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por George Sidney Hurd
Lo siguiente fue tomado del libro
La Solución Universal que presenta la Reconciliación Universal como la solución al debate entre los Calvinistas y los Arminianos.
Depravación total es un término utilizado para referirse al estado espiritualmente caído en que nace todo descendiente de Adán. Debido al pecado original de Adán, todos nacemos espiritualmente muertos a Dios e incapaces de contribuir de manera alguna a nuestra propia salvación. Aun la fe que necesitamos para apropiar el don de la salvación tiene que ser recibida como un regalo de Dios a través de la regeneración debido a la ceguera espiritual del hombre.
Depravación: Tres Puntos de Vista
Calvinismo - Depravación Total
La doctrina de depravación total inicialmente fue presentada por Agustín de Hipo (354 – 430 d.C.). También fue la creencia de Martín Lutero, Juan Calvino y otros reformadores prominentes y sigue siendo la creencia de la tradición reformada, Calvinista hasta el día de hoy. El término “depravación total” fácilmente puede ser malentendido. No quieren decir con “depravación total” que el hombre es malo en el sentido absoluto. Es obvio que algunos hombres viven vidas más rectas moralmente que otros. Uno puede llegar a ser más corrupto moralmente si sigue sus instintos carnales, o menos corrupto en un ambiente ideal.
La depravación total significa que el hombre, desde Adán, es espiritualmente muerto en relación con Dios, su Creador. El hombre fue creado para comunión con Dios, pero cuando murió espiritualmente, dejó de ser centrado en Dios y se enfocó en sí mismo, así llegando a ser egocéntrico. En esta condición caída, aun sus acciones, que aparentan ser buenas y religiosas, son actos independientes de Dios y para intereses propios, en vez de nacer de una relación de amor y dependencia en comunión con Dios. La palabra griega para el pecado es hamartía que significa “no dar en el blanco.” Una dependencia total de Dios es el blanco. Nada de lo que hacemos sin Dios - sea lo que origina de las “buenas” ramas o las ramas “malas” del árbol de la ciencia del bien y del mal, da en el blanco, y por esa razón es pecado.
Uno puede guardar la ley religiosamente y sin embargo sigue siendo depravado porque sus obras son hechas en la carne y no en Dios. Basados en 1Juan 3:4 muchos piensan que el pecado es definido como transgresión de la ley. Pero la frase “transgresión de la ley” es una sola palabra griega – anomía, compuesta de “a-” que significa “no” y “nomos” que significa “ley.” La idea expresada es “negar a someterse,” o vivir según lo que uno quiere en vez de vivir como Dios quiere. Algunos logran vivir una vida relativamente recta independientemente de su Creador. Uno puede guardar la ley con gran celo y no estar sometido a Dios, como lo vemos ilustrado en los fariseos. El pecado es simplemente haciendo lo que bien nos parece, participando del árbol de la ciencia del bien y el mal, en el poder de nuestra carne caída, en vez de caminar en dependencia de Dios.
Pelagianismo – Negación de Depravación
Pelagio, un contemporáneo de San Agustín, opuso la doctrina agustiniana de la predestinación y negaba que el hombre heredó el pecado original de Adán. Según Pelagio, el hombre no nace depravado sino neutro y libre del pecado, y con un libre albedrío no debilitado por el pecado. Según él, Dios no nos dio la ley para revelar nuestro pecado y necesidad de la gracia, sino que nos dio la ley anticipando que el hombre la cumpliera. Enseñaba que era posible vivir sin pecado.
Arminianismo – Depravación Parcial
Los Arminianos, en su mayor parte, no creen en la auto-salvación como fue enseñado por Pelagio. La mayoría de ellos cree, como los Calvinistas, que somos completamente incapaces de salvarnos a nosotros mismos y que nuestra salvación fue obtenida para nosotros por Jesucristo en Su muerte y resurrección. La única participación requerida de parte del hombre, según ellos, es la apropiación de nuestra salvación por una decisión de fe y continuando en esa fe hasta el final. Pablo deja en claro que la fe que salva no es una obra como para poder jactarnos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe” (Rom 3:27-29). Así que, no sería correcto acusar a los Arminianos de ser Pelagianistas simplemente porque insisten que nuestra decisión de fe procura nuestra salvación.
Las tres diferentes perspectivas acerca de la condición del hombre delante de Dios pueden ser ilustradas por un hombre en un río. El hombre, según Pelagio, no tiene necesidad de ser rescatado porque no solo puede nadar sino que puede ir contra la corriente. Este hombre imaginario ni necesita un Salvador, y por ende no puede ser considerado “salvo.” Jesús no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento. La verdad es que toda la humanidad ha nacido pecadora y necesitada de un Salvador. “No hay justo, ni aun uno” (Rom 3:10).
El Segundo hombre, según los Arminianos, no sabe nadar y se está ahogando y siendo llevado río abajo por la corriente. Dios, en Su misericordia y gracia le lanza el salvavidas. Si el hombre que se está ahogando tiene la fe y el sano juicio suficiente como para tomar el salvavidas, Dios lo rescatará. De otra manera, Dios no hará mayor intervención para salvarlo por respecto a su propio libre albedrío y lo dejará ahogarse, siendo llevado río abajo a la destrucción segura.
El tercer hombre, según la interpretación Calvinista, no solamente se está ahogando y en necesidad de ser rescatado, sino que ya se ahogó. Él está muerto al fondo del río, siendo llevado río abajo hacia un infierno eterno que Dios preparó para recibir a todos a excepción de algunos elegidos que había predeterminado rescatar. Todos los elegidos - escogidos para ser salvos, son sacados del río y resucitados. Sin embargo, la gran mayoría (los no-elegidos), según ellos, o eran predestinados por Dios desde la eternidad a la destrucción eterna aun antes de entrar en el río, o según otros Calvinistas moderados simplemente son dejados a su destino inevitable, sin la intervención que Él solo extiende a los elegidos.
Debe ser obvio para todos que el Pelagianismo es una negación total de nuestra necesidad de un Salvador que nos redimió con Su preciosa sangre en la cruz, y por eso es una negación de la fe. Aunque los Calvinistas a menudo acusan a los Arminianos de Pelagianismo o Semipelagianismo, debe ser reconocido que la mayoría de los Arminianos creen en la salvación por la gracia aparte de las obras.
La verdadera fe, la que salva, no es una obra, según Pablo, y no invalida la salvación solo por la gracia (Rom 3:27). De mi parte creo, igual que los Calvinistas, que las Escrituras indican que aun nuestra fe que nos salva es un regalo de Dios, como espero demostrar. Sin embargo, el poder de Dios para salvar las almas no ha sido limitado por esta distinción menor. Jonathan Edwards, un Calvinista reformado, fue poderosamente usado por Dios, al igual que George Whitefield, quien era Arminiano aunque después abrazó el Calvinismo bajo la influencia de Jonathan Edwards. Pero no debemos olvidar a los grandes predicadores como John Wesley, Charles Finney and William Seymour, para nombrar solo unos pocos, quienes fueron usados poderosamente siendo Arminianos.
Dios no aparenta ser limitado en Su poder para salvar, dependiendo en si creemos que la fe que salva es un regalo de Él o una decisión voluntaria e independiente del hombre. Su propósito en crearnos es principalmente relacional y por eso su decreto eterno tiene que incluir nuestra participación voluntaria. Creo que Dios imparte su fe en nosotros pero de tal manera que incluye la recepción voluntaria del hombre. En lugar de ser el uno o el otro, veo que la fe es un regalo de Dios que el hombre, al recibirla, voluntaria e infaliblemente usa para recibir a Cristo.
La fe es un regalo recibido y a la vez personalmente activado por la persona que la recibe – así como el mandato de Jesús al paralítico, “levántate, toma tu lecho, y anda” requería la participación del paralítico, aunque la obra de sanidad había sido hecha por Jesús. ¡Gracias a Dios que no tenemos que ser teólogos para ser salvos! Si fuera así, la mayoría de nosotros moriríamos todavía estando en el proceso de separar nuestros “pelitos teológicos.”
Depravación: El Testimonio de las Escrituras
Creo, y espero demostrar, que el testimonio de las Escrituras confirma que el hombre es totalmente destituido de cualquier habilidad de contribuir a su propia salvación. Será demostrado que aun nuestra fe para salvación tiene que ser impartida a nosotros por Dios para poder creer en el evangelio. La verdadera fe es un regalo de Dios. Nuestra única participación es el ejercicio espontáneo y voluntario de esa fe, recibiendo el glorioso e irresistible evangelio por fe.
Espiritualmente Muertos de Nacimiento
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Ef 2:1-3)
Las Escrituras declaran que estábamos muertos antes de haber recibido la nueva vida de Dios a través del nuevo nacimiento. ¿En qué sentido estábamos muertos y cuándo sucedió esta muerte? Obviamente no refiere a la muerte física. Tampoco podemos decir que el hombre es muerto en un sentido moral antes del nuevo nacimiento. No todos los hijos de Adán son incapaces de vivir un estilo de vida relativamente moral. De hecho, Dios considera toda persona responsable por lo que hace, y vendrá el día cuando cada hombre tendrá que rendir cuentas por lo que ha hecho en esta vida (Rom 2:12-16).
Lo que Pablo está diciendo es que todos entramos en este mundo muertos a Dios. Aparte de Jesucristo, quien era Dios mismo encarnado, los únicos que inicialmente eran vivos en relación a Dios fueron Adán y Eva. Dios les mandó a abstenerse del árbol de la vida con la advertencia de que si fueran a comer del árbol morirían en ese mismo día. Dios literalmente les dijo: “el día que de él comieres, ciertamente muriendo, morirás” (Gen 2:17). Implícito en la frase “muriendo, morirás” es que ocurrió una muerte el mismo día en que Adán y Eva comieron del árbol. Aun los que toman de las “buenas” ramas del árbol de la ciencia del bien y el mal son muertos en relación a Dios. Sus justicias son hechas en la carne, independientemente de Dios y por eso son inaceptables para Dios (Isa 64:6).
Vale mencionar que Pablo; de todos los hombres el más religioso en cuanto a la moralidad; el fariseo de los fariseos, se incluyó a sí mismo entre los culpables: “todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef 2:3). Los “malos justos” toman del árbol prohibido igual como los “malos injustos” y sin darse cuenta, están tanto en rebelión contra Dios como los demás.
La palabra “muerte” en las Escrituras expresa, no cesación de existencia, sino separación. En su acto de independencia, Adán y Eva se separaron de Dios y de esa manera murieron espiritualmente. Aunque siguieron viviendo por muchos años antes de finalmente morir físicamente, de ese día en adelante eran entidades independientes y separados de Dios. Esta condición de muerte espiritual pasó a todos los descendientes de Adán:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Rom 5:12)
La frase “todos pecaron” es en el tiempo pasado aoristo en el griego, que indica un acto singular en el pasado. Tiene referencia al pecado original de Adán como resultando en que todos los descendientes de él nacen muertos. Debido al pecado original de Adán, todos nacemos muertos a Dios y también destinados a morir físicamente – no simplemente por nuestros pecados, sino debido a la maldición de la muerte que fue trasmitida a través de nuestro primer padre, Adán. Esto es lo que llamamos el Pecado Original. Todos pecamos en Adán. Por el pecado de un hombre (Adán), la muerte ha reinado sobre todos sus descendientes (Rom 5:17).
Así que todos nosotros, como descendientes de Adán, nacimos muertos en relación con Dios – separados de Su vida desde el nacimiento (Sal 51:5). Uno no anticipa una reacción de una persona que está muerta. Un médico puede pedir que una persona enferma confíe en su capacidad de salvarla, y hasta puede cooperar en su propia recuperación, pero una vez que muere no hay forma de que el médico pueda lograr que el paciente coopere con él. Solo el milagro de la resurrección puede levantar a uno que ya esté muerto físicamente.
Lo mismo sucede con uno que está muerto espiritualmente. Uno que está muerto a Dios no puede conocerlo o responder a Dios quien es espíritu. Antes de poder responder a Dios en forma alguna, primero tiene que experimentar el milagro del nuevo nacimiento – habiéndose nacido de arriba, del Espíritu. Tenemos que ser regenerados antes de poder responder a Dios y eso es precisamente lo que Pablo dice que Dios hizo por nosotros: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” En el tiempo de Dios, Él nos da vida a través del renacimiento de nuestro espíritu, dándonos la capacidad de entender y responder al evangelio.
Sin embargo, el Universalista no limita a Dios, diciendo que solo los elegidos de esta época serán vivificados y salvos. Pablo dice que finalmente todos los que mueren en Adán serán vivificados en Cristo y que el tiempo vendrá cuando el último enemigo – la muerte, sea destruido para siempre:
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” (1Cor 15:22-23a, 26)
El concepto tradicional de una “muerte eterna” es ajeno a las Escrituras que declaran la restauración y reconciliación final de todos cuando Dios reúne todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra (Hechos 3:21; Col 1:16,20; Jn 12:32; Ef 1:10, etc.).
Esclavitud Espiritual
“en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera (energéo) en los hijos de desobediencia.” (Ef 2:2)
En Efesios 2, después de decir que éramos muertos en nuestros delitos y pecados, Pablo sigue explicando que estábamos bajo el poder e influencia de Satanás, el príncipe de la potestad del aire. La palabra griega traducida “opera” es energéo de la cual derivamos nuestras palabras “energizar” y “energía.” En esencia Pablo está diciendo que estábamos bajo el poder de Satanás. Esta realidad es expresada en otros pasajes también:
“que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26 y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” (2 Tim 2:25-26)
“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.” (1Jn 5:19)
¿En qué momento ganó Satanás el dominio sobre la voluntad colectiva de toda la humanidad? En el huerto del Edén, cuando Adán entregó la autoridad que Dios le había dado, al tentador. Desde ese entonces, toda la humanidad fuera de Cristo ha seguido bajo la esclavitud de Satanás y es cegada bajo su opresivo control.
Cuando naciones como el Norte del Corea caen bajo una dictadura comunista, todo medio de comunicación es restringido y los cerebros de sus ciudadanos son lavados con propaganda, llevándolos a creer que ellos son los que son libres y prósperos, mientras el mundo de afuera es lo que es malo y ciego. De la misma manera el dios de esta época mantiene a sus súbditos ciegos al glorioso evangelio que les puede hacer libres:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Cor 4:3,4)
¿Por qué es que los del mundo no creen el evangelio? En gran parte es porque el dios de esta época los ha cegado para que no vean la luz. Entonces, la raza de Adán no solo es muerta o separada de la vida de Dios, sino también es cegado bajo el dominio opresivo de Satanás. Aparte del milagro del nuevo nacimiento uno no puede ni ver el reino de Dios – mucho menos creer para salvación:
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Jn 3:3)
Espiritualmente Sordos
Jesús decía repetidas veces: “El que tiene oídos para oír, oiga.” Dado que cada descendiente de Adán entra en el mundo muerto espiritualmente en relación con Dios, es obvio que tenemos que ser vivificados para poder oír a Dios. Aún los regenerados pueden llegar a ser tardos para oír (Heb 5:11), pero los que aún no han nacido de nuevo ni tienen capacidad de escuchar a Dios. No son simplemente indispuestos a oír – son incapaces de oír la voz de Dios:
“¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.” (Jn 8:43)
Tomen nota que Jesús no simplemente dijo que estaban indispuestos a oírlo, sino que estaban incapaces de escuchar Sus palabras. El mundo civilizado ha descubierto cómo utilizar las ondas radiales y ahora podemos escuchar música y mensajes de una manera no-imaginada en generaciones anteriores. Sin embargo, aún existen algunas tribus remotas que no saben nada de las ondas radiales que están transmitiendo música alrededor de ellos. ¿Por qué? Porque solo es posible escuchar ondas radiales si uno tiene un radio de transistor. Muchos de ellos han sido asombrados mientras escuchan por primera vez, por medio de un radio, lo que estaba en su alrededor todo el tiempo.
De una manera muy parecida, nacimos sin la habilidad de escuchar las buenas nuevas de Jesucristo. Podemos haber sido criados en la iglesia, con el evangelio proclamado desde el púlpito en cada servicio, pero sin realmente escucharlo hasta que Dios nos da oídos para oír. En el tiempo del Padre Él nos atrae, permitiéndonos a realmente escucharlo por primera vez. Todos los que le oyen son irresistiblemente atraídos a Jesús, como Jesús explica en Juan capítulo seis:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (Jn 6:44,45)
Aquí Jesús dice que ninguno es capaz de venir a Él hasta que el Padre los atraiga. Al mismo tiempo dice que todos a los que le son dados oídos para realmente oír al Padre vendrán a Él infaliblemente. De la misma manera, en el tiempo del Padre, todos los que mueren en Adán serán vivificados en Cristo - no solamente los elegidos de esta época sino todos, finalmente serán atraídos irresistiblemente a Cristo (1Cor 15:22). Jesús dice que no podemos venir a Él a menos que el Padre nos atraiga. En esta época solo unos pocos elegidos serán atraídos por el Padre para formar la Iglesia de las primicias, la Esposa de Cristo. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, Cristo atraerá a todos a Si mismo y no solamente a los elegidos de esta época:
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32)
La palabra “trajere” en Juan 6:44 y “atraer” aquí en Juan 12:32 es la misma palabra jelco en el griego, que expresa una idea mucho más fuerte que una simple atracción. Strong’s lo define así: “arrastrar (literal o figurativamente).” Aparece ocho veces en el Nuevo Testamento y en cada ocasión expresa la idea de ser atraído por una fuerza mayor que la resistencia de lo que está siendo jalado o arrastrado:
“Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.” (Juan 21:11 NVI)
“…echaron mano a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.” (Hch 16:19 NVI)
“…¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?” (Stg 2:6 NVI)
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote…” (Juan 18:10 RVG)
El hombre, separado de Dios, es tan perdido que Dios tiene que atraerlo a Cristo para que sea salvo. Nuestro “libre albedrío” de nada nos sirve si no podemos ver ni comprender el glorioso evangelio y esa es la situación en la que Dios encuentra a todo individuo. Son incapaces de ir a Cristo hasta que Él, en su día de visitación, los atraiga a Si mismo, lo cual Él hará con todos en su debido tiempo (1Pedro 2:12; 1Tim 2:6). En Su tiempo Él quitará el velo de los ojos de todo el pueblo (Isa 25:7-8). Hasta entonces permanecen cegados e incapaces de encontrarlo.
Totalmente Depravados por Naturaleza
En el pasaje que hemos estado considerando en Efesios 2:1-3 Pablo, después de decir que estábamos muertos en el pecado y bajo el poder de Satanás, concluye diciendo que éramos “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Adán era un espíritu vestido con un cuerpo antes de separarse de Dios. Cuando Adán pecó su espíritu murió a Dios y él llegó a ser “carne” por naturaleza en vez de un “espíritu” vestido en un cuerpo (Gen 6:3). La carne pecaminosa es incorregiblemente hostil hacia Dios y por eso no puede cambiar lo que es por naturaleza (“carne” independizada), solo por tomar de las ramas “buenas” del árbol prohibido. Uno no puede cambiar lo que es por naturaleza por esfuerzos propios en culto voluntario más que un etíope podría cambiar el color de su piel o un leopardo podría quitar sus manchas (Jer 13:23). Nuestra naturaleza es irreparablemente hostil hacia Dios:
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Rom 8:7-9)
No solamente es nuestra naturaleza caída como hijos de Adán hostil hacia Dios, haciendo que seamos por naturaleza hijos de ira: La mente natural, no regenerada de la carne también es incapaz de percibir, mucho menos recibir, las cosas del Espíritu:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1Cor 2:14)
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Jn 14:16,17)
Una vez más vemos que el problema con el hombre caído no es simplemente que está indispuesto a creer, venir, rendirse, entender o conocer las cosas de Dios. Las Escrituras declaran repetidas veces que la humanidad es por naturaleza incapaz de creer, venir, rendirse, entender o comprender para ser salvos. La prédica de la cruz es locura para la mente natural porque él que no ha nacido de nuevo es incapaz de comprenderla (1Cor 1:18).
Pablo, en Romanos, antes de introducir la gracia gratuita de Dios comenzando en 3:21, establece incontrovertiblemente que toda la humanidad - judíos incluidos, son totalmente depravada y necesitada de la gracia divina para poder responder a Dios o contribuir de manera alguna a su propia salvación:
“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. 13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; 14 Su boca está llena de maldición y de amargura. 15 Sus pies se apresuran para derramar sangre; 16 Quebranto y desventura hay en sus caminos; 17 Y no conocieron camino de paz. 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Rom 3:9-18)
Numerosos argumentos han sido presentados por los Arminianos en un intento limitar la universalidad de “todo” en este detallado y acusatorio argumento presentado aquí por Pablo, que establece la depravación total del hombre. Sin embargo, terminan minimizando la intención obvia del argumento presentado por Pablo: todos están sin esperanzas bajo el pecado, totalmente depravados y por eso completamente dependientes en el don de la justicia, proveído en Cristo Jesús para nuestra salvación.
Pablo no es el único en presentar la humanidad como totalmente depravada y necesitada de la intervención de la gracia divina. Jesús declaraba lo mismo acerca de la condición de los hombres aparte de Dios:
“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Jn 6:63)
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (Jn 6:44, 64,65)
Una vez más vemos presentada, no simplemente la indisposición del hombre de buscar a Dios, sino la incapacidad: Ninguno podría venir si no fuere atraído por la gracia y misericordia de Dios
La Depravación Total mostrada por la Ley
Arminianos a menudo argumentan que Dios no pediría cosa alguna del hombre, ni hubiera dado a nosotros Sus leyes, si fuéramos incapaces de responder de una manera positiva. Sin embargo, el propósito de la ley de Moisés fue revelar nuestra incapacidad y depravación para encerrarnos en la gracia. Fue dada para mostrar nuestra inhabilidad – no nuestra habilidad. El propósito de la ley fue despertar las pasiones innatas en nuestra naturaleza adámica, logrando así que perdiéramos toda esperanza de alcanzar la santidad por nuestros propios esfuerzos independientes. En vez de frenar el mal, la ley produce en nosotros toda clase de deseo pecaminoso:
“Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. 7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.” (Rom 7:5-8)
Así que, podemos ver que el propósito de la ley, según las mismas Escrituras, va en contra del argumento de los Arminianos. La ley fue dada para mostrar nuestra inhabilidad y no nuestra habilidad. Fue dada para quitar toda confianza en la carne. En nuestra inhabilidad de alcanzar la santidad por nuestros esfuerzos independientes, tomando de las ramas “buenas” del árbol prohibido, por medio de la ley morimos. De esta manera, Dios nos prepara para recibir la revelación de Su gracia que hay en Cristo Jesús nuestro Salvador:
“¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.” (Gál 3:21-25)
Entonces, la ley sirvió como nuestro tutor para revelar nuestra depravación y así llevarnos a Cristo. Ahora que estamos en una relación de fe y dependencia de Cristo ya no estamos bajo la ley. La ley no nos fue dada para vivir sino para morir.
La Incapacidad de Creer en el Evangelio
Hasta este punto hemos visto que el hombre es muerto en relación a Dios. En su condición caída bajo el poder de Satanás él es ciego y sordo en cuanto al reino de Dios. Hemos visto que el problema del hombre va más allá de la indisposición del hombre, incluyendo también su inhabilidad. El hombre que no ha sido regenerado es “carne” por naturaleza y por eso no puede percibir, venir, someter, conocer, creer ni recibir las cosas relacionadas con el reino de Dios. Jesús dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn 3:3).
A pesar de todo el testimonio de las Escrituras al contrario, los Arminianos insisten que la regeneración es el resultado de nuestra propia decisión de fe hecho por nuestro independiente libre albedrío. Jesús dijo que ni podemos ver el reino de Dios aparte del nuevo nacimiento o la regeneración. ¿Cómo es posible que nuestra carne caída responda a la verdad que completamente desconocemos? La fe viene por el oír y el oír la Palabra, pero la carne no puede oír, percibir o someterse de manera alguna a la verdad divina. Lo que nace de la carne es carne. Hasta que uno nazca de nuevo del Espíritu, el hombre es carne, punto. En él, eso es en su carne, no mora el bien (Rom 7:18). Jesús dijo:
“‘El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen.’ Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: ‘Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.’” (Jn 6:63-65)
El hombre en su condición caída es llamado “carne” (Gen 6:3). La carne solo percibe “palabras carnales.” Las palabras de Jesús son “palabras espirituales” y por esa razón, los que son de la carne son incapaces de creer e ir a Jesús aparte del Padre quien da vida por Su Espíritu a quienes le ha placido escoger por Su gracia. Jesús sabía desde el principio a quienes el Padre había dado vida por Su Espíritu, capacitándoles a oír y responder en fe a Sus “palabras espirituales” que el hombre natural (carne) es incapaz de escuchar y mucho menos creer.
Los Arminianos presentan los múltiples pasajes mandando a los hombres a arrepentirse y creer como evidencia que los no-regenerados tienen dentro de sí mismo la potencial de libremente responder con fe al llamado. Sin embargo, una vez más les hace falta reconocer que; al igual como con los mandamientos de la ley de Moisés, los mandamientos no son dados para revelar nuestra capacidad sino nuestra incapacidad. Aún nuestra fe es, por necesidad, un regalo de Dios, para la alabanza de la gloria de Su gracia:
“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” (Hch 13:48)
La palabra “ordenado” en este pasaje es de la palabra griega tasso, que significa colocar en un orden. La idea expresada es que el Padre ha ordenado un tiempo señalado para la salvación de cada individuo. Uno no cree para vida eterna hasta que llegue el tiempo ordenado por el Padre para él. Por ejemplo, aunque Pablo sabía mucho acerca de Jesús y Sus enseñanzas durante Su ministerio, él no creía en Él porque no era su tiempo ordenado. También estaba presente cuando Esteban dio su defensa bajo el poder del Espíritu Santo, pero a él no le fue dado oídos para oír, y hasta participó en su apedreamiento. Sin duda él estaba familiarizado con el evangelio siendo proclamado por la Iglesia que él perseguía, pero no podía creer porque no le fue dado por el Padre venir a Cristo. No fue hasta que iba en el camino a Damasco que llego el tiempo ordenado por el Padre, dándole la fe para salvación.
Algunos Arminianos argumentan que Pablo era la excepción a la regla, pero creo que todos los que han tenido un encuentro salvífico con Cristo podríamos decir que llegamos a creer de una manera similar, aunque los detalles probablemente eran menos dramáticos. La fe que salva es un regalo de Dios. No hay otra manera de explicar cómo sucede que todos los que son ordenados para vida eterna infaliblemente creen. Es la única manera de explicar cómo todos los que el Padre da al Hijo vendrán a Él. El Señor abre nuestros corazones para creer. Dejados a nuestra carne caída y depravada, nunca hubiéramos estado abiertos a recibirlo.
Se dice de la piadosamente religiosa Lidia que “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hch 16:14). Si el Señor no hubiera abierto su corazón ella habría seguido siendo una incrédula religiosa como muchos de nosotros éramos antes de llegar a creer en Cristo. La fe que salva es un regalo de Dios:
“Porque a vosotros os es concedido…que creáis en él…” (Phil 1:29)
Pablo, en el contexto de sufrir por Cristo, nos acuerda que nuestra fe nos fue dada como un regalo de la gracia. La palabra traducida “concedido” es charítzomai, que es derivada de la palabra griega que significa “gracia” (charis), indica que nos fue concedido creer en Cristo por Su gracia. Ni podemos jactarnos en nuestra fe porque a nosotros nos fue dado creer en Él por Dios mismo.
Pablo dice que la jactancia es excluida con la fe salvífica (Rom 3:27). ¿Está diciendo Pablo que toda fe excluye la jactancia? No. Por años asistía a una iglesia que tenía un tiempo de “testimonios” en cada reunión. Muchos “testimonios” eran nada más que jactancia santificada. Algunos de los testimonios más repelentes eran los que se jactaban de sus logros de fe como si Dios solo se movía o hacía tal y tal maravilla debido a su gran fe. Sólo cuando reconocemos que creemos solo por la gracia, queda excluida la jactancia.
Los Arminianos insisten que la fe es la única cosa requerida de nuestro yo independiente para recibir Sus beneficios, pero aún nuestra fe es por la gracia y solamente por la gracia. En Hechos 18:27 dice de Apolos que él “fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído.” Los que hemos creído el evangelio tenemos que confesar humildemente que nunca hubiéramos creído si no fuera por la gracia de Dios permitiéndonos ver y creer para salvación.
El apóstol Pablo exulta en “Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia” (2 Tes 2:16). ¿En qué se basa tu esperanza de la vida eterna? ¿En tu propia fe personal o te exultas reconociendo que, aparte de la gracia de Dios aún serías un incrédulo en tus pecados y sin esperanza? ¿Estás creyendo la mentira de Satanás que dice que Dios ha hecho Su parte, pero ahora depende de ti poner de tu parte si quieres tener alguna consolación o esperanza en la salvación de tu alma?
Los Arminianos argumentan que la fe precede la regeneración, mientras los Calvinistas insisten que la fe, por necesidad, sigue a la regeneración, dado que la carne caída es totalmente depravada e incapaz de responder al evangelio. Jesús dijo que ni podemos ver el reino de Dios aparte del nuevo nacimiento. ¿Entonces, cómo podríamos creer el evangelio aparte de la regeneración? ¿Cómo podemos creer en el evangelio aparte del nuevo nacimiento que abre nuestros ojos para verlo en su gloria por primera vez? Ellos señalan que la invitación es a menudo extendida a pecadores, invitándoles a creer sin hacer referencia a la necesidad de una regeneración anterior para poder creer. Sin embargo, no es de ser anticipado que cada invitación sea acompañada con un discurso teológico explicando que si uno no cree es porque no le fue dado creer en ese momento.
Considerando todo lo que ya hemos visto acerca de la depravación total del hombre, no estoy de acuerdo con los Arminianos cuando dicen que nosotros creemos independientemente como un acto personal de nuestro libre albedrío, y después Dios nos regenera a consecuencia de nuestra decisión de fe. Nosotros solo ejercemos la fe que nos es dada cuando el Señor abre nuestro corazón por primera vez, así capacitándonos a percibir y recibir el evangelio. La percepción, que es necesaria para creer y recibir a Cristo, requiere la regeneración (Jn 3:3) Muchos han confundido el orden como es presentado en Juan 1:12,13:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12-13)
Debido a que “recibir” y “creer” son mencionados antes que la regeneración en la oración, unos piensan que la fe precede cronológicamente a la regeneración. Sin embargo, al examinar el pasaje más de cerca, vemos que la regeneración sucede por voluntad de Dios – no por nuestra voluntad al recibir y creer. Dios regenera como un acto de Su soberana voluntad – no por una decisión de nuestra propia voluntad. El hecho que nuestra regeneración venga por voluntad de Dios es enfatizado también por Santiago:
“El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
Si fuera nuestro acto de fe lo que produjera la regeneración, entonces sería una regeneración por voluntad de carne. Nosotros somos regenerados por voluntad de Dios. Los que eran escogidos en Cristo desde la fundación del mundo, en el tiempo ordenado por el Padre, creerán con la fe dada por Él. Creyeron en Cristo y lo recibieron en sus corazones porque Dios primero abrió Sus corazones para recibir a Cristo.
Vemos la misma secuencia en 1Juan 5:1 donde Juan dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” Aunque la Reina Valera lo oculta, este versículo indica claramente que la regeneración precede la fe. “es nacido” no es en el tiempo presente como los traductores lo tradujeron. Es en el tiempo perfecto, voz pasiva, que indica una acción que tomó lugar en el pasado con resultados que continúan hasta el presente. El verbo traducido “cree” es en el presente activo. Así que la traducción correcta sería: “Todo aquel que está creyendo que Jesús el Cristo ha nacido de Dios.” En otras palabras, si uno está creyendo que Jesús es el Cristo, es porque él ya había nacido de Dios antes de poner su fe en Él.
Sin embargo, no veo una separación discernible en tiempo entre regeneración y nuestra respuesta espontánea de fe. Discutir sobre cuál es primero – nuestra fe o regeneración es comparable a preguntar cuál fue primero – la gallina o el huevo. La respuesta obvia es ninguno de los dos. La gallina fue creada junto con sus huevos en una solo acción creativa, así de igual manera como las plantas fueron creadas con sus semillas. Lo mismo se puede decir de la nueva creación. Fuimos creados de nuevo, con la fe siendo tanto una parte del milagro creativo, como la regeneración misma. La fe es tan integral y espontánea en el proceso del nuevo nacimiento como el primer respiro de un bebé al salir del vientre de su mamá.
En Adán todos mueren – todos nacimos separados de Dios y muertos en el pecado. Sin embargo, las buenas nuevas, que fueron proclamadas en la Iglesia primitiva pero olvidadas entrando en la Época Oscura y aún continúan siendo pasadas por alto por los Calvinistas y Arminianos es que, en el tiempo de Dios, todos los que mueren en Adán serán vivificados o regenerados en Cristo a través del don de la fe en el tiempo ordenado por el Padre desde la fundación del mundo.
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” [i] (1Cor 15:22,23a, 28)
En conclusión, hemos visto que el testimonio dado a través de las Escrituras es que el hombre, en su estado caído es totalmente depravado, muerto a Dios, bajo el dominio del dios de este mundo, espiritualmente ciego y sordo y por naturaleza un hijo de ira. Su naturaleza, que es carne, está en enemistad contra Dios. Además, hemos visto que el propósito de Dios en dar la ley fue para encerrar a todos bajo desobediencia para después tener misericordia de todos (Rom 11:32). En esta época el Padre está atrayendo unos pocos elegidos para ser la Esposa de Cristo. Sin embargo, antes que Cristo entregue todas las cosas al Padre y Dios sea todo en todos, Cristo ya habrá atraído a todos a Él mismo.
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
Depravación: La Solución Universal
Es obvio que uno puede ser un Universalista y un Pelagianista al mismo tiempo. Muchos Universalistas liberales minimizan o niegan que el hombre es perdido y necesitado de la salvación que viene por la obra redentora de Cristo en la cruz. Sin embargo, las Escrituras son muy claras en enfatizar que todos están bajo el pecado y que es necesario arrepentirse y creer en el evangelio, habiendo nacido de nuevo por el Espíritu, solo para poder ver el reino de Dios – sin mencionar entrar en él. Como Pelagianismo es auto-salvación, un Pelagianista no puede ser considerado salvo porque la salvación bíblica requiere un Salvador fuera de uno mismo.
Un Universalista Pelagianista sería como los fariseos en el sentido que confían en su propia justicia. Jesús les dijo a los fariseos: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mateo 21:31). No es que jamás entrarán, pero tendrán que entrar de la misma manera que los publicanos y las rameras – a través del arrepentimiento y la fe en Jesucristo. Los que son prontos para reconocer su condición necesitada y depravada serán los primeros en arrepentirse y creer, siendo nacidos de nuevo en el reino de Dios. Ninguno entrará al reino como Pelagianista. Primero es necesario entrar por la puerta estrecha – por la gracia por medio de la fe, habiendo nacido de nuevo por el Espíritu.
Sin embargo, los Universalistas bíblicos están de acuerdo con los Calvinistas en decir que no solo nacemos pecadores en Adán sino también nacemos muertos en nuestros pecados y por eso somos totalmente dependientes de Dios para poder ser vivificados por la gracia en Jesucristo. La única diferencia es que el Universalista cree con Pablo que, “como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Cor 15:22). El Universalista puede decir sin rodeos, para la alabanza de la gloria de la gracia de Dios, que el mismo todos que mueren en Adán, en su debido tiempo, serán vivificados en Cristo. Todos los que tenemos nuestro origen en Cristo por creación seremos finalmente restaurados a Cristo antes que Él entregue el reino al Padre y Dios llega a ser todo en todos. Como declara Pablo:
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
Toda la creación vino de (ek) Dios, existe por (día) Él y finalmente será reconciliado a (eís) Él. El Universalista bíblico no ve a los elegidos de esta época como escogidos a la exclusión de los demás sino para el beneficio de los demás. Fuimos escogidos para ser un sacerdocio real, una luz para las naciones, la Iglesia de las primicias de la nueva creación:
“El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
Nosotros, los elegidos de ésta época, solamente somos los primeros en esperar en Cristo (Ef 1:12). Solamente somos las primicias. Las primicias de una cosecha son los primeros, pero solo una pequeña parte de la cosecha entera. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn 6:44). Pero Jesús prometió que terminaría atrayendo a todos a Si mismo (Jn 12:32). Toda la creación de Dios será finalmente restaurada a la libertad gloriosa de los hijos manifiestos de Dios – las primicias de la nueva creación, en el tiempo de su manifestación cuando Él hace nuevas todas las cosas (Rom 8:18-23; Apo 21:4-5). En las épocas venideras, la Iglesia de Jesucristo – nosotros que primeramente creímos, seremos manifestados al resto de la creación, para la alabanza de la gloria de Su gracia, culminando en la restauración de todos (Ef 1:10-12; 2:7; Hch 3:21; Rom 8:18-23).
Los Arminianos tienen dificultad en explicar por qué nuestro Padre de amor, viendo que el hombre es perdido y ahogándose en un río al que no escogió entrar en primer lugar, después de lanzarle el salvavidas, simplemente deja a los que por un motivo u otro no aprovechan del salvavidas a ahogarse sin mayor intervención. Es aún más irreconciliable con el amor de Dios considerando que la gran mayoría de la humanidad ni vio el salvavidas – nunca oyeron las buenas nuevas de la salvación, o estaban demasiado ciegos o desorientados para aprovecharse del salvavidas.
Todos sabemos que ningún padre amoroso dejaría a su propio hijo ahogarse simplemente porque el niño resiste sus esfuerzos para rescatarlo. Puede que espere hasta que el niño deje de luchar antes de salvarlo, pero dejarlo ahogarse simplemente porque él, en su confusión, resiste los esfuerzos de su padre para rescatarlo sería impensable. ¿Somos acaso nosotros como padres, hechos en la imagen y semejanza de Dios, más compasivos que nuestro Padre celestial?
Tradicionalistas responden que no debemos cuestionar los caminos de Dios. Sin embargo, no es asunto de cuestionar a Dios. Lo que somos mandados hacer es cuestionar las interpretaciones de los hombres acerca de los caminos de Dios cuando van en contra de la naturaleza de Dios como es revelado en las Escrituras o cuando van en contra de toda la razón. ¿No reprochó Jesús a la multitud diciendo: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lucas 12:57). ¿No dijo Jesús que debemos ser como nuestro Padre que ama a todos – incluso Sus enemigos? (Mat 5:44,45). ¿Cómo podemos ser como Él, amando a nuestros enemigos y haciéndoles bien, creyendo al mismo tiempo que Dios en realidad estará torturándolos en un infierno eterno, según le ha placido, para la alabanza de la gloria de Su infinita justicia? [ii]
Los Calvinistas tienen un dilema aún mayor que lo de los Arminianos porque, según la ilustración del río, el Dios de los Arminianos al menos lanza el salvavidas a todos los que se están ahogando. Aunque la mayoría se ahogan de todas formas por no aprovecharse de la oportunidad, o por ignorancia o falta de voluntad, al menos los Arminianos pueden acercarse más a decir que Dios no hace acepción de personas.
