. 9 Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” (Heb 2:8-9)
 
¿Gustó Jesús la muerte por todos en la cruz? ¿Fue victorioso? ¿Debemos dudar del alcance universal de Su victoria en la cruz simplemente porque todavía no lo vemos plenamente implementada en el tiempo? Aquí, como en 1Corintios 15, vemos que Cristo reinará hasta que lo que Él ya ha logrado en la cruz para todos sea plenamente realizado, con todos sujetados a Él, y entonces Él a Su vez se sujetará al Padre para que Dios sea todo en todos (1Cor 15:22-28). De Young dice:
 
“Es obvio que todos no podrían ser ya reconciliados a Dios viendo que el exhortar a la gente a reconciliarse con Dios es central al ministerio de Pablo.” p.211
 
Como yo lo entiendo, parece que él está diciendo que, si Cristo realmente reconcilió a todos a Dios a través de Su muerte, entonces Pablo no hubiera estado persuadiendo a la gente a reconciliarse con Dios. Pero apliquemos esto al reinado de Cristo. ¿Fueron todas las cosas ya sujetadas a Él? Entonces, ¿Por qué Él continúa reinando hasta que todos se sujeten a Él?
 
El motivo es el mismo en ambos casos. Aunque Dios ha hecho ya la reconciliación de todos y Él ha determinado que cada rodilla se doblará y cada lengua confesará a Jesucristo como Señor, la reconciliación, por naturaleza propia, tiene que ser recibida voluntariamente por ambos lados para ser disfrutada, y la sujeción de todos que Cristo logrará finalmente, resultará en que Dios sea todo en todos, algo que no es descriptivo de una subyugación forzada, a pesar de lo que los Tradicionalistas afirman. Al contrario, Él busca a los perdidos hasta encontrar la última oveja perdida, y Él continuará Su reinado hasta que la última rodilla se haya doblado libremente en humilde adoración. Solo entonces será Dios verdaderamente todo en todos.
 
De Young insiste en que Sus enemigos no se someterán a Él voluntariamente porque servirán de estrado de Sus pies (Heb 1:13). Él entiende con esto que seguirán eternamente hostiles contra Él, pero, para desplegar Su gloria los retiene bajo Sus pies en tormentos como estrado de Sus pies. Él dice:
 
“Si el universalismo es correcto, entonces, ¿quién servirá como el estrado de Sus pies?” p.233
 
Sin embargo, esto supone que uno tiene que ser enemigo de Dios para poder servir de estrado de Sus pies. Eso no es lo que vemos en las Escrituras. El simbolismo de un estrado en la Biblia a menudo se refiere a la habitación de Dios. El arca del pacto y el templo donde Dios manifestaba Su presencia al pueblo son llamados el estrado de Sus pies (1Cron 28:2; Sal 132:7). En Isaías 60 Él dice que Él honrará o glorificará el estrado de Sus pies (Isa 60:13). Pasando al Nuevo Testamento, vemos que nosotros mismos, que una vez fuimos Sus enemigos en nuestras mentes por las malas obras, ahora somos Su templo o el estrado de Sus pies (Col 1:21; 1Cor 3:16). Las referencias a Sus enemigos llegando a ser el estrado de Sus pies habla de sujeción voluntaria – no una subyugación obligada. Así que, en respuesta a la pregunta de De Young: “¿Quién servirá como estrado de Sus pies?” la gloriosa respuesta es, “nosotros.” Como los que antes éramos enemigos, nosotros caeremos postrados a Sus pies en humilde adoración, asombrados por Su gloria y Su gracia.
 
Quizás una de las declaraciones más claras e inequívocas acerca de la restauración universal de toda la creación con Dios a través de la muerte de Cristo en la cruz se encuentra en el primer capítulo de Colosenses:
 
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él… 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:16,20)
 
Aquí Pablo enfatiza muy detalladamente que “todo” significa absolutamente “todo,” incluyendo todo en el cielo y en la tierra, sea visible o invisible – hasta incluye tronos, principados y poderes invisibles. Todo – absolutamente todo, fue creado por Cristo y para Cristo. Pero él no termina aquí. En el versículo 20 vemos que el mismo todo, sea en la tierra o en el cielo, fue reconciliado a Sí mismo en la cruz.
 
No hay manera de que los Tradicionalistas puedan limitar la reconciliación descrita en este texto a los elegidos solamente, o de una manera que excluya a muchos de la reconciliación lograda por la sangre de Cristo en la cruz hace 2,000 años. Lo único que pueden hacer es negar que significa lo que obviamente significa – que absolutamente toda la creación fue reconciliada con Dios en la cruz.
 
Parece que De Young no ha podido decidir qué hacer con este pasaje. En un lugar él sugiere de Romanos 8 que solo aplica a la creación “inanimada,” que excluiría incluso el reino animal. [ii]
 
Sin embargo, no solamente dice en Romanos 8 que “toda la creación” será liberada y restaurada, sino que la creación anhela ardientemente y gime en espera del momento en el que será liberada de la esclavitud. Tales características no son aplicables a objetos inanimados. Además, esto muestra un entendimiento equivocado de lo que realmente significa la palabra reconciliación. Es un término exclusivamente relacional, refiriéndose a la restauración de relaciones fracturadas. Solamente seres racionales, morales y caídos están necesitados de la reconciliación con Dios.
 
En otra instancia De Young sugiere que solamente se refiere a la reconciliación de la “creación no-humana,” que incluiría al reino animal. Él dice:
 
“Cuando Pablo habla de toda la creación siendo reconciliada, ¿no define esto explícitamente como toda creación no-humana, dado que fue sujetada a la frustración o esclavitud debido al pecado humano? p.237
 
Mientras esto explicaría por qué la creación anhela y gime, dado que los animales son seres racionales y emocionales en contraste con objetos inanimados que ni piensan ni sienten, todavía no explica cómo los animales podrían estar en enemistad contra Dios como para necesitar la sangre de Cristo derramada por ellos para poder reconciliarlos y traer paz donde había enemistad. La “reconciliación” es necesaria para restaurar a seres racionales y morales que están en enemistad contra Dios y por lo tanto necesitan ser reconciliados para restaurar la comunión con su Creador. El reino animal solo se beneficia indirectamente de la reconciliación de los seres morales, dado que fueron sujetados a la vanidad por culpa nuestra, y serán restaurados juntamente con el resto de la creación en los tiempos de la restauración de todos.
 
En otra contorción de la lógica, De Young dice que la reconciliación es universal, pero aquellos que se niegan a creer serán reconciliados contra su voluntad por el uso de la fuerza. Él dice acerca de Colosenses 1:20:
 
“En 1:20 Pablo incluye en sus palabras de ‘reconciliación universal’ no solamente los que creen en el evangelio (como los Colosenses, explicado en vv. 21-23) sino también los que son reconciliados por conquista y llegan a ser el estrado de los pies de Jesucristo en Su reino futuro. Son oponentes conquistados que se negaron a creer.” p.210 (énfasis mío)
 
Una vez más, esto demuestra una falta de entendimiento acerca de lo que significa la reconciliación. Puede que eso sea subyugación, pero de ninguna manera es reconciliación, haciendo la paz mediante la sangre de Su cruz. Mientras es cierto que solamente los que creen experimentan Su reconciliación, dado que la reconciliación requiere una respuesta positiva de ambas personas, Dios ha prometido que finalmente todos creerán y confesarán a Jesucristo como Señor – hasta incluir aún los que están “debajo de la tierra” (Fil 2:10,11).
 
 Por un momento De Young argumenta que solamente la creación inanimada será reconciliada; entonces lo amplía para incluir al reino animal, y finalmente él argumenta aquí que todos son reconciliados, si bien algunos contra su voluntad. Él aquí presenta a los enemigos de Dios como “reconciliados” al mismo tiempo que están maldiciendo a Dios en un lago de fuego eterno que él llama el estrado de Sus pies. A mi forma de pensar, esto deprecia en gran manera lo que Cristo logró en la cruz por Su sangre derramada para todos.
 
Por último, casi al final de su libro, De Young llega al grano de su problema, revelando por qué no están dispuestos a aceptar el sentido obvio y claro de Colosenses 1:20. Él dice:
 
“No puede haber una reconciliación universal si algunos perpetuamente… son los objetos de la justica retributiva de Dios.” p.224
 
Aquí él se está refiriendo a 2 Tesalonicenses 1:9 que en la Reina Valera dice: “los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” ¿Por qué es que los Tradicionalistas típicamente niegan o ignoran las declaraciones claras en las Escrituras acerca de la salvación final de todos, y ¿por qué tienen que dividir la naturaleza de Dios en amor y misericordia vs. odio e ira como si fueran polos opuestos, en vez de ver a todos como manifestaciones de su naturaleza esencial que es amor? Porque basan toda su teología en unos pocos versículos mal traducidos que dan a entender que el infierno es eterno. Aunque la duración y el propósito del infierno será el tema de otra sesión, este versículo no dice lo que ellos piensan que dice.
 
En primer lugar, dice: “destrucción eonian” y no “perdición eterna” o “siendo destruidos eternamente.” La palabra traducida aquí “perdición” es olethros que significa “destrucción.” La morfología de esta palabra indica que es un sustantivo que habla del resultado de una acción y no la acción misma, así como nuestro sufijo -ión en español. [iii] Aun si la acción fuera a continuar por épocas, tiene que terminar porque el sufijo -ión enfatiza el resultado final y no el proceso. Sin embargo, como voy a demostrar en otra sección, la palabra traducida “eterna” (aionios) no significa “eterna” sino que es una palabra de tiempo refiriéndose a un período de tiempo largo, pero no obstante tiempo y no eternidad. Nuestra equivalente es eonian. Un eón es un tiempo largo, pero no es para siempre y mucho menos eterno, dado que la eternidad es sin tiempo. Una traducción literal corrige esta equivocación, como vemos con la Traducción Literal de Young:
 
“los cuales sufrirán justicia (gr. dike)--destrucción era-duradera (aionios)--de la faz del Señor, y de la gloria de su poder.” (2Tes 1:9 YLT)
 
Aunque veremos más sobre esto más adelante, vemos aquí que dike significa “justicia o pena justa” y aionios significa “era duradera” en vez de “eterna.” Los Tradicionalistas han traducido incorrectamente los pasajes refiriéndose al juicio y al infierno, y han negado o ignorado todos los textos acerca de una reconciliación universal.
 
Hay muchos otros pasajes que claramente hablan de una reconciliación universal que incluye a todos los seres racionales aún sin utilizar la palabra “reconciliación.” Efesios 1 habla de una dispensación futura, que según Efesios 2:7 durará por las épocas venideras, hasta la época final llamada la “Época de las épocas” (lit. “tou aionos ton aiónon” Ef 3:21). En esta dispensación venidera, también conocida como los tiempos de la restauración de todos, todos serán reunidos en Cristo:
 
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9,10)
 
La palabra “reunir” es una palabra compuesta de aná que normalmente significa “otra vez” y kephalaioo, y significa re-unir o unir otra vez bajo una sola cabeza.” En el Léxico Griego de Thayer él comenta sobre el significado de esta palabra en el contexto de Efesios 1:9,10, diciendo:
 
“Aquí dice de Dios que él reúne otra vez para sí mismo (voz media) todas las cosas y seres (anteriormente desunidos por el pecado) en un solo estado unido en comunión con Cristo.” [iv]
 
Las palabras “reunir” o “unir otra vez bajo una sola cabeza” cuando está hablando de aquellos que antes estaban en enemistad, como con la humanidad hacia Dios, es relacional e inseparable de la reconciliación. Así que, este pasaje, al igual que Colosenses 1:16-20, claramente habla de una reconciliación universal. El misterio de Su voluntad que ha sido revelado aquí en Efesios 1:9,10 es la restauración final de todos cuando toda la creación sea eternamente reunida en Cristo y Dios sea todo en todos (1Cor 15:28).
 
Esto también es lo que Pablo declaró en resumen en Romanos 11:36: “Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eis “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” Como dice Colosenses 1:16, todo y cada uno fue creado por Él. Entonces, en el versículo 20 dice que este mismo “todo” fue reconciliado a (eis “hacia dentro de”) Él por la sangre de Su cruz. “Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eis “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. Pablo no lo hubiera podido decir más claro.
 
La verdad escandalosa revelada en estos pasajes y en especial en Colosenses 1:16,20 es que hasta Satanás y los ángeles caídos están incluidos en la reconciliación lograda en la cruz. Cuando Pablo incluye tronos, dominios, principados y poderes invisibles en la reconciliación, él claramente los incluye a ellos también, dado que no hay tronos, dominios, principados o poderes invisibles en necesidad de reconciliación aparte de Satanás y los ángeles caídos. Además, si son excluidos, no se puede decir que Dios será verdaderamente todo en todos, o que todos los que comenzaron en Él serán reunidos en Él.
 
El argumento presentado contra una reconciliación total y una restauración de todos, que incluiría hasta Satanás y los ángeles caídos, es expresado por De Young cuando Él dice:
 
“La Biblia no ofrece ninguna expiación, ningún perdón, ninguna esperanza, ninguna reconciliación para los ángeles caídos ni para Satanás.” p.247 (énfasis mío)
 
En respuesta, primero quiero decir que su negación de que la reconciliación ha sido ofrecida a Satanás y los ángeles caídos es una negación osada de lo que está claramente expresado en Colosenses 1:16-20. En cuanto a una expiación y perdón, la reconciliación no es posible sin perdón y no es posible que un Dios santo perdone sin expiación. Así que, la reconciliación con Dios presupone expiación y perdón. Aunque la reconciliación no es experimentada hasta que uno se arrepienta y vuelva a Dios, Dios, en amor, hizo la provisión legal para la reconciliación de toda la creación, y Él ha jurado por Si mismo que cada rodilla se doblará y cada lengua confesará que Jesucristo es Señor, incluyendo hasta los que todavía están en rebelión debajo de la tierra.
 
Aquí los Tradicionalistas usualmente citan Hebreos 2:14-18. Sin embargo, este pasaje solo se enfoca en lo que hizo Cristo para rescatar a la humanidad del poder de Satanás. Dice que Él tomó un cuerpo humano y murió para liberar a los que vivían con el temor a la muerte y vino a dar socorro a los que son tentados por Satanás. Como el enfoque aquí está en el hombre y no en Satanás y los ángeles caídos, esto ni niega ni afirma si Su muerte proveyó para la restauración de toda la creación también, incluyéndoles a ellos, o no. Pero los otros pasajes de restauración, y en particular Colosenses 1:16-20, no son para nada ambiguos.
 
El hombre, creado a la misma imagen y semejanza de Dios, es el enfoque y motivo principal tanto de la creación, como de la restauración. Pero toda la creación participa en la restauración del hombre. El infierno es tanto penal como correccional, pero no es eterno, dado que, como con cualquier sistema penal justo, su meta y resultado final es la restauración. Todo el resto de la creación espera la manifestación de los hijos de Dios cuando comienzan los tiempos de la restauración de todos o la dispensación del cumplimiento de los tiempos (Rom 8:19-22). Y esta dispensación final culmina con todos siendo reunidos en Cristo y Dios siendo todo en todos entrando a la eternidad.
 
Los Padres de habla griega de la Iglesia Primitiva entendieron esto, y no vacilaban en declarar que la restauración de todos, incluyéndoles a Satanás y los ángeles caídos, era una doctrina bíblica.
 
