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por George Sidney Hurd
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios insisten que necesitamos dividir bien la palabra de verdad, reconociendo que únicamente las epístolas de Pablo tienen relevancia para la Iglesia hoy. Pero, ¿es posible que uno esté dividiendo bien la palabra de verdad cuando relegan todas las Escrituras inaplicables a la Iglesia, con excepción de las epístolas de Pablo? ¿Qué dice Pablo sobre esto? Él dice:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Tim 3:16-17).
Tenemos que tener en mente que, cuando Pablo escribió esto en el año 66 a.C., el libro de Hechos y Santiago, como también el evangelio de Lucas, y posiblemente Mateo y Marcos, ya existían. Pedro mencionó las epístolas de Pablo como parte de las Escrituras (2Pedro 3:15-16). Sin duda, Pablo también consideraba estos otros escritos, que hoy son parte de nuestro Nuevo Testamento, como inspirados por Dios y por lo tanto útiles para enseñar.
Si Pablo mismo consideraba todas las Escrituras como útiles para doctrina, haciéndonos sabios para la salvación por la fe que es en Cristo (2Tim 3:15), entonces, ¿cómo pueden los de la doctrina de los dos evangelios seguir afirmando que ellos son los seguidores de Pablo al mismo tiempo que niegan que el resto de las Escrituras son útiles para doctrina? ¿Cómo pueden insistir como Pablo que las Sagradas Escrituras nos puede hacer sabios para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús, al mismo tiempo que insisten que esas Escrituras enseñan otro evangelio?
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios señalan numerosas verdades enseñadas por Pablo que, según ellos, son irreconciliables con el resto del Nuevo Testamento. Martin Zender, en su libro, “The First Idiot in Heaven” (El Primer Idiota en el Cielo), presenta lo que él considera ser 31 diferencias claves entre las epístolas de Pablo y el resto del Nuevo Testamento. [1] En los tres blogs anteriores, examinemos algunos de estas supuestas diferencias y vimos que, de hecho, están en harmonía con, y complementarias con, la totalidad del Nuevo Testamento. Las demás diferencias que él presenta casi coinciden la una con la otra y podrían ser reducidas a seis, que son: 1) Justificado por obras vs. Justificado por la gracia por fe solamente sin obras. 2) Arrepentimiento y el bautismo necesario para la salvación vs. Salvación por la fe solamente. 3) Nuevo Nacimiento para Israel vs. Una nueva creación para la Iglesia. 4) Perdón condicional vs. Perdón incondicional. 5) Herencia terrenal vs. Herencia celestial. 6) Destinados para ira vs. Salvos de la ira. Lo que sigue es un examen breve de cada una de estas supuestas diferencias irreconciliables.
1. Justificado por obras vs. Justificado por la gracia por la fe solamente
Ellos argumentan que solamente los que están bajo el evangelio de Pablo son justificados aparte de las obras, mientras los judíos que creen son salvos por una combinación de fe y obras. Sin embargo, aparte del hecho de que Dios no hace acepción de personas, ya hemos visto que nadie, sea judío o gentil, de esta época o de otra, puede ser justificado por las obras delante de Dios. Pablo enfáticamente dice: “por las obras de la ley NINGÚN SER HUMANO será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom 3:20). La única cosa que la Ley puede hacer es darnos el conocimiento de nuestra condición pecaminosa y la necesidad de la justificación por gracia – jamás puede justificarle a nadie, ni puede ser justificado alguien por guardarlo, dado que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Rom 3:23).
Ellos suponen que, lo que dijo Pablo acerca de la justificación por la fe solamente, es incompatible con la insistencia de Santiago en obras para la justificación. Pablo y Santiago concluyeron lo siguiente acerca de la justificación:
Pablo: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Rom 3:28)
Santiago: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.” (Stg 2:24)
Estos dos pasajes aparentan estar diciendo dos cosas opuestas cuando son leídos aparte y fuera de su contexto. Sin embargo, una consideración cuidadosa de cada uno en su contexto revela que estaban hablando de la justificación desde dos perspectivas distintas. Pablo estaba hablando de nuestra justificación ante Dios, que es por fe solamente. Santiago, en cambio, estaba hablando de la justificación ante los hombres. Pablo dice que Abraham fue justificado por fe cuando simplemente creyó la promesa de Dios (Gen 15:6). Dios que ve el corazón, justificó a Abraham basado en su fe en el momento en que le creyó.
Sin embargo, cuando Santiago habla de Abraham siendo justificado, él hizo referencia a un incidente muchos años más tarde cuando ofreció a su propio hijo Isaac, así demostrando visiblemente a todos la fe que Dios sabía que Abraham tuvo desde el momento en que lo declaró justo (Stg 2:21).
La verdadera fe siempre resulta en acción correspondiente. La fe que salva es la fe solamente, pero la fe que salva nunca es solo. Dios, que ve nuestro corazón, nos justifica en el mismo instante en que creemos. Sin embargo, esa fe que resultó en la justificación no puede ser confirmado por los hombres sin ver las acciones correspondientes. Así que, Pablo y Santiago simplemente están viendo la justificación desde dos perspectivas distintas. Dios conoce el corazón y justifica basada en la fe, pero el hombre solo ve la demostración externa de la fe de uno y determina si uno haya sido justificado o no viendo el fruto correspondiente a la fe. Es por eso por lo que Santiago dijo: “¿Tú dices que tienes fe? Muéstramela.”
Pablo, al igual que Santiago, advertía repetidas veces contra ser engañado en pensar que uno tiene la verdadera fe cuando su conducta indica todo lo contrario. Pablo decía: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2Cor 13:5 cf. 1Cor 15:2; Ef 5:3-6; 1Cor 6:9-11; Gal 5:19). Pablo también habla de una fe que obra:
“porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gál 5:6)
Cualquiera enseñanza que dice que, como ya estamos bajo la gracia, podemos hacer todo lo que se nos antoje, o simplemente no hacer nada, si eso es lo que uno desea, no está presentando todo el consejo de Dios, y está convirtiendo la gracia de Dios en lascivia.
De igual manera Jesús enseñaba que es la fe solamente la que salva, al mismo tiempo que Él advertía contra la profesión de fe vacía. Jesús, en numerosas ocasiones proclamaba el evangelio de la justificación por fe aparte de las obras. Por ejemplo:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna… 18 El que en él cree, no es condenado (i.e., ‘es justificado’).” (Jn 3:16,18)
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:40)
“Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” (John 6:28-29)
Al mismo tiempo, Jesús les advertía contra la profesión de fe vacía sin las obras correspondientes, o lo que Santiago llama la fe muerta. Por ejemplo, Él dijo:
“Así que, por sus frutos los conoceréis. 21 No todo el que me DICE: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que HACE la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 7:20-21)
Jesús enseñaba, igual como Pablo después de Él, que la fe sin obras es muerta, y que semejante profesión de fe vacía jamás salva a nadie. Pablo dijo:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Cor 6:9-10)
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gal 5:19-21)
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. 5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. 7 No seáis, pues, partícipes con ellos.” (Ef 5:3-7)
Así que, podemos ver que el evangelio proclamado por Jesús y el evangelio de Pablo son el mismo evangelio de la justificación por la gracia por medio de la fe solamente. A la vez, ambos advertían contra la profesión vacía sin el arrepentimiento del pecado y las obras que corresponden con aquella fe o el fruto de la fe.
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios enseñan erróneamente que Pablo enseñaban la justificación por la fe solamente, sin la necesidad de un arrepentimiento de la vida pecaminosa anterior. Esta presentación parcial del evangelio de Pablo convierte en libertinaje la gracia de Dios (Jude 4). Martin Zender es posiblemente el más intencionalmente escandaloso promovedor de esta mala representación del evangelio de la gracia. Él dice:
“¿Eres irreverente bajo el evangelio de la incircuncisión? ¡Felicidades! Calificas para la justificación.” [2]
Él basa esto en Romanos 4:5 donde Pablo dice que Dios justifica al impío. Sin embargo, mientras que Él justifica a los pecadores gratuitamente, la gracia no nos deja en esa condición. Aunque es cierto que Dios justifica al impío, los no arrepentidos no son justificados simplemente porque dan un asentimiento mental a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Eso es lo que Santiago llama la fe muerta – algo que incluso los demonios tienen (Stg 2:19-20). Jesús enfatizaba la vanidad de la fe vacía sin “frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8).
De semejante manera, Pablo da una advertencia muy fuerte contra los maestros falsos que presentan tales perversiones del evangelio carente de la piedad, cuando él dice:
“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.” (1Tim 6:3-5)
Entonces, vemos que la justificación a través de todo el Nuevo Testamento es consistentemente por la gracia por medio de la fe aparte de las obras, pero la justificación que acompaña la verdadera fe salvífica tiene que llevar el fruto de la piedad – de otra manera uno es reprobado en cuanto a la fe (2Cor 13:5). Para los que desean, desarrollo este tema más en mi libro, “La Verdadera Gracia de Dios.”
2. Arrepentimiento y el bautismo necesario para la salvación vs. Salvación por la fe solamente
Los promovedores de la doctrina de los dos evangelios enseñan que, bajo el evangelio de la circuncisión, el arrepentimiento y el bautismo en el agua es necesario para la salvación, mientras bajo el evangelio de Pablo a los gentiles es por la gracia por medio de la fe solamente que somos salvos, y por lo tanto, ya no debemos de decir como hacía Jesús: “arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Tampoco debemos de ir por todo el mundo predicando el evangelio a todos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, como Jesús comisionó a Sus discípulos (Mt 28:18-20; Marcos 16:15-16).
Algunos de los predicadores de los dos evangelios que creen en la doctrina de un infierno eterno, dicen que si uno ha sido bautizado en agua, son condenados al infierno. Por ejemplo, Les Feldick dice acerca de la Gran Comisión: “Esa pequeña porción de Escritura en la Gran Comisión, ‘id por todo el mundo bautizándoles,’ ha enviado a millones de personas a la perdición eterna.” [3] Ya hemos visto en el segundo blog de este serie que la Gran Comisión de predicar el evangelio por todo el mundo, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, jamás fue suspendido, como afirman los defensores de la doctrina de los dos evangelios. Así que, no vamos a dedicar más atención a ese error aquí. [4]
¿Fue alguna vez el bautismo en el agua necesario para la salvación, como afirman ellos? Aunque el espacio aquí no me permite examinar cada texto sobre el tema, no es por nada que la mayoría de los Evangélicos niegan que el bautismo en el agua sea salvífico. Para los que desean ver un estudio más exhaustivo de este tema recomiendo mi libro, “¿Es el Bautismo en el Agua Necesario para la Salvación?” Aquí solo quiero considerar brevemente a dos pasajes que a primera vista podría ser equivocado como enseñando que el bautismo es necesario para la salvación.
