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por George Sidney Hurd
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Al final de la vida del Apóstol Pedro, él nos advirtió de antemano acerca de lo que sería la actitud de muchos en los postreros días debido a la aparente tardanza en la Segunda Venida de Cristo diciendo:
 
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2Pedro 3:3-4)
 
Tanto a Pedro, como a Pablo, les fueron mostrados las condiciones que prevalecerían en los postreros días (cf. 1Tim 4:1-3; 2Tim 3:1-5). Las señales que nombraron son características de nuestros días, más que cualquier generación anterior. En este blog, voy a responder a unos de los argumentos presentados por un número creciente de personas que ridiculizan a aquellos que todavía esperamos ansiosamente el retorno de Cristo en el futuro cercano.
“No pasará esta generación”
 
Los Preteristas presentan la declaración, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” como evidencia de que Cristo vino en 70 d.C., dado que Jesús describe la desolación de Israel y Su Segunda Venida en el mismo discurso.
 
Sin embargo, un examen cuidadoso del contexto dentro de los tres Evangelios sinópticos deja en claro que hay una separación necesaria entre la desolación de Jerusalén en 70 d.C., y la Segunda Venida de Cristo.
 
Justo antes de Su discurso en Mateo 23:36, Jesús le dijo al liderazgo representativa de Israel: “De cierto os digo: Vendrán todas estas cosas sobre esta generación,” con “todas estas cosas” refiriéndose al juicio contra Israel y su desolación. Entonces, en 38-39 Él menciona Su Segunda Venida como algo que sucedería después de la desolación de Israel, en un tiempo cuando ellos estarían dispuestos a recibirlo como Su Mesías y Rey. Él les dijo:
 
“He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, HASTA QUE digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:38-39)
 
Los Preteristas dirían que Dios rechazó a Su pueblo Israel para siempre como nación. Sin embargo, Jesús habla de su juicio como temporal, continuando “hasta que” llegue el momento cuando Israel dirá, “Bendito el que ‘viene’ en el nombre del Señor.” El Evangelio de Lucas, que da más detalle acerca del juicio y desolación de Israel en 70 d.C., también presenta el juicio de Israel como algo temporal, diciendo:
 
“Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:23-24)
 
Más adelante Pablo recibió mayor revelación acerca del juicio contra Israel y su liberación y restauración después, cuando Cristo vuelve otra vez. Él dijo:
 
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, HASTA QUE haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.” (Rom 11:25-27)
 
Aquí Pablo nos dice que el juicio contra Israel es temporal, continuando hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, todo Israel será salvo y restaurado cuando Cristo, el Libertador, venga desde Sion, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo. Cuando Cristo viene por segunda vez no será para la destrucción de Israel, como afirman los Preteristas, sino para su liberación. Tristemente, muchos, incluso a los Preteristas, ignoran este misterio, creyendo que la Iglesia ha reemplazado a Israel como pueblo. Demuestro la naturaleza temporal del juicio de Israel en mi blog: “¿Ha Reemplazado la Iglesia a Israel?
 
Así que, vemos que hay una separación necesaria entre la desolación y dispersión de Israel y su liberación en la Segunda Venida de Cristo cuando otra generación dirá: “Bendito el que viene en el nombre del Señor.”
 
El Discurso en el Monte de los Olivos tiene un Cumplimiento Doble
 
Después de declarar acerca de la desolación y Su venida posterior a ella, cuando Israel finalmente lo recibirá, Jesús continúa diciendo en el próximo versículo que no quedará piedra sobre piedra del templo, que no sería derribada. Fue después de esto que Sus discípulos le hicieron la pregunta doble: “Dinos, 1) ¿cuándo serán estas cosas, y 2) qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).
 
En el contexto, ya hemos visto que Jesús habló de “estas cosas” (la desolación de Israel y la destrucción de su templo) que vendría sobre esa misma generación, y su posterior venida cuando Israel estaría dispuesto a recibirlo. Todo el discurso es la respuesta de Jesús a sus dos preguntas. Aunque existen muchos paralelos entre los dos eventos, el lector cuidadoso descubrirá que son claramente distintas.
 
En el relato de Lucas, los discípulos son presentados como solamente preguntándole a Jesús acerca del tiempo de la desolación de Israel, la que Jesús acaba de decirles que sucedería en esa misma generación (Lucas 21:7), y de acuerdo con esa pregunta Él da más detalles acerca de la desolación de Jerusalén, mientras que, el Evangelio de Mateo, Él responde a ambas preguntas, pero dando más detalles acerca de los eventos relacionados con la Segunda Venida de Cristo.
 
Por ejemplo, en Lucas, Jesús les dijo a los cristianos que huyeran de Jerusalén tan pronto como vean que los ejércitos romanos rodearan a la ciudad, y Lucas incluye la declaración del juicio contra Israel que ocurriría en ese tiempo:
 
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución…porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:20-24)
 
Como podemos ver aquí, el asedio de Jerusalén por los ejércitos romanos es seguido por la dispersión prolongada de los judíos y la ocupación gentil de Jerusalén. En contraste, en el Evangelio de Mateo, vemos más detalle acerca del fin de la época y los eventos indicando la Segunda Venida de Cristo. En Mateo 24:14, Jesús dijo que el fin de la época no llegaría hasta que el evangelio haya sido predicado por todo el mundo. Él dijo:
 
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo (οἰκουμένη), para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)
 
Es muy obvio que esto no fue cumplido antes de 70 d.C. Hasta el día de hoy, no podemos decir que todo el mundo habitado ha oído el evangelio. En los versículos que siguen esto, vemos otro mandato a huir. Sin embargo, en contraste con el relato de Lucas que los mandó a huir de Jerusalén al ver los ejércitos rodeando a Jerusalén, vemos el mandato a huir de Judea cuando ven la abominación desoladora en el lugar santo:
 
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa… 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:15-17; 21-22)
 
Mientras es posible que un lector casual podría pensar que Jesús está hablando del mismo evento en ambos Evangelios, cuando uno los examina más de cerca, llega a ser evidente que en el Evangelio de Mateo Jesús se está refiriendo a Su Segunda Venida cuando eventos sin precedentes llegan a ser tan severo como para destruir toda carne, requiriendo Su intervención para salvar a Su remanente elegido. Cuando Él viene otra vez, no será para la destrucción de Israel, sino para su liberación. El profeta Daniel vio la misma venida, y allí Él también es presentado como volviendo para la liberación de Israel después de la misma Gran Tribulación sin precedentes. Daniel dijo:
 
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (eonian), y otros para vergüenza y confusión perpetua (eonian).” (Dan 12:1-2)
 
Jeremías también habla de la misma tribulación sin precedentes como “tiempo de angustia para Jacob” y también dice que Israel será liberada en ese tiempo (Jer 30:7-9). Tanto Jesús, como Daniel, describen una resurrección corporal cuando Israel es liberado al final de la Gran Tribulación (Mateo 24:30-31). Ninguna resurrección física ocurrió en 70 d.C., y Israel no fue liberada por la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, fue dejado desolada y dispersada en juicio.
 
Vale notar que los Padres Apostolicos vieron la abominación desoladora en Mateo 24 como algo futuro, seguido por el retorno visible de Cristo, mientras que los Padres que comentaron sobre Lucas 21:20 entendían la referencia de los ejércitos rodeando a Jerusalén como algo que ocurrió en 70 d.C.. [1] Nadie en ese entonces, sea cristiano o secular, indicó que entendían que Cristo había venido en ese tiempo.
 
Tiempo de la Destrucción de Jerusalén revelado – Tiempo de la Segunda Venida no revelado
 
La única señal dada por Jesús para indicar que la desolación de Israel estaba inminente fue que verían a los ejércitos rodeando a Jerusalén (Lucas 21:20). Jesús les dijo a los cristianos que huyeran a los montes al verlo, y la historia confirma que ellos obedecieron, huyendo a Pella antes de que Jerusalén fuera completamente rodeada.
 
En contraste con la desolación de Israel que ocurrió en 70 d.C., Jesús dio muchas señales que indicarían cuando Su venida estuviera inminente. Una que ya hemos considerado era que el evangelio habrá sido predicado a todas las naciones del mundo antes de que venga el fin y Cristo vuelva.
 
Otra señal que vimos es que habría “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21-22). Es cierto que el asedio romano de Jerusalén era un tiempo de tribulación para los judíos. Según Josefo, más de un millón de judíos perecieron. Sin embargo, la tribulación descrita por Jesús es de una escala global sin precedentes. Él dijo que jamás habría algo igual después. Sin embargo, en la tribulación bajo el régimen Nazi, murieron casi seis veces más judíos, sin tomar en cuenta los millones de judíos que murieron después, bajo el régimen de Stalin. Claramente, Jesús estaba refiriéndose a la Gran Tribulación de tres años y medio, descrito con más detalle en Daniel y en el libro de Apocalipsis donde el número de fatalidades son miles de millones a nivel mundial, y no simplemente un poco más de un millón de judíos que murieron en la ciudad de Jerusalén en 70 d.C. (Apo 6:8; 9:15).
 
Además, Jesús dijo que cuando Él venga, cada ojo de todos los tribus de la tierra lo verán viniendo (Apo 1:7; Mateo 24:30; 2Tes 2:8; Apo 6:12-17). En aquel tiempo algunos estarán durmiendo en un lado del mundo, mientras que otros estarán trabajando en los campos en pleno día (Lucas 17:34-36; Mateo 24:40-41). El Señor juntará a Sus elegidos de todo el mundo en ese momento (Mateo 24:30-31). Algunos serán llevados, mientras que otros serán dejados. Claramente, Jesús no vino en 70 d.C.  Cristo simplemente dejó Jerusalén desolada debido a su rechazo del reino (Mateo 23:38-39). No vino para destruir personalmente a Jerusalén en 70 d.C. Cuando Cristo viene, será para salvarlos de sus enemigos – no para destruirlos.
 
A la vez que Jesús era específico en indicar el tiempo de la desolación de Israel, Él era enfático en decir que el tiempo de Su Segunda Venida solamente fue conocido por el Padre (Mateo 24:36). Momentos antes de que Cristo ascendió al Padre, los discípulos persistían en preguntarle a Jesús cuándo iba a restaurar el reino a Israel. En respuesta, Jesús no solamente les dijo que no les fue dado a conocer “el día ni la hora” de Su venida, sino que ni siquiera les tocaba saber los tiempos y las sazones que el Padre puso en Su sola potestad (Hch 1:7). En lugar de esto, Jesús les dijo en otras palabras lo que Él ya les había dicho antes en el Discurso del Monte de los Olivos – Él les dijo que tenían que predicar el evangelio a todas las naciones como testigo por todo el mundo antes de que viniese el fin (Mateo 24:13). Después de decirles que no les tocaba saber los tiempos y las sazones, Él repitió su tarea, la Gran Comisión:
 
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch 1:7-8)
 
Aunque el evangelio fue proclamado en muchas naciones alrededor de Judá en esa primera generación, aún no ha sido predicado a todas las naciones del mundo entero.
 
Dos Generaciones Distintas
 
Aunque creo que, por intención divina, no es algo aparente a primera vista, Jesús dirigía la palabra a dos generaciones distintas en el Discurso del Monte de los Olivos. Mientras que dijo acerca de la desolación de Israel, “todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:36), refiriéndose a aquellos viviendo en ese tiempo, Él después dio señales específicas que indicarían cuándo Su retorno y el fin estarían cerca. En ese contexto, Él se dirige a la generación que verá las señales de Su venida y el fin de la época, diciendo:
 
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” (Mateo 24:32-34)
 
¿Cuáles son las señales que Él mencionó que indicarían que el fin estaba cerca? En Mateo 24:7-8, Él dijo que cuando nación se levanta contra nación, y reino contra reino con pestes, hambres y terremotos en muchos lugares, eso sería el principio de los dolores de parto, indicando que el fin se acerca.
 
Después de esto, en los versículos 9-10, Él dijo que seríamos aborrecidos por todas naciones y perseguidos, y muchos se apartarían de la fe (cf. 2Tes 2:1-4). En 11-13, Él advirtió que muchos falsos profetas se levantarían engañando a muchos, y que la maldad aumentaría de tal manera que el amor de muchos se enfriará, pero los que perseveran hasta el fin serán salvos. Aquí quiero señalar que perseverar hasta el fin tiene referencia a perseverar hasta que Cristo venga, no hasta que Jerusalén fue destruido en 70 d.C. En el versículo 24, Él dijo que los falsos profetas harían grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos.
 
En el versículo 15, Él da la señal de la abominación desoladora en el lugar santo en el templo de Jerusalén, diciendo que los que están en Judea en ese tiempo tendrían que huir porque comenzarán entonces la Gran Tribulación. Los Padres Apostólicos, de manera unánime, creían que esto era algo que todavía tenía que a ocurrir en su futuro. Años después de la destrucción del Templo de Herodes en 70 d.C., Ireneo (160 – 230 d.C.) dijo:
 
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [2]
Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [3]
 
De la misma manera como los Futuristas hoy en día, los Padres Primitivos creían, según las Escrituras, que el templo en Jerusalén sería reconstruido y la abominación desoladora puesto en el templo, comenzando el tiempo de la Gran Tribulación.
 
Finalmente, Jesús da las señales que sucederán inmediatamente antes de Su venida:
 
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:29-31)
 
Es en este contexto que Jesús dice en 34, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” “Esta generación,” en su contexto, refiere a la generación que ve el principio de las señales específicas cumplidas que Él mencionó. No existe récord de nadie diciendo que vio venir el Hijo del Hombre en 70 d.C., y mucho menos vemos mención de todas las tribus de la tierra lamentándose por haberlo visto venir con poder y gran gloria.
 
“No gustarán la muerte, hasta que hayan visto…”
 
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 16:28-17:5)
 
Los Preteristas a menudo citan Mateo 16:28 como evidencia de que Cristo tuvo que haber venido por segunda vez y establecido Su reino sobre la tierra en 70 d.C., mientras muchos de los discípulos aún vivían. Sin embargo, cuando uno lee los siguientes versículos, llega a ser evidente que la venida de Su reino a que Él se refería ocurrió solamente seis días después, cuando Cristo fue transfigurado ante Pedro, Jacobo y Juan, dándoles una revelación de Su reino venidero. Pedro mismo hizo referencia a esto como una prevista de la venida de Cristo en Su reino. Él dijo de su encuentro con el Cristo glorificado en el monte:
 
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pedro 1:16-18)
 
Pedro claramente entendió la declaración de Jesús, “hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” como algo cumplido cuando ellos vieron a Jesús transfigurado en el monte con Moisés y Elías.
 
Un Retraso Aparente Implícita en las Parábolas
 
Aunque Jesús mandó a Sus discípulos vivir en un estado de expectativa, diciéndoles, “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44), al mismo tiempo Él implicaba en parábolas que Él no vendría en el marco del tiempo anticipado por Sus seguidores.
 
En la parábola del siervo fiel y el siervo malo, Jesús dijo que el sirviente malo diría en su corazón, mi señor tarda en venir,” y en vez de ocuparse en el servicio de su señor, el comenzó a vivir según sus propios deseos carnales (Mateo 24:48-51). En la parábola de las diez vírgenes, el esposo se tardó en venir.” Se tardó tanto que incluso las vírgenes prudentes cabecearon y durmieron, y tuvieron que ser despertados para recibir el esposo (Mateo 25:5). En la parábola de los talentos, Él comparó Su venida a un hombre que fue lejos,” no volviendo hasta después de mucho tiempo (Mateo 25:14,18).
 
Es evidente que Jesús quería que Sus discípulos vivieran en anticipación de Su pronto retorno, ocupado en cumplir la Gran Comisión con la expectativa que Él podría volver en su generación, mientras que Él, al mismo tiempo, indicaba indirectamente a través de Sus parábolas que Su retorno podría estar mucho más en el futuro lejano de lo que ellos anticipaban. Él concluyó Sus parábolas con un llamado, no solamente para Sus discípulos, sino también para las generaciones futuras, a estar vigilando. Él dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).
 
Su Casa tiene que estar llena
 
A Pablo le fue revelado que en este tiempo ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, Cristo, el Libertador, vendrá de Sion, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:25-26).
 
Aquí vemos que Cristo no vendrá otra vez hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles haya entrada en el redil. Tan pronto como el último de las primicias escogidas de entre los gentiles haya entrado en el redil Cristo vendrá, y todo Israel será salvo cuando ellos miran a Él, a quien traspasaron (Zac 12:10). Entonces, la nación de Israel volverá a nacer en un solo día (Isa 66:8-10).
 
En la parábola de la gran cena, Jesús también implicó que Él no iba a volver hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. En esta parábola, el señor había planeado un gran banquete para sus invitados (los invitados representando a la nación de Israel). Pero Israel rechazó la invitación. El señor se enojó y dijo a su siervo que trajera a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (refiriéndose a los samaritanos que fueron menospreciados por los judíos). Habiendo invitado a ellos, todavía quedaban muchas sillas vacías. Entonces, Jesús, haciendo referencia a los gentiles, dijo a continuación:
 
“Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.” (Lucas 14:23-24)
 
Esta parábola de la casa del señor siendo lleno con aquellos de los caminos y vallados, refiriéndose a los gentiles en vez de los judíos que originalmente fueron los invitados, es paralelo con lo que Pablo vio acerca de la plenitud de los gentiles. Dios está esperando, sin comenzar el banquete, hasta que Su casa se llene. Tan pronto entre la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena, Cristo vendrá.
 
Esta es la razón que Pedro dio por la aparente demora en la venida de Cristo. Después de decir que en los postreros días seríamos ridiculizados por seguir esperando Su venida, él explicó:
 
“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.  9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente PARA CON NOSOTROS, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:8-9)
 
Aquí vemos que, contrario a como algunos piensan, el Señor no ha demorada Su venida. Dado que Él habita la eternidad, “pronto” no significa lo mismo para Él como significa para nosotros. Entonces, Pedro explica porqué Él todavía no ha venido. El es paciente para con nosotros, esperando hasta que todos nosotros – Sus elegidas primicias, hayamos venido al arrepentimiento. En otras palabras, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena.
 
“El tiempo está cerca… Vengo pronto”
 
En el libro de Apocalipsis, Jesús comienza diciendo, el tiempo está cerca,” y tres veces Él repite la frase Vengo pronto (Apo 1:3; 3:11; 22:7,12). Muchos se escandalizan por el hecho de que casi 1900 años han trascurrido desde que Jesús hizo estas declaraciones. Los Preteristas intentan argumentar que el libro de Apocalipsis fue escrito antes de 66 d.C., en vez de la fecha generalmente aceptada de 96 d.C., a fin de poder argumentar que Cristo quiso decir que iba a venir en 70 d.C. Presento los argumentos en contra de la fecha temprana para Apocalipsis en mis blogs: “The Objective Evidences for a Late Dating of John’s Revelation” y “The Interpretive Arguments for an Early Dating of John’s Revelation.”
 
En mi libro, “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Demuestro con más detalle porqué la venida de Cristo todavía está en el futuro. Pero, sin entrar en más detalle aquí, debe ser evidente a cualquier estudiante de las Escrituras y de la historia que ningún evento en la historia podría ser razonablemente considerado como la Segunda Venida de Cristo con poder y gran gloria para recibir a Sus escogidos y reinar sobre la tierra.
 
Las amonestaciones para estar vigilantes porque el tiempo está cerca, tienen que ser entendidas a la luz de la abundancia de Escrituras que claramente implican una demora. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles tiene que entrar, llenando Su casa. Solamente el Señor sabe cuándo eso habrá sucedido.
 