Clemente de Alejandría (150 d.C. a 215 d.C.) dijo: Así que Él de hecho salva a todos universalmente; pero a algunos como convertidos por castigos, y otros por sumisión voluntaria, así obteniendo el honor y la dignidad, de que a Él toda rodilla se doblará, de las cosas en el cielo, y las cosas en la tierra, y las cosas debajo de la tierra, es decir ángeles y hombres y las almas que partieron de esta vida antes de Su venida a este mundo.” [v] Orígenes, el sucesor de Clemente y cuyos escritos han sido los más leídos de todos los padres de la Iglesia a través de los siglos a excepción de Agustín, dice: “Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera…” [vi]
 
Comentando sobre Efesios uno, Ambrosio de Milán (340 d.C. a 397 d.C.)  dice lo siguiente: “Esto le parecía bien a Dios…manifestar en Cristo el misterio de Su voluntad…específicamente, que sería misericordioso a todos los que se habían perdido, sea en el cielo o en la tierraCada ser, entonces, en los cielos y sobre la tierra, está siendo restaurado a ser como fue creado hasta llegar al conocimiento de Cristo.” En su comentario sobre 1Corintios 15:27 dice: “Cuando cada criatura aprende que Cristo es su cabeza, y que la cabeza de Cristo es el Padre, entonces Dios será todo en todos; es decir que cada criatura creerá de la misma manera, y de una sola voz cada lengua de las cosas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra confesará que hay un Dios del cual son todas las cosas.” [vii]
 
Gregorio de Niza (330 d.C. a 394 d.C.) escribió: “Cristo…Él que no sólo libera al hombre del mal, sino que también sana al mismo inventor del mal.” [viii] Jerónimo (347 d.C. a 420 d.C.) dice: La cruz de Cristo ha beneficiado no solo la Tierra sino también el Cieloy cada criatura ha sido purificada por la sangre de su Señor.” “Así que, en la restitución de todas las cosas, cuando el verdadero médico, Jesucristo, habrá venido a sanar el cuerpo de la Iglesia entera, cada ser…recibirá su lugar debido… Lo que quiero decir es que los ángeles caídos volverán a ser como fueron creados, y la humanidad que ha sido expulsada del paraíso, será una vez más restaurada al lugar de cuidar el paraíso. Estas cosas, entonces, sucederán a nivel universal.” [ix] “La mayoría de las personas entienden la historia de Jonás como si estuviese enseñando el perdón eventual de todo ser racional, aun incluyendo al diablo.”  [x] Los ángeles apóstatas, y el príncipe de este mundo, y Lucifer, la estrella de la mañana, aunque ahora rebeldes, desenfrenadamente andando de aquí para allá y hundidos en las profundidades del pecado, finalmente, se someterán al alegre dominio de Cristo y sus santos… Ningún ser racional perecerá para siempre.” [xi]
 
Incluso San Agustín mismo reconoció que sus oponentes basaban su creencia en la restauración final de todos en las mismas Escrituras. Son los que defienden la doctrina Tradicional de castigo eterno los que tienen que negar o hacer caso omiso al significado obvio de múltiples textos de las Escrituras para poder negar la prometida restauración de todos, profetizada desde el comienzo del tiempo.
 
Este tema es tratado con mayor detalle en mi libro: El Triunfo de la Misericordia que es un examen a fondo de las evidencias bíblicas, lógicas e históricas a favor de la naturaleza temporal del infierno y la restauración final de todos. Aquí solo quiero decir que, al negar todos los pasajes enseñando una restauración final de todos, los Tradicionalistas han quedado con un dualismo eterno donde el mal y su resultante muerte, dolor y lágrimas jamás terminan, contrario a las declaraciones claras de las Escrituras (Apo 21:4,5; Isa 25:8; 1Cor 15:22,26,28, etc.).


[i] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
 

[ii] De Young dice: “¿Entonces, como puede responder los de la perspectiva evangélica?” En Romanos 8 es obvio que solamente la creación inanimada espera la liberación de su sujeción involuntaria a esclavitud (Satanás y sus ángeles son excluidos, dado que ellos voluntariamente rebelaron contra Dios y lo hicieron anterior a la caída del hombre.) p.231
 

[iii] Robertson, A. T.. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research (Kindle Location 2847). Kindle Edition.
 

[iv] Thayer's Greek Lexicon: NT. 346
 

[v] Clemente de Alejandría, Comentary of 1 John Adumbrat. in Ep. I Johan., printed at the end of his Treatise, Quis dives salvetur, p.1009, Potter´s Edit.
 

[vi] Origin, Contra Selsum 8.72.
 

[vii] Allin, Universalism Asserted, p. 133.
 

[viii] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, Cap. 26.
 

[ix] Allin, Universalism Asserted, p. 134.
 

[x] Jerónimo. En Sal. xcii. 9.22
 

[xi] Jerónimo. En Sal. xcii. 9.22
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por George Sidney Hurd

Una respuesta al libro: “Desenmascarando el Universalismo” por James B. De Young
 
Es posible que estés entre un número creciente de personas que han descubierto numerosos textos de la Biblia que claramente parecen decir que finalmente todos serán restaurados en Dios, resultando en que Él sea todo en todos en la consumación de las épocas. ¿Es posible armonizar tales declaraciones con la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de un juicio futuro y el infierno? Muchos dicen que no.
 
Algunos insisten en una interpretación de los textos sobre el infierno que niegue los textos sobre la restauración, mientras otros insisten en los textos sobre la restauración, sin tomar en cuenta los textos sobre el juicio y el infierno.
 
Obviamente, si creemos que toda Escritura fue dada por inspiración de Dios no podemos simplemente escoger unos textos y excluir otros. Nuestra doctrina del juicio futuro y el infierno tiene que ser entendida de una manera que complementa, en vez de negar, la verdad de la restauración final de todos.
 
Después de años de estudios cuidadosos de las Escrituras sobre este tema y mucha oración, he llegado a la conclusión de que todas las Escrituras se armonizan con la restauración final de todos de una manera no posible con la doctrina tradicional que presenta el plan eterno de Dios como si culminara en torturas sin fin para la mayoría.
 
He leído todos los libros que he podido encontrar que contradiga mis conclusiones, tales como, “La Doctrina del Castigo Sin Fin” por William G. T. Shedd y el libro de Francis Chan, “¿Eliminamos el Infierno?” Sin embargo, aunque expusieron eficazmente algunos errores de unos Universalistas que no son ni bíblicos ni conservadores, esquivaron los numerosos textos bíblicos declarando una restauración universal, sin presentar viables interpretaciones contrarias. Hicieron caso omiso a la mayoría de los textos sobre la restauración.
 
Cuando descubrí el libro de James B. De Young de 288 páginas titulado, “Exposing Universalism” (“Desenmascarando el Universalismo”) no podía esperar a ver si él intentaría explicar algunos de los textos sobre la restauración universal a la luz de su creencia en el castigo eterno. Él hizo unos intentos creativos de reconciliar algunos de ellos con la doctrina de castigos eternos que no había oído de otros autores, y estaremos examinándolos en el curso de este y los siguientes artículos.
 
Sin embargo, al igual que con otros libros escritos sobre el tema, me decepcionó ver que él clasifica a todos los universalistas como liberales o progresistas que niegan la inspiración y autoridad de la Biblia, la expiación sustitutiva penal de Cristo, la necesidad de poner la fe en Cristo y ser regenerado para ser salvo, entre otras cosas. Para mí, esta categorización errada del Universalismo es sumada cuando dice:
 
“Virtualmente toda rama de la teología sistemática y bíblica son distorsionadas por el Universalismo.” p.249
 
Aunque lamentablemente esto puede ser cierto en el caso de aquellos a quienes denuncia en su libro, la única área de la teología sistemática que cambió radicalmente para mí fue la escatología, en lo que se refiere a la culminación final del plan eterno de Dios para los siglos. Incluso pude conservar el TULIP del calvinismo simplemente cambiando la L de "Expiación limitada" por "Expiación ilimitada (Limitless)", algo que muchos calvinistas modificados hacen de todos modos.
 
Yo utilizo los cinco puntos del Calvinismo en mi libro titulado, La Solución Universal,” comparando el Universalismo con el Calvinismo y el Arminianismo. Demuestro que el Universalismo es la doctrina más bíblica y menos contradictoria de las tres escuelas de teología.
 
De Young reconoce que durante y después de la Reforma, algunos de los Anabaptistas y la mayoría de los Moravos eran Universalistas. Ambos grupos eran hermanos conservadores que basaban sus creencias solamente en las Escrituras. A menudo fueron perseguidos por los Reformadores por rechazar las doctrinas tradicionales no bíblicas como el bautismo de los infantes y los sacramentos, insistiendo en apoyarse en las Escrituras únicamente.

 
Incluso San Agustín, quien popularizó la doctrina del tormento eterno, reconoció que aquellos que creían en la apokatastasis o la restauración final de todos, lo hacían basándose en su comprensión de las Escrituras. Agustín dijo:

"Hay MUCHÍSIMOS en nuestros días que, aunque NO NIEGAN LAS SAGRADAS ESCRITURAS, no creen en los tormentos eternos".

Sería admirable que los defensores de la doctrina agustiniana tradicional de los tormentos eternos extendieran la misma gracia hacia los universalistas conservadores de hoy en día.

Hay que reconocer que el racionalismo y el relativismo han hecho que muchos se alejen de la elevada visión de las Escrituras que nos presentaron Jesús y los apóstoles en todas las ramas del cristianismo, y no solo entre los Universalistas. Las desviaciones doctrinales a las que se opone De Young no son exclusivas de los Universalistas, sino que también las promueven muchos Aniquilacionistas y Tradicionalistas.

Recientemente publiqué un libro titulado: Los Caminos de Dios” (desde la perspectiva de un Restauracionista Conservador Evangélico). Este libro aborda algunas de las mismas desviaciones de las Escrituras que trata De Young, al tiempo que señala que no se trata solo de un problema entre los Universalistas, sino más bien de un problema que afecta a toda la Iglesia y que debe reconocerse y abordarse.

En "Exposing Universalism" (Exponiendo el Universalismo), De Young intenta desacreditar el Universalismo apelando primero a la historia de la Iglesia, luego a la lógica y, por último, a las Escrituras. Dado que baso mi creencia en la restauración universal principalmente en las Escrituras y solo de forma secundaria en la historia de la Iglesia y la lógica, en los próximos artículos comenzaré con las Escrituras y luego consideraré sus argumentos basados en la historia de la Iglesia y la lógica.

La respuesta de De Young a los textos sobre la restauración universal.

Entonces, ¿cómo explica De Young los pasajes que parecen enseñar una restauración universal? El versículo temático del que los Padres de la Iglesia Primitiva como Clemente, Orígenes, Gregorio de Nisa y otros derivaron su nombre apokatastasis o "restauración" es Hechos 3:19-21, que dice:
 
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hch 3:19-21)
 
Aquí Pedro habla de tiempos venideros de refrigerio y de la restauración de todos, que comienza con la Segunda Venida de Cristo. El uso del plural "tiempos" implica que se trata de un proceso de restauración, que probablemente abarca más de una época.

¿Cómo responde De Young a este versículo? Al principio, pensé que no había hecho ningún comentario al respecto en su libro, ya que no decía nada en el texto principal del libro. Sin embargo, en una nota al pie de página dijo lo siguiente sobre Hechos 3:19-21:
 
Probablemente se refiere a la restauración de todas las condiciones en que las personas viven debido al pecado, no a la restauración de cada persona a la comunión con Dios.” p.20 anotación 16
 
Sin embargo, hay numerosas razones de por qué esta restauración debe ser entendida como principalmente refiriéndose a personas. En primer lugar, los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva, que todavía hablaban en el idioma original, lo entendieron como si incluyera a toda criatura racional. Si la gramática del texto no favorecía la conclusión de que se refería a personas, sus oponentes no habrían tardado en señalar su error. 

 
Agregando nuestra palabra “cosas” en español confunde. El idioma griego no tenía una palabra equivalente a nuestra palabra “cosas,” y cuando los traductores injertaron nuestra palabra “cosas” nos engaña, dado que nuestra palabra “cosas” solo se refiere a objetos inanimados. Esto sin duda contribuyó a la conclusión de De Young que se refiere a una “condición” en vez de la restauración de personas. Sin embargo, los Padres de la Iglesia Primitiva que pensaban y hablaban en el griego lo entendieron como si se refiriera a la restauración de personas y no simplemente a objetos o condiciones.
 
La segunda razón de por qué creo que principalmente se refiere a personas es que la restauración de todos, que fue profetizada por boca de los profetas, y desde el comienzo principalmente habla de la restauración de la humanidad. El ejemplo dado por Pedro tres versículos más adelante en el versículo 25 es la promesa dada a Abraham:
 
“En tu simiente serán benditas TODAS LAS FAMILIAS de la tierra.” (Hch 3:25)
 
Si contemplamos lo que dice este versículo, podemos ver que implica una restauración de todos. Cada familia de la tierra incluiría toda la humanidad desde Adán y Eva hasta la consumación. Si solo un miembro de una sola familia estuviera en tormentos eternos, ¿podríamos decir que esa familia fuera bendecida?

 
Probablemente la primera alusión a la restauración de todos fue dada en el Edén donde Dios en esencia promete a Eva que su simiente (Cristo) destruiría al enemigo y restauraría todo como era antes de la caída. Pero, como dijo Pedro, Dios había hablado repetidas veces por Sus profetas de la restauración de todos. Los siguientes son solamente unos ejemplos:
 
Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, y TODAS LAS FAMILIAS de las naciones adorarán delante de ti.” (Salmo 22:27)
 
Todas las familias de todo el mundo se acordarán y se volverán al Señor y lo adorarán. Esto habla claramente de una restauración de todas las personas y no solamente de los elegidos.

 
Algunos insisten que cuando vemos “todos” o “todo el mundo” en estos pasajes sobre la restauración universal, solamente es hipérbole y no debe ser entendido literalmente. Citan ejemplos de habla exagerada en la Biblia como:
 
“Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.” (Marcos 1:5)
 
Obviamente, San Marcos no quería que entendiéramos que por “todo” literalmente todos, incluyendo los no arrepentidos, los infantes e inválidos fueron bautizados por Juan en el Jordán. Sin embargo, el sentido común nos indica cuando uno está hablando literal o hiperbólicamente. Si yo fuera a decir: Toda Bogotá llegó a la reunión,” o todo el mundo sabe que ella es la mejor cantante,” inmediatamente sabemos que son palabras exageradas, hipérbole utilizada para un mayor impacto.

 
En cambio, si el capitán de un barco que está hundiéndose fuera a decir a los pasajeros: “El barco se está hundiendo, pero no teman porque todos serán salvos,” ¿Podríamos racionalmente decir que es hipérbole? ¿Sería posible que algún día Dios nos confiese que Sus promesas de salvar y restaurar a todos fueron exageraciones? ¡Claro que no! ¿Cómo podríamos atribuir tal engaño a Dios?
 
Miremos otro pasaje sobre la restauración universal:
 
“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra TE ADORARÁ, y CANTARÁ a ti; Cantarán a tu nombre.” (Salmo 66:3-4)
 

De Young insiste que será una sumisión obligada para muchos. Pero, ¿podrían adorarle y cantarle alabanzas si fueran obligados a doblar rodilla contra su voluntad? Y si su adoración fuera bajo obligación, ¿sería tal “adoración” aceptable para Dios?
 
Todas las naciones (gentes) que hiciste vendrán y ADORARÁN delante de ti, Señor, y glorificarán tu nombre.” (Salmo 86:9)
 
¿Podría la expresión, “todas las naciones que hiciste” excluir a miles de millones que estarán quemándose en las llamas del infierno maldiciéndole para siempre? O, ¿serían obligados a adorarle antes de ser lanzados al lago de fuego? ¿Podría la adoración obligada realmente “glorificar Su nombre?” Esto me recuerda a Filipenses donde dice que todos doblarán rodilla ante Él:

 
“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Fil 2:10-11)
 
Aquí, como en el Salmo 86, vemos que absolutamente todos los que Dios ha hecho algún día le adorarán “para gloria de Dios Padre.” ¿Cómo podría Dios recibir gloria por una adoración obligada?
 
Otro Salmo donde vemos que todos son restaurados es el Salmo 145:
 
“Clemente y compasivo es el SEÑOR, lento para la ira y grande en misericordia. El SEÑOR es bueno para con todos, y su compasión, sobre todas Sus obras. SEÑOR, Tus obras todas Te darán gracias y Tus santos Te bendecirán.” (Salmo 145:8-10 NBLH)

 
¿No incluye a toda la humanidad, y de hecho toda la creación, las expresiones, “todo” y “todas Tus obras?” Algunos dicen que Sus enemigos serán obligados a doblar rodilla ante Él contra su voluntad. ¿También serán obligados a darle las gracias antes de que Él los lance a un lago de fuego literal? ¿Qué es lo que dicen las Escrituras de Sus enemigos?
 
“Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra TE ADORARÁ, y CANTARÁ a ti; Cantarán a tu nombre.” (Salmo 66:3-4)
 
¿Puedes imaginar un escenario donde Dios les obligue a todos Sus enemigos a arrodillarse para adorarlo y cantar alabanzas a Él? Claramente Sus enemigos le adorarán y cantarán alabanzas a Él porque Él les conquistó con Su amor – no por fuerza bruta. Estas declaraciones no son compatibles con el dualismo eterno de la doctrina tradicional de un infierno eterno.

 
“Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. 7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. 8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros; y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra; porque Jehová lo ha dicho.” (Isa 25:6-8)
 
¿No profetiza esto claramente una restauración final de todos, cuando el velo que ciega los ojos de todos los pueblos habrá sido quitado – cuando la muerte – tanto la primera como la segunda, son sorbidas en victoria para siempre y ya no hay más lágrimas? ¿Cómo puede esto ser explicado a la luz de la doctrina Tradicional del infierno donde la mayoría de la humanidad, según ellos, estarán llorando y crujiendo los dientes para siempre?
 
