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por George Sidney Hurd
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El propósito de este blog es tripartito. Primero, espero demostrar que la manera en que las Sagradas Escrituras se describen a su propia inspiración gramática y lógicamente requiere que estén sin error.
 
Segundo, estaremos considerando cómo Dios pudo haber producido un texto perfecto usando autores humanos sin violar su libre albedrío. Y finalmente, quiero considerar brevemente lo que abarca la infalibilidad, y lo que debemos de anticipar ver en un texto infalible que ha sido inspirado por Dios y a la vez escrito por autores humanos.
 
La Naturaleza de la Inspiración Divina requiere su Infalibilidad
 
“y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras (τα ιερα γραμματα), las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios (πασα γραφη θεοπνευστος), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:15-17)
 
Bien entendida, la inspiración divina, como descrita aquí en 2Timoteo 3:16, excluye la posibilidad de error en cualquier porción de las Sagradas Escrituras. Dice aquí que es la Escritura la que es inspirada y no simplemente los autores humanos que la escribieron. Es el resultado final en sí que fue inspirado.
 
La palabra griega traducida en el RVR como “inspirada por Dios” es θεοπνευστος, compuesta de θεος - “Dios,” and πνέω – “respirar o exhalar,” y es mejor traducida literalmente como “respirada por Dios” o “exhalada de Dios.” Jesús expresó el mismo concepto cuando Él dijo, “no sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4).
 
Para ilustrar esto, cuando yo quiero comunicar algo, elijo cuidadosamente las palabras correctas para expresarme de la mejor manera posible. Entonces, en el momento que doy expresión a mis pensamientos, sonando las palabras mientras exhalo, llegan a ser las palabras respiradas por mí hacia mi audiencia. Las Escrituras incluso refieren al hablar como “respirar” (Hch 9:1). Una vez que las palabras respiradas por mí han sido escritas, llegan a ser las palabras respiradas por mí en mis escrituras, y después otros pueden descubrir mis pensamientos leyendo lo que he escrito.
 
De semejante manera, las palabras de las Sagradas Escrituras son palabras respiradas por Dios, habiendo salido de Su boca y comunicadas a, y a través de, los autores humanos mientras escribían. La mayor diferencia es que nosotros somos falibles y cometemos errores, mientras que Dios es verdad y no se puede errar. Lógicamente sigue, entonces, que toda Escritura es una expresión de la mente y voluntad de Dios, preservada para nosotros en forma escrita. Es por eso por lo que Pablo dice que la Escritura en su totalidad es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
 
Unos que se oponen a la infalibilidad de las Escrituras intentan cambiar el orden de las palabras en 2Timoteo 3:16 de una manera que, según ellos, permite errores en algunas porciones de las Escrituras. En el griego, la primera frase del versículo simplemente lee, πασα γραφη θεοπνευστος και ωφελιμος… “toda escritura respirado por Dios y útil…” En el español el verbo “es” es implícito y tiene que ser agregado por los traductores.
 
Los que niegan que las Escrituras estén sin errores argumentan que “es” debe de ser colocado al final de la frase. Eso lo haría leer: “Toda Escritura respirada por Dios es y útil…,” en vez de la traducción correcta que dice: “Toda Escritura es respirada por Dios y (και) útil…” Para poder poner “es” al final de la frase, tienen que, o eliminar la conjunción και totalmente del texto griego, o traducir και como “también” en vez de “y,” que es la traducción contextual más lógica. Sin embargo, esta lectura es descalificada por el mismo contexto, dado que es obvio en el verso anterior que Pablo quiere decir que cada Escritura de las Sagradas Escrituras es respirado por Dios. Lógicamente, si Dios es el fuente de toda porción de las Sagradas Escrituras, entonces tienen que ser infalible y sin error, así como Jesús afirmaba repetidas veces (Jn 17:6,14,17; Jn 10:35; Mt 5:18, etc.).
 
¿Cómo pudo Dios haber utilizado Humanos Falibles para producir una Escritura Infalible y sin Errores sin violar su propio Libre Albedrío?
 
Los opositores a la infalibilidad argumentan que sería imposible que Dios utilizara a hombres falibles para producir una Biblia infalible sin violar su propio libre albedrío. Sin embargo, contrario a lo que algunos creen, El libre albedrío soberano de Dios no puede ser limitado por el libre albedrío del hombre. Por ejemplo, cuando el rey Saúl vino a llevar cautivo a David, el Espíritu del Señor vino sobre él y profetizaba toda la noche, aunque eso no fue su deseo ni su intención (1Sam 19:23-24). También, Dios inició los estados de éxtasis o visiones abiertas, a través de los cuales Él les hablaba a Pedro y a Pablo, dándoles revelaciones particulares (Hch 10:10-16; 22:17-21).
 
Algunas porciones fueron de hecho dictados por Dios y los autores humanos simplemente escribieron lo que Dios les había dicho, algo como haría una secretaria (Deut 27:3,8; Jer 30:2; Isa 8:1; 30:8). En Apocalipsis, a Juan le fue mandado escribir lo que había visto 11 veces, y una vez incluso le fue prohibido a escribir lo que había visto (Apo 1:11;19, cf. Apo 10:4). Claramente, las Escrituras llegaron a existir por la voluntad de Dios y no por el “libre albedrío” de los hombres.
 
Sin embargo, aunque la soberanía de Dios no está limitada por nuestro libre albedrío, y de hecho Él a veces ha intervenido en contra de la voluntad de los hombres cuando fuera necesario, muy pocos que defienden la infalibilidad de las Escrituras dirían que Dios violó la voluntad de los autores humanos mientras escribían las Escrituras como haría un espíritu para producir escritura automática por un médium en estado de trance. El estilo de escribir de cada autor humano es evidente en las Escrituras, como también sus perspectivas y emociones personales. Entonces, ¿Cómo podría Dios producir las Escrituras sin error, utilizando autores humanos falibles, sin interferir con su libre albedrío? Creo que Pedro explica cómo. Él dijo:
 
“entendiendo primero esto, que ninguna profecía (προφητεία) de la Escritura es de interpretación privada, 21 porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados (φερομενοι) por el Espíritu Santo.” (2 Pedro 1:20-21)
 
Pedro comienza diciendo que ninguna profecía (προφητεία) de la Escritura es de interpretación privada, o simplemente las opiniones de los autores humanos. La palabra προφητεία (propheteia) no refiere exclusivamente a predecir el futuro, como unos piensan. Se refiere a todo lo que habla uno bajo la influencia de la inspiración divina, con o sin referencia a eventos futuros. [1]  Lo que Pedro está diciendo es que ninguna parte de la Escritura es simplemente las opiniones y creencias de los autores humanos.
 
Esto contradice lo que afirman muchos eruditos Progresivos que argumentan que, cuando Dios inspiró a los autores humanos, Él de manera condescendientemente permitió la inclusión de las creencias erradas del antiguo Medio-Oriente, entre otros errores humanos.
 
En el versículo 21, Pedro continua, explicando que ninguna Escritura fue nada más lo que querían decir los autores humanos, sino que los santos hombres de Dios hablaban siendo inspirados o movidos (φερομενοι) por el Espíritu Santo. La palabra traducido “inspirados” es φερω, (phero), y es usado en los Hechos para referirse al viento que mueve el barco en el mar (Hch 27:15). La idea expresada es de que el Espíritu Santo se movía sobre los autores humanos de tal manera que solamente escribieron lo que Dios quería que escribieran.
 
Volviendo a la pregunta, cómo Dios podría utilizar a humanos falibles para producir una Escritura infalible sin violar a su libre albedrío, Pedro explica que los instrumentos humanos que Dios escogió no eran hombres voluntariosos comunes, requiriendo que Dios los sujetara con cabestro y con freno con tal de que digan lo que Él quería, sino que eran santos hombres de Dios,” sobre los cuales el Espíritu Santo podía moverse sin resistencia, respirando a través de ellos las mismas palabras que están escritas en el texto sagrado. Eran hombres conforme al corazón de Dios que eran sensibles al mover del Espíritu conforme iba respirando las palabras de Dios a través de ellos. No hubo necesidad de que Dios frenara su libre albedrío, dado que su voluntad ya estaba rendida a Él, solo necesitando de la iluminación y mover del Espíritu.
 
También, cuando uno toma en cuenta el conocimiento medio de Dios, en que él sabe, no solamente lo que uno diría de antemano, sino que también sabe lo que uno diría bajo otras circunstancias, haciendo posible que Dios obrara todas las cosas según la determinación de Su propia voluntad, llega a ser evidente que Dios podría preparar a sus vasos humanos de tal manera que expresarían de manera infalible Su propio corazón y mente. Dios es capaz de obrar en Sus vasos, tanto para querer, como para hacer Su buena voluntad (Filipenses 2:13).
 
¿En qué sentido es Infalible la Biblia?
 
Como ya hemos visto, el propio estilo de escribir de cada autor humano puede ser observado en las Escrituras, así que, incluso las porciones que fueron dictados por Dios eran libremente escritas por los autores humanos, en vez de que sea algo semejante a la escritura automática donde un espíritu posee un médium y escribe con su mano mientras que está en estado de trance.
 
También, vemos que Dios les dio libertad a los autores humanos a incluir asuntos personales que tienen poca o ninguna aplicación espiritual o autoritativa a nosotros, como Pablo diciendo cosas como, “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos” (2 Tim 4:13), o diciéndole a Timoteo que tomara un poco de vino para el estómago (1Tim 5:23). Aunque toda Escritura es igualmente inspirada, y por lo tanto confiable y sin error, no todas las Escrituras son directamente aplicables al creyente hoy en día. Lo que observamos en las Escrituras es la supervisión divina de Dios sobre lo que escribieron los autores humanos, que resultó en su plena infalibilidad verbal, sin la necesidad de que Él dictara cada palabra. Para mí, la Declaración sobre la Infalibilidad Bíblica de Chicago, formulado por un grupo de los líderes Evangélicos más prominentes en 1978, expresa muy bien la enseñanza de las mismas Escrituras sobre el tema de la inspiración:
 
“Las Sagradas Escrituras, siendo la Palabra del propio Dios, escrita por hombres preparados y dirigidos por su Espíritu, tienen autoridad divina infalible en todos los temas que tocan; deben ser obedecidas como mandamientos de Dios en todo lo que ellas requieren; deben de ser acogidas como garantía de Dios en todo lo que prometen.” [2]
“Siendo completa y verbalmente dadas por Dios, las Escrituras son sin error o falta en todas sus enseñanzas, tanto en lo que declaran acerca de los actos de creación de Dios, acerca de los eventos de la historia del mundo, acerca de su propio origen literario bajo la dirección de Dios, como en su testimonio de la gracia redentora de Dios en la vida de cada persona.” [3]
 
El Espíritu Santo dirigió o supervisó a los autores humanos, moviéndose sobre ellos mientras que escribían, de tal manera que todas las afirmaciones de las Escrituras son las afirmaciones de Dios; todas sus enseñanzas son las enseñanzas de Dios; todos sus requisitos son los requisitos de Dios; y todas sus promesas son las promesas de Dios.
 
¿Cómo entender las percibidas Discrepancias en las Escrituras?
 
Espacio aquí no permite más que una consideración muy breve de este tema. Para los que desean investigar el tema más a fondo recomiendo The Big Book of Bible Difficulties por Norman Geisler y Thomas A. Howe, y New International Encyclopedia of Bible Difficulties por Gleason Archer.
 
Aquí solo quiero enfatizar que muchos errores percibidos en las Escrituras son eliminados cuando tomamos en cuenta la riqueza de géneros literarios y los múltiples recursos literarios en las Escrituras. Su poesía tiene que ser entendida como poesía, sus alegorías como alegorías, sus hipérboles como hipérboles, narraciones como narraciones, etc. Hay al menos 10 distintos géneros literarios en la Biblia, y unos 20 distintos recursos literarios. Una vez identificados e interpretados como tales, la mayoría de las aparentes discrepancias en la Biblia desvanecen. En realidad, esta misma riqueza de variedad de estilo literario no es único a las épocas bíblicas, dado que la misma diversidad es presente en nuestra habla diaria. Solamente, estamos tan acostumbrados a usarlos que pasan desapercibidos.
 
Algunos se perturban al ver diferencias en los detalles de las narraciones en los Evangelios porque piensan que deben de leer como un reporte policíaco y no como el género de literatura que son. Cada autor de los evangelios estaba escribiendo a una audiencia distinta, enfatizando diferentes detalles de la vida, enseñanza y ministerio de Cristo y dejando fuera otros detalles.
 
Cuando un autor escribe una biografía, a menudo no la relata en un orden cronológico estricto, cubriendo cada detalle de la vida de uno en sucesión. A menudo comienzan describiendo un punto clave de la vida de uno, en vez de comenzar con su nacimiento, o a veces enfatizan ciertos detalles, mientras que describen otros de manera distinta, o los dejan fuera de la historia por completo. Hay casi la misma libertad de estilo en la literatura biográfica como hay libertad poética en la poesía.
 
Lo asombroso es que, tomando en cuenta todo, ningunos de los críticos de las Escrituras han podido identificar positivamente ningún error o falsedad en los Evangelios. Aunque existen discrepancias percibidas, no están sin soluciones plausibles. Y, así como un acusado es inocente hasta ser probado culpable, de la misma manera, la Biblia es verdadera hasta que sea comprado que contenga errores. La Biblia ha estado en el juicio de los hombres por casi 2,000 años sin evidencias contundentes en su contra que sería admitidas en un corte de la ley.
 
Algunos argumenten de que la Biblia contiene errores de la ciencia, geografía y cosmología. Mientras que no es el propósito de las Escrituras enseñar sobre los asuntos de la ciencia, sin embargo, tomando en cuenta el uso de recursos literarios en las Escrituras, llega a ser evidente de que no existen errores demostrables de la ciencia en la Biblia.
 
Algunos, no tomando en cuenta el uso de lenguaje figurativa en la Biblia, suponen que la Biblia enseña una cosmología en la cual la tierra es plana. Sin embargo, tomando en cuenta su estilo literario, es evidente que la tierra es descrita de manera figurativa como si fuera un gran edificio.
 
Dios dice a Job: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? ¿O quién extendió sobre ella cordel? ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular, ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba saliéndose de su seno, Cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad?” (Job 38:4-9). A través de las Escrituras, la misma manera figurativa de hablar es usado para describir la tierra como si fuera un edificio con pilares y cuatro ángulos, etc.
 
¿Querrá Dios que entendamos que Él literalmente uso un cordón inmensamente largo para medir la tierra antes de fundirla, o estaba Él nada más utilizando el terminología de un albañil? ¿Literalmente encerró Dios el mar con puertas, o estaba hablando figurativamente, comparando la tierra con un edificio? ¿Será posible que alguien en su juicio cabal entendería a Dios de manera literal cuando dijo que se vistió la tierra con las nubes, fajándola con la oscuridad? Por lo que yo entiendo, ni siquiera los de la sociedad de la tierra plana piensan que la tierra tiene cuatro esquinas. Claramente, todo esto es lenguaje figurativo, en vez de una enseñanza sobre la cosmología.
 
Aún los científicos de hoy continuamente dicen cosas que no son cosmológicamente precisos como “se está bajando el sol” o “el sol me está pegando en los ojos,” pero nadie los corregiría diciendo que están errados. Aun si aquellos de la antigüedad hubieran creído que la tierra literalmente fuera un gran edificio con puertas encerrando el mar, y aún si los autores humanos hubieran pensado que la tierra fuera plana, que es algo muy dudoso, en ninguna parte de la Biblia nos enseña que la tierra es plana. La doctrina de la infalibilidad simplemente afirma que la Biblia está sin error en todo lo que enseña.
 
Así que, el testimonio de la Escritura acerca de sí misma es que es la Palabra de Dios, eterna e infalible, escrito por los santos hombres de Dios, siendo movidos por el Espíritu Santo. Y a pesar del hecho de que la Biblia es la literatura más adverada de toda la literatura antigua, ha sido el más atacada y criticada en toda la historia.
 
Sin embargo, después de casi dos milenios de ataques por los eruditos seculares más inteligentes, sigue siendo el libro de mayor venta de la historia, con unos 5 mil millones de copias vendidos. El segundo libro de mayor venta en la historia es “El Librito Rojo, Citaciones de Mao Tse-Tung,” que ha vendido 1.1 mil millones. Sin embargo, mientras que la Biblia sigue siendo el libro de mayor venta después de 1.900 años, hoy, solamente medio siglo después de el libro de Tse-Tung fue publicado por primera vez en 1967, muy pocos todavía están comprando su “Librito Rojo.” El testimonio de la Escritura acerca de sí misma se ha demostrado verdadero a través de los siglos cuando dice:
 
“Toda carne es como hierba,
Y toda la gloria del hombre como flor de la hierba.
La hierba se seca, y la flor se cae;
Mas la palabra del Señor permanece para siempre.” (1 Pedro 1:24-25)
 


[1] Louw and Nida Greek and English Lexicon.

[2] https://sdejesucristo.org/wp-content/uploads/2017/03/declaracion_de_infalibilidad.pdf, articulo 2

[3] https://sdejesucristo.org/wp-content/uploads/2017/03/declaracion_de_infalibilidad.pdf, articulo 4
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D2 Por qu debemos de Insistir en la Infalibilidad de la Biblia?

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por George Sidney Hurd
 
Vimos en el blog anterior que los Padres de la Iglesia, como también todo líder prominente en la Iglesia a través de su historia, han defendido la infalibilidad de las Escrituras contra los críticos que, por una razón u otra, han intentado subvertir su credibilidad. Ha sido una convicción tan firme que muchos han estado dispuestos a morir por ella, incluso hoy en nuestros días, arriesgando sus propias vidas con tal de poseer o distribuir las Sagradas Escrituras en países Comunistas o Islámicos, creyendo que realmente son lo que dicen ser, la Palabra de Dios.
 
Sin embargo, muchos cristianos Progresivos hoy en día consideran la infalibilidad de las Escrituras como algo irrelevante o divisivo en nuestra cultura Postmoderna todo-inclusivo. A menudo uno oye el refrán: “Soy seguidor de Jesús, no de la Biblia,” sin reflexionar sobre lo que Jesús Mismo enseñaba acerca de las Sagradas Escrituras. En realidad, ese dicho expresa más desprecio por las Escrituras, que reverencia a Cristo. Brian Zahnd, en su estilo típicamente sardónica y pacato, expresa su no tan sutil desprecio por la doctrina, tan prevalente entre los Progresivos, cuando dice: “Yo sí creo en la inspirada, infalible Palabra de Dios, y Su nombre es Jesús.” [1]
 
Sin embargo, a ellos les falta tomar en cuenta que, cuando Jesús usaba el término “Palabra,” Él siempre refería a las Escrituras, no a Sí Mismo. De hecho, Jesús solamente es llamado la Palabra por el Apóstol Juan, y aun él solamente lo usa de esa manera cuatro veces (Jn 1:1,14; 1Jn 1:1; 5:7; Apo 19:13). A menudo es innegable que Juan está refiriéndose a las Escrituras como la Palabra de Dios en vez de Cristo, como vemos claramente demostrado en Juan 10:35 donde Jesús Mismo dice: “Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (ο λογος του θεου) y la Escritura no puede ser quebrantada.” Aquí Jesús Mismo refiere a las Escrituras como la Palabra de Dios y no a Sí Mismo (cf. Jn 17:6,14,17). Considero las falencias de este argumento indirecto contra la autoridad de las Escrituras en mi blog, ¿Qué Significa la palabra ‘Palabra’ para Jesús?
 
En este blog, vamos a considerar cuatro razones principales por qué debemos de insistir en la infalibilidad de la Escritura en su totalidad.
 
1. Jesús afirmaba la Autoridad e Infalibilidad de las Escrituras como la misma Palabra de Dios.
 
Para mí personalmente, esto, combinado con el testimonio interior del Espíritu Santo, ha sido mi motivo principal en creer en y defender la infalibilidad de las Escrituras desde el momento de mi primer encuentro con Cristo hace más de 52 años. Puede que sea posible conocer a Cristo como Salvador sin afirmar la infalibilidad de las Escrituras. Sin embargo, tomando en cuenta toda Su enseñanza sobre el tema, no creo que sea posible ser un verdadero discípulo de Jesús y a la vez estar en desacuerdo con Él en este tema tan vital. Jesús hizo numerosas afirmaciones acerca de las Escrituras.
 
(1) Las Escrituras vienen de la boca de Dios.
 
Jesús dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4). Que Él está refiriéndose a las Escrituras es claro, considerando que Pablo después dijo que toda Escritura es “respirada por Dios” (θεόπνευστος)” (2Tim 3:16). Los Apóstoles también entendieron que las Escrituras fueron el resultado del Espíritu Santo hablando a través de hombres de Dios como David y Isaías (Hch 1:16; 28:25; 2Pedro1:21).
 
(2) Las Escrituras son infalibles.
 
Jesús dijo de la Escritura que es la infalible “Palabra de Dios,” y por lo tanto, no puede ser quebrantada (Jn 10:35). Él dijo que todo lo que está escrito en las Escrituras tiene que ser cumplido (Marcos 14:49: Lucas 24:44), y que sería más fácil que pasara el cielo y la tierra que pasara sin cumplirse una sola jota o tilde de las Escrituras (Mt 5:18).
 
(3) Las Escrituras están libres de errores.
 
Jesús dijo que las Escrituras son la Palabra de Dios y son verdad (Jn 17:17, cf. Sal 119:160; Pro 30:5). Si Su palabra es verdad, entonces lógicamente, no puede contener errores. Basado en el hecho de que la totalidad de Su Palabra es verdad, Jesús dijo que todo error doctrinal es debido a nuestra ignorancia de las Escrituras y no a una falta en las Escrituras en sí (Mt 22:29).
 
(4) La “Palabra de Dios” puede ser invalidada por las tradiciones.
 
Ya vimos en Juan 10:35 que Jesús llamaba las Escrituras “la Palabra de Dios,” diciendo que no pueden ser quebrantadas. Además, Él acusó a los escribas y los fariseos de invalidar “la Palabra de Dios” con sus tradiciones (Marcos 7:13). Jesús estaba insistiendo en que debemos de vivir de cada palabra que procede de la boca de Dios en vez de someternos a las tradiciones de los hombres que a menudo invalidan la Palabra de Dios.
 
(5) Las Escrituras tienen un Mensaje Cristocéntico unificado.
 
Una de las indicaciones más claras de la autoría divina del Antiguo Testamento es la consistencia de su tema principal del plan de redención en Cristo, el Mesías. Fue escrito por muchos diferentes autores humanos, con trasfondos muy distintos, y sin embargo, el gran tema está en total harmonía, revelando lo que sucedería en su futuro. Solamente, el verdadero Dios que habita la eternidad es capaz de anunciar el por venir desde el principio, como lo vemos hacer a través de las Escrituras (Isa 46:9-10).
 
