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¿Realmente quieres ir por ese camino?
por George Sidney Hurd
Actualmente se está produciendo un cambio sin precedentes dentro del cristianismo evangélico, principalmente entre los millennials, en los que las creencias tradicionales están siendo reexaminadas y, en la mayoría de los casos, abandonadas por completo. Este proceso es lo que comúnmente ellos denominan deconstrucción de su fe o desconversión. Va acompañado de un éxodo masivo de las iglesias locales en una escala mucho mayor que la que ocurrió en Europa durante el siglo pasado.
Uno de los muchos grupos de apoyo para el Movimiento de la Desconstrucción que tiene el nombre Deconstruction Network dice que, ¡actualmente 81.000 personas desilusionadas están abandonando las iglesias cada mes en los Estados Unidos! Según esta fuente, los Evangélicos deconstruidos abandonando las iglesias es el grupo con mayor crecimiento en la Iglesia Occidental y está aumentando exponencialmente a un paso fenomenal. Ellos dicen, “el movimiento de los deconstruidos que han abandonado la iglesia está aumentando al menos dos veces más rápido que la iglesia evangélica.” [i]
Muchos de las personas que están siendo llevadas por este movimiento no están conscientes de que su fe está siendo deconstruida. De hecho, muchos que están siendo deconstruidos ni siquiera están familiarizados con el término. La Deconstrucción Espiritual es un proceso donde uno comienza a cuestionar todo su sistema de creencias, comenzando con cuestionar la fiabilidad de las mismas Escrituras en que su fe había sido fundada.
El Deconstruccionismo es un aspecto integral del Posmodernismo que niega la existencia de verdad absoluta y objetiva. El concepto filosófico fue introducido a la educación universitaria en los años ’60 y ’70 por el filósofo francés Jacques Derrida que argumentaba que el significado de la literatura escrita es fluido e indefinible. De eso argumentaba que no puede existir una metanarrativa (gran historia) definitiva como lo que encontramos en la Biblia que nos permitiera definir la realidad y encontrar significado y propósito en la vida. Él se oponía a lo que denominaba la cultura Occidental y abogaba por la deconstrucción de la historia, la sociedad y las instituciones, incluyendo a la Iglesia.
Después de que una generación de universitarios había sido indoctrinada en este pensamiento nuevo y relativista, comenzó a infiltrarse en nuestra sociedad, en la política, y más importante dentro de la Iglesia – especialmente entre la generación del milenio.
El Deconstruccionismo fue introducido a la Iglesia principalmente por el Movimiento Emergente de la Iglesia por pensadores Progresivos como Brian McLaren, Rob Bell y Doug Pagitt. Eruditos como N T Wright están provocando un movimiento más sutil y reservado hacia la deconstrucción entre evangélicos, lo que ha provocado que muchos cristianos que siempre han sido conservadores, cuestionen creencias arraigadas desde hace mucho tiempo....
La Deconstrucción Constructiva
Lo que confunde a muchos es que hay una forma legítima e incluso necesaria de deconstrucción a la que todos tenemos que someternos si vamos a ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento (1Tes 5:21; Rom 12:2; Ef 4:22-23). Hemos acumulado creencias y prácticas que no están de acuerdo con la verdad que necesitan ser identificados y corregidos. ¿Pero cómo definimos la verdad?
He oído a muchos compartir acerca de cómo su búsqueda de la verdad los llevó a abandonar el cristianismo, llegando a ser agnósticos o ateos. Un grupo de red de la Deconstrucción dijo de ellos mismos: “Este grupo de personas amamos la verdad, ya no nos conformamos con aceptar las cosas como aparentan ser.” [ii] Sin embargo, el punto crucial es nuestra definición de la verdad. Demasiado a menudo, lo que consideran la verdad es nada más lo que dicen los filósofos, los científicos o lo que los críticos del texto divino afirman como verdad. Pero, todos ellos tienen un perjuicio contra la verdadera verdad que es la Palabra de Dios (Sal 119:160).
Muchos que han rechazado la autoridad de las Escrituras como la única fuente de verdad infalible dirían que son seguidores de la Palabra, (Seguidores de Jesús) y no de la palabra escrita. Sin embargo, para ser un verdadero seguidor de Jesús uno tiene que ver la Palabra escrita a través de Sus ojos, y cuando Jesús intercedió al Padre por nosotros en Juan 17:17, Él dijo de las Escrituras: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” . Él dijo que la Escritura no puede ser quebrantada y que ni una jota ni una tilde puede pasar sin ser cumplida (Jn 10:35; Mt 5:18; cf. Mt 26:54; Marcos 14:49; Lucas 24:44). Igual como los Apóstoles después de Él, Jesús dijo que las Escrituras salían de la boca de Dios y que debemos vivir por ellas (Mt 4:4; cf. 2Tim 3:16). Cuando lo cuestionaron acerca de un tema, Él apelaba a las Escrituras como la última palabra. (Mt 19:4-6; 21:42; 22:29; Marcos 12:24). Examino las afirmaciones de la Palabra escrita hechas por Jesús en mi blog, “ ¿Qué Significa la Palabra Palabra para Jesús?”
Cuando Jesús dijo, “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres,” Él estaba refiriéndose a la verdad de la Palabra de Dios y no lo que dicen los hombres finitos. Es por eso que Pablo dijo, “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Rom 3:4). Pablo iguala la verdad con la Palabra escrita de Dios en 2Timoteo 4:2-4:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
Previendo nuestros días, Pablo dijo que el tiempo vendría cuando los hombres ya no estarían dispuestos a escuchar a la verdad de la Palabra de Dios porque confronta el pecado en sus vidas. En vez de eso, ellos tendrían un apetito insaciable de los maestros que les dijeran lo que quieren escuchar – maestros que convertirán en mito la verdad obvia de las Escrituras para acomodarlas a su estilo de vida pecaminoso. Ellos estarán “siempre aprendiendo, pero sin llegar al conocimiento de la verdad” porque los falsos maestros solamente les dirán lo que satisfaga su comezón de oír (2Tim 3:7).
Entonces, los que han sido llevados por esta nueva ola de Deconstruccionismo han sido engañados a pensar que están en una búsqueda de la verdad al mismo tiempo que están negando la veracidad de la Palabra de Dios que es la única fuente de verdad infalible y objetiva. Muchos de ellos piensan que están entrando en un nuevo renacimiento cultural, cuando en realidad es todo lo contrario.
Creo que lo que estamos viendo es en realidad la gran apostasía de que Pablo dijo que prepararía el camino para la revelación del Anticristo, el hombre del pecado (2Tes 2:3). Para mí es trágico que eruditos prominentes como N.T. Wright hayan engañado a muchos dentro de la Iglesia, diciendo que la advertencia de Pablo aquí solo tenía aplicación a la generación antes del año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del Milenio. Nerón se suicidó en el año 68 d.C. En contraste, Pablo dice que el hombre de pecado será destruido por el resplandor de la venida de Cristo (2Tes 2:8). El hombre de pecado no era Nerón y Cristo no vino en el año 70 d.C.
Pablo dice que Dios seguirá reteniendo el misterio de la iniquidad hasta el tiempo de la manifestación del Anticristo. Creo que la desconstrucción de la fe (o en términos bíblicos la apostasía de la fe), de tantos hoy en día es el predecesor de la manifestación del hombre del pecado. El engaño será tan poderoso que solamente aquellos que amen la verdad lo suficiente como para ir en contra de la corriente y sufrir por aferrarse a la verdad de Dios serán salvos de esta gran apostasía. En 2Tesalonicenses dos nueve a doce, Pablo dice de este tiempo:
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12 cf. Dan 11:32)
La deconstrucción constructiva es fundamentada en un amor de la verdad de las Escrituras en vez de un abandono a ella. De hecho, para evitar apostatarnos de la fe en esta hora final es imperativo que examinemos cuidadosamente todo lo que los hombres nos presenten como si fuera verdad a la luz de la verdad de Dios, y si lo que dicen no se alinea con la verdad de la Palabra de Dios tenemos que deconstruir sus enseñanzas, exponiendo su error en vez de abrazarlo, aún si eso implica ir en contra de la corriente. Los de Berea fueron encomiados porque ellos deconstruyeron sus creencias anteriores a la luz de las Escrituras. Dice de ellos:
“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hch 17:11)
Para poder recibir lo que Pablo les presentó, tenían que estar dispuestos a deconstruir sus creencias anteriores. Sin embargo, contrario a lo que a menudo vemos hoy en día, ellos no juzgaban las enseñanzas de Pablo basados en la sabiduría de su época, sino que escudriñaban las Escrituras, comprobando lo que Pablo decía con lo que Dios Mismo ya había revelado. Para ellos, la enseñanza sencilla y obvia de la Palabra de Dios era lo que separa la verdad del error.
En contraste con la forma de pensar relativista de la Posmodernidad donde toda verdad es relativa y la opinión de uno es tan válida como la otra, aquellos a quien Pablo predicaba creían en la verdad absoluta. Por eso, Pablo podía discutir o razonar con ellos desde las Escrituras, resultando en que algunos se arrepintieran y creyeran en la verdad (Hch 17:2,17; 18:4; 24:25). Cuando hacía esto, él simplemente estaba siguiendo el ejemplo de Jesús, dado que Jesús también convencía de la verdad basado en las Escrituras (Lucas 24:25-27).
Deconstrucción Destructiva
La Deconstrucción Posmoderna es un desmantelamiento destructivo de la fe en Dios y en Su Palabra en vez de perfeccionarla. Socava a los mismos pilares sobre los cuales es fundamentada nuestra fe – la Palabra escrita de Dios, y deja al individuo a la deriva en el mar de la relatividad sin nada a qué aferrarse.
Wrett y Link, conocidos por su canal popular de YouTube Good Mythical Morning, comparten como ellos se deconstruyeron de ser ministros activos en la iglesia Evangélica, llegando a ser agnósticos. [iii] Wrett comparte como él ha permanecido en un mar de incertidumbre junto con su esposa e hijos desde el día en que abandonó su fe en Cristo y en el cristianismo después de deconstruir su fe. Él confiesa que ahora es un agnóstico que ha perdido su apetito por la certidumbre. Esto es lo que Pablo describe como naufragarse en cuanto a la fe (1Tim 1:18-19).
Es inevitable que ocasionalmente luchemos con la duda, pero la duda no debe ser abrazada, sino reemplazada con fe en Dios y en Su Palabra. La duda no es una virtud que debemos nutrir, como dicen muchos Deconstruccionistas. Puede que un creyente luchara con dudas de vez en cuando, y si nuestras dudas hacen que busquemos al Señor para entendimiento, puede ser algo productivo. Sin embargo, una vez comencemos a abrazar la duda como si fuera una virtud, nos convertimos en escépticos en vez de creyentes.
En más de una ocasión Jesús reprochó a Sus discípulos por dudar (Mt 14:31; 16:8; Jn 20:27-29; Lucas 12:28; 24:25; Marcos 11:22-23). Si estás luchando con la duda, confiésalo a Dios y pide revelación y gracia para poder confiar aun cuando tu fe está siendo probada. El padre que trajo a su hijo endemoniado a los discípulos de Jesús estaba luchando con la duda al ver que ellos no podían echarlo fuera. Cuando llegó Jesús su fe estaba muy baja. Él le dijo a Jesús: “si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.” Jesús le respondió: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” Me fascina la respuesta del padre a Jesús en medio de su lucha con la duda porque muestra la actitud que debemos tener frente a la duda:
“E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24; cf. Jn 6:60-69)
Si tenemos un corazón conforme a Dios y un deseo de confiar en Él a pesar de nuestras dudas, Él extenderá Su gracia hacia nosotros y nos librará de ellas, así como Jesús hizo para el padre, sanando a su hijo. La mayoría de los Salmos y también el libro de las Lamentaciones son clamores a Dios semejantes para poder confiar en medio de la duda, y siempre terminan en la intervención de Dios por gracia. Dios extiende Su gracia a nosotros cuando tenemos un corazón dispuesto a creer en Él.
La prueba de nuestra fe en esta vida es una parte esencial de nuestro desarrollo espiritual, y con ese fin Dios a menudo permite que nuestra fe sea probada como oro en el fuego (1Pedro 1:6-7). Sin embargo, sin fe es imposible agradar a Dios porque sin fe nuestra relación con Él permanece superficial y no crecemos en nuestra fe como Él desea (Heb 11:6). Las Escrituras nos exhortan a edificarnos unos a otros en la fe. Judas, el medio hermano de nuestro Señor dijo:
“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. 22 A algunos que dudan, convencedlos. 23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.” (Judas 20-23)
A pesar de esto, los Deconstruccionistas hablan de la deconstrucción de la fe como si fuera algo necesario para el progreso espiritual de uno. Pablo dice que la fe viene por oír la Palabra de Dios (Rom 10:17). En contraste a esto, los Deconstruccionistas consideran la socavación de nuestra fe en la Palabra de Dios como esencial para nuestra deconstrucción.
Un Deconstruccionista llamado Keith Giles escribió un blog en el grupo Deconstruccionista Patheos, entitulado Las 6 Pilares de la Deconstrucción Religiosa. Él habla de los seis pilares de la fe cristiana que necesitan ser demolidos para poder avanzar espiritualmente. Como siempre, el primer pilar y fundamento de la fe cristiana que él dice que es necesario destruir, para avanzar espiritualmente, es nuestra creencia de que la Biblia es la Palabra de Dios e infalible. Él dice:
“Como los cristianos tienden a basar su fe en la Biblia, ellos también sienten la necesidad de sobreestimar su importancia, tomándola como el punto central para todo lo que valoran. Por lo tanto, una vez que empieces a dudar su aseveración de que la Biblia es infalible y sin errores, toda su fe se derrumba.” [iv]
Ellos entienden que, una vez que uno pierde su confianza en la Biblia como la Palabra infalible de Dios, toda verdad llega a ser relativa y el proceso de la deconstrucción en todas las demás doctrinas cristianas es inevitable. A menudo ellos insisten que son seguidores de Jesús y no de la Biblia. Sin embargo, el nombre “Jesús” es nebuloso una vez que lo separamos de su contexto bíblico. Hay supuestos “maestros ascendidos” que se dicen ser Jesús o el Cristo, pero son anticristo y no tienen nada en común con el Jesús de la Biblia. El Jesús de la Biblia nos advirtió diciendo:
“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” (Mt 24:24)
Los musulmanes creen en Jesús, pero si declaras que Jesucristo es Dios encarnado como enseña la Biblia, lo negarían, y según las mismas Escrituras eso los hace anticristo:
“todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.” (1Jn 4:3; cf. Mt 1:23; Isa 7:14; Isa 9:6)
En 1Timoteo 4:1-2, Pablo nos advirtió que en los postreros días muchos apostatarían (deconstruirían) de la fe, quedando de esta manera vulnerables a espíritus del engaño y doctrinas de demonios. Él dijo:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.”
Así como Jesús nos advirtió, hoy en día hay muchos espíritus haciéndose pasar por el espíritu de Cristo, pero cuando los examinamos a la luz de las Escrituras podemos discernir que en realidad son anticristo y enseñan doctrinas de demonios en vez de las sanas doctrinas de las Escrituras. No todo espíritu que se identifica como Cristo es Cristo en realidad. Es por eso que Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1Jn 4:1). Si hemos deconstruido nuestra fe en la Palabra escrita de Dios como infalible, ¿de qué manera podemos probar a los espíritus? ¿Cómo sabemos que nuestro encuentro místico con “Cristo” es en realidad Cristo y no un anticristo disfrazado como si fuera Él? O ¿Cómo saben que el espíritu que se identifica como Espíritu es en realidad el Espíritu Santo y no otro espíritu pasándose por Él?
Es por eso que Pablo dijo que debemos de predicar la Palabra con insistencia, aun cuando la cultura la haya desechado como obsoleta (2Tim 4:2-4). Es por eso que Judas, dijo de las Escrituras: “me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).
En conclusión, creo que estamos viviendo en los últimos días y que la Segunda Venida del Cristo de las Escrituras está en nuestro futuro cercano, y creo que es esencial que la Iglesia reconozca esto. Sin embargo, la creencia en el pronto retorno de Cristo está siendo atacada como nunca antes. El quinto pilar de la fe cristiana que el Deconstruccionista Keith Giles insiste que tiene que ser derrumbado es la creencia de que estamos viviendo en los últimos tiempos. Una nueva escatología que está siendo promovida por los Deconstruccionistas es el Preterismo o la creencia de que los últimos días finalizaron y Cristo ya vino con poder y gran gloria en el año 70 d.C. para destruir a Jerusalén a través del ejército romano. En mi libro, “Los Últimos Días, ¿Pasados o Presentes?” demuestro por las Escrituras que esta doctrina nueva no es bíblica. Esta doctrina ha logrado que muchos cristianos ignoren las mismas señales que Jesús y los Apóstoles nos dieron para evitar ser engañados en esta hora final. Además, sin duda resultará en que muchos tropiecen y deconstruyan su fe, llegando a ser ateos cuando entran en gran tribulación en vez de que el mundo esté cada vez mejor, como los Preteristas les han hecho creer.
A Pablo le fue revelado que en los postreros días muchos apostatarán de la fe, y eso es el objetivo explícito de los Deconstruccionistas. Jesús presenta la pregunta retórica: “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará la fe en la tierra?” (Lucas 18:8). La Iglesia en esta hora final necesita seguir predicando con insistencia la Palabra de Dios más que nunca, contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos en vez de procurar deconstruirla. Pablo dijo que “las Sagradas Escrituras…te pueden hacer sabio para la salvación” (2Tim 3:15). Como dice Judas, en vez de dejarnos llevar por el espíritu de esta época, debemos de estar edificándonos en nuestra santísima fe (Judas 1:20). Como Pablo dijo en Tito 2:13, sigamos aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
[i] https://thedeconstructionnetwork.com/
[ii] https://thedeconstructionnetwork.com/
[iii] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
[iv] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
[i] https://thedeconstructionnetwork.com/
[ii] https://thedeconstructionnetwork.com/
[iii] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
[iv] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
[1] https://thedeconstructionnetwork.com/
[2] https://thedeconstructionnetwork.com/
[3] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
[4] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
Actualmente se está produciendo un cambio sin precedentes dentro del cristianismo evangélico, principalmente entre los millennials, en los que las creencias tradicionales están siendo reexaminadas y, en la mayoría de los casos, abandonadas por completo. Este proceso es lo que comúnmente ellos denominan deconstrucción de su fe o desconversión. Va acompañado de un éxodo masivo de las iglesias locales en una escala mucho mayor que la que ocurrió en Europa durante el siglo pasado.
Uno de los muchos grupos de apoyo para el Movimiento de la Desconstrucción que tiene el nombre Deconstruction Network dice que, ¡actualmente 81.000 personas desilusionadas están abandonando las iglesias cada mes en los Estados Unidos! Según esta fuente, los Evangélicos deconstruidos abandonando las iglesias es el grupo con mayor crecimiento en la Iglesia Occidental y está aumentando exponencialmente a un paso fenomenal. Ellos dicen, “el movimiento de los deconstruidos que han abandonado la iglesia está aumentando al menos dos veces más rápido que la iglesia evangélica.” [i]
Muchos de las personas que están siendo llevadas por este movimiento no están conscientes de que su fe está siendo deconstruida. De hecho, muchos que están siendo deconstruidos ni siquiera están familiarizados con el término. La Deconstrucción Espiritual es un proceso donde uno comienza a cuestionar todo su sistema de creencias, comenzando con cuestionar la fiabilidad de las mismas Escrituras en que su fe había sido fundada.
El Deconstruccionismo es un aspecto integral del Posmodernismo que niega la existencia de verdad absoluta y objetiva. El concepto filosófico fue introducido a la educación universitaria en los años ’60 y ’70 por el filósofo francés Jacques Derrida que argumentaba que el significado de la literatura escrita es fluido e indefinible. De eso argumentaba que no puede existir una metanarrativa (gran historia) definitiva como lo que encontramos en la Biblia que nos permitiera definir la realidad y encontrar significado y propósito en la vida. Él se oponía a lo que denominaba la cultura Occidental y abogaba por la deconstrucción de la historia, la sociedad y las instituciones, incluyendo a la Iglesia.
Después de que una generación de universitarios había sido indoctrinada en este pensamiento nuevo y relativista, comenzó a infiltrarse en nuestra sociedad, en la política, y más importante dentro de la Iglesia – especialmente entre la generación del milenio.
El Deconstruccionismo fue introducido a la Iglesia principalmente por el Movimiento Emergente de la Iglesia por pensadores Progresivos como Brian McLaren, Rob Bell y Doug Pagitt. Eruditos como N T Wright están provocando un movimiento más sutil y reservado hacia la deconstrucción entre evangélicos, lo que ha provocado que muchos cristianos que siempre han sido conservadores, cuestionen creencias arraigadas desde hace mucho tiempo....
La Deconstrucción Constructiva
Lo que confunde a muchos es que hay una forma legítima e incluso necesaria de deconstrucción a la que todos tenemos que someternos si vamos a ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento (1Tes 5:21; Rom 12:2; Ef 4:22-23). Hemos acumulado creencias y prácticas que no están de acuerdo con la verdad que necesitan ser identificados y corregidos. ¿Pero cómo definimos la verdad?
He oído a muchos compartir acerca de cómo su búsqueda de la verdad los llevó a abandonar el cristianismo, llegando a ser agnósticos o ateos. Un grupo de red de la Deconstrucción dijo de ellos mismos: “Este grupo de personas amamos la verdad, ya no nos conformamos con aceptar las cosas como aparentan ser.” [ii] Sin embargo, el punto crucial es nuestra definición de la verdad. Demasiado a menudo, lo que consideran la verdad es nada más lo que dicen los filósofos, los científicos o lo que los críticos del texto divino afirman como verdad. Pero, todos ellos tienen un perjuicio contra la verdadera verdad que es la Palabra de Dios (Sal 119:160).
Muchos que han rechazado la autoridad de las Escrituras como la única fuente de verdad infalible dirían que son seguidores de la Palabra, (Seguidores de Jesús) y no de la palabra escrita. Sin embargo, para ser un verdadero seguidor de Jesús uno tiene que ver la Palabra escrita a través de Sus ojos, y cuando Jesús intercedió al Padre por nosotros en Juan 17:17, Él dijo de las Escrituras: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” . Él dijo que la Escritura no puede ser quebrantada y que ni una jota ni una tilde puede pasar sin ser cumplida (Jn 10:35; Mt 5:18; cf. Mt 26:54; Marcos 14:49; Lucas 24:44). Igual como los Apóstoles después de Él, Jesús dijo que las Escrituras salían de la boca de Dios y que debemos vivir por ellas (Mt 4:4; cf. 2Tim 3:16). Cuando lo cuestionaron acerca de un tema, Él apelaba a las Escrituras como la última palabra. (Mt 19:4-6; 21:42; 22:29; Marcos 12:24). Examino las afirmaciones de la Palabra escrita hechas por Jesús en mi blog, “ ¿Qué Significa la Palabra Palabra para Jesús?”
Cuando Jesús dijo, “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres,” Él estaba refiriéndose a la verdad de la Palabra de Dios y no lo que dicen los hombres finitos. Es por eso que Pablo dijo, “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Rom 3:4). Pablo iguala la verdad con la Palabra escrita de Dios en 2Timoteo 4:2-4:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
Previendo nuestros días, Pablo dijo que el tiempo vendría cuando los hombres ya no estarían dispuestos a escuchar a la verdad de la Palabra de Dios porque confronta el pecado en sus vidas. En vez de eso, ellos tendrían un apetito insaciable de los maestros que les dijeran lo que quieren escuchar – maestros que convertirán en mito la verdad obvia de las Escrituras para acomodarlas a su estilo de vida pecaminoso. Ellos estarán “siempre aprendiendo, pero sin llegar al conocimiento de la verdad” porque los falsos maestros solamente les dirán lo que satisfaga su comezón de oír (2Tim 3:7).
Entonces, los que han sido llevados por esta nueva ola de Deconstruccionismo han sido engañados a pensar que están en una búsqueda de la verdad al mismo tiempo que están negando la veracidad de la Palabra de Dios que es la única fuente de verdad infalible y objetiva. Muchos de ellos piensan que están entrando en un nuevo renacimiento cultural, cuando en realidad es todo lo contrario.
Creo que lo que estamos viendo es en realidad la gran apostasía de que Pablo dijo que prepararía el camino para la revelación del Anticristo, el hombre del pecado (2Tes 2:3). Para mí es trágico que eruditos prominentes como N.T. Wright hayan engañado a muchos dentro de la Iglesia, diciendo que la advertencia de Pablo aquí solo tenía aplicación a la generación antes del año 70 d.C. y que ahora estamos viviendo en la nueva era del Milenio. Nerón se suicidó en el año 68 d.C. En contraste, Pablo dice que el hombre de pecado será destruido por el resplandor de la venida de Cristo (2Tes 2:8). El hombre de pecado no era Nerón y Cristo no vino en el año 70 d.C.
Pablo dice que Dios seguirá reteniendo el misterio de la iniquidad hasta el tiempo de la manifestación del Anticristo. Creo que la desconstrucción de la fe (o en términos bíblicos la apostasía de la fe), de tantos hoy en día es el predecesor de la manifestación del hombre del pecado. El engaño será tan poderoso que solamente aquellos que amen la verdad lo suficiente como para ir en contra de la corriente y sufrir por aferrarse a la verdad de Dios serán salvos de esta gran apostasía. En 2Tesalonicenses dos nueve a doce, Pablo dice de este tiempo:
“inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, 10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. 11 Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:9-12 cf. Dan 11:32)
La deconstrucción constructiva es fundamentada en un amor de la verdad de las Escrituras en vez de un abandono a ella. De hecho, para evitar apostatarnos de la fe en esta hora final es imperativo que examinemos cuidadosamente todo lo que los hombres nos presenten como si fuera verdad a la luz de la verdad de Dios, y si lo que dicen no se alinea con la verdad de la Palabra de Dios tenemos que deconstruir sus enseñanzas, exponiendo su error en vez de abrazarlo, aún si eso implica ir en contra de la corriente. Los de Berea fueron encomiados porque ellos deconstruyeron sus creencias anteriores a la luz de las Escrituras. Dice de ellos:
“Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” (Hch 17:11)
Para poder recibir lo que Pablo les presentó, tenían que estar dispuestos a deconstruir sus creencias anteriores. Sin embargo, contrario a lo que a menudo vemos hoy en día, ellos no juzgaban las enseñanzas de Pablo basados en la sabiduría de su época, sino que escudriñaban las Escrituras, comprobando lo que Pablo decía con lo que Dios Mismo ya había revelado. Para ellos, la enseñanza sencilla y obvia de la Palabra de Dios era lo que separa la verdad del error.
En contraste con la forma de pensar relativista de la Posmodernidad donde toda verdad es relativa y la opinión de uno es tan válida como la otra, aquellos a quien Pablo predicaba creían en la verdad absoluta. Por eso, Pablo podía discutir o razonar con ellos desde las Escrituras, resultando en que algunos se arrepintieran y creyeran en la verdad (Hch 17:2,17; 18:4; 24:25). Cuando hacía esto, él simplemente estaba siguiendo el ejemplo de Jesús, dado que Jesús también convencía de la verdad basado en las Escrituras (Lucas 24:25-27).
Deconstrucción Destructiva
La Deconstrucción Posmoderna es un desmantelamiento destructivo de la fe en Dios y en Su Palabra en vez de perfeccionarla. Socava a los mismos pilares sobre los cuales es fundamentada nuestra fe – la Palabra escrita de Dios, y deja al individuo a la deriva en el mar de la relatividad sin nada a qué aferrarse.
Wrett y Link, conocidos por su canal popular de YouTube Good Mythical Morning, comparten como ellos se deconstruyeron de ser ministros activos en la iglesia Evangélica, llegando a ser agnósticos. [iii] Wrett comparte como él ha permanecido en un mar de incertidumbre junto con su esposa e hijos desde el día en que abandonó su fe en Cristo y en el cristianismo después de deconstruir su fe. Él confiesa que ahora es un agnóstico que ha perdido su apetito por la certidumbre. Esto es lo que Pablo describe como naufragarse en cuanto a la fe (1Tim 1:18-19).
Es inevitable que ocasionalmente luchemos con la duda, pero la duda no debe ser abrazada, sino reemplazada con fe en Dios y en Su Palabra. La duda no es una virtud que debemos nutrir, como dicen muchos Deconstruccionistas. Puede que un creyente luchara con dudas de vez en cuando, y si nuestras dudas hacen que busquemos al Señor para entendimiento, puede ser algo productivo. Sin embargo, una vez comencemos a abrazar la duda como si fuera una virtud, nos convertimos en escépticos en vez de creyentes.
En más de una ocasión Jesús reprochó a Sus discípulos por dudar (Mt 14:31; 16:8; Jn 20:27-29; Lucas 12:28; 24:25; Marcos 11:22-23). Si estás luchando con la duda, confiésalo a Dios y pide revelación y gracia para poder confiar aun cuando tu fe está siendo probada. El padre que trajo a su hijo endemoniado a los discípulos de Jesús estaba luchando con la duda al ver que ellos no podían echarlo fuera. Cuando llegó Jesús su fe estaba muy baja. Él le dijo a Jesús: “si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.” Jesús le respondió: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” Me fascina la respuesta del padre a Jesús en medio de su lucha con la duda porque muestra la actitud que debemos tener frente a la duda:
“E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:24; cf. Jn 6:60-69)
Si tenemos un corazón conforme a Dios y un deseo de confiar en Él a pesar de nuestras dudas, Él extenderá Su gracia hacia nosotros y nos librará de ellas, así como Jesús hizo para el padre, sanando a su hijo. La mayoría de los Salmos y también el libro de las Lamentaciones son clamores a Dios semejantes para poder confiar en medio de la duda, y siempre terminan en la intervención de Dios por gracia. Dios extiende Su gracia a nosotros cuando tenemos un corazón dispuesto a creer en Él.
La prueba de nuestra fe en esta vida es una parte esencial de nuestro desarrollo espiritual, y con ese fin Dios a menudo permite que nuestra fe sea probada como oro en el fuego (1Pedro 1:6-7). Sin embargo, sin fe es imposible agradar a Dios porque sin fe nuestra relación con Él permanece superficial y no crecemos en nuestra fe como Él desea (Heb 11:6). Las Escrituras nos exhortan a edificarnos unos a otros en la fe. Judas, el medio hermano de nuestro Señor dijo:
“Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. 22 A algunos que dudan, convencedlos. 23 A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne.” (Judas 20-23)
A pesar de esto, los Deconstruccionistas hablan de la deconstrucción de la fe como si fuera algo necesario para el progreso espiritual de uno. Pablo dice que la fe viene por oír la Palabra de Dios (Rom 10:17). En contraste a esto, los Deconstruccionistas consideran la socavación de nuestra fe en la Palabra de Dios como esencial para nuestra deconstrucción.
Un Deconstruccionista llamado Keith Giles escribió un blog en el grupo Deconstruccionista Patheos, entitulado Las 6 Pilares de la Deconstrucción Religiosa. Él habla de los seis pilares de la fe cristiana que necesitan ser demolidos para poder avanzar espiritualmente. Como siempre, el primer pilar y fundamento de la fe cristiana que él dice que es necesario destruir, para avanzar espiritualmente, es nuestra creencia de que la Biblia es la Palabra de Dios e infalible. Él dice:
“Como los cristianos tienden a basar su fe en la Biblia, ellos también sienten la necesidad de sobreestimar su importancia, tomándola como el punto central para todo lo que valoran. Por lo tanto, una vez que empieces a dudar su aseveración de que la Biblia es infalible y sin errores, toda su fe se derrumba.” [iv]
Ellos entienden que, una vez que uno pierde su confianza en la Biblia como la Palabra infalible de Dios, toda verdad llega a ser relativa y el proceso de la deconstrucción en todas las demás doctrinas cristianas es inevitable. A menudo ellos insisten que son seguidores de Jesús y no de la Biblia. Sin embargo, el nombre “Jesús” es nebuloso una vez que lo separamos de su contexto bíblico. Hay supuestos “maestros ascendidos” que se dicen ser Jesús o el Cristo, pero son anticristo y no tienen nada en común con el Jesús de la Biblia. El Jesús de la Biblia nos advirtió diciendo:
“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” (Mt 24:24)
Los musulmanes creen en Jesús, pero si declaras que Jesucristo es Dios encarnado como enseña la Biblia, lo negarían, y según las mismas Escrituras eso los hace anticristo:
“todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.” (1Jn 4:3; cf. Mt 1:23; Isa 7:14; Isa 9:6)
En 1Timoteo 4:1-2, Pablo nos advirtió que en los postreros días muchos apostatarían (deconstruirían) de la fe, quedando de esta manera vulnerables a espíritus del engaño y doctrinas de demonios. Él dijo:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.”
Así como Jesús nos advirtió, hoy en día hay muchos espíritus haciéndose pasar por el espíritu de Cristo, pero cuando los examinamos a la luz de las Escrituras podemos discernir que en realidad son anticristo y enseñan doctrinas de demonios en vez de las sanas doctrinas de las Escrituras. No todo espíritu que se identifica como Cristo es Cristo en realidad. Es por eso que Juan dijo: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1Jn 4:1). Si hemos deconstruido nuestra fe en la Palabra escrita de Dios como infalible, ¿de qué manera podemos probar a los espíritus? ¿Cómo sabemos que nuestro encuentro místico con “Cristo” es en realidad Cristo y no un anticristo disfrazado como si fuera Él? O ¿Cómo saben que el espíritu que se identifica como Espíritu es en realidad el Espíritu Santo y no otro espíritu pasándose por Él?
Es por eso que Pablo dijo que debemos de predicar la Palabra con insistencia, aun cuando la cultura la haya desechado como obsoleta (2Tim 4:2-4). Es por eso que Judas, dijo de las Escrituras: “me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3).
En conclusión, creo que estamos viviendo en los últimos días y que la Segunda Venida del Cristo de las Escrituras está en nuestro futuro cercano, y creo que es esencial que la Iglesia reconozca esto. Sin embargo, la creencia en el pronto retorno de Cristo está siendo atacada como nunca antes. El quinto pilar de la fe cristiana que el Deconstruccionista Keith Giles insiste que tiene que ser derrumbado es la creencia de que estamos viviendo en los últimos tiempos. Una nueva escatología que está siendo promovida por los Deconstruccionistas es el Preterismo o la creencia de que los últimos días finalizaron y Cristo ya vino con poder y gran gloria en el año 70 d.C. para destruir a Jerusalén a través del ejército romano. En mi libro, “Los Últimos Días, ¿Pasados o Presentes?” demuestro por las Escrituras que esta doctrina nueva no es bíblica. Esta doctrina ha logrado que muchos cristianos ignoren las mismas señales que Jesús y los Apóstoles nos dieron para evitar ser engañados en esta hora final. Además, sin duda resultará en que muchos tropiecen y deconstruyan su fe, llegando a ser ateos cuando entran en gran tribulación en vez de que el mundo esté cada vez mejor, como los Preteristas les han hecho creer.
A Pablo le fue revelado que en los postreros días muchos apostatarán de la fe, y eso es el objetivo explícito de los Deconstruccionistas. Jesús presenta la pregunta retórica: “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará la fe en la tierra?” (Lucas 18:8). La Iglesia en esta hora final necesita seguir predicando con insistencia la Palabra de Dios más que nunca, contendiendo ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos en vez de procurar deconstruirla. Pablo dijo que “las Sagradas Escrituras…te pueden hacer sabio para la salvación” (2Tim 3:15). Como dice Judas, en vez de dejarnos llevar por el espíritu de esta época, debemos de estar edificándonos en nuestra santísima fe (Judas 1:20). Como Pablo dijo en Tito 2:13, sigamos aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
[i] https://thedeconstructionnetwork.com/
[ii] https://thedeconstructionnetwork.com/
[iii] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
[iv] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
[i] https://thedeconstructionnetwork.com/
[ii] https://thedeconstructionnetwork.com/
[iii] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
[iv] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
[1] https://thedeconstructionnetwork.com/
[2] https://thedeconstructionnetwork.com/
[3] https://www.youtube.com/watch?v=1qbna6t1bzw
[4] https://www.patheos.com/blogs/keithgiles/2019/08/the-6-pillars-of-religious-deconstruction/
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por George Sidney Hurd
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¿Significa la palabra hebrea Seol en el Antiguo Testamento y su equivalente, Hades, en el griego la habitación de las almas de los muertos, o simplemente se refiere al sepulcro? Algunos creen que el alma es inseparable del cuerpo y por lo tanto la consciencia de uno termina al morir. De ser cierto esto, entonces las palabras Seol y Hades no podrían significar algo más que el sepulcro.
Hay dos grupos doctrinales hoy que argumentan que el Seol y el Hades simplemente hablan del sepulcro. El primero es el de los Aniquilacionistas, como los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día y un número creciente de Evangélicos que argumentan que los muertos permanecen inconscientes hasta la resurrección cuando los justos recibirán la inmortalidad y los impíos serán aniquilados. Para una consideración más a fondo de la doctrina de la Aniquilación comparada con la Restauración Universal, recomiendo mi libro, “¿Exterminación o Restauración? (La Respuesta de un Restauracionista a los Aniquilacionistas).
El segundo grupo es una variación moderna de Universalismo sincretista que, con tal de negar la realidad de cualquier forma de retribución postmórtem, argumentan que el Seol y el Hades solo se refieren al sepulcro. Adicionalmente, ellos a menudo argumentan que las referencias que Jesús hizo al fuego de Gehena (Mt 5:22-30; 10:28; 18:9; 23:33) solamente aplicaban a los judíos antes del año 70 d.C., y se referían a la destrucción de Jerusalén en ese tiempo. [i]
Don Keathley presenta sus argumentos en su nuevo libro, “la Ilusión del Infierno (Exponiendo el Mito del Infierno),” “Hell’s Illusion (Exposing the Myth of Hell).” Él dice que el único Infierno que uno experimentará es el Infierno que uno experimente en su propia mente cuando haya sido programado por la religión a creer en el mito del Infierno. Según él, no hay necesidad de recibir a Cristo para ser salvo del pecado, el Infierno y la ira venidera, porque jamás ha existido una separación entre nosotros y Dios. Nuestros pecados no están contra Dios, según él, sino nada más contra nosotros mismos, y por lo tanto no habrá retribución divina contra los no arrepentidos en el Infierno. Él dice: “No hay tal destino más allá del mundo físico llamado el Infierno, ¡aún si no hiciste la oración mágica!” [ii] Lo que él llama “la oración mágica” es la oración de arrepentimiento y fe cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal. Examino su deconstrucción de las doctrinas bíblicas acerca del pecado, la separación y la salvación en mi blog: “Borrando las Distinciones Bíblicas.” También considero con detalle lo que las Escrituras dicen acerca de Gehena – a menudo traducido “Infierno,” y el Lago de Fuego en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia (La Reconciliación de Todos a través de Jesucristo).” El objetivo de este blog es responder a su aseveración de que el Seol y el Hades solo refieren al sepulcro y no tienen referencia al estado consciente intermedio de las almas de los muertos.
Don Keathley dice que la Iglesia Primitiva no tenía ningún conocimiento de un lugar llamado el Infierno y que fue inventado por los líderes de la Iglesia para controlar a la gente por medio del temor. Según él, el Infierno se originó con los Reformadores. Él dice: “Les voy a dar una historia sobre como originó esta creencia que el Infierno existe. Tiene sus raíces en el Calvinismo y el Arminianismo, y ellos enseñaron esto para ganar a la gente y mantenerla bajo su control.” [iii] De hecho, más adelante él atribuye el origen del Infierno a San Agustín a quién dice que también inventó el “mito” de que somos pecadores de nacimiento. Sin embargo, en ninguna parte de su libro sustancia su aseveración citando a las Padres de la Iglesia.
La mayoría estaría de acuerdo en que fue San Agustín quien popularizó por primera vez la creencia de tormentos interminables en el Infierno, pero antes de Agustín la creencia en una justa retribución post mortem en alguna forma de infierno era unánimemente sostenida por la Iglesia Primitiva, incluido el estado intermedio de los muertos en un lugar conocido como Hades. De hecho, yo no podía encontrar ni siquiera una referencia presentando el Hades como el sepulcro en los escritos de los Padres Primitivos. Aquí cito unos pocos de los muchos ejemplos de los Padres demostrando que ellos creían que, durante el tiempo que los cuerpos permanecen en sus sepulcros hasta la resurrección, sus almas continúan en un estado consciente en el Hades. Justino Mártir (100-165 d.C.) dice acerca de los que previamente habían muertos en sus pecados:
“es bien probable que ellos mismos ahora estén lamentándose en el Hades, y arrepintiéndose cuando ya es demasiado tarde; y si fuera posible que ellos les mostraran lo que les ha sucedido después del final de esta vida, ustedes entenderían de cuántos males ellos los quieren librar.” [iv]
Es obvio que Justino Mártir no entendía el Hades como el sepulcro, sino más bien un lugar donde las almas de los muertos iban al abandonar sus cuerpos. Ireneo (130-202 d.C.), refiriendo a los que fueron resucitados después de que Jesús había descendido al Hades, hace una distinción clara entre sus almas en el Hades y sus cuerpos que habían sido resucitados de entre los muertos. Él dijo: “Este evento también fue una evidencia del hecho de que, cuando la santa alma de Cristo descendió al Hades, muchas almas ascendieron y fueron vistas en sus cuerpos.” [v] Comentando sobre Mateo 27:52-53 Ireneo aquí dice que el alma de Cristo descendió al Hades después de Su muerte, y cuando resucitó, Él trajo consigo muchas almas que fueron vistas después en sus cuerpos. Hipólito (170-235 d.C.) describe la naturaleza del Hades de la siguiente manera:
“Pero ahora necesitamos hablar del Hades, donde las almas, tanto de los justos como los injustos están detenidos. Este lugar ha sido destinado para ser el lugar de detención para las almas, en la cual los ángeles están asignados como vigilantes, distribuyendo según las obras de cada uno los castigos temporales para cada individuo… Pero los justos obtendrán el reino incorruptible e inmarcesible que por el momento están detenidos en el Hades, pero no en el mismo lugar que los injustos.” [vi]
La creencia de que ambos, los justos y los impíos, fueron guardados en el Seol o el Hades esperando la resurrección era la creencia común en aquellos días, tanto entre los cristianos como los judíos. Más adelante demostraré que esta creencia no es mítica, sino que fue derivada de las mismas Escrituras. Sin embargo, mi objetivo ahora es demostrar que no es una creencia reciente como afirma Keathley, sino que todos los Padres de la Iglesia primativa hasta San Agustín afirmaban esto y por lo tanto, no se originó con los Calvinistas y Arminianos del siglo XVI.