También, como explicó Pedro, tenemos que tomar en cuenta la naturaleza relative del tiempo. Nuestro sentido del tiempo no es lo mismo que lo del Señor. Para Él, un día es como mil años, y mil años como un día. Es comparable con el sentido del tiempo para un niño, comparado con lo de un adulto mayor. Cuando mis hijos eran pequeños, a menudo hacíamos viajes largos en carro, hasta viajando de California a Guatemala un par de veces. Como un adulto que había hecho el viaje antes, yo sabía cuánto tiempo iba a durar el viaje, y para mí el viaje parecía mucho más corto que a mi hijo Cristian de 4 años. Después de una hora, él ya estaba quejándose, preguntándonos porqué estábamos demorando tanto en llegar. Hubiera sido inútil explicarle cuánta carretera quedaba por delante porque él era demasiado pequeño para entenderlo. Al principio, le decía que íbamos a llegar pronto e intenté mantenerlo ocupado con otras cosas para no estar tan consciente del tiempo. Cuando eso ya no funcionaba, le diría algo como, “cuando ves un puente grande, estaremos acercándonos al destino,” o “cuando ves el océano, nos falta poco.” Mi esposa Norma y yo sabíamos desde el comienzo cuánto tiempo duraría el viaje, pero hubiera sido inútil intentar a explicarle cuánto tiempo duraría el viaje porque él no habría entendido. Y aún si él hubiera podido comprender el tiempo requerido para llegar, solo habría hecho el viaje más insoportable para él.
 
Creo que, de manera semejante, el Señor les dijo a Sus discípulos que no era para ellos saber los tiempos y las estaciones, sino que se ocuparan con proclamar el evangelio por toda la tierra, al mismo tiempo que estén vigilando por las señales que indicarían que Su venida estaba a las puertas. Que Él nos encuentre ocupado haciendo lo que Él nos comisionó a hacer cuando Él venga.
 
“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mateo 24:44-46)
 


[1] Hipólito (170 a 236 d.C.), Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
 
Tertuliano (160 a 220 d.C.), Lucas 21:1-38
“Entonces, habiendo mostrado lo que iba a ser el tiempo de la destrucción cuando Jerusalén iba a estar rodeado de ejércitos, Él describió las señales del fin de todas las cosas: señales en el sol, en la luna y las estrellas, y sobre la tierra angustia entre las naciones en confusión – como el mar rugiendo – por razón de su anticipación de los males que vienen sobre la tierra.”
 

[2] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
 

[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
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por George Sidney Hurd
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​En la última cena en la noche de Su pasión, Jesús le dijo al Padre en Su oración: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Jn 17:3). Los Unitarios, incluyendo a los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, presentan esta declaración de Jesús como evidencia concluyente de que Jesucristo no es Dios. Algunos hasta dicen que, si honramos al Hijo como honramos al Padre, estamos blasfemando contra Dios y no heredaremos la vida eterna (vida eonian).
 
Pero, ¿quería Jesús que entendiéramos Su referencia al Padre como el único Dios verdadero de una manera que excluya la divinidad del Hijo y del Espíritu Santo, o simplemente fue Su intención excluir a todos los que se llaman dioses, menos al Dios verdadero que también incluye el Hijo y el Espíritu Santo, como afirman los Trinitarios? ¿Niega de alguna manera esta declaración todo lo que hemos visto en los blogs anteriores acerca de la preexistencia eterna de Cristo? El propósito de este blog es demostrar que las palabras de Jesús armonizan perfectamente con las otras afirmaciones de la deidad de Cristo en las Escrituras, en vez de contradecirlas.
 
Si de hecho el Padre es el único verdadero Dios en un sentido Unitario, a exclusión del Hijo y el Espíritu Santo, entonces tenemos una contradicción obvia, dado que, tanto el Hijo, como el Espíritu Santo, son llamados Dios a través de las Escrituras (Jn 1:1; 1:18 NVI; 5:18; 20:28-29; Fil 2:5-6; 2Pet 1:1; Hch 5:3-4). Si el Padre es el único Dios verdadero en el sentido Unitario, lógicamente nos obligaría a concluir que el Hijo es un dios falso, considerando que Él también es llamado Dios.
 
1 Juan 5:20 “Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.”
 
Solamente en un sentido Trinitario puede ser Dios Jesús, al mismo tiempo que el Padre es el único verdadero Dios, dado que el Dios Trino incluye al Hijo. Por esa razón, Juan no veía problema con llamar a Jesús el verdadero Dios también en 1Juan 5:20. Él dijo:
 
“Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este (οὗτος) es el verdadero Dios, y la vida eterna.” (1Jn 5:20)
 
Aquí vemos el mismo título “el verdadero Dios” que Jesús Mismo usó con referencia al Padre en Juan 17:3, refiriéndose a Sí Mismo como el Hijo. Dado que no puede haber dos Dioses a la vez que solo hay un verdadero Dios, tanto el Padre como el Hijo tienen que constituir ese mismo único verdadero Dios, como los Trinitarios siempre han afirmado. No es válido argumentar que el pronombre “este” está refiriendo al Padre aquí, dado que “este” es el pronombre demostrativo cercano οὗτος. Si Juan hubiera querido refirirse al Padre, él habría usado el pronombre demostrativo lejano ἐκεῖνος, que en español significa “aquél.”
 
Además, Jesucristo aquí es llamado “el verdadero Dios y la vida eterna.” Es Jesús, en vez del Padre, quién Juan repetidamente llama “la vida” y “la vida eterna” (Jn 1:4; 5:26,40; 10:10; 11:25; 14:6; 20:31; 1Jn 1:2; 5:12). De hecho, 1Juan comienza y cierra identificando a Jesucristo como “la vida eterna,” en distinción del Padre. La epístola comienza diciendo de Cristo, el Verbo eterno:
 
“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2 porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó.” (1 Jn 1:1-2)
 
Por lo tanto, vemos aquí que el Hijo, el verdadero Dios, también llamado “la vida eterna,” estaba con el Padre desde el principio antes de ser manifestado en carne como Jesús, el Cristo. Esto concuerda con Juan 1:1 que dice que “en el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” La única manera en que el Padre y el Hijo pueden ambos ser el único verdadero Dios es si realmente es cierto lo que Jesús había dicho acerca de Su relación con el Padre cuando dijo: Yo y el Padre uno somos” (Jn 10:30), y el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn 10:38), o El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9). Cuando Jesús dijo que Él y el Padre eran uno, los judíos entendieron lo que decía e intentaron a apedrearlo por blasfemia, diciéndole: “tú, siendo hombre, te haces Dios” (Jn 10:33). Aparentemente los judíos tenían una comprensión mayor de lo que estaba diciendo Jesús que los Unitarios hoy en día.
 
Los Unitarios típicamente argumentan que el Hijo solamente era uno con el Padre en el sentido de estar unido en un solo pensar y propósito. Para sustentar esto, ellos señalan que, en la oración de Jesús en el aposento alto, Él oró al Padre por Sus discípulos, pidiendo “que sean uno, así como nosotros somos uno” (Jn 17:22). Sin embargo, lo que Jesús estaba pidiendo no era nada más que estén de un acuerdo con ellos, sino que Él se estaba refiriendo a una unión real y vital con Dios a través del Hijo en la cual Él iba a llegar a ser nuestra vida misma en unión con Él, a través del nuevo nacimiento (Rom 8:10; Gal 2:20; Col 3:4).
 
Jesús, hablando de la venida del Espíritu Santo en el Pentecostés, dijo: En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros” (Jn 14:20). Jesús no estaba simplemente diciendo: “En aquel día conoceréis que somos de un solo sentir.” Él estaba hablando del tiempo cuando los que creen serían sumergidos en el Cuerpo de Cristo por el Espíritu Santo (1Cor 12:13). Nosotros realmente llegamos a ser participantes de la naturaleza divina, llegando a ser uno con el Señor por la regeneración del Espíritu Santo (2Pedro 1:4).[1] Pablo dijo de los que han nacidos de nuevo: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él” (1 Cor 6:17). Esto no está hablando nada más de estar del mismo pensar con el Señor, aunque es verdad que ahora tenemos la mente de Cristo. Habla de una unión vital con Dios que el hombre natural no puede comprender, igual como no puede comprender la unión vital que existe entre las personas de la Trinidad, a pesar del hecho de que la Biblia claramente la enseña. El Dios de la Biblia es uno, pero es una unidad compleja, compuesta del Padre, Hijo y el Espíritu Santo. Demuestro esto con más detalle en mi blog: La Trinidad de Dios.
 
También, argumentar que el Hijo es excluido de ser el verdadero Dios debido a que Jesús llamó al Padre “el verdadero Dios,” lógicamente obligaría a los Unitarios a negar que el Padre sea la verdadera luz, dado que solamente es el Hijo quien es llamado la verdadera Luz (Jn 1:9).
 
Judas, el medio hermano de Jesús, también se refiere a Jesucristo como nuestro único Soberano y Señor (Judas 4 NVI). ¿Quién negaría que el Padre también es nuestro Soberano y Señor? Jesús dijo que ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios (Marcos 10:18). ¿Quería decir Jesús que Él no era bueno? ¡Claro que no! Como dijo Jesús: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9).
 
La única manera en que el Padre y el Hijo ambos pueden ser el único verdadero Dios, el único Soberano y Señor, y la única verdadera Luz, es si el Padre y el Hijo verdaderamente son uno, tal como declaró Jesús, provocando a los judíos a tomar piedras para apedrearlo por hacerse igual a Dios (Jn 10:30,33).
 
Entonces, ¿Por qué Jesús se refirió al Padre como el único verdadero Dios? ¿Por qué Juan de igual manera se refiere a Jesús como el verdadero Dios? La razón obvia es porque había muchos dioses falsos en esa cultura. Las próximas palabras que siguen en 1Juan 5 explican por qué. Inmediatamente después de decir: “Esta es el verdadero Dios y la vida eterna,” Juan sigue, diciendo: “Hijitos, guardaos de los ídolos” (1Jn 5:21). Mientras que los Evangelios sinópticos fueron escritos a judíos monoteístas, Juan estaba escribiendo principalmente a los creyentes gentiles en la sociedad pagana del imperio romano con sus múltiples dioses, incluyendo a Cesar. Por esa razón, él enfatizaba que solo existe un verdadero Dios, mandándolos a guardarse de los falsos dioses.
 
1Corintios 8:4-6 “Para nosotros solo hay un Dios, el Padre…y un Señor, Jesucristo”
 
Debido a tanta idolatría en Corinto, Pablo, de igual manera enfatizó que, aunque hay muchos que se llaman dioses, para nosotros solo hay un Dios. Él dijo:
 
“Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), 6 para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.” (1 Cor 8:5-6)
 
Una vez más, si “un solo Dios” fuera entendido en el sentido Unitario a la exclusión del Hijo, en vez de que Dios sea uno en un sentido trino, eso haría que el Hijo sea un dios falso, en vez de ser el verdadero Dios, dado que Él es llamado Dios varias veces en las Escrituras.
 
Además, si solo hay un Señor, eso excluiría al Padre de ser Señor. Sin embargo, el Padre muy a menudo es llamado Señor en las Escrituras (Mt 11:25; Lu 1:32, etc.). Incluso, vemos al Padre como Señor, hablando al Hijo como Señor en Hechos 2:34, donde dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Aquí, o, tenemos dos Señores, contrario a lo que dijo Pablo, o el Padre y el Hijo verdaderamente son uno, tal como dijo Jesús (cf. Mt 22:42-45). Adicionalmente, si el Señor Jescristo fuera el único Señor, excluiría al Espíritu Santo de ser Señor. Sin embargo, Él también es llamado Señor (2Cor 3:17).
 
Para concluir, aunque estas declaraciones enfatizan que solo existe un verdadero Dios, cuando entendemos todas las Escrituras como una totalidad armoniosa, confirma la naturaleza del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo en una unidad compleja, en vez de presentar a Dios como un ser simple y solitario. Desde antes de la creación el Padre, Hijo y el Espíritu Santo siempre han estado juntos en uno. Todas las cosas creadas son del Padre y por medio del Hijo, y tomaron forma conforme el Espíritu Santo se movía (1 Cor 8:6; Gen 1:1-2).
 
Al contrario de lo que dicen los Unitarios que afirman que estamos blasfemando cuando adoramos a Jesucristo como nuestro Señor y Dios, tal y como hizo Tomás, Jesús advierte aquellos que no lo aprecian como el Hijo de Dios, diciendo: “que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn 5:23). Juan avanza un paso más, advirtiendo a aquellos gnósticos que negaban que Jesucristo era Dios Mismo en carne: Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1Jn 2:23).
 
Te preguntas, ¿qué importancia tiene? Es importante porque no puede haber otro Salvador aparte de Jehová Elohim Mismo. La sangre de Cristo derramada en la cruz no era solamente la sangre de un buen hombre, era la misma sangre de Dios. Como Pablo dijo:
 
“Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre.” (Hch 20:28 NVI)
 


[1] Wuest’s Word Studies, 2 Peter 1:4: “Through these promises, the saints have become partakers of, sharers in the divine nature. Peter is here referring to regeneration as in 1 Peter 1:23. This divine nature implanted in the inner being of the believing sinner, becomes the source of his new life and actions. By its energy in giving him both the desire and the power to do God's will, he has escaped the corruption that is in the world.”

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 por George Sidney Hurd

Habiendo establecido de las Escrituras en el blog anterior que el Hijo de Dios ha existido eternamente, siendo Jehová el Todopoderoso, el YO SOY, sin principio de días, ni fin de vida, ahora podemos dirigir nuestra atención a los textos presentados por aquellos que intentan a negar Su eterna preexistencia. Dado que los Cristadelfianos, que niegan que el Hijo existía antes de la encarnación, interpretan la mayoría de estos textos de manera distinta a los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, voy a considerar sus interpretaciones distintas lado a lado.
 
Apocalipsis 3:14 “El principio de la creación de Dios”
 
“Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios (η αρχη της κτισεως του θεου), dice esto.” (Apo 3:14)
 
Todos estos grupos tienen su propia manera de traducir la frase, “el principio de la creación de Dios (η αρχη της κτισεως του θεου).”
 
Los Testigos de Jehová, en su Traducción del Nuevo Mundo, traducen correctamente el primer genitivo en la frase como de la creación,” solo para después traducir el segundo genitivo de Dios (του θεου)” como por Dios,” para hacer que Jesús aparentara estar diciendo que fue creado por Dios. Pero el sustantivo του θεου aparece en la forma genitiva, no en la forma instrumental, y, por lo tanto, la frase debe ser traducida “de la creación de Dios.”
 
A. E. Knoch traduce η αρχη της κτισεως του θεου como “el creativo original de Dios.” Sin querer ser guasón, tengo que decir que es su paráfrasis lo que es un creativo original, en vez de ser una traducción literal. Su traducción es de acuerdo con su creencia de que el Hijo de Dios es nada más una criatura única, siendo el primero y más sublime de todas las criaturas de Dios.
 
Los Cristadelfianos no pueden decir que el Hijo literalmente fue el primer ser creado, dado que creen que ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María. Por lo tanto, tienen que ir en contra de todo consenso, diciendo que Cristo es el principio de la nueva creación de Dios, en vez de entender a Jesús como aquí refiriéndose a la creación original. Aquí cito su explicación de este versículo: “Cristo es el comienzo de esta nueva creación de Dios (Apo 3:14), abriendo un camino en el cual sus seguidores también pueden alcanzar, porque lo que él es hoy, ellos pueden llegar a ser.” [1](énfasis mío). Aunque es cierto que Cristo está haciendo nuevas todas las cosas, cuando Él habla de la nueva creación, Él la llama como tal (Apo 21:1,5; 2Cor 5:17; Gal 6:15). Leer “Yo soy el principio de la creación de Dios” como si dijera “Yo soy el principio de la nueva creación de Dios,” es añadir al texto lo que no está diciendo.
 
Sin embargo, si dejamos que las Escrituras interpreten las Escrituras, llega a ser evidente de que, aquí en la Apocalipsis de Juan, Jesús se está refiriéndose a Sí mismo como la fuente de origen no creada de toda la creación, el Todopoderoso (Apo 1:8), el Verbo eterno (Apo 19:13), en vez de decir nada más que Él es el primer ser creado. Vemos en las Escrituras que antes de las épocas (antes de la creación del tiempo/espacio) el Padre hizo las épocas por el Hijo, y que el Hijo sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Heb 1:1-3; Col 1:17). También vemos en Juan 1:1-3 que en el principio el Verbo ya existía, siendo Él Mismo Dios, y que “todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo ha sido hecho, fue hecho.”
 
También vemos en Colosenses 1:16 que todas las cosas fueron creadas en Él, sean visibles o invisibles. Solo del infinitamente inmenso omnipresente Hijo de Dios es posible decir que todas las cosas fueron creadas en Él. Solamente del infinito Dios podría decir Salomon: “He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener” (1 Reyes 8:27).
 
Por lo tanto, ἀρχή en este contexto no puede significar “el principio” en el sentido del primero creado, dado que Él existía antes de Su creación y Él se extiende infinitamente más allá de sus límites. Aquí ἀρχή expresa que Él es el principio activo de la creación, Él que causó la creación. Habla de Su preeminencia y prioridad sobre la creación de Dios, así como vemos su papel de Creador expresado en los otros pasajes del Nuevo Testamento anteriormente citados. Según The Complete Word Study Dictionary, cuando ἀρχή es utilizada como una metonimia de personas, así como vemos aquí, expresa prioridad y preeminencia. [2]
 
Vimos en el blog anterior que Jesús es el Todopoderoso, el Jehová Elohim del Antiguo Testamento. Para aquellos que argumentan que el Hijo fue creado como un dios después, Jehová es muy enfático, diciéndole a Su pueblo Israel:
 
“Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι); antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí.” (Isa 43:10)
 
Aunque ha habido algunos hombres y ángeles que han sido designados como dioses por Jehová, en su caso es nada más una posición de autoridad delegada. Jehová, el YO SOY, de manera muy enfática declara que jamás ha sido creado otro dios aparte de Él, ni después de Él. Solo existe un verdadero Dios, y, tanto el Padre como el Hijo forman parte de este único verdadero Dios (Jn 17:3, cf., 1Jn 5:20). Dios es uno, pero esa unidad es una unidad compleja. Como dijo Jesús: “Yo y el Padre uno somos.” (Jn 10:30). Es por eso que Él pudo decir: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14:9). Son distintos, y, sin embargo, uno, en vez de ser dos Dioses separados.
 
Colosenses 1:15-17 “Él es…el primogénito de toda creación”
 
“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 PORQUE en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:15-17)
 
La palabra “primogénito” es de la palabra compuesta πρωτοτοκος (prototokos), de protos, que significa “primero” and tikto, “producir.” Literalmente significa “el primero producido.” De esa palabra derivamos nuestra palabra “prototipo.” A menudo se usaba en sentido literal para referirse al primero nacido.
 
A. E. Knoch tuvo una manera única de aplicar este término aquí. Mientras que él creía que el Hijo de Dios era el primer ser creado, él no lo entendía como un nacimiento, y eso lo dejó con un dilema. Él intenta resolverlo dividiendo proto de tokos. Lo que sigue es su intento ingenuo de explicar el significado de πρωτοτοκος o primogénito:
 
“No necesariamente significa que Él era el primero en nacer. Había muchos hijos de Dios antes de Su generación como un hombre. Él es el primero en referencia a la creación y unigénito en cuanto a generación.” (énfasis mío) [3]
 
Así que, según Knoch, “primo” tiene referencia a Su creación, y “génito” refiere a Su concepción en el vientre de María muchos siglos después. Pero dividiendo la palabra “primogénito” de esta manera es algo único a él y es un gran estirón de la lógica, por decir lo menos.
 