Después de Su resurrección, Cristo apareció a dos de Sus discípulos en el camino a Emaús y les explicó como todas las Escrituras, desde el Génesis a Malaquías, daban testimonio a Él:
 
“Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.” (Lucas 24:27)
 
Después, Él también apareció a los demás discípulos y les acordó de cómo Él les había enseñado de las Escrituras que todo acerca de Su vida, muerte y resurrección tenía que cumplirse:
 
“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras.(Lucas 24:44-45)
 
Si las Escrituras fueron nada más que las palabras y pronósticos de hombres falibles, o incluso si fueron una combinación de palabras de hombres con unas palabras de Dios, Jesús no hubiera insistido en que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito (cf. Mt 26:54,56). Y, ¿Por qué habría necesidad de que Él abriera el entendimiento de ellos para que comprendieran las Escrituras si no fueran más que palabras de hombres?
 
Hay un texto que algunos Progresivos han malinterpretado como si Cristo estuviera despreciando las Escrituras, pero, en realidad Él las estaba elevando, diciendo que los escribas y fariseos necesitaban examinar las Escrituras con más atención porque ellas daban testimonio de Él. Jesús les dijo:
 
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39-40)
 
Para mí, es desafortunado que varias traducciones han traducido Escudriñad (ερευνατε) las Escrituras,” que es la forma presente imperativo del verbo, como “Ustedes escudriñan las Escrituras.” Traduciendo la frase así, como si fuera indicativo en vez de imperativo, ha dado lugar a equivocar las palabras de Jesús como si Él estuviera despreciando las Escrituras, diciendo que ellos necesitaban quitar su mira de las Escrituras antes de poder encontrar la vida en Él.
 
Todo al contrario. Sin importar como uno traduce la frase, Jesús claramente no estaba menospreciando las Escrituras. O, Él estaba diciéndoles que volvieran a escudriñar a las Escrituras con más atención, o estaba reprochándolos por haber escudriñado a las Escrituras todas sus vidas sin lograr captar su mensaje central. Él les estaba diciendo que todas las Escrituras hablan de Él y, sin embargo, ellos se negaban a venir a Él.
 
Jesús dijo que la meta de un discípulo es llegar a ser como su maestro en todo (Mt 10:24-25). Si queremos ser verdaderos discípulos de Jesucristo, necesitamos desistir de ponernos como jueces de lo que es verdadero o falso en la Palabra de Dios y llegar a ser como Jesús, hablando de las Sagradas Escrituras de la misma manera como Él. De otra manera, llegamos a ser como aquellos que Pablo describía como “siempre aprendiendo, y nunca llegando al conocimiento de la verdad.” (2 Tim 3:7).
 
2. El Testimonio de la Escritura acerca de sí Misma.  
 
Cuando examinamos la Escritura del Antiguo Testamento, llega a ser obvio que la afirmación de que era la Palabra de Dios, en vez de meras palabras de hombres no se originó con Jesús, sino que precedía Sus enseñanzas. Las palabras finales de David han sido grabadas para nosotros en 2Samuel, donde dice:
 
Estas son las últimas palabras de David… ‘El Espíritu del SEÑOR habló por mí, Y Su palabra estuvo en mi lengua.’” (2 Sam 23:1-2 NBLH)
 
De la misma manera, Moisés dijo acerca de la Ley que él recibió de Dios: para hacerte saber que el hombre no vivirá sólo de pan, mas de toda palabra que sale de la boca del SEÑOR vivirá el hombre.” (Deut 8:3 SSE). Así que, podemos ver que las palabras habladas y escritas por los autores humanos de las Escrituras fueron entendidas como siendo las mismas palabras que Dios quería que escribieran.
 
Esto no debe ser entendido como dictación divina, como veremos con más detalle en el próximo blog. Dios se movía sobre santos hombres de Dios de tal manera que libremente hablaban y escribían, y, sin embargo, ellos solamente escribieron lo que Dios quería, sin que Él tuviera que dictar cada palabra.
 
Por ejemplo, en las Escrituras vemos que no debemos de aborrecerle a nadie en nuestro corazón (Lev 19:17). En ningún lugar en las Escrituras nos enseña a odiar a nuestros enemigos, como hace el Corán. De hecho, Jesús habló en contra de un dicho rabínico que permitía que uno aborreciera a sus enemigos (Mt 5:43-48). Sin embargo, Dios, por ejemplo, permitía que David diera libre expresión a sus propias emociones en los Salmos, a veces mostrando un odio apasionado hacia los enemigos de Dios (Sal 139:21-22).
 
De hecho, muchos de los pecados e imperfectos de los hombres fueron intencionalmente registrados en las Escrituras, tales como la relación adúltera de David y el asesinato que cometió para cubrir su pecado, o el consejo errado de los compañeros de Job. Las Escrituras incluyen actitudes y prácticas que la misma Escritura prohíbe, como el odio a los enemigos, el adulterio y el falso testimonio, pero en ninguna parte de las Escrituras afirma o enseña tales prácticas. Por ese motivo, es importante entender que las Escrituras están libres de error en todo lo que afirman o enseñan – no en todo lo que relatan.
 
Llegando a las Epístolas del Nuevo Testamento, vemos la misma perspectiva elevada de la inspiración divina como lo descrito por David, como también por Jesús en los Evangelios. Jesús, citando a Moisés, dijo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mt 4:4). Pablo expresa la misma verdad en otras palabras, diciendo que toda Escritura ha sido respirada por Dios.” Él dijo:
 
“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios (θεοπνευστος, lit. “respirado por Dios”), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:14-17)
 
Pablo dijo de las Sagradas Escrituras que son respirados de la misma boca de Dios. Moisés y Jesús expresaron el mismo concepto, diciendo que cada palabra procede de la boca de Dios. Por ende, Dios respiró a Sus palabras a través de instrumentos humanos de tal manera que son llamadas infalibles. Pedro podía decir, citando de Isaías 40:6-8 de las Escrituras: la palabra de Dios que vive y permanece para siempre,” y otra vez: la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1Pedro 1:23-25). Estaremos considerando cómo Dios podía utilizar vasos humanos de tal manera como para producir Su Palabra infalible y sin error, sin anular su propia voluntad, en el próximo blog.
 
3. Las Escrituras son la Palabra de Dios, y, por lo tanto, no pueden errar.
 
Como Dios es perfecto y las Escrituras han salido de la boca de Él, lógicamente, son perfectos y verdaderos en todo lo que afirman. Es por eso que el salmista pudo decir: La suma de tu palabra es verdad” (Sal 119:160), y Jesús reafirmaba las palabras del salmista, diciendo al Padre:
 
“Yo les he dado tu palabra… Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Juan 17:14,17)
 
Jesús le dijo al Padre que Él les había dado Su Palabra. Esto está de acuerdo con lo que Jesús les dijo a Sus discípulos después de Su resurrección, acordándoles de que, durante Su ministerio, Él les había enseñado de las Escrituras todas las cosas acerca de Él (Lucas 24:44-45). Es notable que Jesús no simplemente dijo que Su Palabra contiene verdad, como los que niegan la infalibilidad argumentan, sino que Su Palabra es verdad.
 
4. La negación de la infalibilidad de las Escrituras socava su autoridad.
 
El ultimo argumento que quiero presentar aquí por la necesidad de insistir en la infalibilidad de las Escrituras es que la negación de su infalibilidad socava su autoridad como la Palabra de Dios.
 
Algunos “Infaliblistas Parciales” (como si fuera posible tal contradicción de términos), argumentan que no es necesario que las Escrituras estén libres de errores en cosas no esenciales, con tal de que las verdades centrales acerca de la vida, muerte y resurrección de Cristo estén reconocidos como hechos históricos innegables.
 
Sin embargo, desde el principio, cuando la serpiente tentó a Eva a dudar de la Palabra de Dios con la pregunta, “¿Ha dicho Dios?”, la historia ha demostrado vez tras vez que dudar de Su Palabra en un solo punto es como cortar el hilo que mantiene unido toda verdad, e inevitablemente, la fe de uno comienza a desenroscarse poco a poco hasta que uno llega al punto donde cuestiona las verdades más fundamentales, como la resurrección de Cristo y hasta la existencia misma de Dios. En vez de dejar que Dios sea veraz y todo hombre mentiroso, como dijo Pablo, muchos han llegado a creer en el hombre y dudar de Dios.
 
Es por eso que Judas dijo que necesitamos contender ardientemente por la fe de una vez dada a nosotros en las Sagradas Escrituras. Él dijo:
 
“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. 4 Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 3-4).
 
También, a Pablo le fue revelado que en los postreros días muchos apartarían de la fe una vez dada a los santos, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, apartando de la verdad el oído y volviendo a mitos, o al misticismo (1Tim 4:1; cf. 2Tim 4:4). Hoy, aún más que en aquel tiempo, estamos viviendo en un tiempo cuando no es aceptable contender para nada, mucho menos por aquella fe o cuerpo de verdad que fue de una vez entregado a los santos, que tenemos preservados en la Biblia. Ahora, más que ningún otro tiempo en la historia, maestros impíos están tergiversando las Escrituras y convirtiendo en libertinaje la gracia de Dios, e incluso negando la Deidad de nuestro Señor Jesucristo y Su muerte sustitutivo por nosotros como nuestro Redentor.
 
De la misma manera que Judas, Pablo le dijo a Timoteo: Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. 14 Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.” (2 Tim 1:13-14). La única manera que vamos a poder retener la forma de las sanas palabras de una vez dada a nosotros en la forma de las Sagradas Escrituras, es continuar insistiendo con el salmista en que la suma de Su Palabra es verdad, y que tenemos que vivir por toda palabra que sale de la boca de Dios, habiendo sido respirado por el Espíritu Santo y preservado por nosotros en los idiomas originales de las Sagradas Escrituras (2Tim 3:15, τα ιερα γραμματα ), o lo que hoy en día llamamos la Santa Biblia, igualmente derivada del griego, τα ιερα βιβλία, que significa “el Sagrado Libro.”
 
Si piensas que nuestra generación es demasiado alumbrado para creer tales cosas, te acordaría del testimonio de los Padres de la Iglesia, citadas en el blog anterior. No fue hasta la era del Alumbramiento a comienzos del siglo XVII, que los hombres comenzaron a considerarse demasiado inteligentes como para creer que la Biblia es lo que se dice ser. En estos tiempos, muchos se han puesto como jueces de Dios y de Su Palabra, en vez de reconocerle a Él como su Juez. Sin embargo, los que verdaderamente lo conocen como Señor, hoy como siempre, se someten sin condiciones a Su autoridad absoluta en todo lo relacionado a la fe y manera de vivir.
 
Es mi oración que Dios levante una nueva generación que, en vez de cuestionar y despreciar a Su Palabra, dirían con el salmista:
 
“Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, y más que oro muy puro. Por eso estimé rectos todos tus mandamientos sobre todas las cosas.” (Ps 119:127-128)
 
“Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.” “Toda palabra de Dios es limpia.” (Ps 12:6; Prov 30:5)
 


[1] 2015 Word of Grace Annual Conference - Brian Zahnd - Session 1 video 11:47 min
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por George Sidney Hurd
 
A menudo se refieren como “clobber texts” (textos de batuta) los seis pasajes más comúnmente presentados que, o prohíben o presentan de manera negativa, relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. Muchos hoy en día que se identifican como Gay o de otra manera afiliados con la comunidad LGBTQIA+, simplemente rechazan la Biblia y el cristianismo, o descartan los “textos de batuta” como insignificantes, diciendo que son pocos en número. En el blog anterior respondí a ese argumento.
 
Sin embargo, hay un movimiento creciendo rápidamente en la iglesia que intenta reinterpretar estos textos de una manera que afirme, en vez de condenar, las relaciones homosexuales. Ellos argumentan que las prohibiciones eran dirigidas en contra del desenfreno sexual y dicen que los autores bíblicos ni siquiera habían contemplado la posibilidad de una relación monógama homosexual.
 
Sin embargo, hay problemas con este argumento. En primer lugar, no hay nada nuevo bajo el cielo. Al contrario de lo que ellos argumentan, aunque es cierto que la gran parte de las relaciones homosexuales eran promiscuas en esa cultura, hay, sin embargo, ejemplos de relaciones monógamas con personas del mismo sexo en la cultura antigua. Sin duda no era diferente proporcionalmente de la situación actual, dado que las encuestas hoy en día indican que el 99.5% de las relaciones homosexuales no son monógamos. De los pocos que son monógamos, muchas parejas han hecho acuerdos entre sí permitiendo el sexo casual con individuos fuera de su matrimonio.
 
En segundo lugar, argumentar que los autores bíblicos habrían afirmado las relaciones monógamas hoy en día si hubieran vivido en nuestra cultura Postmoderna, ignora o niega el hecho de que los autores humanos fueron inspirados por el Espíritu Santo, y que las Sagradas Escrituras, por lo tanto, son infalibles y capaces de hacernos sabios para la salvación (2Tim 3:15-16; Sal 119:160 cf. Jn 17:17). Jesús les dijo a Sus discípulos que el Espíritu Santo revelaría a los Apóstoles las cosas futuras (Jn 16:13). ¿No debemos de anticipar que Dios que inspiró a los autores humanos era capaz de hacer que ellos usaran palabras que darían lugar para un futuro cambio cultural a favor del matrimonio homosexual si de hecho Dios lo aprueba? Pero, al contrario, cada vez que la homosexualidad es mencionada en las Escrituras es presentada de manera negativa.
 
Y, ¿Qué de Jesús? Siendo Dios en carne y conociendo lo que está en los corazones, ¿no hubiera anticipado nuestros días, y al menos preparado el camino para el matrimonio entre dos del mismo sexo, en vez de recalcar que el diseño original de Dios era un matrimonio entre un hombre y una mujer, diciendo que toda relación sexual fuera de esa unión monógama era porneia? (Mt 19:4-6,9). Él siempre presentaba el matrimonio como exclusivamente entre un hombre y una mujer (Mt 15:4-6;10:37; Lucas 18:20, etc.).
 
¿Logran las interpretaciones revisionistas presentadas por los activistas Gay, como Matthew Vines y su Reformation Project, convertir estos seis pasajes principales que aparentan ser prohibiciones, en afirmaciones de relaciones homosexuales, con tal de que sean limitadas a parejas dentro de una relación monógama? Después de considerar sus argumentos de manera objetiva, he concluido que no tienen sustancia, como espero demostrar brevemente en este blog. Lo que sigue es una consideración condensada de cada uno de los textos principales.
 
1) Sodoma y Gomorra (Gen 19:1-38)
 
En el Génesis 18, el Señor le dijo a Abraham que el pecado de Sodoma y Gomorra “se había agravado en extremo.” De hecho, era tan prevalente que ni siquiera había diez justos entre ellos (Gen 18:20-21,32). ¿Qué era este pecado tan grave como para requerir su destrucción? El argumento más común entre los activistas Gay es que Dios los destruyó principalmente debido a su falta de la hospitalidad. Esto argumentan citando uno de sus varios pecados mencionados en Ezequiel 16. Sin embargo, leyendo todo el pasaje, vemos que su falta de la hospitalidad solo era uno de varios pecados en un espiral descendiente que finalmente los llevó al pecado o abominación que resultó en su destrucción. Esto se puede observar leyendo todo el pasaje:
 
He aquí que ésta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité.” (Ezeq 16:49-50)
 
Aquí vemos un descenso en espiral, finalmente resultando en que hicieran la abominación, igual como vemos repetido en grandes civilizaciones como el Imperio Romano. Las ciudades de la planicie eran fértiles y eran los más prósperas de toda la región. Así como el descenso en caracol descrito en Romanos 1, vemos que, en vez de estar agradecidos con Dios, se envanecieron y sus corazones fueron entenebrecidos (Rom 1:21-22). Su prosperidad los llevó a la ociosidad y la búsqueda de la auto gratificación, a tal manera que finalmente comenzaron a cometer la abominación ante el Señor.
 
¿Cuál era la abominación que cometieron que hizo necesario que Dios interviniera destruyéndolos? Debe ser obvio que no era su falta de la hospitalidad. En primer lugar, no dar a los necesitados es un pecado de omisión, no de comisión. En segundo lugar, vemos que fue el cometer la abominación lo que resultó en su destrucción y no los pecados que habían cometido anteriormente.
 
Algunos señalan que muchas cosas fueron consideradas como abominación en la ley levítica, desde vestirse con ropa de telas mixtas, a no guardar el día de reposo o tener relaciones sexuales con la esposa cuando esté menstruando. Sin embargo, estas eran restricciones amorales y ceremoniales, diseñadas para separar a Israel de las naciones alrededor de ellos, y solamente aplicaban a la nación de Israel. Por ejemplo, había pena de muerte para todo Israelita que no guardara el día de reposo, pero las otras naciones no tenían que guardarlo.  Ni siquiera Abraham tuvo que observar estas leyes ceremoniales, dado que la Ley todavía no había sido dada.
 
Cuando buscamos las abominaciones que resultaban en que Dios juzgara a las naciones alrededor, la lista es reducida a la abominación de sacrificar a sus hijos a los ídolos y los pecados sexuales como el incesto, homosexualidad y la bestialidad (Lev 18:24-25). Entonces, ¿Cuál era la abominación que cometieron que resultó en su destrucción? Algunos dirían que era tener sexo con los ángeles, pero hay más de una razón porque eso no era la abominación. En primer lugar, solo habría sido un intento a la violación, dado que no les fue permitido llevar a cabo sus intenciones. En segundo lugar, tanto Lot como los hombres de la ciudad pensaron que eran hombres, así que, en su mente no estaban intentando violar a ángeles, sino a dos hombres.
 
En tercer lugar, la abominación no fue cometida una sola vez en la ciudad de Sodoma, sino que fue algo que habían estado practicando también en todas las ciudades de la planicie, y por eso todas ellas fueron destruidas junto con Sodoma. Pedro deja en claro que habían estado practicando los actos abominables por un tiempo antes de su destrucción. Pedro dice:
 
“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7 y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta (ἀσελγείᾳ ἀναστροφῆς, aselgeía anastrophes) de los malvados...” (2 Pedro 2:6-7)
 
Es obvio, que Lot solamente podría ser considerado justo en comparación con la degradación de los demás habitantes de Sodoma, viendo que él les ofreció a sus hijas vírgenes en lugar de los ángeles. Aquí podemos ver por la frase “nefanda conducta que no fue un solo intento a violación, sino que su abominación había llegado a ser una manera de vivir. El léxico grieto Louw and Nida Greek-English define aselgeía como, “comportamiento moralmente desenfrenado, normalmente implicando la lascivia – comportamiento extremadamente inmoral.” Es evidente que las palabras de Pedro hablan de algo más allá de una simple falta de hospitalidad, o un intento aislado a violar a dos hombres.
 
De semejante manera, Judas dice que, no solamente Sodoma y Gomorra, sino también las ciudades vecinas “habían seguido desenfrenadamente a la carne extraña (σαρκὸς ἑτέρας, sarkos heteros)” (Judas 1:7JBS). El término “carne extraña” literalmente significa “carne de otro tipo” e incluiría cualquier relación sexual fuera de la unión de una sola carne  (σάρκα μίαν, sarka mian) entre un hombre y una mujer, como fue ordendo por Dios desde la creación (Gen 2:24 LXX). En vez de estar satisfecho con el uso natural de sus cuerpos en una unión de una sola carne entre un hombre y una mujer, se encendieron en su lascivia, yendo tras carne no ordenada por Dios, y sufrieron las consecuencias cuando Dios los juzgó, destruyendo su carne con fuego y azufre.
 
El paralelo entre el descenso en caracol descrito en Ezequiel 16, que finalmente resultó en la abominación que vemos descrita en 2Pedro y Judas como nefanda o perversa conducta con diferente carne, resultando en su destrucción física, es el mismo descenso en caracol descrito en Romanos 1, degenerándose al punto de la práctica de la homosexualidad, y finalmente recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío:
 
“Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. 26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.” (Rom 1:24-27)
 
Así que, tomando en cuenta todo, llega a ser evidente de que la razón por la que la metrópolis de Sodoma fue destruida no era por la falta de hospitalidad o un intento fallido de violar a los ángeles, sino que fue destruida porque ellos se habían entregados a pasiones vergonzosas, mujeres con mujeres y hombres con hombres, y recibieron la retribución debida a su extravío. Como Dios dice en Ezequiel 16, “hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité. Es evidente que ellos cometieron una abominación con la pena de muerte, aun siendo entre las naciones gentiles sin la Ley. Cuando la ley contra el homosexualismo en Levítico le fue dada a la nación de Israel después, ellos fueron advertidos a no cometer las mismas abominaciones que las naciones alrededor, y fueron advertidos que, si fueran a repetir las mismas abominaciones, ellos iban a sufrir el mismo juicio (Lev 18:24-29). Considero con más detalle la destrucción de Sodoma en mi blog: “¿Quién Destruyó a Sodoma y por qué?
 
2 y 3) “No Te Echarás con Varón como con Mujer”
 
No te echarás con varón como con mujer; es abominación.  23 Ni con ningún animal tendrás ayuntamiento amancillándote con él, ni mujer alguna se pondrá delante de animal para ayuntarse con él; es perversión. 24 En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, 25 y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores.” (Lev 18:22-25)
 
Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre.” (Lev 20:13-14)
 
Estos textos prohíben cualquier forma de relaciones homosexuales de manera tan clara que su aplicación universal nunca fue cuestionada hasta la revolución sexual Postmoderna. Los numerosos intentos a lograr que de alguna manera permita las relaciones homosexuales me hacen pensar en las gimnasias mentales que los Calvinistas hacen en su intento de negar que Cristo es de verdad el Salvador del mundo entero y no solamente de unos pocos elegidos.
 
Algunos argumentan que los textos en Levítico han de haber sido alterados antes que fuera hecha la traducción de la Septuaginta (LXX) entre los siglos I y III a.C. Sin embargo, no existe ninguna evidencia manuscrita indicando alguna alteración del texto. Otros argumentan que solamente prohíbe relaciones sexuales en el contexto del culto a los ídolos donde los hombres tenían relaciones con prostitutos masculinas. Basado en eso, argumentan que la prohibición no aplica a las relaciones monógamas comprometidas hoy en día entre dos personas del mismo sexo.
 
Sin embargo, la lista de las prohibiciones sexuales en estos dos capítulos no es limitada simplemente a relaciones sexuales con personas del mismo sexo, sino que también prohíbe sexo con animales. Pocos argumentarían que es aceptable practicar estos actos viles con tal de que se amen y no tengan relaciones como parte del culto a los ídolos. Aunque parece extraño, algunos hoy hasta justifican tener sexo con sus mascotas, casándose con ellos.[i] Utilizando la misma lógica que dice que este pasaje solamente prohíbe sexo fuera de una relación monógama y comprometida, uno podría afirmar incluso incesto o bestialidad monógama.
 