Los Calvinistas, en cambio, dicen que Dios desde la eternidad solo predestinó a unos pocos elegidos para la salvación. [iii] El resto de la humanidad fue predestinado para la ira eterna (si no deliberadamente, al menos por abandono divino). Insisten que Su elección no es basada en ningún mérito o desmérito de parte del individuo sino solamente basada en Su beneplácito para recibir gloria para Sí mismo. En el caso de los elegidos es para la alabanza de la gloria de Su gracia. Pero para la gran mayoría, que no fueron elegidos para salvación, a Él le ha placido consignar, desde la eternidad, a un eterno infierno de fuego para la alabanza de Su gloriosa justicia.
Este tema será considerado con detalle más adelante, pero por el momento debe ser obvio que los Calvinistas presentan a Dios de una manera que se asemeja más a las deidades paganas que se glorían en la miseria de sus súbditos para demostrar qué tan poderosos son, que el Dios de las Escrituras que declara que Él no solamente ama a todos, sino que Él mismo es amor y lo ha demostrado reconciliando a toda Su creación a Si mismo por la sangre de la cruz de Jesucristo (2Cor 5:19; Ro 5:8; Col 1:16,20).
Los tradicionalistas, tanto Calvinistas como también muchos Arminianos, generalmente reconocen con el Universalista bíblico que Dios es soberano, habiendo conocido y determinado todas las cosas desde la eternidad y está obrando todas las cosas según Su propia voluntad. Mientras que los Calvinistas enfatizan Su voluntad predeterminada basada en un amor particular que solo tiene para los elegidos, los Arminianos dicen que Dios ama a todos por igual pero escoge a los individuos basado solamente en Su presciencia de una decisión de fe que previó que ellos tomarían. Ambos reconocen que la caída y la redención fueron conocidas por Dios desde la eternidad e incluidas en el plan de Dios para las épocas, al igual que los Universalistas. Sin embargo, según ellos, la salvación a fin de cuentas solo beneficia a unos pocos. El resto, según ellos, son destinados por Dios mismo a un infierno eterno de fuego que no tiene un propósito redentivo.
Su plan eterno para la gran mayoría, según ellos, es sujetarlo a un eterno tormento sin fin por un Dios de “amor,” cuya ira contra ellos jamás será aplacada por toda la eternidad. Esta ira sin fin es contra sus pecados que, aún según ellos, se debe a su desdicha de haber nacido esclavos por naturaleza al pecado y bajo el poder de Satanás debido a la desobediencia de Adán.
Lorraine Boettner, un Calvinista prominente, explica la situación desafortunada del pecador: “Los seres humanos nacen con una naturaleza corrupta pero sin embargo son completamente responsables por los pecados que no pueden evitar debido a esta condición.” [iv] Este modelo tradicional de tormentos eternos para víctimas indefensos es quizás más compatible con los semidioses paganos de la mitología griega que se portaban como hombres malvados y caprichosos, pero esta doctrina bárbara es de ninguna forma digna del omnisciente, sabio Dios de amor revelado en las Escrituras.
Los Arminianos intentan resolver esta contradicción de la naturaleza divina diciendo que Dios voluntariamente limita Su soberanía a las decisiones del “libre albedrío” de Sus hijos caídos. Él ama a todos por igual y en Su amor quitó los pecados de todo el mundo en la cruz. Ahora Él puede ser justo y al mismo tiempo justificar al impío.
Sin embargo, según ellos, los que por una razón u otra no toman una decisión para Cristo con su libre albedrío dentro del corto lapso del tiempo entre la “edad de responsabilidad” y la muerte, perderán para siempre su libre albedrío para escoger a Cristo – aún si no le recibieron por la simple razón de que nunca escucharon el evangelio. Y el Dios “soberano” que los ama de tal manera que envió a Su propio Hijo para reconciliarlos a Si mismo, habiendo quitado todos sus pecados, después se encuentra obligado por Su propia santidad a atormentarlos sin misericordia para siempre, aunque los ama y dio Su Hijo en propiciación por sus pecados para poder así mantener Su santidad, y al mismo tiempo ser propicio a ellos a pesar de sus pecados.
Los Arminianos no solamente limitan, sin intención, la soberanía de Dios para proteger el libre albedrío del hombre para escoger o rechazarlo, sino también limitan Su soberanía para salvarlos después de morir. La voluntad soberana de Dios que es para la salvación de uno es limitada, según ellos, al corto tiempo que vive uno, porque Dios determinó limitarse al limitado “libre albedrío” de los pecadores caídos, confundidos y perdidos.
Sin embargo, después de la muerte cuando finalmente pueden ver claramente lo que Cristo logró por ellos en la cruz, ellos pierden para siempre su libre albedrío para arrepentirse y creer en el evangelio. A la vez, Dios, que ama a todos sin excepción de personas y desea la salvación de todos es de alguna manera limitada en Su “soberano” libre albedrío, condenando eternamente los que ama a tormentos interminables. Su amor y misericordia que nunca se acaban ahora de repente terminan para siempre hacia los únicos aún necesitados de Su misericordia – las multitudes de perdidos. El Padre de todo amor que no rechaza para siempre (Lam 3:31-33), ahora de alguna forma viola Su propia naturaleza, sujetando a los objetos de Su amor a una ira eterna sin otro motivo más que una venganza que nunca se sacia por los pecados que Cristo ya quitó en la cruz.
Los Calvinistas, en cambio, evitan este dilema moral y lógico negando que el amor es una parte de la naturaleza esencial de Dios. Para ellos el amor no es la esencia de Dios sino simplemente un atributo. Para ellos el atributo esencial de Dios es su santidad, como si fuera posible dividir la naturaleza de Dios.
Sin embargo, el Dios de amor encontró la manera de ser santo y justo, y al mismo tiempo, justificar a los impíos a través de Su mayor demostración de amor en la cruz. En la cruz “la misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron” (Sal 85:10). En la cruz Dios demostró que Su naturaleza no es dividida. Él es amor y a la vez santo y justo en perdonar a pecadores indignos. Él muestra ira, pero en amor correctivo. Él rechaza, pero no para siempre porque Él es amor. Él es un fuego consumidor pero Su fuego solo consume la escoria y refina el oro porque Dios es amor.
Los Calvinistas, con tal de justificar la doctrina tradicional de un infierno eterno para la mayoría, tienen que negar que el amor fue lo que motivó a Dios en la creación de todo. Para ellos, el propósito de Dios en la creación es magnificar Su gloria, punto. Dios, desde la eternidad, creó el infierno y predeterminó que la mayoría de la humanidad sufriría tortura eterna con el único propósito de magnificar Su infinita justicia. Dios recibe gloria creando un infierno eterno y predestinando a la gran mayoría de la humanidad a sufrir de Su propia mano para traer alabanza a Su nombre, magnificando la gloria de Su infinita justicia en la forma de una ira implacable.
En contraste, el Universalista ve la gloria, tanto de la infinita justicia como el infinito amor de Dios demostrado en la cruz de Jesucristo, cuando Él tomó sobre Sí mismo los pecados de todo el mundo, en vez de presentarlo como uno que tortura eternamente en el infierno a todos menos unos pocos escogidos, solo para que Él recibiera admiración.
Si Dios de hecho necesitaba recibir alabanza mostrando no solo Su amor sino también Su santidad por medio de una ira implacable con tormentos sin fin, anticiparíamos que Él al menos escogería la gran mayoría para salvación y solo destinar a unos pocos a tortura eterna, dado que podría manifestar adecuadamente a toda la creación que tan santo que es, solo torturando unos pocos, sin la necesidad de torturar la mayoría. Si fuera a torturar a la gran mayoría, solo mostrando misericordia a unos pocos, en realidad, mitigaría Su gloria en vez de magnificarla.
Claramente en las Escrituras, la gloria de Dios se ve mejor demostrada en la cruz. Dios es, a fin de cuentas, glorificado en la alabanza de la gloria de Su gracia. Su infinita sabiduría es revelada en convertir Sus enemigos en sus devotos más leales. El Dios de infinito amor y misericordia jamás buscaría recibir gloria poniendo en marcha un plan de las épocas que terminaría en eterna ruina y miseria para la gran mayoría. La gloria del amor agape es en dar – no recibir. Aunque Dios en ocasiones es presentado como mostrando Su gloria cuando los enemigos de Su pueblo son derrotados, Su gloria no debe ser entendida tanto en el acto de retribución contra los enemigos de Su pueblo, como en Su acto de misericordia, liberando a Su pueblo de sus enemigos. A fin de cuentas, la gloria de Dios es magnificada en conquistar a sus enemigos con el poder de Su gran amor:
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3-4)
El salmista declara que toda la tierra le adorará y cantará alabanzas a Él cuando, por la grandeza de Su poder, aún Sus peores enemigos se someterán a Él. Su gloria es magnificada en la grandeza de Su amor, no de Su ira. Yo personalmente no puedo evitar sentir indignación al contemplar cuánto el carácter de nuestro Padre de amor ha sido envilecido por la doctrina tradicional de tormentos eternos. Aún John Piper, que ha hecho todo lo posible para presentar la doctrina tradicional de Depravación Total de una manera digna de Dios, cuando es combinado con la Expiación Limitada, refiere a ella como “una verdad terrible.” [v] Y esto a pesar de que él modifica el modelo tradicional para hacerlo menos repelente. No importa la manera que intenten presentar esta terrible doctrina tradicional, uno no puede evitar sentir una sensación de blasfemia solo contemplando las conclusiones lógicas y morales implícitas en esos dogmas, tanto las de los Arminianos como también de los Calvinistas.
Los Tradicionalistas designan estas “verdades” como doctrinas demasiado “terribles” y misteriosas para ser contempladas por el hombre mortal. Ellos disuaden cualquier crítica sincera de sus dogmas llamándolas “misterios divinos.” Poner en duda la validez escritural de estos misterios oscuros es tomado como exaltando la razón a tal grado de ponerse como jueces de los caminos de Dios y se acerca a la blasfemia. Sin embargo, con todo debido respeto, no estamos cuestionando a Dios sino las interpretaciones de los hombres acerca de Dios a la luz de las Escrituras. Somos mandados en las Escrituras a poner a prueba todo, aferrándonos a lo bueno y absteniéndonos de toda forma del mal (1 Tes 5:21-22). No creo que alguien pueda llevar estas doctrinas tradicionales a sus inevitables conclusiones lógicas sin reconocer que son monstruosamente malévolas, no-bíblicas e indignas de ser atribuidas a nuestro Dios, y, por ese motivo debemos rechazarlas sin reserva.
Yo reconozco que ha habido muchos hombres y mujeres de Dios que han creído y defendido estas doctrinas cuyo amor y dedicación a Dios son intachables. Sin embargo, creo que la mayoría de ellos no se ha atrevido a criticar estos “misterios tenebrosos y terribles” a la luz de la verdadera naturaleza de Dios como es revelada en las Escrituras. Tristemente, para muchos, es más importante la aprobación de los hombres que la aprobación de Dios, y por ese motivo no están dispuestos a pensar fuera de los confines del cajón tradicional.
[i] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco siempre significa la forma neutro objetos inanimados como en el español. Cuando los traductores agregan la palabra “cosas” en contextos que obviamente refieren principalmente a personas y no objetos inanimados yo tomo la libertad de tachar la palabra agregada para mantener el enfoque en las personas como debe ser.
[ii] La Confesión de la Fe Westminister dice: Al resto de la humanidad le ha placido a Dios, según el inescrutable consejo de Su propia voluntad, por la cual extiende o abstiene misericordia, como le plazca a Él, para la gloria de Su poder Soberano sobre Sus criaturas, pasarles por alto; y a ordenarles deshonra e ira por sus pecados, para la alabanza de Su gloriosa justicia (énfasis mía).” The Westminster Confession of Faith, Chap. 3 — Articles 6 and 7.
[iii] Ellos a menudo insisten que los elegidos no son unos pocos sino una gran multitud. Sin embargo, a través de la historia ni el 10% de toda la humanidad podrían realísticamente ser considerados como verdaderos cristianos.
[iv] Lorraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, p. 63
[v] Piper, John (2013-11-10). Five Points (Kindle Locations 223-229). Christian Focus Publications. Kindle Edition.
Lo siguiente fue tomado del libro
La Solución Universal que presenta la Reconciliación Universal como la solución al debate entre los Calvinistas y los Arminianos.
Depravación total es un término utilizado para referirse al estado espiritualmente caído en que nace todo descendiente de Adán. Debido al pecado original de Adán, todos nacemos espiritualmente muertos a Dios e incapaces de contribuir de manera alguna a nuestra propia salvación. Aun la fe que necesitamos para apropiar el don de la salvación tiene que ser recibida como un regalo de Dios a través de la regeneración debido a la ceguera espiritual del hombre.
Depravación: Tres Puntos de Vista
Calvinismo - Depravación Total
La doctrina de depravación total inicialmente fue presentada por Agustín de Hipo (354 – 430 d.C.). También fue la creencia de Martín Lutero, Juan Calvino y otros reformadores prominentes y sigue siendo la creencia de la tradición reformada, Calvinista hasta el día de hoy. El término “depravación total” fácilmente puede ser malentendido. No quieren decir con “depravación total” que el hombre es malo en el sentido absoluto. Es obvio que algunos hombres viven vidas más rectas moralmente que otros. Uno puede llegar a ser más corrupto moralmente si sigue sus instintos carnales, o menos corrupto en un ambiente ideal.
La depravación total significa que el hombre, desde Adán, es espiritualmente muerto en relación con Dios, su Creador. El hombre fue creado para comunión con Dios, pero cuando murió espiritualmente, dejó de ser centrado en Dios y se enfocó en sí mismo, así llegando a ser egocéntrico. En esta condición caída, aun sus acciones, que aparentan ser buenas y religiosas, son actos independientes de Dios y para intereses propios, en vez de nacer de una relación de amor y dependencia en comunión con Dios. La palabra griega para el pecado es hamartía que significa “no dar en el blanco.” Una dependencia total de Dios es el blanco. Nada de lo que hacemos sin Dios - sea lo que origina de las “buenas” ramas o las ramas “malas” del árbol de la ciencia del bien y del mal, da en el blanco, y por esa razón es pecado.
Uno puede guardar la ley religiosamente y sin embargo sigue siendo depravado porque sus obras son hechas en la carne y no en Dios. Basados en 1Juan 3:4 muchos piensan que el pecado es definido como transgresión de la ley. Pero la frase “transgresión de la ley” es una sola palabra griega – anomía, compuesta de “a-” que significa “no” y “nomos” que significa “ley.” La idea expresada es “negar a someterse,” o vivir según lo que uno quiere en vez de vivir como Dios quiere. Algunos logran vivir una vida relativamente recta independientemente de su Creador. Uno puede guardar la ley con gran celo y no estar sometido a Dios, como lo vemos ilustrado en los fariseos. El pecado es simplemente haciendo lo que bien nos parece, participando del árbol de la ciencia del bien y el mal, en el poder de nuestra carne caída, en vez de caminar en dependencia de Dios.
Pelagianismo – Negación de Depravación
Pelagio, un contemporáneo de San Agustín, opuso la doctrina agustiniana de la predestinación y negaba que el hombre heredó el pecado original de Adán. Según Pelagio, el hombre no nace depravado sino neutro y libre del pecado, y con un libre albedrío no debilitado por el pecado. Según él, Dios no nos dio la ley para revelar nuestro pecado y necesidad de la gracia, sino que nos dio la ley anticipando que el hombre la cumpliera. Enseñaba que era posible vivir sin pecado.
Arminianismo – Depravación Parcial
Los Arminianos, en su mayor parte, no creen en la auto-salvación como fue enseñado por Pelagio. La mayoría de ellos cree, como los Calvinistas, que somos completamente incapaces de salvarnos a nosotros mismos y que nuestra salvación fue obtenida para nosotros por Jesucristo en Su muerte y resurrección. La única participación requerida de parte del hombre, según ellos, es la apropiación de nuestra salvación por una decisión de fe y continuando en esa fe hasta el final. Pablo deja en claro que la fe que salva no es una obra como para poder jactarnos: “¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No, sino por la ley de la fe” (Rom 3:27-29). Así que, no sería correcto acusar a los Arminianos de ser Pelagianistas simplemente porque insisten que nuestra decisión de fe procura nuestra salvación.
Las tres diferentes perspectivas acerca de la condición del hombre delante de Dios pueden ser ilustradas por un hombre en un río. El hombre, según Pelagio, no tiene necesidad de ser rescatado porque no solo puede nadar sino que puede ir contra la corriente. Este hombre imaginario ni necesita un Salvador, y por ende no puede ser considerado “salvo.” Jesús no vino a llamar a los justos sino a los pecadores al arrepentimiento. La verdad es que toda la humanidad ha nacido pecadora y necesitada de un Salvador. “No hay justo, ni aun uno” (Rom 3:10).
El Segundo hombre, según los Arminianos, no sabe nadar y se está ahogando y siendo llevado río abajo por la corriente. Dios, en Su misericordia y gracia le lanza el salvavidas. Si el hombre que se está ahogando tiene la fe y el sano juicio suficiente como para tomar el salvavidas, Dios lo rescatará. De otra manera, Dios no hará mayor intervención para salvarlo por respecto a su propio libre albedrío y lo dejará ahogarse, siendo llevado río abajo a la destrucción segura.
El tercer hombre, según la interpretación Calvinista, no solamente se está ahogando y en necesidad de ser rescatado, sino que ya se ahogó. Él está muerto al fondo del río, siendo llevado río abajo hacia un infierno eterno que Dios preparó para recibir a todos a excepción de algunos elegidos que había predeterminado rescatar. Todos los elegidos - escogidos para ser salvos, son sacados del río y resucitados. Sin embargo, la gran mayoría (los no-elegidos), según ellos, o eran predestinados por Dios desde la eternidad a la destrucción eterna aun antes de entrar en el río, o según otros Calvinistas moderados simplemente son dejados a su destino inevitable, sin la intervención que Él solo extiende a los elegidos.
Debe ser obvio para todos que el Pelagianismo es una negación total de nuestra necesidad de un Salvador que nos redimió con Su preciosa sangre en la cruz, y por eso es una negación de la fe. Aunque los Calvinistas a menudo acusan a los Arminianos de Pelagianismo o Semipelagianismo, debe ser reconocido que la mayoría de los Arminianos creen en la salvación por la gracia aparte de las obras.
La verdadera fe, la que salva, no es una obra, según Pablo, y no invalida la salvación solo por la gracia (Rom 3:27). De mi parte creo, igual que los Calvinistas, que las Escrituras indican que aun nuestra fe que nos salva es un regalo de Dios, como espero demostrar. Sin embargo, el poder de Dios para salvar las almas no ha sido limitado por esta distinción menor. Jonathan Edwards, un Calvinista reformado, fue poderosamente usado por Dios, al igual que George Whitefield, quien era Arminiano aunque después abrazó el Calvinismo bajo la influencia de Jonathan Edwards. Pero no debemos olvidar a los grandes predicadores como John Wesley, Charles Finney and William Seymour, para nombrar solo unos pocos, quienes fueron usados poderosamente siendo Arminianos.
Dios no aparenta ser limitado en Su poder para salvar, dependiendo en si creemos que la fe que salva es un regalo de Él o una decisión voluntaria e independiente del hombre. Su propósito en crearnos es principalmente relacional y por eso su decreto eterno tiene que incluir nuestra participación voluntaria. Creo que Dios imparte su fe en nosotros pero de tal manera que incluye la recepción voluntaria del hombre. En lugar de ser el uno o el otro, veo que la fe es un regalo de Dios que el hombre, al recibirla, voluntaria e infaliblemente usa para recibir a Cristo.
La fe es un regalo recibido y a la vez personalmente activado por la persona que la recibe – así como el mandato de Jesús al paralítico, “levántate, toma tu lecho, y anda” requería la participación del paralítico, aunque la obra de sanidad había sido hecha por Jesús. ¡Gracias a Dios que no tenemos que ser teólogos para ser salvos! Si fuera así, la mayoría de nosotros moriríamos todavía estando en el proceso de separar nuestros “pelitos teológicos.”
Depravación: El Testimonio de las Escrituras
Creo, y espero demostrar, que el testimonio de las Escrituras confirma que el hombre es totalmente destituido de cualquier habilidad de contribuir a su propia salvación. Será demostrado que aun nuestra fe para salvación tiene que ser impartida a nosotros por Dios para poder creer en el evangelio. La verdadera fe es un regalo de Dios. Nuestra única participación es el ejercicio espontáneo y voluntario de esa fe, recibiendo el glorioso e irresistible evangelio por fe.
Espiritualmente Muertos de Nacimiento
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” (Ef 2:1-3)
Las Escrituras declaran que estábamos muertos antes de haber recibido la nueva vida de Dios a través del nuevo nacimiento. ¿En qué sentido estábamos muertos y cuándo sucedió esta muerte? Obviamente no refiere a la muerte física. Tampoco podemos decir que el hombre es muerto en un sentido moral antes del nuevo nacimiento. No todos los hijos de Adán son incapaces de vivir un estilo de vida relativamente moral. De hecho, Dios considera toda persona responsable por lo que hace, y vendrá el día cuando cada hombre tendrá que rendir cuentas por lo que ha hecho en esta vida (Rom 2:12-16).
Lo que Pablo está diciendo es que todos entramos en este mundo muertos a Dios. Aparte de Jesucristo, quien era Dios mismo encarnado, los únicos que inicialmente eran vivos en relación a Dios fueron Adán y Eva. Dios les mandó a abstenerse del árbol de la vida con la advertencia de que si fueran a comer del árbol morirían en ese mismo día. Dios literalmente les dijo: “el día que de él comieres, ciertamente muriendo, morirás” (Gen 2:17). Implícito en la frase “muriendo, morirás” es que ocurrió una muerte el mismo día en que Adán y Eva comieron del árbol. Aun los que toman de las “buenas” ramas del árbol de la ciencia del bien y el mal son muertos en relación a Dios. Sus justicias son hechas en la carne, independientemente de Dios y por eso son inaceptables para Dios (Isa 64:6).
Vale mencionar que Pablo; de todos los hombres el más religioso en cuanto a la moralidad; el fariseo de los fariseos, se incluyó a sí mismo entre los culpables: “todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef 2:3). Los “malos justos” toman del árbol prohibido igual como los “malos injustos” y sin darse cuenta, están tanto en rebelión contra Dios como los demás.
La palabra “muerte” en las Escrituras expresa, no cesación de existencia, sino separación. En su acto de independencia, Adán y Eva se separaron de Dios y de esa manera murieron espiritualmente. Aunque siguieron viviendo por muchos años antes de finalmente morir físicamente, de ese día en adelante eran entidades independientes y separados de Dios. Esta condición de muerte espiritual pasó a todos los descendientes de Adán:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Rom 5:12)
La frase “todos pecaron” es en el tiempo pasado aoristo en el griego, que indica un acto singular en el pasado. Tiene referencia al pecado original de Adán como resultando en que todos los descendientes de él nacen muertos. Debido al pecado original de Adán, todos nacemos muertos a Dios y también destinados a morir físicamente – no simplemente por nuestros pecados, sino debido a la maldición de la muerte que fue trasmitida a través de nuestro primer padre, Adán. Esto es lo que llamamos el Pecado Original. Todos pecamos en Adán. Por el pecado de un hombre (Adán), la muerte ha reinado sobre todos sus descendientes (Rom 5:17).
Así que todos nosotros, como descendientes de Adán, nacimos muertos en relación con Dios – separados de Su vida desde el nacimiento (Sal 51:5). Uno no anticipa una reacción de una persona que está muerta. Un médico puede pedir que una persona enferma confíe en su capacidad de salvarla, y hasta puede cooperar en su propia recuperación, pero una vez que muere no hay forma de que el médico pueda lograr que el paciente coopere con él. Solo el milagro de la resurrección puede levantar a uno que ya esté muerto físicamente.
Lo mismo sucede con uno que está muerto espiritualmente. Uno que está muerto a Dios no puede conocerlo o responder a Dios quien es espíritu. Antes de poder responder a Dios en forma alguna, primero tiene que experimentar el milagro del nuevo nacimiento – habiéndose nacido de arriba, del Espíritu. Tenemos que ser regenerados antes de poder responder a Dios y eso es precisamente lo que Pablo dice que Dios hizo por nosotros: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” En el tiempo de Dios, Él nos da vida a través del renacimiento de nuestro espíritu, dándonos la capacidad de entender y responder al evangelio.
Sin embargo, el Universalista no limita a Dios, diciendo que solo los elegidos de esta época serán vivificados y salvos. Pablo dice que finalmente todos los que mueren en Adán serán vivificados en Cristo y que el tiempo vendrá cuando el último enemigo – la muerte, sea destruido para siempre:
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden…. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.” (1Cor 15:22-23a, 26)
El concepto tradicional de una “muerte eterna” es ajeno a las Escrituras que declaran la restauración y reconciliación final de todos cuando Dios reúne todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra (Hechos 3:21; Col 1:16,20; Jn 12:32; Ef 1:10, etc.).
Esclavitud Espiritual
“en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera (energéo) en los hijos de desobediencia.” (Ef 2:2)
En Efesios 2, después de decir que éramos muertos en nuestros delitos y pecados, Pablo sigue explicando que estábamos bajo el poder e influencia de Satanás, el príncipe de la potestad del aire. La palabra griega traducida “opera” es energéo de la cual derivamos nuestras palabras “energizar” y “energía.” En esencia Pablo está diciendo que estábamos bajo el poder de Satanás. Esta realidad es expresada en otros pasajes también:
“que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26 y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” (2 Tim 2:25-26)
“Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.” (1Jn 5:19)
¿En qué momento ganó Satanás el dominio sobre la voluntad colectiva de toda la humanidad? En el huerto del Edén, cuando Adán entregó la autoridad que Dios le había dado, al tentador. Desde ese entonces, toda la humanidad fuera de Cristo ha seguido bajo la esclavitud de Satanás y es cegada bajo su opresivo control.
Cuando naciones como el Norte del Corea caen bajo una dictadura comunista, todo medio de comunicación es restringido y los cerebros de sus ciudadanos son lavados con propaganda, llevándolos a creer que ellos son los que son libres y prósperos, mientras el mundo de afuera es lo que es malo y ciego. De la misma manera el dios de esta época mantiene a sus súbditos ciegos al glorioso evangelio que les puede hacer libres:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Cor 4:3,4)
¿Por qué es que los del mundo no creen el evangelio? En gran parte es porque el dios de esta época los ha cegado para que no vean la luz. Entonces, la raza de Adán no solo es muerta o separada de la vida de Dios, sino también es cegado bajo el dominio opresivo de Satanás. Aparte del milagro del nuevo nacimiento uno no puede ni ver el reino de Dios – mucho menos creer para salvación:
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Jn 3:3)
Espiritualmente Sordos
Jesús decía repetidas veces: “El que tiene oídos para oír, oiga.” Dado que cada descendiente de Adán entra en el mundo muerto espiritualmente en relación con Dios, es obvio que tenemos que ser vivificados para poder oír a Dios. Aún los regenerados pueden llegar a ser tardos para oír (Heb 5:11), pero los que aún no han nacido de nuevo ni tienen capacidad de escuchar a Dios. No son simplemente indispuestos a oír – son incapaces de oír la voz de Dios:
“¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra.” (Jn 8:43)
Tomen nota que Jesús no simplemente dijo que estaban indispuestos a oírlo, sino que estaban incapaces de escuchar Sus palabras. El mundo civilizado ha descubierto cómo utilizar las ondas radiales y ahora podemos escuchar música y mensajes de una manera no-imaginada en generaciones anteriores. Sin embargo, aún existen algunas tribus remotas que no saben nada de las ondas radiales que están transmitiendo música alrededor de ellos. ¿Por qué? Porque solo es posible escuchar ondas radiales si uno tiene un radio de transistor. Muchos de ellos han sido asombrados mientras escuchan por primera vez, por medio de un radio, lo que estaba en su alrededor todo el tiempo.
De una manera muy parecida, nacimos sin la habilidad de escuchar las buenas nuevas de Jesucristo. Podemos haber sido criados en la iglesia, con el evangelio proclamado desde el púlpito en cada servicio, pero sin realmente escucharlo hasta que Dios nos da oídos para oír. En el tiempo del Padre Él nos atrae, permitiéndonos a realmente escucharlo por primera vez. Todos los que le oyen son irresistiblemente atraídos a Jesús, como Jesús explica en Juan capítulo seis:
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (Jn 6:44,45)
Aquí Jesús dice que ninguno es capaz de venir a Él hasta que el Padre los atraiga. Al mismo tiempo dice que todos a los que le son dados oídos para realmente oír al Padre vendrán a Él infaliblemente. De la misma manera, en el tiempo del Padre, todos los que mueren en Adán serán vivificados en Cristo - no solamente los elegidos de esta época sino todos, finalmente serán atraídos irresistiblemente a Cristo (1Cor 15:22). Jesús dice que no podemos venir a Él a menos que el Padre nos atraiga. En esta época solo unos pocos elegidos serán atraídos por el Padre para formar la Iglesia de las primicias, la Esposa de Cristo. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, Cristo atraerá a todos a Si mismo y no solamente a los elegidos de esta época:
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Jn 12:32)
La palabra “trajere” en Juan 6:44 y “atraer” aquí en Juan 12:32 es la misma palabra jelco en el griego, que expresa una idea mucho más fuerte que una simple atracción. Strong’s lo define así: “arrastrar (literal o figurativamente).” Aparece ocho veces en el Nuevo Testamento y en cada ocasión expresa la idea de ser atraído por una fuerza mayor que la resistencia de lo que está siendo jalado o arrastrado:
“Simón Pedro subió a bordo y arrastró hasta la orilla la red, la cual estaba llena de pescados de buen tamaño. Eran ciento cincuenta y tres, pero a pesar de ser tantos la red no se rompió.” (Juan 21:11 NVI)
“…echaron mano a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades.” (Hch 16:19 NVI)
“…¿No son los ricos quienes los explotan a ustedes y los arrastran ante los tribunales?” (Stg 2:6 NVI)
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la sacó, e hirió a un siervo del sumo sacerdote…” (Juan 18:10 RVG)
El hombre, separado de Dios, es tan perdido que Dios tiene que atraerlo a Cristo para que sea salvo. Nuestro “libre albedrío” de nada nos sirve si no podemos ver ni comprender el glorioso evangelio y esa es la situación en la que Dios encuentra a todo individuo. Son incapaces de ir a Cristo hasta que Él, en su día de visitación, los atraiga a Si mismo, lo cual Él hará con todos en su debido tiempo (1Pedro 2:12; 1Tim 2:6). En Su tiempo Él quitará el velo de los ojos de todo el pueblo (Isa 25:7-8). Hasta entonces permanecen cegados e incapaces de encontrarlo.
Totalmente Depravados por Naturaleza
En el pasaje que hemos estado considerando en Efesios 2:1-3 Pablo, después de decir que estábamos muertos en el pecado y bajo el poder de Satanás, concluye diciendo que éramos “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Adán era un espíritu vestido con un cuerpo antes de separarse de Dios. Cuando Adán pecó su espíritu murió a Dios y él llegó a ser “carne” por naturaleza en vez de un “espíritu” vestido en un cuerpo (Gen 6:3). La carne pecaminosa es incorregiblemente hostil hacia Dios y por eso no puede cambiar lo que es por naturaleza (“carne” independizada), solo por tomar de las ramas “buenas” del árbol prohibido. Uno no puede cambiar lo que es por naturaleza por esfuerzos propios en culto voluntario más que un etíope podría cambiar el color de su piel o un leopardo podría quitar sus manchas (Jer 13:23). Nuestra naturaleza es irreparablemente hostil hacia Dios:
“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.” (Rom 8:7-9)
No solamente es nuestra naturaleza caída como hijos de Adán hostil hacia Dios, haciendo que seamos por naturaleza hijos de ira: La mente natural, no regenerada de la carne también es incapaz de percibir, mucho menos recibir, las cosas del Espíritu:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” (1Cor 2:14)
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” (Jn 14:16,17)
Una vez más vemos que el problema con el hombre caído no es simplemente que está indispuesto a creer, venir, rendirse, entender o conocer las cosas de Dios. Las Escrituras declaran repetidas veces que la humanidad es por naturaleza incapaz de creer, venir, rendirse, entender o comprender para ser salvos. La prédica de la cruz es locura para la mente natural porque él que no ha nacido de nuevo es incapaz de comprenderla (1Cor 1:18).
Pablo, en Romanos, antes de introducir la gracia gratuita de Dios comenzando en 3:21, establece incontrovertiblemente que toda la humanidad - judíos incluidos, son totalmente depravada y necesitada de la gracia divina para poder responder a Dios o contribuir de manera alguna a su propia salvación:
“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. 12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. 13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; 14 Su boca está llena de maldición y de amargura. 15 Sus pies se apresuran para derramar sangre; 16 Quebranto y desventura hay en sus caminos; 17 Y no conocieron camino de paz. 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Rom 3:9-18)
Numerosos argumentos han sido presentados por los Arminianos en un intento limitar la universalidad de “todo” en este detallado y acusatorio argumento presentado aquí por Pablo, que establece la depravación total del hombre. Sin embargo, terminan minimizando la intención obvia del argumento presentado por Pablo: todos están sin esperanzas bajo el pecado, totalmente depravados y por eso completamente dependientes en el don de la justicia, proveído en Cristo Jesús para nuestra salvación.
Pablo no es el único en presentar la humanidad como totalmente depravada y necesitada de la intervención de la gracia divina. Jesús declaraba lo mismo acerca de la condición de los hombres aparte de Dios:
“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Jn 6:63)
“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero…. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.” (Jn 6:44, 64,65)
Una vez más vemos presentada, no simplemente la indisposición del hombre de buscar a Dios, sino la incapacidad: Ninguno podría venir si no fuere atraído por la gracia y misericordia de Dios
La Depravación Total mostrada por la Ley
Arminianos a menudo argumentan que Dios no pediría cosa alguna del hombre, ni hubiera dado a nosotros Sus leyes, si fuéramos incapaces de responder de una manera positiva. Sin embargo, el propósito de la ley de Moisés fue revelar nuestra incapacidad y depravación para encerrarnos en la gracia. Fue dada para mostrar nuestra inhabilidad – no nuestra habilidad. El propósito de la ley fue despertar las pasiones innatas en nuestra naturaleza adámica, logrando así que perdiéramos toda esperanza de alcanzar la santidad por nuestros propios esfuerzos independientes. En vez de frenar el mal, la ley produce en nosotros toda clase de deseo pecaminoso:
“Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. 6 Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. 7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. 8 Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.” (Rom 7:5-8)
Así que, podemos ver que el propósito de la ley, según las mismas Escrituras, va en contra del argumento de los Arminianos. La ley fue dada para mostrar nuestra inhabilidad y no nuestra habilidad. Fue dada para quitar toda confianza en la carne. En nuestra inhabilidad de alcanzar la santidad por nuestros esfuerzos independientes, tomando de las ramas “buenas” del árbol prohibido, por medio de la ley morimos. De esta manera, Dios nos prepara para recibir la revelación de Su gracia que hay en Cristo Jesús nuestro Salvador:
“¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. 22 Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. 23 Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. 24 De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. 25 Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo.” (Gál 3:21-25)
Entonces, la ley sirvió como nuestro tutor para revelar nuestra depravación y así llevarnos a Cristo. Ahora que estamos en una relación de fe y dependencia de Cristo ya no estamos bajo la ley. La ley no nos fue dada para vivir sino para morir.
La Incapacidad de Creer en el Evangelio
Hasta este punto hemos visto que el hombre es muerto en relación a Dios. En su condición caída bajo el poder de Satanás él es ciego y sordo en cuanto al reino de Dios. Hemos visto que el problema del hombre va más allá de la indisposición del hombre, incluyendo también su inhabilidad. El hombre que no ha sido regenerado es “carne” por naturaleza y por eso no puede percibir, venir, someter, conocer, creer ni recibir las cosas relacionadas con el reino de Dios. Jesús dijo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn 3:3).
A pesar de todo el testimonio de las Escrituras al contrario, los Arminianos insisten que la regeneración es el resultado de nuestra propia decisión de fe hecho por nuestro independiente libre albedrío. Jesús dijo que ni podemos ver el reino de Dios aparte del nuevo nacimiento o la regeneración. ¿Cómo es posible que nuestra carne caída responda a la verdad que completamente desconocemos? La fe viene por el oír y el oír la Palabra, pero la carne no puede oír, percibir o someterse de manera alguna a la verdad divina. Lo que nace de la carne es carne. Hasta que uno nazca de nuevo del Espíritu, el hombre es carne, punto. En él, eso es en su carne, no mora el bien (Rom 7:18). Jesús dijo:
“‘El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 64 Pero hay algunos de vosotros que no creen.’ Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 65 Y dijo: ‘Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre.’” (Jn 6:63-65)
El hombre en su condición caída es llamado “carne” (Gen 6:3). La carne solo percibe “palabras carnales.” Las palabras de Jesús son “palabras espirituales” y por esa razón, los que son de la carne son incapaces de creer e ir a Jesús aparte del Padre quien da vida por Su Espíritu a quienes le ha placido escoger por Su gracia. Jesús sabía desde el principio a quienes el Padre había dado vida por Su Espíritu, capacitándoles a oír y responder en fe a Sus “palabras espirituales” que el hombre natural (carne) es incapaz de escuchar y mucho menos creer.
Los Arminianos presentan los múltiples pasajes mandando a los hombres a arrepentirse y creer como evidencia que los no-regenerados tienen dentro de sí mismo la potencial de libremente responder con fe al llamado. Sin embargo, una vez más les hace falta reconocer que; al igual como con los mandamientos de la ley de Moisés, los mandamientos no son dados para revelar nuestra capacidad sino nuestra incapacidad. Aún nuestra fe es, por necesidad, un regalo de Dios, para la alabanza de la gloria de Su gracia:
“Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” (Hch 13:48)
La palabra “ordenado” en este pasaje es de la palabra griega tasso, que significa colocar en un orden. La idea expresada es que el Padre ha ordenado un tiempo señalado para la salvación de cada individuo. Uno no cree para vida eterna hasta que llegue el tiempo ordenado por el Padre para él. Por ejemplo, aunque Pablo sabía mucho acerca de Jesús y Sus enseñanzas durante Su ministerio, él no creía en Él porque no era su tiempo ordenado. También estaba presente cuando Esteban dio su defensa bajo el poder del Espíritu Santo, pero a él no le fue dado oídos para oír, y hasta participó en su apedreamiento. Sin duda él estaba familiarizado con el evangelio siendo proclamado por la Iglesia que él perseguía, pero no podía creer porque no le fue dado por el Padre venir a Cristo. No fue hasta que iba en el camino a Damasco que llego el tiempo ordenado por el Padre, dándole la fe para salvación.
Algunos Arminianos argumentan que Pablo era la excepción a la regla, pero creo que todos los que han tenido un encuentro salvífico con Cristo podríamos decir que llegamos a creer de una manera similar, aunque los detalles probablemente eran menos dramáticos. La fe que salva es un regalo de Dios. No hay otra manera de explicar cómo sucede que todos los que son ordenados para vida eterna infaliblemente creen. Es la única manera de explicar cómo todos los que el Padre da al Hijo vendrán a Él. El Señor abre nuestros corazones para creer. Dejados a nuestra carne caída y depravada, nunca hubiéramos estado abiertos a recibirlo.