Mientras el término “primogénito” a menudo fue usado en su sentido literal, al hijo primogénito entre los judíos le pertenecía la primogenitura la cual le dio una posición de privilegio y autoridad legal sobre los otros miembros de la familia. Con el tiempo, la palabra llegó a ser utilizada figurativamente de una posición de autoridad y preeminencia, sin relación al nacimiento de la persona.
 
Por ejemplo, Dios dijo acerca del Mesías venidero, el Hijo de David: “Yo también le pondré por primogénito” (Sal 89:27). Aquí vemos la palabra “unigénito” usado figurativamente de Cristo el Hijo de David cuando es puesto en una posición de preeminencia como Rey de reyes y Señor de señores. No está siendo utilizado con referencia a Su nacimiento, sino a Su exaltación al comienzo del reino Milenial. (Otros ejemplos donde πρωτοτοκος es empleado en este sentido sin referencia a un nacimiento literal son: Rom 8:29; Col 1:18; Heb 1:6, y posiblemente Heb 12:23).
 
Si todavía quedara alguna duda acerca de lo que significa decir que Cristo es el primogénito de toda la creación, Pablo explica lo que quería decir en el versículo 16 y adelante, introducido con un “porque” explicativo:
 
“…el primogénito de toda creación. 16 PORQUE en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.” (Col 1:15b-17)
 
Claramente, en luz de estas palabras explicativas, el término “primogénito” en Colosenses 1:15 tiene que ser entendido únicamente en el sentido de existir anteriormente y de ser preeminente sobre todas las cosas creadas, en vez de que el Hijo Mismo hubiera sido de algún modo creado o haber nacido.
 
Los Cristadelfianos reconocen este significado del término “primogénito,” y lo aplican aquí, dado que creen que Cristo ni siquiera existía antes de Su concepción en el vientre de María. Como no creen que el Hijo existía en el tiempo de la creación, tienen que argumentar que Colosenses 1 no se está refiriendo a la creación original, sino a la nueva creación, así como hacen con Apocalipsis 3:14. Sin embargo, hay varios problemas con intentar hacer que Colosenses 1 se refiera a la nueva creación.
 
En primer lugar, esta creación es descrita en tiempo pasado, refiriendo a una creación que ya había ocurrido, mientras que la nueva creación actualmente está en proceso, y no terminará hasta que se finalice los tiempos de la restauración de todos, cuando todos finalmente habrán sido vivificados y sujetos a Cristo, resultando en que Dios sea todo en todos en la eternidad (Hch 3:21; 1Cor 15:22,28).
 
También en el versículo 17 vemos que, no solamente fueron creadas todas las cosas en, por medio de, y para Él (tiempo pasado), sino que en este tiempo estas mismas “todas las cosas” subsisten o permanecen unidas (συνιστάω). Hebreos elabora más, diciendo que Él “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Heb 1:3). Esto explica el misterio científico del poder inmenso que mantiene unidos todos los átomos del universo.
 
No solamente habla aquí de la creación de todas las cosas en tiempo pasado, sino que vemos que esa misma creación, consistiendo de todas las cosas visibles e invisibles en el cielo y en la tierra, había llegado a estar alejados de Dios y en enemistad con Él, requiriendo reconciliación:
 
“por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:19-20)
 
Aquí vemos que Dios envió a Su Hijo para reconciliar por Su propia sangre las mismas “todas las cosas” que Cristo originalmente creó en los versículos 15-17, pero habían llegado a estar alienados por la caída. En la dispensación final del cumplimiento de los tiempos, toda la creación, tanto en el cielo, como en la tierra, estarán otra vez reunidos en Cristo, llegando a ser parte de Su nueva creación (Ef 1:10; 2Cor 5:17).
 
Claramente, el término “primogénito” en este texto expresa figurativamente la preeminencia de Cristo sobre la creación, en vez de estar diciendo que Él de alguna manera literalmente nació antes del comienzo de la creación. Colosenses 1 presenta al Hijo como el Creador, Sustentador y Reconciliador de toda la creación, así como lo vemos presentado a través del resto del Nuevo Testamento.
 
Juan 3:16 “Su Hijo unigénito”
 
Tanto los Cristadelfianos como los seguidores de Knoch entienden “Hijo unigénito” como refiriéndose al nacimiento físico del Hijo de Dios por María en Belén. Sin embargo, esto es resultado de una equivocación de los traductores del siglo XVI acerca de la etimología de la palabra μονογενής (monogenes), traducido “unigénito” en la Versión Autorizada.
 
Cuando la Versión Autorizada fue traducida, pensaban que μονογενής era compuesta de μόνος, “único” and γεννάω, “engendrar o procrear.” Pero conforme descubrieron y examinaron más manuscritos griegos extrabíblicos, llegó a ser evidente que μονογενής consiste de μόνος y γένος, que significa “tipo o especie” en vez de γεννάω, “engendrar.” Por lo tanto, una lectura más correcta sería, “Su Hijo único.”
 
Aun la Reina Valera tradujo μονογενής correctamente como “único” en casi toda instancia, excepto cuando estaba refiriendo al Hijo de Dios (“único” Lu 7:12; 8:42; 9:38, cf. “unigénito” Jn 1:14,18; 3:16,18; 1Jn 4:9; Heb 11:17). La única vez que tradujeron μονογενής como “unigénito” refiriendo a alguien aparte de Jesús, es en Hebreos 11:17 donde claramente es una mala traducción, dado que llama a Isaac, hijo de Abraham su hijo unigénito, cuando en realidad Isaac no era su unigénito, dado que también tenía a Ismael. Aquí es obvio que la lectura correcta es “tu hijo único,” i.e., el único hijo de la promesa. La mayoría de las traducciones más recientes han corregido este error, consistentemente traduciendo μονογενής como “único.”
 
Es obvio que, si el Verbo que llegó a ser carne en la encarnación era en el principio con Dios, siendo Él Mismo Dios, sin principio de días, ni fin de vida (Jn 1:1,14; Heb 7:3), Él no literalmente llegó a existir por ser engendrado como el Hijo de Dios en Belén, sino que siempre ha existido como el Hijo único de Dios. Dentro de la Deidad los títulos Padre e Hijo no hablan de generación por reproducción, sino de la relación económica compartido entre ellos.
 
Hebreos 1:5 “Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy”
 
Este versículo es citado del Salmo 2:7, refiriendose a Cristo, y es presentado como evidencia de que Él no era el Hijo de Dios antes de Su nacimiento en Belén. Sin embargo, Lucas, bajo la inspiración del Espíritu Santo, indicó que el Padre había declarado esto acerca de Cristo referente a Su resurrección, siendo de manera figurativa el primero nacido de entre los muertos en la resurrección (Col 1:18). Lucas dice:
 
“la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy.” (Hch 13:33)
 
El Salmo 2:7 no puede estar refiriendose a la resurrección de Cristo y a la vez tener referencia a Su nacimiento. Igualmente equivocada es la creencia de que este Salmo habla de un tal “generación eterna” del Hijo de Dios por el decreto eterno de Dios.
 
Génesis 3:15 “la simiente de la mujer”
 
Este argumento final que voy a estar considerando en este blog es presentado por los Cristadelfianos en contra de la existencia de Cristo antes de Su concepción en el vientre de María. Ellos demuestran una falta de entendimiento fundamental de la enseñanza bíblica acerca de la encarnación del Hijo de Dios. Ellos expresan su argumento de la siguiente manera: “Si Cristo preexistía, ¿cómo pudo haber sido descrito como ‘la semilla de la mujer?’” [4]
 
Esto ignora el hecho de que el Verbo eterno, siendo Dios el Hijo, fue hecho carne, siendo nacido de mujer, y habitó entre nosotros (Jn 1:14; Gal 4:4). Él no llegó a existir nueve meses antes de nacer en Belén – Él ya existía antes de tomar carne. Se dice del Hijo antes de Su encarnación que Él fue enviado y que Él vino al mundo. No es posible decir de un ser no existente que él fue enviado, o que él vino.
 
“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley.” (Gal 4:4)
 
“Por lo cual, entrando (participio presente) en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí.” (Heb 10:5-7)
 
No dice que Dios “concibió” a un Hijo, sino que Él lo “envió.” El hecho de que Él aquí está conversando con el Padre antes de Su encarnación cuando Él fue enviado por el Padre, y que Él vino al mundo para hacer la voluntad del Padre por Su propia voluntad, requiere que Él tuviera una existencia consciente antes de haber nacido de mujer. En Mateo 20:28, Jesús dijo que Él vino con un propósito – a servir y a dar Su vida en rescate por muchos. Esto requiere una existencia previa.
 
En Filipenses 2 vemos que, antes de venir a semejanza de hombre, Él existía en la forma de Dios. Pero en vez de aferrarse a Su posición de igualdad con Dios, Él se despojó de Sí Mismo, tomando sobre Sí todas las limitaciones de un cuerpo de carne:
 
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:5-8)
 
Aquí lo vemos presentado como existiendo en forma de Dios. Entonces, Él se despojó a Sí Mismo al tomar forma de siervo, en semejanza a los hombres y en condición de hombre. Él vino a servir y dar Su vida en rescate por los hombres. Para poder hacer eso, le fue necesario encarnarse en forma de hombre como nuestro Pariente Redentor. Nada de lo expresado en Filipenses 2:5-8 tiene sentido si Él no había existido como Dios antes de tomar para Sí Mismo un cuerpo de carne.
 
Así que, en respuesta a su pregunta: “Si Cristo preexistía, ¿cómo pudo haber sido descrito como ‘la semilla de la mujer?’” les preguntaría: “¿De qué otra forma podría Él haber llegado a ser nuestro Salvador y Pariente Redentor? Para que el Hijo de Dios sea nuestro Salvador, Él tuvo que ser plenamente Dios, y a la vez plenamente humano. Él era plenamente divino como el Hijo de Dios y a la vez plenamente humano como la simiente de la mujer, nacido de la simiente de David según la carne (Rom 1:3-4). Aunque Él existía en forma de Dios, el Padre envió a Su Hijo único a nacer de una mujer según la carne. Sin embargo, Él nunca dejó de ser Dios – Él simplemente tomó sobre Sí la semejanza de carne de pecado, pero sin pecar:
 
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.” (Rom 8:3)
 
Dios el Hijo tuvo que tomar sobre Sí carne a causa del pecado – no Su propio pecado, sino a causa de los pecados del mundo de la humanidad. Quizás el niño Jesús que nació en un pesebre pudo haberse parecido cualquier bebé recién nacido. Sin embargo, al profeta Isaías le fue revelado que Él era en realidad Emanuel o “Dios con nosotros” (Isa 7:14; Mt 1:23). Él también dijo de Él:
 
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isa 9:6)
 
Conclusión
 
Habiendo examinado cinco de los textos principales utilizados para negar que el Hijo de Dios es coeterno con el Padre, llega a ser evidente que, cuando son bien entendidos, ellos de ninguna manera contradicen la revelación universal de las Escrituras acerca de la preexistencia eterna del Hijo.
 
Sin embargo, los Cristadelfianos hasta enseñan que, para tener la vida eterna, es necesario negar que Cristo el Hijo de Dios es coigual y coeterno con el Padre, dado que, para ellos, solamente el Padre es el verdadero Dios. En el próximo blog voy a considerar los textos que usan para sustentar esta afirmación.
 


[1] christadelphia.org “Jesus Did Not Pre-Exist”
 

[2] The Complete Word Study Dictionary: New Testament,  ἀρχή, NT:746:
(VII) Spoken by metonymy of persons indicating not time but priority and preeminence (Col 1:18, "who is the beginning," meaning the ruler). See prœtótokos
 (4416), firstborn; Sept.: Gen 49:3; Deut 21:17. In Rev 1:8; 21:6; 22:13, "the beginning and the end" means the first and the last indicating the One who created the beginning and the One who will bring about the end of what He originally created, not through elimination but change. In Rev 3:14, "the beginning of the creation" means the active beginning of the creation, the One who caused the creation, referring to Jesus Christ not as a created being, but the One who created all things (John 1:3).
The Complete Word Study Dictionary: New Testament © 1992 by AMG International, Inc. Revised Edition, 1993)
 

[3] A. E. Knoch, Sons of God

[4] christadelphia.org “Jesus Did Not Pre-Exist”
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por George Sidney Hurd

¿Es el Hijo de Dios eterno, como ha creído la Iglesia desde su comienzo, o hubo un tiempo cuando Él no existía? Esa es la pregunta que espero responder de las Escrituras en este blog.
 
Hay unas versiones modernas del Arrianismo del siglo III, como los Testigos de Jehová y los seguidores de A. E. Knoch, que dicen que el Hijo no es eterno, sino que era el primer ser creado por Dios. Otros, como los Cristadelfianos, creen que el Hijo de Dios ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María, siendo nada más un hombre capacitado por Dios para vencer a su propia carne pecaminosa, así mostrándonos el camino a la salvación. Después de examinar las evidencias Escriturales sobre la existencia eterna del Hijo, voy a estar considerando algunos de los textos presentados por estos grupos con tal de negar Su eterna preexistencia.
 
¿Realmente tiene Importancia?
 
Algunos piensan que la Deidad de Cristo y Su eterna preexistencia no es algo central a la fe cristiana, y que no es una doctrina que debe de dividirnos. Sin embargo, según las Escrituras, ninguno aparte de Jehová Elohim Mismo puede ser nuestro Salvador. Jehová declara repetidas veces que no hay ningún otro salvador fuera de Él. Él dijo:
 
Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve.” (Isa 43:11)
 
“Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto; no conocerás, pues, otro dios fuera de mí, ni otro salvador sino a mí.” (Oseas 13:4)
 
“Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí.” (Isa 45:21)
 
Siendo un Dios justo, no hubiera podido haber existido otro salvador, sino solamente Él. Si Dios hubiera enviado a uno de Sus seres creados a sufrir la justa pena por nuestros pecados cometidos contra Él, en vez de llevar nuestro castigo sobre Sí Mismo, eso solo habría agravado la injusticia. A. E. Knoch y sus seguidores hasta presentan a Dios como habiendo creado el mal. ¡Intente imaginar a un Dios que primero crea el mal, y después envía a una de Sus criaturas a sufrir para satisfacer Su propia justicia violada, que en realidad era el resultado del mal que Él Mismo había creado!
 
El salmista entendió que ninguna criatura podría redimir ni una sola alma del Seol: Nuestro Redentor tuvo que haber sido Dios Mismo. Él dijo:
 
Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, ni dar a Dios su rescate 8 (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás)…
15 Pero Dios redimirá mi vida del poder del Seol, porque él me tomará consigo.” (Sal 49:7-8,15)
 
Vemos que el precio de nuestra redención la debemos a Dios, pero ningún hombre es capaz de pagarlo. Dios Mismo tiene que pagarlo. Si Él que murió por nosotros en la cruz hubiera sido simplemente un ángel o un hombre divinamente capacitado para soportar el sufrimiento de la cruz, en vez de que el Hijo fuera Dios Mismo en carne, Su sufrimiento y muerte no habría tenido valor suficiente para propiciar los pecados del mundo entero.
 
Algunos, no entendiendo la naturaleza Trina de Dios, han ridiculizado a aquellos que creemos en la expiación sustitutiva penal de Cristo, diciendo que un hombre sufriendo por seis horas en la cruz no hubiera tenido valor suficiente para expiar a todos los pecados cometidos a través de la historia. Lo que no toman en cuenta es que fue Dios Mismo en carne que llevó nuestros pecados en aquella cruz y, por lo tanto, Su sacrificio de Sí Mismo tuvo un valor infinito.
 
Si hubiera sido nada más un hombre, Su sangre no habría podido expiar los pecados de una sola alma, mucho menos los pecados de todo el mundo. Es por eso que no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos, excepto por el nombre de Jesús, que significa “Jehová salva” (Hch 4:12). Es por eso que Jesús dijo a aquellos que se negaron a creer que Él era quién Él decía que era: “si no creéis que yo soy (EGO EIMI), en vuestros pecados moriréis (Jn 8:24).
 
Jesús es el Eterno YO SOY
 
“YO SOY” es el nombre con que Jehová se identificaba en la zarza que ardía cuando Moisés le preguntó cómo llamarlo (Ex 3:14). De ese momento en Adelante, vemos a Dios refiriéndose a Sí Mismo como el YO SOY numerosas veces (Deut 32:39; Isa 41:4; 43:10; 43:13; 46:4; 48:12; 52:6). Es significante que Jesús es el único en el Nuevo Testamento que se identifica a Sí Mismo como el YO SOY.
 
Normalmente, el verbo de “ser” requiere un predicado para formar una frase completa, sea en español o en el griego. Cada vez que Jesús se refiere a Sí Mismo como YO SOY, Él está declarando Su Deidad como Jehová el eterno (Jn 8:56-59; 13:19; 6:19-20; 4:26; 18:3-8). Demuestro esto con más detalle en mi blog, Jesucristo el Eterno YO SOY. Aquí solo quiero examinar un par de estas instancias donde Cristo de manera enfática se identifica como Jehová, el eterno YO SOY.
 
Apocalipsis 1:17
 
Jehová usa el título YO SOY seis veces en Isaías solamente, indicando así Su eterna auto-existencia. Una de estas es particularmente significativa, dado que Jesús después se identifica como ese mismo Jehová. Jehová dice en Isaías:
 
“Yo, Dios, soy el primero y el venidero, YO SOY (LXX. ἐγώ εἰμι, ego eimí).” (Isa 41:4)
 
Esta es una de las declaraciones más enfáticas de la eternidad de Jehová. Cuando el Cristo glorificado apareció a Juan en Apocalipsis, Él se identificó de la misma manera, diciendo:
 
“No temas; YO SOY el primero y el último.” (Apo 1:17 cf. Apo 22:13)
 
Aquí Jesús se identifica a Sí Mismo como el Jehová del Antiguo Testamento, el primero y el último. Mientras es posible que el Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de manera co-igual sean juntos el primero y el último, no es posible que el Cristo también sea el primero y el último si de hecho fue creado después por Jehová, el único primero y último.
 
Y no solo eso, sino que Jesús también se declara el Todopoderoso (Apo 1:8). Aunque un ser creado puede ser llamado poderoso, solamente puede existir un Todopoderoso, y sin embargo Jehová quién aparecía a los patriarcas repetidas veces se llamaba a Sí Mismo el Todopoderoso. Claramente el Hijo de Dios siempre ha sido la manifestación visible del único Dios Todopoderoso. No puede haber dos Todopoderosos.
 
Los que niegan la Deidad de Cristo a menudo dicen que Él no era Dios, sino nada más Su representante. Intentan relacionarlo con la costumbre hebrea de designar un representante o emisario legal (heb. shaliah) que básicamente era un agente legal designado para hacer transacciones en representación de otra persona. Pero, en realidad, esto no es nada único a los hebreos, dado que cada sociedad utiliza representantes legales con la autoridad de hacer transacciones en lugar de otro o ir en representación de otro. Sin embargo, un shaliah solo representaba a aquel que lo envió, jamás lo impersonaba. Un shaliah hablaría y actuaría en representación del Todopoderoso, pero jamás diría, “YO SOY el Todopoderoso.” Eso hubiera sido blasfemia, aún para un shaliah. Un shaliah jamás impersonaba a quién representaba.
 