Marcos 16:16
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:16)
Lo que este texto nos dice es que los que creen y son bautizados serán salvos, mientras los que no creen serán condenados. Sin embargo, lo que no dice es tan importante como lo que dice. Lo que no dice es lo que pasa con los que creen pero por una razón u otra no se bautizan. Los que enseñan la Salvación Bautismal tiene que suponer algo que el texto no dice. Tienen que suponer que no es fe solamente lo que salva, sino la fe más el bautismo, y por lo tanto los que no son bautizados antes de morir son condenados, aún si eran creyentes. Lo que suponen contradice otros textos que presentan la fe solamente como necesaria para la salvación, como lo que Jesús había dicho anteriormente en Juan 3:18:
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18)
Si lo que ellos suponen es cierto, entonces Jesús dejó fuera un ingrediente esencial en Su presentación de la Salvación en Juan 3:18, porque aquí menciona fe como lo único necesario para ser justificado – no fe más bautismo. Ellos asumen que lo que Jesús quería decir en Marcos 16:16 es: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere (y sea bautizado), será condenado.” De esta manera ellos hacen que las palabras de Jesús aquí contradigan lo que claramente dijo en Juan 3:18 y muchos textos más – que uno es salvo por fe solamente, sin las obras (cf. Juan 5:24; 20:31; Ef 2:8-9; 1Juan 5:11-13).
Son culpables de razonamiento sin-séquito. Si una declaración es cierta, no debemos automáticamente suponer que lo contrario también sea cierto. Por ejemplo, si yo fuera a decir: “Todos que creen y vienen al altar serán salvos, pero los que no creen se perderán,” sería incorrecto concluir que los que creyeron pero no llegaron al altar estarían perdidos simplemente porque creyeron donde estaban, sin ir al altar. Es creer - no creer más ir al altar que salva, aunque los invité a hacer las dos cosas.
Hechos 2:38
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hch 2:38)
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios suponen que fue el bautismo en el agua lo que les quitó sus pecados. Sin embargo, en el próximo sermón de Pedro, el número de los hombres que creyeron, sin contar a las mujeres y niños, llegó a ser como 5.000. ¿Qué era lo que Pedro les dijo que era necesario para el perdón de pecados? Él ni mencionó el bautismo. Simplemente les dijo: “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hch 3:19). En contraste con el bautismo en agua, arrepentimiento y conversión son integrales con la fe salvífica. Para creer en Jesús, un judío inconverso tendría que arrepentirse o “cambiar de parecer” (metanoéo) acerca de Jesús, reconociendo su necesidad de Él. También, para tener fe verdadera tendría que convertirse, o “dar vuelta” (epistrefo). Esto es cuando damos vuelta al pecado y al mundo, poniendo la mira en Jesús. Ambos - arrepentimiento y conversión, son una parte integral de lo que significa creer en Jesús. No son algo aparte de la fe, o algo adicional a la fe, como sería el caso con el bautismo en agua, dado que simplemente son una parte de lo que significa verdaderamente creer en Jesús y recibirlo.
De unas 48 veces que el evangelio es predicado y recibido en el libro de los Hechos, en solamente 8 instancias hay mención de que los que creyeron fueron bautizados después, y en ninguna de estas instancias podríamos concluir que el bautismo era necesario para ser salvos. Pedro, en una instancia, hablando a Cornelio y a los de su casa, dijo que es la fe la que resulta en la remisión de pecados – no el bautismo:
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hch 10:43)
Nuestro entendimiento de Hechos 2:38 debe tomar en cuenta lo que Pedro dice aquí, que recibimos perdón cuando creemos – no cuando somos bautizados en agua. En esta instancia creyeron y fueron bautizados en el Espíritu Santo y solo después fueron bautizados en agua (v. 47).
En Hechos 2:38, es imperativo que uno entienda lo que significa la frase: “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.” Los que enseñan la Regeneración Bautismal entienden la preposición “para” en el sentido de “con tal de recibir.” Sin embargo, esta preposición tiene varios sentidos posibles. Obviamente, basado en todo lo que hemos visto, la rendición “con tal de recibir el perdón de los pecados” no es la traducción correcta.
Aquí en la selva amazónica muchos sufren de hongo de uñas debido a la humedad. Si yo fuera a decirle a mi vecino: “deja tus pies en remojo con vinagre y agua para el hongo de las uñas,” sabrías que no quiero decir, “con tal de recibir.” En este caso “para” significa “en vista de” o “debido a.” Entendido de esta manera el versículo dice: “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo en vista del perdón de los pecados (que recibiste al creer).” Esto concuerda con el hecho que las ordenanzas de la Cena del Señor y el bautismo en agua son una figura de una realidad mayor, de la misma manera que fueron los sacrificios del Antiguo Testamento. Nos arrepentimos y somos bautizados en agua en vista de la remisión de los pecados, que ya tenemos debido a que hemos sido bautizados en el Cuerpo de Cristo a través del bautismo por el Espíritu, que sucedió en el momento que creímos.
Vale mencionar que la misma preposición es utilizada en otro lugar en relación con el bautismo donde es evidente que la preposición “para” no significa “con tal de recibir.” Juan usa la misma preposición (eís) cuando dijo “Yo a la verdad os bautizo en agua para (eís) arrepentimiento…” (Mt 3:11). Es obvio que somos bautizados en vista de o debido a nuestro arrepentimiento – no con tal de recibir arrepentimiento.
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios presentan dos argumentos como evidencia de que no debemos de practicar el bautismo en agua hoy en día. El primero es citar a Efesios 4:5 que dice que hay un bautismo. Sin embargo, eso no es inconsistente con la práctica del bautismo en el agua, dado que la ceremonia del bautismo en el agua es nada más una figura del verdadero bautismo en que el Espíritu Santo nos bautiza en el cuerpo de Cristo (1Cor 12:13; Rom 6:1-5). La ceremonia del bautismo en el agua no es otro bautismo, de igual manera que participar en la Cena del Señor no es crucificar de nuevo el Hijo de Dios.
El segundo argumento se basa en el dicho de Pablo: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio.” Voy a citar todo el pasaje en su contexto, dado que el contexto totalmente refuta toda la idea de dos evangelios con dos grupos de creyentes separados:
“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas (Pedro); y yo de Cristo. 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, 15 para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. 16 También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. 17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.” (1 Cor 1:12-17)
Irónicamente, Pablo aquí refuta la misma doctrina que los promovedores de la doctrina de los dos evangelios enseñan. Cristo no está divido entre los que son de Pedro y los que son de Pablo. También, al preguntarles, “¿ fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” él toma por sentado que habían sido bautizados en el nombre de Jesús y no en su nombre. El hecho de que Pablo bautizó a varios de ellos también indica que todavía practicaban el bautismo. En decir que Cristo no le envió a bautizar sino a predicar el evangelio, solo indica que él delegaba esa tarea a otros. Además, si el bautismo fuera incompatible con su evangelio, como afirman los de los dos evangelios, seguramente él lo hubiera indicado aquí.
Juan dice lo mismo de Jesús. Él dijo: “Jesús no bautizaba, sino sus discípulos” (Juan 4:2). Sin embargo, todos los que creyeron fueron bautizados, aunque Jesús Mismo no era quién bautizaba. Lo mismo aplica a los que creían en los días de Pablo – todavía estaban bautizando en el nombre de Jesús aunque Pablo mismo normalmente no era quién bautizaba. Es dudoso que Pedro mismo bautizado todos los 3,000 que fueron bautizados en el día del Pentecostés.
Arrepentimiento
En cuanto al arrepentimiento, aunque no siempre indica de manera específica que Pablo mencionara el arrepentimiento en sus presentaciones del evangelio, el arrepentimiento siempre es implícito en la verdadera fe salvífica. Uno no cree en Jesús para ser salvo del pecado si no son arrepentidos y quieren ser libres del pecado. Hacia el final del ministerio de Pablo, cuando él apareció ante el Rey Agripa, cuando describía su ministerio, él dejó en claro que el arrepentimiento era una parte indispensable de su proclamación del evangelio. Él dijo:
“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, 20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” (Hch 26:19-20; cf. Rom 2:4-6; 2Cor 7:9-10; 2Tim 2:25-26; 2Cor 12:21, etc.).
El evangelio de Pablo era el mismo evangelio de Jesucristo que Jesús y los otros Apóstoles predicaban, incluyéndole a Pedro. El libro de los Hechos termina con Pablo todavía predicando el reino de Dios (Hch 14:22; 19:8; 20:25; 28:23,31; cf. también, Col 4:11; Rom 14:17; 1Cor 4:20).
Las epístolas de Pablo están en armonía total con el resto del Nuevo Testamento en este tema. Para una consideración más a fondo, recomiendo mi blog: “El Verdadero Arrepentimiento.”
3. Nuevo Nacimiento para Israel vs. Una nueva creación para la Iglesia
Los de la doctrina de los dos evangelios dicen que el nuevo nacimiento solo aplica a la nación de Israel. Ellos insisten que no nacimos de nuevo en el momento que creímos, sino que lleguemos a ser una nueva creación, que ellos consideran distinto del nuevo nacimiento. Martin Zender dice del nuevo nacimiento: “Los individuos no nacen de nuevo; una nación va a nacer de nuevo. (Ni siquiera una sola persona, mientras estoy escribiendo, ha nacido de nuevo.).” [5] Pero, ¿es cierto que ningún individuo ha nacido de nuevo? Según Pedro mismo, los creyentes que recibieron su primera epístola ya se habían nacidos de nuevo. Él dijo:
“siendo renacidos (en el tiempo pasado, aoristo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23)
Pedro no solamente les dijo que se habían nacidos de nuevo, sino que, en seguida él les dijo en 1Pedro 2:2, “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,” así indicando que, igual como nosotros necesitamos ser nutridos con la leche cuando nacemos en el mundo físico, de la misma manera necesitamos ser nutridos en la Palabra después de haber nacido del Espíritu.
Pablo, de semejante manera, habla a los creyentes como habiendo nacidos del Espíritu. Él dijo a los creyentes carnales en Corinto, “yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda” (1 Cor 3:1-2). También, él les dijo a los gálatas que habían nacidos según el Espíritu, diciendo:
“Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. 29 Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.” (Gal 4:28-29 cf. vv. 21-31)
Adicionalmente, en Efesios 2, Pablo habla de nosotros como habiendo sido muertos y después vivificados en Cristo (Ef 2:1-6). ¿Cómo es posible haber sido vivificados espiritualmente aparte del nuevo nacimiento de nuestros espíritus por el Espíritu Santo? ¿Es cierto que Pablo dice que somos una nueva creación en Cristo (2Cor 5:17). Pero, ¿cómo podemos llegar a ser parte de la nueva creación si no fuera por nacer de nuevo con la vida de resurrección de Cristo?
Ellos dicen que Jesús en Juan 3 no estaba diciéndole a Nicodemo que los individuos tienen que nacer de nuevo, sino que la nación de Israel tenía que nacer de nuevo colectivamente. Sin embargo, es imposible llegar a esta conclusión si uno lee todo el pasaje. Voy a citarlo en su totalidad, indicando los pronombres singulares y plurales:
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede (sing.) ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el (sing.) que no naciere de agua y del Espíritu, no puede (sing.) entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije (sing.): Os (plural) es necesario nacer de nuevo.” (Juan 3:3-7)
En todo el discurso Jesús está enfatizando la necesidad de que cada individuo nazca de nuevo para poder entrar, e incluso ver, el reino de Dios. Nicodemo entendió correctamente que Jesús hablaba de un nacimiento de individuos pero no entendió que es nuestro espíritu lo que tiene que nacer de nuevo. Cuando Jesús al final usó el plural en el versículo 7, diciendo que era necesario que ellos nacieran de nuevo, Él simplemente estaba diciendo que cada uno de ellos tenían que nacer de nuevo. Jesús no se estaba refiriendo a un renacimiento de la nación, profetizado en Isaías 66, sino al espíritu nuevo que cada individuo tiene que recibir para poder entrar en el reino de Dios bajo el Nuevo Pacto como fue profetizado en Ezequiel:
“Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne.” (Ezeq 11:19)
Jesús reprochó a Nicodemo por ser maestro en Israel sin saber acerca de la promesa de Dios de darles un nuevo espíritu (Jn 3:10). Debido a la incredulidad de Israel, no entraron al reino de Dios por el nuevo nacimiento aunque el reino les fue ofrecido. A consecuencia de esto, Jesús les dijo: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mt 21:43). Nosotros, como la Iglesia de Jesucristo, somos aquella gente o nación santa (gr. ethnos) – nosotros que en otro tiempo no éramos pueblo ahora somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1Pedro 2:9-10).