Otro argumento a menudo presentado es que ya no estamos bajo la Ley del Antiguo Pacto, y, por lo tanto, estas prohibiciones ya no aplican a nosotros hoy. Algunos Revisionistas Gay, como Matthew Vines, presentan los dos argumentos juntos. Sin embargo, pocos argumentarían que, como ya no estamos bajo la Ley, ahora es aceptable la prostitución masculina, el incesto, o la bestialidad. Aunque las leyes ceremoniales ya no son para nosotros hoy, cada una de las prohibiciones morales son reafirmadas bajo el Nuevo Pacto de la gracia.
 
Aunque voy a considerar este pasaje con más detalle después, en 1Timoteo, Pablo explica que la Ley todavía continúa en efecto para convencer a los pecadores de su necesidad de la gracia, y él explícitamente menciona la prohibición levítica contra la homosexualidad. Él dijo:
 
“Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina.” (1 Tim 1:8-10)
 
Que Pablo aquí está reafirmando la prohibición de relaciones homosexuales es innegable, dado que él formó una sola palabra de las dos palabras exactas que aparecen en Levítico 18:22 y 20:13 del griego LXX, que es la traducción que él hubiera estado usando para enseñar a los gentiles y los judíos helenistas. En Levítico las dos palabras son arsen, “varón,” and koite, “cama.” De la palabra koite hemos derivado nuestra palabra “coito” que significa “relaciones sexuales.” Pablo unió las dos palabras, formando la palabra arsenokoites, que significa, “un hombre acostando en cama con otro varón.” El también utilizó la misma palabra en 1Corintios 6:9 que vamos a ver más adelante. Ilustro abajo como Pablo formó la palabra del griego LXX de los dos textos en Levítico:

[i] https://en.wikipedia.org/wiki/Human%E2%80%93animal_marriage

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Matthew Vines argumenta que la definición de esta palabra no debe ser determinada basado en su significado literal. Sin embargo, es ilógico pensar que Pablo hubiera inventado un término, uniendo estas dos palabras, si quería que la gente entendiera algo diferente de lo que las palabras literalmente significaban.
 
Matthew Vines y otros han intentado argumentar que la palabra arsenokoites tenía más que ver con finanzas que la homosexualidad. Él dijo:
 
“Aunque arsenokoites fue utilizado unas pocas veces en la literatura griega después de Pablo, unos de los pocos usos que han sobrevivido indican que en la mayoría de los casos hacía referencia a la explotación económica, no a la actividad homosexual.” [1]
 
Cuando busqué las fuentes citadas para comprobar su afirmación de que la palabra arsenokoites se refería a finanzas, me di cuenta de que solamente citaban pequeñas porciones de los textos. Cuando veo … en citas de textos, me da curiosidad saber qué es lo que están dejando fuera, así que decidí leer todo el texto. Al hacerlo, llegó a ser evidente de que las fuentes que parcialmente citaron para demostrar que arsenokoites solamente hablaba de finanzas, en realidad hablan principalmente de temas morales. Por ejemplo, ellos citan una parte del Oráculo Sibilino:
 
No roben semilla; Maldito por muchas generaciones aquel que la tomó esparciendo vida. No cedan a los deseos viles (arsenokoites), no calumnien, ni maten…” [2]
 
Ellos argumentan que arsenokoites tiene que tener referencia a la explotación financiera porque aparece con la prohibición a robar semilla. Sin embargo, cuando leí la sección entera para ver por qué ellos solamente citaron una pequeña porción, encontré lo siguiente:
 
“Y aquellos que honran el matrimonio y se guardan de adulterios, Él dará dones preciosos y esperanza eterna. Porque cada alma es un regalo de Dios, y no está bien que los hombres lo mancillen con actos viles… Mantenga su pureza como virgen, y guarden el amor con todos. Midan medidas justas; porque hermosa es la plena medida para todos… No roben semilla; Maldito por muchas generaciones aquel que la tomó esparciendo vida. No cedan a los deseos viles (arsenokoites), no calumnien, ni maten… No se embriaguen con vino ni tomar en exceso. No coman sangre, y absténganse de cosas ofrecidas a los ídolos.
 
Entonces, al leer la cita en su contexto, es evidente que el autor está hablando de varios temas morales, incluyendo arsenokoites, en vez de que esté hablando principalmente de temas económicos. La única otra fuente que citaron para establecer que arsenokoites era un término económico fue los Hechos de Juan. Ellos citaron la siguiente porción:
 
“… De igual manera envenenador, sortílego, ladrón, estafador, sodomita (arsenokoites), y todos de esa banda, conforme a sus obras, al final irán al fuego que no se apaga. [3]
 
Citando solamente esta pequeña porción, uno podría llegar a la conclusión de que el autor está tratando con asuntos financieros como robos y extorciones. Sin embargo, otra vez, al ver todo el texto, llega a ser evidente de que el autor está tratando con varios asuntos sexuales también. Aquí cito una porción mayor del pasaje:
 
“Tu también que eres envanecido por la apariencia de tu cuerpo, y eres altivo, verás el cumplimiento de la promesa en tu sepulcro; y tú que te deleitas en el adulterio, sabe que tanto la ley como la naturaleza cobrará venganza de ti, y antes de esto tu consciencia; y tú, adultera, que eres un adversario de la ley, no sabes en donde terminarás al final. Y tú que no compartes con los necesitados, sino que has acumulado riquezas, cuando abandones tu cuerpo y estés necesitado de misericordia quemándote en el fuego, no tendrás a quién te muestre misericordia; y tú el iracundo y lujurioso, sepas que tu manera de vivir es como las bestias; y tú, borracho y peleonero, entiende que pierdes tus sentidos siendo esclavizado con deseos vergonzosos y viles… De igual manera envenenador, sortílego, ladrón, estafador, sodomita (arsenokoites), y todos de esa banda, conforme a tus obras, al final irás al fuego que no se apaga.
 
Claramente, estas citas parciales no demuestran que arsenokoites significaba algo diferente en la literatura griega después, que el significado que Pablo obviamente quería expresar cuando inventó la palabra de Levítico. Y aun si el significado hubiera variado de su sentido literal con el tiempo, debe ser obvio de que en 1Timoteo 1, Pablo estaba refiriendo a la ley levítica que prohíbe cualquier relación con personas del mismo sexo.
 
Por lo tanto, a pesar de sus intentos complicados para hacer que las prohibiciones de Levítico no tengan aplicación a las relaciones homosexuales dentro de una relación monógama, es una prohibición clara y directa contra cualquier hombre acostándose con otro hombre como con una mujer. Es una prohibición universal que no da lugar a acepciones, igual como la prohibición contra la bestialidad.
 
4) Relaciones con Personas del mismo Sexo y Romanos 1:26-27
 
“Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.” (Rom 1:26-27)
 
Este pasaje aparenta ser directo de igual manera como vimos en Levítico, excepto que también menciona relaciones sexuales entre mujer y mujer. ¿Cómo puede los Revisionistas Gay evitar las implicaciones obvias de este pasaje? Primero, argumentan que el concepto de orientación sexual es algo contemporáneo y, por lo tanto, era desconocido por Pablo.
 
Sin embargo, como ya hemos visto, esto ignora la inspiración divina de las Escrituras. Si el Espíritu Santo le reveló a Pablo las condiciones que existirían en el futuro, ¿Por qué no pudo Él también inspirar a Pablo a incluir la cláusula de excepción que los Revisionistas Gay necesitan para establecer su caso? De hecho, tanto Pablo como Jesús, hacían referencia a la situación contemporánea, pero eso sería tema de otro blog. Aquí solo quiero citar una cosa que le fue revelada a Pablo acerca de nuestra revolución sexual contemporánea. Pablo dijo:
 
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias (ἐπιθυμίας, epithumias), 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-4)
 
Pablo previó el tiempo cuando los hombres ya no soportarían la sana doctrina. Queriendo cumplir sus propias “concupiscencias” (epithumias), ellos apartarán de la verdad de las Escrituras y se amontonarán maestros que solamente les dirán lo que quieren escuchar, apartando el oído de la verdad a las fábulas. Strongs define epithumia como: “una pasión, especialmente para algo que es prohibido.”
 
Aunque la palabra epithumia es, por definición, aplicable al deseo de uno para los del mismo sexo, los activistas Gay han disfrazado epithumia en términos políticamente correctos como “la atracción a los del mismo sexo” o “orientación hacia los del mismo sexo.” Como resultado, muchos hoy en día ven orientación hacia los del mismo sexo como un término neutro, cuando en realidad las Escrituras simplemente lo llama “concupiscencia.”
 
Por ejemplo, en Romanos 1:24, cuando Pablo dice: “Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias (ἐπιθυμίας, epithumias) de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,” él se estaba refiriendo a lo que los Revisionistas Gay hoy en día llaman nada más que “orientación hacia los del mismo sexo.” Usando las mismas tácticas, los pedófilos ahora se están organizando y exigiendo igualdad de derechos y la aceptación por la sociedad de sus relaciones con niños pre-pubertad. [4]
 
El significado de “Naturaleza” (phusis)
 
Pablo dice en Romanos 1:26 que Dios los entregó a sus pasiones vergonzosas, y entonces explica a continuación qué era lo que quería decir con pasiones vergonzosas. Él dice que ellos cambiaron el uso natural (φυσικὴν, phusikein) por el que es contra naturaleza (παρὰ φύσιν). La palabra phusis y sus cognadas son de phuo, que significa “producir.” La idea fundamental de phusis es, “lo que ha producido la naturaleza,” en contraste con lo que resulta por medios artificiales o contra la naturaleza. [5] Por ejemplo, Pablo habla de las ramas naturales, en contraste con lo que fue injertado contra la naturaleza (Rom 11:24).
 
¿Cómo logran los Revisionistas Gay evitar las implicaciones obvias de que las relaciones homosexuales son una perversión de la naturaleza? A menudo ellos argumentan que phusis puede significar una simple “costumbre,” y entonces dicen que Romanos 1 solamente está refiriendo a las costumbres prevalentes en los días de Pablo. Para demostrarlo, citan 1Corintios 11:14 que dice: “La naturaleza (φύσις, phusis) misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?” Sin embargo, Pablo aquí no está apelando a una simple moda. Igual como con la prohibición de vestirse como el sexo opuesto (Deut 22:5), aunque es cierto que, lo que un hombre se ponía en aquel entonces era diferente a la manera que los hombres se visten hoy en día, siempre es contra la naturaleza que un hombre intente parecerse al sexo opuesto. Pablo está diciendo que es contra la naturaleza y vergonzoso que un hombre imite la apariencia de una mujer, sin importar como se traduce en las costumbres y modas culturales. En realidad, Pablo se está refiriendo a la misma confusión de sexos en 1Corintios 11:14 como hizo en Romanos 1:26. Que un hombre tome la apariencia de una mujer, o viceversa, es contra la naturaleza, y no simplemente contra las costumbres.
 
Algunos argumentan que Romanos 1:26-27 solamente es una prohibición contra la pederastia y la prostitución masculina. Pero, solo necesita ser señalado que Pablo primero menciona mujeres, y solo después dice que los hombres de la misma manera practicaban el sexo hombre con hombre. Esto significa que el lesbianismo también es incluido, pero las lesbianas no practicaban la pederastia. La pederastia es por definición actividad sexual entre un hombre y un muchacho o joven. También, cuando él habla de “arsen con arsen” (hombre con hombre), él está refiriendo a la prohibición en Levítico, igual como él hace con la palabra compuesta arsenokoites.
 
Hay mucho más que podría ser presentado a favor del entendimiento tradicional de Romanos 1:26-27, pero sin elaborar más, debe ser evidente a cualquier estudioso de la palabra sin prejuicios que este pasaje no puede ser razonablemente entendido como afirmando actividad homosexual, no importa la forma o circunstancia en que se practique.
 
5) Ni los Afeminados ni Homosexuales heredarán el Reino de Dios (1 Cor 6:9-11)
 
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados (μαλακοι malakoi), ni los que se echan con varones (ἀρσενοκοῖται, arsenokoitai), 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto ERAIS algunos; PERO ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Cor 6:9-11)
 
La referencia aquí de Pablo a malakoi y arsenokoites juntos ha sido entendido históricamente como refiriendo al hombre pasivo con el hombre agresivo en una relación homosexual. Por ese motivo, algunas traducciones, como el NVI, combinan las dos palabras, diciendo “ni hombres que tienen sexo con hombres.”
 
Ya hemos considerado el significado intencionado por Pablo cuando formó la palabra arsenokoites y algunas de las falencias de los argumentos de los Revisionistas, diciendo que era nada más un término económico.  De igual manera, los Revisionistas Gay intentan redefinir la palabra griega malakoi, tradicionalmente entendida en este contexto como refiriéndose al hombre pasivo en una relación homosexual, señalando que la palabra a menudo simplemente significa “suave,” y que a menudo en la literatura griega refiere a un hombre con características femeninas, sin connotaciones sexuales. Sin embargo, toda duda razonable en cuanto a su significado es removida cuando aparece junto con la palabra arsenokoites, como vemos aquí en 1Corintios 6:9. Además, no hay indicación alguna en las Escrituras de que un hombre sería excluido del reino simplemente porque tenga rastros femeninos.
 
Aunque Matthew Vines intenta lograr que estas palabras tengan aplicación a algo distinto a la actividad homosexual, como vimos anteriormente con sus intentos a relacionar la palabra arsenokoites con la explotación financiera, es evidente que ni él mismo está convencido por sus propios argumentos porque él concede, diciendo:
 
“Aunque malakoi y arsenokoitai podrían referirse a formas de actividad homosexual, el comportamiento que ellos describen es muy distinto a las relaciones de cristianos lesbianas, gay, bisexuales, y transgéneros hoy en día.” [6]
 
Aquí Vines nos demuestra que, no importa qué tan claramente el texto hable en contra de la actividad homosexual, la respuesta de ellos siempre es que no aplica a nuestra generación Postmoderna. Sin embargo, entendiendo que toda Escritura es dada por inspiración del Espíritu Santo que habita la eternidad, todas Sus palabras  son útiles para instruir en justicia, sin importar la generación en que uno está viviendo (2Tim 3:15-17; Mt 4:4; Jn 17:17).
 
Ellos argumentan que, si Moisés y Pablo solo hubieran entendido como nosotros entendemos hoy en día, que algunos nacen con atracción a los del mismo sexo, en vez de ver la homosexualidad como una perversión de la naturaleza, ellos hubieran hecho provisión explícita para relaciones homosexuales monógamas y comprometidas. Argumentan que no es justo imponer una vida de castidad sobre los que nacieron como homosexuales y que, por ese motivo, no pueden cambiar su orientación sexual.
 
Sin embargo, en ninguno de los muchos intentos han podido comprobar científicamente de que algunos nacen como homosexuales.  Además, decir que la orientación homosexual es una condición de por vida es negar el poder transformador del evangelio. En el texto que estamos considerando, después de advertirles en los versículos 9 y 10 que aquellos que persisten en los pecados mencionados no heredarán el reino, Pablo dice en versículo 11: Y esto ERAIS algunos; PERO ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”
 
Así que, vemos que cuando llegamos a ser una nueva criatura en Cristo, somos lavados, recibiendo un nuevo corazón y una nueva identidad. En vez de decir, “una vez un alcohólico, siempre un alcohólico,” una vez una prostituta, siempre una prostituta,” o “una vez un homosexual, siempre un homosexual,” necesitamos abrazar nuestra nueva identidad en Cristo. Si estás en Cristo, tú eres una nueva creación, lo viejo pasó y lo nuevo ha venido (2Cor 5:17). Ahora eres la justicia de Dios en Cristo (2Cor 5:21). Mientras seguimos confesando la mentira, contrario a la verdad como es en Cristo, diciendo: “Nací pecador, siempre seré un pecador,” seguiremos bajo el poder de nuestra vieja identidad. Pero cuando vivimos según la verdad que es en Cristo Jesús, el pecado pierde su poder y ya no puede reinar sobre nuestros cuerpos mortales. Como dice Pablo:
 
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. 12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” (Rom 6:11-13)
 
Como Pablo advierte, los que continúen obedeciendo sus deseos carnales y practicando los pecados que él nombra (que incluyen la actividad homosexual pasivo y agresivo), no heredarán el reino de Dios. Mientras que los hijos del reino están reinando con Cristo, ellos estarán pasando por corrección y purificación en el fuego eónea en el Milenio (Mt 25:41,45). En vez de tomar nuestro pecado como nuestra identidad como homosexuales o alcohólicos, necesitamos tomar posesión de nuestra nueva identidad en Cristo. Yo personalmente he descubierto que, si el Hijo te hace libre eres verdaderamente libre (Jn 8:36).
 
6) La Prohibición de Relaciones Homosexuales reafirmada en el Nuevo Testamento
 
Aunque Pablo deja muy en claro que los que estamos en Cristo hemos muerto a la Ley para vivir para Cristo, él también deja en claro que la Ley sigue vigente para convencer a los pecadores no arrepentidos de su condición pecaminosa:
 
“Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; 9 conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, 10 para los fornicarios, para los sodomitas̓ρσενοκοίταις, arsenokoitais), para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, 11 según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado.” (1 Tim 1:8-11).
 
Como ya hemos visto, lo que Pablo quería decir con la palabra compuesta arsenokoites, no es necesario seguir elaborando sobre este pasaje, más que enfatizar que Pablo aquí reafirma la prohibición Levítica contra relaciones homosexuales sin la cláusula de acepción que necesitan los activistas Gay para justificar lo que ellos llaman formas contemporáneas de la homosexualidad. En todas las Escrituras no existe ninguna afirmación de la homosexualidad. Al contrario, cada referencia a ella es negativa. Los homosexuales son llamados al arrepentimiento y fe en el evangelio para poder ser justificados y limpiados, de igual manera que los adúlteros, ladrones y mentirosos. Al otro lado del verdadero arrepentimiento y fe, hay libertad y transformación por medio de una vida nueva en Cristo.


[1] Vines, Matthew. God and the Gay Christian: The Biblical Case in Support of Same-Sex Relationships (p. 124). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.

[2] Sibyllene Oracle Book 2.70-77

[3] The Acts of John 35-36

[4] https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_pedophile_advocacy_organizations

[5] Thayer's Greek Lexicon, NT:5449

[6] Vines, Matthew. God and the Gay Christian: The Biblical Case in Support of Same-Sex Relationships (p. 130). The Crown Publishing Group. Kindle Edition.

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por George Sidney Hurd
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¿Es posible interpretar la Biblia de tal manera que afirme en vez de condenar el estilo de vida homosexual? Hace solo una generación atrás, los cristianos de todas las denominaciones hubieran respondido firmemente que la biblia no aprueba tal conducta. Sin embargo, hemos visto un enorme cambio cultural, especialmente entre los jóvenes. Una encuesta llevada a cabo en 2021 por el Pew Research Center indicó que actualmente 70% de los Católicos y 36% de los Evangélicos afirman la vida homosexual. [1]
 
¿Está este cambio reciente basado en un examen cuidadoso de las Escrituras sobre el tema, como algunos como Matthew Vines, nos haría creer en su libro “God and the Gay Christian” (Dios y el Cristiano Gay)? ¿O están suprimiendo la verdad de las Escrituras con tal de justificar un estilo de vida pecaminosa? ¿Cómo explican los numerosos textos que tradicionalmente han sido entendidos como condenando toda forma de actividad homosexual? En los siguientes dos blogs voy a estar considerando brevemente los argumentos presentados por Vines y otros a favor del homosexualismo siempre y cuando este limitado a una relación monógama comprometida. 
 
Antes de examinar a los seis textos principales prohibiendo la homosexualidad, en este blog voy a responder a tres argumentos superficiales que a menudo son presentados para justificar la homosexualidad: 1) La Biblia solamente prohíbe la homosexualidad unas pocas veces, y por lo tanto, no debemos dar importancia al tema. 2) Jesús nunca condenó la actividad homosexual y, por lo tanto, tampoco debemos de prohibirla, y 3) El término “homosexual” fue inventado recientemente y por lo tanto no es bíblico.
 
1) La Biblia solamente prohíbe la homosexualidad unas pocas veces
 
A menudo he oído a personas descartar toda la enseñanza bíblica acerca de la homosexualidad con respuestas como: “Solamente hay 7 versículos entre los 31.102 versículos en toda la Biblia que hablan en contra de la homosexualidad y, por lo tanto, no debe ser importante para Dios.” Aunque en realidad hay más de 7 versículos que hablan en contra de la homosexualidad en la Biblia, es cierto que relativamente pocas Escrituras son dedicadas al tema del homosexualismo.
 
Sin embargo, esto es un argumento muy errado. ¿Cuántas veces tiene Dios que prohibir algo para que le obedezcamos? La bestialidad solamente es mencionada 3 veces. ¿Significa eso que está bien practicar la bestialidad? ¡Claro que no! La razón porque estas actividades no son mencionadas con frecuencia, es porque eran prácticas abominables para los judíos y raramente practicadas. Las únicas veces que son mencionas en la Ley de Moisés es en forma de prohibición donde Dios les manda a no imitar las prácticas abominables de las naciones gentiles alrededor de ellos (Lev 18:22-29).
 
Los cristianos son obligados a hablar sobre este tema con más frecuencia hoy en día porque los activistas Gay han sido más agresivos en promover la homosexualidad en nuestra sociedad e incluso dentro de las iglesias. Sin embargo, como un niño criado en la iglesia en los años ’50, ni recuerdo que el tema fuera mencionado. Ni siquiera sabía que existía tal cosa como personas atraídas a otros del mismo sexo hasta ser enviado a una institución correccional a los 12 años de edad. La única razón porque mencionamos el tema hoy es porque es más prevalente en nuestra sociedad.
 
Así que, la razón por la que la actividad homosexual no fue mencionada con frecuencia en las Escrituras no es porque no era abominable a los ojos de Dios, sino simplemente porque no era algo común entre los israelitas en aquel entonces. Si la homosexualidad hubiera sido tan común como la actividad heterosexual ilícita, sin duda habría sido mencionada con frecuencia como es el caso del adulterio.
 
2) Jesús nunca condenó la actividad homosexual
 
Quizás la frase más repetida es: “Jesús nunca condenó la actividad homosexual y, por lo tanto, tampoco debemos de prohibirla.” Sin embargo, eso es un argumento del silencio y de ninguna manera implica que Él aprobaba la homosexualidad. Argumentar, por ejemplo, que Jesús afirmaba deseos homosexuales simplemente porque Él no mencionó la atracción al mismo sexo cuando dijo que solo mirar a una mujer con codicia era adulterio, sería una lógica errónea.
 