Juan 8:58
 
“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. 57 Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? 58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY (ego eimí). 59 Tomaron entonces piedras para arrojárselas; pero Jesús se escondió y salió del templo; y atravesando por en medio de ellos, se fue.” (Jn 8:56-59)
 
La obvia razón por qué los judíos tomaron piedras para apedrear a Jesús fue por Su declaración, Antes que Abraham fuese, YO SOY.” Ellos entendieron que Él estaba declarando Su eterna preexistencia como el YO SOY y, por lo tanto, procuraron apedrearlo por blasfemia. Si de hecho Jesús fuera nada más un representante del eterno YO SOY, seguramente Él lo habría aclarado para evitar ser entendido como diciendo que era Dios Mismo, pero no lo hizo. Incluso, si Él hubiera dicho, “YO ERA antes de Abraham,” ellos no habrían intentado apedrearlo. Ellos entendieron que Él estaba diciendo que era Jehová, el eterno YO SOY. Conociendo las Escrituras, ellos sabían que Él estaba declarándose a Sí Mismo el único Jehová, el eterno YO SOY, como Jehová declara de manera enfática en Isaías:
 
“Ustedes son Mis testigos, declara el SEÑOR, y Mi siervo a quien he escogido, Para que Me conozcan y crean en Mí, Y entiendan que YO SOY (LXX ἐγώ εἰμι, ego eimí). Antes de Mí no fue formado otro dios, Ni después de Mí lo habrá.” (Isa 43:10 NBLH)
 
No hay manera razonable en que Juan 8:58 puede ser reconciliado con la creencia que el Hijo de Dios, quién se llama a Sí Mismo el YO SOY, no es eterno, sino nada más un dios que fue formado o creado después por Jehová – sin mencionar la afirmación de los Cristadelfianos de que el Hijo ni siquiera existía antes de ser concebido en el vientre de María.
 
Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento
 
Muchos ignoran el hecho de que Cristo, como también los autores del Nuevo Testamento, citan pasajes del Antiguo Testamento refiriéndose a Jehová Elohim, aplicándolos a Cristo, el Hijo de Dios. En mi blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento, presento 14 pasajes que claramente identifican a Cristo como el Jehová Elohim del Antiguo Testamento. Para ser breve, aquí solo voy a citar un par de ejemplos.
 
1) Solamente Jehová / Jesús es el Creador de Todo
 
Jehová Elohim no solamente es presentado como el único Salvador, como vimos en el blog anterior, sino que Él es también presentado en el Antiguo Testamento como el único Creador del cielo y la tierra. Isaías dice:
 
“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios (Elohim), el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.” (Isa 45:18)
 
En el Salmo 102 el salmista adora a Jehová Elohim como el eterno Creador que jamás cambia. Él dice:
 
“Desde el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. 26 Ellos perecerán, mas tú permanecerás; Y todos ellos como una vestidura se envejecerán; Como un vestido los mudarás, y serán mudados; 27 Pero eres el mismo, y tus años no se acabarán.” (Sal 102:25-27)
 
El escritor de Hebreos identifica a Jehová en este Salmo como Jesús cuando cita directamente de este Salmo, junto con el Salmo 45:5, que también es citado palabra por palabra, identificándole a Jesús como Jehová Elohim:
 
“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios (Elohim), por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino… 8 Y: Tú, oh Señor (Jehová), en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos… 11 Ellos perecerán, mas tú permaneces; Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,12 Y como un vestido los envolverás, y serán mudados; Pero tú eres el mismo, y tus años no acabarán.” (Heb 1:8,10-12, cf. Sal 45:6-7)
 
Aquí vemos que Hebreos 1:10-12 es una cita directa del Salmo 102:25-27, identificando a Jesús como el Mismo Jehová que creó todas las cosas. Si esta afirmación de Su deidad no fuera lo suficientemente clara para silenciar a aquellos que decían que Él era nada más un ángel, a continuación él dice: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (Heb 1:13)
 
Este pasaje en Hebreos claramente afirma que Jesús es el eterno Jehová Elohim, El que es el mismo ayer, hoy y para siempre (Heb 13:8), y el Creador de todas las cosas. Como dice Juan:
 
En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.” (Jn 1:10).
 
Cuando el escritor de Hebreos dice que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre, es una declaración de Su eterna existencia, de igual manera que Su identificación como el YO SOY, o el primero y el último. En Hebreos 7:3 él dice que Melchizedec fue un tipo de Cristo en que él ni tiene principio de días, ni fin de vida.” ¡La eterna preexistencia de Cristo no hubiera podido haber sido expresada de manera más clara que esto!
 
12) Isaías vio la gloria de Jehová / Jesús
 
Cuando Jehová ungió a Isaías como profeta, Isaías lo vio sobre Su trono en una visión celestial. Él describe lo que vio en Isaías 6:
 
“En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2 Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3 Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria…5 Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos…9 Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10 Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.” (Isa 6:1-5,9,10)
 
Jesús manifestó Su gloria, haciendo señales y milagros, y el pueblo, a pesar de todo esto, se negaban a creer en Él. Juan cita a Isaías 6 para explicar por qué no creían, a pesar de que Su gloria fue manifestada. Al hacerlo, él claramente identifica a Jesús como Jehová. Él dijo:
 
“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38 para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor (Jehová), ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor (Jehová)? 39 Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane. 41 Isaías dijo esto cuando vio SU gloria, y habló acerca de ÉL.” (Juan 12:37-41)
 
Aquí, como en todo el Evangelio de Juan, él afirma la plena divinidad de Cristo, presentándolo como el mismo Jehová quien apareció a Isaías. Los autores del Nuevo Testamento consistentemente identifican a Jesús como Jehová.
 
Hay muchas Escrituras más que presentan a Cristo el Hijo de Dios como eternamente preexistiendo. Juan 1 dice que el Verbo que fue hecho carne estaba con Dios y que Él era Dios. Juan 1:3 continúa diciendo: “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.” Esta verdad por sí sola refuta la aseveración de que el Hijo tuvo un comienzo, siendo creado.
 
Vemos en Filipenses 2 que Cristo existía en la forma de Dios anterior a Su encarnación. Siempre ha sido la forma visible del Dios invisible. En la encarnación Él se humilló a Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Nadie ha visto el Padre. Cada aparición de Jehová Elohim en el Antiguo Testamento era Cristo antes de Su encarnación. Él siempre ha sido la única manifestación visible del Dios invisible. Demuestro esto en mi blog: Las Cristofanías del Antiguo Testamento.
 
En la oración de Jesús en la noche de Su pasión, antes de ser crucificado, Él oró al Padre diciendo:
 
“Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Juan 17:4-5)
 
Es obvio que, para poder haber compartido la gloria del Padre antes de la creación, Él tuvo que haber existido anterior a la creación. Uno puede haber sido escogido desde la fundación del mundo sin saberlo o experimentarlo, pero es imposible haber tenido la gloria del Padre con Él sin haberla jamás conocido o experimentado.
 
Conclusión
 
Habiendo visto que nadie aparte de Jehová Mismo pudo haber sido nuestro Salvador, y que Jesús es identificado en el Nuevo Testamento como el Jehová YO SOY, el primero y el último, el Todopoderoso, sin principio de días, ni fin de vida, el Creador y Sustentador de todo lo que existe, ahora tenemos un fundamento sobre el cual podemos basar nuestro entendimiento del Hijo de Dios. Los que niegan la preexistencia eterna de Cristo tienen que ignorar o intentar a negar el significado obvio de estas afirmaciones claras de la eterna existencia del Hijo.
 
En el próximo blog voy a estar considerando los textos presentados más a menudo para argumentar en contra de la eternalidad del Hijo de Dios. La mayoría de los que usan estos textos para negar Su eternalidad no toman en cuenta la relación económica entre las personas de la Deidad. Aunque podemos ver en las Escrituras que son co-iguales en esencia y atributos, sin embargo, como expresado por Sus títulos Padre e Hijo, no son iguales en autoridad, sino que tienen una relación de amor complementaria. El Hijo es sujeto al Padre, y el Espíritu Santo, de igual manera, lleva a cabo la voluntad del Padre y glorifica al Hijo. Cuando Jesús dijo, “el Padre es mayor que Yo,” no debe ser interpretado como si implicara que el Hijo es de alguna manera inferior en esencia al Padre, más que mi hijo es inferior a mí. Simplemente significa que el Padre es mayor en autoridad que el Hijo.
 
Otra cosa que no toman en cuenta los que niegan la preexistencia de Cristo (en particular los Cristadelfianos), es que, aunque Cristo era cien porciento Dios, Él también era cien porciento hombre. Aunque seguía siendo el Hijo de Dios, Él también llegó a ser el Hijo del Hombre. Cuando Él se despojó de Sí Mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, Él se sometió a las limitaciones de un cuerpo de carne. Aunque, como Hijo de Dios, Él seguía siendo Aquel que sostiene todas las cosas con la palabra de Su poder (Heb 1:3; Col 1:17), en Su humanidad Él tuvo que crecer en estatura y en sabiduría (Lu 2:39). Aunque, como Dios, sabía todas las cosas, en Su humanidad, Él tuvo que crecer en conocimiento. Él sufrió fatiga como cualquier hombre, y como hombre vino en semejanza de carne de pecado, pero sin pecar (Rom 8:3; Heb 4:15). Esta unión de Su naturaleza Divina con una naturaleza humana teológicamente es llamada la unión hipostática. Todas estas consideraciones son fundamentales para un entendimiento correcto del Hijo de Dios, como veremos en el próximo blog.
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por George Sidney Hurd

Unos anti Trinitarios dicen que la doctrina de la Trinidad no fue la creencia de los Padres de la Iglesia Primitiva hasta el siglo IV cuando, según ellos, fue formulado en el Concilio de Nicea en 325 d.C.
 
Sin embargo, como espero demostrar en este blog, los Padres de la Iglesia entendieron la deidad como Trina desde el comienzo de la Iglesia. Es cierto que la forma en que expresaron la Trinidad al comienzo fue limitada a afirmaciones generales y no específicas. Sin embargo, conforme sus creencias fueron atacadas, primero por los Gnósticos y Modalistas, y después por los Arrianos en el siglo III, que negaban la plena deidad de Cristo y la persona del Espíritu Santo, sus palabras, por necesidad, llegaron a ser más precisas y específicas. Las siguientes citas de los Padres son solamente unas pocas de centenares, que dejan muy en claro que la Iglesia Primitiva creía en la Trinidad desde el tiempo de los Apóstoles.
 
Ignacio (30 – 107 d.C.)
 
“Dado que, también, solo hay un Ser no engendrado, Dios, el Padre; y un solo Hijo, Dios, la Palabra y hombre; y un Consolador, el Espíritu de la verdad.” [i]
 
Aunque esta declaración es simplemente una afirmación general, enfatizando que solamente hay tres que son Dios, en oposición a los Gnósticos que creían que todos somos dioses, él, sin embargo, claramente menciona tres personas que son Dios. Al mismo tiempo, él enfatiza a través de su epístola que hay un solo Dios, así que, claramente no era Triteísta.
 
Justino Mártir (100 – 165 d.C.)  
 
“Ni Abraham, ni Isaac, ni Jacobo, ni ningún otro hombre, vio al Padre e inefable Señor de todos y el Padre de Cristo, pero vieron Aquél que era según Su voluntad Su Hijo, siendo Dios y el Ángel, porque Él ministraba según Su voluntad; a quién le plació nacer como hombre por la virgen; quién también era el fuego cuando Él conversó con Moisés en la zarza. Dado que, a menos que así entendemos las Escrituras, tendríamos que concluir que el Padre no estaba en el cielo cuando sucedió lo que escribió Moisés: ‘Y el Señor llovió sobre Sodoma fuego y azufre del Señor desde el cielo’…y otra vez, cuando Él dijo: ‘El Señor dice a mí Señor, siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.’” [ii]
 
En el contexto de esta cita, Justino está estableciendo que Jehová quien fue visto en las teofanías del Antiguo Testamento no era el Padre, sino Dios el Hijo; que el Ángel de Jehová en el Antiguo Testamento era de hecho el Hijo de Dios antes de Su encarnación; que cuando dice en Génesis 19:24 que Jehová hizo llover sobre Sodoma azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos, hacía referencia al Hijo que estaba con Abraham y el Padre que estaba en el cielo, así como en el Salmo 110:1 dice: “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” Demuestro que Jesús es Jehová del Antiguo Testamento en mi blog, Jesús es el Jehová Elohim del Antiguo Testamento, y también el Ángel de Jehová en mi blog, Las Cristofanías del Antiguo Testamento.
 
“En el nombre (sing.) de Dios, el Padre y Señor del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo, y del Espíritu Santo, ellos entonces reciben el lavamiento con el agua.” [iii]
 
Hablando del bautismo en el agua, Justino Mártir está haciendo referencia a la fórmula bautismal dada por Jesús en Mateo 28:19, “bautizándolos en el nombre (sing.) del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” Aunque son tres personas, a la vez son uno en nombre dado que son un solo Dios y no tres Dioses.
 
Ignacio de Antioquia (murió 110 d.C.).  
 
“Hay un Médico que tiene tanto carne como espíritu; hecho y no hecho (engendrado y no engendrado), Dios existiendo en carne; verdadera vida en la muerte; tanto de María como de Dios; primero posible y entonces imposible, Jesucristo nuestro Señor…” [iv]
 
Aquí Ignacio habla del Hijo de Dios como tanto engendrado de María, como no engendrado, como el Hijo eterno de Dios (engendrado y no engendrado, gennhtos kai agennhtos), Dios existiendo en carne. Esta es una afirmación clara de la Deidad eterna de Cristo. Aunque es otro tema, engendrado es de γεννάω (gennao), y no debe confundirse con γένος (genos) que significa “género.” Jesús es llamado el “único Hijo” (μονογενής, monogenes) del Padre, en vez de Su “unigénito Hijo” [v] La mayoría de las traducciones más recientes incluyen esta corrección.
 
Ireneo (115-190 d.C.).  
 
“La Iglesia, aunque dispersa por todo el mundo, ha recibido de los apóstoles esta fe: …un Dios, el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y del mar, y de todo lo que hay en ellos; y en un Cristo Jesús, el Hijo de Dios, que se encarnó para nuestra salvación; y en el Espíritu Santo, quien proclamó las dispensaciones de Dios por los profetas, y las venidas, y el nacimiento de una virgen, y la pasión y resurrección de entre los muertos, y la ascensión al cielo en la carne de Jesucristo, nuestro Señor el Amado, y Su manifestación del cielo en la gloria del Padre para ‘reunir a todos en uno’ y resucitar de nuevo la carne de toda la humanidad, para que a Cristo Jesús, nuestro Señor y Dios y Salvador y Rey, según la voluntad del Padre invisible, ‘cada rodilla se doble, de los que están en el cielo, y en la tierra y debajo de la tierra, y que cada lengua confiese a Él, y que Él ejecutara justicia hacia todos…” [vi]
 
Además de la referencia obvia de Ireneo a la restauración final de todos, él dice que la Iglesia había recibido de los Apóstoles y los discípulos de los Apóstoles la creencia en un Dios el Padre, un Jesucristo y en el Espíritu Santo, tres personas distintas. Además, dice que Cristo Jesús es nuestro Señor y Dios. Esta cita contiene una alusión a 1Corintios 8:6 que dice: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”
 
Algunos Unitarios se han equivocado, pensando que Pablo aquí está diciendo que solamente el Padre es Dios. Sin embargo, tanto Jesús como el Espíritu Santo son llamados Dios en las Escrituras y, por lo tanto, ellos también son de la deidad. También dice que hay un Señor, y, sin embargo, sabemos que, tanto el Padre como el Espíritu Santo, son llamados Señor en las Escrituras. Pablo estaba hablando a los creyentes de los gentiles de Corinto que habían sido criados como politeístas y vemos en el contexto que su objetivo era enfatizar que para nosotros solo hay un Dios y un Señor, no muchos.
 
Atenágoras, (133 – 190 d.C.)
 
“¿Quién, entonces, no estaría sorprendido al oír los hombres llamados Ateos que hablan de Dios el Padre, y Dios el Hijo, y el Espíritu Santo, y declaran Su poder en unión y Su distinción en orden?” [vii]
 
“…ellos conocen a Dios y a Su Logos, cual es la unidad del Hijo con el Padre, cual la comunión del Padre con el Hijo, cual es el Espíritu, cual es la unidad de estos tres, el Espíritu, el Hijo, el Padre, y Su distinción en unidad.” [viii]
 
Aquí vemos en el siglo II ya una expresión clara de la unidad de la Deidad o la Trinidad, Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Como el hierro afila el hierro, los Padres llegaron a ser más específicos y precisos en su uso de términos conforme la doctrina de Dios fue atacada de diferentes frentes. En este tiempo la distinción de personas dentro de la Deidad fue enfatizada en respuesta a los Modalistas que negaban que el Dios único existe en tres personas, diciendo que el Padre, Hijo y Espíritu Santo son nada más tres formas en que el Dios único se manifestaba. Una versión contemporánea del Modalismo son los Pentecostales Unitarios, o Jesús Solo.
 
Los cristianos en ese entonces fueron llamados Ateos porque no adoraban a los dioses paganos y no reconocieron al emperador como un dios.
 
Tertulio (155 – 220 d.C.)  
 
La conexión del Padre en el Hijo, y del Hijo en el Paracleto, produce tres Personas coherentes que, sin embargo, son distintos el Uno del Otro. Estas Tres son de una esencia, no una sola Persona, como dice, Yo y mi Padre uno somos en cuanto a la unidad de sustancia, no singularidad de número. Porque, así como la Palabra de Dios no es en realidad Aquél cuya Palabra Él es, de la misma manera el Espíritu (aunque se llama Dios) no es en realidad Aquél Espíritu que se dice que es de Él. Nada que pertenece a otro es en realidad la misma cosa que a lo que pertenece. Él los manda bautizarse en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, no a un Dios unipersonal.” [ix]
 
En el tratado de Tertulio, Contra Praxeas, él no se está oponiendo al Arminianismo, o la negación de la deidad de Cristo y la persona del Espíritu Santo, porque no era un tema muy debatido, dado que Arrio no nació hasta después de la muerte de Tertulio. Tertulio estaba oponiendose el Modalismo de Praxeas quien, como Sabelio, enseñaba que Dios era un ser unipersonal con Padre, Hijo y Espíritu Santo siendo nada más tres modos o manifestaciones de una sola Persona. En su tratado, Tertulio usa la palabra “Trinidad” 15 veces y enfatiza la naturaleza trina de Dios.
 