Aquí Pedro no está hablando exclusivamente a los de la circuncisión, como los de la doctrina de los dos evangelios afirman, sino que está hablando específicamente a los gentiles dentro de la Iglesia que antes no eran pueblo de Dios. Por un tiempo Israel ha sido apartado y la promesa ha sido cumplido en todas las naciones para provocarlos a celos hasta que entrara la plenitud de los gentiles, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:11-12, 25-26).
Hay un versículo final que me gustaría citar en el evangelio de Juan que deja en claro que individuos habían experimentado su renacimiento espiritual desde el momento en que fue iniciado en Nuevo Pacto:
“A lo Suyo vino, y los Suyos no Lo recibieron. 12 Pero a todos los que Lo recibieron, les dio el derecho (el poder) de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre…sino de Dios (tiempo pasado, aoristo).” (Juan 1:11-13)
Aquí vemos que Jesús primero vino a la casa de Israel. Pero, cuando Israel lo rechazó como su Mesías la invitación fue extendido a todos. Todos los (individuos) que Lo reciben nacen de Dios. No podría estar más claro. Debe ser evidente que este, igual como casi todas las supuestas diferencias entre dos evangelios, son nada más que fabricaciones de los hombres y no pueden ser sustanciadas en las Escrituras.
4. Perdón condicional vs. Perdón incondicional
También dicen que el perdón de Dios para los judíos que creen bajo el evangelio de Pedro es condicional, mientras queel perdón para nosotros bajo el evangelio de Pablo es incondicional. Argumentan esto basado en el hecho de que, por ejemplo, en la oración Padre Nuestro, Jesús dijo que Dios no nos perdonará si nosotros no perdonamos (Mt 6:14-15). Además, dice que si no perdonamos como hemos sido perdonados que el Padre nos entregará a los verdugos hasta pagar todo (Mt 18:23-35). Juan también presenta el perdón de Dios como condicionado en nuestra confesión de nuestros pecados (1Jn 1:9). En contraste con esto, ellos dicen que Pablo presenta el perdón como incondicional cuando él dice: “sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Eph 4:32; cf. Col 3:13).
El problema principal con este argumento es que el perdón incondicional no solamente se encuentra en las epístolas de Pablo. Por ejemplo, el autor de Hebreos presenta el perdón como extendido de una vez para siempre. Él dice:
“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados…17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” (Heb 10:12-14,17)
De la misma manera, el perdón incondicional es implícito en muchos textos más a través de todo el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Jesús dijo:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, TIENE vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Jn 5:24)
Lo que los defensores de la doctrina de los dos evangelios no toman en cuenta es que hay dos tipos distintos de perdón – hay perdón relacional, y hay perdón judicial o una absolución. Esto también se refiere como remisión o justificación. Esta clase de perdón o justificación solo es posible por la sangre del Nuevo Pacto, derramada para la remisión de nuestros pecados, y es otorgado de una vez para siempre (Mt 26:28; Heb 9:22; 9:12). Este perdón judicial no es algo exclusivo a las epístolas de Pablo. Por la propiciación de Cristo, Dios puede ser justo y al mismo tiempo justificar al pecador impío que cree en Jesús (Rom 3:24-26).
Distinto al perdón judicial hay un perdón relacional, como el perdón que un padre extiende a su hijo una vez que confiese su mal comportamiento. Esto es lo que vemos enfatizado en las instancias donde el perdón es condicional. Por ejemplo, cuando Jesús dijo, “si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas,” es evidente que Jesús está hablando de perdón relacional y no el perdón judicial (Mt 6:14-15; cf. Mt 18:23-35).
En 1Juan vemos mención de un perdón judicial de una vez para siempre en 1Juan 2:12, donde Juan dice: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.” Tenemos que saber diferenciar entre el perdón judicial y el perdón relacional para entender que Juan no se contradice a sí mismo cuando dice en 1Juan 1:9 que el perdón de nuestro Padre requiere nuestra confesión.
Ambos, el perdón condicional como el perdón incondicional se encuentran en la totalidad del Nuevo Testamento, dado que los dos son necesarios. Necesitamos ser perdonados o justificados de nuestros pecados ante Dios como nuestro Juez, y también necesitamos confesar nuestros pecados cuando nos hemos portado mal, no para ser salvos sino para mantener la comunión con nuestro Dios, quien es luz (1Jn 1:5-10). Así que, hemos visto que Pablo no enseñaba una forma del perdón diferente a lo que encontramos a través de todo el Nuevo Testamento.
5. Herencia terrenal vs. Herencia celestial
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios dicen que los judíos que creen en el evangelio de Pedro son terrestres, mientras que los que creen en el evangelio de Pablo son celestiales porque ya estamos sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús. Martin Zender dice que los judíos que creían, junto con los 12 Apóstoles, no tenían ninguna expectativa de ir al cielo. En su libro, “El Primer Idiota en el Cielo” el plantea la pregunta:
“¿Alguna vez fueron prometidos el cielo los fieles de Israel? Ni una sola vez. Jesús mismo dijo: ‘Los mansos heredarán la Tierra’ (Mateo 5:5). ¿Piensan que Jesús no sabía de qué hablaba? Los Israelitas jamás soñaba ser levantados del planeta Tierra. ¿Por qué motivo pensarían eso? Jesús jamás les habló de tal cosa.” [6]
Pero, ¿es cierto que los 12 Apóstoles y los creyentes entre los judíos no sabían nada de una herencia celestial? ¿Qué de la promesa de Jesús en Juan 14? ¿No era eso una promesa del cielo? Jesús dijo:
“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:2-3)
¿Será que los Apóstoles entendieron que la casa del Padre estaba en el cielo? ¡Claro que sí! Repetidas veces Jesús se refería a Su Padre como “el Padre en el cielo” y les dijo que hicieran tesoros en el cielo (Mt 6:20). Es muy obvio que Pedro anticipaba una herencia celestial en 1Pedro 1 donde él dijo:
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” (1 Pedro 1:3-4)
Así que, en este pasaje vemos que, no solamente habían nacidos de nuevo, sino que ellos todos anticipaban una herencia celestial. Aunque es cierto que los 12 Apóstoles estarán sentados sobre las doce tronos, juzgando los doce tribus de Israel (Mt 19:28), todos los hijos maduros que han vencido mientras sufrían por su causa, también estarán reinando con Él sobre los mortales en la Tierra Milenial desde nuestra habitación en la Nueva Jerusalén celestial en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios (huios) cuando toda la creación finalmente será restaurada (2Tim 2:12; Rom 8:17-23).
Jesús le dijo a la iglesia de Tiatira, compuesta principalmente de creyentes entre los gentiles: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro” (Apo 2:26-27). Incluso el padre Abraham, aunque nunca vio cumplido la promesa de heredar la tierra, no se desanimaba porque
esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Heb 11:10; cf. Jn 14:2-3).
Hay mucho más que podría decir, demostrando que, tanto los creyentes entre los judíos, como los gentiles, comparten la misma herencia celestial, y que todo el cuerpo de Cristo judío/gentil estarán co-reinando con Cristo sobre la tierra en el Milenio y más allá, y no solamente los 12 Apóstoles, que solamente estarán reinando sobre los mortales en la nación de Israel. Esta supuesta distinción entre dos destinos para dos grupos de creyentes simplemente no puede resistir el escrutinio.
6. Destinados para ira vs. Salvos de la ira
Finalmente, me gustaría considerar brevemente la creencia de que los judíos que creen en el evangelio de Pedro experimentarán la ira de Dios durante la Gran Tribulación, mientras que los que han creído en el evangelio de Pablo son exentos de la ira. En primer lugar, esto presupone que la Iglesia será raptada antes del tiempo de tribulación. Presento mis argumentos por un rapto Postribulacional de la Iglesia cuando Cristo viene por segunda vez, en mi libro, “Enfocando en los Eventos Finales.”
Aquí solo quiero enfatizar que ningún creyente por quien Cristo murió será sujeto a la ira de Dios, sea que les toca pasar por la Tribulación, o no. Infligir ira sobre cualquier santo comprado por la sangre de Cristo sería doble incriminación. La ira de la cual hemos sido librados en 1Tesalonicenses 1:10 y en 1Tesalonicenses 5:9 es la misma ira mencionada en Romanos 5:9 donde Pablo dice: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” Esto no está refiriendo a la ira de Dios en la Tribulación, sino a Su juicio postmórtem de los no arrepentidos (Rom 2:5).
Un examen cuidadoso del libro de Apocalipsis revela que la única ira que los santos de Dios sufrirán durante la Gran Tribulación es la ira del Dragón y de su Bestia (Apo 12:12; 13:7,15). Este blog ya se ha convertido en un pequeño libro, así que, no entraré en más detalle, excepto decir que la ira de Dios solamente es derramada sobre los que adoran a la Bestia que no tienen el sello de Dios en sus frentes. Vemos que el pueblo de Dios es específicamente exento de Sus copas de ira cuando son derramados sobre la tierra. En mi libro “Enfocando en los Eventos Finales” demuestro esto con más detalle.
Espero que esta serie de cuatro blogs sirva de ayuda para aquellos que están enredados en este complejo laberinto hiper-dispensacional, inventado primero por E.W. Bullinger en el siglo 19 y desarrollado más por A.E. Knoch, que fue excomulgado de las Iglesias de los Hermanos Plymouth debido a sus doctrinas heréticas que también incluían la negación de la trinidad y la deidad de Cristo.
Estoy consciente de que algunos están tan comprometidos con esta doctrina de los dos evangelios que han llegado al punto de la disonancia cognitiva y por lo tanto, ningún argumento escritural logrará que cambien de pensar. Esta serie de blogs es principalmente dirigida hacia aquellos que todavía no estén plenamente cementados en esta doctrina y por lo tanto todavía están abiertos para considerar los argumentos escriturales en contra de ella.
[1] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 2813, Kindle Edition.
[2] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 3231, Kindle Edition.
[3] Les Feldick – Galatian’s teaching on the two gospels. 12:42 min. https://www.youtube.com/watch?v=5AxAou-Pn6g&t=2305s
[4] https://www.triumphofmercy.com/blog-espantildeol/hay-dos-grupos-de-creyentes-o-somos-un-solo-cuerpo-2-of-2
[5] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 3156, Kindle Edition.
[6] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 127. Kindle Edition.
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por George Sidney Hurd
¿Hay dos Escrituras distintas en el Nuevo Testamento dirigidas a dos grupos de creyentes separados, como afirman a los defensores de la doctrina de los dos evangelios? La mayoría de los cristianos reconocen que el Antiguo Testamento era para los judíos bajo el Antiguo Pacto, y aunque fue escrito para nosotros, no es directamente aplicable a nosotros bajo el Nuevo Pacto. Adicionalmente, Adicionalmente, al leer los cuatro Evangelios, hay que tener siempre en mente que Jesús estaba ministrando todavía bajo el Antiguo Pacto.
