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por George Sidney Hurd
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Los Preteristas Postmilenarios tienden a ignorar el testimonio de la Iglesia Primitiva, simplemente diciendo, a pesar de las evidencias lo contrario, que la posición mayoritaria de la Iglesia siempre ha sido Preterista y no Futurista. Sin embargo, aun el gran historiador Schaff, que personalmente no creía en el Futurismo, reconoció que la esperanza Premilenial era la doctrina de los Padres de la Iglesia Primitiva. Él dijo lo siguiente acerca de su escatología:
“El punto que más distingue la escatología de la era ante-Nicea es el milenarismo, esa es la creencia en un reinado visible de Cristo en gloria sobre la tierra con los santos resucitados por mil años, antes de la resurrección y juicio general. No era una doctrina formulada en un credo o forma de devoción, sino que era la opinión popular de los maestros más distinguidos, tales como Bernabé (murió 61 d.C.), Papías (murió 100 d.C.), Justino Mártir (100 – 165 d.C.), Ireneo (130-202 d.C.), Tertulio (160-225 d.C.); mientras Orígenes (184-253 d.C.), Dionisio el Grande (murió 264 d.C.) y Eusebio (265-340 d.C.) se oponían el Premilenialismo, como también después hicieron Jerónimo (347-420 d.C.) y Agustín (354-430 d.C.)…”
Relacionado con esto, prevalecía la expectativa general de que el retorno del Señor estaba cerca, aunque la hora o el día eran indeterminables, de tal manera que los creyentes siempre estuvieran preparados. Esta esperanza, a través de toda la era de la persecución, fue una gran fuente de aliento y consuelo bajo las penas de aquel martirio que sembró con sangre la semilla de una cosecha abundante para la Iglesia…
Justin Martyr…habla múltiples veces de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo, acompañado con los santos ángeles. Su venida será precedida por la manifestación del hombre del pecado (anthropos tas anomias) que habla blasfemias contra el Altísimo, y reinará por tres años y medio. Él es precedido por herejías y falsos profetas. Entonces Cristo resucitará a los patriarcas, los profetas, y judíos piadosos, establecerá el milenio, restaurará a Jerusalén y reinará desde allí en medio de sus santos. Después sucederá la segunda resurrección y el juicio del mundo.” [1]
También, el historiador de la Iglesia Primitiva Eusebio, quien murió en 339 d.C., rastreó la creencia en la esperanza Futurista Premilenial a los mismos pies de Juan el Apóstol:
“Estas cosas son atestiguados por Papías, un hombre de la antigüedad que fue oidor de Juan y un compañero de Policarpo, en su cuarto libro. A estos pertenecen su aseveración que habrá un período de mil años después de la resurrección de los muertos, y que el reino de Cristo será establecido en forma física en esta misma tierra.” [2]
Puedo decir que la probabilidad que Papías, que, según Eusebio, fue enseñado por Juan mismo y era un compañero de Policarpo, enseñara una doctrina diferente a la del Apóstol Juan, es muy, muy remota. ¿Quién reflejaría más la enseñanza original del Apóstol Juan, Papías, que sentaba a los pies de Juan, o el sacerdote jesuita Alcasar quién originó el Preterismo en el siglo XVII?
Yo escudriñé los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva y descubrí que la esperanza del retorno Premilenial de Cristo después de la apostasía; la Gran Tribulación y la manifestación del hombre del pecado en el futuro era un tema recurrente a través de todos sus escritos. Esto es muy significante, dado que vivían muchos años después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y ellos no entendieron esa destrucción como la Segunda Venida de Cristo. Si de hecho Cristo vino en el año 70 d.C. y todo ojo de todas las naciones y tribus de la tierra lo vieron venir con poder y gran gloria, como Jesús dijo (Mateo 24:30; Apo 1:7), debe haber un récord de alguien que lo vio venir. De hecho, no hay ningúna indicación de nadie, sea cristiano o no cristiano, que pensó que Cristo había venido en el año 70 d.C. Lo siguiente es una muestra de algunas de sus referencias a la esperanza Futurista:
Justin Mártir (100-165 d.C.)
“…dos venidas de Cristo han sido anunciado: La primera donde Él es presentado como sufriendo, sin gloria ni honra, y crucificado. Pero la otra, en la cual Él vendrá del cielo con gloria, cuando el hombre de apostasía que hablará blasfemias contra el Altísimo procederá a cometer maldades en la tierra contra nosotros los cristianos…” [3]
“Pero yo, como otros cristianos que piensan correctamente en todos los detalles, estamos confiados que habrá una resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, que será reedificado, adornado y ampliado, como los profetas Ezequiel y Isaías y otros declararon.” [4]
La Epístola de Bernabé (120-150 d.C.)
“Diez reinos tendrán dominio sobre la tierra, y un pequeño rey se levantará después de ellos, que subyugará tres de los reyes. De la misma manera, Daniel dice acerca de aquel tiempo, ‘He aquí, vi la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, más salvaje que todas las bestias de la tierra, y como salió de los diez cuernos un cuerno pequeño, y como subyugó tres de los cuernos bajo uno.” [5]
El Pastor de Herma (siglo II)
“Por lo tanto id, y cuenta a los elegidos del Señor sus hechos poderosos, y diles que esta bestia es un tipo de la gran tribulación que vendrá. Entonces, si se preparen, y se arrepienten con todo su corazón, y vuelvan al Señor, será posible escaparla, si su corazón sea puro y sin mancha, y si pasen el resto de sus días sirviéndole al Señor irreprensiblemente.” [6]
Ireneo (160-230 d.C.)
“Pero hay otro entre estos herejes, Marcus por nombre, quien se jacta de haber superado a su Maestro… Así que parece como si fuera el precursor del Anticristo.” [7]
“Cristo les promete a los judíos su condición anterior, recibiendo de nuevo su nación… En cuanto a la restauración de Judéa, sin embargo, que hasta los judíos mismos, inducidos por los nombres de lugares y países, la esperan así como descrito… Pero confesamos que un reino nos ha sido prometido sobre la tierra, aunque antes del cielo, solamente en otro estado de existencia; dado que será después de la resurrección por mil años en la ciudad de Jerusalén construida por Dios…” [8]
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde; de quien el apóstol habla en su segunda epístola a los Tesalonicenses: ‘sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.’” [9]
“Y por esta razón el apóstol dice: ‘por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.’ Porque cuando él (el Anticristo) haya venido, y por su propia cuenta hará según su propia voluntad y elección, sentado también en el templo de Dios, para que sus súbditos le adoren como el Mesías; por lo tanto ‘será lanzado al lago de fuego’ como merece…cuyo venida Juan ha descrito en el Apocalipsis… Y él hará que todos reciban la marca en la frente o en la mano derecha, que nadie puede comprar ni vender, a menos que tenga la marca del nombre de la bestia o el número de su nombre; y el número es seis cientos sesenta y seis, eso es seis veces cien, seis veces diez, y seis unidades.” [10]
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [11]
“Sin embargo, si alguien intentará alegorizar (las profecías) como estas, ellas no serán hallados consistentes entre sí en todos los detalles, y serán refutadas por la enseñanza de las mismas expresiones. Porque todas estas y otras palabras incuestionablemente fueron dadas en referencia a la resurrección de los justos, que sucederá después de la venida del Anticristo, y la destrucción de todas las naciones bajo su dominio; en los tiempos cuando los justos reinarán sobre la tierra.” [12]
“Daniel también, viendo el final del ultimo reino, i.e., los diez últimos reyes, entre los cuales el reino de esos hombres será repartido, y sobre el cual el hijo de la perdición vendrá, declara que los diez cuernos saldrán de la bestia, y que otro cuerno pequeño se levantará en medio de ellos, y que tres de los primeros serán desarraigados delante de él…y todo será entregado en su poder hasta un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo, eso es, por tres años y seis meses, durante que tiempo él reinará sobre la tierra cuando él viene,. De quién también habló otra vez el Apóstol Pablo…: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida.” [13]
“El Señor también habló a los que no creyeron en Él de la siguiente manera: ‘He venido en el nombre de mi Padre, y no me recibieron: Cuando otro viene en su propio nombre, a ese recibirán, ‘refiriéndole al Anticristo como ‘el otro,’ porque él es alienado del Señor. Lo cual él hará en el tiempo de su reino: el trasladará su reino a esa ciudad, y se sentará en el templo de Dios, engañando a los que le adoren, como si él fuera el Mesías. De eso habla Daniel otra vez: ‘Y desolará el lugar santo’… Y entonces Él designa el tiempo que durará su tiranía, en que los santos serán puestos en vuelo, a aquellos que le ofrecen un sacrificio puro a Dios: Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [14]
Tertuliano: (160-220 d.C.)
“En el Apocalipsis de Juan, otra vez el orden de estos tiempos está revelado…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios; y para que después de echarle al diablo en el abismo por un tiempo, el bendito privilegio de la primera resurrección sea ordenado con tronos; y otra vez, después de consignarlo al fuego, que el juicio de la resurrección final y universal sea determinado de los libros. Entonces, como las Escrituras indican lo que sucederá en los últimos tiempos y concentran la cosecha de la esperanza cristiana en el fin del mundo, es evidente que todo lo que Dios ha prometido recibe su cumplimiento en ese entonces…” [15]
Hipólito (170-236 d.C.)
“Porque Juan dice, ‘Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.’ Eso es aquella mitad de semana de que habló Daniel…
¿Qué dice el profeta? ‘La bestia que asciende del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará,’ porque ellos no darán la gloria al Anticristo…
53. Estas cosas, entonces, sucederán, amados… Eso refiere a los mil doscientos y sesenta días (la mitad de la semana) cuando el tirano va a reinar y perseguir a la Iglesia, que huye de ciudad en ciudad…
62. El Señor también dice, ‘cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. Él que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo.’
64. Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
67. Estas cosas entonces, los he expuesto brevemente, o Teófilo, tomando de las mismas Escrituras, para que, manteniendo fe en lo que ha sido escrito, y anticipando las cosas que sucederán, puedes guardarte sin ofensa ante Dios y los hombres, ‘aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo’…” [16]
Cipriano (200-258 d.C.)
“Porque deben saber y creer, y tenerlo por seguro, que el día de la aflicción ha comenzado a venir sobre nuestras cabezas, y el fin del mundo y el tiempo del Anticristo se aproxima, y por lo tanto, debemos estar preparados para la batalla; ni debemos considerar nada de importancia excepto la gloria de la vida eterna y la corona de la confesión del Señor; y no pensar en las cosas venideras como si ya hubieran pasado.” [17]
Lactantico (AD 250 – 325)
“Cuando se aproximan los tiempos finales, un gran profeta será enviado de Dios para hacer que los hombres vuelvan al conocimiento de Dios, y él recibirá poder para hacer maravillas…” Pero ese rey no solo será abominable, sino también será un profeta de mentiras; y declarará que él mismo es Dios, y mandarán a todos a adorarle como el Hijo de Dios; y le será dado poder para hacer señales y maravillas, así logrando que los hombres le adoraren. Él mandará fuego del cielo, y hará que el sol se pare y se cambie de su curso, y hará que una imagen hable; y estas cosas serán cumplidos por su palabra, haciendo que muchos sabios sean seducidos por él. Entonces, el intentará destruir el templo de Dios y perseguirá a los justos, y habrá angustia y tribulación como jamás ha habido desde la fundación del mundo… Todos los que creen en él y se unen con él serán marcados como sus ovejas, pero los que se niegan a recibir su marca, o huirán a las montañas, o, siendo capturados, serán matados con torturas…y le será dado poder para desolar la tierra entera por cuarenta y dos meses.” [18]
“Entonces, el Hijo del Altísimo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como Sibyl testifica y dice: ‘Porque entonces habrá confusión entre todos los hombres de la tierra, cuando el Altísimo mismo vendrá en su trono de juicio para juzgar a las almas de los vivos y de los muertos de todo el mundo.’
Pero Él, cuando habrá destruido la injusticia y ejecutado Su gran juicio, y habrá resucitado a todos los justos que han vivido desde el comienzo, estará gobernando a los hombres por mil años y reinará sobre ellos con justicia…
Entonces aquellos que viven en sus cuerpos no morirán, sino que producirán una multitud infinita durante los mil años y los nacidos de ellos serán santos y amados por Dios; pero los que habían sido resucitados presidirán sobre los vivos como jueces…
Durante este tiempo también el príncipe de los demonios, quien es el inventor de todo mal, será atado con cadenas y será atado durante los mil años del gobierno celestial en que la justicia reinará en la tierra, para que no pueda maquinar el mal contra el pueblo de Dios.” [19]
Como uno puede ver, leyendo los Padres de la Iglesia Primitiva es como leer los escritos de los Futuristas Premileniales hoy en día. Ellos hablan de la septuagésima semana de años de Daniel con sus tres años y medio como todavía en su futuro y separado en tiempo de los primeros 69 semanas de años. Ellos hablan de la apostasía y la tiranía del Anticristo, comenzando en la mitad de la septuagésima semana de Daniel y terminando con él siendo lanzado al Lago de Fuego en la Segunda Venida de Cristo. Ellos hablan de la abominación desoladora como el Anticristo sentado en un Templo reedificado en Jerusalén. Hablan de la marca de la Bestia siendo obligatoria para poder comprar y vender. Hablan de los últimos tres años y medio como un tiempo de angustia y tribulación como jamás visto desde la fundación del mundo. Hablan de la Segunda Venida y la resurrección de los santos, seguido con Satanás siendo atado por mil años, cuando Cristo estará reinando en la Tierra con sus santos.
La única cosa que es completamente ausente en sus escritos, que se oye hoy en día entre la mayoría de los Futuristas, es cualquier mención de un rapto de la Iglesia siete años antes de la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, Justin Mártir habla del Anticristo que hará cosas ilícitas contra nosotros, la Iglesia, durante la tribulación. También Tertuliano habla del Anticristo con su falso profeta haciendo guerra contra la Iglesia de Dios, e Hipólito también presenta a la Iglesia como perseguida por el Anticristo durante la gran tribulación.
La única alusión a un rapto antes de la Segunda Venida de Cristo es mencionada por el Pastor de Herma. Sin embargo, él aparentemente se está refiriendo a un rapto parcial “previo a la gran tribulación” que ocurre a la mitad de la semana septuagésima de Daniel y no al comienzo, como enseñan los Pretribulacionistas. Él aparenta hablar de este “escape” como solamente incluyendo a aquellos que se hayan preparados anterior a la Gran Tribulación, y por esa razón, no tendrán necesidad de mayor purificación en el fuego de la aflicción en la Gran Tribulación. (Para más sobre este tema vea mi libro titulado: Enfocando en los Eventos Finales. Sin embargo, un rapto pretribulacional, siete años antes de la Segunda Venida de Cristo también es de origen reciente, y no es un elemento esencial de una escatología Futurista.
Así que, hemos visto que la interpretación Futurista era la creencia unánime entre los Padres de la Iglesia Primitiva. Es cierto que Amilenialismo llegó a ser prominente en el siglo V, habiendo sido concebido por el método espiritual/alegórico de interpretación de las Escrituras comenzado por Orígenes y desarrollado y popularizado por San Agustín. El Amilenialismo seguía siendo la doctrina de la Iglesia Occidental a través de la Época Oscura e incluso durante la Reforma. Sin embargo, es mi convicción que necesitamos continuar con la Reforma hasta que toda doctrina bíblica e histórica haya sido plenamente restaurada a como era antes de entrar en la Época Oscura.
Este blog fue tomado de mi libro, Los Últimos Días – Pasados o Presentes?
[1] Schaff´s History of the Christian Church, Volume 1, chapter 12,158. Chiliasm.
[2] Eusebius Church History Chapter 39 – The writings of Papias
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 110
[4] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 80 - The Opinion of Justin with Regard to the Reign of a Thousand Years.
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Epistle of Barnabus Chapter 4
[6] Ante-Nicene Fathers, Pastor of Hermas; Book 1 Visions Chapter 2
[7] Ante-Nicene Fathers, Volume 1 Irenaeus; Against Heresies Book 1 Chapter 13
[8] Ante-Nicene Fathers, Volume 3 Irenaeus: Against Heresies Book 3 Chapter 24
[9] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 1
[10] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 28 section 2
[11] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[12] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 1
[13] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 4
[14] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
[15] Ante-Nicene Fathers, Volume 3, Tertullian: (AD 160 to 220) Apologetic Writings – The chaplet, Chapter 25
[16] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Hyppolytus (AD 170 to 236),Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
[17] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Cyprian (AD 200 to 258) The Epistles of Cyprian, Epistle 55 §1
[18] Ante-Nicene Fathers, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 17
[19] Ante-Nicene Fathers, Volume 7, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 24 – Of the Renewed World.
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Los Preteristas Postmilenarios tienden a ignorar el testimonio de la Iglesia Primitiva, simplemente diciendo, a pesar de las evidencias lo contrario, que la posición mayoritaria de la Iglesia siempre ha sido Preterista y no Futurista. Sin embargo, aun el gran historiador Schaff, que personalmente no creía en el Futurismo, reconoció que la esperanza Premilenial era la doctrina de los Padres de la Iglesia Primitiva. Él dijo lo siguiente acerca de su escatología:
“El punto que más distingue la escatología de la era ante-Nicea es el milenarismo, esa es la creencia en un reinado visible de Cristo en gloria sobre la tierra con los santos resucitados por mil años, antes de la resurrección y juicio general. No era una doctrina formulada en un credo o forma de devoción, sino que era la opinión popular de los maestros más distinguidos, tales como Bernabé (murió 61 d.C.), Papías (murió 100 d.C.), Justino Mártir (100 – 165 d.C.), Ireneo (130-202 d.C.), Tertulio (160-225 d.C.); mientras Orígenes (184-253 d.C.), Dionisio el Grande (murió 264 d.C.) y Eusebio (265-340 d.C.) se oponían el Premilenialismo, como también después hicieron Jerónimo (347-420 d.C.) y Agustín (354-430 d.C.)…”
Relacionado con esto, prevalecía la expectativa general de que el retorno del Señor estaba cerca, aunque la hora o el día eran indeterminables, de tal manera que los creyentes siempre estuvieran preparados. Esta esperanza, a través de toda la era de la persecución, fue una gran fuente de aliento y consuelo bajo las penas de aquel martirio que sembró con sangre la semilla de una cosecha abundante para la Iglesia…
Justin Martyr…habla múltiples veces de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo, acompañado con los santos ángeles. Su venida será precedida por la manifestación del hombre del pecado (anthropos tas anomias) que habla blasfemias contra el Altísimo, y reinará por tres años y medio. Él es precedido por herejías y falsos profetas. Entonces Cristo resucitará a los patriarcas, los profetas, y judíos piadosos, establecerá el milenio, restaurará a Jerusalén y reinará desde allí en medio de sus santos. Después sucederá la segunda resurrección y el juicio del mundo.” [1]
También, el historiador de la Iglesia Primitiva Eusebio, quien murió en 339 d.C., rastreó la creencia en la esperanza Futurista Premilenial a los mismos pies de Juan el Apóstol:
“Estas cosas son atestiguados por Papías, un hombre de la antigüedad que fue oidor de Juan y un compañero de Policarpo, en su cuarto libro. A estos pertenecen su aseveración que habrá un período de mil años después de la resurrección de los muertos, y que el reino de Cristo será establecido en forma física en esta misma tierra.” [2]
Puedo decir que la probabilidad que Papías, que, según Eusebio, fue enseñado por Juan mismo y era un compañero de Policarpo, enseñara una doctrina diferente a la del Apóstol Juan, es muy, muy remota. ¿Quién reflejaría más la enseñanza original del Apóstol Juan, Papías, que sentaba a los pies de Juan, o el sacerdote jesuita Alcasar quién originó el Preterismo en el siglo XVII?
Yo escudriñé los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva y descubrí que la esperanza del retorno Premilenial de Cristo después de la apostasía; la Gran Tribulación y la manifestación del hombre del pecado en el futuro era un tema recurrente a través de todos sus escritos. Esto es muy significante, dado que vivían muchos años después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y ellos no entendieron esa destrucción como la Segunda Venida de Cristo. Si de hecho Cristo vino en el año 70 d.C. y todo ojo de todas las naciones y tribus de la tierra lo vieron venir con poder y gran gloria, como Jesús dijo (Mateo 24:30; Apo 1:7), debe haber un récord de alguien que lo vio venir. De hecho, no hay ningúna indicación de nadie, sea cristiano o no cristiano, que pensó que Cristo había venido en el año 70 d.C. Lo siguiente es una muestra de algunas de sus referencias a la esperanza Futurista:
Justin Mártir (100-165 d.C.)
“…dos venidas de Cristo han sido anunciado: La primera donde Él es presentado como sufriendo, sin gloria ni honra, y crucificado. Pero la otra, en la cual Él vendrá del cielo con gloria, cuando el hombre de apostasía que hablará blasfemias contra el Altísimo procederá a cometer maldades en la tierra contra nosotros los cristianos…” [3]
“Pero yo, como otros cristianos que piensan correctamente en todos los detalles, estamos confiados que habrá una resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, que será reedificado, adornado y ampliado, como los profetas Ezequiel y Isaías y otros declararon.” [4]
La Epístola de Bernabé (120-150 d.C.)
“Diez reinos tendrán dominio sobre la tierra, y un pequeño rey se levantará después de ellos, que subyugará tres de los reyes. De la misma manera, Daniel dice acerca de aquel tiempo, ‘He aquí, vi la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, más salvaje que todas las bestias de la tierra, y como salió de los diez cuernos un cuerno pequeño, y como subyugó tres de los cuernos bajo uno.” [5]
El Pastor de Herma (siglo II)
“Por lo tanto id, y cuenta a los elegidos del Señor sus hechos poderosos, y diles que esta bestia es un tipo de la gran tribulación que vendrá. Entonces, si se preparen, y se arrepienten con todo su corazón, y vuelvan al Señor, será posible escaparla, si su corazón sea puro y sin mancha, y si pasen el resto de sus días sirviéndole al Señor irreprensiblemente.” [6]
Ireneo (160-230 d.C.)