Las referencias al Hades en los escritos de los Padres de la Iglesia son demasiadas numerosas para citarlas en este blog. Solo quiero citar un ejemplo más de Clemente de Alejandría (150-215 d.C.) donde comenta sobre 1Pedro 3:18-20 y 4:6. Él no solo muestra que las almas, tanto de los justos como los impíos, están conscientes en el Hades, sino que los castigos postmórtem son salvíficos y disciplinarios, llevando a la conversión del inicuo en el día de su visitación cuando le es proclamado el evangelio:
“¿No nos enseñan las Escrituras que el Señor predicó el Evangelio a los que se habían perecido en el diluvio…? Y también ha sido demostrado…que los apóstoles también predicaron el Evangelio después a los que estaban en el Hades… Si, entonces, el Señor descendió al Hades con el fin de predicar el evangelio…entonces todos los que creen serán salvos…al confesar su fe allí (en el Hades); dado que los castigos de Dios son salvíficos y disciplinarios, conduciendo a la conversión…y especialmente dado que las almas, aunque entenebrecidas por las pasiones, cuando son liberadas de sus cuerpos, pueden percibir con más claridad, debido a que ya no están obstruidas por la carne.” [vii]
Mientras que Clemente, igual como la mayoría de los Padres de la Iglesia Primitiva antes de San Agustín en el siglo V, claramente creían en la apocatástasis o la restauración final de todos, [viii] él, como todos los Universalistas de su tiempo, creía que el Hades era el lugar de las almas de los muertos y no el sepulcro, y también creía que los impíos sufren castigos correctivos en el Hades que finalmente resultan en su conversión.
Etimología de las Palabras Seol y Hades
La etimología de la palabra hebrea “Seol” ha sido discutida. Algunos argumentan que su contraparte babilónica es “Su'alu,” que significaba, “el lugar donde los muertos son consultados o reunidos.” Vines dice que es de la palabra hebrea “sha’al,” que significa “preguntar, consultar o inquirir.” Cualquier de los dos expresan la idea de que el Seol fue considerado un lugar donde los muertos estaban congregados y donde podrían ser consultados. Consultar a los muertos por los vivos era algo mucho más común en el Antiguo Medio-Oriente de lo que es hoy en día, y era una práctica prohibida por Dios (Deut 18:10-11). El Señor dice a Su pueblo, “¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” (Isa 8:19). Si el Seol fuera nada más que el sepulcro y los muertos estuvieran inconscientes, tal prohibición hubiera sido superflua.
La palabra “Seol” en el Antiguo Testamento fue traducida “Hades” tanto en la traducción griega LXX del Antiguo Testamento, como también en las citas del Antiguo Testamento encontradas en el Nuevo Testamento. La etimología de Hades no es tan ambigua como la palabra Seol. Es una palabra compuesta, con la partícula negativa a- “no,” y eido, que significa “ver.” Aun en la literatura extrabíblica refiere a la región invisible de los muertos.
Muchos se escandalizan por la traducción “Infierno” para el Seol y el Hades. Pero, la palabra originalmente no significaba lo que ahora viene a nuestra mente al oír la palabra. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Es de lamentar que la influencia de la mitología griega y la versión del Infierno presentado por Dante hayan sido introducidas en la palabra, pero etimológicamente hablando, la palabra Infierno está de acuerdo con el verdadero significado del Seol y el Hades, que simplemente se refieren a la región invisible de los muertos.
Significado de Seol Determinado por los Contextos
Mucha de la confusión acerca del significado del Seol es el resultado de la inconstancia de los traductores de la Versión Autorizada (KJV) en el inglés. Seol aparece 66 veces en la KJV. Es traducida “el sepulcro” 32 veces, como “el pozo” 3 veces y como “Hell” (Infierno) 31 veces. Algunas versiones más recientes del inglés han evitado esta confusión, simplemente transliterándola como “Seol,” igual como vemos en la Reina Valera de 1960.
Un examen cuidadoso de cada ocurrencia de Seol en su contexto deja en claro que se está refiriendo a la región invisible de las almas de los muertos y no al sepulcro. El sustantivo para el sepulcro, qeber, y sus cognadas qeburah y qabar “sepultar” aparecen 215 veces en el Antiguo Testamento y en cada instancia claramente refieren al sepulcro o sepulcros donde los cuerpos de los muertos son sepultados o enterrados. En cambio, el Seol consistentemente se refiere a la región donde van todas las almas de los muertos.
Hay varios contrastes que se puede ver entre el Seol y el qeber que dejan en claro que el Seol no se refiere al sepulcro. Podemos observar los siguientes contrastes:
1) Los vivos “sepultan” o “entierran” (qabar) los cuerpos de sus muertos en una sepultura (qeber) 132 veces. En contraste, no hay un verbo correspondiente al Seol para la sepultura, y en ningún lugar dice que alguien sepulta (qabar) a sus muertos en el Seol.
2) Qeber aparece 29 veces en el plural, refiriendo a más de un sepulcro. En contraste, el Seol solamente aparece en forma singular, refiriendo a una sola esfera.
3) Se dice que el hombre hace o cava un qeber 6 veces. Nunca dice que un hombre hiciera un Seol.
4) Se dice que un cuerpo es colocado en un qeber 37 veces. Nunca dice que un cuerpo está en el Seol.
5) Nunca se dice que alguien “desciende” a un qeber. Se dice que el hombre “desciende” al Seol 11 veces. Un alma puede descender después de la muerte, pero un cadáver no puede ir a ningún lado.
6) Se dice que un qeber puede ser tocado 5 veces. Nunca vemos que un hombre tocara el Seol.
7) Hay referencia al qeber de una persona 5 veces. No hay ninguna referencia de alguien que posea un Seol.
Cada uno de estos siete contrastes tomados juntos demuestran que “sepulcro” nunca es el significado del Seol. Adicionalmente, para determinar el significado de las palabras debemos tomar en cuenta una ley de la hermenéutica llamada la ley de primera mención. La ley de primera mención dice que el significado de una palabra normalmente se puede determinar viendo lo que significa en su primera ocurrencia en la Biblia.
La primera vez que encontramos la palabra Seol es cuando los hermanos de José le dijeron a su padre Jacob que habían encontrado el manto de José manchado de sangre. Jacob concluyó que su hijo José había sido devorado por una bestia y se negó a ser consolado. Él dijo: “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.” (Gen 37:35). Aunque algunas traducciones ponen “sepulcro” en lugar del Seol, una consideración detallada del pasaje deja en claro que no está hablando del sepulcro.
En primer lugar, él dice “descenderé.” Como ya vimos, un cadáver no puede literalmente ir a un qeber o sepulcro. Cuando alguien muere, son llevados a su sepulcro (qeber) y sepultado (qabar) allí – no descienden allí. Es el alma que desciende al Seol o el Hades al abandonar el cuerpo (Lucas 16:22-23).
En segundo lugar, Jacob dijo que descendería “a su hijo” en el Seol. No puede haber estado pensado en estar sepultado junto a su hijo José porque pensaba que había sido devorado por una bestia, haciendo que sea imposible estar sepultado junto con él. Esta expectativa de ser reunido con los seres queridos en el Seol que habían muertos es común en las Escrituras.
Una expresión que vemos numerosas veces en el Antiguo Testamento es decir de un muerto que exhaló el espíritu y “fue unido a su pueblo,” o decir a alguien acerca de su muerte “tu irás a tus padres” (Gen 15:15; 25:8; 25:18; 35:29; 49:33; Nu 20:26; Deut 32:49-50; 34:5-6). Es obvio que no tiene referencia al cadáver, dado que un cuerpo muerto no puede ir a ningún lado. Que esta expectativa es real y no simplemente eufemismos vacíos se puede ver en la respuesta de David cuando murió su hijo al nacer. Él dijo: “Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2Sam 12:23).
También dice que cuando Jacob murió que él “expiró, y fue reunido con sus padres.” (Gen 49:33). Después de ser reunido a sus padres los sirvientes de José embalsamaron su cuerpo por 40 días y los egipcios lo lamentaron por 70 días. Solo después del tiempo de la lamentación comenzaron su viaje de regreso a la tierra de Canaán donde finalmente enterraron su cuerpo. Él fue reunido a sus padres en el Seol en el momento que expiró, pero no fue hasta unos tres meses después que finalmente sepultaron su cuerpo en su “sepultura” (qeber) (50:13). Así que, en el momento que expiró fue reunido con su pueblo en el Paraíso o el seno de Abraham en el Seol (igual como sucedió con el mendigo Lázaro y con el ladrón en la cruz), aunque su cuerpo todavía no había sido enterrado (Lucas 16:22-23; 23:43).
Otra característica del Seol que no aplica al sepulcro es que sus habitantes pueden comunicarse unos con otros. Isaías 14 comienza hablando de la muerte del rey de Babilonia y dice que los habitantes del Seol salieron al encuentro de él y estaban burlándose de él al descender en el Seol:
“El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. 10 Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? 11 Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán…Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada; 19 pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. 20 No serás contado con ellos en la sepultura (qeburah)…” (Isa 14:9-11, 18-20).
Aquí vemos los príncipes y reyes de las naciones que anteriormente habían muerto saliendo al encuentro del gran rey de Babilonia, el imperio más poderoso de esa época cuando él iba descendiendo al Seol después de morirse en vergüenza y deshonra. Ellos le dicen: “Todos nosotros fuimos sepultados con honor en nuestros sepulcros, pero tu cadáver fue tirado en un pozo común y dejado a los gusanos, enterrado bajo los cadáveres de todos los que habían sido traspasados por la espada.” Aquí vemos una distinción clara entre las almas en el Seol, y el cuerpo enterrado en un pozo común sin una sepultura de honor en su sepulcro real.
Otro pasaje que hace una distinción clara entre el Seol y el sepulcro es cuando Saul consultó a una médium para llamar a Samuel que previamente había muerto, para consultarlo acerca de una batalla inminente contra los Filisteos. El Señor le envió a Samuel del Seol para informarle a Saul que él y sus hijos morirían y que estarían con él el día siguiente:
“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer. 16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo? 17 Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David. 18 Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. 19 Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos.” (1Sam 28:15-19)
Aquí vemos a Samuel subiendo para hablarle a Saul – algo que no sería posible si estuviera inconsciente en el sepulcro. Dios prohíbe la práctica de consultar a los muertos. Tal prohibición no tendría sentido si no fuera posible hacerlo. Samuel le dijo a Saul que él y sus hijos iban a estar con él el próximo día, y murieron en batalla aquel día, tal como dijo Samuel. Pero él no pudo haber hablado de estar con él en el sepulcro el próximo día porque no fueron enterrados el próximo día. No fue hasta dos días después que los Filisteos encontraron sus cuerpos. Ellos decapitaron a Saul, y sus cuerpos fueron colgados del muro de la ciudad donde permanecieron otra noche antes de finalmente ser bajados y enterrados, pero no en el lugar donde Samuel fue sepultado. Así que, claramente la referencia es a las almas de Saul y sus hijos que iban a estar con Samuel el próximo día, y no sus cadáveres que fueron enterrados hasta días más tarde.
El Hades en el Nuevo Testamento
El Hades aparece 10 veces en el Nuevo Testamento. El Hades literalmente significa “lo invisible” y por lo tanto, “la esfera invisible de las almas de los muertos.” Igual como el Seol, tanto los justos como los impíos permanecen en el Hades hasta la resurrección.
En la parábola del Hombre Rico y Lázaro en Lucas 16:19-31 vemos que Lázaro murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham o el Paraíso. El hombre rico murió también y su cuerpo fue sepultado (v.22). Sin embargo, lo próximo que vemos es que el hombre rico está en tormentos en el Hades, llamando a Abraham y Lázaro y conversando con ellos.
Algunos argumentan que esto es nada más una parábola y por lo tanto no debe de ser entendido de manera literal. En parte estoy de acuerdo con ellos. Lázaro no estaba literalmente en el seno de Abraham, y el fuego en las Escrituras normalmente se refiere a pruebas de fuego permitidas para purificarnos y por lo tanto tampoco debe de ser entendido de manera literal (ver mi blog “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor”). Sin embargo, aunque Jesús a menudo enseñaba con parábolas, hipérboles y figuras, Él nunca utilizaba lo que era falso para ilustrar la verdad. Decir que el Hades no es más que el sepulcro y que las almas de los muertos no pueden comunicarse entre sí, a la luz de esta parábola, es equivalente a llamar a Jesús un falso maestro. Adicionalmente, sería como llamarlo un delirante, dado que Él hablaba con Moisés y Elías en el Monte de la Transfiguración (Mt 17:3).
La Muerte y el Hades
Hay una distinción en las Escrituras entre la muerte, en la cual la carne se descompone, y el Hades, que es la habitación de las almas de los muertos. El Salmo 16:10 es profético de la sepultura de Cristo y de Su descenso en el Hades: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.” En el Día del Pentecostés, Pedro citó este Salmo, aplicándolo a Cristo, diciendo que “su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción” (Hch 2:31). Aquí hay un distinción entre el alma, que va al Hades, y la carne o el cuerpo que se descompone en el sepulcro.
Como los Padres de la Iglesia Primitiva afirman repetidas veces, durante los tres días en que Su cuerpo yacía en el sepulcro, el alma de Cristo estaba en el Hades o el mundo invisible de los muertos, donde Él predicaba el Evangelio a aquellos que antes eran desobedientes, para que, habiendo sido juzgados en la carne, pudieran vivir con Él en espíritu (1Pedro 3:18-20; 4:6).
Su cuerpo fue sepultado y preservado para no ver la corrupción, pero Su alma descendió hasta el abismo más profundo “en el corazón de la tierra” (Mt 12:40). La referencia al “corazón de la tierra” no se refiere al sepulcro, sino el lugar más profundo en el abismo del Seol, también llamado Tártaro (2Peter 2:4), reservado para los más malévolos (cf. Ezeq 31:16). En el libro de Apocalipsis es llamado “el abismo” siete veces.
Jesús no solamente descendió a la región del Hades donde estaba el Paraíso o el seno de Abraham, sino que descendió hasta lo más profundo del Hades, predicando el Evangelio incluso a los que perecieron en el diluvio. En Efesios 4:8-10 Pablo dice lo siguiente acerca de Su descenso:
“Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. 9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? 10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.” (Ef 4:8-10).
Entiendo esto como diciendo que, cuando Cristo descendió a las partes más bajas de la tierra, Él liberó a los cautivos y ascendió con ellos a lo alto, para llenarlo todo. Esta es la idea expresada en La Nueva Versión Internacional que dice: “Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres” Compare esto con Lucas 4:18 donde dice que Jesús fue ungido “para proclamar [kerusso] libertad a los cautivos”. También,1Pedro 3:19-20 donde Jesús “predicó,” (kerusso), en el Hades. Él le quitó las llaves del Hades a Satanás, predicó las buenas nuevas a los cautivos, y los llevó con Él cuando ascendió. Pablo aquí está citando el Salmo 68:18 donde vemos que Él no solamente llevó consigo los que estaban en el Paraíso que habían vivido en santidad, sino también a los que antes eran desobedientes:
“Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios.” (Sal 68:18)
Antes de la resurrección y ascensión de Cristo, el Paraíso no estaba en la presencia del Señor como ahora. Tanto Jesús como el ladrón en la cruz descendieron al Seol después de su último respiro y Jesús permaneció en el Hades, el corazón de la tierra por tres días y tres noches. Sin embargo, como lo prometió, el ladrón estaba con Él en el Paraíso en el mismo día que murieron. Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43).
Al tercer día Él resucitó de los muertos, habiendo hecho propiciación por los pecados del mundo entero, incluyendo todos los pecados previamente cometidos (Rom 3:25-26). Cuando resucitó, Él ascendió al trono de Dios, llevando consigo el Paraíso, y también a aquellos que habían respondido a su proclamación del Evangelio en las regiones más profundas del Hades en el corazón de la tierra. Es por eso que, cuando Pablo fue llevado al tercer cielo, el Paraíso estaba allí (2Cor 12:2-4). Ahora, estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor (2Cor 5:8). En el mismo instante que el alma abandona el cuerpo estamos con Él en el Paraíso, así como fue con el ladrón en la cruz, excepto que, ¡ahora el Paraíso está en la misma presencia del Señor!
Si morimos antes de que venga Cristo, nuestras almas permanecen en la presencia del Señor hasta Su Segunda Venida cuando lo acompañaremos para ser reunidos con nuestros cuerpos que han estado “dormidos en el polvo” pero serán resucitados a la inmortalidad en ese momento:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también TRAERÁ Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatado.” (1Tes 4:13-17)
Algunos se confunden con expresiones como “los que durmieron,” concluyendo de esto que los muertos están inconscientes. Considero esto con más detalle en mi libro “Exterminación o Restauración,” pero estas expresiones son demostrablemente eufemismos, usados con la intención de ablandar el golpe de la muerte de un ser querido, así como nosotros hoy decimos que la persona que ha fallecido “se ha ido,” “está en reposo,” “está en paz,” “está con el Señor,” “ya no está con nosotros,” “el Señor se lo llevó,” etc. Es considerado insensible simplemente decir: “él está muerto.” Por eso, hemos formado eufemismos que no siempre deben ser entendidos en sentido literal, sino que son utilizados para ablandar el golpe de la muerte. Algunos, ignorando las muchas evidencias de las Escrituras al contrario, insisten que las almas de los muertos están inconscientes hasta la resurrección en vez de estar presente con el Señor y esperando el momento de venir con Él para unirse con sus cuerpos glorificados en su venida gloriosa.
La primera resurrección es la resurrección de vida cuando Cristo viene otra vez. La segunda resurrección sucede 1.000 años después, y es la resurrección de condenación (Jn 5:29; Apo 20:5-6). En aquel día la Muerte y el Hades entregarán a todos sus habitantes para aparecer ante el juicio del Gran Trono Blanco:
“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apo 20:13-15)
La referencia a “la muerte y el Hades” significa que todos los cuerpos de los muertos (la muerte) serán reunidos con sus almas que estaban en el Hades para ser juzgados según las obras que hicieron en la vida. La referencia al mar entregando a los muertos que había en él enfatiza que incluso los cuerpos que fueron lanzados al mar y consumidos tendrán que enfrentar el juicio.
Cuando dice que la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego, algunos, en un intento eliminar todo juicio postmórtem, dicen que son la muerte y el Hades como entidades que son lanzados en el Lago de Fuego, dejando de existir en ese momento. Sin embargo, lo que está diciendo es que cada individuo que está en sus sepulcros y en el Hades será resucitado y juzgado según sus obras y entonces ellos (i.e. todos los que habitaban en la muerte y en el Hades) serán lanzados en el Lago de Fuego para sufrir la segunda muerte (Apo 2:11). El último enemigo – la muerte, no será destruido hasta que todos hayan sido vivificados, doblando rodilla y sometiéndose voluntariamente a Jesucristo como Señor. Entonces, el Hijo se sujetará al Padre y Dios será todo en todos (1Cor 15:22,25-28; cf. Fil 2:10-11).
En resumen, claramente el Seol o el Hades es la región invisible de las almas incorpóreas, y no el qeber o sepulcro, como unos han intentado argumentar. Hades, por definición propia es la esfera invisible de las almas de los muertos. Los justos son unidos a su pueblo en el Paraíso y los impíos van cada uno a su propio lugar esperando el juicio del Gran Trono Blanco (cf. Acts 1:25). Aunque la doctrina del Infierno fue muy distorsionada entrando en la Época Oscura, sin embargo, es real y no una ilusión. Aunque el Lago de Fuego es un fuego purificador y por lo tanto no eterno, sin embargo, es una realidad época duradera y debe ser evitada a todo costo. Jesús dijo que sería mejor sacarnos un ojo o cortarnos una mano, si son ocasión de pecar, antes de ser echado en el fuego de Gehena.
No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, pero él que no cree será condenado en el juicio del Gran Trono Blanco, recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego, no saliendo de allí “hasta” pagar todo (Rom 8:1; Marcos 16:16; Jn 3:18; Apo 20:15; Apo 21:8; Mt 5:26). Hay algunos Inclusivistas (los que dicen que todos ya son salvos) que dirían que los no arrepentidos ya están en Cristo sin haberlo recibido.
Falsos maestros como Don Keathley nos dicen que no es necesario creer en Cristo para ser salvo. Él dice: “Creyendo no tiene nada que ver con ser salvo, Cristo es el Salvador de TODOS los hombres, todos ya son salvos…” [ix] Él dice esto a pesar de que Jesús claramente dijo, “él que no creyere será condenado” (Marcos 16:16). Mientras es cierto que Él murió por todos, y todos serán vivificados en Cristo – cada uno en su debido orden, sin embargo es necesario recibirlo personalmente, siendo nacido de nuevo como nueva criatura para estar en Cristo y por lo tanto, ser encontrado libre de toda condenación en el día de Jesucristo.
[i] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 41). Don Keathley. Kindle Edition.
[ii] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 46). Don Keathley. Kindle Edition.
[iii] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 22). Don Keathley. Kindle Edition.
[iv] Justin Martyr Chapter 35 - Appeal to the Greeks
[v] Irenaeus, fragments, XXVIII.
[vi] Hippolytus, Against Plato on the cause of the universe, §1
[vii] Clement of Alexandria, Book 6, Chapter 6 - The Gospel Was Preached to Jews and Gentiles in Hades
[viii] El Gran historiador eclesiástico, Philip Schaff, aunque no era universalista, dijo: “En los primeros cinco o seis siglos del cristianismo, había seis escuelas teológicas reconocidas, de las cuales cuatro (Alejandría, Antioquía, Cesarea, y Edessa o Nisibis) eran universalistas, una (Éfeso) aceptaba la inmortalidad condicional; una (Cartago o Roma) enseñó el castigo eterno de los impíos. Otras escuelas teológicas son mencionadas como siendo fundadas por universalistas, pero su doctrina precisa sobre este tema es desconocida.”
“Bajo la instrucción de estos grandes maestros (Clemente, Orígenes, Gregorio, y Teodoro de Mopsuestia), muchos otros teólogos creían en la salvación universal; y de hecho, la Iglesia del oriente estaba inclinada hacia ella hasta después de 500 d.C.”
[ix] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 100). Don Keathley. Kindle Edition.
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¿Significa la palabra hebrea Seol en el Antiguo Testamento y su equivalente, Hades, en el griego la habitación de las almas de los muertos, o simplemente se refiere al sepulcro? Algunos creen que el alma es inseparable del cuerpo y por lo tanto la consciencia de uno termina al morir. De ser cierto esto, entonces las palabras Seol y Hades no podrían significar algo más que el sepulcro.
Hay dos grupos doctrinales hoy que argumentan que el Seol y el Hades simplemente hablan del sepulcro. El primero es el de los Aniquilacionistas, como los Testigos de Jehová, los Adventistas del Séptimo Día y un número creciente de Evangélicos que argumentan que los muertos permanecen inconscientes hasta la resurrección cuando los justos recibirán la inmortalidad y los impíos serán aniquilados. Para una consideración más a fondo de la doctrina de la Aniquilación comparada con la Restauración Universal, recomiendo mi libro, “¿Exterminación o Restauración? (La Respuesta de un Restauracionista a los Aniquilacionistas).
El segundo grupo es una variación moderna de Universalismo sincretista que, con tal de negar la realidad de cualquier forma de retribución postmórtem, argumentan que el Seol y el Hades solo se refieren al sepulcro. Adicionalmente, ellos a menudo argumentan que las referencias que Jesús hizo al fuego de Gehena (Mt 5:22-30; 10:28; 18:9; 23:33) solamente aplicaban a los judíos antes del año 70 d.C., y se referían a la destrucción de Jerusalén en ese tiempo. [i]
Don Keathley presenta sus argumentos en su nuevo libro, “la Ilusión del Infierno (Exponiendo el Mito del Infierno),” “Hell’s Illusion (Exposing the Myth of Hell).” Él dice que el único Infierno que uno experimentará es el Infierno que uno experimente en su propia mente cuando haya sido programado por la religión a creer en el mito del Infierno. Según él, no hay necesidad de recibir a Cristo para ser salvo del pecado, el Infierno y la ira venidera, porque jamás ha existido una separación entre nosotros y Dios. Nuestros pecados no están contra Dios, según él, sino nada más contra nosotros mismos, y por lo tanto no habrá retribución divina contra los no arrepentidos en el Infierno. Él dice: “No hay tal destino más allá del mundo físico llamado el Infierno, ¡aún si no hiciste la oración mágica!” [ii] Lo que él llama “la oración mágica” es la oración de arrepentimiento y fe cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador personal. Examino su deconstrucción de las doctrinas bíblicas acerca del pecado, la separación y la salvación en mi blog: “Borrando las Distinciones Bíblicas.” También considero con detalle lo que las Escrituras dicen acerca de Gehena – a menudo traducido “Infierno,” y el Lago de Fuego en mi libro, “El Triunfo de la Misericordia (La Reconciliación de Todos a través de Jesucristo).” El objetivo de este blog es responder a su aseveración de que el Seol y el Hades solo refieren al sepulcro y no tienen referencia al estado consciente intermedio de las almas de los muertos.
Don Keathley dice que la Iglesia Primitiva no tenía ningún conocimiento de un lugar llamado el Infierno y que fue inventado por los líderes de la Iglesia para controlar a la gente por medio del temor. Según él, el Infierno se originó con los Reformadores. Él dice: “Les voy a dar una historia sobre como originó esta creencia que el Infierno existe. Tiene sus raíces en el Calvinismo y el Arminianismo, y ellos enseñaron esto para ganar a la gente y mantenerla bajo su control.” [iii] De hecho, más adelante él atribuye el origen del Infierno a San Agustín a quién dice que también inventó el “mito” de que somos pecadores de nacimiento. Sin embargo, en ninguna parte de su libro sustancia su aseveración citando a las Padres de la Iglesia.
La mayoría estaría de acuerdo en que fue San Agustín quien popularizó por primera vez la creencia de tormentos interminables en el Infierno, pero antes de Agustín la creencia en una justa retribución post mortem en alguna forma de infierno era unánimemente sostenida por la Iglesia Primitiva, incluido el estado intermedio de los muertos en un lugar conocido como Hades. De hecho, yo no podía encontrar ni siquiera una referencia presentando el Hades como el sepulcro en los escritos de los Padres Primitivos. Aquí cito unos pocos de los muchos ejemplos de los Padres demostrando que ellos creían que, durante el tiempo que los cuerpos permanecen en sus sepulcros hasta la resurrección, sus almas continúan en un estado consciente en el Hades. Justino Mártir (100-165 d.C.) dice acerca de los que previamente habían muertos en sus pecados:
“es bien probable que ellos mismos ahora estén lamentándose en el Hades, y arrepintiéndose cuando ya es demasiado tarde; y si fuera posible que ellos les mostraran lo que les ha sucedido después del final de esta vida, ustedes entenderían de cuántos males ellos los quieren librar.” [iv]
Es obvio que Justino Mártir no entendía el Hades como el sepulcro, sino más bien un lugar donde las almas de los muertos iban al abandonar sus cuerpos. Ireneo (130-202 d.C.), refiriendo a los que fueron resucitados después de que Jesús había descendido al Hades, hace una distinción clara entre sus almas en el Hades y sus cuerpos que habían sido resucitados de entre los muertos. Él dijo: “Este evento también fue una evidencia del hecho de que, cuando la santa alma de Cristo descendió al Hades, muchas almas ascendieron y fueron vistas en sus cuerpos.” [v] Comentando sobre Mateo 27:52-53 Ireneo aquí dice que el alma de Cristo descendió al Hades después de Su muerte, y cuando resucitó, Él trajo consigo muchas almas que fueron vistas después en sus cuerpos. Hipólito (170-235 d.C.) describe la naturaleza del Hades de la siguiente manera:
“Pero ahora necesitamos hablar del Hades, donde las almas, tanto de los justos como los injustos están detenidos. Este lugar ha sido destinado para ser el lugar de detención para las almas, en la cual los ángeles están asignados como vigilantes, distribuyendo según las obras de cada uno los castigos temporales para cada individuo… Pero los justos obtendrán el reino incorruptible e inmarcesible que por el momento están detenidos en el Hades, pero no en el mismo lugar que los injustos.” [vi]
La creencia de que ambos, los justos y los impíos, fueron guardados en el Seol o el Hades esperando la resurrección era la creencia común en aquellos días, tanto entre los cristianos como los judíos. Más adelante demostraré que esta creencia no es mítica, sino que fue derivada de las mismas Escrituras. Sin embargo, mi objetivo ahora es demostrar que no es una creencia reciente como afirma Keathley, sino que todos los Padres de la Iglesia primativa hasta San Agustín afirmaban esto y por lo tanto, no se originó con los Calvinistas y Arminianos del siglo XVI.
Las referencias al Hades en los escritos de los Padres de la Iglesia son demasiadas numerosas para citarlas en este blog. Solo quiero citar un ejemplo más de Clemente de Alejandría (150-215 d.C.) donde comenta sobre 1Pedro 3:18-20 y 4:6. Él no solo muestra que las almas, tanto de los justos como los impíos, están conscientes en el Hades, sino que los castigos postmórtem son salvíficos y disciplinarios, llevando a la conversión del inicuo en el día de su visitación cuando le es proclamado el evangelio:
“¿No nos enseñan las Escrituras que el Señor predicó el Evangelio a los que se habían perecido en el diluvio…? Y también ha sido demostrado…que los apóstoles también predicaron el Evangelio después a los que estaban en el Hades… Si, entonces, el Señor descendió al Hades con el fin de predicar el evangelio…entonces todos los que creen serán salvos…al confesar su fe allí (en el Hades); dado que los castigos de Dios son salvíficos y disciplinarios, conduciendo a la conversión…y especialmente dado que las almas, aunque entenebrecidas por las pasiones, cuando son liberadas de sus cuerpos, pueden percibir con más claridad, debido a que ya no están obstruidas por la carne.” [vii]
Mientras que Clemente, igual como la mayoría de los Padres de la Iglesia Primitiva antes de San Agustín en el siglo V, claramente creían en la apocatástasis o la restauración final de todos, [viii] él, como todos los Universalistas de su tiempo, creía que el Hades era el lugar de las almas de los muertos y no el sepulcro, y también creía que los impíos sufren castigos correctivos en el Hades que finalmente resultan en su conversión.
Etimología de las Palabras Seol y Hades
La etimología de la palabra hebrea “Seol” ha sido discutida. Algunos argumentan que su contraparte babilónica es “Su'alu,” que significaba, “el lugar donde los muertos son consultados o reunidos.” Vines dice que es de la palabra hebrea “sha’al,” que significa “preguntar, consultar o inquirir.” Cualquier de los dos expresan la idea de que el Seol fue considerado un lugar donde los muertos estaban congregados y donde podrían ser consultados. Consultar a los muertos por los vivos era algo mucho más común en el Antiguo Medio-Oriente de lo que es hoy en día, y era una práctica prohibida por Dios (Deut 18:10-11). El Señor dice a Su pueblo, “¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?” (Isa 8:19). Si el Seol fuera nada más que el sepulcro y los muertos estuvieran inconscientes, tal prohibición hubiera sido superflua.
La palabra “Seol” en el Antiguo Testamento fue traducida “Hades” tanto en la traducción griega LXX del Antiguo Testamento, como también en las citas del Antiguo Testamento encontradas en el Nuevo Testamento. La etimología de Hades no es tan ambigua como la palabra Seol. Es una palabra compuesta, con la partícula negativa a- “no,” y eido, que significa “ver.” Aun en la literatura extrabíblica refiere a la región invisible de los muertos.
Muchos se escandalizan por la traducción “Infierno” para el Seol y el Hades. Pero, la palabra originalmente no significaba lo que ahora viene a nuestra mente al oír la palabra. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Es de lamentar que la influencia de la mitología griega y la versión del Infierno presentado por Dante hayan sido introducidas en la palabra, pero etimológicamente hablando, la palabra Infierno está de acuerdo con el verdadero significado del Seol y el Hades, que simplemente se refieren a la región invisible de los muertos.
Significado de Seol Determinado por los Contextos
Mucha de la confusión acerca del significado del Seol es el resultado de la inconstancia de los traductores de la Versión Autorizada (KJV) en el inglés. Seol aparece 66 veces en la KJV. Es traducida “el sepulcro” 32 veces, como “el pozo” 3 veces y como “Hell” (Infierno) 31 veces. Algunas versiones más recientes del inglés han evitado esta confusión, simplemente transliterándola como “Seol,” igual como vemos en la Reina Valera de 1960.
Un examen cuidadoso de cada ocurrencia de Seol en su contexto deja en claro que se está refiriendo a la región invisible de las almas de los muertos y no al sepulcro. El sustantivo para el sepulcro, qeber, y sus cognadas qeburah y qabar “sepultar” aparecen 215 veces en el Antiguo Testamento y en cada instancia claramente refieren al sepulcro o sepulcros donde los cuerpos de los muertos son sepultados o enterrados. En cambio, el Seol consistentemente se refiere a la región donde van todas las almas de los muertos.
Hay varios contrastes que se puede ver entre el Seol y el qeber que dejan en claro que el Seol no se refiere al sepulcro. Podemos observar los siguientes contrastes:
1) Los vivos “sepultan” o “entierran” (qabar) los cuerpos de sus muertos en una sepultura (qeber) 132 veces. En contraste, no hay un verbo correspondiente al Seol para la sepultura, y en ningún lugar dice que alguien sepulta (qabar) a sus muertos en el Seol.
2) Qeber aparece 29 veces en el plural, refiriendo a más de un sepulcro. En contraste, el Seol solamente aparece en forma singular, refiriendo a una sola esfera.
3) Se dice que el hombre hace o cava un qeber 6 veces. Nunca dice que un hombre hiciera un Seol.
4) Se dice que un cuerpo es colocado en un qeber 37 veces. Nunca dice que un cuerpo está en el Seol.
5) Nunca se dice que alguien “desciende” a un qeber. Se dice que el hombre “desciende” al Seol 11 veces. Un alma puede descender después de la muerte, pero un cadáver no puede ir a ningún lado.
6) Se dice que un qeber puede ser tocado 5 veces. Nunca vemos que un hombre tocara el Seol.
7) Hay referencia al qeber de una persona 5 veces. No hay ninguna referencia de alguien que posea un Seol.
Cada uno de estos siete contrastes tomados juntos demuestran que “sepulcro” nunca es el significado del Seol. Adicionalmente, para determinar el significado de las palabras debemos tomar en cuenta una ley de la hermenéutica llamada la ley de primera mención. La ley de primera mención dice que el significado de una palabra normalmente se puede determinar viendo lo que significa en su primera ocurrencia en la Biblia.
La primera vez que encontramos la palabra Seol es cuando los hermanos de José le dijeron a su padre Jacob que habían encontrado el manto de José manchado de sangre. Jacob concluyó que su hijo José había sido devorado por una bestia y se negó a ser consolado. Él dijo: “Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol.” (Gen 37:35). Aunque algunas traducciones ponen “sepulcro” en lugar del Seol, una consideración detallada del pasaje deja en claro que no está hablando del sepulcro.
En primer lugar, él dice “descenderé.” Como ya vimos, un cadáver no puede literalmente ir a un qeber o sepulcro. Cuando alguien muere, son llevados a su sepulcro (qeber) y sepultado (qabar) allí – no descienden allí. Es el alma que desciende al Seol o el Hades al abandonar el cuerpo (Lucas 16:22-23).
En segundo lugar, Jacob dijo que descendería “a su hijo” en el Seol. No puede haber estado pensado en estar sepultado junto a su hijo José porque pensaba que había sido devorado por una bestia, haciendo que sea imposible estar sepultado junto con él. Esta expectativa de ser reunido con los seres queridos en el Seol que habían muertos es común en las Escrituras.
Una expresión que vemos numerosas veces en el Antiguo Testamento es decir de un muerto que exhaló el espíritu y “fue unido a su pueblo,” o decir a alguien acerca de su muerte “tu irás a tus padres” (Gen 15:15; 25:8; 25:18; 35:29; 49:33; Nu 20:26; Deut 32:49-50; 34:5-6). Es obvio que no tiene referencia al cadáver, dado que un cuerpo muerto no puede ir a ningún lado. Que esta expectativa es real y no simplemente eufemismos vacíos se puede ver en la respuesta de David cuando murió su hijo al nacer. Él dijo: “Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2Sam 12:23).
También dice que cuando Jacob murió que él “expiró, y fue reunido con sus padres.” (Gen 49:33). Después de ser reunido a sus padres los sirvientes de José embalsamaron su cuerpo por 40 días y los egipcios lo lamentaron por 70 días. Solo después del tiempo de la lamentación comenzaron su viaje de regreso a la tierra de Canaán donde finalmente enterraron su cuerpo. Él fue reunido a sus padres en el Seol en el momento que expiró, pero no fue hasta unos tres meses después que finalmente sepultaron su cuerpo en su “sepultura” (qeber) (50:13). Así que, en el momento que expiró fue reunido con su pueblo en el Paraíso o el seno de Abraham en el Seol (igual como sucedió con el mendigo Lázaro y con el ladrón en la cruz), aunque su cuerpo todavía no había sido enterrado (Lucas 16:22-23; 23:43).
Otra característica del Seol que no aplica al sepulcro es que sus habitantes pueden comunicarse unos con otros. Isaías 14 comienza hablando de la muerte del rey de Babilonia y dice que los habitantes del Seol salieron al encuentro de él y estaban burlándose de él al descender en el Seol:
“El Seol abajo se espantó de ti; despertó muertos que en tu venida saliesen a recibirte, hizo levantar de sus sillas a todos los príncipes de la tierra, a todos los reyes de las naciones. 10 Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? 11 Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán…Todos los reyes de las naciones, todos ellos yacen con honra cada uno en su morada; 19 pero tú echado eres de tu sepulcro como vástago abominable, como vestido de muertos pasados a espada, que descendieron al fondo de la sepultura; como cuerpo muerto hollado. 20 No serás contado con ellos en la sepultura (qeburah)…” (Isa 14:9-11, 18-20).
Aquí vemos los príncipes y reyes de las naciones que anteriormente habían muerto saliendo al encuentro del gran rey de Babilonia, el imperio más poderoso de esa época cuando él iba descendiendo al Seol después de morirse en vergüenza y deshonra. Ellos le dicen: “Todos nosotros fuimos sepultados con honor en nuestros sepulcros, pero tu cadáver fue tirado en un pozo común y dejado a los gusanos, enterrado bajo los cadáveres de todos los que habían sido traspasados por la espada.” Aquí vemos una distinción clara entre las almas en el Seol, y el cuerpo enterrado en un pozo común sin una sepultura de honor en su sepulcro real.
Otro pasaje que hace una distinción clara entre el Seol y el sepulcro es cuando Saul consultó a una médium para llamar a Samuel que previamente había muerto, para consultarlo acerca de una batalla inminente contra los Filisteos. El Señor le envió a Samuel del Seol para informarle a Saul que él y sus hijos morirían y que estarían con él el día siguiente:
“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió: Estoy muy angustiado, pues los filisteos pelean contra mí, y Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por medio de profetas ni por sueños; por esto te he llamado, para que me declares lo que tengo que hacer. 16 Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me preguntas a mí, si Jehová se ha apartado de ti y es tu enemigo? 17 Jehová te ha hecho como dijo por medio de mí; pues Jehová ha quitado el reino de tu mano, y lo ha dado a tu compañero, David. 18 Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. 19 Y Jehová entregará a Israel también contigo en manos de los filisteos; y mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos; y Jehová entregará también al ejército de Israel en mano de los filisteos.” (1Sam 28:15-19)
Aquí vemos a Samuel subiendo para hablarle a Saul – algo que no sería posible si estuviera inconsciente en el sepulcro. Dios prohíbe la práctica de consultar a los muertos. Tal prohibición no tendría sentido si no fuera posible hacerlo. Samuel le dijo a Saul que él y sus hijos iban a estar con él el próximo día, y murieron en batalla aquel día, tal como dijo Samuel. Pero él no pudo haber hablado de estar con él en el sepulcro el próximo día porque no fueron enterrados el próximo día. No fue hasta dos días después que los Filisteos encontraron sus cuerpos. Ellos decapitaron a Saul, y sus cuerpos fueron colgados del muro de la ciudad donde permanecieron otra noche antes de finalmente ser bajados y enterrados, pero no en el lugar donde Samuel fue sepultado. Así que, claramente la referencia es a las almas de Saul y sus hijos que iban a estar con Samuel el próximo día, y no sus cadáveres que fueron enterrados hasta días más tarde.
El Hades en el Nuevo Testamento
El Hades aparece 10 veces en el Nuevo Testamento. El Hades literalmente significa “lo invisible” y por lo tanto, “la esfera invisible de las almas de los muertos.” Igual como el Seol, tanto los justos como los impíos permanecen en el Hades hasta la resurrección.
En la parábola del Hombre Rico y Lázaro en Lucas 16:19-31 vemos que Lázaro murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham o el Paraíso. El hombre rico murió también y su cuerpo fue sepultado (v.22). Sin embargo, lo próximo que vemos es que el hombre rico está en tormentos en el Hades, llamando a Abraham y Lázaro y conversando con ellos.
Algunos argumentan que esto es nada más una parábola y por lo tanto no debe de ser entendido de manera literal. En parte estoy de acuerdo con ellos. Lázaro no estaba literalmente en el seno de Abraham, y el fuego en las Escrituras normalmente se refiere a pruebas de fuego permitidas para purificarnos y por lo tanto tampoco debe de ser entendido de manera literal (ver mi blog “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor”). Sin embargo, aunque Jesús a menudo enseñaba con parábolas, hipérboles y figuras, Él nunca utilizaba lo que era falso para ilustrar la verdad. Decir que el Hades no es más que el sepulcro y que las almas de los muertos no pueden comunicarse entre sí, a la luz de esta parábola, es equivalente a llamar a Jesús un falso maestro. Adicionalmente, sería como llamarlo un delirante, dado que Él hablaba con Moisés y Elías en el Monte de la Transfiguración (Mt 17:3).
La Muerte y el Hades
Hay una distinción en las Escrituras entre la muerte, en la cual la carne se descompone, y el Hades, que es la habitación de las almas de los muertos. El Salmo 16:10 es profético de la sepultura de Cristo y de Su descenso en el Hades: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción.” En el Día del Pentecostés, Pedro citó este Salmo, aplicándolo a Cristo, diciendo que “su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción” (Hch 2:31). Aquí hay un distinción entre el alma, que va al Hades, y la carne o el cuerpo que se descompone en el sepulcro.
Como los Padres de la Iglesia Primitiva afirman repetidas veces, durante los tres días en que Su cuerpo yacía en el sepulcro, el alma de Cristo estaba en el Hades o el mundo invisible de los muertos, donde Él predicaba el Evangelio a aquellos que antes eran desobedientes, para que, habiendo sido juzgados en la carne, pudieran vivir con Él en espíritu (1Pedro 3:18-20; 4:6).
Su cuerpo fue sepultado y preservado para no ver la corrupción, pero Su alma descendió hasta el abismo más profundo “en el corazón de la tierra” (Mt 12:40). La referencia al “corazón de la tierra” no se refiere al sepulcro, sino el lugar más profundo en el abismo del Seol, también llamado Tártaro (2Peter 2:4), reservado para los más malévolos (cf. Ezeq 31:16). En el libro de Apocalipsis es llamado “el abismo” siete veces.