Él procura demostrar con varios ejemplos los absurdos que uno enfrenta leyendo las Escrituras como si Dios fuera un ser solitario en vez de ser Padre, Hijo y Espíritu Santo. Él dice a Praxeas:
 
“Si quieres que crea que Él es tanto Padre como Hijo, muéstrame algún otro pasaje donde dice, ‘El Señor le dijo a Sí Mismo, Yo soy mi propio Hijo, hoy me he engendrado a Mí Mismo’… Por tu parte, sin embargo, tienes que hacerlo aparentar ser un mentiroso, un impostor, y uno que altera Su palabra, si, cuando Él era un Hijo de Sí Mismo, Él asignó el papel de Su Hijo a otro. Todas las Escrituras dan evidencia de la existencia de, y distinción de personas en la Trinidad, y de hecho nos da nuestra regla de fe. Él que habla, y Él de quien Él habla y a quién Él habla, de ningún modo pueden ser uno mismo.” [x]
 
También, el responde a la acusación de que los Trinitarios son Triteístas, diciendo:
 
“Tenga siempre en claro que esta es la regla de fe que poseo; por esa testifico que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu son inseparables el uno del otro, y de esta manera sabrás en qué sentido digo esto: Ahora, observe, mi afirmación es que el Padre es uno, y el Hijo es uno, y el Espíritu uno, y que son distintos el uno del otro. Esta afirmación es mal entendida por todos los sin letra como también los mal dispuestos, como si implicara una diversidad, en el sentido como para implicar una separación entre el Padre, y el Hijo, y el Espíritu.” [xi]
 
A pesar del hecho de que nosotros como Trinitarios afirmamos de manera enfática que somos Monoteístas que creemos que el único verdadero Dios es Trino en cuanto a Personas, hasta el día de hoy seguimos siendo mal representados como si fuéramos Triteistas, enseñando que el Padre, Hijo y el Espíritu Santo son tres Dioses.
 
Orígenes (185-254 d.C.).  
 
“Pero en nuestro deseo de mostrar los beneficios divinos dados a nosotros por el Padre, Hijo, y Espíritu Santo, cual Trinidad es la fuente de toda santidad, hemos salido del tema de discusión acerca del alma… Sin embargo, con el permiso de Dios por medio de Jesucristo y el Espíritu Santo, pienso considerar más acerca del tema de todos los seres racionales…”  [xii]
 
Solamente en este tratado, de Principiis, Orígenes usa la palabra “Trinidad” para referirse a la Deidad más de 20 veces. Orígenes enfatizaba que el Espíritu Santo es una persona de la Trinidad y no nada más la fuerza impersonal o influencia de Dios. Él dijo:
 
“…la persona del Espíritu Santo fue de tanta autoridad y dignidad, que el bautismo salvífico no es completo sin la autoridad de la Trinidad más excelsa de todos ellos, i.e., por nombrar el Padre, Hijo, y Espíritu Santo.” [xiii]
 
En respuesta a aquellos que dicen que el Hijo de Dios fue creado, Orígenes dijo:
 
“¿Cómo, entonces, puede ser afirmado que había un tiempo cuando Él no era el Hijo? Eso es como decir que había un tiempo cuando Él no era la Verdad, ni la Sabiduría, ni la Vida, a pesar de que en todas estos Él es la perfecta esencia de Dios el Padre; porque estas cosas no pueden ser separados de Él, o separadas de Su esencia. Y aunque estas cualidades son muchas, sin embargo, en su naturaleza y esencia son uno, y en ellos en la plenitud de la deidad. Ahora esta expresión que usamos – ‘que jamás hubo un tiempo cuando Él no existía’ – es de ser entendida con una aclaración. Porque estas mismas palabras ‘cuando’ y ‘jamás’ tienen un significado relacionado con el tiempo, mientras que las declaraciones acerca del Padre, Hijo, y Espíritu Santo tienen que ser entendidas como trasciendo todo tiempo, todas las épocas y toda la eternidad. Porque solamente es la Trinidad que excede la comprensión no solamente de la inteligencia temporal, sino incluso la inteligencia eterna; mientras otras cosas que no están incluidas en la Trinidad son medidas por tiempos y épocas.” [xiv]
 
Hipólito de Roma, (170 – 235 d.C.)
 
“¿Quién no diría que hay un solo Dios? Sin embargo, no por eso negará la economía.”
“Entonces, si la Palabra era con Dios y también era Dios, ¿qué sigue? ¿Diría uno que hablo de dos Dioses? Claro que no hablo de dos Dioses, sino de uno. Hablo de dos personas, sin embargo, y de una tercera economía – la gracia del Espíritu Santo…la economía de armonía resulta en un solo Dios. Porque Dios es uno. El Padre que manda, el Hijo que obedece y el Espíritu que da entendimiento.” [xv]
 
Los Padres Griegos usaban la palabra οἰκονομία “economía o dispensación” para describir la relación eterna económica entre las personas de la Trinidad. Mientras que son uno en cuanto a su naturaleza esencial y sus atributos, y coeternos y coiguales, su relación entre sí es distinta. En ese sentido, Jesús podría decir que el Padre era mayor que Él, aunque ambos son el único Dios Todopoderoso (Apo 1:8, cf. 11:17). El Hijo eternamente ha sometido en amor al Padre, y el Espíritu Santo siempre lleva a cabo la voluntad del Padre y el Hijo.
 
Cipriano de Cartago (210 – 258 d.C.)
 
“Y del Padre, Hijo, y Espíritu Santo está escrito: ‘Y los tres son Uno.’” [xvi]
 
Aquí vemos a Cipriano citando lo que se conoce como la Coma de 1Juan 5:7 que dice: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” Aunque muchas traducciones modernas excluyen la Coma, para mí, hay varios argumentos a favor de considerarla como habiendo sido parte del texto original. Aquí Cipriano está citando la Coma cien años antes del manuscrito griego más antiguo que tenemos de 1Juan, y lo cita como si fuera un texto conocido en la Iglesia en ese tiempo.
 
La autenticidad de 1Juan 5:7 no fue severamente debatida hasta el siglo XIX. Es cierto que solamente hay unos pocos manuscritos griegos que incluyen la Coma, aunque aparece en la mayoría de los manuscritos en latín. Sin embargo, hay motivo de creer que fue removida de los textos griegos de la Iglesia Ortodoxo Griega Oriental bajo presión de los Arrianos, solo siendo retenida en los textos en latín de la Iglesia Occidental. La Iglesia Ortodoxa Oriental estaba luchando contra el Sabelianismo Modalista en ese tiempo, y la Coma, siendo uno de los textos favoritos de los Sabelianos, puede haber hecho que estuvieran más propensos a aceptar a excluirla.
 
Es significativo que no hay mención de alguien insistiendo en que la incluyeran en las Escrituras antes del concilio de Nicea. Solo tenemos evidencias de que los Arrianos insistían en que Gregorio la quitara, lo que implica que originalmente era parte del original y solo después fue removida. Si alguien desea investigar esto más a fondo, Dr. C. H. Pappas, ThM, presenta sus argumentos a favor de su inclusión en su libro, In Defense of the Authenticity of 1 John 5:7.
 
Alejandro, Obispo de Alejandría (273 – 326 d.C.)
 
“Cuando los santos profetas, y todos, como he dicho, que andaban recta y justamente en la ley del Señor, junto con todo el pueblo, celebraban una Pascua, el Creador y Señor de toda criatura visible e invisible, el Hijo unigénito y el Verbo coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, y de la misma sustancia con ellos, según Su naturaleza divina, nuestro Señor y Dios, Jesucristo.” [xvii]
 
Aquí otra vez vemos otro Padre antes del Concilio de Nicea diciendo que el Hijo es coeterno con el Padre y el Espíritu Santo, compartiendo la misma esencia o sustancia.
 
Conclusión
 
Todas estas citas son de Padres prominentes de la Iglesia que vivían mucho antes del concilio de Nicea en 325 d.C. Es cierto que, conforme falsas doctrinas entraron en la Iglesia, llegó a ser necesario que los Padres se reunieran para contrarrestarlas con credos eclesiásticos formales. Sin embargo, como hemos visto, la Trinidad era la doctrina de la Iglesia desde los tiempos de los Apóstoles.


[i] The Epistle of Ignatius to the Philadelphians Chapter IV



[ii] Justin Martyr, Dialogue with Trypho, chapter 127
 

[iii] Justin Martyr First Apology, chapter 61
 

[iv] Ignatius, commentary on Ephesians, chapter 7
 

[v] https://mindrenewers.com/2014/12/16/the-meaning-of-only-begotten/
 

[vi] Against Heresies, Book 10, chapter 1
 

[vii] Athenagoras. The Sacred Writings of Athenagoras (p. 10). Jazzybee Verlag. Kindle Edition.
 

[viii] Athenagoras. The Sacred Writings of Athenagoras (pp. 11-12). Jazzybee Verlag. Kindle Edition.
 

[ix] Tertullian, Against Praxeas, chapter 25
 

[x] Tertullian, Against Praxeas, chapter 11
 

[xi] Tertullian, Against Praxeas chapter 9
 

[xii] Origen, De Princiipiis, book 1, chapter 4.2
 

[xiii] Origen, De Princiipiis, book 1, chapter 3.2
 

[xiv] Origen, De Princiipiis, book 4, chapter 28
 

[xv] https://www.amazon.com/Apostolic-Tradition-Hippolytus-Popular-Patristic-ebook/dp/B084DXNNYW
 

[xvi] St. Cyprian, De Lapsis, The Unity of the Catholic Church, chapter 6
 

[xvii] Epistles on the Arian Heresy and the Deposition of Arius. Chapter 1.7
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El por qué del Mal
 
por George Sidney Hurd
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Habiendo ya determinado en los blogs anteriores lo que es el mal y cuando entró en la creación, ahora podemos considerar la pregunta más importante: ¿Por qué permitió Dios la entrada del mal en Su creación? ¿Qué buen propósito sirve?
 
Las Escrituras nos revelan que la naturaleza esencial de Dios es amor y que Él es al mismo tiempo omnisciente, omnipotente e infinito en sabiduría (1Jn 4:8,16; Isa 46:10; Job 37:23; Apo 1:8). También nos declaran que todas Sus obras le son conocidas desde la eternidad y que Él obra todas las cosas según el designio de Su voluntad (Hch 15:18 RVA; Ef 1:11).
 
Tomando en cuenta todas estas cosas, es obvio que Él no hubiera creado, sabiendo que el mal entraría en Su buena creación, resultando en tanto sufrimiento, a menos que el resultado final fuera bueno en gran manera, mucho más allá de lo que podemos pensar o imaginar, y que, al final, Su infinita sabiduría y bondad sería magnificada por haber permitido la existencia del mal (Ef 3:20-21). El resultado final será tal, que toda la creación estará eternamente agradecida, adorándolo espontáneamente por Su obra maravillosa (Sal 145:10; Apo 15:3-4; 5:13). El resultado final de la creación de Dios tiene que ser mejor que su comienzo – de otra manera Él, en Su infinita sabiduría y previo conocimiento, jamás hubiera comenzado la creación. Lo que Dios comienza Él lo perfecciona.
 
En este blog quiero considerar tres de las razones principales por qué fue necesario que Dios permitiera la entrada del mal en Su buena creación: 1) El libre albedrío es necesario para una relación significativa. 2) El mal es necesario para revelar la gloria de Dios, y 3) El mal es necesario para nuestra formación.
 
1. El libre albedrío es necesario para una relación significativa
 
Ya hemos visto que no hay mal alguno en Dios, sino que el mal fue concebido primero en los corazones y las mentes de las criaturas de Dios que Él había creado como seres morales con el libre albedrío, capaces de elegir, o someterse voluntariamente a Él, o actuar independientemente de Él.
 
El amor relacional es imposible sin el libre albedrío. Como Dios nos creó a Su propia imagen y semejanza para que verdaderamente lo conozcamos en una relación amorosa, nuestra habilidad de escoger si vamos a corresponder a Su amor o no es una necesidad lógica. El verdadero amor tiene que estar libremente escogido por ambas personas en cualquier relación.
 
La única manera en que Dios hubiera podido eliminar la posibilidad del mal habría sido crear seres robóticos amorales, incapaces de tomar decisiones independientes contrarias a Su voluntad. Tales seres de hecho harían todo lo que Él los hubiera programado hacer y habrían sido incapaces de pecar contra Él, pero cualquier relación de amor con ellos hubiera sido imposible. El amor relacional, por su propia naturaleza, tiene que ser elegido por seres morales y relacionales con un libre albedrío.
 
Aunque es otro tema en sí, la soberanía de Dios no está limitada ni impedida por las libres decisiones de Sus criaturas. Aunque todas las cosas le son conocidas desde la eternidad, no todas las cosas son dictadas por Él. En Su infinita sabiduría, Él es capaz de obrar todas las cosas conforme a Su propósito eterno sin la necesidad de manipular cada movimiento nuestro como un títere o un robot preprogramado. 
 
Hay unos pocos hiper Calvinistas que todavía creen en un determinismo rígido, diciendo que todos nuestros pensamientos y acciones son predeterminados por Dios y que no hay tal cosa como el libre albedrío humano. Aunque es cierto que Dios es soberano y, como cualquier padre amoroso, Él pone límites al ejercicio de nuestro libre albedrío cuando Él lo considera necesario, la negación de nuestra habilidad de tomar decisiones independientes iría en contra de Su propósito al crearnos, lo cual es ser amado por Él y que nosotros correspondamos a Su amor en una relación íntima con la deidad trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
 
2. El mal es necesario para revelar la gloria de Dios
 
Aunque Adán y Eva fueron creados inocentes y sin defectos, a ellos les faltaba un conocimiento experimental de Dios como a un recién nacido le hace falta un verdadero conocimiento de sus padres que lo trajeron al mundo. Adán y Eva eran recipientes del amor y bondad de Dios. Pero sin haber experimentado el mal y el odio, su entendimiento y aprecio por Su amor y bondad era muy rudimentario.
 
Solo a través de la caída y la redención y salvación de Dios fue posible que tuviéramos cualquier comprensión verdadera de Su amor multidimensional. Solamente aquellos que hayan llegado a comprender su propia depravación e indignidad llegan a conocer la profundidad del amor de Dios como longanimidad, gracia y misericordia. Si Adán y Eva hubieran continuado en su condición de inocencia, ni hombres ni ángeles habrían tenido la oportunidad de comprender cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor de Dios que excede todo conocimiento. El mal y el sufrimiento solo duran un poco de tiempo a comparación a la eternidad, pero el conocimiento experimental del amor de Dios que adquirimos en esta breve vida será un tesoro eterno y sin precio. Esto Produce una intimidad con Dios que Adán y Eva jamás hubieran podido imaginar en su condición primitiva de inocencia.
 
3. El mal es necesario para nuestra formación
 
El dicho que afirma que nuestro carácter es formado en la escuela de la adversidad, es muy cierto. Y la adversidad, o mal natural, es el resultado del mal moral. Sin la entrada del mal moral, la humanidad no hubiera conocido la adversidad. Sin la adversidad, jamás habríamos madurado. Adán y Eva eran perfectos e inocentes antes de la caída de una manera semejante a un recién nacido. Sin embargo, hay mucha diferencia entre inocencia infantil y una justicia positiva.
 
Antes de la caída, Adán y Eva eran inocentes e ingenuos. No tenían concepto alguno del pecado y sus consecuencias. Solo es por la caída y el resultante sufrimiento bajo el yugo pesado del pecado que todos finalmente llegamos a odiar el mal y buscar a Dios y Su justicia. Una vez que el hombre haya sido liberado del dominio del pecado y restaurado a la plena comunión con Dios, no seremos inocentes e ingenuos como Adán y Eva eran en el principio.  En lugar de eso, poseeremos eternamente una justicia positiva en unión con Dios, aborreciendo lo malo y amando lo bueno.
 
En contraste con la doctrina de tormento eterno que perpetúa el mal (aunque cuarentenado en un infierno), una vez que toda la creación haya sido restaurada y Dios ha llegado a ser todo en todos, el mal dejará de existir para siempre, ya no teniendo recipiente para nutrirlo. El mal moral solo existe en la mente y corazón de individuos. Cuando Dios llega a ser todo en todos, el último enemigo, la muerte, habrá sido destruida para siempre, y el mal en todas sus formas dejará de existir para siempre.  (1Cor 15:26-28; Isa 25:6-8 cf., Apo 21:3-5).
 
La creencia en la extinción final del mal y el fin de la muerte (sea la primera o la segunda muerte) por la restauración de todos, era la creencia predominante entre los Padres Primitivos de la Iglesia hasta el siglo V, y fue expresado elocuentemente por Gregorio de Niza (330 a 394 d.C.) cuando él dijo:
 
“Así que, la libertad del libre albedrío debe permanecer con las criaturas y, al mismo tiempo, el pecado purgado, la sabiduría de Dios descubrió este plan - permitir al hombre actuar según su voluntad, y aprender por experiencia la miseria que recibe en cambio de las bendiciones que menospreció, haciendo que después vuelva por su propia voluntad, deseando las primeras bendiciones – o por ser purgado en esta vida con oración y disciplina, o después de su partida a través del horno purificador.” [i]
“Porque es necesario que la maldad, algún día, sea quitada por completo del círculo de la existencia…  Porque en cuanto que no es la naturaleza de la maldad existir sin la voluntad, cuando toda voluntad llega a estar en Dios, ¿No pasará la maldad a la extinción absoluta, dado que ya no habrá recipiente para ella?[ii]
“Cuando todo ser creado está en armonía consigo mismo… Todos estarán sujetos a Cristo, y serán sujetos por un pleno conocimiento de Él, y por una remodelación… Entonces Dios será todo en todos en el tiempo de la restitución.” [iii] (énfasis mío)
 
En el breve tiempo de nuestra vida aquí en la tierra, Dios nos está preparando para reinar con Él. La única manera que podemos ser perfeccionados o madurados es en la escuela del sufrimiento y la aflicción. No existe atajos a la madurez. Todos tenemos que morir dos muertes. No solamente tenemos que morir físicamente, sino que tenemos que morir la segunda muerte a la carne y la vida almática, sea en esta vida, o después en el lago de fuego purificador (Apo 2:11). Pablo nos exhorta a continuar en la fe, diciendo, “Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hch 14:22).
 
¿Qué estaba diciendo Pablo aquí? En otro lugar él dijo que Dios ya nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (Col 1:13). Todos los que hemos nacidos de nuevo ya somos hijos del reino (Jn 1:12; 3:5). Sin embargo, solamente somos perfeccionados en el sufrimiento, y en ese sentido, cada vez que nos sometemos bajo la poderosa mano de Dios en medio del sufrimiento, estamos entrando en un nivel mayor de la madurez y autoridad del reino en preparación para reinar con Él cuando Él viene para reinar y ser glorificado en Sus santos (2 Tim 2:12; Rom 8:17; 2Tes 1:10).
 
Entendiendo que somos perfeccionados en el sufrimiento, pedir que Dios nos quite de todo sufrimiento sería pedir que nos ame menos. En vez de removernos de las pruebas, Él nos concede la gracia para soportarlas (1Cor 10:13). El salmista dijo: “Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Sal 34:19). Pablo dijo que en todas estas cosas somos más que vencedores (Rom 8:35-37). Después de decir a Sus discípulos que el mundo nos aborrecerá, Jesús pidió al Padre que no nos quitara del mundo, sino que nos guardara en medio del mundo (Jn 17:14-15). En vez de negar la petición de Satanás de zarandear a Pedro, Él pidió que su fe no fallara en medio de su prueba (Lucas 22:31-32). Pedro dijo que el sufrimiento que tenemos que pasar es por un poco de tiempo en comparación a la eternidad, y el Dios de toda gracia es fiel para guardarnos y perfeccionarnos en medio de las pruebas. Él dijo:
 
“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 11 A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 5:10-11)
 
Pedro consideraba las pruebas y las aflicciones como necesarias para nuestra propia purificación:
 
“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.” (1 Pedro1:6-7)
 
Pablo, de igual manera, vio esta breve vida de aflicción como nada en comparación a los beneficios eternos que recibimos por lo que sufrimos en este mundo caído:
 
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” (2 Cor 4:17-18)
 
Es por eso que una vida larga es considerada una gran bendición en las Escrituras. Estando ya en mis años 70, y todavía con vida diez años después de recibir un trasplante del hígado, estoy muy agradecido a Dios por cada día nuevo que me concede, a pesar de tener cada vez mayores dolencias y a pesar de las pruebas que sin duda tendré que enfrentar más adelante. Dado que he aprendido a apreciar el valor eterno de cada día vivido en este mundo caído sometido bajo el poderoso mano de Dios. Me da tristeza ver a unos promoviendo la eutanasia en vez de animar a los mayores a permanecer firmes hasta que el Señor los lleve a casa.
 