“Pero hay otro entre estos herejes, Marcus por nombre, quien se jacta de haber superado a su Maestro… Así que parece como si fuera el precursor del Anticristo.” [7]
“Cristo les promete a los judíos su condición anterior, recibiendo de nuevo su nación… En cuanto a la restauración de Judéa, sin embargo, que hasta los judíos mismos, inducidos por los nombres de lugares y países, la esperan así como descrito… Pero confesamos que un reino nos ha sido prometido sobre la tierra, aunque antes del cielo, solamente en otro estado de existencia; dado que será después de la resurrección por mil años en la ciudad de Jerusalén construida por Dios…” [8]
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde; de quien el apóstol habla en su segunda epístola a los Tesalonicenses: ‘sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.’” [9]
“Y por esta razón el apóstol dice: ‘por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.’ Porque cuando él (el Anticristo) haya venido, y por su propia cuenta hará según su propia voluntad y elección, sentado también en el templo de Dios, para que sus súbditos le adoren como el Mesías; por lo tanto ‘será lanzado al lago de fuego’ como merece…cuyo venida Juan ha descrito en el Apocalipsis… Y él hará que todos reciban la marca en la frente o en la mano derecha, que nadie puede comprar ni vender, a menos que tenga la marca del nombre de la bestia o el número de su nombre; y el número es seis cientos sesenta y seis, eso es seis veces cien, seis veces diez, y seis unidades.” [10]
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [11]
“Sin embargo, si alguien intentará alegorizar (las profecías) como estas, ellas no serán hallados consistentes entre sí en todos los detalles, y serán refutadas por la enseñanza de las mismas expresiones. Porque todas estas y otras palabras incuestionablemente fueron dadas en referencia a la resurrección de los justos, que sucederá después de la venida del Anticristo, y la destrucción de todas las naciones bajo su dominio; en los tiempos cuando los justos reinarán sobre la tierra.” [12]
“Daniel también, viendo el final del ultimo reino, i.e., los diez últimos reyes, entre los cuales el reino de esos hombres será repartido, y sobre el cual el hijo de la perdición vendrá, declara que los diez cuernos saldrán de la bestia, y que otro cuerno pequeño se levantará en medio de ellos, y que tres de los primeros serán desarraigados delante de él…y todo será entregado en su poder hasta un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo, eso es, por tres años y seis meses, durante que tiempo él reinará sobre la tierra cuando él viene,. De quién también habló otra vez el Apóstol Pablo…: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida.” [13]
“El Señor también habló a los que no creyeron en Él de la siguiente manera: ‘He venido en el nombre de mi Padre, y no me recibieron: Cuando otro viene en su propio nombre, a ese recibirán, ‘refiriéndole al Anticristo como ‘el otro,’ porque él es alienado del Señor. Lo cual él hará en el tiempo de su reino: el trasladará su reino a esa ciudad, y se sentará en el templo de Dios, engañando a los que le adoren, como si él fuera el Mesías. De eso habla Daniel otra vez: ‘Y desolará el lugar santo’… Y entonces Él designa el tiempo que durará su tiranía, en que los santos serán puestos en vuelo, a aquellos que le ofrecen un sacrificio puro a Dios: Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [14]
Tertuliano: (160-220 d.C.)
“En el Apocalipsis de Juan, otra vez el orden de estos tiempos está revelado…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios; y para que después de echarle al diablo en el abismo por un tiempo, el bendito privilegio de la primera resurrección sea ordenado con tronos; y otra vez, después de consignarlo al fuego, que el juicio de la resurrección final y universal sea determinado de los libros. Entonces, como las Escrituras indican lo que sucederá en los últimos tiempos y concentran la cosecha de la esperanza cristiana en el fin del mundo, es evidente que todo lo que Dios ha prometido recibe su cumplimiento en ese entonces…” [15]
Hipólito (170-236 d.C.)
“Porque Juan dice, ‘Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.’ Eso es aquella mitad de semana de que habló Daniel…
¿Qué dice el profeta? ‘La bestia que asciende del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará,’ porque ellos no darán la gloria al Anticristo…
53. Estas cosas, entonces, sucederán, amados… Eso refiere a los mil doscientos y sesenta días (la mitad de la semana) cuando el tirano va a reinar y perseguir a la Iglesia, que huye de ciudad en ciudad…
62. El Señor también dice, ‘cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. Él que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo.’
64. Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
67. Estas cosas entonces, los he expuesto brevemente, o Teófilo, tomando de las mismas Escrituras, para que, manteniendo fe en lo que ha sido escrito, y anticipando las cosas que sucederán, puedes guardarte sin ofensa ante Dios y los hombres, ‘aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo’…” [16]
Cipriano (200-258 d.C.)
“Porque deben saber y creer, y tenerlo por seguro, que el día de la aflicción ha comenzado a venir sobre nuestras cabezas, y el fin del mundo y el tiempo del Anticristo se aproxima, y por lo tanto, debemos estar preparados para la batalla; ni debemos considerar nada de importancia excepto la gloria de la vida eterna y la corona de la confesión del Señor; y no pensar en las cosas venideras como si ya hubieran pasado.” [17]
Lactantico (AD 250 – 325)
“Cuando se aproximan los tiempos finales, un gran profeta será enviado de Dios para hacer que los hombres vuelvan al conocimiento de Dios, y él recibirá poder para hacer maravillas…” Pero ese rey no solo será abominable, sino también será un profeta de mentiras; y declarará que él mismo es Dios, y mandarán a todos a adorarle como el Hijo de Dios; y le será dado poder para hacer señales y maravillas, así logrando que los hombres le adoraren. Él mandará fuego del cielo, y hará que el sol se pare y se cambie de su curso, y hará que una imagen hable; y estas cosas serán cumplidos por su palabra, haciendo que muchos sabios sean seducidos por él. Entonces, el intentará destruir el templo de Dios y perseguirá a los justos, y habrá angustia y tribulación como jamás ha habido desde la fundación del mundo… Todos los que creen en él y se unen con él serán marcados como sus ovejas, pero los que se niegan a recibir su marca, o huirán a las montañas, o, siendo capturados, serán matados con torturas…y le será dado poder para desolar la tierra entera por cuarenta y dos meses.” [18]
“Entonces, el Hijo del Altísimo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como Sibyl testifica y dice: ‘Porque entonces habrá confusión entre todos los hombres de la tierra, cuando el Altísimo mismo vendrá en su trono de juicio para juzgar a las almas de los vivos y de los muertos de todo el mundo.’
Pero Él, cuando habrá destruido la injusticia y ejecutado Su gran juicio, y habrá resucitado a todos los justos que han vivido desde el comienzo, estará gobernando a los hombres por mil años y reinará sobre ellos con justicia…
Entonces aquellos que viven en sus cuerpos no morirán, sino que producirán una multitud infinita durante los mil años y los nacidos de ellos serán santos y amados por Dios; pero los que habían sido resucitados presidirán sobre los vivos como jueces…
Durante este tiempo también el príncipe de los demonios, quien es el inventor de todo mal, será atado con cadenas y será atado durante los mil años del gobierno celestial en que la justicia reinará en la tierra, para que no pueda maquinar el mal contra el pueblo de Dios.” [19]
Como uno puede ver, leyendo los Padres de la Iglesia Primitiva es como leer los escritos de los Futuristas Premileniales hoy en día. Ellos hablan de la septuagésima semana de años de Daniel con sus tres años y medio como todavía en su futuro y separado en tiempo de los primeros 69 semanas de años. Ellos hablan de la apostasía y la tiranía del Anticristo, comenzando en la mitad de la septuagésima semana de Daniel y terminando con él siendo lanzado al Lago de Fuego en la Segunda Venida de Cristo. Ellos hablan de la abominación desoladora como el Anticristo sentado en un Templo reedificado en Jerusalén. Hablan de la marca de la Bestia siendo obligatoria para poder comprar y vender. Hablan de los últimos tres años y medio como un tiempo de angustia y tribulación como jamás visto desde la fundación del mundo. Hablan de la Segunda Venida y la resurrección de los santos, seguido con Satanás siendo atado por mil años, cuando Cristo estará reinando en la Tierra con sus santos.
La única cosa que es completamente ausente en sus escritos, que se oye hoy en día entre la mayoría de los Futuristas, es cualquier mención de un rapto de la Iglesia siete años antes de la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, Justin Mártir habla del Anticristo que hará cosas ilícitas contra nosotros, la Iglesia, durante la tribulación. También Tertuliano habla del Anticristo con su falso profeta haciendo guerra contra la Iglesia de Dios, e Hipólito también presenta a la Iglesia como perseguida por el Anticristo durante la gran tribulación.
La única alusión a un rapto antes de la Segunda Venida de Cristo es mencionada por el Pastor de Herma. Sin embargo, él aparentemente se está refiriendo a un rapto parcial “previo a la gran tribulación” que ocurre a la mitad de la semana septuagésima de Daniel y no al comienzo, como enseñan los Pretribulacionistas. Él aparenta hablar de este “escape” como solamente incluyendo a aquellos que se hayan preparados anterior a la Gran Tribulación, y por esa razón, no tendrán necesidad de mayor purificación en el fuego de la aflicción en la Gran Tribulación. (Para más sobre este tema vea mi libro titulado: Enfocando en los Eventos Finales. Sin embargo, un rapto pretribulacional, siete años antes de la Segunda Venida de Cristo también es de origen reciente, y no es un elemento esencial de una escatología Futurista.
Así que, hemos visto que la interpretación Futurista era la creencia unánime entre los Padres de la Iglesia Primitiva. Es cierto que Amilenialismo llegó a ser prominente en el siglo V, habiendo sido concebido por el método espiritual/alegórico de interpretación de las Escrituras comenzado por Orígenes y desarrollado y popularizado por San Agustín. El Amilenialismo seguía siendo la doctrina de la Iglesia Occidental a través de la Época Oscura e incluso durante la Reforma. Sin embargo, es mi convicción que necesitamos continuar con la Reforma hasta que toda doctrina bíblica e histórica haya sido plenamente restaurada a como era antes de entrar en la Época Oscura.
Este blog fue tomado de mi libro, Los Últimos Días – Pasados o Presentes?
[1] Schaff´s History of the Christian Church, Volume 1, chapter 12,158. Chiliasm.
[2] Eusebius Church History Chapter 39 – The writings of Papias
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 110
[4] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 80 - The Opinion of Justin with Regard to the Reign of a Thousand Years.
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Epistle of Barnabus Chapter 4
[6] Ante-Nicene Fathers, Pastor of Hermas; Book 1 Visions Chapter 2
[7] Ante-Nicene Fathers, Volume 1 Irenaeus; Against Heresies Book 1 Chapter 13
[8] Ante-Nicene Fathers, Volume 3 Irenaeus: Against Heresies Book 3 Chapter 24
[9] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 1
[10] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 28 section 2
[11] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[12] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 1
[13] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 4
[14] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
[15] Ante-Nicene Fathers, Volume 3, Tertullian: (AD 160 to 220) Apologetic Writings – The chaplet, Chapter 25
[16] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Hyppolytus (AD 170 to 236),Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
[17] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Cyprian (AD 200 to 258) The Epistles of Cyprian, Epistle 55 §1
[18] Ante-Nicene Fathers, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 17
[19] Ante-Nicene Fathers, Volume 7, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 24 – Of the Renewed World.
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No Dejando de Congregarnos
por George Sidney Hurd
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
Si has asistido a la iglesia por varios años, sin duda te has dado cuenta de que estamos viviendo en un tiempo cuando un número alarmante de cristianos ya no están congregándose con los de la misma fe, y los pocos que lo hacen a menudo asisten a mega-iglesias donde hay poco o nninguna interacción los unos con los otros como miembros del cuerpo de Cristo.
Yo tuve un encuentro transformador con el Señor en el año 1969 en lo que llegó a ser conocido como el Avivamiento del Movimiento de Jesús. En ese entonces las iglesias locales normalmente eran pequeñas pero a la vez muy asistidas por creyentes con una pasión por el Señor, su primer amor. Para la mayoría de nosotros, solamente dos servicios los domingos con un estudio bíblico entre semana y un grupo de oración los viernes no era suficiente. Cuando nos reunimos, la presencia del Señor era tan real y tangible que no queríamos irnos, y no podíamos esperar hasta la próxima reunión.
Lamentablemente, si uno fuera a visitar esas mismas iglesias hoy en día, lo que a menudo descubriría es que, si la iglesia no ha cerrado sus puertas ya, la asistencia es muy poca, a menudo solamente reuniéndose una vez por semana los domingos. Actualmente hay muchas más iglesias cerrando sus puertas que nuevas iglesias comenzando. ¿A qué se debe este éxodo tan grande de las iglesias locales?
Obviamente, el problema raíz es una condición del corazón. Cuando Cristo es el centro de nuestro afecto y devoción, Su vida se manifiesta en medio de nosotros y Él puede atraer a otros a Sí Mismo a través de nosotros. Pero demasiado a menudo, poco a poco, Él deja de ser el centro de nuestro afecto, y de repente descubrimos que hemos dejado nuestro primer amor (Apo 2:1-7). Tal vez seguimos asistiendo a la iglesia, llevando a cabo las mismas actividades – de hecho, muchas veces las intensificamos, pero lo hacemos por el deber, en vez de hacerlo por la pura adoración. Puede que sigamos orando, pero sin la comunión íntima que una vez disfrutábamos.
Cuando la Iglesia se aferra a Cristo, su Cabeza, crece con el crecimiento que da Dios (Col 2:19). Mientras que la iglesia en los Hechos simplemente seguía en comunión continua, el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente (Hch 2:46-47; 6:7). La única manera en que el enemigo puede detener el crecimiento que da Dios es seducirnos, alejándonos de nuestra pura devoción a Cristo, nuestra Cabeza, resultando en que Su vida ya no se manifieste en medio de nosotros. Eso era la preocupación principal de Pablo con los creyentes en Corinto. Él dijo:
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2 Cor 11:3)
Cristo es la fuente de la vida para nosotros como individuos y también colectivamente como Su cuerpo, la Iglesia. Si por cualquier motivo quitamos a Cristo del centro de nuestras vidas y la vida de la iglesia, la fuente de vida que nos hace florecer espiritualmente se seca. Como dijo Jesús, “separados de Mí nada podéis hacer” (Jn 15:5). Ninguna cantidad de actividad religiosa, por muy buena que sea, puede producir vida. Ninguna cantidad de estructura organizacional, o la falta de ella, puede producir el crecimiento que solo Él puede dar.
Un pastor aquí en Colombia que aprecio mucho intentó comenzar una iglesia utilizando una estrategia de iglecrecimiento que ha producido mega iglesias en Colombia y a través de Latinoamérica. Él contó como una noche él no podía dormir porque seguía calculando en su mente cuántos miembros tendría en su iglesia en seis meses o en un año con esa estrategia. Pasaron horas y no podía apagar su mente para dormir. Cuando él le pidió al Señor que le ayudara a dormir, él Señor le habló diciéndole: “No busques los números. Busca mi presencia y Yo me encargaré de los números.” Desde ese momento, él abandonó toda estrategia y se dedicó a desarrollar la intimidad con el Señor. Poco después, la presencia de Dios descendió sobre su pequeña congregación, y dentro de pocos meses no podía encontrar edificios lo suficientemente grandes para contener las multitudes sedientas que vinieron a beber del agua de la vida.
Tristemente, cuando esta multiplicación resultó en el ingreso de grandes cantidades de dinero, poco a poco vi que su enfoque total en Cristo se desvió a la prosperidad material. El asombro por la presencia de Cristo, que inicialmente produjo un crecimiento tan rápido y vibrante, comenzó a menguar en la medida que él cambió el enfoque en Cristo por la prosperidad personal. En un intento desesperado por despistarse de la falta de Su presencia manifestada, comenzaron a usar espectáculos de luces y efectos especiales. Una vez hasta él subió a la tarima en una motocicleta como Evel Knievel, acompañando con juegos pirotécnicos y todo. Pero no hay nada en absoluto, ni siquiera efectos especiales, que puede traer vida y vitalidad a una congregación aparte de la pura devoción a Cristo.
La preocupación de Pablo era que no estuviéramos seducidos, apartándonos de nuestra pura devoción a Cristo. ¿Cuáles son algunas de las cosas que puede hacer que nos apartemos de nuestra pura devoción a Cristo como nuestro primer amor?
Materialismo
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15)
Creo que, tal vez la mayor razón porqué los cristianos han perdido su primer amor, resultando en un bajón tan grande de la asistencia en las iglesias, especialmente en Estados Unidos, es el materialismo. El materialismo se define como “el valorar más las posesiones materiales que las cosas espirituales.” Es la búsqueda de cosas en vez de Dios, y es una forma de idolatría (Col 3:5). Jesús dijo:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Lucas 16:13)
El problema no es con tener abundancia de posesiones materiales, sino el materialismo, o el amor de las cosas en vez de un amor y devoción pura a Dios. Muchos de nosotros que fuimos salvos durante el Movimiento de Jesús, anteriormente éramos drogadictos o hippies, habiendo recibido al Señor con prácticamente nada más que la ropa que llevábamos puesta. Nuestro enfoque principal y nuestra pasión fue nuestra relación con el Señor. Pero comencé a notar que, conforme muchos de nosotros comenzábamos a prosperar, comprando casas, carros y lanchas, la relación con el Señor de algunos de manera sutil comenzó a tomar el segundo lugar con respecto a las posesiones materiales. Muchos ya no asistían todos los domingos para poder salir a esquiar con su lancha o hacer paseos en sus motos, mientras otros, aunque iban a la iglesia por el deber, deseaban estar en otro lugar.
Poco a poco, vi el materialismo convertirse en una obsesión en la sociedad e incluso dentro de las iglesias. En los años ’60 y los ’70, todas las tiendas estaban cerradas los domingos. Las calles estaban abandonadas y las iglesias llenas. Sin embargo, poco a poco esto cambió, hasta que hoy en día los centros comerciales están llenos los domingos y las iglesias vacías. La iglesia en los Estados Unidos ha llegado a ser como los de Laodicea que decían que eran ricos y sin necesidad de nada, sin darse cuenta de que eran desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (Apo 3:14-22). Está bien poseer cosas materiales, pero jamás debemos de permitir que las cosas nos posean a nosotros. Si descubrimos que preferíamos estar con nuestras cosas, más que congregarnos donde se manifiesta la presencia del Señor en medio de Su pueblo, necesitamos volvernos a nuestro primer amor.
La Iniquidad
“y por haberse multiplicado la iniquidad (ἀνομία), el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12)
Otro factor que ha contribuido a la disminución de la asistencia en las iglesias dentro de los últimos años es el aumento de la iniquidad. El Apóstol Juan dice que la iniquidad (ἀνομία) equivale al pecado (1Jn 3:4). El pecado (ἁμαρτία) es no dar en el blanco o no alcanzar a la meta, mientras que la iniquidad (ἀνομία) es negar a someterse a una ley o estándar moral. Por lo tanto, tomados juntos, podemos decir que la iniquidad o ἀνομία en las Escrituras es cuando uno se rehúsa a vivir conforme al estándar moral de Dios.
Jesús dijo que, en los postreros días, antes de Su retorno, habría un rechazo del estándar moral de Dios, resultando en que el amor de muchos se enfriara. Mientras que Jesús sea nuestro primer amor, guardaremos Sus mandamientos (Jn 14:15). Inversamente, mientras que guardemos Sus mandamientos estamos permaneciendo en Su amor. Jesús dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15:10).
Sin embargo, comenzando con la revolución moral de los años ’70, con su lema, “Si te sientes bien, hazlo,” la sociedad comenzó a rechazar los estándares morales de Dios, y poco a poco por la influencia del entretenimiento, los medios de comunicación y el sistema educativo, la consciencia de muchos dentro de las iglesias comenzó a ser cauterizada a tal grado que hoy en día el amor de muchos dentro de las iglesias se ha enfriado. Hablan mucho del amor incondicional que Dios tiene hacia ellos, pero no demuestran su amor por Él, haciendo Su voluntad.
Hoy en día muchos cristianos hasta llaman bueno lo que Dios llama malo, y malo lo que Dios llama bueno. Han intentado formar a Dios a su propia imagen, a tal grado que algunos han llegado a pensar que la gracia de Dios nos da libertad para vivir como nos de la gana sin consecuencia alguna, y hasta acusan a aquellos que realmente aman a Dios y procuran a guardar Sus mandamientos de ser Fariseos.
Jesús es la gracia personificada. Por lo tanto, Cristo/la Gracia en nosotros producirá en nosotros Su Misma obediencia mientras simplemente permanezcamos en Su amor, así como Él obedeció a Su Padre, permaneciendo en Su amor (Jn 15:10). Juan dijo que conocemos que estamos en Él por el hecho de que andamos como Él anduvo (1Jn 2:5-6). Él también dijo: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1Jn 3:7).
Lamentablemente, la razón por la que muchos ya no se congregan es porque están practicando el pecado y desean permanecer en las tinieblas para que su conducta pecaminosa no sea expuesta a la luz. El Apóstol Juan dijo: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1Jn 1:5-7). Como dijo Jesús, los no arrepentidos no quieren venir a la luz para que no sean expuestos sus hechos. En contraste, los arrepentidos desean congregarse con otros en la luz de Su presencia para que todo pecado que aun permanezca en sus vidas sea revelado y quitado de ellos (Jn 3:19-21; Sal 139:23-24).
Cuando estamos bien conectados con otros creyentes en el contexto de una iglesia local, somos expuestos a la Palabra y a la comunión diariamente, y eso nos ayuda a permanecer espiritualmente centrados en Cristo. Solamente aquellos que están conectados a una asamblea local pueden poner en práctica el mandato bíblico que dice, “exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Heb 3:13).
