- Published on
por George Sidney Hurd
--
El término teológico Cristofanía se refiere a las manifestaciones visibles de Cristo antes de Su encarnación en el Antiguo Testamento. Como estaré demostrando en este blog, estas apariciones eran al mismo tiempo Teofanías, o manifestaciones de Dios Mismo, dado que Cristo, el Verbo (gr. Logos) eterno, es Dios Mismo en la persona del Hijo. La palabra “logos,” traducido como “verbo” en Juan 1, literalmente significa “palabra.” El término “palabra” (logos) podría ser definido como “un medio de expresión o comunicación.” Un pensamiento permanece invisible y desconocido hasta llegar a ser expresado visible o audiblemente como una palabra (logos). De semejante manera, la verdad comunicada en el título divino, el Logos, es que Él siempre ha sido la expresión visible del Dios invisible. Él es la imagen visible del Dios invisible (Col 1:15).
Aun antes de la encarnación de Cristo, el término Logos estaba siendo utilizado por algunos de los rabinos judíos para referirse a la divinidad. [1] El filósofo judío Filo (20 a.C. – 50 d.C.) hacía referencia al Logos como el ser divino que revelaba el Dios invisible al mundo material y sostenía toda cosa creada con el poder de Su fuerza. [2]
El Padre, a quién ningún hombre ha visto, fue revelado a la humanidad cuando el Logos divino, que eternalmente existía con Dios y como Dios, fue hecho carne y habitó entre nosotros (Jn 1:14). Dios es espíritu y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto o puede ver con sus ojos físicos (1Tim 6:16; Ex 33:20). Nadie ha visto el Padre, con excepción al Hijo quien es Dios Mismo (Jn 6:46, cf. 1:1). Juan dijo de Él:
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn 1:18)
“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.” (Jn 1:18 LBLA) [3]
Algunos argumentarían que el Hijo jamás había revelado a Dios a la humanidad como el Logos antes de Su kenosis cuando se despojó de Sí Mismo, siendo concebido de una virgen por el Espíritu Santo, tomando forma del hombre (Mt 1:20; Fil 2:6-8). Sin embargo, el uso del tiempo perfecto en Juan 1:18, “ha dado a conocer,” implica que las manifestaciones visibles del Dios invisible a la humanidad no fueron limitadas a Su encarnación.
En realidad, el hecho de que Dios había aparecido al hombre en forma visible numerosas veces en el Antiguo Testamento anteriores a la encarnación, requiere que tales Teofanías sean entendidas como Cristofanías o apariciones del Hijo antes de Su encarnación, dado que nadie ha visto el Padre jamás con excepción del Hijo y a aquellos a quién le ha placido revelarle (Mt 11:27).
Cuando Miqueas profetizó el nacimiento de Cristo, dice que Él vendría de Belén, pero al mismo tiempo enfatiza que Sus salidas eran desde el comienzo del tiempo:
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti (Belén) me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas (plural) son desde el principio, desde los días de la eternidad (desde olam).” (Micah 5:2)
Los que nos acusan de estar buscando a Cristo en el Antiguo Testamento no toman en cuenta de que Jesús Mismo nos dijo que las Escrituras del Antiguo Testamento hablaban de Él. Cuando los escribas y fariseos no Lo recibieron como su Mesías, Él les exhortó a volver a escudriñar a las Escrituras porque ellas hablaban de Él. Él les dijo:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Jn 5:39)
Así que, Jesús Mismo nos manda buscar confirmación acerca de Sí Mismo en el Antiguo Testamento. Como vimos brevemente en el blog anterior, los autores del Nuevo Testamento continuamente identificaban a Jesús como el Mismo Jehová del Antiguo Testamento (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7; Isa 6:1-5,9-10, cf. Jn 12:37-41; Isa 45:22-24 cf. Fil 2:10-11; 1 Cor 10:1-4; 1 Cor 10:9; Judas 5).
Pablo indicaba que el Antiguo Testamento contiene sombras que encuentran su cumplimiento en la persona de Cristo (Col 2:17). Él demostraba que Jesús era el Cristo, utilizando las Escrituras del Antiguo Testamento (Hch 18:28). El misterio de la persona y obra de Cristo que había sido escondido en el Antiguo Testamento ahora está revelado a la luz del Nuevo Testamento. Hay muchos pasajes en el Antiguo Testamento que eran ambiguos y misteriosos hasta que fueron vistos a través de la luz de Jesucristo.
El Ángel de Jehová
Como veremos, las numerosas referencias al Ángel de Jehová fueron intencionalmente misteriosas y enigmáticas hasta la encarnación de Cristo, y los rabinos judíos estaban entendiblemente perplejos a causa de ellas. El Ángel de Jehová es a menudo identificado como Dios y, sin embargo, distinto de Dios. De igual manera, Cristo es identificado como Dios mientras que es distinto de Dios al mismo tiempo. Se dice de ambos que eran eternamente preexistentes. Los ángeles creados jamás aceptaban adoración, pero el Ángel de Jehová fue adorado como Dios, igual como Cristo es adorado como Dios.
Si de hecho el Ángel de Jehová es el Hijo de Dios antes de la encarnación, no debemos encontrar más referencias al Ángel de Jehová en el Nuevo Testamento después de la encarnación, y eso es exactamente lo que descubrimos. El Ángel de Jehová jamás aparece otra vez en el Nuevo Testamento. Cada referencia a los ángeles después de la encarnación son anarthrous, sin el artículo definido. Y los ángeles en el Nuevo Testamento jamás se identifican como Dios Mismo, como vemos hacer al Ángel de Jehová consistentemente a través del Antiguo Testamento.
Algunos argumentan que Cristo no pudo haber sido el Ángel del Señor, dado que el autor de Hebreos dice en el primer capítulo que Cristo es superior a los ángeles y distinto de ellos. Sin embargo, la palabra “ángel” (heb. mal’ak), en sí, no es un término ontológico, sino funcional. Simplemente significa “mensajero” y se usa a menudo de hombres que son enviados con un mensaje o misión. Esta muy relacionado en significado con la palabra apóstol (apóstolos) que significa “uno enviado con una misión.”
Un pasaje que ilustra esto es Malaquías 3:1 donde aparece la palabra mal’ak “ángel o mensajero” dos veces, la primera vez refiriendose a un mensajero humano, y la segunda vez al Ángel de Jehová o el Hijo de Dios viniendo como el Cristo encarnado:
“He aquí, yo envío mi mensajero (mal’ak), el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor (Jehová) a quien vosotros buscáis, y el ángel (mal’ak) del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Mal 3:1)
Aquí vemos la primera referencia a la venida de Elías o Juan el Bautista como refiriendo a un mensajero (mal’ak) que viene para preparar el camino delante de Jehová Mismo, quién también es identificado como el Ángel o Mensajero (mal’ak) del pacto, refiriendose a Cristo que vino en carne para iniciar el Nuevo Pacto en Su sangre. En ninguna de las dos instancias se refiere mal’ak como un ángel ontológico. De la misma manera, conforme vamos considerando las referencias al Ángel de Jehová en este blog, llega a ser evidente que no están hablando de un simple ángel, sino a Jehová Elohim Mismo en la persona del Hijo antes de Su encarnación.
Génesis 16:7-14
La primera mención del Ángel de Jehová es en Génesis 16. Cuando Sara, la esposa de Abraham, vio que seguía estéril sin hijo, ella sugirió a Abraham que tuviera un hijo con su sirvienta Agar. Pero después de que concibió Agar, Sara la despreció y la trataba tan severamente que ella huyó al desierto. Fue allí en el desierto donde el Ángel de Jehová aparece por primera vez a una sirvienta humilde y desamparada. Se relata el encuentro en el Génesis 16 así:
“Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. 8 Y le dijo: Agar, sierva de Sara, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sara mi señora. 9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción…13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?” (Gen 16:7-11,13)
Al inicio de este encuentro, uno pensaría que solo se trata de un ángel enviado del Señor con un mensaje para Agar. Sin embargo, en el versículo 10 llega a ser evidente que la persona que está hablando con Agar no es simplemente un ángel. Cuando el Ángel de Jehová dice, “Multiplicaré tu descendencia,” sabemos que Él es más que un ángel hablando por Dios, dado que solamente Dios es el dador de la vida (Deut 32:39). El Ángel de Jehová hace lo que solamente Dios puede hacer. ¿En cuál otra persona encontramos esta prerrogativa divina? Jesús dijo: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Jn 5:21). De hecho, Jesús es llamado “el Autor de la vida” en Hechos 3:15. Así que, vemos el Ángel de Jehová haciendo lo que solamente Dios puede hacer, y también vemos al Hijo ejerciendo la misma prerrogativa exclusiva a Dios Mismo. Esto es una indicación clara de que el Ángel de Jehová de hecho era el Hijo de Dios antes de Su encarnación.
En el versículo 11 el Ángel de Jehová aparenta hablar de Jehová como una persona distinta de Sí Mismo. Sin embargo, en el versículo 13 Agar identificó al Ángel de Jehová que hablaba con ella como Jehová Mismo. De la misma manera, en el Nuevo Testamento vemos al Hijo siendo llamado Dios y sin embargo distinto del Padre y el Espíritu Santo.
Génesis 21:17-18
Cuando Ismael, el hijo de Agar, era un muchacho, Sara insistió en que Agar y su hijo fueran enviados al desierto. Cuando su provisión de agua se había agotada y ella pensaba que iban a morir de sed, el Ángel de Jehová le apareció otra vez. Inicialmente, Él refiere a Elohim como distinto de Él en la tercera persona, pero otra vez Él cambia a la primera persona:
“Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios (Elohim) llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque. YO haré de él una gran nación.” (Gen 21:17-18)
En Génesis 12:1-2 Jehová le dijo a Abraham: “Yo haré de ti una gran nación.” Aquí vemos una promesa similar dada a Ismael, pero ahora es el Ángel de Dios quien hace la promesa. Esto trae a la mente las palabras de Jesús cuando Él dijo que todo lo que el Padre hace Él lo hace de la misma manera (Jn 5:19).
Génesis 22
“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré… 9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no ME rehusaste tu hijo, tu único.” (Gen 22:1-2, 9-12)
Aquí vemos a Dios (Elohim) probando a Abraham, pidiendo que le ofreciera a su único hijo de promesa, Isaac, como un sacrificio. Entonces, en el versículo 11 el Ángel de Jehová es quién llama del cielo diciendo, “ya conozco que temes a Dios, por cuanto no ME rehusaste tu hijo, tu único.” Aquí otra vez, Él cambia de la tercera persona, diciendo que Él ya conocía que él temía a Dios, a decir en la primera persona que Él Mismo era Aquel a quien Abraham había ofrecido a su hijo. Si el Ángel de Jehová fuera nada más un ángel creado, entonces no hubiera dicho que Isaac le había sido ofrecido a Él, dado que Isaac había sido ofrecido en sacrificio a Dios y no a un simple ángel.
Génesis 31:11-13
“Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. 12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13 YO SOY el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde ME hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.” (Gen 31:11-13)
Este pasaje es particularmente significativo dado que el Ángel de Dios se identifica a Sí Mismo como el Dios de Bet-el donde Jacob hizo un voto a Él. Él estaba refiriendose al encuentro que tuvo Jacob con Dios donde vio descender y ascender los ángeles desde el cielo. El Dios que le apareció a él en Bet-el se identificó a Sí Mismo como Jehová Elohim:
“Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios (Jehová Elohim) de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.” (Gen 28:13)
Los Unitarios que intentan negar la trinidad, a menudo se apoyan en la práctica hebrea de designar representantes legales o emisarios (heb. shaliah), quien básicamente eran agentes legales que a veces eran designados para hacer transacciones en representación de otra persona. En realidad, no hay nada exclusivamente hebreo con esta práctica, dado que casi toda sociedad utiliza representantes legales que reciben autoridad para hacer transacciones en lugar de otro o ir en representación de uno. Sin embargo, igual como un representante legal hoy, un shaliah solo representaba a la persona que lo envió, ellos nunca imitaban a la persona que representaban. Un shaliah del rey David puede haber dicho: “Vengo en el nombre del rey,” pero jamás diría, “Yo soy el rey.” En pasajes como esto donde el Ángel de Jehová dice: “Yo soy el Dios de Bet-el, etc.,” estas afirmaciones van mucho más allá de lo que diría un mero mensajero o representante de Dios.
Otra vez, vemos que en el mismo pasaje el Ángel de Jehová puede ser presentado como distinto de Dios y a la vez identificarse como Dios Mismo. Son distintos y sin embargo uno. Es igual con Jesús. Él podría decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” y “Yo y el Padre uno somos” (Jn 14:9; Jn 10:30). Es por eso que los autores del Nuevo Testamento identificaban muchos pasajes del Antiguo Testamento en donde habla Jehová como refiriendo a Jesús Mismo antes de Su encarnación (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7; Isa 6:1-5,9-10, cf. Jn 12:37-41; Isa 45:22-24 cf. Fil 2:10-11; 1 Cor 10:1-4; 1 Cor 10:9; Judas 5). ¿Quién otro podría haber sido el Ángel de Jehová si no el Hijo de Dios antes de Su encarnación?
Génesis 48:15-16
Jacob, antes de morirse, siendo reunido con sus padres, mientras bendecía a los dos hijos de José dijo:
“Y bendijo a José, diciendo: El Dios (Elohim) en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios (Elohim) que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16 el Angel que me liberta de todo mal, bendiga (sing.) a estos jóvenes” (Gen 48:15-16)
Jacob, después de describir el único Jehová Elohim como el Dios de sus padres y Él que lo había pastoreado, el Ángel que lo había libertado de todo mal, concluyó diciendo en singular, “bendiga a estos jóvenes.” Su uso del singular, “que bendiga” en vez “bendigan,” indica que Dios y el Ángel de alguna manera son uno solo, y no dos.
Génesis 32:24-30
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Gen 32:24-30)
Jacob luchaba con alguien que aparentaba ser un hombre, pero llegó un momento cuando se dio cuenta de que no era un hombre ordinario. Dándose cuenta de que era Dios en forma de un hombre, él se negó a soltarlo hasta que lo bendijera. El Hombre lo bendijo, cambiando su nombre de Jacob que significa “suplantador,” a Israel, que significa “uno que prevalece con Dios,” diciendo que había luchado con Dios y con los hombres y vencido.
Aunque aquí el hombre no es positivamente identificado como el Ángel de Jehová, en Oseas 12, donde recuenta el mismo incidente, Él es identificado como el Ángel y Jehová Elohim que había aparecido en Bet-el. Repasando la vida de Jacob, dice:
“En el vientre tomó a su hermano por el calcañar, y en su madurez luchó con Dios. 4 Sí, luchó con el ángel y prevaleció, lloró y le pidió su ayuda; en Betel le encontró, y allí El habló con nosotros, 5 sí, Jehová, Dios (Jehová Elohim) de los ejércitos, el SEÑOR es su nombre.” (Oseas 12:3-5 LBLA)
Aquí, una vez más, es importante notar que cuando el Ángel de Jehová aparece, es en la forma de un hombre y no un ángel literal. Así que, es evidente que el término mal’ak está siendo utilizado en un sentido funcional como un mensajero, y no refiere a un ángel ontológico.
Éxodo 3:1
Casi todos están familiarizados con el incidente de la zarza que ardía cuando Dios le apareció a Moisés, pero pocos saben que el pasaje dice que fue el Ángel de Jehová quien le apareció. Leyendo la historia, uno puede observar una fusión del título “Ángel de Jehová” con Jehová y Dios (Elohim), y sin embargo a veces hace distinción, de la misma manera que vemos con Jesús, el Padre y el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. Observe como el Ángel de Jehová se refiere alternadamente como Jehová Mismo y a veces como Elohim:
“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2 Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4 Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios (Elohim) de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios (Elohim) de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a DIOS (Elohim). 7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios (Elohim) sobre este monte. 13 Dijo Moisés a Dios (Elohim: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros…16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios (Elohim) de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto…” (Ex 3:1-14,16)
De la misma manera que el Ángel de Jehová también es a veces llamado Jehová y Dios, vemos a Jesús o Emanuel (Dios con nosotros), a veces llamado Señor y a veces Dios después de Su encarnación – algo impensable si fuera simplemente un ser creado.
Nadie ha visto a Dios jamás, y sin embargo, vemos que Dios estaba visible en la zarza. En el versículo 16 Moisés dijo que fue Jehová Elohim quien le “apareció visiblemente” (Heb. ra’ah, “ser visto”) en la zarza. Por ese motivo, Moisés escondió su rostro para evitar verlo (v.6). Cuando las personas veían al Ángel de Jehová, se dice que habían visto a Dios Mismo (Gen 16:13; 32:30; Judges 13:22). De la misma manera, se dice de Jesús que Él es la imagen visible del Dios invisible quien nadie ha visto ni puede ver, y por ese motivo Jesús pudo decir, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn 14:9). Estas referencias al Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento solo hacen sentido cuando vemos que Él era el divino Logos antes de Su encarnación, el Hijo de Dios revelando a Dios a los hombres.
También, como estaremos viendo en el siguiente blog, Jesús en muchas ocasiones se identificaba como el preexistente YO SOY quien aquí apareció a Moisés en la zarza. Ningún ángel creado se identificaría como el YO SOY, como vemos hacer aquí el Ángel de Jehová. Tampoco alguien ha tenido que quitarse el calzado de sus pies ante un ángel, diciendo que era tierra santa.
Jueces 6:11-27
“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. 13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Y mirándole (pahah “volteando”) Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. 17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. 18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas. 19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. 20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. 21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. 22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. 23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. 24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.” (Jueces 6:11-24)
Aquí otra vez, vemos a Jehová llegar a un sitio específico, debajo de la encina que está en Ofra, apareciendo a Gedeón en forma física en la persona del Ángel de Jehová. Gedeón hasta pidió a Jehová quedarse debajo de la encina mientras él fue a preparar una ofrenda de comida. Después, él pensó que iba a morir, sabiendo que nadie puede ver a Dios y vivir (Ex 33:20). Nadie en las Escrituras jamás pensaba que iba a morir después de ver un simple ángel.
Puede que algunos argumentan que nadie temía por su vida después de ver a Cristo durante Su ministerio terrenal como hacía al darse cuenta de que había estado en la presencia del Ángel de Jehová. Sin embargo, en la encarnación el Hijo de Dios se despojó de la gloria que antes tenía con el Padre, tomando forma de hombre (Fil 2:5-8; Jn 17:5).
Sin embargo, hubo un momento breve cuando Jesús reveló Su gloria. Cuando los soldados vinieron para llevarlo preso, Él les preguntó a quién buscaban. Cuando ellos le contestaron “Jesús de Nazaret” Jesús les respondió con el título divino, YO SOY (ego eimí), y los soldados cayeron a tierra (Jn 18:4-6). Solo una vislumbre de Su gloria velada fue suficiente para demostrar lo que Jesús había dicho previamente acerca de Su propia vida en Juan 10:18, “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.” Cuando Cristo apareció a Juan en Su gloria, él cayó a Sus pies como muerto, aunque Juan estaba en el Espíritu en ese momento (Rev 1:17).
La plena manifestación de Su gloria fue velada durante Su ministerio terrenal, como también estaba velada en diferentes grados en Sus Cristofanías como el Ángel de Jehová, permitiendo que los hombres Lo pudieran ver sin morir.
Jueces 13:6-23
“Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. 7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte. 8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9 Y Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella. 10 Y la mujer corrió prontamente a avisarle a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día. 11 Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y vino al varón y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él dijo: Yo soy. 12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él? 13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. 14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé. 15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito. 16 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová. 17 Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? 18 Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable? 19 Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer. 20 Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra. 21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque A DIOS (ELOHIM) HEMOS VISTO. 23 Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.” (Jueces 13:6-23)
Aquí el Ángel de Jehová apareció como un hombre, primero a la mujer que sería la madre de Sansón, y después apareció otra vez cuando su marido Manoa también estaba. Ellos notaron que Su aspecto era como el Ángel de Dios, pero no lo identificaron positivamente como el Ángel de Jehová hasta que Él ascendió en la llama del altar, así como hizo con Gedeón. Cuando Manoa vio que Él era el Ángel de Jehová, él dijo, “Ciertamente moriremos, porque A DIOS HEMOS VISTO.” Es evidente que aquellos que tuvieron encuentros con el Ángel de Jehová de alguna manera entendían que era Dios Mismo y no simplemente un ángel que había venido en representación de Él.
Es más que significativo que cuando Manoa le preguntó cuál era Su nombre, Él respondió, “¿Por qué preguntas por mi nombre, que es Admirable? Para mí, esta respuesta era un misterio intencional, que más tarde nos ayudaría a identificar al Ángel de Jehová como el Cristo antes de Su encarnación. Isaías profetizó acerca de Su encarnación diciendo:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
Así que, incluido entre los diferentes nombres dados al Mesías que son obviamente nombres divinos adicionales a Jesús y Emanuel (Dios con nosotros), encontramos el mismo nombre Admirable que le dio el Ángel de Jehová a Manoa cuando le preguntó por su nombre. Para mí es incomprensible, a la luz de todos estos nombres afirmando la plena deidad de Cristo, que algunos sigan negando que nuestro Señor Jesucristo es el Mismo Hijo de Dios encarnado.
También, aunque la afirmación de que el Ángel de Jehová es el Cristo del Nuevo Testamento no sea una prueba de la ortodoxia, para mí personalmente, mi visión de Cristo ha sido muy enriquecida por este entendimiento, y creo que el Señor diría a aquellos que nieguen que Él es Aquel que se manifestaba como el Ángel de Jehová anterior a Su encarnación, lo mismo que dijo una vez a los fariseos: “Escudriñad las Escrituras; porque ellas son las que dan testimonio de mí.”
[1] Un ejemplo del Logos siendo utilizado para referirse a una persona distinta dentro de la Deidad se encuentra en un comentario de Deuteronomio 32:39 en los Tárgum. Dice: “Cuando el Logos del Señor se revela para redimir a Su pueblo, Él dirá a todas las naciones: ‘He aquí Yo Soy Él quién es, quién era, y quién será, y no hay otro Dios más que Yo Mismo: Yo, en Mí Palabra, mato y vivifico; Yo mato a espada el pueblo de Beth Israel, y los sanaré al fin de los días; y no hay quién los libere de Mis manos.’” (Targ. PS.-J.)
[2] Cambridge Dictionary of Philosophy (2nd ed): Philo Judaeus, 1999
Adam Kamesar (2004). "The Logos Endiathetos and the Logos Prophorikos in Allegorical Interpretation: Philo and the D-Scholia to the Iliad" (PDF). Greek, Roman, and Byzantine Studies (GRBS). 44: 163–81. Archived from the original (PDF) on 2015-05-07.
[3] John 1:18 tc The textual problem μονογενὴς θεός (monogenēs theos, “the only God”) versus ὁ μονογενὴς υἱός (ho monogenēs huios, “the only son”) is a notoriously difficult one. Only one letter would have differentiated the readings in the mss, since both words would have been contracted as nomina sacra: thus qMs or uMs. Externally, there are several variants, but they can be grouped essentially by whether they read θεός or υἱός. The majority of mss, especially the later ones (A C3 Θ Ψ ƒ1,13 M lat), read ὁ μονογενὴς υἱός. P75 א1 33 have ὁ μονογενὴς θεός, while the anarthrous μονογενὴς θεός is found in P66 א* B C* L. The articular θεός is almost certainly a scribal emendation to the anarthrous θεός, for θεός without the article is a much harder reading. The external evidence thus strongly supports μονογενὴς θεός. Internally, although υἱός fits the immediate context more readily, θεός is much more difficult. As well, θεός also explains the origin of the other reading (υἱός), because it is difficult to see why a scribe who found υἱός in the text he was copying would alter it to θεός. Scribes would naturally change the wording to υἱός however, since μονογενὴς υἱός is a uniquely Johannine christological title (cf. John 3:16, 18; 1 John 4:9). But θεός as the older and more difficult reading is preferred. As for translation, it makes the most sense to see the word θεός as in apposition to μονογενής, and the participle ὁ ὤν (ho ōn) as in apposition to θεός, giving in effect three descriptions of Jesus rather than only two. (B. D. Ehrman, The Orthodox Corruption of Scripture, 81, suggests that it is nearly impossible and completely unattested in the NT for an adjective followed immediately by a noun that agrees in gender, number, and case, to be a substantival adjective: “when is an adjective ever used substantivally when it immediately precedes a noun of the same inflection?” This, however, is an overstatement. First, as Ehrman admits, μονογενής in John 1:14 is substantival. And since it is an established usage for the adjective in this context, one might well expect that the author would continue to use the adjective substantivally four verses later. Indeed, μονογενής is already moving toward a crystallized substantival adjective in the NT [cf. Luke 9:38; Heb 11:17]; in patristic Greek, the process continued [cf. PGL 881 s.v. 7]. Second, there are several instances in the NT in which a substantival adjective is followed by a noun with which it has complete concord: cf., e.g., Rom 1:30; Gal 3:9; 1 Tim 1:9; 2 Pet 2:5.) The modern translations which best express this are the NEB (margin) and TEV. Several things should be noted: μονογενής alone, without υἱός, can mean “only son,” “unique son,” “unique one,” etc. (see 1:14). Furthermore, θεός is anarthrous. As such it carries qualitative force much like it does in 1:1c, where θεὸς ἦν ὁ λόγος (theos ēn ho logos) means “the Word was fully God” or “the Word was fully of the essence of deity.” Finally, ὁ ὤν occurs in Rev 1:4, 8; 4:8; 11:17; and 16:5, but even more significantly in the LXX of Exod 3:14. Putting all of this together leads to the translation given in the text.tn Or “The unique one.” For the meaning of μονογενής (monogenēs) see the note on “one and only” in 1:14.
--
El término teológico Cristofanía se refiere a las manifestaciones visibles de Cristo antes de Su encarnación en el Antiguo Testamento. Como estaré demostrando en este blog, estas apariciones eran al mismo tiempo Teofanías, o manifestaciones de Dios Mismo, dado que Cristo, el Verbo (gr. Logos) eterno, es Dios Mismo en la persona del Hijo. La palabra “logos,” traducido como “verbo” en Juan 1, literalmente significa “palabra.” El término “palabra” (logos) podría ser definido como “un medio de expresión o comunicación.” Un pensamiento permanece invisible y desconocido hasta llegar a ser expresado visible o audiblemente como una palabra (logos). De semejante manera, la verdad comunicada en el título divino, el Logos, es que Él siempre ha sido la expresión visible del Dios invisible. Él es la imagen visible del Dios invisible (Col 1:15).
Aun antes de la encarnación de Cristo, el término Logos estaba siendo utilizado por algunos de los rabinos judíos para referirse a la divinidad. [1] El filósofo judío Filo (20 a.C. – 50 d.C.) hacía referencia al Logos como el ser divino que revelaba el Dios invisible al mundo material y sostenía toda cosa creada con el poder de Su fuerza. [2]
El Padre, a quién ningún hombre ha visto, fue revelado a la humanidad cuando el Logos divino, que eternalmente existía con Dios y como Dios, fue hecho carne y habitó entre nosotros (Jn 1:14). Dios es espíritu y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto o puede ver con sus ojos físicos (1Tim 6:16; Ex 33:20). Nadie ha visto el Padre, con excepción al Hijo quien es Dios Mismo (Jn 6:46, cf. 1:1). Juan dijo de Él:
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn 1:18)
“Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer.” (Jn 1:18 LBLA) [3]
Algunos argumentarían que el Hijo jamás había revelado a Dios a la humanidad como el Logos antes de Su kenosis cuando se despojó de Sí Mismo, siendo concebido de una virgen por el Espíritu Santo, tomando forma del hombre (Mt 1:20; Fil 2:6-8). Sin embargo, el uso del tiempo perfecto en Juan 1:18, “ha dado a conocer,” implica que las manifestaciones visibles del Dios invisible a la humanidad no fueron limitadas a Su encarnación.
En realidad, el hecho de que Dios había aparecido al hombre en forma visible numerosas veces en el Antiguo Testamento anteriores a la encarnación, requiere que tales Teofanías sean entendidas como Cristofanías o apariciones del Hijo antes de Su encarnación, dado que nadie ha visto el Padre jamás con excepción del Hijo y a aquellos a quién le ha placido revelarle (Mt 11:27).
Cuando Miqueas profetizó el nacimiento de Cristo, dice que Él vendría de Belén, pero al mismo tiempo enfatiza que Sus salidas eran desde el comienzo del tiempo:
“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti (Belén) me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas (plural) son desde el principio, desde los días de la eternidad (desde olam).” (Micah 5:2)
Los que nos acusan de estar buscando a Cristo en el Antiguo Testamento no toman en cuenta de que Jesús Mismo nos dijo que las Escrituras del Antiguo Testamento hablaban de Él. Cuando los escribas y fariseos no Lo recibieron como su Mesías, Él les exhortó a volver a escudriñar a las Escrituras porque ellas hablaban de Él. Él les dijo:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Jn 5:39)
Así que, Jesús Mismo nos manda buscar confirmación acerca de Sí Mismo en el Antiguo Testamento. Como vimos brevemente en el blog anterior, los autores del Nuevo Testamento continuamente identificaban a Jesús como el Mismo Jehová del Antiguo Testamento (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7; Isa 6:1-5,9-10, cf. Jn 12:37-41; Isa 45:22-24 cf. Fil 2:10-11; 1 Cor 10:1-4; 1 Cor 10:9; Judas 5).
Pablo indicaba que el Antiguo Testamento contiene sombras que encuentran su cumplimiento en la persona de Cristo (Col 2:17). Él demostraba que Jesús era el Cristo, utilizando las Escrituras del Antiguo Testamento (Hch 18:28). El misterio de la persona y obra de Cristo que había sido escondido en el Antiguo Testamento ahora está revelado a la luz del Nuevo Testamento. Hay muchos pasajes en el Antiguo Testamento que eran ambiguos y misteriosos hasta que fueron vistos a través de la luz de Jesucristo.
El Ángel de Jehová
Como veremos, las numerosas referencias al Ángel de Jehová fueron intencionalmente misteriosas y enigmáticas hasta la encarnación de Cristo, y los rabinos judíos estaban entendiblemente perplejos a causa de ellas. El Ángel de Jehová es a menudo identificado como Dios y, sin embargo, distinto de Dios. De igual manera, Cristo es identificado como Dios mientras que es distinto de Dios al mismo tiempo. Se dice de ambos que eran eternamente preexistentes. Los ángeles creados jamás aceptaban adoración, pero el Ángel de Jehová fue adorado como Dios, igual como Cristo es adorado como Dios.
Si de hecho el Ángel de Jehová es el Hijo de Dios antes de la encarnación, no debemos encontrar más referencias al Ángel de Jehová en el Nuevo Testamento después de la encarnación, y eso es exactamente lo que descubrimos. El Ángel de Jehová jamás aparece otra vez en el Nuevo Testamento. Cada referencia a los ángeles después de la encarnación son anarthrous, sin el artículo definido. Y los ángeles en el Nuevo Testamento jamás se identifican como Dios Mismo, como vemos hacer al Ángel de Jehová consistentemente a través del Antiguo Testamento.
Algunos argumentan que Cristo no pudo haber sido el Ángel del Señor, dado que el autor de Hebreos dice en el primer capítulo que Cristo es superior a los ángeles y distinto de ellos. Sin embargo, la palabra “ángel” (heb. mal’ak), en sí, no es un término ontológico, sino funcional. Simplemente significa “mensajero” y se usa a menudo de hombres que son enviados con un mensaje o misión. Esta muy relacionado en significado con la palabra apóstol (apóstolos) que significa “uno enviado con una misión.”
Un pasaje que ilustra esto es Malaquías 3:1 donde aparece la palabra mal’ak “ángel o mensajero” dos veces, la primera vez refiriendose a un mensajero humano, y la segunda vez al Ángel de Jehová o el Hijo de Dios viniendo como el Cristo encarnado:
“He aquí, yo envío mi mensajero (mal’ak), el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor (Jehová) a quien vosotros buscáis, y el ángel (mal’ak) del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Mal 3:1)
Aquí vemos la primera referencia a la venida de Elías o Juan el Bautista como refiriendo a un mensajero (mal’ak) que viene para preparar el camino delante de Jehová Mismo, quién también es identificado como el Ángel o Mensajero (mal’ak) del pacto, refiriendose a Cristo que vino en carne para iniciar el Nuevo Pacto en Su sangre. En ninguna de las dos instancias se refiere mal’ak como un ángel ontológico. De la misma manera, conforme vamos considerando las referencias al Ángel de Jehová en este blog, llega a ser evidente que no están hablando de un simple ángel, sino a Jehová Elohim Mismo en la persona del Hijo antes de Su encarnación.
Génesis 16:7-14
La primera mención del Ángel de Jehová es en Génesis 16. Cuando Sara, la esposa de Abraham, vio que seguía estéril sin hijo, ella sugirió a Abraham que tuviera un hijo con su sirvienta Agar. Pero después de que concibió Agar, Sara la despreció y la trataba tan severamente que ella huyó al desierto. Fue allí en el desierto donde el Ángel de Jehová aparece por primera vez a una sirvienta humilde y desamparada. Se relata el encuentro en el Génesis 16 así:
“Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. 8 Y le dijo: Agar, sierva de Sara, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sara mi señora. 9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción…13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?” (Gen 16:7-11,13)
Al inicio de este encuentro, uno pensaría que solo se trata de un ángel enviado del Señor con un mensaje para Agar. Sin embargo, en el versículo 10 llega a ser evidente que la persona que está hablando con Agar no es simplemente un ángel. Cuando el Ángel de Jehová dice, “Multiplicaré tu descendencia,” sabemos que Él es más que un ángel hablando por Dios, dado que solamente Dios es el dador de la vida (Deut 32:39). El Ángel de Jehová hace lo que solamente Dios puede hacer. ¿En cuál otra persona encontramos esta prerrogativa divina? Jesús dijo: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Jn 5:21). De hecho, Jesús es llamado “el Autor de la vida” en Hechos 3:15. Así que, vemos el Ángel de Jehová haciendo lo que solamente Dios puede hacer, y también vemos al Hijo ejerciendo la misma prerrogativa exclusiva a Dios Mismo. Esto es una indicación clara de que el Ángel de Jehová de hecho era el Hijo de Dios antes de Su encarnación.
En el versículo 11 el Ángel de Jehová aparenta hablar de Jehová como una persona distinta de Sí Mismo. Sin embargo, en el versículo 13 Agar identificó al Ángel de Jehová que hablaba con ella como Jehová Mismo. De la misma manera, en el Nuevo Testamento vemos al Hijo siendo llamado Dios y sin embargo distinto del Padre y el Espíritu Santo.