He oído a algunos defendiendo el aborto, razonando que no es una gran perdida, dado que ellos van directo al cielo de todos modos. Aunque es cierto que los veremos en el cielo, cuando un bebé es abortado, esa alma es privada de un peso eterno de gloria que uno solo puede obtener viviendo una vida en este mundo sometido a Dios.
 
Aunque sería contra el propósito de Dios revelar todos Sus motivos en permitir el mal en este mundo, Él nos ha revelado lo suficiente para someternos a Su plan para nuestras vidas, sabiendo que, cuando el mal ha servido su propósito, ya no existirá más, y Dios restaurará toda la creación a un nivel de gloria mucho mayor de lo que era en el principio. Dios hace todas las cosas hermosas en Su tiempo.


[i] Gregorio de Niza, Orat. pro Mortuis, ad. fin. p. 634, Ed. Paris. 1638.
 

[ii] Gregorio de Niza, Dial. de Anima et Resurrect. tom.iii. p. 227, Ed. Paris. 1638
 

[iii] Gregorio de Niza, Catechetical Oraciones, (36)
 

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El Dónde del Mal
 
por George Sidney Hurd
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Habiendo ya considerado el qué del mal en el blog anterior, vamos a estar examinando el dónde del mal. ¿De dónde se originó el mal?
 
Ya hemos visto que el mal no existía en el principio. Dios es perfecto y justo, y por lo tanto, todo lo que Él creó era bueno (Gen 1:31; Deut 32:4). Por ello, el mal tuvo que haber entrado en el mundo por un ser creado con libre albedrio independientemente de Dios después de la creación. Como espero demostrar desde Ezequiel 28 y Isaías 14, ese ser era el querubín grande antes de su caída, originalmente llamado Helel, o en latín, Lucifer, que significa “estrella de la mañana.” Ezequiel 28:1-10 comienza hablando directamente al rey terrenal de Tiro que se había envanecido, diciendo que era un dios. Dios le dijo a Ezequiel: “Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro…” Todo lo que Dios dice en estos primeros 10 versículos está dirigido al mismo líder humano.
 
Sin embargo, comenzando en el versículo 11 hasta el versículo 19, Dios no manda a Ezequiel a hablar directamente al rey, sino a cantar una endecha o lamentación sobre él. En esta endecha que es cantado sobre el rey de Tiro mientras aún vive, llega a ser evidente que el Señor ya no está dirigiéndose la palabra al rey de Tiro, sino al príncipe de las tinieblas que estaba detrás de él, incitándolo a tener el mismo orgullo y auto-exaltación que anteriormente había resultado en su propia caída.
 
Lo que muchos ignoran es que los líderes nacionales tienen principados espirituales asignados a ellos. En parte eso es lo que Pablo quería decir cuando él dijo: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef 6:12). Cuando Daniel buscó al Señor con oración y ayuno por su pueblo Israel, fue el príncipe de Persia quién se oponía al ángel enviado a responder a su oración, haciendo necesaria la ayuda de Miguel el arcángel que era el príncipe de Israel, el pueblo de Daniel (Dan 12:12-13, 20-21). Al tomar en cuenta esto, al leer esta endecha, llega a ser obvio que Dios está hablando principalmente a Satanás mismo, quien es el dios de este siglo, y era el principado obrando a través del rey de Tiro:
 
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 12 Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. 13 En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. 14 Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. 15 Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. 16 A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. 17 Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti.” (Ezeq 28:11-17)
 
Aquí dice varias cosas acerca de este personaje que no se puede decir de un mero rey humano: 1) Él fue creado, en vez de ser procreado. 2) Él era un querubín. Los querubines son seres espirituales creados, no hombres. 3) El era perfecto y sin maldad, algo que Dios jamás diría de un rey pecador. 4) En el principio él estaba en el Edén celestial sobre el santo monte de Dios.
 
Por lo tanto, vemos que incluso Satanás, quien originalmente fue llamado Helel o Lucifer, era perfecto y libre de maldad como Dios lo había creado, hasta que su corazón fue enaltecido a causa de su gran hermosura y sabiduría. Una vez que el orgullo fue plenamente concebido en su corazón, él cometió el primer pecado de la auto-determinación en la forma de cinco auto-proclamaciones que lo llevaron a la rebeldía activa contra Dios, como vemos descrita en Isaías 14. Igual como en Ezequiel 28, el capítulo comienza hablando a un rey humano, y a continuación dirige la palabra a Lucifer quién era el principado detrás del rey. Comenzando en el versículo 12, Dios dice:
 
“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero (latín Lucifer), hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. 13 Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; 14 sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. 15 Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo.” (Isa 14:12-15)
 
A consecuencia de su rebelión, él fue echado del monte santo de Dios. Aunque Satanás no será privado totalmente de su acceso al trono de Dios hasta que finalmente es confinado a la tierra con un tercio de sus ángeles tres años y medio antes de la Segunda Venida de Cristo (Apo 12:6-9), él ya no es el querubín grande que cubría el trono de Dios. Ahora él es el príncipe de la potestad del aire y el dios de este siglo. Y él solamente tiene esta posición porque Adán entregó su dominio sobre la tierra a Satanás cuando obedeció a la serpiente, en vez de a Dios.
 
Que estos pasajes se están refiriendo principalmente a la caída de Lucifer es confirmado por Pablo cuando él le dijo a Timoteo que no ordenara a un recién convertido como obispo o pastor, “no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo” (1 Tim 3:6-7). Los únicos pasajes que revelan que la caída del diablo fue a causa de su orgullo son Ezequiel 28 y Isaías 14.
 
Numerosas citas de los Padres Primitivos de la Iglesia indican que ellos de igual manera entendieron estos dos pasajes como refiriéndose a la caída de Lucifer. Para ser breve, solo cito a Orígenes. Él dijo:
 
“Pero los ángeles también se asombran contemplando la paz lograda por la obra de Jesús en la tierra, esa arena de conflicto, en que Lucifer, la estrella de la mañana, cayó del cielo, para ser conquistado por Jesús.” [1]
 
Los críticos Liberales del texto sagrado, en sus intentos de desacreditar las Escrituras, señalan que había creencias muy similares en unas culturas, antes de que fuese escrito el Antiguo Testamento. Por ejemplo, los cananeos hablaban de un guerrero poderoso llamado Helal, que intentó ascender por encima de los dioses, pero fue derrotado y echado al abismo. 
 
Sin embargo, para mí, el hecho de que existen estas similitudes en otras culturas post diluvianas confirma la veracidad de la historia bíblica, dado que, después del diluvio todos compartían la misma tradición oral. Con el paso del tiempo después de la dispersión de Babel, estas tradiciones orales perdieron su pureza a comparación con la historia bíblica inspirada, pero su similitud solo sirve para demostrar que ellos originalmente venían de la misma fuente.
 
He oído a algunos argumentar que Satanás originalmente fue creado malo, basado en las palabras de Jesús cuando Él dijo que el diablo ha sido homicida desde el principio y que él es el padre de mentira (Jn 8:44). Sin embargo, ya hemos visto que Lucifer fue creado perfecto y permaneció así hasta que el mal fue encontrado en él. Así que, claramente el “principio” al que Jesús hacía referencia no era el momento de la creación de Lucifer. No es posible ser homicida antes de que existiera seres físicos para matar. Es obvio que el principio a que Jesús hacía referencia era el momento de los primeros hechos cometidos por Satanás que vemos relatados en Génesis cuando él mintió a Eva y trajo la muerte a la raza humana. Eso fue el principio de su carrera como homicida y padre de mentira.
 
Así que, en respuesta a la cuestión de dónde se originó el mal, claramente el mal primero fue concebido en el corazón de Lucifer. Para algunos es difícil ver como un ser perfecto en un ambiente perfecto podría ser capaz de concebir el mal. Sin embargo, personalmente, no veo eso como un problema, considerando que Dios creó a los hombres y ángeles como seres racionales con el libre albedrío y capaces de pensar y actuar independientemente de Él. Como yo lo entendiendo, los ángeles estaban tan asombrados por su majestuosa hermosura y sabiduría, que él no pudo evitar darse cuenta. Aparentemente, él llegó al punto de exaltarse, debido a toda la admiración que recibía continuamente, tanto, que comenzó a quitar su mira de Dios y la puso en sí mismo, envaneciéndose. Eso le condujo a la auto-determinación y finalmente a rebelarse contra Dios.
 
La pregunta más importante permanece: ¿Por qué motivo creó Dios seres racionales, sabiendo desde el principio que ellos iban a introducir el mal en su buena creación? Eso es la pregunta que espero responder en el próximo blog.
 


[1] Origen, Commentary on John, book 1, chapter 13

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El Qué del Mal
 
 por George Sidney Hurd 
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¿Qué es el mal, y cómo llegó a ser tan prevalente en nuestras vidas? ¿Cuál es el origen del mal? Si Dios es omnisciente, todo poderoso y todo amor, ¿por qué permitiría que el mal entrara en Su buena creación y además permitir que continuara por épocas enteras? ¿Qué propósito más alto podría cumplir el mal como para justificar su continuación?
 
Estas son algunas de las preguntas que espero poder presentar para su consideración en los siguientes tres blogs. Muchas de estas preguntas tienen respuesta en las Escrituras, mientras que otras tienen que permanecer en misterio hasta que podamos ver el gran cuadro, como fue con José en Egipto y Job en su prueba. Los que hemos probado que el Señor es bueno podemos reposar asegurados de que, de alguna manera, Él está obrando todas las cosas para el bien en nuestras vidas, y que Su historia de la creación terminará de una manera mucha más gloriosa de lo que era al comienzo (Sal 34:8). Todo lo hace hermoso en Su tiempo (Ecl 3:11).
 
Las respuestas son mucho más fáciles de descubrir para nosotros que creemos que el plan de Dios para las épocas culmina en la restauración final de todos, creyendo que todo mal habrá sido finalmente removido cuando Dios llega a ser todo, en todos al fin de las épocas. Sin embargo, los Infernalistas que creen que Dios Mismo perpetúa el mal, infligiendo tormentos sin fin sobre la gran mayoría de la humanidad, junto con dos tercios de los ángeles, tienen más que preguntas para resolver: ellos se enfrentan con dilemas morales y lógicos muy reales que desafían a toda explicación razonable. Para ellos, no es simplemente la cuestión del mal, sino el problema del mal.
 
Solamente los Universalistas Bíblicos pueden explicar la presencia del mal en la creación de Dios de una manera razonable sin disminuir Su naturaleza esencial, que es amor, ni Sus atributos inmutables de la omnipotencia y la omnisciencia. Los Calvinistas mantienen la omnipotencia de Dios, pero limitan Su amor y misericordia, diciendo que Dios decreta y castiga el mal solamente para Su propia auto-glorificación. Según la Confesión Westminster, dicen que Dios extiende o abstiene misericordia, como le plazca a Él, para la gloria de Su poder Soberano sobre Sus criaturas, pasarles por alto; y a ordenarles deshonra e ira por sus pecados, para la alabanza de Su gloriosa justicia (énfasis mío).” [i]
 
Por otro lado, los Arminianos procuran preservar el amor y bondad de Dios limitando Su omnipotencia, diciendo que Dios ama a todos, pero Él tiene que permitir la entrada del mal en Su buena creación, y eternalmente existir en ella, por respeto de las decisiones del libre albedrío de los hombres y ángeles caídos. Dios, que quiere que todos se salven, y ha jurado que todos doblarán rodilla ante Él, de alguna manera tiene que doblar rodilla al libre albedrío de los pecadores perdidos. Los Arminianos terminan sacrificando la soberanía de Dios, con tal de preservar la soberanía del libre albedrío del hombre, solo para después negarles para siempre su libre albedrío en el momento que el corazón deje de latir.
 
Los Teístas Abiertos van un paso más, procurando a justificarle a Dios, no solamente sacrificando Su soberanía, sino también Su omnisciencia, diciendo que Dios no pudo evitar la entrada y perpetuación del mal porque, o, no pudo ver el futuro, o Él eligió no verlo por respeto a nuestro soberano libre albedrío. Considero esta y otras dificultades con el Teísmo Abierto en una serie de dos blogs: ¿Conoce Dios Mi Futuro?
 
En contraste con el modelo Infernalista que presenta a Dios como creando un dualismo eterno, una vez entendamos que el plan eterno de Dios para las épocas culmina en la restauración final de todos a un estado mucho más glorioso de lo que disfrutaban Adán y Eva antes de la caída, llega a ser mucho más fácil entender la cuestión del mal. En este primero de cuatro blogs, comenzaremos por procurar entender mejor qué es el mal.
 
El mal no es alguna “cosa” que Dios originalmente creó.
 
Para aquellos que preguntan si Dios Mismo originalmente creó el mal, la respuesta inequívoca es no. En la historia de la creación en Génesis, dice: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Gen 1:31). Al contrario a como piensan las religiones orientales, en el principio todo era bueno en gran manera. El mal no ha coexistido eternamente con el bien, ni tampoco existirá para siempre como la Tradición nos ha enseñado. El mal entró en la creación tiempo/espacio de Dios en un punto específico de tiempo y dejará de existir cuando Dios llegue a ser todo en todos, cuando entremos en la eternidad de Dios donde el mal no puede existir (1Cor 15:28; Apo 21:4).
 
Algunos equivocadamente han pensado que el mal precedía a la creación y que Dios lo incluyó en la creación al hacer el árbol de la ciencia del bien y del mal. Sin embargo, el mal no estaba dentro del fruto mismo, como si el mal fuera una sustancia creada tangible que podría ser ingerida. El mal primero fue concebido en el corazón y mente de Adán y Eva y entonces fue actuado por su transgresión contra el mandato de Dios de no comer del árbol prohibido.
 
El mal no es una cosa creada como un frutal. Más bien, el mal consiste en las acciones subsecuentes de las criaturas de Dios que escogen actuar en desobediencia, independientemente de Su voluntad. El mal no es una cosa, sino una acción. El mal primero se concibe en el corazón como un deseo, que después da a luz un pecado o el mal. Dios no fue la fuente del mal, ni la fuente de la tentación. Como dijo Santiago, el medio hermano del Señor:
 
“Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; 14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. 16 Amados hermanos míos, no erréis(Stg 1:13-16)
 
El engaño que Santiago nos advierte es la mentira de que Dios es de alguna manera el tentador o la fuente del mal. Dios es luz y en Él no hay ningunas tinieblas (1Jn 1:5). Aunque es cierto que Dios habita la eternidad y por lo tanto jamás ha habido un tiempo cuando Él no ha poseído el conocimiento del mal que Sus criaturas cometerían, el mal no está en Él, y tampoco proviene el mal de Él como fuente. El mal no es una creación de Dios, sino exclusivamente una acción independiente de la criatura.
 
Dos clases del mal
 
Hemos visto que Dios es luz y que en Él no hay ningunas tinieblas. Él es el Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación (Stg 1:17). Moisés, a quién Dios mostró sus caminos como a ningún otro, dice de Él:
 
“El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.” (Deut 32:4)
 
Considerando que la creación de Dios es perfecta y que Él es justo en todos Sus caminos, cualquier teodicea que presente a Dios como la fuente primaria del mal de cualquier índole es una mala representación del carácter de Dios como revelado en las Escrituras. Hay dos formas distintas del mal descritas en la Biblia, 1) el mal moral y 2) el mal natural. Sin embargo, ninguno de los dos fueron originalmente una parte de la buena creación de Dios, sino que entraron a través de la caída.
 
Mal moral
 
Como ya hemos visto, el mal moral no es alguna “cosa” que Dios creó, sino acciones pecaminosas e injustas que se originaron en la mente y el corazón de seres con libre albedrío. Como dijo Jesús:
 
“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.” (Mt 15:19)
 
Ya hemos visto como Santiago advierte contra ser engañados a pensar que Dios es de alguna manera la fuente del mal moral (Stg 1:13-16). Si Dios fuera de alguna manera responsable de nuestro mal moral, entonces Él sería injusto en castigar a los malhechores. Pablo de manera enfática niega que Dios está actuando injustamente cuando Él juzga a los malhechores, diciendo: “¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) 6 En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo? (Rom 3:5-6). Si Dios fuera de alguna manera responsable por nuestros pecados, entonces nuestra redención habría sido Su obligación moral, en vez de ser un acto de Su gracia y misericordia no merecidas, como es presentada en las Escrituras.
 
El mal natural
 
El mal natural es un término utilizado para referirse a cosas como el cáncer, defectos de nacimiento, tornados, terremotos, maremotos, huracanes y otros fenómenos. Contrario a las teorías seculares, Dios creó todas las cosas buenas, y el mal natural no existía en la creación hasta la caída cuando la muerte entró en el mundo y la creación fue sujeta a la vanidad como consecuencia del pecado del hombre (Rom 5:12; 8:20-22).
 
Originalmente al hombre le fue dado dominio sobre la tierra, pero cuando Adán y Eva cedieron a la tentación de Satanás a través de la serpiente, ellos entregaron su dominio a Satanás. Actualmente, él es el dios de este siglo y el mundo entero está bajo él (2Cor 4:4; 1Jn 5:19). La tierra fue maldita como consecuencia de la desobediencia del hombre cuando él perdió su dominio ante Satanás. Eso fue cuando la tierra comenzó a producir espinos y cardos, y en vez de ser sumisos los animales al hombre, se volvieron hostiles, haciendo necesario que Dios pusiera el temor del hombre en ellos. La primera mención de desastres naturales es cuando fueron rotas las fuentes del gran abismo, trayendo el diluvio debido al mal desenfrenado de los hombres (Gen 7:11).
 
Por lo tanto, Dios no es el autor del mal moral, ni tampoco el mal natural, porque no eran parte de Su creación original. Muchos han entendido mal Isaías 45: como traducido en la versión autorizada del Inglés (KJV) como diciendo que Dios creó el mal. La traducción dice:
 
“I form the light, and create darkness: I make peace (shalom), and create evil (ra‘): I the LORD do all these things.” (Isa 45:7 KJV)
 
La versión Sagradas Escrituras en español lo tradujo igual diciendo:
 
“Que formo la luz, y creo las tinieblas; que hago la paz y que creo el mal (ra‘). Yo soy el SEÑOR, que hago todo esto.”
 
Ya habiendo visto que Dios originalmente creo todas las cosas buenas y perfectas y que todos Sus caminos son justos, es evidente que Dios aquí no está diciendo que Él directamente creó el mal en el principio, sea el mal moral y el mal natural. Anteriormente yo entendía este versículo como Dios aceptando la responsabilidad indirecta de haber creado seres con el libre albedrío y con la capacidad de concebir el mal en su corazón, que sería cierto, dado que Él los creó sabiendo que ellos iban a introducir el mal en Su creación. Sin embargo, después de contemplar más cuidadosamente lo que Dios realmente dice en el contexto de este versículo, llegó a ser obvio que la creación original ni es mencionada aquí.
 