Falsos Maestros
Otra razón principal para el gran éxodo de las iglesias que estamos viendo en nuestros tiempos es que falsos maestros están apartando a muchos de la fe. Pablo dijo que en los postreros días muchos se apartarían de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios
(1Tim 4:1). Él se refería a ellos como lobos rapaces que vendrían en medio de nosotros, tomando presas a las ovejas del rebaño (Hch 20:29-31). De la misma manera, Pedro dijo que vendría tiempo cuando habrá entre nosotros falsos maestros, que introducirían encubiertamente herejías destructoras, aun negando al Señor que nos compró con Su propia sangre (2Pedro 2:1). Hoy en día es común oír maestros negando la deidad de Cristo o menospreciando el sacrificio expiatorio de Cristo como nuestro sustituto. A menudo, las iglesias están casi vacías, mientras que los Salones de los Testigos de Jehová están llenos de los que anteriormente fueron miembros de las iglesias Evangélicas, pero ya no creen en la deidad de Cristo o la salvación por la gracia aparte de las obras.
Esto es una de las razones principales porqué somos mandados a no dejar de congregarnos, especialmente ahora, viendo que el día de Su venida se acerca. Dios ha designado pastores en las iglesias locales para pastorear al rebaño y proteger a los creyentes de los falsos maestros que, como lobos rapaces, intentan hacer presa de las ovejas. Pablo dijo a los pastores o ancianos:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas (λαλουντες διεστραμμενα, lit. “hablando distorsiones”) para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” (Hch 20:28-31)
Los falsos maestros normalmente no niegan directamente la verdad. Normalmente se disfracen como ovejas, sutilmente distorsionando la verdad para engañar a las ovejas que aún no están bien fundamentadas en la Palabra, así apartando a los discípulos de la fe. Pablo dijo que, para engañar, ellos emplean con astucia las artimañas del error por medio de filosofías y huecas sutilezas, según la sabiduría del mundo, y no según Cristo (Ef 4:14-16; Col 2:8-10). Sus argumentos tienen la apariencia de la sabiduría y utilizan una lógica tan tortuosa que aun los estudiados tienen dificultad en seguir su lógica, sin mencionar a un cristiano con poco conocimiento de las Escrituras.
Existe una estructura ordenada por Dios dentro de cada iglesia local para equipar a los santos que es esencial para la preservación y crecimiento del cuerpo de Cristo. Simplemente asistiendo a una mega iglesia o conectándose por el internet a reuniones Zoom y grupos de Facebook jamás pueden sustituir la vida en el cuerpo de Cristo dentro de una iglesia local. Como dijo el escritor de Hebreos, si alguna vez hubo un tiempo cuando el pueblo de Dios necesita estar bajo el ministerio de la iglesia local es ahora, viendo que se está acercando aquel día.
Un problema con esta generación es que muchos son demasiado independientes y voluntariosos, y por lo tanto, no están dispuestos a sujetarse al liderazgo de una iglesia local. Cristo ha designado pastores y maestros para llevar a los santos a la madurez para la obra del ministerio, pero demasiado a menudo, los cristianos de hoy no están dispuestos a someterse a las autoridades ordenados por Dios dentro de la iglesia local. El autor de Hebreos, reconociendo esta tendencia, amonesta a los creyentes, diciendo:
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.” (Heb 13:17)
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” (Heb 13:7)
Un cristiano que no es parte de una asamblea local y sometido a un pastor se está privando de la estructura ordenada por Dios que es necesaria para nuestra protección y buen desarrollo dentro del cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, Pedro, reconociendo la posibilidad del abuso de la autoridad, dice a los pastores:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4)
Entonces, mientras los miembros de una iglesia local son mandados a someterse a aquellos en autoridad sobre ellos, él también les dice a los que tienen autoridad que no abusen su autoridad, teniendo señorío sobre el redil, sino guiándolos por su buen ejemplo. Cuando cada miembro del cuerpo está en su lugar ordenado por Dios dentro de una iglesia local, cada miembro dentro del cuerpo de Cristo crece con el crecimiento que da Dios. Pablo presenta este modelo en Efesios 4. Él dijo acerca de Cristo y Su Iglesia:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo (o ‘hablando’) la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef 4:11-16)
He oído a muchos decir que ya no asisten a ninguna iglesia porque fueron ofendidos o maltratados por un pastor o otros miembros de la iglesia. Sin embargo, aprendiendo a soportarnos unos a otros y perdonarnos unos a otros, así como Cristo nos ha perdonado, es esencial para poder crecer en al amor agape. Nunca vamos a crecer en el amor rechazando a aquellos que nos rechazan, lastiman u ofenden. Como miembros de Su cuerpo, necesitamos estar armados con la mente de Cristo. Pablo dice:
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Col 3:12-13)
Como aquellos que creemos en la salvación final de todos, es inevitable que a veces experimentemos rechazo a pesar de todo esfuerzo de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef 4:3-5). Sin embargo, en la mayoría de los casos, uno puede encontrar una iglesia cercana que nos recibirá una vez que vean que creemos en las mismas doctrinas fundamentales y que no vamos a causar divisiones.
La unidad del Espíritu no requiere que pensemos igual en todo detalle doctrinal. Al contrario, requiere la unidad a pesar de desacuerdos en doctrinas no-esenciales, dado que ningunos creemos exactamente lo mismo en todo. Sin embargo, aún si no podemos encontrar una iglesia en nuestra ciudad de la misma fe, dejar de congregarnos con otros creyentes jamás debe de ser considerado una opción como miembros del cuerpo de Cristo. Si no podemos encontrar una iglesia en nuestra área, debemos de orar acerca de comenzar un grupo en nuestra casa, invitando a los vecinos y otros amigos. Así han comenzado muchas iglesias.
Concluyo citando el mismo mandato que presenté en el principio.
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
Si has asistido a la iglesia por varios años, sin duda te has dado cuenta de que estamos viviendo en un tiempo cuando un número alarmante de cristianos ya no están congregándose con los de la misma fe, y los pocos que lo hacen a menudo asisten a mega-iglesias donde hay poco o nninguna interacción los unos con los otros como miembros del cuerpo de Cristo.
Yo tuve un encuentro transformador con el Señor en el año 1969 en lo que llegó a ser conocido como el Avivamiento del Movimiento de Jesús. En ese entonces las iglesias locales normalmente eran pequeñas pero a la vez muy asistidas por creyentes con una pasión por el Señor, su primer amor. Para la mayoría de nosotros, solamente dos servicios los domingos con un estudio bíblico entre semana y un grupo de oración los viernes no era suficiente. Cuando nos reunimos, la presencia del Señor era tan real y tangible que no queríamos irnos, y no podíamos esperar hasta la próxima reunión.
Lamentablemente, si uno fuera a visitar esas mismas iglesias hoy en día, lo que a menudo descubriría es que, si la iglesia no ha cerrado sus puertas ya, la asistencia es muy poca, a menudo solamente reuniéndose una vez por semana los domingos. Actualmente hay muchas más iglesias cerrando sus puertas que nuevas iglesias comenzando. ¿A qué se debe este éxodo tan grande de las iglesias locales?
Obviamente, el problema raíz es una condición del corazón. Cuando Cristo es el centro de nuestro afecto y devoción, Su vida se manifiesta en medio de nosotros y Él puede atraer a otros a Sí Mismo a través de nosotros. Pero demasiado a menudo, poco a poco, Él deja de ser el centro de nuestro afecto, y de repente descubrimos que hemos dejado nuestro primer amor (Apo 2:1-7). Tal vez seguimos asistiendo a la iglesia, llevando a cabo las mismas actividades – de hecho, muchas veces las intensificamos, pero lo hacemos por el deber, en vez de hacerlo por la pura adoración. Puede que sigamos orando, pero sin la comunión íntima que una vez disfrutábamos.
Cuando la Iglesia se aferra a Cristo, su Cabeza, crece con el crecimiento que da Dios (Col 2:19). Mientras que la iglesia en los Hechos simplemente seguía en comunión continua, el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente (Hch 2:46-47; 6:7). La única manera en que el enemigo puede detener el crecimiento que da Dios es seducirnos, alejándonos de nuestra pura devoción a Cristo, nuestra Cabeza, resultando en que Su vida ya no se manifieste en medio de nosotros. Eso era la preocupación principal de Pablo con los creyentes en Corinto. Él dijo:
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2 Cor 11:3)
Cristo es la fuente de la vida para nosotros como individuos y también colectivamente como Su cuerpo, la Iglesia. Si por cualquier motivo quitamos a Cristo del centro de nuestras vidas y la vida de la iglesia, la fuente de vida que nos hace florecer espiritualmente se seca. Como dijo Jesús, “separados de Mí nada podéis hacer” (Jn 15:5). Ninguna cantidad de actividad religiosa, por muy buena que sea, puede producir vida. Ninguna cantidad de estructura organizacional, o la falta de ella, puede producir el crecimiento que solo Él puede dar.
Un pastor aquí en Colombia que aprecio mucho intentó comenzar una iglesia utilizando una estrategia de iglecrecimiento que ha producido mega iglesias en Colombia y a través de Latinoamérica. Él contó como una noche él no podía dormir porque seguía calculando en su mente cuántos miembros tendría en su iglesia en seis meses o en un año con esa estrategia. Pasaron horas y no podía apagar su mente para dormir. Cuando él le pidió al Señor que le ayudara a dormir, él Señor le habló diciéndole: “No busques los números. Busca mi presencia y Yo me encargaré de los números.” Desde ese momento, él abandonó toda estrategia y se dedicó a desarrollar la intimidad con el Señor. Poco después, la presencia de Dios descendió sobre su pequeña congregación, y dentro de pocos meses no podía encontrar edificios lo suficientemente grandes para contener las multitudes sedientas que vinieron a beber del agua de la vida.
Tristemente, cuando esta multiplicación resultó en el ingreso de grandes cantidades de dinero, poco a poco vi que su enfoque total en Cristo se desvió a la prosperidad material. El asombro por la presencia de Cristo, que inicialmente produjo un crecimiento tan rápido y vibrante, comenzó a menguar en la medida que él cambió el enfoque en Cristo por la prosperidad personal. En un intento desesperado por despistarse de la falta de Su presencia manifestada, comenzaron a usar espectáculos de luces y efectos especiales. Una vez hasta él subió a la tarima en una motocicleta como Evel Knievel, acompañando con juegos pirotécnicos y todo. Pero no hay nada en absoluto, ni siquiera efectos especiales, que puede traer vida y vitalidad a una congregación aparte de la pura devoción a Cristo.
La preocupación de Pablo era que no estuviéramos seducidos, apartándonos de nuestra pura devoción a Cristo. ¿Cuáles son algunas de las cosas que puede hacer que nos apartemos de nuestra pura devoción a Cristo como nuestro primer amor?
Materialismo
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15)
Creo que, tal vez la mayor razón porqué los cristianos han perdido su primer amor, resultando en un bajón tan grande de la asistencia en las iglesias, especialmente en Estados Unidos, es el materialismo. El materialismo se define como “el valorar más las posesiones materiales que las cosas espirituales.” Es la búsqueda de cosas en vez de Dios, y es una forma de idolatría (Col 3:5). Jesús dijo:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Lucas 16:13)
El problema no es con tener abundancia de posesiones materiales, sino el materialismo, o el amor de las cosas en vez de un amor y devoción pura a Dios. Muchos de nosotros que fuimos salvos durante el Movimiento de Jesús, anteriormente éramos drogadictos o hippies, habiendo recibido al Señor con prácticamente nada más que la ropa que llevábamos puesta. Nuestro enfoque principal y nuestra pasión fue nuestra relación con el Señor. Pero comencé a notar que, conforme muchos de nosotros comenzábamos a prosperar, comprando casas, carros y lanchas, la relación con el Señor de algunos de manera sutil comenzó a tomar el segundo lugar con respecto a las posesiones materiales. Muchos ya no asistían todos los domingos para poder salir a esquiar con su lancha o hacer paseos en sus motos, mientras otros, aunque iban a la iglesia por el deber, deseaban estar en otro lugar.
Poco a poco, vi el materialismo convertirse en una obsesión en la sociedad e incluso dentro de las iglesias. En los años ’60 y los ’70, todas las tiendas estaban cerradas los domingos. Las calles estaban abandonadas y las iglesias llenas. Sin embargo, poco a poco esto cambió, hasta que hoy en día los centros comerciales están llenos los domingos y las iglesias vacías. La iglesia en los Estados Unidos ha llegado a ser como los de Laodicea que decían que eran ricos y sin necesidad de nada, sin darse cuenta de que eran desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (Apo 3:14-22). Está bien poseer cosas materiales, pero jamás debemos de permitir que las cosas nos posean a nosotros. Si descubrimos que preferíamos estar con nuestras cosas, más que congregarnos donde se manifiesta la presencia del Señor en medio de Su pueblo, necesitamos volvernos a nuestro primer amor.
La Iniquidad
“y por haberse multiplicado la iniquidad (ἀνομία), el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12)
Otro factor que ha contribuido a la disminución de la asistencia en las iglesias dentro de los últimos años es el aumento de la iniquidad. El Apóstol Juan dice que la iniquidad (ἀνομία) equivale al pecado (1Jn 3:4). El pecado (ἁμαρτία) es no dar en el blanco o no alcanzar a la meta, mientras que la iniquidad (ἀνομία) es negar a someterse a una ley o estándar moral. Por lo tanto, tomados juntos, podemos decir que la iniquidad o ἀνομία en las Escrituras es cuando uno se rehúsa a vivir conforme al estándar moral de Dios.
Jesús dijo que, en los postreros días, antes de Su retorno, habría un rechazo del estándar moral de Dios, resultando en que el amor de muchos se enfriara. Mientras que Jesús sea nuestro primer amor, guardaremos Sus mandamientos (Jn 14:15). Inversamente, mientras que guardemos Sus mandamientos estamos permaneciendo en Su amor. Jesús dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15:10).
Sin embargo, comenzando con la revolución moral de los años ’70, con su lema, “Si te sientes bien, hazlo,” la sociedad comenzó a rechazar los estándares morales de Dios, y poco a poco por la influencia del entretenimiento, los medios de comunicación y el sistema educativo, la consciencia de muchos dentro de las iglesias comenzó a ser cauterizada a tal grado que hoy en día el amor de muchos dentro de las iglesias se ha enfriado. Hablan mucho del amor incondicional que Dios tiene hacia ellos, pero no demuestran su amor por Él, haciendo Su voluntad.
Hoy en día muchos cristianos hasta llaman bueno lo que Dios llama malo, y malo lo que Dios llama bueno. Han intentado formar a Dios a su propia imagen, a tal grado que algunos han llegado a pensar que la gracia de Dios nos da libertad para vivir como nos de la gana sin consecuencia alguna, y hasta acusan a aquellos que realmente aman a Dios y procuran a guardar Sus mandamientos de ser Fariseos.
Jesús es la gracia personificada. Por lo tanto, Cristo/la Gracia en nosotros producirá en nosotros Su Misma obediencia mientras simplemente permanezcamos en Su amor, así como Él obedeció a Su Padre, permaneciendo en Su amor (Jn 15:10). Juan dijo que conocemos que estamos en Él por el hecho de que andamos como Él anduvo (1Jn 2:5-6). Él también dijo: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1Jn 3:7).
Lamentablemente, la razón por la que muchos ya no se congregan es porque están practicando el pecado y desean permanecer en las tinieblas para que su conducta pecaminosa no sea expuesta a la luz. El Apóstol Juan dijo: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1Jn 1:5-7). Como dijo Jesús, los no arrepentidos no quieren venir a la luz para que no sean expuestos sus hechos. En contraste, los arrepentidos desean congregarse con otros en la luz de Su presencia para que todo pecado que aun permanezca en sus vidas sea revelado y quitado de ellos (Jn 3:19-21; Sal 139:23-24).
Cuando estamos bien conectados con otros creyentes en el contexto de una iglesia local, somos expuestos a la Palabra y a la comunión diariamente, y eso nos ayuda a permanecer espiritualmente centrados en Cristo. Solamente aquellos que están conectados a una asamblea local pueden poner en práctica el mandato bíblico que dice, “exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Heb 3:13).
Falsos Maestros
Otra razón principal para el gran éxodo de las iglesias que estamos viendo en nuestros tiempos es que falsos maestros están apartando a muchos de la fe. Pablo dijo que en los postreros días muchos se apartarían de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios
(1Tim 4:1). Él se refería a ellos como lobos rapaces que vendrían en medio de nosotros, tomando presas a las ovejas del rebaño (Hch 20:29-31). De la misma manera, Pedro dijo que vendría tiempo cuando habrá entre nosotros falsos maestros, que introducirían encubiertamente herejías destructoras, aun negando al Señor que nos compró con Su propia sangre (2Pedro 2:1). Hoy en día es común oír maestros negando la deidad de Cristo o menospreciando el sacrificio expiatorio de Cristo como nuestro sustituto. A menudo, las iglesias están casi vacías, mientras que los Salones de los Testigos de Jehová están llenos de los que anteriormente fueron miembros de las iglesias Evangélicas, pero ya no creen en la deidad de Cristo o la salvación por la gracia aparte de las obras.
Esto es una de las razones principales porqué somos mandados a no dejar de congregarnos, especialmente ahora, viendo que el día de Su venida se acerca. Dios ha designado pastores en las iglesias locales para pastorear al rebaño y proteger a los creyentes de los falsos maestros que, como lobos rapaces, intentan hacer presa de las ovejas. Pablo dijo a los pastores o ancianos:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas (λαλουντες διεστραμμενα, lit. “hablando distorsiones”) para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” (Hch 20:28-31)
Los falsos maestros normalmente no niegan directamente la verdad. Normalmente se disfracen como ovejas, sutilmente distorsionando la verdad para engañar a las ovejas que aún no están bien fundamentadas en la Palabra, así apartando a los discípulos de la fe. Pablo dijo que, para engañar, ellos emplean con astucia las artimañas del error por medio de filosofías y huecas sutilezas, según la sabiduría del mundo, y no según Cristo (Ef 4:14-16; Col 2:8-10). Sus argumentos tienen la apariencia de la sabiduría y utilizan una lógica tan tortuosa que aun los estudiados tienen dificultad en seguir su lógica, sin mencionar a un cristiano con poco conocimiento de las Escrituras.
Existe una estructura ordenada por Dios dentro de cada iglesia local para equipar a los santos que es esencial para la preservación y crecimiento del cuerpo de Cristo. Simplemente asistiendo a una mega iglesia o conectándose por el internet a reuniones Zoom y grupos de Facebook jamás pueden sustituir la vida en el cuerpo de Cristo dentro de una iglesia local. Como dijo el escritor de Hebreos, si alguna vez hubo un tiempo cuando el pueblo de Dios necesita estar bajo el ministerio de la iglesia local es ahora, viendo que se está acercando aquel día.
Un problema con esta generación es que muchos son demasiado independientes y voluntariosos, y por lo tanto, no están dispuestos a sujetarse al liderazgo de una iglesia local. Cristo ha designado pastores y maestros para llevar a los santos a la madurez para la obra del ministerio, pero demasiado a menudo, los cristianos de hoy no están dispuestos a someterse a las autoridades ordenados por Dios dentro de la iglesia local. El autor de Hebreos, reconociendo esta tendencia, amonesta a los creyentes, diciendo:
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.” (Heb 13:17)
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” (Heb 13:7)
Un cristiano que no es parte de una asamblea local y sometido a un pastor se está privando de la estructura ordenada por Dios que es necesaria para nuestra protección y buen desarrollo dentro del cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, Pedro, reconociendo la posibilidad del abuso de la autoridad, dice a los pastores:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4)
Entonces, mientras los miembros de una iglesia local son mandados a someterse a aquellos en autoridad sobre ellos, él también les dice a los que tienen autoridad que no abusen su autoridad, teniendo señorío sobre el redil, sino guiándolos por su buen ejemplo. Cuando cada miembro del cuerpo está en su lugar ordenado por Dios dentro de una iglesia local, cada miembro dentro del cuerpo de Cristo crece con el crecimiento que da Dios. Pablo presenta este modelo en Efesios 4. Él dijo acerca de Cristo y Su Iglesia:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo (o ‘hablando’) la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef 4:11-16)
He oído a muchos decir que ya no asisten a ninguna iglesia porque fueron ofendidos o maltratados por un pastor o otros miembros de la iglesia. Sin embargo, aprendiendo a soportarnos unos a otros y perdonarnos unos a otros, así como Cristo nos ha perdonado, es esencial para poder crecer en al amor agape. Nunca vamos a crecer en el amor rechazando a aquellos que nos rechazan, lastiman u ofenden. Como miembros de Su cuerpo, necesitamos estar armados con la mente de Cristo. Pablo dice:
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Col 3:12-13)
Como aquellos que creemos en la salvación final de todos, es inevitable que a veces experimentemos rechazo a pesar de todo esfuerzo de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef 4:3-5). Sin embargo, en la mayoría de los casos, uno puede encontrar una iglesia cercana que nos recibirá una vez que vean que creemos en las mismas doctrinas fundamentales y que no vamos a causar divisiones.
La unidad del Espíritu no requiere que pensemos igual en todo detalle doctrinal. Al contrario, requiere la unidad a pesar de desacuerdos en doctrinas no-esenciales, dado que ningunos creemos exactamente lo mismo en todo. Sin embargo, aún si no podemos encontrar una iglesia en nuestra ciudad de la misma fe, dejar de congregarnos con otros creyentes jamás debe de ser considerado una opción como miembros del cuerpo de Cristo. Si no podemos encontrar una iglesia en nuestra área, debemos de orar acerca de comenzar un grupo en nuestra casa, invitando a los vecinos y otros amigos. Así han comenzado muchas iglesias.