Por lo tanto, muchas de Sus enseñanzas eran intencionalmente transicional entre los dos pactos, por un lado, presentando las demandas del viejo, y por el otro lado, introduciendo lo nuevo. Jesús a menudo elevaba las exigencias de la Ley para que Sus oidores se desesperaran de la auto-salvación por guardar la Ley, con tal de que después recibiesen con gozo Su redención de la maldición de la Ley a través de Su muerte en la cruz, llegando a ser una nueva creación en unión con Él en Su vida de resurrección después de que Él se resucitara de los muertos.
En los Evangelios, Jesús combinaba el viejo con el nuevo y avisó a Sus oidores de la necesidad de discernir entre los dos. Él dijo que el viejo era incompatible con el nuevo (Mt 9:17) y alertó a Sus oidores de la necesidad de entendimiento acerca del reino de los cielos para poder discernir entre los dos. Él les dijo:
“Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mt 13:52)
Por lo tanto, al leer los Evangelios, necesitamos discernir cuando Jesús está aplicando el viejo, y cuando está introduciendo el nuevo. Por ejemplo, Jesús subió la barra aún más alto para el joven rico que seguía bajo la ilusión de que se podría salvarse por guardar la Ley, diciendo que también tendría que vender todo lo que tenía para dar a los pobres (Mt 19:16-22). En contraste, cuando el cobrador de impuestos corrupto simplemente clamó a Dios, diciendo, “sé propicio a mí, pecador,” él se fue justificado por la pura gracia aparte de las obras (Lucas 18:9-14).
En una ocasión, vemos a Jesús alzando la barra aún más alta sobre el adulterio, diciendo que solamente una mirada con codicia pone a uno en peligro del fuego de Gehena (Mt 5:27-29). En un contraste marcado con esto, vemos a Jesús ofreciéndole a la mujer samaritana el agua de la vida gratuitamente, sabiendo que ella no solamente estaba viviendo en adulterio, sino que también se había divorciado cinco veces. (Jn 4:7-18). En otra ocasión, vemos a Él diciéndole a una mujer que fue descubierta en el mismo acto de adulterio: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Jn 8:11).
En los Evangelios a menudo vemos a Jesús utilizando la espada de dos filos – en un momento matando con la Ley, que era la ministración de la muerte y la condenación. (2Cor 3:7-9), y en otro momento vivificando por Su gracia a aquellos que ya sabían que eran condenados y necesitados de misericordia (cf. 1Sam 2:6).
Esta obra de Dios dúo-fásica en el corazón del hombre es evidente a través de todas las Escrituras, incluyendo las epístolas de Pablo. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. (Rom 11:32), y “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gal 3:24). De la misma manera Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos,” solo para después decir que finalmente “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Stg 2:10-13). En vez de descartar a los Evangelios como no-aplicables, necesitamos pedirle a Dios el discernimiento para poder distinguir lo viejo de lo que es nuevo.
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios no solamente consideran los Evangelios como no-aplicables a la Iglesia, sino también descartan la totalidad del Nuevo Testamento con la excepción de las epístolas de Pablo. Esta creencia tiene sus raíces en su malinterpretación de Gálatas 2:7 donde concluyen que hay dos evangelios distintos, y por lo tanto dos grupos de creyentes: 1) Los judíos que creen o la esposa, que todavía siguen bajo el Antiguo Pacto, y 2) los creyentes entre los gentiles que abarcan la Iglesia, el cuerpo de Cristo, y están bajo la gracia en vez de la Ley. Argumentan esto a pesar de las declaraciones enfáticas al contrario, como vimos en el blog anterior (Gal 3:27-29; Ef 3:3-6; 1Cor 12:13).
Argumentan que los judíos que creen todavía están bajo el Antiguo Pacto y por lo tanto son obligados a guardar la Ley de Moisés adicional a creer en Jesús, mientras la Iglesia está bajo la gracia sin ninguna obligación en absoluto. Pero, ¿es cierto que el Antiguo Pacto todavía tiene vigencia para el creyente? (cf. Rom 10:4). ¿Será que la Iglesia judío/gentil no está actualmente bajo el Nuevo Pacto como ellos afirman? Pablo deja muy en claro que ya no estamos bajo el Antiguo Pacto, sino que ahora somos ministros del Nuevo Pacto. Él dijo:
“no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.” (2Cor 3:5-11)
Aquí Pablo, hablando al cuerpo de Cristo compuesto de judíos y gentiles, dice que Dios nos ha hecho nosotros todos ministros del Nuevo Pacto que no es de la letra, como fue el Antiguo Pacto que era el ministerio de la muerte, grabados con letras en piedras. En vez de las tablas de piedra del pacto anterior, Pablo dice que ahora somos nosotros mismos una epístola “escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Cor 3:3). Esto es un cumplimiento parcial de lo que le fue prometido a Israel en el Nuevo Pacto cuando el Señor dijo, “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezeq 36:26).
Como podemos ver desde Ezequiel 31:31 en adelante, el Nuevo Pacto hubiera sido iniciado para la nación de Israel y ellos habrían sido plenamente restaurados en su tierra bajo el Nuevo Pacto, cuando Cristo, su Mesías y Rey, vino proclamando que Su reino estaba cerca. Sin embargo, el liderazgo representativo de Israel formalmente rechazó la oferta del reino cuando Él hizo su entrada triunfal en Jerusalén y se presentó formalmente como su Rey (Matt 21:6-17).
A consecuencia de eso, Él les declaró que, debido a que no reconocieron la hora de su visitación, su casa les sería dejada desierta hasta un tiempo futuro cuando le darán la bienvenida (Matt 23:38-39). Entonces Israel como nación fue apartado para juicio. Desde el Pentecostés, la promesa a Abraham, como también el Nuevo Pacto, han sido cumplidos en la Iglesia, principalmente compuesto de gentiles, con solo un remanente de Israel creyendo y viniendo bajo el Nuevo Pacto en esta época (Rom 11:5-7, 25-27).
En 2Corintios 3, después de declarar que nosotros, como la Iglesia de Cristo, ahora estamos bajo el Nuevo Pacto, Pablo explica que la nación de Israel no puede ver que el Antiguo Pacto fue reemplazado con el Nuevo Pacto porque han sido cegados para no ver lo que Cristo logró en la cruz:
“Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” (2Cor 3:14-16)
No es que el Nuevo Pacto no haya sido efectuado. Jesús dijo de Su sangre que era la sangre del Nuevo Pacto, derramado para la remisión de los pecados (Matt 26:28). A través de Su muerte, Él nos redimió de nuestros pecados y llegó a ser el Mediador del Nuevo Pacto (Heb 9:15). Pablo instruyó a la Iglesia acerca de la Santa Cena en conmemoración de Su sangre derramada por nosotros, citando las palabras de Jesús: “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.” (1Cor 11:25).
Así que, vemos que el único pueblo que siguen cegados, y por lo tanto continúan bajo el Antiguo Pacto, son los judíos no-salvos, y no los creyentes entre la circuncisión. En el momento que un judío cree en Cristo, el velo es quitado y él puede ver que ya estamos viviendo bajo el Nuevo Pacto. Los que perseguían a la Iglesia y procuraba imponer el Antiguo Pacto eran los judíos no-generados que no creían que Cristo había iniciado el Nuevo Pacto en Su sangre, y también algunos hermanos falsos de los fariseos, comúnmente llamados los judaizantes (Gal 2:4; Hch 15:5). Pero Pablo insistía en que todos los creyentes en esta época debemos de vivir bajo el Nuevo Pacto y libres de la Ley. Él dijo:
“Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de TODOS NOSOTROS, es libre.” (Gal 4:24-27)
Tenemos que tener en mente que Pablo estaba hablando a los creyentes judíos y gentiles cuando dijo que todos nosotros somos libres de la Ley bajo el Nuevo Pacto (Gal 3:26-29). En esta época, la salvación ha venido a los gentiles para provocar a celos a Israel (Rom 11:11-15). Sin embargo, la nación de Israel finalmente será salvo y le darán la bienvenida a su Mesías y Rey en Su Segunda Venida. Entonces, ellos también vendrán bajo el Nuevo Pacto y verán la plena restauración de su tierra como prometida en Ezequiel y en otras Escrituras. Sin embargo, esa restauración futura tiene que ver con el programa de Dios para la nación de Israel y no aplica a los judíos que han creído en esta época, y por lo tanto forman parte del cuerpo de Cristo (1Cor 12:13).
Así que, entendiendo que no hay dos grupos de salvos, sino que ambos judíos y gentiles que creen componen el cuerpo de Cristo, la Iglesia, el argumento de que haya dos Escrituras en el Nuevo Testamento para dos grupos distintos de creyentes, cae al suelo. Hay varios supuestos contrastes y discrepancias presentados por los defensores de la doctrina de los dos evangelios para sustanciar su alegación de que las epístolas de Pablo son diferentes de, e incompatibles con, el resto del Nuevo Testamento. Estos supuestos discrepancias serán considerados en el próximo blog.
¿Hay dos Escrituras distintas en el Nuevo Testamento dirigidas a dos grupos de creyentes separados, como afirman a los defensores de la doctrina de los dos evangelios? La mayoría de los cristianos reconocen que el Antiguo Testamento era para los judíos bajo el Antiguo Pacto, y aunque fue escrito para nosotros, no es directamente aplicable a nosotros bajo el Nuevo Pacto. Adicionalmente, Adicionalmente, al leer los cuatro Evangelios, hay que tener siempre en mente que Jesús estaba ministrando todavía bajo el Antiguo Pacto.
Por lo tanto, muchas de Sus enseñanzas eran intencionalmente transicional entre los dos pactos, por un lado, presentando las demandas del viejo, y por el otro lado, introduciendo lo nuevo. Jesús a menudo elevaba las exigencias de la Ley para que Sus oidores se desesperaran de la auto-salvación por guardar la Ley, con tal de que después recibiesen con gozo Su redención de la maldición de la Ley a través de Su muerte en la cruz, llegando a ser una nueva creación en unión con Él en Su vida de resurrección después de que Él se resucitara de los muertos.
En los Evangelios, Jesús combinaba el viejo con el nuevo y avisó a Sus oidores de la necesidad de discernir entre los dos. Él dijo que el viejo era incompatible con el nuevo (Mt 9:17) y alertó a Sus oidores de la necesidad de entendimiento acerca del reino de los cielos para poder discernir entre los dos. Él les dijo:
“Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mt 13:52)
Por lo tanto, al leer los Evangelios, necesitamos discernir cuando Jesús está aplicando el viejo, y cuando está introduciendo el nuevo. Por ejemplo, Jesús subió la barra aún más alto para el joven rico que seguía bajo la ilusión de que se podría salvarse por guardar la Ley, diciendo que también tendría que vender todo lo que tenía para dar a los pobres (Mt 19:16-22). En contraste, cuando el cobrador de impuestos corrupto simplemente clamó a Dios, diciendo, “sé propicio a mí, pecador,” él se fue justificado por la pura gracia aparte de las obras (Lucas 18:9-14).