Se dice de la piadosamente religiosa Lidia que “el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía” (Hch 16:14). Si el Señor no hubiera abierto su corazón ella habría seguido siendo una incrédula religiosa como muchos de nosotros éramos antes de llegar a creer en Cristo. La fe que salva es un regalo de Dios:
“Porque a vosotros os es concedido…que creáis en él…” (Phil 1:29)
Pablo, en el contexto de sufrir por Cristo, nos acuerda que nuestra fe nos fue dada como un regalo de la gracia. La palabra traducida “concedido” es charítzomai, que es derivada de la palabra griega que significa “gracia” (charis), indica que nos fue concedido creer en Cristo por Su gracia. Ni podemos jactarnos en nuestra fe porque a nosotros nos fue dado creer en Él por Dios mismo.
Pablo dice que la jactancia es excluida con la fe salvífica (Rom 3:27). ¿Está diciendo Pablo que toda fe excluye la jactancia? No. Por años asistía a una iglesia que tenía un tiempo de “testimonios” en cada reunión. Muchos “testimonios” eran nada más que jactancia santificada. Algunos de los testimonios más repelentes eran los que se jactaban de sus logros de fe como si Dios solo se movía o hacía tal y tal maravilla debido a su gran fe. Sólo cuando reconocemos que creemos solo por la gracia, queda excluida la jactancia.
Los Arminianos insisten que la fe es la única cosa requerida de nuestro yo independiente para recibir Sus beneficios, pero aún nuestra fe es por la gracia y solamente por la gracia. En Hechos 18:27 dice de Apolos que él “fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído.” Los que hemos creído el evangelio tenemos que confesar humildemente que nunca hubiéramos creído si no fuera por la gracia de Dios permitiéndonos ver y creer para salvación.
El apóstol Pablo exulta en “Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia” (2 Tes 2:16). ¿En qué se basa tu esperanza de la vida eterna? ¿En tu propia fe personal o te exultas reconociendo que, aparte de la gracia de Dios aún serías un incrédulo en tus pecados y sin esperanza? ¿Estás creyendo la mentira de Satanás que dice que Dios ha hecho Su parte, pero ahora depende de ti poner de tu parte si quieres tener alguna consolación o esperanza en la salvación de tu alma?
Los Arminianos argumentan que la fe precede la regeneración, mientras los Calvinistas insisten que la fe, por necesidad, sigue a la regeneración, dado que la carne caída es totalmente depravada e incapaz de responder al evangelio. Jesús dijo que ni podemos ver el reino de Dios aparte del nuevo nacimiento. ¿Entonces, cómo podríamos creer el evangelio aparte de la regeneración? ¿Cómo podemos creer en el evangelio aparte del nuevo nacimiento que abre nuestros ojos para verlo en su gloria por primera vez? Ellos señalan que la invitación es a menudo extendida a pecadores, invitándoles a creer sin hacer referencia a la necesidad de una regeneración anterior para poder creer. Sin embargo, no es de ser anticipado que cada invitación sea acompañada con un discurso teológico explicando que si uno no cree es porque no le fue dado creer en ese momento.
Considerando todo lo que ya hemos visto acerca de la depravación total del hombre, no estoy de acuerdo con los Arminianos cuando dicen que nosotros creemos independientemente como un acto personal de nuestro libre albedrío, y después Dios nos regenera a consecuencia de nuestra decisión de fe. Nosotros solo ejercemos la fe que nos es dada cuando el Señor abre nuestro corazón por primera vez, así capacitándonos a percibir y recibir el evangelio. La percepción, que es necesaria para creer y recibir a Cristo, requiere la regeneración (Jn 3:3) Muchos han confundido el orden como es presentado en Juan 1:12,13:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Jn 1:12-13)
Debido a que “recibir” y “creer” son mencionados antes que la regeneración en la oración, unos piensan que la fe precede cronológicamente a la regeneración. Sin embargo, al examinar el pasaje más de cerca, vemos que la regeneración sucede por voluntad de Dios – no por nuestra voluntad al recibir y creer. Dios regenera como un acto de Su soberana voluntad – no por una decisión de nuestra propia voluntad. El hecho que nuestra regeneración venga por voluntad de Dios es enfatizado también por Santiago:
“El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
Si fuera nuestro acto de fe lo que produjera la regeneración, entonces sería una regeneración por voluntad de carne. Nosotros somos regenerados por voluntad de Dios. Los que eran escogidos en Cristo desde la fundación del mundo, en el tiempo ordenado por el Padre, creerán con la fe dada por Él. Creyeron en Cristo y lo recibieron en sus corazones porque Dios primero abrió Sus corazones para recibir a Cristo.
Vemos la misma secuencia en 1Juan 5:1 donde Juan dice: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios.” Aunque la Reina Valera lo oculta, este versículo indica claramente que la regeneración precede la fe. “es nacido” no es en el tiempo presente como los traductores lo tradujeron. Es en el tiempo perfecto, voz pasiva, que indica una acción que tomó lugar en el pasado con resultados que continúan hasta el presente. El verbo traducido “cree” es en el presente activo. Así que la traducción correcta sería: “Todo aquel que está creyendo que Jesús el Cristo ha nacido de Dios.” En otras palabras, si uno está creyendo que Jesús es el Cristo, es porque él ya había nacido de Dios antes de poner su fe en Él.
Sin embargo, no veo una separación discernible en tiempo entre regeneración y nuestra respuesta espontánea de fe. Discutir sobre cuál es primero – nuestra fe o regeneración es comparable a preguntar cuál fue primero – la gallina o el huevo. La respuesta obvia es ninguno de los dos. La gallina fue creada junto con sus huevos en una solo acción creativa, así de igual manera como las plantas fueron creadas con sus semillas. Lo mismo se puede decir de la nueva creación. Fuimos creados de nuevo, con la fe siendo tanto una parte del milagro creativo, como la regeneración misma. La fe es tan integral y espontánea en el proceso del nuevo nacimiento como el primer respiro de un bebé al salir del vientre de su mamá.
En Adán todos mueren – todos nacimos separados de Dios y muertos en el pecado. Sin embargo, las buenas nuevas, que fueron proclamadas en la Iglesia primitiva pero olvidadas entrando en la Época Oscura y aún continúan siendo pasadas por alto por los Calvinistas y Arminianos es que, en el tiempo de Dios, todos los que mueren en Adán serán vivificados o regenerados en Cristo a través del don de la fe en el tiempo ordenado por el Padre desde la fundación del mundo.
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” [i] (1Cor 15:22,23a, 28)
En conclusión, hemos visto que el testimonio dado a través de las Escrituras es que el hombre, en su estado caído es totalmente depravado, muerto a Dios, bajo el dominio del dios de este mundo, espiritualmente ciego y sordo y por naturaleza un hijo de ira. Su naturaleza, que es carne, está en enemistad contra Dios. Además, hemos visto que el propósito de Dios en dar la ley fue para encerrar a todos bajo desobediencia para después tener misericordia de todos (Rom 11:32). En esta época el Padre está atrayendo unos pocos elegidos para ser la Esposa de Cristo. Sin embargo, antes que Cristo entregue todas las cosas al Padre y Dios sea todo en todos, Cristo ya habrá atraído a todos a Él mismo.
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
Depravación: La Solución Universal
Es obvio que uno puede ser un Universalista y un Pelagianista al mismo tiempo. Muchos Universalistas liberales minimizan o niegan que el hombre es perdido y necesitado de la salvación que viene por la obra redentora de Cristo en la cruz. Sin embargo, las Escrituras son muy claras en enfatizar que todos están bajo el pecado y que es necesario arrepentirse y creer en el evangelio, habiendo nacido de nuevo por el Espíritu, solo para poder ver el reino de Dios – sin mencionar entrar en él. Como Pelagianismo es auto-salvación, un Pelagianista no puede ser considerado salvo porque la salvación bíblica requiere un Salvador fuera de uno mismo.
Un Universalista Pelagianista sería como los fariseos en el sentido que confían en su propia justicia. Jesús les dijo a los fariseos: “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” (Mateo 21:31). No es que jamás entrarán, pero tendrán que entrar de la misma manera que los publicanos y las rameras – a través del arrepentimiento y la fe en Jesucristo. Los que son prontos para reconocer su condición necesitada y depravada serán los primeros en arrepentirse y creer, siendo nacidos de nuevo en el reino de Dios. Ninguno entrará al reino como Pelagianista. Primero es necesario entrar por la puerta estrecha – por la gracia por medio de la fe, habiendo nacido de nuevo por el Espíritu.
Sin embargo, los Universalistas bíblicos están de acuerdo con los Calvinistas en decir que no solo nacemos pecadores en Adán sino también nacemos muertos en nuestros pecados y por eso somos totalmente dependientes de Dios para poder ser vivificados por la gracia en Jesucristo. La única diferencia es que el Universalista cree con Pablo que, “como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1Cor 15:22). El Universalista puede decir sin rodeos, para la alabanza de la gloria de la gracia de Dios, que el mismo todos que mueren en Adán, en su debido tiempo, serán vivificados en Cristo. Todos los que tenemos nuestro origen en Cristo por creación seremos finalmente restaurados a Cristo antes que Él entregue el reino al Padre y Dios llega a ser todo en todos. Como declara Pablo:
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y para (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36)
Toda la creación vino de (ek) Dios, existe por (día) Él y finalmente será reconciliado a (eís) Él. El Universalista bíblico no ve a los elegidos de esta época como escogidos a la exclusión de los demás sino para el beneficio de los demás. Fuimos escogidos para ser un sacerdocio real, una luz para las naciones, la Iglesia de las primicias de la nueva creación:
“El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” (Stg 1:18)
Nosotros, los elegidos de ésta época, solamente somos los primeros en esperar en Cristo (Ef 1:12). Solamente somos las primicias. Las primicias de una cosecha son los primeros, pero solo una pequeña parte de la cosecha entera. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Jn 6:44). Pero Jesús prometió que terminaría atrayendo a todos a Si mismo (Jn 12:32). Toda la creación de Dios será finalmente restaurada a la libertad gloriosa de los hijos manifiestos de Dios – las primicias de la nueva creación, en el tiempo de su manifestación cuando Él hace nuevas todas las cosas (Rom 8:18-23; Apo 21:4-5). En las épocas venideras, la Iglesia de Jesucristo – nosotros que primeramente creímos, seremos manifestados al resto de la creación, para la alabanza de la gloria de Su gracia, culminando en la restauración de todos (Ef 1:10-12; 2:7; Hch 3:21; Rom 8:18-23).
Los Arminianos tienen dificultad en explicar por qué nuestro Padre de amor, viendo que el hombre es perdido y ahogándose en un río al que no escogió entrar en primer lugar, después de lanzarle el salvavidas, simplemente deja a los que por un motivo u otro no aprovechan del salvavidas a ahogarse sin mayor intervención. Es aún más irreconciliable con el amor de Dios considerando que la gran mayoría de la humanidad ni vio el salvavidas – nunca oyeron las buenas nuevas de la salvación, o estaban demasiado ciegos o desorientados para aprovecharse del salvavidas.
Todos sabemos que ningún padre amoroso dejaría a su propio hijo ahogarse simplemente porque el niño resiste sus esfuerzos para rescatarlo. Puede que espere hasta que el niño deje de luchar antes de salvarlo, pero dejarlo ahogarse simplemente porque él, en su confusión, resiste los esfuerzos de su padre para rescatarlo sería impensable. ¿Somos acaso nosotros como padres, hechos en la imagen y semejanza de Dios, más compasivos que nuestro Padre celestial?
Tradicionalistas responden que no debemos cuestionar los caminos de Dios. Sin embargo, no es asunto de cuestionar a Dios. Lo que somos mandados hacer es cuestionar las interpretaciones de los hombres acerca de los caminos de Dios cuando van en contra de la naturaleza de Dios como es revelado en las Escrituras o cuando van en contra de toda la razón. ¿No reprochó Jesús a la multitud diciendo: “¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (Lucas 12:57). ¿No dijo Jesús que debemos ser como nuestro Padre que ama a todos – incluso Sus enemigos? (Mat 5:44,45). ¿Cómo podemos ser como Él, amando a nuestros enemigos y haciéndoles bien, creyendo al mismo tiempo que Dios en realidad estará torturándolos en un infierno eterno, según le ha placido, para la alabanza de la gloria de Su infinita justicia? [ii]
Los Calvinistas tienen un dilema aún mayor que lo de los Arminianos porque, según la ilustración del río, el Dios de los Arminianos al menos lanza el salvavidas a todos los que se están ahogando. Aunque la mayoría se ahogan de todas formas por no aprovecharse de la oportunidad, o por ignorancia o falta de voluntad, al menos los Arminianos pueden acercarse más a decir que Dios no hace acepción de personas.
Los Calvinistas, en cambio, dicen que Dios desde la eternidad solo predestinó a unos pocos elegidos para la salvación. [iii] El resto de la humanidad fue predestinado para la ira eterna (si no deliberadamente, al menos por abandono divino). Insisten que Su elección no es basada en ningún mérito o desmérito de parte del individuo sino solamente basada en Su beneplácito para recibir gloria para Sí mismo. En el caso de los elegidos es para la alabanza de la gloria de Su gracia. Pero para la gran mayoría, que no fueron elegidos para salvación, a Él le ha placido consignar, desde la eternidad, a un eterno infierno de fuego para la alabanza de Su gloriosa justicia.
Este tema será considerado con detalle más adelante, pero por el momento debe ser obvio que los Calvinistas presentan a Dios de una manera que se asemeja más a las deidades paganas que se glorían en la miseria de sus súbditos para demostrar qué tan poderosos son, que el Dios de las Escrituras que declara que Él no solamente ama a todos, sino que Él mismo es amor y lo ha demostrado reconciliando a toda Su creación a Si mismo por la sangre de la cruz de Jesucristo (2Cor 5:19; Ro 5:8; Col 1:16,20).
Los tradicionalistas, tanto Calvinistas como también muchos Arminianos, generalmente reconocen con el Universalista bíblico que Dios es soberano, habiendo conocido y determinado todas las cosas desde la eternidad y está obrando todas las cosas según Su propia voluntad. Mientras que los Calvinistas enfatizan Su voluntad predeterminada basada en un amor particular que solo tiene para los elegidos, los Arminianos dicen que Dios ama a todos por igual pero escoge a los individuos basado solamente en Su presciencia de una decisión de fe que previó que ellos tomarían. Ambos reconocen que la caída y la redención fueron conocidas por Dios desde la eternidad e incluidas en el plan de Dios para las épocas, al igual que los Universalistas. Sin embargo, según ellos, la salvación a fin de cuentas solo beneficia a unos pocos. El resto, según ellos, son destinados por Dios mismo a un infierno eterno de fuego que no tiene un propósito redentivo.
Su plan eterno para la gran mayoría, según ellos, es sujetarlo a un eterno tormento sin fin por un Dios de “amor,” cuya ira contra ellos jamás será aplacada por toda la eternidad. Esta ira sin fin es contra sus pecados que, aún según ellos, se debe a su desdicha de haber nacido esclavos por naturaleza al pecado y bajo el poder de Satanás debido a la desobediencia de Adán.
Lorraine Boettner, un Calvinista prominente, explica la situación desafortunada del pecador: “Los seres humanos nacen con una naturaleza corrupta pero sin embargo son completamente responsables por los pecados que no pueden evitar debido a esta condición.” [iv] Este modelo tradicional de tormentos eternos para víctimas indefensos es quizás más compatible con los semidioses paganos de la mitología griega que se portaban como hombres malvados y caprichosos, pero esta doctrina bárbara es de ninguna forma digna del omnisciente, sabio Dios de amor revelado en las Escrituras.
Los Arminianos intentan resolver esta contradicción de la naturaleza divina diciendo que Dios voluntariamente limita Su soberanía a las decisiones del “libre albedrío” de Sus hijos caídos. Él ama a todos por igual y en Su amor quitó los pecados de todo el mundo en la cruz. Ahora Él puede ser justo y al mismo tiempo justificar al impío.
Sin embargo, según ellos, los que por una razón u otra no toman una decisión para Cristo con su libre albedrío dentro del corto lapso del tiempo entre la “edad de responsabilidad” y la muerte, perderán para siempre su libre albedrío para escoger a Cristo – aún si no le recibieron por la simple razón de que nunca escucharon el evangelio. Y el Dios “soberano” que los ama de tal manera que envió a Su propio Hijo para reconciliarlos a Si mismo, habiendo quitado todos sus pecados, después se encuentra obligado por Su propia santidad a atormentarlos sin misericordia para siempre, aunque los ama y dio Su Hijo en propiciación por sus pecados para poder así mantener Su santidad, y al mismo tiempo ser propicio a ellos a pesar de sus pecados.
Los Arminianos no solamente limitan, sin intención, la soberanía de Dios para proteger el libre albedrío del hombre para escoger o rechazarlo, sino también limitan Su soberanía para salvarlos después de morir. La voluntad soberana de Dios que es para la salvación de uno es limitada, según ellos, al corto tiempo que vive uno, porque Dios determinó limitarse al limitado “libre albedrío” de los pecadores caídos, confundidos y perdidos.
Sin embargo, después de la muerte cuando finalmente pueden ver claramente lo que Cristo logró por ellos en la cruz, ellos pierden para siempre su libre albedrío para arrepentirse y creer en el evangelio. A la vez, Dios, que ama a todos sin excepción de personas y desea la salvación de todos es de alguna manera limitada en Su “soberano” libre albedrío, condenando eternamente los que ama a tormentos interminables. Su amor y misericordia que nunca se acaban ahora de repente terminan para siempre hacia los únicos aún necesitados de Su misericordia – las multitudes de perdidos. El Padre de todo amor que no rechaza para siempre (Lam 3:31-33), ahora de alguna forma viola Su propia naturaleza, sujetando a los objetos de Su amor a una ira eterna sin otro motivo más que una venganza que nunca se sacia por los pecados que Cristo ya quitó en la cruz.
Los Calvinistas, en cambio, evitan este dilema moral y lógico negando que el amor es una parte de la naturaleza esencial de Dios. Para ellos el amor no es la esencia de Dios sino simplemente un atributo. Para ellos el atributo esencial de Dios es su santidad, como si fuera posible dividir la naturaleza de Dios.
Sin embargo, el Dios de amor encontró la manera de ser santo y justo, y al mismo tiempo, justificar a los impíos a través de Su mayor demostración de amor en la cruz. En la cruz “la misericordia y la verdad se encontraron; La justicia y la paz se besaron” (Sal 85:10). En la cruz Dios demostró que Su naturaleza no es dividida. Él es amor y a la vez santo y justo en perdonar a pecadores indignos. Él muestra ira, pero en amor correctivo. Él rechaza, pero no para siempre porque Él es amor. Él es un fuego consumidor pero Su fuego solo consume la escoria y refina el oro porque Dios es amor.
Los Calvinistas, con tal de justificar la doctrina tradicional de un infierno eterno para la mayoría, tienen que negar que el amor fue lo que motivó a Dios en la creación de todo. Para ellos, el propósito de Dios en la creación es magnificar Su gloria, punto. Dios, desde la eternidad, creó el infierno y predeterminó que la mayoría de la humanidad sufriría tortura eterna con el único propósito de magnificar Su infinita justicia. Dios recibe gloria creando un infierno eterno y predestinando a la gran mayoría de la humanidad a sufrir de Su propia mano para traer alabanza a Su nombre, magnificando la gloria de Su infinita justicia en la forma de una ira implacable.
En contraste, el Universalista ve la gloria, tanto de la infinita justicia como el infinito amor de Dios demostrado en la cruz de Jesucristo, cuando Él tomó sobre Sí mismo los pecados de todo el mundo, en vez de presentarlo como uno que tortura eternamente en el infierno a todos menos unos pocos escogidos, solo para que Él recibiera admiración.
Si Dios de hecho necesitaba recibir alabanza mostrando no solo Su amor sino también Su santidad por medio de una ira implacable con tormentos sin fin, anticiparíamos que Él al menos escogería la gran mayoría para salvación y solo destinar a unos pocos a tortura eterna, dado que podría manifestar adecuadamente a toda la creación que tan santo que es, solo torturando unos pocos, sin la necesidad de torturar la mayoría. Si fuera a torturar a la gran mayoría, solo mostrando misericordia a unos pocos, en realidad, mitigaría Su gloria en vez de magnificarla.
Claramente en las Escrituras, la gloria de Dios se ve mejor demostrada en la cruz. Dios es, a fin de cuentas, glorificado en la alabanza de la gloria de Su gracia. Su infinita sabiduría es revelada en convertir Sus enemigos en sus devotos más leales. El Dios de infinito amor y misericordia jamás buscaría recibir gloria poniendo en marcha un plan de las épocas que terminaría en eterna ruina y miseria para la gran mayoría. La gloria del amor agape es en dar – no recibir. Aunque Dios en ocasiones es presentado como mostrando Su gloria cuando los enemigos de Su pueblo son derrotados, Su gloria no debe ser entendida tanto en el acto de retribución contra los enemigos de Su pueblo, como en Su acto de misericordia, liberando a Su pueblo de sus enemigos. A fin de cuentas, la gloria de Dios es magnificada en conquistar a sus enemigos con el poder de Su gran amor:
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3-4)
El salmista declara que toda la tierra le adorará y cantará alabanzas a Él cuando, por la grandeza de Su poder, aún Sus peores enemigos se someterán a Él. Su gloria es magnificada en la grandeza de Su amor, no de Su ira. Yo personalmente no puedo evitar sentir indignación al contemplar cuánto el carácter de nuestro Padre de amor ha sido envilecido por la doctrina tradicional de tormentos eternos. Aún John Piper, que ha hecho todo lo posible para presentar la doctrina tradicional de Depravación Total de una manera digna de Dios, cuando es combinado con la Expiación Limitada, refiere a ella como “una verdad terrible.” [v] Y esto a pesar de que él modifica el modelo tradicional para hacerlo menos repelente. No importa la manera que intenten presentar esta terrible doctrina tradicional, uno no puede evitar sentir una sensación de blasfemia solo contemplando las conclusiones lógicas y morales implícitas en esos dogmas, tanto las de los Arminianos como también de los Calvinistas.
Los Tradicionalistas designan estas “verdades” como doctrinas demasiado “terribles” y misteriosas para ser contempladas por el hombre mortal. Ellos disuaden cualquier crítica sincera de sus dogmas llamándolas “misterios divinos.” Poner en duda la validez escritural de estos misterios oscuros es tomado como exaltando la razón a tal grado de ponerse como jueces de los caminos de Dios y se acerca a la blasfemia. Sin embargo, con todo debido respeto, no estamos cuestionando a Dios sino las interpretaciones de los hombres acerca de Dios a la luz de las Escrituras. Somos mandados en las Escrituras a poner a prueba todo, aferrándonos a lo bueno y absteniéndonos de toda forma del mal (1 Tes 5:21-22). No creo que alguien pueda llevar estas doctrinas tradicionales a sus inevitables conclusiones lógicas sin reconocer que son monstruosamente malévolas, no-bíblicas e indignas de ser atribuidas a nuestro Dios, y, por ese motivo debemos rechazarlas sin reserva.
Yo reconozco que ha habido muchos hombres y mujeres de Dios que han creído y defendido estas doctrinas cuyo amor y dedicación a Dios son intachables. Sin embargo, creo que la mayoría de ellos no se ha atrevido a criticar estos “misterios tenebrosos y terribles” a la luz de la verdadera naturaleza de Dios como es revelada en las Escrituras. Tristemente, para muchos, es más importante la aprobación de los hombres que la aprobación de Dios, y por ese motivo no están dispuestos a pensar fuera de los confines del cajón tradicional.
[i] Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco siempre significa la forma neutro objetos inanimados como en el español. Cuando los traductores agregan la palabra “cosas” en contextos que obviamente refieren principalmente a personas y no objetos inanimados yo tomo la libertad de tachar la palabra agregada para mantener el enfoque en las personas como debe ser.
[ii] La Confesión de la Fe Westminister dice: Al resto de la humanidad le ha placido a Dios, según el inescrutable consejo de Su propia voluntad, por la cual extiende o abstiene misericordia, como le plazca a Él, para la gloria de Su poder Soberano sobre Sus criaturas, pasarles por alto; y a ordenarles deshonra e ira por sus pecados, para la alabanza de Su gloriosa justicia (énfasis mía).” The Westminster Confession of Faith, Chap. 3 — Articles 6 and 7.
[iii] Ellos a menudo insisten que los elegidos no son unos pocos sino una gran multitud. Sin embargo, a través de la historia ni el 10% de toda la humanidad podrían realísticamente ser considerados como verdaderos cristianos.
[iv] Lorraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, p. 63
[v] Piper, John (2013-11-10). Five Points (Kindle Locations 223-229). Christian Focus Publications. Kindle Edition.
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por George Sidney Hurd
En la primera parte de esta serie sobre la expiación hice énfasis en la importancia de una definición correcta de la expiación. Vimos que el significado principal de la palabra kippur es la expiación de los pecados por el sacrificio de un sustituto, en vez de at-one-ment o reconciliación que es el significado literal de la palabra atonement que usaron para traducir kippur en inglés. Esta traducción inapropiada de kippur ha dado lugar a la negación de la Expiación Sustitutivo Penal de Cristo por sus antagonistas.
En la segunda parte vimos que los Padres Primitivas de la Iglesia unánimemente describieron el Siervo Expiatorio de Isaías 53 como llevando en Sí Mismo la justa pena debida a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. En la tercera parte demostré que la terminología a través de Isaías 53 es la de sustitución penal.
Aquí abordaré la afirmación de algunos de que la justicia de Dios no es de ninguna manera forense o legal en naturaleza, sino netamente relacional y por lo tanto Él puede simplemente pasar por alto la justicia sin necesidad de satisfacerla por medio de la muerte de expiación sustitutiva de Cristo. Aunque es innegable que las relaciones son de suma importancia para Dios, uno no puede tener comunión con el Dios de toda justicia a la subversión de la justicia.
En las Escrituras vemos que Dios es inmutable en Su justicia y verdad. Así como es imposible que Dios mienta, de la misma manera es imposible que Dios actuara de una manera contraria a Su justicia. Se dice que la Justicia y el juicio son el cimiento de su trono y que de ningún modo tendrá por inocente al culpable (Sal 97:2; Num 14:18; Pro 11:21; Ex 34:7). Esto crea un dilema que no tiene solución aparte de la verdad del evangelio de que Dios Mismo en Su amor llevó en Sí Mismo la justa pena debido a nosotros por nuestros pecados en la persona de Cristo.
Keith Giles, quien se opone a la Expiación Penal Sustitutiva de Cristo a favor de un evangelio de justicia social basado en un modelo de Ejemplo Moral de la expiación, insiste repetidamente en que debemos acudir a los cuatro evangelios si queremos entender lo que implica el evangelio. [1] Sin embargo, lo que él no toma en cuenta es que el evangelio antes de la cruz no podía incluir la expiación, excepto en anticipación. No fue hasta el final de Su ministerio que Jesús hizo expiación, derramando Su propia sangre en la cruz para remisión de los pecados (Mt 26:28). La plena revelación del evangelio de la muerte de expiación de Cristo, Su sepultura y resurrección es dada a nosotros principalmente a través de Pablo (Ef 3:2-6; Rom 16:25-26). Y en ninguna otra epístola es presentado el evangelio de una manera tan claro como en la epístola a los Romanos.
Romanos contiene la presentación del evangelio más clara, comprensiva y sistemática de todo el Nuevo Testamento. Martín Lutero dijo de Romanos que es “la parte principal del Nuevo Testamento y contiene el evangelio en su forma más pura.” William Tyndale, quien fue el primero en traducir la Biblia al inglés, llamó a Romanos “la luz y camino de entrada a todas las Escrituras.”
Romanos 1 a 8 constituye la principal parte doctrinal de la epístola. En 1:16-17 Pablo presenta lo que él va a desarrollar a través de su epístola diciendo:
“A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. 17 De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe.’’’
Creo que la NBLH traduce mejor lo que Pablo estaba diciendo en la frase final. Dice: “mas el justo por la fe vivira (Ὁ δὲ δίκαιος ἐκ πίστεως ζήσεται).” En otras palabras, la justicia que lleva a la vida es la justicia que uno recibe por la fe, no una justicia que uno intenta alcanzar por medio de las obras.
En estos capítulos todo el evangelio es revelado progresivamente en cuatro etapas: 1) condenación, 1:18 a 3:20. 2) justificación, 3:21 a 5:21. 3) santificación, 6:1 a 8:17, y finalmente 4) glorificación, 8:18-25. Entonces en 8:31 hasta el final del capítulo 8 él resume aplicando estas cuatro verdades comenzando con, “¿Qué pues diremos a estas cosas?...”
Términos Forenses
Debido a que Pablo comienza demostrando que todos están culpables y condenados ante Dios antes de introducir el evangelio de la justificación gratuita de Dios mediante la redención que es en Cristo Jesús, él utiliza una gran abundancia de términos forenses o legales, especialmente en los primeros cinco capítulos. En los primeros tres capítulos él asemeja mucho a un fiscal, presentando a todos, tanto gentiles como judíos, culpables ante el tribunal divino y digno de la pena de la muerte.
Recuerdo bien la primera vez que leí Romanos como nuevo creyente. Como no entendía a qué se refería Pablo, cuando llegué al capítulo 3 versículo 20, me sentí culpable y me preguntaba si había o no esperanza para mí. No puedo describir el gozo y paz que inundaron mi alma cuando continué leyendo los versículos 21 al 24, que dicen:
“PERO AHORA, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo JUSTIFICADOS GRATUITAMENTE POR SU GRACIA, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:21-24).
En los primeros tres capítulos Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, nos convence de nuestro pecado y culpa para que busquemos la misericordia y perdón del Señor. Él demuestra que todos estamos bajo condenación para que estemos dispuestos a recibir con gratitud Su regalo gratuito de la justificación en Cristo. Después en 11:32 Pablo resume diciendo: “Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.”
Pablo primero establece la realidad de que todos estamos bajo desobediencia y necesitados de la misericordia de Dios. Nadie busca Su misericordia hasta primero estar consciente de su culpa y necesidad de ella. Nadie buscará a Dios para ser justificado a menos que primero se dé cuenta de que está condenado ante Dios. Nadie busca ser salvo hasta que se da cuenta de que está perdido y necesitado del Salvador.
Al final, todos se convencerán de su propia desobediencia y culpa y buscarán al Señor para salvación. Al final, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará a Jesucristo como Señor. Algunos, al igual que los fariseos moralistas o los saduceos liberales, serán de los últimos en reconocer su propio pecado y culpa, buscando la misericordia de Dios (Mt 21:31). Pero como Pablo indica en Romanos 11:32, con el tiempo, todos habrán reconocido su propia desobediencia, buscándole al Señor para misericordia.
Los opositores de la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo a menudo niegan que la justicia de Dios es de manera alguna punitiva o retributiva, a pesar de las muchas declaraciones en las Escrituras al contrario (Rom 12:19; 13:4; 2Tes 1:8; Heb 10:30, etc.). Por ejemplo, Brian Zahnd niega cualquier forma de justicia retributiva en Dios diciendo: “La única cosa que Dios llamará justicia es restaurar al mundo.” Como sucede con muchas de sus afirmaciones, esa es una verdad a medias. Las Escrituras concuerdan con lo que él afirma, pero no con lo que niega. Si bien es cierto que la justicia de Dios finalmente arreglará el mundo, no es cierto que la justicia de Dios nunca sea retributiva. Demuestro tanto la naturaleza retributiva como restauradora de la justicia de Dios en mi artículo, La Justicia de Dios.
Quizás en ningún otro lugar en las Escrituras es presentada la justicia retributiva de Dios de una manera tan clara como en Romanos. Para poner en perspectiva qué tan central el elemento legal o forense es en la epístola de los Romanos, he formulado la siguiente lista de palabras utilizadas por Pablo en Romanos que tienen connotaciones forenses o judiciales.
La palabra griega para “judicial” es dikastikós. Sus múltiples cognados como dikaiosúne “justicia,” dikaioma “justo juicio” y dikaiosis “justificación o absolución,” aparecen 66 veces en Romanos, una de las cuales es hupódikos que significa “bajo condena, culpable, condenado.” La frase “el juicio de Dios” (krima tou theou) ocurre 4 veces, con la palabra “juicio” (krima) y sus cognados siendo empleadas 31 veces, 7 de las cuales son katákrima y katakríno que significan “condenación o juicio adverso.” La palabra orgué, o “ira” aparece 12 veces, 10 de los cuales tienen referencia a la ira de Dios. Según el léxico griego de 10 tomos de Kittel, la palabra orgué a menudo fue utilizada con referencia a la “actitud legítima de un gobernante que tiene que ejecutar la justicia, y conlleva el significado de “castigo,” así como aparece aquí en Romanos. [2]
También vemos otras palabras forenses más que son utilizados por Pablo, como egkaléo katá, que es un término forense que significa “criminar, presentar un cargo contra.” También vemos loguízomai, que significa “imputar o contar como,” siendo utilizada 13 veces en referencia a la justicia de Cristo que es imputada a los que creen. Si eso no fuera suficiente, la palabra “ley” (nómos) ocurre un total de 74 veces en Romanos, y parábasis y sus cognados que significan “transgresión o violación de la ley” son utilizadas 14 veces. ¡Todos juntos, los términos forenses y transaccionales ocurren un total de 233 veces en Romanos! A la luz de todo esto, para mí parece irrazonable seguir insistiendo que la sustitución penal no es enseñada en las Escrituras y que es nada más el invento de la mente legal de Calvino. Ninguna otra religión en el mundo se basa tanto en la ley y la justicia como la fe judía/cristiano.
Lo siguiente es una lista de los términos forenses utilizados en Romanos junto con las referencias a los pasajes más relevantes.
dikaiosúne – justicia (34 veces, la frase δικαιοσυνη θεου “justicia de Dios” ocurre 6 veces (Rom 1:17; 3:5,21,22; 10:3,3b)
dikaiokrisía – justa pena, justo juicio (Rom 2:5)
dikaioma – justo juicio, justa ordenanza o requisito, acción justa, justificación (5 veces: Rom 1:32; 2:26; 5:16,18; 8:4)
dikaióo – justificar (16 veces, 14 veces con referencia a Dios justificando a los hombres (Rom 3:20,24,26,28,30; 4:2,5; 5:1,9; 6:7; 8:30,30b; 8:33)
dikaíosis – justificación, absolución (2 veces: Rom 4:25; 5:18)
hupódikos – culpable, condenado, sujeto a sentencia (Rom 3:19)
ekdíkesis – la plena ejecución de la justicia, venganza (Rom 12:19)
adikía– injusticia (7 veces: Rom 1:18,18b, 29; 2:8; 3:5; 6:13; 9:14)
ádikos – injusto (Rom 3:5)
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kríno – juzgar (18 veces, 4 veces con referencia a Dios juzgando según Su ley: Rom 2:12; 3:4,6,7)
kríma – juicio (6 veces: Rom 2:2-3; 3:8; 5:16; 11:33; 13:2)
katákrima – juicio contra, condenación (3 veces: Rom 5:16,18; 8:1)
katakríno – condenar (4 veces, 2 con referencia a la condenación de Dios: (Rom 8:3,34)
eglaléo katá – criminar, presentar un cargo contra (Rom 8:33)
orgué – ira (12 veces: (Rom 1:18; 2:5,5b,8; 3:5; 4:15; 5:9; 9:22,22b; 12:19; 13:4-5)
thumós – enojo apasionado, ira, indignación (Rom 2:8)
anapológuetos – sin defensa o justificación (2 veces: Rom 1:20; 2:1)
nómos – ley (74 veces Rom 2:12,13)
anómos – anárquico, sin ley (2 veces: Rom 2:12,12b)
parabátes – transgressor de la ley (2 veces: Rom 2:25,27)
parábasis – transgresión, violación de la ley (3 veces: Rom 2:23; 4:15; 5:14)
paráptoma – transgresión, ofensa – antítesis a justificación (9 veces: Rom 4:25; 5:15,15b,16,17,18,20; 11:11-12)
loguízomai – imputar, contar como (18 veces, 12 veces con referencia a la justicia imputada: Rom 4:3,4,5,6,8,9,10,11,22,23,24; 6:11)
Examinando los contextos claves donde estas palabras aparecen dejan aún más en claro la naturaleza forense de la expiación de Cristo. Para ser breve solo voy a examinar unos pocos.
Declarado culpable bajo el Juicio de Dios (Rom 3:19)
Pablo dedica la mayor parte de los primeros tres capítulos estableciendo que todos, tanto judíos como gentiles, están culpables y condenados bajo el juicio de Dios. Él demuestra que los gentiles, aunque no tienen la ley, serán juzgados por la misma regla, dado que ellos tienen la ley escrito en sus corazones, su consciencia acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, dejándolos sin excusa (Rom 2:14-15; 1:20). Él dice que los gentiles saben intuitivamente que aquellos que practican el pecado “son dignos de muerte,” pero ellos suprimen la verdad en su propia injusticia (Rom 1:32,18).
Entonces en 3:19-20 él hace su declaración de cierre donde presenta el mundo entero como condenado bajo el juicio de Dios sin posibilidad de ser justificado por sus obras:
“Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo (hupódikos, lit. ‘culpable, condenado’) el juicio de Dios; 20 ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado (dikaióo) delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” (Rom 3:19-20)
Pablo dice que toda la humanidad está condenada (hupódikos) bajo el juicio de Dios. Cuando llega el día del juicio, ningún ser será justificado o declarado justo (dikaióo) delante de Dios por haber guardado la ley. Estos términos claramente son forenses: culpable es antónimo con inocente o no-culpable – no ser justificado delante de Dios es ser condenado (c.f. Jn 3:18).
Declarado Justo – Justificado por la Gracia aparte de las Obras (Rom 3:21-24)
Inmediatamente después de demostrar que todo el mundo es culpable y condenado delante de Dios sin posibilidad de auto-justificación, Pablo revela una justicia que viene de Dios gratuitamente por Su gracia para todos los que creen/reciben. A continuación, dice:
“PERO AHORA, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios (o ‘una justicia que proviene de Dios,’ dikaiosúne theoú), testificada por la ley y por los profetas; 22 la justicia de Dios (dikaiosúne theoú) por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados (dikaióo) gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Rom 3:21-24)
Creo que dikaiosúne theoú aquí es mejor traducido como “una justicia que proviene de Dios” y no “la justicia de Dios.” En el contexto no se refiere al atributo moral de Dios, sino más bien una justicia que proviene de Dios como regalo por medio de la fe en Jesucristo. La palabra “justicia” aquí aparece sin artículo (una justicia), y considerando el contexto, es mejor entendido como genitivo de origen, “una justicia que proviene de Dios,” en vez de un genitivo de posesión, “justicia de Dios.” De las 7 veces que esta frase aparece en el Nuevo Testamento, 5 refieren a una justicia proveniente de Dios, la justicia de Cristo que es imputada o puesta a la cuenta de (logízomai) los que creen (Rom 1:17; 3:21; 3:22; 10:3,3b). Otras traducciones, como la Biblia Tyndale (Tyndale Bible) de 1526 y la Biblia Weymouth también lo traducen como genitiva de origen. Dado que el enfoque principal de Romanos es sobre la justicia de Cristo que es imputada a los que creen, la única instancia donde “la justicia de Dios” refiere al atributo moral de Dios es en Romanos 3:5 donde Pablo todavía está haciendo contraste con la justicia de Dios y nuestra injusticia.