Jesús no solamente descendió a la región del Hades donde estaba el Paraíso o el seno de Abraham, sino que descendió hasta lo más profundo del Hades, predicando el Evangelio incluso a los que perecieron en el diluvio. En Efesios 4:8-10 Pablo dice lo siguiente acerca de Su descenso:
“Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. 9 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? 10 El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.” (Ef 4:8-10).
Entiendo esto como diciendo que, cuando Cristo descendió a las partes más bajas de la tierra, Él liberó a los cautivos y ascendió con ellos a lo alto, para llenarlo todo. Esta es la idea expresada en La Nueva Versión Internacional que dice: “Cuando ascendió a lo alto, se llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres” Compare esto con Lucas 4:18 donde dice que Jesús fue ungido “para proclamar [kerusso] libertad a los cautivos”. También,1Pedro 3:19-20 donde Jesús “predicó,” (kerusso), en el Hades. Él le quitó las llaves del Hades a Satanás, predicó las buenas nuevas a los cautivos, y los llevó con Él cuando ascendió. Pablo aquí está citando el Salmo 68:18 donde vemos que Él no solamente llevó consigo los que estaban en el Paraíso que habían vivido en santidad, sino también a los que antes eran desobedientes:
“Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios.” (Sal 68:18)
Antes de la resurrección y ascensión de Cristo, el Paraíso no estaba en la presencia del Señor como ahora. Tanto Jesús como el ladrón en la cruz descendieron al Seol después de su último respiro y Jesús permaneció en el Hades, el corazón de la tierra por tres días y tres noches. Sin embargo, como lo prometió, el ladrón estaba con Él en el Paraíso en el mismo día que murieron. Jesús le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43).
Al tercer día Él resucitó de los muertos, habiendo hecho propiciación por los pecados del mundo entero, incluyendo todos los pecados previamente cometidos (Rom 3:25-26). Cuando resucitó, Él ascendió al trono de Dios, llevando consigo el Paraíso, y también a aquellos que habían respondido a su proclamación del Evangelio en las regiones más profundas del Hades en el corazón de la tierra. Es por eso que, cuando Pablo fue llevado al tercer cielo, el Paraíso estaba allí (2Cor 12:2-4). Ahora, estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor (2Cor 5:8). En el mismo instante que el alma abandona el cuerpo estamos con Él en el Paraíso, así como fue con el ladrón en la cruz, excepto que, ¡ahora el Paraíso está en la misma presencia del Señor!
Si morimos antes de que venga Cristo, nuestras almas permanecen en la presencia del Señor hasta Su Segunda Venida cuando lo acompañaremos para ser reunidos con nuestros cuerpos que han estado “dormidos en el polvo” pero serán resucitados a la inmortalidad en ese momento:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también TRAERÁ Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatado.” (1Tes 4:13-17)
Algunos se confunden con expresiones como “los que durmieron,” concluyendo de esto que los muertos están inconscientes. Considero esto con más detalle en mi libro “Exterminación o Restauración,” pero estas expresiones son demostrablemente eufemismos, usados con la intención de ablandar el golpe de la muerte de un ser querido, así como nosotros hoy decimos que la persona que ha fallecido “se ha ido,” “está en reposo,” “está en paz,” “está con el Señor,” “ya no está con nosotros,” “el Señor se lo llevó,” etc. Es considerado insensible simplemente decir: “él está muerto.” Por eso, hemos formado eufemismos que no siempre deben ser entendidos en sentido literal, sino que son utilizados para ablandar el golpe de la muerte. Algunos, ignorando las muchas evidencias de las Escrituras al contrario, insisten que las almas de los muertos están inconscientes hasta la resurrección en vez de estar presente con el Señor y esperando el momento de venir con Él para unirse con sus cuerpos glorificados en su venida gloriosa.
La primera resurrección es la resurrección de vida cuando Cristo viene otra vez. La segunda resurrección sucede 1.000 años después, y es la resurrección de condenación (Jn 5:29; Apo 20:5-6). En aquel día la Muerte y el Hades entregarán a todos sus habitantes para aparecer ante el juicio del Gran Trono Blanco:
“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apo 20:13-15)
La referencia a “la muerte y el Hades” significa que todos los cuerpos de los muertos (la muerte) serán reunidos con sus almas que estaban en el Hades para ser juzgados según las obras que hicieron en la vida. La referencia al mar entregando a los muertos que había en él enfatiza que incluso los cuerpos que fueron lanzados al mar y consumidos tendrán que enfrentar el juicio.
Cuando dice que la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego, algunos, en un intento eliminar todo juicio postmórtem, dicen que son la muerte y el Hades como entidades que son lanzados en el Lago de Fuego, dejando de existir en ese momento. Sin embargo, lo que está diciendo es que cada individuo que está en sus sepulcros y en el Hades será resucitado y juzgado según sus obras y entonces ellos (i.e. todos los que habitaban en la muerte y en el Hades) serán lanzados en el Lago de Fuego para sufrir la segunda muerte (Apo 2:11). El último enemigo – la muerte, no será destruido hasta que todos hayan sido vivificados, doblando rodilla y sometiéndose voluntariamente a Jesucristo como Señor. Entonces, el Hijo se sujetará al Padre y Dios será todo en todos (1Cor 15:22,25-28; cf. Fil 2:10-11).
En resumen, claramente el Seol o el Hades es la región invisible de las almas incorpóreas, y no el qeber o sepulcro, como unos han intentado argumentar. Hades, por definición propia es la esfera invisible de las almas de los muertos. Los justos son unidos a su pueblo en el Paraíso y los impíos van cada uno a su propio lugar esperando el juicio del Gran Trono Blanco (cf. Acts 1:25). Aunque la doctrina del Infierno fue muy distorsionada entrando en la Época Oscura, sin embargo, es real y no una ilusión. Aunque el Lago de Fuego es un fuego purificador y por lo tanto no eterno, sin embargo, es una realidad época duradera y debe ser evitada a todo costo. Jesús dijo que sería mejor sacarnos un ojo o cortarnos una mano, si son ocasión de pecar, antes de ser echado en el fuego de Gehena.
No hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, pero él que no cree será condenado en el juicio del Gran Trono Blanco, recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego, no saliendo de allí “hasta” pagar todo (Rom 8:1; Marcos 16:16; Jn 3:18; Apo 20:15; Apo 21:8; Mt 5:26). Hay algunos Inclusivistas (los que dicen que todos ya son salvos) que dirían que los no arrepentidos ya están en Cristo sin haberlo recibido.
Falsos maestros como Don Keathley nos dicen que no es necesario creer en Cristo para ser salvo. Él dice: “Creyendo no tiene nada que ver con ser salvo, Cristo es el Salvador de TODOS los hombres, todos ya son salvos…” [ix] Él dice esto a pesar de que Jesús claramente dijo, “él que no creyere será condenado” (Marcos 16:16). Mientras es cierto que Él murió por todos, y todos serán vivificados en Cristo – cada uno en su debido orden, sin embargo es necesario recibirlo personalmente, siendo nacido de nuevo como nueva criatura para estar en Cristo y por lo tanto, ser encontrado libre de toda condenación en el día de Jesucristo.
[i] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 41). Don Keathley. Kindle Edition.
[ii] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 46). Don Keathley. Kindle Edition.
[iii] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 22). Don Keathley. Kindle Edition.
[iv] Justin Martyr Chapter 35 - Appeal to the Greeks
[v] Irenaeus, fragments, XXVIII.
[vi] Hippolytus, Against Plato on the cause of the universe, §1
[vii] Clement of Alexandria, Book 6, Chapter 6 - The Gospel Was Preached to Jews and Gentiles in Hades
[viii] El Gran historiador eclesiástico, Philip Schaff, aunque no era universalista, dijo: “En los primeros cinco o seis siglos del cristianismo, había seis escuelas teológicas reconocidas, de las cuales cuatro (Alejandría, Antioquía, Cesarea, y Edessa o Nisibis) eran universalistas, una (Éfeso) aceptaba la inmortalidad condicional; una (Cartago o Roma) enseñó el castigo eterno de los impíos. Otras escuelas teológicas son mencionadas como siendo fundadas por universalistas, pero su doctrina precisa sobre este tema es desconocida.”
“Bajo la instrucción de estos grandes maestros (Clemente, Orígenes, Gregorio, y Teodoro de Mopsuestia), muchos otros teólogos creían en la salvación universal; y de hecho, la Iglesia del oriente estaba inclinada hacia ella hasta después de 500 d.C.”
[ix] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 100). Don Keathley. Kindle Edition.
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)Quin Destruy a Sodoma y por qu?
por George Sidney Hurd
Para el cristiano promedio este tema puede aparentar ser irrelevante porque aceptan el relato bíblico de Sodoma y Gomorra tal como presentado en las Escrituras. Sin embargo, estamos viviendo en un tiempo cuando la mayoría de las creencias históricas están siendo desmanteladas y reinterpretadas de una manera menos confrontacional y ofensiva a las sensibilidades de nuestra sociedad posmoderna. El Dios de las Escrituras está siendo redefinido de una manera que reafirme e incluso aprueba la manera de vivir inicua del hombre moderno en vez de enfrentarla y juzgarla.
Las Evidencias de la Destrucción de Sodoma
Los Modernistas Liberales del pasado típicamente rechazaban la Biblia, hasta negando que Sodoma y Gomorra existían. Sin embargo, tarde o temprano los descubrimientos arqueológicos usualmente traen a la luz evidencias que respaldan la Biblia, y la existencia de Sodoma y Gomorra no es una excepción. En 1964 un grupo de arqueólogos descubrieron las ruinas de una ciudad muy antigua en el norte de Siria que fue identificada como Elba, la capital de un imperio antiguo contemporáneo con los Patriarcas. En las excavaciones descubrieron más de 2.000 tablas escritas en un texto cuneiforme. Las tablas contenían los nombres de muchas de las ciudades antiguas mencionadas en Génesis, incluyendo todas las cinco ciudades de la llanura que fueron mencionadas como destruidas en Génesis, y fueron designadas como “las ciudades inicuas.” 1 Las tablas son datadas comenzando en 2.300 a.C., unos 450 años antes de la destrucción de las ciudades de la llanura según el capítulo 19 de Génesis.
Hoy en día la mayoría de los Progresivos Posmodernos no niegan abiertamente las Escrituras como hacían los Modernistas Liberales. En lugar de eso, ellos reinterpretan y alteran el sentido obvio del texto para acomodarlo a las normativas y sensibilidades de la sociedad actual. Algunos, sin rechazar de manera directa el relato bíblico, argumentan que la destrucción de Sodoma y Gomorra no era un evento histórico y real, sino simplemente una historia inventada por los hombres para poder controlar a la gente por el miedo. Sin embargo, una vez más, las evidencias arqueológicas no están de su lado. Para mí, hay amplias evidencias como para poder convencer a todos sin prejuicios que los restos de ceniza de cada una de las ciudades permanecen hasta el día de hoy.
El relato en Génesis dice que Sodoma y las ciudades de la llanera fueron completamente destruidos por fuego y azufre que cayó del cielo:
“Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.” (Gen 19:24-25).
Tanto Pedro como Judas se refieren a la destrucción de Sodoma y Gomorra como una señal visible que se podía observar en su día. Pedro dijo de su destrucción:
“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo (hupodeigma) a los que habían de vivir impíamente…” (2 Pedro 2:6)
Aquí Pedro dice que Dios hizo un ejemplo o “muestra visible” (hupodeigma) de Sodoma y Gomorra para que lo futuras generaciones pudieran observar y no imitar sus prácticas impías. Él indicó que el ejemplo visible son los restos cenicientos de las ciudades. De semejante manera Judas dice:
“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo (deigma), sufriendo el castigo del fuego eterno (pur aionios ‘fuego época duradera’).” (Judas 7)
Aquí Judas utiliza una forma de la misma palabra griega que usó Pedro, (deigma), que Vine’s Expository Dictionary define como, “espécimen, algo mostrado.” El énfasis de Pedro y Judas, tomados juntos, es que Sodoma y Gomorra eran una señal observable en la forma de restos cenicientos, demostrando que Dios juzgará a aquellos que persistan en las mismas prácticas del sexo ilícito de los sodomitas.
Pedro y Judas no son los únicos de esa época que mencionaban los restos cenicientos de las ciudades de la llanura que Dios había destruido. El historiador judío Josefo, que era contemporáneo con Pedro y Judas, dijo de su destrucción:
“La planicie de Sodoma está adyacente a él (el Mar Muerto). Antiguamente fue una tierra muy hermosa por los frutos que producía y por las riquezas de sus ciudades, aunque ahora está reducida a cenizas. Se dice como, por la impiedad de sus habitantes, fue incendiado y por esa razón todavía existen los restos de ese fuego divino, y los rastros (o sombras) de las cinco ciudades todavía se pueden ver… Y por lo tanto, lo que se relata de esta tierra de Sodoma tiene estas evidencias que nuestros mismos ojos pueden comprobar.” 2
Josefo, casi 2.000 años después de la destrucción de Sodoma dijo que las formaciones o sombras de todas las cinco ciudades todavía eran visibles. No habían sido enterradas y parcialmente preservadas como algunas de las comunidades en el lado oriental del Mar Muerto. Otras ciudades fueron construidas encima de esas ciudades pero, según las Escrituras, las ciudades de Sodoma fueron reducidas a cenizas para jamás ser reconstruidas y permanecen visibles en el superficie, puestas por ejemplo a los que habían de vivir impíamente después (Sof 2:9; Isa 13:19-20; Jer 49:18).
También, Strabo, el geógrafo, filósofo e historiador griego que vivía entre los años 63 B.C. y 23 D.C. dijo: “Antes había ciudades habitadas en esa región del Mar Muerto cerca de Masada bajo la ciudad metrópolis de Sodoma.” 3 Las ruinas de Masada, la fortaleza de Herodes, da una vista panorámica de lo que queda de Gomorra, una de las ciudades bajo la ciudad principal de Sodoma, como ilustrado en las siguientes imágenes:
Para el cristiano promedio este tema puede aparentar ser irrelevante porque aceptan el relato bíblico de Sodoma y Gomorra tal como presentado en las Escrituras. Sin embargo, estamos viviendo en un tiempo cuando la mayoría de las creencias históricas están siendo desmanteladas y reinterpretadas de una manera menos confrontacional y ofensiva a las sensibilidades de nuestra sociedad posmoderna. El Dios de las Escrituras está siendo redefinido de una manera que reafirme e incluso aprueba la manera de vivir inicua del hombre moderno en vez de enfrentarla y juzgarla.
Las Evidencias de la Destrucción de Sodoma
Los Modernistas Liberales del pasado típicamente rechazaban la Biblia, hasta negando que Sodoma y Gomorra existían. Sin embargo, tarde o temprano los descubrimientos arqueológicos usualmente traen a la luz evidencias que respaldan la Biblia, y la existencia de Sodoma y Gomorra no es una excepción. En 1964 un grupo de arqueólogos descubrieron las ruinas de una ciudad muy antigua en el norte de Siria que fue identificada como Elba, la capital de un imperio antiguo contemporáneo con los Patriarcas. En las excavaciones descubrieron más de 2.000 tablas escritas en un texto cuneiforme. Las tablas contenían los nombres de muchas de las ciudades antiguas mencionadas en Génesis, incluyendo todas las cinco ciudades de la llanura que fueron mencionadas como destruidas en Génesis, y fueron designadas como “las ciudades inicuas.” 1 Las tablas son datadas comenzando en 2.300 a.C., unos 450 años antes de la destrucción de las ciudades de la llanura según el capítulo 19 de Génesis.
Hoy en día la mayoría de los Progresivos Posmodernos no niegan abiertamente las Escrituras como hacían los Modernistas Liberales. En lugar de eso, ellos reinterpretan y alteran el sentido obvio del texto para acomodarlo a las normativas y sensibilidades de la sociedad actual. Algunos, sin rechazar de manera directa el relato bíblico, argumentan que la destrucción de Sodoma y Gomorra no era un evento histórico y real, sino simplemente una historia inventada por los hombres para poder controlar a la gente por el miedo. Sin embargo, una vez más, las evidencias arqueológicas no están de su lado. Para mí, hay amplias evidencias como para poder convencer a todos sin prejuicios que los restos de ceniza de cada una de las ciudades permanecen hasta el día de hoy.
El relato en Génesis dice que Sodoma y las ciudades de la llanera fueron completamente destruidos por fuego y azufre que cayó del cielo:
“Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.” (Gen 19:24-25).
Tanto Pedro como Judas se refieren a la destrucción de Sodoma y Gomorra como una señal visible que se podía observar en su día. Pedro dijo de su destrucción:
“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo (hupodeigma) a los que habían de vivir impíamente…” (2 Pedro 2:6)
Aquí Pedro dice que Dios hizo un ejemplo o “muestra visible” (hupodeigma) de Sodoma y Gomorra para que lo futuras generaciones pudieran observar y no imitar sus prácticas impías. Él indicó que el ejemplo visible son los restos cenicientos de las ciudades. De semejante manera Judas dice:
“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo (deigma), sufriendo el castigo del fuego eterno (pur aionios ‘fuego época duradera’).” (Judas 7)
Aquí Judas utiliza una forma de la misma palabra griega que usó Pedro, (deigma), que Vine’s Expository Dictionary define como, “espécimen, algo mostrado.” El énfasis de Pedro y Judas, tomados juntos, es que Sodoma y Gomorra eran una señal observable en la forma de restos cenicientos, demostrando que Dios juzgará a aquellos que persistan en las mismas prácticas del sexo ilícito de los sodomitas.
Pedro y Judas no son los únicos de esa época que mencionaban los restos cenicientos de las ciudades de la llanura que Dios había destruido. El historiador judío Josefo, que era contemporáneo con Pedro y Judas, dijo de su destrucción:
“La planicie de Sodoma está adyacente a él (el Mar Muerto). Antiguamente fue una tierra muy hermosa por los frutos que producía y por las riquezas de sus ciudades, aunque ahora está reducida a cenizas. Se dice como, por la impiedad de sus habitantes, fue incendiado y por esa razón todavía existen los restos de ese fuego divino, y los rastros (o sombras) de las cinco ciudades todavía se pueden ver… Y por lo tanto, lo que se relata de esta tierra de Sodoma tiene estas evidencias que nuestros mismos ojos pueden comprobar.” 2
Josefo, casi 2.000 años después de la destrucción de Sodoma dijo que las formaciones o sombras de todas las cinco ciudades todavía eran visibles. No habían sido enterradas y parcialmente preservadas como algunas de las comunidades en el lado oriental del Mar Muerto. Otras ciudades fueron construidas encima de esas ciudades pero, según las Escrituras, las ciudades de Sodoma fueron reducidas a cenizas para jamás ser reconstruidas y permanecen visibles en el superficie, puestas por ejemplo a los que habían de vivir impíamente después (Sof 2:9; Isa 13:19-20; Jer 49:18).
También, Strabo, el geógrafo, filósofo e historiador griego que vivía entre los años 63 B.C. y 23 D.C. dijo: “Antes había ciudades habitadas en esa región del Mar Muerto cerca de Masada bajo la ciudad metrópolis de Sodoma.” 3 Las ruinas de Masada, la fortaleza de Herodes, da una vista panorámica de lo que queda de Gomorra, una de las ciudades bajo la ciudad principal de Sodoma, como ilustrado en las siguientes imágenes:
Ahora, casi 2.000 años después de Josefo, los restos cenicientos permanecen aún como un testimonio visible del juicio contra la inmoralidad desenfrenada y persistente. Más de cerca uno examina los restos, más evidente es que de hecho son un testimonio solemne del juicio de Dios contra las ciudades de Sodoma. Los restos de ceniza no aparecen en toda la llanura, sino que están confinados a las cinco ciudades como está indicado en las siguientes imágenes:
Otros sitios arqueológicos, como Tal el-Hammam en el nororiente del Mar Muerto, muestran indicios de haber sido destruidos por fuego también, pero no fueron reducidos a ceniza como dice la Biblia acerca de las cinco ciudades de la llanura que fueron totalmente destruidas. Strabo indica que había otras ciudades en la llanura aparte de las de la metrópolis Sodomita. Él dijo: “hubo un tiempo cuando había trece ciudades en esa región de las cuales Sodoma era la metrópolis.” 4
Al examinar los restos cenicientos de las ciudades llega a ser aún más evidente que corresponden con el relato de Génesis acerca de su destrucción. Génesis 19:24 dice que el Señor “hizo llover azufre y fuego” sobre las ciudades. Encastradas en las capas de ceniza hay miles de bolas de azufre de varios tamaños con una cáscara cristalizada formada cuando las bolas de azufre fueron extinguidas en la ceniza antes de poder consumirse completamente. Este es el único lugar en el mundo donde se encuentra azufre en esta forma:
Al examinar los restos cenicientos de las ciudades llega a ser aún más evidente que corresponden con el relato de Génesis acerca de su destrucción. Génesis 19:24 dice que el Señor “hizo llover azufre y fuego” sobre las ciudades. Encastradas en las capas de ceniza hay miles de bolas de azufre de varios tamaños con una cáscara cristalizada formada cuando las bolas de azufre fueron extinguidas en la ceniza antes de poder consumirse completamente. Este es el único lugar en el mundo donde se encuentra azufre en esta forma:
El tipo de azufre encontrado en estos sitios es único y diferente del azufre encontrado en otros partes del mundo. El azufre producido por la actividad geotérmica solamente es alrededor de 40 porciento puro, mientras que numerosas pruebas de laboratorio han determinado que el azufre de estas ciudades es entre 94 y 98 por ciento puro con pequeñas cantidades de magnesio que combinados producen calor suficiente para derretir el acero inoxidable. Adicionalmente, el azufre no se encuentra así en forma de bolas en la naturaleza.
También, en algunos lugares se encuentra carbón o madera parcialmente quemada que fue atrapada en las capas de ceniza y privado del oxígeno antes de poder consumirse completamente.
Los depósitos de ceniza en estas ciudades son sulfato de calcio puro que es producido cuando la caliza, que es carbonato de calcio, es consumida con azufre y calor intenso. La mayoría de las estructuras de esa región fueron hechas de caliza. Las capas delgadas de la ceniza se vuelven polvo muy fácilmente.
En algunos lugares las capas aparecen en formaciones remolineantes, que sería el resultado de una tormenta de fuego o ionización térmica causada por electrones repelándose y atrayéndose bajo un calor extremo, como se ve en las siguientes imágenes:
Este fuego divino es el mismo fuego del Señor que cayó sobre el altar después de que Elías había orado, consumiendo no solamente el sacrificio, sino también la madera y las mismas piedras del altar (1Kings 18:38). Aparte del hecho de que las Escrituras dicen que fue el Señor Mismo que llovió azufre y fuego sobre Sodoma del cielo, los mismos detalles de las evidencias forenses tomados juntos indican que estas ciudades fueron destruidas por medios no naturales de este planeta.
Aunque aquellos que no quieren retener el conocimiento de Dios siempre procurarán desacreditar las evidencias, en mi opinión, como dijeron Pedro y Judas, la destrucción de Sodoma y Gomorra es un ejemplo visible para todas las generaciones, demostrando que Dios juzgará a aquellos que se nieguen a juzgarse a sí mismos (2 Pedro 2:6; Judas 7; Heb 13:4). Creo que la evidencia es tan contundente como para dejar a los hombres sin excusa en el día del juicio. Para una descripción más detallada recomiendo: Sodom & Gomorrah - true location found - Ross Patterson.
¿Quién destruyó a Sodoma?
Algunas personas, aunque reconocen remisamente que eventos cataclísmicos como el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra sucedieron, sin embargo intentan argumentar que no fue Dios Mismo que destruyó estas ciudades. Esto a pesar de los términos tan específicos atribuyendo la destrucción a Dios Mismo. Dios le dijo a Abraham que no destruiría Sodoma si fuera a encontrar tan solamente diez justos dentro de la ciudad (Gen 18:32). Claramente, Dios toma responsabilidad por la destrucción de Sodoma.
Progresivos como Gregory Boyd argumentan que Dios es exclusivamente amor cruciforme y no-violento y por lo tanto jamás hubiera destruido a Sodoma (examino sus argumentos en mi libro, “Los Caminos de Dios” Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico). Boyd argumenta que Dios simplemente “quitó su mano de protección, permitiendo que fuerzas anti-creacionales que se dedican a destruir” llevaran a cabo la destrucción. 5 Pero, cuando los dos ángeles le contaron a Lot que las ciudades iban a ser destruidas, le dijeron: “vamos a destruir este lugar… Jehová nos ha enviado para destruirlo” (Gen 19:13). ¿Podríamos razonablemente decir que los mismos ángeles de Dios son fuerzas anti-creacionales dedicados a destruir, como dice Boyd? El lenguaje de las Escrituras no nos permite separar a Dios de la destrucción de Sodoma como Boyd intenta hacer. Génesis 19:24 dice de manera enfática, “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos.” A la luz de esto, ¿cómo podemos atribuir la destrucción de Sodoma a fuerzas malévolas destructoras?
Algunos argumentarían que el autor humano de Génesis equivocadamente presentó a Dios como si Él fuera quién destruyó las ciudades – que Moisés simplemente interpretó la destrucción según su percepción equivocada de Dios. Ellos dirían que, para poder conocer a Dios como realmente es, necesitamos aprender de Jesús. Sin embargo, Jesús siempre autenticaba la totalidad de los escritos de Moisés y los Profetas como inspirados por Dios y por lo tanto infalible (Mt 4:4; Jn 10:35; Marcos 14:49; Mt 5:18; 26:56; Lucas 21:22; 24:44; Jn 13:18; 15:25, etc.). Adicionalmente, en Lucas 17 Jesús no solamente reafirma la historicidad del juicio de Dios sobre Sodoma, sino que Él también advierte que los eventos relacionados con Su retorno serán similares:
“Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; 29 mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. 30 Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.” (Lucas 17:28-30 cf. Apo 6:15-17).
No hay indicación de que Jesús entendió la destrucción de Sodoma como llevado a cabo por fuerzas malévolas en vez de Dios Mismo. De hecho, el Nuevo Testamento utiliza términos muy similares para describir el juicio que el Hijo del Hombre Mismo traerá contra el Anticristo y sus seguidores cuando Él se revela del cielo:
“cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna (aionios “época duradera”) perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2 Tes 1:7-9)
El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Señor Jesucristo que vendrá en llama de fuego, dando retribución a los impíos en Su Segunda Venida (cf. Apo 19:11-15). Es cierto que la perdición es eonian y no eterna. De hecho, incluso Sodoma finalmente será restaurada (Ezeq 16:53-55). Pero eso no cambia el hecho de que es Dios Mismo que juzga a Su pueblo. Como dice el escritor de Hebreos:
“Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb 10:30-31)
Aunque es cierto que en las épocas venideras, en los tiempos de la restauración de todos – la dispensación del cumplimiento de los tiempos, todos finalmente habrán sido restaurados, habiendo sido reunidos en Cristo (Hch 3:21; Ef 1:10), las consecuencias de persistir en el pecado sin arrepentirse son muy serias y duraderas. Aunque los habitantes de la ciudades de Sodoma finalmente serán restaurados, al menos algunos de ellos han estado en una condición consciente en el hades por más de 4.000 años esperando su pena en el día del juicio (Mt 10:15). Aunque es tema de otro blog, el hades, o seol en el hebreo, es la habitación invisible de las almas de los muertos y no el sepulcro, como afirman maestros como Don Keathley. 6 Los cuerpos están dormidos en el sepulcro, pero las almas están conscientes en el hades. Para los que deseen, demuestro de las Escrituras que nuestras almas permanecen en un estado consciente después de la muerte en mi blog, “¿Es Seol el Sepulcro?” y en mi libro, “¿Exterminación o Restauración?”.
Contrario a la opinión popular moderna, reafirmando a alguien que está viviendo en el pecado en vez de confrontarlo y advertirlo acerca del juicio de Dios sobre los no arrepentidos, no es amor. O es incredulidad acerca de las advertencias de Dios encontradas en las Escrituras (a menudo dadas por Jesús Mismo), o es por falta del amor y preocupación por el bienestar del pecador no arrepentido. Si realmente amamos a alguien y creemos que la Palabra de Dios es verdad, no vamos a reafirmar a uno en sus pecados. Lo advertiremos e intercederemos por él hasta que vuelva en sí y se arrepienta ante Dios.
Reafirmando comportamiento pecaminoso en vez de confrontarlo es lo que caracteriza a los falsos profetas. Ellos son los que dicen “paz y seguridad” en vez de advertir del juicio que viene (1Tes 5:1-3; Ezeq 13:16; Jer 14:14-16). Esto es lo que los falsos profetas hacían en el Antiguo Testamento cuando Dios advertía por Sus profetas de que venían juicios, y Jesús advirtió que habría muchos falsos profetas iguales a aquellos preciso antes de Su retorno:
“Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Mt 24:11-13)
Muchos falsos maestros se han levantado en nuestros días que “deconstruyen” las Escrituras y su revelación de la naturaleza de Dios y Sus caminos con el fin de remover todo temor a Dios. Ellos bien dicen que el amor perfecto echa fuera todo temor (1Jn 4:18). Pero, también es importante entender que el temor del Señor es el principio de la sabiduría (Sal 111:10).
Cualquier niño que ame y respete a su padre entiende que el temor y el amor no son incompatibles. Si tuvimos el privilegio de tener un buen padre que nos amaba, comprendemos el amor/temor relación a uno en autoridad. Mientras obedecíamos, la única emoción que sentimos era positiva – la de amor y respeto (temor reverente). Pero, cuando traspasamos sus límites establecidos, aunque sabíamos que él nos amaba y por ese motivo nos corregía, la emoción predominante era la emoción negativa de temor porque sabíamos que nos iba a disciplinar. De hecho, como dice el escritor de Hebreos, Dios nos disciplina y azota precisamente porque nos ama (Heb 12:5-7). Un padre que no establece límites o no los impone es un padre negligente que realmente no ama a su hijo (Pro 13:24).
Estamos viviendo en una sociedad cada vez más hedonista que desprecia toda autoridad y dice, “si se siente bien, hazlo.” Y muchos que no niegan la existencia de Dios abiertamente, en vez de arrepentirse de sus pecados, sometiéndose a Dios, buscan para sí maestros que reconstruyen el Dios de la Biblia, presentándolo como si fuera un padre todo-permisivo que aprueba cualquier cosa que sus hijos deseen hacer (2Tim 4:1-4). El resultado es que “no hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Rom 3:18). Jesús dijo que en el tiempo de Su retorno sería como en los días de Lot. Cuando los ángeles entraron en la casa de Lot, todos los hombres de la ciudad se juntaron en la puerta e insistían en que Lot los sacara para violarlos sexualmente. Cuando Lot los reprochó por lo que querían hacer, lo condenaron por estar juzgándolos (Gen 19:9). Aún después de haber sido cegados de manera sobrenatural por los ángeles, no temieron a Dios arrepintiéndose, sino que seguían buscando la puerta hasta agotarse (Gen 19:4-11).
Claramente, Dios Mismo toma responsabilidad por la destrucción de Sodoma. Y Jesús, como también Pedro y Judas, advierten que, si seguimos su ejemplo, Dios, que no hace acepción de personas, nos juzgará de igual manera. Muchos que han sido condicionados a ver a Dios como si fuera un padre todo-consentidor sin duda protestaría contra esto. Sin embargo, Pablo les respondería diciendo: “Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Rom 3:5-6). Igual como Dios juzgó a Sodoma y Gomorra, Dios juzgará al mundo. No creas a los falsos profetas cuando digan paz y seguridad, contrario a las advertencias de Jesús y todas las Escrituras (1Thess 5:3).
¿Por qué fue Destruida Sodoma?
Históricamente ha sido la creencia, tanto de judíos como cristianos que, aunque Sodoma era culpable de muchos pecados, fueron destruidos principalmente por su práctica de la homosexualidad. Esta conclusión se basa principalmente en Génesis 19:4-5 donde dice:
“Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. 5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.” (Gen 19:4-5)
Entre los judíos de ese tiempo decir que uno “conozca” a otra persona en estos contextos era una manera discreta de referirse a las relaciones sexuales (Gen 4:1,17,25; 24:16; 38:26; Matt 1:25, etc.). En estos tiempos algunos han intentado argumentar que lo que los hombres de Sodoma exigían no era conocerlos sexualmente sino nada más conocerlos personalmente. Señalan que “conocer” en la mayoría de los casos significa nada más conocerle a uno de una manera no sexual. De esto argumentan que ellos simplemente estaban exigiéndole a Lot que él les permitiera entrevistarlos. Sin embargo, en el contexto es obvio que “conocer” es utilizado en el sentido sexual. Cuando insistían en conocerlos, Lot les ofreció a sus dos hijas vírgenes que no habían “conocido” varón (Gen 19:8). Es obvio que no estaba nada más ofreciendo que conversaran con ellas.
En Jueces 19 hay un incidente similar donde un anciano recibió a un hombre con su concubina en su casa para pasar la noche en vez de quedar la noche en la plaza abierta. Lo que sucedió después es difícil leer pero ilustra lo que significa cuando un hombre quiere “conocerle” a otro en este sentido:
“Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos. 23 Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. 24 He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25 Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba.” (Jueces 19:22-25)
Este incidente paralelo demuestra más allá de duda que la exigencia de sacar a los visitantes (ángeles) de Sodoma para “conocerlos” en este contexto se refiere a las relaciones sexuales y no nada más conversar con ellos. Claramente, en el contexto de Génesis 19 el pecado que finalmente resultó en la destrucción de Sodoma era la actividad homosexual o sodomía. Es por eso que Judas, el medio hermano de Jesús, nombra el pecado de Sodoma como habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza (Judas 7). De semejante manera, Pablo habla de las relaciones homosexuales de mujer con mujer o hombre con hombre como pasiones vergonzosas contra naturaleza (Rom 1:24-28).
Algunos argumentan que el pecado de Sodoma era la inhospitalidad en vez del pecado de la homosexualidad. Citan Ezequiel 16 que dice:
“He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. 50 Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.” (Ezeq 16:49,50)
Aquí como en Romanos capítulo 1 vemos un descenso en caracol. En este caso comenzó con orgullo y exceso, y descendieron en ociosidad y finalmente terminaron en cometer la abominación. Cometer la abominación era lo que provocó el juicio severo del Señor – no la falta de hospitalidad. (“ellos hicieron abominación...y las quité.”)
¿Cuál fue la abominación que cometieron delante de Él? Es obvio que no era inhospitalidad. En primer lugar, la inhospitalidad es un pecado de omisión – no de comisión. ¿Cuál pecado es históricamente reconocido como el pecado de Sodoma que es llamado una abominación? Homosexualidad. Es por eso que sodomía es utilizada como un sinónimo para la práctica de homosexualidad.
La falta de hospitalidad jamás es llamada una “abominación” en las Escrituras y jamás sería castigado con la pena de muerte. Dios hubiera actuado fuera de Su propia ley si fuera infligir la pena de muerte por no mostrar la hospitalidad. La ley de Dios no exigía la pena de muerte por no mostrar la hospitalidad, pero sí requería la pena de muerte por la abominación de la actividad homosexual:
“Si un hombre se acuesta con un hombre, como se acuesta con una mujer, los dos cometen una abominación. Ambos morirán irremisiblemente; su sangre será sobre ellos.” (Lev 20:13 RVA)
¿Cuál fue la abominación que cometió Sodoma que justificaba la pena de muerte como un ejemplo? Esta frase “cometer una abominación” como aquí aparece en su forma singular (heb. tow`ebah) es la misma forma que “hicieron abominación” en Ezequiel 16:50. En todas las Escrituras esta forma es utilizada exclusivamente para referirse al acto homosexual. Por esta razón Judas atribuye su destrucción a vicios contra la naturaleza (Judas 7). El pene del hombre fue diseñado para introducirse en la vagina de la mujer, pero el ano fue diseñado para la eliminación – no la penetración. Pablo, de semejante manera, se refería a las relaciones sexuales entre los del mismo sexo como “pasiones vergonzosas contra naturaleza” (Rom 1:26). Aparte de que es contra el diseño de Dios y una ofensa contra Él, tales prácticas contra naturaleza son la causa de muchos problemas graves de salud, adicional a lo del SIDA.
Es común oír proponentes de la homosexualidad decir, “Jesús no dijo nada contra la homosexualidad, así que Él ha de haberla aprobado.” Pero, no hubiera habido necesidad que Él hablara del tema, dado que ya estaba entendido como un pecado grave para los judíos. Nadie le presentó a Jesús con un caso de homosexualidad para que Él hablara del tema, como fue el caso con el adulterio. Tampoco mencionaba el incesto, pedofilia o bestialidad porque igualmente eran entendidos como actos abominables entre los judíos de Su tiempo. También estos pecados eran prohibidos de manera explícita en la Ley y Jesús afirmaba la Ley. Sin duda, si alguien le hubiera preguntado acerca de la homosexualidad Él le habría referido a la Ley, igual como Él hizo en más de una ocasión (Mt 19:4; Lucas 18:20). Tenemos que tener presente que Jesús es Dios y por lo tanto el autor divino, tanto del Antiguo como el Nuevo Testamento. También, implícita en Su descripción de la destrucción de Sodoma y su juicio cuando él viene otra vez es Su condenación de toda actividad homosexual no arrepentida (Luke 17:28-30; Matt 10:15).
Dado que yo, igual como con la mayoría de las personas en nuestros días, tenemos relaciones cercanas con personas que amamos que practican la homosexualidad, he procurado entender el tema de cada ángulo, leyendo libros a favor y en contra de la homosexualidad. Quizás el intento más desarrollado de reconciliar el estilo de vida Gay al cristianismo fue “God and the Gay Christian” (Dios y el Cristiano Gay) por el joven Matthew Vines. Él admite que los hombres de Sodoma intentaron violar a los ángeles, pensando que eran hombres. Sin embargo, él y otros promovedores de la homosexualidad dentro de la Iglesia argumentan que, lo que Dios desaprueba no es el acto homosexual en sí, sino actividad sexual promiscua con múltiples parejas fuera de una relación comprometida de amor entre dos individuos. 7
Sin embargo, la prohibición en Levítico 18 y 20 no es exclusivamente contra el sexo promiscuo. Es contra cualquier hombre teniendo intimidad sexual con varón como con mujer (Lev 18:22). De la misma manera, lo que Pablo denuncia como contra naturaleza es mujer con mujer y hombre con hombre (Rom 1:26-27). Insistir que Pablo solamente estaba refiriéndose a la promiscuidad sexual es leer en el texto lo que no está expresado.
Algunos señalan que ya no estamos bajo la Ley y de eso argumentan que la prohibición en Levítico ya no aplica a nosotros. Mientras es cierto que en Cristo ya no estamos bajo la Ley, la justicia de la Ley es producida en nosotros cuando andamos en el Espíritu, permaneciendo en Cristo (Rom 8:4). Lo que era inmoral bajo la Ley sigue siendo inmoral hoy, y eso incluye relaciones con los del mismo sexo. Pablo en otra parte explica que, aunque los que están en Cristo ya no están bajo la Ley, la Ley sigue en efecto para acusar a los transgresores:
“Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” (1Tim 1:8-11).
Aquí vemos que la Ley todavía sirve para convencer al homosexual de su pecado. La palabra traducida aquí como “sodomita” es arsenokoites que es una palabra compuesta de arsen – “varón” y koite – “cama.” De koite derivamos nuestra palabra coitus que significa “relaciones sexuales.” Pablo aquí está haciendo referencia a la prohibición en Levítico contra un hombre acostándose con otro varón como mujer (Lev 18:22).
Los defensores de la vida Gay a menudo intentan desmantelar las sanas doctrinas de las Escrituras, discutiendo sobre definiciones de palabras con el objetivo de hacer que las Escrituras aparenten estar afirmando la vida pecaminosa de uno. Pablo confrontaba este mismo problema y nos dijo que nos apartáramos de los hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad que provocan contención sobre palabras en vez de aferrarse a la sana doctrina que es conforme a la piedad (1Tim 6:3-5).
Que la prohibición contra el homosexualismo es una prohibición sin limitación de tiempo y no algo solamente aplicable a los judíos bajo la Ley es evidente cuando uno revisa todo el capítulo en Levítico 18. Después de prohibir varios pecados sexuales, incluyendo incesto, homosexualidad y la bestialidad, el Señor deja muy en claro que estos pecados no solamente eran actos abominables para Su pueblo Israel bajo la Ley, sino que Él también juzga a las naciones que practican estas abominaciones. Después de nombrar todos los actos sexuales abominables Él dice:
“(porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); 28 no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros. 29 Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo.” (Lev 18:27-29)
Entonces vemos que, no solamente Sodoma y Gomorra fueron destruidos por Dios debido a estas abominaciones, sino que estas mismas abominaciones fueron la razón por la que Dios echó a los Cananeos de la tierra. La homosexualidad es un pecado contra el diseño de Dios, sin importar en qué época uno vive. En el principio Dios nos hizo hombre y mujer y nos mandó a fructificar y multiplicarnos (Mt 19:4-5; Gen 1:27-28). La homosexualidad va en contra del diseño e intención original de Dios. Y aunque las Escrituras claramente enseñan que todos finalmente serán restaurados (hasta incluir a Sodoma), es igualmente claro que ninguna persona inmoral heredará al reino de Dios en su condición pecaminosa. Pablo dice:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1Cor 6:9-11)
Pablo dice, “No dejen que nadie les engañe, haciendo que piensen que pueden heredar el reino de Dios mientras estén viviendo en el pecado.” Si estás practicando cualquier de estas actividades pecaminosas mencionados aquí de manera continua, en vez de justificar continuar en ellas, buscando falsos maestros que te reafirman en los pecados que te excluirán del reino, necesitas arrepentirte de tu pecado ante Dios y pedir que te limpie y te santifique para que seas salvo en el día del Señor Jesucristo, siendo librado del Lago de Fuego y la segunda muerte.
Me han acusado de ser carente de amor porque no reafirmo a las personas que están practicando el homosexualismo. Sin embargo, sabiendo lo que pasó a Sodoma y Gomorra y el por qué, sería una falta de amor guardar silencio. Hay personas muy cerca de mí, a las que amo mucho, que están practicando el homosexualismo. Si pudiera reafirmarlos y amarlos al mismo tiempo lo haría. Pero reafirmarlos en su pecado no es amor – o es ignorancia, indiferencia o cobardía. Jesús dijo: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” (Apo 3:19). Incluso el juicio de Dios contra Sodoma fue una intervención correctiva motivado por Su amor. Era un juicio necesario para el bien de la humanidad, pero culmina en la restauración de Sodoma (Ezeq 16:53-55). Dios es un Dios de justicia, pero también es un Dios de misericordia y Sus misericordias no tienen fin. Al final Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13).
Para una consideración más profundo del tema de la homosexualidad recomiendo la serie de cuatro enseñanzas en ingles: https://www.youtube.com/watch?v=l_5WvYcKv18&t=265s
Aunque aquellos que no quieren retener el conocimiento de Dios siempre procurarán desacreditar las evidencias, en mi opinión, como dijeron Pedro y Judas, la destrucción de Sodoma y Gomorra es un ejemplo visible para todas las generaciones, demostrando que Dios juzgará a aquellos que se nieguen a juzgarse a sí mismos (2 Pedro 2:6; Judas 7; Heb 13:4). Creo que la evidencia es tan contundente como para dejar a los hombres sin excusa en el día del juicio. Para una descripción más detallada recomiendo: Sodom & Gomorrah - true location found - Ross Patterson.