Cuando Dios quiere declarar algo de una manera muy enfática, Él jura por Sí mismo. Dios ha jurado por Si mismo que tarde o temprano todos lo mirarán y serán salvos:

 
Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
 
Aquí vemos el Señor llamándoles a todos a mirarlo y ser salvos. Entonces, Él jura por SÍ mismo que finalmente toda rodilla se doblará y toda lengua confesará diciendo, Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza. Esto no es contra la voluntad de nadie, sino que, cuando se quita el velo que envuelve todas las naciones, Sus enemigos serán avergonzados y en arrepentimiento volverán a Él, diciendo: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza.” Vemos en Filipenses 2:10,11 que hasta los que están en el cielo y debajo de la tierra confesarán a Jesús como Señor a su debido tiempo.
 
A estas alturas es común que alguien replique: “¿quieres decir que incluso alguien como Adolfo Hitler se arrepentirá y será salvo algún día? ¿Qué de Sodoma y Gomorra que fueron destruidos con fuego eterno por su inmoralidad?” Bueno, ¿qué dicen las Escrituras acerca del futuro de Sodoma? Ezequiel 16 dice:

 
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus (Judá) cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado…. 60 Antes yo tendré memoria de mi pacto que concerté contigo en los días de tu juventud, y estableceré contigo un pacto sempiterno. 61 Y te acordarás de tus caminos y te avergonzarás, cuando recibas a tus hermanas, las mayores que tú (Sodoma y sus hijas) y las menores que tú (Samaria y sus hijas), las cuales yo te daré por hijas, mas no por tu pacto.” (Ez 16:53-55; 60,61)
 
Aquí, poco antes de que Jerusalén fuera sitiada y Judá fuera llevada cautiva a Babilonia, Dios les promete que, después de ser juzgados, Él finalmente los restauraría, junto con las otras diez tribus de Israel (Samaria y sus hijas) que habían sido esparcidas entre las naciones por sus abominaciones, y que también restauraría a Sodoma y sus hijas (i.e. Gomorra y las otras cuatro ciudades) como eran antes. Entonces Judá se avergonzaría porque sus pecados eran aún mayores que los de Sodoma y Samaria.

 
Hasta la fecha no he visto este pasaje explicado en un libro escrito contra el Universalismo. Ezequiel claramente está hablando de la restauración de las mismas personas destruidas en Sodoma en los días de Lot. Esto es evidente dado que Sodoma no ha existido en la tierra desde el día de su destrucción. Si la restauración de todos incluye hasta Sodoma, entonces, ¿quién quedaría excluido? ¿Los que fueron destruidos en el diluvio? Si ellos fueron excluidos, entonces, ¿porque fue Jesús a predicarles a ellos?
 
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua… 4:6 Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1Pedro 3:18-20; 4:6)

 
Aquí vemos que Jesús fue y predicó el evangelio a los que eran muertos y encarcelados debido a su desobediencia en otro tiempo, para que vivieran según Dios, aunque habían sido juzgados según la carne. Y, ¿quiénes eran estas personas que antes fueron desobedientes? Eran aquellas personas que se habían corrompido de tal grado que Dios tuvo que destruirlos en el diluvio, de manera semejante a lo que hizo con Sodoma.
 
Y, ¿cómo responde De Young a este pasaje? Él dice lo siguiente:
 
“El texto de 1 Pedro 3:18-4:6 significa mejor que Cristo fue por el Espíritu a los que ahora están encarcelados, en el infierno, en los días de Noé y predicó a los desobedientes en ese entonces a través de la prédica de Noé. No hubo una predicación posterior. Aun si había una predicación por Jesús entre su muerte y resurrección, es más probable que fue una proclamación de triunfo, no una invitación a creer en el evangelio.” p.221
 
De Young dice que, en vez de estar diciendo que Jesús fue a predicar a los que estaban muertos y encarcelados en el hades después de Su victoria sobre la muerte y el hades, Pedro quería decir que Jesús ya había predicado a ellos estando aún vivos a través de la predicación de Noé antes de ser destruidos en el diluvio unos 2.000 años antes.

 
Esta es la misma respuesta que yo daba como pastor joven cuando me pidieron una explicación de este pasaje, pero es obvio que no es lo que Pedro quería decir en el texto. Ambos verbos “predicó” en 3:19 y en 4:6 aparecen en la forma aoristo indicativo, que indica que la prédica fue un solo evento y no la predicación de Noé que duró 120 años. Sin embargo, tales interpretaciones forzadas son necesarias para poder negar la prometida restauración de todos que incluya hasta los que perecieron en el diluvio. Además, vemos que el evangelio no fue predicado a los vivos antes del diluvio sino a los muertos, para que ellos pudieran vivir en espíritu según Dios, aunque habían sido previamente juzgados en la carne.
 
El significado más lógico de este pasaje es que Jesús fue al hades después de Su muerte y predicó el evangelio (gr. euaggelizo 4:6) a los que eran desobedientes a la predicación de Noé y fueron destruidos en el diluvio y encarcelados en el hades. Después de la victoria de Cristo, Él tomó posesión de las llaves del hades y de la muerte según Apocalipsis 1:18. Por Su sangre derramada en la cruz Él ya tenía la autoridad para librar a los cautivos de Satanás y por lo tanto fue y predicó las buenas nuevas a ellos para que, aunque habían sido juzgados en la carne, pudieran vivir en el espíritu.

 
Aunque De Young intenta desacreditar el testimonio de los Padres Griegos de la Iglesia Primitiva, esta fue la creencia de muchos en aquel entonces. Por ejemplo, Atanasio Obispo de Alejandría, que vivió entre los años 296 y 373 después de Cristo, dijo:
 
“Mientras que el Diablo pensaba matar a uno, fue privado de todos, echado fuera del Hades y sentado en las puertas, ve a todos los seres encadenados siendo llevados fuera por la valentía del Salvador.”
 
Gregorio de Niza, que vivió entre los años 330 y 390 después de Cristo dijo:
 
“Hasta que liberó con Su sangre todos los que gimen bajo las cadenas de Tártaro.”  
 
Y otra vez dice:
 
“Hoy la salvación ha sido dada al universo para todo lo visible e invisible…las puertas del Hades están abiertas en par.”
 
Aunque es el tema de otra sesión, aquellos como De Young que defienden la doctrina tradicional de castigos eternos, típicamente procuran minimizar, desacreditar o suprimir el testimonio claro de numerosos Padres de la Iglesia Primitiva y también el testimonio de los más respetados historiadores Eclesiásticos como Eusebio, Johann Gieseler y Philip Schaff.
 
En la próxima sesión continuaremos nuestra crítica de las refutaciones a los textos que entendemos como declaraciones de una restauración universal. De ninguna manera es mi intención rebajarlo o señalarlo. La única razón por la que seleccioné su libro “Desenmascarando el Universalismo” como el tema de estas sesiones es porque fue el intento mejor pensado que he podido encontrar para refutar el Universalismo. De hecho, estoy de acuerdo con él en muchos puntos que no aplican directamente al Universalismo Bíblico. Hizo intentos creativos para reconciliar algunos de ellos con el tormento eterno, intentos que no había escuchado de otros autores, y que examinaremos en el curso de este y los siguientes artículos.
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por George Sidney Hurd
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Nuestro Padre Dios es presentado repetidas veces en las Escrituras como un “Fuego Consumidor.” Esta representación bíblica de Dios ha sido interpretada por algunos como si dijera que Dios finalmente va a incinerar a todos menos los que confiesan a Jesús como Señor en su breve vida. Dirían que el Fuego Consumidor consume el individuo mismo – borrando su existencia por completo.
 
La interpretación tradicional, que ha sido la creencia más común en el cristianismo desde el Siglo VI, también presenta el Fuego Consumidor como si fuera dirigido contra la persona como individuo. Sin embargo, según esta interpretación, el Fuego Consumidor nunca consume totalmente al individuo. En lugar de eso, Él sostiene a los que no respondieron apropiadamente al evangelio en un estado consciente de tormentos en llamas – siempre ardiendo en las llamas pero nunca siendo consumidos.
 
Ambas proposiciones son tan aterradoras que la mayoría de los cristianos las bloquean de su mente – evitando cualquier reflexión pensativa sobre sus implicaciones. Pero, hay cada vez más de los que no son cristianos que sí han pensado en las contradicciones morales y lógicas que tales doctrinas presentan. Ellos rechazan la idea de que un Creador sabio y benevolente, que habita en la eternidad y ve el final desde el principio, crearía al hombre y pondría en marcha un plan, sabiendo todo el tiempo que culminaría en tal tragedia tan inimaginable para la mayoría de la raza de Adán.
 
A mi pensar, ambos grupos ignoran la verdadera naturaleza y motivación de nuestro Fuego Consumidor como son reveladas en las Escrituras. El profeta Malaquías nos revela la verdadera naturaleza y fin de este fuego:
 
“Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando El
aparezca? Porque Él es como fuego DE FUNDIDOR y como jabón de lavanderos. Y El se
sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará
como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.” (Mal 3:2,3
NBLH)
 
¿Qué es la naturaleza y propósito de Su fuego? Es fuego de Fundidor. El fuego de un fundidor no consume todo lo que es sujetado a él: Solo consume la escoria para purificar lo que es precioso a los ojos del fundidor. Tampoco dura para siempre. Solo dura hasta que haya purificado lo precioso. Su fin es restauración – no aniquilación o tormentos perpetuos. El final del plan de Dios en crearnos es la restauración final de todos en las épocas venideras, para la alabanza de la gloria de Su gracia. (Hch 3:21; Ro 11:36; Fil 2:10, etc.)
 
La imagen de Dios como un Fuego Consumidor se ve a través de las Escrituras, comenzando cuando Él sacó a Israel de Egipto – “el horno de hierro:”
 
“Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.” (Deut 4:20; cf. 1 Reyes 8:5; Jer 11:4)
 
Aquí vemos la primera etapa en el proceso del Fundidor con Su pueblo escogido. De la manera en que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser probado por el diablo, los primeros descendientes de Abraham fueron llevados al horno de la aflicción en Egipto. El horno de hierro no los convirtió en oro pero sirvió para apartarlos de las naciones no-refinadas (naciones mena de hierro) del mundo como Su propio pueblo.
 
Conforme va progresando la historia de Israel, vemos el proceso de refinamiento para Su pueblo descrito con metales cada vez más preciosos, culminando en las pruebas de fuego para la Iglesia Judía/Gentil que nos convierte en oro puro. (1Pedro 1:7; Apo 3:18) Dios jamás ha olvidado el resto de las naciones pero el tiempo de Su refinamiento de ellas aún no ha venido a plenitud; eso espera los tiempos de la restauración de todos. (Hch 3:21)
 
Dios deja en claro que el fuego que nos refina no es fuego literal, como algunos piensan, sino el fuego de aflicción intencionado para purificar nuestros corazones:
 
“He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.” (Isa 48:10)
 
“El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; pero Jehová prueba los corazones.” (Prov 17:3)
 
Aunque muchos hoy no ven la intención benévola y purificadora de Dios en las descripciones de fuego de aflicción en la Biblia, el salmista claramente entendió que el horno de fuego del Fundidor es verdaderamente bueno y diseñado para nuestro beneficio:
 
“Porque tú nos probaste, oh Dios: nos refinaste como se refina la plata. Nos metiste en la red; pusiste aflicción en nuestros lomos. Hombres hiciste cabalgar sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a un lugar de abundancia.” (Sal 66:10-12 RVG)
 
“Antes que fuera afligido, yo me descarrié, Pero ahora guardo Tu palabra. Bueno eres Tú, y bienhechor…. 71 Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos.” (Sal 119:67-68,71)
 
Vemos Sus Buenos propósitos – aún en los juicios más severos contra Su pueblo rebelde después de haberle desafiado, siguiendo a falsos dioses y cometiendo actos abominables:
 
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
 
Si no supiéramos que Dios es Bueno todo el tiempo – aún en Su ira y en Sus juicios más severos, podríamos concluir aquí que Israel ha sido condenado para siempre – que Su ira y Su fuego era para su destrucción irremediable en vez de su restauración. Pero el propósito del horno fue su restauración – no su destrucción, como vemos a continuación:
 
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
 
Aquí vemos que, aun cuando en Su ira los impíos obstinados son lanzados en el horno de fuego Él es bueno todo el tiempo. Sus motivos son redentores y disciplinarios y el resultado final es purificación y restauración. De hecho, si Él fuera a retener la corrección sería negligencia paterna y no amor. Pero, si Dios fuera a aniquilar a los hombres incinerándolos o atormentándolos en un fuego eterno, sería un castigo excesivo y abusivo e irreconciliable con Su amor. Vemos Su buen propósito y el resultado redentivo en Su horno de aflicción repetidas veces en las Escrituras:
 
“Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.” (Zac 13:9)
 
“Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” (Heb 12:10)
 
Invariablemente, a través de todas las Escrituras vemos que Su aflicción de fuego finalmente resulta en restauración.
 
Algunos aceptarían que el fuego de Dios purifica a los elegidos pero insisten que su único propósito para el resto de la humanidad es para atormentarlos o para incinerarlos. Sin embargo, Dios no hace acepción de personas. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.” (Sal 145:9) Dios es bueno con todos, todo el tiempo – aun cuando tienen que ser fundidos en el horno de fuego.
 
Dios dice a través de Ezequiel que hasta Sodoma, junto con Samaria y la Jerusalén apóstata, finalmente serán todas restauradas. (Ezeq 16:53-55) Esto es de acuerdo con la apocatástasis o la doctrina de la restauración final de todos, pero es irreconciliable con las doctrinas de la aniquilación y el castigo eterno.
 
El mismo simbolismo del fuego del fundidor que es utilizado en referencia a Israel y las naciones del Antiguo Testamento son utilizados para describir el horno de fuego escatológico en los Evangelios y en Apocalipsis. Jesús describe la separación que sucederá cuando venga otra vez de la manera siguiente:
 
“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42)
 
En realidad, lo que dijo Dios en Ezequiel 22, describiendo lo que ahora sabemos que fueron juicios temporales contra Israel, suena más ominoso de lo que Jesús dijo aquí en referencia a ser echados en el horno de fuego. Además de decir que los echaría en el horno de fuego, Dios les dijo a Israel: “os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré.”  Sin embargo, por tan severo que suena, el “horno de fuego” no se refiere al incinerador de Dios, como creen los aniquilacionistas, ni tampoco a una cámara de tortura eterna según la doctrina tradicional de tormentos eternos, sino que habla del fuego purificador del Fundidor divino que consume toda impureza en los que son preciosos a los ojos de Él.
 
El horno de fuego tiene un propósito y no es aniquilación, sino purificación y restauración, como vemos presentado a través de las Escrituras. (Apo 21:5; Hch 3:21, cf. Mt 19:28; Isa 45:21-24; 25:6-8; Sal 66:3,4, etc.) Jesús es el Salvador del mundo entero y ha redimido a toda la humanidad. Sin embargo, todos estamos dañados y contaminados. Por eso necesitamos ser refinados y restaurados. En esta época pocos son los que se someten voluntariamente al fuego de aflicción que es necesario para nuestra restauración a la imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, ninguno escapará del fuego consumidor de nuestro Fundidor divino. Jesús vino a salvar a los perdidos y no desistirá hasta que haya atraído a todos a Si mismo. (Jn 12:32; Ef 1:10)
 
En el juicio del Gran Trono Blanco los impíos serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el horno de fuego, también llamado el fuego de Gehena y el lago de fuego y azufre. (Apo 20:12; 21:8) Las expresiones según sus obras y su parte no concuerdan con un castigo eterno. (Lc 12:47,48) Además, en dos ocasiones, hablando del fuego de Gehena, Jesús dijo que no saldrían de allí hasta que hubiesen pagado su deuda. (Mt 5:26; 18:34) Al decir hasta que,” Él excluye todo concepto de tormentos con un fuego interminable o exterminación. Pero, todas estas expresiones concuerdan perfectamente con las características del fuego del fundidor que solamente continúa hasta que haya purificado lo que es precioso a los ojos del fundidor.
 
Habiendo visto el uso constante de los términos del fundidor a través de las Escrituras, ahora podemos enfocarnos en el objetivo principal de este blog, que es examinar las referencias al azufre y la sal en relación con el fuego a que los hombres son sujetados por Dios.
 
El Lago de Fuego y Azufre  
“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apo 20:10)
 
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
 
Antes de entrar en una explicación del lago de fuego y azufre, hay una aparente contradicción entre estos dos textos como comúnmente han sido traducidos que necesita clarificación. En el 21:8 dice que tendrán su parte, que habla de un juicio medido, mientras que en el 20:10 dice: “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” “Su parte” no puede ser interminable como muchos entienden con la expresión “por los siglos de los siglos.”
 
