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El Libro de la Vida
por George Sidney Hurd
¿Qué es el Libro de la Vida? Aunque la Biblia dice poco acerca del Libro de la Vida, es de suma importancia que nuestros nombres aparezcan en él, dado que solamente aquellos que están escritos en el Libro de la Vida son permitidos a entrar en la Nueva Jerusalén. (Apo 21:27).
Otra pregunta que es importante responder de las Escrituras es, ¿en qué momento está escrito el nombre de uno en el Libro de la Vida? ¿Queda escrito en el momento que uno cree y nace de nuevo, o ya fueron escritos todos los nombres antes de la fundación del mundo, como afirman los Calvinistas? Si de hecho todos los nombres ya fueron escritos antes de la creación, eso presentaría un problema insuperable para los que creen en la restauración final de todos, dado que actualmente no están escritos los nombres de todos en el Libro de la Vida.
Todavía otra pregunta es, ¿Cuándo llega el punto donde ya no habrá más nombres añadidos al Libro de la Vida? ¿Es el punto de corte cuando el corazón de uno deja de latir? ¿Es en el juicio del gran trono blanco, o seguirán siendo añadidos los nombres hasta que todos finalmente hayan sido vivificados y escritos en el libro? Estas son algunas de las preguntas que espero responder de las Escrituras en este artículo.
El Libro de la Vida no es el Libro de Los Vivientes
El libro de los vivientes contiene los nombres de todos que estén vivos en la tierra en un momento dado. Cuando uno es concebido sus nombres quedan escritos en el libro de los vivientes. Cuando mueren dice que sus nombres son borrados del libro de los vivientes. David dijo de sus enemigos que procuraban matarlo:
“Sean borrados del libro de los vivientes, y no sean inscritos con los justos.” (Sal 69:28)
Aquí David estaba pidiendo que los que procuraban matarlo sean quitados de la tierra de los vivientes. Ten en cuenta que incluso los impíos están en el libro de los vivientes hasta que sean borrados al morir. Adicionalmente, como espero demostrar, cuando él pidió que sus nombres no sean “contados con los justos” él estaba refiriéndose a nada menos de lo que el Nuevo Testamento llama el Libro de la Vida. Aunque todos en la tierra están en el libro de los vivientes, solamente aquellos que han sido justificados por fe tienen sus nombres escritos en el cielo (Lucas 10:20).
Yo creo que el libro de los vivientes es lo que se estaba refiriendo Moisés cuando él intercedía por los hijos de Israel después que habían adorado al becerro de oro. Él dijo:
“que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.” (Ex 32:32)
Debe ser obvio que Moisés no estaba pidiéndole a Dios que lo excluyera eternamente de su herencia celestial como unos han pensado. Él estaba diciendo: “Si no vas a perdonar su transgresión, entonces quite mi vida en lugar de ellos.” Él estaba ofreciendo su vida por sus vidas. Dios respondió diciendo: “Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro” (v.33).
Dios acaba de decirle a Moisés estando en el monte Sinaí que cualquiera que sacrificara a otro dios tiene que morir. Así que, Moisés sabía que la idolatría llevaba la pena de la muerte bajo la Ley que acaba de recibir (Ex 22:20). Moisés estaba pidiendo que los hijos de Israel fueran perdonados de la pena de la muerte como exigía la Ley.
Solamente Creyentes están Inscritos en el Cielo
Aunque todos están inscritos en el libro de los vivientes (ζωντων) desde concepción hasta la muerte, no todos están inscritos en el Libro de la Vida (ζωῆ). Pablo deja en claro esto cuando se dirige a los creyentes en Filipo:
“Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida (ἐν βίβλῳ ζωῆς).” (Fil 4:3)
Al hacer referencia a algunos cuyos nombres estaban escritos en el Libro de la Vida, es evidente que otros no están en el Libro de la Vida. De la misma manera, Jesús dijo a los setenta discípulos al volver asombrados de que los demonios se sujetaban a ellos:
“Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.” (Lucas 10:20)
Sabiendo que nuestros nombres están inscritos en el cielo es causa de regocijo porque estamos “inscritos con los justos” en el Libro de la Vida y no simplemente en el libro de los vivientes (cf. Sal 69:28).
¿Cuándo fueron Inscritos Nuestros Nombres en el Libro de la Vida?
Los Calvinistas dirían que en realidad no han sido escrito ningún nombre en el Libro de la Vida – que los nombres contenidos en el Libro de la Vida han estado allí desde la eternidad, antes de la fundación del mundo. Como uno puede ver en mi libro, La Solución Universal, estoy de acuerdo con los Calvinistas en muchos detalles. Puedo entender cómo ellos podrían llegar a esta conclusión basado en el hecho de que se dice de los elegidos que fueron escogidos en Cristo antes de la fundación del mundo.
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo (πρὸ καταβολῆς κόσμου), para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.” (Ef 1:4)
“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (πρὸ χρόνων αἰωνίων).” (2 Ti 1:9)
La preposición πρὸ (pro), cuando se usa en sentido temporal, siempre significa “antes de.” Así que, claramente los elegidos, siendo las primicias de esta época, fueron escogidos en la eternidad antes del tiempo, antes de la fundación del mundo (para una explicación de cómo Dios escoge los elegidos y Su propósito para los elegidos, ver mi artículo: ¿Quiénes Son los Elegidos de Dios?).
Sin embargo, eso no significa que aquellos que Dios escogió desde la eternidad literalmente fueron escritos eternamente en el Libro de la Vida antes de la creación. Por tan metafóricamente que uno tomara el Libro de la Vida, ser “eternamente escrito” es un oxímoron. Escribir es un verbo de acción secuencial y un libro es una cosa creada. De la misma manera que no diríamos que Dios creó antes del tiempo, la acción de escribir tiene que suceder en tiempo.
En Apocalipsis 17:8, aunque no indica el momento preciso cuando el nombre de uno es escrito en el Libre de la Vida, sin embargo podemos ver que son escritos después de la fundación del mundo, no antes:
“La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde (ἀπό) la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será.” (Apo 17:8)
Aunque los elegidos son elegidos en Cristo antes de (πρὸ) la fundación del mundo, ellos no son escritos en el Libro de la Vida hasta un punto de tiempo entre Génesis y el presente – desde (ἀπό, apó) la fundación del mundo. Mientras que el uso temporal de la preposición πρὸ siempre significa “antes de,” la preposición ἀπό siempre significa “a partir de” como expresado con la palabra “desde.”
A pesar de esto, aparentemente influenciados por presuposiciones Calvinistas, unos pocos autores de versiones de la Biblia parafraseadas tomaron la libertad de cambiar “desde la fundación del mundo” por “antes de la creación del mundo.” Sin embargo, estas mismas versiones traducen todas las demás frases preposicionales con ἀπό correctamente como “desde” por razones muy obvias. Aquí hay un par de ejemplos de otros versículos que usan la misma frase:
“a quien ciertamente es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de todos sus santos profetas que han sido desde (ἀπό) el principio del mundo.” (Hch 3:21)
Es obvio que no hubiera sido posible que los profetas hablaran de la restauración universal antes del principio del mundo, dado que aún no existían antes de la creación. Lucas 11:49 es otra instancia donde la misma frase tiene que ser entendida como “desde” por razones muy obvios:
“Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán, 50para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas que se ha derramado desde (ἀπό) la fundación del mundo, 51desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación.” (Lucas 11:49–51)
Aquí, “desde la fundación del mundo” claramente tiene referencia a la sangre de los profetas derramada después de la creación desde el primer mártir, Abel, hasta Zacarías, quien era el último mártir mencionado en las Escrituras Hebreas. De hecho, en todas las 648 veces que ἀπό aparece en el Nuevo Testamento, no podría ser traducido “antes de” ni una sola vez, como han hecho con Apocalipsis 17:8 muchos Calvinistas y algunas versiones parafraseadas.
Así que, tenemos que concluir que todos los nombres que se encuentran escritos en el Libro de la Vida han sido escritos posterior a la fundación del mundo. Aunque las Escrituras no especifican el momento exacto cuando el nombre de uno está escrito en el Libro de la Vida, creo que podemos deducir de las Escrituras que nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida en el momento que uno es regenerado y justificado por fe.
Escrito con los Justos
Como ya dije, creo que cuando David pidió que sus enemigos no estuvieran “escritos con los justos” (Sal 69:28), era la primera referencia al Libro de la Vida. Cuando Abraham le creó a Dios y le fue contado o imputado (λογίζομαι, logizomai) por justicia, creo que eso fue el momento cuando su nombre fue escrito en el Libro de la Vida. En el contexto de la justificación, como en el caso de la fe de Abraham siendo imputado a él por justicia, λογίζομαι es un término forense de contabilidad en lo cual uno está escrito en el registro divino como justo.
Sellado con el Espíritu Santo al Creer
Adicional a tener la justicia de Cristo imputado a nosotros cuando creemos, vemos también que somos sellados con el Espíritu Santo de promesa:
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” (Ef 1:13–14)
En el momento que oímos el evangelio poniendo nuestra confianza en Cristo fuimos sellados con el Espíritu de la promesa hasta el día de nuestra redención, siendo su posesión adquirida, (i.e. hasta el día que Cristo viene por nosotros). Es razonable concluir que nuestros nombres fueron escritos en el Libro de la Vida en el momento que fuimos sellados con el Espíritu Santo. Anterior a eso, todavía estábamos muertos en nuestros pecados y no éramos entre los redimidos.
Escritos en el Libro de la Vida al ser Regenerados
Es lógico concluir que estamos escritos en el Libro de la Vida en el momento que somos vivificados espiritualmente y creímos. Jesús dijo:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Jn 5:24)
En Efesios 2:4 Pablo dijo que, cuando estábamos muertos en pecados Dios nos dio vida juntamente con Cristo. Creo que fuimos escritos en el Libro de la Vida en el momento que pasamos de muerte a vida, no antes.
Fuimos escritos en el Libro de la Vida cuando llegamos a ser Ciudadanos del Reino de los Cielos
Aunque nosotros, como las primicias elegidas de esta época, fuimos escogidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo, no llegamos a ser ciudadanos del reino de los cielos hasta que creímos y nacimos de nuevo (Jn 3:5). Ahora, siendo los hijos regenerados de Dios, somos ciudadanos en el reino de Dios y nuestros nombres han sido escritos en el cielo. Como dijo Pablo:
“el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo” (Col 1:13)
“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Fil 3:20)
Lógicamente nuestros nombres no fueron escritos en el Libro de la Vida en el cielo antes de llegar a ser ciudadanos del cielo. Para estar escrito en el Libro de la Vida, primero tenemos que ser regenerados, justificados por fe, siendo escritos con los justos, así llegando a ser ciudadanos del cielo.
Sin embargo, la historia del plan redentor de Dios no termina con nosotros. El tiempo vendrá cuando toda rodilla se habrá doblada, y toda lengua confesada a Jesucristo como Señor.
En la Consumación de las Épocas los Nombres de Todos habrán estado escritos en el Libro de la Vida
En el Juicio del Gran Trono Blanco todos cuyos nombres no aparecen en el Libro de la Vida serán lanzados en el Lago de Fuego purificador, sufriendo la segunda muerte (Apo 20:12-15). Aunque las puertas de la Nueva Jerusalén siempre estarán abiertas, nada inmundo podrá entrar. Solamente aquellos que están escritos en el Libro de la Vida podrán entrar (Apo 21:25-27).
Sin embargo, los elegidos de esta época solamente somos las primicias de la nueva creación de Dios en la cual todos habrán sido hechos nuevos (Stg 1:18; Apo 21:5). Como dice el autor de Hebreos, nosotros que ahora somos los ciudadanos del cielo solamente somos los primogénitos:
“sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, 23a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos.” (Heb 12:22–23)
El resto de la humanidad aún está por entrar en el reino, resultando en todos estemos sujetos a Cristo y Dios siendo todo en todos (Hch 15:16-17; Heb 2:8-9; 1Cor 15:28).
En la consumación de las épocas todos habrán sido vivificados, teniendo sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. ¡Qué consumación tan gloriosa!
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. 23Pero cada uno en su debido orden.” (1 Cor 15:22–23a)
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por George Sidney Hurd
Todos estarían de acuerdo en que el evangelio es una proclamación. Además, es una proclamación de buenas nuevas para todo el pueblo y no solamente para los elegidos de esta época (Lucas 2:10; 1Tim 4:10).
Sin embargo, desde que Carlton Pearson publicó su libro, “The Gospel of Inclusion” (El Evangelio de la Inclusión) en 2007, donde ensenaba que todos ya fuimos salvos en la cruz hace 2000 años, hay cada vez más Universalistas Inclusivas que dicen que, por definición, una proclamación excluye cualquier necesidad de una respuesta positiva de parte de los oyentes. Un autor Inclusivista, argumentando que una proclamación no puede ser al mismo tiempo una invitación dijo:
“Una invitación es un gesto considerado y quien hace la invitación anticipa su respuesta. En contraste, una proclamación es un anuncio. Es una declaración. Nuestra respuesta no es solicitada ni necesario. ¡Simplemente es lo que es!” [1]
Pero, ¿es cierto que la proclamación del evangelio no es a la vez una invitación requiriendo una respuesta? Cuando Jesús dio la parábola del rey que preparó un banquete y envió sus sirvientes a decir a los invitados: “He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas,” ¿no fue tanto una proclamación como una invitación que requería una respuesta positiva? (Mateo 22:1-4). De la misma manera, vemos que la proclamación del evangelio requiere una respuesta. Cuando Jesús los comisionó a sus discípulos a proclamar el evangelio a los fines de la tierra Él les dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio (κηρύξατε τὸ εὐαγγέλιον, “proclamad el evangelio”a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15-16)
Jesús no pudo haberlo dicho más claro de lo que hace aquí, indicando que el evangelio es tanto una declaración como una invitación requiriendo una respuesta positiva. Aquellos que corresponden positivamente al evangelio serán salvos, pero los que rechazan el evangelio serán condenados por sus pecados. ¿Le entendieron sus discípulos a Jesús como diciendo que el evangelio era una proclamación requiriendo una respuesta positiva? Sí. En el Día del Pentecostés, Pedro proclamó el evangelio a las multitudes. Al escuchar a Pedro, ellos se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” ¿Respondió él diciendo: “Nada. Sus pecados ya fueron perdonados en la cruz?” No. Pedro les llamó a responder apropiadamente a la proclamación del evangelio para ser salvo, así como Jesús les había comisionado:
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38)
Vemos que la gran comisión fue el patrón que los Apóstoles siempre seguían. La segunda vez que el Libro de los Hechos presenta a Pedro proclamando el evangelio vemos que la proclamación también requería una respuesta positiva para recibir la provisión del perdón obtenida por el sacrificio propiciatorio de Cristo por nuestros pecados:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.” (Hechos 3:19)
Cuando Pedro les habló a aquellos que se habían reunido para escucharlo en la casa de Cornelio, él repitió la gran comisión de Marcos 16:15-16, diciendo:
“Y (Jesús) nos mandó que predicásemos (κηρύσσω, “proclamar”) al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hechos 10:42-43)
Así que, vemos que a través del Libro de los Hechos la proclamación del evangelio siempre va acompañada con un llamado a arrepentirse y creer en el evangelio para recibir la remisión de los pecados, en vez de que sea una proclamación que ni solicita ni requiere una respuesta, recibiendo o apropiándose de la provisión obtenida por Cristo en la cruz.
Llegando a las epístolas, vemos el mismo patrón en la proclamación del evangelio por Pablo. Pablo enfatiza el imperativo de proclamar el evangelio para que aquellos que aún no han oído pueden creer en su corazón y ser salvo. Él dice:
“Esta es la palabra de fe que predicamos < κηρύσσω, “proclamamos”>: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación… 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique (κηρύσσοντος, ‘les proclame)?” (Rom 10:8-10,13-14)
Así que, en vez de que todos hayan sido ya salvos en la cruz sin la necesidad de responder de manera positiva al evangelio, como por primera vez fue presentado en el libro de Carlton Pearson, The Gospel of Inclusion, uno tiene que invocar el nombre del Señor, creyendo en el evangelio en su corazón para ser salvo. De hecho, en lugar de que Pablo dijera que todos ya han sido salvos, él dijo que a todos él se hizo de todo, para que de todos modos salve a algunos (1Cor 9:22).
En “Come Sunday,” la película biográfica de Carlton Pearson en Netflix, vemos como él fue confrontado por Oral Roberts, quien era como padre espiritual para él, después que Carlton había proclamado públicamente delante de su iglesia de 6.000 miembros que había tenido una epifanía en que Dios supuestamente le mostró que todos ya habían sido salvos y que no existe un infierno. Oral Roberts le ordenó a renunciar lo que había dicho el próximo domingo y a predicar de Romanos 10:9-10 que muestra claramente que uno tiene que creer en el evangelio para ser salvo.
Al llegar el domingo cuando se levantó para hablar, él comenzó diciendo que había sido ordenado a predicar de Romanos 10:9-10, pero entonces, después de una pausa, él llamo al púlpito a su co-pastor para leer en voz alta 1Juan 2:1-2 que dice que Cristo es la propiciación, no solamente por nuestros pecados, sino también por los de todo el mundo, como si eso negaría lo que dice Romanos 10:9-10 en vez de que 1Juan 2:2 sea calificado por lo que dice Romanos. De hecho, Cristo es la propiciación por los pecados de todo el mundo, y con el tiempo cada rodilla habrá doblado y toda lengua confesada a Jesucristo como Señor. Sin embargo, como Romanos 10 deja en claro, uno no es salvo aparte de oír y responder de manera positiva en fe a la proclamación del evangelio, confesando a Jesucristo como Señor.
Aunque con el tiempo todos serán salvos, el “Evangelio de la Inclusión” que insiste que todos ya han sido salvos aparte de cualquier respuesta de parte de los no arrepentidos es un evangelio falso que está engañando a muchos, llevándolos a creer que los injustos heredarán el reino, contrario a lo que dicen las Escrituras (1Cor 6:9-10; Gal 5:19-21). El “Evangelio de la Inclusión” es un “evangelio” nuevo que originó con la supuesta epifanía de Carlton Pearson solamente unos pocos años atrás. No es el evangelio de las Escrituras, ni fue el evangelio de los Padres Primitivas de la Iglesia que creían en la restauración final de todos. Necesitamos proclamar el verdadero evangelio y llamar a todos al arrepentimiento y fe en el evangelio para salvación, en vez de decirles que ya están salvos. Como dijo Pablo al carcelero a Filipo cuando le preguntó qué tenía que hacer para ser salvo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.” (Hechos 16:31)
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“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor 5:20-21).
[1] https://www.philhenrypowergospel.org/is-the-gospel-an-invitation-or-a-proclamation/
Todos estarían de acuerdo en que el evangelio es una proclamación. Además, es una proclamación de buenas nuevas para todo el pueblo y no solamente para los elegidos de esta época (Lucas 2:10; 1Tim 4:10).
Sin embargo, desde que Carlton Pearson publicó su libro, “The Gospel of Inclusion” (El Evangelio de la Inclusión) en 2007, donde ensenaba que todos ya fuimos salvos en la cruz hace 2000 años, hay cada vez más Universalistas Inclusivas que dicen que, por definición, una proclamación excluye cualquier necesidad de una respuesta positiva de parte de los oyentes. Un autor Inclusivista, argumentando que una proclamación no puede ser al mismo tiempo una invitación dijo:
“Una invitación es un gesto considerado y quien hace la invitación anticipa su respuesta. En contraste, una proclamación es un anuncio. Es una declaración. Nuestra respuesta no es solicitada ni necesario. ¡Simplemente es lo que es!” [1]
Pero, ¿es cierto que la proclamación del evangelio no es a la vez una invitación requiriendo una respuesta? Cuando Jesús dio la parábola del rey que preparó un banquete y envió sus sirvientes a decir a los invitados: “He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas,” ¿no fue tanto una proclamación como una invitación que requería una respuesta positiva? (Mateo 22:1-4). De la misma manera, vemos que la proclamación del evangelio requiere una respuesta. Cuando Jesús los comisionó a sus discípulos a proclamar el evangelio a los fines de la tierra Él les dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio (κηρύξατε τὸ εὐαγγέλιον, “proclamad el evangelio”a toda criatura. 16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15-16)
Jesús no pudo haberlo dicho más claro de lo que hace aquí, indicando que el evangelio es tanto una declaración como una invitación requiriendo una respuesta positiva. Aquellos que corresponden positivamente al evangelio serán salvos, pero los que rechazan el evangelio serán condenados por sus pecados. ¿Le entendieron sus discípulos a Jesús como diciendo que el evangelio era una proclamación requiriendo una respuesta positiva? Sí. En el Día del Pentecostés, Pedro proclamó el evangelio a las multitudes. Al escuchar a Pedro, ellos se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” ¿Respondió él diciendo: “Nada. Sus pecados ya fueron perdonados en la cruz?” No. Pedro les llamó a responder apropiadamente a la proclamación del evangelio para ser salvo, así como Jesús les había comisionado:
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:38)
Vemos que la gran comisión fue el patrón que los Apóstoles siempre seguían. La segunda vez que el Libro de los Hechos presenta a Pedro proclamando el evangelio vemos que la proclamación también requería una respuesta positiva para recibir la provisión del perdón obtenida por el sacrificio propiciatorio de Cristo por nuestros pecados:
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.” (Hechos 3:19)
Cuando Pedro les habló a aquellos que se habían reunido para escucharlo en la casa de Cornelio, él repitió la gran comisión de Marcos 16:15-16, diciendo:
“Y (Jesús) nos mandó que predicásemos (κηρύσσω, “proclamar”) al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre.” (Hechos 10:42-43)
Así que, vemos que a través del Libro de los Hechos la proclamación del evangelio siempre va acompañada con un llamado a arrepentirse y creer en el evangelio para recibir la remisión de los pecados, en vez de que sea una proclamación que ni solicita ni requiere una respuesta, recibiendo o apropiándose de la provisión obtenida por Cristo en la cruz.
Llegando a las epístolas, vemos el mismo patrón en la proclamación del evangelio por Pablo. Pablo enfatiza el imperativo de proclamar el evangelio para que aquellos que aún no han oído pueden creer en su corazón y ser salvo. Él dice:
“Esta es la palabra de fe que predicamos < κηρύσσω, “proclamamos”>: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación… 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. 14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique (κηρύσσοντος, ‘les proclame)?” (Rom 10:8-10,13-14)
Así que, en vez de que todos hayan sido ya salvos en la cruz sin la necesidad de responder de manera positiva al evangelio, como por primera vez fue presentado en el libro de Carlton Pearson, The Gospel of Inclusion, uno tiene que invocar el nombre del Señor, creyendo en el evangelio en su corazón para ser salvo. De hecho, en lugar de que Pablo dijera que todos ya han sido salvos, él dijo que a todos él se hizo de todo, para que de todos modos salve a algunos (1Cor 9:22).
En “Come Sunday,” la película biográfica de Carlton Pearson en Netflix, vemos como él fue confrontado por Oral Roberts, quien era como padre espiritual para él, después que Carlton había proclamado públicamente delante de su iglesia de 6.000 miembros que había tenido una epifanía en que Dios supuestamente le mostró que todos ya habían sido salvos y que no existe un infierno. Oral Roberts le ordenó a renunciar lo que había dicho el próximo domingo y a predicar de Romanos 10:9-10 que muestra claramente que uno tiene que creer en el evangelio para ser salvo.
Al llegar el domingo cuando se levantó para hablar, él comenzó diciendo que había sido ordenado a predicar de Romanos 10:9-10, pero entonces, después de una pausa, él llamo al púlpito a su co-pastor para leer en voz alta 1Juan 2:1-2 que dice que Cristo es la propiciación, no solamente por nuestros pecados, sino también por los de todo el mundo, como si eso negaría lo que dice Romanos 10:9-10 en vez de que 1Juan 2:2 sea calificado por lo que dice Romanos. De hecho, Cristo es la propiciación por los pecados de todo el mundo, y con el tiempo cada rodilla habrá doblado y toda lengua confesada a Jesucristo como Señor. Sin embargo, como Romanos 10 deja en claro, uno no es salvo aparte de oír y responder de manera positiva en fe a la proclamación del evangelio, confesando a Jesucristo como Señor.
Aunque con el tiempo todos serán salvos, el “Evangelio de la Inclusión” que insiste que todos ya han sido salvos aparte de cualquier respuesta de parte de los no arrepentidos es un evangelio falso que está engañando a muchos, llevándolos a creer que los injustos heredarán el reino, contrario a lo que dicen las Escrituras (1Cor 6:9-10; Gal 5:19-21). El “Evangelio de la Inclusión” es un “evangelio” nuevo que originó con la supuesta epifanía de Carlton Pearson solamente unos pocos años atrás. No es el evangelio de las Escrituras, ni fue el evangelio de los Padres Primitivas de la Iglesia que creían en la restauración final de todos. Necesitamos proclamar el verdadero evangelio y llamar a todos al arrepentimiento y fe en el evangelio para salvación, en vez de decirles que ya están salvos. Como dijo Pablo al carcelero a Filipo cuando le preguntó qué tenía que hacer para ser salvo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.” (Hechos 16:31)
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“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor 5:20-21).
[1] https://www.philhenrypowergospel.org/is-the-gospel-an-invitation-or-a-proclamation/
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Los Muertos Nada Saben
por George Sidney Hurd
¿Cómo debemos entender la declaración de Salomón, “Los muertos nada saben”? Esta es mi explanación tomada del libro, ¿Exterminación o Restauración?.
“Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos. 4 Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. 5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. 6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.” (Ecl 9:3-6)
De todas las Escrituras, tal vez en ningún otro libro es más importante tomar en cuenta el contexto que en el libro de Eclesiastés. Aunque toda Escritura es inspirada por Dios, no todo lo que es dicho en las Escrituras es cierto. El libro de Job es un buen ejemplo. Es inspirado, pero contiene consejos dados por los consejeros de Job que no estaban según la verdad.
El libro de Eclesiastés cae en la misma categoría que el libro de Job. En Eclesiastés, el rey Salomón está escribiendo después de haberse apartado del Señor por el engaño de su poder y riqueza ilimitados y la influencia pagana de sus 700 esposas y 300 concubinas. Al escribirlo, se había reconciliado con el Señor después de vivir mucho tiempo según los deseos de la carne, habiendo probado todo lo que hay bajo el sol –experimentando de primera mano la vanidad de ese estilo de vida.
Eclesiastés significa “predicador” y su objetivo es lograr que sus lectores vean la vanidad de vivir una vida sin Dios. Él comienza y termina su discurso describiendo el vacío, futilidad y auto desesperación de uno viviendo “bajo el sol,” sin la perspectiva celestial. La frase, “bajo el sol” es repetida 29 veces, y la palabra “vanidad” también aparece 29 de las 31 veces que ocurre en todas las Escrituras. El introduce y cierra su discurso diciendo: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.” (Ecl 1:2; 12:8). Entonces, para concluir él da su llamado al altar:
“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. 14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” (Ecl 12:13-14)
Hay muchos dichos en este discurso que los que caminamos con Dios sabemos que no son ciertos, porque él está hablando de la perspectiva del hombre “bajo el sol,” alejado de Dios. Por ejemplo, él dice que los muertos “ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor…” Esto puede ser lo que el hombre piensa estando separado de Dios y “bajo el sol,” que no conoce a Dios ni a Sus promesas, pero el autor de Hebreos nos dice: “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre…” (Heb 6:10). Vemos a través de las Escrituras que seremos recompensados por nuestra labor de amor. Salomón simplemente está ilustrando el razonamiento vano de un hombre que vive sin Dios.
También dice: “No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? 17 No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?” (Ecl 7:16) Sin embargo, a través de las Escrituras somos exhortados a ser santos, así como Él es santo, en toda nuestra conducta (1Pedro 1:15; Mt 5:48, etc.).
Hay otro ejemplo que muestra cómo el Predicador toma el papel de uno que cuestiona las promesas de Dios acerca de la vida después de la muerte:
“Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. 19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. 21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?” (Ecl 3:18-21)
Aquí se presenta como un pesimista desafiante, cuestionando la revelación acerca del hombre como es revelado en Génesis. Él comienza diciendo: “Dije en mi corazón.” En su corazón razonaba que el hombre no es más que un animal. Tal razonamiento va en contra de la revelación de que el hombre ha sido creado en la misma imagen de Dios. Entonces, observando que tanto los cuerpos de los animales como los de los hombres volvieron al polvo, él cuestiona la creencia en la existencia consciente del hombre separado de su cuerpo. En desafío a Dios, razona: “Lo único que veo es polvo. ¿Quién realmente sabe que los espíritus de los hombres y los animales continúan después de la muerte como creen el pueblo de Dios?” Lejos de estar instruyéndonos acerca de lo que pasa al morir, él está describiendo el vano razonamiento de los que excluyen a Dios.
Así que, diciendo que “los muertos nada saben,” tomados en contexto, nos está explicando lo que no debemos creer. Describe el razonamiento vano del hombre “bajo el sol,” que ignora la revelación de Dios y solo percibe lo que es físico y temporal, cuestionando, o hasta negando, la vida después de la muerte, así como hacen los ateos y materialistas seculares hoy en día.
¿Cómo debemos entender la declaración de Salomón, “Los muertos nada saben”? Esta es mi explanación tomada del libro, ¿Exterminación o Restauración?.
“Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que un mismo suceso acontece a todos, y también que el corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos. 4 Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. 5 Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. 6 También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.” (Ecl 9:3-6)
De todas las Escrituras, tal vez en ningún otro libro es más importante tomar en cuenta el contexto que en el libro de Eclesiastés. Aunque toda Escritura es inspirada por Dios, no todo lo que es dicho en las Escrituras es cierto. El libro de Job es un buen ejemplo. Es inspirado, pero contiene consejos dados por los consejeros de Job que no estaban según la verdad.
El libro de Eclesiastés cae en la misma categoría que el libro de Job. En Eclesiastés, el rey Salomón está escribiendo después de haberse apartado del Señor por el engaño de su poder y riqueza ilimitados y la influencia pagana de sus 700 esposas y 300 concubinas. Al escribirlo, se había reconciliado con el Señor después de vivir mucho tiempo según los deseos de la carne, habiendo probado todo lo que hay bajo el sol –experimentando de primera mano la vanidad de ese estilo de vida.
Eclesiastés significa “predicador” y su objetivo es lograr que sus lectores vean la vanidad de vivir una vida sin Dios. Él comienza y termina su discurso describiendo el vacío, futilidad y auto desesperación de uno viviendo “bajo el sol,” sin la perspectiva celestial. La frase, “bajo el sol” es repetida 29 veces, y la palabra “vanidad” también aparece 29 de las 31 veces que ocurre en todas las Escrituras. El introduce y cierra su discurso diciendo: “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.” (Ecl 1:2; 12:8). Entonces, para concluir él da su llamado al altar:
“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. 14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” (Ecl 12:13-14)
Hay muchos dichos en este discurso que los que caminamos con Dios sabemos que no son ciertos, porque él está hablando de la perspectiva del hombre “bajo el sol,” alejado de Dios. Por ejemplo, él dice que los muertos “ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido. También su amor…” Esto puede ser lo que el hombre piensa estando separado de Dios y “bajo el sol,” que no conoce a Dios ni a Sus promesas, pero el autor de Hebreos nos dice: “Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre…” (Heb 6:10). Vemos a través de las Escrituras que seremos recompensados por nuestra labor de amor. Salomón simplemente está ilustrando el razonamiento vano de un hombre que vive sin Dios.
También dice: “No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? 17 No hagas mucho mal, ni seas insensato; ¿por qué habrás de morir antes de tu tiempo?” (Ecl 7:16) Sin embargo, a través de las Escrituras somos exhortados a ser santos, así como Él es santo, en toda nuestra conducta (1Pedro 1:15; Mt 5:48, etc.).