En una ocasión, vemos a Jesús alzando la barra aún más alta sobre el adulterio, diciendo que solamente una mirada con codicia pone a uno en peligro del fuego de Gehena (Mt 5:27-29). En un contraste marcado con esto, vemos a Jesús ofreciéndole a la mujer samaritana el agua de la vida gratuitamente, sabiendo que ella no solamente estaba viviendo en adulterio, sino que también se había divorciado cinco veces. (Jn 4:7-18). En otra ocasión, vemos a Él diciéndole a una mujer que fue descubierta en el mismo acto de adulterio: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Jn 8:11).
En los Evangelios a menudo vemos a Jesús utilizando la espada de dos filos – en un momento matando con la Ley, que era la ministración de la muerte y la condenación. (2Cor 3:7-9), y en otro momento vivificando por Su gracia a aquellos que ya sabían que eran condenados y necesitados de misericordia (cf. 1Sam 2:6).
Esta obra de Dios dúo-fásica en el corazón del hombre es evidente a través de todas las Escrituras, incluyendo las epístolas de Pablo. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. (Rom 11:32), y “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gal 3:24). De la misma manera Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos,” solo para después decir que finalmente “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Stg 2:10-13). En vez de descartar a los Evangelios como no-aplicables, necesitamos pedirle a Dios el discernimiento para poder distinguir lo viejo de lo que es nuevo.
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios no solamente consideran los Evangelios como no-aplicables a la Iglesia, sino también descartan la totalidad del Nuevo Testamento con la excepción de las epístolas de Pablo. Esta creencia tiene sus raíces en su malinterpretación de Gálatas 2:7 donde concluyen que hay dos evangelios distintos, y por lo tanto dos grupos de creyentes: 1) Los judíos que creen o la esposa, que todavía siguen bajo el Antiguo Pacto, y 2) los creyentes entre los gentiles que abarcan la Iglesia, el cuerpo de Cristo, y están bajo la gracia en vez de la Ley. Argumentan esto a pesar de las declaraciones enfáticas al contrario, como vimos en el blog anterior (Gal 3:27-29; Ef 3:3-6; 1Cor 12:13).
Argumentan que los judíos que creen todavía están bajo el Antiguo Pacto y por lo tanto son obligados a guardar la Ley de Moisés adicional a creer en Jesús, mientras la Iglesia está bajo la gracia sin ninguna obligación en absoluto. Pero, ¿es cierto que el Antiguo Pacto todavía tiene vigencia para el creyente? (cf. Rom 10:4). ¿Será que la Iglesia judío/gentil no está actualmente bajo el Nuevo Pacto como ellos afirman? Pablo deja muy en claro que ya no estamos bajo el Antiguo Pacto, sino que ahora somos ministros del Nuevo Pacto. Él dijo:
“no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.” (2Cor 3:5-11)
Aquí Pablo, hablando al cuerpo de Cristo compuesto de judíos y gentiles, dice que Dios nos ha hecho nosotros todos ministros del Nuevo Pacto que no es de la letra, como fue el Antiguo Pacto que era el ministerio de la muerte, grabados con letras en piedras. En vez de las tablas de piedra del pacto anterior, Pablo dice que ahora somos nosotros mismos una epístola “escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Cor 3:3). Esto es un cumplimiento parcial de lo que le fue prometido a Israel en el Nuevo Pacto cuando el Señor dijo, “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezeq 36:26).
Como podemos ver desde Ezequiel 31:31 en adelante, el Nuevo Pacto hubiera sido iniciado para la nación de Israel y ellos habrían sido plenamente restaurados en su tierra bajo el Nuevo Pacto, cuando Cristo, su Mesías y Rey, vino proclamando que Su reino estaba cerca. Sin embargo, el liderazgo representativo de Israel formalmente rechazó la oferta del reino cuando Él hizo su entrada triunfal en Jerusalén y se presentó formalmente como su Rey (Matt 21:6-17).
A consecuencia de eso, Él les declaró que, debido a que no reconocieron la hora de su visitación, su casa les sería dejada desierta hasta un tiempo futuro cuando le darán la bienvenida (Matt 23:38-39). Entonces Israel como nación fue apartado para juicio. Desde el Pentecostés, la promesa a Abraham, como también el Nuevo Pacto, han sido cumplidos en la Iglesia, principalmente compuesto de gentiles, con solo un remanente de Israel creyendo y viniendo bajo el Nuevo Pacto en esta época (Rom 11:5-7, 25-27).
En 2Corintios 3, después de declarar que nosotros, como la Iglesia de Cristo, ahora estamos bajo el Nuevo Pacto, Pablo explica que la nación de Israel no puede ver que el Antiguo Pacto fue reemplazado con el Nuevo Pacto porque han sido cegados para no ver lo que Cristo logró en la cruz:
“Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” (2Cor 3:14-16)
No es que el Nuevo Pacto no haya sido efectuado. Jesús dijo de Su sangre que era la sangre del Nuevo Pacto, derramado para la remisión de los pecados (Matt 26:28). A través de Su muerte, Él nos redimió de nuestros pecados y llegó a ser el Mediador del Nuevo Pacto (Heb 9:15). Pablo instruyó a la Iglesia acerca de la Santa Cena en conmemoración de Su sangre derramada por nosotros, citando las palabras de Jesús: “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.” (1Cor 11:25).
Así que, vemos que el único pueblo que siguen cegados, y por lo tanto continúan bajo el Antiguo Pacto, son los judíos no-salvos, y no los creyentes entre la circuncisión. En el momento que un judío cree en Cristo, el velo es quitado y él puede ver que ya estamos viviendo bajo el Nuevo Pacto. Los que perseguían a la Iglesia y procuraba imponer el Antiguo Pacto eran los judíos no-generados que no creían que Cristo había iniciado el Nuevo Pacto en Su sangre, y también algunos hermanos falsos de los fariseos, comúnmente llamados los judaizantes (Gal 2:4; Hch 15:5). Pero Pablo insistía en que todos los creyentes en esta época debemos de vivir bajo el Nuevo Pacto y libres de la Ley. Él dijo:
“Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de TODOS NOSOTROS, es libre.” (Gal 4:24-27)
Tenemos que tener en mente que Pablo estaba hablando a los creyentes judíos y gentiles cuando dijo que todos nosotros somos libres de la Ley bajo el Nuevo Pacto (Gal 3:26-29). En esta época, la salvación ha venido a los gentiles para provocar a celos a Israel (Rom 11:11-15). Sin embargo, la nación de Israel finalmente será salvo y le darán la bienvenida a su Mesías y Rey en Su Segunda Venida. Entonces, ellos también vendrán bajo el Nuevo Pacto y verán la plena restauración de su tierra como prometida en Ezequiel y en otras Escrituras. Sin embargo, esa restauración futura tiene que ver con el programa de Dios para la nación de Israel y no aplica a los judíos que han creído en esta época, y por lo tanto forman parte del cuerpo de Cristo (1Cor 12:13).
Así que, entendiendo que no hay dos grupos de salvos, sino que ambos judíos y gentiles que creen componen el cuerpo de Cristo, la Iglesia, el argumento de que haya dos Escrituras en el Nuevo Testamento para dos grupos distintos de creyentes, cae al suelo. Hay varios supuestos contrastes y discrepancias presentados por los defensores de la doctrina de los dos evangelios para sustanciar su alegación de que las epístolas de Pablo son diferentes de, e incompatibles con, el resto del Nuevo Testamento. Estos supuestos discrepancias serán considerados en el próximo blog.
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por George Sidney Hurd
En el primer blog demostré, tanto contextual, como gramáticamente que Gálatas 2:7 está hablando de un solo evangelio – el evangelio de nuestro Señor Jesucristo que fue anunciado primeramente por el ángel a los pastores en la noche que Jesús nació en Belén, y después floreció más plenamente en los misterios del evangelio revelado a Pablo por el mismo Cristo glorificado. En el concilio de Jerusalén fue determinado que el evangelio de Pablo no era diferente del evangelio que ellos mismos proclamaban. En el concilio, Pedro, quien anteriormente había pasado 15 días conversando con Pablo (Gal 1:18), les explicó a los demás en el concilio que el evangelio que Pablo predicaba no era diferente al evangelio predicado por ellos. Él dijo:
“Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra DEL evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.) y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, DE IGUAL MODO QUE ELLOS.” (Hch 15:7-11)
Pablo dijo de este evangelio único que es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Rom 1:16). En el capítulo 1 de Gálatas, Pablo, de manera muy enfática, insistió que solamente había un evangelio (Gal 1:6-9). Por lo tanto, es irracional pensar que él hubiera dicho después que hay dos evangelios distintos solo unos versículos más adelante en Gálatas 2:7. Este malentendimiento se debe principalmente a la traducción KJV en inglés que dice “the gospel of the uncircumcision” (el evangelio de la incircuncisión), en vez de “the gospel to the uncircumcision” (el evangelio a la incircuncisión).
Los que insisten en rendirlo “de la incircuncisión” en vez de “a la circuncisión,” debido a que el sustantivo, “incircuncisión” es en la forma genitiva, solamente muestran su falta de entendimiento de las muchas variaciones de la genitiva en el griego. Cuando enseñabamos el primer año del griego, siempre advertíamos a los estudiantes que necesitaban completar al menos el segundo año, debido a las complejidades del idioma griega. Muchos se consideran autoridades del griego después de haber recibido nada más que los rudimentos básicos del idioma.
Yo no me considero experto, pero a menudo me perturba ver a alguien que muy obviamente no tiene comprensión adecuada de los idiomas originales, despreciando a los traductores como si los eruditos del griego no supieron de que hablan. El erudito del griego, A.T. Robertson, describe 10 usos de la forma genitiva. [i] Como vimos en el blog anterior, un uso común de la genitiva es la genitiva objetiva, que se traduce “a.” La razón por qué muchos de las traducciones más recientes lo traducen “a la incircuncisión” en vez de “de la circuncisión” es porque la genitiva lo permite y el contexto requiere ese significado.
Sobre esta doctrina demostrablemente errónea de los dos evangelios han edificado un sistema doctrinal completo en donde también insisten que hay dos grupos de creyentes dentro del pueblo de Dios, cada uno con sus propias Escrituras y doctrinas exclusivas. De manera dogmática insisten de que ellos son los únicos que usan (inglés, “dividen”) bien la Palabra de Dios (2Tim 2:15).
Sin embargo, les presento la pregunta: ¿Están dividiendo bien la Palabra de Dios cuando dividen los creyentes en dos grupos? Espero demostrar en este blog que, en realidad, están dividiendo lo que Dios ha juntado. Están demarcando líneas de división donde Pablo mismo de manera muy enfática dice que no deben de existir.
En su libro “Los Dos Evangelios,” Dawson Barlow argumenta que la epístola de los Gálatas es clava para entender el programa de Dios en este tiempo presente, dado que contiene un “señal de tráfico” o transición que muy pocos en la Iglesia han reconocido. [ii] La visita de Pablo a Jerusalén relatada en Gálatas 2, corresponde con su aparición ante el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Como ya hemos visto, ellos determinaron que el evangelio que Pablo predicaba no era otro evangelio, y le dieron la diestra en señal de compañerismo, diciendo que fuera a los gentiles y Pedro a la circuncisión (Gal 2:9).
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios como Dawson y Martin Zender, insistiendo en la traducción de la KJV de Gálatas 2:7, argumentan que el concilio de Jerusalén había concluido lo opuesto – que Pablo y Pedro fueron comisionados a predicar dos evangelios a dos grupos de creyentes contemporáneos distintos: 1) Los judíos mesiánicos o la circuncisión, y 2) los creyentes gentiles o la incircuncisión. Adicionalmente, dicen que solamente los creyentes entre los judíos son la esposa de Cristo, mientras los creyentes de los gentiles son la Iglesia o el cuerpo de Cristo y no serán la esposa.