Explicación de cómo Dios puede justamente justificar al Impío (Rom 3:24-26)
Especialmente para un judío familiarizado con la ley de Dios, pero también para los demás viviendo dentro de Imperio Romano, siendo una de las sociedades más basadas en la ley y la justicia, los lectores originales hubieran querido una explicación de cómo Dios podría ser justo y al mismo tiempo justificar al impío. Después de declarar que la justicia de Dios viene a los pecadores aparte de la ley por medio de la fe, él sigue con una explicación de cómo la justificación gratuita fue hecho posible para pecadores. Él dice:
“siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención (apolútrosis) que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso (protíthemai, ‘exhibió públicamente’) como propiciación (hilastérion) por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:24-26)
Pablo explica que Dios puede justificarnos por medio de la redención de Cristo. La palabra apolútrosis, “redención,” es una forma enfática de lútrosis que significa “poner en libertad pagando un precio redentor.” [3] Nuestra esclavitud era al pecado y su pena, la muerte (Rom 6:22-23). Nuestra redención incluye “el perdón de pecados,” la “redención de las transgresiones” (Ef 1:7; Heb 9:14-15). Cristo se hizo maldición por nosotros para redimirnos (exagorázo) [4] de la maldición de la ley que estaba sobre nosotros debido a nuestras transgresiones contra ella (Gal 3:13-14).
Existe mucho debate sobre a quién se pagó el precio de nuestra redención. Sin embargo, para mí, las Escrituras claramente indican que el precio le fue pagado a Dios Mismo. Cristo se ofreció a Sí Mismo “a Dios…para la redención (apolútrosis) de las transgresiones que se cometieron bajo el primer pacto.” (Heb 9:14-15). Fue en el lugar santísimo celestial que Cristo entró con Su propia sangre, así obteniendo nuestra redención eterna (Heb 9:12). Sin embargo, aunque la sangre redentora de Cristo fue presentado a Dios como el precio redentor por nuestros pecados, también vemos que Dios al mismo tiempo nos redimió para Sí Mismo con ese mismo sacrificio de sangre (1Cor 6:20).
¿Cómo podría haber pagado el precio redentor a Dios a la vez que fue Dios quien nos compró para Sí Mismo? Fue contra la propia justicia inmutable de Dios que habíamos transgredido. El pago del pecado es la muerte (Rom 6:23). Fue por nuestra desobediencia que caímos bajo el poder del pecado y la muerte. Para poder librarnos de la pena y dominio del pecado, la justicia de Dios primero tuvo que ser satisfecha. Como la pena del pecado es la muerte y todos hemos pecado, el hombre fue incapaz de revertir su propia condición. Pero Dios se hizo carne en la persona del Hijo y derramó Su propia sangre inocente como nuestro sustituto y cabeza representativa, así obteniendo para nosotros la redención y revertiendo la maldición que trajo sobre nosotros por la transgresión de Adán (Rom 5:15-19). Como nuestra Cabeza y Pariente Redentor, Cristo pagó la justa pena que la justicia inmutable de Dios requería por nuestras pecados y transgresiones a la vez que nos compró con Su propia sangre (Hch 20:28).
Exhibido Públicamente como Propiciación por Su Sangre (Rom 3:25-26)
Los versículos 25 y 26 dejan aún más en claro que la sangre redentor de Cristo fue presentada a Dios Mismo como el precio satisfactorio por nuestros pecados, así haciendo posible que Dios sea justo al justificar al impío que pone su fe en Cristo. Pablo dice que la sangre derramada en la cruz fue “exhibido públicamente” (protíthemai) como el sacrificio de expiación (hilastérion) por nuestros pecados que satisfizo Su justicia, así demostrando que Él no nada más eludió la justicia, haciendo caso omiso a los pecados cometidos antes de la cruz. Adicionalmente, Pablo dice que el sacrificio propiciatorio de Cristo demuestra ahora en este tiempo presente que Dios es justo cuando justifica a aquellos que creen en Jesús – que Él no simplemente deja a un lado la justicia cuando justifica a los pecadores.
En el primer blog de este serie, Definiendo Expiación, vimos que la palabra “propiciación” (hilasmós) y sus cognados son utilizados en la traducción griega del Antiguo Testamento, la Septuaginta (LXX) como equivalente a la palabra hebrea para “expiación” (kippur) donde los sacrificios de sangre fueron ofrecidos para hacer expiación por los pecados de los hijos de Israel. El cognado de hilasmós utilizado aquí es hilastérion que fue la palabra utilizada en la LXX para la palabra hebrea kapporeth que fue el propitiatorio o cubierto del arca hecha de oro puro con dos querubines.
Para poder entender por qué Pablo dice que Jesús fue exhibido públicamente como “hilastérion por medio de la fe en su sangre,” es esencial que entendamos la función de un hilastérion. Servía para cubrir el arca y lo que estaba adentro (Ex 25:21; Heb 9:4). Cada uno de los tres objetos dentro del arca representaban los pecados del pueblo: 1) Las dos tablas del pacto que habían trasgredido; 2) La urna de oro que contenía el maná que Aarón puso en el arca cuando el pueblo murmuraba contra Dios por qué no tenían qué comer (Ex 16:33), y la vara de Aarón que reverdeció, que simbolizaba su rebelión contra Aarón, el sumo sacerdote ungido (Nu 17:10).
Una vez al año en Yom Kippur o el Día de la Expiación, el Sumo Sacerdote esparcía la sangre del sacrificio expiatorio sobre el hilastérion o cubierto del arca, así haciendo propiciación/expiación por los pecados del pueblo por un año más, de esta manera haciendo posible que la gloria del Señor permanezca sobre el hilastérion entre los dos querubines (Ex 25:22). Cuando Pablo dice que Cristo fue exhibido públicamente como el hilastérion por su sangre, hilastérion está sirviendo como adjetivo en vez de un sustantivo. Él fue exhibido públicamente como un sacrificio propiciatorio/expiatorio, quitando los pecados del mundo de una vez para siempre. [5]
Condenación y Justificación son Términos Forenses
Hemos visto como todo el mundo estaba culpable delante de Dios y condenado porque todos pecamos (Rom 3:19,23). Este veredicto de condenación no es algo único a Pablo. Jesús Mismo dijo: “el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3:18). Pablo explica en Romanos 5 que todos nosotros, estando bajo la jefatura federal de Adán, fuimos condenados por su acto de desobediencia (Rom 5:16).
La condenación no consiste en hacer que uno sea culpable, sino en declarar a uno culpable. De la misma manera, la justificación no consiste en hacer justo a uno en el sentido de la modificación de comportamiento, sino en declarar a uno justo legalmente. La justificación es una absolución de una vez por siempre, no un proceso. Es una justicia posicional y distinta de la santificación o la justicia práctica. Tome nota de los tiempos en estos verbos:
“Justificados (aoristo pasivo), pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo… Pues mucho más, estando ya justificados (aoristo pasivo) en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Rom 5:1,9)
Así como la condenación vino a todos por la sola transgresión de Adán, resultando en condenación, de la misma manera por la obediencia de Cristo como nuestra cabeza representativa, vino la justificación para todos, a ser recibida (no lograda) por la fe. En el mismo momento en que creímos fuimos justificados. Como Pablo dice, “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado (logízomai, ‘imputado’) por justicia.” (Rom 4:3). Como indicado anteriormente, la palabra logízomai se utiliza 12 veces en Romanos refiriéndose a la justicia imputada (Rom 4:3,4,5,6,8,9,10,11,22,23,24; 6:11).
A pesar del hecho que Pablo de manera tan repetitiva y enfáticamente que la justicia de Cristo es imputado a los que simplemente la reciben por fe, los opositores de la Sustitución Penal resisten agresivamente la verdad de la justicia imputada aparte de las obras y hasta la ridiculizan. George MacDonald, que considera la muerte de Cristo como nada más un ejemplo moral a seguir, dice lo siguiente acerca de la creencia que la justicia de Cristo es imputada a los que creen:
“El apóstol dice que cierta cosa le fue imputada a Abraham por justicia. ¿Qué fue lo que le fue imputada a Abraham? ¿La justicia de otro? ¡Dios guarde!... Imputar la justicia de uno a otro, es nada más una fantasía…” [6] “Esta…la justicia que es de Dios por fe – tan lejos de ser algo construido sobre el montón de basura de la ficción legal llamada sacrificio vicario, o su sombra llamada justicia imputada, que sólo el niño con corazón de niño...puede entenderlo.” [7]
Si bien George MacDonald es muy verboso, lo que hace difícil encontrar una declaración simple y concisa sobre un tema determinado, su desprecio por la doctrina de la justicia imputada es inconfundible. Para él, la verdad gloriosa del sacrificio vicario de Cristo por nosotros es basura. Su negación de la infalibilidad de las Escrituras le hacía sentir libertad para exaltar su propia razón por encima de la revelación de Dios. Acerca de la verdad bíblica que la muerte vicaria de Cristo por nosotros fue necesario para satisfacer la justicia de Dios, él dice: “Tu dices que Él lo hace, porque la Biblia lo dice así. Yo digo, si la Biblia fuera decir eso, la Biblia estaría mintiendo…” [8] Esa actitud hacia las Sagradas Escrituras no refleja en nada a nuestro Señor que decía, “las Escrituras no pueden ser quebrantadas,” y “es necesario que se cumplan las Escrituras.” (Jn 10:35; Marcos 14:49).
Creo que Jesús diría hoy lo mismo a los que niegan la eficacia de Su sacrificio vicario, de lo que una vez dijo a los Saduceos: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?” (Marcos 12:24). Aquellos que niegan las buenas nuevas que la justicia de Cristo es imputada gratuitamente por medio de la fe, caen en el mismo error que los judíos incrédulos que Pablo mencionó en Romanos 10. Él les dijo:
“Puedo declarar en favor de ellos que muestran celo por Dios, pero su celo no se basa en el conocimiento. 3 No conociendo la justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.” (Rom 10:2-3 NVI)
Por tanto que los opositores de la Sustitución Penal de Cristo lo resistan, el concepto forense y transaccional de la justicia imputada por fe sigue siendo central al evangelio. La justificación incluye el perdón, pero es más que el perdón. Es una absolución, y sin embargo es mucho más que una absolución. Es nada menos que la imputación de los méritos de Cristo a nuestra cuenta. En Cristo, no solamente somos considerados como si fuéramos justos, realmente somos la justicia de Dios en Él.
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor 5:21)
Cristo fue constituido legalmente culpable por nosotros, para que nosotros fuésemos constituidos legalmente justos en Él. ¡Ahora somos la justicia de Dios en Cristo! Los opositores de la Sustitución Penal de Cristo refieren a esto despreciativamente como justicia transaccional, pero los Padres Apostólicos lo llamaban “el dulce intercambio.” [9] Pablo dice, “Justificados (aoristo pasivo), pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes” (Rom 5:1-2). La justificación es una posición que hemos recibido, no un proceso. Como dice Tito en Tito 3:7: “para que justificados (aoristo pasivo) por su gracia, viniésemos a ser herederos.” Es por hechura de Dios que estamos en Cristo Jesús el cual nos ha sido hecho por Dios justificación (1Cor 1:30). Somos “aceptos” (caritáo, lit. ‘muy favorecidos’) en el Amado” (Ef 1:6).
En conclusión, aunque muy pocos negarían que Dios nos ama y desea relación por encima de todo, las Escrituras nos revelan que, sin el sacrificio vicario de Cristo, redimiéndonos de nuestros pecados y transgresiones, tal relación jamás hubiera sido posible debido a que Dios también es perfectamente justo y el Juez de los vivos y los muertos. Y aunque la palabra específica para “forense” (δικανικός, dikanikós) no aparece en Romanos, sus cognados son utilizados 66 veces, junto con una multitud de otros términos forenses.
Es precisamente debido a Su gran amor por nosotros que Él envió a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados (1Jn 4:10). Aunque es tema del próximo blog, Dios enviando a Su Hijo para ser la propiciación por nuestros pecados es una demostración muchísimo mayor que la de la Teoría Ejemplo Moral de la Expiación. Según esa teoría, ¡Dios envió a Su Hijo amado a ser bofado, azotado y clavado en una cruz para sufrir la muerte más cruel con el único propósito de mostrarnos qué tan grande es Su amor! En lugar de que Su sangre preciosa nos redimiera de nuestros pecados y transgresiones (Ef 1:7; Heb 9:14-15), ellos niegan que la sangre de Cristo tenga valor más allá de mostrarnos cuánto nos ama. Negando que la sangre de Cristo nos compró es lo que Pedro llama “una herejía destructora.” (2Pedro 2:1-2).
En el próximo blog voy a considerar como las otras teorías o modelos de la expiación son complementarias a la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo. Sin embargo, no hubiera podido haber habido expiación ni reconciliación si Cristo no hubiera derramado Su sangre en propiciación por nuestros pecados.
“el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, 14 en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados… 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.” (Col 1:13-14,20)
[1] https://www.youtube.com/results?search_query=penal+substitutionary+atonement+debate
[2] Theological Dictionary of the New Testament. Copyright © 1972-1989 By Wm. B. Eerdmans Publishing Co., NT:3709
“In secular literature orge takes on the sense of anger as the most striking manifestation of powerful inner passion, thumos. ‘orge…becomes in the political life of the following period the characteristic and legitimate attitude of the ruler who has to avenge injustice.’ ‘orge relates, not to the verdict (Aristot. Rhet., I, 1, p. 1354 a, 16 ff.) but only to the sentence. In virtue of this orge itself acquired the meaning of ‘punishment.’ Apart from the moral wrath which protects against evil and which is sometimes expressly called dikaia orge (righteous indignation) (Demosth. Or., 16, 19; Dio C., 40, 51, 2; Ditt. Syll.3, 780, 22), orge in Gk. came under a predominantly negative judgment.
[3] The Complete Word Study Dictionary: New Testament NT:629: “apolutrosis; gen. apolutroseos, fem. noun from apolutrao, ‘to let go free for a ransom,’ which is from apó (575), from, and lutrao (3084), to redeem. Redemption. The recalling of captives (sinners) from captivity (sin) through the payment of a ransom for them, i.e., Christ's death. Sin is presented as slavery and sinners as slaves (John 8:34; Rom 6:17,20; 2 Peter 2:19). Deliverance from sin is freedom (John 8:33,36; Rom 8:21; Gal 5:1).
[4] Vine's Expository Dictionary of Biblical Words, NT:1805: exagorazo, a strengthened form of agorazo, "to buy,” denotes "to buy out" (ex for ek), especially of purchasing a slave with a view to his freedom. It is used metaphorically in Gal 3:13 and 4:5, of the deliverance by Christ of Christian Jews from the Law and its curse.
[5] See Robertson's Word Pictures in the New Testament, commenting on Romans 3:25
[6] MacDonald, George . Unspoken Sermons Series I, II, and III (p. 216). Start Publishing LLC. Kindle Edition.
[7] Ibid p. 219
[8] Ibid p. 188
[9] Mathetes, The Epistle to Diognetus, Chapter 9
“Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por los transgresores, el Inocente por los inicuos, el Justo por los injustos… Porque, ¿qué otra cosa fue capaz de cubrir nuestros pecados que Su justicia? ¿Por medio de qué otra persona hubiera sido posible que nosotros, los inicuos e impíos, pudiéramos ser justificados, sino por el único Hijo de Dios? ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación, que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificara a muchos transgresores.
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por George Sidney Hurd
La representación del Siervo expiatorio de Isaías 53, comenzando en Isaías 52:13, es esencial para entender lo que Cristo logró en la cruz. Este es donde Dios reveló que el Mesías Mismo cumpliría lo que es representado en sombra con los sacrificios ofrecidos por los pecados del pueblo según la Ley. Es el único lugar en todo el Antiguo Testamento que claramente revela que el Mismo Mesías sería el Cordero que quita los pecados del mundo (Jn 1:29). Se hizo alusión anteriormente a esto cuando Dios le dijo a Abraham que ofreciera a su único hijo Isaac, a quien amaba, como sacrificio. [1] Sin embargo, aquí es que por primera vez vemos en detalle como Dios cargó en Cristo la iniquidad de todos nosotros para hacer expiación por nuestros pecados, así satisfaciendo Su inmutable justicia para poder ser justo y a la vez justificar pecadores impíos como nosotros (Isa 53:6,10-11). Fue desde este mismo texto que Felipe predicó el evangelio al eunuco etíope (Hch 8:28-35).
Argumentos en contra de la Naturaleza Sustitutiva Penal del Sufrimiento del Siervo de Jehová
1) Isaías estaba equivocado
La Naturaleza de expiación sustitutiva penal del sufrimiento y muerte del Siervo expiatorio es tan evidente, como veremos, que la mayoría de los opositores de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo evitan este pasaje. Una excepción es Gregory Boyd en su libro de dos tomos The Crucifixion of the Warrior God (La Crucifixión del Dios Guerrero). Él comienza diciendo que es más probable que tiene referencia a la nación de Israel en vez de Cristo, y que los autores del Nuevo Testamento simplemente lo aplicaron a Cristo. [2] Aquí solo quiero enfatizar que Jesús también aplicó a Isaías 53 a Si Mismo (Lucas 22:37).
Esto no es un argumento nuevo. Para oponer a los cristianos que vieron a Isaías 53 como refiriéndose a Cristo, los judíos también comenzaron a decir que el siervo representaba a Israel en vez del Mesías como anteriormente habían enseñado los rabinos. [3] Orígenes oponía esta interpretación diciendo:
“Porque si el profeta está hablando del pueblo de Israel, ¿cómo es posible decir que este hombre fue llevado a la muerte por las iniquidades del pueblo de Dios, a menos que él sea una persona distinta del pueblo de Dios? Y, ¿quién es esta persona excepto Jesucristo, por cuyas llagas los que creen en Él son sanados…?” [4]
Reconociendo que Isaías presentaba a Dios como activamente involucrado en la aflicción del Siervo, Boyd entonces dice en tantas palabras que Isaías simplemente estaba equivocado. Él dijo:
“La descripción de Isaías como directamente afligiendo a este siervo es una acomodación divina a la percepción caída y cultualmente acondicionado de Isaías.” [5]
Con tal de mantener su “hermenéutica cruciforme,” Boyd tiene que rechazar la presentación de Isaías como Dios mismo afligiendo al Siervo, atribuyéndolo a la mentalidad primitivo Medio Oriental de Isaías. He observado que la mayoría de los Liberales y Progresivos responden de la misma manera cuando uno insiste en una explicación de lo que está descrito en Isaías 53.
Entonces, para descontar los términos que obviamente son penales y sustitutivos en Isaías 53, Boyd primero intenta poner en duda que Isaías 53 tiene aplicación a Cristo, y después él rechaza a todas las palabras de Isaías que presentan a Dios como directamente involucrado en el sufrimiento de Cristo.
2) Castigado “a mano de” nuestros Pecados – no “por” nuestros Pecados
He observado que la mayoría de los oponentes de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, si mencionan Isaías 53, evitan cualquier referencia indicando que fue la voluntad de dios que sufriera el Siervo. En lugar de eso, toman porciones de versículos fuera de su contexto y los reinterpretan de una manera como para dar la impresión de que solamente están hablando de lo que los hombres hicieron a Cristo, en vez de lo que Dios, en Cristo, hizo por nosotros. A menudo parcialmente citan Isaías 53:4-5 de la siguiente manera:
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isa 53:4-5)
Usualmente ignoran la primera parte de este pasaje que, como veremos, tiene referencia al aspecto sustitutiva del sacrificio expiatorio de Cristo, y también la última parte que habla del aspecto penal de la expiación, ellos parcialmente lo citan para que diga: “Pensamos que Él fue castigado por Dios, pero en realidad, Él fue castigado por nosotros.”
No pude encontrar ningún artículo justificando su rendición del texto como “a mano de” en vez de “por” hasta que un amigo compartió un link a un artículo escrito por Santo Calarco en el Clarion Journal entitulado, Punished “for” or “by” our sins. (Castigado “por” o “a mano de” nuestros pecados) Calarco dice:
“La preposición traducida “por” es “min”. No significa “por” sino “desde” o “fuera de” o “debido a”.
Sin embargo, en primer lugar, el uso causal de min, “debido a,” es solamente uno de los múltiples usos de la palabra. También a menudo es usado en el sentido sustitucional, “por,” “en lugar de” o “a favor de,” tal como ha sido traducida en casi todas las traducciones de Isaías 53. Por ejemplo, en 1Samuel 7:8 dice: “No ceses de clamar por (min) nosotros a Jehová nuestro Dios.” O en Rut 1:13 dice literalmente, “Siento gran pena por (min) vosotras, porque la mano de Yahvé ha caído sobre mí” (Rut 1:13 NBJ). Como es con la mayoría de las preposiciones, su significado varía mucho, siendo determinado por el contexto donde aparece. Y, como espero demostrar, el contexto de este pasaje del Siervo expiatorio claramente es lo de sustitución.
Aun si uno fuera entender min aquí en el sentido causal como “debido a nuestras transgresiones e iniquidades,” no dejaría de tener aplicación en el sentido de sustitución, considerando el hecho de que fue debido a nuestros pecados que la justicia de Dios requiriera un sacrificio sustitutivo.
Lo que min no significa es lo que Calarco indica en el título de su artículo y lo que quiere que significara. La preposición min nunca significa “por” en el sentido de instrumentalidad. Para que significara “por” en el sentido instrumental, necesitaría la preposición be, como en, “para que no mueras a nuestras manos (be)” (Jer 11:21), o ayth: “reconocieron que esta obra había sido realizada por (ayth) nuestro Dios.” (Neh 6:16 NBJ).
Calarco cita la New English Translation para demostrar que los traductores de esa versión entendieron min en Isaías 53:4-5 como “debido a.” Sin embargo, los traductores incluyeron una anotación explicativa que deja en claro que ellos entendieron el sufrimiento de Cristo como sustitutivo en naturaleza, en lugar de haber sido simplemente víctima de hombres malvados. Su traducción dice:
“...nosotros pensamos que él estaba siendo castigado por Dios, atacado por Dios, y afligido por algo que él había hecho. 5 Él fue herido debido a nuestros actos de rebelión, molido debido a nuestros pecados; él sufrió el castigo que nos sanó; debido a sus llagas hemos sido sanados.” (Isa 53:4-5 NET)
La anotación explicativa de estos versículos en la Biblia NET dice: “Las palabras ‘por algo que él había hecho’ fueron agregados en la traducción para aclaración. …él sufrió debido a su identificación con ellos, y no simplemente porque él era el blanco particular de la ira divina.” Ellos agregaron la frase de aclaración para aclarar que el énfasis del pasaje es que el pueblo equivocadamente pensó que Él estaba sufriendo por algo malo que Él Mismo había hecho, cuando en realidad Él estaba sufriendo por/debido a nuestros pecados, no los suyos. Por lo tanto, ni siquiera la traducción que Calarco cita apoya su afirmación que el texto está diciendo que Cristo simplemente sufrió y murió a manos de pecadores, en vez de morir por o en lugar de los pecadores.
Nadie negaría que Cristo sufrió y murió a manos de hombres malos, pero eso no es el mensaje principal de Isaías 53. Como veremos, lo que el texto está diciendo de principio a fin es que Cristo sufrió y murió como nuestro sustituto según la voluntad de Dios (Isa 53:10-11; Hch 2:23). El pueblo pensó que Dios estaba castigándolo por Sus propios pecados cuando en realidad Él fue castigado por, o debido a, nuestros pecados. Fueron nuestros pecados que hizo que fuera necesario que Él sufriera y muriera en nuestro lugar para justificar a los muchos (Isa 53:11).
Argumentos por la Naturaleza Sustitutiva Penal del Sufrimiento del Siervo de Jehová
1) “Él rociará muchas naciones” (Isa 52:15)
Rociando la sangre de la ofrenda por el pecado para la expiación de pecados fue una parte esencial de los sacrificios Levíticos. Cuando alguien pecaba, tenía que ofrecer un cordero sin defecto que fue inmolado en su lugar para hacer expiación por sus pecados (Lev 5:5-10). Entonces una vez al año en Yom Kippur, la sangre del animal sacrificado fue llevado dentro del lugar Santísimo y rociada sobre el propiciatorio, así haciendo expiación por los hijos de Israel (Lev 16:15-16).
Aquí Isaías dice del Siervo Expiatorio de Jehová que Su sangre no solamente rociará a Israel, sino a “muchas naciones.” Él fue el Cordero de Dios inmolado para quitar los pecados del mundo de una vez para siempre (Jn 1:29). Pedro hace referencia al Siervo Expiatorio de Jehová cuando dice que fuimos santificados para “ser rociados con la sangre de Jesucristo.” (1Pedro 1:2). El autor de Hebreos también hace referencia a la sangre rociada de Cristo diciendo:
“a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.” (Heb 12:24)
La sangre de Cristo habla mejores cosas que la de Abel en que la sangre de Abel clamaba para justicia, mientras la sangre de Cristo nos trajo justificación.
Hay cierta controversia sobre la palabra “rociará,” dado que la traducción griego, la Septuaginta (LXX) dice, “asombrar.” Sin embargo, sin entrar en mayor detalle, la mayoría de los eruditos bíblicos creen que los escribas del LXX leyeron mal la palabra hebrea para “rociar” que es muy parecida a la que significa “asombrar.” [6] Dos otras traducciones antiguas del hebreo al griego, la de Teodoción (150 d.C.), y la de Aquila (130 d.C.), ambas leen “rociará” y la Peshitta siriáco lee “purificar” que es el resultado de rociar.
Adicionalmente, en la epístola de Bernabé (70 a 135 d.C.) Bernabé menciona la sangre esparcida de Cristo en el contexto del pasaje en Isaías 53. [7] Él también aplica la sangre de Cristo rociada a muchas naciones como cumplido espiritualmente por la extensión del evangelio de Cristo a las naciones por los Apóstoles. [8]
Así que, Isaías 52:15 habla claramente de la sangre de un sacrificio sustitutivo purificando a muchas naciones de sus pecados. Aún si fuéramos a elegir la palabra “asombrar,” como aparece en algunas traducciones, eso no afectaría la naturaleza sustitutiva del pasaje del Siervo Expiatorio de Jehová. Personas de todas naciones a través de los siglos han sido asombrados al contemplar lo que Cristo sufrió por nosotros.
2) “Él Llevó el Pecado de Muchos” (Isa 53:11-12,4)
Para un judío el significado de esta expresión sería inequivocablemente lo de sustitución penal. La expresión “llevar (nasa) el pecado, iniquidad o culpa” era una expresión legal, significando sufrir la pena y consecuencias del pecado cometido (Lev 24:15; 5:1; 7:18).
Sin embargo, la Ley hizo provisión para ofrendas donde un animal podía ser sacrificado para la expiación de pecados como un sustituto, así quitando su culpa ante Dios:
“...la (ofrenda por el pecado) dio él a vosotros para llevar la iniquidad de la congregación, para que sean reconciliados delante de Jehová.” (Lev 10:17)
De esta manera Dios hizo provisión para que el pecado y la culpa de los ofensores sean cargados sobre una víctima inocente dada como ofrenda por el pecado, y en esta manera el animal sacrificado llevó la iniquidad de ellos como un sustituto en lugar del ofensor, así reconciliándolos ante Dios. En Yom Kippur, el Día de la Expiación, el Sumo Sacerdote cargaría los pecados de los hijos de Israel sobre el macho cabrío y llevaría sus iniquidades a tierra inhabitada, así indicando que el Señor quitaría sus pecados tan lejos como el oriente es del occidente (Lev 16:20-22; Sal 103:12; Heb 10:16-18).
Mientras no es posible que la sangre de toros y machos cabríos quitara los pecados, servía de sombra del Siervo expiatorio de Jehová, Jesucristo, que quitaría los pecados de una vez para siempre (Heb 10:4-10,14).
Entonces lo que fue representado figurativamente en los sacrificios Levíticos, el Siervo Expiatorio Jesucristo, cumplió, llevando nuestros pecados. De la misma manera en que los pecados del pueblo fueron cargados sobre el animal, “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isa 53:6), y Él llevó nuestros pecados e iniquidades en nuestro lugar (Isa 53:11-12). Pedro aplicó esto a Cristo diciendo: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). ¡El Espíritu Santo quien inspiró las Escrituras no pudo haber dejado más en claro la naturaleza sustitutiva penal del sufrimiento y muerte de Cristo!
Los opositores de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo a menudo apelan a la LXX en el versículo 10, como veremos. Sin embargo, en cuanto a Cristo llevando nuestros pecados, la LXX es igual de claro, diciendo en el versículo 11, “Él llevará sus pecados” (τὰς ἁμαρτίας αὐτῶν αὐτὸς ἀνοίσει), y en 12, “Él llevó los pecados de muchos” (καὶ αὐτὸς ἁμαρτίας πολλῶν ἀνήνεγκεν). La LXX es aún más fuerte para la sustitución penal en el versículo 4 diciendo, “Ël lleva nuestros pecados” (οὗτος τὰς ἁμαρτίας ἡμῶν φέρει), en vez de “Llevó Él nuestras enfermedades.”
3) “Jehová quiso quebrantarlo” – “Su vida en expiación por el pecado”
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo (daka), sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” (Isa 53:10)
“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido (daka) por nuestros pecados.” (Isa 53:5)
Aquí en el versículo 10, vemos que no solamente permitió Dios que el Siervo Expiatorio de Jehová fuera quebrantado o herido (daka) por nuestras iniquidades, sino que incluso fue Su deseo herirlo con tal de poner Su vida en expiación por el pecado. La palabra “quiso” en hebreo es chapets, que es la misma palabra usada en Isaías 1:11 donde el Señor dijo: “no quiero (chapets) sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.” La razón porque no los quería es expresada en Hebreos 10:4: “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.” Estos sacrificios solo anticipaban el sacrificio de Cristo una vez para siempre por los pecados del mundo. Continuando en el versículo 5 de Hebreos 10, nos dice lo que es que el Señor deseaba:
“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo. 6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. 7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí. 8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto último. 10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.” (Heb 10:5-10)
Lo que Dios quería no eran los sacrificios de animales, sino que Él preparó un cuerpo para que Dios el Hijo fuera encarnado para poder ofrecerse a Sí Mismo en nuestro lugar como el sacrificio de una vez para siempre por nuestros pecados. Es por esa voluntad que hemos sido santificados. Aquí no se está refiriendo a la vida y ministerio de Jesús, aunque Él complació al Padre en todo. Lo que le agradó al Padre aquí fue la muerte sustitutiva de Cristo, dando su cuerpo como el sacrificio del pecado de una vez para siempre. Esto es lo que quiso decir Cristo cuando oró en Getsemaní, “hágase tú voluntad” (Mt 26:42; Lucas 22:42).
Aunque eran los hombres malos y no Dios que afligieron a Cristo, vemos que el sufrimiento y la muerte de Cristo fue, sin embargo, conforme a la voluntad de Dios. Como Pedro explicó a los judíos en el día del Pentecostés:
“a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole.” (Hch 2:23)
La forma en que está expresado en Isaías 53:10 es especialmente ofensiva para los oponentes a la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo. Como dije anteriormente, muchos de ellos simplemente dirían que Isaías estaba equivocado.
Otros, como Keith Giles, apela a la traducción griego LXX de versículo 10. La LXX generalmente es similar a otras traducciones que se basan en el texto hebreo Masorético con excepción al versículo 10 donde la LXX lee de una manera muy distinta. En vez de decir, “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado,” la LXX dice:
“Jehová quiso purgarlo de su herida. Si puedes dar una ofrenda por el pecado tu alma verá simiente de larga vida.”
Keith Giles da un par de razones porqué él piensa que debemos de aceptar el texto griego LXX sobre el hebreo, diciendo:
“Los Evangelicos...no tienen problema alguno con utilizar el texto Masorético de las escrituras del Antiguo Testamento en hebreo para sus Biblias en inglés. ¿Por qué? Porque a pesar de que fue creado por rabinos judíos prácticamente con el único propósito de contradecir el cristianismo, contiene versículos como esto en Isaías 53:10.
Este versículo (y varios otros en el texto Masorético) sugieren que fue Dios quien hizo que Jesús sufriera en la cruz. Esto hace felices los Evangélicos porque ellos abrazan la doctrina de la Teoría de la Expiación Sustitutiva Penal.
Entonces, ¿qué tiene de malo este versículo? Bueno, vino unos siglos después del nacimiento de la fe cristiana y radicalmente cambia la Septuaginta (LXX) que es más antigua y fue utilizada y citada por Jesús mismo. (Así es.)
El texto Septuaginta que precede el Masorético nos enseña que la respuesta de Dios a la crucifixión de Jesús fue ‘purgarlo (o sanarlo) de su herida’ y que no era Dios, sino ‘tú’ (o ‘nosotros’) quien lo hizo como ‘una ofrenda por el pecado.’” [9]
Según Giles, debemos rechazar la traducción más común del versículo 10 porque todas nuestras traducciones están basadas en el más reciente texto hebreo Masorético que fue alterado por los rabinos judíos siglos después para contradecir a los cristianos. Sin embargo, lo que no menciona es que el texto masorético es prácticamente idéntico al rollo hebreo de Isaías 1Q hallado en las cuevas de Qumrán cerca del Mar Muerto en 1947, que data aproximadamente del mismo tiempo en que se compiló la LXX. A continuación, se presenta una comparación:
Rollo de Isaías
“Con todo eso, Jehová quiso herirlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, él verá su linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” (Isaiah Scroll 1QIsaa)
El Texto Mesorética:
“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
LXX:
“Jehová quiso purgarlo de su herida. Si puedes dar una ofrenda por el pecado tu alma verá simiente de larga vida.”
Digan lo que digan contra el texto Masorético, definitivamente no pueden argumentar que los rabinos judíos alteraron Isaías 53:10 con tal de contradecir al mensaje cristiano, dado que está de acuerdo con el rollo de Isaías del Mar Muerto que ya existía unos 200 años antes de Cristo. Además, describe a Cristo como el Siervo Mesías de una manera mucho más clara que la LXX.
En segundo lugar, aunque es cierto como afirma Giles, que Jesús y los autores del Nuevo Testamento a menudo citaban del griego LXX, ellos también citaban del hebreo en numerosas ocasiones. Mike Winger presenta un par de ejemplos donde los autores del Nuevo Testamento favorecían el hebreo sobre la LXX cuando hacían referencia a Isaías 53. Son los siguientes:
Mateo 8:17
“El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”
τας ασθενειας ημων ελαβεν και τας νοσους εβαστασεν
Isaás 53:4 hebreo:
“llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores.”
Isaías 53:4 LXX
“Él llevó nuestros pecados y se entristeció por nosotros.”
οὗτος τὰς ἁμαρτίας ἡμῶν φέρει καὶ περὶ ἡμῶν ὀδυνᾶται
Aquí Mateo favorece el texto hebreo en vez de la LXX. También, Pablo hace alusión al hebreo en vez de la LXX en Romanos 5:19.
Romanos 5:19
“por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos."
Isaías 53:11 hebreo:
“justificará mi siervo justo a muchos.”
Isaías 53:11 LXX
“para justificar el justo que sirve bien a muchos.”
δικαιῶσαι δίκαιον εὖ δουλεύοντα πολλοῖς
De igual manera como hacemos hoy, ellos normalmente usaban la traducción del idioma de su región, que era el griego Koiné, pero cuando la traducción no era correcta, ellos citaban el texto original.
Hay mucho más que podría decir acerca de la naturaleza sustitutiva penal de Isaías 53, pero, debido al espacio, solo voy a comentar brevemente sobre la frase “expiación por el pecado.” ¿Qué entendería un judío cuando dice que Él dio “Su vida en expiación por el pecado”? La palabra hebrea es asham, y aparece 33 veces a través del Antiguo Testamento, refiriéndose específicamente a la ofrenda para pecado o transgresión, usualmente siendo el sacrificio de un cordero sin defecto como expiación por pecados cometidos.
Jesús, como el Cordero de Dios sin pecado, ofreció Su vida una ofrenda por los pecados del mundo! Es por Su sacrificio de una vez para siempre que ahora somos justificados gratuitamente por la gracia de Dios. Para mí, un don tan inefable es la fuente de gran gozo y una gratitud profunda. Estoy pasmado y entristecido al ver tantos en esta generación que desprecian una verdad tan gloriosa. Personalmente creo que aquellos maestros que agresivamente oponen a la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo son los que Pablo llamaba “enemigos de la cruz de Cristo (Fil 3:18). Creo que están en peligro de llegar a ser responsables de contar como algo común la sangre del pacto en la cual fuimos santificados, a menudo hasta diciendo que uno podría ser salvo aún si Cristo no hubiera derramado Su sangre en la cruz por nosotros (Heb 10:29).
En el próximo blog voy a considerar algunos de los términos legales que son utilizados en las Escrituras que demuestran el aspecto penal de la expiación. Mientras que el plan redentor de Dios tiene como su fin las relaciones restauradas, tal restauración no hubiera sido posible aparte de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo que satisfizo la justicia inmutable de Dios, así haciendo posible que Él sea justo a la vez Él que justifica a los pecadores, el objeto de Su amor.
[1] Dios hizo esto, no solamente para probar a Abraham, sino principalmente para enfatizar que Él no requiere sacrificios humanos; que Él Mismo proveería el verdadero Cordero sacrificial. (Gen 22:8). Fue pore so que Abraham proféticamente llamó el lugar sobre el monte Moría donde ofreció a Isaac “Jehová proveerá”: “Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto” (Gen 22:14). Creo que el monte Calvario, donde Dios proveyó el sacrificio de Sí Mismo en la persona del Hijo de una vez para siempre, era el mismo lugar donde Abraham ofreció a su hijo Isaac.
[2] Greg Boyd dice: “Aunque es más probable que Isaías estaba refiriendo a la nación de Israel como el ‘siervo sufrido’ de Jehová en Isaías 53, NT autores, como también interpretes bíblicos cristianos a través de la historia han entendido este siervo como una referencia profética al Cristo crucificado.” Boyd, Gregory A. The Crucifixion of the Warrior God: Volumes 1 & 2 (pp. 865-866). Fortress Press. Kindle Edition.
[3] https://www.gotquestions.org/suffering-servant-Isaiah-53.html
[4] Origen, Against Celsus, Chapter 55
[5] Boyd, Gregory A.; Boyd, Gregory A.. The Crucifixion of the Warrior God: Volumes 1 & 2 (p. 867). Fortress Press. Kindle Edition.
[6] https://textandcanon.org/part-1-the-servant-sprinkles-many-as-anointed-priest/
[7] Epístola de Bernabé, Capítulo 5: “Con este fin su Señor sufrió entregando Su carne a corrupción para que fuéramos santificados por la remisión de pecados, que es efectuado por Su sangre esparcida. Porque fue escrito acerca de Él… ‘Él fue herido por nuestras: por sus llagas somos curados. Él fue llevado como cordero al matadero; y como oveja enmudecida delante de sus trasquiladores.”
[8] Epistle of Barnabas, Chapter 8, commenting on the typology of the sprinkling of the blood of the red heifer sacrifice in Numbers 19, Barnabas says :
“The calf is Jesus: the sinful men offering it are those who led Him to the slaughter. But now the men are no longer guilty, are no longer regarded as sinners. And the boys that sprinkle are those that have proclaimed to us the remission of sins and purification of heart. To these He gave authority to preach the Gospel, being twelve in number...”
[9] https://www.futurechurchnow.com/2021/03/11/how-evangelicals-changed-the-bible-to-support-their-beliefs-by-keith-giles/comment-page-1/
Él llevó nuestros pecados y se entristeció por nosotros.