Hay otro ejemplo que muestra cómo el Predicador toma el papel de uno que cuestiona las promesas de Dios acerca de la vida después de la muerte:
“Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. 19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. 20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. 21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?” (Ecl 3:18-21)
Aquí se presenta como un pesimista desafiante, cuestionando la revelación acerca del hombre como es revelado en Génesis. Él comienza diciendo: “Dije en mi corazón.” En su corazón razonaba que el hombre no es más que un animal. Tal razonamiento va en contra de la revelación de que el hombre ha sido creado en la misma imagen de Dios. Entonces, observando que tanto los cuerpos de los animales como los de los hombres volvieron al polvo, él cuestiona la creencia en la existencia consciente del hombre separado de su cuerpo. En desafío a Dios, razona: “Lo único que veo es polvo. ¿Quién realmente sabe que los espíritus de los hombres y los animales continúan después de la muerte como creen el pueblo de Dios?” Lejos de estar instruyéndonos acerca de lo que pasa al morir, él está describiendo el vano razonamiento de los que excluyen a Dios.
Así que, diciendo que “los muertos nada saben,” tomados en contexto, nos está explicando lo que no debemos creer. Describe el razonamiento vano del hombre “bajo el sol,” que ignora la revelación de Dios y solo percibe lo que es físico y temporal, cuestionando, o hasta negando, la vida después de la muerte, así como hacen los ateos y materialistas seculares hoy en día.
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La Verdadera Fe Viviente Obra
por George Sidney Hurd
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Este artículo fue tomado del libro, La Verdadera Gracia.
“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.” (Stg 2:14-24)
La mayoría ha luchado para entender lo que Santiago quiere decir en este pasaje. En la superficie, Santiago aparenta contradecir lo que Pablo enseñaba acerca de la justificación por la fe solamente. Pablo dijo: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom 3:28). Aquí parece que Santiago está diciendo exactamente lo contrario: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” Pablo usó a Abraham para demostrar que somos justificados por la fe y no por las obras: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Rom 4:2-3). Santiago, en cambio, usa el mismo ejemplo de Abraham, pero dice: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.”
Martín Lutero no podía reconciliar las palabras de Santiago con la verdad de la justificación por la fe solamente, y concluyó que Santiago no debe estar en las Escrituras porque contradecía el resto de la Biblia. Sin embargo, creo que esta aparente contradicción puede ser resuelta cuando entendemos que Pablo y Santiago se dirigían a dos audiencias distintas. Pablo, presentando el evangelio, enfatiza que la justificación es solamente por la fe, mientras Santiago estaba enfrentando la profesión vacía de fe entre los que se decían ser cristianos pero estaban engañándose a sí mismo. Pablo y Santiago estaban explicando diferentes lados de la misma moneda. Pablo decía: “La fe que salva es la fe sola,” mientras Santiago insiste: “la fe que salva nunca está sola.”
Pablo, al igual que Santiago, advertía repetidas veces contra ser engañado en pensar que uno tiene la verdadera fe cuando su conducta indica lo contrario. Pablo decía: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2Cor 13:5 cf. 1Cor 15:2; Ef 5:3-6; 1Cor 6:9-11; Gal 5:19). Pablo también habla de una fe que obra:
“porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gál 5:6)
Cualquiera enseñanza que dice que, como ya estamos bajo la gracia, podemos hacer todo lo que se nos antoja, o simplemente no hacer nada, si eso es lo que uno desea, no está presentando todo el consejo de Dios, y está convirtiendo la gracia de Dios en lascivia.
¿En qué sentido podríamos decir, como hace Santiago, que somos justificados por las obras y no por la fe solamente? Pablo dijo que Abraham fue justificado solo por fe sin obras, mientras Santiago decía que él fue justificado por obras cuando ofreció a Isaac como sacrificio. ¿Cómo podemos reconciliar estas dos declaraciones? Es importante tomar en cuenta que Abraham fue justificado por la fe delante de Dios en el momento que creyó a Dios, y no veinte años después cuando ofreció a Isaac. Cuando Dios prometió a Abraham que tendría un hijo, dice que fue justificado en ese momento:
“Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. 6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” (Gén 15:5,6)
Por otro lado, no hay mención en las Escrituras que Abraham fue justificado cuando ofreció a Isaac. Creo que la mejor manera de entender este conflicto aparente es entender que Pablo está hablando desde la perspectiva de Dios, mientras Santiago está hablando de la perspectiva del hombre. Dios sabe quién tiene la verdadera fe, justificándolo por la fe solamente. Los hombres, en cambio, solo ven la evidencia externa de esa fe y por eso esa justificación no es reconocida y atribuida a nosotros por otros, aparte de ver alguna demostración externa de ella.
Pablo deja en claro en Romanos 4:2 que está hablando de la fe que justifica, como visto por Dios, y no por los hombres. Santiago, en cambio, dice: “¿Tú dices que tienes fe en Dios y que ha sido justificado? Muéstrame. Dame alguna evidencia de tu fe y justificación. Puede ser que lo que profesas sea cierto, pero si es cierto, ¿Dónde está la evidencia?” Así que no hay ningún conflicto. Pablo habla desde la perspectiva de Dios, igual como vemos en Génesis 15, mientras Santiago habla desde la perspectiva de los hombres. Como dijo Jesús: “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7:20).
Así, como Abraham fue justificado por fe ante Dios, y no hasta después fue visto como justo delante de los hombres cuando ofreció a su hijo Isaac, así demostrando que su fe era verdadera, así fue en el caso de la ramera Rahab, presentado por Santiago como otro ejemplo:
“Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.” (Stg 2:25,26)
Rahab había oído todas las historias de la liberación de los hijos de Israel de Egipto cuando cruzaron el mar Rojo, del maná del cielo y cómo el Señor les había dado la victoria contra sus enemigos en batalla. Para cuando los espías habían llegado a Jericó, ella sin duda, ya había puesto su fe en Dios, y delante de Él, ella ya era justificada. Pero su fe y justificación no fue demostrada para que otros las vieran hasta recibir a las espías.
Esta es una verdad que necesita ser enfatizada dentro del movimiento de la gracia. La fe que justifica y salva es la fe sola, pero la fe que justifica nunca queda sola. Los maestros de la gracia correctamente advierten de las obras muertas hechas en la carne, pero también necesitan advertir de la fe muerta, que no resulta en las obras. La gracia no simplemente salva y justifica – la gracia obra.
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Este artículo fue tomado del libro, La Verdadera Gracia.
“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19 Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21 ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22 ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23 Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. 24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.” (Stg 2:14-24)
La mayoría ha luchado para entender lo que Santiago quiere decir en este pasaje. En la superficie, Santiago aparenta contradecir lo que Pablo enseñaba acerca de la justificación por la fe solamente. Pablo dijo: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Rom 3:28). Aquí parece que Santiago está diciendo exactamente lo contrario: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.” Pablo usó a Abraham para demostrar que somos justificados por la fe y no por las obras: “Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3 Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Rom 4:2-3). Santiago, en cambio, usa el mismo ejemplo de Abraham, pero dice: “Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.”
Martín Lutero no podía reconciliar las palabras de Santiago con la verdad de la justificación por la fe solamente, y concluyó que Santiago no debe estar en las Escrituras porque contradecía el resto de la Biblia. Sin embargo, creo que esta aparente contradicción puede ser resuelta cuando entendemos que Pablo y Santiago se dirigían a dos audiencias distintas. Pablo, presentando el evangelio, enfatiza que la justificación es solamente por la fe, mientras Santiago estaba enfrentando la profesión vacía de fe entre los que se decían ser cristianos pero estaban engañándose a sí mismo. Pablo y Santiago estaban explicando diferentes lados de la misma moneda. Pablo decía: “La fe que salva es la fe sola,” mientras Santiago insiste: “la fe que salva nunca está sola.”
Pablo, al igual que Santiago, advertía repetidas veces contra ser engañado en pensar que uno tiene la verdadera fe cuando su conducta indica lo contrario. Pablo decía: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2Cor 13:5 cf. 1Cor 15:2; Ef 5:3-6; 1Cor 6:9-11; Gal 5:19). Pablo también habla de una fe que obra:
“porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.” (Gál 5:6)
Cualquiera enseñanza que dice que, como ya estamos bajo la gracia, podemos hacer todo lo que se nos antoja, o simplemente no hacer nada, si eso es lo que uno desea, no está presentando todo el consejo de Dios, y está convirtiendo la gracia de Dios en lascivia.
¿En qué sentido podríamos decir, como hace Santiago, que somos justificados por las obras y no por la fe solamente? Pablo dijo que Abraham fue justificado solo por fe sin obras, mientras Santiago decía que él fue justificado por obras cuando ofreció a Isaac como sacrificio. ¿Cómo podemos reconciliar estas dos declaraciones? Es importante tomar en cuenta que Abraham fue justificado por la fe delante de Dios en el momento que creyó a Dios, y no veinte años después cuando ofreció a Isaac. Cuando Dios prometió a Abraham que tendría un hijo, dice que fue justificado en ese momento:
“Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. 6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” (Gén 15:5,6)
Por otro lado, no hay mención en las Escrituras que Abraham fue justificado cuando ofreció a Isaac. Creo que la mejor manera de entender este conflicto aparente es entender que Pablo está hablando desde la perspectiva de Dios, mientras Santiago está hablando de la perspectiva del hombre. Dios sabe quién tiene la verdadera fe, justificándolo por la fe solamente. Los hombres, en cambio, solo ven la evidencia externa de esa fe y por eso esa justificación no es reconocida y atribuida a nosotros por otros, aparte de ver alguna demostración externa de ella.
Pablo deja en claro en Romanos 4:2 que está hablando de la fe que justifica, como visto por Dios, y no por los hombres. Santiago, en cambio, dice: “¿Tú dices que tienes fe en Dios y que ha sido justificado? Muéstrame. Dame alguna evidencia de tu fe y justificación. Puede ser que lo que profesas sea cierto, pero si es cierto, ¿Dónde está la evidencia?” Así que no hay ningún conflicto. Pablo habla desde la perspectiva de Dios, igual como vemos en Génesis 15, mientras Santiago habla desde la perspectiva de los hombres. Como dijo Jesús: “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7:20).
Así, como Abraham fue justificado por fe ante Dios, y no hasta después fue visto como justo delante de los hombres cuando ofreció a su hijo Isaac, así demostrando que su fe era verdadera, así fue en el caso de la ramera Rahab, presentado por Santiago como otro ejemplo:
“Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino? 26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.” (Stg 2:25,26)
Rahab había oído todas las historias de la liberación de los hijos de Israel de Egipto cuando cruzaron el mar Rojo, del maná del cielo y cómo el Señor les había dado la victoria contra sus enemigos en batalla. Para cuando los espías habían llegado a Jericó, ella sin duda, ya había puesto su fe en Dios, y delante de Él, ella ya era justificada. Pero su fe y justificación no fue demostrada para que otros las vieran hasta recibir a las espías.
Esta es una verdad que necesita ser enfatizada dentro del movimiento de la gracia. La fe que justifica y salva es la fe sola, pero la fe que justifica nunca queda sola. Los maestros de la gracia correctamente advierten de las obras muertas hechas en la carne, pero también necesitan advertir de la fe muerta, que no resulta en las obras. La gracia no simplemente salva y justifica – la gracia obra.
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por George Sidney Hurd
“Porque no somos como muchos que adulteran la palabra de Dios; antes con sinceridad,
como de parte de Dios, delante de Dios hablamos en Cristo.”
(2Corintios 2:17 RVG)
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
Desde que llegué a comprender el evangelio glorioso de la reconciliación universal, he luchado para encontrar un título apto para describirlo. Los Padres de la Iglesia Primitiva lo llamaban la Apocatástasis (ἀποκατάστασις), o la restauración de todos (Hch 3:21). Pensé que “el evangelio completo” hubiera sido una buena expresión si ya no hubiera adquirido sus propias connotaciones. El término “evangelio completo” fue creado cuando redescubrieron la realidad de que el evangelio no incluye solamente nuestra salvación del pecado sino también la sanidad física – un reverso de las consecuencias del pecado en nuestros cuerpos físicos. La obra redentora de la cruz no solo hizo posible que Dios sea justo y a la vez misericordioso, justificando al impío (Rom 3:25-26), sino que también hizo posible que un Dios justo y santo se arrepienta del mal declarado por Él mismo, debido al pecado de Adán, sanando a los enfermos y aun levantando a los muertos. Dios no puede ser justo y a la vez simplemente pasar por alto el pecado o arbitrariamente poner en reverso la maldición de la muerte a consecuencia del pecado. Solo Su obra redentora de la cruz hizo posible que Él sea justo y a la vez misericordioso hacia pecadores indignos como nosotros.
Todo perdón de parte de Dios hacia los hombres y toda sanidad divina, que van en contra de la maldición de la muerte declarada – sea en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento, solo son posibles por medio del sacrificio propiciatorio de Cristo en la cruz. Dios solo podía ser misericordioso y a la vez justo; sanando a los hijos de Israel en el desierto y perdonando juicios declarados contra ellos viendo la cruz.
El avivamiento de la sanidad y el redescubrimiento de la verdad del “evangelio completo” de la sanidad divina, permitió que muchos apropiaran por fe, no solamente el perdón de sus pecados sino también su sanidad física. Anterior a eso muchos sufrieron enfermedades físicas innecesariamente, no sabiendo que el evangelio también incluía la sanidad física. El descubrimiento de que la sanidad divina podría ser apropiada de la misma manera que la salvación espiritual (de gracia por medio de la fe), desveló una nueva dimensión al evangelio que se había perdido desde que la Iglesia entró en la Época Oscura.
Por un tiempo me sentía frustrado porque ahora sabía que el “evangelio completo” realmente era mucho más completo de lo que fue redescubierto en el avivamiento de la sanidad. Quería poder utilizar la expresión “evangelio completo” para referirme a la salvación universal, pero sabía que no podía emplear esa expresión porque ya estaba limitada por su asociación con el evangelio de la sanidad.
Entonces, un día pensando en esto, sentí que el Señor me reveló un término aún más apto: “El Evangelio No Adulterado” o “El Evangelio Puro.” Desde los comienzos de la Iglesia, el enfoque principal del enemigo ha sido diluir, corromper y velar el mensaje del evangelio para que el hombre no descubra su poder salvífico y transformador:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Co 4:3-4)
En la cruz descubrimos la sabiduría de Dios y el poder de Dios para salvación. Los sabios de esta época la consideran locura; los fuertes la ven como algo innecesario; los legalistas la han leudado con las obras de la carne; empresarios la han explotado para ganancias personales; los libertinos la han adaptado a su estilo de vida licenciosa. Ha sido diluida, prohibida, burlada, modificada, reducida a una imagen, utilizada como un ornamento y pisoteada. Sin embargo, sigue siendo la sabiduría de Dios y el poder de Dios para todos los que la ven y la abrazan en toda su gloriosa pureza.
El evangelio en toda su pureza siempre ha sido el blanco de Satanás desde el día en que la Gran Comisión fue encomendada a la Iglesia. Gran parte de las epístolas del Nuevo Testamento es dedicado a la defensa del evangelio en su pureza. Pablo declara a los Gálatas:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:6-9)
Usualmente, los viajes misioneros de Pablo fueron seguidos por grupos de Judaizantes. Los Judaizantes eran judíos que profesaban la fe en Jesús, pero a la vez insistían en guardar la ley y la tradición de los Fariseos. Jesús les advirtió a sus discípulos contra la levadura de los Fariseos y de los Saduceos; refiriéndose a la doctrina de los Fariseos y la doctrina de los Saduceos (Mat 16:6,12). Tanto el exclusivismo y legalismo de los Fariseos, y la incredulidad y racionalismo de los Saduceos siguen adulterando el evangelio y negando su poder para salvar hasta el día de hoy.
Pablo, en Gálatas 1:8,9, pronunció un doble anatema contra cualquiera que predique otro evangelio. Él dice que si alguno predica otro evangelio distinto al evangelio puro de la justificación por la gracia por medio de la fe, aparte de las obras de la ley que él predicaba, entonces no es un evangelio. No hay otro evangelio o “buenas nuevas” aparte de las gloriosas buenas nuevas de una reconciliación universal, que finalmente será recibida por todos; por la gracia por medio de la fe en Su cruz.
El evangelio elitista de los Judaizantes, que siguieron en la tradición de los Fariseos, enseñó la salvación por medio de la fe en Jesús más las obras de la ley, y no por la gracia por medio de la fe aparte de las obras. Pablo enseñó que Cristo es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (1Tim 4:10; Col 1:20). En cambio, los Fariseos enseñaban que el destino final de toda la humanidad, a excepción de los mejores de los mejores y los más fuertes de los fuertes, es un tormento eterno en un lago de fuego que nunca se apaga. Pablo enfatiza que ese no es el evangelio; aun cuando algunos lo llamen por ese nombre.
La Levadura de los Fariseos – “Las Buenas Nuevas, Malas Nuevas Evangelio”
Lamentablemente, alguna variación del evangelio de los judaizantes (las buenas nuevas - malas nuevas evangelio), es lo que muchos proclaman hasta el día de hoy. Pero, según Pablo, no es realmente buenas nuevas sino “malas nuevas” disfrazadas como si fueran el evangelio. Muchos misioneros han tenido poco éxito vendiendo su evangelio “buenas nuevas - malas nuevas” y con razón. Déjeme ilustrarle: Imaginemos el primer encuentro con un miembro de una tribu aislado en el corazón de la selva que nunca ha oído hablar de Jesús. Misioneros tradicionales usualmente comienzan de la siguiente manera:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas son que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean en las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Lamento ser el primero en informarte de las malas nuevas, pero, sí. A menos que uno crea en las buenas nuevas antes de morirse pasará toda la eternidad en el infierno.”
El indígena: “Entonces, ¿Cuáles son las buenas nuevas?”
Misionero: “Las buenas nuevas son que Dios te ama a ti de tal manera que envió a Su Hijo para que tuvieras vida eterna.”
El indígena: “Eso da mucho qué pensar. Voy a considerarlo. Mañana te cuento qué decisión he tomado.”
Misionero: “Hoy es el día de la decisión. Si esperas hasta mañana podrías morir esta noche. Entonces la Ira eterna de Dios será derramada sobre ti, junto con tu esposa y tus dos hijos. Necesitas creer en las buenas nuevas hoy porque no puedes estar seguro del día de mañana.”
Aunque la mayoría de los cristianos tradicionales intentarían presentar su “evangelio de malas nuevas, buenas nuevas” de una manera más discreta, siempre queda muy corto comparado al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación final de todos por medio de la sangre de la cruz. Otra versión más amena que algunos presentan es la siguiente:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas es que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Creo que ellos irán al cielo, dado que no tuvieron la oportunidad de escuchar las buenas nuevas antes de morir. Pero tú ya has oído el evangelio. Así que no habría segunda oportunidad para ti.”
El indígena: “¿Quieres decirme que todos los que ya han muerto en nuestra comunidad sin oír las buenas nuevas van al cielo, pero que, de aquí en adelante, todos nosotros tenemos que creer las buenas nuevas antes de morir o iremos a un infierno eterno?”
Misionero: “Así es, exactamente.”
El indígena: “Entonces, ¿Por qué viniste? Yo, por mi parte, voy a recibir las buenas nuevas para no ir a ese infierno, pero no sé qué decisión tomarán los demás en mi comunidad. Todos nosotros hubiéramos ido al cielo si no hubieras venido. ¡Ahora es más probable que la mayoría de nosotros vaya a un infierno eterno!”
Entonces, vemos que, sin importar la manera en la que uno presente las “buenas nuevas - malas nuevas evangelio,” siempre termina siendo malas nuevas para la gran mayoría. Por eso Pablo dijo que cualquier otro evangelio que no fuera el puro evangelio no adulterado que él predicaba, realmente no era un evangelio. Simplemente eran “malas nuevas” envueltas en el disfraz de las buenas nuevas. El evangelio no adulterado de Jesucristo es nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo (Lc 2:10). Cualquier evangelio que quede corto a ese evangelio no es en realidad ningún evangelio. Un misionero que es un embajador de reconciliación a toda la creación de Dios tiene el privilegio de proclamar un evangelio no adulterado. Sería algo parecido a lo siguiente:
Misionero: “Tengo buenas nuevas para ustedes. Nosotros todos fuimos creados a la imagen de Dios para gozarnos de la comunión con Él. Nuestros primeros padres desobedecieron a Dios y todos nosotros, desde ese entonces, hemos vivido en desobediencia a Él – todos nosotros hemos pecado y faltado a la gloria de Dios y a Sus buenos propósitos para nuestras vidas. El reino de Dios es un reino de amor, luz y verdad. Cuando el hombre no camina con Dios quien es luz, estamos perdidos y separados de nuestro Creador. Todos nos hemos desviado de la verdad de esta manera, cayendo en odio, envidia y contención. Separados de nuestro Dios hemos traído sobre nosotros mismos sufrimiento y muerte. Separados de nuestro Padre Dios vivimos como huérfanos espirituales. En el vacío el hombre ha llegado a estar esclavizado a muchos vicios auto-destructivos.
(Note: Lo presentado hasta aquí no es parte del evangelio. Es simplemente una descripción del dilema de la humanidad separada de Dios en la tierra lejana.)
“Pero las buenas nuevas son que Dios no nos dejó en esta condición perdida. En la plenitud de los tiempos Dios envió a Su Hijo a vivir como uno de nosotros. En contraste con nuestro primer padre Adán, que desobedeció a Dios, Él vivió una vida de perfecta obediencia al Padre y se ofreció a sí mismo a morir en nuestro lugar, tomando sobre sí la culpa de todos nosotros. Después de tres días Dios lo levantó de entre los muertos. Su resurrección demostró que el sacrificio de Su sangre inocente por nosotros como nuestro sustituto fue suficiente para satisfacer la justicia de Dios por todos nuestros actos pecaminosos de desobediencia juntos. Así como todos quedamos culpables y condenados delante del Dios santísimo en nuestro primer padre, Adán, ahora en el Último Adán - Cristo, todos son justificados por fe en Él, siendo nacidos de nuevo como parte de la Nueva Creación que Dios comenzó en Él.
“Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo reconcilió a toda la creación caída y pecaminosa a Si mismo a través de la sangre de Su cruz y Él suplica a ustedes por medio de nosotros a reconciliarse con Él en sus corazones. Así como en nuestro primer padre, Adán, todos nosotros morimos; en el último Adán, Jesucristo, todos serán vivificados, pero cada uno en su debido orden. Ahora es el mejor momento para doblar rodilla ante Él en humilde rendición. Cristo es el Salvador de todos, pero especialmente de los que creen ahora.
“Recibe a Cristo como tu Salvador ahora y deja que entre en tu vida para transformarte, haciéndote una nueva criatura, de la cual Él es el prototipo. El reino de Dios es un reino de pura luz, amor y justicia. Sin la santidad que viene por andar en unión con Cristo no podrás entrar en Su reino o mirarle en todo Su glorioso esplendor.
“Entrega tu vida a Él ahora para que Él pueda transformarte a Su propia imagen en esta vida. Entonces cuando Él venga por ti, serás encontrado como Él. Si eres encontrado como Él cuando Él venga por ti, serás llevado a Su misma presencia y llegarás a ser uno con Él como una esposa llega a ser una con su esposo. Si no te has encontrado en Él cuando venga por ti – si aún no habrás muerto a tu vieja manera de vivir como descendiente de Adán, entonces tendrás que estar apartado para juicio y sometido a aflicciones de fuego, siendo dañado por la segunda muerte que negaste morir en esta vida. Recíbelo en tu vida ahora, permitiendo que Él te transforme a Su misma imagen para que no sea necesario que Dios te aparte para juicio y corrección de fuego en aquel día mientras los hijos del reino estén regocijándose en la presencia del Señor.
El Indígena: “Ahora entiendo que todo nuestro sufrimiento es porque nos hemos apartado, cada uno de nosotros, a nuestro propio camino. Ahora me arrepiento y recibo a Cristo en mi corazón para que me transforme en una nueva persona. Quiero permanecer en Él para que, cuando Él venga por mí, sea como Él y no ser avergonzado en su presencia.”
La verdad del evangelio eterno, puro y no adulterado es la gracia de Dios llevándonos al arrepentimiento y una fe viva en Cristo. No son “malas nuevas” disfrazadas de “buenas nuevas.” Es universal en su alcance, siendo buenas nuevas de gran gozo para todo el pueblo (Lc 2:10). El puro evangelio declara sin limitaciones que, a fin de cuentas, todos en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, confesarán a Jesús como Señor y doblarán rodilla en humilde y voluntaria sumisión a Él. Este es el evangelio que debemos defender y proclamar.
La Levadura de los Saduceos
Como ya hemos visto, la levadura de los Fariseos convierte las buenas nuevas en malas nuevas. Jesús acusó a los Escribas y a los Fariseos de hacer el reino de los cielos inalcanzable para los que querían entrar, y sin darse cuenta, se excluían a sí mismos al mismo tiempo (Mat 23:13). El evangelio de malas nuevas de los judaizantes era un intento de combinar dos elementos incompatibles: la gracia y las obras, haciendo cualquier seguridad de la salvación imposible (Rom 11:6). Combinando este evangelio de malas nuevas con la doctrina de tormentos eternos, solo lograron dejar a sus prosélitos sintiéndose con menos esperanza que antes, volviendo desanimados al mundo dos veces peor de lo que eran antes de recibir su levadura (Mat 23:15).
Mientras que los Fariseos convirtieron el evangelio en malas nuevas, agregando obras a la gracia y adjuntando el castigo eterno, la levadura de los Saduceos se manifestó en forma de incredulidad en los elementos más esenciales del evangelio, dejándolo sin poder para salvar.
Esta clase de levadura ha buscado socavar la base y sustancia del puro evangelio de Jesucristo. Comenzó a surgir en una forma primitiva de Gnosticismo que negaba que Jesús era el Cristo; el Hijo de Dios nacido de una virgen. Según ellos, cuando Jesús murió en la cruz, solo era el hombre, Jesús, quien murió y no el Dios-Hombre, Jesucristo, quien entregó Su vida por la humanidad.
Las implicaciones de esta doctrina deben ser obvias: Un hombre perfecto solo se podría sustituir por un individuo. Si no fuera Dios, en Cristo, reconciliándose al mundo a Sí mismo en la cruz, entonces Su sangre derramada como un sacrificio propiciatorio no hubiera sido de valor suficiente para expiar nuestros pecados, sin mencionar los de todo el mundo (cf. 1Jn 2:2). Por eso Juan advierte tan severamente: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1Jn 2:22-23). Es por eso que Pablo nos advierte a no prestar oído a cualquier argumento que socava la plena divinidad de Jesucristo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Col 2:8-10)
Si Jesucristo fuera meramente humano y no el Dios-Hombre, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, entonces los que han puesto solamente en Él su esperanza para salvación son los más dignos de lástima. Si fuera así, estaríamos aún en nuestros pecados porque el sacrificio de un mero hombre – por más perfecto que sea, no tendría valor suficiente para salvar a toda la humanidad.
La levadura de los Saduceos leuda el puro evangelio con el humanismo racionalista que muestra un desdén condescendiente hacia los que mantienen la doctrina bíblica de la suficiencia de la muerte sustitutiva y propiciatoria de Cristo en la cruz para salvar al mundo entero. Ellos reducirían Su vida y aún Su muerte a simplemente un ejemplo para seguir. Sin embargo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento fue diseñado para ser sombra del sacrificio expiatorio de Sí mismo como nuestro sustituto en la Cruz. La muerte sustitutiva de Cristo a través de Su sangre derramada en lugar de la nuestra es un tema recurrente a través de todas las Escrituras. Los siguientes son solamente unos ejemplos claves:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isa 53:6)
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2Co 5:21)
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:23-26)
“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Heb 2:17)
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1Jn 2:2)
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1Jn 4:10)
A pesar de estos pasajes y muchos más, ellos insisten que la justicia no permite que uno pague la deuda a favor de otro. Insisten que cada uno tiene que pagar sus propias deudas. Sin embargo, vemos provisión en la ley de Dios dándole derecho a uno a pagar el precio de la redención de otro. La única condición era que tenía que ser uno de sus hermanos:
“Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; 48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará.” (Lev 25:47-48)
Bajo la ley de Dios, si uno fuera quedar esclavo, entonces un hermano del esclavo tenía el derecho a redimirlo (comprar su libertad). Por eso era necesario que Jesucristo fuera en todo semejante a sus hermanos. Solo de esta manera podía el Hijo de Dios calificarse como nuestro hermano Redentor. Toda la raza adámica ha nacido esclava al forastero; Satanás. El Hijo de Dios tuvo que tomar forma de carne semejante a la nuestra para calificarse como nuestro hermano Redentor. Dios previendo la obra redentora de Cristo en la cruz estableció la ley del hermano redentor como sombra de nuestro Gran Redentor Jesucristo que nos redimiría con Su propia sangre. Pedro advirtió de los que negarían el valor redentor del sacrificio de la sangre de Cristo en la Cruz por nosotros:
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató (agoradzo “compró”), atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” (2Pedro 2:1)
Muchos de los Universalistas (y también muchos tradicionalistas que creen en el castigo eterno o la aniquilación de los impíos), predican un evangelio falso, humanista, habiendo sido contaminados por la levadura de los Saduceos. Ellos niegan que el único camino a Dios sea a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios. Muchos de ellos hasta niegan la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios.
Es importante enfatizar que no todos los que rompieron con la tradición a favor del Universalismo son Universalistas bíblicos que insisten que el único camino a Dios es a través de la fe en el sacrificio de Cristo como nuestro Redentor y Salvador. El Universalismo es igual de atractivo para los Libertinos de hoy, que malinterpretan la gracia de Dios como licencia para una vida de libertinaje, como fue en los días de los Apóstoles. (Rom 3:8; 6:15) Judas dice:
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 4)
Sin embargo, los Apóstoles no modificaron el puro evangelio de la gracia de Dios para protegerlo contra los abusos de los que querían aprovecharse de él. Debido a la instancia de los Apóstoles de mantener el evangelio en toda su pureza sin adulterarlo, fueron acusados falsamente por los Judaizantes farisaicos de estar promoviendo el pecado:
“¿Y por qué no decir, como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos: Hagamos el mal para que venga el bien? La condenación de los tales es justa.” (Rom 3:8 NBLH)
El hecho de que algunos pervierten el evangelio glorioso de la reconciliación universal, diluyéndolo para sus propios fines carnales, no es justificación para que nosotros comencemos a restringirlo o limitar su alcance. Cuando comencé a descubrir la doctrina bíblica de la restauración universal, leía todo lo que podía encontrar sobre el tema – tanto los que estaban a favor como los que estaban en contra. Sin embargo, los que podría, de buena consciencia recomendar a otros, que eran fundadas enteramente en las Escrituras, podría contar con mis dedos.
Las formas de Universalismo no bíblicas abundan. Muchos hoy en día sostienen una forma de Universalismo sincretista, que es inclusiva de todas las religiones del mundo. Comenzando con el Modernismo del siglo XIX con su teología liberal, la levadura de los Saduceos ahora ha avanzado, metaforizándose rápidamente en nuevas expresiones. Ahora el Modernismo Liberal ha pasado a ser “Progresismo Postmoderno”. Muchos, dentro del Movimiento Emergente Eclesiástico se han apartado de la Fe que ha sido una vez dada a los santos, a un relativismo subjetivo (Judas 4). Cualquier persona que haga una declaración basada en la doctrina bíblica es considerado arrogante y prejuiciado. Hay una apostasía de la fe en la verdad objetiva como revelada en la Palabra de Dios, a un relativismo subjetivo, conductivo a una Iglesia Ecuménica Mundial, ahora presentada con otros nombres más atractivos como “La Iglesia Emergente.” La variedad de Universalismo presentada por algunos dentro del movimiento es inclusiva de todas las religiones del mundo y es antagonista contra el evangelio puro y no adulterado. Suelen citar ciertos dichos de Jesús que apoyan sus doctrinas favoritas, pero no creen en Sus palabras cuando dice: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” o “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Mat 4: 4 Jn 14:6).
Es mi convicción que necesitamos volver al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación de todos a través de la sangre de la cruz de Jesucristo. Los padres de la Iglesia, en los días de San Agustín, adulteraron el evangelio, adjuntando la doctrina farisaica del castigo eterno para protegerlo de los abusos de los Libertinos e inconversos que se juntaron a la Iglesia después de que el Emperador Constantino declarara al cristianismo la religión del estado. Eso solo logró introducir la Iglesia a la Época Oscura. Durante la Época Oscura el glorioso evangelio fue reemplazado con el evangelio “buenas nuevas - malas nuevas.” Nosotros, más que en cualquier otra generación, tenemos que insistir en el puro evangelio predicado por los primeros Apóstoles de la Iglesia primitiva. Debemos tomar a pecho las palabras de Pablo:
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:8-9)
“Porque no somos como muchos que adulteran la palabra de Dios; antes con sinceridad,
como de parte de Dios, delante de Dios hablamos en Cristo.”