Génesis 21:17-18
Cuando Ismael, el hijo de Agar, era un muchacho, Sara insistió en que Agar y su hijo fueran enviados al desierto. Cuando su provisión de agua se había agotada y ella pensaba que iban a morir de sed, el Ángel de Jehová le apareció otra vez. Inicialmente, Él refiere a Elohim como distinto de Él en la tercera persona, pero otra vez Él cambia a la primera persona:
“Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios (Elohim) llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque. YO haré de él una gran nación.” (Gen 21:17-18)
En Génesis 12:1-2 Jehová le dijo a Abraham: “Yo haré de ti una gran nación.” Aquí vemos una promesa similar dada a Ismael, pero ahora es el Ángel de Dios quien hace la promesa. Esto trae a la mente las palabras de Jesús cuando Él dijo que todo lo que el Padre hace Él lo hace de la misma manera (Jn 5:19).
Génesis 22
“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré… 9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. 11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no ME rehusaste tu hijo, tu único.” (Gen 22:1-2, 9-12)
Aquí vemos a Dios (Elohim) probando a Abraham, pidiendo que le ofreciera a su único hijo de promesa, Isaac, como un sacrificio. Entonces, en el versículo 11 el Ángel de Jehová es quién llama del cielo diciendo, “ya conozco que temes a Dios, por cuanto no ME rehusaste tu hijo, tu único.” Aquí otra vez, Él cambia de la tercera persona, diciendo que Él ya conocía que él temía a Dios, a decir en la primera persona que Él Mismo era Aquel a quien Abraham había ofrecido a su hijo. Si el Ángel de Jehová fuera nada más un ángel creado, entonces no hubiera dicho que Isaac le había sido ofrecido a Él, dado que Isaac había sido ofrecido en sacrificio a Dios y no a un simple ángel.
Génesis 31:11-13
“Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. 12 Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13 YO SOY el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde ME hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.” (Gen 31:11-13)
Este pasaje es particularmente significativo dado que el Ángel de Dios se identifica a Sí Mismo como el Dios de Bet-el donde Jacob hizo un voto a Él. Él estaba refiriendose al encuentro que tuvo Jacob con Dios donde vio descender y ascender los ángeles desde el cielo. El Dios que le apareció a él en Bet-el se identificó a Sí Mismo como Jehová Elohim:
“Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios (Jehová Elohim) de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.” (Gen 28:13)
Los Unitarios que intentan negar la trinidad, a menudo se apoyan en la práctica hebrea de designar representantes legales o emisarios (heb. shaliah), quien básicamente eran agentes legales que a veces eran designados para hacer transacciones en representación de otra persona. En realidad, no hay nada exclusivamente hebreo con esta práctica, dado que casi toda sociedad utiliza representantes legales que reciben autoridad para hacer transacciones en lugar de otro o ir en representación de uno. Sin embargo, igual como un representante legal hoy, un shaliah solo representaba a la persona que lo envió, ellos nunca imitaban a la persona que representaban. Un shaliah del rey David puede haber dicho: “Vengo en el nombre del rey,” pero jamás diría, “Yo soy el rey.” En pasajes como esto donde el Ángel de Jehová dice: “Yo soy el Dios de Bet-el, etc.,” estas afirmaciones van mucho más allá de lo que diría un mero mensajero o representante de Dios.
Otra vez, vemos que en el mismo pasaje el Ángel de Jehová puede ser presentado como distinto de Dios y a la vez identificarse como Dios Mismo. Son distintos y sin embargo uno. Es igual con Jesús. Él podría decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” y “Yo y el Padre uno somos” (Jn 14:9; Jn 10:30). Es por eso que los autores del Nuevo Testamento identificaban muchos pasajes del Antiguo Testamento en donde habla Jehová como refiriendo a Jesús Mismo antes de Su encarnación (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7; Isa 6:1-5,9-10, cf. Jn 12:37-41; Isa 45:22-24 cf. Fil 2:10-11; 1 Cor 10:1-4; 1 Cor 10:9; Judas 5). ¿Quién otro podría haber sido el Ángel de Jehová si no el Hijo de Dios antes de Su encarnación?
Génesis 48:15-16
Jacob, antes de morirse, siendo reunido con sus padres, mientras bendecía a los dos hijos de José dijo:
“Y bendijo a José, diciendo: El Dios (Elohim) en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios (Elohim) que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16 el Angel que me liberta de todo mal, bendiga (sing.) a estos jóvenes” (Gen 48:15-16)
Jacob, después de describir el único Jehová Elohim como el Dios de sus padres y Él que lo había pastoreado, el Ángel que lo había libertado de todo mal, concluyó diciendo en singular, “bendiga a estos jóvenes.” Su uso del singular, “que bendiga” en vez “bendigan,” indica que Dios y el Ángel de alguna manera son uno solo, y no dos.
Génesis 32:24-30
“Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 25 Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. 26 Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27 Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 28 Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 29 Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. 30 Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” (Gen 32:24-30)
Jacob luchaba con alguien que aparentaba ser un hombre, pero llegó un momento cuando se dio cuenta de que no era un hombre ordinario. Dándose cuenta de que era Dios en forma de un hombre, él se negó a soltarlo hasta que lo bendijera. El Hombre lo bendijo, cambiando su nombre de Jacob que significa “suplantador,” a Israel, que significa “uno que prevalece con Dios,” diciendo que había luchado con Dios y con los hombres y vencido.
Aunque aquí el hombre no es positivamente identificado como el Ángel de Jehová, en Oseas 12, donde recuenta el mismo incidente, Él es identificado como el Ángel y Jehová Elohim que había aparecido en Bet-el. Repasando la vida de Jacob, dice:
“En el vientre tomó a su hermano por el calcañar, y en su madurez luchó con Dios. 4 Sí, luchó con el ángel y prevaleció, lloró y le pidió su ayuda; en Betel le encontró, y allí El habló con nosotros, 5 sí, Jehová, Dios (Jehová Elohim) de los ejércitos, el SEÑOR es su nombre.” (Oseas 12:3-5 LBLA)
Aquí, una vez más, es importante notar que cuando el Ángel de Jehová aparece, es en la forma de un hombre y no un ángel literal. Así que, es evidente que el término mal’ak está siendo utilizado en un sentido funcional como un mensajero, y no refiere a un ángel ontológico.
Éxodo 3:1
Casi todos están familiarizados con el incidente de la zarza que ardía cuando Dios le apareció a Moisés, pero pocos saben que el pasaje dice que fue el Ángel de Jehová quien le apareció. Leyendo la historia, uno puede observar una fusión del título “Ángel de Jehová” con Jehová y Dios (Elohim), y sin embargo a veces hace distinción, de la misma manera que vemos con Jesús, el Padre y el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento. Observe como el Ángel de Jehová se refiere alternadamente como Jehová Mismo y a veces como Elohim:
“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2 Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4 Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios (Elohim) de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios (Elohim) de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a DIOS (Elohim). 7 Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, 8 y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9 El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11 Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12 Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios (Elohim) sobre este monte. 13 Dijo Moisés a Dios (Elohim: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? 14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros…16 Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios (Elohim) de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto…” (Ex 3:1-14,16)
De la misma manera que el Ángel de Jehová también es a veces llamado Jehová y Dios, vemos a Jesús o Emanuel (Dios con nosotros), a veces llamado Señor y a veces Dios después de Su encarnación – algo impensable si fuera simplemente un ser creado.
Nadie ha visto a Dios jamás, y sin embargo, vemos que Dios estaba visible en la zarza. En el versículo 16 Moisés dijo que fue Jehová Elohim quien le “apareció visiblemente” (Heb. ra’ah, “ser visto”) en la zarza. Por ese motivo, Moisés escondió su rostro para evitar verlo (v.6). Cuando las personas veían al Ángel de Jehová, se dice que habían visto a Dios Mismo (Gen 16:13; 32:30; Judges 13:22). De la misma manera, se dice de Jesús que Él es la imagen visible del Dios invisible quien nadie ha visto ni puede ver, y por ese motivo Jesús pudo decir, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre (Jn 14:9). Estas referencias al Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento solo hacen sentido cuando vemos que Él era el divino Logos antes de Su encarnación, el Hijo de Dios revelando a Dios a los hombres.
También, como estaremos viendo en el siguiente blog, Jesús en muchas ocasiones se identificaba como el preexistente YO SOY quien aquí apareció a Moisés en la zarza. Ningún ángel creado se identificaría como el YO SOY, como vemos hacer aquí el Ángel de Jehová. Tampoco alguien ha tenido que quitarse el calzado de sus pies ante un ángel, diciendo que era tierra santa.
Jueces 6:11-27
“Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. 12 Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. 13 Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. 14 Y mirándole (pahah “volteando”) Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? 15 Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. 16 Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. 17 Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo. 18 Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas. 19 Y entrando Gedeón, preparó un cabrito, y panes sin levadura de un efa de harina; y puso la carne en un canastillo, y el caldo en una olla, y sacándolo se lo presentó debajo de aquella encina. 20 Entonces el ángel de Dios le dijo: Toma la carne y los panes sin levadura, y ponlos sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. 21 Y extendiendo el ángel de Jehová el báculo que tenía en su mano, tocó con la punta la carne y los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de su vista. 22 Viendo entonces Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Jehová cara a cara. 23 Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. 24 Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.” (Jueces 6:11-24)
Aquí otra vez, vemos a Jehová llegar a un sitio específico, debajo de la encina que está en Ofra, apareciendo a Gedeón en forma física en la persona del Ángel de Jehová. Gedeón hasta pidió a Jehová quedarse debajo de la encina mientras él fue a preparar una ofrenda de comida. Después, él pensó que iba a morir, sabiendo que nadie puede ver a Dios y vivir (Ex 33:20). Nadie en las Escrituras jamás pensaba que iba a morir después de ver un simple ángel.
Puede que algunos argumentan que nadie temía por su vida después de ver a Cristo durante Su ministerio terrenal como hacía al darse cuenta de que había estado en la presencia del Ángel de Jehová. Sin embargo, en la encarnación el Hijo de Dios se despojó de la gloria que antes tenía con el Padre, tomando forma de hombre (Fil 2:5-8; Jn 17:5).
Sin embargo, hubo un momento breve cuando Jesús reveló Su gloria. Cuando los soldados vinieron para llevarlo preso, Él les preguntó a quién buscaban. Cuando ellos le contestaron “Jesús de Nazaret” Jesús les respondió con el título divino, YO SOY (ego eimí), y los soldados cayeron a tierra (Jn 18:4-6). Solo una vislumbre de Su gloria velada fue suficiente para demostrar lo que Jesús había dicho previamente acerca de Su propia vida en Juan 10:18, “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.” Cuando Cristo apareció a Juan en Su gloria, él cayó a Sus pies como muerto, aunque Juan estaba en el Espíritu en ese momento (Rev 1:17).
La plena manifestación de Su gloria fue velada durante Su ministerio terrenal, como también estaba velada en diferentes grados en Sus Cristofanías como el Ángel de Jehová, permitiendo que los hombres Lo pudieran ver sin morir.
Jueces 13:6-23
“Y la mujer vino y se lo contó a su marido, diciendo: Un varón de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, temible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre. 7 Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte. 8 Entonces oró Manoa a Jehová, y dijo: Ah, Señor mío, yo te ruego que aquel varón de Dios que enviaste, vuelva ahora a venir a nosotros, y nos enseñe lo que hayamos de hacer con el niño que ha de nacer. 9 Y Dios oyó la voz de Manoa; y el ángel de Dios volvió otra vez a la mujer, estando ella en el campo; mas su marido Manoa no estaba con ella. 10 Y la mujer corrió prontamente a avisarle a su marido, diciéndole: Mira que se me ha aparecido aquel varón que vino a mí el otro día. 11 Y se levantó Manoa, y siguió a su mujer; y vino al varón y le dijo: ¿Eres tú aquel varón que habló a la mujer? Y él dijo: Yo soy. 12 Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él? 13 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: La mujer se guardará de todas las cosas que yo le dije. 14 No tomará nada que proceda de la vid; no beberá vino ni sidra, y no comerá cosa inmunda; guardará todo lo que le mandé. 15 Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito. 16 Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová. 17 Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos? 18 Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable? 19 Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer. 20 Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra. 21 Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. 22 Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque A DIOS (ELOHIM) HEMOS VISTO. 23 Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto.” (Jueces 13:6-23)
Aquí el Ángel de Jehová apareció como un hombre, primero a la mujer que sería la madre de Sansón, y después apareció otra vez cuando su marido Manoa también estaba. Ellos notaron que Su aspecto era como el Ángel de Dios, pero no lo identificaron positivamente como el Ángel de Jehová hasta que Él ascendió en la llama del altar, así como hizo con Gedeón. Cuando Manoa vio que Él era el Ángel de Jehová, él dijo, “Ciertamente moriremos, porque A DIOS HEMOS VISTO.” Es evidente que aquellos que tuvieron encuentros con el Ángel de Jehová de alguna manera entendían que era Dios Mismo y no simplemente un ángel que había venido en representación de Él.
Es más que significativo que cuando Manoa le preguntó cuál era Su nombre, Él respondió, “¿Por qué preguntas por mi nombre, que es Admirable? Para mí, esta respuesta era un misterio intencional, que más tarde nos ayudaría a identificar al Ángel de Jehová como el Cristo antes de Su encarnación. Isaías profetizó acerca de Su encarnación diciendo:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
Así que, incluido entre los diferentes nombres dados al Mesías que son obviamente nombres divinos adicionales a Jesús y Emanuel (Dios con nosotros), encontramos el mismo nombre Admirable que le dio el Ángel de Jehová a Manoa cuando le preguntó por su nombre. Para mí es incomprensible, a la luz de todos estos nombres afirmando la plena deidad de Cristo, que algunos sigan negando que nuestro Señor Jesucristo es el Mismo Hijo de Dios encarnado.
También, aunque la afirmación de que el Ángel de Jehová es el Cristo del Nuevo Testamento no sea una prueba de la ortodoxia, para mí personalmente, mi visión de Cristo ha sido muy enriquecida por este entendimiento, y creo que el Señor diría a aquellos que nieguen que Él es Aquel que se manifestaba como el Ángel de Jehová anterior a Su encarnación, lo mismo que dijo una vez a los fariseos: “Escudriñad las Escrituras; porque ellas son las que dan testimonio de mí.”
[1] Un ejemplo del Logos siendo utilizado para referirse a una persona distinta dentro de la Deidad se encuentra en un comentario de Deuteronomio 32:39 en los Tárgum. Dice: “Cuando el Logos del Señor se revela para redimir a Su pueblo, Él dirá a todas las naciones: ‘He aquí Yo Soy Él quién es, quién era, y quién será, y no hay otro Dios más que Yo Mismo: Yo, en Mí Palabra, mato y vivifico; Yo mato a espada el pueblo de Beth Israel, y los sanaré al fin de los días; y no hay quién los libere de Mis manos.’” (Targ. PS.-J.)
[2] Cambridge Dictionary of Philosophy (2nd ed): Philo Judaeus, 1999
Adam Kamesar (2004). "The Logos Endiathetos and the Logos Prophorikos in Allegorical Interpretation: Philo and the D-Scholia to the Iliad" (PDF). Greek, Roman, and Byzantine Studies (GRBS). 44: 163–81. Archived from the original (PDF) on 2015-05-07.
[3] John 1:18 tc The textual problem μονογενὴς θεός (monogenēs theos, “the only God”) versus ὁ μονογενὴς υἱός (ho monogenēs huios, “the only son”) is a notoriously difficult one. Only one letter would have differentiated the readings in the mss, since both words would have been contracted as nomina sacra: thus qMs or uMs. Externally, there are several variants, but they can be grouped essentially by whether they read θεός or υἱός. The majority of mss, especially the later ones (A C3 Θ Ψ ƒ1,13 M lat), read ὁ μονογενὴς υἱός. P75 א1 33 have ὁ μονογενὴς θεός, while the anarthrous μονογενὴς θεός is found in P66 א* B C* L. The articular θεός is almost certainly a scribal emendation to the anarthrous θεός, for θεός without the article is a much harder reading. The external evidence thus strongly supports μονογενὴς θεός. Internally, although υἱός fits the immediate context more readily, θεός is much more difficult. As well, θεός also explains the origin of the other reading (υἱός), because it is difficult to see why a scribe who found υἱός in the text he was copying would alter it to θεός. Scribes would naturally change the wording to υἱός however, since μονογενὴς υἱός is a uniquely Johannine christological title (cf. John 3:16, 18; 1 John 4:9). But θεός as the older and more difficult reading is preferred. As for translation, it makes the most sense to see the word θεός as in apposition to μονογενής, and the participle ὁ ὤν (ho ōn) as in apposition to θεός, giving in effect three descriptions of Jesus rather than only two. (B. D. Ehrman, The Orthodox Corruption of Scripture, 81, suggests that it is nearly impossible and completely unattested in the NT for an adjective followed immediately by a noun that agrees in gender, number, and case, to be a substantival adjective: “when is an adjective ever used substantivally when it immediately precedes a noun of the same inflection?” This, however, is an overstatement. First, as Ehrman admits, μονογενής in John 1:14 is substantival. And since it is an established usage for the adjective in this context, one might well expect that the author would continue to use the adjective substantivally four verses later. Indeed, μονογενής is already moving toward a crystallized substantival adjective in the NT [cf. Luke 9:38; Heb 11:17]; in patristic Greek, the process continued [cf. PGL 881 s.v. 7]. Second, there are several instances in the NT in which a substantival adjective is followed by a noun with which it has complete concord: cf., e.g., Rom 1:30; Gal 3:9; 1 Tim 1:9; 2 Pet 2:5.) The modern translations which best express this are the NEB (margin) and TEV. Several things should be noted: μονογενής alone, without υἱός, can mean “only son,” “unique son,” “unique one,” etc. (see 1:14). Furthermore, θεός is anarthrous. As such it carries qualitative force much like it does in 1:1c, where θεὸς ἦν ὁ λόγος (theos ēn ho logos) means “the Word was fully God” or “the Word was fully of the essence of deity.” Finally, ὁ ὤν occurs in Rev 1:4, 8; 4:8; 11:17; and 16:5, but even more significantly in the LXX of Exod 3:14. Putting all of this together leads to the translation given in the text.tn Or “The unique one.” For the meaning of μονογενής (monogenēs) see the note on “one and only” in 1:14.
- Published on
por George Sidney Hurd
Lo que muchos ignoran es que Jesús mismo a menudo se refería a Sí Mismo como el Jehová del Antiguo Testamento, y también los autores del Nuevo Testamento Lo identificaban como Jehová múltiples veces. A menudo pasamos por alto que el mismo nombre que el ángel le dijo a José que le pusiera lo identificaba como Jehová. Jesús en hebreo significa “Jehová salva.” Y por si acaso aún queda duda en cuanto a tomarlo de manera literal, Mateo sigue diciendo:
“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a SU pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: 23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su
nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mt 1:21-23; cf. Isa 7:14)
Así que, solamente Sus nombres, Jesús Emanuel, que le fueron dados del cielo, anunciaron al mundo que Jehová Elohim había venido a morar entre nosotros y a salvar a Su propio pueblo de sus pecados. Como veremos, Él que fue milagrosamente concebido en el vientre de María del Espíritu Santo era nada menos que Jehová Mismo, el eterno YO SOY en la persona del Hijo, quién eternamente está en el seno del Padre (Jn 1:18).
De igual manera, Isaías profetizaba acerca de Su encarnación, utilizando otros nombres exclusivos a Jehová:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
En este blog vamos a ver catorce declaraciones acerca de Jesús en el Nuevo Testamento que claramente demuestran que Él era Jehová en carne.
Vemos que, tanto Jehová en el Antiguo Testamento, como también Jesús, son presentados como “el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin” (Apo 22:13 cf. Isa 44:6). De acuerdo con esto, estaré presentando las referencias de Jesús como Jehová en orden cronológico, comenzando con la creación y finalizando con la consumación.
1) Solamente Jehová / Jesús es el Creador de Todo
Jehová Elohim no solamente es presentado como el único Salvador, como vimos en el blog anterior, sino que Él es también presentado en el Antiguo Testamento como el único Creador del cielo y la tierra. Isaías dice:
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios (Elohim), el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.” (Isa 45:18)
En el Salmo 102 el salmista adora a Jehová Elohim como el eterno Creador que jamás cambia. Él dice:
“Desde el principio tú fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; 27 Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán.” (Sal 102:25-27)
El escritor de Hebreos identifica a Jehová en este Salmo como Jesús cuando cita directamente de este Salmo, junto con el Salmo 45:5, que también es citado palabra por palabra, identificándole a Jesús como Elohim:
“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios (Elohim), por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino… 8 Y: Tú, oh Señor (Jehová), en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos… 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.” (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7)
Si esta afirmación de Su deidad no fuera lo suficientemente clara para silenciar a aquellos que decían que Él era nada más un ángel, él a continuación dice: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (Heb 1:13).
Este pasaje en Hebreos claramente afirma que Jesús es el eterno Jehová Elohim, que es lo mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8), y el Creador de todas las cosas. Como dice Juan: “En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció” (Jn 1:10). Que el Padre y el Espíritu Santo también comprenden el único Jehová Elohim e igualmente participaron en la creación junto con el Hijo, es una verdad que será considerada en otro blog.
2) Jehová envía a Jehová
En medio del juicio contra Jerusalén en el tiempo del cautiverio babilónico, Jehová les promete que Él enviaría al Mesías Jehová para salvarlos. Observe como este pasaje habla de Jehová que gobierna sobre Su trono, enviándo a Jehová para liberarlos:
“Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. 9 Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió. 10 Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. 11 Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo (cf. Mt 1:21; Jn 1:11), y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti.” (Zac 2:8-11)
Más de una persona en la deidad se necesita para que esta profecía se cumpliera. Jehová que está sentado en Su trono es tanto Él que envía, como Él que viene a morar en medio de ellos en el versículo diez. Él dice que muchos se unirán a Él en el día de la salvación. Los judíos de aquel entonces anhelaban ver el cumplimiento de esta liberación prometida, pero cuando Jesús, su Jehová / Salvador se presentó a ellos, Lo rechazaron porque Él no apareció de la manera anticipada. El pleno cumplimento de esta profecía Mesiánica espera la Segunda Venida de Cristo cuando todo Israel clamará, “bendito el que viene en nombre del Señor (Jehová)” (Mt 23:37-39 cf. Sal 118:26).
3) Jehová envío a Juan el Bautista para preparar el camino para Jehová - Jesús
En el tiempo del Padre, la palabra del Señor vino a Juan el Bautista en el desierto, y él comenzó a predicar a todo Israel que se arrepintieran en preparación para la muy esperada venida del Mesías. Mateo 3:3 dice:
“Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor (Jehová), enderezad sus sendas.” (Mt 3:3)
Aquí Él está citando de Isaías 40, que también promete la venida del Mesías quien les traería salvación y liberación de sus enemigos. Una vez más, es Jehová Elohim Mismo en la persona del Hijo quien viene a la tierra, e Israel está siendo llamado al arrepentimiento en preparación de Su venida. El versículo que la cita de Isaías 40:3 era el mensaje que proclamaba Juan el Bautista:
“Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios (Elohim).” (Isa 40:3)
Jesús era el mismo Jehová para quien Juan había sido comisionado a preparar el camino. Cuando Juan vio a Jesús viniendo hacia él, él clamó diciendo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo” (Jn 1:29-30). Él estaba preparando el camino para el Cordero de Dios, Jehová Elohim, quien, aunque físicamente nació después de él, sin embargo, existía antes que él. Y en el momento en que vio a Jesús, él sabía que Él era aquel para quien había sido enviado a preparar el camino.
Esa es la razón porque Tomás clamó diciendo, “Mi Señor y mi Dios” cuando se encontró cara a cara con Jesús después de Su resurrección. Este era el mismo Cordero de Dios quien Juan el revelador vio exaltado sobre el trono con el Padre – un adelanto del tiempo cuando toda la creación Le dará toda la adoración, honor y alabanza – algo debido a Dios únicamente (Apo 5:13).
4) La Roca en el desierto era Jehová / Jesús
Pablo dice que la Roca que sostuvo a los hijos de Israel en el desierto era Jesús mismo. Él dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; 2 y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, 3 y todos comieron el mismo alimento espiritual, 4 y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.” (1 Cor 10:1-4)
De la roca fluyeron fuentes de agua viva en el desierto, satisfaciendo su sed. Moisés, bajo la inspiración del Espíritu Santo declara que Jehová Elohim Mismo era aquella Roca:
“Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios. 4 El es la Roca.” (Deut 32:3-4 cf. 8:14-15)
Pablo, familiarizado con las Escrituras del Antiguo Testamento, bien sabía que Él se estaba identificando a Cristo como nuestra Roca.
5) Los Hijos de Israel eran el pueblo de Cristo / Jehová
El ángel le dijo a José que Jesús salvaría a Su pueblo de sus pecados (Mt 1:21). En Juan capítulo 1, después de decir que Cristo, la Palabra, era Dios, y que todas las cosas que existen fueron creadas por Él, Juan dice acerca de Israel, el pueblo de Dios: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Jn 1:11).
Al oír esto, los judíos hubieran entendido que Juan estaba afirmando que Jesús era Jehová Elohim, dado que Jehová llama a Israel “Mi pueblo” 189 veces en el Antiguo Testamento.
6) Jehová / Jesús salvó a los hijos de Israel de Egipto
Todos sabemos que fue Jehová quien salvó a los hijos de Israel de Egipto. Sin embargo, Judas dice que fue el Señor Jesucristo Mismo quien los salvó de Egipto:
“Mas quiero recordaros, ya que una vez lo habéis sabido, que el Señor, habiendo salvado al pueblo sacándolo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.” (Judas 5)
“Ahora quiero recordarlos, aunque ya han sido plenamente informados de estos hechos, que Jesús, habiendo salvado el pueblo de Egipto, después destruyó a los que no creyeron.” (Judas 5 NET)
Sabemos que “el Señor” mencionado aquí es Jesús, debido a que el versículo anterior termina advirtiendo contra aquellos que niegan a nuestro Señor Jesucristo. También, existe una lectura alterna del versículo 5 donde muchos manuscritos, incluyendo algunos de los más antiguos, leen “Jesús” en vez de “Señor,” y esa lectura hace innegable de que se refiere a Jesús. Hay unos argumentos muy buenos a favor de esa lectura. Por eso, muchas traducciones leen “Jesús” en vez de “Señor.” La Biblia NET explica en sus anotaciones por qué la lectura con “Jesús” es más probablemente la correcta. [i]
7) Los hijos de Israel probaron a Jehová / Jesús en el desierto
Cuando los hijos de Israel murmuraron contra Jehová, despreciando Su provisión, Él envió serpientes entre el pueblo:
“Y habló el pueblo contra Dios (Elohim) y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. 6 Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.” (Num 21:5-6)
Pablo, que entendió claramente que Jesús era Jehová encarnado, dice que fue Jesús Mismo a quien ellos probaron en el desierto. Él dijo:
“Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 Cor 10:9 RVR)
“Ni tentemos a Cristo, como también algunos de ellos tentaron, y perecieron por las serpientes.” (1 Cor 10:9 RVG)
Igual como en Judas 5, hay unos manuscritos que leen “Señor” en vez de “Cristo.” Sin embargo, la evidencia textual está a favor de la lectura “Cristo.” Es por eso que la mayoría de las traducciones leen “Cristo.” Una vez más, las anotaciones NET explican bien los argumentos textuales a favor de la lectura “Cristo.” [ii]
8) Jehová / Jesús es el Pastor
Estamos todos familiarizados con el Salmo 23 que dice: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.” Sin embargo, a menudo no consideramos que el Señor Jesucristo se identificó a Sí Mismo como este mismo Pastor cuando Él dijo:
“Yo soy (EGO EIMI) el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Jn 10:11, cf. Ex 3:14)
Como demostraré en otro blog, cuando Jesús utiliza las palabras EGO EIMI en ciertos contextos, es evidente que Él está utilizándolo como el título divino que habla de la auto existencia eterna de Dios. Esto es claramente el caso aquí, dado que Jesús dijo en otra parte que no hay nadie bueno sino solo Dios (Mt 19:17). Adicionalmente, Él no dice que es un buen pastor, sino que Él es el buen pastor.
9) Jehová / Jesús fue traicionado por 30 piezas de plata
Jehová dijo que Él sería vendido por 30 piezas de plata:
“Entonces Jehová me dijo: Arrójalo al alfarero (ese magnífico precio con que me valoraron). Tomé pues, las treinta piezas de plata y las arrojé al alfarero en la casa de Jehová.” (Zac 11:13 LBLA)
Esta profecía se cumplió cuando Judas traicionó a Jesús por 30 piezas de plata. Como fue profetizado, Judas después se arrepintió y echó las piezas de plata en el templo ante los sumo sacerdotes y ancianos, y ellos usaron el dinero para comprar el campo del alfarero (Mt 26:14-16; 27:3-5,7). Mateo relata como la profecía de Zacarías fue cumplida:
“Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. 8 Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. 9 Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del Apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; 10 y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor.” (Mt 27:7-10)
Aquí otra vez vemos como los autores del Nuevo Testamento bajo la inspiración del Espíritu Santo, constantemente se referían a Jesús como Dios.
10) Mirarán a Jehová / Jesús quien traspasaron
En Zacarías, Jehová Elohim dice que el día vendrá cuando los judíos mirarán a Él que traspasaron:
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zac 12:10)
En el libro de Apocalipsis, vemos que Jesús es aquel a quien traspasaron y esta profecía en Zacarías será cumplida en Su Segunda Venida:
“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.” (Apo 1:7)
Así que, vemos que fue Jesús / Jehová quien estaba hablando con Zacarías acerca de Su venida en el futuro para liberar a Israel y reinar sobre la tierra.
11) Los que invoquen el nombre de Jehová / Jesús serán salvos
El profeta Joel dijo que todos aquellos que invocaren el nombre de Jehová serán salvos:
“Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.” (Joel 2:32)
Pablo, en Romanos 10, cita directamente a Joel 2:32, indicando que invocar el nombre de Jehová es lo mismo que confesar al Señor Jesús con nuestra boca:
“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo…13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor (Jehová), será salvo.” (Rom 10:9,13)
12) Isaías vio la gloria de Jehová / Jesús
Cuando Jehová ungió a Isaías como profeta, Isaías lo vio sobre Su trono en una visión celestial. Él describe lo que vio en Isaías 6:
“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria…5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos…9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isa 6:1-5,9,10)
Jesús manifestó Su gloria, haciendo señales y milagros, y el pueblo, a pesar de todo esto, se negó a creer en Él. Juan cita a Isaías 6 para explicar por qué no creían a pesar de que Su gloria se había manifestado. Al hacerlo, él claramente identifica a Jesús como Jehová. Él dijo:
“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor (Jehová), ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor (Jehová)? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.” (Juan 12:37-41)
Aquí, como en todo el Evangelio de Juan, él afirma la plena divinidad de Cristo, presentándolo como el mismo Jehová quien apareció a Isaías.
13) Cada rodilla se doblará a Jehová / Jesús
Muy relacionado con invocar el nombre de Jehová para ser salvo, vemos a Jehová jurando por Sí Mismo que toda rodilla se doblará a Él, y cada lengua jurará, diciendo que solo en Él tienen su justicia:
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
En Filipenses 2, Pablo cita estas mismas palabras de Isaías, aplicándolas a Jesús como Jehová:
“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Jehová), para gloria de Dios Padre.” (Fil 2:10-11)
Nosotros damos gloria al Padre cuando honremos a Su Hijo de igual manera como lo honramos a Él (Jn 5:23). Todos debemos de doblar rodilla ante Jesús como hizo Tomás, declarándolo nuestro Jehová Elohim, o nuestro Señor y nuestro Dios (Jn 20:28-29). Esto glorifica al Padre porque Él y el Hijo, aunque son personas distintas, son uno solo en esencia (Jn 10:30).
14) El Primero y el Ultimo
Jehová Elohim declara que Él es el único Redentor, el Primero y el Ultimo:
“Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios (Elohim).” (Isa 44:6)
Que Jesús es el mismo Jehová Elohim es evidente, dado que Él comienza y termina el libro de Apocalipsis con la declaración de que Él Mismo es el primero y el Ultimo:
“No temas; yo soy el primero y el último; 18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén.” (Apo 1:17-18 cf. 2:8; 22:12-13)
Es obvio que solo puede haber uno que es “el primero.” Si el Hijo no es coeterno con el Padre, Él no podría decir de Sí Mismo “yo soy el primero.” Claramente, Jesús, junto con el Padre y el Espíritu Santo, siendo eternamente uno, son el único Jehová Elohim, el Primero y el Ultimo.
Estos solamente son unos de los muchos paralelos en las Escrituras indicando que Jesús Mismo es Jehová Elohim encarnado. Estaré considerando otros paralelos con más detalle en otros blogs. Quizás aquellos que están determinados a seguir negando la plena deidad de Cristo podrían encontrar interpretaciones alternas plausibles para algunos de estos paralelos, pero espero que el lector esté de acuerdo conmigo en decir que la mayoría de ellos son afirmaciones irrefutables de la deidad de Cristo.
[i] tc The reading ᾿Ιησοῦς (Iēsous, “Jesus”) is deemed too hard by several scholars, since it involves the notion of Jesus acting in the early history of the nation Israel (the NA27 has “the Lord” instead of “Jesus”). However, not only does this reading enjoy the strongest support from a variety of early witnesses (e.g., A B 33 81 88 322 424c 665 915 1241 (1735: “the Lord Jesus”) 1739 1881 2298 2344 vg co eth Or1739mg Cyr Hier Bede), but the plethora of variants demonstrate that scribes were uncomfortable with it, for they seemed to exchange κύριος (kurios, “Lord”) or θεός (theos, “God”) for ᾿Ιησοῦς (though P72 has the intriguing reading θεὸς Χριστός [theos Christos, “God Christ”] for ᾿Ιησοῦς). As difficult as the reading ᾿Ιησοῦς is, in light of v. 4 and in light of the progress of revelation (Jude being one of the last books in the NT to be composed), it is wholly appropriate. The NA28 text now also reads Ιησοῦς. For defense of this reading, see Philipp Bartholomä, “Did Jesus Save the People out of Egypt: A Re-examination of a Textual Problem in Jude 5, ” NovT 50 (2008): 143-58.sn The construction our Master and Lord, Jesus Christ in v. 4 follows Granville Sharp’s rule (see note on Lord). The construction strongly implies the deity of Christ. This is followed by a statement that Jesus was involved in the salvation (and later judgment) of the Hebrews. He is thus to be identified with the Lord God, Yahweh. Verse 5, then, simply fleshes out what is implicit in v. 4.