¿Quién destruyó a Sodoma?
Algunas personas, aunque reconocen remisamente que eventos cataclísmicos como el diluvio y la destrucción de Sodoma y Gomorra sucedieron, sin embargo intentan argumentar que no fue Dios Mismo que destruyó estas ciudades. Esto a pesar de los términos tan específicos atribuyendo la destrucción a Dios Mismo. Dios le dijo a Abraham que no destruiría Sodoma si fuera a encontrar tan solamente diez justos dentro de la ciudad (Gen 18:32). Claramente, Dios toma responsabilidad por la destrucción de Sodoma.
Progresivos como Gregory Boyd argumentan que Dios es exclusivamente amor cruciforme y no-violento y por lo tanto jamás hubiera destruido a Sodoma (examino sus argumentos en mi libro, “Los Caminos de Dios” Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico). Boyd argumenta que Dios simplemente “quitó su mano de protección, permitiendo que fuerzas anti-creacionales que se dedican a destruir” llevaran a cabo la destrucción. 5 Pero, cuando los dos ángeles le contaron a Lot que las ciudades iban a ser destruidas, le dijeron: “vamos a destruir este lugar… Jehová nos ha enviado para destruirlo” (Gen 19:13). ¿Podríamos razonablemente decir que los mismos ángeles de Dios son fuerzas anti-creacionales dedicados a destruir, como dice Boyd? El lenguaje de las Escrituras no nos permite separar a Dios de la destrucción de Sodoma como Boyd intenta hacer. Génesis 19:24 dice de manera enfática, “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos.” A la luz de esto, ¿cómo podemos atribuir la destrucción de Sodoma a fuerzas malévolas destructoras?
Algunos argumentarían que el autor humano de Génesis equivocadamente presentó a Dios como si Él fuera quién destruyó las ciudades – que Moisés simplemente interpretó la destrucción según su percepción equivocada de Dios. Ellos dirían que, para poder conocer a Dios como realmente es, necesitamos aprender de Jesús. Sin embargo, Jesús siempre autenticaba la totalidad de los escritos de Moisés y los Profetas como inspirados por Dios y por lo tanto infalible (Mt 4:4; Jn 10:35; Marcos 14:49; Mt 5:18; 26:56; Lucas 21:22; 24:44; Jn 13:18; 15:25, etc.). Adicionalmente, en Lucas 17 Jesús no solamente reafirma la historicidad del juicio de Dios sobre Sodoma, sino que Él también advierte que los eventos relacionados con Su retorno serán similares:
“Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; 29 mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. 30 Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste.” (Lucas 17:28-30 cf. Apo 6:15-17).
No hay indicación de que Jesús entendió la destrucción de Sodoma como llevado a cabo por fuerzas malévolas en vez de Dios Mismo. De hecho, el Nuevo Testamento utiliza términos muy similares para describir el juicio que el Hijo del Hombre Mismo traerá contra el Anticristo y sus seguidores cuando Él se revela del cielo:
“cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna (aionios “época duradera”) perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2 Tes 1:7-9)
El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Señor Jesucristo que vendrá en llama de fuego, dando retribución a los impíos en Su Segunda Venida (cf. Apo 19:11-15). Es cierto que la perdición es eonian y no eterna. De hecho, incluso Sodoma finalmente será restaurada (Ezeq 16:53-55). Pero eso no cambia el hecho de que es Dios Mismo que juzga a Su pueblo. Como dice el escritor de Hebreos:
“Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 31 ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb 10:30-31)
Aunque es cierto que en las épocas venideras, en los tiempos de la restauración de todos – la dispensación del cumplimiento de los tiempos, todos finalmente habrán sido restaurados, habiendo sido reunidos en Cristo (Hch 3:21; Ef 1:10), las consecuencias de persistir en el pecado sin arrepentirse son muy serias y duraderas. Aunque los habitantes de la ciudades de Sodoma finalmente serán restaurados, al menos algunos de ellos han estado en una condición consciente en el hades por más de 4.000 años esperando su pena en el día del juicio (Mt 10:15). Aunque es tema de otro blog, el hades, o seol en el hebreo, es la habitación invisible de las almas de los muertos y no el sepulcro, como afirman maestros como Don Keathley. 6 Los cuerpos están dormidos en el sepulcro, pero las almas están conscientes en el hades. Para los que deseen, demuestro de las Escrituras que nuestras almas permanecen en un estado consciente después de la muerte en mi blog, “¿Es Seol el Sepulcro?” y en mi libro, “¿Exterminación o Restauración?”.
Contrario a la opinión popular moderna, reafirmando a alguien que está viviendo en el pecado en vez de confrontarlo y advertirlo acerca del juicio de Dios sobre los no arrepentidos, no es amor. O es incredulidad acerca de las advertencias de Dios encontradas en las Escrituras (a menudo dadas por Jesús Mismo), o es por falta del amor y preocupación por el bienestar del pecador no arrepentido. Si realmente amamos a alguien y creemos que la Palabra de Dios es verdad, no vamos a reafirmar a uno en sus pecados. Lo advertiremos e intercederemos por él hasta que vuelva en sí y se arrepienta ante Dios.
Reafirmando comportamiento pecaminoso en vez de confrontarlo es lo que caracteriza a los falsos profetas. Ellos son los que dicen “paz y seguridad” en vez de advertir del juicio que viene (1Tes 5:1-3; Ezeq 13:16; Jer 14:14-16). Esto es lo que los falsos profetas hacían en el Antiguo Testamento cuando Dios advertía por Sus profetas de que venían juicios, y Jesús advirtió que habría muchos falsos profetas iguales a aquellos preciso antes de Su retorno:
“Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 13 Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Mt 24:11-13)
Muchos falsos maestros se han levantado en nuestros días que “deconstruyen” las Escrituras y su revelación de la naturaleza de Dios y Sus caminos con el fin de remover todo temor a Dios. Ellos bien dicen que el amor perfecto echa fuera todo temor (1Jn 4:18). Pero, también es importante entender que el temor del Señor es el principio de la sabiduría (Sal 111:10).
Cualquier niño que ame y respete a su padre entiende que el temor y el amor no son incompatibles. Si tuvimos el privilegio de tener un buen padre que nos amaba, comprendemos el amor/temor relación a uno en autoridad. Mientras obedecíamos, la única emoción que sentimos era positiva – la de amor y respeto (temor reverente). Pero, cuando traspasamos sus límites establecidos, aunque sabíamos que él nos amaba y por ese motivo nos corregía, la emoción predominante era la emoción negativa de temor porque sabíamos que nos iba a disciplinar. De hecho, como dice el escritor de Hebreos, Dios nos disciplina y azota precisamente porque nos ama (Heb 12:5-7). Un padre que no establece límites o no los impone es un padre negligente que realmente no ama a su hijo (Pro 13:24).
Estamos viviendo en una sociedad cada vez más hedonista que desprecia toda autoridad y dice, “si se siente bien, hazlo.” Y muchos que no niegan la existencia de Dios abiertamente, en vez de arrepentirse de sus pecados, sometiéndose a Dios, buscan para sí maestros que reconstruyen el Dios de la Biblia, presentándolo como si fuera un padre todo-permisivo que aprueba cualquier cosa que sus hijos deseen hacer (2Tim 4:1-4). El resultado es que “no hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Rom 3:18). Jesús dijo que en el tiempo de Su retorno sería como en los días de Lot. Cuando los ángeles entraron en la casa de Lot, todos los hombres de la ciudad se juntaron en la puerta e insistían en que Lot los sacara para violarlos sexualmente. Cuando Lot los reprochó por lo que querían hacer, lo condenaron por estar juzgándolos (Gen 19:9). Aún después de haber sido cegados de manera sobrenatural por los ángeles, no temieron a Dios arrepintiéndose, sino que seguían buscando la puerta hasta agotarse (Gen 19:4-11).
Claramente, Dios Mismo toma responsabilidad por la destrucción de Sodoma. Y Jesús, como también Pedro y Judas, advierten que, si seguimos su ejemplo, Dios, que no hace acepción de personas, nos juzgará de igual manera. Muchos que han sido condicionados a ver a Dios como si fuera un padre todo-consentidor sin duda protestaría contra esto. Sin embargo, Pablo les respondería diciendo: “Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Rom 3:5-6). Igual como Dios juzgó a Sodoma y Gomorra, Dios juzgará al mundo. No creas a los falsos profetas cuando digan paz y seguridad, contrario a las advertencias de Jesús y todas las Escrituras (1Thess 5:3).
¿Por qué fue Destruida Sodoma?
Históricamente ha sido la creencia, tanto de judíos como cristianos que, aunque Sodoma era culpable de muchos pecados, fueron destruidos principalmente por su práctica de la homosexualidad. Esta conclusión se basa principalmente en Génesis 19:4-5 donde dice:
“Pero antes que se acostasen, rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo. 5 Y llamaron a Lot, y le dijeron: ¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos, para que los conozcamos.” (Gen 19:4-5)
Entre los judíos de ese tiempo decir que uno “conozca” a otra persona en estos contextos era una manera discreta de referirse a las relaciones sexuales (Gen 4:1,17,25; 24:16; 38:26; Matt 1:25, etc.). En estos tiempos algunos han intentado argumentar que lo que los hombres de Sodoma exigían no era conocerlos sexualmente sino nada más conocerlos personalmente. Señalan que “conocer” en la mayoría de los casos significa nada más conocerle a uno de una manera no sexual. De esto argumentan que ellos simplemente estaban exigiéndole a Lot que él les permitiera entrevistarlos. Sin embargo, en el contexto es obvio que “conocer” es utilizado en el sentido sexual. Cuando insistían en conocerlos, Lot les ofreció a sus dos hijas vírgenes que no habían “conocido” varón (Gen 19:8). Es obvio que no estaba nada más ofreciendo que conversaran con ellas.
En Jueces 19 hay un incidente similar donde un anciano recibió a un hombre con su concubina en su casa para pasar la noche en vez de quedar la noche en la plaza abierta. Lo que sucedió después es difícil leer pero ilustra lo que significa cuando un hombre quiere “conocerle” a otro en este sentido:
“Pero cuando estaban gozosos, he aquí que los hombres de aquella ciudad, hombres perversos, rodearon la casa, golpeando a la puerta; y hablaron al anciano, dueño de la casa, diciendo: Saca al hombre que ha entrado en tu casa, para que lo conozcamos. 23 Y salió a ellos el dueño de la casa y les dijo: No, hermanos míos, os ruego que no cometáis este mal; ya que este hombre ha entrado en mi casa, no hagáis esta maldad. 24 He aquí mi hija virgen, y la concubina de él; yo os las sacaré ahora; humilladlas y haced con ellas como os parezca, y no hagáis a este hombre cosa tan infame. 25 Mas aquellos hombres no le quisieron oír; por lo que tomando aquel hombre a su concubina, la sacó; y entraron a ella, y abusaron de ella toda la noche hasta la mañana, y la dejaron cuando apuntaba el alba.” (Jueces 19:22-25)
Este incidente paralelo demuestra más allá de duda que la exigencia de sacar a los visitantes (ángeles) de Sodoma para “conocerlos” en este contexto se refiere a las relaciones sexuales y no nada más conversar con ellos. Claramente, en el contexto de Génesis 19 el pecado que finalmente resultó en la destrucción de Sodoma era la actividad homosexual o sodomía. Es por eso que Judas, el medio hermano de Jesús, nombra el pecado de Sodoma como habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza (Judas 7). De semejante manera, Pablo habla de las relaciones homosexuales de mujer con mujer o hombre con hombre como pasiones vergonzosas contra naturaleza (Rom 1:24-28).
Algunos argumentan que el pecado de Sodoma era la inhospitalidad en vez del pecado de la homosexualidad. Citan Ezequiel 16 que dice:
“He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. 50 Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.” (Ezeq 16:49,50)
Aquí como en Romanos capítulo 1 vemos un descenso en caracol. En este caso comenzó con orgullo y exceso, y descendieron en ociosidad y finalmente terminaron en cometer la abominación. Cometer la abominación era lo que provocó el juicio severo del Señor – no la falta de hospitalidad. (“ellos hicieron abominación...y las quité.”)
¿Cuál fue la abominación que cometieron delante de Él? Es obvio que no era inhospitalidad. En primer lugar, la inhospitalidad es un pecado de omisión – no de comisión. ¿Cuál pecado es históricamente reconocido como el pecado de Sodoma que es llamado una abominación? Homosexualidad. Es por eso que sodomía es utilizada como un sinónimo para la práctica de homosexualidad.
La falta de hospitalidad jamás es llamada una “abominación” en las Escrituras y jamás sería castigado con la pena de muerte. Dios hubiera actuado fuera de Su propia ley si fuera infligir la pena de muerte por no mostrar la hospitalidad. La ley de Dios no exigía la pena de muerte por no mostrar la hospitalidad, pero sí requería la pena de muerte por la abominación de la actividad homosexual:
“Si un hombre se acuesta con un hombre, como se acuesta con una mujer, los dos cometen una abominación. Ambos morirán irremisiblemente; su sangre será sobre ellos.” (Lev 20:13 RVA)
¿Cuál fue la abominación que cometió Sodoma que justificaba la pena de muerte como un ejemplo? Esta frase “cometer una abominación” como aquí aparece en su forma singular (heb. tow`ebah) es la misma forma que “hicieron abominación” en Ezequiel 16:50. En todas las Escrituras esta forma es utilizada exclusivamente para referirse al acto homosexual. Por esta razón Judas atribuye su destrucción a vicios contra la naturaleza (Judas 7). El pene del hombre fue diseñado para introducirse en la vagina de la mujer, pero el ano fue diseñado para la eliminación – no la penetración. Pablo, de semejante manera, se refería a las relaciones sexuales entre los del mismo sexo como “pasiones vergonzosas contra naturaleza” (Rom 1:26). Aparte de que es contra el diseño de Dios y una ofensa contra Él, tales prácticas contra naturaleza son la causa de muchos problemas graves de salud, adicional a lo del SIDA.
Es común oír proponentes de la homosexualidad decir, “Jesús no dijo nada contra la homosexualidad, así que Él ha de haberla aprobado.” Pero, no hubiera habido necesidad que Él hablara del tema, dado que ya estaba entendido como un pecado grave para los judíos. Nadie le presentó a Jesús con un caso de homosexualidad para que Él hablara del tema, como fue el caso con el adulterio. Tampoco mencionaba el incesto, pedofilia o bestialidad porque igualmente eran entendidos como actos abominables entre los judíos de Su tiempo. También estos pecados eran prohibidos de manera explícita en la Ley y Jesús afirmaba la Ley. Sin duda, si alguien le hubiera preguntado acerca de la homosexualidad Él le habría referido a la Ley, igual como Él hizo en más de una ocasión (Mt 19:4; Lucas 18:20). Tenemos que tener presente que Jesús es Dios y por lo tanto el autor divino, tanto del Antiguo como el Nuevo Testamento. También, implícita en Su descripción de la destrucción de Sodoma y su juicio cuando él viene otra vez es Su condenación de toda actividad homosexual no arrepentida (Luke 17:28-30; Matt 10:15).
Dado que yo, igual como con la mayoría de las personas en nuestros días, tenemos relaciones cercanas con personas que amamos que practican la homosexualidad, he procurado entender el tema de cada ángulo, leyendo libros a favor y en contra de la homosexualidad. Quizás el intento más desarrollado de reconciliar el estilo de vida Gay al cristianismo fue “God and the Gay Christian” (Dios y el Cristiano Gay) por el joven Matthew Vines. Él admite que los hombres de Sodoma intentaron violar a los ángeles, pensando que eran hombres. Sin embargo, él y otros promovedores de la homosexualidad dentro de la Iglesia argumentan que, lo que Dios desaprueba no es el acto homosexual en sí, sino actividad sexual promiscua con múltiples parejas fuera de una relación comprometida de amor entre dos individuos. 7
Sin embargo, la prohibición en Levítico 18 y 20 no es exclusivamente contra el sexo promiscuo. Es contra cualquier hombre teniendo intimidad sexual con varón como con mujer (Lev 18:22). De la misma manera, lo que Pablo denuncia como contra naturaleza es mujer con mujer y hombre con hombre (Rom 1:26-27). Insistir que Pablo solamente estaba refiriéndose a la promiscuidad sexual es leer en el texto lo que no está expresado.
Algunos señalan que ya no estamos bajo la Ley y de eso argumentan que la prohibición en Levítico ya no aplica a nosotros. Mientras es cierto que en Cristo ya no estamos bajo la Ley, la justicia de la Ley es producida en nosotros cuando andamos en el Espíritu, permaneciendo en Cristo (Rom 8:4). Lo que era inmoral bajo la Ley sigue siendo inmoral hoy, y eso incluye relaciones con los del mismo sexo. Pablo en otra parte explica que, aunque los que están en Cristo ya no están bajo la Ley, la Ley sigue en efecto para acusar a los transgresores:
“Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” (1Tim 1:8-11).
Aquí vemos que la Ley todavía sirve para convencer al homosexual de su pecado. La palabra traducida aquí como “sodomita” es arsenokoites que es una palabra compuesta de arsen – “varón” y koite – “cama.” De koite derivamos nuestra palabra coitus que significa “relaciones sexuales.” Pablo aquí está haciendo referencia a la prohibición en Levítico contra un hombre acostándose con otro varón como mujer (Lev 18:22).
Los defensores de la vida Gay a menudo intentan desmantelar las sanas doctrinas de las Escrituras, discutiendo sobre definiciones de palabras con el objetivo de hacer que las Escrituras aparenten estar afirmando la vida pecaminosa de uno. Pablo confrontaba este mismo problema y nos dijo que nos apartáramos de los hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad que provocan contención sobre palabras en vez de aferrarse a la sana doctrina que es conforme a la piedad (1Tim 6:3-5).
Que la prohibición contra el homosexualismo es una prohibición sin limitación de tiempo y no algo solamente aplicable a los judíos bajo la Ley es evidente cuando uno revisa todo el capítulo en Levítico 18. Después de prohibir varios pecados sexuales, incluyendo incesto, homosexualidad y la bestialidad, el Señor deja muy en claro que estos pecados no solamente eran actos abominables para Su pueblo Israel bajo la Ley, sino que Él también juzga a las naciones que practican estas abominaciones. Después de nombrar todos los actos sexuales abominables Él dice:
“(porque todas estas abominaciones hicieron los hombres de aquella tierra que fueron antes de vosotros, y la tierra fue contaminada); 28 no sea que la tierra os vomite por haberla contaminado, como vomitó a la nación que la habitó antes de vosotros. 29 Porque cualquiera que hiciere alguna de todas estas abominaciones, las personas que las hicieren serán cortadas de entre su pueblo.” (Lev 18:27-29)
Entonces vemos que, no solamente Sodoma y Gomorra fueron destruidos por Dios debido a estas abominaciones, sino que estas mismas abominaciones fueron la razón por la que Dios echó a los Cananeos de la tierra. La homosexualidad es un pecado contra el diseño de Dios, sin importar en qué época uno vive. En el principio Dios nos hizo hombre y mujer y nos mandó a fructificar y multiplicarnos (Mt 19:4-5; Gen 1:27-28). La homosexualidad va en contra del diseño e intención original de Dios. Y aunque las Escrituras claramente enseñan que todos finalmente serán restaurados (hasta incluir a Sodoma), es igualmente claro que ninguna persona inmoral heredará al reino de Dios en su condición pecaminosa. Pablo dice:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1Cor 6:9-11)
Pablo dice, “No dejen que nadie les engañe, haciendo que piensen que pueden heredar el reino de Dios mientras estén viviendo en el pecado.” Si estás practicando cualquier de estas actividades pecaminosas mencionados aquí de manera continua, en vez de justificar continuar en ellas, buscando falsos maestros que te reafirman en los pecados que te excluirán del reino, necesitas arrepentirte de tu pecado ante Dios y pedir que te limpie y te santifique para que seas salvo en el día del Señor Jesucristo, siendo librado del Lago de Fuego y la segunda muerte.
Me han acusado de ser carente de amor porque no reafirmo a las personas que están practicando el homosexualismo. Sin embargo, sabiendo lo que pasó a Sodoma y Gomorra y el por qué, sería una falta de amor guardar silencio. Hay personas muy cerca de mí, a las que amo mucho, que están practicando el homosexualismo. Si pudiera reafirmarlos y amarlos al mismo tiempo lo haría. Pero reafirmarlos en su pecado no es amor – o es ignorancia, indiferencia o cobardía. Jesús dijo: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” (Apo 3:19). Incluso el juicio de Dios contra Sodoma fue una intervención correctiva motivado por Su amor. Era un juicio necesario para el bien de la humanidad, pero culmina en la restauración de Sodoma (Ezeq 16:53-55). Dios es un Dios de justicia, pero también es un Dios de misericordia y Sus misericordias no tienen fin. Al final Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13).
Para una consideración más profundo del tema de la homosexualidad recomiendo la serie de cuatro enseñanzas en ingles: https://www.youtube.com/watch?v=l_5WvYcKv18&t=265s
[1] https://www.adefenceofthebible.com/2019/06/28/ebla-tablets/
2 Josephus: Wars of the Jews, Book IV, Chapter VIII, §54 [4.54]
3 Strabo. Geography. Book XVII
4 Strabo. Geography. Book XVI, Chapter 2:44.
5 Boyd, Gregory A.. The Crucifixion of the Warrior God: Volumes 1 & 2 (p. 1071). Fortress Press. Kindle Edition.
6 Don Keathley, Hell’s Illusion part 2, 17:30 min.
7 Vines, Matthew. God and the Gay Christian: The Biblical Case in Support of Same-Sex Relationships (p. 113). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.
2 Josephus: Wars of the Jews, Book IV, Chapter VIII, §54 [4.54]
3 Strabo. Geography. Book XVII
4 Strabo. Geography. Book XVI, Chapter 2:44.
5 Boyd, Gregory A.. The Crucifixion of the Warrior God: Volumes 1 & 2 (p. 1071). Fortress Press. Kindle Edition.
6 Don Keathley, Hell’s Illusion part 2, 17:30 min.
7 Vines, Matthew. God and the Gay Christian: The Biblical Case in Support of Same-Sex Relationships (p. 113). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.
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!Galardones por las Buenas Obras
por George Sidney Hurd
“Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1Cor 3:12-15)
Es común oír a algunos maestros minimizar o menospreciar cualquiera mención de recompensa, galardones, o tesoros en el cielo. Razonan que, a fin de cuentas, no son nuestras obras, sino las obras de Cristo. Sin embargo, como ya hemos visto, Cristo solo obra a través de nosotros cuando nos entregamos a Él, tomando Su yugo. Además, haciendo la voluntad de Dios a menudo ocasiona sufrimiento de nuestra parte, que podría ser evitado por simplemente no hacer nada. Pablo dice que Dios se complace con nosotros cuando somos fructíferos en toda buena obra (Col 1:10). Como cristianos, podemos escoger vivir según el YO y la carne, o podemos escoger morir cada día para que Su voluntad, y no la nuestra, sea cumplida en nuestras vidas.
Muchos mártires a través de los siglos han sido animados con la expectativa de recompensas celestiales. A pesar de eso, algunos maestros aparentan despreciar tal expectativa. Un maestro prominente de la gracia dice:
“En realidad, el término recompensas no aparece en ninguna parte del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo habla de una “recompensa” (singular, no plural) o un “premio” en el contexto de correr una carrera y llegar al final. Pero Pablo también menciona que todo lo demás es como basura a comparación a conocer a Cristo Jesús (Fil 3: 8). Tomada en cuenta esta verdad, ¿realmente creemos que Dios estará premiando casas más grandes y mejores joyas a los que han dependido más en Jesús?... Pero, ¿no dijo Jesús mismo que debemos de hacer tesoros en el cielo (Mat 6:20)? Sí, pero tesoros no son premios. Las personas descubren tesoros. No los hacen.” [i]
No creo que los mártires cristianos fueron motivados a guardar la fe solamente en esperanzas de una casa más grande en el cielo. Sin duda su motivación, igual como fue con Pablo, era conocer a Jesucristo y agradarle al Padre (Fil 3:10; 2Cor 5:9). Pero, ¿No nos anima Pablo mismo a correr como para ganar?
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.” (1Cor 9:24,25)
La corona mencionada aquí no es una corona real, (diádema) hecha de oro y joyas, sino una corona (stéfanos) formada de hojas de olivo, como la que daban de premio en las olimpiadas. Él dice que, mientras las coronas olímpicas son corruptibles (las ramitas se marchitaban con el tiempo) nuestro premio celestial es incorruptible. Pedro también habla de la corona (stéfanos) incorruptible que será dada a los pastores que fielmente pastorean, cuando regresa el Señor:
“Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1Pedro 5:4)
Pablo, hablando sobre lo mismo, dice de los tesalonicenses que ellos eran su corona para la Segunda Venida de Cristo:
“Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona (stéfanos) de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? 20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.” (1Tes 2:19-20)
Aquí vemos que las almas de las personas a quienes hemos compartido las buenas nuevas y discipulados en esta vida, serán una corona de gloria eterna para nosotros. Implicar que no es espiritual aspirar recibir el “bien hecho” del Señor, en anticipación del premio, es implicar que Pablo, Pedro y multitudes más de los santos que perseveraban, tampoco eran espirituales. Hasta implica que Jesús mismo no fue espiritual, dado que Él también corrió para ganar el premio:
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” (Heb 12:1,2)
Jesús claramente estaba refiriéndose a premios en el cielo, cuando dijo que debemos hacer para nosotros tesoros en el cielo. Contrario a lo que dijo el autor arriba citado, los tesoros celestiales no están enterrados para nosotros, como para necesitar ser desenterrados y descubiertos. Son guardados en el cielo conforme invertimos en lo espiritual en vez de lo terrenal y carnal.
También Jesús dijo que los sufrimientos por Su causa tienen grande galardón:
“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos.” (Mt 5:11-12)
También dijo a la Iglesia: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apo 2:10) Pablo también dice que hay galardones esperando a los que sufren por Su nombre: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” (2Cor 4:17). Decir que la palabra “galardón” nunca aparece en su forma plural, para mí, es sin relevancia. El hecho permanece que, de una manera u otra, todo lo que sufrimos por Su nombre, y todo lo que hacemos en esta vida en yugo con Cristo y por el reino de Dios, tendrá un galardón grande en los cielos.
Como creyentes, jamás seremos condenados por el pecado. No seremos juzgados en el Gran Trono (tronos) Blanco, porque ya hemos sido justificados y perfeccionados para siempre a través del sacrificio de Cristo una vez para siempre (Juan 5:24). El único trono de juicio que enfrentaremos es el Trono Bema de Cristo:
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal (bema) de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2Cor 5:10)
Tenga en cuenta que hay dos palabras griegas distintas usadas para el trono de un juez. El Gran Trono Blanco que es judicial es tronos, pero la palabra para el tribunal de Cristo es bema, que es la misma palabra usada para referirse a los tronos de los jueces en las olimpiadas. Los jueces de los olímpicos pesaban lo bueno y lo malo de los participantes de las olimpiadas, y daban galardones en forma de coronas corruptibles (stefanos) a los que competían bien. No hay condenación para los que estamos en Cristo Jesús, pero hay un juicio bema para determinar los galardones que serán otorgados o perdidos.
Además, nuestros pecados no serán llevados a memoria en este juicio sino que son nuestras obras que serán juzgadas para ver si fueron buenos, o beneficiales, o triviales y sin valor. Las palabras “bueno” y “malo” en 2Corintios 5:10 no son las palabras normalmente utilizadas para expresar lo bueno o malo en sentido moral, sino para lo que es útil o sin valor. La palabra “bueno” es agathos que usualmente significa “bueno o beneficial.” La palabra traducida “malo” no es poneros, que significa algo “moralmente malo o malévolo,” sino faulos, que significa “malo en el sentido de trivial o sin valor.” [ii] De esta palabra derivamos la palabra “foul” en inglés o “falta” en los deportes.
Pablo está hablando del mismo juicio en 1Corintios cuando habla del día cuando todo lo que hemos hecho, sea bueno o malo, pasará por el fuego, y seremos premiados por toda obra que permanece:
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1Cor 3:11-15)
En este juicio, nuestra salvación no está en duda. Eso ya fue determinado en la cruz. Aquí nuestras obras son examinadas para ver si son buenas o sin valor y seremos premiados por cada buena obra. Esto no es salvación por obras, es Cristo repartiendo premios como fue prometido a los que hayan sufrido por Su nombre e invertido sus vidas en el reino de Dios. El propósito y resultado final de este Juicio Bema de Cristo es que el Señor nos puede alabar por lo bueno que hayamos hecho. Pablo dice de este juicio:
“Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.” (1Cor 4:4,5)
¡Qué gracia tan asombrosa! El único juicio que los hijos justificados de Dios esperan en la venida de Cristo es cuando Él examina nuestras vidas terrenales para poder alabarnos por lo que hemos sufrido por Su causa y hecho para Su reino en esta vida.
Creo firmemente que el Movimiento de la Gracia es de Dios. Sin embargo, como con cualquier nuevo mover de Dios o doctrina bíblica restaurada como la apocatástasis o restauración final de todos, a menudo hay excesos y errores que necesitan ser enfrentado para mantenerlo en equilibrio. La enseñanza de algunos de que nosotros como creyentes no recibimos galardones porque la gracia los excluye, es unas de las equivocaciones que considero en mi libro, “La Verdadera Gracia de Dios.”
[i] Farley, Andrew; Farley, Andrew. The Naked Gospel: Truth You May Never Hear in Church (p. 168, 170). Zondervan. Kindle Edition.
[ii] from Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, Copyright © 1985, Thomas Nelson Publishers.
“Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1Cor 3:12-15)
Es común oír a algunos maestros minimizar o menospreciar cualquiera mención de recompensa, galardones, o tesoros en el cielo. Razonan que, a fin de cuentas, no son nuestras obras, sino las obras de Cristo. Sin embargo, como ya hemos visto, Cristo solo obra a través de nosotros cuando nos entregamos a Él, tomando Su yugo. Además, haciendo la voluntad de Dios a menudo ocasiona sufrimiento de nuestra parte, que podría ser evitado por simplemente no hacer nada. Pablo dice que Dios se complace con nosotros cuando somos fructíferos en toda buena obra (Col 1:10). Como cristianos, podemos escoger vivir según el YO y la carne, o podemos escoger morir cada día para que Su voluntad, y no la nuestra, sea cumplida en nuestras vidas.
Muchos mártires a través de los siglos han sido animados con la expectativa de recompensas celestiales. A pesar de eso, algunos maestros aparentan despreciar tal expectativa. Un maestro prominente de la gracia dice:
“En realidad, el término recompensas no aparece en ninguna parte del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo habla de una “recompensa” (singular, no plural) o un “premio” en el contexto de correr una carrera y llegar al final. Pero Pablo también menciona que todo lo demás es como basura a comparación a conocer a Cristo Jesús (Fil 3: 8). Tomada en cuenta esta verdad, ¿realmente creemos que Dios estará premiando casas más grandes y mejores joyas a los que han dependido más en Jesús?... Pero, ¿no dijo Jesús mismo que debemos de hacer tesoros en el cielo (Mat 6:20)? Sí, pero tesoros no son premios. Las personas descubren tesoros. No los hacen.” [i]
No creo que los mártires cristianos fueron motivados a guardar la fe solamente en esperanzas de una casa más grande en el cielo. Sin duda su motivación, igual como fue con Pablo, era conocer a Jesucristo y agradarle al Padre (Fil 3:10; 2Cor 5:9). Pero, ¿No nos anima Pablo mismo a correr como para ganar?
“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. 25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.” (1Cor 9:24,25)
La corona mencionada aquí no es una corona real, (diádema) hecha de oro y joyas, sino una corona (stéfanos) formada de hojas de olivo, como la que daban de premio en las olimpiadas. Él dice que, mientras las coronas olímpicas son corruptibles (las ramitas se marchitaban con el tiempo) nuestro premio celestial es incorruptible. Pedro también habla de la corona (stéfanos) incorruptible que será dada a los pastores que fielmente pastorean, cuando regresa el Señor:
“Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1Pedro 5:4)
Pablo, hablando sobre lo mismo, dice de los tesalonicenses que ellos eran su corona para la Segunda Venida de Cristo:
“Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona (stéfanos) de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida? 20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.” (1Tes 2:19-20)
Aquí vemos que las almas de las personas a quienes hemos compartido las buenas nuevas y discipulados en esta vida, serán una corona de gloria eterna para nosotros. Implicar que no es espiritual aspirar recibir el “bien hecho” del Señor, en anticipación del premio, es implicar que Pablo, Pedro y multitudes más de los santos que perseveraban, tampoco eran espirituales. Hasta implica que Jesús mismo no fue espiritual, dado que Él también corrió para ganar el premio:
“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” (Heb 12:1,2)
Jesús claramente estaba refiriéndose a premios en el cielo, cuando dijo que debemos hacer para nosotros tesoros en el cielo. Contrario a lo que dijo el autor arriba citado, los tesoros celestiales no están enterrados para nosotros, como para necesitar ser desenterrados y descubiertos. Son guardados en el cielo conforme invertimos en lo espiritual en vez de lo terrenal y carnal.
También Jesús dijo que los sufrimientos por Su causa tienen grande galardón:
“Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. 12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos.” (Mt 5:11-12)
También dijo a la Iglesia: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apo 2:10) Pablo también dice que hay galardones esperando a los que sufren por Su nombre: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.” (2Cor 4:17). Decir que la palabra “galardón” nunca aparece en su forma plural, para mí, es sin relevancia. El hecho permanece que, de una manera u otra, todo lo que sufrimos por Su nombre, y todo lo que hacemos en esta vida en yugo con Cristo y por el reino de Dios, tendrá un galardón grande en los cielos.
Como creyentes, jamás seremos condenados por el pecado. No seremos juzgados en el Gran Trono (tronos) Blanco, porque ya hemos sido justificados y perfeccionados para siempre a través del sacrificio de Cristo una vez para siempre (Juan 5:24). El único trono de juicio que enfrentaremos es el Trono Bema de Cristo:
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal (bema) de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.” (2Cor 5:10)
Tenga en cuenta que hay dos palabras griegas distintas usadas para el trono de un juez. El Gran Trono Blanco que es judicial es tronos, pero la palabra para el tribunal de Cristo es bema, que es la misma palabra usada para referirse a los tronos de los jueces en las olimpiadas. Los jueces de los olímpicos pesaban lo bueno y lo malo de los participantes de las olimpiadas, y daban galardones en forma de coronas corruptibles (stefanos) a los que competían bien. No hay condenación para los que estamos en Cristo Jesús, pero hay un juicio bema para determinar los galardones que serán otorgados o perdidos.
Además, nuestros pecados no serán llevados a memoria en este juicio sino que son nuestras obras que serán juzgadas para ver si fueron buenos, o beneficiales, o triviales y sin valor. Las palabras “bueno” y “malo” en 2Corintios 5:10 no son las palabras normalmente utilizadas para expresar lo bueno o malo en sentido moral, sino para lo que es útil o sin valor. La palabra “bueno” es agathos que usualmente significa “bueno o beneficial.” La palabra traducida “malo” no es poneros, que significa algo “moralmente malo o malévolo,” sino faulos, que significa “malo en el sentido de trivial o sin valor.” [ii] De esta palabra derivamos la palabra “foul” en inglés o “falta” en los deportes.
Pablo está hablando del mismo juicio en 1Corintios cuando habla del día cuando todo lo que hemos hecho, sea bueno o malo, pasará por el fuego, y seremos premiados por toda obra que permanece:
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1Cor 3:11-15)
En este juicio, nuestra salvación no está en duda. Eso ya fue determinado en la cruz. Aquí nuestras obras son examinadas para ver si son buenas o sin valor y seremos premiados por cada buena obra. Esto no es salvación por obras, es Cristo repartiendo premios como fue prometido a los que hayan sufrido por Su nombre e invertido sus vidas en el reino de Dios. El propósito y resultado final de este Juicio Bema de Cristo es que el Señor nos puede alabar por lo bueno que hayamos hecho. Pablo dice de este juicio:
“Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.” (1Cor 4:4,5)
¡Qué gracia tan asombrosa! El único juicio que los hijos justificados de Dios esperan en la venida de Cristo es cuando Él examina nuestras vidas terrenales para poder alabarnos por lo que hemos sufrido por Su causa y hecho para Su reino en esta vida.
Creo firmemente que el Movimiento de la Gracia es de Dios. Sin embargo, como con cualquier nuevo mover de Dios o doctrina bíblica restaurada como la apocatástasis o restauración final de todos, a menudo hay excesos y errores que necesitan ser enfrentado para mantenerlo en equilibrio. La enseñanza de algunos de que nosotros como creyentes no recibimos galardones porque la gracia los excluye, es unas de las equivocaciones que considero en mi libro, “La Verdadera Gracia de Dios.”
[i] Farley, Andrew; Farley, Andrew. The Naked Gospel: Truth You May Never Hear in Church (p. 168, 170). Zondervan. Kindle Edition.
[ii] from Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, Copyright © 1985, Thomas Nelson Publishers.
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Es Satans una Persona?
por George Sidney Hurd
¿Es Satanás un enemigo personal y real que debemos reconocer y resistir, o es nada más que una representación figurativa de todo lo malo? ¿Son reales los que son llamados sus ángeles? (Apo 12:9). ¿Qué de los demonios? ¿Son espíritus malévolos reales que buscan poseer a individuos, o nada más que maneras primitivas de entender trastornos mentales y físicos?
Si de hecho Satanás y sus huestes son enemigos personales y reales en oposición del reino de Dios y de las almas de los hombres, buscando destruirnos como un león asecha a su presa, entonces su mejor estrategia sería operar incógnita sin ser identificado y percibido (1Pedro 5:8). Si no puede lograr que lo adoremos, procura lograr que ignoremos su existencia por completo.
La negación de la existencia del Diablo y de sus ángeles no es algo nuevo, aunque está en aumento entre el élite intelectual y Liberal en las culturas occidentales. Jesús Mismo fue desafiado por los Saduceos que igualmente negaban la existencia de seres espirituales reales como los espíritus y ángeles (Hch 23:8). Ellos lo retaban acerca de la resurrección que también negaban. Pero en Su respuesta, Jesús también les enfrentó acerca de su negación de la existencia de los ángeles, diciendo que en la resurrección seremos como los ángeles, así afirmando la existencia real de los seres angélicos. Él les dijo:
“Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30 Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.” (Mt 22:29-30)
Jesús aquí no solo confronta su error de negar la resurrección, sino que también su negación de la existencia de espíritus y ángeles. Él atribuyó su error a su ignorancia de las Escrituras. Lo mismo se puede decir de aquellos hoy en día que niegan la realidad de la existencia de ellos, dado que las Escrituras los describe de una manera tan clara que negar su existencia equivale negar también las mismas Escrituras. De hecho, jamás he conocido a alguien que negaba su existencia que tenga el mismo aprecia para las Escrituras que Jesús demostraba.
En las Escrituras se refiere a Satanás utilizando varios títulos descriptivos. En Apocalipsis 12 la mayoría de ellos son mencionados junto con una referencia a una tercera de los ángeles que le siguieron en su rebelión:
“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; 8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. 9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama (el) diablo (ho diábolos) y (el) Satanás (ho satanás), el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Apo 12:7-9, cf. v.4)
Este pasaje por sí solo refuta la alegación de que Satanás y sus ángeles no son seres personales. Se refiere a ellos utilizando los pronombres personales ellos, sus y él (autou). Esto en sí establece que son seres reales. Él que es llamado el gran dragón, la serpiente antigua, el Diablo y el Satanás es presentado como una persona real. Algunos argumentan que el “Diablo” y “Satanás” no son nombres propios dado que son sustantivos descriptivos – el diablo significando “acusador o calumniador” y “satanás” significando “adversario u oponente.” Sin embargo, la mayoría de los nombres de individuos en la Biblia son nombres descriptivos, como se puede ver consultando cualquier diccionario de la Biblia. Cuando estos sustantivos descriptivos son empleados para describir este individuo junto con el artículo definido y los pronombres ellos llegan a ser nombres propios. No se refiere a cualquier adversario o acusador, sino al Diablo o el Satanás mismo. Así como hay muchos anticristos, pero solo un Anticristo, hay muchos acusadores, pero solo un Diablo.
También Satanás tiene numerosos atributos y lleva a cabo diversas actividades que solamente son aplicables a una persona. Satanás vino a la presencia de Señor y salió de allí (Job 1:6,12). El Señor habla con Satanás y Satanás le responde (Job 1:7). Él tienta (Marcos 1:13). Él roba (Marcos 4:15). Él engaña (Apo 12:9). Él mienta (Juan 8:44). Él peca (1Juan 3:8). Él le pide permiso a Dios para probarnos (Lucas 22:31). Él nos oprime (Hch 10:38). Él se maquina en nuestra contra (Ef 6:11). Él procura sacar ventaja de nosotros (2Cor 2:11). Él nos tiende trampas para enlazarnos (1Tim 3:7; 2Tim 2:26). Él se transforma en ángel de luz (2Cor 11:14). Él envía a sus mensajeros para abofetearnos (2Cor 12:7). Nos estorba (1Tes 2:18). Él huye de nosotros si nos sometemos a Dios y lo resistamos (Stg 4:7). La lista podría seguir, describiendo los actividades y atributos de Satanás que solamente son aplicables a una persona real.
Él es llamado “el dios de esta época” (2Cor 4:4), y “el príncipe del poder de los aires” (Ef 2:2). Adicionalmente, el Apóstol Juan dice que “el mundo entero está bajo el maligno.” (1Juan 5:19). Solamente un ser inteligente podría ser descrito de esa manera. Al creer en Jesús y ser nacidos de nuevo se dice de nosotros que Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” (Col 1:13).
Jesús hizo referencia a Satanás al menos 13 veces en los Evangelios y cada vez Él se refería a él como una persona. Cuando fue tentado por el Diablo en el desierto Satanás le citó de las Escrituras y Jesús le respondía con las Escrituras, diciendo, “escrito está…” Finalmente, Jesús le dijo, “Apártate de mí Satanás,” y el Diablo lo dejó. ¡Imagine las implicaciones si Jesús no estuviera conversando con una persona real! Personas cuerdas solamente hablan con personas reales, no personas imaginarias ni voces en su cabeza.
¡Un autor fue tan lejos como decir que Jesús estaba siendo tentado en el desierto por la mala influencia habitando en Su mente! Sin embargo, Jesús estaba totalmente libre del pecado y antes de ir a la cruz Él podría decir, “viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.” (Juan 14:30). Claramente Jesús fue tentado por una persona real externo de Sí Mismo y esa persona se llama el Tentador, Satanás y el Diablo.
