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%Viendo al Padre a travs de Jess
por George Sidney Hurd
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria
de Dios en la faz de Jesucristo...
el cual es la imagen de Dios.”
(2 Cor 4:6,4b)
En el tiempo señalado por el Padre, Dios se hizo carne en la persona del Hijo y habitaba entre nosotros. El Dios invisible llegó a ser visible en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, de tal manera que Jesús podría decir, “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” (Jn 1:14,18;14:9).
En las generaciones anteriores Dios había hablado indirectamente a través de los profetas, pero en Jesucristo Él nos ha hablado en persona (Heb 1:1-2). Por ese motivo, cuando Jesús fue transfigurado en el monte y estaba hablando con Moisés y Elías en la presencia de Sus discípulos, Pedro, Jacobo y Juan, cuando Pedro interrumpió sugiriendo que hicieran tres tabernáculos, uno donde podrían reunirse a escuchar a Moisés, otro donde podrían escuchar a Elías y otro donde escuchar a Jesús, el Padre habló del cielo diciendo: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).
Eso no es para despreciar lo que Él había hablado previamente a través de otros, como algunos equivocadamente han pensado, sino que ahora debemos mirarlo a Él y aprender de Él. En Él todas las verdades antes encubiertas en las Escrituras ahora son reveladas a nuestro entendimiento de una manera nueva y fresca. El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía (Apo 19:10). Para entender debidamente a Moisés y los Profetas necesitamos escucharle a Él y aprender de Él.
Esta manera de ver las Escrituras a través de los lentes de Jesucristo ha sido llamada la hermenéutica Cristocéntrica desde los días de la Iglesia Primitiva. Martín Lutero enfatizaba la necesidad de enfocar en la cruz, o la hermenéutica cruzicéntrica, para poder entender y aplicar las Escrituras.
Sin embargo, hay una tendencia moderna a apartarse de la fe histórica de los Padres. Aunque sigan hablando de la centralidad de Cristo, su presentación de Cristo y de Sus enseñanzas es selectiva, no tomando en cuenta la totalidad de Su vida y enseñanzas. De la misma manera, a pesar de que usan términos como “cruciformidad,” ellos han redefinido la cruz y lo que Cristo logró por nosotros en Su muerte expiatoria.
Ellos se acercan a las Escrituras con la presuposición que, como Dios es amor, entonces Él es totalmente pasivo y no violento. Usando esta presuposición como filtro, proceden a rechazar o reinterpretar todas las presentaciones del Padre e incluso de Jesús Mismo en las Escrituras cuando son descritos como intolerantes de comportamiento pecaminoso y donde actúan con violencia para corregir o castigar el mal.
Basado en esta presuposición, ellos también tienen que redefinir la cruz. Como la cruz era violenta y Dios es totalmente pasivo y no violento (según ellos), no puede ser cierto que sucedió conforme a como la mano y consejo de Dios había predeterminado que sucediera para traernos redención por medio de Su sangre derramada, como las Escrituras afirman (Hch 4:27-29; 2:23; Isa 53:5-6,10-11; Ef 1:6-7). Ellos ignoran o rechazan todos estos textos y más con tal de presentar la cruz como nada más que la violencia colectiva de la humanidad contra Jesús, sin ningún valor redentivo delante de Dios. Yo presento las implicaciones de la expiación de Cristo en mi blog: “¿Cambió la cruz la actitud de Dios hacia nosotros? (Entendiendo la Expiación)” y también en mi libro: “Los Caminos de Dios (Desde la perspectiva de una Restauracionista Conservador Evangélico)”
Habiendo despojado la cruz de todo valor redentivo ante Dios para el perdón de pecados, diciendo que su muerte no era más que Jesús pasivamente absorbiendo la violencia colectiva de la humanidad en sí mismo mientras que los perdonaba incondicionalmente, ellos aplican lo que han llamado “la hermenéutica cruciforme” a todas las Escrituras. Lo que quieren decir con eso es que todo texto de la Biblia donde Dios es presentado de una manera no pasiva o violenta es contrario al amor de Dios mostrado en la persona de Jesús en la cruz – no es cruciforme, y por lo tanto debe ser rechazado como nada más que maneras equivocadas de percibir la divinidad en el primitivo Medio Oriente, introducidas en las Escrituras por hombres depravados como Moisés, David y los profetas (cf. 2Pedro 1:21).
No solamente aplican este “hermenéutica cruciforme” al Antiguo Testamento, sino también al Nuevo Testamento. Algunos hasta cuestionan las mismas palabras de Jesús si no se conforman a su molde cruciforme, razonando que – como ya saben que Dios es cruciforme (no violento y tolerante del pecado), entonces todo autor humano que diga otra cosa tiene que haber falsificado tales palabras o hechos de Jesús.
Sin embargo, una vez que cuestionemos las mismas palabras y hechos de Jesús como escritas en las Escrituras del Nuevo Testamento, toda base concreta del conocimiento de Él se pierde en el mar de la relatividad. En este blog comienzo con la presuposición de que la Palabra de Dios es infalible y por lo tanto, es una revelación autoritativa de Jesucristo y, por ello, también del Padre, dado que Jesús dijo que, si lo hemos visto a Él, hemos visto al Padre, y que Él y Su Padre uno son (Jn 14:9; 10:30).
Jesús validaba la Totalidad del Antiguo Testamento
La infalibilidad de las Escrituras no es un punto de partida arbitrario, dado que Jesús Mismo la afirmaba (Jn 17:17, cf. Sal 119:160; Mt 5:18; 4:4; Jn 10:35). En estos círculos es común oír decir cosas como: “Soy un seguidor de Jesús – no un seguidor de la Biblia.” Sin embargo, no es posible ser un verdadero seguidor de Jesús y no tener el mismo aprecio por las Escrituras que Él Mismo ejemplificaba.
Jesús validaba las Escrituras de Moisés y los Profetas
Lejos de despreciar a Moisés y los Profetas o desautorizarlos, Jesús dijo que ni una jota ni una tilde pasaría de la Ley hasta que todo se haya cumplido (Mt 5:17,18). Esto se basa en el hecho de que toda Escritura es inspirada por Dios, habiendo procedido de la boca de Dios (Mt 4:4; 2Tim 3:16). Dado que cada palabra de las Escrituras procede de la boca de Dios, no puede fallar o volver a Él sin cumplirse (Isa 55:11).
Después de resucitar de los muertos, Jesús apareció a Sus discípulos y les explicó como tenía que haberse cumplido todo lo que fue escrito en la Ley y los Profetas. Él les dijo, “Así está escrito, y así fue necesario” (Lucas 24:44-46). ¿Qué fue necesario por haber sido escrito? Que Él sufriera. Le sucedió conforme la mano y consejo de Dios había predeterminado que sucediera (Hch 4:27-28). Para Jesús, si fue escrito, entonces tenía que suceder.
Jesús igualaba las palabras de Moisés con los mismos mandatos de Dios, incluyendo los castigos no cruciformes prescritos en la Ley por la desobediencia:
“Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. 10 Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.” (Marcos 7:9-10)
Según su “hermenéutica cruciforme,” todos los actos violentos o no permisivos atribuidos a Dios tienen que ser filtrados de las Escrituras. Sin embargo, aquí vemos a Cristo mismo incluyendo la pena de la muerte como parte del mandamiento de Dios, en vez de que sea nada más la visión errada del antiguo Medio-oriente de la deidad equivocadamente atribuida a Jehová por Moisés.
Jesús dijo que aquellos que realmente creían a Moisés le creerían a Él también, dado que Moisés escribió de Él (Juan 5:45-46). Él dijo de los hermanos del hombre rico en el hades, que si ellos no le creían a Moisés, entonces nadie podría persuadirlos – ni siquiera si alguien fuera levantarse de entre los muertos (Lucas 16:31). Tristemente, esta misma indisposición a creerle a Moisés aún es característica de muchos Progresivos hoy en día.
Repetidamente Jesús validaba a Moisés y a los Profetas. Él le mandó a la gente a observar y hacer lo que los escribas y los fariseos les mandaban porque estaban sentados en la cátedra de Moisés (Mt 23:2-3, cf. Mt 8:4). En ningún momento Jesús nos da lugar a cuestionar o sentarnos como jueces acerca de la validez de porciones de los escritos de Moisés o de los Profetas como algunos hacen tan a la ligera hoy en día. Al contrario, Él iguala a los mandamientos de Moisés con los mismos mandamientos de Dios y advierte diciendo que aquellos que invaliden la más pequeña parte de ellos, o influencian a otros a hacerlo, serán llamados muy pequeños en el reino de los cielos (Mt 5:19).
Algunos erróneamente insisten que Jesús mismo hace precisamente eso con sus próximas palabras. Solo dos versículos más adelante, en Mateo 5:21 hasta el final del capítulo, Jesús repite cinco veces las frases: “Oíste que fue dicho… Pero Yo os digo…” Ellos malinterpretan esto como si Jesús estuviera desechando a la Ley, presentando algo nuevo.
Sin embargo, debe ser obvio que Jesús no está contradiciendo lo que Él acaba de decir acerca de los escritos de Moisés. Cuando Jesús estaba refiriendo a los escritos de Moisés, como Él hizo cuando estaba siendo tentado por Satanás en el capítulo anterior, Él siempre decía, “escrito está,” refiriendo a las Escrituras como la verdad incontrovertible (Mt 4:4,6-7). En contraste, en cada una de estas instancias en Mateo 5, Jesús está enfrentando, no la Ley, sino las malas aplicaciones de la Ley de Moisés presentadas por los rabinos de aquel tiempo. En vez de decir: “Escrito está… Pero Yo os digo…” Jesús dice: “Oíste que fue dicho… Pero Yo os digo…”
Mientras el espacio no me permite elaborar sobre cada instancia con detalle, el lector cuidadoso se puede dar cuenta de que en ninguna parte Jesús enseña contrario a la Ley de Moisés. En lugar de eso, el enfrenta las malas aplicaciones de los rabinos. En las primeras cuatro instancias – la de asesinato (5:21-22), adulterio (5:27-28), divorcio (5:31-32) y juramentos (5:33-37), Jesús elevaba la vara que los fariseos habían bajado, utilizando cláusulas de escape con tal de no tener que cumplir debidamente la Ley.
Entonces, la quinta vez Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo” (Mt 5:43). El mandato a amar a tu prójimo está en la Ley (Lev 19:18), pero no está la cláusula de escape de los fariseos “y aborrecerás a tu enemigo.” Al contrario, la Ley les mandó a hacer bien a su enemigo (Ex 23:4).
Hemos visto que, en lugar de invalidar la Ley y enseñar a otros hacer lo mismo (algo que les prohibió a hacer en el verso 19), Él elevó la ley a su lugar debido. La Ley fue dada para revelar nuestro pecado y necesidad de la gracia, pero los fariseos habían bajado el estándar, agregando cláusulas de escape para poder aparentar estar cumpliendo la Ley cuando en realidad estaban quebrantándola. Al elevar la Ley a su debido lugar, llegamos a ser convencidos como transgresores, poniendo nuestra mira en Él para recibir de Su gracia y misericordia.
Jesús validaba los Salmos
Para demostrar a los fariseos que Él no solamente era descendiente de David según la carne, sino también el Hijo de Dios, Jesús apeló a los Salmos como la última palabra. Cuando los fariseos dijeron que el Mesías sería el hijo de David Él les respondió:
“¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” (Mt 22:43-45)
Aquí Jesús se respalda en los Salmos como inspirados y autoritativos, siendo lo que el salmista dijo en el Espíritu. Así como Él confrontó a Satanás con la palabra escrita autoritativa diciendo, “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios,” así validando los escritos de Moisés como procediendo de la boca de Dios, de la misma manera Él valida los Salmos, diciendo que fueron hablados en el Espíritu (Mt 4:4, cf. Dt 8:3). También Él hizo referencia a la manera de Su muerte, diciendo que, lo que fue escrito en los Salmos acerca de Él tenía que cumplirse (Lucas 24:44).
De la misma manera, Pedro refería incluso a los Salmos imprecatorios como teniendo que cumplirse, aun en contextos del Nuevo Pacto. En referencia a Judas, Pedro dijo acerca de su castigo por haberle traicionado a Jesús:
“Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio.” (Hch 1:20 cf. Sal 69:25; 109:8).
La mayoría de aquellos que se dicen ser seguidores de Jesús y no de la Biblia desechan los Salmos imprecatorios. Pero ambos Salmos citados aquí por Pedro como autoritativos son Salmos imprecatorios no cruciformes. Los seguidores inmediatos de Jesús consideraban la Palabra escrita como autoritativa – incluyendo los Salmos. ¿Cuáles son los verdaderos seguidores de Jesús, ¿los Apóstoles originales, o los eruditos Progresivos de la modernidad que rechazan muchos de los escritos de Moisés, los Profetas y los Salmos, simplemente porque no encajan con su modelo cruciforme?
Pablo de la misma manera citaba los Salmos imprecatorios como autoritativos y cumplidos en nuestros días. Acerca del juicio temporal de Israel, él cita el Salmo 69:22-23 de la siguiente manera:
“Y David dice: Sea vuelto su convite en trampa y en red, en tropezadero y en retribución; 10 Sean oscurecidos sus ojos para que no vean, y agóbiales la espalda para siempre.” (Rom 11:9-10)
Jesús y la Venganza
Superficialmente todos estaríamos de acuerdo en que Jesús reveló al Padre en todo lo que decía y hacía. Sin embargo, los que insisten que Jesús reveló un Dios que siempre actúa de una manera cruciforme tienen que ignorar o rechazar muchas enseñanzas de Jesús que presentaban a Dios como activamente castigando a los malhechores. Jesús presenta a Dios como el Vengador del mal y la injusticia. Él dice del Padre:
“¿Y acaso Dios no hará justicia (ekdikesis) a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? 8 Os digo que pronto les hará justicia.” (Lucas 18:7-8)
Jesús Mismo dice que Dios hará justicia contra los que opriman a Sus elegidos. Esto es lo que quería decir cuando dijo que sería mejor que uno se colgara al cuello una piedra de molino y que se hundiese en lo profundo del mar, que hacer tropezar a uno que cree en Él (Mt 18:6). Es por eso que los mártires bajo el altar celestial no estaban pidiendo equivocadamente cuando clamaban diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apo 6:10).
La palabra “venganza” a primera vista parece incompatible con la naturaleza revelada de Dios que es amor. La venganza como comúnmente la entendemos es una vendetta personal donde uno se obsesiona con hacerle daño a alguien que le había hecho daño. Sin embargo, la palabra griega traducida “venganza” en la mayoría de las traducciones es ekdikesis que es una palabra compuesta de dikéo, que significa “justicia.” La palabra ekdikesis sería mejor traducida, “ejecutar a plenitud la justicia” o “hacer justicia,” como fue traducido en Lucas 18:7,8.
No le corresponde al individuo vengarse a sí mismo, sino que debe dejar la venganza (la ejecución de la justicia) a Dios, el Juez de todos (Rom 12:19). También Dios ha establecido autoridades gobernantes encargados a vengar el mal (Rom 13:4; 1Pedro 2:13-14), pero no nos corresponde vengarnos a nosotros mismos como individuos, tomando la justicia en nuestras propias manos.
Los que piensan que la ira de Dios y Su venganza contra el mal y la injusticia es incompatible con Su amor, no han reflexionado sobre cómo sería nuestro mundo caído si el amor de Dios fuera un amor exclusivamente pasivo y “cruciforme,” que simplemente dice “paz a vosotros” a todos, incluyendo el terrorista mientras procede a detonar una bomba en un edificio lleno de víctimas inocentes. Pablo presenta la pregunta: “¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) 6 En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Rom 3:5-6).
La mayoría de nosotros sabemos intuitivamente que un padre que dice que ama a su hijita y sin embargo permanece pasivo mientras que ella está siendo violada frente a él, realmente no la ama. El verdadero amor se enoja contra el mal y toma acciones apropiadas en contra del malhechor.
Repetidas veces Jesús presenta a Dios como ejecutando la justicia contra el mal (Lucas 13:3-5; 12:46-48, etc.). En Su parábola del siervo mal agradecido al que le fue perdonada una deuda que no podía pagar, y que luego se niega a perdonar a su consiervo una deuda mucho menor, vemos que Dios ejecuta justicia contra aquellos que se nieguen a perdonar las ofensas de otros:
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” (Mt 18:34-35)
Entonces, cuando decimos que Jesús revela al Padre necesitamos procurar prestar atención a todo lo que Jesús decía y hacía, en vez de mirarlo con gafas a color rosa o lo que Gregory Boyd llama “el ojo mágico” o “hermenéutica cruciforme” que utilizan para justificar filtrar y eliminar todos los textos de la Biblia que no encajan con el amor pasivo no violento demostrado por Jesús en la cruz.
Jesús en Su Segunda Venida
Jesús dijo que inmediatamente después de la Gran Tribulación Él vendría otra vez y reuniría a Sus elegidos a Sí Mismo, y entonces Él se sentará en Su trono y separará a las ovejas de las naciones de los inicuos (Mt 24:29,31; 25:31-32; 7:23). A las ovejas les será permitido entrar en la vida de la época milenial (zoen aionion), pero enviará a los cabritos al fuego eónica (pur aionion) o la corrección eónica (kolasin aionion) (Mt 25:41,46). [1] Cuando Cristo regrese, las naciones se darán cuenta que el tiempo de su juicio ha llegado y huirán de Él:
“Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; 16 y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; 17 porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apo 6:15-17)
Estoy consciente de que algunos leyendo este blog pueden ser Preteristas y por lo tanto creen que esto ya se cumplió en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Presento mis argumentos para un cumplimiento Futurista del libro de Apocalipsis en mi libro, “Los Últimos Tiempos, ¿Pasados o Presentes?” Sin embargo, la escatología de uno no cambia el hecho de que, tanto Dios Padre, como Dios el Hijo, son presentados aquí de una manera no cruciforme, dado que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre. No son diferentes ahora de lo que eran en el año 70 d.C. Los que presentan una imagen incompleta de Jesús y por lo tanto del Padre, tendrán una sorpresa muy desagradable en el día del juicio, como también tendrán sus seguidores. El Apóstol Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, también presenta tanto el Padre como el Hijo de una manera que de ninguna forma podría ser entendido como cruciforme. Él dijo:
“Porque es justo delante de Dios pagar con tribulación a los que os atribulan, 7 y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, 8 en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; 9 los cuales sufrirán pena de eterna perdición (olethron aionion, “destrucción eónica”), excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, 10 cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros).” (2Tes 1:6-10)
Cuando Cristo venga en aquel día – el Día del Señor, Él no aparecerá como el Siervo sufirente. Él vendrá con poder y gran gloria como Juez para ejecutar la justicia, y como Rey para reinar con vara de hierro (Mt 16:27; Apo 11:15; Apo 19:11,15-16). Muchos, ignorando la distinción entre Su primera venida como Siervo sufriente para dar Su vida en rescate por nuestros pecados, y Su venida final a juzgar y reinar sobre la tierra con vara de hierro, piensan que Su Segunda Venida (tercera para los Preteristas Parciales) será semejante a Su primera venida.
Cuando Jesús comenzó Su ministerio, Él entró en la sinagoga de Nazaret en el día de reposo y leyó la porción en Isaías 61 que describe Su primera venida. Sin embargo, Él, a propósito, leyó solamente la parte que tenía referencia a Su ministerio terrenal en Su primera venida. Él se levantó y leyó:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; 19 a predicar el año agradable del Señor. 20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó.” (Lucas 4:18-20)
Es significativo que Jesús cerrara el rollo a la mitad del versículo 2 de Isaías 61. El versículo dice: “a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro.” ¿Por qué motivo cerró el rollo a la mitad del versículo? Obviamente fue intencional, pero, ¿Cuál fue Su intención? Los que aplican la “hermenéutica cruciforme” tienen que decir que Jesús estaba invalidando la segunda parte del versículo porque Lo presenta como violento y condenatorio. Sin embargo, tal razonamiento no es compatible con Sus declaraciones como “tu palabra es verdad,” y “la Escritura no puede ser quebrantada” (Juan 10:35; 17:17). También, solo unos capítulos antes, en Isaías 55:11, Dios dijo: “así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” Por lo tanto, no es razonable argumentar que aquí Jesús Mismo estaba invalidando o echando a un lado las mismas Escrituras que Él había dicho que no pueden ser quebrantadas.
La razón obvia por la que Él se detuvo a la mitad del versículo es porque la primera mitad tenía referencia a Su primera venida como Siervo sufridor, mientras que la segunda parte tiene referencia a Su Segunda Venida como Juez de los vivos y de los muertos y como Rey de reyes para ejecutar la justicia y reinar sobre la tierra (2Tim 4:1; Apo 11:15-18). La separación entre la primera y la segunda venida fue un misterio oculto hasta que Israel formalmente rechazó la oferta del reino (Mt 23:37-39).
Incluso ahora, en esta dispensación actual de la Gracia, vemos a Cristo interviniendo de manera no cruciforme, corrigiendo y juzgando a los no arrepentidos dentro de las iglesias. A la iglesia de Tiatira Jesús dijo:
“Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. 21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. 22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. 23 Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.” (Apo 2:20-23)
Aquí vemos a Jesús advirtiéndole a una profetiza y falsa maestra dentro de la iglesia que Él llama por el nombre de Jezabel, diciéndole que, si no se arrepiente de sus falsas doctrinas e inmoralidad sexual, Él la va a afligir con enfermedad y castigar a los que participan con ella, con gran tribulación. Incluso advierte que Él heriría con la muerte a sus hijos si ella fuera a persistir en ese estilo de vida. Muchos que se han entregado a la inmoralidad sexual no reflexionan sobre el hecho de que las enfermedades que contraen como consecuencia de su inmoralidad pueden terminar matando a sus propios hijos.
Queda evidente a los estudiantes cuidadosos de la Palabra que no existe una discontinuidad entre el Dios del Antiguo Testamento y el Dios revelado en la persona y enseñanzas de Jesús. Tampoco hay discontinuidad entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, incluyendo el libro de Apocalipsis.
Estoy consciente de que el Jesús de la Biblia es una ofensa para muchos en esta generación, pero, no por eso debemos dejar de declarar todo el consejo de Dios (Hch 20:26-30). El verdadero Jesús siempre será piedra de tropiezo para aquellos que no estén dispuestos a arrepentirse y someterse a la Palabra. Como dijo Pedro:
“Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados.” (1 Pedro 2:7-8)
Pablo habló de nuestros días cuando dijo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-5, cf. 2Tes 2:10-12)
Especialmente nosotros como maestros de la Palabra de Dios tenemos una responsabilidad tremenda de proclamar todo el consejo de Dios en vez de estar intentando acomodar a los que no están dispuestos a arrepentirse y obedecer a Dios (Stg 3:1). Necesitamos evitar complacer a aquellos que no estén receptivos a la verdad, sino que amontonan maestros que tergiversan y redefinen la verdad con argumentos y vanas filosofías diseñados a quitar el filo de la Palabra de Dios que es la espada del Espíritu. Como dijo Pablo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Col 2:8-10)
Hoy, quizás más que nunca, estamos viendo una generación que no soporta la sana doctrina. Nuestra generación ha llegado a ser una en la cual hay más conocimiento que nunca antes, pero es un aprender sin llegar al conocimiento de la verdad (2Tim 3:7-8). En vez de ser hábiles en la Palabra de Dios, viven de una dieta constante de filosofía y enseñanzas de hombres que les ofrece interpretaciones y redefiniciones novedosas que socavan el significado sencillo y obvio de las Escrituras. Tienen más interés en las tradiciones de los hombres o lo que decían los Padres de la Iglesia que lo que las Escrituras mismas nos enseñan. El Movimiento de la Iglesia Emergente todo-incluso, continuamente adapta sus creencias según la cultura cambiante con tal de acomodarse al mundo, en vez de confrontarlo con las verdades incambiables de la Palabra de Dios, llamando a los hombres al arrepentimiento.
No quiero ser alarmista, pero a los 70 años de edad, después de 50 años de ser activo en la iglesia y el ministerio, he visto en muy pocos años un gran abandono de la Biblia – la fe una vez entregada a los santos, en una escala que ni siquiera hubiera podido imaginar hace 20 años atrás cuando dejé la civilización para ir como misionero a la selva amazónica. Nosotros como seguidores de Jesús necesitamos volver al Jesús de la Biblia. Necesitamos echar a un lado toda la retórica inflada y enredada de los filósofos y el engaño, y los vanos razonamientos de los maestros con sus elaboradas redefiniciones de palabras, que privan a los hombres de la verdad. Necesitamos más bien ser conocedores de la Palabra de Dios. Como dice el escritor de Hebreos, algunos de nosotros hemos llegado a ser tardos para oír:
“Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. 13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Heb 5:11-14)
Tristemente, tenemos una generación de gigantes en la retórica y filosofía que son bebés espirituales debido a su voluntario rechazo de la Biblia y su falta de hambre por cada palabra que sale de la boca de Dios. Lo que esta generación necesita no es más filosofía o más deconstrucciones novedosas de la verdad, sino un amor renovado por la verdad y un apetito por la sana doctrina, basado en una exégesis cuidadosa y reverente del texto sagrado (2Tim 3:15).
[1] Para un estudio más detallada sobre este tema recomiendo mi libro, “El Triunfo de la Misericordia.”
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por George Sidney Hurd
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“A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mt 26:24)
Muchos entienden este pasaje en el sentido de que hubiera sido mejor que Judas nunca hubiera llegado a existir o nunca hubiera sido concebido, pero lo que dice es: “bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” En otras palabras, le hubiera ido mejor si fuera un abortivo. En Eclesiastés 6:3 dice: “Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él.” Un abortivo es uno que no nació, aunque fue concebido. Entendemos que un niño abortivo va al cielo sin tener que enfrentar el juicio. Mientras que es cierto que un abortivo pierde la gran oportunidad de la vida terrenal, si uno vive una vida vacía sin cumplir los propósitos de Dios en su vida, le hubiera sido mejor ser un abortivo e ir al cielo antes de nacer. Así que, cuando dice que hubiera sido mejor que Judas no hubiera nacido, está diciendo que le hubiera sido mejor morir como un abortivo que sufrir las consecuencias de sus malas decisiones tomadas en su vida terrenal. No está diciendo que le hubiera sido mejor nunca haber existido, como muchos piensan.
Jesús utilizó la misma expresión que usa Salomón en Eclesiastés 4:2-3. En este pasaje Salomón explica por qué él consideraba que era mejor que uno no hubiese nacido:
“Y consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven, 3 aunque en mejor situación están los que aún no han nacido (gínomai LXX), los que no han visto aún la maldad que se comete en esta vida.” (NVI)
La razón que da Salomón, explicando por qué hubiera sido mejor no haber nacido, es por la maldad que uno tiene que enfrentar en esta vida. Él solo habla de esta vida. No dice nada de la experiencia de uno después de morir. Seguramente, Judas hubiera preferido no haber nacido cuando se dio cuenta como había sido usado por Satanás para traicionar al Salvador, derramando Su sangre inocente. Cuando se dio cuenta de lo que Satanás había hecho por medio de él, se negó a aceptar el pago y tiró el dinero a los pies de los sacerdotes y ancianos. Entonces, deseando no haber nacido, se fue y se ahorcó.
Según la tradición, hubiera sido mejor que la gran mayoría de la humanidad nunca hubiera existido, dado que, según ellos, serán atormentados por toda la eternidad en el infierno. También la tradición dice que todos los que se suicidan van a un infierno eterno y como Judas se suicidó, le hubiera sido mejor nunca haber existido. Pero en las Escrituras hay silencio absoluto sobre el destino de los que se suicidan. Así que, a mi forma de pensar, nosotros no debemos de presumir saber lo que Dios no ha revelado. Si queremos hacer un pronunciamiento acerca del suicidio, creo que estamos más seguros en citar las palabras de Jesús cuando dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres” (Mt 12:31).
Este blog fue tomado de mi libro El Triunfo de la Misericordia
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“A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mt 26:24)
Muchos entienden este pasaje en el sentido de que hubiera sido mejor que Judas nunca hubiera llegado a existir o nunca hubiera sido concebido, pero lo que dice es: “bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” En otras palabras, le hubiera ido mejor si fuera un abortivo. En Eclesiastés 6:3 dice: “Aunque el hombre engendrare cien hijos, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se sació del bien, y también careció de sepultura, yo digo que un abortivo es mejor que él.” Un abortivo es uno que no nació, aunque fue concebido. Entendemos que un niño abortivo va al cielo sin tener que enfrentar el juicio. Mientras que es cierto que un abortivo pierde la gran oportunidad de la vida terrenal, si uno vive una vida vacía sin cumplir los propósitos de Dios en su vida, le hubiera sido mejor ser un abortivo e ir al cielo antes de nacer. Así que, cuando dice que hubiera sido mejor que Judas no hubiera nacido, está diciendo que le hubiera sido mejor morir como un abortivo que sufrir las consecuencias de sus malas decisiones tomadas en su vida terrenal. No está diciendo que le hubiera sido mejor nunca haber existido, como muchos piensan.
Jesús utilizó la misma expresión que usa Salomón en Eclesiastés 4:2-3. En este pasaje Salomón explica por qué él consideraba que era mejor que uno no hubiese nacido:
“Y consideré más felices a los que ya han muerto que a los que aún viven, 3 aunque en mejor situación están los que aún no han nacido (gínomai LXX), los que no han visto aún la maldad que se comete en esta vida.” (NVI)
La razón que da Salomón, explicando por qué hubiera sido mejor no haber nacido, es por la maldad que uno tiene que enfrentar en esta vida. Él solo habla de esta vida. No dice nada de la experiencia de uno después de morir. Seguramente, Judas hubiera preferido no haber nacido cuando se dio cuenta como había sido usado por Satanás para traicionar al Salvador, derramando Su sangre inocente. Cuando se dio cuenta de lo que Satanás había hecho por medio de él, se negó a aceptar el pago y tiró el dinero a los pies de los sacerdotes y ancianos. Entonces, deseando no haber nacido, se fue y se ahorcó.
Según la tradición, hubiera sido mejor que la gran mayoría de la humanidad nunca hubiera existido, dado que, según ellos, serán atormentados por toda la eternidad en el infierno. También la tradición dice que todos los que se suicidan van a un infierno eterno y como Judas se suicidó, le hubiera sido mejor nunca haber existido. Pero en las Escrituras hay silencio absoluto sobre el destino de los que se suicidan. Así que, a mi forma de pensar, nosotros no debemos de presumir saber lo que Dios no ha revelado. Si queremos hacer un pronunciamiento acerca del suicidio, creo que estamos más seguros en citar las palabras de Jesús cuando dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres” (Mt 12:31).
Este blog fue tomado de mi libro El Triunfo de la Misericordia
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El Pecado Imperdonable
por George Sidney Hurd
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Mateo 12:31-32)
“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.” (Marcos 3:28-29)
Cuando los escribas atribuían a Beelzebú, el príncipe de los demonios, el poder que tenía Jesús para echar fuera demonios, Jesús les respondió a ellos con esta advertencia. Por lo tanto, la blasfemia del Espíritu Santo es el pecado de ver una evidente manifestación del poder del Espíritu Santo y, sabiendo que es el Espíritu Santo, atribuirla al diablo.