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6Testimonios de Las Experiencias Cercanas a la Muerte
por George Sidney Hurd
Tomado del libro El Triunfo de la Misericordia
Experiencias cercanas a la muerte refieren a personas que han estado al umbral de la muerte y saliendo de sus cuerpos han tenido visiones del más allá. Aunque hay relatos de estas experiencias desde antes del tiempo de Cristo por personas de todas las religiones del mundo, han sido más frecuentes en los últimos años. En 1981, una encuesta en los Estados Unidos reveló que el 15 por ciento de los norteamericanos reportaron que tuvieron experiencias cercanas a la muerte. Con las mejoras en primeros auxilios esas cifras van en aumento. En una encuesta hecha en hospitales por Kenneth Ring, él descubrió que la tercera parte de los que han estado cerca de la muerte o pronunciados clínicamente muertos afirmaban que tuvieron algún tipo de experiencia transcendental. [i] Aunque la gran mayoría de las experiencias son positivas hay unos que tuvieron experiencias negativas donde se encontraron en el infierno o el purgatorio.
He leído extensamente sobre estas experiencias en los últimos 20 años. En octubre del 2013, yo estaba hospitalizado por un absceso que me dejó entre la vida y la muerte por tres días. Debido a los inmunosupresores que tomo para evitar el rechazo de mi hígado trasplantado, me dio un absceso y rápidamente me puse grave. Me sacaron de la selva en una avioneta y me llevaron otras cuatro horas de Villavicencio por ambulancia al hospital en Bogotá donde drenaron el absceso, sacando más de un litro de materia. Mi sangre ya estaba envenenada con una bacteria llamada staphylococcus aurous, que a menudo ocasiona la muerte. En el transcurso de los próximos tres días salí de mi cuerpo tres veces. Cada vez volvía a caer abruptamente dentro de mi cuerpo y sentía las limitaciones de mi cuerpo debilitado. Fuera de mi cuerpo sentí que volaba mientras me pasaban visiones de paisajes hermosísimos y veía colores que no había visto desde los días de mi juventud cuando tomaba LSD, mezcalina y otros alucinógenos. En uno de los momentos cuando estaba fuera de mi cuerpo recuerdo que estaba hablando con alguien vestido de blanco. Sabía que habíamos conversado, pero no recuerdo la conversación. Lo único que recuerdo es que veía varios enfermos en el hospital al otro lado de un velo, y de alguna manera en la conversación sabía que debía volver a mi cuerpo. Entonces le pregunté agitadamente cómo iba a saber si había entrado en el cuerpo mío. Él me dijo que lo sabría al decir “361”.
El próximo momento sentí que caí en mi cuerpo, pero no reconocía mi cuerpo ni el lugar en donde estaba. Me senté en la cama de un brinco y miraba mi cuerpo y el cuarto tratando de ubicarme. Ni sabía si el cuerpo era mío o de otra persona y estaba asustado. Había una enfermera a mi lado tomando mis señas vitales y ella me dijo que estuviera quieto. Miré el monitor que muestra la presión de sangre y otras señales vitales que ella estaba tomando. Busqué el número 361 pero no lo veía allí. Miraba otra vez alrededor pero no podía ubicarme. Cuando volví a mirar el monitor, ya había aparecido mi temperatura en el monitor y era 36.1. Yo repetí en voz alto 3-6-1 y de repente sabía dónde estaba.
Confieso que esta experiencia fue muy rara. Ni recuerdo la conversación con la persona vestida de blanco. Solo recuerdo que había estado con él/ella en un lugar de mucha luz y sentía mucha paz y amor y que habíamos estado conversando. Hubiera pensado que sólo estaba delirando si no me habría dado de antemano la señal “361” para saber que estaba en mi propio cuerpo.
Mientras que no descarto la validez de estas experiencias fuera del cuerpo como encuentros reales con el mundo espiritual, yo no creo que debemos dejar que estas experiencias tan subjetivas tengan influencia alguna sobre la formación de nuestras doctrinas – especialmente cuando las experiencias no concuerdan con las Escrituras, y mucho menos cuando van directamente en contra de lo que ellos dicen. De hecho, mucho de lo que las personas ven y experimentan en estas experiencias directamente contradicen la Biblia.
Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6). Aunque hay algunos testimonios de cristianos y no cristianos que confirman estas palabras de Jesús, la gran mayoría de los que han tenido experiencias cercanas a la muerte a nivel mundial eran de otras religiones o hasta ateos y testifican que fueron hacia la luz y tuvieron una experiencia placentera sin oír mención alguna de Jesucristo. A raíz de esto, muchos, dando más peso a esas experiencias que las mismas palabras de Jesús, han dejado de creer que Jesús es el único camino al Padre. Para ellos, poner su fe en Cristo ya no es esencial para la salvación, dado que budistas, hindúes, musulmanes, animistas indígenas y hasta ateos, se encuentran en el cielo en estas experiencias cercanas a la muerte sin necesidad de arrepentirse y poner su fe en Cristo.
También, las Escrituras son muy claras en enfatizar la necesidad de la santidad para estar en la presencia del Señor:
“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (Heb 12:14)
“manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, 20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” (Gál 5:19-21)
“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.” (Ef 5:5,6)
“Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche…. 27 No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” (Apo 21:25,27)
A pesar de estas claras declaraciones de las Escrituras, aún algunos pastores están diciendo, basados en testimonios de personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte, que la santidad no es necesaria para heredar el reino de Dios después de la muerte. Acabo de terminar de leer un libro escrito por un pastor sobre las experiencias cercanas a la muerte, “Revealing Heaven – The Christian Case for Near-Death Experiences” (Revelando el Cielo – Una Defensa Cristiana de las Experiencias Cercanas a la Muerte” por John W. Price. [ii] Basado en testimonios de hermosas experiencias cercanas a la muerte experimentado por homosexuales, el relega a las prohibiciones de estas prácticas y muchas más que son censuradas en las Escrituras a “tabúes culturales” que fueron convertidos en “dogmas religiosos”.
Tenemos que decidir si nos vamos a dejar guiar por testimonios cercanos a la muerte o por lo que dice la Palabra de Dios. La Palabra de Dios es clara en cuanto a estos pecados:
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1Cor 6:9,10)
“como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquéllos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno.” (Judas 7)
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
El aumento de la frecuencia de estas experiencias es, en parte debido al hecho que los primeros auxilios y la medicina han hecho posible reanimar muchas más personas que han estado al borde de la muerte. Pero otra cosa que debemos considerar es la fuente de las revelaciones. Ellos vuelven con revelaciones del mundo espiritual, pero, ¿Son siempre revelaciones verídicas de cómo es realmente el más allá? Pablo nos advierte que “el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.” (2Co 11:14). Estoy convencido que, al menos en parte, el aumento de estas experiencias en estos tiempos finales, especialmente las revelaciones que contradicen la palabra de Dios, son revelaciones de espíritus engañadores como nos advierten las Escrituras:
“Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos (a las fábulas). ” (2 Tim 4:3,4 NBLH)
Pablo dice aquí que no soportarán la sana doctrina, sino que buscarán maestros que les dirán que no hay problema con vivir según sus propios deseos, que ellos apartarán sus oídos de la verdad prefiriendo creer en fábulas que se acomoden a su estilo de vida. Y, ¿de dónde vienen estas fábulas? ¿Solo de los maestros o hay algo más siniestro atrás de sus enseñanzas? En otro pasaje Pablo revela la verdadera fuente de estas enseñanzas:
“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1Tim 4:1)
Sin descartar la realidad de que muchas de las experiencias cercanas a la muerte son encuentros genuinos con Dios, y revelaciones del cielo y del infierno; como con cualquier revelación, visión, profecía o milagro, necesitamos discernimiento para no creer a todo espíritu sino probar los espíritus para saber si son de Dios o no (1Jn 4:1). En 1Juan 4:3 Juan dice que todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios, sino que es anticristo. La gran mayoría de las revelaciones de las experiencias cercanas a la muerte son anticristo porque descuentan la necesidad de Cristo para la salvación. Son muy parecidos a las revelaciones por comunicaciones con “extraterrestres” y espiritistas – un fenómeno que también va en aumento en estos últimos tiempos.
De igual manera que necesitamos discernimiento acerca de revelaciones del cielo en las experiencias cercanas a la muerte, necesitamos también más discernimiento acerca de las supuestas revelaciones del infierno. Necesitamos examinarlos a la luz de la palabra. Muchas revelaciones engañosas quitan detalles esenciales de la palabra, pero las experiencias cercanas a la muerte usualmente tienden a añadir muchos más detalles de lo que se encuentra en las Escrituras.
He leído múltiples relatos de experiencias cercanas a la muerte donde describen el infierno y la tendencia que he observado con revelaciones del infierno es que dan detalles conflictivos; contienen detalles que no se encuentran en la Palabra o la contradicen, y hasta desafían toda lógica.
Jesús dijo que el fuego eonian fue preparado para el diablo y sus ángeles. La idea obvia expresada aquí es que ese lugar de castigo fue preparado para ellos y que ellos serán atormentados de igual manera que los hombres echados allí. Sin embargo, el testimonio típico del infierno lo describe como si el infierno fuera el dominio de satanás, y como si fueran sus ángeles y los demonios los que administraran tormentos, en vez de ser atormentados ellos mismos.
Muchos describen gusanos que comen los “cuerpos” de los atormentados. En el caso de los 7 jóvenes colombianos los gusanos eran gigantes, [iii] aunque los demás que mencionan gusanos, los describen como de tamaño normal. Estos testimonios, que incluyen descripciones de gusanos en el infierno, parecen influenciados por malas interpretaciones de textos que hablan de gusanos comiendo cadáveres:
“Y saldrán, y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca (no) morirá, ni su fuego se apagará, y serán abominables a todo hombre.” (Isa 66:24)
Este pasaje es un juicio declarado contra los que vienen contra el pueblo de Dios. No está describiendo los tormentos del infierno. Simplemente dice que los que salen de Jerusalén verán los cadáveres de sus enemigos siendo comidos por gusanos en el fuego, y el olor será repugnante para los que pasan por allí. Los traductores tradujeron “no” por “nunca,” igual como hicieron en Marcos 9, para dar la impresión de que dura por la eternidad. Los cadáveres son cuerpos muertos en estado de descomposición afuera de la ciudad de Jerusalén y no almas siendo atormentadas vivas en el infierno.
“Todos ellos darán voces, y te dirán: ¿Tú también te debilitaste como nosotros, y llegaste a ser como nosotros? 11 Descendió al Seol tu soberbia, y el sonido de tus arpas; gusanos serán tu cama, y gusanos te cubrirán.” (Isa 14:10-11)
Aquí, igual como en Isaías 66, está hablando de la descomposición de un cadáver, en esta instancia el del rey de Babilonia. Todos los que se asombraban de su poder y esplendor, se asombrarán al verlo en su muerte. En los versos 18 a 20 da más detalle diciendo:
“Todos los reyes de las naciones reposan con honor, cada uno en su tumba. 19 Pero a ti, el sepulcro te ha vomitado como a un vástago repugnante. Los que murieron a filo de espada, los que bajaron al fondo de la fosa, te han cubierto por completo. ¡Pareces un cadáver pisoteado! 20 No tendrás sepultura con los reyes…” (Isa 14:18-20 NVI)
Debe ser obvio que, lo descrito aquí no es el tormento del alma de Nabucodonosor en el infierno, sino su cadáver, junto con los cadáveres de otros que cayeron en batalla, siendo consumidos por gusanos. Habla de él como negado un entierro en su tumba real – algo muy importante para el legado de los reyes. Una muerte tan denigrante para un rey tan poderoso como Nabucodonosor ocasiona asombro para todos. Si era impactante para el mundo entero ver el final de dictadores famosos como Hitler, Saddam Hussein y Gadafi, cuánto más para el rey de la gran Babilonia.
Así que, los testimonios del infierno que describen las almas siendo comidas por gusanos no están basados en lo que las Escrituras realmente enseñan. Es más probable que fueron influenciados por prédicas del infierno que mal interpretaron estos versículos para describir los tormentos del infierno, y hasta algunos podrían ser revelaciones de espíritus engañadores quienes son muy hábiles en malinterpretar las Escrituras para su propia ventaja con el fin de trastornar nuestra imagen de Dios.
Hay un sitio web que relata visiones del infierno de varias religiones. [iv] En su página sobre el infierno cristiano presentan unas 30 visiones del infierno dentro del cristianismo desde 100 años antes de Cristo hasta el siglo XV. La creencia en un purgatorio fue promovida y adoptada por la Iglesia Católica en el siglo XI. Es interesante observar que las visiones, de allí en adelante, usualmente incluían una descripción, no solo del infierno sino también del purgatorio, aunque hoy en día, los protestantes al menos ya no mencionan el purgatorio en sus testimonios de visiones. Muchas de las experiencias reflejan las creencias de las personas en el momento de la visión. En la Época Oscura la mayoría de las experiencias cercanas a la muerte eran negativas de tortura, fuego y tinieblas. Hoy en día, en un tiempo en que ya no predican tanto sobre el infierno y condenación, la mayoría dicen que han visto la luz; que han sentido paz y amor.
Un testimonio que escuché era de una joven de una iglesia muy legalista que dijo que vio en su visión un lugar en el infierno reservado para las mujeres que tenían su pelo corto y se ponían pantalones en su vida terrenal y murieron sin arrepentirse de esos “pecados”. Sabiendo que muchas de las que tienen pelo largo también tienen “la lengua larga”, me preguntaba si no habría otro lugar más abajo para las chismosas y calumniadoras. Otros que asisten a iglesias que enseñaban que el diezmo es obligatorio aún bajo el Nuevo Pacto, testificaron que vieron personas nadando en una piscina de lava derretida en el infierno con placas en sus pechos que decían: “No Diezmaba”.
Son comunes los testimonios que dicen que el infierno tiene compartimentos para cada pecado – un lugar para los no diezmadores, otro para los fornicarios, otro lugar para los mentirosos etc., etc. Esto no tendría sentido, dado que todos caeríamos en varias categorías de pecados. El fornicario más probablemente no diezmaba tampoco, y es probable que mintiera y llevara pantalones y otros muchos pecados más. El juicio toma en cuenta todas nuestras obras – no solamente la más prominente de ellos.
Este concepto de categorías no viene de las Escrituras sino de otras religiones como hindúes y budistas y de escritores con imaginaciones mórbidas como Dante. Otra mujer que vendió muchos libros sobre su visión del infierno describió el infierno como un lago de fuego en la forma de un cuerpo humano del tamaño de un campo de futbol. Si el 90% de la humanidad, más satanás y sus ángeles están allí, parece que ocuparía un lugar más grande que un campo de futbol. Uno decía que no tenía ninguna memoria de Dios. En cambio, otros han dicho que lo que más atormentaba a los que estaban en el infierno fue que no podían dejar de pensar en Dios, pero a la vez sabían que no había forma de reconciliarse con Él.
Unos testimonios dando detalles del infierno han sido desenmascarados como engaño intencional para burlarse de la credulidad de los cristianos y otros eran inventados por “evangelistas” para tener más convertidos. Otros han ganado una fortuna vendiendo sus libros y videos sobre sus supuestas visiones.
Es digno notar que casi todos que han tenido experiencias negativas del infierno, al clamar pidiendo misericordia, fueron liberados y volvieron a la vida. Eso concuerda con el universalismo cristiano y con las Escrituras cuando dicen:
“Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira, y grande en misericordia. 9 Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.” (Sal 145:8-9)
“Porque el Señor no desecha para siempre; 32 Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; 33 Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
“Porque de cierto morimos, y somos como aguas derramadas por tierra, que no pueden volver a recogerse; ni Dios quita la vida, sino que provee medios para no alejar de sí al desterrado.” (2 Sam 14:14)
Bajo el efecto de alucinógenos cuando era joven tuve varias experiencias que eran infernales. Sin embargo, mirándolo bien ahora con más claridad, y con un mejor conocimiento de Dios, no atribuyo esas visiones a Dios sino al enemigo. No debemos derivar nuestras creencias acerca del infierno de visiones y experiencias cercanas a la muerte. Pablo dijo que aún si un ángel del cielo fuera proclamar otro evangelio distinto a las buenas nuevas de Jesucristo, que sea anatema (Gál 1:8). Tampoco debemos de basar nuestras convicciones en las imaginaciones de escritores como Dante, ni los hindúes o budistas sino solo de la palabra de Dios. Y aun así necesitamos aprender a distinguir entre lo que es literal y lo que es metafórico.
También tenemos necesidad de que nuestros ojos estén abiertos para ser “plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seamos llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef 3:18-19), y no llenos de pavor de un infierno eterno de fuego creado por la imaginación presentándonos un dios sádico y airado. El enemigo no solo es nuestro acusador delante de Dios, sino que también acusa a Dios delante de nosotros. Él hace todo lo posible para cegar a nuestros ojos para no ver las buenas nuevas del evangelio en toda su gloria. Muchos de los testimonios de las experiencias del infierno descuentan la obra salvífica de Cristo en la cruz y limitan el amor y la misericordia de Dios que duran para siempre.
Yo personalmente he llegado a la conclusión de que estos testimonios del infierno, en su mayor parte, no concuerdan con el testimonio de las Escrituras y no llevan buenos frutos. No existen ejemplos en las Escrituras de “evangelizar” a las almas perdidas bajo la amenaza del infierno, traumatizando a la gente con detalles gráficos de castigos interminables para motivarlos a aceptar a Cristo. La amenaza del infierno fue utilizada en la Época Oscura por la religión institucionalizada para mantener a la gente bajo su poder, pero eso no es lo que encontramos en la Iglesia primitiva. Jesús dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Juan 12:32). Piénselo, ¿Qué fue lo que te atrajo a Cristo – la amenaza del infierno o el amor de Dios en Cristo Jesús?
¿Qué es lo que nos transforma como cristianos a la imagen de Cristo? ¿El temor al infierno? Muchos ministros esclavizan al pueblo de Dios utilizando la amenaza del infierno como un látigo para hacer que trabajen más duro y diezman más. Pero, ¿Eso nos hace realmente más como Cristo? Llegamos a ser como Él solo a través de una relación persona a persona con Él - una relación basada en amor. La religión a base de temor a veces produce más obras, pero sólo una relación de amor produce los frutos de una vida transformada por Su presencia.
Para un artículo más específicamente relacionado con las supuestas visiones del infierno, consulte mi blog, ¿Son las Visiones Modernas del Infierno Obra de Dios?
[i] Kenneth Ring, Life at Death
[ii] John W. Price, Revealing Heaven – A Christian Case for Near-Death Experiences, Kindle format
[iii] www.youtube.com/watch?v=C3CwknAC8RI
[iv] http://www.hell-on-line.org
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Irn al Castigo Eterno
por George Sidney Hurd
Este artículo fue extraído de mi libro El Triunfo de la Misericordia.
“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.” (Mateo 25:46)
“Y estos irán a la disciplina eónica, y los justos a la vida eónica.” (Concordant Literal Translation)
El argumento que presentan los tradicionalistas es que, si el castigo no es eterno, entonces tampoco puede ser eterna la vida de los justos, dado que la misma palabra “eterno” es usado para ambos en el mismo versículo. Pero aionios no expresa en sí la “eternidad” en el Nuevo Testamento aún cuando refiere a la vida eterna. Esto es reconocido aún por muchos que sostienen la doctrina del castigo eterno. Ellicott´s Commentary on the Whole Bible dice lo siguiente de Mateo 25:46:
“Castigo eterno – vida eterna. Los dos adjetivos representan la misma palabra en el griego, aionios. Tiene que ser concedido que la palabra griega traducida “eterna” en sí, no significa “sin fin” sino duración, durando por una época o épocas, y que es aplicada en el Nuevo Testamento a períodos de tiempo que tienen tanto comienzo como final” (Rom 16:25).
Marvin Vincent, in Vincent’s New Testament Word Studies, dice lo siguiente acerca de la vida eónica y el castigo eónico en este versículo:
“Zooee aiónios ‘vida eterna,’ que ocurre 42 veces en el Nuevo Testamento, pero no en el LXX, no es vida sin fin, sino la vida que pertenece a cierta época o eón, o continúa durante ese eón. Repito, puede que la vida sea sin fin. La vida en unión con Cristo es interminable, pero esa realidad no es expresada por aionios.
Kolasis aiónios, traducido ‘castigo eterno’ (Mat 25:46), es el castigo perteneciente a una época distinta a la época en que está hablando Jesús.” [1]
Además, la duración del adjetivo aiónios en cada instancia depende del sustantivo que lo acompaña y no en su proximidad con otro adjetivo igual. Si fuéramos a decir “el eónico Dios hizo las eónicas colinas,” no queremos decir con eso que las colinas tienen la misma duración que Dios, como tampoco entenderíamos con la frase “mis piernas largas se van a incomodar en este largo viaje”, como diciendo que las piernas son del mismo largo que el viaje. Aparte de Mateo 25:46, tenemos otro ejemplo más en las Escrituras donde aionios aparece dos veces en el mismo versículo, y sin embargo la duración en cada instancia es diferente:
“en la esperanza de la vida eterna (aionios), la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos (pro chronon aionion – “antes de los tiempos eónicos”).” (Tito 1:2)
En este caso la Reina Valera ocultó la segunda ocurrencia de aionios, traduciéndola “siglos,” pero es aiónios en ambas instancias. La traducción literal de “Concordant Literal Translation da la traducción correcta:
“en esperanza de la vida eónica, que Dios, que no miente, prometió antes de los tiempos eónicos.” (Tito 1:2 CLT)
En primer lugar, sabemos que “los tiempos” son medidas de tiempo creadas por Dios y no tiene relación con la eternidad. La eternidad no tiene “tiempos,” sino que ellos fueron creados en la eternidad. Antes de la creación de la tierra no había días. Antes de la luna no había meses. Antes del sol y las estrellas no había años. La eternidad no tiene tiempos y épocas. Fueron las épocas que Dios creó:
“en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (las épocas “aionos”).” (Heb 1:2)
En segundo lugar, no tiene sentido decir que Dios prometió vida eónica antes de la eternidad porque la eternidad no tiene comienzo ni fin. Pero sí tiene sentido decir que Él la prometió antes de las épocas. Entonces, en la primera instancia en el versículo, “vida eónica” refiere a la vida de las épocas futuras, mientras que la segunda instancia “antes de los tiempos eónicos” refiere a todas las épocas pasadas desde el comienzo del tiempo. Aionios no habla de la misma duración en ambas ocurrencias (ni tampoco del mismo período del tiempo). Entonces el argumento que el castigo eónico tiene que tener la misma duración porque aparece en el mismo versículo no es válido.
Aunque sabemos que los justos recibirán inmortalidad en la resurrección, zoe aionios (traducido “vida eterna”) solo significa “vida eónica” o “vida era duradera”. Vida “eterna” es expresada con las palabras “inmortalidad”, “incorruptible” o “por el eón y más allá” como ya vimos en Daniel 12:2,3:
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (olam), y otros para vergüenza y confusión perpetua (olam). 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (olam a-ad - “por el eón y más allá”).”
Una traducción literal expresa mejor el sentido del texto:
“Y la multitud de los durmiendo en el polvo de la tierra se despertarán, algunos a la vida eónica, y algunos a detestación y vergüenza eónica. 3. Y los entendidos resplandecerán como el firmamento, como las estrellas por el eón y más allá.” (PLT)
Daniel 12:2,3 nos muestra que los justos gozarán de vida eónica y más allá y no solo vida eónica, como en el caso de la vergüenza eónica de los injustos. Lo mismo podemos decir de Mateo 25:46.
También podemos ver que el castigo no es eterno, tomando en cuenta el significado de la palabra “castigo”. La palabra griega kolasis significa “castigo correctivo” en contraste con timoreo que normalmente expresa “castigo vengativo o tortura.” El erudito griego, William Barclay, en su comentario Bíblico, El Estudio Diario Bíblico y palabras del Nuevo Testamento, señaló:
“La palabra griega para castigo aquí [Mt 25:46] es kolasis, que no fue originalmente una palabra ética en lo absoluto. En un principio significó la poda de los árboles para hacerlos crecer mejor. Creo que sería correcto decir que en toda la literatura griega secular, kolasis nunca se usa para castigo que no sea correctivo.” [2]
Thomas Talbott, profesor de filosofía en la Universidad de Willamette en Oregon y autor de “The Inescapable Love of God”, explicó:
“Según Aristóteles, hay una diferencia entre venganza y castigo; la segunda (kolasis) se inflige en el interés de la víctima, la primera (timoria) en interés de quien lo inflige, para que pueda obtener satisfacción. Platón también hizo una referencia al sentido establecido de kolasis como apoyo a su teoría de que la virtud puede ser enseñada: “Porque si se considera al castigo (kolasis)...y el control que tiene sobre los malhechores, los hechos le informarán a usted que los hombres están de acuerdo en considerar la virtud como adquirida.” Aun cuando el castigo pueda parecer duro e implacable, más como venganza que castigo paternal, ello no excluye un propósito correctivo. Revise los castigos que establece Pablo en I Corintios 5:5. Uno nunca podría haber imaginado que, en la prescripción de un castigo, - entregar un hombre a Satanás para destrucción de la carne, - Pablo tendría en mente un propósito correctivo, de no haber declarado explícitamente Pablo mismo dicho propósito (“que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”). Así como este texto ilustra, aun un duro castigo de tipo aparentemente retributivo puede, de hecho, servir un propósito redentor.” [3]
La mayoría de los fariseos creían en el castigo eterno, igual como la Iglesia tradicional de hoy. Pero ellos no usaban la frase “kolasis aionios” (corrección eónica) que usó Jesús. Para expresar castigo vengativo que dura para siempre ellos usaban las frases “aidíos temoría” (tortura eterna), “eirgmos aidíos” (prisiones eternas) y “timorion adialeipton” (tortura sin fin). El historiador judío Josefo (37-100 d.C.), dice de los fariseos: “Ellos creen que los espíritus malos son guardados en prisiones eternas (eirgmon aidíon). Los fariseos dicen que todas las almas son incorruptibles, pero mientras las almas de los buenos hombres son llevadas a otros cuerpos, las almas de los hombres malos son sujetos al castigo eterno (aidíos temoría).” En otra parte dice que los Esenios “…designan a las almas malas a un lugar oscuro y tempestuoso, lleno de tortura sin fin (timoría adialeipton), donde sufren una tortura inmortal (athanaton timorion).” Josefo siempre utiliza aidíon (eterno) y athonaton (inmortal) y timoría para castigo eterno. En la Biblia nunca usan la palabra “eterna” ni “inmortal” en referencia a la duración del castigo de los impíos. Cuando Jesús habló del castigo de los impíos, decía “corrección eónica” (kolasis aionios) - términos usados por Josefo y los fariseos para referirse a castigos temporales y correccionales, y evitaba los términos que ellos utilizaban para describir su doctrina del castigo eterno. Él siempre hablaba de un castigo correctivo con un fin positivo. [4]
El gran erudito arzobispo Trench en Trench's New Testament Synonyms (Sinónimos del Nuevo Testamento) también explica la diferencia entre el castigo vindicativo, timoria, y el castigo correctivo, kolasis:
“Castigo: timoria, kolasis
Timoria…. El uso clásico de timoria enfatiza el carácter vindicativo del castigo. Era un castigo que satisfacía el sentido de la justicia del que lo inflige en defensa de su propio honor o el honor de la ley que fue violada….
Kolasis refiere a un castigo que tiene como propósito corregir y mejorar al ofensor. Por ese motivo Platón utiliza kolaseis y noutheteseis juntos. Varias veces en un pasaje de las Protágoras, Platón utiliza las dos palabras de una manera que ilustra esta distinción que estamos presentando.” [5]
Esto explica porque los padres primitivos de la Iglesia, que hablaban en el griego, entendían la referencia de kolasis aionios de Jesús como si se refiriera al castigo correctivo de una duración limitada y no a un castigo eterno. Clemente de Alejandría 150 d.C. a 215 d.C. dice lo siguiente del castigo de los impíos:
“Pero Dios no castiga porque el castigo es retaliación por el mal. Sin embargo, Él disciplina para el bien de los que están corregidos, colectiva e individuamente.” [6]
“El castigo es, en su operación, como medicina; ablanda el corazón duro, purga la escoria de la inmundicia, y desinfla el orgullo de los altivos; restaurando así a su sujeto a un estado sano y saludable.” [7]
“Los castigos de Dios son salvíficos y disciplinarios, llevando a la conversión… y especialmente dado que las almas, aunque entenebrecidas por pasiones, cuando son una vez sueltas de sus cuerpos, son capaces de percibir más claramente porque ya no están obstruidos por la carne inmunda.” [8]
Aun cuando kolasis se encuentra en contextos que aparentan ser puramente vindicativos y penales, uno necesita tener en cuenta que el sentido raíz de la palabra kolasis es corrección. En los juicios de cualquier sociedad justa las penas no son puramente vindicativas, sino también correccionales en naturaleza. Mientras que los condenados a servir una pena en los penitenciarios, instituciones correccionales o reformatorios están siendo castigados por sus crimines, el objetivo principal es reformar al ofensor – a producir penitencia y corrección para poder finalmente restaurar al ofensor a la sociedad. Aunque dictaduras han existido que administran castigos vindicativos sin motivos reformatorios, son correctamente consideradas primitivas, bárbaras e injustas por cualquier sociedad civilizada.
¡Cuánto más podemos decir de los juicios de Dios que son buenos! (Sal 119:39). Aun las mejores instituciones correccionales a menudo no logran reformar a algunos de los individuos más obstinados. Pero, al contrario de la doctrina tradicional de la reprobación eterna para la mayoría, los juicios de Dios a fin de cuentas restaurarán aún los rebeldes más obstinados:
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3-4)
Contrario a lo que los tradicionalistas dicen, cada ejemplo bíblico de los juicios de Dios es para corrección y termina en restauración. Fuego, ira y desolaciones perpetuas son declarados contra Israel y Judá, solo para ser seguidos por declaraciones de su restauración final (Jer 25:9, cf. Jer 29:10; Ezeq 22:17-23,31 cf. Ezeq 36:24-26; Jer 30). Esto no solamente es el caso con los elegidos de Dios, sino que vemos el mismo patrón de juicios seguidos por restauración con las naciones de la tierra. De Jeremías 45 hasta 51 vemos destrucción aparentemente irremediable declarada contra naciones como Egipto, Moab, Amón, Edom y Elam, seguida por promesas de restauración (cf. Isa 19:22). Las mismas naciones que se juntan contra Cristo en Su venida andarán a la luz de la Nueva Jerusalén en la nueva tierra después del juicio del Gran Trono Blanco (Apo 21:24-26). Si incluso Sodoma y los que eran desobedientes en los días de Noé serán finalmente restaurados, ¿cómo podemos seguir insistiendo que el juicio de las naciones y el juicio del Gran Trono Blanco no resultarán en la restauración final de todas las cosas? (Ezeq 16:53-54; 1Pedro 3:19-20; 4:6).
Todas las naciones que hiciste vendrán
y adorarán delante de ti, Señor,
Y glorificarán tu nombre.
(Salmo 86:9)
Si el castigo de Dios fuera puramente vengativo, para Su propio beneficio y placer, entonces uno podría argumentar que el castigo podría durar eternamente, aunque venganza eterna sería injusta, excesiva y contraria a la naturaleza del Dios de amor. Pero viendo que la palabra que Jesús utiliza es “corrección” (kolasis), es evidente que no podría durar para siempre. Un castigo con el fin de corregir solo dura hasta que haya cumplido su fin – la corrección del ofensor. Una vez corregida, la corrección eónica termina. Puede durar un tiempo muy largo o un tiempo corto dependiendo del tiempo necesario para lograr su fin (en el caso de Jonás el castigo duró por un eón de solo tres días). La justicia siempre suspende el castigo cuando el propósito de la corrección sea cumplido. De acuerdo con el sentido de la palabra kolasis, vemos que el castigo en las Escrituras siempre es un castigo medido de acuerdo a las obras de cada uno. Aún en el lago de fuego escatológico cada uno recibe su parte:
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte (meros) en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
La expresión “su parte” no corresponde con un castigo infinito. Una parte es una medida. El hijo pródigo le dijo a su padre: “Padre, dame la parte (meros) de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes” (Lucas 15:12). Es la misma palabra griega meros en cada instancia y refiere a la porción que le corresponda o lo merecido. Su parte era limitada a lo que le correspondía – nada más y nada menos. Dice del mal siervo: “vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, 51 y lo castigará duramente, y pondrá su parte (meros) con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:50-51).
Hay otra frase utilizada en las Escrituras del castigo que también pone límite a la duración del castigo. “De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante” (Mateo 5:26). En el contexto de esta parábola Jesús está hablando del “infierno (Gehena) de fuego” (v.22), y dice que uno no saldrá de allí hasta que. Un castigo no puede ser “para siempre” y a la vez “hasta que”, pero sí puede ser un castigo eónico. Para siempre no tiene límite, pero una época durará “hasta que” el propósito de la época haya sido cumplido – sea por tres días o un milenio. Otro ejemplo encontramos en Mateo 18:34,35:
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”
Si no perdonamos a los demás sus deudas contra nosotros, entonces nuestro Padre tampoco nos perdonará, pero no “eternamente” sino “hasta que”. Tampoco es casualidad que Jesús aquí refiere a Dios como Padre. También en el Padre Nuestro vemos que el perdón es paternal y no judicial (Mateo 6:14-15). ¿Qué padre entre nosotros seguiría castigando más allá de lo necesario para la corrección de su hijo? ¿No dijo Jesús que somos malos padres a comparación de nuestro Padre en los cielos? La Iglesia tradicional ha llegado a tal punto que presenta a nuestro Dios Padre como infinitamente más cruel que el peor de los padres terrenales. En cambio, Jesús dijo que todo pecado le será perdonado al hombre (Mt 12:31). También vemos en las Escrituras que Su ira no es eterna sino “hasta que”:
“No se apartará la ira del SEÑOR hasta que haya realizado y llevado a cabo los propósitos de Su corazón. En los postreros días lo entenderán claramente…” (Jer 23:20 NBLH)
En otra ocasión Jesús dejó en claro que la corrección solo dura lo que sea necesario. Se encuentra en Mateo 21:31:
“…Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.”
Aquí Jesús presenta dos clases de pecadores; 1) los que reconocían que eran pecadores (publicanos y rameras) y 2) pecadores que pensaron que eran santos (religiosos). Muchos dirían que ninguno de las dos categorías de personas entraría en el reino de Cristo, pero Jesús dijo que ambos grupos van; solo que los del primer grupo van delante porque son más propensos a arrepentirse y recibir a Jesús. Sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14), pero la corrección solo durará hasta que uno llegue al arrepentimiento, fe y santificación.
Volviendo a nuestra consideración de Mateo 25:46 es importante entender que no está refiriéndose al Gran Trono Blanco mencionado en Apocalipsis 20, que sucede al final del milenio, sino que está hablando de una separación de los de las naciones que estarán vivos en el momento de la Segunda Venida de Cristo cuando Él comience a reinar sobre la tierra:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31-34)
Aquí vemos que los que tratan bien a los hermanos de Jesús son las ovejas a quienes será concedida la entrada al reino de Cristo, mientras que los que no tratan bien a Sus hermanos son los cabritos que no entrarán vivos en el reino, sino que irán al fuego y corrección eónica. No está hablando de salvación eterna, sino que está hablando de la separación al fin de esta época. La entrada no se basa en fe en Cristo, como es con la salvación eterna, sino que depende de su trato de los hermanos de Jesús. Y, ¿quiénes son los hermanos de Jesús? Muchos piensan que son los judíos. Sin descontar la posibilidad que incluya a los judíos de la gran tribulación, [9] vemos que los que son realmente llamados hermanos de Jesús son los de la Iglesia, hechos a la imagen de Jesús:
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Rom 8:29, cf. Heb 2:11)
Los “hermanos” de Jesús son los de la nueva creación – Cristo siendo el primogénito entre ellos. Llegamos a ser Sus hermanos y entramos al reino de los cielos por medio del nuevo nacimiento, y no por nuestro trato de Sus hermanos. Este pasaje solo está hablando de la separación de las gentes de las naciones que estarán vivos en el tiempo de la Segunda Venida; no son hermanos de Cristo que ya han nacido de nuevo por fe, sino que son las gentes de las naciones a quienes será otorgada la entrada al reino de Cristo o excluidos basado en su trato de los creyentes. Mateo 24 y 25 son una respuesta a la pregunta de los discípulos cuando preguntaron acerca del fin de la época (Mt. 24:3). Jesús está hablando específicamente de una separación de los que están vivos después de la gran tribulación cuando viene Cristo (Mt 24:29, cf. 25:31). Tampoco dice que serán transformados en ese momento con cuerpos inmortales; simplemente dice que entrarán en el reino de Cristo - la vida eónica o “la vida de la época”. Juan 3:36 dice que los que hemos creído en Jesús ya tenemos vida eterna en esta época presente por haber creído en Él. En 1Juan 5 dice:
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1Juan 5:11-12)
Nosotros que hemos creído no tenemos que esperar hasta que Cristo venga para saber si vamos a entrar en vida eónica o no, porque ya tenemos vida eónica. Ya no somos de las naciones, sino que somos la Iglesia de los primogénitos, los hermanos de Jesús.
[1] Vincent's Word Studies in the New Testament - Additional note on aion and aionios in 2Thessalonians 1:9
[2] William Barclay, The Daily Study Bible and New Testament Words
[3] Gerry Beauchemin, Hope Beyond Hell
[4] Hanson, J.W. (2014-09-16). Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First 500 Years (Kindle Location 585). . Kindle Edition.
[5] Trench's New Testament Synonyms: Punishment
[6] Ante-Nicene Fathers, Volume 2, Chapter 16
[7] Clemente de Alejandría, Paedagogus 1.8 as cited in Thayors Léxicon.
[8] Clemente de Alejandría, Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First Five Hundred Years. p. 117
[9] vea libro del autor “Enfocando en Los Eventos Finales”
Este artículo fue extraído de mi libro El Triunfo de la Misericordia.
“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.” (Mateo 25:46)
“Y estos irán a la disciplina eónica, y los justos a la vida eónica.” (Concordant Literal Translation)
El argumento que presentan los tradicionalistas es que, si el castigo no es eterno, entonces tampoco puede ser eterna la vida de los justos, dado que la misma palabra “eterno” es usado para ambos en el mismo versículo. Pero aionios no expresa en sí la “eternidad” en el Nuevo Testamento aún cuando refiere a la vida eterna. Esto es reconocido aún por muchos que sostienen la doctrina del castigo eterno. Ellicott´s Commentary on the Whole Bible dice lo siguiente de Mateo 25:46:
“Castigo eterno – vida eterna. Los dos adjetivos representan la misma palabra en el griego, aionios. Tiene que ser concedido que la palabra griega traducida “eterna” en sí, no significa “sin fin” sino duración, durando por una época o épocas, y que es aplicada en el Nuevo Testamento a períodos de tiempo que tienen tanto comienzo como final” (Rom 16:25).
Marvin Vincent, in Vincent’s New Testament Word Studies, dice lo siguiente acerca de la vida eónica y el castigo eónico en este versículo:
“Zooee aiónios ‘vida eterna,’ que ocurre 42 veces en el Nuevo Testamento, pero no en el LXX, no es vida sin fin, sino la vida que pertenece a cierta época o eón, o continúa durante ese eón. Repito, puede que la vida sea sin fin. La vida en unión con Cristo es interminable, pero esa realidad no es expresada por aionios.