Los Liberales Deconstructores han hecho muchos esfuerzos para evitar la conclusión obvia que Satanás es un adversario personal y real, utilizando maniobras lógicas y alterando el significado obvio de palabras, pero lo hacen a riesgo de su propia perdición y, más importante, la perdición de los que le presten oído. Esto no es un problema nuevo dentro de la Iglesia. Tales maestros son el motivo por lo cual Pablo le dijo a Timoteo:
“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. 15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 16 Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. 17 Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.” (2Tim 2:14-18)
Bajo el pretexto de estar adaptando a la cultura contemporáneo y quitando el tropiezo del evangelio, terminan trastornando la fe de muchos. Han abandonado las Escrituras – la fe una vez dada a los santos, solamente reteniendo los textos de las Escrituras que se encajan en su teología reconstruida diseñada para acomodar a los valores y normas de la sociedad postmoderna (1Tim 4:1; Judas 1:3-4). Es hora de que la Iglesia se despierte y sea sobria. Satanás no es simplemente una invención de nuestra imaginación. Tampoco ha sido atado en el abismo, como muchos están diciendo hoy en día. Pedro dice que él anda como león rugiente buscando a quién devorar (1Pedro 5:8-9, cf. Ef 6:11-13).
Aunque es tema de otro blog, los malos espíritus o demonios también son seres espirituales reales que operan bajo el mando de Satanás. No son nada más personificaciones primitivas de adicciones y enfermedades como algunos afirman. Jesús hablaba con ellos y ellos le respondían (Marcos 5:8-10). Ellos le reconocían a Jesús como Señor (Marcos 1:23-24). Cuando Jesús les echaba fuera, las personas fueron liberados y sanados inmediatamente. Jesús también nos comisionó a predicar el evangelio diciendo:
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18)
Simples adicciones o enfermedades no pueden ser echado fuera de una persona dejándola libre – solamente los demonios o espíritus inmundos pueden ser echados fuera. Y su liberación es inmediata en vez de un proceso largo de terapia. No puedo evitar preguntarme cómo uno puede estar realmente activo en el ministerio, orando por los enfermos y oprimidos sin que se manifiesten demonios requiriendo expulsión en el nombre de Jesús. Animo a aquellos que no creen que los demonios son seres reales a meterse de lleno en proclamar el evangelio a los perdidos, orando por los enfermos y oprimidos con fe, creyendo que Dios los hará libres. No tardarían mucho en descubrir que los demonios son muy reales.
¿Es Satanás un enemigo personal y real que debemos reconocer y resistir, o es nada más que una representación figurativa de todo lo malo? ¿Son reales los que son llamados sus ángeles? (Apo 12:9). ¿Qué de los demonios? ¿Son espíritus malévolos reales que buscan poseer a individuos, o nada más que maneras primitivas de entender trastornos mentales y físicos?
Si de hecho Satanás y sus huestes son enemigos personales y reales en oposición del reino de Dios y de las almas de los hombres, buscando destruirnos como un león asecha a su presa, entonces su mejor estrategia sería operar incógnita sin ser identificado y percibido (1Pedro 5:8). Si no puede lograr que lo adoremos, procura lograr que ignoremos su existencia por completo.
La negación de la existencia del Diablo y de sus ángeles no es algo nuevo, aunque está en aumento entre el élite intelectual y Liberal en las culturas occidentales. Jesús Mismo fue desafiado por los Saduceos que igualmente negaban la existencia de seres espirituales reales como los espíritus y ángeles (Hch 23:8). Ellos lo retaban acerca de la resurrección que también negaban. Pero en Su respuesta, Jesús también les enfrentó acerca de su negación de la existencia de los ángeles, diciendo que en la resurrección seremos como los ángeles, así afirmando la existencia real de los seres angélicos. Él les dijo:
“Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. 30 Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo.” (Mt 22:29-30)
Jesús aquí no solo confronta su error de negar la resurrección, sino que también su negación de la existencia de espíritus y ángeles. Él atribuyó su error a su ignorancia de las Escrituras. Lo mismo se puede decir de aquellos hoy en día que niegan la realidad de la existencia de ellos, dado que las Escrituras los describe de una manera tan clara que negar su existencia equivale negar también las mismas Escrituras. De hecho, jamás he conocido a alguien que negaba su existencia que tenga el mismo aprecia para las Escrituras que Jesús demostraba.
En las Escrituras se refiere a Satanás utilizando varios títulos descriptivos. En Apocalipsis 12 la mayoría de ellos son mencionados junto con una referencia a una tercera de los ángeles que le siguieron en su rebelión:
“Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; 8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. 9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama (el) diablo (ho diábolos) y (el) Satanás (ho satanás), el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.” (Apo 12:7-9, cf. v.4)
Este pasaje por sí solo refuta la alegación de que Satanás y sus ángeles no son seres personales. Se refiere a ellos utilizando los pronombres personales ellos, sus y él (autou). Esto en sí establece que son seres reales. Él que es llamado el gran dragón, la serpiente antigua, el Diablo y el Satanás es presentado como una persona real. Algunos argumentan que el “Diablo” y “Satanás” no son nombres propios dado que son sustantivos descriptivos – el diablo significando “acusador o calumniador” y “satanás” significando “adversario u oponente.” Sin embargo, la mayoría de los nombres de individuos en la Biblia son nombres descriptivos, como se puede ver consultando cualquier diccionario de la Biblia. Cuando estos sustantivos descriptivos son empleados para describir este individuo junto con el artículo definido y los pronombres ellos llegan a ser nombres propios. No se refiere a cualquier adversario o acusador, sino al Diablo o el Satanás mismo. Así como hay muchos anticristos, pero solo un Anticristo, hay muchos acusadores, pero solo un Diablo.
También Satanás tiene numerosos atributos y lleva a cabo diversas actividades que solamente son aplicables a una persona. Satanás vino a la presencia de Señor y salió de allí (Job 1:6,12). El Señor habla con Satanás y Satanás le responde (Job 1:7). Él tienta (Marcos 1:13). Él roba (Marcos 4:15). Él engaña (Apo 12:9). Él mienta (Juan 8:44). Él peca (1Juan 3:8). Él le pide permiso a Dios para probarnos (Lucas 22:31). Él nos oprime (Hch 10:38). Él se maquina en nuestra contra (Ef 6:11). Él procura sacar ventaja de nosotros (2Cor 2:11). Él nos tiende trampas para enlazarnos (1Tim 3:7; 2Tim 2:26). Él se transforma en ángel de luz (2Cor 11:14). Él envía a sus mensajeros para abofetearnos (2Cor 12:7). Nos estorba (1Tes 2:18). Él huye de nosotros si nos sometemos a Dios y lo resistamos (Stg 4:7). La lista podría seguir, describiendo los actividades y atributos de Satanás que solamente son aplicables a una persona real.
Él es llamado “el dios de esta época” (2Cor 4:4), y “el príncipe del poder de los aires” (Ef 2:2). Adicionalmente, el Apóstol Juan dice que “el mundo entero está bajo el maligno.” (1Juan 5:19). Solamente un ser inteligente podría ser descrito de esa manera. Al creer en Jesús y ser nacidos de nuevo se dice de nosotros que Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” (Col 1:13).
Jesús hizo referencia a Satanás al menos 13 veces en los Evangelios y cada vez Él se refería a él como una persona. Cuando fue tentado por el Diablo en el desierto Satanás le citó de las Escrituras y Jesús le respondía con las Escrituras, diciendo, “escrito está…” Finalmente, Jesús le dijo, “Apártate de mí Satanás,” y el Diablo lo dejó. ¡Imagine las implicaciones si Jesús no estuviera conversando con una persona real! Personas cuerdas solamente hablan con personas reales, no personas imaginarias ni voces en su cabeza.
¡Un autor fue tan lejos como decir que Jesús estaba siendo tentado en el desierto por la mala influencia habitando en Su mente! Sin embargo, Jesús estaba totalmente libre del pecado y antes de ir a la cruz Él podría decir, “viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.” (Juan 14:30). Claramente Jesús fue tentado por una persona real externo de Sí Mismo y esa persona se llama el Tentador, Satanás y el Diablo.
Los Liberales Deconstructores han hecho muchos esfuerzos para evitar la conclusión obvia que Satanás es un adversario personal y real, utilizando maniobras lógicas y alterando el significado obvio de palabras, pero lo hacen a riesgo de su propia perdición y, más importante, la perdición de los que le presten oído. Esto no es un problema nuevo dentro de la Iglesia. Tales maestros son el motivo por lo cual Pablo le dijo a Timoteo:
“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. 15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 16 Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. 17 Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.” (2Tim 2:14-18)
Bajo el pretexto de estar adaptando a la cultura contemporáneo y quitando el tropiezo del evangelio, terminan trastornando la fe de muchos. Han abandonado las Escrituras – la fe una vez dada a los santos, solamente reteniendo los textos de las Escrituras que se encajan en su teología reconstruida diseñada para acomodar a los valores y normas de la sociedad postmoderna (1Tim 4:1; Judas 1:3-4). Es hora de que la Iglesia se despierte y sea sobria. Satanás no es simplemente una invención de nuestra imaginación. Tampoco ha sido atado en el abismo, como muchos están diciendo hoy en día. Pedro dice que él anda como león rugiente buscando a quién devorar (1Pedro 5:8-9, cf. Ef 6:11-13).
Aunque es tema de otro blog, los malos espíritus o demonios también son seres espirituales reales que operan bajo el mando de Satanás. No son nada más personificaciones primitivas de adicciones y enfermedades como algunos afirman. Jesús hablaba con ellos y ellos le respondían (Marcos 5:8-10). Ellos le reconocían a Jesús como Señor (Marcos 1:23-24). Cuando Jesús les echaba fuera, las personas fueron liberados y sanados inmediatamente. Jesús también nos comisionó a predicar el evangelio diciendo:
“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18)
Simples adicciones o enfermedades no pueden ser echado fuera de una persona dejándola libre – solamente los demonios o espíritus inmundos pueden ser echados fuera. Y su liberación es inmediata en vez de un proceso largo de terapia. No puedo evitar preguntarme cómo uno puede estar realmente activo en el ministerio, orando por los enfermos y oprimidos sin que se manifiesten demonios requiriendo expulsión en el nombre de Jesús. Animo a aquellos que no creen que los demonios son seres reales a meterse de lleno en proclamar el evangelio a los perdidos, orando por los enfermos y oprimidos con fe, creyendo que Dios los hará libres. No tardarían mucho en descubrir que los demonios son muy reales.
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La Perdicin
por George Sidney Hurd
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
¿Has reflexionado sobre lo que realmente significa perecer? ¿Si uno perece, seguirá existiendo? ¿Hay esperanza para uno que haya perecido? Yo fui criado creyendo que “perecer” significaba ser exterminado o aniquilado. Cuando conocí al Señor a los 18 años de edad, comencé a asistir a una iglesia Bautista donde me enseñaron a creer que cuando uno perece no deja de existir, sino que es preservado eternamente en un estado de tormento. Ambos enseñan que una vez que perezca una persona, su condición es eterno e irreversible.
Sin embargo, cuando comencé a escudriñar las Escrituras para poder entender lo que Jesús realmente quería decir, llegó a ser evidente que, aunque la pérdida es grande, no es eterna ni irreversible. La palabra griega es apóllumai que, junto con sus cognadas olethros y apoleia, significan “matar, morir, destruir o perder.” Cuando aparece una en voz media, como aparece en Juan 3:16, simplemente significa “perderse la vida.” Aunque a menudo significa una muerte prematura o trágica (Mt 26:52; Marcos 3:6), la palabra en sí no indica una condición permanente e irreversible.
A menudo se usa en referencia a la muerte de los justos que sabemos serán resucitados para la vida eterna. Jesús dice del sacerdote justo Zacarías que él murió (apóllumai mid. “perdió la vida”) entre el altar y el templo (Lucas 11:51). De la misma manera, en la traducción griega LXX del Antiguo Testamento habla de los justos como pereciendo: “Faltó (apóllumi) el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres.” (Miq 7:2). Incluso, Jesús usó la misma palabra en referencia a Su propia muerte:
“Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera (apóllumi mid.) fuera de Jerusalén.” (Lucas 13:33)
Así que, Jesús usó la misma palabra para referirse a Su propia muerte violenta que usó en Juan 3:16 y varios otros textos en referencia a los perdidos que se pierden sin creer en esta vida. Sabemos que Él no pereció en el sentido de dejar de existir. Después que “pereció,” Él fue al hades y predicó el evangelio a aquellos que previamente eran desobedientes, para que, aunque fueron juzgados en la carne como hombres, vivan en espíritu con Dios (1Peter 3:19-20; 4:6).
Sin embargo, mientras que a menudo se refiere a una muerte trágica y prematura, cuando las Escrituras hablan de los perdidos como “perdiéndose” incluye la idea adicional de morir en un estado perdido. Jesús dice de Sus ovejas o los escogidos de esta época, “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás (apóllumi mid.), ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:28). Es obvio que incluso los escogidos mueren – muchos de ellos trágica y prematuramente, siendo mártires. Sin embargo, los que creen en Jesús ya tienen la vida eterna y, por lo tanto, en vez de que la muerte sea un enemigo, es su introducción a la presencia gloriosa de Dios (2Cor 5:6-8). Por este motivo, Jesús pudo decir que todo aquel que cree en Él no morirá (Juan 11:26).
Por lo tanto, cuando dice de los perdidos que perecen, claramente habla de algo más serio que simplemente morir. En vez de ir a la presencia de Dios al morir, ellos se encuentran en el hades esperando el Juicio del Gran Trono Blanco que sucede mil años después de la Segunda Venida de Cristo por Su Esposa elegida (Apo 20:5-6). Entonces, ellos serán juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego purificador que es la segunda muerte a la carne y la vida del YO que no sufrieron mientras vivían (Apo 20:11-15). Considero el significado y propósito del Lago de Fuego y la segunda muerte en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor,” y también en mi libro, “Triunfo de la Misericordia.”
Aunque Jesús es el Salvador del mundo entero y antes de entregar el reino al Padre habrá atraído a todos a Sí Mismo (Juan 12:32; 1Cor 15:22,28), la gran mayoría de la humanidad en esta época continúan en el camino espacioso que lleva a la perdición. Jesús dijo:
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición (apoleia, ‘destrucción, perdición’), y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mt 7:13-14)
Aquí Jesús Mismo dice que son pocos los que hallan el camino que lleva a la vida en esta época. Los demás toman el camino amplio que lleva a la perdición. La destrucción o perdición aquí es el sustantivo de la misma palabra apóllumi que Jesús usó en Juan 3:16. En el pasaje paralelo de Lucas vemos que muchas personas religiosas que piensan que son salvas descubrirán en aquel día que en realidad están perdidas. Muchos dirán a Jesús: “Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.” Pero Él les responderá, “apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.” Como resultado de estar excluidos del reino habrá el llanto y crujir de dientes (Lucas 13:24-30; Mt 7:21-23).
Aunque los hacedores de maldad serán inicialmente excluidos, las puertas de la Nueva Jerusalén estarán de continuo abiertas, y el Espíritu y la Esposa estarán anunciándoles el evangelio eterno, llamándoles a lavar sus ropas para poder entrar en la Nueva Jerusalén y comer de las hojas del árbol de la vida que son para su sanidad (Apo 21:25-22:2,14,17). También Jesús dijo:
“Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí, hay postreros que serán primeros (protos), y primeros que serán postreros(eschatos).” (Lucas 13:29-30)
Aquí vemos que, aunque inicialmente la mayoría estarán excluidas, finalmente todos entrarán en el reino, cada uno en su debido orden después de haber cumplido su parte en el Lago de Fuego purificador. Algunos serán primeros en entrar (protos), mientras que otros serán los últimos en entrar (eschatos). El primero y el último tiene referencia a un orden cronológico y no a eminencia en el reino, como podemos ver por el contraste aquí entre protos “primero” y eschatos “escatológicamente el último.” En otro lado Jesús refiere a los primeros y últimos en eminencia, pero utiliza diferentes términos: “pequeño” elachistos y “mayor” megos. (Mt 5:19; 11:11). Si la exclusión de los perdidos fuera eterna, entonces Jesús no habría hablado de algunos que serían los primeros en entrar y otros que serían escatológicamente los últimos en entrar.
Jesús les dijo a los líderes religiosos que confiaban en su propia justicia que los publicanos y las rameras entrarían al reino “delante de” ellos [proago “precediendo en tiempo”] (Mt 21:31). Incluso los fariseos religiosos finalmente entrarán al reino de Dios, pero muchos que pensaron que iban a ser los primeros en entrar en realidad serán los últimos porque la salvación es por la gracia por medio de la fe en la justicia de Cristo solamente. Los cobradores de impuestos y las rameras saben que no tienen justicia propia y por lo tanto son los primeros en recibir a Cristo como su justicia, mientras los fariseos religiosos serán entre los últimos en entrar al reino por la puerta estrecha.
Jesús dijo acerca de Su misión, “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido [apóllumi].” (Lucas 19:10). Aquí Él usa la misma palabra apóllumi que utilizó en Juan 3:16. Jesús vino con el propósito específico de buscar y salvar a los que están perdidos (apóllumi). De hecho, siendo perdido es una precondición para ser salvo.
Además, el individuo perdido no puede encontrar el Camino solo – tiene que ser encontrado por el Salvador. A veces un individuo perdido me ha dicho: “Estoy procurando encontrarme a mí mismo.” Sin embargo, la raza de Adán se perdió a tal grado que tiene que ser buscado y encontrado por Dios Mismo. El Salvador busca a aquellos que se dan cuenta que están perdidos y se han desesperado de encontrarse y salvarse a sí mismo. Es por eso que Jesús les dijo a los escribas y fariseos:
“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” (Lucas 5:31-32)
La verdad es que todos estamos necesitados del Médico y no hay ningún justo, ni siquiera uno (Rom 3:9). Sin embargo, Jesús solo cosecha la fruta cuando esté lista. Cuando Él ve una persona que todavía se considera a sí misma como justa y sin necesidad del Médico, la deja y va a los cobradores de impuestos y rameras que son receptivos a Su llamado al arrepentimiento (Sal 138:6). Es por eso que los publicanos y las rameras entran al reino antes de los fariseos (Mt 21:31). No es que nunca van a entrar, sino que les llevará más tiempo llegar al fin de sí mismo y recibir la justicia de Jesucristo, recibido por la gracia por medio de la fe solamente.
Finalmente todos habrán doblado rodilla, confesando a Jesucristo como Señor y entonces Dios será todo en todos (Fil 2:10-11; 1Cor 15:28). Cuando Jesús haya terminado de atraer a todos a Sí Mismo, cada uno en su debido orden, nadie permanecerá en un estado perdido. Él dejará a los noventa y nueve en el redil y buscará a la última oveja perdida “hasta encontrarla” (Lucas 15:4-7). La doctrina tradicional, que limita la eficacia de la sangre derramada de Cristo por nosotros a esta vida, invierte esto, presentándolo como si Él estuviera conforme con un porciento en el redil y noventa-y-nueve por ciento eternamente perdido.
En las épocas venideras, en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, todos habrán sido atraídos a Cristo y reunidos en Él, pero cada uno en su debido orden en el día de su visitación: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden” (1Cor 15:22-23a).
Eterna Destrucción
“y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethros aiónios), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2Tes 1:7-9)
Entendido como traducido tradicionalmente, este texto aparenta decir que la destrucción o perdición es eterna. La palabra olethros es de la misma palabra traducida “se pierda” en Juan 3:16. Sin embargo, teniendo en mente que aionios significa “eónico” o “lo que pertenece a la época/s,” es evidente que la perdición o destrucción eónica (olethros aionios) no es eterna, sino que dura por un tiempo largo pero indefinido, como vemos en una traducción literal:
“los cuales sufrirán justicia – destrucción época-duradera – de la presencia del Señor, y de la gloria de su poder” (2Tes 1:9 Young’s Literal Translation)
Demuestro en mi blog, “La Duración del Castigo” y en mi libro, “¿Exterminación o Restauración?” que aionios significa duración limitada. La palabra olethros, que aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento, simplemente significa “destrucción, ruina o corrupción.” No significa aniquilación, como afirman los Aniquilacionistas, dado que es usado para describir la condición o estado de personas que todavía están vivos físicamente, o cosas que todavía existen. Por ejemplo, Pablo, advirtiendo contra aquellos que enseñaban que la piedad fuera una manera de enriquecerse, dijo:
“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; 7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción (olethros) y perdición (apoleia); 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1Tim 6:6-10)
Aquí Pablo, explicando lo que significa estar hundidos en destrucción y perdición, nos define lo que quería decir. Hundirse en destrucción y perdición no se refiere a la aniquilación sino a una experiencia Gehena de sufrimiento y angustia en esta vida, siendo traspasados de muchos dolores. Muchos, que se han hundido en un mundo de pecado y vicios, llegan al punto en donde su vida está en ruinas. No es que hayan dejado de existir, sino que han arruinado sus vidas. Jesús dijo que el hijo pródigo vivía perdidamente. No volvió en sí hasta que su vida estaba en ruinas.
Pedro dijo que el mundo antes del diluvio pereció (apóllumi), anegado en agua (2Pedro 3:6). Aunque las condiciones cambiaron con el diluvio, ni siquiera un elemento de la tierra original dejó de existir. Estudié el español por un tiempo en la hermosa ciudad de Antigua Guatemala donde hay muchas ruinas. Los edificios fueron “destruidos” por terremotos, pero no han dejado de existir. Muchos ya han sido restaurados. Destrucción no es un sinónimo de aniquilación.
¿En qué sentido puede uno sufrir destrucción temporal resultando en el beneficio del sentenciado? No tenemos que buscar lejos en el Nuevo Testamento para encontrar la respuesta. Pablo dio órdenes a los corintos a entregar al que estaba fornicando con la mujer de su padre a Satanás para una destrucción, pero era una destrucción con un fin positivo:
“En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción (olethros) de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” (1Cor 5:4-5)
Aquí vemos un fin restaurativo en excluir a este hombre de la comunidad de los santos. Él fue entregado a Satanás para destrucción, pero no de su ser como persona, sino de su carne pecaminosa. Si uno persiste en el pecado, la destrucción eónica es para su propio bien – no solo para el bien de los demás. De la misma manera, los que mueren sin morir a la carne serán entregados al castigo correctivo (kolasis) por el tiempo necesario para destruir la vida del alma y de su carne. Será una destrucción eónica, pero no eterna. Puede que dure tres días o tres milenios. Lo que sabemos es que será hasta la destrucción de la carne porque sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14).
La destrucción eónica en 2Tesalonicenses 1:9, según La Reina Valera de 1960, es ocasionada por estar excluida de la presencia del Señor. En La Reina Valera de 1909 y en la Versión Sagradas Escrituras dicen que es por la presencia del Señor.
“los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethros aionios), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2Tes 1:9 Reina Valera 1960)
“los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia.” (2Tes 1:9 Reina Valera 1909)
“los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia.” (2Tes 1:9 SSE)
Gramáticamente podría ser traducida de cualquiera de las dos maneras, y prácticamente los condenados sufrirán tanto por la presencia como por ser excluidos de la presencia. En Apocalipsis 14:10 dice que serán atormentados (basanizo, “probado con una piedra de toque para determinar su pureza”) “con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Aquí vemos que su tormento será ocasionado por estar expuesto a la mirada de Aquel cuyos ojos son penetrantes como llama de fuego. Sufrirán vergüenza eónica por la presencia del Señor. Pero, a la vez, serán excluidos de la presencia porque sin la santidad nadie verá al Señor.
Su tormento será tanto por ser visto por Él, como será por ver de lejos Su reino en su gloria y no poderse acercar por la vergüenza de su inmundicia. Como el apóstol Juan nos exhortó como hijos de Dios: “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de (apo) él avergonzados” (1Juan 2:28). Aquí aparece otra vez la preposición griega apo, que puede expresar tanto la idea de alejarnos de Su presencia, como también alejarnos por Su presencia. Yo creo que ambos sentidos aplican. Si no permanecemos en Él, nuestra vergüenza nos obligará a alejarnos de Su Presencia, y por Su presencia, escondiéndonos en nuestra vergüenza igual como se escondió Adán del Señor en su vergüenza en el Edén.
Creo que la Segunda Muerte se trata de la destrucción eónica, tanto de la presencia como por la presencia del Señor. Todos tenemos que sufrir dos muertes. Una es física y la otra es morir al independiente YO y a la carne. Jesús nos dice, “el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda (apolumi “destruir, perder”) su vida por causa de mí, la hallará (Mateo 16:25).” Son inevitables las dos muertes. Es mejor morir ahora en esta vida que sufrir daño de la Segunda Muerte después de su muerte física y el juicio (Apo 2:11; 21:8). “Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará” (Mateo 21:44).
Los que crean en esta vida y se sometan al trato de Dios para ser santificados ahora en esta vida serán quebrantados. Es un proceso doloroso de la muerte al YO. Pero es mucho más preferible a lo que les espera a los que no se sometan al trato de Dios en esta vida. Por eso dice que “es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Tim 4:10). Un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor (Fil 2:11), pero más bienaventurados los que lo hacen ahora en esta vida.
Pero, ¿quién sería el beneficiario de una pena de destrucción eterna sin fin? ¿El Dios Padre y creador de todos? ¿Es concebible que el Dios de amor; infinito en sabiduría predestinara un basurero cósmico donde la gran mayoría de sus creaturas pasarían la eternidad en un miserable estado consciente de destrucción y ruina sin ningún plan para su restauración? ¿Será posible que le daría satisfacción a Dios, contemplar el sufrimiento de tantos miles de millones de sus creaturas por toda la eternidad? ¿Cómo podemos reconciliar tal concepto de Dios con pasajes como los siguientes?
“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. 9 No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo.” (Salmo 103:8-9)
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
“Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” (Salmo 30:5)
“…No ha guardado para siempre su enojo, porque él se complace en la misericordia.” (Miqueas 7:18)
“…porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. 13 Reconoce, pues, tu maldad…” (Jer 3:12-13)
¿Ha escuchado a alguien hablar de la “ira eterna” de Dios? ¿Sabías que no aparece tal frase en todas las Escrituras? Al contrario, lo que vemos es que Su ira es la que dura solo por un momento a comparación con su favor que es para siempre; que no guarda el enojo eternamente. Es Su amor que nunca deja de ser, no Su ira (1Cor 13:8). ¿Cómo puede Dios, que no desecha para siempre, dar la pena de “eterna” perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder para siempre? En cambio, si podemos ver que se trata de la destrucción de la carne, y que es eónica en vez de eterno, podemos entonces entender cómo el Dios de amor lo permitiría, entendiendo que es solo eónica - hasta que todos sean perfeccionados. Cuando la Segunda Muerte haya cumplido su propósito, entonces el último enemigo, la muerte, habrá sido finalmente destruido. El propósito de Dios en las épocas “de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra,” habrá sido finalmente cumplido (Ef 1:10). ¡Aleluya! “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:32-36).
Hay unas ocasiones cuando parece, basado en las traducciones tradicionales, que la ira de Dios es eterna. Pero el contexto revela que no es “eterna” sino por un tiempo (olam). Leyendo lo que profetiza Jeremías contra Judá, da la impresión de que su castigo es “perpetuo”:
“Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre (olam) arderá.” (Jeremías 17:4)
Si fuéramos a entender esta profecía contra Judá como traducido aquí llegaríamos a la conclusión que está hablando de ira eterna. También da la impresión de que su destrucción es eterna en 25:9:
“he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua (olam).”
Sin embargo, la “ira eterna” y la “desolación perpetua” son solo por un tiempo (olam). En este caso, él especifica que “para siempre” durará setenta años como vemos en los siguientes versículos:
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.” (Jer 25:11-12)
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:10-14)
En el caso de Judá, como confirmado en la historia, la ira eónica y la destrucción eonian de Dios duró 70 años. Tome nota que, aún en Su ira, Sus pensamientos hacia ellos eran pensamientos de paz, y no de mal (v.11). Su ira y la destrucción eran correctivas y terminaron cuando se cumplió la pena de los 70 años – no fue una destrucción eterna sino duradera (por olam). ¿Por qué debemos de pensar que la furia del Señor que arde “por siempre” y la destrucción “perpetua” en el caso de Judá durarán por un tiempo limitado pero la destrucción “eterna” de 2Tesalonicenses 1:9 nunca llegará a un fin? ¿No dice Romanos 2:11 que no hay acepción de personas para con Dios? Dios no guarda para siempre su enojo y no rechaza para siempre porque Dios es amor. El amor solo muestra enojo con un fin correctivo. Solo rechaza hasta que lo busquemos.
Tanto los Universalistas como los Aniquilacionistas están de acuerdo en que la destrucción eterna no se refiere a destrucción eterna en el sentido de un proceso sin fin. La morfología de la palabra griega traducida “destrucción” (olethros) indica que es una palabra de acción que nombra el resultado de una acción en vez de describir la acción misma, así como nuestro sufijo –ción en español. [1] Aún si la acción continuara por épocas, tiene que terminar porque el sufijo –ción enfatiza el resultado final y no el proceso.
La diferencia es que los Aniquilacionistas entienden la destrucción como resultando en la cesación de existencia, pero el Universalista la entiende como refiriendo al proceso eónico de la destrucción de la vida del alma que culminará en la restauración final de todos. Como dice el Salmista: “Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres” (Sal 90:3). Cualquier teodicea que termina en destrucción y ruina en vez de la prometida restauración de todos, no toma en cuenta el clímax de las épocas, profetizado desde el comienzo (Hch 3:21,25).
[1] Robertson, A. T., A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research (Kindle Location 2847). Kindle Edition.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)
¿Has reflexionado sobre lo que realmente significa perecer? ¿Si uno perece, seguirá existiendo? ¿Hay esperanza para uno que haya perecido? Yo fui criado creyendo que “perecer” significaba ser exterminado o aniquilado. Cuando conocí al Señor a los 18 años de edad, comencé a asistir a una iglesia Bautista donde me enseñaron a creer que cuando uno perece no deja de existir, sino que es preservado eternamente en un estado de tormento. Ambos enseñan que una vez que perezca una persona, su condición es eterno e irreversible.
Sin embargo, cuando comencé a escudriñar las Escrituras para poder entender lo que Jesús realmente quería decir, llegó a ser evidente que, aunque la pérdida es grande, no es eterna ni irreversible. La palabra griega es apóllumai que, junto con sus cognadas olethros y apoleia, significan “matar, morir, destruir o perder.” Cuando aparece una en voz media, como aparece en Juan 3:16, simplemente significa “perderse la vida.” Aunque a menudo significa una muerte prematura o trágica (Mt 26:52; Marcos 3:6), la palabra en sí no indica una condición permanente e irreversible.
A menudo se usa en referencia a la muerte de los justos que sabemos serán resucitados para la vida eterna. Jesús dice del sacerdote justo Zacarías que él murió (apóllumai mid. “perdió la vida”) entre el altar y el templo (Lucas 11:51). De la misma manera, en la traducción griega LXX del Antiguo Testamento habla de los justos como pereciendo: “Faltó (apóllumi) el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres.” (Miq 7:2). Incluso, Jesús usó la misma palabra en referencia a Su propia muerte:
“Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera (apóllumi mid.) fuera de Jerusalén.” (Lucas 13:33)
Así que, Jesús usó la misma palabra para referirse a Su propia muerte violenta que usó en Juan 3:16 y varios otros textos en referencia a los perdidos que se pierden sin creer en esta vida. Sabemos que Él no pereció en el sentido de dejar de existir. Después que “pereció,” Él fue al hades y predicó el evangelio a aquellos que previamente eran desobedientes, para que, aunque fueron juzgados en la carne como hombres, vivan en espíritu con Dios (1Peter 3:19-20; 4:6).
Sin embargo, mientras que a menudo se refiere a una muerte trágica y prematura, cuando las Escrituras hablan de los perdidos como “perdiéndose” incluye la idea adicional de morir en un estado perdido. Jesús dice de Sus ovejas o los escogidos de esta época, “y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás (apóllumi mid.), ni nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:28). Es obvio que incluso los escogidos mueren – muchos de ellos trágica y prematuramente, siendo mártires. Sin embargo, los que creen en Jesús ya tienen la vida eterna y, por lo tanto, en vez de que la muerte sea un enemigo, es su introducción a la presencia gloriosa de Dios (2Cor 5:6-8). Por este motivo, Jesús pudo decir que todo aquel que cree en Él no morirá (Juan 11:26).
Por lo tanto, cuando dice de los perdidos que perecen, claramente habla de algo más serio que simplemente morir. En vez de ir a la presencia de Dios al morir, ellos se encuentran en el hades esperando el Juicio del Gran Trono Blanco que sucede mil años después de la Segunda Venida de Cristo por Su Esposa elegida (Apo 20:5-6). Entonces, ellos serán juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego purificador que es la segunda muerte a la carne y la vida del YO que no sufrieron mientras vivían (Apo 20:11-15). Considero el significado y propósito del Lago de Fuego y la segunda muerte en mi blog: “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor,” y también en mi libro, “Triunfo de la Misericordia.”
Aunque Jesús es el Salvador del mundo entero y antes de entregar el reino al Padre habrá atraído a todos a Sí Mismo (Juan 12:32; 1Cor 15:22,28), la gran mayoría de la humanidad en esta época continúan en el camino espacioso que lleva a la perdición. Jesús dijo:
“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición (apoleia, ‘destrucción, perdición’), y muchos son los que entran por ella; 14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mt 7:13-14)
Aquí Jesús Mismo dice que son pocos los que hallan el camino que lleva a la vida en esta época. Los demás toman el camino amplio que lleva a la perdición. La destrucción o perdición aquí es el sustantivo de la misma palabra apóllumi que Jesús usó en Juan 3:16. En el pasaje paralelo de Lucas vemos que muchas personas religiosas que piensan que son salvas descubrirán en aquel día que en realidad están perdidas. Muchos dirán a Jesús: “Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.” Pero Él les responderá, “apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.” Como resultado de estar excluidos del reino habrá el llanto y crujir de dientes (Lucas 13:24-30; Mt 7:21-23).
Aunque los hacedores de maldad serán inicialmente excluidos, las puertas de la Nueva Jerusalén estarán de continuo abiertas, y el Espíritu y la Esposa estarán anunciándoles el evangelio eterno, llamándoles a lavar sus ropas para poder entrar en la Nueva Jerusalén y comer de las hojas del árbol de la vida que son para su sanidad (Apo 21:25-22:2,14,17). También Jesús dijo:
“Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí, hay postreros que serán primeros (protos), y primeros que serán postreros(eschatos).” (Lucas 13:29-30)
Aquí vemos que, aunque inicialmente la mayoría estarán excluidas, finalmente todos entrarán en el reino, cada uno en su debido orden después de haber cumplido su parte en el Lago de Fuego purificador. Algunos serán primeros en entrar (protos), mientras que otros serán los últimos en entrar (eschatos). El primero y el último tiene referencia a un orden cronológico y no a eminencia en el reino, como podemos ver por el contraste aquí entre protos “primero” y eschatos “escatológicamente el último.” En otro lado Jesús refiere a los primeros y últimos en eminencia, pero utiliza diferentes términos: “pequeño” elachistos y “mayor” megos. (Mt 5:19; 11:11). Si la exclusión de los perdidos fuera eterna, entonces Jesús no habría hablado de algunos que serían los primeros en entrar y otros que serían escatológicamente los últimos en entrar.
Jesús les dijo a los líderes religiosos que confiaban en su propia justicia que los publicanos y las rameras entrarían al reino “delante de” ellos [proago “precediendo en tiempo”] (Mt 21:31). Incluso los fariseos religiosos finalmente entrarán al reino de Dios, pero muchos que pensaron que iban a ser los primeros en entrar en realidad serán los últimos porque la salvación es por la gracia por medio de la fe en la justicia de Cristo solamente. Los cobradores de impuestos y las rameras saben que no tienen justicia propia y por lo tanto son los primeros en recibir a Cristo como su justicia, mientras los fariseos religiosos serán entre los últimos en entrar al reino por la puerta estrecha.
Jesús dijo acerca de Su misión, “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido [apóllumi].” (Lucas 19:10). Aquí Él usa la misma palabra apóllumi que utilizó en Juan 3:16. Jesús vino con el propósito específico de buscar y salvar a los que están perdidos (apóllumi). De hecho, siendo perdido es una precondición para ser salvo.
Además, el individuo perdido no puede encontrar el Camino solo – tiene que ser encontrado por el Salvador. A veces un individuo perdido me ha dicho: “Estoy procurando encontrarme a mí mismo.” Sin embargo, la raza de Adán se perdió a tal grado que tiene que ser buscado y encontrado por Dios Mismo. El Salvador busca a aquellos que se dan cuenta que están perdidos y se han desesperado de encontrarse y salvarse a sí mismo. Es por eso que Jesús les dijo a los escribas y fariseos:
“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.” (Lucas 5:31-32)
La verdad es que todos estamos necesitados del Médico y no hay ningún justo, ni siquiera uno (Rom 3:9). Sin embargo, Jesús solo cosecha la fruta cuando esté lista. Cuando Él ve una persona que todavía se considera a sí misma como justa y sin necesidad del Médico, la deja y va a los cobradores de impuestos y rameras que son receptivos a Su llamado al arrepentimiento (Sal 138:6). Es por eso que los publicanos y las rameras entran al reino antes de los fariseos (Mt 21:31). No es que nunca van a entrar, sino que les llevará más tiempo llegar al fin de sí mismo y recibir la justicia de Jesucristo, recibido por la gracia por medio de la fe solamente.
Finalmente todos habrán doblado rodilla, confesando a Jesucristo como Señor y entonces Dios será todo en todos (Fil 2:10-11; 1Cor 15:28). Cuando Jesús haya terminado de atraer a todos a Sí Mismo, cada uno en su debido orden, nadie permanecerá en un estado perdido. Él dejará a los noventa y nueve en el redil y buscará a la última oveja perdida “hasta encontrarla” (Lucas 15:4-7). La doctrina tradicional, que limita la eficacia de la sangre derramada de Cristo por nosotros a esta vida, invierte esto, presentándolo como si Él estuviera conforme con un porciento en el redil y noventa-y-nueve por ciento eternamente perdido.
En las épocas venideras, en la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, todos habrán sido atraídos a Cristo y reunidos en Él, pero cada uno en su debido orden en el día de su visitación: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden” (1Cor 15:22-23a).
Eterna Destrucción
“y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethros aiónios), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2Tes 1:7-9)
Entendido como traducido tradicionalmente, este texto aparenta decir que la destrucción o perdición es eterna. La palabra olethros es de la misma palabra traducida “se pierda” en Juan 3:16. Sin embargo, teniendo en mente que aionios significa “eónico” o “lo que pertenece a la época/s,” es evidente que la perdición o destrucción eónica (olethros aionios) no es eterna, sino que dura por un tiempo largo pero indefinido, como vemos en una traducción literal:
“los cuales sufrirán justicia – destrucción época-duradera – de la presencia del Señor, y de la gloria de su poder” (2Tes 1:9 Young’s Literal Translation)
Demuestro en mi blog, “La Duración del Castigo” y en mi libro, “¿Exterminación o Restauración?” que aionios significa duración limitada. La palabra olethros, que aparece cuatro veces en el Nuevo Testamento, simplemente significa “destrucción, ruina o corrupción.” No significa aniquilación, como afirman los Aniquilacionistas, dado que es usado para describir la condición o estado de personas que todavía están vivos físicamente, o cosas que todavía existen. Por ejemplo, Pablo, advirtiendo contra aquellos que enseñaban que la piedad fuera una manera de enriquecerse, dijo:
“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; 7 porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. 9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción (olethros) y perdición (apoleia); 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1Tim 6:6-10)
Aquí Pablo, explicando lo que significa estar hundidos en destrucción y perdición, nos define lo que quería decir. Hundirse en destrucción y perdición no se refiere a la aniquilación sino a una experiencia Gehena de sufrimiento y angustia en esta vida, siendo traspasados de muchos dolores. Muchos, que se han hundido en un mundo de pecado y vicios, llegan al punto en donde su vida está en ruinas. No es que hayan dejado de existir, sino que han arruinado sus vidas. Jesús dijo que el hijo pródigo vivía perdidamente. No volvió en sí hasta que su vida estaba en ruinas.
Pedro dijo que el mundo antes del diluvio pereció (apóllumi), anegado en agua (2Pedro 3:6). Aunque las condiciones cambiaron con el diluvio, ni siquiera un elemento de la tierra original dejó de existir. Estudié el español por un tiempo en la hermosa ciudad de Antigua Guatemala donde hay muchas ruinas. Los edificios fueron “destruidos” por terremotos, pero no han dejado de existir. Muchos ya han sido restaurados. Destrucción no es un sinónimo de aniquilación.
¿En qué sentido puede uno sufrir destrucción temporal resultando en el beneficio del sentenciado? No tenemos que buscar lejos en el Nuevo Testamento para encontrar la respuesta. Pablo dio órdenes a los corintos a entregar al que estaba fornicando con la mujer de su padre a Satanás para una destrucción, pero era una destrucción con un fin positivo:
“En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción (olethros) de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” (1Cor 5:4-5)
Aquí vemos un fin restaurativo en excluir a este hombre de la comunidad de los santos. Él fue entregado a Satanás para destrucción, pero no de su ser como persona, sino de su carne pecaminosa. Si uno persiste en el pecado, la destrucción eónica es para su propio bien – no solo para el bien de los demás. De la misma manera, los que mueren sin morir a la carne serán entregados al castigo correctivo (kolasis) por el tiempo necesario para destruir la vida del alma y de su carne. Será una destrucción eónica, pero no eterna. Puede que dure tres días o tres milenios. Lo que sabemos es que será hasta la destrucción de la carne porque sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14).
La destrucción eónica en 2Tesalonicenses 1:9, según La Reina Valera de 1960, es ocasionada por estar excluida de la presencia del Señor. En La Reina Valera de 1909 y en la Versión Sagradas Escrituras dicen que es por la presencia del Señor.
“los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethros aionios), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.” (2Tes 1:9 Reina Valera 1960)
“los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia.” (2Tes 1:9 Reina Valera 1909)
“los cuales serán castigados de eterna perdición por la presencia del Señor, y por la gloria de su potencia.” (2Tes 1:9 SSE)
Gramáticamente podría ser traducida de cualquiera de las dos maneras, y prácticamente los condenados sufrirán tanto por la presencia como por ser excluidos de la presencia. En Apocalipsis 14:10 dice que serán atormentados (basanizo, “probado con una piedra de toque para determinar su pureza”) “con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Aquí vemos que su tormento será ocasionado por estar expuesto a la mirada de Aquel cuyos ojos son penetrantes como llama de fuego. Sufrirán vergüenza eónica por la presencia del Señor. Pero, a la vez, serán excluidos de la presencia porque sin la santidad nadie verá al Señor.
