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por George Sidney Hurd
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Él será la estabilidad de tus días, te dará en abundancia salvación,
sabiduría y conocimiento;
el temor del SEÑOR será tu tesoro.
(Isa 33:6)
 
Quizás más mal entendido en nuestra generación que el amor de Dios, es el temor del Señor. El temor de Dios es demasiado a menudo presentado como incompatible con el amor a Dios, y en vez de valorar el temor del Señor como un tesoro, nos dicen que debemos de desecharlo. Esto a pesar del hecho de que se dice de Jesús, el mismo Hijo de Dios encarnado, que su deleite es el temor del Señor (Isa 11:2-3).
 
Vemos a través de las Escrituras que el temor del Señor es el principio de la sabiduría e inteligencia (Job 28:28; Pro 1:7); que en vez de debilitar a uno emocionalmente, da fuerte confianza (Pro 14:26); que es un manantial de vida, produciendo honor y prosperidad (Pro 14:27; 19:23; 22:4). Nos libera de los lazos de la muerte y prolonga nuestra vida (Pro 14:27; 10:27). El Señor promete que, si tenemos el temor de Él, Él dirigirá nuestro camino y nos revelará Sus secretos, así como hizo con Su amigo Abraham (Sal 25:12,14). Caminar en el temor del Señor incluso crea un ambiente donde el Espíritu Santo puede obrar, produciendo verdadero arrepentimiento y una verdadera multiplicación (Hch 9:31; 5:11-16).
 
Por lo tanto, en vez de intentar deshacernos del temor de Dios, debemos pedirle al Señor que nos conceda la gracia para caminar en su conocimiento y en su temor, así como hizo nuestro Señor y Salvador (Isa 11:2-3). Bien entendido, el temor del Señor nos libera de todo temor. El que teme al Señor no teme nada. Como dijo David el salmista:
 
“Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores… 7 El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.” (Sal 34:4,7)
 
En vez de ser causa de la ansiedad, el temor del Señor nos trae seguridad y estabilidad, librándonos así de toda ansiedad conforme andemos en ello. Fue el temor del Señor, lo que le dio a David la valentía para enfrentar a Goliat sin mostrar ni siquiera un poquito de miedo. David sigue diciendo: “Venid, hijos, oídme; El temor de Jehová os enseñaré” (Sal 34:11). ¿Anhelas ser tan libre de temor como David que mataba a los gigantes? Pídale al Señor que te enseñe Su temor, así como David.
 
Andar en el Temor de Dios no significa tener Miedo de Él
 
Muchos de nosotros, antes de recibir una revelación del corazón paternal de Dios, creyendo como la Tradición nos había enseñado, que los castigos de Dios para la gran mayoría de la humanidad eran sin fin y exclusivamente vindicativos y sin ningún propósito redentor, vivíamos constantemente en un estado de temor paralizante de Dios, manteniéndonos lejos de Él, así como huyeron de Dios los hijos de Israel cuando Él se manifestó en el monte de Sinaí. Sin embargo, en el Sinaí Dios dejó en claro que Él no quería que ellos tuvieran miedo de Él, sino que mantuvieran su temor delante de ellos como un freno para no pecar contra Él.
 
“Y Moisés respondió al pueblo: No temáis; porque para probaros vino Dios, y para que su temor esté delante de vosotros, para que no pequéis. Entonces el pueblo estuvo a lo lejos, y Moisés se acercó a la oscuridad en la cual estaba Dios.” (Ex 20:20-21)
 
¿Qué significa tener el temor de Dios “delante de” nosotros? El pueblo tuvo miedo y reaccionó alejándose atemorizados porque sus pecados e idolatrías contra Dios fueron expuestos por la luz de Su presencia. Moisés, en cambio, no tuvo miedo porque Él andaba en el temor del Señor, con Su temor siempre delante de él, lo que hizo que no siguiera los deseos de su carne pecaminosa. En contraste con los hijos de Israel que se alejaron con temor, Moisés se acercó a Dios confiado y sin temor. La única vez que Moisés mostró temor en la presencia de Dios fue cuando tuvo gran temor por el pueblo de Israel después de haber pecado contra Dios, adorando el becerro de oro (Heb 12:21; Deut 9:16-19).
 
Aunque queda corta la comparación, la misma distinción entre el temor positivo y el temor con miedo se puede ver en otras relaciones entre superiores y súbditos. En mi juventud, era un drogadicto y delincuente. No puedo recordar cuantas veces fui detenido por las autoridades, pero al cumplir los 18 años ya había pasado más de tres años de mi vida en instituciones correccionales en todo el estado de California. Como puedes imaginar, la sola vista de un oficial de la ley me llenó de pánico. Sin embargo, en noviembre del año 1969, tuve un encuentro transformador con el Señor y pasé de ser un delincuente, a ser un buen ciudadano. De ese momento en adelante, incluso me he sentido reasegurado por su presencia, con excepción a las veces que he manejado con exceso de velocidad. Aunque la comparación queda corta, Pablo mismo presenta el temor de Dios y el temor a las autoridades como relacionados, diciendo que las autoridades terrenales son ministros de Dios, designados para ejecutar la justicia contra los malhechores. Él dijo:
 
“¿Quieres, pues, no temer (μή φοβέω) la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; 4 porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme (φοβέω); porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.” (Rom 13:3-4)
 
Si respetamos las autoridades y las leyes de la tierra, no tenemos motivo de temer, pero si estamos violando la ley, tenemos buen motivo para tener miedo. El mismo principio se aplica a nuestra relación con Dios, nuestro Padre y Juez, quien es santidad y justicia absoluta y ve todo.
 
Tristemente, muchos de nosotros tenemos más temor al ser detectado en el radar de la policía que estar pecando ante Dios. Algunos temen más que su esposa los descubra mirando a una mujer con codicia, que al hecho de que Dios los vea, sabiendo que Él está al tanto de lo que están acariciando en su corazón.
 
En un intento de apaciguar la consciencia sin la necesidad del arrepentimiento, algunos van al extremo de decir que no es posible pecar contra Dios, sino solamente pecamos contra nosotros mismos, así intentando eliminar por completo el temor del Señor. En contraste, cuando la esposa de Potifar intentó seducir a José, él demostró que tenía el temor de Dios cuando le respondió diciendo: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Gen 39:9). David cometió pecados graves, pero cuando él fue confrontado, no se justificó a sí mismo, diciendo que solo eran pecados contra él mismo. Al contrario, él clamó a Dios diciendo: “Contra ti, contra ti solo he pecadoy he hecho lo malo delante de tus ojos” (Sal 51:4).
 
El Perfecto Amor echa fuera el Temor
 
“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo (κόλασις, kolasis, “disciplina correctiva”). De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.” (1Juan 4:18)
 
Sin tomar en cuenta debidamente el contexto, algunos han malinterpretado la declaración de Juan, “el perfecto amor echa fuera el temor,” como si significara, “si temes pecar delante de Dios, es que no ha sido perfeccionado en el amor, porque el perfecto amor echa fuera todo temor de Dios.” Al contrario, somos mandados a ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor, porque es Dios quien está obrando en nosotros, dándonos el querer y el hacer Su buena voluntad (Fil 2:12-13). Somos mandados a perfeccionar la santidad en el temor de Dios (2Cor 7:1; 1Peter 2:17). Observe que estos son mandatos del Nuevo Pacto. También vemos que la Iglesia Primitiva se multiplicó, caminando en el temor del Señor (Hch 9:31; 5:11-16).
 
La clave para entender lo que significa ser perfeccionado, o hecho perfecto en el amor, se encuentra dentro del contexto de toda la epístola de 1Juan. No está nada más hablando de tener un conocimiento del amor perfecto que Dios tiene por nosotros, aunque eso es esencial para ser perfeccionado en su amor, dado que solo podemos verdaderamente amar, sabiendo que Él nos amó primero (1Jn 4:19).
 
En el contexto, Juan nos lleva más allá de simplemente comprender cuanto nos ama Dios, a ser perfeccionado o llevado a la madurez en ese mismo amor. En 2:5, Juan dice: “el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado.” En otras palabras, un hijo de Dios maduro es uno que guarda Su palabra, porque la obediencia ya ha llegado a ser parte de su carácter. Sería hipocresía decir que amamos a nuestro padre terrenal si nunca le hiciéramos caso. ¡Cuánto más con nuestro Padre celestial! Los hijos de Dios maduros también se caracterizan por su amor a otros porque el perfecto amor de Dios ha sido perfeccionado en ellos. En 4:12 Juan dice: “Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros.” Un creyente que continuamente anda en el amor hacia Dios y su prójimo es un hijo de Dios adulto y maduro – él ha sido perfeccionado en el amor.
 
En contraste, el creyente carnal es un niño en Cristo todavía. En su inmadurez, él a menudo solo ama a aquellos que le correspondan, y él continuamente desobedece a Dios, requiriendo Su intervención correctiva. Como él anda de manera indisciplinada, el amor del Padre a menudo se muestra en la forma de corrección (κόλασις) (cf. Heb 12:6).
 
Saber que nuestro Padre celestial nos va a disciplinar naturalmente produce temor en nuestra relación paternal con Él. Si aún no hemos madurado o sido perfeccionados en el amor, tenemos razón de experimentar el temor de la disciplina, precisamente porque sabemos que nuestro Padre nos ama demasiado como para dejar de corregirnos cuando sea necesario. Es por eso que Juan les dijo a los hijitos que necesitaban continuar permaneciendo en comunión con Él, diciendo:
 
“Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.” (1 Juan 2:28)
 
Peter Hiett dijo algo una vez que me quedó, y lo repito a menudo. Él dijo: “El temor de Dios es el principio de la sabiduría, pero el perfecto amor echa fuera todo temor.” Cuando éramos niños, sabíamos que nuestros padres nos amaban. Sin embargo, lo que a menudo experimentábamos era su amor en la forma de corrección. Como dice el autor de Hebreos, la disciplina de nuestro Padre de amor es a menudo dolorosa (y por lo tanto, algo que temer), pero los que se dejan disciplinar por ella maduran hasta tener en su vida el fruto apacible de la justicia, llegando a ser hijos maduros de Dios (Heb 12:10-11). Al llegar a ser hijos adultos, nuestra relación con nuestro Padre ya no es una de temor a la corrección, sino un temor reverencial – el temor de deshonrar a Dios o hacer algo contra su voluntad, porque lo amamos. Ese es el temor de Dios en el que Jesús se deleitaba.
 
Hacemos un gran agravio a la obra de Dios, diciendo a aquellos que están viviendo en el pecado que no tienen por qué temer a Dios en su condición no arrepentida, y que, como el perfecto amor echa fuera el temor, ellos no deben temer a su disciplina y sus juicios. Cuando es necesario, Dios incluso juzga a su propio pueblo, como dijo el autor de Hebreos:
 
“Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza (ἐκδίκησις, “la ejecución de la justicia”), yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.  31 ¡Horrenda (φοβερός) cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Heb 10:30-31, cf. 1Cor 11:31-32)
 
Aquí vemos que, aun si nosotros, como los mismos elegidos de Dios, persistimos en la desobediencia a Dios, Él tendrá que intervenir con juicio. Así como ocasionaba temor tener que enfrentar a nuestro padre terrenal después de haberle desobedecido, es motivo de temor saber que el Señor disciplina a todos Sus hijos.
 
Imagina si cuando eras un niño, tú y tu compañero comenzaron a tirar piedras en el patio y él te dijo: “Tiremos piedras al vidrio de la ventana de la sala de tus padres.” Aunque tú, en tu inmadurez, tenías ganas de hacerlo, tú le respondiste: “Temo por lo que mi padre me haría cuando vuelve a casa,” y tu amigo responde, “no hay por qué temer. ¿No sabes que tu padre te ama?” ¿Le hubieras creído?
 
Aun un niño no se dejaría convencer por tal lógica. Sin embargo, hoy en nuestra cultura Postmoderna, muchos confunden el amor con la permisividad. El amor de Dios Padre no es permisivo, sino que Él nos corrige para que maduremos, llegando a ser hijos con carácter santo e íntegro como Él. Contrario a lo que muchos piensan hoy en día, la permisividad paterna no es amor – es negligencia. Concluyo con la admonición de Pedro para nosotros, mandándonos a caminar en el temor del Señor como los hijitos de Dios:
 
Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.  17 Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación; 18 sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19 sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.” (1 Pedro 1:14-19)
 
Claro que, creyendo en la restauración final de todos, no creo que debemos de temer el horror impensable de tormentos sin fin. Cuando Jesús dijo que debemos de temer a Aquél que puede destruir el alma y el cuerpo en Gehena (Mt 10:28), Él no estaba diciendo que debemos de temer ser exterminados, o mucho menos torturados eternamente. Pero Jesús claramente enseñaba que ser echado en Gehena debe de ser evitado a todo costo (Mt 5:29-30). Considero en detalle lo que Jesús quería decir con este y otros pasajes que han sido malentendidos por muchos, como si enseñaran torturas vindicativas eternas en mi libro: El Triunfo de la Misericordia.
 
También, en el próximo blog voy a considerar lo que Jesús quiso decir cuando Él dijo que debemos de temer a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en Gehena. Como espero demostrar, Jesús claramente no estaba diciendo que debemos de temer que Dios tenga intenciones a torturarnos, o a ningunos de nuestros seres queridos, eterna e irremisiblemente sin fin.
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por George Sidney Hurd
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Cuando las Escrituras hablan de la restauración final de todos, ¿realmente quiere decir que cada individuo finalmente será salvo y seguro en el redil, o puede la palabra “todos” ser de alguna manera limitada para solo incluir a los pocos que han tenido el privilegio de oír y responder positivamente al evangelio antes de su último respiro, o antes de la Segunda Venida de Cristo? Cuando Jesús dijo que atraería eficazmente (ἑλκύω) a todos a Si Mismo, ¿podría todos ser interpretado como algo menos que cada individuo? (Jn 12:32). Cuando Pablo dijo que Cristo es el Salvador de todos, especialmente de los creyentes, ¿podemos todavía afirmar que en realidad Él es nada más el Salvador de los que creen en esta vida fugaz? (1Tim 4:10). Tomando en cuenta que Pablo dijo, “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Rom 5:18), ¿cómo es posible que la mayoría, sin embargo, será condenada eternamente al final?
 
Aquellos que creen en la exclusión eterna de la mayoría, de alguna manera tienen que limitar “todos” para solo incluir a los pocos que han sido salvos en el curso de sus breves vidas. Sus intentos para limitar a “todos” a “algunos” son variados. Algunos argumentan que las referencias a la salvación y restauración de todos es simplemente hipérbole y por lo tanto no debe de ser entendido de manera literal. Otros dicen que solamente significa “algunos de todos los pueblos,” mientras que algunos Calvinistas hasta intentan argumentar que “todos” solamente significa “todos los elegidos.”
 
He procurado mostrar las falencias de estos intentos de limitar el significado todo-inclusivo de la palabra “todo” en mis libros El Triunfo de la Misericordia y La Solución Universal, y también en varios de mis blogs, así que no voy a repetir mucho aquí. En este blog quiero responder al argumento de N.T. Wright donde él dice que estas referencias a “todos” deben ser entendidos como simplemente refiriéndose a todos de los hombres “tanto a judíos como gentiles.” Con referencia al uso de Pablo de “todos” en Romanos, él dice: “El punto que Pablo ha estado haciendo a través de Romanos…es que todos los hombres, tanto judíos como gentiles, están en el mismo plano ante Dios… Dentro de este contexto, la generalización correcta de ‘todos los hombres’ no es ‘todo hombre individualmente, sino ‘tanto hombres de los judíos como de los gentiles’” [1] Esta es una variación del argumento de que “todos” en estos contextos significa “todos sin distinción,” en vez de “todos sin excepción.”
 
Aunque es cierto que Pablo enfatiza de que tanto judíos como gentiles están en el mismo plano ante Dios a través de su epístola a los Romanos, uno no puede ser consistente con la lógica de Pablo y negar que él quería decir “todos sin excepción” en vez de estar refiriendo simplemente a “todo pueblo, sea judío o gentil.” En los primeros tres capítulos Pablo establece que todos sin excepción hemos pecado, estando destituidos de la gloria de Dios, y no simplemente algunos entre todos los judíos y gentiles. En Romanos 3:12 él dice de manera enfática, No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno (ni un solo individuo).” Entonces, en los versículos 22 a 24 él dice que la justificación gratuita es extendida a los mismos “todos,” diciendo:
 
“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron (sin excepción), y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados (presente pasivo) gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:22-23, paréntesis mío)
 
Aquí Pablo declara que el mismo “todos” que han pecado están siendo justificados gratuitamente por la gracia de Dios por medio de la redención universal de Cristo Jesús. Aunque la justificación es un evento de una vez para siempre que ocurre en el mismo momento que uno cree, “siendo justificados” aquí aparece en el presente continuo pasivo, porque los pecadores están siendo justificados uno por uno conforme cada individuo cree. No existe manera para que un pecador sea justificado aparte de la fe en Cristo, pero en Cristo, nuestro Último Adán, la justificación ha venido a todos los hombres sin excepción, así como dice Pablo en Romanos 5:18:
 
“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres (sin excepción), de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres (sin excepción) la justificación de vida.” (Rom 5:18, paréntesis mío)
 
No es posible argumentar de manera razonable de que “todos los hombres” justificados son menos en número que “todos los hombres” condenados. La comparación paralela, “como…de la misma manera,” requiere que ambos “todos” sean los mismos “todos” y no menos o diferentes. Así, como el juicio, resultando en condenación, vino a cada individuo sin excepción, de la misma manera, la justificación vino a cada individuo, resultando en su justificación tan pronto como la reciban por la fe. A través de Romanos 5, Pablo hace contraste entre lo que toda la humanidad perdió en Adán, y lo que fue restaurado a los mismos todos en Cristo, el Último Adán. Examino las implicaciones de Romanos 5 en mi blog, La Reversión Universal.
 
Sin embargo, a pesar de las implicaciones universales de Romanos 5, basado en su interpretación del versículo 17, N.T. Wright limita los “todos” que benefician de lo que logró el Último Adán a solo incluir a los pocos que activa y personalmente reciben a Cristo en esta vida. Es cierto que este pasaje, sacado de su contexto, podría ser entendido de una manera que aparenta contradecir todo lo que Pablo afirma a través del capítulo. El versículo 17 dice:
 
“Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.” (Rom 5:17)
 
Wright, igual como con muchos otros Parcialistas, entiende “recibir” como refiriéndose al momento cuando activamente recibimos a Cristo. Sin embargo, como vemos a través de todo este pasaje, el contraste es entre lo que todos los hombres sin excepción reciben en Adán y lo que todos los hombres sin excepción reciben en Cristo, el Último Adán. La palabra “recibir” es la palabra griega lambano (que aparece 258 veces en el Nuevo Testamento), y tiene dos sentidos distintos: 1) activamente tomar o recibir, o 2) recibir como un recipiente pasivo. El contexto determina si el recipiente recibe activamente o pasivamente. Por ejemplo, en varios textos vemos que el recipiente recibe algo que ni desea recibir, como una justa retribución por la desobediencia (Heb 2:2), o un juicio mayor (Lucas 20:47). En otras instancias el recipiente recibe lo que ni está anticipando. Por ejemplo, todos en la casa de Cornelio estaban sorprendidos cuando los gentiles recibieron al Espíritu Santo (Hch 10:47). En estos ejemplos es obvio que el recipiente es pasivo.
 
El erudito del griego, Marvin Vincent, correctamente aplica el sentido pasivo a Romanos 5:17, diciendo: “Ellos que reciben (hoi lambanontes). No ‘activamente recibiendo por creer’ sino simplemente siendo ‘los recipientes’.” [2] Aunque él no entra en mayores detalles, su rendición de lambano en el sentido pasivo es necesario, considerando el contexto. El contraste presentado a través de todo el pasaje es entre lo que todos los hombres reciben en Adán y lo que todos los hombres reciben en Cristo, el Último Adán. Así como todos los hombres pasivamente reciben la muerte, condenación y esclavitud al pecado por la desobediencia de un hombre, de la misma manera todos los hombres reciben vida, justificación, y dominio restaurado, a través de un hombre, Cristo, el Último Adán.
 
Sin embargo, habiendo dicho esto, así como no todos los hombres entraron en la experiencia de la muerte, condenación y esclavitud al pecado de Adán en el momento en que Adán pecó, de la misma manera no todos entraron en la experiencia de la vida, justificación y dominio de Cristo, el Último Adán, en el momento en que Él murió y resucitó de los muertos. Así como cada hombre tiene que nacer en Adán para experimentar la muerte, condenación y esclavitud al pecado que él trajo sobre todos los hombres, de la misma manera, cada hombre tiene que ser vivificado o nacer de nuevo para experimentar la justificación y dominio que vino para todos los hombres cuando Cristo, el Último Adán murió y resucitó. De la muerte y resurrección del Último Adán está escrito, “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante (1Cor 15:45). Y otra vez, “así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (1Cor 15:22).
 
Mientras es cierto que nadie recibe los beneficios de la justificación, santificación y vivificación en Cristo de una manera personal y experiencial hasta recibir la fe de Jesús para la salvación, lo que vemos es que todos, en su debido tiempo, llegarán a poner su fe en Cristo, sometiéndose a Él. Cada lengua finalmente confesará que Jesucristo es Señor para la gloria de Dios. En Cristo todos serán vivificados. En esta época solamente los que lo reciben son regenerados y justificados, y están siendo santificados para ser recibidos por Él en Su venida, pero en su debido tiempo, todos estarán en Cristo – justificados, santificados y sujetos a Él como Señor.
 
N.T. Wright también argumenta que, cuando Pablo dijo, “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos en Romanos 11:32, la palabra “todos” no debe ser entendido como todos individualmente, sino que “todos” tiene que ser generalizado para significar nada más “tanto judío como gentil.” Sin embargo, son los mismos “todos” que han sido sujetados a la desobediencia que recibirán Su misericordia en el momento en que reconocen su condición y claman a Él por misericordia.
 
Romanos 11:32 resume lo que Pablo había establecido en los capítulos anteriores. En los primeros tres capítulos él demuestra que cada individuo es culpable ante Dios. Entonces, comenzando en 3:21, él introduce la misericordia de Dios, diciendo en el versículo 23: “por cuanto todos pecaronsiendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” Los mismos todos que eran desobedientes y bajo el pecado, son aquellos que después reciben la misericordia de Dios, siendo justificados por Su gracia.
 
El problema es que Wright ve la misericordia de Dios como si solo durara por la vida de uno, cuando en realidad, las Escrituras declaran repetidas veces que Su amor nunca deja de ser y Su misericordia es para siempre. Respondo a los argumentos en contra de la salvación postmórtem en mi blog: Esperanza para los Muertos. Pablo mismo dice en Filipenses 2:10-11 que todos doblarán rodilla, confesándole a Jesucristo como Señor, no solamente los que están en el cielo y en la tierra, sino incluso todos los que están bajo la tierra. Eso es “todos sin excepción.” Y examinando el pasaje que Pablo aquí cita de Isaías, es evidente que son salvos todos sin excepción al doblar rodilla en rendimiento, confesándole a Jesucristo como Señor:
 
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: Que a mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua. Y se dirá de mí (λέγων LXX, “diciendo”) Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; a él vendrán” (Isa 45:22-24)
 
Aquí Dios dice que Él incluso ha jurado por Sí Mismo que todos sin excepción mirarán a Él y serán salvos. Cada rodilla se doblará, y cada lengua hará juramento diciendo, “Ciertamente en el Señor tengo mi justicia.” La frase, “Y se dirá de mí,” fue añadida por los traductores, ocultando el hecho de que es cada lengua la que confesará para salvación. La versión de los LXX, que fue la traducción griega del Antiguo Testamento del cual citaba Pablo, simplemente dice que cada lengua tomará juramento de lealtad, diciendo que el Señor es su justicia. Las expresiones, “cada rodilla” y “cada lengua” no pueden ser generalizadas para solo significar “tanto judío como gentil,” como intenta hacer N.T. Wright.
 
Hay otras instancias donde Pablo claramente y de manera enfática expresa “todo sin excepción,” y no nada más “todos sin distinción” o “tanto judío como gentil.” Aquí cito solamente un pasaje que no podría expresar “todos sin excepción” de una manera más clara. En Colosenses Pablo dice:
 
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo (sin excepción) fue creado por medio de él y para él… 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:16,20)
 
Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto, como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados. No es posible aplicar “reconciliación” a objetos inanimados porque es una palabra relacional que significa, “la restauración de una relación en la cual antes había enemistad.”
 