La mayoría hoy en día entienden de estos versículos que la blasfemia del Espíritu Santo es un pecado que nunca jamás será perdonado por Dios. Están tan seguros de que nunca será perdonado jamás que los traductores tradujeron “no tiene perdón hacia dentro la época (eis ton aiona)” por “no tiene jamás perdón”. Y dado que es difícil definir exactamente qué podría constituir la blasfemia contra el Espíritu Santo, muchos viven en temor de que ya hayan cometido este pecado “imperdonable”. El entendimiento tradicional de este pasaje ha sido la causa de quebrantos emocionales y hasta suicidios de personas sensibles, y muchas más personas han vuelto al mundo sin esperanzas de salvación por pensar que, de alguna forma, habían cometido este pecado. Estos pasajes como traducidos tradicionalmente y predicados desde los púlpitos han sido un instrumento del acusador para destruir muchas vidas a través de la historia.
Es digno notar que los padres de la Iglesia primitiva que hablaban el mismo griego en que estas palabras fueron escritas originalmente, no entendían este pecado como imperdonable. San Atanasio de Alejandría (295 d.C. a 373 d.C.) dice de este pecado: “Si se arrepienten pueden obtener perdón, porque no hay pecado imperdonable con Dios a los que verdaderamente se arrepientan.” [1] San Crisóstomo 386 d.C. dice: “Sabemos que este pecado ha sido perdonado a algunos que se han arrepentido de ello.” [2]
¿Por qué será que los más cercanos en tiempo de los apóstoles creían que era posible ser perdonados de la blasfemia contra el Espíritu Santo, mientras que ahora la mayoría niega la posibilidad de perdón? Ellos eran muy familiarizados con las Escrituras y defensores de su absoluta autoridad. Yo veo tres razones principales:
En primer lugar, los padres griegos no estaban leyendo una traducción influenciada por la tradición, sino que leían el Nuevo Testamento en griego como originalmente escrito. La influencia de la tradición del castigo eterno se puede ver en la mayoría de las traducciones comparándolas con el original. Vamos a examinar los dos textos más de cerca. Marcos 3:28-29 ha sido traducido de la siguiente manera:
“De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; 29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno.” (Marcos 3:28-29)
Vemos que los traductores tradujeron la palabra griega aión que significa “época” con la palabra “jamás” para dar la impresión de que nunca existiría posibilidades de perdón. El texto simplemente dice que “no tiene perdón hacia dentro de la época”. Hay mucha diferencia entre una época y jamás. La frase “juicio eterno” es literalmente “juicio eonian” (aionios krisis). Eso indica que uno que blasfema contra el Espíritu Santo es en peligro de un pecado con consecuencias que duran una época o épocas. La palabra aionios hace referencia a una medida larga de tiempo indefinido y no debe ser traducido como eterno. Demuestro esto con más detalle en mi blog: La Duración del Castigo. Una traducción literal del versículo 29 aclara el mensaje comunicado por Jesús:
“cualquiera que blasfeme al Espíritu no tiene perdón hasta la época, sino que está expuesto al juicio eónio.” (Emphatic Diaglott)
Ahora examinemos lo que dijo Jesús en esta ocasión según Mateo:
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Mateo 12:31-32)
“A cualquiera que hable una palabra contra el Hijo del Hombre le será perdonado, pero quienquiera que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en esta época, ni en la venidera.” (Mateo 12:32 Youngs Literal Translation)
Primero dice en el versículo 31 que la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada, sin especificar por cuanto tiempo. En versículo 32 explica: “no le será perdonado, ni en esta época, ni en el venidero.” No dice que no será perdonado por toda la eternidad, sino que no será perdonado “ni en este siglo (aión) ni en el venidero”. Este siglo (época) refiere a la época en la cual Jesús estaba ministrando. El venidero es el siglo (época) siguiente, o sea el milenio, o según otros, “la época de la Iglesia”. Esto difiere bastante de eternamente. Aún decir por los siglos de los siglos (por las épocas de las épocas) no sería equivalente a la eternidad porque épocas son medidas de tiempo y no eternidad.
Tampoco debemos de concluir que “no le será perdonado” es sinónimo con “irá a un infierno eterno”. Cuando Mical, la esposa de David se burló de David por danzar delante del Señor con todas sus fuerzas, Dios se enojó con ella y ella quedó estéril por el resto de su vida. Aunque ella no recibió perdón de Dios por ese pecado mientras vivía, seguía como esposa de David con todos los demás privilegios de la vida (2Sam 6:14-23). No debemos interpretar “no le será perdonado” como sinónimo con “irá al infierno”. Si yo fuera a dar empleo a un hermano para hacer una obra en la construcción de la iglesia, y me doy cuenta de que está robando materiales, probablemente no le daría más oportunidad para trabajar en la construcción de la iglesia, pero eso no quiere decir que le excluiría de la comunión de la iglesia, o que él dejaría de ser mi amigo.
En segundo lugar, los padres de la iglesia conocían el corazón perdonador y misericordioso de Dios. Sabían de las Escrituras que “el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias” (Lam 3:31-32). Que Él “no contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo” (Salmo 103:9), y que “para siempre es su misericordia” (Salmo 107:1). Que “Él es misericordioso y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo” (Joel 2:13 RVG). Vemos en las Escrituras múltiples ejemplos donde Dios, en su misericordia, se arrepintió del castigo declarado contra personas, y los padres de la Iglesia no tenían motivo de pensar que Dios se había cambiado.
Un ejemplo es el caso de la ciudad de Nínive. La palabra de Dios declarada contra Nínive fue: “De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4). Pero cuando el pueblo de Nínive se arrepintió, Dios se arrepintió del castigo que había declarado contra Nínive. Cuando Jonás se dio cuenta de que Dios se había arrepentido del mal declarado contra Nínive, se molestó en gran manera y le dijo a Dios: “sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal” (Jonás 4:2). Jonás y la Iglesia primitiva reconocían algo de la naturaleza de Dios que la Iglesia tradicional de hoy todavía necesita redescubrir: que Dios es grande en misericordia y que se arrepiente del mal.
Otro ejemplo es el caso de Conías (Jeconías cf. 1Cron 3:17). Dios hizo un juramento contra él, diciendo que ninguno de su descendencia lograría sentarse sobre el trono de David.
“Vivo yo, dice Jehová, que si Conías hijo de Joacim rey de Judá fuera anillo en mi mano derecha, aun de allí te arrancaría… 27 Y a la tierra a la cual ellos con toda el alma anhelan volver, allá no volverán… 30 Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá.” (Jer 22:24,27,30)
Vemos cómo Dios juró que ninguno de su descendencia lograría sentarse sobre el trono de David, y que, aún si Conías fuera el anillo en Su mano derecha, de allí lo arrancaría. Hasta lo declaró privado de descendencia. Esas palabras no daban ningunas esperanzas de que los descendientes de Conías reinarían jamás en Judá. Pero, ¿Se cumplió la maldición contra él y sus descendientes, o se arrepintió Dios del castigo pronunciado? Conías fue llevado cautivo a Babilonia y allí murió. Pero cuando se cumplieron los 70 años de cautiverio, y el rey Ciro permitió a los judíos volver a Jerusalén, el nieto de Conías, Zorobabel (c.f. 1Cron 3:17-19), fue puesto por Dios sobre Judá. Dios en su misericordia se arrepintió del castigo que había declarado contra Conías y su descendencia. Dios profetizó por medio de Hageo diciéndole que iba a devolver toda la bendición y autoridad sobre Judá que su abuelo había perdido:
“Vino por segunda vez palabra de Jehová a Hageo, a los veinticuatro días del mismo mes, diciendo: 21 Habla a Zorobabel gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra; 22 y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de las naciones; trastornaré los carros y los que en ellos suben, y vendrán abajo los caballos y sus jinetes, cada cual por la espada de su hermano. 23 En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos.” (Hageo 2:20-23)
Aquí podemos ver que Dios de verdad es un Dios lleno de misericordia y que se arrepienta del castigo. A Conías le dijo claramente que como un anillo de su mano derecha lo iba a arrancar de su trono y que ninguno de su descendencia lograría sentarse sobre el trono de David. Ahora unos 70 años después dijo a su nieto: “Yo te escogí, y te pondré como anillo de sellar”. Esta declaración es lo opuesto a la declaración contra Conías, su abuelo, 70 años antes.
Los padres griegos antes de la influencia de San Agustín y la Iglesia institucionalizada todavía veían al Señor como el Dios misericordioso y clemente, tardo para la ira, y grande en misericordia, y que se arrepiente del castigo. Ellos todavía creían que la misericordia triunfa sobre el juicio. Sin embargo, la Iglesia romana bajo la supervisión de las autoridades gobernantes, cambiaron la cara de Dios e introdujeron al pueblo al dios cruel de la Época Oscura.
Entonces podemos ver que los padres griegos, leyendo estos textos en su forma original, no hubieran tenido problema aceptando la posibilidad del eventual perdón de todos los pecados, incluyendo la blasfemia del Espíritu Santo. Eso, combinado con un conocimiento del corazón perdonador de Dios, que Él no desecha para siempre y que es misericordioso y clemente y se arrepienta del castigo, lleva a uno a la conclusión de que no hay ningún pecado que no será perdonado; aún la blasfemia del Espíritu Santo.
Este blog es un exerto de mi libro El Triunfo de la Misericordia.
[1] Thomas Allin, Christ Triumphant
[2] Ibid
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Los Juicios Venideros de Dios
por George Sidney Hurd
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El propósito de este blog es responder a la afirmación de un número creciente de personas de que no habrá ningún juicio en el futuro. He visto esta creencia presentada en dos formas principales.
Por un lado, hay unos Progresivos que combinan los dichos de Jesús, “el Padre a nadie juzga,” y “Yo no juzgo a nadie” (Jn 5:22; 8:15), argumentando de estos que Dios jamás juzgará a nadie
Por otro lado, los Preteristas Plenos enseñan que todo lo profetizado en las Escrituras, incluyendo la Segunda Venida de Cristo, la resurrección de los muertos, el confinamiento de Satanás, la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra, e incluso el juicio final del Gran del Trono Blanco, todos fueron cumplidos en 70 d.C. cuando Jerusalén fue destruido por los ejércitos romanos.
Estas interpretaciones recientes (y enfatizo recientes) son muy atractivas para nuestra sociedad permisiva actual donde muchos, incluso los dentro de las iglesias, quieren salvación sin arrepentimiento, relación sin compromiso, y libertad sin responsabilidad.
“Dios no Juzga a Nadie”
Muchos Progresivos enseñan que Dios no directamente juzga a nadie, sino que cada persona se juzga a sí mismo al ver su vida pasar ante sus ojos al morir. Parece que este concepto fue popularizado por William Paul Young en su libro de mayor venta La Cabaña que salió en 2007. En La Cabaña, cuando llegó el momento del juicio para Mack, Jesús ni lo acompañó, sino que le dijo: “Tienes una cita importante… Yo te esperaré aquí.” [1] Cuando Mack entró en el lugar del juicio, él fue recibido por una mujer hermosa llamada Sabiduría que le dijo, “no eres tú quien será juzgado… ¡Serás el juez!” [2]
Como ya mencioné, para apoyar la idea que Dios no juzgará a nadie, sino que simplemente nos juzgamos a nosotros mismos, ellos a menudo citan las frases de dos pasajes distintas fuera de su contexto:
“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.” (Juan 5:22)
“Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie (tiempo presente).” (Juan 8:15)
Basado en estas dos frases, ellos concluyen que, como el Padre, que no juzga a nadie, ha dado todo juicio al Hijo, y el Hijo a Su vez dijo, “Yo no juzgo a nadie,” no tendremos que aparecer ante Dios para ser juzgados. William Paul Young expresa esto presentando a Cristo como simplemente diciéndole a Mack que el tenía una cita y que Él estaría esperándolo afuera. También citan Juan 12:47 que dice:
“Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo (tiempo presente); porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.”
Sin embargo, en Juan 8:15 y también en 12:47, Jesús no estaba hablando de un juicio escatológico que todos tenemos que enfrentar, sino que estaba refiriendo a los juicios que hacemos como personas en el presente. En este sentido, Jesús estaba diciendo que Él no estaba juzgando a nadie porque Su propósito en la encarnación no era juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
Esto de ninguna manera invalida el hecho de que el Padre ha encomendado todo juicio al Hijo y que viene el día del juicio cuando todos (incluyendo a los creyentes) tendrán que aparecer ante Él para rendir cuentas por los hechos cometidos en el cuerpo (Rom 14:10). Pablo dejó esto en claro en varias ocasiones:
“Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.” (Hch 10:42)
“por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó (Jesús), dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hch 17:31)
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.” (2 Tim 4:1)
Mientras que los creyentes justificados son resucitados en la primera resurrección de vida en vez de la resurrección de condenación 1.000 años después (Jn 5:29, cf., Apo 20:4-6), todos sin excepción tenemos que aparecer ante Cristo para rendir cuentas a Dios. Para los creyentes, su juicio es para galardones o la pérdida de ellos, en lugar de que sea un juicio penal. Examino la naturaleza del juicio de los creyentes con más detalle en mi blog: Galardones por las Buenas Obras. Sin embargo, es Dios a quien tenemos que rendir cuentas, no a nosotros mismos.
Aunque la noción de que uno no es responsable ante Dios es atractiva a muchos en esta generación, no tiene ninguna base escritural. Aún si uno fuera negar la autoridad de las Escrituras, diciendo que siguen a Jesús y no la Biblia, como hacen la mayoría de los Progresivos, aun así, están confrontados con las palabras de Jesús cuando dijo que la hora viene cuando Él tomará Su autoridad para juzgar a todos (Jn 5:26-29).
“El Juicio Final ya sucedió en el Año 70 d.C.”
El Preterismo Pleno, (especialmente sus variedades Universalistas), también es atractivo para los no arrepentidos, dado que interpretan las palabras de Jesús en Mateo 12:36-37 como si dijeran: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres (que viven en esta época del Antiguo Pacto), de ella darán cuenta en el día del juicio en el año 70 d.C.” Según ellos, cuando Pablo dijo que Dios ha puesto a Jesús por Juez de vivos y muertos (Hch 10:42), solo tenía relevancia a los que vivían antes del año 70 d.C., que, según ellos, marcaba el fin de la época del Antiguo Pacto. Pablo también hablaba de un juicio que incluía a todos los cristianos, diciendo:
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2Cor 5:10). “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Rom 14:12).
A pesar de lo que Pablo dice aquí, según los Preteristas Plenas, los cristianos hoy en día no tendrán que dar cuenta de sí mismo ante Dios porque Pablo en sus epístolas solamente estaba dirigiendo la palabra a creyentes bajo el Antiguo Pacto viviendo antes del juicio Preterista del año 70 d.C. Ellos dicen que el Juicio del Gran Trono Blanco ya sucedió en el año 70 d.C., y durante los últimos dos milenios hemos estado viviendo en los nuevos cielos y la nueva tierra y no hay ningún juicio esperando a nadie en el futuro, sean creyentes o no creyentes.
Hay más problemas con esta doctrina que puedo tratar en este blog. En primer lugar, aunque Israel fue juzgado por Dios y dejado desierto en el año 70 d.C., Cristo no vino personalmente para juzgar a Israel en ese tiempo, mucho menos para juzgar a todos los vivos y los muertos entre las naciones. Cuando de verdad Cristo viene la segunda vez, será para liberar a Israel, no para destruirla (Rom 11:25-28). Jesús dijo a Israel que no lo verían más hasta que digan: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23:39). Definitivamente eso no fue el caso en el año 70 d.C. Demuestro que la Segunda Venida de Cristo es aún futuro en mi blog: ¿Donde está la Promesa de Su Advenimiento? Como Sus juicios toman lugar en Su venida y en Su reinado, están futuros aún (2Tim 4:1).
Hay dos juicios que suceden cuando Él viene. Primero, hay el Tribunal de Cristo donde los creyentes reciben galardones por sus buenas obras (Rom 14:12; 3:11-15; Apo 22:12). No hay condenación alguna para los que están en Cristo y por lo tanto este juicio no es penal, como es para los impíos, sino para galardones o la pérdida de ellos. El resultado de este juicio es que cada uno recibirá su alabanza de Dios (1Cor 4:5).
El otro juicio que sucede cuando Él viene y se sienta sobre Su trono es el juicio de las naciones como descrito en Mateo 25:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.” (Mateo 25:31-32)
Esto no es el juicio de los creyentes, sino el juicio de los gentiles vivos entre las naciones que serán concedidos, o negados entrada en Su reino milenial, dependiendo de la manera en que trataban a los hermanos de Cristo en su tribulación. Los hermanos de Cristo serían todos los hijos de Dios nacidos de nuevo que estaban viviendo en ese tiempo de la gran tribulación, incluyendo a todo Israel que será salvo cuando lo miran a Él en Su venida (Rom 11:26; Zac 12:10, cf. Apo 1:7). Las ovejas no son del cuerpo de Cristo. Ellas no son concedidas entrada al reino basado en su fe en el evangelio, sino simplemente por haber tratado bien a los hermanos de Cristo. Ellos, junto con los judíos que creen, repoblarán la tierra durante el Milenio. Los cabritos serán negados entrada en el reino, siendo enviado al castigo o corrección eonian (κολασιν αιωνιον).
Ni el juicio de los cristianos, ni el juicio de las naciones, pueden ser demostrado haber sucedido en el año 70 d.C. La vida seguía como siempre en la Iglesia hasta que se unió con el Imperio Romano, hundiendo la Iglesia en la Época Oscura. Eso no es algo que anticiparíamos de una Iglesia que está reinando junto con Cristo sobre las naciones. Tampoco fueron separados las ovejas de los cabritos entre las naciones en el año 70 d.C. Después de casi 2.000 años hay tanta maldad en la tierra hoy como entonces, si no más.
Sin embargo, estos no son los únicos juicios que toman lugar después de que Cristo viene. En Apocalipsis 19 a 21 vemos que, después del retorno de Cristo, Satanás será atado por mil años en el abismo y los santos serán resucitados para reinar con Cristo sobre la tierra por mil años. Después de los mil años, Satanás será suelto de su prisión y engañarán las naciones que repoblarán la tierra durante el Milenio. Los que son engañados por Satanás se levantarán en una rebelión final contra Cristo y Sus santos y fuego bajara del cielo de Dios consumiéndolos.
Entonces todos que no eran de la primera resurrección cuando comenzó el reinado de Cristo, y también los que vivieron y murieron durante los mil años, serán resucitados para ser juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco. Todos aquellos cuyos nombres no se encuentran en el libro de vida serán lanzados al lago de fuego. Después de esto, vemos los nuevos cielos y la nueva tierra con la Nueva Jerusalén descendiendo sobre la nueva tierra. Dice de la nueva tierra:
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apo 21:4)
Según los Preteristas Plenos, casi dos milenios han pasado desde el Juicio del Gran Trono Blanco y la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. Sin embargo, la muerte todavía es universal, como es el llanto y el dolor. ¿Cómo puede uno con sano juicio creer que todo juicio ya pasó y estamos viviendo en la nueva tierra?
Tanto los Preteristas Plenos como los Preteristas Parciales intentan argumentar que el Milenio no debe ser entendido como durando literalmente 1.000 años. Los Preteristas Parciales, creyendo que el Juicio del Gran Trono Blanco es futuro todavía, tienen que estirar los 1.000 años, haciendo que durara miles de años. Por otro lado, los Preteristas Plenos tienen que encoger los 1.000 años a un período de tiempo absurdamente corto, tomando en cuenta que las Escrituras lo llaman 1.000 años.
Como los Preteristas Plenos argumentan que el Juicio del Gran Trono Blanco ocurrió en o alrededor del año 70 d.C., ellos de alguna manera tienen que lograr que los mil años se encajen dentro de ese tiempo. Algunos argumentan que los 1.000 años son los 38 años entre la ascensión de Cristo y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Otros toman los 1.000 años como el lapso de 3 años entre la destrucción de Jerusalén y la caída de Masada en el año 73 d.C. Y hay otros que estiran los 1.000 para extender del año 70 hasta 135 d.C., cuando la rebelión Bar Kojba fue derrocado.
Sin embargo, debe ser obvio a cualquiera mente razonable que ningunas de estas rebeliones judías derrocados por los ejércitos romanos son comparables con el Juicio del Gran Trono Blanco descrito en Apocalipsis 21. Hay mucha diferencia entre el ejército romano derrocando una rebelión judía y el Juicio del Gran Trono Blanco donde todos los muertos, pequeños y grandes, aparecen ante el Juez de toda la tierra, siendo juzgados según sus obras.
No hay justificación alguna por no entender las referencias de 1.000 años en las Escrituras como literalmente durando 1.000 años. Los Preteristas a menudo citan ejemplos donde el número 1.000 se usa de una manera no literal. Para demostrar que 1.000 puede significar menos que 1.000 los Preteristas Plenos a menudo citan 1Samuel 18:7 donde las damas de Israel cantaban después de que David había matado a Goliat. Ellas cantaban, “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles.” Argumentan que, como dice que David hirió a miles cuando en realidad él solamente mató a Goliat, tampoco debemos de tomar las referencias al reinado de 1.000 años literalmente.
Por otro lado, los Preteristas Parciales que quieren estirar a los 1.000 años a cubrir varios milenios, citan ciertos Salmos que aparentan presentar el número 1.000 como implicando un número más grande. Por ejemplo, un Preterista Parcial dice:
“Otro ejemplo es el dicho que Dios es el dueño del ganado sobre mil colinas (cf. Sal 50:10). En realidad, Dios es el dueño de todos los animales en todos los collados del planeta, pero para el lector judío, ¡usando el número mil no estaba limitando la cantidad de animales que pertenecen a Dios! Un tercer ejemplo es el versículo: “mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos... (Sal 84:10). Entendido de forma literal, este versículo significaría que 1.001 días en otro lado sería mejor que un día en la casa de Dios. Obviamente, eso no era el mensaje del salmista.” [3]
Sin embargo, lo que los Preteristas no toman en cuenta es que estos son ejemplos de prosa poética donde todos que los leen inmediatamente saben que no deben de ser entendidos de manera literal. Por otro lado, el número 1.000 sería entendido con una exactitud literal para un judío si tuviera referencia a cosas específicas como cuánto ganado tiene, cantidades monetarias, medidas y unidades, un censo o un período de tiempo en el calendario, como vemos con la duración del reinado de Cristo en la Tierra.
Daniel entendió los 70 años de la cautividad babilónica literalmente y fue cumplido literalmente después de los 70 años. De hecho, no hay ni una instancia en las Escrituras donde los judíos entendieron períodos de tiempo especificados en un sentido no literal. Los mismos Preteristas argumentan por un cumplimiento literal de la profecía de 1.250 días, diciendo que era el tiempo exacto que duró el asedio de Jerusalén, entre los años 66 y 70 d.C.
Adicionalmente, los Padres de la Iglesia Primitiva, que hablaban en el griego original del Nuevo Testamento, entendieron tanto los 1.260 días, como también el reinado de 1.000 años de Cristo, en forma literal como demuestro en mi blog: El Futurismo Premilenario – La Creencia de la Iglesia Primitiva, y también en mi libro: Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes? ¿Qué autoridad más fiable existe que los Padres Primitivos de habla griego para determinar cómo debemos de entender la referencia a los 1.000 años?
Claramente, no hay manera razonable que uno puede interpretar las Escrituras usando una hermenéutica normal y literaria y llegar a la conclusión de que todos los juicios ya pasaron y estamos viviendo en los nuevos cielos y la nueva tierra. Si, en vez de interpretar las Escrituras de una manera normal, uno recurre a la práctica de espiritualizar y alegorizar el sentido obvio y claro de la Escritura, es posible lograr que la Biblia aparente decir cualquier cosa que uno desea, pero no cambiará el hecho de que el día vendrá cuando Cristo literalmente juzgará los vivos y los muertos en Su venida y Su reino (2Tim 4:1). Decir a los no arrepentidos otra cosa es una omisión grave, para decir lo menos (Eze 3:18-19).
Es fácil ver porqué las interpretaciones Preteristas y Progresivas están llegando a ser tan populares en nuestra cultura Postmoderna, a pesar del hecho de que no tienen ninguna fundación bíblica sólida. Es porque ofrecen salvación sin arrepentimiento, relación sin compromiso y libertad sin responsabilidad. De la misma manera que los falsos profetas hablaban palabras suaves de paz y prosperidad a Israel cuando en realidad Dios estaba a punto de juzgarlos por sus pecados, demasiado a menudo los maestros hoy en día no dicen a los no arrepentidos lo que necesitan oír, sino nada más lo que quieren oír.
Para concluir, quiero dejar mis lectores (particularmente los que se consideren maestros espirituales) con las instrucciones le dio Pablo a Timoteo a la luz del hecho de que Cristo va a juzgar los vivos y los muertos en Su venida y en Su reino porque creo que son muy relevantes para los tiempos que estamos viviendo:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2Tim 4:1-5)
[1] Young, William P. La Cabaña. p. 160
[2] Young, William P. La Cabaña. p. 167
[3] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 5374-5385). BookBaby. Kindle Edition.
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El propósito de este blog es responder a la afirmación de un número creciente de personas de que no habrá ningún juicio en el futuro. He visto esta creencia presentada en dos formas principales.
Por un lado, hay unos Progresivos que combinan los dichos de Jesús, “el Padre a nadie juzga,” y “Yo no juzgo a nadie” (Jn 5:22; 8:15), argumentando de estos que Dios jamás juzgará a nadie
Por otro lado, los Preteristas Plenos enseñan que todo lo profetizado en las Escrituras, incluyendo la Segunda Venida de Cristo, la resurrección de los muertos, el confinamiento de Satanás, la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra, e incluso el juicio final del Gran del Trono Blanco, todos fueron cumplidos en 70 d.C. cuando Jerusalén fue destruido por los ejércitos romanos.
Estas interpretaciones recientes (y enfatizo recientes) son muy atractivas para nuestra sociedad permisiva actual donde muchos, incluso los dentro de las iglesias, quieren salvación sin arrepentimiento, relación sin compromiso, y libertad sin responsabilidad.
“Dios no Juzga a Nadie”
Muchos Progresivos enseñan que Dios no directamente juzga a nadie, sino que cada persona se juzga a sí mismo al ver su vida pasar ante sus ojos al morir. Parece que este concepto fue popularizado por William Paul Young en su libro de mayor venta La Cabaña que salió en 2007. En La Cabaña, cuando llegó el momento del juicio para Mack, Jesús ni lo acompañó, sino que le dijo: “Tienes una cita importante… Yo te esperaré aquí.” [1] Cuando Mack entró en el lugar del juicio, él fue recibido por una mujer hermosa llamada Sabiduría que le dijo, “no eres tú quien será juzgado… ¡Serás el juez!” [2]
Como ya mencioné, para apoyar la idea que Dios no juzgará a nadie, sino que simplemente nos juzgamos a nosotros mismos, ellos a menudo citan las frases de dos pasajes distintas fuera de su contexto:
“Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo.” (Juan 5:22)
“Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie (tiempo presente).” (Juan 8:15)
Basado en estas dos frases, ellos concluyen que, como el Padre, que no juzga a nadie, ha dado todo juicio al Hijo, y el Hijo a Su vez dijo, “Yo no juzgo a nadie,” no tendremos que aparecer ante Dios para ser juzgados. William Paul Young expresa esto presentando a Cristo como simplemente diciéndole a Mack que el tenía una cita y que Él estaría esperándolo afuera. También citan Juan 12:47 que dice:
“Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo (tiempo presente); porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.”
Sin embargo, en Juan 8:15 y también en 12:47, Jesús no estaba hablando de un juicio escatológico que todos tenemos que enfrentar, sino que estaba refiriendo a los juicios que hacemos como personas en el presente. En este sentido, Jesús estaba diciendo que Él no estaba juzgando a nadie porque Su propósito en la encarnación no era juzgar al mundo, sino a salvar al mundo.
Esto de ninguna manera invalida el hecho de que el Padre ha encomendado todo juicio al Hijo y que viene el día del juicio cuando todos (incluyendo a los creyentes) tendrán que aparecer ante Él para rendir cuentas por los hechos cometidos en el cuerpo (Rom 14:10). Pablo dejó esto en claro en varias ocasiones:
“Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.” (Hch 10:42)
“por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó (Jesús), dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.” (Hch 17:31)
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino.” (2 Tim 4:1)
Mientras que los creyentes justificados son resucitados en la primera resurrección de vida en vez de la resurrección de condenación 1.000 años después (Jn 5:29, cf., Apo 20:4-6), todos sin excepción tenemos que aparecer ante Cristo para rendir cuentas a Dios. Para los creyentes, su juicio es para galardones o la pérdida de ellos, en lugar de que sea un juicio penal. Examino la naturaleza del juicio de los creyentes con más detalle en mi blog: Galardones por las Buenas Obras. Sin embargo, es Dios a quien tenemos que rendir cuentas, no a nosotros mismos.
Aunque la noción de que uno no es responsable ante Dios es atractiva a muchos en esta generación, no tiene ninguna base escritural. Aún si uno fuera negar la autoridad de las Escrituras, diciendo que siguen a Jesús y no la Biblia, como hacen la mayoría de los Progresivos, aun así, están confrontados con las palabras de Jesús cuando dijo que la hora viene cuando Él tomará Su autoridad para juzgar a todos (Jn 5:26-29).
“El Juicio Final ya sucedió en el Año 70 d.C.”
El Preterismo Pleno, (especialmente sus variedades Universalistas), también es atractivo para los no arrepentidos, dado que interpretan las palabras de Jesús en Mateo 12:36-37 como si dijeran: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres (que viven en esta época del Antiguo Pacto), de ella darán cuenta en el día del juicio en el año 70 d.C.” Según ellos, cuando Pablo dijo que Dios ha puesto a Jesús por Juez de vivos y muertos (Hch 10:42), solo tenía relevancia a los que vivían antes del año 70 d.C., que, según ellos, marcaba el fin de la época del Antiguo Pacto. Pablo también hablaba de un juicio que incluía a todos los cristianos, diciendo:
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2Cor 5:10). “De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Rom 14:12).
A pesar de lo que Pablo dice aquí, según los Preteristas Plenas, los cristianos hoy en día no tendrán que dar cuenta de sí mismo ante Dios porque Pablo en sus epístolas solamente estaba dirigiendo la palabra a creyentes bajo el Antiguo Pacto viviendo antes del juicio Preterista del año 70 d.C. Ellos dicen que el Juicio del Gran Trono Blanco ya sucedió en el año 70 d.C., y durante los últimos dos milenios hemos estado viviendo en los nuevos cielos y la nueva tierra y no hay ningún juicio esperando a nadie en el futuro, sean creyentes o no creyentes.
Hay más problemas con esta doctrina que puedo tratar en este blog. En primer lugar, aunque Israel fue juzgado por Dios y dejado desierto en el año 70 d.C., Cristo no vino personalmente para juzgar a Israel en ese tiempo, mucho menos para juzgar a todos los vivos y los muertos entre las naciones. Cuando de verdad Cristo viene la segunda vez, será para liberar a Israel, no para destruirla (Rom 11:25-28). Jesús dijo a Israel que no lo verían más hasta que digan: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23:39). Definitivamente eso no fue el caso en el año 70 d.C. Demuestro que la Segunda Venida de Cristo es aún futuro en mi blog: ¿Donde está la Promesa de Su Advenimiento? Como Sus juicios toman lugar en Su venida y en Su reinado, están futuros aún (2Tim 4:1).