Kolasis aiónios, traducido ‘castigo eterno’ (Mat 25:46), es el castigo perteneciente a una época distinta a la época en que está hablando Jesús.” [1]
Además, la duración del adjetivo aiónios en cada instancia depende del sustantivo que lo acompaña y no en su proximidad con otro adjetivo igual. Si fuéramos a decir “el eónico Dios hizo las eónicas colinas,” no queremos decir con eso que las colinas tienen la misma duración que Dios, como tampoco entenderíamos con la frase “mis piernas largas se van a incomodar en este largo viaje”, como diciendo que las piernas son del mismo largo que el viaje. Aparte de Mateo 25:46, tenemos otro ejemplo más en las Escrituras donde aionios aparece dos veces en el mismo versículo, y sin embargo la duración en cada instancia es diferente:
“en la esperanza de la vida eterna (aionios), la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos (pro chronon aionion – “antes de los tiempos eónicos”).” (Tito 1:2)
En este caso la Reina Valera ocultó la segunda ocurrencia de aionios, traduciéndola “siglos,” pero es aiónios en ambas instancias. La traducción literal de “Concordant Literal Translation da la traducción correcta:
“en esperanza de la vida eónica, que Dios, que no miente, prometió antes de los tiempos eónicos.” (Tito 1:2 CLT)
En primer lugar, sabemos que “los tiempos” son medidas de tiempo creadas por Dios y no tiene relación con la eternidad. La eternidad no tiene “tiempos,” sino que ellos fueron creados en la eternidad. Antes de la creación de la tierra no había días. Antes de la luna no había meses. Antes del sol y las estrellas no había años. La eternidad no tiene tiempos y épocas. Fueron las épocas que Dios creó:
“en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (las épocas “aionos”).” (Heb 1:2)
En segundo lugar, no tiene sentido decir que Dios prometió vida eónica antes de la eternidad porque la eternidad no tiene comienzo ni fin. Pero sí tiene sentido decir que Él la prometió antes de las épocas. Entonces, en la primera instancia en el versículo, “vida eónica” refiere a la vida de las épocas futuras, mientras que la segunda instancia “antes de los tiempos eónicos” refiere a todas las épocas pasadas desde el comienzo del tiempo. Aionios no habla de la misma duración en ambas ocurrencias (ni tampoco del mismo período del tiempo). Entonces el argumento que el castigo eónico tiene que tener la misma duración porque aparece en el mismo versículo no es válido.
Aunque sabemos que los justos recibirán inmortalidad en la resurrección, zoe aionios (traducido “vida eterna”) solo significa “vida eónica” o “vida era duradera”. Vida “eterna” es expresada con las palabras “inmortalidad”, “incorruptible” o “por el eón y más allá” como ya vimos en Daniel 12:2,3:
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna (olam), y otros para vergüenza y confusión perpetua (olam). 3 Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad (olam a-ad - “por el eón y más allá”).”
Una traducción literal expresa mejor el sentido del texto:
“Y la multitud de los durmiendo en el polvo de la tierra se despertarán, algunos a la vida eónica, y algunos a detestación y vergüenza eónica. 3. Y los entendidos resplandecerán como el firmamento, como las estrellas por el eón y más allá.” (PLT)
Daniel 12:2,3 nos muestra que los justos gozarán de vida eónica y más allá y no solo vida eónica, como en el caso de la vergüenza eónica de los injustos. Lo mismo podemos decir de Mateo 25:46.
También podemos ver que el castigo no es eterno, tomando en cuenta el significado de la palabra “castigo”. La palabra griega kolasis significa “castigo correctivo” en contraste con timoreo que normalmente expresa “castigo vengativo o tortura.” El erudito griego, William Barclay, en su comentario Bíblico, El Estudio Diario Bíblico y palabras del Nuevo Testamento, señaló:
“La palabra griega para castigo aquí [Mt 25:46] es kolasis, que no fue originalmente una palabra ética en lo absoluto. En un principio significó la poda de los árboles para hacerlos crecer mejor. Creo que sería correcto decir que en toda la literatura griega secular, kolasis nunca se usa para castigo que no sea correctivo.” [2]
Thomas Talbott, profesor de filosofía en la Universidad de Willamette en Oregon y autor de “The Inescapable Love of God”, explicó:
“Según Aristóteles, hay una diferencia entre venganza y castigo; la segunda (kolasis) se inflige en el interés de la víctima, la primera (timoria) en interés de quien lo inflige, para que pueda obtener satisfacción. Platón también hizo una referencia al sentido establecido de kolasis como apoyo a su teoría de que la virtud puede ser enseñada: “Porque si se considera al castigo (kolasis)...y el control que tiene sobre los malhechores, los hechos le informarán a usted que los hombres están de acuerdo en considerar la virtud como adquirida.” Aun cuando el castigo pueda parecer duro e implacable, más como venganza que castigo paternal, ello no excluye un propósito correctivo. Revise los castigos que establece Pablo en I Corintios 5:5. Uno nunca podría haber imaginado que, en la prescripción de un castigo, - entregar un hombre a Satanás para destrucción de la carne, - Pablo tendría en mente un propósito correctivo, de no haber declarado explícitamente Pablo mismo dicho propósito (“que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús”). Así como este texto ilustra, aun un duro castigo de tipo aparentemente retributivo puede, de hecho, servir un propósito redentor.” [3]
La mayoría de los fariseos creían en el castigo eterno, igual como la Iglesia tradicional de hoy. Pero ellos no usaban la frase “kolasis aionios” (corrección eónica) que usó Jesús. Para expresar castigo vengativo que dura para siempre ellos usaban las frases “aidíos temoría” (tortura eterna), “eirgmos aidíos” (prisiones eternas) y “timorion adialeipton” (tortura sin fin). El historiador judío Josefo (37-100 d.C.), dice de los fariseos: “Ellos creen que los espíritus malos son guardados en prisiones eternas (eirgmon aidíon). Los fariseos dicen que todas las almas son incorruptibles, pero mientras las almas de los buenos hombres son llevadas a otros cuerpos, las almas de los hombres malos son sujetos al castigo eterno (aidíos temoría).” En otra parte dice que los Esenios “…designan a las almas malas a un lugar oscuro y tempestuoso, lleno de tortura sin fin (timoría adialeipton), donde sufren una tortura inmortal (athanaton timorion).” Josefo siempre utiliza aidíon (eterno) y athonaton (inmortal) y timoría para castigo eterno. En la Biblia nunca usan la palabra “eterna” ni “inmortal” en referencia a la duración del castigo de los impíos. Cuando Jesús habló del castigo de los impíos, decía “corrección eónica” (kolasis aionios) - términos usados por Josefo y los fariseos para referirse a castigos temporales y correccionales, y evitaba los términos que ellos utilizaban para describir su doctrina del castigo eterno. Él siempre hablaba de un castigo correctivo con un fin positivo. [4]
El gran erudito arzobispo Trench en Trench's New Testament Synonyms (Sinónimos del Nuevo Testamento) también explica la diferencia entre el castigo vindicativo, timoria, y el castigo correctivo, kolasis:
“Castigo: timoria, kolasis
Timoria…. El uso clásico de timoria enfatiza el carácter vindicativo del castigo. Era un castigo que satisfacía el sentido de la justicia del que lo inflige en defensa de su propio honor o el honor de la ley que fue violada….
Kolasis refiere a un castigo que tiene como propósito corregir y mejorar al ofensor. Por ese motivo Platón utiliza kolaseis y noutheteseis juntos. Varias veces en un pasaje de las Protágoras, Platón utiliza las dos palabras de una manera que ilustra esta distinción que estamos presentando.” [5]
Esto explica porque los padres primitivos de la Iglesia, que hablaban en el griego, entendían la referencia de kolasis aionios de Jesús como si se refiriera al castigo correctivo de una duración limitada y no a un castigo eterno. Clemente de Alejandría 150 d.C. a 215 d.C. dice lo siguiente del castigo de los impíos:
“Pero Dios no castiga porque el castigo es retaliación por el mal. Sin embargo, Él disciplina para el bien de los que están corregidos, colectiva e individuamente.” [6]
“El castigo es, en su operación, como medicina; ablanda el corazón duro, purga la escoria de la inmundicia, y desinfla el orgullo de los altivos; restaurando así a su sujeto a un estado sano y saludable.” [7]
“Los castigos de Dios son salvíficos y disciplinarios, llevando a la conversión… y especialmente dado que las almas, aunque entenebrecidas por pasiones, cuando son una vez sueltas de sus cuerpos, son capaces de percibir más claramente porque ya no están obstruidos por la carne inmunda.” [8]
Aun cuando kolasis se encuentra en contextos que aparentan ser puramente vindicativos y penales, uno necesita tener en cuenta que el sentido raíz de la palabra kolasis es corrección. En los juicios de cualquier sociedad justa las penas no son puramente vindicativas, sino también correccionales en naturaleza. Mientras que los condenados a servir una pena en los penitenciarios, instituciones correccionales o reformatorios están siendo castigados por sus crimines, el objetivo principal es reformar al ofensor – a producir penitencia y corrección para poder finalmente restaurar al ofensor a la sociedad. Aunque dictaduras han existido que administran castigos vindicativos sin motivos reformatorios, son correctamente consideradas primitivas, bárbaras e injustas por cualquier sociedad civilizada.
¡Cuánto más podemos decir de los juicios de Dios que son buenos! (Sal 119:39). Aun las mejores instituciones correccionales a menudo no logran reformar a algunos de los individuos más obstinados. Pero, al contrario de la doctrina tradicional de la reprobación eterna para la mayoría, los juicios de Dios a fin de cuentas restaurarán aún los rebeldes más obstinados:
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3-4)
Contrario a lo que los tradicionalistas dicen, cada ejemplo bíblico de los juicios de Dios es para corrección y termina en restauración. Fuego, ira y desolaciones perpetuas son declarados contra Israel y Judá, solo para ser seguidos por declaraciones de su restauración final (Jer 25:9, cf. Jer 29:10; Ezeq 22:17-23,31 cf. Ezeq 36:24-26; Jer 30). Esto no solamente es el caso con los elegidos de Dios, sino que vemos el mismo patrón de juicios seguidos por restauración con las naciones de la tierra. De Jeremías 45 hasta 51 vemos destrucción aparentemente irremediable declarada contra naciones como Egipto, Moab, Amón, Edom y Elam, seguida por promesas de restauración (cf. Isa 19:22). Las mismas naciones que se juntan contra Cristo en Su venida andarán a la luz de la Nueva Jerusalén en la nueva tierra después del juicio del Gran Trono Blanco (Apo 21:24-26). Si incluso Sodoma y los que eran desobedientes en los días de Noé serán finalmente restaurados, ¿cómo podemos seguir insistiendo que el juicio de las naciones y el juicio del Gran Trono Blanco no resultarán en la restauración final de todas las cosas? (Ezeq 16:53-54; 1Pedro 3:19-20; 4:6).
Todas las naciones que hiciste vendrán
y adorarán delante de ti, Señor,
Y glorificarán tu nombre.
(Salmo 86:9)
Si el castigo de Dios fuera puramente vengativo, para Su propio beneficio y placer, entonces uno podría argumentar que el castigo podría durar eternamente, aunque venganza eterna sería injusta, excesiva y contraria a la naturaleza del Dios de amor. Pero viendo que la palabra que Jesús utiliza es “corrección” (kolasis), es evidente que no podría durar para siempre. Un castigo con el fin de corregir solo dura hasta que haya cumplido su fin – la corrección del ofensor. Una vez corregida, la corrección eónica termina. Puede durar un tiempo muy largo o un tiempo corto dependiendo del tiempo necesario para lograr su fin (en el caso de Jonás el castigo duró por un eón de solo tres días). La justicia siempre suspende el castigo cuando el propósito de la corrección sea cumplido. De acuerdo con el sentido de la palabra kolasis, vemos que el castigo en las Escrituras siempre es un castigo medido de acuerdo a las obras de cada uno. Aún en el lago de fuego escatológico cada uno recibe su parte:
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte (meros) en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
La expresión “su parte” no corresponde con un castigo infinito. Una parte es una medida. El hijo pródigo le dijo a su padre: “Padre, dame la parte (meros) de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes” (Lucas 15:12). Es la misma palabra griega meros en cada instancia y refiere a la porción que le corresponda o lo merecido. Su parte era limitada a lo que le correspondía – nada más y nada menos. Dice del mal siervo: “vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, 51 y lo castigará duramente, y pondrá su parte (meros) con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:50-51).
Hay otra frase utilizada en las Escrituras del castigo que también pone límite a la duración del castigo. “De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante” (Mateo 5:26). En el contexto de esta parábola Jesús está hablando del “infierno (Gehena) de fuego” (v.22), y dice que uno no saldrá de allí hasta que. Un castigo no puede ser “para siempre” y a la vez “hasta que”, pero sí puede ser un castigo eónico. Para siempre no tiene límite, pero una época durará “hasta que” el propósito de la época haya sido cumplido – sea por tres días o un milenio. Otro ejemplo encontramos en Mateo 18:34,35:
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”
Si no perdonamos a los demás sus deudas contra nosotros, entonces nuestro Padre tampoco nos perdonará, pero no “eternamente” sino “hasta que”. Tampoco es casualidad que Jesús aquí refiere a Dios como Padre. También en el Padre Nuestro vemos que el perdón es paternal y no judicial (Mateo 6:14-15). ¿Qué padre entre nosotros seguiría castigando más allá de lo necesario para la corrección de su hijo? ¿No dijo Jesús que somos malos padres a comparación de nuestro Padre en los cielos? La Iglesia tradicional ha llegado a tal punto que presenta a nuestro Dios Padre como infinitamente más cruel que el peor de los padres terrenales. En cambio, Jesús dijo que todo pecado le será perdonado al hombre (Mt 12:31). También vemos en las Escrituras que Su ira no es eterna sino “hasta que”:
“No se apartará la ira del SEÑOR hasta que haya realizado y llevado a cabo los propósitos de Su corazón. En los postreros días lo entenderán claramente…” (Jer 23:20 NBLH)
En otra ocasión Jesús dejó en claro que la corrección solo dura lo que sea necesario. Se encuentra en Mateo 21:31:
“…Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.”
Aquí Jesús presenta dos clases de pecadores; 1) los que reconocían que eran pecadores (publicanos y rameras) y 2) pecadores que pensaron que eran santos (religiosos). Muchos dirían que ninguno de las dos categorías de personas entraría en el reino de Cristo, pero Jesús dijo que ambos grupos van; solo que los del primer grupo van delante porque son más propensos a arrepentirse y recibir a Jesús. Sin la santidad nadie verá al Señor (Heb 12:14), pero la corrección solo durará hasta que uno llegue al arrepentimiento, fe y santificación.
Volviendo a nuestra consideración de Mateo 25:46 es importante entender que no está refiriéndose al Gran Trono Blanco mencionado en Apocalipsis 20, que sucede al final del milenio, sino que está hablando de una separación de los de las naciones que estarán vivos en el momento de la Segunda Venida de Cristo cuando Él comience a reinar sobre la tierra:
“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 33 Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. 34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31-34)
Aquí vemos que los que tratan bien a los hermanos de Jesús son las ovejas a quienes será concedida la entrada al reino de Cristo, mientras que los que no tratan bien a Sus hermanos son los cabritos que no entrarán vivos en el reino, sino que irán al fuego y corrección eónica. No está hablando de salvación eterna, sino que está hablando de la separación al fin de esta época. La entrada no se basa en fe en Cristo, como es con la salvación eterna, sino que depende de su trato de los hermanos de Jesús. Y, ¿quiénes son los hermanos de Jesús? Muchos piensan que son los judíos. Sin descontar la posibilidad que incluya a los judíos de la gran tribulación, [9] vemos que los que son realmente llamados hermanos de Jesús son los de la Iglesia, hechos a la imagen de Jesús:
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Rom 8:29, cf. Heb 2:11)
Los “hermanos” de Jesús son los de la nueva creación – Cristo siendo el primogénito entre ellos. Llegamos a ser Sus hermanos y entramos al reino de los cielos por medio del nuevo nacimiento, y no por nuestro trato de Sus hermanos. Este pasaje solo está hablando de la separación de las gentes de las naciones que estarán vivos en el tiempo de la Segunda Venida; no son hermanos de Cristo que ya han nacido de nuevo por fe, sino que son las gentes de las naciones a quienes será otorgada la entrada al reino de Cristo o excluidos basado en su trato de los creyentes. Mateo 24 y 25 son una respuesta a la pregunta de los discípulos cuando preguntaron acerca del fin de la época (Mt. 24:3). Jesús está hablando específicamente de una separación de los que están vivos después de la gran tribulación cuando viene Cristo (Mt 24:29, cf. 25:31). Tampoco dice que serán transformados en ese momento con cuerpos inmortales; simplemente dice que entrarán en el reino de Cristo - la vida eónica o “la vida de la época”. Juan 3:36 dice que los que hemos creído en Jesús ya tenemos vida eterna en esta época presente por haber creído en Él. En 1Juan 5 dice:
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1Juan 5:11-12)
Nosotros que hemos creído no tenemos que esperar hasta que Cristo venga para saber si vamos a entrar en vida eónica o no, porque ya tenemos vida eónica. Ya no somos de las naciones, sino que somos la Iglesia de los primogénitos, los hermanos de Jesús.
[1] Vincent's Word Studies in the New Testament - Additional note on aion and aionios in 2Thessalonians 1:9
[2] William Barclay, The Daily Study Bible and New Testament Words
[3] Gerry Beauchemin, Hope Beyond Hell
[4] Hanson, J.W. (2014-09-16). Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First 500 Years (Kindle Location 585). . Kindle Edition.
[5] Trench's New Testament Synonyms: Punishment
[6] Ante-Nicene Fathers, Volume 2, Chapter 16
[7] Clemente de Alejandría, Paedagogus 1.8 as cited in Thayors Léxicon.
[8] Clemente de Alejandría, Hanson, John Wesley, Universalism: The Prevailing Doctrine of the Christian Church During Its First Five Hundred Years. p. 117
[9] vea libro del autor “Enfocando en Los Eventos Finales”
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La Centralidad de Isaías 53 a la Doctrina de la Expiación
por George Sidney Hurd
Isaías 52:13 – 53:12 es el último de 4 cánticos del Siervo de Jehová en lo cual Cristo es presentado como el Siervo Expiatorio de Jehová. Es el pasaje más mencionado en el Nuevo Testamento, siendo citado directamente 9 veces, una vez por Jesús Mismo (Lucas 22:37; Mt 8:17; Marcos 15:28; Jn 12:38; Hch 8:32-33; Rom 10:16; Rom 15:21; 1 Pedro 2:22; 1 Pedro 2:24). Adicional a estos, hay unas 75 alusiones a Isaías 53. Por ejemplo, el escritor de Hebreos dice de Cristo:
“pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. 27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, 28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Heb 9:26-28, cf. Isa 53:12).
Aquí el autor de Hebreos presenta a Cristo como el sacrificio vicario, llevando los pecados de muchos en Su primera venida, haciendo alusión de Isaías 53:12, “habiendo él llevado el pecado de muchos.” A continuación, dice que, habiendo llevado los pecados una vez para siempre por el sacrificio de Sí Mismo (Heb 7:27), cuando vuelve por segunda vez, no será para llevar sobre Sí nuestros pecados, sino para salvar o liberar a los que le esperan.
Otra alusión más sutil a Isaías 53 es donde Pablo dice: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Cor 15:3). Aunque no es una cita directa, el único lugar en el Antiguo Testamento donde Cristo el Mesías es presentado como muriendo por nuestros pecados como sacrificio está en Isaías 53 (Isa 53:10). El Nuevo Testamento está lleno de alusiones al Siervo expiatorio de Isaías, aplicándolo a Cristo y Su sacrificio vicario de Sí Mismo por nuestros pecados.
En el próximo blog voy a demostrar que la terminología utilizada en Isaías 53 es penal y sustitucional en naturaleza. Sin embargo, como muchos de los que se oponen a esta doctrina nos acusan a leer a Isaías a través de los lentes de Anselmo y Calvino, en este blog voy a citar referencias específicas a Isaías 53 hechos por numerosos Padres Primitivos de la Iglesia que claramente demuestran que ellos entendieron Isaías 53 como penal y sustitucional en naturaleza, de igual manera como los Reformadores después. Este blog es distinto de mi blog, Los Padres Primitivos y la Expiación Sustitutiva Penal, dado que aquí solo voy a citar sus referencias a Isaías 53 que contienen connotaciones penales y sustitucionales.
Epístola de Bernabé (70 a 135 d.C.)
“Con este fin su Señor sufrió entregando Su carne a corrupción (καταφθορά, kataphthora, ‘muerte, destrucción’) para que fuéramos santificados por la remisión (ἄφεσις, aphesis, ‘perdón, remisión de pena’) de pecados, que es efectuado por Su sangre esparcida. Porque fue escrito acerca de Él… ‘Él fue herido por nuestras transgresiones (ἀνομία, anomía ‘ilegalidad, transgresión de la ley’): por sus llagas somos curados. Él fue llevado como cordero al matadero; y como oveja enmudecida delante de sus trasquiladores.” [1]
Según Clemente de Alejandría y Orígenes, la epístola de Bernabé fue escrito por Bernabé, el compañero de Pablo (Hch 9:26-27). Aquí Bernabé hace referencia a Isaías 53 y utiliza términos claramente penales y sustitutivos. Él presenta a Cristo como muriendo en nuestro lugar, conectando Su muerte con el animal sacrificado en el Día de la Expiación cuando su sangre fue esparcida para hacer expiación/propiciación por todos los pecados del pueblo (Lev 16:15-16, cf. Heb 9:13-14; 12:24; Isa 52:15). Entonces, él demuestra la naturaleza sustitutiva de Su muerte citando Isaías 53:5, “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.” Es obvio que él entendió “por” aquí en el sentido sustitucional, como en “Al que no conoció pecado, por (huper) [2] nosotros lo hizo pecado” (2 Cor 5:21).
En referencia al aspecto penal de Su muerte, vemos que él presenta a Cristo como habiendo sufrido la pena por nuestras transgresiones contra la Ley. La palabra anomía es un término legal, y Juan dice que todo pecado es anomía o infracción de la Ley (1Jn 3:4). La pena del pecado o transgresión es la muerte (Gen 2:17; Ezeq 18:20; Rom 6:23; Rom 5:17). Por lo tanto, si Cristo no hubiera sufrido la pena debida a nosotros por nuestros pecados en la cruz como nuestro sustituto, habríamos sido condenado a un estado de muerte irreversible; no hubiera podido haber una resurrección. Las buenas nuevas son que “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día” (1 Cor 15:3-4). Después Pablo sigue diciendo que, “si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados” (1 Cor 15:17). ¿Por qué? Porque su resurrección es la demostración que, a través de la muerte sustitutiva de Cristo, nuestros pecados han sido remitidos y la pena de la muerte que estaba sobre nosotros ha sido levantada. Otro término legal o forense que utiliza Bernabé es “remisión” (aphesis), que refiere a “un perdón o remisión de pena.” [3] Por lo tanto, es evidente que Bernabé entendió Isaías 53 en un sentido penal y sustitutivo.
Epístola a Diogneto (siglo II)
“Él Mismo tomó sobre Sí el castigo por nuestras iniquidades, Él dio a Su propio Hijo como rescate por nosotros, el Santo por (huper) los transgresores (ἄνομος, anomos), el Inocente por los inicuos, el Justo por (huper) los injustos… Porque, ¿qué otra cosa fue capaz de cubrir nuestros pecados que Su justicia? ¿Por medio de qué otra persona hubiera sido posible que nosotros, los inicuos e impíos, pudiéramos ser justificados, sino por el único Hijo de Dios? ¡Oh dulce intercambio! ¡Oh operación tan inescrutable! Oh beneficios que sobrepasan toda expectación, que las iniquidades de muchos estén escondidas en un Justo, y que la justicia del Uno justificara a muchos transgresores (ἄνομος, anomos).” [4]
Aquí hace referencia a Isaías 53:11, “justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” Que el autor de la epístola entendió el Justo como tomando sobre Sí los pecados de los muchos en un sentido sustitucional es evidente, considerando, no solo su uso de la preposición huper, que expresa sustitución, sino que también su referencia a un dulce intercambio en que Cristo tomó nuestros pecados sobre Sí Mismo y nos cubrió con Su propia justicia, así justificando a muchos transgresores. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor 5:21).
También, la palabra para “transgresores” es anomos que es un término forense utilizado para referirse a los que violan a la Ley de Dios. La Ley no pudo haber sido simplemente echado a un lado, como algunos piensan. Como el escritor de Hebreos dice, según la Ley, “toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución” (Heb 2:2). Somos justificados solamente porque Cristo llevó en Sí Mismo la justa pena debida a nosotros por nuestros pecados y transgresiones.
Adicionalmente, aquí en la epístola a Diogneto, la justificación a la que se refiere es la justicia de Cristo imputada a nosotros, así como enseñaban los Reformadores, en vez de una justicia infundida, como creen los Ortodoxos Orientales y los Católicos Romanos. El autor dice que nuestros pecados han sido cubiertos por Su justicia – que nuestras iniquidades están escondidas en el Justo con el resultado de que hemos sido justificados. Hablar de una justicia infundida es confundir la justificación con la santificación. Como pecadores impíos, fuimos justificados por fe en Cristo en el mismo momento en que creímos, a pesar del hecho de que todavía estamos en el proceso de la santificación o separación del pecado por el Espíritu de Cristo que mora en nosotros (Rom 4:5-8; 5:18-19; 2Cor 5:21). Aunque todavía estamos en el proceso de la santificación, nuestros pecados han sido cubiertos por Su propia justicia (1Cor 1:30-31; Gal 3:27).
Justino Mártir (100 a 165 d.C.)
“Porque Isaías no les mandó un baño para lavar sus asesinatos y otros pecados, que ni siquiera todo el agua del mar sería suficiente para purgar; sino…por la fe por medio de la sangre de Cristo, y a través de Su muerte, quien murió por esta misma razón, como Isaías mismo dijo, cuando él habló de esta manera:.. Él llevó nuestros pecados, y sufrió por nosotros; y lo tomamos por atribulado y afligido, y maltratado. Pero herido fue por nuestras transgresiones, Él fue molido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz estaba sobre Él. Por Sus llagas fuimos sanados. Todos nosotros como ovejas hemos extraviado. Cada hombre ha ido por su propio camino; y el Señor cargó en Él nuestros iniquidades… Y Él llevará nuestros pecados.” [5]
“Porque toda la raza humana estará encontrada bajo una maldición. Porque está escrito en la Ley de Moisés, ‘Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas’... Entonces, si el Padre de todos quiso que Su Cristo tomara sobre Sí Mismo las maldiciones de toda la familia humana, sabiendo que después de haber sido crucificado Él iba a resucitarlo de entre los muertos, ¿por qué debaten acerca de Él que se sometió para sufrir estas cosas según la voluntad del Padre como si Él fuera maldito, y no más bien lamentarse? Porque, aunque Su Padre lo hizo sufrir estas cosas a beneficio de la familia humana, sin embargo, ellos no cometieron el hecho para obedecerle a Dios.” [6]
Justino Mártir aquí cita Isaías 53, mostrando que fue la voluntad del Padre cargar los pecados sobre Cristo para que Él pudiera llevarlos en lugar de nosotros. Él también hace referencia al versículo 10 donde dice que “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado.”
Si los opositores de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo hacen alguna mención de Isaías 53, ellos normalmente solo citan una porción de los versículos 4 y 5, donde dice: “y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.” Entonces ellos lo parafrasean para decir algo como, “Nosotros habíamos pensado que Él fue afligido por Dios, pero estábamos equivocados. Fuimos nosotros los que lo herimos.”
Sin embargo, si uno sigue leyendo todo el capítulo, como hace Justino Mártir, llega a ser evidente que, aunque Él no fue herido por Sus propios pecados, Él fue azotado por Dios debido a nuestros pecados (v. 10). Jehová cargó en Él nuestros pecados (v.6). Cuando Jesús clamó en Getsemaní, “hágase tu voluntad,” Él se estaba refiriendo a la voluntad del Padre que Él entregara Su vida en rescate por todos. Cuando Jesús dijo en Juan 3:16, “De tal manera amó Dios al mundo que dio a Su Hijo único,” Él sabía que eso significaba dar Su vida por nosotros. Esto es evidente, considerando que Él acaba de decirles que tenía que ser levantado, para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna, significando que Él iba a ser levantado sobre la cruz. Él hizo esto aún más claro cuando dijo después: “Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir” (Juan 12:32-33). Él también dijo: “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20:28).
Estos Padres Apostólicos vivieron en un tiempo cuando la Iglesia estaba bajo gran persecución. Por lo tanto, su enfoque en sus epístolas era más relacionado a la victoria de Cristo sobre Satanás que el perdón de los pecados. Observando esto, en 1931 Gustaf Aulén argumentó que la expiación de Cristo no se trataba de la expiación de pecados, sino de vencer a Satanás. Llamo su nueva teoría de la Expiación Christus Victor y afirmaba que los Padres nunca habían entendido la expiación como penal y sustitutiva en naturaleza. Sin embargo, como ya hemos visto, esto es falso. La Expiación Sustitutiva Penal de Cristo es expresado claramente por los Padres múltiples veces.
Clemente de Alejandría 150 a 215 d.C.)
“Él Mismo sufrió por nosotros, quienes Él hubiera destruido por nuestras faltas. El Señor le ha asignado a Él nuestros pecados.” [7] (Isa 53:6)
“Un error es un pecado no calculado; y el pecado voluntario es un crimen; y un crimen es iniquidad voluntaria. El pecado, entonces, es por mi parte voluntario… Dirigiéndose a los que han creído, Él dice, “Por Sus llagas fuimos curados.” [8]
Clemente solo hace referencias pasajeras a la expiación de Cristo, y por ese motivo algunos han concluido que la doctrina de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo es totalmente ausente en sus escritos. Sin embargo, lo poco que él dice es suficientemente claro. Aquí incluyo dos citas donde él hace referencia a Isaías 53. Cuando él dice que Cristo “sufrió por nosotros” en el sentido que “el Señor le ha asignado a Él nuestros pecados,” deja en claro que él entendió que el sufrimiento y muerte de Cristo era penal y sustitutiva en naturaleza, en vez de ser nada más lo que Él sufrió a manos de hombres malvados (cf. Isa 53:5-6). En la segunda cita él utiliza términos forenses, refiriendo a los pecados voluntarios como un crimen, y conecta la absolución de la pena debida por nuestros pecados a la pasión y muerte de Cristo, citando a Isaías 53:5 donde dice, “por Sus llagas fuimos curados.”
Orígenes de Alejandría (184 a 254 d.C.)
“Y como Celsus, aunque profesando saber todo acerca del evangelio, reprocha al Salvador por Sus padecimientos, diciendo que Él no recibió socorro del Padre, o no fue capaz de ayudarse a Sí Mismo; tenemos que responder diciendo que Sus padecimientos fueron profetizados, junto con la causa de ellos; porque fue para el beneficio de la humanidad que Él tuvo que morir por ellos, y sufrir azotes por Su condenación… Él fue herido por nuestros pecados, y molido por nuestras iniquidades. El castigo de nuestra paz fue sobre Él; por Sus llagas fuimos curados.” [9]
“Y les pregunté de qué sería apropiada la expresión, ‘Este hombre lleva nuestros pecados, y sufre el dolor por nosotros;’ y esto, ‘Pero Él herido fue por nuestros pecados, y molido por nuestras iniquidades; y les pregunté a quién la expresión pertenecía, ‘Por Sus llagas fuimos curados.’… Porque si la profecía está hablando del pueblo de Israel, ¿cómo es posible decir que este hombre fue llevado a la muerte por las iniquidades del pueblo de Dios, a menos que él sea una persona distinta del pueblo de Dios? Y, ¿quién es esta persona excepto Jesucristo, por cuyas llagas los que creen en Él son sanados…?” [10]
Orígenes concibió lo que llego a ser conocido como la teoría del Rescate, en que él especuló que Satanás fue engañado para aceptar la muerte de Cristo como un rescate de la humanidad, pensando que Él permanecería en el Hades bajo su poder. Pero Cristo resucitó de los muertos como nuestra cabeza representativa, así destruyendo el dominio de Satanás sobre los que creen. Esto es similar a la teoría Christus Victor, excepto que la mayoría que creen en la teoría Christus Victor rechazan la idea de que un rescate le fue pagado al diablo.
Aunque el enfoque principal de Orígenes fue sobre su teoría del Rescate, él de ninguna manera negaba que Cristo llevó la pena debido a nosotros por nuestros pecados como nuestro sustituto. Sus citas aquí de Isaías 53 presentan a Cristo como llevando sobre Sí nuestros pecados en lugar de nosotros.
Comentando sobre Romanos 3:24-26, Orígenes claramente presenta la sangre derramada de Cristo como haciendo expiación/propiciación por nuestros pecados ante Dios para que Él nos pudiera perdonar a nuestros pecados sin violar a Su propia justicia inmutable:
“Porque anteriormente Pablo había dicho que Cristo había entregado a Sí Mismo como el precio redentor para la raza humana toda, para que Él pudiera redimir a aquellos que están cautivos a sus pecados… Ahora, Pablo ha agregado algo aún más profundo y dice, ‘Dios lo predeterminó como una propiciación por fe en Su sangre.’ Es obvio que esto significa que a través del sacrificio de Sí Mismo Él haría que Dios sea propicio a los hombres y por medio de esto Él manifestaría Su propia justicia cuando Él les perdona sus pecados pasados.” [11]
Los oponentes a la Expiación Sustitutiva Penal quieren que creamos que los Padres que enfatizaban otros beneficios de la expiación lo hicieron a la exclusión de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, pero eso definitivamente no es el caso.
Eusebio de Cesarea (275 a 339 d.C.)
“Se dice: ‘Y el Señor le cargo en Él nuestras iniquidades, y Él lleva nuestros pecados.’ De esta manera el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, llegó a ser maldición por nosotros: Él que no conoció pecado, Dios hizo pecado por nosotros, entregándolo como la redención por todos, para que fuéramos la justicia de Dios en Él... Y el Cordero de Dios no solo hizo esto, sino que fue castigado por nosotros, y sufrió una pena que Él no debía, sino que nosotros lo debíamos por la multitud de nuestros pecados; y así Él llegó a ser la causa del perdón de nuestros pecados, porque Él recibió la muerte por nosotros, y transfirió a Sí Mismo los azotes, los insultos, y la deshonra debido a nosotros, y recibió en Sí Mismo la maldición nuestra, haciéndose maldición por nosotros.” [12]
“Él lleva nuestros pecados, y sufre dolores por nosotros, y Él fue herido por nuestros pecados, y molido por nuestras iniquidades, para que seamos sanados por Sus llagas, porque el Señor lo ha entregado por nuestros pecados. Así que, como entregado por el Padre, como herido, como llevando nuestros pecados, Él fue llevado como una oveja al matadero. Con esto está de acuerdo el apóstol cuando él dice, “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros.” [13]
“Los Salmos 88 y 89, otra vez hablando de la persona misma del Señor, nos dice que Él sufrió estas cosas, no por Sí Mismo, sino por nosotros. Has hecho reposar Su ira sobre mí, dice el uno, y el otro añade, pagué cosas que nunca tomé. Porque Él no murió como siendo Él Mismo culpable de muerte: Él sufrió por nosotros, y llevó en Sí Mismo la ira que fue la pena de nuestra transgresión, así como dice Isaías, Él Mismo llevó nuestras enfermedades.” [14]
Aquí Eusebio cita a Isaías 53 versículos 6 y 12 para demostrar que Cristo, como el Siervo expiatorio de Jehová, llevó nuestros pecados, el Señor Mismo habiéndolos cargado en Él. Según la Ley, cada persona tiene que llevar su propio pecado, refiriéndose a la culpa y justa pena por el pecado (Lev 5:1; 7:18; 24:15). Sin embargo, Eusebio correctamente entiende a Isaías 53 como diciendo que Cristo llevó en Sí Mismo la justa pena debida a nosotros como nuestro sustituto.
Conclusión
Hemos visto que, en el Nuevo Testamento, Isaías 53 es el pasaje más citado de todo el Antiguo Testamento. También vimos que los Padres citaban de él con frecuencia, y como ellos lo entendieron como afirmando la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo de una manera muy similar a los Reformadores.
En contraste a esto, he leído numerosos títulos populares atacando la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo en el lapso de varios años, incluyendo, Sinners in the Hands of a Loving God por Brian Zahnd; A More Christlike God por Bradley Jersak; That All Shall be Saved por David Bentley Hart; Unspoken Sermons por George MacDonald, and Christus Victor por Gustaf Aulén. Lo que se destaca en todos ellos es la ausencia total de cualquier mención de Isaías 53. En el Monster God Debate, Brian Zahnd mencionó Isaías 53 una vez, confesando que era un texto difícil para él. [15] No obstante, es obvio que no fue considerado un texto problemático para los autores del Nuevo Testamento o los Padres Primitivos de la Iglesia.
La única excepción que encontré fue el libro de dos tomas, The Crucifixion of the Warrior God, escrito por Gregory Boyd. Voy a considerar algunos de sus argumentos en el próximo blog. Sin embargo, su objetivo en escribir su libro no era específicamente en contra de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, sino que era para argumentar que el amor de Dios es pasivo y cruciforme. En un debate que tuvo recientemente con William Lane Craig sobre la expiación, Did God punish Jesus on the cross?, él incluso aparentaba estar de acuerdo con William Craig sobre algunos aspectos de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo.
Considerando la centralidad de Isaías 53 en el Nuevo Testamento y en los escritos de los primeros Padres de la Iglesia, cualquier teoría que tiene que ignorar a Isaías 53, o tergiversar el sentido obvio del texto, debe ser rechazada. En el próximo blog vamos a examinar todo el pasaje para determinar exactamente lo que ha sido revelado a nosotros a través de Isaías.
[1] Epistle of Barnabas, Chapter 5:1-2,
[2] The preposition huper (ὑπέρ) in this context speaks of substitution, “instead of” (cf. 1Cor 15:29; 2Cor 5:15; 2Cor 5:21; Gal 3:13; Filemon 1:13).
[3] El Theological Dictionary of the New Testament de Kittel dice lo siguiente acerca del significado de aphesis: “Hay que hacer énfasis en el uso legal que es muy atestiguado en el papiro aphenei tina, ‘librarse uno de una relación legal,’ sea de oficio, matrimonio, obligación, o deuda, aunque nunca en un sentido religioso. En el sentido de ‘perdonar’ aparece con el acusativo de persona y genitivo de objeto.”
[4] Mathetes, The Epistle to Diognetus 9, Ante-Nicene Fathers 1:28
[5] Justin Martyr, Dialogue with Trypho, Chapter 13
[6] Justin Martyr, Dialogue with Trypho, Chapter 95
[7] Clement of Alexandria, The Paedagogus 1:8
[8] Clement of Alexandria, The Paedagogus 2:15
[9] Origen, Against Celsus, Chapter 54
[10] Origen, Against Celsus, Chapter 55
[11] Commentary on the Epistle to the Romans 2.8.1
[12] Eusebius, Demonstratio Evangélica, Chapter 10.1 trans. W.J. Ferrar,
[13] Ibid., 10:1
[14] Eusebius, Letter to Marcellenius
[15] https://www.youtube.com/watch?v=T27av-RF2-Y&t=179s Brian Zahnd said:
“I don’t shy away from Isaiah 53... It’s a difficult text, I get that.” 1:06.55 min.