No es posible expresar “todos sin excepción” de manera más enfática de lo que Pablo hace aquí. Él dice que todos que Cristo creó, sean en el cielo o en la tierra, visible o invisible – absolutamente todos, fueron reconciliados a Dios por la sangre de Su cruz.
 
Ambas palabras, “reconciliación” y “restauración,” son relacionales e inseparables. Cuando el ofendido en una relación abre camino a la reconciliación, la relación es restaurada tan pronto como corresponda el ofensor, resultando en la restauración de la relación. Pedro habló de los tiempos de la restauración de todos, o lo que los Padres Primitivos Griegos llamaban la apokatastasis, o la restauración de todo ser racional a Dios:
 
“y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración (ἀποκατάστασις, apokatastasis) de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hch 3:20-21 paréntesis mío)
 
Aquí otra vez, aunque toda la creación, sea animada o inanimada será restaurada, la restauración, o apokatastasis, principalmente tiene que ver con la restauración de todo ser racional a Dios, así como los Padres Griegos lo entendían, en vez de la renovación de cosas inanimadas. Esta restauración hasta incluye Sodoma y Samaria, como vemos en Ezequiel:
 
“Yo, pues, haré volver a sus cautivos, los cautivos de Sodoma y de sus hijas, y los cautivos de Samaria y de sus hijas, y haré volver los cautivos de tus cautiverios entre ellas, 54 para que lleves tu confusión, y te avergüences de todo lo que has hecho, siendo tú motivo de consuelo para ellas. 55 Y tus hermanas, Sodoma con sus hijas y Samaria con sus hijas, volverán a su primer estado; tú también y tus hijas volveréis a vuestro primer estado.” (Ezequiel 16:53-55)
 
El hecho de que Dios está prometiendo la restauración final de los mismos habitantes de Sodoma y no alguna generación futura, es evidente, dado que toda la población fue eliminada cuando Él destruyó a Sodoma. No hay descendientes de Sodoma actualmente en la tierra para ser restaurados. Si Dios va a restaurar hasta los inicuos de Sodoma y Samaria, ¿cómo podemos seguir insistiendo que “todos” no significa “todos sin excepción” cuando habla de la salvación, reconciliación y restauración final de todos?
 
Finalmente, si “todos” no significaba “todos sin excepción” para Pablo, entonces, ¿qué quería decir cuando él dijo que al final Dios será todo en todos, después de que todos son sujetados a Cristo y vivificados? (1 Cor 15:22-28). Si los “todos” solamente son algunos, un grupo pequeño representativo de unos entre los judíos y gentiles, ¿no implicaría eso que Cristo solo logrará sujetar a algunos entre todos los judíos y gentiles a Sí Mismo? Si es así, ¿cómo podemos decir que Dios llegará a ser todo en todos? ¿Debemos de entender de esto que Pablo solamente quiso decir que Dios llegará a ser todo en algunos judíos y gentiles? ¡Claro que no!
 
Para mí, no es posible negar de manera razonable que al menos algunos pasajes de las Escrituras claramente enseñan la restauración final de todos sin excepción. Siendo así, es en vano que maquinan tantos argumentos enredados que desafían la lógica en un intento de limitar a “todos” a solamente incluir a “algunos” en la epístola de los Romanos. En la consumación de la Época de las épocas finales, todos sin excepción, habrán doblado rodilla en sujeción voluntaria a Cristo, resultando en que Dios sea todo en todos en la eternidad.
 
El plan glorioso de Dios para las épocas culmina en todos reunidos en Cristo (Ef 1:10), en vez de un dualismo eterno con Dios y un remanente de la humanidad consistiendo de algunos judíos y gentiles en el cielo, y Satanás con la tercera parte de los ángeles de Dios y la mayoría de la humanidad eternamente en oposición a Dios en una cuarentena perpetua. En la eternidad no habrá ni siquiera una sola lágrima en toda la creación de Dios, porque Él habrá quitado el velo que cubre todo pueblo y destruirá la muerte para siempre. ¡Alabado sea Su nombre!
 
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti TUS ENEMIGOS. 4 TODA la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3,4)
 
“Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. 7 Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. 8 Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros…” (Isa 25:7-8)
 


[1] https://www.thegospelcoalition.org/themelios/article/towards-a-biblical-view-of-universalism/ 

[2] Vincent's Word Studies in the New Testament, Romans 5:17
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por George Sidney Hurd
 
¿Quiénes son los Elegidos de Dios? ¿En qué se basa Su elección? ¿Qué de aquellos que no están entre los elegidos? ¿Es Su elección para la exclusión eterna de las demás personas? ¿No estaría Dios haciendo excepción de personas cuando elige a unos, mientras pasa por alto a otros? Aunque que hay diversas respuestas a estas preguntas, es mi convicción que las Escrituras nos ofrecen respuestas claras. En este blog estaremos comparando unas creencias prevalentes con lo que las Escrituras mismas nos enseñan acerca de la elección de Dios.
 
¿Quiénes Son los Elegidos?
 
¿Quiénes son los escogidos de Dios? Los Inclusivistas Universales responden diciendo que todos están incluidos como los elegidos de Dios. Sin embargo, mientras es cierto que todos finalmente serán salvos y restaurados, esta afirmación es errónea, tanto bíblicamente, como lógicamente. Por definición, en español, ni siquiera es posible que uno escoja a todos. Nuestras palabras escoger y elegir se definen como, “seleccionar algo o alguien como lo mejor o más apropiado entre dos o más alternativas.” En el griego la misma idea se expresa con la palabra ἐκλεκτός (eklektos) y sus cognados que son traducidos “escoger” o “elegir.” Está compuesto de la preposición ek, “fuera de” y laléo, “llamar o nombrar.” Por lo tanto, por definición significa, “llamar o nombrar un individuo o subgrupo de un grupo más grande.” Está muy relacionado con la palabra εκκλησια (eklesia), que a menudo es traducida “iglesia,” pero literalmente significa, “la asamblea de los elegidos.” Es un oxímoron decir que todos son los elegidos.
 
No solamente la definición misma de elección excluye la posibilidad de que la elección sea todo inclusiva, sino que también vemos a través de las Escrituras que los elegidos son un subgrupo, escogidos del resto de la humanidad. Como las naciones no querían retener el conocimiento de Dios, Él las entregó a sus propios deseos (Rom 1:18-28). De todas las naciones, Él solamente eligió al pueblo de Israel. Moisés les dijo a los hijos de Israel:
 
“Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día.” (Deut 10:15; 7:6).
 
A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.” (Amos 3:2)
 
Así que, claramente, no todos eran los escogidos de Dios en el Antiguo Testamento. Igualmente, en el Nuevo Testamento vemos que los elegidos son un subgrupo relativamente pequeño escogido por Dios del mundo de la humanidad. Jesús dijo, “muchos son llamados, y pocos escogidos (eklektos)” (Mt 22:14). Jesús también deja en claro de que los elegidos de esta época son un subgrupo cuando dice: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos (eklektos)” (Mt 24:24). Él dijo que tiempos llegarán a ser tan severos que los días tendrán que ser acortados por causa de los escogidos” (Mt 24:22). Definitivamente, Jesús no enseñaba que todos han sido escogidos, como afirman los Inclusivistas Universales.
 
Pablo también habló de los elegidos de Israel en esta época como un grupo o remanente relativamente pequeño de la nación de Israel cuando él dijo: “Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia(Rom 11:5). También Pedro dijo que debemos de procurar hacer firme nuestra vocación y elección (2Pedro 1:10). Es muy obvio que Pedro no pensaba que todos estaban incluidos entre los elegidos. Más adelante vamos a considerar por qué pocos son escogidos en esta época, pero claramente la aseveración hecha por los Inclusivistas Universales de que todos son escogidos no se puede sustentar, ni con las Escrituras, ni con la lógica.
 
¿En Qué se Basa Dios Su elección?
 
Entonces, ¿qué es lo que vio Dios en nosotros que resultó en que nos eligiera? Si no fue basado en nada que vio en nosotros, ¿no sería Su elección de unos individuos sobre otros, parcialidad? Antes de ver lo que las Escrituras nos enseñan sobre este tema, necesitamos considerar algunas creencias erróneas acerca de la elección divina.
 
Elección Condicional de los Pelagianistas
 
Los Pelagianistas no aceptan que los hombres sean pecadores desde nacimiento. Niegan que heredamos la naturaleza pecaminosa de Adán y, por lo tanto, creen que el hombre tiene el potencial para vivir sin pecado. De esa creencia argumentan que la elección de Dios fue basada en las buenas obras que Él previó que haríamos.
 
Sin embargo, las Escrituras son muy claras al mostrarnos que las obras del hombre son contaminadas por la carne pecaminosas a tal grado que aun nuestros logros independientes más destacados son trapos de inmundicia a los ojos de Dios (Isa 64:6). Jesús reprochó al joven rico por pensar que podría llegar a ser aceptado por Dios en base a sus buenas obras diciéndole: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios” (Lu 18:19). Pablo establece que: No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” y por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él” (Rom 3:12,20). Si eso no fuera suficiente, Pablo también dice claramente que la elección no se basa en las obras de uno:
 
“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.” (2 Tim 1:9)
 
Aquí vemos claramente que la elección no se basa en nuestras obras, sino en Su propio propósito y la gracia o favor inmerecido de Dios. Pablo también presenta a Jacob y a Esaú como ejemplo para demostrar que la elección de Dios no se basa en nuestras obras:
 
“(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Rom 9:11-13)
 
Algunos Arminianos argumentan que, aunque es cierto que Dios no elige basado en obras hechas antes de ser salvos, Él, sin embargo, nos elige basado en las obras que previó que haríamos después de recibir a Cristo. Sin embargo, Pablo enfatiza que la elección de Dios sucedió antes de nacer para dejar en claro que las obras ni son un factor en la elección de Dios – o sean obras anteriores o subsecuentes de la salvación. La elección de Dios es según Su propósito y gracia, y la gracia excluye obras. Las buenas obras que siguen la salvación son la hechura de Dios obrando en nosotros. Son las evidencias visibles de la gracia transformadora de Dios y por eso no tienen mérito para que nos jactemos:
 
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Ef 2:8-10)
 
Así que, podemos ver que Dios no nos escoge basado en nuestras propias obras de justicia que hayamos hecho, como afirman los Pelagianos y aún algunos de los Arminianos más legalistas. Mientras es cierto que las buenas obras serán evidentes en las vidas de los elegidos conforme van siendo transformados a la imagen de Cristo por la gracia, la elección es por gracia y no por obras. La elección de Dios se basa en Su gracia, y la gracia divina y las obras propias de uno se excluyen mutuamente:
 
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. 6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.” (Rom 11:5-6)
 
Aquí Pablo, de toda forma posible, enfatiza que la elección de Dios es solamente por la gracia. Él explica que, si la elección es por la gracia, entonces no puede ser por las obras; de otra forma la gracia deja de ser gracia. Sin embargo, a pesar de muchas declaraciones claras de las Escrituras, nuestra mente carnal a menudo persiste en la creencia religiosa de que la aceptación delante de Dios depende, al menos en parte, de lo que uno tome de las ramas buenas del árbol prohibido. Tenemos que ser renovados en el espíritu de nuestra mente para poder comprender plenamente que nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. (Tito 3:5)
 
Elección Condicional Arminiano
 
Mientras que la mayoría de los Arminianos, al menos en teoría, niegan que nuestras obras son necesarias para nuestra salvación, sin embargo, insisten que la elección de Dios es condicionada en la decisión independiente y personal de fe. Según muchos Arminianos, Dios previó que íbamos a creer en el evangelio y que, basado en esa presciencia, nos eligió para la salvación.
 
Sin embargo, la condición caída del hombre es tal que él es muerto, sordo y ciego – incapaz de ver, mucho menos creer en el evangelio aparte del nuevo nacimiento. Si hemos creído el evangelio, solo es porque nos fue dado creer (Fil 1:29). El hecho de que toda admonición a creer en el evangelio para salvación no menciona específicamente que no podemos creer sin la asistencia divina, no invalida las declaraciones específicas de las Escrituras indicando que la fe salvífica se origina en Dios y no en nosotros:
 
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Jn 6:44)
 
pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Jn 10:26-29)
 
y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.” (Hch 16:14)
 
“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” (Hch 13:48)
 
Estas declaraciones claras de las Escrituras deben ser entendidas como implícitas en todos los demás pasajes donde los hombres son exhortados a creer, sin la necesidad de ver repetida en cada instancia la verdad que la fe es, por necesidad, un regalo de Dios. Los que son ordenados a creer recibirán la fe para la salvación, mientras que los demás seguirán siendo incapaces de percibir y creer de una manera salvífica hasta que llegue su tiempo señalado por el Padre.
 
La Elección No-Merecida (Elección por la Gracia)
 
Basado en el testimonio de las Escrituras acerca de la depravación total del hombre, los Calvinistas argumentan que la elección de Dios necesariamente tiene que ser incondicional. Las Escrituras indican que Su elección de nosotros se basa en Su afecto, Su propósito, y según el designio de Su voluntad:
 
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, 5 en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad… 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad.” (Ef 1:4,5,11; cf. 2Tim 1:9; Rom 9:11)
 
Los pasajes que revelan la depravación total del hombre, tomados juntos con el criterio aquí presentado, podrían llevarlo a uno a concluir que la elección es incondicional – que la elección de Dios no se basa en ninguna condición humana en absoluto. Muchos dirían que el motivo de Dios en Su elección es enteramente dentro de Él mismo, y no tiene nada que ver con algo que Él ve en los que son escogidos. Algunos lo ven como si Su elección fuera al azar.
 
Sin embargo, todo lo que el Padre hace es según un propósito específico y determinado, y tiene un motivo bueno y sabio. Además, se dice que Él encuentra deleite o beneplácito al elegirnos (Ef 1:5 eudokía), que implica algo mucho más que una decisión indiferente e incondicional, sin nada en los elegidos para motivar Su decisión. Es por esa razón que creo que un término mejor para describir Su elección de nosotros es “elección inmerecida” o “elección por gracia,” en vez de “elección incondicional.”
 
La Base de la Elección Inmerecida
 
La pregunta que se presenta es: Si el hombre es totalmente depravado, entonces, ¿En qué se basa Su elección, escogiendo algunos en vez de otros? También tenemos que preguntar cómo Dios puede escoger algunos sobre otros sin mostrar favoritismo, dado que Dios no hace acepción de personas. Sorprendentemente, la base de Su elección, al menos para la mayoría, es claramente revelada en Primera de Corintios, aunque la mayoría lo han pasado por alto. ¿Cuál es Su criterio para Su elección de nosotros? Pablo explica diciendo:
 
“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, 29 a fin de que nadie se jacte en su presencia.” (1Cor 1:26-29)
 
¿En qué se basa la elección de Dios según Pablo? No es a base de nuestra decisión de fe que Él previó. No se basa en obras de justicia que hayamos hecho o haremos. Se basa, no en los méritos humanos, sino en la falta de méritos; no en nuestra sabiduría, nuestras fuerzas o estrato social, sino que se basa en la carencia de ellos. Él ha escogido a los que no son nada en su propia estima – los pobres en espíritu, para mostrar Su gracia y misericordia a través de ellos. Somos escogidos a ser para la alabanza de la gloria de Su gracia en las épocas venideras (Ef 1:6; 2:7,10). Esto se puede observar a través de todas las Escrituras. Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes (Stg 4:6). Jesús dijo que Su llamado de individuos, que es integralmente relacionado con Su elección, se basa en la necesidad del individuo – no en sus méritos:
 
“Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” (Mt 9:12-13)
 
Dios, que es amor, por naturaleza es atraído a los necesitados, y es Su buena voluntad elegir a individuos según su necesidad. Aunque Esaú y Jacob se formaron juntos en el vientre, Esaú era el más fuerte y salió antes que su hermano, Jacob. ¿A quién eligió Dios? Él escogió al más débil – Jacob sobre Esaú, aunque Esaú técnicamente fue el primogénito. ¿En qué se basaba Su elección? Él escogió al débil, así como declaraban Jesús y Pablo. Cuando el Señor escogió un nuevo rey de la casa de Isaí para reinar sobre Su pueblo, ¿cuál de los hijos de Isaí eligió? Él escogió al más joven y débil. David, el escogido de Dios, ni fue tomado en cuenta por su propio padre y hermanos.
 
Lo mismo se puede decir de José. Él fue el más despreciado entre sus hermanos. Gedeón fue elegido, siendo en su propia estima el menor en su casa, y su familia la más pobre de su región (Jueces 6:22). Y la lista no termina allí. Como dijo Pablo, casi no hay acepción a esta regla. Dios usualmente escoge lo más necio, débil, despreciado y los que son como si no fueran a los ojos de este mundo, para que ninguna carne se gloríe en Su presencia.
 
La elección inmerecida de Dios podría ser ilustrada comparando a Dios con un restaurador de automóviles clásicos. Hay mucha diferencia entre un coleccionista de clásicos y un restaurador. Un coleccionista está buscando un auto en un estado perfecto. El restaurador, en cambio, escoge el antiguo clásico más descuidado y oxidado. El escoge lo que ha sido olvidado en un garaje o un establo como algo que ya no servía para nada. La gloria y placer del restaurador está en escoger algo considerado inservible y sin valor, convirtiéndolo en una maravillosa obra de arte. El clásico restaurado tiene un valor mucho mayor de lo que tenía cuando originalmente salió de la fábrica. 
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La gloria del restaurador está en volver algo a un estado mejor que nuevo y exhibirlo como hechura suya. Llega a ser una demostración de la habilidad del restaurador escoger algo aparentemente sin valor y no atractivo, convirtiéndolo en una obra de arte sin precio. De la misma manera, Dios ha elegido los individuos más necios, débiles, despreciados y olvidados de este mundo, convirtiéndolos en una nueva creación en Cristo Jesús. Entonces, en las épocas venideras, Él los exhibirá al resto de Su creación para la alabanza de la gloria de Su gracia (Ef 1:6; 2:7,10).
 
Los elegidos de esta época, sin embargo, no son los únicos que Dios restaurará. Nosotros solamente somos los primeros en esperar en Cristo (Ef 1:12). Solamente somos las primicias de Su nueva creación, escogidos para la alabanza de la gloria de Su gracia. La cosecha principal nos sigue. Somos la Iglesia de los primogénitos (Heb 12:23). La palabra primogénitos, aunque usualmente refiriéndose a los primeros en nacer, también puede referirse a los primeros en rango, los primeros de una especie, primero en una producción, y por lo tanto un molde para producción o un prototipo. [i] De hecho, nuestra palabra “prototipo” es derivada de prototokos. Somos escogidos, como la Iglesia elegida (eklektos eklesia), [ii] para ser los prototokos o prototipos de la nueva creación de Dios. No fuimos elegidos a la exclusión de los demás, sino para la plena inclusión del resto del mundo en las épocas venideras. Jesús, en Su oración intercesora, pidió, no solamente por los elegidos, sino por el resto del mundo:
 
“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son… 20 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Jn 17:9, 20-21)
 
Esta oración de Cristo en el aposento alto comienza con Jesús orando primero por Sus discípulos. Los Calvinistas a menudo citan la frase, “no ruego por el mundo,” para sustanciar su doctrina de una expiación limitada. Sin embargo, si seguimos leyendo Su oración, vemos que sigue diciendo: “no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos.” Jesús aquí claramente se refiere a todos en esta época que llegarían a creer en Él por el testimonio de los doce y formarían parte de los elegidos y llamados – la Iglesia de los primogénitos.
 
Sin embargo, esta oración no termina con ellos. Él continúa orando que todos ellos lleguen a ser uno con el Dios trino y uno los unos con los otros, de tal manera que resulte en que el mundo (Gr. kosmos) crea por medio de ellos. Los elegidos de esta época son escogidos por Su gracia para ser las primicias de la nueva creación que finalmente incluirá a todos:
 
El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
 
“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.” (Ef 1:11-12)
 
“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.” (Rom 8:18-21)
 
Toda la creación gime a una, esperando el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios cuando toda la creación finalmente será restaurada. Al llegar la consumación de las épocas, Dios será todo en todos (1Cor 15:28; Rom 11:36), y no solamente nosotros que somos los elegidos de esta época, sino todos habrán sido restaurados y hechos nuevos:
 
“Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.” (Apo 21:5) [iii]
 
“a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” (Hch 3:21)
 
Así que, podemos ver que la elección no es incondicional, aunque no hay nada en el hombre para merecer ser elegido. El corazón de Dios, lleno de gracia, es atraído a los débiles, a los pobres en espíritu y a los despreciados en este mundo. En lugar de que Su elección sea incondicional, vemos que es condicionado en, o mejor dicho basado en, el corazón de Dios siendo atraído a los más necesitados de Su gracia. Es una elección inmerecida.
 
Elección basada en Conocimiento Íntimo
 
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Rom 8:29)
 
Otro factor en nuestra elección que es integralmente relacionado con la elección por la gracia, aunque es mal entendido por muchos, es el pre-conocimiento de Dios. Los Pelagianistas y los Arminianos ven el pre-conocimiento de Dios como nada más que Su pre-ciencia de eventos futuros. Según ellos, Él, o previó nuestras buenas obras, o nuestra decisión de fe, y nos escogió basado en ese conocimiento. Sin embargo, hay problemas con este entendimiento.
 
En primer lugar, como ya hemos visto, el hombre es totalmente depravado e incapaz de ser salvo por obras o creer para la salvación de su alma aparte de la intervención de Dios. En segundo lugar, no dice lo que antes conoció” sino a los que antes conoció.” Hay una gran diferencia entre saber lo que hará alguien y conocer a alguien, aun en nuestro idioma.
 
El Señor declara de Su pueblo Israel: A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2). También Jesús dirá a algunos, Nunca os conocí” (Mt 7:23). Es obvio que Dios, siendo omnisciente, sabe todo detalle de las vidas de todos los que han vivido o vivirán en el futuro. Jesús, en un sentido intelectual, sabía todo lo que había en el corazón de todos los hombres:
 
“Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, 25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.” (Jn 2:24)
 
Entonces, ¿en qué sentido se podría decir de Dios que antes conoció a unos, pero a otros no? Para un hebreo, hay un conocimiento distinto que expresa un amor particular e intimidad. La palabra conocer es a menudo utilizada en las Escrituras, desde Adán y Eva, como refiriéndose a la intimidad sexual, como vemos el término utilizado en referencia a la virgen María:
 
“¿Cómo será esto? pues no conozco varón.” (Lucas 1:34)
 
Es obvio que María no estaba refiriéndose al conocimiento en el sentido normal de la palabra, dado que es obvio que conocía a otros hombres y hasta estaba esposada con el varón José en ese tiempo. Ella claramente hacía referencia a la intimidad sexual. En el evangelio según Mateo vemos que José ya había llevado tiempo casado con María antes de conocerla:
 
“Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. 25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS.” (Mt 1:24-25)
 
De la misma manera, podemos ver que el conocimiento de Dios en relación a Sus elegidos es un amor e intimidad particular, reservado para Su esposa elegida a quien antes conoció. “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Rom 8:29).
 
La Relación del Amor Particular de Dios con Su Elección No-merecida
 
Ya debe ser evidente que la elección de Dios según la gracia y Su elección según Su anterior conocimiento son integralmente relacionadas. Dios es amor (agape). El amor no es algo adyacente a Su naturaleza esencial, como muchos teólogos afirman. Su amor agape es ajeno a la naturaleza humana y caída. Agape da en vez de recibir – es incondicional en vez de ser condicional. El hombre solo puede comenzar a amar con el amor agape cuando el amor de Dios haya sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo en la nueva creación. Nosotros amamos porque Él nos amó primero.
 
Dios, en contraste con el hombre caído, es amor agape. Su amor es Su esencia y no simplemente un atributo adyacente. Todo lo que Él hace tiene que ser entendido como una manifestación de Su amor hacia un mundo caído. La gracia es una manifestación del amor agape, un amor que es centrado en otros e incondicional. Aunque es cierto que Dios ama a todos sin excepción de personas, Él es atraído como un imán a los más necesitados de Su gracia (favor inmerecido). Es por esa razón que Él escoge al necio, débil, despreciado y olvidado de este mundo. Su agape es para todos, pero, así como anticuerpos son atraídos a una herida abierta y atacada por bacterias dañinas, de la misma manera Su amor, gracia y misericordia son atraídos a los más necesitados. Él es el Salvador de todo el mundo, pero Él escoge a cada uno según su necesidad. Los que antes conoció y eligió en esta época son los más necesitados – los necios, débiles, despreciados y los que ni son tomados en cuenta por los demás.
 