(2Corintios 2:17 RVG)
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
Desde que llegué a comprender el evangelio glorioso de la reconciliación universal, he luchado para encontrar un título apto para describirlo. Los Padres de la Iglesia Primitiva lo llamaban la Apocatástasis (ἀποκατάστασις), o la restauración de todos (Hch 3:21). Pensé que “el evangelio completo” hubiera sido una buena expresión si ya no hubiera adquirido sus propias connotaciones. El término “evangelio completo” fue creado cuando redescubrieron la realidad de que el evangelio no incluye solamente nuestra salvación del pecado sino también la sanidad física – un reverso de las consecuencias del pecado en nuestros cuerpos físicos. La obra redentora de la cruz no solo hizo posible que Dios sea justo y a la vez misericordioso, justificando al impío (Rom 3:25-26), sino que también hizo posible que un Dios justo y santo se arrepienta del mal declarado por Él mismo, debido al pecado de Adán, sanando a los enfermos y aun levantando a los muertos. Dios no puede ser justo y a la vez simplemente pasar por alto el pecado o arbitrariamente poner en reverso la maldición de la muerte a consecuencia del pecado. Solo Su obra redentora de la cruz hizo posible que Él sea justo y a la vez misericordioso hacia pecadores indignos como nosotros.
Todo perdón de parte de Dios hacia los hombres y toda sanidad divina, que van en contra de la maldición de la muerte declarada – sea en el Antiguo Testamento o el Nuevo Testamento, solo son posibles por medio del sacrificio propiciatorio de Cristo en la cruz. Dios solo podía ser misericordioso y a la vez justo; sanando a los hijos de Israel en el desierto y perdonando juicios declarados contra ellos viendo la cruz.
El avivamiento de la sanidad y el redescubrimiento de la verdad del “evangelio completo” de la sanidad divina, permitió que muchos apropiaran por fe, no solamente el perdón de sus pecados sino también su sanidad física. Anterior a eso muchos sufrieron enfermedades físicas innecesariamente, no sabiendo que el evangelio también incluía la sanidad física. El descubrimiento de que la sanidad divina podría ser apropiada de la misma manera que la salvación espiritual (de gracia por medio de la fe), desveló una nueva dimensión al evangelio que se había perdido desde que la Iglesia entró en la Época Oscura.
Por un tiempo me sentía frustrado porque ahora sabía que el “evangelio completo” realmente era mucho más completo de lo que fue redescubierto en el avivamiento de la sanidad. Quería poder utilizar la expresión “evangelio completo” para referirme a la salvación universal, pero sabía que no podía emplear esa expresión porque ya estaba limitada por su asociación con el evangelio de la sanidad.
Entonces, un día pensando en esto, sentí que el Señor me reveló un término aún más apto: “El Evangelio No Adulterado” o “El Evangelio Puro.” Desde los comienzos de la Iglesia, el enfoque principal del enemigo ha sido diluir, corromper y velar el mensaje del evangelio para que el hombre no descubra su poder salvífico y transformador:
“Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; 4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” (2Co 4:3-4)
En la cruz descubrimos la sabiduría de Dios y el poder de Dios para salvación. Los sabios de esta época la consideran locura; los fuertes la ven como algo innecesario; los legalistas la han leudado con las obras de la carne; empresarios la han explotado para ganancias personales; los libertinos la han adaptado a su estilo de vida licenciosa. Ha sido diluida, prohibida, burlada, modificada, reducida a una imagen, utilizada como un ornamento y pisoteada. Sin embargo, sigue siendo la sabiduría de Dios y el poder de Dios para todos los que la ven y la abrazan en toda su gloriosa pureza.
El evangelio en toda su pureza siempre ha sido el blanco de Satanás desde el día en que la Gran Comisión fue encomendada a la Iglesia. Gran parte de las epístolas del Nuevo Testamento es dedicado a la defensa del evangelio en su pureza. Pablo declara a los Gálatas:
“Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. 7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8 Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:6-9)
Usualmente, los viajes misioneros de Pablo fueron seguidos por grupos de Judaizantes. Los Judaizantes eran judíos que profesaban la fe en Jesús, pero a la vez insistían en guardar la ley y la tradición de los Fariseos. Jesús les advirtió a sus discípulos contra la levadura de los Fariseos y de los Saduceos; refiriéndose a la doctrina de los Fariseos y la doctrina de los Saduceos (Mat 16:6,12). Tanto el exclusivismo y legalismo de los Fariseos, y la incredulidad y racionalismo de los Saduceos siguen adulterando el evangelio y negando su poder para salvar hasta el día de hoy.
Pablo, en Gálatas 1:8,9, pronunció un doble anatema contra cualquiera que predique otro evangelio. Él dice que si alguno predica otro evangelio distinto al evangelio puro de la justificación por la gracia por medio de la fe, aparte de las obras de la ley que él predicaba, entonces no es un evangelio. No hay otro evangelio o “buenas nuevas” aparte de las gloriosas buenas nuevas de una reconciliación universal, que finalmente será recibida por todos; por la gracia por medio de la fe en Su cruz.
El evangelio elitista de los Judaizantes, que siguieron en la tradición de los Fariseos, enseñó la salvación por medio de la fe en Jesús más las obras de la ley, y no por la gracia por medio de la fe aparte de las obras. Pablo enseñó que Cristo es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen (1Tim 4:10; Col 1:20). En cambio, los Fariseos enseñaban que el destino final de toda la humanidad, a excepción de los mejores de los mejores y los más fuertes de los fuertes, es un tormento eterno en un lago de fuego que nunca se apaga. Pablo enfatiza que ese no es el evangelio; aun cuando algunos lo llamen por ese nombre.
La Levadura de los Fariseos – “Las Buenas Nuevas, Malas Nuevas Evangelio”
Lamentablemente, alguna variación del evangelio de los judaizantes (las buenas nuevas - malas nuevas evangelio), es lo que muchos proclaman hasta el día de hoy. Pero, según Pablo, no es realmente buenas nuevas sino “malas nuevas” disfrazadas como si fueran el evangelio. Muchos misioneros han tenido poco éxito vendiendo su evangelio “buenas nuevas - malas nuevas” y con razón. Déjeme ilustrarle: Imaginemos el primer encuentro con un miembro de una tribu aislado en el corazón de la selva que nunca ha oído hablar de Jesús. Misioneros tradicionales usualmente comienzan de la siguiente manera:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas son que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean en las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Lamento ser el primero en informarte de las malas nuevas, pero, sí. A menos que uno crea en las buenas nuevas antes de morirse pasará toda la eternidad en el infierno.”
El indígena: “Entonces, ¿Cuáles son las buenas nuevas?”
Misionero: “Las buenas nuevas son que Dios te ama a ti de tal manera que envió a Su Hijo para que tuvieras vida eterna.”
El indígena: “Eso da mucho qué pensar. Voy a considerarlo. Mañana te cuento qué decisión he tomado.”
Misionero: “Hoy es el día de la decisión. Si esperas hasta mañana podrías morir esta noche. Entonces la Ira eterna de Dios será derramada sobre ti, junto con tu esposa y tus dos hijos. Necesitas creer en las buenas nuevas hoy porque no puedes estar seguro del día de mañana.”
Aunque la mayoría de los cristianos tradicionales intentarían presentar su “evangelio de malas nuevas, buenas nuevas” de una manera más discreta, siempre queda muy corto comparado al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación final de todos por medio de la sangre de la cruz. Otra versión más amena que algunos presentan es la siguiente:
Misionero: “Traigo buenas nuevas, pero primero necesitas oír las malas nuevas.” Las malas nuevas es que eres un pecador en camino al infierno.”
El indígena interrumpe: “¿Qué es el infierno?”
Misionero: “El infierno es un lugar de tormentos que nunca terminan. Todos los que no crean las buenas nuevas antes de morir pasarán la eternidad quemándose en el infierno.”
El indígena: “¡Esas sí son malas nuevas! Un extranjero vino a nuestra comunidad hace dos meses y muchos caímos enfermos. Fallecieron mi querida esposa y dos hijos. ¿Significa eso que ellos ahora se están quemando en ese infierno y que estarán allí por toda la eternidad?”
Misionero: “Creo que ellos irán al cielo, dado que no tuvieron la oportunidad de escuchar las buenas nuevas antes de morir. Pero tú ya has oído el evangelio. Así que no habría segunda oportunidad para ti.”
El indígena: “¿Quieres decirme que todos los que ya han muerto en nuestra comunidad sin oír las buenas nuevas van al cielo, pero que, de aquí en adelante, todos nosotros tenemos que creer las buenas nuevas antes de morir o iremos a un infierno eterno?”
Misionero: “Así es, exactamente.”
El indígena: “Entonces, ¿Por qué viniste? Yo, por mi parte, voy a recibir las buenas nuevas para no ir a ese infierno, pero no sé qué decisión tomarán los demás en mi comunidad. Todos nosotros hubiéramos ido al cielo si no hubieras venido. ¡Ahora es más probable que la mayoría de nosotros vaya a un infierno eterno!”
Entonces, vemos que, sin importar la manera en la que uno presente las “buenas nuevas - malas nuevas evangelio,” siempre termina siendo malas nuevas para la gran mayoría. Por eso Pablo dijo que cualquier otro evangelio que no fuera el puro evangelio no adulterado que él predicaba, realmente no era un evangelio. Simplemente eran “malas nuevas” envueltas en el disfraz de las buenas nuevas. El evangelio no adulterado de Jesucristo es nuevas de gran gozo, que serán para todo el pueblo (Lc 2:10). Cualquier evangelio que quede corto a ese evangelio no es en realidad ningún evangelio. Un misionero que es un embajador de reconciliación a toda la creación de Dios tiene el privilegio de proclamar un evangelio no adulterado. Sería algo parecido a lo siguiente:
Misionero: “Tengo buenas nuevas para ustedes. Nosotros todos fuimos creados a la imagen de Dios para gozarnos de la comunión con Él. Nuestros primeros padres desobedecieron a Dios y todos nosotros, desde ese entonces, hemos vivido en desobediencia a Él – todos nosotros hemos pecado y faltado a la gloria de Dios y a Sus buenos propósitos para nuestras vidas. El reino de Dios es un reino de amor, luz y verdad. Cuando el hombre no camina con Dios quien es luz, estamos perdidos y separados de nuestro Creador. Todos nos hemos desviado de la verdad de esta manera, cayendo en odio, envidia y contención. Separados de nuestro Dios hemos traído sobre nosotros mismos sufrimiento y muerte. Separados de nuestro Padre Dios vivimos como huérfanos espirituales. En el vacío el hombre ha llegado a estar esclavizado a muchos vicios auto-destructivos.
(Note: Lo presentado hasta aquí no es parte del evangelio. Es simplemente una descripción del dilema de la humanidad separada de Dios en la tierra lejana.)
“Pero las buenas nuevas son que Dios no nos dejó en esta condición perdida. En la plenitud de los tiempos Dios envió a Su Hijo a vivir como uno de nosotros. En contraste con nuestro primer padre Adán, que desobedeció a Dios, Él vivió una vida de perfecta obediencia al Padre y se ofreció a sí mismo a morir en nuestro lugar, tomando sobre sí la culpa de todos nosotros. Después de tres días Dios lo levantó de entre los muertos. Su resurrección demostró que el sacrificio de Su sangre inocente por nosotros como nuestro sustituto fue suficiente para satisfacer la justicia de Dios por todos nuestros actos pecaminosos de desobediencia juntos. Así como todos quedamos culpables y condenados delante del Dios santísimo en nuestro primer padre, Adán, ahora en el Último Adán - Cristo, todos son justificados por fe en Él, siendo nacidos de nuevo como parte de la Nueva Creación que Dios comenzó en Él.
“Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo reconcilió a toda la creación caída y pecaminosa a Si mismo a través de la sangre de Su cruz y Él suplica a ustedes por medio de nosotros a reconciliarse con Él en sus corazones. Así como en nuestro primer padre, Adán, todos nosotros morimos; en el último Adán, Jesucristo, todos serán vivificados, pero cada uno en su debido orden. Ahora es el mejor momento para doblar rodilla ante Él en humilde rendición. Cristo es el Salvador de todos, pero especialmente de los que creen ahora.
“Recibe a Cristo como tu Salvador ahora y deja que entre en tu vida para transformarte, haciéndote una nueva criatura, de la cual Él es el prototipo. El reino de Dios es un reino de pura luz, amor y justicia. Sin la santidad que viene por andar en unión con Cristo no podrás entrar en Su reino o mirarle en todo Su glorioso esplendor.
“Entrega tu vida a Él ahora para que Él pueda transformarte a Su propia imagen en esta vida. Entonces cuando Él venga por ti, serás encontrado como Él. Si eres encontrado como Él cuando Él venga por ti, serás llevado a Su misma presencia y llegarás a ser uno con Él como una esposa llega a ser una con su esposo. Si no te has encontrado en Él cuando venga por ti – si aún no habrás muerto a tu vieja manera de vivir como descendiente de Adán, entonces tendrás que estar apartado para juicio y sometido a aflicciones de fuego, siendo dañado por la segunda muerte que negaste morir en esta vida. Recíbelo en tu vida ahora, permitiendo que Él te transforme a Su misma imagen para que no sea necesario que Dios te aparte para juicio y corrección de fuego en aquel día mientras los hijos del reino estén regocijándose en la presencia del Señor.
El Indígena: “Ahora entiendo que todo nuestro sufrimiento es porque nos hemos apartado, cada uno de nosotros, a nuestro propio camino. Ahora me arrepiento y recibo a Cristo en mi corazón para que me transforme en una nueva persona. Quiero permanecer en Él para que, cuando Él venga por mí, sea como Él y no ser avergonzado en su presencia.”
La verdad del evangelio eterno, puro y no adulterado es la gracia de Dios llevándonos al arrepentimiento y una fe viva en Cristo. No son “malas nuevas” disfrazadas de “buenas nuevas.” Es universal en su alcance, siendo buenas nuevas de gran gozo para todo el pueblo (Lc 2:10). El puro evangelio declara sin limitaciones que, a fin de cuentas, todos en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra, confesarán a Jesús como Señor y doblarán rodilla en humilde y voluntaria sumisión a Él. Este es el evangelio que debemos defender y proclamar.
La Levadura de los Saduceos
Como ya hemos visto, la levadura de los Fariseos convierte las buenas nuevas en malas nuevas. Jesús acusó a los Escribas y a los Fariseos de hacer el reino de los cielos inalcanzable para los que querían entrar, y sin darse cuenta, se excluían a sí mismos al mismo tiempo (Mat 23:13). El evangelio de malas nuevas de los judaizantes era un intento de combinar dos elementos incompatibles: la gracia y las obras, haciendo cualquier seguridad de la salvación imposible (Rom 11:6). Combinando este evangelio de malas nuevas con la doctrina de tormentos eternos, solo lograron dejar a sus prosélitos sintiéndose con menos esperanza que antes, volviendo desanimados al mundo dos veces peor de lo que eran antes de recibir su levadura (Mat 23:15).
Mientras que los Fariseos convirtieron el evangelio en malas nuevas, agregando obras a la gracia y adjuntando el castigo eterno, la levadura de los Saduceos se manifestó en forma de incredulidad en los elementos más esenciales del evangelio, dejándolo sin poder para salvar.
Esta clase de levadura ha buscado socavar la base y sustancia del puro evangelio de Jesucristo. Comenzó a surgir en una forma primitiva de Gnosticismo que negaba que Jesús era el Cristo; el Hijo de Dios nacido de una virgen. Según ellos, cuando Jesús murió en la cruz, solo era el hombre, Jesús, quien murió y no el Dios-Hombre, Jesucristo, quien entregó Su vida por la humanidad.
Las implicaciones de esta doctrina deben ser obvias: Un hombre perfecto solo se podría sustituir por un individuo. Si no fuera Dios, en Cristo, reconciliándose al mundo a Sí mismo en la cruz, entonces Su sangre derramada como un sacrificio propiciatorio no hubiera sido de valor suficiente para expiar nuestros pecados, sin mencionar los de todo el mundo (cf. 1Jn 2:2). Por eso Juan advierte tan severamente: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.” (1Jn 2:22-23). Es por eso que Pablo nos advierte a no prestar oído a cualquier argumento que socava la plena divinidad de Jesucristo:
“Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. 9 Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, 10 y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Col 2:8-10)
Si Jesucristo fuera meramente humano y no el Dios-Hombre, en quien habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, entonces los que han puesto solamente en Él su esperanza para salvación son los más dignos de lástima. Si fuera así, estaríamos aún en nuestros pecados porque el sacrificio de un mero hombre – por más perfecto que sea, no tendría valor suficiente para salvar a toda la humanidad.
La levadura de los Saduceos leuda el puro evangelio con el humanismo racionalista que muestra un desdén condescendiente hacia los que mantienen la doctrina bíblica de la suficiencia de la muerte sustitutiva y propiciatoria de Cristo en la cruz para salvar al mundo entero. Ellos reducirían Su vida y aún Su muerte a simplemente un ejemplo para seguir. Sin embargo, todo el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento fue diseñado para ser sombra del sacrificio expiatorio de Sí mismo como nuestro sustituto en la Cruz. La muerte sustitutiva de Cristo a través de Su sangre derramada en lugar de la nuestra es un tema recurrente a través de todas las Escrituras. Los siguientes son solamente unos ejemplos claves:
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” (Isa 53:6)
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2Co 5:21)
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, 24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, 25 a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, 26 con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Rom 3:23-26)
“Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Heb 2:17)
“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1Jn 2:2)
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1Jn 4:10)
A pesar de estos pasajes y muchos más, ellos insisten que la justicia no permite que uno pague la deuda a favor de otro. Insisten que cada uno tiene que pagar sus propias deudas. Sin embargo, vemos provisión en la ley de Dios dándole derecho a uno a pagar el precio de la redención de otro. La única condición era que tenía que ser uno de sus hermanos:
“Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere, y tu hermano que está junto a él empobreciere, y se vendiere al forastero o extranjero que está contigo, o a alguno de la familia del extranjero; 48 después que se hubiere vendido, podrá ser rescatado; uno de sus hermanos lo rescatará.” (Lev 25:47-48)
Bajo la ley de Dios, si uno fuera quedar esclavo, entonces un hermano del esclavo tenía el derecho a redimirlo (comprar su libertad). Por eso era necesario que Jesucristo fuera en todo semejante a sus hermanos. Solo de esta manera podía el Hijo de Dios calificarse como nuestro hermano Redentor. Toda la raza adámica ha nacido esclava al forastero; Satanás. El Hijo de Dios tuvo que tomar forma de carne semejante a la nuestra para calificarse como nuestro hermano Redentor. Dios previendo la obra redentora de Cristo en la cruz estableció la ley del hermano redentor como sombra de nuestro Gran Redentor Jesucristo que nos redimiría con Su propia sangre. Pedro advirtió de los que negarían el valor redentor del sacrificio de la sangre de Cristo en la Cruz por nosotros:
“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató (agoradzo “compró”), atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” (2Pedro 2:1)
Muchos de los Universalistas (y también muchos tradicionalistas que creen en el castigo eterno o la aniquilación de los impíos), predican un evangelio falso, humanista, habiendo sido contaminados por la levadura de los Saduceos. Ellos niegan que el único camino a Dios sea a través de la muerte y resurrección de Jesucristo, el Hijo de Dios. Muchos de ellos hasta niegan la divinidad de Jesucristo como Hijo de Dios.
Es importante enfatizar que no todos los que rompieron con la tradición a favor del Universalismo son Universalistas bíblicos que insisten que el único camino a Dios es a través de la fe en el sacrificio de Cristo como nuestro Redentor y Salvador. El Universalismo es igual de atractivo para los Libertinos de hoy, que malinterpretan la gracia de Dios como licencia para una vida de libertinaje, como fue en los días de los Apóstoles. (Rom 3:8; 6:15) Judas dice:
“Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” (Judas 4)
Sin embargo, los Apóstoles no modificaron el puro evangelio de la gracia de Dios para protegerlo contra los abusos de los que querían aprovecharse de él. Debido a la instancia de los Apóstoles de mantener el evangelio en toda su pureza sin adulterarlo, fueron acusados falsamente por los Judaizantes farisaicos de estar promoviendo el pecado:
“¿Y por qué no decir, como se nos calumnia, y como algunos afirman que nosotros decimos: Hagamos el mal para que venga el bien? La condenación de los tales es justa.” (Rom 3:8 NBLH)
El hecho de que algunos pervierten el evangelio glorioso de la reconciliación universal, diluyéndolo para sus propios fines carnales, no es justificación para que nosotros comencemos a restringirlo o limitar su alcance. Cuando comencé a descubrir la doctrina bíblica de la restauración universal, leía todo lo que podía encontrar sobre el tema – tanto los que estaban a favor como los que estaban en contra. Sin embargo, los que podría, de buena consciencia recomendar a otros, que eran fundadas enteramente en las Escrituras, podría contar con mis dedos.
Las formas de Universalismo no bíblicas abundan. Muchos hoy en día sostienen una forma de Universalismo sincretista, que es inclusiva de todas las religiones del mundo. Comenzando con el Modernismo del siglo XIX con su teología liberal, la levadura de los Saduceos ahora ha avanzado, metaforizándose rápidamente en nuevas expresiones. Ahora el Modernismo Liberal ha pasado a ser “Progresismo Postmoderno”. Muchos, dentro del Movimiento Emergente Eclesiástico se han apartado de la Fe que ha sido una vez dada a los santos, a un relativismo subjetivo (Judas 4). Cualquier persona que haga una declaración basada en la doctrina bíblica es considerado arrogante y prejuiciado. Hay una apostasía de la fe en la verdad objetiva como revelada en la Palabra de Dios, a un relativismo subjetivo, conductivo a una Iglesia Ecuménica Mundial, ahora presentada con otros nombres más atractivos como “La Iglesia Emergente.” La variedad de Universalismo presentada por algunos dentro del movimiento es inclusiva de todas las religiones del mundo y es antagonista contra el evangelio puro y no adulterado. Suelen citar ciertos dichos de Jesús que apoyan sus doctrinas favoritas, pero no creen en Sus palabras cuando dice: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” o “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Mat 4: 4 Jn 14:6).
Es mi convicción que necesitamos volver al evangelio puro, no adulterado de la reconciliación de todos a través de la sangre de la cruz de Jesucristo. Los padres de la Iglesia, en los días de San Agustín, adulteraron el evangelio, adjuntando la doctrina farisaica del castigo eterno para protegerlo de los abusos de los Libertinos e inconversos que se juntaron a la Iglesia después de que el Emperador Constantino declarara al cristianismo la religión del estado. Eso solo logró introducir la Iglesia a la Época Oscura. Durante la Época Oscura el glorioso evangelio fue reemplazado con el evangelio “buenas nuevas - malas nuevas.” Nosotros, más que en cualquier otra generación, tenemos que insistir en el puro evangelio predicado por los primeros Apóstoles de la Iglesia primitiva. Debemos tomar a pecho las palabras de Pablo:
“Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. 9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.” (Gál 1:8-9)
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&Hay Esperanza para los Reprobados?
por George Sidney Hurd
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¿Hay esperanza para aquellos que las Escrituras llaman reprobados? ¿Qué significa la palabra “reprobado”?
La palabra “reprobado” es de la palabra raíz en latín, probare, que significa “probar.” La palabra latín reprobatus, significa “desaprobado, rechazado, o condenado” en aposición con approbatus (aprobado).
Aunque, como veremos, la palabra “reprobado” ha acumulado mucho equipaje tradicional de que necesitamos librarnos, sin embargo, reprobado es una definición acertada de la palabra griega adókimos (ἀδόκιμος) que significa, “desaprobado, descalificado o rechazado.” En las Escrituras es utilizado para referirse a varias cosas, desde un metal precioso que no pasa la prueba de pureza (Isa 1:22; Jer 6:30 LXX), a un atleta que llega a ser descalificado (1Cor 9:27), y también los que se descalifican debido a la ausencia de buenas obrar que son el fruto de la fe salvífica (2Cor 13:5-6; 2Tim 3:8; Tito 1:16; Heb 6:7-9).
El problema con la palabra reprobado no está en su verdadera definición, sino en el significado adquirido en la mente de muchos debido a la influencia de las doctrinas de hombres. Lo mismo sucedió con la palabra infierno. La palabra griega hades (ᾅδης) es una palabra compuesta, con la partícula negativa a- “no,” y eido, que significa “ver.” Aun en la literatura extrabíblica refiere a la región invisible de los muertos. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Así que, el problema con la palabra infierno en español no tiene que ver con su significado real, sino con el sentido adquirido por las tradiciones de los hombres.
Lo mismo sucedió con la palabra reprobado que sucedió con la palabra infierno. Las doctrinas tradicionales de los hombres han adjuntado un significado más allá de la definición verdadera de desaprobación, descalificación o rechazo, tergiversando la naturaleza de Dios, presentando Su reprobación de los no arrepentidos como si fuera eterna y no correctiva. Una página web popular define reprobación de la siguiente manera:
“Reprobación es el término utilizado para describir aquellos que por defecto son abandonados en su naturaleza humana caída al pecado para ser eternamente condenados.” [1]
Esta definición es más blanda de la que dan los Calvinistas Reformados. Según esta definición, Dios no activamente predestina a los reprobados a la condenación eterna: Él simplemente los abandona a su estado perdido sin extenderles gracia. Dicen que son reprobados por defecto. Por otro lado, los Calvinistas Reformados enseñan que Dios Mismo los predestinó a tormento eterno, como le ha placido, con motivo de magnificar Su justicia. Definen reprobación divina de la siguiente manera:
“La reprobación es el decreto eterno de Dios en lo cual Él preordinó que ciertas personas serían excluidas del número de los que son salvos por gracia, y que esas mismas personas experimentarían su justa ira… Dios decreta que ciertos individuos serían castigados justamente con el propósito de magnificar la justicia y gracia de Dios y que Su castigo es…según su beneplácito.” [2]
Los Arminianos intentan ablandar esta doctrina tradicional de la reprobación eterna, diciendo que Dios no preordinó que fueran reprobados, sino que Él simplemente sabía de antemano que ellos resistirían Su gracia, así llegando a ser reprobados por su propio libre albedrío. Sin embargo, sea por preordinación o por previo conocimiento, cualquiera teodicea que intenta presentar a un Creador benevolente como creando al hombre en Su propio imagen y semejanza, sabiendo desde el comienza que Él tendría que sostenerlos en un estado de tormentos en fuego sin fin es problemático, a decir lo menos.
¿Qué Escrituras presentan para apoyar su creencia que la reprobación de Dios es un rechazo eterno e irreversible? El único versículo que he visto que presentan para apoyar su afirmación que Su reprobación es irreversible es Hebreos 12:17 donde dice que Esaú no tuvo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. [3] Sin embargo, viendo el contexto, es evidente que lo que Esaú no pudo recuperar, aunque lo procuró con lágrimas, fue la bendición de su padre Isaac, no el perdón de Dios y salvación de un infierno eterno (Gen 27:37-38). Un infierno eterno ni siquiera se encuentra mencionado en todo el Antiguo Testamento.
La Causa de Reprobación
Vemos en las Escrituras que, aunque Dios no activamente reprueba a nadie, puede llegar a un punto donde Dios entrega a los que se niegan a arrepentirse a una mente reprobada si persisten en su rebeldía, obstinadamente suprimiendo la verdad, con tal de continuar en su injusticia (Rom 1:18-28). Es posible llegar a un punto donde el Espíritu de Dios ya no contenderá con ellos y son apartados para juicio (Gen 6:3; Rom 9:22). Dios les dio a los antediluvianos 120 años para arrepentirse mientras Noé construía el arca, pero tan pronto las puertas fueron cerradas, ya no había más oportunidad para evitar Su juicio.
En Romanos 1, Pablo explica como Dios una vez más entregó a los posdiluvianos a una mente reprobada o desaprobada (una manera de pensar no aceptable para Dios), viendo que no estaban dispuestos a retener el conocimiento de Él. Él dijo:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad… 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido… 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron (dokimazo) tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada (adókimos “desaprobado”), para hacer cosas que no convienen.” (Rom 1:18,21,24-28)
Aquí vemos que no es por la preordinación de Dios que uno es reprobado, como dicen los Calvinistas. Más bien, cuando Dios ve que ellos no aceptan o aprueban retener el conocimiento de Él, llega un punto donde Él concede su deseo, entregándolos a su propia mente reprobada. Tres veces en estos pocos versículos vemos repetida la frase “Dios los entregó.” En respuesta a la insistencia persistente del hombre en hacer su propia voluntad, llega un punto donde Dios finalmente le dice, “hágase tu voluntad.” Su Espíritu ya no contienda con él.
Vemos una escena similar a la de Romanos 1 sucediendo preciso antes del retorno de Cristo, con unas diferencias notables. En Romanos 1 dice que los impíos “no aprobaron tener en cuenta a Dios.” En 2Tesalonicenses dice básicamente lo mismo acerca de aquellos que son entregados a una mente reprobada, diciendo que ellos “no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2Tes 2:10). Sin embargo, esta vez vemos que, en juicio, Dios no solamente deja de contender con ellos, sino que activamente los entrega para crean la mentira. Sigue diciendo:
“Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:11-12)
Esto habla de la gran apostasía anterior al retorno de Cristo que prepara el camino para el Anticristo o el hombre de pecado (2Tes 2:3-4). Daniel habló de esta apostasía bajo el Anticristo diciendo:
“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.” (Dan 11:32)
Es una buena señal cuando uno siente convicción cuando hay pecado no arrepentido en sus vidas. Es una indicación que el Espíritu Santo todavía esta contendiendo con ellos, convenciéndolos de su pecado. Me entristece mucho ver tantos hoy en día viviendo en pecado que dicen que antes se sentían mal por lo que estaban haciendo, pero una vez que tomaron la decisión de que ese pecado iba a definir quienes eran, ellos sintieron paz.
Esa “paz” que uno siente cuando ya no siente convicción por el pecado en sus vidas es una paz falsa y debe ocasionar gran preocupación. Pablo habla de aquellos quienes, habiendo perdido toda sensibilidad se entregaron a la lascivia y toda clase de impureza (Ef 4:19). Este es una señal muy clara de una mente reprobada. Si sientes que estás llegando a ser indiferente al pecado en tu vida, clame a Dios pidiendo que te conceda el arrepentimiento para que vuelvas en ti, y escapes del lazo del diablo donde has estado cautivo a la voluntad de él (2Tim 2:25-26).
La Naturaleza Temporal y Remedial de la Reprobación
Las doctrinas Calvinistas y Arminianos de los hombres han llevado a muchos a concluir que una vez uno haya sido entregado a una mente reprobada están perdidos para siempre, y después del juicio ellos, o serían incinerados (Aniquilacionismo), o sujetados a tormentos sin fin en fuego (Infernalismo Eterno).
Sin embargo, aunque es posible que uno que rechazara a Dios persistentemente puede ser entregado a su propia voluntad y puesto aparte hasta el día del juicio, todos los juicios de Dios son correctivos, y con el tiempo resultan en la restauración, no en reprobación o rechazo eterno. El profeta Jeremías reveló algo de la naturaleza de Dios que demasiados cristianos pasan por alto. Primero él profetizó diciendo lo siguiente acerca del pueblo de Dios que había sido entregado al juicio debido a su inmundicia e idolatría:
“Plata desechada (ἀποδοκιμάζω, apodokimazo) los llamarán, porque Jehová los desechó (ἀποδοκιμάζω).” (Jer 6:30)
Aquí en el griego LXX vemos un cognado de la misma palabra para reprobado usado para referirse al mismo pueblo escogido de Dios que había sido rechazado por Dios y apartado para juicio.