Otra vez, la razón principal por qué no hay instancia donde Él habla de la homosexualidad de manera explícita es simplemente porque era entendida como una práctica abominable entre los israelitas debido a lo que dice en su Ley Levítico 18:22; Levítico 20:13, y era tan poco común entre el pueblo de Israel que él nunca tuvo que tocar el tema.
 
Sin duda, si alguien le hubiera presentado el tema, Él habría respondido diciendo algo como, “¿No has leído las Escrituras?” o “erráis, ignorando las Escrituras,” así como hacía en otras ocasiones. Tampoco habló directamente sobre el tema de la pedofilia, pero muy pocos argumentarían que Él hubiera aprobado estas prácticas. Así que, Su silencio sobre el tema no debe ser tomado como una aprobación de estas conductas, dado que Él afirmaba de manera consistente la totalidad del Antiguo Testamento (Mt 5:17-18; Mt 4:4).
 
Sin embargo, aunque Jesús no utilizaba los mismos términos específicos de la homosexualidad que Pablo empleaba, Él sí tocó el tema. Él dijo que, del corazón proceden las fornicaciones (Mt 15:19). La palabra “fornicaciones” (πορνειαι, porneiai) es en la forma plural, que incluiría toda forma del sexo ilícito. En el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento de Kittel de 10 tomos, él demuestra de fuentes seculares griegos que porneia incluía la actividad homosexual. De hecho, el sustantivo πορνos (pornos) significa “un varón prostituto.” La prostitución masculina (LXX πορνευων, porneuon), traducida “sodomita” en la Biblia RVR,  era algo específicamente condenado en el Antiguo Testamento (Deut 23:17; 1Reyes 14:24; 15:12).

Adicionalmente, cuando le preguntaron sobre el divorcio, Jesús les recordó del diseño original de Dios de una unión de una sola carne entre un varón y una hembra:
 
“Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra (ἄρσεν καὶ θῆλυ, arsen kai thelu) los hizo, 5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer (γυνή gune), y los dos serán una sola carne?  6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre… 9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación (πορνείᾳ, porneia), y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.” (Mt 19:4-6,9)
 
Jesús dice aquí que en el principio Dios los hizo varón y hembra, y por ese motivo, un hombre debe unirse con una mujer en una unión de una sola carne de por vida. Hombre con hombre o mujer con mujer es una violación del orden de la naturaleza establecido por Dios (Rom 1:26-27). La unión hombre-mujer en el santo matrimonio fue diseñada para ser complementaria de una manera no posible con una unión homosexual. En el Génesis 2:18 las palabras “ayuda idónea” en el hebreo es neged ezer. Neged significa “una compañera o contraparte.” La unión varón y mujer es, por diseño divino, entre dos que son diferentes, emocionalmente y fisiológicamente y, sin embargo, ellos se complementan o completan el uno al otro.
 
Aparte del hecho de que no es posible que una unión homosexual cumpla el mandato de Dios a multiplicarse y llenar la tierra, las necesidades de un varón, tanto emocionales como sexuales, fueron intencionados a ser cumplidas por una mujer y viceversa. El diseño de Dios en el matrimonio es entre varón y hembra, esposo y esposa. He oído a homosexuales dominantes referirse a su pareja pasivo como su “esposa.” Pero el idioma griego no permite eso, dado que la palabra “esposa” (γυνή gune) es femenina y significa “mujer.”
 
La vagina femenina fue diseñada perfectamente para recibir el pene del varón, pero el recto no fue diseñado para ser penetrado, y las consecuencias de violar el diseño natural son muchas y severas. El sexo por el recto rompe las membranas, propagando enfermedades transmisibles en la sangre como el SIDA, la hepatitis B y C, como también la sífilis y otras enfermedades venéreas. El riesgo del cáncer del ano es 20 veces mayor que el promedio entre los varones homosexual/bisexual VIH negativos y 40 veces mayor con los que son VIH positivo. [2] 
 
Por lo tanto, cuando Jesús reafirmó el diseño original de la creación entre un varón y una mujer, Él dejó en claro que la única unión sexual aprobado por Dios era la unión varón/hembra entre el hombre y su mujer. También dijo que él que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación (πορνείᾳ, porneia), y se casa con otra, comete adulterio. Ya hemos visto que porneia abarca toda forma de sexo ilícita, desde el adulterio hasta el homosexualismo. Por lo tanto, no es correcto decir que Jesús no condenaba las relaciones íntimas del mismo sexo.
 
3) El término “homosexual” fue inventado recientemente y por lo tanto no es bíblico
 
Los defensores del estilo de vida Gay señalan que la palabra “homosexual” no apareció en ninguna versión de la Biblia en el inglés hasta la primera edición de la versión RSV en 1946. Desde ese entonces, la mayoría de las traducciones modernas también traducen ἀρσενοκοίτης (arsenokoites) como “homosexual.” ¿Cuál es la justificación de los traductores de este cambio?
 
Hasta el año 1869, cuando la palabra “homosexual” fue formada por el autor Húngaro Karl Kertbeny, el idioma inglés no tenía un equivalente preciso de los términos usados en las Escrituras como arsenokoites and malokos. Voy a estar considerando el significado correcto de estas palabras en el próximo blog. Pero en breve, los eruditos bíblicos modernos que más conocimiento de los idiomas originales tienen, están de acuerdo de que el término “homosexual” expresa mejor el significado exacto de las palabras originales que prohíben relaciones entre personas del mismo sexo, que los términos usados antes como “sodomitas” y “los que se echan con varones.”
 
Creo que sería más correcto definir arsenokoites como “uno que practica la homosexualidad” dado que la palabra “homosexual” puede dar la impresión de que uno se está pecando por solo tener pensamientos y deseos. Uno no es un adúltero o un asesino simplemente porque es tentado con pensamientos de adulterio o homicidio. De la misma manera, necesitamos distinguir entre la tentación a cometer el acto homosexual, y cometerlo. La tentación solo se hace pecado cuando uno rinde su voluntad a él, y se entrega a la práctica de la homosexualidad.
 
Tampoco debemos de categorizar a alguien como un arsenokoites o un malokos simplemente porque luchan con deseos y caen de vez en cuando. Todos sucumbimos a las tentaciones en ciertas áreas de nuestra vida, pero lo que hace la diferencia es que no abrazamos o justificamos nuestro pecado. Como dijo Salomón: “Siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse.” Esto es lo que hace la diferencia entre un justo y uno que practica la homosexualidad o el adulterio, etc.
 
En el próximo blog vamos a examinar brevemente los seis textos principales que hablan del tema de la homosexualidad (Génesis 19:5; Levítico 18:22; Levítico 20:13; Romanos 1:26–27; 1 Corintios 6:9; and 1Timoteo1:10). ¿Justifican una redefinición de la posición histórica de la Iglesia sobre el tema de la homosexualidad los argumentos revisionistas presentados por los defensores Gay? Aunque es fácil sentirse abrumado intentando descifrar sus argumentaciones extensas y complejas que se basan más en fuentes seculares que la Biblia misma, espero demostrar que la Biblia habla de manera clara sobre el tema cuando simplemente comparamos Escritura con Escritura y permitimos que las Escrituras se definan a sí mismas.
 
Debido a que tengo a personas en mi vida que amo mucho que se identifican como Gay, en los últimos años he leído tomas enteras escritas por los revisionistas Gay en un intento de entender cómo ellos justifican su estilo de vida Gay. Sin embargo, sin querer criticar, no puedo evitar concluir que ellos simplemente no están dispuestos a aceptar la verdad clara de las Escrituras porque no afirman su estilo de vida. Me hace recordar las palabras de Pablo en Romanos 1 donde él habla de aquellos que “suprimen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó” (Rom 1:18-19).

 


[1] https://www.pewforum.org/religious-landscape-study/views-about-homosexuality/
 

[2] https://cancer-network.org/cancer-information/gay-men-and-cancer/anal-cancer-hiv-and-gaybisexual-men/
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3 El Amor y el Odio de Dios

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por George Sidney Hurd

¿Cómo puede el amor incondicional de Dios estar en armonía con Su odio?
 
(Lo siguiente es tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia)
 
La Iglesia de la Época Oscura, a excepción de algunas personas, perdió la vista de la revelación del Dios del amor, como ha sido revelado en las Escrituras. El pavor hacia un dios vengativo y airado prevalecía. El temor en las masas fue alimentado con prédicas presentando a Dios como un dios caprichoso, vengativo y enfadado, que solo podría estar aplacado con penitencias y ofrendas monetarias a la Iglesia. Pinturas muy gráficas, esculturas en la arquitectura de las capillas y dramatizados del infierno según fue descrito por Dante, servía bien a los propósitos de la Iglesia, llenando los cofres y manteniendo a la gente en una sujeción esclavizante a la Iglesia.
 
Martín Lutero, el gran Reformador, de joven era atormentado por el temor a un Dios vindicativo y los tormentos del infierno. Un día, viajando a caballo por el campo, cayó un relámpago muy cerca, y tomándolo como una manifestación de la ira de Dios hacia él, prometió convertirse en monje. Sin embargo, a pesar de todos sus sacrificios y disciplinas, se sentía indigno y seguía con un esclavizante temor a Dios y a un infierno eterno de llamas.
 
Su revelación transformadora vino cuando, siendo un monje, estaba haciendo penitencias subiendo por las escaleras de una Iglesia de rodillas. Mientras estaba cumpliendo sus penitencias, la verdad de Romanos 1:17 le fue revelada a él: “Mas el justo por la fe vivirá.” Él descubrió en ese momento la verdad de la justicia por fe que nos es dado por medio de la gracia de Dios a través del sacrificio de Jesucristo. Esta revelación pondría en marcha a lo que ahora conocemos como la Reforma.
 
Sin embargo, a pesar de que había descubierto el amor y el perdón de Dios, Martín Lutero en muchas áreas seguía atado al concepto del Dios Agustiniano de la Época Oscura. A pesar de que había experimentado el poder transformador del amor de Dios en su propia vida, debido a sus raíces en las doctrinas tradicionales de la Iglesia él aún sostenía que Dios aborrecía a la mayoría de la humanidad. Podemos observar esto en sus escritos:
 
“El amor y el odio de Dios hacia el hombre son inmutables y eternos, existiendo, no solamente antes de que hubiera merito o ‘libre albedrío’, sino antes de que fue creado el mundo; haciendo que todas las cosas sucedan en nosotros por necesidad, según lo que Él amaba o no amaba desde la eternidad… Fe e incredulidad nos vienen, no por obras de nuestra parte, sino a través del amor u odio de Dios.” [1]
 
Según Lutero, y aún algunos cristianos hasta el día de hoy, Dios, desde la eternidad tiene odio hacia la mayoría de la humanidad. Y lo peor es que dicen que Él nunca lo superará – es un odio inmutable. Para siempre Dios tendrá odio. Tristemente muchos cristianos no están dispuestos a negociar en su insistencia de que Dios es odio e ira eterna. En vez de eso, optan por negociar y contradecir el amor de Dios para proteger su imagen de un Dios airado y lleno de odio. Sin embargo, como ya hemos visto, es el amor de Dios que nunca deja de ser, y no Su ira y odio:
 
“El amor nunca deja de ser…” (1Cor 13:8)
 
“Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado.” (Isa 57:16)
 
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
 
Dios es amor. El amor nunca deja de ser. No entristece voluntariamente, como hace el odio. Es compasivo y solo aflige para corregir – para quitar lo malo, que es el objeto de Su odio paternal. El Señor no desecha para siempre, como sería el caso si Su odio fuera eterno y dirigido contra el individuo y no contra el pecado que practica.
 
Dios es amor. Así que no aflige, ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. Porque Él es amor, no para siempre estará enojado, sino que traerá reconciliación para todos. Tome nota que “los hijos de los hombres” y “las almas que yo he creado,” tienen referencia a toda la humanidad y no solo los elegidos. Los calvinistas dirían que Él va a atormentar por toda la eternidad a los hijos de los hombres que Él ha creado, no solamente voluntariamente sino para Su propio placer. La Confesión de Fe de Westminster dice:
 
“Tampoco hay otros redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados, y salvos, sino solamente los elegidos… Al resto de la humanidad le ha placido a Dios, según el inescrutable consejo de Su propia voluntad, por la cual extiende o abstiene misericordia, como le plazca a Él, para la gloria de Su poder Soberano sobre Sus criaturas, pasarles por alto; y a ordenarles deshonra e ira por sus pecados, para la alabanza de Su gloriosa justicia (énfasis mío).” [2]
 
A Dios, quien es amor, según ellos, le ha placido salvar solamente a los elegidos. Esta contradicción del carácter divino desafía la imaginación humana. Por eso lo llaman “el inescrutable consejo de Su propia voluntad.” Al resto de la humanidad (90%), le ha placido abstener misericordia, reservándolos para la tortura eterna, para Su propio placer, y eso, dicen ellos, resulta en “la alabanza de Su gloriosa justicia”.? Esto supera a todos los dioses paganos como Zeus, Molech, o Dagón. Al menos ellos no dijeron que eran amor. 
 
Es mi convicción, basada en el testimonio de las Escrituras que Dios es amor y, por lo tanto, no aflige voluntariamente a los hijos de los hombres. También creo firmemente que podemos decir, basados en las Escrituras que Dios ama al pecador mientras odia el pecado. Sin embargo, hay los que insisten en que Dios en realidad aborrece al pecador y además tienen textos para apoyar su afirmación. Hay tres pasajes que hablan del odio de Dios hacia ciertos individuos. Son los siguientes:
 
“Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.” (Sal 11:5)
 
Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, 18 el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, 19 el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.” (Pro 6:16-19)
 
“Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Rom 9:13, cf. Mal 1:2-3)
 
¿Cómo debemos entender estos textos aislados a la luz de la naturaleza de Dios como ha sido revelada en todas las Escrituras? Claramente vemos declarado el aborrecimiento de Dios hacia los pecadores. Odio, en su sentido más fuerte, sería antónimo con el amor. Los dos se repelen mutuamente. ¿Realmente aborrece Dios de la misma manera que nosotros entendemos el odio? No. Podemos ver claramente en numerosos pasajes que Dios ama también al pecador. De eso se trata la redención que proveyó para los pecadores. Pablo deja en claro que Dios nos ama, aun estando en el pecado:
 
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.” (Rom 5:8)
 
Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a Su Hijo para que podamos tener Su vida eterna. Decir que Dios nos odiaba, como entendemos el odio, haría imposible que nos amara, y enviara a Su Hijo unigénito para reconciliarnos a sí mismo.
 
Además, Jesús nos dice que solo somos como nuestro Padre que está en los cielos cuando amamos a nuestros enemigos en vez de odiarlos.
 
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos.” (Mateo 5:43-45)
 
¿Cómo reconciliamos estos tres textos que declaran que Dios aborrece al pecador con las abundantes Escrituras que claramente declaran Su amor para todos? Hay dos consideraciones que armonizan estas dos declaraciones aparentemente antónimas: 1) El significado de la palabra aborrecer en el texto original y 2) La naturaleza temporal de Su odio.
 
El Odio Definido
 
La palabra en hebreo para “odio” en el Antiguo Testamento es sané. En El Diccionario Expositivo de las Palabras del Antiguo Testamento de Vines, vemos que hay dos sentidos distintos de la palabra:
 
“Sané representa una emoción que varía entre “odio” intenso y un sentido menos fuerte, “estar en contra”, y es utilizada en referencia a personas y cosas (incluyendo ideas, palabras, u objetos inanimados).” [3]
 
Es obvio que el aborrecimiento de Dios hacia pecadores es en el sentido menos fuerte, de “estar en contra” de un individuo debido a su pecado y rebeldía. Entendiendo la palabra en este sentido, podemos fácilmente identificarnos con esta emoción, aun en relación con nuestros propios hijos cuando nos desafían o se portan mal.
 
Con este entendimiento de la palabra en mente, personalicemos este tipo de aborrecimiento hacia nuestros hijos cuando nos desobedecen. Aplicando las siete cosas que el Señor aborrece en Proverbios 6, podríamos decir: “Me pongo en contra de mi hijo y no lo tolero cuando me desobedece y me desafía. Lo resisto cuando me mira con la mirada desafiante, cuando me miente, cuando maltrata a sus hermanitos o cuando causa discordia y pleitos entre ellos, etc.”
 
De hecho, si fueran hijos de un extraño sería menos probable que intervengamos de esa manera, porque no son nuestra responsabilidad. Entendiendo la palabra sané de esta manera, vemos que es en realidad una intervención de amor y no un odio puro hacia uno que es antónimo con el amor y lo excluye. Es el acto de ponerse en contra de alguien, oponiéndolo con el motivo de corregir su conducta. Este es el propósito de Dios en todos Sus castigos correctivos. Él se pone en nuestra contra, para así separarnos del mal:
 
“Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” (Heb 12:6)
 
En respuesta al dicho: “Dios ama al pecador mientras odia el pecado”, tradicionalistas dirían que no es posible separar el pecado del pecador. Sin embargo, eso es precisamente lo que hace Dios cuando disciplina:
 
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros... 32 Por tanto, derramé sobre ellos mi ira; con el ardor de mi ira los consumí; hice volver el camino de ellos sobre su propia cabeza, dice Jehová el Señor.” (Ezeq 22:17-22,31)
 
Aquí vemos que el odio de Dios y aun Su ira contra Su amado Israel, vienen en forma de fuegos purificadores de aflicción. Dios “se pone en contra” de Su pueblo y los lanza en el fuego como plata, bronce o plomo. Pero el fuego del horno es para separar la escoria de sus vidas. El resultado final es que salen del horno puro y separado de la escoria o el pecado. Así como en el caso de un padre que ama a su hijo y por lo tanto lo disciplina, Su aborrecimiento es en realidad Su amor actuando en contra del pecado en sus vidas. El resultado final es el fruto apacible de la justicia, como vemos con Israel más adelante en Capítulo 36 de Ezequiel:
 
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ez 36:24-26)
 
El resultado final de la oposición de Dios hacia Israel es que llegan a ser limpios de toda inmundicia y reciben un corazón nuevo. Lo mismo se puede decir de la aflicción de todos los hijos de los hombres que Él ha creado. Él no los aflige ni entristece voluntariamente. Lo que Él hace, lo hace solo para nuestro propio beneficio. Así que, podemos ver que el odio de Dios, correctamente definido, se refiere al trato de Dios Padre a Sus hijos extraviados y rebeldes, y que no es de ninguna manera incompatible con Su amor.
 
También hemos visto en el ejemplo de Israel en Ezequiel que sí, - es posible separar al pecado del pecador. Ese es el propósito específico del horno del fuego. El infierno no es un lugar diseñado para torturas sin sentido, solo para el placer de Dios y para la alabanza de Su gloriosa justicia, como dicen los tradicionalistas, sino que es un horno purificador. A Su tiempo, Su oposición correctiva habrá cumplido su obra en cada individuo. Y el lago de fuego, habiendo cumplido su propósito, dejará de existir junto con el último enemigo, la Segunda Muerte.
 
Esto nos lleva a la segunda consideración, que revela que el odio de Dios, bien entendido, no es incompatible con Su amor.
 
La Temporalidad del Odio de Dios
 
Es el amor de Dios que nunca deja de ser. Hemos visto que Su enojo, ira y aún Su abandono son temporales y para nuestra corrección. No nos desechará para siempre (Lam 3:31-33). Toda muerte – aún la Segunda Muerte, que es el último enemigo, será finalmente eliminado, habiendo servido su propósito.
 
El odio de Dios también cesará cuando el pecado es finalmente y eternamente separado del último pecador cuando toda rodilla se haya doblado y todos hayan sido sujetos a Él. No hay tal cosa como un dualismo eterno en el plan de Dios para las épocas. No para siempre estará enojado, eternamente flagelando a 90% de Sus criaturas en el infierno que a Él le plació crear para la alabanza de la gloria de Su justicia. Eso es un invento de la mitología griega y de la Época Oscura que ha sido incorporado en la teología cristiana, habiendo sido inspirado por demonios.
 
Podemos ver en las Escrituras que Dios vencerá a los que Él aborrece por el poder de Su infinito amor. En vez de atormentar eternamente a Sus enemigos, Él los reconcilia consigo mismo por la sangre de Su cruz:
 
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras. Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Salmo 66:3-4)
 
“y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:20) [4]
 
“Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:28)
 
Así que, cuando todos, habiendo sido reconciliados con Dios a través de Su propia sangre derramada en la cruz finalmente se sujetan a Cristo, entonces Cristo mismo se sujetará al Padre, y desde ese punto en adelante Dios eternamente será todo en todos. Todo Su enojo, odio e ira, los cuales simplemente eran Su naturaleza santa y amorosa actuando contra el pecado, ya no tendrán un ambiente en donde manifestarse. Nosotros, sin embargo, retendremos el conocimiento de Su odio hacia el pecado – algo que Adán y Eva nunca hubieran podido comprender.
 
También Su gracia, misericordia, compasión y longanimidad dejarán de manifestarse, dado que el único ambiente en que podían manifestarse era en el contexto de la caída del hombre y su condición pecaminosa. Nuestra comprensión del bien y del mal con sus graves consecuencias, seguida por la gracia y la misericordia de Dios, brindada gratuitamente al hombre que no la merece por Su sacrificio en la cruz, será retenida en nuestros corazones como un tesoro eterno, sin precio, de un conocimiento experimental del amor de Dios – algo que Adán y Eva, en su estado primitivo de inocencia, no tenían ni forma de imaginar.
 
Entrando en el estado eterno, cuando Dios será todo en todos, finalmente comprenderemos la multiforme sabiduría de Dios en la creación. Entonces entenderemos por qué Él creó a Satanás, viendo todo el panorama de las épocas. Entenderemos por qué Dios puso delante del hombre el árbol del conocimiento del bien y del mal, sabiendo todo el tiempo que él iba a caer. También estará dentro de nuestros corazones la visión del Cordero de Dios, inmolado desde antes de la fundación del mundo para la reconciliación de toda la creación, y la elección de un pueblo para ser las primicias de Su nueva creación en Cristo, el Último Adán. Veremos cómo nosotros, la Iglesia, la asamblea de los elegidos, fuimos escogidos para ser embajadores de reconciliación para el resto de la creación. Veremos, finalmente, el momento cuando se dobla la última rodilla en humilde y amorosa sumisión a Cristo. Inmediatamente después, Cristo se somete al Padre y entonces Dios llega a ser todo en todos.
 
Todos encontraron su origen en Él (Col 1:16 lit. “en Él), todos existen por Él, y todos finalmente volverán a Él, y Él será todo en todos. “Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36).
 