Hay dos juicios que suceden cuando Él viene. Primero, hay el Tribunal de Cristo donde los creyentes reciben galardones por sus buenas obras (Rom 14:12; 3:11-15; Apo 22:12). No hay condenación alguna para los que están en Cristo y por lo tanto este juicio no es penal, como es para los impíos, sino para galardones o la pérdida de ellos. El resultado de este juicio es que cada uno recibirá su alabanza de Dios (1Cor 4:5).
El otro juicio que sucede cuando Él viene y se sienta sobre Su trono es el juicio de las naciones como descrito en Mateo 25:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.” (Mateo 25:31-32)
Esto no es el juicio de los creyentes, sino el juicio de los gentiles vivos entre las naciones que serán concedidos, o negados entrada en Su reino milenial, dependiendo de la manera en que trataban a los hermanos de Cristo en su tribulación. Los hermanos de Cristo serían todos los hijos de Dios nacidos de nuevo que estaban viviendo en ese tiempo de la gran tribulación, incluyendo a todo Israel que será salvo cuando lo miran a Él en Su venida (Rom 11:26; Zac 12:10, cf. Apo 1:7). Las ovejas no son del cuerpo de Cristo. Ellas no son concedidas entrada al reino basado en su fe en el evangelio, sino simplemente por haber tratado bien a los hermanos de Cristo. Ellos, junto con los judíos que creen, repoblarán la tierra durante el Milenio. Los cabritos serán negados entrada en el reino, siendo enviado al castigo o corrección eonian (κολασιν αιωνιον).
Ni el juicio de los cristianos, ni el juicio de las naciones, pueden ser demostrado haber sucedido en el año 70 d.C. La vida seguía como siempre en la Iglesia hasta que se unió con el Imperio Romano, hundiendo la Iglesia en la Época Oscura. Eso no es algo que anticiparíamos de una Iglesia que está reinando junto con Cristo sobre las naciones. Tampoco fueron separados las ovejas de los cabritos entre las naciones en el año 70 d.C. Después de casi 2.000 años hay tanta maldad en la tierra hoy como entonces, si no más.
Sin embargo, estos no son los únicos juicios que toman lugar después de que Cristo viene. En Apocalipsis 19 a 21 vemos que, después del retorno de Cristo, Satanás será atado por mil años en el abismo y los santos serán resucitados para reinar con Cristo sobre la tierra por mil años. Después de los mil años, Satanás será suelto de su prisión y engañarán las naciones que repoblarán la tierra durante el Milenio. Los que son engañados por Satanás se levantarán en una rebelión final contra Cristo y Sus santos y fuego bajara del cielo de Dios consumiéndolos.
Entonces todos que no eran de la primera resurrección cuando comenzó el reinado de Cristo, y también los que vivieron y murieron durante los mil años, serán resucitados para ser juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco. Todos aquellos cuyos nombres no se encuentran en el libro de vida serán lanzados al lago de fuego. Después de esto, vemos los nuevos cielos y la nueva tierra con la Nueva Jerusalén descendiendo sobre la nueva tierra. Dice de la nueva tierra:
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron.” (Apo 21:4)
Según los Preteristas Plenos, casi dos milenios han pasado desde el Juicio del Gran Trono Blanco y la creación de los nuevos cielos y la nueva tierra. Sin embargo, la muerte todavía es universal, como es el llanto y el dolor. ¿Cómo puede uno con sano juicio creer que todo juicio ya pasó y estamos viviendo en la nueva tierra?
Tanto los Preteristas Plenos como los Preteristas Parciales intentan argumentar que el Milenio no debe ser entendido como durando literalmente 1.000 años. Los Preteristas Parciales, creyendo que el Juicio del Gran Trono Blanco es futuro todavía, tienen que estirar los 1.000 años, haciendo que durara miles de años. Por otro lado, los Preteristas Plenos tienen que encoger los 1.000 años a un período de tiempo absurdamente corto, tomando en cuenta que las Escrituras lo llaman 1.000 años.
Como los Preteristas Plenos argumentan que el Juicio del Gran Trono Blanco ocurrió en o alrededor del año 70 d.C., ellos de alguna manera tienen que lograr que los mil años se encajen dentro de ese tiempo. Algunos argumentan que los 1.000 años son los 38 años entre la ascensión de Cristo y la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Otros toman los 1.000 años como el lapso de 3 años entre la destrucción de Jerusalén y la caída de Masada en el año 73 d.C. Y hay otros que estiran los 1.000 para extender del año 70 hasta 135 d.C., cuando la rebelión Bar Kojba fue derrocado.
Sin embargo, debe ser obvio a cualquiera mente razonable que ningunas de estas rebeliones judías derrocados por los ejércitos romanos son comparables con el Juicio del Gran Trono Blanco descrito en Apocalipsis 21. Hay mucha diferencia entre el ejército romano derrocando una rebelión judía y el Juicio del Gran Trono Blanco donde todos los muertos, pequeños y grandes, aparecen ante el Juez de toda la tierra, siendo juzgados según sus obras.
No hay justificación alguna por no entender las referencias de 1.000 años en las Escrituras como literalmente durando 1.000 años. Los Preteristas a menudo citan ejemplos donde el número 1.000 se usa de una manera no literal. Para demostrar que 1.000 puede significar menos que 1.000 los Preteristas Plenos a menudo citan 1Samuel 18:7 donde las damas de Israel cantaban después de que David había matado a Goliat. Ellas cantaban, “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles.” Argumentan que, como dice que David hirió a miles cuando en realidad él solamente mató a Goliat, tampoco debemos de tomar las referencias al reinado de 1.000 años literalmente.
Por otro lado, los Preteristas Parciales que quieren estirar a los 1.000 años a cubrir varios milenios, citan ciertos Salmos que aparentan presentar el número 1.000 como implicando un número más grande. Por ejemplo, un Preterista Parcial dice:
“Otro ejemplo es el dicho que Dios es el dueño del ganado sobre mil colinas (cf. Sal 50:10). En realidad, Dios es el dueño de todos los animales en todos los collados del planeta, pero para el lector judío, ¡usando el número mil no estaba limitando la cantidad de animales que pertenecen a Dios! Un tercer ejemplo es el versículo: “mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos... (Sal 84:10). Entendido de forma literal, este versículo significaría que 1.001 días en otro lado sería mejor que un día en la casa de Dios. Obviamente, eso no era el mensaje del salmista.” [3]
Sin embargo, lo que los Preteristas no toman en cuenta es que estos son ejemplos de prosa poética donde todos que los leen inmediatamente saben que no deben de ser entendidos de manera literal. Por otro lado, el número 1.000 sería entendido con una exactitud literal para un judío si tuviera referencia a cosas específicas como cuánto ganado tiene, cantidades monetarias, medidas y unidades, un censo o un período de tiempo en el calendario, como vemos con la duración del reinado de Cristo en la Tierra.
Daniel entendió los 70 años de la cautividad babilónica literalmente y fue cumplido literalmente después de los 70 años. De hecho, no hay ni una instancia en las Escrituras donde los judíos entendieron períodos de tiempo especificados en un sentido no literal. Los mismos Preteristas argumentan por un cumplimiento literal de la profecía de 1.250 días, diciendo que era el tiempo exacto que duró el asedio de Jerusalén, entre los años 66 y 70 d.C.
Adicionalmente, los Padres de la Iglesia Primitiva, que hablaban en el griego original del Nuevo Testamento, entendieron tanto los 1.260 días, como también el reinado de 1.000 años de Cristo, en forma literal como demuestro en mi blog: El Futurismo Premilenario – La Creencia de la Iglesia Primitiva, y también en mi libro: Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes? ¿Qué autoridad más fiable existe que los Padres Primitivos de habla griego para determinar cómo debemos de entender la referencia a los 1.000 años?
Claramente, no hay manera razonable que uno puede interpretar las Escrituras usando una hermenéutica normal y literaria y llegar a la conclusión de que todos los juicios ya pasaron y estamos viviendo en los nuevos cielos y la nueva tierra. Si, en vez de interpretar las Escrituras de una manera normal, uno recurre a la práctica de espiritualizar y alegorizar el sentido obvio y claro de la Escritura, es posible lograr que la Biblia aparente decir cualquier cosa que uno desea, pero no cambiará el hecho de que el día vendrá cuando Cristo literalmente juzgará los vivos y los muertos en Su venida y Su reino (2Tim 4:1). Decir a los no arrepentidos otra cosa es una omisión grave, para decir lo menos (Eze 3:18-19).
Es fácil ver porqué las interpretaciones Preteristas y Progresivas están llegando a ser tan populares en nuestra cultura Postmoderna, a pesar del hecho de que no tienen ninguna fundación bíblica sólida. Es porque ofrecen salvación sin arrepentimiento, relación sin compromiso y libertad sin responsabilidad. De la misma manera que los falsos profetas hablaban palabras suaves de paz y prosperidad a Israel cuando en realidad Dios estaba a punto de juzgarlos por sus pecados, demasiado a menudo los maestros hoy en día no dicen a los no arrepentidos lo que necesitan oír, sino nada más lo que quieren oír.
Para concluir, quiero dejar mis lectores (particularmente los que se consideren maestros espirituales) con las instrucciones le dio Pablo a Timoteo a la luz del hecho de que Cristo va a juzgar los vivos y los muertos en Su venida y en Su reino porque creo que son muy relevantes para los tiempos que estamos viviendo:
“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,
2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2Tim 4:1-5)
[1] Young, William P. La Cabaña. p. 160
[2] Young, William P. La Cabaña. p. 167
[3] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 5374-5385). BookBaby. Kindle Edition.
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6Es la destruccin de uno el fin de su existencia?
por George Sidney Hurd
Hay mucha confusión entre los cristianos en cuanto al significado de la palabra “destrucción” en las Escrituras. Los Tradicionalistas no lo entienden como siendo realmente destruido o la destrucción, dado que, para ellos, el proceso de la destrucción o tormento nunca termina.
Los Condicionalistas creen que significa la “aniquilación” o cesión total de la existencia, de manera semejante a la creencia de los materialistas seculares. Sin embargo, como espero demostrar en este blog, cuando uno examina las Escrituras más cuidosamente, descubrirán que la destrucción no es una condición final, sino más bien un proceso necesario que uno necesita pasar para después ser restaurado como parte de la nueva creación de Dios, así como han creído los cristianos Restauracionistas desde los primeros siglos de la historia de la Iglesia.[1] Este blog fue tomado de mi libro, ¿Exterminación o Restauración?
Definiendo la Palabra “Destrucción”
Las palabras griegas “apólumi,” “ólethros” and “apoleia” son traducidas de varias maneras en el Nuevo Testamento, dependiendo del contexto. Kittel’s léxico de 10 tomas ilustra extensivamente lo que la palabra apólumi significa en diferentes contextos. Él presenta 4 significados relacionados, pero distintos en el Nuevo Testamento. Pueden ser resumidos como: 1, “destruir o matar” 2, “perder o sufrir la pérdida de.” Cuando apólumi se usa en la voz media combina el significado 1, “destruir o matar” con el significado 2, “perder o sufrir pérdida de,” resultando en el significado 3, “perecerse” o “perderse la vida,” y finalmente el significado 4, “estar perdido.” [2] Vines define ólethros como “ruina o destrucción,” y apoleia como “la pérdida de bienestar, no de la existencia misma.” [3]
Vamos a examinar varios versículos donde estas palabras aparecen en su contexto, pero ninguna de estas palabras por definición habla de la cesación de la existencia de uno, o una aniquilación total. De hecho, como veremos, su contexto a menudo niega la aniquilación. Un buen ejemplo es cuando los Fariseos tomaron consejo con los herodianos contra Jesús para destruirle (apolumi) (Marcos 3:6). Como los Fariseos creían en la existencia consciente de los muertos, es obvio que solo pensaban matar su cuerpo, quitándolo de la tierra de los vivientes. Como demuestro con más detalle en mi libro, ¿Exterminación o Restauración?, la muerte física no es el fin de la existencia de uno. Cuando crucificaron a Jesús, Él de verdad murió. Sin embargo, Su cuerpo fue preservado en el sepulcro y Su alma no fue abandonado en el hades, y el tercer día Él resucitó de entre los muertos.
Aun cuando apólumi y sus afines son mejor traducidos como “destruir” que “perder,” normalmente no se refieren a la depravación de vida, como con la palabra “matar,” aun cuando una persona muere como resultado de ser destruido. Hay otras palabras que específicamente tienen referencia a matar a alguien que mejor expresan la depravación de vida, como “matar o degollar” (katasphato) (Lucas 19:27, “matar” (anaireo) (Lucas 22:2), “matar” (apokteino) (Mt 10:28). En cambio, destruir a alguien no siempre significa matarlos. Aunque el grupo de palabras apólumi tiene muchas variaciones de significado, desde simplemente estar perdido, a literalmente matar a alguien, el significado fundamental es de privar algo o alguien de su propósito intencionado. Por este motivo Vines dice acerca de apólumi: “La idea expresada no es de extinción sino de ruina, pérdida – no de la existencia sino del bienestar. Esto es evidente por su uso, como, ej., de los odres que se pierden, Lucas 5:37; de las ovejas perdidas, i.e., perdidas para el pastor, metafóricamente de la destitución espiritual, Lucas 15:4,6, etc.; el hijo perdido, 15:24; de la comida que perece, Juan 6:27; de oro, 1 Pedro 1:7.” [4]
El Salvador de los Perdidos
Uno de los muchos ejemplos donde apólumi no significa la muerte es el caso del hijo Pródigo. Él desperdició su herencia, viviendo perdidamente hasta quedar destituido. Cuando volvió a la casa de su padre fue recibido con los abrazos y besos de su padre. Su padre dijo: “comamos y hagamos fiesta; 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido (apólumi), y es hallado” (Lucas 15:23-24). El hijo se había perdido o destruido y sin embargo no murió. De la misma manera, podemos hablar de destruir a alguien, o de uno siendo destruido o destruyéndose a sí mismo en cuanto a su reputación, sus finanzas, su salud, etc. Sin embargo, al decir que están destruidos no queremos decir que estén muertos o que hayan dejado de existir.
Apólumi es utilizado en referencia a lo que está perdido de su dueño, pero sin embargo sigue viviendo. Por ejemplo, Jesús comparó a los pecadores perdidos que Él ama, con Sus ovejas perdidas:
“¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde (apólumi) una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió (apólumi), hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido (apólumi).” (Lucas 15:4-6)
¡Es obvio que Jesús no está diciendo aquí que el pastor hizo celebración porque había encontrado su oveja muerta! La parábola de la oveja perdida es una de una serie de 5 parábolas que Jesús contó en respuesta a la queja de los Fariseos y los escribas de que Él estaba recibiendo a los pecadores:
“Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come.” (Lucas 15:1-2)
Las 5 parábolas son: 1) la oveja perdida, 2) la moneda perdida 3) el hijo Prodigo perdido 4) el mayordomo infiel y 5) el hombre rico y Lázaro. Todos son, de una manera u otra, dirigidos contra los escribas y fariseos que se consideraban justos y despreciaban a los demás pecadores. En las primeras 3 parábolas, Jesús repite la palabra apólumi 8 veces y en cada instancia Él revela Su corazón hacia los pecadores perdidos que Él vino a salvar y por lo tanto estaba recibiendo. Jesús, en otra ocasión, declaró lo que era Su misión cuando se auto-invitó a la casa de un despreciado cobrador de impuestos, Zaqueo, diciendo:
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar (sozo) lo que se había perdido (apolumi).” (Lucas19:10).
Yo creo que, tanto el Tradicionalista como los Aniquilacionistas, necesitan una revelación nueva y fresca del corazón y misión de Dios en enviar a Su Hijo al mundo de la humanidad perdida. Creo que Jesús diría a algunos lo mismo que dijo a los “hijos de trueno”: “Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; 56 porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder (o “destruir” apólumi) las almas de los hombres, sino para salvarlas (sozo).” (Lucas 9:55,56)
Por aplicar erróneamente el concepto platónico de la eternidad a las palabras olam, aión, y aionios, que expresan el concepto de tiempo, como si hablaran de la eternidad, en vez de época duradera o eonia, como los autores de las Escrituras obviamente las entendían, [5] los Tradicionalistas y Aniquilacionistas no pueden ver que el plan de Dios para las épocas es salvar a los hombres y no destruirlos. No logran ver que finalmente Cristo de verdad cumplirá Su misión de buscar y salvar a todos los perdidos. Al insistir que Él finalmente no logra salvar la mayoría de los perdidos, ellos presentan a Jesús como salvando proporcionalmente solamente a una oveja y eternamente dando por perdidas a las 99.
Pero Jesús dijo que dejaría a las 99 seguras e iría “tras la que se perdió, hasta encontrarla” (Lucas 15:4). Jesús no dijo: “hasta, o vuelva a encontrar el redil, o es encontrada antes de morir” como creen los Parcialistas. Él dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré (lit. “arrastraré”) a mí mismo” (Juan 12:32). No es hasta que la última oveja haya sido encontrada y la última rodilla doblada, sometiéndose a Él, que Él dejaría de buscar y salvar a los perdidos. Al llegar ese momento, ya no habrá ni un alma perdida, porque Él habrá atraído a todos a Sí mismo, resultando en que Dios sea todo en todos (1Cor 15:28).
Dios no llega a ser todo en todos por redefinir a “todos” a solo significar a unos pocos, como hacen los Tradicionalistas; ni tampoco por exterminar a los perdidos como los Aniquilacionistas dicen que Él hará, sino por buscar y salvar a los perdidos (apólumi). La perdición y la destrucción no son eternas. Puede que sea eonia para algunos, pero no puede ser eterno, porque Cristo está comprometido con cumplir Su misión a buscar y salvar a todos los perdidos, hasta la última oveja perdida.
Ahora son muchos los que andan por la senda ancha que lleva a la destrucción (apoleia). Para ellos la pérdida será grande. Ellos serán excluidos de la gloria de Su presencia, consignados a una destrucción eonia, sufriendo daño de la segunda muerte en el lago de fuego. Sin embargo, la destrucción no es perpetua sino eonia, y no es de su persona, sino de su carne. Serán juzgados cada uno según sus obras, recibiendo su parte o porción en el lago purificador de fuego y azufre, sin poder salir hasta cumplir su parte. Para algunos serán muchos azotes y para otros pocos, pero ninguno recibirá azotes perpetuos como tradicionalmente ha sido enseñado (Mt 5:26; Lucas 12:47,59).
Así que, aunque sea por el fuego, Cristo finalmente salvará aún a los que escogieron el camino ancho a la perdición. En el discurso paralelo del evangelio de Lucas vemos que, así como las puertas de la Nueva Jerusalén nunca estarán cerradas y los de afuera están invitados a lavar sus ropas para así poder entrar, Jesús dice en Lucas que, después de un tiempo de separación y exclusión, “vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. 30 Y he aquí, hay postreros que serán primeros (protos), y primeros que serán postreros (eschatos)” (Lucas 13:29,30 cf. Apo 21:25; 22:14,17).
Aunque habrá algunos que entrarán antes, como las rameras y los cobradores de impuestos, mientras los Fariseos y todos los que confían en su propia justicia serán escatológicamente los postreros, finalmente ellos también entrarán, y habrá un solo rebaño y un Pastor - no porque Cristo habrá aniquilado a los perdidos, sino porque Él persistirá en buscar y salvar a los perdidos hasta que la última oveja perdida sea salva y sana en el redil (Juan 10:16).
De hecho, un requisito para ser salvo es darnos cuenta de que estamos perdidos o destruidos (apólumi). Es por eso que, cuando los Fariseos les preguntaron a los discípulos de Cristo: “¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?” Jesús les dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mt 9:11-13). Pienso que los Tradicionalistas y Aniquilacionistas harían bien en meditar sobre estas palabras porque revelan el corazón del Señor hacia sus ovejas perdidas.
Tan fácilmente olvidamos que nosotros también alguna vez éramos pecadores perdidos, y solamente somos salvos ahora porque Jesús nos buscó y nos salvó. Tenemos que reconocer que no somos más merecedores de haber sido rescatados que los demás perdidos. ¿Por qué debemos pensar que Él nos salvó, y sin embargo no salvará al resto de los perdidos, sabiendo que Él no hace acepción de personas? En realidad, los Fariseos que estaban satisfechos con su propia justicia fueron pasados por alto por Jesús porque Él no vino a llamar a los que siguen pensando que son justos, sino a los pecadores perdidos que se han dado cuenta de su estado perdido y su necesidad de ser salvos.
Es por eso que Jesús dijo a los Fariseos: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mt 21:31). No es que jamás entrarán, sino que los que temprano reconocen que están perdidos y en necesidad de un Salvador entrarán antes que ellos. Jesús está buscando a los perdidos para salvarlos, pero Él pasa por alto a los que piensan que no están perdidos y necesitados, así como hizo con los Fariseos, hasta llegar al momento en que estén dispuestos a recibirlo como Su Salvador.
No es que Jesús tenga dificultad de encontrar a los perdidos, sino que Él espera hasta que estén listos para la salvación. Al llegar al Amazonas de Colombia, descubrí muchas frutas tropicales ricas que jamás había probado antes. Pero tuve que aprender a distinguir entre las maduras y las que necesitaban permanecer un tiempo más en el árbol antes de cosecharlas. Arranqué algunas del árbol, pensando que madurarían solas después, pero nunca maduraron porque aún no estaban listas para cosechar. De semejante manera, el Señor tiene que esperar hasta que cada individuo esté “maduro” o listo para recibir la salvación antes de atraerlo a Si mismo y salvarlo.
Aunque Dios ha determinado que todos serán salvos, Él jamás ha salvado a alguien contra su voluntad. Pero tendemos a subestimar las dimensiones de Su amor y Su habilidad de obrar en los hombres para querer y hacer Su buena voluntad. Los que piensan que algunos rechazarán a Dios eternamente, subestiman qué tan irrisible es Su amor, y el poder y medios a Su disposición para persuadir y convencer. Dios ha jurado que todos serán salvos doblando rodilla, tomando juramento diciendo: “Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza” (Isa 45:22-24). Y a Su tiempo será, así como Él ha declarado.
En Cristo todos serán vivificados en su propio tiempo
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. 24 Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. 25 Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido (katargéo) es la muerte. 27 Porque todas las cosas las sujetó (hupotaso) debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas (hupotaso) a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará (hupotaso) al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:22-28)
Aquí vemos que el mismo todos que mueren en Adán serán vivificados en Cristo, pero no todos a la vez, sino cada uno en su debido orden. Cada individuo será vivificado cuando sea su propio tiempo. Algunos, como las rameras y los cobradores de impuestos, que son prontos a ver su necesidad, lo reciben ahora y son purificados como se purifica el oro con el fuego y sal en esta época, siendo de la iglesia de las primicias o “los que son de Cristo en Su venida.”
Otros, como los Fariseos y el hermano mayor del hijo Pródigo, continuarán obstinadamente por épocas largas antes de finalmente doblar rodilla a Cristo, confesándole como Señor. Es por eso que Lucas dijo que después de la predicación de Pablo, creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna (Hch 13:48). La palabra “ordenados” es taso y significa: “arreglar en un orden.” La idea expresada es que no creemos hasta que sea el tiempo ordenado – un tiempo que solo Dios sabe, cuando uno haya sido previamente preparado por Él para recibir el evangelio de la salvación.
Pablo, hablando del orden, primero menciona los que son de Cristo en Su venida. Después él dice, “luego viene el fin” (v.24). La palabra traducida “fin” es telos que significa: “fin, conclusión, cumplimiento o resultado final.” Pienso que tal vez la mejor manera de entender “el fin,” telos en este contexto es, “entonces viene el cumplimiento.” En otras palabras, habla del cumplimiento de la declaración que todos que murieron en Adán serán vivificados en Cristo, y no solamente los que son de Cristo en Su venida. La frase “cada uno en su debido orden” puede ser entendida como diciendo que, después de la glorificación de los que son de Cristo en Su venida, y los vivificados en la segunda resurrección, será cada uno en su debido orden. En otras palabras, cada individuo será vivificado cuando sea su tiempo.
Jesús reinará por los siglos de los siglos, (eis ton aiona tou aionos lit. “en las épocas de las épocas”) (Heb 1:8). Que la frase eis ton aiona tou aionos no se refiere al concepto platónico de la eternidad es evidente en 1Corintios 15:25-28 donde dice que Cristo reinará “hasta que” haya destruido todo enemigo y sujetado todo a Él. “Hasta que” no es sinónimo de la eternidad – ni en el griego. Entonces, cuando todos sean sujetos a Él, la muerte - el último enemigo, será destruida – no por aniquilación, sino porque todos habrán sido vivificados en Cristo (v.22). Dios no destruye la muerte matando - sea por medio de tortura eterna o por aniquilación, sino vivificando a todos.
Además, es importante notar que las únicas cosas que son “destruidas” son entidades abstractas como los gobiernos oponentes y el último enemigo, la muerte. Aquí, la palabra traducida “destrucción” no es de apólumi. Es katargéo que, según Strong’s significa: “estar (dejar) enteramente inmóvil (inútil).” La muerte será inmovilizada de una vez para siempre cuando todos hayan sido vivificados y Jesucristo será el incontrovertido Señor de señores. Pablo dice que todo ser moral se sujetará a Él (hupotaso). Que esté refiriéndose a una sujeción voluntaria y no forzada es evidente, viendo que la misma palabra (hupotaso) se usa también para Cristo cuando Él se sujete (hupotaso) al Padre para que Dios sea todo en todos.
También, es obvio que la sujeción será voluntaria porque de otra manera no podría decir que Dios será todo en todos. Aniquilacionistas intentan explicar esto, diciendo que aquí “todos” significa “todos los sobrevivientes” después de haber aniquilado a todos menos los santos. Sin embargo, en el contexto vemos que Dios llega a ser todo en todos como resultado de todos sujetándose a Él – no por exterminar o aniquilar la oposición. No simplemente significa “todos los que hayan sobrevivido,” sino todos los que hayan muerto en Adán desde la caída (v.22). La gloria de Dios es magnificada – no en aniquilar a Sus enemigos, sino en conquistarlos por el poder de Su amor, para la alabanza de la gloria de Su gracia.
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3-4) [6]
La Destrucción es un Preludio a la Salvación
Muchos no han comprendido que la muerte o destrucción es un preludio necesario para que uno sea salvo y restaurado. Habiendo sido criado en un hogar muy religioso, jamás hubiera llegado a ver mi condición perdida si no me hubiera apartado del Padre en la tierra lejana, destruyendo mi vida en las drogas, hasta que, en mi condición perdida, clamé al Señor y Él me salvó. Algunos son tan obstinadamente auto-suficientes, o tan confiados en su propia justicia, que tendrán que ser consignados a la destrucción eonian antes de finalmente llegar al fin de ellos mismos, clamándole al Señor para la salvación y encontrando su justicia en Él. La destrucción de Dios es para restaurar – no para aniquilar. Él mata, pero solo para vivificar con Su vida eterna:
“Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres.” (Sal 90:3)
- Eso es Su manera de tratar con todos los hijos de los hombres – primero la destrucción o quebrantamiento, y entonces la restauración.
“Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y Yo hago vivir; Yo hiero, y Yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano.” (Deut 32:39)
- Nadie puede detenerlo: Su fuego purificador no se puede extinguir hasta que haya cumplido su propósito. Pero Él solo mata para vivificar: Él solo hiere para llegar a ser nuestro Sanador.
“Venid y volvamos a Jehová; porque él arrebató, y nos curará; hirió, y nos vendará. 2 Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él.” (Oseas 6:1-2)
- Como dice Santiago, necesitamos ver “el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Stg 5:11). “El Señor al que ama disciplina” (Heb 12:6).
En cuanto al plan de Dios para las épocas, tendemos a tener muy corta la vista y no vemos el propósito y el fin del Señor. Muy a menudo vemos los juicios de Dios y Su condenación a la muerte y destrucción de los que no se arrepienten como si eso fuera el final trágico de la voluntad frustrada del Señor para la mayoría de la humanidad, cuando en realidad es Su medio de traerlos al fin de sí mismos para que finalmente clamen a Él para la salvación, así como sucedió con cada uno de nosotros. No logramos entender que es cuando los juicios de Dios están en la tierra que los hombres aprenden la justicia (Isa 26:9). Gracias a Dios que nosotros llegamos al fin de nosotros mismos en esta vida para no tener que sufrir daño de la segunda muerte, pero como Pablo dice, Él no es solamente el Salvador de los que creen ahora, sino que Él es el Salvador del mundo entero:
“Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos. 10 Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. 11 Esto manda y enseña.” (1Tim 4:9-11, cf. 1Juan 2:2; Juan 4:42)
¿Es este el evangelio universal el mismo que tu trabajas y sufres para proclamar, o estás proclamando el “evangelio de buenas nuevas / malas nuevas” de la salvación de los pocos, con la perdición o destrucción eterna de la mayoría de la humanidad?
[1] https://www.triumphofmercy.com/blog-espantildeol/el-testimonio-de-los-padres
[2] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co.
[3] Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, Copyright © 1985, Thomas Nelson Publishers.
[4] Ibid.
[5] Vea mi blog: https://www.triumphofmercy.com/blog-espantildeol/la-duracion-del-castigo
[6] La palabra “someterse” en este versículo normalmente habla de una sumisión fingida. Sin embargo, no existe una palabra en el hebreo para sumisión voluntaria. Aquí es el contexto lo que determina su sentido como verdadera sumisión y adoración a pesar de su sentido usual, dado que una sujeción fingida jamás resultaría en que Sus enemigos le adoraran.
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por George Sidney Hurd
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Los Preteristas Postmilenarios tienden a ignorar el testimonio de la Iglesia Primitiva, simplemente diciendo, a pesar de las evidencias lo contrario, que la posición mayoritaria de la Iglesia siempre ha sido Preterista y no Futurista. Sin embargo, aun el gran historiador Schaff, que personalmente no creía en el Futurismo, reconoció que la esperanza Premilenial era la doctrina de los Padres de la Iglesia Primitiva. Él dijo lo siguiente acerca de su escatología:
“El punto que más distingue la escatología de la era ante-Nicea es el milenarismo, esa es la creencia en un reinado visible de Cristo en gloria sobre la tierra con los santos resucitados por mil años, antes de la resurrección y juicio general. No era una doctrina formulada en un credo o forma de devoción, sino que era la opinión popular de los maestros más distinguidos, tales como Bernabé (murió 61 d.C.), Papías (murió 100 d.C.), Justino Mártir (100 – 165 d.C.), Ireneo (130-202 d.C.), Tertulio (160-225 d.C.); mientras Orígenes (184-253 d.C.), Dionisio el Grande (murió 264 d.C.) y Eusebio (265-340 d.C.) se oponían el Premilenialismo, como también después hicieron Jerónimo (347-420 d.C.) y Agustín (354-430 d.C.)…”
Relacionado con esto, prevalecía la expectativa general de que el retorno del Señor estaba cerca, aunque la hora o el día eran indeterminables, de tal manera que los creyentes siempre estuvieran preparados. Esta esperanza, a través de toda la era de la persecución, fue una gran fuente de aliento y consuelo bajo las penas de aquel martirio que sembró con sangre la semilla de una cosecha abundante para la Iglesia…
Justin Martyr…habla múltiples veces de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo, acompañado con los santos ángeles. Su venida será precedida por la manifestación del hombre del pecado (anthropos tas anomias) que habla blasfemias contra el Altísimo, y reinará por tres años y medio. Él es precedido por herejías y falsos profetas. Entonces Cristo resucitará a los patriarcas, los profetas, y judíos piadosos, establecerá el milenio, restaurará a Jerusalén y reinará desde allí en medio de sus santos. Después sucederá la segunda resurrección y el juicio del mundo.” [1]
También, el historiador de la Iglesia Primitiva Eusebio, quien murió en 339 d.C., rastreó la creencia en la esperanza Futurista Premilenial a los mismos pies de Juan el Apóstol:
“Estas cosas son atestiguados por Papías, un hombre de la antigüedad que fue oidor de Juan y un compañero de Policarpo, en su cuarto libro. A estos pertenecen su aseveración que habrá un período de mil años después de la resurrección de los muertos, y que el reino de Cristo será establecido en forma física en esta misma tierra.” [2]
Puedo decir que la probabilidad que Papías, que, según Eusebio, fue enseñado por Juan mismo y era un compañero de Policarpo, enseñara una doctrina diferente a la del Apóstol Juan, es muy, muy remota. ¿Quién reflejaría más la enseñanza original del Apóstol Juan, Papías, que sentaba a los pies de Juan, o el sacerdote jesuita Alcasar quién originó el Preterismo en el siglo XVII?