Sin embargo, después de que Jerusalén había sido destruido por los Babilonios en 586 a.C. Jeremías los consoló con esta revelación acerca de la fidelidad de Dios hacia todos los hijos de los hombres extraviados, diciendo:
“Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Aunque son llamados plata reprobada o desechada por su impureza moral y no hubo manera de escapar el juicio determinado contra ellos, él deja en claro que Dios nunca abandonará ninguno de los hijos de los hombres permanentemente, sino que tendrá misericordia de ellos. La expresión “los hijos de los hombres” es inclusiva de toda la humanidad y no solamente el pueblo escogido de Dios.
El profeta Isaías también dijo de Israel que habían llegado a ser reprobados, así como plata contaminada. Él dijo: “Tu plata se ha convertido en escorias (ἀδόκιμος, adókimos)…” (Isa 1:22). A través del trato de Dios con Israel, podemos ver lo que Él hace con los reprobados (adókimos) que Él ha apartado para juicio. Por medio del profeta Ezequiel podemos ver lo que Dios, el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor, hace con los reprobados:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
¿Qué hace Dios con los reprobados? ¿Los desecha para siempre? No, Dios no desecha ninguno de los hijos de los hombres para siempre. En lugar de eso, Él los aparta para juicio para ser echados al horno de aflicción, como un fundidor de metales preciosos haría con el metal precioso contaminado con impurezas, hasta que toda su escoria sea consumida y es limpio y puro. Explico con más detalle sobre la metáfora de Dios como el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor en mi blog, Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.
El resultado final del horno de fuego de Dios para Israel reprobado es que sale del horno puro y separado del pecado. Así como en el caso de un padre que disciplina su hijo, Su fuego es en realidad Su amor actuando contra el pecado en sus vidas. El resultado final de Sus juicios contra Israel es el fruto pasible de la justicia, como vemos más adelante en Ezequiel 36.
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezek 36:24-26, cf., Rom 11:26-27).
El resultado final del horno de fuego de aflicción de Dios para Israel es que salen purificados de toda su inmundicia y reciben un corazón nuevo. Esto no solamente es cierto para Israel, el pueblo elegido de Dios. Lo mismo aplica con Su aflicción de todos los hijos de los hombres, que Él ha creado. Vemos que aún los reprobados Sodoma y Samaria algún día habrán sido restaurados (Ezeq 16:53-55). Dios es amor y, por lo tanto, Él no aflige voluntariamente ninguno de los hijos de los hombres que Él ha creado. Lo que Él hace, lo hace para su propio beneficio. Por lo tanto, podemos ver que la reprobación de Dios de los hijos de los hombres, igual como con Israel apóstata, no es un rechazo eterno, sino temporal y remedial.
[1] https://www.gotquestions.org/reprobation.html
[2] https://www.thegospelcoalition.org/essay/doctrine-of-reprobation/
[3] Aunque nunca he visto 1Crónicas 28:9 presentado para apoyar la creencia en la reprobación eterna, por unos años como Arminiano pensaba que David estaba advirtiéndole a Salomón de reprobación eterna cuando le dijo: “si lo dejares, él te desechará para siempre.”
Sin embargo, después de un estudio más cuidadoso del pasaje me di cuenta de que David no estaba refiriéndose a la salvación eterna de Salomón. David recordaba como antes de ser rey sobre Israel, el rey Saúl había sido rechazado permanentemente como rey por Dios debido a su desobediencia. Samuel le dijo al rey Saúl: “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). La única manera en que Saúl fue desechado fue para no ser más rey. De la misma manera, creo que el rechazo irrevocable de que David advertía a Salomón tuvo que ver con ser rechazado como rey, no una perdición eterna.
En el griego LXX, los traductores, siendo familiarizados como eran con el idioma hebreo, lo tradujeron como “desechazado hasta el final” (εἰς τέλος), y no “para siempre.” En otras palabras, Dios le quitaría definitivamente del trono. Así lo entendieron los traductores de la versión CEE. Ellos lo tradujeron, “si lo abandonas, te desechará definitivamente.”
Yo sé que aquí en Colombia, si uno con cargo político llega a ser condenado por un delito, jamás puede volver a tener cargo político por el resto de su vida. Creo que eso era lo que David estaba diciendo a Salomón.
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¿Hay esperanza para aquellos que las Escrituras llaman reprobados? ¿Qué significa la palabra “reprobado”?
La palabra “reprobado” es de la palabra raíz en latín, probare, que significa “probar.” La palabra latín reprobatus, significa “desaprobado, rechazado, o condenado” en aposición con approbatus (aprobado).
Aunque, como veremos, la palabra “reprobado” ha acumulado mucho equipaje tradicional de que necesitamos librarnos, sin embargo, reprobado es una definición acertada de la palabra griega adókimos (ἀδόκιμος) que significa, “desaprobado, descalificado o rechazado.” En las Escrituras es utilizado para referirse a varias cosas, desde un metal precioso que no pasa la prueba de pureza (Isa 1:22; Jer 6:30 LXX), a un atleta que llega a ser descalificado (1Cor 9:27), y también los que se descalifican debido a la ausencia de buenas obrar que son el fruto de la fe salvífica (2Cor 13:5-6; 2Tim 3:8; Tito 1:16; Heb 6:7-9).
El problema con la palabra reprobado no está en su verdadera definición, sino en el significado adquirido en la mente de muchos debido a la influencia de las doctrinas de hombres. Lo mismo sucedió con la palabra infierno. La palabra griega hades (ᾅδης) es una palabra compuesta, con la partícula negativa a- “no,” y eido, que significa “ver.” Aun en la literatura extrabíblica refiere a la región invisible de los muertos. Infierno es del latín inférnum o ínferus, que significaba “por debajo de, lugar inferior, subterráneo. De semejante manera, la palabra “Hell” en inglés simplemente significaba “lo que es cubierto o fuera de vista,” y por lo tanto el mundo invisible de los muertos. Así que, el problema con la palabra infierno en español no tiene que ver con su significado real, sino con el sentido adquirido por las tradiciones de los hombres.
Lo mismo sucedió con la palabra reprobado que sucedió con la palabra infierno. Las doctrinas tradicionales de los hombres han adjuntado un significado más allá de la definición verdadera de desaprobación, descalificación o rechazo, tergiversando la naturaleza de Dios, presentando Su reprobación de los no arrepentidos como si fuera eterna y no correctiva. Una página web popular define reprobación de la siguiente manera:
“Reprobación es el término utilizado para describir aquellos que por defecto son abandonados en su naturaleza humana caída al pecado para ser eternamente condenados.” [1]
Esta definición es más blanda de la que dan los Calvinistas Reformados. Según esta definición, Dios no activamente predestina a los reprobados a la condenación eterna: Él simplemente los abandona a su estado perdido sin extenderles gracia. Dicen que son reprobados por defecto. Por otro lado, los Calvinistas Reformados enseñan que Dios Mismo los predestinó a tormento eterno, como le ha placido, con motivo de magnificar Su justicia. Definen reprobación divina de la siguiente manera:
“La reprobación es el decreto eterno de Dios en lo cual Él preordinó que ciertas personas serían excluidas del número de los que son salvos por gracia, y que esas mismas personas experimentarían su justa ira… Dios decreta que ciertos individuos serían castigados justamente con el propósito de magnificar la justicia y gracia de Dios y que Su castigo es…según su beneplácito.” [2]
Los Arminianos intentan ablandar esta doctrina tradicional de la reprobación eterna, diciendo que Dios no preordinó que fueran reprobados, sino que Él simplemente sabía de antemano que ellos resistirían Su gracia, así llegando a ser reprobados por su propio libre albedrío. Sin embargo, sea por preordinación o por previo conocimiento, cualquiera teodicea que intenta presentar a un Creador benevolente como creando al hombre en Su propio imagen y semejanza, sabiendo desde el comienza que Él tendría que sostenerlos en un estado de tormentos en fuego sin fin es problemático, a decir lo menos.
¿Qué Escrituras presentan para apoyar su creencia que la reprobación de Dios es un rechazo eterno e irreversible? El único versículo que he visto que presentan para apoyar su afirmación que Su reprobación es irreversible es Hebreos 12:17 donde dice que Esaú no tuvo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas. [3] Sin embargo, viendo el contexto, es evidente que lo que Esaú no pudo recuperar, aunque lo procuró con lágrimas, fue la bendición de su padre Isaac, no el perdón de Dios y salvación de un infierno eterno (Gen 27:37-38). Un infierno eterno ni siquiera se encuentra mencionado en todo el Antiguo Testamento.
La Causa de Reprobación
Vemos en las Escrituras que, aunque Dios no activamente reprueba a nadie, puede llegar a un punto donde Dios entrega a los que se niegan a arrepentirse a una mente reprobada si persisten en su rebeldía, obstinadamente suprimiendo la verdad, con tal de continuar en su injusticia (Rom 1:18-28). Es posible llegar a un punto donde el Espíritu de Dios ya no contenderá con ellos y son apartados para juicio (Gen 6:3; Rom 9:22). Dios les dio a los antediluvianos 120 años para arrepentirse mientras Noé construía el arca, pero tan pronto las puertas fueron cerradas, ya no había más oportunidad para evitar Su juicio.
En Romanos 1, Pablo explica como Dios una vez más entregó a los posdiluvianos a una mente reprobada o desaprobada (una manera de pensar no aceptable para Dios), viendo que no estaban dispuestos a retener el conocimiento de Él. Él dijo:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad… 21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido… 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aún sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. 28 Y como ellos no aprobaron (dokimazo) tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada (adókimos “desaprobado”), para hacer cosas que no convienen.” (Rom 1:18,21,24-28)
Aquí vemos que no es por la preordinación de Dios que uno es reprobado, como dicen los Calvinistas. Más bien, cuando Dios ve que ellos no aceptan o aprueban retener el conocimiento de Él, llega un punto donde Él concede su deseo, entregándolos a su propia mente reprobada. Tres veces en estos pocos versículos vemos repetida la frase “Dios los entregó.” En respuesta a la insistencia persistente del hombre en hacer su propia voluntad, llega un punto donde Dios finalmente le dice, “hágase tu voluntad.” Su Espíritu ya no contienda con él.
Vemos una escena similar a la de Romanos 1 sucediendo preciso antes del retorno de Cristo, con unas diferencias notables. En Romanos 1 dice que los impíos “no aprobaron tener en cuenta a Dios.” En 2Tesalonicenses dice básicamente lo mismo acerca de aquellos que son entregados a una mente reprobada, diciendo que ellos “no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (2Tes 2:10). Sin embargo, esta vez vemos que, en juicio, Dios no solamente deja de contender con ellos, sino que activamente los entrega para crean la mentira. Sigue diciendo:
“Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, 12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2Tes 2:11-12)
Esto habla de la gran apostasía anterior al retorno de Cristo que prepara el camino para el Anticristo o el hombre de pecado (2Tes 2:3-4). Daniel habló de esta apostasía bajo el Anticristo diciendo:
“Con lisonjas seducirá a los violadores del pacto; mas el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará.” (Dan 11:32)
Es una buena señal cuando uno siente convicción cuando hay pecado no arrepentido en sus vidas. Es una indicación que el Espíritu Santo todavía esta contendiendo con ellos, convenciéndolos de su pecado. Me entristece mucho ver tantos hoy en día viviendo en pecado que dicen que antes se sentían mal por lo que estaban haciendo, pero una vez que tomaron la decisión de que ese pecado iba a definir quienes eran, ellos sintieron paz.
Esa “paz” que uno siente cuando ya no siente convicción por el pecado en sus vidas es una paz falsa y debe ocasionar gran preocupación. Pablo habla de aquellos quienes, habiendo perdido toda sensibilidad se entregaron a la lascivia y toda clase de impureza (Ef 4:19). Este es una señal muy clara de una mente reprobada. Si sientes que estás llegando a ser indiferente al pecado en tu vida, clame a Dios pidiendo que te conceda el arrepentimiento para que vuelvas en ti, y escapes del lazo del diablo donde has estado cautivo a la voluntad de él (2Tim 2:25-26).
La Naturaleza Temporal y Remedial de la Reprobación
Las doctrinas Calvinistas y Arminianos de los hombres han llevado a muchos a concluir que una vez uno haya sido entregado a una mente reprobada están perdidos para siempre, y después del juicio ellos, o serían incinerados (Aniquilacionismo), o sujetados a tormentos sin fin en fuego (Infernalismo Eterno).
Sin embargo, aunque es posible que uno que rechazara a Dios persistentemente puede ser entregado a su propia voluntad y puesto aparte hasta el día del juicio, todos los juicios de Dios son correctivos, y con el tiempo resultan en la restauración, no en reprobación o rechazo eterno. El profeta Jeremías reveló algo de la naturaleza de Dios que demasiados cristianos pasan por alto. Primero él profetizó diciendo lo siguiente acerca del pueblo de Dios que había sido entregado al juicio debido a su inmundicia e idolatría:
“Plata desechada (ἀποδοκιμάζω, apodokimazo) los llamarán, porque Jehová los desechó (ἀποδοκιμάζω).” (Jer 6:30)
Aquí en el griego LXX vemos un cognado de la misma palabra para reprobado usado para referirse al mismo pueblo escogido de Dios que había sido rechazado por Dios y apartado para juicio.
Sin embargo, después de que Jerusalén había sido destruido por los Babilonios en 586 a.C. Jeremías los consoló con esta revelación acerca de la fidelidad de Dios hacia todos los hijos de los hombres extraviados, diciendo:
“Porque el Señor no desecha para siempre; Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; Porque no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres.” (Lam 3:31-33)
Aunque son llamados plata reprobada o desechada por su impureza moral y no hubo manera de escapar el juicio determinado contra ellos, él deja en claro que Dios nunca abandonará ninguno de los hijos de los hombres permanentemente, sino que tendrá misericordia de ellos. La expresión “los hijos de los hombres” es inclusiva de toda la humanidad y no solamente el pueblo escogido de Dios.
El profeta Isaías también dijo de Israel que habían llegado a ser reprobados, así como plata contaminada. Él dijo: “Tu plata se ha convertido en escorias (ἀδόκιμος, adókimos)…” (Isa 1:22). A través del trato de Dios con Israel, podemos ver lo que Él hace con los reprobados (adókimos) que Él ha apartado para juicio. Por medio del profeta Ezequiel podemos ver lo que Dios, el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor, hace con los reprobados:
“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 18 Hijo de hombre, la casa de Israel se me ha convertido en escoria; todos ellos son bronce y estaño y hierro y plomo en medio del horno; y en escorias de plata se convirtieron. 19 Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto todos vosotros os habéis convertido en escorias, por tanto, he aquí que yo os reuniré en medio de Jerusalén. 20 Como quien junta plata y bronce y hierro y plomo y estaño en medio del horno, para encender fuego en él para fundirlos, así os juntaré en mi furor y en mi ira, y os pondré allí, y os fundiré. 21 Yo os juntaré y soplaré sobre vosotros en el fuego de mi furor, y en medio de él seréis fundidos. 22 Como se funde la plata en medio del horno, así seréis fundidos en medio de él; y sabréis que yo Jehová habré derramado mi enojo sobre vosotros.” (Ezeq 22:17-22)
¿Qué hace Dios con los reprobados? ¿Los desecha para siempre? No, Dios no desecha ninguno de los hijos de los hombres para siempre. En lugar de eso, Él los aparta para juicio para ser echados al horno de aflicción, como un fundidor de metales preciosos haría con el metal precioso contaminado con impurezas, hasta que toda su escoria sea consumida y es limpio y puro. Explico con más detalle sobre la metáfora de Dios como el Maestro Fundidor y el Fuego Consumidor en mi blog, Azufre, Sal y el Fuego del Fundidor.
El resultado final del horno de fuego de Dios para Israel reprobado es que sale del horno puro y separado del pecado. Así como en el caso de un padre que disciplina su hijo, Su fuego es en realidad Su amor actuando contra el pecado en sus vidas. El resultado final de Sus juicios contra Israel es el fruto pasible de la justicia, como vemos más adelante en Ezequiel 36.
“Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país. 25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezek 36:24-26, cf., Rom 11:26-27).
El resultado final del horno de fuego de aflicción de Dios para Israel es que salen purificados de toda su inmundicia y reciben un corazón nuevo. Esto no solamente es cierto para Israel, el pueblo elegido de Dios. Lo mismo aplica con Su aflicción de todos los hijos de los hombres, que Él ha creado. Vemos que aún los reprobados Sodoma y Samaria algún día habrán sido restaurados (Ezeq 16:53-55). Dios es amor y, por lo tanto, Él no aflige voluntariamente ninguno de los hijos de los hombres que Él ha creado. Lo que Él hace, lo hace para su propio beneficio. Por lo tanto, podemos ver que la reprobación de Dios de los hijos de los hombres, igual como con Israel apóstata, no es un rechazo eterno, sino temporal y remedial.
[1] https://www.gotquestions.org/reprobation.html
[2] https://www.thegospelcoalition.org/essay/doctrine-of-reprobation/
[3] Aunque nunca he visto 1Crónicas 28:9 presentado para apoyar la creencia en la reprobación eterna, por unos años como Arminiano pensaba que David estaba advirtiéndole a Salomón de reprobación eterna cuando le dijo: “si lo dejares, él te desechará para siempre.”
Sin embargo, después de un estudio más cuidadoso del pasaje me di cuenta de que David no estaba refiriéndose a la salvación eterna de Salomón. David recordaba como antes de ser rey sobre Israel, el rey Saúl había sido rechazado permanentemente como rey por Dios debido a su desobediencia. Samuel le dijo al rey Saúl: “Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:23). La única manera en que Saúl fue desechado fue para no ser más rey. De la misma manera, creo que el rechazo irrevocable de que David advertía a Salomón tuvo que ver con ser rechazado como rey, no una perdición eterna.
En el griego LXX, los traductores, siendo familiarizados como eran con el idioma hebreo, lo tradujeron como “desechazado hasta el final” (εἰς τέλος), y no “para siempre.” En otras palabras, Dios le quitaría definitivamente del trono. Así lo entendieron los traductores de la versión CEE. Ellos lo tradujeron, “si lo abandonas, te desechará definitivamente.”
Yo sé que aquí en Colombia, si uno con cargo político llega a ser condenado por un delito, jamás puede volver a tener cargo político por el resto de su vida. Creo que eso era lo que David estaba diciendo a Salomón.
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por George Sidney Hurd
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
Uno pensaría que cada vez que aparece la frase “por los siglos de los siglos” en la Reina Valera, el texto en el griego sería lo mismo. Pero en Efesios 3:21 el griego es muy distinto. No es “por las épocas de las épocas” (eis tous aiónas ton aiónon) como aparece en la mayoría de las traducciones, sino que el primero es en singular y el segundo en plural. Así que debe ser traducido: “la Época de las épocas”. Ha sido traducido de la siguiente manera en la Reina Valera:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (lit. Época de las épocas). Amén.” (Ef 3:21)
Hay mucha diferencia entre “épocas de las épocas” y “Época de las épocas”. Cuando usamos el singular seguido por la misma palabra en el plural de esta manera, estamos expresando la idea de que el que está en singular tiene preeminencia sobre los demás que están expresados en el plural. Cuando encontramos esta construcción en la Biblia entendemos que el que aparece en singular es más significante que los demás que aparecen en plural. Cuando vemos “Rey de reyes” o "Señor de señores” entendemos que el Rey de reyes es el máximo; Él que tiene preeminencia entre todos los reyes. Vemos la misma construcción en referencia al lugar santísimo. Literalmente dice, “Santo de los santos”:
“Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo (lit. “entre el lugar santo y el Santo de los santos)”. (Ex 26:33)
Es traducido en inglés como “santo de santos” o “el más santo”. El tabernáculo tenía el lugar santo y atrás del velo estaba el “Santo de los santos” “el lugar más santo” o “el Santísimo”. Todos entendemos esta distinción, y es sorprendente que la mayoría de las traducciones no distinguían entre “siglos de los siglos” y “Siglo de los siglos”. Cuando entendemos que la Época de las épocas es una época preeminente, la culminación de todas las épocas, el pasaje donde aparece es muy revelador. Traduciendo literalmente Efesios 3:21, cambia mucho el sentido del texto. Comparemos el texto de la Reina Valera con lo que literalmente dice:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (tou aionos ton aionon “la Época de las épocas”). Amén.” (Ef 3:21 Reina Valera)
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducción literal)
Las traducciones antiguas dejaron fuera la conjunción “y” (kai) que aparece en el texto del griego Nestle-Aland, que enfatiza que el Padre será glorificado tanto en Cristo Jesús como también en Su Iglesia. Y una traducción más precisa también revela quienes verán la gloria de Dios en la Iglesia y en Cristo Jesús. No solo serán los ángeles quienes vean la gloria de Dios en la Iglesia. La palabra traducida “edades” en la Reina Valera es genos que significa “generaciones o descendientes”. Entonces lo que está diciendo es que, en la Época de las épocas, todos los descendientes de todas las generaciones verán la gloria de Dios en Cristo Jesús y en Su Esposa la Iglesia. Las profecías de las Escrituras hablan de un tiempo venidero cuando todas las gentes de todas las naciones verán la gloria del Señor y aquí vemos que esto será cumplido en Cristo y en Su Esposa la Iglesia:
“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.” (Isa 40:5)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Hab 2:14)
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isa 60:1-3)
Muchos piensan equivocadamente que la última época antes de entrar en la eternidad es el milenio en que Cristo reinará con la Iglesia por mil años. Después de eso, según esta creencia, todos serán juzgados e irán a su destino eterno, sea el cielo eterno o el infierno eterno. Sin embargo, vemos referencia a varias épocas futuras y no solamente una época:
“para mostrar en los siglos venideros (las épocas venideras) las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Ef 2:7)
Cada vez que vemos mencionados “por los siglos de los siglos” (las épocas de las épocas) está hablando de varias épocas futuras. No tiene referencia a la eternidad como la mayoría ha llegado a pensar. La eternidad no está dividida en días, años, siglos, y épocas, sino que es una realidad existente fuera del tiempo e independiente de él. Es una equivocación pensar que la eternidad sea nada más que una cantidad infinita de épocas sucesivas. No sabemos cuántas épocas habrá antes que termine el tiempo, pero las Escrituras no hablarían del “fin de las épocas” (Heb 9:26 lit. sunteleia ton aionon) si la eternidad consistiera de una sucesión interminable de épocas.
Aunque no sabemos cuántas épocas futuras son incluidas en el plan de Dios para las épocas, sabemos que hay más de una época futura y que en la época final – la Época de las épocas, Su gloria habrá sido vista por las gentes de todas las generaciones en la Iglesia y en Cristo Jesús (Ef 3:21), y todos se habrán sujetado a Cristo doblándole rodilla y confesándole como su Señor antes de terminar esta Época de las épocas porque dice:
“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia…. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:24,28, cf. Fil 2:10-11)
¿Qué es lo que van a estar haciendo Cristo y Su Iglesia en las épocas venideras? La tradición nos ha enseñado que el reinado de Cristo con Su Iglesia termina después de la época del milenio. En Efesios 2:6-7 vemos que vamos a estar sentados con Cristo, reinando con Él en las épocas venideras. Vamos a mostrar las abundantes riquezas de la gracia de Dios por épocas y épocas:
“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros (las épocas venideras) las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Ef 2:6,7)
La palabra “mostrar” tiene la idea de “exhibir o demostrar”. ¿A quiénes vamos a demostrar la abundante gracia de Dios, si no son los que están en las tinieblas de afuera, en necesidad de Su gracia? Las naciones andarán a la luz de la Iglesia, la Nueva Jerusalén (Apo 21:24; Isa 60:1-3). Él Padre será glorificado en la Iglesia y en Cristo a todos los descendientes de todas las generaciones (Ef 3:21). Nosotros somos hechura Suya para manifestar Su abundante gracia, produciendo en otros la alabanza de la gloria de Su gracia:
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo… 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado… 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:4,6, 9,10)
¿Cuál es el misterio de las épocas? Que Dios nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo para manifestar las abundantes riquezas de Su gracia a todas las generaciones con el fin de que, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la Época de las épocas, todos serán reunidas en Cristo, tanto los que están en los cielos, como los que están en la tierra. El misterio de las épocas es su plan para la restauración de todas las cosas, reuniendo todos en Cristo, con todos sujetos a Él. Entonces llega el fin cuando Cristo mismo se sujetará al Padre para que Dios sea todo en todos (1Cor 15:28; Fil 2:10-11).
Las Épocas de las Épocas
La expresión “las épocas de las épocas” refiere a las épocas que son preeminentes sobre todas las épocas anteriores. Así como “la Época de las épocas” enfoca en una época preeminente sobre otras y por lo tanto ponemos “Época” en mayúsculo para distinguirlo, “las épocas de las épocas tienen referencia a una pluralidad de épocas que son preeminentes sobre todas las épocas anteriores. Son las épocas más significantes porque comienzan con el reinado milenial de Cristo y culminan con la Época de las épocas cuando Él, habiendo sujetado todo a Sí mismo en el fin del tiempo, entrega el reino al Padre. Vale notar que en el Antiguo Testamento la expresión “las épocas de las épocas” no aparece. No es hasta que entramos en el Nuevo Pacto que esta frase es utilizada, indicando que todas las épocas futuras son más significantes que todos los anteriores. Cristo no reinará eternamente como algunas traducciones nos hacen pensar, sino que reinará por “las épocas de las épocas” o “hasta que” todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies.
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: ‘Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apo 11:15)
“Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Heb 1:13)
“Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:25-28)
Apocalipsis 11:15 no contradice Hebreos 1:13 y 1Corintios 15:25-28. “Por los siglos de los siglos” solo refiere a las épocas de las épocas que terminan con el fin de las épocas cuando todos están en Dios en la eternidad. Sin embargo, las “épocas de las épocas” son las mejores épocas de todas las épocas – los tiempos de todos los tiempos, porque Cristo estará reinando con su Esposa, la Iglesia, y toda la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar. Entonces entramos en la eternidad donde Dios será todo en todos y por lo tanto ya no habrá necesidad de jerarquías.
El fin no llega con unos en el cielo y la mayoría en el infierno, sino con la restauración de todos de tal manera que Dios sea todo en todos. ¡Qué glorioso fin de las épocas! Hasta que Dios llegue a ser todo en todos, las épocas siguen. No existirá un dualismo eterno con unos en Dios y otros en oposición eterna contra Él, sino que Él realmente será todo en todos. ¡Gloria a Su Nombre!
Este artículo fue tomado del libro, El Triunfo de la Misericordia.
Uno pensaría que cada vez que aparece la frase “por los siglos de los siglos” en la Reina Valera, el texto en el griego sería lo mismo. Pero en Efesios 3:21 el griego es muy distinto. No es “por las épocas de las épocas” (eis tous aiónas ton aiónon) como aparece en la mayoría de las traducciones, sino que el primero es en singular y el segundo en plural. Así que debe ser traducido: “la Época de las épocas”. Ha sido traducido de la siguiente manera en la Reina Valera:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (lit. Época de las épocas). Amén.” (Ef 3:21)
Hay mucha diferencia entre “épocas de las épocas” y “Época de las épocas”. Cuando usamos el singular seguido por la misma palabra en el plural de esta manera, estamos expresando la idea de que el que está en singular tiene preeminencia sobre los demás que están expresados en el plural. Cuando encontramos esta construcción en la Biblia entendemos que el que aparece en singular es más significante que los demás que aparecen en plural. Cuando vemos “Rey de reyes” o "Señor de señores” entendemos que el Rey de reyes es el máximo; Él que tiene preeminencia entre todos los reyes. Vemos la misma construcción en referencia al lugar santísimo. Literalmente dice, “Santo de los santos”:
“Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo (lit. “entre el lugar santo y el Santo de los santos)”. (Ex 26:33)
Es traducido en inglés como “santo de santos” o “el más santo”. El tabernáculo tenía el lugar santo y atrás del velo estaba el “Santo de los santos” “el lugar más santo” o “el Santísimo”. Todos entendemos esta distinción, y es sorprendente que la mayoría de las traducciones no distinguían entre “siglos de los siglos” y “Siglo de los siglos”. Cuando entendemos que la Época de las épocas es una época preeminente, la culminación de todas las épocas, el pasaje donde aparece es muy revelador. Traduciendo literalmente Efesios 3:21, cambia mucho el sentido del texto. Comparemos el texto de la Reina Valera con lo que literalmente dice:
“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos (tou aionos ton aionon “la Época de las épocas”). Amén.” (Ef 3:21 Reina Valera)
“a Él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús a todos los descendientes de todas las generaciones, de la Época de las épocas.” (Ef 3:21 traducción literal)
Las traducciones antiguas dejaron fuera la conjunción “y” (kai) que aparece en el texto del griego Nestle-Aland, que enfatiza que el Padre será glorificado tanto en Cristo Jesús como también en Su Iglesia. Y una traducción más precisa también revela quienes verán la gloria de Dios en la Iglesia y en Cristo Jesús. No solo serán los ángeles quienes vean la gloria de Dios en la Iglesia. La palabra traducida “edades” en la Reina Valera es genos que significa “generaciones o descendientes”. Entonces lo que está diciendo es que, en la Época de las épocas, todos los descendientes de todas las generaciones verán la gloria de Dios en Cristo Jesús y en Su Esposa la Iglesia. Las profecías de las Escrituras hablan de un tiempo venidero cuando todas las gentes de todas las naciones verán la gloria del Señor y aquí vemos que esto será cumplido en Cristo y en Su Esposa la Iglesia:
“Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.” (Isa 40:5)
“Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Hab 2:14)
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. 2 Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. 3 Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento.” (Isa 60:1-3)
Muchos piensan equivocadamente que la última época antes de entrar en la eternidad es el milenio en que Cristo reinará con la Iglesia por mil años. Después de eso, según esta creencia, todos serán juzgados e irán a su destino eterno, sea el cielo eterno o el infierno eterno. Sin embargo, vemos referencia a varias épocas futuras y no solamente una época:
“para mostrar en los siglos venideros (las épocas venideras) las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Ef 2:7)
Cada vez que vemos mencionados “por los siglos de los siglos” (las épocas de las épocas) está hablando de varias épocas futuras. No tiene referencia a la eternidad como la mayoría ha llegado a pensar. La eternidad no está dividida en días, años, siglos, y épocas, sino que es una realidad existente fuera del tiempo e independiente de él. Es una equivocación pensar que la eternidad sea nada más que una cantidad infinita de épocas sucesivas. No sabemos cuántas épocas habrá antes que termine el tiempo, pero las Escrituras no hablarían del “fin de las épocas” (Heb 9:26 lit. sunteleia ton aionon) si la eternidad consistiera de una sucesión interminable de épocas.
Aunque no sabemos cuántas épocas futuras son incluidas en el plan de Dios para las épocas, sabemos que hay más de una época futura y que en la época final – la Época de las épocas, Su gloria habrá sido vista por las gentes de todas las generaciones en la Iglesia y en Cristo Jesús (Ef 3:21), y todos se habrán sujetado a Cristo doblándole rodilla y confesándole como su Señor antes de terminar esta Época de las épocas porque dice:
“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia…. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:24,28, cf. Fil 2:10-11)
¿Qué es lo que van a estar haciendo Cristo y Su Iglesia en las épocas venideras? La tradición nos ha enseñado que el reinado de Cristo con Su Iglesia termina después de la época del milenio. En Efesios 2:6-7 vemos que vamos a estar sentados con Cristo, reinando con Él en las épocas venideras. Vamos a mostrar las abundantes riquezas de la gracia de Dios por épocas y épocas:
“y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros (las épocas venideras) las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” (Ef 2:6,7)
La palabra “mostrar” tiene la idea de “exhibir o demostrar”. ¿A quiénes vamos a demostrar la abundante gracia de Dios, si no son los que están en las tinieblas de afuera, en necesidad de Su gracia? Las naciones andarán a la luz de la Iglesia, la Nueva Jerusalén (Apo 21:24; Isa 60:1-3). Él Padre será glorificado en la Iglesia y en Cristo a todos los descendientes de todas las generaciones (Ef 3:21). Nosotros somos hechura Suya para manifestar Su abundante gracia, produciendo en otros la alabanza de la gloria de Su gracia:
“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo… 6 para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado… 9 dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, 10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.” (Ef 1:4,6, 9,10)
¿Cuál es el misterio de las épocas? Que Dios nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo para manifestar las abundantes riquezas de Su gracia a todas las generaciones con el fin de que, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la Época de las épocas, todos serán reunidas en Cristo, tanto los que están en los cielos, como los que están en la tierra. El misterio de las épocas es su plan para la restauración de todas las cosas, reuniendo todos en Cristo, con todos sujetos a Él. Entonces llega el fin cuando Cristo mismo se sujetará al Padre para que Dios sea todo en todos (1Cor 15:28; Fil 2:10-11).