La Naturaleza Relativa del Odio en la Biblia
 
Vemos también que el odio que Jesús nos dice que necesitamos tener para ser Sus discípulos, no es absoluto, en el sentido de que nosotros como pecadores a menudo manifestamos odio hacia Dios o hacia nuestro prójimo. Los mismos que Jesús nos dice que tenemos que odiar, son los que somos mandados a amar en otros pasajes:
 
“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:26)
 
Somos mandados a amar y honrar a nuestros padres (Mateo 19:19; Ef 6:2). Debemos amar a nuestras esposas como Cristo ama a la Iglesia (Ef 5:25). Nos manda a amar a nuestros hermanos y nuestro prójimo como a nosotros mismos (Rom 12:10). Si fuéramos a entender el odio en su sentido absoluto como nuestros hermanos tradicionales, entonces estaríamos enfrentados a una tremenda contradicción. Sin embargo, en Mateo 10:37 él explica qué era lo que Jesús quería decir cuando dijo que tenemos que odiar a otros para poder ser Sus discípulos. Él dijo, 

"El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí."
 
La interpretación de las palabras de Jesús por Mateo debe dejar muy en claro lo que quería decir por odio. Cuando amamos a alguien con todo nuestro corazón, nuestras vidas vuelven en torno a esa persona. Está bien y correcto que amemos a nuestros padres, esposas, hijos y hermanos. Incluso, está bien que nos amemos a nosotros mismos de la misma manera que Dios nos ama. Sin embargo, nuestro primer amor debe ser solo Dios. Eso también nos mandó Jesús:
 
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” (Marcos 12:30-31)
 
Aquí vemos que nuestro amor por el prójimo es un mandato, pero también vemos que tiene que estar subordinado a nuestro primer amor – nuestro amor por Dios. Así que, cuando alguien que amamos quiere que hagamos algo contra Aquel que más amamos, es necesario ponernos en contra de ese individuo, aunque lo amamos a él también, para poder agradar a Aquel que más amamos. Aquí, una vez más, vemos el uso de la palabra odio en el sentido de “ponerse en contra” de uno que impondría su voluntad sobre nosotros en oposición a la voluntad de Dios.
 
También vemos la misma idea expresada con el odio de Dios hacia Esaú:
 
“Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Rom 9:13, cf. Mal 1:2,3)
 
Pablo explica que el odio de Dios no se basaba en algo que Esaú había hecho durante su vida, sino que fue basado solamente en Su elección soberana (Rom 9:11). Él escogió a Jacob sobre Esaú antes de que hubieran nacido, para que cada uno cumpliera un propósito específico. Así como Él endureció a Faraón para cumplir un propósito específico en Su plan para Israel, Dios escogió a Jacob sobre Esaú.
 
Sin embargo, como hemos visto, la elección no implica la exclusión eterna de los no elegidos, sino que son elegidos para ser luz para la reconciliación del resto de la creación. Pablo, en respuesta a los que cuestionaban la justicia de Dios en escoger algunos y pasar por alto a otros, dice que Dios, para cumplir Sus propios propósitos, de quien quiere tiene misericordia y al que quiere endurecer, endurece (Rom 9:18). Sin embargo, vemos que, en el gran plan de Dios para las épocas, Él ha determinado a fin de cuentas tener misericordia de todos sin excepción:
 
“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos… 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:32,36)
 
También podemos ver que el odio que el Señor mostró hacia Esaú, prefiriendo a Jacob, no es diferente en naturaleza del odio que Jesús dijo que debemos tener hacia los que también debemos amar. Es obvio que Esaú también fue amado y favorecido, aunque, hablando temporalmente, no al mismo grado que Jacob. Vemos el favor y el amor de Dios demostrado hacia Esaú cuando llegó el momento para que Israel, los descendientes de Jacob, entraran y tomaran posesión de la tierra de Canaán:
 
“Y Jehová me habló, diciendo: 3 Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte. 4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho. 5 No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir.” (Deut 2:2-5)
 
Es obvio que, si Dios hubiera odiado a Esaú en el sentido pecaminoso como los seres humanos a menudo odian, Él no hubiera dado ninguna posesión como herencia. Así que, el odio de Dios tiene que ser entendido a la luz de Su naturaleza eterna. Dios es amor. De manera que, todo lo que Él hace está, en última instancia, arraigado y fundamentado en Su amor. Su odio, enojo, ira y aún Su rechazo, son en realidad Su amor actuando contra todo mal en nosotros, disciplinándonos y aun lanzando a algunos al Lago de Fuego, con el fin de que todos, a fin de cuentas, disfruten del fruto apacible de justica. Dios no odia a ningún individuo en el sentido que muchos de nosotros, como pecadores, odiamos a los que han pecado contra nosotros. Su odio es Su oposición a nuestros actos pecaminosos, y se convierte en favor tan pronto el pecado esté separado del objeto de Su amor.
 


[1] Martin Luther:  The Bondage of the Will, pp. 226, 228-229.
 

[2] The Westminster Confession of Faith, Chap. 3 — Articles 6 and 7.
 

[3] Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, Copyright © 1985, Thomas Nelson Publishers.
 

[4] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
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 por George Sidney Hurd
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En el blog anterior ya vimos que Dios ama simplemente porque Él es amor – no debido a algo que Él ve en los objetos de Su amor. De hecho, Él ama a todos sin condiciones, incluyendo a sus enemigos, y somos llamados por Jesús a amar a nuestros enemigos de la misma manera para que seamos hijos de nuestro Padre que está en los cielos (Matt 5:44-48).
 
Por lo tanto, los que creemos en la totalidad de las Escrituras, debemos de procurar entender cómo estas declaraciones claras acerca de la naturaleza incondicional del amor de Dios complementan, en vez de contradecir, a otros pasajes en las Escrituras que ponen condiciones a Su amor incondicional. ¿Cómo puede el amor de Dios ser entendido como incondicional y a la vez condicional? Jesús Mismo, mientras que enseñaba claramente que Dios ama a todos sin condiciones, en más de una ocasión presentó Su amor como condicionado sobre nuestra respuesta a Su amor. Aquí cito los ejemplos principales:
 
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Jn 14:21)
 
“pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios.” (Jn 16:27)
 
“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. 24 El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.” (Jn 14:23-24)
 
Todas estas declaraciones de Jesús indican que hay cierta condicionalidad con el amor de Dios. Muchos, dirían que son dos afirmaciones distintas e irreconciliables, y concluirían que Jesús se estaba contradiciendo a Sí Mismo. Otros, o ignoran los pasajes incondicionales, insistiendo que Dios solamente ama a aquellos que cumplen ciertas precondiciones, mientras que los del otro extremo ignoran las condiciones por completo, diciendo que el amor de Dios es exclusivamente unilateral y que nuestra falta de reciprocación no afecta nuestra relación con Él.
 
Sin embargo, si creemos que todas las Escrituras son inspiradas por Dios y que la totalidad de Su Palabra es verdad (2Tim 3:16; Sal 119:160; Jn 17:17), a menudo descubrimos que, lo que al principio parece paradójico e incluso contradictorio, es en realidad una verdad complementaria al entenderla debidamente.
 
Teniendo presente que Dios, siendo el amor Mismo, ama a todos, incluyendo a Sus enemigos, llega a ser evidente que Jesús está diciendo que, aunque Dios ama a todos incondicionalmente, y nada de lo que hemos hecho o haremos puede cambiar eso, si queremos experimentar Su amor en una relación de amor con Él, hay condiciones.
 
Si deseas experimentar Su amor de manera positiva como amor, primero tienes que amar al Hijo y creer que el Padre lo envió (Jn 16:27). Incluso Jesús advirtió a aquellos que se negaban a recibirlo por quién es; Dios el Hijo encarnado, el Salvador del mundo, que morirían en sus pecados (Jn 8:24). ¿Significa eso que Dios no los ama? No. Dios es amor y Su amor nunca deja de ser, y Su amor es sobre todas Sus obras (Sal 145:9-10). Sin embargo, no conocerán Su amor hasta recibir a Su Hijo y tener el amor de Dios derramado en sus corazones por el Espíritu Santo (Rom 5:5).
 
Aunque Dios ama incluso a los impíos, Jesús dijo que, si queremos experimentar Su amor en una relación con Él, necesitamos guardar Su Palabra. Eso es lo que Judas quiso decir cuando dijo que nos conserváramos en el amor de Dios, aunque nada ni nadie puede separarnos de Su amor, ontológicamente hablando (Judas 21; Rom 8:35-39). El amor de Dios jamás deja de ser, pero si no obedecemos Su Palabra, no lo experimentaremos como amor, sino como disciplina o juicios que no parecen en nada como amor para aquellos que están experimentándolos (Heb 12:10-11; 1Cor 11:31-32).
 
Para mí, ayuda mucho siempre tener presente que el amor de Dios hacia la humanidad es comparado con el amor paternal. Dice de Dios que Él es de quien es nombrada toda familia en los cielos y en la tierra, y por lo tanto ama a todos incondicionalmente, incluyendo a Sus enemigos (Ef 3:14-15; Mal 2:10; Mt 5:44-45). La mayoría entendemos que el amor paternal es incondicional.
 
Mis padres no eran perfectos, pero siempre sabía que ellos me amaban y me deseaban lo mejor, aún durante mis años de rebeldía cuando había deshonrado a su buen nombre y ocasionado mucho dolor y angustia, sabía que nada alegraría más sus corazones que verme arrepentido y vuelto a casa.
 
La parábola del hijo Pródigo ilustra bien el corazón del Padre hacia sus hijos extraviados. Aunque el hijo Pródigo no apreciaba el amor de su padre y no disfrutaba de su amor de manera experimental en la tierra lejana, el amor del padre por él jamás había disminuido en lo más mínimo. Puede que algunos de mis lectores fueron abandonados por su padre terrenal, y otros incluso por su propia madre. Pero Jesús dijo que nosotros somos malos padres a comparación a nuestro Padre celestial que es perfecto amor (Mt 7:9-11). El salmista dijo: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Sal 27:10). Tal es el amor del Padre para nosotros. Dios, habla a través de Isaías a los que han sido abandonados por su madre diciendo:
 
“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.” (Isa 49:15)
 
Lo más asombroso es que Dios habló estas palabras a Su pueblo en un tiempo cuando Él estaba juzgándolo por sus hechos abominables, hasta sacrificando a sus propios hijos a Moloc. Aunque fue necesario que los juzgara severamente porque se negaban a escuchar a Sus advertencias por medio de Sus profetas, Él quería que supieran que Su amor por ellos era incondicional – aún más fiel que el amor de sus propias madres.
 
¿Experimentaban Su amor en una relación de comunión íntima mientras que estaban siendo invadidos por sus enemigos y llevados cautivos? No. Sin embargo, Su amor por ellos no disminuyó en lo más mínimo. Para ustedes que tienen hijos, yo pregunto: ¿Alguna vez han estado enojados con ellos por su desobediencia? ¿Alguna vez los han disciplinado? ¿Significa su enojo y sus acciones disciplinarias contra ellos que habían dejado de amarlos? ¡Todo lo contrario! Si no hubieras reaccionado con enojo, y si los hubieras dejado sin disciplina, querría decir que realmente no los amabas (Pr 13:24).
 
Que tu hijo no estuviera disfrutando de una relación amorosa contigo mientras estabas disciplinándolo, no significa que no lo amaba incondicionalmente a pesar de todo. Es lo mismo con nuestra relación con Dios: “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Heb 12:6 cf. Pr 3:12). ¿Entendería tu hijo tu ira y disciplina como una expresión de Su amor? Probablemente no. Pero eso no quiere decir que Él no los ama, sino que ellos no estaban experimentando Su amor como amor hacia ellos en el momento, sino como disciplina.
 
Igual como era con el padre en la parábola del hijo Pródigo, Dios a veces entrega a personas a sus propios deseos, viendo que no quieren retener el conocimiento de Él (Rom 1:24-28). Pero, ¿deja de amarlos? ¡De ninguna manera! Él incluso puede estar indignado contra ellos por su rebeldía obstinada, e incluso puede entregarlos a una mente reprobada (lit. “mente desaprobada”) y desecharlos por un tiempo, pero no para siempre, porque Él es amor y Su amor nunca deja de ser. Él dijo de Su pueblo rebelde, después de asegurarles en el capítulo 49 de Isaías que Su amor por ellos era más duradero y fiel que el amor de una madre:
 
“Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor.” (Isa 54:8)
 
Así vemos que, incluso en Su ira, Su amor por nosotros jamás deja de ser. Aun cuando Él se aleja y permite que suframos las consecuencias de nuestra necedad, Él jamás rechazará a ningunos de nosotros para siempre porque Su amor nunca deja de ser. Como dijo Jeremías a Israel en Lamentaciones cuando estaban bajo los juicios severos de Dios y sentían que Dios los habían abandonado para siempre:
 
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33, cf. Miqueas 7:18).
 
Quiero enfatizar a mis amigos Calvinistas que argumentan que esta promesa solo aplica a los elegidos, que Jeremías dice, “los hijos de los hombres,” y esa expresión es inclusiva de toda la humanidad y no solamente a los elegidos de Israel. Aquí vemos que Dios solamente desecha de su presencia, a los inicuos obstinados por un tiempo, y usa su disciplina como último recurso: Él no aflige ni entristece voluntariamente a nadie, porque Él ama a todos incondicionalmente a pesar de nuestra rebeldía, igual como cualquier buen padre que ame a sus hijos, excepto que los ama infinitamente más de lo que nosotros somos capaces de amar.
 
Así que, tomando en cuenta todo lo que hemos visto, es evidente que, cuando Jesús dijo que “Dios nos amará si…,” o que “Él nos ama porque…,” Él no estaba diciendo que Dios deja de amarnos cuando somos desobedientes. Solamente significa que no experimentaremos Su amor como amor, en una relación íntima. Al contrario, Sus hijos desobedientes experimentarán Su corrección y la comunión interrumpida en lugar de Sus abrazos de amor. Sin embargo, tan pronto uno de Sus hijos se arrepiente de sus pecados y rebeldía, el Padre lo recibirá de nuevo con abrazos y besos, porque Él siempre nos ha amado con un amor eterno y sin condiciones.
 
En el próximo blog, estaré considerando los textos que indican que Dios aborrece a algunos mientras que ama a otros. Algunos de nuestros hermanos Calvinistas entienden esto como indicando que Dios solo ama a los elegidos y aborrece a los que Él no ha escogido para ser salvos. Este punto de vista tiene que negar o descartar todo lo que ya hemos visto en estos dos blogs acerca de la naturaleza universal del amor incondicional de Dios. ¿Será que Dios odia en el sentido en que el hombre pecador odia a sus enemigos? Esto es lo que estaremos considerando en el próximo blog.
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por George Sidney Hurd
 
¿es presentado el amor de Dios en las Escrituras como condicional, según nuestro comportamiento, o es incondicional? ¿Ama Dios a todos universalmente, o solamente ama a los que lo aman?
 
Juan presenta el amor como el atributo esencial de Su naturaleza (1Jn 4:8,16). ¿Es Su amor, por lo tanto, infinito, eterno e indivisible de Sus otros atributos, o 
de alguna manera cesa en un instante por aquellos que no correspondieron apropiadamente a Su amor mientras aún vivían?
 
Nosotros que creemos en una restauración universal de todos, tenemos menos dificultad de abrazar el concepto del amor incondicional de Dios. Pero, los Tradicionalistas creyendo que todos los que, por un motivo u otro, no responden de manera positiva a Su amor en esta vida serán sujetados a Su ira eternamente, enfrentan un dilema lógico y moral. Ellos típicamente, o niegan que Su amor es incondicional, o niegan que Su amor para ellos es eterno.
 
Es cierto que muchos han tergiversado el amor de Dios, presentándolo como si fuera permisivo y como si Él afirmara a los que están viviendo en el pecado. Otros han sobre reaccionado a este extremo, intentando limitar el amor de Dios, igual como a menudo hacen con Su gracia. Unos incluso se enfadan cada vez que oyen a alguien gloriándose en el amor de Dios hacia todos.
 
Considerando que esto es un tema tan importante, siendo que determina como percibimos a Dios y como nos relacionamos con Él y los demás, y  entendiendo que llegamos a ser como el Dios que adoramos, en los próximos blogs estaré considerando lo que las Escrituras realmente enseñan acerca de este tema tan vital.
 
El Amor Incondicional de Dios
 
Los que niegan que el amor de Dios es incondicional a menudo comienzan por señalar que el término “amor incondicional” nunca aparece en las Escrituras. Sin embargo, ellos mismos utilizan términos como “amor no merecido,” “amor abundante” y “amor sacrificial,” ningunos de los cuales aparecen en las Escrituras, y sin embargo todos reconocen que son descriptivos del amor de Dios. La pregunta que debemos responder es si el amor de Dios es presentado como incondicional en las Escrituras, y espero demostrar que sí es una verdad bíblica. En el mismo pasaje donde Juan dice que Dios es amor, él define Su amor como no condicionado en nada de lo que hemos hecho. Él dijo:
 
“Dios es amor… 10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1Jn 4:8,10)
 
Aquí vemos que Dios ama simplemente porque Él es amor, no porque los objetos de Su amor cumplen unos prerrequisitos. Si el amor es condicional, entonces, ¿qué condición cumplimos para que Dios nos amara de tal manera que envió a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados? Les recordaría a aquellos que argumentan que este versículo solo aplica a los elegidos que Él también amó al mundo entero e hizo propiciación incluso por aquellos que Él sabía que no iban a responder a Su amor de este lado de la muerte (Jn 3:161Jn 2:2). Él nos amó estando nosotros aun muertos en nuestros delitos y pecados. En Romanos, Pablo es aún más enfático en decir que, en contraste con el amor del hombre, el amor de Dios es incondicional, cuando dice:
 
“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. 7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadoresCristo murió por nosotros.” (Rom 5:6-8)
 
La mayor demostración del amor incondicional de Dios fue cuando Él envió a Su Hijo a morir por nosotros, siendo impíos. No solamente no habíamos cumplido una precondición para merecer Su amor, sino que Él mostró Su amor para con nosotros aun siendo Sus enemigos (Rom 5:10). Y no solo eso, sino que Jesús nos dice que, si queremos ser como nuestro Padre en el cielo, tenemos que amar a nuestros enemigos de la misma manera. Él dijo:
 
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? 47 Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” (Mt 5:43-48)
 
El amor condicional solo ama a los que nos aman a cambio. Pero Jesús dice que, si solamente amamos a los que nos aman, entonces no somos diferentes a los publicanos, dado que ellos también aman a los que los aman. Solo llegamos a ser perfeccionados en el amor del Padre cuando amamos incluso a nuestros enemigos, igual como hace Él. El amor condicional dice, “Yo te amo porque…,” “Te amaré si…” o “Te amaré mientras que…”  Pero el amor incondicional dice, “nada de lo que haces o dices hará que te deje de amar.” Cada ser humano – de hecho, cada ser racional, tiene una necesidad innata de ese amor incondicional que solamente Dios nos puede dar. Sin embargo, la religión demasiado a menudo nos priva de la seguridad de Su amor por nosotros.
 
Algunos Calvinistas, cuando son enfrentados con lo innegable del amor incondicional del Padre en este pasaje, intentan categorizar el amor de Dios, diciendo: “Sí, Dios tiene un ‘amor general’ por Sus enemigos en que les envía la lluvia, aun sobre los injustos, pero no es el ‘amor eficaz y redentor’ que Él reserva para los elegidos solamente.” Según ellos, Dios ama a Sus enemigos incondicionalmente hasta su último respiro, pero después, de alguna manera, Su amor incondicional se convierte en una ira sin fin en el momento en que mueran.
 
Ellos argumentan que la justicia de Dios requiere Su ira eterna. Aunque eso es un tema más allá de este blog, los atributos de Dios son indivisibles. Su amor y Su justicia jamás han estado en conflicto el uno con el otro debido al hecho de que el sacrificio de expiación de Cristo en la cruz es una eterna realidad para Dios. Jesús fue el Cordero de Dios inmolado desde la fundación del mundo (Apo 13:8). Su justicia y paz se besaron en la cruz, reconciliando a toda la creación a Sí Mismo (Sal 85:10Col 1:16,20). En la cruz, cuando Cristo llegó a ser la propiciación por el mundo entero, fue demostrado a todos que Dios había sido justo en justificar a aquellos que previamente habían pecado (Rom 3:25-26 ). Y el evangelio es llamado el evangelio eonian (Apo 14:6). Esto al menos significa que continúa siendo buenas nuevas más allá del último respiro de uno (1Pedro 4:6). La sangre de Cristo no tiene fecha de vencimiento (Heb 9:127:25).
 
El amor de Dios incluso llega más allá del sepulcro, hasta el Seol o Hades mismo. Dado que Dios es amor y Él es presente en toda Su creación, no hay manera de escapar de Su amor. El salmista dice:
 
“El Señor es bueno para con todos, Y su compasión, sobre todas Sus obras. 10 Señor, Tus obras todas Te darán gracias, Y Tus santos Te bendecirán…” (Sal 145:9-10 NBLH)
 
“¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? 8 Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.” (Sal 139:7-8)
 
Tomando en cuenta que sus misericordias están sobre todas Sus obras, incluyendo el Seol mismo, ¿cómo puede uno seguir negando que el amor de Dios es incondicional? Como veremos en el próximo blog, aunque muchos no están experimentando Su amor de manera relacional, sin embargo Su amor por ellos es inalterable y nunca deja de ser (1Cor 13:8). Pablo intercede por nosotros para que podamos comprender qué tan profundo es el amor de Dios:
 
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo…17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” (Ef 3:14,17-19)
 
Lo que Pablo está diciendo es que necesitamos una revelación de Su amor que excede nuestra capacidad mental de percibir – un conocimiento que excede la mera comprensión intelectual, experimentando Su amor siendo derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo (Rom 5:5). Esto inevitablemente resulta en que uno sea “lleno con toda la plenitud de Dios,” dado que Dios es amor. ¡Esto es glorioso! Los que piensan que el amor de Dios es condicional deben pedirle que les revele qué tan amplio es Su amor; qué tan alto llega, y qué tan bajo va para alcanzar a los perdidos. Les aseguro que la revelación de tal amor los cambiará para siempre.
 
En 1982, después de terminar mis estudios en el seminario, experimenté la gloriosa plenitud que resulta de recibir el amor de Dios derramado en el corazón por Su Espíritu como fue descrito por Pablo. En ese tiempo de mi vida, me sentí espiritualmente seco y me di cuenta de que solamente un conocimiento de las Escrituras no podría saciar mi sed de Dios. Anhelaba experimentar Su amor y disfrutar la comunión íntima con Él como en el principio. Tomé la determinación de poner a un lado mis estudios teológicos para buscar que Dios me restaurara a mi primer amor.
 