[ii] tc Χριστόν (Christon, “Christ”) is attested in the majority of mss, including many important witnesses of the Alexandrian (P46 1739 1881) and Western (D F G) texttypes, and other mss and versions (Ψ latt sy co). On the other hand, some of the important Alexandrian witnesses have κύριον (kurion, “Lord”; א B C P 33 104 1175 al). A few mss (A 81 pc) have θεόν (theon, “God”). The nomina sacra for these readings are quite similar (cMn, kMn, and qMn respectively), so one might be able to account for the different readings by way of confusion. On closer examination, the variants appear to be intentional changes. Alexandrian scribes replaced the highly specific term “Christ” with the less specific terms “Lord” and “God” because in the context it seems to be anachronistic to speak of the exodus generation putting Christ to the test. If the original had been “Lord,” it seems unlikely that a scribe would have willingly created a difficulty by substituting the more specific “Christ.” Moreover, even if not motivated by a tendency to overcorrect, a scribe might be likely to assimilate the word “Christ” to “Lord” in conformity with Deut 6:16 or other passages. The evidence from the early church regarding the reading of this verse is rather compelling in favor of “Christ.” Marcion, a second-century, anti-Jewish heretic, would naturally have opposed any reference to Christ in historical involvement with Israel, because he thought of the Creator God of the OT as inherently evil. In spite of this strong prejudice, though, {Marcion} read a text with “Christ.” Other early church writers attest to the presence of the word “Christ,” including {Clement of Alexandria} and Origen. What is more, the synod of Antioch in a.d. 268 used the reading “Christ” as evidence of the preexistence of Christ when it condemned Paul of Samosata. (See G. Zuntz, The Text of the Epistles, 126-27; TCGNT 494; C. D. Osburn, “The Text of 1 Corinthians 10:9,” New Testament Textual Criticism: Its Significance for Exegesis, 201-11; contra A. Robertson and A. Plummer, First Corinthians [ICC], 205-6.) Since “Christ” is the more difficult reading on all accounts, it is almost certainly original. In addition, “Christ” is consistent with Paul’s style in this passage (cf. 10:4, a text in which {Marcion} also reads “Christ”). This text is also christologically significant, since the reading “Christ” makes an explicit claim to the preexistence of Christ. (The textual critic faces a similar dilemma in Jude 5. In a similar exodus context, some of the more important Alexandrian mss [A B 33 81 pc] and the Vulgate read “Jesus” in place of “Lord.” Two of those mss [A 81] are the same mss that have “God” instead of “Christ” in 1
- Published on
por George Sidney Hurd
¿Debe ser considerada una doctrina esencial a la fe cristiana el entendimiento de que el Dios de las Escrituras es uno en su esencia y naturaleza, y sin embargo existe en tres personas? ¿Y qué de la creencia que nuestro Señor y Salvador Jesucristo es plenamente Dios y sin embargo a la vez plenamente hombre en Su encarnación? ¿Realmente tiene importancia lo que creemos acerca de este tema tan controversial?
Algunos dirían que no. Entre aquellos que se consideran “Universalistas” hay unos que razonan que, como todos serán salvos al final de cualquier modo, no tiene importancia si uno sea Trinitario o Unitario – si nuestro Salvador es el Creador de todo o nada más una creación.
En las Escrituras vemos que tiene mucha importancia lo que creemos acerca de Dios y la persona de Cristo. Jesús dijo:
“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.” (Juan 5:22-23)
Jesús aquí dice que, si no lo honramos a Él de la misma manera que honramos al Padre, estamos deshonrando al Padre. El único ser creado que buscó honor igual que el Padre fue Satanás. Es obvio que Cristo es mucho más que una criatura creada por Dios, y por lo tanto todo el honor y la alabanza se debe a Él (Apo 5:11-14). El Apóstol Juan, contrarrestando una forma del Gnosticismo primitivo que negaba que el Hombre Jesús fuera divino (el Cristo), usó palabras muy fuertes denunciándolos. Él dijo:
“¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1Jn 2:22-23)
“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo… 9 Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo.” (2Jn 7,9).
A la luz de estos, y muchos pasajes similares que estaremos examinando en esta serie de blogs, ¿cómo podemos nosotros como Universalistas Bíblicos hacer caso omiso mientras los de la Nueva Era promueven su panteísmo que presenta a Cristo como si fuera nada más otro gurú a la par con Mahoma, Buda o Gandi? ¿Cómo podemos guardar silencio mientras los Unitarios siguen negando la Trinidad y la deidad de Cristo?
Mi preocupación, y mi motivo principal en esta serie de blogs, es que este avivamiento de la doctrina de la Salvación Universal podría descarriarse, así como pasó con el despertar del Universalismo anterior, si guardamos silencio. La restauración de la doctrina bíblica de la Salvación Universal tuvo sus comienzos entre los Anabaptistas y los Moravos en la Reforma y floreció bajo el liderazgo de hombres como John Murray y Charles Chauncy en los siglos XVIII y XIX, solo para decaer bajo la influencia de hombres como Hosea Ballou que introdujo la doctrina Unitaria y negaba la Expiación Penal Sustitutiva de Cristo, presentando Su muerte como nada más que una demostración del amor incondicional de Dios por la humanidad.
El avivamiento previo del Universalismo llegó a su punto más bajo en 1961 cuando la Iglesia Universalista de América se unió con la Iglesia Unitaria, llegando a ser lo que ahora conocemos como la Asociación Unitaria Universalista. Desde el año 2006, menos de 20% de sus miembros todavía se identifican como cristianos. [i]
El avivamiento viene cuando nos volvemos al Señor y a Su Palabra con todo nuestro corazón. Pero cuando no permanecemos en la doctrina de Cristo, la gloria se aparta y comienza la apostasía. Si no nos despertamos a la verdad del evangelio no adulterado de nuestro Señor Jesucristo y a la proclamación de la sana doctrina, lo que comenzó como un redescubrimiento glorioso del Universalismo Bíblico sufrirá el mismo destino que el despertar anterior.
No es necesario que uno sea capaz de elaborar sobre estas verdades para ser salvo, al igual que no es necesario que un infante identifique a sus padres y entienda el proceso del parto para poder entrar en el mundo. Sin embargo, si el bebé llega a la juventud y todavía no puede identificar a sus padres, eso será un problema. Es similar con el nuevo nacimiento. El Espíritu Santo nos convence del pecado y nos atrae, y en el momento de la regeneración respondemos con fe, sabiendo poco o nada acerca del Dios que nos dio vida nueva. Tampoco entendíamos lo que era necesario para hacer posible nuestra salvación.
Sin embargo, mientras no es necesario entender la naturaleza trina de Dios y la divinidad de Cristo para ser salvo, y de hecho muchos hijos de Dios no han entendido estas verdades aún después de muchos años, estas son verdades fundamentales que los bebés en Cristo necesitan entender para estar bien fundamentados desde el comienzo. Jesús les comisionó a Sus discípulos a predicar el evangelio, haciendo discípulos de todas las naciones. El mismo rito de la iniciación que Jesús les mandó hacer cuando uno cree y se convierte en discípulo enfatiza la naturaleza trina de Dios. Fueron mandados a bautizarlos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”(Mt 28:19). La misma fórmula bautismal prescrita por Jesús para aquellos que fueron bautizados en Su nombre informa a los nuevos creyentes acerca de la naturaleza trina de su Dios, nombrando a las tres personas con el nombre singular.
Mientras es lamentable que tantos hijos de Dios permanezcan ignorantes acerca de la naturaleza de Dios, es un asunto muy serio cuando uno se presenta como maestro de la Palabra y niega estas verdades fundamentales acerca de la naturaleza de Dios y de la persona de Cristo. Como dice Juan, si alguien niegue que Jesús es el Cristo, i.e., que Él es plenamente hombre (Jesús) y plenamente Dios (el Cristo), esa persona es anticristo.
Para aquellos que minimizan la importancia de la naturaleza trina de Dios y de la plena deidad de Cristo, me gustaría considerar los siguientes puntos: 1) Un Dios Unitario sería incompleto en Sí Mismo. 2) Solamente Dios puede ser nuestro Salvador. 3) Solamente Dios debe ser adorado.
Un Dios Unitario sería Incompleto en Sí Mismo
En cuanto a Su naturaleza esencial, Dios es amor (1Jn 4:8,16). El amor agápe es un amor dador que no busca lo suyo – no es egocéntrico. Por su misma naturaleza el amor tiene que tener otra persona o personas para expresarse. Por lo tanto, si Dios fuera un ser solitario, o Su naturaleza esencial no puede ser amor, o Él no sería completo y autosuficiente en Sí Mismo: Él dependería de Su creación para completarse. Soledad es incompatible con el amor agápe. Pero dado que Dios es revelado como trino, Él jamás ha sido solitario, ni siquiera antes de la creación. Él Hijo siempre ha sido el Amado del Padre, “Su amado Hijo.” (Ef 1:6; Col 1:13; Jn 3:35; Mt 17:5; 3:17). El Padre y el Hijo, junto con el Espíritu Santo, han disfrutado de comunión entre Sí desde la eternidad, antes de la creación (Jn 17:4-5).
Los Unitarios Modalistas, que creen que Dios es una Persona solitaria que juega tres papeles distintos, son presentados con el mismo problema, e incluso peor, dado que cualquiera comunión entre el Padre, Hijo y el Espíritu Santo sería nada más imaginaria. Voy a presentar la evidencia escritural para la Trinidad en otro blog. Pero solo desde una perspectiva lógica, es inconcebible que el Dios eterno y autosuficiente, siendo amor en su ser esencial, exista en solitud en la eternidad, requiriendo a Su creación para poder dar expresión a Su naturaleza. Esta reciprocidad del amor y comunión entre las tres Personas en una sola esencia divina a veces se refiere como el perichoresis o la relación trinitaria comunitaria de las tres Personas de la Trinidad dentro de la misma esencia divina.
Solamente Dios puede ser nuestro Salvador
Para calificar como nuestro Salvador, Jesús tuvo que ser Jehová mismo. Jehová de manera muy enfática dijo más de una vez que aparte de Él no había salvador:
“Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.” (Isa 43:11)
“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4)
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.” (Isa 45:21)
Como Podemos ver aquí en Isaías 45:21, Jehová es un Dios justo y el único Salvador. Un Dios justo no puede permanecer justo y simplemente hacer caso omiso al pecado sin ejecutar la justicia (Sal 9:7-8; Heb 2:2-3; Mt 12:36; Rom 3:5-6). El Dios trino Mismo tuvo que hacer la propiciación por los pecados del mundo para poder ser justo y justamente perdonar nuestras transgresiones.
La salvación es posible solamente porque el Juez Mismo tomó el juicio debido a Sus criaturas sobre Sí Mismo. Nuestro Salvador no pudo haber sido nada más una inocente criatura de Dios recibiendo el castigo por los culpables. Eso hubiera agravado la injusticia en vez de satisfacerla (Deut 24:16). La maravilla y la justicia de nuestra redención es que Jehová mismo tomó sobre Sí Mismo humanidad y sufrió la pena justa por los pecados de nosotros en la persona de Dios el Hijo. Jesucristo es nuestro Dios y nuestro Salvador. Jesucristo Mismo es nuestro Salvador Jehová Elohim. Eso es lo que afirma Pedro cuando se refiere a Jesús tanto como “nuestro Señor y Salvador Jesucristo” y “nuestro Dios y Salvador Jesucristo” en la misma epístola (2Pedro 3:18; 2Pedro 1:1). Como dijo Jehová antes de la encarnación, “yo soy Jehová tu Dios (Elohim)…no conocerás, pues…otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4).
Los judíos en los tiempos de Jesús eran muy familiarizados con las Escrituras y sabían muy bien que solamente Dios puede perdonar pecados cometidos contra Su propia justicia. Sus Escrituras eran muy enfáticas:
“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.” (Isa 43:25; cf. Dan 9:9)
“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate 8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)…15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo.” (Sal 49:7-8,15)
A la luz de estos pasajes, podemos entender por qué los judíos acusaron a Jesús de blasfemia en sus corazones cuando Él dijo al paralítico: “tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5-12). Ellos entendieron algo que muchos de los que hoy en día niegan la plena deidad de Cristo no logran entender – solamente Dios Mismo puede ser nuestro Salvador, solamente Él puede perdonar pecados cometidos contra Su propia justicia. E, igual como en otras ocasiones cuando los judíos le acusaron de blasfemia, en vez de negar Su divinidad, Él la afirmaba más, primero por demostrar que Él conocía sus pensamientos – algo que solamente Dios puede hacer (1Sam 16:7; cf. Apo 2:23), y después sanando al paralítico con estas palabras:
“¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): 11 A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa.” (Marcos 2:9-11).
Solo a la luz de lo que hemos visto aquí, debe ser claro para todos que la negación de la plena deidad de Cristo es algo muy serio, dado que es fundamental para la salvación de toda la humanidad. En términos simples, o Jesús es Dios Mismo y el Salvador de todos, o no es en nada un Salvador. Su mismo nombre Jesús significa “Jehová salva.” Es por eso que Pedro pudo declarar con plena confianza ante el Sanedrín: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hch 4:12).
De igual importancia es la verdadera humanidad de Cristo. Para expiar por nuestros pecados, Jehová tuvo que venir en semejanza de carne pecaminosa y ser tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Y después tuvo que morir en la carne, que era la justa pena por el pecado original de Adán (Rom 8:3; Heb 4:15; 1Ped 3:18; Rom 6:23). Solamente en Cristo, el Último Adán, todos los que morimos en Adán podemos ser liberados de la pena del pecado de Adán y ser vivificados (1Cor 15:22). Nadie menos que Jesucristo el Dios/Hombre, podría dar Su propia vida en rescate por los pecados del mundo entero y después volverla a tomar, resucitándose de entre los muertos, así creando una nueva humanidad como el Último Adán resucitado y glorificado (Jn 10:17-18; Ef 2:15).
Solamente Jehová pudo haber hecho lo que hizo Jesucristo, trayendo la salvación y una nueva creación a un mundo caído. Es por eso que Jesús advirtió a los fariseos que se negaban a reconocerlo, diciéndoles, “si no creéis que yo soy (EGO EIMI), en vuestros pecados moriréis (Jn 8:24). Examinaremos esto con más detalle en otro blog, pero EGO EIMI es el mismo nombre de Dios dado a Moisés en la zarza ardiente (Ex 3:14). Que los fariseos entendieron lo que Jesús estaba afirmando es evidente, dado su respuesta cuando Él dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy (EGO EIMI).” Su reacción fue tomar piedras para apedrearlo por blasfemia (Jn 8:58-59).
Creo que los Unitarios no han contemplado debidamente sobre cuánto disminuye la gloria del amor de Dios la idea de un Dios solitario. Deja uno con solo dos opciones o negar que el amor sea la esencia de Su ser, o decir que no es suficiente en Sí Mismo, dado que Él requiere la creación para poder dar expresión a Su naturaleza esencial que es amor.
Más grave aún es su creencia de que Cristo fue nada más un ser creado quien Dios envió a morir por nosotros en lugar de Él, en vez de que Él Mismo viniera en la persona de Su unigénito Hijo quien eternamente está en el seno del Padre. Esto disminuye en gran manera la demostración del amor de Dios cuando Él Mismo tomó forma del hombre y murió por nuestros pecados en la cruz. Jehová no simplemente envió a alguien a morir por nosotros – Él Mismo vino en la persona del Hijo, nuestro Dios y Salvador, Jesucristo (2 Pedro 1:1).
Muchos son escandalizados por la cruz porque no han logrado comprender el ser trino de Dios. Ellos visualizan al Padre como un ser independiente enviando a Su hijo creado para morir, pagando nuestra deuda que nosotros le debíamos a Él, azotando y crucificando a Su Hijo como un intermediario entre nosotros y Él. Esto es una muy mala caricatura del sacrificio del amor trino de Dios por nosotros. Dios el Padre estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo mismo (2Cor 5:19), y Cristo por el Espíritu Santo se ofreció voluntariamente por todos nosotros (Heb 9:14). Y fue el Padre con el Espíritu Santo que lo levantó de los muertos (Rom 8:11;1Pedro 3:18). Las tres personas de la Trinidad, todas participaron en nuestra salvación. Los tres igualmente sufrieron. ¡No hay amor más grande que esto!
Solamente Dios debe ser adorado
Encontramos expresado de manera enfática y repetida a través de las Escrituras que solo debemos de adorar a Jehová Elohim, y que Él no da Su gloria y adoración a ningún otro:
“Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Ex 34:14; cf. Mt 4:10)
“Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas.” (Isa 42:8)
Por lo tanto, si Jesús no es Dios, entonces no debemos adorarlo; no debemos de glorificarlo ni alabar a Su nombre. Tal adoración sería idolatría blasfema. Cuando Herodes recibió alabanza como a un dios, un ángel del Señor lo hirió y murió comido de gusanos (Hch 12:21-23). Es por eso por lo que, cuando los hombres de Listra iban a adorarles a Pablo y a Bernabé como dioses, ellos rasgaron sus vestiduras y se lanzaron entre la multitud, dando voces y diciendo: “Varones, ¿por qué hacéis esto? Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros” (Hch 14:14-15). De la misma manera, cuando Cornelio se postró ante Pedro para adorarlo, él le dijo: “Levántate, pues yo mismo también soy hombre” (Hch 10:26).
Si Jesús fuera nada más que un hombre perfecto, ciertamente Él hubiera reaccionado de la misma manera. Pero, al contrario, cuando Tomás le dijo a Jesús, “mi Señor y mi Dios,” Jesús afirmó la verdad de su confesión diciendo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). En vez de decirle, “estás equivocado, yo soy un mero hombre y no Dios,” le reprochó por tener que verlo cara a cara antes de creer que Él era su Señor y su Dios.
Algunos Unitarios dicen que Jesucristo fue un ángel creado. Veremos porque eso es imposible más adelante, pero aquí solo quiero señalar que meros ángeles no reciben adoración, dado que la adoración es debida a Dios solamente. Dos veces Juan estaba sobrecogido por el resplandor del ángel que le apareció. Pero ambas veces el ángel respondió diciendo: “Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo... Adora a Dios” (Apo 19:10; 22:9).
La gloria de Dios es exclusiva a Sí Mismo. Sin embargo, vemos a Jesús en Su oración al Padre en la noche de Su pasión diciendo:
“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Jn 17:5)
Así que, o Dios de hecho comparte Su gloria con otros, aún antes de la creación, o Jesús es de verdad el Hijo de Dios, eternamente existiendo en el seno del Padre, pero voluntariamente dejó Su trono de gloria, tomando la forma del hombre y siendo obediente hasta la muerte, y Dios lo levantó de entre los muertos y le exaltó por encima de todo lo creado.
Combinando Su oración al Padre en Juan 17 con la descripción de la kenosis de Cristo en Filipenses 2, podemos ver que Jesucristo siempre ha sido el Dios de gloria que se encarnó como Hombre, siendo obediente a la muerte, solo para ser restaurado a la gloria que ha tenido con el Padre desde la eternidad:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo (se despojó de la gloria que Él tenía con el Padre antes que el mundo fuese), tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre (aunque seguía siendo Dios), se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre (lo restauró a la gloria que tuvo eternamente con el Padre), 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla (en adoración) de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor (Jehová), para gloria de Dios Padre.” (Fil 2:5-11)
Como el resucitado y glorificado Cristo, el Hijo de Dios, Él es después adorado por toda la creación restaurada, recibiendo la gloria, honra y la alabanza debida a Dios solamente:
“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. 14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.” (Apo 5:13-14)
Cuando dice que ellos adoran a Él que vive por los siglos de los siglos, se refiere a lo dicho por Jesucristo en el capítulo uno de Apocalipsis donde Él dice de Sí Mismo: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén” (Apo 1:17-18). También dijo: “Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apo 1:8). Como veremos en otro blog, estos son títulos exclusivos a Jehová Elohim. No puede haber dos “Todopoderosos.” Solo hay un Dios y Él existe en tres personas.
Entonces, vemos la importancia de la deidad de Cristo, en que solamente Dios debe ser adorado. Si Jesús no es Dios, entonces estamos quebrantando el primer mandamiento cuando lo adoramos. Si Jesús no es Dios, entonces Tomás debe haber sido reprendido por llamarlo “mi Señor y mi Dios.” Pero una vez entendemos que Él es nuestro Señor y Dios, entonces nuestra única respuesta debe ser doblar rodilla en adoración y alabanza, para la gloria de Dios Padre.
Espero haber podido demostrar resumida la importancia de reconocer a Jesucristo como el mismo Dios encarnado. Juan era tan enfático en cuanto a su importancia que él dijo que todos aquellos que negaran que Jesús es el Cristo son anticristo. En los blogs siguientes demostraré que “el Cristo” no es otro que Jehová del Antiguo Testamento, y que Jehová Elohim es un solo Dios que se manifiesta en tres personas – el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
[i] https://en.wikipedia.org/wiki/Universalism#cite_note-11
- Published on
por George Sidney Hurd
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios insisten que necesitamos dividir bien la palabra de verdad, reconociendo que únicamente las epístolas de Pablo tienen relevancia para la Iglesia hoy. Pero, ¿es posible que uno esté dividiendo bien la palabra de verdad cuando relegan todas las Escrituras inaplicables a la Iglesia, con excepción de las epístolas de Pablo? ¿Qué dice Pablo sobre esto? Él dice:
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2Tim 3:16-17).
Tenemos que tener en mente que, cuando Pablo escribió esto en el año 66 a.C., el libro de Hechos y Santiago, como también el evangelio de Lucas, y posiblemente Mateo y Marcos, ya existían. Pedro mencionó las epístolas de Pablo como parte de las Escrituras (2Pedro 3:15-16). Sin duda, Pablo también consideraba estos otros escritos, que hoy son parte de nuestro Nuevo Testamento, como inspirados por Dios y por lo tanto útiles para enseñar.
Si Pablo mismo consideraba todas las Escrituras como útiles para doctrina, haciéndonos sabios para la salvación por la fe que es en Cristo (2Tim 3:15), entonces, ¿cómo pueden los de la doctrina de los dos evangelios seguir afirmando que ellos son los seguidores de Pablo al mismo tiempo que niegan que el resto de las Escrituras son útiles para doctrina? ¿Cómo pueden insistir como Pablo que las Sagradas Escrituras nos puede hacer sabios para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús, al mismo tiempo que insisten que esas Escrituras enseñan otro evangelio?
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios señalan numerosas verdades enseñadas por Pablo que, según ellos, son irreconciliables con el resto del Nuevo Testamento. Martin Zender, en su libro, “The First Idiot in Heaven” (El Primer Idiota en el Cielo), presenta lo que él considera ser 31 diferencias claves entre las epístolas de Pablo y el resto del Nuevo Testamento. [1] En los tres blogs anteriores, examinemos algunos de estas supuestas diferencias y vimos que, de hecho, están en harmonía con, y complementarias con, la totalidad del Nuevo Testamento. Las demás diferencias que él presenta casi coinciden la una con la otra y podrían ser reducidas a seis, que son: 1) Justificado por obras vs. Justificado por la gracia por fe solamente sin obras. 2) Arrepentimiento y el bautismo necesario para la salvación vs. Salvación por la fe solamente. 3) Nuevo Nacimiento para Israel vs. Una nueva creación para la Iglesia. 4) Perdón condicional vs. Perdón incondicional. 5) Herencia terrenal vs. Herencia celestial. 6) Destinados para ira vs. Salvos de la ira. Lo que sigue es un examen breve de cada una de estas supuestas diferencias irreconciliables.
1. Justificado por obras vs. Justificado por la gracia por la fe solamente
Ellos argumentan que solamente los que están bajo el evangelio de Pablo son justificados aparte de las obras, mientras los judíos que creen son salvos por una combinación de fe y obras. Sin embargo, aparte del hecho de que Dios no hace acepción de personas, ya hemos visto que nadie, sea judío o gentil, de esta época o de otra, puede ser justificado por las obras delante de Dios. Pablo enfáticamente dice: “por las obras de la ley NINGÚN SER HUMANO será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom 3:20). La única cosa que la Ley puede hacer es darnos el conocimiento de nuestra condición pecaminosa y la necesidad de la justificación por gracia – jamás puede justificarle a nadie, ni puede ser justificado alguien por guardarlo, dado que todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Rom 3:23).
Ellos suponen que, lo que dijo Pablo acerca de la justificación por la fe solamente, es incompatible con la insistencia de Santiago en obras para la justificación. Pablo y Santiago concluyeron lo siguiente acerca de la justificación:
Pablo: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Rom 3:28)
Santiago: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.” (Stg 2:24)
Estos dos pasajes aparentan estar diciendo dos cosas opuestas cuando son leídos aparte y fuera de su contexto. Sin embargo, una consideración cuidadosa de cada uno en su contexto revela que estaban hablando de la justificación desde dos perspectivas distintas. Pablo estaba hablando de nuestra justificación ante Dios, que es por fe solamente. Santiago, en cambio, estaba hablando de la justificación ante los hombres. Pablo dice que Abraham fue justificado por fe cuando simplemente creyó la promesa de Dios (Gen 15:6). Dios que ve el corazón, justificó a Abraham basado en su fe en el momento en que le creyó.
Sin embargo, cuando Santiago habla de Abraham siendo justificado, él hizo referencia a un incidente muchos años más tarde cuando ofreció a su propio hijo Isaac, así demostrando visiblemente a todos la fe que Dios sabía que Abraham tuvo desde el momento en que lo declaró justo (Stg 2:21).
La verdadera fe siempre resulta en acción correspondiente. La fe que salva es la fe solamente, pero la fe que salva nunca es solo. Dios, que ve nuestro corazón, nos justifica en el mismo instante en que creemos. Sin embargo, esa fe que resultó en la justificación no puede ser confirmado por los hombres sin ver las acciones correspondientes. Así que, Pablo y Santiago simplemente están viendo la justificación desde dos perspectivas distintas. Dios conoce el corazón y justifica basada en la fe, pero el hombre solo ve la demostración externa de la fe de uno y determina si uno haya sido justificado o no viendo el fruto correspondiente a la fe. Es por eso por lo que Santiago dijo: “¿Tú dices que tienes fe? Muéstramela.”
Pablo, al igual que Santiago, advertía repetidas veces contra ser engañado en pensar que uno tiene la verdadera fe cuando su conducta indica todo lo contrario. Pablo decía: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2Cor 13:5 cf. 1Cor 15:2; Ef 5:3-6; 1Cor 6:9-11; Gal 5:19). Pablo también habla de una fe que obra:
“porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gál 5:6)
Cualquiera enseñanza que dice que, como ya estamos bajo la gracia, podemos hacer todo lo que se nos antoje, o simplemente no hacer nada, si eso es lo que uno desea, no está presentando todo el consejo de Dios, y está convirtiendo la gracia de Dios en lascivia.
De igual manera Jesús enseñaba que es la fe solamente la que salva, al mismo tiempo que Él advertía contra la profesión de fe vacía. Jesús, en numerosas ocasiones proclamaba el evangelio de la justificación por fe aparte de las obras. Por ejemplo:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna… 18 El que en él cree, no es condenado (i.e., ‘es justificado’).” (Jn 3:16,18)
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:40)
“Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” (John 6:28-29)
Al mismo tiempo, Jesús les advertía contra la profesión de fe vacía sin las obras correspondientes, o lo que Santiago llama la fe muerta. Por ejemplo, Él dijo:
“Así que, por sus frutos los conoceréis. 21 No todo el que me DICE: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que HACE la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mt 7:20-21)
Jesús enseñaba, igual como Pablo después de Él, que la fe sin obras es muerta, y que semejante profesión de fe vacía jamás salva a nadie. Pablo dijo:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Cor 6:9-10)
“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gal 5:19-21)
“Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; 4 ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. 5 Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. 7 No seáis, pues, partícipes con ellos.” (Ef 5:3-7)
Así que, podemos ver que el evangelio proclamado por Jesús y el evangelio de Pablo son el mismo evangelio de la justificación por la gracia por medio de la fe solamente. A la vez, ambos advertían contra la profesión vacía sin el arrepentimiento del pecado y las obras que corresponden con aquella fe o el fruto de la fe.
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios enseñan erróneamente que Pablo enseñaban la justificación por la fe solamente, sin la necesidad de un arrepentimiento de la vida pecaminosa anterior. Esta presentación parcial del evangelio de Pablo convierte en libertinaje la gracia de Dios (Jude 4). Martin Zender es posiblemente el más intencionalmente escandaloso promovedor de esta mala representación del evangelio de la gracia. Él dice:
“¿Eres irreverente bajo el evangelio de la incircuncisión? ¡Felicidades! Calificas para la justificación.” [2]
Él basa esto en Romanos 4:5 donde Pablo dice que Dios justifica al impío. Sin embargo, mientras que Él justifica a los pecadores gratuitamente, la gracia no nos deja en esa condición. Aunque es cierto que Dios justifica al impío, los no arrepentidos no son justificados simplemente porque dan un asentimiento mental a la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Eso es lo que Santiago llama la fe muerta – algo que incluso los demonios tienen (Stg 2:19-20). Jesús enfatizaba la vanidad de la fe vacía sin “frutos dignos de arrepentimiento” (Lucas 3:8).
De semejante manera, Pablo da una advertencia muy fuerte contra los maestros falsos que presentan tales perversiones del evangelio carente de la piedad, cuando él dice:
“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, 4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.” (1Tim 6:3-5)
Entonces, vemos que la justificación a través de todo el Nuevo Testamento es consistentemente por la gracia por medio de la fe aparte de las obras, pero la justificación que acompaña la verdadera fe salvífica tiene que llevar el fruto de la piedad – de otra manera uno es reprobado en cuanto a la fe (2Cor 13:5). Para los que desean, desarrollo este tema más en mi libro, “La Verdadera Gracia de Dios.”
2. Arrepentimiento y el bautismo necesario para la salvación vs. Salvación por la fe solamente
Los promovedores de la doctrina de los dos evangelios enseñan que, bajo el evangelio de la circuncisión, el arrepentimiento y el bautismo en el agua es necesario para la salvación, mientras bajo el evangelio de Pablo a los gentiles es por la gracia por medio de la fe solamente que somos salvos, y por lo tanto, ya no debemos de decir como hacía Jesús: “arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Tampoco debemos de ir por todo el mundo predicando el evangelio a todos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, como Jesús comisionó a Sus discípulos (Mt 28:18-20; Marcos 16:15-16).
Algunos de los predicadores de los dos evangelios que creen en la doctrina de un infierno eterno, dicen que si uno ha sido bautizado en agua, son condenados al infierno. Por ejemplo, Les Feldick dice acerca de la Gran Comisión: “Esa pequeña porción de Escritura en la Gran Comisión, ‘id por todo el mundo bautizándoles,’ ha enviado a millones de personas a la perdición eterna.” [3] Ya hemos visto en el segundo blog de este serie que la Gran Comisión de predicar el evangelio por todo el mundo, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, jamás fue suspendido, como afirman los defensores de la doctrina de los dos evangelios. Así que, no vamos a dedicar más atención a ese error aquí. [4]
¿Fue alguna vez el bautismo en el agua necesario para la salvación, como afirman ellos? Aunque el espacio aquí no me permite examinar cada texto sobre el tema, no es por nada que la mayoría de los Evangélicos niegan que el bautismo en el agua sea salvífico. Para los que desean ver un estudio más exhaustivo de este tema recomiendo mi libro, “¿Es el Bautismo en el Agua Necesario para la Salvación?” Aquí solo quiero considerar brevemente a dos pasajes que a primera vista podría ser equivocado como enseñando que el bautismo es necesario para la salvación.
Marcos 16:16
“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:16)
Lo que este texto nos dice es que los que creen y son bautizados serán salvos, mientras los que no creen serán condenados. Sin embargo, lo que no dice es tan importante como lo que dice. Lo que no dice es lo que pasa con los que creen pero por una razón u otra no se bautizan. Los que enseñan la Salvación Bautismal tiene que suponer algo que el texto no dice. Tienen que suponer que no es fe solamente lo que salva, sino la fe más el bautismo, y por lo tanto los que no son bautizados antes de morir son condenados, aún si eran creyentes. Lo que suponen contradice otros textos que presentan la fe solamente como necesaria para la salvación, como lo que Jesús había dicho anteriormente en Juan 3:18:
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:18)
Si lo que ellos suponen es cierto, entonces Jesús dejó fuera un ingrediente esencial en Su presentación de la Salvación en Juan 3:18, porque aquí menciona fe como lo único necesario para ser justificado – no fe más bautismo. Ellos asumen que lo que Jesús quería decir en Marcos 16:16 es: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere (y sea bautizado), será condenado.” De esta manera ellos hacen que las palabras de Jesús aquí contradigan lo que claramente dijo en Juan 3:18 y muchos textos más – que uno es salvo por fe solamente, sin las obras (cf. Juan 5:24; 20:31; Ef 2:8-9; 1Juan 5:11-13).
Son culpables de razonamiento sin-séquito. Si una declaración es cierta, no debemos automáticamente suponer que lo contrario también sea cierto. Por ejemplo, si yo fuera a decir: “Todos que creen y vienen al altar serán salvos, pero los que no creen se perderán,” sería incorrecto concluir que los que creyeron pero no llegaron al altar estarían perdidos simplemente porque creyeron donde estaban, sin ir al altar. Es creer - no creer más ir al altar que salva, aunque los invité a hacer las dos cosas.
Hechos 2:38
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hch 2:38)
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios suponen que fue el bautismo en el agua lo que les quitó sus pecados. Sin embargo, en el próximo sermón de Pedro, el número de los hombres que creyeron, sin contar a las mujeres y niños, llegó a ser como 5.000. ¿Qué era lo que Pedro les dijo que era necesario para el perdón de pecados? Él ni mencionó el bautismo. Simplemente les dijo: “arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hch 3:19). En contraste con el bautismo en agua, arrepentimiento y conversión son integrales con la fe salvífica. Para creer en Jesús, un judío inconverso tendría que arrepentirse o “cambiar de parecer” (metanoéo) acerca de Jesús, reconociendo su necesidad de Él. También, para tener fe verdadera tendría que convertirse, o “dar vuelta” (epistrefo). Esto es cuando damos vuelta al pecado y al mundo, poniendo la mira en Jesús. Ambos - arrepentimiento y conversión, son una parte integral de lo que significa creer en Jesús. No son algo aparte de la fe, o algo adicional a la fe, como sería el caso con el bautismo en agua, dado que simplemente son una parte de lo que significa verdaderamente creer en Jesús y recibirlo.