Las Épocas de las Épocas
La expresión “las épocas de las épocas” refiere a las épocas que son preeminentes sobre todas las épocas anteriores. Así como “la Época de las épocas” enfoca en una época preeminente sobre otras y por lo tanto ponemos “Época” en mayúsculo para distinguirlo, “las épocas de las épocas tienen referencia a una pluralidad de épocas que son preeminentes sobre todas las épocas anteriores. Son las épocas más significantes porque comienzan con el reinado milenial de Cristo y culminan con la Época de las épocas cuando Él, habiendo sujetado todo a Sí mismo en el fin del tiempo, entrega el reino al Padre. Vale notar que en el Antiguo Testamento la expresión “las épocas de las épocas” no aparece. No es hasta que entramos en el Nuevo Pacto que esta frase es utilizada, indicando que todas las épocas futuras son más significantes que todos los anteriores. Cristo no reinará eternamente como algunas traducciones nos hacen pensar, sino que reinará por “las épocas de las épocas” o “hasta que” todos Sus enemigos sean puestos por estrado de Sus pies.
“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: ‘Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apo 11:15)
“Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Heb 1:13)
“Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. 26 Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. 27 Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. 28 Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.” (1Cor 15:25-28)
Apocalipsis 11:15 no contradice Hebreos 1:13 y 1Corintios 15:25-28. “Por los siglos de los siglos” solo refiere a las épocas de las épocas que terminan con el fin de las épocas cuando todos están en Dios en la eternidad. Sin embargo, las “épocas de las épocas” son las mejores épocas de todas las épocas – los tiempos de todos los tiempos, porque Cristo estará reinando con su Esposa, la Iglesia, y toda la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar. Entonces entramos en la eternidad donde Dios será todo en todos y por lo tanto ya no habrá necesidad de jerarquías.
El fin no llega con unos en el cielo y la mayoría en el infierno, sino con la restauración de todos de tal manera que Dios sea todo en todos. ¡Qué glorioso fin de las épocas! Hasta que Dios llegue a ser todo en todos, las épocas siguen. No existirá un dualismo eterno con unos en Dios y otros en oposición eterna contra Él, sino que Él realmente será todo en todos. ¡Gloria a Su Nombre!
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por George Sidney Hurd
¿Qué decía James Strong, quien publicó La Concordancia de la Biblia Strong’s, acerca de la prevalencia de la creencia en la restauración final de todos en los primeros siglos de la historia de la Iglesia?
En mi blog anterior, El Testimonio de los Padres, y también en el libro, El Triunfo de la Misericordia, cité numerosos Padres prominentes de la Iglesia, con varios autoridades notables de la historia de la Iglesia, como Philip Schaff, Johann Gieseler y J.W. Hanson, todos de los cuales afirmaban que el Universalismo fue la doctrina prevalente acerca del destino final de la humanidad durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, siendo enseñado en cuatro de las seis escuelas principales de la teología de aquel entonces. Incluso San Agustín quien se oponía a la doctrina concedió, diciendo: “Hay muchísimos en nuestro día quienes, aunque no niegan las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin.” [i]
Sin embargo, a pesar del testimonio informado de estos y muchos más fuentes autoritativos, la mayoría que no aceptan la restauración final de todos niegan a aceptar que fue la creencia que predominaba en aquel entonces – eso a pesar del hecho de que estos historiadores no eran Universalistas.
Aquí estoy agregando al testimonio de ellos el testimonio de John McClintock y James Strong, quien publicó La Concordancia de la Biblia Strong’s. Lo siguiente es la entrada bajo “Universalismo” citada de su enciclopedia de diez tomos, The Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, published in 1895. Igualmente, estos eruditos tampoco eran Universalistas, y sin embargo ellos aquí confirman lo que ha sido el consenso unánime de casi todos los historiadores de la Iglesia.
Aquí ellos comienzan haciendo mención de las cuatro escuelas de teología principales que enseñaban el Universalismo durante los primeros siglos de la Iglesia, y después siguen el hilo de los santos que seguían aferrados a la creencia de la restauración de todos a través de toda la historia hasta los días de ellos en el siglo XIX, a pesar del hecho de que el emperador romano Justino del siglo VI había decretado que la doctrina de tormentos eternos era la única creencia permitida acerca del destino de los perdidos, pronunciando anatema contra todos que enseñaban el Universalismo o el Aniquilacionismo. Su entrada es algo largo, pero ayuda demostrar que el Universalismo no era una doctrina marginal aparte del cristianismo tradicional, como muchos que promueven la doctrina de tormentos eternos quieren que uno piense. De hecho, la primera tradición original establecida dentro de la Iglesia fue la apocatástasis o la restauración final de todos hasta que un emperador romano declaró la doctrina ilegal.
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John McClintock and James Strong
The Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature
Universalismo:
1. En Siglos Anteriores.
“En 195 d.C. Clemens de Alejandría, quien era presidente de la Escuela Catequista en Alejandría defendía el universalismo a base del carácter remedial de todo castigo. Su alumno y sucesor, Orígenes, de igual fama por su conocimiento, piedad, y celo, enseñó el universalismo a base del eterno libre albedrío, la profunda agonía mental y espiritual ocasionada por la luz y el conocimiento de la verdad que lleva al arrepentimiento y a la harmonía del alma con Dios. La posición de Orígenes, junto con sus habilidades e incansables esfuerzos por proclamar el evangelio, le dio gran influencia con sus alumnos, y con toda la Iglesia en general, y para el beneficio de ellos escribió una multitud de libros.
Además de su posición en LA ESCUELA EN ALEJANDRÍA, él también tuvo bajo su cuidado, en conexión con Panfilio, LA ESCUELA TEOLÓGICA DE CESAREA, donde uno de sus distinguidos alumnos fue el célebre Gregory Taumaturgo, un gran admirador de las teorías de su maestro, y finalmente, como 235 d.C., su hábil defensor y ferviente admirador.
Panfilio y Eusebio, el primer historiador de la Iglesia, también defendieron las doctrinas de Orígenes de cargos presentados contra ellas por la Iglesia del occidente, y en respuesta a la acusación de que él negaba todo castigo futuro, citan sus escritos para contradecir la acusación, citando no solamente donde afirmaba que habría castigos severos, sino citando igualmente sus afirmaciones que tal corrección es purificadora y saludable.
En 364 Tito, obispo de Bostra, escribió en defensa del universalismo, argumentando que, aunque hay tormentos en el abismo del infierno, no son eternos, sino que su gran severidad llevará a los impíos al arrepentimiento y así a la salvación.
Gregorio de Nisa, 380 d.C., también defendió el universalismo con los mismos argumentos. Un contemporáneo con él era el celebrado defensor de la ortodoxia, Dídimo el Ciego, un sucesor de Orígenes en la escuela de Alejandría, y un universalista dedicado.
Eminente entre sus eruditos era Jerónimo, conocido por sus habilidades, sus inconstancias, y su inestabilidad. El universalismo enseñado por Orígenes es claramente y hábilmente presentado por Jerónimo en sus comentarios sobre las epístolas, y en sus cartas.
Juan obispo de Jerusalén en esta época, también fue un defensor del universalismo a base de la teoría de Orígenes.
Otro contemporáneo, Diadoro, un maestro de mucha reputación en LA ESCUELA DE ANTIOQUÍA, y después el obispo de Jerusalén, también fue universalista, quien oponía la generalmente prevalente práctica de la interpretación alegórica, adhiriéndose estrictamente al sentido natural del texto en sus comentarios de las Escrituras. Defendía el universalismo con el argumento de que la misericordia divina excede sobremanera los efectos y las culpas del pecado.
Su alumno y sucesor en la escuela, Teodoro de Mopsuestia, 420 d.C., nombrado “la corona y pináculo de la escuela de Antioquia,” por los Nestorianos, cuya secta él fundó: “El intérprete de la Palabra de Dios,” y cuyos escritos eran libros de texto en LAS ESCUELAS DE LA SIRIA ORIENTAL. Él fue un universalista prominente y de influencia. Su teoría de que el pecado es una parte incidental del desarrollo y educación de la raza humana; que, aunque algunos estén más gravemente arraigados en el pecado que otros, Dios lo desarraigará por completo, finalmente estableciéndoles a todos en lo bueno. Él es el autor de renombre de la liturgia utilizado por los Nestorianos, una iglesia que una vez igualaba, en su membresía, los adherentes de ambos de las comuniones griegas y de latín conjuntas, y que no ha tenido rivales en celo militante. En las lecturas y oraciones de esta liturgia el universalismo es distintamente afirmado.
Teodoro, d.C 430, obispo de Mopsuestia, también fue un universalista, sosteniendo la teoría presentada por la escuela de Antioquía. Por algún tiempo antes de esto, ciertas opiniones de Orígenes sobre la preexistencia y la salvación del diablo habían sido disputadas y declaradas herejías por un sínodo; sin embargo, esta doctrina de la salvación universal de la raza humana no había sido condenada. En el consejo llamado por el emperador Justiniano en Constantinopla, 544 d.C. la doctrina de la salvación universal de Orígenes fue declarada herejía. Nueve años después otro concilio tomó lugar en el mismo lugar por la misma autoridad, cuando la condenación fue pronunciada contra los Nestorianos, aunque su creencia en el universalismo no fue mencionada. Este concilio ha sido llamado comúnmente un concilio ecuménico, pero sin mérito (vea la acción de la Iglesia del latín en negar a reconocerlo o a mandar un representante a ella). Doberlein, en sus Institutos de la Teología Cristiana, después de citar el decreto de Justiniano contra Orígenes, dice: “Eso no fue la convicción de todos, y a la medida de que cada uno era eminente en conocimiento y con m´´as tiempo de ser cristiano, más valoraban y defendían la esperanza de la terminación de “tormentos” futuros.
Drexelio, en su defensa del castigo eterno, da este testimonio: “Que Dios consigna a los ángeles apóstatas y los hombres en el día de la retribución a tormentos eternos parecía una doctrina tan increíble y dura para algunas personas que aún Orígenes mismo, quien era poderoso en las Escrituras, y no menos notorio por su admirable ingenuidad y excelente conocimiento, presumió mantener en su libro de principios que, tanto los diablos, como los hombres condenados, después de un cierto período de años, el fuego, habiéndoles purgado o purificado de sus contaminaciones, deben ser restaurados a la gracia. Agustín y otros expusieron su error y le condenaron por ello. Pero a pesar de su condenación, este error ha encontrado un gran número en el mundo quienes han dado a esta doctrina una recepción civil. Los llamados “anti-herejes”, esparcieron este error por toda España en varias interpretaciones.”
Gieseler, el historiador eclesiástico dice: “La creencia en la innegable capacidad de mejora en todos los seres racionales y la duración del tiempo limitado del castigo futuro, fue tan universal, aún en el occidente, y entre oponentes de Orígenes, que, aún si se puede decir que no hubiera podido extenderse sin la influencia de la escuela de Orígenes, había llegado a ser enteramente independiente de su sistema.” Y Agustín da testimonio a esto: “Algunos, no; muchísimos – de compasión humana encuentran inconcebible la tortura eterna, sin intermisión, y por ende no creen en ella; no, oponiendo a las Santas Escrituras, sino ablandando todas las severas cosas conforme a sus propias sensibilidades, y dando un significado menos severo a las cosas que ellos consideran expresadas de una manera más terrible de lo que literalmente son.”
El universalismo casi desapareció por completo en el período conocido como la Época Oscura, aunque hay vislumbres ocasionales del universalismo aún en los records mutilados que la iglesia papal permitió llegar a nosotros. En el séptimo siglo, Máximas, el monje y confesor enseñó el universalismo; en el octavo, Clemens de Irlanda fue destituido por enseñar que cuando Cristo descendió al infierno Él restauró a todos los condenados; mientras que en el siglo noveno, John Scotus ERigena, un filósofo famoso que encabezaba los sabios del tribunal de Francia, fue un defensor valiente del universalismo En el siglo once, los Albigenses eran, según las autoridades papales, Universalistas; En el siglo doce, Reynaldo, abad de San Martín en Francia, fue condenado ante un concilio por afirmar “que todos los hombres al final serán salvos.” En el siglo trece, Salomón, obispo de Basora, discutia el asunto de la salvación universal, respondiendo afirmativamente. Los Lolards en el siglo catorce enseñaron el universalismo en Bohemia y Austria; al final de la misma época un concilio convenido por Langman, arco-obispo de Canterbury, condenó el universalismo como uno de las herejías y después enseñó en esa provincia. En los principios del siglo quince, una secta llamada “Hombres de Entendimiento” enseñaba el universalismo en Flanders, apoyándolo en las enseñanzas de los místicos alemanes, como hizo Tauler de Strasburgo, y Juan Wessel, quien, junto con otros, han sido nombrados “los reformadores antes de la Reforma.” Luther estudió cuidadosamente sus escritos y los tenía en muy alta estima.
2. Tiempos Modernos.
Con la Reforma, Universalismo volvió a aparecer en el comienzo del siglo dieciséis, principalmente entre algunas de las sectas Anabaptistas. El artículo diecisiete de la Confesión de Augustín, 1530, fue explícitamente formado para “condenar a los Anabaptistas, que mantienen que habrá un fin de los castigos de los condenados y de los diablos.” Denk, Hetzer, y Stanislaus Pannonius eran los defensores más destacados del universalismo en esta época. Hacia finales del siglo dieciséis, Samuel Huber, profesor de divinidad en Wittenburgo, enseñó el universalismo, afirmaba Spanheim; y Musheim dijo que, “fue obligado a renunciar su oficio e ir al exilio.”
A comienzos del siglo diecisiete, Ernesto Sonner, profesor de filosofía en Altorf, publicó “una demostración teológica y filosófica que el castigo eterno de los impíos demostraría, no la justicia, sino la injusticia de Dios.” Juan William Peterson, que era predicador de la corte de Lutin, y después gerente en Lunenburgo, adoptó y defendió el universalismo con tal celo que fue llevado ante un concilio, y como no podía de buena consciencia renunciar a sus convicciones, fue privado de su oficio y se vio obligado a retirar de sus oficios públicos. En su jubilación escribió y publicó tres tomos sobre el universalismo, con el título “Musterion Apocatastaseos Paltan,” en lo cual mencionó muchos que defendían esa doctrina. Los tomos aparecieron entre 1700 y 1710. Iniciaron un siglo de controversia entusiastica, de la cual Mosheim dice, “Los temas de teología que fueron discutidos en el siglo diecisiete fueron destinados a provocar mayores controversias en el siglo dieciocho, tales como ‘la eternidad de los tormentos del infierno, y la restauración final de todos los seres inteligentes a la orden, perfección, y felicidad.”
Dietelmair, un oponente del universalismo escribió sobre su historia alrededor de la mitad de este siglo. En el prefacio de su obra, él habla de las controversias enérgicas que prevalecían dentro de la misma iglesia ortodoxa en los finales del último siglo y los comienzos del siglo actual (siglo diecinueve). Entre las defensas del universalismo en el primer tomo de la obra de Peterson había “el eterno evangelio,” atribuido a Pablo Siegvolk, que era un nombre asumido de George Klein-Nicolai, destituido por su universalismo como predicador de Friessdorf. Él publicó otras obras en defensa del universalismo, pero “el eterno evangelio” llegó a ser popular más rápido y permanecía así. Pasó por cinco ediciones en Alemania.
En 1726 Juan Henry Haug, profesor en Strasburgo, habiendo procurado la ayuda de Dr. Ernesto Christoph Hochmann, Christian Dippel, Conde De Marcey, y otros, comenzaron “el Berleburger Bibel, una traducción enteramente nueva y un comentario de las Sagradas Escrituras. Se familiarizaron con todos los escritos de los Místicos, y en su gran obra enseñaron y defendían el universalismo desde el punto de vista Místico. Su obra llena ocho tomos grandes, el último publicado en 1742. Sufrieron gran persecución y ningún editorial estaba dispuesto a arriesgarse a imprimir la obra. Se vieron obligados a comprar su propia imprenta pequeña. Cuando la iglesia que fundaron fue destruida por sus enemigos, los miembros huyeron a América, tomando con ellos su imprenta, y fue puesto en operación en Germantown, Pa. Por Christopher Sower. Uno de los amigos más cercanos era George De Bennevill, nacido de padres franceses en Londres en 1703. Antes de cumplir veinte años él comenzó a predicar en Francia, donde fue detenido y condenado a muerte, pero fue rescatado al último momento por Luis XV. Pasando a Alemania predicó el universalismo por varios años, y después llegó a América. En 1727 apareció Ludvig Gerhard y fue publicado “El Sistema Completo del Evangelio Eterno de la Restauración de Todas las Cosas” junto con “La Doctrina Contraria Sin Base de la Condenación Eterna.” Su autor era anteriormente un profesor de la teología en la Universidad de Rostock, y su publicación ocasionó, según Walch, no menos de catorce tomos en respuesta. Jung, Stilling a finales del siglo dieciocho, un defensor hábil del cristianismo contra el racionalismo alemán, era un universalista ferviente y eminente. El profesor Tholuck escribió en 1835, que esta doctrina llegó a ser particularmente notoria a través de Jung-Stilling, ese hombre eminente que fue un instrumento singular en las manos de Dios para sostener la verdad del evangelio a finales del siglo dieciocho, y un aliado fuerte a esa doctrina. “Durante el siglo actual, el universalismo ha hecho progreso veloz en Alemania. Olshausen comenta acerca del universalismo que “tiene sin duda raíces profundas en mentes nobles, y es la expresión de un deseo en el corazón de una harmonía perfecta en la creación.” El Doctor Dwight escribió en 1829, “La doctrina de la eternidad del castigo futuro ha sido rechazado por casi todos.” En Inglaterra los protestantes, en formar sus “Cuarenta y dos Artículos de la Religión, en 1552, condenó universalismo. Diez años más tarde, cuando la convocación editó las doctrinas de la iglesia, el número de artículos fue reducido a treinta y nueve, omitiendo, entre otros, el artículo condenando el universalismo. Desde ese tiempo el universalismo no ha sido una doctrina prohibida en la Iglesia de Inglaterra, sino que ha sido proclamada y defendida por algunos de los miembros más eminentes de su comunión – tales hombres como Dr. Henry Moore, el señor George Stonehouse, Bp. Tomás Newton, Dr. David Hartley, William Whiston, Dr. Tomás Burnet, los Reverendos W. Robertson, Carlos Kingsley, Stopford Brooke, y Canon Farrar, e indirectamente por el Obispo Tollotson. El Parlamento Presbiteriano de 1648, que temporalmente tomó control sobre el obispado, pasó una ley contra toda herejía, castigando algunos de los más persistentes con la muerte, y otros con prisión. “Que todos los hombres serán salvos” se encontraba entre las herejías castigables de esta manera.
Esta ley no duró mucho, porque los independientes, encabezados por Cromwell, pronto vencieron los que impusieron esas leyes. Gerard Willstanley publicó una obra defendiendo el universalismo solo unos pocos días después de pasar la ley, que pronto fue seguido por obras similares, escritos por él. William Earbury valientemente proclamaba el universalismo. Ricardo Coppin activamente lo promovía, publicando ampliamente en su exposición y defensa, y fue varias veces enjuiciado por su ofensa. Samuel Richardson, un Bautista eminente, también escribió fuertemente a favor del universalismo. Señor Henry Vane (el menor), miembro del Parlamento disuelto por Cromwell, y en 1636 gobernador de Massachusetts, fue un universalista. Jeremy White, uno de los pastores, predicaba universalismo, y publicó una obra que pasó por varias ediciones. Jane Lead, una Mística, fue autora de varios libros universalistas. Henry Brooke, un escritor de literatura, afirmó su creencia en el universalismo en su “Necio de Calidad”, y en un poema del Mesías.
William Law, autor de “La Llamada Seria” declaró en sus cartas, “En cuanto a la purificación de toda naturaleza humana, creo plenamente en ella, en este mundo o, en algunas, después de épocas.” En las revistas de la literatura inglés del siglo pasado contienen muchas referencias de obras en defensa del universalismo. En 1750 Jaime Relly, que había sido un predicador en conexión con Whitefield, alarmado por la doctrina de reprobación, fue guiado por estudios y meditación a otro esquema de redención, algunas de sus particularidades de las cuales se puede decir, tuvieron sus orígenes con él. Aceptando como verdad la teoría común de que todos los hombres, habiendo pecado en Adán, justamente incurrió damnación eterna, y que Cristo había llevado esta culpa infinita y castigo a favor de todos que hayan de ser salvos. Relly estaba determinado a encontrar, si fuera posible, alguna base en dicho esquema. La ley divina declara explícitamente que “el alma que peca morirá” y que los inocentes no sufrirán por los culpables. ¿Cómo podría una transferencia del pecado humano y pena a Cristo ser consistente con la ley? ¿Cómo podría ser reconciliado con equidad? La soberanía divina, sin tomar en cuenta la justicia inherente en el plan. La soberanía que podría poner a un lado la justicia podría, con igual facilidad y más misericordia, haber ido directo a la remisión del pecado y su pena en vez de transferirlo a Cristo. Decir que los sufrimientos de Cristo fueron meramente aceptados como satisfacción por lo que merecen los hombres, simplemente declarado así por el soberano beneplácito de Dios, no era una explicación adecuada, dado que sería una satisfacción ficticia, y no una satisfacción verdadera y que cualquier sufrimiento, aún los de un hombre, hubiera servido tan bien como una aceptación arbitraria del Hijo de Dios.
Relly encontró, según él, la perfecta y absoluta armonía en el procedimiento de Dios con su justicia y equidad en una unión tan vital y real con la raza humana a través de la unión con Cristo, que los hechos de la humanidad eran los de Él y los hechos de Él eran de la humanidad. Todos los hombres, según él, realmente estaban en Adán y pecaron en él - no por una imputación ficticia, sino por una participación real. Igualmente, todos los hombres en el segundo Adán, “la cabeza de cada hombre,” y Él es tan responsable judicialmente por lo que ellos hacen como es la cabeza en el cuerpo natural, responsable por los hechos de todos los miembros unidos a esa cabeza. Igualmente, Cristo, en su capacidad corporal, fue verdaderamente culpable de la ofensa de la raza humana, y por consiguiente podría ser y realmente fue castigado por ella. No hay, entonces más castigo debido por el pecado, ni más razón para declarar las demandas de la ley, con excepción de hacer que los hombres sientan su incapacidad de obedecer, y así llevarlos a una dependencia exclusiva en Cristo, la cabeza. Él ha efectuado una completa y consumada justificación para el mundo entero. Cuando el hombre cree en esto él está liberado de la sensación de culpa, liberado además de toda duda y temor. Hasta que él lo cree, él está, en esta época y hasta en otra, bajo la condenación de la incredulidad y tinieblas – la única condenación ahora posible para la raza humana. En ilustración y defensa de esta teoría, Relly escribió y publicó varios libros, predicó celosamente en Londres y sus alrededores, y formó una congregación en la metrópolis. Después de su muerte en 1778, dos sociedades fueron formadas de su congregación, pero ambas ahora han dejado de existir, igual como la sociedad formada por Winchester alrededor de 1798, y la Iglesia fundada por David Thom, D.D., en Liverpool en 1825. Los Unitarios en Inglaterra son todos creyentes del universalismo, así como son también muchos de las congregacionalistas.” (Fin de la cita de la Enciclopedia de la Literatura, Bíblica, Teológica y Eclesiástica, 1895).” [ii]
Conclusión
Así, en resumen, podemos ver que el universalismo no es una doctrina novedosa. De hecho, era la doctrina original y predominante en la Iglesia primitiva hasta entrar en la época oscura. Aún durante la época oscura había voces en la oscuridad proclamando el puro evangelio de la restauración de todas las cosas, a riesgo de sus propias vidas. Con el invento de la imprenta, poniendo la Biblia en manos de la gente, comenzó la Reforma y a la vez aumentaron los que rompieron con la tradición en cuanto al castigo eterno abrazando la doctrina del universalismo.
En los últimos años parece que hay una restauración de esta doctrina olvidada. La Reforma del siglo dieciséis restauró la verdad acerca de la justificación por fe y no por obras. En mi opinión hay comienzos de otra nueva reforma, y esta vez es el redescubrimiento de la verdad de la restauración de todos en vez de la doctrina tradicional del castigo eterno. La Iglesia tiene que despertar a esta verdad para que, en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, tengamos la visión para la liberación y restauración de toda la creación como profetizado (Rom. 8:18-23). Si no queremos repetir la historia de los judíos, tenemos que ampliar nuestra visión para poder ver que la obra salvífica no termina con nosotros – que solo somos las primicias y que todos los demás serán vivificados en su debido tiempo (Stg 1:18; 1Cor 15:22-23). Es tiempo que comprendamos que nosotros los que primeramente hemos esperado en Él somos hechura Suya, destinados a ser manifestados para la alabanza de la gloria de su Gracia en las épocas venideras (Ef 1:12; 2:7-10).
[i] Enchiridion, Chapter 112
[ii] John McClintock, James Strong, Enciclopedia de la Literatura, Bíblica, Teológica y Eclesiástica, 1895, Toma 10 páginas 109-133
¿Qué decía James Strong, quien publicó La Concordancia de la Biblia Strong’s, acerca de la prevalencia de la creencia en la restauración final de todos en los primeros siglos de la historia de la Iglesia?
En mi blog anterior, El Testimonio de los Padres, y también en el libro, El Triunfo de la Misericordia, cité numerosos Padres prominentes de la Iglesia, con varios autoridades notables de la historia de la Iglesia, como Philip Schaff, Johann Gieseler y J.W. Hanson, todos de los cuales afirmaban que el Universalismo fue la doctrina prevalente acerca del destino final de la humanidad durante los primeros siglos de la historia de la Iglesia, siendo enseñado en cuatro de las seis escuelas principales de la teología de aquel entonces. Incluso San Agustín quien se oponía a la doctrina concedió, diciendo: “Hay muchísimos en nuestro día quienes, aunque no niegan las Sagradas Escrituras, no creen en tormentos sin fin.” [i]
Sin embargo, a pesar del testimonio informado de estos y muchos más fuentes autoritativos, la mayoría que no aceptan la restauración final de todos niegan a aceptar que fue la creencia que predominaba en aquel entonces – eso a pesar del hecho de que estos historiadores no eran Universalistas.
Aquí estoy agregando al testimonio de ellos el testimonio de John McClintock y James Strong, quien publicó La Concordancia de la Biblia Strong’s. Lo siguiente es la entrada bajo “Universalismo” citada de su enciclopedia de diez tomos, The Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature, published in 1895. Igualmente, estos eruditos tampoco eran Universalistas, y sin embargo ellos aquí confirman lo que ha sido el consenso unánime de casi todos los historiadores de la Iglesia.
Aquí ellos comienzan haciendo mención de las cuatro escuelas de teología principales que enseñaban el Universalismo durante los primeros siglos de la Iglesia, y después siguen el hilo de los santos que seguían aferrados a la creencia de la restauración de todos a través de toda la historia hasta los días de ellos en el siglo XIX, a pesar del hecho de que el emperador romano Justino del siglo VI había decretado que la doctrina de tormentos eternos era la única creencia permitida acerca del destino de los perdidos, pronunciando anatema contra todos que enseñaban el Universalismo o el Aniquilacionismo. Su entrada es algo largo, pero ayuda demostrar que el Universalismo no era una doctrina marginal aparte del cristianismo tradicional, como muchos que promueven la doctrina de tormentos eternos quieren que uno piense. De hecho, la primera tradición original establecida dentro de la Iglesia fue la apocatástasis o la restauración final de todos hasta que un emperador romano declaró la doctrina ilegal.
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John McClintock and James Strong
The Cyclopedia of Biblical, Theological, and Ecclesiastical Literature
Universalismo:
1. En Siglos Anteriores.
“En 195 d.C. Clemens de Alejandría, quien era presidente de la Escuela Catequista en Alejandría defendía el universalismo a base del carácter remedial de todo castigo. Su alumno y sucesor, Orígenes, de igual fama por su conocimiento, piedad, y celo, enseñó el universalismo a base del eterno libre albedrío, la profunda agonía mental y espiritual ocasionada por la luz y el conocimiento de la verdad que lleva al arrepentimiento y a la harmonía del alma con Dios. La posición de Orígenes, junto con sus habilidades e incansables esfuerzos por proclamar el evangelio, le dio gran influencia con sus alumnos, y con toda la Iglesia en general, y para el beneficio de ellos escribió una multitud de libros.
Además de su posición en LA ESCUELA EN ALEJANDRÍA, él también tuvo bajo su cuidado, en conexión con Panfilio, LA ESCUELA TEOLÓGICA DE CESAREA, donde uno de sus distinguidos alumnos fue el célebre Gregory Taumaturgo, un gran admirador de las teorías de su maestro, y finalmente, como 235 d.C., su hábil defensor y ferviente admirador.
Panfilio y Eusebio, el primer historiador de la Iglesia, también defendieron las doctrinas de Orígenes de cargos presentados contra ellas por la Iglesia del occidente, y en respuesta a la acusación de que él negaba todo castigo futuro, citan sus escritos para contradecir la acusación, citando no solamente donde afirmaba que habría castigos severos, sino citando igualmente sus afirmaciones que tal corrección es purificadora y saludable.
En 364 Tito, obispo de Bostra, escribió en defensa del universalismo, argumentando que, aunque hay tormentos en el abismo del infierno, no son eternos, sino que su gran severidad llevará a los impíos al arrepentimiento y así a la salvación.
Gregorio de Nisa, 380 d.C., también defendió el universalismo con los mismos argumentos. Un contemporáneo con él era el celebrado defensor de la ortodoxia, Dídimo el Ciego, un sucesor de Orígenes en la escuela de Alejandría, y un universalista dedicado.
Eminente entre sus eruditos era Jerónimo, conocido por sus habilidades, sus inconstancias, y su inestabilidad. El universalismo enseñado por Orígenes es claramente y hábilmente presentado por Jerónimo en sus comentarios sobre las epístolas, y en sus cartas.
Juan obispo de Jerusalén en esta época, también fue un defensor del universalismo a base de la teoría de Orígenes.
Otro contemporáneo, Diadoro, un maestro de mucha reputación en LA ESCUELA DE ANTIOQUÍA, y después el obispo de Jerusalén, también fue universalista, quien oponía la generalmente prevalente práctica de la interpretación alegórica, adhiriéndose estrictamente al sentido natural del texto en sus comentarios de las Escrituras. Defendía el universalismo con el argumento de que la misericordia divina excede sobremanera los efectos y las culpas del pecado.
Su alumno y sucesor en la escuela, Teodoro de Mopsuestia, 420 d.C., nombrado “la corona y pináculo de la escuela de Antioquia,” por los Nestorianos, cuya secta él fundó: “El intérprete de la Palabra de Dios,” y cuyos escritos eran libros de texto en LAS ESCUELAS DE LA SIRIA ORIENTAL. Él fue un universalista prominente y de influencia. Su teoría de que el pecado es una parte incidental del desarrollo y educación de la raza humana; que, aunque algunos estén más gravemente arraigados en el pecado que otros, Dios lo desarraigará por completo, finalmente estableciéndoles a todos en lo bueno. Él es el autor de renombre de la liturgia utilizado por los Nestorianos, una iglesia que una vez igualaba, en su membresía, los adherentes de ambos de las comuniones griegas y de latín conjuntas, y que no ha tenido rivales en celo militante. En las lecturas y oraciones de esta liturgia el universalismo es distintamente afirmado.