Concluyo citando el mismo mandato que presenté en el principio.
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
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por George Sidney Hurd
Cada generación de creyentes que ha amado la venida de nuestro Señor hemos aguardado la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo dentro de nuestra generación, así como hemos sido mandados a hacer (2Tim 4:8; Tito 2:13; Marcos 13:37).
Sin embargo, solo recientemente, dentro de los últimos años, ha surgido un número creciente de cristianos que han abandonado la esperanza bienaventurada para el Preterismo, que es la creencia de que los últimos días ya se cumplieron – que Cristo ya regresó en el año 70 d.C., destruyendo a Jerusalén por medio del ejército Romano, atando a Satanás en el abismo y comenzando Su reinado Milenial sobre la tierra.
En el titular de su libro, un autor Preterista expresa la opinión de muchos Preteristas hacia aquellos que todavía creemos que estamos en los últimos días, intitulándolo “Last Days Madness.” (La Demencia sobre los Postreras Días) [1] En el blog anterior, ¿Donde está la Promesa de Su Advenimiento?, brevemente demostré de las Escrituras que la Segunda Venida está aún en el futuro. El objetivo de este blog es demostrar que, de igual manera, la mayoría de las profecías acerca de los últimos días no fueron cumplidas en el año 70 d.C., y aún están por cumplirse.
Dos Categorías Distintas de Profecías acerca de los Últimos Días
Lo que muchos no toman en cuenta es que hay dos categorías distintas de profecías acerca de los últimos días. Primero, hay profecías dadas a Israel en el Antiguo Testamento acerca de los postreros días, comenzando con la venida de Cristo, su Mesías. Aparte de estas, tenemos las profecías dadas a la Iglesia acerca de los postreros días y la Segunda Venida de Cristo.
Para Israel, el primer evento que iba a suceder en los postreros días fue la venida de su Mesías y Rey para establecer Su reino en la tierra desde Jerusalén, después de un tiempo prolongado de dispersión. Varios pasajes profetizaban acerca de esta restauración futura de la nación y el reinado del Mesías que comenzaría en los postreros días:
“Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3:4-5)
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. 7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, 8 sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra.” (Jer 23:5-8).
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isa 2:2-4)
Como se puede ver de estas profecías acerca de los postreros días, la venida de Cristo, el Mesías de Israel, fue el primer indicador de que habían llegado los postreros días cuando todo Israel volvería al Señor, y Él los restauraría como nación, reinando sobre las naciones desde Jerusalén. Pero Israel rechazó a su Mesías y Rey cuando Cristo se presentó en la entrada triunfal. Fue después de rechazar Su oferta del reino que Jesús les dijo: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). Entonces, Él les dijo que iban a ser dejados desiertos porque no reconocieron el día de su visitación:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! 38 He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39, cf. Lucas 19:44)
Por lo tanto, cuando llegó el momento para su restauración prometida de los últimos días, el reino les fue quitado de la nación de Israel temporalmente, hasta llegar el momento cuando lo recibirían. En vez de ser reunidos de la dispersión con su Mesías comenzando a reinar desde Jerusalén, Jesús les dijo a los judíos en Judea que ellos también serían dispersos, así como sucedió a los tribus del norte antes que ellos, y que Jerusalén sería hollada por los gentiles hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:24). Solo después de eso se cumplirán las demás profecías acerca de Israel cuando Cristo vuelva por segunda vez para liberar y restaurarlos.
Los discípulos, conociendo las profecías acerca de la restauración de Israel en los postreros días y no logrando a comprender que Israel había sido apartado, le preguntaron a Jesús después de resucitar de los muertos si Él iba a restaurar a Israel en ese tiempo (Hch 1:6). Estaban acertados en entender la secuencia de eventos profetizados acerca de los postreros días para Israel, pero no lograron ver que, debido al rechazo del reino, el reloj para el calendario profético para Israel se había detenido. Israel temporalmente fue apartado en juicio hasta que los tiempos de los gentiles se cumplieran y haya entrado la plenitud de los gentiles en el redil. Entonces el reloj para Israel seguirá y todo Israel será salvo (Rom 11:25-29).
Es por esta razón que el autor de Hebreos, como también Pedro, habló de la encarnación y ministerio terrenal de Cristo como habiendo ocurridos “en estos postreros días” (Heb 1:1-2; 1Pedro 1:20-21). Sin embargo, al mismo tiempo, Pedro hablaba de los postreros días como algo todavía en el futuro. Él dijo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-13)
Aquí vemos a Pedro diciendo a los creyentes alrededor del año 65 d.C. lo que iba a suceder en su futuro en los postreros. Alrededor del mismo tiempo, Pablo también hablaba de los postreros días como algo futuro aún, diciendo: “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe…”, “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…”, “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos…” (1Tim 4:1-2; 2Tim 4:1-5; 3:1-6). Obviamente, si Preterismo fuera cierto, Pedro y Pablo no hubieron estado hablando acerca de los postreros días como si fueran algo todavía futuro, estando tan cerca en tiempo a 70 d.C. Ellos les hubieran enfatizados que ya estaban viviendo en los postreros días.
La razón por qué los autores del Nuevo Testamento podrían a veces decir que estaban en los postreros días, al mismo tiempo que indicaban que los postreros días todavía eran futuros, es porque había dos clases de profecías acerca de los postreros días. Desde la encarnación de Cristo el Mesías, ya estaban en los postreros días para Israel, los cuales, debido a su rechazo de Él, fueron congelados en el tiempo hasta los tiempos de la restauración de todos, profetizados en el Antiguo Testamento (Hch 3:19-21). A la vez, ellos estaban entrando en los tiempos de los gentiles, que continuarán hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado en los postreros días para la Iglesia, cuando Cristo volverá por segunda vez. Está época terminará con las señales de los tiempos postreros para la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo siendo cumplidas juntamente con el resto de las señales de los postreros días dadas a Israel en el Antiguo Testamento.
Eventos de los Postreros Días que Aún Faltan por Cumplirse
Los Preteristas insisten en que los postreros días concluyeron y Cristo volvió en el año 70 d.C., introduciéndonos en la nueva era. Sin embargo, hay numerosas profecías acerca de los postreros días en ambos testamentos que aún tienen que cumplirse. Aquí estaremos examinando algunos de ellas.
La Invasión de Israel por Rusia en los Postreros Días
Las expresiones, “al cabo de años” y “al cabo de los días” son usados intercambiablemente en Ezequiel 38, indicando que ellos se refieren al mismo punto en la historia. Así que, si puede ser demostrado que “el cabo de los años” es futuro aun, entonces, podemos concluir que las otras quince veces donde “al cabo de los días” y “los postreros días” aparecen en un contexto escatológico también tienen referencia al futuro. Viendo Ezequiel 38 y 39, es evidente que el cabo de los años o el cabo de los días es todavía futuro:
“Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano (príncipe de Rosh) de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, 3 y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. 4 Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; 5 Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; 6 Gomer, y todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo. 7 Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido a ti, y sé tú su guarda. 8 De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. 9 Subirás tú, y vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas tus tropas, y muchos pueblos contigo… 14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? 15 Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército, 16 y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.” (Ezeq 38:2-9,14-16)
Aunque no es el objetivo de este blog entrar en detalle acerca del cumplimiento de esta profecía, definitivamente se está refiriendo a un evento todavía futuro, al cabo de los días. No ha habido una invasión de Israel en el pasado como la aquí descrita.
En primer lugar, dice que la invasión sucederá en un tiempo llamado al cabo de años o al cabo de los días cuando Israel habrá sido reunido en su tierra. En el primer siglo las tribus de Israel aún no habían sido reunidas en la tierra de Israel. Hay más de una referencia en el Nuevo Testamento indicando que, en el primer siglo los judíos aún estaban dispersos entre las naciones:
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (Stg 1:1; cf. Jn 7:35; 1Pedro 1:1; Hch 26:7).
Obviamente, en los tiempos de Cristo la mayoría entre las doce tribus aún estaban dispersas entre las naciones. Algunos dicen que las diez tribus del norte fueron perdidas para siempre. Sin embargo, Pablo, en Hechos 26:7 se refiere a las doce tribus como existiendo en su día. La prometida reunión del pueblo de Israel en su tierra, que vemos mencionada tantas veces en el Antiguo Testamento, aún no había ocurrido en el año 70 d.C. (cf. Oseas 3:4; Isa 11:9-11; 16:14-15; Ezeq 37:21-38:12). Así que, la reunión de Israel de los postreros días, cuando David será su rey por las épocas venideras aún no ha sido cumplida.
Es importante entender que, aun antes de que Israel hubiera cruzado el río Jordán para entrar en la Tierra Prometida, el Señor que sabe el fin desde el comienzo, le dijo a Israel en Deuteronomio que ellos serían conquistados y dispersos entre las naciones, pero que serían reunidos y restaurados en los postreros días:
“hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que muy pronto desaparecerán de la tierra que van a poseer al cruzar el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, sino que serán destruidos por completo. 27 El SEÑOR los dispersará entre las naciones, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos. 28 Allí ustedes adorarán a dioses de madera y de piedra, hechos por seres humanos: dioses que no pueden ver ni oír, ni comer ni oler. 29 Pero si desde allí buscas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás. 30 Y al cabo del tiempo (lit. “en los postreros días”), cuando hayas vivido en medio de todas esas angustias y dolores, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. 31 Porque el SEÑOR tu Dios es un Dios compasivo, que no te abandonará ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que mediante juramento hizo con tus antepasados.” (Deut 4:26-31 NVI [2]; cf. Ezeq 37:21-27; Isa 2:2-4)
En Deuteronomio 4, vemos claramente que nada de lo que hizo la nación de Israel ha tomado a Dios por sorpresa. Desde el momento que llamó a Abraham, Él sabía que sus descendientes iban a rechazar a su Mesías y crucificarlo. Esto fue incluido en Su plan eterno. También incluido en Su plan estaba Su juramento irrevocable que jamás abandonaría al pueblo de Israel o lo destruiría, sino que sería reunido y restaurado en los postreros días, para jamás volver a ser dispersos. Así que, podemos ver claramente que la expresión “los postreros días,” no tiene referencia a la destrucción de Israel en el año 70 d.C., sino que será el tiempo de la reunión y liberación del pueblo de Israel en el tiempo de la Segunda Venida de Cristo en el futuro cuando los judíos dirán, “Bendito Él que viene en nombre del Señor.”
En segundo lugar, Israel todavía no ha sido invadido por la alianza de naciones descrita en esta profecía. Aunque es debatido, Gog, el príncipe de Rosh, de Mesec y Tubal, más probablemente se refiere a la Rusia de hoy en día. Mesec y Tubal parece tener referencia a las regiones occidentales y orientales de Rusia (Rosh). Antes de la revolución Bolchevique, el capital occidental era Moscú que se evolucionó de Mesec y el capital oriental era Tobolsk que se evolucionó de Tubal. Las otras naciones mencionadas como aliados con Rusia actualmente son sus aliados contra Israel. Adicionalmente, vemos que la intervención de Dios para liberar a Israel es tan innegablemente sobrenatural que resultará en todas las naciones reconociendo que Él es Dios (Ezeq 39:6-7). Esta liberación sin precedentes indica que esta batalla todavía no ha sucedido. Así que, los postreros días todavía no han culminados. Es demasiado obvio que esta batalla no ocurrió en un supuesto “postreros días destrucción de Jerusalén,” como afirman los Preteristas. La batalla de Ezequiel 38 y 39 salvará a Israel de sus enemigos; no será para su destrucción.
Algunos han argumentado que Ezequiel no pudo haber estado refiriéndose a la Rusia de hoy en día, dado que la descripción de las armas no corresponde con una batalla moderna. Pero aún si Ezequiel hubiera visto una batalla moderna en su visión, él la habría descrito con términos familiares al pueblo de su día para que pudieran entender la visión. Ni había palabras en su vocabulario para describir adecuadamente las armas de hoy.
Cristo Reinará desde Jerusalén en los Postreros Días
También vemos en el Antiguo Testamento que los postreros días no solamente marcan el fin del “día del hombre,” sino también nos introduce en el día del Señor, cuando ya no habrá más guerra porque el Señor establecerá Su trono en Jerusalén:
“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. 2 Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. 4 Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. 5 Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. 6 En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; 7 y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre.” (Maqueas 4:1-7)
Claramente, esta profecía está aún por cumplirse cuando el Libertador viene de Sion para salvar a Israel (Rom 11:25-29). Lo que ocurrió en Jerusalén en el año 70 d.C. fue exactamente lo opuesto de lo que dice esta profecía acerca de los postreros días.
La Resurrección de los Muertos es al fin de los Días, después de la Gran Tribulación
Otro evento que marca los postreros días que aún no ha ocurrido es la resurrección de los muertos. Que es una resurrección de nuestros cuerpos y no algo netamente espiritual, como afirman algunos Preteristas, es evidente, viendo la descripción dada por Daniel cuando habla de la resurrección de los que duermen en el polvo de la tierra:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará… 9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. 11 Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” (Dan 12:1-4; 9-13)
Aquí vemos, de la misma manera como es presentado en el Nuevo Testamento, que la resurrección sucede después de la Gran Tribulación. Le dijo a Daniel que él sería resucitado para recibir su heredad al fin de los días. ¿Debemos de entender de eso que Daniel fue resucitado en el año 70 d.C.? ¡Claro que no! La resurrección es en el fin de los días, después de la Gran Tribulación, al mismo tiempo que los vivos son arrebatados para recibir al Señor en el aire (1Tes 4:16-17).
Jesús también mencionó la resurrección como sucediendo en el tiempo del fin o el día postrera:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:39-40)
Burladores en los Postreros Días
Hay otro pasaje en el Nuevo Testamento que, para mí, claramente milita contra el argumento que los postreros días terminaron en el año 70 d.C., como afirman los Preteristas:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. 5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2Pedro 3:3-13)
Según los Preteristas, los últimos días terminaron y el día del Señor comenzó en el año 70 d.C. Sin embargo, en este pasaje vemos que, debido al retraso de la venida del Señor, muchos comenzarán a hacer burla a los cristianos por persistir en su esperanza de la venida del Señor. Él explica que el motivo del retraso es Su paciencia con nosotros, no queriendo que ninguno de nosotros perezca. Sin embargo, él dice que el día vendrá de repente. Dice que cuando el día del Señor viene, los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas, haciendo cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Es muy obvio que esto se refiere a un día del Señor todavía en nuestro futuro. Nada ocurrió en el año 70 d.C. que razonablemente podría ser considerado un cumplimiento de lo que está descrito aquí.
Sin embargo, Preteristas intentan argumentar que esto de hecho fue cumplido en el año 70 d.C. En vez de verlo como teniendo referencia a burladores que vendrían antes de una venida futura para liberar a Su pueblo Israel, el Preterista Jonathan Welton explica en su libro Raptureless: “se estaban burlando de los cristianos por creer que Jesús iba a traer juicio contra el Templo.” [3] Pero Pedro dice que, en aquel tiempo los cielos pasarán, y la Tierra será quemada. ¿Cómo explica esto Welton? Él no intenta explicar cómo los cielos hubieran podido pasar con gran estruendo en ese tiempo, pero él intenta argumentar que la referencia a “la tierra” siendo quemada, solamente se refiere a la tierra de Israel en el año 70 d.C. Él dice:
“La palabra utilizada aquí para ‘tierra’ es ge, no kosmos. Ge es la palabra para ‘territorio,’ mientras que kosmos es la palabra para ‘todo el mundo.’ Esto no se trata de la destrucción del planeta tierra (kosmos), sino que se trata de la destrucción de la tierra de Israel (ge).” [4]
Sin embargo, su argumento no tiene fundamento. Como explico con más detalle en mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?, a menos que el contexto claramente indique lo contrario, la palabra griega ge es el nombre propio de nuestro planeta, de la misma manera que la tierra en español normalmente significa el Planeta Tierra, especialmente cuando tiene el artículo definido. Además, cuando vemos la tierra mencionada en relación a los cielos, sabemos inmediatamente que se está refiriendo a todo el Planeta Tierra. Así que, esta exhortación a vivir piadosamente claramente tiene aplicación a toda la Iglesia y no solamente a los cristianos viviendo en Jerusalén antes del año 70 d.C.
También, dice en 2Pedro 3:10 que los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos. El sentido obvio de “los elementos ardiendo” es que tiene referencia a la recreación de los cielos y la tierra. Sin embargo, eso no encaja con un cumplimiento en el año 70 d.C. ¿Cómo explica Welton esto? Increíblemente, él argumenta que los elementos que estarían ardiendo son los rudimentos de la Ley, mencionados por Pablo. [5]
Si el contexto fuera indicar que Pedro estaba hablando de los ritos de la Ley, posiblemente con un poco de imaginación y creatividad podríamos interpretar “los elementos ardiendo” como teniendo referencia a la pasada de la Ley del Antiguo Pacto. Sin embargo, el contexto no es la Ley, sino los cielos y la tierra que serán derretidos y hechos nuevos en el día del Señor.
El Anticristo y la Última Hora
Antes de dejar el tema de los últimos días, me gustaría considerar un versículo que, como ha sido traducido en algunas versiones, podría llevarlo a uno a pensar que Juan pensaba que estaban viviendo en el último tiempo:
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.” (1 Juan 2:18)
Juan aparenta estar diciendo que la presencia de los maestros gnósticos anticristos indicaba que ellos estaban en la hora final, cuando el Anticristo profetizado iba a aparecer. Sin embargo, en el griego original, la frase “último tiempo” en ambas instancias es anartro (sin artículo), como lo vemos expresado en una traducción literal:
“Hijitos, ya es una última hora, y según oísteis que el anticristo viene, así aún ahora muchos anticristos han surgido, por esto sabemos que es una última hora.” (1Juan 2:18 LITV)
La ausencia del artículo en el griego no necesariamente constituye un sustantivo indefinido como en inglés, sino que enfatiza sus características o cualidades. Por lo tanto, lo que Juan estaba diciendo era que los tiempos que estaban viviendo tenían las características de la hora final, debido a la presencia de anticristos. Pero al mismo tiempo él deja en claro que el Anticristo aún no había llegado. Él no dijo que era la última hora, sino que parecía como si fuera la última hora. El erudito del griego Kenneth Wuest, expresa el verdadero sentido de 1Juan 2:18 en su traducción. Se lee así:
“tiene las características de una última hora. Y así como han oído que el Anticristo viene, aún ahora muchos anticristos han surgido, y por eso conocemos que es característica de una última hora.” [6]
Welton argumenta que el Anticristo no es un personaje venidero, sino un sistema de enseñanza. Él dice: “El Anticristo no es una persona; es un sistema de creencias, en específico, gnosticismo.” [7] Para argumentar esto, él tiene que establecer que la palabra anticristo no es un nombre propio, y por lo tanto no se refiere a una persona, sino a un sistema de creencias. Él argumenta lo siguiente:
“La razón por que es con mayúscula A es porque los traductores injertaron la palabra el antes de la palabra anticristo, así haciendo el anticristo un nombre propio, que requiere una A mayúscula. La Iglesia primitiva había oído que anticristo (falsas doctrinas) iba a venir, pero ellos no habían oído que el Anticristo (un líder mundial) venía. La inserción de el y poniendo como Anticristo, mayúsculo, fue agregado 1.500 años más tarde por los traductores.” [8]
En respuesta, solamente me gustaría señalar que el texto Bizantino, que representa la mayoría de los textos griegos existentes, aparece con el artículo definido, y por esa razón, el Anticristo correctamente aparece con el artículo definido y con la A mayúscula en la mayoría de las traducciones. Aun si uno fuera poner más peso en los pocos textos que excluyen el artículo, la ausencia del artículo no indica que no sea un nombre propio. Los nombres proprios a menudo aparecen en el texto griego sin el artículo.
También, contrario a lo que dice Welton, vemos que la Iglesia primitiva entendió el Anticristo como un personaje que vendría en su futuro, y no simplemente un sistema de creencias. [9] Dado que ellos mismos hablaban en el griego y eran los más cercanos en tiempo a las enseñanzas de los Apóstoles, debemos de ser reticente a descontar su entendimiento del Anticristo.
Conclusión
En resumen, hemos visto que la mayoría de las profecías acerca de los postreros días, sean en el Antiguo Testamento, o en el Nuevo Testamento, todavía están por cumplirse. Por lo tanto, los últimos días no tienen referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Viendo la situación en el mundo y las iglesias hoy en día, estoy convencido de que estamos en los últimos días y que Cristo viene pronto.
Algunos dicen que esto no es un tema que vale la pena discutir. Sin embargo, estoy convencido de que, tal vez el engaño más grande de nuestros tiempos es la misma negación de que estamos viviendo en los postreros días, porque ha resultado en que nuestra generación hiciera caso omiso a las señales del fin y las advertencias acerca del engaño y apostasía en los tiempos finales. Nuestra generación, más que cualquier otra generación debe de estar vigilando, pero, en gran parte debido al Preterismo, muchos están dormidos.
Para terminar, quiero dejar al lector con unos pasajes relevantes para su reflexión reverente – textos que son ignorados por muchos, pensando que no son para nosotros en este tiempo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-5)
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.” (1Tim 4:1-2)
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Tim 3:1-5)
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-4)
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes… 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (Mateo 24:23-25,27)
“El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.” (Dan 12:9-10)
Este blog fue tomado en parte de mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?
[1] Gary Demar, Last Day Madness: Obsession of the Modern Church.
[2]Aquí cito del NVI y no la Reina Valera porque correctamente traduce el hebreo shuwb “volverás” (futuro indicativo) en el versículo 30 en vez del condicional, “si volvieres.” De hecho, en el LXX esa palabra es futuro pasivo indicativo, “serán convertidos.”
[3] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2017-2018). BookBaby. Kindle Edition.
[4] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2042-2044). BookBaby. Kindle Edition.