En Isaías 45 Dios está dirigiendo la palabra a Ciro el rey de Persia, quien aquí es llamado por nombre, años antes de su nacimiento. Cuando dijo que Él es quién hace la paz y crea el mal (tiempo presente), Él no está hablando de la creación original, sino lo que hace en el presente. Él está haciendo un contraste entre Él Mismo y los dioses de Persia. Los persas adoraron a Ahura Mazda, que era el rey de los dioses. Sin embargo, él no fue considerado el todopoderoso. Ellos también rendían tributo a Angra Mainyu, que era el príncipe del ra‘ o el mal, caos y discordia. Ellos también tenían Mithra, el dios de luz, o dios del amanecer.
 
El Señor aquí está diciéndole a Ciro que Él es el único verdadero Dios, la fuente de todas las cosas, incluyendo la luz y las tinieblas, de la paz y el mal (ra‘). La palabra usualmente significa “el mal moral” en las Escrituras. Incluso cuando hace referencia del árbol de la ciencia del bien y del mal, ra‘ es la palabra utilizada.
 
Sin embargo, la palabra ra‘ aparece 667 veces en el Antiguo Testamento, y hay muchas instancias donde ra‘ se usa para cosas malas en general, como las sarnas “malignas” (ra‘) (Job 2:7), la “calamidad” (ra‘), como una plaga 2Sam 24:16), o un “desastre” (ra‘) por una invasión enemiga (Jer 4:6), en contraste con la paz (shalom), igual como vemos aquí en Isaías 45:17. Lo que Dios está diciendo a Ciro es, “Yo soy el Dios que debes buscar para una buena cosecha, no Mithra. Si quieres paz en vez de destrucción de guerra, pon tu rostro hacia Mí en vez de estar ofreciendo sacrificios a Angra Mainyu, el dios demoniaco del ra‘, caos y discordia, tratando de persuadirlo a dejarlo en paz.”
 
A través de las Escrituras vemos que Dios, por Su propios buenos propósitos, crea el mal natural, o directa o indirectamente. Por motivos que estaremos considerando en el tercer blog de este serie, Dios a menudo permite que Sus hijos sufran aflicción, pero, como con Job y José, Él los libera de ella y los hace más que vencedores. Como dice el salmista:
 
“Muchas son las aflicciones (ra‘)  del justo, pero de todas ellas le librará Jehová” (Sal 34:19).
 
 Dios también trae el mal (ra‘) sobre los pecadores obstinados y no arrepentidos para que se arrepienten y sean restaurados. Como dice Amos 3:6, “¿Habrá algún mal (ra‘) en la ciudad, el cual Jehová no haya hecho?”  Incluso vemos que Dios proclama juicios del ra‘ como castigos por el pecado no abandonado. Lamentaciones 3:38-39 dice: “No es acaso por mandato del Altísimo que acontece lo bueno y lo malo (ra‘)? ¿Por qué habría de quejarse en vida quien es castigado por sus pecados?” (NVI).
 
¿Hace esto a Dios malo o injusto? ¡De ninguna manera! Desde el momento que el mal moral entró en el mundo, a menudo la única forma eficaz de corrección para los malhechores obstinados es recompensar el mal ra‘ moral con el mal ra‘ natural. Nuestro propio sentido innato de justicia nos dice que el Juez de toda la tierra sería injusto si fuera dejar a un Hitler o un Putin no arrepentido sin justa retribución, que sería el ra‘ natural por el ra‘ moral.
 
De hecho, esto es lo que vemos a través de las Escrituras. A aquellos que acusan a Dios de ser injusto en recompensar el mal ra‘ moral con el mal ra‘ natural, Pablo respondió: “¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) 6 En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Rom 3:5-6). Él también dijo a los fieles bajo la persecución: “Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan” (2 Tes 1:6).
 
Aquellos que creen que el amor de Dios es exclusivamente cruciforme tienen que rechazar esas Escrituras que presentan a Dios como un Juez justo, ejecutando justicia contra los no arrepentidos. Tristemente, muchos hoy en día sobre reaccionan en contra del dogma diabólico que enseña que Dios da castigo infinito por los pecados finitos sin un propósito restaurativo, solo para después rechazar a toda referencia en Escritura donde Dios actúa como el Juez que es.
 
Bien entendido, los juicios de Dios donde Él inflige ra‘ natural sobre aquellos que cometen el ra‘ moral son buenos, dado que la ejecución de Su justicia siempre tiene corrección como su motivo y la restauración como su fin, de la misma manera que el ra‘ correctivo de un buen padre se aplica para corregir el ra‘ moral en su hijo desobediente. El salmista entendió esto y pudo decir:
 
“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra…
Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos… Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.” (Sal 119:67,71,75)
 
En conclusión, hemos visto que el mal moral no es alguna “cosa” que creó Dios, sino que el mal tiene que ver con los malos pensamientos y acciones de los seres con su libre albedrío, habiendo sido creados buenos originalmente. Tampoco existía el mal natural en la buena creación de Dios, sino que vino después como consecuencia del pecado del hombre.
 
En el próximo blog vamos a considerar la segunda cuestión del mal - ¿de dónde se originó el mal? Entonces en el blog final estaremos considerando lo que para mí es la cuestión más importante de todas. ¿Qué propósito tuvo Dios en determinar permitir el mal y como es que finalmente obran todas las cosas para el bien de todos?


[i] The Westminster Confession of Faith, Chap. 3 — Articles 6 and 7.

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por George Sidney Hurd

“Prefiero creer que los condenados son, en un sentido, rebeldes exitosos hasta el fin, que las puertas del infierno están cerradas desde adentro…ellos disfrutan para siempre la libertad horrible que han exigido y por lo tanto son auto-esclavizados: de la misma manera que los benditos, para siempre sometiéndose a la obediencia, por la eternidad llegan a ser cada vez más libres.”  C. S. Lewis. [1]
 
¿Es cierto, como C. S. Lewis conjeturaba, que todos que están en el infierno solamente están allí porque han elegido permanecer allí, y que, en vez de estar allí contra su voluntad, sus habitantes han cerrado la puerta desde adentro? ¿Es cierto, como él creía, que la libre voluntad libertaria es tan absoluta que incluso Dios Mismo tiene que someterse a ella, abandonando a los pecadores perdidos a una eternidad de miseria, finalmente diciéndoles, “háganse su voluntad”? [2] ¿Cuya voluntad prevalece al final? ¿La voluntad de Dios que todos sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad, o la voluntad caída propenso al pecado de los perdidos que son espiritualmente muertos y cegados por el dios de este siglo? Estas son algunas de las preguntas que espero responder de las Escrituras en este blog.
 
Primero, me gustaría señalar que, C. S. Lewis a veces indicaba que su esperanza era que todos finalmente fueran salvos. En su novela, El Gran Divorcio, el presenta a sí mismo como habiendo muerto e ido al infierno. En el infierno él tomó un bus para el cielo con varias otras personas, la mayoría de las cuales prontamente volvieron a subir al bus de regreso al infierno. Cuando él llegó al borde del cielo, fue recibido por George Macdonald, su mentor en la vida que era un Universalista. En su conversación, C. S. Lewis reconoció el hecho de que, tanto Macdonald, como el Apóstol Pablo, creían que todos serían salvos, pero entonces él procede a presentarle a Macdonald como si, estando ya en el cielo, tuviera dudas acerca de a la salvación final de todos, debido al libre albedrío inviolable del hombre. Aquí cito una parte de la conversación entre Lewis y Macdonald en el cielo:
 
C. S. Lewis: “Señor, en tus libros eras un Universalista. Hablabas como si todos los hombres iban a ser salvos, y San Pablo hablaba de la misma manera.”
 
George Macdonald: “No puedes saber nada del fin de todas las cosas, ni nada expresable en esos términos. Puede ser, como dijo el Señor…que todo será bien… Pero es inútil hablar de tales cosas… Tome, por ejemplo, la doctrina de la Predestinación que muestra (acertadamente) que las realidades eternas no están esperando a un futuro para ser reales; pero al precio de eliminar la Libertad que es la verdad más profunda de los dos. Y, ¿No haría lo mismo el Universalismo?” [3]
 
Al leer esto, me preguntaba cómo Macdonald hubiera pensado de C. S. Lewis tomando la libertad de presentarlo como si nada más esperaba en la posibilidad de la salvación final de todos ahora que él estaba en el más allá, considerando que él era tan gran defensor del Universalismo en la vida. C. S. Lewis presenta a George Macdonald como si él tuviera dudas acerca de la salvación final de todos, razonando que, tanto la Predestinación, como la voluntad determinada de Dios de que todos sean salvos, de alguna manera tienen que estar subordinadas a la Libertad soberano del hombre que ni Dios puede vencer, así haciendo imposible saber cómo terminará Su plan de la redención de todos.
 
De lo que he podido entender de los escritos de C. S. Lewis, su teodicea del libre albedrío, que él presentaba para justificar la presencia del mal y el sufrimiento, era tan extremadamente libertaria que ni siquiera Dios podía consignar a los pecadores no arrepentidos al infierno contra su voluntad, ni podía estar seguro de que Su voluntad que todos sean salvos podría realizarse exitosamente.
 
C. S. Lewis creía que ni Dios Mismo sabía cuál sería el resultado final cuando Él creó al hombre con libre albedrío, pero razonaba, “aparentemente Dios pensó que valía la pena tomar el riesgo.” [4] C. S. Lewis era el precursor de mayor influencia de lo que más tarde llegó a ser conocido como el Teísmo Abierto. Presento los argumentos bíblicos contra el Teísmo Abierto en mi serie de dos blogs: El Teismo Abierto - ¿Conoce Dios mi Futuro?.
 
¿Son los Únicos en el Infierno aquellos que han elegido permanecer allí?
 
Algunos argumentan que la palabra “infierno” ni debe de aparecer en nuestras Biblias. Pero, la palabra originalmente no significaba lo que ahora viene a nuestra mente al oír la palabra infierno. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Es de lamentar que la influencia de la mitología griega, y la versión del Infierno presentado por Dante y otros, hayan cambiado lo que imaginamos al oír la palabra, pero etimológicamente hablando, la palabra Infierno es de acuerdo con el verdadero significado del Seol y el Hades, que simplemente refieren a la región invisible de los muertos. [5]
 
En sí, la palabra simplemente tiene referencia a la habitación invisible de las almas de los muertos. No todos en el Hades están sufriendo, dado que, tanto las almas de los justos, como los impíos están en el Hades, esperando la resurrección de sus cuerpos (Gen 37:35, hades LXX). Aun el alma de Jesús fue al Hades, mientras que Su cuerpo fue preservado en la tumba hasta Su resurrección (Hch 2:31).  
 
Obviamente si, como algunos afirman, el alma no tiene una existencia aparte del cuerpo, y Seol, o el Hades es nada más el sepulcro, entonces todo este tema no tendría relevancia. Demuestro de las Escrituras que el alma tiene una existencia consciente aparte del cuerpo en mi blog, ¿Es Seol el Sepulcro?, y también en mi libro, ¿Exterminación o Restauración?
 
En la parábola del hombre rico y Lázaro, vemos que los dos hombres murieron y sus almas fueron al Hades o el mundo invisible de los muertos. Lázaro fue llevado por los ángeles al Paraíso, que también se llamaba el seno de Abraham antes de la resurrección y ascensión de Cristo cuando Él llevó el Paraíso consigo al tercer cielo (Ef 4:8-10, cf., 2Cor 12:2-4).
 
Cuando el hombre rico murió, él se encontró en tormentos. ¿Fue posible que él simplemente pudiera pasar del lugar de tormentos al Paraíso cuandoquiera, como afirman los Libertarios como C. S. Lewis? Argumentando del silencio, ellos dicen que el hombre rico no dio indicación alguna de que él quería dejar el lugar de tormentos y entrar en el Paraíso. Sin embargo, si estaba en tormentos simplemente porque deseaba permanecer allí, ¿por qué pediría a Abraham mandar a Lázaro a advertir a sus hermanos para que ellos pudieran evitar a llegar a donde él estaba, si de hecho uno puede salir de allí para el Paraíso cuandoquiera que elijan hacerlo?
 
La obvia razón por qué quería que sus hermanos se arrepintieran antes de morirse fue porque él entendía que, al morir, uno tiene que recibir la justa retribución por lo que han hecho en la vida. La retribución de Lázaro era el Paraíso, mientras que la retribución del hombre rico era la justa pena por sus malos hechos. Cuando el hombre rico le pidió a Abraham que enviara a Lázaro para enfriar su lengua, Abraham dejó en claro que no era posible que uno simplemente abandonara el lugar de tormentos para el Paraíso cuandoquiera que uno deseara, cuando dijo: “una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:26).
 
Eso no significa que la retribución que reciben los no arrepentidos en Gehena por los pecados cometidos en la vida es eterna y que jamás podrán pasar del lugar de los tormentos al Paraíso, sino simplemente que no pueden salir sin primero recibir la justa retribución por lo que hicieron en vida y/o sin arrepentirse y ser purificados en el fuego eonian. Jesús comparó el infierno (Gehena) a una cárcel, diciendo que uno no puede salir de allí hasta que hayan pagado todo (Mt 5:22-26). “Hasta que” lógicamente requiere un “después,” y por lo tanto elimina la posibilidad de tormentos eternos.
 
Que es posible pasar de la corrección y justa retribución al Paraíso una vez su corrección haya sido lograda, se puede ver tanto en Efesios 4, como 1Pedro, donde vemos que Cristo descendió al Hades, predicando el Evangelio a los cautivos retenidos allí y después ascendiendo con ellos al tercer cielo:
 
“en el cual también (en el Espíritu) fue y predicó a los espíritus encarcelados, 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua… Porque por esto también ha sido predicado el evangelio (ευηγγελισθη, lit. ‘él evangelizó’) a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1 Pedro 3:19-21; 4:6)
 
“Por eso dice la Escritura: Al subir a lo alto llevó consigo cautivos, repartió dones a los hombres. 9 Eso de «subió» ¿no quiere decir que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? 10 Y el que bajó es el mismo que ha subido a lo alto de los cielos para llenarlo todo.” (Ef 4:8-10 BDA)
 
Aquí vemos que Cristo descendió a las regiones más bajas del Hades, hasta donde estaban encarcelados los espíritus de los hombres que eran desobedientes en los días de Noé, para que, aunque fueron juzgados en la carne, podrían vivir en espíritu según Dios. Sus espíritus fueron regenerados, y fueron recibidos en el Paraíso en el tercer cielo, esperando la resurrección en la Segunda Venida de Cristo.
 
También vemos que los impíos que no tienen parte en la primera resurrección a vida serán juzgados “según sus obras” en el juicio del Gran Trono Blanco, recibiendo “su parte” en el Lago de Fuego (Apo 20:13; 21:8). Jesús dijo que algunos recibirán “pocos azotes,” mientras que otros recibirán “muchos” (Lucas 12:47-48). Todas estas expresiones hablan de un juicio medido y excluyen la posibilidad de un castigo infinito por pecados finitos. También, entendiendo que el eonian fuego/corrección es con el propósito de la purificación, lógicamente sigue que, tan pronto uno haya sido purificado, saliendo como oro puro, serán removidos del fuego y restaurados. Considero el propósito y la duración del fuego en mi blog, Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.
 
Sin embargo, el hecho de que la retribución en Gehena no es eterna, como la Tradición nos ha enseñado, no quiere decir que los pecadores no arrepentidos pueden simplemente decidir evadir el Gehena e ir directo al Paraíso al morir, evitando así la justa retribución de Dios y el fuego eonian, dado que, sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14). Los que están en tormentos en el Hades no tienen las llaves, Cristo las tiene (Apo 1:18). El es el único que nos puede librar de la muerte a la vida eonian en Su presencia. En numerosos pasajes vemos que Jesús incluso envía a los impíos a las tinieblas de afuera y el fuego eonian contra su voluntad. Aquí hay unos ejemplos:
 
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mt 7:21-23)
 
“Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán…27 os dirá… apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.  28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” (Lucas 13:23-28)
 
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” (Mt 18:34-35)
 
Hay una separación que toma lugar, o al morir, o cuando Cristo regresa en un abrir y cerrar de ojos, juntando a Sus escogidos. Los que mueren en Cristo van directo a la presencia de Cristo, esperando recibir sus cuerpos glorificados en la primera resurrección en Su venida (2Cor 5:8; Fil 1:23; Apo 20:5-6; Jn 5:29). Los no arrepentidos son enviados a las tinieblas de afuera y el fuego eonian en el Hades, hasta la segunda resurrección, después del reino milenial de Cristo. Después, la muerte (el sepulcro) y el Hades (la habitación de las almas) entregan los muertos que están en ellos para que cada individuo puede aparecer cuerpo y alma ante el juicio del Gran Trono Blanco (Apo 20:13-15). Aquellos cuyos nombres aún no se encuentran escritos en el libro de la vida en ese tiempo son juzgados según sus obras, recibiendo su parte en el lago de fuego purificador, sufriendo daño de la segunda muerte.
 
El hecho de que el libro de la vida es consultado en el juicio del Gran Trono Blanco indica que algunas de las almas que anteriormente habían perdido la primera resurrección, habrían cumplido su parte (μέρος), o recompensa, habiendo sido purificadas (lavadas sus ropas (Apo 22:14), y sus nombres escritos en el libro de la vida, siendo recibido al Paraíso. Entonces, en la segunda resurrección, ellos también serán vivificados con un cuerpo resucitado y glorificado.
 
Aquellos cuyos nombres no se encuentran escritos en el libro de la vida en ese entonces no irán al lago de fuego por su libre albedrío, sino que serán lanzados allí, obligados a sufrir la segunda muerte contra su voluntad:
 
“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14 Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” (Apo 20:13-15, c.f. Mt 5:29)
 
Como argumento en mi blog, Temed a Aquel que Puede Destruir el Alma y el Cuerpo, la segunda muerte es la destrucción del alma y el cuerpo en Gehena. Si no destruimos el dominio de la carne y la vida almática ahora, tendremos que sufrirla postmórtem, dado que, sin la santidad nadie verá el Señor. Es obvio que nadie escogería voluntariamente sufrir daño de la segunda muerte en el lago de fuego si fueron libres de evitarlo e ir directamente al reino de los cielos. Dios nos creó con el “libre albedrío”, pero nuestra voluntad es subordinada a la voluntad determinativa de Dios. El hombre no es libre para evitar los juicios que Dios ha determinado llevar a cabo sin arrepentimiento, como la historia demuestra.
 
Lo que vemos enfatizado repetidas veces es que, los que son excluidos del reino van a querer entrar, pero no podrán (Lucas 13:24-28; Mt 7:21-23; 25:11-12,41,44). Al contrario, Jesús dijo varias veces que llorarán y crujirán los dientes cuando Él les dice a los impíos que se apartaran de Él en al fuego eonian, que es descrito figurativamente como un horno de fuego y las tinieblas de afuera (Mt 13:42; 22:13).
 
Dios no abandonará a nadie a su propio “Libre Albedrío”
 
Aunque es cierto que Dios, igual como cualquier padre que ame a sus hijos, no concede cada uno de sus deseos, y algunos tienen que sufrir corrección contra su voluntad, tampoco Él abandonará al hombre a su propio “libre albedrío” depravado.
 