De unas 48 veces que el evangelio es predicado y recibido en el libro de los Hechos, en solamente 8 instancias hay mención de que los que creyeron fueron bautizados después, y en ninguna de estas instancias podríamos concluir que el bautismo era necesario para ser salvos. Pedro, en una instancia, hablando a Cornelio y a los de su casa, dijo que es la fe la que resulta en la remisión de pecados – no el bautismo:
“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hch 10:43)
Nuestro entendimiento de Hechos 2:38 debe tomar en cuenta lo que Pedro dice aquí, que recibimos perdón cuando creemos – no cuando somos bautizados en agua. En esta instancia creyeron y fueron bautizados en el Espíritu Santo y solo después fueron bautizados en agua (v. 47).
En Hechos 2:38, es imperativo que uno entienda lo que significa la frase: “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.” Los que enseñan la Regeneración Bautismal entienden la preposición “para” en el sentido de “con tal de recibir.” Sin embargo, esta preposición tiene varios sentidos posibles. Obviamente, basado en todo lo que hemos visto, la rendición “con tal de recibir el perdón de los pecados” no es la traducción correcta.
Aquí en la selva amazónica muchos sufren de hongo de uñas debido a la humedad. Si yo fuera a decirle a mi vecino: “deja tus pies en remojo con vinagre y agua para el hongo de las uñas,” sabrías que no quiero decir, “con tal de recibir.” En este caso “para” significa “en vista de” o “debido a.” Entendido de esta manera el versículo dice: “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo en vista del perdón de los pecados (que recibiste al creer).” Esto concuerda con el hecho que las ordenanzas de la Cena del Señor y el bautismo en agua son una figura de una realidad mayor, de la misma manera que fueron los sacrificios del Antiguo Testamento. Nos arrepentimos y somos bautizados en agua en vista de la remisión de los pecados, que ya tenemos debido a que hemos sido bautizados en el Cuerpo de Cristo a través del bautismo por el Espíritu, que sucedió en el momento que creímos.
Vale mencionar que la misma preposición es utilizada en otro lugar en relación con el bautismo donde es evidente que la preposición “para” no significa “con tal de recibir.” Juan usa la misma preposición (eís) cuando dijo “Yo a la verdad os bautizo en agua para (eís) arrepentimiento…” (Mt 3:11). Es obvio que somos bautizados en vista de o debido a nuestro arrepentimiento – no con tal de recibir arrepentimiento.
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios presentan dos argumentos como evidencia de que no debemos de practicar el bautismo en agua hoy en día. El primero es citar a Efesios 4:5 que dice que hay un bautismo. Sin embargo, eso no es inconsistente con la práctica del bautismo en el agua, dado que la ceremonia del bautismo en el agua es nada más una figura del verdadero bautismo en que el Espíritu Santo nos bautiza en el cuerpo de Cristo (1Cor 12:13; Rom 6:1-5). La ceremonia del bautismo en el agua no es otro bautismo, de igual manera que participar en la Cena del Señor no es crucificar de nuevo el Hijo de Dios.
El segundo argumento se basa en el dicho de Pablo: “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio.” Voy a citar todo el pasaje en su contexto, dado que el contexto totalmente refuta toda la idea de dos evangelios con dos grupos de creyentes separados:
“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas (Pedro); y yo de Cristo. 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, 15 para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. 16 También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro. 17 Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo.” (1 Cor 1:12-17)
Irónicamente, Pablo aquí refuta la misma doctrina que los promovedores de la doctrina de los dos evangelios enseñan. Cristo no está divido entre los que son de Pedro y los que son de Pablo. También, al preguntarles, “¿ fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” él toma por sentado que habían sido bautizados en el nombre de Jesús y no en su nombre. El hecho de que Pablo bautizó a varios de ellos también indica que todavía practicaban el bautismo. En decir que Cristo no le envió a bautizar sino a predicar el evangelio, solo indica que él delegaba esa tarea a otros. Además, si el bautismo fuera incompatible con su evangelio, como afirman los de los dos evangelios, seguramente él lo hubiera indicado aquí.
Juan dice lo mismo de Jesús. Él dijo: “Jesús no bautizaba, sino sus discípulos” (Juan 4:2). Sin embargo, todos los que creyeron fueron bautizados, aunque Jesús Mismo no era quién bautizaba. Lo mismo aplica a los que creían en los días de Pablo – todavía estaban bautizando en el nombre de Jesús aunque Pablo mismo normalmente no era quién bautizaba. Es dudoso que Pedro mismo bautizado todos los 3,000 que fueron bautizados en el día del Pentecostés.
Arrepentimiento
En cuanto al arrepentimiento, aunque no siempre indica de manera específica que Pablo mencionara el arrepentimiento en sus presentaciones del evangelio, el arrepentimiento siempre es implícito en la verdadera fe salvífica. Uno no cree en Jesús para ser salvo del pecado si no son arrepentidos y quieren ser libres del pecado. Hacia el final del ministerio de Pablo, cuando él apareció ante el Rey Agripa, cuando describía su ministerio, él dejó en claro que el arrepentimiento era una parte indispensable de su proclamación del evangelio. Él dijo:
“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, 20 sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.” (Hch 26:19-20; cf. Rom 2:4-6; 2Cor 7:9-10; 2Tim 2:25-26; 2Cor 12:21, etc.).
El evangelio de Pablo era el mismo evangelio de Jesucristo que Jesús y los otros Apóstoles predicaban, incluyéndole a Pedro. El libro de los Hechos termina con Pablo todavía predicando el reino de Dios (Hch 14:22; 19:8; 20:25; 28:23,31; cf. también, Col 4:11; Rom 14:17; 1Cor 4:20).
Las epístolas de Pablo están en armonía total con el resto del Nuevo Testamento en este tema. Para una consideración más a fondo, recomiendo mi blog: “El Verdadero Arrepentimiento.”
3. Nuevo Nacimiento para Israel vs. Una nueva creación para la Iglesia
Los de la doctrina de los dos evangelios dicen que el nuevo nacimiento solo aplica a la nación de Israel. Ellos insisten que no nacimos de nuevo en el momento que creímos, sino que lleguemos a ser una nueva creación, que ellos consideran distinto del nuevo nacimiento. Martin Zender dice del nuevo nacimiento: “Los individuos no nacen de nuevo; una nación va a nacer de nuevo. (Ni siquiera una sola persona, mientras estoy escribiendo, ha nacido de nuevo.).” [5] Pero, ¿es cierto que ningún individuo ha nacido de nuevo? Según Pedro mismo, los creyentes que recibieron su primera epístola ya se habían nacidos de nuevo. Él dijo:
“siendo renacidos (en el tiempo pasado, aoristo), no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” (1 Pedro 1:23)
Pedro no solamente les dijo que se habían nacidos de nuevo, sino que, en seguida él les dijo en 1Pedro 2:2, “desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación,” así indicando que, igual como nosotros necesitamos ser nutridos con la leche cuando nacemos en el mundo físico, de la misma manera necesitamos ser nutridos en la Palabra después de haber nacido del Espíritu.
Pablo, de semejante manera, habla a los creyentes como habiendo nacidos del Espíritu. Él dijo a los creyentes carnales en Corinto, “yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda” (1 Cor 3:1-2). También, él les dijo a los gálatas que habían nacidos según el Espíritu, diciendo:
“Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. 29 Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora.” (Gal 4:28-29 cf. vv. 21-31)
Adicionalmente, en Efesios 2, Pablo habla de nosotros como habiendo sido muertos y después vivificados en Cristo (Ef 2:1-6). ¿Cómo es posible haber sido vivificados espiritualmente aparte del nuevo nacimiento de nuestros espíritus por el Espíritu Santo? ¿Es cierto que Pablo dice que somos una nueva creación en Cristo (2Cor 5:17). Pero, ¿cómo podemos llegar a ser parte de la nueva creación si no fuera por nacer de nuevo con la vida de resurrección de Cristo?
Ellos dicen que Jesús en Juan 3 no estaba diciéndole a Nicodemo que los individuos tienen que nacer de nuevo, sino que la nación de Israel tenía que nacer de nuevo colectivamente. Sin embargo, es imposible llegar a esta conclusión si uno lee todo el pasaje. Voy a citarlo en su totalidad, indicando los pronombres singulares y plurales:
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede (sing.) ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el (sing.) que no naciere de agua y del Espíritu, no puede (sing.) entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije (sing.): Os (plural) es necesario nacer de nuevo.” (Juan 3:3-7)
En todo el discurso Jesús está enfatizando la necesidad de que cada individuo nazca de nuevo para poder entrar, e incluso ver, el reino de Dios. Nicodemo entendió correctamente que Jesús hablaba de un nacimiento de individuos pero no entendió que es nuestro espíritu lo que tiene que nacer de nuevo. Cuando Jesús al final usó el plural en el versículo 7, diciendo que era necesario que ellos nacieran de nuevo, Él simplemente estaba diciendo que cada uno de ellos tenían que nacer de nuevo. Jesús no se estaba refiriendo a un renacimiento de la nación, profetizado en Isaías 66, sino al espíritu nuevo que cada individuo tiene que recibir para poder entrar en el reino de Dios bajo el Nuevo Pacto como fue profetizado en Ezequiel:
“Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne.” (Ezeq 11:19)
Jesús reprochó a Nicodemo por ser maestro en Israel sin saber acerca de la promesa de Dios de darles un nuevo espíritu (Jn 3:10). Debido a la incredulidad de Israel, no entraron al reino de Dios por el nuevo nacimiento aunque el reino les fue ofrecido. A consecuencia de esto, Jesús les dijo: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mt 21:43). Nosotros, como la Iglesia de Jesucristo, somos aquella gente o nación santa (gr. ethnos) – nosotros que en otro tiempo no éramos pueblo ahora somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1Pedro 2:9-10).
Aquí Pedro no está hablando exclusivamente a los de la circuncisión, como los de la doctrina de los dos evangelios afirman, sino que está hablando específicamente a los gentiles dentro de la Iglesia que antes no eran pueblo de Dios. Por un tiempo Israel ha sido apartado y la promesa ha sido cumplido en todas las naciones para provocarlos a celos hasta que entrara la plenitud de los gentiles, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:11-12, 25-26).
Hay un versículo final que me gustaría citar en el evangelio de Juan que deja en claro que individuos habían experimentado su renacimiento espiritual desde el momento en que fue iniciado en Nuevo Pacto:
“A lo Suyo vino, y los Suyos no Lo recibieron. 12 Pero a todos los que Lo recibieron, les dio el derecho (el poder) de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre, que no nacieron de sangre…sino de Dios (tiempo pasado, aoristo).” (Juan 1:11-13)
Aquí vemos que Jesús primero vino a la casa de Israel. Pero, cuando Israel lo rechazó como su Mesías la invitación fue extendido a todos. Todos los (individuos) que Lo reciben nacen de Dios. No podría estar más claro. Debe ser evidente que este, igual como casi todas las supuestas diferencias entre dos evangelios, son nada más que fabricaciones de los hombres y no pueden ser sustanciadas en las Escrituras.
4. Perdón condicional vs. Perdón incondicional
También dicen que el perdón de Dios para los judíos que creen bajo el evangelio de Pedro es condicional, mientras queel perdón para nosotros bajo el evangelio de Pablo es incondicional. Argumentan esto basado en el hecho de que, por ejemplo, en la oración Padre Nuestro, Jesús dijo que Dios no nos perdonará si nosotros no perdonamos (Mt 6:14-15). Además, dice que si no perdonamos como hemos sido perdonados que el Padre nos entregará a los verdugos hasta pagar todo (Mt 18:23-35). Juan también presenta el perdón de Dios como condicionado en nuestra confesión de nuestros pecados (1Jn 1:9). En contraste con esto, ellos dicen que Pablo presenta el perdón como incondicional cuando él dice: “sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Eph 4:32; cf. Col 3:13).
El problema principal con este argumento es que el perdón incondicional no solamente se encuentra en las epístolas de Pablo. Por ejemplo, el autor de Hebreos presenta el perdón como extendido de una vez para siempre. Él dice:
“pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados…17 añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.” (Heb 10:12-14,17)
De la misma manera, el perdón incondicional es implícito en muchos textos más a través de todo el Nuevo Testamento. Por ejemplo, Jesús dijo:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, TIENE vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Jn 5:24)
Lo que los defensores de la doctrina de los dos evangelios no toman en cuenta es que hay dos tipos distintos de perdón – hay perdón relacional, y hay perdón judicial o una absolución. Esto también se refiere como remisión o justificación. Esta clase de perdón o justificación solo es posible por la sangre del Nuevo Pacto, derramada para la remisión de nuestros pecados, y es otorgado de una vez para siempre (Mt 26:28; Heb 9:22; 9:12). Este perdón judicial no es algo exclusivo a las epístolas de Pablo. Por la propiciación de Cristo, Dios puede ser justo y al mismo tiempo justificar al pecador impío que cree en Jesús (Rom 3:24-26).
Distinto al perdón judicial hay un perdón relacional, como el perdón que un padre extiende a su hijo una vez que confiese su mal comportamiento. Esto es lo que vemos enfatizado en las instancias donde el perdón es condicional. Por ejemplo, cuando Jesús dijo, “si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas,” es evidente que Jesús está hablando de perdón relacional y no el perdón judicial (Mt 6:14-15; cf. Mt 18:23-35).
En 1Juan vemos mención de un perdón judicial de una vez para siempre en 1Juan 2:12, donde Juan dice: “Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre.” Tenemos que saber diferenciar entre el perdón judicial y el perdón relacional para entender que Juan no se contradice a sí mismo cuando dice en 1Juan 1:9 que el perdón de nuestro Padre requiere nuestra confesión.
Ambos, el perdón condicional como el perdón incondicional se encuentran en la totalidad del Nuevo Testamento, dado que los dos son necesarios. Necesitamos ser perdonados o justificados de nuestros pecados ante Dios como nuestro Juez, y también necesitamos confesar nuestros pecados cuando nos hemos portado mal, no para ser salvos sino para mantener la comunión con nuestro Dios, quien es luz (1Jn 1:5-10). Así que, hemos visto que Pablo no enseñaba una forma del perdón diferente a lo que encontramos a través de todo el Nuevo Testamento.
5. Herencia terrenal vs. Herencia celestial
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios dicen que los judíos que creen en el evangelio de Pedro son terrestres, mientras que los que creen en el evangelio de Pablo son celestiales porque ya estamos sentados en lugares celestiales en Cristo Jesús. Martin Zender dice que los judíos que creían, junto con los 12 Apóstoles, no tenían ninguna expectativa de ir al cielo. En su libro, “El Primer Idiota en el Cielo” el plantea la pregunta:
“¿Alguna vez fueron prometidos el cielo los fieles de Israel? Ni una sola vez. Jesús mismo dijo: ‘Los mansos heredarán la Tierra’ (Mateo 5:5). ¿Piensan que Jesús no sabía de qué hablaba? Los Israelitas jamás soñaba ser levantados del planeta Tierra. ¿Por qué motivo pensarían eso? Jesús jamás les habló de tal cosa.” [6]
Pero, ¿es cierto que los 12 Apóstoles y los creyentes entre los judíos no sabían nada de una herencia celestial? ¿Qué de la promesa de Jesús en Juan 14? ¿No era eso una promesa del cielo? Jesús dijo:
“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:2-3)
¿Será que los Apóstoles entendieron que la casa del Padre estaba en el cielo? ¡Claro que sí! Repetidas veces Jesús se refería a Su Padre como “el Padre en el cielo” y les dijo que hicieran tesoros en el cielo (Mt 6:20). Es muy obvio que Pedro anticipaba una herencia celestial en 1Pedro 1 donde él dijo:
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, 4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” (1 Pedro 1:3-4)
Así que, en este pasaje vemos que, no solamente habían nacidos de nuevo, sino que ellos todos anticipaban una herencia celestial. Aunque es cierto que los 12 Apóstoles estarán sentados sobre las doce tronos, juzgando los doce tribus de Israel (Mt 19:28), todos los hijos maduros que han vencido mientras sufrían por su causa, también estarán reinando con Él sobre los mortales en la Tierra Milenial desde nuestra habitación en la Nueva Jerusalén celestial en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios (huios) cuando toda la creación finalmente será restaurada (2Tim 2:12; Rom 8:17-23).
Jesús le dijo a la iglesia de Tiatira, compuesta principalmente de creyentes entre los gentiles: “Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro” (Apo 2:26-27). Incluso el padre Abraham, aunque nunca vio cumplido la promesa de heredar la tierra, no se desanimaba porque
esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. (Heb 11:10; cf. Jn 14:2-3).
Hay mucho más que podría decir, demostrando que, tanto los creyentes entre los judíos, como los gentiles, comparten la misma herencia celestial, y que todo el cuerpo de Cristo judío/gentil estarán co-reinando con Cristo sobre la tierra en el Milenio y más allá, y no solamente los 12 Apóstoles, que solamente estarán reinando sobre los mortales en la nación de Israel. Esta supuesta distinción entre dos destinos para dos grupos de creyentes simplemente no puede resistir el escrutinio.
6. Destinados para ira vs. Salvos de la ira
Finalmente, me gustaría considerar brevemente la creencia de que los judíos que creen en el evangelio de Pedro experimentarán la ira de Dios durante la Gran Tribulación, mientras que los que han creído en el evangelio de Pablo son exentos de la ira. En primer lugar, esto presupone que la Iglesia será raptada antes del tiempo de tribulación. Presento mis argumentos por un rapto Postribulacional de la Iglesia cuando Cristo viene por segunda vez, en mi libro, “Enfocando en los Eventos Finales.”
Aquí solo quiero enfatizar que ningún creyente por quien Cristo murió será sujeto a la ira de Dios, sea que les toca pasar por la Tribulación, o no. Infligir ira sobre cualquier santo comprado por la sangre de Cristo sería doble incriminación. La ira de la cual hemos sido librados en 1Tesalonicenses 1:10 y en 1Tesalonicenses 5:9 es la misma ira mencionada en Romanos 5:9 donde Pablo dice: “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” Esto no está refiriendo a la ira de Dios en la Tribulación, sino a Su juicio postmórtem de los no arrepentidos (Rom 2:5).
Un examen cuidadoso del libro de Apocalipsis revela que la única ira que los santos de Dios sufrirán durante la Gran Tribulación es la ira del Dragón y de su Bestia (Apo 12:12; 13:7,15). Este blog ya se ha convertido en un pequeño libro, así que, no entraré en más detalle, excepto decir que la ira de Dios solamente es derramada sobre los que adoran a la Bestia que no tienen el sello de Dios en sus frentes. Vemos que el pueblo de Dios es específicamente exento de Sus copas de ira cuando son derramados sobre la tierra. En mi libro “Enfocando en los Eventos Finales” demuestro esto con más detalle.
Espero que esta serie de cuatro blogs sirva de ayuda para aquellos que están enredados en este complejo laberinto hiper-dispensacional, inventado primero por E.W. Bullinger en el siglo 19 y desarrollado más por A.E. Knoch, que fue excomulgado de las Iglesias de los Hermanos Plymouth debido a sus doctrinas heréticas que también incluían la negación de la trinidad y la deidad de Cristo.
Estoy consciente de que algunos están tan comprometidos con esta doctrina de los dos evangelios que han llegado al punto de la disonancia cognitiva y por lo tanto, ningún argumento escritural logrará que cambien de pensar. Esta serie de blogs es principalmente dirigida hacia aquellos que todavía no estén plenamente cementados en esta doctrina y por lo tanto todavía están abiertos para considerar los argumentos escriturales en contra de ella.
[1] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 2813, Kindle Edition.
[2] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 3231, Kindle Edition.
[3] Les Feldick – Galatian’s teaching on the two gospels. 12:42 min. https://www.youtube.com/watch?v=5AxAou-Pn6g&t=2305s
[4] https://www.triumphofmercy.com/blog-espantildeol/hay-dos-grupos-de-creyentes-o-somos-un-solo-cuerpo-2-of-2
[5] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 3156, Kindle Edition.
[6] Zender, Martin. The First Idiot in Heaven: Secrets of the Apostle Paul (And why the meek merely inherit the Earth), Loc. 127. Kindle Edition.
- Published on
por George Sidney Hurd
¿Hay dos Escrituras distintas en el Nuevo Testamento dirigidas a dos grupos de creyentes separados, como afirman a los defensores de la doctrina de los dos evangelios? La mayoría de los cristianos reconocen que el Antiguo Testamento era para los judíos bajo el Antiguo Pacto, y aunque fue escrito para nosotros, no es directamente aplicable a nosotros bajo el Nuevo Pacto. Adicionalmente, Adicionalmente, al leer los cuatro Evangelios, hay que tener siempre en mente que Jesús estaba ministrando todavía bajo el Antiguo Pacto.
Por lo tanto, muchas de Sus enseñanzas eran intencionalmente transicional entre los dos pactos, por un lado, presentando las demandas del viejo, y por el otro lado, introduciendo lo nuevo. Jesús a menudo elevaba las exigencias de la Ley para que Sus oidores se desesperaran de la auto-salvación por guardar la Ley, con tal de que después recibiesen con gozo Su redención de la maldición de la Ley a través de Su muerte en la cruz, llegando a ser una nueva creación en unión con Él en Su vida de resurrección después de que Él se resucitara de los muertos.
En los Evangelios, Jesús combinaba el viejo con el nuevo y avisó a Sus oidores de la necesidad de discernir entre los dos. Él dijo que el viejo era incompatible con el nuevo (Mt 9:17) y alertó a Sus oidores de la necesidad de entendimiento acerca del reino de los cielos para poder discernir entre los dos. Él les dijo:
“Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mt 13:52)
Por lo tanto, al leer los Evangelios, necesitamos discernir cuando Jesús está aplicando el viejo, y cuando está introduciendo el nuevo. Por ejemplo, Jesús subió la barra aún más alto para el joven rico que seguía bajo la ilusión de que se podría salvarse por guardar la Ley, diciendo que también tendría que vender todo lo que tenía para dar a los pobres (Mt 19:16-22). En contraste, cuando el cobrador de impuestos corrupto simplemente clamó a Dios, diciendo, “sé propicio a mí, pecador,” él se fue justificado por la pura gracia aparte de las obras (Lucas 18:9-14).
En una ocasión, vemos a Jesús alzando la barra aún más alta sobre el adulterio, diciendo que solamente una mirada con codicia pone a uno en peligro del fuego de Gehena (Mt 5:27-29). En un contraste marcado con esto, vemos a Jesús ofreciéndole a la mujer samaritana el agua de la vida gratuitamente, sabiendo que ella no solamente estaba viviendo en adulterio, sino que también se había divorciado cinco veces. (Jn 4:7-18). En otra ocasión, vemos a Él diciéndole a una mujer que fue descubierta en el mismo acto de adulterio: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Jn 8:11).
En los Evangelios a menudo vemos a Jesús utilizando la espada de dos filos – en un momento matando con la Ley, que era la ministración de la muerte y la condenación. (2Cor 3:7-9), y en otro momento vivificando por Su gracia a aquellos que ya sabían que eran condenados y necesitados de misericordia (cf. 1Sam 2:6).
Esta obra de Dios dúo-fásica en el corazón del hombre es evidente a través de todas las Escrituras, incluyendo las epístolas de Pablo. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. (Rom 11:32), y “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gal 3:24). De la misma manera Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos,” solo para después decir que finalmente “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Stg 2:10-13). En vez de descartar a los Evangelios como no-aplicables, necesitamos pedirle a Dios el discernimiento para poder distinguir lo viejo de lo que es nuevo.
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios no solamente consideran los Evangelios como no-aplicables a la Iglesia, sino también descartan la totalidad del Nuevo Testamento con la excepción de las epístolas de Pablo. Esta creencia tiene sus raíces en su malinterpretación de Gálatas 2:7 donde concluyen que hay dos evangelios distintos, y por lo tanto dos grupos de creyentes: 1) Los judíos que creen o la esposa, que todavía siguen bajo el Antiguo Pacto, y 2) los creyentes entre los gentiles que abarcan la Iglesia, el cuerpo de Cristo, y están bajo la gracia en vez de la Ley. Argumentan esto a pesar de las declaraciones enfáticas al contrario, como vimos en el blog anterior (Gal 3:27-29; Ef 3:3-6; 1Cor 12:13).
Argumentan que los judíos que creen todavía están bajo el Antiguo Pacto y por lo tanto son obligados a guardar la Ley de Moisés adicional a creer en Jesús, mientras la Iglesia está bajo la gracia sin ninguna obligación en absoluto. Pero, ¿es cierto que el Antiguo Pacto todavía tiene vigencia para el creyente? (cf. Rom 10:4). ¿Será que la Iglesia judío/gentil no está actualmente bajo el Nuevo Pacto como ellos afirman? Pablo deja muy en claro que ya no estamos bajo el Antiguo Pacto, sino que ahora somos ministros del Nuevo Pacto. Él dijo:
“no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.” (2Cor 3:5-11)
Aquí Pablo, hablando al cuerpo de Cristo compuesto de judíos y gentiles, dice que Dios nos ha hecho nosotros todos ministros del Nuevo Pacto que no es de la letra, como fue el Antiguo Pacto que era el ministerio de la muerte, grabados con letras en piedras. En vez de las tablas de piedra del pacto anterior, Pablo dice que ahora somos nosotros mismos una epístola “escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Cor 3:3). Esto es un cumplimiento parcial de lo que le fue prometido a Israel en el Nuevo Pacto cuando el Señor dijo, “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezeq 36:26).
Como podemos ver desde Ezequiel 31:31 en adelante, el Nuevo Pacto hubiera sido iniciado para la nación de Israel y ellos habrían sido plenamente restaurados en su tierra bajo el Nuevo Pacto, cuando Cristo, su Mesías y Rey, vino proclamando que Su reino estaba cerca. Sin embargo, el liderazgo representativo de Israel formalmente rechazó la oferta del reino cuando Él hizo su entrada triunfal en Jerusalén y se presentó formalmente como su Rey (Matt 21:6-17).
A consecuencia de eso, Él les declaró que, debido a que no reconocieron la hora de su visitación, su casa les sería dejada desierta hasta un tiempo futuro cuando le darán la bienvenida (Matt 23:38-39). Entonces Israel como nación fue apartado para juicio. Desde el Pentecostés, la promesa a Abraham, como también el Nuevo Pacto, han sido cumplidos en la Iglesia, principalmente compuesto de gentiles, con solo un remanente de Israel creyendo y viniendo bajo el Nuevo Pacto en esta época (Rom 11:5-7, 25-27).
En 2Corintios 3, después de declarar que nosotros, como la Iglesia de Cristo, ahora estamos bajo el Nuevo Pacto, Pablo explica que la nación de Israel no puede ver que el Antiguo Pacto fue reemplazado con el Nuevo Pacto porque han sido cegados para no ver lo que Cristo logró en la cruz:
“Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” (2Cor 3:14-16)
No es que el Nuevo Pacto no haya sido efectuado. Jesús dijo de Su sangre que era la sangre del Nuevo Pacto, derramado para la remisión de los pecados (Matt 26:28). A través de Su muerte, Él nos redimió de nuestros pecados y llegó a ser el Mediador del Nuevo Pacto (Heb 9:15). Pablo instruyó a la Iglesia acerca de la Santa Cena en conmemoración de Su sangre derramada por nosotros, citando las palabras de Jesús: “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.” (1Cor 11:25).
Así que, vemos que el único pueblo que siguen cegados, y por lo tanto continúan bajo el Antiguo Pacto, son los judíos no-salvos, y no los creyentes entre la circuncisión. En el momento que un judío cree en Cristo, el velo es quitado y él puede ver que ya estamos viviendo bajo el Nuevo Pacto. Los que perseguían a la Iglesia y procuraba imponer el Antiguo Pacto eran los judíos no-generados que no creían que Cristo había iniciado el Nuevo Pacto en Su sangre, y también algunos hermanos falsos de los fariseos, comúnmente llamados los judaizantes (Gal 2:4; Hch 15:5). Pero Pablo insistía en que todos los creyentes en esta época debemos de vivir bajo el Nuevo Pacto y libres de la Ley. Él dijo:
“Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de TODOS NOSOTROS, es libre.” (Gal 4:24-27)
Tenemos que tener en mente que Pablo estaba hablando a los creyentes judíos y gentiles cuando dijo que todos nosotros somos libres de la Ley bajo el Nuevo Pacto (Gal 3:26-29). En esta época, la salvación ha venido a los gentiles para provocar a celos a Israel (Rom 11:11-15). Sin embargo, la nación de Israel finalmente será salvo y le darán la bienvenida a su Mesías y Rey en Su Segunda Venida. Entonces, ellos también vendrán bajo el Nuevo Pacto y verán la plena restauración de su tierra como prometida en Ezequiel y en otras Escrituras. Sin embargo, esa restauración futura tiene que ver con el programa de Dios para la nación de Israel y no aplica a los judíos que han creído en esta época, y por lo tanto forman parte del cuerpo de Cristo (1Cor 12:13).
Así que, entendiendo que no hay dos grupos de salvos, sino que ambos judíos y gentiles que creen componen el cuerpo de Cristo, la Iglesia, el argumento de que haya dos Escrituras en el Nuevo Testamento para dos grupos distintos de creyentes, cae al suelo. Hay varios supuestos contrastes y discrepancias presentados por los defensores de la doctrina de los dos evangelios para sustanciar su alegación de que las epístolas de Pablo son diferentes de, e incompatibles con, el resto del Nuevo Testamento. Estos supuestos discrepancias serán considerados en el próximo blog.
¿Hay dos Escrituras distintas en el Nuevo Testamento dirigidas a dos grupos de creyentes separados, como afirman a los defensores de la doctrina de los dos evangelios? La mayoría de los cristianos reconocen que el Antiguo Testamento era para los judíos bajo el Antiguo Pacto, y aunque fue escrito para nosotros, no es directamente aplicable a nosotros bajo el Nuevo Pacto. Adicionalmente, Adicionalmente, al leer los cuatro Evangelios, hay que tener siempre en mente que Jesús estaba ministrando todavía bajo el Antiguo Pacto.
Por lo tanto, muchas de Sus enseñanzas eran intencionalmente transicional entre los dos pactos, por un lado, presentando las demandas del viejo, y por el otro lado, introduciendo lo nuevo. Jesús a menudo elevaba las exigencias de la Ley para que Sus oidores se desesperaran de la auto-salvación por guardar la Ley, con tal de que después recibiesen con gozo Su redención de la maldición de la Ley a través de Su muerte en la cruz, llegando a ser una nueva creación en unión con Él en Su vida de resurrección después de que Él se resucitara de los muertos.
En los Evangelios, Jesús combinaba el viejo con el nuevo y avisó a Sus oidores de la necesidad de discernir entre los dos. Él dijo que el viejo era incompatible con el nuevo (Mt 9:17) y alertó a Sus oidores de la necesidad de entendimiento acerca del reino de los cielos para poder discernir entre los dos. Él les dijo:
“Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mt 13:52)
Por lo tanto, al leer los Evangelios, necesitamos discernir cuando Jesús está aplicando el viejo, y cuando está introduciendo el nuevo. Por ejemplo, Jesús subió la barra aún más alto para el joven rico que seguía bajo la ilusión de que se podría salvarse por guardar la Ley, diciendo que también tendría que vender todo lo que tenía para dar a los pobres (Mt 19:16-22). En contraste, cuando el cobrador de impuestos corrupto simplemente clamó a Dios, diciendo, “sé propicio a mí, pecador,” él se fue justificado por la pura gracia aparte de las obras (Lucas 18:9-14).
En una ocasión, vemos a Jesús alzando la barra aún más alta sobre el adulterio, diciendo que solamente una mirada con codicia pone a uno en peligro del fuego de Gehena (Mt 5:27-29). En un contraste marcado con esto, vemos a Jesús ofreciéndole a la mujer samaritana el agua de la vida gratuitamente, sabiendo que ella no solamente estaba viviendo en adulterio, sino que también se había divorciado cinco veces. (Jn 4:7-18). En otra ocasión, vemos a Él diciéndole a una mujer que fue descubierta en el mismo acto de adulterio: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Jn 8:11).
En los Evangelios a menudo vemos a Jesús utilizando la espada de dos filos – en un momento matando con la Ley, que era la ministración de la muerte y la condenación. (2Cor 3:7-9), y en otro momento vivificando por Su gracia a aquellos que ya sabían que eran condenados y necesitados de misericordia (cf. 1Sam 2:6).
Esta obra de Dios dúo-fásica en el corazón del hombre es evidente a través de todas las Escrituras, incluyendo las epístolas de Pablo. Pablo dijo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. (Rom 11:32), y “la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” (Gal 3:24). De la misma manera Santiago dijo: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos,” solo para después decir que finalmente “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Stg 2:10-13). En vez de descartar a los Evangelios como no-aplicables, necesitamos pedirle a Dios el discernimiento para poder distinguir lo viejo de lo que es nuevo.
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios no solamente consideran los Evangelios como no-aplicables a la Iglesia, sino también descartan la totalidad del Nuevo Testamento con la excepción de las epístolas de Pablo. Esta creencia tiene sus raíces en su malinterpretación de Gálatas 2:7 donde concluyen que hay dos evangelios distintos, y por lo tanto dos grupos de creyentes: 1) Los judíos que creen o la esposa, que todavía siguen bajo el Antiguo Pacto, y 2) los creyentes entre los gentiles que abarcan la Iglesia, el cuerpo de Cristo, y están bajo la gracia en vez de la Ley. Argumentan esto a pesar de las declaraciones enfáticas al contrario, como vimos en el blog anterior (Gal 3:27-29; Ef 3:3-6; 1Cor 12:13).
Argumentan que los judíos que creen todavía están bajo el Antiguo Pacto y por lo tanto son obligados a guardar la Ley de Moisés adicional a creer en Jesús, mientras la Iglesia está bajo la gracia sin ninguna obligación en absoluto. Pero, ¿es cierto que el Antiguo Pacto todavía tiene vigencia para el creyente? (cf. Rom 10:4). ¿Será que la Iglesia judío/gentil no está actualmente bajo el Nuevo Pacto como ellos afirman? Pablo deja muy en claro que ya no estamos bajo el Antiguo Pacto, sino que ahora somos ministros del Nuevo Pacto. Él dijo:
“no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, 6 el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. 7 Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, 8 ¿cómo no será más bien con gloria el ministerio del espíritu? 9 Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación. 10 Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. 11 Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece.” (2Cor 3:5-11)
Aquí Pablo, hablando al cuerpo de Cristo compuesto de judíos y gentiles, dice que Dios nos ha hecho nosotros todos ministros del Nuevo Pacto que no es de la letra, como fue el Antiguo Pacto que era el ministerio de la muerte, grabados con letras en piedras. En vez de las tablas de piedra del pacto anterior, Pablo dice que ahora somos nosotros mismos una epístola “escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Cor 3:3). Esto es un cumplimiento parcial de lo que le fue prometido a Israel en el Nuevo Pacto cuando el Señor dijo, “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” (Ezeq 36:26).