[5] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2072-2190). BookBaby. Kindle Edition.
[6] An Expanded Translation by Kenneth S. Wuest
[7] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2262-2263). BookBaby. Kindle Edition.
[8] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2268-2271). BookBaby. Kindle Edition.
[9]Ireneo (160 a 230 d.C.)“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre…”
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde…”
Tertuliano: (160 a 220 d.C.)
“…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios…”
Cada generación de creyentes que ha amado la venida de nuestro Señor hemos aguardado la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo dentro de nuestra generación, así como hemos sido mandados a hacer (2Tim 4:8; Tito 2:13; Marcos 13:37).
Sin embargo, solo recientemente, dentro de los últimos años, ha surgido un número creciente de cristianos que han abandonado la esperanza bienaventurada para el Preterismo, que es la creencia de que los últimos días ya se cumplieron – que Cristo ya regresó en el año 70 d.C., destruyendo a Jerusalén por medio del ejército Romano, atando a Satanás en el abismo y comenzando Su reinado Milenial sobre la tierra.
En el titular de su libro, un autor Preterista expresa la opinión de muchos Preteristas hacia aquellos que todavía creemos que estamos en los últimos días, intitulándolo “Last Days Madness.” (La Demencia sobre los Postreras Días) [1] En el blog anterior, ¿Donde está la Promesa de Su Advenimiento?, brevemente demostré de las Escrituras que la Segunda Venida está aún en el futuro. El objetivo de este blog es demostrar que, de igual manera, la mayoría de las profecías acerca de los últimos días no fueron cumplidas en el año 70 d.C., y aún están por cumplirse.
Dos Categorías Distintas de Profecías acerca de los Últimos Días
Lo que muchos no toman en cuenta es que hay dos categorías distintas de profecías acerca de los últimos días. Primero, hay profecías dadas a Israel en el Antiguo Testamento acerca de los postreros días, comenzando con la venida de Cristo, su Mesías. Aparte de estas, tenemos las profecías dadas a la Iglesia acerca de los postreros días y la Segunda Venida de Cristo.
Para Israel, el primer evento que iba a suceder en los postreros días fue la venida de su Mesías y Rey para establecer Su reino en la tierra desde Jerusalén, después de un tiempo prolongado de dispersión. Varios pasajes profetizaban acerca de esta restauración futura de la nación y el reinado del Mesías que comenzaría en los postreros días:
“Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3:4-5)
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. 7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, 8 sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra.” (Jer 23:5-8).
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isa 2:2-4)
Como se puede ver de estas profecías acerca de los postreros días, la venida de Cristo, el Mesías de Israel, fue el primer indicador de que habían llegado los postreros días cuando todo Israel volvería al Señor, y Él los restauraría como nación, reinando sobre las naciones desde Jerusalén. Pero Israel rechazó a su Mesías y Rey cuando Cristo se presentó en la entrada triunfal. Fue después de rechazar Su oferta del reino que Jesús les dijo: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). Entonces, Él les dijo que iban a ser dejados desiertos porque no reconocieron el día de su visitación:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! 38 He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39, cf. Lucas 19:44)
Por lo tanto, cuando llegó el momento para su restauración prometida de los últimos días, el reino les fue quitado de la nación de Israel temporalmente, hasta llegar el momento cuando lo recibirían. En vez de ser reunidos de la dispersión con su Mesías comenzando a reinar desde Jerusalén, Jesús les dijo a los judíos en Judea que ellos también serían dispersos, así como sucedió a los tribus del norte antes que ellos, y que Jerusalén sería hollada por los gentiles hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:24). Solo después de eso se cumplirán las demás profecías acerca de Israel cuando Cristo vuelva por segunda vez para liberar y restaurarlos.
Los discípulos, conociendo las profecías acerca de la restauración de Israel en los postreros días y no logrando a comprender que Israel había sido apartado, le preguntaron a Jesús después de resucitar de los muertos si Él iba a restaurar a Israel en ese tiempo (Hch 1:6). Estaban acertados en entender la secuencia de eventos profetizados acerca de los postreros días para Israel, pero no lograron ver que, debido al rechazo del reino, el reloj para el calendario profético para Israel se había detenido. Israel temporalmente fue apartado en juicio hasta que los tiempos de los gentiles se cumplieran y haya entrado la plenitud de los gentiles en el redil. Entonces el reloj para Israel seguirá y todo Israel será salvo (Rom 11:25-29).
Es por esta razón que el autor de Hebreos, como también Pedro, habló de la encarnación y ministerio terrenal de Cristo como habiendo ocurridos “en estos postreros días” (Heb 1:1-2; 1Pedro 1:20-21). Sin embargo, al mismo tiempo, Pedro hablaba de los postreros días como algo todavía en el futuro. Él dijo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-13)
Aquí vemos a Pedro diciendo a los creyentes alrededor del año 65 d.C. lo que iba a suceder en su futuro en los postreros. Alrededor del mismo tiempo, Pablo también hablaba de los postreros días como algo futuro aún, diciendo: “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe…”, “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…”, “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos…” (1Tim 4:1-2; 2Tim 4:1-5; 3:1-6). Obviamente, si Preterismo fuera cierto, Pedro y Pablo no hubieron estado hablando acerca de los postreros días como si fueran algo todavía futuro, estando tan cerca en tiempo a 70 d.C. Ellos les hubieran enfatizados que ya estaban viviendo en los postreros días.
La razón por qué los autores del Nuevo Testamento podrían a veces decir que estaban en los postreros días, al mismo tiempo que indicaban que los postreros días todavía eran futuros, es porque había dos clases de profecías acerca de los postreros días. Desde la encarnación de Cristo el Mesías, ya estaban en los postreros días para Israel, los cuales, debido a su rechazo de Él, fueron congelados en el tiempo hasta los tiempos de la restauración de todos, profetizados en el Antiguo Testamento (Hch 3:19-21). A la vez, ellos estaban entrando en los tiempos de los gentiles, que continuarán hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado en los postreros días para la Iglesia, cuando Cristo volverá por segunda vez. Está época terminará con las señales de los tiempos postreros para la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo siendo cumplidas juntamente con el resto de las señales de los postreros días dadas a Israel en el Antiguo Testamento.
Eventos de los Postreros Días que Aún Faltan por Cumplirse
Los Preteristas insisten en que los postreros días concluyeron y Cristo volvió en el año 70 d.C., introduciéndonos en la nueva era. Sin embargo, hay numerosas profecías acerca de los postreros días en ambos testamentos que aún tienen que cumplirse. Aquí estaremos examinando algunos de ellas.
La Invasión de Israel por Rusia en los Postreros Días
Las expresiones, “al cabo de años” y “al cabo de los días” son usados intercambiablemente en Ezequiel 38, indicando que ellos se refieren al mismo punto en la historia. Así que, si puede ser demostrado que “el cabo de los años” es futuro aun, entonces, podemos concluir que las otras quince veces donde “al cabo de los días” y “los postreros días” aparecen en un contexto escatológico también tienen referencia al futuro. Viendo Ezequiel 38 y 39, es evidente que el cabo de los años o el cabo de los días es todavía futuro:
“Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano (príncipe de Rosh) de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, 3 y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. 4 Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; 5 Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; 6 Gomer, y todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo. 7 Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido a ti, y sé tú su guarda. 8 De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. 9 Subirás tú, y vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas tus tropas, y muchos pueblos contigo… 14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? 15 Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército, 16 y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.” (Ezeq 38:2-9,14-16)
Aunque no es el objetivo de este blog entrar en detalle acerca del cumplimiento de esta profecía, definitivamente se está refiriendo a un evento todavía futuro, al cabo de los días. No ha habido una invasión de Israel en el pasado como la aquí descrita.
En primer lugar, dice que la invasión sucederá en un tiempo llamado al cabo de años o al cabo de los días cuando Israel habrá sido reunido en su tierra. En el primer siglo las tribus de Israel aún no habían sido reunidas en la tierra de Israel. Hay más de una referencia en el Nuevo Testamento indicando que, en el primer siglo los judíos aún estaban dispersos entre las naciones:
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (Stg 1:1; cf. Jn 7:35; 1Pedro 1:1; Hch 26:7).
Obviamente, en los tiempos de Cristo la mayoría entre las doce tribus aún estaban dispersas entre las naciones. Algunos dicen que las diez tribus del norte fueron perdidas para siempre. Sin embargo, Pablo, en Hechos 26:7 se refiere a las doce tribus como existiendo en su día. La prometida reunión del pueblo de Israel en su tierra, que vemos mencionada tantas veces en el Antiguo Testamento, aún no había ocurrido en el año 70 d.C. (cf. Oseas 3:4; Isa 11:9-11; 16:14-15; Ezeq 37:21-38:12). Así que, la reunión de Israel de los postreros días, cuando David será su rey por las épocas venideras aún no ha sido cumplida.
Es importante entender que, aun antes de que Israel hubiera cruzado el río Jordán para entrar en la Tierra Prometida, el Señor que sabe el fin desde el comienzo, le dijo a Israel en Deuteronomio que ellos serían conquistados y dispersos entre las naciones, pero que serían reunidos y restaurados en los postreros días:
“hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que muy pronto desaparecerán de la tierra que van a poseer al cruzar el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, sino que serán destruidos por completo. 27 El SEÑOR los dispersará entre las naciones, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos. 28 Allí ustedes adorarán a dioses de madera y de piedra, hechos por seres humanos: dioses que no pueden ver ni oír, ni comer ni oler. 29 Pero si desde allí buscas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás. 30 Y al cabo del tiempo (lit. “en los postreros días”), cuando hayas vivido en medio de todas esas angustias y dolores, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. 31 Porque el SEÑOR tu Dios es un Dios compasivo, que no te abandonará ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que mediante juramento hizo con tus antepasados.” (Deut 4:26-31 NVI [2]; cf. Ezeq 37:21-27; Isa 2:2-4)
En Deuteronomio 4, vemos claramente que nada de lo que hizo la nación de Israel ha tomado a Dios por sorpresa. Desde el momento que llamó a Abraham, Él sabía que sus descendientes iban a rechazar a su Mesías y crucificarlo. Esto fue incluido en Su plan eterno. También incluido en Su plan estaba Su juramento irrevocable que jamás abandonaría al pueblo de Israel o lo destruiría, sino que sería reunido y restaurado en los postreros días, para jamás volver a ser dispersos. Así que, podemos ver claramente que la expresión “los postreros días,” no tiene referencia a la destrucción de Israel en el año 70 d.C., sino que será el tiempo de la reunión y liberación del pueblo de Israel en el tiempo de la Segunda Venida de Cristo en el futuro cuando los judíos dirán, “Bendito Él que viene en nombre del Señor.”
En segundo lugar, Israel todavía no ha sido invadido por la alianza de naciones descrita en esta profecía. Aunque es debatido, Gog, el príncipe de Rosh, de Mesec y Tubal, más probablemente se refiere a la Rusia de hoy en día. Mesec y Tubal parece tener referencia a las regiones occidentales y orientales de Rusia (Rosh). Antes de la revolución Bolchevique, el capital occidental era Moscú que se evolucionó de Mesec y el capital oriental era Tobolsk que se evolucionó de Tubal. Las otras naciones mencionadas como aliados con Rusia actualmente son sus aliados contra Israel. Adicionalmente, vemos que la intervención de Dios para liberar a Israel es tan innegablemente sobrenatural que resultará en todas las naciones reconociendo que Él es Dios (Ezeq 39:6-7). Esta liberación sin precedentes indica que esta batalla todavía no ha sucedido. Así que, los postreros días todavía no han culminados. Es demasiado obvio que esta batalla no ocurrió en un supuesto “postreros días destrucción de Jerusalén,” como afirman los Preteristas. La batalla de Ezequiel 38 y 39 salvará a Israel de sus enemigos; no será para su destrucción.
Algunos han argumentado que Ezequiel no pudo haber estado refiriéndose a la Rusia de hoy en día, dado que la descripción de las armas no corresponde con una batalla moderna. Pero aún si Ezequiel hubiera visto una batalla moderna en su visión, él la habría descrito con términos familiares al pueblo de su día para que pudieran entender la visión. Ni había palabras en su vocabulario para describir adecuadamente las armas de hoy.
Cristo Reinará desde Jerusalén en los Postreros Días
También vemos en el Antiguo Testamento que los postreros días no solamente marcan el fin del “día del hombre,” sino también nos introduce en el día del Señor, cuando ya no habrá más guerra porque el Señor establecerá Su trono en Jerusalén:
“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. 2 Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. 4 Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. 5 Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. 6 En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; 7 y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre.” (Maqueas 4:1-7)
Claramente, esta profecía está aún por cumplirse cuando el Libertador viene de Sion para salvar a Israel (Rom 11:25-29). Lo que ocurrió en Jerusalén en el año 70 d.C. fue exactamente lo opuesto de lo que dice esta profecía acerca de los postreros días.
La Resurrección de los Muertos es al fin de los Días, después de la Gran Tribulación
Otro evento que marca los postreros días que aún no ha ocurrido es la resurrección de los muertos. Que es una resurrección de nuestros cuerpos y no algo netamente espiritual, como afirman algunos Preteristas, es evidente, viendo la descripción dada por Daniel cuando habla de la resurrección de los que duermen en el polvo de la tierra:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará… 9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. 11 Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” (Dan 12:1-4; 9-13)
Aquí vemos, de la misma manera como es presentado en el Nuevo Testamento, que la resurrección sucede después de la Gran Tribulación. Le dijo a Daniel que él sería resucitado para recibir su heredad al fin de los días. ¿Debemos de entender de eso que Daniel fue resucitado en el año 70 d.C.? ¡Claro que no! La resurrección es en el fin de los días, después de la Gran Tribulación, al mismo tiempo que los vivos son arrebatados para recibir al Señor en el aire (1Tes 4:16-17).
Jesús también mencionó la resurrección como sucediendo en el tiempo del fin o el día postrera:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:39-40)
Burladores en los Postreros Días
Hay otro pasaje en el Nuevo Testamento que, para mí, claramente milita contra el argumento que los postreros días terminaron en el año 70 d.C., como afirman los Preteristas:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. 5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2Pedro 3:3-13)
Según los Preteristas, los últimos días terminaron y el día del Señor comenzó en el año 70 d.C. Sin embargo, en este pasaje vemos que, debido al retraso de la venida del Señor, muchos comenzarán a hacer burla a los cristianos por persistir en su esperanza de la venida del Señor. Él explica que el motivo del retraso es Su paciencia con nosotros, no queriendo que ninguno de nosotros perezca. Sin embargo, él dice que el día vendrá de repente. Dice que cuando el día del Señor viene, los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas, haciendo cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Es muy obvio que esto se refiere a un día del Señor todavía en nuestro futuro. Nada ocurrió en el año 70 d.C. que razonablemente podría ser considerado un cumplimiento de lo que está descrito aquí.
Sin embargo, Preteristas intentan argumentar que esto de hecho fue cumplido en el año 70 d.C. En vez de verlo como teniendo referencia a burladores que vendrían antes de una venida futura para liberar a Su pueblo Israel, el Preterista Jonathan Welton explica en su libro Raptureless: “se estaban burlando de los cristianos por creer que Jesús iba a traer juicio contra el Templo.” [3] Pero Pedro dice que, en aquel tiempo los cielos pasarán, y la Tierra será quemada. ¿Cómo explica esto Welton? Él no intenta explicar cómo los cielos hubieran podido pasar con gran estruendo en ese tiempo, pero él intenta argumentar que la referencia a “la tierra” siendo quemada, solamente se refiere a la tierra de Israel en el año 70 d.C. Él dice:
“La palabra utilizada aquí para ‘tierra’ es ge, no kosmos. Ge es la palabra para ‘territorio,’ mientras que kosmos es la palabra para ‘todo el mundo.’ Esto no se trata de la destrucción del planeta tierra (kosmos), sino que se trata de la destrucción de la tierra de Israel (ge).” [4]
Sin embargo, su argumento no tiene fundamento. Como explico con más detalle en mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?, a menos que el contexto claramente indique lo contrario, la palabra griega ge es el nombre propio de nuestro planeta, de la misma manera que la tierra en español normalmente significa el Planeta Tierra, especialmente cuando tiene el artículo definido. Además, cuando vemos la tierra mencionada en relación a los cielos, sabemos inmediatamente que se está refiriendo a todo el Planeta Tierra. Así que, esta exhortación a vivir piadosamente claramente tiene aplicación a toda la Iglesia y no solamente a los cristianos viviendo en Jerusalén antes del año 70 d.C.
También, dice en 2Pedro 3:10 que los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos. El sentido obvio de “los elementos ardiendo” es que tiene referencia a la recreación de los cielos y la tierra. Sin embargo, eso no encaja con un cumplimiento en el año 70 d.C. ¿Cómo explica Welton esto? Increíblemente, él argumenta que los elementos que estarían ardiendo son los rudimentos de la Ley, mencionados por Pablo. [5]
Si el contexto fuera indicar que Pedro estaba hablando de los ritos de la Ley, posiblemente con un poco de imaginación y creatividad podríamos interpretar “los elementos ardiendo” como teniendo referencia a la pasada de la Ley del Antiguo Pacto. Sin embargo, el contexto no es la Ley, sino los cielos y la tierra que serán derretidos y hechos nuevos en el día del Señor.
El Anticristo y la Última Hora
Antes de dejar el tema de los últimos días, me gustaría considerar un versículo que, como ha sido traducido en algunas versiones, podría llevarlo a uno a pensar que Juan pensaba que estaban viviendo en el último tiempo:
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.” (1 Juan 2:18)
Juan aparenta estar diciendo que la presencia de los maestros gnósticos anticristos indicaba que ellos estaban en la hora final, cuando el Anticristo profetizado iba a aparecer. Sin embargo, en el griego original, la frase “último tiempo” en ambas instancias es anartro (sin artículo), como lo vemos expresado en una traducción literal:
“Hijitos, ya es una última hora, y según oísteis que el anticristo viene, así aún ahora muchos anticristos han surgido, por esto sabemos que es una última hora.” (1Juan 2:18 LITV)
La ausencia del artículo en el griego no necesariamente constituye un sustantivo indefinido como en inglés, sino que enfatiza sus características o cualidades. Por lo tanto, lo que Juan estaba diciendo era que los tiempos que estaban viviendo tenían las características de la hora final, debido a la presencia de anticristos. Pero al mismo tiempo él deja en claro que el Anticristo aún no había llegado. Él no dijo que era la última hora, sino que parecía como si fuera la última hora. El erudito del griego Kenneth Wuest, expresa el verdadero sentido de 1Juan 2:18 en su traducción. Se lee así:
“tiene las características de una última hora. Y así como han oído que el Anticristo viene, aún ahora muchos anticristos han surgido, y por eso conocemos que es característica de una última hora.” [6]
Welton argumenta que el Anticristo no es un personaje venidero, sino un sistema de enseñanza. Él dice: “El Anticristo no es una persona; es un sistema de creencias, en específico, gnosticismo.” [7] Para argumentar esto, él tiene que establecer que la palabra anticristo no es un nombre propio, y por lo tanto no se refiere a una persona, sino a un sistema de creencias. Él argumenta lo siguiente:
“La razón por que es con mayúscula A es porque los traductores injertaron la palabra el antes de la palabra anticristo, así haciendo el anticristo un nombre propio, que requiere una A mayúscula. La Iglesia primitiva había oído que anticristo (falsas doctrinas) iba a venir, pero ellos no habían oído que el Anticristo (un líder mundial) venía. La inserción de el y poniendo como Anticristo, mayúsculo, fue agregado 1.500 años más tarde por los traductores.” [8]
En respuesta, solamente me gustaría señalar que el texto Bizantino, que representa la mayoría de los textos griegos existentes, aparece con el artículo definido, y por esa razón, el Anticristo correctamente aparece con el artículo definido y con la A mayúscula en la mayoría de las traducciones. Aun si uno fuera poner más peso en los pocos textos que excluyen el artículo, la ausencia del artículo no indica que no sea un nombre propio. Los nombres proprios a menudo aparecen en el texto griego sin el artículo.
También, contrario a lo que dice Welton, vemos que la Iglesia primitiva entendió el Anticristo como un personaje que vendría en su futuro, y no simplemente un sistema de creencias. [9] Dado que ellos mismos hablaban en el griego y eran los más cercanos en tiempo a las enseñanzas de los Apóstoles, debemos de ser reticente a descontar su entendimiento del Anticristo.
Conclusión
En resumen, hemos visto que la mayoría de las profecías acerca de los postreros días, sean en el Antiguo Testamento, o en el Nuevo Testamento, todavía están por cumplirse. Por lo tanto, los últimos días no tienen referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Viendo la situación en el mundo y las iglesias hoy en día, estoy convencido de que estamos en los últimos días y que Cristo viene pronto.
Algunos dicen que esto no es un tema que vale la pena discutir. Sin embargo, estoy convencido de que, tal vez el engaño más grande de nuestros tiempos es la misma negación de que estamos viviendo en los postreros días, porque ha resultado en que nuestra generación hiciera caso omiso a las señales del fin y las advertencias acerca del engaño y apostasía en los tiempos finales. Nuestra generación, más que cualquier otra generación debe de estar vigilando, pero, en gran parte debido al Preterismo, muchos están dormidos.
Para terminar, quiero dejar al lector con unos pasajes relevantes para su reflexión reverente – textos que son ignorados por muchos, pensando que no son para nosotros en este tiempo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-5)
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.” (1Tim 4:1-2)
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Tim 3:1-5)
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-4)
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes… 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (Mateo 24:23-25,27)
“El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.” (Dan 12:9-10)
Este blog fue tomado en parte de mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?
[1] Gary Demar, Last Day Madness: Obsession of the Modern Church.
[2]Aquí cito del NVI y no la Reina Valera porque correctamente traduce el hebreo shuwb “volverás” (futuro indicativo) en el versículo 30 en vez del condicional, “si volvieres.” De hecho, en el LXX esa palabra es futuro pasivo indicativo, “serán convertidos.”