No es que Dios ama a unos en preferencia a otros, sino que Su amor y compasión son atraídos hacia los necesitados. El Padre del hijo pródigo también amaba al hijo mayor, pero su amor fue extendido de una manera particular al hijo que era consciente de su necesidad. Es por eso que las prostitutas y los publicanos entrarán al reino de Dios delante que los fariseos que confiaban en su propia justicia (Mt 21:31). Dios resiste a los altivos, pero da gracia al humilde. (1Pedro 5:5)
 
“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. 16 Porque no contenderé para siempre, ni para siempre me enojaré; pues decaería ante mí el espíritu, y las almas que yo he creado.” (Isa 57:15-16)
 
Este pasaje no solo desbarata el mito no-bíblico de la ira eterna de Dios, sino también revela que Dios solo manifiesta Su enojo en amor con el fin de humillar al altivo para tenerle misericordia después. “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos…. Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:32,36 NIV).
 
Elección sin excepción de Personas
 
Sabemos que no hay acepción de personas con Dios. (Rom 2:11; Ef 6:9; Col 3:25) Entonces, ¿Cómo puede ser reconciliada esta verdad con la doctrina Calvinista de una elección incondicional? No es posible. Si todos están en la misma condición y Dios simplemente escoge unos pocos a la exclusión eterna de los demás, entonces eso es parcialismo, no importa como uno intente explicarlo.
 
El texto que usan para justificar su creencia en la parcialidad incondicional de Dios hacia algunos a la exclusión eterna de la mayoría se encuentra en Romanos nueve: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca” (Rom 9:15). Argumentan de esto que, como todos venimos de la misma masa de barro, depravada e indignos de misericordia, Dios es justificado en mostrar parcialidad, escogiendo a algunos para vida eterna y consignando a los demás al destino que todos igualmente merecemos, que es, según ellos, el castigo eterno. Sin embargo, esta es una interpretación superficial que no toma en cuenta todo el contexto de Romanos – en especial los capítulos desde el nueve al once.
 
La Naturaleza Temporal de la Elección de Dios en Romanos 9 – 11
 
En primer lugar, podemos ver que la elección por la gracia de Dios hacia unos en oposición a otros, argumentada por Pablo en el contexto de Romanos 9 a 11, no resulta en la exclusión eterna de los no-elegidos, como los tradicionalistas argumentan, sino que Pablo está explicando por qué Dios temporalmente ha puesto a un lado a Israel para traer salvación a los gentiles. Para ilustrar su punto, él usa el ejemplo de la elección de Dios en escoger a Jacob sobre Esaú:
 
“(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. 14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca.  16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Rom 9:11-16)
 
Que la elección de Jacob en lugar de Esaú no resultará en la exclusión eterna de Esaú es evidente. Aunque Esaú había despreciado la primogenitura, y la perdió con Jacob quien era el más débil de los dos, Esaú, sin embargo, también recibió el favor de Dios. Muchos han predicado sobre condenación eterna, usando la advertencia en Hebreos donde dice de Esaú que no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas (Heb 12:17). Sin embargo, si uno lee toda la historia en su contexto, descubrimos que fue la primogenitura que no podía recuperar, aunque la procuró con lágrimas, no su salvación eterna (Gén 27:30-40). No hay referencia alguna a su destino eterno. De hecho, Isaac bendijo a Esaú, aunque él no podía recuperar la primogenitura, debido a que Isaac ya la había entregado a Jacob (Heb 11:20). 
 
Podemos ver el favor de Dios mostrado a Esaú aun muchos años después de su muerte. Cuando llegó el tiempo para que los descendientes de Jacob, los Israelitas, entraran en la tierra de Canaán, Dios dio instrucciones especiales acerca de su trato hacia sus hermanos, los descendientes de Esaú:
 
“Y Jehová me habló, diciendo: 3 Bastante habéis rodeado este monte; volveos al norte. 4 Y manda al pueblo, diciendo: Pasando vosotros por el territorio de vuestros hermanos los hijos de Esaú, que habitan en Seir, ellos tendrán miedo de vosotros; mas vosotros guardaos mucho. 5 No os metáis con ellos, porque no os daré de su tierra ni aun lo que cubre la planta de un pie; porque yo he dado por heredad a Esaú el monte de Seir.” (Dt 2:2-5)
 
Si el odio de Dios hubiera sido absoluto y eterno, ¿por qué motivo estaría Dios advirtiéndoles a los Israelitas a no maltratar a los descendientes de Esaú? Si Esaú estaba en tormentos eternos, o si eso fuera su destino final, ¿por qué estaría Dios específicamente protegiendo a sus descendientes o defendiendo los territorios que Él había dado a Esaú mientras aún vivía?
 
El odio de Dios no debe ser entendido en un sentido absoluto, que sería antónimo con el amor y el pecado, sino que debe ser entendido como amor subordinado a un amor mayor, tal como Jesús lo utilizaba (Lucas 14:26; cf. Mt 10:37). No es un odio que excluye el amor, sino un amor que aparenta ser odio cuando es comparado a una relación de amor aún mayor. Todo amor hacia los demás debe ser subordinado a nuestro amor por Dios. De la misma manera, el amor de Dios por Esaú era distinto a su amor por Jacob. Para un examen más a fondo acerca del “odio” de Dios, vea mi libro El Triunfo de la Misericordia.”
 
La naturaleza temporal de la elección de Dios de unos a la exclusión temporal de otros para cumplir Sus propósitos para las épocas es ilustrada en Su elección de Israel hoy en día. Aunque la elección es algo ya determinado en el corazón de Dios desde antes de la fundación del mundo, el llamado de los elegidos toma lugar en momentos específicos de la historia, y en vez de excluir a la mayoría, solo trata con la elección de algunos según sus propósitos temporales con el fin de finalmente incluir a todos en una reconciliación universal.
 
Pablo, comenzando en el capítulo nueve de Romanos, explica, en respuesta a la resistencia anticipada de los judíos que confiaban en su propia justicia, la razón por la que Dios no está escogiendo a muchos individuos de su nación, Israel en esta época. Que este cambio de enfoque en la elección de Dios a solo unos pocos judíos es temporal es evidente en el capítulo once donde él dice:
 
“Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.” (Rom 11:5)
 
Aquí Pablo, hablando de la elección predeterminada de Dios del tiempo presente, dice que solo incluye un pequeño remanente del pueblo de Israel. También dice que esta elección presente es según Su gracia y conocimiento anterior, como siempre ha sido. Esta secuencia temporal en la elección de individuos por Dios armoniza con lo que vimos acerca del tiempo de la salvación de los elegidos entre los gentiles: “y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hch 13:48). Cada individuo tiene su tiempo ordenado por Dios. Cuando llega el tiempo, el Señor abre el corazón de cada uno para creer para salvación.
 
Sin embargo, como en el caso con la elección de Jacob sobre Esaú, Su elección de “este tiempo” no es el fin de la historia de la elección de Dios para Su pueblo escogido, Israel. Siguiendo la lógica de Pablo desde el comienzo de Romanos nueve al final del capítulo once, vemos que a fin de cuentas no solo un remanente de Israel será salvo, sino que todo Israel será salvo (Rom 11:26). Y no solo todo Israel será salvo, sino que finalmente todos los que se originaron en Dios serán reconciliados, volviendo a Dios. Observe qué tan claramente Pablo presenta esta conclusión en el capítulo once:
 
“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. 12 Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (Rom 11:11-12)
 
Pablo aquí dice claramente que Israel solo fue puesto a un lado por un tiempo, y que todo Israel finalmente será restaurado. Pablo aquí también hace referencia, no solo a la salvación de los gentiles elegidos de esta época presente, sino también dice que la plena restauración de Israel resultará en aun mayores riquezas para el resto del mundo de los gentiles, mucho más de lo que hemos visto en esta época presente.
 
Pablo revela el misterio de que Dios, en esta época presente, temporalmente ha puesto a un lado a Israel, y está llamando a Sí mismo un pueblo elegido, principalmente compuesto de los gentiles. Sin embargo, después que haya entrado el número completo de los gentiles en la Iglesia, todo Israel será salvo:
 
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.” (Rom 11:25-26)
 
Al contrario de lo que muchos han dicho en la Iglesia a través de los siglos, Dios no ha rechazado para siempre a Su nación elegida Israel. Pablo deja esto en claro en los versos 28 y 29 donde dice: “Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.”
 
Los versículos finales de Romanos once llegan a un crescendo donde Pablo es profundamente conmovido, contemplando el plan glorioso de Dios para las épocas:
 
“Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. 33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:32-36)
 
Pablo en el versículo 32, resume todo lo que había presentado desde el comienzo de la epístola de Romanos diciendo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.” En los primeros tres capítulos él establece que todos, tanto judíos como gentiles, han pecado y están todos bajo desobediencia (Rom 3:9, 22-23). Después, en Romanos 5:12-21 Pablo revela que todos los que fueron desobedientes en Adán recibirían misericordia, siendo justificados en Cristo, el último Adán.
 
Entonces, Pablo prorrumpe en adoración a Dios por Su sabiduría inescrutable, culminando en la declaración que es inclusiva de todos: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:33-36). Todos los que son de Él (ek), refiriendo a sus orígenes, también existen por (día) Él, y finalmente serán restaurados o reconciliados a (eis) Él, refiriendo al destino final de todos. Este versículo es un resumen de lo que él dice también en Colosenses 1:16-20. Todo lo que fue creado por Él, finalmente será reconciliado a Él, por la sangre de Su cruz.
 
La elección es por la gracia y según el previo conocimiento y amor de Dios. Es según Su propósito eterno, que en las épocas venideras seamos para la alabanza de la gloria de Su gracia cuando seamos manifiestos al resto de la creación, en los tiempos de la restauración de todos. Somos elegidos para el beneficio de los demás – no a la exclusión de los demás.
 
Este artículo es un extracto de mi libro, La Solución Universal.


 
[i] Exegetical Dictionary of the New Testament © 1990 by William B. Eerdmans Publishing Company.

 
[ii] Tanto “elegido” (eklektos) como “iglesia” (eklesia) son derivadas de la misma palabra en el Griego.

 
[iii] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco siempre significa la forma neutro objetos inanimados como en el español. Cuando los traductores agregan la palabra “cosas” en contextos que obviamente refieren principalmente a personas y no objetos inanimados yo tomo la libertad de tachar la palabra agregada para mantener el enfoque en las personas como debe ser.

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por George Sidney Hurd
 
El Apóstol Pedro habló de la restauración final de todas las cosas como algo que sido profetizado desde el comienzo del mundo (Hch 3:21). Como Restauracionistas Universales, creemos en la restauración final de toda la humanidad a una condición, no simplemente igual, sino superior al estado de Adán y Eva antes de la caída. Pero, ¿qué de los demás seres racionales y emocionales que han sufrido como consecuencia de la caída del hombre? ¿No incluiría la restauración universal a toda vida animal también? En este blog espero demostrar de las Escrituras que toda la creación, incluyendo a los animales, serán libertadas de su esclavitud a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.
 
Lo siguiente es un extracto del capítulo 5 de mi libro: Los Caminos de Dios.” Lo estoy publicando por la insistencia de un amigo que insiste en que muchos necesitan saber que el plan glorioso de Dios para las épocas realmente culmina en la restauración de todas las cosas, incluyendo a nuestras queridas mascotas.
 
 
****************
 
“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” (Rom 8:18-23)
 
Vemos en este pasaje que Dios mismo sujetó la creación a vanidad o futilidad y ahora toda cosa racional creada que es capaz de gemir en dolor, está en dolores de parto, anhelando el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, cuando toda la creación será libertada. Como con la humanidad, este jubileo será experimentado universalmente a través de toda la creación de Dios, sin excluir nada. Cada alma viviente (Heb. nephesh) que ha vivido – que incluye toda vida animal que haya sufrido el mal o sufrirá, será liberado en la consumación, cuando ya no habrá más dolor ni tristeza, porque las primeras cosas ya pasaron. Todo – absolutamente todo, será hecho nuevo:
 
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. 5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas.” (Apo 21:4-5)
 
Todos estamos de acuerdo (con excepción de los Tradicionalistas que tienen que interpretar “todas” como incluyendo nada más que unos pocos salvos antes de la venida de Cristo) de que, en cuanto a la humanidad, cuando la Escritura dice que ya no habrá más muerte, llanto, ni dolor, incluye toda la humanidad de todo tiempo desde la creación. Pero, ¿no incluiría las palabras de Cristo, “He aquí, yo hago nuevas todas las cosas” a toda vida animal que haya nacido en un mundo sujeto a vanidad e infectado con el mal, habiendo sufrido una vida de dolor y muerte? Tenemos que recordar que nuestra palabra “cosas” en español, que para nosotros significa cosas inanimadas como árboles y piedras, no existe en el griego del Nuevo Testamento y, por lo tanto, Jesús no estaba refiriéndose solamente a la creación inanimada. Por ello, incluye todo, todos los animales y todos los hombres, y no simplemente árboles y piedras. Juan, en una visión celestial vio toda criatura alabando a Dios en la consumación final:
 
“Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.” (Apo 5:13)
 
Juan vio un tiempo cuando toda criatura que está en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra en el mundo invisible del hades, estarán delante del trono de Dios magnificando a Su nombre. Viene un tiempo cuando toda la creación será restaurada y Dios será todo en todos: “Porque de él, y por él, y para (eis “hacia dentro de”) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Rom 11:36). Pablo aquí está diciendo que todo lo que procedió de Dios en la creación es sostenido por Él y volverá a Él en los tiempos de la restauración de todas las cosas, en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, cuando toda la creación será libertada en la libertad gloriosa de los hijos de Dios (Hch 3:21; Rom 8:19-22). En otra ocasión, Pablo también habla del tiempo cuando todos serán reunidos en Cristo:
 
“dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:9-10)
 
El misterio revelado aquí es que siempre ha sido el propósito predeterminado de Dios reunir todas las cosas en los cielos y en la tierra (i.e. todo lo que Cristo creó en el principio) bajo Cristo, su Cabeza, en la dispensación final del cumplimiento de los tiempos. Lo que está revelado aquí es la misma restauración final de todas las cosas cuando toda creación será reunida, y entonces Dios será todo en todos (1Cor 15:28).
 
Los Tradicionalistas niegan lo que estos pasajes están diciendo en más de una manera. Cuando insistimos en que se está refiriendo a toda persona, tienen que responder que son nada más que los que llegan a ser creyentes antes de la muerte o la Segunda Venida de Cristo, más el resto de la creación. Pero, cuando este pasaje es presentado como evidencia de que la creación entera, incluyendo el reino animal será restaurada, ellos insisten en que no incluye animales tampoco. Sin embargo, aunque habrá nuevos cielos y nueva tierra, es poco probable que la reunión de todos en Cristo aquí se está refiriendo a la creación inanimada. La palabra reunir” (anakephalaiomai “reunir bajo una cabeza”) habla de reconciliar o restaurar comunión, y por lo tanto, solo es aplicable a la vida inteligente. De la misma manera, la referencia en Romanos 8 a la creación siendo libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios, sería algo irrelevante para objetos inanimados como montañas y árboles.
 
Entonces, lo que terminan diciendo es que “todas las cosas reunidas en Cristo” es limitada a diez por ciento de toda la humanidad que han vivido desde el comienzo, más los ángeles de Dios, que realmente nunca estuvieron separados de Dios como para necesitar restauración. Si los animales que vivieron, sufrieron y murieron a través de la historia no están incluidos en los “todos” que serán reunidos, el cielo será un lugar muy vacío. Algunos especulan que Dios creará nuevos animales para llenar el cielo. Sin embargo, eso no constituiría una reunión.” ¿Debemos tomar estas Escrituras de forma literal, o son nada más expresiones exageradas? Yo personalmente creo que el Señor quiere que las entendamos tal como han sido escritas.
 
Leí numerosos artículos tratando la cuestión de ser reunidos con nuestras mascotas en el cielo o no, y me impactó la insensibilidad con que la mayoría de los teólogos tratan del tema de la vida después de la muerte para los animales. En el siglo XVII Descartes, el padre del Racionalismo, consideraba los animales como nada más autómatas sin siquiera emociones ni dolor. Fui enseñado de niño en la escuela que los animales vivían por puro instinto. Sin embargo, tanto las Escrituras, como la ciencia moderna e incluso nuestra observación personal, ha demostrado ampliamente que ellos son seres que razonan, determinan y sienten emociones – todas las características de un alma viviente. A pesar de esto, teólogos siguen pensando de una manera muy parecida a Descartes siglos atrás.
 
Aunque solamente el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios, en las Escrituras descubrimos que los animales son llamados almas vivientes. Aunque la mayoría de las traducciones ocultan esta verdad, los animales son llamados almas (heb. nephesh) numerosas veces en las Escrituras. Sin embargo, la única traducción que pude encontrar que consistentemente traduce nephesh como “alma” a través de todo el Antiguo Testamento es la Traducción Literal Concordante (Concordant Literal Translation). Otras traducciones, viendo animales como meras bestias brutas sin emociones ni inteligencia, tradujeron “alma” como “bestia” o “criatura,” según las creencias de los traductores y no según el significado de la palabra. Al menos los traductores en español no utilizaron la palabra “bestia,” diciendo “criatura viviente” en vez de “alma viviente.” El nephesh, o alma, es lo que distingue al animal de otra vida como plantas u organismos sin alma. Es evidente que los animales tienen valor en los ojos de Dios por el hecho de que la vida de animales inocentes fue aceptada como sacrificio por pecados y no plantas, como Caín descubrió.
 
También, vemos cuánto Dios valora a cada animal y los sostiene en que se fija cuando un solo pajarillo cae a la tierra (Mt 10:29; Sal 104:27-30). David el salmista hasta dice que el Señor salva tanto el hombre, como los animales:
 
“es tu justicia como los altos montes, como el profundo abismo tus juicios; Señor, tú salvas a personas y animales.” (Sal 36:6 BLH)
 
Aquí David dice que Dios salva a personas y también animales. Sin importar lo que David quería decir con “salvar” aquí, es evidente a través de las Escrituras que Dios valora a los animales. Es común oír detractores protestar que Jesús no murió para salvar a los animales. Pero, aunque Su misión primaria era salvar al hombre, ¿no abarcaría esa salvación a los animales también? Fueron creados para el hombre y después sujetados a vanidad cuando el hombre entregó su dominio a Satanás. Cuando Cristo murió y resucitó, destruyendo el dominio de Satanás, ¿no resultaría en la restauración universal a los animales también? Aún si uno pudiera argumentar que la restauración no incluye animales (lo que no pueden hacer razonablemente), ¿Qué hacemos con Colosenses 1, donde es muy enfático que absolutamente todo en la creación entera fue reconciliado con Dios por la sangre de la cruz?
 
“Porque en él (Cristo) fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él…. 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:16,20)
 
Cuando Cristo derramó Su sangre en la cruz, Él no solo reconcilió a toda la humanidad a Dios sino toda Su creación, sea en el cielo o en la tierra, visible o invisible. No que los animales fueran seres morales que pecaron, necesitando la salvación como es el caso con el hombre, sino que son salvos de la maldición del hombre que trajo sufrimiento y muerte a toda la tierra. Personalmente, no sé de qué manera uno puede tomar en serio las Escrituras y excluir el reino animal de Su obra redentora.
 
¿Encontramos evidencia de animales en la época venidera? Sí. Isaías describe numerosos animales en el reino milenial:
 
“Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica (animal domestico) andarán juntos, y un niño los pastoreará. 7 La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. 8 Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. 9 No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isa 11:6-9)
 
También el Señor, hablando por el profeta Oseas acerca de aquel tiempo, no solo indica que animales estarán en el Milenio, sino que Dios incluso hará un pacto con ellos asegurando su seguridad:
 
“En aquel tiempo haré para ti pacto con las bestias del campo, con las aves del cielo y con las serpientes de la tierra; y quitaré de la tierra arco y espada y guerra, y te haré dormir segura.” (Oseas 2:18)
 
Aunque el Milenio será en la tierra y los animales aparentemente estarán vivos en sus cuerpos naturales, podemos ver el cuidado amoroso de Dios y Su restauración del mismo reino animal, hasta haciendo pacto con ellos para que reposen tranquilos. Incluso la serpiente que fue maldita por su participación en la seducción de Eva es incluida en este pacto de bendición.
 
¿Hay animales en el cielo actualmente? Una vez más, la respuesta es sí, aunque no hay mucho detalle acerca de ellos. Elías fue llevado al cielo en un carro con caballos (2Reyes 2:11). Cuando los sirios vinieron contra Israel el Señor abrió los ojos del sirviente de Eliseo y vio un ejército celestial con carros y caballos para defenderlos. Cuando Cristo vuelva, Él vendrá sobre un caballo blanco y Su ejército le seguirá sobre caballos blancos (Apo 19:11; 20:11,14). Aunque no hay mención de otras clases de animales en el cielo, dudo mucho que el cielo tenga o tendrá menos diversidad que lo que actualmente vemos en la tierra.
 
No hay razón para no creer que los animales que vivieron, sufrieron y murieron en la tierra nos están esperando en el cielo. Las últimas palabras de muchos creyentes antes de ser llevados al cielo son descripciones de los miembros de su familia y a veces sus mascotas que habían muerto, al lado de sus camas para recibirlos. ¿No es eso algo que debemos de anticipar de un Dios benevolente que ha declarado que Él restaurará todas sus criaturas?
 
Algunos se refieren a esto como sentimentalismo. También nos categorizamos como sentimentalistas cuando hablamos de la restauración final de toda la humanidad, o el Universalismo. ¿Pero acaso debe estar el pueblo de Dios sin sentimientos? ¿Es sentimentalismo regocijarnos en las declaraciones claras en las Escrituras acerca de una restauración universal de toda Su creación? Sugiero que el verdadero problema no es con nuestro sentimentalismo, sino que algunos de ellos han llegado a ser tan insensibilizados y sus corazones tan endurecidos por las doctrines oscuras de los hombres, que son como los Fariseos que no entran en el reino e impiden que los que desean entrar entren.
 
En contraste, muchos de los Padres de la Iglesia Primitiva tomaron estas Escrituras literalmente, creyendo en la restauración final de todos, incluyendo las almas de los animales. San Jerónimo mismo dijo - aún en sus días, a comienzos del quinto siglo, que la mayoría todavía creían que todos serán restaurados, tanto en el cielo como en la tierra:
 
La mayoría de las personas entienden la historia de Jonás como si estuviese enseñando el eventual perdón de todo ser racional, aun incluyendo el diablo.”  [1]
 
“Los ángeles apóstatas, y el príncipe de este mundo, y Lucifer, la estrella de la mañana, aunque ahora rebeldes, desenfrenadamente andando de aquí para allá y hundidos en las profundidades del pecado, finalmente, se someterán al alegre dominio de Cristo y sus santos…. Ningún ser racional perecerá para siempre.” [2] (énfasis mío)
 
Los Tradicionalistas pueden llamar a nuestra esperanza sentimentalismo, pero desde que entendí que Dios finalmente restaurará a todas las cosas – incluyendo el reino animal, no he sufrido por la pérdida de mis mascotas queridas como antes cuando no tenía esa seguridad. Soy de los que aman a sus perros y pasaba semanas triste cuando uno moría. Pero ahora, sabiendo que están en un lugar mejor, se ha quitado el aguijón de su muerte.
 
De la misma manera, antes me perturbaba ver documentales donde los animales sufrían tanto bajo los efectos de la caída, especialmente sabiendo que Dios mismo los sujetó a vanidad cuando el hombre cayó y perdió su dominio sobre la tierra (Rom 8:20). Una vez yo maté un venado porque estaba comiendo mi huerto. Al principio me sentí mal por haberlo matado, pero después de ver cuántas pulgas, garrapatas y llagas abiertas tenía en su cuerpo, me di cuenta de que le había hecho un favor al matarlo. Desde ese tiempo he sentido más compasión por los animales del campo que no tienen amo para cuidarlos. Pero ahora, sabiendo que después de un tiempo breve de sufrimiento y dolor, toda criatura será reunida con Su Creador, y el hombre una vez más será restaurado al lugar del dominio sobre la tierra, reinando juntamente con Cristo, ya puedo regocijarme en su futuro, a pesar de lo que tengan que sufrir en sus breves vidas. Después de una vida de sufrimiento, estos animales se gozarán de una placidez que será aún más gloriosa para ellos de lo que habría sido si nunca hubieran nacido en un mundo caído y restaurados después, dado que, como almas vivientes, ellos siempre recordarán el contraste de su nueva existencia con la anterior en la tierra.
 