El término “libre albedrío” realmente es un nombre equivocado, dado que la voluntad de cada individuo es limitada en muchas maneras. Ningunos de nosotros pudimos escoger el ambiente en que nacimos. No elegimos nacer propensos a pecar. No escogimos a nuestros padres. No pudimos escoger nacer en un hogar cristiano y no un hogar ateo o musulmán. La lista podría extenderse indefinidamente. Todas estas cosas, y muchas más, limitan o influyen a nuestras decisiones de “libre albedrío”. De hecho, la mayoría de la humanidad jamás oyeron el evangelio en la vida para poder decidir si querían recibir a Cristo de su “libre albedrío” o no.
 
Considerando todos estos factores limitantes, ¿cómo podría nuestro Padre celestial abandonar eternamente a alguien de Su linaje a su propio libre albedrío, diciéndole, “haz tu voluntad”, como C. S. Lewis afirma, especialmente considerando el hecho de que toda la humanidad caída está muerta espiritualmente en sus delitos y pecados y cegado por el príncipe del poder de los aires? (Ef 2:1-2; 2Cor 4:4). Jesús dijo: Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere (ἑλκύω, ‘atraer eficazmente’)” (Jn 6:44). Aunque la invitación está abierta para todos, el hombre es tan perdido que nadie es capaz de venir a Él sin ayuda divina. No es nada más un caso de no querer, sino de no poder.
 
Sin embargo, en vez de solo atraer eficazmente a los elegidos, consignando la mayoría de la humanidad a tormentos eternos, como creen los Calvinistas, o abandonando de una vez para siempre a los perdidos a su propio libre albedrío, como creen los Arminianos Libertarios, a través de todas las Escrituras, Dios declara que Él atraerá a todos a Sí Mismo, pero cada uno en su debido orden (1Cor 15:22-23). Los elegidos de esta época son nada más las primicias de la nueva creación de Dios en Cristo, en la cual todos finalmente serán reunidos en Cristo y hecho nuevo en la dispensación final de la plenitud de los tiempos (Ef 1:10; Apo 21:5). Considero esto con más detalle en mi blog, ¿Quiénes son los Elegidos de Dios?
 
Aunque Jesús dijo que ninguno puede venir a Él sin ser atraído, Él también dijo que Él atraería eficazmente a todos a Sí Mismo. Él dijo:
 
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré (ἑλκύω, ‘atraer eficazmente’) a mí mismo.” (Jn 12:32
 
Así vemos que los elegidos de Dios son las primicias que son atraídos a Cristo en esta época. Pero en las épocas venideras Él atraerá a todos a Sí Mismo. Dios ha jurado por Sí Mismo que toda la tierra lo mirarán a Él y serán salvos, doblando rodilla y confesando a Jesucristo como Señor (Isa 45:22-24; Fil 2:10-11). Cristo seguirá reinando hasta que todos estén sujetos a Él, y entonces Él también se sujetará al Padre para que Dios sea todo en todos entrando en la eternidad (1Cor 15:28).
 
Los Libertarios como C. S. Lewis argumentan que Dios no puede salvar a toda la humanidad, dado que tiene que respetar el libre albedrío autónomo de cada hombre. Para mí, eso es como decir que un padre, por respeto al libre albedrío de su hijo, no debe de intervenir contra la voluntad de su hijo cuando intenta lanzarse de un edificio alto a su muerte. Cualquier buen padre refrenaría a su hijo contra su voluntad, si es necesario, incluso confinándolo en una clínica por el tiempo necesario para la restauración de su salud mental y emocional.
 
Cuanto menos permitiría nuestro Padre celestial que uno de Sus hijos extraviados inflija sobre sí mismo ruina irreparable. Al contrario, Él los confina en corrección eonian hasta que vuelvan en sí y sean restaurados. Sin importar cuanto tiempo requiere, no importa cuántas épocas tardan algunos (como los fariseos) en reconocer su condición y su necesidad del Médico, Dios ha jurado por Sí Mismo que algún día todos lo mirarán siendo salvos. Dios tiene todo el tiempo en el mundo a Su disposición y Él es más que capaz de orquestar las circunstancias de tal manera que aún los pecadores más obstinados como Jonás huyendo a Tarso, o Pablo en su gran caballo, voluntariamente se rindan a Él, obrando en cada uno de nosotros, dándonos tanto el querer como el hacer de Su buena voluntad (Fil 2:13). Además, Él ha jurado que lo hará. Nuestro Padre celestial jamás abandonará para siempre ni siquiera uno de los hijos de los hombres:
 
“Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
 


[1] C. S. Lewis. The Problem of Pain, p. 130.
 

[2] C.S. Lewis, The Great Divorce p. 75: “There are only two kinds of people in the end: those who say to God, “Thy will be done,” and those to whom God says, in the end, “Thy will be done.” All that are in Hell, choose it. Without that self-choice there could be no Hell. No soul that seriously and constantly desires joy will ever miss it. Those who seek find. To those who knock it is opened.’”
 

[3] The Great Divorce p. 120
 

[4] Mere Christianity, p. 48
 

[5] https://www.etymonline.com/word/Hell
 
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Un análisis de lo que Jesús quiso decir cuando Él dijo: “Temed a Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
 
por George Sidney Hurd
 
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar (apokateino); temed más bien a aquel que puede destruir (apollumai) el alma (psuque) y el cuerpo en el infierno (Gehena).” (Mateo 10:28)
 
¿Qué quería decir Jesús cuando Él dijo que debemos de temer Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en Gehena? Él usó la misma palabra, “temer” (phobeo), en relación a nuestro temor por aquellos a quienes no debemos de temer y Aquel a quién debemos de temer, así que, decir que “temor” aquí es simplemente “una actitud de reverencia o asombro” no mantiene el contraste paralelo.
 
Como vimos en el blog anterior, Entendiendo el Temor de Dios, aunque no debemos de tener miedo de Dios, Su temor, sin embargo, debe estar siempre delante de nosotros para que no nos rindamos a los deseos e instintos caídos cada vez que pasamos por una prueba o somos tentados.
 
En el contexto de Mateo 10, Jesús estaba hablando a Sus doce discípulos antes de enviarlos a predicar el evangelio del reino. Él les dijo que los estaba enviando como ovejas entre lobos y advirtió que serían perseguidos por Su nombre. Entonces, él va más allá de los doce para incluir a todos que sufrirían y morirían como mártires por su testimonio hasta que Él venga a reinar.
 
Es en este contexto que Él dice que nuestro temor a Dios debe ser mayor que nuestro temor a los hombres que nos perseguirían y matarían por nuestro testimonio. A través de los siglos, miles de los seguidores de Cristo han sido torturados y matados, escogiendo morir antes que negar a su Señor.
 
¿Significa eso que tenían miedo a Dios? ¡De ninguna manera! Si lees los testimonios de los mártires, verás que a menudo cantaban con gozo mientras que fueron quemados o partidos en dos porque su primer amor era el Señor, y su mayor temor era negar a quién más amaban cuando estaban en la prueba. Ellos no tenían miedo del Señor, sino que Su temor estaba delante de ellos, haciendo tal ofensa contra su Señor impensable. Jesús dijo: “el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios” (Lucas 12:9). Cuando viene persecución o martirio, solamente aquellos que Lo aman más que la vida misma serán fieles hasta la muerte, recibiendo la corona de la vida (Apo 2:10). Los demás retrocederán por temor a los hombres, negándole a Él con tal de salvar sus propias vidas.
 
Entonces, según Jesús, ¿qué es lo que debemos de temer? ¿la exterminación? ¿un castigo eterno? ¿Cómo debemos de entender “destruir el alma y el cuerpo en Gehena?” Si estaba advirtiendo de un castigo eterno, como creen muchos, hubiera sido una nueva revelación alarmante para Sus discípulos, dado que en ninguna parte del Antiguo Testamento vemos mención alguna de tormentos postmórtem más allá de vergüenza, y mucho menos hay registro en el Antiguo Testamento de tormentos sin fin.
 
Algunos han sugerido que Jesús no quería que entendiéramos de eso que Dios realmente destruiría un alma y cuerpo en Gehena, sino que Él estaba diciendo nada más que Él tiene la capacidad de hacerlo. Pero, para mí, es muy poco probable que Jesús diera una advertencia de algo que Dios no haría en realidad. Claramente, Jesús quería que entendiéramos que algunos de hecho sufrirían esta destrucción escatológica del alma y el cuerpo en Gehena o el Lago de Fuego.
 
Este pasaje, tomado fuera del contexto, podría aparentar confirmar lo que dicen los aniquilacionistas que creen que el cuerpo resucitado de los impíos, junto con sus almas, serán destruidos o exterminados en Gehena. Pero en el mismo capítulo en versículo 39, aclara que la expresión “destruir el alma”, no está hablando de la aniquilación del alma, sino que está refiriéndose a la subyugación de la vida del alma al espíritu: 
 
“El que halla su vida (suque “alma”), la perderá (apólumi); y el que pierde (apólumi) su vida (alma) por causa de mí, la hallará.” (Mateo 10:39)
 
Jesús aquí usa las mismas palabras que en el versículo 28. La verdad enseñada aquí por Jesús ha sido oculta por los traductores, quienes, en vez de traducir apólumi y suque de la misma manera en ambos versículos, lo tradujeron “destruir el alma” en 28 y en 39 lo cambiaron por “perder su vida.” Es obvio que Jesús quería expresar la misma cosa en ambas instancias, pero los traductores nos dejan con la impresión de que estaba hablando de dos cosas no relacionadas. ¿Qué es lo que Jesús quería decir con la expresión “perder o destruir el alma”?
 
La Biblia deja en claro que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu:
 
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1Tes 5:23)
 
El hombre entero, según Pablo, es 1) espíritu, 2) alma y 3) cuerpo. Lo inmaterial de nosotros está compuesto de alma y espíritu. Aunque el hombre natural no ve ninguna distinción entre los dos, en Hebreos nos dice que la palabra de Dios distingue entre lo que es del alma y lo que es del espíritu:
 
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Heb 4:12)
 
El hombre, aparte de la revelación de la Palabra de Dios, es incapaz de distinguir entre lo que proviene de su espíritu y lo que proviene de su alma, pero la palabra de Dios es como una espada de dos filos y capaz de revelar cuándo estamos actuando en el alma y cuándo actuamos en el espíritu. 
 
Nuestro espíritu es lo que nos relaciona con Dios quien es Espíritu. Por nuestro espíritu podemos oír la voz de Dios y tener comunión con Él. Dios creó al hombre para vivir con su espíritu en comunión con Él, y el alma y cuerpo sometidos al espíritu del hombre. 
 
Cuando el hombre cayó, perdió la comunión con Dios. Como el espíritu ya no escuchaba la voz de Dios, su alma ya no vivía alineada y sujeta al espíritu, sino al cuerpo con sus cinco sentidos. En esta condición caída, el alma ya no vivía según su espíritu, guiado por Dios, sino según los deseos de la carne. Ya no tenía percepción espiritual, solamente percibía con los cinco sentidos de la carne. El hombre que una vez fue espiritual llegó a ser carne (Gén 6:3). Las personas que viven así; según el alma y no según el espíritu, son llamados “carnales” o “del alma”. La palabra en el griego que expresa “del alma” es súquicos que es el adjetivo de suque (alma).
 
“Pero el hombre natural (súquicos “del alma”) no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. 15 En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie… De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales…” (1Cor 2:14,15; 3:1)
 
“Estos son los que causan divisiones; los sensuales (súquicos “del alma”), que no tienen al Espíritu.” (Judas 19)
 
“porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal (súquicos “del alma”), diabólica.” (Stg 3:15)
 
El hombre natural o “del alma” es carnal, dado que no oye a Dios, y por lo tanto solo vive en el alma, según los cinco sentidos, cumpliendo los deseos de la carne y no los del Espíritu.
 
Cuando uno nace de nuevo, es el espíritu que nace de nuevo. Después de nacer del Espíritu tenemos la capacidad de percibir una vez más las cosas de Dios y hacer la voluntad de Él, viviendo según el Espíritu y no según el alma, cumpliendo los deseos de la carne (Jn 3:3,6).  
 
Sin embargo, la vida del alma tiene que ser destruida y reemplazada por la vida del espíritu. En Adán, nuestra alma ya no estaba sujeta al Espíritu. Ahora, con nuestro espíritu renacido, es necesario subyugar nuestra alma a nuestro espíritu. Cuando Jesús dijo que era necesario perder o destruir (apólumi) nuestra alma, creo que estaba diciendo que era necesario morir al dominio del alma, sujetándola a nuestro espíritu renacido. La palabra apólumi en el Nuevo Testamento significa a veces “destruir, rendir nulo o inoperativa,” y a veces significa “perder.” Creo que la idea expresada en este caso es rendir (inoperativo) el dominio del alma en nuestra vida. Ya no debemos vivir más según nuestros sentimientos y razonamiento, sino según la palabra rhema de Dios. Ya no debemos vivir según nuestra voluntad, sino según la voluntad de Dios. El alma tiene que ser sujetada otra vez al espíritu, en comunión con Dios, y no siguiendo la carne para cumplir los deseos de ella. 
 
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. 25 El que ama su vida (alma), la perderá (apólumi); y el que aborrece su vida (alma) en este mundo, para vida eterna (zoe aionios) la guardará.” (Jn 12:24-25)
 
Si nosotros como creyentes tomamos nuestra cruz, siguiendo los pasos de Jesús, poniendo nuestras almas por los demás, estamos sirviéndole al Señor en espíritu. Pero si somos súquicos, “del alma,” entonces Dios interviene con disciplina para que no seamos condenados con el mundo.
 
“Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.” (1Cor 11:31-32)
 
Aquí vemos que el castigo del Señor tiene un propósito correccional, para que no recibamos nuestra parte con los incrédulos, siendo condenados con el mundo. El propósito de esta disciplina podemos ver en 1Corintios 5:5 donde Pablo dice:
 
“el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” (1Cor 5:5)
 
La destrucción de la carne no está hablando del cuerpo físico, sino el actuar del alma, siguiendo los deseos de la carne y no los deseos del Espíritu. Dios permite que uno reciba las consecuencias de actuar en la carne ahora, para que el espíritu sea salvo en el día del Señor, así salvándonos del juicio del Gran Trono Blanco y de sufrir daño de la Segunda Muerte.
 
Si nos sometemos a Dios, subyugando nuestra alma a nuestro espíritu en esta vida, Dios no tendrá que destruir la dominancia del alma después. Si no lo hacemos en esta vida, tendremos que sufrir la destrucción del alma en la Segunda Muerte en el lago de fuego, porque sin la santidad nadie verá al Señor.
 
Muerte, Destrucción y Aniquilación
 
Los que creen que el destino de los impíos es de ser aniquilados, entienden muerte y destrucción como la cesación de toda existencia. En cambio, los tradicionalistas que enseñan castigo eterno en el infierno insisten que la muerte – sea la primera muerte, o la segunda – no es el fin de la existencia. Los universalistas bíblicos, iguales como los tradicionalistas, creen que el alma nunca dejará de existir. Difieren de los tradicionalistas en que creen que la Segunda Muerte es un proceso correccional que termina con restauración y con Dios siendo todo en todos. Para ellos, ni la muerte ni la destrucción significan aniquilación de nuestro ser, sino una transformación y purificación. Los que creen en Cristo en esta vida y destruyen o mueren a la vida del alma ahora, no tienen que sufrir daño de la Segunda Muerte después. Pero los que no creen en esta vida serán purificados en el lago del fuego, teniendo su parte en la Segunda Muerte o la destrucción eonian que sigue después del juicio.
 
En la Biblia, ni la muerte ni la destrucción expresan el concepto de aniquilación. Nada en toda la creación de Dios deja de existir – solo cambia de estado. Yo demuestro esto con detalle en mi libro ¿Exterminación o Restauración? La misma palabra apólumi aparece en 2Pedro 3:6 donde dice, el mundo de entonces pereció (apólumi) anegado en agua. Es evidente que el mundo no dejó de existir, dado que estamos habitándolo ahora. Todavía respiramos el mismo aire, tomamos la misma agua y aramos la misma tierra. Lo que es expresado con la palabra apólumi es que sufre un cambio. En la mayoría de las ocurrencias de la palabra apólumi y sus derivadas, simplemente refiere a algo que se perdió, pero es encontrado después:
 
“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde (apólumi) una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió (apólumi), hasta encontrarla?” (Lucas 15:4)
 
“¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde (apólumi) una dracma, no enciende la lámpara, y barre la casa, y busca con diligencia hasta encontrarla? 9 Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, diciendo: Gozaos conmigo, porque he encontrado la dracma que había perdido (apólumi).” (Lucas 15:8,9)
 
“porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido (apólumi), y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” (Lucas 15:24)
 
Muchas veces vemos que apólumi es utilizado en referencia a la muerte, pero la muerte en la Biblia no significa “dejar de existir,” sino refiere a un cambio de existencia. Esto es evidente en varios textos:
 
“Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo (tabernáculo), el despertaros con amonestación 14 sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo (tabernáculo), como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. 15 También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas.” (2Pedro 1:14-15)
 
“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. 22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; 24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros.” (Fil 1:21-24)
 
“Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé; Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.” (2Cor 12:2-3)
 
El hecho de que Pablo no estaba seguro si estaba o no en su cuerpo, deja en claro que el alma y espíritu tienen una existencia consciente independientemente del cuerpo. Él también habla de partir de su cuerpo de carne o quedarse más tiempo – expresiones que no tendrían sentido si no hubiera existencia independientemente del cuerpo. Pedro habla de vivir en el tabernáculo de su cuerpo, abandonándolo y partiendo de él. Estas expresiones solo tienen sentido entendiendo que uno tiene una existencia independiente del cuerpo.
 
Entonces podemos ver que la destrucción del cuerpo y del alma no hace referencia a la aniquilación, sino el apólumi o cambio del estado del alma y del cuerpo, haciéndolos sujetos a Cristo a través del fuego de las pruebas en esta vida o después en Gehena. Jesús presentó la destrucción del alma como una experiencia mucho peor que solo la muerte física, pero no significa la aniquilación, ni algo interminable, como sería un infierno eterno.
 
En conclusión, es claro que Jesús no estaba refiriéndose a la aniquilación de nuestro ser esencial, y mucho menos estaba hablando de ser confinado a un estado perpetuo de tormentos, sino a ser echado a la corrección (eonian) en el Lago de Fuego purificador, en vez de serle concedida la entrada en la vida (eonian) del reino cuando Cristo venga y separe las ovejas de las cabras.
 
Presento el tema de la naturaleza purificadora de Gehena o el Lago de Fuego en mi blog, Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor. Para mí, es claro que, en Mateo 10:28 Jesús está haciendo referencia de la segunda muerte, la muerte de la carne independiente y la vida almática. Claramente es algo que debemos de temer aún más que la corrección del Padre en esta vida.
 
Si Gehena no fuera algo que temer, Jesús no hubiera dicho que sería mejor quitarse un ojo y una mano, que ser excluido del reino y echado al fuego (eonian) de Gehena (Mt 18:8-9). Solamente las ovejas son permitidas a entrar en el reino cuando Cristo viene otra vez. El resto de los que están vivos son enviados a la corrección eonian en Gehena, o el Lago de Fuego purificador preparado para el diablo y sus ángeles (Mt 25:41-46).
 
Al decir eso, Jesús no estaba diciendo que debemos de vivir en un estado continuo de temor. En vez de eso, Jesús nos hubiera dicho de manera semejante de lo que dijo Moisés a los hijos de Israel en Sinaí: “No teman, sino mantengan siempre Su temor delante de ustedes para que, cuando están en la prueba, permanezcan fieles a Él, en vez de caer en el temor de los hombres, negándome a Mí.”
 
Este blog es un extracto de mi libro: El Triunfo de la Misericordia.

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