Teodoro, d.C 430, obispo de Mopsuestia, también fue un universalista, sosteniendo la teoría presentada por la escuela de Antioquía. Por algún tiempo antes de esto, ciertas opiniones de Orígenes sobre la preexistencia y la salvación del diablo habían sido disputadas y declaradas herejías por un sínodo; sin embargo, esta doctrina de la salvación universal de la raza humana no había sido condenada. En el consejo llamado por el emperador Justiniano en Constantinopla, 544 d.C. la doctrina de la salvación universal de Orígenes fue declarada herejía. Nueve años después otro concilio tomó lugar en el mismo lugar por la misma autoridad, cuando la condenación fue pronunciada contra los Nestorianos, aunque su creencia en el universalismo no fue mencionada. Este concilio ha sido llamado comúnmente un concilio ecuménico, pero sin mérito (vea la acción de la Iglesia del latín en negar a reconocerlo o a mandar un representante a ella). Doberlein, en sus Institutos de la Teología Cristiana, después de citar el decreto de Justiniano contra Orígenes, dice: “Eso no fue la convicción de todos, y a la medida de que cada uno era eminente en conocimiento y con m´´as tiempo de ser cristiano, más valoraban y defendían la esperanza de la terminación de “tormentos” futuros.
Drexelio, en su defensa del castigo eterno, da este testimonio: “Que Dios consigna a los ángeles apóstatas y los hombres en el día de la retribución a tormentos eternos parecía una doctrina tan increíble y dura para algunas personas que aún Orígenes mismo, quien era poderoso en las Escrituras, y no menos notorio por su admirable ingenuidad y excelente conocimiento, presumió mantener en su libro de principios que, tanto los diablos, como los hombres condenados, después de un cierto período de años, el fuego, habiéndoles purgado o purificado de sus contaminaciones, deben ser restaurados a la gracia. Agustín y otros expusieron su error y le condenaron por ello. Pero a pesar de su condenación, este error ha encontrado un gran número en el mundo quienes han dado a esta doctrina una recepción civil. Los llamados “anti-herejes”, esparcieron este error por toda España en varias interpretaciones.”
Gieseler, el historiador eclesiástico dice: “La creencia en la innegable capacidad de mejora en todos los seres racionales y la duración del tiempo limitado del castigo futuro, fue tan universal, aún en el occidente, y entre oponentes de Orígenes, que, aún si se puede decir que no hubiera podido extenderse sin la influencia de la escuela de Orígenes, había llegado a ser enteramente independiente de su sistema.” Y Agustín da testimonio a esto: “Algunos, no; muchísimos – de compasión humana encuentran inconcebible la tortura eterna, sin intermisión, y por ende no creen en ella; no, oponiendo a las Santas Escrituras, sino ablandando todas las severas cosas conforme a sus propias sensibilidades, y dando un significado menos severo a las cosas que ellos consideran expresadas de una manera más terrible de lo que literalmente son.”
El universalismo casi desapareció por completo en el período conocido como la Época Oscura, aunque hay vislumbres ocasionales del universalismo aún en los records mutilados que la iglesia papal permitió llegar a nosotros. En el séptimo siglo, Máximas, el monje y confesor enseñó el universalismo; en el octavo, Clemens de Irlanda fue destituido por enseñar que cuando Cristo descendió al infierno Él restauró a todos los condenados; mientras que en el siglo noveno, John Scotus ERigena, un filósofo famoso que encabezaba los sabios del tribunal de Francia, fue un defensor valiente del universalismo En el siglo once, los Albigenses eran, según las autoridades papales, Universalistas; En el siglo doce, Reynaldo, abad de San Martín en Francia, fue condenado ante un concilio por afirmar “que todos los hombres al final serán salvos.” En el siglo trece, Salomón, obispo de Basora, discutia el asunto de la salvación universal, respondiendo afirmativamente. Los Lolards en el siglo catorce enseñaron el universalismo en Bohemia y Austria; al final de la misma época un concilio convenido por Langman, arco-obispo de Canterbury, condenó el universalismo como uno de las herejías y después enseñó en esa provincia. En los principios del siglo quince, una secta llamada “Hombres de Entendimiento” enseñaba el universalismo en Flanders, apoyándolo en las enseñanzas de los místicos alemanes, como hizo Tauler de Strasburgo, y Juan Wessel, quien, junto con otros, han sido nombrados “los reformadores antes de la Reforma.” Luther estudió cuidadosamente sus escritos y los tenía en muy alta estima.
2. Tiempos Modernos.
Con la Reforma, Universalismo volvió a aparecer en el comienzo del siglo dieciséis, principalmente entre algunas de las sectas Anabaptistas. El artículo diecisiete de la Confesión de Augustín, 1530, fue explícitamente formado para “condenar a los Anabaptistas, que mantienen que habrá un fin de los castigos de los condenados y de los diablos.” Denk, Hetzer, y Stanislaus Pannonius eran los defensores más destacados del universalismo en esta época. Hacia finales del siglo dieciséis, Samuel Huber, profesor de divinidad en Wittenburgo, enseñó el universalismo, afirmaba Spanheim; y Musheim dijo que, “fue obligado a renunciar su oficio e ir al exilio.”
A comienzos del siglo diecisiete, Ernesto Sonner, profesor de filosofía en Altorf, publicó “una demostración teológica y filosófica que el castigo eterno de los impíos demostraría, no la justicia, sino la injusticia de Dios.” Juan William Peterson, que era predicador de la corte de Lutin, y después gerente en Lunenburgo, adoptó y defendió el universalismo con tal celo que fue llevado ante un concilio, y como no podía de buena consciencia renunciar a sus convicciones, fue privado de su oficio y se vio obligado a retirar de sus oficios públicos. En su jubilación escribió y publicó tres tomos sobre el universalismo, con el título “Musterion Apocatastaseos Paltan,” en lo cual mencionó muchos que defendían esa doctrina. Los tomos aparecieron entre 1700 y 1710. Iniciaron un siglo de controversia entusiastica, de la cual Mosheim dice, “Los temas de teología que fueron discutidos en el siglo diecisiete fueron destinados a provocar mayores controversias en el siglo dieciocho, tales como ‘la eternidad de los tormentos del infierno, y la restauración final de todos los seres inteligentes a la orden, perfección, y felicidad.”
Dietelmair, un oponente del universalismo escribió sobre su historia alrededor de la mitad de este siglo. En el prefacio de su obra, él habla de las controversias enérgicas que prevalecían dentro de la misma iglesia ortodoxa en los finales del último siglo y los comienzos del siglo actual (siglo diecinueve). Entre las defensas del universalismo en el primer tomo de la obra de Peterson había “el eterno evangelio,” atribuido a Pablo Siegvolk, que era un nombre asumido de George Klein-Nicolai, destituido por su universalismo como predicador de Friessdorf. Él publicó otras obras en defensa del universalismo, pero “el eterno evangelio” llegó a ser popular más rápido y permanecía así. Pasó por cinco ediciones en Alemania.
En 1726 Juan Henry Haug, profesor en Strasburgo, habiendo procurado la ayuda de Dr. Ernesto Christoph Hochmann, Christian Dippel, Conde De Marcey, y otros, comenzaron “el Berleburger Bibel, una traducción enteramente nueva y un comentario de las Sagradas Escrituras. Se familiarizaron con todos los escritos de los Místicos, y en su gran obra enseñaron y defendían el universalismo desde el punto de vista Místico. Su obra llena ocho tomos grandes, el último publicado en 1742. Sufrieron gran persecución y ningún editorial estaba dispuesto a arriesgarse a imprimir la obra. Se vieron obligados a comprar su propia imprenta pequeña. Cuando la iglesia que fundaron fue destruida por sus enemigos, los miembros huyeron a América, tomando con ellos su imprenta, y fue puesto en operación en Germantown, Pa. Por Christopher Sower. Uno de los amigos más cercanos era George De Bennevill, nacido de padres franceses en Londres en 1703. Antes de cumplir veinte años él comenzó a predicar en Francia, donde fue detenido y condenado a muerte, pero fue rescatado al último momento por Luis XV. Pasando a Alemania predicó el universalismo por varios años, y después llegó a América. En 1727 apareció Ludvig Gerhard y fue publicado “El Sistema Completo del Evangelio Eterno de la Restauración de Todas las Cosas” junto con “La Doctrina Contraria Sin Base de la Condenación Eterna.” Su autor era anteriormente un profesor de la teología en la Universidad de Rostock, y su publicación ocasionó, según Walch, no menos de catorce tomos en respuesta. Jung, Stilling a finales del siglo dieciocho, un defensor hábil del cristianismo contra el racionalismo alemán, era un universalista ferviente y eminente. El profesor Tholuck escribió en 1835, que esta doctrina llegó a ser particularmente notoria a través de Jung-Stilling, ese hombre eminente que fue un instrumento singular en las manos de Dios para sostener la verdad del evangelio a finales del siglo dieciocho, y un aliado fuerte a esa doctrina. “Durante el siglo actual, el universalismo ha hecho progreso veloz en Alemania. Olshausen comenta acerca del universalismo que “tiene sin duda raíces profundas en mentes nobles, y es la expresión de un deseo en el corazón de una harmonía perfecta en la creación.” El Doctor Dwight escribió en 1829, “La doctrina de la eternidad del castigo futuro ha sido rechazado por casi todos.” En Inglaterra los protestantes, en formar sus “Cuarenta y dos Artículos de la Religión, en 1552, condenó universalismo. Diez años más tarde, cuando la convocación editó las doctrinas de la iglesia, el número de artículos fue reducido a treinta y nueve, omitiendo, entre otros, el artículo condenando el universalismo. Desde ese tiempo el universalismo no ha sido una doctrina prohibida en la Iglesia de Inglaterra, sino que ha sido proclamada y defendida por algunos de los miembros más eminentes de su comunión – tales hombres como Dr. Henry Moore, el señor George Stonehouse, Bp. Tomás Newton, Dr. David Hartley, William Whiston, Dr. Tomás Burnet, los Reverendos W. Robertson, Carlos Kingsley, Stopford Brooke, y Canon Farrar, e indirectamente por el Obispo Tollotson. El Parlamento Presbiteriano de 1648, que temporalmente tomó control sobre el obispado, pasó una ley contra toda herejía, castigando algunos de los más persistentes con la muerte, y otros con prisión. “Que todos los hombres serán salvos” se encontraba entre las herejías castigables de esta manera.
Esta ley no duró mucho, porque los independientes, encabezados por Cromwell, pronto vencieron los que impusieron esas leyes. Gerard Willstanley publicó una obra defendiendo el universalismo solo unos pocos días después de pasar la ley, que pronto fue seguido por obras similares, escritos por él. William Earbury valientemente proclamaba el universalismo. Ricardo Coppin activamente lo promovía, publicando ampliamente en su exposición y defensa, y fue varias veces enjuiciado por su ofensa. Samuel Richardson, un Bautista eminente, también escribió fuertemente a favor del universalismo. Señor Henry Vane (el menor), miembro del Parlamento disuelto por Cromwell, y en 1636 gobernador de Massachusetts, fue un universalista. Jeremy White, uno de los pastores, predicaba universalismo, y publicó una obra que pasó por varias ediciones. Jane Lead, una Mística, fue autora de varios libros universalistas. Henry Brooke, un escritor de literatura, afirmó su creencia en el universalismo en su “Necio de Calidad”, y en un poema del Mesías.
William Law, autor de “La Llamada Seria” declaró en sus cartas, “En cuanto a la purificación de toda naturaleza humana, creo plenamente en ella, en este mundo o, en algunas, después de épocas.” En las revistas de la literatura inglés del siglo pasado contienen muchas referencias de obras en defensa del universalismo. En 1750 Jaime Relly, que había sido un predicador en conexión con Whitefield, alarmado por la doctrina de reprobación, fue guiado por estudios y meditación a otro esquema de redención, algunas de sus particularidades de las cuales se puede decir, tuvieron sus orígenes con él. Aceptando como verdad la teoría común de que todos los hombres, habiendo pecado en Adán, justamente incurrió damnación eterna, y que Cristo había llevado esta culpa infinita y castigo a favor de todos que hayan de ser salvos. Relly estaba determinado a encontrar, si fuera posible, alguna base en dicho esquema. La ley divina declara explícitamente que “el alma que peca morirá” y que los inocentes no sufrirán por los culpables. ¿Cómo podría una transferencia del pecado humano y pena a Cristo ser consistente con la ley? ¿Cómo podría ser reconciliado con equidad? La soberanía divina, sin tomar en cuenta la justicia inherente en el plan. La soberanía que podría poner a un lado la justicia podría, con igual facilidad y más misericordia, haber ido directo a la remisión del pecado y su pena en vez de transferirlo a Cristo. Decir que los sufrimientos de Cristo fueron meramente aceptados como satisfacción por lo que merecen los hombres, simplemente declarado así por el soberano beneplácito de Dios, no era una explicación adecuada, dado que sería una satisfacción ficticia, y no una satisfacción verdadera y que cualquier sufrimiento, aún los de un hombre, hubiera servido tan bien como una aceptación arbitraria del Hijo de Dios.
Relly encontró, según él, la perfecta y absoluta armonía en el procedimiento de Dios con su justicia y equidad en una unión tan vital y real con la raza humana a través de la unión con Cristo, que los hechos de la humanidad eran los de Él y los hechos de Él eran de la humanidad. Todos los hombres, según él, realmente estaban en Adán y pecaron en él - no por una imputación ficticia, sino por una participación real. Igualmente, todos los hombres en el segundo Adán, “la cabeza de cada hombre,” y Él es tan responsable judicialmente por lo que ellos hacen como es la cabeza en el cuerpo natural, responsable por los hechos de todos los miembros unidos a esa cabeza. Igualmente, Cristo, en su capacidad corporal, fue verdaderamente culpable de la ofensa de la raza humana, y por consiguiente podría ser y realmente fue castigado por ella. No hay, entonces más castigo debido por el pecado, ni más razón para declarar las demandas de la ley, con excepción de hacer que los hombres sientan su incapacidad de obedecer, y así llevarlos a una dependencia exclusiva en Cristo, la cabeza. Él ha efectuado una completa y consumada justificación para el mundo entero. Cuando el hombre cree en esto él está liberado de la sensación de culpa, liberado además de toda duda y temor. Hasta que él lo cree, él está, en esta época y hasta en otra, bajo la condenación de la incredulidad y tinieblas – la única condenación ahora posible para la raza humana. En ilustración y defensa de esta teoría, Relly escribió y publicó varios libros, predicó celosamente en Londres y sus alrededores, y formó una congregación en la metrópolis. Después de su muerte en 1778, dos sociedades fueron formadas de su congregación, pero ambas ahora han dejado de existir, igual como la sociedad formada por Winchester alrededor de 1798, y la Iglesia fundada por David Thom, D.D., en Liverpool en 1825. Los Unitarios en Inglaterra son todos creyentes del universalismo, así como son también muchos de las congregacionalistas.” (Fin de la cita de la Enciclopedia de la Literatura, Bíblica, Teológica y Eclesiástica, 1895).” [ii]
Conclusión
Así, en resumen, podemos ver que el universalismo no es una doctrina novedosa. De hecho, era la doctrina original y predominante en la Iglesia primitiva hasta entrar en la época oscura. Aún durante la época oscura había voces en la oscuridad proclamando el puro evangelio de la restauración de todas las cosas, a riesgo de sus propias vidas. Con el invento de la imprenta, poniendo la Biblia en manos de la gente, comenzó la Reforma y a la vez aumentaron los que rompieron con la tradición en cuanto al castigo eterno abrazando la doctrina del universalismo.
En los últimos años parece que hay una restauración de esta doctrina olvidada. La Reforma del siglo dieciséis restauró la verdad acerca de la justificación por fe y no por obras. En mi opinión hay comienzos de otra nueva reforma, y esta vez es el redescubrimiento de la verdad de la restauración de todos en vez de la doctrina tradicional del castigo eterno. La Iglesia tiene que despertar a esta verdad para que, en el tiempo de la manifestación de los hijos de Dios, tengamos la visión para la liberación y restauración de toda la creación como profetizado (Rom. 8:18-23). Si no queremos repetir la historia de los judíos, tenemos que ampliar nuestra visión para poder ver que la obra salvífica no termina con nosotros – que solo somos las primicias y que todos los demás serán vivificados en su debido tiempo (Stg 1:18; 1Cor 15:22-23). Es tiempo que comprendamos que nosotros los que primeramente hemos esperado en Él somos hechura Suya, destinados a ser manifestados para la alabanza de la gloria de su Gracia en las épocas venideras (Ef 1:12; 2:7-10).
[i] Enchiridion, Chapter 112
[ii] John McClintock, James Strong, Enciclopedia de la Literatura, Bíblica, Teológica y Eclesiástica, 1895, Toma 10 páginas 109-133
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por George Sidney Hurd
“¿Qué quiere decir esto?” Esta fue la pregunta que hicieron los que oyeron y vieron las cosas que sucedieron en el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió sobre los ciento veinte discípulos que estaban reunidos en el aposento alto esperando la promesa del Padre. ¿Qué fue lo que sucedió para provocar esta pregunta de las multitudes? En Hechos 2 vemos lo que pasó:
“De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. 3 Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. 5 Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. 6 Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. 7 Desconcertados y maravillados, decían: ‘¿No son galileos todos estos que están hablando? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? 9 Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; 11 judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!’ 12 Desconcertados y perplejos, se preguntaban: ‘¿Qué quiere decir esto?’” (Hechos 2:2-12,NVI).
Para ellos, iguales como con cualquier otra generación que haya sido testigo de una visitación de Dios a su pueblo, eran pasmados, desconcertados y maravillados, preguntándose: “¿Qué quiere decir esto?” Era, para ellos, algo nuevo que nunca habían experimentado ni visto antes; ni habían leído de algo semejante en la Biblia. Era algo completamente nuevo.
En estos últimos tiempos, una vez más estamos viendo manifestaciones de la presencia de Dios que son atípicos; la mayoría de la humanidad ha vivido toda su vida sin ser testigos de las cosas que suceden en las visitaciones de Dios. Lo que más deja a la gente desconcertada y perpleja son los efectos que tiene la presencia de Dios en los cuerpos de los que están siendo visitados por el Espíritu de Dios; tales como cayendo postrados, llorando, riéndose, temblando y embriagándose en el Espíritu.
La Biblia habla de la “lluvia tardía” del Espíritu (Zac 10:1). Habla de la “gloria postrera” (Hageo 2:9) que será manifestada de tal grado que “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hab 2:14). Habla de un derramamiento del Espíritu como nunca antes conocido:
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.” (Joel 2:28-30)
Muchos que han creído estas promesas y anhelado ver y experimentar esta gran visitación de Dios están en peligro de quedar afuera como sucedió con los judíos en los tiempos de Jesús, y muchos más en otras visitaciones a través de los siglos.
Unos quedan afuera porque no tienen una verdadera hambre de Dios. Ellos son como los burladores en Hechos 2:13 que observaban las personas afectadas por la presencia de Dios y dijeron: “lo que pasa es que están borrachos.” Otros quedan afuera porque no comenzó con ellos. Muchos de los líderes de los judíos en los tiempos de Jesús y los Apóstoles caían en esta categoría. Cuando Dios visita a su pueblo “al altivo mira de lejos” (Sal 138:6). Jehová dice: “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isa 57:15).
Otros más quedan afuera porque el Espíritu Santo no se mueve dentro del marco que ellos le han puesto. Ellos mentalmente han puesto límites de las cuales el Espíritu Santo no puede traspasar. Cuando el Espíritu hace lo que Él quiere y no lo que ellos quieren, ellos rechazan el mover de Dios, llamándolo emocionalismo carnal, o peor aún, lo atribuyen a demonios como hicieron los fariseos con Jesús (Mt 12:24). El hecho de que haya evidencias de exhibicionismo carnal o manifestaciones de demonios no descarta la realidad de la visitación. Cuando el Espíritu Santo estaba sobre Jesús y los Apóstoles había manifestaciones de demonios también, pero en cada instancia era la presencia del Espíritu liberando a los cautivos.
Muchos se asustan y piensan que eso es evidencia que no es de Dios. Sin embargo, viendo las ocasiones mencionadas en la Biblia cuando Dios se manifestaba, a menudo Él tuvo que decirles que no tuvieron temor. Cuando apareció en Sinaí dice que “temblaron y se pusieron de lejos y dijeron a Moisés: ‘habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos’” (Ex 20:18-19).
Las manifestaciones que estamos observando en esta presente visitación no son nuevas. En cada avivamiento de la historia, algunas o todas estas manifestaciones han ocurrido. Todos aceptamos estos avivamientos como genuinos por la transformación que efectuó en individuos, iglesias, ciudades y naciones enteras. Todos los líderes en estos avivamientos, al mismo tiempo que reconocían y corregían abusos y excesos carnales, defendían las manifestaciones, a pesar de mucha oposición. Los siguientes testimonios de manifestaciones en los avivamientos de la historia son solamente unos pocos ejemplos.
TESTIMONIOS DE LOS AVIVAMINETOS HISTORICOS
Avivamientos del Siglo XVIII
“Muchos han experimentado un aumento de sus afectos religiosos mucho más allá de lo que habían sentido antes; y había casos en los cuales las personas se quedaban postrados en un tipo de trance, permaneciendo a veces veinticuatro horas sin movimiento y con sus sentidos desactivados, mientras están en éxtasis, siendo llevados al cielo viendo visiones de cosas gloriosas y deleitosas. Fue muy frecuente ver personas gritando, desmayándose, convulsionando, y otras manifestaciones semejantes, a veces con angustia y a veces con admiración y gozo. Aquí no era la costumbre tener servicios que duraran toda la noche, ni fue común que demoraran hasta tarde pero a menudo así sucedía; unos eran tan afectados, y sus cuerpos tan sobrecogidos, que no podían ir a casa, sino que fueron obligados a quedarse toda la noche donde estaban.” (The Great Awakening, p.550)
“He conocido personalmente a muchas personas que han experimentado raptos tremendos y extraordinarios en nuestros tiempos. Pero en los raptos más sublimes de los cuales he tenido conocimiento, donde las emociones de admiración, amor y gozo, han sido elevadas al nivel más alto, las siguientes cosas han sido evidentes juntos: Frecuentemente quedándose reunidos por largos tiempos, contemplando la gloria de las perfecciones divinas y las excelencias de Cristo, de tal grado que el alma ha quedado como perfectamente sobrecogido y envuelto con luz y amor, un dulce consuelo y reposo y gozo del alma completamente inexpresable, a veces por cinco o seis horas seguidas, sin interrupción. Revelaciones extraordinarias de cosas divinas y los afectos religiosos eran frecuentemente acompañados con muy grandes efectos en el cuerpo... La persona fue privada de toda habilidad de permanecer parada o hablar...a veces el alma ha sido tan raptada con una clase de gozo omnipotente que hacía que la persona no podía evitar saltar con todas sus fuerzas con gozo y gran regocijo.” (Pensamientos sobre el Avivamiento por Jonathan Edwards)
“Muchos de los jóvenes y niños aparentaban ser sobrecogidos con una revelación de la grandeza y gloria de cosas divinas...mientras que muchos más al mismo tiempo fueron sobrecogidos de angustia sobre su estado y condición pecaminoso y miserable, resultando en que todo el salón estuviera completamente lleno con gritos, desmayos y cosas semejantes...muchos eran tan afectados que quedaron postrados por horas.” (The Great Awakening, p.546)
Avivamientos del Siglo XIX
El Avivamiento de Cane Ridge en Kentucky en 1801 – “El ruido fue como el rugir de las cataratas Niagra. El vasto mar de seres humanos aparentaba ser agitado como si fuera por una tormenta... Algunos estaban cantando, otros orando, otros clamando, pidiendo misericordia con los acentos más lastimosos, mientras otros gritaban ruidosamente. Observando a estos escenarios, una sensación peculiarmente rara, tal como nunca he sentido, vino sobre mí. Mi corazón empezó a palpitar fuertemente, mis rodillas y mis labios empezaron a temblar y sentí que no iba a poder quedarme de pie. Un poder extraño y sobrenatural se extendía por la mente colectiva entera de las multitudes allí reunidas. En una ocasión yo vi al menos quinientos tumbados en un solo momento como si una fila de mil cañones se hubiera abierto fuego sobre ellos, seguido por chillidos y gritos que rasgaron los mismos cielos...” (James B. Finley)
Peter Cartwright, Evangelista de Campañas de Carpa – “No importaba si eran santos o pecadores, fueron conmovidos por una canción o sermón ungido y fueron sobrecogidos con un temblor convulsivo en todo su cuerpo, algo que de ninguna manera podían evitar, y por más que resistían más se sacudían... Con las primeras sacudidas, uno observaba como sus sombreros elegantes, gorras y pinzas para el pelo se volaban, y tan fuerte y veloz sería la sacudida de la cabeza que su pelo suelto sonaba casi tan fuerte como el látigo de un conductor de carruaje.” (Cartwright, Autobiografía por Peter Cartwright, pp.17,18)
Charles Finney – “No había hablado sobre este tema por más de quince minutos cuando de repente una solemnidad asombrosa parecía descender sobre ellos; la congregación empezó a caer de sus sillas en toda dirección y clamaron pidiendo misericordia. Si hubiera tenido espada en cada mano, no habría podido cortarlas tan rápido como caían. Casi toda la congregación, o estaba de rodillas o postradas.” (Revival, por Winkle Pratney, p.24)
1870 Conferencias de Santidad en Sacramento, Santa Clara y San Francisco – John Inskip, el presidente de la Asociación Nacional de Santidad, reportó que vio muchos líderes prominentes de la Conferencia de California “tumbados al suelo por el poder de Dios, y postrados por horas, llenos de la gloria.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.21)
1889 Reunión de Avivamiento de Maria Woodworth Etter – “El poder de Dios estaba sobre toda la congregación y alrededor de la ciudad de Oakland. El Espíritu Santo caía sobre el pueblo mientras predicábamos. La gente quedaba congelada como si estuvieron enfrentando la muerte. Muchos de los hombres más inteligentes y mejor vestidos caían atrás en sus sillas con sus manos levantados a Dios, mantenido bajo el poder omnipotente de Dios. Se caían hombres y mujeres por todos lados como árboles en una gran tormenta. Algunos tenían visiones de Dios. Casi todos salían de sus visiones gritando alabanzas a Dios.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.24)
Avivamientos del Siglo XX
El Avivamiento Galesa, 1904 – “Dos mujeres fueron llenos del Espíritu Santo y, sin poder contenerse, empezaron a gritar fuertemente. Todos se juntaron alrededor de Evan Roberts, quien sonreía como para asegurarles, aunque él mismo estaba sobrecogido de asombro. Personas empezaron a gritar: “¡No más Jesús, o muero! Unos clamaron pidiendo misericordia, otros lloraron, cantaron, o alababan a Dios. Todo esto, junto con muchos desmayados o postrados en el suelo bajo agonía de convicción, fue, como dijo el historiador Eifion Roberts, ‘tan increíble como sin precedentes.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.35)
El Avivamiento de la Calle Azuza, 1906 – “Los servicios eran casi continuos. Almas sedientas se encontraban bajo el poder de Dios a casi toda hora, noche y día... La presencia de Dios llegó a ser más y más maravillosa. En ese viejo edificio con cielo raso bajo y piso desnudo, Dios despedazó a hombres y mujeres fuertes y los volvió a formar para su gloria. Fue un proceso tremendo de reconstrucción. Orgullo y auto imponencia, auto importancia y auto estima no podía sobrevivir allí.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.56)
Avivamiento de los Pentecostales Primitivos: Reunión de Mary Woodworth Etter – “En todos los servicios por casi tres meses, el poder que era tan común en los días de Finney, Jonathan Edwards, etc que tumbaba la gente, ha sido manifestado... Muchos han visto bolas de fuego y luces en y alrededor de la carpa... Jesús ha aparecido a muchos en las reuniones y muchos en diferentes ocasiones vieron un gran número de ángeles justamente encima de la audiencia.” (Woodworth Etter, p.168)
Campamento, 1913 – “Miles se han reunido de todo el estado, algunas han venido de otros países y creemos que es la reunión más grande visto en los últimos tiempos. El presidente, hermano Scout, dijo que doscientos ministros estaban en la tarima, sentados en comunión y amor. El Señor estaba presente mostrando su aprobación de la Palabra, con poderosos prodigios y milagros, especialmente en sanidades y bautismos en el Espíritu Santo y fuego. El poder tumbador estaba manifestado, y muchos fueron tumbados bajo el poder.” (Woodworth Etter, p.250)
Evangelista Dr. Charles Price, 1920 – “El poder cayó. Centenares fueron salvos y centenares sanados. La primera persona por quien oré por su sanidad física cayó bajo el poder de Dios. Yo me asusté. Oré por el segundo y lo mismo sucedió. Temblé en la presencia de Dios, pero los dos, poniéndose de pie y proclamando que fueron sanos, me dio ánimo y seguí orando. Después docenas y docenas se quedaron postrados bajo el poder al mismo tiempo. Las multitudes vinieron en tan grandes números que tuvimos que arrendar un edificio más grande.” (The Story of my Life, Charles S. Price, p.29)
Movimiento de la Lluvia Tardía, 1948 – “En los últimos años de los ´40 parecía que el viento del Espíritu de Dios estaba soplando con mayor fuerza. Dios se movió en poder de avivamiento. Empezó a través del ministerio del Reverendo Hawtin y el Instituto Bíblico Sharon en North Battleford, Saskatchewan. Había tal infusión del poder divino en sanidades, milagros y dones para hablar que llamó mucha atención. Miles se congregaron de todas partes del continente y del mundo entero a Convenciones de Campamento.”
TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS
Dios nos dice en su Palabra que en los últimos tiempos va a hacer cosas nuevas que no ha hecho en el pasado: “No os acordáis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva. ¿no la conocerás? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isa 43:18,19). Debemos estar preparados y abiertos para recibir cosas nuevas del Señor en estos postreros tiempos. Si los Apóstoles y los ciento veinte no hubiesen estado dispuestos a recibir cosas nuevas de Dios no habrían aceptado hablar en lenguas porque era algo nuevo que Dios no había hecho antes. Para que algo sea de Dios no es necesario que haya ejemplos en la Biblia porque Dios tiene libertad para hacer cosas nuevas. Solo sabemos que Él no haría nada nuevo que contradiga su carácter revelado en la Palabra. Sin embargo, vemos indicaciones en las Escrituras que todas las manifestaciones evidentes hoy, eran características de distintas manifestaciones en tiempos bíblicos.
Cayendo
El fenómeno más común que estamos viendo en el avivamiento actual es la de personas cayendo postrados bajo el poder de Dios. Su presencia prevalece sobre sus fuerzas físicas, a menudo dejándolos débiles e incapaz de caminar sin ayuda o muchos esfuerzos. Algunos tienen visiones, oyen su voz, sienten su unción o simplemente sienten un gozo y profundo paz descansando bajo su influencia.
Ejemplos en las Escrituras:
Apocalipsis 1:17 “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y el puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.” Juan, al ver en visión a Jesús glorificado perdió todas sus fuerzas y cayó como muerto.
Juan 18:6 “Cuando les dijo: ‘Yo soy’, retrocedieron, y cayeron a tierra.” Cuando Cristo dijo “YO SOY” los soldados que vinieron a arrestarlo cayeron a tierra. A menudo, aún los inconversos caen como muertos en la presencia manifiesta del gran YO SOY.
Daniel 10:8-9 “Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en la tierra.” Cuando Daniel tuvo esta visión sus compañeros tuvieron temor y corrieron. Pero él se quedó sin fuerzas y cayó bajo la gloria con su rostro en tierra.
Temblando
También es común que los que son tocados empezaran a temblar, variando en intensidad; a veces solo la boca o las manos temblando y a veces con fuertes contorciones y convulsiones. Cuando se aumente el voltaje espiritual, cosas empiezan a suceder con nuestros cuerpos frágiles. Esta manifestación a menudo indica “cirugía espiritual” o que uno está recibiendo unción fresca.
Ejemplos en las Escrituras:
Jeremías 23:9 “A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras.”
Habacuc 3:16 “Oi y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí...”
Salmo 99:1 “Jehová reina; temblarán los pueblos...”
Ebrios en el Espíritu
En Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”
Estar lleno del Espíritu puede producir un efecto similar a estar ebrio con vino. La persona siente la presencia de Dios tan fuerte que sus habilidades normales como andar, pensar y hablar son afectados.