Trato con este tema con mucho más detalle en mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.” [1] Por el momento solo quiero señalar que “por los siglos de los siglos” es una traducción errónea. La frase en griego literalmente dice “hacia dentro las épocas de las épocas.”
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Las épocas son medidas de tiempo y no tienen ninguna relación con la eternidad. Además, la preposición eís expresa “entrada dentro de” sin especificar la duración dentro del período de tiempo llamado “las épocas de las épocas.” La preposición “por” en español es engañosa porque expresa la idea: “a través de,” “A través de” hubiera sido expresado por la preposición griega dia y no con eís. Como “hacia dentro las épocas” suena raro en español uno puede traducirlo como “en las épocas de las épocas” sin cambiar significativamente la idea expresada con eís.

“En las épocas de las épocas” expresa algo que tomará lugar dentro de las épocas de las épocas sin especificar cuánto tiempo ocupa dentro de las épocas. Cuando decimos algo como: en el siglo XXI el hombre estará en el planeta Marte,” simplemente estamos diciendo que algo sucederá dentro del siglo XXI sin especificar el tiempo necesario para lograr ese objetivo. Esto es consistente con un juicio medido donde uno es juzgado “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el lago de fuego y azufre. Además, una vez que entendemos el objetivo de Dios en el lago de fuego y azufre, llega a ser obvio que no puede durar eternamente.
 
Yo tenía dificultad para entender exactamente qué era lo que significaba el lago de fuego y azufre hasta que leí un artículo escrito por Michael Webber con el título: “What is the Lake of Fire?” (¿Qué es el Lago de Fuego?) [2] En su blog él explica que el lago de fuego y azufre se refiere al crisol del fundidor y que el azufre es añadido para separar las impurezas y otros metales del oro en el proceso de la refinación. Al investigar más a fondo en Google encontré numerosos artículos que confirman y elaboran sobre lo que él dice en su blog. [3]
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Desde tiempos antiguos el azufre fue agregado al oro impuro al derretirse. Entonces, en el fuego las impurezas y la mayoría de otros metales se unen con el azufre, siendo convertidos en sulfuro que flota a la superficie como escoria donde es removido por el fundidor. Para el fundidor de oro y metales preciosos de tiempos bíblicos, la conexión entre el fuego y el azufre hubiera sido muy obvia. Aun hoy en día el azufre sigue siendo utilizado para refinar el oro, aunque otros métodos más sofisticados han sido desarrollados.
 
También la palabra traducida “lago” en nuestras traducciones obscurece el significado del texto. La palabra griega es límne. Aunque la palabra a veces se refiere a un lago, a menudo significa “un estanque” o “un charco.”  La Concordancia Strong’s la define: “lago, estanque (grande o pequeño).” La misma palabra, que aparece en el Nuevo Testamento refiriéndose a algo tan grande como el Lago de Genesaret en Galileo, también puede ser utilizado para referirse a un estanque o un charco. En ciertos contextos, según Liddel, Scott, Jones, Greek-English Lexicon, límne hasta se puede referir al recipiente que contiene el estanque. [4] En el contexto del fuego y azufre de un fundidor el “estanque” sería el estanque de metal precioso derretido y el “recipiente” sería el crisol del fundidor.
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Los traductores de la Biblia, o ignorantes del proceso de la refinación del oro o demasiado influenciados por la doctrina tradicional del castigo eterno, o ambas cosas, han traducido todas las versiones en español que pude consultar como “lago” con la excepción de La Biblia Bover – Cantera, que lo traduce estanque de fuego y de azufre.” Sin embargo, una vez que entendemos el proceso de refinar oro, el significado es obvio. Así como la apóstata Jerusalén fue lanzado en el horno de fuego para refinarla, así será en el fin de la época. El propósito del fuego de Dios es purificar el corazón porque solo los puros de corazón pueden ver a Dios. (Mateo 5:8; Heb 12:14) El lago de fuego y azufre apocalíptico es el crisol del Fundidor divino que servirá el propósito de refinar a los corazones, hasta de Sus enemigos más obstinados, resultando en la restauración de todos en las épocas venideras para la alabanza de la gloria de Su gracia.
 
 
El Humo de su Tormento
 
“él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado (basanízo) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento (basanismós)  sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.” (Apo 14:10-11)
 
Otro detalle acerca del lago de fuego que deja aún más claro que se está refiriendo al crisol de Refinador – intencionado para purificar a los que son lanzados en él, tiene que ver con el significado de la palabra traducida “atormentado.” La palabra griega es basanízo, que literalmente significa “probar con una piedra de toque.” Las piedras de toque fueron de basalto y eran utilizadas para probar la pureza del oro. Al frotar el oro en la piedra de toque dejaría un pequeño depósito en la piedra, permitiendo que el fundidor experimentado determinara la pureza por el tono del color de la marca. Hoy en día, a veces, concentraciones de ácido son aplicadas para determinar el grado de pureza con más exactitud.
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En el contexto del refinador, la piedra de toque (basanízo) no está hablando de tortura, sino de la prueba de la piedra de toque hecha por el refinador para determinar la pureza del oro. El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento Kittel (Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament) da una definición amplia de basanízo y sus palabras relacionadas:
 
“NT:931 básanos, basanízo, basanimós, basanistés
El básinos originalmente hace referencia a la professión de inspector de monedas. Es de la raíz hebrea (probar) y el bhn egipcio (“basalto”)…. El uso de la piedra de toque para probar oro y plata como medio de intercambio con la piedra de toque, fue desarrollado primero por los babilonios y después pasó a los armenianos y hebreos a través de Lida…
En la esfera espiritual tiene un sentido figurativo, que es muy relacionado al significado original y concreto de un medio de probación. Después, la palabra experimenta un cambio de sentido. El sentido original queda en el trasfondo. Ahora basinos viene a denotar “tortura” o “el potro,” especialmente en referencia a esclavos…. En la prueba de metales el significado esencial es de poner a prueba para determinar genuinidad. El potro es un medio para revelar el verdadero estato del asunto. En su sentido verdadero significa probación y aprobación, aunque también puede incluir castigo.” [5]
 
Como vemos, la palabra basanízo eventualmente fue aplicada a la idea de sacar la verdad de una persona y poco a poco el significado dejereró, llegando a ser nada más que una tortura hecha por hombres perversos. Sin embargo, contrario a lo que incinúa  Kittel, creo que en el contexto de estos pasajes llenos de términos del fuego purificador, basanízo no se refiere a tortura sino que retiene su significado que tiene para un refinador, que es probar para determinar el grado de pureza en los que han sido sujetados al fuego consumidor del Refinador.
 
Esto explica lo que significa cuando dice que serán “probados con la piedra de toque” (no atormentados) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Cristo y los ángeles no serán meros espectadores como los de la Arena Romana sino que siempre estarán presentes – pendientes del proceso de los que están en el proceso de ser refinados como oro. Tan pronto sean determinados puros, serán restaurados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida y les será concedida la entrada en la Nueva Jerusalén. (Apo 22:14) Como vimos anteriormente, “día y noche” y “por los siglos de los siglos” no hacen referencia a la eternidad sino a un período de tiempo indefinido en las épocas de las épocas. Que no esté hablando de la eternidad es evidente, dado que “día y noche” son medidas del tiempo que comenzaron con la creación. En la eternidad - fuera de la creación temporal, el tiempo con sus medidas de día y noche no existen. No hay día y noche en la eternidad.
 
 
Salados en Fuego
 
Porque todos serán salados con fuego.” (Marcos 9:49 NBLH)
 
Este versículo ha sido muy ambiguo para la mayoría. Hasta parece que los escribas de la antiquedad, que copiaban los textos griegos del Nuevo Testamento, tuvieron dificultad para entenderlo. Los manuscritos bizantinos incorporaron en el texto lo que aparentemente comenzó como una anotación explanatoria, haciendo que el pasaje diga: Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.” Sin embargo, la mayoría de los eruditos modernos consideran que los manuscritos con la lectura más corta y antigua es original y la frase adicional fue injertada después. Hay unas 15 interpretaciones distintas para este texto y la mitad de los comentarios que consulté se abstuvieron de comentarios sobre el versículo por completo.
 
Mientras que creía que el versículo hacía referencia al proceso de la purificación por la que todos tenemos que pasar sin excepción, ahora o más adelante, para llegar a ser puros de corazón y ver al Señor, no entendí por qué Jesús hizo una conexión entre el fuego y la sal hasta que comencé a investigar sobre el uso de fuego con azufre para refinar oro para confirmar lo que Michael Webber había compartido en su blog. Hice un descubrimiento asombroso que dio claridad y sentido a las palabras de Jesús.
 
El azufre es eficaz en remover la mayoría de los metales e impurezas del oro, pero no es tan efectivo para separar la plata del oro. Mucho antes del tiempo de Cristo, los de la antigüedad descubrieron que la sal era más eficaz que el azufre para separar la plata del oro. Esto se llama “parting” en inglés. La Enciclopedia Britannica dice: “Para el año 2000 a.C. el proceso de purificar aleaciones de oro-plata con la sal para remover la plata fue implementado.” [6] Cuando el oro con mixtura de plata es calentado con la sal, la plata reacciona con la sal, formando cloruro de plata que puede ser removido fácilmente, solo dejando el oro puro. [7]
 
Esto ilustra que Dios está determinado a continuar purificándonos hasta que salgamos como oro puro. La plata es considerada como un metal semi-precioso pero Dios no se conforma con dejarnos como una mixtura de precioso y semi-precioso. No es suficiente remover la escoria de la carne pecaminosa de nuestros corazones. Aún nuestras “buenas” pero independientes obras – como la plata, tienen que ser purgadas de nuestra vida hasta que todas nuestras obras sean hechas en Dios y pasemos de nuestra vida de independencia a la unión perfecta con Él.
 
El sustantivo griego “fuego” es en la forma dativo y podría ser traducido como instrumental – con fuego” o locativo, indicando ubicación – en fuego.” Yo nunca podía entender cómo podríamos ser salados con fuego. Sin embargo ahora, entendiendo que el contexto está hablando del “parting” de oro o la separación de la plata del oro utilizando la sal, llega a ser evidente que la lectura correcta es: “Porque todos serán salados en fuego.”
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Muchos han pensado que Marcos 9 solo está hablando de los impíos. Sin embargo, en el contexto vemos que todos tenemos que pasar por un proceso de refinamiento. Aún los discípulos no eran exentos:
 
“Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía…. 43 Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45  Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47  Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48  donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49 Porque todos serán salados con (en) fuego.” (Marcos 9:31,43-49 NBLH)
 
En el versículo 31 vemos que Jesús estaba dirigiendo las palabras principalmente a los discípulos. Después de advertirles de la realidad del fuego post mortem, Él les explicó que todos tendrán que pasar por el procesamiento de sal en fuego que separa el oro aún de la plata semi-preciosa. Si no nos sometemos al fuego del Refinador en esta vida, siendo purificados de toda contaminación de carne y espíritu ahora - perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2Cor 7:1), entonces seremos dañados por la segunda muerte, recibiendo nuestra parte en el fuego de Gehena  que es el lago purificador de fuego y azufre. (Apo 2:11; 21:8)
 
Dios no va a aniquilar a Sus enemigos en un incinerador. Tampoco creó una cámara de tortura eterna cuando creó los cielos y la tierra y todo que en ellos hay en aquellos primeros seis días. ¡No! Su fuego es como fuego de fundidor y Él ha declarado que Su plan para las épocas culminará en la restauración de todos cuando Él sea todo en todos en la eternidad:
 
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados…. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor 15:22,28) [8]
 
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y PARA (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36) [8]
 
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti TUS ENEMIGOS. 4 TODA la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3,4)
 
“Mirad a mí, y sed salvos, TODOS los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: QUE A MÍ SE DOBLARÁ TODA RODILLA, Y JURARÁ TODA LENGUA.  24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; A ÉL VENDRÁN, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
 
No es posible presentar a plenitud todo lo que las Escrituras tienen que decir sobre el glorioso tema de la restauración final de toda la creación en estas pocas páginas. Para una examinación más a fondo de esta doctrina bíblica, recomiendo mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.” [9]
[1] https://www.amazon.com/George-Hurd/e/B071YDGBQ9/ref=sr_ntt_srch_lnk_1?qid=1507842693&sr=1-1
 
[2] http://thetotalvictoryofchrist.com/whatisthelakeoffire.pdf
 
[3] Two concise and helpful sites were: https://www.911metallurgist.com/blog/sulphur-refining-gold
  https://www.911metallurgist.com/blog/gold-refining-methods#goldrefining-by-sulphurisation
 
[4] Liddell, Scott, Jones - A Greek-English Lexicon: limne.
 
[5 Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament (10 vol.)
 
[6] Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite, version: 2012.00.00.000000000: Gold Processing,
  History
 
[7] https://en.wikipedia.org/wiki/Gold_parting
 
[8] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
 
[9] https://www.amazon.com/George-Hurd/e/B071YDGBQ9/ref=sr_ntt_srch_lnk_1?qid=1507842693&sr=1-1
 
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by George Sidney Hurd   
 
Many today are coming into a new and fresh revelation of God’s grace which is introducing them into a level of intimacy and transformation never before dreamed possible. They are overjoyed to discover that the straight and narrow is not less traveled because it is too difficult for all but the strongest of the strong, as some translations and paintings have portrayed it.[1] Contrary to what some believe, it is only less traveled because it is passed by unnoticed by the self-sufficient who continue on their way, not recognizing their need for grace.
 
Rather than being a hard, arduous and treacherous path that can only be embarked upon with much difficulty and self-effort, it is a grace-walk – a rest that Jesus invites us to enter into with Him (Matt 11:28-30; Heb 4:1-9). Those who do not find it fail to discover it simply because their illusion of potential self-fulfillment blinds them to its presence.

Peter, in his sermon on Solomon’s Porch after Pentecost, indicated that seasons of refreshing would prepare the way for the Lord’s coming, and that His return would commence the times of the restoration of all things – something which had been prophesied since the beginning of time (Acts 3:19-22). I believe that it is significant that “seasons” appears in plural. Our generation has seen significant seasons of refreshing or revival and each one has served to restore essential truths to the Church in preparation for His coming.

Many of my generation, like me, were saved during the revival which has come to be known as the “Jesus Movement Revival” in the late 60’s and 70’s. Jesus was the focus of that revival. The essential truth revealed during that season was the reality of Christ in us – the exchanged life. In a time of cultural decay, many of us were miraculously delivered from immorality and drug addiction by the abiding presence of Christ in us. We became consciously aware of His wonderful transforming presence within us.

The next season of refreshing was the Holy Spirit revival of the 80’s and early 90’s. The gifts, anointing and communion of the Holy Spirit were restored to the Church in that season. In the mid 90’s came another glorious season of refreshing in which the Father’s love was revealed to what by then had become a fatherless generation, which had only known the distant, capricious and vengeful god of traditional Christendom.

This new season, which is regarded by some as the “Grace Revolution,” could possibly be the final season of refreshing, bringing us into the greatest harvest of all time, followed by the Second Coming of Christ. I see it as potentially being the culmination of all the previous seasons – the free abounding favor of God upon the Church, bringing to perfection the revelation of the knowledge of the grace of our Lord Jesus Christ; the love of God our Father; and the communion of the Holy Spirit, all coming together into one glorious season (2 Cor 13:14).

Some see the darkness enveloping the world and sensing that the apocalyptic judgments are impending, only look for an escape. However, the darkest hours of history have also seen the greatest visitations of the glory of God. And the final and darkest hour of this age will see the greatest manifestation of His glory that man has ever known. God, in His judgments always remembers mercy, and the final judgments of Revelation are no exception. John in vision was shown an innumerable multitude who will come out of the Great Tribulation, having washed their robes and made them white in the blood of the Lamb (Rev 7:14).The greatest days of glory in this age are yet to come. When the enemy comes in like a flood, the Spirit of the Lord will lift up a standard against him. (Isa 59:19). The darkest hour is just before dawn and the Lord has promised that the gates of Hades will not prevail against His Church (2 Cor 13:14).

In the darkest hour multitudes will come to an end of their self-sufficiency, being in Great Tribulation, only to discover the super-abounding grace of God in Christ Jesus, entering into the kingdom through faith in Jesus who is the narrow gate into the straight and narrow grace-walk in which we no longer live, but Christ lives in us and leads us into fullness of life, giving us grace upon grace; taking us from glory to glory, from faith to faith, and from strength to strength (Jn 1:16; Ro 1:17; 2Cor 3:18; Ps 84:7). The straight and narrow is Jesus Himself. He is both the Door and also the narrow Way. It is not a difficult way because it is no longer us who live, but Christ who lives in us. We simply live by His faith, allowing Him to do His works through us – works which God prepared for us to walk in from the foundation of the world (Gal 2:20; Eph 2:10; Heb 4:3-11).

However, while the straight and narrow is a grace-walk, it is nevertheless a narrow path to walk. The only way we can continue upon it without stumbling or turning aside is to keep our eyes fixed upon Jesus, the author and finisher of faith (Heb 12:2). We must daily consider ourselves to have indeed been co-crucified with Christ to our old life in Adam and by faith see ourselves as the new creation we now are in Christ. We must understand and recognize that the life that we now live is no longer us, but Christ living in and through us.