[1] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
 

[2] Jerome. In Ps. xcii. 9.22
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por George Sidney Hurd
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Hay muchas especulaciones acerca de la identidad de los 144.000 mencionados en Apocalipsis 7. ¿Son de la Iglesia o son un remanente de los judíos? ¿Habrá literalmente 144.000 sellados, o tiene ese número un significado oculto?
 
Es mi convicción que la confusión es el resultado de ignorar indicadores claros dentro del pasaje mismo, de la misma manera como vimos los indicadores dentro del señal de la mujer y el hijo-varón en Apocalipsis 12, revelando sus identidades. Exégesis sana siempre deriva el significado del texto mismo, en vez de introducir otro entendimiento al texto. Lo siguiente es un fragmento de mi libro: Enfocando en los Eventos Finales, donde identifico la identidad de los 144.000 del mismo texto.
 
En Apocalipsis capitulo siete hay mención de 144.000 siervos de Dios de las doce tribus de Israel que son sellados. Hay dos interpretaciones principales acerca de su identidad.  La primera es de los que dicen que debemos de entender a los 144.000 simbólicamente como representando a los santos de la Iglesia.  La segunda dice que está refiriéndose a 144.000 Israelitas – 12.000 de cada una de las doce tribus de Israel como nombradas en versículos 5 a 8 que serán sellados al fin de la época, justo antes de los juicios revelados en Apocalipsis contra los que moran en la tierra.  Los argumentos presentados en defensa de una interpretación simbólica serán examinados primero antes de explicar su identidad según la interpretación literal.
 
Argumentos en contra de la Interpretación Literal de los 144.000

1) Apocalipsis es un Libro Lleno de Simbolismo y No debe ser Interpretado Literalmente

Dicen que los 144.000 deben ser entendidos como refiriéndose a una gran multitud y no debe ser tomado literalmente como un número específico.  Defienden esta posición a pesar de los detalles específicos enfatizando que son 144.000 de los hijos de Israel, compuesto de 12.000 de cada una de las doce tribus mencionadas en los versículos 5 al 8.  En realidad, el pasaje es muy específico en cuanto al número de los sellados.  No es hasta los versículos 9, hasta el final del capítulo que vemos un número no específico de santos, lavados en la sangre del Cordero de todas las naciones que salen de la gran tribulación, distinguiéndolos de los 144.000 judíos que son sellados en los versículos 1 al 8.  En el versículo 9 Juan dice: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar…” ¿Por qué daría tanta atención a detalle, especificando 144.000 individuos en un pasaje y después simplemente decir una gran multitud si los 144.000 también deben ser entendidos como un número no específico?  La progresión más obvia del capítulo 7 es presentar primero los de un Israel literal que sobrevivirán la tribulación, y después la gran multitud de los santos de todas las naciones que también saldrán de la gran tribulación. 
 
Los mismos que no toman literalmente el número 144.000 usualmente tampoco toman literalmente el período de tres años y medio de la gran tribulación. Esto a pesar de las diversas maneras en que es expresado: “tres años y medio”, “un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo”, “cuarenta y dos meces”, y “mil doscientos días”. Es como si Dios, anticipando que los hombres iban a querer espiritualizar estos números, los hizo específico en todas las maneras posibles.  Sin embargo, muchos persisten en verlos de una manera no específica para acomodarlos a sus interpretaciones.  Un comentador hasta dice en referencia a los 144.000: “El número es demasiado exacto y artificial para suponer que es literal.” ¿De dónde viene la lógica que detalles específicos, en vez de términos generales, indican que no debemos de tomarlas literalmente? Claramente lo opuesto es verdad.
 
En las profecías del Antiguo Testamento que ya han sido cumplidas podemos ver que fueron cumplidas literalmente. En Daniel los números son cumplidas literalmente. ¿Debemos anticipar algo diferente en Apocalipsis que complementa a Daniel?  En Jeremías 29:10 fue revelado que el cautiverio duraría 70 años. ¿Entendió Daniel esta profecía de forma literal? Sí, y exactamente 70 años más tarde el cautiverio terminó como fue profetizado. Aunque le fue revelado en Daniel 9:24-27 que habría un cumplimiento secundario en 7 veces 70 años, la profecía primaria fue cumplida literalmente y la secundaria también está siendo cumplida literalmente. Aunque las Escrituras proféticas utilizan simbolismo, solo debemos de interpretar simbólicamente lo que es simbólico. Las Profecías literales no deben de ser interpretadas simbólicamente.  Una regla de interpretación que debe ser tomada en cuenta es la siguiente: “Cuando el sentido literal de las Escrituras tiene sentido, no debemos de buscar otro sentido.”
 
Las mismas personas arbitrariamente toman otros números en Apocalipsis en su sentido literal, tales como la Nueva Jerusalén con 12 fundamentos y 12 puertas, los 7 sellos, trompetas y copas, etc.  Sin embargo, debemos pensar en números cuando Él comunica con números y no solo cuando encaja con nuestra interpretación.
 
2) Las 10 Tribus del Reino del Norte fueron Dispersas y Ya no Existen
 
Se argumenta que las 10 tribus del Reino del Norte son tribus perdidas. Después del reinado de Salomón el reino de Israel fue dividido; las tribus de Judá y Benjamín quedaron en Judea bajo el reinado de Roboam, el hijo de Salomón, y las otras diez tribus formaron el reinado del norte bajo Jeroboam. El reino del norte abandonó la adoración del Dios verdadero y persistían en idolatría hasta ser entregados a los asiros alrededor de 722 a.C. Después eran dispersas entre las naciones y en su lugar, extranjeros fueron enviados a repoblar sus ciudades.  Los que argumentan en contra de tomar a los 144.000 como literalmente teniendo referencia a las doce tribus de Israel dicen que fueron dispersos entre las naciones y perdidos para siempre y por esa razón no pueden ser los 144.000 de Apocalipsis. Sin embargo, Dios hizo una promesa irrevocable que ni la nación de Israel, ni Judá, que también fue llevado cautivo a Babilonia, serían perdidos eternamente:
 
“Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán…. Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” (Jeremías 30:3,11)
 
“Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová.” (Jeremías 31:35-37)
 
En estos versículos y muchos otros, Dios promete incondicionalmente que no dejarían de ser el pueblo escogido de Dios, contrario a lo que dicen muchos. Además, promete que, sin importar qué tan perdidos aparenten ser, Él los volverá a juntar en su propia tierra y restaurará su reino en los postreros días:
 
"y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.” (Ezequiel 37:21-22)
 
“De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente… y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.” (Ezequiel 38:8,16)
 
“Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3:4-5)
 
En estos pasajes vemos claramente que, lejos de estar perdidos para siempre, tanto Israel como Judá estarán de regreso en Israel como una nación con un solo rey sobre ellos.
 
La Iglesia primitiva no tenía problema con aceptar que todas las tribus de Israel serían selladas al final de la época.  Todas las doce tribus estaban presentes e identificadas como tales en el tiempo en que el Nuevo Testamento fue escrito, más de 700 años después de la dispersión.  En el día del Pentecostés vemos que judíos devotos de la dispersión, representando toda la casa de Israel, estaban presentes para la fiesta de la Pascua:
 
“Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua…. Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis…. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.” (Hechos 2:5,6, 22, 36)
 
Aquí podemos ver que, en el día del Pentecostés, judíos representando a toda la casa de Israel estaban presentes en Jerusalén para la fiesta (el término “judíos” fue utilizado para referirse a los israelitas y no solamente los de Judá después del cautiverio babilónico).  Pablo dando defensa ante el rey Agripa, afirma algo que era conocimiento común - había judíos devotos sirviéndole a Dios de todas las doce tribus en su tiempo:
 
“promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche.  Por esta esperanza, oh rey Agripa, soy acusado por los judíos.” (Hechos 26:7)
 
Santiago escribió su epístola a todas las doce tribus de la dispersión:
 
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (Santiago 1:1)
 
Aunque no todas las diez tribus volvieron a la tierra de Israel (eso será cumplido hasta el cabo de los años) definitivamente no se habían perdido eternamente ni habían sido enteramente absorbidos por las naciones. Además, los que aparentan estar perdidos, solo están perdidos para los hombres y no perdidos para Dios.         
 
El linaje judaico en tiempos bíblicos fue basado en el linaje del padre de la familia y no la madre.  A través de las Escrituras vemos que un niño que tiene padre judío sigue siendo contado como judío aún si su madre no era judía.  José se casó con una egipcia.  Sin embargo, sus dos hijos llegaron a ser los patriarcas de las dos tribus de Efraín y Manasés.  Moisés se casó con una Madianita.  En la genealogía mesiánica de Mateo capítulo uno vemos que Rahab la ramera de Jericó fue la madre de Booz y sin embargo Booz siguió en el linaje de Judá.  El, a su vez se casó con Rut, una Moabita. Entonces, aunque había gentiles en el linaje de Jesús, eso no lo excluyó de ser un descendiente legítimo de David de la tribu de Judá.  Dios conoce la descendencia de cada judío y es plenamente capaz de distinguirlos y sellarlos.
 
Hay millones de judíos devotos en el mundo hoy que saben que son judíos, pero no saben con certeza de qué tribu son.  Algunos concluyen que son de la tribu de Leví porque sus apellidos son Levi o Cohen, pero aún eso no es conclusivo. Los archivos genealógicos solo pueden comprobar la descendencia por unas pocas generaciones para la mayoría.  Israelitas han sido expulsados de muchas naciones, perseguidos, masacrados y obligados a abrazar el cristianismo o la fe musulmán, complicando aún más la identificación de su linaje (para una cronología mostrando como los judíos han sido hollados por los gentiles vea este vínculo.  Es un milagro que han sobrevivido como un pueblo distinto a pesar de tantos intentos de eliminarlos. Muchos judíos hoy en día han continuado practicando la fe judía, aunque no saben de qué tribu son. Sea lo que sea Dios sabe su descendencia paterna y conoce a los que ha escogido para ser sellados de cada tribu al fin de la época.
 
3) El Hecho de que las Tribus no sean mencionadas de la Manera Usual Indica que No Debe ser Interpretado Literalmente
 
Los que dicen que los 144.000 simbólicamente representan a la Iglesia, correctamente observan que las doce tribus no son mencionadas en su orden usual. La tribu de Dan es excluida, y en vez de mencionar a Efraín, él es reemplazado con el nombre de su padre José. También los levitas, que usualmente son excluidos de las listas de las tribus por su llamamiento sacerdotal, son incluidos aquí.  De esto argumentan que no debemos de tomar la lista literalmente.  De hecho, lo contrario es verdad.  El hecho de que no sean mencionadas en su orden usual, comenzando con el mayor hasta el menor, y que tiene excluidas unas tribus, debe llamar la atención. ¿Por qué razón queda excluida Dan? ¿Por qué nombra a José en vez de a Efraím?  ¿Por qué es incluida en esta lista la tribu de Leví? Estas diferencias deben de llamar nuestra atención.  Debemos de preguntar por qué hubo estos cambios.
 
La razón para la exclusión de Dan y Efraín está implicada en que Dan fue la primera de las tribus que abandonó a Dios para practicar la idolatría al entrar en la tierra de Canaán y nunca volvió a Dios.  Efraín también le siguió en su idolatría y persistió en su idolatría hasta ser entregada a ella por Dios :
 
“Y los hijos de Dan levantaron para sí la imagen de talla; y Jonatán hijo de Gersón, hijo de Moisés, él y sus hijos fueron sacerdotes en la tribu de Dan, hasta el día del cautiverio de la tierra (Jueces 18:30).”
 
“Efraín es dado a ídolos; déjalo.” (Oseas 4:17)
 
La idea expresada en estos dos textos es que ambas tribus rechazaron la adoración del verdadero Dios y persistían en su idolatría hasta que fueron entregadas a una mente reprobada. Jacob hasta implicó que Dan sería tropiezo para la nación de Israel cuando bendijo a sus hijos en Génesis 49:
 
“Será Dan serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los talones del caballo, y hace caer hacia atrás al jinete.” (Génesis 49:17)
 
También es de ser anticipado que la tribu de Leví fuera incluida porque, aunque no recibían una herencia terrenal, siendo sacerdotes, el sello de Dios es para una herencia celestial de la cual son herederos y ministros.
 
Entonces las diferencias en la lista de las tribus de la orden usual en realidad favorecen la conclusión de que debe de ser tomada de una forma literal.  Un judío naturalmente preguntaría por qué dos de los nombres fueron excluidos de sus tribus, y conociendo la historia de idolatría en las tribus de Dan y Efraín, hubiesen entendido el mensaje que Dios quiso comunicarles por su exclusión.
 
Como se ha demostrado, los argumentos para no aceptar a los 144.000 como refiriendo a 12.000 judíos literales de cada una de las tribus alistadas no tienen méritos bajo escrutinio cuidadoso.  Israel no se ha perdido ni ha sido asimilado por las naciones. Además, Dios ha prometido que, aunque serán castigados por sus rebeliones e idolatrías, Él no los desechará para siempre, a pesar de lo que hacen.
 
El Motivo para Sellar las Frentes de los 144.000
 
La razón de sellar a los 144.000 está implícita en los versículos 1 a 3:
 
“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol. Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.” (Apocalipsis 7:1-3)
 
Los juicios descritos solamente en los sellos ocasionarán la muerte de al menos la cuarta parte de la población de la tierra (Apo 6:7-8), sin mencionar la pérdida de vidas en los demás eventos descritos en los juicios de las trompetas y copas.  El sello de Dios en sus frentes es para protección de estos juicios y de la ira del dragón que intentará destruirlos al ser echado a la tierra. Esto podemos ver demostrado cuando a los demonios que ascienden del abismo no les es permitido hacer daño a los que tienen el sello de Dios en sus frentes (9:4).  Esto es muy parecido a una visión que tuvo Ezequiel:
 
“Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa; y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo.” (Ezequiel 9:3-6).”
 
La Marca de Dios en Apocalipsis, Igual como en Ezequiel, es para la Protección de los Siervos de Dios
 
Una transición en las visiones de Juan es a menudo introducida con las palabras “después de esto vi” “después de estas cosas vi” o simplemente “entonces vi”. Estas expresiones no son utilizadas para indicar visiones que siguen en orden cronológico a las anteriores, sino para indicar que lo que Juan ve en la nueva visión sigue a lo que vio en la anterior. A Juan le fue mostrado visiones repetidas de los mismos tres años y medio de la gran tribulación, dando diferentes detalles del mismo período de tiempo. No deben de ser entendidos como varios períodos de tres años y medio sino visiones repetidas del mismo período de tres años y medio mostrando diferentes detalles cada vez.
 
La Recapitulación es una característica común del libro de Apocalipsis.  Cuando dice “después de esto vi…” en 7:1 él no está diciendo, “después de que los siete sellos hayan eliminado más de una cuarta parte de la humanidad vi que los 144.000 fueron sellados para protegerlos para no ser dañados”, sino que vio en la próxima visión que los cuatro ángeles detenían los cuatro vientos de la tierra para no hacer daño hasta que los 144.000 hubieren sido sellados. La visión vuelve al momento precisamente antes de que los siete sellos que serán devastadores para los habitantes de la tierra, sean abiertos.
 
Identidad de los 144.000
 
Una vez establecido que los 144.000 son 12.000 judíos de cada una de las doce tribus alistadas en Apocalipsis 7, la pregunta sigue: ¿Quiénes son?  Son llamados siervos de Dios lo cual hace referencia a su devoción a Dios.  Sin embargo, si fuesen santos de la Iglesia no sería necesario un sello distinto al que hemos recibido al creer en Jesucristo para salvación:
 
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa.” (Efesios 1:13)
 
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” (Efesios 4:30)
 
“el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.” (2Corintios 1:22)
 
Aunque el hombre no puede ver el sello de Dios los ángeles y demonios sí lo pueden ver.  Ángeles, como espíritus ministradores proveen protección a los que tienen el sello de Dios y a los demonios no les es permitido tocarnos sin el permiso de Dios.  Dios solo permite que Satanás nos aflija como sus hijos escogidos cuando es necesario para nuestra santificación.  En el caso de uno de sus hijos que no juzgó el pecado en su vida, fue necesario que Dios le entregara “a Satanás para la destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús” (1Coríntios 5:5). Dios disciplina a sus hijos para que no sean condenados con el mundo. Aún uno como Pedro que ama al Señor y anhela servirle de todo corazón tiene que ser quebrantado y despojado del yo, y para lograr esto Dios permite a Satanás zarandearnos como el trigo para que podemos aprender a confiar plenamente en Dios sin confianza alguna en la carne.
 
Los judíos mesiánicos, de la misma manera que los creyentes entre los gentiles, son sellados por Dios para el día de la redención desde el momento que creen.  Ya no son un pueblo distinto, sino que son miembros de la Iglesia juntos con los gentiles.  Los santos de la Iglesia serán protegidos de la ira de Dios durante la tribulación, pero muchos también tendrán el privilegio de morir como mártires bajo la tiranía del Anticristo:
 
“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.” (Apocalipsis 14:12-13)
 
Muchos cristianos que se niegan a recibir la marca o el nombre de la bestia en sus frentes morirán como mártires.  Para ellos se dice que es un privilegio morir en el Señor. Sin embargo, no se podría decir lo mismo para judíos devotos que aún no han creído en Jesucristo como su Mesías y Salvador.  Ellos tienen que ser preservados vivos hasta la Segunda Venida de Cristo cuando ellos serán salvos:
 
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.  Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.  Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” (Romanos 11:25-29)
 
¿Cómo se salva todo Israel? Por el Libertador que viene de Sion. Continuarán a través de la tribulación como judíos devotos, pero en incredulidad hasta que ven a su Libertador viniendo en las nubes del cielo.  En ese momento serán salvos.
 
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zacarías 12:10)
 
¿Cuándo es que Dios derrama sobre la casa de Israel el espíritu de gracia y de oración?  Cuando el Libertador viene de Sion.  Entonces verán las heridas en sus manos y sus pies.  Mirarán la herida en su costado y lamentarán – no por ellos mismos sino por Él a quien traspasaron. Será un tiempo de arrepentimiento profundo por aquellos 144.000 de Israel que sobrevivirán el holocausto más horrible jamás visto bajo el Anticristo que aparentemente resultará en la muerte de todos los judíos excepto los que fueron sellados para protección. Romanos 11:26 dice, todo Israel será salvo” cuando el Libertador viene.  En otras palabras, como resultado del holocausto que viene solo 144.000 judíos sellados serán salvos.  Su protección contra el dragón y el Anticristo puede ser vista en Apocalipsis 12 donde la mujer, o Israel, es perseguido por Satanás después de dar a luz al hijo varón:
 
“Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón. Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo. Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río. Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca. Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” (Apocalipsis 12:13-17)
 
En este pasaje vemos como el dragón persigue a la mujer, pero el Señor ayuda a la mujer manteniéndola fuera de su alcance. Los 144.000 no son solamente protegidos de la ira de Dios, al igual que los cristianos, sino que también son protegidos de la ira de Satanás, haciendo posible que sobrevivan hasta el tiempo en que entre la plenitud de los gentiles y el Libertador venga de Sion.  En su frustración y furia, al ver que no puede tocar a la mujer, el dragón enfoca toda su ira hacia el resto de la descendencia de ella, los cristianos.
 
Entonces vemos que los 144.000 son judíos no mesiánicos que son escogidos por Dios y sellados para sobrevivir el peor holocausto de la historia bajo el Anticristo y estar delante del Hijo de Dios en su Segunda Venida, creyendo en Él al ver las heridas en sus manos, sus pies y su costado.  Es probable que ellos sean los únicos judíos que sobrevivirán a esa persecución, dado que la investigación genética ahora puede determinar linaje judío definitivamente sin necesidad de documentación comprobando su descendencia.

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por George Sidney Hurd
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“Porque todos los que son constantemente guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios.  Pues no han recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez con temor, sino que han recibido el Espíritu que les da la posición de hijos adultos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Este mismo Espíritu constantemente da testimonio con nuestro espíritu (humano) que somos niños de Dios, y como niños, también herederos; por un lado, herederos de Dios, y por otro lado, co-herederos con Cristo, con tal de que suframos con Él para poder ser glorificados juntamente con Él. Porque he llegado a la conclusión razonada que los sufrimientos del tiempo presente no tienen peso alguno en comparación con la gloria que pronto será revelada sobre nosotros.  Porque la expectativa enfocada y no divida de la creación está atentamente y pacientemente esperando la revelación de los hijos de Dios.  Porque la creación fue sujeta a futilidad, no voluntariamente, sino por causa de Él que quién la sujetó para resultar en la esperanza de que la creación misma sea liberada de la esclavitud a la libertad gloriosa de los niños de Dios.  Porque sabemos que toda la creación gime y tiene dolores de parto hasta ahora, y no solamente ella, sino que nosotros mismos que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos dentro de nosotros, intensamente y pacientemente esperando la plena realización de nuestra posición como hijos adultos en el tiempo de la redención de nuestros cuerpos (Romanos 8:14-19).” [i]
 
En Romanos capítulo ocho, citado arriba por el reconocido erudito del Griego Kenneth Wuest, el Espíritu Santo habla por el apóstol Pablo de una revelación o manifestación (apocalupsis) de los hijos de Dios.  Vemos que es un evento ansiosamente esperado, no solo por toda la creación sino también por los santos que ya tienen las primicias del Espíritu Santo.  La creación ha sido sujeta a futilidad desde que Adán perdió su dominio a manos de Satanás cuando desobedeció a Dios.  Esa futilidad seguirá hasta el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios cuando comienzan a andar en toda la autoridad de Cristo, el Segundo Adán.  ¿Qué es lo que está descrito aquí y cuándo comenzará a manifestarse? Estas son preguntas que serán investigadas en este blog.
 
¿Quiénes son los Hijos Manifiestos de Dios?
 
¿Quiénes son estos hijos manifiestos de Dios que serán manifestados o revelados al final de esta época?  El lenguaje que Pablo utiliza en el texto y sus referencias a la cultura griega nos revelan mucho.  En el idioma griego koine del Nuevo Testamento hay varias palabras utilizadas para distinguir diferentes etapas del desarrollo de un hijo desde el nacimiento hasta su madurez como adulto.  La primera palabra es brefas, que es utilizada para referirse a un infante antes y después del nacimiento.  No llegamos a ser parte de la familia de Dios por adopción sino por nacimiento.  El término “adopción” será explicado más adelante.  Todos comenzamos en la familia de Dios como bebés recién nacidos:
 
“siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre…desead, como niños recién nacidos (brefas), la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación.” (1Pedro 1:23; 2:2)
 
La segunda palabra utilizada es nepías.  Cuando querían especificar entre las etapas del desarrollo, esta palabra tenía referencia a un niño pequeño que todavía gatea; uno que aún no ha sido destetado o uno que es inmaduro.
 
“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños (nepías) en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía.” (1Corintios 3:1-2)
 
“Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño (nepías); pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Hebreos 5:13-14)
 
La tercera etapa en el desarrollo de infante a adulto es expresada con la palabra tekníon o teknon.  Ambas palabras se refieren a la niñez, pero tekníon es más de cariño y usualmente es traducido “hijitos”.  El apóstol Juan utiliza este término a través de su primera epístola.  En 1Juan 2:12 lo utiliza para referirse a niños espirituales en contraste con los espiritualmente más maduros:
 
“Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.” (1Juan 2:12-14)
 
En este pasaje podemos ver una distinción entre diferentes niveles de madurez entre los santos.  Los hijitos están al nivel donde saben que sus pecados han sido perdonados a través de Jesucristo.  Los jóvenes han madurado y aprendido a andar en la autoridad de Cristo venciendo a Satanás. Los padres son los que, habiendo conocido a Cristo como Salvador y vencido, han llegado a tener intimidad con Él.
 