Como podemos ver desde Ezequiel 31:31 en adelante, el Nuevo Pacto hubiera sido iniciado para la nación de Israel y ellos habrían sido plenamente restaurados en su tierra bajo el Nuevo Pacto, cuando Cristo, su Mesías y Rey, vino proclamando que Su reino estaba cerca. Sin embargo, el liderazgo representativo de Israel formalmente rechazó la oferta del reino cuando Él hizo su entrada triunfal en Jerusalén y se presentó formalmente como su Rey (Matt 21:6-17).
A consecuencia de eso, Él les declaró que, debido a que no reconocieron la hora de su visitación, su casa les sería dejada desierta hasta un tiempo futuro cuando le darán la bienvenida (Matt 23:38-39). Entonces Israel como nación fue apartado para juicio. Desde el Pentecostés, la promesa a Abraham, como también el Nuevo Pacto, han sido cumplidos en la Iglesia, principalmente compuesto de gentiles, con solo un remanente de Israel creyendo y viniendo bajo el Nuevo Pacto en esta época (Rom 11:5-7, 25-27).
En 2Corintios 3, después de declarar que nosotros, como la Iglesia de Cristo, ahora estamos bajo el Nuevo Pacto, Pablo explica que la nación de Israel no puede ver que el Antiguo Pacto fue reemplazado con el Nuevo Pacto porque han sido cegados para no ver lo que Cristo logró en la cruz:
“Pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. 15 Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. 16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.” (2Cor 3:14-16)
No es que el Nuevo Pacto no haya sido efectuado. Jesús dijo de Su sangre que era la sangre del Nuevo Pacto, derramado para la remisión de los pecados (Matt 26:28). A través de Su muerte, Él nos redimió de nuestros pecados y llegó a ser el Mediador del Nuevo Pacto (Heb 9:15). Pablo instruyó a la Iglesia acerca de la Santa Cena en conmemoración de Su sangre derramada por nosotros, citando las palabras de Jesús: “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.” (1Cor 11:25).
Así que, vemos que el único pueblo que siguen cegados, y por lo tanto continúan bajo el Antiguo Pacto, son los judíos no-salvos, y no los creyentes entre la circuncisión. En el momento que un judío cree en Cristo, el velo es quitado y él puede ver que ya estamos viviendo bajo el Nuevo Pacto. Los que perseguían a la Iglesia y procuraba imponer el Antiguo Pacto eran los judíos no-generados que no creían que Cristo había iniciado el Nuevo Pacto en Su sangre, y también algunos hermanos falsos de los fariseos, comúnmente llamados los judaizantes (Gal 2:4; Hch 15:5). Pero Pablo insistía en que todos los creyentes en esta época debemos de vivir bajo el Nuevo Pacto y libres de la Ley. Él dijo:
“Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud. 26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de TODOS NOSOTROS, es libre.” (Gal 4:24-27)
Tenemos que tener en mente que Pablo estaba hablando a los creyentes judíos y gentiles cuando dijo que todos nosotros somos libres de la Ley bajo el Nuevo Pacto (Gal 3:26-29). En esta época, la salvación ha venido a los gentiles para provocar a celos a Israel (Rom 11:11-15). Sin embargo, la nación de Israel finalmente será salvo y le darán la bienvenida a su Mesías y Rey en Su Segunda Venida. Entonces, ellos también vendrán bajo el Nuevo Pacto y verán la plena restauración de su tierra como prometida en Ezequiel y en otras Escrituras. Sin embargo, esa restauración futura tiene que ver con el programa de Dios para la nación de Israel y no aplica a los judíos que han creído en esta época, y por lo tanto forman parte del cuerpo de Cristo (1Cor 12:13).
Así que, entendiendo que no hay dos grupos de salvos, sino que ambos judíos y gentiles que creen componen el cuerpo de Cristo, la Iglesia, el argumento de que haya dos Escrituras en el Nuevo Testamento para dos grupos distintos de creyentes, cae al suelo. Hay varios supuestos contrastes y discrepancias presentados por los defensores de la doctrina de los dos evangelios para sustanciar su alegación de que las epístolas de Pablo son diferentes de, e incompatibles con, el resto del Nuevo Testamento. Estos supuestos discrepancias serán considerados en el próximo blog.
- Published on
por George Sidney Hurd
En el primer blog demostré, tanto contextual, como gramáticamente que Gálatas 2:7 está hablando de un solo evangelio – el evangelio de nuestro Señor Jesucristo que fue anunciado primeramente por el ángel a los pastores en la noche que Jesús nació en Belén, y después floreció más plenamente en los misterios del evangelio revelado a Pablo por el mismo Cristo glorificado. En el concilio de Jerusalén fue determinado que el evangelio de Pablo no era diferente del evangelio que ellos mismos proclamaban. En el concilio, Pedro, quien anteriormente había pasado 15 días conversando con Pablo (Gal 1:18), les explicó a los demás en el concilio que el evangelio que Pablo predicaba no era diferente al evangelio predicado por ellos. Él dijo:
“Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra DEL evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.) y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, DE IGUAL MODO QUE ELLOS.” (Hch 15:7-11)
Pablo dijo de este evangelio único que es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Rom 1:16). En el capítulo 1 de Gálatas, Pablo, de manera muy enfática, insistió que solamente había un evangelio (Gal 1:6-9). Por lo tanto, es irracional pensar que él hubiera dicho después que hay dos evangelios distintos solo unos versículos más adelante en Gálatas 2:7. Este malentendimiento se debe principalmente a la traducción KJV en inglés que dice “the gospel of the uncircumcision” (el evangelio de la incircuncisión), en vez de “the gospel to the uncircumcision” (el evangelio a la incircuncisión).
Los que insisten en rendirlo “de la incircuncisión” en vez de “a la circuncisión,” debido a que el sustantivo, “incircuncisión” es en la forma genitiva, solamente muestran su falta de entendimiento de las muchas variaciones de la genitiva en el griego. Cuando enseñabamos el primer año del griego, siempre advertíamos a los estudiantes que necesitaban completar al menos el segundo año, debido a las complejidades del idioma griega. Muchos se consideran autoridades del griego después de haber recibido nada más que los rudimentos básicos del idioma.
Yo no me considero experto, pero a menudo me perturba ver a alguien que muy obviamente no tiene comprensión adecuada de los idiomas originales, despreciando a los traductores como si los eruditos del griego no supieron de que hablan. El erudito del griego, A.T. Robertson, describe 10 usos de la forma genitiva. [i] Como vimos en el blog anterior, un uso común de la genitiva es la genitiva objetiva, que se traduce “a.” La razón por qué muchos de las traducciones más recientes lo traducen “a la incircuncisión” en vez de “de la circuncisión” es porque la genitiva lo permite y el contexto requiere ese significado.
Sobre esta doctrina demostrablemente errónea de los dos evangelios han edificado un sistema doctrinal completo en donde también insisten que hay dos grupos de creyentes dentro del pueblo de Dios, cada uno con sus propias Escrituras y doctrinas exclusivas. De manera dogmática insisten de que ellos son los únicos que usan (inglés, “dividen”) bien la Palabra de Dios (2Tim 2:15).
Sin embargo, les presento la pregunta: ¿Están dividiendo bien la Palabra de Dios cuando dividen los creyentes en dos grupos? Espero demostrar en este blog que, en realidad, están dividiendo lo que Dios ha juntado. Están demarcando líneas de división donde Pablo mismo de manera muy enfática dice que no deben de existir.
En su libro “Los Dos Evangelios,” Dawson Barlow argumenta que la epístola de los Gálatas es clava para entender el programa de Dios en este tiempo presente, dado que contiene un “señal de tráfico” o transición que muy pocos en la Iglesia han reconocido. [ii] La visita de Pablo a Jerusalén relatada en Gálatas 2, corresponde con su aparición ante el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Como ya hemos visto, ellos determinaron que el evangelio que Pablo predicaba no era otro evangelio, y le dieron la diestra en señal de compañerismo, diciendo que fuera a los gentiles y Pedro a la circuncisión (Gal 2:9).
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios como Dawson y Martin Zender, insistiendo en la traducción de la KJV de Gálatas 2:7, argumentan que el concilio de Jerusalén había concluido lo opuesto – que Pablo y Pedro fueron comisionados a predicar dos evangelios a dos grupos de creyentes contemporáneos distintos: 1) Los judíos mesiánicos o la circuncisión, y 2) los creyentes gentiles o la incircuncisión. Adicionalmente, dicen que solamente los creyentes entre los judíos son la esposa de Cristo, mientras los creyentes de los gentiles son la Iglesia o el cuerpo de Cristo y no serán la esposa.
Pero, ¿es Cristo dividido? Si tal distinción hubiera sido determinada en el consejo de Jerusalén, seguramente anticiparíamos que Pablo habría mencionado tal división en Gálatas. Pero, ¿qué dice él acerca de esto? En el próximo capítulo, Pablo deja muy en claro que tal división no existía entre los judíos y los gentiles en ese tiempo. Él dijo:
“porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque TODOS VOSOTROS SOIS UNO en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gal 3:27-29)
Aquí vemos que, no solamente componen el cuerpo de Cristo los judíos y gentiles, sino que los gentiles ahora son la simiente de Abraham en virtud de su unión con Cristo, el Simiente de Abraham (cf. Gal 3:16). A Pablo, como a ningún otro Apóstol, le fue encomendado los misterios del evangelio. Sin embargo, el misterio que le fue revelado no era que los creyentes de los gentiles son un grupo aparte de los creyentes entre los judíos, sino al contrario, el misterio fue que ellos componen el mismo cuerpo. Él dijo:
“que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y MIEMBROS DEL MISMO CUERPO, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.).” (Ef 3:3-6).
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en UN CUERPO, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Cor 12:13)
Así que, vemos que Pablo, el Apóstol a los gentiles, enseñaba exactamente lo contrario a lo que afirman los de la doctrina de los dos evangelios. El claramente dice que los creyentes judíos y gentiles juntos forman un solo cuerpo en Cristo. Adicionalmente, necesita ser empatizado que los misterios del evangelio no eran exclusivos a Pablo, como afirman ellos. Aquí Pablo dice que este misterio también fue revelado a los “santos apóstoles y profetas” de Cristo por el Espíritu. Los misterios revelados a Pablo no le fueron revelados a él a la exclusión de los demás Apóstoles, sino que fueron revelados a todo el cuerpo.
El argumento de que los gentiles comprenden la Iglesia, el cuerpo de Cristo, mientras los judíos que creen son la esposa solamente, se basa en el hecho de que Pablo no usa la palabra “esposa” para referirse a los creyentes. Dado que ellos creen que nada en el Nuevo Testamento, aparte de las epístolas de Pablo tiene relevancia para la Iglesia gentil, ellos argumentan que el hecho que Pablo no usó la palabra “esposa” es evidencia concluyente de que la Iglesia nunca será la esposa de Cristo.
En el próximo blog voy a considerar sus argumentos por la doctrina de las dos Escrituras. Sin embargo, mientras que Pablo no usa la palabra “esposa” en sus epístolas, dado que las bodas todavía son futuras, él, sin embargo, sí hace referencia a la Iglesia como habiendo sido desposada para ser la esposa de Cristo. Pablo les dijo a los Corintos:
“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.” (2 Cor 11:2)
Aquí Pablo describe a sí mismo como uno que se hizo eunuco para el reino, preparando la desposada para el día de las bodas. De la misma manera, en Efesios, Pablo compara la relación entre el marido y su esposa de una sola carne con la relación de Cristo a Su Iglesia:
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” (Ef 5:28-32)
Pablo aquí dice que la unión de una sola carne entre un marido y su esposa representa un gran misterio – el misterio de la unión de Cristo con Su Iglesia. De manera muy clara la Iglesia es presentada como la desposada de Cristo, no solamente en el libro de Apocalipsis, sino también en las epístolas de Pablo.
Ellos argumentan que el libro de Apocalipsis no aplica a la Iglesia, sino solamente a los judíos o la esposa de Cristo. Sin embargo, en la misma introducción, Juan dice de manera muy específica: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia.” (Apo 1:4). Entonces Jesús dice: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia…” (Apo 1:11). A la luz de esto, ¿cómo es posible argumentar que el libro de Apocalipsis no está dirigido a las Iglesias de los gentiles, cuando Pablo mismo fue el primero en llevar el evangelio a la mayoría de las ciudades mencionadas aquí en Apocalipsis?
También debe ser notado que, mientras que Pablo fue comisionado a predicar el evangelio a los gentiles, él no predicaba el evangelio exclusivamente a ellos. De hecho, así como dijo en Romanos 1:16, fue su costumbre predicar el evangelio primeramente a los judíos. En Hechos 17, después del concilio en Jerusalén en el capítulo 15, todavía era su costumbre predicar el evangelio primero a los judíos. Dice:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos.” (Hch 17:1-2)
¿Cómo pueden los de la doctrina de los dos evangelios explicar el hecho de que Pablo estaba acostumbrado a predicar el evangelio primero a los judíos si de hecho su evangelio era diferente del evangelio de la circuncisión? Pablo dijo que él se hacía judío para ganar a los judíos, pero les predicaba a ellos el mismo evangelio y no otro (1Cor 9:19-23).
También argumentan que la Gran Comisión que Jesús les mandó a los 12 Apóstoles a predicar por todo el mundo fue suspendida en el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Si fuera eso cierto, entonces, ¿cuál fue el evangelio que los 12 Apóstoles llevaron a las naciones? ¿Solo evangelizaban a la circuncisión?
Los defensores de los dos evangelios implican que los doce permanecieron en Jerusalén predicando el evangelio a los judíos solamente. Sin embargo, eso no fue el caso. En Hechos 1 Jesús les dijo que serían Sus testigos, comenzando en Jerusalén, entonces en Judea y Samaria, y finalmente hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). Siguiendo a través de los Hechos, podemos ver que la Gran Comisión fue llevado a cabo en ese orden, así como dijo Jesús – primero en Jerusalén (1:1 – 7:60), entonces en Judea y Samaria (8:1 – 9:43), y finalmente hasta lo último de la tierra (10:1 – 28:31). En el último versículo de los Hechos vemos a Pablo todavía predicando el mismo evangelio del reino de Dios y no otro, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios (Acts 28:31). Jesús dijo que el fin vendría tan pronto terminaran de predicar el evangelio del reino a todo el mundo para testimonio a todas las naciones (Matt 24:14).
Los otros 12 Apóstoles comenzaron en Jerusalén, pero no quedaron allí. Incluso Pedro pasó sus días finales en Roma. La mayoría de ellos murieron como mártires a manos de los gentiles por su testimonio a excepción de Juan, quien murió en su vejez en Éfeso. En el siguiente mapa uno puede ver que no pensaron que la Gran Comisión había sido suspendida en Hechos 15, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios.
En el primer blog demostré, tanto contextual, como gramáticamente que Gálatas 2:7 está hablando de un solo evangelio – el evangelio de nuestro Señor Jesucristo que fue anunciado primeramente por el ángel a los pastores en la noche que Jesús nació en Belén, y después floreció más plenamente en los misterios del evangelio revelado a Pablo por el mismo Cristo glorificado. En el concilio de Jerusalén fue determinado que el evangelio de Pablo no era diferente del evangelio que ellos mismos proclamaban. En el concilio, Pedro, quien anteriormente había pasado 15 días conversando con Pablo (Gal 1:18), les explicó a los demás en el concilio que el evangelio que Pablo predicaba no era diferente al evangelio predicado por ellos. Él dijo:
“Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra DEL evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.) y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones. 10 Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, DE IGUAL MODO QUE ELLOS.” (Hch 15:7-11)
Pablo dijo de este evangelio único que es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Rom 1:16). En el capítulo 1 de Gálatas, Pablo, de manera muy enfática, insistió que solamente había un evangelio (Gal 1:6-9). Por lo tanto, es irracional pensar que él hubiera dicho después que hay dos evangelios distintos solo unos versículos más adelante en Gálatas 2:7. Este malentendimiento se debe principalmente a la traducción KJV en inglés que dice “the gospel of the uncircumcision” (el evangelio de la incircuncisión), en vez de “the gospel to the uncircumcision” (el evangelio a la incircuncisión).
Los que insisten en rendirlo “de la incircuncisión” en vez de “a la circuncisión,” debido a que el sustantivo, “incircuncisión” es en la forma genitiva, solamente muestran su falta de entendimiento de las muchas variaciones de la genitiva en el griego. Cuando enseñabamos el primer año del griego, siempre advertíamos a los estudiantes que necesitaban completar al menos el segundo año, debido a las complejidades del idioma griega. Muchos se consideran autoridades del griego después de haber recibido nada más que los rudimentos básicos del idioma.
Yo no me considero experto, pero a menudo me perturba ver a alguien que muy obviamente no tiene comprensión adecuada de los idiomas originales, despreciando a los traductores como si los eruditos del griego no supieron de que hablan. El erudito del griego, A.T. Robertson, describe 10 usos de la forma genitiva. [i] Como vimos en el blog anterior, un uso común de la genitiva es la genitiva objetiva, que se traduce “a.” La razón por qué muchos de las traducciones más recientes lo traducen “a la incircuncisión” en vez de “de la circuncisión” es porque la genitiva lo permite y el contexto requiere ese significado.
Sobre esta doctrina demostrablemente errónea de los dos evangelios han edificado un sistema doctrinal completo en donde también insisten que hay dos grupos de creyentes dentro del pueblo de Dios, cada uno con sus propias Escrituras y doctrinas exclusivas. De manera dogmática insisten de que ellos son los únicos que usan (inglés, “dividen”) bien la Palabra de Dios (2Tim 2:15).
Sin embargo, les presento la pregunta: ¿Están dividiendo bien la Palabra de Dios cuando dividen los creyentes en dos grupos? Espero demostrar en este blog que, en realidad, están dividiendo lo que Dios ha juntado. Están demarcando líneas de división donde Pablo mismo de manera muy enfática dice que no deben de existir.
En su libro “Los Dos Evangelios,” Dawson Barlow argumenta que la epístola de los Gálatas es clava para entender el programa de Dios en este tiempo presente, dado que contiene un “señal de tráfico” o transición que muy pocos en la Iglesia han reconocido. [ii] La visita de Pablo a Jerusalén relatada en Gálatas 2, corresponde con su aparición ante el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Como ya hemos visto, ellos determinaron que el evangelio que Pablo predicaba no era otro evangelio, y le dieron la diestra en señal de compañerismo, diciendo que fuera a los gentiles y Pedro a la circuncisión (Gal 2:9).
Sin embargo, los defensores de la doctrina de los dos evangelios como Dawson y Martin Zender, insistiendo en la traducción de la KJV de Gálatas 2:7, argumentan que el concilio de Jerusalén había concluido lo opuesto – que Pablo y Pedro fueron comisionados a predicar dos evangelios a dos grupos de creyentes contemporáneos distintos: 1) Los judíos mesiánicos o la circuncisión, y 2) los creyentes gentiles o la incircuncisión. Adicionalmente, dicen que solamente los creyentes entre los judíos son la esposa de Cristo, mientras los creyentes de los gentiles son la Iglesia o el cuerpo de Cristo y no serán la esposa.
Pero, ¿es Cristo dividido? Si tal distinción hubiera sido determinada en el consejo de Jerusalén, seguramente anticiparíamos que Pablo habría mencionado tal división en Gálatas. Pero, ¿qué dice él acerca de esto? En el próximo capítulo, Pablo deja muy en claro que tal división no existía entre los judíos y los gentiles en ese tiempo. Él dijo:
“porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. 28 Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque TODOS VOSOTROS SOIS UNO en Cristo Jesús. 29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gal 3:27-29)
Aquí vemos que, no solamente componen el cuerpo de Cristo los judíos y gentiles, sino que los gentiles ahora son la simiente de Abraham en virtud de su unión con Cristo, el Simiente de Abraham (cf. Gal 3:16). A Pablo, como a ningún otro Apóstol, le fue encomendado los misterios del evangelio. Sin embargo, el misterio que le fue revelado no era que los creyentes de los gentiles son un grupo aparte de los creyentes entre los judíos, sino al contrario, el misterio fue que ellos componen el mismo cuerpo. Él dijo:
“que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y MIEMBROS DEL MISMO CUERPO, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.).” (Ef 3:3-6).
“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en UN CUERPO, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” (1 Cor 12:13)
Así que, vemos que Pablo, el Apóstol a los gentiles, enseñaba exactamente lo contrario a lo que afirman los de la doctrina de los dos evangelios. El claramente dice que los creyentes judíos y gentiles juntos forman un solo cuerpo en Cristo. Adicionalmente, necesita ser empatizado que los misterios del evangelio no eran exclusivos a Pablo, como afirman ellos. Aquí Pablo dice que este misterio también fue revelado a los “santos apóstoles y profetas” de Cristo por el Espíritu. Los misterios revelados a Pablo no le fueron revelados a él a la exclusión de los demás Apóstoles, sino que fueron revelados a todo el cuerpo.
El argumento de que los gentiles comprenden la Iglesia, el cuerpo de Cristo, mientras los judíos que creen son la esposa solamente, se basa en el hecho de que Pablo no usa la palabra “esposa” para referirse a los creyentes. Dado que ellos creen que nada en el Nuevo Testamento, aparte de las epístolas de Pablo tiene relevancia para la Iglesia gentil, ellos argumentan que el hecho que Pablo no usó la palabra “esposa” es evidencia concluyente de que la Iglesia nunca será la esposa de Cristo.
En el próximo blog voy a considerar sus argumentos por la doctrina de las dos Escrituras. Sin embargo, mientras que Pablo no usa la palabra “esposa” en sus epístolas, dado que las bodas todavía son futuras, él, sin embargo, sí hace referencia a la Iglesia como habiendo sido desposada para ser la esposa de Cristo. Pablo les dijo a los Corintos:
“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo.” (2 Cor 11:2)
Aquí Pablo describe a sí mismo como uno que se hizo eunuco para el reino, preparando la desposada para el día de las bodas. De la misma manera, en Efesios, Pablo compara la relación entre el marido y su esposa de una sola carne con la relación de Cristo a Su Iglesia:
“Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.” (Ef 5:28-32)
Pablo aquí dice que la unión de una sola carne entre un marido y su esposa representa un gran misterio – el misterio de la unión de Cristo con Su Iglesia. De manera muy clara la Iglesia es presentada como la desposada de Cristo, no solamente en el libro de Apocalipsis, sino también en las epístolas de Pablo.
Ellos argumentan que el libro de Apocalipsis no aplica a la Iglesia, sino solamente a los judíos o la esposa de Cristo. Sin embargo, en la misma introducción, Juan dice de manera muy específica: “Juan, a las siete iglesias que están en Asia.” (Apo 1:4). Entonces Jesús dice: “Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia…” (Apo 1:11). A la luz de esto, ¿cómo es posible argumentar que el libro de Apocalipsis no está dirigido a las Iglesias de los gentiles, cuando Pablo mismo fue el primero en llevar el evangelio a la mayoría de las ciudades mencionadas aquí en Apocalipsis?
También debe ser notado que, mientras que Pablo fue comisionado a predicar el evangelio a los gentiles, él no predicaba el evangelio exclusivamente a ellos. De hecho, así como dijo en Romanos 1:16, fue su costumbre predicar el evangelio primeramente a los judíos. En Hechos 17, después del concilio en Jerusalén en el capítulo 15, todavía era su costumbre predicar el evangelio primero a los judíos. Dice:
“Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos.” (Hch 17:1-2)
¿Cómo pueden los de la doctrina de los dos evangelios explicar el hecho de que Pablo estaba acostumbrado a predicar el evangelio primero a los judíos si de hecho su evangelio era diferente del evangelio de la circuncisión? Pablo dijo que él se hacía judío para ganar a los judíos, pero les predicaba a ellos el mismo evangelio y no otro (1Cor 9:19-23).
También argumentan que la Gran Comisión que Jesús les mandó a los 12 Apóstoles a predicar por todo el mundo fue suspendida en el concilio de Jerusalén en Hechos 15. Si fuera eso cierto, entonces, ¿cuál fue el evangelio que los 12 Apóstoles llevaron a las naciones? ¿Solo evangelizaban a la circuncisión?
Los defensores de los dos evangelios implican que los doce permanecieron en Jerusalén predicando el evangelio a los judíos solamente. Sin embargo, eso no fue el caso. En Hechos 1 Jesús les dijo que serían Sus testigos, comenzando en Jerusalén, entonces en Judea y Samaria, y finalmente hasta lo último de la tierra (Hch 1:8). Siguiendo a través de los Hechos, podemos ver que la Gran Comisión fue llevado a cabo en ese orden, así como dijo Jesús – primero en Jerusalén (1:1 – 7:60), entonces en Judea y Samaria (8:1 – 9:43), y finalmente hasta lo último de la tierra (10:1 – 28:31). En el último versículo de los Hechos vemos a Pablo todavía predicando el mismo evangelio del reino de Dios y no otro, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios (Acts 28:31). Jesús dijo que el fin vendría tan pronto terminaran de predicar el evangelio del reino a todo el mundo para testimonio a todas las naciones (Matt 24:14).
Los otros 12 Apóstoles comenzaron en Jerusalén, pero no quedaron allí. Incluso Pedro pasó sus días finales en Roma. La mayoría de ellos murieron como mártires a manos de los gentiles por su testimonio a excepción de Juan, quien murió en su vejez en Éfeso. En el siguiente mapa uno puede ver que no pensaron que la Gran Comisión había sido suspendida en Hechos 15, como dicen los de la doctrina de los dos evangelios.
Hay mucho más que se podría decir, pero debe ser evidente a cualquier estudiante de la Palabra sin prejuicios que lo que hemos visto en estos dos blogs, demuestra que la Iglesia del primer siglo no sabía nada de dos evangelios con dos grupos separados de creyentes. En el próximo blog estaremos examinando sus argumentos que presentan por dos Escrituras distintas – las epístolas de Pablo que, según ellos, es para los gentiles solamente, y el resto del Nuevo Testamento que, según ellos, es solamente para los judíos.
[1] Robertson, A. T. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research, Objective Genitive.
[2] R. Dawson Barlow, The Two Gospels – A big difference.
[2] R. Dawson Barlow, The Two Gospels – A big difference.
- Published on
por George Sidney Hurd
--
Recientemente he tenido conversaciones con individuos que defienden la creencia de que hay dos evangelios distintos en el Nuevo Testmento – un evangelio para los Judíos que requería que uno se circuncidara y guardara la Ley, y el otro evangelio que Pablo predicaba a los gentiles que era la salvación por gracia por medio de la fe solamente.
Muchos de ellos dicen que el evangelio que Pablo había predicado a los gentiles había sido rechazado por todos aquellos que él había evangelizado en Asia, siendo desplazado por el evangelio a la circuncisión. Esto se basan en su interpretación de lo que Pablo dijo cuando dijo que todos los de Asia le habían abandonado (2Tim 1:15). De esto concluyen que el verdadero evangelio de la salvación por gracia por medio de la fe, predicado por Pablo, fue perdido a Iglesia en el primer siglo, siendo reemplazado con el evangelio de salvación por obras predicado por Pedro. De esta manera justifican la ausencia total de mención alguna de la doctrina de los dos evangelios en los escritos de los Padres Primitivos de la Iglesia. La mayoría que creen en esta doctrina de dos evangelios argumentan que muy pocos han sido salvos desde los días de Pablo hasta ahora, dado que solamente ha sido predicado el evangelio de la circuncisión que requiere obras para la salvación.
Siendo yo mismo un Dispensacionalista, siempre estaba algo familiarizado con la doctrina de los dos evangelios. Sin embargo, los hermanos que enseñaban esto generalmente fueron considerados como un grupo marginal e Hiper Dispensacionalista, y por lo tanto yo no prestaba mucha atención al tema – eso es, hasta que comencé a interactuar con unos Universalistas que también creen en una variación de esta misma enseñanza. Por lo que he podido determinar, el mayor protagonista de esta doctrina entre los Universalistas es Martin Zender. [1]
Estoy de acuerdo con ellos en decir que el evangelio de la gracia por medio de la fe solamente que predicaba Pablo es la única manera que nosotros los gentiles pueden ser salvos. Sin embargo, el punto de contención principal es su insistencia de que había un evangelio diferente para los judíos que requerían obras de la Ley adicional a la fe para ser salvos.
Adicionalmente, según ellos, solamente las epístolas de Pablo son aplicables para la Iglesia hoy en día. Dicen que la Iglesia no comenzó en el día del Pentecostés cuando vino el Espíritu Santo sobre los creyentes, sino que comenzó en la mitad del libro de los Hechos después de que Estaban fuera apedreado y Pablo comisionado como Apóstol a los Gentiles. Así que, según ellos, los otros doce Apóstoles ni siquiera formaron parte de la Iglesia.
¿Sobre qué fundamento está fundada esta doctrina? Asombrosamente, como veremos, toda esta esquema doctrinal fue derivada de un solo versículo como fue traducida de la King James Version en inglés, tomado fuera del contexto. Su texto clave es Gálatas 2:7-9 que dice:
“Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión 8 (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), 9 y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión.” (Gal 2:7-9)
Del versículo 7 argumentan que había dos evangelios distintos – uno bajo el apostolado de Pedro, perteneciendo a los judíos, y el otro bajo el apostolado de Pablo, perteneciendo a los gentiles. Ellos argumentan que el evangelio a los judíos predicado por Pedro requería la circuncisión, guardando a la Ley para ser salvos, mientras que el evangelio proclamado por Pablo era la salvación por la gracia por medio de la fe solamente.
Sin embargo, el contexto donde aparece Gálatas 2:7 deja muy en claro que Pablo no está hablando aquí de dos evangelios distintos, sino del único verdadero evangelio, el evangelio de la gracia, que fue presentado a todos, incluyendo a los judíos. Después de la introducción breve de Pablo en el capítulo uno, él va directo al grano en cuanto al motivo de su epístola, que es enfrentar a los judaizantes que habían entrado entre los gálatas, trastornando la fe de algunos, presentando otro evangelio falso. Comenzando en el versículo seis él dice:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gal 1:6-9).
Pablo aquí dice de manera enfática que solamente hay un evangelio, y que cualquier otro evangelio diferente del evangelio que él predicaba de hecho no era en nada un evangelio. Los que argumentan por dos evangelios dicen que el evangelio que Pedro predicaba a la circuncisión requería que uno se circuncidara y guardara la Ley. Sin embargo, eso es precisamente el falso evangelio que Pablo opone aquí en Gálatas. Pablo dijo acerca de la circuncisión:
“He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo. 3 Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley. 4 De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” (Gal 5:2-4).
Los defensores de los dos evangelios dicen que el evangelio de la circuncisión requería que se circuncidara y guardara la Ley. Pero Pablo dice que si uno intenta justificarse por las obras de la Ley, entonces de nada aprovecha Cristo. Procurando ser justificado por un rito o por las obras constituye un caer de la gracia. No es posible argumentar que Pablo solamente quería decir que los gentiles no podrían ser salvos por las obras, mientras que los judíos sí, porque él deja muy en claro que nadie en absoluto puede ser justificado por las obras de la Ley. Él dijo:
“Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, 16 sabiendo que EL HOMBRE no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley NADIE será justificado.” (Gal 2:15-16).
Pablo aquí incluye a sí mismo y a Pedro, ambos siendo judíos, cuando él dice que NINGÚN HOMBRE – NADIE puede ser justificado por las obras de la Ley. De igual manera, en Romanos 1 a 3, Pablo establece que, tanto los judíos, como los no judíos, son de igual manera culpable ante Dios sin ninguna posibilidad de justificase por medio de las obras de la Ley. En 3:20 Pablo da un resume de la condición del hombre diciendo:
“por las obras de la ley NINGÚN SER HUMANO será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Rom 3:20)
Pablo, de manera enfática dice que NINGÚN SER HUMANO puede ser justificado por las obras de la Ley. La Ley solo sirvió para darnos el conocimiento de nuestra condición pecaminosa – nada más. La Ley fue la ministración de muerte grabada con letras en piedras (2Cor 3:7). No fue dado a nosotros para vivir, sino para morir. Después de hacer su obra la Ley, destruyendo toda esperanza de salvarnos a nosotros mismos, Pablo, en el próximo versículo introduce el único verdadero evangelio de Jesucristo, el evangelio de la gracia:
“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, PARA TODOS los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:21-24).
Así que, las buenas nuevas para todos, incluyendo a los judíos como los no judíos, es el evangelio de la justificación gratuita por la gracia aparte de las obras de la Ley. Si un supuesto evangelio incluye obras para la salvación, entonces no es ningún evangelio en absoluto, porque no puede salvar a nadie – ni siquiera un judío. No existe tal cosa como dos evangelios.
Una de las razones principales por qué hay tan pocos judíos siendo salvos en este tiempo es porque ellos persisten en procurar establecer su propia justicia por la Ley y rechazan el único verdadero evangelio de la justificación por la gracia por medio de la fe solamente. Pablo dijo de los judíos en aquel entonces:
“Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. 3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; 4 porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a TODO AQUEL que cree.” (Rom 10:2-4)
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.” (Rom 11:5-6)
Por lo tanto, es abundantemente claro de que los judíos tienen que ser salvos por el mismo evangelio de la gracia aparte de las obras y no con otro “evangelio” diferente. Se pone aún más evidente que Pablo no consideraba el evangelio que Pedro predicaba diferente al evangelio de él conforme seguimos leyendo en Gálatas capítulo dos. Justo después de decir que el evangelio de la incircuncisión fue encomendado a él, como el evangelio de la circuncisión a Pedro, Pablo relata un incidente donde él tuvo que confrontarles a Pedro y otros con él, porque no vivían “conforme a la verdad del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.)” (Gal 2:14-16). Incluido en su reproche, él les acordaba de que, “según el evangelio (singular),” ellos como judíos sabía que “un hombre no es justificado por las obras, sino por la fe de Jesús.”
Si de hecho fueran dos evangelios distintos, Pablo no hubiera reprochado a Pedro por no vivir según “el evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.)” con el artículo definido. Él hubiera dicho que Pedro no estaba viviendo según su propio evangelio. Sin embargo, si de hecho el evangelio de Pedro requería que los judíos vivieran como los judíos como dicen los de los dos evangelios, entonces Pedro hubiera estado viviendo según su evangelio de la circuncisión cuando se separaba de los gentiles.
¿Dos Evangelios, o una Revelación Progresiva del Único Verdadero Evangelio?
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios notan diferencias entre el evangelio del reino de Dios presentado por Jesús y los doce Apóstoles en los Evangelios Sinópticos, y de eso concluyen que tiene que haber dos evangelios distintos. Antes de la cruz, los judíos fueron llamados a arrepentirse y creer en el evangelio porque el reino de se había acercado (Marcos 1:15; Mt 10:5-7). Pero, después de la resurrección de Cristo el evangelio expandió para incluir la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (1Cor 15:3; Hch 2:23-24; 10:39-40).