As we walk upon the narrow path of the Christ-life we will be tempted to leave the path of life and, in our independence, follow the branches that appear both on the right hand and on the left. Anytime we take our eyes off of Jesus we cease to be Christ-conscious and become self-conscious and will inevitably stray from the straight and narrow.

The branches which branch off to the left and to the right can be compared to the tree of the knowledge of good and evil. In their original state of God-consciousness Adam and Eve lived in God, free from all self-consciousness. It wasn’t until the serpent convinced Eve that she needed something they could not find in God to complete her, that she ate of the tree. And, why did she eat of the tree? Was it willful rebellion against God? No. She was deceived into thinking that she was incomplete and that by eating of the tree she would complete herself, making her more like God. It wasn’t until Adam and Eve ate of the tree of the knowledge of good and evil that they became self-conscious. In this state of independence from God they felt shame because of their nakedness. Instead of running to God for Him to cover their nakedness they hid from Him and tried to cover their nakedness themselves with fig leaves. Mankind has been doing the same thing ever since.

Since the fall, mankind has sought to find a sense of self-fulfillment – some through partaking of the good branches, seeking self-improvement through the “good” deeds of the flesh, while others partake of the evil branches seeking fulfillment through the self-gratification of the flesh. The religiously self-righteous despise those who eat from the other side of the tree, considering themselves to be better in God’s eyes than other “evil sinners.” But all fleshly self-originating activity, whether “good” or bad, comes from the same forbidden tree and is therefore unacceptable to God.

The term “flesh” in the Bible, when not referring to literal butcher shop meat, is referring to the independent self-life which we inherited from Adam. Although the old adamic flesh was crucified with Christ and we have now become new creatures in Christ, thereby changing our essential nature; we still carry in our physical bodies the residual desires and tendencies of the old fleshly self-life. As long as we remain in this body the desires of the flesh will be in tension with the desires of the Spirit (Gal 5:17).We must by faith continually consider ourselves to be dead indeed to the sinful flesh, but alive to God in Jesus Christ (Rom 6:11).

On both sides along the narrow path of the grace-walk there are branches leading us away from the Christ centered life back into the fleshly self-life. On the right we are drawn towards fleshly self-effort to produce "good" works independently of our union with Christ. On the left we are enticed to find fleshly self-gratification independently of our union with Christ. If we take our eyes off of Jesus, the author and finisher of faith, and look inward, we will always wander off of the narrow way of the grace walk. If we look to the left and fear going in that direction we will inevitably wander to the right into fleshly self-efforts through volitional obedience to an external law. This causes us to fall from grace into fleshly striving in order to subdue the flesh. (fighting flesh with flesh). This is deceptive since it appeals to our fallen human logic, but as Paul says, self-imposed religion is of absolutely no value against the indulgence of the flesh (Col 2:23). Sooner or later, no matter how strong-willed one is, he will eventually cross over and partake of the fruit from the left side in fleshly self-indulgence. This inevitably produces feelings of guilt and self-condemnation.

Our natural instinct is to cross back over into the right side, rededicating ourselves in will-worship, full of resolve to outperform our previous attempts. The longer we continue to abstain from the evil branches and partake of the fruit of the “good” branches, the greater our self-assurance and pride. But inevitably our will wears down and in a vulnerable moment we cross back over onto an evil branch and partake of its fruit. The more determined we are to “do” good the more we feel devastated when we once again partake of evil.

Many who enter through the narrow gate by grace through faith in the Lord Jesus Christ, only enjoy the glorious grace-walk for a brief time. We are born again into a new life in which it is no longer us who live but Christ who lives in and through us. But newborns are not born walking. Paul said that we must learn to walk in the grace-walk in the same manner we entered, which was by grace through faith. He says:

As you therefore have received Christ Jesus the Lord, so walk in Him, rooted and built up in Him and established in the faith, as you have been taught, abounding in it with thanksgiving.” (Col 2:6,7)

What are we to do when we stumble in the grace-walk? The human tendency is to take a quick detour from the grace-walk to the right and hide in the bushes until we can prepare “fig leaves” to cover our shame, and only when we have eaten sufficient fruit from the “good” branch to satisfy our conscience do we feel worthy to return to the well-lit path. That is a great mistake which we have all frequently made. The apostle John says that while we walk in the light of the grace-walk in communion with Him, the blood of Jesus continually cleanses us (Greek present continuous katharizo) from all sin (1Jn 1:7).

Even when we leave the path to willfully indulge the flesh, whether it be to the right or the left, fellowship is immediately restored by simply confessing or coming into agreement once again with God (1John 1:9-10). Confession is simply “saying the same thing” or coming into agreement with God. When we refuse to acknowledge sin in our lives – whether it be self-righteous sin or self-indulgent sin, we leave the path of light and communion with the Father is interrupted. To wallow in remorse and self-effacement in an attempt to propitiate our failings only prolongs our detour from the grace-walk. Your Father says that your sins have already been cast as far as the east is from the west and that there is now no condemnation for those who are in Christ Jesus (Ps 103:12; Rom 8:1). Paul says that we should walk in Christ in the same manner that we received Him – by faith abounding in thanksgiving. When you come into agreement with the Father concerning your standing before Him in Christ, you will be abounding in thanksgiving for His unconditional acceptance in Christ by grace instead of leaving the light to hide in the bushes in remorse and self-castigation thinking that your contrition somehow propitiates your sins. Christ’s once and for all sacrifice is the propitiation for all your sins and much, much more (1John 2:2).

Paul continues in verse eight of Colossians saying:

“Beware lest anyone cheat you through philosophy and empty deceit, according to the tradition of men, according to the basic principles of the world, and not according to Christ. 9 For in Him dwells all the fullness of the Godhead bodily; 10 and you are complete in Him, who is the head of all principality and power.” (Col 2:6-10)

The problem with philosophy, whether it be moralistic or hedonistic, is that it is all based upon the tree of the knowledge of good and evil and therefore the preaching of the cross with its unmerited grace is seen as foolishness. The goal of philosophy is self-realization and self-fulfillment and is not according to the truth that we are now already complete in Christ. The believers in Galatia had become bewitched into thinking that, although justification was a work of free grace, their sanctification into Christlikeness was a work of the flesh. He said to them:

“O foolish Galatians! Who has bewitched you that you should not obey the truth, before whose eyes Jesus Christ was clearly portrayed among you as crucified? 2 This only I want to learn from you: Did you receive the Spirit by the works of the law, or by the hearing of faith? 3 Are you so foolish? Having begun in the Spirit, are you now being made perfect by the flesh?” (Gal 3:1-3)

Wherever Paul went preaching the pure gospel of grace through Jesus Christ, he was followed by a group of Judaizers. Judaizers were Jews who most probably had entered by the narrow gate which is Christ. Nevertheless, they insisted that it was necessary to keep the Law of Moses in order to ultimately be saved. They did not outright deny grace for the Christian life. However, to them grace was not the free unmerited favor of God which Paul preached. To them grace simply empowers or assists us in order to produce good works for salvation. To Paul, their teaching constituted being made perfect by the flesh instead of by the Spirit of grace. He made it clear that free grace is antonymous to works:

“Therefore we conclude that a man is justified by faith apart from the deeds of the law…. Now to him who works, the wages are not counted as grace but as debt. But to him who does not work but believes on Him who justifies the ungodly, his faith is accounted for righteousness.” (Rom 3:28, 4:4,5)

Can you see what Paul is saying? Grace is the gift of God’s free unmerited favor. If salvation is not entirely apart from works then God owes it to us and it is therefore no longer by grace. If a loved one were to give you a precious gift out of the goodness of his heart and you were to insist upon paying at least ten percent of its value in return, wouldn’t it be taken as an insult against their grace shown towards you? Even if we were to say that grace was simply given to assist us as we work, it would no longer be grace, and God would end up owing us.

To illustrate this, let’s suppose that I needed someone to mow my lawn. Seeing a young man walking by I offered him the job. The lad responds: “I would be glad to but I don’t have a lawn mower.” I say: “No problem, I have a lawn mower. All you have to do is sit on it and steer.” The young man accepts my offer and at the end of the day he finishes mowing the lawn and when he comes up to me I say to him: “Well done. I’ll see you next time.” What is missing in this equation? He was working; albeit with the assistance of my own power mower, and he justly anticipated payment for his labor. Paul said that if one works for something, then payment is expected in return. Grace by definition is "unmerited kindness and favor” and not merely divine enablement. Paul makes that even clearer in chapter eleven of Romans:

“And if by grace, then it is no longer of works; otherwise grace is no longer grace. But if it is of works, it is no longer grace; otherwise work is no longer work.” (Rom 11:6)

You see, what God has given us by His grace is more than a restoration of the old; it is an entirely new creation. That is why Paul said: “For in Christ Jesus neither circumcision nor uncircumcision avails anything, but a new creation.” (Gal 6:15). The narrow way which is our new life in Christ is not simply a matter of eating from the good branches instead of the evil branches with divine assistance but living an entirely new creation life in Christ. The works are not ours but rather His works in and through us:

“For by grace you have been saved through faith, and that not of yourselves; it is the gift of God, 9 not of works, lest anyone should boast. 10 For we are His workmanship, created in Christ Jesus for good works, which God prepared beforehand that we should walk in them.” (Eph 2:8-10)

The works done in our bodies in the grace-walk are not ours but rather are His workmanship in us. As we simply abide in Christ, resting in Him in yielded surrender, He works in us, giving us both the desire and the power to do all of His good pleasure. He works – we bear fruit. In Him we no longer partake of the old tree of the knowledge of good and evil which only left us weary and heavy laden. Now we partake of Christ - the Tree of Life and bear fruit for God.

Peter said: “grow in the grace and knowledge of our Lord and Savior Jesus Christ. To Him be the glory both now and forever. Amen.” (2 Peter 3:18). As we grow in grace it is inevitable that we stumble in many ways. Contrary to what some grace teachers affirm, we are not born mature sons. (I consider this subject in more detail in my book “Focusing in on End-Time Events.”) The Church is designed by God to provide a nurturing environment in which Christ is formed in us through the combined ministries of teaching, assistance, encouragement and corrective orientation. When it pleased the Father to reveal Christ in Paul, his goal in ministry was no longer to reproduce religious Pharisees after his own kind. His goal was to see the same Christ who was revealed in him formed in others as well. He said that he suffered what he could only describe as a second labor until he saw Christ formed in the believers of Galatia (Gal 4:19).

I, along with many others, believe that we are entering into a new season of refreshing in which the Church is receiving a new revelation of the grace-walk in which we no longer live, but Christ lives in us. As with all major seasons of revival in the past, the enemy will do all in his power to discredit what God is doing. We must be wary of any doctrine based upon a dilution of the pure gospel of grace which is nothing less than “Christ in us, the hope of glory.” Any gospel which would attempt to combine works with grace is a falling from grace (Gal 5:4). Grace plus works is not grace at all. It is another gospel which is not really good news at all. It is the leaven of the Pharisees (Matt 16:6). All which is not entirely Christ-centered is self-centered and a partaking of the “good” fruit of the forbidden old tree.

On the other hand, we must beware of any doctrine which would invalidate the many admonitions in the Scriptures. John, confronting the encroachment of an early form of Gnostic libertinism which encouraged fleshly indulgences, saying that we are under grace, said:

“Anyone who goes too far and does not abide in the teaching of Christ, does not have God; the one who abides in the teaching, he has both the Father and the Son.” (2 John 9 NASB)

The Greek scholar A.T. Robertson, commenting on this passage says: “Not the teaching about Christ, but… the walk of Christ…. These Gnostics claimed to be the progressives, the advanced thinkers, and were anxious to relegate Christ to the past in their onward march.” [2] We are living in an age of lawlessness in which many have chosen to live a life of self-gratification, eating the fruit of the evil branch of the old tree. Seeking spiritual affirmation for their licentious conduct, they flock to teachers who will only say what they want to hear. Paul warns us saying:

“I charge you therefore before God and the Lord Jesus Christ, who will judge the living and the dead at His appearing and His kingdom: 2 Preach the word! Be ready in season and out of season. Convince, rebuke, exhort, with all longsuffering and teaching. 3 For the time will come when they will not endure sound doctrine, but according to their own desires, because they have itching ears, they will heap up for themselves teachers; 4 and they will turn their ears away from the truth, and be turned aside to fables.” (2 Tim 4:1-5)

Jude warns against these false teachers who will interpret the grace of God in such a way as to present the grace of God as to affirm those who are living an immoral lifestyle:

“For certain men whose condemnation was written about long ago have secretly slipped in among you. They are godless men, who change the grace of our God into a license for immorality and deny Jesus Christ our only Sovereign and Lord.” (Jude 4 NIV)

These modern “grace” teachers present God as a father who is always jolly no matter what his children are “into.” Their selective use of Scripture avoids all New Testament warnings and declarations of the judgment of God against persistent and unrepentant sin in the lives of His children. Many of them conveniently relegate all the warnings of Jesus and the epistles concerning the last days, along with the judgments of the entire book of Revelation to the first century. Others simply ignore all warnings in the Scriptures entirely. The grace of God is not to be understood as being His affirmation of an ungodly lifestyle. Quite to the contrary Paul says:

“For the grace of God that brings salvation has appeared to all men, 12 teaching us that, denying ungodliness and worldly lusts, we should live soberly, righteously, and godly in the present age, 13 looking for the blessed hope and glorious appearing of our great God and Savior Jesus Christ, 14 who gave Himself for us, that He might redeem us from every lawless deed and purify for Himself His own special people, zealous for good works.15 Speak these things, exhort, and rebuke with all authority. Let no one despise you.” (Titus 2:11-15)

We need every Word of God. Some “grace” teachers show a contempt for the written Word of God in favor of the incarnate Word of God, which is Christ. However Jesus, the Logos Himself, continually affirmed the absolute authority of the Scriptures or the written Word. Paul, the apostle of grace himself said:

All Scripture is given by inspiration of God, and is profitable for doctrine, for reproof, for correction, for instruction in righteousness, 17 that the man of God may be complete, thoroughly equipped for every good work.” (2 Tim 3:16-17)

Some “grace” teachers present all reproof and correction - all judgment and discipline, as contrary to grace. We all stumble many times as we grow in grace and in the knowledge of our Lord and Savior Jesus Christ. The admonitions of the New Testament are New Covenant grace admonitions, intended to correct our focus when we take our eyes off of Christ and deviate from the straight and narrow grace walk. The writer of Hebrews says that God rebukes and disciplines those whom He loves (Heb 12:5-6). His rebukes are to keep us in His grace, restoring us when fall from it, or taking His rod and bringing us back into the fold when we go too far and do not abide in the doctrine of Christ.  Almost all of the New Testament epistles were written to bring correction when believers begin to become focused upon self rather than Christ and either wander into Old Covenant law and legalistic self-effort or veer to the left into lawlessness and self-gratification.

While I may seem critical of what I see as excesses among some grace teachers, I also, at the same time want to recognize and honor those who have been the cutting edge in this glorious grace revival. When God does something new He must find a willing instrument that is open to change. Often new seasons of change are resisted by the very leaders God raised up in the prior move. We often build our tabernacle around a move of God and remain stationary when the glory cloud moves on. God must then seek a “new wineskin” – someone willing to think out of the box, so to speak - someone teachable. [3] New moves of God often have extremes at first – even among the primary leaders of that new move. Nevertheless, God is ultimately in control of every revival and He brings each new revelation into balance in His own time.

Therefore let us keep our eyes fixed upon Jesus, the author and finisher of faith – and enjoy the grace-walk as He leads us into fullness of life, giving us grace upon grace; taking us from glory to glory, from faith to faith, and from strength to strength. For a fuller treatment of the grace-walk I recommend my book entitled The True Grace of God.”
 

[1] One of the most misleading paraphrases is the New Living Translation. It reads: "You can enter God's Kingdom only through the narrow gate. The highway to hell is broad, and its gate is wide for the many who choose that way. But the gateway to life is very narrow and the road is difficult, and only a few ever find it. (Matt 7:13-14) This version renders the Greek word thlibo, literally meaning “narrow,” for our word “difficult,” giving the impression that it is comparable to a rigorous obstacle course, requiring much human ability. It also replaces the word apoleia which describes a state of “perdition or being lost” for the word “hell.” Then the translators close the passage by adding the word “ever,” precluding the possibility that those who lost their way will ever be found by the Good Shepherd in the future.  The New American Standard Version is representative of a better translation of the idea expressed in the text: "Enter by the narrow gate; for the gate is wide, and the way is broad that leads to destruction, and many are those who enter by it. For the gate is small, and the way is narrow that leads to life, and few are those who find it.” (Matt 7:13-14 NASB)

[2] Robertson's Word Pictures in the New Testament 

[3] Thinking out of the box should not be seen as going beyond Scripture but rather refusing to be defined by established religious dogma. Great reformers such as Martin Luther, William J. Seymour and others, questioned tradition but never the Scriptures themselves. They challenged established dogma based upon the authority of the Scriptures. 
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?Una Reflexin sobre el Dogma Catlico Romano del Purgatorio

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por George Sidney Hurd
 
Habiendo sido criado en un hogar protestante y en una nación predominantemente protestante, no puse mucha importancia en la doctrina del purgatorio.  Sin embargo, después de años ministrando en una cultura predominantemente latinoamericana, llegó a ser evidente que las imagines mentales y conceptos Católico-Romanos de Dios y la espiritualidad siguen ejerciendo una influencia en las mentes y emociones aún después de pasar años como Cristianos Evangélicos.
 