Su tormento será tanto por ser visto por Él, como será por ver de lejos Su reino en su gloria y no poderse acercar por la vergüenza de su inmundicia. Como el apóstol Juan nos exhortó como hijos de Dios: “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de (apo) él avergonzados” (1Juan 2:28). Aquí aparece otra vez la preposición griega apo, que puede expresar tanto la idea de alejarnos de Su presencia, como también alejarnos por Su presencia. Yo creo que ambos sentidos aplican. Si no permanecemos en Él, nuestra vergüenza nos obligará a alejarnos de Su Presencia, y por Su presencia, escondiéndonos en nuestra vergüenza igual como se escondió Adán del Señor en su vergüenza en el Edén.
Creo que la Segunda Muerte se trata de la destrucción eónica, tanto de la presencia como por la presencia del Señor. Todos tenemos que sufrir dos muertes. Una es física y la otra es morir al independiente YO y a la carne. Jesús nos dice, “el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda (apolumi “destruir, perder”) su vida por causa de mí, la hallará (Mateo 16:25).” Son inevitables las dos muertes. Es mejor morir ahora en esta vida que sufrir daño de la Segunda Muerte después de su muerte física y el juicio (Apo 2:11; 21:8). “Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará” (Mateo 21:44).
Los que crean en esta vida y se sometan al trato de Dios para ser santificados ahora en esta vida serán quebrantados. Es un proceso doloroso de la muerte al YO. Pero es mucho más preferible a lo que les espera a los que no se sometan al trato de Dios en esta vida. Por eso dice que “es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Tim 4:10). Un día toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor (Fil 2:11), pero más bienaventurados los que lo hacen ahora en esta vida.
Pero, ¿quién sería el beneficiario de una pena de destrucción eterna sin fin? ¿El Dios Padre y creador de todos? ¿Es concebible que el Dios de amor; infinito en sabiduría predestinara un basurero cósmico donde la gran mayoría de sus creaturas pasarían la eternidad en un miserable estado consciente de destrucción y ruina sin ningún plan para su restauración? ¿Será posible que le daría satisfacción a Dios, contemplar el sufrimiento de tantos miles de millones de sus creaturas por toda la eternidad? ¿Cómo podemos reconciliar tal concepto de Dios con pasajes como los siguientes?
“Misericordioso y clemente es Jehová; lento para la ira, y grande en misericordia. 9 No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo.” (Salmo 103:8-9)
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
“Porque un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría.” (Salmo 30:5)
“…No ha guardado para siempre su enojo, porque él se complace en la misericordia.” (Miqueas 7:18)
“…porque misericordioso soy yo, dice Jehová, no guardaré para siempre el enojo. 13 Reconoce, pues, tu maldad…” (Jer 3:12-13)
¿Ha escuchado a alguien hablar de la “ira eterna” de Dios? ¿Sabías que no aparece tal frase en todas las Escrituras? Al contrario, lo que vemos es que Su ira es la que dura solo por un momento a comparación con su favor que es para siempre; que no guarda el enojo eternamente. Es Su amor que nunca deja de ser, no Su ira (1Cor 13:8). ¿Cómo puede Dios, que no desecha para siempre, dar la pena de “eterna” perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder para siempre? En cambio, si podemos ver que se trata de la destrucción de la carne, y que es eónica en vez de eterno, podemos entonces entender cómo el Dios de amor lo permitiría, entendiendo que es solo eónica - hasta que todos sean perfeccionados. Cuando la Segunda Muerte haya cumplido su propósito, entonces el último enemigo, la muerte, habrá sido finalmente destruido. El propósito de Dios en las épocas “de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra,” habrá sido finalmente cumplido (Ef 1:10). ¡Aleluya! “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:32-36).
Hay unas ocasiones cuando parece, basado en las traducciones tradicionales, que la ira de Dios es eterna. Pero el contexto revela que no es “eterna” sino por un tiempo (olam). Leyendo lo que profetiza Jeremías contra Judá, da la impresión de que su castigo es “perpetuo”:
“Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre (olam) arderá.” (Jeremías 17:4)
Si fuéramos a entender esta profecía contra Judá como traducido aquí llegaríamos a la conclusión que está hablando de ira eterna. También da la impresión de que su destrucción es eterna en 25:9:
“he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua (olam).”
Sin embargo, la “ira eterna” y la “desolación perpetua” son solo por un tiempo (olam). En este caso, él especifica que “para siempre” durará setenta años como vemos en los siguientes versículos:
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre.” (Jer 25:11-12)
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:10-14)
En el caso de Judá, como confirmado en la historia, la ira eónica y la destrucción eonian de Dios duró 70 años. Tome nota que, aún en Su ira, Sus pensamientos hacia ellos eran pensamientos de paz, y no de mal (v.11). Su ira y la destrucción eran correctivas y terminaron cuando se cumplió la pena de los 70 años – no fue una destrucción eterna sino duradera (por olam). ¿Por qué debemos de pensar que la furia del Señor que arde “por siempre” y la destrucción “perpetua” en el caso de Judá durarán por un tiempo limitado pero la destrucción “eterna” de 2Tesalonicenses 1:9 nunca llegará a un fin? ¿No dice Romanos 2:11 que no hay acepción de personas para con Dios? Dios no guarda para siempre su enojo y no rechaza para siempre porque Dios es amor. El amor solo muestra enojo con un fin correctivo. Solo rechaza hasta que lo busquemos.
Tanto los Universalistas como los Aniquilacionistas están de acuerdo en que la destrucción eterna no se refiere a destrucción eterna en el sentido de un proceso sin fin. La morfología de la palabra griega traducida “destrucción” (olethros) indica que es una palabra de acción que nombra el resultado de una acción en vez de describir la acción misma, así como nuestro sufijo –ción en español. [1] Aún si la acción continuara por épocas, tiene que terminar porque el sufijo –ción enfatiza el resultado final y no el proceso.
La diferencia es que los Aniquilacionistas entienden la destrucción como resultando en la cesación de existencia, pero el Universalista la entiende como refiriendo al proceso eónico de la destrucción de la vida del alma que culminará en la restauración final de todos. Como dice el Salmista: “Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres” (Sal 90:3). Cualquier teodicea que termina en destrucción y ruina en vez de la prometida restauración de todos, no toma en cuenta el clímax de las épocas, profetizado desde el comienzo (Hch 3:21,25).
[1] Robertson, A. T., A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research (Kindle Location 2847). Kindle Edition.
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=Ha Cambiado el Nuevo Testamento despus de Tantos Aos?
por George Sidney Hurd
A menudo cuando estoy conversando con ateos e incluso con personas en círculos cristianas, al mencionar un texto de las Escrituras ellos responden, “La Biblia ha sido copiado y traducido tantas veces durante los últimos 2.000 años que no hay manera de saber lo que realmente decía el texto original.” Esto ha sido repetido tantas veces – incluso por los intelectuales prominentes, que muchos piensan que es la verdad.
Sin embargo, esta no es una respuesta informada y demuestra una ignorancia, voluntaria, o involuntaria, acerca de la abundancia de la evidencia textual que indica todo lo contrario.
El texto del Nuevo Testamento es el texto más plenamente atestiguado de toda la literatura antigua por una margen sumamente amplia. Hay más de 5.800 manuscritos griegos del Nuevo Testamento que han sido descubiertos y ese número sigue aumentando conforme los arqueólogos descubren más de ellos. El manuscrito más antiguo encontrado hasta ahora es un fragmento de papiro con una porción de Juan 18:31-33 en un lado y Juan 18:37-39 en el otro. Fue encontrado lejos de Judea en Egipto, y fue escrito entre los años 117 y 138 d.C. - solo pocos años después de que Juan escribió el original. La copia entera más antigua del Nuevo Testamento es el Codex Sinaiticus, escrito en 340 d.C. Adicionalmente, hay más de 10.000 manuscritos en el latín, algunos de ellos escritos tan temprano como en el año 350 d.C., además de 9.300 manuscritos en otros idiomas antiguas como el siríaco, el eslavo, el gótico, el etiópico, el cóptico, y el arminiano.
Adicionalmente, aún si no tuviéramos siquiera una sola copia del Nuevo Testamento, los Padres Ante-Nicea (Padres de la Iglesia que escribieron antes del Credo de Nicea en el año 325 d.C.) incluyeron en sus escritos más de un millón de citas del Nuevo Testamento, citando todos los versículos con la excepción de once. Con solamente estas citas, que son muy tempranas, uno podría prácticamente reconstruir todo el Nuevo Testamento.
En un contraste muy marcado a esto, la mayoría de la literatura no-bíblica tiene muy pocas copias para poder hacer una comparación crítica. Y las pocas que existen son entre 800 y 2.000 años separados en tiempo de los originales. Si uno fuera poner cada manuscrito de una literatura promedia uno encima del otro, tendría una altura de 1.2 metros. En cambio, si uno fuera a poner todos los manuscritos del Nuevo Testamento uno encima del otro, ¡sería más de una milla de altura! Sin embargo, nadie cuestiona la autenticidad de la otra literatura como hacen con el Nuevo Testamento.
Josefo escribió Las Antigüedades de los Judíos en el año 75 d.C., al mismo tiempo que fue escrito el Nuevo Testamento. A pesar de que solamente existen 20 copias de sus manuscritos, con los más antiguos separados siete siglos del original, la autenticidad del relato histórico de las Sagradas Escrituras a menudo es cuestionado basado en lo que dijo Josefo y no al contrario.
Algunos críticos señalan que hay más variantes entre los manuscritos que hay palabras en el Nuevo Testamento (se estima que hay entre 300.000 y 400.000). Sin embargo, hay más de 2.5 millones de páginas de texto contenidos en los manuscritos griegos que tenemos. Si calculamos usando el número medio de 350.000 variantes, eso solo sería un error por cada 7 páginas.
Adicionalmente, 99 por ciento de estas variantes no son de consecuencia alguna, dado que solo se tratan de palabras mal escritas; el cambio del orden de palabras que en el griego no cambia en significado; o la presencia o ausencia de artículos. Todos estos errores son fácilmente identificados y corregidos – especialmente considerando el gran volumen de copias que tenemos para hacer comparaciones.
Solo un porciento se trata de interpolaciones – normalmente de una sola palabra o línea que el escriba dejó sin escribir por accidente. La interpolación más larga es Juan 7:53-8:11 pero es fácil de identificar como adición, haciendo una comparación de todos los manuscritos que tenemos. La porción más larga que no aparece en algunos de los manuscritos más tempranos es Marcos 16:9-20. Sin embargo, tomando en cuenta todo, muchos han concluido que la exclusión de los versículos 9 a 20 fue una omisión temprano hecho por un escriba en vez de ser una interpolación. Ninguna de estas variantes afecta alguna doctrina cristiana mayor, y la mayoría pueden ser corregidos más allá de duda razonable haciendo una comparación cuidadosa de los miles de manuscritos que tenemos.
Aunque es cierto que no tenemos las copias originales sino copias de copias, una comparación cuidadosa y crítica de todos los manuscritos existentes ha llevado muchos expertos en la ciencia crítica del texto a la conclusión informada de que el texto del griego que usamos hoy en día es mucho más de 99 porciento igual al original.
Aunque uno no puede ser absolutamente dogmático, dado que no tenemos el original, la preponderancia de la evidencia es tan abrumadora que solamente aquellos como Bart Ehrman, que llegan al texto con una predisposición a no creer en el testimonio de las Escrituras acerca del mismo, podrían posiblemente salir todavía cuestionando su confiabilidad.
Yo estudié el tema en mi último año de estudios teológicos en el año 1982 y me dio una gran confianza de que el texto griego que usaba era una réplica confiable del original. Llegué a conocer a Cristo por medio del mensaje de las Escrituras y deseaba creer en la veracidad del testimonio de Jesús Mismo acerca de las Escrituras. Sin embargo, es evidente que no todos tienen el mismo amor a la verdad y deseo de conocer la voluntad de Dios como ha sido revelada en las Escrituras.
En esta época los justos viven por la fe y sin la fe es imposible agradar a Dios (Rom 1:17-18; Heb 10:38-39; 11:6). La fe a la cual hemos sido llamado es una confianza en Dios como Él se ha revelado en Su Palabra. La verdadera fe es un regalo de Dios que es impartido a aquellos que lleguen al fin de sí mismos y le clamen al Señor para recibir Su salvación (Jer 33:3; Jn 10:25-27; Hch 13:48;16:14).
Yo creo que Dios a menudo no presenta una “en la cara” evidencia innegable de la veracidad de Su Palabra para proveer una salida para aquellos que, en su falso sentido de autosuficiencia, todavía están indispuestos a recibir el amor a la verdad, sino que se complacen en la injusticia (2Tes 2:10-12). Pablo dijo que en los postreros días muchos no estarían dispuestos a recibir la Palabra escrita de Dios, sino que, según sus propios deseos serán atraídos a maestros que solo les dirán lo que quieren escuchar (2Tim 4:2-4).
Pablo también dijo que en los postreros días muchos apartarían de la fe, escuchando a espíritus del engaño y doctrinas de demonios (1Tim 4:1,2). En el contexto “la fe” es aquella enseñanza o doctrina que nos fue dada por medio de los Apóstoles de nuestro Señor Jesucristo (Hch 2:42; 1Tim 4:16; Tito 1:9). Judas, el medio hermano del Señor, dijo que debemos de contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos (Judas 3).
Muchos hoy en día que desprecian la Palabra escrita de Dios una vez dada a los santos para buscar una forma de misticismo, ingenuamente se están abriendo a espíritus del engaño y doctrinas de demonios, así como advirtió Pablo. De la misma manera, Jesús nos advirtió de esto, diciendo que falsos maestros y profetas en los últimos días engañaría, si fuere posible, aun los escogidos (Mt 24:11-12,24). Jesús incluso hizo la pregunta: “cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará (la) fe en la tierra?” (Lucas 18:8).
Bart Ehrman comenzó en la fe y estudió bajo Bruce Metzger de Princeton, uno de los mejores eruditos textuales del siglo XX. Sin embargo, aunque el estudio de la historia y transmisión del texto ha fortalecido la fe de muchos – incluyéndome a mí mismo, Bruce eligió el camino de la duda e incredulidad, finalmente volviendo agnóstico y jugando un papel muy importante en el movimiento de los Neo Ateos. Como indicio de los tiempos que estamos viviendo, seis de sus libros han estado en la lista de mayor venta de New York Times.
En contraste, Dan Wallace que estudió bajo los mismos profesores que Ehrman, y en mi opinión es el experto textual más destacado de nuestro tiempo, tiene la predisposición a creer en vez de dudar, y demuestra muy hábilmente más allá de duda razonable que el texto del griego que tenemos hoy en día es una representación del original muy confiable. Él también ha escrito varios libros. Sin embargo, así como dijo Jesús que sucedería en los últimos días, muy pocos están dispuestos a recibir el testimonio de Wallace acerca de la veracidad de la Palabra de Dios.
Hace poco, Bart Ehrman y Dan Wallace tuvieron un debate abierto que recomiendo altamente si puedes entenderlo en inglés. Para mí no cabe duda de que hoy tenemos una representación precisa del texto original. La pregunta es si uno esté dispuesto a creer o no. (Jn 5:38-40,46-47). A fin de cuentas, todos tenemos que escoger, o seguir el camino de la fe y confianza, o tomar la senda de la duda y incredulidad.
El siguiente es el vínculo para el debate:
Ehrman vs Wallace - Can We Trust the Text of the NT?
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por George Sidney Hurd
La doctrina de la Expiación Sustitutiva de Cristo comenzó a ser fuertemente atacada por los teólogos Liberales comenzando a finales del siglo XIX, solo para ser resistida aún más fuertemente por los Progresivos Posmodernos que a menudo intentaban envilecer la doctrina, caricaturizándola con términos como “el abuso infantil cósmico” o como “Jesús salvándonos de un Padre airado.”
El término Expiación Sustitutiva Penal simplemente significa que Cristo llevó en Su propia persona el justo castigo debido a nosotros por el pecado original de Adán y por todos los pecados de la humanidad como nuestro sustituto en la cruz. Considero la evidencia escritural para esta doctrina en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros?” y también en mi libro: “Los Caminos de Dios (Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico)”
Sin embargo, en este blog mi objetivo es examinar la historicidad de la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal. La afirmación que suelen hacer los opositores a la sustitución penal es que la doctrina es una invención reciente, concebida en la mente jurídica de Juan Calvino. Si esta alegación puede ser sustanciada, daría gran motivo a cuestionar la validez de dicha doctrina, dado que anticiparíamos que al menos los Padres Post Apostólicos hubieran creído en la doctrina, estando tan cerca de las enseñanzas de los Apóstoles originales.
Mientras que es cierto que los Padres Primitivos aún no habían formulado ningunas de las varias teorías de la expiación que tenemos hoy en día, todos los elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal están presentes en todos sus escritos. Para ellos la expiación era más amplia que la expiación sustitutiva penal, igual como es con los proponentes de la expiación sustitutiva penal de hoy. Sin embargo, fue central a su entendimiento de la expiación.
Algunos detractores de la expiación sustitutiva penal, ignorando las referencias claras de los Padres que estaremos examinando a continuación, solo citan otras declaraciones de ellos que están más de acuerdo con la teoría de la expiación Christus Victor (Cristo el Vencedor), como si eso excluyese una expiación sustitutiva penal. Otros citan las referencias de los Padres a una justicia restaurativa, ignorando sus muchas referencias que claramente indican que ellos también creían que Cristo satisfizo la justicia penal como nuestro sustituto. Los Padres Primitivos enseñaron que Cristo ganó la Victoria sobre Satanás y la muerte, pero también enseñaban que Cristo sufrió la justa pena por los pecados que hemos cometido contra un Dios justo y santo. También enseñaban la justicia restaurativa, pero sin hacer caso omiso a la justicia penal.
Las siguientes son varias citas de los Padres de la Iglesia Primitiva que contienen uno o más elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal. Para un estudio del tema más a fondo recomiendo “Pierced for Our Transgressions” escrito por Steve Jeffery, junto con Michael Ovey y Andrew Sach.
Clemente de Roma (96 d.C.)
“Por el amor que Él sintió por nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, su cuerpo por nuestros cuerpos, y Su alma por nuestras almas.” [1]
En las Escrituras vemos que sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados ante Dios (Heb 9:22; Lev 17:11). A la luz de esto, Clemente aquí presenta a Jesús como derramando Su propia sangre en nuestro lugar, así como fue prefigurado en el cordero expiatorio del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Aquí vemos a Cristo por la voluntad de Dios sufriendo la pena de la muerte por nosotros (sustitución penal), así haciendo expiación (kaphar) por nuestros pecados ante Dios.
Como un aparte, la palabra “atonement” en inglés es una rendición desafortunada de la palabra hebreo kaphar, que literalmente significa “cubrir,” pero en el contexto del sistema Levítico de sacrificios significa “remover el pecado y culpa por sacrificio,” y es paralela a propiciación que habla de “un sacrificio que es el pago satisfactorio para una ofensa.” En cambio, “atonement” es un término inventado en el siglo XVI, compuesto de las palabras “en unión + ment” que es más descriptiva de la reconciliación que resulta del sacrificio expiatorio que el kaphar o sacrificio expiatorio mismo.
El error que ha resultado por haber reemplazado la palabra expiación con la palabra “atonement” es que ha dado lugar para que algunos eliminen la necesidad del sacrificio de la sangre como si fuera posible el perdón de los pecados y la reconciliación sin la necesidad del derramamiento de sangre (Heb 9:22; Mt 26:28). En otros idiomas es más difícil separar el sacrificio de la expiación porque la definición misma de expiación requiere el sacrificio expiatorio, como vemos en español y otros idiomas (ej. Latín, expiationem; Francés, propiciación; Italiano, purgamento). Todos estos idiomas ponen el énfasis en el sacrificio mismo, sin el cual no sería posible la atonement o reconciliación. Por lo tanto, cuando los del habla inglés usan la palabra atonement, tienen que tener cuidado de no pensar en una reconciliación sin la satisfacción anterior de la justicia de Dios por medio de la sangre de Cristo.
Epistola de Berbabé (70-135 d.C.)
“Porque con este fin su Señor padeció, entregando Su carne a la corrupción, para que seamos santificados por la remisión de los pecados, lo cual es efectuado por Su sangre rociada. Porque fue escrito de Él… ‘El herido fue por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades: por Sus llagas fuimos curados. Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” [2]
Aquí vemos a Cristo presentado como el Cordero sustitutivo de Dios derramando Su sangre por nuestros transgresiones e iniquidades, citando de Isaías 53, donde también dice de Su sacrificio expiatorio:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado… 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” (Isa 53:10,11)
¿Por qué es necesario el derramamiento de sangre para la remisión y perdón de nuestros pecados ante Dios? Porque desde el comienzo – aún antes de que hubiera entrado el pecado en el mundo por Adán, Dios dijo que la paga del pecado sería la muerte y que el alma que pecare, esa morirá. Cuando Dios estableció los sacrificios de sangre, Él explicó por qué era necesaria la sangre expiatoria para la remisión de pecados. Él dijo: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Lev 17:11).
Como la vida está en la sangre y Dios dijo desde el principio que el pago del pecado era la muerte, Su justicia y verdad requerían la sangre vital del pecador. La sangre de los animales fue dada para expiar los pecados del pueblo. Sin embargo, no era posible que la sangre de los animales quitara los pecados del pueblo. Solamente el divino Cordero de Dios que daría Su sangre vital una vez para siempre podría quitar los pecados del mundo (Jn 1:29). El Cordero de Dios, inmolado desde la fundación del mundo según el plan eterno del trino Dios, cumplió lo que estaba prefigurado en los sacrificios de sangre del Antiguo Testamento (Apo 13:8).
Hay algunos que negarían que la sangre de Cristo tuviera valor salvífico alguno ante Dios. Ellos dirían que todo el sistema de sacrificios, lo cual prefigura el sacrificio de Cristo de una vez para siempre no era más que un invento de la mente depravada de Moisés que equivocadamente pensaba que las deidades requerían sacrificios para ser apaciguados. Sin embargo, a través del Nuevo Testamento vemos que fue algo establecido por Dios Mismo, y encontró su cumplimiento en Cristo que derramó Su sangre para la remisión de los pecados, presentándola sobre el propiciatorio celestial (Mt 26:28; Heb 9:12-15,23-28; 10:1-10). Los que niegan esto, son culpables de tener por algo común o profano la sangre del pacto y haciendo afrenta al Espíritu de la gracia (Heb 10:29).
Epistola a Diognetus (2o siglo)
“Cuando nuestras iniquidades habían llegado a su culminación… Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por los transgresores, el Inocente por los inicuos, el Justo por los injustos… ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificará a muchos transgresores.” [3]
Aquí vemos a Cristo entregándose a Sí Mismo en rescate por nosotros, tomando sobre Sí nuestras transgresiones. Él habla de esta sustitución como un dulce intercambio. Esto es una referencia clara a 2Corintios 5:21 que dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
Hay aquellos que argumentan que la perspectiva forense, jurídica o legal de la expiación originó con Juan Calvino. Sin embargo, cuando vemos referencia a “transgresores” siendo “justificados” en un “juicio” en las Escrituras o en los Padres Primitivas, claramente está refiriendo a una transacción legal o forense. Una transgresión por definición requiere una ley para trasgredir (Rom 4:15; 5:13). Las transgresiones requieren un juicio y su resultante “condenación” que es otro término jurídico. Es por eso que la “justificación” o el veredicto de “ninguna condenación” solamente viene por el sacrificio propiciatorio de Cristo que satisfizo la justicia de Dios, así haciendo posible que Dios permanezca justo al mismo tiempo que justifica a los pecadores (Rom 3:23-26).
Justino Mártir (100-165 d.C.)
“Porque toda la raza humana estará encontrada bajo una maldición. Porque está escrito en la Ley de Moisés, ‘Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas’... Entonces, si el Padre de todos quiso que Su Cristo tomara sobre Sí Mismo las maldiciones de toda la familia humana, sabiendo que después de haber sido crucificado Él iba a resucitarlo de entre los muertos, ¿por qué debaten acerca de Él que se sometió para sufrir estas cosas según la voluntad del Padre como si Él fuera maldito, y no más bien lamentarse? Porque, aunque Su Padre lo hizo sufrir estas cosas a beneficio de la familia humana, sin embargo, ellos no cometieron el hecho para obedecerle a Dios.” [4]
Justino Mártir, con referencia a Gálatas 3:10, dice que toda la raza humana estaba bajo la maldición de la Ley. La Ley de Dios demanda la perfección. Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg 2:10). La maldición es una parte de la Ley de Dios en vez de ser alguna maldición de otra fuente como el diablo.
Debido a nuestra desobediencia estábamos todos bajo la maldición de Dios. Esto fue por intención divina – no para que el hombre esté eternamente maldito, sino para que todos llegáramos a reconocer nuestra necesidad de la gracia y misericordia de Dios. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Rom 11:32). En el tiempo señalado, Jesús vino y tomó nuestra maldición sobre Sí Mismo como nuestro sustituto. Él sufrió la pena o maldición debida a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. Justino Mártir da una declaración muy clara de la expiación sustitutiva penal de Cristo.
Ireneo (130-202 d.C.)
“el Mediador entre Dios y los hombres; verdaderamente propiciándonos con el Padre contra quién habíamos pecado, y cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia; confiriendo sobre nosotros también el don de la comunión con Él y sujeción a nuestro Creador.” [5]
“Porque si ninguno puede perdonar los pecados sino solamente Dios, mientras que el Señor los remitió y sanó a los hombres, es evidente que Él Mismo era la Palabra de Dios hecho Hijo del hombre, recibiendo del Padre el poder de la remisión de los pecados; dado que Él era hombre, y era al mismo tiempo Dios, a fin de que, como hombre Él sufriera por nosotros, para que como Dios pudiera tener compasión de nosotros y perdonar nuestras deudas, en las que estábamos endeudados con Dios nuestro Creador.” [6]
Aquí vemos que, además del hecho de que, sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, es contra Dios mismo que hemos pecado, y por lo tanto es de Él que necesitamos recibir el perdón. Adicionalmente vemos que, para que Dios mostrara compasión a nosotros, perdonándonos, fue necesario que el Hijo de Dios tomara sobre Sí Mismo los pecados de la humanidad para sufrir como nuestro sustituto, así cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia. Aunque su énfasis en la recapitulación de todos los que cayeron en Adán en Cristo, el último Adán, fue su mayor contribución, la expiación penal es claramente presentado aquí por Ireneo como lo que hizo posible la recapitulación de todos.
Eusebio de Cesárea (275-339 d.C.)
“Así que, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo llegó a ser una maldición por nosotros… Y el Cordero de Dios no hizo solamente esto, sino que Él fue castigado en lugar de nosotros y sufrió una pena que Él no debía, sino que nosotros la debíamos por la multitud de nuestros pecados; y así llego a ser la causa del perdón de nuestros pecados, porque Él recibió la muerte por nosotros y transfirió a Sí Mismo los azotes, los insultos y el desprecio que merecíamos nosotros, y recibió en Sí Mismo la misma maldición declarada, siendo maldito por nosotros.” [7]
Un resumen más claro de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo no podría ser encontrado ni siquiera en los escritos de Juan Calvino. Cristo llegó a ser una maldición por nosotros, sufriendo la justa pena debido a nosotros por nuestros pecados, así haciendo posible que Dios perdonara nuestros pecados.
Eusebio de Emesa (300-360 d.C.)
“Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que pudiéramos morir a los pecados y vivir para la justicia; por Sus llagas hemos sido curados… Sus heridas llegaron a ser nuestros salvadores.” [8]
Aquí Eusebio cita de 1Pedro 2:24 que dice, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” Pedro aquí, también cita de Isaías 53, que claramente describe la expiación sustitutiva penal de Cristo por nuestros pecados.
Hilario de Poitiers (300-368 d.C.)
“la sentencia de una maldición fue pronunciada sobre todos los que quebrantan la Ley… Fue de esta maldición que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, cuando, como dice el Apóstol: ‘Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición para nosotros, como está escrito: maldito es aquel que es colgado sobre un madero. Así que, Él se ofreció a Sí Mismo a la muerte del maldito para destruir la maldición de la Ley, ofreciéndose voluntariamente como una víctima a Dios el Padre, para que por medio de una víctima voluntaria la maldición a consecuencia del ofensor original sea removida.” [9]
Aquí otra vez vemos a Cristo redimiéndonos de la sentencia penal de Dios por haber quebrantada Su Ley. Cristo es presentado como habiéndose ofrecido a Sí Mismo a Dios el Padre y no al diablo como algunas versiones de Cristus Victor afirman.
Atanasio (300-373 d.C.)
“Él entregó Su cuerpo a la muerte en lugar de todos y lo ofreció al Padre. Esto hizo de Su puro amor por nosotros, para que en Su muerte todos murieran, y de esa manera la ley de la muerte sea abolida, porque habiendo cumplido en Su cuerpo lo que fue destinado, después quedó libre del poder de los hombres.” [10]
“Fue por entregar a la muerte el cuerpo que había tomado como una ofrenda y sacrificio, libre de cada mancha, que Él abolió a la muerte por Sus hermanos humanos, ofreciendo el equivalente. Porque naturalmente, dado que la Palabra de Dios era sobre todo, cuando Él había ofrecido a Su propio templo e instrumento corporal como sustituto por la vida de todos, Él cumplió en Su muerte todo lo que fue requerido.” [11]
“Anteriormente, el mundo como culpable estaba bajo el juicio de la Ley, pero ahora la Palabra ha tomado sobre Sí Misma el juicio, y habiendo sufrido en el cuerpo por todos, ha dado la salvación a todos.” [12]
“Porque cuando Juan dice, ‘La Palabra fue hecha carne’ no entendemos la Palabra Misma en Su totalidad carne, sino que tomó carne y llegó a ser hombre. Y al oír, ‘Cristo fue hecho maldición por nosotros,’ y ‘Él fue hecho pecado por nosotros, Él que no conoció pecado.’ No simplemente entendemos con esto que la totalidad de Cristo fue hecho maldición y pecado, sino que Él tomó en Sí Mismo la maldición que estaba sobre nosotros (como ha dicho el Apóstol, ‘Él nos ha redimido de la maldición,’ y ‘ha llevado,’ como ha dicho Isaías, ‘nuestros pecados,’ y como Pedro ha escrito, ‘los ha llevado en Su cuerpo en el madero.’” [13]
Al contrario de las descripciones distorsionadas de los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo que presentan a Dios como un Padre airado matando a Su Hijo después de darle una paliza, vemos que Cristo llevó en Sí Mismo nuestro juicio, sufriendo en nuestro lugar por Su puro amor por nosotros. La ira de Dios contra el pecado es igualmente compartida entre todas las personas de la trinidad y no es nada más la ira del Padre. Y fue por el amor que el trino Dios tiene por nosotros que el sacrificio por nuestros pecados fue hecho. Era Dios en Cristo reconciliando al mundo a Sí Mismo, y no un Salvador de amor salvándonos de un Padre airado y vengativo, como a menudo es blasfemamente descrito por los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal.
Básil el Grande (330-379 d.C.)
“Por la sangre de Cristo, por la fe, hemos sido limpiados de todo pecado.” [14]
Estas palabras de Basil se basan en pasajes como Mateo 26:28 que dice, “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” y Hebreos 9:22: “sin derramamiento de sangre no hay remisión.” Si Dios pudiera simplemente perdonar sin primero satisfacer Su justicia, entonces la muerte de Cristo hubiera sido en vano. Y decir que Su sangre no tiene poder para remitir nuestros pecados equivale contar la sangre de Cristo como algo común (Heb 10:29; 2Pet 2:1).
Gregorio de Nazianzus (330-390 d.C.)
“Por mi Él fue llamado una maldición quien destruyó mi maldición y pecado – Él que quita el pecado del mundo y llegó a ser un nuevo Adán para tomar el lugar del viejo. De esta manera, Él tomó mi desobediencia como la Suya como la Cabeza de todo el cuerpo.” [15]
Aquí otra vez, podemos ver claramente a Cristo sufriendo la maldición a causa de nuestra desobediencia en lugar de nosotros como nuestra Cabeza representativa.
Agustín de Hipona (354-430 d.C.)
“Maldito el que es colgado en un madero… Tu no permitirás que Él fuera maldito por nosotros porque no aceptas que Él murió por nosotros. Ser exento de la maldición de Adán implica ser exento de su muerte. Pero como Cristo sufrió la muerte como hombre, y por el hombre; así también, siendo Hijo de Dios como era…Él se sometió como hombre y para el hombre, para llevar la maldición que trae la muerte. Y como Él murió en la carne que había tomado para soportar nuestro castigo, así también, aunque siempre bendito por Su propia justicia, Él fue maldito por nuestras ofensas en la muerte que sufrió llevando nuestro castigo.” [16]
“Porque esa sangre, dado que fue de Aquel que no tenía ningún pecado, fue derramada para la remisión de nuestros pecados.” [17]
“Porque aún el Señor Mismo fue sujetado a la muerte, pero no por haber pecado: Él tomó sobre Sí Mismo nuestro castigo, y así nos libró de nuestra culpa.” [18]
“Ahora, como los hombres estaban bajo Su ira debido a su pecado original, y como este pecado original era el más pesado y mortífero en proporción a la cantidad y magnitud de los pecados que fueron agregados a él, había necesidad de un Mediador, eso es, de un reconciliador que, por haber ofrecido un sacrificio, del cual todos los sacrificios de la Ley y los profetas eran tipos, quite Su ira. Por lo tanto, el apóstol dice: ‘Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.’ Ahora, cuando se dice de Dios que está enojado, no debemos de atribuirle a Él la emoción alterada como existe en la mente de un hombre enojado; sino que llamamos Su justo disgusto contra el pecado por el nombre “enojo,” una palabra transferida por analogía de las emociones humanas. Pero el estar reconciliado con Dios a través de un Mediador, y recibiendo al Espíritu Santo, resultando en que nosotros que éramos enemigos somos hechos hijos…esta es la gracia de Dios a través de Jesucristo nuestro Señor.” [19]
Agustín presenta al hombre como estando bajo la ira de Dios debido a sus pecados. Estando en esta condición y bajo la maldición de la Ley, Cristo llevó nuestra maldición, colgando del madero y siendo castigado en lugar nuestro para la remisión de nuestros pecados. Sin descontar las otras teorías como Cristus Victor y Ejemplo Moral, este lenguaje es el lenguaje de la Expiación Sustitutiva Penal solamente. Y sin negar el hecho de que la justicia de Dios tenga la restauración como fin y no es meramente penal, estas citas de los Padres refieren a Cristo como habiendo tomado sobre Sí Mismo nuestra condenación penal. La restauración solo puede suceder después de haber sido justificados por el sacrificio expiatorio de Cristo.
Cirilo de Alejandría (378-444 d.C.)
“El Unigénito fue hecho hombre, tomó un cuerpo por naturaleza en enemistad con la muerte, y llegó a ser carne para que, al sufrir la muerte que estaba sobre nosotros debido a nuestro pecado, Él pudiera abolir el pecado; y además, que Él podría poner fin a las acusaciones de Satanás, porque tenemos cancelados en Cristo Mismo las penas por los cargos del pecado que estaban contra nosotros: ‘Porque Él llevó nuestros pecados, y fue herido por nosotros,’ según la voz del profeta. Oh, ¿No somos sanados por Sus heridas?” [20]
Cirilo dice que Cristo sufrió la pena que debíamos por nuestros pecados, aboliéndolos. Eso es equivalente a la expiación penal.
Gregorio el Grande (540-604 d.C.)
“Cuando el primer hombre fue movido del Señor por Satanás, entonces el Señor fue movido contra el segundo Hombre…que, siendo encarnado, no tenía pecados propios, y sin embargo siendo sin ofensa tomó sobre Sí el castigo del carnal.” [21]
Gregorio dice del Señor que fue movido contra Cristo, el segundo Hombre, mientras que Él recibió el castigo debido a nosotros.
Severo el Grande de Antioquía (512 d.C.)
“Aquel que se ofreció a Sí Mismo por nuestros pecados no tenía pecado propio. Pero Él llevó sobre Sí Mismo nuestras transgresiones y fue hecho un sacrificio por ellas. Este principio fue establecido en la Ley."
Aquí vemos la naturaleza jurídica y legal de la expiación de Cristo expresada claramente. Él llevó en Sí Mismo nuestras transgresiones como prescrito en la Ley.
Oecumenio (990 d.C.)
“Tan imensa fue Su pasión que por tan a menudo que pecaren los seres humanos, ese solitario acto de sufrimiento es suficiente para quitar todas nuestras transgresiones.” [22]
Podríamos mencionar otras citas de los Padres Primitivas, pero esto debe ser suficiente para demostrar más allá de cualquier duda razonable que los Padres de manera unánime creían en la expiación sustitutiva penal de Cristo. Aunque también creían en elementos de otras teorías, el hecho de que Cristo sufrió la pena de nuestros pecados siempre era central en sus creencias. Así que, la alegación de que fue un invento de la mente legal de Juan Calvino está sin base.
[1] Clement, First Epistle of Clement to the Corinthians 49, in The Ante-Nicene Fathers 1:18
[2] Epistle of Barnabas 5, Ante-Nicene Fathers 1:139
[3] Mathetes, The Epistle to Diognetus 9, Ante-Nicene Fathers 1:28
[4] Justin Martyr, Dialogue with Trypho 95, Ante Nicene Fathers 1:247
[5] Irenaeus, against heresies 5.17.1, in the Ante-Nicene Fathers 1 (ed. Alexander Roberts and James Donaldson; Grand Rapids: Eerdmans, 1979 [1885]). see also 4.8.2 where in performing the offices of the high priest Christ “propitiates” God for people.
[6] Ibid., 5.17.3
[7] Eusebius, Demonstratio Evangélica 10.1 trans. W.J. Ferrar,
http:www.earlychristianwritings.com/fathers/eusebius_de_12_book10.html
[8] Ibid
[9] Hillary, Homilies on the Psalms 13, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2, ed. Philip Schaff, 12 vols. (Grand Rapids: Eerdmans, 1976) 9:246
[10] Athanasius, De Incarnatione Verbi Dei, trans, and ed., A Religious of C.C.M.V., Intro. By C.C. Lewis (Crestwood, N.Y.: St. Vladimir’s Seminary Press, 1996), 34
[11] Ibid., 35
[12] Athanasius, “Four Discourses Against the Arians,” The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 4:341
[13] Ibid., 2 4:374
[14] Basil, On Baptism, in ACCS NT XI, 96
[15] Gregory, The Fourth Theological Oration 5, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 7:311
[16] Augustine, Reply to Faustus the Manichaean 6, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 4:209
[17] Augustine, “On the Trinity” 15, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 3:177
[18] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 8, §10
Cyril of Alexandria (378-444 A.D.)
[19] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 3, Chapter 33
[20] Cyril, De atoratione et cultu in spiritu et verita te iii, 100-102, in JP. Migne (ed.), Patrologiae Cursus Completus: Series Graeca, vol. 68 (Paris, 1857) 293,296
[21] Gregory, Morals of the Book of Job, in Library of Fathers of the Holy Catholic Church (London: Oxford, 1844) 1:148
[22] Oecumenius, Commentary on 1Peter, in ACCS NT XI. 107
La doctrina de la Expiación Sustitutiva de Cristo comenzó a ser fuertemente atacada por los teólogos Liberales comenzando a finales del siglo XIX, solo para ser resistida aún más fuertemente por los Progresivos Posmodernos que a menudo intentaban envilecer la doctrina, caricaturizándola con términos como “el abuso infantil cósmico” o como “Jesús salvándonos de un Padre airado.”
El término Expiación Sustitutiva Penal simplemente significa que Cristo llevó en Su propia persona el justo castigo debido a nosotros por el pecado original de Adán y por todos los pecados de la humanidad como nuestro sustituto en la cruz. Considero la evidencia escritural para esta doctrina en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros?” y también en mi libro: “Los Caminos de Dios (Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico)”
Sin embargo, en este blog mi objetivo es examinar la historicidad de la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal. La afirmación que suelen hacer los opositores a la sustitución penal es que la doctrina es una invención reciente, concebida en la mente jurídica de Juan Calvino. Si esta alegación puede ser sustanciada, daría gran motivo a cuestionar la validez de dicha doctrina, dado que anticiparíamos que al menos los Padres Post Apostólicos hubieran creído en la doctrina, estando tan cerca de las enseñanzas de los Apóstoles originales.
Mientras que es cierto que los Padres Primitivos aún no habían formulado ningunas de las varias teorías de la expiación que tenemos hoy en día, todos los elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal están presentes en todos sus escritos. Para ellos la expiación era más amplia que la expiación sustitutiva penal, igual como es con los proponentes de la expiación sustitutiva penal de hoy. Sin embargo, fue central a su entendimiento de la expiación.
Algunos detractores de la expiación sustitutiva penal, ignorando las referencias claras de los Padres que estaremos examinando a continuación, solo citan otras declaraciones de ellos que están más de acuerdo con la teoría de la expiación Christus Victor (Cristo el Vencedor), como si eso excluyese una expiación sustitutiva penal. Otros citan las referencias de los Padres a una justicia restaurativa, ignorando sus muchas referencias que claramente indican que ellos también creían que Cristo satisfizo la justicia penal como nuestro sustituto. Los Padres Primitivos enseñaron que Cristo ganó la Victoria sobre Satanás y la muerte, pero también enseñaban que Cristo sufrió la justa pena por los pecados que hemos cometido contra un Dios justo y santo. También enseñaban la justicia restaurativa, pero sin hacer caso omiso a la justicia penal.
Las siguientes son varias citas de los Padres de la Iglesia Primitiva que contienen uno o más elementos esenciales de la expiación sustitutiva penal. Para un estudio del tema más a fondo recomiendo “Pierced for Our Transgressions” escrito por Steve Jeffery, junto con Michael Ovey y Andrew Sach.
Clemente de Roma (96 d.C.)
“Por el amor que Él sintió por nosotros, Jesucristo nuestro Señor dio su sangre por nosotros por la voluntad de Dios, su cuerpo por nuestros cuerpos, y Su alma por nuestras almas.” [1]
En las Escrituras vemos que sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados ante Dios (Heb 9:22; Lev 17:11). A la luz de esto, Clemente aquí presenta a Jesús como derramando Su propia sangre en nuestro lugar, así como fue prefigurado en el cordero expiatorio del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Aquí vemos a Cristo por la voluntad de Dios sufriendo la pena de la muerte por nosotros (sustitución penal), así haciendo expiación (kaphar) por nuestros pecados ante Dios.
Como un aparte, la palabra “atonement” en inglés es una rendición desafortunada de la palabra hebreo kaphar, que literalmente significa “cubrir,” pero en el contexto del sistema Levítico de sacrificios significa “remover el pecado y culpa por sacrificio,” y es paralela a propiciación que habla de “un sacrificio que es el pago satisfactorio para una ofensa.” En cambio, “atonement” es un término inventado en el siglo XVI, compuesto de las palabras “en unión + ment” que es más descriptiva de la reconciliación que resulta del sacrificio expiatorio que el kaphar o sacrificio expiatorio mismo.