En vez de dos evangelios, lo que nos es presentado de manera progresiva en el Nuevo Testamento es la revelación del único verdadero evangelio desde su forma seminal durante la vida y ministerio de Cristo, a Su sepultura como una semilla que cae en la tierra, y entonces vemos su plena floración a través de la resurrección de Cristo de los muertos, victorioso sobre el pecado y la muerte como nuestro Último Adán.
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios argumentan que había un evangelio del reino, que solamente era para los judíos, y entonces había el evangelio de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo que predicaba Pablo a los gentiles. Es cierto que el evangelio fue predicado primero a los judíos, pero es el mismo evangelio que salva tanto el judío como el gentil. Como Pablo dijo:
“Porque no me avergüenzo DEL EVANGELIO (singular), porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; AL JUDÍO PRIMERAMENTE, y también al griego. 17 Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.” (Rom 1:16-17)
Por lo tanto, mientras es cierto que el evangelio de Cristo fue predicado primero al judío, y solo después al no judío, fue el mismo evangelio de la gracia y no otro. El evangelio de Cristo es el mismo evangelio que primeramente fue proclamado por el ángel a los pastores la noche en que nació Jesús en un pesebre. Podemos ver el alcance universal de este único verdadero evangelio desde su inicio:
“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para TODO EL PUEBLO… Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:10, 13-14)
El evangelio de Jesucristo jamás cambió en otro evangelio – simplemente floreció en su plena floración, expandiéndose hasta incluir a todo el pueblo, tanto judíos como los no judíos, así como finalmente fue revelado al Apóstol Pablo.
La Traducción Correcta de Gálatas 2:7
Con este entendimiento acerca del único y verdadero evangelio de Cristo, ahora podemos dirigir nuestra atención al versículo donde se originó la doctrina de los dos evangelios, Gálatas 2:7. En la King James Version en el inglés, la palabra “evangelio” aparece dos veces, pero en el griego solamente aparece una vez como vemos en el español: “el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión.” Algunas traducciones favorecen la traducción “evangelio de la circuncisión,” como vemos en la Reina Valera, pero la mayoría de las traducciones más recientes, tomando en cuenta el contexto, lo traducen “el evangelio a la circuncisión.”
Los defensores de la doctrina de los dos evangelios insisten en que la única traducción correcta sea “de la circuncisión,” diciendo que tiene que significar “de” y no “a” porque aparece en la forma genitiva en el griego, en vez de la forma dativa (τὸ εὐαγγέλιον τῆς ἀκροβυστίας καθὼς Πέτρος τῆς περιτομῆς). Sin embargo, insistir en que la genitiva siempre se traduce “de” muestra una falta de conocimiento de los usos diversos de la genitiva.
Uno de los usos de la genitiva mencionado por el erudito griego A.T. Robertson es el genitiva objetiva. Este uso de la genitiva se traduce como “a” en el español. [2] Por ejemplo, Luke 6:12 es un genitiva objetiva y debe ser traducido orando “a” Dios, y no orando “de” Dios (ἐν τῇ προσευχῇ τοῦ θεοῦ). Es demasiado simplista forzar el significado “de” en cada genitiva sin la debida atención al contexto donde aparece. Considerando el contexto de Gálatas 2:7, es muy claro que la traducción correcta es “me había sido encomendado el evangelio a la incircuncisión, como a Pedro a la circuncisión.”
Es el mismo mensaje, pero Pablo lo presentaba de tal forma como para ser entendido y recibido por los gentiles, mientras que Pedro lo presentaba de una manera aceptable a los judíos. Como dijo Pablo:
“Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. 20 Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; 21 a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. 22 Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. 23 Y esto hago por causa del evangelio (τὸ εὐαγγέλιον, sing.), para hacerme copartícipe de él.” (1 Cor 9:19-23)
Pablo solamente veía un evangelio, el evangelio de Jesucristo. Pero, con tal de poder ganar y salvar a todos, él se hizo todo a todos en su presentación de ese único evangelio. Aquí en 1Corintios 8 y 9, como también en Romanos 14 y 15, Pablo instruye a los creyentes no judíos que conocían la verdad de nuestra libertad bajo el Nuevo Pacto acerca de cómo deben de relacionarse a aquellos que tenían un trasfondo legalista. El les dijo que no debemos de dar rienda suelta a nuestra libertad en Cristo delante de aquellos que sienten todavía la necesidad de guardar dietas y días ceremoniales como el día de reposo. Sin embargo, mientras que su presentación del evangelio cambiaba dependiendo de su audiencia, el evangelio seguía igual.
Los que defienden la doctrina de los dos evangelios señalan que Pablo recibió mayor revelación acerca del misterio del evangelio. De hecho, a él le fueron revelado misterios como a ningún otro Apóstol. Sin embargo, el misterio del evangelio no era que había dos evangelios. A él le fue revelado el misterio de que Dios siempre había planeado unir a los judíos y a los gentiles, formando un solo cuerpo. Él dijo:
“si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; 3 que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, 4 leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, 5 misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: 6 que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (τοῦ εὐαγγελίου, sing.).” (Eph 3:2-6)
Aquí vemos que el misterio revelado a Pablo no era que había dos grupos de personas con dos evangelios, sino un solo evangelio y un solo pueblo – Su cuerpo, la Iglesia. La revelación dada a Pablo no produjo división sino unión. Los defensores de la doctrina de los dos evangelios citan la referencia de Pablo al evangelio que él predicaba como “mi evangelio” como evidencia de que fue exclusivamente de él. Pablo dijo:
“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, 26 pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe.” (Rom 16:25-26)
En primer lugar, solo necesita ser señalado que, por decir “mi evangelio” no lo hace algo exclusivo de él. Por ejemplo, cuando digo “mi fe,” “mi Dios,” o según mi Biblia,” etc., es obvio que no estoy diciendo que son exclusivamente míos o que se originaron conmigo. Además, Pablo siempre procuraba predicar el evangelio donde no había sido escuchando antes (Rom 15:20). Por lo tanto, es de ser anticipado que él se hubiera acostumbrado a referirse al evangelio como sus buenas nuevas, dado que nadie en esas regiones hubiera oído del evangelio que él les presentaba. Mientras que Pablo, como ningún otro, recibía revelación de los múltiples aspectos del evangelio de Jesucristo, él claramente no presentaba otro evangelio.
Pablo no se refirió exclusivamente al evangelio como “su evangelio”. En tres ocasiones se refirió al evangelio como “nuestro evangelio” (2 Cor 4:3; 1 Tes 1:5; 2 Tes 2:14). Más importante aún, se refirió a al evangelio como el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tal como lo vemos en los Evangelios (2 Tes 1:8; cf. Marcos 1:1).
Si los defensores de la doctrina de los dos evangelios nada más enfatizaban el evangelio de la salvación por la gracia por medio de la fe solamente, sería un error de poca consecuencia, dado que ese es el verdadero evangelio de Jesucristo que necesitamos creer para ser salvos. Sin embargo, junto con la doctrina de los dos evangelios ellos insisten de que solamente las epístolas de Pablo tienen relevancia para nosotros hoy en día. El resto del Nuevo Testamento, según ellos, solamente tenían aplicación a los creyentes judíos. Esto ha dado lugar a la negación de muchas verdades fundamentales en las Escrituras, como la realidad del pecado y la necesidad del arrepentimiento y el nuevo nacimiento, diciendo que no aplican a la Iglesia dado que, según ellos, estas verdades no fueron enseñados en las epístolas de Pablo. En el próximo blog voy a examinar algunos de estos errores doctrinales más dañinos que son el resultado de la doctrina de los dos evangelios que comenzó con una mala interpretación de un solitario versículo en Gálatas.
[1] https://www.youtube.com/watch?v=i1YG4YrpzBI
[2] Robertson, A. T. A Grammar of the Greek New Testament in the Light of Historical Research, Objective Genitive.
- Published on
00:00
00:00
El Verdadero Arrepentimiento
por George Sidney Hurd
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hch 3:19-21)
Como espero demostrar en este blog, el verdadero arrepentimiento involucra un arrepentimiento del pecado y la conversión, volviendo a Dios, resultando en que nuestros pecados sean borrados, así como vemos presentado aquí en Hechos por Pedro. Sin embargo, como con cualquier término bíblico como pecado, separación, propiciación y regeneración, hay una nueva ola de deconstruccionistas espirituales que han estado intentando redefinir el arrepentimiento de una manera antónimo con su significado contextual a través de las Escrituras. Una página web cristiana/Nueva Era presenta una redefinición del “arrepentimiento” que es reflejada en muchos de los escritos de autores Progresivos y Nueva Era. Dice:
“Arrepentimiento: ‘una conversión de la creencia en el pecado y el error a la creencia en Dios y la justicia; una conversión de la mente y el corazón hacia la Omni-Benevolencia. Cuando nos arrepentimos, rompemos con el pensar mortal y ascendimos a la esfera del pensar espiritual, el reino de Dios.’” [1]
Esta definición es la antítesis total del verdadero arrepentimiento bíblico. El arrepentimiento bíblico es el reconocimiento del pecado, abandonándolo, mientras que “una conversión de la creencia en el pecado” constituye una negación de la realidad del pecado. Además, conversión a “la creencia en Dios” no es lo mismo que convertirse a Dios, sirviéndole como el único Dios viviente y verdadero (1Tes 1:9). Muchos creen en Dios en el sentido de que reconocen Su existencia. Incluso los demonios creen en Dios y tiemblan, pero un simple asentimiento intelectual no resulta en la salvación (Stg 2:19).
Este emborronamiento de las distinciones bíblicas, sutilmente cambiando el significado obvio de las palabras en su contexto con tal de acomodar una forma de espiritualidad de Nueva Era y metafísica cristianizada, es una tendencia perturbadora dentro de la Iglesia hoy en día.
Lo que es especialmente perturbadora para mí es ver la Iglesia Bethel en Redding California desestructurar, adoptando esta forma de espiritualidad Nueva Era. En el libro “Las Físicas del Cielo,” coescrito por el pastor Bill Johnson, Ellyn Davis dice de su cambio de paradigma del cristianismo bíblico hacia la espiritualidad de la Nueva Era:
“Ahora estamos comenzando a oír más y más revelaciones que están de acuerdo con lo que los de la Nueva Era han estado diciendo todo el tiempo y estamos oyendo más y más enseñanzas acerca de cristianos que están ‘recuperando verdades’ de la Nueva Era que realmente pertenecen a los ciudadanos del Reino de Dios.” [2]
La revelación a que se refiere ella no es un entendimiento más profundo de las Escrituras, sino revelaciones adicionales subjetivas recibidas por sueños, visiones, profecías y comunicaciones con ángeles. Entonces ellos reinterpretan las Escrituras para acomodar sus nuevas revelaciones. Esto ellos hacen de varias maneras, como espiritualizando pasajes, o creativamente redefiniendo palabras bíblicas sin debida consideración a su verdadero significado en sus contextos.
Esta práctica injustificable de redefinir términos bíblicos es utilizada por el pastor Bill Johnson con tal de redefinir el término “arrepentimiento” de una manera más de acuerdo con el concepto del arrepentimiento metafísica de la Nueva Era que lo definan como si fuera nada más la elevación de la mente, pasando de la manera de pensar mortal a un pensamiento espiritual. Observe su intento creativo de redefinir el arrepentimiento:
“La renovación de la mente comienza con el arrepentimiento. Esa es la entrada para volver a su misión original en la tierra. Jesús dijo, ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.’ Para muchos cristianos, arrepentirse significa un llamado al altar donde la gente viene adelante y lloran en el altar para arreglar cuentas con Dios. Esta es una expresión legítima del repentance (arrepentimiento), pero no es lo que significa la palabra repantance (arrepentimiento). ‘Re’ significa volver. ‘Pent’ es como un penthouse, la azotea del edificio. Entonces, arrepentirse significa volver a la perspectiva de Dios acerca de la realidad. Y en esa perspectiva hay una renovación, una reformación que afecta nuestras emociones y cada parte de nuestras vidas…” (énfasis mío).[3]
Este es un ejemplo clásico de los intentos de los desestructuradores a introducir un significado de la Nueva Era a la palabra bíblica “arrepentimiento.” En lugar de considerar las definiciones de las palabras originales, él deriva su definición de la palabra “repentance” en inglés. En inglés, la palabra “repentance” está compuesta de re- que significa “otra vez,” que él erróneamente define como “volver.” “Pent” es del latín y significa “lastimar o sentir dolor.” [4] No obstante, con tal de poder redefinir la palabra “repentance” de una manera metafísica, él creativamente relaciona pent con la palabra “penthouse” (apartamento de la azotea). De eso argumenta que el arrepentimiento es un volver a la azotea, espiritualmente hablando. Como veremos, su nueva definición es más de acuerdo con la de la Nueva Era que define arrepentimiento como ascender a la Mente Universal, un despertar a nuestra divinidad. Tiene muy poca relación con el verdadero arrepentimiento de la Biblia.
El Arrepentimiento Definido Bíblicamente
La palabra hebreo a menudo traducido como “arrepentirse o arrepentimiento” en el Antiguo Testamento es nacham que literalmente significa “jadear, suspirar o gemir.” [5] En las Escrituras nacham expresa la emoción de tristeza o lamento acompañado con un cambio de pensar. Dice de Dios que Él se arrepintió 30 veces en el Antiguo Testamento. Sin embargo, en muchas de estas instancias lo que está siendo enfatizado es Su tristeza o lamento. Aun cuando Dios aparenta cambiar su mente, tiene que ser entendido como un antropomorfismo, dado que es imposible que Dios literalmente tenga un cambio de pensar (1Sam 15:29). Considero el tema del arrepentimiento de Dios en relación a Su inmutabilidad en mi blog: El Teísmo Abierto - ¿Conoce Dios Mi Futuro? 2 de 2.
A través del Antiguo Testamento nacham tiene el mismo significado dual de tristeza que resulta en un cambio de mente. Aun cuando el arrepentimiento no es específicamente del pecado, como vemos con los hijos de Israel arrepintiéndose y volviendo a Egipto al ver la guerra (Ex 13:17), su arrepentimiento incluía tristeza o pesar acompañado con un cambio de mente y una acción correspondiente.
Estos tres elementos: 1) tristeza, 2) cambio de mente, y 3) un cambio correspondiente de acción, son esenciales al arrepentimiento verdadero y bíblico. Algunos argumentan que la tristeza por el pecado no es necesario basado en que la palabra griega en el Nuevo Testamento es metanoia, compuesta de meta, “cambio,” y nous, “mente,” y literalmente significa “un cambio de mente.” Sin embargo, las palabras son definidos de acuerdo con su significado en el contexto y no simplemente según su morfología. En el Antiguo Testamento nacham literalmente significa “gemir,” pero en su contexto significa “tristeza o lamento con un cambio de mente.” En el Nuevo Testamento metanoéo literalmente significa “un cambio de mente,” pero en su contexto significa “un cambio de mente con tristeza o lamento.”
El verdadero arrepentimiento del pecado, tanto en el Antiguo Testamento como en los Evangelios, fue a menudo demostrado, arrepintiéndose en polvo y ceniza para expresar su contrición (Job 42:6; 1Reyes 21:27; Jonás 3:6-10; Mt 11:21; Lucas 10:13; Jer 31:19). En el contexto del arrepentimiento acerca de la fornicación y la jactancia de la tolerancia de tal conducta, Pablo indica que el verdadero arrepentimiento según Dios incluye tristeza por el pecado. Él dijo:
“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” (2Cor 7:9-10).
Es importante notar aquí que la tristeza en sí misma sin un cambio de corazón y mente, convirtiéndose del pecado hacia Dios, no es el verdadero arrepentimiento. Tampoco es el arrepentimiento nada más un cambio de mente sin la conversión o cambio de dirección correspondiente.
Arrepentimiento del Pecado
Algunos argumentan que el arrepentimiento no es del pecado, sino nada más un cambio de mente hacia Dios. Sin embargo, uno no puede debidamente cambiar su mente acerca de Dios sin arrepentirse del pecado. A través de las Escrituras el arrepentimiento consistentemente incluye un renuncio de la vida pecaminosa. En 2Crónicas 7:14 Dios promete que si Su pueblo se convirtieren de sus malos caminos Él perdonará. En Jeremías 25:5-6 Él los llama a arrepentirse de su mal camino y de la maldad de sus obras. En Jeremías 8:6 Dios lamenta de que ningún hombre se arrepintió de su mal. En Ezequiel 14:6 Él los llama a arrepentirse de sus ídolos y abominaciones. En Ezequiel 18:30-31 son llamados a arrepentirse, y apartarse de sus transgresiones. En Hechos 8:22 Pedro reprende a Simón el mago diciendo: “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad. En Apocalipsis 2:14-16 Jesús advirtió a aquellos dentro de la iglesia que estaban practicando la idolatría y cometiendo fornicación, diciendo: “arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.” En los versículos 21-22 Él dijo de la mujer llamada Jezabel:
“Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.”
Finalmente, dice que, a pesar se la severidad de los juicios severos de las copas, los impíos no se arrepentirán de sus idolatrías, asesinatos, hechicerías, inmoralidad y hurtos (Apo 9:20-21; 16:11).
A través de las Escrituras, tanto creyentes como los no creyentes son llamados a arrepentirse de sus vidas pecaminosas, convirtiéndose a Dios. Algunos Calvinistas dirían que los perdidos no son llamados a arrepentirse de sus pecados, sino simplemente arrepentirse en el sentido de cambiar su mente acerca del Evangelio y poner su fe en Cristo. Algunos dentro del movimiento de la gracia dirían que los perdidos tienen que arrepentirse del pecado, pero no los cristianos, dado que sus pecados ya ni son tomados en cuenta por Dios. Sin embargo, sin entrar en más detalles, podemos ver en las Escrituras citadas anteriormente y en otras partes que, si bien el creyente ha sido justificado de una vez por todas y, por lo tanto, ya no hay condenación para él (Rom 5:1; 8:1), tanto los impíos como los salvos están llamados a arrepentirse del pecado. Cualquiera que viva en pecado debe arrepentirse para el perdón de sus pecados, sea creyente o no creyente. Como dijo Pablo a los de Atenas:
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan por cuanto…juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hch 17:30-31).
Pablo dice aquí que Dios ha designado un día cuando Él juzgará a todos los hombres. El arrepentimiento es presentado como requisito para que los pecados sean perdonados y borrados (Hch 2:38; 3:19). Pablo está llamando a los hombres de Atenas a arrepentirse para ser libre del pecado y su resultante condenación en el día del juicio. Aunque no hay condenación para el creyente, Jesús advierte de juicios disciplinarios muy severos contra los creyentes que obstinadamente persisten en pecado sin arrepentirse (Apo 2:5,15-16,21-23).
¿Es el Arrepentimiento un Requisito para la Salvación?
Algunos Calvinistas señalan que, cuando el carcelero de Filipo preguntó: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?” la única precondición fue la de creer. Pablo dijo “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch 16:31). Sin embargo, la misma pregunta del carcelero indica que ya estaba arrepentido. Uno no busca la salvación del pecado a menos que se haya arrepentido del pecado. Creyendo en Jesús como Señor y Salvador del pecado requiere que el Espíritu ya haya convencido al individuo de su pecado, resultando en arrepentimiento y fe en Jesús como Señor y Salvador. Un individuo que simplemente hizo la oración de fe con tal de evitar el juicio y el infierno sin estar arrepentido de sus pecados, no ha creído para salvación.
El Arrepentimiento y la verdadera fe salvífica son tan inseparables como dos lados de la misma moneda. Jesús predicaba diciendo: “Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Él dijo: “no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” (Mt 9:13). Jesús ha prometido atraer a todos a Sí Mismo (Juan 12:32). Sin embargo, Él espera hasta que el Espíritu Santo haya convencido a cada individuo de su pecado antes de llamarlos al arrepentimiento y fe. Al final de las épocas, el Espíritu ya habrá convencido el mundo entero del pecado y de su necesidad de la justicia de Dios en Cristo recibida gratuita por la fe (Juan 16:8).
Sin embargo, aquellos que son justos en su propia opinión son más resistentes a la convicción del Espíritu. Por ese motivo, Jesús les dijo a los religiosos farisaicos: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mt 21:31). Al final, todos habrán sido convencidos de su pecado y se arrepentirán, creyendo en el Evangelio. Pero aquellos que son más conscientes de su condición pecaminoso, como los cobradores de impuestos y las rameras, son más prontos a ser convencidos de su pecado y su necesidad del Salvador, y por lo tanto vienen al arrepentimiento antes que los Fariseos. Esto es ilustrado gráficamente por Jesús en Su parábola del fariseo y el cobrador de impuestos:
“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:10-14)
Aquí Jesús nos hace entender por qué las rameras y cobradores de impuestos entran al reino de Dios antes de los religiosos farisaicos. El fariseo aun no había sido convencido de su pecado. Uno no se arrepienta, creyendo en el Evangelio hasta que el Espíritu le haya plenamente convencido de su pecado, resultando en arrepentimiento y fe en el Evangelio. Esto es lo que Jesús nos enseña en esta parábola. Finalmente todos habrán doblado rodilla, confesándole a Jesucristo como Señor en el día de su visitación, pero aquel día no vendrá hasta que el Espíritu Santo haya terminado Su obra de convencerle a todo pecador de su pecado (Fil 2:10-11; 1Pedro 2:12).
¿No es el Arrepentimiento una Obra?
Algunos Calvinistas niegan que arrepentimiento sea un requisito para la salvación, dado que la salvación es exclusivamente por la gracia de Dios. Sin embargo, el arrepentimiento no es una obra que el pecador tiene que cumplir para ser salvo. De la misma manera que la convicción del pecado es exclusivamente la obra del Espíritu, el Espíritu también es Él que produce arrepentimiento y fe en el pecador bajo convicción de pecado. La iglesia en Jerusalén reconocía que el arrepentimiento es un don de gracia, diciendo: “¡De manera que también a los gentiles HA DADO Dios arrepentimiento para vida!” (Hch 11:18). Pedro dijo, hablando ante el sanedrín: “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para DAR a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” (Hch 5:31). Acerca de algunos que se oponían a sí mismos, Pablo dijo: “por si quizá Dios LES CONCEDA que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” (2 Tim 2:25-26). Así que, la Iglesia Primitiva entendió que tanto el arrepentimiento, como el resultante perdón de pecados, es dado al hombre por la gracia solamente. Así como la fe necesaria para la salvación nos es concedida por la gracia (Fil 1:29; Ef 2:8-9; Hch 16:14), de la misma manera, la convicción del pecado y el resultante arrepentimiento nos son concedidos por la pura gracia de Dios.
Así que, tenemos que insistir en la definición bíblica del arrepentimiento como un arrepentimiento del pecado, convirtiéndose o volviendo a Dios, resultando en la remisión de nuestros pecados. Debemos de rechazar cualquier redefinición metafísica de la Nueva Era que minimiza o niega la realidad del pecado y la necesidad de arrepentirse de él, pretendiendo que el arrepentimiento sea nada más un cambio de mente sin un correspondiente cambio de conducta. Juan el Bautista confrontó a los fariseos y saduceos, diciendo: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” (Mt 3:7-8). Pablo les predicó a todos diciendo “que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hch 26:20). En vez de dar lugar a un arrepentimiento falso, necesitamos insistir y predicar el arrepentimiento del pecado, convirtiéndose a Dios.
[1] https://www.truthunity.net/rw/repentance
[2] Franklin, Judy; Davis, Ellyn. The Physics of Heaven (p. 15). Destiny Image, Inc.
[3] Johnson, Bill. The Supernatural Power of a Transformed Mind: Access to a Life of Miracles. p 44
[4] https://www.wordsense.eu/paenitere/
[5] International Standard Bible Encyclopaedia, Repentance.
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hch 3:19-21)
Como espero demostrar en este blog, el verdadero arrepentimiento involucra un arrepentimiento del pecado y la conversión, volviendo a Dios, resultando en que nuestros pecados sean borrados, así como vemos presentado aquí en Hechos por Pedro. Sin embargo, como con cualquier término bíblico como pecado, separación, propiciación y regeneración, hay una nueva ola de deconstruccionistas espirituales que han estado intentando redefinir el arrepentimiento de una manera antónimo con su significado contextual a través de las Escrituras. Una página web cristiana/Nueva Era presenta una redefinición del “arrepentimiento” que es reflejada en muchos de los escritos de autores Progresivos y Nueva Era. Dice:
“Arrepentimiento: ‘una conversión de la creencia en el pecado y el error a la creencia en Dios y la justicia; una conversión de la mente y el corazón hacia la Omni-Benevolencia. Cuando nos arrepentimos, rompemos con el pensar mortal y ascendimos a la esfera del pensar espiritual, el reino de Dios.’” [1]
Esta definición es la antítesis total del verdadero arrepentimiento bíblico. El arrepentimiento bíblico es el reconocimiento del pecado, abandonándolo, mientras que “una conversión de la creencia en el pecado” constituye una negación de la realidad del pecado. Además, conversión a “la creencia en Dios” no es lo mismo que convertirse a Dios, sirviéndole como el único Dios viviente y verdadero (1Tes 1:9). Muchos creen en Dios en el sentido de que reconocen Su existencia. Incluso los demonios creen en Dios y tiemblan, pero un simple asentimiento intelectual no resulta en la salvación (Stg 2:19).
Este emborronamiento de las distinciones bíblicas, sutilmente cambiando el significado obvio de las palabras en su contexto con tal de acomodar una forma de espiritualidad de Nueva Era y metafísica cristianizada, es una tendencia perturbadora dentro de la Iglesia hoy en día.
Lo que es especialmente perturbadora para mí es ver la Iglesia Bethel en Redding California desestructurar, adoptando esta forma de espiritualidad Nueva Era. En el libro “Las Físicas del Cielo,” coescrito por el pastor Bill Johnson, Ellyn Davis dice de su cambio de paradigma del cristianismo bíblico hacia la espiritualidad de la Nueva Era:
“Ahora estamos comenzando a oír más y más revelaciones que están de acuerdo con lo que los de la Nueva Era han estado diciendo todo el tiempo y estamos oyendo más y más enseñanzas acerca de cristianos que están ‘recuperando verdades’ de la Nueva Era que realmente pertenecen a los ciudadanos del Reino de Dios.” [2]
La revelación a que se refiere ella no es un entendimiento más profundo de las Escrituras, sino revelaciones adicionales subjetivas recibidas por sueños, visiones, profecías y comunicaciones con ángeles. Entonces ellos reinterpretan las Escrituras para acomodar sus nuevas revelaciones. Esto ellos hacen de varias maneras, como espiritualizando pasajes, o creativamente redefiniendo palabras bíblicas sin debida consideración a su verdadero significado en sus contextos.
Esta práctica injustificable de redefinir términos bíblicos es utilizada por el pastor Bill Johnson con tal de redefinir el término “arrepentimiento” de una manera más de acuerdo con el concepto del arrepentimiento metafísica de la Nueva Era que lo definan como si fuera nada más la elevación de la mente, pasando de la manera de pensar mortal a un pensamiento espiritual. Observe su intento creativo de redefinir el arrepentimiento:
“La renovación de la mente comienza con el arrepentimiento. Esa es la entrada para volver a su misión original en la tierra. Jesús dijo, ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.’ Para muchos cristianos, arrepentirse significa un llamado al altar donde la gente viene adelante y lloran en el altar para arreglar cuentas con Dios. Esta es una expresión legítima del repentance (arrepentimiento), pero no es lo que significa la palabra repantance (arrepentimiento). ‘Re’ significa volver. ‘Pent’ es como un penthouse, la azotea del edificio. Entonces, arrepentirse significa volver a la perspectiva de Dios acerca de la realidad. Y en esa perspectiva hay una renovación, una reformación que afecta nuestras emociones y cada parte de nuestras vidas…” (énfasis mío).[3]
Este es un ejemplo clásico de los intentos de los desestructuradores a introducir un significado de la Nueva Era a la palabra bíblica “arrepentimiento.” En lugar de considerar las definiciones de las palabras originales, él deriva su definición de la palabra “repentance” en inglés. En inglés, la palabra “repentance” está compuesta de re- que significa “otra vez,” que él erróneamente define como “volver.” “Pent” es del latín y significa “lastimar o sentir dolor.” [4] No obstante, con tal de poder redefinir la palabra “repentance” de una manera metafísica, él creativamente relaciona pent con la palabra “penthouse” (apartamento de la azotea). De eso argumenta que el arrepentimiento es un volver a la azotea, espiritualmente hablando. Como veremos, su nueva definición es más de acuerdo con la de la Nueva Era que define arrepentimiento como ascender a la Mente Universal, un despertar a nuestra divinidad. Tiene muy poca relación con el verdadero arrepentimiento de la Biblia.
El Arrepentimiento Definido Bíblicamente
La palabra hebreo a menudo traducido como “arrepentirse o arrepentimiento” en el Antiguo Testamento es nacham que literalmente significa “jadear, suspirar o gemir.” [5] En las Escrituras nacham expresa la emoción de tristeza o lamento acompañado con un cambio de pensar. Dice de Dios que Él se arrepintió 30 veces en el Antiguo Testamento. Sin embargo, en muchas de estas instancias lo que está siendo enfatizado es Su tristeza o lamento. Aun cuando Dios aparenta cambiar su mente, tiene que ser entendido como un antropomorfismo, dado que es imposible que Dios literalmente tenga un cambio de pensar (1Sam 15:29). Considero el tema del arrepentimiento de Dios en relación a Su inmutabilidad en mi blog: El Teísmo Abierto - ¿Conoce Dios Mi Futuro? 2 de 2.
A través del Antiguo Testamento nacham tiene el mismo significado dual de tristeza que resulta en un cambio de mente. Aun cuando el arrepentimiento no es específicamente del pecado, como vemos con los hijos de Israel arrepintiéndose y volviendo a Egipto al ver la guerra (Ex 13:17), su arrepentimiento incluía tristeza o pesar acompañado con un cambio de mente y una acción correspondiente.
Estos tres elementos: 1) tristeza, 2) cambio de mente, y 3) un cambio correspondiente de acción, son esenciales al arrepentimiento verdadero y bíblico. Algunos argumentan que la tristeza por el pecado no es necesario basado en que la palabra griega en el Nuevo Testamento es metanoia, compuesta de meta, “cambio,” y nous, “mente,” y literalmente significa “un cambio de mente.” Sin embargo, las palabras son definidos de acuerdo con su significado en el contexto y no simplemente según su morfología. En el Antiguo Testamento nacham literalmente significa “gemir,” pero en su contexto significa “tristeza o lamento con un cambio de mente.” En el Nuevo Testamento metanoéo literalmente significa “un cambio de mente,” pero en su contexto significa “un cambio de mente con tristeza o lamento.”
El verdadero arrepentimiento del pecado, tanto en el Antiguo Testamento como en los Evangelios, fue a menudo demostrado, arrepintiéndose en polvo y ceniza para expresar su contrición (Job 42:6; 1Reyes 21:27; Jonás 3:6-10; Mt 11:21; Lucas 10:13; Jer 31:19). En el contexto del arrepentimiento acerca de la fornicación y la jactancia de la tolerancia de tal conducta, Pablo indica que el verdadero arrepentimiento según Dios incluye tristeza por el pecado. Él dijo:
“Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. 10 Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” (2Cor 7:9-10).
Es importante notar aquí que la tristeza en sí misma sin un cambio de corazón y mente, convirtiéndose del pecado hacia Dios, no es el verdadero arrepentimiento. Tampoco es el arrepentimiento nada más un cambio de mente sin la conversión o cambio de dirección correspondiente.
Arrepentimiento del Pecado
Algunos argumentan que el arrepentimiento no es del pecado, sino nada más un cambio de mente hacia Dios. Sin embargo, uno no puede debidamente cambiar su mente acerca de Dios sin arrepentirse del pecado. A través de las Escrituras el arrepentimiento consistentemente incluye un renuncio de la vida pecaminosa. En 2Crónicas 7:14 Dios promete que si Su pueblo se convirtieren de sus malos caminos Él perdonará. En Jeremías 25:5-6 Él los llama a arrepentirse de su mal camino y de la maldad de sus obras. En Jeremías 8:6 Dios lamenta de que ningún hombre se arrepintió de su mal. En Ezequiel 14:6 Él los llama a arrepentirse de sus ídolos y abominaciones. En Ezequiel 18:30-31 son llamados a arrepentirse, y apartarse de sus transgresiones. En Hechos 8:22 Pedro reprende a Simón el mago diciendo: “Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad. En Apocalipsis 2:14-16 Jesús advirtió a aquellos dentro de la iglesia que estaban practicando la idolatría y cometiendo fornicación, diciendo: “arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.” En los versículos 21-22 Él dijo de la mujer llamada Jezabel:
“Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.”
Finalmente, dice que, a pesar se la severidad de los juicios severos de las copas, los impíos no se arrepentirán de sus idolatrías, asesinatos, hechicerías, inmoralidad y hurtos (Apo 9:20-21; 16:11).
A través de las Escrituras, tanto creyentes como los no creyentes son llamados a arrepentirse de sus vidas pecaminosas, convirtiéndose a Dios. Algunos Calvinistas dirían que los perdidos no son llamados a arrepentirse de sus pecados, sino simplemente arrepentirse en el sentido de cambiar su mente acerca del Evangelio y poner su fe en Cristo. Algunos dentro del movimiento de la gracia dirían que los perdidos tienen que arrepentirse del pecado, pero no los cristianos, dado que sus pecados ya ni son tomados en cuenta por Dios. Sin embargo, sin entrar en más detalles, podemos ver en las Escrituras citadas anteriormente y en otras partes que, si bien el creyente ha sido justificado de una vez por todas y, por lo tanto, ya no hay condenación para él (Rom 5:1; 8:1), tanto los impíos como los salvos están llamados a arrepentirse del pecado. Cualquiera que viva en pecado debe arrepentirse para el perdón de sus pecados, sea creyente o no creyente. Como dijo Pablo a los de Atenas:
“Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan por cuanto…juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hch 17:30-31).
Pablo dice aquí que Dios ha designado un día cuando Él juzgará a todos los hombres. El arrepentimiento es presentado como requisito para que los pecados sean perdonados y borrados (Hch 2:38; 3:19). Pablo está llamando a los hombres de Atenas a arrepentirse para ser libre del pecado y su resultante condenación en el día del juicio. Aunque no hay condenación para el creyente, Jesús advierte de juicios disciplinarios muy severos contra los creyentes que obstinadamente persisten en pecado sin arrepentirse (Apo 2:5,15-16,21-23).
¿Es el Arrepentimiento un Requisito para la Salvación?