La palabra utilizada para expresar hijos maduros es la palabra juios.  Mientras que la palabra juios también es utilizada para referirse a linaje sin referencia a madurez (como nosotros presentaríamos a nuestro bebe o niño diciendo, “este es mi hijo”), cuando es utilizada para referirse al nivel del crecimiento juios hace referencia a un hijo adulto y maduro con todos los privilegios y responsabilidades de un adulto.  En Gálatas 4:1-7 vemos este concepto ilustrado:
 
“Ahora digo que entre tanto que el heredero es un menor, en nada difiere de un esclavo, aunque es dueño de todo, sino que está bajo tutores y mayordomos hasta el tiempo previamente determinado por su padre.  De la misma manera, nosotros también, cuando éramos niños estábamos en un estado de servidumbre bajo los principios rudimentarios de la humanidad.   Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, sujeto a la ley, para liberar a los que estaban bajo la ley con el fin de que seamos colocados como hijos adultos (juiathesía).  Y por cuanto son hijos, Dios envió el Espíritu de Su Hijo a sus corazones clamando, Abba, Padre.  Así que ya no son esclavos sino un hijo (juíos), y como son hijos, también son herederos de Dios.” [ii]
 
Aquí vemos que un niño, aun siendo heredero, tiene que madurar hasta que su padre determina que es un adulto responsable (juios) antes de entregar su herencia.
 
¿Qué es el Significado de la Palabra Traducida “Adopción?
 
Muchos erróneamente han aplicado el concepto occidental de adopción a la palabra griega juiothesía traduciéndola “adopción”.  La palabra simplemente significa “colocar como un hijo adulto.” Es una palabra compuesta de “hijo maduro” (juíos) y títhemi que significa “poner o colocar.”
 
El Diccionario Expositivo de las Palabras del Nuevo Testamento de Vine y el Doctor C.I. Scofield dicen lo siguiente sobre el significado de la palabra juiothesía:
 
“En Efesios 1:5 dice que han sido predestinados para ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo, RV; la KJV, “adopción de niños” es una traducción errada y resulta en una interpretación errada.  Dios no “adopta” creyentes como niños; son nacidos como tales por su Espíritu Santo por fe.  “Adopción” es un término que involucra la dignidad de la relación de creyentes como hijos; no habla de colocar en la familia por nacimiento espiritual, sino colocar en posición de hijos.  En Romanos 8:23 la ‘adopción’ de un creyente es presentado como algo futuro, porque allí incluye la redención del cuerpo, cuando los vivos serán cambiados y los que han dormido serán resucitados.” [iii]
 
“Adopción (juiothesía, “colocando como hijo”) no es tanto una palabra de relación como de posición.  La relación a Dios como niño resulta del Nuevo nacimiento (Juan 1:12,13), mientras que adopción es un hecho de Dios en que uno ya siendo niño es, a través de la redención de la ley, colocado en la posición de un hijo adulto (Gálatas 4:1-5).  El Espíritu que mora en nosotros revela esto en la experiencia del presente (Gálatas 4:6); pero la plena manifestación de la posición de hijos como creyentes espera la resurrección, transformación y rapto de los santos, que es llamado ‘la redención del cuerpo’ (Romanos 8:23; 1Tesalonicenses 4:14-17; Efesios 1:14; 1Juan 3:2).” [iv]
 
Las Tres Etapas de Desarrollo de un Hijo en la Tradición Hebrea
 
Estas tres etapas de desarrollo de un hijo Hebreo para llegar a ser un hijo adulto eran celebradas con tres ceremonias judías: 1) Circuncisión, 2) Benei Mitzvá y 3) la Juiothesía cuando el padre le entregaba al hijo los privilegios y responsabilidades como un hijo adulto.  La primera etapa es de la circuncisión en el octavo día después de nacer hasta que el niño llegue a los doce años.  Durante esta etapa el niño es enseñado en la ley. Durante la segunda etapa el hijo aprende los estatutos de la Torá y es instruido en el negocio de su padre.  El Doctor Gerhard Kittel hace referencia a todas las tres etapas en su obra distinguida:
 
“En la familia judía hijos recibieron la señal de la circuncisión al octavo día de nacer y en la temprana adolescencia fueron instruidos por sus padres en el Torá. Cuando ya ha sido enseñado en la ley, el muchacho en su treceavo año llega a ser plenamente responsable de observar los mandamientos de ese tiempo en adelante… En el Qumran y la literatura rabínica hay reglas precisas para cada edad.  1 QSa 1:6-19ª dice que en el tiempo final la instrucción del joven israelita en los estatutos del pacto seguirá desde la juventud para arriba…. Las etapas de la vida humana son dividas, con 30 años representando la madurez, 40 años representando entendimiento, con 60 años representando edad, con 70 años representando edad avanzada, con 80 años representando vejez, con 90 años representando encorvado y con 100 años representando el estado de muerte y ausencia del mundo.” [v]
 
¿Cuándo ocurría la plena manifestación del hijo maduro en el desarrollo de un hijo Hebreo?  Al llegar a la madurez alrededor de los 30 años, el padre hacía una declaración en un lugar público, usualmente el mercado.  David Webber hace comentario sobre esta ceremonia:
 
“La palabra ‘juothesía’ significa ‘ubicación de un hijo’, e indica el tiempo cuando un hijo varón llega a lo que fue considerado la edad de madurez (alrededor de 30 años de edad).  Al llegar a esta edad, el padre del hijo ponía su mano sobre la cabeza de su hijo y abiertamente proclamaba, ‘Este es mi hijo en quien tengo complacencia.  Ahora le otorgo todas las riquezas, poder y autoridad (como representante legal) para actuar en lugar mío en todos mis asuntos’.” [vi]
 
Algunos consideran que la juiothesía tiene referencia a la Benei Mitzvá cuando un joven cumple trece años y es reconocido como moralmente responsable por sus actos (Benei Mitzvá significa “hijo de los mandamientos”).  Pero un niño comenzando su adolescencia no hubiera sido considerado lo suficiente maduro para recibir su herencia y hacer los negocios en lugar del padre como vimos en Gálatas 4:1-7.
 
La vida y ministerio de Jesús ilustran las etapas hacia la juiothesía.  Fue circuncidado al octavo día (Lucas 2:21).  Cuando tenía doce años habló en el templo y todos se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas.  Cuando sus padres le encontraron en el templo Él les dijo: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?” (Lucas 2:49). Esto corresponde a la segunda etapa en la cual el hijo aprende el negocio de su padre.  Entonces, a los treinta años en su bautismo, el Espíritu Santo desciende sobre Él y el Padre públicamente declara “Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia” (Lucas 3:22).  El siguiente versículo dice “Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años…”  Aunque era el Hijo, aprendió obediencia esperando el tiempo de su Padre.
 
Son los Hijos Maduros los que serán Manifestados en el Fin de la Época

Examinando otra vez a Romanos 8:14-19 podemos ver que son los hijos maduros (juios) los que serán manifestados.  En el versículo nueve él dice que cada niño de Dios tiene el Espíritu morando en él: “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.”  Cada niño de Dios tiene el Espíritu Santo morando en ellos, incluyendo a los inmaduros.  Aún los cristianos carnales en Corinto que tenían que ser amonestados por su fornicación, tenían el Espíritu Santo morando en ellos: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros…? (1Corintios 6:19). Él exhorta a los santos en Efesios 4:30 diciendo: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”
 
En distinción con los niños de Dios vemos que Pablo en Romanos 8 comienza a hablar de los hijos maduros en el versículo 14 que no solo tienen el Espíritu Santo morando en ellos sino que también son guiados por Él: “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”  Podemos decir que cada uno que haya nacido de Dios tiene el Espíritu de Cristo, pero solo los hijos maduros son continuamente guiados por el Espíritu.  Ya no actúan basado en cada necesidad que ven, sino que solo hacen lo que el Espíritu les guía hacer, de la misma manera que Jesús solo hacía lo que veía hacer el Padre.  Un creyente inmaduro usualmente es gobernado por las circunstancias, su razón y la opinión de otros.  Los hijos maduros, en contraste, solo se dejan guiar por lo que el Espíritu les revele.  El Espíritu da testimonio con el espíritu de cada creyente que somos sus niños (tecnon), que tenemos el Espíritu y que, teniendo al Espíritu tenemos el potencial de llegar a ser hijos maduros y coherederos con Cristo si sufrimos con Él para poder reinar con Él (vv. 15-17).
 
Comparando el uso de juiothesía en Romanos 8 con los otros lugares donde ocurre, podemos ver que es reservado para los hijos maduros.  En 8:17 vemos que la herencia es reservada para los que hayan participado en los padecimientos de Cristo, calificándoles a reinar con Él.  En Hebreos 5:8 descubrimos que aún Jesús “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.”  Nosotros también somos madurados en la escuela del sufrimiento.  Nuestro nivel de madurez es medido por el grado en que somos conformados a la imagen de Cristo, solo haciendo lo que vemos hacer el Padre, obedeciéndole en todo.
 
En Efesios 1:4,5 vemos que “…nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.”  El término “predestinado” es pro-horizo que es pro “antes” y horizo “poner límites (horizontes), marcar.”  Las dos palabras unidas literalmente significan “poner límites de antemano.”  La idea expresada es que Dios pone límites en nuestra vida de antemano, en la vida de sus escogidos para llevarnos al lugar de la madurez requerido para la posición de un hijo maduro.  La predestinación es como una cerca en cada lado del camino que se acercan más la una a la otra mientras avanzamos.  Los parámetros que Dios concede a un niño de Dios al comienzo del camino son reducidos conforme va avanzando hasta que llegue al lugar predestinado, la madurez, conformado a la imagen de Jesús:
 
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.” (Romanos 8:28-30)
 
Aquí vemos que los parámetros puestos de antemano en las vidas de los que Él antes conoció son diseñados para llevarnos a ser conformados a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos.  Cuando hayamos llegado a la medida de la estatura de Cristo (Efesios 4:13), entonces nosotros como el cuerpo de Cristo estaremos maduros y entraremos en la plenitud de nuestra posición como hijos maduros.
 
En Gálatas 3:23 a 4:7 vemos la relación del pueblo de Dios bajo el Antiguo Pacto comparado con un niño bajo el tutor de la Ley para llevarlos a Cristo, el lugar de la juiothesía.  Bajo el nuevo pacto nuestra relación ya no es comparable a la de un niño bajo tutores, sino de un hijo adulto:
 
“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos (juiothesía). Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.” (Gálatas 4:1-7)
 
Aquí vemos que la adopción o posición de hijo maduro no es dado hasta el tiempo señalado por el padre cuando determina que el hijo ha madurado lo suficiente para ser reconocido como un hijo adulto y responsable.  Vemos que un niño, aunque es heredero, no recibe su herencia hasta el tiempo determinado por el padre que tradicionalmente fue a los 30 años. Sin embargo, el uso del término “adopción” (juiothesía) para describir nuestra nueva relación con Dios como hijos adultos en contraste con la relación bajo la ley del Antiguo Pacto como niños no debe ser confundido con lo que Pablo está describiendo en Romanos 8 al hablar de la manifestación de los hijos de Dios.  En Gálatas 4 él está refiriendo a algo que comenzó en el pasado al comenzar el Nuevo Pacto.  En Romanos 8 él describe algo aún futuro que él, junto con todos los santos estaban anhelando pero que aún no lo habían experimentado:      
 
“porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.” (Romanos 8:21-23)
 
Como mencionan Scofield y Vine, la plena manifestación (juiothesía) de los hijos de Dios espera el tiempo de la transformación cuando reciben la redención de sus cuerpos.  Pablo dijo que aún ellos que tenían las primicias del Espíritu, todavía estaban esperando la manifestación de los hijos de Dios.
 
Aunque la plena manifestación espera el milenio, hay indicaciones que la manifestación de los hijos de Dios comenzará a través de aquellos que hayan alcanzado la madurez suficiente para la juiothesía antes del retorno físico de Cristo a la tierra.  Isaías 60 dice que la gloria del Señor amanecerá sobre sus Hijos de gloria durante un tiempo de grandes tinieblas:
 
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isaías 60:1-3)
 
La gloria postrera descrita aquí que comenzará a amanecer durante la hora más oscura aparenta ser lo que Pablo ansiosamente esperaba: “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.” (Romanos 8:18, 19)
 
Aparentemente solo serán los hijos maduros al fin de la época, a comienzos de la gran tribulación, que conformarán al hijo varón y manifestarán la gloria postrera durante el tiempo de mayores tinieblas.  Sin embargo, todos los santos que hayan llegado a la madurez en generaciones pasadas serán manifiestos como hijos de Dios a toda la creación en las épocas venideras.  También los que han sido purificados por los fuegos de la gran tribulación reinarán con Él en gloria durante el milenio. Todos los que hayan sufrido con Él de cualquier generación reinarán con Él.
 
Delante del Trono y en la Tierra al Mismo Tiempo.
 
Hay indicaciones que los hijos de gloria en Isaías 60, además de ser los hijos manifiestos de Dios, también son los identificados como el hijo varón.  Muchos concluyen que, como el hijo varón es arrebatado al cielo a Dios y su trono no puede estar también en la tierra.  Sin embargo, es posible estar en los lugares celestiales y en la tierra al mismo tiempo.  Jesús, aún en los tiempos que anduvo en la tierra, cuando hablaba con Nicodemo dijo:
 
“Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo (Juan 3:13).”
 
Jesús dijo que Él que estaba hablando a Nicodemo en la tierra también estaba en el cielo en ese mismo momento.  Después de su resurrección Jesús ascendía y descendía cuando quería.  Pero mientras que Jesús después de su resurrección podría manifestar su presencia en la tierra o en el cielo según su voluntad, Él no tenía que estar ausente del cielo para aparecer en la tierra.  Juan dice: “…aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1Juan 3:2). En Apocalipsis 14:3 dice que los 144.000 están “delante del trono.”  Sin embargo, en versículo 4 dice: “Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. En lo natural esto no es posible, pero es posible en la esfera espiritual.
 
Esto no quiere decir que los que conformen el hijo varón serán omnipresentes.  La omnipresencia es un atributo que solo Dios posee.  Pero aún en los días de nuestra carne es posible estar consciente de nuestra presencia en los lugares celestiales donde estamos sentados con Cristo.  La realidad de que estamos sentados con Cristo en un lugar de autoridad es más que simplemente “una verdad posicional”.  Hasta que comencemos a vernos sentados con Cristo más allá de todo principado, poder y dominio, no maduraremos al lugar de la juiothesía.  Nuestro espíritu siempre está delante de Dios como creyentes a pesar del hecho que nuestro cuerpo y alma están en la tierra.  Así es posible estar en comunión con Dios y al mismo tiempo cumpliendo nuestras responsabilidades aquí en la tierra, siguiendo al Cordero a dondequiera que vaya. Aparte de la promesa a los vencedores de la iglesia en Filadelfia que serían guardados de la hora de prueba dice: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí…” (Apocalipsis 3:12).  Todos entendemos que no quiere decir que los que vencen nunca harán nada ni irán a ningún lado por toda la eternidad, sino que eternamente estarán en la misma presencia de Dios, aún mientras que están sirviéndole a Él y siguiéndole al Cordero.  Cuando David habló de morar en la casa del Señor para siempre no debemos de pensar que quería decir que nunca estaría en otro lugar porque sabemos que estará reinando en el milenio, entre otras actividades. 
 
Cuando Jesús se demoró en llegar a Betania, Lázaro ya había estado muerto por cuatro días.  Cuando Jesús dijo a Marta, “tu hermano resucitará” ella respondió, “yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” A su fe en una resurrección en el día final, Jesús respondió, “soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).  Jesús aquí presenta dos niveles de fe acerca de la muerte que eran mayores que la fe que Marta tenía cuando dijo que creía en una resurrección futura; la primera fue lo demostrado resucitando a Lázaro de los muertos; fe para que uno vuelva a la  vida después de haber muerto.  Este nivel de fe ha sido demostrado muchas veces en la Biblia y en la historia cuando los muertos han sido resucitados.  El segundo nivel de fe raras veces se ha visto en la historia; “todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.”  Aparte de Enoc y Elías, esta fe para ser transformados sin ver la muerte aún no ha sido manifestada.  Sin embargo, parece que habrá un grupo de santos como Elías que recibirá una revelación para este nivel de fe.  Así como Elías sabía que sería trasladado sin ver la muerte, habrá un grupo; el hijo varón, que será arrebatado al cielo sin ver la muerte.
 
Parece que este grupo que conforma al hijo varón también serán los hijos de gloria que brillarán en medio de las tinieblas al fin de la época, resultando en una gran cosecha de almas.  Ellos harán las mayores obras de que habló Jesús.  Incansablemente alcanzarán a los inalcanzables, yendo donde la Iglesia hasta ahora no ha podido ir – hasta los fines de la tierra.  Puede que esto parezca increíble para algunos, sin embargo, parece que Dios hará muchas cosas increíbles al fin de esta época para que se lleve a cabo la última gran cosecha antes de la Segunda Venida.  Aunque es probable que Chuck Girard no comparta enteramente esta interpretación, él expresa bien lo que Dios va a hacer en su canción profética “Name Above All Names (Nombre Sobre Todo Nombre)”: “Yo soy Jehová, yo soy quien soy, y mi trompeta pronto sonará.  Yo hice los mundos con solamente un susurro, pero estoy preparándome a gritar.”  Él viene pronto, pero no vendrá hasta que el evangelio del Reino haya sido oído a través del mundo entero.
 
En Apocalipsis 14:6-7 vemos que aparentemente hasta los ángeles tomarán parte en la proclamación del evangelio al fin de la época.  ¿Por qué no tendrán parte también a los hijos manifiestos; el hijo varón?
 
Algunos protestan diciendo que es elitismo enseñar que los hijos manifiestos de Dios son un grupo distinto al de los creyentes en general.  Sin embargo, el privilegio es para todos los que califican para ser declarados los hijos maduros de Dios.  La responsabilidad de madurar como hijos está con nosotros.  Depende en gran parte de la manera que respondemos a la disciplina del Señor.  ¿Estamos dispuestos a sufrir con Él para poder ser glorificados con Él?  ¿Nos limpiaremos de toda contaminación de la carne para poder ser vasos de honor, útiles para el Señor?  ¿Estamos dispuestos a humillarnos bajo la poderosa mano de Dios para que Él nos exalte en su debido tiempo?  ¿Seremos entre los que perseveran para que, habiendo hecho la voluntad de Dios recibamos la promesa?  ¿Vigilaremos orando para poder ser dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán?  No un grupo élite, sino los vencedores regirán con vara de hierro.  Los que hayan guardado la palabra de su paciencia serán los que son guardados de la hora de prueba.  No todas las vírgenes entrarán sino solo las prudentes.  Dios no hace acepción de personas.  Que sea nuestra meta alcanzar todo lo que Cristo deseó para nosotros cuando nos alcanzó.
 
“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios.” (Filipenses 3:12-15)


[i]Kenneth S. Wuest,The New Testament: An Expanded Translation (Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1961).

[ii] Ibid.

[iii]Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, (Thomas Nelson Publishers, 1985).

[iv]Scofield Reference Bible, ( Oxford University Press, New York, 1945), note on Eph. 1:5.

[v]Kittle’s Theological Dictionary of the New Testament (10 volumes). By Wm. B. Eerdmans Publishing Co.,1972-1989), huios strongs 5207
 

[vi]http://www.tlchrist.info/worship/adoption.htm
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Considerando cómo diferenciar entre el Universalismo Bíblico y las Otras Variedades del Universalismo
 
por George Sidney Hurd
 
En escribir este blog, tengo dos grupos de personas en mente. El primer grupo son aquellos que, habiendo sido malinformados, piensan que todas las formas del Universalismo están sin fundamento bíblico. Esto se debe principalmente al hecho de que muchos maestros y predicadores condenan categóricamente a todos los Universalistas, poniéndolos en la misma categoría general con el Liberalismo Pluralista y Heterodoxo. La mayoría ignoran por completo el hecho de que existen argumentos sólidos y sanos para la creencia de que finalmente todos serán salvos y restaurados, y que, lejos de ser poco ortodoxo, el Universalismo Bíblico en realidad era la doctrina prevalente en la Iglesia Primitiva durante los primeros cinco siglos hasta que Constantino politizó el cristianismo y San Agustín popularizó la doctrina del castigo eterno. Demuestro esto en mi primer blog, El Testimonio de los Padres.
 
El Segundo grupo de individuos que tengo en mente en este blog son aquellos que han llegado a creer de las Escrituras que todos finalmente serán salvos, pero se sienten abrumados y confundidos por tantas creencias diversas y a menudo contradictorias entre los que creen en el Universalismo Cristiano. Como un Universalista Conservador, veo dos categorías básicas de Universalistas Cristianos: 1) Los que creen que las Escrituras son infalibles y derivan su doctrina de la salvación universal únicamente de las Escrituras, y, 2) Los que niegan la infalibilidad de las Escrituras y por lo tanto sienten libertad para basar su doctrina de la salvación universal en lo que ellos mismos  consideran razonable. Dado que no creen que todas las Escrituras son inspirados por Dios, se sienten libres para aplicar o rechazar porciones de las Escrituras, formulando doctrinas según sus propios juicios morales y razonamiento filosófico.
 
Es inevitable que aquellos que fundamentan sus creencias únicamente en las Escrituras no difieran en algunos puntos de doctrina, debido a que todos somos falibles en nuestro entendimiento de las Escrituras. Sin embargo, donde las creencias confusas y erróneas son más prolíficas es entre aquellos que dependen principalmente de su propia razón y sensibilidades para su entendimiento, en vez de basar sus doctrinas en las Escrituras únicamente. Una vez abandonada la infalibilidad de las Escrituras, ya no existe una norma objetiva de verdad sobre la cual podemos fundamentar nuestras doctrinas, y la tendencia es desestructurarse, pasando de certidumbre y convicción, a duda y confusión, a menudo resultando en el naufragio de la fe.
 
En este blog, voy a estar considerando brevemente estos dos grupos con sus subgrupos principales para ayudar a aquellos que creen en la infalibilidad de las Escrituras a distinguir entre las formas del Universalismo bíblico y las diversas formas no bíblicas. Si tienes dudas acerca de la doctrina de la infalibilidad de las Escrituras, recomiendo que primero leas mi serie de blogs sobre ese tema en mi página web: The Evangelical Conservative Universalist.
 
A través de este blog, voy a proveer vínculos subrayados en el texto o en paréntesis que sustentan u ofrecen más explicación de muchos de los puntos que solamente menciono brevemente de paso.
 
El Universalismo Bíblico
 
Cuando digo Universalismo Bíblico, me refiero a los Universalistas que creen en la infalibilidad de las Escrituras y, por lo tanto, derivan su doctrina acerca de la salvación final de todos, solamente de las Escrituras. El título, El Universalismo Conservador, es esencialmente lo mismo que el Universalismo Bíblico, dado que los cristianos conservadores defienden y conservan la fe una vez dada a los santos en las Escrituras. En contraste, los Progresivos argumentan que hemos superado de edad a las Escrituras, y por lo tanto, necesitamos rechazar o reinterpretar muchos pasajes de las Escrituras en el nombre del progreso. El inconveniente del nombre Universalismo Conservador es que se confunde fácilmente con el conservatismo político.
 
Aunque algunos prefieren otros títulos, como el Universalismo Evangélico, el Universalismo Patrístico o el Universalismo Trinitario, estos nombres pueden ser engañosos, dado que muchos que se identifican por ellos ya no creen en la infalibilidad de las Escrituras. Por ejemplo, los Padres de la Iglesia Primitiva defendían la infalibilidad de las Escrituras, y creían en la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, y, sin embargo, muchos hoy en día que llevan el nombre, Universalismo Patrístico, niegan uno o ambos de estos elementos esenciales. Demuestro que los Padres Primitivos creían en la Expiación Sustitutiva Penal en mi blog, Los Padres Primitivos y la Expiación Sustitutiva Penal.”
 
Los Universalistas Bíblicos creen que la salvación y el perdón de pecados solo es posible por medio de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo por nuestros pecados, y que uno necesita creer en el Señor Jesucristo, recibiéndolo para ser salvo y nacido de nuevo, y así se recibe la vida eterna de Dios (Jn 1:12-13; 3:16; 8:24; Rom 3:22; 3:28; 3:30; Gal 2:16; 3:8; 3:24; Ef 2:8; Fil 3:9; 2Tim 3:15 ; Hch 16:31; etc.)
 
Los Universalistas Bíblicos creen en la Trinidad y en la plena deidad de Cristo. Creen en la existencia de un Satanás personal, ángeles caídos y demonios que buscan robar, matar y destruir y que necesitan ser resistidos en el nombre de Jesús. Creen en una sola resurrección de los muertos, en contraste con la reencarnación.
 