[3] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2017-2018). BookBaby. Kindle Edition.
[4] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2042-2044). BookBaby. Kindle Edition.
[5] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2072-2190). BookBaby. Kindle Edition.
[6] An Expanded Translation by Kenneth S. Wuest
[7] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2262-2263). BookBaby. Kindle Edition.
[8] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2268-2271). BookBaby. Kindle Edition.
[9]Ireneo (160 a 230 d.C.)“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre…”
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde…”
Tertuliano: (160 a 220 d.C.)
“…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios…”
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por George Sidney Hurd
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La ira de Dios es, sin duda, el menos entendido de todos los atributos divinos. Los de la escuela Agustiniana a menudo presentan la ira de Dios de una manera incompatible con su naturaleza esencial, que es amor (1Jn 4:8,16). Por otro extremo, los cristianos Progresivos tienden a definir la ira de Dios una manera que excluya toda enojo – aún frente a las injusticias y maldades más graves.
Como aquellos que enseñan la doctrina del castigo eterno creen que los que son consignados al Lago de Fuego serán sujetos a la ira implacable de Dios por toda la eternidad sin ningún propósito redentor, ellos tienen que presentar la naturaleza de Dios como si fuera dividida. Tienen que decir que, aunque Dios es amor, Él es a la vez ira, y que este amor/ira dualidad en la naturaleza divina permanecerá eternamente. En lugar de que su ira contra la maldad resulte en justos juicios y castigos correctivos, con el fin de restaurar a los objetos de Su amor, tienen que presentar Su amor y misericordia como terminando para siempre en un latir de corazón para la mayoría de la humanidad por quién Cristo murió. De hecho, algunos Calvinistas, e incluso a Martín Lutero mismo, han enseñado que la naturaleza de Dios es divida, y que todas las cosas suceden según Él eternamente ha amado o aborrecido a individuos. Lutero dijo:
“El amor y el odio de Dios hacia el hombre son inmutables y eternos, existiendo, no solamente antes de que hubiera merito o ‘libre albedrío’, sino antes de que fuese creado el mundo; haciendo que todas las cosas sucedan en nosotros por necesidad, según lo que Él amaba o no amaba desde la eternidad… Fe e incredulidad nos vienen, no por obras de nuestra parte, sino a través del amor u odio de Dios.” [1]
Sin embargo, las Escrituras indican que es el amor y misericordia de Dios que son eternos, no su odio e ira:
“El amor nunca deja de ser…” (1Cor 13:8)
“Aclamad a Jehová, porque él es bueno; porque su misericordia es eterna.” (1Chron 16:34, cf. Salmo 118, etc.)
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
“Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado.” (Isa 57:16)
¿Has oído alguien hablar de “la ira eterna de Dios?” ¿Sabías que tal concepto jamás ha existido en la Biblia? Al contrario, es Su amor y misericordia que nunca dejan de ser, no Su ira. Aquí Dios dice que no para siempre estará enojado, de otra manera decaerían el espíritu y las almas que Él ha creado. Es inconcebible que un omnisciente Dios de amor creara almas, sabiendo desde el principio que llegarían a ser los objetos de Su ira vindicativa eternamente – Es imposible que un Creador todo benevolente creara seres, sabiendo que estaría airados contra ellos para siempre.
Bien entendida, la ira es un atributo temporal y contingente de la naturaleza esencial de Dios, que es amor. Es por eso que, en Su ira, Él se acuerda de la misericordia (Hab 3:2). Una vez que Cristo haya sujetado a todos Sus enemigos y toda rodilla se haya doblado y cada lengua confesado a Jesucristo como Señor, ya no existirá más pecado y maldad en toda la nueva creación de Dios. De ese momento en adelante, ya no existirá un ambiente que ocasione su ira (Fil 2:10-11; 1Cor 15:28).
Al otro lado del péndulo, aunque los cristianos Progresivos a menudo correctamente dicen que la ira de Dios es un atributo contingente de Su naturaleza esencial, que es amor, ellos a menudo presentan su amor como si fuera una especie de permisividad que afirme todo y que excluye todo enojo por el pecado o el castigo de los malhechores, como normalmente entendemos la palabra ira. Para lograr esto, tienen que ignorar el significado obvio de las palabras para la ira como aparecen en las Escrituras y procurar redefinir ira de una manera que excluya toda ira real de parte de Dios. La siguiente cita de Steve McVey ilustra esta tendencia. Él dijo lo siguiente:
“Nosotros pensamos en la ira en un sentido humano de alguna clase de enojo retributivo que está siendo expresado contra alguien por un mal que ha cometido. Pero la palabra de ninguna manera significa eso cuando se trata de la ira de Dios. Una de las palabras para la ira en el idioma original de la Escritura es la palabra orge, y la palabra orge es la misma palabra de donde derivamos la palabra orgía u orgasmo. Y la palabra no tiene que significar enojo, la palabra también puede significar una pasión intensa. De hecho, la etimología de la palabra es que significa extender la mano para agarrarse a algo con la mano temblando – esa clase de intensidad. Así que, cuando hablamos de la ira de Dios, hay palabras que pueden ser traducidas como enojo, pero cuando hablamos de la ira de Dios, si tenemos la idea que Dios es una deidad punitiva y judicial, que está allí para castigarnos cuando hacemos algo malo, entonces cuando vemos la palabra ira, obviamente vamos a pensar que tiene referencia a algún tipo de enojo. Pero si tenemos en claro que Dios es amor puro, y así es Él, y que Dios es bueno, entonces cuando veamos palabra la ira, entenderemos que hay otra manera de ver la palabra. No se trata de cambiar las Escrituras, simplemente es ver la palabra en un sentido histórico donde vemos que no es enojo sino un amor apasionado por nosotros que haría cualquier cosa para ganar nuestro amor.” [2]
Como otro autor Progresivo lo expresa: “Prefiero decir que Dios ama con tal intensidad que es ira para aquellos que luchan contra ella.” Así que, en vez de que Dios realmente esté indignado por nuestro pecado y rebeldía, ellos lo presentan como un padre todo-permisivo que sofoca a su adolescente indispuesto con besos y abrazos, en vez de mostrar enojo y administrar disciplina correctiva, como nosotros los padres que amamos a nuestros hijos normalmente haríamos.
La etimología de una palabra, por sí sola, no es lo que determina su significado. En lugar de inventar una definición utilizando un derivado de una de las varias palabras utilizadas en las Escrituras para expresar la ira, uno necesita determinar el significado real de las palabras examinando los contextos en que son utilizadas. Aunque es innegable que la ira de Dios está arraigada en su amor, es muy obvio que no es algo comparable con el abrazo de un padre. Cuando Pablo dice que Jesús nos libra de la ira venidera, ¡debe ser obvio que no está diciendo que Él nos libra del abrazo del Padre!
Al contrario a lo que afirma Steve McVey, el sentido histórico de orge no es un amor apasionado. El significado real de orge en la literatura secular de ese tiempo es explicado en el Léxico Kittle exhaustivo de 10 tomos. Kittle dice:
“En la literatura secular orge toma el sentido del enojo como la expresión más sobresaliente de una pasión interior, (thumos). En la literatura del siguiente período orge llega a ser la característica y la actitud legítima de un gobernante que tiene que vengar a la injusticia. Orge tiene relación, no al veredicto, sino solamente a la condena. En virtud de esto, orge mismo adquirió el significado de castigo. Con excepción de la ira moral que protege contra el mal y que es llamado dikaia orge (justa indignación), orge en el griego llegó a significar un juicio predominantemente negativo.” [3]
Por lo tanto, no es cierto que la palabra orge en la cultura de ese entonces expresaba un amor apasionado, no punitivo. Examinando los textos de las Escrituras donde la ira de Dios es mencionada, vemos que el significado es básicamente lo mismo como aparece en la literatura secular de aquel entonces. Los resultados de corto plazo de Su ira son claramente negativos, a menudo resultando en vidas siendo cortadas en Sus juicios (Ex 15:5; 22:24; Num 11:33; Deut 29:23-28; Isa 13:9; Ezek 21:31; Nah 1:2-3,5, etc.).
Viendo que la ira de Dios en las Escrituras claramente resulta en acciones punitivas y a menudo aun en la muerte, los Progresivos rechazan aquellas Escrituras que presentan a Dios como claramente castigando a los inicuos en Su ira, diciendo que, en esas instancias los autores humanos proyectaron sus propias creencias erróneas de dioses paganos sobre Dios.
Correctamente dicen que Jesús es el lente a través del cual tenemos que ver las Escrituras. Sin embargo, el Jesús que utilizan, es una versión editada del verdadero Jesús de la Biblia. Según ellos, cualquier descripción de Dios en las Escrituras que ellos determinan que no son como Cristo, o más específicamente, cualquier descripción que no presenta a Dios de manera pasiva y cruciforme, debe ser rechazada. Sin embargo, hay muchos problemas con tratar las Escrituras de esta manera.
En primer lugar, Jesús Mismo dijo que las Escrituras son la palabra de Dios que vino por medio de los autores humanos y, por lo tanto, no pueden ser quebrantadas (Jn 10:35). Él dijo que la palabra de Dios como tal era verdad, y que ni una jota ni una tilde podría pasar de ella sin cumplirse (Jn 17:17, cf. Sal 119:160; Mateo 5:18). Adicionalmente, Pablo dijo de las Sagradas Escrituras que cada parte de ellas fue inspirada por Dios (2Tim 3:15-16). Considero este tema más a fondo en mi serie de 4 blogs sobre la infalibilidad de las Escrituras.
En segundo lugar, Jesús Mismo es presentado en las Escrituras como viniendo por segunda vez en ira para ejecutar la justicia y liberar a Su pueblo:
“Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apo 6:15-17)
“De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.” (Apo 19:15-16)
Aquí en el libro de Apocalipsis, Cristo Mismo es presentado como ejecutando ira contra las naciones cuando Él vuelve otra vez para reinar. La referencia al “gran día de su ira” hace alusión al día escatológico de ira, o “el día del Señor” profetizado en numerosos textos del Antiguo Testamento:
“He aquí el día de Jehová viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. 10 Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor… Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación de Jehová de los ejércitos, y en el día del ardor de su ira.” (Isa 13:9,13; cf. Zeph 1:14-18; Joel 3:12-16; etc.)
¿Cómo hacen los Progresivos para explicar estos pasajes que inequívocamente presentan a Cristo como actuando de una manera no cruciforme contra los inicuos entre las naciones cuando Él viene otra vez? Algunos simplemente intentan a eliminar el libro de Apocalipsis de la Biblia. Aquellos que aceptan a Apocalipsis como parte del canon de las Escrituras aplican un significado espiritual/alegórico, según su propia creencia. Los Preteristas intentan argumentar que estas referencias a la ira de Cristo tienen referencia a la destrucción de Jerusalén en 70 d.C. Sin embargo, el juicio de Su Segunda Venida descrito aquí es “contra las naciones” y “los reyes de la tierra,” no contra el pueblo de Israel. Cuando Cristo viene por segunda vez, será para liberar a Israel, no para destruirlo (Rom 11:25-29). Para mí, los Preteristas que niegan que la ira de Dios sea de alguna manera punitiva, y a la vez no tienen problema con decir que los judíos fueron sujetos a la ira punitiva de Dios en 70 d.C., son inconsistentes.
Finalmente, Jesús afirmó los actos de juicio en ira en el Antiguo Testamento y Él advierte de la ira venidera. En Deuteronomio 29:23 dice que el Señor destruyó a Sodoma y Gomorra “en Su furor y en Su ira.” Jesús no solamente afirmó que Dios destruyó a Sodoma y Gomorra, sino que Él también comparó a Su Segunda Venida a la destrucción repentina de Sodoma en los días de Lot (Lucas 17:28-30). Y aunque vemos en Ezequiel 16:53-55 que Dios finalmente restaurará a aquellos que fueron destruidos en Sodoma, Jesús indicó que ellos todavía tendrían que rendir cuentas en el día del juicio. (Marcos 6:11).
Por lo tanto, usando al Jesús de la Biblia como lente para ver a las Escrituras, no nos permite remover de las Escrituras los pasajes que hablan de la ira de Dios. De hecho, Jesús ni siquiera nos permite remover una jota ni una tilde de la Ley y de los Profetas (Mateo 5:17-18; Lucas 24:44).
Pablo y la Ira de Dios
A pesar del hecho de que Pablo es conocido como el Apóstol de la gracia, él tuvo más que decir acerca de la ira de Dios que cualquier otro autor del Nuevo Testamento. Él habló tanto de la ira de Dios contra toda maldad en el presente, como también la ira escatológica que está siendo guardada para el juicio en el “día de ira.”
Ira en el Presente
“Porque la ira de Dios se revela (tiempo presente) desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.” (Rom 1:18)
“Pero si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Acaso es injusto el Dios que expresa Su ira (orge)? Hablo en términos humanos. ¡De ningún modo! Pues de otra manera, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Rom 3:5-6 NBLH)
Aunque Dios, en Su paciencia, está aplazando Su justo juicio contra los no arrepentidos, dándoles oportunidad para arrepentirse, Él está indignado con la maldad e injusticia cometida por ellos. El Salmo 7:11 dice, “Dios está airado contra el impío todos los días.” Pablo indica que, en cierta medida, la ira de Dios actualmente está siendo revelado contra los impíos.
¿En qué manera podemos decir que Dios está expresando Su ira en el presente? Podemos ver Su intervención a través de la historia, trayendo juicios contra los obstinadamente no arrepentidos. Algunos ejemplos notables son: el diluvio en los días de Noé y la destrucción de Sodoma y Gomorra. En el Nuevo Testamento vemos el juicio contra Ananías y Safira cuando cayeron muertos por haber mentido al Espíritu Santo y contra Herodes por aceptar la adoración de la multitud como si fuera un dios (Hch 5:1-11; 12:22-23).
También podemos ver en la historia cómo los juicios de Dios han venido contra naciones que Lo han abandonado, practicando toda clase de maldad y persiguiendo a Su pueblo. El Salmista dijo: “Los impíos serán trasladados al Seol, y todas las naciones que se olvidan de Dios.” (Sal 9:17; cf. Isa 41:11-13). Lo mismo que sucedió al Imperio Romano y la Unión Soviética inevitablemente vendrá sobre los Estados Unidos, o cualquier otra nación, si se olvidan de Dios y persisten en practicar la maldad e injusticia.
En un nivel individual, vemos que la ira de Dios es ejecutada indirectamente por medio de los gobernantes. Pablo explica:
“Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar (εκδικος εις οργην, ‘ejecutar justicia en ira’) al que hace lo malo. 5 Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.” (Rom 13:3-5)
Así que, vemos que la ira o castigo de Dios a menudo es ejecutada de manera indirecta por medio de sus servidores, las autoridades establecidas.
También, la ira, en el sentido del castigo o consecuencias negativas, es experimentada en esta vida por aquellos que viven para satisfacer los deseos de la carne. Pablo habla de la ira de Dios en este sentido diciendo:
“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; 6 cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia.” (Col 3:5-6)
“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. 7 No seáis, pues, partícipes con ellos.” (Ef 5:5-7)
Los comportamientos pecaminosos que Pablo menciona aquí tienen consecuencias negativas, no solamente en el futuro para los no arrepentidos, siendoles negada la entrada en el reino, sino también en el presente, afectando negativamente su bienestar espiritual, emocional y físico, a menudo incluso resultando en una muerte prematura. Dios no puede ser burlado; lo que siembra el hombre, eso también segará tarde o temprano (Gal 6:7-8)
La Ira Venidera
Pablo, después de decir que uno puede despreciar la bondad de Dios, ignorando que Su paciencia y bondad son para llevarnos al arrepentimiento, advierte a aquellos que obstinadamente se niegan a arrepentirse. Dice que se están acumulando ira para el día de la ira. Él dijo:
“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? 5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras.” (Rom 2:4-6)
El día del Juicio del Gran Trono blanco se refiere aquí como el día de la ira, porque en ese día castigos justamente medidos serán determinados para los no arrepentidos. Aquellos cuyos nombres no se encuentran escritos en el libro de la vida en aquel día serán juzgados conforme a sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego, sufriendo daño de la segunda muerte (Apo 20:11-15; 2:11).
Siempre necesitamos tener presente que aún Su ira es paternal y arraigada en Su naturaleza esencial que es amor. Siendo así, en Su ira Él se acuerda de la misericordia, y aún Sus juicios más severos en Su ira son correccionales en naturaleza, finalmente resultando en restauración. Esto se puede observar en Su trato con Su pueblo Israel en Su ira cuando persisten en sus malos caminos. Observe el lenguaje de fuego e ira que Dios utiliza contra Israel:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros. Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor.” (Ezeq 22:17-22,31)
Aquí vemos que la ira de Dios contra Su amado Israel viene en forma de fuegos purificadores de aflicción. Dios se pone en contra de Su pueblo y los lanza en el fuego como plata, bronce o plomo. Pero el fuego del horno es para separar la escoria de sus vidas. El resultado final es que salen del horno puros y separados de la escoria o el pecado. Así como en el caso de un padre que ama a su hijo y por lo tanto lo disciplina, Su ira es en realidad Su amor actuando en contra del pecado en sus vidas. El resultado final es el fruto apacible de la justicia, como vemos con Israel más adelante en Capítulo 36 de Ezequiel:
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
El resultado final de la ira de Dios hacia Israel es que llegan a ser limpios de toda inmundicia y reciben un corazón nuevo. Lo mismo se puede decir de la aflicción de todos los hijos de los hombres que Él ha creado. Él no aflige, ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. Lo que Él hace, lo hace solo para nuestro propio beneficio. Así que, podemos ver que la ira de Dios, correctamente entendida, se refiere al trato de Dios Padre con Sus hijos extraviados y rebeldes, y que de ninguna manera es incompatible con Su amor.
Jesús nos libra de la Ira Venidera
“y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.” (1Tes 1:10)
“Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1Tes 5:9)
“Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Rom 5:9)
Cuando creemos en el evangelio de la salvación por la gracia, somos justificados o declarados justos ante Dios (Rom 5:1). Como santos en Cristo, ya no hay condenación (Rom 8:1). Habiendo sido ya justificados por fe en la redención de nuestros pecados en Cristo, hemos sido librados de una vez para siempre de la ira venidera (Heb 9:12).
Eso no quiere decir que Dios no se enoje, relacionalmente hablando, cuando pecamos deliberadamente como Sus hijos. Pablo dijo que cuando no juzgamos el pecado en nuestras vidas, Dios tiene que intervenir con juicio, a veces hasta cortando la vida de uno antes del tiempo para que no sean condenados con el mundo (1Cor 11:30-32; 1Juan 5:16-17). Pablo advierte a cualquier creyente que vivia en el pecado sexual diciendo:
“pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; 4 que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; 5 no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; 6 que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado.” (1Tes 4:3-6)
También, en Romanos 13:5-5, Pablo está advirtiendo a los creyentes, no los no creyentes, contra desobedecer a las autoridades cuando dice:
“porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar (εκδικος εις οργην, ‘ejecutar justicia en ira’) al que hace lo malo. 5 Por lo cual es necesario estarle sujetos (ustedes), no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.”
La Ley produce Ira
“Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.” (Rom 4:15)
Pablo dice que la Ley produce ira. Aquí orge es utilizado principalmente en el sentido del castigo, en vez de la emoción del enojo, así como la ira que experimentamos de las autoridades es la pena por la infracción y no tanto que las autoridades estén airadas contra el ofensor. Si no hay un letrero diciendo que hay límite de 25 millas por hora, uno no será penalizado por ir a 35 millas por hora. Pero, una vez establecida la ley, habrá pena y los infractores experimentarán la ira de la ley.
Es lo mismo con la Ley que Dios les dio a los hijos de Israel. Una vez establecida la Ley, ellos comenzaron a experimentar la ira o la pena por haberla violado. Es significativo que nunca dice que Dios había mostrado ira hacia Su pueblo antes de Sinaí. Ni siquiera hay mención de la ira de Dios hasta llegar a Éxodo. Pero después de iniciar la Ley, hay referencia directa o indirecta a Su ira casi 500 veces, y más a menudo fue dirigida contra Su propio pueblo del pacto por haberlo quebrantado.
Hay un contraste muy marcado entre el Antiguo Pacto de la Ley y el Nuevo Pacto de la gracia. Cuando la Ley fue inaugurada en Sinaí, 3.000 personas murieron en un día. En contraste, cuando el Nuevo Pacto fue inaugurado en el día del Pentecostés, 3.000 personas fueron salvas en un día. Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, hecho maldición por nosotros (Gal 3:10-14). Aunque Dios puede tener enojo por el pecado y rebeldía en la vida de Sus hijos, resultando en disciplina, como hijos nacidos de nuevo, hemos sido librados de la Ley con su resultante ira y condenación, y ahora servimos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra de la Ley (Rom 7:6; Gal 3:24-26).
Conclusión
En conclusión, creo que un entendimiento de la totalidad de la revelación de las Escrituras acerca de la ira de Dios sin prejuicios no da lugar, ni al extremo de la doctrina de la “eterna ira,” ni a redefinir la palabra ira, negando que implique indignación contra el mal y la injusticia de los impíos, diciendo que Su ira no es una ira punitiva, sino nada más una intensa emoción de amor.
Aunque Dios nos ama con un amor que nunca deja de ser, y por lo tanto Él no guardará Su enojo para siempre, Su ira contra toda impiedad e injusticia de los impíos es real y trae consecuencias negativas. Entendiendo esto, creo que es una falta del amor decirle al pecador no arrepentido que la ira de Dios es simplemente Su amor apasionado por ellos.