Cuando escribí el libro, Triunfo de la Misericordia,” exponiendo lo que considero como la doctrina bíblica de la restauración final de todos y la naturaleza correctiva y temporal del hades y el lago de fuego, no incluí una discusión del tema del purgatorio, no considerándolo necesario. Sin embargo, muchas personas con raíces católicas han expresado su dificultad para distinguir entre la doctrina bíblica de los castigos correccionales después de la muerte en el hades enseñado por los Universalistas Evangélicos y el dogma Católico-Romano del purgatorio. ¿Cuál ha sido realmente la enseñanza Católica históricamente acerca del purgatorio, y en qué sentido es éste distinto al hades presentado por los Universalistas Evangélicos?
 
Al examinar este tema, debemos estar humildemente conscientes de los límites de nuestra capacidad de comprender los caminos del Señor. Aún Pablo, contemplando la infinita sabiduría de los juicios de Dios, exclamó: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!”  Algunos equivocadamente piensan que Pablo está diciendo aquí que los juicios son infinitamente más horrendos de lo que podemos comprender. Sin embargo, en el contexto de esta declaración de Pablo, vemos que es la misericordia y sabiduría en sus juicios que transcienden nuestra comprensión, poniendo a todos bajo desobediencia, solo para tener después misericordia de todos, uniendo a todos en Él en la consumación (Rom 11:33-36). Debido a que Sus juicios son inescrutables, debemos evitar ser excesivamente dogmáticos acerca de todos los detalles de los juicios de Dios después de la muerte. Mucha confusión ha resultado de las especulaciones acerca de detalles de los juicios de Dios que Él no nos ha revelado. Sin embargo, podemos estar confiados en que sus juicios son buenos y sabios, más allá de nuestra capacidad de comprender, y culminarán en la alabanza de la gloria de Su gracia.
 
La primera y más obvia diferencia entre el purgatorio y el castigo correccional presentado por los Universalistas Evangélicos es que los Católicos Romanos enseñan que el purgatorio es exclusivamente para la purificación de los elegidos – un lugar transicional donde los que no cometieron pecados eternos y fielmente evitaron y confesaron pecados mortales son purgados de todas fallas y pecados veniales (perdonables) en preparación para ir al cielo. El resto de la humanidad es condenada a un infierno eterno donde será sujetada a la ira implacable y eterna de Dios.
 
En cambio, la mayoría de los Cristianos Evangélicos no ven justificación en las Escrituras para la creencia en un lugar transicional llamado purgatorio, a través del cual los cristianos tienen que pasar antes de ser recibidos en la presencia del Señor. Pablo, hablando a creyentes, dijo que estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor (2 Cor 5:6-8). Aunque Jesús advierte que es posible que un siervo infiel sea excluido del reino, Él dice que recibirá su porción con los incrédulos – i.e. en el infierno o Gehena (Lc 12:46). No hay mención en todas las Escrituras de un estado o una región llamada purgatorio, donde los elegidos son purgados de los residuos del pecado. 
 
La doctrina del purgatorio está supuestamente basada sobre una tradición judeo/cristiana. Para mostrar que el purgatorio tiene raíces en la historia de los judíos, hacen referencia a la creencia de los judíos, que han sostenido desde los tiempos inter-testamentarios (desde el siglo V a.C.). Un escritor católico, en defensa del purgatorio, dice lo siguiente acerca de la creencia de los judíos en la Gehena:
 
“En la fe judía no hay ‘una doctrina oficial’ acerca de lo que pasa en el más allá. Así que no hay una definición desarrollada de un cielo o un infierno. Sin embargo, hay enseñanzas judías acerca de un lugar como un cielo donde los justos van al morir. También hay una creencia desde la antigüedad acerca de un lugar de purgación que fue nombrado Gehena. Es un lugar ‘transicional’ de almas donde son purificadas de su maldad. Como era su creencia que la mayoría de las almas van a Gehena, ofrecen oraciones por ellos. La Oración de Lamentos o Kaddish es algo que hacen hasta el día de hoy y después de doce meces aquí en la tierra el alma es liberada.” (énfasis agregado) [1]
 
Aquí, en apoyo de su doctrina del purgatorio para los elegidos que mueren en un estado de gracia, los católicos argumentan que los rabinos judíos hablaban de Gehena como un lugar de purgación. Pero lo que ellos evitan mencionar es que, para los judíos de ese tiempo, Gehena fue un lugar donde iban los impíos para ser purificados antes de entrar en el cielo – no los justos. Muchos de los rabinos judíos, a excepción de la secta de los Fariseos, no creían en un infierno eterno. Basados en numerosos textos del Antiguo Testamento, ellos enseñaron la restauración final de todos (Sal 66:3-4; 72:11; 86:9;138:4;145:8-10; Isa 25:6-8; 45:22-24, etc.). [2] Es imposible tomar en serio estas y muchas declaraciones más en las Escrituras que hablan de la restauración universal de todos y a la vez creer que el infierno es eterno. Y por ese motivo (entre otros), los judíos, como también los Universalistas Evangélicos, no toman el infierno como eterno y sin un fin restaurativo.
 
Los católicos también recurren al testimonio de los Padres de la Iglesia Primitiva. Pero la mayoría de los Padres de la Iglesia Primitiva, al igual que los judíos, creían que el infierno es temporal y purgativo, terminando con la restauración final de todos.
(Ver mi artículo, El Testimonio de Los Padres). Así que, cuando los Padres de la Iglesia Primitiva se referían al proceso de purificación después de la muerte como purgatorio, debemos tener presente que se están refiriendo a la purificación de los impíos y no de los fieles. Los siguientes ejemplos muestran como los católicos citan los escritos de los Padres de la Iglesia fuera de contexto para apoyar su dogma del purgatorio:
 
Clemente de Alejandría 150 d.C. a 215 d.C.
 
“El castigo es, en su operación, como medicina; ablanda el corazón duro, purga la escoria de la inmundicia, y desinfla el orgullo de los altivos; así restaurando a su sujeto a un estado sano y saludable.” [3]
 
Estas palabras, tomadas fuera del contexto, podrían aparentar apoyar el purgatorio del catolicismo. Sin embargo, Clemente era Universalista, como cualquier historiador afirmaría, y él está aquí haciendo referencia a los castigos purgativos de los impíos y no los elegidos, como podemos ver muy claramente en todos sus escritos:
 
“El Señor, dice Juan, es la propiciación, no por nuestros pecados solamente, sino también por todo el mundo.  Así que Él, de hecho, salva a todos universalmente; pero a algunos como convertidos por castigos, y otros por sumisión voluntaria, así obteniendo el honor y la dignidad, que a Él toda rodilla se doblará, de las cosas en el cielo, y las cosas en la Tierra, y las cosas debajo de la Tierra, es decir ángeles y hombres y las almas que partieron de esta vida antes de Su venida a este mundo.” [4]
 
Aquí podemos ver que el castigo a que se refiere Clemente es solamente para los que se niegan a someterse al Señor en esta vida.
 
Orígenes 184 d.C. a 254 d.C.
 
“Él que desprecia la purificación de la Palabra de Dios, y la enseñanza del evangelio, solo está reservándose a sí mismo para las horrendas purificaciones penales después, para que el fuego del infierno le purgue en tormentos, los que ni la doctrina de los apóstoles, ni la prédica del evangelio ha purificado, conforme a lo que está escrito de ser 'purificado por fuego'.  Pero, solo Él, a quien el Padre ha encomendado todo juicio, sabe por cuánto tiempo esta purificación que es obrada por medio del fuego penal durará, o por cuántos períodos o épocas atormentará a los pecadores.” [5]
 
Solo tomando una porción de este texto fuera de su contexto es posible dar la impresión de que Orígenes está hablando de un purgatorio distinto al infierno (Gehena). Él claramente dice que solamente los que desprecian los fuegos de prueba en esta vida tendrán que sufrir los fuegos purgativos del infierno. Él claramente está refiriéndose a los que no se arrepientan en esta vida y no a los elegidos. En otros lugares él deja aún más claro que creía en la salvación final de todos en la consumación de las épocas:
 
“Es nuestra convicción que la Palabra prevalecerá sobre la creación racional entera, y transformará cada alma a su propia perfección; en la cual cada uno escogerá lo que desea, y obtendrá lo que escoge.  Porque, aunque en las enfermedades y heridas del cuerpo, hay unas que ninguna habilidad medicinal puede curar, sin embargo, mantenemos que, en la mente, no hay mal tan fuerte que no pueda ser vencido por la Suprema Palabra de Dios.  Porque más poderosa que todos los males es la Palabra, y el poder restaurador que permanece en Él, y esta sanidad Él aplica, según la voluntad de Dios, a todo hombre.  La consumación de todas las cosas es la destrucción del mal… ” [6]
 
Gregorio de Niza 330 d.C. a 394 d.C.
 
“Cuando la muerte se encuentra con la vida, y las tinieblas con la luz, y lo corruptible con lo incorruptible, lo que es inferior se desvanece y es reducido a la nada, y la cosa purgada es beneficiada, al igual que la escoria es purgada del oro por fuego.” [7]
 
Tomando todo junto, es muy obvio que el purgatorio al que se refiere Gregorio no es para los elegidos, sino para los que mueren en sus pecados. Él está refiriéndose a lo que ahora llamamos “el infierno” y no un purgatorio católico solo para los fieles. Lo que el cristianismo tradicional de hoy llama “infierno eterno” está muy lejos a las llamas purgativas y temporales de los Padres de la Iglesia Primitiva, preparadas para restaurar a los impíos en Gehena o el lago de fuego. Gregorio sigue, haciendo aún más claro que este purgatorio es para los impíos y que no existirá para siempre:
 
“Creo que el castigo será administrado en proporción a la corrupción de cada uno. Así que, para los más aferrados a la corrupción, será necesario que el tiempo de la purgación sea de larga duración para consumirla… Sin embargo, todo mal, al final, tendrá que ser quitado de todo, para que ya no exista más. Debido a que es la naturaleza del pecado que no puede existir sin motivo corrupto, por necesidad tiene que ser completamente disuelto, y enteramente destruido, para que nada puede permanecer como receptáculo de él, cuando todo motivo e influencia surgirá de Dios solamente.” [8]
 
“Cuando todo ser creado esté en armonía…y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor; cuando toda criatura habrá sido hecha un cuerpo…. Ahora el cuerpo de Cristo, como a menudo he dicho, es la humanidad entera. Y otra vez él (Pablo) escribe, ‘todos estarán sujetos a Cristo,’ y estarán sujetos por medio de un pleno conocimiento de Él, y por medio de una renovación…. Ahora, Dios será todo en todos, en el tiempo de la restitución.” [9] “Él que libera tanto al hombre, como también el mismo inventor del mal.” [10]
 
Así que, los fuegos purgativos del Gehena que presentaban los rabinos judíos y también los Padres de la Iglesia Primitiva, no fueron entendidos por ellos como fuegos literales en un lugar transicional donde van los elegidos antes de entrar al cielo, sino más bien eran descriptivos de lo que tendrán que sufrir los no arrepentidos.
 
Hay unas palabras de Jesús que los católicos utilizan para apoyar su dogma del purgatorio. Él dice: “De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante” (Matt 5:26). De esto argumentan que el castigo del purgatorio no es eterno. Sin embargo, una vez más vemos que Jesús no está hablando de un “purgatorio” sino “infierno de fuego” [Gehena pur] (5:22). En otra ocasión Él dijo que algunos siervos recibirán muchos azotes, mientras que otros solo recibirán pocos azotes (Lucas 12:47). Ambos de estos pasajes están de acuerdo con la doctrina del Universalismo enseñado por los Padres de la Iglesia Primitiva y muchos Evangélicos hasta el día de hoy, diciendo que todos los que no se encuentren escritos en el Libro de la Vida del Cordero serán excluidos de la presencia del Señor hasta el juicio. En el Juicio del Gran Trono Blanco, si sus nombres aún no se encuentran escritos en el Libro de la Vida, serán juzgados según sus obras y cada uno recibirá su parte en el lago de fuego – algunos recibiendo pocos azotes mientras que otros recibirán muchos azotes. Esto hace referencia a Gehena y el lago de fuego – no el purgatorio católico. A menos que doblen rodilla, confesando a Jesús como Señor en arrepentimiento y fe, de ninguna manera saldrán de Gehena hasta que hayan pagado el último cuadrante. Sin embargo, el Señor ha jurado que toda rodilla se doblará en sumisión a Él y cada lengua confesará que Él es Señor (Isa 45:23; Fil 2:10-11; 1Cor 15:22,28).
 
La práctica común entre los judíos y cristianos primitivos de orar y ofrecer sacrificios por los muertos también es presentada como evidencia del purgatorio. Argumentan que hubiera sido considerado inútil orar por los muertos si su estado eterno fuera fijo – o en el cielo, o en el infierno. Sin embargo, los judíos hasta el día de hoy ofrecen oraciones por los muertos – no porque crean en un purgatorio, sino porque creen que el infierno (Gehena) es temporal – solo durando lo necesario para la purificación de las almas. Muchos en la Iglesia Primitiva ofrecieron oraciones por los muertos por la misma razón. Aunque Pablo hace mención de la práctica de ser bautizados por los muertos (1Cor 15:29), él ni condena el rito, ni les encarga hacerlo. Ofrecieron oraciones por todos sus seres queridos y no solamente por los que murieron en Cristo. Así que su práctica de orar por los muertos confirma su creencia en la reconciliación universal de todos y no en un purgatorio solo para los fieles.
 
Sin embargo, hay un sentido en que todos creyentes tendremos que pasar por una purificación o un fuego que nos purga. Jesús dijo, hablando a Sus discípulos,  que “todos serán salados en fuego” (Marcos 9:49). Así que, ni aún sus discípulos son exentos del fuego purificador. El Apóstol Pablo también habla de un fuego a través del cual aun los que estén en Cristo tienen que pasar:
 
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1Cor 3:11-15)
 
Pablo aquí dice que aun los que han edificado sus vidas sobre el fundamento que es Cristo tendrán que pasar por el fuego que dejará expuesto y consumirá todas las obras que son madera, heno, y hojarasca. Tome nota que no es el individuo en sí el que está siendo quemado, sino las obras vanas y muertas que no tienen valor eterno. El fuego no destruye al individuo. Lo que él sufre no es dolor físico sino pérdida. Él mismo será salvo, pero sus obras muertas no le seguirán en el reino.
 
En este sentido, y en este sentido solamente, podemos reconocer una forma de purgación. Basado en este pasaje, algunos Evangélicos notables, incluyendo el respetado C.S. Lewis, han sostenido la creencia en una forma de purgatorio. [11] Sin embargo, en ninguna de las Escrituras vemos que es mencionado como un lugar o una región de la manera que se podría decir acerca del cielo, Gehena o el lago de fuego, pero es el resultado de estar en la presencia de Aquel que es un Fuego Consumidor.
 
Entiendo la expresión “aquel día” como refiriéndose al momento en que estamos ausentes del cuerpo y presentes con el Señor – sea en la Segunda Venida o en el momento de la muerte. En un momento de tiempo toda nuestra vida será dejada desnuda – expuesta por la mirada penetrante de Aquel cuyos ojos son como llama de fuego. No es un juicio que determina justificación o condenación, porque eso ya fue resuelto al pie de la cruz. Creo que será una revelación dolorosa y vergonzosa, aún para los santos más devotos. Sin embargo, será momentánea y no duradera. Aún los más consagrados de los santos tienen algo de escoria en sus vidas que será expuesta y consumida por Aquel que es descrito en las Escrituras como “el fuego consumidor y las llamas eternas” (Isa 33:14). La reacción inicial de Isaías al ver al Señor fue exclamar: “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Isa 6:5). El mismo clamor se ha oído en todos los avivamientos principales cuando la presencia del Señor deja expuesto el pecado y la carnalidad por lo que realmente es.
 