Yo escudriñé los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva y descubrí que la esperanza del retorno Premilenial de Cristo después de la apostasía; la Gran Tribulación y la manifestación del hombre del pecado en el futuro era un tema recurrente a través de todos sus escritos. Esto es muy significante, dado que vivían muchos años después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y ellos no entendieron esa destrucción como la Segunda Venida de Cristo. Si de hecho Cristo vino en el año 70 d.C. y todo ojo de todas las naciones y tribus de la tierra lo vieron venir con poder y gran gloria, como Jesús dijo (Mateo 24:30; Apo 1:7), debe haber un récord de alguien que lo vio venir. De hecho, no hay ningúna indicación de nadie, sea cristiano o no cristiano, que pensó que Cristo había venido en el año 70 d.C. Lo siguiente es una muestra de algunas de sus referencias a la esperanza Futurista:
Justin Mártir (100-165 d.C.)
“…dos venidas de Cristo han sido anunciado: La primera donde Él es presentado como sufriendo, sin gloria ni honra, y crucificado. Pero la otra, en la cual Él vendrá del cielo con gloria, cuando el hombre de apostasía que hablará blasfemias contra el Altísimo procederá a cometer maldades en la tierra contra nosotros los cristianos…” [3]
“Pero yo, como otros cristianos que piensan correctamente en todos los detalles, estamos confiados que habrá una resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, que será reedificado, adornado y ampliado, como los profetas Ezequiel y Isaías y otros declararon.” [4]
La Epístola de Bernabé (120-150 d.C.)
“Diez reinos tendrán dominio sobre la tierra, y un pequeño rey se levantará después de ellos, que subyugará tres de los reyes. De la misma manera, Daniel dice acerca de aquel tiempo, ‘He aquí, vi la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, más salvaje que todas las bestias de la tierra, y como salió de los diez cuernos un cuerno pequeño, y como subyugó tres de los cuernos bajo uno.” [5]
El Pastor de Herma (siglo II)
“Por lo tanto id, y cuenta a los elegidos del Señor sus hechos poderosos, y diles que esta bestia es un tipo de la gran tribulación que vendrá. Entonces, si se preparen, y se arrepienten con todo su corazón, y vuelvan al Señor, será posible escaparla, si su corazón sea puro y sin mancha, y si pasen el resto de sus días sirviéndole al Señor irreprensiblemente.” [6]
Ireneo (160-230 d.C.)
“Pero hay otro entre estos herejes, Marcus por nombre, quien se jacta de haber superado a su Maestro… Así que parece como si fuera el precursor del Anticristo.” [7]
“Cristo les promete a los judíos su condición anterior, recibiendo de nuevo su nación… En cuanto a la restauración de Judéa, sin embargo, que hasta los judíos mismos, inducidos por los nombres de lugares y países, la esperan así como descrito… Pero confesamos que un reino nos ha sido prometido sobre la tierra, aunque antes del cielo, solamente en otro estado de existencia; dado que será después de la resurrección por mil años en la ciudad de Jerusalén construida por Dios…” [8]
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde; de quien el apóstol habla en su segunda epístola a los Tesalonicenses: ‘sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.’” [9]
“Y por esta razón el apóstol dice: ‘por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.’ Porque cuando él (el Anticristo) haya venido, y por su propia cuenta hará según su propia voluntad y elección, sentado también en el templo de Dios, para que sus súbditos le adoren como el Mesías; por lo tanto ‘será lanzado al lago de fuego’ como merece…cuyo venida Juan ha descrito en el Apocalipsis… Y él hará que todos reciban la marca en la frente o en la mano derecha, que nadie puede comprar ni vender, a menos que tenga la marca del nombre de la bestia o el número de su nombre; y el número es seis cientos sesenta y seis, eso es seis veces cien, seis veces diez, y seis unidades.” [10]
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [11]
“Sin embargo, si alguien intentará alegorizar (las profecías) como estas, ellas no serán hallados consistentes entre sí en todos los detalles, y serán refutadas por la enseñanza de las mismas expresiones. Porque todas estas y otras palabras incuestionablemente fueron dadas en referencia a la resurrección de los justos, que sucederá después de la venida del Anticristo, y la destrucción de todas las naciones bajo su dominio; en los tiempos cuando los justos reinarán sobre la tierra.” [12]
“Daniel también, viendo el final del ultimo reino, i.e., los diez últimos reyes, entre los cuales el reino de esos hombres será repartido, y sobre el cual el hijo de la perdición vendrá, declara que los diez cuernos saldrán de la bestia, y que otro cuerno pequeño se levantará en medio de ellos, y que tres de los primeros serán desarraigados delante de él…y todo será entregado en su poder hasta un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo, eso es, por tres años y seis meses, durante que tiempo él reinará sobre la tierra cuando él viene,. De quién también habló otra vez el Apóstol Pablo…: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida.” [13]
“El Señor también habló a los que no creyeron en Él de la siguiente manera: ‘He venido en el nombre de mi Padre, y no me recibieron: Cuando otro viene en su propio nombre, a ese recibirán, ‘refiriéndole al Anticristo como ‘el otro,’ porque él es alienado del Señor. Lo cual él hará en el tiempo de su reino: el trasladará su reino a esa ciudad, y se sentará en el templo de Dios, engañando a los que le adoren, como si él fuera el Mesías. De eso habla Daniel otra vez: ‘Y desolará el lugar santo’… Y entonces Él designa el tiempo que durará su tiranía, en que los santos serán puestos en vuelo, a aquellos que le ofrecen un sacrificio puro a Dios: Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [14]
Tertuliano: (160-220 d.C.)
“En el Apocalipsis de Juan, otra vez el orden de estos tiempos está revelado…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios; y para que después de echarle al diablo en el abismo por un tiempo, el bendito privilegio de la primera resurrección sea ordenado con tronos; y otra vez, después de consignarlo al fuego, que el juicio de la resurrección final y universal sea determinado de los libros. Entonces, como las Escrituras indican lo que sucederá en los últimos tiempos y concentran la cosecha de la esperanza cristiana en el fin del mundo, es evidente que todo lo que Dios ha prometido recibe su cumplimiento en ese entonces…” [15]
Hipólito (170-236 d.C.)
“Porque Juan dice, ‘Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.’ Eso es aquella mitad de semana de que habló Daniel…
¿Qué dice el profeta? ‘La bestia que asciende del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará,’ porque ellos no darán la gloria al Anticristo…
53. Estas cosas, entonces, sucederán, amados… Eso refiere a los mil doscientos y sesenta días (la mitad de la semana) cuando el tirano va a reinar y perseguir a la Iglesia, que huye de ciudad en ciudad…
62. El Señor también dice, ‘cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. Él que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo.’
64. Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
67. Estas cosas entonces, los he expuesto brevemente, o Teófilo, tomando de las mismas Escrituras, para que, manteniendo fe en lo que ha sido escrito, y anticipando las cosas que sucederán, puedes guardarte sin ofensa ante Dios y los hombres, ‘aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo’…” [16]
Cipriano (200-258 d.C.)
“Porque deben saber y creer, y tenerlo por seguro, que el día de la aflicción ha comenzado a venir sobre nuestras cabezas, y el fin del mundo y el tiempo del Anticristo se aproxima, y por lo tanto, debemos estar preparados para la batalla; ni debemos considerar nada de importancia excepto la gloria de la vida eterna y la corona de la confesión del Señor; y no pensar en las cosas venideras como si ya hubieran pasado.” [17]
Lactantico (AD 250 – 325)
“Cuando se aproximan los tiempos finales, un gran profeta será enviado de Dios para hacer que los hombres vuelvan al conocimiento de Dios, y él recibirá poder para hacer maravillas…” Pero ese rey no solo será abominable, sino también será un profeta de mentiras; y declarará que él mismo es Dios, y mandarán a todos a adorarle como el Hijo de Dios; y le será dado poder para hacer señales y maravillas, así logrando que los hombres le adoraren. Él mandará fuego del cielo, y hará que el sol se pare y se cambie de su curso, y hará que una imagen hable; y estas cosas serán cumplidos por su palabra, haciendo que muchos sabios sean seducidos por él. Entonces, el intentará destruir el templo de Dios y perseguirá a los justos, y habrá angustia y tribulación como jamás ha habido desde la fundación del mundo… Todos los que creen en él y se unen con él serán marcados como sus ovejas, pero los que se niegan a recibir su marca, o huirán a las montañas, o, siendo capturados, serán matados con torturas…y le será dado poder para desolar la tierra entera por cuarenta y dos meses.” [18]
“Entonces, el Hijo del Altísimo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como Sibyl testifica y dice: ‘Porque entonces habrá confusión entre todos los hombres de la tierra, cuando el Altísimo mismo vendrá en su trono de juicio para juzgar a las almas de los vivos y de los muertos de todo el mundo.’
Pero Él, cuando habrá destruido la injusticia y ejecutado Su gran juicio, y habrá resucitado a todos los justos que han vivido desde el comienzo, estará gobernando a los hombres por mil años y reinará sobre ellos con justicia…
Entonces aquellos que viven en sus cuerpos no morirán, sino que producirán una multitud infinita durante los mil años y los nacidos de ellos serán santos y amados por Dios; pero los que habían sido resucitados presidirán sobre los vivos como jueces…
Durante este tiempo también el príncipe de los demonios, quien es el inventor de todo mal, será atado con cadenas y será atado durante los mil años del gobierno celestial en que la justicia reinará en la tierra, para que no pueda maquinar el mal contra el pueblo de Dios.” [19]
Como uno puede ver, leyendo los Padres de la Iglesia Primitiva es como leer los escritos de los Futuristas Premileniales hoy en día. Ellos hablan de la septuagésima semana de años de Daniel con sus tres años y medio como todavía en su futuro y separado en tiempo de los primeros 69 semanas de años. Ellos hablan de la apostasía y la tiranía del Anticristo, comenzando en la mitad de la septuagésima semana de Daniel y terminando con él siendo lanzado al Lago de Fuego en la Segunda Venida de Cristo. Ellos hablan de la abominación desoladora como el Anticristo sentado en un Templo reedificado en Jerusalén. Hablan de la marca de la Bestia siendo obligatoria para poder comprar y vender. Hablan de los últimos tres años y medio como un tiempo de angustia y tribulación como jamás visto desde la fundación del mundo. Hablan de la Segunda Venida y la resurrección de los santos, seguido con Satanás siendo atado por mil años, cuando Cristo estará reinando en la Tierra con sus santos.
La única cosa que es completamente ausente en sus escritos, que se oye hoy en día entre la mayoría de los Futuristas, es cualquier mención de un rapto de la Iglesia siete años antes de la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, Justin Mártir habla del Anticristo que hará cosas ilícitas contra nosotros, la Iglesia, durante la tribulación. También Tertuliano habla del Anticristo con su falso profeta haciendo guerra contra la Iglesia de Dios, e Hipólito también presenta a la Iglesia como perseguida por el Anticristo durante la gran tribulación.
La única alusión a un rapto antes de la Segunda Venida de Cristo es mencionada por el Pastor de Herma. Sin embargo, él aparentemente se está refiriendo a un rapto parcial “previo a la gran tribulación” que ocurre a la mitad de la semana septuagésima de Daniel y no al comienzo, como enseñan los Pretribulacionistas. Él aparenta hablar de este “escape” como solamente incluyendo a aquellos que se hayan preparados anterior a la Gran Tribulación, y por esa razón, no tendrán necesidad de mayor purificación en el fuego de la aflicción en la Gran Tribulación. (Para más sobre este tema vea mi libro titulado: Enfocando en los Eventos Finales. Sin embargo, un rapto pretribulacional, siete años antes de la Segunda Venida de Cristo también es de origen reciente, y no es un elemento esencial de una escatología Futurista.
Así que, hemos visto que la interpretación Futurista era la creencia unánime entre los Padres de la Iglesia Primitiva. Es cierto que Amilenialismo llegó a ser prominente en el siglo V, habiendo sido concebido por el método espiritual/alegórico de interpretación de las Escrituras comenzado por Orígenes y desarrollado y popularizado por San Agustín. El Amilenialismo seguía siendo la doctrina de la Iglesia Occidental a través de la Época Oscura e incluso durante la Reforma. Sin embargo, es mi convicción que necesitamos continuar con la Reforma hasta que toda doctrina bíblica e histórica haya sido plenamente restaurada a como era antes de entrar en la Época Oscura.
Este blog fue tomado de mi libro, Los Últimos Días – Pasados o Presentes?
[1] Schaff´s History of the Christian Church, Volume 1, chapter 12,158. Chiliasm.
[2] Eusebius Church History Chapter 39 – The writings of Papias
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 110
[4] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 80 - The Opinion of Justin with Regard to the Reign of a Thousand Years.
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Epistle of Barnabus Chapter 4
[6] Ante-Nicene Fathers, Pastor of Hermas; Book 1 Visions Chapter 2
[7] Ante-Nicene Fathers, Volume 1 Irenaeus; Against Heresies Book 1 Chapter 13
[8] Ante-Nicene Fathers, Volume 3 Irenaeus: Against Heresies Book 3 Chapter 24
[9] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 1
[10] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 28 section 2
[11] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[12] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 1
[13] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 4
[14] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
[15] Ante-Nicene Fathers, Volume 3, Tertullian: (AD 160 to 220) Apologetic Writings – The chaplet, Chapter 25
[16] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Hyppolytus (AD 170 to 236),Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
[17] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Cyprian (AD 200 to 258) The Epistles of Cyprian, Epistle 55 §1
[18] Ante-Nicene Fathers, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 17
[19] Ante-Nicene Fathers, Volume 7, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 24 – Of the Renewed World.
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Los Preteristas Postmilenarios tienden a ignorar el testimonio de la Iglesia Primitiva, simplemente diciendo, a pesar de las evidencias lo contrario, que la posición mayoritaria de la Iglesia siempre ha sido Preterista y no Futurista. Sin embargo, aun el gran historiador Schaff, que personalmente no creía en el Futurismo, reconoció que la esperanza Premilenial era la doctrina de los Padres de la Iglesia Primitiva. Él dijo lo siguiente acerca de su escatología:
“El punto que más distingue la escatología de la era ante-Nicea es el milenarismo, esa es la creencia en un reinado visible de Cristo en gloria sobre la tierra con los santos resucitados por mil años, antes de la resurrección y juicio general. No era una doctrina formulada en un credo o forma de devoción, sino que era la opinión popular de los maestros más distinguidos, tales como Bernabé (murió 61 d.C.), Papías (murió 100 d.C.), Justino Mártir (100 – 165 d.C.), Ireneo (130-202 d.C.), Tertulio (160-225 d.C.); mientras Orígenes (184-253 d.C.), Dionisio el Grande (murió 264 d.C.) y Eusebio (265-340 d.C.) se oponían el Premilenialismo, como también después hicieron Jerónimo (347-420 d.C.) y Agustín (354-430 d.C.)…”
Relacionado con esto, prevalecía la expectativa general de que el retorno del Señor estaba cerca, aunque la hora o el día eran indeterminables, de tal manera que los creyentes siempre estuvieran preparados. Esta esperanza, a través de toda la era de la persecución, fue una gran fuente de aliento y consuelo bajo las penas de aquel martirio que sembró con sangre la semilla de una cosecha abundante para la Iglesia…
Justin Martyr…habla múltiples veces de la segunda venida de Cristo en las nubes del cielo, acompañado con los santos ángeles. Su venida será precedida por la manifestación del hombre del pecado (anthropos tas anomias) que habla blasfemias contra el Altísimo, y reinará por tres años y medio. Él es precedido por herejías y falsos profetas. Entonces Cristo resucitará a los patriarcas, los profetas, y judíos piadosos, establecerá el milenio, restaurará a Jerusalén y reinará desde allí en medio de sus santos. Después sucederá la segunda resurrección y el juicio del mundo.” [1]
También, el historiador de la Iglesia Primitiva Eusebio, quien murió en 339 d.C., rastreó la creencia en la esperanza Futurista Premilenial a los mismos pies de Juan el Apóstol:
“Estas cosas son atestiguados por Papías, un hombre de la antigüedad que fue oidor de Juan y un compañero de Policarpo, en su cuarto libro. A estos pertenecen su aseveración que habrá un período de mil años después de la resurrección de los muertos, y que el reino de Cristo será establecido en forma física en esta misma tierra.” [2]
Puedo decir que la probabilidad que Papías, que, según Eusebio, fue enseñado por Juan mismo y era un compañero de Policarpo, enseñara una doctrina diferente a la del Apóstol Juan, es muy, muy remota. ¿Quién reflejaría más la enseñanza original del Apóstol Juan, Papías, que sentaba a los pies de Juan, o el sacerdote jesuita Alcasar quién originó el Preterismo en el siglo XVII?
Yo escudriñé los escritos de los Padres de la Iglesia Primitiva y descubrí que la esperanza del retorno Premilenial de Cristo después de la apostasía; la Gran Tribulación y la manifestación del hombre del pecado en el futuro era un tema recurrente a través de todos sus escritos. Esto es muy significante, dado que vivían muchos años después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y ellos no entendieron esa destrucción como la Segunda Venida de Cristo. Si de hecho Cristo vino en el año 70 d.C. y todo ojo de todas las naciones y tribus de la tierra lo vieron venir con poder y gran gloria, como Jesús dijo (Mateo 24:30; Apo 1:7), debe haber un récord de alguien que lo vio venir. De hecho, no hay ningúna indicación de nadie, sea cristiano o no cristiano, que pensó que Cristo había venido en el año 70 d.C. Lo siguiente es una muestra de algunas de sus referencias a la esperanza Futurista:
Justin Mártir (100-165 d.C.)
“…dos venidas de Cristo han sido anunciado: La primera donde Él es presentado como sufriendo, sin gloria ni honra, y crucificado. Pero la otra, en la cual Él vendrá del cielo con gloria, cuando el hombre de apostasía que hablará blasfemias contra el Altísimo procederá a cometer maldades en la tierra contra nosotros los cristianos…” [3]
“Pero yo, como otros cristianos que piensan correctamente en todos los detalles, estamos confiados que habrá una resurrección de los muertos, y mil años en Jerusalén, que será reedificado, adornado y ampliado, como los profetas Ezequiel y Isaías y otros declararon.” [4]
La Epístola de Bernabé (120-150 d.C.)
“Diez reinos tendrán dominio sobre la tierra, y un pequeño rey se levantará después de ellos, que subyugará tres de los reyes. De la misma manera, Daniel dice acerca de aquel tiempo, ‘He aquí, vi la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, más salvaje que todas las bestias de la tierra, y como salió de los diez cuernos un cuerno pequeño, y como subyugó tres de los cuernos bajo uno.” [5]
El Pastor de Herma (siglo II)
“Por lo tanto id, y cuenta a los elegidos del Señor sus hechos poderosos, y diles que esta bestia es un tipo de la gran tribulación que vendrá. Entonces, si se preparen, y se arrepienten con todo su corazón, y vuelvan al Señor, será posible escaparla, si su corazón sea puro y sin mancha, y si pasen el resto de sus días sirviéndole al Señor irreprensiblemente.” [6]
Ireneo (160-230 d.C.)
“Pero hay otro entre estos herejes, Marcus por nombre, quien se jacta de haber superado a su Maestro… Así que parece como si fuera el precursor del Anticristo.” [7]
“Cristo les promete a los judíos su condición anterior, recibiendo de nuevo su nación… En cuanto a la restauración de Judéa, sin embargo, que hasta los judíos mismos, inducidos por los nombres de lugares y países, la esperan así como descrito… Pero confesamos que un reino nos ha sido prometido sobre la tierra, aunque antes del cielo, solamente en otro estado de existencia; dado que será después de la resurrección por mil años en la ciudad de Jerusalén construida por Dios…” [8]
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde; de quien el apóstol habla en su segunda epístola a los Tesalonicenses: ‘sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.’” [9]
“Y por esta razón el apóstol dice: ‘por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.’ Porque cuando él (el Anticristo) haya venido, y por su propia cuenta hará según su propia voluntad y elección, sentado también en el templo de Dios, para que sus súbditos le adoren como el Mesías; por lo tanto ‘será lanzado al lago de fuego’ como merece…cuyo venida Juan ha descrito en el Apocalipsis… Y él hará que todos reciban la marca en la frente o en la mano derecha, que nadie puede comprar ni vender, a menos que tenga la marca del nombre de la bestia o el número de su nombre; y el número es seis cientos sesenta y seis, eso es seis veces cien, seis veces diez, y seis unidades.” [10]
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [11]
“Sin embargo, si alguien intentará alegorizar (las profecías) como estas, ellas no serán hallados consistentes entre sí en todos los detalles, y serán refutadas por la enseñanza de las mismas expresiones. Porque todas estas y otras palabras incuestionablemente fueron dadas en referencia a la resurrección de los justos, que sucederá después de la venida del Anticristo, y la destrucción de todas las naciones bajo su dominio; en los tiempos cuando los justos reinarán sobre la tierra.” [12]
“Daniel también, viendo el final del ultimo reino, i.e., los diez últimos reyes, entre los cuales el reino de esos hombres será repartido, y sobre el cual el hijo de la perdición vendrá, declara que los diez cuernos saldrán de la bestia, y que otro cuerno pequeño se levantará en medio de ellos, y que tres de los primeros serán desarraigados delante de él…y todo será entregado en su poder hasta un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo, eso es, por tres años y seis meses, durante que tiempo él reinará sobre la tierra cuando él viene,. De quién también habló otra vez el Apóstol Pablo…: “Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida.” [13]
“El Señor también habló a los que no creyeron en Él de la siguiente manera: ‘He venido en el nombre de mi Padre, y no me recibieron: Cuando otro viene en su propio nombre, a ese recibirán, ‘refiriéndole al Anticristo como ‘el otro,’ porque él es alienado del Señor. Lo cual él hará en el tiempo de su reino: el trasladará su reino a esa ciudad, y se sentará en el templo de Dios, engañando a los que le adoren, como si él fuera el Mesías. De eso habla Daniel otra vez: ‘Y desolará el lugar santo’… Y entonces Él designa el tiempo que durará su tiranía, en que los santos serán puestos en vuelo, a aquellos que le ofrecen un sacrificio puro a Dios: Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [14]
Tertuliano: (160-220 d.C.)
“En el Apocalipsis de Juan, otra vez el orden de estos tiempos está revelado…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios; y para que después de echarle al diablo en el abismo por un tiempo, el bendito privilegio de la primera resurrección sea ordenado con tronos; y otra vez, después de consignarlo al fuego, que el juicio de la resurrección final y universal sea determinado de los libros. Entonces, como las Escrituras indican lo que sucederá en los últimos tiempos y concentran la cosecha de la esperanza cristiana en el fin del mundo, es evidente que todo lo que Dios ha prometido recibe su cumplimiento en ese entonces…” [15]
Hipólito (170-236 d.C.)
“Porque Juan dice, ‘Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.’ Eso es aquella mitad de semana de que habló Daniel…
¿Qué dice el profeta? ‘La bestia que asciende del abismo hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará,’ porque ellos no darán la gloria al Anticristo…
53. Estas cosas, entonces, sucederán, amados… Eso refiere a los mil doscientos y sesenta días (la mitad de la semana) cuando el tirano va a reinar y perseguir a la Iglesia, que huye de ciudad en ciudad…
62. El Señor también dice, ‘cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. Él que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo.’
64. Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
67. Estas cosas entonces, los he expuesto brevemente, o Teófilo, tomando de las mismas Escrituras, para que, manteniendo fe en lo que ha sido escrito, y anticipando las cosas que sucederán, puedes guardarte sin ofensa ante Dios y los hombres, ‘aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo’…” [16]
Cipriano (200-258 d.C.)
“Porque deben saber y creer, y tenerlo por seguro, que el día de la aflicción ha comenzado a venir sobre nuestras cabezas, y el fin del mundo y el tiempo del Anticristo se aproxima, y por lo tanto, debemos estar preparados para la batalla; ni debemos considerar nada de importancia excepto la gloria de la vida eterna y la corona de la confesión del Señor; y no pensar en las cosas venideras como si ya hubieran pasado.” [17]
Lactantico (AD 250 – 325)
“Cuando se aproximan los tiempos finales, un gran profeta será enviado de Dios para hacer que los hombres vuelvan al conocimiento de Dios, y él recibirá poder para hacer maravillas…” Pero ese rey no solo será abominable, sino también será un profeta de mentiras; y declarará que él mismo es Dios, y mandarán a todos a adorarle como el Hijo de Dios; y le será dado poder para hacer señales y maravillas, así logrando que los hombres le adoraren. Él mandará fuego del cielo, y hará que el sol se pare y se cambie de su curso, y hará que una imagen hable; y estas cosas serán cumplidos por su palabra, haciendo que muchos sabios sean seducidos por él. Entonces, el intentará destruir el templo de Dios y perseguirá a los justos, y habrá angustia y tribulación como jamás ha habido desde la fundación del mundo… Todos los que creen en él y se unen con él serán marcados como sus ovejas, pero los que se niegan a recibir su marca, o huirán a las montañas, o, siendo capturados, serán matados con torturas…y le será dado poder para desolar la tierra entera por cuarenta y dos meses.” [18]
“Entonces, el Hijo del Altísimo vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos, como Sibyl testifica y dice: ‘Porque entonces habrá confusión entre todos los hombres de la tierra, cuando el Altísimo mismo vendrá en su trono de juicio para juzgar a las almas de los vivos y de los muertos de todo el mundo.’
Pero Él, cuando habrá destruido la injusticia y ejecutado Su gran juicio, y habrá resucitado a todos los justos que han vivido desde el comienzo, estará gobernando a los hombres por mil años y reinará sobre ellos con justicia…
Entonces aquellos que viven en sus cuerpos no morirán, sino que producirán una multitud infinita durante los mil años y los nacidos de ellos serán santos y amados por Dios; pero los que habían sido resucitados presidirán sobre los vivos como jueces…
Durante este tiempo también el príncipe de los demonios, quien es el inventor de todo mal, será atado con cadenas y será atado durante los mil años del gobierno celestial en que la justicia reinará en la tierra, para que no pueda maquinar el mal contra el pueblo de Dios.” [19]
Como uno puede ver, leyendo los Padres de la Iglesia Primitiva es como leer los escritos de los Futuristas Premileniales hoy en día. Ellos hablan de la septuagésima semana de años de Daniel con sus tres años y medio como todavía en su futuro y separado en tiempo de los primeros 69 semanas de años. Ellos hablan de la apostasía y la tiranía del Anticristo, comenzando en la mitad de la septuagésima semana de Daniel y terminando con él siendo lanzado al Lago de Fuego en la Segunda Venida de Cristo. Ellos hablan de la abominación desoladora como el Anticristo sentado en un Templo reedificado en Jerusalén. Hablan de la marca de la Bestia siendo obligatoria para poder comprar y vender. Hablan de los últimos tres años y medio como un tiempo de angustia y tribulación como jamás visto desde la fundación del mundo. Hablan de la Segunda Venida y la resurrección de los santos, seguido con Satanás siendo atado por mil años, cuando Cristo estará reinando en la Tierra con sus santos.
La única cosa que es completamente ausente en sus escritos, que se oye hoy en día entre la mayoría de los Futuristas, es cualquier mención de un rapto de la Iglesia siete años antes de la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, Justin Mártir habla del Anticristo que hará cosas ilícitas contra nosotros, la Iglesia, durante la tribulación. También Tertuliano habla del Anticristo con su falso profeta haciendo guerra contra la Iglesia de Dios, e Hipólito también presenta a la Iglesia como perseguida por el Anticristo durante la gran tribulación.
La única alusión a un rapto antes de la Segunda Venida de Cristo es mencionada por el Pastor de Herma. Sin embargo, él aparentemente se está refiriendo a un rapto parcial “previo a la gran tribulación” que ocurre a la mitad de la semana septuagésima de Daniel y no al comienzo, como enseñan los Pretribulacionistas. Él aparenta hablar de este “escape” como solamente incluyendo a aquellos que se hayan preparados anterior a la Gran Tribulación, y por esa razón, no tendrán necesidad de mayor purificación en el fuego de la aflicción en la Gran Tribulación. (Para más sobre este tema vea mi libro titulado: Enfocando en los Eventos Finales. Sin embargo, un rapto pretribulacional, siete años antes de la Segunda Venida de Cristo también es de origen reciente, y no es un elemento esencial de una escatología Futurista.
Así que, hemos visto que la interpretación Futurista era la creencia unánime entre los Padres de la Iglesia Primitiva. Es cierto que Amilenialismo llegó a ser prominente en el siglo V, habiendo sido concebido por el método espiritual/alegórico de interpretación de las Escrituras comenzado por Orígenes y desarrollado y popularizado por San Agustín. El Amilenialismo seguía siendo la doctrina de la Iglesia Occidental a través de la Época Oscura e incluso durante la Reforma. Sin embargo, es mi convicción que necesitamos continuar con la Reforma hasta que toda doctrina bíblica e histórica haya sido plenamente restaurada a como era antes de entrar en la Época Oscura.
Este blog fue tomado de mi libro, Los Últimos Días – Pasados o Presentes?
[1] Schaff´s History of the Christian Church, Volume 1, chapter 12,158. Chiliasm.
[2] Eusebius Church History Chapter 39 – The writings of Papias
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 110
[4] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Justin Martyr; Dialogue with Trypho, Chapter 80 - The Opinion of Justin with Regard to the Reign of a Thousand Years.