Una noche estaba acostado leyendo del libro “Abiding in Christ” (Permaneciendo en Cristo) cuando el Espíritu Santo derramó el amor de Dios en mi corazón de una manera demasiado gloriosa para expresar con meras palabras. Nunca he sido una persona emocional, pero me sentí tan sobrecogido por Su plenitud que no podía contener el gozo. Lo único que podía hacer era reírme y llorar a voz en cuello. Yo podía ver como nunca antes que yo era un solo espíritu con el Señor y que Cristo era mi vida misma. Las Escrituras cobraron vida para mí como nunca antes, conforme el Espíritu abría mi entendimiento.
 
El espacio aquí no me permite entrar en más detalles, pero esta visión a cielos abiertos seguía por tres meses, antes que yo clamé al Señor diciéndole: “Señor, quiero ser usado para que otros te conozcan como te estoy conociendo ahora.” Siempre he sido penosamente tímido, y cuando cobré el coraje para compartir con otros lo que estaba experimentando, ellos solo me miraron como si estuviera fuera de mí. Él me respondió de Juan 12:24 donde Jesús dijo: “si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” El me hizo entender que, así como un grano de trigo, yo necesitaba permitirle remover cosas de mi vida, que mantenía Su vida atrapada dentro de mí, y que no iba a poder sentir Su presencia de la misma manera por un tiempo, pero que Él jamás me iba a dejar o abandonar.
 
Poco a poco Su presencia tangible se disminuyó, y ya no veía claramente como veía en Su presencia. En la plenitud de Su presencia, los vicios y las tentaciones ni me atraían. Sin embargo, poco a poco, conforme perdí la consciencia de Su presencia, empecé a luchar con las viejas tentaciones otra vez. Suplicaba al Señor que restaurara esa experiencia de los cielos abiertos. Quería ver como veía en Su presencia, pero los cielos parecían ser de bronce. Entonces, un día en el trabajo mientras agonizaba sobre mi condición, el Señor me hablo, simplemente diciendo: “Isaías 42:16.” Tan pronto llegó el tiempo de descanso, abrí mi Biblia al pasaje que Él me dio, y esto es lo que decía: “Guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé.”

Sabía en mi espíritu que el Señor me estaba asegurando de que, aunque no estaba en sus propósitos remover mi ceguera en ese momento, Él jamás me desampararía, y que, en Su tiempo, Él perfeccionaría la buena obra que había comenzado en mí. Esa gloriosa experiencia de Su amor incondicional que nunca deja de ser me ha dado la fortaleza y confianza que necesitaba para seguir confiando en Su amor a pesar de las múltiples maneras en que Él ha obrado la muerte en mí durante los 40 años que han pasado desde esa experiencia. Comparto esa experiencia con más detalle en mi libro: La Verdadera Gracia de Dios.”
 
Yo creo, con Pablo, que todos necesitamos conocer la anchura, la longitud, las alturas y las profundidades de Su amor de una manera experimental que va más allá de un mero conocimiento. Necesitamos estar plenamente convencidos del amor incondicional de Dios, así como dice Pablo en Romanos 8:
 
“¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. 37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. 38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Rom 8:35-39)
 
¿Estás seguro como era Pablo de que nada ni nadie en toda la creación podrá separarte del amor de Dios en Cristo? Si no, ponte delante del Señor pidiéndole que Él abra su entendimiento y que derrame Su amor en tu corazón por el Espíritu Santo. Te aseguro que jamás serás igual.
 
Algunos nos privarían de esta plena seguridad diciendo: “Es cierto que ninguna cosa creada te puede separar del amor de Dios, pero el pecado no es una cosa creada, y el pecado te puede separar del amor de Dios para siempre.” Sin embargo, es muy obvio que eso no es lo que Pablo quiere que entendamos con su exhaustiva declaración del amor de Dios. A través de toda la epístola, Pablo ha estado demostrando cómo el problema del pecado ha sido eliminado de una vez para siempre para los que creen por medio del sacrificio expiatorio de Cristo. En el capítulo 8, él comienza con “ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, y termina con “ninguna separación” de Su amor. Ya no hay condenación porque hemos sido justificados de todo pecado por medio de la fe en Cristo (Rom 5:1). Que Pablo no quería decir que nada nos puede separar del amor de Cristo, menos el pecado en Romanos 8:35-39 es evidente por lo que acaba de decir en los versículos 33 y 34. Él dijo:
 
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Rom 8:33-34)
 
Pablo aquí presenta la pregunta retórica: “¿Quién acusará (de pecado) a los escogidos de Dios?” La respuesta obvia es nadie, dado que es Dios Mismo quien nos declaró justos. Entonces, él hace la pregunta: “¿Quién es el que condenará (por el pecado) si Cristo es el que murió y resucitó, e intercede por nosotros, siendo Él Mismo la propiciación por todos nuestros pecados?” (cf. 1Jn 2:1-2). Otra vez, la respuesta es que nadie ni nada (incluyendo el pecado) nos podrá separar de Su amor.
 
Jamás hubiéramos estado en enemistad con Dios si no fuéramos pecadores, y Jesús dice que Dios ama a Sus enemigos, y nos amó mientras aun estábamos en nuestros pecados. Decir que Dios nos amó incondicionalmente antes de ser justificados, pero ahora nos ama condicionalmente después de haber sido justificados, va en contra de todo lo que Pablo ha estado diciendo. Adicionalmente, Pedro dice que el amor cubrirá multitud de pecados (1Pedro 4:8). El amor de Dios puede cubrir multitud de pecados debido al sacrificio de expiación de Cristo por nuestros pecados, y no solamente los nuestros, sino los pecados de todo el mundo. Por lo tanto, Su amor por todos es constante e incondicional. Así como el hijo Pródigo, el Padre está esperando con los brazos abiertos a todos y cada uno de sus hijos extraviados para recibirlos en el momento en que vuelvan en sí y regresan al Padre – incluso a aquellos que menospreciaron su herencia.
 
Aplicaciones Equivocadas del Amor Incondicional de Dios en la Actualidad
 
Mucha de la oposición a la verdad del amor incondicional de Dios es debido a la manera en que muchos hoy en día malentienden Su amor, presentándolo como si fuera permisivo o afirmara a los que está viviendo en el pecado. Un amor que no aborrece el mal y que no se opone a los malhechores, no es amor, sino indiferencia. Un amor justo no puede amar el mal y la injusticia. Mientras que Dios ama a todos incondicionalmente, y por lo tanto no deshecha a los inicuos para siempre, ni retendrá Su ira para siempre contra ellos como tradicionalmente se ha enseñado, Su amor justo es indignado por la rebeldía de Su pueblo, y cuando no juzgamos el pecado en nuestras vidas, Él a menudo interviene con juicios, a veces incluso resultando en una muerte prematura (1Cor 11:28-32). De la misma manera que un buen padre corrige a su hijo y se enoja por su rebeldía, así nuestro Padre celestial disciplina a Sus hijos e incluso los azota si es necesario, para que participemos de Su santidad (Heb 12:6-11). Sin embargo, Sus misericordias son nuevas cada mañana y Su amor nunca deja de ser, porque Él no simplemente ama – Él es amor.
 
En el próximo blog: “¿Qué es Condicional del Amor Incondicional de Dios?” voy a estar considerando los pasajes que muchos han malinterpretados como si negaran el amor incondicional de Dios. ¿Cómo debemos entender los pasajes que dicen que Dios odia a ciertos individuos? ¿Sería posible que estas declaraciones de una manera contradigan o anulen a todo lo que hemos visto hasta aquí acerca de la naturaleza incondicional del amor de Dios? Algunas palabras de Jesús aparentan presentar el amor de Dios como condicional, como por ejemplo: Juan 14:21-24 y Juan 16:27. ¿Cómo debemos de entender estos pasajes? Esto será el tema del próximo blog.
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Un examen critico del “Evangelio de la Inclusión”
 
por George Sidney Hurd
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¿Qué debo hacer para ser salvo? La respuesta a esta pregunta es más importante que cualquier otra cosa en la vida. Y la respuesta sencilla dada por los seguidores de Cristo desde el comienzo ha sido, “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hch 16:31).
 
En el pasado a menudo han agregado obras a esta respuesta sencilla de “cree solamente,” así invalidando la gracia (Gal 5:4). Sin embargo, hoy en día en nuestra sociedad toda-inclusiva y acomodada, algunos Evangélicos han procurado ser más inclusivos y acomodados a las normas culturales, aún cuando se trata de esta pregunta tan vital: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”
 
Por un extremo, vemos los Pluralistas que niegan que Jesús es el único camino a la salvación, diciendo que Él es únicamente uno de muchos caminos para llegar a Dios. Otra creencia más reservada es la de los Inclusivistas quienes, al mismo tiempo insisten que Cristo es el único camino a Dios, argumentan que no es necesario que uno crea en Cristo de manera explícita para ser salvo. Según ellos, uno puede ser salvo por una fe implícita en una revelación general de Dios sin haber oído y respondido positivamente al evangelio. Razonan que la fe de uno no necesita ser cognitiva con tal de que la persona sea sincera y reverente. De esta manera llega a ser posible que uno sea salvo sin siquiera haber oído hablar de Cristo. Un budista sincero, un musulmán, o incluso un ateo, podría ser salvo por el sacrificio de Cristo en el Calvario sin haber oído el evangelio y creído en Él de manera consciente. Ellos llaman a estos individuos que supuestamente han sido salvos sin saberlo, “cristianos anónimos.”
 
Inclusivismo es una doctrina relativamente nueva que no surgió en la Iglesia antes del movimiento de la Iluminación en el siglo XVI. La Iglesia históricamente ha creído que uno necesita oír y responder de manera positiva al evangelio para ser salvo. No fue hasta el siglo XX que la doctrina del Inclusivismo comenzó a ser aceptada por muchos, principalmente por la gran influencia de C.S. Lewis quien era un Inclusivista Evangélico. También el evangelista Billy Graham, en una entrevista con Robert Schuller in 1997 expresó que había llegado a creer que el evangelio era inclusivo de personas de otras religiones que nunca habían oído el evangelio. [i] Esto también contribuyó mucho a la creciente popularidad del Inclusivismo hoy en día.
 
Bajo la categoría amplia del Universalismo, vemos tanto Pluralistas e Inclusivistas, como también el Exclusivismo Bíblico, que presento en este blog como lo que la Biblia realmente nos enseña sobre el tema. La diferencia principal entre los Parcialistas Tradicionales (los que creen que no todos serán salvos) y los Universalistas, es que los Universalistas creen que todos serán salvos y reunidos en Dios al finalizar las épocas, mientras que ni siquiera los Parcialistas que son Pluralistas creen que todos serán salvos.
 
Los Universalistas no tienen que enfrentar el mismo dilema lógico y moral que los Parcialistas acerca de aquellos que nunca tuvieron la oportunidad de oír el evangelio para creer y ser salvo en esta vida, dado que los Universalistas no ven justificación alguna por la creencia de que la oportunidad de arrepentirse y creer en el evangelio termina para siempre en el momento en que el corazón de uno deja de latir.
 
Es imperativo que uno sea salvo antes del comienzo del Día del Señor en la Segunda Venida de Cristo para estar entre las primicias elegidas, teniendo parte en la primera resurrección y reinando con Cristo en el Milenio (1Cor 5:5; Mt 25:10-13; Apo 20:5-6). Es por eso que tenemos que predicar el evangelio a los fines de la tierra antes del retorno de Cristo. Por ese motivo he estado trabajando como misionero en las Amazonas Colombianas por los últimos 22 años. Considero por qué es imperativo que nosotros como Universalistas prediquemos el evangelio en mi blog: “¿Es el Universalismo un Impedimento a la Evangelización?” Aunque Cristo es el Salvador de todos, el mayor galardón es para los que creen en esta época (1Tim 1:10). Finalmente, toda rodilla se doblará, confesando a Jesucristo como Señor (Fil 2:10-11, cf. Isa 45:22-24; Sal 22:27). En la dispensación final, la Dispensación del Cumplimiento de los Tiempos, todos en el cielo y en la tierra habrán sido reunidos en Él (Ef 1:10). Pero los que no son salvos y santificados en esta vida sufrirán daño de la segunda muerte – la muerte a la carne y la vida del YO en el lago de fuego purificador (Apo 2:11; 21:8). Considero esto con más detalle en mi blog: Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.”
 
El objetivo principal de este blog es enfrentar una nueva variación del Inclusivismo siendo promovido por algunos Universalistas que enseñan que no es necesario que uno crea en Cristo para ser salvo, dado que todos ya fueron salvos en la cruz hace 2.000 años. Esta enseñanza fue popularizada primero entre los Universalistas Liberales y Progresivos por Carlton Pearson con la publicación de su libro: “The Gospel of Inclusion: Reaching Beyond Religious Fundamentalism to the True Love of God and Self (El Evangelio de la Inclusión: Yendo Más Allá del Fundamentalismo al Verdadero Amor a Dios y Uno Mismo,” publicado en 2007. Según su propio testimonio, su deconstrucción del cristianismo Evangélico comenzó cuando el evangelista de sanidad T.L. Osborn le dijo: “Todos ya han sido salvos; solamente no lo saben todavía.” Esto comenzó un proceso que finalmente lo llevó, primero a negar la autoridad de las Escrituras, y finalmente a la Consciencia Expandida y el Nuevo Pensamiento de la Nueva Era. Lo que sigue es una consideración de cada una de las afirmaciones hechas por aquellos que promueven el Evangelio de la Inclusión.
 
“Todos ya han sido salvos.”
 
Los que promueven este Evangelio de la Inclusión dicen que todos ya fueron salvos en la cruz hace 2.000 años; solamente no lo saben todavía. William Paul Young, el autor del libro “La Cabaña,” en su libro, “Las Mentiras que Creemos Acerca de Dios,” intituló a cada capítulo con lo que él considera ser una mentira que hemos creído acerca de Dios. Uno de los capítulos él nombró, “Necesitas ser Salvo.” Según él y otros Universalistas Inclusivos, nosotros que decimos que uno necesita arrepentirse y creer en el Señor Jesucristo para ser salvo, estamos predicando un evangelio falso, dado que todos ya fueron salvos en la cruz hace 2.000 años. Él dice:
 
“No necesitamos ofrecerle a nadie lo que ya ha sido dado; simplemente celebramos las Buenas Nuevas con cada uno: Todos hemos sido incluidos.” [ii]
 
Lo que es engañoso de esta declaración es que es una verdad a medias. Es cierto que todos fueron incluidos en la expiación de Cristo en la cruz, y la salvación ha sido extendida a todos gratuitamente. Es cierto que todos fueron incluidos en la muerte y resurrección de Cristo, y en Él, el Último Adán, todos los que murieron en el primer Adán finalmente serán justificados y vivificados (Rom 5:18; 1Cor 15:22).
 
Sin embargo, hay una gran diferencia entre el don de la salvación siendo ofrecido y el don de la salvación recibido. Hay una diferencia entre la provisión y la apropiación. Por ejemplo, imagine que una pandemia mortífera fuera a cubrir el planeta entero y que habría matado a toda la población, si no fuera por la sangre de un hombre que era inmune al virus. Ofreciendo su propia sangre, él proveyó una vacuna que anulaba totalmente los efectos del virus mortífero para todos. La vacuna fue ofrecida gratuitamente a todos, pero para recibir la inmunidad al virus, cada individuo tenía que recibir la vacuna.
 
De semejante manera, la sangre de Cristo nos justifica, o nos hace inmune a la condenación y nos limpia de todo pecado. Sin embargo, de la misma manera que los hijos de Israel que fueron mordidos por las serpientes en el desierto tuvieron que mirar con fe la serpiente de bronce para ser sanados, nosotros no somos justificados sin primero poner nuestra fe en Su sangre que nos propicia con Dios:
 
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación POR MEDIO DE LA FE en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica AL QUE ES DE LA FE DE JESÚS.” (Rom 3:24-26)
 
“en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Col 1:14)
 
Es importante notar que la justificación y el perdón fueron provistos en la cruz cuando Cristo derramó Su sangre en propiciación de los pecados del mundo entero (1Jn 2:2). Sin embargo, así como uno necesita recibir la vacuna para quedar inmune, de la misma manera, uno no es justificado y perdonado antes del momento en que recibimos por fe la justificación y perdón, aunque fue provisto por medio de Su sangre en la cruz hace 2.000 años. Cuando Jesús les comisionó a los discípulos la predicación del evangelio, Él dijo:
 
El que CREYERE y fuere bautizado, será salvo; mas EL QUE NO CREYERE, será condenado.” (Marcos 16:16)
 
Así que, podemos ver que el prerrequisito para ser salvo y justificado (libre de condenación), es la fe. De hecho, Jesús dijo en Juan 3:18, El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, PORQUE NO HA CREÍDO en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” A través de todo el Nuevo Testamento vemos enfatizado repetidas veces que uno tiene que apropiarse de la provisión de salvación en Cristo, personalmente poniendo nuestra fe en Él para ser salvo. Él tiene que ser recibido por fe para que uno se beneficie de Su sacrificio expiatorio (Jn 1:12-13; 3:16; 8:24; Rom 3:22; 3:28; 3:30; Gal 2:16; 3:8; 3:24 Ef 2:8; Fil 3:9; 2Tim 3:15, etc.).
 
De acuerdo con la Gran Comisión, dondequiera que el evangelio es presentado en los Hechos y en las epístolas, vemos que es necesario responder en fe al evangelio para ser salvo. Cuando el carcelero de Filipo le preguntó a Pablo, “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Pablo no respondió diciendo: “Ya ha sido salvo; solo necesitas saberlo.” No. Él dijo: Cree en el Señor Jesucristo y SERÁS salvo.” Pablo también dice en otro lado que aquellos que no creen serán condenados (2Tes 2:12). Pablo dijo que el evangelio que predicaba era la “palabra de fe,” que significa que tiene que creerlo para ser efectuado. Él continúa explicando lo que la “palabra de fe” es:
 
“…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, SERÁS salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Rom 10:9-10)
 
No hay tal cosa como un “cristiano anónimo.” No hay cristianos no creyentes. Uno tiene que creer en el evangelio para ser salvo. Pablo dice en los versículos siguientes que, para que uno crea, primero tiene que oír el evangelio, y por ese motivo es imperativo que prediquemos el evangelio a aquellos que aún están fuera del redil (Rom 10:13-17). Pablo comienza el capítulo diciendo: “Hermanos míos, el anhelo de mi corazón y mi intercesión ante Dios por ellos, es que sean salvos” (Rom 10:1). ¡Es muy evidente que Pablo no pensaba que todos ya eran salvos y solo necesitaban descubrir que ya fueron salvos sin saberlo, involuntariamente e independiente de su arrepentimiento y fe!
 
En 1Corintios 15, Pablo deja en claro que uno no solo tiene que creer en el evangelio para ser salvo, sino que su fe tiene que ser una fe que persevera para ser salvo. Él dijo:
 
“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; 2 por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.” (1 Cor 15:1-2)
 
Aquí Pablo dice que somos salvos por recibir el evangelio en nuestros corazones por la fe, y todos los que no continúan en la fe tuvieron una fe vana o vacía; una fe que no es más que asentimiento mental y no del corazón. Él también les dijo a los corintos carnales que se examinaran a sí mismos para asegurarse de que realmente estaban en la fe:
 
“Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Cor 13:5)
 
Esto está muy lejos de lo que afirman los del “Evangelio de la Inclusión,” diciendo que el Espíritu de Cristo ya está en todos y que solamente necesitan descubrir esta realidad. Pablo dice que, si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (Rom 8:9). Estábamos sin Cristo hasta recibirlo por fe cuando nacimos de nuevo por el Espíritu con la misma vida de resurrección de Cristo, así llegando a ser un espíritu con Él (Ef 2:12 cf. 1Cor 6:17).
 
Los Universalistas Inclusivos dicen que toda la humanidad ya está en Cristo. Sin embargo, Pablo dice: si alguno está en Cristo, nueva criatura es,” claramente indicando que no todos ya están en Cristo (2 Cor 5:17). También, en Romanos 16:7, Pablo envía saludos a Andrónico y Junias, “que fueron en Cristo antes de él,” lo que significa que ellos habían recibido el evangelio de Cristo antes de él.
 
“Todos Nacieron de Nuevo cuando Cristo Resucitó de los Muertos”
 
Otra aserción hecha por muchos Universalistas Inclusivos es que todos nacieron de nuevo cuando Cristo resucitó de los muertos. Sin embargo, como no tiene sentido decir que alguien ha nacido de nuevo antes de nacer la primera vez, usualmente intentan argumentar que γεννηθῇ ἄνωθεν (genethe anothen), traducido “nacer de nuevo” en la versión RVR, se debe leer “nacer de arriba,” dado que eso es un significado alterno de anothen.
 
Sin embargo, mientras que es cierto que el nuevo nacimiento se origina de arriba, el contexto en que Jesús usa la palabra indica que debe ser entendido como “nacer de nuevo,” como se puede ver por la respuesta perpleja de Nicodemo en Juan 3:4. Él le preguntó a Jesús: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” Nicodemo claramente pensó que Jesús estaba diciendo que era necesario nacer por segunda vez. Él no entendió a Jesús como diciendo que era necesario que uno naciera de arriba.
 
A continuación, Jesús le explicó que el segundo nacimiento no era de agua como cuando nacimos por primera vez al mundo, sino que fue por el Espíritu Santo que nuestro espíritu, que estaba muerto a Dios, tenía que nacer de nuevo. Jesús le dijo:
 
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Juan 3:5-6)
 
Jesús describe el nacimiento físicamente de la carne como nacer de agua, y el nuevo nacimiento de nuestro espíritu siendo por medio del Espíritu Santo. Este nuevo nacimiento fue hecho posible por la resurrección de Cristo, pero no nacemos de nuevo hasta recibir a Cristo. Juan dice:
 
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:11-13)
 
Así que, solamente es cuando uno recibe a Cristo por fe que nace de nuevo, así llegando a ser hijos de Dios (τέκνα Θεοῦ, tecna Theou, lit. “los nacidos de Dios”) en Su nueva creación. Pablo dice que, antes de recibirlo por fe, “éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef 2:3). O citando las palabras de Jesús Mismo, la ira de Dios permanece sobre aquellos que rehúsan creer (Jn 3:36). Por lo tanto, es un error muy grave decirles a aquellos que no han recibido a Cristo que ya nacieron de arriba en Cristo hace 2.000 años.
 
“Todos ya han sido Salvos por la Fidelidad de Jesús.”
 