En general, los Universalistas Bíblicos creen las mismas doctrinas que otros Evangélicos, excepto que entienden, igual como los Padres de la Iglesia, que el infierno es eonian, en el sentido de que no es eterno, sino que continúa en las épocas venideras, y su propósito principal es corrección y restauración, en vez de tormentos sin fin.
 
Entre los Universalistas Bíblicos uno encuentra Carismáticos que creen que los dones del Espíritu siguen operando hoy, como también los Cesacionistas que creen que los dones sobrenaturales cesaron en el primer siglo. Unos ven el libre albedrío como predominante, como los Arminianos, mientras que otros creen en el determinismo divino, como muchos Calvinistas. Tomando en cuenta el conocimiento medio de Dios en lo cual Él no solamente sabe lo que va a suceder, sino que también lo que sucedería bajo otras circunstancias, creo que nuestra salvación es logrado por medio de una perfecta interacción entre ambos, el libre albedrío del hombre, y la soberanía de Dios, que, de manera infalible, resulta en que todos finalmente habrán sido atraídos eficazmente a Cristo sin violar la voluntad del hombre ni comprometer la soberanía de Dios  (Isa 45:22-24). Demuestro como el Universalismo armoniza con las Escrituras de una manera que el Arminianismo y el Calvinismo no pueden hacer en mi libro: La Solución Universal.”
 
Así que, los Universalistas Bíblicos creen en todas las doctrinas ortodoxas que la Iglesia ha mantenida a través de la historia, incluyendo la doctrina de castigos postmórtem en Gehena o el Lago de Fuego. La única diferencia es acerca de la naturaleza, propósito y duración de los castigos postmórtem de Dios. Presento un estudio comprensivo del fundamento bíblico para la creencia en la naturaleza temporal y restaurativa de los castigos de Dios, y la restauración final de todos, en mi libro: El Triunfo de la Misericordia.”
 
Habiendo considerado brevemente lo que es el Universalismo Bíblico, ahora podemos dirigir nuestra atención a lo que considero ser algunas de las formas aberrantes del Universalismo. Desafortunadamente, los opositores del Universalismo casi siempre ignoran los argumentos sustanciales de los Universalistas Bíblicos, atacando el blanco fácil de las formas aberrantes de los Universalistas Progresivos y Liberales. Aunque las creencias entre aquellos que abandonan la doctrina de la infalibilidad son difíciles de categorizar debido a su diversidad, veo que generalmente caen en tres categorías: 1) el Universalismo Liberal, 2) el Universalismo Progresivo y 3) Formas Híbridas y Extrabíblicas del Universalismo.
 
I. El Universalismo Liberal
 
El Modernismo surgió con el Siglo de las Luces y su anti-sobrenaturalismo racionalista en el siglo XVIII. Debido a que la Biblia es un libro sobrenatural de tapa a tapa, fue el blanco del ataque contra todo lo sobrenatural. Negaban todo lo que no tenía explicación racional o lo que no tenía evidencias empíricas. La afirmación de la Biblia como la Palabra de Dios fue negada, junto con la concepción virginal de Cristo y Su deidad y la Trinidad. La Expiación Sustitutiva Penal de Cristo por nosotros fue rechazada y reemplazada con un evangelio social Pelagianista.
 
El resurgimiento de la doctrina bíblica de la Salvación Universal, que comenzó con la Reforma y floreció en el siglo XIX, resultó en la formación de la Convención Universal, también conocida como la Iglesia Universalista de América, que, por un tiempo breve, era la tercera denominación más grande en los Estados Unidos. Sin embargo, después sucumbió al Liberalismo Unitario, formando lo que hoy en día se conoce como la Asociación Universalista Unitaria. En el año 2006, menos de 20% de sus miembros todavía se identificaban como cristianos.[1]
 
II. El Universalismo Progresivo
 
Hace cincuenta años, comenzando con la revolución cultural de los Hippies, el Modernismo anti-sobrenatural comenzó a ser reemplazado con el Postmodernismo, que abandonó la certidumbre Modernista para un Relativismo Progresivo que abraza la incertidumbre y lo sobrenatural. El hombre no puede vivir mucho tiempo en el vacío del materialismo secular sin la creencia en lo sobrenatural, y la revolución cultural de los años ’60 y ’70 era un rechazo del materialismo secular naturalista.
 
Aun antes de la revolución cultural, a comienzos del siglo XX, teólogos como Karl Barth y Tomás F. Torrance, reaccionando contra el Liberalismo, comenzaron a formular una nueva teología que llegó a ser conocido como la Neo-Ortodoxia. Aunque todavía negaban la infalibilidad de las Escrituras como fue defendida por Charles Haddon Spurgeon y después por A. A. Hodge y B. B. Warfield de Princeton, los de la Nueva Ortodoxia argumentaban que la Biblia, sin embargo, contiene la Palabra de Dios en el sentido de que es un testigo de Cristo, el cual, para ellos, es la única verdadera Palabra de Dios. Barth, a la vez que afirmaba el origen divino de la Biblia, sin embargo, se oponía a la doctrina de la infalibilidad, diciendo, “es pura necedad y desobediencia intentar encontrar elementos infalibles en la Biblia.” [2]  T. F. Torrance, de la misma manera, despreciaba la creencia en la infalibilidad diciendo: “Nosotros inventamos la idea de la infalibilidad porque necesitaba otro mediador entre Dios y el hombre adicional a Jesús.” [3] 
 
Este mismo desprecio a las Escrituras se ve entre los Universalistas Progresivos hoy en día. Por ejemplo, Steve McVey dice:
 
“Si quieres decir que la Biblia es la palabra con un minúsculo p, que es una de las maneras en que Dios se comunica con nosotros, estoy de acuerdo con eso.” [4]  “En el sentido literal, la Biblia no es la Palabra de Dios – Jesús es. [5]
 
Brian Zahnd muestra un desprecio descarado hacia la Biblia en su libro, “Sinners in the Hands of a Loving God” (Pecadores en las Manos de un Dios de Amor), cuando dice: “Jesús es el Salvador de todo lo que necesita ser salvo…incluyendo la Biblia. Jesús salva la Biblia de sí misma!” [6] Entre los Progresivos he oído comentarios despreciativos en contra de la Biblia como: “Creo en la Palabra infalible de Dios, y Él tiene una barba.”
 
Lo que no toman en cuenta es la enseñanza de Jesús Mismo acerca de la infalibilidad de la Palabra de Dios escrita. Él llamaba la Escritura la Palabra de Dios y dijo que no puede ser quebrantada (Jn 10:35; Mt 5:18). Demuestro la falencia de despreciar la palabra escrita de Dios en el nombre de Jesús en mi blog: “¿Qué Significa la Palabra Palabra para Jesús?
 
Universalistas Inclusivistas
 
Hay tres creencias principales entre los Universalistas en cuanto a la manera en que uno puede ser salvo. Los Universalistas Bíblicos son Exclusivistas, que significa que uno tiene que creer en el evangelio personalmente y recibir a Cristo para ser salvo (Rom 10:13; Marcos 16:16; Hch 16:31). Eso es la razón por qué la mayoría de los Universalistas Bíblicos son evangélicos, sacrificándose para predicar el evangelio hasta los fines de la tierra.
 
En contraste con esto, unos Universalistas Progresivos y Liberales son Pluralistas, enseñando que Jesús no es el único camino a Dios, sino simplemente uno de muchos caminos que llevan a Dios. Sin embargo, las Escrituras son muy enfáticos en declarar que Jesús es el único camino al Padre (Jn 14:6; Hch 4:12).
 
Una creencia más reservada de muchos es la de los Inclusivistas, quienes, mientras insisten en que Cristo es el único camino a Dios, sin embargo, argumentan que no es necesario que uno crea de manera explícita en la persona y obra de Jesucristo para ser salvo. Para ellos, uno puede ser salvo por una fe implícita en la revelación general de Dios, sin siquiera haber oído ni respondido de manera positiva al evangelio. Ellos razonan que la fe de uno no necesita ser cognitiva, con tal de que sea sincera y reverente. De esta manera, hacen posible que uno sea salvo sin siquiera haber oído de Cristo. Un budista, musulmán, o incluso un ateo sincero, puede ser salvo por el sacrificio de Cristo de una vez por siempre en el Calvario, sin haber creído de manera consciente en Él, ni oído de Él. Refieren a aquellos que, según ellos, son cristianos sin saberlo, como “cristianos anónimos.”
 
Sin embargo, un número creciente de Universalistas Progresivos y Liberales están pasando del Pluralismo y Inclusivismo a una forma radical de Inclusivismo que dice que no es necesario que uno crea en el evangelio para ser salvo, dado que todos ya fueron salvos hace 2.000 años en la cruz. Esta nueva doctrina fue popularizada por Carlton Pearson en su libro: The Gospel of Inclusion: Reaching Beyond Religious Fundamentalism to the True Love of God and Self,” (El Evangelio de la Inclusión: Yendo Más Allá del Fundamentalismo Religioso al Verdadero Amor a Dios y a Uno Mismo) publicado en 2007. Desde entonces, Pearson ha desestructurado su fe aún más, creyendo en la Expansión de la Consciencia y el Nuevo Pensamiento de la Nueva Era. Considero las falencias de esta nueva forma del Inclusivismo en mi blog: “¿Qué Debo Hacer para ser Salvo?
 
A menudo redefinen el pecado, presentándolo como si no fuera algo que cometemos contra Dios, sino simplemente contra uno mismo. Esto hace innecesaria la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo. Dado que el pecado no es contra Dios, ellos también niegan que el hombre haya estado separado de Dios, excepto en su propia mente. Considero esta y otras falencias relacionadas en mi blog: Borrando las Distinciones Bíblicas.”
 
La Negación de un Infierno Postmórtem
 
Aunque Universalistas Bíblicos niegan que el infierno es eterno, ellos sin embargo creen en la realidad de alguna forma del infierno en el más allá, así como creían los Padres Primitivos de la Iglesia. Sin embargo, muchos Universalistas Progresivos hoy en día niegan que existe un infierno aparte de lo que hacemos para nosotros mismos en esta vida. Aunque el espacio aquí no nos permite considerar el propósito y duración del infierno en detalle, las Escrituras son muy claras en que habrá castigos y correcciones postmórtem para los impíos, tanto en el Hades, como también en el Lago de Fuego para aquellos que aún no se hallen escritos en el Libro de la Vida en el juicio del Gran Trono Blanco.
 
Muchos Universalistas Progresivos niegan el estado consciente del alma en el Paraíso o en el Hades después de la muerte. Don Keathley, en su libro reciente, Hell’s Illusion (Exposing the Myth of Hell),” dice que el único infierno que uno experimentará es el infierno que sufrimos en nuestra mente cuando hemos sido programados por la religión a creer en el mito del infierno. Él dice que no hay necesidad de recibir a Cristo para ser salvo del pecado, el infierno y la ira venidera, porque jamás fuimos separados de Dios. Según él, nuestros pecados no son contra Dios, sino contra nosotros mismos, y por lo tanto, no hay retribución divina de Dios para los no arrepentidos en el infierno. Él dice: “No existe tal destino después de pasar del mundo físico a un lugar llamado el infierno, aun si no has hecho la oración mágica.” [7] La “oración mágica” a que se refiere es la oración de arrepentimiento y fe cuando recibimos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Considero las falencias de la doctrina del sueño del alma en mi libro Exterminación o Restauración?”, y también en mi blog: ¿Es Seol el Sepúlcro?
 
III. Formas Híbridas y Extrabíblicas del Universalismo
 
Los Universalistas Hiper-Dispensacionales de los Dos Evangelios
 
Quiero mencionar un grupo más que ha ocasionado mucha confusión entre los Universalistas. Son aquellos que promueven la doctrina de dos evangelios. Esta doctrina fue desarrollada por A. E. Knoch a comienzos del siglo XX. Él también hizo la traducción de la Biblia Concordant Literal Version. Fue excomulgado de los Hermanos Plymouth por su espíritu contencioso y sus doctrinas erróneas. Él negaba la Trinidad y la plena deidad de Cristo, insistiendo que, aunque el Hijo es exaltado por encima de toda la creación y fue creado antes de todas las cosas, incluyendo el tiempo, Él, sin embargo, de alguna manera, era una criatura creada por Dios en un punto de tiempo en la eternidad antes del tiempo. De alguna manera él no logró comprender el hecho de que no puede haber comienzos en la eternidad antes del tiempo.
 
Mientras que él no negaba la infalibilidad de las Escrituras, él relegaba a todo el Nuevo Testamento, a acepción de las epístolas de Pablo, a una dispensación previa, así prácticamente invalidando el resto de las Escrituras para el cristiano hoy en día. El maestro que más promueve esta doctrina de los dos evangelios hoy en día es Martin Zender. Considero las falencias de su variación de Universalismo Hiper-Dispensacional en una serie de cuatro blogs, comenzando con el blog, “¿Hay Dos Evangelios en el Nuevo Testamento?
 
Conclusión
 
Existen otros desvíos del Universalismo Bíblico que podríamos señalar, pero, por el espacio, no voy a elaborar más aquí. Una vez que nos apartemos de las Escrituras como la única infalible y autoritativa fuente de fe y doctrina, la tendencia es, o devolucionarse en un pantano de subjetividad, como hacen los Progresivos, o sobre imponer doctrinas de hombres encima de las Escrituras, como vemos con la doctrina de los dos evangelios de Knoch.
 
Quiero enfatizar el hecho de que ningunas de estas tres categorías son exclusivas del Universalismo. Las mismas categorías existen entre aquellos que creen en el castigo eterno, incluyendo la doctrina de los dos evangelios.
 
Aplicando el lema de los Reformadores, Sola Scriptura, y escudriñando las Escrituras como hacían los de Berea para ver si lo que nos han dicho es de acuerdo con lo que la Biblia realmente enseña, comenzamos a descubrir el plan glorioso de Dios para las épocas que culmina en todos siendo restaurados y reunidos en Cristo, y Dios llegando a ser todo en todos al pasar de la esfera del tiempo a la eternidad.
 


[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Universalism#cite_note-110
 

[2] Karl Barth, Church Dogmatics, I/2, ed. G. W. Bromiley and T. F. Torrance (Peabody, MA: Hendrickson Publishers, 2010), 531.
 

[3] Q & A Session (FGC 2016) Video 27:00
 

[4] Steve McVey: The Word of God is. Video 17:50
 

[5] Steve McVey: The Word of God is. Video 22:00
 

[6] Zahnd, Brian. Sinners in the Hands of a Loving God: The Scandalous Truth of the Very Good News (p. 57). The Crown Publishing Group.
 

[7] Keathley, Don. Hell's Illusion (p. 46). Don Keathley. Kindle Edition.
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por George Sidney Hurd
 
En los próximos dos blogs, voy a compartir algo que ha estado muy cerca de mi corazón desde que el Señor abrió mi entendimiento a esto hace casi cuarenta años en lo que solamente puedo describir como un encuentro de cielos abiertos. No fue hasta después que yo comencé a ver cómo las Escrituras mismas hablan de lo que había visto en el espíritu en ese tiempo. Desde ese entonces, me he encontrado con otras personas que han recibido una visión muy similar acerca de lo que el Señor va a hacer a través de Sus hijos elegidos y preparados al finalizar esta época.
 
No anticipo que todos leyendo esto verán el desarrollo de los eventos finales de la misma manera que yo. Y al compartir esto, no es mi propósito ser contencioso, sino simplemente compartir lo que siento que el Señor me ha mostrado a mí en las esperanzas de que unos puedan ser animados, recibiendo una visión renovada acerca de su propósito y papel en los últimos días de esta época.
 
Para mí personalmente, esta expectativa ha sido un ancla para mi alma en tiempos difíciles. Aún cuando los doctores no me daban esperanzas, la visión que recibí de la gloria postrera mantuvo viva mi esperanza. Cuando estaba tentado a sentir que los médicos tenían la razón y que me estaba muriendo, me acordaba de lo que el Señor me mostró y repetía, “No moriré, sino viviré y veré la gloria de Dios en la tierra de los vivientes.”
 
Veintidós años después de que los médicos me habían dado solo meses de vida, no solamente sigo con vida, sino que estoy totalmente sano y tengo un hígado nuevo. Aunque estoy ya en mis años ’70, y a menudo me siento tentado a pensar que mis años útiles ya pasaron, mi esperanza sigue viva, declarando como siempre, “No moriré, sino viviré y veré la gloria de Dios en la tierra de los vivientes.” Lo siguiente es un extracto del capítulo 8 de mi libro, Enfocando en los Eventos Finales.”
 
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En Apocalipsis capítulo doce Juan recibe una visión que describe cuatro personajes o grupos de personas: 1) Una mujer encinta, 2) el dragón con siete cabezas y diez cuernos, 3) el hijo varón que nace de la mujer y 4) el resto de la descendencia de la mujer.
 
¿Quién es la Mujer?

 La visión es introducida con las palabras, “Apareció en el cielo una gran señal.”  Después, en el versículo tres cuando el dragón es introducido dice, “También apareció otra señal en el cielo.”  Una clave para identificar la mujer y el hijo varón es entender que, tanto ella como el dragón, son señales y, por consiguiente, como señales, deben de ser interpretados simbólicamente.  En el versículo nueve se identifica al dragón como Satanás, pero, reconociendo el simbolismo representado en la señal vemos que no es simplemente Satanás, sino más específicamente, Satanás como se manifestará en los últimos tres años y medio de la época.  No solo es Satanás, sino más específicamente Satanás como será manifestado en la gran tribulación con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas sobre las siete cabezas.  En Apocalipsis 17:12 vemos el significado de los diez cuernos: 
 
“Y los diez cuernos que has visto, son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia.”
 
Aquí podemos ver que, aunque el dragón es un símbolo de Satanás, no es él actuando en el pasado sino Satanás como estará operando a través del Anticristo y los diez reyes al final de la época.  Esto es clave para una interpretación correcta, porque indica que toda la visión se trata del futuro cuando Satanás aparece en esa forma específica.  Cualquier interpretación que busca cumplimiento de esta visión en la historia no está dando atención a los detalles del simbolismo en las señales.
 
Si el dragón es una señal describiendo la manifestación de Satanás en el fin de la época, entonces la mujer dando a luz también es futura, dado que Satanás es presentado en la forma que tendrá en el fin de esta época, esperándola para devorar al hijo varón tan pronto como naciese. 
 
Entonces, ¿a quién representa esta mujer que dará a luz el hijo varón tres años y medio antes del fin de la época?  Tradicionalmente la Iglesia Católica la ha interpretado como María que dio a luz a Jesús hace más que dos mil años.  Es por eso que María a veces es presentada en el arte católico como parada en una medialuna con doce estrellas sobre su cabeza.  Sin embargo, ya hemos visto que la mujer, al dar a luz el hijo varón, es perseguida por el dragón en el desierto donde es protegida por Dios durante los últimos tres años y medio de esta época (vv. 13-16).  Entonces no puede tener referencia al nacimiento de Jesús porque dice que la mujer huye al desierto donde permanece durante los últimos tres años y medio o la gran tribulación (v. 14).
 
Tampoco tiene referencia a la Iglesia, dado que la Iglesia es mencionada como el resto de la descendencia de ella. 
 
“Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.” (Apocalipsis 12:17)
 
Cuando el dragón ve que no puede devorar al hijo varón, persigue a la mujer.  Por intervención de Dios, él no puede tocarla a ella tampoco.  Entonces, enfurecido, ventila su ira contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.  ¿Quiénes son los que tienen el testimonio de Jesucristo?  La Iglesia.  En el siguiente capítulo, Apocalipsis 13, vemos una descripción de la persecución del dragón contra la Iglesia:
 
“También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos mesesY se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación.” (Apocalipsis 13:5,7)
 
A la vez que a él le es permitido hacer guerra contra la Iglesia, vemos que la mujer es protegida por Dios, fuera del alcance del dragón.  ¿Quién es esta mujer y por qué está protegida del dragón mientras que el resto de su descendencia, la Iglesia, es entregada a su poder?
 
El simbolismo de la señal de la mujer nos ayuda descubrir su identidad.  En Apocalipsis 12:1 dice que ella es “vestida del sol, con la luna debajo sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”.  Comparando esto con el sueño de José en Génesis 37:9-11 podemos ver que representa a la nación de Israel:
 
“Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?” (Génesis 37:9-10)
 
José tuvo un sueño en el cual el sol, la luna, y las once estrellas, su postraron a él.  Jacob mismo da la interpretación de la señal de la mujer en el cielo.  El sol es Jacob, la luna es Raquel, y las doce estrellas son las doce tribus de Israel (incluyéndole a José serían doce).  Sin embargo, Pablo dice en Romanos 9:6 “…no todos los que descienden de Israel son israelitas.”  Después explica que el verdadero Israel son los que vienen de la descendencia de la promesa – no Ismael sino Isaac; no Esaú sino Jacob, etc.  Actualmente hay muchos judíos, pero solamente son los escogidos de Israel que son la verdadera simiente de Israel.  Cuando la nación de Israel rechazó a su Mesías, Dios visitó a los gentiles, resultando en salvación para ellos.  Por la incredulidad de Israel, los gentiles han sido injertados en el olivo que representa la familia de Abraham.  Debido al juicio de Dios contra Israel por rechazar a su Mesías, los gentiles que creen pueden decir que son un solo cuerpo con el remanente de Israel y la simiente de Abraham.
 
“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:26-29)
 
Esta ceguera parcial de Israel continuará hasta que el último gentil destinado a la salvación en esta época haya entrado en la Iglesia.  Entonces todo Israel será salvo en la Segunda Venida del Mesías:
 
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.  Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.  Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” (Romanos 11:25-29)
 
Entonces podemos ver que el sufrimiento que Israel ha experimentado desde su rechazo del Mesías ha servido para dar a luz a la Iglesia compuesta de gentiles y un remanente de los judíos que han creído en su Mesías.  No será hasta que vean el Libertador viniendo de Sion, que toda incredulidad será quitada de Israel.  Mientras tanto, Dios no ha rechazado a Israel.  Siguen siendo su pueblo escogido y amado porque sus dones y llamamiento son irrevocables.
 
Los 144.000 sellados de todas las tribus de Israel son los escogidos de la nación de Israel en el fin de la época, sellados para protección y guardados fuera del alcance del dragón por los últimos tres años y medio, así preservándolos vivos hasta el retorno de Cristo de Sion cuando serán salvos.  Mientras tanto el rechazo de Israel es salvación del mundo (Romanos 11:15).  Mientras que ella ha sufrido con dolores desde su rechazo al Mesías, la Iglesia ha estado creciendo.
 
¿Quién es el Hijo Varón?

Muchos suponen que el hijo varón tiene referencia a Jesús porque dice que el hijo varón regirá con vara de hierro y dice de Jesús en Apocalipsis 19:15 que Él regirá con vara de hierro.  Sin embargo, dice lo mismo de los vencedores en Apocalipsis 2:26,27:
 
“El que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.”
 
Este pasaje está citando a un Salmo mesiánico:
 
“Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.” (Salmo 2:8-9)
 
Esta fue una promesa dada al Hijo por el Padre. ¿Por qué aplicaría Jesús esta promesa a los vencedores?  Porque Él no recibió toda autoridad y poder para tenerlo para sí mismo.  Él ya era el Dios todopoderoso con todo poder y autoridad.  Él se despojó a sí mismo y llegó a ser el Hijo del Hombre, el Último Adán, para recuperar toda la autoridad que el primer Adán entregó a Satanás y mucho más, para después darlo a nosotros, así llevando muchos hijos a la gloria.  Como Él ya tenía todo poder y autoridad, no lo obtuvo para sí.  Él lo obtuvo para después darlo a nosotros.  Si no vencemos en las pruebas que son diseñadas para prepararnos a reinar con Él, no cumpliremos en Su propósito más alto que no solo consiste en salvarnos del pecado, sino conformarnos a Su imagen.  Aún ahora, según Efesios 2:6, estamos sentados con Él en Su trono en lugares celestiales, pero, ¿Cuántos de nosotros ya hemos comenzado a reinar en vida juntos con Él?
 
Entonces, mientras que es evidente que Cristo regirá con vara de hierro, lo mismo se dice de los vencedores.  Es verdad que el hijo varón es presentado como un individuo en la visión de Apocalipsis 12 pero, como ya hemos observado, la visión utiliza simbolismo.  La mujer no es un solo individuo sino un pueblo.  El dragón también representa, no solo el diablo, sino también todo el sistema del Anticristo.  ¿No debemos de anticipar que el hijo varón representa a un grupo de santos también?
 