[5] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Epistle of Barnabus Chapter 4
[6] Ante-Nicene Fathers, Pastor of Hermas; Book 1 Visions Chapter 2
[7] Ante-Nicene Fathers, Volume 1 Irenaeus; Against Heresies Book 1 Chapter 13
[8] Ante-Nicene Fathers, Volume 3 Irenaeus: Against Heresies Book 3 Chapter 24
[9] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 1
[10] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 28 section 2
[11] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[12] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 1
[13] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 35 section 4
[14] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
[15] Ante-Nicene Fathers, Volume 3, Tertullian: (AD 160 to 220) Apologetic Writings – The chaplet, Chapter 25
[16] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Hyppolytus (AD 170 to 236),Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
[17] Ante-Nicene Fathers, Volume 5, Cyprian (AD 200 to 258) The Epistles of Cyprian, Epistle 55 §1
[18] Ante-Nicene Fathers, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 17
[19] Ante-Nicene Fathers, Volume 7, Lactantius (AD 250 – AD 325) Volume 7, Book 7, Chapter 24 – Of the Renewed World.
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No Dejando de Congregarnos
por George Sidney Hurd
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
Si has asistido a la iglesia por varios años, sin duda te has dado cuenta de que estamos viviendo en un tiempo cuando un número alarmante de cristianos ya no están congregándose con los de la misma fe, y los pocos que lo hacen a menudo asisten a mega-iglesias donde hay poco o nninguna interacción los unos con los otros como miembros del cuerpo de Cristo.
Yo tuve un encuentro transformador con el Señor en el año 1969 en lo que llegó a ser conocido como el Avivamiento del Movimiento de Jesús. En ese entonces las iglesias locales normalmente eran pequeñas pero a la vez muy asistidas por creyentes con una pasión por el Señor, su primer amor. Para la mayoría de nosotros, solamente dos servicios los domingos con un estudio bíblico entre semana y un grupo de oración los viernes no era suficiente. Cuando nos reunimos, la presencia del Señor era tan real y tangible que no queríamos irnos, y no podíamos esperar hasta la próxima reunión.
Lamentablemente, si uno fuera a visitar esas mismas iglesias hoy en día, lo que a menudo descubriría es que, si la iglesia no ha cerrado sus puertas ya, la asistencia es muy poca, a menudo solamente reuniéndose una vez por semana los domingos. Actualmente hay muchas más iglesias cerrando sus puertas que nuevas iglesias comenzando. ¿A qué se debe este éxodo tan grande de las iglesias locales?
Obviamente, el problema raíz es una condición del corazón. Cuando Cristo es el centro de nuestro afecto y devoción, Su vida se manifiesta en medio de nosotros y Él puede atraer a otros a Sí Mismo a través de nosotros. Pero demasiado a menudo, poco a poco, Él deja de ser el centro de nuestro afecto, y de repente descubrimos que hemos dejado nuestro primer amor (Apo 2:1-7). Tal vez seguimos asistiendo a la iglesia, llevando a cabo las mismas actividades – de hecho, muchas veces las intensificamos, pero lo hacemos por el deber, en vez de hacerlo por la pura adoración. Puede que sigamos orando, pero sin la comunión íntima que una vez disfrutábamos.
Cuando la Iglesia se aferra a Cristo, su Cabeza, crece con el crecimiento que da Dios (Col 2:19). Mientras que la iglesia en los Hechos simplemente seguía en comunión continua, el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente (Hch 2:46-47; 6:7). La única manera en que el enemigo puede detener el crecimiento que da Dios es seducirnos, alejándonos de nuestra pura devoción a Cristo, nuestra Cabeza, resultando en que Su vida ya no se manifieste en medio de nosotros. Eso era la preocupación principal de Pablo con los creyentes en Corinto. Él dijo:
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2 Cor 11:3)
Cristo es la fuente de la vida para nosotros como individuos y también colectivamente como Su cuerpo, la Iglesia. Si por cualquier motivo quitamos a Cristo del centro de nuestras vidas y la vida de la iglesia, la fuente de vida que nos hace florecer espiritualmente se seca. Como dijo Jesús, “separados de Mí nada podéis hacer” (Jn 15:5). Ninguna cantidad de actividad religiosa, por muy buena que sea, puede producir vida. Ninguna cantidad de estructura organizacional, o la falta de ella, puede producir el crecimiento que solo Él puede dar.
Un pastor aquí en Colombia que aprecio mucho intentó comenzar una iglesia utilizando una estrategia de iglecrecimiento que ha producido mega iglesias en Colombia y a través de Latinoamérica. Él contó como una noche él no podía dormir porque seguía calculando en su mente cuántos miembros tendría en su iglesia en seis meses o en un año con esa estrategia. Pasaron horas y no podía apagar su mente para dormir. Cuando él le pidió al Señor que le ayudara a dormir, él Señor le habló diciéndole: “No busques los números. Busca mi presencia y Yo me encargaré de los números.” Desde ese momento, él abandonó toda estrategia y se dedicó a desarrollar la intimidad con el Señor. Poco después, la presencia de Dios descendió sobre su pequeña congregación, y dentro de pocos meses no podía encontrar edificios lo suficientemente grandes para contener las multitudes sedientas que vinieron a beber del agua de la vida.
Tristemente, cuando esta multiplicación resultó en el ingreso de grandes cantidades de dinero, poco a poco vi que su enfoque total en Cristo se desvió a la prosperidad material. El asombro por la presencia de Cristo, que inicialmente produjo un crecimiento tan rápido y vibrante, comenzó a menguar en la medida que él cambió el enfoque en Cristo por la prosperidad personal. En un intento desesperado por despistarse de la falta de Su presencia manifestada, comenzaron a usar espectáculos de luces y efectos especiales. Una vez hasta él subió a la tarima en una motocicleta como Evel Knievel, acompañando con juegos pirotécnicos y todo. Pero no hay nada en absoluto, ni siquiera efectos especiales, que puede traer vida y vitalidad a una congregación aparte de la pura devoción a Cristo.
La preocupación de Pablo era que no estuviéramos seducidos, apartándonos de nuestra pura devoción a Cristo. ¿Cuáles son algunas de las cosas que puede hacer que nos apartemos de nuestra pura devoción a Cristo como nuestro primer amor?
Materialismo
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15)
Creo que, tal vez la mayor razón porqué los cristianos han perdido su primer amor, resultando en un bajón tan grande de la asistencia en las iglesias, especialmente en Estados Unidos, es el materialismo. El materialismo se define como “el valorar más las posesiones materiales que las cosas espirituales.” Es la búsqueda de cosas en vez de Dios, y es una forma de idolatría (Col 3:5). Jesús dijo:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Lucas 16:13)
El problema no es con tener abundancia de posesiones materiales, sino el materialismo, o el amor de las cosas en vez de un amor y devoción pura a Dios. Muchos de nosotros que fuimos salvos durante el Movimiento de Jesús, anteriormente éramos drogadictos o hippies, habiendo recibido al Señor con prácticamente nada más que la ropa que llevábamos puesta. Nuestro enfoque principal y nuestra pasión fue nuestra relación con el Señor. Pero comencé a notar que, conforme muchos de nosotros comenzábamos a prosperar, comprando casas, carros y lanchas, la relación con el Señor de algunos de manera sutil comenzó a tomar el segundo lugar con respecto a las posesiones materiales. Muchos ya no asistían todos los domingos para poder salir a esquiar con su lancha o hacer paseos en sus motos, mientras otros, aunque iban a la iglesia por el deber, deseaban estar en otro lugar.
Poco a poco, vi el materialismo convertirse en una obsesión en la sociedad e incluso dentro de las iglesias. En los años ’60 y los ’70, todas las tiendas estaban cerradas los domingos. Las calles estaban abandonadas y las iglesias llenas. Sin embargo, poco a poco esto cambió, hasta que hoy en día los centros comerciales están llenos los domingos y las iglesias vacías. La iglesia en los Estados Unidos ha llegado a ser como los de Laodicea que decían que eran ricos y sin necesidad de nada, sin darse cuenta de que eran desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (Apo 3:14-22). Está bien poseer cosas materiales, pero jamás debemos de permitir que las cosas nos posean a nosotros. Si descubrimos que preferíamos estar con nuestras cosas, más que congregarnos donde se manifiesta la presencia del Señor en medio de Su pueblo, necesitamos volvernos a nuestro primer amor.
La Iniquidad
“y por haberse multiplicado la iniquidad (ἀνομία), el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12)
Otro factor que ha contribuido a la disminución de la asistencia en las iglesias dentro de los últimos años es el aumento de la iniquidad. El Apóstol Juan dice que la iniquidad (ἀνομία) equivale al pecado (1Jn 3:4). El pecado (ἁμαρτία) es no dar en el blanco o no alcanzar a la meta, mientras que la iniquidad (ἀνομία) es negar a someterse a una ley o estándar moral. Por lo tanto, tomados juntos, podemos decir que la iniquidad o ἀνομία en las Escrituras es cuando uno se rehúsa a vivir conforme al estándar moral de Dios.
Jesús dijo que, en los postreros días, antes de Su retorno, habría un rechazo del estándar moral de Dios, resultando en que el amor de muchos se enfriara. Mientras que Jesús sea nuestro primer amor, guardaremos Sus mandamientos (Jn 14:15). Inversamente, mientras que guardemos Sus mandamientos estamos permaneciendo en Su amor. Jesús dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15:10).
Sin embargo, comenzando con la revolución moral de los años ’70, con su lema, “Si te sientes bien, hazlo,” la sociedad comenzó a rechazar los estándares morales de Dios, y poco a poco por la influencia del entretenimiento, los medios de comunicación y el sistema educativo, la consciencia de muchos dentro de las iglesias comenzó a ser cauterizada a tal grado que hoy en día el amor de muchos dentro de las iglesias se ha enfriado. Hablan mucho del amor incondicional que Dios tiene hacia ellos, pero no demuestran su amor por Él, haciendo Su voluntad.
Hoy en día muchos cristianos hasta llaman bueno lo que Dios llama malo, y malo lo que Dios llama bueno. Han intentado formar a Dios a su propia imagen, a tal grado que algunos han llegado a pensar que la gracia de Dios nos da libertad para vivir como nos de la gana sin consecuencia alguna, y hasta acusan a aquellos que realmente aman a Dios y procuran a guardar Sus mandamientos de ser Fariseos.
Jesús es la gracia personificada. Por lo tanto, Cristo/la Gracia en nosotros producirá en nosotros Su Misma obediencia mientras simplemente permanezcamos en Su amor, así como Él obedeció a Su Padre, permaneciendo en Su amor (Jn 15:10). Juan dijo que conocemos que estamos en Él por el hecho de que andamos como Él anduvo (1Jn 2:5-6). Él también dijo: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1Jn 3:7).
Lamentablemente, la razón por la que muchos ya no se congregan es porque están practicando el pecado y desean permanecer en las tinieblas para que su conducta pecaminosa no sea expuesta a la luz. El Apóstol Juan dijo: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1Jn 1:5-7). Como dijo Jesús, los no arrepentidos no quieren venir a la luz para que no sean expuestos sus hechos. En contraste, los arrepentidos desean congregarse con otros en la luz de Su presencia para que todo pecado que aun permanezca en sus vidas sea revelado y quitado de ellos (Jn 3:19-21; Sal 139:23-24).
Cuando estamos bien conectados con otros creyentes en el contexto de una iglesia local, somos expuestos a la Palabra y a la comunión diariamente, y eso nos ayuda a permanecer espiritualmente centrados en Cristo. Solamente aquellos que están conectados a una asamblea local pueden poner en práctica el mandato bíblico que dice, “exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Heb 3:13).
Falsos Maestros
Otra razón principal para el gran éxodo de las iglesias que estamos viendo en nuestros tiempos es que falsos maestros están apartando a muchos de la fe. Pablo dijo que en los postreros días muchos se apartarían de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios
(1Tim 4:1). Él se refería a ellos como lobos rapaces que vendrían en medio de nosotros, tomando presas a las ovejas del rebaño (Hch 20:29-31). De la misma manera, Pedro dijo que vendría tiempo cuando habrá entre nosotros falsos maestros, que introducirían encubiertamente herejías destructoras, aun negando al Señor que nos compró con Su propia sangre (2Pedro 2:1). Hoy en día es común oír maestros negando la deidad de Cristo o menospreciando el sacrificio expiatorio de Cristo como nuestro sustituto. A menudo, las iglesias están casi vacías, mientras que los Salones de los Testigos de Jehová están llenos de los que anteriormente fueron miembros de las iglesias Evangélicas, pero ya no creen en la deidad de Cristo o la salvación por la gracia aparte de las obras.
Esto es una de las razones principales porqué somos mandados a no dejar de congregarnos, especialmente ahora, viendo que el día de Su venida se acerca. Dios ha designado pastores en las iglesias locales para pastorear al rebaño y proteger a los creyentes de los falsos maestros que, como lobos rapaces, intentan hacer presa de las ovejas. Pablo dijo a los pastores o ancianos:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas (λαλουντες διεστραμμενα, lit. “hablando distorsiones”) para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” (Hch 20:28-31)
Los falsos maestros normalmente no niegan directamente la verdad. Normalmente se disfracen como ovejas, sutilmente distorsionando la verdad para engañar a las ovejas que aún no están bien fundamentadas en la Palabra, así apartando a los discípulos de la fe. Pablo dijo que, para engañar, ellos emplean con astucia las artimañas del error por medio de filosofías y huecas sutilezas, según la sabiduría del mundo, y no según Cristo (Ef 4:14-16; Col 2:8-10). Sus argumentos tienen la apariencia de la sabiduría y utilizan una lógica tan tortuosa que aun los estudiados tienen dificultad en seguir su lógica, sin mencionar a un cristiano con poco conocimiento de las Escrituras.
Existe una estructura ordenada por Dios dentro de cada iglesia local para equipar a los santos que es esencial para la preservación y crecimiento del cuerpo de Cristo. Simplemente asistiendo a una mega iglesia o conectándose por el internet a reuniones Zoom y grupos de Facebook jamás pueden sustituir la vida en el cuerpo de Cristo dentro de una iglesia local. Como dijo el escritor de Hebreos, si alguna vez hubo un tiempo cuando el pueblo de Dios necesita estar bajo el ministerio de la iglesia local es ahora, viendo que se está acercando aquel día.
Un problema con esta generación es que muchos son demasiado independientes y voluntariosos, y por lo tanto, no están dispuestos a sujetarse al liderazgo de una iglesia local. Cristo ha designado pastores y maestros para llevar a los santos a la madurez para la obra del ministerio, pero demasiado a menudo, los cristianos de hoy no están dispuestos a someterse a las autoridades ordenados por Dios dentro de la iglesia local. El autor de Hebreos, reconociendo esta tendencia, amonesta a los creyentes, diciendo:
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.” (Heb 13:17)
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” (Heb 13:7)
Un cristiano que no es parte de una asamblea local y sometido a un pastor se está privando de la estructura ordenada por Dios que es necesaria para nuestra protección y buen desarrollo dentro del cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, Pedro, reconociendo la posibilidad del abuso de la autoridad, dice a los pastores:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4)
Entonces, mientras los miembros de una iglesia local son mandados a someterse a aquellos en autoridad sobre ellos, él también les dice a los que tienen autoridad que no abusen su autoridad, teniendo señorío sobre el redil, sino guiándolos por su buen ejemplo. Cuando cada miembro del cuerpo está en su lugar ordenado por Dios dentro de una iglesia local, cada miembro dentro del cuerpo de Cristo crece con el crecimiento que da Dios. Pablo presenta este modelo en Efesios 4. Él dijo acerca de Cristo y Su Iglesia:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo (o ‘hablando’) la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef 4:11-16)
He oído a muchos decir que ya no asisten a ninguna iglesia porque fueron ofendidos o maltratados por un pastor o otros miembros de la iglesia. Sin embargo, aprendiendo a soportarnos unos a otros y perdonarnos unos a otros, así como Cristo nos ha perdonado, es esencial para poder crecer en al amor agape. Nunca vamos a crecer en el amor rechazando a aquellos que nos rechazan, lastiman u ofenden. Como miembros de Su cuerpo, necesitamos estar armados con la mente de Cristo. Pablo dice:
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Col 3:12-13)
Como aquellos que creemos en la salvación final de todos, es inevitable que a veces experimentemos rechazo a pesar de todo esfuerzo de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef 4:3-5). Sin embargo, en la mayoría de los casos, uno puede encontrar una iglesia cercana que nos recibirá una vez que vean que creemos en las mismas doctrinas fundamentales y que no vamos a causar divisiones.
La unidad del Espíritu no requiere que pensemos igual en todo detalle doctrinal. Al contrario, requiere la unidad a pesar de desacuerdos en doctrinas no-esenciales, dado que ningunos creemos exactamente lo mismo en todo. Sin embargo, aún si no podemos encontrar una iglesia en nuestra ciudad de la misma fe, dejar de congregarnos con otros creyentes jamás debe de ser considerado una opción como miembros del cuerpo de Cristo. Si no podemos encontrar una iglesia en nuestra área, debemos de orar acerca de comenzar un grupo en nuestra casa, invitando a los vecinos y otros amigos. Así han comenzado muchas iglesias.
Concluyo citando el mismo mandato que presenté en el principio.
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
Si has asistido a la iglesia por varios años, sin duda te has dado cuenta de que estamos viviendo en un tiempo cuando un número alarmante de cristianos ya no están congregándose con los de la misma fe, y los pocos que lo hacen a menudo asisten a mega-iglesias donde hay poco o nninguna interacción los unos con los otros como miembros del cuerpo de Cristo.
Yo tuve un encuentro transformador con el Señor en el año 1969 en lo que llegó a ser conocido como el Avivamiento del Movimiento de Jesús. En ese entonces las iglesias locales normalmente eran pequeñas pero a la vez muy asistidas por creyentes con una pasión por el Señor, su primer amor. Para la mayoría de nosotros, solamente dos servicios los domingos con un estudio bíblico entre semana y un grupo de oración los viernes no era suficiente. Cuando nos reunimos, la presencia del Señor era tan real y tangible que no queríamos irnos, y no podíamos esperar hasta la próxima reunión.
Lamentablemente, si uno fuera a visitar esas mismas iglesias hoy en día, lo que a menudo descubriría es que, si la iglesia no ha cerrado sus puertas ya, la asistencia es muy poca, a menudo solamente reuniéndose una vez por semana los domingos. Actualmente hay muchas más iglesias cerrando sus puertas que nuevas iglesias comenzando. ¿A qué se debe este éxodo tan grande de las iglesias locales?
Obviamente, el problema raíz es una condición del corazón. Cuando Cristo es el centro de nuestro afecto y devoción, Su vida se manifiesta en medio de nosotros y Él puede atraer a otros a Sí Mismo a través de nosotros. Pero demasiado a menudo, poco a poco, Él deja de ser el centro de nuestro afecto, y de repente descubrimos que hemos dejado nuestro primer amor (Apo 2:1-7). Tal vez seguimos asistiendo a la iglesia, llevando a cabo las mismas actividades – de hecho, muchas veces las intensificamos, pero lo hacemos por el deber, en vez de hacerlo por la pura adoración. Puede que sigamos orando, pero sin la comunión íntima que una vez disfrutábamos.
Cuando la Iglesia se aferra a Cristo, su Cabeza, crece con el crecimiento que da Dios (Col 2:19). Mientras que la iglesia en los Hechos simplemente seguía en comunión continua, el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente (Hch 2:46-47; 6:7). La única manera en que el enemigo puede detener el crecimiento que da Dios es seducirnos, alejándonos de nuestra pura devoción a Cristo, nuestra Cabeza, resultando en que Su vida ya no se manifieste en medio de nosotros. Eso era la preocupación principal de Pablo con los creyentes en Corinto. Él dijo:
“Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” (2 Cor 11:3)
Cristo es la fuente de la vida para nosotros como individuos y también colectivamente como Su cuerpo, la Iglesia. Si por cualquier motivo quitamos a Cristo del centro de nuestras vidas y la vida de la iglesia, la fuente de vida que nos hace florecer espiritualmente se seca. Como dijo Jesús, “separados de Mí nada podéis hacer” (Jn 15:5). Ninguna cantidad de actividad religiosa, por muy buena que sea, puede producir vida. Ninguna cantidad de estructura organizacional, o la falta de ella, puede producir el crecimiento que solo Él puede dar.
Un pastor aquí en Colombia que aprecio mucho intentó comenzar una iglesia utilizando una estrategia de iglecrecimiento que ha producido mega iglesias en Colombia y a través de Latinoamérica. Él contó como una noche él no podía dormir porque seguía calculando en su mente cuántos miembros tendría en su iglesia en seis meses o en un año con esa estrategia. Pasaron horas y no podía apagar su mente para dormir. Cuando él le pidió al Señor que le ayudara a dormir, él Señor le habló diciéndole: “No busques los números. Busca mi presencia y Yo me encargaré de los números.” Desde ese momento, él abandonó toda estrategia y se dedicó a desarrollar la intimidad con el Señor. Poco después, la presencia de Dios descendió sobre su pequeña congregación, y dentro de pocos meses no podía encontrar edificios lo suficientemente grandes para contener las multitudes sedientas que vinieron a beber del agua de la vida.
Tristemente, cuando esta multiplicación resultó en el ingreso de grandes cantidades de dinero, poco a poco vi que su enfoque total en Cristo se desvió a la prosperidad material. El asombro por la presencia de Cristo, que inicialmente produjo un crecimiento tan rápido y vibrante, comenzó a menguar en la medida que él cambió el enfoque en Cristo por la prosperidad personal. En un intento desesperado por despistarse de la falta de Su presencia manifestada, comenzaron a usar espectáculos de luces y efectos especiales. Una vez hasta él subió a la tarima en una motocicleta como Evel Knievel, acompañando con juegos pirotécnicos y todo. Pero no hay nada en absoluto, ni siquiera efectos especiales, que puede traer vida y vitalidad a una congregación aparte de la pura devoción a Cristo.
La preocupación de Pablo era que no estuviéramos seducidos, apartándonos de nuestra pura devoción a Cristo. ¿Cuáles son algunas de las cosas que puede hacer que nos apartemos de nuestra pura devoción a Cristo como nuestro primer amor?
Materialismo
“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15)
Creo que, tal vez la mayor razón porqué los cristianos han perdido su primer amor, resultando en un bajón tan grande de la asistencia en las iglesias, especialmente en Estados Unidos, es el materialismo. El materialismo se define como “el valorar más las posesiones materiales que las cosas espirituales.” Es la búsqueda de cosas en vez de Dios, y es una forma de idolatría (Col 3:5). Jesús dijo:
“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Lucas 16:13)
El problema no es con tener abundancia de posesiones materiales, sino el materialismo, o el amor de las cosas en vez de un amor y devoción pura a Dios. Muchos de nosotros que fuimos salvos durante el Movimiento de Jesús, anteriormente éramos drogadictos o hippies, habiendo recibido al Señor con prácticamente nada más que la ropa que llevábamos puesta. Nuestro enfoque principal y nuestra pasión fue nuestra relación con el Señor. Pero comencé a notar que, conforme muchos de nosotros comenzábamos a prosperar, comprando casas, carros y lanchas, la relación con el Señor de algunos de manera sutil comenzó a tomar el segundo lugar con respecto a las posesiones materiales. Muchos ya no asistían todos los domingos para poder salir a esquiar con su lancha o hacer paseos en sus motos, mientras otros, aunque iban a la iglesia por el deber, deseaban estar en otro lugar.
Poco a poco, vi el materialismo convertirse en una obsesión en la sociedad e incluso dentro de las iglesias. En los años ’60 y los ’70, todas las tiendas estaban cerradas los domingos. Las calles estaban abandonadas y las iglesias llenas. Sin embargo, poco a poco esto cambió, hasta que hoy en día los centros comerciales están llenos los domingos y las iglesias vacías. La iglesia en los Estados Unidos ha llegado a ser como los de Laodicea que decían que eran ricos y sin necesidad de nada, sin darse cuenta de que eran desventurados, miserables, pobres, ciegos y desnudos (Apo 3:14-22). Está bien poseer cosas materiales, pero jamás debemos de permitir que las cosas nos posean a nosotros. Si descubrimos que preferíamos estar con nuestras cosas, más que congregarnos donde se manifiesta la presencia del Señor en medio de Su pueblo, necesitamos volvernos a nuestro primer amor.
La Iniquidad
“y por haberse multiplicado la iniquidad (ἀνομία), el amor de muchos se enfriará.” (Mateo 24:12)
Otro factor que ha contribuido a la disminución de la asistencia en las iglesias dentro de los últimos años es el aumento de la iniquidad. El Apóstol Juan dice que la iniquidad (ἀνομία) equivale al pecado (1Jn 3:4). El pecado (ἁμαρτία) es no dar en el blanco o no alcanzar a la meta, mientras que la iniquidad (ἀνομία) es negar a someterse a una ley o estándar moral. Por lo tanto, tomados juntos, podemos decir que la iniquidad o ἀνομία en las Escrituras es cuando uno se rehúsa a vivir conforme al estándar moral de Dios.
Jesús dijo que, en los postreros días, antes de Su retorno, habría un rechazo del estándar moral de Dios, resultando en que el amor de muchos se enfriara. Mientras que Jesús sea nuestro primer amor, guardaremos Sus mandamientos (Jn 14:15). Inversamente, mientras que guardemos Sus mandamientos estamos permaneciendo en Su amor. Jesús dijo: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Jn 15:10).
Sin embargo, comenzando con la revolución moral de los años ’70, con su lema, “Si te sientes bien, hazlo,” la sociedad comenzó a rechazar los estándares morales de Dios, y poco a poco por la influencia del entretenimiento, los medios de comunicación y el sistema educativo, la consciencia de muchos dentro de las iglesias comenzó a ser cauterizada a tal grado que hoy en día el amor de muchos dentro de las iglesias se ha enfriado. Hablan mucho del amor incondicional que Dios tiene hacia ellos, pero no demuestran su amor por Él, haciendo Su voluntad.
Hoy en día muchos cristianos hasta llaman bueno lo que Dios llama malo, y malo lo que Dios llama bueno. Han intentado formar a Dios a su propia imagen, a tal grado que algunos han llegado a pensar que la gracia de Dios nos da libertad para vivir como nos de la gana sin consecuencia alguna, y hasta acusan a aquellos que realmente aman a Dios y procuran a guardar Sus mandamientos de ser Fariseos.
Jesús es la gracia personificada. Por lo tanto, Cristo/la Gracia en nosotros producirá en nosotros Su Misma obediencia mientras simplemente permanezcamos en Su amor, así como Él obedeció a Su Padre, permaneciendo en Su amor (Jn 15:10). Juan dijo que conocemos que estamos en Él por el hecho de que andamos como Él anduvo (1Jn 2:5-6). Él también dijo: “Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo” (1Jn 3:7).
Lamentablemente, la razón por la que muchos ya no se congregan es porque están practicando el pecado y desean permanecer en las tinieblas para que su conducta pecaminosa no sea expuesta a la luz. El Apóstol Juan dijo: “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él” (1Jn 1:5-7). Como dijo Jesús, los no arrepentidos no quieren venir a la luz para que no sean expuestos sus hechos. En contraste, los arrepentidos desean congregarse con otros en la luz de Su presencia para que todo pecado que aun permanezca en sus vidas sea revelado y quitado de ellos (Jn 3:19-21; Sal 139:23-24).
Cuando estamos bien conectados con otros creyentes en el contexto de una iglesia local, somos expuestos a la Palabra y a la comunión diariamente, y eso nos ayuda a permanecer espiritualmente centrados en Cristo. Solamente aquellos que están conectados a una asamblea local pueden poner en práctica el mandato bíblico que dice, “exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Heb 3:13).
Falsos Maestros
Otra razón principal para el gran éxodo de las iglesias que estamos viendo en nuestros tiempos es que falsos maestros están apartando a muchos de la fe. Pablo dijo que en los postreros días muchos se apartarían de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios
(1Tim 4:1). Él se refería a ellos como lobos rapaces que vendrían en medio de nosotros, tomando presas a las ovejas del rebaño (Hch 20:29-31). De la misma manera, Pedro dijo que vendría tiempo cuando habrá entre nosotros falsos maestros, que introducirían encubiertamente herejías destructoras, aun negando al Señor que nos compró con Su propia sangre (2Pedro 2:1). Hoy en día es común oír maestros negando la deidad de Cristo o menospreciando el sacrificio expiatorio de Cristo como nuestro sustituto. A menudo, las iglesias están casi vacías, mientras que los Salones de los Testigos de Jehová están llenos de los que anteriormente fueron miembros de las iglesias Evangélicas, pero ya no creen en la deidad de Cristo o la salvación por la gracia aparte de las obras.
Esto es una de las razones principales porqué somos mandados a no dejar de congregarnos, especialmente ahora, viendo que el día de Su venida se acerca. Dios ha designado pastores en las iglesias locales para pastorear al rebaño y proteger a los creyentes de los falsos maestros que, como lobos rapaces, intentan hacer presa de las ovejas. Pablo dijo a los pastores o ancianos:
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. 29 Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. 30 Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas (λαλουντες διεστραμμενα, lit. “hablando distorsiones”) para arrastrar tras sí a los discípulos. 31 Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno.” (Hch 20:28-31)
Los falsos maestros normalmente no niegan directamente la verdad. Normalmente se disfracen como ovejas, sutilmente distorsionando la verdad para engañar a las ovejas que aún no están bien fundamentadas en la Palabra, así apartando a los discípulos de la fe. Pablo dijo que, para engañar, ellos emplean con astucia las artimañas del error por medio de filosofías y huecas sutilezas, según la sabiduría del mundo, y no según Cristo (Ef 4:14-16; Col 2:8-10). Sus argumentos tienen la apariencia de la sabiduría y utilizan una lógica tan tortuosa que aun los estudiados tienen dificultad en seguir su lógica, sin mencionar a un cristiano con poco conocimiento de las Escrituras.
Existe una estructura ordenada por Dios dentro de cada iglesia local para equipar a los santos que es esencial para la preservación y crecimiento del cuerpo de Cristo. Simplemente asistiendo a una mega iglesia o conectándose por el internet a reuniones Zoom y grupos de Facebook jamás pueden sustituir la vida en el cuerpo de Cristo dentro de una iglesia local. Como dijo el escritor de Hebreos, si alguna vez hubo un tiempo cuando el pueblo de Dios necesita estar bajo el ministerio de la iglesia local es ahora, viendo que se está acercando aquel día.
Un problema con esta generación es que muchos son demasiado independientes y voluntariosos, y por lo tanto, no están dispuestos a sujetarse al liderazgo de una iglesia local. Cristo ha designado pastores y maestros para llevar a los santos a la madurez para la obra del ministerio, pero demasiado a menudo, los cristianos de hoy no están dispuestos a someterse a las autoridades ordenados por Dios dentro de la iglesia local. El autor de Hebreos, reconociendo esta tendencia, amonesta a los creyentes, diciendo:
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.” (Heb 13:17)
“Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe.” (Heb 13:7)
Un cristiano que no es parte de una asamblea local y sometido a un pastor se está privando de la estructura ordenada por Dios que es necesaria para nuestra protección y buen desarrollo dentro del cuerpo de Cristo. Al mismo tiempo, Pedro, reconociendo la posibilidad del abuso de la autoridad, dice a los pastores:
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” (1 Pedro 5:2-4)
Entonces, mientras los miembros de una iglesia local son mandados a someterse a aquellos en autoridad sobre ellos, él también les dice a los que tienen autoridad que no abusen su autoridad, teniendo señorío sobre el redil, sino guiándolos por su buen ejemplo. Cuando cada miembro del cuerpo está en su lugar ordenado por Dios dentro de una iglesia local, cada miembro dentro del cuerpo de Cristo crece con el crecimiento que da Dios. Pablo presenta este modelo en Efesios 4. Él dijo acerca de Cristo y Su Iglesia:
“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; 14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo (o ‘hablando’) la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.” (Ef 4:11-16)
He oído a muchos decir que ya no asisten a ninguna iglesia porque fueron ofendidos o maltratados por un pastor o otros miembros de la iglesia. Sin embargo, aprendiendo a soportarnos unos a otros y perdonarnos unos a otros, así como Cristo nos ha perdonado, es esencial para poder crecer en al amor agape. Nunca vamos a crecer en el amor rechazando a aquellos que nos rechazan, lastiman u ofenden. Como miembros de Su cuerpo, necesitamos estar armados con la mente de Cristo. Pablo dice:
“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros, si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Col 3:12-13)
Como aquellos que creemos en la salvación final de todos, es inevitable que a veces experimentemos rechazo a pesar de todo esfuerzo de mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Ef 4:3-5). Sin embargo, en la mayoría de los casos, uno puede encontrar una iglesia cercana que nos recibirá una vez que vean que creemos en las mismas doctrinas fundamentales y que no vamos a causar divisiones.