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por George Sidney Hurd
La muerte expiatoria de Cristo en la cruz, donde Él sufrió la justa pena debida a nosotros como nuestro sustituto, siempre ha sido central a la fe cristiana. [1] Sin embargo, esta doctrina recientemente ha sido atacada por los Liberales y Progresivos que a menudo caracterizan La Expiación Sustitutiva Penal de Cristo como si fuera una forma bárbara de “abuso infantil cósmico” por un padre airado y vengativo con una sed insaciable de sangre. En lugar de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, ellos presentan teorías de expiación que mejor describen los resultados de la muerte de Cristo en la cruz y no lo que Él realmente llevó a cabo en el Calvario cuando Él Mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero (1Pedro 2:24).
Esta omisión de la naturaleza penal y sustitucional de la muerte de Cristo, en la cual Él llevó nuestros pecados sobre Sí Mismo, es facilitado en el idioma inglés por la fusión de dos palabras distintas (expiación y reconciliación) en una sola palabra, “atonement.” La palabra “atonement” fue inventado en el siglo XVI y es una palabra compuesta (at-one-ment), que en el español significa, “la condición de estar en unión.” Atonement es prácticamente sinónimo con reconciliación. De hecho, cuando William Tyndale produjo la primera traducción en inglés del Nuevo Testamento del griego en 1526, él a menudo traducía la palabra griega para reconciliación (καταλλαγή, katallagē) y sus cognados como “atonement” en vez de “reconciliación.” [2]
Sin embargo, lo que Cristo hizo en la cruz, llevando sobre sí nuestros pecados, es expresado en las Escrituras con la palabra hebrea kippur y sus cognados. Cuando kippur es utilizado en el contexto de los sacrificios Levíticos, refiere a la expiación o remoción de pecados por medio de un sacrificio sustitutivo. El equivalente de kippur que utilizaron en la traducción griega LXX es ἱλασμός (hilasmos) y sus cognados que traducen como, “propiciación, apaciguamiento o satisfacción.” La muerte sustitutiva de Cristo reconcilió al mundo con Dios, pero esa reconciliación no hubiera sido posible si Él primero no hubiera derramado Su sangre para hacer expiación o propiciación por nuestros pecados (Rom 3:25; Heb 2:17; 1Jn 2:2; 4:10).
Sin el derramamiento de sangre no hay remisión de pecados, y sin una remisión previa de pecados no puede haber reconciliación, dado que la ira de Dios es contra toda impiedad e injusticia, y no dejará impune al culpable (Heb. 9:22; Lev. 17:11; Rom 1:18; Ex 34:7). Como la vida es en la sangre, sin el derramamiento de la sangre inocente del Cordero no pudo haber remisión de pecados, dado que es la sangre que hace expiación por el alma (Lev 17:11). Fuimos reconciliados con Dios con nada menos que la sangre de Su cruz (Col 1:20).
Es más difícil pensar que puede haber reconciliación sin una previa expiación por los pecados en los idiomas que no sean el inglés, dado que solamente en inglés combinan estos dos conceptos de expiación y reconciliación en la sola palabra, “atonement.” En español correctamente traducimos kippur como expiación y katallagē como reconciliación, como hacen también en el francés. De igual manera, en alemán kippur se traduce sühne y katallagē o la reconciliación versöhnung, así manteniendo una distinción clara entre expiación por los pecados y su resultante reconciliación.
Como veremos en otro blog, casi todas las teorías de la expiación formuladas en la historia contienen verdades en el sentido más amplio que abarca la palabra ingles, atonement, que realmente significa reconciliación. Sin embargo, como ningunos de los elementos de esas teorías hubiera sido posible sin el sacrificio sustitutivo de Cristo cuando Él quitó nuestros pecados, Su expiación de nuestros pecados es la fuente de todos los otros beneficios expresados en las variadas teorías de la expiación.
Cristo cumplió el Sacrificio por los Pecados del Día de la Expiación
A través del Nuevo Testamento, especialmente en el libro de Hebreos, la muerte sustitutiva de Cristo en la cruz es presentado como el cumplimiento de lo que fue prefigurado en la ceremonia Levítica de Yom Kippur o el Día de la Expiación en el día 10 de Tishrei, el primer mes del calendario judío.
Una vez al año en el día Yom Kippur el sumo sacerdote tomaba dos machos cabríos de los hijos de Israel para hacer expiación por sus pecados. El primer cabrío fue sacrificado y su sangre fue llevado dentro del velo dentro del Lugar Santísimo y esparcida sobre el propiciatorio para expiar o hacer propiciación por todos sus pecados (Lev 16:15-16). Después, su cuerpo fue quemado fuera del campamento (Lev 16:27). Entonces, el sumo sacerdote ponía sus manos sobre el macho cabrío vivo, confesando sobre él las iniquidades, transgresiones y pecados del pueblo, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío (Lev 16:21). Después el macho cabrío fue llevado al desierto, llevando sobre sí todas las iniquidades del pueblo (Lev 16:20-22). De esta manera, los hijos de Israel eran purificados de todos sus pecados delante de Jehová por otro año (Lev 16:30).
Como tipificado en el sacrificio del macho cabrío expiatorio, Pedro dijo de Cristo: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero…por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24). Aquí Pedro también hace referencia a Isaías 53, que habla de Cristo, diciendo que, “Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” y “llevará las iniquidades de ellos” (Isa 53:6;11). También Pablo hace referencia a esto cuando dice: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Cor 5:21).
En el libro de Hebreos vemos que Cristo también cumplió lo que fue prefigurado en el macho cabrío cuya sangre fue derramada y llevado dentro del velo en el Lugar Santísimo donde fue esparcida sobre el propiciatorio, haciendo expiación por los pecados del pueblo. Cristo es demostrado ser, no solamente el cumplimiento de lo que fue prefigurado en el macho cabrío que fue sacrificado por el pueblo, sino que también Él nos representó como nuestro sumo sacerdote ante Dios.
Es recomendable sentarse a leer todo el libro de Hebreos para poder ver todo el contexto, pero aquí solo quiero citar unos versículos presentándole a Cristo claramente como llevando nuestros pecados y así obteniendo la remisión de nuestros pecados de una vez para siempre.
“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.” (Heb 9:11-12)
“Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, 13 de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; 14 porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados...18 Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.” (Heb 10:11-14,18)
Aquí vemos que Cristo presentó Su propia sangre en el Lugar Santísimo del tabernáculo celestial, del cual el terrenal solo era un tipo y sombra. También vemos que los sacrificios diarios y anuales no pudieron en sí quitar los pecados. Esos sacrificios anticipaban el día cuando Cristo se ofrecería a Sí Mismo de una sola vez, perfeccionando por todo tiempo a los que son santificados y justificados por fe en Su sacrificio por sus pecados (1Cor 6:11, cf. Rom 3:25).
También, el autor de Hebreos indica que, cuando llevaban el cuerpo del animal sacrificado fuera del campamento para ser quemado, eso representaba a Cristo sufriendo como nuestro sustituto fuera de la puerta de Jerusalén:
“Porque los cuerpos de aquellos animales cuya sangre a causa del pecado es introducida en el santuario por el sumo sacerdote, son quemados fuera del campamento. 12 Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” (Hebrews 13:11-12)
También vemos a Jesús enfatizando esta misma naturaleza sustitutiva doble de Su sufrimiento y muerte en la Última Cena. Lucas 22:19-20 dice:
“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por (ὑπέρ, huper) vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por (huper) vosotros se derrama.” (Lucas 22:19-20).
Aquí vemos que, no solamente fue derramada Su sangre para la remisión de nuestros pecados, sino también lo que Él sufrió en Su cuerpo fue por (huper) nosotros. La preposición huper en este contexto habla de sustitución, “en lugar de” (cf. 1Cor 15:29; 2Cor 5:15; 2Cor 5:21; Gal 3:13; Filemon 1:13).
El momento preciso cuando Jesús habló estas palabras también es significante. Repetidas veces Él dijo que Su hora aún no había venido, hasta llegar el momento de la Pascua. Eso es cuando Él clamó diciendo, “¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora” (Jn 12:27). Como nuestro sustituto, Cristo, el Cordero Pascual de Dios, quitó los pecados del mundo por derramar Su sangre para la remisión de nuestros pecados (Jn 1:29; Apo 5:9; Mt 26:28). Como Pablo declara, “nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros."
Hoy en día muchos rechazan la idea de que sangre tuvo que ser derramada para que Dios pudiera perdonar pecados. Responderé a algunos de las objeciones lógicas y morales contra la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo más adelante en otro blog. Por el momento, solo quiero demostrar que es indispensable a cualquier entendimiento bíblico de la expiación. Las Escrituras están abundantemente claras en enfatizar que sin derramamiento de sangre no puede haber remisión de pecados delante de Dios, y por ese motivo Él, por Su gran amor por nosotros, envió a Su Hijo único para ser la propiciación/expiación por nuestros pecados (Heb 9:22; Mt 26:28; 1Jn 4:10).
La razón porque la sangre de un sustituto era necesario fue demostrado desde el principio cuando Adán y Eva pecaron en el huerto. Dios les prohibió a comer del árbol y les advirtió diciendo: “el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Sin embargo, aunque murieron espiritualmente en ese mismo día, no murieron físicamente, sino seguían con vida por casi mil años más. ¿Cómo pudo Dios ser justo y cumplir Su palabra sin que ellos murieran en ese día, tal como Él les había dicho? Aquí es donde vemos el primer sacrificio sustitutivo con sangre. El mismo día en que desobedecieron, comiendo del árbol, la sangre de un animal tuvo que ser derramada para que Dios hiciera pieles de animales para cubrir su desnudez (Gen 3:21). Esto era sombra del sacrificio de Cristo como nuestro sustituto para que fuéramos revestidos de Su justicia (Gal 3:27; 2Cor 5:21; Fil 3:9).
En Levítico explica porqué el derramamiento de sangre era necesario para expiar o hacer propiciación por los pecados:
“Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.” (Lev 17:11)
Desde el principio, la pena del pecado ha sido la muerte (Gen 2:17; Rom 6:23). Dios dice: “el alma que pecare, esa morirá” (Ezeq 18:4). Además, en Romanos 1, Pablo dice que, aunque los hombres supriman la verdad en su propia injusticia, ellos saben intuitivamente que aquellos que practican el pecado son dignos de muerte (Rom 1:32). Viendo que la vida está en la sangre, y la paga del pecado es la muerte, la justicia de Dios requiere al pecador la sangre que es la vida.
Sin embargo, Pablo nos dice que, en Su amor y longanimidad, Dios dejó los pecados sin castigo hasta que Cristo viniera para hacer propiciación/expiación por nuestros pecados por medio de Su propia sangre. Él dijo de Cristo:
“a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:25-26)
La revelación de las Escrituras de que somos justificados por fe en la sangre de Cristo derramada en propiciación por nuestros pecados y no por obras de justicia que hayamos hecho, siempre ha sido ofensiva a los sabios de este mundo y a los religiosos. Como dijo Pablo:
“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios… 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura.” (1 Cor 1:18,23)
Muchos, como los judíos incrédulos en los días de Pablo, ignoran la justicia de Dios que es imputada a todos los que simplemente creen en la obra terminada de Cristo en la cruz y, en lugar de esto, procuran establecer su propia justicia bajo el disfraz de estar siguiendo el ejemplo moral de Cristo (Rom 10:2-4; cf. Rom 4:5). Tristemente, en los últimos 150 años, muchos, incluyendo una gran parte de aquellos que creen en la restauración final de todos, han abandonado la fe histórica en la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo para nuestra justificación, cayendo bajo la influencia de eruditos Liberales como George MacDonald y otros de su época que consideraban la confianza de uno en la obra acabada de Cristo en la cruz una locura. MacDonald dijo acerca de la fe en la obra acabada en la cruz y la necesidad de poner fe en la sangre propiciatoria de Cristo para ser salvo:
“- algunos de ustedes dicen que necesitamos confiar en la obra acabada de Cristo; o que nuestra fe tiene que estar en los méritos de Cristo en la expiación que él ha hecho, por la sangre que ha derramado. Todas estas afirmaciones son un repudio del Señor viviente en quien debemos de confiar, quien, por su presencia con y en nosotros, y por nuestra obediencia a él, nos levanta de las tinieblas a la luz…” [3]
Muchos, bajo la influencia de hombres como MacDonald, van al extremo de decir que ni siquiera fue necesario que Cristo derramara Su sangre para nuestra salvación, dado que, según ellos, no es la muerte de Cristo que nos salva, sino Su vida, como si pudiéramos tener Su vida sin Su muerte. En contraste a esto, Pedro dijo que fuimos redimidos “con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,” y nos advirtió que falsos maestros vendrían en medio de nosotros, “negando incluso al Señor que los compró (ἀγοράζω) (1Pedro 1:18-19; 2Pedro 2:1). El autor de Hebreos, después de explicar con mucho detalle como la sangre de Cristo hizo expiación por nuestros pecados, advirtió de las consecuencias de considerar como la de un hombre común la sangre de su pacto (Heb 10:29 Peshitta).
En conclusión, hemos visto que no puede haber reconciliación (atonement) sin la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo, derramando Su sangre para el perdón de nuestros pecados. De hecho, todas las demás teorías de la expiación deben ser entendidos como resultados del sacrificio de expiación de Cristo, y no la expiación misma. Cristus Victor, Recapitulación, o Ejemplo Moral ni hubieran sido posibles si Él no hubiera hecho propiciación por nuestros pecados ante Dios primero, derramando Su sangre en la cruz.
En los próximos dos blogs vamos a examinar a Isaías 53, que es aplicado a Cristo por Jesús Mismo, y también por otros autores del Nuevo Testamento. Como veremos, Isaías 53 claramente habla de la Expiación Sustitutiva Penal de Cristo.
[1] En el siguiente artículo demuestro que la creencia en La Expiación Sustitutiva Penal de Cristo fue afirmada universalmente entre los Padres de la Iglesia: https://www.triumphofmercy.com/blog-espantildeol/los-padres-primitivos-y-la-expiacion-sustitutiva-penal
[2] The Tyndale version of 2 Corinthians 5:18-19 reads: “Neverthelesse all thinges are of god which hath reconciled (καταλλάσσω) vs vnto him sylfe by Iesus Christ and hath geven vnto vs the office to preach the atonement (καταλλαγή).19 For god was in Christ and made agrement bitwene (καταλλάσσω) the worlde and hym sylfe and imputed not their synnes vnto them: and hath committed to vs the preachynge of the atonement (καταλλαγή).”
[3] MacDonald, George . Unspoken Sermons Series I, II, and III (p. 147).
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por George Sidney Hurd
¿En qué sentido podemos decir que Dios es el Padre de todos? Cuando recibimos a Cristo, nacimos de nuevo como hijos de Dios, engendrados por el Espíritu de Dios como Juan 1:12,13 dice:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”
Este nuevo nacimiento es el renacimiento de nuestro espíritu que estaba muerto en pecados: “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).” (Ef 2:5). Cristo explicó a Nicodemo que es el espíritu del hombre que nace de nuevo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Jn 3:6). Sin este nuevo nacimiento no podemos ver, mucho menos entrar, en el reino de Dios (Jn 3:3,5). Físicamente ya somos hijos de Dios aún antes de nacer de nuevo, porque procedemos de Él. Pero la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1Cor 15:50). Sin embargo, Cristo vino a vivificarnos, y a Su debido tiempo, todos habrán sido vivificados - espiritualmente vestidos de inmortalidad:
“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” (1Cor 15:45)
“… en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden.” (1Cor 15:22-23)
La mayoría de los parcialistas (los que niegan la salvación universal de todos) argumentan que Dios no nos toma como hijos hasta nacer de nuevo; que los hombres son criaturas de Dios pero que Él no es nuestro Padre hasta nacer de nuevo, llegando a ser parte de la nueva creación. Esto, según ellos, absuelve a Dios de toda responsabilidad como Padre hacia Sus hijos. Pero eso no es lo que encontramos en las Escrituras. El hijo pródigo nunca dejó de ser el hijo de su padre, aun estando en la tierra lejana. Cuando volvió era como si naciera de nuevo, pero nunca dejó de ser tomado como hijo por su padre. El padre en la parábola es una expresión del corazón de nuestro Padre Dios hacia Sus hijos perdidos. Aunque se rebelaron contra Él y están en la tierra lejana derrochando toda la herencia de su Padre, Su amor hacia ellos nunca ha disminuido. ¿Qué era lo que dijo el padre al hijo mayor cuando su hijo extraviado volvió? “Mas era necesario hacer fiesta y gozarnos, porque éste, tu hermano, muerto era, y ha revivido; se había perdido (apólumi), y es hallado.” (Lc 15:32). Dios considera a todos como Sus hijos, no solamente los que se hayan revividos, o nacidos de nuevo. Las Escrituras afirman la paternidad de Dios y Su cuidado para todos Sus hijos:
“Varones atenienses… El Dios que hizo el mundo…es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres…. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. 29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.” (Hch 17:22-29)
Pablo aquí afirma el cuidado paternal de Dios de todos, incluso los atenienses impíos, diciendo que todos somos linaje de Dios. Creo que si Pablo fuera hacer semejante declaración en muchas Iglesias hoy, sería corregido por haber llamado a los inconversos hijos de Dios. Aquí no es el único lugar donde Pablo dice que Dios es el Padre de todos:
“un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” (Ef 4:6)
Aquí vemos declarado que Dios es el Padre de todos. Algunos manuscritos griegos terminan este versículo con el pronombre personal “nosotros” y otros terminan con “ustedes”. En toda probabilidad estos pronombres fueron agregados por unos escribas tradicionales que no podían aceptar que Dios esté presente en toda Su creación, incluyendo aun los perdidos y por ese motivo agregaron los pronombres para aclarar que Dios solo está en creyentes. Mientras que es cierto que Cristo viene a morar en nuestros corazones hasta que lo recibamos, también hay un sentido en que Dios mora en todos: “En él vivimos, y nos movemos, y somos”. (Hch 17:28). Sea cual sea la lectura correcta de la última frase, podemos estar seguros de que Dios es el Padre de todos como Pablo ya había declarado unos diez versículos antes:
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre…de quien es nombrada toda la familia en el cielo y en la tierra.” (Ef 3:14,15 RVG) [1]
Aquí vemos que Pablo declara que Dios es el Padre de todos, no solamente de los que están en la tierra sino también de todos los que están en el cielo. Jesús también decía a las multitudes que Dios era el Padre de ellos:
“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo…uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” (Mateo 23:1,9)
Algunos argumentan que Dios no puede ser el Padre de todos porque dice que algunos son hijos del diablo:
“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:44)
“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1Juan 3:10)
Es obvio aquí que no está hablando de orígenes sino de carácter. Ellos se originaron de Dios, como todos, y no del diablo. El comportamiento de uno no puede cambiar su origen. Si uno fuera separado de su padre en su infancia e imitaba a su padre adoptivo, ¿Por eso dejaría de ser hijo de su verdadero padre? No. Sin embargo, los que hemos nacido de nuevo debemos actuar como Dios, aunque ellos actúen como el diablo.
En el sentido de origen, aún Satanás y sus ángeles son llamados hijos de Dios (Gen 6:2,4; Job 1:6, 2:1). Cuando estos pasajes dicen que son de su padre el diablo enfatizan el comportamiento y no sus orígenes. Expresamos esa idea en inglés como: “De tal padre tal hijo”. En ese sentido aún los gentiles que tienen la fe de Abraham son llamados “hijos de Abraham”. (Gál 3:6-7). Pero todos, sin excepción somos hijos de Dios en virtud de la creación:
“¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?” (Mal 2:10)
Decir que Dios es nuestro Creador, pero no corresponde como nuestro Padre es contrario a la fidelidad de Dios. Todos pensamos mal de uno que procrea a un hijo y no acepta responsabilidad como padre, y sin embargo dicen que Dios está absuelto de toda responsabilidad paternal. Dicen que, aunque nos creó, no nos toma como sus hijos hasta nacer de nuevo. Thomas Allin, en su libro Christ Triumphant (Cristo Triunfante), comenta sobre este tema:
“Se nos dice que Dios no es el Padre de todos los hombres, ¡Él es sólo su Creador! ¡Qué implicaciones tan malas contienen estas palabras! ¿Qué entendemos por paternidad y las obligaciones que ésta trae? La idea se basa esencialmente en la comunicación de vida al niño por el padre. La paternidad es para nosotros en gran medida ciega e instintiva; pero la creación es el Amor actuando libremente, divinamente; sabiendo todas las consecuencias, asumiendo toda la responsabilidad que conlleva el mismo acto de crear un espíritu inmortal razonable. Parece, pues, muy extraño tratar de escapar de las consecuencias de la obligación menor, al admitir una aún mayor, para buscar, en una palabra, evadir los resultados de una paternidad universal divina, alegando que Dios es solamente el Creador. [2]
Pablo dice que, si uno no provee por su familia, es peor que un incrédulo (1Ti 5:8). ¿Cómo podemos llegar a pensar que Dios Padre no acepta responsabilidad por todos Sus hijos quién creó a Su imagen y semejanza? La genealogía de Lucas 3 termina en versículo 38 diciendo: “hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.” Si Dios no ha negado que Adán, quien introdujo el pecado al mundo era Su hijo, ¿Cómo va a negar que le pertenezcan los descendientes de él, que somos víctimas del pecado original heredado de él? Como Dios ha dicho: “He aquí que todas las almas son mías…” (Ez 18:4) Allin dice:
“La esencia del cristianismo desvanece al negar cualquier verdadera paternidad de nuestra raza de parte de Dios… ¿Qué es uno entre tantos? Pero cada alma es de valor infinita, como si fuera único en los ojos de Dios su Padre. Y más que esto, somos tan propensos a olvidar de quién es la pérdida. La pérdida es de Dios: es el Padre quien pierde a Su hijo. La oveja extraviada de la parábola es la pérdida del Gran Pastor; la moneda perdida es la pérdida del Dueño. En este hecho se basa la promesa de buscarla y buscarla hasta encontrarla.” [3]
Este artículo fue extraído de mi libro, El Triunfo de la Misericordia.
[1] En el griego indica que toda linaje (ie. toda la familia) toma su nombre del Padre tal como lo traduce el Reina Valera Gómez.
[2] Thomas Allin, Christ Triumphant
[3] Ibid
¿En qué sentido podemos decir que Dios es el Padre de todos? Cuando recibimos a Cristo, nacimos de nuevo como hijos de Dios, engendrados por el Espíritu de Dios como Juan 1:12,13 dice:
“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”
Este nuevo nacimiento es el renacimiento de nuestro espíritu que estaba muerto en pecados: “aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).” (Ef 2:5). Cristo explicó a Nicodemo que es el espíritu del hombre que nace de nuevo: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” (Jn 3:6). Sin este nuevo nacimiento no podemos ver, mucho menos entrar, en el reino de Dios (Jn 3:3,5). Físicamente ya somos hijos de Dios aún antes de nacer de nuevo, porque procedemos de Él. Pero la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios (1Cor 15:50). Sin embargo, Cristo vino a vivificarnos, y a Su debido tiempo, todos habrán sido vivificados - espiritualmente vestidos de inmortalidad:
“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.” (1Cor 15:45)
“… en Cristo todos serán vivificados. 23 Pero cada uno en su debido orden.” (1Cor 15:22-23)
La mayoría de los parcialistas (los que niegan la salvación universal de todos) argumentan que Dios no nos toma como hijos hasta nacer de nuevo; que los hombres son criaturas de Dios pero que Él no es nuestro Padre hasta nacer de nuevo, llegando a ser parte de la nueva creación. Esto, según ellos, absuelve a Dios de toda responsabilidad como Padre hacia Sus hijos. Pero eso no es lo que encontramos en las Escrituras. El hijo pródigo nunca dejó de ser el hijo de su padre, aun estando en la tierra lejana. Cuando volvió era como si naciera de nuevo, pero nunca dejó de ser tomado como hijo por su padre. El padre en la parábola es una expresión del corazón de nuestro Padre Dios hacia Sus hijos perdidos. Aunque se rebelaron contra Él y están en la tierra lejana derrochando toda la herencia de su Padre, Su amor hacia ellos nunca ha disminuido. ¿Qué era lo que dijo el padre al hijo mayor cuando su hijo extraviado volvió? “Mas era necesario hacer fiesta y gozarnos, porque éste, tu hermano, muerto era, y ha revivido; se había perdido (apólumi), y es hallado.” (Lc 15:32). Dios considera a todos como Sus hijos, no solamente los que se hayan revividos, o nacidos de nuevo. Las Escrituras afirman la paternidad de Dios y Su cuidado para todos Sus hijos:
“Varones atenienses… El Dios que hizo el mundo…es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. 26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres…. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. 29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres.” (Hch 17:22-29)
Pablo aquí afirma el cuidado paternal de Dios de todos, incluso los atenienses impíos, diciendo que todos somos linaje de Dios. Creo que si Pablo fuera hacer semejante declaración en muchas Iglesias hoy, sería corregido por haber llamado a los inconversos hijos de Dios. Aquí no es el único lugar donde Pablo dice que Dios es el Padre de todos:
“un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.” (Ef 4:6)
Aquí vemos declarado que Dios es el Padre de todos. Algunos manuscritos griegos terminan este versículo con el pronombre personal “nosotros” y otros terminan con “ustedes”. En toda probabilidad estos pronombres fueron agregados por unos escribas tradicionales que no podían aceptar que Dios esté presente en toda Su creación, incluyendo aun los perdidos y por ese motivo agregaron los pronombres para aclarar que Dios solo está en creyentes. Mientras que es cierto que Cristo viene a morar en nuestros corazones hasta que lo recibamos, también hay un sentido en que Dios mora en todos: “En él vivimos, y nos movemos, y somos”. (Hch 17:28). Sea cual sea la lectura correcta de la última frase, podemos estar seguros de que Dios es el Padre de todos como Pablo ya había declarado unos diez versículos antes:
“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre…de quien es nombrada toda la familia en el cielo y en la tierra.” (Ef 3:14,15 RVG) [1]
Aquí vemos que Pablo declara que Dios es el Padre de todos, no solamente de los que están en la tierra sino también de todos los que están en el cielo. Jesús también decía a las multitudes que Dios era el Padre de ellos:
“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo…uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.” (Mateo 23:1,9)
Algunos argumentan que Dios no puede ser el Padre de todos porque dice que algunos son hijos del diablo:
“Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” (Juan 8:44)
“En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios.” (1Juan 3:10)
Es obvio aquí que no está hablando de orígenes sino de carácter. Ellos se originaron de Dios, como todos, y no del diablo. El comportamiento de uno no puede cambiar su origen. Si uno fuera separado de su padre en su infancia e imitaba a su padre adoptivo, ¿Por eso dejaría de ser hijo de su verdadero padre? No. Sin embargo, los que hemos nacido de nuevo debemos actuar como Dios, aunque ellos actúen como el diablo.
En el sentido de origen, aún Satanás y sus ángeles son llamados hijos de Dios (Gen 6:2,4; Job 1:6, 2:1). Cuando estos pasajes dicen que son de su padre el diablo enfatizan el comportamiento y no sus orígenes. Expresamos esa idea en inglés como: “De tal padre tal hijo”. En ese sentido aún los gentiles que tienen la fe de Abraham son llamados “hijos de Abraham”. (Gál 3:6-7). Pero todos, sin excepción somos hijos de Dios en virtud de la creación:
“¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios?” (Mal 2:10)
Decir que Dios es nuestro Creador, pero no corresponde como nuestro Padre es contrario a la fidelidad de Dios. Todos pensamos mal de uno que procrea a un hijo y no acepta responsabilidad como padre, y sin embargo dicen que Dios está absuelto de toda responsabilidad paternal. Dicen que, aunque nos creó, no nos toma como sus hijos hasta nacer de nuevo. Thomas Allin, en su libro Christ Triumphant (Cristo Triunfante), comenta sobre este tema:
“Se nos dice que Dios no es el Padre de todos los hombres, ¡Él es sólo su Creador! ¡Qué implicaciones tan malas contienen estas palabras! ¿Qué entendemos por paternidad y las obligaciones que ésta trae? La idea se basa esencialmente en la comunicación de vida al niño por el padre. La paternidad es para nosotros en gran medida ciega e instintiva; pero la creación es el Amor actuando libremente, divinamente; sabiendo todas las consecuencias, asumiendo toda la responsabilidad que conlleva el mismo acto de crear un espíritu inmortal razonable. Parece, pues, muy extraño tratar de escapar de las consecuencias de la obligación menor, al admitir una aún mayor, para buscar, en una palabra, evadir los resultados de una paternidad universal divina, alegando que Dios es solamente el Creador. [2]
Pablo dice que, si uno no provee por su familia, es peor que un incrédulo (1Ti 5:8). ¿Cómo podemos llegar a pensar que Dios Padre no acepta responsabilidad por todos Sus hijos quién creó a Su imagen y semejanza? La genealogía de Lucas 3 termina en versículo 38 diciendo: “hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios.” Si Dios no ha negado que Adán, quien introdujo el pecado al mundo era Su hijo, ¿Cómo va a negar que le pertenezcan los descendientes de él, que somos víctimas del pecado original heredado de él? Como Dios ha dicho: “He aquí que todas las almas son mías…” (Ez 18:4) Allin dice:
“La esencia del cristianismo desvanece al negar cualquier verdadera paternidad de nuestra raza de parte de Dios… ¿Qué es uno entre tantos? Pero cada alma es de valor infinita, como si fuera único en los ojos de Dios su Padre. Y más que esto, somos tan propensos a olvidar de quién es la pérdida. La pérdida es de Dios: es el Padre quien pierde a Su hijo. La oveja extraviada de la parábola es la pérdida del Gran Pastor; la moneda perdida es la pérdida del Dueño. En este hecho se basa la promesa de buscarla y buscarla hasta encontrarla.” [3]
Este artículo fue extraído de mi libro, El Triunfo de la Misericordia.
[1] En el griego indica que toda linaje (ie. toda la familia) toma su nombre del Padre tal como lo traduce el Reina Valera Gómez.
[2] Thomas Allin, Christ Triumphant
[3] Ibid
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!Ya Han Sido Perdonados Todos?
por George Sidney Hurd
Hoy en día hay mucha confusión acerca del perdón de los pecados. Algunos han ido al extremo de decir que nuestros pecados solamente son contra nosotros mismos, en vez de ser cometidos principalmente contra Dios, como presentado en las Escrituras (Gen 39:9; Sal 51:4; 1Jn 1:9). [1]
También, a pesar de numerosos pasajes indicando que el arrepentimiento y fe son necesarios para recibir el perdón, como Hechos 10:43, que dice, “todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados,” es cada vez más común oír a alguien decir que no es necesario que uno crea para recibir el perdón de pecados, dado que todos ya fueron perdonados en la cruz hace dos mil años.
Es verdad que Jesús, como el Cordero de Dios sin mancha, quitó los pecados del mundo (Jn 1:29; 1Jn 3:5). Su sangre derramada no solamente hizo propiciación a Dios por nuestros pecados, sino por los pecados de todo el mundo (kosmos) (Rom 3:25; 1Jn 2:2). Por Su sacrificio una vez para siempre Él realizó la purificación de nuestros pecados y se sentó a la diestra del Padre, habiendo obtenido eterna redención para nosotros (Heb 1:3; 9:12, 26-28). En la cruz Dios Padre estaba en Cristo, reconciliando al mundo (kosmos) en vez de estar tomando en cuenta los pecados cometidos contra Él (2Cor 5:19). Todos los creados por Cristo, sean los que están en el cielo o en la tierra, visible o invisible, fueron reconciliados a Dios por la sangre de Su cruz (Col 1:16,21).
Las Escrituras claramente nos enseñan que el sacrificio sustitutivo de Cristo de una vez para siempre hizo expiación por los pecados del mundo entero y no solamente los elegidos o los que creen en esta época. Si uno fuera a llegar a una conclusión basada en estos versículos solamente, sin tomar en cuenta todo lo que las Escrituras enseñan sobre el perdón de los pecados, podría llegar a la conclusión de que todos desde la cruz entran al mundo ya automáticamente perdonados de todos sus pecados, sin necesidad de arrepentimiento y fe de su parte.
Sin embargo, hay una distinción importante en las Escrituras entre Dios habiendo reconciliado al mundo a Sí Mismo, y todos llegando a ser reconciliados a Él (2Cor 5:19-20) – entre la provisión para el perdón, y nuestra recepción o apropiación del perdón (Hch 10:43).
Lo que muchos no toman en cuenta es que el perdón obtenido para nosotros en la cruz no es simplemente un perdón relacional, como cuando perdonamos a aquellos que nos han ofendido personalmente. Más bien es un perdón o absolución judicial por transgresiones contra la justicia inmutable de Dios como el juez de los vivos y los muertos. Es por eso, que uno tiene que arrepentirse y creer en el Señor Jesucristo para recibir el perdón o indulto obtenido para nosotros en la cruz. La justificación y perdón ante Dios como nuestro Juez no es imputada a nosotros aparte de la fe en Cristo, nuestra Pascua que fue crucificado por nosotros como nuestro Cordero sustituto (1Cor 5:7; Rom 4:24-25). Este perdón es una absolución extendida a nosotros en Cristo por el Juez de toda la tierra.
Es por eso que vemos a través del Nuevo Testamento que el arrepentimiento y fe tienen que preceder el perdón y la justificación. Después de que Cristo había resucitado, y momentos antes de ascender al Padre, Él comisionó a Sus discípulos diciéndoles, “que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lucas 24:47).
Que los Apóstoles entendieron esto como indicando que el arrepentimiento y fe fueron una condición para recibir la remisión de pecados es evidente considerando las palabras de Pedro unos pocos días después cuando dijo:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.” (Hch 3:19)
De la misma manera, Pablo proclamaba el perdón de pecados y la justificación como condicionados en nuestra fe, diciendo:
“Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, 39 y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.” (Hch 13:38-39)
En Hechos 26 Pablo relata al rey Agripa su encuentro con el Señor en el camino a Damasco, dando más detalles sobre la comisión que le dio para los gentiles. Jesús le dijo:
“y de los gentiles, a quienes ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” (Hch 26:17-18)
Aquí vemos que el mensaje que Pablo proclamaba a los gentiles era que se arrepientan, convirtiéndose de las tinieblas a la luz, recibiendo el perdón de pecados por la fe en Cristo. Aparte de este arrepentimiento y fe no recibimos perdón ni herencia con los que han sido santificados por fe en Él.
Entonces vemos que, contrario a lo que afirman algunos de que todos ya fueron perdonados en la cruz, las Escrituras nos enseñan que el perdón es extendido y la justificación imputada a nosotros en el momento que ponemos fe en Cristo quién fue entregado a muerte por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación (Rom 4:25).
Como Dios lo ilustró ampliamente a través del sistema de sacrificios del Antiguo Testamento, sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados (Heb 9:22; Mt 26:28). El perdón y la justificación solamente son posibles por la fe en Su sangre que hizo propiciación por nuestros pecados delante de Dios (Rom 3:25-26). Es por eso que Jesús dijo después de Su resurrección, “el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). También dijo que, a menos que uno crea, morirá en sus pecados (Jn 8:24).
Aunque es cierto que Cristo es la propiciación por los pecados del mundo entero, y que Cristo finalmente habrá atraído a todos a Sí Mismo, resultando en que todos estén reunidos en Él (Jn 12:32; Ef 1:10), creo que es una omisión grave decirles a los no arrepentidos que ya han sido perdonados sin necesidad del arrepentimiento y fe de su parte. En vez de decirles que ya han sido perdonados, debemos de decirles lo mismo que Pablo dijo a los hombres de Atenas, que Dios “ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó” (Hch 17:30-31). [2] En lugar de decirles que ya son salvos, debemos de decir como él: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hch 16:30-31).
[1] Demuestro como el pecado es primeramente contra Dios en mi blog: Borrando las Distinciones Bíblicas.
[2] Examino la naturaleza del arrepentimiento bíblico y la necesidad de él en mi blog, El Verdadero Arrepentimiento
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por George Sidney Hurd
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Nuestro Padre Dios es presentado repetidas veces en las Escrituras como un “Fuego Consumidor.” Esta representación bíblica de Dios ha sido interpretada por algunos como si dijera que Dios finalmente va a incinerar a todos, menos los que confiesan a Jesús como Señor en su breve vida. Dirían que el Fuego Consumidor consume el individuo mismo – borrando su existencia por completo.
La interpretación tradicional, que ha sido la creencia más común en el cristianismo desde el Siglo VI, también presenta el Fuego Consumidor como si fuera dirigido contra la persona como individuo. Sin embargo, según esta interpretación, el Fuego Consumidor nunca consume totalmente al individuo. En lugar de eso, Él sostiene a los que no respondieron apropiadamente al evangelio en un estado consciente de tormentos en llamas – siempre ardiendo en las llamas, pero nunca siendo consumidos.
Ambas proposiciones son tan aterradoras que la mayoría de los cristianos las bloquean de su mente – evitando cualquier reflexión pensativa sobre sus implicaciones. Pero, hay cada vez más de los que no son cristianos que sí han pensado en las contradicciones morales y lógicas que tales doctrinas presentan. Ellos rechazan la idea de que un Creador sabio y benevolente, que habita en la eternidad y ve el final desde el principio, crearía al hombre y pondría en marcha un plan, sabiendo todo el tiempo que culminaría en tal tragedia tan inimaginable para la mayoría de la raza de Adán.
A mi pensar, ambos grupos ignoran la verdadera naturaleza y motivación de nuestro Fuego Consumidor como Él es revelado en las Escrituras. El profeta Malaquías nos revela la verdadera naturaleza y fin de este fuego:
“Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando El
aparezca? Porque Él es como fuego DE FUNDIDOR y como jabón de lavanderos. Y El se
sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará
como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.” (Mal 3:2,3
NBLH)
¿Cuál es la naturaleza y propósito de Su fuego? Es fuego de Fundidor. El fuego de un fundidor no consume todo lo que es sujetado a él: Solo consume la escoria para purificar lo que es precioso a los ojos del fundidor. Tampoco dura para siempre. Solo dura hasta que haya purificado lo precioso. Su fin es restauración – no aniquilación o tormentos perpetuos. El final del plan de Dios en crearnos es la restauración final de todos en las épocas venideras, para la alabanza de la gloria de Su gracia. (Hch 3:21; Rom 11:36; Fil 2:10, etc.)
La imagen de Dios como un Fuego Consumidor se ve a través de las Escrituras, comenzando cuando Él sacó a Israel de Egipto – “el horno de hierro:”
“Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.” (Deut 4:20; cf. 1Reyes 8:5; Jer 11:4)
Aquí vemos la primera etapa en el proceso del Fundidor con Su pueblo escogido. De la manera en que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser probado por el diablo, los primeros descendientes de Abraham fueron llevados al horno de la aflicción en Egipto. El horno de hierro no los convirtió en oro, pero sirvió para apartarlos de las naciones no-refinadas (naciones mena de hierro) del mundo como Su propio pueblo.