Además, el uso de la forma plural del verbo en versículo 6, “sustenten” implica que el hijo varón no es un solo individuo: Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días (Apocalipsis 12:5-6).”  En el contexto, el sujeto del verbo “sustenten” (tréfosin), que es en la forma plural, es el hijo varón.  Esto parece implicar, no solo que el hijo varón es un grupo, sino también que estará ministrando en la tierra durante los últimos tres años y medio de esta época al mismo tiempo que estará en el cielo.
 
Otra observación que indica que no tiene referencia al nacimiento de Cristo es el marco del tiempo indicado en la visión.  El hijo varón nace cuando Satanás aparece como el dragón de diez cuernos, que ubica su nacimiento al final de la época.  Satanás, en esa forma, es presentado parado delante de la mujer para devorar al hijo varón tan pronto como nazca.  Pero en el momento de nacer dice: “y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono (Apocalipsis 12:5).”  Jesús, el niño, creció y derrotó a Satanás en la cruz antes de ser resucitado y ascender al Padre.  En cambio, el hijo varón es arrebatado al cielo al nacer, antes que el diablo lo puede devorar. Cuando el hijo varón de Apocalipsis es arrebatado al cielo la mujer huye del dragón al desierto donde es protegida y sostenida por mil doscientos sesenta días (v.6), o el tiempo de la gran tribulación.  Allí está guardada viva hasta que el Libertador viene de Sion.  Así que el marco del tiempo de la visión es limitado a los últimos tres años y medio de esta época y no a más de dos mil años atrás, que sería necesario para hacer que tenga referencia al nacimiento de Jesús. 
 
Si el contexto de Apocalipsis 12 es futuro, comenzando al iniciar la gran tribulación, entonces, ¿quién es el hijo varón?  El hijo varón parece tener referencia a los que hayan vencido; los que hayan alcanzado la madurez antes de comenzar la gran tribulación que es permitida por Dios para preparar a los no preparados, los que son de la Esposa de Cristo en preparación para las bodas del Cordero.  Los de la compañía del hijo varón serán guardados de esa hora porque ya han perseverado bajo previas pruebas (Apocalipsis 3:10).  Serán tenidos por dignos de escapar de todas las cosas que vendrán y estar en pie delante del Hijo del Hombre (Lucas 21:36).  Son los que ya hayan aprendido a reinar en vida estando en la tierra, y que ahora comenzarán a reinar desde los lugares celestiales.  Con la ayuda de Miguel y sus legiones, librarán guerra en los lugares celestiales y Satanás y sus ángeles serán arrojados a la tierra (Apocalipsis 12:7-12).  Es verdad que solo Miguel y sus ángeles son mencionados en esta batalla.  Sin embargo, el fluir del contexto implica que esta compañía de vencedores que regirán con vara de hierro, ya acostumbrados a andar en el poder de la ascensión de Cristo aun estando en la tierra, estarán moviéndose en esa misma autoridad en los cielos también.  Jesús les dijo a sus Discípulos:
 
"Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:18,19)
 
“De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.” (Mateo 18:18)
 
Estos vencedores, cuando aún estaban en la tierra, tomaban literalmente estas palabras y por fe usaban esa autoridad sobre todo el poder del enemigo, atando fuerzas malignas que ellos ni podían ver, confiando que todos los ángeles del cielo darían su respaldo.  ¡Cuánto más ejercitaría esta autoridad en la esfera espiritual cuando por fin pueden ver el enemigo bajo sus pies y los ángeles guerreros esperando responder a sus palabras de autoridad!
 
¡Qué privilegio es dado a los santos de los últimos días (no los Mormones), vivir al final de la época cuando a los que guardan sus obras hasta el final les será otorgado el privilegio de estar delante del Hijo de Dios! Ellos comenzarán la conquista en los lugares celestiales aún antes del retorno físico de Cristo a la tierra donde dice, después que el dragón y sus ángeles han sido lanzados del cielo: “Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo (Apocalipsis 12:10).”  Los santos designados como el hijo varón ya habrán comenzado a reinar con Cristo desde el cielo antes de la gran tribulación.  Lejos de ser un escape pretribulacional de una Esposa que no se haya preparado, manchadas y arrugadas sus vestiduras con la carne y el mundo, serán las primicias de la Esposa.  Los de la Iglesia que no están listos serán preparados por el fuego de la gran tribulación antes de la Segunda Venida de Cristo cuando las bodas del Cordero tomarán lugar (Apocalipsis 19:7-16).  Es tiempo ya que nosotros, la Iglesia de Jesucristo, nos despertemos al llamado:
 
"Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.” (Lucas 21:34-36)
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?1 La Infalibilidad de la Biblia en la Historia de la Iglesia

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por George Sidney Hurd
 
Este es el primero de una serie de cuatro blogs donde voy a estar examinando la doctrina de la infalibilidad de las Sagradas Escrituras. Normalmente, comenzaría argumentando desde el testimonio de Jesús y las Escrituras mismas acerca de su propia infalibilidad. De hecho, en el pasado eso ha sido el procedimiento normal entre los que han escrito sobre la inspiración y autoridad de la Biblia
 
Sin embargo, debido a una forma reciente de atacar a la infalibilidad, sentí la necesidad de citar a los Padres de la Iglesia Primitiva, demostrando su creencia en la infalibilidad de las Escrituras.
 
Hacia finales del siglo IXX, dos profesores prominentes de la Universidad de Princeton, A.A. Hodge y B.B. Warfield, defendieron ardientemente la doctrina de la infalibilidad de las Escrituras contra un número creciente de críticos Liberales, quienes, a través de la influencia del Modernismo, procuraron desacreditar a todo lo sobrenatural, incluyendo la inspiración del texto sagrado.
 
En respuesta a su defensa de la infalibilidad, la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en 1923 dijo que la infalibilidad era nada más el invento de los eruditos de Princeton. Esta misma acusación fue repetida por los Neo-Ortodoxos y Progresivos, comenzando en 1979 con la publicación del libro, “The Authority and Interpretation of the Bible: An Historical Approach” (“La Autoridad e Interpretación de la Biblia: Un Enfoque Histórico”), escrito por Jack Rogers del Seminario Fuller y Donald McKim de del Seminario Teológico Dubuque.
 
Sin embargo, como será demostrado en las siguientes citas, esta afirmación es demostrablemente falsa y pone en duda la integridad intelectual de los estudiados que, a sabiendas, promovieron tales afirmaciones revisionistas acerca de la posición histórica de la Iglesia sobre este tema tan importante.
 
Los Padres Primitivos defendían la autoridad e infalibilidad de las Escrituras contra los Gnósticos y otros herejes como Celso y Pórfido, quienes atacaban las Escrituras, de la misma manera que los escépticos como Bart Ehrman y Richard Dawkins hoy en día. Como resultado, los escritos de los Padres contienen muchas afirmaciones de la infalibilidad de las Escrituras. Sin embargo, para ser breve solo voy a citar y hacer breves observaciones a unas de las voces más prominentes a través de la historia de la Iglesia. Los pocos que cito serán más que suficientes para demostrar que la acusación de que el concepto de la infalibilidad de la Biblia fuera el invento reciente de Benjamín Warfield y A.A. Hodge hace medio siglo es falsa.
 
La Iglesia Primitiva
 
Clemente de Roma (35 – 99 d.C.) Clemente, que llegó a ser el obispo de Roma después de que Pablo y Pedro murieron como mártires bajo Nero, es el más cercano al tiempo de los Apóstoles y la finalización del Nuevo Testamento, y, por lo tanto, es más probable que su entendimiento de la inspiración refleja lo de los Apóstoles. Él dijo:
 
“Pongan atención a las Escrituras, que son las verdaderas palabras del Espíritu Santo.  Observen que nada de carácter injusto o falso ha sido escrito en ellas.” [1]
 
Para esta fecha temprana, vemos que los Padres Apostólicos consideraban las Escrituras como las palabras infalibles del Espíritu Santo hablando a través de sus autores humanos. En decir que nada en la Escritura es “falso” (griego parapepoimenon), es evidente que él consideraba las Escrituras como libres de error.
 
Justino Mártir (100 – 165 d.C.), recociendo la fuente divina de las Escrituras, no daba lugar para ningunas contradicciones reales en ellas. Él dijo:
 
“dado que estoy plenamente convencido de que ninguna Escritura contradice a otra, confesaré más bien que soy yo quien no he entendido lo que está escrito, y procuraré persuadir a aquellos que imaginan que son contradictorios a estar de la misma opinión que yo.” [2]
 
Los que hoy en día niegan la infalibilidad, lo hacen basados en percibidos errores y contradicciones dentro de las Escrituras. En contraste, Justino Mártir estaba convencido de que las Escrituras eran una unidad harmoniosa, sin ningunas contradicciones. Él, igual como a otros Padres Primitivos, compara el proceso de la inspiración divina con lo de un Maestro Músico utilizando a los autores humanos como un instrumento musical de tal manera que produjera una melodía en perfecta harmonía. Él dijo:
 
“Porque, ni por naturaleza, ni por concepción humana es posible que los hombres conozcan cosas tan sublimes y divinas, pero por el don que en ese tiempo descendía de arriba sobre los hombres santos que no tenían necesidad de habilidades retóricas…más que presentarse puros a la energía del Espíritu Divino, para que la divina púa misma, descendiendo del cielo, y utilizando a los santos hombres como un instrumento como harpa o lira, nos pueda revelar el conocimiento de cosas divinas y celestiales.” [3]
 
Después, hace referencia a 2Pedro 1:20-21, diciendo:
 
“Cuando oyes las palabras de los profetas siendo habladas como si fueran ellos personalmente, no debes suponer que fueron habladas por los inspirados mismos, sino por la Divina Palabra que los llevaba.” [4]
 
Esto está de acuerdo con las palabras de Pedro cuando él dijo que ninguna profecía de las Escrituras son simplemente las interpretaciones de meros hombres, sino que, los santos hombres de Dios hablaban siendo inspirados o movidos (φέρω) por el Espíritu Santo.
 
Ireneo (115–202 d.C.), en sus libros “Contra Herejías,” insiste en que las Escrituras sean estimadas como perfectas, dado que Dios Mismo era Su autor:
 
“Si no podemos descubrir las explicaciones de todas las cosas en las Escrituras que investigamos, no permitamos por eso que busquemos a otro dios más que Él que realmente existe, porque esto es la impiedad más grande. Debemos de dejar las cosas de esa naturaleza a Dios que nos creó, siendo plenamente asegurados de que las Escrituras verdaderamente son perfectas, dado que fueron habladas por la Palabra de Dios y Su Espíritu…” [5]
 
Es obvio que Ireneo no hubiera llamado las Escrituras perfectas a menos que él creía que eran infalibles. Para él, argumentar que las Escrituras eran imperfectos, conteniendo errores, sería equivalente a atribuir error a Dios Mismo, dado que Él es su autor.
 
Atenágoras (133–190 d.C.) también presenta al Espíritu Santo como moviéndose sobre los autores como un músico tocando instrumentos para producir una perfecta melodía. Él dijo:
 
“Sería irracional dejar de creer en el Espíritu de Dios, que movía las bocas de los profetas como instrumentos musicales, para prestar atención a meras opiniones humanas.” [6]
 
Él continua, describiendo el proceso de la inspiración divina, diciendo que los autores humanos eran “levantados en éxtasis, más allá de las operaciones naturales de su mente por los impulsos del Espíritu Divino, diciendo cosas por la inspiración, el Espíritu utilizándolos como uno que toca la flauta.” [7] Para él, y los demás Padres, era impensable que el Espíritu Divino produzca una melodía imperfecta.
 
Clemente de Alejandría (150–215 d.C.) afirma la naturaleza de la inspiración divina como infalible, plenaria y verbal, cuando dice:
 
“Podría aducir diez mil Escrituras de las cuales ni ‘una tilde pasará’ sin ser cumplida; porque la boca del Señor, el Espíritu Santo ha habado estas cosas. [8] Sigue diciendo que son un criterio infalible de fe.” [9]
 
Ni siquiera los teólogos de Princeton, Hodge y Warfield, hubieran podido expresar la doctrina de la infalibilidad de las Escrituras con términos más específicos que los que usaba Clemente.
 
Orígenes (184 – 254 d.C) dice acerca de la naturaleza verbal y plenaria de la inspiración divina:
 
“No Podemos decir de los escritos del Espíritu Santo que algo en ellos es inútil o superfluo, aún si aparentan ser oscuros para algunas personas.” [10]
 
Sigue comparando las Escrituras a un instrumento musical perfectamente afinado, y dice que aquellos que piensan que contienen errores simplemente les falta el entendimiento o no están dispuestos a aprender. Él dice:
 
“No existe en los oráculos divinos nada torcido o perverso, porque todo es claro a los que tienen entendimiento… Lo que para otros aparenta ser un conflicto en las Escrituras no es en realidad un conflicto… Toda Escritura es el instrumento perfecto y harmonizado de Dios, que con distintos sonidos da una sola voz salvífica a aquellos que estén dispuestos a aprender.” [11]
 
Tertulio (160–220 d.C.), afirma la naturaleza verbal y plenaria de la inspiración de las Escrituras hasta cada letra, cuando dice:
 
“La Escritura divina nos ha unido en un cuerpo; las mismas letras son nuestro pegante.”[12]
 
Esto trae a la memoria las palabras de Jesús cuando Él dijo que debemos de vivir de cada palabra que sale de la boca de Dios, y que ni una jota, ni una tilde pasaría sin ser cumplida. (Mt 4:4; 5:18).
 
Cayo (180–217 d.C.) no escatima palabras denunciando a aquellos que negaban la infalibilidad de las Escrituras. Él dijo:
 
“Porque, o no creen que las Escrituras divinas fueron dictados por el Espíritu Santo, y por lo tanto son impíos; o se consideran más sabios que el Espíritu Santo, y ¿qué son ellos sino unos endemoniados?” [13]
 
Atanasio de Alejandría (293–373 d.C.), denunciando a los que negaban la infalibilidad de las Escrituras, se expresa como cualquier defensor de la infalibilidad de las Escrituras hoy en día. Él dijo:
 
“Ahora, es la opinión de algunos que las Escrituras no están de acuerdo entre sí, o que Dios, quién nos dio el mandamiento, es falso. Pero ni siquiera existe un solo desacuerdo. Lejos de eso, tampoco puede el Padre, Quién es verdad, mentir.” [14]
 
El argumento de Atanasio en respuesta a los críticos de su época era que, como Dios Mismo es el autor de las Escrituras, no pueden contener ningún error o verdadera contradicción en lo que afirman.
 
Juan Crisóstomo (349–407 d.C.), claramente entendió que las Escrituras eran inspirados verbal y plenariamente, hasta cada vocal y cada tiempo y modo de cada verbo, debido a que su autor fue el Espíritu Santo Mismo. Él dijo:
 
“Que interpretemos todo con precisión sin pasar por alto ni siquiera una frase o solitario vocal contenido en las Sagradas Escrituras. Después de todo, no son nada más palabras, sino las palabras del Espíritu Santo, y, por lo tanto, el tesoro que podemos descubrir en un solo vocal es grande.” [15] También dijo: “Porque las Escrituras de ninguna manera habla falsedades.” [16]
 
Comentando sobre Juan 12:39-41, Crisóstomo se refiere a las Escrituras como libre de todo error cuando dice, “El (Isaías) desea establecer por muchas pruebas la verdad infalible de las Escrituras, y que lo que Isaías predijo no falló, sino que sucedió tal como dijo.” [17]
 
¡Tanto por la alegación de que la doctrina de la infalibilidad de las Escrituras fue nada más un invento reciente de los Fundamentalistas de Princeton!
 
Gregorio de Nacianceno (329–390 d.C.), considerado por muchos como uno de los más grandes teólogos de todo tiempo, también defendía la inspiración verbal y plenaria de las Escrituras. Él dijo:
 
“Nosotros, sin embargo, que extendemos la precisión del Espíritu hasta la última jota y tilde, jamás cederemos a la aseveración impiadosa de que siquiera los asuntos más pequeños fueron manejados al azar por aquellos quien los escribió, y así ha sido considerado hasta el día de hoy.” [18]
 
Basilio el Grande (330–379 d.C.), Contrario a como algunos intentan interpretar 2Timoteo 3:16 hoy en día, Basilio específicamente incluye la totalidad de las Escrituras, incluyendo tanto el Antiguo y el Nuevo Testamento, como inspirado por Dios (θεόπνευστος), habiendo salido de Su boca. Él dice:
 
“Nunca dejes de la lectura, especialmente del Nuevo Testamento… Toda Escritura es inspirada por Dios y de provecho, y no contiene nada impuro.” [19]
 
Gregorio de Nyssa (331-395 d.C.) estaba de acuerdo con su hermano Basilio, diciendo que la totalidad de las Sagradas Escrituras son inspirados por Dios y por lo tanto sin error. Él dice:
 
“Así que, es por el poder del Espíritu que los santos hombres quienes estaban bajo la influencia divina son inspirados, y por esta razón se dice que toda Escritura es ‘dada por inspiración de Dios,’ porque es la enseñanza del soplo divino.[20]
 
En otro lugar él dice: Lo que dice las Escrituras Divinas es la voz del Espíritu Santo.” [21] Y Las Escrituras no mientan.” [22]
 
Jerónimo (347–420 d.C.), aunque conocido por su indecisión, él sin embargo dice:
 
“No soy tan ignorante como para suponer que siquiera una sola palabra de Dios necesita corrección o que no es inspirado por Dios.” [23]
 
Decir que ninguna palabra de Dios necesita corrección es otra manera de afirmar la infalibilidad de las Escrituras.
 
La Iglesia Medieval
 
Agustín (354–430 d.C.). Entrando en la Edad Media, comenzando con Agustín, vemos que ellos no eran menos enfáticos de lo que eran los Padres Primitivos acerca de la fuente divino e infalibilidad de las Escrituras. Agustín escribe:
 
“Me parece que es inevitable que las consecuencias más desastrosas vendrían sobre nosotros si fuéramos a creer que alguna cosa falsa se encuentra en los libros sagrados: es decir, que los hombres por medio de quienes recibimos la Escritura y los escribieron, incluyeron alguna cosa falsa… Porque si uno admite en un santuario de autoridad tan sublime una sola declaración falsa…no quedaría siquiera una frase de estos libros que, viendo difícil de practicar o creer, podría ser descartada como algo que el autor declaró erradamente.”  [24]
 
También él dice:
 
“He aprendido a dar este respeto y honor solamente a los libros canónicos de Escritura: de estos solamente yo creo con convicción muy firme de que los autores eran completamente libres de error. Y si estoy perplejo por algo en estos escritos que a mí parece contrario a la verdad, no dudo en suponer que, o el manuscrito tiene un error, o el traductor no logró captar el significado de lo que fue escrito, o yo mismo no logré entenderlo.”  [25]
 
Aquí vemos que Agustín creía que solamente eran inspirados los manuscritos originales, de la misma manera que los que afirmamos la infalibilidad de las Escrituras hoy en día. También, como él no conocía mucho del idioma griego, dependía de la traducción al latín hecho por Jerónimo. Él sigue diciendo:
 
“La autoridad de las Sagradas Escrituras se desmoronaría, dejando que cada uno crea lo que desea, rechazando lo que no le gusta, una vez que admitamos que los hombres usados para entregarnos estas palabras hubieran podido decir algunas cosas que no eran ciertas…” [26]
 
Obviamente, si Agustín era convencido de que los autores humanos, siendo inspirados por Dios, eran incapaces de escribir cosas erradas, él creía en la infalibilidad de las Escrituras.
 
Anselmo de Canterbury (1033–1109) dice que todo error aparente en las Sagradas Escrituras es en realidad un error en su propio entendimiento de ellas y no un error en las Escrituras. Él dijo:
 
“Estoy seguro de que, si yo digo algo que es contradictorio a las Sagradas Escrituras, soy yo quien esta equivocado; y si descubro tal contradicción, no deseo seguir con esa opinión errada.” [27]
 
Tomás de Aquino (1225–1274).
 
El artículo dos de la Declaración de Chicago sobre la Infalibilidad Bíblica dice: “Las Sagradas Escrituras, siendo la Palabra del propio Dios, escritas por hombres preparados y dirigidos por su Espíritu, tienen autoridad divina infalible en todos los temas que tocan; deben ser creído como la instrucción de Dios en todo lo que afirman.” Esto es de acuerdo con lo que afirmaba Tomás de Aquino, como vemos en las siguientes citas:
 
“Es obvio que nada falso jamás podría existir en el sentido literal de las Sagradas Escrituras.” [28] “otras disciplinas derivan su certidumbre de la luz del razonamiento humano, que puede estar en error, pero la teología derive su certidumbre de la luz del conocimiento divino que no puede estar errónea.” [29]
 
La Iglesia de la Reforma
 
Martín Lutero (1483–1546). Contrario a lo que algunos afirman, Lutero también claramente creía en in infalibilidad de las Escrituras. Él dijo que las Escrituras jamás se equivocan y no pueden estar equivocados.” [30] En otras palabras, las Escrituras son infalibles. Esto no se difiere de lo que los cristianos Conservadores afirman hoy en día. Las siguientes citas establecen más su convicción firme en cuanto a la infalibilidad:
 
“Porque todos saben que a veces los Padres se equivocaron como hacen todos los hombres. Así que, estoy dispuesto a confiar en ellos solamente cuando sustancian sus opiniones con las Escrituras que jamás pueden estar equivocadas.” [31]
 
Es imposible que las Escrituras se contradigan entre sí, solo parece así a los hipócritas insensatos y obstinados.” [32]
 
“Quienquiera que sea tan valiente que aventura a acusarle a Dios de fraude y engaño en una sola palabra y lo hace intencionalmente vez tras vez después de que ha sido advertido una o dos veces, sin duda se atrevería a acusarle a Dios de fraude y engaño en todas Sus palabras. Por lo tanto, es verdad que, absolutamente todo es creído sin excepción, o nada es creído. El Espíritu Santo no permite que el Mismo esté separado o dividido de tal manera que Él enseñe y hace creer una doctrina correctamente y otra erradamente.” [33]
 
“Un pequeño punto de doctrina significa más que el cielo y la tierra, y, por lo tanto, no podemos permitir que ni siquiera una jota sea violada.” [34]
 
“Porque ha sido establecido por la Palabra de Dios que Dios no miente, ni puede mentir Su Palabra.” [35]
 
Aunque Lutero reconoció que existen textos difíciles que él mismo no podía explicar, su confianza en la infalibilidad de las Sagradas Escrituras como la Palabra de Dios seguía firme.
 