La unidad del Espíritu no requiere que pensemos igual en todo detalle doctrinal. Al contrario, requiere la unidad a pesar de desacuerdos en doctrinas no-esenciales, dado que ningunos creemos exactamente lo mismo en todo. Sin embargo, aún si no podemos encontrar una iglesia en nuestra ciudad de la misma fe, dejar de congregarnos con otros creyentes jamás debe de ser considerado una opción como miembros del cuerpo de Cristo. Si no podemos encontrar una iglesia en nuestra área, debemos de orar acerca de comenzar un grupo en nuestra casa, invitando a los vecinos y otros amigos. Así han comenzado muchas iglesias.
Concluyo citando el mismo mandato que presenté en el principio.
“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Heb 10:24-25)
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por George Sidney Hurd
Cada generación de creyentes que ha amado la venida de nuestro Señor hemos aguardado la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo dentro de nuestra generación, así como hemos sido mandados a hacer (2Tim 4:8; Tito 2:13; Marcos 13:37).
Sin embargo, solo recientemente, dentro de los últimos años, ha surgido un número creciente de cristianos que han abandonado la esperanza bienaventurada para el Preterismo, que es la creencia de que los últimos días ya se cumplieron – que Cristo ya regresó en el año 70 d.C., destruyendo a Jerusalén por medio del ejército Romano, atando a Satanás en el abismo y comenzando Su reinado Milenial sobre la tierra.
En el titular de su libro, un autor Preterista expresa la opinión de muchos Preteristas hacia aquellos que todavía creemos que estamos en los últimos días, intitulándolo “Last Days Madness.” (La Demencia sobre los Postreras Días) [1] En el blog anterior, ¿Donde está la Promesa de Su Advenimiento?, brevemente demostré de las Escrituras que la Segunda Venida está aún en el futuro. El objetivo de este blog es demostrar que, de igual manera, la mayoría de las profecías acerca de los últimos días no fueron cumplidas en el año 70 d.C., y aún están por cumplirse.
Dos Categorías Distintas de Profecías acerca de los Últimos Días
Lo que muchos no toman en cuenta es que hay dos categorías distintas de profecías acerca de los últimos días. Primero, hay profecías dadas a Israel en el Antiguo Testamento acerca de los postreros días, comenzando con la venida de Cristo, su Mesías. Aparte de estas, tenemos las profecías dadas a la Iglesia acerca de los postreros días y la Segunda Venida de Cristo.
Para Israel, el primer evento que iba a suceder en los postreros días fue la venida de su Mesías y Rey para establecer Su reino en la tierra desde Jerusalén, después de un tiempo prolongado de dispersión. Varios pasajes profetizaban acerca de esta restauración futura de la nación y el reinado del Mesías que comenzaría en los postreros días:
“Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3:4-5)
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. 7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, 8 sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra.” (Jer 23:5-8).
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isa 2:2-4)
Como se puede ver de estas profecías acerca de los postreros días, la venida de Cristo, el Mesías de Israel, fue el primer indicador de que habían llegado los postreros días cuando todo Israel volvería al Señor, y Él los restauraría como nación, reinando sobre las naciones desde Jerusalén. Pero Israel rechazó a su Mesías y Rey cuando Cristo se presentó en la entrada triunfal. Fue después de rechazar Su oferta del reino que Jesús les dijo: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). Entonces, Él les dijo que iban a ser dejados desiertos porque no reconocieron el día de su visitación:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! 38 He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39, cf. Lucas 19:44)
Por lo tanto, cuando llegó el momento para su restauración prometida de los últimos días, el reino les fue quitado de la nación de Israel temporalmente, hasta llegar el momento cuando lo recibirían. En vez de ser reunidos de la dispersión con su Mesías comenzando a reinar desde Jerusalén, Jesús les dijo a los judíos en Judea que ellos también serían dispersos, así como sucedió a los tribus del norte antes que ellos, y que Jerusalén sería hollada por los gentiles hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:24). Solo después de eso se cumplirán las demás profecías acerca de Israel cuando Cristo vuelva por segunda vez para liberar y restaurarlos.
Los discípulos, conociendo las profecías acerca de la restauración de Israel en los postreros días y no logrando a comprender que Israel había sido apartado, le preguntaron a Jesús después de resucitar de los muertos si Él iba a restaurar a Israel en ese tiempo (Hch 1:6). Estaban acertados en entender la secuencia de eventos profetizados acerca de los postreros días para Israel, pero no lograron ver que, debido al rechazo del reino, el reloj para el calendario profético para Israel se había detenido. Israel temporalmente fue apartado en juicio hasta que los tiempos de los gentiles se cumplieran y haya entrado la plenitud de los gentiles en el redil. Entonces el reloj para Israel seguirá y todo Israel será salvo (Rom 11:25-29).
Es por esta razón que el autor de Hebreos, como también Pedro, habló de la encarnación y ministerio terrenal de Cristo como habiendo ocurridos “en estos postreros días” (Heb 1:1-2; 1Pedro 1:20-21). Sin embargo, al mismo tiempo, Pedro hablaba de los postreros días como algo todavía en el futuro. Él dijo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-13)
Aquí vemos a Pedro diciendo a los creyentes alrededor del año 65 d.C. lo que iba a suceder en su futuro en los postreros. Alrededor del mismo tiempo, Pablo también hablaba de los postreros días como algo futuro aún, diciendo: “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe…”, “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…”, “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos…” (1Tim 4:1-2; 2Tim 4:1-5; 3:1-6). Obviamente, si Preterismo fuera cierto, Pedro y Pablo no hubieron estado hablando acerca de los postreros días como si fueran algo todavía futuro, estando tan cerca en tiempo a 70 d.C. Ellos les hubieran enfatizados que ya estaban viviendo en los postreros días.
La razón por qué los autores del Nuevo Testamento podrían a veces decir que estaban en los postreros días, al mismo tiempo que indicaban que los postreros días todavía eran futuros, es porque había dos clases de profecías acerca de los postreros días. Desde la encarnación de Cristo el Mesías, ya estaban en los postreros días para Israel, los cuales, debido a su rechazo de Él, fueron congelados en el tiempo hasta los tiempos de la restauración de todos, profetizados en el Antiguo Testamento (Hch 3:19-21). A la vez, ellos estaban entrando en los tiempos de los gentiles, que continuarán hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado en los postreros días para la Iglesia, cuando Cristo volverá por segunda vez. Está época terminará con las señales de los tiempos postreros para la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo siendo cumplidas juntamente con el resto de las señales de los postreros días dadas a Israel en el Antiguo Testamento.
Eventos de los Postreros Días que Aún Faltan por Cumplirse
Los Preteristas insisten en que los postreros días concluyeron y Cristo volvió en el año 70 d.C., introduciéndonos en la nueva era. Sin embargo, hay numerosas profecías acerca de los postreros días en ambos testamentos que aún tienen que cumplirse. Aquí estaremos examinando algunos de ellas.
La Invasión de Israel por Rusia en los Postreros Días
Las expresiones, “al cabo de años” y “al cabo de los días” son usados intercambiablemente en Ezequiel 38, indicando que ellos se refieren al mismo punto en la historia. Así que, si puede ser demostrado que “el cabo de los años” es futuro aun, entonces, podemos concluir que las otras quince veces donde “al cabo de los días” y “los postreros días” aparecen en un contexto escatológico también tienen referencia al futuro. Viendo Ezequiel 38 y 39, es evidente que el cabo de los años o el cabo de los días es todavía futuro:
“Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano (príncipe de Rosh) de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, 3 y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. 4 Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; 5 Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; 6 Gomer, y todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo. 7 Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido a ti, y sé tú su guarda. 8 De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. 9 Subirás tú, y vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas tus tropas, y muchos pueblos contigo… 14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? 15 Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército, 16 y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.” (Ezeq 38:2-9,14-16)
Aunque no es el objetivo de este blog entrar en detalle acerca del cumplimiento de esta profecía, definitivamente se está refiriendo a un evento todavía futuro, al cabo de los días. No ha habido una invasión de Israel en el pasado como la aquí descrita.
En primer lugar, dice que la invasión sucederá en un tiempo llamado al cabo de años o al cabo de los días cuando Israel habrá sido reunido en su tierra. En el primer siglo las tribus de Israel aún no habían sido reunidas en la tierra de Israel. Hay más de una referencia en el Nuevo Testamento indicando que, en el primer siglo los judíos aún estaban dispersos entre las naciones:
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (Stg 1:1; cf. Jn 7:35; 1Pedro 1:1; Hch 26:7).
Obviamente, en los tiempos de Cristo la mayoría entre las doce tribus aún estaban dispersas entre las naciones. Algunos dicen que las diez tribus del norte fueron perdidas para siempre. Sin embargo, Pablo, en Hechos 26:7 se refiere a las doce tribus como existiendo en su día. La prometida reunión del pueblo de Israel en su tierra, que vemos mencionada tantas veces en el Antiguo Testamento, aún no había ocurrido en el año 70 d.C. (cf. Oseas 3:4; Isa 11:9-11; 16:14-15; Ezeq 37:21-38:12). Así que, la reunión de Israel de los postreros días, cuando David será su rey por las épocas venideras aún no ha sido cumplida.
Es importante entender que, aun antes de que Israel hubiera cruzado el río Jordán para entrar en la Tierra Prometida, el Señor que sabe el fin desde el comienzo, le dijo a Israel en Deuteronomio que ellos serían conquistados y dispersos entre las naciones, pero que serían reunidos y restaurados en los postreros días:
“hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que muy pronto desaparecerán de la tierra que van a poseer al cruzar el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, sino que serán destruidos por completo. 27 El SEÑOR los dispersará entre las naciones, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos. 28 Allí ustedes adorarán a dioses de madera y de piedra, hechos por seres humanos: dioses que no pueden ver ni oír, ni comer ni oler. 29 Pero si desde allí buscas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás. 30 Y al cabo del tiempo (lit. “en los postreros días”), cuando hayas vivido en medio de todas esas angustias y dolores, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. 31 Porque el SEÑOR tu Dios es un Dios compasivo, que no te abandonará ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que mediante juramento hizo con tus antepasados.” (Deut 4:26-31 NVI [2]; cf. Ezeq 37:21-27; Isa 2:2-4)
En Deuteronomio 4, vemos claramente que nada de lo que hizo la nación de Israel ha tomado a Dios por sorpresa. Desde el momento que llamó a Abraham, Él sabía que sus descendientes iban a rechazar a su Mesías y crucificarlo. Esto fue incluido en Su plan eterno. También incluido en Su plan estaba Su juramento irrevocable que jamás abandonaría al pueblo de Israel o lo destruiría, sino que sería reunido y restaurado en los postreros días, para jamás volver a ser dispersos. Así que, podemos ver claramente que la expresión “los postreros días,” no tiene referencia a la destrucción de Israel en el año 70 d.C., sino que será el tiempo de la reunión y liberación del pueblo de Israel en el tiempo de la Segunda Venida de Cristo en el futuro cuando los judíos dirán, “Bendito Él que viene en nombre del Señor.”
En segundo lugar, Israel todavía no ha sido invadido por la alianza de naciones descrita en esta profecía. Aunque es debatido, Gog, el príncipe de Rosh, de Mesec y Tubal, más probablemente se refiere a la Rusia de hoy en día. Mesec y Tubal parece tener referencia a las regiones occidentales y orientales de Rusia (Rosh). Antes de la revolución Bolchevique, el capital occidental era Moscú que se evolucionó de Mesec y el capital oriental era Tobolsk que se evolucionó de Tubal. Las otras naciones mencionadas como aliados con Rusia actualmente son sus aliados contra Israel. Adicionalmente, vemos que la intervención de Dios para liberar a Israel es tan innegablemente sobrenatural que resultará en todas las naciones reconociendo que Él es Dios (Ezeq 39:6-7). Esta liberación sin precedentes indica que esta batalla todavía no ha sucedido. Así que, los postreros días todavía no han culminados. Es demasiado obvio que esta batalla no ocurrió en un supuesto “postreros días destrucción de Jerusalén,” como afirman los Preteristas. La batalla de Ezequiel 38 y 39 salvará a Israel de sus enemigos; no será para su destrucción.
Algunos han argumentado que Ezequiel no pudo haber estado refiriéndose a la Rusia de hoy en día, dado que la descripción de las armas no corresponde con una batalla moderna. Pero aún si Ezequiel hubiera visto una batalla moderna en su visión, él la habría descrito con términos familiares al pueblo de su día para que pudieran entender la visión. Ni había palabras en su vocabulario para describir adecuadamente las armas de hoy.
Cristo Reinará desde Jerusalén en los Postreros Días
También vemos en el Antiguo Testamento que los postreros días no solamente marcan el fin del “día del hombre,” sino también nos introduce en el día del Señor, cuando ya no habrá más guerra porque el Señor establecerá Su trono en Jerusalén:
“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. 2 Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. 4 Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. 5 Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. 6 En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; 7 y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre.” (Maqueas 4:1-7)
Claramente, esta profecía está aún por cumplirse cuando el Libertador viene de Sion para salvar a Israel (Rom 11:25-29). Lo que ocurrió en Jerusalén en el año 70 d.C. fue exactamente lo opuesto de lo que dice esta profecía acerca de los postreros días.
La Resurrección de los Muertos es al fin de los Días, después de la Gran Tribulación
Otro evento que marca los postreros días que aún no ha ocurrido es la resurrección de los muertos. Que es una resurrección de nuestros cuerpos y no algo netamente espiritual, como afirman algunos Preteristas, es evidente, viendo la descripción dada por Daniel cuando habla de la resurrección de los que duermen en el polvo de la tierra:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará… 9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. 11 Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” (Dan 12:1-4; 9-13)
Aquí vemos, de la misma manera como es presentado en el Nuevo Testamento, que la resurrección sucede después de la Gran Tribulación. Le dijo a Daniel que él sería resucitado para recibir su heredad al fin de los días. ¿Debemos de entender de eso que Daniel fue resucitado en el año 70 d.C.? ¡Claro que no! La resurrección es en el fin de los días, después de la Gran Tribulación, al mismo tiempo que los vivos son arrebatados para recibir al Señor en el aire (1Tes 4:16-17).
Jesús también mencionó la resurrección como sucediendo en el tiempo del fin o el día postrera:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:39-40)
Burladores en los Postreros Días
Hay otro pasaje en el Nuevo Testamento que, para mí, claramente milita contra el argumento que los postreros días terminaron en el año 70 d.C., como afirman los Preteristas:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. 5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2Pedro 3:3-13)
Según los Preteristas, los últimos días terminaron y el día del Señor comenzó en el año 70 d.C. Sin embargo, en este pasaje vemos que, debido al retraso de la venida del Señor, muchos comenzarán a hacer burla a los cristianos por persistir en su esperanza de la venida del Señor. Él explica que el motivo del retraso es Su paciencia con nosotros, no queriendo que ninguno de nosotros perezca. Sin embargo, él dice que el día vendrá de repente. Dice que cuando el día del Señor viene, los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas, haciendo cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Es muy obvio que esto se refiere a un día del Señor todavía en nuestro futuro. Nada ocurrió en el año 70 d.C. que razonablemente podría ser considerado un cumplimiento de lo que está descrito aquí.
Sin embargo, Preteristas intentan argumentar que esto de hecho fue cumplido en el año 70 d.C. En vez de verlo como teniendo referencia a burladores que vendrían antes de una venida futura para liberar a Su pueblo Israel, el Preterista Jonathan Welton explica en su libro Raptureless: “se estaban burlando de los cristianos por creer que Jesús iba a traer juicio contra el Templo.” [3] Pero Pedro dice que, en aquel tiempo los cielos pasarán, y la Tierra será quemada. ¿Cómo explica esto Welton? Él no intenta explicar cómo los cielos hubieran podido pasar con gran estruendo en ese tiempo, pero él intenta argumentar que la referencia a “la tierra” siendo quemada, solamente se refiere a la tierra de Israel en el año 70 d.C. Él dice:
“La palabra utilizada aquí para ‘tierra’ es ge, no kosmos. Ge es la palabra para ‘territorio,’ mientras que kosmos es la palabra para ‘todo el mundo.’ Esto no se trata de la destrucción del planeta tierra (kosmos), sino que se trata de la destrucción de la tierra de Israel (ge).” [4]
Sin embargo, su argumento no tiene fundamento. Como explico con más detalle en mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?, a menos que el contexto claramente indique lo contrario, la palabra griega ge es el nombre propio de nuestro planeta, de la misma manera que la tierra en español normalmente significa el Planeta Tierra, especialmente cuando tiene el artículo definido. Además, cuando vemos la tierra mencionada en relación a los cielos, sabemos inmediatamente que se está refiriendo a todo el Planeta Tierra. Así que, esta exhortación a vivir piadosamente claramente tiene aplicación a toda la Iglesia y no solamente a los cristianos viviendo en Jerusalén antes del año 70 d.C.
También, dice en 2Pedro 3:10 que los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos. El sentido obvio de “los elementos ardiendo” es que tiene referencia a la recreación de los cielos y la tierra. Sin embargo, eso no encaja con un cumplimiento en el año 70 d.C. ¿Cómo explica Welton esto? Increíblemente, él argumenta que los elementos que estarían ardiendo son los rudimentos de la Ley, mencionados por Pablo. [5]
Si el contexto fuera indicar que Pedro estaba hablando de los ritos de la Ley, posiblemente con un poco de imaginación y creatividad podríamos interpretar “los elementos ardiendo” como teniendo referencia a la pasada de la Ley del Antiguo Pacto. Sin embargo, el contexto no es la Ley, sino los cielos y la tierra que serán derretidos y hechos nuevos en el día del Señor.
El Anticristo y la Última Hora
Antes de dejar el tema de los últimos días, me gustaría considerar un versículo que, como ha sido traducido en algunas versiones, podría llevarlo a uno a pensar que Juan pensaba que estaban viviendo en el último tiempo:
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.” (1 Juan 2:18)
Juan aparenta estar diciendo que la presencia de los maestros gnósticos anticristos indicaba que ellos estaban en la hora final, cuando el Anticristo profetizado iba a aparecer. Sin embargo, en el griego original, la frase “último tiempo” en ambas instancias es anartro (sin artículo), como lo vemos expresado en una traducción literal:
“Hijitos, ya es una última hora, y según oísteis que el anticristo viene, así aún ahora muchos anticristos han surgido, por esto sabemos que es una última hora.” (1Juan 2:18 LITV)
La ausencia del artículo en el griego no necesariamente constituye un sustantivo indefinido como en inglés, sino que enfatiza sus características o cualidades. Por lo tanto, lo que Juan estaba diciendo era que los tiempos que estaban viviendo tenían las características de la hora final, debido a la presencia de anticristos. Pero al mismo tiempo él deja en claro que el Anticristo aún no había llegado. Él no dijo que era la última hora, sino que parecía como si fuera la última hora. El erudito del griego Kenneth Wuest, expresa el verdadero sentido de 1Juan 2:18 en su traducción. Se lee así:
“tiene las características de una última hora. Y así como han oído que el Anticristo viene, aún ahora muchos anticristos han surgido, y por eso conocemos que es característica de una última hora.” [6]
Welton argumenta que el Anticristo no es un personaje venidero, sino un sistema de enseñanza. Él dice: “El Anticristo no es una persona; es un sistema de creencias, en específico, gnosticismo.” [7] Para argumentar esto, él tiene que establecer que la palabra anticristo no es un nombre propio, y por lo tanto no se refiere a una persona, sino a un sistema de creencias. Él argumenta lo siguiente:
“La razón por que es con mayúscula A es porque los traductores injertaron la palabra el antes de la palabra anticristo, así haciendo el anticristo un nombre propio, que requiere una A mayúscula. La Iglesia primitiva había oído que anticristo (falsas doctrinas) iba a venir, pero ellos no habían oído que el Anticristo (un líder mundial) venía. La inserción de el y poniendo como Anticristo, mayúsculo, fue agregado 1.500 años más tarde por los traductores.” [8]
En respuesta, solamente me gustaría señalar que el texto Bizantino, que representa la mayoría de los textos griegos existentes, aparece con el artículo definido, y por esa razón, el Anticristo correctamente aparece con el artículo definido y con la A mayúscula en la mayoría de las traducciones. Aun si uno fuera poner más peso en los pocos textos que excluyen el artículo, la ausencia del artículo no indica que no sea un nombre propio. Los nombres proprios a menudo aparecen en el texto griego sin el artículo.
También, contrario a lo que dice Welton, vemos que la Iglesia primitiva entendió el Anticristo como un personaje que vendría en su futuro, y no simplemente un sistema de creencias. [9] Dado que ellos mismos hablaban en el griego y eran los más cercanos en tiempo a las enseñanzas de los Apóstoles, debemos de ser reticente a descontar su entendimiento del Anticristo.
Conclusión
En resumen, hemos visto que la mayoría de las profecías acerca de los postreros días, sean en el Antiguo Testamento, o en el Nuevo Testamento, todavía están por cumplirse. Por lo tanto, los últimos días no tienen referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Viendo la situación en el mundo y las iglesias hoy en día, estoy convencido de que estamos en los últimos días y que Cristo viene pronto.
Algunos dicen que esto no es un tema que vale la pena discutir. Sin embargo, estoy convencido de que, tal vez el engaño más grande de nuestros tiempos es la misma negación de que estamos viviendo en los postreros días, porque ha resultado en que nuestra generación hiciera caso omiso a las señales del fin y las advertencias acerca del engaño y apostasía en los tiempos finales. Nuestra generación, más que cualquier otra generación debe de estar vigilando, pero, en gran parte debido al Preterismo, muchos están dormidos.
Para terminar, quiero dejar al lector con unos pasajes relevantes para su reflexión reverente – textos que son ignorados por muchos, pensando que no son para nosotros en este tiempo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-5)
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.” (1Tim 4:1-2)
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Tim 3:1-5)
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-4)
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes… 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (Mateo 24:23-25,27)
“El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.” (Dan 12:9-10)
Este blog fue tomado en parte de mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?
[1] Gary Demar, Last Day Madness: Obsession of the Modern Church.
[2]Aquí cito del NVI y no la Reina Valera porque correctamente traduce el hebreo shuwb “volverás” (futuro indicativo) en el versículo 30 en vez del condicional, “si volvieres.” De hecho, en el LXX esa palabra es futuro pasivo indicativo, “serán convertidos.”
[3] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2017-2018). BookBaby. Kindle Edition.
[4] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2042-2044). BookBaby. Kindle Edition.
[5] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2072-2190). BookBaby. Kindle Edition.
[6] An Expanded Translation by Kenneth S. Wuest
[7] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2262-2263). BookBaby. Kindle Edition.
[8] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2268-2271). BookBaby. Kindle Edition.
[9]Ireneo (160 a 230 d.C.)“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre…”
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde…”
Tertuliano: (160 a 220 d.C.)
“…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios…”
Cada generación de creyentes que ha amado la venida de nuestro Señor hemos aguardado la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo dentro de nuestra generación, así como hemos sido mandados a hacer (2Tim 4:8; Tito 2:13; Marcos 13:37).
Sin embargo, solo recientemente, dentro de los últimos años, ha surgido un número creciente de cristianos que han abandonado la esperanza bienaventurada para el Preterismo, que es la creencia de que los últimos días ya se cumplieron – que Cristo ya regresó en el año 70 d.C., destruyendo a Jerusalén por medio del ejército Romano, atando a Satanás en el abismo y comenzando Su reinado Milenial sobre la tierra.
En el titular de su libro, un autor Preterista expresa la opinión de muchos Preteristas hacia aquellos que todavía creemos que estamos en los últimos días, intitulándolo “Last Days Madness.” (La Demencia sobre los Postreras Días) [1] En el blog anterior, ¿Donde está la Promesa de Su Advenimiento?, brevemente demostré de las Escrituras que la Segunda Venida está aún en el futuro. El objetivo de este blog es demostrar que, de igual manera, la mayoría de las profecías acerca de los últimos días no fueron cumplidas en el año 70 d.C., y aún están por cumplirse.
Dos Categorías Distintas de Profecías acerca de los Últimos Días
Lo que muchos no toman en cuenta es que hay dos categorías distintas de profecías acerca de los últimos días. Primero, hay profecías dadas a Israel en el Antiguo Testamento acerca de los postreros días, comenzando con la venida de Cristo, su Mesías. Aparte de estas, tenemos las profecías dadas a la Iglesia acerca de los postreros días y la Segunda Venida de Cristo.
Para Israel, el primer evento que iba a suceder en los postreros días fue la venida de su Mesías y Rey para establecer Su reino en la tierra desde Jerusalén, después de un tiempo prolongado de dispersión. Varios pasajes profetizaban acerca de esta restauración futura de la nación y el reinado del Mesías que comenzaría en los postreros días:
“Porque muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe, sin sacrificio, sin estatua, sin efod y sin terafines. 5 Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días.” (Oseas 3:4-5)
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. 6 En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. 7 Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, 8 sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra.” (Jer 23:5-8).
“Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. 3 Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y juzgará entre las naciones, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra.” (Isa 2:2-4)
Como se puede ver de estas profecías acerca de los postreros días, la venida de Cristo, el Mesías de Israel, fue el primer indicador de que habían llegado los postreros días cuando todo Israel volvería al Señor, y Él los restauraría como nación, reinando sobre las naciones desde Jerusalén. Pero Israel rechazó a su Mesías y Rey cuando Cristo se presentó en la entrada triunfal. Fue después de rechazar Su oferta del reino que Jesús les dijo: “el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). Entonces, Él les dijo que iban a ser dejados desiertos porque no reconocieron el día de su visitación:
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! 38 He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39, cf. Lucas 19:44)
Por lo tanto, cuando llegó el momento para su restauración prometida de los últimos días, el reino les fue quitado de la nación de Israel temporalmente, hasta llegar el momento cuando lo recibirían. En vez de ser reunidos de la dispersión con su Mesías comenzando a reinar desde Jerusalén, Jesús les dijo a los judíos en Judea que ellos también serían dispersos, así como sucedió a los tribus del norte antes que ellos, y que Jerusalén sería hollada por los gentiles hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lucas 21:24). Solo después de eso se cumplirán las demás profecías acerca de Israel cuando Cristo vuelva por segunda vez para liberar y restaurarlos.
Los discípulos, conociendo las profecías acerca de la restauración de Israel en los postreros días y no logrando a comprender que Israel había sido apartado, le preguntaron a Jesús después de resucitar de los muertos si Él iba a restaurar a Israel en ese tiempo (Hch 1:6). Estaban acertados en entender la secuencia de eventos profetizados acerca de los postreros días para Israel, pero no lograron ver que, debido al rechazo del reino, el reloj para el calendario profético para Israel se había detenido. Israel temporalmente fue apartado en juicio hasta que los tiempos de los gentiles se cumplieran y haya entrado la plenitud de los gentiles en el redil. Entonces el reloj para Israel seguirá y todo Israel será salvo (Rom 11:25-29).
Es por esta razón que el autor de Hebreos, como también Pedro, habló de la encarnación y ministerio terrenal de Cristo como habiendo ocurridos “en estos postreros días” (Heb 1:1-2; 1Pedro 1:20-21). Sin embargo, al mismo tiempo, Pedro hablaba de los postreros días como algo todavía en el futuro. Él dijo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-13)
Aquí vemos a Pedro diciendo a los creyentes alrededor del año 65 d.C. lo que iba a suceder en su futuro en los postreros. Alrededor del mismo tiempo, Pablo también hablaba de los postreros días como algo futuro aún, diciendo: “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe…”, “vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina…”, “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos…” (1Tim 4:1-2; 2Tim 4:1-5; 3:1-6). Obviamente, si Preterismo fuera cierto, Pedro y Pablo no hubieron estado hablando acerca de los postreros días como si fueran algo todavía futuro, estando tan cerca en tiempo a 70 d.C. Ellos les hubieran enfatizados que ya estaban viviendo en los postreros días.
La razón por qué los autores del Nuevo Testamento podrían a veces decir que estaban en los postreros días, al mismo tiempo que indicaban que los postreros días todavía eran futuros, es porque había dos clases de profecías acerca de los postreros días. Desde la encarnación de Cristo el Mesías, ya estaban en los postreros días para Israel, los cuales, debido a su rechazo de Él, fueron congelados en el tiempo hasta los tiempos de la restauración de todos, profetizados en el Antiguo Testamento (Hch 3:19-21). A la vez, ellos estaban entrando en los tiempos de los gentiles, que continuarán hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado en los postreros días para la Iglesia, cuando Cristo volverá por segunda vez. Está época terminará con las señales de los tiempos postreros para la Iglesia y la Segunda Venida de Cristo siendo cumplidas juntamente con el resto de las señales de los postreros días dadas a Israel en el Antiguo Testamento.
Eventos de los Postreros Días que Aún Faltan por Cumplirse
Los Preteristas insisten en que los postreros días concluyeron y Cristo volvió en el año 70 d.C., introduciéndonos en la nueva era. Sin embargo, hay numerosas profecías acerca de los postreros días en ambos testamentos que aún tienen que cumplirse. Aquí estaremos examinando algunos de ellas.