Otra aseveración hecha por los Universalistas Inclusivos es que no somos salvos por nuestra fe, sino por la fidelidad de Jesús. Otra vez, esta es una verdad a medias, porque nadie podría ser salvo si Jesús no hubiera sido obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil 2:8-11). Sin embargo, como es con muchas verdades a medias, esto es peligroso, dado que deja el pecador no arrepentido bajo la falsa seguridad de que él ya es salvo sin la necesidad de arrepentimiento y fe. Como ya hemos visto, la obra de Cristo en la cruz no es aplicada a nosotros antes de personalmente creer en Cristo para la salvación.
 
Este error es el resultado de traducir la frase “la fe de Jesús” (πίστεως ᾿Ιησοῦ Χριστοῦ, pisteos tou Iesous) como “la fidelidad de Jesús,” en vez de traducir pistis como “fe,” que es el significado normal. Demuestro por qué la lectura “la fe de Jesús” es la correcta, en vez de “la fidelidad de Jesús” o “la fe en Jesús” en mi blog: La Fe de Jesús.”
 
Realmente la fe que nos salva no es no es de nosotros, sino que nos es dado creer por Su gracia. Y la fe salvífica impartida a nosotros en el día de nuestra visitación cuando llegamos al arrepentimiento es nada menos que la fe de Jesús, quién, desde el momento de la regeneración, llega a ser nuestra vida, nuestro todo. Su justicia, sabiduría y fe nos están impartidas en el momento que llegamos a ser un espíritu con el Señor cuando nuestro espíritu es regenerado. Una vez Su fe haya sido impartida a nosotros, llega a ser la nuestra, y por esa razón a menudo es llamada “nuestra fe,” así como Su salvación llega a ser “nuestra salvación,” Su justicia “nuestra justicia” y Su vida “nuestra vida” (Fil 2:12-13; Jer 23:6 Col 3:3-4). Llegamos a ser coherederos con Cristo en todo.
 
Entonces, mientras es cierto que la fidelidad de Cristo proveyó la salvación para todos, es necesario que personalmente creamos en el Señor Jesucristo para ser salvos. Y decirles a los pecadores no arrepentidos otra cosa es no proclamarles el verdadero evangelio, la palabra de fe.
 
“No existe distinción entre Aquellos y Nosotros.”
 
En las Escrituras vemos una distinción muy clara entre los salvos y los perdidos, los elegidos y los no elegidos, los justos y los injustos. El Inclusivismo Universalista ignora estas distinciones, diciendo que, dado que todos fueron incluidos en la expiación de Cristo, no existe una distinción entre ellos y nosotros; no hay distinción entre los que están en Cristo y los que aún están sin Cristo. Don Keathley es representativa de ellos cuando dice:
 
“Jamás hubo un tiempo cuando no estabas en Cristo. Allí es donde fuiste creado… Esto cambiará al mundo. Necesitamos ver a cada persona también creada en esa posición. Eso elimina toda distinción entre ellos y nosotros… Esto elimina toda jactancia que dice, ‘Yo invité a Jesús en mi vida como Salvador y tú no. Yo tomé decisiones sabias a mi favor y si tú eres sabio, serás como yo y harás lo que yo hice. Y si no, vas a ir al infierno.’” [iii]
 
Keathley dice que todos fuimos creados en Cristo desde el principio, y eso elimina toda distinción entre nosotros y ellos – elimina toda jactancia. En contraste, Pablo dice que no son muchos los escogidos – que en esta época Dios normalmente escoge a los necios, débiles, bajos y los que son como nada en su propia estima, para que nadie se jacte en Su presencia. La jactancia no es eliminada por despertar a la realidad de que siempre éramos buenos en gran manera en nuestro ser esencial, como afirman los Inclusionistas, sino por reconocer que somos necios, débiles, bajos y como nada sin Él, y que es solo por Él que podemos venir a estar en Cristo, quien ahora es nuestra justicia.
 
La distinción entre los salvos y los no salvos es repetida tan a menudo en las Escrituras que los Inclusivistas no pueden negarla sin invalidar la Palabra de Dios en un intento de mantener su doctrina no bíblica. Jesús indicó en Lucas 13 que, inicialmente, pocos serían salvos:
 
“Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.” (Lucas 13:23-24)
 
Especialmente al final de esta época, durante la Gran Tribulación, Jesús dijo que el amor de muchos se enfriará, y solamente los elegidos que perseveran hasta el fin serán salvos (Mt 24:9-14). Él también dijo de aquel tiempo:
 
“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.” (Mt 24:24)
 
“Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mt 24:21)
 
Jesús dijo: “Muchos son llamados, pero pocos escogidos” (Mt 22:13-14). Él dijo de Sus discípulos: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn 15:19). Uno no puede insistir que todos son elegidos, como afirman las Inclusivistas, sin ignorar estas y muchas otras proclamaciones exclusivas en las Escrituras.
 
Los ejemplos de distinciones entre los salvos y los no salvos son demasiado numerosos para citar en este blog. Así que, solo citaré un par más. Pablo hace una distinción clara en 1Corintios 6 entre los injustos y los que ya han sido justificados:
 
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Cor 6:9-11)
 
Los creyentes en Corinto una vez eran entre los injustos, pero fueron justificados, lavados y santificados al creer, por el Espíritu de Dios. Mi último ejemplo es de 1Juan 3, donde Juan distingue entre los que han nacido de Dios y los que todavía están bajo el poder del diablo:
 
“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. 7 Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. 8 El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 9 TODO AQUEL QUE ES NACIDO DE DIOS, NO PRACTICA EL PECADO, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 10 En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1 Jn 3:6-10)
 
Juan, bajo la inspiración del Espíritu Santo, dice que hay los que han nacido de Dios en contraste con los que no han nacido de Dios y por lo tanto continúan viviendo en el pecado bajo el poder del dios de esta época. Como dijo Jesús, ya no somos de este mundo. Hemos sido llamados a ser luz y sal en este mundo, marcando la diferencia entre la luz y las tinieblas.
 
En conclusión, el “Evangelio de Inclusión” es una verdad a medias engañosa, haciéndolo una herejía – un evangelio falso que mantiene a muchos en el camino espacioso que conduce a la destrucción. Los que hemos creído en el verdadero evangelio de la salvación por la fe en Jesucristo y la restauración final de todos, necesitamos estar firmes, insistiendo en el verdadero evangelio, la palabra de fe que predicamos.


[i] https://www.youtube.com/watch?v=INPyY0QjgpY
 

[ii] Young, Wm. Paul. Lies We Believe About God. Kindle Edition loc. 917.
 

[iii] Don Keathley. Unmasking the Gospel. Video 29:10

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por George Sidney Hurd
 
A través de las Escrituras vemos que solo hay un Señor y Dios, y sin embargo hay tres que igualmente son llamados tanto Señor como Dios. Basado en esta revelación, la Iglesia históricamente ha creído que el único verdadero Dios existe como tres personas. Para la mente natural esto es inaceptable, dado que es tan ajeno a lo que observamos en toda la creación de Dios. Unos Testigos de Jehová hasta me han acusado de creer en un dios con tres cabezas
 
Unos han intentado ilustrar de la naturaleza como algo puede ser uno y tres a la vez. Por ejemplo, la misma agua puede ser líquida, hielo o vapor. El hombre, de la misma manera, es tripartito, con cuerpo, alma y espíritu, y sin embargo es un hombre. Un huevo tiene cáscara, blanco, y yema, y sin embargo es un huevo, etc. No obstante, aunque estos ilustran como algo puede ser uno y a la vez tres, quedan corto de explicar como Dios puede ser uno y tres al mismo tiempo. Seríamos insensatos pensar que somos capaces de comprender plenamente a nuestro Creador. A aquellos que limitarían a Dios a su propia imaginación y finita razón, Dios dice:
 
“¿A quién me asemejáis, y me igualáis, y me comparáis, para que seamos semejantes?” (Isa 46:5)
 
Si deseamos conocer algo acerca de nuestro infinitamente incomprensible Dios, tenemos que basar nuestro entendimiento en la revelación que Él nos ha dado en Su Palabra y en la persona de Su Hijo quién es la eterna Palabra de Dios encarnado. Nuestro razonamiento finito por sí solo nos llevaría a rechazar todo lo que no sea dentro de nuestra pequeña esfera de experiencia y entendimiento natural. Tristemente, estamos más dispuestos a creer en las declaraciones de los científicos acerca de las cosas más allá de nuestra comprehensión, como la física cuántica y la energía oscura, que recibir la autorrevelación que Dios nos ha dado en las Escrituras.
 
La Trinidad revelada en el Antiguo Testamento
 
Algunos piensan equivocadamente que la Trinidad des una revelación exclusiva del Nuevo Testamento. Al contrario, aunque las distinciones no eran tan pronunciadas como son en el Nuevo Testamento donde el plan redentor de Dios es desvelado con el Padre enviando a Su Hijo para redimirnos y después enviando a Su Espíritu Santo para habitar en los que creen, sin embargo, todas las tres personas son distinguidas a través del Antiguo Testamento. Un pasaje en particular que recuenta la historia de la liberación de los hijos de Israel de Egipto, y también prefigura la redención de Dios de Su pueblo por medio de Cristo que nombra las tres personas juntas es Isaías 63. Aquí solo cito las porciones que nombran cada una de las tres personas de la Deidad:
 
De las misericordias de Jehová haré mención, de las alabanzas de Jehová... 8  Porque…fue su Salvador… 9 y el Ángel de su faz los salvó 10  Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Santo Espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y Él mismo peleó contra ellos…11 ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿Dónde está el que puso en medio de él su Santo Espíritu?... 16 Pero tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor, perpetuo es tu nombre. (Isa 63:7-11,16 RVG)
 
Aquí, en un solo pasaje, vemos referencia a Jehová o el Ángel de Su faz quien fue su Salvador. Como vimos en el blog Las Cristofanías del Antiguo Testamento aquí “el Ángel de Su faz” está hablando del Ángel de Jehová o el Cristo antes de Su encarnación, a quién también se llama Jehová Elohim. Entonces, vemos mención de Su Santo Espíritu que Él puso en medio de ellos y lo hicieron enojar. Entonces, finalmente en el versículo 16, vemos referencia a Dios Padre.  Todas las tres personas de la Deidad están claramente distinguidas en este pasaje breve. Otro versículo que hace distinción entre las tres personas de la Deidad es Isaías 48:16 que dice:
 
Acérquense a , escuchen esto: Desde el principio no he hablado en secreto, Desde el momento en que sucedió, allí estaba Yo. Y ahora Me ha enviado el Señor DIOS, y Su Espíritu.” (Isa 48:16 NBLH)
 
Esta profecía anticipaba el momento cuando el Hijo sería enviado a salvar a la humanidad. Hace una distinción clara entre Cristo, el Señor Dios, y Su Espíritu. Otro pasaje que contiene la Trinidad es Isaías 61:1 que dice:
 
El Espíritu de Jehová el Señor está sobre , porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos.” (Isa 61:1; cf. Lu 4:18)
 
Comparando esto con Lucas 4:18, vemos que “mí” y “me” refieren a Cristo. Adicionalmente, dice que el Espíritu de Jehová el Señor está sobre Cristo porque Jehová lo había ungido con el Espíritu Santo (cf. Hch 10:38). Todas las tres personas están distinguidas aquí, así como vemos en numerosos pasajes en el Antiguo Testamento. Hay varias referencias a Dios como Padre (Sal 89:26; Isa 64:8; Jer 3:4,19, etc.). Por lo tanto, cuando Jesús llamaba a Dios el Padre, no era algo fuera de lo normal para los judíos. Tampoco era algo nuevo Sus referencias al Espíritu Santo como una persona distinto del Padre, dado que es el mismo lenguaje que estaban acostumbrado oír en el Antiguo Testamento (Joel 2:28-29; Isa 42:1; cf. Jn 15:26; 16:13-15, etc.).
 
Pluralidad en Unidad
 
Lo que muchos ignoran es que el mismo texto que declara la unidad de Dios implica una pluralidad en unidad. Deuteronomio 6:4 declara: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Mientras que este pasaje enfatiza que solo hay un Dios, al mismo tiempo implica que Dios es complejo en Su unidad. Literalmente dice: “Jehová vuestro Elohim, Jehová uno es.” Jehová es en forma singular, pero Elohim es la forma plural de El. El hebreo bíblico tiene plural y dual, y, por lo tanto, el plural se refiere a tres o más.
 
Los Unitarios argumentan que la palabra “uno” (heb. echad) elimina la posibilidad de que Elohim podría ser entendido como expresando pluralidad en la Deidad. Sin embargo, echad a menudo se usa para expresar una unidad compleja en las Escrituras. En Génesis 2:4 dice acerca de la unión de matrimonio entre un hombre y una mujer, “serán una sola carne (echad).” En Éxodo 24:3 dice que todos los hijos de Israel “respondió a una voz (echad).” En Génesis 34:22 habla de dos naciones uniendo, llegando a ser un pueblo (echad).” Contrario a lo que afirman los Unitarios, echad se usa a menudo para referirse a dos o más personas siendo uno.
 
De hecho, hay otra palabra en el hebreo, yachid, que significa “uno” en sentido absoluto. El Señor la utilizó cuando Él le pidió a Abraham que ofreciera a su “único” hijo Isaac (Gen 22:2). La palabra yachid aparece 12 veces en el Antiguo Testamento para referirse a “uno” en sentido absoluto. Sin embargo, en Deuteronomio 6:4 cuando declara, “Jehová vuestro Elohim uno es,” el texto inspirado utiliza echad en vez de yachid.
 
Argumentan que el sustantivo Elohim expresa majestad y no pluralidad. Puede que eso sea el caso en algunos contextos, pero claramente no es el caso cuando se usa refiriendo a Jehová Elohim. El plural elohim, cuando refiere una majestad solitaria, jamás refiere al individuo en plural en el resto de la oración, como vemos cuando Elohim se usa para referirse a Jehová. Por ejemplo, en Génesis 1:26 dice:
 
“Entonces dijo Dios (Elohim): Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.”
 
Aquí, el verbo hagamos,” como también nuestra imagen” y “nuestra semejanza,” están todos en forma plural. Algunos argumentan que Dios simplemente estaba hablando con los ángeles cuando dijo “hagamos al hombre a nuestra imagen.” Sin embargo, en el próximo versículo es evidente que el hombre no fue hecho a la imagen de los ángeles, sino a la imagen de Dios Mismo. Dice:
 
“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Gen 1:27)
 
Aquí vemos que fuimos creados en la imagen misma de Dios y no a la imagen de alguna otra criatura como un ángel (cf. Gen 9:6). En Génesis 3, después de que Adán y Eva habían comido de la fruta prohibida, vemos a Jehová Elohim hablando otra vez como una pluralidad de personas:
 
“Y dijo Jehová Dios (Elohim): He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal.” (Gen 3:22)
 
No solamente vemos referencia a Dios como una pluralidad de personas cuando aparece con Su título plural Elohim, sino que también encontramos el plural usado cuando Dios solamente usa Su nombre Jehová, sin el plural Elohim:
 
“Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. 7 Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. 8 Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.” (Gen 11:6-8)
 
Aquí vemos que Jehová es en forma singular, sin embargo, hay pluralidad dentro del único Deidad, como podemos ver por la forma plural, “descendamos” y “confundamos” en vez de decir “descenderé.” No hay indicación de que esté hablando a individuos fuera de la misma Deidad. Todas estas construcciones gramaticales en el plural claramente indican que hay pluralidad en unidad dentro de la Deidad.
 
La Trinidad en el Acto de la Creación
 
Génesis comienza diciendo: “En el principio creó Dios (Elohim) los cielos y la tierra.” Conforme continuamos leyendo, descubrimos que Elohim abarca tres personas en vez de un ser solitario. En el próximo versículo, vemos referencia al Espíritu de Elohim que se movía sobre la faz de las aguas. El salmista dice de Jehová, “Envías tu Espíritu, son creados” (Sal 104:30). Job dijo: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33:4). Más adelante establezco que el Espíritu Santo es una distinta persona dentro de la Deidad y no simplemente la fuerza activa de Dios, pero podemos ver claramente que el Espíritu de Dios estaba activo en la creación.
 
Una imagen espejo de Génesis 1:1 es Juan 1:1-3, donde vemos que el Hijo de Dios no solo era Dios, sino que Él también creó todas las cosas que existen:
 
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” (Jn 1:1-3)
 
Vemos aquí que la Palabra, o el Cristo antes de Su encarnación, no solamente estaba con Dios en el principio, sino que Él Mismo era Dios, y que todas las cosas fueron hechos por Él. También, vemos en Hebreos 1:2 que Dios hizo las épocas (τοὺς αἰῶνας “las épocas,” i.e. Él creó el tiempo) por el Hijo, que requiere que el Hijo sea coeterno con el Padre y el Espíritu Santo. No solamente fueron hechas todas las cosas por Él, sino que, en Colosenses vemos también que todas las cosas fueron creadas en Él, en vez de simplemente llegar a existir de la nada (ex nihilo) como muchos piensan:
 
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:16-17)
 
Así que, si el Hijo de Dios ya existía en el comienzo y creó todas las cosas, incluyendo las épocas mismas, entonces Él existe fuera del tiempo. Necesariamente Él tiene que ser co-igual y coeterno con el Padre y el Espíritu Santo.
 
Tomando en cuenta que Dios creó los cielos y la tierra, y viendo que varias veces todas las tres personas de la Deidad mencionados como creando todas las cosas, incluyendo el tiempo mismo, sigue lógicamente que Dios o Elohim es un Dios que existe en tres personas, así como la Iglesia ha enseñado a través de la historia.
 
Las Distintas Personalidades del Hijo y el Espíritu Santo
 
Algunos Trinitarios evitan referirse al Padre, Hijo y Espíritu Santo como “personas,” prefiriendo hablar de ellos como distintas “seres” o “individuos” dentro de la Deidad, dado que algunos tienden a pensar en “personas” como nada más que seres humanos finitos. Sin embargo, no hay problema con el término “persona” si entendemos que simplemente refiere a un ser autoconsciente con intelecto, emociones y voluntad, en distinción de una fuerza o cosa inanimada. Fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios, y por ese motivo, creo que es el término más apto para mostrar la distinción entre las personas dentro de la Deidad.
 
Los Unitarios reconocen que el Hijo es una persona, pero niegan que Él es Dios. Ellos también niegan que el Espíritu Santo es una persona distinta del Padre, considerándolo como nada más que la fuerza activa de Dios. Los Modalistas reconocen que el Padre, Hijo y Espíritu Santo, todos son divinos, pero niegan que son distintas personas dentro de la Deidad. Debe ser evidente con lo que hemos visto en los blogs previas que el Hijo de Dios es plenamente divino. Así que, nuestro enfoque aquí será establecer la personalidad del Espíritu Santo y también la distinta personalidad del Hijo antes de Su encarnación.
 
La Personalidad del Hijo
 
No es necesario establecer la personalidad del Hijo en distinción del Padre y el Espíritu Santo, dado que nadie duda de que el Hijo es una persona, y la distinción del Padre y el Espíritu Santo del Hijo es tan evidente en las Escrituras. Solo quiero citar un par de ejemplos donde el Hijo es distinguido del Padre antes de Su encarnación. El primero es Hebreos 10:5-7 donde cuenta lo que Cristo dijo antes de entrar en el mundo:
 
“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Heb 10:5-7)
 
Aquí vemos el Hijo diciendo, cuando está a punto de entrar en el mundo, que el Padre le había preparado un cuerpo para que Él pudiera ofrecerse a Sí mismo como sacrificio por los pecados del mundo. Esto paralela con la referencia a Dios enviando a Su Hijo en semejanza de carne de pecado (Rom 8:3). Aquí vemos una distinción de personas dentro de la Deidad anterior a la encarnación. También vemos una distinción de personas en Filipenses donde el Cristo reencarnado se despoja a Sí Mismo, tomando forma de hombre:
 
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo (presente participio “existiendo”) en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo (κενόω, “se vació a Sí Mismo”), tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando (εὑρίσκω “siendo encontrado”) en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:5-8)
 
Aquí vemos el Hijo de Dios antes de Su encarnación existiendo en la forma de Dios e igual con Dios, activamente vaciándose a Sí Mismo” y tomando sobre Él la forma de un siervo y viniendo a la tierra en forma de hombre. Todo el lenguaje de este pasaje presenta a Cristo como una persona que existía en la forma de Dios antes de Su encarnación. La encarnación no era algo que fue hecho por Él como un embrión pasivo dentro del vientre de María. El Cristo que existía eternamente antes de Su encarnación se vació a Sí Mismo, tomando sobre Sí la forma de hombre.
 
También vemos una distinción de personas cuando se dice del Padre que Él “envió” al Hijo y el Hijo dijo que Él viene para hacer la voluntad del Padre. Hay una voluntad del Padre y una voluntad del Hijo. Hay un Enviador y un Enviado. Entonces, al final del ministerio de Cristo en la tierra Él ora al Padre diciendo:
 
Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Jn 17:4-5)
 
Jesús no hubiera podido dejar más en claro de que Él es una persona distinta del Padre y que existía eternamente con el Padre en gloria antes de la creación.
 
La Personalidad del Espíritu Santo
 
Muchos tienen dificultad de pensar en el Espíritu Santo como una persona, dado que Él no aparece en forma corporal. Sin embargo, lo que nos hace una persona no es nuestro cuerpo físico. Continuamos como un alma autoconsciente con intelecto, emociones y voluntad después de dejar atrás nuestro cuerpo en el sepulcro. El Espíritu Santo, igual como el Padre e Hijo, es una persona en el sentido de que Él no es impersonal. Él, igual como el Padre y el Hijo, tiene intelecto, emoción y voluntad propio, y sin embargo, ellos comparten los mismos atributos y esencia.
 
El Espíritu Santo es una persona distinta del Padre y el Hijo. Por el límite de espacio solo voy a mostrar un ejemplo en evangelio de Juan donde hace una distinción clara entre las tres personas de la Trinidad.
 
“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo (neutro), a quien el Padre enviará en mi nombre, él (masculino) os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Jn 14:25-26)
 
Aquí vemos todas las tres personas: El Hijo, quien está hablando, dice que el Padre enviará al Espíritu Santo. Algunos Unitarios, como los Testigos de Jehová que niegan que el Espíritu Santo es una persona, señalan que el pronombre “quien” es de género neutro. Sin embargo, en el griego el género gramatical no siempre indica el género sexual. El pronombre “quien” (ὅς) es neutro solamente porque modifica “Espíritu (πνεῦμα),” que es un sustantivo neutro. Que el Espíritu Santo es una persona es indisputable viendo que dice, “Él (masculina, ἐκεῖνος) os enseñará todas las cosas.” También, Jesús Mismo es llamado el “Cordero” (ἀρνίον), que es neutro, y sin embargo sabemos que Él es una persona. Así que, en este pasaje vemos tres personas distintas dentro de la Deidad.
 