Pero, ¿es Cristo dividido? Si tal distinción hubiera sido determinada en el consejo de Jerusalén, seguramente anticiparíamos que Pablo habría mencionado tal división en Gálatas. Pero, ¿qué dice él acerca de esto? En el próximo capítulo, Pablo deja muy en claro que tal división no existía entre los judíos y los gentiles en ese tiempo. Él dijo:
“porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque TODOS VOSOTROS SOIS UNO en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gal 3:27-29)
Aquí vemos que, no solamente componen el cuerpo de Cristo los judíos y gentiles, sino que los gentiles ahora son la simiente de Abraham en virtud de su unión con Cristo, el Simiente de Abraham (cf. Gal 3:16). A Pablo, como a ningún otro Apóstol, le fue encomendado los misterios del evangelio. Sin embargo, el misterio que le fue revelado no era que los creyentes de los gentiles son un grupo aparte de los creyentes entre los judíos, sino al contrario, el misterio fue que ellos componen el mismo cuerpo. Él dijo:
“que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y MIEMBROS DEL MISMO CUERPO, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.).” (Ef 3:3-6).
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en UN CUERPO, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Cor 12:13)
Así que, vemos que Pablo, el Apóstol a los gentiles, enseñaba exactamente lo contrario a lo que afirman los de la doctrina de los dos evangelios. El claramente dice que los creyentes judíos y gentiles juntos forman un solo cuerpo en Cristo. Adicionalmente, necesita ser empatizado que los misterios del evangelio no eran exclusivos a Pablo, como afirman ellos. Aquí Pablo dice que este misterio también fue revelado a los “santos apóstoles y profetas” de Cristo por el Espíritu. Los misterios revelados a Pablo no le fueron revelados a él a la exclusión de los demás Apóstoles, sino que fueron revelados a todo el cuerpo.
El argumento de que los gentiles comprenden la Iglesia, el cuerpo de Cristo, mientras los judíos que creen son la esposa solamente, se basa en el hecho de que Pablo no usa la palabra “esposa” para referirse a los creyentes. Dado que ellos creen que nada en el Nuevo Testamento, aparte de las epístolas de Pablo tiene relevancia para la Iglesia gentil, ellos argumentan que el hecho que Pablo no usó la palabra “esposa” es evidencia concluyente de que la Iglesia nunca será la esposa de Cristo.
En el próximo blog voy a considerar sus argumentos por la doctrina de las dos Escrituras. Sin embargo, mientras que Pablo no usa la palabra “esposa” en sus epístolas, dado que las bodas todavía son futuras, él, sin embargo, sí hace referencia a la Iglesia como habiendo sido desposada para ser la esposa de Cristo. Pablo les dijo a los Corintos:
“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.” (2 Cor 11:2)
Aquí Pablo describe a sí mismo como uno que se hizo eunuco para el reino, preparando la desposada para el día de las bodas. De la misma manera, en Efesios, Pablo compara la relación entre el marido y su esposa de una sola carne con la relación de Cristo a Su Iglesia:
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” (Ef 5:28-32)
Pablo aquí dice que la unión de una sola carne entre un marido y su esposa representa un gran misterio – el misterio de la unión de Cristo con Su Iglesia. De manera muy clara la Iglesia es presentada como la desposada de Cristo, no solamente en el libro de Apocalipsis, sino también en las epístolas de Pablo.
Ellos argumentan que el libro de Apocalipsis no aplica a la Iglesia, sino solamente a los judíos o la esposa de Cristo. Sin embargo, en la misma introducción, Juan dice de manera muy específica: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia.” (Apo 1:4). Entonces Jesús dice: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia…” (Apo 1:11). A la luz de esto, ¿cómo es posible argumentar que el libro de Apocalipsis no está dirigido a las Iglesias de los gentiles, cuando Pablo mismo fue el primero en llevar el evangelio a la mayoría de las ciudades mencionadas aquí en Apocalipsis?
También debe ser notado que, mientras que Pablo fue comisionado a predicar el evangelio a los gentiles, él no predicaba el evangelio exclusivamente a ellos. De hecho, así como dijo en Romanos 1:16, fue su costumbre predicar el evangelio primeramente a los judíos. En Hechos 17, después del concilio en Jerusalén en el capítulo 15, todavía era su costumbre predicar el evangelio primero a los judíos. Dice:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos.” (Hch 17:1-2)
¿Cómo pueden los de la doctrina de los dos evangelios explicar el hecho de que Pablo estaba acostumbrado a predicar el evangelio primero a los judíos si de hecho su evangelio era diferente del evangelio de la circuncisión? Pablo dijo que él se hacía judío para ganar a los judíos, pero les predicaba a ellos el mismo evangelio y no otro (1Cor 9:19-23).
También argumentan que la Gran Comisión que Jesús les mandó a los 12 Apóstoles a predicar por todo el mundo fue suspendida en el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Si fuera eso cierto, entonces, ¿cuál fue el evangelio que los 12 Apóstoles llevaron a las naciones? ¿Solo evangelizaban a la circuncisión?
Los defensores de los dos evangelios implican que los doce permanecieron en Jerusalén predicando el evangelio a los judíos solamente. Sin embargo, eso no fue el caso. En Hechos 1 Jesús les dijo que serían Sus testigos, comenzando en Jerusalén, entonces en Judea y Samaria, y finalmente hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). Siguiendo a través de los Hechos, podemos ver que la Gran Comisión fue llevado a cabo en ese orden, así como dijo Jesús – primero en Jerusalén (1:1 – 7:60), entonces en Judea y Samaria (8:1 – 9:43), y finalmente hasta lo último de la tierra (10:1 – 28:31). En el último versículo de los Hechos vemos a Pablo todavía predicando el mismo evangelio del reino de Dios y no otro, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios (Acts 28:31). Jesús dijo que el fin vendría tan pronto terminaran de predicar el evangelio del reino a todo el mundo para testimonio a todas las naciones (Matt 24:14).
Los otros 12 Apóstoles comenzaron en Jerusalén, pero no quedaron allí. Incluso Pedro pasó sus días finales en Roma. La mayoría de ellos murieron como mártires a manos de los gentiles por su testimonio a excepción de Juan, quien murió en su vejez en Éfeso. En el siguiente mapa uno puede ver que no pensaron que la Gran Comisión había sido suspendida en Hechos 15, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios.
En el primer blog demostré, tanto contextual, como gramáticamente que Gálatas 2:7 está hablando de un solo evangelio – el evangelio de nuestro Señor Jesucristo que fue anunciado primeramente por el ángel a los pastores en la noche que Jesús nació en Belén, y después floreció más plenamente en los misterios del evangelio revelado a Pablo por el mismo Cristo glorificado. En el concilio de Jerusalén fue determinado que el evangelio de Pablo no era diferente del evangelio que ellos mismos proclamaban. En el concilio, Pedro, quien anteriormente había pasado 15 días conversando con Pablo (Gal 1:18), les explicó a los demás en el concilio que el evangelio que Pablo predicaba no era diferente al evangelio predicado por ellos. Él dijo:
“Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra DEL evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.) y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, DE IGUAL MODO QUE ELLOS.” (Hch 15:7-11)
Pablo dijo de este evangelio único que es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Rom 1:16). En el capítulo 1 de Gálatas, Pablo, de manera muy enfática, insistió que solamente había un evangelio (Gal 1:6-9). Por lo tanto, es irracional pensar que él hubiera dicho después que hay dos evangelios distintos solo unos versículos más adelante en Gálatas 2:7. Este malentendimiento se debe principalmente a la traducción KJV en inglés que dice “the gospel of the uncircumcision” (el evangelio de la incircuncisión), en vez de “the gospel to the uncircumcision” (el evangelio a la incircuncisión).
Los que insisten en rendirlo “de la incircuncisión” en vez de “a la circuncisión,” debido a que el sustantivo, “incircuncisión” es en la forma genitiva, solamente muestran su falta de entendimiento de las muchas variaciones de la genitiva en el griego. Cuando enseñabamos el primer año del griego, siempre advertíamos a los estudiantes que necesitaban completar al menos el segundo año, debido a las complejidades del idioma griega. Muchos se consideran autoridades del griego después de haber recibido nada más que los rudimentos básicos del idioma.
Yo no me considero experto, pero a menudo me perturba ver a alguien que muy obviamente no tiene comprensión adecuada de los idiomas originales, despreciando a los traductores como si los eruditos del griego no supieron de que hablan. El erudito del griego, A.T. Robertson, describe 10 usos de la forma genitiva. [i] Como vimos en el blog anterior, un uso común de la genitiva es la genitiva objetiva, que se traduce “a.” La razón por qué muchos de las traducciones más recientes lo traducen “a la incircuncisión” en vez de “de la circuncisión” es porque la genitiva lo permite y el contexto requiere ese significado.
Sobre esta doctrina demostrablemente errónea de los dos evangelios han edificado un sistema doctrinal completo en donde también insisten que hay dos grupos de creyentes dentro del pueblo de Dios, cada uno con sus propias Escrituras y doctrinas exclusivas. De manera dogmática insisten de que ellos son los únicos que usan (inglés, “dividen”) bien la Palabra de Dios (2Tim 2:15).
Sin embargo, les presento la pregunta: ¿Están dividiendo bien la Palabra de Dios cuando dividen los creyentes en dos grupos? Espero demostrar en este blog que, en realidad, están dividiendo lo que Dios ha juntado. Están demarcando líneas de división donde Pablo mismo de manera muy enfática dice que no deben de existir.
En su libro “Los Dos Evangelios,” Dawson Barlow argumenta que la epístola de los Gálatas es clava para entender el programa de Dios en este tiempo presente, dado que contiene un “señal de tráfico” o transición que muy pocos en la Iglesia han reconocido. [ii] La visita de Pablo a Jerusalén relatada en Gálatas 2, corresponde con su aparición ante el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Como ya hemos visto, ellos determinaron que el evangelio que Pablo predicaba no era otro evangelio, y le dieron la diestra en señal de compañerismo, diciendo que fuera a los gentiles y Pedro a la circuncisión (Gal 2:9).
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios como Dawson y Martin Zender, insistiendo en la traducción de la KJV de Gálatas 2:7, argumentan que el concilio de Jerusalén había concluido lo opuesto – que Pablo y Pedro fueron comisionados a predicar dos evangelios a dos grupos de creyentes contemporáneos distintos: 1) Los judíos mesiánicos o la circuncisión, y 2) los creyentes gentiles o la incircuncisión. Adicionalmente, dicen que solamente los creyentes entre los judíos son la esposa de Cristo, mientras los creyentes de los gentiles son la Iglesia o el cuerpo de Cristo y no serán la esposa.