La Invasión de Israel por Rusia en los Postreros Días
Las expresiones, “al cabo de años” y “al cabo de los días” son usados intercambiablemente en Ezequiel 38, indicando que ellos se refieren al mismo punto en la historia. Así que, si puede ser demostrado que “el cabo de los años” es futuro aun, entonces, podemos concluir que las otras quince veces donde “al cabo de los días” y “los postreros días” aparecen en un contexto escatológico también tienen referencia al futuro. Viendo Ezequiel 38 y 39, es evidente que el cabo de los años o el cabo de los días es todavía futuro:
“Hijo de hombre, pon tu rostro contra Gog en tierra de Magog, príncipe soberano (príncipe de Rosh) de Mesec y Tubal, y profetiza contra él, 3 y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra ti, oh Gog, príncipe soberano de Mesec y Tubal. 4 Y te quebrantaré, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré a ti y a todo tu ejército, caballos y jinetes, de todo en todo equipados, gran multitud con paveses y escudos, teniendo todos ellos espadas; 5 Persia, Cus y Fut con ellos; todos ellos con escudo y yelmo; 6 Gomer, y todas sus tropas; la casa de Togarma, de los confines del norte, y todas sus tropas; muchos pueblos contigo. 7 Prepárate y apercíbete, tú y toda tu multitud que se ha reunido a ti, y sé tú su guarda. 8 De aquí a muchos días serás visitado; al cabo de años vendrás a la tierra salvada de la espada, recogida de muchos pueblos, a los montes de Israel, que siempre fueron una desolación; mas fue sacada de las naciones, y todos ellos morarán confiadamente. 9 Subirás tú, y vendrás como tempestad; como nublado para cubrir la tierra serás tú y todas tus tropas, y muchos pueblos contigo… 14 Por tanto, profetiza, hijo de hombre, y di a Gog: Así ha dicho Jehová el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo Israel habite con seguridad, ¿no lo sabrás tú? 15 Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú y muchos pueblos contigo, todos ellos a caballo, gran multitud y poderoso ejército, 16 y subirás contra mi pueblo Israel como nublado para cubrir la tierra; será al cabo de los días; y te traeré sobre mi tierra, para que las naciones me conozcan, cuando sea santificado en ti, oh Gog, delante de sus ojos.” (Ezeq 38:2-9,14-16)
Aunque no es el objetivo de este blog entrar en detalle acerca del cumplimiento de esta profecía, definitivamente se está refiriendo a un evento todavía futuro, al cabo de los días. No ha habido una invasión de Israel en el pasado como la aquí descrita.
En primer lugar, dice que la invasión sucederá en un tiempo llamado al cabo de años o al cabo de los días cuando Israel habrá sido reunido en su tierra. En el primer siglo las tribus de Israel aún no habían sido reunidas en la tierra de Israel. Hay más de una referencia en el Nuevo Testamento indicando que, en el primer siglo los judíos aún estaban dispersos entre las naciones:
“Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.” (Stg 1:1; cf. Jn 7:35; 1Pedro 1:1; Hch 26:7).
Obviamente, en los tiempos de Cristo la mayoría entre las doce tribus aún estaban dispersas entre las naciones. Algunos dicen que las diez tribus del norte fueron perdidas para siempre. Sin embargo, Pablo, en Hechos 26:7 se refiere a las doce tribus como existiendo en su día. La prometida reunión del pueblo de Israel en su tierra, que vemos mencionada tantas veces en el Antiguo Testamento, aún no había ocurrido en el año 70 d.C. (cf. Oseas 3:4; Isa 11:9-11; 16:14-15; Ezeq 37:21-38:12). Así que, la reunión de Israel de los postreros días, cuando David será su rey por las épocas venideras aún no ha sido cumplida.
Es importante entender que, aun antes de que Israel hubiera cruzado el río Jordán para entrar en la Tierra Prometida, el Señor que sabe el fin desde el comienzo, le dijo a Israel en Deuteronomio que ellos serían conquistados y dispersos entre las naciones, pero que serían reunidos y restaurados en los postreros días:
“hoy pongo al cielo y a la tierra por testigos contra ustedes, de que muy pronto desaparecerán de la tierra que van a poseer al cruzar el Jordán. No vivirán allí mucho tiempo, sino que serán destruidos por completo. 27 El SEÑOR los dispersará entre las naciones, y entre todas ellas sólo quedarán esparcidos unos pocos. 28 Allí ustedes adorarán a dioses de madera y de piedra, hechos por seres humanos: dioses que no pueden ver ni oír, ni comer ni oler. 29 Pero si desde allí buscas al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, lo encontrarás. 30 Y al cabo del tiempo (lit. “en los postreros días”), cuando hayas vivido en medio de todas esas angustias y dolores, volverás al SEÑOR tu Dios y escucharás su voz. 31 Porque el SEÑOR tu Dios es un Dios compasivo, que no te abandonará ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que mediante juramento hizo con tus antepasados.” (Deut 4:26-31 NVI [2]; cf. Ezeq 37:21-27; Isa 2:2-4)
En Deuteronomio 4, vemos claramente que nada de lo que hizo la nación de Israel ha tomado a Dios por sorpresa. Desde el momento que llamó a Abraham, Él sabía que sus descendientes iban a rechazar a su Mesías y crucificarlo. Esto fue incluido en Su plan eterno. También incluido en Su plan estaba Su juramento irrevocable que jamás abandonaría al pueblo de Israel o lo destruiría, sino que sería reunido y restaurado en los postreros días, para jamás volver a ser dispersos. Así que, podemos ver claramente que la expresión “los postreros días,” no tiene referencia a la destrucción de Israel en el año 70 d.C., sino que será el tiempo de la reunión y liberación del pueblo de Israel en el tiempo de la Segunda Venida de Cristo en el futuro cuando los judíos dirán, “Bendito Él que viene en nombre del Señor.”
En segundo lugar, Israel todavía no ha sido invadido por la alianza de naciones descrita en esta profecía. Aunque es debatido, Gog, el príncipe de Rosh, de Mesec y Tubal, más probablemente se refiere a la Rusia de hoy en día. Mesec y Tubal parece tener referencia a las regiones occidentales y orientales de Rusia (Rosh). Antes de la revolución Bolchevique, el capital occidental era Moscú que se evolucionó de Mesec y el capital oriental era Tobolsk que se evolucionó de Tubal. Las otras naciones mencionadas como aliados con Rusia actualmente son sus aliados contra Israel. Adicionalmente, vemos que la intervención de Dios para liberar a Israel es tan innegablemente sobrenatural que resultará en todas las naciones reconociendo que Él es Dios (Ezeq 39:6-7). Esta liberación sin precedentes indica que esta batalla todavía no ha sucedido. Así que, los postreros días todavía no han culminados. Es demasiado obvio que esta batalla no ocurrió en un supuesto “postreros días destrucción de Jerusalén,” como afirman los Preteristas. La batalla de Ezequiel 38 y 39 salvará a Israel de sus enemigos; no será para su destrucción.
Algunos han argumentado que Ezequiel no pudo haber estado refiriéndose a la Rusia de hoy en día, dado que la descripción de las armas no corresponde con una batalla moderna. Pero aún si Ezequiel hubiera visto una batalla moderna en su visión, él la habría descrito con términos familiares al pueblo de su día para que pudieran entender la visión. Ni había palabras en su vocabulario para describir adecuadamente las armas de hoy.
Cristo Reinará desde Jerusalén en los Postreros Días
También vemos en el Antiguo Testamento que los postreros días no solamente marcan el fin del “día del hombre,” sino también nos introduce en el día del Señor, cuando ya no habrá más guerra porque el Señor establecerá Su trono en Jerusalén:
“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. 2 Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. 4 Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. 5 Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. 6 En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; 7 y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre.” (Maqueas 4:1-7)
Claramente, esta profecía está aún por cumplirse cuando el Libertador viene de Sion para salvar a Israel (Rom 11:25-29). Lo que ocurrió en Jerusalén en el año 70 d.C. fue exactamente lo opuesto de lo que dice esta profecía acerca de los postreros días.
La Resurrección de los Muertos es al fin de los Días, después de la Gran Tribulación
Otro evento que marca los postreros días que aún no ha ocurrido es la resurrección de los muertos. Que es una resurrección de nuestros cuerpos y no algo netamente espiritual, como afirman algunos Preteristas, es evidente, viendo la descripción dada por Daniel cuando habla de la resurrección de los que duermen en el polvo de la tierra:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. 4 Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará… 9 El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán. 11 Y desde el tiempo que sea quitado el continuo sacrificio hasta la abominación desoladora, habrá mil doscientos noventa días. 12 Bienaventurado el que espere, y llegue a mil trescientos treinta y cinco días. 13 Y tú irás hasta el fin, y reposarás, y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días.” (Dan 12:1-4; 9-13)
Aquí vemos, de la misma manera como es presentado en el Nuevo Testamento, que la resurrección sucede después de la Gran Tribulación. Le dijo a Daniel que él sería resucitado para recibir su heredad al fin de los días. ¿Debemos de entender de eso que Daniel fue resucitado en el año 70 d.C.? ¡Claro que no! La resurrección es en el fin de los días, después de la Gran Tribulación, al mismo tiempo que los vivos son arrebatados para recibir al Señor en el aire (1Tes 4:16-17).
Jesús también mencionó la resurrección como sucediendo en el tiempo del fin o el día postrera:
“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:39-40)
Burladores en los Postreros Días
Hay otro pasaje en el Nuevo Testamento que, para mí, claramente milita contra el argumento que los postreros días terminaron en el año 70 d.C., como afirman los Preteristas:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. 5 Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, 6 por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; 7 pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. 8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11 Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, 12 esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! 13 Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2Pedro 3:3-13)
Según los Preteristas, los últimos días terminaron y el día del Señor comenzó en el año 70 d.C. Sin embargo, en este pasaje vemos que, debido al retraso de la venida del Señor, muchos comenzarán a hacer burla a los cristianos por persistir en su esperanza de la venida del Señor. Él explica que el motivo del retraso es Su paciencia con nosotros, no queriendo que ninguno de nosotros perezca. Sin embargo, él dice que el día vendrá de repente. Dice que cuando el día del Señor viene, los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas, haciendo cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Es muy obvio que esto se refiere a un día del Señor todavía en nuestro futuro. Nada ocurrió en el año 70 d.C. que razonablemente podría ser considerado un cumplimiento de lo que está descrito aquí.
Sin embargo, Preteristas intentan argumentar que esto de hecho fue cumplido en el año 70 d.C. En vez de verlo como teniendo referencia a burladores que vendrían antes de una venida futura para liberar a Su pueblo Israel, el Preterista Jonathan Welton explica en su libro Raptureless: “se estaban burlando de los cristianos por creer que Jesús iba a traer juicio contra el Templo.” [3] Pero Pedro dice que, en aquel tiempo los cielos pasarán, y la Tierra será quemada. ¿Cómo explica esto Welton? Él no intenta explicar cómo los cielos hubieran podido pasar con gran estruendo en ese tiempo, pero él intenta argumentar que la referencia a “la tierra” siendo quemada, solamente se refiere a la tierra de Israel en el año 70 d.C. Él dice:
“La palabra utilizada aquí para ‘tierra’ es ge, no kosmos. Ge es la palabra para ‘territorio,’ mientras que kosmos es la palabra para ‘todo el mundo.’ Esto no se trata de la destrucción del planeta tierra (kosmos), sino que se trata de la destrucción de la tierra de Israel (ge).” [4]
Sin embargo, su argumento no tiene fundamento. Como explico con más detalle en mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?, a menos que el contexto claramente indique lo contrario, la palabra griega ge es el nombre propio de nuestro planeta, de la misma manera que la tierra en español normalmente significa el Planeta Tierra, especialmente cuando tiene el artículo definido. Además, cuando vemos la tierra mencionada en relación a los cielos, sabemos inmediatamente que se está refiriendo a todo el Planeta Tierra. Así que, esta exhortación a vivir piadosamente claramente tiene aplicación a toda la Iglesia y no solamente a los cristianos viviendo en Jerusalén antes del año 70 d.C.
También, dice en 2Pedro 3:10 que los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos. El sentido obvio de “los elementos ardiendo” es que tiene referencia a la recreación de los cielos y la tierra. Sin embargo, eso no encaja con un cumplimiento en el año 70 d.C. ¿Cómo explica Welton esto? Increíblemente, él argumenta que los elementos que estarían ardiendo son los rudimentos de la Ley, mencionados por Pablo. [5]
Si el contexto fuera indicar que Pedro estaba hablando de los ritos de la Ley, posiblemente con un poco de imaginación y creatividad podríamos interpretar “los elementos ardiendo” como teniendo referencia a la pasada de la Ley del Antiguo Pacto. Sin embargo, el contexto no es la Ley, sino los cielos y la tierra que serán derretidos y hechos nuevos en el día del Señor.
El Anticristo y la Última Hora
Antes de dejar el tema de los últimos días, me gustaría considerar un versículo que, como ha sido traducido en algunas versiones, podría llevarlo a uno a pensar que Juan pensaba que estaban viviendo en el último tiempo:
“Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.” (1 Juan 2:18)
Juan aparenta estar diciendo que la presencia de los maestros gnósticos anticristos indicaba que ellos estaban en la hora final, cuando el Anticristo profetizado iba a aparecer. Sin embargo, en el griego original, la frase “último tiempo” en ambas instancias es anartro (sin artículo), como lo vemos expresado en una traducción literal:
“Hijitos, ya es una última hora, y según oísteis que el anticristo viene, así aún ahora muchos anticristos han surgido, por esto sabemos que es una última hora.” (1Juan 2:18 LITV)
La ausencia del artículo en el griego no necesariamente constituye un sustantivo indefinido como en inglés, sino que enfatiza sus características o cualidades. Por lo tanto, lo que Juan estaba diciendo era que los tiempos que estaban viviendo tenían las características de la hora final, debido a la presencia de anticristos. Pero al mismo tiempo él deja en claro que el Anticristo aún no había llegado. Él no dijo que era la última hora, sino que parecía como si fuera la última hora. El erudito del griego Kenneth Wuest, expresa el verdadero sentido de 1Juan 2:18 en su traducción. Se lee así:
“tiene las características de una última hora. Y así como han oído que el Anticristo viene, aún ahora muchos anticristos han surgido, y por eso conocemos que es característica de una última hora.” [6]
Welton argumenta que el Anticristo no es un personaje venidero, sino un sistema de enseñanza. Él dice: “El Anticristo no es una persona; es un sistema de creencias, en específico, gnosticismo.” [7] Para argumentar esto, él tiene que establecer que la palabra anticristo no es un nombre propio, y por lo tanto no se refiere a una persona, sino a un sistema de creencias. Él argumenta lo siguiente:
“La razón por que es con mayúscula A es porque los traductores injertaron la palabra el antes de la palabra anticristo, así haciendo el anticristo un nombre propio, que requiere una A mayúscula. La Iglesia primitiva había oído que anticristo (falsas doctrinas) iba a venir, pero ellos no habían oído que el Anticristo (un líder mundial) venía. La inserción de el y poniendo como Anticristo, mayúsculo, fue agregado 1.500 años más tarde por los traductores.” [8]
En respuesta, solamente me gustaría señalar que el texto Bizantino, que representa la mayoría de los textos griegos existentes, aparece con el artículo definido, y por esa razón, el Anticristo correctamente aparece con el artículo definido y con la A mayúscula en la mayoría de las traducciones. Aun si uno fuera poner más peso en los pocos textos que excluyen el artículo, la ausencia del artículo no indica que no sea un nombre propio. Los nombres proprios a menudo aparecen en el texto griego sin el artículo.
También, contrario a lo que dice Welton, vemos que la Iglesia primitiva entendió el Anticristo como un personaje que vendría en su futuro, y no simplemente un sistema de creencias. [9] Dado que ellos mismos hablaban en el griego y eran los más cercanos en tiempo a las enseñanzas de los Apóstoles, debemos de ser reticente a descontar su entendimiento del Anticristo.
Conclusión
En resumen, hemos visto que la mayoría de las profecías acerca de los postreros días, sean en el Antiguo Testamento, o en el Nuevo Testamento, todavía están por cumplirse. Por lo tanto, los últimos días no tienen referencia a la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Viendo la situación en el mundo y las iglesias hoy en día, estoy convencido de que estamos en los últimos días y que Cristo viene pronto.
Algunos dicen que esto no es un tema que vale la pena discutir. Sin embargo, estoy convencido de que, tal vez el engaño más grande de nuestros tiempos es la misma negación de que estamos viviendo en los postreros días, porque ha resultado en que nuestra generación hiciera caso omiso a las señales del fin y las advertencias acerca del engaño y apostasía en los tiempos finales. Nuestra generación, más que cualquier otra generación debe de estar vigilando, pero, en gran parte debido al Preterismo, muchos están dormidos.
Para terminar, quiero dejar al lector con unos pasajes relevantes para su reflexión reverente – textos que son ignorados por muchos, pensando que no son para nosotros en este tiempo:
“que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. 3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. 5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” (2 Tim 4:2-5)
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; 2 por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia.” (1Tim 4:1-2)
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Tim 3:1-5)
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2 Pedro 3:3-4)
“Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. 25 Ya os lo he dicho antes… 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.” (Mateo 24:23-25,27)
“El respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. 10 Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán.” (Dan 12:9-10)
Este blog fue tomado en parte de mi libro Los Últimos Días ¿Pasados o Presentes?
[1] Gary Demar, Last Day Madness: Obsession of the Modern Church.
[2]Aquí cito del NVI y no la Reina Valera porque correctamente traduce el hebreo shuwb “volverás” (futuro indicativo) en el versículo 30 en vez del condicional, “si volvieres.” De hecho, en el LXX esa palabra es futuro pasivo indicativo, “serán convertidos.”
[3] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2017-2018). BookBaby. Kindle Edition.
[4] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2042-2044). BookBaby. Kindle Edition.
[5] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2072-2190). BookBaby. Kindle Edition.
[6] An Expanded Translation by Kenneth S. Wuest
[7] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2262-2263). BookBaby. Kindle Edition.
[8] Welton, Jonathan (2013-11-01). Raptureless: An Optimistic Guide to the End of the World - Revised Edition Including The Art of Revelation (Kindle Locations 2268-2271). BookBaby. Kindle Edition.
[9]Ireneo (160 a 230 d.C.)“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre…”
“Porque él (el Anticristo) siendo revestido con poder del diablo, vendrá, no como un rey justo, ni como un rey legítimo, sujeto a Dios, sino un impío, injusto, y rebelde…”
Tertuliano: (160 a 220 d.C.)
“…y para que aquella gran ciudad de fornicación reciba de los diez reyes su perdición merecida, y para que la bestia, el Anticristo con su falso profeta haga guerra contra la Iglesia de Dios…”
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por George Sidney Hurd
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Al final de la vida del Apóstol Pedro, él nos advirtió de antemano acerca de lo que sería la actitud de muchos en los postreros días debido a la aparente tardanza en la Segunda Venida de Cristo diciendo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2Pedro 3:3-4)
Tanto a Pedro, como a Pablo, les fueron mostrados las condiciones que prevalecerían en los postreros días (cf. 1Tim 4:1-3; 2Tim 3:1-5). Las señales que nombraron son características de nuestros días, más que cualquier generación anterior. En este blog, voy a responder a unos de los argumentos presentados por un número creciente de personas que ridiculizan a aquellos que todavía esperamos ansiosamente el retorno de Cristo en el futuro cercano.
“No pasará esta generación”
Los Preteristas presentan la declaración, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” como evidencia de que Cristo vino en 70 d.C., dado que Jesús describe la desolación de Israel y Su Segunda Venida en el mismo discurso.
Sin embargo, un examen cuidadoso del contexto dentro de los tres Evangelios sinópticos deja en claro que hay una separación necesaria entre la desolación de Jerusalén en 70 d.C., y la Segunda Venida de Cristo.
Justo antes de Su discurso en Mateo 23:36, Jesús le dijo al liderazgo representativa de Israel: “De cierto os digo: Vendrán todas estas cosas sobre esta generación,” con “todas estas cosas” refiriéndose al juicio contra Israel y su desolación. Entonces, en 38-39 Él menciona Su Segunda Venida como algo que sucedería después de la desolación de Israel, en un tiempo cuando ellos estarían dispuestos a recibirlo como Su Mesías y Rey. Él les dijo:
“He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, HASTA QUE digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:38-39)
Los Preteristas dirían que Dios rechazó a Su pueblo Israel para siempre como nación. Sin embargo, Jesús habla de su juicio como temporal, continuando “hasta que” llegue el momento cuando Israel dirá, “Bendito el que ‘viene’ en el nombre del Señor.” El Evangelio de Lucas, que da más detalle acerca del juicio y desolación de Israel en 70 d.C., también presenta el juicio de Israel como algo temporal, diciendo:
“Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:23-24)
Más adelante Pablo recibió mayor revelación acerca del juicio contra Israel y su liberación y restauración después, cuando Cristo vuelve otra vez. Él dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, HASTA QUE haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.” (Rom 11:25-27)
Aquí Pablo nos dice que el juicio contra Israel es temporal, continuando “hasta que” haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, todo Israel será salvo y restaurado cuando Cristo, el Libertador, venga desde Sion, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo. Cuando Cristo viene por segunda vez no será para la destrucción de Israel, como afirman los Preteristas, sino para su liberación. Tristemente, muchos, incluso a los Preteristas, ignoran este misterio, creyendo que la Iglesia ha reemplazado a Israel como pueblo. Demuestro la naturaleza temporal del juicio de Israel en mi blog: “¿Ha Reemplazado la Iglesia a Israel?”
Así que, vemos que hay una separación necesaria entre la desolación y dispersión de Israel y su liberación en la Segunda Venida de Cristo cuando otra generación dirá: “Bendito el que viene en el nombre del Señor.”
El Discurso en el Monte de los Olivos tiene un Cumplimiento Doble
Después de declarar acerca de la desolación y Su venida posterior a ella, cuando Israel finalmente lo recibirá, Jesús continúa diciendo en el próximo versículo que no quedará piedra sobre piedra del templo, que no sería derribada. Fue después de esto que Sus discípulos le hicieron la pregunta doble: “Dinos, 1) ¿cuándo serán estas cosas, y 2) qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).
En el contexto, ya hemos visto que Jesús habló de “estas cosas” (la desolación de Israel y la destrucción de su templo) que vendría sobre esa misma generación, y su posterior venida cuando Israel estaría dispuesto a recibirlo. Todo el discurso es la respuesta de Jesús a sus dos preguntas. Aunque existen muchos paralelos entre los dos eventos, el lector cuidadoso descubrirá que son claramente distintas.
En el relato de Lucas, los discípulos son presentados como solamente preguntándole a Jesús acerca del tiempo de la desolación de Israel, la que Jesús acaba de decirles que sucedería en esa misma generación (Lucas 21:7), y de acuerdo con esa pregunta Él da más detalles acerca de la desolación de Jerusalén, mientras que, el Evangelio de Mateo, Él responde a ambas preguntas, pero dando más detalles acerca de los eventos relacionados con la Segunda Venida de Cristo.
Por ejemplo, en Lucas, Jesús les dijo a los cristianos que huyeran de Jerusalén tan pronto como vean que los ejércitos romanos rodearan a la ciudad, y Lucas incluye la declaración del juicio contra Israel que ocurriría en ese tiempo:
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución…porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:20-24)
Como podemos ver aquí, el asedio de Jerusalén por los ejércitos romanos es seguido por la dispersión prolongada de los judíos y la ocupación gentil de Jerusalén. En contraste, en el Evangelio de Mateo, vemos más detalle acerca del fin de la época y los eventos indicando la Segunda Venida de Cristo. En Mateo 24:14, Jesús dijo que el fin de la época no llegaría hasta que el evangelio haya sido predicado por todo el mundo. Él dijo:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo (οἰκουμένη), para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)
Es muy obvio que esto no fue cumplido antes de 70 d.C. Hasta el día de hoy, no podemos decir que todo el mundo habitado ha oído el evangelio. En los versículos que siguen esto, vemos otro mandato a huir. Sin embargo, en contraste con el relato de Lucas que los mandó a huir de Jerusalén al ver los ejércitos rodeando a Jerusalén, vemos el mandato a huir de Judea cuando ven la abominación desoladora en el lugar santo:
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa… 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:15-17; 21-22)
Mientras es posible que un lector casual podría pensar que Jesús está hablando del mismo evento en ambos Evangelios, cuando uno los examina más de cerca, llega a ser evidente que en el Evangelio de Mateo Jesús se está refiriendo a Su Segunda Venida cuando eventos sin precedentes llegan a ser tan severo como para destruir toda carne, requiriendo Su intervención para salvar a Su remanente elegido. Cuando Él viene otra vez, no será para la destrucción de Israel, sino para su liberación. El profeta Daniel vio la misma venida, y allí Él también es presentado como volviendo para la liberación de Israel después de la misma Gran Tribulación sin precedentes. Daniel dijo:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (eonian), y otros para vergüenza y confusión perpetua (eonian).” (Dan 12:1-2)
Jeremías también habla de la misma tribulación sin precedentes como “tiempo de angustia para Jacob” y también dice que Israel será liberada en ese tiempo (Jer 30:7-9). Tanto Jesús, como Daniel, describen una resurrección corporal cuando Israel es liberado al final de la Gran Tribulación (Mateo 24:30-31). Ninguna resurrección física ocurrió en 70 d.C., y Israel no fue liberada por la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, fue dejado desolada y dispersada en juicio.
Vale notar que los Padres Apostolicos vieron la abominación desoladora en Mateo 24 como algo futuro, seguido por el retorno visible de Cristo, mientras que los Padres que comentaron sobre Lucas 21:20 entendían la referencia de los ejércitos rodeando a Jerusalén como algo que ocurrió en 70 d.C.. [1] Nadie en ese entonces, sea cristiano o secular, indicó que entendían que Cristo había venido en ese tiempo.
Tiempo de la Destrucción de Jerusalén revelado – Tiempo de la Segunda Venida no revelado
La única señal dada por Jesús para indicar que la desolación de Israel estaba inminente fue que verían a los ejércitos rodeando a Jerusalén (Lucas 21:20). Jesús les dijo a los cristianos que huyeran a los montes al verlo, y la historia confirma que ellos obedecieron, huyendo a Pella antes de que Jerusalén fuera completamente rodeada.
En contraste con la desolación de Israel que ocurrió en 70 d.C., Jesús dio muchas señales que indicarían cuando Su venida estuviera inminente. Una que ya hemos considerado era que el evangelio habrá sido predicado a todas las naciones del mundo antes de que venga el fin y Cristo vuelva.
Otra señal que vimos es que habría “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21-22). Es cierto que el asedio romano de Jerusalén era un tiempo de tribulación para los judíos. Según Josefo, más de un millón de judíos perecieron. Sin embargo, la tribulación descrita por Jesús es de una escala global sin precedentes. Él dijo que jamás habría algo igual después. Sin embargo, en la tribulación bajo el régimen Nazi, murieron casi seis veces más judíos, sin tomar en cuenta los millones de judíos que murieron después, bajo el régimen de Stalin. Claramente, Jesús estaba refiriéndose a la Gran Tribulación de tres años y medio, descrito con más detalle en Daniel y en el libro de Apocalipsis donde el número de fatalidades son miles de millones a nivel mundial, y no simplemente un poco más de un millón de judíos que murieron en la ciudad de Jerusalén en 70 d.C. (Apo 6:8; 9:15).
Además, Jesús dijo que cuando Él venga, cada ojo de todos los tribus de la tierra lo verán viniendo (Apo 1:7; Mateo 24:30; 2Tes 2:8; Apo 6:12-17). En aquel tiempo algunos estarán durmiendo en un lado del mundo, mientras que otros estarán trabajando en los campos en pleno día (Lucas 17:34-36; Mateo 24:40-41). El Señor juntará a Sus elegidos de todo el mundo en ese momento (Mateo 24:30-31). Algunos serán llevados, mientras que otros serán dejados. Claramente, Jesús no vino en 70 d.C. Cristo simplemente dejó Jerusalén desolada debido a su rechazo del reino (Mateo 23:38-39). No vino para destruir personalmente a Jerusalén en 70 d.C. Cuando Cristo viene, será para salvarlos de sus enemigos – no para destruirlos.
A la vez que Jesús era específico en indicar el tiempo de la desolación de Israel, Él era enfático en decir que el tiempo de Su Segunda Venida solamente fue conocido por el Padre (Mateo 24:36). Momentos antes de que Cristo ascendió al Padre, los discípulos persistían en preguntarle a Jesús cuándo iba a restaurar el reino a Israel. En respuesta, Jesús no solamente les dijo que no les fue dado a conocer “el día ni la hora” de Su venida, sino que ni siquiera les tocaba saber “los tiempos y las sazones” que el Padre puso en Su sola potestad (Hch 1:7). En lugar de esto, Jesús les dijo en otras palabras lo que Él ya les había dicho antes en el Discurso del Monte de los Olivos – Él les dijo que tenían que predicar el evangelio a todas las naciones como testigo por todo el mundo antes de que viniese el fin (Mateo 24:13). Después de decirles que no les tocaba saber los tiempos y las sazones, Él repitió su tarea, la Gran Comisión:
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch 1:7-8)
Aunque el evangelio fue proclamado en muchas naciones alrededor de Judá en esa primera generación, aún no ha sido predicado a todas las naciones del mundo entero.
Dos Generaciones Distintas
Aunque creo que, por intención divina, no es algo aparente a primera vista, Jesús dirigía la palabra a dos generaciones distintas en el Discurso del Monte de los Olivos. Mientras que dijo acerca de la desolación de Israel, “todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:36), refiriéndose a aquellos viviendo en ese tiempo, Él después dio señales específicas que indicarían cuándo Su retorno y el fin estarían cerca. En ese contexto, Él se dirige a la generación que verá las señales de Su venida y el fin de la época, diciendo:
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” (Mateo 24:32-34)
¿Cuáles son las señales que Él mencionó que indicarían que el fin estaba cerca? En Mateo 24:7-8, Él dijo que cuando nación se levanta contra nación, y reino contra reino con pestes, hambres y terremotos en muchos lugares, eso sería el principio de los dolores de parto, indicando que el fin se acerca.
Después de esto, en los versículos 9-10, Él dijo que seríamos aborrecidos por todas naciones y perseguidos, y muchos se apartarían de la fe (cf. 2Tes 2:1-4). En 11-13, Él advirtió que muchos falsos profetas se levantarían engañando a muchos, y que la maldad aumentaría de tal manera que el amor de muchos se enfriará, pero los que perseveran hasta el fin serán salvos. Aquí quiero señalar que perseverar hasta el fin tiene referencia a perseverar hasta que Cristo venga, no hasta que Jerusalén fue destruido en 70 d.C. En el versículo 24, Él dijo que los falsos profetas harían grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos.
En el versículo 15, Él da la señal de la abominación desoladora en el lugar santo en el templo de Jerusalén, diciendo que los que están en Judea en ese tiempo tendrían que huir porque comenzarán entonces la Gran Tribulación. Los Padres Apostólicos, de manera unánime, creían que esto era algo que todavía tenía que a ocurrir en su futuro. Años después de la destrucción del Templo de Herodes en 70 d.C., Ireneo (160 – 230 d.C.) dijo:
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [2]
“Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [3]
De la misma manera como los Futuristas hoy en día, los Padres Primitivos creían, según las Escrituras, que el templo en Jerusalén sería reconstruido y la abominación desoladora puesto en el templo, comenzando el tiempo de la Gran Tribulación.
Finalmente, Jesús da las señales que sucederán inmediatamente antes de Su venida:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:29-31)
Es en este contexto que Jesús dice en 34, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” “Esta generación,” en su contexto, refiere a la generación que ve el principio de las señales específicas cumplidas que Él mencionó. No existe récord de nadie diciendo que vio venir el Hijo del Hombre en 70 d.C., y mucho menos vemos mención de todas las tribus de la tierra lamentándose por haberlo visto venir con poder y gran gloria.