Este fuego purgativo, al que todos en Cristo estarán expuestos, no debe ser visto como tomando lugar durante un lapso del tiempo entre la muerte y el momento en que estaremos en la presencia del Señor, sino más bien la experiencia inicial de estar en su misma presencia. Ser ausente del cuerpo para el creyente es estar presente con el Señor. En su Segunda Venida los que están vivos no irán a un “purgatorio.” Serán arrebatados en las nubes para estar con el Señor (1Tes 4:15-17). Será más doloroso para algunos que para otros, mientras que el fuego consumidor de Su presencia quema la madera, heno y hojarasca en sus vidas, pero ocurrirá en un instante de tiempo. No será un juicio en que la justicia es ejecutada y la sentencia declarada. Eso ya fue hecho por nosotros en la persona del Señor Jesucristo cuando derramó su sangre por nosotros en la cruz. No hay ningún juicio penal y condenatorio esperando a los que se encuentran en Cristo en aquel día (Rom 8:1). Los que creen en Él no entrarán en juicio, sino que ya habrán pasado de la muerte a la vida (Jn 5:24).
 
En contraste a esto, el dogma histórico Católico Romano del purgatorio presenta a los elegidos como estando en un lugar a menudo descrito como tormentos en llamas literales. Según su doctrina, solo los elegidos, que se encuentran en un estado de gracia al morir, son admitidos al purgatorio. Los demás, que han cometido lo que ellos llaman pecados eternos o los que cometen pecados mortales sin confesarlos a un sacerdote, van directo a un infierno de fuego literal eterno sin posibilidad de escape.
 
El Papa Gregorio (590 d.C. – 604 d.C.), declaró que los católicos “expiarán sus faltas por medio de las llamas de purgatorio.”  También describió las llamas como literales, diciendo: “El dolor es más intolerable de lo que uno puede sufrir en esta vida.” Siglos después, en 1431, en el Concilio de Florencia, el purgatorio fue declarado una doctrina infalible de la Iglesia. La Iglesia ha hecho muchas ganancias vendiendo indulgencias bajo la promesa de que las ofrendas dadas a la Iglesia por los seres queridos muertos aliviarían su sufrimiento y acortarían su estadía en el purgatorio. Estos abusos son los que llevó a Martín Lutero a clavar sus 95 Tesis a la puerta de la Iglesia de Todos los Santos en Wittenburgo en 1517, en protesta. Estas 95 Tesis son lo que realmente inició el Movimiento Protestante de la Reforma. La declaración en el Concilio de Florencia acerca del purgatorio y las indulgencias para los muertos fue reafirmada por la Iglesia en el Concilio de Trent en 1564, que fue organizado para resistir el movimiento de la Reforma.
 
Puede que algunos pregunten: “¿Qué diferencia hace realmente si uno cree en el purgatorio o no?” “¿Será que la doctrina realmente va en contra del evangelio de Jesucristo?” Tristemente sí lo hace. Esta doctrina tradicional católica históricamente ha enseñado que los pecados veniales y aún pecados mortales “perdonados” tienen que ser expiados en las llamas del purgatorio. [12] El Papa Gregorio el Grande dijo que en el purgatorio los elegidos expiarán sus fallas en las llamas del purgatorio.” [13]
 
Al enseñar que los santos tienen que expiar o propiciar sus propios pecados en el purgatorio, niegan la suficiencia del sacrificio propiciatorio de Cristo en la Cruz en nuestro lugar. La paga del pecado es la muerte. Esa fue la sentencia declarada por Dios mismo desde el principio en Edén. La vida está en la sangre y sin el derramamiento de sangre no hay remisión del pecado (Heb 9:22). Ninguna cantidad de llamas, por tan intensas que sean, pueden anular la sentencia declarada por el pecado – que es la muerte. Ninguna indulgencia puede deshacer lo que ya está hecho. No hay esperanzas de resucitación para los que ya están espiritualmente muertos en Adán. Tenemos que venir a Cristo para recibir Su vida de resurrección – naciendo de nuevo en Su Nueva Creación (Ef 2:4-9).
 
El único sacrificio aceptable, capaz de redimirnos de la condenación que vino por la desobediencia de Adán, es el derramamiento de la sangre del Cordero de Dios, inmolado desde la fundación del mundo. Cuando Juan el Bautista vio a Jesús de lejos declaró: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2). 
 
No hay otro camino al Padre, sino a través del sacrificio expiatorio de Cristo por nosotros. Ninguna cantidad de tiempo en un purgatorio puede dar vida a uno que nace muerto. Nosotros nacimos muertos en nuestros delitos y pecados, y ninguna cantidad de obras puede cambiar eso. Sin embargo, todos los que murieron en Adán serán vivificados en Cristo, el último Adán, pero cada uno en su debido orden (1Cor 15:22,23). Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Toda la creación fue reconciliada a Dios en Cristo (Col 1:15-20). Sin embargo, la única manera que uno puede experimentar la paz con Dios lograda por esa reconciliación es a través de la sangre de Su cruz (v.20; Rom 5:1-2).
 
Jesús vino para destruir todas las obras del diablo y librarnos del último enemigo, la muerte, que nos mantenía en esclavitud al temor. Si tú no tienes la plena seguridad de que la sangre de Cristo te limpia de todo pecado – si vives en una horrenda anticipación del purgatorio o del infierno, entonces pon tu mira en Dios. Él te mostrará la cruz donde Su Hijo Jesucristo voluntariamente ofreció Su Misma sangre para la remisión de todos tus pecados, para que puedas vivir en la gozosa anticipación de ser recibido a Su presencia en vez de vivir en la esclavitud del temor a la muerte todos los días de tu vida.
 
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” (Hebreos 2:14-15)
 
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?  ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Cor 15:55-57).
 


[1] https://catholicischristian.wordpress.com/2011/08/23/catholic-inventions-purgatorys-roots/
 

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Gehenna

[3] Clemente de Alejandría, Paedagogus 1.8 as cited in Thayors Léxicon.

[4] Clemente de Alejandría, Comentary of 1 John Adumbrat. in Ep. I Johan., printed at the end of his Treatise, Quis dives salvetur, p.1009, Potter´s Edit.

[5] Origin, Commentary In Epist. Ad Rom. lib viii. cap. xi.

[6] Origin, Contra Selsum 8.72.

[7] Hanson, J.W. Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First 500 Years (Kindle Locations 2837-2839).

[8] Hanson, J.W. (2014-09-16). Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First 500 Years (Kindle Location 2842-2847). 

[9] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, (36)

[10] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, Cap. 26.

[11] Lewis, C.S. (Cllive Staples) (2002). Letters to Malcolm: Chiefly on Prayer. Houghton Mifflin Harcourt. p. 108.

[12]  Oxford Dictionary of the Christian Church (Oxford University Press 2005 ISBN 978-0-19-280290-3), article Purgatory

[13]  Ps. 3 poenit., n. 1, quoted in Catholic Encyclopedia: Purgatory
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por George Sidney Hurd
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Como algunos han aprendido por la amarga experiencia, un fundamento firme es un elemento esencial e indispensable para tener en cuenta cuando edificas cualquier estructura. Sea tu casa, tu familia, tu negocio, o lo más importante, tu fe – sin importar que tan sencilla o elaborada sea la estructura, la base tiene que ser sólida. Si la base es inestable, entonces todo lo que edificamos sobre ella es inestable e inseguro, y con el tiempo se desmoronará bajo nuestros pies. La pérdida de una casa podría ser devastadora, pero no sería nada en comparación a la ruina que inevitablemente resultará si nuestra fe no está fundada sobre un fundamento firme.

La gran tragedia de nuestra generación, aún dentro de muchas iglesias, es la falta de un fundamento sólido sobre el cual uno pueda edificar una fe firme y viva que pueda soportar las tormentas de la vida y no ser movida por tormentas de prueba o cualquier nueva doctrina novedosa que se nos presente. ¿Cuál sería el único fundamento firme sobre el cual podamos edificar una fe inconmovible en el paso del tiempo y las tormentas de la vida? La Palabra de Dios. Todo lo demás en la creación de Dios es inestable y sujeto a variación, pero la Palabra de Dios es un fundamento firme que permanece para siempre:

“Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; 25 Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:24-25)

La Palabra de Dios no es solamente perdurable, sino Pedro también dice que es una base firme sobre la cual podemos edificar nuestras vidas y fe:

“Tenemos también la palabra profética más segura (bebaios “segura, firme, estable), a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.” (2 Pedro 1:19)

La Palabra profética es la base sobre la cual debemos edificar nuestra fe. Y, ¿Qué es esta palabra Profética que habla Pedro? Las Escrituras. Él sigue explicando que las Escrituras no son simplemente las opiniones de los hombres que las escribieron (de interpretación privada). No fue el producto de la voluntad de hombres que decidieron escribir sus propios pensamientos y opiniones, sino que las Escrituras son el resultado de hombres de Dios escribiendo bajo la inspiración del Espíritu Santo. Siendo la Palabra de Dios – inspirada por Él, Pablo pudo hacer la declaración enfática:

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16-17)

Así que, podemos ver que la Iglesia Primitiva consideraba toda la Escritura inspirada por Dios – las mismas palabras de Dios comunicadas a la humanidad a través de Sus siervos entregados y rendidos a Él. Esta fe incuestionable en las Escrituras como la misma Palabra de Dios y la única autoridad absoluta para nuestra fe y conducta no se originó con los doce Apóstoles. Jesús les dio un ejemplo, refiriéndose a las Escrituras como la misma Palabra de Dios.

Jesús, cuando fue tentado por Satanás, lo resistió citando Deuteronomio 8:3 diciéndole al diablo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). En seguida Él venció cada tentación del diablo con la Escritura apropiada, diciendo en cada instancia: “Escrito está…” Si las Escrituras fueran simplemente palabras de hombres piadosos, o aún palabras de hombres que contienen verdades divinas, no hubieran tenido la autoridad suficiente para frenar en seco los avances del diablo.

La manera en que Jesús usaba la Palabra – resistiendo al diablo con “escrito está” explica porque Pablo se refiere a la Palabra de Dios como “la espada del Espíritu” (Ef 6:17). Hebreos 4:12 dice que la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos. No sería posible decir esto si fueran meramente palabras de hombres santos mezcladas con pensamientos divinos, como muchos afirman hoy en día.

Como niño peleaba con espadas con mis compañeros. Sin embargo, no usábamos espadas afiladas y mucho menos de doble filo. Las llamábamos espadas, pero sabíamos que no servirían contra un verdadero enemigo porque eran espadas de caucho. Si las Escrituras no fueran las mismas palabras de Dios – si fueran nada más que palabras de hombres, entonces serían completamente inútiles, de la misma manera que una espada de caucho sería ineficaz frente a un verdadero enemigo. Uno que no tiene una fe firme en las Escrituras como las mismas palabras de Dios no es ninguna amenaza contra el enemigo. Satanás se burla de los que carecen de certeza absoluta de que las Escrituras son las mismas palabras de Dios, de igual manera que un soldado se burlaría de uno si fuera a enfrentarlo con una espada de caucho.

El enemigo sabe que no puede ganar contra uno que tenga su fe bien plantada sobre la Palabra de Dios, por tan frágil o insignificante que parezca. David demostró como aún un jovencito pastor de ovejas con una fe inconmovible en la Palabra de Dios y en el Dios de la Palabra es capaz de matar a los gigantes. El enemigo también sabe que la fe viene por oír la Palabra de Dios (Rom 10:17). Él sabe que la única manera en que puede derrotarnos y prevalecer contra la Iglesia de Jesucristo es socavar nuestra fe en las Escrituras como la pura Palabra de Dios.

Un breve repaso de la historia de la Iglesia revela cómo la estrategia de Satanás desde el principio ha sido movernos del fundamento firme de las Escrituras como la única autoridad absoluta para la fe y la piedad. Desde los días de los doce Apóstoles originales, la levadura de los Fariseos procuró contaminar la pura Palabra de Dios, agregándole mandamientos de los hombres.  La levadura de los Saduceos, en cambio, quitaron de las Escrituras, negando su naturaleza sobrenatural. Después el misticismo de los Gnósticos buscaba alejar la verdad de toda objetividad, dejándola sin un ancla firme para la fe en la Palabra cognoscible de Dios. Esto fue seguido por el establecimiento de la Iglesia Institucional Católica Romana, que reemplazó las verdades bíblicas con la tradición y quitó las Escrituras de la gente común, privándola de la verdad y mezclándola con supersticiones paganas.

Con el invento de la imprenta, las Escrituras una vez más llegaron al pueblo en sus propias lenguas y la Reforma nació de una fe renovada en las Escrituras como la objetiva y autoritativa Palabra de Dios. Siguiendo el ejemplo de Jesús y la Iglesia Primitiva, los reformadores una vez más se pararon firmes sobre la convicción de que la frase “escrito está” de las Escrituras era la última palabra sobre todo lo relacionado con la fe y la práctica. Sola Scriptura (solo las Escrituras) una vez más llegó a ser el lema de la Iglesia que iba levantándose con la reforma. Con las Escrituras ahora en las manos de la gente, la Iglesia Papal, con sus tradiciones y supersticiones paganas que mantenían al pueblo en la oscuridad por más de un milenio, ya no podía privar a las masas de la verdad transformadora de la Palabra escrita de Dios. Ahora se estaban despertando con una fe renovada en el Dios de la Biblia y Satanás estaba perdiendo su poder para evitar que el pueblo de Dios conociera la verdad que los haría libres. Ahora, de la única manera que podría frenar el avance de la Reforma era socavar esta nueva confianza en las Escrituras como la Palabra de Dios.

La Reforma, que comenzó en el siglo XVI, fue desviada por lo que ahora se conoce como “El Movimiento de la Iluminación,” en el siglo XVII y XVIII. El Movimiento de la Iluminación exaltó la razón por encima de la autoridad de la Iglesia y las Escrituras. En las Biblia vemos que cada vez que una cultura exalta la razón por encima de la revelación de Dios resultaba en que “cada uno hacía lo que bien le parecía.” (Dt 12:8; Jueces 17:6; 21:5; Pr 3:7; 12:15; Isa 5:21, etc.) La sociedad siempre terminaba así en esclavitud y ruina, haciendo necesario que Dios interviniera con juicios.

El Movimiento de la Iluminación dio lugar al surgimiento del Materialismo Moderno del siglo XIX, que rechazó lo sobrenatural, aceptando solo la ciencia empírica que negaba la existencia de cualquier realidad que no puede ser demostrada por la investigación científica. Muchos dentro del cristianismo, sintiendo la necesidad de la aprobación de la comunidad científica, comenzaron a poner en tela de juicio la veracidad de las Escrituras. La historia de la creación en Génesis, o fue alterada para acomodar la teoría de la evolución o fue rechazada por completo y considerada nada más que un mito. Los milagros fueron espiritualizados y eventos históricos de la Biblia fueron sujetados a “la Crítica Mayor” de los teólogos Liberales, que sometía las Escrituras a la misma forma de crítica que la ciencia empírica (considerando a las Escrituras falsas hasta agotar todo intento para desacreditarlas). El diablo, los demonios; y para algunos hasta Dios mismo, llegaron a ser tomados por ellos como meros mitos o simbolismos. La religión del día era el ateísmo.

El hombre, sin embargo, habiendo sido creado a la semejanza e imagen de Dios, no puede encontrar sentido suficiente para seguir viviendo en el vacío producido por el concepto de un mundo impersonal y materialista. El Materialismo Moderno solo produjo la desesperanza y la soledad. Al mismo tiempo, los científicos comenzaron a darse cuenta de que existen muchas realidades misteriosas que la ciencia no puede comprobar – excepto quizás en teoría. Esto dio lugar en los fines del siglo XX al Posmodernismo, que está comenzando a aceptar la existencia de las realidades espirituales más allá de nuestro mundo físico.

Esta nueva tendencia hacia el reconocimiento del mundo espiritual - más allá de lo que la ciencia puede probar en un laboratorio, a primera vista parece ser una gran oportunidad para la Iglesia, dándole una ventana de oportunidad para alcanzar esta generación con el evangelio, y de hecho lo es. Sin embargo, de la misma manera que el Modernismo produjo una generación de ateos que no creía hasta ver, el Posmodernismo ahora ha producido una generación de agnósticos hundidos en incertidumbre. Ahora que se han dado cuenta que hay muchas realidades que no podemos comprobar científicamente, han concluido que no existen absolutos definitivos – que todo es relativo.

Lo que hace falta en nuestra generación son los que tienen una fe firmemente plantada sobre el fundamento de la Palabra de Dios – los que pueden decir con firmeza “escrito está” y por eso es la absoluta verdad; no importa lo que esté afirmando la ciencia o el mundo contrario a la verdad. Nuestra generación necesita oír una palabra segura en medio de la oscura incertidumbre del relativismo de hoy – una palabra profética más segura.