Algunos Calvinistas señalan que, cuando el carcelero de Filipo preguntó: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?” la única precondición fue la de creer. Pablo dijo “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch 16:31). Sin embargo, la misma pregunta del carcelero indica que ya estaba arrepentido. Uno no busca la salvación del pecado a menos que se haya arrepentido del pecado. Creyendo en Jesús como Señor y Salvador del pecado requiere que el Espíritu ya haya convencido al individuo de su pecado, resultando en arrepentimiento y fe en Jesús como Señor y Salvador. Un individuo que simplemente hizo la oración de fe con tal de evitar el juicio y el infierno sin estar arrepentido de sus pecados, no ha creído para salvación.
El Arrepentimiento y la verdadera fe salvífica son tan inseparables como dos lados de la misma moneda. Jesús predicaba diciendo: “Arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1:15). Él dijo: “no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” (Mt 9:13). Jesús ha prometido atraer a todos a Sí Mismo (Juan 12:32). Sin embargo, Él espera hasta que el Espíritu Santo haya convencido a cada individuo de su pecado antes de llamarlos al arrepentimiento y fe. Al final de las épocas, el Espíritu ya habrá convencido el mundo entero del pecado y de su necesidad de la justicia de Dios en Cristo recibida gratuita por la fe (Juan 16:8).
Sin embargo, aquellos que son justos en su propia opinión son más resistentes a la convicción del Espíritu. Por ese motivo, Jesús les dijo a los religiosos farisaicos: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mt 21:31). Al final, todos habrán sido convencidos de su pecado y se arrepentirán, creyendo en el Evangelio. Pero aquellos que son más conscientes de su condición pecaminoso, como los cobradores de impuestos y las rameras, son más prontos a ser convencidos de su pecado y su necesidad del Salvador, y por lo tanto vienen al arrepentimiento antes que los Fariseos. Esto es ilustrado gráficamente por Jesús en Su parábola del fariseo y el cobrador de impuestos:
“Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. 11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:10-14)
Aquí Jesús nos hace entender por qué las rameras y cobradores de impuestos entran al reino de Dios antes de los religiosos farisaicos. El fariseo aun no había sido convencido de su pecado. Uno no se arrepienta, creyendo en el Evangelio hasta que el Espíritu le haya plenamente convencido de su pecado, resultando en arrepentimiento y fe en el Evangelio. Esto es lo que Jesús nos enseña en esta parábola. Finalmente todos habrán doblado rodilla, confesándole a Jesucristo como Señor en el día de su visitación, pero aquel día no vendrá hasta que el Espíritu Santo haya terminado Su obra de convencerle a todo pecador de su pecado (Fil 2:10-11; 1Pedro 2:12).
¿No es el Arrepentimiento una Obra?
Algunos Calvinistas niegan que arrepentimiento sea un requisito para la salvación, dado que la salvación es exclusivamente por la gracia de Dios. Sin embargo, el arrepentimiento no es una obra que el pecador tiene que cumplir para ser salvo. De la misma manera que la convicción del pecado es exclusivamente la obra del Espíritu, el Espíritu también es Él que produce arrepentimiento y fe en el pecador bajo convicción de pecado. La iglesia en Jerusalén reconocía que el arrepentimiento es un don de gracia, diciendo: “¡De manera que también a los gentiles HA DADO Dios arrepentimiento para vida!” (Hch 11:18). Pedro dijo, hablando ante el sanedrín: “A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para DAR a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” (Hch 5:31). Acerca de algunos que se oponían a sí mismos, Pablo dijo: “por si quizá Dios LES CONCEDA que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” (2 Tim 2:25-26). Así que, la Iglesia Primitiva entendió que tanto el arrepentimiento, como el resultante perdón de pecados, es dado al hombre por la gracia solamente. Así como la fe necesaria para la salvación nos es concedida por la gracia (Fil 1:29; Ef 2:8-9; Hch 16:14), de la misma manera, la convicción del pecado y el resultante arrepentimiento nos son concedidos por la pura gracia de Dios.
Así que, tenemos que insistir en la definición bíblica del arrepentimiento como un arrepentimiento del pecado, convirtiéndose o volviendo a Dios, resultando en la remisión de nuestros pecados. Debemos de rechazar cualquier redefinición metafísica de la Nueva Era que minimiza o niega la realidad del pecado y la necesidad de arrepentirse de él, pretendiendo que el arrepentimiento sea nada más un cambio de mente sin un correspondiente cambio de conducta. Juan el Bautista confrontó a los fariseos y saduceos, diciendo: “¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.” (Mt 3:7-8). Pablo les predicó a todos diciendo “que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento” (Hch 26:20). En vez de dar lugar a un arrepentimiento falso, necesitamos insistir y predicar el arrepentimiento del pecado, convirtiéndose a Dios.
[1] https://www.truthunity.net/rw/repentance
[2] Franklin, Judy; Davis, Ellyn. The Physics of Heaven (p. 15). Destiny Image, Inc.
[3] Johnson, Bill. The Supernatural Power of a Transformed Mind: Access to a Life of Miracles. p 44
[4] https://www.wordsense.eu/paenitere/
[5] International Standard Bible Encyclopaedia, Repentance.
- Published on
por George Sidney Hurd
¿Es nuestra salvación transaccional, unilateral, relacional o una combinación de estos?
“La fe es como la mano del mendigo que toma la dádiva sin añadir nada a ella.”
Thomas Chalmers
¿Es la salvación de la humanidad una transacción bilateral donde Dios hace Su parte y ahora depende del hombre hacer su parte, o es una transacción unilateral donde Dios salva a todos sin la necesidad de una respuesta de parte de nosotros? Algunos argumentan que ni debemos de estar usando términos tan mecánicos y forenses, dado que la salvación es algo relacional, no legal.
La Provisión de la Salvación de Dios es Transaccional – no Relacional
Aunque es cierto que el propósito principal y resultado final de la salvación es relacional, la relación que tienen los redimidos con su Creador y Juez no hubiera sido posible si Cristo primero no habría llevado sobre Sí los pecados del mundo para pagar el precio redentivo por nuestros pecados que habían causado una separación entre nosotros y Dios (Isa 59:1-2). [1]
Vemos numerosas referencias a esta transacción en las Escrituras. Pablo dijo, “habéis sido comprados por precio,” refiriéndose a la sangre preciosa de Jesús que fue derramado para la remisión o perdón de nuestros pecados (cf. 1Cor 6:20; Col 1:14; Mt 26:28; 20:28; Heb 9:22; 1Pedro 1:18-19).
El eterno Hijo de Dios tomó sobre Sí Mismo nuestra humanidad para llevar nuestros pecados en Sí Mismo como el Último Adán, así redimiéndonos por medio del derramamiento de Su sangre inocente en lugar de nosotros (2Cor 5:21). La naturaleza transaccional y substitutivo de la salvación de Cristo a la humanidad es enfatizada en 1Timoteo 2:5-6 donde Pablo dice:
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate (antilutron) por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1Tim 2:5,6)
Pablo aquí presenta a Jesucristo Hombre como el único Mediador entre Dios y el hombre que se dio a Sí Mismo en rescate (antilutron, “un precio sustitutivo de redención”) por todos. Esta palabra traducida “rescate” en español es de la palabra griega antilutron – anti, “en lugar de o en sustitución por,” y lutron, “precio de redención.” La sangre inocente de Jesucristo Hombre fue presentada al Padre, así obteniendo la redención eterna de toda la humanidad (Heb 9:11-15).
Muchos escarnecen la verdad de la muerte de sustitución de Cristo en la cual llevó en Sí Mismo la pena de nuestros pecados, e intentan reducir su sacrificio de expiación en la cruz a nada más que un ejemplo para seguir. Pero según las Escrituras Su preciosa sangre hizo propiciación a Dios por nuestros pecados. Como nuestro Sumo Sacerdote Él presentó a Su propia sangre en el lugar santísimo celestial. Como dice el autor de Hebreos, “por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” (Heb 9:12).
Aunque es común hoy en día oír Progresivos ridiculizar la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, eso es precisamente lo que nos presentan las Escrituras. Jesús ofreció Su sangre a Dios como pago por nuestros pecados. Pablo dice del sacrificio de Cristo: “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Rom 3:25). La sangre preciosa de Jesús fue más que suficiente para pagar por los pecados del mundo entero (1Jn 2:2).
Escarnecer la santa transacción por medio del cual Dios procuró de manera unilateral nuestra redención por la sangre derramada de Cristo, llamando Su muerte de sustitución “una ficción mecánica y legal” es equivalente a negar al Señor que nos redimió y tener por inmunda la sangre del pacto que fue derramada para la remisión de nuestros pecados como algo común (2 Pedro 2:1; Heb 10:29).
Examino con más detalle el tema de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo en mi libro: “Los Caminos de Dios,” y en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros?” También, en mi blog, “Los Padres Primitivos y la Expiación Sustitutiva Penal” demuestro que el aspecto penal y sustitutiva de la expiación no era un invento de Juan Calvino, como algunos afirman, sino que fue central del entendimiento de los Padres Primitivos acerca de la expiación.
En las Escrituras nuestra salvación es claramente presentada como hecho posible por una transacción unilateral llevado a cabo por nuestro trino Dios. Así como el pecado de Adán trajo condenación y muerte a todos, el Hijo de Dios llegó a ser el Último Adán para que, a través de la justicia de Él, viniera a todos la justificación y la vida:
“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” (Rom 5:18)
La Apropiación de la Provisión Unilateral de la Salvación de Dios es Bilateral
Algunos Inclusivistas argumentan que, como Cristo murió por todos, entonces todos fueron unilateralmente salvos, justificados y vivificados hace 2.000 años en la cruz. Sin embargo, aunque es cierto que la provisión para todos fue hecha en la cruz, y antes de que Cristo entregue el reino al Padre cada rodilla se doblará a Él como Señor y Salvador, la obra salvífica de la cruz no es aplicada al individuo hasta que las Buenas Nuevas de la salvación haya sido recibida por fe. Hay un “ya” y un “todavía no” en el cumplimiento del plan de Dios para la salvación de todos, dado que tomará épocas para que cada rodilla se doble voluntariamente al señorío de Cristo, libremente recibiendo el don de la justicia de Dios por fe. Como dice el escritor de Hebreos:
“Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.” (Heb 2:8)
Si la sujeción a Cristo fuera por imposición divina, o si Su salvación fuera aplicada automáticamente a todos sin la necesidad de que cada individuo llegue al fin de sí mismo, personal y voluntariamente recibiendo la salvación que solo viene a través de Cristo, no habría necesidad de un intervalo tan largo de tiempo entre el momento cuando Cristo clamó desde la cruz “consumado es” y cuando todos finalmente habrán sido irresistiblemente atraídos a Él, resultando en que Dios sea todo en todos.
Jesús dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32). La primera parte de este versículo es la “ya.” Él ya fue levantado hace 2.000 años sobre la cruz. Pero la segunda parte es la “todavía no.” Cristo por Su Espíritu ha estado atrayendo a los hombres a Sí Mismo, cada uno en su propio orden, y Él continuará atrayéndolos a todos a Sí Mismo hasta que todos finalmente se habrán doblado rodilla, confesándole como Señor y Salvador. En ese momento (y no antes), Dios será todo en todos (1Cor 15:28; Ef 1:10).
La provisión de la salvación consumada en la cruz fue una transacción unilateral dentro de la divinidad entre el Padre y Cristo, el Último Adán. Sin embargo, la aplicación de la provisión de la salvación de Cristo es bilateral en el sentido que requiere la respuesta voluntaria de cada individuo, personalmente apropiando el don gratuito de la salvación que Dios ha proveído por medio de la fe.
Sin embargo, el término “transacción” es una palabra incorrecta para describir nuestra necesaria respuesta. Es a menudo empleada intencionalmente con tal de presentar a nuestra apropiación del evangelio como si fuera algo mecánico y no personal y relacional. Una palabra más adecuada para describir nuestra necesaria respuesta al Evangelio sería “recepción” y no “transacción.” (Juan 1:12).
A través de todo en Nuevo Testamento vemos la necesidad de nuestra respuesta de fe para ser salvo (Rom 3:25-26,28; 5:1; Gal 2:16; 3:24-25, etc.). Cuando Jesús comisionó a Sus discípulos a predicar el Evangelio a cada criatura Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:16; cf. Jn 3:18). Cuando el carcelero en Filipo le preguntó a Pablo qué tenía que hacer para ser salvo, Pablo no le respondió diciendo que ya era salvo desde la cruz, como algunos dicen hoy en día, sino que le dijo, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hch 16:31). Pablo dijo que, “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” (1 Cor 1:21). En Romanos 10:9,10 Pablo enfatizó la necesidad de una fe genuina para ser salvo, diciendo:
“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Rom 10:9-10; ver también Santiago 2:19 para un ejemplo de una fe que es nada más una afirmación mental que no resulta en la salvación).
El escritor de Hebreos deja en claro que el evangelio no beneficia a nadie hasta recibirlo por fe. Él dijo: “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.” (Heb 4:2). ¿Es el Evangelio Buena nueva? ¡Sí! Pero no salva a nadie hasta recibirla con fe.
Algunos Inclusivistas, como Don Keathley, insisten que no existe tal distinción como los salvos y los no salvos – que todos fueron salvos de manera unilateral en la cruz y por lo tanto no es necesario que uno sea salvo para poder recibir la vida de Dios. Él dice: “Creyendo no tiene nada que ver con ser salvo, Cristo es el Salvador de TODOS los hombres, todos ya son salvos...” [2] Sin embargo, repetidas veces a través de todo el Nuevo Testamento hay distinción entre los salvos que tienen la vida eterna y aquellos que aún necesitan responder al evangelio para ser salvos, recibiendo la vida de Dios. El Apóstol Juan claramente distingue entre aquellos que ya poseen la vida de Dios y los que todavía están muertos en sus pecados. Él dice:
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. 13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” (1Jn 5:11-13)
Juan aquí hace una distinción clara entre los salvos y los no salvos: Los que tienen el Hijo, tienen la vida eterna, mientras los que no tienen el Hijo, no tienen la vida. Y, ¿cómo llegamos a tener al Hijo? Juan nos dice que llegamos a tener al Hijo y Su misma vida eterna por recibir a Jesús personalmente:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12-13)
Juan dice que todos aquellos que le reciben al Hijo por fe han nacido de Dios para vida eterna. Todos aquellos (y solo aquellos) que le han recibido al Hijo tienen el Hijo y por lo tanto poseen Su propia vida eterna de resurrección como su vida misma (Col 3:3-4; Gal 2:20).
La Fe que recibe la Salvación de Dios no es Meritoria
Extrañamente, a pesar de las muchas Escrituras que dicen lo contrario, algunos argumentan que como la salvación es solamente por la gracia de Dios aparte de las obras, entonces la fe no puede ser necesario porque la fe es una obra. Sin embargo, este argumento tiene más de una falencia. En primer lugar, en lugar de que la fe sea presentada en las Escrituras como una obra, es presentada como lo opuesto a las obras. Pablo presentó la fe como antónimo con las obras en numerosas ocasiones:
“mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” (Rom 4:5)
“¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Rom 3:27-28)
“sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” (Gal 2:16; cf. Rom 3:28; Gal 3:2; Ef 2:8-9).
La fe salvífica no tiene mérito alguno. Simplemente recibe la salvación que Dios proveyó para nosotros de manera unilateral y ofrece a todos gratuitamente como un don de Su pura gracia. Como dijo Thomas Chalmers, “La fe es como la mano del mendigo que toma la dádiva sin añadir nada a ella.” Un mendigo no hace ninguna contribución al obsequio recibido. Tampoco hace algo para merecerlo. Él simplemente recibe lo que está siendo ofrecido a él gratuitamente, de la misma manera que un pecador arrepentido recibe por fe el don gratuito de la salvación que Dios ofrece por la gracia por medio de la fe solamente.
No solamente es la fe antónimo con las obras y por lo tanto de ninguna manera contribuye a nuestra salvación, sino también vemos que la verdadera fe salvífica es un obsequio de Dios y no de nosotros (Ef 2:8-9). Desarrollo este tema con más detalle en mi libro: “La Solución Universal,” y también en mi blog: “La Fe de Jesús.” En Hechos refiere a los creyentes como “los que por la gracia habían creído” (Hch 18:27). Pablo dice que tenemos “esperanza por gracia” (2Tes 2:16).
Nuestra condición caída es tal que no simplemente no queríamos venir a Cristo para la salvación sino que no podíamos venir a Él a menos que fuéramos atraídos a Él (Jn 6:44,65; 14:16-17; 3:3; 1Cor 2:14). Se dice de la piadosa Lida que “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.” (Hch 16:14). Si el Señor no hubiera abierto su corazón habría continuado como una religiosa no salva como muchos de nosotros antes de recibir la fe que salva. La fe salvífica es un don de Dios:
“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo...que creáis en él…” (Fil 1:29)
La palabra traducida “concedido” es carízomai que viene de la palabra “gracia” (carís), indicando que nos fue dado creer en El por Su gracia. Ni siquiera podemos jactarnos de nuestra fe, dado que nos fue dado creer por Dios Mismo. Es por eso que Pablo dice que toda jactancia queda excluida con la fe salvífica (Rom 3:27).
Así que, vemos en las Escrituras que la provisión de nuestra salvación fue una transacción unilateral llevado a cabo exclusivamente por nuestro trino Dios hace 2.000 años en la cruz. Sin embargo, la apropiación personal de esa salvación es bilateral, requiriendo nuestra participación voluntaria, recibiendo la salvación de Dios por fe.
Sin embargo, aun la fe que tenemos para salvación es bilateral, dado que tiene que ser concedido que creamos y recibamos la provisión unilateral de la salvación de Dios. Aunque uno tiene que creer para ser salvo, solamente creemos porque fuimos atraídos a Cristo primero y dado la fe para recibir esa salvación. Las Buenas Nuevas es que toda la humanidad, cada uno en su debido orden, será atraído a Cristo de manera voluntaria e irresistible, doblando rodilla a Él, confesándole como Señor (Jn 12:32; 1Cor 15:22-23; Fil 2:10-11).
[1] Hoy en día hay algunos que argumentan que nuestros pecados no nos separan de Dios. Considero sus argumentos en mi blog: “Borrando las Distinciones Bíblicas.”
[2] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 100). Don Keathley. Kindle Edition.
Don Keathley también dice: “Jamás hubo un tiempo cuando no estabas en Cristo. Allí es donde fuiste creado… Esto cambiará al mundo. Necesitamos ver a cada persona también creada en esa posición. Eso elimina toda distinción entre ellos y nosotros… Esto elimina toda jactancia que dice, ‘Yo invité a Jesús en mi vida como Salvador y tú no. Yo tomé decisiones sabias a mi favor y si tú eres sabio, serás como yo y harás lo que yo hice. Y si no, vas a ir al infierno.’” (Don Keathley. Unmasking the Gospel. Video 29:10).
¿Es nuestra salvación transaccional, unilateral, relacional o una combinación de estos?
“La fe es como la mano del mendigo que toma la dádiva sin añadir nada a ella.”
Thomas Chalmers
¿Es la salvación de la humanidad una transacción bilateral donde Dios hace Su parte y ahora depende del hombre hacer su parte, o es una transacción unilateral donde Dios salva a todos sin la necesidad de una respuesta de parte de nosotros? Algunos argumentan que ni debemos de estar usando términos tan mecánicos y forenses, dado que la salvación es algo relacional, no legal.
La Provisión de la Salvación de Dios es Transaccional – no Relacional
Aunque es cierto que el propósito principal y resultado final de la salvación es relacional, la relación que tienen los redimidos con su Creador y Juez no hubiera sido posible si Cristo primero no habría llevado sobre Sí los pecados del mundo para pagar el precio redentivo por nuestros pecados que habían causado una separación entre nosotros y Dios (Isa 59:1-2). [1]
Vemos numerosas referencias a esta transacción en las Escrituras. Pablo dijo, “habéis sido comprados por precio,” refiriéndose a la sangre preciosa de Jesús que fue derramado para la remisión o perdón de nuestros pecados (cf. 1Cor 6:20; Col 1:14; Mt 26:28; 20:28; Heb 9:22; 1Pedro 1:18-19).
El eterno Hijo de Dios tomó sobre Sí Mismo nuestra humanidad para llevar nuestros pecados en Sí Mismo como el Último Adán, así redimiéndonos por medio del derramamiento de Su sangre inocente en lugar de nosotros (2Cor 5:21). La naturaleza transaccional y substitutivo de la salvación de Cristo a la humanidad es enfatizada en 1Timoteo 2:5-6 donde Pablo dice:
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate (antilutron) por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1Tim 2:5,6)
Pablo aquí presenta a Jesucristo Hombre como el único Mediador entre Dios y el hombre que se dio a Sí Mismo en rescate (antilutron, “un precio sustitutivo de redención”) por todos. Esta palabra traducida “rescate” en español es de la palabra griega antilutron – anti, “en lugar de o en sustitución por,” y lutron, “precio de redención.” La sangre inocente de Jesucristo Hombre fue presentada al Padre, así obteniendo la redención eterna de toda la humanidad (Heb 9:11-15).
Muchos escarnecen la verdad de la muerte de sustitución de Cristo en la cual llevó en Sí Mismo la pena de nuestros pecados, e intentan reducir su sacrificio de expiación en la cruz a nada más que un ejemplo para seguir. Pero según las Escrituras Su preciosa sangre hizo propiciación a Dios por nuestros pecados. Como nuestro Sumo Sacerdote Él presentó a Su propia sangre en el lugar santísimo celestial. Como dice el autor de Hebreos, “por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” (Heb 9:12).
Aunque es común hoy en día oír Progresivos ridiculizar la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, eso es precisamente lo que nos presentan las Escrituras. Jesús ofreció Su sangre a Dios como pago por nuestros pecados. Pablo dice del sacrificio de Cristo: “a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Rom 3:25). La sangre preciosa de Jesús fue más que suficiente para pagar por los pecados del mundo entero (1Jn 2:2).
Escarnecer la santa transacción por medio del cual Dios procuró de manera unilateral nuestra redención por la sangre derramada de Cristo, llamando Su muerte de sustitución “una ficción mecánica y legal” es equivalente a negar al Señor que nos redimió y tener por inmunda la sangre del pacto que fue derramada para la remisión de nuestros pecados como algo común (2 Pedro 2:1; Heb 10:29).
Examino con más detalle el tema de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo en mi libro: “Los Caminos de Dios,” y en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros?” También, en mi blog, “Los Padres Primitivos y la Expiación Sustitutiva Penal” demuestro que el aspecto penal y sustitutiva de la expiación no era un invento de Juan Calvino, como algunos afirman, sino que fue central del entendimiento de los Padres Primitivos acerca de la expiación.
En las Escrituras nuestra salvación es claramente presentada como hecho posible por una transacción unilateral llevado a cabo por nuestro trino Dios. Así como el pecado de Adán trajo condenación y muerte a todos, el Hijo de Dios llegó a ser el Último Adán para que, a través de la justicia de Él, viniera a todos la justificación y la vida:
“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida.” (Rom 5:18)
La Apropiación de la Provisión Unilateral de la Salvación de Dios es Bilateral
Algunos Inclusivistas argumentan que, como Cristo murió por todos, entonces todos fueron unilateralmente salvos, justificados y vivificados hace 2.000 años en la cruz. Sin embargo, aunque es cierto que la provisión para todos fue hecha en la cruz, y antes de que Cristo entregue el reino al Padre cada rodilla se doblará a Él como Señor y Salvador, la obra salvífica de la cruz no es aplicada al individuo hasta que las Buenas Nuevas de la salvación haya sido recibida por fe. Hay un “ya” y un “todavía no” en el cumplimiento del plan de Dios para la salvación de todos, dado que tomará épocas para que cada rodilla se doble voluntariamente al señorío de Cristo, libremente recibiendo el don de la justicia de Dios por fe. Como dice el escritor de Hebreos:
“Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.” (Heb 2:8)
Si la sujeción a Cristo fuera por imposición divina, o si Su salvación fuera aplicada automáticamente a todos sin la necesidad de que cada individuo llegue al fin de sí mismo, personal y voluntariamente recibiendo la salvación que solo viene a través de Cristo, no habría necesidad de un intervalo tan largo de tiempo entre el momento cuando Cristo clamó desde la cruz “consumado es” y cuando todos finalmente habrán sido irresistiblemente atraídos a Él, resultando en que Dios sea todo en todos.
Jesús dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32). La primera parte de este versículo es la “ya.” Él ya fue levantado hace 2.000 años sobre la cruz. Pero la segunda parte es la “todavía no.” Cristo por Su Espíritu ha estado atrayendo a los hombres a Sí Mismo, cada uno en su propio orden, y Él continuará atrayéndolos a todos a Sí Mismo hasta que todos finalmente se habrán doblado rodilla, confesándole como Señor y Salvador. En ese momento (y no antes), Dios será todo en todos (1Cor 15:28; Ef 1:10).
La provisión de la salvación consumada en la cruz fue una transacción unilateral dentro de la divinidad entre el Padre y Cristo, el Último Adán. Sin embargo, la aplicación de la provisión de la salvación de Cristo es bilateral en el sentido que requiere la respuesta voluntaria de cada individuo, personalmente apropiando el don gratuito de la salvación que Dios ha proveído por medio de la fe.
Sin embargo, el término “transacción” es una palabra incorrecta para describir nuestra necesaria respuesta. Es a menudo empleada intencionalmente con tal de presentar a nuestra apropiación del evangelio como si fuera algo mecánico y no personal y relacional. Una palabra más adecuada para describir nuestra necesaria respuesta al Evangelio sería “recepción” y no “transacción.” (Juan 1:12).
A través de todo en Nuevo Testamento vemos la necesidad de nuestra respuesta de fe para ser salvo (Rom 3:25-26,28; 5:1; Gal 2:16; 3:24-25, etc.). Cuando Jesús comisionó a Sus discípulos a predicar el Evangelio a cada criatura Él dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:16; cf. Jn 3:18). Cuando el carcelero en Filipo le preguntó a Pablo qué tenía que hacer para ser salvo, Pablo no le respondió diciendo que ya era salvo desde la cruz, como algunos dicen hoy en día, sino que le dijo, “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” (Hch 16:31). Pablo dijo que, “agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.” (1 Cor 1:21). En Romanos 10:9,10 Pablo enfatizó la necesidad de una fe genuina para ser salvo, diciendo:
“si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Rom 10:9-10; ver también Santiago 2:19 para un ejemplo de una fe que es nada más una afirmación mental que no resulta en la salvación).
El escritor de Hebreos deja en claro que el evangelio no beneficia a nadie hasta recibirlo por fe. Él dijo: “Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.” (Heb 4:2). ¿Es el Evangelio Buena nueva? ¡Sí! Pero no salva a nadie hasta recibirla con fe.
Algunos Inclusivistas, como Don Keathley, insisten que no existe tal distinción como los salvos y los no salvos – que todos fueron salvos de manera unilateral en la cruz y por lo tanto no es necesario que uno sea salvo para poder recibir la vida de Dios. Él dice: “Creyendo no tiene nada que ver con ser salvo, Cristo es el Salvador de TODOS los hombres, todos ya son salvos...” [2] Sin embargo, repetidas veces a través de todo el Nuevo Testamento hay distinción entre los salvos que tienen la vida eterna y aquellos que aún necesitan responder al evangelio para ser salvos, recibiendo la vida de Dios. El Apóstol Juan claramente distingue entre aquellos que ya poseen la vida de Dios y los que todavía están muertos en sus pecados. Él dice:
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. 13 Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios.” (1Jn 5:11-13)
Juan aquí hace una distinción clara entre los salvos y los no salvos: Los que tienen el Hijo, tienen la vida eterna, mientras los que no tienen el Hijo, no tienen la vida. Y, ¿cómo llegamos a tener al Hijo? Juan nos dice que llegamos a tener al Hijo y Su misma vida eterna por recibir a Jesús personalmente:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12-13)
Juan dice que todos aquellos que le reciben al Hijo por fe han nacido de Dios para vida eterna. Todos aquellos (y solo aquellos) que le han recibido al Hijo tienen el Hijo y por lo tanto poseen Su propia vida eterna de resurrección como su vida misma (Col 3:3-4; Gal 2:20).
La Fe que recibe la Salvación de Dios no es Meritoria
Extrañamente, a pesar de las muchas Escrituras que dicen lo contrario, algunos argumentan que como la salvación es solamente por la gracia de Dios aparte de las obras, entonces la fe no puede ser necesario porque la fe es una obra. Sin embargo, este argumento tiene más de una falencia. En primer lugar, en lugar de que la fe sea presentada en las Escrituras como una obra, es presentada como lo opuesto a las obras. Pablo presentó la fe como antónimo con las obras en numerosas ocasiones:
“mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.” (Rom 4:5)
“¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe. 28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Rom 3:27-28)
“sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.” (Gal 2:16; cf. Rom 3:28; Gal 3:2; Ef 2:8-9).
La fe salvífica no tiene mérito alguno. Simplemente recibe la salvación que Dios proveyó para nosotros de manera unilateral y ofrece a todos gratuitamente como un don de Su pura gracia. Como dijo Thomas Chalmers, “La fe es como la mano del mendigo que toma la dádiva sin añadir nada a ella.” Un mendigo no hace ninguna contribución al obsequio recibido. Tampoco hace algo para merecerlo. Él simplemente recibe lo que está siendo ofrecido a él gratuitamente, de la misma manera que un pecador arrepentido recibe por fe el don gratuito de la salvación que Dios ofrece por la gracia por medio de la fe solamente.
No solamente es la fe antónimo con las obras y por lo tanto de ninguna manera contribuye a nuestra salvación, sino también vemos que la verdadera fe salvífica es un obsequio de Dios y no de nosotros (Ef 2:8-9). Desarrollo este tema con más detalle en mi libro: “La Solución Universal,” y también en mi blog: “La Fe de Jesús.” En Hechos refiere a los creyentes como “los que por la gracia habían creído” (Hch 18:27). Pablo dice que tenemos “esperanza por gracia” (2Tes 2:16).
Nuestra condición caída es tal que no simplemente no queríamos venir a Cristo para la salvación sino que no podíamos venir a Él a menos que fuéramos atraídos a Él (Jn 6:44,65; 14:16-17; 3:3; 1Cor 2:14). Se dice de la piadosa Lida que “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.” (Hch 16:14). Si el Señor no hubiera abierto su corazón habría continuado como una religiosa no salva como muchos de nosotros antes de recibir la fe que salva. La fe salvífica es un don de Dios:
“Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo...que creáis en él…” (Fil 1:29)
La palabra traducida “concedido” es carízomai que viene de la palabra “gracia” (carís), indicando que nos fue dado creer en El por Su gracia. Ni siquiera podemos jactarnos de nuestra fe, dado que nos fue dado creer por Dios Mismo. Es por eso que Pablo dice que toda jactancia queda excluida con la fe salvífica (Rom 3:27).
Así que, vemos en las Escrituras que la provisión de nuestra salvación fue una transacción unilateral llevado a cabo exclusivamente por nuestro trino Dios hace 2.000 años en la cruz. Sin embargo, la apropiación personal de esa salvación es bilateral, requiriendo nuestra participación voluntaria, recibiendo la salvación de Dios por fe.
Sin embargo, aun la fe que tenemos para salvación es bilateral, dado que tiene que ser concedido que creamos y recibamos la provisión unilateral de la salvación de Dios. Aunque uno tiene que creer para ser salvo, solamente creemos porque fuimos atraídos a Cristo primero y dado la fe para recibir esa salvación. Las Buenas Nuevas es que toda la humanidad, cada uno en su debido orden, será atraído a Cristo de manera voluntaria e irresistible, doblando rodilla a Él, confesándole como Señor (Jn 12:32; 1Cor 15:22-23; Fil 2:10-11).
[1] Hoy en día hay algunos que argumentan que nuestros pecados no nos separan de Dios. Considero sus argumentos en mi blog: “Borrando las Distinciones Bíblicas.”
[2] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 100). Don Keathley. Kindle Edition.
Don Keathley también dice: “Jamás hubo un tiempo cuando no estabas en Cristo. Allí es donde fuiste creado… Esto cambiará al mundo. Necesitamos ver a cada persona también creada en esa posición. Eso elimina toda distinción entre ellos y nosotros… Esto elimina toda jactancia que dice, ‘Yo invité a Jesús en mi vida como Salvador y tú no. Yo tomé decisiones sabias a mi favor y si tú eres sabio, serás como yo y harás lo que yo hice. Y si no, vas a ir al infierno.’” (Don Keathley. Unmasking the Gospel. Video 29:10).
- Published on
¿Es la Justicia de Dios retributiva, restaurativa o las dos?
por George Sidney Hurd
--
La naturaleza de la justicia de Dios recientemente ha sido el tema de mucho debate, junto con una polémica acerca de la naturaleza de la expiación de Cristo. Algunos eruditos Conservadores aparentan solo reconocer la justicia retributiva de Dios, mientras que muchos Progresivos insisten en que todos Sus juicios son exclusivamente restaurativos.
Brian Zahnd, en su estilo de comunicación típicamente sardónica y polémica, representa un número creciente de individuos que ridiculizan cualquier afirmación de que la muerte de Cristo involucrara un pago por nuestros pecados como nuestro Sustituto para poder salvarnos de la justicia retributiva de Dios. Él dice:
“La cruz no es una imagen de pago; la cruz es una imagen del perdón… La justicia de Dios no es retributiva; la justicia de Dios es restaurativa… La cruz no es donde Dios encuentra una víctima propiciatoria sobre quién reventar Su ira; la cruz es donde Dios salva al mundo por medio del amor y autosacrificio. La única cosa que Dios considera justicia es restaurar al mundo, no castigando a un sustituto inocente para algún pinche aplacamiento.” [1]
Aunque Brian deliberadamente mal caracteriza a las creencias de sus opositores con dicotomías falsas y expresiones inflamatorias para ganar ventaja emocional sobre ellos en vez limitarse a razonar de las Escrituras, él es, sin embargo, representativo de un número creciente de eruditos Progresivos que rechazan a secas cualquier argumento que la justicia de Dios sea de alguna manera retributiva o que la muerte de Cristo satisfizo la justicia de Dios en nuestro lugar, así haciendo posible que Dios permanezca justo al justificar a los pecadores. Considero los argumentos para la expiación sustitutiva penal de Cristo en mi blog, “¿Cambió la Cruz la Actitud de Dios hacia Nosotros?” y también en mi libro, “Los Caminos de Dios (desde la Perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico).” En este blog simplemente quiero considerar brevemente su afirmación de que la justicia de Dios no es de ninguna manera retributiva.