“No gustarán la muerte, hasta que hayan visto…”
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 16:28-17:5)
Los Preteristas a menudo citan Mateo 16:28 como evidencia de que Cristo tuvo que haber venido por segunda vez y establecido Su reino sobre la tierra en 70 d.C., mientras muchos de los discípulos aún vivían. Sin embargo, cuando uno lee los siguientes versículos, llega a ser evidente que la venida de Su reino a que Él se refería ocurrió solamente seis días después, cuando Cristo fue transfigurado ante Pedro, Jacobo y Juan, dándoles una revelación de Su reino venidero. Pedro mismo hizo referencia a esto como una prevista de la venida de Cristo en Su reino. Él dijo de su encuentro con el Cristo glorificado en el monte:
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pedro 1:16-18)
Pedro claramente entendió la declaración de Jesús, “hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” como algo cumplido cuando ellos vieron a Jesús transfigurado en el monte con Moisés y Elías.
Un Retraso Aparente Implícita en las Parábolas
Aunque Jesús mandó a Sus discípulos vivir en un estado de expectativa, diciéndoles, “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44), al mismo tiempo Él implicaba en parábolas que Él no vendría en el marco del tiempo anticipado por Sus seguidores.
En la parábola del siervo fiel y el siervo malo, Jesús dijo que el sirviente malo diría en su corazón, “mi señor tarda en venir,” y en vez de ocuparse en el servicio de su señor, el comenzó a vivir según sus propios deseos carnales (Mateo 24:48-51). En la parábola de las diez vírgenes, “el esposo se tardó en venir.” Se tardó tanto que incluso las vírgenes prudentes cabecearon y durmieron, y tuvieron que ser despertados para recibir el esposo (Mateo 25:5). En la parábola de los talentos, Él comparó Su venida a un hombre que “fue lejos,” no volviendo hasta “después de mucho tiempo” (Mateo 25:14,18).
Es evidente que Jesús quería que Sus discípulos vivieran en anticipación de Su pronto retorno, ocupado en cumplir la Gran Comisión con la expectativa que Él podría volver en su generación, mientras que Él, al mismo tiempo, indicaba indirectamente a través de Sus parábolas que Su retorno podría estar mucho más en el futuro lejano de lo que ellos anticipaban. Él concluyó Sus parábolas con un llamado, no solamente para Sus discípulos, sino también para las generaciones futuras, a estar vigilando. Él dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).
Su Casa tiene que estar llena
A Pablo le fue revelado que en este tiempo ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, Cristo, el Libertador, vendrá de Sion, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:25-26).
Aquí vemos que Cristo no vendrá otra vez hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles haya entrada en el redil. Tan pronto como el último de las primicias escogidas de entre los gentiles haya entrado en el redil Cristo vendrá, y todo Israel será salvo cuando ellos miran a Él, a quien traspasaron (Zac 12:10). Entonces, la nación de Israel volverá a nacer en un solo día (Isa 66:8-10).
En la parábola de la gran cena, Jesús también implicó que Él no iba a volver hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. En esta parábola, el señor había planeado un gran banquete para sus invitados (los invitados representando a la nación de Israel). Pero Israel rechazó la invitación. El señor se enojó y dijo a su siervo que trajera a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (refiriéndose a los samaritanos que fueron menospreciados por los judíos). Habiendo invitado a ellos, todavía quedaban muchas sillas vacías. Entonces, Jesús, haciendo referencia a los gentiles, dijo a continuación:
“Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.” (Lucas 14:23-24)
Esta parábola de la casa del señor siendo lleno con aquellos de los caminos y vallados, refiriéndose a los gentiles en vez de los judíos que originalmente fueron los invitados, es paralelo con lo que Pablo vio acerca de la plenitud de los gentiles. Dios está esperando, sin comenzar el banquete, hasta que Su casa se llene. Tan pronto entre la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena, Cristo vendrá.
Esta es la razón que Pedro dio por la aparente demora en la venida de Cristo. Después de decir que en los postreros días seríamos ridiculizados por seguir esperando Su venida, él explicó:
“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente PARA CON NOSOTROS, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:8-9)
Aquí vemos que, contrario a como algunos piensan, el Señor no ha demorada Su venida. Dado que Él habita la eternidad, “pronto” no significa lo mismo para Él como significa para nosotros. Entonces, Pedro explica porqué Él todavía no ha venido. El es paciente para con nosotros, esperando hasta que todos nosotros – Sus elegidas primicias, hayamos venido al arrepentimiento. En otras palabras, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena.
“El tiempo está cerca… Vengo pronto”
En el libro de Apocalipsis, Jesús comienza diciendo, “el tiempo está cerca,” y tres veces Él repite la frase “Vengo pronto” (Apo 1:3; 3:11; 22:7,12). Muchos se escandalizan por el hecho de que casi 1900 años han trascurrido desde que Jesús hizo estas declaraciones. Los Preteristas intentan argumentar que el libro de Apocalipsis fue escrito antes de 66 d.C., en vez de la fecha generalmente aceptada de 96 d.C., a fin de poder argumentar que Cristo quiso decir que iba a venir en 70 d.C. Presento los argumentos en contra de la fecha temprana para Apocalipsis en mis blogs: “The Objective Evidences for a Late Dating of John’s Revelation” y “The Interpretive Arguments for an Early Dating of John’s Revelation.”
En mi libro, “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Demuestro con más detalle porqué la venida de Cristo todavía está en el futuro. Pero, sin entrar en más detalle aquí, debe ser evidente a cualquier estudiante de las Escrituras y de la historia que ningún evento en la historia podría ser razonablemente considerado como la Segunda Venida de Cristo con poder y gran gloria para recibir a Sus escogidos y reinar sobre la tierra.
Las amonestaciones para estar vigilantes porque el tiempo está cerca, tienen que ser entendidas a la luz de la abundancia de Escrituras que claramente implican una demora. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles tiene que entrar, llenando Su casa. Solamente el Señor sabe cuándo eso habrá sucedido.
También, como explicó Pedro, tenemos que tomar en cuenta la naturaleza relative del tiempo. Nuestro sentido del tiempo no es lo mismo que lo del Señor. Para Él, un día es como mil años, y mil años como un día. Es comparable con el sentido del tiempo para un niño, comparado con lo de un adulto mayor. Cuando mis hijos eran pequeños, a menudo hacíamos viajes largos en carro, hasta viajando de California a Guatemala un par de veces. Como un adulto que había hecho el viaje antes, yo sabía cuánto tiempo iba a durar el viaje, y para mí el viaje parecía mucho más corto que a mi hijo Cristian de 4 años. Después de una hora, él ya estaba quejándose, preguntándonos porqué estábamos demorando tanto en llegar. Hubiera sido inútil explicarle cuánta carretera quedaba por delante porque él era demasiado pequeño para entenderlo. Al principio, le decía que íbamos a llegar pronto e intenté mantenerlo ocupado con otras cosas para no estar tan consciente del tiempo. Cuando eso ya no funcionaba, le diría algo como, “cuando ves un puente grande, estaremos acercándonos al destino,” o “cuando ves el océano, nos falta poco.” Mi esposa Norma y yo sabíamos desde el comienzo cuánto tiempo duraría el viaje, pero hubiera sido inútil intentar a explicarle cuánto tiempo duraría el viaje porque él no habría entendido. Y aún si él hubiera podido comprender el tiempo requerido para llegar, solo habría hecho el viaje más insoportable para él.
Creo que, de manera semejante, el Señor les dijo a Sus discípulos que no era para ellos saber los tiempos y las estaciones, sino que se ocuparan con proclamar el evangelio por toda la tierra, al mismo tiempo que estén vigilando por las señales que indicarían que Su venida estaba a las puertas. Que Él nos encuentre ocupado haciendo lo que Él nos comisionó a hacer cuando Él venga.
“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mateo 24:44-46)
[1] Hipólito (170 a 236 d.C.), Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
Tertuliano (160 a 220 d.C.), Lucas 21:1-38
“Entonces, habiendo mostrado lo que iba a ser el tiempo de la destrucción cuando Jerusalén iba a estar rodeado de ejércitos, Él describió las señales del fin de todas las cosas: señales en el sol, en la luna y las estrellas, y sobre la tierra angustia entre las naciones en confusión – como el mar rugiendo – por razón de su anticipación de los males que vienen sobre la tierra.”
[2] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4
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Al final de la vida del Apóstol Pedro, él nos advirtió de antemano acerca de lo que sería la actitud de muchos en los postreros días debido a la aparente tardanza en la Segunda Venida de Cristo diciendo:
“sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, 4 y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.” (2Pedro 3:3-4)
Tanto a Pedro, como a Pablo, les fueron mostrados las condiciones que prevalecerían en los postreros días (cf. 1Tim 4:1-3; 2Tim 3:1-5). Las señales que nombraron son características de nuestros días, más que cualquier generación anterior. En este blog, voy a responder a unos de los argumentos presentados por un número creciente de personas que ridiculizan a aquellos que todavía esperamos ansiosamente el retorno de Cristo en el futuro cercano.
“No pasará esta generación”
Los Preteristas presentan la declaración, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” como evidencia de que Cristo vino en 70 d.C., dado que Jesús describe la desolación de Israel y Su Segunda Venida en el mismo discurso.
Sin embargo, un examen cuidadoso del contexto dentro de los tres Evangelios sinópticos deja en claro que hay una separación necesaria entre la desolación de Jerusalén en 70 d.C., y la Segunda Venida de Cristo.
Justo antes de Su discurso en Mateo 23:36, Jesús le dijo al liderazgo representativa de Israel: “De cierto os digo: Vendrán todas estas cosas sobre esta generación,” con “todas estas cosas” refiriéndose al juicio contra Israel y su desolación. Entonces, en 38-39 Él menciona Su Segunda Venida como algo que sucedería después de la desolación de Israel, en un tiempo cuando ellos estarían dispuestos a recibirlo como Su Mesías y Rey. Él les dijo:
“He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo que desde ahora no me veréis, HASTA QUE digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:38-39)
Los Preteristas dirían que Dios rechazó a Su pueblo Israel para siempre como nación. Sin embargo, Jesús habla de su juicio como temporal, continuando “hasta que” llegue el momento cuando Israel dirá, “Bendito el que ‘viene’ en el nombre del Señor.” El Evangelio de Lucas, que da más detalle acerca del juicio y desolación de Israel en 70 d.C., también presenta el juicio de Israel como algo temporal, diciendo:
“Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:23-24)
Más adelante Pablo recibió mayor revelación acerca del juicio contra Israel y su liberación y restauración después, cuando Cristo vuelve otra vez. Él dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, HASTA QUE haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.” (Rom 11:25-27)
Aquí Pablo nos dice que el juicio contra Israel es temporal, continuando “hasta que” haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, todo Israel será salvo y restaurado cuando Cristo, el Libertador, venga desde Sion, refiriéndose a la Segunda Venida de Cristo. Cuando Cristo viene por segunda vez no será para la destrucción de Israel, como afirman los Preteristas, sino para su liberación. Tristemente, muchos, incluso a los Preteristas, ignoran este misterio, creyendo que la Iglesia ha reemplazado a Israel como pueblo. Demuestro la naturaleza temporal del juicio de Israel en mi blog: “¿Ha Reemplazado la Iglesia a Israel?”
Así que, vemos que hay una separación necesaria entre la desolación y dispersión de Israel y su liberación en la Segunda Venida de Cristo cuando otra generación dirá: “Bendito el que viene en el nombre del Señor.”
El Discurso en el Monte de los Olivos tiene un Cumplimiento Doble
Después de declarar acerca de la desolación y Su venida posterior a ella, cuando Israel finalmente lo recibirá, Jesús continúa diciendo en el próximo versículo que no quedará piedra sobre piedra del templo, que no sería derribada. Fue después de esto que Sus discípulos le hicieron la pregunta doble: “Dinos, 1) ¿cuándo serán estas cosas, y 2) qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mateo 24:3).
En el contexto, ya hemos visto que Jesús habló de “estas cosas” (la desolación de Israel y la destrucción de su templo) que vendría sobre esa misma generación, y su posterior venida cuando Israel estaría dispuesto a recibirlo. Todo el discurso es la respuesta de Jesús a sus dos preguntas. Aunque existen muchos paralelos entre los dos eventos, el lector cuidadoso descubrirá que son claramente distintas.
En el relato de Lucas, los discípulos son presentados como solamente preguntándole a Jesús acerca del tiempo de la desolación de Israel, la que Jesús acaba de decirles que sucedería en esa misma generación (Lucas 21:7), y de acuerdo con esa pregunta Él da más detalles acerca de la desolación de Jerusalén, mientras que, el Evangelio de Mateo, Él responde a ambas preguntas, pero dando más detalles acerca de los eventos relacionados con la Segunda Venida de Cristo.
Por ejemplo, en Lucas, Jesús les dijo a los cristianos que huyeran de Jerusalén tan pronto como vean que los ejércitos romanos rodearan a la ciudad, y Lucas incluye la declaración del juicio contra Israel que ocurriría en ese tiempo:
“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. 21 Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son días de retribución…porque habrá gran calamidad en la tierra, e ira sobre este pueblo. 24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, HASTA QUE los tiempos de los gentiles se cumplan.” (Lucas 21:20-24)
Como podemos ver aquí, el asedio de Jerusalén por los ejércitos romanos es seguido por la dispersión prolongada de los judíos y la ocupación gentil de Jerusalén. En contraste, en el Evangelio de Mateo, vemos más detalle acerca del fin de la época y los eventos indicando la Segunda Venida de Cristo. En Mateo 24:14, Jesús dijo que el fin de la época no llegaría hasta que el evangelio haya sido predicado por todo el mundo. Él dijo:
“Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo (οἰκουμένη), para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24:14)
Es muy obvio que esto no fue cumplido antes de 70 d.C. Hasta el día de hoy, no podemos decir que todo el mundo habitado ha oído el evangelio. En los versículos que siguen esto, vemos otro mandato a huir. Sin embargo, en contraste con el relato de Lucas que los mandó a huir de Jerusalén al ver los ejércitos rodeando a Jerusalén, vemos el mandato a huir de Judea cuando ven la abominación desoladora en el lugar santo:
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 16 entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. 17 El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa… 21 porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. 22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.” (Mateo 24:15-17; 21-22)
Mientras es posible que un lector casual podría pensar que Jesús está hablando del mismo evento en ambos Evangelios, cuando uno los examina más de cerca, llega a ser evidente que en el Evangelio de Mateo Jesús se está refiriendo a Su Segunda Venida cuando eventos sin precedentes llegan a ser tan severo como para destruir toda carne, requiriendo Su intervención para salvar a Su remanente elegido. Cuando Él viene otra vez, no será para la destrucción de Israel, sino para su liberación. El profeta Daniel vio la misma venida, y allí Él también es presentado como volviendo para la liberación de Israel después de la misma Gran Tribulación sin precedentes. Daniel dijo:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro. 2 Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (eonian), y otros para vergüenza y confusión perpetua (eonian).” (Dan 12:1-2)
Jeremías también habla de la misma tribulación sin precedentes como “tiempo de angustia para Jacob” y también dice que Israel será liberada en ese tiempo (Jer 30:7-9). Tanto Jesús, como Daniel, describen una resurrección corporal cuando Israel es liberado al final de la Gran Tribulación (Mateo 24:30-31). Ninguna resurrección física ocurrió en 70 d.C., y Israel no fue liberada por la Segunda Venida de Cristo. Al contrario, fue dejado desolada y dispersada en juicio.
Vale notar que los Padres Apostolicos vieron la abominación desoladora en Mateo 24 como algo futuro, seguido por el retorno visible de Cristo, mientras que los Padres que comentaron sobre Lucas 21:20 entendían la referencia de los ejércitos rodeando a Jerusalén como algo que ocurrió en 70 d.C.. [1] Nadie en ese entonces, sea cristiano o secular, indicó que entendían que Cristo había venido en ese tiempo.
Tiempo de la Destrucción de Jerusalén revelado – Tiempo de la Segunda Venida no revelado
La única señal dada por Jesús para indicar que la desolación de Israel estaba inminente fue que verían a los ejércitos rodeando a Jerusalén (Lucas 21:20). Jesús les dijo a los cristianos que huyeran a los montes al verlo, y la historia confirma que ellos obedecieron, huyendo a Pella antes de que Jerusalén fuera completamente rodeada.
En contraste con la desolación de Israel que ocurrió en 70 d.C., Jesús dio muchas señales que indicarían cuando Su venida estuviera inminente. Una que ya hemos considerado era que el evangelio habrá sido predicado a todas las naciones del mundo antes de que venga el fin y Cristo vuelva.
Otra señal que vimos es que habría “gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mateo 24:21-22). Es cierto que el asedio romano de Jerusalén era un tiempo de tribulación para los judíos. Según Josefo, más de un millón de judíos perecieron. Sin embargo, la tribulación descrita por Jesús es de una escala global sin precedentes. Él dijo que jamás habría algo igual después. Sin embargo, en la tribulación bajo el régimen Nazi, murieron casi seis veces más judíos, sin tomar en cuenta los millones de judíos que murieron después, bajo el régimen de Stalin. Claramente, Jesús estaba refiriéndose a la Gran Tribulación de tres años y medio, descrito con más detalle en Daniel y en el libro de Apocalipsis donde el número de fatalidades son miles de millones a nivel mundial, y no simplemente un poco más de un millón de judíos que murieron en la ciudad de Jerusalén en 70 d.C. (Apo 6:8; 9:15).
Además, Jesús dijo que cuando Él venga, cada ojo de todos los tribus de la tierra lo verán viniendo (Apo 1:7; Mateo 24:30; 2Tes 2:8; Apo 6:12-17). En aquel tiempo algunos estarán durmiendo en un lado del mundo, mientras que otros estarán trabajando en los campos en pleno día (Lucas 17:34-36; Mateo 24:40-41). El Señor juntará a Sus elegidos de todo el mundo en ese momento (Mateo 24:30-31). Algunos serán llevados, mientras que otros serán dejados. Claramente, Jesús no vino en 70 d.C. Cristo simplemente dejó Jerusalén desolada debido a su rechazo del reino (Mateo 23:38-39). No vino para destruir personalmente a Jerusalén en 70 d.C. Cuando Cristo viene, será para salvarlos de sus enemigos – no para destruirlos.
A la vez que Jesús era específico en indicar el tiempo de la desolación de Israel, Él era enfático en decir que el tiempo de Su Segunda Venida solamente fue conocido por el Padre (Mateo 24:36). Momentos antes de que Cristo ascendió al Padre, los discípulos persistían en preguntarle a Jesús cuándo iba a restaurar el reino a Israel. En respuesta, Jesús no solamente les dijo que no les fue dado a conocer “el día ni la hora” de Su venida, sino que ni siquiera les tocaba saber “los tiempos y las sazones” que el Padre puso en Su sola potestad (Hch 1:7). En lugar de esto, Jesús les dijo en otras palabras lo que Él ya les había dicho antes en el Discurso del Monte de los Olivos – Él les dijo que tenían que predicar el evangelio a todas las naciones como testigo por todo el mundo antes de que viniese el fin (Mateo 24:13). Después de decirles que no les tocaba saber los tiempos y las sazones, Él repitió su tarea, la Gran Comisión:
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hch 1:7-8)
Aunque el evangelio fue proclamado en muchas naciones alrededor de Judá en esa primera generación, aún no ha sido predicado a todas las naciones del mundo entero.
Dos Generaciones Distintas
Aunque creo que, por intención divina, no es algo aparente a primera vista, Jesús dirigía la palabra a dos generaciones distintas en el Discurso del Monte de los Olivos. Mientras que dijo acerca de la desolación de Israel, “todo esto vendrá sobre esta generación” (Mateo 23:36), refiriéndose a aquellos viviendo en ese tiempo, Él después dio señales específicas que indicarían cuándo Su retorno y el fin estarían cerca. En ese contexto, Él se dirige a la generación que verá las señales de Su venida y el fin de la época, diciendo:
“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 33 Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” (Mateo 24:32-34)
¿Cuáles son las señales que Él mencionó que indicarían que el fin estaba cerca? En Mateo 24:7-8, Él dijo que cuando nación se levanta contra nación, y reino contra reino con pestes, hambres y terremotos en muchos lugares, eso sería el principio de los dolores de parto, indicando que el fin se acerca.
Después de esto, en los versículos 9-10, Él dijo que seríamos aborrecidos por todas naciones y perseguidos, y muchos se apartarían de la fe (cf. 2Tes 2:1-4). En 11-13, Él advirtió que muchos falsos profetas se levantarían engañando a muchos, y que la maldad aumentaría de tal manera que el amor de muchos se enfriará, pero los que perseveran hasta el fin serán salvos. Aquí quiero señalar que perseverar hasta el fin tiene referencia a perseverar hasta que Cristo venga, no hasta que Jerusalén fue destruido en 70 d.C. En el versículo 24, Él dijo que los falsos profetas harían grandes señales y prodigios para engañar, si fuere posible, aun a los escogidos.
En el versículo 15, Él da la señal de la abominación desoladora en el lugar santo en el templo de Jerusalén, diciendo que los que están en Judea en ese tiempo tendrían que huir porque comenzarán entonces la Gran Tribulación. Los Padres Apostólicos, de manera unánime, creían que esto era algo que todavía tenía que a ocurrir en su futuro. Años después de la destrucción del Templo de Herodes en 70 d.C., Ireneo (160 – 230 d.C.) dijo:
“Pero cuando este Anticristo habrá devastado todas las cosas de este mundo, el reinará por tres años y seis meses, y se sentará en el templo en Jerusalén; y entonces el Señor vendrá del cielo en las nubes, en la gloria del Padre, enviando a este hombre y los que le siguen al lago de fuego; pero introduciendo los tiempos del reino para los justos…y restaurando a Abraham la herencia prometida…” [2]
“Y a la mitad de la semana, dice Él, el sacrificio y la libación será quitada, y la abominación desoladora será puesto en el templo: aún hasta la consumación del tiempo será completa la desolación. Ahora tres años y seis meses constituyen la mitad de la semana.” [3]
De la misma manera como los Futuristas hoy en día, los Padres Primitivos creían, según las Escrituras, que el templo en Jerusalén sería reconstruido y la abominación desoladora puesto en el templo, comenzando el tiempo de la Gran Tribulación.
Finalmente, Jesús da las señales que sucederán inmediatamente antes de Su venida:
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. 30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.” (Mateo 24:29-31)
Es en este contexto que Jesús dice en 34, “no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.” “Esta generación,” en su contexto, refiere a la generación que ve el principio de las señales específicas cumplidas que Él mencionó. No existe récord de nadie diciendo que vio venir el Hijo del Hombre en 70 d.C., y mucho menos vemos mención de todas las tribus de la tierra lamentándose por haberlo visto venir con poder y gran gloria.
“No gustarán la muerte, hasta que hayan visto…”
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino. Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 16:28-17:5)
Los Preteristas a menudo citan Mateo 16:28 como evidencia de que Cristo tuvo que haber venido por segunda vez y establecido Su reino sobre la tierra en 70 d.C., mientras muchos de los discípulos aún vivían. Sin embargo, cuando uno lee los siguientes versículos, llega a ser evidente que la venida de Su reino a que Él se refería ocurrió solamente seis días después, cuando Cristo fue transfigurado ante Pedro, Jacobo y Juan, dándoles una revelación de Su reino venidero. Pedro mismo hizo referencia a esto como una prevista de la venida de Cristo en Su reino. Él dijo de su encuentro con el Cristo glorificado en el monte:
“Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. 17 Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. 18 Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pedro 1:16-18)
Pedro claramente entendió la declaración de Jesús, “hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino” como algo cumplido cuando ellos vieron a Jesús transfigurado en el monte con Moisés y Elías.
Un Retraso Aparente Implícita en las Parábolas
Aunque Jesús mandó a Sus discípulos vivir en un estado de expectativa, diciéndoles, “el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo 24:44), al mismo tiempo Él implicaba en parábolas que Él no vendría en el marco del tiempo anticipado por Sus seguidores.
En la parábola del siervo fiel y el siervo malo, Jesús dijo que el sirviente malo diría en su corazón, “mi señor tarda en venir,” y en vez de ocuparse en el servicio de su señor, el comenzó a vivir según sus propios deseos carnales (Mateo 24:48-51). En la parábola de las diez vírgenes, “el esposo se tardó en venir.” Se tardó tanto que incluso las vírgenes prudentes cabecearon y durmieron, y tuvieron que ser despertados para recibir el esposo (Mateo 25:5). En la parábola de los talentos, Él comparó Su venida a un hombre que “fue lejos,” no volviendo hasta “después de mucho tiempo” (Mateo 25:14,18).
Es evidente que Jesús quería que Sus discípulos vivieran en anticipación de Su pronto retorno, ocupado en cumplir la Gran Comisión con la expectativa que Él podría volver en su generación, mientras que Él, al mismo tiempo, indicaba indirectamente a través de Sus parábolas que Su retorno podría estar mucho más en el futuro lejano de lo que ellos anticipaban. Él concluyó Sus parábolas con un llamado, no solamente para Sus discípulos, sino también para las generaciones futuras, a estar vigilando. Él dijo: “Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad” (Marcos 13:37).
Su Casa tiene que estar llena
A Pablo le fue revelado que en este tiempo ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. Después, Cristo, el Libertador, vendrá de Sion, y entonces todo Israel será salvo (Rom 11:25-26).
Aquí vemos que Cristo no vendrá otra vez hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles haya entrada en el redil. Tan pronto como el último de las primicias escogidas de entre los gentiles haya entrado en el redil Cristo vendrá, y todo Israel será salvo cuando ellos miran a Él, a quien traspasaron (Zac 12:10). Entonces, la nación de Israel volverá a nacer en un solo día (Isa 66:8-10).
En la parábola de la gran cena, Jesús también implicó que Él no iba a volver hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles. En esta parábola, el señor había planeado un gran banquete para sus invitados (los invitados representando a la nación de Israel). Pero Israel rechazó la invitación. El señor se enojó y dijo a su siervo que trajera a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos (refiriéndose a los samaritanos que fueron menospreciados por los judíos). Habiendo invitado a ellos, todavía quedaban muchas sillas vacías. Entonces, Jesús, haciendo referencia a los gentiles, dijo a continuación:
“Dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.” (Lucas 14:23-24)
Esta parábola de la casa del señor siendo lleno con aquellos de los caminos y vallados, refiriéndose a los gentiles en vez de los judíos que originalmente fueron los invitados, es paralelo con lo que Pablo vio acerca de la plenitud de los gentiles. Dios está esperando, sin comenzar el banquete, hasta que Su casa se llene. Tan pronto entre la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena, Cristo vendrá.
Esta es la razón que Pedro dio por la aparente demora en la venida de Cristo. Después de decir que en los postreros días seríamos ridiculizados por seguir esperando Su venida, él explicó:
“Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente PARA CON NOSOTROS, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:8-9)
Aquí vemos que, contrario a como algunos piensan, el Señor no ha demorada Su venida. Dado que Él habita la eternidad, “pronto” no significa lo mismo para Él como significa para nosotros. Entonces, Pedro explica porqué Él todavía no ha venido. El es paciente para con nosotros, esperando hasta que todos nosotros – Sus elegidas primicias, hayamos venido al arrepentimiento. En otras palabras, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles y Su casa esté llena.
“El tiempo está cerca… Vengo pronto”
En el libro de Apocalipsis, Jesús comienza diciendo, “el tiempo está cerca,” y tres veces Él repite la frase “Vengo pronto” (Apo 1:3; 3:11; 22:7,12). Muchos se escandalizan por el hecho de que casi 1900 años han trascurrido desde que Jesús hizo estas declaraciones. Los Preteristas intentan argumentar que el libro de Apocalipsis fue escrito antes de 66 d.C., en vez de la fecha generalmente aceptada de 96 d.C., a fin de poder argumentar que Cristo quiso decir que iba a venir en 70 d.C. Presento los argumentos en contra de la fecha temprana para Apocalipsis en mis blogs: “The Objective Evidences for a Late Dating of John’s Revelation” y “The Interpretive Arguments for an Early Dating of John’s Revelation.”
En mi libro, “Los Últimos Días - ¿Pasados o Presentes?” Demuestro con más detalle porqué la venida de Cristo todavía está en el futuro. Pero, sin entrar en más detalle aquí, debe ser evidente a cualquier estudiante de las Escrituras y de la historia que ningún evento en la historia podría ser razonablemente considerado como la Segunda Venida de Cristo con poder y gran gloria para recibir a Sus escogidos y reinar sobre la tierra.
Las amonestaciones para estar vigilantes porque el tiempo está cerca, tienen que ser entendidas a la luz de la abundancia de Escrituras que claramente implican una demora. El evangelio tiene que ser predicado a todas las naciones y la plenitud de los gentiles tiene que entrar, llenando Su casa. Solamente el Señor sabe cuándo eso habrá sucedido.
También, como explicó Pedro, tenemos que tomar en cuenta la naturaleza relative del tiempo. Nuestro sentido del tiempo no es lo mismo que lo del Señor. Para Él, un día es como mil años, y mil años como un día. Es comparable con el sentido del tiempo para un niño, comparado con lo de un adulto mayor. Cuando mis hijos eran pequeños, a menudo hacíamos viajes largos en carro, hasta viajando de California a Guatemala un par de veces. Como un adulto que había hecho el viaje antes, yo sabía cuánto tiempo iba a durar el viaje, y para mí el viaje parecía mucho más corto que a mi hijo Cristian de 4 años. Después de una hora, él ya estaba quejándose, preguntándonos porqué estábamos demorando tanto en llegar. Hubiera sido inútil explicarle cuánta carretera quedaba por delante porque él era demasiado pequeño para entenderlo. Al principio, le decía que íbamos a llegar pronto e intenté mantenerlo ocupado con otras cosas para no estar tan consciente del tiempo. Cuando eso ya no funcionaba, le diría algo como, “cuando ves un puente grande, estaremos acercándonos al destino,” o “cuando ves el océano, nos falta poco.” Mi esposa Norma y yo sabíamos desde el comienzo cuánto tiempo duraría el viaje, pero hubiera sido inútil intentar a explicarle cuánto tiempo duraría el viaje porque él no habría entendido. Y aún si él hubiera podido comprender el tiempo requerido para llegar, solo habría hecho el viaje más insoportable para él.
Creo que, de manera semejante, el Señor les dijo a Sus discípulos que no era para ellos saber los tiempos y las estaciones, sino que se ocuparan con proclamar el evangelio por toda la tierra, al mismo tiempo que estén vigilando por las señales que indicarían que Su venida estaba a las puertas. Que Él nos encuentre ocupado haciendo lo que Él nos comisionó a hacer cuando Él venga.
“Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.” (Mateo 24:44-46)
[1] Hipólito (170 a 236 d.C.), Treatise on the Antichrist, Sections 47-67
Estas cosas, entonces, sucederán, hermanos, y la semana habiendo sido dividida en dos, y la abominación desoladora siendo manifestada a ellos, entonces los dos profetas y precursores del Señor habiendo terminado su carrera, y el mundo entero finalmente acercándose a la consumación, ¿qué queda excepto la venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo desde el cielo, a quién esperamos?
Tertuliano (160 a 220 d.C.), Lucas 21:1-38
“Entonces, habiendo mostrado lo que iba a ser el tiempo de la destrucción cuando Jerusalén iba a estar rodeado de ejércitos, Él describió las señales del fin de todas las cosas: señales en el sol, en la luna y las estrellas, y sobre la tierra angustia entre las naciones en confusión – como el mar rugiendo – por razón de su anticipación de los males que vienen sobre la tierra.”
[2] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 30 section 4
[3] Ante-Nicene Fathers, Volume 1, Irenaeus: Against Heresies Book 5 Chapter 25 section 3,4