Aunque hay un elemento de verdad en eso, es un engaño, dado que no los advierte de que están atesorando para sí mismos ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios mientras continúan en su condición no arrepentida y que Él recompensará a cada uno conforme a sus obras (Rom 2:4-6). En vez de dar a los no arrepentidos una aseguranza falsa, necesitamos hablarles la verdad con amor para que se arrepientan. Como dijo Santiago, “el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (Stg 5:20; cf. Lucas 3:7-9).
[1] Martin Luther: The Bondage of the Will, pp. 226, 228-229.
[2] Steve McVey, Love Unrelenting, youtube,1:05min.
[3] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co., NT:370
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por George Sidney Hurd
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Al final de la vida del Apóstol Pedro, él nos advirtió de antemano acerca de lo que sería la actitud de muchos en los postreros días debido a la aparente tardanza en la Segunda Venida de Cristo diciendo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2Pedro 3:3-4)
Tanto a Pedro, como a Pablo, les fueron mostrados las condiciones que prevalecerían en los postreros días (cf. 1Tim 4:1-3; 2Tim 3:1-5). Las señales que nombraron son características de nuestros días, más que cualquier generación anterior. En este blog, voy a responder a unos de los argumentos presentados por un número creciente de personas que ridiculizan a aquellos que todavía esperamos ansiosamente el retorno de Cristo en el futuro cercano.
“No pasará esta generación”
Los Preteristas presentan la declaración, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” como evidencia de que Cristo vino en 70 d.C., dado que Jesús describe la desolación de Israel y Su Segunda Venida en el mismo discurso.
Sin embargo, un examen cuidadoso del contexto dentro de los tres Evangelios sinópticos deja en claro que hay una separación necesaria entre la desolación de Jerusalén en 70 d.C., y la Segunda Venida de Cristo.
Justo antes de Su discurso en Mateo 23:36, Jesús le dijo al liderazgo representativa de Israel: “De cierto os digo: Vendrán todas estas cosas sobre esta generación,” con “todas estas cosas” refiriéndose al juicio contra Israel y su desolación. Entonces, en 38-39 Él menciona Su Segunda Venida como algo que sucedería después de la desolación de Israel, en un tiempo cuando ellos estarían dispuestos a recibirlo como Su Mesías y Rey. Él les dijo:
“He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, HASTA QUE digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:38-39)
Los Preteristas dirían que Dios rechazó a Su pueblo Israel para siempre como nación. Sin embargo, Jesús habla de su juicio como temporal, continuando “hasta que” llegue el momento cuando Israel dirá, “Bendito el que ‘viene’ en el nombre del Señor.” El Evangelio de Lucas, que da más detalle acerca del juicio y desolación de Israel en 70 d.C., también presenta el juicio de Israel como algo temporal, diciendo:
“Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:23-24)
Más adelante Pablo recibió mayor revelación acerca del juicio contra Israel y su liberación y restauración después, cuando Cristo vuelve otra vez. Él dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, HASTA QUE haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.” (Rom 11:25-27)
Aquí Pablo nos dice que el juicio contra Israel es temporal, continuando “hasta que” haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, todo Israel será salvo y restaurado cuando Cristo, el Libertador, venga desde Sion, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo. Cuando Cristo viene por segunda vez no será para la destrucción de Israel, como afirman los Preteristas, sino para su liberación. Tristemente, muchos, incluso a los Preteristas, ignoran este misterio, creyendo que la Iglesia ha reemplazado a Israel como pueblo. Demuestro la naturaleza temporal del juicio de Israel en mi blog: “¿Ha Reemplazado la Iglesia a Israel?”
Así que, vemos que hay una separación necesaria entre la desolación y dispersión de Israel y su liberación en la Segunda Venida de Cristo cuando otra generación dirá: “Bendito el que viene en el nombre del Señor.”
El Discurso en el Monte de los Olivos tiene un Cumplimiento Doble
Después de declarar acerca de la desolación y Su venida posterior a ella, cuando Israel finalmente lo recibirá, Jesús continúa diciendo en el próximo versículo que no quedará piedra sobre piedra del templo, que no sería derribada. Fue después de esto que Sus discípulos le hicieron la pregunta doble: “Dinos, 1) ¿cuándo serán estas cosas, y 2) qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).
En el contexto, ya hemos visto que Jesús habló de “estas cosas” (la desolación de Israel y la destrucción de su templo) que vendría sobre esa misma generación, y su posterior venida cuando Israel estaría dispuesto a recibirlo. Todo el discurso es la respuesta de Jesús a sus dos preguntas. Aunque existen muchos paralelos entre los dos eventos, el lector cuidadoso descubrirá que son claramente distintas.
En el relato de Lucas, los discípulos son presentados como solamente preguntándole a Jesús acerca del tiempo de la desolación de Israel, la que Jesús acaba de decirles que sucedería en esa misma generación (Lucas 21:7), y de acuerdo con esa pregunta Él da más detalles acerca de la desolación de Jerusalén, mientras que, el Evangelio de Mateo, Él responde a ambas preguntas, pero dando más detalles acerca de los eventos relacionados con la Segunda Venida de Cristo.
Por ejemplo, en Lucas, Jesús les dijo a los cristianos que huyeran de Jerusalén tan pronto como vean que los ejércitos romanos rodearan a la ciudad, y Lucas incluye la declaración del juicio contra Israel que ocurriría en ese tiempo:
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución…porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:20-24)
Como podemos ver aquí, el asedio de Jerusalén por los ejércitos romanos es seguido por la dispersión prolongada de los judíos y la ocupación gentil de Jerusalén. En contraste, en el Evangelio de Mateo, vemos más detalle acerca del fin de la época y los eventos indicando la Segunda Venida de Cristo. En Mateo 24:14, Jesús dijo que el fin de la época no llegaría hasta que el evangelio haya sido predicado por todo el mundo. Él dijo:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo (οἰκουμένη), para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)
Es muy obvio que esto no fue cumplido antes de 70 d.C. Hasta el día de hoy, no podemos decir que todo el mundo habitado ha oído el evangelio. En los versículos que siguen esto, vemos otro mandato a huir. Sin embargo, en contraste con el relato de Lucas que los mandó a huir de Jerusalén al ver los ejércitos rodeando a Jerusalén, vemos el mandato a huir de Judea cuando ven la abominación desoladora en el lugar santo:
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa… 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:15-17; 21-22)
Mientras es posible que un lector casual podría pensar que Jesús está hablando del mismo evento en ambos Evangelios, cuando uno los examina más de cerca, llega a ser evidente que en el Evangelio de Mateo Jesús se está refiriendo a Su Segunda Venida cuando eventos sin precedentes llegan a ser tan severo como para destruir toda carne, requiriendo Su intervención para salvar a Su remanente elegido. Cuando Él viene otra vez, no será para la destrucción de Israel, sino para su liberación. El profeta Daniel vio la misma venida, y allí Él también es presentado como volviendo para la liberación de Israel después de la misma Gran Tribulación sin precedentes. Daniel dijo:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (eonian), y otros para vergüenza y confusión perpetua (eonian).” (Dan 12:1-2)
Jeremías también habla de la misma tribulación sin precedentes como “tiempo de angustia para Jacob” y también dice que Israel será liberada en ese tiempo (Jer 30:7-9). Tanto Jesús, como Daniel, describen una resurrección corporal cuando Israel es liberado al final de la Gran Tribulación (Mateo 24:30-31). Ninguna resurrección física ocurrió en 70 d.C., y Israel no fue liberada por la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, fue dejado desolada y dispersada en juicio.
Vale notar que los Padres Apostolicos vieron la abominación desoladora en Mateo 24 como algo futuro, seguido por el retorno visible de Cristo, mientras que los Padres que comentaron sobre Lucas 21:20 entendían la referencia de los ejércitos rodeando a Jerusalén como algo que ocurrió en 70 d.C.. [1] Nadie en ese entonces, sea cristiano o secular, indicó que entendían que Cristo había venido en ese tiempo.
Tiempo de la Destrucción de Jerusalén revelado – Tiempo de la Segunda Venida no revelado
La única señal dada por Jesús para indicar que la desolación de Israel estaba inminente fue que verían a los ejércitos rodeando a Jerusalén (Lucas 21:20). Jesús les dijo a los cristianos que huyeran a los montes al verlo, y la historia confirma que ellos obedecieron, huyendo a Pella antes de que Jerusalén fuera completamente rodeada.
En contraste con la desolación de Israel que ocurrió en 70 d.C., Jesús dio muchas señales que indicarían cuando Su venida estuviera inminente. Una que ya hemos considerado era que el evangelio habrá sido predicado a todas las naciones del mundo antes de que venga el fin y Cristo vuelva.
Otra señal que vimos es que habría “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21-22). Es cierto que el asedio romano de Jerusalén era un tiempo de tribulación para los judíos. Según Josefo, más de un millón de judíos perecieron. Sin embargo, la tribulación descrita por Jesús es de una escala global sin precedentes. Él dijo que jamás habría algo igual después. Sin embargo, en la tribulación bajo el régimen Nazi, murieron casi seis veces más judíos, sin tomar en cuenta los millones de judíos que murieron después, bajo el régimen de Stalin. Claramente, Jesús estaba refiriéndose a la Gran Tribulación de tres años y medio, descrito con más detalle en Daniel y en el libro de Apocalipsis donde el número de fatalidades son miles de millones a nivel mundial, y no simplemente un poco más de un millón de judíos que murieron en la ciudad de Jerusalén en 70 d.C. (Apo 6:8; 9:15).
Además, Jesús dijo que cuando Él venga, cada ojo de todos los tribus de la tierra lo verán viniendo (Apo 1:7; Mateo 24:30; 2Tes 2:8; Apo 6:12-17). En aquel tiempo algunos estarán durmiendo en un lado del mundo, mientras que otros estarán trabajando en los campos en pleno día (Lucas 17:34-36; Mateo 24:40-41). El Señor juntará a Sus elegidos de todo el mundo en ese momento (Mateo 24:30-31). Algunos serán llevados, mientras que otros serán dejados. Claramente, Jesús no vino en 70 d.C. Cristo simplemente dejó Jerusalén desolada debido a su rechazo del reino (Mateo 23:38-39). No vino para destruir personalmente a Jerusalén en 70 d.C. Cuando Cristo viene, será para salvarlos de sus enemigos – no para destruirlos.
A la vez que Jesús era específico en indicar el tiempo de la desolación de Israel, Él era enfático en decir que el tiempo de Su Segunda Venida solamente fue conocido por el Padre (Mateo 24:36). Momentos antes de que Cristo ascendió al Padre, los discípulos persistían en preguntarle a Jesús cuándo iba a restaurar el reino a Israel. En respuesta, Jesús no solamente les dijo que no les fue dado a conocer “el día ni la hora” de Su venida, sino que ni siquiera les tocaba saber “los tiempos y las sazones” que el Padre puso en Su sola potestad (Hch 1:7). En lugar de esto, Jesús les dijo en otras palabras lo que Él ya les había dicho antes en el Discurso del Monte de los Olivos – Él les dijo que tenían que predicar el evangelio a todas las naciones como testigo por todo el mundo antes de que viniese el fin (Mateo 24:13). Después de decirles que no les tocaba saber los tiempos y las sazones, Él repitió su tarea, la Gran Comisión:
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch 1:7-8)
Aunque el evangelio fue proclamado en muchas naciones alrededor de Judá en esa primera generación, aún no ha sido predicado a todas las naciones del mundo entero.
Dos Generaciones Distintas
Aunque creo que, por intención divina, no es algo aparente a primera vista, Jesús dirigía la palabra a dos generaciones distintas en el Discurso del Monte de los Olivos. Mientras que dijo acerca de la desolación de Israel, “todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:36), refiriéndose a aquellos viviendo en ese tiempo, Él después dio señales específicas que indicarían cuándo Su retorno y el fin estarían cerca. En ese contexto, Él se dirige a la generación que verá las señales de Su venida y el fin de la época, diciendo:
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” (Mateo 24:32-34)
¿Cuáles son las señales que Él mencionó que indicarían que el fin estaba cerca? En Mateo 24:7-8, Él dijo que cuando nación se levanta contra nación, y reino contra reino con pestes, hambres y terremotos en muchos lugares, eso sería el principio de los dolores de parto, indicando que el fin se acerca.
Después de esto, en los versículos 9-10, Él dijo que seríamos aborrecidos por todas naciones y perseguidos, y muchos se apartarían de la fe (cf. 2Tes 2:1-4). En 11-13, Él advirtió que muchos falsos profetas se levantarían engañando a muchos, y que la maldad aumentaría de tal manera que el amor de muchos se enfriará, pero los que perseveran hasta el fin serán salvos. Aquí quiero señalar que perseverar hasta el fin tiene referencia a perseverar hasta que Cristo venga, no hasta que Jerusalén fue destruido en 70 d.C. En el versículo 24, Él dijo que los falsos profetas harían grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos.
En el versículo 15, Él da la señal de la abominación desoladora en el lugar santo en el templo de Jerusalén, diciendo que los que están en Judea en ese tiempo tendrían que huir porque comenzarán entonces la Gran Tribulación. Los Padres Apostólicos, de manera unánime, creían que esto era algo que todavía tenía que a ocurrir en su futuro. Años después de la destrucción del Templo de Herodes en 70 d.C., Ireneo (160 – 230 d.C.) dijo:
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [2]
“Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [3]
De la misma manera como los Futuristas hoy en día, los Padres Primitivos creían, según las Escrituras, que el templo en Jerusalén sería reconstruido y la abominación desoladora puesto en el templo, comenzando el tiempo de la Gran Tribulación.
Finalmente, Jesús da las señales que sucederán inmediatamente antes de Su venida:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:29-31)
Es en este contexto que Jesús dice en 34, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” “Esta generación,” en su contexto, refiere a la generación que ve el principio de las señales específicas cumplidas que Él mencionó. No existe récord de nadie diciendo que vio venir el Hijo del Hombre en 70 d.C., y mucho menos vemos mención de todas las tribus de la tierra lamentándose por haberlo visto venir con poder y gran gloria.
“No gustarán la muerte, hasta que hayan visto…”
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 16:28-17:5)
Los Preteristas a menudo citan Mateo 16:28 como evidencia de que Cristo tuvo que haber venido por segunda vez y establecido Su reino sobre la tierra en 70 d.C., mientras muchos de los discípulos aún vivían. Sin embargo, cuando uno lee los siguientes versículos, llega a ser evidente que la venida de Su reino a que Él se refería ocurrió solamente seis días después, cuando Cristo fue transfigurado ante Pedro, Jacobo y Juan, dándoles una revelación de Su reino venidero. Pedro mismo hizo referencia a esto como una prevista de la venida de Cristo en Su reino. Él dijo de su encuentro con el Cristo glorificado en el monte:
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pedro 1:16-18)
Pedro claramente entendió la declaración de Jesús, “hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” como algo cumplido cuando ellos vieron a Jesús transfigurado en el monte con Moisés y Elías.
Un Retraso Aparente Implícita en las Parábolas
Aunque Jesús mandó a Sus discípulos vivir en un estado de expectativa, diciéndoles, “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44), al mismo tiempo Él implicaba en parábolas que Él no vendría en el marco del tiempo anticipado por Sus seguidores.
En la parábola del siervo fiel y el siervo malo, Jesús dijo que el sirviente malo diría en su corazón, “mi señor tarda en venir,” y en vez de ocuparse en el servicio de su señor, el comenzó a vivir según sus propios deseos carnales (Mateo 24:48-51). En la parábola de las diez vírgenes, “el esposo se tardó en venir.” Se tardó tanto que incluso las vírgenes prudentes cabecearon y durmieron, y tuvieron que ser despertados para recibir el esposo (Mateo 25:5). En la parábola de los talentos, Él comparó Su venida a un hombre que “fue lejos,” no volviendo hasta “después de mucho tiempo” (Mateo 25:14,18).
Es evidente que Jesús quería que Sus discípulos vivieran en anticipación de Su pronto retorno, ocupado en cumplir la Gran Comisión con la expectativa que Él podría volver en su generación, mientras que Él, al mismo tiempo, indicaba indirectamente a través de Sus parábolas que Su retorno podría estar mucho más en el futuro lejano de lo que ellos anticipaban. Él concluyó Sus parábolas con un llamado, no solamente para Sus discípulos, sino también para las generaciones futuras, a estar vigilando. Él dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).
Su Casa tiene que estar llena
A Pablo le fue revelado que en este tiempo ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, Cristo, el Libertador, vendrá de Sion, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:25-26).
Aquí vemos que Cristo no vendrá otra vez hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles haya entrada en el redil. Tan pronto como el último de las primicias escogidas de entre los gentiles haya entrado en el redil Cristo vendrá, y todo Israel será salvo cuando ellos miran a Él, a quien traspasaron (Zac 12:10). Entonces, la nación de Israel volverá a nacer en un solo día (Isa 66:8-10).
En la parábola de la gran cena, Jesús también implicó que Él no iba a volver hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. En esta parábola, el señor había planeado un gran banquete para sus invitados (los invitados representando a la nación de Israel). Pero Israel rechazó la invitación. El señor se enojó y dijo a su siervo que trajera a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (refiriéndose a los samaritanos que fueron menospreciados por los judíos). Habiendo invitado a ellos, todavía quedaban muchas sillas vacías. Entonces, Jesús, haciendo referencia a los gentiles, dijo a continuación:
“Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.” (Lucas 14:23-24)
Esta parábola de la casa del señor siendo lleno con aquellos de los caminos y vallados, refiriéndose a los gentiles en vez de los judíos que originalmente fueron los invitados, es paralelo con lo que Pablo vio acerca de la plenitud de los gentiles. Dios está esperando, sin comenzar el banquete, hasta que Su casa se llene. Tan pronto entre la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena, Cristo vendrá.
Esta es la razón que Pedro dio por la aparente demora en la venida de Cristo. Después de decir que en los postreros días seríamos ridiculizados por seguir esperando Su venida, él explicó:
“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente PARA CON NOSOTROS, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:8-9)
Aquí vemos que, contrario a como algunos piensan, el Señor no ha demorada Su venida. Dado que Él habita la eternidad, “pronto” no significa lo mismo para Él como significa para nosotros. Entonces, Pedro explica porqué Él todavía no ha venido. El es paciente para con nosotros, esperando hasta que todos nosotros – Sus elegidas primicias, hayamos venido al arrepentimiento. En otras palabras, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena.
“El tiempo está cerca… Vengo pronto”
En el libro de Apocalipsis, Jesús comienza diciendo, “el tiempo está cerca,” y tres veces Él repite la frase “Vengo pronto” (Apo 1:3; 3:11; 22:7,12). Muchos se escandalizan por el hecho de que casi 1900 años han trascurrido desde que Jesús hizo estas declaraciones. Los Preteristas intentan argumentar que el libro de Apocalipsis fue escrito antes de 66 d.C., en vez de la fecha generalmente aceptada de 96 d.C., a fin de poder argumentar que Cristo quiso decir que iba a venir en 70 d.C. Presento los argumentos en contra de la fecha temprana para Apocalipsis en mis blogs: “The Objective Evidences for a Late Dating of John’s Revelation” y “The Interpretive Arguments for an Early Dating of John’s Revelation.”
En mi libro, “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Demuestro con más detalle porqué la venida de Cristo todavía está en el futuro. Pero, sin entrar en más detalle aquí, debe ser evidente a cualquier estudiante de las Escrituras y de la historia que ningún evento en la historia podría ser razonablemente considerado como la Segunda Venida de Cristo con poder y gran gloria para recibir a Sus escogidos y reinar sobre la tierra.
Las amonestaciones para estar vigilantes porque el tiempo está cerca, tienen que ser entendidas a la luz de la abundancia de Escrituras que claramente implican una demora. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles tiene que entrar, llenando Su casa. Solamente el Señor sabe cuándo eso habrá sucedido.
También, como explicó Pedro, tenemos que tomar en cuenta la naturaleza relative del tiempo. Nuestro sentido del tiempo no es lo mismo que lo del Señor. Para Él, un día es como mil años, y mil años como un día. Es comparable con el sentido del tiempo para un niño, comparado con lo de un adulto mayor. Cuando mis hijos eran pequeños, a menudo hacíamos viajes largos en carro, hasta viajando de California a Guatemala un par de veces. Como un adulto que había hecho el viaje antes, yo sabía cuánto tiempo iba a durar el viaje, y para mí el viaje parecía mucho más corto que a mi hijo Cristian de 4 años. Después de una hora, él ya estaba quejándose, preguntándonos porqué estábamos demorando tanto en llegar. Hubiera sido inútil explicarle cuánta carretera quedaba por delante porque él era demasiado pequeño para entenderlo. Al principio, le decía que íbamos a llegar pronto e intenté mantenerlo ocupado con otras cosas para no estar tan consciente del tiempo. Cuando eso ya no funcionaba, le diría algo como, “cuando ves un puente grande, estaremos acercándonos al destino,” o “cuando ves el océano, nos falta poco.” Mi esposa Norma y yo sabíamos desde el comienzo cuánto tiempo duraría el viaje, pero hubiera sido inútil intentar a explicarle cuánto tiempo duraría el viaje porque él no habría entendido. Y aún si él hubiera podido comprender el tiempo requerido para llegar, solo habría hecho el viaje más insoportable para él.
Creo que, de manera semejante, el Señor les dijo a Sus discípulos que no era para ellos saber los tiempos y las estaciones, sino que se ocuparan con proclamar el evangelio por toda la tierra, al mismo tiempo que estén vigilando por las señales que indicarían que Su venida estaba a las puertas. Que Él nos encuentre ocupado haciendo lo que Él nos comisionó a hacer cuando Él venga.
“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mateo 24:44-46)
[1] Hipólito (170 a 236 d.C.), Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
Tertuliano (160 a 220 d.C.), Lucas 21:1-38
“Entonces, habiendo mostrado lo que iba a ser el tiempo de la destrucción cuando Jerusalén iba a estar rodeado de ejércitos, Él describió las señales del fin de todas las cosas: señales en el sol, en la luna y las estrellas, y sobre la tierra angustia entre las naciones en confusión – como el mar rugiendo – por razón de su anticipación de los males que vienen sobre la tierra.”