Pero, ¿es Cristo dividido? Si tal distinción hubiera sido determinada en el consejo de Jerusalén, seguramente anticiparíamos que Pablo habría mencionado tal división en Gálatas. Pero, ¿qué dice él acerca de esto? En el próximo capítulo, Pablo deja muy en claro que tal división no existía entre los judíos y los gentiles en ese tiempo. Él dijo:
“porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque TODOS VOSOTROS SOIS UNO en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gal 3:27-29)
Aquí vemos que, no solamente componen el cuerpo de Cristo los judíos y gentiles, sino que los gentiles ahora son la simiente de Abraham en virtud de su unión con Cristo, el Simiente de Abraham (cf. Gal 3:16). A Pablo, como a ningún otro Apóstol, le fue encomendado los misterios del evangelio. Sin embargo, el misterio que le fue revelado no era que los creyentes de los gentiles son un grupo aparte de los creyentes entre los judíos, sino al contrario, el misterio fue que ellos componen el mismo cuerpo. Él dijo:
“que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y MIEMBROS DEL MISMO CUERPO, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.).” (Ef 3:3-6).
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en UN CUERPO, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Cor 12:13)
Así que, vemos que Pablo, el Apóstol a los gentiles, enseñaba exactamente lo contrario a lo que afirman los de la doctrina de los dos evangelios. El claramente dice que los creyentes judíos y gentiles juntos forman un solo cuerpo en Cristo. Adicionalmente, necesita ser empatizado que los misterios del evangelio no eran exclusivos a Pablo, como afirman ellos. Aquí Pablo dice que este misterio también fue revelado a los “santos apóstoles y profetas” de Cristo por el Espíritu. Los misterios revelados a Pablo no le fueron revelados a él a la exclusión de los demás Apóstoles, sino que fueron revelados a todo el cuerpo.
El argumento de que los gentiles comprenden la Iglesia, el cuerpo de Cristo, mientras los judíos que creen son la esposa solamente, se basa en el hecho de que Pablo no usa la palabra “esposa” para referirse a los creyentes. Dado que ellos creen que nada en el Nuevo Testamento, aparte de las epístolas de Pablo tiene relevancia para la Iglesia gentil, ellos argumentan que el hecho que Pablo no usó la palabra “esposa” es evidencia concluyente de que la Iglesia nunca será la esposa de Cristo.
En el próximo blog voy a considerar sus argumentos por la doctrina de las dos Escrituras. Sin embargo, mientras que Pablo no usa la palabra “esposa” en sus epístolas, dado que las bodas todavía son futuras, él, sin embargo, sí hace referencia a la Iglesia como habiendo sido desposada para ser la esposa de Cristo. Pablo les dijo a los Corintos:
“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.” (2 Cor 11:2)
Aquí Pablo describe a sí mismo como uno que se hizo eunuco para el reino, preparando la desposada para el día de las bodas. De la misma manera, en Efesios, Pablo compara la relación entre el marido y su esposa de una sola carne con la relación de Cristo a Su Iglesia:
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” (Ef 5:28-32)
Pablo aquí dice que la unión de una sola carne entre un marido y su esposa representa un gran misterio – el misterio de la unión de Cristo con Su Iglesia. De manera muy clara la Iglesia es presentada como la desposada de Cristo, no solamente en el libro de Apocalipsis, sino también en las epístolas de Pablo.
Ellos argumentan que el libro de Apocalipsis no aplica a la Iglesia, sino solamente a los judíos o la esposa de Cristo. Sin embargo, en la misma introducción, Juan dice de manera muy específica: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia.” (Apo 1:4). Entonces Jesús dice: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia…” (Apo 1:11). A la luz de esto, ¿cómo es posible argumentar que el libro de Apocalipsis no está dirigido a las Iglesias de los gentiles, cuando Pablo mismo fue el primero en llevar el evangelio a la mayoría de las ciudades mencionadas aquí en Apocalipsis?
También debe ser notado que, mientras que Pablo fue comisionado a predicar el evangelio a los gentiles, él no predicaba el evangelio exclusivamente a ellos. De hecho, así como dijo en Romanos 1:16, fue su costumbre predicar el evangelio primeramente a los judíos. En Hechos 17, después del concilio en Jerusalén en el capítulo 15, todavía era su costumbre predicar el evangelio primero a los judíos. Dice:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos.” (Hch 17:1-2)
¿Cómo pueden los de la doctrina de los dos evangelios explicar el hecho de que Pablo estaba acostumbrado a predicar el evangelio primero a los judíos si de hecho su evangelio era diferente del evangelio de la circuncisión? Pablo dijo que él se hacía judío para ganar a los judíos, pero les predicaba a ellos el mismo evangelio y no otro (1Cor 9:19-23).
También argumentan que la Gran Comisión que Jesús les mandó a los 12 Apóstoles a predicar por todo el mundo fue suspendida en el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Si fuera eso cierto, entonces, ¿cuál fue el evangelio que los 12 Apóstoles llevaron a las naciones? ¿Solo evangelizaban a la circuncisión?
Los defensores de los dos evangelios implican que los doce permanecieron en Jerusalén predicando el evangelio a los judíos solamente. Sin embargo, eso no fue el caso. En Hechos 1 Jesús les dijo que serían Sus testigos, comenzando en Jerusalén, entonces en Judea y Samaria, y finalmente hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). Siguiendo a través de los Hechos, podemos ver que la Gran Comisión fue llevado a cabo en ese orden, así como dijo Jesús – primero en Jerusalén (1:1 – 7:60), entonces en Judea y Samaria (8:1 – 9:43), y finalmente hasta lo último de la tierra (10:1 – 28:31). En el último versículo de los Hechos vemos a Pablo todavía predicando el mismo evangelio del reino de Dios y no otro, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios (Acts 28:31). Jesús dijo que el fin vendría tan pronto terminaran de predicar el evangelio del reino a todo el mundo para testimonio a todas las naciones (Matt 24:14).
Los otros 12 Apóstoles comenzaron en Jerusalén, pero no quedaron allí. Incluso Pedro pasó sus días finales en Roma. La mayoría de ellos murieron como mártires a manos de los gentiles por su testimonio a excepción de Juan, quien murió en su vejez en Éfeso. En el siguiente mapa uno puede ver que no pensaron que la Gran Comisión había sido suspendida en Hechos 15, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios.
Hay mucho más que se podría decir, pero debe ser evidente a cualquier estudiante de la Palabra sin prejuicios que lo que hemos visto en estos dos blogs, demuestra que la Iglesia del primer siglo no sabía nada de dos evangelios con dos grupos separados de creyentes. En el próximo blog estaremos examinando sus argumentos que presentan por dos Escrituras distintas – las epístolas de Pablo que, según ellos, es para los gentiles solamente, y el resto del Nuevo Testamento que, según ellos, es solamente para los judíos.
[1] Robertson, A. T. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research, Objective Genitive.
[2] R. Dawson Barlow, The Two Gospels – A big difference.
[2] R. Dawson Barlow, The Two Gospels – A big difference.
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por George Sidney Hurd
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Recientemente he tenido conversaciones con individuos que defienden la creencia de que hay dos evangelios distintos en el Nuevo Testmento – un evangelio para los Judíos que requería que uno se circuncidara y guardara la Ley, y el otro evangelio que Pablo predicaba a los gentiles que era la salvación por gracia por medio de la fe solamente.
Muchos de ellos dicen que el evangelio que Pablo había predicado a los gentiles había sido rechazado por todos aquellos que él había evangelizado en Asia, siendo desplazado por el evangelio a la circuncisión. Esto se basan en su interpretación de lo que Pablo dijo cuando dijo que todos los de Asia le habían abandonado (2Tim 1:15). De esto concluyen que el verdadero evangelio de la salvación por gracia por medio de la fe, predicado por Pablo, fue perdido a Iglesia en el primer siglo, siendo reemplazado con el evangelio de salvación por obras predicado por Pedro. De esta manera justifican la ausencia total de mención alguna de la doctrina de los dos evangelios en los escritos de los Padres Primitivos de la Iglesia. La mayoría que creen en esta doctrina de dos evangelios argumentan que muy pocos han sido salvos desde los días de Pablo hasta ahora, dado que solamente ha sido predicado el evangelio de la circuncisión que requiere obras para la salvación.
Siendo yo mismo un Dispensacionalista, siempre estaba algo familiarizado con la doctrina de los dos evangelios. Sin embargo, los hermanos que enseñaban esto generalmente fueron considerados como un grupo marginal e Hiper Dispensacionalista, y por lo tanto yo no prestaba mucha atención al tema – eso es, hasta que comencé a interactuar con unos Universalistas que también creen en una variación de esta misma enseñanza. Por lo que he podido determinar, el mayor protagonista de esta doctrina entre los Universalistas es Martin Zender. [1]
Estoy de acuerdo con ellos en decir que el evangelio de la gracia por medio de la fe solamente que predicaba Pablo es la única manera que nosotros los gentiles pueden ser salvos. Sin embargo, el punto de contención principal es su insistencia de que había un evangelio diferente para los judíos que requerían obras de la Ley adicional a la fe para ser salvos.
Adicionalmente, según ellos, solamente las epístolas de Pablo son aplicables para la Iglesia hoy en día. Dicen que la Iglesia no comenzó en el día del Pentecostés cuando vino el Espíritu Santo sobre los creyentes, sino que comenzó en la mitad del libro de los Hechos después de que Estaban fuera apedreado y Pablo comisionado como Apóstol a los Gentiles. Así que, según ellos, los otros doce Apóstoles ni siquiera formaron parte de la Iglesia.
¿Sobre qué fundamento está fundada esta doctrina? Asombrosamente, como veremos, toda esta esquema doctrinal fue derivada de un solo versículo como fue traducida de la King James Version en inglés, tomado fuera del contexto. Su texto clave es Gálatas 2:7-9 que dice:
“Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), 9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.” (Gal 2:7-9)
Del versículo 7 argumentan que había dos evangelios distintos – uno bajo el apostolado de Pedro, perteneciendo a los judíos, y el otro bajo el apostolado de Pablo, perteneciendo a los gentiles. Ellos argumentan que el evangelio a los judíos predicado por Pedro requería la circuncisión, guardando a la Ley para ser salvos, mientras que el evangelio proclamado por Pablo era la salvación por la gracia por medio de la fe solamente.
Sin embargo, el contexto donde aparece Gálatas 2:7 deja muy en claro que Pablo no está hablando aquí de dos evangelios distintos, sino del único verdadero evangelio, el evangelio de la gracia, que fue presentado a todos, incluyendo a los judíos. Después de la introducción breve de Pablo en el capítulo uno, él va directo al grano en cuanto al motivo de su epístola, que es enfrentar a los judaizantes que habían entrado entre los gálatas, trastornando la fe de algunos, presentando otro evangelio falso. Comenzando en el versículo seis él dice:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gal 1:6-9).
Pablo aquí dice de manera enfática que solamente hay un evangelio, y que cualquier otro evangelio diferente del evangelio que él predicaba de hecho no era en nada un evangelio. Los que argumentan por dos evangelios dicen que el evangelio que Pedro predicaba a la circuncisión requería que uno se circuncidara y guardara la Ley. Sin embargo, eso es precisamente el falso evangelio que Pablo opone aquí en Gálatas. Pablo dijo acerca de la circuncisión:
“He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. 3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gal 5:2-4).
Los defensores de los dos evangelios dicen que el evangelio de la circuncisión requería que se circuncidara y guardara la Ley. Pero Pablo dice que si uno intenta justificarse por las obras de la Ley, entonces de nada aprovecha Cristo. Procurando ser justificado por un rito o por las obras constituye un caer de la gracia. No es posible argumentar que Pablo solamente quería decir que los gentiles no podrían ser salvos por las obras, mientras que los judíos sí, porque él deja muy en claro que nadie en absoluto puede ser justificado por las obras de la Ley. Él dijo:
“Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, 16 sabiendo que EL HOMBRE no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley NADIE será justificado.” (Gal 2:15-16).