Trágicamente, como de costumbre, muchos en el mundo de la Iglesia están buscando la aprobación de los hombres en vez del “bien hecho” de nuestro Señor. Muchas iglesias, al igual como ha sido casi desde los comienzos, están buscando la mejor forma de ser conformadas al mundo para atraer una audiencia mayor, en vez de ser transformadas por medio de la renovación de su entendimiento, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo (Rom 12:1-2; 2Cor 10:5). Solo de esta manera la Iglesia va a poder tener un impacto positivo en el mundo, llegando a ser sal y luz en un mundo oscuro como nos mandó Jesús.

Los teólogos liberales, imitando la ciencia Moderna Materialista, examinaban las Escrituras de la misma manera que un científico empírico con la mentalidad: “Es falso hasta que la evidencia requiere fe.” Hoy el ateísmo de los Modernistas ha cedido al agnosticismo de los Posmodernistas, y los teólogos Liberales se han convertido en los Progresivos de hoy en día, que han adoptado el relativismo del mundo actual. Los Progresivos no niegan que las Escrituras contienen la verdad; ni tampoco niegan lo sobrenatural. Lo que sí niegan es que toda Escritura es inspirada por Dios, y por esa razón la verdad puede ser conocida con una certidumbre dogmática. Muchos de ellos, mientras aceptan unos dichos de Jesús, no creen en Sus palabras cuando dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La “Iglesia Emergente” del siglo XXI una vez más se está apartando de la fe una vez dada a los santos, entrando en el mar de la relatividad que, con el tiempo, se convertirá en la Gran Ramera de Apocalipsis.

La Iglesia de Jesucristo necesita levantarse en esta hora oportuna con una palabra clara como Elías clamando en el desierto: “Preparen el camino del Señor.” Necesitamos edificar sobre el fundamento firme del: “escrito está,” siguiendo el ejemplo de Jesús y los Apóstoles. Necesitamos llevar la Reforma a la perfección, tomando de nuevo el lema de los reformadores: “Sola Scriptura.” Los reformadores restauraron las Escrituras como el fundamento de la verdad absoluta, recuperando la doctrina de la justificación por la fe y rechazando tradiciones contrarias a las Escrituras. Es mi convicción que - conforme vamos completando la Reforma comenzada por los reformadores (que fue desviada por el Modernismo), redescubriremos la doctrina de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. (Hechos 3:21(Para un estudio más detallado sobre este tema, lee mi libro, Triunfo de la Misericordia.)

Toda la creación espera el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, que son las primicias de la nueva creación. En el tiempo de su manifestación Pablo dice que toda la creación será restaurada (Rom 8:18-23). Debe ser obvio que la Reforma aún no habrá culminado hasta que todos los elegidos de Dios finalmente lleguen a creer, basados en las Escrituras, de que la restauración de todos es, en realidad, una parte del plan de Dios para las épocas. ¿Cómo podemos nosotros, como hijos de Dios, esperar ser usados por Dios para la restauración de todo y la reconciliación de todos, cuando muchos de nosotros aún no creen que sucederá como ha sido profetizado?
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por George Sidney Hurd
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Una expresión que ha llegado a ser tan común en los círculos evangélicos que muchos toman como si fuera “Biblia,” es el dicho: “Todos los pecados son iguales a los ojos de Dios.” Si fuéramos honestos, la mayoría de nosotros que hemos usado este refrán, tendríamos que confesar que nuestra declaración dogmática va acompañada con un interrogatorio en nuestro interior. La idea de que todos los pecados son iguales va en contra de todo nuestro sentido innato de la justicia. ¿Cómo es posible que el pecado de un niño robando una galletica de la jarra de galletas sea igual al pecado de un hombre mayor de edad violando y matando a sangre fría a una niña indefensa?

Ciertamente los caminos del Señor son infinitamente más altos que los nuestros y nuestra habilidad de comprenderlos es mínima. Sin embargo, Sus juicios trascienden nuestro sentido de la justicia en vez de contradecirlo. Nuestro sentido innato de la justicia es tan acertado que, según Pablo, aún un gentil impío sin la ley de Dios puede discernir lo que es correcto, así dejándolo sin excusa delante de Dios (Ro 1:14-16). Jesús reprendió a las multitudes por no usar su habilidad de juzgar lo correcto diciéndoles: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lc 12:57)

Decir que todos los pecados son iguales no solo desafía todo sentido de la justicia, sino que también contradice las Escrituras. Las Escrituras a menudo utilizan un lenguaje comparativo cuando se habla de diferentes pecados. En Éxodo 32:21 Moisés le dijo a Aarón, al ver el becerro de oro y el pueblo danzando alrededor: “¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?” Aquí podemos ver que todos los pecados no son iguales, sino que hay pecados menores y pecados mayores. También podemos ver que el pecado era mayor que los anteriores por la severidad del juicio de Dios contra el pueblo.

Numerosas prohibiciones fueron dadas bajo la ley, pero solo unas pocas eran tan grandes y abominables que exigían la pena de muerte. Jesús mismo indicó que hay grados de pecado cuando utilizó los comparativos como, “mandamientos muy pequeños” lo más importante de la ley” (Mt 5:19; 23:23). Él le dijo a Pilato, en referencia a Judas, “el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene” (Jn 19:11). Jesús dijo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada…ni en este siglo ni en el venidero” (Mt 12:31-32). La blasfemia no es un pecado “imperdonable” como muchos han llegado a creer, pero es mayor que otros pecados y por ese motivo Jesús dijo que no será perdonado en el presente o en la época venidera (para más detalle sobre este tema, consulte mi libro “El Triunfo de la Misericordia”).

También podemos ver varios grados de castigo por etapas progresivas del mismo pecado. Por ejemplo, en el área del pecado sexual, Jesús dijo que uno, solo mirando una mujer para codiciarla ya adultera en su corazón. Sin embargo, mirar a una mujer no es un pecado igual a cometer el acto de adulterio. Cometer adulterio es un pecado muy grave dañino y egoísta, pero es menos grave que la pedofilia, bestialidad o sodomía.

Podemos ver en Romanos 1 que la sodomía es un pecado mayor que el adulterio u otras formas de fornicación porque es una perversión contra la naturaleza:

“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.” (Rom 1:24-27)

Hoy en día algunos argumentarían que la sodomía no es un pecado mayor que cualquier otra forma de fornicación o adulterio con los del sexo opuesto. Sin embargo, aquí vemos que Pablo presenta un descenso en caracol que abandona las relaciones naturales o heterosexuales y termina practicando o aprobando la sodomía – hombres con hombres, cometiendo hechos vergonzosos. Pedro también se refiere a la sodomía como conducta perversa:

“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado (intimidado, hostigado, oprimido) por la nefanda (perversa) conducta de los malvados   8 (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos).” (2 Pedro 2:6-8)

Jesús también comparó el tiempo de Su Segunda Venida a los días de Lot (Lucas 17:28). El pueblo de Dios que no está dispuesto a hacer concesiones con sus convicciones bíblicas para acomodarse a los comportamientos LGBTIQA+ (L - Lesbiana · G - Gay · B - Bisexual · T - Trans · I - Intersexual · Q - Queer · A - Asexual, agénero, arromántico · + - Otras) son sujetados cada vez más a la intimidación, hostigamiento, y discriminación por los activistas gay, juntos con sus simpatizantes, de igual manera que hicieron en los días de Lot en Sodoma.

Algunos, hoy en día, argumentan que Sodoma no fue destruido debido a la práctica de la homosexualidad, sino por su falta de hospitalidad. Sin embargo, Pedro caracterizó su pecado como perversa conducta,” que no es una frase que uno utilizaría para describir la falta de hospitalidad. Perversa conducta,” igual a como las describió Pablo: contra naturaleza” hechos vergonzosos,” son expresiones que todos entienden como descripción de la perversidad sexual y no una falta de hospitalidad.

El texto utilizado por los activistas gay para argumentar que el pecado de Sodoma era falta de hospitalidad en vez de homosexualidad es Ezequiel 16:49-50 que dice:

“He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbiasaciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. 50 Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.” (Ezeq 16:49-50)

Aquí, igual como en Romanos capítulo 1, vemos un descenso en caracol. En este caso vemos que todo comenzó con soberbia, y los condujo a excesos, ociosidad, indiferencia hacia los demás, y terminaron haciendo abominación.” Cometer la abominación es lo que provocó el juicio tan severo de parte del Señor – no su falta de hospitalidad: (“hicieron abominación…y cuando lo vi…”).

¿Cuál fue la abominación que hicieron? Es obvio que no fue falta de hospitalidad. En primer lugar, dice que “hicieron abominación.” Falta de hospitalidad es un pecado de omisión – no de comisión. ¿Cuál pecado hicieron en Sodoma que sería considerado como una abominación? Homosexualidad. Por ese motivo sodomía ha sido utilizado por siglos como sinónimo de la práctica de la homosexualidad.

La falta de hospitalidad jamás es designada como “abominación” con la pena de muerte. Dios habría actuado fuera de Su propia ley si hubiera infligido la pena de muerte sobre ellos por faltar a la hospitalidad. La ley de Dios no prescribe la pena de muerte por no dar a los pobres, pero sí exige la pena de muerte por la abominación del acto homosexual:

“Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieronambos han de ser muertos.” (Lev 20:13)

¿Cuál abominación hizo Sodoma como para justificar la pena de muerte como ejemplo?” Esta frase “abominación hicieron” como aparece aquí en hebreo en su forma singular es exactamente igual a “hicieron abominación” en Ezequiel 16:50. En toda la Escritura esta frase, como tal, solamente se refiere al acto homosexual. Judas, uno de los hermanos de Jesús, describe con más detalle el pecado de Sodoma:

“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturalezafueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.” (Judas 7)

Si usted fuera un lector con un prejuicio a favor del estilo de vida homosexual, es más probable que hubiera dejado de leer este blog desde el momento que llamé el acto homosexual sodomía. Sin embargo, a la luz de lo que hemos visto en estos textos, sodomía es una expresión apta para caracterizar la actividad homosexual. Ahora en nuestros días, en estos tiempos finales, estamos viendo una repetición del descenso en caracol, igual como está descrito en Romanos 1:18-32 y en Ezequiel 16:49,50. Este mismo descenso fue profetizado por Pablo en 2Tesalonicenses 2:9-12. Pablo dice que, al fin de esta época, a todos los que no reciben el amor a la verdad, Dios les enviará un poder engañoso que preparará el camino para el engaño final bajo el Anticristo.

“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos,  10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12)

Pablo dijo en Romanos 1 que: como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Él los entregó a pasiones vergonzosas. En toda probabilidad, Pablo está haciendo referencia a Sodoma. En 2Tesalonicenses 2, Pablo dice esencialmente lo mismo: Dios les envía un poder engañoso a los que no reciben el amor a la verdad, sino que se complacen en la injusticia.

Las Escrituras también profetizan una intolerancia hacia la sana doctrina y una atracción a “interpretaciones” novedosas del texto, que acomodan las Escrituras al estilo de una vida desenfrenada. Este es un fenómeno que estamos observando en la cultura de hoy – tanto en el mundo, como también dentro de las mismas iglesias. Pablo nos advirtió diciendo:

“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2Tim 4:2-4)

En nuestros tiempos, más que en cualquier otro tiempo en la historia, necesitamos tener conocimiento de lo que Dios nos ha revelado en Su palabra y aferrarnos a ella:

“Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.” (2Tim 1:13)

“pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.” (Apo 2:25-26)

Volviendo al tema de este blog, podemos ahora ver algunas de las consecuencias prácticas de un refrán, aparentemente inocuo, pero no bíblico como, “todos los pecados son iguales delante de Dios.” Todos los pecados no son iguales delante de Dios, y el hecho de catalogar un pensamiento codicioso en el mismo nivel que el adulterio y la homosexualidad está haciendo un efecto desastroso en la sociedad posmoderna y está contribuyendo a la desintegración de la familia. Esta misma lógica errónea muy pronto podría ser aplicada para justificar incesto, pedofilia, y bestialidad.

Si Dios ha puesto a Sodoma y Gomorra como ejemplo de lo que le espera a una sociedad que se entrega a la perversa conducta y vicios contra la naturaleza” en rebeldía contra los límites claramente establecidos por Dios y contra la naturaleza, ¿Qué podemos anticipar hoy? Hace varios años Billy Graham citó a su esposa Ruth. Ella dijo: “Si Dios no castiga América, Él tendrá que pedir disculpas a Sodoma y Gomorra.”

La pregunta que queda por responder es: “¿Dónde se originó el dicho, ‘todos los pecados son iguales delante de Dios?” Como muchos otros dichos utilizados en los círculos teológicos, parece que su origen se debe a un intento de justificar la sentencia genérica de una condenación eterna a todos, sin importar la magnitud de sus pecados. Es una respuesta tradicional a los que preguntan: “¿Si Dios es justo, por qué daría una sentencia de igual duración al niño que robó la galleta de la jarra, a la que se le da al hombre que viola y mata a una niña inocente?”

La respuesta tradicional sería expresada más o menos de la siguiente manera: “Todo pecado, por pequeño que sea, es en contra de un Dios infinitamente santo y eterno, y por eso requiere una pena infinita y eterna.” El argumento de que la santidad infinita de Dios requiere una pena infinita por cualquier pecado no tiene su origen en la Biblia, sino que es un argumento filosófico presentado por primera vez por Anselmo, arzobispo de Canterbury en el siglo doce.  El dicho, “todos los pecados son iguales,” aunque no es bíblico, es necesario para fortalecer el dogma de un castigo eterno para cada pecador sin importar lo poco o lo grande que sea su ofensa.

Sin embargo, un castigo eterno y genérico no está de acuerdo con las Escrituras. El castigo futuro como fue presentado por Jesús es medido y de una duración en proporción a la gravedad de la ofensa y no infinito y eterno. Jesús dijo que algunos recibirán muchos azotes mientras que otros recibirán pocos azotes (Lucas 12:47-48). Muchos o pocos azotes son, por necesidad, limitados en duración. También son medidos con medida justa. Cada individuo será juzgado según sus obras y recibirán su parte” o debida porción (Mateo 24:51; Apo 21:8). Una porción es una sentencia medida según las obras de cada uno. Jesús enseñaba que no saldrían de allí hasta que hubieran pagado todo (Mateo 5:26; Lucas 12:59). Si una condenación infinita genérica fuera dada a cada uno sin distinción, ¿Qué motivo habría de un juico según las obras de cada uno? ¿Por qué dijo Jesús que la sentencia sería más tolerable para algunos que para otros? (Mateo 10:15; Lucas 10:14). ¿Por qué dijo que algunos van delante de otros al reino de Dios, y que algunos serán primeros mientras que otros serán últimos?(Mateo 21:31; Lucas 13:30).

Aunque no es cierto que todos los pecados son iguales delante de Dios, tenemos que insistir con las Escrituras en que ningún pecado, sin importar qué tan pequeño sea, es aceptable delante de Dios. Todos hemos pecado y la paga del pecado es la muerte. Santiago dice: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10-11). El nivel exigido por Dios no es como un juego de béisbol donde puede tener tres strike antes de quedar fuera. Algunos estados de los Estados Unidos han adoptado la ley de “tres strike” para ofensores repetidos. La santidad de Dios exige la perfección. Ningún pecado puede entrar en el eterno reino de Dios. Cuando Dios sea todo en todos, el pecado habrá dejado de existir por completo.

Debido a que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios, todos, sin excepción alguna, necesitamos al Salvador. Toda la humanidad, desde el niño robando la galleta de la jarra, hasta el hombre violando y matando a una niña indefensa, está culpable delante de Dios. La ley fue dada solo con el propósito de revelar nuestra condición pecaminosa. La ley fue dada para condenarnos. Fue el ministerio de la muerte y de la condenación para todos los que hayan puesto sus esperanzas en la auto-salvación (2Cor 3:7,9). Solamente los que reconocen su condición pecaminosa buscarán refugio en el Salvador. Así que la ley fue nuestro tutor para llevarnos a Cristo (Gal 3:24). Todos, sin excepción, necesitamos la gracia de Dios que solo viene por la sangre de la cruz de Jesucristo. La ley nos encerró en desobediencia para que todos se acerquen a Él para recibir Su misericordia:

“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” (Rom 11:32)

Solo en Cristo recibimos justificación a pesar de nuestro pecado y solo en Él encontramos la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

Mientras que es cierto que todo pecado es pecado, y todos hemos pecado y por eso estamos igualmente necesitados del Salvador, podemos claramente ver que no todos los pecados son iguales a los ojos de Dios. Sus juicios son justos, buenos, limitados, medidos y con misericordia para los que se arrepienten. Es Su misericordia que es eterna – no Su ira. Es mi convicción que la frase: “Todos los pecados son iguales para Dios” es solamente otro refrán tradicional más, que distorsiona la verdadera revelación de Dios, invalidando las Escrituras.

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