[2] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
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Al final de la vida del Apóstol Pedro, él nos advirtió de antemano acerca de lo que sería la actitud de muchos en los postreros días debido a la aparente tardanza en la Segunda Venida de Cristo diciendo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2Pedro 3:3-4)
Tanto a Pedro, como a Pablo, les fueron mostrados las condiciones que prevalecerían en los postreros días (cf. 1Tim 4:1-3; 2Tim 3:1-5). Las señales que nombraron son características de nuestros días, más que cualquier generación anterior. En este blog, voy a responder a unos de los argumentos presentados por un número creciente de personas que ridiculizan a aquellos que todavía esperamos ansiosamente el retorno de Cristo en el futuro cercano.
“No pasará esta generación”
Los Preteristas presentan la declaración, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” como evidencia de que Cristo vino en 70 d.C., dado que Jesús describe la desolación de Israel y Su Segunda Venida en el mismo discurso.
Sin embargo, un examen cuidadoso del contexto dentro de los tres Evangelios sinópticos deja en claro que hay una separación necesaria entre la desolación de Jerusalén en 70 d.C., y la Segunda Venida de Cristo.
Justo antes de Su discurso en Mateo 23:36, Jesús le dijo al liderazgo representativa de Israel: “De cierto os digo: Vendrán todas estas cosas sobre esta generación,” con “todas estas cosas” refiriéndose al juicio contra Israel y su desolación. Entonces, en 38-39 Él menciona Su Segunda Venida como algo que sucedería después de la desolación de Israel, en un tiempo cuando ellos estarían dispuestos a recibirlo como Su Mesías y Rey. Él les dijo:
“He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, HASTA QUE digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:38-39)
Los Preteristas dirían que Dios rechazó a Su pueblo Israel para siempre como nación. Sin embargo, Jesús habla de su juicio como temporal, continuando “hasta que” llegue el momento cuando Israel dirá, “Bendito el que ‘viene’ en el nombre del Señor.” El Evangelio de Lucas, que da más detalle acerca del juicio y desolación de Israel en 70 d.C., también presenta el juicio de Israel como algo temporal, diciendo:
“Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:23-24)
Más adelante Pablo recibió mayor revelación acerca del juicio contra Israel y su liberación y restauración después, cuando Cristo vuelve otra vez. Él dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, HASTA QUE haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.” (Rom 11:25-27)
Aquí Pablo nos dice que el juicio contra Israel es temporal, continuando “hasta que” haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, todo Israel será salvo y restaurado cuando Cristo, el Libertador, venga desde Sion, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo. Cuando Cristo viene por segunda vez no será para la destrucción de Israel, como afirman los Preteristas, sino para su liberación. Tristemente, muchos, incluso a los Preteristas, ignoran este misterio, creyendo que la Iglesia ha reemplazado a Israel como pueblo. Demuestro la naturaleza temporal del juicio de Israel en mi blog: “¿Ha Reemplazado la Iglesia a Israel?”
Así que, vemos que hay una separación necesaria entre la desolación y dispersión de Israel y su liberación en la Segunda Venida de Cristo cuando otra generación dirá: “Bendito el que viene en el nombre del Señor.”
El Discurso en el Monte de los Olivos tiene un Cumplimiento Doble
Después de declarar acerca de la desolación y Su venida posterior a ella, cuando Israel finalmente lo recibirá, Jesús continúa diciendo en el próximo versículo que no quedará piedra sobre piedra del templo, que no sería derribada. Fue después de esto que Sus discípulos le hicieron la pregunta doble: “Dinos, 1) ¿cuándo serán estas cosas, y 2) qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).
En el contexto, ya hemos visto que Jesús habló de “estas cosas” (la desolación de Israel y la destrucción de su templo) que vendría sobre esa misma generación, y su posterior venida cuando Israel estaría dispuesto a recibirlo. Todo el discurso es la respuesta de Jesús a sus dos preguntas. Aunque existen muchos paralelos entre los dos eventos, el lector cuidadoso descubrirá que son claramente distintas.
En el relato de Lucas, los discípulos son presentados como solamente preguntándole a Jesús acerca del tiempo de la desolación de Israel, la que Jesús acaba de decirles que sucedería en esa misma generación (Lucas 21:7), y de acuerdo con esa pregunta Él da más detalles acerca de la desolación de Jerusalén, mientras que, el Evangelio de Mateo, Él responde a ambas preguntas, pero dando más detalles acerca de los eventos relacionados con la Segunda Venida de Cristo.
Por ejemplo, en Lucas, Jesús les dijo a los cristianos que huyeran de Jerusalén tan pronto como vean que los ejércitos romanos rodearan a la ciudad, y Lucas incluye la declaración del juicio contra Israel que ocurriría en ese tiempo:
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución…porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:20-24)
Como podemos ver aquí, el asedio de Jerusalén por los ejércitos romanos es seguido por la dispersión prolongada de los judíos y la ocupación gentil de Jerusalén. En contraste, en el Evangelio de Mateo, vemos más detalle acerca del fin de la época y los eventos indicando la Segunda Venida de Cristo. En Mateo 24:14, Jesús dijo que el fin de la época no llegaría hasta que el evangelio haya sido predicado por todo el mundo. Él dijo:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo (οἰκουμένη), para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)
Es muy obvio que esto no fue cumplido antes de 70 d.C. Hasta el día de hoy, no podemos decir que todo el mundo habitado ha oído el evangelio. En los versículos que siguen esto, vemos otro mandato a huir. Sin embargo, en contraste con el relato de Lucas que los mandó a huir de Jerusalén al ver los ejércitos rodeando a Jerusalén, vemos el mandato a huir de Judea cuando ven la abominación desoladora en el lugar santo:
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa… 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:15-17; 21-22)
Mientras es posible que un lector casual podría pensar que Jesús está hablando del mismo evento en ambos Evangelios, cuando uno los examina más de cerca, llega a ser evidente que en el Evangelio de Mateo Jesús se está refiriendo a Su Segunda Venida cuando eventos sin precedentes llegan a ser tan severo como para destruir toda carne, requiriendo Su intervención para salvar a Su remanente elegido. Cuando Él viene otra vez, no será para la destrucción de Israel, sino para su liberación. El profeta Daniel vio la misma venida, y allí Él también es presentado como volviendo para la liberación de Israel después de la misma Gran Tribulación sin precedentes. Daniel dijo:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (eonian), y otros para vergüenza y confusión perpetua (eonian).” (Dan 12:1-2)
Jeremías también habla de la misma tribulación sin precedentes como “tiempo de angustia para Jacob” y también dice que Israel será liberada en ese tiempo (Jer 30:7-9). Tanto Jesús, como Daniel, describen una resurrección corporal cuando Israel es liberado al final de la Gran Tribulación (Mateo 24:30-31). Ninguna resurrección física ocurrió en 70 d.C., y Israel no fue liberada por la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, fue dejado desolada y dispersada en juicio.
Vale notar que los Padres Apostolicos vieron la abominación desoladora en Mateo 24 como algo futuro, seguido por el retorno visible de Cristo, mientras que los Padres que comentaron sobre Lucas 21:20 entendían la referencia de los ejércitos rodeando a Jerusalén como algo que ocurrió en 70 d.C.. [1] Nadie en ese entonces, sea cristiano o secular, indicó que entendían que Cristo había venido en ese tiempo.
Tiempo de la Destrucción de Jerusalén revelado – Tiempo de la Segunda Venida no revelado
La única señal dada por Jesús para indicar que la desolación de Israel estaba inminente fue que verían a los ejércitos rodeando a Jerusalén (Lucas 21:20). Jesús les dijo a los cristianos que huyeran a los montes al verlo, y la historia confirma que ellos obedecieron, huyendo a Pella antes de que Jerusalén fuera completamente rodeada.
En contraste con la desolación de Israel que ocurrió en 70 d.C., Jesús dio muchas señales que indicarían cuando Su venida estuviera inminente. Una que ya hemos considerado era que el evangelio habrá sido predicado a todas las naciones del mundo antes de que venga el fin y Cristo vuelva.
Otra señal que vimos es que habría “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21-22). Es cierto que el asedio romano de Jerusalén era un tiempo de tribulación para los judíos. Según Josefo, más de un millón de judíos perecieron. Sin embargo, la tribulación descrita por Jesús es de una escala global sin precedentes. Él dijo que jamás habría algo igual después. Sin embargo, en la tribulación bajo el régimen Nazi, murieron casi seis veces más judíos, sin tomar en cuenta los millones de judíos que murieron después, bajo el régimen de Stalin. Claramente, Jesús estaba refiriéndose a la Gran Tribulación de tres años y medio, descrito con más detalle en Daniel y en el libro de Apocalipsis donde el número de fatalidades son miles de millones a nivel mundial, y no simplemente un poco más de un millón de judíos que murieron en la ciudad de Jerusalén en 70 d.C. (Apo 6:8; 9:15).
Además, Jesús dijo que cuando Él venga, cada ojo de todos los tribus de la tierra lo verán viniendo (Apo 1:7; Mateo 24:30; 2Tes 2:8; Apo 6:12-17). En aquel tiempo algunos estarán durmiendo en un lado del mundo, mientras que otros estarán trabajando en los campos en pleno día (Lucas 17:34-36; Mateo 24:40-41). El Señor juntará a Sus elegidos de todo el mundo en ese momento (Mateo 24:30-31). Algunos serán llevados, mientras que otros serán dejados. Claramente, Jesús no vino en 70 d.C. Cristo simplemente dejó Jerusalén desolada debido a su rechazo del reino (Mateo 23:38-39). No vino para destruir personalmente a Jerusalén en 70 d.C. Cuando Cristo viene, será para salvarlos de sus enemigos – no para destruirlos.
A la vez que Jesús era específico en indicar el tiempo de la desolación de Israel, Él era enfático en decir que el tiempo de Su Segunda Venida solamente fue conocido por el Padre (Mateo 24:36). Momentos antes de que Cristo ascendió al Padre, los discípulos persistían en preguntarle a Jesús cuándo iba a restaurar el reino a Israel. En respuesta, Jesús no solamente les dijo que no les fue dado a conocer “el día ni la hora” de Su venida, sino que ni siquiera les tocaba saber “los tiempos y las sazones” que el Padre puso en Su sola potestad (Hch 1:7). En lugar de esto, Jesús les dijo en otras palabras lo que Él ya les había dicho antes en el Discurso del Monte de los Olivos – Él les dijo que tenían que predicar el evangelio a todas las naciones como testigo por todo el mundo antes de que viniese el fin (Mateo 24:13). Después de decirles que no les tocaba saber los tiempos y las sazones, Él repitió su tarea, la Gran Comisión:
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch 1:7-8)
Aunque el evangelio fue proclamado en muchas naciones alrededor de Judá en esa primera generación, aún no ha sido predicado a todas las naciones del mundo entero.
Dos Generaciones Distintas
Aunque creo que, por intención divina, no es algo aparente a primera vista, Jesús dirigía la palabra a dos generaciones distintas en el Discurso del Monte de los Olivos. Mientras que dijo acerca de la desolación de Israel, “todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:36), refiriéndose a aquellos viviendo en ese tiempo, Él después dio señales específicas que indicarían cuándo Su retorno y el fin estarían cerca. En ese contexto, Él se dirige a la generación que verá las señales de Su venida y el fin de la época, diciendo:
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” (Mateo 24:32-34)
¿Cuáles son las señales que Él mencionó que indicarían que el fin estaba cerca? En Mateo 24:7-8, Él dijo que cuando nación se levanta contra nación, y reino contra reino con pestes, hambres y terremotos en muchos lugares, eso sería el principio de los dolores de parto, indicando que el fin se acerca.
Después de esto, en los versículos 9-10, Él dijo que seríamos aborrecidos por todas naciones y perseguidos, y muchos se apartarían de la fe (cf. 2Tes 2:1-4). En 11-13, Él advirtió que muchos falsos profetas se levantarían engañando a muchos, y que la maldad aumentaría de tal manera que el amor de muchos se enfriará, pero los que perseveran hasta el fin serán salvos. Aquí quiero señalar que perseverar hasta el fin tiene referencia a perseverar hasta que Cristo venga, no hasta que Jerusalén fue destruido en 70 d.C. En el versículo 24, Él dijo que los falsos profetas harían grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos.
En el versículo 15, Él da la señal de la abominación desoladora en el lugar santo en el templo de Jerusalén, diciendo que los que están en Judea en ese tiempo tendrían que huir porque comenzarán entonces la Gran Tribulación. Los Padres Apostólicos, de manera unánime, creían que esto era algo que todavía tenía que a ocurrir en su futuro. Años después de la destrucción del Templo de Herodes en 70 d.C., Ireneo (160 – 230 d.C.) dijo:
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [2]
“Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [3]
De la misma manera como los Futuristas hoy en día, los Padres Primitivos creían, según las Escrituras, que el templo en Jerusalén sería reconstruido y la abominación desoladora puesto en el templo, comenzando el tiempo de la Gran Tribulación.
Finalmente, Jesús da las señales que sucederán inmediatamente antes de Su venida:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:29-31)
Es en este contexto que Jesús dice en 34, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” “Esta generación,” en su contexto, refiere a la generación que ve el principio de las señales específicas cumplidas que Él mencionó. No existe récord de nadie diciendo que vio venir el Hijo del Hombre en 70 d.C., y mucho menos vemos mención de todas las tribus de la tierra lamentándose por haberlo visto venir con poder y gran gloria.
“No gustarán la muerte, hasta que hayan visto…”
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 16:28-17:5)
Los Preteristas a menudo citan Mateo 16:28 como evidencia de que Cristo tuvo que haber venido por segunda vez y establecido Su reino sobre la tierra en 70 d.C., mientras muchos de los discípulos aún vivían. Sin embargo, cuando uno lee los siguientes versículos, llega a ser evidente que la venida de Su reino a que Él se refería ocurrió solamente seis días después, cuando Cristo fue transfigurado ante Pedro, Jacobo y Juan, dándoles una revelación de Su reino venidero. Pedro mismo hizo referencia a esto como una prevista de la venida de Cristo en Su reino. Él dijo de su encuentro con el Cristo glorificado en el monte:
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pedro 1:16-18)
Pedro claramente entendió la declaración de Jesús, “hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” como algo cumplido cuando ellos vieron a Jesús transfigurado en el monte con Moisés y Elías.
Un Retraso Aparente Implícita en las Parábolas
Aunque Jesús mandó a Sus discípulos vivir en un estado de expectativa, diciéndoles, “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44), al mismo tiempo Él implicaba en parábolas que Él no vendría en el marco del tiempo anticipado por Sus seguidores.
En la parábola del siervo fiel y el siervo malo, Jesús dijo que el sirviente malo diría en su corazón, “mi señor tarda en venir,” y en vez de ocuparse en el servicio de su señor, el comenzó a vivir según sus propios deseos carnales (Mateo 24:48-51). En la parábola de las diez vírgenes, “el esposo se tardó en venir.” Se tardó tanto que incluso las vírgenes prudentes cabecearon y durmieron, y tuvieron que ser despertados para recibir el esposo (Mateo 25:5). En la parábola de los talentos, Él comparó Su venida a un hombre que “fue lejos,” no volviendo hasta “después de mucho tiempo” (Mateo 25:14,18).
Es evidente que Jesús quería que Sus discípulos vivieran en anticipación de Su pronto retorno, ocupado en cumplir la Gran Comisión con la expectativa que Él podría volver en su generación, mientras que Él, al mismo tiempo, indicaba indirectamente a través de Sus parábolas que Su retorno podría estar mucho más en el futuro lejano de lo que ellos anticipaban. Él concluyó Sus parábolas con un llamado, no solamente para Sus discípulos, sino también para las generaciones futuras, a estar vigilando. Él dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).
Su Casa tiene que estar llena
A Pablo le fue revelado que en este tiempo ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, Cristo, el Libertador, vendrá de Sion, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:25-26).
Aquí vemos que Cristo no vendrá otra vez hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles haya entrada en el redil. Tan pronto como el último de las primicias escogidas de entre los gentiles haya entrado en el redil Cristo vendrá, y todo Israel será salvo cuando ellos miran a Él, a quien traspasaron (Zac 12:10). Entonces, la nación de Israel volverá a nacer en un solo día (Isa 66:8-10).
En la parábola de la gran cena, Jesús también implicó que Él no iba a volver hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. En esta parábola, el señor había planeado un gran banquete para sus invitados (los invitados representando a la nación de Israel). Pero Israel rechazó la invitación. El señor se enojó y dijo a su siervo que trajera a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (refiriéndose a los samaritanos que fueron menospreciados por los judíos). Habiendo invitado a ellos, todavía quedaban muchas sillas vacías. Entonces, Jesús, haciendo referencia a los gentiles, dijo a continuación:
“Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.” (Lucas 14:23-24)
Esta parábola de la casa del señor siendo lleno con aquellos de los caminos y vallados, refiriéndose a los gentiles en vez de los judíos que originalmente fueron los invitados, es paralelo con lo que Pablo vio acerca de la plenitud de los gentiles. Dios está esperando, sin comenzar el banquete, hasta que Su casa se llene. Tan pronto entre la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena, Cristo vendrá.
Esta es la razón que Pedro dio por la aparente demora en la venida de Cristo. Después de decir que en los postreros días seríamos ridiculizados por seguir esperando Su venida, él explicó:
“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente PARA CON NOSOTROS, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:8-9)
Aquí vemos que, contrario a como algunos piensan, el Señor no ha demorada Su venida. Dado que Él habita la eternidad, “pronto” no significa lo mismo para Él como significa para nosotros. Entonces, Pedro explica porqué Él todavía no ha venido. El es paciente para con nosotros, esperando hasta que todos nosotros – Sus elegidas primicias, hayamos venido al arrepentimiento. En otras palabras, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena.
“El tiempo está cerca… Vengo pronto”
En el libro de Apocalipsis, Jesús comienza diciendo, “el tiempo está cerca,” y tres veces Él repite la frase “Vengo pronto” (Apo 1:3; 3:11; 22:7,12). Muchos se escandalizan por el hecho de que casi 1900 años han trascurrido desde que Jesús hizo estas declaraciones. Los Preteristas intentan argumentar que el libro de Apocalipsis fue escrito antes de 66 d.C., en vez de la fecha generalmente aceptada de 96 d.C., a fin de poder argumentar que Cristo quiso decir que iba a venir en 70 d.C. Presento los argumentos en contra de la fecha temprana para Apocalipsis en mis blogs: “The Objective Evidences for a Late Dating of John’s Revelation” y “The Interpretive Arguments for an Early Dating of John’s Revelation.”
En mi libro, “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Demuestro con más detalle porqué la venida de Cristo todavía está en el futuro. Pero, sin entrar en más detalle aquí, debe ser evidente a cualquier estudiante de las Escrituras y de la historia que ningún evento en la historia podría ser razonablemente considerado como la Segunda Venida de Cristo con poder y gran gloria para recibir a Sus escogidos y reinar sobre la tierra.
Las amonestaciones para estar vigilantes porque el tiempo está cerca, tienen que ser entendidas a la luz de la abundancia de Escrituras que claramente implican una demora. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles tiene que entrar, llenando Su casa. Solamente el Señor sabe cuándo eso habrá sucedido.
También, como explicó Pedro, tenemos que tomar en cuenta la naturaleza relative del tiempo. Nuestro sentido del tiempo no es lo mismo que lo del Señor. Para Él, un día es como mil años, y mil años como un día. Es comparable con el sentido del tiempo para un niño, comparado con lo de un adulto mayor. Cuando mis hijos eran pequeños, a menudo hacíamos viajes largos en carro, hasta viajando de California a Guatemala un par de veces. Como un adulto que había hecho el viaje antes, yo sabía cuánto tiempo iba a durar el viaje, y para mí el viaje parecía mucho más corto que a mi hijo Cristian de 4 años. Después de una hora, él ya estaba quejándose, preguntándonos porqué estábamos demorando tanto en llegar. Hubiera sido inútil explicarle cuánta carretera quedaba por delante porque él era demasiado pequeño para entenderlo. Al principio, le decía que íbamos a llegar pronto e intenté mantenerlo ocupado con otras cosas para no estar tan consciente del tiempo. Cuando eso ya no funcionaba, le diría algo como, “cuando ves un puente grande, estaremos acercándonos al destino,” o “cuando ves el océano, nos falta poco.” Mi esposa Norma y yo sabíamos desde el comienzo cuánto tiempo duraría el viaje, pero hubiera sido inútil intentar a explicarle cuánto tiempo duraría el viaje porque él no habría entendido. Y aún si él hubiera podido comprender el tiempo requerido para llegar, solo habría hecho el viaje más insoportable para él.
Creo que, de manera semejante, el Señor les dijo a Sus discípulos que no era para ellos saber los tiempos y las estaciones, sino que se ocuparan con proclamar el evangelio por toda la tierra, al mismo tiempo que estén vigilando por las señales que indicarían que Su venida estaba a las puertas. Que Él nos encuentre ocupado haciendo lo que Él nos comisionó a hacer cuando Él venga.
“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mateo 24:44-46)
[1] Hipólito (170 a 236 d.C.), Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
Tertuliano (160 a 220 d.C.), Lucas 21:1-38
“Entonces, habiendo mostrado lo que iba a ser el tiempo de la destrucción cuando Jerusalén iba a estar rodeado de ejércitos, Él describió las señales del fin de todas las cosas: señales en el sol, en la luna y las estrellas, y sobre la tierra angustia entre las naciones en confusión – como el mar rugiendo – por razón de su anticipación de los males que vienen sobre la tierra.”
[2] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4