Conforme va progresando la historia de Israel, vemos el proceso de refinamiento para Su pueblo descrito con metales cada vez más preciosos, culminando en las pruebas de fuego para la Iglesia Judía/Gentil que nos convierte en oro puro (1Pedro 1:7; Apo 3:18). Dios jamás ha olvidado el resto de las naciones, pero el tiempo del refinamiento de ellas aún no ha venido a plenitud; eso espera los tiempos de la restauración de todos. (Hch 3:21)
Dios deja en claro que el fuego que nos refina no es fuego literal, como algunos piensan, sino el fuego de aflicción intencionado para purificar nuestros corazones:
“He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.” (Isa 48:10)
“El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; pero Jehová prueba los corazones.” (Prov 17:3)
Aunque muchos hoy no ven la intención benévola y purificadora de Dios en las descripciones de fuego de aflicción en la Biblia, el salmista claramente entendió que el horno de fuego del Fundidor es verdaderamente bueno y diseñado para nuestro beneficio:
“Porque tú nos probaste, oh Dios: nos refinaste como se refina la plata. Nos metiste en la red; pusiste aflicción en nuestros lomos. Hombres hiciste cabalgar sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a un lugar de abundancia.” (Sal 66:10-12 RVG)
“Antes que fuera afligido, yo me descarrié, Pero ahora guardo Tu palabra. Bueno eres Tú, y bienhechor…. 71 Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos.” (Sal 119:67,71)
Vemos Sus Buenos propósitos – aún en los juicios más severos contra Su pueblo rebelde después de haberle desafiado, siguiendo a falsos dioses y cometiendo actos abominables:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
Si no supiéramos que Dios es Bueno todo el tiempo – aún en Su ira y en Sus juicios más severos, podríamos concluir aquí que Israel ha sido condenado para siempre – que la ira de Dios y Su fuego era para su destrucción irremediable en vez de su restauración. Pero el propósito del horno fue su restauración – no su destrucción, como vemos a continuación:
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
Aquí vemos que, aun cuando en Su ira los impíos obstinados son lanzados en el horno de fuego, Él es bueno todo el tiempo. Sus motivos son redentores y disciplinarios, y el resultado final es purificación y restauración. De hecho, si Él fuera a retener la corrección sería negligencia paterna y no amor. Pero, si Dios fuera a aniquilar a los hombres incinerándolos o atormentándolos en un fuego eterno, sería un castigo excesivo y abusivo e irreconciliable con Su amor. Vemos Su buen propósito y el resultado redentivo en Su horno de aflicción repetidas veces en las Escrituras:
“Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.” (Zac 13:9)
“Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” (Heb 12:10)
Invariablemente, a través de todas las Escrituras vemos que Su aflicción de fuego finalmente resulta en restauración.
Algunos aceptarían que el fuego de Dios purifica a los elegidos, pero insisten que su único propósito para el resto de la humanidad es atormentarlos o incinerarlos. Sin embargo, Dios no hace acepción de personas. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal 145:9). Dios es bueno con todos, todo el tiempo – aun cuando tienen que ser fundidos en el horno de fuego.
Dios dice a través de Ezequiel que hasta Sodoma, junto con Samaria y la Jerusalén apóstata, finalmente serán todas restauradas (Ezeq 16:53-55). Esto es de acuerdo con la apocatástasis o la doctrina de la restauración final de todos, pero es irreconciliable con las doctrinas de la aniquilación y el castigo eterno.
El mismo simbolismo del fuego del fundidor que es utilizado en referencia a Israel y las naciones del Antiguo Testamento son utilizados para describir el horno de fuego escatológico en los Evangelios y en Apocalipsis. Jesús describe la separación que sucederá cuando venga otra vez de la manera siguiente:
“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42)
En realidad, lo que dijo Dios en Ezequiel 22, describiendo lo que ahora sabemos que fueron juicios temporales contra Israel, suena más drástico de lo que Jesús dijo aquí en referencia a ser echados en el horno de fuego. Además de decir que los echaría en el horno de fuego, Dios les dijo a Israel: “os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré.” Sin embargo, por más severo que suena, el “horno de fuego” no se refiere al incinerador de Dios, como creen los aniquilacionistas, ni tampoco a una cámara de tortura eterna según la doctrina tradicional de tormentos eternos, sino que habla del fuego purificador del Fundidor divino que consume toda impureza en los que son preciosos a los ojos de Él.
El horno de fuego tiene un propósito y no es la aniquilación, sino la purificación y restauración, como vemos presentado a través de las Escrituras (Apo 21:5; Hch 3:21, cf. Mt 19:28; Isa 45:21-24; 25:6-8; Sal 66:3-4, etc.). Jesús es el Salvador del mundo entero y ha redimido a toda la humanidad. Sin embargo, todos estamos dañados y contaminados. Por eso, necesitamos ser refinados y restaurados. En esta época pocos son los que se someten voluntariamente al fuego de aflicción que es necesario para nuestra restauración a la imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, ninguno escapará del fuego consumidor de nuestro Fundidor divino. Jesús vino a salvar a los perdidos y no desistirá hasta que haya atraído a todos a Si mismo. (Jn 12:32; Ef 1:10)
En el juicio del Gran Trono Blanco los impíos serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el horno de fuego, también llamado el fuego de Gehena y el lago de fuego y azufre (Apo 20:12; 21:8). Las expresiones “según sus obras” y “su parte” no concuerdan con un castigo eterno (Lc 12:47-48). Además, en dos ocasiones, hablando del fuego de Gehena, Jesús dijo que no saldrían de allí “hasta que” hubiesen pagado su deuda (Mt 5:26; 18:34). Al decir “hasta que,” Él excluye todo concepto de tormentos con un fuego interminable o exterminación. Pero, todas estas expresiones concuerdan perfectamente con las características del fuego del fundidor que solamente continúa hasta que haya purificado lo que es precioso a los ojos del fundidor.
Habiendo visto el uso constante de los términos del fundidor a través de las Escrituras, ahora podemos enfocarnos en el objetivo principal de este blog, que es examinar las referencias al azufre y la sal en relación con el fuego a que los hombres son sujetados por Dios.
El Lago de Fuego y Azufre
“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apo 20:10)
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
Antes de entrar en una explicación del lago de fuego y azufre, hay una aparente contradicción entre estos dos textos como comúnmente han sido traducidos que necesita clarificación. En el 21:8 dice que tendrán “su parte,” que habla de un juicio medido, mientras que en el 20:10 dice: “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” “Su parte” no puede ser interminable como muchos entienden con la expresión “por los siglos de los siglos.”
Trato con este tema con mucho más detalle en mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.” Por el momento solo quiero señalar que “por los siglos de los siglos” es una traducción errónea. La frase en el griego literalmente dice “hacia dentro las épocas de las épocas" o "en las épocas de las épocas."
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Nuestro Padre Dios es presentado repetidas veces en las Escrituras como un “Fuego Consumidor.” Esta representación bíblica de Dios ha sido interpretada por algunos como si dijera que Dios finalmente va a incinerar a todos, menos los que confiesan a Jesús como Señor en su breve vida. Dirían que el Fuego Consumidor consume el individuo mismo – borrando su existencia por completo.
La interpretación tradicional, que ha sido la creencia más común en el cristianismo desde el Siglo VI, también presenta el Fuego Consumidor como si fuera dirigido contra la persona como individuo. Sin embargo, según esta interpretación, el Fuego Consumidor nunca consume totalmente al individuo. En lugar de eso, Él sostiene a los que no respondieron apropiadamente al evangelio en un estado consciente de tormentos en llamas – siempre ardiendo en las llamas, pero nunca siendo consumidos.
Ambas proposiciones son tan aterradoras que la mayoría de los cristianos las bloquean de su mente – evitando cualquier reflexión pensativa sobre sus implicaciones. Pero, hay cada vez más de los que no son cristianos que sí han pensado en las contradicciones morales y lógicas que tales doctrinas presentan. Ellos rechazan la idea de que un Creador sabio y benevolente, que habita en la eternidad y ve el final desde el principio, crearía al hombre y pondría en marcha un plan, sabiendo todo el tiempo que culminaría en tal tragedia tan inimaginable para la mayoría de la raza de Adán.
A mi pensar, ambos grupos ignoran la verdadera naturaleza y motivación de nuestro Fuego Consumidor como Él es revelado en las Escrituras. El profeta Malaquías nos revela la verdadera naturaleza y fin de este fuego:
“Pero quién podrá soportar el día de Su venida? ¿Y quién podrá mantenerse en pie cuando El
aparezca? Porque Él es como fuego DE FUNDIDOR y como jabón de lavanderos. Y El se
sentará como fundidor y purificador de plata, y purificará a los hijos de Leví y los acrisolará
como a oro y como a plata, y serán los que presenten ofrendas en justicia al Señor.” (Mal 3:2,3
NBLH)
¿Cuál es la naturaleza y propósito de Su fuego? Es fuego de Fundidor. El fuego de un fundidor no consume todo lo que es sujetado a él: Solo consume la escoria para purificar lo que es precioso a los ojos del fundidor. Tampoco dura para siempre. Solo dura hasta que haya purificado lo precioso. Su fin es restauración – no aniquilación o tormentos perpetuos. El final del plan de Dios en crearnos es la restauración final de todos en las épocas venideras, para la alabanza de la gloria de Su gracia. (Hch 3:21; Rom 11:36; Fil 2:10, etc.)
La imagen de Dios como un Fuego Consumidor se ve a través de las Escrituras, comenzando cuando Él sacó a Israel de Egipto – “el horno de hierro:”
“Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.” (Deut 4:20; cf. 1Reyes 8:5; Jer 11:4)
Aquí vemos la primera etapa en el proceso del Fundidor con Su pueblo escogido. De la manera en que Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser probado por el diablo, los primeros descendientes de Abraham fueron llevados al horno de la aflicción en Egipto. El horno de hierro no los convirtió en oro, pero sirvió para apartarlos de las naciones no-refinadas (naciones mena de hierro) del mundo como Su propio pueblo.
Conforme va progresando la historia de Israel, vemos el proceso de refinamiento para Su pueblo descrito con metales cada vez más preciosos, culminando en las pruebas de fuego para la Iglesia Judía/Gentil que nos convierte en oro puro (1Pedro 1:7; Apo 3:18). Dios jamás ha olvidado el resto de las naciones, pero el tiempo del refinamiento de ellas aún no ha venido a plenitud; eso espera los tiempos de la restauración de todos. (Hch 3:21)
Dios deja en claro que el fuego que nos refina no es fuego literal, como algunos piensan, sino el fuego de aflicción intencionado para purificar nuestros corazones:
“He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.” (Isa 48:10)
“El crisol para la plata, y la hornaza para el oro; pero Jehová prueba los corazones.” (Prov 17:3)
Aunque muchos hoy no ven la intención benévola y purificadora de Dios en las descripciones de fuego de aflicción en la Biblia, el salmista claramente entendió que el horno de fuego del Fundidor es verdaderamente bueno y diseñado para nuestro beneficio:
“Porque tú nos probaste, oh Dios: nos refinaste como se refina la plata. Nos metiste en la red; pusiste aflicción en nuestros lomos. Hombres hiciste cabalgar sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, pero nos sacaste a un lugar de abundancia.” (Sal 66:10-12 RVG)
“Antes que fuera afligido, yo me descarrié, Pero ahora guardo Tu palabra. Bueno eres Tú, y bienhechor…. 71 Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos.” (Sal 119:67,71)
Vemos Sus Buenos propósitos – aún en los juicios más severos contra Su pueblo rebelde después de haberle desafiado, siguiendo a falsos dioses y cometiendo actos abominables:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
Si no supiéramos que Dios es Bueno todo el tiempo – aún en Su ira y en Sus juicios más severos, podríamos concluir aquí que Israel ha sido condenado para siempre – que la ira de Dios y Su fuego era para su destrucción irremediable en vez de su restauración. Pero el propósito del horno fue su restauración – no su destrucción, como vemos a continuación:
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezeq 36:24-26)
Aquí vemos que, aun cuando en Su ira los impíos obstinados son lanzados en el horno de fuego, Él es bueno todo el tiempo. Sus motivos son redentores y disciplinarios, y el resultado final es purificación y restauración. De hecho, si Él fuera a retener la corrección sería negligencia paterna y no amor. Pero, si Dios fuera a aniquilar a los hombres incinerándolos o atormentándolos en un fuego eterno, sería un castigo excesivo y abusivo e irreconciliable con Su amor. Vemos Su buen propósito y el resultado redentivo en Su horno de aflicción repetidas veces en las Escrituras:
“Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré: Pueblo mío; y él dirá: Jehová es mi Dios.” (Zac 13:9)
“Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.” (Heb 12:10)
Invariablemente, a través de todas las Escrituras vemos que Su aflicción de fuego finalmente resulta en restauración.
Algunos aceptarían que el fuego de Dios purifica a los elegidos, pero insisten que su único propósito para el resto de la humanidad es atormentarlos o incinerarlos. Sin embargo, Dios no hace acepción de personas. “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (Sal 145:9). Dios es bueno con todos, todo el tiempo – aun cuando tienen que ser fundidos en el horno de fuego.
Dios dice a través de Ezequiel que hasta Sodoma, junto con Samaria y la Jerusalén apóstata, finalmente serán todas restauradas (Ezeq 16:53-55). Esto es de acuerdo con la apocatástasis o la doctrina de la restauración final de todos, pero es irreconciliable con las doctrinas de la aniquilación y el castigo eterno.
El mismo simbolismo del fuego del fundidor que es utilizado en referencia a Israel y las naciones del Antiguo Testamento son utilizados para describir el horno de fuego escatológico en los Evangelios y en Apocalipsis. Jesús describe la separación que sucederá cuando venga otra vez de la manera siguiente:
“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42)
En realidad, lo que dijo Dios en Ezequiel 22, describiendo lo que ahora sabemos que fueron juicios temporales contra Israel, suena más drástico de lo que Jesús dijo aquí en referencia a ser echados en el horno de fuego. Además de decir que los echaría en el horno de fuego, Dios les dijo a Israel: “os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré.” Sin embargo, por más severo que suena, el “horno de fuego” no se refiere al incinerador de Dios, como creen los aniquilacionistas, ni tampoco a una cámara de tortura eterna según la doctrina tradicional de tormentos eternos, sino que habla del fuego purificador del Fundidor divino que consume toda impureza en los que son preciosos a los ojos de Él.
El horno de fuego tiene un propósito y no es la aniquilación, sino la purificación y restauración, como vemos presentado a través de las Escrituras (Apo 21:5; Hch 3:21, cf. Mt 19:28; Isa 45:21-24; 25:6-8; Sal 66:3-4, etc.). Jesús es el Salvador del mundo entero y ha redimido a toda la humanidad. Sin embargo, todos estamos dañados y contaminados. Por eso, necesitamos ser refinados y restaurados. En esta época pocos son los que se someten voluntariamente al fuego de aflicción que es necesario para nuestra restauración a la imagen y semejanza de Dios. Sin embargo, en los tiempos de la restauración de todos, ninguno escapará del fuego consumidor de nuestro Fundidor divino. Jesús vino a salvar a los perdidos y no desistirá hasta que haya atraído a todos a Si mismo. (Jn 12:32; Ef 1:10)
En el juicio del Gran Trono Blanco los impíos serán juzgados según sus obras y recibirán su parte en el horno de fuego, también llamado el fuego de Gehena y el lago de fuego y azufre (Apo 20:12; 21:8). Las expresiones “según sus obras” y “su parte” no concuerdan con un castigo eterno (Lc 12:47-48). Además, en dos ocasiones, hablando del fuego de Gehena, Jesús dijo que no saldrían de allí “hasta que” hubiesen pagado su deuda (Mt 5:26; 18:34). Al decir “hasta que,” Él excluye todo concepto de tormentos con un fuego interminable o exterminación. Pero, todas estas expresiones concuerdan perfectamente con las características del fuego del fundidor que solamente continúa hasta que haya purificado lo que es precioso a los ojos del fundidor.
Habiendo visto el uso constante de los términos del fundidor a través de las Escrituras, ahora podemos enfocarnos en el objetivo principal de este blog, que es examinar las referencias al azufre y la sal en relación con el fuego a que los hombres son sujetados por Dios.
El Lago de Fuego y Azufre
“Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” (Apo 20:10)
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apo 21:8)
Antes de entrar en una explicación del lago de fuego y azufre, hay una aparente contradicción entre estos dos textos como comúnmente han sido traducidos que necesita clarificación. En el 21:8 dice que tendrán “su parte,” que habla de un juicio medido, mientras que en el 20:10 dice: “serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.” “Su parte” no puede ser interminable como muchos entienden con la expresión “por los siglos de los siglos.”
Trato con este tema con mucho más detalle en mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.” Por el momento solo quiero señalar que “por los siglos de los siglos” es una traducción errónea. La frase en el griego literalmente dice “hacia dentro las épocas de las épocas" o "en las épocas de las épocas."
Las épocas son medidas de tiempo y no tienen ninguna relación con la eternidad. Además, la preposición eís expresa “entrada dentro de” sin especificar la duración dentro del período de tiempo llamado “las épocas de las épocas.” La preposición “por” en español es engañosa porque expresa la idea: “a través de.” La frase “a través de” hubiera sido expresado por la preposición griega dia y no con eís. Como “hacia dentro las épocas” suena raro en español uno puede traducirlo como “en las épocas de las épocas” sin cambiar significativamente la idea expresada con eís.
“En las épocas de las épocas” expresa algo que tomará lugar dentro de las épocas de las épocas sin especificar cuánto tiempo ocupa dentro de las épocas. Cuando decimos algo como: “en el siglo XXI el hombre estará en el planeta Marte,” simplemente estamos diciendo que algo sucederá dentro del siglo XXI, sin especificar el tiempo necesario para lograr ese objetivo. Esto es consistente con un juicio medido donde uno es juzgado “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el lago de fuego y azufre. Además, una vez que entendemos el objetivo de Dios en el lago de fuego y azufre, llega a ser obvio que no puede durar eternamente.
Yo tenía dificultad para entender exactamente qué era lo que significaba el lago de fuego y azufre hasta que leí un artículo escrito por Michael Webber con el título: “What is the Lake of Fire?” (¿Qué es el Lago de Fuego?) [2] En su blog él explica que el lago de fuego y azufre se refiere al crisol del fundidor y que el azufre es añadido para separar las impurezas y otros metales del oro en el proceso de la refinación. Al investigar más a fondo en Google encontré numerosos artículos que confirman y elaboran sobre lo que él dice en su blog. [3]
Desde tiempos antiguos el azufre fue agregado al oro impuro al derretirse. Entonces, en el fuego las impurezas y la mayoría de otros metales se unen con el azufre, siendo convertidos en sulfuro que flota a la superficie como escoria donde es removido por el fundidor. Para el fundidor de oro y metales preciosos de tiempos bíblicos, la conexión entre el fuego y el azufre hubiera sido muy obvia. Aun hoy en día el azufre sigue siendo utilizado para refinar el oro, aunque otros métodos más sofisticados han sido desarrollados.
“En las épocas de las épocas” expresa algo que tomará lugar dentro de las épocas de las épocas sin especificar cuánto tiempo ocupa dentro de las épocas. Cuando decimos algo como: “en el siglo XXI el hombre estará en el planeta Marte,” simplemente estamos diciendo que algo sucederá dentro del siglo XXI, sin especificar el tiempo necesario para lograr ese objetivo. Esto es consistente con un juicio medido donde uno es juzgado “según sus obras” – recibiendo “su parte” en el lago de fuego y azufre. Además, una vez que entendemos el objetivo de Dios en el lago de fuego y azufre, llega a ser obvio que no puede durar eternamente.
Yo tenía dificultad para entender exactamente qué era lo que significaba el lago de fuego y azufre hasta que leí un artículo escrito por Michael Webber con el título: “What is the Lake of Fire?” (¿Qué es el Lago de Fuego?) [2] En su blog él explica que el lago de fuego y azufre se refiere al crisol del fundidor y que el azufre es añadido para separar las impurezas y otros metales del oro en el proceso de la refinación. Al investigar más a fondo en Google encontré numerosos artículos que confirman y elaboran sobre lo que él dice en su blog. [3]
Desde tiempos antiguos el azufre fue agregado al oro impuro al derretirse. Entonces, en el fuego las impurezas y la mayoría de otros metales se unen con el azufre, siendo convertidos en sulfuro que flota a la superficie como escoria donde es removido por el fundidor. Para el fundidor de oro y metales preciosos de tiempos bíblicos, la conexión entre el fuego y el azufre hubiera sido muy obvia. Aun hoy en día el azufre sigue siendo utilizado para refinar el oro, aunque otros métodos más sofisticados han sido desarrollados.
También la palabra traducida “lago” en nuestras traducciones oscurece el significado del texto. La palabra griega es límne. Aunque la palabra a veces se refiere a un lago, a menudo significa “un estanque” o “un charco.” La Concordancia Strong’s la define: “lago, estanque (grande o pequeño).” La misma palabra, que aparece en el Nuevo Testamento refiriéndose a algo tan grande como el Lago de Genesaret en Galilea, también puede ser utilizado para referirse a un estanque o un charco. En ciertos contextos, según Liddel, Scott, Jones, Greek-English Lexicon, límne hasta se puede referir al recipiente que contiene el estanque. En el contexto del fuego y azufre de un fundidor el “estanque” sería el estanque de metal precioso derretido y el “recipiente” sería el crisol del fundidor.
Los traductores de la Biblia, o ignorantes del proceso de la refinación del oro o demasiado influenciados por la doctrina tradicional del castigo eterno, o ambas cosas, han traducido todas las versiones en español que pude consultar como “lago” con la excepción de La Biblia Bover – Cantera, que lo traduce como “estanque de fuego y de azufre.” Sin embargo, una vez que entendemos el proceso de refinar oro, el significado es obvio. Así como la apóstata Jerusalén fue lanzada en el horno de fuego para refinarla, así será en el fin de la época. El propósito del fuego de Dios es purificar el corazón, porque solo los puros de corazón pueden ver a Dios (Mateo 5:8; Heb 12:14). El lago de fuego y azufre apocalíptico es el crisol del Fundidor divino que servirá al propósito de refinar a los corazones, hasta de Sus enemigos más obstinados, resultando en la restauración de todos en las épocas venideras para la alabanza de la gloria de Su gracia.
El Humo de su Tormento
“él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado (basanízo) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento (basanismós) sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.” (Apo 14:10-11)
Otro detalle acerca del lago de fuego que deja aún más claro que se está refiriendo al crisol de Refinador – intencionado para purificar a los que son lanzados en él, tiene que ver con el significado de la palabra traducida “atormentado.” La palabra griega es basanízo, que literalmente significa “probar con una piedra de toque.” Las piedras de toque fueron de basalto y eran utilizadas para probar la pureza del oro. Al frotar el oro en la piedra de toque dejaría un pequeño depósito en la piedra, permitiendo que el fundidor experimentado determinara la pureza por el tono del color de la marca. Una prueba adicional de ácido revela si es oro puro o no. Si humo asciende de la marca de oro dejada en la piedra de toque, entonces no es oro puro. Eso es lo que significa cuando dice que el humo de ellos sube.
El Humo de su Tormento
“él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado (basanízo) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; 11 y el humo de su tormento (basanismós) sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.” (Apo 14:10-11)
Otro detalle acerca del lago de fuego que deja aún más claro que se está refiriendo al crisol de Refinador – intencionado para purificar a los que son lanzados en él, tiene que ver con el significado de la palabra traducida “atormentado.” La palabra griega es basanízo, que literalmente significa “probar con una piedra de toque.” Las piedras de toque fueron de basalto y eran utilizadas para probar la pureza del oro. Al frotar el oro en la piedra de toque dejaría un pequeño depósito en la piedra, permitiendo que el fundidor experimentado determinara la pureza por el tono del color de la marca. Una prueba adicional de ácido revela si es oro puro o no. Si humo asciende de la marca de oro dejada en la piedra de toque, entonces no es oro puro. Eso es lo que significa cuando dice que el humo de ellos sube.
En el contexto del refinador, la piedra de toque (basanízo) no está hablando de tortura, sino de la prueba de la piedra de toque hecha por el refinador para determinar la pureza del oro. El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento Kittel (Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament) da una definición amplia de basanízo y sus palabras relacionadas:
“NT:931 básanos, basanízo, basanimós, basanistés
El básinos originalmente hace referencia a la profesión de inspector de monedas. Es de la raíz hebrea (probar) y el bhn egipcio (“basalto”)… El uso de la piedra de toque para probar oro y plata como medio de intercambio con la piedra de toque, fue desarrollado primero por los babilonios y después pasó a los armenianos y hebreos a través de Lida…
En la esfera espiritual tiene un sentido figurativo, que es muy relacionado al significado original y concreto de un medio de probación. Después, la palabra experimenta un cambio de sentido. El sentido original queda en el trasfondo. Ahora basinos viene a denotar “tortura” o “el potro,” especialmente en referencia a esclavos… En la prueba de metales el significado esencial es de poner a prueba para determinar genuinidad. El potro es un medio para revelar el verdadero estado del asunto. En su sentido verdadero significa probación y aprobación, aunque también puede incluir castigo.” [5]
Como vemos, la palabra basanízo eventualmente fue aplicada a la idea de sacar la verdad de una persona y poco a poco el significado degeneró, llegando a ser nada más que una tortura hecha por hombres perversos. Sin embargo, contrario a lo que insinúa Kittel, creo que en el contexto de estos pasajes llenos de términos del fuego purificador, basanízo no se refiere a tortura sino que retiene el significado que tiene para un refinador, que es probar para determinar el grado de pureza en los que han sido sujetados al fuego consumidor del Refinador.
Esto explica lo que significa cuando dice que serán “probados con la piedra de toque” (no atormentados) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Cristo y los ángeles no serán meros espectadores como los de la Arena Romana, sino que siempre estarán presentes – pendientes del proceso de los que están siendo refinados como oro. Tan pronto sean determinados puros, serán restaurados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida y les será concedida la entrada en la Nueva Jerusalén (Apo 22:14). Como vimos anteriormente, “día y noche” y “por los siglos de los siglos” no hacen referencia a la eternidad, sino a un período de tiempo indefinido en las épocas de las épocas. Que no esté hablando de la eternidad es evidente, dado que “día y noche” son medidas del tiempo que comenzaron con la creación. En la eternidad – más allá de la creación temporal, el tiempo con sus medidas de día y noche no existen. No hay día y noche en la eternidad.
Salados en Fuego
“Porque todos serán salados con fuego.” (Marcos 9:49 NBLH)
Este versículo ha sido muy ambiguo para la mayoría. Hasta parece que los escribas de la antigüedad, que copiaban los textos griegos del Nuevo Testamento, tuvieron dificultad para entenderlo. Los manuscritos bizantinos incorporaron en el texto lo que aparentemente comenzó como una anotación explanatoria, haciendo que el pasaje diga: “Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.” Sin embargo, la mayoría de los eruditos modernos consideran que los manuscritos con la lectura más corta y antigua es original y la frase adicional fue injertada después. Hay unas 15 interpretaciones distintas para este texto y la mitad de los comentarios que consulté se abstuvieron de cualquier comentario sobre el versículo.
Aunque ya había entendido que el versículo hacía referencia al proceso de la purificación por la que todos tenemos que pasar sin excepción, ahora o más adelante para llegar a ser puros de corazón y ver al Señor, no entendí por qué Jesús hizo una conexión entre el fuego y la sal hasta que comencé a investigar sobre el uso de fuego con azufre para refinar oro para confirmar lo que Michael Webber había compartido en su blog. Hice un descubrimiento asombroso que dio claridad y sentido a las palabras de Jesús.
El azufre es eficaz en remover la mayoría de los metales e impurezas del oro, pero no es tan efectivo para separar la plata del oro. Mucho antes del tiempo de Cristo, los de la antigüedad descubrieron que la sal era más eficaz que el azufre para separar la plata del oro. Esto se llama “parting” en inglés. La Enciclopedia Britannica dice: “Para el año 2000 a.C. el proceso de purificar aleaciones de oro-plata con la sal para remover la plata fue implementado.” [6] Cuando el oro con mixtura de plata es calentado con la sal, la plata reacciona con la sal, formando cloruro de plata que puede ser removido fácilmente, dejando solamente el oro puro. [7]
Esto ilustra que Dios está determinado a continuar purificándonos hasta que salgamos como oro puro. La plata es considerada como un metal semi-precioso, pero Dios no se conforma con dejarnos como una mixtura de precioso y semi-precioso. No es suficiente remover la escoria de la carne pecaminosa de nuestros corazones. Aún nuestras “buenas” pero independientes obras – como la plata, tienen que ser purgadas de nuestra vida hasta que todas nuestras obras sean hechas en Dios y pasemos de nuestra vida de independencia a la unión perfecta con Él.
El sustantivo griego “fuego” es en la forma dativo y podría ser traducido como instrumental – “con fuego” o locativo, indicando ubicación – “en fuego.” Yo nunca podía entender cómo podríamos ser salados con fuego. Sin embargo, ahora, entendiendo que el contexto está hablando del “parting” de oro o la separación de la plata del oro utilizando la sal, llega a ser evidente que la lectura correcta es: “Porque todos serán salados en fuego.”
“NT:931 básanos, basanízo, basanimós, basanistés
El básinos originalmente hace referencia a la profesión de inspector de monedas. Es de la raíz hebrea (probar) y el bhn egipcio (“basalto”)… El uso de la piedra de toque para probar oro y plata como medio de intercambio con la piedra de toque, fue desarrollado primero por los babilonios y después pasó a los armenianos y hebreos a través de Lida…
En la esfera espiritual tiene un sentido figurativo, que es muy relacionado al significado original y concreto de un medio de probación. Después, la palabra experimenta un cambio de sentido. El sentido original queda en el trasfondo. Ahora basinos viene a denotar “tortura” o “el potro,” especialmente en referencia a esclavos… En la prueba de metales el significado esencial es de poner a prueba para determinar genuinidad. El potro es un medio para revelar el verdadero estado del asunto. En su sentido verdadero significa probación y aprobación, aunque también puede incluir castigo.” [5]
Como vemos, la palabra basanízo eventualmente fue aplicada a la idea de sacar la verdad de una persona y poco a poco el significado degeneró, llegando a ser nada más que una tortura hecha por hombres perversos. Sin embargo, contrario a lo que insinúa Kittel, creo que en el contexto de estos pasajes llenos de términos del fuego purificador, basanízo no se refiere a tortura sino que retiene el significado que tiene para un refinador, que es probar para determinar el grado de pureza en los que han sido sujetados al fuego consumidor del Refinador.
Esto explica lo que significa cuando dice que serán “probados con la piedra de toque” (no atormentados) con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.” Cristo y los ángeles no serán meros espectadores como los de la Arena Romana, sino que siempre estarán presentes – pendientes del proceso de los que están siendo refinados como oro. Tan pronto sean determinados puros, serán restaurados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida y les será concedida la entrada en la Nueva Jerusalén (Apo 22:14). Como vimos anteriormente, “día y noche” y “por los siglos de los siglos” no hacen referencia a la eternidad, sino a un período de tiempo indefinido en las épocas de las épocas. Que no esté hablando de la eternidad es evidente, dado que “día y noche” son medidas del tiempo que comenzaron con la creación. En la eternidad – más allá de la creación temporal, el tiempo con sus medidas de día y noche no existen. No hay día y noche en la eternidad.
Salados en Fuego
“Porque todos serán salados con fuego.” (Marcos 9:49 NBLH)
Este versículo ha sido muy ambiguo para la mayoría. Hasta parece que los escribas de la antigüedad, que copiaban los textos griegos del Nuevo Testamento, tuvieron dificultad para entenderlo. Los manuscritos bizantinos incorporaron en el texto lo que aparentemente comenzó como una anotación explanatoria, haciendo que el pasaje diga: “Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.” Sin embargo, la mayoría de los eruditos modernos consideran que los manuscritos con la lectura más corta y antigua es original y la frase adicional fue injertada después. Hay unas 15 interpretaciones distintas para este texto y la mitad de los comentarios que consulté se abstuvieron de cualquier comentario sobre el versículo.
Aunque ya había entendido que el versículo hacía referencia al proceso de la purificación por la que todos tenemos que pasar sin excepción, ahora o más adelante para llegar a ser puros de corazón y ver al Señor, no entendí por qué Jesús hizo una conexión entre el fuego y la sal hasta que comencé a investigar sobre el uso de fuego con azufre para refinar oro para confirmar lo que Michael Webber había compartido en su blog. Hice un descubrimiento asombroso que dio claridad y sentido a las palabras de Jesús.
El azufre es eficaz en remover la mayoría de los metales e impurezas del oro, pero no es tan efectivo para separar la plata del oro. Mucho antes del tiempo de Cristo, los de la antigüedad descubrieron que la sal era más eficaz que el azufre para separar la plata del oro. Esto se llama “parting” en inglés. La Enciclopedia Britannica dice: “Para el año 2000 a.C. el proceso de purificar aleaciones de oro-plata con la sal para remover la plata fue implementado.” [6] Cuando el oro con mixtura de plata es calentado con la sal, la plata reacciona con la sal, formando cloruro de plata que puede ser removido fácilmente, dejando solamente el oro puro. [7]
Esto ilustra que Dios está determinado a continuar purificándonos hasta que salgamos como oro puro. La plata es considerada como un metal semi-precioso, pero Dios no se conforma con dejarnos como una mixtura de precioso y semi-precioso. No es suficiente remover la escoria de la carne pecaminosa de nuestros corazones. Aún nuestras “buenas” pero independientes obras – como la plata, tienen que ser purgadas de nuestra vida hasta que todas nuestras obras sean hechas en Dios y pasemos de nuestra vida de independencia a la unión perfecta con Él.
El sustantivo griego “fuego” es en la forma dativo y podría ser traducido como instrumental – “con fuego” o locativo, indicando ubicación – “en fuego.” Yo nunca podía entender cómo podríamos ser salados con fuego. Sin embargo, ahora, entendiendo que el contexto está hablando del “parting” de oro o la separación de la plata del oro utilizando la sal, llega a ser evidente que la lectura correcta es: “Porque todos serán salados en fuego.”
Muchos han pensado que Marcos 9 solo está hablando de los impíos. Sin embargo, en el contexto vemos que todos tenemos que pasar por un proceso de refinamiento. Aún los discípulos no eran exentos:
“Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía… 43 Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45 Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47 Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49 Porque todos serán salados con (en) fuego.” (Marcos 9:31,43-49 NBLH)
En el versículo 31 vemos que Jesús estaba dirigiendo las palabras principalmente a los discípulos. Después de advertirles de la realidad del fuego post mortem, Él les explicó que todos tendrán que pasar por el procesamiento de sal en fuego que separa el oro aún de la plata semi-preciosa. Si no nos sometemos al fuego del Refinador en esta vida, siendo purificados de toda contaminación de carne y espíritu ahora - perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2Cor 7:1), entonces seremos dañados por la segunda muerte, recibiendo nuestra parte en el fuego de Gehena que es el lago purificador de fuego y azufre. (Apo 2:11; 21:8)
Dios no va a aniquilar a Sus enemigos en un incinerador. Tampoco creó una cámara de tortura eterna cuando creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay en aquellos primeros seis días. ¡No! Su fuego es como fuego de fundidor y Él ha declarado que Su plan para las épocas culminará en la restauración de todos cuando Él sea todo en todos en la eternidad:
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor 15:22,28) [8]
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y PARA (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36) [8]
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti TUS ENEMIGOS. 4 TODA la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3,4)
“Mirad a mí, y sed salvos, TODOS los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: QUE A MÍ SE DOBLARÁ TODA RODILLA, Y JURARÁ TODA LENGUA. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; A ÉL VENDRÁN, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
No es posible presentar a plenitud todo lo que las Escrituras tienen que decir sobre el glorioso tema de la restauración final de toda la creación en estas pocas páginas. Para una examinación más a fondo de esta doctrina bíblica, recomiendo mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.”
1 http://thetotalvictoryofchrist.com/whatisthelakeoffire.pdf
2Two concise and helpful sites were: https://www.911metallurgist.com/blog/sulphur-refining-gold
https://www.911metallurgist.com/blog/gold-refining-methods#goldrefining-by-sulphurisation
3 Liddell, Scott, Jones - A Greek-English Lexicon: limne.
4 https://www.gia.edu/bench-tip-use-the-touchstone-method-for-testing-purity-karat-gold
https://en.wikipedia.org/wiki/Touchstone_(assaying_tool)
5 Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament (10 vol.)
6 Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite, version: 2012.00.00.000000000: Gold Processing,
History
7 https://en.wikipedia.org/wiki/Gold_parting
8 Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.
“Porque enseñaba a sus discípulos, y les decía… 43 Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga, 44 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 45 Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno, 46 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 47 Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo; te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, 48 donde el gusano de ellos no muere, y el fuego no se apaga. 49 Porque todos serán salados con (en) fuego.” (Marcos 9:31,43-49 NBLH)
En el versículo 31 vemos que Jesús estaba dirigiendo las palabras principalmente a los discípulos. Después de advertirles de la realidad del fuego post mortem, Él les explicó que todos tendrán que pasar por el procesamiento de sal en fuego que separa el oro aún de la plata semi-preciosa. Si no nos sometemos al fuego del Refinador en esta vida, siendo purificados de toda contaminación de carne y espíritu ahora - perfeccionando la santidad en el temor de Dios (2Cor 7:1), entonces seremos dañados por la segunda muerte, recibiendo nuestra parte en el fuego de Gehena que es el lago purificador de fuego y azufre. (Apo 2:11; 21:8)
Dios no va a aniquilar a Sus enemigos en un incinerador. Tampoco creó una cámara de tortura eterna cuando creó los cielos y la tierra y todo lo que en ellos hay en aquellos primeros seis días. ¡No! Su fuego es como fuego de fundidor y Él ha declarado que Su plan para las épocas culminará en la restauración de todos cuando Él sea todo en todos en la eternidad:
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados… 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1 Cor 15:22,28) [8]
“Porque de (ek) él, y por (día) él, y PARA (eís) él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Rom 11:36) [8]
“Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti TUS ENEMIGOS. 4 TODA la tierra te adorará, y cantará a ti; Cantarán a tu nombre.” (Sal 66:3,4)
“Mirad a mí, y sed salvos, TODOS los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más. 23 Por mí mismo hice juramento, de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada: QUE A MÍ SE DOBLARÁ TODA RODILLA, Y JURARÁ TODA LENGUA. 24 Y se dirá de mí: Ciertamente en Jehová está la justicia y la fuerza; A ÉL VENDRÁN, y todos los que contra él se enardecen serán avergonzados.” (Isa 45:22-24)
No es posible presentar a plenitud todo lo que las Escrituras tienen que decir sobre el glorioso tema de la restauración final de toda la creación en estas pocas páginas. Para una examinación más a fondo de esta doctrina bíblica, recomiendo mi libro: “El Triunfo de la Misericordia.”
1 http://thetotalvictoryofchrist.com/whatisthelakeoffire.pdf
2Two concise and helpful sites were: https://www.911metallurgist.com/blog/sulphur-refining-gold
https://www.911metallurgist.com/blog/gold-refining-methods#goldrefining-by-sulphurisation
3 Liddell, Scott, Jones - A Greek-English Lexicon: limne.
4 https://www.gia.edu/bench-tip-use-the-touchstone-method-for-testing-purity-karat-gold
https://en.wikipedia.org/wiki/Touchstone_(assaying_tool)
5 Kittel’s Theological Dictionary of the New Testament (10 vol.)
6 Encyclopædia Britannica Ultimate Reference Suite, version: 2012.00.00.000000000: Gold Processing,
History
7 https://en.wikipedia.org/wiki/Gold_parting
8 Nuestra palabra “cosas” no tiene equivalente en el griego. Tampoco necesariamente indica el género neutro que el sujeto es un objeto como en español. Cuando los traductores agregan nuestra palabra “cosas” en contextos que claramente refieren principalmente a personas y no a objetos inanimados, tomo la libertad de tachar la palabra “cosas” para mantener el enfoque en las personas y no los objetos inanimados.