En contraste con el vino, esta embriaguez del Espíritu Santo nunca produce pecados de la carne. Al contrario, produce mayor santidad y pasión por Jesús.
Ejemplos en las Escrituras:
Jeremías 23:9 Jeremías dijo: “...Estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras.”
Zacarías 10:7 Con referencia al tiempo de la “lluvia tardía” (v.1) Zacarías dice: “Y será Efraín como valiente, y se alegrará su corazón como a causa del vino; sus hijos también verán, y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.”
Hechos 2:13 “Otros burlaban y decían: Lo que pasa es que están borrachos.” El hecho que los burladores dijeron que estaban ebrios cuando fueron llenos del Espíritu Santo implica que su comportamiento era parecido a la embriaguez.
Risa
La risa experimenta como manifestación de la presencia de Dios es una risa de gozo inefable y lleno de gloria. Salmo 16:11 dice: “En tu presencia hay plenitud de gozo.” Plenitud de gozo se expresa en risa. Dios da a su pueblo risa de gozo para librarnos de estrés, religión muerta, agotamiento, legalismo y formalismo muerto. La unción trae “oleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado.” (Isa 61:3)
Ejemplos en las Escrituras:
Salmos 126:1,2 “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza.”
Isaías 51:11 “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabazas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.”
Proverbios 17:22 “El corazón alegre constituye buen remedio.”
Danzando, Saltando y Corriendo
A veces el gozo inefable y lleno de gloria producido por el Espíritu Santo es tan glorioso que produce danzas espontaneas. Otros sobrecogidos de gozo saltan o se echan a correr para dar expresión a lo que están experimentando.
Ejemplos en las Escrituras:
2Samuel 6:14 “Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.”
Jeremías 31:4 “Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas.”
Malaquías 4:2 “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”
Llorar
A menudo cuando uno es tocado por el Señor se manifiesta llorando. Puede variar en intensidad de unas lágrimas a lloro intenso con sollozos. Usualmente indica que uno está siendo sanado emocionalmente o liberado de ataduras. A veces un tiempo de llorar es seguido por un tiempo de gozo y refrigerio espiritual.
Ejemplos en las Escrituras:
Nehemías 8:9 “´todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.” La revelación de la palabra trajo profundas emociones de arrepentimiento y gozo.
2Crónicas 34:27 “Y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová.”
Enmudecimiento
A veces uno puede estar tan afectado bajo el poder de Dios que no puede hablar. Cuando finalmente se suelte la lengua y pueden hablar, a menudo profetizan.
Ejemplos en las Escrituras:
Daniel 10:15-16 “Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. 16 Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé.”
Ezequiel 3:26-27 “Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde. 27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.”
Visiones, Sueños y Revelaciones Proféticas
Una característica de esta visitación es que la presencia de Dios va acompañada con revelaciones de Dios en visiones, sueños y revelaciones proféticas. Este es un cumplimiento de la profecía de Joel 2:28: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes tendrán visiones.”
Ejemplos en las Escrituras:
Números 11:29 Cuando el Espíritu Santo cayó sobre algunos de los ancianos y empezaron a profetizar, Josué se quejó a Moisés. Moisés respondió diciendo: “¿Tienes tu celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos.”
1Samuel 19:20 “Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saul, y ellos también profetizaron.” Aquí vemos que aún los mensajeros de Saul en rebelión contra Dios no podían evitar profetizar cuando el Espíritu vino sobre ellos. Después lo mismo pasó con Saul en v,24 cuando él llegó a prender a David.
Manifestaciones de Demonios
Durante el ministerio de Jesús en la tierra y después en el libro de los Hechos, había muchas manifestaciones de demonios (Mateo 9:32-34; Marcos 1:23-26; 5:2-11; 9:14-29; Lucas 4:33-37; 6:17-19; Hch 5:16; 8:6-8; 16:16-18; 19:11-12). Dondequiera que el Espíritu Santo esté manifestándose con poder, los demonios que han estado atando a las personas, quedan expuestos y hay manifestaciones demoniacas. Los avivamientos son un tiempo de liberación para los cautivos.
Cada creyente está sentado con Cristo en lugares celestiales y, por lo tanto, tenemos autoridad sobre todo poder del enemigo. Por eso, en la gran comisión Cristo dijo que los que creen echarán fuera los demonios (Marcos 16:17).
Probando los Espíritus
Es cierto que nuestro adversario es un imitador, y él también puede imitar las manifestaciones del Espíritu Santo, así como los magos de Faraón imitaron las señales que Dios hizo por Moisés. También siempre hay aquellos que intentan producir las manifestaciones del Espíritu en la carne. El enemigo hará todo en su poder para apagar el ministerio del Espíritu, y a menudo la manera en que lo hace es lograr que resistamos las verdaderas manifestaciones del Espíritu por temor de las falsas.
Algunos hermanos preferirían estar “seguro y seco” que arriesgarse, entrando al río de Dios, sin darse cuenta de que, al despreciar las manifestaciones del Espíritu están apagando al Espíritu, en vez de examinarlo todo, reteniendo lo bueno (1Tes 5:19-22). En lugar de apagar al Espíritu necesitamos probar los espíritus para ver si son de Dios (1Jn 4:1). Una de las maneras principales para probar las manifestaciones es examinar su fruto. ¿Resultan en un verdadero arrepentimiento, una pasión renovada por Jesús y una vida transformada? Las obras de Satanás no producen buenos frutos y las manifestaciones de la carne tampoco producen cambios positivos.
No Resistamos al Espíritu Santo
Viendo la abundancia de ejemplos en las Escrituras y en la historia debemos de abrazar este mover como un avivamiento enviado por Dios. Ahora es el tiempo de entrar en este mover de Dios. Los que lo resisten ahora difícilmente entrarán después. Fernando Sosa un pastor de avivamiento en México dice: “Hoy está soplando un viento fresco del Espíritu. Los que meten en Él, fácilmente entrarán en el siguiente viento que sople sobre la tierra, que será aún más fuerte que el primero. Muchos querrán entrar en El, pero no podrán, pues su fuerza los empujará hacia fuera.”
Jonathan Edwards también hizo esta advertencia en 1730: “Seamos, todos, por lo tanto, advertidos para que de ninguna manera nos opongamos o hagamos lo más mínimo por entorpecer u obstaculizar la obra; por el contrario, hagamos todo lo posible por promoverla. Cristo ha venido ahora desde los cielos en una notable y maravillosa manifestación de su Espíritu y corresponde a todos sus discípulos reconocerle y darle honor.
Aquellos que se queden al margen preguntándose acerca de esta extraña acción, sin saber qué hacer con ella, rehusándose a recibirla y listos a hablar precipitadamente en contra de ella, como hicieron los judíos de antaño, harían bien en temblar ante las palabras de San Pablo: ‘Mirad pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas. Mirad, oh menospreciadores, y asombraos y desapareced; porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis si alguien os la contare.’
Que todos aquellos que consideran esta obra como una nube y como oscuridad, como era la columna de nube y fuego para los egipcios, tengan cuidado de que no sea para su destrucción, mientras ilumina al Israel de Dios.”
“¿Qué quiere decir esto?” Esta fue la pregunta que hicieron los que oyeron y vieron las cosas que sucedieron en el día de Pentecostés cuando el Espíritu Santo descendió sobre los ciento veinte discípulos que estaban reunidos en el aposento alto esperando la promesa del Padre. ¿Qué fue lo que sucedió para provocar esta pregunta de las multitudes? En Hechos 2 vemos lo que pasó:
“De repente, vino del cielo un ruido como el de una violenta ráfaga de viento y llenó toda la casa donde estaban reunidos. 3 Se les aparecieron entonces unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse. 5 Estaban de visita en Jerusalén judíos piadosos, procedentes de todas las naciones de la tierra. 6 Al oír aquel bullicio, se agolparon y quedaron todos pasmados porque cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma. 7 Desconcertados y maravillados, decían: ‘¿No son galileos todos estos que están hablando? 8 ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye hablar en su lengua materna? 9 Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, 10 de Frigia y de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia cercanas a Cirene; visitantes llegados de Roma; 11 judíos y prosélitos; cretenses y árabes: ¡todos por igual los oímos proclamar en nuestra propia lengua las maravillas de Dios!’ 12 Desconcertados y perplejos, se preguntaban: ‘¿Qué quiere decir esto?’” (Hechos 2:2-12,NVI).
Para ellos, iguales como con cualquier otra generación que haya sido testigo de una visitación de Dios a su pueblo, eran pasmados, desconcertados y maravillados, preguntándose: “¿Qué quiere decir esto?” Era, para ellos, algo nuevo que nunca habían experimentado ni visto antes; ni habían leído de algo semejante en la Biblia. Era algo completamente nuevo.
En estos últimos tiempos, una vez más estamos viendo manifestaciones de la presencia de Dios que son atípicos; la mayoría de la humanidad ha vivido toda su vida sin ser testigos de las cosas que suceden en las visitaciones de Dios. Lo que más deja a la gente desconcertada y perpleja son los efectos que tiene la presencia de Dios en los cuerpos de los que están siendo visitados por el Espíritu de Dios; tales como cayendo postrados, llorando, riéndose, temblando y embriagándose en el Espíritu.
La Biblia habla de la “lluvia tardía” del Espíritu (Zac 10:1). Habla de la “gloria postrera” (Hageo 2:9) que será manifestada de tal grado que “La tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hab 2:14). Habla de un derramamiento del Espíritu como nunca antes conocido:
“Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.” (Joel 2:28-30)
Muchos que han creído estas promesas y anhelado ver y experimentar esta gran visitación de Dios están en peligro de quedar afuera como sucedió con los judíos en los tiempos de Jesús, y muchos más en otras visitaciones a través de los siglos.
Unos quedan afuera porque no tienen una verdadera hambre de Dios. Ellos son como los burladores en Hechos 2:13 que observaban las personas afectadas por la presencia de Dios y dijeron: “lo que pasa es que están borrachos.” Otros quedan afuera porque no comenzó con ellos. Muchos de los líderes de los judíos en los tiempos de Jesús y los Apóstoles caían en esta categoría. Cuando Dios visita a su pueblo “al altivo mira de lejos” (Sal 138:6). Jehová dice: “Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isa 57:15).
Otros más quedan afuera porque el Espíritu Santo no se mueve dentro del marco que ellos le han puesto. Ellos mentalmente han puesto límites de las cuales el Espíritu Santo no puede traspasar. Cuando el Espíritu hace lo que Él quiere y no lo que ellos quieren, ellos rechazan el mover de Dios, llamándolo emocionalismo carnal, o peor aún, lo atribuyen a demonios como hicieron los fariseos con Jesús (Mt 12:24). El hecho de que haya evidencias de exhibicionismo carnal o manifestaciones de demonios no descarta la realidad de la visitación. Cuando el Espíritu Santo estaba sobre Jesús y los Apóstoles había manifestaciones de demonios también, pero en cada instancia era la presencia del Espíritu liberando a los cautivos.
Muchos se asustan y piensan que eso es evidencia que no es de Dios. Sin embargo, viendo las ocasiones mencionadas en la Biblia cuando Dios se manifestaba, a menudo Él tuvo que decirles que no tuvieron temor. Cuando apareció en Sinaí dice que “temblaron y se pusieron de lejos y dijeron a Moisés: ‘habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos’” (Ex 20:18-19).
Las manifestaciones que estamos observando en esta presente visitación no son nuevas. En cada avivamiento de la historia, algunas o todas estas manifestaciones han ocurrido. Todos aceptamos estos avivamientos como genuinos por la transformación que efectuó en individuos, iglesias, ciudades y naciones enteras. Todos los líderes en estos avivamientos, al mismo tiempo que reconocían y corregían abusos y excesos carnales, defendían las manifestaciones, a pesar de mucha oposición. Los siguientes testimonios de manifestaciones en los avivamientos de la historia son solamente unos pocos ejemplos.
TESTIMONIOS DE LOS AVIVAMINETOS HISTORICOS
Avivamientos del Siglo XVIII
“Muchos han experimentado un aumento de sus afectos religiosos mucho más allá de lo que habían sentido antes; y había casos en los cuales las personas se quedaban postrados en un tipo de trance, permaneciendo a veces veinticuatro horas sin movimiento y con sus sentidos desactivados, mientras están en éxtasis, siendo llevados al cielo viendo visiones de cosas gloriosas y deleitosas. Fue muy frecuente ver personas gritando, desmayándose, convulsionando, y otras manifestaciones semejantes, a veces con angustia y a veces con admiración y gozo. Aquí no era la costumbre tener servicios que duraran toda la noche, ni fue común que demoraran hasta tarde pero a menudo así sucedía; unos eran tan afectados, y sus cuerpos tan sobrecogidos, que no podían ir a casa, sino que fueron obligados a quedarse toda la noche donde estaban.” (The Great Awakening, p.550)
“He conocido personalmente a muchas personas que han experimentado raptos tremendos y extraordinarios en nuestros tiempos. Pero en los raptos más sublimes de los cuales he tenido conocimiento, donde las emociones de admiración, amor y gozo, han sido elevadas al nivel más alto, las siguientes cosas han sido evidentes juntos: Frecuentemente quedándose reunidos por largos tiempos, contemplando la gloria de las perfecciones divinas y las excelencias de Cristo, de tal grado que el alma ha quedado como perfectamente sobrecogido y envuelto con luz y amor, un dulce consuelo y reposo y gozo del alma completamente inexpresable, a veces por cinco o seis horas seguidas, sin interrupción. Revelaciones extraordinarias de cosas divinas y los afectos religiosos eran frecuentemente acompañados con muy grandes efectos en el cuerpo... La persona fue privada de toda habilidad de permanecer parada o hablar...a veces el alma ha sido tan raptada con una clase de gozo omnipotente que hacía que la persona no podía evitar saltar con todas sus fuerzas con gozo y gran regocijo.” (Pensamientos sobre el Avivamiento por Jonathan Edwards)
“Muchos de los jóvenes y niños aparentaban ser sobrecogidos con una revelación de la grandeza y gloria de cosas divinas...mientras que muchos más al mismo tiempo fueron sobrecogidos de angustia sobre su estado y condición pecaminoso y miserable, resultando en que todo el salón estuviera completamente lleno con gritos, desmayos y cosas semejantes...muchos eran tan afectados que quedaron postrados por horas.” (The Great Awakening, p.546)
Avivamientos del Siglo XIX
El Avivamiento de Cane Ridge en Kentucky en 1801 – “El ruido fue como el rugir de las cataratas Niagra. El vasto mar de seres humanos aparentaba ser agitado como si fuera por una tormenta... Algunos estaban cantando, otros orando, otros clamando, pidiendo misericordia con los acentos más lastimosos, mientras otros gritaban ruidosamente. Observando a estos escenarios, una sensación peculiarmente rara, tal como nunca he sentido, vino sobre mí. Mi corazón empezó a palpitar fuertemente, mis rodillas y mis labios empezaron a temblar y sentí que no iba a poder quedarme de pie. Un poder extraño y sobrenatural se extendía por la mente colectiva entera de las multitudes allí reunidas. En una ocasión yo vi al menos quinientos tumbados en un solo momento como si una fila de mil cañones se hubiera abierto fuego sobre ellos, seguido por chillidos y gritos que rasgaron los mismos cielos...” (James B. Finley)
Peter Cartwright, Evangelista de Campañas de Carpa – “No importaba si eran santos o pecadores, fueron conmovidos por una canción o sermón ungido y fueron sobrecogidos con un temblor convulsivo en todo su cuerpo, algo que de ninguna manera podían evitar, y por más que resistían más se sacudían... Con las primeras sacudidas, uno observaba como sus sombreros elegantes, gorras y pinzas para el pelo se volaban, y tan fuerte y veloz sería la sacudida de la cabeza que su pelo suelto sonaba casi tan fuerte como el látigo de un conductor de carruaje.” (Cartwright, Autobiografía por Peter Cartwright, pp.17,18)
Charles Finney – “No había hablado sobre este tema por más de quince minutos cuando de repente una solemnidad asombrosa parecía descender sobre ellos; la congregación empezó a caer de sus sillas en toda dirección y clamaron pidiendo misericordia. Si hubiera tenido espada en cada mano, no habría podido cortarlas tan rápido como caían. Casi toda la congregación, o estaba de rodillas o postradas.” (Revival, por Winkle Pratney, p.24)
1870 Conferencias de Santidad en Sacramento, Santa Clara y San Francisco – John Inskip, el presidente de la Asociación Nacional de Santidad, reportó que vio muchos líderes prominentes de la Conferencia de California “tumbados al suelo por el poder de Dios, y postrados por horas, llenos de la gloria.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.21)
1889 Reunión de Avivamiento de Maria Woodworth Etter – “El poder de Dios estaba sobre toda la congregación y alrededor de la ciudad de Oakland. El Espíritu Santo caía sobre el pueblo mientras predicábamos. La gente quedaba congelada como si estuvieron enfrentando la muerte. Muchos de los hombres más inteligentes y mejor vestidos caían atrás en sus sillas con sus manos levantados a Dios, mantenido bajo el poder omnipotente de Dios. Se caían hombres y mujeres por todos lados como árboles en una gran tormenta. Algunos tenían visiones de Dios. Casi todos salían de sus visiones gritando alabanzas a Dios.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.24)
Avivamientos del Siglo XX
El Avivamiento Galesa, 1904 – “Dos mujeres fueron llenos del Espíritu Santo y, sin poder contenerse, empezaron a gritar fuertemente. Todos se juntaron alrededor de Evan Roberts, quien sonreía como para asegurarles, aunque él mismo estaba sobrecogido de asombro. Personas empezaron a gritar: “¡No más Jesús, o muero! Unos clamaron pidiendo misericordia, otros lloraron, cantaron, o alababan a Dios. Todo esto, junto con muchos desmayados o postrados en el suelo bajo agonía de convicción, fue, como dijo el historiador Eifion Roberts, ‘tan increíble como sin precedentes.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.35)
El Avivamiento de la Calle Azuza, 1906 – “Los servicios eran casi continuos. Almas sedientas se encontraban bajo el poder de Dios a casi toda hora, noche y día... La presencia de Dios llegó a ser más y más maravillosa. En ese viejo edificio con cielo raso bajo y piso desnudo, Dios despedazó a hombres y mujeres fuertes y los volvió a formar para su gloria. Fue un proceso tremendo de reconstrucción. Orgullo y auto imponencia, auto importancia y auto estima no podía sobrevivir allí.” (A Survey of 20th Century Revival Movements in North America, p.56)
Avivamiento de los Pentecostales Primitivos: Reunión de Mary Woodworth Etter – “En todos los servicios por casi tres meses, el poder que era tan común en los días de Finney, Jonathan Edwards, etc que tumbaba la gente, ha sido manifestado... Muchos han visto bolas de fuego y luces en y alrededor de la carpa... Jesús ha aparecido a muchos en las reuniones y muchos en diferentes ocasiones vieron un gran número de ángeles justamente encima de la audiencia.” (Woodworth Etter, p.168)
Campamento, 1913 – “Miles se han reunido de todo el estado, algunas han venido de otros países y creemos que es la reunión más grande visto en los últimos tiempos. El presidente, hermano Scout, dijo que doscientos ministros estaban en la tarima, sentados en comunión y amor. El Señor estaba presente mostrando su aprobación de la Palabra, con poderosos prodigios y milagros, especialmente en sanidades y bautismos en el Espíritu Santo y fuego. El poder tumbador estaba manifestado, y muchos fueron tumbados bajo el poder.” (Woodworth Etter, p.250)
Evangelista Dr. Charles Price, 1920 – “El poder cayó. Centenares fueron salvos y centenares sanados. La primera persona por quien oré por su sanidad física cayó bajo el poder de Dios. Yo me asusté. Oré por el segundo y lo mismo sucedió. Temblé en la presencia de Dios, pero los dos, poniéndose de pie y proclamando que fueron sanos, me dio ánimo y seguí orando. Después docenas y docenas se quedaron postrados bajo el poder al mismo tiempo. Las multitudes vinieron en tan grandes números que tuvimos que arrendar un edificio más grande.” (The Story of my Life, Charles S. Price, p.29)
Movimiento de la Lluvia Tardía, 1948 – “En los últimos años de los ´40 parecía que el viento del Espíritu de Dios estaba soplando con mayor fuerza. Dios se movió en poder de avivamiento. Empezó a través del ministerio del Reverendo Hawtin y el Instituto Bíblico Sharon en North Battleford, Saskatchewan. Había tal infusión del poder divino en sanidades, milagros y dones para hablar que llamó mucha atención. Miles se congregaron de todas partes del continente y del mundo entero a Convenciones de Campamento.”
TESTIMONIO DE LAS ESCRITURAS
Dios nos dice en su Palabra que en los últimos tiempos va a hacer cosas nuevas que no ha hecho en el pasado: “No os acordáis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva. ¿no la conocerás? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad” (Isa 43:18,19). Debemos estar preparados y abiertos para recibir cosas nuevas del Señor en estos postreros tiempos. Si los Apóstoles y los ciento veinte no hubiesen estado dispuestos a recibir cosas nuevas de Dios no habrían aceptado hablar en lenguas porque era algo nuevo que Dios no había hecho antes. Para que algo sea de Dios no es necesario que haya ejemplos en la Biblia porque Dios tiene libertad para hacer cosas nuevas. Solo sabemos que Él no haría nada nuevo que contradiga su carácter revelado en la Palabra. Sin embargo, vemos indicaciones en las Escrituras que todas las manifestaciones evidentes hoy, eran características de distintas manifestaciones en tiempos bíblicos.
Cayendo
El fenómeno más común que estamos viendo en el avivamiento actual es la de personas cayendo postrados bajo el poder de Dios. Su presencia prevalece sobre sus fuerzas físicas, a menudo dejándolos débiles e incapaz de caminar sin ayuda o muchos esfuerzos. Algunos tienen visiones, oyen su voz, sienten su unción o simplemente sienten un gozo y profundo paz descansando bajo su influencia.
Ejemplos en las Escrituras:
Apocalipsis 1:17 “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y el puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último.” Juan, al ver en visión a Jesús glorificado perdió todas sus fuerzas y cayó como muerto.
Juan 18:6 “Cuando les dijo: ‘Yo soy’, retrocedieron, y cayeron a tierra.” Cuando Cristo dijo “YO SOY” los soldados que vinieron a arrestarlo cayeron a tierra. A menudo, aún los inconversos caen como muertos en la presencia manifiesta del gran YO SOY.
Daniel 10:8-9 “Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en la tierra.” Cuando Daniel tuvo esta visión sus compañeros tuvieron temor y corrieron. Pero él se quedó sin fuerzas y cayó bajo la gloria con su rostro en tierra.
Temblando
También es común que los que son tocados empezaran a temblar, variando en intensidad; a veces solo la boca o las manos temblando y a veces con fuertes contorciones y convulsiones. Cuando se aumente el voltaje espiritual, cosas empiezan a suceder con nuestros cuerpos frágiles. Esta manifestación a menudo indica “cirugía espiritual” o que uno está recibiendo unción fresca.
Ejemplos en las Escrituras:
Jeremías 23:9 “A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras.”
Habacuc 3:16 “Oi y se conmovieron mis entrañas; a la voz temblaron mis labios; pudrición entró en mis huesos, y dentro de mí me estremecí...”
Salmo 99:1 “Jehová reina; temblarán los pueblos...”
Ebrios en el Espíritu
En Efesios 5:18 dice: “No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.”
Estar lleno del Espíritu puede producir un efecto similar a estar ebrio con vino. La persona siente la presencia de Dios tan fuerte que sus habilidades normales como andar, pensar y hablar son afectados.
En contraste con el vino, esta embriaguez del Espíritu Santo nunca produce pecados de la carne. Al contrario, produce mayor santidad y pasión por Jesús.
Ejemplos en las Escrituras:
Jeremías 23:9 Jeremías dijo: “...Estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras.”
Zacarías 10:7 Con referencia al tiempo de la “lluvia tardía” (v.1) Zacarías dice: “Y será Efraín como valiente, y se alegrará su corazón como a causa del vino; sus hijos también verán, y se alegrarán; su corazón se gozará en Jehová.”
Hechos 2:13 “Otros burlaban y decían: Lo que pasa es que están borrachos.” El hecho que los burladores dijeron que estaban ebrios cuando fueron llenos del Espíritu Santo implica que su comportamiento era parecido a la embriaguez.
Risa
La risa experimenta como manifestación de la presencia de Dios es una risa de gozo inefable y lleno de gloria. Salmo 16:11 dice: “En tu presencia hay plenitud de gozo.” Plenitud de gozo se expresa en risa. Dios da a su pueblo risa de gozo para librarnos de estrés, religión muerta, agotamiento, legalismo y formalismo muerto. La unción trae “oleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado.” (Isa 61:3)
Ejemplos en las Escrituras:
Salmos 126:1,2 “Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, Seremos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza.”
Isaías 51:11 “Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabazas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán.”
Proverbios 17:22 “El corazón alegre constituye buen remedio.”
Danzando, Saltando y Corriendo
A veces el gozo inefable y lleno de gloria producido por el Espíritu Santo es tan glorioso que produce danzas espontaneas. Otros sobrecogidos de gozo saltan o se echan a correr para dar expresión a lo que están experimentando.
Ejemplos en las Escrituras:
2Samuel 6:14 “Y David danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un efod de lino.”
Jeremías 31:4 “Aún te edificaré, y serás edificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas.”
Malaquías 4:2 “Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.”
Llorar
A menudo cuando uno es tocado por el Señor se manifiesta llorando. Puede variar en intensidad de unas lágrimas a lloro intenso con sollozos. Usualmente indica que uno está siendo sanado emocionalmente o liberado de ataduras. A veces un tiempo de llorar es seguido por un tiempo de gozo y refrigerio espiritual.
Ejemplos en las Escrituras:
Nehemías 8:9 “´todo el pueblo lloraba oyendo las palabras de la ley.” La revelación de la palabra trajo profundas emociones de arrepentimiento y gozo.
2Crónicas 34:27 “Y tu corazón se conmovió, y te humillaste delante de Dios al oír sus palabras sobre este lugar y sobre sus moradores, y te humillaste delante de mí, y rasgaste tus vestidos y lloraste en mi presencia, yo también te he oído, dice Jehová.”
Enmudecimiento
A veces uno puede estar tan afectado bajo el poder de Dios que no puede hablar. Cuando finalmente se suelte la lengua y pueden hablar, a menudo profetizan.
Ejemplos en las Escrituras:
Daniel 10:15-16 “Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. 16 Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé.”
Ezequiel 3:26-27 “Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde. 27 Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor.”
Visiones, Sueños y Revelaciones Proféticas
Una característica de esta visitación es que la presencia de Dios va acompañada con revelaciones de Dios en visiones, sueños y revelaciones proféticas. Este es un cumplimiento de la profecía de Joel 2:28: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes tendrán visiones.”
Ejemplos en las Escrituras:
Números 11:29 Cuando el Espíritu Santo cayó sobre algunos de los ancianos y empezaron a profetizar, Josué se quejó a Moisés. Moisés respondió diciendo: “¿Tienes tu celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su Espíritu sobre ellos.”
1Samuel 19:20 “Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saul, y ellos también profetizaron.” Aquí vemos que aún los mensajeros de Saul en rebelión contra Dios no podían evitar profetizar cuando el Espíritu vino sobre ellos. Después lo mismo pasó con Saul en v,24 cuando él llegó a prender a David.
Manifestaciones de Demonios
Durante el ministerio de Jesús en la tierra y después en el libro de los Hechos, había muchas manifestaciones de demonios (Mateo 9:32-34; Marcos 1:23-26; 5:2-11; 9:14-29; Lucas 4:33-37; 6:17-19; Hch 5:16; 8:6-8; 16:16-18; 19:11-12). Dondequiera que el Espíritu Santo esté manifestándose con poder, los demonios que han estado atando a las personas, quedan expuestos y hay manifestaciones demoniacas. Los avivamientos son un tiempo de liberación para los cautivos.
Cada creyente está sentado con Cristo en lugares celestiales y, por lo tanto, tenemos autoridad sobre todo poder del enemigo. Por eso, en la gran comisión Cristo dijo que los que creen echarán fuera los demonios (Marcos 16:17).
Probando los Espíritus
Es cierto que nuestro adversario es un imitador, y él también puede imitar las manifestaciones del Espíritu Santo, así como los magos de Faraón imitaron las señales que Dios hizo por Moisés. También siempre hay aquellos que intentan producir las manifestaciones del Espíritu en la carne. El enemigo hará todo en su poder para apagar el ministerio del Espíritu, y a menudo la manera en que lo hace es lograr que resistamos las verdaderas manifestaciones del Espíritu por temor de las falsas.
Algunos hermanos preferirían estar “seguro y seco” que arriesgarse, entrando al río de Dios, sin darse cuenta de que, al despreciar las manifestaciones del Espíritu están apagando al Espíritu, en vez de examinarlo todo, reteniendo lo bueno (1Tes 5:19-22). En lugar de apagar al Espíritu necesitamos probar los espíritus para ver si son de Dios (1Jn 4:1). Una de las maneras principales para probar las manifestaciones es examinar su fruto. ¿Resultan en un verdadero arrepentimiento, una pasión renovada por Jesús y una vida transformada? Las obras de Satanás no producen buenos frutos y las manifestaciones de la carne tampoco producen cambios positivos.
No Resistamos al Espíritu Santo
Viendo la abundancia de ejemplos en las Escrituras y en la historia debemos de abrazar este mover como un avivamiento enviado por Dios. Ahora es el tiempo de entrar en este mover de Dios. Los que lo resisten ahora difícilmente entrarán después. Fernando Sosa un pastor de avivamiento en México dice: “Hoy está soplando un viento fresco del Espíritu. Los que meten en Él, fácilmente entrarán en el siguiente viento que sople sobre la tierra, que será aún más fuerte que el primero. Muchos querrán entrar en El, pero no podrán, pues su fuerza los empujará hacia fuera.”
Jonathan Edwards también hizo esta advertencia en 1730: “Seamos, todos, por lo tanto, advertidos para que de ninguna manera nos opongamos o hagamos lo más mínimo por entorpecer u obstaculizar la obra; por el contrario, hagamos todo lo posible por promoverla. Cristo ha venido ahora desde los cielos en una notable y maravillosa manifestación de su Espíritu y corresponde a todos sus discípulos reconocerle y darle honor.
Aquellos que se queden al margen preguntándose acerca de esta extraña acción, sin saber qué hacer con ella, rehusándose a recibirla y listos a hablar precipitadamente en contra de ella, como hicieron los judíos de antaño, harían bien en temblar ante las palabras de San Pablo: ‘Mirad pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas. Mirad, oh menospreciadores, y asombraos y desapareced; porque yo hago una obra en vuestros días, obra que no creeréis si alguien os la contare.’
Que todos aquellos que consideran esta obra como una nube y como oscuridad, como era la columna de nube y fuego para los egipcios, tengan cuidado de que no sea para su destrucción, mientras ilumina al Israel de Dios.”
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por George Sidney Hurd
Este artículo fue tomado del libro, Exterminación o Restauración?
La definición de la muerte es importante, tanto para el Tradicionalista como para el Aniquilacionista. Los Tradicionalistas la definen como separación, y por lo tanto dicen que la segunda muerte consiste en una muerte o separación eterna de Dios. Por otro lado, los Aniquilacionistas tienen que argumentar que la segunda muerte significa aniquilación o cesación de existencia, después de ser resucitado y condenado en el Juicio del Gran Trono Blanco.
Como Restauracionista Universal, veo la segunda muerte - no como la cesación de existencia, ni tampoco como eterna separación de Dios, sino una muerte o separación eonian de la vida carnal y almática en el lago de fuego purificador. Es la muerte del independiente “yo” que aun nosotros como creyentes tenemos que pasar ahora en esta vida a través de las aflicciones que nos santifican o separan de lo que es carnal y almático, produciendo en nosotros la santidad sin la cual nadie verá al Señor (Heb 12:14).