Pablo aquí incluye a sí mismo y a Pedro, ambos siendo judíos, cuando él dice que NINGÚN HOMBRE – NADIE puede ser justificado por las obras de la Ley. De igual manera, en Romanos 1 a 3, Pablo establece que, tanto los judíos, como los no judíos, son de igual manera culpable ante Dios sin ninguna posibilidad de justificase por medio de las obras de la Ley. En 3:20 Pablo da un resume de la condición del hombre diciendo:
“por las obras de la ley NINGÚN SER HUMANO será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Rom 3:20)
Pablo, de manera enfática dice que NINGÚN SER HUMANO puede ser justificado por las obras de la Ley. La Ley solo sirvió para darnos el conocimiento de nuestra condición pecaminosa – nada más. La Ley fue la ministración de muerte grabada con letras en piedras (2Cor 3:7). No fue dado a nosotros para vivir, sino para morir. Después de hacer su obra la Ley, destruyendo toda esperanza de salvarnos a nosotros mismos, Pablo, en el próximo versículo introduce el único verdadero evangelio de Jesucristo, el evangelio de la gracia:
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, PARA TODOS los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:21-24).
Así que, las buenas nuevas para todos, incluyendo a los judíos como los no judíos, es el evangelio de la justificación gratuita por la gracia aparte de las obras de la Ley. Si un supuesto evangelio incluye obras para la salvación, entonces no es ningún evangelio en absoluto, porque no puede salvar a nadie – ni siquiera un judío. No existe tal cosa como dos evangelios.
Una de las razones principales por qué hay tan pocos judíos siendo salvos en este tiempo es porque ellos persisten en procurar establecer su propia justicia por la Ley y rechazan el único verdadero evangelio de la justificación por la gracia por medio de la fe solamente. Pablo dijo de los judíos en aquel entonces:
“Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. 3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; 4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a TODO AQUEL que cree.” (Rom 10:2-4)
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.” (Rom 11:5-6)
Por lo tanto, es abundantemente claro de que los judíos tienen que ser salvos por el mismo evangelio de la gracia aparte de las obras y no con otro “evangelio” diferente. Se pone aún más evidente que Pablo no consideraba el evangelio que Pedro predicaba diferente al evangelio de él conforme seguimos leyendo en Gálatas capítulo dos. Justo después de decir que el evangelio de la incircuncisión fue encomendado a él, como el evangelio de la circuncisión a Pedro, Pablo relata un incidente donde él tuvo que confrontarles a Pedro y otros con él, porque no vivían “conforme a la verdad del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.)” (Gal 2:14-16). Incluido en su reproche, él les acordaba de que, “según el evangelio (singular),” ellos como judíos sabía que “un hombre no es justificado por las obras, sino por la fe de Jesús.”
Si de hecho fueran dos evangelios distintos, Pablo no hubiera reprochado a Pedro por no vivir según “el evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.)” con el artículo definido. Él hubiera dicho que Pedro no estaba viviendo según su propio evangelio. Sin embargo, si de hecho el evangelio de Pedro requería que los judíos vivieran como los judíos como dicen los de los dos evangelios, entonces Pedro hubiera estado viviendo según su evangelio de la circuncisión cuando se separaba de los gentiles.
¿Dos Evangelios, o una Revelación Progresiva del Único Verdadero Evangelio?
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios notan diferencias entre el evangelio del reino de Dios presentado por Jesús y los doce Apóstoles en los Evangelios Sinópticos, y de eso concluyen que tiene que haber dos evangelios distintos. Antes de la cruz, los judíos fueron llamados a arrepentirse y creer en el evangelio porque el reino de se había acercado (Marcos 1:15; Mt 10:5-7). Pero, después de la resurrección de Cristo el evangelio expandió para incluir la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (1Cor 15:3; Hch 2:23-24; 10:39-40).
En vez de dos evangelios, lo que nos es presentado de manera progresiva en el Nuevo Testamento es la revelación del único verdadero evangelio desde su forma seminal durante la vida y ministerio de Cristo, a Su sepultura como una semilla que cae en la tierra, y entonces vemos su plena floración a través de la resurrección de Cristo de los muertos, victorioso sobre el pecado y la muerte como nuestro Último Adán.
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios argumentan que había un evangelio del reino, que solamente era para los judíos, y entonces había el evangelio de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo que predicaba Pablo a los gentiles. Es cierto que el evangelio fue predicado primero a los judíos, pero es el mismo evangelio que salva tanto el judío como el gentil. Como Pablo dijo:
“Porque no me avergüenzo DEL EVANGELIO (singular), porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; AL JUDÍO PRIMERAMENTE, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” (Rom 1:16-17)
Por lo tanto, mientras es cierto que el evangelio de Cristo fue predicado primero al judío, y solo después al no judío, fue el mismo evangelio de la gracia y no otro. El evangelio de Cristo es el mismo evangelio que primeramente fue proclamado por el ángel a los pastores la noche en que nació Jesús en un pesebre. Podemos ver el alcance universal de este único verdadero evangelio desde su inicio:
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para TODO EL PUEBLO… Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:10, 13-14)
El evangelio de Jesucristo jamás cambió en otro evangelio – simplemente floreció en su plena floración, expandiéndose hasta incluir a todo el pueblo, tanto judíos como los no judíos, así como finalmente fue revelado al Apóstol Pablo.
La Traducción Correcta de Gálatas 2:7
Con este entendimiento acerca del único y verdadero evangelio de Cristo, ahora podemos dirigir nuestra atención al versículo donde se originó la doctrina de los dos evangelios, Gálatas 2:7. En la King James Version en el inglés, la palabra “evangelio” aparece dos veces, pero en el griego solamente aparece una vez como vemos en el español: “el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión.” Algunas traducciones favorecen la traducción “evangelio de la circuncisión,” como vemos en la Reina Valera, pero la mayoría de las traducciones más recientes, tomando en cuenta el contexto, lo traducen “el evangelio a la circuncisión.”
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios insisten en que la única traducción correcta sea “de la circuncisión,” diciendo que tiene que significar “de” y no “a” porque aparece en la forma genitiva en el griego, en vez de la forma dativa (τὸ εὐαγγέλιον τῆς ἀκροβυστίας καθὼς Πέτρος τῆς περιτομῆς). Sin embargo, insistir en que la genitiva siempre se traduce “de” muestra una falta de conocimiento de los usos diversos de la genitiva.
Uno de los usos de la genitiva mencionado por el erudito griego A.T. Robertson es el genitiva objetiva. Este uso de la genitiva se traduce como “a” en el español. [2] Por ejemplo, Luke 6:12 es un genitiva objetiva y debe ser traducido orando “a” Dios, y no orando “de” Dios (ἐν τῇ προσευχῇ τοῦ θεοῦ). Es demasiado simplista forzar el significado “de” en cada genitiva sin la debida atención al contexto donde aparece. Considerando el contexto de Gálatas 2:7, es muy claro que la traducción correcta es “me había sido encomendado el evangelio a la incircuncisión, como a Pedro a la circuncisión.”
Es el mismo mensaje, pero Pablo lo presentaba de tal forma como para ser entendido y recibido por los gentiles, mientras que Pedro lo presentaba de una manera aceptable a los judíos. Como dijo Pablo:
“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. 20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. 22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. 23 Y esto hago por causa del evangelio (τὸ εὐαγγέλιον, sing.), para hacerme copartícipe de él.” (1 Cor 9:19-23)
Pablo solamente veía un evangelio, el evangelio de Jesucristo. Pero, con tal de poder ganar y salvar a todos, él se hizo todo a todos en su presentación de ese único evangelio. Aquí en 1Corintios 8 y 9, como también en Romanos 14 y 15, Pablo instruye a los creyentes no judíos que conocían la verdad de nuestra libertad bajo el Nuevo Pacto acerca de cómo deben de relacionarse a aquellos que tenían un trasfondo legalista. El les dijo que no debemos de dar rienda suelta a nuestra libertad en Cristo delante de aquellos que sienten todavía la necesidad de guardar dietas y días ceremoniales como el día de reposo. Sin embargo, mientras que su presentación del evangelio cambiaba dependiendo de su audiencia, el evangelio seguía igual.
Los que defienden la doctrina de los dos evangelios señalan que Pablo recibió mayor revelación acerca del misterio del evangelio. De hecho, a él le fueron revelado misterios como a ningún otro Apóstol. Sin embargo, el misterio del evangelio no era que había dos evangelios. A él le fue revelado el misterio de que Dios siempre había planeado unir a los judíos y a los gentiles, formando un solo cuerpo. Él dijo:
“si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3 que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.).” (Eph 3:2-6)
Aquí vemos que el misterio revelado a Pablo no era que había dos grupos de personas con dos evangelios, sino un solo evangelio y un solo pueblo – Su cuerpo, la Iglesia. La revelación dada a Pablo no produjo división sino unión. Los defensores de la doctrina de los dos evangelios citan la referencia de Pablo al evangelio que él predicaba como “mi evangelio” como evidencia de que fue exclusivamente de él. Pablo dijo:
“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, 26 pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe.” (Rom 16:25-26)
En primer lugar, solo necesita ser señalado que, por decir “mi evangelio” no lo hace algo exclusivo de él. Por ejemplo, cuando digo “mi fe,” “mi Dios,” o según mi Biblia,” etc., es obvio que no estoy diciendo que son exclusivamente míos o que se originaron conmigo. Además, Pablo siempre procuraba predicar el evangelio donde no había sido escuchando antes (Rom 15:20). Por lo tanto, es de ser anticipado que él se hubiera acostumbrado a referirse al evangelio como sus buenas nuevas, dado que nadie en esas regiones hubiera oído del evangelio que él les presentaba. Mientras que Pablo, como ningún otro, recibía revelación de los múltiples aspectos del evangelio de Jesucristo, él claramente no presentaba otro evangelio.
Pablo no se refirió exclusivamente al evangelio como “su evangelio”. En tres ocasiones se refirió al evangelio como “nuestro evangelio” (2 Cor 4:3; 1 Tes 1:5; 2 Tes 2:14). Más importante aún, se refirió a al evangelio como el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tal como lo vemos en los Evangelios (2 Tes 1:8; cf. Marcos 1:1).
Si los defensores de la doctrina de los dos evangelios nada más enfatizaban el evangelio de la salvación por la gracia por medio de la fe solamente, sería un error de poca consecuencia, dado que ese es el verdadero evangelio de Jesucristo que necesitamos creer para ser salvos. Sin embargo, junto con la doctrina de los dos evangelios ellos insisten de que solamente las epístolas de Pablo tienen relevancia para nosotros hoy en día. El resto del Nuevo Testamento, según ellos, solamente tenían aplicación a los creyentes judíos. Esto ha dado lugar a la negación de muchas verdades fundamentales en las Escrituras, como la realidad del pecado y la necesidad del arrepentimiento y el nuevo nacimiento, diciendo que no aplican a la Iglesia dado que, según ellos, estas verdades no fueron enseñados en las epístolas de Pablo. En el próximo blog voy a examinar algunos de estos errores doctrinales más dañinos que son el resultado de la doctrina de los dos evangelios que comenzó con una mala interpretación de un solitario versículo en Gálatas.
[1] https://www.youtube.com/watch?v=i1YG4YrpzBI
[2] Robertson, A. T. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research, Objective Genitive.