El error que ha resultado por haber reemplazado la palabra expiación con la palabra “atonement” es que ha dado lugar para que algunos eliminen la necesidad del sacrificio de la sangre como si fuera posible el perdón de los pecados y la reconciliación sin la necesidad del derramamiento de sangre (Heb 9:22; Mt 26:28). En otros idiomas es más difícil separar el sacrificio de la expiación porque la definición misma de expiación requiere el sacrificio expiatorio, como vemos en español y otros idiomas (ej. Latín, expiationem; Francés, propiciación; Italiano, purgamento). Todos estos idiomas ponen el énfasis en el sacrificio mismo, sin el cual no sería posible la atonement o reconciliación. Por lo tanto, cuando los del habla inglés usan la palabra atonement, tienen que tener cuidado de no pensar en una reconciliación sin la satisfacción anterior de la justicia de Dios por medio de la sangre de Cristo.
Epistola de Berbabé (70-135 d.C.)
“Porque con este fin su Señor padeció, entregando Su carne a la corrupción, para que seamos santificados por la remisión de los pecados, lo cual es efectuado por Su sangre rociada. Porque fue escrito de Él… ‘El herido fue por nuestras transgresiones y molido por nuestras iniquidades: por Sus llagas fuimos curados. Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” [2]
Aquí vemos a Cristo presentado como el Cordero sustitutivo de Dios derramando Su sangre por nuestros transgresiones e iniquidades, citando de Isaías 53, donde también dice de Su sacrificio expiatorio:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado… 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” (Isa 53:10,11)
¿Por qué es necesario el derramamiento de sangre para la remisión y perdón de nuestros pecados ante Dios? Porque desde el comienzo – aún antes de que hubiera entrado el pecado en el mundo por Adán, Dios dijo que la paga del pecado sería la muerte y que el alma que pecare, esa morirá. Cuando Dios estableció los sacrificios de sangre, Él explicó por qué era necesaria la sangre expiatoria para la remisión de pecados. Él dijo: “Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Lev 17:11).
Como la vida está en la sangre y Dios dijo desde el principio que el pago del pecado era la muerte, Su justicia y verdad requerían la sangre vital del pecador. La sangre de los animales fue dada para expiar los pecados del pueblo. Sin embargo, no era posible que la sangre de los animales quitara los pecados del pueblo. Solamente el divino Cordero de Dios que daría Su sangre vital una vez para siempre podría quitar los pecados del mundo (Jn 1:29). El Cordero de Dios, inmolado desde la fundación del mundo según el plan eterno del trino Dios, cumplió lo que estaba prefigurado en los sacrificios de sangre del Antiguo Testamento (Apo 13:8).
Hay algunos que negarían que la sangre de Cristo tuviera valor salvífico alguno ante Dios. Ellos dirían que todo el sistema de sacrificios, lo cual prefigura el sacrificio de Cristo de una vez para siempre no era más que un invento de la mente depravada de Moisés que equivocadamente pensaba que las deidades requerían sacrificios para ser apaciguados. Sin embargo, a través del Nuevo Testamento vemos que fue algo establecido por Dios Mismo, y encontró su cumplimiento en Cristo que derramó Su sangre para la remisión de los pecados, presentándola sobre el propiciatorio celestial (Mt 26:28; Heb 9:12-15,23-28; 10:1-10). Los que niegan esto, son culpables de tener por algo común o profano la sangre del pacto y haciendo afrenta al Espíritu de la gracia (Heb 10:29).
Epistola a Diognetus (2o siglo)
“Cuando nuestras iniquidades habían llegado a su culminación… Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por los transgresores, el Inocente por los inicuos, el Justo por los injustos… ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificará a muchos transgresores.” [3]
Aquí vemos a Cristo entregándose a Sí Mismo en rescate por nosotros, tomando sobre Sí nuestras transgresiones. Él habla de esta sustitución como un dulce intercambio. Esto es una referencia clara a 2Corintios 5:21 que dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
Hay aquellos que argumentan que la perspectiva forense, jurídica o legal de la expiación originó con Juan Calvino. Sin embargo, cuando vemos referencia a “transgresores” siendo “justificados” en un “juicio” en las Escrituras o en los Padres Primitivas, claramente está refiriendo a una transacción legal o forense. Una transgresión por definición requiere una ley para trasgredir (Rom 4:15; 5:13). Las transgresiones requieren un juicio y su resultante “condenación” que es otro término jurídico. Es por eso que la “justificación” o el veredicto de “ninguna condenación” solamente viene por el sacrificio propiciatorio de Cristo que satisfizo la justicia de Dios, así haciendo posible que Dios permanezca justo al mismo tiempo que justifica a los pecadores (Rom 3:23-26).
Justino Mártir (100-165 d.C.)
“Porque toda la raza humana estará encontrada bajo una maldición. Porque está escrito en la Ley de Moisés, ‘Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas’... Entonces, si el Padre de todos quiso que Su Cristo tomara sobre Sí Mismo las maldiciones de toda la familia humana, sabiendo que después de haber sido crucificado Él iba a resucitarlo de entre los muertos, ¿por qué debaten acerca de Él que se sometió para sufrir estas cosas según la voluntad del Padre como si Él fuera maldito, y no más bien lamentarse? Porque, aunque Su Padre lo hizo sufrir estas cosas a beneficio de la familia humana, sin embargo, ellos no cometieron el hecho para obedecerle a Dios.” [4]
Justino Mártir, con referencia a Gálatas 3:10, dice que toda la raza humana estaba bajo la maldición de la Ley. La Ley de Dios demanda la perfección. Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg 2:10). La maldición es una parte de la Ley de Dios en vez de ser alguna maldición de otra fuente como el diablo.
Debido a nuestra desobediencia estábamos todos bajo la maldición de Dios. Esto fue por intención divina – no para que el hombre esté eternamente maldito, sino para que todos llegáramos a reconocer nuestra necesidad de la gracia y misericordia de Dios. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Rom 11:32). En el tiempo señalado, Jesús vino y tomó nuestra maldición sobre Sí Mismo como nuestro sustituto. Él sufrió la pena o maldición debida a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. Justino Mártir da una declaración muy clara de la expiación sustitutiva penal de Cristo.
Ireneo (130-202 d.C.)
“el Mediador entre Dios y los hombres; verdaderamente propiciándonos con el Padre contra quién habíamos pecado, y cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia; confiriendo sobre nosotros también el don de la comunión con Él y sujeción a nuestro Creador.” [5]
“Porque si ninguno puede perdonar los pecados sino solamente Dios, mientras que el Señor los remitió y sanó a los hombres, es evidente que Él Mismo era la Palabra de Dios hecho Hijo del hombre, recibiendo del Padre el poder de la remisión de los pecados; dado que Él era hombre, y era al mismo tiempo Dios, a fin de que, como hombre Él sufriera por nosotros, para que como Dios pudiera tener compasión de nosotros y perdonar nuestras deudas, en las que estábamos endeudados con Dios nuestro Creador.” [6]
Aquí vemos que, además del hecho de que, sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, es contra Dios mismo que hemos pecado, y por lo tanto es de Él que necesitamos recibir el perdón. Adicionalmente vemos que, para que Dios mostrara compasión a nosotros, perdonándonos, fue necesario que el Hijo de Dios tomara sobre Sí Mismo los pecados de la humanidad para sufrir como nuestro sustituto, así cancelando nuestra desobediencia por Su propia obediencia. Aunque su énfasis en la recapitulación de todos los que cayeron en Adán en Cristo, el último Adán, fue su mayor contribución, la expiación penal es claramente presentado aquí por Ireneo como lo que hizo posible la recapitulación de todos.
Eusebio de Cesárea (275-339 d.C.)
“Así que, el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo llegó a ser una maldición por nosotros… Y el Cordero de Dios no hizo solamente esto, sino que Él fue castigado en lugar de nosotros y sufrió una pena que Él no debía, sino que nosotros la debíamos por la multitud de nuestros pecados; y así llego a ser la causa del perdón de nuestros pecados, porque Él recibió la muerte por nosotros y transfirió a Sí Mismo los azotes, los insultos y el desprecio que merecíamos nosotros, y recibió en Sí Mismo la misma maldición declarada, siendo maldito por nosotros.” [7]
Un resumen más claro de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo no podría ser encontrado ni siquiera en los escritos de Juan Calvino. Cristo llegó a ser una maldición por nosotros, sufriendo la justa pena debido a nosotros por nuestros pecados, así haciendo posible que Dios perdonara nuestros pecados.
Eusebio de Emesa (300-360 d.C.)
“Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre el madero, para que pudiéramos morir a los pecados y vivir para la justicia; por Sus llagas hemos sido curados… Sus heridas llegaron a ser nuestros salvadores.” [8]
Aquí Eusebio cita de 1Pedro 2:24 que dice, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” Pedro aquí, también cita de Isaías 53, que claramente describe la expiación sustitutiva penal de Cristo por nuestros pecados.
Hilario de Poitiers (300-368 d.C.)
“la sentencia de una maldición fue pronunciada sobre todos los que quebrantan la Ley… Fue de esta maldición que nuestro Señor Jesucristo nos redimió, cuando, como dice el Apóstol: ‘Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, habiendo sido hecho maldición para nosotros, como está escrito: maldito es aquel que es colgado sobre un madero. Así que, Él se ofreció a Sí Mismo a la muerte del maldito para destruir la maldición de la Ley, ofreciéndose voluntariamente como una víctima a Dios el Padre, para que por medio de una víctima voluntaria la maldición a consecuencia del ofensor original sea removida.” [9]
Aquí otra vez vemos a Cristo redimiéndonos de la sentencia penal de Dios por haber quebrantada Su Ley. Cristo es presentado como habiéndose ofrecido a Sí Mismo a Dios el Padre y no al diablo como algunas versiones de Cristus Victor afirman.
Atanasio (300-373 d.C.)
“Él entregó Su cuerpo a la muerte en lugar de todos y lo ofreció al Padre. Esto hizo de Su puro amor por nosotros, para que en Su muerte todos murieran, y de esa manera la ley de la muerte sea abolida, porque habiendo cumplido en Su cuerpo lo que fue destinado, después quedó libre del poder de los hombres.” [10]
“Fue por entregar a la muerte el cuerpo que había tomado como una ofrenda y sacrificio, libre de cada mancha, que Él abolió a la muerte por Sus hermanos humanos, ofreciendo el equivalente. Porque naturalmente, dado que la Palabra de Dios era sobre todo, cuando Él había ofrecido a Su propio templo e instrumento corporal como sustituto por la vida de todos, Él cumplió en Su muerte todo lo que fue requerido.” [11]
“Anteriormente, el mundo como culpable estaba bajo el juicio de la Ley, pero ahora la Palabra ha tomado sobre Sí Misma el juicio, y habiendo sufrido en el cuerpo por todos, ha dado la salvación a todos.” [12]
“Porque cuando Juan dice, ‘La Palabra fue hecha carne’ no entendemos la Palabra Misma en Su totalidad carne, sino que tomó carne y llegó a ser hombre. Y al oír, ‘Cristo fue hecho maldición por nosotros,’ y ‘Él fue hecho pecado por nosotros, Él que no conoció pecado.’ No simplemente entendemos con esto que la totalidad de Cristo fue hecho maldición y pecado, sino que Él tomó en Sí Mismo la maldición que estaba sobre nosotros (como ha dicho el Apóstol, ‘Él nos ha redimido de la maldición,’ y ‘ha llevado,’ como ha dicho Isaías, ‘nuestros pecados,’ y como Pedro ha escrito, ‘los ha llevado en Su cuerpo en el madero.’” [13]
Al contrario de las descripciones distorsionadas de los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo que presentan a Dios como un Padre airado matando a Su Hijo después de darle una paliza, vemos que Cristo llevó en Sí Mismo nuestro juicio, sufriendo en nuestro lugar por Su puro amor por nosotros. La ira de Dios contra el pecado es igualmente compartida entre todas las personas de la trinidad y no es nada más la ira del Padre. Y fue por el amor que el trino Dios tiene por nosotros que el sacrificio por nuestros pecados fue hecho. Era Dios en Cristo reconciliando al mundo a Sí Mismo, y no un Salvador de amor salvándonos de un Padre airado y vengativo, como a menudo es blasfemamente descrito por los enemigos de la Expiación Sustitutiva Penal.
Básil el Grande (330-379 d.C.)
“Por la sangre de Cristo, por la fe, hemos sido limpiados de todo pecado.” [14]
Estas palabras de Basil se basan en pasajes como Mateo 26:28 que dice, “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados,” y Hebreos 9:22: “sin derramamiento de sangre no hay remisión.” Si Dios pudiera simplemente perdonar sin primero satisfacer Su justicia, entonces la muerte de Cristo hubiera sido en vano. Y decir que Su sangre no tiene poder para remitir nuestros pecados equivale contar la sangre de Cristo como algo común (Heb 10:29; 2Pet 2:1).
Gregorio de Nazianzus (330-390 d.C.)
“Por mi Él fue llamado una maldición quien destruyó mi maldición y pecado – Él que quita el pecado del mundo y llegó a ser un nuevo Adán para tomar el lugar del viejo. De esta manera, Él tomó mi desobediencia como la Suya como la Cabeza de todo el cuerpo.” [15]
Aquí otra vez, podemos ver claramente a Cristo sufriendo la maldición a causa de nuestra desobediencia en lugar de nosotros como nuestra Cabeza representativa.
Agustín de Hipona (354-430 d.C.)
“Maldito el que es colgado en un madero… Tu no permitirás que Él fuera maldito por nosotros porque no aceptas que Él murió por nosotros. Ser exento de la maldición de Adán implica ser exento de su muerte. Pero como Cristo sufrió la muerte como hombre, y por el hombre; así también, siendo Hijo de Dios como era…Él se sometió como hombre y para el hombre, para llevar la maldición que trae la muerte. Y como Él murió en la carne que había tomado para soportar nuestro castigo, así también, aunque siempre bendito por Su propia justicia, Él fue maldito por nuestras ofensas en la muerte que sufrió llevando nuestro castigo.” [16]
“Porque esa sangre, dado que fue de Aquel que no tenía ningún pecado, fue derramada para la remisión de nuestros pecados.” [17]
“Porque aún el Señor Mismo fue sujetado a la muerte, pero no por haber pecado: Él tomó sobre Sí Mismo nuestro castigo, y así nos libró de nuestra culpa.” [18]
“Ahora, como los hombres estaban bajo Su ira debido a su pecado original, y como este pecado original era el más pesado y mortífero en proporción a la cantidad y magnitud de los pecados que fueron agregados a él, había necesidad de un Mediador, eso es, de un reconciliador que, por haber ofrecido un sacrificio, del cual todos los sacrificios de la Ley y los profetas eran tipos, quite Su ira. Por lo tanto, el apóstol dice: ‘Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.’ Ahora, cuando se dice de Dios que está enojado, no debemos de atribuirle a Él la emoción alterada como existe en la mente de un hombre enojado; sino que llamamos Su justo disgusto contra el pecado por el nombre “enojo,” una palabra transferida por analogía de las emociones humanas. Pero el estar reconciliado con Dios a través de un Mediador, y recibiendo al Espíritu Santo, resultando en que nosotros que éramos enemigos somos hechos hijos…esta es la gracia de Dios a través de Jesucristo nuestro Señor.” [19]
Agustín presenta al hombre como estando bajo la ira de Dios debido a sus pecados. Estando en esta condición y bajo la maldición de la Ley, Cristo llevó nuestra maldición, colgando del madero y siendo castigado en lugar nuestro para la remisión de nuestros pecados. Sin descontar las otras teorías como Cristus Victor y Ejemplo Moral, este lenguaje es el lenguaje de la Expiación Sustitutiva Penal solamente. Y sin negar el hecho de que la justicia de Dios tenga la restauración como fin y no es meramente penal, estas citas de los Padres refieren a Cristo como habiendo tomado sobre Sí Mismo nuestra condenación penal. La restauración solo puede suceder después de haber sido justificados por el sacrificio expiatorio de Cristo.
Cirilo de Alejandría (378-444 d.C.)
“El Unigénito fue hecho hombre, tomó un cuerpo por naturaleza en enemistad con la muerte, y llegó a ser carne para que, al sufrir la muerte que estaba sobre nosotros debido a nuestro pecado, Él pudiera abolir el pecado; y además, que Él podría poner fin a las acusaciones de Satanás, porque tenemos cancelados en Cristo Mismo las penas por los cargos del pecado que estaban contra nosotros: ‘Porque Él llevó nuestros pecados, y fue herido por nosotros,’ según la voz del profeta. Oh, ¿No somos sanados por Sus heridas?” [20]
Cirilo dice que Cristo sufrió la pena que debíamos por nuestros pecados, aboliéndolos. Eso es equivalente a la expiación penal.
Gregorio el Grande (540-604 d.C.)
“Cuando el primer hombre fue movido del Señor por Satanás, entonces el Señor fue movido contra el segundo Hombre…que, siendo encarnado, no tenía pecados propios, y sin embargo siendo sin ofensa tomó sobre Sí el castigo del carnal.” [21]
Gregorio dice del Señor que fue movido contra Cristo, el segundo Hombre, mientras que Él recibió el castigo debido a nosotros.
Severo el Grande de Antioquía (512 d.C.)
“Aquel que se ofreció a Sí Mismo por nuestros pecados no tenía pecado propio. Pero Él llevó sobre Sí Mismo nuestras transgresiones y fue hecho un sacrificio por ellas. Este principio fue establecido en la Ley."
Aquí vemos la naturaleza jurídica y legal de la expiación de Cristo expresada claramente. Él llevó en Sí Mismo nuestras transgresiones como prescrito en la Ley.
Oecumenio (990 d.C.)
“Tan imensa fue Su pasión que por tan a menudo que pecaren los seres humanos, ese solitario acto de sufrimiento es suficiente para quitar todas nuestras transgresiones.” [22]
Podríamos mencionar otras citas de los Padres Primitivas, pero esto debe ser suficiente para demostrar más allá de cualquier duda razonable que los Padres de manera unánime creían en la expiación sustitutiva penal de Cristo. Aunque también creían en elementos de otras teorías, el hecho de que Cristo sufrió la pena de nuestros pecados siempre era central en sus creencias. Así que, la alegación de que fue un invento de la mente legal de Juan Calvino está sin base.
[1] Clement, First Epistle of Clement to the Corinthians 49, in The Ante-Nicene Fathers 1:18
[2] Epistle of Barnabas 5, Ante-Nicene Fathers 1:139
[3] Mathetes, The Epistle to Diognetus 9, Ante-Nicene Fathers 1:28
[4] Justin Martyr, Dialogue with Trypho 95, Ante Nicene Fathers 1:247
[5] Irenaeus, against heresies 5.17.1, in the Ante-Nicene Fathers 1 (ed. Alexander Roberts and James Donaldson; Grand Rapids: Eerdmans, 1979 [1885]). see also 4.8.2 where in performing the offices of the high priest Christ “propitiates” God for people.
[6] Ibid., 5.17.3
[7] Eusebius, Demonstratio Evangélica 10.1 trans. W.J. Ferrar,
http:www.earlychristianwritings.com/fathers/eusebius_de_12_book10.html
[8] Ibid
[9] Hillary, Homilies on the Psalms 13, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2, ed. Philip Schaff, 12 vols. (Grand Rapids: Eerdmans, 1976) 9:246
[10] Athanasius, De Incarnatione Verbi Dei, trans, and ed., A Religious of C.C.M.V., Intro. By C.C. Lewis (Crestwood, N.Y.: St. Vladimir’s Seminary Press, 1996), 34
[11] Ibid., 35
[12] Athanasius, “Four Discourses Against the Arians,” The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 4:341
[13] Ibid., 2 4:374
[14] Basil, On Baptism, in ACCS NT XI, 96
[15] Gregory, The Fourth Theological Oration 5, The Nicene and Post-Nicene Fathers 2 7:311
[16] Augustine, Reply to Faustus the Manichaean 6, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 4:209
[17] Augustine, “On the Trinity” 15, The Nicene and Post-Nicene Fathers 1 3:177
[18] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 8, §10
Cyril of Alexandria (378-444 A.D.)
[19] Nicene and Post-Nicene Fathers, Series 1, Volume 3, Chapter 33
[20] Cyril, De atoratione et cultu in spiritu et verita te iii, 100-102, in JP. Migne (ed.), Patrologiae Cursus Completus: Series Graeca, vol. 68 (Paris, 1857) 293,296
[21] Gregory, Morals of the Book of Job, in Library of Fathers of the Holy Catholic Church (London: Oxford, 1844) 1:148
[22] Oecumenius, Commentary on 1Peter, in ACCS NT XI. 107
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Los Argumentos Escriturales
por George Sidney Hurd
Habiendo ya examinado los problemas morales y lógicos presentados por la creencia en la reencarnación, ahora podemos dirigir nuestra atención a algunos textos de las Escrituras presentados para apoyar esta teoría.
Algunos afirman que la mayoría de las referencias a la reencarnación fueron quitadas del Nuevo Testamento por la Iglesia Romana comenzando en el siglo VI, pero sin evidencias sustanciales. De hecho, las evidencias de manuscritos escritos antes del siglo VI desmientan esa teoría.
Además, vemos la esperanza de la resurrección también en el Antiguo Testamento. En Génesis 3:19 Dios le dijo a Adán, “pues polvo eres, y al polvo volverás.” Sin embargo, desde el principio vemos la esperanza de ser resucitado. Se cree que el libro de Job fue el primer libro escrito en la Biblia. Job claramente expresa su expectativa de la resurrección en el día del fin. Él dijo:
“¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! 14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación.” (Job 14:13-14)
Job, en su gran sufrimiento, esperaba morir y permanecer oculto en el hades hasta el tiempo señalado de Dios para resucitarlo. Algunos proponentes de la reencarnación argumentarían que “hasta que venga mi liberación” refiere a una reencarnación y no la resurrección. Veremos el significado de las palabras griegas pálin gínomai utilizadas aquí en el LXX del Antiguo Testamento más adelante. Por el momento me gustaría enfatizar que no existe evidencias de la creencia en la reencarnación antes del 1100 a.C. y Job precede eso por al menos 500 años. Además, a continuación, llega a ser aún más evidente que la esperanza de Job era la de ser resucitado en el día final cuando él sería resucitado y llevado a la presencia de Dios. Él dijo:
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; 26 y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; 27 al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” (Job 19:25-27)
Claramente, Job estaba anhelando la resurrección de su cuerpo en el día final en vez de estar anticipando una reencarnación. Él esperaba ver a Dios en su cuerpo resucitado de carne. Cuando llegamos al libro de Daniel la resurrección es claramente presentada como ocurriendo después de la Gran Tribulación:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” (Dan 12:1-3)
Aquí vemos la resurrección ocurriendo al final de la Gran Tribulación, que sería la Segunda Venida de Cristo, así como Cristo mismo explica (Matt 24:29-31). Aquellos que afirman que la Iglesia Romana quitó toda referencia a la reencarnación tienen que explicar por qué el Antiguo Testamento del pueblo hebreo también tiene referencias a la resurrección y no a la reencarnación. Estas referencias no pueden ser confundidas como siendo reencarnaciones, dado que la resurrección es colectiva y no individual. Isaías habla de esta resurrección colectiva:
“Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán. Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos.” (Isa 26:19 SRV)
Todos estos pasajes del Antiguo Testamento hablan de una resurrección del cuerpo a la inmortalidad física, así como vemos presentado en el Nuevo Testamento. Pablo dice, “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (1Cor 15:35). Continúa explicando que es un cuerpo incorruptible, no del polvo de la tierra como nuestro cuerpo actual, sin embargo, un cuerpo real (1Cor 15:44-45,48).
Algunos, no logrando entender que nuestro cuerpo glorificado es un cuerpo espiritual, piensan que Dios necesita el mismo polvo de nuestro cuerpo viejo para poder resucitarnos. Por esa razón, la Iglesia Romana a veces quemaba los cuerpos de los “herejes” (a menudo eran verdaderos santos) y lanzaban las cenizas al río, pensando que eso haría imposible que Dios los levantara. De semejante manera, algunos ateos piden que sus cenizas sean esparcidas en el mar por si acaso. Pero nuestro cuerpo nuevo no será del polvo.
Pablo dijo que sería un cuerpo igual al cuerpo glorificado de Cristo que podría materializarse o desmaterializarse, y sin embargo Jesús dijo que Su cuerpo no era un espíritu, sino que tenía carne y huesos (1Cor 15:48-49; 1Jn 3:2; Lucas 24:36-43). Jesús dijo que seríamos como los ángeles que son espíritus, y sin embargo pueden aparecer en cuerpos de carne y hueso tangibles (Mt 22:30; Heb 13:2; Gen 18:2 cf. 19:1; Jueces 13:15).
Aunque, como veremos, el Nuevo Testamento implica que algunos erróneamente creían en la reencarnación en el tiempo del ministerio de Jesús, la totalidad de la enseñanza, tanto del Antiguo, como el Nuevo Testamento, claramente enseñan una resurrección corporal, seguida por el juicio. Jesús dijo:
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28-29)
En las enseñanzas de Jesús, la resurrección a menudo es mencionada, pero ni siquiera una sola vez admite la posibilidad de reencarnaciones múltiples (Mt 12:25-26; 22:30; 24:29; Lucas 20:37; Jn 11:24-25). En los tiempos del Nuevo Testamento había dos sectas principales entre los judíos – los fariseos que creían en la resurrección del cuerpo al final de la época y los saduceos que negaban que había una resurrección.
Aunque había unos pocos judíos místicos en ese tiempo que creían en la reencarnación por la influencia de Platón, combinada con el misticismo oriental, la doctrina esotérica de los judíos Cabalísticas de hoy en día no surgió hasta el siglo XIII.
Aunque la creencia en la reencarnación es indirectamente mencionada en el Nuevo Testamento, el Nuevo Testamento enseña la resurrección y no la reencarnación. Pablo, en su defensa ante el concilio dijo, “acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga” (Hch 23:6-8). La reencarnación hubiera sido apasionadamente rechazada en el concilio judío. Cuando Pablo habló ante los hombres de Atenas acerca de la resurrección de los muertos se burlaban de él (Hch 17:32). La creencia platónica de la reencarnación era respetada en Atenas en ese tiempo y, por lo tanto, él no hubiera sido burlado por haberles hablado de la reencarnación.
Un pasaje que brevemente mencioné en el blog anterior excluye de manera específica y categórica cualquier concepto de una reencarnación:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Las Escrituras presentan uniformemente la muerte física como sucediendo una sola vez. Así como el hombre muere una sola vez y entonces enfrentará el juicio, de la misma manera Cristo murió una sola vez en nuestro lugar, llevando en Sí Mismo el justo juicio o condenación debido a nosotros. Como Pedro dice: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1Pedro 3:18). Él sufrió y murió por nuestros pecados de una vez por todos. Por lo tanto, los que están unidos a Cristo por la fe en esta vida no enfrentarán un juicio condenatorio al morir (Jn 5:24; 5:29; Rom 8:1).
Los demás serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el Lago de Fuego purificador que es la segunda muerte (Apo 20:13-15; 21:8; 2:11). Examino lo que significa el Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Los que no mueren a la carne y la vida del YO en esta vida, serán purificados en el fuego de la aflicción, llamado el Lago de Fuego y no por medio de milenios de repetidas reencarnaciones.
Términos equivocados por reencarnación
1) Regeneración (poliggenesía)
“Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (poliggenesia), cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.” (Mateo 19:28-30)
“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración (poliggenesía) y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:5-7)
“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación (LXX pálin gínomai ‘llegar a ser otra vez’).” (Job 14:14)
La palabra poliggenesía está compuesta de pálin que significa “otra vez” y génesis que significa “origen o nacimiento.” Solamente aparece dos veces en la Biblia y en ambas instancias es en el Nuevo Testamento. En el LXX traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego solo aparece una vez, y como dos palabras separadas en Job 14:14. Algunos argumentan que poliggenesía significa reencarnación. Sin embargo, en la literatura secular de los tiempos bíblicos poliggenesía tenía dos sentidos, dependiendo del contexto donde aparece. Pero ninguno de los dos sentidos habla de la reencarnación. La Diccionary of the New Testament (Kittel) dice lo siguiente acerca de su significado:
“La palabra primero parece haber adquirido un significado en el estoicismo y su doctrina de la renovación del mundo después de una purificación por el fuego (ekpúrosis)… En un fragmento de Terentius Varro (en Aug. Civ. D., 22,28) poliggenesía se usa del nuevo nacimiento de individuos en una etapa del mundo, y esto es aceptado como el uso griego general. Así que la palabra tiene un sentido individual y también un sentido cósmico… Debe ser notado que en esta conexión que, tanto en el estoicismo y en el judaísmo, la poliggenesía está en el futuro. En el anterior sigue el futuro ekpúrosis; en el posterior pertenece al juicio futuro.” (énfasis mío) [1]
Así que, vemos que, en la literatura extrabíblica de aquella época la palabra podría tener referencia a la restauración futura del mundo, la resurrección futura, o al renacimiento de individuos. En Mateo 19:28 Jesús claramente está utilizando la palabra en su sentido estoico, refiriendo a la restauración de la Tierra. [2] En Tito 3:5 refiere a nuestra regeneración espiritual. En ninguna de las dos instancias se refiere a una reencarnación física como algunos han argumentado.
2) Nacido de Nuevo (genáo ánothen, anagenáo)
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo (genáo ánothen), no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo (genáo ánothen). 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” (Juan 3:3-8)
Algunos han interpretado las palabras de Jesús, “Os es necesario nacer de nuevo” como si dijera que es necesaria la reencarnación. Sin embargo, hay al menos dos razones por qué Jesús no pudo haber estado refiriendo a la reencarnación. El primer lugar, ánothen es de ano que principalmente significa “arriba.” No es simplemente otro nacimiento, sino un nacimiento de arriba. Por ese motivo varias traducciones la traducen “nacido de arriba” o incluyen esa lectura en las anotaciones.
En segundo lugar, el nuevo nacimiento no es físico como fue nuestro primer nacimiento. Nicodemo estaba confundido acerca de esto de una manera semejante a la de los reencarnacionistas. Él le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Ni se le ocurrió a Nicodemo la posibilidad de la reencarnación. Pero similar a los reencarnacionistas, él estaba confundido, pensando que Jesús estaba hablando de un nacimiento físico. Si la reencarnación fuera una consideración para Nicodemo, él no le hubiera respondido a Jesús de una manera tan perpleja, preguntándole cómo sería posible entrar otra vez en el vientre de su propia madre.
Jesús le respondió diciendo que no es el cuerpo que tiene que nacer de nuevo, sino el espíritu del hombre. Él le dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Cuando nacimos la primera vez fue por simiente del hombre, pero cuando nacemos de nuevo es por simiente de Dios que es Espíritu. Como dice Pedro:
“siendo renacidos (anagenáo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1Pedro 1:23)
Cuando nuestro espíritu estaba muerto en nuestros delitos y pecados, Dios nos dio vida (Ef 2:1,5). Esto es un nacimiento espiritual, no físico. Nuestros espíritus fueron vivificados con la vida eterna de Cristo que ahora es nuestra vida y por lo tanto somos un espíritu con Él (1Cor 6:17). ¡Esto es algo mucho más glorioso que reencarnándose o incluso llegando al estado de Brahmín donde uno pierde su identidad, llegando a ser uno con la consciencia cósmica impersonal!
¿Enseñaba Jesús la Reencarnación?
Unas personas piensan que Jesús, en un par de ocasiones, enseñó la reencarnación. Vamos a examinar brevemente estos pasajes.
El Hombre que Nació Ciego
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:1-3)
La pregunta que hicieron los discípulos de Jesús implica que ellos creían en la reencarnación. La única manera que un hombre podría nacer ciego debido a su propio pecado es haber vivido antes de nacer. Sin embargo, en vez de entrar en un discurso para corregir su creencia errada de la reencarnación, Jesús simplemente les respondió diciendo: “No es que pecó éste, ni sus padres.”
Había mucho folklore y supersticiones entre la clase común de los discípulos, de la misma manera que existen en ciertas regiones hoy en día. Como ya hemos visto, Jesús enseñaba resurrección – no reencarnación. El hecho de que no se detuvo para darles un discurso acerca de la resurrección no debe ser tomado como evidencia de que Él creía en la reencarnación. Cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua y los discípulos gritaron, “¡Un fantasma!” y Jesús sencillamente respondió diciendo, “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” no necesariamente significa que Él creía en fantasmas de la misma manera que ellos (Mt 14:26-27). Gran parte de las Escrituras deben ser entendidas como descriptivas – no prescriptivas. Las enseñanzas propias de Jesús excluyen la reencarnación – no la afirman.
Elías y Juan el Bautista
Contrario a lo que muchos que buscan encontrar la reencarnación en la Biblia afirman, en ninguna parte dice que Juan el Bautista era Elías. Los hijos de Israel estaban anticipando la venida de Elías porque fue profetizado en Malaquías 4:5 que él vendría antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
Elías es un caso único, considerando que, debido a la caída, es dado al hombre morir, y sin embargo él fue llevado al cielo sin ver la muerte (Heb 9:27; 2Reyes 2:11). Esto puede ser una de las razones por que en los postreros días él será enviado para preparar el camino para la venida de Cristo que iniciará el día del Señor. Es probable que él sea uno de los dos testigos durante la Gran Tribulación que será matado pero resucitará después de tres días, siendo arrebatado al cielo (Apo 11:3-12).
Algunos han concluido que Juan el Bautista fue Elías porque el ángel que anunció su nacimiento a su padre le dijo que Juan iría delante del Señor “con el espíritu y el poder de Elías.” Sin embargo, viendo estas palabras en su contexto, es claro que tiene referencia a la unción que estaría sobre él y el ministerio que él cumpliría, en vez de ser una reencarnación de Elías. El ángel dijo:
“porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. 16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. 17 E irá delante de él CON EL ESPÍRITU Y EL PODER DE Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (Lucas 1:15-17)
Dios le ungió a Elías con poder y autoridad para volver los corazones de los Israelitas de sus idolatrías a Él. De la misma manera, Juan el Bautista fue ungido con el mismo espíritu y poder que antes reposaba sobre Elías. Es el mismo espíritu que Elías pidió que recibiera en el momento que Elías fuera llevado al cielo:
“Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.” (2Reyes 2:9)
Aquí vemos a Eliseo pidiendo a Elías que una doble porción de su espíritu viniera sobre él cuando Elías fuera llevado al cielo. En esta ocasión es muy claro que el espíritu de Elías sobre Eliseo no tiene referencia a una reencarnación, dado que ambos estaban vivos en el momento y el espíritu de Elías era algo que vino sobre Eliseo en el momento que Elías fue llevado al cielo.
Que el “espíritu y poder de Elías” no es Elías mismo reencarnado se hace aún más evidente cuando los judíos le preguntaron a Juan si era Elías y él les respondió diciendo, “No soy” (Jn 1:21). Cuando seguían insistiendo que les dijera quién era, él simplemente respondió, “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor (Jn 1:23 cf. Lucas 7:27). Entonces, en vez de que el espíritu y el poder de Elías tenga referencia a la reencarnación, hablaba de una unción para un ministerio similar a la unción de Elías.
Lo que confunde a algunos son las palabras de Jesús acerca de Juan el Bautista cuando dijo: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mt 11:14-15). Aquí vemos a Jesús diciendo que, si Israel hubiera sido dispuesto a recibirlo, Juan habría sido Elías que vendrá para preparar el camino para su Mesías/Rey. Sin embargo, pocos días después, Herodes su rey decapitó a Juan, y cuando Cristo formalmente se presentó como el Mesías y Rey de Israel, ellos lo rechazaron y el reino les fue quitado y dado a los gentiles (Lucas 19:37-44).
La razón por la que Jesús dijo, “El que tiene oídos para oír, oiga,” en referencia a que Juan sea Elías es porque Jesús sabía desde el principio que Israel no iba a recibir el mensaje de Juan y que iban a rechazarlo, crucificando a su Rey y Mesías. Su primera venida era como su Mesías – Su Segunda Venida será para reinar como el Rey de reyes cuando ellos finalmente le darán la bienvenida diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt 23:39). Debido a que los Suyos no le recibieron, Juan no era Elías – Elías está por venir aún, así como Jesús le explicó a Pedro, Jacobo y Juan mientras descendían del monte de la transfiguración donde Jesús había estado hablando con Moisés y Elías:
“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías VIENE primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.” (Mt 17:10-13)
Cuando ellos vieron a Elías hablando con Jesús, se dieron cuenta que Elías no era el mismo Juan el Bautista que ellos habían conocido. Creyendo que Elías tenía que venir antes del Cristo, le preguntaron a Jesús, “¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” No fue hasta que Jesús les explicó que Juan el Bautista hubiera cumplido el papel de Elías si Israel hubiese recibido su mensaje, que ellos entendieron que Elías estaba aún por venir.
Esto puede ocasionar confusión para algunos. Es por eso que Jesús dijo que tendrían que poner atención para poder entenderlo (Mt 11:15). Juan el Bautista vino en el “espíritu y poder de Elías,” y sin embargo Juan mismo dijo que no era Elías. Jesús les dijo a los judíos que Juan era Elías “si queréis recibirlo,” pero no lo recibieron y por lo tanto el reino les fue quitado y dado a otros hasta el tiempo en que ellos Lo reciban (Mt 23:39; Rom 11:25-26).
Así que, aunque algunos intentan encontrar la reencarnación en las Escrituras, al mirar más de cerca es evidente que, aunque algunos judíos místicos de ese tiempo creyeron en la reencarnación, las Escrituras claramente enseñan que uno vive y muere una sola vez y después espera una resurrección para el juicio.
Muy a menudo la razón por la que una persona busca encontrar la reencarnación en las Escrituras en vez de aceptar la doctrina de la resurrección es que no quieren tener que enfrentar el juicio delante de Dios después de la muerte. Sin embargo, la solución no es negar la resurrección, sino recibir a Cristo como su Salvador y Señor, porque Él ya fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Rom 4:25). Por lo tanto, podemos estar confiados acerca de ese día porque ahora ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Dos Caminos Opuestos para la Salvación
El error más crítico de la reencarnación es que presenta un camino a la salvación aparte de Jesucristo nuestro Salvador. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Romanos 3:20 dice: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Pablo dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef 2:8-9).
En contraste a esto, la ley de karma es la auto-salvación – es la salvación por obras con esteroides – el opuesto total del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En las Escrituras la salvación es un regalo para ser recibido – no una meta inalcanzable para alcanzar. ¡Yo no cambiaría el regalo de la vida eterna en Jesucristo por un millón de vidas!
[1] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co.
[2] El historiador judío Josefo lo utilizaba de la renovación de la tierra de Israel después de un período de desolación, mientras el filósofo judío Josefo lo utiliza para describer la renovación de la Tierra después del diluvio.
por George Sidney Hurd
Habiendo ya examinado los problemas morales y lógicos presentados por la creencia en la reencarnación, ahora podemos dirigir nuestra atención a algunos textos de las Escrituras presentados para apoyar esta teoría.
Algunos afirman que la mayoría de las referencias a la reencarnación fueron quitadas del Nuevo Testamento por la Iglesia Romana comenzando en el siglo VI, pero sin evidencias sustanciales. De hecho, las evidencias de manuscritos escritos antes del siglo VI desmientan esa teoría.
Además, vemos la esperanza de la resurrección también en el Antiguo Testamento. En Génesis 3:19 Dios le dijo a Adán, “pues polvo eres, y al polvo volverás.” Sin embargo, desde el principio vemos la esperanza de ser resucitado. Se cree que el libro de Job fue el primer libro escrito en la Biblia. Job claramente expresa su expectativa de la resurrección en el día del fin. Él dijo:
“¡Oh, quién me diera que me escondieses en el Seol, que me encubrieses hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mí te acordaras! 14 Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación.” (Job 14:13-14)
Job, en su gran sufrimiento, esperaba morir y permanecer oculto en el hades hasta el tiempo señalado de Dios para resucitarlo. Algunos proponentes de la reencarnación argumentarían que “hasta que venga mi liberación” refiere a una reencarnación y no la resurrección. Veremos el significado de las palabras griegas pálin gínomai utilizadas aquí en el LXX del Antiguo Testamento más adelante. Por el momento me gustaría enfatizar que no existe evidencias de la creencia en la reencarnación antes del 1100 a.C. y Job precede eso por al menos 500 años. Además, a continuación, llega a ser aún más evidente que la esperanza de Job era la de ser resucitado en el día final cuando él sería resucitado y llevado a la presencia de Dios. Él dijo:
“Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; 26 y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; 27 al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí.” (Job 19:25-27)
Claramente, Job estaba anhelando la resurrección de su cuerpo en el día final en vez de estar anticipando una reencarnación. Él esperaba ver a Dios en su cuerpo resucitado de carne. Cuando llegamos al libro de Daniel la resurrección es claramente presentada como ocurriendo después de la Gran Tribulación:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad.” (Dan 12:1-3)
Aquí vemos la resurrección ocurriendo al final de la Gran Tribulación, que sería la Segunda Venida de Cristo, así como Cristo mismo explica (Matt 24:29-31). Aquellos que afirman que la Iglesia Romana quitó toda referencia a la reencarnación tienen que explicar por qué el Antiguo Testamento del pueblo hebreo también tiene referencias a la resurrección y no a la reencarnación. Estas referencias no pueden ser confundidas como siendo reencarnaciones, dado que la resurrección es colectiva y no individual. Isaías habla de esta resurrección colectiva:
“Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán. Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos.” (Isa 26:19 SRV)
Todos estos pasajes del Antiguo Testamento hablan de una resurrección del cuerpo a la inmortalidad física, así como vemos presentado en el Nuevo Testamento. Pablo dice, “Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán?” (1Cor 15:35). Continúa explicando que es un cuerpo incorruptible, no del polvo de la tierra como nuestro cuerpo actual, sin embargo, un cuerpo real (1Cor 15:44-45,48).
Algunos, no logrando entender que nuestro cuerpo glorificado es un cuerpo espiritual, piensan que Dios necesita el mismo polvo de nuestro cuerpo viejo para poder resucitarnos. Por esa razón, la Iglesia Romana a veces quemaba los cuerpos de los “herejes” (a menudo eran verdaderos santos) y lanzaban las cenizas al río, pensando que eso haría imposible que Dios los levantara. De semejante manera, algunos ateos piden que sus cenizas sean esparcidas en el mar por si acaso. Pero nuestro cuerpo nuevo no será del polvo.
Pablo dijo que sería un cuerpo igual al cuerpo glorificado de Cristo que podría materializarse o desmaterializarse, y sin embargo Jesús dijo que Su cuerpo no era un espíritu, sino que tenía carne y huesos (1Cor 15:48-49; 1Jn 3:2; Lucas 24:36-43). Jesús dijo que seríamos como los ángeles que son espíritus, y sin embargo pueden aparecer en cuerpos de carne y hueso tangibles (Mt 22:30; Heb 13:2; Gen 18:2 cf. 19:1; Jueces 13:15).