Los que no mueran a la carne y a la vida almática ahora en esta vida - negándose a sí mismos, no tendrán parte en la primera resurrección y sufrirán daño de la segunda muerte. Sin embargo, la segunda muerte es eonian – no eterna, y resulta en la restauración final de todos (Hch 3:21; Apo 20:6; Rom 11:36, etc.). Finalmente, toda muerte – tanto la primera como la segunda, será destruida – no por medio de una exterminación en masa, comparable a los campos de exterminio de Hitler, sino que la muerte será destruida cuando todos hayan sido atraídos a Cristo y vivificados. La muerte no es lo que destruye la muerte, como dicen los Aniquilacionistas. Es la vida de resurrección de Cristo, la que finalmente absorberá toda muerte, dando como resultado que Dios sea todo en todos (1Cor 15:22,26-28; 2Cor 5:4).
Definición Léxica
Bajo circunstancias normales simplemente consultaríamos a los léxicos para una definición precisa de una palabra en las Escrituras, porque han sido compilados por lingüistas que han estudiado extensivamente los significados de las palabras en su idioma original, no solamente en el Nuevo Testamento, sino también en la literatura secular de esa época.
Thayer define “muerte” (thanatos) como: “propiamente, la muerte del cuerpo, i.e. aquella separación (sea natural o violenta) del alma del cuerpo terminando la vida en la tierra.” Vines define la muerte diciendo: “thanatos “muerte,” se usa en las Escrituras refiriendo a: (a) la separación del alma (la parte espiritual del hombre) del cuerpo (la parte material), el posterior dejando de funcionar y volviendo al polvo, e.g., Juan 11:13; Heb 2:15; 5:7; 7:23 y Heb 9:15). (b) la separación del hombre de Dios; Adán murió en el día que desobedeció a Dios, Gén 2:17, y en consecuencia toda la humanidad nace en la misma condición espiritual, Rom 5:12,14,17,21).” Vines define el verbo apothnesko diciendo: “lit., ‘morir apartado de’ se usa…de la separación del alma del cuerpo, i.e., la ‘muerte’ natural de seres humanos.”
Estas son algunas de las fuentes léxicas más precisas y autoritativas a nuestra disposición. Sin embargo, reconocemos que aun algunos de los eruditos más destacados pueden ser tan influenciados por la tradición que inconscientemente afecta sus definiciones de ciertas palabras según sus creencias. Así que, cuando hay duda debemos utilizar una concordancia para examinar cada contexto donde aparecen las palabras para confirmar sus conclusiones. Al examinar el contexto donde se refiere a la muerte en la Concordancia Englishman’s del Hebreo y el Griego, pude confirmar la existencia del concepto de una separación expresado por las palabras originales que son traducidas “muerte.” La Biblia se refiere - no solamente a la muerte física, sino por lo menos a 4 otras muertes, como es ilustrado abajo, y podemos ver que en cada caso, la palabra “muerte” no habla de cesación o aniquilación sino de separación.
Este artículo fue tomado del libro, Exterminación o Restauración?
La definición de la muerte es importante, tanto para el Tradicionalista como para el Aniquilacionista. Los Tradicionalistas la definen como separación, y por lo tanto dicen que la segunda muerte consiste en una muerte o separación eterna de Dios. Por otro lado, los Aniquilacionistas tienen que argumentar que la segunda muerte significa aniquilación o cesación de existencia, después de ser resucitado y condenado en el Juicio del Gran Trono Blanco.
Como Restauracionista Universal, veo la segunda muerte - no como la cesación de existencia, ni tampoco como eterna separación de Dios, sino una muerte o separación eonian de la vida carnal y almática en el lago de fuego purificador. Es la muerte del independiente “yo” que aun nosotros como creyentes tenemos que pasar ahora en esta vida a través de las aflicciones que nos santifican o separan de lo que es carnal y almático, produciendo en nosotros la santidad sin la cual nadie verá al Señor (Heb 12:14).
Los que no mueran a la carne y a la vida almática ahora en esta vida - negándose a sí mismos, no tendrán parte en la primera resurrección y sufrirán daño de la segunda muerte. Sin embargo, la segunda muerte es eonian – no eterna, y resulta en la restauración final de todos (Hch 3:21; Apo 20:6; Rom 11:36, etc.). Finalmente, toda muerte – tanto la primera como la segunda, será destruida – no por medio de una exterminación en masa, comparable a los campos de exterminio de Hitler, sino que la muerte será destruida cuando todos hayan sido atraídos a Cristo y vivificados. La muerte no es lo que destruye la muerte, como dicen los Aniquilacionistas. Es la vida de resurrección de Cristo, la que finalmente absorberá toda muerte, dando como resultado que Dios sea todo en todos (1Cor 15:22,26-28; 2Cor 5:4).
Definición Léxica
Bajo circunstancias normales simplemente consultaríamos a los léxicos para una definición precisa de una palabra en las Escrituras, porque han sido compilados por lingüistas que han estudiado extensivamente los significados de las palabras en su idioma original, no solamente en el Nuevo Testamento, sino también en la literatura secular de esa época.
Thayer define “muerte” (thanatos) como: “propiamente, la muerte del cuerpo, i.e. aquella separación (sea natural o violenta) del alma del cuerpo terminando la vida en la tierra.” Vines define la muerte diciendo: “thanatos “muerte,” se usa en las Escrituras refiriendo a: (a) la separación del alma (la parte espiritual del hombre) del cuerpo (la parte material), el posterior dejando de funcionar y volviendo al polvo, e.g., Juan 11:13; Heb 2:15; 5:7; 7:23 y Heb 9:15). (b) la separación del hombre de Dios; Adán murió en el día que desobedeció a Dios, Gén 2:17, y en consecuencia toda la humanidad nace en la misma condición espiritual, Rom 5:12,14,17,21).” Vines define el verbo apothnesko diciendo: “lit., ‘morir apartado de’ se usa…de la separación del alma del cuerpo, i.e., la ‘muerte’ natural de seres humanos.”
Estas son algunas de las fuentes léxicas más precisas y autoritativas a nuestra disposición. Sin embargo, reconocemos que aun algunos de los eruditos más destacados pueden ser tan influenciados por la tradición que inconscientemente afecta sus definiciones de ciertas palabras según sus creencias. Así que, cuando hay duda debemos utilizar una concordancia para examinar cada contexto donde aparecen las palabras para confirmar sus conclusiones. Al examinar el contexto donde se refiere a la muerte en la Concordancia Englishman’s del Hebreo y el Griego, pude confirmar la existencia del concepto de una separación expresado por las palabras originales que son traducidas “muerte.” La Biblia se refiere - no solamente a la muerte física, sino por lo menos a 4 otras muertes, como es ilustrado abajo, y podemos ver que en cada caso, la palabra “muerte” no habla de cesación o aniquilación sino de separación.
La Muerte Espiritual
Dios le advirtió a Adán, diciendo: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gén 2:17). O más literalmente: “muriendo morirás.” Por lo tanto, la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) lo traduce: thanato apothaneisthe - “al morir estarás muriendo.” También, la Traducción Literal Young’s dice: “muriendo mueres” y la Versión Literal Concordant lo traduce: “al morir estarás muriendo.” Sea lo que sea la traducción correcta, una cosa es clara – en algún sentido Adán murió aquel mismo día, aunque no murió físicamente por otros 930 años.
Entonces, ¿de qué manera murió Adán en ese mismo día? Por su acto de independencia contra Dios, tomando del fruto prohibido, él cortó la comunión con Dios, llegando a ser separado de Dios o muerto en relación a Dios. Ni Adán, ni Dios, dejaron de existir en aquel día. Lo que sucedió fue que Adán murió espiritualmente en el sentido de estar separados de Dios.
Los Aniquilacionistas, que son Fisicalistas (los que niegan la distinción entre el cuerpo u hombre exterior, del alma u hombre interior), entienden la rendición “ciertamente morirás” como refiriéndose al hombre entero en el sentido de dejar de existir. Ellos creen que los que dicen que el alma sigue existiendo en un estado consciente después de la muerte física han creído la mentira de Satanás: “no moriréis.” (en inglés es traducido: “realmente no morirán”).
Sin embargo, Dios claramente dijo que ellos morirían aquel mismo día. Entonces, es obvio que, según la advertencia de Dios, una muerte realmente ocurrió en aquel mismo día, y es obvio que no era la muerte física. La evidencia de que esta muerte inmediata fue la separación de Dios se ve por el hecho de que ellos de repente estaban conscientes de que estaban desnudos y se escondieron de Dios.
En realidad, por negar que la muerte de Adán y Eva sucedió en el mismo día en que tomaron del fruto prohibido, los Fisicalistas se ponen de acuerdo con la declaración de Satanás, diciendo que ellos realmente no murieron en el mismo día en que tomaron del árbol. Satanás aún presenta al hombre con la mentira que el pecado no resulta en la muerte espiritual (Stg 1:13-16). Aunque el pecado también acorta la vida física, la artimaña del diablo normalmente no es decirnos que no moriremos físicamente por el pecado, dado que todos ya sabemos que, tarde o temprano, vamos a morir físicamente.
Cuando Dios creó a Adán, Él sopló en él aliento de vidas (Heb. plural) (Gen 2:7). ¿Qué vidas recibió en ese momento? En primer lugar, él recibió vida en unión con Dios, y al mismo tiempo llegó a ser vivo en su cuerpo recién formado. Antes de la caída, Adán era predominantemente espíritu en su esencia. Su cuerpo fue formado del polvo de la tierra, pero Dios sopló un espíritu en su cuerpo. Entonces, él llegó a ser un espíritu revestido de carne. Sin embargo, la parte de Adán que murió, o llegó a ser separada en aquel día era su espíritu que le capacitaba a tener comunión con Dios, quien es espíritu. Dios, antes de destruir la humanidad en el diluvio, lamentaba diciendo: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne.” (Gen 6:3). Ya no era predominantemente espíritu, sino que había llegado a ser solamente carne - carnal. Desde el día de la caída de Adán, todos nacemos según el género del Adán caído – espiritualmente muertos o separados de Dios. En vez de ser un espíritu revestido en carne, estábamos sin vida espiritual, siendo separados de Dios, dejándonos solamente con la carne.
Ni el espíritu de Adán, ni Dios, dejaron de existir cuando sucedió esta muerte. En realidad, no somos enteramente separados de Dios. En Él todos nosotros – incluyendo los que aún no han nacido de nuevo, vivimos y nos movemos y somos (Hch 17:28). Sin embargo, todos nacemos muertos a Dios, quien es espíritu, en Adán, porque el espíritu que recibimos de Dios estaba muerto o separado de Él. Pablo dice que estábamos ajenos de la vida de Dios (Ef 4:18). Todos estábamos muertos espiritualmente hasta que nuestro espíritu nació de nuevo o fue regenerado:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados…. 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” (Ef 2:1,5,6)
Observe, que tanto nuestra muerte, como nuestra vivificación, son presentadas en tiempo pasado. Para los que están en Cristo, nuestro espíritu u hombre interior ya ha sido vivificado. En Adán, no solamente moriremos todos físicamente, sino que en él nacemos con espíritus muertos que heredamos de él, debido a su pecado original, resultando en la muerte espiritual (Rom 5:15). No somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores de nacimiento, por el pecado heredado desde Adán. El espíritu de Adán murió en relación a Dios en el momento que cometió ese solitario acto independiente. Y todos nosotros, como su simiente, nacemos con un espíritu muerto – no en el sentido de que no existe, sino en que es separado de Dios, la fuente de la vida.
Lo que tiene que nacer de nuevo del Espíritu Santo para poder ver el reino de Dios es nuestro espíritu humano (Juan 3:3-6). El remedio de Dios para la muerte espiritual es regeneración, y Su remedio para la muerte física es resurrección a la inmortalidad. Tanto la muerte espiritual, como la muerte física, vinieron a todos los hombres en Adán. Pero ambas muertes finalmente serán anuladas para el mismo “todos” que murieron en Adán, en Cristo – el último Adán y Salvador del mundo entero (Rom 5:15, cf. 1Cor 15:21-23; Juan 1:29; 1Juan 2:2).
Cuando Cristo derramó Su sangre en la cruz, Él logró una reconciliación universal para toda Su creación, tanto lo visible como lo invisible (Col 1:16,20). En el instante que respondemos a esta reconciliación, siendo reconciliados en nuestros corazones, Él nos hace nacer de nuevo, así siendo partícipes de la naturaleza divina, en unión con Dios por medio de Cristo (2Cor 5:19-21; Juan 1:12-13; 1Cor 6:17). En Cristo, ya no hay más separación (muerte) porque nosotros que antes estábamos lejos hemos sido hechos cercanos por la sangre de Jesús (Ef 2:13; Col 1:21-22). Habiendo ya recibido Su vida eterna, nada ni nadie podrá quitarnos esa vida que hemos recibido – separándonos de nuevo de Dios (Rom 8:35-39; Juan 10:28-29).
Así que, vemos que la muerte en relación a Dios no habla de una cesación sino de una separación. Lo mismo se puede decir de nuestra muerte al pecado (Rom 6:10-11). Seguimos existiendo como individuos y el pecado también continuará existiendo por un tiempo. Ni nosotros ni el pecado dejan de existir, sino que hemos sido santificados o separados del pecado en Cristo y por lo tanto somos muertos al pecado. Solo en el sentido de separación podemos decir que hemos muerto al pecado, dado que tanto nosotros, como el pecado, aún existimos.
Lo mismo se aplica en cuanto a la Ley. Nosotros existimos y la Ley también existe, pero hemos muerto a la Ley – habiendo sido librados o separados de ella para poder vivir en relación con Dios a través de Cristo, que ahora es nuestra vida misma (Rom 7:1; Gál 2:19-21). La segunda muerte, que veremos más adelante, también se refiere a una muerte que es la separación o santificación de lo espiritual de lo que es carnal y almática. Es una muerte que todos tienen que morir – ahora en esta vida o más tarde, recibiendo su parte en el lago de fuego y azufre, que es la segunda muerte (Apo 2:11; 21:8).
La Muerte Física
Ya habiendo visto en los capítulos anteriores que nuestro espíritu y alma son distinguibles de nuestros cuerpos; que el nuevo nacimiento de nuestro espíritu a la vida eterna ocurre en el momento que recibimos a Cristo, y que es distinto del nacimiento de nuestros cuerpos físicos, y que nuestra alma y espíritu regenerado tienen una existencia consciente aparte del cuerpo, es mucho más fácil comprender que la muerte física no es la cesación de nuestra existencia sino solamente la separación de nuestro hombre interior de nuestro hombre exterior.
Como fue mencionado anteriormente, decía acerca de los santos que habían muerto antes de la ascensión de Cristo que “fueron unidos a su pueblo.” (Gén 25:8,17; 35:29; Nú 20:24,26; Deut 32:50, etc.). Que no está refiriéndose a una fosa común es evidente porque a menudo murieron y fueron sepultados muy lejos de las sepulturas de sus ancestros. También la expectativa de David claramente fue una reunión inmediata con sus seres queridos al morirse cuando dijo de su hijo que acaba de morir: “Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2 Sam 12:23). Así que, esta reunión no puede hacer referencia a sus cadáveres en una fosa común, sino que se referían a la reunión de las almas que son reunidas al morir.
También, muriendo es a menudo presentado como el alma saliendo del cuerpo y habla de una separación en vez de una cesación. Por ejemplo, cuando Raquel estaba muriéndose, dando a luz a Benjamín dice: “Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió)…” (Gén 35:18). También vemos que, cuando Dios levanta a alguien de los muertos, como hizo por medio de Elías al resucitar el hijo de la viuda, que el alma sale con la muerte, pero vuelve otra vez al ser resucitado:
“Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.” (1Reyes 17:21,22)
Los que niegan la existencia consciente después de la muerte, comúnmente responden diciendo que el “alma” simplemente se refiere a “la fuerza de la vida” en vez de un alma consciente que sale del cuerpo o vuelve al cuerpo. Sin embargo, eso no es el lenguaje de las Escrituras. Cuando es profetizado de Cristo diciendo: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción” (Hch 2:27), ¿quería decir con eso “no dejarás mi ‘fuerza de vida’ en el Hades?” ¡Claro que no! Lo que dice es que Él estaba confiado en que Dios no lo dejaría en un estado de muerte o separación de Su cuerpo mientras el cuerpo yacía en el sepulcro y Su alma estaba en el Hades o en la esfera invisible de las almas de los muertos. Cuando Jesús nos dijo que no temiéramos los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, ¿quería decir con eso que ellos podían matar el cuerpo, pero no la fuerza de vida? La respuesta debe ser obvia. Mientras que el hombre puede matar el cuerpo, separándolo del alma, el alma sigue existiendo. Tales ejemplos podrían ser multiplicados, pero esto debe ser suficiente para demostrar que el alma no deja de existir al morir el cuerpo.
Como la esencia del alma es espíritu, a veces ambos términos son intercambiables. Cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo dice: “Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó.” (Lucas 8:55). El espíritu fue separado del cuerpo en la muerte. Una vez más los Aniquilacionistas a menudo responden diciendo que “espíritu” (gr. pneuma) también puede significar “aliento” y por lo tanto simplemente significa que ella dejó de respirar cuando murió, y comenzó a respirar de nuevo cuando Jesús la levantó de los muertos. Sin embargo, es evidente que “espíritu” aquí se refiere al espíritu humano y no simplemente a su respiración.
Jesús, después de clamar “consumado es” dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” y entonces “entregó el espíritu.” (Lucas 23:46; Mt 27:50; Sal 31:5). ¿Debemos entender con esto que Jesús realmente quería decir: “en tus manos encomiendo mi aliento” y entonces “entregó Su respiración”? También Esteban, cuando estaba muriendo dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” (Hch 7:59). Debe ser obvio que, al decir “espíritu,” se referían a su hombre interior consciente. Pablo, refiriendo al hombre entero como espíritu, alma y cuerpo, los presentó claramente como tres aspectos de nuestra persona que están en proceso de santificación. ¡Es obvio que Pablo no estaba diciendo que Dios estaba santificando nuestro aliento, fuerza de vida y cuerpo! (1Thess 5:23).
Adicionalmente, todas las referencias de estar en el cuerpo o dejando el cuerpo no solamente indican una existencia consciente separada del cuerpo, sino que también deja en claro que la muerte es una separación – no una cesación de existencia (2Cor 5:6-9; 2Pedro 1:13-15). Además, tanto Jesús como Pablo, se referían a su muerte como “su partida” (gr. exodos), un término que claramente habla de una separación al morir (Lucas 9:31; 2Pedro 1:15).
Pablo habla de la muerte como una “partida,” usando la palabra griega analúo, que literalmente significa “soltar para arriba” (Fil 1:23-24), y su cuerpo o “tabernáculo” como “siendo deshecho” usando katalúo que es la misma palabra lúo pero con la preposición kata que significa “abajo” en vez de aná que significa “arriba.” (2Cor 5:1). Entonces, la muerte para un hijo de Dios es ser soltado para arriba en el alma, mientras el cuerpo es soltado para abajo. Pablo entendió que al morir, su alma o ser consciente, iría arriba, mientras su cuerpo iría para abajo. Esto claramente habla de la muerte como la separación del alma del cuerpo.
Conclusión
Aunque esto no es de ninguna manera una exposición exhaustiva de la naturaleza de la muerte, creo que presenta evidencia suficiente y conclusiva de que la existencia consciente no termina al morir, sino que es meramente la separación de nuestro espíritu y alma del cuerpo.
Dios le advirtió a Adán, diciendo: “mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” (Gén 2:17). O más literalmente: “muriendo morirás.” Por lo tanto, la traducción griega del Antiguo Testamento (LXX) lo traduce: thanato apothaneisthe - “al morir estarás muriendo.” También, la Traducción Literal Young’s dice: “muriendo mueres” y la Versión Literal Concordant lo traduce: “al morir estarás muriendo.” Sea lo que sea la traducción correcta, una cosa es clara – en algún sentido Adán murió aquel mismo día, aunque no murió físicamente por otros 930 años.
Entonces, ¿de qué manera murió Adán en ese mismo día? Por su acto de independencia contra Dios, tomando del fruto prohibido, él cortó la comunión con Dios, llegando a ser separado de Dios o muerto en relación a Dios. Ni Adán, ni Dios, dejaron de existir en aquel día. Lo que sucedió fue que Adán murió espiritualmente en el sentido de estar separados de Dios.
Los Aniquilacionistas, que son Fisicalistas (los que niegan la distinción entre el cuerpo u hombre exterior, del alma u hombre interior), entienden la rendición “ciertamente morirás” como refiriéndose al hombre entero en el sentido de dejar de existir. Ellos creen que los que dicen que el alma sigue existiendo en un estado consciente después de la muerte física han creído la mentira de Satanás: “no moriréis.” (en inglés es traducido: “realmente no morirán”).
Sin embargo, Dios claramente dijo que ellos morirían aquel mismo día. Entonces, es obvio que, según la advertencia de Dios, una muerte realmente ocurrió en aquel mismo día, y es obvio que no era la muerte física. La evidencia de que esta muerte inmediata fue la separación de Dios se ve por el hecho de que ellos de repente estaban conscientes de que estaban desnudos y se escondieron de Dios.
En realidad, por negar que la muerte de Adán y Eva sucedió en el mismo día en que tomaron del fruto prohibido, los Fisicalistas se ponen de acuerdo con la declaración de Satanás, diciendo que ellos realmente no murieron en el mismo día en que tomaron del árbol. Satanás aún presenta al hombre con la mentira que el pecado no resulta en la muerte espiritual (Stg 1:13-16). Aunque el pecado también acorta la vida física, la artimaña del diablo normalmente no es decirnos que no moriremos físicamente por el pecado, dado que todos ya sabemos que, tarde o temprano, vamos a morir físicamente.
Cuando Dios creó a Adán, Él sopló en él aliento de vidas (Heb. plural) (Gen 2:7). ¿Qué vidas recibió en ese momento? En primer lugar, él recibió vida en unión con Dios, y al mismo tiempo llegó a ser vivo en su cuerpo recién formado. Antes de la caída, Adán era predominantemente espíritu en su esencia. Su cuerpo fue formado del polvo de la tierra, pero Dios sopló un espíritu en su cuerpo. Entonces, él llegó a ser un espíritu revestido de carne. Sin embargo, la parte de Adán que murió, o llegó a ser separada en aquel día era su espíritu que le capacitaba a tener comunión con Dios, quien es espíritu. Dios, antes de destruir la humanidad en el diluvio, lamentaba diciendo: “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne.” (Gen 6:3). Ya no era predominantemente espíritu, sino que había llegado a ser solamente carne - carnal. Desde el día de la caída de Adán, todos nacemos según el género del Adán caído – espiritualmente muertos o separados de Dios. En vez de ser un espíritu revestido en carne, estábamos sin vida espiritual, siendo separados de Dios, dejándonos solamente con la carne.
Ni el espíritu de Adán, ni Dios, dejaron de existir cuando sucedió esta muerte. En realidad, no somos enteramente separados de Dios. En Él todos nosotros – incluyendo los que aún no han nacido de nuevo, vivimos y nos movemos y somos (Hch 17:28). Sin embargo, todos nacemos muertos a Dios, quien es espíritu, en Adán, porque el espíritu que recibimos de Dios estaba muerto o separado de Él. Pablo dice que estábamos ajenos de la vida de Dios (Ef 4:18). Todos estábamos muertos espiritualmente hasta que nuestro espíritu nació de nuevo o fue regenerado:
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados…. 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.” (Ef 2:1,5,6)
Observe, que tanto nuestra muerte, como nuestra vivificación, son presentadas en tiempo pasado. Para los que están en Cristo, nuestro espíritu u hombre interior ya ha sido vivificado. En Adán, no solamente moriremos todos físicamente, sino que en él nacemos con espíritus muertos que heredamos de él, debido a su pecado original, resultando en la muerte espiritual (Rom 5:15). No somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores de nacimiento, por el pecado heredado desde Adán. El espíritu de Adán murió en relación a Dios en el momento que cometió ese solitario acto independiente. Y todos nosotros, como su simiente, nacemos con un espíritu muerto – no en el sentido de que no existe, sino en que es separado de Dios, la fuente de la vida.
Lo que tiene que nacer de nuevo del Espíritu Santo para poder ver el reino de Dios es nuestro espíritu humano (Juan 3:3-6). El remedio de Dios para la muerte espiritual es regeneración, y Su remedio para la muerte física es resurrección a la inmortalidad. Tanto la muerte espiritual, como la muerte física, vinieron a todos los hombres en Adán. Pero ambas muertes finalmente serán anuladas para el mismo “todos” que murieron en Adán, en Cristo – el último Adán y Salvador del mundo entero (Rom 5:15, cf. 1Cor 15:21-23; Juan 1:29; 1Juan 2:2).
Cuando Cristo derramó Su sangre en la cruz, Él logró una reconciliación universal para toda Su creación, tanto lo visible como lo invisible (Col 1:16,20). En el instante que respondemos a esta reconciliación, siendo reconciliados en nuestros corazones, Él nos hace nacer de nuevo, así siendo partícipes de la naturaleza divina, en unión con Dios por medio de Cristo (2Cor 5:19-21; Juan 1:12-13; 1Cor 6:17). En Cristo, ya no hay más separación (muerte) porque nosotros que antes estábamos lejos hemos sido hechos cercanos por la sangre de Jesús (Ef 2:13; Col 1:21-22). Habiendo ya recibido Su vida eterna, nada ni nadie podrá quitarnos esa vida que hemos recibido – separándonos de nuevo de Dios (Rom 8:35-39; Juan 10:28-29).
Así que, vemos que la muerte en relación a Dios no habla de una cesación sino de una separación. Lo mismo se puede decir de nuestra muerte al pecado (Rom 6:10-11). Seguimos existiendo como individuos y el pecado también continuará existiendo por un tiempo. Ni nosotros ni el pecado dejan de existir, sino que hemos sido santificados o separados del pecado en Cristo y por lo tanto somos muertos al pecado. Solo en el sentido de separación podemos decir que hemos muerto al pecado, dado que tanto nosotros, como el pecado, aún existimos.
Lo mismo se aplica en cuanto a la Ley. Nosotros existimos y la Ley también existe, pero hemos muerto a la Ley – habiendo sido librados o separados de ella para poder vivir en relación con Dios a través de Cristo, que ahora es nuestra vida misma (Rom 7:1; Gál 2:19-21). La segunda muerte, que veremos más adelante, también se refiere a una muerte que es la separación o santificación de lo espiritual de lo que es carnal y almática. Es una muerte que todos tienen que morir – ahora en esta vida o más tarde, recibiendo su parte en el lago de fuego y azufre, que es la segunda muerte (Apo 2:11; 21:8).
La Muerte Física
Ya habiendo visto en los capítulos anteriores que nuestro espíritu y alma son distinguibles de nuestros cuerpos; que el nuevo nacimiento de nuestro espíritu a la vida eterna ocurre en el momento que recibimos a Cristo, y que es distinto del nacimiento de nuestros cuerpos físicos, y que nuestra alma y espíritu regenerado tienen una existencia consciente aparte del cuerpo, es mucho más fácil comprender que la muerte física no es la cesación de nuestra existencia sino solamente la separación de nuestro hombre interior de nuestro hombre exterior.
Como fue mencionado anteriormente, decía acerca de los santos que habían muerto antes de la ascensión de Cristo que “fueron unidos a su pueblo.” (Gén 25:8,17; 35:29; Nú 20:24,26; Deut 32:50, etc.). Que no está refiriéndose a una fosa común es evidente porque a menudo murieron y fueron sepultados muy lejos de las sepulturas de sus ancestros. También la expectativa de David claramente fue una reunión inmediata con sus seres queridos al morirse cuando dijo de su hijo que acaba de morir: “Yo voy a él, mas él no volverá a mí.” (2 Sam 12:23). Así que, esta reunión no puede hacer referencia a sus cadáveres en una fosa común, sino que se referían a la reunión de las almas que son reunidas al morir.
También, muriendo es a menudo presentado como el alma saliendo del cuerpo y habla de una separación en vez de una cesación. Por ejemplo, cuando Raquel estaba muriéndose, dando a luz a Benjamín dice: “Y aconteció que al salírsele el alma (pues murió)…” (Gén 35:18). También vemos que, cuando Dios levanta a alguien de los muertos, como hizo por medio de Elías al resucitar el hijo de la viuda, que el alma sale con la muerte, pero vuelve otra vez al ser resucitado:
“Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. 22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió.” (1Reyes 17:21,22)
Los que niegan la existencia consciente después de la muerte, comúnmente responden diciendo que el “alma” simplemente se refiere a “la fuerza de la vida” en vez de un alma consciente que sale del cuerpo o vuelve al cuerpo. Sin embargo, eso no es el lenguaje de las Escrituras. Cuando es profetizado de Cristo diciendo: “Porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción” (Hch 2:27), ¿quería decir con eso “no dejarás mi ‘fuerza de vida’ en el Hades?” ¡Claro que no! Lo que dice es que Él estaba confiado en que Dios no lo dejaría en un estado de muerte o separación de Su cuerpo mientras el cuerpo yacía en el sepulcro y Su alma estaba en el Hades o en la esfera invisible de las almas de los muertos. Cuando Jesús nos dijo que no temiéramos los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, ¿quería decir con eso que ellos podían matar el cuerpo, pero no la fuerza de vida? La respuesta debe ser obvia. Mientras que el hombre puede matar el cuerpo, separándolo del alma, el alma sigue existiendo. Tales ejemplos podrían ser multiplicados, pero esto debe ser suficiente para demostrar que el alma no deja de existir al morir el cuerpo.
Como la esencia del alma es espíritu, a veces ambos términos son intercambiables. Cuando Jesús resucitó a la hija de Jairo dice: “Entonces su espíritu volvió, e inmediatamente se levantó.” (Lucas 8:55). El espíritu fue separado del cuerpo en la muerte. Una vez más los Aniquilacionistas a menudo responden diciendo que “espíritu” (gr. pneuma) también puede significar “aliento” y por lo tanto simplemente significa que ella dejó de respirar cuando murió, y comenzó a respirar de nuevo cuando Jesús la levantó de los muertos. Sin embargo, es evidente que “espíritu” aquí se refiere al espíritu humano y no simplemente a su respiración.
Jesús, después de clamar “consumado es” dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” y entonces “entregó el espíritu.” (Lucas 23:46; Mt 27:50; Sal 31:5). ¿Debemos entender con esto que Jesús realmente quería decir: “en tus manos encomiendo mi aliento” y entonces “entregó Su respiración”? También Esteban, cuando estaba muriendo dijo: “Señor Jesús, recibe mi espíritu.” (Hch 7:59). Debe ser obvio que, al decir “espíritu,” se referían a su hombre interior consciente. Pablo, refiriendo al hombre entero como espíritu, alma y cuerpo, los presentó claramente como tres aspectos de nuestra persona que están en proceso de santificación. ¡Es obvio que Pablo no estaba diciendo que Dios estaba santificando nuestro aliento, fuerza de vida y cuerpo! (1Thess 5:23).
Adicionalmente, todas las referencias de estar en el cuerpo o dejando el cuerpo no solamente indican una existencia consciente separada del cuerpo, sino que también deja en claro que la muerte es una separación – no una cesación de existencia (2Cor 5:6-9; 2Pedro 1:13-15). Además, tanto Jesús como Pablo, se referían a su muerte como “su partida” (gr. exodos), un término que claramente habla de una separación al morir (Lucas 9:31; 2Pedro 1:15).
Pablo habla de la muerte como una “partida,” usando la palabra griega analúo, que literalmente significa “soltar para arriba” (Fil 1:23-24), y su cuerpo o “tabernáculo” como “siendo deshecho” usando katalúo que es la misma palabra lúo pero con la preposición kata que significa “abajo” en vez de aná que significa “arriba.” (2Cor 5:1). Entonces, la muerte para un hijo de Dios es ser soltado para arriba en el alma, mientras el cuerpo es soltado para abajo. Pablo entendió que al morir, su alma o ser consciente, iría arriba, mientras su cuerpo iría para abajo. Esto claramente habla de la muerte como la separación del alma del cuerpo.
Conclusión
Aunque esto no es de ninguna manera una exposición exhaustiva de la naturaleza de la muerte, creo que presenta evidencia suficiente y conclusiva de que la existencia consciente no termina al morir, sino que es meramente la separación de nuestro espíritu y alma del cuerpo.