Que el Espíritu Santo es una persona y no nada más la fuerza impersonal de Dios como la electricidad, es evidente también, viendo que Él posee los atributos que solamente una persona puede tener: intelecto, emociones y voluntad.
 
Emociones. El Espíritu Santo es un ser emocional. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, etc., cualidades que no pueden ser atribuidas a una fuerza impersonal. El Espíritu Santo nos ama. (Rom 15:30). El Desarrollo de la robótica ha hecho muchos avances, pero un robot sigue siendo impersonal y por lo tanto incapaz de amarnos como nos ama el Espíritu Santo. El Espíritu santo puede ser entristecido (Ef 4:30). Puedes maltratar su carro, encerrándolo en el garaje por meses, prefiriendo otro carro más que él, pero nunca puede entristecerlo porque no es una persona como es el Espíritu Santo. Podemos disfrutar de comunión con Él (2Cor 13:14). La comunión es tener amistad íntima o compartir cosas en común con otra persona. Puedes pasar horas trabajando con su computadora, pero no puede tener comunión con ella porque no es una persona como es el Espíritu Santo.
 
Intelecto. Otra característica de personalidad es intelecto. Solo una persona tiene verdadera inteligencia. Las computadoras son programadas con información por personas inteligentes, pero la computadora solamente tiene inteligencia artificial porque no es una persona. No tiene una mente que puede razonar conscientemente, como hace una persona. En contraste, el Espíritu Santo es omnisciente y sabe todo (1Cor 2:10-11). Como el Dios omnisciente, Él nos habla, revelándonos cosas que no podríamos saber de otra manera (Hch 8:29; 10:19; 13:2). Adicionalmente, los dones del Espíritu, como el don de sabiduría, conocimiento, profecía y discernimiento de espíritus, demuestran Su inteligencia (1Cor 12:8-10). En Juan del capítulo 14 a 16, vemos que el Espíritu Santo nos enseña, nos hace recordar de las palabras de Jesús, nos convence del pecado, nos guía a toda la verdad, Nos dice lo que oye del Padre y glorifica al Hijo – todas estas cosas solamente uno persona puede hacer. También, podemos mentirle al Espíritu Santo. Pedro dijo a Ananías: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo... No has mentido a los hombres, sino a Dios. (Hch 5:3-4). Aquí, en esta declaración de Pedro, Podemos ver, no solamente que el Espíritu Santo es una persona a quien podemos mentir, sino que también vemos que Él es Dios.
 
Voluntad. El Espíritu Santo tiene voluntad (1Cor 12:11). Él permite y prohíbe cosas según Su propia voluntad (Hch 16:6-7,10). Solamente una persona puede tomar decisiones o determinaciones basadas en su propio conocimiento y emociones. Los que andan en el Espíritu son aquellos que someten su voluntad a la voluntad del Espíritu Santo (Gal 5:16-18).
 
Así que, considerando el hecho de que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo son igualmente llamados Dios y Señor, y viendo que cada uno de ellos individualmente demuestra todos los atributos que solamente personas poseen, y sin embargo son llamados uno Dios y no tres, la única conclusión lógica es que el único verdadero Dios existe en Trinidad como tres personas en uno. Para mí, la definición más concisa y definitiva de la doctrina bíblica de la Trinidad fue expresada en el “Símbolo de Atanasio” que dice: 
 
“Adoramos a un Dios en la trinidad, y la trinidad en la unidad, sin confundir las personas, ni separar la sustancia, puesto que la persona del Padre es una, y la del Hijo otra, y la del Espíritu Santo otra.  Pero del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo hay sólo una divinidad, igual gloria y majestad coeterna.  Lo que es el Padre, también lo es el Hijo y el Espíritu Santo.  El Padre es increado, el Hijo es increado, el Espíritu Santo es increado.  El Padre es inmenso, el Hijo es inmenso, el Espíritu Santo es inmenso.  El Padre es eterno, el Hijo es eterno, el Espíritu Santo es eterno.  Sin embargo no hay tres eternos, sino solo uno.  De manera que no hay tres seres increados, ni tres seres inmensos, sino un solo ser increado, un solo ser inmenso.  De igual manera el Padre es omnipotente, el Hijo es omnipotente, el Espíritu Santo es omnipotente.  Sin embargo, no hay tres seres omnipotentes, sino un solo ser omnipotente.  De manera que el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.  Sin embargo no hay tres Dioses sino un solo Dios.  De igual manera el Padre es Señor, el Hijo es Señor y el Espíritu Santo es Señor.  Sin embargo no hay tres Señores, sino uno sólo.  Así como nos vemos obligados en honor a la verdad cristiana a afirmar que cada una de las personas particularmente es Señor o Dios, así también nos vemos imposibilitados de decir que hay tres Dioses o Señores.  El Padre no fue hecho de nadie, no fue creado, no fue engendrado.  El Hijo salió del Padre; no fue hecho, ni creado, sino engendrado.  El Espíritu Santo salió del Padre y del Hijo.  No fue hecho, ni creado, ni engendrado, sino que procede de ellos.  Por lo tanto, hay un solo Padre y no tres; un solo Hijo y no tres; un solo Espíritu Santo, y no tres.  Y en esa trinidad no hay nada primero ni postrero; ni nada mayor o menor.  Pero las tres personas coeternas son co-iguales o mutuamente iguales entre sí; de manera que, a través de todo, como se ha dicho arriba, tanto la unidad en la trinidad como la trinidad en la unidad deben adorarse.”
 


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por George Sidney Hurd
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Como vimos en el blog anterior, cuando el Ángel de Jehová apareció a Moisés en la zarza que ardía y lo comisionó a liberar a Su pueblo de Egipto, Moisés le preguntó: “Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” En la respuesta de Jehová, Él se identificó a Sí Mismo como el eterno auto existente Dios:
 
“Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.” (Ex 3:14)
 
De ese momento en Adelante, vemos a Dios refiriéndose a Sí Mismo como el YO SOY numerosas veces (Deut 32:39; Isa 41:4; 43:10; 43:13; 46:4; 48:12; 52:6). Lo que es especialmente significativo para el tema de este blog es que, en la versión LXX o la Septuaginta, la traducción Griega del Antiguo Testamento que usaban en el tiempo de Cristo, Dios es identificado con las idénticas palabras YO SOY (gr. ἐγώ εἰμι, ego eimí) que se usan en el Nuevo Testamento para referirse a Cristo como el YO SOY. Por ejemplo, en Isaías 41:4 la Septuaginta dice:
 
“Yo, Dios, soy el primero y el venidero, YO SOY (gr. ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Isa 41:4)
 
Cuando el Cristo glorificado apareció a Juan en Apocalipsis, Él se identificó de la misma manera, diciendo:
 
“No temas; YO SOY el primero y el último.” (Apo 1:17)
 
Jesús, en muchas ocasiones, utilizó Su título divino, YO SOY, a veces con un predicado y a veces sin ningún antecedente ni predicado. Primero voy a considerar las declaraciones de YO SOY absolutas y gramáticamente independientes, dado que afirman de manera tan clara Su deidad.
 
La construcción “yo soy” (ἐγώ εἰμι, ego eimí), jamás se usa como una declaración absoluta e independiente en el Nuevo Testamento por otra persona aparte de Jesús. Todas las demás ocurrencias tienen un antecedente o un predicado, y ego a menudo no aparece junto con eimí o aparecen en orden contrario. Estos son los ejemplos que encontré:
 
Hechos 10:21  yo soy el que buscáis. (ἐγώ εἰμι ὃν ζητεῖτε, ego eimí hon zeteite)” (Pedro).
 
Hechos 21:39  yo soy hombre judío. (ἐγὼ ἄνθρωπος μέν εἰμι ᾿Ιουδαῖος , ego anthropos men eimí Judaios).” (Pablo)
 
Hechos 22:3   “Yo de cierto soy judío. (ἐγώ μὲν εἰμι ἀνὴρ ᾿Ιουδαῖος, ego men eimí aner Judaios).” (Pablo)
 
Hechos 23:6  “yo soy fariseo. (ἐγὼ Φαρισαῖός εἰμι, ego Pharisaios eimí).”
 
1Cor 1:12  “Yo soy de Pablo.  (ἐγὼ μέν εἰμι Παύλου, ego men eimí Paulou).”
 
1Tim 1:15  “yo soy el primero. (ὧν πρῶτός εἰμι ἐγώ, on protos eimí ego).”
 
Ningunas de estas ocurrencias de ego eimí son declaraciones absolutas e independientes como las que hace Jesús. Todas estas completan la frase, diciendo quiénes son. En ninguna instancia queda “yo soy” solo en la conversación normal, dado que no sería una frase completa sin un predicado. Hay solo una instancia donde “yo soy” queda independiente y es donde el hombre ciego de nacimiento simplemente respondió, “Yo soy” cuando los que lo habían conocido cuestionaban entre sí diciendo, “¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?” (Jn 9:8-9). En esta instancia, la respuesta simple, “Yo soy” era completa porque él simplemente respondió a su pregunta. Nosotros comúnmente respondemos de esta manera. Si alguien fuera preguntarte, “¿Eres tú el hombre?” tu respuesta más común sería simplemente, “Yo soy.”
 
Declaraciones Absolutas e Independientes de YO SOY, hechas por Jesús
 
Juan 8:24
 
“Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que YO SOY, en vuestros pecados moriréis.” (Jn 8:24)
 
Para los oyentes de lengua griega en aquel entonces que no tenían conocimiento del título divino, esta declaración de Jesús les hubiera hecho preguntar dentro de sí, “¿Yo soy quién?” Sin embargo, un judío informado se hubiera relacionado con la declaración de Jehová en Deuteronomio 32:39 donde Él dice: “Ved ahora que yo, YO SOY (ἐγώ εἰμι, ego eimí), y no hay dioses conmigo.” Hubieron razonado, “Jesús dice que es el Salvador, y sin embargo Dios dijo: “Yo, Yo soy el SEÑOR (Jehová), Y fuera de Mí no hay salvador (Isa 43:11 NBLH). Jesús les estaba diciendo a los fariseos que lo rechazaban como su Mesías, “A menos que crean que YO SOY, i.e., que Yo Mismo soy Jehová, vuestro único Salvador, morirán en vuestros pecados.”
 
Juan 8:58
 
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí). 59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.” (Jn 8:56-59)
 
Si los judíos hubieran dudado de Su afirmación de Su propia deidad en el versículo 24, toda duda en sus mentes hubiera quedado resuelta cuando Él hizo su segunda declaración independiente “YO SOY” aquí en el versículo 58. Es por eso, que tomaron piedras para apedrearlo. Cuando Jesús dijo que Abraham se había gozado de ver Su día, ellos le respondieron diciendo, “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” La respuesta de Él era una declaración inequivocable de su deidad. Él les respondió diciendo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí).” Jesús no estaba nada más diciendo que Él existía antes de Abraham. Si eso fuera el caso, Él hubiera dicho algo como: “Antes que Abraham llegó a ser, Yo era,” o Yo existía antes de Abraham.” Literalmente Él dijo: “Antes que Abraham llegó a ser, YO SOY,” refiriendose a Su eterna auto-existencia. Hace referencia a otras declaraciones de YO SOY en el Antiguo Testamento donde dice lo mismo en el texto griego LXX:
 
“Ustedes son Mis testigos, declara el SEÑOR, y Mi siervo a quien he escogido, Para que Me conozcan y crean en Mí, Y entiendan que YO SOY (ἐγώ εἰμι, ego eimí). Antes de Mí no fue formado otro dios, Ni después de Mí lo habrá.” (Isa 43:10 NBLH)
 
Su declaración, “Antes que Abraham fuese, YO SOY” nos hace recordar el Salmo 90:1 que dice: “Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. 2 Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, TÚ ERES Dios,” en vez de decir “Tu eras Dios.”
 
Jesús dijo literalmente: “Antes que Abraham llegó a existir (gínomai), YO SOY.” Esto complementa a Juan 1 donde literalmente dice:
 
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas (gínomai, “llegaron a existir”), y sin él nada de lo que ha sido hecho (gínomai, “llegó a existir”), fue hecho (gínomai , “llegó a existir”).” (Jn 1:1-3)
 
Decir que Él es antes de todo lo que llegó a existir, significa que Él Mismo nunca llegó a existir – Él es el eterno YO SOY, de Quién todas las cosas que existen llegaron a existir (cf. Col 1:16-17; Heb 1:2,10-12).
 
Juan 13:19
 
“Desde ahora os lo digo antes que suceda, para que cuando suceda, creáis que YO SOY (ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Jn 13:19)
 
Acerca de la entrega y crucifixión de Cristo, Él les contó a Sus discípulos de antemano lo que iba a ocurrir para que cuando sucediera, ellos supieran que Él era el YO SOY. Esto es similar a lo que Jehová dijo en Isaías. Él declaró:
 
“…YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι, ego eimí) Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, 10 que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.” (Isa 46:8-10)
 
Juan 6:20, cf. Mateo 14:27; Marcos 6:50
 
“Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: YO SOY; no temáis. (ἐγώ εἰμι· μὴ φοβεῖσθε).” (Jn 6:19-20)
 
En esta ocasión Jesús se identificó como YO SOY e inmediatamente Él calmó la tormenta. En otra ocasión anterior a esta, cuando estaban en otra tormenta, Jesús estaba en la proa dormido. Cuando lo despertaron, Él simplemente reprendió al viento y el mar y ellos le obedecieron. En ese momento, sus discípulos se dieron cuenta de que Jesús no era un simple hombre. Ellos se maravillaron diciendo: “¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mt 8:27). Siendo judíos, ellos sabían que solamente Dios tenía poder sobre el viento y las olas, como el salmista dice de Él: “El que calma el rugido de los mares, el estruendo de las olas” (Sal 65:1 LBLA). La segunda vez en Juan 6.20 Él les declara su deidad abiertamente, diciendo: YO SOY; no temáis.”
 
Juan 4:26
 
“Jesús le dijo: YO SOY, el que habla contigo (ἐγώ εἰμι ὁ λαλῶν σοι).
 
Esta declaración de Jesús a la mujer samaritana es casi idéntica a la de Isaías 52:6 donde Jehová se identifica a Sí Mismo hablando a Su pueblo. En la traducción griega LXX dice:
 
“Por tanto, Mi pueblo conocerá Mi nombre. Así que en aquel día comprenderán que YO SOY el que dice: 'Aquí estoy. (LXX ἐγώ εἰμι αὐτὸς λαλῶν).” (Isa 52:6 NBLH)
 
Jesús hizo esta declaración en Juan 4:26 a la mujer samaritana en el poso cuando ella le dijo,
“Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo.” Cuando Jesús respondió diciendo, “YO SOY,” la mujer inmediatamente dejó su cántaro en el poso y corrió a la ciudad donde les contó a los hombres de la ciudad todas las cosas que Jesús le había dicho. Los hombres de la ciudad salieron a donde estaba Jesús, y después de oír Sus palabras por sí mismos ellos dijeron:
 
“Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.” (Jn 4:42)
 
Después de oírlo ellos Mismos, ellos sabían que Jesús verdaderamente era el Cristo, el Salvador del mundo. Ya vimos en los blogs anteriores que “el Cristo” es Jehová Mismo, y que no hay salvador aparte de Él (Isa 43:11; Oseas 13:4; Isa 45:21). Es significativo que los samaritanos reconocieron algo acerca de Jesús que muchos lo logran ver hoy en día – ellos entendieron que Él era VERDADERAMENTE el Salvador del mundo, y no nada más potencialmente su Salvador, o el Salvador de los elegidos de esta época solamente.
 
Juan 18:3-8
 
“Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. 4 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? 5 Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: YO SOY (ego eimí). Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. 6 Cuando les dijo: YO SOY (ego eimí), retrocedieron, y cayeron a tierra. 7 Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. 8 Respondió Jesús: Os he dicho que YO SOY (ego eimí); pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos.” (Jn 18:3-8)
 
Cuando los soldados vinieron con Judas para arrestar a Jesús, Él les preguntó a quién buscaban. Cuando le dijeron, “Jesús de Nazaret,” Jesús les respondió con Su título divino, YO SOY, y los soldados cayeron a tierra impotentes (Jn 18:4-5). Solo una vislumbre de Su gloria era suficiente para demostrar lo que Jesús había dicho anteriormente a Sus discípulos acerca de Su propia vida en Juan 10:18, “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar.”
 
Hay otras instancias donde Jesús utilizó Su título divino, YO SOY” como una declaración independiente, pero por el espacio, me limito a estos. Son gramáticamente incongruentes como aparecen en el griego a menos que uno los reconozca como siendo lo que son, el título divino, YO SOY.
 
Ocho Declaraciones YO SOY con un Predicado
 
Me gustaría considerar brevemente ocho declaraciones YO SOY exclusivas hechas por Jesús acompañadas con un predicado.
 
1. YO SOY el Pan de Vida (Juan 6:35)
 
Jesús acabó de alimentar 5.000 con cinco panes y dos pececitos. Las multitudes lo siguieron esperando recibir más pan, pero Jesús les dijo: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará.” Él, viendo que su expectativa seguía siendo recibir más pan, Él les dijo:
 
YO SOY el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” (Jn 6:35)
 
Al decir, YO SOY el pan de vida,” Él les reveló a ellos que Él es la única verdadera fuente de la vida eterna más abundante, y que los que Lo reciban jamás tendrán hambre ni sed. Solo Dios podría hacer semejante declaración.
 
2. YO SOY la Luz del Mundo (Juan 8:12)
 
YO SOY la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Jn 8:12)
 
Jesús no simplemente decía que era una luz, sino LA Luz. En Juan 1, el Apóstol no solamente dijo que Jesucristo era Dios (Jn 1:1), sino que era la verdadera Luz que alumbra a todo hombre  (Jn 1:9). Juan también dijo: Dios es luz (1Jn 1:5). Así que, Jesús, quien es la verdadera Luz es Dios. También, se dice de nosotros que somos la luz del mundo, pero nuestra luz es una luz derivada. Somos luz solamente porque Él que es la única verdadera Luz es nuestra luz.
 
3. YO SOY la Puerta (Juan 10:9)
 
YO SOY la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Jn 10:9)
 
Jesucristo es la única puerta a través de la cual el hombre puede ser salvo, entrando en el redil. Jesús dijo que todos los demás son ladrones y salteadores (Jn 10:8). No hay Salvador aparte de Jehová (Isa 43:11). No hay salvación por otro nombre aparte del nombre de Jesús que significa “Jehová salva” (Hch 4:12).
 
4. YO SOY el Buen Pastor (Juan 10:11)
 
YO SOY el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas.” (Jn 10:11)
 
Hay muchos pastores que cuidan las ovejas literales, y hay muchos pastores encargados de cuidar a las ovejas del Señor, pero solo hay Uno que es EL Pastor y es Jesús o Jehová, como dice David: Jehová es mi pastor; nada me faltará.” (Sal 23:1)
 
5. YO SOY la Resurrección y la Vida (Juan 11:25)
 
YO SOY la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” (Jn 11:25)
 
Ningún ser creado o ángel, sin importar qué tan exaltado sea, jamás podría decir que él mismo es la resurrección y la vida. Dios es la única fuente de vida. Así que, cuando Jesús se refería a Sí Mismo como la Resurrección y la Vida, precedido por el título divino YO SOY, es evidente que Él estaba afirmando Su plena deidad.
 
6. YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6)
YO SOY el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Jn 14:6)
Ha habido muchos que afirman saber el camino al Padre, pero solamente Él puede decir, YO SOY el Camino.” Muchos han dicho que poseen la verdad, pero Él Mismo ES la Verdad. Por lo tanto, cuando Jesús dijo en Juan 8:32, “y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres,” Él estaba hablando de conocerle a Él quien es LA Verdad. Aquí, igual como vimos en Juan 11:25, cuando Él dice YO SOY la Vida, Él está declarando que Él Mismo es la única fuente de vida.
 
7. YO SOY la Vid Verdadera (Juan 15:1)
 
YO SOY la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.” (Jn 15:1)
 
Como la Vid, Él es nuestra única Fuente de vida y productividad. En Juan 15:5 Él dice, “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Cuando llegamos al fin de las épocas, Dios será todo en todos porque todo en el cielo y en la tierra habrá sido reunido en Cristo, la Vid Verdadera (1Cor 15:28; Ef 1:10).
 
 
8. YO SOY la Alfa y la Omega, YO SOY el Primero y el Último (Apocalipsis 1:8,17)
 
Para mí, es maravilloso ver cómo la Biblia comienza diciendo, “En el principio Dios,” o como Juan 1:1 dice, “En el principio era el Verbo…y el Verbo era Dios,” y termina con Jesús declarando en Apocalipsis 22:13: “YO SOY el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Último.” El eterno, YO SOY, Jesucristo, no solamente existía en el principio, sino que Él Mismo ES el Principio. Antes de todas las cosas Él ES, y por medio de Él todas las cosas subsisten (Col 1:17).
 
Aquí también vemos a Jesús identificándose a Sí Mismo como el mismo Jehová Elohim que habló a través de Isaías, diciendo:
 
Oyeme, Jacob, Israel a quien llamé: "Yo soy, YO SOY (ego eimí) el Primero y también YO SOY (ego eimí) el Último.” (Isa 48:12 NBLH)
 
Cuando comparamos las frases en el griego LXX con las del Nuevo Testamento, llega a ser evidente que ambos textos están hablando de Jehová quien también es el Cristo – Emanuel “Dios con nosotros.” Jesús dijo:
 
YO SOY el Alfa y la Omega, Principio y Fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, EL TODOPODEROSO…17 No temas; YO SOY el Primero y el Último.” (Apo 1:8,17; cf. Gen 17:1)
 
¿Cuántos Todopoderosos puede haber? Solo Uno. ¿Cuántos pueden ser el Primero? Solo Uno. ¿Cuántos pueden ser el Último? Otra vez la respuesta es, solamente Uno. Por lo tanto, Jesús y Jehová son el mismo Dios Todopoderoso. Es cierto que Jesús es distinto del Padre y el Espíritu Santo, y sin embargo no son tres Dioses sino uno. Así que, Dios es un Dios trino. Por eso, la Iglesia históricamente ha creído en la Trinidad. 
 
Conclusión
 
Combinando lo que hemos visto aquí acerca de las múltiples declaraciones YO SOY de Jesús, y todas las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento identificando a Jehová como Jesús, que vimos en el blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento,” y también lo que vimos en el blog anterior, Las Cristofanías del Antiguo Testamento,” demostrando que el Ángel de Jehová era Jehová Mismo y a la vez el Cristo antes de Su encarnación, para mí, la evidencia de la deidad de Cristo en las Escrituras es incontrovertible. Dado que todos los que niegan la plena divinidad de Cristo también niegan la Trinidad, eso será el tema del próximo y último blog en esta serie.

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