Primero quiero definir los términos. Nuestra palabra “retribución” es del latín re- + tribuere “pagar,” y significa “volver a pagar o retribución.” La expresión “justicia retributiva” refiere tanto al galardón justo de los justos como también la justa pena o castigo por los pecados de los no arrepentidos (cf. Rom 2:5-11; 2Tes 1:8; Apo 22:12).
Hasta el presente los sistemas de justicia en el mundo han operado casi exclusivamente basado en la justicia retributiva donde el ofensor es penalizado y la víctima inocente recibe compensación por daños infligidos. Sin embargo, poco después de que el sicólogo Albert Eglash presentó su tesis a favor de reemplazar la justicia retributiva con una forma humanista de justicia restaurativa en el año 1977, hemos visto un gran cambio en la dirección de abandonar la justicia retributiva a favor de una justicia restaurativa.
De semejante manera como con el Comunismo, el concepto de la justicia restaurativa parece bien en teoría, pero en la práctica, todo nuestro sistema de justicia desmoronaría si fuéramos a abandonar la justicia retributiva a favor de una justicia netamente restaurativa, porque no toma en cuenta la naturaleza caída del hombre. Para que una justicia restaurativa funcionara, tanto el ofensor, como las víctimas, no solamente tienen que estar dispuestos a reunirse en sesiones de grupo, sino que el ofensor tiene que estar verdaderamente arrepentido y las víctimas tienen que perdonar al ofensor – algo que raras veces sucede en la vida real. La lógica progresiva detrás de la justicia restaurativa va de mano con los argumentos presentados recientemente a favor de desfinanciar a las autoridades.
En mi juventud durante los años ’60, antes de conocerle al Señor, serví más de tres años en las instituciones correccionales y vi de primera mano cómo tantos presos logran obtener su libertad condicional temprano por jugar el sistema, fingiendo arrepentimiento con tal de volver a la calle y continuar su vida de crimen. No es difícil imaginar como estos mismos individuos se aprovecharían de esta supuesta terapia de la justicia restaurativa para provecho propio.
En realidad, el sistema tradicional de la justicia no es netamente retributivo, sino que tiene la restauración como su objetivo principal. Si el juez ve que el ofensor es arrepentido y existe poca probabilidad de que el ofensor repite el crimen, él toma eso en cuenta. Además, dentro de las instituciones penales hay sesiones en grupo de consejería diseñados a reformar a los presos. Adicionalmente, revisan el caso de cada preso periódicamente, y si determinan que un individuo ha sido adecuadamente rehabilitado, le conceden libertad condicional antes de cumplir toda su condena.
Como espero demostrar, aunque a fin de cuentas la justica de Dios es restaurativa en el sentido de que culmina en la restauración en vez de una condena perpetua, es más comparable a la justicia retributiva de nuestro sistema penal que el modelo progresivo de una justicia netamente restaurativa. La justicia de Dios es mejor entendido como justicia retributiva con el fin de restaurar al transgresor.
La diferencia principal entre nuestro sistema de justicia y la justicia de Dios es que Él conoce nuestros corazones y juzga con un juicio perfecto, según la verdad, y no según las apariencias. Nadie puede jugar el sistema con Dios, fingiendo el arrepentimiento. Sus castigos siempre encajan en el crimen, y en Sus juicios Él siempre recuerda la misericordia. Tan pronto como el hombre se arrepintiera de corazón, Dios extiende Su misericordia.
La Justicia Retributiva de Dios en la Historia
Aunque la justicia retributiva de Dios es principalmente escatológica, siendo guardado o atesorado para el día del juicio (Rom 2:5), Su justicia retributiva también se puede ver en la historia. Aunque podríamos presentar muchos ejemplos, aquí solamente quiero enfocar en cuatro ejemplos principales en el Antiguo Testamento: 1) la expulsión del Edén, 2) el diluvio, 3) Sodoma y 4) la destrucción de Jerusalén y el cautiverio babilónico en el año 568 a.C.
La Justicia Retributiva de Dios en el Edén
Desde el principio vemos la justicia retributiva de Dios ejecutada cuando Adán y Eva desobedecieron el mandato de Dios de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Fueron advertidos que su desobediencia resultaría en la muerte segura, y tal como Dios les había dicho, ellos, como también todos sus descendientes, fueron privados del árbol de la vida y murieron a consecuencia de su pecado original. También, el dolor de la mujer fue aumentado a dar a luz y la tierra fue maldita, haciendo necesario que el hombre trabajara arduamente todos los días de su vida hasta volver al polvo de donde vino (Gen 3:16-19). Aquí podemos ver claramente la justicia retributiva de Dios. Él les echó del Edén y colocó querubines para guardar el camino para que no tomaran del árbol de la vida (Gen 3:23-24).
La Justicia Retributiva de Dios en el Diluvio
El diluvio universal es otro ejemplo principal de la justicia retributiva de Dios. Dios envió el diluvio en juicio debido a que toda la tierra se había corrompida, siendo llena de violencia (Gen 6:11-13). El Señor le dijo a Noé: “la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.” En su paciencia, Dios les dio 120 años más para arrepentirse mientras que Noé estaba preparando el arca (Gen 6:3; 1Pedro 3:20). Entonces, el Señor cerró las puertas del arca y envió el diluvio. Jesús advierte que el juicio en Su Segunda Venida será semejante a lo que sucedió en los días de Noé (Lucas 17:26-27; Mateo 25:31-46).
La Justicia Retributiva de Dios en la Destrucción de Sodoma
El tercer juicio principal fue lo de Sodoma. Su injusticia llegó a tal grado que ni siquiera había diez justos entre ellos. Los dos ángeles le dijeron a Lot: “el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo” (Gen 19:13). El clamor de sus víctimas llegó a ser tan grande que Dios intervino, enviando fuego y azufre del cielo, destruyéndolos a todos. Considero la naturaleza de este juicio con más detalle en mi blog: “¿Quién Destruyó a Sodoma y Por Qué?” Pedro deja en claro que la destrucción de Sodoma era la justicia retributiva de Dios, diciendo que Dios “condenó (katakrino “condenar, sentenciar”) por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente.” (2Pedro 2:6). De la misma manera, Judas dice que ellos fueron “puestas por ejemplo, sufriendo el castigo (dike, “justicia”) del fuego eterno (pur aionios ‘fuego época duradera’).” (Judas 7). La palabra dike, traducida “castigo,” significa justicia. Sin embargo, en el contexto claramente es una justicia retributiva y no restaurativa.
La Justicia Retributiva de Dios en la Destrucción de Jerusalén en 568 a.C.
El último ejemplo de juicio que quiero considerar es la destrucción de Jerusalén, seguido por el cautiverio en Babilonia. Dios declaró Su juicio contra los habitantes de Jerusalén diciendo:
“Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá.” (Jer 17:4)
“he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua (olam).” (Jer 25:9)
Claramente, no hay indicación alguna de una justicia restaurativa en estas declaraciones de juicio contra Jerusalén y sus habitantes. Si fuéramos a parar aquí, daría la impresión de que la justicia de Dios fuera netamente retributiva. Lo mismo podríamos concluir de lo que hemos visto hasta ahora en los previos ejemplos del juicio de Dios.
Los Juicios de Dios son Temporales, culminando en Restauración
Aunque es cierto que la justicia de Dios es retributiva, muchos no logran ver más allá de los juicios temporales de Dios. Equivocadamente, han concluido que el resultado final de los juicios de Dios para la gran mayoría de la humanidad es una retribución perpetua, como si tal contradicción moral y lógica fuera posible. Este razonamiento no toma en cuenta el fin del Señor que es restauración – no retribución eterna. Como dice Santiago:
“habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (Stg 5:11)
Aunque la Iglesia en el tiempo de los Apóstoles aparentemente vieron que el fin del Señor es bueno, tristemente, al entrar en la Época Oscura, la Iglesia en general perdió la vista de la inmutable bondad de Dios, incluso en medio de Sus juicios más severos.
Leyendo los textos ya citados en Jeremías acerca del juicio de Dios que resultó en la destrucción de Jerusalén y su cautiverio en Babilonia aislados del resto de las Escrituras, da la impresión de que la retribución, y no la misericordia, fuera el fin del Señor en su caso. Sin embargo, la “ira eterna” y la “desolación perpetua” solamente fue por un tiempo (olam). En el caso de Jerusalén y Judá, Él especifica que olam, que fue erróneamente traducido “perpetuo,” solamente duraría setenta años, como vemos en los versículos en seguida:
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre. (Jer 25:11-12)
Entonces, en el capítulo 29, aun antes de haber llevado a cabo Su juicio contra Judá, Él les asegura que Sus planes para ellos – aún en Sus juicios tan severos, eran para su propio beneficio:
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:10-14)
Aun en medio de los juicios de Dios contra ellos, el profeta Jeremías no perdió la vista de la bondad de Dios. En Lamentaciones, cuando todo parecía perdido, él podía declarar:
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Jeremías entendió una verdad universal acerca de la naturaleza de Dios que aplica, no solamente a los judíos, sino a todos “los hijos de los hombres” – el fin del Señor es bueno. Él no desecha para siempre porque Él es bueno y Su misericordia permanece para siempre. Aún en los juicios mencionados en las Escrituras donde no hay mención específica de una restauración al final, sabemos que el fin del Señor es bueno y resulta en la restauración final de todos los hijos de los hombres (Hch 3:21).
El Juicio de Dios en la Caída culmina en Restauración
Este resultado final restaurativo de los juicios retributivos de Dios es evidente desde el principio en el Edén. El mismo día en que Adán y Eva pecaron, Dios derramó sangre inocente para cubrir su desnudez, prefigurando el sacrificio de Cristo de Su propia sangre para quitar nuestra culpa y revestirnos con Su propia justicia. Adicionalmente, Dios le prometió implícitamente a Eva que su simiente destruiría el poder de la serpiente, Satanás y restaurarnos de la caída (Gen 3:15). Esto Jesús hizo como nuestro Último Adán. Todos que fueron condenados en Adán son justificados en Cristo y todos que mueren en Adán serán vivificados en Él (Rom 5:18; 1Cor 15:22). En el futuro vemos el árbol de la vida en la Nueva Jerusalén y aquellos que todavía están afuera son invitados a lavar sus ropas para poder entrar y comer de sus hojas para su sanidad (Apo 22:1-2;14).
El Juicio del Diluvio culmina en Restauración
Aunque el juicio del diluvio fue indiscutiblemente retributivo, también vemos el Espíritu Santo enfatizando a través de Pedro que incluso aquellos que perecieron en el diluvio finalmente serán restaurados. Pedro dijo acerca de los que perecieron en el diluvio:
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.” (1Pedro 3:18-20)
Aquí vemos que Cristo descendió al Hades y predicó el evangelio a aquellos que eran desobedientes en los días de Noé. Podemos ver que persistieron obstinadamente en su desobediencia, dado que Dios en su paciencia esperó otros 120 años mientras que Noé estaba preparando el arca antes de finalmente destruirlos en el diluvio (Gen 6:3).
Algunos argumentan que la palabra “predicó” (kerusso) no tiene referencia a la predicación de las buenas nuevas a los espíritus de los muertos que fueron destruidos en el diluvio. Toman este pasaje como diciendo que Él fue y proclamó Su victoria sobre los ángeles que pecaron y están guardados en Tártaro hasta el día del juicio (2Pedro 2:4; Judas 6). Sin embargo, hay al menos tres razones por qué debemos de entender esto como refiriendo a Cristo predicando el evangelio a las personas que perecieron en el diluvio y no a alguna proclamación de derrota a los ángeles caídos en Tártaro.
En primer lugar, 59 de los 61 veces que kerusso aparece en el Nuevo Testamento claramente tiene referencia a la predicación del evangelio, y ni una sola vez se usa para anunciar la derrota de alguien. En segundo lugar, aunque es cierto que los ángeles son espíritus, el término “espíritu” normalmente no es utilizado para referirse a los ángeles. De hecho, vemos en Hechos 23:9 vemos una distinción entre los ángeles y los espíritus. En el Nuevo Testamento un espíritu o es un demonio o el espíritu de una persona que ha muerto.
En tercer lugar, en el contexto de 1Pedro 3:18-20 Pedro deja en claro que fueron los muertos a quienes les fue predicado el evangelio y no a los ángeles caídos. Solamente ocho versículos más adelante Pedro da más detalle acerca de la proclamación hecha a los espíritus encarcelados. Él dijo:
“Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1Pedro 4:6)
Aquí la frase “ha sido predicado el evangelio” es una sola palabra, euaggelizo, que literalmente significa “traer buenas nuevas.” Lo que Jesús predicó a los espíritus encarcelados eran las buenas nuevas del evangelio, para que, aunque una vez fueron juzgados por su desobediencia en la carne, pudieran vivir en espíritu según Dios. Es obvio que, si el evangelio es predicado a los muertos después de haber sido juzgados en la carne, entonces la justicia de Dios termina en restauración y no en condenación perpetua como muchos han dicho.
El Juicio de Sodoma culmina en Restauración
Sodoma es una de las demostraciones más claras de que, incluso los juicios retributivos más severos culminan en restauración y no en condenación eterna como tradicionalmente enseñado. Como vimos anteriormente, la destrucción de Sodoma es un ejemplo claro de la justicia retributiva de Dios. Sin embargo, vemos en las Escrituras que el fin del Señor para Sodoma es restauración, no retribución perpetua.
En Ezequiel 16 el Señor les dice a los habitantes de Jerusalén que habían llegado a ser peores que Samaria y Sodoma, y por ese motivo Su retribución contra ellos era inminente. Sin embargo, Su declaración de juicio es seguida con la promesa que ellos, junto con Samaria y Sodoma, finalmente serán restaurados. Él dijo:
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado.” (Ezeq 16:53-55)
Esta restauración de Sodoma tiene que estar refiriendo a las mismas personas que fueron destruidos por fuego en el tiempo de Lot, dado que ningún habitante sobrevivió su destrucción. De igual manera, Samaria, refiriéndose a las 10 tribus del norte (a menudo equivocadamente llamadas “las 10 tribus perdidas”), también serán restauradas. Algunas personas, a pesar de este texto y muchos pasajes más diciendo lo contrario, insisten que ni Judá ni los 10 tribus del norte serán restaurados. Yo respondo a sus argumentos en una serie de blogs: “¿Ha rechazado Dios a Su Pueblo Israel?” Dios ha jurado por Sí Mismo que todos finalmente serán restaurados a Sí Mismo, doblando rodilla y confesando que Jesucristo es Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; 1Cor 15:28; Sal 22:27; 66:3-4; 86:9, etc.).
En conclusión, La justicia de Dios es presentada a través de toda la Biblia desde el Génesis hasta Apocalipsis como retributiva, y si vamos a ser fieles a las Escrituras, tenemos que enfatizarlo así, aunque sea rechazada por nuestra cultura Postmoderna (2Tim 4:2-5). Pablo nos advierte diciendo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gal 6:7). Es un gravísimo error decirle a una persona que persiste en el pecado que la justicia de Dios para él será nada más que restaurativa, cuando en realidad esa persona está atesorando para sí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras (Rom 2:5-6).
La justicia inmutable de Dios requiere retribución. Es por eso que fue necesaria la cruz. Si Dios fuera amor, pero no justo, Él simplemente pasaría por alto nuestros pecados. Si fuera justo, pero no amor, jamás hubiera enviado a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados para poder perdonarnos sin violar a Su justicia inmutable (1Jn 4:10; Rom 3:25-26). Jesús nos salva de la ira venidera (1Tes 1:10). Jesús dijo que todo aquel que en el crea no será condenado, pero él que no cree ya ha sido condenado y la ira de Dios permanece sobre él, porque no ha creído en Él – el único camino al Padre (Jn 3:18,36; Jn 14:6).
En vez de estar reasegurándoles a los no arrepentidos de que todo está bien y que no hay por qué temer la justicia retributiva de Dios porque es solamente una justicia restaurativa, necesitamos llamarlos a arrepentirse y poner su confianza en Jesús que es el único que nos salva de la ira venidera (la justicia retributiva de Dios). Como dice Pablo, conociendo el temor (phobos) del Señor, debemos de persuadir a los hombres (2Cor 5:11; cf. Heb 10:30-31).
[1] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God (p. 86). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.
por George Sidney Hurd
--
La naturaleza de la justicia de Dios recientemente ha sido el tema de mucho debate, junto con una polémica acerca de la naturaleza de la expiación de Cristo. Algunos eruditos Conservadores aparentan solo reconocer la justicia retributiva de Dios, mientras que muchos Progresivos insisten en que todos Sus juicios son exclusivamente restaurativos.
Brian Zahnd, en su estilo de comunicación típicamente sardónica y polémica, representa un número creciente de individuos que ridiculizan cualquier afirmación de que la muerte de Cristo involucrara un pago por nuestros pecados como nuestro Sustituto para poder salvarnos de la justicia retributiva de Dios. Él dice:
“La cruz no es una imagen de pago; la cruz es una imagen del perdón… La justicia de Dios no es retributiva; la justicia de Dios es restaurativa… La cruz no es donde Dios encuentra una víctima propiciatoria sobre quién reventar Su ira; la cruz es donde Dios salva al mundo por medio del amor y autosacrificio. La única cosa que Dios considera justicia es restaurar al mundo, no castigando a un sustituto inocente para algún pinche aplacamiento.” [1]
Aunque Brian deliberadamente mal caracteriza a las creencias de sus opositores con dicotomías falsas y expresiones inflamatorias para ganar ventaja emocional sobre ellos en vez limitarse a razonar de las Escrituras, él es, sin embargo, representativo de un número creciente de eruditos Progresivos que rechazan a secas cualquier argumento que la justicia de Dios sea de alguna manera retributiva o que la muerte de Cristo satisfizo la justicia de Dios en nuestro lugar, así haciendo posible que Dios permanezca justo al justificar a los pecadores. Considero los argumentos para la expiación sustitutiva penal de Cristo en mi blog, “¿Cambió la Cruz la Actitud de Dios hacia Nosotros?” y también en mi libro, “Los Caminos de Dios (desde la Perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico).” En este blog simplemente quiero considerar brevemente su afirmación de que la justicia de Dios no es de ninguna manera retributiva.
Primero quiero definir los términos. Nuestra palabra “retribución” es del latín re- + tribuere “pagar,” y significa “volver a pagar o retribución.” La expresión “justicia retributiva” refiere tanto al galardón justo de los justos como también la justa pena o castigo por los pecados de los no arrepentidos (cf. Rom 2:5-11; 2Tes 1:8; Apo 22:12).
Hasta el presente los sistemas de justicia en el mundo han operado casi exclusivamente basado en la justicia retributiva donde el ofensor es penalizado y la víctima inocente recibe compensación por daños infligidos. Sin embargo, poco después de que el sicólogo Albert Eglash presentó su tesis a favor de reemplazar la justicia retributiva con una forma humanista de justicia restaurativa en el año 1977, hemos visto un gran cambio en la dirección de abandonar la justicia retributiva a favor de una justicia restaurativa.
De semejante manera como con el Comunismo, el concepto de la justicia restaurativa parece bien en teoría, pero en la práctica, todo nuestro sistema de justicia desmoronaría si fuéramos a abandonar la justicia retributiva a favor de una justicia netamente restaurativa, porque no toma en cuenta la naturaleza caída del hombre. Para que una justicia restaurativa funcionara, tanto el ofensor, como las víctimas, no solamente tienen que estar dispuestos a reunirse en sesiones de grupo, sino que el ofensor tiene que estar verdaderamente arrepentido y las víctimas tienen que perdonar al ofensor – algo que raras veces sucede en la vida real. La lógica progresiva detrás de la justicia restaurativa va de mano con los argumentos presentados recientemente a favor de desfinanciar a las autoridades.
En mi juventud durante los años ’60, antes de conocerle al Señor, serví más de tres años en las instituciones correccionales y vi de primera mano cómo tantos presos logran obtener su libertad condicional temprano por jugar el sistema, fingiendo arrepentimiento con tal de volver a la calle y continuar su vida de crimen. No es difícil imaginar como estos mismos individuos se aprovecharían de esta supuesta terapia de la justicia restaurativa para provecho propio.
En realidad, el sistema tradicional de la justicia no es netamente retributivo, sino que tiene la restauración como su objetivo principal. Si el juez ve que el ofensor es arrepentido y existe poca probabilidad de que el ofensor repite el crimen, él toma eso en cuenta. Además, dentro de las instituciones penales hay sesiones en grupo de consejería diseñados a reformar a los presos. Adicionalmente, revisan el caso de cada preso periódicamente, y si determinan que un individuo ha sido adecuadamente rehabilitado, le conceden libertad condicional antes de cumplir toda su condena.
Como espero demostrar, aunque a fin de cuentas la justica de Dios es restaurativa en el sentido de que culmina en la restauración en vez de una condena perpetua, es más comparable a la justicia retributiva de nuestro sistema penal que el modelo progresivo de una justicia netamente restaurativa. La justicia de Dios es mejor entendido como justicia retributiva con el fin de restaurar al transgresor.
La diferencia principal entre nuestro sistema de justicia y la justicia de Dios es que Él conoce nuestros corazones y juzga con un juicio perfecto, según la verdad, y no según las apariencias. Nadie puede jugar el sistema con Dios, fingiendo el arrepentimiento. Sus castigos siempre encajan en el crimen, y en Sus juicios Él siempre recuerda la misericordia. Tan pronto como el hombre se arrepintiera de corazón, Dios extiende Su misericordia.
La Justicia Retributiva de Dios en la Historia
Aunque la justicia retributiva de Dios es principalmente escatológica, siendo guardado o atesorado para el día del juicio (Rom 2:5), Su justicia retributiva también se puede ver en la historia. Aunque podríamos presentar muchos ejemplos, aquí solamente quiero enfocar en cuatro ejemplos principales en el Antiguo Testamento: 1) la expulsión del Edén, 2) el diluvio, 3) Sodoma y 4) la destrucción de Jerusalén y el cautiverio babilónico en el año 568 a.C.
La Justicia Retributiva de Dios en el Edén
Desde el principio vemos la justicia retributiva de Dios ejecutada cuando Adán y Eva desobedecieron el mandato de Dios de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Fueron advertidos que su desobediencia resultaría en la muerte segura, y tal como Dios les había dicho, ellos, como también todos sus descendientes, fueron privados del árbol de la vida y murieron a consecuencia de su pecado original. También, el dolor de la mujer fue aumentado a dar a luz y la tierra fue maldita, haciendo necesario que el hombre trabajara arduamente todos los días de su vida hasta volver al polvo de donde vino (Gen 3:16-19). Aquí podemos ver claramente la justicia retributiva de Dios. Él les echó del Edén y colocó querubines para guardar el camino para que no tomaran del árbol de la vida (Gen 3:23-24).
La Justicia Retributiva de Dios en el Diluvio
El diluvio universal es otro ejemplo principal de la justicia retributiva de Dios. Dios envió el diluvio en juicio debido a que toda la tierra se había corrompida, siendo llena de violencia (Gen 6:11-13). El Señor le dijo a Noé: “la tierra está llena de violencia a causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra.” En su paciencia, Dios les dio 120 años más para arrepentirse mientras que Noé estaba preparando el arca (Gen 6:3; 1Pedro 3:20). Entonces, el Señor cerró las puertas del arca y envió el diluvio. Jesús advierte que el juicio en Su Segunda Venida será semejante a lo que sucedió en los días de Noé (Lucas 17:26-27; Mateo 25:31-46).
La Justicia Retributiva de Dios en la Destrucción de Sodoma
El tercer juicio principal fue lo de Sodoma. Su injusticia llegó a tal grado que ni siquiera había diez justos entre ellos. Los dos ángeles le dijeron a Lot: “el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo” (Gen 19:13). El clamor de sus víctimas llegó a ser tan grande que Dios intervino, enviando fuego y azufre del cielo, destruyéndolos a todos. Considero la naturaleza de este juicio con más detalle en mi blog: “¿Quién Destruyó a Sodoma y Por Qué?” Pedro deja en claro que la destrucción de Sodoma era la justicia retributiva de Dios, diciendo que Dios “condenó (katakrino “condenar, sentenciar”) por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente.” (2Pedro 2:6). De la misma manera, Judas dice que ellos fueron “puestas por ejemplo, sufriendo el castigo (dike, “justicia”) del fuego eterno (pur aionios ‘fuego época duradera’).” (Judas 7). La palabra dike, traducida “castigo,” significa justicia. Sin embargo, en el contexto claramente es una justicia retributiva y no restaurativa.
La Justicia Retributiva de Dios en la Destrucción de Jerusalén en 568 a.C.
El último ejemplo de juicio que quiero considerar es la destrucción de Jerusalén, seguido por el cautiverio en Babilonia. Dios declaró Su juicio contra los habitantes de Jerusalén diciendo:
“Y perderás la heredad que yo te di, y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conociste; porque fuego habéis encendido en mi furor, que para siempre arderá.” (Jer 17:4)
“he aquí enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua (olam).” (Jer 25:9)
Claramente, no hay indicación alguna de una justicia restaurativa en estas declaraciones de juicio contra Jerusalén y sus habitantes. Si fuéramos a parar aquí, daría la impresión de que la justicia de Dios fuera netamente retributiva. Lo mismo podríamos concluir de lo que hemos visto hasta ahora en los previos ejemplos del juicio de Dios.
Los Juicios de Dios son Temporales, culminando en Restauración
Aunque es cierto que la justicia de Dios es retributiva, muchos no logran ver más allá de los juicios temporales de Dios. Equivocadamente, han concluido que el resultado final de los juicios de Dios para la gran mayoría de la humanidad es una retribución perpetua, como si tal contradicción moral y lógica fuera posible. Este razonamiento no toma en cuenta el fin del Señor que es restauración – no retribución eterna. Como dice Santiago:
“habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” (Stg 5:11)
Aunque la Iglesia en el tiempo de los Apóstoles aparentemente vieron que el fin del Señor es bueno, tristemente, al entrar en la Época Oscura, la Iglesia en general perdió la vista de la inmutable bondad de Dios, incluso en medio de Sus juicios más severos.
Leyendo los textos ya citados en Jeremías acerca del juicio de Dios que resultó en la destrucción de Jerusalén y su cautiverio en Babilonia aislados del resto de las Escrituras, da la impresión de que la retribución, y no la misericordia, fuera el fin del Señor en su caso. Sin embargo, la “ira eterna” y la “desolación perpetua” solamente fue por un tiempo (olam). En el caso de Jerusalén y Judá, Él especifica que olam, que fue erróneamente traducido “perpetuo,” solamente duraría setenta años, como vemos en los versículos en seguida:
“Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años. 12 Y cuando sean cumplidos los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación por su maldad, ha dicho Jehová, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desiertos para siempre. (Jer 25:11-12)
Entonces, en el capítulo 29, aun antes de haber llevado a cabo Su juicio contra Judá, Él les asegura que Sus planes para ellos – aún en Sus juicios tan severos, eran para su propio beneficio:
“Porque así dijo Jehová: Cuando en Babilonia se cumplan los setenta años, yo os visitaré, y despertaré sobre vosotros mi buena palabra, para haceros volver a este lugar. 11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. 14 Y seré hallado por vosotros, dice Jehová, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice Jehová; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar.” (Jer 29:10-14)
Aun en medio de los juicios de Dios contra ellos, el profeta Jeremías no perdió la vista de la bondad de Dios. En Lamentaciones, cuando todo parecía perdido, él podía declarar:
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Jeremías entendió una verdad universal acerca de la naturaleza de Dios que aplica, no solamente a los judíos, sino a todos “los hijos de los hombres” – el fin del Señor es bueno. Él no desecha para siempre porque Él es bueno y Su misericordia permanece para siempre. Aún en los juicios mencionados en las Escrituras donde no hay mención específica de una restauración al final, sabemos que el fin del Señor es bueno y resulta en la restauración final de todos los hijos de los hombres (Hch 3:21).
El Juicio de Dios en la Caída culmina en Restauración
Este resultado final restaurativo de los juicios retributivos de Dios es evidente desde el principio en el Edén. El mismo día en que Adán y Eva pecaron, Dios derramó sangre inocente para cubrir su desnudez, prefigurando el sacrificio de Cristo de Su propia sangre para quitar nuestra culpa y revestirnos con Su propia justicia. Adicionalmente, Dios le prometió implícitamente a Eva que su simiente destruiría el poder de la serpiente, Satanás y restaurarnos de la caída (Gen 3:15). Esto Jesús hizo como nuestro Último Adán. Todos que fueron condenados en Adán son justificados en Cristo y todos que mueren en Adán serán vivificados en Él (Rom 5:18; 1Cor 15:22). En el futuro vemos el árbol de la vida en la Nueva Jerusalén y aquellos que todavía están afuera son invitados a lavar sus ropas para poder entrar y comer de sus hojas para su sanidad (Apo 22:1-2;14).
El Juicio del Diluvio culmina en Restauración
Aunque el juicio del diluvio fue indiscutiblemente retributivo, también vemos el Espíritu Santo enfatizando a través de Pedro que incluso aquellos que perecieron en el diluvio finalmente serán restaurados. Pedro dijo acerca de los que perecieron en el diluvio:
“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.” (1Pedro 3:18-20)
Aquí vemos que Cristo descendió al Hades y predicó el evangelio a aquellos que eran desobedientes en los días de Noé. Podemos ver que persistieron obstinadamente en su desobediencia, dado que Dios en su paciencia esperó otros 120 años mientras que Noé estaba preparando el arca antes de finalmente destruirlos en el diluvio (Gen 6:3).
Algunos argumentan que la palabra “predicó” (kerusso) no tiene referencia a la predicación de las buenas nuevas a los espíritus de los muertos que fueron destruidos en el diluvio. Toman este pasaje como diciendo que Él fue y proclamó Su victoria sobre los ángeles que pecaron y están guardados en Tártaro hasta el día del juicio (2Pedro 2:4; Judas 6). Sin embargo, hay al menos tres razones por qué debemos de entender esto como refiriendo a Cristo predicando el evangelio a las personas que perecieron en el diluvio y no a alguna proclamación de derrota a los ángeles caídos en Tártaro.
En primer lugar, 59 de los 61 veces que kerusso aparece en el Nuevo Testamento claramente tiene referencia a la predicación del evangelio, y ni una sola vez se usa para anunciar la derrota de alguien. En segundo lugar, aunque es cierto que los ángeles son espíritus, el término “espíritu” normalmente no es utilizado para referirse a los ángeles. De hecho, vemos en Hechos 23:9 vemos una distinción entre los ángeles y los espíritus. En el Nuevo Testamento un espíritu o es un demonio o el espíritu de una persona que ha muerto.
En tercer lugar, en el contexto de 1Pedro 3:18-20 Pedro deja en claro que fueron los muertos a quienes les fue predicado el evangelio y no a los ángeles caídos. Solamente ocho versículos más adelante Pedro da más detalle acerca de la proclamación hecha a los espíritus encarcelados. Él dijo:
“Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1Pedro 4:6)
Aquí la frase “ha sido predicado el evangelio” es una sola palabra, euaggelizo, que literalmente significa “traer buenas nuevas.” Lo que Jesús predicó a los espíritus encarcelados eran las buenas nuevas del evangelio, para que, aunque una vez fueron juzgados por su desobediencia en la carne, pudieran vivir en espíritu según Dios. Es obvio que, si el evangelio es predicado a los muertos después de haber sido juzgados en la carne, entonces la justicia de Dios termina en restauración y no en condenación perpetua como muchos han dicho.
El Juicio de Sodoma culmina en Restauración
Sodoma es una de las demostraciones más claras de que, incluso los juicios retributivos más severos culminan en restauración y no en condenación eterna como tradicionalmente enseñado. Como vimos anteriormente, la destrucción de Sodoma es un ejemplo claro de la justicia retributiva de Dios. Sin embargo, vemos en las Escrituras que el fin del Señor para Sodoma es restauración, no retribución perpetua.
En Ezequiel 16 el Señor les dice a los habitantes de Jerusalén que habían llegado a ser peores que Samaria y Sodoma, y por ese motivo Su retribución contra ellos era inminente. Sin embargo, Su declaración de juicio es seguida con la promesa que ellos, junto con Samaria y Sodoma, finalmente serán restaurados. Él dijo:
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado.” (Ezeq 16:53-55)
Esta restauración de Sodoma tiene que estar refiriendo a las mismas personas que fueron destruidos por fuego en el tiempo de Lot, dado que ningún habitante sobrevivió su destrucción. De igual manera, Samaria, refiriéndose a las 10 tribus del norte (a menudo equivocadamente llamadas “las 10 tribus perdidas”), también serán restauradas. Algunas personas, a pesar de este texto y muchos pasajes más diciendo lo contrario, insisten que ni Judá ni los 10 tribus del norte serán restaurados. Yo respondo a sus argumentos en una serie de blogs: “¿Ha rechazado Dios a Su Pueblo Israel?” Dios ha jurado por Sí Mismo que todos finalmente serán restaurados a Sí Mismo, doblando rodilla y confesando que Jesucristo es Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11; 1Cor 15:28; Sal 22:27; 66:3-4; 86:9, etc.).
En conclusión, La justicia de Dios es presentada a través de toda la Biblia desde el Génesis hasta Apocalipsis como retributiva, y si vamos a ser fieles a las Escrituras, tenemos que enfatizarlo así, aunque sea rechazada por nuestra cultura Postmoderna (2Tim 4:2-5). Pablo nos advierte diciendo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gal 6:7). Es un gravísimo error decirle a una persona que persiste en el pecado que la justicia de Dios para él será nada más que restaurativa, cuando en realidad esa persona está atesorando para sí mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras (Rom 2:5-6).
La justicia inmutable de Dios requiere retribución. Es por eso que fue necesaria la cruz. Si Dios fuera amor, pero no justo, Él simplemente pasaría por alto nuestros pecados. Si fuera justo, pero no amor, jamás hubiera enviado a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados para poder perdonarnos sin violar a Su justicia inmutable (1Jn 4:10; Rom 3:25-26). Jesús nos salva de la ira venidera (1Tes 1:10). Jesús dijo que todo aquel que en el crea no será condenado, pero él que no cree ya ha sido condenado y la ira de Dios permanece sobre él, porque no ha creído en Él – el único camino al Padre (Jn 3:18,36; Jn 14:6).
En vez de estar reasegurándoles a los no arrepentidos de que todo está bien y que no hay por qué temer la justicia retributiva de Dios porque es solamente una justicia restaurativa, necesitamos llamarlos a arrepentirse y poner su confianza en Jesús que es el único que nos salva de la ira venidera (la justicia retributiva de Dios). Como dice Pablo, conociendo el temor (phobos) del Señor, debemos de persuadir a los hombres (2Cor 5:11; cf. Heb 10:30-31).
[1] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God (p. 86). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.