Aunque, como veremos, el Nuevo Testamento implica que algunos erróneamente creían en la reencarnación en el tiempo del ministerio de Jesús, la totalidad de la enseñanza, tanto del Antiguo, como el Nuevo Testamento, claramente enseñan una resurrección corporal, seguida por el juicio. Jesús dijo:
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.” (Juan 5:28-29)
En las enseñanzas de Jesús, la resurrección a menudo es mencionada, pero ni siquiera una sola vez admite la posibilidad de reencarnaciones múltiples (Mt 12:25-26; 22:30; 24:29; Lucas 20:37; Jn 11:24-25). En los tiempos del Nuevo Testamento había dos sectas principales entre los judíos – los fariseos que creían en la resurrección del cuerpo al final de la época y los saduceos que negaban que había una resurrección.
Aunque había unos pocos judíos místicos en ese tiempo que creían en la reencarnación por la influencia de Platón, combinada con el misticismo oriental, la doctrina esotérica de los judíos Cabalísticas de hoy en día no surgió hasta el siglo XIII.
Aunque la creencia en la reencarnación es indirectamente mencionada en el Nuevo Testamento, el Nuevo Testamento enseña la resurrección y no la reencarnación. Pablo, en su defensa ante el concilio dijo, “acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga” (Hch 23:6-8). La reencarnación hubiera sido apasionadamente rechazada en el concilio judío. Cuando Pablo habló ante los hombres de Atenas acerca de la resurrección de los muertos se burlaban de él (Hch 17:32). La creencia platónica de la reencarnación era respetada en Atenas en ese tiempo y, por lo tanto, él no hubiera sido burlado por haberles hablado de la reencarnación.
Un pasaje que brevemente mencioné en el blog anterior excluye de manera específica y categórica cualquier concepto de una reencarnación:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Las Escrituras presentan uniformemente la muerte física como sucediendo una sola vez. Así como el hombre muere una sola vez y entonces enfrentará el juicio, de la misma manera Cristo murió una sola vez en nuestro lugar, llevando en Sí Mismo el justo juicio o condenación debido a nosotros. Como Pedro dice: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu (1Pedro 3:18). Él sufrió y murió por nuestros pecados de una vez por todos. Por lo tanto, los que están unidos a Cristo por la fe en esta vida no enfrentarán un juicio condenatorio al morir (Jn 5:24; 5:29; Rom 8:1).
Los demás serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el Lago de Fuego purificador que es la segunda muerte (Apo 20:13-15; 21:8; 2:11). Examino lo que significa el Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Los que no mueren a la carne y la vida del YO en esta vida, serán purificados en el fuego de la aflicción, llamado el Lago de Fuego y no por medio de milenios de repetidas reencarnaciones.
Términos equivocados por reencarnación
1) Regeneración (poliggenesía)
“Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (poliggenesia), cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.” (Mateo 19:28-30)
“nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración (poliggenesía) y por la renovación en el Espíritu Santo, 6 el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, 7 para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:5-7)
“Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación (LXX pálin gínomai ‘llegar a ser otra vez’).” (Job 14:14)
La palabra poliggenesía está compuesta de pálin que significa “otra vez” y génesis que significa “origen o nacimiento.” Solamente aparece dos veces en la Biblia y en ambas instancias es en el Nuevo Testamento. En el LXX traducción del Antiguo Testamento del hebreo al griego solo aparece una vez, y como dos palabras separadas en Job 14:14. Algunos argumentan que poliggenesía significa reencarnación. Sin embargo, en la literatura secular de los tiempos bíblicos poliggenesía tenía dos sentidos, dependiendo del contexto donde aparece. Pero ninguno de los dos sentidos habla de la reencarnación. La Diccionary of the New Testament (Kittel) dice lo siguiente acerca de su significado:
“La palabra primero parece haber adquirido un significado en el estoicismo y su doctrina de la renovación del mundo después de una purificación por el fuego (ekpúrosis)… En un fragmento de Terentius Varro (en Aug. Civ. D., 22,28) poliggenesía se usa del nuevo nacimiento de individuos en una etapa del mundo, y esto es aceptado como el uso griego general. Así que la palabra tiene un sentido individual y también un sentido cósmico… Debe ser notado que en esta conexión que, tanto en el estoicismo y en el judaísmo, la poliggenesía está en el futuro. En el anterior sigue el futuro ekpúrosis; en el posterior pertenece al juicio futuro.” (énfasis mío) [1]
Así que, vemos que, en la literatura extrabíblica de aquella época la palabra podría tener referencia a la restauración futura del mundo, la resurrección futura, o al renacimiento de individuos. En Mateo 19:28 Jesús claramente está utilizando la palabra en su sentido estoico, refiriendo a la restauración de la Tierra. [2] En Tito 3:5 refiere a nuestra regeneración espiritual. En ninguna de las dos instancias se refiere a una reencarnación física como algunos han argumentado.
2) Nacido de Nuevo (genáo ánothen, anagenáo)
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo (genáo ánothen), no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo (genáo ánothen). 8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.” (Juan 3:3-8)
Algunos han interpretado las palabras de Jesús, “Os es necesario nacer de nuevo” como si dijera que es necesaria la reencarnación. Sin embargo, hay al menos dos razones por qué Jesús no pudo haber estado refiriendo a la reencarnación. El primer lugar, ánothen es de ano que principalmente significa “arriba.” No es simplemente otro nacimiento, sino un nacimiento de arriba. Por ese motivo varias traducciones la traducen “nacido de arriba” o incluyen esa lectura en las anotaciones.
En segundo lugar, el nuevo nacimiento no es físico como fue nuestro primer nacimiento. Nicodemo estaba confundido acerca de esto de una manera semejante a la de los reencarnacionistas. Él le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Ni se le ocurrió a Nicodemo la posibilidad de la reencarnación. Pero similar a los reencarnacionistas, él estaba confundido, pensando que Jesús estaba hablando de un nacimiento físico. Si la reencarnación fuera una consideración para Nicodemo, él no le hubiera respondido a Jesús de una manera tan perpleja, preguntándole cómo sería posible entrar otra vez en el vientre de su propia madre.
Jesús le respondió diciendo que no es el cuerpo que tiene que nacer de nuevo, sino el espíritu del hombre. Él le dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Cuando nacimos la primera vez fue por simiente del hombre, pero cuando nacemos de nuevo es por simiente de Dios que es Espíritu. Como dice Pedro:
“siendo renacidos (anagenáo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1Pedro 1:23)
Cuando nuestro espíritu estaba muerto en nuestros delitos y pecados, Dios nos dio vida (Ef 2:1,5). Esto es un nacimiento espiritual, no físico. Nuestros espíritus fueron vivificados con la vida eterna de Cristo que ahora es nuestra vida y por lo tanto somos un espíritu con Él (1Cor 6:17). ¡Esto es algo mucho más glorioso que reencarnándose o incluso llegando al estado de Brahmín donde uno pierde su identidad, llegando a ser uno con la consciencia cósmica impersonal!
¿Enseñaba Jesús la Reencarnación?
Unas personas piensan que Jesús, en un par de ocasiones, enseñó la reencarnación. Vamos a examinar brevemente estos pasajes.
El Hombre que Nació Ciego
“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? 3 Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” (Juan 9:1-3)
La pregunta que hicieron los discípulos de Jesús implica que ellos creían en la reencarnación. La única manera que un hombre podría nacer ciego debido a su propio pecado es haber vivido antes de nacer. Sin embargo, en vez de entrar en un discurso para corregir su creencia errada de la reencarnación, Jesús simplemente les respondió diciendo: “No es que pecó éste, ni sus padres.”
Había mucho folklore y supersticiones entre la clase común de los discípulos, de la misma manera que existen en ciertas regiones hoy en día. Como ya hemos visto, Jesús enseñaba resurrección – no reencarnación. El hecho de que no se detuvo para darles un discurso acerca de la resurrección no debe ser tomado como evidencia de que Él creía en la reencarnación. Cuando vieron a Jesús caminando sobre el agua y los discípulos gritaron, “¡Un fantasma!” y Jesús sencillamente respondió diciendo, “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” no necesariamente significa que Él creía en fantasmas de la misma manera que ellos (Mt 14:26-27). Gran parte de las Escrituras deben ser entendidas como descriptivas – no prescriptivas. Las enseñanzas propias de Jesús excluyen la reencarnación – no la afirman.
Elías y Juan el Bautista
Contrario a lo que muchos que buscan encontrar la reencarnación en la Biblia afirman, en ninguna parte dice que Juan el Bautista era Elías. Los hijos de Israel estaban anticipando la venida de Elías porque fue profetizado en Malaquías 4:5 que él vendría antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.
Elías es un caso único, considerando que, debido a la caída, es dado al hombre morir, y sin embargo él fue llevado al cielo sin ver la muerte (Heb 9:27; 2Reyes 2:11). Esto puede ser una de las razones por que en los postreros días él será enviado para preparar el camino para la venida de Cristo que iniciará el día del Señor. Es probable que él sea uno de los dos testigos durante la Gran Tribulación que será matado pero resucitará después de tres días, siendo arrebatado al cielo (Apo 11:3-12).
Algunos han concluido que Juan el Bautista fue Elías porque el ángel que anunció su nacimiento a su padre le dijo que Juan iría delante del Señor “con el espíritu y el poder de Elías.” Sin embargo, viendo estas palabras en su contexto, es claro que tiene referencia a la unción que estaría sobre él y el ministerio que él cumpliría, en vez de ser una reencarnación de Elías. El ángel dijo:
“porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. 16 Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. 17 E irá delante de él CON EL ESPÍRITU Y EL PODER DE Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.” (Lucas 1:15-17)
Dios le ungió a Elías con poder y autoridad para volver los corazones de los Israelitas de sus idolatrías a Él. De la misma manera, Juan el Bautista fue ungido con el mismo espíritu y poder que antes reposaba sobre Elías. Es el mismo espíritu que Elías pidió que recibiera en el momento que Elías fuera llevado al cielo:
“Cuando habían pasado, Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti. Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.” (2Reyes 2:9)
Aquí vemos a Eliseo pidiendo a Elías que una doble porción de su espíritu viniera sobre él cuando Elías fuera llevado al cielo. En esta ocasión es muy claro que el espíritu de Elías sobre Eliseo no tiene referencia a una reencarnación, dado que ambos estaban vivos en el momento y el espíritu de Elías era algo que vino sobre Eliseo en el momento que Elías fue llevado al cielo.
Que el “espíritu y poder de Elías” no es Elías mismo reencarnado se hace aún más evidente cuando los judíos le preguntaron a Juan si era Elías y él les respondió diciendo, “No soy” (Jn 1:21). Cuando seguían insistiendo que les dijera quién era, él simplemente respondió, “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor (Jn 1:23 cf. Lucas 7:27). Entonces, en vez de que el espíritu y el poder de Elías tenga referencia a la reencarnación, hablaba de una unción para un ministerio similar a la unción de Elías.
Lo que confunde a algunos son las palabras de Jesús acerca de Juan el Bautista cuando dijo: “Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mt 11:14-15). Aquí vemos a Jesús diciendo que, si Israel hubiera sido dispuesto a recibirlo, Juan habría sido Elías que vendrá para preparar el camino para su Mesías/Rey. Sin embargo, pocos días después, Herodes su rey decapitó a Juan, y cuando Cristo formalmente se presentó como el Mesías y Rey de Israel, ellos lo rechazaron y el reino les fue quitado y dado a los gentiles (Lucas 19:37-44).
La razón por la que Jesús dijo, “El que tiene oídos para oír, oiga,” en referencia a que Juan sea Elías es porque Jesús sabía desde el principio que Israel no iba a recibir el mensaje de Juan y que iban a rechazarlo, crucificando a su Rey y Mesías. Su primera venida era como su Mesías – Su Segunda Venida será para reinar como el Rey de reyes cuando ellos finalmente le darán la bienvenida diciendo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt 23:39). Debido a que los Suyos no le recibieron, Juan no era Elías – Elías está por venir aún, así como Jesús le explicó a Pedro, Jacobo y Juan mientras descendían del monte de la transfiguración donde Jesús había estado hablando con Moisés y Elías:
“Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías VIENE primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13 Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.” (Mt 17:10-13)
Cuando ellos vieron a Elías hablando con Jesús, se dieron cuenta que Elías no era el mismo Juan el Bautista que ellos habían conocido. Creyendo que Elías tenía que venir antes del Cristo, le preguntaron a Jesús, “¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?” No fue hasta que Jesús les explicó que Juan el Bautista hubiera cumplido el papel de Elías si Israel hubiese recibido su mensaje, que ellos entendieron que Elías estaba aún por venir.
Esto puede ocasionar confusión para algunos. Es por eso que Jesús dijo que tendrían que poner atención para poder entenderlo (Mt 11:15). Juan el Bautista vino en el “espíritu y poder de Elías,” y sin embargo Juan mismo dijo que no era Elías. Jesús les dijo a los judíos que Juan era Elías “si queréis recibirlo,” pero no lo recibieron y por lo tanto el reino les fue quitado y dado a otros hasta el tiempo en que ellos Lo reciban (Mt 23:39; Rom 11:25-26).
Así que, aunque algunos intentan encontrar la reencarnación en las Escrituras, al mirar más de cerca es evidente que, aunque algunos judíos místicos de ese tiempo creyeron en la reencarnación, las Escrituras claramente enseñan que uno vive y muere una sola vez y después espera una resurrección para el juicio.
Muy a menudo la razón por la que una persona busca encontrar la reencarnación en las Escrituras en vez de aceptar la doctrina de la resurrección es que no quieren tener que enfrentar el juicio delante de Dios después de la muerte. Sin embargo, la solución no es negar la resurrección, sino recibir a Cristo como su Salvador y Señor, porque Él ya fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Rom 4:25). Por lo tanto, podemos estar confiados acerca de ese día porque ahora ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Dos Caminos Opuestos para la Salvación
El error más crítico de la reencarnación es que presenta un camino a la salvación aparte de Jesucristo nuestro Salvador. Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Romanos 3:20 dice: “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Pablo dice: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef 2:8-9).
En contraste a esto, la ley de karma es la auto-salvación – es la salvación por obras con esteroides – el opuesto total del evangelio de nuestro Señor Jesucristo. En las Escrituras la salvación es un regalo para ser recibido – no una meta inalcanzable para alcanzar. ¡Yo no cambiaría el regalo de la vida eterna en Jesucristo por un millón de vidas!
[1] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co.
[2] El historiador judío Josefo lo utilizaba de la renovación de la tierra de Israel después de un período de desolación, mientras el filósofo judío Josefo lo utiliza para describer la renovación de la Tierra después del diluvio.
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Los Argumentos Lógicos
por George Sidney Hurd
Entre nosotros que creemos en la vida más allá de la muerte hay dos creencias muy distintas. Una es que vivimos una sola vez y después esperamos la resurrección de nuestros cuerpos inmortales y espirituales en el fin de la época. La otra es que uno sufre reencarnaciones repetidas en otros cuerpos, época tras época, antes de finalmente alcanzar la perfección cuando uno deja de reencarnarse, perdiendo su identidad personal, llegando a ser uno con la consciencia cósmica.
Cuando tuve mi encuentro personal con el Señor y comencé a estudiar las Escrituras por mí mismo hace cincuenta años, la creencia en la reencarnación no fue tomada como una opción viable entre los cristianos. Sin embargo, aquel tiempo era un tiempo de muchos cambios. El movimiento contracultura en el occidente rechazó el cristianismo tradicional y comenzó a buscar su espiritualidad en el oriente. Combinado con la influencia de antecesores occidentales como Madame Blavatsky y Edgar Cayce, comenzó a surgir una nueva versión de espiritualidad oriental en el occidente, formando lo que ahora conocemos como el Movimiento de la Nueva Era.
Hicieron un esfuerzo orquestado para injertar la espiritualidad oriental en la comunidad cristiana quitando autoridad a la Biblia, o usando el revisionismo y citando frases bíblicas fuera de su contexto, de una manera que da la impresión de que la Biblia enseña la reencarnación. Como resultado, ahora más de 25% de cristianos en Estados Unidos dicen que creen en la reencarnación. Pero, ¿es posible razonablemente concluir de las Escrituras cristianas que somos reencarnados en vez de ser resucitados? ¿Es la teoría de la reencarnación siquiera coherente lógicamente? Estas son las preguntas que espero responder en este blog y el que sigue.
La Incoherencia Lógica de la Reencarnación
Normalmente trato de los argumentos escriturales para una creencia antes de considerar las implicaciones lógicas porque estimo las Escrituras como la Palabra de Dios y la última autoridad. Pero considerando que muchos de los que creen en la reencarnación no comparten la misma estima alta de la Biblia, voy a considerar primero las implicaciones lógicas de la reencarnación.
1) El Problema del Aumento de la Población
Lógicamente, si hay un número determinado de almas que están evolucionando a través de una serie finita de reencarnaciones, con todos eventualmente dejando de reencarnarse, llegando a ser uno con la consciencia cósmica, entonces la población humana debe de ser cada vez menos en vez de ir en aumento.
Sin embargo, en vez de que esté menguando la población, estamos viendo una explosión demográfica. Cuando mi madre nació en el año 1920 la población mundial estaba en 1.8 mil millones. Cuando yo nací en el año 1950 la población estaba en 2.5 mil millones. Para el año 1970 había aumentada a 3.7 mil millones. Ahora, solo 52 años después, ha alcanzado a los 8 mil millones. Según la teoría de la reencarnación, la población debe estar disminuyendo en vez de aumentar, conforme las almas alcanzan brahmín y dejan de reencarnarse. ¿Cómo resuelven esta contradicción lógica?
Algunos defensores de la reencarnación argumentarían que el aumento en la población es el resultado de un incremento dramático de almas reencarnándose como humanos que anteriormente existían en formas de vida más primitivas como plantas e insectos. Otros especulan que el aumento podría ser el resultado de una migración cósmica de almas de otros planetas que están reencarnándose en nuestro mundo como humanos.
Sin embargo, estas explicaciones están agarradas de un pelo. El crecimiento de la población humana es mejor explicado como un crecimiento exponencial natural. Las Escrituras lo presentan como el simple proceso de procreación donde una pareja engendra hijos con la existencia de cada alma comenzando en el momento de la concepción. El aumento de la población es mejor entendido como un asunto de la simple matemática.
Conforme más personas son engendradas y la ciencia logra prolongar la vida promedio, la población humana aumenta. Por otro lado, conforme la población humana aumenta, las formas de vida animal se ponen en peligro de extinción – no por la transmigración de almas de una forma de vida inferior a la vida humana, sino simplemente porque el hombre descuida el balance delicado de la naturaleza. Por otro lado, vemos cada vez un mayor número de animales domesticados como gallinas y vacas, pero no debido a la reencarnación, sino simplemente porque a los hombres les gusta comer huevos y carne.
Así que, el modelo bíblico donde cada alma vive y muere físicamente una sola vez, seguido por la resurrección a la inmortalidad en el fin de la época, es lógicamente compatible con el aumento de la población humana, mientras que la reencarnación no lo es.
2) El Problema del Origen de la Mala Karma
Según la creencia oriental, cada alma es eterna, sin comienzo ni fin, comenzando en un estado de perfección y volviendo a ese mismo estado, dejando de reencarnarse y volviendo a ser uno con la consciencia cósmica. La encarnación es considerada una condición inferior pero necesaria para pagar por la mala karma adquirido en vidas anteriores.
El dilema lógico que esto presenta es: ¿Cómo pudo la consciencia cósmica perfecta haber originado la mala karma, así requiriendo la encarnación inicial de estos miles de millones o trillones de almas? Si la mala karma solamente se adquiere en el estado inferior de un cuerpo mortal, haciendo necesario la reencarnación para pagarla, ¿cómo produjo la consciencia cósmica perfecta la primera mala karma en almas aún sin cuerpo?
El modelo bíblico no enfrenta este dilema. Presenta un Dios trino y personal como creando a personas con la capacidad de decidir permanecer en Él o actuar independientemente de Él, rechazando Su Señorío. El mal se originó en el corazón de Satanás y a través de su influencia pasó a la raza humana por la desobediencia de Adán.
3) El Problema de la Perpetuación del Mal
Según la ley del karma, el mismo mal que uno comete en una vida tiene que volver sobre uno en la próxima vida. Sin embargo, esto perpetuaría el mal en vez de erradicarlo. Por ejemplo, John Wayne Gacy, conocido como “el payaso asesino” (porque se disfrazaba como payaso), violó y asesinó al menos 33 jóvenes y niños antes de ser condenado, recibiendo la pena de muerte en 1994. Según la ley del karma, en sus próximas reencarnaciones él tendría que ser violado y asesinado 33 veces. Esto a su vez haría necesario que aquellos 33 que lo violan y matan sufran lo mismo por su ofensa, que significa que aquellos que los asesinan también sean asesinados, ad infinitum. ¡Uno solo puede imaginar las repercusiones que la ley del karma causaría a los hechos malos de un solo hombre como Hitler en las generaciones futuras!
En contraste, según el modelo bíblico, uno puede arrepentirse ante Dios y ser perdonado sin la necesidad de pagar por sus pecados porque Dios en Cristo hizo propiciación por los pecados del mundo entero en la cruz, satisfaciendo la justicia de Dios, muriendo en nuestro lugar (1Jn 2:2; Rom 3:23-26). Cuando uno viene a Cristo no solamente son perdonados sus pecados, sino que Cristo viene a vivir en nosotros, haciendo que sea una nueva creación y produciendo en ellos Su propia perfección – algo inalcanzable aun en un millón de reencarnaciones.
Algunos insistirían que la Biblia enseña la ley del karma cuando dice, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gal 6:7). Sin embargo, hay dos consideraciones que distinguen la ley de Dios acerca de sembrar y segar de la ley del karma. En primer lugar, la ley de sembrar y cosechar en las Escrituras no es quid pro quo como es la del karma, sino que principalmente se refiere a las consecuencias naturales de vivir una vida de pecado y exceso. Si uno toma demasiado puede destruir su matrimonio, su familia y su salud. Lo que uno cosecha no es quid pro quo sino corrupción o ruina:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción (thora ‘destrucción, ruina’); mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gal 6:7-8)
En segundo lugar, el principio de Dios de cosechar y sembrar no es una ley impersonal que no puede ser circunvenido por la gracia, como es la ley del karma. Aunque Dios habla en serio cuando dice que el pecado tiene sus consecuencias, Él es un Padre de amor y cuando verdaderamente nos arrepentimos de nuestros pecados Él nos perdona, así como haría cualquier padre que ame a su hijo y retrae cualquier juicio pronunciado contra nosotros, a menudo sanándonos de enfermedades que provocamos por nuestro desenfreno.
Cuando tuve mi encuentro con el Señor en el año 1969 mi salud estaba fallando debido al abuso de las drogas. Había contraído hepatitis A, B, C y Delta por compartir jeringas con mis compañeros. Aunque el Señor no me sanó de inmediato, me dio la promesa de que mi enfermedad no resultaría en la muerte, sino en Su gloria. En 2012, de una manera milagrosa recibí un nuevo hígado y para el año 2016 estaba totalmente libre de la hepatitis C. Aunque no debemos de pensar que Dios esté bajo obligación de intervenir de esta manera en tales circunstancias, definitivamente vi la gracia de Dios sobre mi vida, resultando en que yo no tuviera que cosechar a plenitud lo que había sembrado durante mis años turbulentos de la juventud.
El modelo tradicional del castigo eterno para la mayoría de la humanidad, popularizado por San Agustín en el siglo V, perpetúa el mal de manera semejante, pero de otra forma. Presenta a Dios como perpetuando el mal por mantener a los perdidos conscientes en un estado de tormentos sin fin. Según este modelo, Dios no erradica el mal de Su creación – Él simplemente lo mantiene en una cuarentena perpetua.
Sin embargo, en la Escrituras vemos que el mal no es una creación de Dios. No es eterno, sino que tuvo un comienzo en el tiempo y será totalmente erradicado al final de las épocas cuando el último enemigo – la muerte, habrá sido destruida y todos se habrán sujetado a Cristo, y entonces Cristo se someterá al Padre y Dios será todo en todos (1Cor 15:25-28; Apo 21:4-5). Presento la base escritural para la plena erradicación del mal y la restauración de todos en mi libro. “El Triunfo de la Misericordia (la reconciliación de todos a través de Jesucristo).”
Por lo tanto, las Escrituras bien entendidas, no perpetúan el mal como hace la ley del karma y la doctrina del castigo eterno. En vez de una ley impersonal, tenemos un Dios personal que ha determinado que todos finalmente serán salvos, doblando rodilla en adoración y confesando a Jesucristo como Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; Sal 86:9).
4) El Problema de la Ignorancia acerca de Vidas Anteriores
Unos piensan que la ley del karma es un sistema justo que explica por qué algunos sufren más que otros en la vida. Tal vez si fuéramos conscientes del mal cometido en vidas anteriores uno podría argumentar que es un sistema justo. Pero, a excepeción de unos pocos que afirman haber recordado algunos detalles de vidas pasadas por medio de hipnosis u otros medios síquicos, nadie tiene memoria alguna de vidas pasadas.
En realidad, nuestra memoria es una parte esencial de nuestra persona y sin ella el individuo reencarnado sería esencialmente otra persona por completo. Por lo tanto, en esencia, según la teoría de la reencarnación, cuando alguien sufre por los hechos cometidos en una vida anterior, él está sufriendo por los pecados de otra persona. Y, ¿A quién en esta generación le gustaría estar sufriendo por el mal karma de alguien como Hitler? Aun si pudiéramos pensar en alguien, ¿en qué sentido podríamos llamar a eso justicia?
Para aprender de nuestros errores pasados es esencial que al menos tengamos alguna memoria de ellos. Aun en nuestro sistema de justicia, si es determinado que un individuo no tuvo memoria de su crimen sería tomado en cuenta como circunstancias atenuantes y su condena sería menos. Pero la ley del karma es un ley impersonal e inflexible sin misericordia.
Todos tendemos a calificar y modificar nuestras creencias queridas cuando somos enfrentados con sus falencias lógicas en vez de abandonarlas. Pero, ¿quién de nosotros piensa que sería justo tener que sufrir por maldades que ni siquiera recordamos haber cometido?
El modelo tradicional de castigo infinito por pecados finitos presenta una contradicción moral igual, o mayor, que la ley del karma. Sin embargo, contrario a lo que ha sido enseñado tradicionalmente desde el siglo V, los juicios de Dios son justos y medidos según la obra de cada uno – no infinitos. Trato este tema con más detalle en mis libros, “El Triunfo de la Misericordia” y “La Solución Universal.”
En las Escrituras vemos que los hombres son juzgados según lo que hicieron en el transcurso de su única vida terrenal en vez de estar sufriendo por previas vidas de las cuales no tenemos memoria (Heb 9:27). También vemos en las Escrituras que nuestro Juez es un Padre lleno de misericordia, y para el pecador arrepentido Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13). Debido a que la justicia y la paz se besaron en la cruz, Dios puede ser un Juez justo y al mismo tiempo justificar a aquellos que se arrepienten y creen en Jesús (Sal 85:10; Rom 3:25-26). De hecho, el mismo texto que nos dice que es establecido a los hombres morir una sola vez y después ser juzgados, enfatiza que Cristo tomó nuestra condenación sobre Sí Mismo en la cruz:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Cristo, siendo el Hijo de Dios encarnado (no reencarnado), habiendo sido entregado a la muerte una sola vez para llevar los pecados del mundo entero, fue resucitado de los muertos y vive por siempre para interceder por los pecadores que desean acercarse a Dios Padre por medio de Él (Rom 6:10; Heb 7:23-27; 9:12). Como dice Pablo, no hay condenación (ni mal karma) para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Eso no significa que no tendremos que pasar por el fuego purificador. Todos serán salados en fuego para salir como oro puro, dado que nada impuro puede soportar la presencia de Dios (1Cor 3:13-15; Mt 5:8; Heb 12:14; Apo 22:14-15). Los que mueren fuera de Cristo no serán resucitados hasta la segunda resurrección para juicio (Jn 5:24,29; Apo 20:5-6). Ellos serán resucitados y juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego purificador (Apo 20:14-15).
Trato del tema del Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Su propósito es purificación – no tortura, y no dura eternamente, sino por las épocas de las épocas (eis tous aionas ton aiónon) o extendiendo hacia dentro de las épocas venideras. Cada uno recibirá su parte (meros) según las obras de cada uno, en vez de que el fuego dure para siempre.
Así que, en vez de estar sufriendo por alguna ley del karma impersonal por cosas malas que hicimos en vidas anteriores de las cuales ni siquiera tenemos memoria, vemos en las Escrituras que cada individuo que ha vivido, una vez muerto, será juzgado por un Juez justo según sus propias obras y no estará siendo castigado por hechos de individuos de las generaciones pasadas. Habiendo considerado brevemente algunos de los argumentos contra la reencarnación, en el próximo blog veremos los argumentos escriturales que presentan por la reencarnación.
por George Sidney Hurd
Entre nosotros que creemos en la vida más allá de la muerte hay dos creencias muy distintas. Una es que vivimos una sola vez y después esperamos la resurrección de nuestros cuerpos inmortales y espirituales en el fin de la época. La otra es que uno sufre reencarnaciones repetidas en otros cuerpos, época tras época, antes de finalmente alcanzar la perfección cuando uno deja de reencarnarse, perdiendo su identidad personal, llegando a ser uno con la consciencia cósmica.
Cuando tuve mi encuentro personal con el Señor y comencé a estudiar las Escrituras por mí mismo hace cincuenta años, la creencia en la reencarnación no fue tomada como una opción viable entre los cristianos. Sin embargo, aquel tiempo era un tiempo de muchos cambios. El movimiento contracultura en el occidente rechazó el cristianismo tradicional y comenzó a buscar su espiritualidad en el oriente. Combinado con la influencia de antecesores occidentales como Madame Blavatsky y Edgar Cayce, comenzó a surgir una nueva versión de espiritualidad oriental en el occidente, formando lo que ahora conocemos como el Movimiento de la Nueva Era.
Hicieron un esfuerzo orquestado para injertar la espiritualidad oriental en la comunidad cristiana quitando autoridad a la Biblia, o usando el revisionismo y citando frases bíblicas fuera de su contexto, de una manera que da la impresión de que la Biblia enseña la reencarnación. Como resultado, ahora más de 25% de cristianos en Estados Unidos dicen que creen en la reencarnación. Pero, ¿es posible razonablemente concluir de las Escrituras cristianas que somos reencarnados en vez de ser resucitados? ¿Es la teoría de la reencarnación siquiera coherente lógicamente? Estas son las preguntas que espero responder en este blog y el que sigue.
La Incoherencia Lógica de la Reencarnación
Normalmente trato de los argumentos escriturales para una creencia antes de considerar las implicaciones lógicas porque estimo las Escrituras como la Palabra de Dios y la última autoridad. Pero considerando que muchos de los que creen en la reencarnación no comparten la misma estima alta de la Biblia, voy a considerar primero las implicaciones lógicas de la reencarnación.
1) El Problema del Aumento de la Población
Lógicamente, si hay un número determinado de almas que están evolucionando a través de una serie finita de reencarnaciones, con todos eventualmente dejando de reencarnarse, llegando a ser uno con la consciencia cósmica, entonces la población humana debe de ser cada vez menos en vez de ir en aumento.
Sin embargo, en vez de que esté menguando la población, estamos viendo una explosión demográfica. Cuando mi madre nació en el año 1920 la población mundial estaba en 1.8 mil millones. Cuando yo nací en el año 1950 la población estaba en 2.5 mil millones. Para el año 1970 había aumentada a 3.7 mil millones. Ahora, solo 52 años después, ha alcanzado a los 8 mil millones. Según la teoría de la reencarnación, la población debe estar disminuyendo en vez de aumentar, conforme las almas alcanzan brahmín y dejan de reencarnarse. ¿Cómo resuelven esta contradicción lógica?
Algunos defensores de la reencarnación argumentarían que el aumento en la población es el resultado de un incremento dramático de almas reencarnándose como humanos que anteriormente existían en formas de vida más primitivas como plantas e insectos. Otros especulan que el aumento podría ser el resultado de una migración cósmica de almas de otros planetas que están reencarnándose en nuestro mundo como humanos.
Sin embargo, estas explicaciones están agarradas de un pelo. El crecimiento de la población humana es mejor explicado como un crecimiento exponencial natural. Las Escrituras lo presentan como el simple proceso de procreación donde una pareja engendra hijos con la existencia de cada alma comenzando en el momento de la concepción. El aumento de la población es mejor entendido como un asunto de la simple matemática.
Conforme más personas son engendradas y la ciencia logra prolongar la vida promedio, la población humana aumenta. Por otro lado, conforme la población humana aumenta, las formas de vida animal se ponen en peligro de extinción – no por la transmigración de almas de una forma de vida inferior a la vida humana, sino simplemente porque el hombre descuida el balance delicado de la naturaleza. Por otro lado, vemos cada vez un mayor número de animales domesticados como gallinas y vacas, pero no debido a la reencarnación, sino simplemente porque a los hombres les gusta comer huevos y carne.
Así que, el modelo bíblico donde cada alma vive y muere físicamente una sola vez, seguido por la resurrección a la inmortalidad en el fin de la época, es lógicamente compatible con el aumento de la población humana, mientras que la reencarnación no lo es.
2) El Problema del Origen de la Mala Karma
Según la creencia oriental, cada alma es eterna, sin comienzo ni fin, comenzando en un estado de perfección y volviendo a ese mismo estado, dejando de reencarnarse y volviendo a ser uno con la consciencia cósmica. La encarnación es considerada una condición inferior pero necesaria para pagar por la mala karma adquirido en vidas anteriores.
El dilema lógico que esto presenta es: ¿Cómo pudo la consciencia cósmica perfecta haber originado la mala karma, así requiriendo la encarnación inicial de estos miles de millones o trillones de almas? Si la mala karma solamente se adquiere en el estado inferior de un cuerpo mortal, haciendo necesario la reencarnación para pagarla, ¿cómo produjo la consciencia cósmica perfecta la primera mala karma en almas aún sin cuerpo?
El modelo bíblico no enfrenta este dilema. Presenta un Dios trino y personal como creando a personas con la capacidad de decidir permanecer en Él o actuar independientemente de Él, rechazando Su Señorío. El mal se originó en el corazón de Satanás y a través de su influencia pasó a la raza humana por la desobediencia de Adán.
3) El Problema de la Perpetuación del Mal
Según la ley del karma, el mismo mal que uno comete en una vida tiene que volver sobre uno en la próxima vida. Sin embargo, esto perpetuaría el mal en vez de erradicarlo. Por ejemplo, John Wayne Gacy, conocido como “el payaso asesino” (porque se disfrazaba como payaso), violó y asesinó al menos 33 jóvenes y niños antes de ser condenado, recibiendo la pena de muerte en 1994. Según la ley del karma, en sus próximas reencarnaciones él tendría que ser violado y asesinado 33 veces. Esto a su vez haría necesario que aquellos 33 que lo violan y matan sufran lo mismo por su ofensa, que significa que aquellos que los asesinan también sean asesinados, ad infinitum. ¡Uno solo puede imaginar las repercusiones que la ley del karma causaría a los hechos malos de un solo hombre como Hitler en las generaciones futuras!
En contraste, según el modelo bíblico, uno puede arrepentirse ante Dios y ser perdonado sin la necesidad de pagar por sus pecados porque Dios en Cristo hizo propiciación por los pecados del mundo entero en la cruz, satisfaciendo la justicia de Dios, muriendo en nuestro lugar (1Jn 2:2; Rom 3:23-26). Cuando uno viene a Cristo no solamente son perdonados sus pecados, sino que Cristo viene a vivir en nosotros, haciendo que sea una nueva creación y produciendo en ellos Su propia perfección – algo inalcanzable aun en un millón de reencarnaciones.
Algunos insistirían que la Biblia enseña la ley del karma cuando dice, “todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gal 6:7). Sin embargo, hay dos consideraciones que distinguen la ley de Dios acerca de sembrar y segar de la ley del karma. En primer lugar, la ley de sembrar y cosechar en las Escrituras no es quid pro quo como es la del karma, sino que principalmente se refiere a las consecuencias naturales de vivir una vida de pecado y exceso. Si uno toma demasiado puede destruir su matrimonio, su familia y su salud. Lo que uno cosecha no es quid pro quo sino corrupción o ruina:
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. 8 Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción (thora ‘destrucción, ruina’); mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gal 6:7-8)
En segundo lugar, el principio de Dios de cosechar y sembrar no es una ley impersonal que no puede ser circunvenido por la gracia, como es la ley del karma. Aunque Dios habla en serio cuando dice que el pecado tiene sus consecuencias, Él es un Padre de amor y cuando verdaderamente nos arrepentimos de nuestros pecados Él nos perdona, así como haría cualquier padre que ame a su hijo y retrae cualquier juicio pronunciado contra nosotros, a menudo sanándonos de enfermedades que provocamos por nuestro desenfreno.
Cuando tuve mi encuentro con el Señor en el año 1969 mi salud estaba fallando debido al abuso de las drogas. Había contraído hepatitis A, B, C y Delta por compartir jeringas con mis compañeros. Aunque el Señor no me sanó de inmediato, me dio la promesa de que mi enfermedad no resultaría en la muerte, sino en Su gloria. En 2012, de una manera milagrosa recibí un nuevo hígado y para el año 2016 estaba totalmente libre de la hepatitis C. Aunque no debemos de pensar que Dios esté bajo obligación de intervenir de esta manera en tales circunstancias, definitivamente vi la gracia de Dios sobre mi vida, resultando en que yo no tuviera que cosechar a plenitud lo que había sembrado durante mis años turbulentos de la juventud.
El modelo tradicional del castigo eterno para la mayoría de la humanidad, popularizado por San Agustín en el siglo V, perpetúa el mal de manera semejante, pero de otra forma. Presenta a Dios como perpetuando el mal por mantener a los perdidos conscientes en un estado de tormentos sin fin. Según este modelo, Dios no erradica el mal de Su creación – Él simplemente lo mantiene en una cuarentena perpetua.
Sin embargo, en la Escrituras vemos que el mal no es una creación de Dios. No es eterno, sino que tuvo un comienzo en el tiempo y será totalmente erradicado al final de las épocas cuando el último enemigo – la muerte, habrá sido destruida y todos se habrán sujetado a Cristo, y entonces Cristo se someterá al Padre y Dios será todo en todos (1Cor 15:25-28; Apo 21:4-5). Presento la base escritural para la plena erradicación del mal y la restauración de todos en mi libro. “El Triunfo de la Misericordia (la reconciliación de todos a través de Jesucristo).”
Por lo tanto, las Escrituras bien entendidas, no perpetúan el mal como hace la ley del karma y la doctrina del castigo eterno. En vez de una ley impersonal, tenemos un Dios personal que ha determinado que todos finalmente serán salvos, doblando rodilla en adoración y confesando a Jesucristo como Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; Sal 86:9).
4) El Problema de la Ignorancia acerca de Vidas Anteriores
Unos piensan que la ley del karma es un sistema justo que explica por qué algunos sufren más que otros en la vida. Tal vez si fuéramos conscientes del mal cometido en vidas anteriores uno podría argumentar que es un sistema justo. Pero, a excepeción de unos pocos que afirman haber recordado algunos detalles de vidas pasadas por medio de hipnosis u otros medios síquicos, nadie tiene memoria alguna de vidas pasadas.
En realidad, nuestra memoria es una parte esencial de nuestra persona y sin ella el individuo reencarnado sería esencialmente otra persona por completo. Por lo tanto, en esencia, según la teoría de la reencarnación, cuando alguien sufre por los hechos cometidos en una vida anterior, él está sufriendo por los pecados de otra persona. Y, ¿A quién en esta generación le gustaría estar sufriendo por el mal karma de alguien como Hitler? Aun si pudiéramos pensar en alguien, ¿en qué sentido podríamos llamar a eso justicia?
Para aprender de nuestros errores pasados es esencial que al menos tengamos alguna memoria de ellos. Aun en nuestro sistema de justicia, si es determinado que un individuo no tuvo memoria de su crimen sería tomado en cuenta como circunstancias atenuantes y su condena sería menos. Pero la ley del karma es un ley impersonal e inflexible sin misericordia.
Todos tendemos a calificar y modificar nuestras creencias queridas cuando somos enfrentados con sus falencias lógicas en vez de abandonarlas. Pero, ¿quién de nosotros piensa que sería justo tener que sufrir por maldades que ni siquiera recordamos haber cometido?
El modelo tradicional de castigo infinito por pecados finitos presenta una contradicción moral igual, o mayor, que la ley del karma. Sin embargo, contrario a lo que ha sido enseñado tradicionalmente desde el siglo V, los juicios de Dios son justos y medidos según la obra de cada uno – no infinitos. Trato este tema con más detalle en mis libros, “El Triunfo de la Misericordia” y “La Solución Universal.”
En las Escrituras vemos que los hombres son juzgados según lo que hicieron en el transcurso de su única vida terrenal en vez de estar sufriendo por previas vidas de las cuales no tenemos memoria (Heb 9:27). También vemos en las Escrituras que nuestro Juez es un Padre lleno de misericordia, y para el pecador arrepentido Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13). Debido a que la justicia y la paz se besaron en la cruz, Dios puede ser un Juez justo y al mismo tiempo justificar a aquellos que se arrepienten y creen en Jesús (Sal 85:10; Rom 3:25-26). De hecho, el mismo texto que nos dice que es establecido a los hombres morir una sola vez y después ser juzgados, enfatiza que Cristo tomó nuestra condenación sobre Sí Mismo en la cruz:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.” (Heb 9:27-28)
Cristo, siendo el Hijo de Dios encarnado (no reencarnado), habiendo sido entregado a la muerte una sola vez para llevar los pecados del mundo entero, fue resucitado de los muertos y vive por siempre para interceder por los pecadores que desean acercarse a Dios Padre por medio de Él (Rom 6:10; Heb 7:23-27; 9:12). Como dice Pablo, no hay condenación (ni mal karma) para los que están en Cristo Jesús (Rom 8:1).
Eso no significa que no tendremos que pasar por el fuego purificador. Todos serán salados en fuego para salir como oro puro, dado que nada impuro puede soportar la presencia de Dios (1Cor 3:13-15; Mt 5:8; Heb 12:14; Apo 22:14-15). Los que mueren fuera de Cristo no serán resucitados hasta la segunda resurrección para juicio (Jn 5:24,29; Apo 20:5-6). Ellos serán resucitados y juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el Lago de Fuego purificador (Apo 20:14-15).
Trato del tema del Lago de Fuego en mi blog, “Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.” Su propósito es purificación – no tortura, y no dura eternamente, sino por las épocas de las épocas (eis tous aionas ton aiónon) o extendiendo hacia dentro de las épocas venideras. Cada uno recibirá su parte (meros) según las obras de cada uno, en vez de que el fuego dure para siempre.
Así que, en vez de estar sufriendo por alguna ley del karma impersonal por cosas malas que hicimos en vidas anteriores de las cuales ni siquiera tenemos memoria, vemos en las Escrituras que cada individuo que ha vivido, una vez muerto, será juzgado por un Juez justo según sus propias obras y no estará siendo castigado por hechos de individuos de las generaciones pasadas. Habiendo considerado brevemente algunos de los argumentos contra la reencarnación, en el próximo blog veremos los argumentos escriturales que presentan por la reencarnación.