Juan Calvino (1509–1564). Contrario a las interpretaciones matizadas de la inspiración divina presentadas por los Progresivos que, de manera irónica, afirman la “infalibilidad” al mismo tiempo que la niegan, Calvino permanece firme en su convicción de que el Antiguo Testamento no es simplemente las palabras de Moisés y los Profetas, sino las palabras de Dios Mismo. Comentando sobre 2Timoteo 3:16, él dice:
 
sabemos que Dios nos ha hablado, y estamos plenamente convencidos de que los profetas no hablaron sus propias ideas, sino que, siendo instrumentos del Espíritu Santo, ellos solamente hablaron lo que habían sido comisionados del cielo a declarar. Quienquiera entonces, que desea recibir los beneficios de las Escrituras necesita primero estar convencido de esto, que la Ley y los Profetas no son una doctrina entregada por la voluntad de hombres, sino que fueron dictados por el Espíritu Santo. Moisés y los profetas no hablaron al azar lo que hemos recibidos de su mano, sino, hablando a la sugerencia de Dios, ellos testificaban con denuedo lo que realmente era verdad, que fue la boca del Señor que había hablado… no debemos de maravillarnos de que muchos tengan dudas sobre quién era el Autor de las Escrituras; porque, aunque la gloria de Dios se manifiesta en ellas, sin embargo, solamente los que hayan sido iluminados por el Espíritu Santo tienen ojos para percibir lo que debe de ser evidente a todos… Debemos la misma reverencia a las Escrituras que debemos a Dios; porque han procedidos de Él solamente, y no tiene nada del hombre mezclado en ellas.” [36]
 
Heinrich Bullinger (1504–1575). Por último, Heinrich Bullinger, el Reformador Suizo y sucesor de Zwingli, estaba de acuerdo con los Padres de la Iglesia a través de su historia en cuanto a la infalibilidad de las Escrituras cuando dijo:
 
Todas las palabras de Dios son verdaderas, firmes e indudables. Porque los cielos y la tierra pasarán, pero la palabra eterna de Dios jamás pasará, ni fallará siquiera una jota o tilde de ella.” [37]
 
Charles Haddon Spurgeon (1834–1892):
 
Quiero incluir una cita final de Charles Haddon Spurgeon, dado que él ministraba durante la generación preciso antes de A.A. Hodge and B.B. Warfield, quienes han sido acusados de inventar la doctrina de la Infalibilidad por su opositores. Spurgeon dice acerca de la infalibilidad de la Biblia:
 
Es mi convicción de que no existe ningún error en los originales de las Sagradas Escrituras desde su principio al final de ellas. Puede que haya, y de hecho existen, errores en la traducción; porque los traductores no son inspirados; pero incluso los hechos históricos son acertados. Hay aquellos que las dudan, a veces con gran exhibición de razón – dudas que han sido imposibles de resolver por un tiempo; pero, solo dado tiempo suficiente, y dado suficiente indagación, y las piedras enterradas gritan en confirmación de cada letra de Escritura. Antiguos manuscritos, monedas e inscripciones salen a favor del Libro, y contra él no hay más que teorías y el hecho de que muchos eventos en la historia no tienen otro récord mas de lo que nos presenta el Libro. Últimamente el Libro ha estado en el horno de la crítica; pero gran parte de este horno se ha enfriado por el hecho de que la crítica es más que despreciable. ‘Las palabras del Señor son puras’: no existe error de ninguna índole en todo el compás de ellas. Estas palabras vienen de Aquel que no es capaz de cometer errores y quien no tiene ningún deseo de engañar a Sus criaturas. Si yo no creyera en la infalibilidad del Libro, preferiría estar sin él. Si soy juez del Libro, entonces el Libro no es ningún juez de mí. Si me corresponde zarandearlo como un montón sobre la era, rechazando partes y solamente aceptando otras partes según mi propio juicio, entonces no tengo para guiarme, a menos que esté tan presumido como para confiar en mi propio corazón. La nueva teoría niega la infalibilidad de las palabras de Dios, atribuyéndolas a los juicios de meros hombres… Insisto de que preferiría arriesgar mi alma con un guía inspirado del cielo, que confiar en los líderes que se levantan en nombre del “pensamiento moderno” que se contradicen entre sí.” [38]
 
Conclusión
 
Entonces, según Spurgeon, y la historia confirma, lo que realmente es la “nueva teoría” no es la doctrina de a infalibilidad, sino la negación de la infalibilidad de las Escrituras. Ya hemos visto abundante testimonio de que la Iglesia ha creído en la infalibilidad de las Escrituras de manera unánime a través de la historia hasta hoy.
 
De hecho, Pablo vio nuestros días y nos advirtió, diciendo:
 
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.” (2 Tim 4:2-4)
 
Judas nos exhorta a “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” (Judas 3). La fe una vez dada a los santos es ese cuerpo de verdad que tenemos contenidos en las Sagradas Escrituras. Pablo pudo ver nuestros tiempos y nos advirtió diciendo:
 
“1 Tim 4:1-2
Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.” (1Tim 4:1-2)
 
Pablo dijo que algunos falsos maestros hablarían teniendo cauterizada la consciencia. Esto, para mí, es una descripción muy apta de aquellos estudiados en nuestros tiempos que falsamente dicen que la infalibilidad es un nuevo invento. Me asombra contemplar el grado de deshonestidad intelectual que sería necesario revisar detalladamente los escritos de los Padres, pasando por alto todas la afirmaciones tan claras de la infalibilidad de las Escrituras en búsqueda de unos pocos citas que pueden manipular para hacer que los Padres aparentan afirmar lo que de manera tan enfáticamente niegan en todas sus escritos.
 
Sea lo que sea la posición de uno acerca de la infalibilidad de las Escrituras, es un engaño descarado intentar sacar ventaja contra aquellos que defienden el testimonio de las Escrituras de sí mismas, falsamente diciendo que la doctrina de la infalibilidad es una nueva doctrina.
 
Habiendo demostrado falso este argumento comúnmente presentado contra la infalibilidad, en el próximo blog veremos por qué los Padres de la Iglesia de manera unánime creyeron en la infalibilidad de las Escrituras, y veremos de qué manera fueron inspirados por el Espíritu Santo.
 


[1] 1 Clement 45:3

[2] Dialogue with Trypho, a Jew, LXV in Ante-Nicene Fathers, edited by Philip Schaff (Peabody: Hendrickson Publishers, 1999), 1:230

[3] Horatory Address to the Greeks, VIII in ibid., 276.

[4] The First Apology, XXXVI in ibid., 175.

[5] Against Heresies, II.XXVIII.2 in ibid., 399. See also III.V.1, 417.

[6] A Plea for Christians, VII in Ante-Nicene Fathers, 2:132.

[7] Ibid., IX, 133.

[8] Exhortation to the Heathen, IX in ibid., 195.

[9] Stromata, II.IV in ibid., 349–50.

[10] Origen, Homily 27. 1.7.

[11] Origen, book II volume IX, Commentary on Matthew

[12] On Modesty, V in ibid., 78.

[13] Fragments, III in Ibid., 5:602.

[14] Letter XIX.3 in ibid., 546.

[15] Homily 15.3 in Homilies on Genesis 1–17, translated by Robert C. Hill (Washington, DC: Catholic University of America Press, 1986), 195.

[16] “Concerning the Statues,” II.22 in Nicene and Post-Nicene Fathers, edited by Philip Schaff (Peabody: Hendrickson Publishers, 1999), 9:352.

[17] Homily LXVIII, in Ibid., 14:252.

[18] “Orations,” II.105, in Ibid., 7:225.

[19] Letter XLII.3, in Ibid., 8:145.

[20] “Against Eunomius,” VII.1, in Ibid., 5:193.

[21] Our God-Breathed Book, John R. Rice, Sword of the Lord, 2000, 143

[22] Against Eunomius,” VII.2.

[23] Epistles, XXVII.1, in Ibid., 6:44.

[24] Letter XXVIII.3 in Ibid., 1:251–52.

[25] Letter LXXXII.3 in Ibid., 350

[26] Letter XXVIII.3 in Ibid., 1:252.

[27] Why God Became Man, in Anselm of Canterbury: The Major Works (Oxford: Oxford University Press, 2008), 298.

[28] The Summa Theologica of St. Thomas Aquinas, part. 1, question 1, article 10 (New York: Benziger Brothers, 1948), 7.

[29] Ibid., p1.q1.a5, 3.

[30] Works of Martin Luther (St. Louis, MO: Concordia Publishing House, 1968), XV:1481; XIX:1073.

[31] Ibid., XXXII:11.

[32] Ibid., IX:650

[33] D. Martin Luthers Werke: kritische Gesammtausgabe (Weimar: Hermann Böhlaus Nachfolger, 1928), 54:158.

[34] Works of Martin Luther, IX:650

[35] Ibid., XX:798

[36] Calvin’s Commentaries, 2Timothy 3:16.

[37] “Letter CCCLIII” from 24 August 1554 in Original Letters Relative to the English Reformation, volume 2, edited and translated by Hastings Robinson (Cambridge: Cambridge University Press, 1847), 750.

[38] “The Bible Tried and Proved,” preached on 5 May 1889. Metropolitan Tabernacle Pulpit (Pasadena, TX: Pilgrim Publications, 1975), 35:253–64.
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Considerando el proceso de la formación de la Canon Bíblico
 
por George Sidney Hurd
 
¿Podemos confiar de que todos los 66 libros contenidos en nuestra Biblia son aquellos, y solo aquellos, que fueron inspirados por el Espíritu Santo, y por lo tanto la autoritativa Palabra de Dios para nosotros hoy?
 
Algunos que intentan a socavar la autoridad de las Escripturas han enseñado que un grupo élite de obispos, bajo la autoridad del Imperador Constantino, arbitrariamente decidieron cuales libros serían incluidos en el Canon de la Biblia en el Concilio de Nicea en 325 d.C.
 
Sin embargo, no existe ninguna evidencia de antigüedad indicando que el tema del Canon fue presentado en el concilio. Esa noción se basa en un mito del siglo IX que relata que los obispos en el Concilio de Nicea colocaron un gran número de libros en la mesa divina en la casa de Dios y oraron, pidiendo que todos que eran espurios aparecieran debajo de la mesa al terminar su oración. Y, según el mito, he aquí, al abrirse los ojos, solamente los libros inspirados quedaban sobre la mesa.
 
En el siglo XVII, Voltaire, el opositor Deísta del cristianismo, citó este mito para ridiculizar la Biblia. Y más adelante en el año 2003, cuando Dan Brown escribió su novela ficticia, “El Código Da Vinci,” él presentó el mito como si la afirmación falsa fuera cierta, y como si el Concilio de Nicea de hecho hubiera determinado el Canon. A raíz de esto, muchos hoy en día creen que ese mito es cierto.
 
El Canon Bíblico se formó Orgánica y Espontáneamente
 
La palabra Canon en español viene de la palabra griega κανών, que significa “regla” o “cana de medir,” y llegó a referirse a los libros que calificaban como Escritura inspirada. Un examen cuidadoso de la historia y transmisión de los textos sagrados que actualmente tenemos en nuestras Biblias revela que ningún concilio humano los impuso sobre la Iglesia, sino, el pueblo de Dios en general reconocía su inspiración divina y autoridad desde el momento en que fueron escritos.
 
Los 39 libros que tenemos en nuestro Antiguo Testamento son los mismos que aparecen en la Biblia Hebrea del judaísmo, excepto que han sido ordenados de otra manera, formando 24 libros. La mayoría de ellos, con la excepción de algunos de los profetas, fueron recibidos como parte del Canon desde el momento en que fueron escritos. Incluso los profetas que eran aborrecidos por los judíos debido a sus advertencias de los juicios de Dios por sus pecados, fueron incluidos después de haber sido cumplidas sus profecías de corto plazo, pasando la prueba de un verdadero profeta como presentado en Deuteronomio 18:21-22.
 
En el tiempo del ministerio de Jesús, las Escrituras estaban divididos en tres grupos principales, la Ley, los Profetas, y los Salmos. Jesús afirmaba todas estas tres categorías como Escrituras autoritativas (Lucas 24:44-45). También,  los Apóstoles utilizaban las mismas Escrituras (1Cor 15:3; 2Tim 3:15-17). Así que, por el objetivo de este blog, no hay necesidad de enfocarnos más en el Canon del Antiguo Testamento.
 
Aunque Jesús Mismo no escribió ninguna Escritura, cuando Él estaba a solas con Sus discípulos en el aposento alto en la última cena, Él les dijo a Sus discípulos que el Espíritu Santo les recordaría todo lo que Él les había enseñado; que el Espíritu Les guiaría a toda la verdad y que les haría saber las cosas que sucederían en el futuro (Jn 14:25-26; 16:13). La Iglesia Primitiva entendía estas palabras como aplicándose principalmente a los Apóstoles, y estimaba sus enseñanzas como autoritativas para la Iglesia, perseverando en su doctrina (Hch 2:42). Incluso, el escritor de Hebreos dijo que era una ofensa aún mayor hacer caso omiso al mensaje que comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron, de lo que era ignorar la Ley dado por Moisés bajo el Antiguo Pacto (Heb 2:2-3). Así que, los Apóstoles confirmaron las enseñanzas de Cristo.
 
Así como Moisés y los Profetas eran fundamentales para el judaísmo, de la misma manera, los Apóstoles y los Profetas eran fundamentales para la Iglesia (Ef 2:19-20; 1 Cor 3:10-11). Pablo se refería a las palabras contenidas en sus escritos, y también los escritos de los otros Apóstoles, como tradiciones obligatorias y palabras sanas que la Iglesia necesitaba retener y observar, siendo las mismas palabras de Dios (1 Cor 14:37; 1Tes 2:13; 2Tes 2:15; 3:6,14; 2Tim 1:13).
 
De igual manera, el Apóstol Pedro ordenó a la Iglesia a tener presentes las palabras que los santos profetas pronunciaron en el pasado, y el mandamiento que dio nuestro Señor y Salvador por medio de los apóstoles” (2Pedro 3:2). También vemos que Pedro llamaba a los escritos de Pablo Escritura, junto con los escritos de los profetas del Antiguo Testamento. Él dijo:
 
“…nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” (2 Pedro 3:15-16)
 
Aquí vemos que, para cuando la segunda epístola de Pedro fue escrita (que tuvo que haber sido antes de su martirio en 68 d.C.), todas las epístolas no solamente habían sido circuladas entre las iglesias, sino que también fueron considerados parte de las Sagradas Escrituras. Pedro aquí no está estableciendo las epístolas de Pablo como Escritura, sino que él simplemente menciona un hecho ya entendido entre ellos.
 
Hacia finales del primer siglo, Judas exhortó a los creyentes a “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. (Judas 3). Aquí uno puede ver que, para finales del primer siglo, la Iglesia ya tenía un Canon determinado, solamente recibiendo como Escritura el Antiguo Testamento y las doctrinas de los Apóstoles, escritas, o por ellos mismos, o por alguien directamente relacionados con ellos. En esta exhortación, Judas dice que necesitamos contender por la fe “una vez dada a los santos.” Esto no da lugar a un “Canon abierto” que permitiría que escritos posteriores a los Apóstoles sean incluidos en el sagrado Canon.
 
También vemos que Pablo ya consideraba al menos el Evangelio de Lucas como Escritura. Escribiendo a Timoteo, Pablo dijo: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.” (1 Tim 5:18). El único lugar donde aparece en la Escritura la frase, “Digno es el obrero de su salario,” es en el Evangelio de Lucas donde Jesús dijo: “Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario.” (Lucas 10:7).
 
Así que, podemos ver que el Nuevo Testamento se formó de manera orgánica, así como el Antiguo Testamento. Una vez que los libros fueron escritos, prontamente fueron distribuidos entre las Iglesias como las Escrituras del Nuevo Pacto (1Tes 5:27; Col 4:16-17).
 
Tan pronto como Juan, el último de los Apóstoles, había escrito el libro de Apocalipsis a finales del reinado del Imperador Domiciano en 95 – 96 d.C., el Canon de las Escrituras quedó cerrado. Tomando en cuenta de que la Escritura, desde Génesis a Apocalipsis es un total orgánico, creo que las palabras inspiradas en Apocalipsis 22 sirvieron para sellar el Canon de una vez. Cierre con estas palabras:
 
Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro; y si alguno quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro.” (Apo 22:18-19 LBLA)
 
Es más que significativo que ningunos de los Padres Apostólicos (entre 100 – 150 d.C.), ni los Padres Ante Nicenas, hablaban autoritativamente, como hicieron los autores del Nuevo Testamento. Al contrario, ellos continuamente citaban a los libros del Nuevo Testamento como autoritativos. Los Padres Apostólicos citaban el Nuevo Testamento 50 veces más que el Antiguo Testamento. Aun aquellos que eran cuestionados por algunos, como Hebreos, Santiago, 2 y 3 Juan, y las epístolas de Pedro, eran citados a menudo por ellos.
 
Ignacio (35 – 107 d.C.), conocido como “el discípulo de Juan,” llamaba los escritos del Nuevo Testamento circulados en su día como “los Evangelios y los Apóstoles.” Aunque él solamente mencionó específicamente 7 de los libros en nuestro Nuevo Testamento, la categoría amplia de “los Evangelios y los Apóstoles,” potencialmente abarca a todos los libros que ahora tenemos. Policarpo (69 – 155 d.C.), también un discípulo de Juan, menciona 15 de ellos. Clemente (35 - 99 d.C.) menciona al menos ocho. Ireneo, el gran historiador de la Iglesia Primitiva (120 - 200 d.C.), menciona 21 de los 27 libros. Hipólito (170 – 235 d.C.), hace mención de 22 libros. Si combinamos a todos sus escritos, todos los 27 libros fueron citados por ellos.
 
No fue hasta finales del segundo siglo que el surgimiento de ciertas herejías Gnósticas obligó a la Iglesia a comenzar a formalmente formar listas canónicas de los libros. A mediados del siglo II, un Gnóstico llamado Marcion de Sinope (85 – 160 d.C.), comenzó a enseñar que el Dios del Antiguo Testamento era un dios severo y vindicativo, mientras que el Dios del Nuevo Testamento era amor, bondad y gracia (algo similar a los argumentos Revisionistas presentados por muchos Progresivos hoy en día). Dado que Marcion solamente aceptaba algunas de las epístolas de Pablo, y las enseñanzas de Jesús que podrían ser entendidos como presentándole a Dios con un amor permisivo y libre de todo juicio, él compiló su propio Canon, consistiendo solamente de su propia edición editado del Evangelio de Lucas y 10 de las epístolas de Pablo, excluyendo las epístolas pastorales y Hebreos.
 
El primer Canon conocido fue el Canon Muratoriano, que era la compilación de todos los libros que el escritor desconocido sabía que eran aceptados por la Iglesia como canónicos en aquel entonces. El incluye todos los libros del Nuevo Testamento excepto Hebreos, Santiago, 3 Juan y 1 y 2 Pedro. Él específicamente menciona un par de libros que nunca fueron incluidos, diciendo que fueron falsificados en nombre de Pablo para promover la herejía de Marcion.
 
Orígenes (184 -253 d.C.), presentó un Canon que incluía todos los 27 libros con excepción de Santiago, 2 y 3 Juan y 2 Pedro. Él, como con la mayoría en su tiempo, creyó que Hebreos fue escrito por Pablo y lo incluyó en su Canon.
 
Alrededor de 350 d.C., Cirilo de Jerusalén presentó un Canon que incluía la totalidad del Antiguo Testamento, más uno de los libros apócrifos, y 26 libros del Nuevo Testamento, dejando fuera Apocalipsis. El Concilio de Laodicea en 363 d.C. presentó la misma lista de 26 libros que Cirilo. Entonces en 367 d.C., Atanasio de Alejandría presentó una lista completa de los 27 libros en nuestro Nuevo Testamento, refiriéndose a ellos como “siendo canonizados” (kanonizomena). Esto llegó a ser el prototipo para los concilios subsecuentes de Hipo (393 d.C.) y Cartago (397 d.C.), que también incluían los mismos 27 libros en el Canon.
 
Estos concilios eran necesarios debido al gran número de libros que eran circulados entre las Iglesias en aquellos tiempos. Algunos de ellos eran útiles, pero no eran incluidos en los Cánones finales, o porque fueron escritos después del tiempo de los Apóstoles, o porque no tenían cualidades de acuerdo con la inspiración divina. Además, había muchos Seudo Evangelios de los Gnósticos, presentados como si fueron Escritura, junto con otros escritos Gnósticos. El historiador de la Iglesia del siglo II, Eusebio, da una lista larga de libros falsos o heréticos que existían en aquel entonces. Aunque nunca fueron recibidos por la Iglesia en general, muchos estaban siendo engañados por ellos, haciendo que fuera necesario que la Iglesia defina cuales libros deben ser recibidos como parte de las Sagradas Escrituras.
 
Las decisiones de los concilios no eran arbitrarias, sino que utilizaban principios lógicos para determinar cuáles libros eran inspirados por el Espíritu Santo. Los libros no eran reconocidos como inspirados porque fueron declarados canónicos, sino que fueron declarados como canónicos porque eran inspirados.
El criterio para definir cuales libros eran inspirados fueron: 1) El autor tuvo que haber sido, o un Apóstol, o alguien estrechamente relacionado con los Apóstoles; 2) El libro tuvo que haber sido ya reconocido por la Iglesia en general desde el tiempo de los Apóstoles y 3) El contenido del libro tenía que ser en armonía con el resto de las Escrituras en su mensaje y principios morales.
 
Aunque la Iglesia Católica Romana contiene 73 libros, incluyendo también los 7 designados los libros apócrifos, que significa “ocultos” o “secretos,” también llamados el “deuterocanón” o “segundo Canon” por los Católicos, y aunque las Iglesias Ortodoxas también incluyen algunos libros pseudoepígrafos, unas teniendo hasta 81 libros en su Biblia, estos escritos apócrifos normalmente no son tomados tanto autoritativos, sino nada más informativos.
 
Hoy en día es común escuchar a alguien argumentar que unos de los Seudo Evangelios deben de haber sido incluidos dentro del Canon. Sin embargo, al leerlos, no puedo imaginar cómo alguien que tenga conocimiento de su contenido los tomaría como inspirados por Dios.
 
El Evangelio de Tomás es uno de los que muchos argumentan debe de haber sido incluido en el Canon. Sin embargo, aparte del hecho de que la evidencia indica que fue escrito después del tiempo de los Apóstoles, entre 135 y 200 d.C., la mayor parte de su contenido son incoherencias. Supuestamente es una lista de los dichos de Jesús. Algunos de hecho son dichos de Jesús que se encuentran en los 4 Evangelios, pero la mayor parte de los que no están en los Evangelios son incoherencias esotéricas. Aquí hay unos pocos ejemplos:
 
“Jesús ha dicho: Bendito sea el león que el humano come y el león se convertirá en humano. Y maldito sea el humano a quien el león come y el humano se convertirá en león.” [1]
 
“En los días cuando comíais los muertos, los transformasteis a la vida. Cuando entréis en la luz, ¿qué haréis? En el día cuando estabais juntos, os separasteis, más cuando os hayáis separado, ¿qué haréis?” [2]
 
“Jesús les ha dicho: Si ayunáis, causaréis transgresión a vosotros mismos. Y si oráis, seréis condenados. Y si dais limosna, haréis daño a vuestros espíritus.” [3]
 
“Jesús ha dicho: Bendito sea quien existía antes de que entrara en el ser. Si os hacéis Mis discípulos y atendéis Mis dichos, estas piedras os servirán.” [4]
 
Aquí incluyo un ejemplo más que presenta a Jesús y Sus discípulos como si tuvieron un gran desprecio hacia las mujeres. Para mí es difícil imaginar cómo alguien hoy en día lo quería en su Biblia. Lee así:
 
“Simón Pedro les dice: Que Mariam salga de entre nosotros, pues las hembras no son dignas de la vida. Jesús dice: He aquí que le inspiraré a ella para que se convierta en varón, para que ella misma se haga un espíritu viviente semejante a vosotros varones. Pues cada hembra que se convierte en varón, entrará en el Reino de los Cielos.” [5]
 
¡Imagine que tan difícil sería defender las Escrituras contra los detractores si hubieron incluidos tales dichos en nuestros Biblias!

En el Seudo Evangelio de María, María Magdalena es presentado, no solamente como una discípula del Señor, sino como Su favorita, recibiendo de Él Sus enseñanzas esotéricas que los otros discípulos no eran capaces de comprender. Cuando Pedro protesta, preguntando por qué ellos deben de escuchar a una mujer, Leví responde diciendo:

“Si el Salvador la hizo Digna, ¿quién eres tú para desecharla? Ciertamente el Salvador la conoce bien. Es por eso que la ama más que a nosotros.”

En el Seudo Evangelio de Pedro, Jesús es presentado como saliendo del sepulcro necesitando estar sostenidos por dos ángeles gigantes después de Su resurrección. Siguiéndoles es una cruz que habla. Después de que Jesús y la cruz había salido de la tumba, dice lo siguiente:

“Y escucharon una voz del cielo, diciendo, ‘¿Has predicado a aquellos que duermen?’ Y la cruz respondió, ‘Sí.’”
 
Creo que todos estamos de acuerdo en que tales incoherencias esotéricas y monogenistas fueron justamente excluidas del Canon, no solo por los concilios, sino por la Iglesia Primitiva en general.
 
Podríamos elaborar mucho más sobre el tema, pero, en conclusión, creo que podemos concluir de manera razonable de que los 66 libros que actualmente tenemos en nuestras Biblias son aquellos, y solamente aquellos, que la providencia y supervisión divina nos ha preservado desde el momento que salieron de la boca de Dios y fueron escritos.


[1]  Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 7
 

[2] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 12
 

[3] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 15
 

[4] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 20,21
 

[5] Evangelio según Santo Tomas.pdf (kluev.ru) verse 114

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La Infalibilidad de la Biblia
El Amor de Dios
El Temor de Dios
La Cuestión del Mal
El Pecado Original
Entendiendo la Expiación
Homosexualidad y la Biblia
Reencarnación
El Teísmo Abierto

Respuestas a Objeciones:

El Plan Glorioso de Dios
La Manifestación de los Hijos de Dios
¿Ha Rechazado Dios a Su Pueblo Israel?
La Trinidad y la Deidad de Cristo
La Preexistencia Eterna de Cristo
Preterismo vs. Futurismo
La Doctrina de 2 Evangelios